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Los retos ĂŠticos de las Fuerzas Militares


ISBN: 978-958-57376-5-5 © ESDEGUE - DELIH, 2014 Carrera 11 No. 102-50 - Bogotá, Colombia © Ediciones Escuela Superior de Guerra, 2014 © Biblioteca Jurídica Diké, 2014 DIRECTOR ACADÉMICO Mayor General Javier Fernández Leal COORDINACIÓN ACADÉMICA Y EDITORIAL 1) Ana María Acosta Fajardo 2) Ana María García Rodríguez CONCEPTO GRÁFICO Y DISEÑO DE CARÁTULA Sandra Marcela Londoño dike.diagramacion@gmail.com FOTO DE PORTADA: William Malagón Callejas (Imagen CT. Frank Yamir Bonilla Restrepo) fotowily@gmail.com

Diké: Justicia en griego Biblioteca Jurídica Diké Medellín - Colombia, calle 34 B No 65 D 58 Telefax: P.B.X. 351 61 61 e-mail: dike@une.net.co www.bibliotecajuridicadike.com Bogotá D.C. Librería Carrera 6a No 12B-11 - Teléfonos: 336 55 37 y 286 03 42 Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario e-mail: dike@etb.net.co La responsabilidad por textos, opiniones y afirmaciones contenidas en las contribuciones de esta publicación es exclusivamente de sus autores. La ESDEGUE realiza la compilación reproduciendo textualmente y honrando sin modificación alguna las amables colaboraciones recibidas. No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, ni su préstamo, alquiler o cualquier otra forma de cesión de uso del ejemplar, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright.


MG. Javier Fernández Leal (Director académico)

Los retos éticos de las Fuerzas Militares


Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia RLos Retos Éticos de las Fuerzas Militares / Compilación de Ensayos Mayor General Javier Fernández Leal.

Bogotá: Escuela Superior de Guerra, 2014.

498 p.

Incluye Bibliografía e índice.

ISBN: 978-958-57376-5-5

Ética Militar – Colombia – Ensayos / Fuerzas Militares – Ética – Colombia - Ensayos / Ética Profesional Militar – Ensayos / Bioética – Ensayos / Guerra – Aspectos Morales – Ensayos / Ciencias Militares – Ética – Ensayos / Escuela Superior de Guerra (Colombia) / Colombia – Fuerzas Armadas – Aspectos Morales y Éticos / I. Fernández Leal, Javier, Mayor General, compilador / II. Título 174.9355 R486 DC23

Biblioteca Jurídica Diké dirigida por Eduardo Quiceno Álvarez

Escuela Superior de Guerra dirigida por MG. Javier Fernández Leal


Tabla de contenido Prefacio............................................................................................11 Introducción...................................................................................13 UNIVERSIDAD MILITAR NUEVA GRANADA –Colombia– Aportes para un perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano

Jorge Orlando Contreras Sarmiento, Ph. D. Hernando Barrios Tao, Ph. D............................................................................ 19

UNIVERSIDAD LA GRAN COLOMBIA –Colombia– Realidad y presencia de las Fuerzas Militares Profesor Jorge Orlando García Norato................................................................ 45 OBISPADO CASTRENSE DE COLOMBIA –Colombia– Una ética para la paz desde la perspectiva cristiana Área Jovenes Educación y Cultura Obispado Castrense de Colombia Juan Andrés Vargas Molina Presbítero Obispado Castrense de Colombia........................................................ 75 –7–


Tabla de Contenido

UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS –Colombia– La ética militar: Una condición básica para construir democracia

Carlos Julio Martínez Becerra Ph. D. Rafael Antolinez Camargo Ph. D..................................................................... 171

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA –Colombia– Elementos para pensar la relación bioética/ Fuerzas Militares en Colombia Eduardo Díaz Amado MD, Ph. D.................................................................. 191 EJÉRCITO NACIONAL DE CHILE –Chile– El sistema educativo institucional y la formación ética en el ejército de Chile Cr. (R) Carl Marowski P................................................................................. 237 ACADEMIA DE DEFENSA DE REINO UNIDO –Reino Unido– La Tradición de la Guerra Justa: un Compromiso Pragmático David Whetham Ph. D.................................................................................... 267 UNIVERSIDAD DE DEFENSA DE NORUEGA –Noruega– Cooperación y relación entre el derecho y la ética en las Fuerzas Armadas de Noruega Capitán de Fragata Jacob Thomas Staib ....................................................... 309

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Tabla de Contenido

COLEGIO NAVAL DE GUERRA DE ESTADOS UNIDOS –EE.UU.– Formación Ética y de Educación en el Ejército de los EE.UU. Martin L. Cook Ph. D.................................................................................... 339 CENTRO SUPERIOR DE ESTUDIOS DE LA DEFENSA NACIONAL –España– La ética en la lucha contra los grupos terroristas Capitán de Fragata de la Armada de España Federico Aznar Fernández-Montesinos.............................................................. 365 ACADEMIA DE DEFENSA DE ALEMANIA –Alemania– Responsabilidad Moral Reflexiones críticas acerca de la ética profesional de oficiales desde la perspectiva alemana

Matthias Gillner Ph. D.................................................................................... 395

ESCUELA DE GUERRA DE FRANCIA –Francia– El oficio de las armas: Un santuario de humanidad por una ética profesional viva

Cr. (R) Caroline Galactéros.............................................................................. 423

REAL ESCUELA MILITAR DE CANADÁ –Canadá– Teorías de la Guerra Justa: idealizaciones y consideraciones prácticas

Stéphanie A.H. Bélanger, Ph. D,...................................................................... 455

AGRADECIMIENTOS................................................................. 481 SOBRE LOS AUTORES............................................................... 483 –9–


Algunos de los textos que se presentan en esta compilación de ensayos han sido traducidos oficialmente de su idioma original al español. Es el caso de los escritos provenientes de Estados Unidos y Reino Unido, traducidos por Carmen Castello, traductora oficial con número de registro 2369 del Ministerio de Justicia (1996). Para el caso del escrito procedente de Alemania fue Dorethee Grote con el número de registro 2501 expedido por el Ministerio de Justicia (1994), encargada de su traducción. De igual forma, para los textos de Canadá y Francia fue Clemencia Paredes con el número de registro 6694 expedido por el Ministerio de Justicia (1978), estas dos últimas pertenecientes a la empresa de traducción oficial TWT.


Prefacio No cabe duda alguna acerca de que desde siempre las Fuerzas Militares (FF. MM.) de Colombia han regido su actuar dentro del marco del respeto a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario y, por supuesto, de un código ético, circunstancia que les ha llevado a alcanzar grandes resultados y a ser la institución más respetada por los colombianos. Ese conjunto de valores y principios que conforman la ética militar de nuestros hombres —que se refleja dentro y fuera del campo de batalla y las operaciones—, sumado a las capacidades con que en la actualidad cuentan las Fuerzas, han posibilitado que ellas estén en el mejor momento de la historia y que sean el pilar fundamental para que Colombia mire con mayor optimismo el futuro, donde la paz está cerca. Por supuesto que aún hay retos por enfrentar y superar. Los escenarios actuales y futuros y la permanente mutación del terrorismo y la delincuencia, y consecuentemente de las formas de lucha, hacen que las FF. MM. analicen de forma más profunda el esquema de valores y principios con el que desarrollan su correcta y valiosa labor. En este sentido, Ensayos en ética militar es un libro que servirá como herramienta de estudio y reflexión para que todos quienes conforman las FF. MM. fortalezcan los conocimientos, principios, valores, virtudes y normas de conducta que rigen sus actuaciones y hacen de ellos seres más íntegros y ejemplares. – 11 –


Los retos éticos de las Fuerzas Militares

La publicación, editada acertadamente por la Escuela Superior de Guerra —el centro de pensamiento militar más importante del país—compila las experiencias en términos de estudio e implementación de la ética militar expuestas por más de doce países durante el II Simposio Internacional en Ética Militar organizado por esta institución, además de ensayos de importantes universidades e instituciones de Colombia. ‘La profesión de las armas: un santuario de humanidad por una ética profesional’, de Francia; ‘Teorías de la Guerra Justa: idealizaciones y consideraciones prácticas’, de Canadá; ‘La ética en la lucha contra los grupos terroristas’, de España; ‘Aportes para un perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano’, de la Universidad Militar Nueva Granada, y ‘La ética militar: una condición básica para construir democracia’, de la Universidad Santo Tomás, son algunos de los enriquecedores ensayos que encontraremos en esta obra. Para mí, como Ministro de Defensa Nacional, es grato presentar esta obra de la Escuela Superior de Guerra, pues estoy seguro de que seguirá marcando el camino para que desde la academia se continúe el trabajo de fortalecimiento del estudio y de actividades relacionadas con la ética militar, factor clave para afianzar aún más el inquebrantable compromiso de las Fuerzas y de sus integrantes con un país en paz a través de sus actuaciones transparentes, rectas y honestas.

Juan Carlos Pinzón Bueno Ministro de Defensa Nacional – 12 –


Introducción Se ha impuesto como propósito entre los soldados de Colombia el lema “Comportamiento Ético Superior”. Es mucho más que una frase motivadora, es un arma de combate; de combate moral. La dimensión ética en un conflicto como el colombiano es un imperativo para tener del lado del Estado de derecho, la legitimidad. Frente a una subversión que se proclama como la espada vengadora de los oprimidos, pero que no tiene recato alguno para hundirse en los peores pozos de criminalidad imaginables, tiene que alzarse una fuerza que no sólo la contenga en el plano de la lucha armada, sino que la derrote en la contienda por “las mentes y los corazones” de los colombianos. Las guerras internas se deciden en un centro de gravedad instalado en el sentimiento, en los valores, en la identidad y en las solidaridades sociales: todo esto es la legitimidad, sin la cual un régimen político no podrá conseguir el consenso ciudadano sobre la autoridad que rige a los asociados. El comportamiento ético superior significa una superioridad moral inestimable. Es innegable que en el caso colombiano, la fuerza guerrillera más grande de América Latina no sólo no ha vencido, sino que ni siquiera ha hecho entrar en crisis al Estado de derecho como sucedió en otros países confrontados a subversiones menos temibles. El porqué de esto es – 13 –


Los retos éticos de las Fuerzas Militares

claro: la descalificación que los colombianos le hacen a la subversión armada no es ideológica, porque no han podido comunicar un horizonte creíble, sino moral. Los conflictos internos llevan la cohesión ética de las instituciones a límites de alta tensión. En las guerras clásicas de la modernidad, las interestatales, es posible sujetar la hostilidad extrema al derecho. En los conflictos fratricidas, el odio y la descalificación mutua alcanzan cotas mayores. Se lucha por valores, por visiones del mundo y de la vida. En cambio, en los conflictos interestatales el soldado enemigo se acoge al Derecho Internacional y puede ser respetado porque él tiene para con su Estado las mismas obligaciones que el soldado propio. Mientras el enemigo irregular, por su parte, es un fuera de la ley, que no se acoge a derecho alguno. El peligro de caer en la llamada “identificación con el enemigo”, propia de la tendencia de las guerras de ir a los extremos si no hay ley que la contenga, es una tentación cotidiana: es el “si el otro lo hace, yo también debo hacerlo”. Es en este momento, cuando la educación ética y el control institucional intervienen para impedir que el enemigo arrastre al soldado a los abismos de la degradación. El no tomar al otro como ejemplo por seguir, es lo que enseña el comportamiento ético superior. De las anteriores consideraciones se desprende el interés que ponen las Fuerzas Militares colombianas en el empeño de informarse, de compartir experiencias, de examinar otras tradiciones y de aprender de la historia, para poner de su lado la benevolencia del pueblo que defienden. Confrontarse con las Fuerzas Militares de países con largas tradiciones institucionales y con entidades cuyo papel de moralizadores es reconocido, constituye el sentido de realizar seminarios como el que da origen a esta publicación. – 14 –


Introducción

Los trabajos que se publican son el producto de unas exposiciones y debates que contaron con la participación de Colegios de Defensa de Alemania, Francia, Reino Unido, Noruega, Canadá, Chile, España y Estados Unidos. También con el aporte de instituciones académicas nacionales como la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Santo Tomás, la Universidad Militar Nueva Granada y la Universidad Gran Colombia, a las cuales se sumó el Obispado Castrense. En las páginas siguientes se trata una gran variedad de temas propios del mundo militar: sus compromisos y retos éticos, sus dudas, sus dilemas, pero también sus convicciones y sus expectativas. Las Fuerzas Militares de Colombia están decididas a impedir que se vuelvan a presentar violaciones de las normas que deben regir la conducta de los soldados de la República. Para eso se ha diseñado y desarrollado uno de los programas de educación y entrenamiento en materia de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario más ambicioso que se conozca en el ámbito militar del mundo. Todos los miembros de la fuerzas, según su grado de responsabilidad en el mando y en la toma de decisiones, son formados de manera intensa en todo el cuerpo del Derecho Internacional de los Conflictos Armados. Desde las pistas de entrenamiento donde las tropas se enfrentan a los casos posibles que pueden encontrar en sus labores cotidianas de protección para sus conciudadanos, hasta la Escuela Superior de Guerra y la Universidad, todos los soldados de Colombia encuentran su nicho de formación en los más altos valores modeladores de la mente del guerrero que combate con nobleza y magnanimidad. Todo este esfuerzo es más notable si se tiene en cuenta la crisis profunda que se vive en materia de los derechos de – 15 –


la guerra. La desregulación de los conflictos en los tiempos que corren va de la mano con la transformación de la guerra, que es hecha hoy por toda suerte de actores autoproclamados legítimos: la subversión armada, el terrorismo y las organizaciones criminales transnacionales, ponen a prueba el temple del soldado regular: su reto es permanecer limpio en el contacto con los submundos de la impureza.

Mayor General Javier Fernández Leal, Director Escuela Superior de Guerra


Universidad Militar Nueva Granada –Colombia– Jorge Orlando Contreras Sarmiento Ph. D. Hernando Barrios Tao Ph. D.


Aportes para un perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano

Jorge Orlando Contreras Sarmiento, Ph. D. Hernando Barrios Tao, Ph. D.

Resumen El escrito ofrece algunos aportes para el perfil ético del militar en un contexto de posconflicto y en el marco de la ética de tercera generación, cuya caracterización se enmarca en la responsabilidad planetaria. Formación ciudadana, responsabilidad global, conciencia ecológica, derechos humanos, reconciliación y sostenimiento de escenarios de paz, son aspectos fundamentales para la formación ética del militar en los inicios del siglo XXI.

“La justicia social no deberá ser el arma para hablar de paz, sino el compromiso de toda la sociedad para consolidar cualquier propuesta de paz”.

Introducción El artículo del Coronel Meilinger de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos publicado en la Revista de las Fuerzas Armadas en el – 19 –


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año 20091 continúa siendo objeto de lectura, discusión y análisis. No obstante los años transcurridos, plantear la necesidad de “cambiar los principios del arte de la guerra frente a la nueva tipología de conflictos en los que nos vemos inmersos” (Sánchez, 2011, pág. 68), es una propuesta que todavía amerita consideraciones tanto de un gran número de detractores como de otro poco de seguidores: “Meilinger, a la sazón coronel de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, principia su artículo planteando la pregunta que, al menos de manera evidente desde el 11-S y, de forma menos patente desde hace décadas, se realizan muchas naciones: cómo afrontar los nuevos desafíos del terrorismo global y cómo defenderse con el menor coste posible en vidas humanas y recursos” (Sánchez, 2011, pág. 69). Como el tema abordado es humanista y filosófico, un planteamiento de este género aplicado a la ética militar debería ser impensable: Nuevos principios éticos para una nueva guerra. El honor, el respeto, la justicia, la disciplina, son principios válidos para cualquier tipo de guerra o confrontación y principios que soportan cualquier tipo de autoridad. Sin embargo, las nuevas situaciones planteadas por el devenir de la sociedad urge poner en consideración algunos procesos, escenarios y contenidos de la formación ética del militar. De manera específica situaciones que se avizoran en el acontecer de nuestra patria colombiana merecen la consideración y el análisis para orientar e iluminar el comportamiento ético del militar, de acuerdo con el llamado de los nuevos tiempos y de los nuevos contextos en los cuales desempeña su misión y desarrolla su actuar personal y social. Más allá de las discusiones en torno de la ética de situación y la ética en situación, la ética no se puede desligar del contexto y los escenarios en los cuales se desarrolla la humanidad. No se trata de plantear éticas 1

Meilinger, Phillip S. (2009) ‘New Principles for New War.’ Armed Forces Journal 146, (January 2009) pp. 16-20. Disponible en: http://www.armedforcesjournal.com/2009/01/3805746/

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Aportes para un perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano

sino de considerar que la ética en situación permite realizar análisis en contexto de los nuevos escenarios y dejarse interpelar por ellos. El posconflicto debe marcar un llamado, con el tono de desafío y tarea, para las Fuerzas Militares de Colombia. Los actuales líderes militares, tanto los que conducen las operaciones, guían los hombres y mujeres en el camino de la seguridad, la defensa y el orden, como aquellos que responden por la formación integral y la capacitación del personal que forma parte de la familia militar, están llamados a considerar y a analizar cuál debe ser el perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano. En este sentido, el presente ensayo se propone ofrecer algunos aportes para responder este interrogante. En el texto no se pretende plantear una ética del posconflicto sino que su objetivo, apunta a ofrecer algunos aportes para el perfil ético del militar en un contexto de posconflicto. De ahí que en el fondo subyace la concepción de la ética que se deja interpelar por su contexto. Sin ninguna duda el marco del posconflicto ha marcado mayores dificultades a quienes han optado por dar el paso de una situación de guerra o confrontación, al cese de las hostilidades en el camino hacia la paz. La conservación de situaciones de hostilidades y conflicto, muchas veces se aprecian con menos dificultad que las apuestas por la búsqueda y el sostenimiento de situaciones estables de paz. Los escenarios novedosos y complejos que le apuestan a la paz, exigen del militar todavía una mayor preparación integral para afrontar los nuevos y desconocidos retos que estos contextos demandan: “más que buenos líderes, el post-conflicto necesita buenas instituciones, es decir, instituciones legítimas, representativas, estables y eficientes” (Rettberg, 2002, pág. 13). Con relación a la denominación posconflicto y en torno del concepto mismo, el texto se aleja de las discusiones que se mueven entre los planteamientos minimalistas que lo consideran a partir de la superación de aspectos como la reconstrucción de infraestructura y la reubicación de actores, y los planteamientos maximalistas que consideran necesa– 21 –


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rio la superación de aspectos estructurales. No es el paso mágico del cese de conflicto al inicio de la paz, sino que el posconflicto se debe abordar desde la complejidad de la construcción permanente de la paz, inclusive en situaciones del diálogo en medio de la confrontación.2 El posconflicto no se debería abordar a partir de una conceptualización puntual y lineal del tiempo, en la cual se marque el paso de una situación de guerra a una de cese de hostilidades. El posconflicto se debe marcar a partir de las mismas estrategias y apuestas por escenarios para la construcción y sostenimiento de la paz: “Tras diez años de actividad de construcción de paz a nivel internacional, importantes actores de la comunidad internacional comparten el acuerdo acerca de que la actividad de construcción de paz debería iniciarse antes del fin de las hostilidades para ser más efectiva” (Rettberg, 2002, pág. 14).3 La complejidad de la construcción de escenarios de paz con justicia social, no sólo amerita la consideración y el análisis de situaciones novedosas sino, que es fundamental el fortalecimiento de las personas y con ellas de las instituciones y los sistemas de seguridad, desarrollo y convivencia social: Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), conformada por los países industrializados más avanzados y que cuentan con la institucionalidad más desarrollada para apoyar la construcción de paz en el mundo, pueden enumerarse cinco pilares de la construcción de una paz 2

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Una conceptualización pertinente acerca del término posconflicto con aplicación explícita al caso colombiano se encuentra en el estudio: Rettberg, A. (Coord.). (2002). Preparar el futuro: conflicto y postconflicto en Colombia. Universidad de los Andes, Fundación Ideas para la Paz. El caso de la preparación de la ONU de su Agenda de Paz es sugerente. Cf. Organización de las Naciones Unidas (ONU). An Agenda for Peace: Preventive Diplomacy, Peacemaking and Peacekeeping. Report of the Secretary-General, United Nations GA and SC, A/47/277, S/24111, 17 June 1992; Disponible en: www.un.org/Docs/SG/agpeace.html

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Aportes para un perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano

duradera. Son estos los siguientes: Respeto por los derechos humanos; Procesos políticos y económicos participativos; Fortalecimiento de instituciones públicas; Fortalecimiento de sistemas de seguridad y justicia; Fortalecimiento de la sociedad civil (Rettberg, 2002, pág. 16).

En este marco son convenientes las propuestas encaminadas al fortalecimiento de los procesos de formación integral, en los cuales la ética militar siga ocupando un lugar preponderante como fundamento esencial del liderazgo militar. Las nuevas y todavía más exigentes situaciones de la construcción y el sostenimiento de la paz, exigen y demandan un perfil ético del militar, en el cual se enfaticen aspectos que pudieron haber sido relegados por causa de las circunstancias del conflicto y de sus situaciones anejas. La situación de posconflicto, más allá de buscar un cambio en el perfil del militar, debe enfatizar algunos aspectos que coadyuven a los nuevos desafíos planteados por las nuevas situaciones. Algunas propuestas orientadas a las reformas de las instituciones militares para las nuevas situaciones de posconflicto, se limitan a considerar la automática reducción numérica y la disminución presupuestal, a veces sin otear grandes posibilidades para la seguridad integral, el desarrollo e innovación tecnológica y el desarrollo social, con las cuales pueden contribuir el sector militar en el ámbito nacional. Una mirada a la función constitucional específica de las Fuerzas Militares nos permite resaltar dos aspectos, uno de los cuales está suficientemente demostrado, y otro que debería ser considerado en escenarios externos e internos al mundo militar. Las cuatro o cinco décadas de conflicto colombiano, con sus problemas anejos como el narcotráfico y el desplazamiento, entre otros, han desviado la función de las Fuerzas Militares. Volver a la función específica constitucional es una necesidad apremiante para que, tanto el militar como la sociedad civil, puedan volver la mirada a la importante contribución que las Fuerzas Militares están en capacidad de realizar, en aras del desarrollo – 23 –


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y la justicia social, bases fundamentales para el fortalecimiento de procesos, escenarios y programas conducentes al sostenimiento de la paz. El artículo 217 de la Carta Política establece la finalidad de la Fuerzas Militares: “La Nación tendrá para su defensa unas Fuerzas Militares permanentes constituidas por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Las Fuerzas Militares tendrán como finalidad primordial la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional”. Estos factores fundamentales que determinan la función de las Fuerzas Militares, se sustentan en ambientes de paz, seguridad y desarrollo social. En este sentido las Fuerzas Militares plantean su misión orientada a garantizar el orden constitucional: “Las Fuerzas Militares conducen operaciones militares orientadas a defender la soberanía, la independencia, la integridad territorial y la derrota de la amenaza, para contribuir a generar un ambiente de paz, seguridad y desarrollo garantizando el orden constitucional de la nación”. Asimismo, en la perspectiva de desarrollo integral su prospectiva visionario consideran la paz y el desarrollo como aspectos esenciales de su quehacer: “Las Fuerzas Militares serán una institución moderna, profesional, disciplinada, con altos niveles de educación, entrenamiento, sustentada en el comportamiento ético superior, y con una capacidad disuasiva creíble, para afrontar los retos que le impone su compromiso con la defensa y la seguridad nacional, contribuyendo a la construcción de los caminos de la paz y el desarrollo de la nación” (http://www.cgfm.mil.co/CGFMPortal/ faces/index.jsp?id=6552). Esta visión denota la prospectiva de las Fuerzas Militares y a la vez invoca la necesidad de fortalecer la formación integral de sus hombres y mujeres, que les permitirá ser los primeros defensores de la paz: Con esto se hace evidente la preocupación dentro de las FFMM por una formación de profesionales íntegros que aliados a la sociedad civil y la convivencia pacífica, entran a conformar una nueva Visión de la institución en tiempos de cese de conflicto, lo – 24 –


Aportes para un perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano

que a su vez permite develar una reformulación del papel social de éstas al interior de una nación constructora y promotora de paz (Eraso, 2012, pág. 12).

