Correo del Maestro Núm. 41 - Octubre de 1999

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Nombres de animales en náhuatl Ma. del Rocío Téllez Estrada

ISSN 1405-3616

Los niños y la arqueozoología: una experiencia fuera del aula Alejandra Alvarado

Cómo se estudian los huesos de épocas pasadas

Aprendiendo a grabar con sellos prehispánicos Alejandro Alvarado Carreño

Raúl Valadez Azúa

Sitios arqueozoológicos en México

Los sellos en México prehispánico

Bernardo Rodríguez Galicia

Rosa Elena González

El conocimiento de la biodiversidad: una necesidad básica en la educación

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Irama Núñez Tancredi Miguel Ángel Arias México D. F. Octubre 1999. Año 4 Número 41.



Revista mensual, Año 4 Núm. 41, Octubre 1999.

Directora Virginia Ferrari Asistente de dirección María Jesús Arbiza Consejo editorial Valentina Cantón Arjona María Esther Aguirre Mario Aguirre Beltrán Santos Arbiza Gerardo Cirianni Julieta Fierro Adolfo Hernández Muñoz Ramón Mier María Teresa Yurén Josefina Tomé Méndez María de Lourdes Santiago Colaboradores Alejandra Alvarado Citlalli Álvarez Stella Araújo Nora Brie Verónica Bunge María Isabel Carles Leticia Chávez Luci Cruz Héctor Delgado Consuelo Doddoli Alejandra González Norma Oviedo Jacqueline Rocha Concepción Ruiz Maya Sáenz Ana María Sánchez Editor responsable Nelson Uribe de Barros Administración y finanzas Miguel Echenique Producción editorial Rosa Elena González Formación digital Fernando Daniel Perera

CORREO del MAESTRO es una publicación mensual, independiente, cuya finalidad fundamental es abrir un espacio de difusión e intercambio de experiencias docentes y propuestas educativas entre los maestros de educación básica. Así mismo, CORREO del MAESTRO tiene el propósito de ofrecer lecturas y materiales que puedan servir de apoyo a su formación y a su labor diaria en el aula. Los autores. Los autores de CORREO del MAESTRO son los profesores de educación preescolar, primaria y secundaria, interesados en compartir su experiencia docente y sus propuestas educativas con sus colegas. También se publican textos de profesionales e investigadores cuyo campo de trabajo se relacione directamente con la formación y actualización de los maestros, en las diversas áreas del contenido programático. Los temas. Los temas que se abordan son tan diversos como los múltiples aspectos que abarca la práctica docente en los tres niveles de educación básica. Los cuentos y poemas que se presenten deben estar relacionados con una actividad de clase. Los textos. Los textos deben ser inéditos (no se aceptan traducciones). No deben exceder las 12 cuartillas. El autor es el único responsable del contenido de su trabajo. El Consejo Editorial dictamina los artículos que se publican. Los originales de los trabajos no publicados se devuelven, únicamente, a solicitud escrita del autor. En lo posible, los textos deben presentarse a máquina. De ser a mano, deben ser totalmente legibles. Deben tener título y los datos generales del autor: nombre, dirección, teléfono, centro de adscripción. En caso de que los trabajos vayan acompañados de fotografías, gráficas o ilustraciones, el autor debe indicar el lugar del texto en el que irán ubicadas e incluir la referencia correspondiente. Las citas textuales deben acompañarse de la nota bibliográfica. Se autoriza la reproducción de los artículos siempre que se haga con fines no lucrativos, se mencione la fuente y se solicite permiso por escrito. Derechos de autor. Los autores de los artículos publicados reciben un pago por derecho de autor el cual se acuerda en cada caso.

© CORREO del MAESTRO es una publicación mensual editada por Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V., con domicilio en Av. Reforma No.7, Ofc. 403, Cd. Brisa, Naucalpan, Edo. de México, C.P. 53280. Tel. (0155) 53 64 56 70, 53 64 56 95, lada sin costo al 01 800 31 222 00. Fax (0155) 53 64 56 82, Correo electrónico: correo@correodelmaestro.com. Dirección en internet: www.correodelmaestro.com. Certificado de Licitud de Título Número 9200. Número de Certificado de Licitud de Contenido de la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas, S.G. 6751 expediente 1/432 “95”/12433. Reserva de la Dirección General de Derechos de Autor 04-1995-000000003396-102. Registro No. 2817 de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana. Registro Postal No. PP15-5040 autorizado por SEPOMEX. RFC: UFE950825-AMA. Editor responsable: Nelson Uribe de Barros. Edición computarizada: Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V. Preprensa e impresión: Seri Editores y Distribuidores, S.A. de C.V. Carretera al Ajusco 710, Col. Héroes de Padierna, D. F., C.P. 14200. Distribución: Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V. Tiraje de esta edición: 16,000 ejemplares, de los cuales 12,890 corresponden a suscriptores. Quinta reimpresión febrero 2006: 1,500 ejemplares, Pressur Corporation, S.A., C. Suiza, R.O.U., 41060205.

Circulación certificada por el Instituto Verificador de Medios. Registro No. 282/04.

Correo del Maestro. Núm. 41, octubre 1999.

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Editorial

El hombre de las antiguas civilizaciones, anteriores a la modernidad, se daba cuenta de su fuerte relación con la naturaleza; mejor dicho, se daba cuenta de que formaba parte de ella. Sin embargo, el hombre occidental, ensoberbecido, creyó que debía dominar a las fuerzas naturales sin importar el costo que esto tuviera. Ese intento de dominio, que buscaba —y busca— , aparentemente, el bienestar humano —o por lo menos de cierta parte de la humanidad pues siempre fue excluyente— está hoy costando demasiado caro al planeta e incluso, al mismo ser humano. Hoy muchas voces se levantan para llamarnos hacia una nueva conciencia y, por supuesto, hacia una nueva actitud. Es por esto que, en este número de Correo, creímos importante recapturar la historia de las relaciones entre el hombre y los otros seres vivos, principalmente, en ente caso, con los animales. De esa historia podemos aprender mucho; podemos, por lo menos, entender que es posible buscar nuestro bienestar sin destruir a la Tierra, sin, en definitiva, destruirnos. Correo del Maestro

Correo del Maestro. Núm. 41, octubre 1999.

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REVISTA PARA PROFESORES DE EDUCACIÓN BÁSICA

Entre nosotros

Los niños y la arqueozoología: una experiencia fuera del aula. Alejandra Alvarado

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Aprendiendo a grabar con sellos prehispánicos. Alejandro Alvarado Carreño

Pág. 9

Antes del aula

Cómo se estudian los huesos de épocas pasadas. Raúl Valadez Azúa

Pág. 12

Sitios arqueozoológicos en México. Bernardo Rodríguez Galicia

Pág. 20

Certidumbres e incertidumbres

El conocimiento de la biodiversidad: una necesidad básica en la educación. Irama Núñez Tancredi y Miguel Ángel Arias

Pág. 40

Artistas y artesanos

Los sellos en México prehispánico. Rosa Elena González

Pág. 46

Sentidos y significados

Nombres de animales en náhuatl. Ma. del Rocío Téllez Estrada

Pág. 48

Problemas sin número

Contando cuadrados. Concepción Ruiz Ruiz-Funes y Juan Manuel Riusánchez Serra

Pág. 57

Abriendo libros

El pasado, la llave para entender el presente. María Luisa Zink

Pág. 59

Fe de erratas

Pág. 60

Portada: José Ramírez Mejía, cinco años,“Pepe y la moto”. Páginas centrales: Ilustraciones de animales descritos en el Códice Florentino. Impresión de sellos prehispánicos tomados de: ENCISO, Jorge. Sellos del antiguo México. México, 1947. Correo del Maestro. Núm. 41, octubre 1999.

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Correo del Maestro. Núm. 37, junio 1999.

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Entre nosotros

Los niños y la arqueozoología: una experiencia fuera del aula* Alejandra Alvarado

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omo docentes y divulgadores continuamente nos enfrentamos con nuevas experiencias que nos permiten implementar y realizar actividades fuera del aula con los estudiantes. En esta sección presentaremos una de ellas, cuya finalidad es familiarizar a los niños con algunas de las actividades que se realizan en el campo de la arqueología. El presente trabajo se llevó a cabo con grupos escolares de nivel básico (4°, 5° y 6°año) que asistieron a los talleres infantiles realizados durante la Exposición Mundial Canina 1999 que tuvo lugar en Ciudad de México.

Taller de arqueozoología

Taller de arqueozoología con la participación de escuelas primarias.

Este taller es una actividad versátil que se puede realizar con niños y jóvenes de muy diversas edades, que cursan desde preescolar hasta preparatoria, siempre y cuando se hagan algunas modificaciones de acuerdo a cada nivel.

de los objetos que son utilizados en el trabajo arqueológico.

Objetivo general Dar a conocer a los alumnos el trabajo que realizan los biólogos en el campo de la arqueología y permitir que los alumnos manipulen algunos

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Objetivos particulares Que el alumno identifique los distintos huesos que se encuentran en el sistema óseo de un perro con ayuda de la información que brinda el cartel Esqueleto de un perro. Que el alumno sea capaz de reconstruir el esqueleto de un perro.

Este taller ha sido posible gracias al interés y apoyo de distintas dependencias de la Universidad Nacional Autónoma de México: Instituto de Investigaciones Antropológicas (Dr. Raúl Valadez Azúa y Biol. Bernardo Rodríguez), Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (Dr. Alberto Balcázar y Dr. Luis Miguel Berjón) y Dirección General de Divulgación de la Ciencia.

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Los niños y la arqueozoología: una experiencia fuera del aula

Metodología Cada grupo escolar fue dividido en equipos para facilitar el trabajo y la comunicación. Se pidió a los chicos que formaran un círculo e iniciamos el taller preguntándoles si conocían alguna zona arqueológica en México. La respuesta, a coro, fue un fuerte: ¡Sí! También se les preguntó qué cosas se podían encontrar en una zona arqueológica. Las contestaciones fueron variadas: ruinas, pirámides, piedras, figuras de barro y algunos otros objetos elaborados por el hombre. Ninguno de los niños mencionó esqueletos. A continuación, se les mostró un esqueleto armado de un perro y se les cuestionó si en las zonas arqueológicas también podrían hallar huesos, las respuestas variaron. Finalmente, se les preguntó si conocían o sabían qué es un arqueólogo, aquí también las respuestas fueron muy diversas: algunos chicos mencionaron a Indiana Jones y a los investiga-

Forma en que las niñas arman el esqueleto con apoyo del cartel Esqueleto de un perro. Ellas alinearon las piezas por pares (simetría).

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dores que salen en la película Parque Jurásico, pero la mayoría no dio respuesta alguna.

Actividades realizadas • Plática. En ella se hizo una introducción sobre las zonas arqueológicas en México y el trabajo que realizan los arqueólogos. • Observación del cartel Esqueleto de un perro. • Observación de un modelo de esqueleto de perro para conocer estructuras y familiarizar a los niños con los diferentes huesos. • Uso de la caja de arqueozoología para el armado del esqueleto de un perro de acuerdo con las técnicas utilizados por los arqueólogos. • Consulta de material. El taller cuenta con algunos libros que los niños pueden utilizar. Los libros están en español y pueden consultarse antes, durante o después de realizar el taller. Plática La plática introductoria para cada grupo dura entre 5 y 10 minutos y la información es adaptada de acuerdo a la edad de los asistentes. En esta plática se busca que los niños se involucren imaginando qué hace un arqueólogo. Se les interroga sobre las zonas arqueológicas que han visitado o les gustaría conocer y luego sobre el tipo de cosas que puede encontrar un arqueólogo en ese lugar. Las preguntas son abiertas, no se trata de encontrar una sola respuesta sino de abrir las posibilidades para luego centrar la atención en los investigadores mexicanos que realizan este tipo de trabajo y en los descubrimientos que han hecho. Concretamente, en este taller se dan a conocer los hallazgos de esqueletos de animales domésticos que se han hecho en zonas arqueológicas de distintas regiones del país y el trabajo interdisciplinario que se realiza para analizar los objetos que se descubren.


Cartel Se reparte a los niños el cartel titulado Esqueleto de un perro, en donde, de forma esquemática, se ilustra cómo está formado el sistema óseo de ese animal y se indica el nombre de algunos huesos. Una vez que cada niño tiene un cartel, los maestros forman equipos de 3 a 5 niños para que lean el contenido y observen el dibujo del esqueleto. A continuación, se pide a los niños que comparen la ilustración del esqueleto de su cartel con un modelo tridimensional. Modelo de esqueleto de un perro El modelo armado es un material didáctico muy útil ya que permite apreciar la posición, forma y textura de cada uno de los huesos. Se solicita a los niños que, por equipos, formen un círculo alrededor del modelo para que traten de identificar los distintos huesos. Este modelo cuenta con un sistema de botones que permite identificarlos y localizarlos ya sea por el nombre o por la ubicación en el esqueleto. Una vez que los equipos se han familiarizado con el esqueleto se les invita a abrir la caja de arqueozoología para continuar con el trabajo del taller. Caja de arqueozoología La caja contiene el esqueleto completo semidesarmado de alguna raza de perro. Se pide a los chicos que encuentren las distintas piezas entre la arena que contiene la caja. Con ayuda de la información que les brinda el cartel y el modelo de esqueleto, deben tratar de identificar las distintas piezas que encuentran. Una vez identificadas todas las piezas se les solicita que armen el esqueleto de acuerdo al esquema que se encuentra en la tapa de la caja, el cual corresponde a la forma en que los arqueólogos almacenan los esqueletos que identifican en sus lugares de trabajo.

Niños identificando y seleccionando los huesos.

Al realizar esta actividad algunos chicos preguntaron por qué debían armar de esta forma el esqueleto. Éste fue un buen momento para que ellos mismos encontraran algunas respuestas y aprovechamos para contestar a su pregunta con otra pregunta: ¿Qué ventajas pueden encontrar ustedes en armar los esqueletos de esta forma? A esto respondieron: •No necesitamos ningún tipo de pegamento, cuerdas o alambre. •Al colocarse de esta forma es más fácil clasificar las piezas ya que basta con poner la etiqueta cerca del lugar donde se colocan éstas. •Si juntáramos todos los esqueletos sería más fácil guardarlos en algún sitio a diferencia del modelo tridimensional que ocupa más espacio.

Forma en que los niños arman el esqueleto con apoyo del cartel Esqueleto de un perro.

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Los niños y la arqueozoología: una experiencia fuera del aula

esta actividad fue que los chicos que comenzaron a embonar las primeras piezas enseñaron a otros chicos cómo se podía lograr esto y consultaban el cartel para conocer el nombre y la forma que presentaba cada pieza; posteriormente, cada uno de los equipos informaba al otro acerca de sus descubrimientos. Es interesante hacer notar cómo el trabajo en equipo nos permite observar la forma en que trabajan los niños; gracias a este tipo de actividades se puede enriquece el trabajo y ampliar su visión del mundo. Caja de arqueozoología. Los niños explorando la caja y su contenido.

Material de consulta

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El taller de arqueozoología cuenta con material de consulta relacionado con el trabajo que realizan los arqueólogos en México. Los alumnos lo pueden consultar en cualquier momento del taller. El interés que muestran los chicos y los maestros amerita que más investigadores y divulgadores se den a la tarea de elaborar este tipo de materiales de apoyo. Si el lector desea mayor información relacionada a este tema puede consultar los siguientes artículos publicados también en Correo del Maestro: “El gran vuelo”, Citlalli Álvarez, revista No. 4, septiembre de 1996. “Zoonosis de perros y gatos”, Carlos M. Appendini Tazzer, revista No. 9, febrero de 1997. “Conociendo mejor a otros mexicanos”, Alejandra Alvarado Zink, revista No. 9, febrero de 1997. “¿Me da mi calavera?”, Alejandra Alvarado Zink, revista No. 17, octubre de 1997.

