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I La Naturaleza de Buda


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L FUNDAMENTO DE LA ENSEÑANZA DEL BUDA es la naturaleza búdica. La existencia de esta naturaleza búdica es la única razón por la cual el Buda dio enseñanzas. Todo ser consciente posee el potencial para mejorar e iluminarse. Podemos mejorar y superar todas las imperfecciones gracias a la naturaleza de buda, que es nuestra esencia pura e iluminada. El Buda compartió esta comprensión, no sólo para afirmar que todo ser consciente tiene dicha naturaleza, sino para guiar a los individuos a despertar ese potencial innato e ilimitado hasta el punto en el que se den perfecta cuenta de su esencia y se conviertan en budas iluminados. Es importante entender que la naturaleza de buda no es algo que imaginamos o creamos de la nada. Ya existe dentro de cada ser, y el método gradual que enseñó el Buda está concebido para despertar la omnipresente naturaleza búdica mostrando a los individuos la manera exacta de hacerlo, en sus diferentes fases de evolución. Aunque en nuestra realidad absoluta todos tenemos dicha naturaleza, en nuestra realidad corriente, que podemos llamar mundo relativo, existen muchas diferencias entre los individuos. Esta es la razón por la cual el Buda enseñó de diferentes maneras. Posteriormente, su doctrina se dividió en cuatro categorías principales: el Vinaya, el Abidarma, los Sutras y los Tantras. Cada una integra la totalidad de las enseñanzas y hace hincapié en un área en particular. El Vinaya trata básicamente de disciplina y presenta un código moral. El Abidarma se ocupa, sobre todo, de la ciencia; los detalles de la formación del universo y de las leyes que lo gobiernan. Los Sutras se centran en la compasión, y los Tantras presentan métodos de transformación, a través de los cuales se puede conseguir una realización gradual y, finalmente, la iluminación. Su propósito no es otro


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que ayudar a los individuos a despertar su esencia última, su naturaleza búdica, cuyo concepto introdujo el Buda al impartir la doctrina mahayana, particularmente en textos como el Sutra del Loto, el Sutra Lankavatara y el Sutra Dasa Bumi. En su primera enseñanza, presentó Las Cuatro Verdades Nobles: la vida está impregnada de sufrimiento; el sufrimiento tiene causas; existe un objetivo, ya que las causas del sufrimiento se pueden destruir y existe un camino, pues hay un método para desenraizar las causas del sufrimiento. El Buda explicó que a través de la disciplina, la atención y la acción correcta, se incrementa la calma y la claridad, cuyo resultado final es liberarse de todo aquello que oscurece la clara y pura naturaleza interior. Lo que nos queda cuando desaparecen los defectos es la naturaleza búdica, cuya esencia es la paz. Incluso en Las Cuatro Verdades Nobles, su primera enseñanza, el Buda expuso el principio de dicha naturaleza. En las enseñanzas tántricas, la naturaleza de buda constituye la base, el camino y el resultado. Se describe como algo esencialmente libre de toda mácula. Es como el espacio; nada puede mancharlo en sentido absoluto. Incluso el ser que está sufriendo en los infiernos posee una naturaleza búdica pura. El Mahayana-uttara-tantra de Maitreya, importante enseñanza mahayana transmitida al gran maestro Asanga, expone con bastante detalle la naturaleza de buda. Maitreya es un gran bodisatva que no tiene forma humana, aunque puede instruir a seres humanos lo suficientemente avanzados como para comprender el nivel en el que enseña. Asanga consiguió traer estas enseñanzas al reino humano. Las instrucciones de Maitreya constituyen una sólida introducción al tema de la naturaleza de buda. Maitreya impartió cinco doctrinas a Asanga, de las cuales el Mahayana-uttara-tantra fue la última. Hizo hincapié especialmente en que sus enseñanzas no eran las de un buda, sino un comentario sobre las enseñanzas del Buda. Uttara-tantra tiene dos significados: es Uttara por ser la más elevada de las cinco doctrinas que Maitreya dio a su discípulo Asanga, y es la quinta y última de ellas. EXPLICACIÓN DE MAITREYA DE LA NATURALEZA DE BUDA