La ética militar es el soporte fundamental tanto para el liderazgo militar en el aspecto individual, como para el fortalecimiento de la institución militar en su dimensión colectiva, mediante el cabal cumplimiento de su misión constitucional. El cuidado e integridad de la ética militar es garantía de la misión institucional. La claridad y el empoderamiento de la misión en un contexto de posconflicto, deben superar concepciones que pueden estar enquistadas en la conciencia del militar, de que guerra o conflicto son sinónimos de milicia. La vocación militar se orienta al servicio de la seguridad, defensa y tranquilidad de la sociedad. El fortalecimiento de la vocación militar, base del actuar del militar, aleja toda posibilidad de individualismo o centralización en los intereses personales para orientarse a la búsqueda y sostenimiento del bien común. Situaciones de conflicto o posconflicto, una y otra, descentra el individuo para direccionar el servicio en beneficio de la paz y el desarrollo social: “el lado obscuro del individualismo supone centrarse en el yo, lo que aplana y estrecha a la vez nuestras vidas, las empobrece de sentido, y las hace perder interés por los demás y por la sociedad” (Taylor, 2012, pág. 40). El militar siempre debe estar preparado integralmente para afrontar situaciones bélicas, pero toda su preparación y todos sus esfuerzos se orientan al desarrollo integral, a la seguridad, a garantizar la tranquilidad y la paz, los cuales sí son auténticos sinónimos que definen al ser militar: “El soldado posmoderno no es sólo un guerrero sino también un peacekeeper, un policía, un diplomático, un trabajador social y un trabajador de cuerpos de paz” (Schnabel, Albrecht – Ehrhart, Hans, 2005, pág. 33). En esta misión fundamental el militar debe fortalecer su compromiso de ser guardián de la equidad y un ciudadano comprometido con el desarrollo integral de la sociedad: – 25 –


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Para un escenario de paz, la Misión y Visión de las FFMM debe replantearse atada a dos puntos fundamentales, el primero de ellos la defensa de los derechos humanos y el segundo la ética profesional en el más amplio sentido de todo su accionar, esto con el objeto de promover un ejercicio militar no concentrado en la ausencia de un estado en cese de conflicto sino en la construcción y fortalecimiento de la paz, la equidad y la justicia en una sociedad orgullosa de pertenecer a un país que le responde a su calidad de ciudadano natural. En otras palabras, se puede decir que el nuevo enfoque del papel social del militar en tiempos de paz está direccionado a la calificación y no a la descalificación, a la construcción y no a la destrucción, a la paz y no a la guerra (Eraso, 2012, pág. 8).

En el contexto del posconflicto, la seguridad ciudadana es fundamental no sólo como base del desarrollo social sino como garantía de protección a los procesos, actores y programas tendientes al sostenimiento de la paz. Las diversas experiencias de posconflicto enseñan que el fortalecimiento de la seguridad es un factor esencial, tanto para preservar y garantizar el ejercicio y la salvaguarda de los derechos fundamentales de los actores, como para afianzar la confianza que conduzca la reconciliación. Asimismo, el fortalecimiento de la seguridad es una labor constante para neutralizar las acciones de algunos actores que prefieren continuar con acciones vinculadas con el conflicto. La premisa de que aún en un contexto de posconflicto es necesaria una estrategia de seguridad ciudadana, esta seguridad deberá estar orientada a la labor, aún más difícil, de sostener escenarios de paz, que de repeler ataques localizados. De la ética principialista a las éticas de segunda y tercera generación, la responsabilidad y el compromiso personal se ha ampliado a la responsabilidad social y global. Las actuaciones del ser humano no se pueden valorar sólo desde la bondad o maldad sino de sus consecuencias con el otro y, más allá, con su entorno social: – 26 –


Aportes para un perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano

Ninguna clase de vida humana, ni siquiera la del ermitaño en la agreste naturaleza, resulta posible sin un mundo que directa o indirectamente testifica la presencia de otros seres humanos. Todas las actividades humanas están condicionadas por el hecho de que los hombres viven juntos, si bien es sólo la acción lo que no cabe ni siquiera imaginarse fuera de la sociedad de los hombres (Arendt, 2005, pág. 51).

La ética del cuidado en el contexto planetario, implica un compromiso con la aldea global en donde sea posible habitar como seres humanos. En este marco la ecología, la responsabilidad social global, el cuidado del planeta y su sostenibilidad, la lucha contra la pobreza, algunos flagelos internacionales como la corrupción y el terrorismo, son aspectos que no pueden pasar desapercibidos para el militar del siglo XXI. Los impactos globales y colaterales de las actuaciones de los seres humanos y de las instituciones son un asunto que debe inquietar y debe generar un llamado a la conciencia social planetaria. En el marco de la globalización, la seguridad ha entrado en el espectro del cuidado planetario. Sobre esta base, la formación integral del militar, no puede descuidar su papel de ofrecer elementos que permitan determinar y afrontar las problemáticas de la sociedad global. Los saberes, disciplinas y profesiones deben escuchar los retos y desafíos que las necesidades sociales plantean, los cuales se visibilizan en los problemas sociales, culturales y políticos. Las humanidades, y de manera específica la ética militar, deben apuntar a la sensibilidad de sus formandos por las problemáticas sociales. En el marco del pensamiento de Nussbaum este factor se ubica en la capacidad de comprender y sentir tanto las situaciones de desgracia, adversidad y miseria de los otros, como las de éxito y triunfo. Por otra parte la capacidad de asumir sus deberes y las situaciones de su entorno y comprometerse con ellas, así como la capacidad de – 27 –


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solidarizarse con las situaciones de su entorno (Nussbaum, 2010). El marco amplio de la responsabilidad social se considera en este factor, principalmente, la relación con el cuidado de la vida, mediante la implementación de prácticas medioambientales; la corresponsabilidad con el cuidado planetario y con su medio particular. La permanente formación en ética del militar, debe asumir la exigencia de su condición de ciudadano para un mundo global. Los espacios geoestratégicos en el marco de la globalización, han superado las fronteras territoriales de los meros vecinos, para llegar a la ruptura de las líneas limítrofes de territorios. Ciudadanos digitales, ciudadanos del universo, son expresiones a las que no se puede escapar el perfil ético del militar en la era actual. La ética militar debe configurarse desde la formación integral en una comunidad concreta, hasta su proyección a una comunidad global a la que el militar ya no se puede sustraer. En el contexto del mundo griego la pertenencia a la polis se marcaba por las virtudes del hombre libre que cultivaba su humanismo con ellas y así garantizaba su libertad en su comunidad: “la ciudadanía no se agota en el ejercicio de un conjunto de derechos formales generales, sino que implica, asimismo, sentirse parte de una comunidad cívica concreta” (Bárcena, 1997, pp. 75-131, citado en Gil y Olmeda, 2003, pág. 113). La formación ciudadana se marca como una exigencia para los ciudadanos de un mundo global. La formación ciudadana, del militar miembro de una institución y de una familia global, es un imperativo para la ética de tercera generación. La pregunta de lo que significa ser ciudadano podría tener muchas respuestas, no obstante, su demarcación en lo que para el militar significa ser ciudadano, facilita un poco algunas consideraciones. En cualquiera de los casos el valor de las humanidades, y de manera específica de la ética en la formación ciudadana, se debería vincular aun con lo que los antiguos griegos y romanos planteaban. La paideia – 28 –


Aportes para un perfil ético del militar en contexto del posconflicto colombiano

griega buscaba construir en los miembros de la polis su carácter de seres humanos y de ciudadanos íntegros, que le permitiera ser miembros de la polis. Asimismo, en la antigua Roma la humanitas recoge todo lo que le permite al hombre ser verdaderamente humano. En este sentido la formación de ciudadanos radica en la construcción permanente del ser humano. Ciudadanos íntegros y con sensibilidad y responsabilidad social, así como profesionales con calidades humanas y autonomía responsable en la toma de decisiones. Más allá del conocimiento y ejercicio tanto de los derechos como de los deberes del sujeto como miembro de una sociedad, la formación integral y permanente del militar se debe encaminar al fortalecimiento de hombres con conciencia y responsabilidad social, sujetos activos de un grupo social pero con la conciencia y el compromiso de su responsabilidad con la gran familia planetaria. Ética, ciudadanía y humanismo, es una tríada sinonímica que debe estar en la agenda permanente de la ética militar. El humanismo es nota fundamental de cualquier formación ciudadana, un humanismo universal lo cual suena a pleonasmo que permita al militar llegar a las preocupaciones de la humanidad y superar su sentido social limitado a su entorno particular y a su contexto inmediato. Asimismo, la formación ciudadana humanista conlleva la superación de ideologías que pueden estar al servicio contingente de políticas estatales: “la dignidad humana sólo puede constituirse en el verdadero fundamento de una ética universal y en la aspiración dinamizadora y alentadora de la evolución y extensión de la misma, cuando se conciba en términos referidos al recíproco reconocimiento y aprecio entre los hombres, de que la condición humana y su pleno desarrollo tiene un valor intrínseco” (Gil Cantero, 2008, pág. 40). El término ciudadanía vinculada con la polis griega y no con la política vinculada con conceptos o doctrinas a partidos o corrientes de pensamiento, sino que se relaciona con lo que significa vivir en un espacio de tranquilidad y ser consecuente con él. La formación – 29 –


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ciudadana se vincula con la responsabilidad personal y social de construcción de polis, de espacios de justa convivencia. De ahí que la formación ciudadana debe estar por encima de cualquier ideología o concepción doctrinal: “Aprender a ser un buen ciudadano precisa de cierto saber filosófico que, aunque no sea especializado, permita distinguir lo justo de lo injusto, ser prudente en nuestros juicios y distinguir lo que es verdadero de lo que no lo es. No es un saber fácil, pero resulta conveniente y, por ello, es necesario cultivarlo” (Martínez, 2010, pág. 63). Uno de los productos fundamentales de una buena formación ciudadana es buena convivencia. Salvaguardadas las exigencias de seguridad y protección personal, el ciudadano militar debe ser el mejor ejemplo de cómo vivir sanamente y en convivencia armónica con los miembros de la sociedad. En este sentido llama la atención la página WEB del ejército colombiano cuando presenta su compromiso con los derechos humanos y plantea la transformación del guerrero en un “militar ciudadano”: Actualmente la formación y capacitación del hombre de armas colombiano está encaminada transformar el Militar Guerrero en Militar Ciudadano al servicio de la sociedad y como promotor del desarrollo humano integral, entrenándolo con parámetros muy claros de observancia irrestricta y respeto por los Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario y el cabal cumplimiento de la ley, ya que ninguna autoridad puede violar esta última so pretexto de defenderla o mantener su vigencia (http://www.ejercito.mil.co/index.php?idcategoria=114177).

De ahí que la prospectiva del ejército colombiano no está alejada de las discusiones éticas en los escenarios nacionales e internacionales: “A lo largo de los últimos años, en las agendas de las reuniones internacionales y en los programas de los ministerios de educación de la mayoría de los países, las cuestiones relativas a la educación para la ciudadanía y a la profundización en los valores democráticos figuran como temas de obligado análisis y debate” (Martínez, 2010, pág. 59). – 30 –


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La formación ciudadana recoge la ética personal y social, y la proyecta a la ética global con el compromiso planetario. Los principios de la ética militar deben llegar al espacio de la responsabilidad planetaria, que más allá de traspasar fronteras se debe pensar como la responsabilidad con el pedazo de planeta al que se le debe brindar una seguridad integral: “para formar un ciudadano en un concepto democrático hay que ayudarle a descubrir los componentes éticos y políticos concretos del ejercicio mismo de su ciudadanía” (Gil y Olmeda, 2003, pág. 116). Entrar en la ciudadanía digital, en la ciudadanía global, significa aceptar la corresponsabilidad con la defensa integral del planeta como un espacio que clama por salvación: “no se alcanza una adecuada ciudadanía si ésta no va acompañada de la capacidad afectiva de sentirse partícipe de un proyecto común, de unas costumbres, de unas efemérides, de unos símbolos, de una lengua, etc.” (Gil y Olmeda, 2003, pág. 117). No sólo en el marco del posconflicto sino como parte de su misión como constructor y defensor de la paz, soporte del desarrollo social, el papel del militar en la tarea de la reconciliación es una necesidad imperante y se debe orientar en dos direcciones. En el primer sentido subyace la necesidad de cuidar de las secuelas que cualquier confrontación armada genera en las personas que están directamente inmersas. En esta primera dirección la reconciliación se orienta hacia el mismo combatiente militar que puede haber dejado inocular en su corazón sentimientos y pasiones alejadas de la nobleza y el profesionalismo. La guerra, es un acto punitivo y feroz que genera energías disolventes, una vez el ser humano se enfrenta a otro en recíproco esfuerzo de destrucción y aniquilamiento, comprometiendo la supervivencia misma. En el marco del posconflicto el respeto por la vida de quienes estuvieron comprometidos en el combate, es una necesidad todavía más preponderante. En esta primera dirección la formación ética permanente, es sin lugar a dudas uno de los aspectos de mayor cuidado, en cuanto que la guerra engendra odios y pasiones profundas. El odio ha podido – 31 –


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cobrar aliento poderoso, estimulado por energías convergentes que se dan en el patriotismo herido por la agresión, en los medios de prensa, en las influencias familiares, en la propaganda del Estado, en la lucha misma en la que se ven morir compañeros, amigos y en el daño devastador que han causado los grupos rebeldes. Entender las situaciones de conflicto y manejarlos con serenidad, despojarlos del odio dañino, no es tarea fácil, pero sí deber imperativo de la ética militar, enmarcada en un profundo sentido de humanismo. En este sentido, el fortalecimiento de la conciencia ética del militar es un factor fundamental para la reconciliación integral, como soporte a la tarea ingente de construir y sostener la paz, en el marco del posconflicto: “en un período post-conflicto es fundamental trabajar por sanar las heridas y por fomentar una cultura del perdón y la reconciliación a través de procesos terapéuticos, artísticos, educativos y comunitarios” (Rettberg, 2002, pág. 30). La segunda dirección de la reconciliación se dirige a la misión del militar, reconciliado consigo mismo y con su entorno personal, la cual debe orientarse a ser agente y artífice de reconciliación para su entorno social. El posconflicto recoge secuelas de años de confrontación, de narrativas inimaginables cargadas de odios, deseos de venganza, sed de justicia vindicativa, a las cuales es necesario acompañar no sólo con su presencia que garantiza la seguridad y la tranquilidad de los ciudadanos, sino con su ejemplo e integridad con los cuales se demuestra lo que significa ser constructor de paz. En el escenario del posconflicto es cuando el militar debe estar mejor e integralmente preparado para el combate, porque el sostenimiento de la paz, además de ser una tarea difícil que enfrenta situaciones complejas, en ocasiones puede ser más exigente que el mismo enfrentamiento bélico. En la coyuntura de violencia y confrontación armada, el país tiene una oportunidad histórica de terminar el conflicto armado de manera negociada, situación que va a generar un nuevo escenario, de base para propender por la construcción de una cultura de perdón, cimentada en la defensa de los Derechos Humanos, que esté en capacidad de – 32 –


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superar ofensas, odios y deseos de venganza. En este contexto, la ética militar desde situaciones concretas, tiene la tarea fundamental de propender por la causa de la paz con fidelidad y compromiso con los principios y valores institucionales. En el momento en el que la promoción de la dignidad de la persona es el principio conductor que inspira y la búsqueda del bien común se convierte en el compromiso predominante, es cuando se ponen los verdaderos fundamentos, sólidos y duraderos para la edificación de la paz verdadera. Tanto la ignorancia o el desprecio de los Derechos Humanos, como la búsqueda de intereses particulares de manera injusta, por encima del bien común, favorecen inevitablemente el cultivo de los gérmenes devastadores de la paz, tales como: la inestabilidad, la rebelión y la violencia (Ioannes, 1999, 379). Por eso, allí donde los derechos y deberes se corresponden y refuerzan mutuamente, la promoción del bien del individuo se armoniza con el servicio al bien común. En este sentido, es relevante el trabajo y la reflexión permanente que el mundo de la academia a través de las universidades, ha venido haciendo con la participación protagónica de los militares, en su esfuerzo constante por la búsqueda y estabilidad de la paz. Este tipo de trabajo conjunto aporta una serie de elementos significativos que le permiten al campo de la ética militar comprender mejor la magnitud de violencia que vive Colombia a través de su lucha contra la insurgencia para, desde allí, proponer los principios y valores fundamentales más eficaces, para la construcción y estabilidad de la paz, en el marco de una convivencia fraterna, entre los mismos militares y entre los militares y la población civil. Desempeñar la profesión militar en contexto de posconflicto por parte del militar colombiano no es tarea fácil, como a simple vista pudiese parecer, sobre todo cuando se trata de un país que desde décadas, ha estado inmerso en un conflicto armado, pues esto implica inserirse en el continuo enfrentamiento con los innumerables retos y desafíos que el medio militar ofrece, en cuanto a que, debe atender – 33 –


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la problemática de la organización y afrontar sus propias realidades. Estos retos, conforman diferentes aspectos: el desarrollo humano, su rol social como ciudadano, mucho más comprometido con su nación desde su aporte al desarrollo social, su bienestar, su formación, su entrenamiento, la formación de los futuros militares, el desarrollo de nuevas doctrinas que respondan a las actuales realidades de posconflicto y con las amenazas presentes y futuras, hasta llegar a la institucionalización de la innovación. Así las cosas, el ejercicio del mando por parte del militar en contexto de postconflicto amerita aún más su humanidad, espiritualidad, moralidad y profesionalismo. El mando justo, racional, humano y con criterio institucional por encima de cualquier interés de tipo personal, es aún más exigente en el sostenimiento de escenarios de paz. En algunas experiencias de posconflicto se presentan brotes de nuevos grupos y nuevas situaciones, y el militar debe estar siempre dispuesto y abierto a las diferentes situaciones conflictivas para resolverlas, con naturalidad y recta razón. En el mantenimiento de espacios de paz se deben fortalecer cualidades necesarias en el combatiente: confianza en sí mismo y en los demás, sencillez para asumir las limitaciones, espontaneidad y franqueza en la comunicación con superiores y subalternos, agilidad y creatividad para enfrentar situaciones de riesgo, con espíritu crítico y objetivo. Estas características conducen al militar al ejercicio de su vocación de la mejor manera posible al servicio de la paz y el desarrollo de la sociedad en contexto de posconflicto (Contreras y Gutiérrez, 2002, pág. 295). El militar es protagonista de hechos trascendentales para la vida de la nación, por consiguiente, sostenido por su vocación de servicio a la sociedad y respetuoso de la Carta Constitucional de su País, procura el recto ejercicio de su profesión militar. Sin desconocer desde ningún punto de vista, la gran preocupación que la comunidad internacional ha tenido frente a los conflictos armados con el ánimo de humanizarlos, y teniendo en cuenta el gran – 34 –


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esfuerzo hecho a través del proceso de elaboración del Derecho Internacional Humanitario desde 1864 (Spatafora, 1989, pág. 4), reflejado en una serie de normas que han dado origen a los cuatro convenios de Ginebra4 y resaltando la importancia de los Instrumentos adicionales a los nuevos Convenios de Ginebra que fueron aprobados en 1977 (Spatafora, 1989, pág. 4; Verri, 1980, págs. 437 y 565) (denominados Protocolos Adicionales I y II5) (Sommaruga, 2005, págs. 13-22), es a la ética militar a la que le corresponde desde la reflexión y la formación de la conciencia moral del militar, asumir el papel de humanizar la guerra para que el hombre en armas, frente a su enemigo en el combate, sea menos salvaje, menos cruel, menos irracional, menos sanguinario y más humano. Matar o hacer daño a quien se rige, golpear o torturar prisioneros con cualquier fin, negar a heridos del adversario el tratamiento humanitario prescrito, es degradar la lucha y hacerla aún más cruel de lo que su naturaleza implica (Valencia, 2002, en Contreras y Gutiérrez, 2002, pág. 252). Ante este panorama y de manera específica en el marco del posconflicto, apremia aún más observar y sembrar en el ánimo de las tropas, sentimientos nobles hacia el enemigo combatiente y quienes ingresan en procesos de desmovilización (Spatafora, 1989, pág. 4; Verri, 1980, págs. 437 y 565). Tratar al enemigo combatiente herido con piedad, 4

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Convenio n. 1: sobre la protección de los heridos y los enfermos en caso de conflicto armado intencional en tierra; Convenio n.2, sobre la protección de los heridos, los enfermos y los náufragos en caso de conflicto en el mar; Convenio n.3, sobre el trato a los prisioneros de guerra; Convenio n. 4, sobre la protección a las personas civiles en los territorios ocupados y a los extranjeros en el territorio del Estado Beligerante. Sobre el tema. Cf. Nahlik, (1978) Droit dit “ de Geneve” et droit “de La Haye”: unicitè ou dualità, en Annuire Français de droit international; Venturini, (1996), Relazione sistematica fra diritto internazionale umanitario e diritto dell’uomo, en Atti del Convegno “ Il rispeto dei diritti dell’uomo en tempo di emergenza e di conflitto armato”, Ischia. P. Verri, (1990) Appunti di diritto bellico, Edizioni speciali della “Rassegna dell’Arma dei Carabinieri”. Protocolo Ad. I, se completan y se desarrollan las disposiciones de los Convenios de Ginebra aplicables en caso de conflicto armado Internacional; Protocolo II, trata sobre las normas aplicables en caso de conflicto armado no internacional.

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dispensarle la ayuda médica que sea posible, aliviar la situación del prisionero, no solo es materia de legislación internacional de forzoso cumplimiento, sino que forman parte de unos principios éticos, que no pueden ser borrados por el horror y la pasión de la guerra. Las ventajas del punto de partida colombiano no implican que no haya aún un largo camino por recorrer en la estructuración de unas Fuerzas Militares apropiadas, para un país sin conflicto armado y acordes con las necesidades y cambios conceptuales de la seguridad en el mundo de hoy, en donde es importante que las reformas privilegien la seguridad humana, haciendo énfasis en la protección de los individuos y las comunidades, y entendiendo la seguridad no sólo como un asunto militar sino multidimensional (seguridad ambiental, alimentaria, ciudadana, etc.) (Law, 2005). Además de cumplir su rol de defensa externa, en contexto de posconflicto las bases militares se deben convertir en importantes polos de desarrollo socioeconómico, al generar un ambiente de seguridad, construir infraestructura básica, y crear empleos y un mercado potencial en zonas que han estado históricamente olvidadas por el Estado, desde la base conceptual de la consolidación integral de la seguridad y el desarrollo. Al mismo tiempo, la presencia integral del Estado en zonas apartadas y abandonadas aumentaría la percepción de legitimidad de las instituciones por parte de la población local, cerrando por ende la brecha de legitimidad, entendida como la diferencia entre las expectativas socioeconómicas y políticas de la población frente al Estado y lo que éste está dispuesto o es capaz de proveer a la población, que originó y alimentó el conflicto en un primer momento. Los soldados, que han luchado y continúan luchando en la actualidad, no pueden ser considerados solamente carne de cañón y en contexto de post-conflicto, pretender abandonarlos a su suerte, como se abandona un bien cuando éste deja de ser útil después de su uso y desgaste. Se trata de seres humanos con dignidad, y por consiguiente, corresponde al gobierno, brindarles toda la asistencia – 36 –


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humanitaria posible para preservarles la vida y la buena salud. El comandante por su parte y de manera directa, tiene la responsabilidad moral e institucional de ejercer ante sus hombres que están heridos a causa de los combates, un deber de caridad y de solidaridad (Sandoz, 2005, págs. 26-27). En toda clase de conflictos armados, sin importar sus razones, se ha de afirmar el valor fundamental del derecho humanitario y, por tanto, el deber de garantizar el derecho a la asistencia humanitaria de los heridos en el combate, de refugiados y de los pueblos que sufren. La legitimación moral y política de esos derechos, reside en el principio por el cual el bien de la persona humana, trasciende cualquier institución (Genesio, 2005, págs. 46-51). Cuando la población civil corre peligro de sucumbir ante el ataque de un agresor injusto y los esfuerzos políticos, como los instrumentos de defensa no violenta, se hacen insuficientes para evitar el conflicto, Juan Pablo II, al respecto afirma: Es legítimo e incluso obligado, emprender iniciativas concretas para desarmar al agresor pero éstas han de estar circunscritas en el tiempo y deben ser concretas en sus objetivos, de modo que estén dirigidas desde el total respeto al Derecho Internacional, garantizadas por una autoridad reconocida a nivel supranacional y en ningún caso dejadas a la mera lógica de las armas (Ioannes, 2000, pág. 369).