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Durante este taller pudimos observar algunas cosas interesantes en cuanto a la forma en que los niños y las niñas resuelven el problema de armar el rompecabezas del esqueleto. La mayoría de los equipos de niñas identificaron pieza por pieza y las fueron colocando por pares en la tapa de la caja. Se limitaron a seguir las instrucciones y sólo en uno que otro caso trataron de armar el esqueleto de acuerdo al modelo tridimensional. En cambio, la mayoría de los equipos de niños, además de seguir las instrucciones, insistían en armar el esqueleto de acuerdo al modelo, lo que requiere que una pieza embone con otra. Así fue como los niños se dieron a la tarea de ver cómo ciertas piezas pueden articularse unas con otras: por ejemplo, el cráneo se acopla con la columna vertebral y el fémur con la tibia. Los chicos preguntaban y trataban de lograr su objetivo, querían pegar las piezas o coserlas para tener un esqueleto armado. Lo interesante de


Aprendiendo a grabar con sellos prehispánicos* Alejandro Alvarado Carreño

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ace algún tiempo, en algunas de las clases que imparto a nivel posgrado, varios de mis alumnos que son docentes a nivel primaria y secundaria solicitaron ayuda para implementar algunas actividades de grabado para realizar en las escuelas. La idea me pareció atractiva así que nos dimos a la tarea de recopilar información y materiales. Uno de los problemas a los que más frecuentemente nos enfrentamos es la falta de materiales para realizar proyectos de artes plásticas en las escuelas. Esto no debe ser un obstáculo ya que con ayuda de algunos materiales caseros los maestros podemos realizar diversas actividades con nuestros alumnos como, por ejemplo, el grabado. En nuestro caso, con ayuda de todos, pudimos conseguir rodillos de madera, prensas para tortilla, brochas, pinceles y tijeras que nos permitirían establecer talleres de grabado. El primero de los talleres que se diseñó tenía como principal objetivo familiarizar a los niños y jóvenes con el arte y qué mejor que hacerlo con obras de arte prehispánico que se prestaran para ser reproducidas por medio de alguna sencilla técnica de grabado. A continuación, se presenta una de las primeras actividades del taller de grabado, diseñada para alumnos de 5° y 6° de primaria y secundaria.

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El pájaro “Corre-Caminos” o “Faisán gritón”. Sello plano. Cempoala, Veracruz.

Objetivo del taller Que el alumno conozca algunos de los sellos prehispánicos y realice reproducciones en grabado de ellos.

Desarrollo de actividades Para iniciar esta actividad se solicitó a los alumnos que consultaran sus libros de texto de años pasados para obtener información sobre algunas de las culturas prehispánicas que habitaron en México. También se les pidió que visitaran bibliotecas, buscaran libros con imágenes de sellos prehispánicos y reprodujeran aquéllas

En páginas centrales a color se encuentran imágenes de la impresión de algunos sellos prehispánicos que pueden ser útiles para esta actividad.

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Aprendiendo a grabar con sellos prehispánicos

que más les llamaran la atención ya sea fotocopiando las hojas o calcando los dibujos en hojas de papel bond. Cada sello debía estar acompañado de la información que ellos consideraran más importante así como de una ficha bibliográfica de los libros consultados. Esto, además de ser importante para el enriquecimiento del capital cultural, se hizo con la finalidad de poder contar con la información necesaria en caso de que posteriormente quisiéramos montar una pequeña exposición con las obras.

• Tijeras. • Lápiz adhesivo o cualquier pegamento de secado rápido.

Materiales para copiar los sellos • Fotocopias de los dibujos de algunos sellos prehispánicos. • Papel calca, papel de china o albanene. • Cartón grueso.

Materiales para hacer una impresión • Hojas bond blancas • Prensa para tortillas • Un pedazo de fieltro o trapo grueso • Brochas chicas o pinceles para aplicar la tinta • Tinta de imprenta, colores de óleo, pinturas de aceite o grasa para zapatos

¿Qué hacer? Elegir alguno de los sellos prehispánicos de las fotocopias. Calcar el sello o las diferentes partes que lo conforman en un cartón. Materiales para hacer el sello • Cartón grueso para pegar las diferentes piezas del sello.

¿Qué hacer? Una vez que se ha calcado el sello sobre el cartón se deberá recortar éste, o cada una de las piezas que lo integran, con mucho cuidado. Cada sello o pieza deberá pegarse sobre el cartón grueso. Esperar algunos minutos para que las piezas se peguen bien.

¿Qué hacer? Una vez que el sello está listo se debe entintar. Sobre un pedazo de vidrio, mosaico o acrílico se coloca un poco de tinta o pintura y se extiende bien con ayuda de la brocha o pincel, luego se procede a pintar el sello de uno o varios colores. Se abre la prensa de tortilla y se coloca sobre un lado el cartón con el sello boca arriba, encima de éste se coloca una hoja y sobre ella el pedazo de fieltro. Se cierra con cuidado la prensa y se presiona la palanca. Se abre la prensa y se quita el fieltro, ahora se puede desprender la hoja y, ¡listo!, se tiene la primera impresión.

Sugerencias

Tintas, pinceles, brochas para imprimir.

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Si se desean hacer varias copias de los sellos es recomendable usar un cartón muy grueso o


Impresión de sellos.

Técnica con prensa de tortillas.

Impresión de sellos.

linóleo y tener un buen cutter o, de preferencia, guvias, las que se pueden adquirir en cualquier ferretería. En caso de utilizar otro tipo de papel para realizar las impresiones, se recomienda humedecer ligeramente la hoja antes de imprimir.

El equipo 1 estuvo a cargo de recopilar las obras grabadas y la información de cada una de ellas (ficha bibliográfica y datos del sello) para escribir una lista de las obras y la información pertinente que ayudaría a montar la exposición. El equipo 2 elaboró las cédulas para cada obra con la información recopilada por el equipo 1. El equipo 3 hizo los marcos de papel para cada cada sello y decidió el orden en el que serían presentadas de acuerdo con la información de la lista. El equipo 4 estuvo a cargo de la elaboración de una guía para visitar la exposición con base en la información del equipo 3. Las obras se expusieron en el salón de clase.

Montando una pequeña exposición de sellos prehispánicos Una vez que todos elaboraron sus sellos se puede montar una pequeña exposición. En nuestro caso, el grupo se dividió en varios equipos, cada uno de ellos con una tarea específica.

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Poniendo tinta para hacer la impresión.

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Antes del aula

Cómo se estudian los huesos de épocas pasadas Raúl Valadez Azúa

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a arqueozoología es una disciplina de nuevo desarrollo en nuestro país. Creemos, debido a su importancia, que es imprescindible darla a conocer no sólo a los arqueólogos y biólogos sino también, y fundamentalmente, a los niños y jóvenes. Como actividad docente, su divulgación resulta una interesante experiencia pues muy pocas personas conocen lo que esta disciplina implica ni cuál es su importancia dentro de la biología y la antropología mexicana.

Qué es la arqueozoología Empecemos por el principio, arqueozoología es el término empleado para designar al trabajo científico que busca conocer las relaciones faunahombre que se dieron en épocas pasadas. Para el caso concreto de México, esto se relaciona con el estudio de los restos animales que aparecen en los sitios arqueológicos a fin de conocer de qué forma se aprovechaban los recursos faunísticos; por ejemplo, en la alimentación, en actividades religiosas, en la elaboración de instrumentos, como productos comerciales, etcétera.

Cómo se hace la investigación arqueozoológica Un aspecto que es importante destacar es que la investigación arqueozoológica no es complicada, pues se basa fundamentalmente en el sentido común y en nuestra propia experiencia como seres humanos que aprovechamos a los animales en nuestra vida diaria. Es cierto que nece-

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sitamos libros y también colecciones de referencia, pero lo más importante es que la información que vayamos obteniendo la manejemos bajo la idea de que quienes utilizaron a esos animales eran personas que tenían muchas necesidades e intereses similares a los nuestros. La investigación arqueozoológica consta de varias etapas, pues abarca desde el momento en que se encuentran los huesos en la excavación hasta cuando se escribe un reporte, artículo, o libro con los resultados; estas fases implican trabajo de campo, trabajo de laboratorio y trabajo de gabinete. El trabajo de campo se relaciona con todo el proceso de hallazgo de los restos y su manejo hasta el momento en que se mandan al laboratorio para su estudio. Podríamos decir que esta parte de la investigación empieza desde antes de que se encuentren los huesos, pues debemos conocer el sitio donde se está excavando para así entender más tarde el uso que tuvo el animal descubierto. ¿Se está estudiando un centro ceremonial, una casa habitación o un basurero? Esta pregunta tiene un enorme valor, pues evidentemente no tiene el mismo significado un guajolote sacrificado en una ceremonia que uno cocinado y consumido en una casa. Cuando se encuentran restos óseos deben anotarse todos los datos posibles sobre la forma en que se descubrieron. Cuando llegan los materiales al laboratorio, generalmente están dentro de una bolsa o caja y no es posible saber cómo se encontraron, si se trataba de un esqueleto completo acomodado en posición anatómica o si los huesos estaban dispersos, si estaban dentro de algún


recipiente o solamente sobre la tierra; de ahí el valor de sacar fotografías, hacer dibujos, escribir todo lo que podamos acerca de cómo se encontraron los restos; o sea, buscar que no se pierda información que más tarde pudiera ser de utilidad. La fase de laboratorio abarca, en primer lugar, la limpieza del material. Es normal que los huesos lleguen llenos de tierra y obviamente deben limpiarse pero, ¡ojo!, actualmente existen muchos estudios químicos, bioquímicos y de biología molecular que se realizan en ellos y, por lo mismo, es necesario que dicha limpieza se haga de tal forma que no se altere en lo absoluto su constitución, tal y como ocurre si se lavan con detergentes. Ya que se ha realizado esto se da inicio a la identificación anatómica de las piezas; debemos saber qué tipo de hueso tenemos en las manos: un diente o una vértebra, un molar o un incisivo, un fémur o una tibia. Ésta es una fase simple pero necesaria ya que no podremos avanzar en nuestro estudio si no sabemos qué hueso estamos estudiando. Casi al mismo tiempo que definimos qué hueso tenemos, es necesario que determinemos la edad del animal al que perteneció. En el caso de que se trate de un mamífero esto es fácil de estimar pues en las crías y animales jóvenes las partes extremas de los huesos —a las que llamamos epífisis— están libres o se desprendan con facilidad, ya que entre éstas y la parte central — llamada diáfisis— hay zonas cartilaginosas que se relacionan con el crecimiento del hueso. En otras palabras, en un mamífero joven el hueso está en crecimiento y por tanto hay partes, entre la epífisis y la diáfisis, que están formadas de cartílago y que se destruyen cuando el animal muere y los huesos quedan expuestos al ambiente. La próxima vez que comas barbacoa toma un hueso largo y obsérvalo, es fácil separar la epífisis y ver la parte cartilaginosa que hay entre ésta y la diáfisis.

El siguiente paso en la investigación es la identificación de la especie, ubicar a qué tipo de animal perteneció el hueso con que estamos trabajando. Esta fase es un poco complicada, no tanto por el trabajo en sí como por la circunstancia de que se requieren libros especializados y colecciones comparativas. Al concluir esta etapa ya sabemos la especie del animal al que perteneció el hueso y la edad que tenía el ejemplar. Un último punto a estudiar es ver si existen en los restos marcas de cortes como los que quedan cuando un animal es descuartizado con cuchillos o navajas, o si muestran rastros de pulido o tallado.

Interpretando los resultados La última parte en el trabajo arqueozoológico se realiza en el gabinete. Es el momento de interpretación de los datos recolectados y en él se tratan de cubrir, esencialmente, cuatro aspectos: a) Ubicación de los restos en tiempo y espacio. La ubicación de los materiales identificados se efectúa sobre un mapa a partir de las coordenadas que acompañan a cada material analizado, esto permite observar la distribución de los huesos en el espacio. Generalmente, junto con los datos, se incluye la capa o nivel en la que se localizó el hueso, con esta información es posible ubicar los materiales en función del tiempo. Como vemos, de cada hueso encontrado puede determinarse dónde y cuándo quedó depositado. b) Definición del mínimo número de individuos. Hasta ahora todo el trabajo se ha hecho con huesos individuales o con sus fragmentos, pero es necesario tratar de definir el número probable de animales a los que pertenecen los restos que se encontraron en el sitio estudiado o que llegaron a nuestras manos pues casi cualquier relación que se haya dado entre

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Cómo se estudian los huesos de épocas pasadas

el animal y el hombre fue a nivel de ejemplares completos (aunque hay algunas excepciones). ¿Qué importancia tiene esto? Es de gran ayuda en la interpretación que se da al hallazgo. Supongamos que estamos revisando los depóstos de basura de las casas de nuestros vecinos después de que en cada una de ellas ha habido un banquete y que en ambos encontramos huesos de guajolote. Separamos los huesos y vemos que, en cada caso, hay cincuenta piezas. Al ver qué huesos son, resulta que en el primer caso todos son distintos pero en el segundo encontramos, entre todo, tres cráneos y tres fémures del lado derecho. Nuestra conclusión sería que en una de las fiestas se consumió, aparentemente, un solo individuo, mientras que en la otra se ingirieron, al menos, tres guajolotes. Con cálculos semejantes a los del ejemplo es posible reconocer qué cantidad de carne se consumía en los sitios estudiados y qué tanto se utilizaban ciertas especies. c) Determinación de áreas de actividad. Existen especies que el hombre utilizaba principalmente para proveerse de alimento; tal es el caso de los venados, los conejos, los guajolotes, los patos y los peces. Otras, se relacionan más con actividades religiosas y muchas aparecen en ofrendas o entierros. Partes de ciertos animales, por ejemplo los venados, eran empleados para construir herramientas y otros artefactos. Muchas veces se han encontrado restos de especies que no son propias de la región que estudiamos; en estos casos, sin duda, estamos viendo evidencias de las actividades comerciales y políticas entre diferentes culturas. La ubicación de los restos óseos en el mapa y su clasificación en función de los posibles usos nos pueden dar una idea acerca de qué áreas del sitio investigado estaban destinadas para las diversas actividades do-

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mésticas como, por ejemplo, alimentación, destazamiento de animales, culto, manufactura de herramientas o utensilios, etcétera. d) Uso selectivo de la fauna a través del tiempo. Conforme definimos las áreas de actividad y el mínimo número de individuos, es posible observar si las especies identificadas aparecen en todas las etapas identificadas o sólo en ciertos momentos. Este análisis permite determinar el valor relativo de cada especie a lo largo del tiempo, el nivel de relaciones comerciales que se dieron en diferentes periodos y, además, en qué medida era explotado cada ecosistema —por ejemplo, bosques, lagos o praderas— aledaño al asentamiento humano.

Algunos ejemplos interesantes de investigación arquezoológica Todo lo dicho hasta este momento tiene que ver con los principios que rigen este tipo de estudio, ahora veamos algunos ejemplos de especial interés. Borregos cimarrones en el centro de México A mediados de los años ochenta realicé una investigación con materiales arqueozoológicos descubiertos en Tula, Hidalgo. Entre los restos aparecieron las mandíbulas inferiores, varias vértebras y huesos de dos borregos. Los huesos mostraban huellas, marcas, que demostraban que en ellos se habían usado cuchillos; o sea, que los animales habían sido descuartizados. Se podía observar también que habían sido cocidos. Al identificarse el tipo de animal al que pertenecían los huesos resultaron ser borregos cimarrones. Este animal (Ovis canadiensis) pertenece a una especie silvestre que hasta este siglo fue un habitante común de las sierras y zonas desérticas del noroeste de México. Su uso como alimento en esa región es algo lógico y usual, pero,


Remodelación 3ª ocupación. Piso estuco 3ª ocupación. R1

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Intrusión en piso de 3ª ocupación.

R1

R2

Escala: 1:10

Muchos restos de animales se descubren en entierros u ofrendas religiosas colocadas bajo los pisos de la unidades habitacionales (casas). En esta reconstrucción se muestra cómo se encontraron los huesos de dos borregos cimarrones en el interior de una olla colocada bajo el piso de una residencia tolteca.

¿qué hacían estos animales en el centro del país? Si se hubieran encontrado los huesos aislados, abandonados, dejados al azar, el enigma hubiera sido muy difícil de resolver y se hubieran planteado hipótesis muy diversas, desde que se trataba de animales que en esa época —hace 11 siglos— vivían en esta región, hasta que tal vez la identificación no era correcta. Afortunadamente, los huesos se encontraron dentro de una olla colocada bajo el piso, en una habitación de lo que había sido una residencia. Este tipo de hallazgos son relacionados con actividades religiosas en las que se utilizaban animales o partes de ellos. Era frecuente que después de las ceremonias se abriera una fosa en una habitación y ahí se colocaran los restos y otros objetos. Las razones de estas ceremonias eran muy diversas, pero siempre eran un llamado a los dioses; a veces para pedir buena

fortuna o para agradecer favores recibidos, a veces eran entierros —de personas o animales— o sea, rituales fúnebres. En el caso de los borregos encontrados, estaba claro que los animales habían tenido una importancia especial para las personas que habitaban ese lugar; de no ser así, no los hubieran utilizado en una ceremonia. Además, habían sido empleados como alimento, pero un alimento especial, tan especial que parte de él fue dejado como ofrenda a los dioses. Debido a que ahora sabemos que los habitantes de Tula fueron inmigrantes provenientes del norte y noroeste y que los ocupantes de esta residencia habían sido personas de alto nivel social, se hizo más lógica la presencia de estos borregos cimarrones. La conclusión a la que se llegó fue que la gente que habitó el lugar tenía relaciones con pueblos del noroeste de México, tanto por sus

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Cómo se estudian los huesos de épocas pasadas

orígenes mismos como por posibles relaciones comerciales o políticas. En algún momento ellos recibieron estos borregos, quizá como un regalo, y sin duda fueron para ellos un bien muy preciado, pero, por razones que desconocemos, debieron sacrificarlos y usarlos como alimento, aunque el evento se realizó dentro de una atmósfera ritual y dejaron parte del alimento en la olla, como agradecimiento a los dioses por el favor recibido. Enseñanza de este caso: Para realizar un buen estudio arqueozoológico es indispensable conocer con detalle el contexto en que se encontraron los restos y la época a la que pertenecen.

