Correo del Maestro Núm. 110 - Julio de 2005

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Venturas y desventuras de la imaginería quijotesca

ISSN 1405-3616

De la oralidad a la escritura María Teresa Gutiérrez

Don Quijote de la Mancha: de la letra al icono Rebeca Kraselsky Natalia Ferreiro

En un lugar de Alcalá...

El Quijote en las aulas

Nieves Rodríguez

Gabriela Nava

Leer en la escuela: una pócima para abrir horizontes

¿En qué idioma escribió Cervantes el Quijote? Arrigo Coen Anitúa

Alejandro Spiegel

9!BLF?E@:RUPUOV!

México D. F. Julio 2005. Año 10 Número 110. Precio $40.00


Publicado en asociación con la National Gallery,

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Revista mensual, Año 10 Núm. 110, julio 2005.

Directora Virginia Ferrari Subdirección María Jesús Arbiza Asistente editorial Celina Orozco Correa Consejo editorial Valentina Cantón Arjona María Esther Aguirre Mario Aguirre Beltrán Santos Arbiza Gerardo Cirianni Julieta Fierro Adolfo Hernández Muñoz Roberto Markarian Ramón Mier María Teresa Yurén Josefina Tomé Méndez María de Lourdes Santiago Colaboradores Alejandra Alvarado Citlalli Álvarez Stella Araújo Nora Brie Verónica Bunge María Isabel Carles Leticia Chávez Luci Cruz Consuelo Doddoli Alejandra González Norma Oviedo Jacqueline Rocha Pilar Rodríguez Concepción Ruiz Ana María Sánchez Editor responsable Nelson Uribe de Barros Administración y finanzas Miguel Echenique Producción editorial Rosa Elena González

CORREO del MAESTRO es una publicación mensual, independiente, cuya finalidad fundamental es abrir un espacio de difusión e intercambio de experiencias docentes y propuestas educativas entre los maestros de educación básica. Asimismo, CORREO del MAESTRO tiene el propósito de ofrecer lecturas y materiales que puedan servir de apoyo a su formación y a su labor diaria en el aula. Los autores Los autores de CORREO del MAESTRO son los profesores de educación preescolar, primaria y secundaria, interesados en compartir su experiencia docente y sus propuestas educativas con sus colegas. También se publican textos de profesionales e investigadores cuyo campo de trabajo se relacione directamente con la formación y actualización de los maestros, en las diversas áreas del contenido programático. Los temas Los temas que se abordan son tan diversos como los múltiples aspectos que abarca la práctica docente en los tres niveles de educación básica. Los cuentos y poemas que se presenten deben estar relacionados con una actividad de clase. Los textos Los textos deben ser inéditos (no se aceptan traducciones). No deben exceder las 12 cuartillas. El autor es el único responsable del contenido de su trabajo. El Consejo Editorial dictamina los artículos que se publican. Los originales de los trabajos no publicados se devuelven, únicamente, a solicitud escrita del autor. En lo posible, los textos deben presentarse a máquina. De ser a mano, deben ser totalmente legibles. Deben tener título y los datos generales del autor: nombre, dirección, teléfono, centro de adscripción. En caso de que los trabajos vayan acompañados de fotografías, gráficas o ilustraciones, el autor debe indicar el lugar del texto en el que irán ubicadas e incluir la referencia correspondiente. Las citas textuales deben acompañarse de la nota bibliográfica. Se autoriza la reproducción de los artículos siempre que se haga con fines no lucrativos, se mencione la fuente y se solicite permiso por escrito. Derechos de autor Los autores de los artículos publicados reciben un pago por derecho de autor el cual se acuerda en cada caso.

© CORREO del MAESTRO es una publicación mensual editada por Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V., con domicilio en Av. Reforma No.7, Ofc. 403, Cd. Brisa, Naucalpan, Edo. de México, C.P. 53280. Tel. (0155) 53 64 56 70, 53 64 56 95, lada sin costo al 01 800 31 222 00. Fax (0155) 53 64 56 82, Correo electrónico: correo@correodelmaestro.com. Dirección en internet: www.correodelmaestro.com. ISSN 1405-3616. Certificado de Licitud de Título Número 9200. Número de Certificado de Licitud de Contenido de la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas, S.G. 6751 expediente 1/432 “95”/12433. Reserva de la Dirección General de Derechos de Autor 04-1995-000000003396-102. Registro No. 2817 de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana. RFC: UFE950825-AMA. Editor responsable: Nelson Uribe de Barros. Edición computarizada: Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V. Preprensa e impresión: Editorial Progreso, S.A., Naranjo No. 248, Col. Santa María la Ribera, C.P. 06400, México, D.F. Distribución: Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V. Tiraje de esta edición: 25,000 ejemplares.

Circulación certificada por el Instituto Verificador de Medios. Registro No. 282/02.

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Editorial

Las celebraciones actuales en torno a la obra de Miguel de Cervantes Saavedra nos obligan a reflexionar en torno a la pregunta ¿por qué leer el Quijote? Los aniversarios son una oportunidad para los autores que se consideran clásicos (palabra que a veces se interpreta como prescindibles u olvidables) de ganar nuevos lectores, pero también son el riesgo de perder la batalla y convertirse en enemigos incluso de sí mismos, al provocar el rechazo de estos potenciales lectores, quienes los llegan a padecer como una imposición (familiar, escolar o del medio social). La vigencia de una obra, nos lo prueba el tiempo, va más allá de las modas pasajeras, pero eso no significa que su lectura se deba imponer como un imperativo por las razones que sean, desde aquellas que se justifican por el placer estético que encontraremos en sus historias, hasta aquellas de carácter ético o de nacionalismo lingüístico. El desafío para maestros y promotores de la lectura es comprender que ese acto es libre e individual y que no puede ser resultado de la coerción; que su papel como educadores es el de ser motivadores e incluso guías, para evitar que la lectura de grandes obras como Don Quijote de la Mancha, un acto visto en sí mismo como placentero, se convierta en un trauma. En el presente número de Correo del Maestro se presentan las reflexiones de diversos académicos y maestros, quienes exponen sus razones de por qué la lectura del Quijote sigue siendo una aventura vigente... Correo del Maestro

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Correo del Maestro. Núm. 110, julio 2005.


Entre nosotros

El Quijote en las aulas. Gabriela Nava

Pág. 5

Antes del aula

Leer en la escuela: una pócima para abrir horizontes. Alejandro Spiegel

Pág. 16

En un lugar de Alcalá... Vida y obra de Cervantes Nieves Rodríguez Valle

Pág. 19

Certidumbres e incertidumbres

De la oralidad a la escritura. Enseñar la escritura en secundaria María Teresa Gutiérrez

Pág. 39

Artistas y artesanos

Don Quijote de la Mancha: de la letra al icono Venturas y desventuras de la imaginería quijotesca Rebeca Kraselsky y Natalia Ferreiro

Pág. 44

Sentidos y significados

¿En qué idioma escribió Cervantes el Quijote?

Arrigo Coen Anitúa

Pág. 53

Problemas sin número

Trazando líneas.

Claudia Hernández García y Daniel Juárez Melchor

Pág. 55

Abriendo libros

Cabalgar con el Quijote.

Francisco Emilio de la Guerra

Pág. 57

Del donoso y sin par libro... que narra las sabrosas y estupendas aventuras de un valeroso manchego. Sandra Acosta Loya

Pág. 59

Portada: Fernando Baltazar Alejo, 11 años. Páginas a color: Grabados y pinturas de Cervantes y el Quijote, pp. 25-36.

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Entre nosotros

El Quijote en las aulas Gabriela Nava

Celebrando 400 años de lectura

Cuatrocientos años se han cumplido ya de la aparición de la obra cumbre de la literatura española del Siglo de Oro, y a lo largo de este 2005 en distintas partes del mundo se han llevado a cabo diversas actividades para celebrarlo: exposiciones pictóricas, congresos y simposios, publicaciones conmemorativas, obras teatrales y de danza, lecturas públicas, muestras cinematográficas, concursos, documentales, etc. Una de las formas en las que se pretende celebrar este aniversario es promover, obviamente, la lectura del mismo. Durante el III Congreso Internacional de la Lengua, celebrado en noviembre de 2004 en Rosario, Argentina, se dio inicio formalmente a la celebración del IV Centenario de la edición de la Primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. En su afán de promocionar la lectura del Quijote, la Real Academia Española de la Lengua junto con las otras Academias de habla hispana publicaron una edición que se le ha denominado “popular” tanto por su accesible costo como por su aparato crítico destinado a un público no especializado.1 Y a partir de este punto me permito plantear algunas preguntas: ¿se puede aprovechar este IV Centenario para fomentar también la lectura de esta importante obra en jóvenes prelectores y lectores? ¿Es posible divulgarlo en nuestras aulas de educación básica?

El Quijote en las escuelas

La complejidad temática y lingüística del Quijote no debe ser un motivo para que los docentes y padres de familia duden de la pertinencia para incluirlo como material de lectura. Hay que recordar que: (...) más que crear y respetar estrictamente una larga lista y clasificación de lecturas adecuadas para cada edad, sector social, cultura y época, de lo que se trata es de crear el hábito de la lectura [las cursivas son mías], de estar atentos al gusto de los niños, a sus preferencias, a sus preguntas, a sus inquietudes, a sus necesidades, y de no olvidar que existe una inmensa biblioteca universal dispuesta a ofrecernos el libro que necesitamos y podemos entender y gozar.2 1

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La edición del IV Centenario de Don Quijote de la Mancha bajo el cuidado y la coordinación del especialista Francisco Rico se distingue por su simplificado, pero fundamental, aparato crítico así como por un glosario de voces y refranes que facilitan la lectura. El prólogo es de Mario Vargas Llosa. Esta edición conmemorativa incluye también dos estudios clásicos de cervantistas reconocidos (“La invención del Quijote” de Francisco Ayala y “Cervantes y el Quijote” de Martín de Riquer) además de cinco estudios breves de distintos académicos acerca de “La lengua de Cervantes y el Quijote”. Mario Rey, Historia y muestra de la literatura infantil mexicana, p. 7.

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El Quijote en las aulas

Y el Quijote, junto con muchas otras obras no pertenecientes al ámbito de la literatura infantil, forma parte de esta práctica y enriquecedora “biblioteca universal”. En este sentido es que las tareas del “aprecio al libro y a la lectura” y la “formación de lectores” que plantea el Programa Nacional de Lectura de la Secretaría de Educación Pública son el marco ideal para intentar dar a conocer a nuestros alumnos esta novela. La euforia que impera ante el IV Centenario ha propiciado la aparición de un sinnúmero de ediciones críticas, de divulgación, ilustradas, así como de adaptaciones del Quijote. Las ediciones infantiles no han sido la excepción. La diversidad de estas publicaciones puede representar una difícil elección para el maestro o los padres de familia, ¿cuál es la más conveniente para un joven lector? Vale la pena subrayar que más que una moda febril y pasajera o una tarea obligatoria, la lectura del Quijote debe satisfacer dos aspectos primordiales: por un lado, la diversión y el entretenimiento y, por otro, ser una fuente útil de información para el lector (alumno).“La lectura debe tener el propósito de proporcionar situaciones interesantes, útiles y placenteras, más que descifrar únicamente códigos” (Guía para la elaboración del plan de trabajo anual del docente, p. II). Por ello es fundamental el acercamiento a la obra. De ahí que la pregunta de cuál edición elegir dependa, en realidad, de cómo el niño interactuará con ella. A partir de este punto es que deseo exponer, comentar y revisar, de manera general, algunas propuestas que se están manejando en España y otros países para dar a conocer esta obra cervantina a un público entre los cuatro y los trece años.

Actividades para preescolar

La viva imaginación de Don Quijote sumada a su locura le permite crear y recrear un mundo fantástico. ¿Por qué no aprovechar la imaginación de los niños para adentrarlos en el mundo quijotesco?, ¿por qué no utilizar al Quijote como un medio para ampliar sus conocimientos? En la educación “infantil es muy […] positivo dedicar todos los días un tiempo a la lectura de algún cuento o historia, porque a través del mismo el niño sueña, vive aventuras que le permitirán desarrollar su creatividad y a la vez su pensamiento divergente” (Rueda, p. 75). Trajes y máscaras Una actividad sencilla para niños de tres a cinco años es la elaboración de escudos, armaduras, cascos y caballos (Rocinantes) con materiales como cartulinas y cajas de cartón. Es recomendable que el diseño de los blasones o emblemas de los escudos dependa de los mismos niños para estimular así su creatividad. Esta actividad se complementa con la confección de caretas de otros personajes quijotescos (Sancho, el cura Pero Pérez, el barbero, Dulcinea, el rucio, etc.), ya sea con moldes proporcionados por el maestro o dibujados libremente por los pequeños

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de acuerdo con su imaginación. Pero los seres animados no son la única opción, es posible hacer también objetos representativos de los episodios del Quijote, por ejemplo Clavileño,3 el caballo de madera en el que “viajan” el caballero y el escudero, o los clásicos molinos de viento. Los trajes y las máscaras pueden utilizarse para que los niños representen las aventuras de Don Quijote que la educadora les haya narrado, ya sea copia fiel de la historia o ellos propongan otros finales o hechos. Este tipo de actividades favorecerá el aspecto lingüístico en sus cuatro distintas áreas: léxico-semántico, fonológico, pragmático y morfosintáctico. Otra opción es que la escuela organice una obra escolar en la que participen los distintos grupos; las tareas asignadas serán diferentes para cada grado: elaboración de los programas, confección de la escenografía y del vestuario, etc. La asistencia de los padres de familia a la representación será un factor importante para que ellos se involucren en esta labor de difusión de la lectura. Siguiendo con el tema del juego dramático dentro del aula, vale la pena mencionar la confección de títeres de papel. La página de Aprende jugando... ofrece una serie de patrones (para descargar e imprimir gratuitamente) de distintos personajes, desde Don Quijote hasta el asno de Sancho Panza (incluso una figura de Cervantes).4 Un detalle práctico de estos moldes es que incluyen el anverso y reverso de la figura. Esta característica favorece la integración de la noción corporal y el manejo de la noción tiempo-espacio. Muestra gastronómica Otra propuesta para que los padres de familia participen es la de “Recetario. Muestra gastronómica y mercado cervantino” de Isabel Martínez Soler, asesora del Centro de Profesorado de Almería.5 La primera parte de la actividad se realiza en el salón de clases. Los alumnos (de preescolar o de los primeros años de primaria), ayudados por el profesor, deben identificar cuáles son los platillos que aparecen en el Quijote y averiguar cómo se cocinan. La información sirve para que se elabore un recetario que se incorporará a la biblioteca del aula.

