Correo del Maestro Núm. 31 - Diciembre de 1998

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El Popocatépetl y yo ¿Te gustaría conocer las instalaciones donde los científicos estudian la actividad del volcán e ir de excursión a una de sus estaciones? Si vives en: • Distrito Federal • Estado de México • Morelos • Puebla • Tlaxcala

Si estás cursando: • Preescolar • Primaria • Secundaria

Convocatoria al concurso: El Popocatépetl y yo

ISSN 1405-3616

Viñetas navideñas Jesús Márquez

El Sistema Nacional de Protección Civil Ricardo Cícero Betancourt

Acerca de los huracanes Marcial Orlando Delgado Delgado Enrique Azpra Romero

El peligro sísmico Javier Francisco Pacheco

La escuela y el aprendizaje ambiental del niño Laura Barraza

9!BLF?E@:RUPUOV!

Las inundaciones Francisco Villicaña Cruz

Las catástrofes no avisan Ángela Memije Alarcón México D. F. Diciembre 1998. Año 3 Número 31


la tecnología actual al servicio del maestro Durante el año lectivo 1998-1999 el Programa Nacional de Bibliotecas Magisteriales otorgará créditos en condiciones preferenciales a los trabajadores de la educación pertenecientes a la Unidad de Servicios para la Educación Básica en el Estado de Querétaro para la adquisición de computadoras multimedia y sus accesorios

USEBEQ • Sección 24

El programa es operado por

Atención a maestros: 01 800 31 222 00


Revista mensual, Año 3 Núm. 31, Diciembre 1998.

Directora Virginia Ferrari Asistente de dirección María Jesús Arbiza Consejo editorial Valentina Cantón Arjona María Esther Aguirre María Teresa Yurén Santos Arbiza Julieta Fierro Gerardo Cirianni Ramón Mier Mario Aguirre Beltrán María de Lourdes Santiago Josefina Tomé Méndez Colaboradores Héctor Delgado Jacqueline Rocha Luci Cruz Stella Araújo Maya Sáenz Nora Brie Alejandra González Verónica Bunge María Isabel Carles Norma Oviedo Concepción Ruiz Consuelo Doddoli Leticia Chávez Citlalli Álvarez Ana María Sánchez Alejandra Alvarado Editor responsable Nelson Uribe de Barros Administración y finanzas Miguel Echenique Producción editorial Rosa Elena González para Uribe y Ferrari Editores, S.A. de C.V.

CORREO del MAESTRO es una publicación mensual, independiente, cuya finalidad fundamental es abrir un espacio de difusión e intercambio de experiencias docentes y propuestas educativas entre los maestros de educación básica. Así mismo, CORREO del MAESTRO tiene el propósito de ofrecer lecturas y materiales que puedan servir de apoyo a su formación y a su labor diaria en el aula. Los autores. Los autores de CORREO del MAESTRO son los profesores de educación preescolar, primaria y secundaria, interesados en compartir su experiencia docente y sus propuestas educativas con sus colegas. También se publican textos de profesionales e investigadores cuyo campo de trabajo se relacione directamente con la formación y actualización de los maestros, en las diversas áreas del contenido programático. Los temas. Los temas que se abordan son tan diversos como los múltiples aspectos que abarca la práctica docente en los tres niveles de educación básica. Los cuentos y poemas que se presenten deben estar relacionados con una actividad de clase. Los textos. Los textos deben ser inéditos (no se aceptan traducciones). No deben exceder las 12 cuartillas. El autor es el único responsable del contenido de su trabajo. El Consejo Editorial dictamina los artículos que se publican. Los originales de los trabajos no publicados se devuelven, únicamente, a solicitud escrita del autor. En lo posible, los textos deben presentarse a máquina. De ser a mano, deben ser totalmente legibles. Deben tener título y los datos generales del autor: nombre, dirección, teléfono, centro de adscripción. En caso de que los trabajos vayan acompañados de fotografías, gráficas o ilustraciones, el autor debe indicar el lugar del texto en el que irán ubicadas e incluir la referencia correspondiente. Las citas textuales deben acompañarse de la nota bibliográfica. Se autoriza la reproducción de los artículos siempre que se haga con fines no lucrativos, se mencione la fuente y se solicite permiso por escrito. Derechos de autor. Los autores de los artículos publicados reciben un pago por derecho de autor el cual se acuerda en cada caso.

© CORREO del MAESTRO es una publicación mensual editada por Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V., con domicilio en Av. Reforma No.7, Ofc. 403, Cd. Brisa, Naucalpan, Edo. de México, C.P. 53280. Tel. (01) 53 64 56 70, 53 64 56 95, sin costo al 01 800 849 35 75. Fax (01) 53 64 56 95, Correo Electrónico: correo@correodelmaestro.com. Dirección en internet: www.correodelmaestro.com. Certificado de Licitud de Título Número 9200. Número de Certificado de Licitud de Contenido de la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas, S.G. 6751 expediente 1/432 “95”/ 12433. Reserva de la Dirección General de Derechos de Autor 04-1995-000000003396-102. Registro No. 2817 de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, RFC: UFE950825-AMA. Editor responsable: Nelson Uribe de Barros. Edición computarizada: Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V. Preprensa: Seri Editores y Distribuidores, S.A. de C.V. Carretera al Ajusco 710, Col. Héroes de Padierna, D. F., C.P. 14200. Distribución: Uribe y Ferrari Editores S.A. de C.V. Tercera reimpresión: 4,000 ejemplares, Gráfica Hispano Americana, S.A. Ruta 53 Km.,120.500 S1 MB-Local A, Zona franca, Col. Suiza, Nva. Helvecia, Colonia, Uruguay.

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Editorial

Este número del Correo trata de los fenómenos naturales peligrosos que pueden llegar a afectar a la gente, sus bienes y el medio ambiente. Nuestra pregunta es: ¿qué podemos hacer como maestros? Mucho. En primer lugar, podemos informarnos _saber más_ acerca de cada uno de los fenómenos naturales que implican un riesgo para la población de la zona en la que trabajamos y de los programas de protección civil para la misma. En segundo lugar podemos, con base en el conocimiento anterior, formar (nos) con nuestros alumnos una cultura de la protección y la prevención acorde a las características de la región. Con ello, estaremos contribuyendo a disminuir (ante las situaciones de peligro que no dependen de nosotros) los riesgos (sobre los que sí podemos incidir). Es con esta finalidad que invitamos a los alumnos de educación básica de los estados de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala y Distrito Federal a participar en el concurso de dibujo infantil El Popocatépetl y yo al que _en el marco del Simposio Internacional Volcán Popocatépetl_ convocan el Instituto de Geofísica de la UNAM, el CENAPRED, la editorial Larousse y Correo del Maestro. Los profesores encontrarán el cartel de convocatoria en las páginas centrales de esta revista. Y, puesto que de crear y recrear cultura nuestra labor se trata, este número _que es el de diciembre_ nos trae de “colación”, viñetas navideñas: las pastorelas, las posadas, las letanías, las piñatas, el nacimiento, el árbol de Navidad, los Reyes Magos...

Virginia Ferrari

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Entre nosotros

Cómo crear un huerto escolar. Adriana García Cerecedo Las catástrofes no avisan. Ángela Memije Alarcón

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Antes del aula

El peligro sísmico. Javier Francisco Pacheco Viñetas navideñas. Jesús Márquez

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Las cenizas del volcán. Verónica Bunge Vivier Pág. 15 Las inundaciones. Francisco Villicaña Cruz Pág. 17 Acerca de los huracanes. Marcial Orlando Delgado y Enrique Azpra Romero Meteoritos. Consuelo Doddoli y Julieta Fierro

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Certidumbres e incertidumbres

La escuela y el aprendizaje ambiental del niño. Laura Barraza

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Artistas y artesanos

En nombre del cielo… María Esther Aguirre Lora

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Sentidos y significados

Peligros y riesgos. Hugo Delgado Granados

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Problemas sin número

Chicos y grandes. Juan Manuel Ruisánchez Serra y Concepción Ruiz Ruiz-Funes

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Abriendo libros

El universo: un vuelco hacia nuestro origen estelar. Alejandra González Dávila

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Portada: Oscar López Alonso, 9 años, “Las posadas”. Páginas centrales: Cartel de convocatoria al concurso “El Popocatépetl y yo”.

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Entre nosotros

Cómo crear un huerto escolar Adriana García Cerecedo

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as vitaminas y minerales, junto con todos los demás nutrientes, son necesarios para mantener la salud en nuestro organismo. Los alimentos más ricos en vitaminas son los vegetales, de ahí la importancia de contar con un huerto, pues es una manera de garantizar verduras frescas y limpias a la mano. ¡Es posible tener un huerto aquí, en la ciudad!, ¡en nuestra escuela! Lo primero que necesitamos es muchas ganas y la motivación de todos los participantes. No se requieren tener grandes extensiones de tierra, bastan lugares pequeños, guacales de madera, macetas o botes. Se requiere hacer una investigación para conocer las necesidades y cuidados para cada tipo de hortalizas que se vayan a cultivar. Es necesario informarse sobre la época en que conviene sembrar cada una, cuánto tardan en crecer y cuándo es conveniente cosecharlas. No todas las hortalizas tardan el mismo tiempo desde la siembra hasta la cosecha. Para algunas sólo hay que esperar un mes, otras llevan dos, tres, e incluso hay algunas que se pueden cosechar sólo después de seis meses. Entre las herramientas necesarias son indispensables pico, pala recta, azadón, rastrillo, regaderas de mano, manguera, bomba insecticida, cuerda y estacas de madera. Se debe conseguir las semillas y la composta. A continuación, describiremos los pasos más importantes para la instalación de un huerto escolar. 1. Elegir un sitio que reciba luz la mayor parte del día, que cuente con una toma de agua cercana, que no esté inclinado y que pueda ser vigilado constantemente. 2. Proveerse de abono natural o químico. El abono natural o composta puede prepararse con dese-

En un huerto escolar se pueden obtener diversas verduras, ricas en vitaminas y minerales.

chos orgánicos (cáscaras de frutas y verduras, hojas caídas, estiércol de animales, etcétera). 3. Sembrar en almácigos (en pequeños recipientes para esperar que broten y luego transplantarlas a terreno definitivo) las plantas que se beneficien con esta práctica (como, por ejemplo, lechuga, jitomate, coliflor, col, brócoli, cebolla y chile). 4. Limpiar el terreno de basura, malezas y piedras. Revolver muy bien la tierra hasta una profundidad de 30 cm para destruir los terrones que tenga. 5. Diseñar las parcelas. Se recomienda sembrar en “camas” de 1.2 m de ancho por lo que se quiera de largo, dejando un pasillo de 50 cm entre camas. 6. Mezclar muy bien la composta con la tierra. 7. Nivelar el terreno si es necesario con ayuda de una estaca, para evitar estancamientos de agua cuando se riegue. 8. Formar los surcos con ayuda de una pala. Si la tierra está seca se riega un día antes de sembrar y otro después (ya sea siembra directa o en almácigo).

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Cómo crear un huerto escolar

Es conveniente proteger el huerto cercándolo. Además hay que regarlo frecuentemente (conforme las plantas van creciendo requieren de mayores volúmenes de agua) y quitar las hierbas extrañas. A las hortalizas que crecen como enredaderas hay que ponerles algún sostén. Si la tierra se endurece debe aflojarse con un azadón, sin maltratar las plantas. Si aparecen plagas deben eliminarse, ya sea manualmente, con una sustancia jabonosa, o con plaguicidas caseros. Es importante cuidar a las avispas, arañas y catarinas porque se comen algunas plagas de las plantas.

Cuándo y cómo cosechar Las plantas que dan fruto se cosechan cuando el tamaño y color de éste nos lo indique. Si el producto de interés es un tubérculo, un bulbo o una raíz, como la papa, la cebolla o la zanahoria es fundamental informarnos sobre el tiempo que tardan en madurar y basarnos en ello. El grupo de plantas de la coliflor y el brócoli se cosechan antes de que las yemas florales abran. Con respecto al mecanismo de cosecha, los frutos pueden ser cortados manualmente, sin maltratar el resto de la planta para que pueda seguir dando frutos. Para las raíces, bulbos y tubérculos es necesario aflojar la tierra de alrededor con una varilla y en el caso de las plantas donde lo que interesa son las hojas (lechuga, acelga) sólo se cortan las más externas para que las demás sigan creciendo. Las espinacas se sacan completas y lo mismo puede hacerse con las lechugas.

La composta Para su fabricación se requiere juntar los desechos orgánicos, los cuales serán enterrados de la siguiente forma: en un tambo o recipiente grande se vacía una capa de tierra o arena de

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aproximadamente 10 cm de grosor, enseguida se colocan los desechos formando una capa de un espesor similar. Se cubren éstos con una capa de tierra y luego otra de desechos y así sucesivamente, dejando al final una capa de tierra. Es necesario hacer orificios periódicamente para que los gases de descomposición salgan y... después de unos cuatro meses la composta se puede usar como fertilizante.

El almácigo En un cajón se colocan dos partes de tierra, una de abono orgánico y media de arena, se mezcla muy bien todo y se cierne. Se agrega agua hirviendo para matar larvas y huevos de plagas. Se siembra formando “zanjas” pequeñas a una distancia de 10 cm entre ellas, las semillas deben quedar a una profundidad de 1 ó 2 cm cubriéndolas con una capa delgada de tierra. Debe regarse con frecuencia pero sin exceso, es importante que reciba sol constantemente y en caso de vientos fuertes debe ser cubierto. El transplante se realizará cuando las plantitas tengan una altura de unos 15 cm, a las cuatro semanas después de haber brotado o cuando tengan cuatro hojas bien definidas. Se sacan cuidadosamente del almácigo, sin jalar ni tocar la raíz y se colocan en el terreno definitivo. Después del transplante es necesario regar.

Conclusiones La escuela es un espacio ideal para que los niños creen un huerto. Éste es un buen pretexto para que todos los alumnos colaboren en una tarea común y también es una fuente inagotable de conocimientos. Es muy importante interesar a los niños en el trabajo y estimular su deseo de saber sobre las plantas, la nutrición y aquellos temas relacionados como la fotosíntesis, la botánica, el valor nutricional de los vegetales, la combinación de los grupos de alimentos y muchos otros.

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Los cuidados


Las catástrofes no avisan Ángela Memije Alarcón

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i echamos un vistazo a la historia de la humanidad nos encontramos que el hombre primitivo se tuvo que desarrollar en un planeta que aún no había llegado a consolidarse completamente como un lugar “seguro” para la vida. De esta manera, el hombre aprendió desde temprana edad a desenvolverse junto con los fenómenos de la naturaleza, que se encontraba en proceso de asentamiento y consolidación. En la actualidad, y tomando como marco de referencia las enseñanzas obtenidas a través de la historia, el hombre ha ido aprendiendo a tener un comportamiento más efectivo ante los fenómenos naturales algunos de los cuales, él mismo ha desencadenado al no respetar las leyes de la naturaleza. Antes que nada debemos cambiar nuestra actitud mental, debemos evitar ser presas del mie-

do y la confusión. El hombre actualmente sabe más acerca de los fenómenos naturales y su mecanismo de acción; la ciencia y la tecnología se han acercado más a la génesis de los mismos. Es de primordial importancia que en el hogar se actúe con cordura constantemente, enseñando a los pequeños a conservar la calma. Muchas veces han sido más lamentables las consecuencias de una actitud irracional y de pánico, que lo que el propio fenómeno causante ha provocado. Si el padre o la madre, en el hogar, ante pequeños accidentes se dejan llevar por el miedo, éste trasmite su propia actitud, por imitación, a sus hijos, y con el tiempo éstos serán los individuos que siembren la confusión en situaciones críticas. Es verdad que las catastrofres no avisan, pero también es verdad que si al pequeño en formación se le enseña constantemente a pensar y a

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Las catástrofes no avisan

razonar ante una situación de alerta, éste sabra de qué manera comportarse y buscar refugio. El papel de la escuela es, en esto, fundamental. Creemos firmemente que la mejor actitud inmediata durante un fenómeno es ”la toma de conciencia y el razonamiento lógico”. Las catástrofes, debemos saberlo, no sólo son de carácter natural, también el hombre es causante de las mismas. Sabemos la gran desgracia que abate a los pueblos cuando las guerras _ya sean internas o entre países_ descargan su artero golpe de muerte; en estas circunstancias el hombre debe organizarse para hacer frente a las consecuencias de las mismas. Deseamos intensamente que se cree conciencia colectiva, para que toda la población valore en su justa medida la educación que se debe impartir en la nuestro país. He tenido la oportunidad de laborar en diferentes niveles educativos y sé de la creación de la Dirección de Protección Civil y Emergencia Escolar. En el nivel de educación inicial se contempla la preparación y acondicionamiento que deben tener las educadoras, pues a través de juegos de señales y sonidos guían a sus grupos a realizar simulacros de desalojo.

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La realización de simulacros en forma periódica dentro de los planteles escolares es muy importante para que los niños aprendan a responder de la mejor forma posible en diferentes situaciones de peligro.

Es asombroso observar cómo los pequeños se dirigen a zonas específicas de su salón y se protegen debajo de mesas o sillas al escuchar una campana o timbre de alarma. Asimismo, cómo se preparan para desalojar un edificio tomados de las manos, con sus cuerpecitos pegados a la pared contraria a los barandales de las escaleras y cómo se dirigen a zonas de seguridad del plantel educativo. Los niños han aprendido a distinguir los colores de las señales para los casos de emergencia (rojo que indica peligro y amarillo que señala seguirdad). Los niños van adquiriendo experiencia a través de la constancia de los simulacros y aunque algunos son muy pequeños para explicarles exactamente qué sucede, es muy importante involucrarlos. En todo este proceso de educación es necesario preparar a los alumnos, primero para que acepten los fenómenos naturales, y segundo a evitar que el pánico les impida el razonamiento y que esto los inhabilite para buscar la solución más adecuada. El ser humano debe aprender a ubicar, en una fracción de segundo, el peligro y además responder ante él de una forma racional, que lo lleve a la seguridad. Es importante también el trabajo con los padres de familia. Se les debe reunir y explicar la función de los simulacros, comentándoles el objetivo del Programa de Protección Civil y Emergencia Escolar, solicitando su comprensión y apoyo, así como pedirles que diseñen en su casa un plan para el caso de que ocurriera un siniestro. En ciertos niveles escolares se puede hablar con los niños sobre el constante movimiento y evolución de nuestro planeta y cómo los fenómenos naturales contribuyen a esta transformación. Es necesario formar eslabones de comprensión que lleven a una mejor actitud ante el peligro, tarea que se logrará con constancia, perseverancia y voluntad de todos.