Entierro humano

Perros asociados al Entierro

Imagen que muestra la esquina exterior de una casa prehispánica (Tula, hace 1 350 años) cerca de la cual se encontró un entierro humano con perros asociados. Finalmente, se determinó que la persona había sido enterrada acompañada de nueve perros, tres de ellos crías. Dos de los ejemplares adultos habían sido xoloitzcuintles y los siete restantes perros comunes.

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Perros descubiertos en un entierro múltiple en Tula, Hidalgo En Tula se han descubierto numerosos restos de perros, incluso esqueletos completos de animales que hace cerca de 1 350 años fueron usados como ofrenda en entierros y estaban sepultados junto a la persona fallecida. Era creencia de varias culturas prehispánicas —en algunas regiones de México sobrevive esta tradición— que cuando una persona moría de enfermedad debía enterrársele junto con un perro a fin de que le acompañara en su viaje al más allá. En uno de estos entierros, en el que trabajé en 1994, fueron colocados no un perro, sino nueve, tanto crías como adultos y pertenecientes a dos razas. Los restos se encontraban en muy mal estado, pues la gran mayoría de los huesos estaban rotos o incompletos. Hubiera sido muy fácil decir que se trataba de un solo ejemplar, ya que había “pedazos de todo”; sin embargo, se decidió separar con cuidado cada hueso, medirlo, identificar anatómicamente cada uno y ver si se repetían. Se encontraron muchos molares iguales, los suficientes para concluir que había varios animales, tanto crías como adultos; los huesos permitieron determinar que había, entre estos últimos, ejemplares de talla grande y mediana. El armado de ese rompecabezas de dientes y huesos de diferente tamaño y de animales de diferente edad llevó a la conclusión de que en el entierro se habían colocado nueve animales. Enseñanza: Siempre se debe tomar en cuenta la determinación del mínimo número de individuos; quizá en la mayoría de los casos haya un solo ejemplar, pero puede haber sorpresas como la descrita. Hallazgo de un perro en la Cueva del Gallo, estado de Morelos En 1995 me invitaron a estudiar el esqueleto de un perro descubierto en el interior de una cueva


y que se colocó en el lugar como parte de una ceremonia realizada hace unos 2 500 años. El esqueleto estaba intacto gracias a que la región es muy seca y en la cueva hay poca acción bacteriana y de hongos. El primer detalle que salió a la luz fue que se trataba de un ejemplar chico, de sólo unos 40 cm de longitud. La dentición era la permanente, pero podía tratarse de un juvenil de unos cinco meses de edad que ya hubiera cambiado la dentadura, aunque sigue siendo un especimen de pequeñas dimensiones. Esto pareció lo más lógico hasta observar que los huesos estaban formados por una sola pieza, o sea, no había forma de separar la epífisis del resto del hueso. Los perros jóvenes, de menos de un año de edad, tienen huesos que aún están en crecimiento y, como ya vimos, en éstos las epífisis están separadas de la díafisis por una zona cartilaginosa que desaparece cuando el animal muere, se pierde toda la materia blanda y quedan sólo los huesos. Si se hubiera tratado de un juvenil, los huesos hubieran estado separados en partes o bien sería fácil ver las zonas de contacto, pero no fue así, en vez de ello lo que había eran huesos completos, sólidos, justo lo que corresponde a un adulto. Esto llevó a la conclusión de que el animal encontrado era un perro “enano” o que pertenecía a una raza de talla chica desconocida hasta ahora. Enseñanza: Conocer la forma en que el hueso está constituido y cómo cambia con la edad es una importante herramienta en la arqueozoología. Guajolotes en el palacio de los reyes de Texcoco En 1998 trabajé con restos descubiertos en un palacio que ocuparon los reyes de Texcoco a finales de la época prehispánica (Siglo XV D. C.). La colección consistía en una enorme cantidad de huesos de guajolote y el responsable de ésta fue el arqueólogo Raúl García.

Los guajolotes (Meleagris gallopavo) fueron la principal ave doméstica de la época prehispánica y representaban una importante fuente de carne. Aunque su significado religioso varió según la época y la región, siempre mantuvo su enorme valor en el terreno alimenticio e incluso es factible pensar que desde la época teotihuacana (mediados del primer milenio D.C.) existían criadores especializados que vendían los animales o sus productos. Encontrar casas (unidades habitacionales) prehispánicas y ubicar la parte que correspondía a los patios traseros y a los basureros no es complicado. Tampoco es inusual que allí se encuentre una enorme cantidad de restos animales; lo raro es que todos los huesos sean de una sola especie, pues lo común es que aparezcan restos de conejos, liebres, perros, venados, patos, guajolotes, codornices, tortugas, peces, en fin, de las diferentes especies que los habitantes de la región comían. En el caso que estamos describiendo, también se trabajó con lo encontrado en un basurero, pero de un palacio, y esa fue la clave para entender por qué sólo estaba presente una especie. Las personas que vivían en este palacio eran los reyes de Texcoco y, por lo tanto, disponían de todos los recursos de la región. Alimentarse de perros, venados, peces o patos era lo normal si se trataba de gente común, pero para un rey esas eran solamente algunas opciones. Aparentemente, a los antiguos habitantes de este palacio les gustaba mucho la carne de guajolote y la consumían en tal abundancia y tan seguido que los basureros se llenaron de huesos de este animal. Si los restos se hubieran encontrado asociados a casas habitación comunes la conclusión hubiera sido que en el lugar se criaban y se cocinaban guajolotes como principal fuente de carne y que ese era el modus vivendi de la población en general, pero como se descubrieron en un palacio la hipótesis más probable

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es que se tratara de enormes banquetes ahí realizados. Enseñanza: Cualquier interpretación relativa al uso de la fauna en épocas pasadas requiere de la información relacionada con el contexto en que se encontraron los restos. Fauna de la Cueva del Camino en Teotihuacan, México Entre 1993 y 1995 se realizaron excavaciones en cuatro cuevas ubicadas atrás de la Pirámide del Sol bajo la responsabilidad de la Dra. Linda Manzanilla. Los restos animales descubiertos fueron increíblemente diversos y abarcaron desde hace unos 1 400 años hasta el presente. Una de estas cuevas, llamada “Cueva del Camino”, no destacó especialmente respecto a la cantidad de huesos y en ella hubo pocas evidencias de actividad humana. Sin embargo, se encontraron restos que permitieron ver cómo había cambiado la fauna de la región a través del tiempo y constatar que en una época el clima del valle de Teotihuacan había sido lo bastante húmedo como para que cerca de ahí existieran bosques. El clima se fue haciendo seco con el pasar del tiempo y así se ha conservado hasta hoy. Por otro lado, los hallazgos hicieron posible observar cómo la región, ocupada durante una época por la ciudad más grande de la América precolombina, poco a poco se fue deshabitando hasta quedar como una zona virtualmente libre de seres humanos —hace unos 500 años— para empezar nuevamente a poblarse y llegar hasta su situación presente. Y, ¿en qué se basan estas ideas? La teoría de que la región fue alguna vez más húmeda que en la actualidad, hasta el punto de permitir la existencia de bosques, se basó en la presencia de restos de varios roedores. Uno de ellos, una rata llamada “rata de los arrozales” (Orizomys palustris) habita regiones donde abundan los recursos

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acuíferos; por ejemplo, ríos, lagunas y arroyos. Otro, una especie de tuza (Thomomys umbrinus), la cual se distribuye exclusivamente en bosques de pino y encino, apareció en la cueva con bastante frecuencia hasta hace unos 500 años, momento en que desaparece todo resto de animal relacionado con ambientes húmedos. Con respecto a la determinación de qué tanta gente vivió en la región al paso de los siglos, la fauna también fue un buen indicador. En los periodos más antiguos estudiados —siglos VIIIXIV D.C.—, de acuerdo a los restos encontrados, había en la zona fauna similar a la que se encuentra en la época teotihuacana, pero entre los siglos XV y XVII, la cueva fue utilizada como refugio por aves de presa, principalmente tecolotes. La forma de ésta hace difícil su acceso, a no ser que se disponga de alas o de una escalera de un par de metros. Es una excelente madriguera para estos depredadores, pero sólo en caso de que no haya cerca humanos que usen la cueva o que simplemente persigan y maten a los tecolotes. De aquí la conclusión de que durante cierto tiempo hubo poca gente en el valle de Teotihuacan. Enseñanza: Los restos arqueozoológicos, bien identificados y ubicados en la escala del tiempo pueden darnos valiosa información sobre la región. Áreas de actividad en una unidad habitacional teotihuacana En la segunda mitad de la década pasada se investigó una unidad habitacional (casa) teotihuacana y se buscó que todos los materiales encontrados se estudiaran a fin de reconocer, en algún momento, qué tipo de actividades se realizaban en cada parte de ésta. Esta unidad perteneció al final de la era teotihuacana, posterior a que esta cultura hubiera alcanzado la cúspide de su poderío pero anterior al inicio de su decadencia.


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Aunque el estudio de todos los materiales encontrados (huesos animales y humanos, restos de vegetales, tepalcates, lítica, restos químicos en el piso, etc.) fueron considerados para obtener una conclusión final, los restos faunísticos fueron básicos para la ubicación de las cocinas, los patios de servicio, las áreas dedicadas al culto, los dormitorios y los cuartos de usos múltiples, pues los teotihuacanos tenían un concepto muy claro y consistente respecto al valor que tenía cada tipo de animal y cómo debía utilizarse para tal o cual actividad. Los restos animales más ilustrativos al respecto son las conchas de los moluscos marinos, pues se empleaban exclusivamente para actividades religiosas; de ahí que encontrarlos en un cuarto significa que en él se realizaron activiC - Cuarto F - Fosa dades rituales. Los restos de guajolotes, conejos, perros, patos o venados des- Unidad habitacional teotihuacana ubicada en la zona de Oztoyahualco (al noroeste de las pirámides) que fue habitada hace unos 1500 años. Los mateparramados al azar y en forma de huesos riales descubiertos ayudaron a reconocer que las diversas partes de la casa tuaislados, rotos, indican, la mayor parte vieron usos diferentes, incluso se registró un posible sitio en el cual se mantenían conejos en cautivierio. 1) Traspatio en el cual se encontró una gran cande las veces, actividades de tipo alimen- tidad de huesos de conejo. 2) Sitio en donde se encontraron restos de conejos ticio. Por eso suponemos que el sitio en asociados a actividades rituales. 3) Cuarto de uso ritual con una escultura de conejo. 4) Posible sitio en donde se mantenían cautivos a estos animales. C) el que se encontraron fueron patios de Cocina. T) Traspatio. servicio, áreas de destazamiento, basureros o cocinas. Sin embargo, si estos misEnseñanza: En épocas prehispánicas la gente mos animales aparecen completos o colocados tenía también el interés de vivir con orden, en casas en fosas, pensamos que en el sitio del hallazgo diseñadas para que cada cuarto o área tuviera tuvieron lugar actividades religiosas. usos definidos y, a veces, exclusivos. La fauna Los cuartos en los que aparecen astillas de descubierta ayuda a definir esto. hueso y piedras talladas, probablemente fueron Bibliografía empleados para la elaboración de herramientas VALADEZ, R. y Paredes, B. “Restos de Ovis canadiensis en el centro o para actividades de manufactura que requede México”. Ciencia y Desarrollo, 1988. 14:63-74 VALADEZ R., Impacto del recurso faunístico en la Sociedad Teotihuacana. rían de estos instrumentos de hueso. Por úlTesis doctoral, Facultad de Ciencias UNAM, México, 1992. 480 p. timo, la presencia de restos de animales no proVALADEZ R., “Macrofósiles faunísticos”, en L. Manzanilla (edit.), Anatomía de un conjunto residencial en Oztoyahualco II:729-813. pios de la región de estudio, por ejemplo jaguaInstituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, 1993. res, monos o tiburones —en Teotihuacan— inVALADEZ, R., Un atípico caso de un típico ejemplo de un perro desdican, en general, actividades religiosas. cubierto en un entierro prehispánico, AMMVEPE, 1998, 9(3):99-104

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Sitios arqueozoológicos en México* Bernardo Rodríguez Galicia

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a arqueozoología, en México, no tiene más de un par de décadas de existir como campo de estudio; por tal razón, la mayoría de las investigaciones arqueológicas sólo se limitan a presentar largas listas de fauna al final de algún trabajo. Debido a esto, los huesos, dientes conchas y caracoles hallados en un sitio arqueológico, en un área de construcción comercial o en una zona de ampliación de algún tramo carretero son, con frecuencia, olvidados junto con los reportes técnicos de referencia. El desconocimiento de cómo abordar y trabajar dichos materiales arqueozoológicos y la falta de investigadores que los entiendan e interpreten, ayudan a incrementar más este estancamiento; es más, se piensa y se cree que los restos óseos se obtienen única y exclusivamente de las excavaciones hechas en ruinas arqueológicas. Sin embargo, en México existen tantos lugares con datos arqueozoológicos como no puede uno imaginarse y por eso vale la pena conocer lo que es esta disciplina, la que nos permite comprender y entender el papel que jugaron algunos animales en las diferentes sociedades mesoamericanas. El presente artículo tiene como objetivo mostrar algunos sitios de nuestro país que son zonas de excavación arqueológica o áreas de denuncia (trabajo que realiza la Dirección de Salvamento Arqueológico, atendiendo denuncias públicas dirigidas al Instituto Nacional de

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Antropología e Historia), en los que se han encontrado restos arqueozoológicos.

Fauna de las zonas arqueológicas No son pocos los sitios en los cuales la excavación arqueológica descubre una importante cantidad de restos arqueozoológicos, que muy frecuentemente tienen que ver con la fauna que habitó e interactuó con el hombre mesoamericano. Ruinas como Xcaret (Quintana Roo), Palenque (Chiapas), Teotihuacan (Estado de México) o Templo Mayor (Distrito Federal) muestran importantes colecciones faunísticas que nos ilustran mucho sobre el manejo de los recursos animales en estos sitios. Xcaret Ubicada en la costa oriental de la Península de Yucatán, Xcaret fue abordada para su exploración en seis temporadas de trabajo de campo. Estas excavaciones permitieron rescatar gran cantidad de material malacológico (conchas y caracoles) y restos óseos de animales, entre los que se pueden contar huesos fragmentados o completos de iguanas, tortugas (marinas y terrestres), aves (como el guajolote), roedores (tuzas, ardillas y ratones), zorrillos de lomo blanco, cánidos (perros o coyotes), tapires, venados y un fragmento de costilla de un manatí.

Agradezco a la Dirección de Salvamento Arqueológico (INAH) y, muy en especial, a la M. en C. Alicia Blanco Padilla, por la información técnica para la realización del presente artículo.