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La propuesta de “Construcción de Clavileño” es de Milagros Camacho para un centro educativo de Málaga. Véase el proyecto completo en la sección de documentos de: www.juntadeandalucia.es/educacion/quijote/com/jsp/index.jsp La página de Taller de animación a la lectura del Ayuntamiento de Sástago (Zaragoza): www.educa.aragob.es/csastago/quijote/infantil/senyos.htm Véase en: www.juntadeandalucia.es/educacion/quijote/com/jsp/documentos.jsp?posicion=3

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El Quijote en las aulas

Posteriormente, con la participación de las familias se organizará, como segunda parte del proyecto, una muestra gastronómica para que todos conozcan los platos. Esta exhibición se puede organizar en un mercado o venta ambientados según la época de Cervantes para que los estudiantes conozcan los lugares donde se lleva a cabo la historia. Dibujos animados La corporación Romagosa International Merchandising, productora de la serie animada del Quijote, ha creado un espacio cibernético intitulado El Quijote ¡Aprende jugando! con los personajes de la serie de animación (www.quijote.tv) y sus contenidos son altamente didácticos. En esta página web la información está concebida, en términos generales, en cuatro tipos de secciones: a) datos sobre la versión animada del Quijote; b) variada iconografía relativa a Don Quijote, como pinturas, fotos y cromos; c) información básica acerca de la obra y su autor, y d) un foro de propuestas didácticas. El último apartado es el tema de interés de este artículo. http://www.quijote.tv

Juegos didácticos

Los motivos del Quijote sirven también para reformular conocidos juegos didácticos como laberintos, completar las figuras, descubrir las semejanzas y las diferencias, distinguir qué elementos corresponden a un contexto determinado (por ejemplo, qué objetos forman parte de la armadura de Don Quijote y cuáles no),6 etc. De esta manera, el profesor no deja de cumplir los propósitos y objetivos de su planeación y le permite al educando desarollar distintas habilidades a la vez que conocer al texto desde una perspectiva lúdica. Dentro de esta misma línea se pueden innovar juegos para escolares de primaria, secundaria y hasta preparatoria. Completar el dibujo siguiendo la secuencia numérica7 o colorear de acuerdo con los números8 son actividades ideales que refuerzan distintas operaciones mentales. En la página de Aprende jugando..., además de modelos de todo el material mencionado, sobresale un conjunto de sopas de letras sumamente original.9

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Véase la sección “Juega con nosotros” (www.quixote.tv/juegos.HTM) de la página ¡Aprende jugando! (Juegos 1, 2, 10). “Juega con nosotros”, juego 9. Véase ejemplo “Pinta por número” en www.quixote.tv Los juegos 3, 4, 5, 7, 11, 12 de “Juega con nosotros” (www.quixote.tv/juegos.HTM).

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Pedro Ocón de Oro presenta varias sopas de letras con distintos niveles de dificultad. En el nivel más básico la lista de palabras a buscar es sustituida por un conjunto de imágenes alusivas al Quijote. Esta pequeña variación da lugar a que los niños realicen funciones mentales de inferencia y relación. Un segundo cambio es que las palabras a buscar son x, pero el número de ilustraciones es un número menor. La palabra faltante deberá leerse en el espacio sobrante al solucionarse correctamente el juego. Esta sorpresa motiva mucho a los pequeños. Una sugerencia es que el alumno ilumine los dibujos conforme encuentre las palabras. Otro tipo de sopas de letras sí incluye la lista de palabras, éstas forman parte de un grupo temático (piezas de la armadura, nombres de personajes, etc.) o son elementos presentes en una ilustración del Quijote (la imagen es útil para que el alumno, auxiliado por el maestro o los compañeros, reconozca las palabras). Un estímulo en estos “puzzles manchegos” es que en los espacios sobrantes se forman frases o pasajes de la novela. De este modo se refuerza la lectura previa del texto. El alumno puede ser alentado a reconocer a qué capítulo de la historia corresponde dicho pasaje. En busca del yelmo de Mambrino Milagros Camacho Muñoz, del Centro Educativo de Fuengirola, Málaga, ideó el juego “En busca del yelmo de Mambrino”10 tomando como modelo el juego de la oca. Esta actividad está diseñada para niños de cinco a diez años. En un tablero ovalado se dibujan casillas de cinco tipos distintos: Don Quijote (preguntas sobre la obra), Cervantes (preguntas sobre el autor), Sancho (actividades varias para estimular el área del lenguaje), el yelmo (casilla para avanzar al siguiente yelmo) y trampas (de castigo, dependiendo del mismo pueden nombrarse de distinta manera, por ejemplo, la venta, un turno sin jugar; la Cueva de Montesinos, ocupa el lugar del jugador más cercano; el palacio de los duques, pierde un turno; la playa de Barcelona, vuelve a la casilla de salida). Las distintas preguntas se anotarán en tarjetas que se acomodarán en montes de acuerdo con los tres tipos ya señalados. La dificultad de las mismas será acorde con el grado escolar. Asimismo, si el maestro lo requiere, puede sustituir o agregar temas de su interés, sin perder de vista que el eje principal es el Quijote. 10

El proyecto completo con ilustraciones del tablero y tarjetas puede consultarse en: www.juntadeandalucia.es/educacion/quijote/com/jsp/documentos.jsp?posicion=3

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El Quijote en las aulas

Tanto el tablero como las tarjetas con las preguntas pueden ser elaborados como parte de una actividad grupal; los alumnos escogerán los dibujos para cada casilla. De igual modo las preguntas se recopilarán a partir de las lecturas en grupo. Camacho sugiere que el tamaño del tablero sea adaptable a la edad de los infantes, para los más pequeños a una escala mayor, para armarlo y pegarlo con cinta adhesiva en el piso del salón. Las medidas de cada casilla pueden ser de una hoja carta; las tarjetas de preguntas, de media cartulina, y las fichas y el dado, de hule espuma. A continuación transcribo algunos de los ejemplos de las tarjetas de Sancho que me parecen ilustrativas en cuanto a lo que puede proponer el profesor: • A Sancho le gustaba comer bien, sobre todo queso y vino, ¿sabrías decir de dónde provienen estos alimentos? (De la leche y la uva) • Repite este trabalenguas: “Don Quijote está encantado, quién lo desencantará, el desencantador que lo desencante buen desencantador será.”

• Sancho no sabía leer ni escribir. Ayúdale a deletrear estas palabras:

l __ a __ n __ z __ a __ c __ a __ b __ a __ ll __ e __ r __ o __ • Sancho vio 30-40 molinos. Escribe en letra estos números. _______________ _______________

• Sancho no sabía leer ni escribir. Ayúdale a escribir esta palabra: PODENCO

________________ • Completa las palabras __O__IN__S (molinos)

V__NT__ __O (ventero)

Con buena memoria El juego de memoria ha servido como base para un proyecto creado por la Consejería de Educación en Australia y Nueva Zelanda. Los propósitos de esta actividad (“Con buena memoria”)11 son favorecer de igual modo la expresión oral como la escrita. Al igual que en la memoria, habrá una serie de cartas, pero las parejas se sustituirán por “familias” de cuatro tarjetas: una ilustrada con un personaje del Quijote y las otras tres con descripciones breves del mismo sin incluir el nombre (“es bajo y gordo”, “es alto y delgado”, “sus orejas son largas y cafés”,

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Consúltese la página http://redgeomatica.rediris.es/elenza/materiales/quijote.htm. Incluye muchas otras actividades, materiales didácticos y artículos dirigidos a los profesores. Algunas de las propuestas están diseñadas para la enseñanza del español a extranjeros.

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“gordo, pero no...”, etc.). La complejidad de las oraciones obedecerá principalmente a tres aspectos: las características de las imágenes, los intereses del maestro y del nivel escolar del grupo. El objetivo es estimular principalmente el vocabulario de partes del cuerpo, prendas de vestir y empleo de nexos.Además de ejercitar varios procesos cognitivos: clasificación, discriminación, relación y memorización. El juego consiste en encontrar las tarjetas similares (en este caso agrupar las familias). Las tarjetas se colocan alineadas boca abajo con excepción de las ilustradas, y cada jugador escogerá una tarjeta y deberá leerla en voz alta y decir con qué personaje corresponde la descripción. Si acierta, tiene derecho a levantar una segunda tarjeta y deberá comprobar que ambas sean del mismo personaje. En caso de que así sea, puede escoger una tercera, si no, deberá voltear las dos tarjetas del texto y ceder el turno al siguiente participante. Al final del juego cada alumno deberá escribir una frase en la que se incluyan las tres descripciones. Una actividad complementaria es que los estudiantes escriban un texto con las tres descripciones y otras nuevas. El nombre del personaje puede ser omitido para que el resto del grupo adivine de qué personaje se habla. Viaje de Don Quijote Alejandro Carmona, estudiante de la Escuela de Bachilleres plantel 2 del estado de Chihuahua, diseñó un juego de mesa para alumnos de preparatoria,12 pero es accesible para alumnos de menor edad. Los participantes jugarán por equipos de tres, aunque cada uno usará su propia ficha, es decir, habrá tres fichas de cada color. El tablero está dividido en cinco tipos de casillas distintas: a) premios, b) castigos, c) preguntas para uno, d) dos y e) tres miembros de un mismo equipo. Las preguntas serán acerca de los episodios del Quijote leídos previamente en clase y serán de opción múltiple. Cada pregunta tiene un valor monetario que se gana o se paga dependiendo de si se contesta o no (los billetes pueden ser elaborados por los alumnos siguiendo el modelo del juego Turista). Las preguntas para dos o tres se contestarán en equipo y el dinero cobrado o perdido se dividirá entre los que respondan (dos o tres según sea el tipo de casilla). El equipo contrario tiene derecho a “robar” una pregunta de otro equipo, aunque si falla deberá pagar el doble del monto señalado. Las tarjetas de premio y castigo se plantearán

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Véase www.quixote.tv/chij.htm.

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El Quijote en las aulas

también a la usanza del Turista, ganando o pagando dinero (individualmente), pero deberán relacionarse con el “viaje de Don Quijote”. Por ejemplo,“Don Quijote ha quebrado su lanza peleando contra los molinos, deberá pagar su reparación dando $1000”. Al final del recorrido gana el jugador con más dinero. Esta propuesta sigue planeándose y faltan algunas indicaciones como el número de casillas del tablero, la duración del juego y la distribución del dinero, sin embargo estos detalles pueden ser solucionados por el maestro y los alumnos en consenso.

Actividades para la adquisición de vocabulario

Todas estas propuestas revelan que cualquier juego puede adaptarse para los objetivos de promocionar la lectura del Quijote. Ningún juego es descartable, muestra de ello son los moldes para reciclar los juguetes llamados tazos con imágenes de los personajes que aparecen en la página ¡Aprende jugando!13 Abecedario Quijote Un aspecto que no puede dejar de reconocerse es el reto que implica el léxico en el Quijote. Aun las ediciones con más adaptaciones se identifican por una riqueza de palabras nuevas para los niños. Sin embargo hay múltiples actividades que facilitan la adquisición de este vocabulario.A continuación enumero algunas propuestas ideadas por distintos centros educativos de España. La actividad denominada “Abecedario Quijote”14 (del Centro Educativo El Pinillo, Torremolinos, Málaga), recomendada para edades de siete a doce años, consiste en la elaboración entre todos los alumnos de un panel con divisiones en el cual cada casilla corresponde a una letra y un conjunto de palabras, pertenecientes al texto, que inicien con esa misma letra: personajes, lugares, objetos, nombre de escenas o aventuras de Don Quijote, etc. Este “Abecedario” puede colgarse en las paredes de las aulas o de los pasillos de la escuela. La elaboración de cada uno de los paneles puede ser completada, según el nivel de enseñanza, con dibujos o transcripciones de la escena que correspondan con las palabras que aparecen en la casilla. Este “Abecedario” puede confeccionarse, también, a escala para que los niños lo manejen como un libro y forme parte del material del rincón de lectura.

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Imágenes de los Quijo-tazos en www.quixote.tv/tazos.htm. El proyecto ilustrado y otras variaciones de la actividad pueden ser consultados en: www.juntadeandalucia.es/educacion/quijote/com/jsp/documentos.jsp?posicion=3

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Diccionario cervantino ilustrado Los objetivos de “Mi diccionario cervantino ilustrado”,15 otra propuesta del Centro Educativo El Pinillo, no son totalmente originales: aprender el uso del diccionario, buscar y transcribir los significados de las palabras, ilustrar los conceptos con dibujos, recortes y fotos. Pero hay dos ideas sumamente rescatables: 1) Debajo de la acepción copiada del diccionario, el alumno deberá escribir una segunda definición utilizando sus propias palabras. 2) La selección de los vocablos deberá ser acorde con las habilidades y dificultades individuales, de este modo cada alumno contará con un material personalizado que satisfaga sus necesidades lingüísticas. Una falla en este proyecto es la idea de agrupar las voces desordenadamente conforme aparezcan en el texto y elaborar posteriormente un índice para indicar en cuál página fueron incluidas. Esta metodología no es práctica para que el niño comprenda en su totalidad la función de ordenar y agrupar alfabéticamente las palabras que caracteriza a un diccionario.

Competencias comunicativas

No hay que olvidar que el Programa Nacional de Educación 2001-2006 además de fortalecer los hábitos y capacidades lectoras establece como prioridad del currículo el impulsar la adquisición y el desarrollo pleno de las competencias comunicativas: hablar, escuchar, leer y escribir. Por ello es que las distintas propuestas deben procurar satisfacer estos campos, ya que el leer no es un acto pasivo, por el contrario en la lectura se “pone en juego una serie de habilidades” (Garrido, p. IX). De igual forma que los juegos didácticos, muchas actividades pueden ser renovadas y adaptadas al tema del Quijote para alentar la escritura, la lengua hablada, la recreación literaria y la reflexión sobre la lengua: escribir acerca de los personajes y hacer un dibujo de ellos (“Los personajes y yo”),16 redactar una entrevista ficticia a un personaje de la historia (“Vamos a conocer a”),17 composición de adivinanzas, trabalenguas y poesías (“Taller literario cervantino”),18 elaboración de un cómic, etc., son varias de las propuestas de distintas escuelas españolas.

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La propuesta y los modelos para diseñar las hojas e índices del diccionario, en: www.juntadeandalucia.es/educacion/quijote/com/jsp/documentos.jsp?posicion=3 Página web citada. La presentación del proyecto y la hoja modelo para que los alumnos elaboren la entrevista, en: www.juntadeandalucia.es/educacion/quijote/com/jsp/documentos.jsp?posicion=3 www.juntadeandalucia.es/educacion/quijote/com/jsp/documentos.jsp?posicion=3

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El Quijote en las aulas

Los personajes del Quijote se rebelan Una actividad interesante es la de “Los personajes del Quijote se rebelan” de Ma. Josefa Ayala Romero.19 La idea básica es que los personajes del Quijote se sienten desplazados por la atención que recibe el protagonista debido al IV Centenario y desean abandonar al libro. Los alumnos deben intentar contentarlos. Cada uno de los estudiantes deberá escribir una composición donde se justifique la importancia de un personaje específico en la historia y las razones por las cuales no puede irse.Asimismo, se compondrán trabalenguas, poesías y adivinanzas acerca de los personajes insatisfechos. Fichas de animación a la lectura Profesores del Centro Educativo del Ayuntamiento de Sástago (Lola Bielsa, Carmen Enfedaque, Margarita Arruga, Mar Latorrre y Pedro Moya) han elaborado una serie de actividades condensadas en distintas fichas de trabajo para motivar la lectura entre los primeros años de la educación primaria. La estructura general de cada una de estas fichas es: a) Una lectura breve que servirá para los siguientes incisos. b) Una actividad de análisis (subrayar o enmarcar con distintos colores mayúsculas, signos de puntuación, determinados grupos silábicos, formas verbales, etc., así como discriminación de expresiones o palabras vigentes y en desuso, redactando oraciones y sustituyéndolas posteriormente por alguna palabra actual). c) Actividad de dibujo. d) Una tarea de creación verbal (por ejemplo: “Acabas de escuchar a la profesara leer un trocito de un capítulo de Don Quijote de la Mancha, pero no ha leído el final de la aventura de este caballero andante. Utiliza toda tu imaginación y escribe lo que al final le sucede”). Estas fichas disponibles en la web pueden utilizarse o servir de molde a otros educadores para que elaboren las propias.20

El Quijote y la expresión plástica

Entre los distintos modos de acercarnos a esta obra cervantina está la expresión plástica.“Otra manera de leer el Quijote: propuesta didáctica para trabajar el Quijote a través de los ojos de los artistas”,21 recomendada para edades de ocho a doce años, plantea que los niños conozcan diversas obras de arte acerca del Quijote

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Algunas recomendaciones para llevar a cabo y evaluar esta actividad ideada para los alumnos de primaria, en: www.ieslacucarela.com/cursocep/quijote/Quijote.htm Véase “Fichas de animación a la lectura” en www.quixote.tv/index.htm Cf. n. 19.