Estas consideraciones, deben llevar al militar a fortalecer su conciencia frente al trato con sus hombres, frente a la población civil, ya sea propia o de la nación enemiga, pues recurrir al terror para paralizar la población no combatiente y evitar que apoye de cualquier manera al enemigo, puede originar odio y desprecio hacia los hombres en armas. Las experiencias del pasado y el conflicto interno del país, ha enseñado que el trato de los miembros de las Fuerzas Armadas con la sociedad civil, es de vital importancia para el éxito de toda operación militar, pues cuando la población civil, se siente respetada, querida, respaldada y defendida por las instituciones armadas, ésta a su vez – 37 –


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profesa una gran lealtad, aprecio y respeto por sus Fuerzas Armadas, de lo contrario su odio y su falta de cooperación contribuye en gran parte a los fracasos y abusos por parte del personal armado (Sommaruga, 2005, págs. 26-27). La historia de los conflictos y de los escenarios de posconflictos demuestran una y otra vez, cómo la crueldad innecesaria, el espíritu vengativo, el odio como acicate, el ánimo sanguinario, a más de acentuar los sufrimientos derivados de toda contienda bélica, dejan secuelas adversas de muy difícil cicatrización; mientras que, la benevolencia, la magnanimidad, el ánimo compasivo, factibilizan la reconciliación y la paz estable y duradera. No se puede olvidar que la guerra es un fenómeno transitorio, cuyo objetivo final es la paz. Imponer condiciones humillantes es preparar una nueva guerra, de tal suerte que hasta la mesa del armisticio debe llegar el mandato de una ética que reconozca la dignidad humana, la prevalencia del derecho, la justicia y la equidad, elementos indispensables para la estabilización de la paz entre las naciones.

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Profesor Jorge Orlando García Norato


Realidad y presencia de las Fuerzas Militares Profesor Jorge Orlando García Norato

Introducción La discusión entre evolucionismo materialista y creacionismo tiene hoy una nueva fisonomía. Asistimos a una época signada por el enfrentamiento entre dos formas de ver la vida y la existencia: por un lado el humanismo individualista, materialista y ateo que ha dado lugar a la contracultura de la muerte, y por el otro el humanismo cristiano que abre el horizonte a la cultura de la vida. Las ideologías no salvan, pero sí mueven al mundo. Entonces nos preguntamos: ¿cuál es el fundamento ideológico que está detrás de esa contracultura de la muerte que pretende controlar la globalización del poder económico, político, científico, militar y de medios de comunicación del planeta, y cómo ha sido su incidencia en el desarrollo social? Saber cuáles han sido los efectos de la aplicación de una ideología para entender lo que está pasando en la sociedad, a nivel científico exige: observación de la realidad y evaluación por resultados. A su vez, permite definir estrategias y acciones que den solución a los problemas y ayuden a superar las dificultades. – 45 –


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Toda educación se realiza mediante una pedagogía que a su vez está fundamentada en unos principios. El materialismo individualista y ateo, base de la sociedad consumista, generó la pedagogía del conflicto, enmarcada dentro de una lógica del absurdo, del sin sentido, o del contrasentido, que incita hacia una lucha desenfrenada por el poder, el tener y el placer. Esta pedagogía del conflicto infundió en las actitudes una sobredosis de antipatía e indiferencia, que condujo a confrontaciones y antagonismos irreconciliables que llevaron a los pueblos a hundirse en variadas formas de agresión y de violencia, hasta llegar a la más sangrienta y terrible: la guerra armada. A la comunidad educativa total le corresponde colaborar en la preparación de una nueva dirigencia nacional formada en la pedagogía de la comunión, que eduque para servir en la solidaridad. Esto implica trabajar en favor de nuevos modelos de desarrollo que contribuyan a la solución de los problemas, a fin de no quedarnos en la simple contemplación de las ideas. En la reflexión epistemológica acerca de la verdad sobre el hombre y sus relaciones; se contraponen las teorías del humanismo ateo con el humanismo cristiano. Este estudio le ofrece a la comunidad académica, la posibilidad de redescubrir los principios, las ideas, los valores y creencias fundamentales de la antropovisión católica para seguir generando conocimiento válido y confiable sobre el ser y el quehacer de las personas y las comunidades. Abre nuevos caminos para que se integren en un propósito común basado en una visión continental de su vocación y de su misión, que vertebre la unidad institucional e iberoamericana. La pregunta central es: ¿Se puede considerar que se está produciendo un cambio de mentalidad y de acción en el significado y el valor del ser humano merced a la influencia de la antropovisión del personalismo comunitario al que invita el humanismo cristiano, y si a partir de ese cambio estamos en presencia de un nuevo sujeto social? Dadas las circunstancias en que se presenta este combate ideológico, es inevitable ver que el integrante de las Fuerzas Militares, sujeto – 46 –


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de derechos, deberes y con las obligaciones que corresponden a su función, debe constituirse en fuerza viva que preserve, consolide y desarrolle los valores propios de nuestra identidad nacional. Como ciudadano colombiano debe tener plena conciencia de “los elementos esenciales de una nación moderna: El Territorio, El Pueblo, La Cultura y El Sistema Social que la organiza”, para trabajar por su integración y por un proyecto histórico y trascendente. El sistema social, por su misma naturaleza, es cívico-político porque se relacionan la Sociedad Civil y el Estado, ya que son realidades objetivas que no nacen de las leyes, sino que las leyes reconocen como tales1. Se organiza a través de las estructuras básicas que la integran: “Religiosa, Familiar, Cívica, Educativa, Económica y Estatal”.2 Estas estructuras tienen su fundamento en el hecho de ser el hombre una creatura espiritual, corporal y trascendente, y tienen como fin ordenar la vida en comunidad, creando espacios y ambientes en donde las personas puedan cumplir mejor con su responsabilidad social, en el ámbito propio en que cada uno se desenvuelve. Lo que sucede en una de las estructuras repercute en el conjunto del sistema social y lo que acontece en éste tiene sus efectos en cada una de ellas. El militar y las Fuerzas Militares, legítimamente constituídas de acuerdo con la Constitución y la Ley, encuentran en las estructuras del Sistema Social Cívico y Político, los espacios ciudadanos apropiados en donde dar testimonio de su compromiso con el desarrollo humano integral y permanente, y con la protección de la dignidad humana, desde una concepción antropológica y ética fundamentada en el respeto, la defensa y la promoción del ser humano. Al responder al llamamiento de la Patria que lo convoca a preservar los valores esenciales de la convivencia humana (a saber: vida 1 2

Corsi Otálora, Carlos; Crespo Campo, José Manuel y González Silva, Édgar. El Estado auténtico, un modelo político de comunión, Senado de la República, 1997. Págs. 17 y ss. El desarrollo está en sus manos. Plan Nacional de Desarrollo 19951998. Ley 188 de 1995.

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y verdad, justicia y solidaridad, libertad y paz), el militar puede decir con verdadero orgullo que ha cumplido a plenitud con la misión que le confiaron. En ejercicio del poder a través del uso legítimo de la fuerza, es ejemplo de cómo sí se puede vivir con honradez y honestidad la vida militar al servicio de Colombia, y, es autoridad pública cuando ejerce el mando guiado por la ética y el derecho de conformidad con la Constitución y con las Leyes.

El colapso total del sistema Nos ha correspondido vivir el fracaso de un sistema económico político que, al imponer un individualismo materialista, es decir, al debilitar los valores sociales y comunitarios y, por lo tanto, a la persona humana, ha contribuido poderosamente a generar un modo de trato humano imbuido por actitudes egoístas, ególatras y egocéntricas donde el individuo es considerado una cosa, una mercancía puesta a precio, un objeto de placer o de explotación. Esta ideología considera “avanzado” y “progresista” pensar al contrario de cómo deben ser las cosas; por tanto no existen verdades objetivas: llaman a la verdad mentira, al bien mal, al orden desorden, a lo moral inmoral, al valor antivalor, o viceversa. Los conceptos de libertad, justicia, derecho, vida, amor, Dios, dependen de las inclinaciones o tendencias de cada individuo. Semejante relativismo tenía que conducir a una concepción necrófila y depredadora del entorno, donde la vida se debate en un constante conflicto regido por la ley de la selva en el que “lucha y gana” el más fuerte o poderoso, el más vivo, el más astuto, aunque no sea virtuoso; y el “éxito” se alcanza, pasando por encima de quien sea, cueste lo que cueste, porque el otro no es una persona, menos un hermano, sino una cosa, un adversario, un obstáculo al que hay que eliminar. Desde esta óptica el mundo es movido por una especie de economía de casino y se entiende como un campo de batalla donde se fomenta la “contracultura de la muerte que amenaza con destruir en la raíz, en la flor y en la semilla, el árbol siempre verde de la cultura iberoamericana.”, que lleva la savia de la cultura de la vida y nos alienta a trabajar con esperanza. – 48 –


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Por otra parte, el pragmatismo positivista al intentar eclipsar la dimensión trascendente y el sentido sobrenatural de la existencia, no admite lo que llaman “la variable Dios”, pues el hombre se considera a sí mismo el centro y la medida de todas las cosas. Sin Dios y sin ley se constituye en único y supremo legislador de lo que es el bien y el mal, sin atender a la verdad intrínseca de las cosas. En los últimos doscientos años de vida republicana, Colombia ha tratado de organizarse mediante el sistema político de la “Democracia Capitalista Liberal” de corte individualista, que alcanzó un gran desarrollo urbano industrial y tecnológico, pero en otros aspectos no produjo los mismos resultados. Con esta experiencia hemos aprendido, algunas veces con dolor y sangre, cómo no se construye la República, cómo no se vive la ciudadanía, cómo no se hace la política. Al observar la realidad social podemos constatar que dicha situación nos ha dejado una crisis profunda de las instituciones, una grave erosión de los poderes públicos, una ruptura de los cimientos que sostienen el engranaje social. En este proceso se han subvertido las bases esenciales del orden jurídico y moral, proliferan las guerras, la violencia, el terrorismo a nivel interno y global, que amenazan con destruir la nacionalidad, en fin, una gran desconfianza se percibe en el pueblo. Este largo proceso de descomposición ha generado un estado de cosas que ya es evidente para la opinión pública: lo que está en crisis es la conciencia moral y el sentido ético de las personas y las comunidades. En efecto, quien comete la falta no sólo no reconoce que la ha cometido, sino que niega haberlo hecho y, además, asume la actitud de víctima y se declara perseguido por la autoridad que lo investiga. De lo anterior se deduce la urgente necesidad de formar rectamente la conciencia teniendo como fundamento esencial la vida, la verdad, el bien, la justicia y la solidaridad. La conducta ética implica un acto de la voluntad inseparablemente unido a la inteligencia y nos plantea el ineludible interrogante acerca del destino del hombre y de la humanidad, que debe ser respondido – 49 –


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por una comunidad de voluntades, es decir, por un pueblo decidido a encontrar por sí mismo su vocación y el camino de la auténtica liberación. “(…) lo que necesitamos es un corpus, una comunidad militante que reafirmando la primacía de la verdad sobre el poder, genere un ámbito vital donde se integren todas nuestras potencias materiales y espirituales en una unidad orgánica que haga posible transformar la conciencia de cambio en conciencia de acción a fin de darle cauce a los anhelos de un pueblo rebosante de energías represadas. (…) corresponde a esa comunidad militante unir en un único impulso conocimiento y acción a fin de darle al pueblo que anda entre neblinas la alegría de sentirse, por una vez siquiera, reconciliado con su origen, centrado en su presente, confiado en su futuro” 3. Un compromiso de esta índole aplicado a la conducta del militar, se debe expresar en todos sus actos públicos o privados, y “Cuando se asume a conciencia, vale decir, armonizando conocimiento y ética, y con todas las potencias del alma tocadas por ese soplo de buena voluntad que es lo que hace posible gobernar en justicia,… se abre hacia el mandamiento del amor al prójimo”,4es decir, pone en movimiento las energías necesarias para realizar el bien del otro de una manera incondicional, desinteresada y libre, pues no existe solidaridad sin gratuidad. Los períodos de crisis se caracterizan por una gran confusión y un caos que afecta todos los niveles de la vida ciudadana. Un tiempo de obscuridad y de tinieblas reclama una luz que oriente el camino de la plenitud humana. La hora de las grandes síntesis implica volver a las raíces, redescubrir la esencia de las cosas, darle sentido a nuestra presencia en la historia. Siguiendo esta línea de pensamiento, tratemos de responder de una manera sencilla algunas preguntas que consideramos fundamentales en esta reflexión. 3 4

Crespo Campo, José Manuel, El olivo y la espada, Fundación Tomás Moro. Pág. 21. Ídem. Pág. 42.

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¿Qué es la ética? En el ámbito académico partimos del principio de que la ética es una parte de la filosofía y, es una ciencia práctica. La ética es la ciencia que estudia la moralidad de los actos humanos, esto es, en cuanto son buenos o malos, lo cual nos impone el deber de precisar, para este efecto, qué entendemos por ciencia y qué entendemos por filosofía. En cuanto ciencia, es un sistema de conocimientos verdaderos y ciertos que estudia las causas y las razones explicativas próximas del ser u objeto de conocimiento, (la moralidad de los actos humanos), mediante un método. Es una ciencia práctica porque no se queda en la pura contemplación de las ideas, sino que existe para ser realizada dentro de una dinámica de praxis integradora de la sociedad. En cuanto parte de la filosofía, estudia las causas supremas y las razones explicativas últimas del ser u objeto de conocimiento, (la moralidad de los actos humanos) por medio de la luz natural de la razón. Luego el fundamento de la ética es la verdad científica y filosóficamente investigada. Es conveniente señalar que la ética no puede ser reducida a un conjunto de normas que rigen el proceder humano, o, al establecimiento de códigos que imponen penas sancionatorias cuando se cometen faltas contra la moral o la ética o por su violación o inobservancia. La ética tiene que ver con la totalidad de los comportamientos del ser humano y de su relación: consigo mismo, con las demás personas, con la naturaleza y con Dios. La filosofía se encargó de explicar la diferencia entre actos humanos y actos del hombre para comprender mejor el sentido moral de sus actividades cotidianas. Los actos del hombre son los inherentes a su existencia como organismo vivo. Los actos humanos son aquellos en los que interviene su voluntad, es decir su capacidad de obrar, por los cuales el hombre puede ser llamado a responder jurídica o moralmente, – 51 –


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por ejemplo disparar un arma, lanzar un objeto, pasar un semáforo, etc. El actuar humano se convierte en conductas renovadoras positivas orientadas a ennoblecer y edificar las comunidades, cuando están inspiradas en principios y valores objetivos, inmutables y de validez universal, que guían el desarrollo. Entonces aparece el diálogo y la solidaridad sinceras como formas dinámicas de comunión que nos llevan a vivir en paz. Teniendo en cuenta que los actos humanos son expresión de la voluntad libre y consciente. Veamos ahora libertad y conciencia.

¿Qué es la libertad? En tiempos de proliferación de doctrinas éticas y pluralismos nos interrogamos: ¿De qué libertad hablan? El liberalismo francés del siglo XVII, impregnado por el materialismo individualista, entendía la libertad como ausencia de coerción para hacer algo: su único límite era la libertad de los demás. Afirmaba que la libertad de uno terminaba donde empezaba la libertad del otro, o viceversa. Entonces nos preguntamos: ¿Dónde queda ese punto límite? ¿Habrá tantos conceptos de libertad cuantos seres humanos haya en el planeta? Y ¿Por el imperio de que ley se podrían establecer reglas de juego claras para evitar que los intereses individuales (por naturaleza, egoístas) entraran en conflicto y condujeran a la violencia? Así pues, la libertad se definió como la facultad para hacer el bien o el mal y el individuo trató de atribuirse el poder absoluto y la potestad de supremo legislador para decidir por sí mismo de manera infalible qué es el bien y qué es el mal, lo cual equivaldría a caer ingenuamente en la tentación de usurpar el lugar de Dios. En este trabajo hemos encontrado que la idea de libertad siempre ha de estar unida a la idea del bien. El hombre por naturaleza busca y quiere la libertad, porque la considera un valor, una virtud propia para vivir con plenitud dentro de una comunidad. Si esto es así, necesariamente tenemos que concluir que la libertad no puede ser para realizar el mal, pues quien realiza o práctica el mal, ni construye, ni se supera plenamente, ni puede vivir en paz. En consecuencia la libertad – 52 –


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sólo puede ser la capacidad o la facultad para realizar el bien iluminado por la verdad, la cual también existe en el orden militar, pues sin la verdad los pueblos estarían destinados a sumirse en la corrupción o a disolverse por la violencia de los intereses antagónicos. Esto equivale a decir que las Fuerzas Militares al cumplir con el deber fundamental de proteger la libertad de los ciudadanos, no obran como si consideraran que la última razón de estado es la fuerza o el poder, sino el servicio para que las personas y las comunidades sean virtuosas.

¿Qué es la conciencia? Es la propiedad esencial y exclusiva del ser humano que nos hace reconocer nuestra existencia, la de los otros como miembros de una misma comunidad, la de la naturaleza como sustento ecológico en donde habitamos y la de Dios como como primer principio y último fin de todo cuento existe. También la conocemos como esa voz interior que nos habla y nos dice lo que está bien y lo que está mal, o, el sagrario del alma donde se realiza el juicio de los actos humanos. No se puede identificar la conciencia con el conocimiento superficial o con la firmeza de las convicciones íntimas del yo interior, que pretenden legitimar su conducta, o con la subjetividad que nos hace totalmente dependientes de las opiniones dominantes. En esta palabra encontramos la riqueza de dos términos: CON y CIENCIA. Hemos visto que el fundamento de la ciencia es la verdad, luego actuar “con conciencia” o “en conciencia” es obrar conforme con la verdad. Sin embargo tenemos que aceptar que no toda conciencia está igualmente formada o ilustrada y que en algunos casos puede estar obscurecida, adormecida o deformada, respecto al sentido auténtico y la verdadera razón de ser de las cosas. Esto nos lleva a descubrir el estado en que se puede encontrar respecto a dicho conocimiento. Entre otras encontramos: la conciencia laxa, que llevada por el ciego capricho pretende no ver mal en nada y ha sido causa del permi– 53 –


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sivismo y el libertinaje; la conciencia estrecha, en cambio ve maldad en todo, no acepta la más mínima equivocación. Podríamos sintetizarlas en esa famosa frase en la que algunos quieren “lo ancho para uno y lo angosto para los demás”; la conciencia errónea, en la que el juicio es dejado al vaivén del relativismo o el subjetivismo individual. Al romper el nexo intrínseco e indivisible con la verdad objetiva termina siendo dirigida por la mentira, la falsedad, el engaño, escudándose tras la dura dificultad que implica buscar y conocer la verdad pero que no quiere asumir. Busca reducir al hombre a sus convicciones superficiales, que cuanto menos profundas parecen mejor para él. La conciencia como juicio del acto humano no está exenta de la posibilidad de error. “Ella no es un juez infalible: puede errar. Sin embargo muchas veces ocurre que la conciencia yerra por ignorancia invencible, sin que por ello pierda su dignidad”5. Aquí el mal cometido puede no ser imputable a la persona pero no deja de ser un mal, un desorden con relación a la verdad sobre el bien6. Quien no puede reconocer la maldad de su conducta, carece de sentimiento de culpa, ha enmudecido la voz de la conciencia, está moralmente enfermo, es como un cadáver viviente, pero eso no lo exime de responsabilidad; y, la conciencia recta, que deriva siempre de la verdad, en concreto se trata de la verdad objetiva. En efecto, estamos llamados a formar constantemente la conciencia en la verdad y el bien. En este sentido la formación de la conciencia ciudadana se debe configurar con una rigurosa, sólida y elevada preparación en la verdad histórica, política, económica, cultural, artística, científica, educativa, teológica, que no sólo nos permita vivir de una manera más auténtica, sino que podamos dar respuesta a los grandes interrogantes y desafíos que nos plantea la sociedad planetaria en la que ya estamos viviendo, y además aprender y enseñar a defender la identidad colombiana e iberoamérica. El carácter sagrado de la conciencia se expresó en el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Nacio5 6

Juan Pablo II, 1993. El esplendor de la verdad No. 62. Idem. No. 63.

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nes Unidas, quien le quiso dar a la libertad de pensamiento, libertad de conciencia, libertad religiosa y de creencias, la misma protección jurídica, preservando estos derechos y deberes de toda limitación o posibilidad de suspensión en situaciones excepcionales o de limitación u hostilidad de ninguna clase. Cuando el obrar humano se aparta de los preceptos que instruyen la recta conciencia, la puede poner en grave peligro si no se preocupa por conocer la verdad y el bien, términos a los cuales trataremos de acercarnos a continuación sin pretender abarcarlos en su totalidad.

¿Qué es la verdad? Para definir se requiere previamente establecer el criterio orientador de lo definido. Para la verdad el criterio de definición que la filosofía establece es el de la conveniencia o conformidad. Por tanto, la verdad es la conformidad entre pensamiento (sujeto que piensa) y realidad (objeto de conocimiento). Pero, según sea la conformidad será la clase de verdad. Será ontológica cuando la realidad concuerda con lo que se piensa. El oro es un metal precioso. Esto es cuando nos referimos a oro verdadero. Será lógica, cuando la conformidad es auténtica entre pensamiento y realidad, como en el testimonio. Será moral cuando existe conformidad entre lo que se dice (las palabras) y lo que se piensa, como en una declaración de amor. Por esta senda llegamos a la certeza, que es un estado de la mente frente a la verdad en el que se relacionan los términos sujeto y predicado, pensamiento y realidad, y se afirma o se niega algo de algo sin temor a equivocarnos, certeza que a su vez procede de la evidencia, que es la plena claridad con que aparece la verdad ante el entendimiento humano. Estos aspectos parecen básicos al responder esta pregunta. La investigación entendida como la búsqueda de la verdad, se realiza mediante el proceso de conocimiento que lleva al entendimiento humano a los conceptos, juicios y raciocinios, acudiendo a los diferentes – 55 –


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campos del saber humano: sentido común, ciencia, filosofía y teología. El proceso de investigación permite formar el hombre de criterio y el criterio en el hombre, es decir, la forma propia de pensar de cada persona, después de haber pasado por el proceso de investigación y de conocimiento, y, de esa manera avanzar en la conformación de la conciencia crítica de las personas y de las comunidades, tan importante para orientar la nación, en orden a la consecución del Bien Común.