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De la fauna no americana se pudieron identificar gallos, cerdos, vacas, y caballos. También se halló una importante cantidad de huesos y conchas trabajadas como botones, agujas, punzones, aretes o dijes. Palenque De las excavaciones arqueológicas de Palenque, Chiapas, se ha podido rescatar una basta cantidad de restos faunísticos, de la cual destacan, por su peculiaridad, cuatro vasijas de cerámica que contienen en su interior diferentes materiales arqueozoológicos. La primera de estas vasijas fue hallada en el techo de la Cruz foliada mientras que el resto se recuperó del techo de la galería suroeste del Palacio. Este material está integrado por un esqueleto completo de tecolote, del género Glaucidium; costillas, falanges, garras y pico de un ave pequeña; mandíbulas, maxilar izquierdo y escamas de un lacertilio (lagartija); restos óseos de un mamífero pequeño (tal vez un ratón) y una gran cantidad de caracoles dulceacuícolas. Teotihuacan Ubicada en el centro de la Cuenca de México, Teotihuacan ofrece, además de una gran gama de alternativas turísticas, un atrayente cultural de investigación arqueozoológica sin precedente, y es que en ella se ha podido hallar una gran cantidad de restos animales y representaciones iconográficas (pinturas, figurillas de barro, esculturas). Los más abundantes restos faunísticos pertenecen a especies como conejos, liebres, venados, berrendos, perros, lobos, zorrillos, tuzas, ardillones, diversas especies de ratas y ratones de campo, murciélagos, cacomixtles, patos, garzas, gallinas de monte, guajolotes, faisanes, zopilotes, serpientes de cascabel, tortugas dulceacuícolas, lacertilios, peces y moluscos marinos. Muchos de estos materiales pertenecen a orga-

Concha marina (Spondylus calcifer) descubierta en Teotihuacan. Estos organismos eran considerados símbolo del nacimiento y de la Luna.

nismos que sirvieron como alimento o fueron usados en prácticas rituales, pero también aparecen huesos y conchas trabajados que se emplearon como herramientas o como adornos, por ejemplo, percutores, agujas, punzones, dijes y collares. Templo Mayor En pleno corazón de Ciudad de México se encuentra una de las zonas arqueológicas que más fauna ha aportado al estudio arqueozoológico. Es importantísima su colección malacológica, aunque también lo son las de unidades óseas de peces (marinos y dulceacuícolas), reptiles (como tortugas, boas, serpientes de cascabel, lagartijas e iguanas) y aves (guajolotes, faisanes, halcones, águilas, guacamayas y pequeñas especies canoras). Respecto a los mamíferos podemos citar venados, tapires, pumas, lobos, gatos monteses, jaguares, perros, coyotes, conejos, liebres, mapaches, tlacuaches, cacomixtles, murciélagos y un importante número de roedores. Terremote-Tlaltenco Al sur del Distrito Federal, entre Tláhuac y Xochimilco se realizaron, hace veinte años, estudios arqueológicos con el propósito de investigar una pequeña aldea de pescadores que se

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Sitios arqueozoológicos en México

para la elaboración de adornos en otras partes o como base para medicamentos en otras más.

Vértebra de serpiente de cascabel. Restos de estos animales aparecen con frecuencia en los sitios arqueológicos.

desarrolló a principios de nuestra era en una pequeña isla artificial. Esta comunidad vivió entre lo que eran, en esa época, los lagos de Xochimilco y Chalco. Los restos descubiertos fueron muy diversos, pero predominaron los de animales lacustres: peces, gran cantidad de tortugas, patos y gallinas de agua. Otros que también abundaron fueron los de perros, guajolotes, venados y conejos.

Algunos estados mexicanos en donde se han reportado restos arqueozoológicos México cuenta con una fauna abundante la cual está distribuida en veinte zonas fisiográficas. Debido a esta riqueza es materialmente imposible realizar algún tipo de excavación arqueológica en la cual no se obtenga algún resto arqueozoológico. Esta diversidad implica también una enorme cantidad de relaciones entre el hombre y la fauna, condición que aún subsiste en gran parte del país. Algunos ejemplos de esto son el uso de iguanas como alimento en el sur y sureste de México, de pericos y aves de canto como animales de ornato, de varias especies de reptiles y anfibios como alimento en diversas regiones y que son usados como materia prima

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Chiapas (Cueva del Tapesco del Diablo) Ubicada en un cañón de la Sierra de Monterrey, muestra materiales cerámicos que la sitúan como perteneciente al periodo clásico (primera mitad del primer milenio de nuestra era), en este sitio se encontró un magnífico ejemplar óseo que pertenece a una guacamaya roja (propia de la zona) y restos de picogrueso pechicafe (que se distribuye desde Baja California hasta Oaxaca). De mamíferos, se pudieron rescatar huesos de un murciélago higuero, de conejos de bosque, de un ratón espinoso, de otro montañero, de uno más arrocero, de un cambalachero y, por último, de un cosechero; todos ellos de amplia distribución en el país. Es importante señalar que el picogrueso y los conejos formaron parte de una ofrenda que se halló dentro de una tumba de esa época. Quintana Roo (Punta Pájaros) Punta Pájaros se ubica en la Península de Yucatán, en el mar Caribe; en ella se localiza el centro ceremonial de Chac mool, que corresponde culturalmente al área maya. En el sitio se localizaron una serie de entierros humanos que fueron acompañados por perros en una ceremonia llevada a cabo al final de la primavera. El total de perros encontrados fue de treinta y siete, de éstos se pudieron identificar algunos de tipo común o itzcuintlis, otros de rostro chato (llamados malix y considerados perros corrientes propios de la región) y xoloitzcuintles (perros pelones). Además, se reportó el hallazgo de caracoles, conchas y restos óseos de aves y de un mapache deformado. Veracruz (Tres Zapotes) Tres Zapotes se ubica en el municipio de Santiago, Tuxtla, Veracruz; en este lugar se recu-


peraron los restos de tres especies de mamíferos y un ave; de los primeros podemos citar a un mono araña joven y también a un mono aullador (saraguato). La evidente malformación ósea de los huesos largos sugirió la idea de que estos animales fueron objeto de algún tipo de cautiverio. Tabasco (Comalcalco) En los trabajos arqueológicos de Comalcalco, plaza norte, se encontraron varios recipientes en forma de cono truncado, a los cuales se llamó “urnas”, elaborados en fino barro y colocados boca abajo sobre un “enladrillado”. Tres de ellos contenían en su interior material biológico como, por ejemplo, cuatro piezas rectangulares de concha de gasterópodos marinos con perforaciones en sus extremos, nueve fragmentos de espina de mantarraya, espina y vértebra de un pez óseo (Osteichtyes); placas costales de tortuga; arquelópodo (brazo) de cangrejo; materiales óseos correspondientes a, por lo menos, tres tlacuaches; una gran cantidad de huesos carpianos (manos) y tarsianos (pies) de venado cola blanca, algunos de ellos trabajados. Es importante señalar que varios de estos elementos formaron parte de una actividad ceremonial. Guerrero (Cocula) El material recuperado fue extraído de una zona habitacional, de un tezacathachco (edificio de juego de pelota) y de la cueva “El Coltzi”. En ellos se reportó el hallazgo de huesos de venado cola blanca, de cánidos, de ranas o sapos; así como de un caracol terrestre del género Oleacina sp. —muy común en esta zona. Es importante señalar que la denominada “Estructura 2” estuvo asociada a un entierro en el cual se encontró un cánido, restos de un venado y de un ave no identificada. Por otra parte, en la cueva “El Coltzi”, se recuperaron huesos de un ave anseriforme (pato, ganso o cisne), las que en

su mayoría toman al territorio mexicano como lugar para pasar el invierno. Nayarit (Aguamilpa) Aguamilpa se encuentra en la porción central del estado de Nayarit, en los municipios de El Nayar, La Yesca, Santa María del Oro y Tepic. Esta provincia fisiográfica de la Sierra Madre Oriental se caracteriza por una topografía accidentada con mesetas altas y cañones formados por los ríos Santiago y Huaynamota. En el sitio se pudieron rescatar restos de tlacuache, un esqueleto completo de murciélago, otro de tejón, un par de cráneos de pecarí, huesos y astas de venado, una vértebra y un cascabel de la serpiente del mismo nombre, varios restos óseos de cánidos, una gran cantidad de cuentas planas y tubulares, brazaletes, dijes y fragmentos de valvas de lamelibranquios (almejas) y gasterópodos (caracoles). Baja California Sur (La Costa) Numerosas zonas arqueológicas del país han reportado la presencia de restos malacológicos, lo que nos indica que los moluscos constituían un importante recurso natural de los pueblos mesoamericanos, tanto que llegaron a incorporar a estos animales en tumbas, monumentos

Mandíbula inferior (dentario) de una musaraña. Su recuperación es una muestra del esmero que debe tenerse al momento de la excavación.

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Sitios arqueozoológicos en México

incluyendo el pecarí. Es importante señalar que en Quitovac se reporta la presencia de un gasterópodo (Tripsycha tripsycha) como parte de una ofrenda.

Restos de un guajolote. Esta ave fue el primer animal domesticado en Mesoamérica y una importante fuente de carne, plumas, huesos y huevo.

o teocallis. De las excavaciones se han podido rescatar conchas, caracoles y fragmentos de utensilios y adornos ornamentales hechos de la estructura dura del molusco. Éstas fueron, inclusive, utilizadas como moneda, como elementos de trueque o tributo. No hay que pasar por alto el uso de los moluscos como alimento; tal es caso de Pinctada mazatlanica (concha nácar) que cumplía perfectamente con las exigencias alimenticias de los lugareños de la costa californiana. De ella, además, obtenían perlas que eran —y son— muy cotizadas. Sonora (Quitovac) Quitovac fue abordado en dos zonas de trabajo de exploración; una de ellas se denominó “Quitovac X” y la segunda “Cueva de las volutas”. Es de esta última de donde proviene el mayor aporte de material óseo. La arqueofauna hallada —de tortugas, aves y mamíferos, principalmente— fue producto de una intensa actividad humana, la que se hizo evidente por la gran cantidad de conchas y huesos trabajados para fabricar ornamentos después de ser utilizada la carne del animal como alimento. Entre la fauna encontrada destacaron las tortugas, las aves, algunos peces, las lagartijas, las serpientes de cascabel, los conejos, los roedores, los cánidos y algunos artirodáctilos,

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Guanajuato (Presas “La Gavia” y “La Purísima”) El material arqueozoológico del estado de Guanajuato se encontró en deplorable estado de conservación y es muy heterogéneo. Aun así se reconocieron huesos pertenecientes a individuos de la familia leporidae y de un ave pequeña no identificada (muy probablemente de la región). En una de las capas excavadas se presentó un fragmento de concha de un molusco de agua dulce. En otra zona de la presa se reportaron restos óseos de un carnívoro mediano, quizá un individuo juvenil de Canis sp. (perro, coyote o lobo) el cual se encontró en asociación con un muro y piso de tierra prehispánico, lo que ayuda a concluir que el cánido hallado fue un “perro doméstico” autóctono o itzcuintle. Michoacán (Cuenca lacustre de Zacapu) En las Lomas de la Cuenca de Zacapu, Michoacán, en Loma Alta, se encontró una gran cantidad de fragmentos de huesos y conchas y también piezas completas. Destaca una almeja de agua dulce (Andonta sp.). La mayor parte de los restos óseos y fragmentos de concha provienen del relleno de la zona de sepulturas y no se pudieron identificar debido a su mala conservación. Otros, menos destruidos, se clasificaron como pertenecientes a ranas, tortugas, serpientes, patos, tuzas, ardillas, ratones, conejos, perros, comadrejas, venados y a algunos peces de agua dulce. Por otra parte, el complejo Guadalupe (Mich. 215) aportó huesos animales que se encontraron bajo un contexto ritual, no doméstico, y aquí destacaron los peces, anfibios, quelonios, patos, cánidos, un tlacuache y una gran cantidad de roedores, además de fauna no americana como bovinos y equinos.


Foto José Saldaña.

VALADEZ

VALADEZ

Azúa, Raúl. El Perro Mexicano. México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM,1995.

Azúa, Raúl. El Perro Mexicano. México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM,1995.

Comparación entre mandíbula de jaguar actual y colmillo de jaguar prehispánico.

Fragmento dentario izquierdo de un perro descubierto en la unidad residencial de Oztoyohualco,Teotihuacan. Los datos mostraron que en el sitio el perro era criado y utilizado como alimento y en ceremonias religiosas.

Fragmento dentario de un perro descubierto en Xocotitla,Teotihuacan. En el sitio se encontraron numerosos restos de estos animales, pero todos asociados al alimento.


Azúa, Raúl. El Perro Mexicano. México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM,1995. VALADEZ

VALADEZ

Azúa, Raúl. El Perro Mexicano. México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM,1995.

Mandíbula inferior (arriba a la derecha) de un perro pelón mexicano adulto encontrado en el entierro 31 de Plaza Charnay,Tula. La falta de caninos y premolares es prueba de que esta mandíbula era de un Xoloitzcuintli.

Fragmentos de esqueleto de una cría de perro de cuatro meses de edad, encontrado en Temamatla, Estado de México.




Mazatl(venado).

Aotochtli (armadillo) y tecouixin (lagarto).

Tochtli (conejo).

Coatl (serpiente).

Iztacmichin (peces blancos, charales).


Itzcuintli o chichi (perro común).

Tamazolin (sapo).

Ayotl (tortuga). Atepocatl (renacuajo).

Axolotl (ajolote).

Canauhtli (pato).


del antiguo México. México, 1947. ENCISO, Jorge. Sellos ENCISO, Jorge. Sellos

ENCISO, Jorge. Sellos

del antiguo México. México, 1947.

del antiguo México. México, 1947.

Aves fantásticas, sello plano. Procedencia:Teotihuacán, Estado de México.

Ocelotl (jaguar), sello plano. Procedencia: Oaxaca.

ENCISO, Jorge. Sellos

del antiguo México. México, 1947.

Hueuecoyotl (coyote viejo), sello plano. Procedencia: Ciudad de México.

ENCISO, Jorge. Sellos

ENCISO, Jorge. Sellos

del antiguo México. México, 1947.

del antiguo México. México, 1947.

Ave fantástica, sello plano. Procedencia: Ciudad de México.

Cactácea, sello plano. Procedencia: Ciudad de México. Flores acuáticas, sello plano. Procedencia: Estado de México.


del antiguo México. México, 1947. ENCISO, Jorge. Sellos

del antiguo México. México, 1947. ENCISO, Jorge. Sellos

del antiguo México. México, 1947. ENCISO, Jorge. Sellos

Rana, sello plano. Procedencia:Teotihuacán, Estado de México.

Ayotochtli (armadillo, sello plano. Procedencia:Veracruz.

ENCISO, Jorge. Sellos

ENCISO, Jorge. Sellos

del antiguo México. México, 1947.

del antiguo México. México, 1947.

Cuetzpallin (lagartija), sello plano. Procedencia:Teotihuacán, Estado de México.

ENCISO, Jorge. Sellos

del antiguo México. México, 1947.

Itzcuincli (perro), sello plano. Procedencia: Veracruz.

Pájaro “corre-caminos” o “faisán gritón”, sello plano. Procedencia: Cempoala,Veracruz.

Ocomatli (mono), sello cilíndrico. Procedencia:Veracruz.




Foto José Saldaña. VALADEZ

Azúa, Raúl. El Perro Mexicano. México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM,1995.

Perro común adulto (macho de más de 10 años de edad).

Esqueleto de perro adulto, encontrado en “Tunel Falso”,Tula. La dentición mostró que tenía el cuerpo y los miembros cubiertos de pelo, que era un ejemplar de patas cortas, 30% menores de lo normal.


Foto José Saldaña.

Foto José Saldaña.

Fémures y pelvis de ratón de campo.

Foto José Saldaña.

Huacal (sacro) y tibio-tarsos (piernas) de ave pequeña.

Cúbitos de tres crias de conejos.


Hidalgo (Ajacuba) La construcción de un canal de riego en Ajacuba destruyó trece sitios arqueológicos antes de ser reportado a la entonces Subdirección de Salvamento Arqueológico. En dicha área, a pesar de estar altamente removida por el saqueo y el vandalismo, se han encontrado evidencias de asentamientos de los periodos posclásico al colonial, en las que se analizaron un total de 10 299 elementos óseos y malacológicos. De los primeros se pudieron identificar peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos; mientras que de los otros fueron reconocidos una gran cantidad de moluscos. Se encontraron huesos trabajados, cocidos y hervidos. De la fauna americana se pueden mencionar a los faisanes, guajolotes, lechuzas, grulla gris, tórtolas, patos, tortugas, perros, venados, pecarís, tlacuaches, armadillos, conejos, liebres, tuzas, ardillas y ratones, sin olvidar a los peces, ranas y sapos. De la fauna no americana se obtuvieron gallos, gallinas, gatos domésticos, caballos, asnos, cerdos, ganado bovino y borregos. México Distrito Federal (Cerro de la Estrella) Ubicado en la capital del país, en la delegación política de Iztapalapa, el Cerro de la Estrella fue motivo de una excavación al dar inicio los trabajos de cimentación del albergue del Departamento del Distrito Federal. En ella se pudieron obtener piezas dentales de un cánido, incisivos y huesos de tuza, diversas unidades óseas de mamíferos no identificados, dientes de conejos y liebres, fragmento de la mandíbula de un venado cola blanca, huesos de, por lo menos, cinco ratones del género Peromyscus, algunos de ardillas, de sapos (Bufo sp.) y de ajolotes (Ambystoma sp.), peces marinos y dulceacuícolas, una gran cantidad de huesos trabajados (la mayoría como punzones), además de fauna no americana como gallos, cerdos y vacas.