En la enseñanza impartida a Asanga, Maitreya ofrece una amplia


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información sobre la naturaleza de buda en cuatro apartados, cuyo estudio y comprensión es importante: - La naturaleza búdica de todos los seres conscientes. - Cualidades de la naturaleza de buda. - Obstáculos que impiden a los seres reconocer la naturaleza de buda y medios para superarlos. - Desventajas de no conocer la naturaleza búdica y beneficios de conocerla. TODOS LOS SERES CONSCIENTES POSEEN LA NATURALEZA DE BUDA Los seres conscientes poseen la naturaleza de buda, lo sepan o no. Pueden ignorarlo completamente, tener una cierta idea de ello o estar completamente despiertos, pero en estas tres fases de desarrollo los seres poseen dicha naturaleza. Cuando un ser consciente la desconoce, su esencia está, a pesar de todo, omnipresente, como en una semilla fértil, siempre dispuesta a germinar. Al madurar, la naturaleza de buda se manifiesta en forma de conocimiento, sabiduría, buenos pensamientos y acciones. Cuando se alcanza la iluminación, ella misma es la naturaleza búdica y el individuo adquiere la realización total de su propia naturaleza; eso es la Iluminación. En lo absoluto todos los seres conscientes son buda y no hay diferencia entre la naturaleza absoluta de un ser ignorante y la del buda iluminado. La esencia es, fundamentalmente, la misma; sólo se distingue en que el ser lo ignora y un buda es la personificación total de esa esencia. El primero está “no iluminado” en sentido relativo, pero innatamente es buda, mientras que el segundo está iluminado tanto en sentido relativo como absoluto y trasciende, de hecho, lo relativo y lo absoluto, que son designaciones dualistas. Maitreya explica que todos los seres poseen el potencial para iluminarse. No hay ninguno que no pueda mejorar y finalmente alcanzar la iluminación, ya que cada uno tiene la naturaleza de buda, sea cual sea el reino al que pertenezca. Todos los seres conscientes son perfectos en sentido último. En el relativo, a causa de lo que en budismo se llaman emociones conflictivas, los seres tienen innumerables imperfecciones. Son emociones como la cólera, el orgullo y el apego. El propósito de la práctica del darma es aplicar el método más eficaz para superar estas imperfecciones. Con el método co-


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rrecto, una persona puede despertar gradualmente y vencer todas las emociones conflictivas que impiden reconocer la verdad interior y realizar la naturaleza de buda. Maitreya explicó que, en lo que se refiere al potencial último de un ser, no existe diferencia alguna entre uno que sea un buda completamente iluminado y otro ser completamente ignorante. Semejante afirmación puede resultar confusa si no se comprende con claridad la naturaleza de la verdad, que tiene dos aspectos: relativo o verdad variable y absoluto o verdad inmutable. Los obstáculos surgen en el plano relativo. El absoluto es puro, es la naturaleza búdica. De forma relativa todavía no somos budas, pero en lo absoluto, sí. En el aspecto relativo encontramos toda clase de problemas; en el absoluto no existen. Debemos comprender la naturaleza real de la verdad mediante esos contrastes. Es bueno recordar que existe una conexión directa entre lo absoluto y lo relativo. Lo primero es lo absoluto de lo relativo y lo segundo es lo relativo de lo absoluto. No son dos cosas distintas. Por tanto, cuando Maitreya afirma que por más corriente o negativa que parezca una persona, no tiene limitación en cuanto a su esencia más profunda, se refiere al aspecto relativo y absoluto de la verdad. En sentido absoluto, no existe diferencia entre los seres que sufren en el samsara y un buda completamente iluminado y libre de toda limitación. Son iguales. Resulta beneficioso contemplar esta paradoja. CUALIDADES DE LA NATURALEZA DE BUDA

Maitreya prosigue explicando que la naturaleza de buda es ilimitada, está más allá del tiempo, del tamaño, de la calidad, de cualquier restricción. En sentido absoluto no existe limitación alguna, pero en el plano relativo sí la hay, mientras el individuo va avanzando hacia un despertar más profundo. Maitreya afirma que la naturaleza de buda es completamente pura; no puede estar oscurecida en sí misma, aunque su percepción relativa puede estarlo. Los seres conscientes están preparados para estar iluminados en todo momento y el único impedimento es no reconocer la pureza y la infinitud de la naturaleza de buda. Podemos tener indicios de nuestra cualidad ilimitada, pero no la reconocemos completamente y nos quedamos centrados en el yo relativo, el ego.