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(como las pinturas de Doré, Salvador Dalí, etc.) y después hagan sus propias creaciones de manera individual o grupal, por ejemplo en un mural. El dibujo es una perfecta actividad complementaria para que el niño manifieste sus impresiones del texto, por ello es aconsejable que dibuje siempre después de una lectura o de una actividad grupal.

Geografía e historia

El Quijote puede usarse también para otros propósitos fuera de la asignatura de Español. Los maestros de geografía e historia22 pueden plantear la investigación acerca de los lugares que recorre Don Quijote; la época que vivió el autor (por ejemplo, la batalla de Lepanto) y el personaje; la figura de los caballeros (Edad Media); los distintos elementos históricos mencionados en la novela (los moros en la España del siglo XVI y XVII), etcétera.

Conclusión

Alrededor de 400 propuestas didácticas se han elaborado a lo largo de este año por profesores y alumnos de distintos lugares del mundo.Todas la anteriores son una breve muestra. El mundo del internet permite conocerlas y adaptarlas a nuestras aulas.23 Sin embargo, el cómo nuestros niños recordarán esta primera lectura del Quijote dependerá mucho de nuestro papel de guía.Y entre todos los aspectos que no debemos olvidar destaca que, tal como lo señala Felipe Garrido, la mejor forma de ayudar a nuestros niños es acompañarlos en sus lecturas, ser nosotros también lectores, no solamente promotores. Por ello debemos acompañarlos a lo largo de las aventuras y las desventuras de Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza.

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Véase en EDUCARED la unidad didáctica de “Miguel de Cervantes y el Quijote”: www.educared.net/primerasnoticias/uni/cerv/udcer.htm Las siguientes páginas tienen links a otros sitios con propuestas para todos los niveles: www.juntadeandalucia.es/averroes/manuelperez/curso0405/quijote/enlaces/enlaces.htm http://redgeomatica.rediris.es/elenza/materiales/quijote.htm y un sitio especial para los niños de preescolar: http://www.wfu.edu/users/foleae1/index.html

Bibliografía GARRIDO, Felipe, “Prólogo” a Historia y muestra de la literatura infantil mexicana, CNCA/SM, VII-XIII, México, 2000. SEP, Guía para la elaboración del plan de trabajo anual del docente. Ciclo escolar 2000-2001. Segundo Grado, SEP, México. REY, Mario, Historia y muestra de la literatura infantil mexicana, Felipe Garrido pról., CNCA/SM, México, 2000. RUEDA, Rafael, La biblioteca en la aula infantil. El cuento y la poesía, Narcea, Madrid, 1999.

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Antes del aula

Leer en la escuela: una pócima para abrir horizontes Alejandro Spiegel

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a lectura es un instrumento y a la vez un escenario para crear horizontes. Un libro puede ser un puente para imaginar futuros y la escuela, una plataforma desde la que se puede empezar a construirlos. Al ver un horizonte –en el más amplio de los sentidos– aparecen caminos por recorrer, futuros posibles. Miramos con perspectiva y damos un paso atrás: muchas veces nos parece que vemos todo lo que hay; que todo tiene nuestra medida. A partir del horizonte nos reencontramos insertos en el universo y podemos reubicar nuestras expectativas y esperanzas. También nuestras desilusiones. Pensar con horizontes permite ver el bosque sin perderse en las raíces. Podemos levantar la vista, mirar con profundidad y, a la vez –quizá paradójicamente–, bucear dentro de nosotros mismos. Los aprendizajes abren horizontes. Tener horizontes es también un derecho y la escuela es el lugar de su restitución. En ese sentido, la lectura y el libro –como portador universal de cultura– siguen teniendo un lugar y una función estratégica. El libro aún es la ‘máquina’ más cómoda para leer, aunque hayan aparecido máquinas alternativas: Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado, de espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora… En la hamaca, si tienes una. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También

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puedes ponerte cabeza abajo, en postura yoga. Con libro invertido, claro.1

A diferencia de lo que ocurre con otros dispositivos, leer un libro es una experiencia en la que el tiempo juega del lado del lector. Son sus deseos y sus posibilidades los que proponen el ritmo en que avanza, marca y retrocede por páginas que lo acompañan adonde vaya y cuando quiera. Por otra parte, los libros son testigos, representan –y hablan de– la intimidad de sus dueños. Nadie hace marcas en un libro que no tengan que ver consigo mismo. Esto es tan así que algunos –como Humberto Eco, según decía en una entrevista– no prestan libros que hayan subrayado o marcado de alguna manera. La sociedad del conocimiento, en la que una imagen borra a la otra y una noticia desaparece rápidamente de la escena por superposición con otra nueva, no es más transparente, sino más compleja, opaca, caótica y difícil de ‘leer’: ya no vamos hacia la información sino que ésta viene hacia nosotros permanentemente, mucha y a gran velocidad, por distintos medios, con diferentes códigos y lenguajes. Y, por si fuera poco, llega fragmentada y confusa. De aquí se derivan nuevos desafíos y nuevos mensajes para leer, y la lectura convencional es imprescindible y básica para enfrentarlos. Es decir, si pretendemos que las nuevas generaciones lean con autonomía incluso los

Algunas de las indicaciones que Italo Calvino da a los lectores en el prólogo de su novela Si una noche de invierno un viajero.

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diversos mensajes que les llegan a través de la televisión o del internet, que los puedan discernir, clasificar y seleccionar críticamente; si esperamos que estén atentos a las influencias a las que están expuestos y que tengan oportunidades para decodificarlas, tenemos que brindarles en la escuela las herramientas necesarias. Allí los niños y jóvenes pasan muchas horas por día para construir los conceptos, actitudes y procedimientos necesarios para su vida adulta. De este modo, la experiencia escolar de la lectura ensancha horizontes: permite que los estudiantes estén en mejores condiciones para desenvolverse en un mundo que los desafía con múltiples lecturas, y que conozcan historias como aquellas que, por ejemplo, nos enseñan que vale la pena luchar para salvar al prójimo, o en las que una familia lucha por permanecer unida. Pequeñas o grandes historias que, además de ofrecer la ocasión de disfrutar un buen momento, constituyen una ventana privilegiada para inspirar, pensar y postular futuros con senderos alternativos a los que transitan todos los días. Se aprende dentro y fuera de la escuela. Sin embargo, hay un conjunto de saberes que es imposible construir solos, sin la guía de un maestro. Él puede alentar y acompañar a sus alumnos a encontrar respuestas propias a las preguntas fundamentales del hombre, esas que han dado origen y robustecido las diferentes disciplinas. Hay muchísimos planteamientos de la literatura, la matemática, la historia o la geografía que no están disponibles y no aparecen necesariamente en lo cotidiano, y es la escuela el lugar en donde, además, se puede estudiar, cuestionar y compartir las respuestas que ya existen y formular nuevas preguntas.

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El Quijote como inspiración Los clásicos se encuentran entre aquellas producciones culturales que se pueden conocer casi exclusivamente en la escuela. Los clásicos tienen algo especial que distingue a muy pocos libros entre miles de obras aparentemente equivalentes. Eso los hace permanecer por generaciones. Si tenemos dudas, pensemos: ¿por qué tantos personajes famosos y de todos los tiempos han tomado explícitamente al Quijote para referir determinadas ideas?2 El escritor italiano Italo Calvino dice al respecto: Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene para decir. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.

Un clásico es una obra tan bella y tan famosa que frecuentemente termina por ser demasiado explicada. Quizá por eso muchas veces en la escuela los clásicos son leídos más como un aburrido ritual, que como una aventura llena de oportunidades para disfrutar. Aprovechemos la magia de estos tesoros universales: constituyen un punto de partida privilegiado hacia horizontes que vale la pena recorrer. Si tenemos dudas, compartamos el caso del Quijote. Hoy igual que ayer, sigue habiendo demasiados “entuertos por desfacer”. Nos encontramos indiferentes y apurados en un mundo en el que la utopía y la solidaridad parecen no tener rating. Son tiempos en que la civilización va digiriendo “con sentido común” nuevas formas de eutanasia para las víctimas de flagelos que no puede resolver, como la pobreza, el

En una interminable y heterogénea lista aparecen, por ejemplo, Jorge Luis Borges, Pablo Picasso, Simón Bolívar, Fernando Savater, Milán Kundera, León Felipe,Vladimir Nabokov,Thomas Mann y Ernest Hemingway.

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Leer en la escuela: una pócima para abrir horizontes

hambre, la violencia, el descuido por la tercera edad, las diferencias entre los hombres; tiempos en que se agudizan los prejuicios en la misma medida en que aumenta la indiferencia a los reclamos de los más débiles. También son días en los que lo llamado quijotesco ya no aparece ni siquiera como romántico, y la inmediatez no deja lugar a la imaginación, la ilusión, la contemplación ni al encuentro o al diálogo entre las personas. En este contexto, creo que personajes como el creado por Cervantes pueden mostrarnos que una realidad distinta es posible. Los alumnos pueden aceptar al Quijote como guía e inspiración hacia horizontes lejanos en los que los sueños, la utopía, el honor, la solidaridad, los derechos de todos, sean la “prenda de amor” de cada persona. Esta obra puede ser medio y fin porque de su lectura se desprenden naturalmente muchos de los valores que deseamos afirmar en la escuela. En definitiva, la lectura es una posibilidad y un derecho cuyo ejercicio no tiene nada de espontáneo. Por el contrario, exige hábitos y habilidades que se aprenden con un maestro. La importancia de la lectura de libros reverdece como central y estratégica para aspirar a otras más complejas y necesarias y, fundamentalmente, para descubrir, desear y construir horizontes.

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Dinámica para el aula En los capítulos 6 y 7 de la obra mayor de Cervantes, los familiares y allegados del Quijote culpan a la afición por la lectura que tiene el hidalgo de los males que lo aquejan. Dicen que le “queman los sesos”. Por ello, y para “protegerlo”, deciden quemar sus libros y tapiar la biblioteca de Don Alonso.3 A partir de esta historia, se puede invitar a los niños a discutir sobre la solución de los allegados al Quijote. Generalmente, surge entre los chicos una enfática oposición al despojo del derecho a acceder a los propios libros, y a la pared que intenta eliminar hasta la referencia de la biblioteca. Ante esto, el profesor puede proponer abrir nuevas puertas en la biblioteca, refundarla y hacer una nueva selección de libros, los de los niños, sus libros: aquellos que ubicarían primero, los que les gustaría encontrar siempre allí, los que no dudarían en presentar o recomendar a un buen amigo. La construcción compartida del nuevo catálogo para la biblioteca es, en realidad, el primer paso de una dinámica de trabajo en la que también los niños recomiendan lecturas, comparten opiniones, discuten, se entusiasman y sueñan con sus libros, tal como le ocurría a Don Quijote.

La lectura de estos capítulos abre la posibilidad de leer otros relatos reales o ficcionales, como Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, que también abordan la problemática de la censura.

Bibliografía ACTIS, B., Viajeros extraviados, Bajolalunanueva, Rosario, 2000. CALVINO, Italo, Por qué leer los clásicos,Tusquets, Barcelona, 1999. HUERGO, J., Comunicación-educación. Ámbitos, prácticas y perspectivas, EPC, La Plata, 2001. LANDI, O., Devórame otra vez, Planeta, Buenos Aires, 1992. MEIRIEU, P., Frankenstein educador, Laertes, Barcelona, 1998. ONG,Walter, Oralidad y escritura.Tecnologías de la palabra, FCE, México [s. a]. SPIEGEL, A., Héroes invisibles, Homo Sapiens, Rosario, 2003. –––––, La vida cotidiana como recurso didáctico, Homo Sapiens, Rosario, 2000.

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En un lugar de Alcalá... Vida y obra de Cervantes Nieves Rodríguez Valle

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http://cvc.cervantes.es/

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a pluma del autor del Quijote, al concluir la Segunda parte, afirma: “Para mí sola nació Don Quijote, y yo para él: él supo obrar y yo escribir, solos los dos somos para en uno” (II, 74: 1105).1 La creación no está sujeta a fórmulas por lo que la historia de la génesis de la gran novela es difícil de dilucidar; aquí intentaremos esbozar, a través de los datos biográficos con los que contamos,2 quién era el autor y cuáles las circunstancias de su vida. Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) nació en Alcalá de Henares. No se sabe la fecha exacta de su nacimiento, pero el registro que se conserva es el de su bautismo en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares el 9 de octubre de 1547, por lo tanto, se asume que nació días antes, el 29 de septiembre, día de San Miguel. Fue el cuarto hijo del médico Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas. La situación económica de la familia los obligó a trasladarse, a partir de 1551, a varias ciudades: Valladolid, Córdoba y Sevilla, en busca de mejor suerte. No se tiene noticia de los primeros estudios de Cervantes, por algunos indicios se cree que estudió en un colegio de jesuitas. En 1566 la familia se estableció en Madrid, donde Cervantes asistió al Estudio de la Villa, dirigido por el catedrático de gramática Juan López Hoyos.

Vista de la ciudad de Alcalá de Henares, España.

La primera vocación de Miguel de Cervantes fue la poesía; a los veinte años inició su carrera literaria con un soneto dedicado a la reina Isabel de Valois con motivo del nacimiento de la infanta Catalina, la segunda hija de Felipe II, y en 1569 escribió, a petición de su maestro Juan López Hoyos, cuatro poemas dedicados a la muerte de la reina, los cuales se incluyeron en la Historia y relación de las exequias reales.

Todas las citas al Quijote corresponden a la edición del IV Centenario, Real Academia Española / Asociación de Academias de la Lengua Española / Alfaguara, México, 2004. La primera biografía de Cervantes la realiza Mayans y Siscar (1737); le siguieron otros autores: Ascencio y Toledo (1864), Astrana Marín (1948-1958), Byron (1968), entre otros.

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www.revistanaval.com/armada/batallas/lepanto.htm

En un lugar de Alcalá...

Grabado italiano que muestra el Golfo de Lepanto (actualmente Golfo de Corinto) en el Mediterráneo.

Estos inicios literarios se vieron truncados, ya que en septiembre de ese mismo año Cervantes tuvo que partir a Italia por haber herido en duelo al maestro de obras Antonio de Sigura. A finales de diciembre Cervantes se encontraba en Roma, donde sirvió como ayudante de cámara a Giulio Acquaviva (cardenal a partir de 1570). La estadía en Italia lo puso en contacto con las ideas renacentistas y humanistas que ejercieron una gran influencia en él. En 1571 llegó a Italia su hermano menor, Rodrigo, soldado en la compañía del capitán Diego de Urbina. Cervantes se enlistó en la compañía y empezó su carrera militar. En septiembre de 1570 los turcos controlaban casi toda la isla de Chipre y el papa Pío V formó la Santa Liga (alianza entre Venecia y España) para evitar que Turquía controlara el Mediterráneo. La compañía de Urbina se embarcó en la galera Marquesa para formar parte de la armada cristiana al mando de don Juan de Austria (hermano ilegítimo de Felipe II), la cual combatió en la batalla de Lepanto el 7 de octubre de 1571. Esta

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batalla se convirtió pronto en leyenda, en el más glorioso episodio naval del siglo XVI, aunque no terminó con el dominio turco del Mediterráneo. Para Cervantes, dicha batalla fue también memorable, a pesar de estar enfermo y con calentura, peleó bravamente. Recibió dos disparos de arcabuz, uno en el pecho y otro en la mano izquierda, que se anquilosó (perdió el movimiento de sus articulaciones), hecho que lo inmortalizó como El Manco de Lepanto. Durante toda su vida Cervantes se mostró orgulloso de haber luchado esta batalla y de sus heridas de guerra, como lo muestra en el Prólogo a la Segunda parte del Quijote (1615), respondiendo al escritor que había publicado una segunda parte apócrifa:3 Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas a lo menos en la estimación de los que saben dónde se cobraron: que el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga, y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella. Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guían a los demás al cielo de la honra, y al de desear la justa alabanza; y hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años (II, Prólogo: 543).