Mandíbula inferior de conejo. Estos animales fueron una de las fuentes de carne más importantes de la época prehispánica.

Obras humanas donde se han hallado restos arqueozoológicos en México Hemos dicho con anterioridad, que los restos arqueozoológicos no se encuentran exclusivamente en algunas zonas arqueológicas determinadas. No se debe pensar que sólo en ciertos lugares se pueden encontrar restos de animales pues esto constituye un grave error. En muy diversos sitios se pueden hacer hallazgos. Esto sucedió, por ejemplo mientras se construían el edificio Bancomer (en Coyoacán, D.F.), la línea 9 del sistema de transporte colectivo Metro (S.T.C.), el Metropolitano línea B y en la introducción del gasoducto Costa del Golfo de México. Rescate Bancomer (Coyoacán D.F.) Durante los trabajos de cimentación del edificio Bancomer, en Coyoacán, Distrito Federal, se rescataron materiales arquezoológicos que estaban en deplorable estado de conservación. Se identificaron algunos que evidenciaron que habían sido cremados, otros más estaban trabajados; algunos fueron hallados en entierros humanos (de adulto o niño), a veces, sobre un piso o en algún muro formando parte de ofrendas. Los restos se dividieron en dos grupos: los pertenecientes a animales introducidos por los

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Sitios arqueozoológicos en México

españoles, o sea de fauna no americana y el de material autóctono o americano. Del primero se recuperaron huesos de caballos, bovinos, gallinas, gatos domésticos, cerdos, borregos y chivos; mientras que de los autóctonos se reportaron huesos de roedores (ratones, ardillas y tuzas), lagomorfos (conejos y liebres), cánidos (perros, coyotes y lobos), anátidos (patos, cisnes o gansos) y cérvidos como el venado, además de sapos (Bufo sp.) y tortugas (Chrysemys sp). Es importante señalar que el rescate también aportó una gran cantidad de huesos y conchas trabajadas, en su mayoría como punzones u ornamentos. Rescate línea 9 (Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México) De los tramos Cd. Deportiva-Puebla, TroncosoCd. Deportiva, la Viga-Morelos y Mazatlán-Chabacano, fueron recuperados y estudiados 1 609 elementos óseos pertenecientes, en su mayoría, a fauna introducida por los grupos humanos de españoles al lograr la conquista del Imperio Mexica. La fauna no americana comprendió aves de corral (gallos y gallinas), bovinos, borregos, cabras o chivos, caballos, asnos, mulas y cerdos.

Aguja de hueso. Durante la mayor parte de la historia prehispánica se desconoció el uso de los metales, por lo que el hueso era uno de sus materiales principales para la elaboración de instrumentos.

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De los animales americanos se reconocieron guajolotes, perros, un esqueleto casi completo de pato boludo (Aythya sp.), además de innumerables roedores y peces. Rescate Coyolxauhqui Sobresale, por la fauna encontrada, el monolito, conocido como de Coyolxauhqui, en el centro ceremonial del Templo Mayor y que fue denunciado por trabajadores electricistas y atendido por la entonces Oficina de Salvamento Arqueológico. Este monolito se encontró al pie del Templo Mayor, en la escalinata que conducía al adoratorio dedicado a Hutzilopchtli (dios de la guerra). Estaba rodeado de una serie de pozos o cajones que fueron identificados como CISTAS 1, 2, 3, 4 y 5. En el primero, que por su contenido faunístico es el de mayor importancia arqueozoológica, se descubrió un esqueleto completo de águila, un cráneo y salea (piel) de cocodrilo, además de un esqueleto completo de cánido de gran tamaño (posiblemente un lobo), conchas y caracoles dulceacuícolas y marinos; todos ellos ofrendados, muy probablemente, al dios antes mencionado. Rescate gasoducto (Costa del Golfo de México; de Monterrey hasta Chiapas) Los restos arquezoológicos obtenidos durante el tendido del gasoducto Costa del Golfo, tramos A, B y C, fueron 2 756 elementos y de estos se pudieron identificar 1 047 pelecípodos (moluscos con cuerpo comprimido dentro de su concha de dos partes o valvas) y 729 fragmentos de gasterópodos (moluscos con una concha bien desarrollada) mientras que el resto comprendió cangrejos de los géneros Mennipe y Callinectes sp. y vertebrados como peces, tortugas dulceacuícolas y marinas, guajolotes, patos, algunas otras aves no identificadas y mamíferos como ratones, tuzas, ardillas, conejos, liebres, perros, algún otro tipo de cánido, venados, pecarís y


Conclusiones Como ya mencionamos, la obtención de materiales arqueozoológicos no es exclusiva de los trabajos llevados a cabo en las zonas arqueológicas, sino que también se da en la realización de obras de infraestructura como la introducción de cableados (telefónicos o de luz, por ejemplo), de drenaje, de agua potable, de gasoductos, en la cimentación de edificios, restaurantes, comercios, colegios, estacionamientos, apertura o ampliación de tramos carreteros o complejos turísticos, entre otros. Es importante señalar que las diferentes culturas mesoamericanas se extendieron a todo lo largo y ancho del país, quedando siempre algún registro de su presencia y, por consiguiente, de la fauna asociada al hombre. El estudio arquezoológico en México se encuentra en una fase inicial y no siempre es contemplado en los planes de estudio de la carrera de Arqueología o de la licenciatura de Biología,

dando como resultado un evidente desconocimiento del estudio arqueozoológico en el país. Es cada vez más urgente buscar que los mexicanos conozcamos esta disciplina a fin de recuperar los datos contenidos en los restos y que ellos nos permitan reconstruir la enorme e importante historia de relación que se ha dado entre la fauna y el hombre que ha habitado este territorio desde hace ya muchos milenios. Actualmente, la arqueozoología se trabaja en tres instituciones en el país: la Sección de Biología de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, el Laboratorio de Paleozoología de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico, también del INAH y el Laboratorio de Paleozoología del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

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mamíferos no identificados de origen americano; mientras que la fauna no americana quedó representada por caballos, bovinos, cerdos y aves de corral. Es importante señalar que varias de las valvas estaban modificadas, talladas o pulidas, sin olvidar los huesos trabajados en forma de punzones u ornamento.

Bibliografía ARROYO Cabales J. y Polaco, Oscar J. Homenaje al Profesor Ticul Alvarez. Colección Científica; Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) México D.F., 1997. 391 pp. GARCÍA Cook A. y Arana, M. Raúl. Rescate arqueológico del monolito Coyolxauhqui. Informe preliminar, Dirección de Salvamento Arqueológico (INAH) México, D.F., 1978. 94 pp. POLACO Oscar J. La fauna del Templo Mayor. Colección Divulgación; Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). México, D.F., 1991. 263 pp.

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Certidumbres e incertidumbres

El conocimiento de la biodiversidad: una necesidad básica en la educación Irama Núñez Tancredi Miguel Ángel Arias Sólo conociendo, entendiendo y respetando a la naturaleza podrá el ser humano convivir con ella y mantener la enorme diversidad biológica de la Tierra. Agrupación Sierra Madre, 1993

Introducción

Es común escuchar que México es uno de los países con mayor diversidad biológica, un país megadiverso se le ha llamado; es común escuchar también que nuestro territorio alberga una gran cantidad de especies animales y vegetales únicas en el planeta (endémicas); que la biodiversidad mexicana representa entre el 10 y 12% de las especies registradas en todo el mundo. Pero, contrarias a estas voces que dan cuenta del enorme potencial biológico que poseemos, también han empezado —cada vez con mayor frecuencia— a escucharse manifestaciones de alarma respecto a los peligros y problemas que impactan dicho potencial. La acelerada pérdida de especies animales y vegetales es, quizás, el problema que motiva una de las voces más fuertes en este sentido. Por tal motivo resulta indispensable formular algunas preguntas iniciales: ¿conocemos los mexicanos nuestra riqueza biológica?, ¿cuáles han sido las transformaciones que ésta ha tenido en el proceso de evolución?, ¿cuáles son las funciones

que desempeña a nivel ecológico?, ¿cuál ha sido la relación entre la diversidad biológica y la diversidad cultural en un país como el nuestro?, ¿qué representa para las aspiraciones de desarrollo nacional?, ¿de qué manera se aborda el tema en el nivel de educación básica?, ¿cómo podríamos incrementar su conocimiento en la población?, y, particularmente, ¿cómo podríamos fortalecerlo en los diversos niveles educativos? Sin pretender ser categóricos, y midiendo nuestras afirmaciones, podemos señalar que el conocimiento e información que la mayoría de la población tiene en relación con la biodiversidad es limitado, difuso, incierto y, en algunos casos, nulo. Tal vez, la excepción sean algunos grupos académicos y de investigación dedicados a su estudio, así como ciertas instancias de gobierno y determinadas organizaciones no gubernamentales que enfocan sus esfuerzos en trabajos de conservación y uso adecuado de nuestra riqueza biológica. Al respecto, se considera que esta falta de conocimientos e información que se manifiesta en distintos sectores sociales ha tenido repercusiones importantes en los procesos de conservación y uso apropiado de los recursos naturales,

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principalmente, porque en la mayoría de las ocasiones se expresa en una escasa participación social en aquellos programas y proyectos que apuntan a tal fin. En este contexto, los procesos educativos en el nivel de educación básica (preescolar, primaria y secundaria) cobran gran relevancia porque brindan la posibilidad de que los alumnos obtengan información adecuada, oportuna y verosímil respecto a nuestra riqueza biológica. Lo anterior, con el propósito de despertar en ellos un interés particular sobre el tema, mismo que les permita construir nuevos valores, conocimientos, experiencias y pautas de conducta que motiven y/o promuevan su participación en actividades que busquen conservar y utilizar adecuadamente la biodiversidad en nuestro país. En las siguientes líneas pretendemos ofrecer un panorama general respecto a las características de la biodiversidad mexicana y su importancia, así como algunas reflexiones generales en torno a las diversas actividades pedagógicas que el docente de educación básica puede instrumentar con sus alumnos para promover el conocimiento, el uso adecuado y la conservación de nuestro enorme potencial biológico.


México: país megadiverso Las características geográficas que presenta nuestro país le otorgan ciertas particularidades respecto a la riqueza biológica que posee. En México convergen dos grandes regiones biogeográficas con características contrastantes: la neártica, constituida por especies de origen boreal, que comúnmente ocupan las zonas montañosas templadas y frías; y la neotropical, formada por especies que habitan las partes bajas o medias, con climas cálidos secos y húmedos. Esta intersección biogeográfica se articula además con una compleja topografía, producto de una intrincada historia geológica. El país se encuentra, a su vez, en medio de dos grandes masas oceánicas: el océano Pacífico y el océano Atlántico, que le confieren una extraordinaria diversidad biológica y ecosistémica. Entonces, la República Mexicana presenta características ecológicas singulares que la colocan como una de las naciones más importantes en este renglón. Figura entre los doce países considerados como de mayor diversidad biológica del planeta, junto con: Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Zaire, Madagascar, India, China, Indonesia y Australia. Con apenas el 1.4% de la superficie terrestre, nuestro país posee cerca del 10% del total de especies conocidas en el mundo. Destaca, además, por sus endemismos; es decir, por la presencia de organismos que no existen en ninguna otra parte del mundo. Considerando tan sólo la flora, el porcentaje de endemismos oscila entre el 44 y el 63%, mientras que para los animales vertebrados, la proporción es del 30% en promedio. Asimismo, ocupa el segundo lugar en cuanto a especies diferentes de mamíferos a escala mundial. Es, además, el país con mayor

diversidad y número de endemismos en reptiles y se encuentra en el cuarto lugar mundial respecto al número de especies de plantas. En pocas palabras, es una nación con una enorme biodiversidad (Semarnap, 1996).

¿Biodiversidad? Hoy en día, la palabra biodiversidad parece ya no ser ajena para muchos de nosotros; frecuentemente, la encontramos o escuchamos en notas periodísticas, discursos políticos y gubernamentales, noticias, charlas informales, etc., pero pocas veces se hace referencia a su sentido y definición. En este trabajo, se concibe a la biodiversidad como el resultado del proceso evolutivo que ha experimentado la Tierra y las diferentes formas vivientes que la han habitado durante miles de años; hace referencia a la variedad de la vida que se manifiesta en todos los niveles de organización de los seres vivos: desde las moléculas hasta los ecosistemas. La diversidad biológica o biodiversidad, según se le ha denominado recientemente, es una característica fundamental de todos los sistemas biológicos y es simplemente la medida de la heterogeneidad de un sistema. En este caso, la diversidad se refiere a la cantidad y proporción de los diferentes elementos biológicos que contiene el sistema. Existen básicamente tres niveles de biodiversidad: el genético, el ecológico y el biogeográfico. El primero se refiere a la composición genética que tiene una sola especie. Puede existir mucha o poca variabilidad genética, la que está dada por la cantidad de genes diferentes que tiene la especie (variedad genotípica) y por los caracteres que estos diferentes

genes codifiquen en el organismo (variedad fenotípica o apariencia). La diversidad genética depende, entre otras cosas, de la historia evolutiva de la especie. El nivel ecológico, por su parte, tiene dos expresiones: la diversidad presente en un sitio y la heterogeneidad espacial. La primera es una función de la cantidad de especies presentes en un mismo hábitat y es el componente de la diversidad más importante (y más comúnmente citado), tal es el caso de las selvas tropicales húmedas y de los arrecifes coralinos. La segunda es una medida del grado de partición del ambiente en parches o mosaicos biológicos, es decir, mide la contigüidad de hábitats diferentes en el espacio. El nivel geográfico se determina por la diversidad de ecosistemas presentes en una región específica. La biodiversidad no sólo depende de la riqueza de especies sino también de la dominancia relativa de cada una de ellas. Las especies, en general, se distribuyen según su abundancia, desde algunas especies muy numerosas hasta las muy raras. Cuanto mayor sea el grado de dominancia de algunas especies y de rareza de las demás,

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menor es la biodiversidad de una comunidad.

La biodiversidad y los grupos humanos Los grupos humanos, desde su aparición sobre la Tierra, han establecido una profunda relación con la naturaleza; la mayoría de los códigos culturales de los pueblos son una expresión de dicha relación. En un país pluriétnico, como México, puede asegurarse que se llevó a cabo un proceso de coevolución que dio origen a una enorme diversidad cultural, la cual se expresa a través de las diferentes manifestaciones sociales que utilizan las comunidades para seleccionar las especies animales y vegetales comestibles, en las formas de utilización de los recursos naturales, en la alimentación, en la construcción simbólica de las deidades, en la cosmovisión del universo, en la organización social, etc., y que da cuenta de la estrecha relación que han establecido los grupos humanos con la diversidad biológica de su entorno. Al respecto se ha señalado que:

la generación y el mantenimiento de la diversidad biológica se dan gracias a procesos de interacción entre elementos bióticos y abióticos, incluyendo la propia evolución humana. Si esto no se comprende, se corre el riesgo de no considerar al ser humano como actor y promotor de la riqueza biológica que se refleja en la diversidad cultural. (Solís, et al., 1998: 13).

La importancia que representa la enorme riqueza biológica de una región o un país específico, es capital para sus aspiraciones de desarrollo nacional y para los niveles de calidad de vida de su población, toda vez que ofrece una multiplicidad de productos y servicios indispensables para la pervivencia de la especie humana y para la propia conservación de los recursos. Entre ellos, la producción de alimentos; la regulación de la composición química de la atmósfera y de los climas; la protección de cuencas hidrológicas; la captación, transporte y saneamiento de aguas, tanto superficiales como subterráneas; la protección contra la erosión y control de sedimentación; el control biológico de plagas y enfermedades; la provisión directa de recursos y materias primas; las oportunidades para la recreación, el esparcimiento y el turismo; y también como campo de investigación científica y tecnológica, entre otros. Pero no pensemos que la relación biodiversidad-grupos humanos ha sido y es una red de intercambios armónicos; por el contrario, se constituye en una relación compleja que hoy día se manifiesta en una crisis ambiental, en la cual uno de sus componentes más preocupantes es la acelerada pérdida de la biodiversidad. Al respecto, Toledo (1994: 43) sostiene que:

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el cierre del siglo encuentra a los seres humanos enfrentando una crisis ecológica de escala planetaria, uno de sus componentes es, precisamente, la pérdida de la ´variedad de la vida´ como resultado de la transformación de los hábitats, la contaminación de origen urbano-industrial (especialmente sobre los ecosistemas acuáticos continentales y marinos), la sobreexplotación de los recursos y el comercio ilegal de las especies.