Antes del aula

El peligro sísmico Javier Francisco Pacheco

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a población de nuestro país recuerda con dolor los días 19 y 21 de septiembre de 1985, cuando un terremoto de magnitud 8, y su mayor réplica, provocaron la caída de varios edificios del centro de la Ciudad de México, sepultando más de 10 000 víctimas bajo los escombros. El sismo no fue una sorpresa para la ciudad, que ha experimentado la ofensiva de temblores desde sus inicios. Lo que sí representó una novedad fue la magnitud de los daños, que se cuentan en más de 4 000 millones de dólares y el número de víctimas ya mencionadas. El sismo de 1985 ocurrió frente a las costas del estado de Michoacán, a más de 300 km de distancia de Ciudad de México. A esta distancia, las ondas sísmicas son ampliamente atenuadas debido a la disipación de la energía al propagarse por el interior de la Tierra. Sin embargo en Ciudad de México, al haber sido construida sobre el lecho de un antiguo lago _el Lago de Texcoco_, la composición de los sedimientos de éste y su espesor causan el atrapamiento de la energía sísmica con vibraciones de períodos entre 1 y 3 segundos. Este fenómeno se denomina resonancia y el mismo se puede explicar fácilmente realizando un pequeño experimento: atamos una masa a una cuerda para formar un péndulo. Si ponemos a oscilar el péndulo, éste realizará una oscilación cada T0=2 π √ l / g donde l es la longitud de la cuerda y g es la aceleración de la gravedad. Si tratamos de hacer oscilar el péndulo a intervalos diferentes de T0, debe suministrarse mayor energía para ponerlo a osci-

Edificio en el centro de la ciudad de México destruido en los sismos de septiembre de 1985.

lar, mientras que a intervalos de T0, el péndulo oscilará fácilmente, absorbiendo muy eficientemente la energía suministrada. La resonancia de los sedimentos con las ondas sísmicas no es tan sencillo de explicar como el péndulo, sin embargo las implicaciones son similares, el suelo de Ciudad de México y otras regiones del mundo como la bahía de San Francisco en Estados Unidos y la bahía de Kobe en Japón son rellenos sedimentarios que absorben energía sísmica y la amplifican para determinados períodos. Al igual que los péndulos, las edificaciones poseen su propio período natural de oscilación. Cuando estos períodos coinciden con los naturales o de resonancia del subsuelo, se produce una doble resonancia que provoca la caída de edificios y estructuras. Este fenómeno se ha registrado en muchos sismos alrededor del mundo: Ciudad de México, México (1957 y 1985); Spitak, Arme-

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El peligro sísmico

nia (1986); Loma Prieta, California, EUA (1989); Kobe, Japón (1995). En el caso de Ciudad de México, edificios con 8 a 16 pisos de altura, con períodos naturales entre 1 y 3 segundos, asentados sobre la zona del antiguo lago, sufrieron más intensamente las aceleraciones del terreno que otras edificaciones. Con intensidad similar al sismo del 85 se han sentido otros en nuestra capital, particularmente aquellos sucedidos el 7 de abril de 1845 y el 19 de junio de 1958. Entonces, ¿qué diferencia existió entre los sismos anteriores y aquél de 1985? La población. Sólo en las últimas tres décadas ésta aumentó por un factor de 6, y con ella, el número de edificios con más de 5 pisos en zonas de alto riesgo sísmico. Ya en 1957, con la ocurrencia de un terremoto de magnitud 7.7, localizado frente a Costa Chica en Guerrero, los científicos e ingenieros advirtieron sobre el peligro de construir sobre el antiguo lecho del Lago de Texcoco. En aquella oportunidad se registraron 160 víctimas y pérdidas de más de 25 millones de dólares. Este evento no causó daños apreciables en la zona epicentral, sin embargo, a más de 270 km de distancia, en Ciudad de México el daño fue considerable. Es revelador mirar las estadísticas de víctimas a causa de sismos. Posterior a la invención del concreto armado para la construcción y su implementación en todo el mundo en los años treinta, las cifras de víctimas por terremotos disminuyó considerablemente. Sin embargo a partir de los años sesenta con el aumento acelerado de la población, principalmente en los países en desarrollo, las víctimas van en aumento. Los grandes centros urbanos de estos países se han expandido sin planeación. Manchas urbanas se extienden sobre las laderas de los cerros, antiguos lechos de lagos y en viviendas construidas deficientemente. Aunque el mayor número de víctimas por causa de terremotos se dan en los países en desarrollo, las mayores pérdidas por

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la misma causa se dan en los países desarrollados. El sismo de Northridge (magnitud 6.7) cerca de los Ángeles, California, con 61 víctimas causó daños que se estiman entre 15 000 y 30 000 millones de dólares; el sismo de Kobe (magnitud 7.2) en la bahía de Osaka, Japón, con 5 000 víctimas causó daños que se estiman entre 30 000 y 80 000 millones de dólares. Las ciudades en estos países también se expanden sobre terrenos de alto peligro sísmico.

Peligros asociados a los sismos Tendemos a asociar los desastres provocados por los sismos con la caída de edificios, y algunos, con la apertura de grietas en el suelo. Sin embargo, en muchos casos estos efectos no son los que mayormente provocan muerte y destrucción. Los sismos también pueden engendrar maremotos, incendios de grandes proporciones, deslaves de cerros, inundaciones y flujos de lodo. En muchos terremotos, particularmente aquellos que afectan zonas urbanas, el mayor riesgo es causado por los incendios. Cerca del 90% del daño ocurrido durante el terremoto de 1906 (magnitud 8) en San Francisco, California, fue a causa del fuego y no por colapso de edificios. El movimiento brusco del suelo a causa del temblor rompió las tuberías eléctricas y de gas, de las cuales brotaron chispas e iniciaron un gran incendio que afectó toda la ciudad. Igualmente, las fuentes de agua fueron afectadas, impidiendo aplacar el fuego por más de tres días. Durante el sismo de 1923 en Japón (magnitud 8.3), el 71% de los daños en la ciudad de Tokio y casi el 100% en la ciudad de Yokohama se atribuyen al fuego. El tsunami _palabra japonesa adoptada por la mayoría de las lenguas para denominar maremoto_ puede producirse por los sismos de sub-


ducción como el sismo de Michoacán de 1985. Durante la ocurrencia de un gran sismo de subducción, el fondo oceánico sufre una deformación súbita. El suelo oceánico se levanta o se hunde por varios centímetros, levantando o hundiendo una gran masa de agua. Esta masa de agua se propaga como una gran ola que llega a tener varios metros de altura al llegar a la costa. Las olas de los maremotos viajan a velocidades de varios cientos de kilómetros por hora pero no se aprecian mar adentro, donde su altura no llega a sobrepasar el metro y posee longitudes de onda mayores a varios cientos de metros. Sin embargo, cuando la ola se acerca a la costa, debido a la disminución de la profundidad su velocidad se aminora y aumenta la altura de la cresta hasta llegar a sobrepasar varios metros de altura. En 1946, un sismo ocurrido en las costas de las islas Aleutianas (magnitud 7.6) causó un maremoto que alcanzó las islas de Hawai, a más de 3 000 km de distancia, causando 159 muertes y daños por más de 25 millones de dólares. El sismo de Nicaragua de 1992 (magnitud 7.3) fue débilmente sentido por las poblaciones costeras, sin embargo, el maremoto que le siguió 50 minutos más tarde causó graves daños y cobró más de 167 víctimas. En regiones montañosas los temblores pueden originar grandes deslizamientos de tierra. Durate el sismo de Perú de 1970 (magnitud 7.8), de las 66 000 personas que fallecieron, 25 000 murieron sepultadas en el pueblo de Yungay debido a un derrumbe provocado por el movimiento del suelo. Este peligro se vuelve cada día mayor en ciudades con asentamientos humanos en las laderas de los cerros. Estos mismos deslizamientos pueden generar presas en los ríos, que al romperse acarrean río abajo grandes cantidades de agua y lodo que llegan a sepultar los pueblos en los cauces de los ríos hasta varios días después de producirse el temblor.

La ciudad de San Francisco resultó muy afectada por un sismo ocurrido en 1906.

Mitigación del peligro sísmico Los efectos destructivos de los sismos incluyen aspectos tales como movimiento del suelo, incendios, maremotos, deslizamientos de tierra, interrupción de las líneas vitales (carreteras, agua, electricidad, gas, comunicaciones) además de provocar pánico y choques psicológicos en gran parte de la población. Los daños a la propiedad y las pérdidas de vida dependen de la hora del día en que el sismo ocurre, su magnitud, la distancia de las poblaciones al epicentro, la geología de la zona, el tipo de construcción, la densidad de población y la duración del movimiento fuerte del suelo. En general, los sismos que afectan a grandes urbes durante las horas de trabajo son los de mayor impacto. El movimiento fuerte del suelo es el que produce mayores daños y pérdidas de vida de todos los efectos asociados a los sismos. Los edificios construidos sobre roca dura sufren menor daño que los edificios construidos sobre suelos pobremente consolidados, tales como sedimentos saturados de agua (como los suelos de Ciudad de México) o rellenos artificiales (como los suelos de la bahía de San Francisco o de Kobe).

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El peligro sísmico

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terremotos, ¿por qué? El problema fundamental está en la planeación de las ciudades. Éstas principalmente en los países en desarrollo se extienden sin planeación. Las grandes ciudades de Latinoamérica sometidas a frecuentes sismos cuentan con mapas de zonificación donde se regula teóricamente el tipo de construcción y la resistencia que ésta debe soportar para evitar su colapso durante un fuerte sismo. Se cuenta además con códigos que especifican el tipo de material y diseño apropiado para las diversas regiones. Sin embargo, en la mayoría de los casos estos mapas de zonas y estos códigos de construcción no son respetados por los constructores o las autoridades encargadas de vigilar el cumplimiento de las normas. Mientras se sigan permitiendo construcciones inadecuadas, asentamientos en terrenos blandos, en terrenos de gran pendiente y en costas sin protección contra los maremotos, nunca podremos reducir la pérdida de vidas humanas. Debemos recordar que los sismos, al igual que muchos otros fenómenos naturales, no se pueden predecir, pero se puede prevenir el desastre implementando las medidas adecuadas antes de que ocurra el próximo temblor. Los sismos son consecuencia indirecta de la liberación de la energía calórica del interior de la Tierra, y este proceso ha existido por más de 3 000 millones de años y seguirá por otros tantos miles de millones de años hasta que la Tierra se enfríe.

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Los edificios construidos sobre sedimentos saturados o rellenos artificiales están sometidos a mayor duración del movimiento fuerte y a mayores amplitudes del mismo. La resistencia de un edificio disminuye conforme pasa el tiempo: entre más tiempo esté el edificio sometido a movimientos fuertes, menor es su resistencia. Tanto los sedimentos saturados como los rellenos artificiales son susceptibles a la licuefacción. Cuando se someten a movimientos fuertes, los granos individuales pierden cohesión tendiendo a fluir como si fuesen agua. Algunos de los edificios que colapsaron en nuestra capital lo hicieron porque el suelo perdió cohesión. El tipo de material de construcción y el diseño del edificio, además de la magnitud del sismo y la geología de la región, son factores importantes en la estimación de riesgo sísmico. Las estructuras de estuco, adobe y otros materiales de barro son las más débiles y por lo general las primeras en caer durante un sismo. Las estructuras de ladrillo sin refuerzo de varilla y estructuras de cemento construidas con descuido son también de las primeras en colapsar, principalmente cuando se encuentran cerca del epicentro. Un sismo en la India, de magnitud 6.4, ocurrido en 1993 mató a 30 000 personas, mientras que un sismo de magnitud 6.7 ocurrido en Northridge, California causó el deceso de sólo 61 personas. Ambas ciudades están altamente pobladas y los sismos ocurrieron a pocos kilómetros de profundidad bajo las poblaciones, sin embargo, el tipo de construcción hizo la gran diferencia. En la India la mayoría de las viviendas son de piedra y ladrillo sin refuerzos, mientras que en California las viviendas son de concreto armado. Tanto en material de construcción como en técnicas de diseño se ha logrado avanzar lo suficiente como para evitar el colapso total de una vivienda debido a un sismo de magnitud 7 que ocurra a pocos kilómetros de distancia. Sin embargo, cada día son más las víctimas debidas a

Bibliografía LUGO Hubp, José. La superficie de la Tierra II: Procesos catastróficos, mapas, el relieve mexicano. La ciencia desde México, Fondo de Cultura Económica S.A. de C.V., México, 1995. NAVA, Alejandro. La inquieta superficie terrestre. La ciencia desde México, Fondo de Cultura Económica S.A. de C.V., México, 1993. SAUTER, Franz. Fundamentos de Ingeniería Sísmica I: Introducción a la Sismología. Editorial Tecnológica de Costa Rica, Instituto Tecnológico de Costa Rica, Costa Rica, 1989. UDÍAS,Vallina,Agustín y Julio Mézcua Rodríguez. Fundamentos de Sismología. Colección de Textos Universitarios, vol. 25. UCA editores, Universidad Centroamericana Jose Simón Cañas, El Salvador, 1997.


Las cenizas del volcán Verónica Bunge Vivier

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ír la palabra volcán hace pensar inmediatamente en un agente destructivo, explosivo y violento que nos provoca temor. Sin embargo la actividad volcánica ha sido muy importante en el modelado de la superficie de la Tierra, formando continentes e islas y transformando los ecosistemas. Cuando un volcán entra en actividad, expulsa lava, cenizas y gases. La lava (roca fundida) puede cubrir un bosque convirtiendo la zona en un espacio árido por décadas o incluso siglos; el tiempo que las plantas tarden en colonizar la lava dependerá de la naturaleza del material volcánico y del clima. Pero el volcán también puede arrojar cenizas y fertilizar un terreno pobre, permitiendo que en éste crezca una vegetación abundante.

La ceniza volcánica está llena de nutrimentos que enriquecen el suelo: se compone por finas partículas de minerales como potasio, fósforo, calcio, magnesio y sulfatos, todos ellos esenciales en el desarrollo de las plantas. Además de aportar material rico para la alimentación de los vegetales, las cenizas volcánicas contienen cristales que retienen gran cantidad de agua y brindan humedad al suelo. Sin embargo éstas también tienen su lado negativo: liberadas en grandes cantidades por un volcán cercano a zonas urbanas pueden provocar la obstrucción de alcantarillas e impedir el buen drenaje de la ciudad; asimismo, las cenizas pueden destruir campos de cultivos o acumularse en la estratósfera, modificando el clima al impedir el paso normal de los rayos del Sol.

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Las cenizas del volcán

Es importante mencionar que la fertilización de un suelo por el aporte de cenizas depende de la naturaleza de estas últimas. Aquellas que son ricas en cristales, son las más apreciadas por ser fácilmente degradadas y liberar rápidamente muchos nutrimentos. El Popocatépetl, que en náhuatl significa “la montaña que humea”, arrojó hace muchos años cenizas ricas en sílice. El sílice es difícil de degradar y por ello tarda mucho en fertilizar el suelo. De hecho, los campesinos de la región remueven las capas superiores que contienen piedra pómez rica en sílice y siembran en suelos más profundos de hace 2000 años. Estos suelos son muy ricos porque han recibido durante cientos de años el lento escurrimiento de los nutrimentos liberados por este tipo de cenizas. De esta manera, en las faldas del ahora tan mencionado Popo se siembran maíz, frijol, calabaza, hortalizas, flores y frutales. Hoy en día el también conocido como “Don Goyo”, provoca incertidumbre en la población que habita en sus inmediaciones, y esto es comprensible. Un volcán puede, en un momento dado, cambiar su comportamiento, pero en este caso la gente puede estar tranquila de que su constante observación y estudio ayudará a la prevención de cualquier desastre.

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Pero abordemos su lado positivo: para un campesino que posea un terreno desprovisto de cultivos, una erupción de cenizas que forme una capa menor de 20 centímetros de espesor, puede ser maravillosa. Se ha visto que en lugares con expulsiones periódicas de cenizas, los suelos se mantienen fértiles. Es el caso de las terrazas de Java en donde se cultiva arroz para un gran número de habitantes. En zonas tropicales, los suelos suelen ser pobres; son muy viejos y la roca madre que podría aportar minerales se encuentra a gran profundidad; estos suelos logran mantenerse ricos gracias al aporte constante de materia orgánica. Al retirarles su cubierta vegetal, se les despoja también de su fertilidad. De esta manera, regiones de Sumatra que antiguamente albergaban una flora abundante y diversa, se empobrecieron al ser explotadas con cultivos de interés para los pobladores. Pero a partir de 1883, después de la erupción del Krakatoa, las emisiones de ceniza fertilizaron el suelo y convirtieron estas zonas en áreas agrícolas muy prósperas. En Italia, las periódicas erupciones de ceniza del Vesubio en los últimos veinte siglos, han permitido la increíble producción vitícola de la zona. De igual forma, el Chichonal en México, arrojó en 1982 cenizas que fertilizaron los campos agrícolas más alejados al volcán. Sin embargo, en las zonas más cercanas, los depósitos de ceniza llegaron a tener más de 15 m y la vida entera se extinguió.