¿Qué es el bien? El juicio de validez universal que fundamenta la ciencia ética, es: “HAZ EL BIEN, EVITA EL MAL”. Sin embargo el hombre, frágil y debilitado por su desobediencia, al haberse (en ejercicio de su libre albedrío), apartado y rechazado el plan original querido desde siempre por su Creador, hace el mal que detesta y deja de hacer el bien que anhela, oscureciendo la posibilidad de ver con claridad la diferencia entre el bien y el mal. Hablar de justicia, de libertad y de convivencia pacífica, sin hablar del bien y del mal es un error que conduce a peligros insospechados. Lo que define todo es, que entendemos por bien y por mal, y, si nuestro propósito perseverante es realizar el bien y evitar el mal. El bien es un valor que tiene una dimensión humana y cósmica, y, por lo tanto opuesta a toda predicación de clase, ideología, nación o raza. Desde el punto de vista racional, herencia de la tradición filosófica del mundo clásico greco-romano, podemos afirmar que el bien es todo aquello que nos ayuda a cultivar y mantener la salud plena tanto del cuerpo como del alma, tanto en lo personal como en lo comunitario. Desde una concepción trascendente implica conocer, aceptar y amar el plan de Dios. De esta forma, la libertad entendida como facultad para elegir entre varios bienes el mejor, se convierte en la más alta de las virtudes humanas y sociales, instrumento de verdadera liberación física y espiritual. Sin embargo, – 56 –


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es importante comprender que el ser humano puede equivocarse, incluso puede optar deliberadamente por el mal. Se trata del libre albedrío, en virtud del cual el hombre distingue lo bueno de lo malo y libremente decide, y al hacerlo puede caer en el libertinaje o ejercer la verdadera libertad. En cuanto al mal sólo digamos que es aquello que nos produce daño físico o moral. En sentido trascendente el mal se entiende como ausencia de bien. Es mediante un proceso que haga posible y favorezca desarrollar el temple de esa potencia del alma que llamamos voluntad, como se contribuye a formar el carácter necesario para el ejercicio pleno de la libertad, dado que por la naturaleza misma del ser y su quehacer, el militar debe tomar decisiones que requieren un alto sentido de las consecuencias de su conducta en el contexto social en donde actúa. Las realidades geopolíticas a nivel mundial hoy, indican que estamos frente a una batalla global, un conflicto mundial entre el bien y el mal. Poderosas fuerzas espirituales activamente hostiles, promotoras de la guerra, se han convertido en el centro de los conflictos e intentan destruir la biodiversidad humana y ambiental. Pero ya son muchos los grupos que apoyan la creencia de que la intensificación de esta serie de batallas de este poder inmoral y codicioso, marcan claramente el punto de quiebre de la contracultura de la violencia y de la muerte, y reclaman el surgimiento de un nuevo modelo de organización social y de Estado más justo y más humano. Por eso ahora nos preguntamos:

¿De qué ética y de qué moral se habla? Del concepto que tengamos de persona humana dependerá la clase de ética que profesemos y la clase de sociedad que construyamos. La palabra antropovisión es un término que hace referencia a una forma de ver al hombre, su vida y su existencia: ¿Qué es el hombre?, ¿Qué es la comunidad?, ¿Qué es el mundo? y ¿Quién es Dios? Son las preguntas – 57 –


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fundamentales de toda antropovisión7. ¿Dónde reside la verdad? La pregunta por el ser es la pregunta por la esencia, es decir por aquello que hace que el ser sea lo que es y no otra cosa o de otra forma. A su vez conduce a resolver el problema de la identidad y de la autenticidad. La claridad de pensamiento implica la observación directa sobre el objeto que se investiga integrando lo que ha dicho, la historia, la ciencia, la filosofía y la cultura. Las cosas que tienen un fundamento no lo son por antojo, como las casuales o fortuitas, que pueden ser de otro modo. Una equivocación en la manera como respondamos a estos interrogantes, necesariamente conlleva a un error en lo que se construya a continuación. En este momento la globalización se debate en medio de una lucha entre dos antropovisiones. Por un lado el humanismo materialista, individualista y ateo, que en un intento de responder a los anteriores interrogantes, consideró que el hombre es solo un producto de la evolución de la materia, y ha sido el soporte ideológico para difundir los antivalores de la sociedad consumista. Equivocadamente pretendió consagrar como fines supremos de la existencia el tener, el poder y el placer, propició un choque voraz entre individuos y entre clases, y ha generado una ética de la violencia donde campea la muerte, la mentira y el odio. De otro lado, el humanismo cristiano que concibe al hombre como creación de Dios, promueve la cultura de la vida y sirve de cimiento a la ética de la comunión. El término comunión indica COMÚN UNIÓN y UNIÓN DEL COMÚN, unidad en lo esencial y pluralidad en lo accidental. No se trata de una uniformidad que conduce a un despotismo o a la tiranía, sino de un medio para construir una nueva civilización, en la que se responde a la muerte con Vida, a la mentira con Verdad y al odio con Amor y Solidaridad. 7

Corsi Otálora, Carlos; Crespo Campo, José Manuel y González Silva, Édgar. El Estado auténtico, un modelo político de comunión, Senado de la República, 1997. Págs. 31-32.

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Esta embestida de la ética individualista contra la ética de la comunión la fomentó el sistema educativo cuando adoptó la enseñanza de los manuales del filósofo burgués Jeremías Bentham, quien pretendía legitimar moralmente el individualismo económico mediante una visión utilitarista de la ética. Según Bentham la moral del Decálogo debía ceder el puesto a la moral del dinero. Las normas de amar a Dios y al prójimo, respetar las fiestas sagradas, honrar a padre y madre, no matar, no robar, no adulterar, no mentir, no codiciar la mujer ni los bienes de los demás, que pasaron a la ley positiva como un reflejo de la ley natural (ese conjunto de principios, ideas, valores y creencias de validez universal), serían derogadas.

Optar por la antropovisión cristiana Ante las posiciones extremas del individualismo (que niega la comunidad) y la de los totalitarismos (que niegan la persona) se hace evidente que la única solución es optar por la antropovisión cristiana que al armonizar persona y comunidad, hace posible crear las condiciones favorables para el surgimiento de las nuevas realidades sociales, cumpliendo así con la misión para la que el momento histórico nos convoca. Pero ¿qué clase de comunidad queremos? De la concepción de persona humana que tengamos dependerá la sociedad, el estado y la familia que construyamos. Si creemos que el ser humano es cualquier cosa, así será todo lo demás. La antropovisión cristiana considera que la persona humana es una unidad espiritual y corporal, inteligente para conocer la verdad, libre para buscar y realizar el bien, y, trascendente para ir al encuentro con Dios. La dignidad humana es una realidad inmanente del hombre. Al estudiar los conceptos de persona humana y de dignidad humana se puede constatar que tienen su origen en la revelación, que se hace explícita para nosotros en la civilización judeo cristiana y sólo pudieron penetrar en la cultura gracias a la poderosa influencia moral – 59 –


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del cristianismo. Tienen su principio esencial en: 1.- Que el hombre es creatura, creado por Dios a su imagen y semejanza, 2.- Que todos somos hermanos, por tanto hijos de un mismo Padre, 3.- Que estamos llamados a ser perfectos, a la plenitud, y, 4.- Convocados a gobernar, señorear y dominar en justicia y en verdad, es decir a un buen gobierno, a cuidar y a respetar la naturaleza como lo haría un buen jardinero. Desde esta visión el desarrollo auténtico de los pueblos nos plantea la exigencia de vivir una jerarquía de valores que promueva integralmente al hombre y a las comunidades ciudadanas.

El valor y la jerarquía de valores Los valores son bienes, y precisamente por serlo tienen la virtud de conmover al ser humano y a la comunidad, a cultivar la salud tanto del cuerpo como del alma, a velar por la conservación y mejoramiento del entorno ecológico, y a ponerse en marcha para alcanzar los bienes superiores a los que ha sido llamado. A través del tiempo hemos venido reconociendo los valores, lo que nos permite no estar recomenzando siempre desde cero, sino recoger la herencia válida y consolidada, ese acumulado cultural y educativo, de quienes nos han precedido, para enriquecernos y proyectarnos vigorosamente en la historia como pueblos civilizados. En la sociedad planetaria, (cansada de guerras, de violencia, de terrorismo) nunca como en este momento, se ha sentido un anhelo tan profundo de justicia social, de solidaridad y de paz; un deseo de vivir de acuerdo con una jerarquía de valores que interprete fielmente las aspiraciones de la comunidad universal y de nuestra patria, de la que son parte fundamental los integrantes de las Fuerzas Militares. Una jerarquía de valores indica orden o grados de importancia, y está dispuesta de manera sistemática y organizada conforme a la naturaleza del ser o de la institución de que se trate. Indica que unos son más importantes que otros en un momento determinado, pero todos – 60 –


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igualmente necesarios. En una jerarquía de los valores, los que están abajo son base de los de arriba, y a la inversa, los que están arriba dan sentido y dinamizan a los de más abajo. La construcción de un Estado Ético nos plantea la exigencia de cumplir una ley moral universalmente válida en orden a alcanzar la plenitud en la vivencia de una jerarquía de valores coherente con el ser y la naturaleza, con la identidad y el destino del ser humano. A partir de la base encontramos, en su orden: “valores biológicos, económicos, intelectivos, volitivos, sociales, comunitarios, éticos y morales, y religiosos” 8. Veamos: Valores Biológicos la vida humana es la garantía de la seguridad demográfica, de la pervivencia de los pueblos, y debe ser cuidada, respetada, defendida y promovida desde el momento de la fecundación hasta la muerte natural. En este sentido, nadie ignora que desde los grandes centros del poder mundial, se han activado campañas antinatalistas que lo que buscan es exterminarnos como pueblo, destruirnos, con miras a una eventual apropiación de los inmensos recursos naturales del territorio colombiano. Lugo aparecen los Valores Económicos los bienes y servicios que se obtienen como resultado del trabajo, estimables en dinero, necesarios para la subsistencia; los Valores Intelectuales que sirven de base para el desarrollo de la inteligencia que busca y conoce la verdad por medio de la investigación y ayuda a formar la conciencia crítica de las personas y de las comunidades; los Valores Volitivos que se refieren al ejercicio de la voluntad, es decir, la capacidad de obrar, que nos permiten realizar conductas en ejercicio de la libertad entendida como la capacidad para elegir, decidir y amar el bien; los Valores Sociales, establecen relaciones interpersonales y de grupo; los Valores Comunitarios, que comunican la vida, la verdad y el amor con un profundo respeto; los Valores Éticos y Morales, que nos permiten vivir en armonía las normas básicas de una sana 8

Corsi Otálora, Carlos; Crespo Campo, José Manuel y González Silva, Edgar. El Estado auténtico, un modelo político de comunión, Senado de la República, 1997. Págs. 250-251.

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convivencia; y los Valores Religiosos que nos llevan al encuentro personal con el Sumo Bien. En el campo de la axiología el materialismo positivista al desconocer a Dios, fuente de toda verdad, lo que consiguió fue imponer el predominio de una ciencia sin conciencia, que al negar las verdades objetivas, se convirtió en una barrera para el desarrollo del conocimiento y del progreso total humano. Una vez más se comprobaba cuan cierta es la afirmación evangélica: la verdad os hará libres. La antropovisión católica expresa una novedad: la necesidad fundamental de identidad. El hombre es un ser para la vida, en la creencia de su dignidad trascendente, de comunión y de participación en los beneficios de la civilización, que se edifica sobre una memoria histórica realizada como plan de vida, capaz de comprender los hechos del pasado (entiende y acepta los errores para evitar volver a cometerlos y exalta sus grandezas para vivir mejor el presente y proyectar el porvenir), como norma que lleva a los más elevados procesos de superación. La manera como se examina una cultura es por los valores que moran en ella, no por los que enuncia. Al contrario, la perversión de las costumbres siempre ha sido la causa de la decadencia y de la disolución de los pueblos. Las anteriores reflexiones nos inducen a ver cuán importante es la función de las Fuerzas Militares en el contexto actual y a trazar las grandes líneas de pensamiento que permitan fortalecer la formación de sus miembros con una sólida fundamentación intelectual y moral de su ser y de su quehacer, y, así impedir que la disolución del sistema arrastre hacia el abismo a la nación entera.

Conservar el orden público y defender la soberanía

En el pasado, el recurso para sojuzgar a los países era la guerra mediante ejércitos de ocupación que subyugaban a los pueblos a fin – 62 –


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de someterlos a las potencias invasoras, a través del uso de armas convencionales, destruyendo la independencia de la nación. Aunque esa posibilidad aún existe, lo cual explica la existencia de ejércitos destinados a proteger las fronteras, en nuestro tiempo han aparecido y siguen apareciendo nuevas formas de agresión y de dominación a través de sutiles mecanismos que atentan contra la seguridad nacional: la personal, como la de quienes emplean las armas para el delito; la económica, como la de quienes someten a los pueblos debilitando la capacidad productiva, manipulando la moneda, destruyendo la seguridad alimentaria y el ahorro nacional, endeudando al país; la demográfica, envejeciendo la población y con todo atentado contra la vida humana y la familia; la psicológica, destruyendo la moral individual y social; o, la educativa, alienando las conciencias, destruyendo la identidad cultural de las naciones, fomentando un espíritu de mediocridad y de fatal resignación. Para una mejor compresión de tan variada gama de inseguridades y de violencias es imperioso examinar algunos aspectos del sistema Demo-liberal de corte capitalista que ha imperado en Colombia durante algo más de dos centurias. Para el capitalismo el Estado es como una especie de árbitro que sólo interviene cuando se violan las leyes o “reglas de juego” establecidas. Debido a su actitud pasiva de mirar sin intervenir, los críticos del capitalismo lo han llamado el Estado gendarme porque abandona su función esencial de procurar el bien común, sin que por eso se le pueda acusar de “paternalista” en el lenguaje del neoliberalismo salvaje. Guíada por el principio de la utilidad (utilitarismo), la ideología del capitalismo salvaje pregona que el ser humano sólo debe buscar la máxima utilidad, el concepto de patria o de nación equivale simplemente a una zona de vigilancia que le corresponde controlar a cada Estado gendarme: no es otra cosa que un sector del “mercado” controlado por las compañías multinacionales. Este poder codicioso a nivel global atenta contra los elementos esenciales de la unidad nacional (unidad de idioma, unidad religiosa, unidad familiar, unidad política, unidad – 63 –


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territorial, unidad cultural) afectando negativamente el orden público, generando inestabilidad, desarticulando la acción de las comunidades ciudadanas y termina usurpando la soberanía interna de los países. Este poder mundial actualmente lo representa la Trilateral Comission, que es la entidad que coordina y dirige las acciones tendientes a imponer las políticas de las élites del poder global. Su presidente, David Rockefeller, el 8 de junio de 1991 ante el Grupo de Bilderberg declaró: “Estamos muy reconocidos con el Washington Post, el New York Times y Times Magazine, cuyos directores han esperado nuestra reunión y respetado las promesas de discreción durante cerca de cuarenta años. Nos habría sido imposible desarrollar nuestro proyecto en el mundo si hubiésemos estado sujetos en pleno fuego de actividad durante estos años. Pero ahora el mundo está más sofisticado y dispuesto a marchar hacia un gobierno mundial: la soberanía supranacional de una élite internacional de banqueros mundiales es con seguridad preferible a la autodeterminación nacional que era practicada en los siglos pasados” 9. De esta manera quieren destruir los elementos esenciales de la soberanía de unos estados que parecen resignados a aceptar pasivamente su situación de dependencia.

Transformar las estructuras que integran el sistema social cívico y político de la nación

Nos encontramos en un cambio de época y en una época de cambios, que nos plantea la exigencia de construir una nueva institucionalidad política. Un Estado Ético, de Derecho y Constitucional reclama un nuevo impulso, un salto cualitativo y cuantitativo en el proceso de ascenso social que implique al ciudadano en todas las etapas de la vida democrática de la nación: participación, representación, influencia, formación, organización, proyección, vigilancia, control, 9

Rivarol, París, 1993.

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seguimiento, estudio y elaboración de propuestas que puedan servir para alcanzar la paz. En el nuevo modelo presentado en el documento titulado “El desarrollo está en sus manos”, que hace parte de la primera Ley del Plan Nacional de Desarrollo que se expidió después de la Constitución de 1991, contenido en la Ley 188 de 1995, surge con renovada importancia, personalidad propia y autonomía, el concepto de “Sociedad Civil funcionalmente organizada” en comunidades ciudadanas que buscan cumplir sus deberes y ejercer sus derechos dentro de una dinámica de praxis integradora y desarrollo humano integral, en los ámbitos propios de las estructuras en los que cada una de ellas ejerce su poder y su autoridad, según su especialidad, a saber: “Religiosa, que se refiere a la dimensión trascendente, la oración, la liturgia y todo lo propio de la relación con el Ser Supremo; Familiar, que se preocupa por la defensa y trasmisión de la vida humana, la niñez, la juventud, el matrimonio; Cívica, en sentido restringido, para la promoción de las organizaciones (juntas de acción comunal, asociaciones de vecinos, el barrio, la localidad, el edificio); Educativa, que transmite la cultura y la experiencia social, comunica la verdad por medio del proceso de enseñanza aprendizaje, sin las cuales no podrían vivir ni progresar; en la Económica, contemplamos la fábrica, la hacienda, los supermercados de barrio, la tienda, el automóvil, el avión y todo lo que sirve para producir bienes y prestar servicios ya que requerimos de techo, vestido, transporte, alimento; y por último la estructura Política, donde encontramos la alcaldía, gobernación, parlamento, casa presidencial, en fin, los órganos de control y las ramas del poder público” 10.

En un momento caracterizado por el surgimiento de nuevas formas de organización de la sociedad, consideramos que las Fuerzas Militares

10

Corsi Otálora, Carlos; Crespo Campo, José Manuel y González Silva, Édgar. El Estado auténtico, un modelo político de comunión, Senado de la República, 1997. Págs. 20, 21, 22.

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en cuanto integrantes de la nación y del Estado, constituyen una fuerza viva fundamental para el porvenir de Colombia.

El poder y la autoridad Así, nos encontramos ante dos realidades: el poder y la autoridad, que vividos en la plenitud de su ser y su quehacer, adquieren significado trascendente en la praxis de la auténtica política, entendida como virtud social, “esa que busca la justicia, la paz y el bienestar de la polis y nos exige, como creyentes y como ciudadanos un compromiso personal y comunitario fundamentado en los principios éticos que inspiran la convivencia humana” 11. El poder es la fuerza, la energía, el dominio, la capacidad de obrar que tienen las personas y las comunidades para alcanzar sus fines. Así, podemos hablar del poder de la vida, de la verdad, del amor, de la solidaridad, de la justicia, de la libertad, sin lo cual no podríamos vivir. Pero cuando el poder o la fuerza no son entendidos como un medio sino como un fin, se desvirtúa y se vuelve contra el propio hombre. La autoridad, es el ejercicio del poder guíado por la ética en orden a la consecución de los más altos fines de la República. Las autoridades son necesarias dentro de las instituciones que integran el Sistema Social Cívico y Político, a ellas les corresponde la función de gobernar, de dirigir y orientar la acción de otros hacia un buen puerto. En la moderna Teoría del Estado se han desarrollado valiosos estudios jurídicos para un Estado Comunitario, donde tendríamos Autoridades Ciudadanas, que actuarían en el Espacio Ciudadano propio de las estructuras de la Sociedad Civil: Ético–Religiosa, Familiar, Cívica, Educativa, Económica, y Autoridades Públicas, que operarían en el Espacio Público, propio de la estructura Estatal. Estos son los ámbitos donde el ciudadano ejerce su poder y su autoridad. Así gobernantes y gobernados, e igualmente las comu11

Crespo Campo, José Manuel. El olivo y la espada. Fundación Tomás Moro. 2010. Pág. 36.

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nidades ciudadanas, constituídas de acuerdo con su función, de manera autónoma, organizadas en instituciones podrían participar por medio de sus representantes en la Cámara de la sociedad civil, y la Camara política estaría integrada por miembros de las organizaciones políticas. De esta manera Cámara de Representantes y Senado de la República, participación y representación, en diálogo permanente con los integrantes de las demás Ramas del Poder, las fuerzas vivas y los Organismos de Control 12, discutirían y decidirían sobre asuntos de su conocimiento, y le imprimirían una especial dinámica al modelo político de comunión de “democracia comunitaria” 13 que la nación anhela ver organizada.

Civismo y formación del nuevo ciudadano. Rescatar la identidad como personas, como pueblo y como cultura. Si el mundo sigue como va no tiene futuro. Esto implica reconocer que estamos mal, que estamos en un error, que nos hemos equivocado. Pero las causas de la crisis que ha invadido todos los niveles de la vida social, provocadas por las propias contradicciones internas del sistema imperante, no van a modificarse por sí solas y nadie va a venir a resolvernos los graves problemas que nos aquejan. Entonces ¿quién lo va a hacer? Acogemos la respuesta radical de El olivo y la espada “Sí, tenemos que hacerlo. ¿Quiénes? Nosotros mismos, nosotros, sí, nosotros, el pueblo de esta tierra, esta nación en marcha (…)” 14, no hay otra alternativa, y para eso se necesita un nuevo ciudadano. Nuevo, no en el sentido de insólito, de nunca visto o de nunca oído, sino en el sentido de una íntima re-ligación con los valores trascendentes. Es una manera 12 13 14

Centro de Estudios Colombianos. Postulados para la reforma estructural de la política colombiana. 2010. Págs. 22, 23 y 36. Galat, José. La tercera vía, Opción para una Democracia Comunitaria. Crespo Campo, José Manuel, El olivo y la espada, Fundación Tomás Moro. Pág.49.

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de expresar que se necesita un cambio de actitud, de orientación, de rumbo, una nueva mentalidad, una nueva y mejor manera de ser y de hacer en la vida, un renacer del alma y del espíritu, un revivir de la conciencia personal y comunitaria, inspirados en los valores de la vida, de la verdad y de la solidaridad. La patria, es la tierra de los padres, la de los hijos, y es también el proyecto de vida que nos impulsa a trabajar con esperanza como nación. La patria constituye una unidad humana histórica y espiritual, y esa verdad profunda nos plantea el deber fundamental de impedir su disolución, pues lo que está en juego es la existencia misma de la nacionalidad, el destino de Colombia y de Iberoamérica. “Por eso hay que ir derecho a lo esencial: […] es en la íntima verdad de nuestro ser (es decir, en el ethos católico que constituye el sustrato, la raíz y la vida de la nación iberoamericana) donde tenemos que encontrar ese corpus de principios, de ideas y de valores necesarios para diseñar un modelo político que logre proyectarnos hacia las playas de un mañana que se vislumbra pleno de posibilidades y milagros, pero también de insidias y amenazas.” 15 Necesitamos hablarle a las Fuerzas Militares, de la grandeza de su patria, de todo lo bueno de su pasado histórico y que está a la vista de todo el mundo en las obras arquitectónicas: universidades, catedrales, palacios de gobierno, ciudades, que constituyen una síntesis de ingeniería, cálculo, matemática, geometría, descriptiva, dibujo, escultura, arte, pintura, vitralería, hidráulica, en fin de todas las ciencias, y que han servido de base para el desarrollo urbanístico y nos permiten tener y admirar las obras de infraestructura de la actualidad: carreteras, puentes, túneles, rascacielos. Necesitamos conocer las creaciones del espíritu Iberoamericano en campos tan diversos como la literatura, la historia, la filosofía, la teología, la genética, como también en la música, teatro, novela, poesía, cine, televisión, radio, internet, cibernética, 15

Ídem. Págs. 23 - 24.