En este mismo sentido, Federico Bolaños (1990:107) ha denunciado que: en las próximas décadas podremos atestiguar la eliminación de por lo menos un millón, y tal vez más, de las especies de la Tierra debido al impacto biológico. Esta extinción constituirá un gran empobrecimiento de la diversidad de la vida en el planeta, mucho mayor que las extinciones masivas de la prehistoria.

Además, es conocida por muchos de nosotros, la extraordinaria diversidad biológica que |encierran los bosques y selvas que se ubican en la zona ecuatorial, los cuales probablemente albergan a la mitad de las especies de animales y vegetales del planeta. Pese a ello, se estima que en la actualidad se encuentran amenazadas de extinción 25 millones de plantas y más de mil especies y subespecies de vertebrados. Estas cifras no consideran la inevitable pérdida de las especies de animales más pequeños —en particular invertebrados como moluscos, insectos y corales— cuyo medio está siendo destruido. De tal manera que si tomamos en cuenta sólo a los pequeños animales, de aquí a finales de siglo se habrán extinguido entre el 0.5 y 1.0 millón de especies; es decir, se extingue una especie cada 15 minutos. Incluso esto puede parecer una cifra muy


conservadora si recordamos que en esos 15 minutos se talan 600 hectáreas de selva tropical; por tal motivo, la destrucción de un área puede producir la extinción de incontables especies. (Idem: 107) Por lo anterior, resulta prioritaria la participación de los diversos sectores de la sociedad para implementar programas y proyectos que apunten a detener y revertir los procesos de deterioro de la naturaleza, así como a estimular la participación social con el fin de conservar y utilizar adecuadamente el patrimonio biológico que como nación poseemos. No concebimos que ésta sea una pretensión ingenua, sino más bien un elemento imprescindible para redefinir y recrear nuevas formas de relación con el ambiente que nos rodea, mismas que nos permitan edificar y fortalecer nuestros rasgos sociales y culturales y, con ello, pensar en un futuro más prometedor, con mayores posibilidades de arribar a un ambiente ecológicamente menos deteriorado y social y económicamente más equitativo. El futuro es incierto, sí, pero también tenemos experiencias que permiten aspirar a resultados más prometedores. Los pueblos indígenas y las comunidades rurales están resignificando el discurso de la democracia y de la sustentabilidad para reconfigurar sus estilos de etnoecodesarrollo. Esto está desencadenando movimientos inéditos por la reapropiación y autogestión productiva de la biodiversidad, del hábitat en el que ha coevolucionado la cultura de estas comunidades a lo largo de la historia, y donde habrán de definir sus proyectos futuros de vida. (Leff, 1998: 70) 1

El conocimiento de la biodiversidad en la educación básica No podemos pensar en posibles soluciones a los problemas ambientales en el mediano y largo plazo sin considerar el desarrollo de un conjunto de mecanismos e instrumentos que permitan enfrentarlos desde múltiples aristas: la economía, la política, las leyes, la cultura… y, por supuesto, la educación, que, ante todo, es un proceso que ofrece la posibilidad para transformar los valores, el conocimiento y las conductas de los grupos sociales respecto a su medio ambiente. De tal suerte, que resulta indispensable desarrollar actividades pedagógicas en el nivel de educación básica que se encuentren enfocadas a promover el conocimiento y uso adecuado de la extraordinaria riqueza biológica de nuestro país. Con ello, se busca que los profesores, alumnos, autoridades educativas, asociaciones de padres de familia, etc., participen con mayor información y experiencias en aquellos programas sociales e institucionales que orienten sus esfuerzos a difundir y ampliar el conocimiento de la biodiversidad en el país. Este proceso de comunicación ambiental nos parece esencial para destacar el valor que representa el conocimiento de la biodiversidad en la construcción de patrones y rasgos culturales en los distintos grupos humanos, en sus creencias, mitos, percepciones y sensaciones, en su cosmovisión; en sí, para todo aquello de lo que indiscutiblemente forman parte: el medio ambiente. Asimismo, porque consideramos fundamental que se analice, comprenda y maneje información sobre este tema, misma que permita

generar nuevas estrategias de participación social que ayuden a aminorar los acelerados índices de deterioro ambiental que han sufrido algunas zonas en nuestro país, particularmente en los bosques y selvas.1 Enfatizar, además, el valor que representa la biodiversidad para la pervivencia de todos los seres vivos, en la medida que es un elemento indispensable para la mayoría de los componentes en los que se sustenta la vida en el planeta. En este sentido, para muchos docentes de educación básica, el panorama es incierto porque cuestionan los niveles de impacto que pueden generar con su labor educativa, tomando como referencia la magnitud y alcance de los problemas que genera la pérdida de la biodiversidad. Al respecto, no consideramos esta sensación como negativa e infructuosa, por el contrario, creemos que es sumamente válida y merece ser analizada por los diferentes actores del proceso educativo, ya que esto permitirá que tanto profesores como alumnos dimensionen sus niveles de participación, así como los resultados

Según cifras del Programa para el Desarrollo Humano 1998, en México la tasa anual de deforestación para el periodo entre 1990-1995 fue del orden del 0.9%, lo cual significó la pérdida de una gran cantidad de especies animales y vegetales (PNUD, 1998: 180).

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que pueden obtener con la puesta en práctica de actividades pedagógicas enfocadas a conocer y conservar la biodiversidad nacional. Lo anterior resulta imprescindible para no generar falsas expectativas ni crear espejismos respecto al trabajo pedagógico sobre el tema de la biodiversidad, porque se tiene claro que difícilmente con la puesta en marcha de ciertas actividades pedagógicas se podrán “resolver” algunos de los problemas ambientales. Sin embargo, también es claro que con un trabajo pedagógico de esta naturaleza, se puede generar un interés, informar y sensibilizar a los estudiantes para despertar en ellos su creatividad en relación con este tema. Por supuesto, no consideramos que el reto sea sencillo en su comprensión e instrumentación, es enorme y requiere de la participación de los distintos agentes involucrados en el fenómeno educativo. Enorme, además, porque el nivel de educación básica no se concibe como un ámbito homogéneo de instituciones, espacios, alumnos, profesores y autoridades,

sino como una estructura escolarizada compleja que merece puntos de análisis diferenciados. En relación con el tema de la biodiversidad esto resulta fundamental ya que las experiencias de los alumnos serán completamente disímiles respecto al tema; es decir, los niveles de percepción de la riqueza biológica que poseen los estudiantes urbanos serán diferentes a la de los alumnos rurales. El ejemplo puede parecer muy obvio, sin embargo, resulta ilustrativo para que los profesores tengan presentes ciertos matices en el momento de abordar la temática dentro del nivel de educación básica. Por tal motivo, las reflexiones que se expresan a continuación son de carácter general y éstas deben ser adaptadas de acuerdo a las características de los beneficiarios con los que se pretenda desarrollar actividades pedagógicas vinculadas al conocimiento y uso adecuado de la biodiversidad. En suma, es necesario iniciar —como lo hemos consignado en otro trabajo: Nuñez y Arias, 1998— un proceso de comunicación ambiental al interior de los espacios educativos, que se constituya en uno de los aspectos esenciales para generar en los sujetos nuevos conocimientos, valores, actitudes, sentimientos y pautas de conducta respecto a la naturaleza. A partir de este proceso se pretende que los educandos —individual y colectivamente— obtengan una mejor comprensión de los problemas ambientales que cotidianamente observan, escuchan y, en muchos casos, padecen.

Algunas actividades pedagógicas En este apartado nos interesa presentar un conjunto de actividades pedagógicas que el docente

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de educación básica puede desarrollar para abordar el tema de la biodiversidad. Reiteramos que dichas sugerencias son generales y éstas deben de adecuarse al grado y características de la institución en las que los maestros desempeñan sus funciones. La forma en que son presentadas no responde a un orden de prioridad, pero sí pretende otorgarle una estructura secuencial. • Sugerir a los alumnos una consulta de información extraescolar sobre el tema de la biodiversidad, en la que se destaquen los beneficios que se obtienen de los productos que ofrece en el terreno de la alimentación, la regulación del clima, la elaboración de medicamentos, la promoción y fortalecimiento de la cultura, etcétera. Posteriormente, recomendamos formar equipos de trabajo que expongan ante el grupo la información obtenida, así como una pequeña reflexión en torno al tema. El profesor puede solicitar a los alumnos un ensayo escrito en el que identifiquen cuáles serían los elementos más importantes que ofrece la biodiversidad y qué pasaría si éstos faltaran. • Analizar y discutir con los alumnos qué es la biodiversidad. La actividad concreta que sugerimos al respecto es que los alumnos describan la biodiversidad de una zona específica del lugar donde viven y que señalen cuáles son las especies animales y vegetales existentes, el conjunto de relaciones que establecen éstas con los grupos humanos de la región o del espacio y que identifiquen los problemas ambientales que se manifiestan. • Presentar una exposición en la que se destaque la importancia de conservar y utilizar adecuadamente la riqueza biológica que poseemos e identificar con los alumnos alguna zona o espacio próximo a sus


que le permita al maestro crear, experimentar y compartir con sus alumnos nuevos conocimientos y experiencias en torno a esta temática. Por supuesto, no desconocemos la complejidad de la problemática y las limitaciones que debe vencer el docente de educación básica para desarrollar su importante labor educativa. Pero sí estamos convencidos de que las acciones que lleven a cabo los profesores con sus estudiantes redundarán en comportamientos y conductas menos agresivas con la naturaleza, así como en actitudes de mayor participación en torno a los programas y proyectos (institucionales e individuales) que buscan detener y revertir los procesos de extinción de especies en nuestro país. Su importante labor, además, será un aliciente que permita a los individuos construir nuevos escenarios en los que prive el respeto y la utilización adecuada y responsable de nuestros espacios naturales. Este conjunto de reflexiones pretenden ser una carta de invitación para ello.

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hogares o escuela que pueda ser conservado. Incluso es posible solicitar un área, como el jardín de la propia escuela, que se “decrete” como zona de conservación y de recuperación ecológica. • Iniciar con los alumnos una campaña de comunicación ambiental sobre el tema de biodiversidad en la propia escuela y en otras a su alrededor. Dentro de la propia institución puede designarse un espacio permanente donde los alumnos, maestros, padres de familia y autoridades presenten información sobre el tema de la biodiversidad con el fin de que todos puedan consultarla (un periódico mural). Asimismo, los docentes pueden organizar la elaboración de carteles que presenten información oportuna en torno a la importancia de la biodiversidad y colocarlos tanto en la escuela como en lugares públicos de la zona. • Organizar una salida a algún espacio natural (área natural protegida, parque, reserva ecológica, etcétera) en el que los estudiantes puedan percibir de manera directa las diversas formas de vida y su relación con los grupos humanos. Al respecto, es importante que el profesor cree las condiciones didácticas que permitan la observación y exploración directa del medio ambiente. Asimismo, debemos apuntar que la actualización constante por parte de los profesores de educación básica respecto al tema de la biodiversidad y, en general, sobre las cuestiones ambientales debe ser una actividad primordial

Bibliografía BOLAÑOS, Federico. El impacto biológico. Problema ambiental contemporáneo. México, Instituto de Biología, UNAM, 1990. pp. 65-167 (Coleccción Posgrado). HALFFTER, G. y E. Ezcurra “La diversidad biológica de Iberoamérica”, en Halffter, G. (comp.) Acta Zoológica Mexicana. Volumen especial. 1992. pp. 3-24 LEFF, Enrique. Saber ambiental: sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder. México, Siglo

Editores, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM-Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), 1998. 285 p. NUÑEZ TANCREDI, I. y Miguel Ángel Arias. “Educación ambiental y comunicación: Sugerencias pedagógicas para el docente del nivel básico”, en Correo del Maestro, México, Año 3, Núm. 27, agosto, 1998. pp. 39-44. PNUD. Informe sobre el desarrollo Humano 1998. Madrid, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo-Ediciones Mundi Prensa, 1998. 228 p. SEMARNAP. Programa de Áreas Naturales Protegidas de México 1995-2000. México, Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, 1996. 138 p. SEMARNAP. Programa de conservación de la vida silvestre y diversificación productiva en el sector rural 1997-2000. México, Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, 1997. 207 p. SEP. La educación ambiental en la escuela secundaria. Guía. Primer nivel. Programa Nacional de Actualización Permanente, México, 1999. SOLÍS, V., Madrigal, P. y Ayales, I. Convenio sobre la diversidad biológica. Un texto para todos. San José, C.R., Unión Mundial para la Naturaleza, 1998. 48 p. TOLEDO, Alejandro. Economía de la biodiversidad. México, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), 1998. 273 p. TOLEDO, V.M. “La diversidad biológica de México. Nuevos retos para la investigación de los noventas”, en Ciencias, México, No. 34, abril-junio, 1994. pp. 43-59 XXI

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Artistas y artesanos

Los sellos en México prehispánico Rosa Elena González

Sello convexo de barro. Procedente de la ciudad de México.

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omúnmente se ha dado el nombre de sellos a ciertos objetos de piedra, madera o barro cocido que se utilizaban en América precolombina para estampar o imprimir diversas imágenes. Estos sellos, o pintaderas como también se les han llamado, tenían muy diversas imágenes y son destacables la multiplicidad de diseños y la gran belleza que, en general, poseían. Ellos, al igual que cualquier manifestación artística, son una expresión cultural, psicológica, de los pueblos que los hicieron y utilizaron. Diversas culturas prehispánicas, desde el sur del continente (en lo que hoy es Perú, Colombia y Brasil) hasta el norte (algunos estados de Estados Unidos), utilizaron los sellos que fueron, muchas veces, motivo de comercio entre los diferentes pueblos. Sin embargo, es en Mesoamérica donde se han encontrado la mayor parte de ellos. En nuestro país abundaron en la Altiplanicie Central, en Guerrero, en la vertiente del Golfo, en la del Pacífico, en el Istmo de Tehuantepec y en la Península de Yucatán. Como vemos, fueron diversas las culturas que los utilizaron y es, por lo tanto, muy diversa la concepción artística de los diseños. La mayor parte de los que aún se conservan están hechos en barro cocido, aunque hay algunos

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labrados en piedra y aun en hueso o madera. Estos últimos son los que están más deterioriorados y es ya muy difícil percibir el dibujo. Los sellos más antiguos fueron modelados directamente y eran, por lo tanto, diseños únicos; sin embargo, la gran demanda posterior hizo que se fabricaran moldes para acelerar la producción, lo que permitió elaborar muchos sellos de un solo diseño. Estas pintaderas eran de diversas formas, la cual depende del uso que se les iba a dar. Las hay planas, cóncavas y convexas y también en forma de cilindros. Los sellos planos o curvos tienen, muchas veces, en la cara opuesta al diseño, una asa o agarradera. Algunos de los cilíndricos poseen una perforación que va de lado a lado en la que se colocaba un eje que permitía el libre giro, facilitando así la impresión de largas grecas. Otras veces, las pintaderas cilíndricas poseen sólo depresiones a los lados que permitían que fueran giradas con los dedos. Pero cabe preguntarse, ¿para qué se utilizaban estos sellos? Muchas veces, para ornato, aunque también como elemento distintivo o para identificación. Se imprimía sobre objetos de alfarería o sobre tela, papel e, incluso, sobre la piel. En el caso de la cerámica el sello se presionaba sobre el barro fresco dejando así una impresión en bajorrelieve. Para hacer estampados de los dibujos del sello sobre otros materiales, éstos eran untados o pintados con diversos pigmentos. Los pueblos mesoamericanos conocían gran cantidad de colores, en general vegetales y minerales, como el


Sello de hueso, procedente de Xochimilco, D.F.

Jícara de barro de San Miguel Amantla, D.F. Los ornatos están impresos con sellos. Publicaciones de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología americanas–México, 1911-1912.