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Las inundaciones Francisco Villicaña Cruz 20 19 18

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odos los años, en algún lugar del territorio mexicano, durante la estación de lluvias se presentan inundaciones provocadas por los fenómenos conocidos con los nombres de tormentas severas, tornados incipientes, granizadas o huracanes. Todos estos proceden de una o varias superceldas denominadas cumulunimbus, que tienen forma de coliflor, con una base de unos 25 km de diámetro y un gran desarrollo vertical de 12.5 km o más (fig. 1). El 21 de junio de 1994, en el Distrito Federal ocurrió una fuerte lluvia que produjo 64.3 mm de agua por m2 en una hora y 15 minutos; esta cantidad corresponde a la décima parte de lo que precipita en un año en el observatorio de Tacubaya, D. F. (Castillo, 1996). Tenemos también el ejemplo de lo que pasó el 9 de octubre de 1997 en el noreste del puerto de Acapulco, Guerrero, al paso del huracán Paulina, cuando la lluvia acumuló 400 mm de agua en 5 horas, provocado el desbordamiento de los ríos La Sabana, Camarón y Papagayo, causando la pérdida de 120 vidas humanas, 10 000 familias damnificadas y daños económicos que superaron los 300 millones de pesos (Universidad de Purdue, 1997). Las inundaciones se han clasificado en dos tipos. El primero es aquel que ocurre en las áreas costeras cuando una tormenta intensa o huracán aumenta el nivel del mar un metro o más y provoca la inundación repentina de las regiones costeras bajas, este fenómeno se denomina surgencia de tormenta. El segundo tipo se presenta cuando gran cantidad de agua escurre hacia un río provocando que su nivel aumente y rompa

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Figura 1. Nube de tormenta severa (cumulonimbus en forma de hongo). Los investigadores de la NOAA construyeron este modelo de una de las grandes tormentas en el Gran Cañón Thompson el 31 de julio de 1976. Las líneas verticales muestran las regiones de precipitación más fuerte. Las flechas curvadas representan las áreas donde la tormenta experimentó las corrientes ascendentes más intensas. Las líneas paralelas dentro del límite visible de la nube denotan los perfiles generales de nube de tormenta observada con el radar NCAR en Grover, Colorado. Las dos líneas horizontales muestran el gradiente de temperatura uniforme en dos niveles en la nube de tormenta.

el bordo; este fenómeno es producido por lluvias o deshielos intensos. Muchas veces las inundaciones pueden ser desastrosas, tal y como fue el caso de la que se produjo debido a un huracán que golpeó el este de Paquistán en noviembre de 1970, el cual mató a 300 000 personas. Pero también pueden ser benéficas, como las inundaciones del Nilo que han regado y fertilizado anualmente el suelo de Egipto durante miles de años (Gedzelman, 1980).

Las surgencias de tormenta Las surgencias de tormenta son las elevaciones anormales del nivel del mar causadas por las

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Las inundaciones a.

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presión

fuerzas del viento y por la presión de un huracán o ciclón extratropical. La anomalía del nivel del mar se mide por el registro de mareas y se refiere a la diferencia entre lo observado menos el nivel predicho. Las surgencias de tormenta producen el daño más grande cuando su efecto coincide con aquél de la marea alta normal. Muchas áreas de baja presión intensa que pasan por una línea costera incrementan el nivel del mar un metro o más; las elevaciones mayores a dos metros son raras y generalmente desastrosas. Aunque no existen registros exactos de la altura alcanzada por el nivel del mar, la surgencia mejor documentada es la de 6 ó 7 m producida por el huracán Camille (1969) en las costas del Golfo de México. Existen reportes no verificados de algunas que se estima han llegado hasta 12 m producidas por algunos de los 1737 ciclones ocurridos en Calcuta, India. Muchas de las surgencias de tormenta más espectaculares han ocurrido durante los huracanes. Las condiciones atmosféricas o tiempo pueden afectar el nivel del mar en formas diferentes. Un efecto bien conocido es el llamado efecto del barómetro invertido que se puede explicar de la siguiente manera: si se construyese un tubo gigante y se lo pone sobre el océano, extrayendo el aire del tubo, el agua subirá exactamente como lo hace en un barómetro. Esto es lo que sucede en el huracán, excepto que el huracán no necesita ningún tubo gigante para mantener la presión baja (fig. 2). Se ha encontrado que por cada cien pascales (Hpa) que baja la presión del aire, el agua se levanta un centímetro. Ésta es la razón por la cual muchos huracanes que tienen una presión que está entre los 50 a 75 Hpa más baja que en los alrededores, producirán que el efecto del barómetro invertido suba el nivel del mar tan solo de 50 a 75 cm. Aun en los huracanes más intensos, únicamente se levantaría el nivel del mar 1.5 m debido a este efecto.

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elevación del nivel del agua

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Figura 2 a. Área de baja presión. b. Gráfica de la presión superficial a lo largo de la línea ABC. c. Nuevo balance de las fuerzas en la superficie del agua mostrando el efecto de barómetro invertido.

Obviamente hay otros fenómenos que deben ser sumados al efecto del barómetro invertido para producir las elevaciones más espectaculares del nivel del mar. Cada tormenta intensa tiene vientos fuertes. Cuando los vientos soplan contra una línea de costa apilan el agua enfrente de la playa; contrariamente, cuando el viento sopla contra el mar, arrastrará el agua lejos de la playa abatiendo su nivel. Este efecto del viento se ve realzado por la profundidad de las aguas, es decir, mientras más someras, mayor será la altura que pueda alcanzar la ola. Otro factor que puede sumarse para incrementar el nivel del mar es el llamado efecto de resonancia. Hay veces que una tormenta se mueve a lo largo de una línea costera, con el viento soplando hacia afuera de la playa pero, una vez que el centro de la tormenta pasa, la dirección del viento se invierte. Así que, inicialmente el agua será soplada hacia fuera de la playa, pero cuando el centro de la tormenta está pasando, el viento dejará de soplar y el agua empezará a dar marcha atrás ha-


ciendo un ruido de “chapaleo”. Mientras el agua regresa sobre sí misma, el viento súbitamente empieza a soplar hacia la playa dándole al agua un empuje extra. De esta forma se elevará más alto que si un viento sostenido hubiese soplado hacia la playa todo el tiempo. El efecto de resonancia ha provocado desastres sobre las costas del Golfo y también ha causado inundaciones alrededor de los lagos Okkechobee en Florida y Ponchartrian en Louisiana. Hay otro caso del efecto de resonancia que es un poco más complejo pero totalmente real: el montículo de agua incrementado por el efecto del barómetro invertido puede actuar igual que una ola grande del océano si el área de baja presión desaparece súbitamente. Esta onda daría un largo viaje hacia afuera, tal como las olas que emanan desde el lugar en que una roca cae al agua. Ahora, si el área de baja presión se mueve, se produce el mismo efecto y el montículo levantado empieza a viajar hacia afuera; la resonancia ocurrirá si el área de baja presión se mueve con la misma rapidez que la ola. Esto sólo sucede en aguas poco profundas, y puede producir serias consecuencias, por ejemplo las inundaciones que ocurren en la boca de la bahía de Bengala a lo largo de las costas de la India y Bangladesh (Paquistán del este).

Desbordamiento de ríos Existe una gran variedad de condiciones que pueden causar el desbordamiento de un río. Algunas de ellas son: las lluvias excesivas, la fundición de nieve, algunas obstrucciones como el apiñamiento de hielo o basura y, también, el colapso de una presa. Las peores inundaciones ocurren cuando algunos de estos factores se combinan; por ejemplo, cuando las lluvias torrenciales de la primavera ayudan a fundir la nieve y se eleva el nivel del agua causando que una presa se colapse.

Las condiciones del suelo son extremadamente importantes y determinan en gran medida la severidad de una inundación. Si el suelo está saturado con el agua de lluvias o granizadas previas que lo impermeabilizan, las inundaciones tienden a ser más serias simplemente porque la nueva lluvia no puede filtrarse a través del suelo y fluirá directamente al río. Los suelos moderadamente secos pueden absorber un poco el agua de la lluvia y así reducir la inundación. Paradójicamente, los suelos extremadamente secos pueden hacerse duros como el cemento y por lo tanto ser relativamente impermeables. Durante el invierno, en las latitudes medias y altas, muchas precipitaciones caen como nieve y se acumulan sobre el piso, ellas se fundirán en la primavera haciendo que los ríos alcancen su nivel más alto del año. Así, la posibilidad de inundación después de un invierno que ha sido especialmente frío y con muchas nevadas está latente. Los peligros de inundación son también incrementados en las situaciones en que el hielo que fluye por el río se atasque haciendo una represa al flujo del agua; esto aumenta el nivel del río provocando que esa pared de hielo se rompa y que el agua corra hacia abajo con gran intensidad, lo que hace que el riesgo de inundación sea mayor. Otro efecto que influye en el riesgo de que se produzcan inundaciones es lo accidentado del terreno. Durante los aguaceros, en las regiones montañosas, surgen las corrientes de lodo que contienen gran cantidad de barro, arena, guijarros, cantos rodados e inmensas peñas de varias toneladas. En muchos casos, estas corrientes surgen como resultado de la fusión de las nieves en las montañas. En época de aguaceros, o cuando es fuerte la fundición de las nieves, los cauces de pequeños ríos montañosos, por lo común secos o casi secos, se convierten en poderosos torrentes de piedras y barro. Por lo general, estos torrentes poseen una inmensa fuerza destructora. El material fragmentado es transportado hasta

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Las inundaciones

Mitigación de las inundaciones En general, los desastres meteorológicos son los más frecuentes y los que mayores pérdidas materiales y humanas han causado en la historia de nuestro país. Se estima que las inundaciones en diferentes regiones del país, en los últimos 40 años, han afectado a unos 18 millones de mexicanos. En términos de riesgo, aproximadamente el 12% de nuestra población está expuesta a huracanes en áreas donde el período de recurrencia de este fenómeno meteorológico es de 2 a 4 años (Suárez, 1994). En la actualidad, diversas instituciones de estudios superiores y de investigación, como la UNAM, dirigen su atención al estudio de los desastres de origen natural, antrópico o tecnológico, toda vez que el hombre en su creciente y acelerado desarrollo socioeconómico ha causado la ruptura del equilibrio natural y, además, ha facilitado la acción destructiva de fenómenos de carácter endógeno y exógeno, con las consecuentes catástrofes manifestadas a escalas planetarias, regionales y locales. Uno de los enfoques científicos contemporáneos lo constituye la cartografía de los fenómenos que provocan desastres, que se expresa por series de mapas específicos tales como el Atlas de Riesgos, obras de vital importancia antes, durante y después de la ocurrencia de un evento de esta naturaleza. Al respecto, Doornkamp (1989) cita algunos ejemplos de cómo se utilizan los mapas de riesgos: el

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de inundaciones sirve para zonificar el uso del suelo, en el que se destinan las áreas más propensas a ellas para uso recreativo y no para construcción urbana; los de erosión del suelo se aprovechan en proyectos de desarrollo agrícola y, además, permiten estimar las necesidades del desarrollo forestal; en algunos lugares, como en California, EUA, se usan como parte de los reglamentos de construcción, que restringen la alta densidad habitacional en áreas susceptibles a movimientos y deslizamientos del terreno. Por tal motivo es necesario aprender a vivir con el riesgo de inundaciones fomentando la capacitación de la población y propiciando el autocuidado y la auto-preparación como la vía válida para mitigar los efectos que pueden producirse; o sea, es necesario formar una cultura de protección civil. Ya que el país se encuentra inmerso en un proceso de modernización, es necesario y muy importante que a la par de la educación, construcción de instalaciones, mejoramiento de procesos productivos, comerciales y de servicios, se dé la modernización de la mentalidad. En ese proceso de toma de conciencia y formación de nuevas actitudes encontrará su lugar una conducta previsora y se alcanzará una cultura de protección civil, pues un cambio de esta naturaleza no se dará ni por decreto ni por obligación. El mismo debe darse por elección libre, espontánea y voluntaria, que involucre la observación puntual de las normas mínimas de convivencia y la identificación y observancia de una ética personal, profesional y social.

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las llanuras adyacentes o hasta las ciudades, como lo ocurrido al paso del huracán Paulina a través de las costas de Oaxaca y Guerrero en 1997. Las inundaciones en las ciudades se presentan cuando llueve con gran intensidad, lo que puede combinarse con la topografía del terreno y el deficiente diseño del drenaje, provocando pérdidas económicas en derrumbes, damnificados y problemas viales.

Bibliografía CASTILLO Méndez, Roberto. La Mesoescala. ¿Causas de las grandes tormentas en México? DOORKAMP, C. J. “Hazards”. Earth science mapping for planning, development and conservation. Grahan and Trotmen, Londres. 1989, pp. 157-173. GEDZELMAN, S. D. The Science and Wonders of the Atmosphere. John Wiley and Sons, New York. 1980, pp. 535. University of Purdue, USA, (1997), http: //wxp. atmos.purdue. SUÁREZ, R. G.“La Investigación Científica en el Campo de Desastres y su Vinculación con la Sociedad”. Memorias del 1er. Congreso Nacional de Universidades en Protección Civil,Vinculación Universidad-Sociedad. UNAM, México. 1994, pp. 11-12.


Acerca de los huracanes* Marcial Orlando Delgado Delgado Enrique Azpra Romero

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a palabra “huracán” proviene de hunraken, que entre los mayas significa “dios de las tormentas”, aunque también entre los antiguos pobladores de algunas islas del Caribe se utilizaba el vocablo urican. En la cuenca del océano Atlántico norte y en la del océano Pacífico noreste los ciclones tropicales se denominan huracanes, mientras que tifón se utiliza para identificar a estos mismos fenómenos en la cuenca del océano Pacífico del noroeste, baguios en las islas Filipinas, ciclones en la India y willy-willies en Australia.

Nacimiento de un huracán Estos fenómenos atmosféricos se pueden producir en zonas marítimas donde la temperatura de la superficie del mar sea mayor a los 26°C, que los vientos no tengan variaciones bruscas con la altura y en zonas situadas entre 5° y 25° norte o sur. Estas condiciones las podemos encontrar en la llamada zona inter-tropical de convergencia (ZITC) que rodea a la Tierra cerca del Ecuador, siendo éste el lugar donde convergen los vientos alisios de nordeste y los vientos alisios del sudeste. En el verano esta ZITC sube de latitud y puede producir perturbaciones tropicales que a su vez pueden evolucionar hasta convertirse en un ciclón tropical. Éste es el caso de los huracanes que se producen en las aguas del Golfo de Tehuantepec y que se desplazan hacia el noroeste amenazando a las costas occidentales del territorio nacional.

Imagen del huracán Mitch correspondiente al 26 de octubre de 1998.

Las denominadas ondas del este, que se producen en el océano Atlántico, también pueden dar lugar a una perturbación tropical ya que en el verano las aguas de este mar tienen temperaturas muy altas y reúnen las condiciones para que evolucione a depresión tropical, caracterizada por vientos menores a 34 nudos ó 62 km/h, o a la categoría de tormenta tropical con vientos de 34 a 63 nudos es decir mayores de 63 km/h pero menores a los 113 km/h o incluso a huracán cuyos vientos tienen una intensidad superior a 64 nudos, pero menor a los 82 nudos es decir, entre 114 km/h y 184 km/h. En el extremo sur de un frente frío también se dan las condiciones para la creación de un ciclón tropical, principalmente a finales de octubre y principios de noviembre en el Atlántico, ya que

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Acerca de los huracanes

estos frentes fríos irrumpen hasta latitudes muy bajas donde aún las temperaturas del océano son propicias para el desarrollo de estos fenómenos. Dado que los frentes van seguidos por una vaguada en los niveles superiores, crean una zona de divergencia en altura que refuerza la convergencia en los niveles bajos, necesaria para la intensificación de la circulación ciclónica propia del huracán. Realmente, el origen de un ciclón tropical es un tema que aún está en discusión, no están claras las condiciones bajo las cuales una perturbación se transforma en huracán. En 1964 Charney y Eliassen concluyeron que para que una perturbación tropical se desarrolle se necesita que mediante la interacción de los cúmulos convectivos con los campos de gran escala se pueda producir una zona atmosférica inestable.

Crecimiento de los huracanes La mayoría de los cúmulos que se observan en las imágenes de satélite se vigilan diariamente en los centros meteorológicos nacionales, pero no todos se pueden desarrollar como huracanes.

Cuando lo logran, se inicia un proceso de liberación de calor latente en lo alto, creando una divergencia en los niveles superiores; esto provoca una pérdida de peso de la columna atmosférica, dándose una caída de presión en superficie. De esta manera se consigue una zona de baja presión en superficie hacia donde los vientos convergen llevando grandes cantidades de vapor de agua hacia el centro de la tormenta, donde inician su ascenso y la liberación de calor latente que calienta el centro de esta columna. Un huracán maduro tiene vientos que giran ciclónicamente, es decir, en el sentido contrario a las manecillas del reloj, tiene un radio que varía entre 100 y 1 000 km de diámetro, en su centro la temperatura es relativamente alta y la presión relativamente baja; es decir, un huracán maduro es una baja de núcleo caliente. Los vientos más intensos se encuentran en la superficie, a poca altura y son más intensos en las cercanías del ojo. Cuando el aire se encuentra cerca de éste gira tan rápidamente que no puede ser llevado hasta el centro, entonces tiene que subir unos 7 km donde se dispersa hacia afuera. El ojo de un huracán es circular y dentro de él el tiempo meteorológico es de vientos en calma y libre de nubosidad; inmediatamente después sigue una zona de nubes cumulonimbus que se denomina pared del ojo, a la que convergen en forma de espiral las bandas nubosas de la tormenta, las cuales además indican la intensidad del huracán. Si estas bandas están muy enroscadas se trata de un huracán intenso, pero si las bandas son aproximadamente rectas, el huracán se encuentra en etapa de disipación.

Pronóstico de la trayectoria de un huracán

Las intensas lluvias y los fuertes vientos de un huracán pueden, en terreno montañoso, ser causa de deslizamientos.

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Existen varios métodos para pronosticar la trayectoria de estos fenómenos. En primera instancia se sabe que se desplazan hacia el oeste con


una velocidad promedio de 20 km/h y van subiendo de latitud debido al efecto de Coriolis, que desvía a la derecha a los cuerpos que se mueven sobre la superficie de la Tierra. Los meteorólogos se ayudan de mapas sinópticos donde analizan principalmente los campos de presión, de temperaturas y de vientos, tanto en superficie como en los distintos niveles de altura, logrando identificar sistemas meteorológicos que establecen corrientes directrices que son las encargadas de desplazar al ciclón tropical. Aunque frecuentemente se encuentran ciclones estacionarios o bien con una trayectoria errática que dificulta el pronóstico. Actualmente, se han desarrollado modelos numéricos de la atmósfera que constituyen una herramienta moderna y poderosa que, aunada a las imágenes de satélite y a los modernos sistemas de comunicación, sirven para que los servicios meteorológicos puedan realizar pronósticos con antelación y veracidad. Éstos al llegar oportunamente a la población permiten salvar gran número de vidas humanas mediante evacuaciones oportunas, aunque los daños materiales que producen los huracanes no puedan ser disminuidos.