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astronomía, en fin, todas esas creaciones que sirvan para reivindicar lo mejor de cada día, para darle un verdadero sentido de grandeza a nuestro orgullo patrio y al honor nacional, de tal manera que estemos en mejores condiciones de afrontar los desafíos de hoy y del mañana. Tenemos que mostrar que descendemos de lo mejor de la cultura universal y que hemos tenido la inteligencia para reconocer y valorar lo que ha significado la presencia del humanismo integral como verdadero faro de luz a través del tiempo. Colombia, pueblo-continente iberoamericano es fruto del encuentro genial y fecundo de tres razas y culturas, que en medio de aciertos y dificultades, propias de todo proceso de integración social, en donde las creencias, principios y valores de la civilización occidental, inspirada por el Evangelio de Cristo, en diálogo con los de origen indígena y africano, dieron lugar al nacimiento de la única nueva cultura que ha surgido en la tierra en los últimos mil años. Como una muestra del desarrollo ciudadano en el campo del derecho y la organización del sistema social, podemos encontrar, gracias a la influencia del humanismo cristiano, que durante el mandato de Trajano (98-117) se encomendó al “Curator Civitatis” la protección de los niños y de los más humildes contra los poderosos aunque éstos tuvieran autoridad; en el siglo IV el emperador Valentiniano se constituyó él mismo en “Defensor Plebis” o “Defensor Civitatis”. Podemos mencionar, además, el Corpus Iuris Civiles de Justiniano en el siglo VI, asimismo, el Imperio Carolingio en el siglo IX hizo suyos como preceptos jurídicos normas adoptadas por los concilios, la Carta Magna Leonesa de 1188, la Carta Magna de Juan sin Tierra, de 1215, las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio (1252-1284), el Derecho de Gentes, base del Derecho Internacional moderno desarrollado por los teólogos juristas del Siglo XVI, Francisco de Vitoria (1483/86-1546), Francisco Suárez (1548-1617) y Domingo de Soto (1494-1560). Estas y muchas otras instituciones jurídicas, sociales y políticas constituyen antecedentes históricos fundamentales de los derechos humanos, – 69 –


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sin embargo, aparecen hoy en los ordenamientos como si fueran creaciones del tiempo actual. Estas son apenas algunas expresiones de lo que han significado los aportes de la antropovisión cristiana al progreso de los pueblos. El país necesita con urgencia preparar una verdadera dirigencia nacional, un nuevo liderazgo fundamentado en una recia formación histórico-política, cultural, científico-tecnológica, espiritual y teológica, que trabaje en función del perfeccionamiento de las comunidades ciudadanas, que ame apasionadamente nuestro SER y que esté en condiciones de afrontar las batallas que se avecinan. Saber quiénes somos impone saber de dónde venimos para de esa manera, poder ver hacia dónde vamos; conocer las grandezas de nuestro pasado para construir las grandezas de nuestro presente y de nuestro futuro, es una urgente prioridad. Sólo así es posible poner en pie la nación y pronunciar con dignidad nuestra propia palabra en la historia en el concierto de la sociedad planetaria. Los pueblos de Iberoamérica han interiorizando los conceptos fundamentales de la ética gracias a la catequesis bíblica al mismo tiempo que los fueron asimilando por medio de las situaciones humanas descritas en las obras literarias, en el teatro, en la poesía lírica, en las canciones populares, en las artes plásticas y en todas las manifestaciones del arte y la cultura, que a su vez, iban conformando lo que actualmente llamamos la piedad popular. En numerosas regiones, las Fuerzas Militares han sido el único instrumento de enseñanza que las comunidades rurales han tenido para acceder al alfabeto y a los primeros elementos de una cultura básica. Creen en los valores familiares, en las tradiciones patrias y en una plena soberanía nacional y por eso, en la medida de sus posibilidades, están contribuyendo sin alardes pero con eficiencia al desarrollo científico y tecnológico del país, al fortalecimiento de su infraestructura, a la defensa de sus redes energéticas y, en un momento en que los cambios climáticos empiezan a tener graves repercusiones en el entorno – 70 –


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económico y social, han sabido participar con dinamismo y auténtico compromiso en el cuidado y preservación del medio ambiente, como lo demuestra una fotografía que conmovió a los colombianos: en ella se ven unos soldados sosteniendo, con alto riesgo y con extremo esfuerzo, un jarillón a punto de romperse, y así evitar que el río Bogotá se desbordara sobre la ciudad de Mosquera. La persona virtuosa asume sus valores y los convierte en conciencia de acción para llevar a buen término las decisiones correctas en las circunstancias más difíciles. Logra sus metas como el mejor profesional, sin disminuir a los demás, sino que se pone a su lado en cuerpo y alma para trabajar al servicio de un objetivo común sirviendo a la República. Coherentes con la línea de objetividad de este análisis, me parece que no debemos concluir sin afirmar que en la historia de nuestro país no se ha reconocido en toda su dimensión la inmensa labor realizada por nuestras Fuerzas Militares en el proceso de incorporar y de incluir a grandes sectores marginados a la tarea de construir el desarrollo nacional: miles y miles de colombianos procedentes de todas las regiones y estamentos sociales, encontraron en esta institución armada la capacitación y el impulso vital para superar sus niveles de existencia y mejorar la vida de sus familiares y sus comunidades de origen.

Referencias bibliográficas Centro de Estudio Colombianos. Postulados para la reforma estructural de la política colombiana, 2010. Corsi Otálora, Carlos; Crespo Campo, José Manuel y González Silva, Édgar. El Estado auténtico. Un modelo político de comunión. Colección Nueva Imagen. Colombia – Senado de la República, 1997. Crespo Campo, José Manuel. El olivo y la espada. Fundación Tomás Moro, 2010. – 71 –


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Galat, José. La tercera vía. Opción para una Democracia Comunitaria. Colección Cultura y Vida, 2005. Juan Pablo II, El esplendor de la verdad. 1993. Senado de la República de Colombia – Comisión Séptima, Ley 188 de 1995. El desarrollo está en sus manos.

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Obispado Castrense de Colombia –Colombia– Área Jovenes Educación y Cultura Obispado Castrense de Colombia Juan Andrés Vargas Molina Presbítero Obispado Castrense de Colombia


Una ética para la paz desde la perspectiva cristiana

Área Jovenes Educación y Cultura Obispado Castrense de Colombia Juan Andrés Vargas Molina Presbítero Obispado Castrense de Colombia

Introducción

Desde tiempos antiguos el fenómeno de la violencia siempre ha sacudido el equilibrio de distintos grupos humanos a lo largo de la historia, en efecto, una sociedad verdaderamente civilizada no tendría jamás necesidad de protegerse con un ejército o grupo armado para garantizar sus propios derechos, sin embargo este gran ideal parece inalcanzable. El inicio del nuevo siglo y el nuevo milenio han traído consigo un número incontable de guerras esto es: la primera guerra del Golfo en (1991), la intervención militar en Yugoslavia en el año (2000), la gran tragedia del 11 de septiembre del (2001), y sus consecutivas respuestas militares en Afganistán (2001) e Irak (2003), esta situación revela la barbarie a la que aún siguen sometidos muchos seres humanos en el planeta, esto sin mencionar las grandes tragedias bélicas de la historia y los genocidios que aún se siguen cometiendo destruyendo millares de vidas inocentes1. 1

Cf. L Salutati, «Dalla dottrina della guerra giusta alla teologia della pace», 1.

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La profesión militar que constituye una vocación de servicio incluso heroica y que hace parte de un grupo social determinado en unas condiciones especiales de vida tales como la disciplina, la autoridad, el servicio, el sacrificio, constituye en palabras del Concilio Vaticano II un instrumento legítimo de defensa; la constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes (GS), en el número 79 afirma: «los que, en servicio de la patria, se hallan en el ejército, considérense instrumentos de la seguridad y libertad de los pueblos, pues desempeñando bien esta función, realmente contribuyen a estabilizar la paz». Muy a menudo la misión del soldado es desconocida y su labor no es valorada en el tejido social, es importante conocer de cerca su misión para comprender que como cualquier profesión, la vida militar es una opción de vida especial, que implica como vocación particular, dar la vida por otros para favorecer siempre la paz, no obstante, la vocación de servicio de la vida militar, está siempre expuesta a no cumplir adecuadamente sus objetivos, esto es, la degradación del respeto por la dignidad humana, los abusos de poder, la no distinción entre fines internos y externos que exige una profesión, el no favorecimiento del bien común de la sociedad y en definitiva, el despotismo cruel de la guerra que ha causado tanto dolor en la historia humana. «La construcción de la paz no es un reto fácil. Es un reto de envergadura, que debe involucrar a los diversos actores que conforman la ciudadanía…para construir la paz no bastan los buenos deseos e intenciones; es preciso poner en juego toda la fuerza creativa (virtus: fuerza, vigor, virtud) en el plano personal, social e institucional»2.

En este sentido el aporte que ofrece el magisterio de la Iglesia

2

Alfredo Verdoy, sj. «Razón y fe»,5.

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establece cual ha de ser la misión de los ejércitos en el mundo para favorecer la paz, por esto el Concilio Vaticano II afirmó de manera contundente: «los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante la humanidad» (GS, 80). El derecho humanitario intenta hoy hacer frente al fenómeno de la guerra, los distintos conflictos que hoy afectan a la humanidad hacen mucho daño a la población civil; los niños, las mujeres y en general las víctimas inocentes son los primeros afectados, por esta razón, la única cosa que no se puede cambiar a través de los distintos acontecimientos violentos de la historia es la protección de la dignidad de la persona humana, incluso cuando todo parece perdido; la aparición del derecho humanitario marca un hito histórico en orden a la pacificación; «la paz es una tarea que todos debemos realizar», por esto ha dicho el Santo Padre Benedicto XVI, la religión si se vive auténticamente «solo puede ser promotora de paz» 3. Parece claro que muchos de los males que afligen hoy a la humanidad en el campo social como la pobreza, la droga o las distintas formas de violencia, se pueden mejorar con una mejor cualidad moral en la persona humana; es imprescindible no ahorrar ningún esfuerzo para educar en el campo profesional, esto facilita la optimización de las cualidades personales, lo cual indica la necesidad de realizar un esfuerzo por mantener la calidad en el ejercicio de la profesión para contribuir al bien de la sociedad4. El Papa Juan Pablo II insistió siempre en la formación de la recta conciencia de los militares, especialmente en orden a la educación y 3 Cf. Pontificio Consejo «Justicia Y Paz», El derecho humanitario y las religiones. 3. 4 Guido Gatti, Etica delle professioni formative 5.

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a la paz, de manera que la atención espiritual a los militares sea considerada con gran estima y atención5: «La misión de los militares no es aquella de construir un aparato bélico de agresión, pues un ejército legítimamente constituido es un instrumento de la seguridad y de la libertad de los pueblos, por eso desde la misión particular de la Iglesia Católica en el ámbito castrense está el ayudar mediante la transmisión de la fe a forjar hombres dispuestos a trabajar por la paz»6.

Capítulo I

Profesión y vocación Gran parte de la vida de un ser humano transcurre en el trabajo, es allí prácticamente donde se revela una de las dimensiones más personales del sujeto según como se halla preparado en la vida para asumir un oficio, esto es, la formación recibida en la familia, la escuela, la universidad y las relaciones sociales adquiridas a lo largo de la existencia; el ámbito laboral es parte esencial de la vida social, sin el trabajo no sería posible la subsistencia humana, ni el desarrollo de una sociedad, por eso cuando se habla de profesión es necesario reconocer que el oficio o tarea que realiza un individuo por pequeño que sea, es siempre muy importante porque satisface la necesidad específica de un consumidor, no se puede prescindir de la vida laboral porque esto sería bloquear el progreso y la evolución del tejido social.

5 6

Cf. «Osservatore Romano», «Il discorso di Giovanni Paolo II, ai partecipanti al terzo convegno degli Ordinari Militari», 12 marzo 1994,15. Cf. «Alla stessa funzione militare, anffinchè essa non si configuri come apparato bellico di agressione, bensì come forza a servizio esclusivo di difesa della sicurezza e della libertà dei popoli», «OR», 12 marzo 1994, 16.

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El trabajo hace digna la existencia sobre la tierra, un oficio realizado a conciencia deja siempre la satisfacción del deber cumplido, mientras que una labor realizada sin gusto es una frustración que hace difíciles los días de la vida, por eso hoy no se pueden ahorrar esfuerzos en potenciar las distintas cualidades del ser humano para inserirlas en el ámbito profesional, cada persona está llamada a descubrir cuál es su misión en este mundo para caminar hacia la plenitud y el gozo, cada uno está llamado a descubrir la vocación a la cual ha sido llamado, y que le pone de cara a los otros, el trabajo proporciona un lugar en el mundo, es parte constitutiva de la identidad más profunda del propio ser. Este primer capítulo quiere presentar la importancia de la profesión como camino de realización personal y social, es preciso reconocer su rol apoyada en la vocación como fuente que ofrece sentido en el desempeño de sus tareas y donde alcanza su propia perfección, no se concibe el ejercicio de una actividad profesional sin una vocación, es decir, sin una motivación que introduce al individuo en un rol determinado. Se destaca a continuación la importancia del servicio profesional como fuente no sólo de ingresos para quien la realiza, sino como mecanismo de interactuar con otros seres humanos y ofrecer un bien particular para el cual se recibió una formación, se comprende la profesión como la posibilidad de prestar un servicio con las cualidades que cada uno ha recibido, de manera que a lo largo de la existencia se pueda encontrar con satisfacción la plenitud y realización de la propia vida. Una profesión no puede sostenerse por sí misma sino es sostenida por una corporación o grupo de profesionales que se encargan de establecer unas metas y condiciones para ejercer de manera coordinada la propia especialidad, de manera que en el presente capítulo, se explica la misión de una asociación de profesionales. La pretensión del concepto de vocación se da en la medida en que el sentido real de la profesión puede ser descubierto si es puesto en – 79 –


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relación a un contexto universal de significado, especialmente cuando la persona descubre que su actividad laboral no es simplemente funcional, y se pone de manifiesto una decisión personal que unifica la propia identidad espiritual de quien la práctica, de manera que es el ejercicio profesional uno de los ámbitos donde se descubre el sentido de la propia vida humana7. La profesión designa el empleo u oficio que cada uno desempeña públicamente. Es una calificación social que indica el lugar concreto que un ciudadano ocupa en la sociedad, el ideal es que cada uno según sus capacidades y habilidades, pueda desempeñar aquel oficio que le es propio a su talento y pueda de esta manera serle útil a la sociedad8. Se puede entender también la vida profesional no sólo como la evocación del oficio privado o público, ésta tiene un carácter vocacional porque responde al ser y al individuo en su condición de persona y ciudadano9. Adela Cortina experta en ética profesional explica la definición de profesión citando a Max Weber: «La profesión es la actividad especializada de una persona, con la que se gana habitualmente su sustento, en un mundo en el que la fuente principal de ingresos de buena parte de la población es el trabajo»10, no obstante explica Cortina, que la profesión no es simplemente un medio para ganarse la vida, para obtener un pago o beneficio por el oficio realizado, es decir, si bien es cierto que toda persona tiene derecho al sustento económico, éste no ha de ser su objeto principal, puesto que toda profesión es una actividad en sí misma al servicio de la sociedad de manera que quien ingresa en una profesión debe dar lo mejor de sí mismo participando 7 8 9 10

Cf. G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 148-149. Cf. A. Fernández, «Profesión», en «Diccionario de teología moral», 1112. Ibídem, 1112. A. Cortina-J. Conill, 10 Palabras en ética de las profesiones, 13.

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de la meta que exige su oficio, para dar cuentas de ella cuando se lo pida la misma sociedad11. Max weber expresa que las palabras alemana (Beruf) e inglesa (calling) que se traduce por profesión tiene un doble horizonte, este sentido de vocación y misión que a partir de la reforma protestante explica Cortina, dan una base para comprender la conducta moral de la profesión como un deber en el mundo, esto a su vez tiene una connotación religiosa «donde el modo de agradar a Dios consiste en cumplir en el mundo los deberes profesionales, por eso el profesional se entregará a ello en alma y cuerpo»12. El concepto de profesión evoluciona y este llamado deber moral va inspirando incluso el espíritu ético del capitalismo, de manera que todos aquellos que ejercitan profesiones de carácter liberal como los que tienen por misión aumentar el capital, interpretan sus tareas como la misión que deben cumplir en el mundo, una misión que les trasciende; en otras palabras, el profesional es «como un consagrado a una causa de gran trascendencia social y humana»13. Es importante decir que el trabajo es la manera como los adultos se ganan la vida, la dimensión económica está presente en todo trabajo, no se puede desconocer que tales medios económicos le sirven a la persona humana para tener un mínimo nivel de vida y cualquier actividad laboral tiene siempre una relación con otras personas, «se hace con otros y para otros»14. Vocación derivado del latín “vocatio”:

11 12 13 14

Cf. A. Cortina-J. Conill, , 10 Palabras en ética de las profesiones, 14. A. Cortina, Ciudadanos del mundo,147. Ibídem, 148. Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 251-255.

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«Significa llamada. En sentido cristiano significa la intervención de Dios en la vida de cada persona: desde la llamada a la existencia, hasta la voluntad divina de que cada individuo conduzca su existencia de modo que adquiera la perfección a la que ha sido llamado»15.

Una aclaración importante que destaca Aurelio Fernández es que la vocación es un proceso de descubrimiento y no una imposición jurídica, por esto el cristiano en sentido estricto se desarrolla en un proceso de fe, para descubrir la propia vocación, ella posibilita para quien la experimenta la serenidad y la misma felicidad16. Hortal explica, que la persona que vive su profesión como vocación no sólo se sirve de ella en términos económicos, pues esta persona es capaz de reconocer en su oficio laboral una identidad que lo hace capaz de cumplir con las expectativas o fines propios de su profesión17. No obstante la palabra vocación aún sigue teniendo su connotación originariamente religiosa, y que en sentido figurado «se usa para hablar de una forma de vivir la dedicación a la profesión como tarea central en la vida de quien la desempeña»18. El profesional que reconoce que su ocupación no es solo una manera para ganarse la vida, comprende su trabajo como una llamada superior que da sentido a su vida19.

1.

Características de las profesiones

Cada una de las profesiones, proporciona un bien específico a la sociedad, ellas deben ser capaces de crear «identidad y comunidad», deben 15 16 17 18 19

A. Fernández, «Vocación» en Diccionario de teología moral, 1444. Ibídem, 1448. Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 256. Ibídem, 257. Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 257.

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además fortalecer «redes sociales» y potenciar las virtudes, la «excelencia» necesaria para alcanzar la perfección en la meta propuesta20. La profesión aporta necesariamente una contribución al tejido social y es inherente al ser humano en la medida que la mayor parte del tiempo de la vida de una persona se da en el ámbito laboral, el trabajo da sentido a la existencia de una persona. Una característica del oficio profesional es: «Una actividad cooperativa, cuya meta interna consiste en proporcionar a la sociedad un bien específico e indispensable para su supervivencia como sociedad humana, para lo cual se precisa el concurso de la comunidad de profesionales que como tales se identifican ante la sociedad»21.

Ante las dificultades para caracterizar la profesión, algunos expertos dan unas pautas específicas porque muchos oficios reclaman el estatus de profesión sin tener las condiciones de vida profesional plenamente establecidas, sin embargo es claro que son también profesiones en grados distintos, de manera que se pueden señalar algunas características propias del estatuto profesional: Acceso a través de una capacitación teórico-práctica para obtener una licencia que los acredita para ejercer su profesión. Aún hoy no se tiene la última palabra sobre las condiciones que hacen que un oficio determinado pueda ser una verdadera profesión porque todo oficio por sencillo que sea, debe ser valorado adecuadamente por la sociedad22. Desde Max Weber se pueden contar algunas características propias de las profesiones23 : 20 21 22 23

Cf. A. Cortina-J. Conill, 10 Palabras en ética de las profesiones, 15. Ibídem, 15. Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 51. Cf. A. Cortina, Hasta un pueblo de demonios, 150; Ciudadanos del mundo -150;

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a) La profesión es una actividad humana social que presta un servicio específico a la sociedad y busca establecer una vida digna, esto es una vida con mayor calidad; cada oficio realizado con altura y dedicación constituye un medio para alcanzar el bienestar ciudadano, de ahí la importancia de potenciar las cualidades laborales al interno de cada profesión donde cada persona pueda dar lo mejor de sí misma en su vida laboral y de esta forma contribuir para que el consumidor pueda experimentar la satisfacción de recibir un buen servicio que respete su dignidad como persona. b) Toda profesión debe implicar necesariamente una vocación con una meta concreta y un estilo de vida que le es propio, cada profesional es responsable de obrar con competencia, calidad y responsabilidad en el ejercicio de su trabajo, la actualización de conocimientos de manera continua incluso en sus ratos de ocio para ofrecer el bien específico que su profesión proporciona a la sociedad; por ejemplo el médico que aporta con su trabajo la consolidación de la salud al interno del tejido social o el abogado que trabaja por los derechos del grupo social. c) El servicio de cada profesión es único, es decir, que sólo quien se ha preparado convenientemente y ha conseguido una acreditación profesional mediante unos estudios reglamentados para conseguir una licencia puede ejercer un oficio determinado, un intruso no puede ser admitido jamás a realizar una tarea para la cual no ha sido instruido, pues cada vocación exige unas aptitudes y condiciones particulares que la identifican ante el público. d) Los profesionales reclaman autonomía en el ejercicio de la profesión, esto significa que tienen la capacidad de decidir «Diálogo filosófico», 255.

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el procedimiento que se debe realizar en el ejercicio de su oficio, es la manera de evaluar si la realización del oficio profesional se realiza de manera adecuada. Sin embargo, la sociedad tiene el derecho también de reclamar cuando hay abusos de una entidad profesional, por eso es necesario mantener el equilibrio entre el ejercicio de una profesión y la sociedad que hace uso de un bien específico, de manera que puedan ser respetados los derechos y deberes de quien ejerce un oficio y la persona que se beneficia del mismo.

2 Relación entre profesionales A finales del siglo XIX y principios del XX Émile Durkheim presenta tres conferencias con el apelativo de ética profesional, explica que la vida moral no puede estar centralizada, sino que existen diversas maneras de moral según las vocaciones (calling), diversas formas de ética profesional, puesto que ninguna actividad social puede hacerse sin disciplina moral, se necesitan reglas y unas condiciones claras para cada una de las profesiones, de tal manera que se puedan lograr los fines específicos de cada una 24. Ser profesional significa pertenecer o hacer parte de un colectivo de iguales en profesión, a esta agrupación se le denomina colegas en sentido propio, quien ofrece su primer aporte a la colegialidad profesional fue Durkheim quien encuentra al interior de los gremios y corporaciones de la antigüedad romana la característica en orden sociológico de este fenómeno que contrasta con el lenguaje actual de economicismo y relaciones mercantiles25. Las corporaciones profesionales o la colegialidad profesional tienen su origen en los collegia romanos, presididos todos ellos por una deidad, de manera que en los gremios medievales existían unas reglas propias y un patrón a quien dar cuentas, los gremios eran cons24 25

Cf. A. Cortina-J. Conill, 10 Palabras en ética de las profesiones, 20-21. Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 202.

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tituidos no solo por las personas que realizaban un oficio en común sino por el conjunto de normas que debían cumplir al interno de sus actividades y el estatus del que gozaban en sociedad26. Hortal explica que la relación de los colegas de profesión está caracterizada por la pertenencia específica a un cuerpo que se constituye como un colectivo especializado, que realiza determinadas actividades y presta unos servicios propios, por consiguiente la actividad profesional requiere una calidad propia que solo puede realizar un grupo de personas que han sido formadas para ese fin, la profesión implica un conjunto de habilidades cualificadas que no todos pueden realizar en la misma medida, se terminan profesionalizando aquellos oficios que previamente han adquirido a través del tiempo experiencia, es decir, que las personas dedicadas a esta tarea han pasado del campo teórico al práctico y son absolutamente competentes para realizar su tarea27. Ahora bien, explica Hortal que la competencia es: «El conjunto de conocimientos y destrezas que debe adquirir y tener el profesional; con el tiempo esa competencia, que también podríamos llamar expertez, pasa a ser insensiblemente el ámbito de conocimientos y actuaciones que “compete” al colectivo profesional, sobre el que el colectivo profesional tiene una palabra autorizada que decir. Los otros los que no comparten esa profesión, no tienen las competencias»28.

La idea de idoneidad profesional define Manzone: «está conectada con la idea que la misma corporación profesional tiene de sí misma y el modo en el cual la sociedad considera el grupo»29. En este sentido la colegialidad ofrece un aporte fundamental al desarrollo

26 27 28 29

Cf. A.Cortina-J. Conill, 10 Palabras en ética de las profesiones, 22. Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 202. Ibídem, 203. G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 154.

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de la profesión, pues la cooperación entre profesionales acrecienta la calidad institucional, sin embargo, para que sea posible alcanzar un nivel excepcional en orden al buen servicio y desempeño de un oficio al interno de la empresa, es necesario establecer una labor educativa-formativa para poner la experiencia profesional al servicio del bien común. Otro aspecto importante a señalar es la socialización que debe tener el colectivo de profesionales; consiste en que el nuevo individuo que entra al grupo por primera vez, va tomando conciencia de su misión, costumbres, modos de actuar y de hablar del colectivo al que pertenece, es en definitiva, el lenguaje interno de cada profesión, un colectivo sabe de qué habla cuando se reúne al interno de su grupo, otros ajenos a esta disciplina estarían ciertamente incapacitados para entender este tipo de comunicación colegial30. Adela Cortina explica con claridad que significa la pertenencia a un colegio de profesionales: «La tarea de quien ingresa en una profesión no consiste, pues, en idear metas totalmente nuevas, sino en incorporarse a una tarea de siglos o de décadas a una tradición profesional y en integrarse en una comunidad de colegas, que persiguen idénticas metas»31.

La vida profesional explica Cortina, avanza con el paso del tiempo porque la sociedad exige cada día una calidad en el servicio de las distintas profesiones, las personas exigen que se les trate con respeto, así el paciente tiene derecho a que se le diga la verdad, todos las personas que acceden a los distintos servicios profesionales quieren hacer valer sus derechos 32. 30 Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 204. 31 A. Cortina, Ciudadanos del mundo, 155-156. 32 Ibídem, , 156.