En los más antiguos predominan los diseños geométricos, pero en los posteriores ya se aprecian reproducciones de formas de la naturaleza —plantas, animales e, incluso, figura humana—, las cuales generalmente están combinadas con diseños geométricos. En los sellos de las culturas más desarrolladas se pueden apreciar diseños que representan ornatos simbólicos, fantásticos, generalmente relacionados con ritos religiosos. Aun en los sellos más elaborados, de las culturas más avanzadas, puede apreciarse la ausencia de un manejo de la perspectiva, lo que imprime a los diseños una sensación de irrealidad que a su vez proporciona un carácter de ingenuidad. Son destacables, además, la claridad de la composición, la soltura de la representación del movimiento y la naturalidad de los diseños, en los que se han estilizado los elementos naturales a sus rasgos más importantes. Se puede apreciar cómo las formas de la naturaleza se van simplificando hasta constituir signos convencionales. A pesar de la aparente simplicidad de su técnica tienen una gran fuerza expresiva y tanto las figuras estilizadas tomadas de la naturaleza como los diseños geométricos tienen una clara belleza y son, aún hoy, ejemplo de composición y trazo.

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humo de ocote (ocotl), la tierra negra (tlayacatl) y el carbón de olote para obtener negros de diferente intensidad; o la tierra blanca o tizate (tizatlali) y el yeso (chimaltizatl) para el blanco. Entre las tinturas rojas utilizaban el achicote colorado (achiotl), la cochinilla (nochistli) —el único de origen animal— y la savia del árbol de sangre (escuahitl); los amarillos más comunes eran proporcionados por la tierra amarilla (tecozahutli), la savia del chicalote, la amapola espinosa y el zacatlascal —un parásito de ciertos árboles de clima cálido. El azul era obtenido del añil y el turquesa de la mezcla de añil con alumbre y un poco de algún blanco. Las pinturas se fabricaban moliendo los pigmentos y mezclándolos con aceite de chía o de chicalote, o con el jugo glutinoso del tzauhtli. Esta goma aglutinadora la obtenían de las hojas de una orquídea (Bletia autumnalis). Como vemos, podían obtener una cantidad muy grande de colores —una paleta amplia como se dice en términos artísticos— los cuales, aplicados sobre los sellos y estampando éstos en diversos materiales, dejaban bellas impresiones multicolores. En las que aún se conservan se puede apreciar el ideal cromático precolombino, la ausencia de medios tonos y la presencia de colores primarios bien contrastados. No usaban tonos desvaídos ni sombras. El colorido es rico aunque el uso de los colores estaba influenciado por el simbolismo, que muchas veces sujetaba la fantasía de los artistas. Se han encontrado sellos de muy diversos tamaños. Los más pequeños son planos y tienen aproximadamente un centímetro de lado; el más grande es tubular y fue encontrado en Tlatilco, mide cerca de 23 cm de ancho. De acuerdo a hallazgos arqueológicos realizados, la cultura olmeca ya usaba sellos. También se ha podido demostrar su uso en el viejo imperio maya; pero fueron los olmecas, los teotihucanos, los nahuas y los totonacas quienes más los utilizaron.

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Sentidos y significados

Nombres de animales en náhuatl Ma. del Rocío Téllez Estrada. Atepocatl (renacuajo, rana). Rana sp. A: agua; tepo: de la orilla; catl: cosa. “Cosa de la orilla del agua”. En el centro de México se consideraba que la entrada de una rana a la casa era señal de persecución, desasosiego y enfermedad. A la rana se le vincula con el maíz y en la fiesta del mes de Tozozontli se ofrecía una rana asada al dios del maíz (Cinteotli). En el mes de Izcalli se asaban ranas en las brasas y se las daban como alimento a los niños.

Renacuajo (atepocatl).

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s increíble ver cómo muchas de las palabras que usamos actualmente tienen su origen en el lenguaje náhuatl. Entre ellas, encontramos Coyoacán, tlacuache, zopilote y guajolote, pero hay una enorme cantidad, son tantas que no habría espacio para ellas en estas páginas. En este artículo expondremos una lista de nombres de animales muy conocidos por nosotros y que tuvieron un especial valor en la época prehispánica. En ésta se presenta el vocablo náhuatl en letras negritas, entre paréntesis el nombre usual del animal en la actualidad y, luego, el nombre científico o grupo taxonómico al que pertenece en itálicas. Añadimos el significado del vocablo náhuatl —para comprender la razón del nombre— y también algunos usos y mitos sobre estos animales. Al finalizar de leer, te sorprenderás de la cantidad de significados y usos que todavía tienen estas palabras dentro de nuestro lenguaje cotidiano.

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Atotolin (pelícano blanco). Pelecanus sp. A: agua; totolin: ave. “Ave de agua”. El atotolin era un ave rodeada de mitos. Se le llamaba “señor” y “corazón de la laguna” porque descendía en medio del lago señoreando sobre todas las demás aves. El pescador que lo veía debía perseguirlo hasta capturarlo en un lapso de cuatro días o, de lo contrario, el atotolin lo mataría a él. Si lo cazaba, debía abrir su pecho y ver qué tenía en su interior; si encontraba una piedra verde o plumas ricas significaba que obtendría riquezas, pero si lo que encontraba era un pedazo de carbón, entonces el destino le deparaba una mala fortuna. Después de ser capturado se le cocinaba y se preparaba un banquete especial en el que se daba un pedazo de carne a cada invitado para compartir la buena suerte del cazador. Axolotl (ajolote). Ambystoma mexicana. A: agua; xolo: monstruo; tl: animal. “Animal monstruoso de agua”. Cuando los dioses crearon al Sol y a la Luna, en Teotihuacan, vieron que éste no se movía.


Los dioses pidieron su propia muerte con el fin de resucitar al Sol. Todos aceptaron el sacrificio menos Xolotl, que lloró y huyó. Se escondió en diversos lugares hasta que llegó al agua y se transformó en un axolotl, pero lo descubrieron y fue sacrificado en ese estado. Ayotl (tortuga). Kinosternon hirtipes. Ayo: redondo; tl: animal. “Animal redondo”. En época prehispánica se relacionaba a este animal con la tierra. Los mexicas consideraban a las tortugas como uno de los sirvientes de Tezcatlipoca. Al caparazón se le usaba para fabricar un instrumento musical de sonido lúgubre y triste. En la actualidad, una población del Estado de México recibe el nombre de Ayotla, que significa ”lugar de tortugas”. Ayotochtli (armadillo de nueve bandas). Dasypus novemcintus. Ayotl: tortuga, toch: conejo; tli: animal. “Animal conejo-tortuga”. Al armadillo se le relacionaba con el inframundo. Era también usado como medicina pues el caparazón molido y hervido en agua se bebía para provocar sudor y para ayudar en la cura de enfermedades de transmisión sexual. Calquimichin (rata de campo). Netoma albiguala. Cal: hueco; quimichin: ratón. “Ratón de las esquinas”. Existen muchas tradiciones y mitos relacionados con este animal. Muchos de ellos provienen de época teotihuacana. Entre ellos, se sabe que las madres preñadas temían los eclipses de Luna ya que creían que sus hijos se convertirían en ratones. Cada 52 años, al celebrarse el fuego nuevo, debía mantenerse la vigilia con el fin de encender éste; a los niños no se les dejaba dormir mucho durante esa noche para que no se convirtieran en ratones.

Tortuga (ayotl).

Canauhtli (pato). Anátidos en general. Es poco lo que se sabe acerca de este animal y su relación con la cultura náhuatl. Quizá, algunos de los ritos más importantes son los que se relacionan con la fiesta de Tlaloc, en la veintena de Etzalcualiztli, durante la cual los sacerdotes se bañaban en el lago de Texcoco e imitaban las voces de los patos. En los cantos religiosos mexicanos aparecía Huitzilopochtli como cazador de patos. Cincoatl (cincuate). Pihuophis deppei. Cin: mazorca; coa: serpiente; tl: animal. “Serpiente del maizal”. En el códice florentino se menciona que esta serpiente no tiene veneno, aunque se decía que pica con la lengua y que es lo bastante grande y

Ajolote (axolotl).

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fuerte como para matar a un coyote lo que es, sin duda, exagerado. Otra leyenda en torno a la cincuate señala que es capaz de sujetarse a los pezones de una mujer o de hembras de animales domésticos y beber su leche, algo por demás imposible. No obstante, esta leyenda y aquella que indica que la lengua es empleada por la víbora como arma aún persisten. Coatl (culebra). Coa: enfermar, lastimar: tl: animal. “Animal que enferma”. Las culebras fueron, y son, organismos ampliamente vinculados a las tradiciones y leyendas prehispánicas, aunque en menor grado que las serpientes de cascabel. Las fuentes históricas muestran el enorme interés e impresión que estos animales provocaban. Eran tomados, con frecuencia, como señales de mal agüero y se les consideraba seres traicioneros. Se les temía, pues

se aceptaba que había algunos venenosos. En general, estas ideas persisten hasta la actualidad. Coyametl (pecarí de collar). Tayassu tayassu. Co: atacar; me: cuerda, collar; tl: animal. “Animal de cuerda que ataca”. El pecarí estaba relacionado con la Luna y la Tierra. Coyotl (coyote). Canis latrans. Coyo: aullar; tl: animal. “Animal que aúlla”. Al coyote se le atribuía un fuerte instinto sexual y se le señalaba como el dios del canto y de la danza. Para los pueblos del centro del país era el animal más astuto, se escondía y espiaba a sus víctimas a las que paralizaba de miedo con un vaho especial. Se decía que era un animal muy vengativo y que cuando alguien le arrebataba a su presa, mataba a los guajolotes y otros animales domésticos del infractor o, si no los tenía, lo aguardaba en el camino, con otros compañeros, para amedrentarlo. Sin embargo, también era considerado como un animal que agradecía la ayuda. Su cola y su piel se utilizaban para frotarse los dientes en caso de dolor pues se creía que así se calmaba éste. En el Distrito Federal, se encuentra la delegación de Coyoacán, cuyo nombre proviene de este animal y significa “lugar de coyotes” (coyohuacan). Cuetlachtli (oso negro). Ursus americanus. Cuetla: quebrar; tl: animal. “Animal que quiebra”. En el centro de México al cuetlachtli se le relacionaba con la primavera, con la vegetación, así como con los guerreros. Fue considerado también como el símbolo del Sol.

Armadillo (ayotochtlil) y lagarto (tecouixin).

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Cuitlachcóyotl (lobo mexicano). Canis lupus. Cuih: atacar; tla: dolor; coyotl: animal que aúlla. “Coyote que ataca”. El lobo aparece en la leyenda de la creación del Sol y de la Luna, en Tehotihuacan, como uno de los animales que se arrojan al fuego. Se


le daba un especial valor por su bravura y fuerza, equiparándolo con un guerrero. Chichi (perro). El perro es un compañero muy antiguo del hombre. Hay muchas evidencias de ello en la época teotihuacana y, sin duda, la sociedad no se podía concebir sin perros. Los tenían para proteger a las casas y a los campos de cultivo de personas ajenas y de animales. En el periodo posclásico no se castigaba a quien robara un perro, argumentando que este animal debía saber cuidarse solo y, por lo tanto, la culpa era del dueño por no capacitarlo para ello. La voz “chichi-meca”, bárbaro, procede de chichi, “perro” y de “linaje”. Aún hoy en día es usual en algunas regiones del país usar la palabra “chichimeca” con sentido despectivo. Epatl (zorrillo listado). Mephitis macroura. Se creía que si un zorrillo entraba a una casa era señal de mal agüero; si tenía las crías dentro de la casa significaba que el dueño de ésta moriría. Con respecto a las propiedades curativas, se decía que su carne, además de ser buena como alimento, servía para combatir la artritis y curar las pústulas. Huilototol (paloma huilota). Zenaida macroura. Aparentemente se relacionaba a las palomas con los dioses del maíz. Itzcuintli (perro). También llamado Chichi. Itz: obsidiana; cuin: atacar; tli: animal. “Animal que ataca con piezas como de obsidiana”. Se creía que las personas muertas por enfermedad viajaban para presentarse a Mictlantecuhtli (señor de los infiernos) y debían ser enterradas junto con un perrito bermejo (rojizo) que llevara un hilo de algodón alrededor del cuello. Se decía que cuando el difunto hacía el viaje final debía cruzar el Chiconahuapan, río que

Pato (canauhtli).

rodeaba a los nueve infiernos, encima del perrito que había sido enterrado con él. El mito señala que al momento en que llegaba el difunto al río, veía en la orilla opuesta a muchos perros y, si alguno lo reconocía como su amo, le podía ayudar a pasar. Si el perro era de color blanco decía “yo ya me lavé”, si era obscuro exclamaba “estoy manchado y no puedo pasar”; de ahí que se considerara a los de color bermejo como los únicos que podían cruzar el río y ayudar al difunto a llegar a su destino final, Chiconaumictlan. Iztacmichin (peces blancos). Iztac: blanco; michin: pez. “Pez blanco”. Se creía que los hombres que habían vivido en la época del Sol de agua se habían transformado

Perro (itzcuintli o chichi).

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Serpiente (coatl).

en peces durante el diluvio. Era común que los pescadores oraran antes de iniciar su trabajo y hacían conjuntos para tener buena pesca. Mapachtli (mapache). Procyon lotor. Ma: pescar; pa: agua; ch: pequeño; tl: animal. “Animalito que pesca”. Sus manos son semejantes a las del humano y es un excelente ladrón; por eso, aún hoy, es frecuente que a los ladrones se les llame “mapaches”. En la cultura náhuatl se le relacionaba con Llamatecuhtli “señora anciana”, gran diosa del Altiplano. Mazatl (venado). Maza: venado; tl: animal. Según algunas fuentes históricas el venado era considerado el huésped de las estrellas y el símbolo del fuego; era el animal de los dioses del fuego y de la luz. Fue también símbolo de despedida. Por sus astas de renovación anual, representaba a la eterna juventud. Los nacidos bajo su signo eran afortunados, aunque de poco ánimo. Miz-tli (puma, león de la montaña). Felis concolor. Miz: gato; tli: animal. “Animal con forma de gato”. Debido a su color claro y uniforme, y a su similitud con el jaguar, se le identificó como su

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equivalente diurno, o sea, como especie relacionada con el Sol y la luz. Actualmente, es común oir la voz popular “miz” o “mizi” para llamar a los gatos. Quahutenzo (comadreja). Mustela frenata. Qua: comer; u: hacer, ten: filo; zo: sangrar. “Animal comelón que muerde y hace sangrar”. Debido a su ferocidad y a que es un animal poco conspicuo se le asociaba con poderes ocultos. Si algún caminante, durante su viaje, se tropezaba con uno, era considerado un signo de mal agüero. Quimichin (ratón espinoso). Liomys irroratus. Quimichu: ratón. Una leyenda prehispánica cuenta que cuando los niños mudaban los dientes, los padres depositaban éstos en un agujero de ratón para asegurar que el hijo no se quedara desdentado. Al ratón se le tenía por un animal alcahuete, que engaña, y a una persona mirona se le llamaba ”ratón“. Los niños no debían comer lo roído por un ratón para no volverse mentirosos o ladrones. Otra leyenda dice que al que comiera lo que un ratón había roído se le levantaría algún falso testimonio de hurto, de adulterio o de alguna otra cosa. También se creía que cuando un ratón roía la ropa


de una persona, demostraba actividades de adulterio por parte del dueño de las prendas afectadas. Quimichpatlan (murciélago). Desmodus rotundus. Quimichu: ratón; patlani: volar. “Ratón que vuela”. También se le llamó tzinacantli, pero este último nombre es específico para los vampiros. Según una leyenda náhuatl el murciélago es producto del semen de Quetzalcoatl en una roca. Este animal fue convertido en mensajero de los dioses. Tamazolin (sapo excavador). Scaphiopus multiplicatus. Tama: bulto; zolin: viejo. “Animal con bultos y que, por las verrugas, se ve viejo”. Al sapo se le vincula con Tlaloc, sin duda por la íntima relación entre sus actividades anuales y la lluvia. Por su modo de moverse se le comparaba con un mensajero que no llevaba pronto el mensaje al Señor sino que brincaba una vez y se quedaba mirando. Tapayaxin (sapo cornudo). Phrynosoma orbiculare. Tapa: pelota, bola; ya: tiempo; xin: tejer. “Bulto tejido”, referido a un animal que parece una bola de tejido por lo rugoso. No se conocen tradiciones o mitos sobre este animal, pero su característica de arrojar sangre debió ser bien conocida por los pueblos prehispánicos, por lo que su ausencia en la mitología de estos pueblos quizás sea sólo aparente. Tecolotl (búho o tecolote). Buho virginianus. Tecol: carbón; tl: animal. “Animal de carbón”, referido, seguramente, a la oscuridad. El tecolote era símbolo de la noche y por lo tanto de la muerte. Era el décimo de los trece seres volátiles del Tonalpohualli y era acompañante de Tezcatlipoca. Esta ave era el mensajero del dios de la muerte y patrón de los hombres que nacían en el día miquiztli (muerte).