Desastres debidos a los huracanes De los fenómenos meteorológicos, los huracanes son los que producen más pérdidas de vidas humanas y los daños materiales que dejan a su paso son inmensos. Los vientos de más de 100 km/h y las bajas presiones que se registran en su centro, pueden ser tan fuertes que los árboles son arrancados desde su raíz, por lo que uno puede imaginarse los daños causados a las casas y en general a toda la infraestructura de una ciudad. El oleaje que se forma en el mar durante un huracán es otro de los factores que produce pérdidas cuantiosas ya que forma verdaderas montañas de

Casi todas las zonas costeras de nuestro país son susceptibles de que un ciclón tropical las afecte en mayor o menor grado, por lo que se han creado sistemas para dar aviso de alerta a las poblaciones.

agua que arremeten contra las poblaciones situadas en las costas. Las precipitaciones asociadas a un huracán provocan cuantiosos daños; aun cuando ya éste se encuentre en tierra y los vientos se vean reducidos notablemente, las lluvias pueden continuar por uno o más días, elevando de esta manera el nivel de los ríos y arroyos y llegando a inundar las poblaciones ribereñas. La mayor parte de las víctimas de los huracanes se producen en las poblaciones costeras. Gilberto, en 1988, ha sido de los huracanes más temibles de los últimos años; con una presión central de 888 mb y con una trayectoria hacia el oeste en el mar Caribe y el Golfo de México afectó los estados de Quintana-Roo, Yucatán, Tamaulipas y Nuevo León. Paulina, en 1997, se originó al sur del Golfo de Tehuantepec y, con una trayectoria oeste-noroeste, afectó los estados de Oaxaca, Guerrero y Michoacán ocasionando la muerte a 120 personas, 10 000 damnificados y produciendo pérdidas materiales de más de 300 millones de pesos. En 1995 Roxanne, con una trayectoria errática en el Caribe y Golfo de México, causó estragos en Tabasco, Quintana Roo,

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Acerca de los huracanes

Veracruz y Yucatán. Los daños ocasionados a la industria petrolera nacional fueron del orden de 27 millones de dólares diarios, aun sin entrar a tierra. Ismael, en 1995, se originó en las aguas del océano Pacífico, al sur de las islas de Revillagigedo. Con una trayectoria errática durante los primeros días no representaba amenaza alguna a las costas nacionales pero, el 15 de septiembre de ese año, tuvo un desplazamiento tan rápido que en menos de 24 horas llegó a tierra, a la altura de Topolobampo, en Sinaloa, provocando pérdidas incalculables a la flota camaronera al hundir a la mayoría de sus barcos. Finalmente en este año, en el mar Caribe, el huracán Mitch devastó a varios países de Centroamérica, produciendo daños cuantiosos principalmente en las hermanas repúblicas de Honduras, Nicaragua, El Salvador, Belice y Guatemala. En 1991, en Bangladesh (en el sudeste de Asia), fallecieron cerca de 118 000 personas debido a la entrada de un ciclón que provocó inundaciones por surgencias de tormenta (elevación del nivel del

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Fotografía de un ciclón localizado al norte de las islas Hawai, tomada por los astronautas del Apolo IX.

mar por el viento). En términos monetarios el impacto más fuerte de un huracán se debió a la entrada a tierra del huracán Andrés en el sur de la península de Florida, el 22 de agosto de 1992, causando un perjuicio económico de aproximadamente 25 000 millones de dólares. En nuestro país, que está situado entre 15° N y 30° N y entre 87° W y 117° W, los ciclones tropicales o huracanes constituyen una amenaza constante durante el verano, siendo la península de Yucatán una de las regiones más susceptibles de ser afectada por uno de estos fenómenos, que tienen su origen en las aguas calientes del mar Caribe. Los huracanes que nacen en la zona caliente del Golfo de Tehuantepec o al sur de las costas de Michoacán y Jalisco, afectan principalmente a la parte austral de la península de Baja California, aunque realmente casi la totalidad de nuestras poblaciones costeras son susceptibles de que un ciclón tropical las afecte en mayor o menor grado. Como ya habíamos señalado anteriormente, se han creado sistemas para dar aviso de alerta a las poblaciones que se ven amenazadas por algún ciclón tropical y de esta manera poder salvar el mayor número de vidas humanas, aunque los daños materiales no pueden ser disminuidos. En la República Mexicana se cuenta con los sistemas de protección civil que son los encargados de avisar a los habitantes de la posición, intensidad y posible trayectoria de un huracán y en su caso evacuar a la población.

Bibliografía Tepic rapporteur reports of the third WMO//ICSU Internacional Workshop on tropical ciclones (IWTC-III) Huatulco Santa Cruz México. (22 de nov. al 1 de dic. de 1993). GEDZELMAN, Stanley David. The Science and Wonders of the Atmosphere. John Wiley and Sons. Microsoft Internet Explorer: www met. office.gov.uk Annual Tropical Cyclone Report 1996 Joint Typhoon Warning Center, Guam, Mariana Islands.

* Se recomienda la lectura del artículo Los huracanes publicado en la revista Correo del Maestro Año I, Núm. 9.

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Son tres los factores que determinan la eficacia y eficiencia de los sistemas de protección civil. Primero, es indispensable que sus organismos cuenten con personal especializado y que su operación se base en conocimientos científicotécnicos y socioeconómicos actualizados. Segundo, que se desarrolle lo más pronto posible la fundamentación legislativa de las acciones de protección civil, tanto en los tres niveles de gobierno como en sectores social y privado. Finalmente, pero no menos importante, que se concientice, organice y prepare a la población, cuya participación es nuestra única garantía para afrontar los desastres. La experiencia derivada de la operación del Sistema Nacional de Protección Civil hasta la fecha, misma que han enriquecido con su participación los sectores público, privado y social, nos ha permitido plantear las siguientes expectativas en las que se sustentarán las actividades a futuro: • Acelerar la instalación y actualización, según el caso, de los diversos componentes del Sistema Nacional de Protección Civil, en sus tres modalidades: consultiva, ejecutiva y participativa; en los sectores: público, privado y social; y en los niveles: local, regional y nacional. • Conocer en forma continua los riesgos latentes y la dinámica de su crecimiento, así como determinar las medidas de su reducción y de la mitigación de sus efectos a través de la elaboración de Atlas Estatales y Locales de Riesgos. • Garantizar la ejecución de planes y programas por medio del Sistema Nacional de Protección Civil determinando en forma explícita las facultades y responsabilidades de los diversos organismos y dependencias que lo inte-

gran así como sus interrelaciones y las modalidades de coordinación. • Fortalecer el fundamento jurídico de protección civil, a través de la extensión y profundización de la legislación correspondiente. • Incrementar el desarrollo de los recursos humanos especializados, capacitándolos para enfrentar la problemática por medio de un proceso permanente y diversificado de su formación, que contemple tanto la educación formal como la capacitación y entrenamiento en los lugares de trabajo. • Asegurar la colaboración y apoyo de la población a través de programas continuos de concientización y educación en protección civil, aprovechando los diversos y tradicionales mecanismos de capacitación y divulgación que disponen los distintos sectores, tales como los de las Secretarías de Educación Pública, Trabajo y Previsión Social, Reforma Agraria, Salud, entre otros. • Impulsar y fomentar la colaboración activa del sector privado para prevenir y atender las situaciones de emergencia por medio de la concientización y del establecimiento de normas técnicas e incentivos financieros correspondientes. • Promover la participación de voluntarios y de la comunidad en general apoyando su organización y divulgando las medidas de autoprotección y de primeros auxilios. • Aprovechar las oportunidades de cooperación mundial en investigación mutua, capacitación y difusión, intercambio de conocimientos, tecnologías y realización de acciones solidarias a través de acuerdos bilaterales, tales como los establecidos con Estados Unidos, Japón y Francia, así como los de la futura colaboración en el marco del Decenio Internacional para la Reducción de Desastres Naturales.

La amenaza y presencia de diferentes tipos de fenómenos, que pueden ser causa y origen de desastres en nuestro país y en el mundo, nos obligan a estar en un estado de alerta constante y a desarrollar recursos necesarios para enfrentarlos. La población en su dinámica de crecimiento natural, en su movilidad y en su distribución en los territorios, es el objeto principal de las acciones de protección civil, y a su vez, es la misma población, el recurso básico para el desarrollo de las propias acciones de protección civil. La participación consciente, responsable y organizada de todas las sociedades en las tareas de protección civil es fundamental; para lograr esto es necesario avanzar en un proceso de genuina corresponsabilidad mediante la suma de esfuerzos coordinados. Países como España, Dinamarca, Portugal, Nueva Zelanda, Costa Rica, Argentina, Irak, Israel, Estados Unidos, Rusia y Japón, entre otros, han alcanzado niveles importantes en la integración de sistemas de protección a la población, destacando las medidas de prevención y de participación de la población así como lo relativo a la investigación y estudio de los mecanismos tanto naturales como humanos que generan los desastres. La muestra más importante y que consolida el deseo de todos los gobiernos del mundo lo da la Organización de las Naciones Unidas, la cual ha proclamado al período 1990-2000 como el Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales, iniciativa a la cual se han adherido los 155 países miembros, con el fin de conjuntar esfuerzos para lograr sociedades más seguras a través del desarrollo de tecnologías apropiadas de prevención, las cuales serán transferidas, sin duda, de los países que han alcanzado importantes avances en la materia a aquellos menos desarrollados. El gobierno de México ha pronunciado su interés de adherirse a esta proclama, estableciendo en el seno del Consejo Nacional de Protección Civil una comisión de expertos con facultades para encabezar la participación de nuestro país en dicho evento decenal. Me gustaría terminar este trabajo concluyendo que:

PREVENIR ES SIGNO DE INTELIGENCIA, DE MADUREZ Y DE RESPONSABILIDAD. PREVIENE QUIEN ESTÁ CIERTO DE QUE UN ESFUERZO QUE SE REALICE HOY, PUEDE SIGNIFICAR LA DIFERENCIA ENTRE UN MAL MENOR Y UN DESASTRE.

El Sistema Nacional de Protección Civil • México Ricardo Cícero Betancourt El nacimiento del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPORC) frecuentemente se relaciona con los sismos de 1985, esto en virtud de que la situación de emergencia vivida mostró la imperiosa necesidad de contar con una organización a nivel nacional que normara y promoviera el establecimiento de mecanismos, sistemas y organismos para atender mejor a la población en la eventualidad de un desastre, incorporando las experiencias de instituciones públicas, privadas y sociales, así como de la comunidad científica y de la población en general. Sin embargo, es pertinente mencionar que el SINAPROC tiene otros antecedentes, primordialmente, por medio del Plan DN-IIE, que opera la SEDENA y del plan homólogo de la Secretaría de Marina. Además, son bien conocidas las importantes contribuciones de la extinta SARH (hoy SRA) en la prevención, mitigación y atención de desastres causados principalmente por los fenómenos destructivos de origen hidrometeorológico y por incendios forestales; de la Secretaría de Salud que tradicionalmente orienta sus servicios al ámbito de prevención y atención a la salud en caso de desastre; por último, de la también extinta SEDUE, actualmente SEDESOL, tanto a través de la planeación urbana como de instrumentar políticas sobre la problemática ecológica. De igual manera se destaca también el Sistema de Protección y Restablecimiento del Distrito Federal (SIPROR), creado a principios de esta década. Fue necesario vivir una situación de emergencia mayor, como la provocada por los sismos de 1985 en los que el desastre rebasó todos los recursos previstos para enfrentarlo, para que se cristalizara la necesidad de contar con un sistema de esta naturaleza, que cubriera todo el territorio nacional. En este sentido es posible hablar sobre una consecuencia positiva y trascendental de los sismos de 1985: el surgimiento del SINAPORC, el cual fue aprobado por el Presidente de la República, cuyo decreto se publicó el 6 de mayo de 1986 en el Diario Oficial. La instrumentación e implantación posteriores, así como la operación actual del Sistema, se basan en los siguientes principios:

• Articular congruentemente políticas y acciones en materia de protección civil, de tal manera que se eviten en lo posible acciones aisladas y dispersas que dificulten una adecuada suma de esfuerzos. • Fomentar el sentimiento de solidaridad como un elemento esencial para la unidad de la colectividad en la estructura social en todo el territorio nacional, haciendo del individuo y de la familia objeto central antes, durante y después de un desastre, considerado su ubicación territorial para reducir y atemperar los efectos de la marginalidad geográfica y social de grandes grupos de población. • Orientar el desarrollo y crecimiento de los asentamientos humanos y el uso de los recursos naturales de tal manera que se consideren desde un principio las condiciones y limitaciones que la presencia de agentes perturbadores de origen natural y humano significan para la protección de la sociedad, sus bienes y el entorno ecológico en las zonas expuestas a los desastres. • Promover que la acción que en materia de protección civil cumplen las diversas instituciones públicas, federales, estatales y municipales se dé de una manera integrada, coherente, sistemática y armónica, buscando por medio de una acción común e interdependiente que los estados y municipios atiendan directamente una situación de desastre en sus ámbitos territoriales y puedan con ello continuar fortaleciendo su desarrollo específico. • Alentar la participación de los sectores privado y social, así como de la comunidad en general, para que se traduzca en una contribución activa, real, concreta e independiente, pero común en áreas y acciones específicas. Promover mecanismos permanentes que generen el interés, alienten la intervención y produzcan una participación individual y colectiva para lograr una efectiva búsqueda de soluciones y una eficiente y oportuna ejecución. • Optimización de los recursos existentes y aprovechamiento de las experiencias, tanto nacionales como internacionales. • Desarrollar investigaciones que permitan ampliar el conocimiento que se tiene de los diversos fenómenos de origen natural y humano que provocan los desastres; preparar recursos humanos especializados a través de un amplio proceso de capacitación y apoyar la amplia divulgación de los aspectos de protección civil, para consolidar una Cultura Nacional de Protección Civil.


De este marco de principios se desprende el objetivo general del SINAPROC:

“Proteger y conservar a la persona y a la sociedad, así como a sus bienes, ante la eventualidad de un desastre”. La organización del Sistema, de acuerdo con las bases para su establecimiento y el documento: “Organización, Órgano Ejecutivo y Compromiso de Participación”, editado por la Secretaría de Gobernación, contempla la instalación, funcionamiento y coordinación de estructuras organizativas en los tres sectores de la población _público, privado y social_, situados en los tres niveles de gobierno _el federal, el estatal y el municipal o delegacional_, formando un todo armónico, coherente y solidario. Se distinguen tres tipos principales de organismos: consultivos, ejecutivos y participativos.

Consultivos Se forman por los Consejos Nacional, Estatal y Municipal de Protección Civil, integrados por los representantes de los sectores público, privado y social, con el fin de conocer la problemática de desastres y establecer las prioridades de su solución en el área de su jurisdicción, así como para determinar políticas y estrategias, opinar sobre programas de acción y sobre la asignación de recursos necesarios. Ejecutivos Se forman por las Unidades de Protección Civil y Órganos de la Administración Pública Federal, y tienen la responsabilidad técnica y política de elaborar, realizar y coordinar los programas de protección civil de acuerdo con las sugerencias de los Órganos Consultivos. Participativos A través de los cuales se organiza el voluntariado y se desenvuelven y realizan sus actividades vinculadas con las tareas específicas de protección civil. Esta estructura organizativa es de tipo jerárquico y abarca, de acuerdo con los distintos niveles de toma de decisiones, tres ámbitos: • Local que corresponde a los órganos ubicados en municipios o delegaciones. • Regional, cuyos organismos coordinan los órganos locales que se encuentran en la región y se identifican con las entidades federativas, según el caso. • Nacional, que se asocia con las dependencias federales, coordinando todos los componentes de los niveles anteriores, así como estableciendo las relaciones en la materia de organismos internacionales.

Asimismo, la operación del SINAPROC se fundamenta básicamente en le instrumentación y ejecución de programas de protección civil, para realizarse antes, durante y después de un desastre. Según su ámbito de aplicación se distinguen: los programas externos, los internos o particulares, los comunales y hasta los familiares. Los primeros se dirigen a proteger a la población, sus bienes y su entorno ante la presencia de fenómenos destructivos de origen natural o humano. Estos programas pueden ser: Nacionales: su contenido es de carácter estratégico, proporcionan un marco general de acciones de protección civil a realizar en todo el país, en las que participan los tres niveles de gobierno, los sectores privado y social y la población en general. Estatales: contienen acciones de protección civil determinados en función de la problemática que en la materia se presenta en el área de una entidad federativa, conllevan la participación de las autoridades gubernamentales y de los sectores privado y social correspondientes. Municipales o delegacionales: contienen acciones de protección civil determinadas en función de la problemática que en la materia se presente en el área del municipio o delegación, conllevan la participación de las autoridades, de los sectores privado y social y de la población en general circunscritos a ese ámbito. Especiales de protección civil: son aquellos cuyo contenido se concreta a la atención de problemas específicos en un área determinada, provocados por la eventual presencia de calamidades de origen natural o humano que implican un alto potencial de riesgos para la población, sus bienes y su entorno. Los programas internos o particulares son aquellos que se circunscriben al ámbito de una dependencia, entidad, institución u organismo pertenecientes a los sectores público (en sus tres niveles de gobierno), privado y social y que se instalan en los inmuebles correspondientes con el fin de salvaguardar la integridad física de los empleados y de las personas que concurren a ellos. Su función es proteger las instalaciones, bienes e información vital, ante la ocurrencia de una calamidad. Existen programas comunales e incluso familiares, cuyas denominaciones indican el ámbito a proteger. Con la finalidad de hacerlos compatibles, los programas de protección civil contemplan en su estructura lo relativo a la prevención, auxilio y apoyo. • Prevención. Se relaciona con el conjunto de medidas destinadas a evitar y/o mitigar el impacto destructivo de las calamidades de origen natural o humano sobre la población y sus bienes, los servicios públicos, la planta productiva y la naturaleza. Sus funciones se desarrollan dentro de dos procesos básicos: la evaluación y la mitigación de riesgos. • Auxilio. Se refiere al conjunto de actividades destinadas principalmente a rescatar y salvaguardar a la población

que se encuentre en peligro, a mantener en funcionamiento los servicios y el equipamiento estratégicos, a preservar la seguridad de los bienes y el equilibrio de la naturaleza. Su instrumento operativo es el plan de emergencia que funcionará como respuesta ante el embate de una calamidad. Las funciones de este subprograma son: alertamiento, evaluación de daños, planes de emergencia, coordinación de emergencia, seguridad, protección, salvamento y asistencia, servicios estratégicos, equipamiento y bienes, salud, aprovisionamiento, comunicación social de emergencia, reconstrucción inicial y vuelta a la normalidad.

• Apoyo, el cual por su naturaleza, se encuentra inmerso en los dos subprogramas sustantivos de la materia, proporcionándoles el sustento jurídico-normativo, técnico, administrativo y social. Las funciones de este subprograma son: planeación, coordinación, marco jurídico, organización, recursos financieros, recursos materiales, recursos humanos, educación y capacitación, participación social, investigación y nuevas tecnologías, comu nicación social, mantenimiento, conservación y creación de instalaciones de protección, realización de la protección civil, control y educación.