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Estamos iluminados en todo momento, pero no nos damos cuenta; por eso, cada momento en el que no somos capaces de reconocerlo, no podemos estar totalmente iluminados. Esta clase de dualidad crea todas las causas y condiciones que se manifiestan como lo bueno y lo malo, lo claro y lo oscuro, lo positivo y lo negativo. Es como un largo sueño. Despertar del sueño de la dualidad supone aplicar ciertos esfuerzos, tales como tener un comportamiento correcto, calmar la mente con la meditación y con otras técnicas que cultivan la visión introspectiva y la realización. La práctica personal se muestra de muchas formas, puede ser meditación o acción. El objetivo es mejorar nuestra percepción, experiencia y expresión de la propia naturaleza de buda. Es fácil, sin embargo, sentirse atraído por algo negativo y, como resultado, llegar a ser más ignorante y obnubilado. Maitreya indicó que hasta que se alcanza el primer nivel de bodisatva, se puede mejorar o volverse más ignorante. Tras llegar a ese primer estadio, ya no es posible estar engañado. Aunque la naturaleza de buda es ilimitada, puede estar velada en sentido relativo. LOS CUATRO PRINCIPIOS DE LA PURIFICACIÓN

El Mahayana-uttara-tantra shastra afirma que primero debemos hallar la clara comprensión que nos permita respetar y apreciar lo correcto, y que beneficiará a los demás y a nosotros mismos. El paso siguiente, tras haber logrado esto, es conocer la manera de practicar, es decir, cómo llevar a cabo nuestro desarrollo. Necesitamos saber qué es correcto, pero también conocer el método apropiado de aplicar y ampliar nuestra comprensión para no equivocarnos. El tercer principio consiste en cultivar el amor y la compasión, que mejorarán paulatinamente nuestro entendimiento y apreciación. Si no tenemos amor y compasión, nuestro progreso se detendrá, pudiendo incluso generar orgullo y hacernos retroceder. Practicamos el amor y la compasión para ir adelante, no hacia atrás. Las fases de desarrollo son descritas como fases de purificación. Depuramos nuestras imperfecciones, tras lo cual alcanzamos un grado superior de realización. ¿Qué debe purificarse? En el plano absoluto, nada; pero en el relativo, las emociones conflictivas que ocultan la realidad de nuestra naturaleza de buda, ya pura en lo ab-


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soluto, así como los velos mentales para percibir la pureza subyacente. Los medios de purificación son numerosos y Maitreya hace ciertas sugerencias. Aconseja una aspiración intensa para vencer la ignorancia. Puede ser algo tan sencillo como el deseo de hacer lo que es correcto o de la mejor forma posible. Aunque no sepamos cómo efectuar esta tarea, si poseemos la aspiración, comenzaremos a descubrir la manera de hacerlo. Como resultado de la aspiración, se cultiva gradualmente la sabiduría, la cual nos permite distinguir con claridad lo correcto, lo apropiado y lo esencial. Cuando se genera sabiduría, surgen de forma natural la compasión y la devoción profunda y, gracias a ellas, que son fruto de la sabiduría, y ésta a su vez, fruto de la aspiración, se producirá la realización. Si un ser interpreta mal la verdad y, con ello, se aleja más y más de la comprensión correcta, también está lejos de reconocer su naturaleza de buda. En el texto de Asanga se describen métodos para crear las causas y condiciones para la purificación, que aproxima a los individuos a la visión correcta. Maitreya explica dichos métodos en la forma de cuatro principios. Tras el cultivo del amor y la compasión, Maitreya describió un cuarto método de purificación: aconsejó reflexionar para trascender el miedo y la codicia. FRUCTIFICACIÓN GRADUAL

Tras explicar la condición para purificarse en cuatro fases, Maitreya expone los diferentes grados de fructificación o los resultados al aplicar los medios de purificación. Afirma que fructificación significa simplemente despertar la esencia última, y destaca el carácter gradual del proceso de realización. El despertar de la naturaleza búdica de una persona, desde el principio hasta la iluminación, dura muchas vidas. Según Maitreya, cada etapa de comprensión, cada instante, es el fruto del momento anterior y ofrece una descripción elaborada de ello. Primero debemos reconocer que nos equivocamos, que tenemos imperfecciones, negatividad; aceptémoslo en lugar de engañarnos y pensar que no cometemos errores y que nuestras acciones son perfectas o casi perfectas. Hemos de poder admitir que algunas veces estamos neuróticos.