Cuando un hombre oía cantar a un búho se consideraba una señal de muerte, por ello el presagio, que aún se escucha: “cuando el tecolote canta, el indio muere”. El tecolote presagiaba también graves peligros y enfermedades y se le relacionaba con ciertos hechiceros llamados tlacatecotl (hombres búhos) que hacían sus maldades por la noche, robaban en las casas, violaban a las mujeres y, cuando eran perseguidos y estaban a punto de ser atrapados, se convertían en búhos. Tecouixin, Texincooyotl (lagartijas). Te: piedra; co: sobre; uitz: espina; xin: cosa. “Cosa espinosa que anda por las piedras”. Los lagartos (no cocodrilos) eran el cuarto de los veinte signos de los días y se les relacionaba con la no castidad, la engendración y el deseo sexual. En ocasiones representaban a la Luna y eran compañeros del dios de la lluvia y la vegetación. Techalotl (ardilla gris). Sciurus aureogaster. Techa: monte; tl: animal. “Animal de monte”. Tlaltechalotl (ardillón). Spermorphilus mexicanus Tlal: roca; tech: cerca de; tl: animal. “Animal que se encuentra cerca del pedregal”. A las ardillas se las relaciona con el dios de la danza, con los Tlaloques, ayudantes de Taloc y

Sapo (tamazolin).

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con los Tlamacazques, quienes eran invocados para proteger a las milpas de intrusos como las ardillas, las tuzas, las ratas y ratones. El temor que los campesinos han tenido a la destrucción que estos animales pueden causar es tanto que algunas canciones sobre este tema subsisten hasta nuestros días. Como en otros casos de animales, las ardillas fueron también divinizadas, dándoseles el nombre de Techalotl. Tlacuatzin (tlacuache, clase de zarigüeya). Didelphis virginiana. Tla: fuego; cua: mordisquear, comer; tzin: chico. “El pequeño que come fuego”. Un mito muy extendido en Mesoamérica dice que cuando el hombre todavía no conocía el fuego, por ser propiedad de los dioses, el tlacuache, con engaños, fue a la hoguera, prendió su cola —por lo que le quedó pelona— y escondió una brasa en el marsupio, compartiendo su tesoro con el hombre. Se creía que este animal tiene poderes curativos. La tradición más extendida contaba que la cola hervida y bebida como té ayuda en el parto, en la menstruación, como abortivo, para limpiar el intestino o para expulsar flemas.

Venado (mazatl).

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Se decía que su efecto es tan potente que si un perro se comía un tlacuache evacuaba todo su aparato digestivo. Tletlectli, Ictecatl, Necuilictli, Cenotzqui (halcón, águila). Falconiformes en general. Tetlec: ave rapaz; tli: animal. “Ave rapaz”. Las aves de presa llamaron poderosamente la atención de los pueblos prehispánicos por sus ojos brillantes y amedrentadores, su fuerte pico, sus poderosas garras y su capacidad para volar a grandes alturas y para caer velozmente sobre su presa. El águila es el decimoquinto de los veinte signos de los días y los nacidos bajo ella serían mal afortunados, aunque valientes y arriesgados en la guerra. Los falconiformes en general, pero sobre todo el águila, eran signo y emblema de los grandes guerreros quienes eran llamados quauhtli, ocelo-tl (águila y jaguar). Un mito náhuatl dice que en Teotihuacan los dioses crearon al Sol y a la Luna y después hicieron que dos personajes se arrojaran a la hoguera; el águila saltó sobre las brasas y por eso sus plumas son negras con un poco de blanco. Tochtli (conejo castellano). Sylvilagus floridanus. Toch: correr; tli: animal. “Animal que corre”. El conejo era un animal de enorme importancia en la religión náhuatl. Aparece como un ser muy sabio, responsable de haberle dado nombre a cada uno de los días al momento de la creación del mundo. Ciertas tradiciones mexicas indican que los conejos son animales humildes. Si un conejo entraba a una casa, era indicio de que alguien se ausentaría o de que la casa sería robada. En nuestro país hay varias ciudades o poblaciones cuyo nombre deriva del vocablo náhuatl que designa al conejo. Entre ellas Tuxlta y Tuxpan, que, respectivamente provienen de Toch-tla, Toch-pa-n; ambas significan “lugar de conejos”.


Peces blancos (iztachimin).

Tozan (tuza). Pappogeomys Tylorhinus. Este animal aparece en la leyenda de CeacatlTopiltzin ayudando a este personaje a horadar paredes. Una tradición popular decía que a quien royera sus huesos se le entumecerían los dientes. Toznene (pericos). Psittaciformes en general. Toz: voz; nene: como uno mismo. “El que habla como uno mismo”. Los pueblos prehispánicos separaban a las aves psittaciformes en dos grupos: las de cola larga y las de cola corta. Los pericos de cola corta ocupaban el decimotercer lugar de los trece seres volátiles del Tonalpohualli y las trece estaciones del cielo. A estas aves se les relacionaba con el Dios del maíz. Tzinizcan (trogón, coa). Trogon mexicanus. Tzin: gracioso. Como ave de hermosos colores que es, probablemente participaba en la tradición que señala que los guerreros muertos en combate, cuatro años más tarde, se convierten en aves de bello plumaje. Se tienen indicios de que estas

aves eran encerradas en jaulas y que la gente hacía figuras con sus plumas, las que eran usadas en fiestas, guerras y danzas. Tzopilotl (zopilote). Carharthes aura. Tzo: mugre; il: revolotear; tl: animal. “Animal que revolotea sobre la basura”. El zopilote es uno de los animales relacionados con el Sol. A varias partes del animal se le atribuían propiedades curativas. Se creía que las plumas semiquemadas y aplicadas sobre las heridas provocaban su pronta recuperación. Si se les quemaba totalmente y se frotaba con ellas la piel, se evitaba que el pelo volviera a salir. El consumo de su carne aliviaba las enfermedades de transmisión sexual y su estiércol ingerido aliviaba a los biliosos. Uexolotl (guajolote, pavo, gran monstruo). Meleagris gallopavo. Ue: grande; xolo: monstruo; tl: animal. “Monstruoso animal grande”. En el centro de México se acostumbraba degollar a un guajolote frente al hogar cuando

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éste se inauguraba. La sangre era rociada por las cuatro esquinas, el techo y los lados de la puerta; se desplumaba al ave, se la cocinaba y se la consumía ofrendando una parte a los dioses. Yohualtecolotl, chichtli (lechuza). Strix varia. Yo: noche; tecol: carbón; tl: animal. “Animal de la noche”. En el centro de México la lechuza era considerada un ave de mal agüero y mensajera de los dioses del inframundo. Era la sexta acompañante de los señores de los días y, específicamente, del dios de los guerreros muertos. Cuando se las oía chirriar significaba que alguien enfermaría o moriría y si, además, rascaba la tierra era aun más temible el augurio. Para escapar de la maldición los hombres debían insultar reciamente al ave. Zolli (perdiz de los volcanes, codorniz) Dendrortyx macroura. Zollin: codorniz. La codorniz era el cuarto de los 13 seres volátiles del Tonalpohualli y eran acompañantes

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Conejo (tochtli).

del Sol. El dios de la primavera y el dios de la vegetación tenían como símbolo una codorniz. Un mito en el que participa la codorniz, se refiere al momento en el que Quetzalcoatl viaja al inframundo con el objeto de obtener huesos y repoblar la Tierra después del final de una era cosmogónica. El dios se roba los huesos pero Mictlantecuhtli lo persigue y lo hace tropezar; al caer se desmaya y unas codornices roen los huesos desperdigados. Estas aves fueron símbolo del cielo estrellado y por ello tuvieron un especial valor como animal de sacrificio. Cada día era ofrecida un ave; se le cortaba la cabeza y ésta, junto con la sangre, se dedicaba a los dioses. Durante el sacrificio se hacían adivinaciones de acuerdo a la posición en que cayera el cuerpo del animal; por ejemplo, si éste caía hacia el norte era considerado una mala señal.

Bibliografía AGUILERA, C., Flora y fauna mexicana. Mitología y tradiciones. Colección Raíces Mexicanas. México, Editorial Everest Mexicana, 1985. CLAVIJERO, F., Historia Antigua de México. Colección “Sepan cuantos...” 29. México, Editorial Porrua, 1997. SHAGÚN B., Historia General de las cosas de la Nueva España. Colección “Sepan cuantos...” 300. México, Editorial Porrua, 1991. SWADESH, M. y Sancho, M. Los mil elementos del mexicano clásico. Base analítica de la lengua nahuatl. Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, 1966.


Problemas sin número

Contando cuadrados Juan Manuel Ruisánchez Serra Concepción Ruiz Ruiz-Funes

¿Por qué nos importan los cantantes? ¿En dónde radica la fuerza de las canciones? Quizá deriva de la pura extrañeza de estar cantando en el mundo. La nota, la escala, el acorde; melodías, armonías, arreglos, sinfonías, ragas. Ópera china, jazz, los blues: que esas cosas existan, que hayamos descubierto los intervalos y distancias mágicos que producen el pobre racimo de notas, todo al alcance de la mano humana, a partir de la cual podemos construir nuestras catedrales del sonido, es un misterio tan alquimista como el de las matemáticas, o el vino, o el amor. Tal vez los pájaros nos han enseñado. Tal vez no. Tal vez seamos sólo criaturas en busca de una exaltación.* Salman Rushdie**

En este número de Correo, proponemos una divertida actividad didáctica que está dirigida a estudiantes de segundo de primaria en adelante. Creemos conveniente recomendar que la actividad se realice individualmente y que, poste-

riormente, los resultados a los que llegue cada niño sean discutidos en equipos o a nivel grupal para poder comparar las diversas soluciones obtenidas, así como los procesos seguidos por cada uno.

Actividad: Contando cuadros Paso 1. Toma 24 palitos del mismo tamaño y colócalos como se muestra dibujo 1:

Dibujo 1

* RUSHDIE, Salman. El suelo bajo sus pies. México, Editorial Plaza y Janés, 1999, p.p.-30-31. ** Salman Rushdie nació en la India en 1948. Es profesor honorario del Instituto Tecnológico de Massachusetts y miembro de la Royal Society of Literature. Entre sus libros más importantes están Los hijos de la media noche y Los versos satánicos. Este último le costó la pena de muerte, conocida como Fatwa en el mundo musulmán, que sigue vigente hoy en día.

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Contando cuadrados

Realiza las siguientes actividades: 1) Cuenta el número de cuadros que hay en el dibujo. 2) Di cuántos tamaños distintos de cuadrados hay y cuántos hay de cada tamaño. Paso 2. Volviendo a la figura inicial, quita 8 palitos de tal forma que sólo queden 2 cuadrados.

Soluciones Paso 1. 1) En total hay 14 cuadrados. 2) Hay tres tamaños distintos de cuadrados: los que tienen un palito en cada lado; los que tienen dos palitos en cada lado y los que tienen tres palitos en cada lado. Hay 9 cuadrados que tienen un palito en cada lado. (Dibujo 2). Hay 4 cuadrados que tienen dos palitos por cada lado. (Dibujo 3). Hay un cuadrado que tiene tres palitos por lado. (Dibujo 4).

Dibujo 2

Dibujo 3

Dibujo 4

Paso 2. La solución que se presenta a continuación, en el dibujo 5, no es la única posible.

Dibujo 5

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Abriendo Libros

El pasado, la llave para entender el presente* Ma. Luisa Zink

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ara los maestros es realmente importante contar con lecturas actualizadas y en español que nos brinden información para profundizar en algunos de los temas contemplados en los programas y que sirvan como material de consulta accesible para que nuestros alumnos realicen algunos trabajos de investigación. Es por ello, que es un placer encontrarse con publicaciones que aborden temáticas de importancia nacional. Para los maestros, estas publicaciones son una buena fuente de información confiable que contribuye tanto a nuestra actualización y formación académica como a la de nuestros alumnos. Es en este sentido, que los libros La domesticación animal y El perro mexicano, de Raúl Valadez Azúa, se convierten en obras que contribuyen a divulgar la investigación y conocimiento científico para enriquecer nuestra cultura. Raúl Valadez, en estas obras, transmite la emoción y el entusiasmo de una disciplina que si bien tiene gran relevancia a nivel internacional, ésta no se refleja de igual forma a nivel nacional, de no ser por las pocas instituciones que con tanto esmero y pasión tratan de preservar y estudiar el patrimonio nacional, legado de antiguas culturas que alguna vez habitaron en distintas regiones de México. En su libro, La domesticación animal, Raúl Valadez nos brinda una panorámica acerca de la domesticación de los animales a nivel mundial para, posteriormente, abordar el tema desde una perspectiva del Nuevo Mundo. Algo interesante de este libro es que en las dos últimas secciones, el autor nos ofrece explicaciones detalladas acerca del proceso de domesticación en

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Mesoamérica, ofreciendo información sobre diferentes especies y acerca de la domesticación animal y el hombre actual. En esta última sección, el autor nos hace reflexionar acerca de la responsabilidad que tenemos para con los animales domésticos y para con el futuro que legaremos a las siguientes generaciones. Este libro cuenta con hermosas ilustraciones en blanco y negro e interesantes y sencillos recuadros que resumen algunos de los temas que se abordan a lo largo del texto, muy útiles como punto de partida para dar explicaciones en clase o como referencias para que nuestros alumnos realicen trabajos de investigación. El perro es uno de los animales favoritos de la mayoría de nuestros alumnos, ya sea porque en su familia tengan uno o por el encanto y fascinación que despiertan estos animales al verlos en las tiendas de mascotas o como estrellas de cine en alguna famosa película o programa de televisión.

Reseña de los libros de Raúl Valadez Azúa: La Domesticación Animal y El Perro Mexicano. México, Plaza y Valdés Editores/UNAM, 1996.

Correo del Maestro. Núm. 41, octubre 1999.

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El pasado, la llave para entender el presente

Sugerencias de temas a investigar y exponer en equipo utilizando el libro El Perro mexicano

Investigación

¿Dónde

Grado

Materia Conocimiento del medio

Los seres vivos y el medio La Tierra en peligro

3° a 6° de primaria

Ciencias naturales

El medio ambiente Los seres vivos y el medio La Tierra en peligro

3° a 6° de primaria

Geografía

El territorio nacional

3° de primaria

Ciencias naturales

Comunidades humanas

3° de primaria

Historia

3° de primaria

Geografía

y cuándo se originó el perro?

Fe de erratas* Estimado lector: En la revista número 39 (agosto,1999), tuvimos un error en el esquema de la página 58, el cual consideramos importante corregir. El esquema correcto debe ser como sigue:

* El error al que se hace referencia fue corregido en las reimpresiones

Correo del Maestro. Núm. 41, octubre 1999.

60

Pueblos mesoamericanos El territorio nacional

Como vemos, este hermoso texto, puede servir al maestro de apoyo no solo para la asignatura de Ciencias naturales y Conocimiento del medio sino también para Geografía, Historia e incluso Español. En el cuadro que presentamos arriba se sugieren algunos temas de investigación posibles de realizar con los niños utilizando los libros citados.

Entrada

posteriores de dicho número.

Tema

1° y 2° de primaria

ú

El perro mexicano es un libro que no puede faltar en nuestra biblioteca escolar y familiar. Es un material indispensable para el maestro de primaria, ya que de forma sencilla y concreta aborda diferentes temas sobre este animal desde una perspectiva histórica. Alguna vez nos habremos preguntado: ¿cuál es el origen del perro?, o, ¿cuántas razas de perros existían antes de la llegada de los españoles? Bueno, pues este libro podrá por fin contestar estas dudas. A lo largo del texto encontraremos interesante información sobre descubrimientos arqueológicos y sobre el trabajo que realizan los arqueozóologos para obtener información acerca de las culturas prehispánicas en Mesoamérica. El perro mexicano es una herramienta muy útil para todo aquel maestro que desee lograr una integración de las diversas materias por medio de trabajos de investigación con los niños de su grupo, pues en él se abordan distintos temas que se encuentran en los programas de Conocimiento del medio, Ciencias naturales, Historia y Geografía y, qué mejor que hacerlo con la ayuda del mejor amigo del hombre. Con apoyo del libro es posible llevar a cabo, individualmente o en equipos, pequeñas investigaciones, o bien una mayor a nivel de todo el grupo. También se pueden organizar exposiciones de estos trabajos.

Salida




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