En el caso de México, el Sistema Nacional de Protección Civil funciona bajo un principio de corresponsabilidad entre los niveles federal, estatal y municipal y requiere, para su cabal integración, del apoyo y cooperación decididos de la sociedad en su conjunto. Se ha constituido en el marco normativo que regula las diversas acciones de prevención, auxilio y apoyo que realizan las dependencias del gobierno de la República y aquellas concertadas con los diversos sectores de la comunidad, para hacer frente de manera organizada y coordinada a las consecuencias derivadas de la ocurrencia de los fenómenos destructivos, ya sean de orden natural o provocados por el hombre, a los que está condicionado nuestro país tanto por circunstancias geográficas como por su grado de desarrollo. El Sistema ha venido avanzando; hasta el momento se puede afirmar que se han llevado a cabo los cambios institucionales que se requieren para su instrumentación, contándose ya con una estructura organizacional de cobertura generalizada que abarca a todo el país, conformada por autoridades con responsabilidad y funciones bien definidas en la materia, de acuerdo a las atribuciones y competencias que le son propias. Este esquema encabezado por la Secretaría de Gobernación, a través de la Coordinación General de Protección Civil y para los aspectos operativos con la Dirección General de Protección Civil, ha propiciado la participación de las dependencias y organismos, de acuerdo a sus facultades y responsabilidades, en eventos que por sus características y magnitud requirieron de una oportuna y eficiente respuesta. Eventos tales como los huracanes más recientes, los incendios forestales y las inundaciones en el D.F., Estado de México, Veracruz, Campeche y Chiapas entre otros estados, nos dan elementos para afirmar que las acciones de protección civil son cada vez más adecuadas a la actualidad del país. Finalmente, quisiera resaltar, dentro de las acciones que se han desarrollado en materia de protección civil, la creación y establecimiento del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), como el instrumento de carácter técnico del Sistema Nacional de Protección Civil. Esto demuestra el interés y la voluntad del Estado mexicano en no escatimar esfuerzos para lograr una eficiente protección civil. El CENAPRED plantea contribuir con el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico para la determinación de las medidas más adecuadas en la prevención y mitigación de los desastres, señalando las mejores formas de enfrentarlos. Asimismo promueve la capacitación integral de la población y el desarrollo de recursos especializados en la materia, apoyando la difusión de las medidas de preparación y autoprotección a las autoridades correspondientes y a la población en general para enfrentar con mejores posibilidades la contingencia de un desastre. Sin embargo, a pesar de estos logros y del reconocimiento que actualmente goza el SINAPROC, estamos conscientes de que todavía falta mucho por hacer. Sólo la organización adecuada de la sociedad en su conjunto, que involucra al gobierno y a la población en general, a través del Sistema Nacional de Protección Civil puede evitar que una situación normal derive en una catástrofe.


De este marco de principios se desprende el objetivo general del SINAPROC:

“Proteger y conservar a la persona y a la sociedad, así como a sus bienes, ante la eventualidad de un desastre”. La organización del Sistema, de acuerdo con las bases para su establecimiento y el documento: “Organización, Órgano Ejecutivo y Compromiso de Participación”, editado por la Secretaría de Gobernación, contempla la instalación, funcionamiento y coordinación de estructuras organizativas en los tres sectores de la población _público, privado y social_, situados en los tres niveles de gobierno _el federal, el estatal y el municipal o delegacional_, formando un todo armónico, coherente y solidario. Se distinguen tres tipos principales de organismos: consultivos, ejecutivos y participativos.

Consultivos Se forman por los Consejos Nacional, Estatal y Municipal de Protección Civil, integrados por los representantes de los sectores público, privado y social, con el fin de conocer la problemática de desastres y establecer las prioridades de su solución en el área de su jurisdicción, así como para determinar políticas y estrategias, opinar sobre programas de acción y sobre la asignación de recursos necesarios. Ejecutivos Se forman por las Unidades de Protección Civil y Órganos de la Administración Pública Federal, y tienen la responsabilidad técnica y política de elaborar, realizar y coordinar los programas de protección civil de acuerdo con las sugerencias de los Órganos Consultivos. Participativos A través de los cuales se organiza el voluntariado y se desenvuelven y realizan sus actividades vinculadas con las tareas específicas de protección civil. Esta estructura organizativa es de tipo jerárquico y abarca, de acuerdo con los distintos niveles de toma de decisiones, tres ámbitos: • Local que corresponde a los órganos ubicados en municipios o delegaciones. • Regional, cuyos organismos coordinan los órganos locales que se encuentran en la región y se identifican con las entidades federativas, según el caso. • Nacional, que se asocia con las dependencias federales, coordinando todos los componentes de los niveles anteriores, así como estableciendo las relaciones en la materia de organismos internacionales.

Asimismo, la operación del SINAPROC se fundamenta básicamente en le instrumentación y ejecución de programas de protección civil, para realizarse antes, durante y después de un desastre. Según su ámbito de aplicación se distinguen: los programas externos, los internos o particulares, los comunales y hasta los familiares. Los primeros se dirigen a proteger a la población, sus bienes y su entorno ante la presencia de fenómenos destructivos de origen natural o humano. Estos programas pueden ser: Nacionales: su contenido es de carácter estratégico, proporcionan un marco general de acciones de protección civil a realizar en todo el país, en las que participan los tres niveles de gobierno, los sectores privado y social y la población en general. Estatales: contienen acciones de protección civil determinados en función de la problemática que en la materia se presenta en el área de una entidad federativa, conllevan la participación de las autoridades gubernamentales y de los sectores privado y social correspondientes. Municipales o delegacionales: contienen acciones de protección civil determinadas en función de la problemática que en la materia se presente en el área del municipio o delegación, conllevan la participación de las autoridades, de los sectores privado y social y de la población en general circunscritos a ese ámbito. Especiales de protección civil: son aquellos cuyo contenido se concreta a la atención de problemas específicos en un área determinada, provocados por la eventual presencia de calamidades de origen natural o humano que implican un alto potencial de riesgos para la población, sus bienes y su entorno. Los programas internos o particulares son aquellos que se circunscriben al ámbito de una dependencia, entidad, institución u organismo pertenecientes a los sectores público (en sus tres niveles de gobierno), privado y social y que se instalan en los inmuebles correspondientes con el fin de salvaguardar la integridad física de los empleados y de las personas que concurren a ellos. Su función es proteger las instalaciones, bienes e información vital, ante la ocurrencia de una calamidad. Existen programas comunales e incluso familiares, cuyas denominaciones indican el ámbito a proteger. Con la finalidad de hacerlos compatibles, los programas de protección civil contemplan en su estructura lo relativo a la prevención, auxilio y apoyo. • Prevención. Se relaciona con el conjunto de medidas destinadas a evitar y/o mitigar el impacto destructivo de las calamidades de origen natural o humano sobre la población y sus bienes, los servicios públicos, la planta productiva y la naturaleza. Sus funciones se desarrollan dentro de dos procesos básicos: la evaluación y la mitigación de riesgos. • Auxilio. Se refiere al conjunto de actividades destinadas principalmente a rescatar y salvaguardar a la población

que se encuentre en peligro, a mantener en funcionamiento los servicios y el equipamiento estratégicos, a preservar la seguridad de los bienes y el equilibrio de la naturaleza. Su instrumento operativo es el plan de emergencia que funcionará como respuesta ante el embate de una calamidad. Las funciones de este subprograma son: alertamiento, evaluación de daños, planes de emergencia, coordinación de emergencia, seguridad, protección, salvamento y asistencia, servicios estratégicos, equipamiento y bienes, salud, aprovisionamiento, comunicación social de emergencia, reconstrucción inicial y vuelta a la normalidad.

• Apoyo, el cual por su naturaleza, se encuentra inmerso en los dos subprogramas sustantivos de la materia, proporcionándoles el sustento jurídico-normativo, técnico, administrativo y social. Las funciones de este subprograma son: planeación, coordinación, marco jurídico, organización, recursos financieros, recursos materiales, recursos humanos, educación y capacitación, participación social, investigación y nuevas tecnologías, comu nicación social, mantenimiento, conservación y creación de instalaciones de protección, realización de la protección civil, control y educación.

En el caso de México, el Sistema Nacional de Protección Civil funciona bajo un principio de corresponsabilidad entre los niveles federal, estatal y municipal y requiere, para su cabal integración, del apoyo y cooperación decididos de la sociedad en su conjunto. Se ha constituido en el marco normativo que regula las diversas acciones de prevención, auxilio y apoyo que realizan las dependencias del gobierno de la República y aquellas concertadas con los diversos sectores de la comunidad, para hacer frente de manera organizada y coordinada a las consecuencias derivadas de la ocurrencia de los fenómenos destructivos, ya sean de orden natural o provocados por el hombre, a los que está condicionado nuestro país tanto por circunstancias geográficas como por su grado de desarrollo. El Sistema ha venido avanzando; hasta el momento se puede afirmar que se han llevado a cabo los cambios institucionales que se requieren para su instrumentación, contándose ya con una estructura organizacional de cobertura generalizada que abarca a todo el país, conformada por autoridades con responsabilidad y funciones bien definidas en la materia, de acuerdo a las atribuciones y competencias que le son propias. Este esquema encabezado por la Secretaría de Gobernación, a través de la Coordinación General de Protección Civil y para los aspectos operativos con la Dirección General de Protección Civil, ha propiciado la participación de las dependencias y organismos, de acuerdo a sus facultades y responsabilidades, en eventos que por sus características y magnitud requirieron de una oportuna y eficiente respuesta. Eventos tales como los huracanes más recientes, los incendios forestales y las inundaciones en el D.F., Estado de México, Veracruz, Campeche y Chiapas entre otros estados, nos dan elementos para afirmar que las acciones de protección civil son cada vez más adecuadas a la actualidad del país. Finalmente, quisiera resaltar, dentro de las acciones que se han desarrollado en materia de protección civil, la creación y establecimiento del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), como el instrumento de carácter técnico del Sistema Nacional de Protección Civil. Esto demuestra el interés y la voluntad del Estado mexicano en no escatimar esfuerzos para lograr una eficiente protección civil. El CENAPRED plantea contribuir con el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico para la determinación de las medidas más adecuadas en la prevención y mitigación de los desastres, señalando las mejores formas de enfrentarlos. Asimismo promueve la capacitación integral de la población y el desarrollo de recursos especializados en la materia, apoyando la difusión de las medidas de preparación y autoprotección a las autoridades correspondientes y a la población en general para enfrentar con mejores posibilidades la contingencia de un desastre. Sin embargo, a pesar de estos logros y del reconocimiento que actualmente goza el SINAPROC, estamos conscientes de que todavía falta mucho por hacer. Sólo la organización adecuada de la sociedad en su conjunto, que involucra al gobierno y a la población en general, a través del Sistema Nacional de Protección Civil puede evitar que una situación normal derive en una catástrofe.


Son tres los factores que determinan la eficacia y eficiencia de los sistemas de protección civil. Primero, es indispensable que sus organismos cuenten con personal especializado y que su operación se base en conocimientos científicotécnicos y socioeconómicos actualizados. Segundo, que se desarrolle lo más pronto posible la fundamentación legislativa de las acciones de protección civil, tanto en los tres niveles de gobierno como en sectores social y privado. Finalmente, pero no menos importante, que se concientice, organice y prepare a la población, cuya participación es nuestra única garantía para afrontar los desastres. La experiencia derivada de la operación del Sistema Nacional de Protección Civil hasta la fecha, misma que han enriquecido con su participación los sectores público, privado y social, nos ha permitido plantear las siguientes expectativas en las que se sustentarán las actividades a futuro: • Acelerar la instalación y actualización, según el caso, de los diversos componentes del Sistema Nacional de Protección Civil, en sus tres modalidades: consultiva, ejecutiva y participativa; en los sectores: público, privado y social; y en los niveles: local, regional y nacional. • Conocer en forma continua los riesgos latentes y la dinámica de su crecimiento, así como determinar las medidas de su reducción y de la mitigación de sus efectos a través de la elaboración de Atlas Estatales y Locales de Riesgos. • Garantizar la ejecución de planes y programas por medio del Sistema Nacional de Protección Civil determinando en forma explícita las facultades y responsabilidades de los diversos organismos y dependencias que lo inte-

gran así como sus interrelaciones y las modalidades de coordinación. • Fortalecer el fundamento jurídico de protección civil, a través de la extensión y profundización de la legislación correspondiente. • Incrementar el desarrollo de los recursos humanos especializados, capacitándolos para enfrentar la problemática por medio de un proceso permanente y diversificado de su formación, que contemple tanto la educación formal como la capacitación y entrenamiento en los lugares de trabajo. • Asegurar la colaboración y apoyo de la población a través de programas continuos de concientización y educación en protección civil, aprovechando los diversos y tradicionales mecanismos de capacitación y divulgación que disponen los distintos sectores, tales como los de las Secretarías de Educación Pública, Trabajo y Previsión Social, Reforma Agraria, Salud, entre otros. • Impulsar y fomentar la colaboración activa del sector privado para prevenir y atender las situaciones de emergencia por medio de la concientización y del establecimiento de normas técnicas e incentivos financieros correspondientes. • Promover la participación de voluntarios y de la comunidad en general apoyando su organización y divulgando las medidas de autoprotección y de primeros auxilios. • Aprovechar las oportunidades de cooperación mundial en investigación mutua, capacitación y difusión, intercambio de conocimientos, tecnologías y realización de acciones solidarias a través de acuerdos bilaterales, tales como los establecidos con Estados Unidos, Japón y Francia, así como los de la futura colaboración en el marco del Decenio Internacional para la Reducción de Desastres Naturales.

La amenaza y presencia de diferentes tipos de fenómenos, que pueden ser causa y origen de desastres en nuestro país y en el mundo, nos obligan a estar en un estado de alerta constante y a desarrollar recursos necesarios para enfrentarlos. La población en su dinámica de crecimiento natural, en su movilidad y en su distribución en los territorios, es el objeto principal de las acciones de protección civil, y a su vez, es la misma población, el recurso básico para el desarrollo de las propias acciones de protección civil. La participación consciente, responsable y organizada de todas las sociedades en las tareas de protección civil es fundamental; para lograr esto es necesario avanzar en un proceso de genuina corresponsabilidad mediante la suma de esfuerzos coordinados. Países como España, Dinamarca, Portugal, Nueva Zelanda, Costa Rica, Argentina, Irak, Israel, Estados Unidos, Rusia y Japón, entre otros, han alcanzado niveles importantes en la integración de sistemas de protección a la población, destacando las medidas de prevención y de participación de la población así como lo relativo a la investigación y estudio de los mecanismos tanto naturales como humanos que generan los desastres. La muestra más importante y que consolida el deseo de todos los gobiernos del mundo lo da la Organización de las Naciones Unidas, la cual ha proclamado al período 1990-2000 como el Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales, iniciativa a la cual se han adherido los 155 países miembros, con el fin de conjuntar esfuerzos para lograr sociedades más seguras a través del desarrollo de tecnologías apropiadas de prevención, las cuales serán transferidas, sin duda, de los países que han alcanzado importantes avances en la materia a aquellos menos desarrollados. El gobierno de México ha pronunciado su interés de adherirse a esta proclama, estableciendo en el seno del Consejo Nacional de Protección Civil una comisión de expertos con facultades para encabezar la participación de nuestro país en dicho evento decenal. Me gustaría terminar este trabajo concluyendo que:

PREVENIR ES SIGNO DE INTELIGENCIA, DE MADUREZ Y DE RESPONSABILIDAD. PREVIENE QUIEN ESTÁ CIERTO DE QUE UN ESFUERZO QUE SE REALICE HOY, PUEDE SIGNIFICAR LA DIFERENCIA ENTRE UN MAL MENOR Y UN DESASTRE.

El Sistema Nacional de Protección Civil • México Ricardo Cícero Betancourt El nacimiento del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPORC) frecuentemente se relaciona con los sismos de 1985, esto en virtud de que la situación de emergencia vivida mostró la imperiosa necesidad de contar con una organización a nivel nacional que normara y promoviera el establecimiento de mecanismos, sistemas y organismos para atender mejor a la población en la eventualidad de un desastre, incorporando las experiencias de instituciones públicas, privadas y sociales, así como de la comunidad científica y de la población en general. Sin embargo, es pertinente mencionar que el SINAPROC tiene otros antecedentes, primordialmente, por medio del Plan DN-IIE, que opera la SEDENA y del plan homólogo de la Secretaría de Marina. Además, son bien conocidas las importantes contribuciones de la extinta SARH (hoy SRA) en la prevención, mitigación y atención de desastres causados principalmente por los fenómenos destructivos de origen hidrometeorológico y por incendios forestales; de la Secretaría de Salud que tradicionalmente orienta sus servicios al ámbito de prevención y atención a la salud en caso de desastre; por último, de la también extinta SEDUE, actualmente SEDESOL, tanto a través de la planeación urbana como de instrumentar políticas sobre la problemática ecológica. De igual manera se destaca también el Sistema de Protección y Restablecimiento del Distrito Federal (SIPROR), creado a principios de esta década. Fue necesario vivir una situación de emergencia mayor, como la provocada por los sismos de 1985 en los que el desastre rebasó todos los recursos previstos para enfrentarlo, para que se cristalizara la necesidad de contar con un sistema de esta naturaleza, que cubriera todo el territorio nacional. En este sentido es posible hablar sobre una consecuencia positiva y trascendental de los sismos de 1985: el surgimiento del SINAPORC, el cual fue aprobado por el Presidente de la República, cuyo decreto se publicó el 6 de mayo de 1986 en el Diario Oficial. La instrumentación e implantación posteriores, así como la operación actual del Sistema, se basan en los siguientes principios:

• Articular congruentemente políticas y acciones en materia de protección civil, de tal manera que se eviten en lo posible acciones aisladas y dispersas que dificulten una adecuada suma de esfuerzos. • Fomentar el sentimiento de solidaridad como un elemento esencial para la unidad de la colectividad en la estructura social en todo el territorio nacional, haciendo del individuo y de la familia objeto central antes, durante y después de un desastre, considerado su ubicación territorial para reducir y atemperar los efectos de la marginalidad geográfica y social de grandes grupos de población. • Orientar el desarrollo y crecimiento de los asentamientos humanos y el uso de los recursos naturales de tal manera que se consideren desde un principio las condiciones y limitaciones que la presencia de agentes perturbadores de origen natural y humano significan para la protección de la sociedad, sus bienes y el entorno ecológico en las zonas expuestas a los desastres. • Promover que la acción que en materia de protección civil cumplen las diversas instituciones públicas, federales, estatales y municipales se dé de una manera integrada, coherente, sistemática y armónica, buscando por medio de una acción común e interdependiente que los estados y municipios atiendan directamente una situación de desastre en sus ámbitos territoriales y puedan con ello continuar fortaleciendo su desarrollo específico. • Alentar la participación de los sectores privado y social, así como de la comunidad en general, para que se traduzca en una contribución activa, real, concreta e independiente, pero común en áreas y acciones específicas. Promover mecanismos permanentes que generen el interés, alienten la intervención y produzcan una participación individual y colectiva para lograr una efectiva búsqueda de soluciones y una eficiente y oportuna ejecución. • Optimización de los recursos existentes y aprovechamiento de las experiencias, tanto nacionales como internacionales. • Desarrollar investigaciones que permitan ampliar el conocimiento que se tiene de los diversos fenómenos de origen natural y humano que provocan los desastres; preparar recursos humanos especializados a través de un amplio proceso de capacitación y apoyar la amplia divulgación de los aspectos de protección civil, para consolidar una Cultura Nacional de Protección Civil.