Tras el éxito del Quijote, en 1614 un autor desconocido, bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, publicó el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, mejor conocido como ‘El Quijote apócrifo’ o ‘El Quijote de Avellaneda’.

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[...] alcancé a ser alférez de un famoso capitán de Guadalajara, llamado Diego de Urbina, y al cabo de algún tiempo que llegué a Flandes, se tuvo nuevas de la liga que la Santidad del papa Pío Quinto, de felice recordación, había hecho con Venecia y con España, contra el enemigo común, que es el Turco, el cual en aquel mismo tiempo había ganado con su armada la famosa isla de

Antonio Alatorre, Los 1001 años de la lengua española, Fondo de Cultura Económica.

Recuperado de sus heridas, se incorporó en 1572 a la compañía de Manuel Ponce de León, dispuesto a seguir como soldado, a pesar de tener una mano lisiada. Durante los años siguientes participó en varias campañas militares (Navarino, Túnez, Corfú y La Goleta). El 26 de septiembre de 1575, cuando regresaba a España desde Nápoles en la galera Sol junto con su hermano Rodrigo, con cartas de recomendación de don Juan de Austria y del Duque de Sessa (virrey de Sicilia), salió a su encuentro una flota turca, tras el combate que hizo prisioneros, entre otros, a Miguel de Cervantes y a su hermano Rodrigo. Fueron llevados a Argel, donde Cervantes fue entregado como esclavo al renegado Dalí Mamí, apodado El Cojo, quien, a la vista de las cartas de recomendación, fijó su rescate en 500 escudos de oro. El bey (gobernador turco) de Argel, Azán Bajá, pagó por él los 500 escudos y Cervantes quedó como su prisionero. Cinco años estuvo cautivo en Argel, en las mazmorras o baños, que dejarían una gran huella en su mente. Las noticias del cautiverio de Cervantes nos llegan gracias al libro de fray Diego de Haedo: Topografía e historia general de Argel (1612). Cervantes transformó en materia literaria parte de sus experiencias militares y de cautiverio en las comedias: Los tratos de Argel y Los baños de Argel; así como en el relato de la historia del Cautivo que se interpola en la Primera parte del Quijote (capítulos 39-41). Veamos un fragmento:

Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616).

Chipre, que estaba debajo del dominio de venecianos, [...] Súpose cierto que venía por general de esta liga el serenísimo don Juan de Austria, hermano natural de nuestro buen rey don Felipe; divulgose el grandísimo aparato de guerra que se hacía, todo lo cual me incitó y conmovió el ánimo y el deseo de verme en la jornada que se esperaba; [...] Digo, en fin, que yo me hallé en aquella felicísima jornada, [...] y aquel día, que fue para la cristiandad tan dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban creyendo que los turcos eran invencibles por la mar, en aquel día, digo, donde quedó el orgullo y soberbia otomana quebrantada, entre tantos venturosos como allí hubo (porque más ventura tuvieron los cristianos que allí murieron que los que vivos y vencedores quedaron), yo solo fui el desdichado; pues, en cambio de lo que pudiera esperar, si fuera en los romanos siglos, alguna naval corona, me vi aquella noche que siguió a tan famoso día con cadenas a los pies y esposas a las manos (I, 39: 401-402).

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En un lugar de Alcalá...

Cervantes intentó fugarse cuatro veces del cautiverio arriesgando la vida. En 1576 huyó con otros cristianos rumbo a Orán (plaza española), pero el moro que los guiaba los abandonó y tuvieron que regresar a Argel. La madre de los hermanos Cervantes había reunido una cantidad de ducados para rescatar a sus dos hijos, pero cuando se concertaron los tratos en 1577, la suma no fue suficiente para liberar a ambos y Miguel prefirió que fuera liberado Rodrigo, quien regresó a España con un plan, trazado por Miguel, para rescatarlo junto con otros catorce cristianos cautivos. Cervantes se encerró con ellos en una gruta del jardín de Azán, donde permanecieron cinco meses en espera de la galera que vendría por ellos. Efectivamente, dos veces la galera intentó acercarse a la playa, pero un renegado, apodado El Dorador, los traicionó y fueron descubiertos. Cervantes fue encerrado con cadenas durante cinco meses. En 1578 Cervantes escribió unas cartas a Martín de Córdoba, general de Orán, planeando su escape, esta vez por tierra; en dichas cartas le expone el proyecto y le pide guías; pero el mensajero fue preso y empalado y las cartas leídas. En ellas se demostraba que Cervantes había tramado todo, por lo que fue condenado a recibir dos mil palos, sentencia que no se cumplió. El cuarto intento se realizó dos años después cuando un mercader valenciano que estaba en Argel le entregó dinero con el cual Cervantes compró una fragata para ir a España con otros sesenta cristianos, pero uno de los que serían liberados, Juan Blanco de Paz, los delató. Azán Bajá trasladó a Cervantes a una prisión más rigurosa en su mismo palacio y decidió llevarlo a Constantinopla, donde fugarse le sería casi imposible. En todos estos intentos Cervantes se declaró único responsable. Azán Bajá, cuya crueldad era grande y famosa, siempre se mostró clemente con Cervantes, como lo cuenta el

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personaje del Cautivo en el capítulo 40 de la Primera parte del Quijote: Sólo libró bien con él un soldado español llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y por la menor cosa de muchas que hizo temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez; y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia (I, 40: 410-411).

A pesar de tanta turbulencia, este tal de Saavedra redactó algunos poemas laudatorios dedicados a sus compañeros de cautiverio. En mayo de 1580 llegaron a Argel los padres trinitarios fray Juan Gil y fray Antón de la Bella, sólo disponían de 300 escudos, pero recolectaron entre los mercaderes cristianos la cantidad que faltaba y pagaron el monto del rescate de Cervantes el 19 de septiembre de 1580, justo antes de que fuera llevado a Constantinopla. Cervantes llegó a las costas españolas en octubre, se encontró con su familia en Madrid e intentó valerse de las cartas de recomendación para obtener algún nombramiento oficial. En mayo de 1581 se trasladó a Portugal, donde estaba la corte de Felipe II, quien le encomendó una misión secreta en Orán por su experiencia en las costumbres del norte de África. A su regreso en 1582 aspiró a un puesto vacante en las Indias, pero su solicitud fue denegada. Cervantes dejó la vida militar y retomó la actividad literaria, esta vez como dramaturgo; escribió y se representaron algunas de sus comedias. De ellas sólo se conservan El trato de Argel y La Numancia. A través del mundo teatral se relacionó con Ana Franca de Rojas, mujer


casada, con quien tuvo, en 1584, a su única hija: Isabel, que con el tiempo se apellidaría de Saavedra. Cervantes viajó enseguida a Esquivias con el propósito de publicar sus obras. Allí conoció a Catalina de Salazar y Palacios, de 19 años, con quien se casó el 12 de diciembre de 1585. Seguramente entre 1581 y 1583 escribió su primera obra literaria de consideración: La Galatea, terminada en 1584 y publicada en Alcalá de Henares en marzo de 1585. Apareció como “primera parte” y Cervantes toda su vida prometió la continuación. Se trata de una novela pastoril, género que había instaurado en España Jorge Montemayor con su obra La Diana. Esta obra demuestra una franca audacia experimental que la destaca del resto del género pastoril en España, pero su éxito no fue el deseado. Después de La Galatea, vino un silencio editorial de 20 años “un silencio errabundo, trashumante, en que Cervantes anda de ceca en meca por tierras andaluzas, con trastornos que en más de una ocasión le impone la ley” (Avalle-Arce, 2001: 10-11). Pero en estos años irá germinando nada menos que el Quijote. En 1587 se instala en Sevilla, donde obtiene el cargo de comisario real de abastos; su trabajo consistía en requisar trigo y aceite para proveer a la Armada Invencible, la flota del Imperio Español. Cumplió su misión con gran empeño; al incautar trigo perteneciente a los diezmos eclesiales fue excomulgado pasajeramente ese mismo año. La Armada Invencible fue vencida en 1588, con lo que inició la decadencia del Imperio Español. Los ideales de Cervantes y sus expectativas fueron cambiando, ya que como recompensa a sus heroicos servicios recibió un cargo detestable y muy mal retribuido, y la Armada Invencible terminó en catástrofe: “El Cervantes recién rescatado, pletórico de libertad y de orgullo

imperialista [...] ha visto desvanecerse, como por arte de encantamiento todas sus esperanzas” (Sevilla, 2001: 25). En 1590 presenta su hoja de servicios y solicita, de nuevo, un empleo en Indias, la respuesta fue: “Busque por acá en qué se le haga merced”, “palabras que debieron de desilusionar amargamente a nuestro escritor, pero gracias a las cuales tenemos el Quijote, pues si Cervantes llega a establecerse en América seguramente no hubiera escrito su genial novela” (Riquer, 2004:L). Después será encargado de recaudar las tasas atrasadas en Granada. En 1592, con el pretexto de que había vendido trescientas fanegas de trigo sin autorización, fue encarcelado en Castro del Río; Cervantes apeló y fue liberado. Siguió cobrando impuestos; depositó lo recaudado en una casa de banca de Sevilla, pero el banquero quebró y Cervantes, imposibilitado para responder por las sumas recogidas, fue encarcelado en 1597 en Sevilla, durante tres meses. A esta estadía en la cárcel se refieren algunos críticos al asegurar que es real lo que dice Cervantes en el Prólogo de la Primera parte del Quijote: Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? (I, Prólogo: 7).

El largo periodo administrativo, lleno de sinsabores, como contrapartida traerá para Cervantes el “contacto directo con las gentes de a pie, y aun con los bajos fondos, adquiriendo una experiencia humana magistralmente recreada

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Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, RAE, México, 2004.

En un lugar de Alcalá...

Primera edición del Quijote, 1605.

en sus obras” (Sevilla, 2001: 15). Aparentemente estaba apartado de la labor literaria, como él mismo afirma en el prólogo a sus Ocho comedias: “Tuve otras cosas en qué ocuparme; dejé la pluma y las comedias” (Cervantes, 2001b: I, 55). Su producción se limita en este periodo a realizar algunas composiciones poéticas sobre sucesos históricos (odas al fracaso de la “Invencible”, soneto al saqueo de Cádiz y “Al túmulo de Felipe II”) y composiciones sueltas aparecidas en obras de otros autores. Como dramaturgo, en 1592 se compromete con Rodrigo Osorio a entregar seis comedias, entre las cuales se conservan algunas que publicó en Ocho comedias; como prosista redacta algunas de las Novelas ejemplares y, seguramente, esboza la Primera parte del Quijote. Con el comienzo del siglo, dejó Sevilla y se dedicó, probablemente, de lleno al Quijote, derramando en él todo su genio. Las decepciones que sufrió quizá se plasman en el hecho de que sólo un loco pueda creer en los ideales de la justicia y el valor, como nos dice Don Quijote:

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Mejor parece, digo, un caballero andante socorriendo a una viuda en algún despoblado que un cortesano caballero requebrando a una doncella en las ciudades [...] Pero el andante caballero busque los rincones del mundo, éntrese en los más entrincados laberintos, acometa a cada paso lo imposible, resista en los páramos despoblados los ardientes rayos del sol en la mitad del verano, y en el invierno la dura inclemencia de los vientos y de los yelos; no le asombren leones, ni le espanten vestiglos, ni atemoricen endriagos, que buscar éstos, acometer aquéllos y vencerlos a todos son sus principales y verdaderos ejercicios (II, 17: 678).

En 1603, Cervantes y su esposa se instalaron en Valladolid, nueva sede de la corte de Felipe III, con sus hermanas Andrea y Magdalena, su sobrina Constanza, su hija Isabel, y una criada: María de Ceballos. En 1604, a los 57 años, entregó el manuscrito de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, para sus aprobaciones. En 1605 salió impreso en Madrid, por la imprenta de Juan de la Cuesta. El éxito fue fulminante, al punto de que el mismo impresor, ese mismo año sacó una segunda tirada En su magna creación, nuestro soldado, cautivo de guerra y cautivo de los sinsabores de su propia tierra, plasma el anhelo de libertad como un bien supremo, como un derecho vital humano; por ejemplo, en el episodio de los Galeotes, Don Quijote pide a los guardias que liberen a los presos que llevan a remar en las galeras: Pero, porque sé que una de las partes de la prudencia es que lo que se puede hacer por bien no se haga por mal, quiero rogar a estos señores guardianes y comisario sean servidos de desataros y dejaros ir en paz, que no faltarán otros que sirvan al rey en mejores ocasiones, porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres (I, 22: 207).


Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 1. RETRATO DE CERVANTES DE SAAVEDRA POR ÉL MISMO. William Kent (inventó y delineó), George Vertue (grabó). En Vida y hechos del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, J. y R.Tonson, London, 1738.


Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 3. RETRATO DE CERVANTES. Deberia (dibujó), Lefevre (grabó). En Histoire de l´admirable Don Quichotte de la Manche, Delongchamps Libraire, Paris, 1825.


Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 4. RETRATO DE CERVANTES. B. Maura, 1872. En El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Montaner y Simón, editores, Barcelona, 1880-1883.


Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 6. Le valeureux Dom Quixote de la Manche ou l’histoire de ses grands exploicts d’armes, fideles amours & adventures estranges, Chez Arnould Cottinet, Paris, 1639.

Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 5. Portada de la edición de Valencia, 1605.

Figura 9. LA BARBADA CONDESA TRIFALDI SE QUEJA CON DON QUIJOTE DEL ENCANTO DE MERLÍN. Charles Antoine Coypel (dibujó), Gerard Van der Gucht (grabó). En The History of the Valorous and Witty Knight-Errant Don Quixote of the Mancha, R. Knaplock and Co., London, 1725.

Figura 7. Grabado de F. Bouttats. En Vida y hechos del ingenioso caballero Don Quixote de la Mancha, Imprenta de Juan Mommarte, Bruselas, 1662.


Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 10. SANCHO GOBERNADOR DE LA ÍNSULA BARATARIA. Daniel Nicolás Chodowiecki (dibujó), Daniel Berger (grabó). En Leben und Thaten des weisen Junkers Don Quixote von la Mancha, Gaspar Fritsch, Leipzig, 1780.


Fotos: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 11. VIAJE DE DON QUIJOTE Y SANCHO SOBRE EL CABALLO CLAVILEÑO. Antonio Carnicero (inventó y dibujó), Juan Barcelon (grabó). En El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, por Don Joaquín Ibarra, Madrid, 1780.


Figura 12. Mapa de los viajes de Don Quijote con la indicación de diversos lugares a los que llegó en sus aventuras, sigue al propuesto en la edición del la Real Academia de 1780. L. Aubert padre (dirigió y escribió), Massuet (grabó). En L’ingénieux chevalier Don Quixote de la Mancha, Chez Th. Desoer Libraire, Paris, 1821.

Fotos: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.


Figura 14. BURLA

DE LOS CENCERROS Y LOS GATOS.

George Cruikshank (diseñó). En The Life and Exploits of Don Quixote de la Mancha, Knight and Lacey Publisher, London, 1824.

Fotos: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.


Figura 15. AVENTURA DE LOS CUEROS DE VINO. Tony Johannot (ilustró). En L´ingénieux hidalgo Don Quichotte de la Manche, J. J. Dubochet et Cie. Éditeurs, Paris, 1837.

Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.


Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 17. AVENTURA DE LOS MOLINOS. Gustave Doré (diseñó), H. Pisan (grabó). En L´ingénieux hidalgo Don Quichotte de la Manche, Libraire de L. Hachette et Cie., Paris, 1863.