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El objeto de la relación entre profesionales no es otra que la de mejorar y potenciar las virtudes de quienes pertenecen a un grupo profesional, los expertos en ética profesional insisten en la necesidad de fortalecer cada comunidad u oficio especializado, que cada uno según su capacidad y dando lo mejor de sí mismo, pueda prestar un servicio adecuado en la sociedad, esto significa el ser competente al interno de la propia profesión, he ahí el papel fundamental de la vocación, es necesario tener una motivación superior que ayude al profesional a darle un horizonte nuevo a su oficio laboral más allá del beneficio económico o de sustento que él pueda alcanzar de su actividad. Juegan un papel fundamental la comprensión de los bienes internos y externos de una profesión, en la medida que es importante revitalizar las profesiones como explica Adela Cortina en esta afirmación: «Importa revitalizar las profesiones, recordando cuáles son sus fines legítimos y qué hábitos es preciso desarrollar para alcanzarlos. A esos hábitos, que llamamos virtudes, ponían los griegos por nombre aretei, “excelencias”. Excelente era para el mundo griego el que destacaba con respecto a sus compañeros en el buen ejercicio de una actividad «Excelente sería aquí el que compite consigo mismo para ofrecer un buen producto profesional»33.

Augusto Hortal al hablar de las corporaciones profesionales pone la formación no sólo como tiempo dedicado para adquirir conocimientos y destrezas, sino el propio rito de iniciación que es propio a la incorporación al colectivo profesional correspondiente, esto significa que cuando pasa el tiempo la persona que al comienzo ha realizado un oficio propio de sus destrezas, tiene que cambiar a otro tipo de actividad, ahora bien, que el abogado que litiga termina como director académico de un departamento en la universidad, que el ingeniero que antes ejercía sus tareas propias, ahora debe dedicarse a las ventas de 33

A.Cortina-J. Conill, 10 Palabras en ética de las profesiones, 28.

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su empresa etc. Pero la identidad que es propia de su especialización siempre permanecerá, de manera que la colegialidad profesional tiene como uno de sus fines inherentes no permitir los intrusos que no están acreditados para favorecer la integridad de la misma profesión34. Es también obligación del colegio profesional consolidar su oficio con el paso del tiempo, ir ajustándose a los nuevos avances tecnológicos, a las nuevas condiciones de tipo social, de manera que los fines internos de cada profesión puedan ser alcanzados realizando de manera excelente cada oficio; las prácticas profesionales explica Hortal son siempre cooperativas pero siempre en relación con el bien, y obrar bien significa llegar a la excelencia en el ejercicio profesional mediante la calidad del propio trabajo realizado, en efecto, los bienes internos nunca podrán tener relación con el mal35. Los bienes extrínsecos por el contrario como explica Hortal: poder, dinero, status y toda la simbología de una profesión se pueden conseguir obrando adecuadamente en el oficio correspondiente o por el contrario ejerciendo la profesión con mediocridad, es por esto que los bienes extrínsecos no pueden constituirse en fin último de la profesión porque desvirtúan su razón de ser36. Cortina anota tres aspectos que propone Durkheim:37 a) Los distintos ámbitos sociales son ocasión del establecimiento de reglas morales para alcanzar las metas propuestas a cada colegio profesional. b) La finalidad de una corporación profesional debe ser el servicio a la sociedad, ella ofrece un servicio concreto al ciudadano 34 35 36 37

Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 205. Ibídem, 207. Ibídem, 207. Cf. A. Cortina-J. Conill, 10 Palabras en ética de las profesiones, 20.

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corriente, quien hace uso como usuario del bien que se le proporciona, así por ej. (la persona que accede a un servicio médico especializado, el cliente que acude a un abogado para su defensa, el estudiante que recibe una formación de parte de su maestro). c) La corporación profesional permite la solidaridad entre sus miembros evitando el anonimato individual y el egoísmo particular de no reconocer el aporte de otros colegas. Los colegios profesionales en definitiva deben ocuparse por alcanzar un nivel adecuado para satisfacer las necesidades de la sociedad, esto lo explica Adela Cortina cuando afirma: «Porque en la profesión […], como en otras entidades sociales, importa recordar que es todo una actividad, que tiene ya una meta por la que cobra sentido y legitimidad social y que, por tanto, la tarea del colegio profesional consiste en dilucidar qué formas son más adecuadas para realizar esa actividad» 38.

Cortina explica que los profesionales son los que mejor conocen las profesiones, son ellos los más indicados para decir que cosas se pueden realizar y cuáles no; sin embargo, es preciso que el usuario tome participación en la medida que son los que determinan la calidad del servicio recibido, son estos en definitiva los que pueden fijar cuales son las prácticas más adecuadas de una profesión y que mejor benefician sus expectativas39. En definitiva, los colegios profesionales tienen sencillamente la misión de prepararse adecuadamente, buscar la manera de ser altamente competitivos en un mundo que exige cada día más en términos de buen servicio y calidad, los colegios profesionales no pueden olvidar 38 39

Ibídem, 24. Ibídem, 24.

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que hay millares de ciudadanos esperando un buen desempeño de cada especialidad laboral; esto es, respeto por sus derechos, respeto por su dignidad, cada ciudadano espera ser tratado adecuadamente del médico, del abogado, del ingeniero, del político, del religioso[…] De manera que la asociación de profesionales no es simplemente un requisito que deba cumplirse, o una agrupación que solo busca ser bien remunerada y alcanzar un estatus, antes bien el colegio ha de tener clara conciencia del sacrificio que debe realizar a favor de cada persona humana al interno de la sociedad.

3. La responsabilidad pública de los profesionales La comunidad humana desde el inicio de su historia ha sido una comunidad de trabajo, de manera que la profesión lleva consigo uno de los momentos más importantes para la vida del ser humano, porque lo pone de cara a los otros, esto es una dimensión de la vida social40. G. Gatti afirma que la responsabilidad profesional tiene una decisiva dimensión social: «Las profesiones tienen en el mundo del hombre una organización estable y por tanto una dimensión estructural. Al interno de este organismo de las profesiones, los hombres colaboran estrechamente tras de sí, en una consciente y articulada división de deberes»41.

La responsabilidad profesional centra su atención en el desarrollo del bien común y el servicio, por esta razón no puede ser reducida al 40 41

Cf. G. Gatti, Etica delle professioni formative 38. «Le responsabilità professionali hanno dunque una decisiva dimensione sociale: le professioni hanno nel mondo dell’uomo una loro organizzazione stabile e quindi una dimensione strutturale. All’interno di questo “organismo delle professioni”, gli uomini collaborano strettamente tra di loro, in una consapevole e articolata divisione d ei compiti» G. GATTI, Etica delle professioni formative 39, traducción propia.

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ámbito técnico-económico, esto significa que las profesiones tienen una raíz profundamente cívica que las obliga a realizar un serio esfuerzo a cumplir sus ideales y metas42. El tema de la responsabilidad profesional se remonta a los años 60, el discurso ético se preocupa de la relación profesional – cliente porque aparece se toma conciencia de las obligaciones que cada profesional debe asumir en el ejercicio de su profesión; no obstante esto tiene una implicación pública donde la ética toma una importancia decisiva43. Con el tiempo explica Hortal la vida profesional va tomando paulatinamente una dirección de servicio al bien común y lo público; el profesional en primer lugar como persona, que se encuentra en relación con otros y realiza determinadas funciones, esto para indicar que el horizonte último de los profesionales no es la profesión en sí misma y la responsabilidad se puede entender así: «La primera obligación del profesional para con la sociedad es caer en la cuenta de cómo es la sociedad en la que ejerce su profesión, hacerse cargo del contexto social en que vive y actúa profesionalmente y cómo ese contexto plantea oportunidades y condicionamiento a sus actuaciones. Las profesiones son un producto social, están configuradas por la sociedad, dependen de ella; la sociedad marca lo que necesita y espera de cada profesión, configura su imagen social, ofrece alicientes, determina en qué lugares se ejerce la profesión, con qué medios, bajo qué leyes y normas»44.

G. Gatti anota como cada profesión en su dimensión objetiva tiene una naturaleza socio-económica, la profesión realiza una forma de responsabilidad objetiva que hace de cada hombre un protector y servidor de otro ser humano, cada persona por sencilla que sea su 42 43 44

Cf. G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 79-80. Ibídem, 227. Ibídem, 230.

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profesión y sin importar su puesto en la organización productiva está llamado a ser responsable de los otros, mediante la profesión cada hombre contribuye al bien de la sociedad misma, de ahí la importancia de ver en cada profesión una vocación particular que debe ser desempeñada con todas las fuerzas, cada uno ha de ofrecer lo mejor de sus talentos para ponerlos al servicio de la comunidad humana45. Para mejorar el ámbito profesional es necesario tener en cuenta el nivel estructural mismo de las profesiones, la ética profesional no se desarrolla específicamente en el rol mismo de la práctica profesional, pues solamente en la interacción cívica logran su verdadera auto comprensión, cada institución profesional es portadora de una promesa, de manera que son bienes que las personas logran alcanzar con su propio esfuerzo y calidad, un profesional se hace responsable de su propia fidelidad a la promesa que hizo un día para acreditarse en un oficio, porque en él hay depositada una confianza para realizar una tarea46. Si bien es cierto que es importante la responsabilidad individual de cada persona cuando ejerce su propia profesión, es necesario el desarrollo del espíritu comunitario, no sólo cuenta el desempeño individual, esto significa ir más allá de la tentación del dinero, del status, porque un verdadero espíritu colectivo al interno de cada profesión hace posible que los profesionales sean verdaderos líderes morales de la sociedad y de esta manera puedan ofrecer el bien específico de su oficio47. Las profesiones, reconoce Manzone, son «las más indicadas a la hora de comprender las necesidades de la comunidad y los sacrificios necesarios para lograrlo»48. 45 46 47 48

Cf. G. Gatti, Etica delle professioni formative, 39. Ibídem, 79. Ibídem, 79-80. G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 81.

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En definitiva el trabajo profesional se constituye en un servicio a la vida social mediante la realización de los bienes que hacen parte del bien común, no obstante cuenta la responsabilidad humana como posibilidad de donación que permite el respeto del otro como fidelidad a la meta propuesta, y que encuentra determinación en la relación de proximidad con otros seres humanos49. Un punto importante en la responsabilidad de los profesionales es la visión de un oficio ordenado a una realidad pública, sujeta a valoración moral en términos de bien común, esto se entiende en la medida en que las distintas profesiones en su misión no han de tener otro interés particular sino el de favorecer los bienes públicos de un sistema particular, por ejemplo el médico en su labor de cura frente al paciente no sólo favorece una vida humana sino la salvaguarda de un bien público50. «Las distintas profesiones en cuanto prácticas sociales se ocupan de los diversos aspectos del bien público, que en algunos casos es el bien inmediato de los pacientes, estudiantes, clientes, en otros casos puede ser un grupo de interés particular, en otros es el bien colectivo, en definitiva incluso más allá del propio bien común la profesión tiene su valor en el hecho de vivir juntos en sociedad. No obstante esto autoriza a las asociaciones profesionales a trabajar no como simples servidores pasivos del estado, del capital, de la hacienda, del cliente, en definitiva del inmediato bien público»51. 49 50 51

Ibídem, 81. Cf. G. Gatti, Etica delle professioni formative, 82 . «Le singole professioni in quanto pratiche social si occupano dei diversi aspetti del bene pubblico, che in alcuni casi è il bene immediato di singoli pazienti, studenti, clienti, in altri casi è quello di aziende de e gruppi di interesse, in altri ancora è il bene collettivo. Ma un tale servizio va sempre considerato e valutato a confronto con un più ampio bene comune, che è il bene di vivere insieme. Ciò autorizza i professionisti e le loro associazioni a essere qualcosa di più che passivi servitori dello Stato, del

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En últimas dice Manzone que los profesionales tienen una deuda con la sociedad que intercambian a través de un servicio competente; la vida profesional hace de la libertad de la persona la instancia misma de auto-realización, de identificarse y hacer crecer el bien común para poner finalmente la persona en relación con los otros, la fidelidad profesional está puesta según el rol socialmente estructurado donde la profesión supera el horizonte de la simple ocupación laboral, entra en juego una opción sincera y libre de vida que ayuda al individuo a vivir plenamente en sociedad, aportando su propia contribución por el trabajo realizado52. Es claro que las profesiones están condicionadas por la sociedad, es ella la que delimita como debe ser una profesión, ofrece ventajas, determina en qué lugares se debe ejercer determinado oficio, indica los medios a utilizar y exige de cada profesión lo que le es debido; por esta razón el profesional que es consciente de su misión, asume lo que la sociedad le pide realizar y hace su contribución concreta para que se puedan disfrutar los fines internos que su oficio desempeña: salud, vivienda, transporte[…]53. Se puede resumir la responsabilidad profesional en los términos expresados por Hortal: «La primera forma de responsabilidad profesional es la de ser buen profesional que sepa prestar y preste el servicio que tiene encomendado. Redunda a favor de la sociedad el hecho de que él y todo el colectivo profesional proporcione de forma competente y responsable los bienes intrínsecos a los que constitutivamente se dedica la correspondiente profesión, mucho más si están en condiciones de promoverlos y mejorarlos en

52 53

capitale, dell’azienda, del cliente, persino dell’immediato bene pubblico» G. MANZONE, «Il volto umano delle professioni, 82, Traducción propia. Cf. G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 82-83, Traducción propia. Cf. A. Hortal, Ética general de las profesiones, 230.

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sus niveles de excelencia. Una sociedad justa, libre y próspera necesita ciertamente buenos profesionales»54.

Una adecuada prestación de servicios depende también de la acción política, ella debe facilitar los medios adecuados para el desarrollo positivo de las distintas profesiones, buscando siempre el bien común para que la sociedad pueda gozar de un equilibrio justo en el ejercicio de las profesiones55. Otra condición indispensable para el buen desempeño del ejercicio profesional lo constituye el usuario o destinatario, pues es él quien en definitiva juzga la eficacia de las distintas profesiones, el destinatario es la razón de ser del oficio profesional y esto se completa de manera definitiva con la afirmación de A. Hortal: «El mejor servicio profesional que puede prestar un colectivo profesional a la sociedad, está en hacer bien, con competencia, diligencia y responsabilidad social, lo que se traen entre manos; hacerlo con la competencia especializada que justifica que eso les haya sido encomendado en régimen preferente o incluso exclusivo. Pero para que esto suceda en el conjunto de la profesión es necesario que los profesionales tengan un alto sentido social que esté por encima del corporativismo que defiende ante todo los intereses del colectivo profesional con razón o sin ella»56.

La profesión debe entenderse en la dinámica de una vida plena compartida por todos, el sentido cívico debe estar muy arraigado en el profesional de tal manera que se contribuya de manera específica a una convivencia ciudadana vivida en justicia y libertad, además quienes tengan responsabilidad en el gobierno han de procurar una adecuada promoción de los bienes intrínsecos a la práctica profesional y facilitar todos los recursos necesarios para que cada profesión cuente con los 54 A. Hortal, Ética general de las profesiones, 231. 55 Ibídem, 231. 56 Ibídem, 232.

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medios suficientes de trabajo y puedan de esta forma servir con óptima calidad a la sociedad57. No se puede desconocer que favorecer los bienes extrínsecos de los profesionales sea la mejora de salarios y prestaciones, los tiempos adecuados para ejercer su especialidad tienen por objeto favorecer los bienes intrínsecos de la misma profesión, porque una persona satisfecha además de su vocación específica, con un pago justo es capaz de rendir mejor en su vida laboral58. La profesión según Manzone es un término que se usa para indicar una actitud personal a los estándares que se usan y la relación que se tiene con el propio trabajo59. todo profesional debe asumir unas condiciones que son propias y características de su misión, no se puede no tener cualidades para ejercer determinado tipo de labor, se necesita siempre una motivación para realizar cualquier tarea, en efecto, cada empresa ha de procurar entre sus miembros una serie de cualificaciones adecuadas a las metas establecidas: «Aptitudes para alcanzar los objetivos de la organización, aplicando el saber a producir resultados. Las cualidades necesarias son, consonancia con el tipo de organización que dirige, el saber para actuar, la agilidad, la capacidad de proyectar e ilusionar con sus proyectos, la habilidad para colocar a los miembros de la empresa en el lugar oportuno, la imaginación, la capacidad de innovar para mejor adaptarse a una realidad social siempre cambiante. Y de él tienen que aprender cuantos en diferentes organizaciones- universidad, hospital, administración públicadeseen llevar adelante proyectos organizativos, contando con el recurso por excelencia: el recurso humano»60. Ibídem, 233. Ibídem, 233. CF. B. Parkan, «Professionalism: A virtue or Estrangement self-activity?», 78. En G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 18. 60 A. Cortina, Ética de la empresa, 15. 57 58 59

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La profesión tiene sus cimientos en la verdad de permanecer fiel al rol fundamental de las propias tareas, a sus principios y reglas, es necesario para el profesional no sólo asumir valores de tipo personal sino su adhesión a las exigencias que la profesión misma exige, la profesión es un bien público del cual depende el bienestar de todos y requiere un contexto institucional61.

Conclusiones Se puede concluir este capítulo afirmando que toda profesión es

digna y necesaria en el conjunto de las actividades humanas, no obstante, es preciso no ahorrar ningún esfuerzo educativo, que lleve a tomar conciencia de la dignidad y responsabilidad que cada uno debe asumir en el ámbito laboral; esto significa no dejar ninguna profesión a la deriva de sí misma sino su vinculación a la comunidad de personas a la que ella debe servir para ofrecer su producto, esto significa un análisis continuo de la actividad profesional mediante una formación permanente al interno de la misma, el profesional debe ser asistido e iluminado acerca de la responsabilidad que debe tomar al interno de su trabajo, con el fin de alcanzar la excelencia en la prestación de un servicio. Otra conclusión importante es reconocer que las profesiones tienen una responsabilidad pública y una competencia que necesita ser verificada por el ciudadano, puesto que ninguno trabaja para sí mismo sino siempre en relación a otros. Toda profesión requiere una validez y competencia de manera que es necesario dignificar su estatus mediante el establecimiento de criterios claros que identifiquen su misión en la sociedad, así que un oficio profesionalizado no puede ser asumido por cualquiera que no haya recibido una preparación previa.

61 G. Manzone, Il volto umano delle professioni,154.

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«El trabajo es una de las características que distinguen al hombre del resto de las criaturas, cuya actividad, relacionada con el mantenimiento de la vida, no puede llamarse trabajo; solamente el hombre es capaz de trabajar, solamente él puede llevarlo a cabo, llenando a la vez con el trabajo su existencia sobre la tierra. De este modo el trabajo lleva en sí un signo particular del hombre y de la humanidad, el signo de la persona activa en medio de una comunidad de personas; este signo determina su característica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza»62. Es evidente que la actividad profesional constituye un elemento de suma importancia para la vida de las personas porque normalmente a través del oficio especializado de las profesiones, se pueden desarrollar las potencialidades o cualidades de cada ser humano. El trabajo en definitiva es un medio para vivir en el mundo de manera plena, por eso el aporte de la ética en el mundo del trabajo abre una realidad de servicio, donde cada uno entra en relación con otros a través de un servicio, el trabajo no es simplemente la manera como se logran recursos para poder subsistir sino una actividad que me pone de cara al mundo. La ética profesional precisa la doble partida de la dimensión laboral, por un lado los fines internos que son las metas que debe alcanzar cada profesión en orden al servicio y los fines externos que son los beneficios de los cuales goza la persona al ejercer su propio trabajo. El siguiente capítulo presenta la importancia de la ética como disciplina y su aporte al mundo laboral, pero centra su atención en la profesión del militar que como cualquier otra actividad laboral tiene una importancia decisiva para la comunidad humana a favor de la paz, esto con el aporte que hace la Iglesia desde el Magisterio con las encíclicas (Populorum Progressio de Pablo VI y Pacem in Terris de Juan XXIII). 62

Laborem Exercens n° 3.

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Capítulo II

Ética de las profesiones Este capítulo propone la relevancia ética en la vida profesional, pero de manera especial en la profesión militar; en ocasiones no se entiende ni se reconoce la razón de ser de un ejército legítimamente constituido, más aún, hoy que se habla de ética profesional no se puede pasar por alto la misión que cumple un soldado a favor de la paz misma; su servicio debe ser animado e iluminado por la ética para cumplir su exigente deber ante la patria, el militar dada su particular condición de vida debe siempre tomar decisiones incluso en situaciones límite, está llamado por vocación a ofrecer su vida si fuese necesario, de manera que si un militar ha sido educado y forjado en valores éticos, tiene frente a sí una loable profesión de servicio. Sería inadmisible la presencia de una persona en este particular estado de vida, sin una vocación que le ayudase a reconocer los ideales propios de esta profesión. La ética constituye hoy más que nunca una herramienta necesaria para orientar la vida profesional de una sociedad, en la medida en que cada empresa se preocupe por mantener alta su escala de valores, se hace eficaz en el servicio, contribuyendo así al progreso de la sociedad. Adela Cortina indica la importancia de la ética como un proceso educativo, el verbo educar es el cultivo del carácter con el fin de extraer lo mejor de las cualidades personales de un individuo, la educación de un ser humano va unida a su realización moral en las distintas dimensiones de su vida, en efecto, una de esas dimensiones es la vida profesional63. La formación ética posibilita según Adela Cortina, forjar el propio carácter; el ser humano que decide correctamente se hace sabio 63

Cf. A.Cortina, «Diálogo filosófico», 253.

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y experimenta una manera nueva de vivir, la plenitud de la existencia está en elegir aquello que conviene y rechazar lo que es insensato, es descubrir la identidad más profunda del sujeto en la realización personal, ser sabio, no significa tener muchas habilidades técnicas sino ser prudente, es decir, saber vivir con la propia historia de vida64. La moral o ética, es un tipo de saber que pretende orientar la acción humana, porque ayuda a establecer un ordenamiento sensato de la existencia[…] ética viene del griego êthos, que significa carácter o modo de ser, el carácter es esencial para la vida de una persona porque se constituye en el centro de toda decisión y señala el destino de cada uno, se puede entender como la capacidad de elegir adecuadamente, de manera que en la vida cotidiana se habla de valores morales o éticos, porque lo moral o ético siempre conducen al conjunto de valores; el carácter es aquel que se va formando a lo largo de toda la existencia de un individuo, y de esta realidad se ocupa la ética65. Instaurar la ética en ámbito laboral es muy importante porque permite a cada profesión encontrar su identidad más profunda, de manera que el ejercicio práctico esté iluminado por un saber que indique aquello que se debe hacer66. «La reflexión moral debe explicar, explorar y analizar el horizonte de significado dentro del cual la práctica profesional es proyectada. Iluminando la amplitud y la complejidad de este horizonte, el profesional tiene la posibilidad de auto-evaluarse y apropiarse de las intenciones que lo deben animar»67. 64 65 66 67

Cf. A.Cortina, Ética de la empresa, 19; 10 palabras clave en ética, 14-15. Cf. Cortina, Ética de la empresa, 17-18. Cf. G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 41. «[...] la riflessione morale deve spiegare, esplorare e analizzare l’orizzonte di significato dentro cui la pratica professionale è progettata. Illuminando l’ampieza e la complessità di questo orizzonte, il professionista ha la posibilità di meglio comprendersi, criticarsi e riapropriarsi dell’intenzione che lo

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La reflexión ética permite descubrir cuáles son las metas que se deben alcanzar, cuáles son los mecanismos de inserción en la vida social que debe asumir una profesión; a nivel individual la persona se hace responsable del papel y el rol que exige su trabajo, de manera que cada día pueda perfeccionar su talento y capacidad para alcanzar la excelencia en su desempeño profesional68. El horizonte moral es la base fundamental que sostiene la acción humana ordenada siempre a la plenitud de la existencia, del bien como meta, «las virtudes que predisponen a alcanzarlo, muy especialmente de la justicia, quicio del mundo ético y político69. E. Martínez señala la misión que cumple la ética en la vida de las personas: «La ética bien entendida no pretende en absoluto dogmatizar sobre el bien y el mal del que los seres humanos somos responsables, sino más bien elaborar y compartir algunas reflexiones racionalmente fundamentadas que la tradición filosófica ha ido desgranando a lo largo de los siglos, con la esperanza que estas reflexiones tal vez puedan ayudar a las personas a aclarar sus propios pensamientos y a orientar su comportamiento de la mejor manera posible»70.

La ética, como espacio de reflexión permite poner puntos en común entre los seres humanos más allá de cualquier pre-juicio particular, a través del conocimiento ético, los grupos profesionales pueden lograr una mayor calidad en la prestación de un servicio. El ser humano a diferencia de los animales siempre estará llamado deve animare». G. MANZONE, Il volto umano delle professioni, 41. Traducción propia. 68 Cf. A.Cortina-J.Conill, 10 Palabras en ética de las profesiones, 28. 69 Ibídem, 15-16. 70 E. Martínez Navarro, Ética profesional de los profesores, 23.