Meteoritos Consuelo Doddoli Julieta Fierro

N

uestro sistema solar está formado por una gran variedad de cuerpos: el Sol, nueve planetas que en conjunto poseen un centenar de lunas de diferentes tamaños, cometas compuestos de hielo y gases, y asteroides, que son objetos rocosos de menor tamaño que los planetas, concentrados principalmente entre las órbitas de Marte y Júpiter, aunque recientemente se ha encontrado un nuevo grupo entre Neptuno y Plutón. Los planetas, asteroides y cometas se mueven en el espacio alrededor del Sol. El asteroide de mayor tamaño que se conoce es Ceres, cuyo diámetro es de 1 000 kilómetros, es decir, menos de un tercio del diámetro de la Luna. En general, los asteroides tienen un diámetro entre 100 y 200 kilómetros. Cuando los asteroides o cualquier otro cuerpo caen sobre la Tierra u otro mundo, se les llama meteoritos. Algunas veces, al caer forman cráteres, aunque la mayoría de ellos al penetrar en la atmósfera de la Tierra se volatilizan y al hacerlo dejan estelas luminosas conocidas como lluvia de estrellas. Todos los días caen aproximadamente 19 toneladas de materia del espacio sobre la Tierra. El meteorito más grande que se conoce pesa aproximadamente 55 toneladas y se encuentra en Namibia. El cráter de mayor tamaño conocido, que se cree que fue producido por un meteorito, se descubrió en 1950 al noroeste de Quebec; tiene un diámetro de 4 kilómetros, contiene un lago y está rodeado por paredes concéntricas de granito fragmentado. Uno de los meteoritos más importantes que se ha analizado es el meteorito Allende, que cayó en 1969 cerca de Toluca. Su

El sistema solar está formado por una gran variedad de objetos: el Sol, nueve planetas con sus satélites, cometas y asteroides.

masa total, antes de partirse, se estima en 4 toneladas, y su edad en cinco mil millones de años. Puesto que es una edad mayor que la del Sistema Solar, podemos deducir que viene de fuera de éste.

¿Está la Tierra en peligro de ser golpeada por un asteroide? Nos parece pertinente contestar esta pregunta pues últimamente se ha difundido el “rumor” de que un meteorito de grandes dimensiones golpeará a la Tierra en un futuro cercano causando desastres terribles; inclusive se han hecho películas que tratan sobre este tema. La respuesta es no.

Correo del Maestro. Núm. 31, diciembre 1998.

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Meteoritos

El Meteor Crater (Estados Unidos) es la huella del impacto de un meteorito, hace aproximadamente 22 000 años.

De acuerdo con los científicos de la NASA, primero y antes que nada, no se sabe hasta la fecha de ningún objeto que vaya a chocar contra la Tierra en los próximos años. Es cierto que nuestro palneta ha sido golpeado por meteoritos y seguramente sucederá otras veces, sin embargo, por el momento no corre peligro de ser impactado por uno de ellos. En la última década se ha hecho un monitoreo de asteroides y meteoritos cercanos a la Tierra. La Unión Astronómica Internacional (UAI) ha creado una lista de “asteroides potencialmente peligrosos”, la cual incluye 108 objetos, la mayor parte de ellos descubiertos en los últimos cinco años. Uno de ellos, bautizado “1997 XF11” de acuerdo a las reglas de nomenclatura de la UAI, encontrado el 6 de diciembre del año pasado por Jim Scotti de la Universidad de Arizona fue tema de una alarmante noticia suscitada por uno de los telegramas astronómicos (enviados por correo electrónico) emitidos por la UAI el 11 de marzo. En él se reportaba que, a partir de la órbita calculada con datos tomados en los 88 días transcurridos desde el descubrimiento de 1997 XF11, el 26 de octubre del año 2028 este objeto pasaría a tan sólo 46 000 kilómetros de la Tierra.

Correo del Maestro. Núm. 31, diciembre 1998.

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Si uno considera que nuestro planeta tiene un diámetro de 12 756 kilómetros y los datos obtenidos en tan pocos días son insuficientes para determinar con precisión la órbita del meteorito, no se podía descartar la posibilidad de que este objeto chocara con la Tierra. Las primeras estimaciones del tamaño de 1997 XF11, sugieren que tiene un diámetro de alrededor de un kilómetro y medio, unas diez veces menor que el calculado para el asteroide que cayó hace 65 millones de años en Yucatán, al cual se le atribuye la extinción de los dinosaurios. Sin embargo, frecuentemente en astronomía aparecen por casualidad, en imágenes tomadas por distintos motivos, objetos que no habían sido descubiertos. Tres investigadores del Jet Propulsion Laboratory de la NASA reportaron tener registros del 1997 XF11 en fotografías tomadas en marzo de 1990. Gracias a estos datos ha sido posible calcular con mayor precisión la órbita de este objeto y se sabe que pasará a casi un millón de kilómetros de distancia de la Tierra, y que la posibilidad de una colisión con nuestro planeta es nula. Está información apareció en el telegrama 6 839 de la UAI emitido veinticuatro horas después del reporte inicial.


¿Cuáles son las posibilidades de ser golpeado y cuándo podría suceder?

Si mañana se descubriera un objeto que interceptara a la órbita de la Tierra, ¿qué sucedería? Como ya señalampos se han descubierto cerca de 100 cuerpos cuyas órbitas son tan cercanas a la de la Tierra (más allá de la órbita de la Luna) que podrían chocar en cientos de miles de años. Sin embargo las órbitas de estos cuerpos cambian lentamente con el tiempo; aun en el remoto caso de encontrar un asteroide que se cruce en el camino con la Tierra se tendría el tiempo suficiente para rastrearlo, medirlo, medir su órbita con mayor precisión y si fuera necesario crear un plan para desviarlo.

A algunas personas les inquieta que algún asteroide como 1997 XF11 colisione contra la Tierra.

¿Y yo qué? Es importante volver a mencionar que en el caso del meteorito 1997 XF11, el primer mensaje, que decía que era posible un choque contra la Tierra, se difundió rápidamente, mientras que el segundo telegrama, que salió 24 horas después y en el que se decía que no iba a haber un impacto, no fue tomado en cuenta por los medios de comunicación. Esto nos debe llevar a pensar que algunos medios utilizan sólo una parte de la información que los científicos les dan. Usan sólo aquella parte que puede generar noticias sensacionalistas y que se puede vender. Por eso cuando leamos, veamos o escuchemos noticias científicas es muy importante tener en cuenta de dónde proviene la información y si el medio que la está difundiendo realmente es un medio interesado en la divulgación científica y en que la ciencia sirva para beneficio de la humanidad.

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Hay que recordar que el espacio interplanetario es muy grande y prácticamente vacío, lo que ocasiona que las posibilidades de que nuestro planeta sea golpeado por un objeto sean muy bajas. La mayor parte de los cuerpos de gran tamaño se encuentran a cientos o miles de años luz de nosotros. Inclusive los cinturones de asteroides ocupan tanto espacio que los objetos que los constituyen están separados por millones de kilómetros y entre el cinturón de asteroides y nosotros hay mucho más espacio. Según el equipo de rastreo de asteroides cercanos a la Tierra “los asteroides más peligrosos”, capaces de hacer un desastre global, son poco comunes. Los objetos cuyo diámetro comprende entre 1/2 y 1 kilómetro se estrellan contra la Tierra sólo una vez cada 100 mil años. Y cometas con este tamaño son todavía más raros, y por lo mismo pasan cerca de la Tierra con menos frecuencia, tal vez cada 500 mil años.

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Certidumbres e incertidumbres

La escuela y el aprendizaje ambiental del niño Laura Barraza

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na de las medidas que se utilizan para conocer el grado de avance o retroceso de un país es la educación. La falta de educación es un gran obstáculo hacia el desarrollo. Si la población no conoce las causas que dañan el ambiente y sus consecuencias ¿cómo pueden respetarlo? Para iniciar este proceso de información es importante que la escuela desarrolle políticas ambientales, así como métodos interactivos y formas de enseñanza novedosas, participativas y divertidas, con el fin de promover una conciencia ambiental y una responsabilidad social en la ciudadanía. En este artículo se señala la importancia que tiene la educación ambiental, la escuela y el educador, en la formación de conocimientos, actitudes y valores ambientales en el individuo.

Desarrollo de una política ambiental en la escuela El propósito de la educación en una época de cambio es el aprender cómo aprender, por lo que nuestras mentes necesitan ser flexibles y capaces de adaptarse a distintas situaciones. La educación ambiental es una disciplina relativamente nueva que busca clarificar conceptos, desarrollar habilidades y formar actitudes positivas hacia el ambiente. La educación en la década de los noventa ha tenido una tendencia holista. El holismo es la base filosófica _un nuevo enfoque_ de la educación ambiental para la sustentabilidad. Este nuevo enfoque busca estimu-

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lar e involucrar a los niños a que observen, analicen y participen en la solución de problemas utilizando métodos de aprendizaje interactivos y de cooperación en los que tanto los padres como la comunidad se involucren. Por lo tanto, la educación para el siglo XXI deberá concentrarse en la búsqueda de lineamientos y técnicas que refuercen esta tendencia. Aparentemente, la escuela que desarrolla una política ambiental está trabajando hacia una visión holista en la educación. Esta visión promueve en el individuo una participación ciudadana y una responsabilidad ambiental global. Con el fin de reforzar y de enriquecer el conocimiento, la formación de valores y actitudes y el desarrollo de habilidades sociales y políticas, el currículum escolar debe desarrollar distintas dimensiones: ambiental, política, social y económica. Estos son elementos indispensables a considerar en el proceso de transformación de la escuela hacia centros en donde los niños puedan interactuar junto con sus padres y educadores para construir un mejor lugar para todos. Es de vital importancia que en la actualidad la escuela promueva una visión integral en la educación así como un apoyo práctico a los educadores y a la comunidad. La educación ambiental constituye una dimensión horizontal que se relaciona intrínsecamente con las distintas áreas del currículum escolar a diferentes niveles, pero fundamentalmente con tres de ellas: ciencias naturales, ciencias sociales y educación tecnológica. La educación ambiental es, por esencia, interdisciplinaria, en virtud de que requiere de


una participación unitaria de diversas disciplinas o enfoques. Por ello, la educación ambiental, en estos tiempos de cambios tan acelerados, es una herramienta indispensable en la enseñanza formal. A través de la educación ambiental se estimula el desarrollo de habilidades de observación y de pensamiento, y se promueve la formación de una ciudadanía responsable. La escuela debe concentrarse en el desarrollo de cuatro áreas principalmente: currículum, enseñanza práctica de conceptos, actividades dirigidas a la participación, y desarrollo de valores. Considerando estas áreas de desarrollo la escuela puede ayudar a los niños: 1) al ejercicio de un pensamiento crítico y al desarrollo de una imaginación creativa, 2) a la participación de una manera más profunda y activa y, 3) a comprometerse de forma activa y responsable en los problemas locales de la comunidad. Una manera de lograr estos objetivos es a través del desarrollo de programas de educación ambiental. Los niños pueden poner en práctica su pensamiento crítico cuando discuten problemas ambientales; pueden entender más fácilmente los conceptos ambientales cuando van al campo y/o realizan actividades prácticas, y cuando participan en el desarrollo de proyectos comunitarios con la sociedad.

La enseñanza de las ciencias ambientales Para que un aprendizaje sea efectivo en materia ambiental, es fundamental que exista una interacción entre el individuo y su entorno. La escuela y el propio interés de los educadores en materia ambiental influyen de manera notoria en el comportamiento de los niños, en su formación de valores y actitudes y en la adquisición de conocimientos ambientales. Por ello, el papel del educador en promover un interés ambiental en los niños es determinante. La información

que transmita el educador, su preparación e interés sobre cuestiones relacionadas al ambiente y la política ambiental establecida por la escuela determinarán la formación de los tres niveles del proceso de la educación ambiental en los niños: 1) adquirir un conocimiento ambiental, 2) consolidar los valores y actitudes ambientales, y 3) promover una participación activa. Con el fin de lograr un impacto más efectivo en la educación de los niños, los educadores deben contar con apoyo para mejorar su práctica docente a través de estímulos, cursos y talleres. El educador no es solamente un comunicador, sino que representa un modelo a seguir. Para que el educador sea capaz de transmitir conocimientos y sea un buen modelo, debe ser libre para enseñar y para aprender. El aprendizaje efectivo de los niños sobre cuestiones ambientales está fuertemente relacionado con la práctica pedagógica que utiliza el educador. El conocimiento ambiental de los niños depende de varios factores: la política de la escuela, el educador, el espacio físico, el acceso a la información a través de libros, prensa, televisión, computadora y a otras actividades sociales. Tradicionalmente la enseñanza de las ciencias ambientales se ha enseñado con un fuerte énfasis en la teoría y memorización de los hechos. La falta de experiencia práctica ha sido un problema grave relacionado a esta materia. Sin embargo, en la ciencia moderna, el interpretar y organizar los hechos tiene mayor relevancia que el sólo producirlos. Nuevas teorías educativas ofrecen grandes oportunidades para educar al público, como la teoría constructivista, las técnicas del pensamiento crítico, el aprendizaje de cooperación, y la acción comunitaria. La corriente pedagógica y el propio interés del educador en asuntos ambientales, afecta el proceso de aprendizaje de los niños. En un estudio hecho por Barraza (1996), el conocimiento sobre diez conceptos ambientales fue menor en

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La escuela y el aprendizaje ambiental del niño

niños mexicanos que en niños ingleses (1.3% y 9% respectivamente). Los niños mexicanos tienen acceso a un buen nivel de información ambiental a través de los libros de texto, sin embargo su uso ha probado no ser suficiente en la adquisición del conocimiento, ni tampoco en la asimilación de conceptos ambientales. La manera en la que los niños aprenden temas ambientales tiene que ver con el proceso en que desarrollan una conciencia ambiental. Los niños mexicanos que reciben información únicamente del libro de texto, sin tener la oportunidad de experimentar con el concepto, no retienen tanta información como aquellos que asimilan la información al hacer una actividad práctica. Muchos educadores mexicanos transmiten la información en un solo sentido, unilateramente, y es aún muy común encontrar en la práctica docente mexicana al educador que utiliza el método tradicional, en el que los niños no tienen un papel dinámico en el proceso de aprendizaje. Para algunos educadores el diálogo entre los estudiantes y el currículum está siendo cada vez más importante, pero aún no son la mayoría. En el caso del sistema educativo inglés, los niños no utilizan libros de texto como única fuente de la información, en cambio se le da un mayor énfasis al desarrollo de proyectos ambientales comunitarios, realizando trabajo práctico. El método pedagógico resulta ser más efectivo para el aprendizaje de conceptos ambientales, cuando la escuela se concentra más en el desarrollo de actividades prácticas que en la mera transmisión de conocimientos por medio de libros de texto. Cabe señalar que actualmente existe una gran riqueza de este tipo de información en los contenidos de los libros de texto. Además, en ellos, se propone un sinnúmero de actividades prácticas que si se llevan a cabo pueden reforzar y mejorar substancialmente el proceso de aprendizaje. Sin embargo, en la mayoría de los casos la ejecución práctica de estas

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actividades no se logra debido principalmente a la falta de tiempo y de planeación del educador, así como a la falta de materiales. Debemos recordar que para muchos niños del país, los libros de texto son la única fuente de acceso a la información. Si los niños aprenden más cuando se involucran en proyectos ambientales a través de la comunidad, merece la pena dedicar más tiempo al desarrollo de las investigaciones y actividades prácticas que se proponen. Parece que para entender un concepto, no sólo se necesita tener acceso a la información, sino la experiencia en la práctica del concepto. La filosofía de la escuela juega un papel determinante en la adquisición de información ambiental. La escuela que desarrolla políticas ambientales o que manifiesta un cierto interés en el ambiente influye de manera más positiva en el desarrollo de conocimientos y valores ambientales en los niños, que aquella que no tiene políticas ambientales. En algunos estudios (Barman et al, 1993; Allard & Barman, 1994; Barraza, 1996) se encontró que los niños de escuelas en la que los educadores enseñaban muy poco sobre cuestiones ambientales eran menos capaces de entender conceptos ambientales y, además eran más propensos a desarrollar actitudes negativas hacia el ambiente. El educador debe ser un facilitador del aprendizaje y no sólo un proveedor de conocimientos. La práctica docente debe concentrarse en tres fases: exploración, introducción del concepto y la aplicación del mismo. En este método, el trabajo directo con la manipulación de objetos y la discusión apropiada en el salón de clases es crucial para el proceso. El acceso a la información es importante, pero para garantizar que esta información ha sido entendida y asimilada por los niños, más atención debe darse al proceso de cómo se transmite la información. Por lo tanto, para asegurar la asimilación de conceptos ambientales en los niños,


ma de educación viable para el fomento de un respeto y aprecio por el ambiente en toda la ciudadanía. El énfasis de la educación ambiental en la escuela deberá dirigirse hacia la investigación misma de los niños, incluyendo la experiencia directa y la práctica docente. El trabajo de campo ofrece oportunidades para fomentar el interés y la curiosidad por el ambiente al mismo tiempo que permite enriquecer el aprendizaje. En la medida en que se incorpore una política ambiental en el sistema educativo nacional estaremos generando seres más conscientes, respetuosos y comprometidos a participar por un mejor ambiente para todos. “Al final conservaremos sólo aquello que amamos; amaremos sólo aquello que entendamos; entenderemos sólo aquello que nos enseñaron” (Baba Dioum, poeta de Senegal).