Museo Iconográfico del Quijote. Guanajuato (catálogo), Fundación Cervantina Eulalio Ferrer A.C., México,1987.

Figura 19. DON QUIJOTE ENTRE EL BIEN Y EL MAL,

mural al acrílico. Raúl Anguiano.

Figura 20. DON QUIJOTE, litografía a color. Salvador Dalí. Museo Iconográfico del Quijote. Guanajuato (catálogo), Fundación Cervantina Eulalio Ferrer A.C., México,1987.


Figura 21. DON QUIJOTE, litografía, 1955. Pablo Picasso.

Museo Iconográfico del Quijote. Guanajuato (catálogo), Fundación Cervantina Eulalio Ferrer A.C., México,1987.


La alegría de Cervantes por el éxito del Quijote fue turbada enseguida por un nuevo y breve encarcelamiento. A las puertas de la casa de Cervantes asesinaron a Gaspar de Ezpeleta. El alcalde Villarroel, para proteger a un amigo suyo sospechoso del crimen, ordenó la detención de Cervantes y parte de su familia, en cuyo proceso, la familia queda acusada de llevar vida licenciosa. De nuevo tras la Corte, Cervantes se trasladó a Madrid en 1606. Por entonces se casó su hija Isabel, murieron sus hermanas y la familia de Cervantes quedó reducida a su esposa y su sobrina. En 1610 intenta sin éxito acompañar al Conde de Lemos a Nápoles. El éxito del Quijote quizá movió a Cervantes a publicar otras obras y a los editores a imprimirlas. Ocho años después de que la novela que lo inmortalizó vio la luz, publicó las siguientes obras: • Novelas ejemplares, 1613, son doce novelas: La gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre, El celoso extremeño, La ilustre fregona, Las dos doncellas, La señora Cornelia, El casamiento engañoso y El coloquio de los perros. De ellas escribió en el prólogo:

• Ocho comedias y ocho entremeses, nuevos, nunca representados se publicó en Madrid en 1615; las comedias son: El gallardo español, La casa de los celos, Los baños de Argel, El rufián dichoso, La gran sultana, El laberinto de amor, La entretenida y Pedro de Urdemalas; los entremeses: El juez de los divorcios, El rufián viudo, La elección de los alcaldes de Daganzo, La guarda cuidadosa, El vizcaíno fingido, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y El viejo celoso. • En 1615 publica la Segunda parte del ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, en donde le continúa cantando a la libertad: —La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (II, 58: 984-985).

• La lista se cerró póstumamente, cuando su mujer publicó en 1617 Los trabajos de Persiles y Segismunda. Cervantes, gravemente enfermo de

• Viaje del Parnaso (1614), poema en tercetos en el que da información y juicios sobre escritores de la época. En su apéndice en prosa “Adjunta al Parnaso” habla de sus obras literarias, algunas de ellas perdidas.

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, RAE, México, 2004.

[...] me doy a entender, y es así, que yo soy el primero que he novelado en lengua castellana, que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas; mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa (Cervantes, 2001a: 64-65).

Segunda parte del Quijote, 1615.

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En un lugar de Alcalá...

www.madridhistorico.com

Finalmente, para cerrar esta breve biografía, añadiremos la descripción que Cervantes hace de sí mismo en el prólogo a las Novelas ejemplares:

Convento de las Trinitarias Descalzas, Madrid.

hidropesía, redacta su último escrito, la dedicatoria del Persiles al Conde de Lemos, el 19 de abril de 1616: Puesto ya el pie en el estribo, con ansias de la muerte, gran señor, ésta te escribo. Ayer me dieron la estremaunción, y hoy escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo eso, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir (Cervantes, 2004b: 116-117).

Cervantes murió el 22 de abril, a los 68 años. Fue enterrado al día siguiente en el Convento de las Trinitarias Descalzas, donde reposan sus restos sin que sea posible identificarlos.

Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, [...] Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria (Cervantes, 2001a: 62-63).

Bibliografía ASENCIO Y TOLEDO, José

María, Nuevos documentos para ilustrar la vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Sevilla, 1864. Marín, Luis, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, 7 vols., Reus, Madrid, 1948-1958. AVALLE-ARCE, Juan Bautista, “Introducción” a Miguel de Cervantes, Novelas ejemplares, 2 vols., Castalia, Madrid, 2001. BYRON,William, Cervantes: A Biography, Doubleday and Company, Nueva York, 1978. CERVANTES, Miguel de, Novelas ejemplares, 2 vols., Castalia, Madrid, 2001a. –––––, Comedias, 3 vols., Castalia, Madrid, 2001b. –––––, Don Quijote de la Mancha, Real Academia Española / Asociación de Academias de la Lengua Española / Alfaguara, México, 2004a. –––––, Los trabajos de Persiles y Segismunda, ed. de Carlos Romero Muñoz, Cátedra, Madrid, 2004b. MAYANS Y SISCAR, Gregorio, Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Londres [1737], 2ª ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1972. RIQUER, Martín de, “Cervantes y el Quijote”, en Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Real Academia Española / Asociación de Academias de la Lengua Española / Alfaguara, México, 2004. SEVILLA, Florencio, “Introducción” a Miguel de Cervantes, Comedias, 3 vols., Castalia, Madrid, 2001. ASTRANA

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Certidumbres e incertidumbres

De la oralidad a la escritura Enseñar la escritura en secundaria María Teresa Gutiérrez

E

l ideal que se pretende alcanzar respecto a la adquisición de la lengua escrita al finalizar la educación básica es el mismo que se exige al ingresar al bachillerato, a la educación superior y a cualquier posgrado o especialización. Descifrar, comprender, criticar un texto escrito, así como producir cualquier género textual es un proceso que se sitúa entre la competencia del usuario de la lengua y la situación que le exige este medio de comunicación. No es lo mismo hablar que escribir, eso es un hecho; no distinguir las características de estas dos modalidades de uso de la lengua puede llevar al fracaso del dominio de una y otra, principalmente de la lengua escrita, que exige mayor formalidad en el ámbito académico y en algunos espacios sociales. Es indudable que al concluir la educación básica los alumnos han adquirido cierta competencia lingüística (conocimiento formal de la lengua), cierta competencia pragmática (capacidad de uso en un contexto específico, con una intención dirigida a un destinatario) y cierta competencia textual escrita que pueden evidenciar en sus producciones textuales, pero consideramos que esta última no se ha consolidado aún al finalizar esta etapa escolar. En sus escritos está muy presente la oralidad, por ello es muy apresurado marcar como objetivo final de la enseñanza de la lengua escrita a este nivel que el alumno concluya con una competencia textual escrita que le permita comunicarse sin problema en distintos con-

textos de comunicación, ya que dicha competencia está en proceso de adquisición. La deficiente competencia textual escrita a esta edad se manifiesta en la falta de independencia que sigue teniendo la escritura respecto de la oralidad, y entre las causas cabe mencionar la falta de métodos didácticos adecuados, la ausencia de una formación específica de los maestros y la falta de un ambiente funcional motivador. Así, nos encontramos con escritores inexpertos que no han adquirido el conjunto de metarreglas o criterios de buena formación textual que se comparten en el contexto cultural. Estas reglas de buena formación textual son aquellas que se evidencian en la superficie textual mediante los mecanismos de cohesión, coherencia y adecuación, es decir, los que permiten que el tipo discursivo que se pretende expresar mediante la escritura corresponda a las reglas discursivas del género textual al que pertenece, que la semántica textual sea construida de tal manera que el tópico que ahí se desarrolle sea comprensible, que la elección del registro a través del cual se comunica por escrito corresponda a la intención comunicativa dirigida hacia un destinatario. Un texto cohesionado es aquel que posibilita la interpretación a través de los elementos discursivos que se realizan en el texto desde la primera cláusula hasta la última, a través de cada párrafo, en cada momento del desarrollo del tema, tanto en la información que se repite como en la nueva.

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De la oralidad a la escritura

La competencia escrita La competencia textual escrita supone cierto dominio de la competencia lingüística y pragmática, ambas en la modalidad oral son el antecedente del conocimiento de la lengua que abren el camino a la escritura en el plano concepcional (Iturrioz et al., 1999: 125). Sabemos que la escritura tiene un doble plano: instrumental y concepcional o ideacional. En el primer caso, se entiende como el conocimiento técnico para efectuar el acto de escribir, esto no implica expresar ideas; en cambio, el segundo caso supone crear textos, producidos en un contexto específico y apegados a ciertas reglas. En este artículo hablamos de escritura en este último sentido. Es necesario saber que al elegir la lengua escrita como modalidad de uso coloca al receptor o destinatario fuera del plano inmediato de la interlocución, es decir, está ausente físicamente, tanto en el tiempo como en el espacio; el que hará uso de la escritura debe saber qué tipo de escrito dará forma a su necesidad de comunicar, cuál es la intención que lo lleva a emplear tal medio de uso de la lengua, cómo debe jerarquizar la información, organizarla en párrafos, evitar la redundancia y el vacío de información; qué registro debe emplear según el destinatario y la situación de comunicación, cómo emplear los signos de puntuación y la ortografía, por ello el esfuerzo es mayor. La lengua hablada es un sistema que aprendemos de manera natural, mientras que la escritura es una forma artificial, una técnica. Esto exige un proceso cuidadoso de la construcción del texto escrito. Cualidades que deben quedar claras al estudiante en un proceso de adquisición de la lengua escrita, y al profesor en el proceso de enseñanza de la misma; es lo que debe guiar los momentos de reflexión, tanto del docente como del alumno, a la hora de producir y evaluar la escritura.

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El concepto ‘redactar’ está relacionado con el plano concepcional de la escritura, ya que su finalidad es crear textos que expresen ideas. Esta tarea de la composición pasa, por lo menos, por los siguientes momentos: planeación, textualización y revisión. Serafini considera que: La capacidad de escribir va ligada a un gran número de operaciones elementales: reunir y organizar las propias ideas, escribir esquemas, asociar cada una de las ideas a un parágrafo concreto, desarrollar los razonamientos, revisar el propio escrito” (1997: 16).

Para ello propone tres fases: preescritura, en la que se reúne la información y manipulación de la misma antes del desarrollo del texto; escritura, que implica construir lingüísticamente el texto, y postescritura, fase encargada de la revisión de la producción escrita. Entonces, adquirir la competencia escrita es un proceso que inicia con el dominio del plano instrumental y se prolonga hacia el plano concepcional; asimismo, es un proceso que se relaciona con la adquisición de la estructura de la lengua y el dominio de una serie de formas discursivas que el usuario va adquiriendo en el contexto cultural. Para que el alumno de secundaria desarrolle su competencia escrita es necesario, por un lado, que se le guíe en el camino de expresar ideas propias por medio de distintos géneros textuales escritos (cartas, poemas, cuentos, crónicas, ensayos, prólogos, reportes de investigación, etc.) y sobre todo que se le sitúe en un contexto de comunicación y un destinatario específico. Hacer consciente al alumno de que aunque no está presente su interlocutor, a la hora de descifrar el escrito, el mensaje deberá ser claro y preciso, según su intención de comunicación; por otro lado, el estudiante debe practicar la escritura siguiendo el proceso de planeación, textualización y corrección, actividad que le permitirá conseguir una comunicación más eficaz.


Continuo entre lengua oral-lengua escrita Para Oesterreicher: Las diferentes condiciones de comunicación conllevan ciertas estrategias discursivas como por ejemplo, grados de planificación, de elaboración sintáctica, diversos tipos de progresión semántica, etc., e implican determinadas regulaciones pragmáticas del discurso (1996: 319).

En la manera como caracteriza este autor las diferentes condiciones de comunicación se establecen las diferencias de la lengua oral y la escrita. Además, este autor establece un continuo entre la inmediatez comunicativa, o lengua oral, y la distancia comunicativa o lengua escrita. Los parámetros que las definen son escalares, es una gradación donde una y otra se colocan en los extremos de una recta, y entre ambas hay una infinidad de posibilidades textuales que comparten tanto lo oral como lo escrito; en el extremo de la inmediatez comunicativa se coloca la conversación familiar como la más prototípica forma textual oral; y en el extremo de la distancia comunicativa encontramos los textos jurídicos, los más típicamente escriturales. W. Oesterreicher (1996: 320) establece una serie de factores que determinan la presencia de lo oral en la escritura, que podemos apreciar en el siguiente recuadro: Factores que determinan los rasgos de oralidad en la escritura según W. Oesterreicher • • • • •

El saber idiomático de los interlocutores La competencia discursiva La tradición discursiva Tipo de participación afectiva Conciencia del proceso de la formulación lingüística • Finalidad estético-estilística

El saber idiomático y la elección de la modalidad de uso de la lengua, con todas las implicaciones que conllevan, son factores importantes a la hora de redactar. Tener conciencia de ello puede llevar a la realización de un buen escrito. Esta conciencia es la que se debe adquirir al reflexionar sobre los errores que se cometen al escribir, hacia la conciencia de estos factores debe guiar el profesor a sus alumnos para que se vaya consolidando poco a poco la competencia textual escrita de los alumnos. Por otro lado, Blanche-Benveniste (1979: 29) abunda sobre la oposición en la que se ubica la lengua hablada respecto a la legua escrita, sobre todo en el medio escolar. En ese contexto, serán características de la lengua hablada, la espontaneidad, ocasionalmente lo pintoresco, y la constancia de errores, como los inacabamientos o su relación con los barrios bajos. En tanto que las características de la lengua escrita serían de mayor prestigio: es refinada y da testimonio de la gramática de la lengua (gracias a la ortografía). Al establecer esta relación, la autora aconseja comparar las producciones orales con los borradores de lo escrito, a lo que llama pre-texto –toma el término de Bellemin-Noel, para quien los momentos intermedios del texto escrito antes de su conclusión tienen características de oralidad: Si se quiere comparar la lengua de conversación con la de lo escrito, no hay que compararla con un escrito publicado... sino con un borrador de escrito... La mayor parte de las producciones orales deben ser tratadas como pre-textos (BlancheBenveniste, 1979: 22).

En el pre-texto, dice la autora, se advierte una serie de enmiendas, avances, retrocesos, que serían como un rastro de algo que es un texto y a la vez la elaboración del mismo (lengua y metalengua). Este borrador o pre-texto no es una

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De la oralidad a la escritura

pieza total, sino que está constituido por una serie de fragmentos, por trozos. Blanche-Benveniste caracteriza el habla pública profesional como redundante y con una manera de organizar la frase distinta de la escritura. La repetición de información es el rasgo más constante que se destaca cuando se compara lo oral y lo escrito. Mientras que lo escrito es más breve o sintético, lo oral es reiterativo, repetitivo, explícito en la sintaxis. La redundancia se advierte, además, en la repetición léxica. La preocupación por concatenar cada secuencia que se enuncia provoca la repetición continua (1957: 157). Respecto a la forma como se organiza la frase en el habla, la autora señala que en la escritura la tendencia general es sintetizar, mientras que la oralidad funciona inversamente a la síntesis. El estilo sintáctico del habla es segmentado y por ello quizá más fácil, contrario al modelo escritural. Los rasgos que Blanche-Benveniste establece como presencia de lo oral en lo escrito pueden ser el punto de partida para conformar una escala de características a observar en producciones escritas de los escolares, y sirven también para orientar al profesor en el análisis y la evaluación de la escritura producida por los alumnos de secundaria. Así, por ejemplo, en textos escritos, los inacabamientos, la redundancia, el vacío de información, la repetición léxica, etc., pueden considerarse rasgos –aunque susceptibles de corrección– que evidencian la incidencia de lo oral en lo escrito, y que ocurre a los alumnos al redactar infinidad de textos como producto de las actividades escolares, no sólo de la materia de Español, sino del resto de los cursos. De igual manera podría apoyar al profesor lo que Antonio Briz (1996: 22-24) distingue como modos de uso de la lengua, que son el pragmático y el sintáctico. Según este autor, el primero se adquiere progresivamente de manera natu-

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ral, mientras que el segundo se aprende por medio de la enseñanza de la lengua en la escuela. El modo pragmático se acerca más al registro informal, al coloquial; mientras que el modo sintáctico se acerca al registro formal: “Ambos modos, sin embargo, quedan almacenados y, potencialmente, se actualizan, por separado o imbricados, de acuerdo con la situación de comunicación.” Un texto escrito puede realizarse, según la situación de comunicación, en un registro o en otro o entremezclarse (Oesterreicher, 1996; Briz, 1996), esto depende del dominio que el hablante tenga de ambos y sobre todo de la conciencia que éste tenga para emplearlo según el contexto o la situación comunicativa. Con la escolarización y la enseñanza de la lengua se supone que el alumno se va apropiando gradualmente del modo sintáctico. Del aprendizaje de este modo resulta el uso formal de la lengua tanto en la lengua oral como en la lengua escrita.