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a mejorar su vida independientemente de aquellos factores que pudiesen predeterminarlo circunstancialmente, tales como, su constitución genética, su herencia social o cualquier otro factor que pudiese condicionarlo; ahora bien, mejorar la vida significa encontrar el camino de la realización personal en medio de los límites de la propia historia, la felicidad es consecuencia de las opciones que cada uno toma según el ejercicio de su propia libertad, puesto que ningún ser humano está predeterminado a un destino señalado previamente, cada día es una oportunidad para superar los obstáculos de la limitación humana: «Los hombres nos vemos obligados a modificar nuestra herencia o bien a reforzarla, eligiendo nuestro propio carácter, aunque en esa tarea nos encontremos sumamente condicionados. A esa necesidad originaria de elegir el propio carácter llamamos libertad en un primer sentido de este término y, puesto que estamos condenados a ser libres, a tener que elegir, más vale que nos esforcemos por hacer buenas elecciones»71.

G. Manzone explica que es necesario establecer criterios éticos que permitan un tipo de administración responsable, caracterizada de un prudente equilibrio de ganancia - práctica a corto y a largo plazo, de coordinación de programas trasparentes de frente a los consumidores72. Si cada corporación profesional auspicia una moral adecuada para las personas que a su especialidad pertenecen, es posible conseguir el fin interno propio a su quehacer y ofrecer así un bien óptimo a los usufructuarios del servicio que se presta73. Uno de los temas actuales e importantes para la sociedad es la vida empresarial, ella es fuente de transformación y desarrollo, en efecto, explica Adela Cortina, es importante instaurar una ética de la 71 72 73

Cortina, Ética de la empresa, 17. Cf. G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 19. Cf. Por bien interno de una profesión se debe entender el logro de la meta última, es en definitiva la base sobre la cual se sostiene la actividad profesional, Cf. Adela Cortina, Hasta un pueblo de demonios, 151.

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empresa que permita elevar el nivel institucional, de manera que cada organización empresarial pueda mejorar sus condiciones con el paso del tiempo y perfeccionar su misión en el mundo: «Los nuevos arquitectos de un orden moral nuevo ponen su esperanza de moralización en la sociedad civil, en la iniciativa personal o grupal, en el empresario generador de riqueza y en una ética de las organizaciones e instituciones, que evite los defectos de las anteriores y proponga los valores adecuados a su reconstitución. Y para eso es esencial una ética de la empresa, que proponga aquellos valores antaño olvidados, que hoy vivenciamos como indispensables para construir una sociedad alta de moral, una sociedad en forma»74.

La empresa constituye un motor de renovación social porque es el lugar propio para encarnar las virtudes y valores de la vida humana75; como institución ha de favorecer e impulsar las aptitudes propias de cada uno de sus miembros, de manera que alcanzando cada uno su propio perfeccionamiento al interno de la organización, pueda sufragar las necesidades de los usuarios de manera adecuada; la actividad empresarial se debe destacar por su agilidad e iniciativa, debe prevalecer el bien común, la solidaridad y la corresponsabilidad siempre en el ámbito de la justicia76. Los directivos de una empresa con miras a ofrecer un óptimo producto, han de procurar iniciativas que promuevan la excelencia en el servicio, es importante una capacitación adecuada para llevar a cabo el cumplimiento de las metas propuestas, para lograr que el ejercicio profesional tenga un alto nivel de competencia, esto implica educar para que cada quién, asuma con sentido de pertenencia sus propias tareas a fin de garantizar su mejor cualificación laboral. 74 A. Cortina, Ética de la empresa, 14. 75 Ibídem, 15. 76 Ibídem, 15.

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La ética profesional ejerce una gestión importante porque lleva al descubrimiento de la propia vocación y fin último del trabajo que se realiza, potencia los talentos de sus miembros e instaura la dimensión de servicio al interno del colectivo social.

1. La profesión militar una vocación al servicio de la paz y el bien común

«Se puede considerar la actividad militar como un empleo, facultad, arte u oficio que se ejerce con inclinación voluntaria, continuada y públicamente, a la que uno se liga espiritualmente por los ideales trascendentes que encierra y se obliga a cumplir las normas propias de la institución»77.

La profesión militar más allá de ser comprendida como un aparato bélico de agresión, debe ser considerada como una fuerza que tiene por misión exclusiva la defensa, la seguridad y la libertad de los pueblos, el militar debe ser reconocido como un operador de paz78 . El Papa Juan Pablo II siempre tuvo una profunda intuición sobre el sentido de la vida militar, en sus discursos elaboró siempre un sentido propio de lo que significa la misión de los ejércitos en el mundo, tarea que vinculó siempre con la custodia de la paz: «Si se considera su naturaleza en sentido positivo, el servicio militar es una cosa muy digna, bella y gentil, el núcleo de la vocación militar, no es otro que la defensa del bien, de la verdad, pero de manera especial, de aquellos que son agredidos en su dignidad de manera injusta»79.

77 O. Gutiérrez, Valdebenito, «¿Pero existe la vocación militar», http:// www.legionim.cl/Articulos/Vocacion%20Militar.pdf, (7/05/2012). 78 Cf. OR, 12 marzo de 1994. 79 «Se si considera la sua natura nel senso positivo, il servizio militare in se stesso è una cosa molto degna, molto bella, molto gentile. Il nucleo stesso della vocazione militare non è altro che la difesa del bene, della verità e

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El Concilio Vaticano II en su constitución sobre la Iglesia en el mundo actual (GS, 77) tomando las palabras de la Escritura «bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9) hace una invitación a todo cristiano para asumir con el auxilio de Cristo, autor de la paz, esta meta tan anhelada. La paz, dice la Gaudium et Spes (n. 78): «no es solo la ausencia de guerra, ni el resultado de un equilibrio de fuerzas o de una hegemonía despótica, sino ante todo obra de la justicia». La paz es un perpetuo quehacer, y reclama la vigilancia de la autoridad legítima. La injusticia social es el origen de todo conflicto violento entre los seres humanos, lamentablemente hoy encontramos realidades muy dolorosas por causa de guerras atroces que destruyen tantas vidas inocentes, los episodios de crímenes de lesa humanidad, la desaparición forzosa, la violación masiva de mujeres y niños en estado de guerra, imploran a la humanidad entera a ofrecer una respuesta concreta en tutela de la paz. La paz es una tarea urgente, la fragilidad humana herida por la realidad del pecado, obliga a la autoridad legítima al establecimiento de la paz (Cf. GS 78). La profesión militar es una vocación particular que en los últimos tiempos ha cambiado profundamente en el sentir de la sociedad respecto a su propia naturaleza y misión80. Es claro que para alcanzar la paz, no se pueden buscar soluciones con una mentalidad beligerante que sólo busca la guerra como fin en sí misma; hay necesidad de ajustarse a una nueva mentalidad que promueva

80

soprattutto di quelli che sono aggrediti ingiustamente», OR, «Discorso di Giovanni Paolo II ai militari di leva», 2 aprile 1989. Traducción propia. Cf. Constitución Apostólica Spirituali Militum Curae, 2.

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una paz verdadera entre los hombres como lo señala la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual (GS 81). La profesión militar es y debe ser una vocación al servicio de la paz: «Luchar contra la injusticia significa luchar contra la violencia, sin odio, mas usando una fuerza mesurada y controlada. Esta es en particular la misión de un soldado en una ciudad libre, aunque aquella misión también de todo ciudadano»81. Para comprender la tarea del militar es necesario reconocer la importancia de la defensa del bien común, es decir: aquello que la comunidad posee en conjunto (los distintos bienes materiales, jurídicos, morales) es el conjunto de bienes que son comunes y construyen la comunidad. Ahora bien, Hude afirma que el núcleo del bien común es la justicia, que en la Philia encuentra su expresión más profunda, se entiende como el bien común de una sociedad libre, la Philia82 es el núcleo central de la cultura, de manera que el término bien común puede entenderse como aquello que resulta útil y forma parte del interés general reconocido por una sociedad y que se puede entender como elemento unificador en medio de la diversidad. Precisar la defensa de la paz que debe realizar un ejército no es una tarea fácil, sin embargo, un buen punto de partida es la responsabilidad de proteger siempre la integridad de la víctima inocente, en este sentido la encíclica Evangelium Vitae afirma: «La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida del otro, del 81

«Lottare contro l’ingiustizia significa lottare contro la violenza, senza odio, ma opponendole una forza misurata e controllata. Questa è in particolare la funzione di un soldato in una città libera, ma anche quella di ogni cittadino» H. Hude, L’etica dei decision-makers, 100. Traducción propia. 82 Cf. Philia: palabra griega que hace referencia al amor fraterno, puede entenderse también como la promoción del bien común cuando se trabaja en cooperación con otros. H. HUDE, L’etica dei decision-makers, 52.

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bien común de la familia o de la sociedad. Por desgracia sucede que la necesidad de evitar que el a gresor cause daño conlleva a veces a su eliminación. En esta hipótesis el resultado mortal se ha de atribuir al mismo agresor que se ha expuesto con su acción, incluso en el caso que no fuese moralmente responsable por falta de uso de razón»83 .

El magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II, ha presentado una clara intuición de lo que significa para el Estado la presencia de un cuerpo militar armado para su defensa, se hará un uso de la fuerza de forma proporcionada, de manera que se pueda neutralizar al ente agresor, de manera que hay un cambio sustancial en la comprensión de el fenómeno de la guerra que desde el siglo IV defendía el postulado de la llamada Guerra Justa que en ciertas circunstancias de proporcionalidad razonable que se entiende no como venganza al enemigo sino como una instancia de justicia moralmente aceptable y que luego evoluciona con la historia atravesando distintos periodos pasando por grandes pensadores cristianos como Ambrosio (339-397), Agustín (354-430), (1221-1274), la Pacem in Terris (1963) y finalmente el Concilio Vaticano II (1962-1965) que termina aboliendo el uso del término porque ha perdido una viabilidad racional84, por cuanto no ofrece alternativas claras para lograr el equilibrio de la paz, y el uso del término resulta fuera de una lógica coherente. Finalmente, hoy se habla del recurso a la legítima defensa en casos particulares de violación a la vida y dignidad humana, para reducir las fuerzas destructoras del mal usando la menor violencia posible y en casos de gran dificultad, el recurso a la defensa militar de un ejército legítimamente constituido para salvaguardar la seguridad de los pueblos. Frente a la amenaza inminente del terrorismo, es necesaria una

83 84

Evangelium Vitae, 55. Cf. C. Bresciani- L. Eusebi, Ha ancora senso parlare di guerra giusta?, 8-13.

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intervención que pueda contrarrestar dichas acciones violentas a través de un cuerpo armado que haga respetar la dignidad humana: «Y como la larga tradición de la ética reconoce el derecho a la legítima defensa, el derecho de oponerse al injusto agresor, así en el mundo moderno se busca establecer un derecho que autorice la ayuda a un grupo de seres humanos para protegerlos contra la violencia y puedan sobrevivir»85. Importante reconocer que un ejército legítimamente constituido hará uso de la fuerza cuando sea necesario para reducir al injusto agresor, siempre que se hayan agotado todas las demás posibilidades y esté en peligro la vida de terceros, (víctimas inocentes). Para conseguir la paz es necesario un cambio estructural en distintos niveles sea político, social, cultural, económico y religioso, es una tarea que obliga a todo ser humano sobre la faz de la tierra: « La paz es un bien relacional y se define como la alta cualidad ética de las relaciones interpersonales y sociales […] la paz es una categoría que define a la persona en su mediato encuentro con el otro. La paz es característica de la rica tipología de la comunidad: familiar, escolar, eclesial, nacional, internacional y mundial etc., con la especificidad para la realización de una instancia común, por esto tiene una particular relación con otras categorías tales como el bien común, justicia y la solidaridad, o en ámbito teológico de caridad [...]»86. 85

«E come la lunga tradizione dell’etica riconosce il diritto alla legittima difesa, il diritto di opporsi all’ingiusto aggressore, così nel mondo moderno un diritto che autorizzi ad andare in aiuto di esseri umani e a prottegerli contro la violenza, affinchè possano sopravvivere» J. RÖMEL, Ética cristiana nella società moderna, 369. Traducción propia.

86

«La pace è bene relazionale e si definisce, in particolare, come l’alta qualità etica delle relazioni interpersonali e sociali[...] La pace quindi è categoria che è da definirsi a partire dallo specifico della persona nel suo differenziato e mediato incontro con l’altro da sé. Per questo la pace è caratteristica

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La educación para la paz debe ser un imperativo para toda persona al interno de una sociedad, ella se consigue y se construye a partir de la propia responsabilidad en conexión con la justicia y en relación con los otros, educar para la paz es ser al mismo tiempo testimonio de la propia paz, por tanto todos aquellos que ingresan a las filas de la profesión militar deben ser formados para tal fin, porque es una responsabilidad de todos. Por consiguiente, es necesario tener presente la ética para una mejor adaptación a una sociedad libre en todas sus facetas: culturales, de mercado, de respeto por las libertades individuales, en otras palabras todo ser humano está llamado a mejorar el mundo en el cual vive, pero de manera especial el soldado quien tiene una responsabilidad esencial de proteger a sus conciudadanos en su vida, honra y bienes87. La difícil labor que cumple el militar para merced de la paz no puede ser considerada en abstracto, no es una teoría que se realiza desde un escritorio, su establecimiento exige un esfuerzo continuo que garantice la paz para el ciudadano; ante las amenazas cada vez más contundentes del terrorismo, es necesario una fuerza que neutralice la agresión para mantener la estabilidad.

2. Bienes internos y externos de la profesión militar

Cada oficio profesional tiene una misión propia que le caracteriza de las otras profesiones y configura su identidad, cada institución pro-

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della ricca tipologia delle comunità: familiare, scolastica, ecclesiale, amicale, nazionale, internazionale, mondiale, ecc., specificando per ciascuna una particolare realizzazione di un’istanza comune. Per questo stesso motivo la troviamo strettamente unita con altre categorie ad alto tasso di definizione relazionale, quale quella di bene comune, di giustizia, di solidarietà e, in ambito teologico, di carità[...] », L. SALUTATI, «Dalla dottrina della guerra giusta alla teologia della pace», 152. Traducción propia. Cf. H. HUDE, L’etica dei decision-makers, 22-; G.Gatti, Manuale di teologia morale,-249.

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fesional es portadora de una promesa, cada oficio proporciona bienes concretos: salud, justicia, dignidad, solidaridad, seguridad,) la profesión está llamada a desarrollar y colaborar con el bien común: la promesa que lleva en sí al ofrecer un bien que es importante y la confianza en el usuario que la recibe88, así por ej., el paciente que confía en su médico porque sabe que le ayudará a mejorar su salud, de manera que toda profesión tiene un carácter cívico, y cada profesión es responsable de responder fielmente a la tarea encomendada, así por ej., el abogado es responsable de la justicia, el profesor se hace cargo de la educación, el militar cumple la misión de preservar la paz de un pueble, etc. La constitución sobre la Iglesia en el mundo actual (GS 79) expresa de manera clara cuál es el fin interno de la profesión militar: todos aquellos que sirven a la patria en las filas de las fuerzas armadas, tienen una particular responsabilidad de contribuir a la seguridad y libertad de los pueblos, para garantizar la paz, esto exige una gran preparación moral- ética, pues realizando responsablemente esta tarea, contribuyen al establecimiento de la paz. El fin interno esencial de un ejército debe ser imperiosamente la paz y la seguridad de los pueblos, esto implica cuidar y sostener los derechos de los ciudadanos proporcionando protección a la población civil en casos de opresión y ayuda humanitaria en tiempo de desastres89. El sostenimiento de la paz no es en abstracto, la misión que cumple un soldado que ha sido formado en valores como la disciplina, el coraje, el valor y la obediencia, tiene un papel insustituible para la sociedad sobre todo cuando existen riesgos reales de quebrantamiento al orden social, sean estos terrorismo, ataque a una población civil no combatiente por parte de un grupo armado al margen de la ley,

88 89

Cf. G. Manzone, Il volto umano delle professioni, 79-80. Cf. X. Etxeberria, Ética de la ayuda humanitaria, 167.

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asesinatos masivos, exterminación racial, genocidios o cualquier forma de crimen de lesa humanidad90. Existe sin vacilación el derecho de contrarrestar el terrorismo mediante unas leyes justas que sancionen esta trasgresión a la paz con una acción política, económica y diplomática91. El bien interno concreto que brinda la profesión militar es la responsabilidad de proteger de los eventuales ataques de un injusto agresor, además de servir en aquello que sea racionalmente evitando al máximo el uso de la fuerza innecesaria, su capacidad operativa debe estar siempre guiada por el ejercicio de la justicia. El bien que ofrece la profesión militar con el objeto de mantener la paz debe siempre ser analizado con detenimiento por el poder civil a fin de evitar que el recurso a la fuerza sea coherente a la ratio que lo legitima92, en esto el artículo 42 de las Naciones Unidas ofrece unos parámetros claros en orden al recurso de la fuerza que definen, dan claridad del bien interno que está presente en el ejercicio de la profesión militar: a) La salvaguarda de la población humana, la protección de la infraestructura, los bienes ambientales, monumentales y artísticos, en este sentido. b) En cuanto a la injerencia humanitaria los hombres del ejército tienen la misión del suministro de medicinas, víveres y otros servicios de primera necesidad. c) La captura y neutralización de todo aquél que atente contra la

90 91 92

Cf. Pontificio Consejo Justicia Y Paz, «Curso Internacional de formación en derecho humanitario para militares capellanes católicos», 2003,109. Ibídem, 110. Cf. C. BRESCIANI- L. EUSEBI, Ha ancora senso parlare di guerra giusta? 105.

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seguridad de la población civil, esto también en coordinación con la policía, cuando existe la responsabilidad penal personal del implicado que debe responder ante la justicia. Es preciso tener presente que un ejército hace uso de la fuerza para reducir al agresor injusto, pero esto no se puede desdibujar con acciones beligerantes agresivas que puedan afectar el bien común o la misma población civil, no se puede permitir una carrera armamentista que justifique la violencia, porque la misión de los militares debe ser estrictamente en función de la paz, es decir, procurar siempre la legítima defensa del débil e indefenso. Cada ejército en su responsabilidad de cuidar con firmeza las personas, los bienes y la honra de la patria, debe preparar convenientemente su recurso humano a través de un adecuado y exigente entrenamiento, no sólo en aquello que tiene relación con la auto-defensa sino en todos los aspectos de la vida, (académico, ético, físico, como la disposición a un servicio humanitario a la población civil cuando sea necesario). Un ejemplo de cómo se puede realizar el bien interno del profesional militar es la capacidad de servicio a los otros y esto se hace presente en la llamada injerencia humanitaria cuando haya lugar a ella, tal es el caso de las personas que han sido afectadas por una catástrofe natural, o en el peor de los casos las poblaciones víctimas de la guerra que sufren limpieza étnica o racial, los afectados por genocidios o crímenes de lesa humanidad; la autoridad mundial no debe ahorrar esfuerzos para garantizar la primacía del bien común y favorecer siempre los derechos de cualquier colectividad que resulte afectada93. La injerencia humanitaria puede ser de dos tipos: la intervención civil internacional y la intervención militar con miras a neutralizar 93

G. CESAREO, Guerra e pace: la morale cristiana da Giovanni XXIII al Vaticano II, 98.

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un agresor violento para contrarrestar su ataque y favorecer el bien común de un colectivo humano. En definitiva el bien interno del profesional militar es el servicio de manera desinteresada y heroica, que es capaz de motivar al soldado a dar su vida incluso si fuese necesario, a favor de la paz y el bien común, este debe ser el bien interno esencial de todo hombre que pertenece a un ejército legítimamente constituido porque ha elegido una vocación particular. Los bienes externos son aquellos valores que son extrínsecos a la profesión, estos bienes son comunes a la mayoría de actividades profesionales y no distinguen la una de la otra; entre ellos cabe mencionar el dinero, el prestigio o el poder94, en efecto, el soldado en la persona del oficial y del suboficial —que son aquellos que ejercen el poder entre sus hombres— tienen una motivación externa que es la de su salario que debe ayudar al cumplimiento del mismo bien interno de servicio y entrega a la patria, todos los componentes de la vida militar como la autoridad, el estatus social, las prebendas en casos particulares, no se constituyen como fines en sí mismos sino en un eslabón para encarar la ardua misión que significa portar la defensa de la soberanía de un Estado para preservar la paz tan anhelada de todo ser humano.

3. El principio de la legítima defensa como misión de proteger al ciudadano

La presencia de un ejército debe sin duda su existencia al llamado principio de legítima defensa, sin embargo su historia no es fácil de presentar porque está sujeta a diversas y variadas interpretaciones 94

J.A. FRANCO MARTÍNEZ, J. MORENO LOSADA, «Análisis de la profesión ética entre profesionales», 388. revistas.um.es/rie/article/download/110081/121651, (7/05/2012).

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según la conveniencia de algunos o el interés de otros, sin embargo la definición de este concepto dependerá en gran medida del aporte de la teología moral cristiana. El concilio Vaticano II en la constitución (GS 79) sobre la Iglesia en el mundo actual avala, el principio del derecho a la legítima defensa de los distintos gobiernos en la medida que falte una «autoridad internacional competente y provista de medios eficaces, y una vez agotados los recursos pacíficos de la diplomacia». Estos principios se pueden enunciar así95: a) La venganza no puede ser considerada como principio de la legítima defensa. b) El principio de la legítima defensa no puede ser considerado en la clásica teoría de la Guerra Justa. c) Se pueden clasificar en primer lugar la defensa armada (ejército), pero también se considera la defensa no armada (defensa civil, defensa de la no violencia). d) Este principio no puede desconocer la acción que pueda realizar una autoridad pública universalmente reconocida para eliminar la guerra (PT 133; PP 78; GS 82). e) Cuando de proteger los bienes se trata es preciso distinguir siempre si es la defensa del bien común que implica el bien de una colectividad humana o si se trata de un simple capricho individual que pretende hacer un uso indiscriminado de la fuerza. f) Es necesario pensar siempre en la proporcionalidad de los costos que a nivel militar una defensa pueda ejecutar, porque la manutención de un ejército, su entrenamiento y la compra 95

M. VIDAL. Para conocer la ética cristiana, 338.

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de armas, conllevan un alto gasto económico para una nación y el ideal es usar lo menos posible la fuerza en el ejercicio del principio de la legítima defensa. g) Habrá necesidad de iluminar siempre con el recto uso de la razón el principio de la legítima defensa para que no sea pretexto de la usanza de la guerra indiscriminada, este principio puede caer en la manipulación política y belicista, por consiguiente, hay necesidad de tener claridad y buen juicio para usar la fuerza, que en términos morales debe ser siempre mínimo en la medida que su objeto es reducir al adversario agresor y no la programación de un conflicto armado sin límites. La legítima defensa armada debe ser expresión del derecho inalienable de proteger la propia vida en caso de una agresión, no se puede poner al nivel de la guerra: sirve para evitar el ataque y reducir al contrario que se pone como agresor, no justificable nunca como venganza y para la apropiación de un territorio96. El magisterio de la Iglesia en su esfuerzo por mediar con los problemas de la humanidad con relación a los temas de la paz ha insistido en estos últimos años en el rechazo de la llamada Guerra Justa y cualquier intento de militarización o uso de la fuerza de manera desproporcionada, determinando el principio de la legítima defensa en casos como el terrorismo, la injerencia humanitaria o el levantamiento de un pueblo frente a un régimen tirano, refuta también cualquier pretexto de guerra religiosa, atómica o cualquier conflicto creado de manera absurda97. Juan Pablo II expresa la diferencia tras guerra y acciones militares cuando en el caso del uso de la fuerza no se miden las razones 96 97

Cf. G. Cesareo, Guerra e pace: la morale cristiana da Giovanni XXIII al Vaticano II, 75. Cf. C. Bresciani- L. Eusebi, Ha ancora senso parlare di guerra giusta? 66.