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el papel del educador como guía de información y como orientador en la formación de valores y actitudes ambientales es determinante. Sólo la enseñanza creativa ayudará a que los niños desarrollen el conocimiento, las habilidades, los valores y las actitudes para un mejor entendimiento y sentido de apreciación y de respeto por el ambiente. La adquisición de conocimientos puede ayudar a desarrollar actitudes positivas hacia éste, pero sólo si está orientado hacia el desarrollo de valores ambientales. En México, ha sido apenas en los últimos 12 años que el gobierno ha hecho un esfuerzo por incorporar la dimensión ambiental en el currículum escolar, principalmente a nivel primaria. En la última década, las actividades más significativas que se llevaron a cabo en materia de educación ambiental estuvieron orientadas hacia tres áreas principalmente: 1) conocer la situación real de la educación ambiental en México a través de un diagnóstico hecho por el CESU(Centro de Estudios sobre la Universidad, UNAM), 2) revisión detallada de los contenidos ambientales en los programas de educación formal desde preescolar hasta nivel universitario, y 3) capacitación de maestros. Concluyendo, la escuela desempeña un papel determinante en la formación de valores, actitudes y conocimientos ambientales en los niños. Para promover una participación ciudadana y una responsabilidad ambiental en los niños, la escuela necesita buscar un cambio en sus políticas, su organización y su estructura. Es muy importante desarrollar mayor investigación en los métodos pedagógicos que utilizan los educadores para transmitir información ambiental, así como investigar si los educadores utilizan o no los lineamientos oficiales de la educación ambiental en su práctica docente, además de buscar métodos que nos permitan conocer los valores y las actitudes de educadores y educandos ante el ambiente, con el fin de proponer un siste-

Bibliografía ALLARD, D.W. and Barman, C. R.The learning cycle as an alternative method for college science teaching. BioScience 44 (2): 99-101, 1994. BARMAN, C.R., M. R. Cohen, and Shedd, J. D. .The learning cycle: a basic tool for teachers too. Perspectives in Education and Deafness, 11: 7-11. 1993. BARRAZA, L. Environmental knowledge and attitudes of English and Mexican school children. Ph. D.Thesis. University of Cambridge, U. K, 1996. BRUNER, J. S. The process of education. Harvard University Press, Cambridge, Massa-chusetts, USA, 1969. DE ALBA, A., González-Gaudiano, E. y Morelos, S. La Educación Ambiental en México. Cero en conducta 11/12:77-92, (1988) DEBUHR, L.E. Public understanding of biodiversity. BioScience June 6:43-44, 1995. GREIG, S., Pike, G. and Selby, D. Greenprints for changing schools. WWF and Kogan Page. Lonon, U. K, 1989. KAMMINGA, H. Interpreting the world, changing the world, and living in the world: Is a science for the people possible?. In: p. 321-348. Science for the Earth. Wakeford, T. and Walters, M. eds. John Wiley & Sons.West Sussex, U. K, 1995. SMYTH, C. J. Environment and education: a view of a changing scene. Environmental Education Research 1:3-20, 1995. TOMKINS, S. Science for the Earth starts at school. In: p. 257-276. Science for the Earth.Wakeford,T. and Walters, M. eds. John Wiley & Sons.West Sussex, U. K, (1995)

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Artistas y artesanos

En nombre del cielo… María Esther Aguirre Lora

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l recorrer calles y plazas de las ciudades de nuestro país, avanzado el mes de diciembre, solemos escuchar cantos y ver grupitos de niños por aquí y por allá pidiendo “posada”, pero por lo general no se nos ocurre pensar que estamos frente a una de las tradiciones mexicanas más antiguas, que data nada menos que de la vida cotidiana en la Nueva España… La prolongación de los rituales cristianos en torno a la natalidad de Jesús, donde la fiesta católica trasciende los límites de los recintos sagrados, templos y conventos, para volcarse de lleno a los espacios públicos en medio de la algarabía decembrina, expresa esas amalgamas entre poderes eclesiásticos y civiles que fueron posibles antes de la Reforma Religiosa del siglo XIX.

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La conmemoración consistía en evocar en el curso de nueve veladas o “posadas”, a partir del 16 de diciembre hasta el 24 de diciembre, víspera de la Navidad propiamente dicha, la huida de Nazaret que María y José, esperando el nacimiento de Jesús, se vieron obligados a realizar para librarse de las amenazas del tirano Herodes I, el Grande, empeñado en asesinar a cuanto niño naciera por esos días en la región para evitar un posible contrincante a su reinado. La búsqueda del refugio, que finalmente encontrarían en Belén, se recordaba con procesiones, cantos de la letanía y el pedir y dar posada. En ello prevalecía el esparcimiento devoto de niños y adultos. La costumbre en los ambientes de la Nueva España se instauró paulatinamente, como nos cuenta Vicente T. Mendoza, abriéndose paso alrededor de las capillas que existían en las haciendas y rancherías, primero; luego, en las casas de las familias acomodadas que se congregaban alrededor de sus oratorios particulares, y después se hizo extensiva a las vecindades, a las barriadas y aun a las plazas públicas. A menudo la devoción religiosa se mezclaba con música popular y bailes, como era habitual en otras festividades mestizas y criollas. Las posadas constituyeron un motivo muy fuerte para estimular la creación poética en torno a las piezas teatrales que conocemos como pastorelas, cuyo origen son los cantos españoles de los pastores donde un grupo de campesinos representa al género humano expresando todas sus debilidades y pecados a través de personajes fijados por la tradición tales como Lucifer, Bato,


Gila y Blas, quienes después de muchas peripecias anuncian el nacimiento del Salvador; a los cantos y arrullos entre los que se cuentan los conocidos villancicos, que si bien se remontan a los cantos y bailes de las aldeas o villas españolas del siglo XV, fueron ricamente recreados en la tradición novohispana por sor Juana Inés de la Cruz entre otros muchos poetas de la época, conocidos o bien anónimos. Al paso del tiempo, en pleno siglo XIX, y esto lo conocemos por el testimonio de diversos literatos, cronistas y periodistas tales como don Guillermo Prieto, la Marquesa, Calderón de la Barca, Antonio García Cubas, el Nigromante y otros más, el México independiente continuó cultivando estas tradiciones revividas en las fiestas decembrinas, y ni las convulsiones sociales, ni el deslinde entre los poderes civiles y eclesiásticos, ni la Intervención Francesa las finiquitaron. Familias acomodadas y otras menos acomodadas continuaron realizando estos festejos que si bien en algunos momentos se replegaron en los ámbitos domésticos porque las circunstancias así lo exigieron, también es cierto que ganaron los espacios de las plazas públicas, particularmente la zona de la Catedral y del Zócalo capitalino, en cuyos alrededores desde entonces proliferaban puestos en los que se vendían piñatas, colaciones y todo lo necesario para los “nacimientos”, esto es heno, pino, figuritas artesanales, farolillos, lucecillas, que a la fecha, en el umbral del siglo XXI y con el trasfondo de la globalización, aún podemos disfrutar en los confines de los mercados mexicanos. También de esos años, para ser precisos del último cuarto del siglo XIX, data la costumbre del famoso arbolito de Navidad, lleno de luces y de regalitos. Fue precisamente el del General Negrete, contrincante de don Porfirio Díaz, del que se tienen noticias a través de la prensa. Árboles que vedados, permitidos, importados, clandestinos y multados, y en diversas versio-

nes artificiales, terminaron por integrarse a los nacimientos como parte de las atmósferas navideñas en un empeño por crear ambientes invernales del frío y nieve nórdica aun en medio de los tropicales meses decembrinos propios del sureste mexicano…

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En nombre del cielo...

Don Guillermo Prieto Pradillo (Ciudad de México, 1818-1897), afiliado al partido liberal desde sus años de juventud, tuvo una fecunda vida política e intelectual. A su vasta obra en prosa en el ámbito de la historia y de la economía, se integra su obra como poeta y columnista en la prensa del siglo XIX. En sus memorias y ensayos recurre al género autobiográfico para recrear semblanzas y escenarios de diversos sectores de la ciudad. Con motivo de las fiestas decembrinas, en esta ocasión ofrecemos a nuestros lectores dos cuadros de familias acomodadas del siglo XIX que nos remiten a algunas de nuestras tradiciones populares más arraigadas.

En torno a los preparativos de la fiesta de Navidad

Nos representa nuestra memoria a los cargadores agobiados bajo sendos canastos de verdura, de colación y de pescado… Nos revive aquella amplia cocina con sus hornillas encendidas, sembrada de metates con afanosas molenderas; aquellas cazuelas en secciones para los romeritos, los pescados y para esas ensaladas alegres, enciclopédicas, casi artísticas, que no se ven ni se saborean más que en esta noche; aquellos grupos de chicos que parten piñones y pelan cacahuates; aquella hacendosa anciana que hace repicar el almírez para hacer polvo las rajas de canela; aquellas parientas pobres, pero muy curiosas, que hacen de la hoja de jícama una estrella, de una aceituna un conejo y de un rábano una joya de filigrana; aquellos cazos para el almíbar de las torrejas, y aquellos mil gritos y risas y ruidos que no tienen traducción y es imposible trasladar al papel. En el comedor y despensa se representaba otra escena: era la postura de la mesa para las personas, las mesitas para los chicos y la solemne distribución de colación en tompiatitos pequeños, pero con sus dulces cubiertos, sus cacahuates y tejocotes, su plátano pasado y su diluvio de anises, confites y canelones. En la sala, en una especie de grave aislamiento, la aristocracia de la familia, con el sacerdote de la casa, disponiendo el Nacimiento. La posada, el rorro, el nacimiento, el baile… ¡Oh, cuánta delicia y emoción! Y luego el baile, y si venía a cuento, la Misa de Gallo, y duraba el fervor hasta saludar la aurora tomando leche al pie de la vaca.1

Persuadido don Polinario de la necesidad de que las niñas tuvieran una distracción, y de no ser unos lirones, nacidos de la yerba, se abría la discusión sobre el local, pintores, trajes; todo con la mayor economía; y poníase en tela de elección la pieza representable, fijándose al fin en un coloquio, por la razón conveniente de que había modo de dar papel a varios diablos, además de Lucifer, como el Pecado, la Astucia,

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Fotografía del libro de Marta Turok, Cecilia Jurado y Lucina Jiménez: Diciembre en la tradición popular. Dirección General de Culturas Populares.

En torno a las pastorelas


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Asmodeo, etc., y ser de mucho efecto los vuelos, el infierno, la cena de pastores. Designábanse los aficionados de pintura, que hacían unos árboles como lechugas y unas perspectivas que se confundían con armazones de tienda; con sus montañas como pilones de azúcar; unas llamaradas que chorreaban sangre, y unas aguas que nadie habría desdeñado para lana de colchón. Por supuesto, que el pollo de más prestigio era Luzbel, y la muchacha más bonita la Virgen; de donde resultaba que al freir de los huevos, Luzbel se empeñaba en hacer de María santísima una chica de rompe y rasga, dando con esto lugar a escenas reales, de todo punto imprevistas. Con rara atingencia se señalaba el papel de señor San José al amo don Apolinar; al muchacho más insubordinado y audaz, el de san Miguel, y el de san Gabriel, al del pacato chiquitín, adoración del señor de la casa. El de mayores dotes de glotón y chistoso, era Bato; Gila, la más batallera y parlanchina y Cardenio, pastor prudente, algún gazmoño mátalas a tientas, que era el Néstor pastoril. Un tenor grave, literato inédito, que lee con mucha puntuación y sindéresis, es a la vez apuntador y director de escena. Los ensayos que hierven en chanzas, chicoleos y peripecias, los celos entre pastores, diablos y pastoras, las agencias para el servicio de la escena, las empeñadísimas discusiones sobre vestidos, alas de los ángeles, bordados de lentejuela, caireles de los diablos, etc., forman un modo de ser en aquel gran círculo de actores que escapa al pincel más ejercitado y sagaz… El día de la función es la mar, y los comentarios de tan gran suceso, pueden aún registrarse en los recuerdos indelebles de los que vieron o fueron parte de aquellos solaces de familia.2

Notas 1. PRIETO, Guillermo.Artículo aparecido en El Monitor Republicano, 27 de diciembre de 1868. 2. PRIETO, Guillermo. Memorias de mis tiempos, Editorial Patria, S.A. (Colección México en el siglo XIX), México, 1969, pp. 247-248.

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Sentidos y significados

Peligros y riesgos Hugo Delgado Granados

Los peligros naturales han acompañado al hombre a lo largo de la historia. Con la ciencia y la tecnología éste se ha preocupado por disminuir los riesgos a los que se ve expuesto.

Viviendo peligrosamente Durante la última década hemos oído hablar recurrentemente acerca de peligros y riesgos naturales, sin embargo, el significado de estas dos palabras es algo ambiguo. El propósito de estas líneas es definir ambos conceptos. Antes de presentar una definición formal de los términos es importante hacer algunas reflexiones. Los llamados “peligros naturales” han estado presentes siempre en la historia de la humanidad. La historia del Diluvio Universal, por ejemplo, aparece en la mitología de diversas partes del mundo, tanto en la Biblia, como en las leyendas del México antiguo, refiriéndose a tiempos de grandes lluvias que incluso acarreaban grandes cantidades de lodo y rocas.

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Estas imágenes del pasado no son diferentes de las imágenes que los grandes huracanes permiten observar hoy en día, así como la devastación que van dejando a su paso, como el reciente caso del huracán Mitch que azotó Centroamérica. Hoy en día existe una creciente paradoja entre los notables logros de la ciencia y la medicina (los cuales permiten una vida más saludable y segura), y la continua muerte y destrucción asociados con los extremos de la naturaleza. La paradoja se complica por el hecho de que la ciencia por sí misma no está exenta de peligros y ha conducido a la comparativamente reciente emergencia de las amenazas “hechas por el hombre” (antropogénicas) las cuales surgen por la mala aplicación y fallas de la tecnología. La gente está ahora bajo riesgos no sólo derivados de eventos geofísicos tales como las inundaciones y terremotos, sino también de explosiones industriales, derrame de substancias tóxicas y grandes accidentes de tránsito. Una creciente preocupación por los peligros se debe a que los desastres producen noticias. Las imágenes que resultan de los peligros, tanto naturales como antropogénicos, aparecen repetidamente en las pantallas de televisión y pareciera que son más frecuentes sus apariciones en los titulares de los periódicos. ¿Cuál es la realidad?, ¿el mundo se está volviendo más peligroso?, ¿por qué parece que somos incapaces de utilizar el conocimiento científico para reducir los peligros?, ¿está aumentando la magnitud y la frecuencia de los peligros naturales?, ¿cuál es el riesgo adicional que


representan los nuevos peligros tecnológicos?, ¿las sociedades humanas se están volviendo más vulnerables a la misma incidencia de peligros? Por otra parte, con el mejoramiento progresivo de las comunicaciones globales, ¿estará sucediendo que simplemente los desastres son reportados más eficientemente que antes, y hasta cierto punto son invención de los medios? ¿Tal vez la preocupación por los peligros es más acentuada en las naciones ricas y desarrolladas que han eliminado tantas amenazas, como por ejemplo la plaga bubónica, de manera que hoy se preocupan de problemas menos inmediatos? De cualquier manera, ¿cómo podemos definir un nivel aceptable de riesgo y cómo puede variar éste entre las diferentes comunidades del planeta? ¿Es realista ver a futuro un mundo en el que los peligros ambientales hayan sido eliminados?

El catastrofismo, el uniformitarismo y la teoría de las catástrofes Durante el siglo XVIII existió una serie de discusiones acerca del origen de los fenómenos naturales. Una corriente del pensamiento de la época consideraba que las formas de la superficie de la Tierra y los grandes eventos que estaban asociados con procesos observables eran cataclísmicos y más importante, que eran actos de Dios (por ejemplo, el hecho de encontrar rocas y fósiles marinos en las montañas era atribuido al Diluvio Universal). A los seguidores de esta línea de pensamiento se les llamó catastrofistas. En contraste, los uniformitaristas pensaban que los rasgos geológicos y geomorfológicos eran el resultado de cambios lentos y acumulativos causados por procesos naturales que operaban a ritmos relativamente constantes. El uniformitarismo involucraba dos conceptos. El primero implicaba que los procesos geoló-

gicos siguen leyes naturales aplicables a la ciencia, por tanto no eran actos de Dios (de esta manera, históricamente los uniformitaristas contrarrestaban los pensamientos de los catastrofistas). El segundo concepto implicaba constancia en los ritmos de cambio y en la forma física a través del tiempo. Según esto, el tipo y ritmo de procesos que operan hoy en día ha permanecido constante a través del tiempo geológico. Por ejemplo, las olas rompen hoy en día en las playas en la misma forma en que lo han hecho probablemente por centenas de millones de años. Pocos objetarían este concepto. No obstante, este concepto no es estrictamente cierto. Por ejemplo, no existe un caso análogo hoy en día a los procesos que permitieron la formación de los Alpes o las extinciones masivas que han dominado el pasado geológico (como la extinción de los dinosaurios). La teoría de las catástrofes moderna no hace alusión a actos de Dios como el catastrofismo del siglo XVIII y no toma demasiado en cuenta al uniformitarismo. El término implica gran magnitud de eventos súbitos que aparentemente alteran por completo procesos o relieves que existieron antes de los eventos. Este nuevo catastrofismo implica dos conceptos. El primero se refiere a un evento de gran magnitud que puede o no ser raro. Una gran tormenta tropical puede servir de ejemplo, si se puede reconocer que la playa existe o bien que el oleaje y los procesos que actúan son los mismos que antes de la tormenta. El segundo concepto implica algunos cambios súbitos e irrevocables, o al menos un estado alterado que difícilmente volverá al estado precatástrofe. Un levantamiento de parte del piso oceánico por encima del nivel del mar causado por un terre moto sería un evento de este tipo. El relieve y los procesos que operan después del evento, no son los mismos que operaban antes de él.