Conclusión Así pues, podemos decir que la competencia textual escrita implica varios dominios: saberes gramaticales (competencia lingüística) y estrategias de uso o saber pragmático; así como los propios de la escritura: grado de planificación, saber discursivo, ausencia del interlocutor, estructura del discurso, género textual, elaboración de párrafos, uso de la puntuación y la ortografía, posibilidad de corrección. Por todo lo señalado respecto a las diferencias entre lengua oral y lengua escrita, podemos considerar, entonces, que en la composición escrita prevalece el cuidado de su producción. Para llegar al texto definitivo, se debe pasar por el proceso de planificación y corrección donde se destacan elementos sintácticos, semánticos y


pragmáticos propios de la lengua escrita. En lo sintáctico y semántico, advertimos que prevalece la subordinación sobre la coordinación, puesto que la primera es más sintética que la segunda; el uso de conectores supraoracionales (léxicos y gramaticales) que van marcando la referencia de lo ya dicho para dar unidad semántica al texto; así como marcadores discursivos propios de la escritura (por lo tanto, en primer lugar, además, asimismo, en efecto, por último, por otra parte, etc.) que van relacionando la información de un párrafo a otro para consolidar la coherencia textual. En cuanto a lo pragmático, destacamos que debido a que la composición escrita es más explícita no debe dejar elementos de información fuera del texto; además, la expresión escrita deberá responder a una intención marcada por la situación de comunicación (formal, informal) y por el interlocutor. De igual forma deben cuidarse los valores estilísticos y retóricos marcados por una tradición discursiva dentro del

entorno social que dicta los cánones de las características formales de los distintos géneros textuales. Al tratar de evaluar los textos escritos de los alumnos que concluyen la educación básica se debe considerar que el proceso de adquisición de la lengua escrita está ubicado en un continuo que va de lo oral a lo escrito. Que es fundamental hacer consciente al alumno del momento en el que ubica su producción escrita respecto a dicho proceso, hacerle saber que no es lo mismo hablar que escribir, ya que este último hecho requiere de un esfuerzo mayor. Por su parte, el docente, a la hora de su planeación didáctica debe considerar los conocimientos con los que el alumno cuenta y tener claridad sobre los objetivos que se propone para llevar al alumno a la reflexión, propiciando situaciones de aprendizaje que tengan que ver con las distintas formas del uso de la lengua, para hacer efectivo el enfoque comunicativo de la enseñanza del español.

Bibliografía BLANCHE-BENVENISTE, Claire, Estudios lingüísticos sobre la relación entre oralidad y escritura, Gedisa (Colección Lea). BRIZ, Antonio, El español coloquial: situación y uso, Arco/Libros, Madrid, 1996. ITURRIOZ, Leza, José Luis et al., Función. Gramática didáctica del Huichol, vol. 1, Estructura fonológica y sistema de escritura, núm. 19-20, DELI/UdeG/SEP, México,1999. LOMAS, Carlos et al., Ciencias del lenguaje, competencia comunicativa y enseñanza de la lengua, Paidós (Col. Papeles de Pedagogía), Barcelona, 1993. OESTERREICHER,Wulf, Eva Stoll y Andreas Wesch, Competencia escrita, tradiciones discursivas y variedades lingüísticas. Aspectos del español europeo y americano en los siglos XVI y XVII, Gunter Narr Verlag,Tübingen, 1998. ––––– “Lo hablado en lo escrito. Reflexiones metodológicas y aproximación a una tipología”, en: Kotschi, Oesterreicher y Zimmermann (editores), El español hablado y la cultura oral en España e Hispanoamérica,Vervuert/Iberoamericana, Frankfurt/Madrid, 1996. SERAFINI, Ma.Teresa, Cómo se escribe, Paidós, México, 1997.

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Artistas y artesanos

Don Quijote de la Mancha: de la letra al icono* Venturas y desventuras de la imaginería quijotesca Rebeca Kraselsky Natalia Ferreiro Yo apostaré… que antes de mucho tiempo no ha de haber bodegón, venta ni mesón o tienda de barbero, donde no ande pintada la historia de nuestras hazañas. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

R

íos de tinta han escrito, descrito, descifrado y en ocasiones enmarañado el delicado encanto de la novela cervantina. Publicada por primera vez en 1605, salida de la pluma de un maduro escritor víctima de una vida de sinsabores, rápidamente dio trabajo a las prensas de toda Europa, despertó a la crítica literaria e inspiró a numerosos artistas a hacer propia aquella imagen del Caballero de la Triste Figura y su fiel escudero Sancho Panza. Los que han leído El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha no dejan de recordar los pasajes con una sonrisa cómplice. La misma sonrisa que se renueva frente a la lectura en ese inevitable diálogo con los personajes, el relator y en última instancia, con el autor de toda la obra que construye un tejido lúcido poniendo en juego los tiempos de la novela, los lugares y a los que cuentan y actúan en esta historia. El autor se enmarca en el denominado Siglo de Oro español, durante el cual un interesante grupo de escritores produce obras que termina-

ron por convertirse en mitos, propuestas artísticas y principios morales. La novela ha llevado el título de novela moderna, justamente por esta capacidad que tiene de ser la literatura reflexionando sobre sí misma. La obra de Cervantes no puede despegarse de su imagen. La imagen de Don Quijote y Sancho ya le es intrínseca, como si siempre hubiera estado allí. Aún hoy, pasados cuatro siglos, un aúnolectordelanovela reconoce a sus protagonistas, olvidando, tal vez, el nombre completo de su autor o la fecha y lugar de su publicación. Quizás ésta sea la voluntad de un clásico: mutar hacia lo anónimo, ser parte del saber común de un imaginario colectivo. ¿Pero de dónde sale esta imagen? Podríamos arriesgar que la imagen no es sólo plástica. Se trata más bien de una imagen plástico-literaria, inspirada en un estrato social histórico: la caballería. La caballería fue un estrato o estamento social que surgió y cobró auge durante la Edad

* Algunas de las imágenes referidas en este artículo se encuentran intercaladas en el mismo (figuras 2, 8, 13, 16 y 18), y el resto aparece en las páginas centrales a color de la revista.

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Media. Los caballeros fueron el brazo armado, la fracción militar de los reinos. En ellos se encarnaban los ideales nobles de la sociedad. Se organizaban en órdenes que guardaban leyes y condiciones para aquellos que querían integrarlas; el rey podía nombrar a un caballero y depositaba en él la defensa del territorio. La caballería despertó una serie de manifestaciones alrededor de la figura del caballero, así la literatura y la plástica lo tuvieron como protagonista. Resaltaron los hechos heroicos, los principios de fortaleza, prudencia, justicia, la defensa de la fe y de los más humildes. Podríamos decir que surgió entonces la mitología caballeresca que se alejó de la crónica histórica para desarrollar la ficción artística. De este modo, fue algo más que una fracción social al servicio del rey y de Dios, fue una institución cultural con determinados ritos, valores, principios que se manifestaron más allá de las fronteras de la historia. La caballería dio lugar al desarrollo de un espacio que representó al mundo caballeresco poblado de fantasía, asimilado a un bagaje propio del periodo medieval. Hacia el siglo XVI, ante los cambios en la figura del gobernante y las transformaciones en las técnicas de la guerra, la caballería como estrato social activo en la defensa de las tierras perdió su principal función y se convirtió, casi, en un distinguido título honorífico. Sin embargo, no abandonó la carga histórica en el compromiso con sus ideales. La literatura caballeresca tiene sus antecedentes en los cantares de gesta, que esgrimían principios de honor, deshonor, prudencia, fortaleza, virtudes y defectos. Se acercaron a la idea del héroe, caballeros diestros en el nuevo arte

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de luchar, para quienes sus espadas y caballos eran considerados tesoros, propiedades personificadas.1 Desde la vieja tradición medieval, los tratados de caballería difundieron una serie de valores que el caballero debía encarnar, la ceremonia de ordenar a un caballero estaba muy especificada y sus códigos, asumidos; estos elementos se desprendieron de la historia para convertirse en una interminable ficción a través de la literatura y la plástica. Finalmente, el Quijote “...no es una sátira de la caballería o de los ideales caballerescos... sino la parodia de un género literario muy en boga durante el siglo XVI. El Quijote no es, como creyeron algunos románticos, una burla del heroísmo y del idealismo noble, sino la burla de unos libros que, por sus extremosas exageraciones y su falta de mesura, ridiculizaban lo heroico y lo ideal.”2 Así, en la novela, el ritual caballeresco se llena de un nuevo contenido que, por otro camino, sigue sosteniendo valores de justicia y libertad. La imagen de Don Quijote resume así los elementos históricos que definieron al caballero. Desde su vestido hasta sus actitudes, Alonso Quijano revivió la fantasía caballeresca que pobló la literatura en el siglo XVI.

Retratos imaginarios de un escritor verdadero: la imagen de Miguel de Cervantes Saavedra Este que veis aquí de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña,

Maurice Keen, La caballería, Ariel, Barcelona,1984. Martín de Riquer, “Cervantes y el Quijote” en Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Edición del IV Centenario, Real Academia Española, Madrid, 2004.

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Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Don Quijote de la Mancha: de la letra al icono

Figura 2. Retrato de Cervantes. Choquet (delineó), Sizinot (grabó). En Histoire de l´admirable Don Quichotte de la Manche, Delongchamps Libraire, Paris, 1824.

los dientes no crecidos, porque no tiene sino seis y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies: éste digo, que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha y del que hizo el Viaje del Parnaso… llámese comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra.

De este modo se describía Cervantes en 1613 cuando tenía 66 años, tres años antes de su muerte. Esta descripción ha dado lugar a

* Imagen en páginas centrales de la revista.

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innumerables retratos. Sin embargo, su figura no fue de primordial importancia en las primeras ediciones de la novela. Casi un siglo después de su muerte apareció la primera imagen de Cervantes representado junto a un ángel que, volando sobre su cabeza, le entregaba una pluma para que se dispusiera a escribir. La imagen de Cervantes, tan mítica como la de Don Quijote, sobrevivió al tiempo en distintas versiones, retratado por diversos artistas de aquí y de allá en el pasado y en el presente. La intriga por conocer el rostro de quien nos condujo por tales hazañas y aventuras no se hizo esperar, y gracias a esa curiosidad podemos hoy recorrer una galería de retratos de la que daremos una pequeña muestra. El primero fue un grabado realizado sobre lámina de cobre que apareció en Ámsterdam en 1705. El segundo (Fig. 1*), realizado en Inglaterra en 1753 por William Kent, fue el más famoso ya que se basó en la descripción que el propio Cervantes hizo de sí cuando tenía 66 años y que se reprodujo por más de medio siglo en infinidad de ediciones. Como se observa en el retrato, el escritor luce más joven y tras él pueden verse los dos personajes que dieron vida a su novela: Don Quijote y Sancho. Las primeras ediciones se habían olvidado de representar al escritor. Luego de más de un siglo de su muerte, los rasgos del mítico Cervantes empezaron a ser dibujados y grabados por artistas de distintas latitudes. La mano izquierda se esconde, mientras que con la derecha desliza su pluma por el papel, elementos de su profesión. La mano izquierda escondida es un recurso para representar lo que el propio Cervantes comentó de sí: la pérdida de su mano en la batalla de Lepanto.


En 1824, cuando el retrato de Cervantes se había identificado plenamente, apareció en Francia una nueva edición del Quijote de la Mancha y con ella una nueva imagen de nuestro escritor (Fig. 2) realizada por el artista francés Choquet. Aquí los rasgos de Cervantes están totalmente transformados. El autor se nos presenta más joven, con el cabello negrísimo y ensortijado, la tez oscura y el bigote y barba lacios y escasos. La imagen de Cervantes se alejó del prototipo europeo para acercarlo más a un personaje oriental o africano. Este retrato sirvió de modelo para otros que posteriormente se repitieron. Un año después que la anterior, se publica una nueva imagen del escritor que copia los rasgos del retrato de Cervantes realizado por Choquet y sin embargo, los transforma. Un sujeto de tez clara, rubio o castaño claro con ojos azules o grises sigue siendo Cervantes que el año anterior había aparecido con rasgos lejanos a un europeo. Aquí se lo representa bajo un nuevo tipo, más francés que español (Fig. 3*). Otro retrato de Cervantes realizado al aguafuerte, una técnica de grabado sobre metal, apareció a fines del siglo XIX (Fig. 4*). Se trata de una imagen más romántica, suelta las líneas del trabajo, Cervantes mira melancólicamente fuera del retrato. El cabello despeinado y cierta tristeza en su expresión dieron lugar a una nueva mirada sobre el escritor. Cervantes había sido considerado un autor divertido y jocoso. Sin embargo, los eruditos del siglo pasado exploraron esta nueva faceta del escritor junto con la investigación sobre su vida. Descubrieron, así, los aspectos más tristes y dolorosos de la vida de Cervantes. Por esa razón, este grabado da un giro a la imagen del escritor y presenta un retrato tan nuevo como desconcertante relacionado con el descubrimiento de la verdadera vida del autor del Quijote.

Primera imagen del Quijote: un retrato literario La obra de Miguel de Cervantes Saavedra Don Quijote de la Mancha tuvo una activa circulación desde los primeros meses de su publicación. Las reimpresiones y nuevas ediciones fueron constantes, primero en castellano y después en lenguas extranjeras. Estas primeras ediciones –algunas de ellas castellanas, valencianas, portuguesas, bruselesas, londinenses y parisinas– carecían de imágenes que definieran cómo era el valeroso caballero. Por lo tanto, su representación quedaba encerrada en los límites del retrato literario entremezclado a lo largo de la novela y materializado en la mente de los lectores. La imagen física de Don Quijote pintada por Cervantes, testimonio explícito de cómo el autor pensó a su protagonista y retrato primigenio del caballero andante, va como sigue: Frisaba la edad de nuestro hidalgo en los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza… era un hombre alto de cuerpo, seco de rostro, estirado y avellanado de miembros, entrecano, nariz aguileña y algo corva, de bigotes grandes, negros y caídos… no tenía más de dos muelas y media, y en la de arriba, ni media ni ninguna, que era rasa como la palma de la mano… las quijadas por dentro se besaban la una con la otra… las piernas eran largas y flacas, llenas de vello, y no nada limpias.

Este hombre cadavérico, enfermizo y débil; de barbas, sin duda, pues se las hicieron lavar en la casa de los duques en Barcelona, no necesitó de ilustraciones para que latiera con vigor su figura y la de su fiel escudero Sancho Panza. Don Quijote de la Mancha fue uno de los libros más leídos, traducidos y reeditados aún en vida de Cervantes, cuando las alusiones gráficas a su contenido eran nulas.