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Al reconocer que tenemos emociones conflictivas, podemos aplicar métodos para superarlas. Al mismo tiempo, debemos saber que en sentido absoluto somos perfectos, no somos negativos, no tenemos emociones conflictivas. Tal comprensión nos ayudará a vencer esas imperfecciones y la negatividad. Deberíamos pensar lo mismo de los demás seres y ser capaces de ver que están sufriendo. No somos sólo nosotros los que padecemos, sino todos los seres, y tenemos que hacer algo para ir en su ayuda cuando sea apropiado. Cuando rezamos: “Pueda yo hacer algo por ellos”, debemos tener el anhelo de ayudar a los demás seres; esto debe ser lo primero. Al tiempo que nos aplicamos en aliviar el sufrimiento de los demás, en auxiliarles, también hemos de reconocer que poseen la naturaleza de buda. En sentido absoluto no son neuróticos ni estúpidos, sino perfectos. Todo ese sufrimiento y neurosis pertenece únicamente a la verdad relativa. Debemos ser capaces de apreciarlo. Estos son los resultados que alcanzamos en cada fase; luego avanzamos paulatinamente para convertirnos en bodisatvas. ¿Qué es un bodisatva? Es la persona que ha trascendido el tipo ordinario de actividad y cuya realización es tan avanzada, que sus acciones siempre son positivas y tienen una motivación pura. Progresamos a través de los niveles de realización del bodisatva, desde el primero al décimo, hasta que al final nos iluminamos completamente, nos convertimos en budas. Estas son las fases del despertar de nuestra naturaleza. LAS CUATRO RUEDAS

Maitreya explica unos métodos clave para progresar a lo largo del camino hacia la realización. Se conocen como las cuatro ruedas, ya que nos pueden llevar de un lugar a otro y éstas en particular nos conducirán desde el samsara hasta la iluminación. La primera rueda es la guía. Debemos seguir una guía correcta. Si no la tenemos, incluso poseyendo una aspiración sincera, sólo contamos con nuestro juicio y, a causa de nuestra ignorancia, ansiedad y ego, dicho juicio con frecuencia puede ser imperfecto. Por ello es necesaria una guía exacta y veraz. El budismo tibetano mantiene estrictamente el principio de que


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todo lo que aprendemos o enseñamos debe ser la continuación de un linaje de transmisión que, en términos budistas, puede explicarse con sencillez. La doctrina de Buda está basada en la realización, que surgió como manifestación espontánea y, por lo tanto, es una enseñanza de la iluminación que proviene de un cuerpo, palabra y mente completamente iluminados. Es una expresión de compasión y sabiduría, y ese es el origen del linaje. El Buda instruyó espontáneamente a sus discípulos, quienes practicaron el método que les enseñó y, a su vez, explicaron a sus discípulos. Cada instrucción que transmitimos en el budismo tibetano es la continuación de la práctica de la enseñanza original que impartió el Buda, practicada por sus disc��pulos y transmitida por ellos. Esto es el linaje de transmisión y también la guía correcta. El maestro practica las enseñanzas y las comparte con quien venga a recibirlas. Sin embargo, se hace con cautela. Antiguamente, los maestros hacían pasar a los discípulos por muchas pruebas antes de impartirles instrucciones avanzadas para asegurarse de que les serían beneficiosas y no les causarían perjuicio.La relación entre maestro y discípulo genuina no es algo que se tome a la ligera. Es un compromiso que adquieren ambos. La segunda rueda consiste en vivir según los principios del darma budista. Cuando se practica, es importante llevar una vida dármica. No debemos adiestrarnos diligentemente unas cuantas horas y el resto del día estar descontrolados, dejando atrás, en el cojín de meditación, nuestra calma y claridad mentales. Al meditar o recitar mantras o realizar cualquier tipo de práctica, hemos de tomárnoslo con seriedad, no sólo durante el período de práctica formal, sino también fuera de él; ha de extenderse a todas las actividades de nuestra vida diaria y deberíamos vivir tan fieles a las enseñanzas como sea posible. Quizá cometamos errores, como es normal, pero nos esforzamos por vivir según la doctrina y permanecer tan centrados en nuestras actividades cotidianas como lo estamos cuando meditamos formalmente. En el Vajrayana todo se convierte en meditación, todo es una fuente de realización. Sin embargo, sólo puede resultar así cuando la mente está siempre clara y en calma. La tercera rueda es la conducta virtuosa. La meditación intensiva puede proporcionar un grado profundo de virtud, cuyo aspecto externo supone actuar de forma útil para los demás. Los budistas



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