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Peligros y riesgos

Peligro y riesgo El peligro es una parte omnipresente de la vida, del que difícilmente podemos escapar. Podemos definir al peligro como la amenaza potencial sobre los seres humanos y sus propiedades. El riesgo ha sido tomado con frecuencia como un sinónimo de peligro, pero el riesgo posee la implicación adicional de la posibilidad de que un peligro particular ocurra realmente. Si alguien cruza un desierto, está expuesto al mismo peligro de morir de sed si lo cruza en un vehículo o caminando. El riesgo es, sin embargo, muy diferente para cada caso (el riesgo es mayor para quien cruza un desierto caminando). Si la muerte de la persona ocurre, se puede decir que ha ocurrido un desastre. Entonces, un desastre puede verse como la realización de un peligro. El peligro natural es la probabilidad de que un área determinada sea afectada por procesos naturales, potencialmente destructivos, en un intervalo dado de tiempo. El riesgo es la posibilidad de pérdida de vidas humanas, propiedades, capacidad productiva, etc., dentro de un área determinada sujeta al (los) peligro (s). Una evaluación del riesgo involucra considerar la siguiente relación: Riesgo = (costo) x (vulnerabilidad) x (peligro)

Algunos fenómenos naturales pueden, en ciertos casos, afectar el patrimonio de los hombres.

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Donde el costo puede incluir el número de vidas humanas, las propiedades, las obras de infraestructura y la capacidad productiva amenazadas; y vulnerabilidad es una medida de la proporción (0 a 100%) del costo susceptible a ser perdido en un evento peligroso dado, que es considerado en esta expresión en función de su probabilidad de ocurrencia. En algunas ocasiones, la palabra “peligro” se ha tratado de evitar ya que para algunas personas es de un impacto muy fuerte. Por ello, en ocasiones ésta es sustituida por la palabra amenaza. Peligro y amenaza son palabras que pueden ser consideradas como sinónimos pero nunca deben ser sustituidas por la palabra , ya que ésta implica conceptualmente algo completamente distinto. Un volcán puede permanecer apagado por mucho tiempo, pero los depósitos que formó a lo largo de los años demuestran el potencial eruptivo del mismo. Estudiar los remanentes de erupciones anteriores permiten determinar el peligro asociado con el volcán e identificar los diferentes matices del peligro (o amenaza) volcánico. El riesgo es una función del impacto que pudiera tener al presentarse cualquiera de los peligros volcánicos (lavas, lluvia de cenizas, etc.). Peligro, riesgo y desastre operan en varias escalas. En términos de severidad decreciente del peligro, podemos reconocer las siguientes amenazas: 1. Peligros sobre la gente (muerte, heridas, enfermedades, nerviosismo). 2. Peligro sobre los bienes (daños a la propiedad, pérdida económica). 3. Peligros sobre el ambiente (pérdida de flora y fauna, contaminación). Así como los peligros pueden ser clasificados, la probabilidad de un evento puede ser colocado en una escala teórica de 0 a 1 (de no-ocurrencia a ocurrencia del peligro). La relación entre un peligro y su probabilidad puede ser usada para determinar su nivel de riesgo. Mientras que el


daño a los bienes y al ambiente puede ser extremadamente costoso en términos sociales y económicos, se acepta normalmente que una amenaza directa a la vida es el peligro más serio que enfrentan los seres humanos. Los peligros naturales son aquellos elementos del ambiente físico que pueden resultar dañinos para el ser humano y son causados por fuerzas extrañas a él. Los peligros naturales resultan del conflicto entre los procesos geofísicos y la gente, por lo que permanecen en la frontera entre el sistema de eventos naturales y el sistema de usos humanos. Esto da al ser humano un papel central. En primer lugar, porque es cuando la gente y sus pertenencias quedan en el camino de los procesos naturales que los peligros existen. En segundo lugar, por la percepción, debido a que los seres humanos dan valor de juicio a los procesos naturales como una valoración ambiental general dondequiera que se asienten o cualquiera que sea el uso del suelo. Los peligros pueden existir y ser grandes, pero el riesgo involucrado ser mínimo, y viceversa. Por ejemplo, un gran terremoto (peligro grande) puede ocurrir con frecuencia en una región despoblada del planeta y por ello, el riesgo es mínimo, por el contrario, un pequeño temblor puede ocurrir con poca frecuencia en una región densamente poblada y por ello, poseer un riesgo muy alto.

Los peligros naturales Los agentes ambientales o procesos potencialmente peligrosos son: Atmosféricos o climáticos Simples: lluvia, granizo, nieve, viento, descargas eléctricas, “ondas de calor”, “ondas frías”, neblina, etc. Compuestos: tormentas de lluvia y viento, tormentas de rayos, tornados, huracanes, sequía, entre otros.

El desarrollo tecnológico e industrial han provocado nuevos peligros tanto para el hombre como para el medio ambiente que lo rodea.

Hidrológicos Inundaciones (ocasionados por lluvias, fusión de la nieve, represamiento natural), acción del oleaje en costas lacustres y en el océano, mar helado y icebergs, sequía en arroyos y avances glaciales. Geológicos Movimientos de masa (derrumbes, avalanchas, flujos de lodo, subsidencia, etc.), erosión (cimientos, suelos, etc.), terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis, etcétera. Biológicos Epidemias severas en humanos, epidemias severas en plantas, epidemias severas en animales domésticos y silvestres, invasiones de animales y plantas, incendios forestales y de zonas de arbustos. Tecnológicos Accidentes de transporte, incendios y explosiones industriales, derrame accidental de gases tóxicos, fallas en plantas nucleares, fallas en edificios públicos y otras estructuras, guerra nuclear, etcétera. Adicionalmente, estos peligros pueden dividirse también en: endógenos, como los terremotos y erupciones volcánicas, exógenos, como inundaciones, sequías y avalanchas; y antropo-

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Peligros y riesgos

génicos, como las inundaciones causadas por fallas en presas hechas por el hombre.

Los riesgos hoy en día Cualquier intento para reducir los peligros ambientales depende de una serie de pasos ordenados. En primer lugar, los estudios de los peligros naturales deben estar sustentados sobre una base sólida de investigaciones fundamentales sobre los procesos en cuestión, lo cual incluye estudios geológicos y geofísicos debidamente integrados. Estos estudios deben ser llevados a cabo sistemáticamente en programas de largo plazo, idealmente antes de que se presente cualquiera de los peligros naturales, ya que estos estudios no pueden ser llevados a cabo bajo circunstancias de apremio en el ambiente tenso y lleno de ansiedad que prevalece durante las emergencias naturales. Los resultados de estos estudios básicos a largo plazo constituyen la base para descifrar el comportamiento del fenómeno natural, y de ser posible, poder predecir el comportamiento futuro del mismo. Específicamente, el punto de partida para la mitigación de los peligros y riesgos es una comprensión global de los fenómenos naturales. Un programa efectivo para mitigar el riesgo de fenómenos naturales debe incluir los siguientes componentes: 1) la identificación de los peligros potenciales, 2) la evaluación y zonificación de los peligros, 3) la vigilancia y predicción de los peligros, 4) manejo de las emergencias. Las primeras tres partes son del ámbito científico y deben ser los investigadores quienes aborden estos aspectos. El último punto debe ser llevado a cabo por las personas responsables de la protección civil, de acuerdo con el siguiente esquema: Planeación pre-desastre. Cubre una gama muy amplia de actividades tales como la cons-

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trucción de obras de ingeniería de defensa contra los peligros, planeación del uso del suelo y la formulación, diseminación y mantenimiento de planes de evacuación. Preparación. Esta etapa refleja el grado de alertamiento inmediato antes del comienzo de un peligro, por ejemplo, arreglos para que avisos de emergencia sean emitidos y la efectividad con la cual las autoridades pueden movilizarse durante un plan de evacuación. Respuesta. Ésta es una amplia categoría que tiene que ver con los eventos naturales inmediatamente antes de que ocurran, incluyendo reacción a las actividades de alertamiento y emergencia. Recuperación y reconstrucción. Éstas son actividades de largo plazo que tratan de hacer que el área afectada regrese a la normalidad después de la ocurrencia de un fenómeno natural que puede o no causar una severa devastación. Esta devastación puede ocurrir incluso en aquellas áreas aparentemente bien preparadas contra desastres después de un evento mayor.

Reflexiones finales El mundo no se está volviendo más peligroso, simplemente cada día hay una mayor población expuesta. Es decir, mientras la población siga creciendo, un mayor número de personas estará bajo la influencia posible de alguna amenaza o peligro natural. Por ejemplo, cada día se hacen más estrechos los espacios para vivir y las ciudades se expanden más allá de sus límites iniciales. De esta forma, existen muchos sitios en el mundo que se han expandido hasta invadir los flancos de volcanes activos, volcanes que algún día pueden entrar en erupción. Estos asentamientos humanos se han vuelto así más vulnerables ante el advenimiento de un peligro. En este sentido, los peligros potenciales existen, y los riesgos son cada vez más altos debido a


estudiar los fenómenos naturales con el fin de reconocer su advenimiento y las posibles características de los mismos en caso de presentarse, reconociendo, además, las zonas de influencia y posible devastación con el fin de que las autoridades de protección civil puedan desarrollar los planes de contingencia pertinentes. Las autoridades por su parte, deben apoyar este tipo de investigaciones y tomarlas en cuenta para integrar los planes de contingencia, así como escuchar los reportes de los científicos encargados de vigilar los fenómenos. Asimismo, los medios de comunicación tienen un papel que jugar en este proceso de mitigación de riesgos y consiste en primer lugar en estudiar los conceptos mínimos de los fenómenos naturales, con el fin de transmitir adecuadamente la información que los científicos producen. Los medios son el puente entre los científicos y las autoridades con la población. Por ello, es de suma importancia que los medios reconozcan su responsabilidad en la generación de noticias objetivas y claras, evitando la difusión de rumores o buscando diferencias de opinión entre los científicos, que generalmente causan gran confusión y pánico entre la población. Finalmente, la población debe escuchar los reportes de los científicos y las instrucciones de las autoridades con el fin de responder ordenadamente durante las contingencias naturales. La población debe hacer caso omiso a rumores y noticias alarmistas y procurar informarse adecuadamente antes, durante y después de la ocurrencia de un evento natural.

ú

que cada vez un mayor número de personas vive cerca de los volcanes y también cada día hay mayor infraestructura construida para esa población y que está también bajo riesgo. La magnitud y frecuencia de los fenómenos naturales siguen siendo las mismas, no han aumentado con respecto a otras épocas geológicas, simplemente los medios de comunicación nos permiten ver de manera inusitada eventos que, de no existir los actuales avances de la tecnología, no sabríamos de ellos. Por ejemplo, la erupción del volcán Krakatoa en Java llamó poderosamente la atención de muchos científicos en su época, pero las noticias llegaron a todo el mundo, varias semanas después de haber ocurrido el evento. Por otra parte, los medios de comunicación difunden imágenes y noticias acerca de los eventos naturales de manera diferente a la realidad. Esto es porque se desconocen los fenómenos naturales y el desconocimiento hace a quien observa fenómenos tales como las erupciones volcánicas, los terremotos, etc., se sientan tentados a exagerar los sucesos en función de la propia percepción del fenómeno. Por otra parte, la ocurrencia de estos eventos naturales son noticias y como tales tienen un valor intrínseco entre los medios de comunicación por lo que son exaltadas. El conocimiento científico hoy en día, nos permite reconocer los peligros a los cuales está expuesta la población y planear adecuadamente las actividades para aminorar el impacto de los peligros, así como encontrar la mejor manera de aminorar los riesgos. No obstante, la ciencia aún está muy distante de poder pronosticar con precisión cronométrica la ocurrencia de fenómenos tales como los terremotos, las erupciones volcánicas, los huracanes, etcétera. Hoy en día, lo mejor que podemos hacer es asumir cada cual su papel dentro del proceso de reducción del impacto de los peligros y riesgos naturales. Por una parte, los científicos deben

Bibliografía BRYANT, E. A., Natural Hazards, Cambridge University Press, Nueva York, N.Y., 294 pp., 1991. SMITH, K., Environmental Hazards: Assessing Risk and Reducing Disaster, Routledge, Chapman and Hall Inc., Nueva York NY, 324 pp., 1992. TILLING, R. I., Los Peligros Volcánicos, Publicado por la Organización Mundial de Observatorios Volcanológicos (WOVO), 125 pp., 1993.

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Problemas sin número

Chicos y grandes Juan Manuel Ruisánchez Serra Concepción Ruiz Ruiz-Funes

Pensamos que los niños y niñas comienzan a edificar su conocimiento en matemáticas con gran inventiva y persistencia. A veces esas cualidades no se incorporan del todo bien al salón de clases, y en ocasiones los maestros, los padres o incluso los propios escolares no alcanzan a advertirlas. Sin embargo, las soluciones que dan, incluso niños y niñas bastante pequeños, a diversos problemas matemáticos casi nunca son absurdas _incluso si son erróneas_ y suelen contener elementos de un razonamiento genuino e inteligente, que merece respetarse y debería fomentarse. Debemos prestar atención, por tanto, no sólo al objetivo final de que los escolares comprendan enteramente bien los conceptos matemáticos, sino también los muchos pasos que deben dar en el camino hacia la comprensión total de los diferentes aspectos de las matemáticas…* Terezinha Nunes y Peter Bryant.**

Las actividades que se proponen en este número de Correo del Maestro están pensadas para estudiantes de tercer grado de primaria en adelante. Tienen por objetivo, además de practicar la suma, buscar estrategias adecuadas para encontrar las soluciones que se piden.

* Terezinha Nunes y Peter Bryant. Las matemáticas y su aplicación: la perspectiva del niño. Siglo XXI editores. México, 1997. p. 11. ** Terezinha Nunes es catedrática en el Departamento de Desarrollo Infantil y Educación Primaria del Instituto de Educación de la Universidad de Londres. Peter Bryant es profesor de psicología en el Departamento de Psicología de la Universidad de Oxford.

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Actividades Buscando el más grande

6

5 9

9

6

8

6

8 7

4 6

6

7

Empezando en cualquiera de las esquinas (los números encerrados en un círculo) y siguiendo uno de los posibles caminos marcados por las líneas, debes de sumar en total 5 números (incluyendo el primero). Encuentra cuál es el camino que da el resultado más grande. Nota: No está permitido tocar dos veces un mismo lugar.

Buscando el más chico

8

3

2

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1

5

7

3

8

7

2

4

4

9

5

9

1

5

9

3

6

1

6

5

4

Empezando en cualquiera de las cuatro esquinas de la figura, y moviéndose solamente horizontal o verticalmente, suma nueve números (incluyendo el primero). Encuentra cuál es el camino que te lleva al resultado más chico. Nota: No está permitido tocar dos veces un mismo cuadro.

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Chicos y grandes

Soluciones Buscando el más grande

6

5 9

9

6

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6

8 7

4 6

6

7

Empezando en la esquina inferior derecha, el camino es el siguiente: 6, 8, 9, 8, 9. 6 + 8 + 9 + 8 + 9 = 40

Buscando el más chico

8

3

2

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1

5

7

3

8

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2

4

4

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5

9

1

5

9

3

6

1

6

5

4

El número más chico que puede encontrarse sumando nueve números es 29.

ú

Empezando en la esquina inferior izquierda tenemos: 6, 1, 1, 4, 4, 3, 2, 7, 1 6 + 1 + 1 + 4 + 4 + 3 + 2 + 7 + 1 =29 Esta trayectoria puede obtenerse si se empieza por la esquina superior derecha, el 1 o de la inferior izquierda, el 6.

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Abriendo libros

El universo: un vuelco hacia nuestro origen estelar Alejandra González Dávila

E

s realmente un deleite encontrarse con publicaciones de divulgación de la ciencia que quizás sin proponérselo explícitamente, contribuyen a la actualización y formación académica de los profesores de física y química en los niveles medio básico y medio superior. Los programas de estudio de estas disciplinas abarcan temas que necesariamente están vinculados con los elementos químicos, la gravitación universal, la rotación de los cuerpos, el espectro electromagnético, o la velocidad de la luz, por mencionar sólo algunos tópicos. Pero mas allá de la docencia están los lectores, televidentes y radioescuchas (niños, jóvenes y adultos) que les gustaría saber por cualquiera de los medios de comunicación qué son los hoyos negros o cuál es la forma del universo, entre otras cosas. Es en este sentido que el libro El Universo, de Julieta Fierro, se convierte en una obra que enriquece la cultura científica del público simpatizante e inexperto en temas de astronomía (entre el cual me incluyo, por supuesto), y que se siente atraído por lo que ocurre en nuestra vecindad planetaria y estelar. Y sin perder la costumbre, Julieta Fierro contagia su entusiasmo motivador para reflexionar sobre nuestro origen y destino no terrestre en virtud de que hemos sido concebidos y formados fuera de nuestro planeta. Somos una especie proveniente del gas y del polvo de las estrellas. La autora nos platica que ciertamente vivimos en un universo que evoluciona y recicla sus materiales. Así, el hidrógeno y el helio existieron

desde los primeros minutos de vida del universo siendo los elementos químicos más sencillos. Posteriormente, en el interior de las estrellas recién formadas se generaron reacciones termonucleares que fueron produciendo elementos más complejos como el carbono, el oxígeno y el nitrógeno. Al final de sus vidas, las estrellas arrojaron estos átomos al medio interestelar dando lugar a la formación de estrellas como el Sol, dentro del cual existe un planeta con seres vivientes formados por materia que es el resultado de la combinación de estos cinco elementos básicos. Y la evolución estelar continúa: (…) cuando las estrellas masivas alcanzan las etapas finales de su evolución, arrojan al espacio los elementos químicos que generaron durante sus millones de años de vida “[y] estos elementos nuevos se mezclan con nubes interestelares que forman estrellas nuevas junto con sus planetas.

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El universo

evolución cuando ya ha escrito lo que sabe en los últimos cinco mil años. El Universo, nos hace caer en la cuenta de que la astronomía es mucho más que una ciencia dedicada a la contemplación y descripción de los astros. Es una disciplina que estudia la distribución, formación y evolución de los cuerpos celestes, y en esta labor está implícita una búsqueda incansable por conocer el verdadero origen y destino de nuestra propia existencia.

ú

En un lenguaje ameno y rico en ejemplos cotidianos, Julieta Fierro señala que la materia oscura no se puede detectar porque no absorbe ni emite algún tipo de radiación, pero se piensa que constituye prácticamente el 90% del universo. Esto significa que ignoramos casi todo sobre el 90% del universo. Nuestro conocimiento sobre éste es equivalente a que un biólogo marino se hubiera dedicado toda su vida a contemplar lo que sucede en las olas del mar. Sin embargo, ante esta desolación sobre lo que nos falta por conocer, se levanta la historia de una especie aparecida hace un millón de años que aún se encuentra en la infancia de su

Reseña del libro de Julieta Fierro, El Universo. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1997.

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