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El Quijote anglo, el Quijote galo. Primeras ediciones y aproximaciones En la primera edición de la novela apareció en portada el emblema del impresor Juan de la Cuesta, que lleva el mote en latín: “Tras las tinieblas espero la luz” y que refiere más al sentido virtuoso del acto de la lectura que al contenido puntual de la obra que presenta. A los pocos meses de dada a conocer esta edición príncipe aparecieron otras impresiones como la de Valencia, también de 1605, que incluyó una viñeta en la portada con el perfil de un caballero andante, primera referencia visual al hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor (Fig. 5*). Hubo de pasar más de una década para que se conociera la primera ilustración gráfica que presenta a los personajes de la novela y que apareció, por primera vez, en la portada de la edición de Londres de 1618, traducción en la que ya se incluía la primera y la segunda parte –esta última publicada en Madrid en 1615– del clásico cervantino. Don Quijote y Sancho Panza aparecen aquí cabalgando al encuentro de gigantes, princesas, leones, caballeros y de Aldonza Lorenzo, la Dulcinea de Don Quijote. Esta ilustración tomó el formato de una pequeña imagen apaisada que presentaba, en primer plano, a hidalgo y escudero montados en sus bestias en un exterior en cuyo horizonte se incluye la figura de los molinos que aquel que en su cordura se llamó Alonso Quijano, loco los pensó gigantes. Esta esquemática composición en la que se efectuó una trasfiguración y ajuste de la fisonomía de los personajes y del paisaje a las formas locales, fue constantemente retomada en las décadas sucesivas en las que se siguió imprimiendo la obra sin requerir de la representación de las hazañas y aventuras que en ella se

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narraban (Fig. 6*). En cambio, fue en el contexto palaciego francés de los años veinte donde, al parecer, se impuso esta necesidad. Pues se debe al encargo de María de Médici, viuda de Enrique IV de Francia, la realización de una serie de pinturas de la historia del Quijote de la Mancha para la decoración de su residencia campestre en Cheverny –cerca de Blois–, serie que ejecutó el pintor francés Jean Mosnier, en 34 escenas que adornaban los plafones del comedor y otras estancias. Pero fue hasta las décadas que corren entre 1640 y 1670 cuando se creó el primer modelo de representación del Quijote de la Mancha. Es durante estas tres décadas cuando se van aunando sucesivamente ilustraciones a cada nueva edición de la novela y desde entonces en adelante, la imagen gráfica asociada al texto fue un componente fundamental.

El Quijote holandés, el modelo por excelencia La primera edición ilustrada del Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es, en sentido estricto, la publicada en Ámsterdam en 1657 con 24 láminas de Jacobo Savry. Los diseños incluidos en este ejemplar consideran por primera vez un desarrollo visual ajustado a un orden narrativo con estampas que se intercalaban a lo largo del volumen y ya no sólo en portadas y frontispicios. Las ilustraciones del holandés mostraban al Quijote y a Sancho insertos en un ambiente norteño ajeno a un hidalgo manchego. La universalidad que ya comenzaba a adquirir la obra hacía que cobrara su propia independencia. De forma que el Quijote imaginado por Cervantes y descrito en su retrato literario comenzó a ser adaptado y adoptado en los contextos en que se forjaba su imagen gráfica.


Foto: Kraselsky y Ferreiro. Colección Museo Franz Mayer.

Figura 8. Don Quijote enfrenta a un león, regalo del general de Orán para la corte. Diego Obregón (grabó). En Vida y hechos del ingenioso caballero Don Quixote de la Mancha, Roque Rico de Miranda impresor, Madrid, 1674.

En 1662 se publicó en Bruselas una edición en español que retomaba los grabados del holandés y agregaba algunos más bajo la firma de F. Bouttats, autor flamenco que se ciñó a la propuesta formal del 57. Las láminas de estos volúmenes se convirtieron de hecho en los modelos por excelencia para la ilustración de La vida y hechos del ingenioso caballero en toda Europa durante el siglo XVII (Fig. 7*). Incluso en España fueron retomadas pero grabadas por el español Diego Obregón en la edición de Madrid de 1674, primera española en incluir ilustraciones (Fig. 8).

Del Quijote de corte al Quijote de academia La diversificación en las formas de representación de las escenas de la novela comenzó a darse a partir de la segunda década del siglo XVIII, una vez más el círculo culto francés asociado a la realeza jugó un papel importante en el proceso. En esta ocasión, se debe al pintor Charles Antoine Coypel novedosos diseños en todo dis-

tantes a las estampas norteñas de 1657 y 1662, que hubo de proveer a los liceros de la Real Fábrica de Manufacturas de la Corona francesa –conocida como los Gobelinos–, para la ejecución de 18 tapicerías destinadas a acondicionar reales aposentos. El éxito y calidad de estos diseños hizo que fueran incluidos en una edición de la novela de Cervantes en 1725 y en otras posteriores (Fig. 9*). Nacidas para acondicionar espacios nobles, estas imágenes hacen énfasis en la representación de pasajes que se prestaban a un mayor refinamiento en las formas como las bodas de Camacho y el coloquio entre Don Quijote y la condesa Trifaldi en la corte de los duques en Barcelona. En ellas descubrimos un aire versallesco, plenamente rococó, que se olvida del Quijote de los molinos, los galeotes y los huesos rotos, para presentar al caballero en conversaciones y puestas teatrales, vestido con brillante armadura y doble tocado de plumas atado a la bacia, cual si fuera personaje salido de la pluma de Molière más que de Cervantes. La siguiente gran edición del clásico cervantino que consideró la producción expresa de

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Don Quijote de la Mancha: de la letra al icono

Figura 13. Don Quijote, aguafuerte. Francisco de Goya.

imágenes originales para ilustrar los pasajes de la novela, nació en el mismo lugar donde se diera por primera vez rostro a Don Quijote y Sancho: Londres. Este ejemplar impreso por los hermanos Tonson en 1738 en idioma español, fue la primera edición de lujo de la novela. En su conformación, no solamente se consideró el gran formato y una profusa ilustración de los pasajes a cargo de Vanderbank, sino que se incluyó un estudio de la vida de Cervantes hecha por el español Gregorio Mayáns y Siscar, que iba precedido del grabado invención de William Kent, en el que se representó al autor del Quijote, basado en la descripción que aquél hizo de sí mismo en el prólogo a sus Novelas ejemplares. Estamos ante una empresa editorial de corte internacional dedicada al público de lengua castellana. No obstante, destaca que a los más de 130 años de publicada la primera parte de la novela en Madrid, aún no se consolidara una propuesta plástica, ni aun editorial, en la propia España.

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Antes de que esto ocurriera, la propia Academia Prusiana de Artes, en la persona de su director Daniel Nicolás Chodowiecki, creó un almanaque con doce estampas puestas a la venta en Berlín en 1771 (Fig. 10*). El Quijote de corte comienza a coquetear con la academia y al atractivo de una imagen cada vez más diversificada y rica no se pudo resistir España por más tiempo. La Real Academia Española quiso situar al manchego en casa, con la publicación de una edición que comenzó por restituirle el nombre original a la obra: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que fue modificado en la edición de Bruselas de 1662 por Vida y hechos del ingenioso caballero Don Quixote de la Mancha (Fig. 11*). Para la ilustración de este ejemplar se abrió un concurso con convocatoria a los pintores españoles de la Academia, del que resultó la participación mayoritaria de Antonio Carnicero y José del Castillo. Una de las novedades de esta edición fue la inclusión de un mapa en el que se delineaban las rutas que siguieron Don Quijote y Sancho en las diversas salidas, o al menos se formulaba una hipótesis al respecto que comenzó por aventurar cuál sería ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no se acuerda el narrador (Fig. 12*). Para este momento, la narrativa de Cervantes no sólo había incentivado la creatividad de pintores, grabadores y otros artistas que procuraron traducir e interpretar visualmente las palabras del autor; la obra motivó también investigaciones acerca de Cervantes, de su vida, de su tiempo y lo mismo se intentaba descubrir la fisonomía de su rostro que trazar las rutas del Quijote. A partir de la publicación de los volúmenes de la Real Academia se sucedieron las propuestas plásticas de otros artistas españoles, casi todas encauzadas por varias décadas hacia la


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forma académica inaugurada en la edición de 1780. No ocurrió así con Francisco de Goya, quien después de haber participado en el concurso para la ilustración de la empresa española con un resultado fallido, grabó otra imagen en la que Alonso Quijano, el Quijote de la Mancha, deja de ser humorístico, anecdótico, refinado, campirano, ni acaso romántico o melancólico, sino un loco acosado por fantasías monstruosas y sueños profundos que vive con los ojos abiertos. La imagen explicita y delinea la psicología de un personaje, de varios personajes, de la visión de una sociedad y rompe así de tajo con la tradición iconográfica del Quijote. Éste es el umbral que anuncia la llegada del siglo XIX (Fig. 13). Figura 16. Don Quijote y Sancho (hacia 1866-1868). Honoré Daumier.

El hito de la imagen quijotesca en la Francia decimonónica El Quijote del siglo XIX pobló las estampas de artistas europeos. Particularmente en Inglaterra tomó el camino de la sátira en el trabajo de artistas como George Cruikshank (Fig. 14*), quien realizó ilustraciones para dos nuevas ediciones cervantinas aparecidas en Londres en 1824 y 1833. En este siglo, Francia tomó la vanguardia en la representación de nuestros sencillos héroes. Tony Johannot publicó sus más de 800 dibujos en una edición de París (1836) que fueron grabados por los artistas más importantes de su tiempo (Fig. 15*). El ingenio de Johannot logró superar sus errores, que representaron a Don Quijote unas veces con barba y bigote, otras sólo con bigote, así como con una espesa cabellera y otras veces calvo. Este ilustrador llevó su arte a un público más amplio. La historia del Quijote se hizo un lugar en las lecturas populares.

Honoré Daumier, agudo, mordaz e irónico artista, excelente dibujante y caricaturista, representó a Don Quijote en varias técnicas, confesándose así uno más de los subyugados por el poder de la novela cervantina. El romanticismo francés cae en los trazos de Daumier, quien inventa una nueva imagen, descarnada y pura en el límite de la deformación del naturalismo y la brutal subjetividad artística (Fig. 16). Basta toparnos con el año 1863 en el que se publica una versión ilustrada por el joven Gustave Doré, para entrar en un nuevo momento de la iconografía del ingenioso hidalgo. Fue uno de los autores que contribuyó decididamente a una nueva imaginería del Caballero de la Triste Figura y su escudero Sancho Panza. Para esta publicación, encargada al artista, Doré viajó a España acompañado de su lápiz en busca de bocetos e imágenes de los escenarios quijotescos. El libro es el punto culminante de su carrera, su obra se popularizó en toda Europa y América. Ningún atento espectador pasa sus ojos por la creación de Doré sin detenerse fren-

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Berdecio R. y Appelbaum S. Posada’s Popular Mexican Prints. Dover. New York, 1972.

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Figura 18. Calavera quijotesca, zincograbado. José Guadalupe Posada.

te a la impactante calidad de su dibujo, el juego borroso de sus luces, los complejos grises y la impecable técnica para el grabado utilizada por Pisan, quien llevó al metal los dibujos del gran artista francés (Fig. 17*). Doré ejecutó varias versiones de un mismo pasaje que luego fueron apareciendo en diversas ediciones. Una desbordante fantasía romántica habita en sus obras, los fondos fantasmagóricos y los primeros planos francos, muchos de ellos tragicómicos, dan a la obra de Doré una importancia fundamental en la iconografía quijotesca.

Iconografía del Quijote en el siglo XX Las representaciones del Quijote sufren las embestidas del siglo XX, un siglo cruzado por la desesperación moderna, ideales sociales y vanguardias artísticas. Las imágenes de nuestros héroes fueron parte de estas manifestaciones, en algunos casos cercanas a la gráfica política, al cubismo, al expresionismo y a la abstracción. Escenas humorísticas profundizan el sarcasmo en la calaca que José Guadalupe Posada disfraza de caballero (Fig. 18). El Quijote se

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convierte en el medio que permite al artista reflexionar y exponer circunstancias políticas y sociales de su momento histórico. Como hiciera el pintor mexicano Raúl Anguiano, en el lienzo El Quijote entre el bien y el mal, en el que los molinos ya no son gigantes sino tanques de guerra, y el mayor agravio a desfacer es el hambre para lo que se busca un solícito caballero (Fig. 19*). En España, el mundo plástico de Salvador Dalí construye los aspectos oníricos del hidalgo en clave surrealista en el año 1946 (Fig. 20*), mientras que los trazos sueltos de Pablo Picasso le quitan el rostro para caligrafiarlos en una síntesis reconocible en el año 1955 (Fig. 21*). El siglo XX consolida el proceso en el que el Quijote se hace metáfora y se independiza. Existe ya en la obra literaria y fuera de ella. El Quijote sirve a la imagen y al artista para hacer una exaltación de la locura, de la nostalgia, del humor, del amor, de la libertad, de la justicia, de la desilusión, de la vida y de la muerte. Hoy, en la coyuntura del IV Centenario, la producción artística y editorial ha tomado un nuevo impulso. El longevo Don Quijote y su escudero Sancho Panza aparecen revitalizados en el panorama de la plástica bajo las más diversas formas en el umbral de otros 100 años de vida.


Sentidos y significados

¿En qué idioma escribió Cervantes el Quijote? Arrigo Coen Anitúa Honradamente, gentil lectora o curioso lector, ¿se ha hecho usted alguna vez la pregunta que intitula a este artículo? Analicemos: don Miguel debió de haber escrito la primera parte de las aventuras de su esforzado hidalgo entre la postrera década del siglo XVI y los primerísimos años del XVII, puesto que se publicó, hace precisamente cuatrocientos años, en 1605. ¿Cuál era a la sazón el dechado literario de ese tiempo? El primer impulso que se tiene es el de responder que era, sin vacilaciones, el castellano, ¿o no? Pues no: si consultamos la historia de España, comprobamos que la del idioma castellano prácticamente coincide con la epopeya de la ocupación árabe de la Península. He aquí las pruebas: Tariq ibn Ziyad, enviado por Musa ibn Nusayr, gobernador del norte de África, desembarca en Gibraltar (en árabe Gebel al-Tariq) el año 711, adoptado como el del principio de la invasión musulmana, sobre todo por la derrota del rey visigodo, Rodrigo, en la batalla del Guadalete (19-26 de julio de 711). El otro extremo, la caída del último baluarte de los muslimes –al rendir Greneda Boabdil II a los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón– cierra el capítulo el mismo año en que Colón, en nombre de los mismos soberanos, toma posesión simbólica de las tierras de lo que iba a ser el Nuevo Mundo. Hecha la cuenta: 1492 menos 711 da 781, ¡casi ochocientos años de luchas entre reinos cristianos y taifas islámicas, en tierras de Hespería o de Hispahán (naranjas, ¿o conejos?). ¿Qué tiene que ver todo ello con la parla castellana? A eso voy. Tan pronto como en la Cantabria (norte de la Península) se supo de los avances de Tariq, en un lugar arriba de Burgos, entre Asturias y León, se comenzó a erigir gran cantidad de fortificaciones, id est, castillos, que por su abundancia dieron a esta región el nombre de Castilla. Durante los siglos VII y IX Castilla se independiza de Asturias y León, y se convierte en reino, y el romanceamiento del latín vulgar que hablan sus habitantes –muy poco contagiado por el germánico de los visigodos– dio uno, el castellano, de los dialectos que surgieron en la zona, entre el galaico-portugués (que se dividió en portugués y gallego), el leonés, el aragonés y el catalán. En el filo de una arista del tiempo, entre la penúltima y la última décadas del siglo X, se descubren, en los archivos de los conventos de Santo Domingo de Silos

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¿En qué idioma escribió Cervantes el Quijote?

y de San Millán de la Cogolla –por eso llamadas silenses y emilianenses– unas notas marginales, o glosas, que aclaran, con términos castellanos, el significado de ciertas voces latinas de los textos. A estas glosas se las ha considerado como las ‘actas de nacimiento’ del idioma, que sale a la luz después de una gestación de tres siglos, lo que justificaría su gran vitalidad y fuerza de innovación entre los otros dialectos romances hispánicos. El reino de Castilla demostró esa vitalidad también en el aspecto político y durante el siglo XI alcanzó gran preponderancia entre los demás reinos cristianos que luchaban contra los agarenos por la Reconquista. En el siglo XII aparecieron las primeras obras literarias en castellano y se observó una tendencia a adoptar la variedad burgalesa del idioma como en el Cantar del mío Cid. En torno al rey Sabio, Alfonso X, se congregaron juglares, trovadores, menestrales y homes de sciencia, no solamente cristianos, sino judíos y musulmanes. Fue entonces cuando se adoptó una nueva norma de corrección, sobre la base del habla de Toledo. El castellano del siglo XIV ya es apto para que los literatos muestren sus estilos personales. Durante el siglo siguiente, el XV, se intentó enriquecer el castellano con numerosos cultismos y se gustó de giros sintácticos rebuscados y, por fin, en el año de 1492, Antonio de Nebrija publica la Gramática castellana, la primera entre todas las lenguas en que se difundió el latín. Pero ya el castellano se había contaminado: primero, con dialectismos de la propia Península, sobre todo con los del andaluz; luego con extranjerismos tomados del italiano, lengua que le era muy afín, y del francés, que comenzaba a imponer su prestigio europeo, y, por último, de los indigenismos de los países de América que España había conquistado. A tal grado se diluyó el original castellano en ese mar de poliglocia, que en 1546 (dos años antes de su muerte) el emperador Carlos V de Alemania y I de España, en presencia del Papa y de un obispo francés, delegado de Francisco I, pronunció un discurso de desafío al rey de Francia (su irreconciliable rival); el obispo se quejó ante el pontífice de no haber entendido bien, y fue entonces cuando el emperador le espetó la célebre respuesta: “Señor obispo, entiéndame si quiere, mas no espere de mí otras palabras que no sean de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida por la gente cristiana.” Esta perorata de alarde, a la perspectiva del tiempo, hoy está considerada como el ‘acta de defunción’ del castellano, aunque todavía persista el término, adjetivado, como sinónimo de español. La Real Academia Española publica su lexicón bajo el título de Diccionario de la lengua española. En el artículo tercero de la actual constitución de España se hace referencia al castellano solamente para diferenciarlo de las otras lenguas oficiales, el gallego, el vasco y el catalán.

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Problemas sin número

Trazando líneas Claudia Hernández García Daniel Juárez Melchor

En la formación de un espíritu científico, el primer obstáculo es la experiencia básica, es la experiencia colocada por delante y por encima de la crítica, que, ésta sí, es necesariamente un elemento integrante del espíritu científico. Puesto que la crítica no ha obrado explícitamente, en ningún caso la experiencia básica puede ser un apoyo seguro. Ofreceremos numerosas pruebas de la fragilidad de los conocimientos básicos, pero desde ya nos interesa oponernos claramente a esa filosofía fácil que se apoya sobre un sensualismo más o menos franco, más o menos novelesco, y que pretende recibir directamente sus lecciones de un dato claro, limpio, seguro, constante, siempre ofreciéndose a un espíritu siempre abierto. He aquí entonces la tesis filosófica que sostendremos: el espíritu científico debe formarse en contra de la naturaleza, en contra de lo que es, dentro y fuera de nosotros, impulso y enseñanza de la naturaleza, en contra del entusiasmo natural, en contra del hecho coloreado y vario. El espíritu científico debe formarse reformándose. Frente a la naturaleza sólo puede instituirse purificando las sustancias naturales y ordenando los fenómenos revueltos. La misma psicología se tornaría científica si se tornara discursiva como la física, si advirtiera que en nosotros mismos, como fuera de nosotros, comprendemos la naturaleza resistiéndole.* Gaston Bachelard**

En este número de Correo del Maestro les proponemos una actividad diseñada para alumnos de quinto grado de primaria en adelante. Como es

costumbre, les sugerimos que primero trabajen en parejas y al final de la actividad se discuta en grupo.

* Tomado de La formación del espíritu científico, de Gaston Bachelard, Siglo XXI Editores, México, 1979, p. 27. ** Gaston Bachelard fue un filósofo, ensayista, poeta y matemático francés. Durante casi toda su vida impartió clases de historia y filosofía de las ciencias y su trabajo integró siempre tanto su precisión científica como su sensibilidad poética. La importancia epistemológica de sus libros todavía es evidente y sigue siendo relevante para discernir los problemas científicos.

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Trazando líneas

Actividad: 1. Une los siguientes números con su pareja (el 1 con el 1, el 2 con el 2, el 3 con el 3 y el 4 con el 4) de tal forma que no se crucen las líneas que los unen. Considera además que no se vale salirse del rectángulo que delimita la figura.

3

1

2

4

3

1

2

4

2. Traza las líneas que necesites para dividir esta figura en cuatro piezas iguales. Va una pista: cada una de las cuatro piezas tiene la misma forma, aunque no el mismo tamaño, que la figura original.

3. Traza el siguiente dibujo sin levantar el lápiz y sin pasar por la misma línea más de una vez.

Solución 1

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Solución 2

1

2

4

3

1

2

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Solución 3

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Abriendo libros

Cabalgar con el Quijote Francisco Emilio de la Guerra

A

cometer la hazaña de reescribir El Quijote de la Mancha en su aniversario número 400 es empresa tan temeraria y valiente como la de nuestro ilustre hidalgo en contra de los gigantes, transformados en molinos de viento por hechizo del malvado encantador Frestón. Pero como dijo don Miguel de Cervantes, citando a un loco, para explicar la escritura de la Segunda parte de su obra: “¿Pensarán vuesas mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?” También en nuestro continente latinoamericano, hacia el año de 1939, el escritor argentino Jorge Luis Borges había dado noticias de otro arrojado “autor del Quijote”, Pierre Menard, cuya “admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran –palabra por palabra y línea por línea– con las de Miguel de Cervantes”. El resultado de esta empresa, comentaba Borges con su característico humor pasado por el tamiz de sus libros de arena, eran dos obras distintas. El Quijote original, si cabe la contradicción, es poco novedoso, pues “maneja con desenfado el español corriente de su época” (la época de Cervantes), mientras el segundo, según la ficción del argentino, es asombroso por lo arcaizante del lenguaje, pese a cierta afectación de estilo. Así, con estos nobles antecedentes, Alejandro Spiegel y Sergio Saposnic emprenden la escritura de Camino al Quijote, que es acompañada,

como ya es una tradición en estas ediciones cervantinas, de ilustraciones en color, esta vez por Matías Bervejillo. Para quienes han disfrutado de las ediciones ilustradas con los grabados de Doré, será placentero encontrarse con imágenes coloridas de las aventuras del manchego hidalgo, entre las que son dignas de mención la quema de su biblioteca de libros de caballería, que Bervejillo interpreta agudamente con tonalidades que parecen copiadas del infierno y la angustia de una escena que es la pesadilla de todo buen o mal bibliófilo; asimismo, aquella de claroscuros violetas donde Don Quijote combate con los fantasmas de su imaginación, sin olvidar la

* Reseña del libro Camino al Quijote, de Alejandro Spiegel y Sergio Saposnic, Signo Editorial, México, 2004.

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Cabalgar con el Quijote

clásica imagen, síntesis de toda la saga quijotesca, de la batalla del hidalgo contra los molinos de viento. Tampoco falta aquella donde su fiel escudero, Sancho Panza, consulta con sus piojos la distancia recorrida en el río Ebro; o la que representa la victoriosa e infelice aventura con los galeotes del rey, además de las obligadas pinturas que se refieren a la sorprendente y fugaz gobernación de la ínsula Barataria por “don” Sancho Panza. De esta manera, la lúcida locura del ingenioso hidalgo sigue cabalgando por las mentes de autores que celebran con ediciones como la presente la vigencia de la obra que abrió el camino a la literatura moderna escrita en lengua castellana. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, un camino, como titulan los autores a su obra, es la ruta totalmente volcada hacia la imaginación y la ficción que abrió Miguel de Cervantes para la novela; el modelo perdido, según Carlos Fuentes, que reencuentra la literatura latinoamericana en el siglo XX. La versión del Quijote que presentan Spiegel y Saposnic, dirigida a los infantes y lectores nóveles, principalmente, ofrece “la esencia de una novela” que ha sido fuente de inspiración para la cultura universal. La elipsis de episodios y la modernización del lenguaje pretenden hacer de este Quijote un ser más ligero para cabalgar por las contemporáneas llanuras, despojado de los pesados adjetivos que acompañan su “adarga antigua, lanza en astillero, rocín flaco y galgo corredor”, que podrían estorbar al triste caballero en sus actuales combates al lado de los jóvenes. Esta esencia del Quijote, sin embargo, está fundamentada para Spiegel y Saposnic en la magia que transmite la obra de Cervantes

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Saavedra pese a los 400 años que han pasado desde su primera salida al campo de batalla, que es la imaginación de los lectores. Las preguntas y apuestas al azar de Don Quijote, nos muestran asimismo Spiegel y Saposnic, son vigentes, incluso en este tiempo postmoderno, donde el papel del héroe cada vez está más acotado por el sueño de la razón. De tal modo, interrogantes como: “¿quiénes serían los caballeros andantes de nuestro tiempo?, ¿cuáles son los modernos entuertos por desfacer?” surgen de una obra que dialoga con la condición esencial de la humanidad y su repudio a las injusticias y bellaquerías de cualquier época. Camino al Quijote se ofrece, además, como puente amigable hacia otras lecturas, pues los autores insisten en señalar el parentesco que une al Quijote con otras grandes obras de la literatura universal, tanto antiguas como contemporáneas, pero sobre todo con aquellas que comparten los códigos del honor, la caballería y la aventura, incluidas sagas tan populares hoy en día como la de El señor de los anillos. Este Quijote se hace acompañar, por medio de citas, de otros héroes y bellacos de la literatura, entre ellos Los tres mosqueteros, de Dumas; o Ivanhoe, de Walter Scott; El Lazarillo de Tormes; El Cid Campeador; el Amadís de Gaula; los caballeros que siguen al rey Arturo, en Los hechos del rey Arturo, de Steinbeck… Todos ellos dialogan con este Quijote, que es puente a las hazañas y tristezas de los hombres de todas las épocas. Camino al Quijote se presenta, pues, como un puente y una plataforma hacia otras lecturas, y es bastante probable que esa plataforma, ese puente, alcance a la otra orilla donde esperan el ya citado Pierre Menard e incluso el propio Cervantes.


Del donoso y sin par libro...* ...que narra las sabrosas y estupendas aventuras de un valeroso manchego Sandra Acosta Loya

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n su célebre Teoría de la novela, Georg Lukács afirma que el autor de una gran obra debe erigirse como el visionario intuitivo de un instante histórico-filosófico único, y que no ha de volver jamás. Para articular una historia de las formas artísticas, Lukács propone una dicotomía centrada en la imagen de un mundo conformado por “civilizaciones cerradas” y por “civilizaciones problemáticas”. Durante el tiempo de las civilizaciones cerradas, la humanidad carece de enigmas, pues cualquier perplejidad tiene respuesta y solución; todo es acabado; los dioses deparan consuelo, certeza, felicidad. En las civilizaciones problemáticas, por el contrario, las instancias divinas e intercesoras han desaparecido, y ya no es posible acudir a ellas para que resuelvan nuestras dudas y vacilaciones; el horizonte inmediato se abre al infinito y la humanidad se descubre súbita y angustiosamente sola, pero también capaz de transformar la naturaleza a través del conocimiento y de la avasalladora fuerza de la imaginación. Si hemos de identificar al autor cuya intuición pudo aprehender cada trazo de su entorno y concebir una de las obras más geniales en el decurso de la historia literaria, ese autor es Miguel de Cervantes. Si hemos de señalar el texto creativo que se arrogó el mérito de transitar de un mundo controlado por la voluntad de los dioses a la

amarga incertidumbre de las contingencias, ese texto es Don Quijote de la Mancha. La trama de dicha novela, en realidad, es muy sencilla: un hidalgo cincuentón de poca monta, al extraviar la cordura a causa de su desmedida afición a los libros de caballería, sale de su aldea en pos de aventuras, creyéndose caballero andante, hasta que, después de un tercer viaje, regresa al hogar, enferma, recupera la razón y muere apaciblemente en su lecho. Sin embargo, la complejidad de la obra se hace ostensible

* Reseña de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, 2 vols., Signo Editorial (Biblioteca de Clásicos), México, 2004.

Correo del Maestro. Núm. 110, julio 2005.

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cuando, por ejemplo, notamos que un oscuro narrador está refiriendo lo que aseguran del Quijote distintos y contradictorios testimonios (por eso no quiere –o no puede– recordar el sitio donde comienza la historia; por eso desconoce si el apellido del personaje es Quijada, Quesada o Quijana). La situación se vuelve más perturbadora al hacer patente que a ese narrador anónimo sólo le es posible seguir contando los lances del caballero deschavetado cuando, merced al azar, encuentra unos cartapacios y papeles escritos por un tal Cide Hamete Benengeli, “historiador arábigo y manchego”, es decir, el autor real de las hazañas quijotescas. Hasta entonces, ningún punto de vista narrativo había sido tan inquietante e inaprensible; hasta entonces, ninguna obra literaria había apelado con tal fervor a la incertidumbre. Pero además, en una demostración de su índole problemática y profundamente renovadora, Don Quijote hace gala de una libertad creadora sin límites. Lejos de pautas y modelos fijos, Cervantes concitó toda suerte de géneros literarios y los puso a circular paródicamente en una obra donde todo cupo: comedia, épica, picaresca, sainete, lírica, cuento, novela pastoril, novela sentimental... Con ello, se fue haciendo claro que el interés del autor no recaía en un propósito doctrinario, edificante y contenidista –como el de la literatura medieval–, ni consideraba del todo el equilibrio entre la belleza de un discurso y su utilidad práctica –como aconsejaba Horacio–; más bien, su afán se fundó en un ejercicio que se tornó divisa durante la modernidad: el regocijante anhelo de sorprender y cautivar por medio de la ficción, pero sin eludir la crítica y la ambigüedad de la condición humana.

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Este 2005 se celebra el cuarto centenario de la aparición de la primera parte de las andanzas del Caballero de la Triste Figura; por tal motivo, el Club de Lectores presenta una lujosa edición del Quijote con la intención de invitar al público a la lectura de la obra y, con ello, sumarse a los múltiples festejos cervantinos que se han estado realizando en el transcurso del año. Se trata de una publicación de gran calidad que recoge en dos tomos sendas partes de la novela –El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605) y El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha (1615)–, pues ambas constituyen el Quijote tal y como se le conoce hoy en día. El texto, como el de la generalidad de las ediciones actuales, fue modernizado en cuanto a grafía y puntuación. La introducción y notas fueron preparadas por el humanista, profesor y poeta argentino Arturo Marasso, quien –además de pergeñar notables ensayos sobre Hesíodo y Píndaro en la literatura castellana– se consagró como crítico y erudito con su estudio Cervantes, la invención del Quijote, impreso en 1954 por la Academia Argentina de Letras. Hace ya más de un siglo, el gran Fiódor Dostoievski aseveró que el Quijote era una de las novelas más tristes que conocía, porque recreaba la historia de una desilusión. En realidad, Don Quijote de la Mancha sigue siendo uno de los libros más hilarantes, conmovedores, animados y divertidos que se hayan escrito jamás... Pero no es raro que al respecto existan opiniones variadas y antagónicas, porque, desde hace mucho, nadie duda que esa novela sea un clásico, y un clásico, según el acierto de Italo Calvino, “es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Así es verdad.




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