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proporcionales y el remedio termina siendo peor que el mismo mal, es decir, que mediante el uso de las armas en la búsqueda supuesta de la paz, al interno de un pueblo se ocasione un daño que pudiese lesionar la vida de las personas y sus bienes por causa del poder destructivo de la misma potencia defensiva, en otras palabras, se debe saber con sensatez cuando recurrir al uso de la fuerza militar, pero sin lesionar el bien común de un pueblo, porque este recurso ha de ser el último después de haber agotado toda posibilidad de disuasión del ente agresor98. Además del derecho a la legítima defensa es necesaria una educación a la paz, los cristianos son llamados hoy a ser constructores de paz, como ha dicho el Papa Benedicto XVI: «La no violencia para el cristiano no es un mero comportamiento táctico, es precisamente un modo de ser de la persona, el comportamiento de quien es convencido del amor de Dios y de su potencia, que no tiene miedo de afrontar el mal con las solas armas del amor y de la verdad»99.

Es preciso anotar que la legítima defensa es un derecho indiscutible, el problema está cuando su uso es inadecuado y se usa como pretexto para la guerra, ahora bien: «Defenderse legítimamente del punto de vista ético, significa hacer el mínimo indispensable para desarmar al adversario: pero en el caso de los ordenamientos bélicos contemporáneos,

98 99

Cf. C. Bresciani- L. Eusebi, Ha ancora senso parlare di guerra giusta? 68-69.

«La nonviolenza per i cristiani non è un mero comportamento tattico, bensì un modo di essere della persona, l’attegiamento di chi è così convinto dell’amore di Dio e della sua potenza, che non ha paura di affrontare il male con le sole armi dell’amore e della verità», BENEDICTUS XVI, «Angelus del 18 febbraio 2007». Traducción própia.

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una defensa entendida en este modo corre el riesgo de ser solo una utopía, porque en un giro se puede pasar a la venganza»100.

En la aplicación del derecho a la legítima defensa, es necesario vigilar concienzudamente su aplicación para no dar lugar al uso innecesario de la fuerza armada, siempre habrá quienes bajo el pretexto de evitar una agresión, hacen un uso indiscriminado de recursos militares ocasionando con esto incluso grandes daños a la misma población civil, gastos injustificados del patrimonio del bien común del Estado y un daño mayor al mal que se quiere combatir, es decir, desatar una masacre innecesaria donde el valor de la vida humana se ve seriamente dañado101. Los pacifistas absolutos argumentan el no uso de la fuerza armada en el principio de la legítima defensa con el sólo argumento de no matar, porque su énfasis está en salvaguardar siempre la vida física, sin embargo, desconocen la presencia de otros valores morales102. En efecto, se debe siempre verificar a través de un organismo internacional si la defensa armada en su ejecución es legítima: «La obligación de impedir a un tirano o a un asesino de matar personas inocentes. El pacifista radical no tiene razones y argumentaciones pertinentes, porque si fija en una convicción a veces con el ardor y la coherencia de un santo o de un profeta, sin embargo la santidad y la profecía son categorías religiosas no morales al menos primariamente»103. 100 101 102 103

Cf. G. Cesareo, Guerra e pace, 77. Ibídem, 77. Ibídem, 77. «L’obligo di impedire, ad un tiranno, ad un assassino, ad un pazzo, di ammazzare persone innocenti. Il pacifista radicale [...] non porta ragioni e argomentazioni pertinenti, ma si attesta nella testimonianza di un valore, di una convinzione, a volte, anzi, con l’ardore e la coerenza di un santo o di un profeta. Ma la santità e la profezia sono categorie religiose, non morali,

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Cesareo habla de la necesidad de una reflexión ética responsable que pueda establecer el valor de la legítima defensa formulada en sentido positivo como defensa de la humanidad, de la vida física, de su ambiente vital y cultural. Siempre es imperioso valorar las consecuencias previsibles de las víctimas implicadas en la amenaza, sea una persona individual o la propia familia humana, el caso es que no se puede tener certeza en cada caso del no uso de la fuerza armada, esto para los que defienden el pacifismo que está siempre en desacuerdo del uso de la fuerza que corre el riesgo de ser desproporcionada104. Esta posición anota Cesareo, contra la defensa militar que es puesta por los llamados no violentos, resulta frágil y no logra una solución adecuada al problema del principio de la defensa. Existen según Cesareo varios puntos de vista frente al principio de la legítima defensa105: a) Lorenzetti subraya el rol primordial de la diplomacia porque el ejercicio arbitral de la ONU de países neutrales o de la comunidad eclesial pueda conducir a una solución pacífica que es realmente la única solución. b) Mattai es un escéptico de la mediación política y atestigua la necesidad de una formación popular a la defensa no violenta que tiene su base en la democratización de la defensa de la patria que hoy es exclusiva sólo del ejército. c) Chiavachi en cambio insiste en el valor del bien común universal que consiste en la promoción de la justicia y de condiciones de vida equitativas para toda la humanidad. almeno primariamente» G. TRENTIN, «Le argomentazioni etiche che delegittimano la difesa armata», En G. CESAREO, Guerra e pace, 77 -78. Traducción própia. 104 Ibídem, 78-79. 105 Ibídem, 79.

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d) Para Trentin, la Iglesia y el cristianismo deben evangelizar la sociedad y la política para que la lógica del perdón y de la reconciliación puedan ser criterios de discernimiento para la acción, de igual manera anota la necesidad de invertir tiempo y recursos en la elaboración de formas de resistencia no violentas y eficaces. Esas son en efecto, el único y verdadero argumento de poder objetar el uso de las armas. De manera que la verdadera defensa explica Trentin es la lucha contra la injusticia ideológica que ve en el otro un enemigo, aquella injusticia social que fomenta la marginación económica, por esto es necesario la propuesta evangélica como guía y fuente de gracia para hacer crecer la paz en una lógica de caridad y reconciliación, la paz explica Trentin es el don de Cristo resucitado. Si bien es cierto que el anhelo más profundo del mundo entero es la erradicación de la guerra y la consecución de la paz, que la lógica armamentista es fruto de una injusticia despiadada que mira el interés de unos pocos, es preciso reconocer la misión que cumple el soldado en defensa de la sociedad, el terrorismo que siempre tiene por lema el factor sorpresa no da tregua ni razona con la sensatez, es una amenaza continua que mete en zozobra la tranquilidad de muchos seres humanos, de ahí que sea ineludible acudir sin más a la fuerza armada militar para neutralizar la acción violenta del injusto agresor, porque por más buenas intenciones de dialogar pacíficamente con el adversario injusto, no se puede exponer la vida de un colectivo humano a la arbitrariedad de un grupo terrorista; por tanto, la defensa legítima debe siempre bajo fuerza controlada desarmar y desactivar la acción del adversario criminal sin dañar su dignidad106, esto cuándo por ej., se captura con vida en acción militar al enemigo, se le debe respetar su vida y no caer jamás en la sevicia que ultraja al contendor en la operación bélica.

106 Cf. G. Cesareo, Guerra e pace,110.

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El principio de la legítima defensa se aplica cuando existe ataque en curso afirma Cesareo: «Si no hay ataque militar, o no es probable su accionar, jamás cabe la posibilidad de admitir un derecho a la autodefensa armada»107. No es posible que un Estado invada otro con el pretexto de legítima defensa si no existen las condiciones previas para el uso de la fuerza, de manera que el principio que rige aquí es el de la proporcionalidad explica Cesareo, proporcionalidad que indica que la acción que se realiza en términos de fuerza, debe procurar el menor daño posible en la reducción del agresor en acto. En definitiva, no hay lugar a equívoco cuándo la legítima defensa se ejerce evitando fenómenos nocivos como el terrorismo, que se puede definir como: «fenómeno de desviación social violento, que altera la paz pública de un sistema institucionalizado, utilizando medios comisivos capaces de infundir temor y causar un riesgo injusto a la comunidad social»108. Juan Pablo II después de los acontecimientos terroristas del 11 de septiembre no es ajeno al sentir mundial al expresar el peligro latente de las organizaciones terroristas a las cuales denomina como suicidas que engendran aislamiento y muerte con un desprecio enorme a la vida del ser humano109. El fenómeno de desviación social del terrorismo ataca la base de la paz fundada en la justicia y el perdón porque con sus estructuras políticas, económicas se constituyen en fuentes beligerantes de recursos financieros a gran escala110. 107 «Se l’attaco militare non c’è o non c’è più, cade ogni posibilità teoretica di poter ammettere un diritto all’autodifesa armata», G. CESAREO, Guerra e pace,110. Traducción propia. 108 Pontificio Consejo Justicia Y Paz, «Curso Internacional de formación en derecho humanitario para militares capellanes católicos», 2003, 109. 109 Ibídem, 108. 110 Ibídem, 107-108.

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En la Conferencia Diplomática de Roma (junio-julio de 1998), que aprobó el Estatuto de la Corte Penal Internacional, se afirma claramente del derecho a defenderse del terrorismo, conforme a las normas morales y jurídicas identificando siempre la culpabilidad del ente agresor, sobre todo cuando existen las condiciones previas del numeral 7 del Estatuto de Roma para reconocer los ataques contra la población civil, realizados como una política de Estado o un grupo social y que llevan consigo las siguientes características: (asesinatos, desapariciones forzadas, exterminio u otros resultados lesivos)111. Esto muestra claramente que frente al uso indiscriminado e inclemente de un grupo terrorista con la violencia, se hace imprescindible emprender una acción defensiva que proteja con vehemencia la vida de las víctimas inocentes, no se pueden dejar en las manos de los violentos la dignidad de miles de inocentes que claman en silencio ayuda del mundo entero, pero de manera particular, la acción concreta del Estado al que pertenecen. La legítima defensa es un derecho ineludible, sea a nivel colectivo que individual, «debemos distinguir claramente entre la proporcionalidad exigible entre la entidad de los actos terroristas sufridos y la de la respuesta en concepto de legítima defensa, […] que limita los posibles daños incidentales consecuencia de un ataque, disponiendo que no pueden ser excesivos en relación con la ventaja militar definida que se espera obtener de ese ataque»112.

Cuando de una confrontación armada se trata, es preciso que todo Estado que usa la fuerza ofrezca siempre una eventual formación en el respeto a los Derechos humanos a las personas que forman parte de las filas del ejército, de manera que sean siempre respetados los derechos de los heridos, enfermos y náufragos, prisioneros de gue111 Ibídem, 108. 112 Ibídem, 114.

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rra y población civil, medios culturales y medio ambiente cultural, es necesario además hacer una clara distinción al momento de la confrontación entre población civil y combatientes, así como de los objetivos militares y los bienes de carácter civil, de manera que sean respetados los medios de supervivencia de los que nada tienen que ver con el conflicto armado. En esto es indispensable la injerencia del DIH (Derecho Internacional Humanitario) al interior de cada uno de los Estados junto con la aplicación de los convenios de Ginebra, especialmente en estado de confrontación armada113. El catecismo de la Iglesia católica sobre la legítima defensa explica que se deben dar las condiciones para responder mediante la fuerza militar, es una decisión que exige un cuidadoso estudio para su legitimidad moral, Aurelio Fernández sintetiza los principios de la legítima defensa así114: a) Que el daño que se ha producido por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto, y es necesaria una acción defensiva que pueda contrarrestar el daño causado. Esto por ej., cuando las lesiones a la población civil son evidentes y no queda otro camino que recurrir a la fuerza para evitar un desastre mayor. b) Los medios restantes para no hacer recurso de la fuerza militar armada deben ser agotados por completo o han resultado ineficaces, la acción militar de legítima defensa debe ser siempre el último recurso luego de agotar cualquier posibilidad de diálogo o conversaciones con el ente agresor, si éste lo permite. c) Es importante evaluar la posibilidad de solución eficaz que 113 Ibídem, 114. 114 Cf. A. Fernández, «Defensa legítima de los Estados», en «Diccionario de teología moral», 345.

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tendrá el operar militar, puesto que no se pueden gastar fuerzas innecesarias que pondrían en riesgo la vida y el bien común de las personas, aquí entra en juego el principio proporcional para decidir si fuese posible, por un organismo internacional si es viable tal recurso a la fuerza. d) Otro punto importante es que el uso de las armas no produzca daños más graves de aquellos que se quieren remediar o eliminar, se debe tener una enorme prudencia para el uso de los medios de destrucción, de manera que se haga uso sólo de la fuerza necesaria para reducir y desarmar al agresor pero, sin daños colaterales a la población civil y sus bienes. Josef Römelt ofrece la justificación clara del legítimo derecho a la defensa que tiene por objeto la consecución de la paz, y este fundamento se encuentra en la protección del inocente, ésta es parte de la custodia y promoción de la paz, es necesario mantener el equilibrio a todos los niveles para desmontar la evasiva perversa de un aparato militar en equilibrio de todos los ámbitos necesarios para su sostenimiento, sean estos políticos, religiosos, sociales. Sin embargo explica Römelt, que una actitud verdaderamente pacifista no es huir simplemente de la violencia en acto, sino tomar medidas contundentes para defender al inocente frente a los tentativos homicidas, trabajar a favor de la paz no es solamente decir no a la guerra sino intervenir en el caso de la legítima defensa115. La intervención de la legítima defensa no debe ser una opción casual de pacifistas o no pacifistas, debe ser un derecho que se ejerce sencillamente a favor de aquellos que no pueden defenderse y son inocentes ante la brutalidad y crueldad de los distintos medios bélicos: «Hay necesidad de reconocer el desarrollo nacional e interna115 Cf. J. Römelt, Etica cristiana nella società moderna, 373.

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cional, de ver en ocasiones el espectáculo de la caída de pueblos enteros en manos de sus enemigos, a los conflictos generados por el hambre, la enfermedad y del abuso, los asesinatos cometidos por un injusto agresor, hechos que no pueden recibir sencillamente una respuesta de indiferencia porque existe una imperiosa obligación de ayudar al inocente»116.

En la búsqueda de la paz, una situación que se debe tener en cuenta es el peligro de las ideologías al interior de un Estado117, cada día son evidentes los peligros de una destrucción masiva a causa de la carrera armamentista que invade el planeta, el gasto militar es una realidad que afecta a muchos países y constituye un grave factor de injusticia, el uso de distintos tipos de armas de alta tecnología se transforma en una amenaza latente y sumamente peligrosa para el planeta entero, el crecimiento de armas nucleares, químicas y biológicas tienen una magnitud incontrolable118; en nombre de la legítima defensa muchos países deciden equiparse militarmente con un gasto desbordado, mientras que sus propios ciudadanos pasan hambre y miseria. La fijación de una idea que exalta de manera compulsiva la soberanía absoluta del Estado, rechaza cualquier manifestación que alude al respeto de los derechos humanos por cuanto carecería de valor frente a la soberanía de la patria, de manera que aquellos pacifistas que defienden el valor de la paz son percibidos como enemigos mo-

116 «Ma nello stesso tempo bisogna riconoscere la complessità degli sviluppi nazionali e internazionali: allo spettacolo della scomparsa di interi popoli soto l’agresioni dei loro nemici, ai conflitti provocate della fame, dalla malattia e dallo sfruttamento, agli assassini commessi da un ingiusto agressore non si piò rispondere semplicemente con la l’indifferenza. Esiste un dovere de aiutare l’inocente», J. Römelt, Etica cristiana nella società moderna, 373. Traducción propia. 117 Cf. G. Trentin, Per un’etica della pace, 142. 118 Cf. L. Salutati « La pace tradita: La corsa agli armamenti », 96.

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lestos del nacionalismo que supuestamente hay que defender119. Este absolutismo Estatal que funda sus razones en la violencia contra su propio pueblo es terrorismo de Estado, cuando de manera indiscriminada elimina vidas inocentes y conduce a sus ciudadanos a una situación de miseria o extrema pobreza, a una injusticia evidente en todos los ámbitos, usando como herramienta de dominio la violencia para someter todo bajo su control y anular la libertad de los pueblos. Un pueblo puede sublevarse cuando un gobierno no es justo, está en el derecho de contrariar el orden establecido si las estructuras de un gobierno tirano ocasionan daños en detrimento del bien común120, de manera que el pueblo puede hacer resistencia frente a tal tiranía cuando aparece la usurpación de poder y el Estado mediante el terror, induce a las personas a una obediencia ciega: «Entonces puede una autoridad legítima que se encuentra todavía en el uso de sus funciones (tal vez un tribunal de justicia) dictar una sentencia de muerte, que capacitaría a cualquiera para ejecutarla; pero con mucha mayor probabilidad pueden darse las condiciones requeridas para la legítima defensa del pueblo, que justifica como medio extremo, en el caso de que carezcan de sentido otros procedimientos, la muerte del usurpador por parte de quienes sean conscientes de la responsabilidad y estén seguros de la voluntad del pueblo en este sentido»121.

El terrorismo de Estado es un fenómeno que puede ser combatido por un pueblo en particular con el derecho a la legítima defensa, cuando existe una situación de tiranía y así lo proclama el Concilio Vaticano II en la constitución Gaudium et Spes (n.74) y en la declaración Dignitatis Humanae (n.11) cuando afirman que en caso de abuso de autoridad del poder de un Estado opresor, que subyuga a 119 Cf. G. Trentin, Per un’etica della pace, 143. 120 Cf. M. Vidal, Para conocer la ética cristiana, 310. 121 Cf. T. Mifsud, S.J, Moral de discerninimiento, propuesta y protesta, 562.

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los ciudadanos, éstos pueden defender el bien común y sus derechos contra tal agresión, guardando eso sí los límites que señalan la ley natural y evangélica. Mifsud recuerda las palabras de Juan Pablo II en la encíclica Sollicitudo Rei Socialis del año 1987 que denuncian el fenómeno del terrorismo como el «propósito de matar y destruir indistintamente hombres y bienes, y crear precisamente un clima de terror y de inseguridad, a menudo incluso con la captura de rehenes»122. La teoría de la llamada seguridad Nacional es siempre un riesgo si no se asumen criterios claros, porque tiene el peligro del surgimiento de otros grupos terroristas, el terrorismo de Estado es la legalización del terrorismo y conduce a la sospecha de toda legalidad oscureciendo el desarrollo mismo de la política con un claro divorcio explica Midsuf, entre los justo y lo legal123. Todo pueblo está en su derecho de evitar incluso con la fuerza, una situación extrema de violación a sus derechos fundamentales, cuando el bien común se ve atropellado por los antivalores de un gobierno tirano, de manera que este recurso defensivo pueda contrarrestar los

efectos devastadores de un gobierno injusto, constituyéndose esta

acción moralmente lícita, para quienes sufren este tipo de vejámenes.

4. Aporte de los documentos magisteriales Populorum Progressio y Pacem in Terris a favor de la paz

En el núcleo de la encíclica Populorum Progressio está la afirmación: el desarrollo es el nuevo nombre de la paz124. El documento 122 Sollicitudo Rei Socialis, n. 24. 123 Cf. T. Mifsud, S.J, Moral de discerninimiento, propuesta y protesta, 567. 124 Cf. PABLO VI, Carta encíclica Populorum Progressio, (n° 76), se uti-

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advierte que cuando la injusticia social se acentúa, la guerra es una de sus consecuencias más inmediatas; la no equidad en la comunidad humana ocasiona fuertes disturbios al interior de la convivencia social, la propuesta de la encíclica Populorum Progressio es potenciar la riqueza de la persona humana en todos sus ámbitos: (social, espiritual, económica, laboral, política etc.) Cuando el hombre crece de manera proporcionada en sus distintos niveles es posible un desarrollo sostenible que promocione su vida sobre la tierra, existen según Pablo VI unos ideales concretos que el ser humano debe lograr: «La posesión de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de cultura […] el aumento de la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación en el bien común, la voluntad de paz» (PP n. 21).

La encíclica pone un énfasis en la justicia en la medida que haciendo alusión a la Sagrada Escritura (Gén,1,28) afirma que: si Dios ha destinado la tierra y todo lo que en ella se contiene, para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes puedan llegar a todos de manera justa, todos los derechos se deben subordinar a este principio, aquello que indica posesión debe operar para el fin único y finalidad primera que es el acceso equitativo de todos los seres humanos a la riqueza de la tierra (Cf. PP 22). «El crecimiento humano constituye un resumen de nuestros deberes. Más aún, esta armonía de la naturaleza, enriquecida por el esfuerzo personal y responsable, está llamada a superarse a sí misma. Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal» (PP 16). lizará la abreviación PP para este documento señalando con cada número su cita respectiva.

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El aporte de la encíclica Populorum Progressio al establecimiento de la paz está: a la base de la justicia que se da en el equilibrio de un desarrollo integral del ser humano, la caridad con los pobres reafirma la encíclica debe ser más atenta, activa y generosa, combatir la injusticia es trabajar por el bienestar mismo de la humanidad, la paz no es simple ausencia de guerra, porque es el trabajo diario de un orden querido por Dios, que comporta una justicia perfecta para la humanidad (Cf. PP n. 76). De manera especial el Papa Pablo VI cuando habla a los jóvenes que se encuentran en el servicio militar les exhorta a cumplir una misión con generosidad en el servicio social: «Nadie puede permanecer indiferente ante la suerte de sus hermanos que todavía yacen en la miseria presa de la ignorancia, víctimas de la inseguridad». En este sentido la misión que cumplen los militares en el mundo debe ser la defensa de la víctima inocente, este núcleo ha de ser tenido en cuenta siempre que se hable del recurso a la defensa militar» (PP n. 74). Una idea cumbre del Papa Pablo VI es que la paz necesariamente pasa por el desarrollo y todos en conjunto: jefes de Estado, educadores, organismos internacionales, hacen parte del desarrollo y evolución de la paz: «Hombres de Estado a vosotros os incumbe movilizar vuestras comunidades en una solidaridad mundial más eficaz, y ante todo hacerles aceptar las necesarias disminuciones de su lujo y de sus dispendios para promover el desarrollo y salvar la paz. Delegados de las organizaciones Internacionales, de vosotros depende que el peligro y estéril enfrentamiento de fuerzas deje paso a la colaboración amigable, pacífica y desinteresada, a fin de lograr un progreso solidario de la humanidad en el que todos los hombres puedan desarrollarse» (PP n. 84).

El llamamiento de la encíclica Populorum Progressio a la solidaridad mundial es importante porque responsabiliza a cada persona de la consecución de la paz, ésta no es una tarea sencilla pero constituye un – 129 –


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desafío importante en el mundo entero, el desarrollo de los pueblos ha de tener en cuenta a los menos favorecidos y afectados por el hambre y la miseria que no son pocos en el planeta, si los distintos responsables de cada una de las áreas de la sociedad sean estas políticas, culturales, económicas y religiosas buscan la justicia, es posible alcanzar un nivel de vida digno para cada ser humano, los valores cristianos invitan a salir del egoísmo para salir al encuentro del otro que la pasa mal, y ayudar a sanar las heridas de quienes han sido poco favorecidos en la existencia, es un deber que no se puede pasar por alto. La encíclica Pacem in Terris se inscribe en el clima de un profundo deseo por la paz en el mundo, el Papa Juan XXIII pocos días antes de su muerte escribe este documento en un contexto histórico difícil, la herencia de las dos guerras mundiales, el miedo de la población mundial ante cualquier confrontación violenta, la guerra fría; todo esto genera la necesidad de reflexionar en torno al tema de la paz, éste es el objeto de la encíclica Pacem in Terris que busca descubrir el núcleo de la paz verdadera, para Juan XXIII está presente el principio de la dignidad de la persona humana porque ignorar los derechos y deberes del ser humano es arruinar la paz misma, cuando el discurso del Papa centra su atención en los signos de los tiempos, no hace otra cosa sino mirar al reconocimiento paulatino que los hombres pueden hacer de su propia dignidad125: Juan XIII en la (Encíclica Pacem in Terris n. 9) afirma: «En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene por sí mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto».

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Cf. L Salutati, «La struttura della «pacem in terris» 2. – 130 –


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Este esfuerzo consiste en identificar la paz en sí misma y no como

simplemente se pensó antes, un opuesto de la guerra, no es un opuesto es una realidad distinta por la cual hay que trabajar incansablemente. Esta encíclica ofrece criterios nuevos acerca de la realidad de la paz, es decir, como documento hace un tránsito de la teoría a la práctica126. .Identifica la paz por sí misma y no simplemente como una oposición a la guerra, que es considerada en este documento fruto de la injusticia. Cuando la encíclica habla de la realidad de la guerra condena de manera explícita cualquier recurso a la violencia, sólo en caso de legítima defensa será posible hacer uso de la fuerza, la condena hacia las armas bacteriológicas, químicas y atómicas es total127. La encíclica plantea la necesidad de realizar un esfuerzo constante en materia de negociación, diplomacia y arbitraje internacional, donde por ejemplo la ONU, juegue un papel decisivo a la hora de definir o aprobar una determinada defensa y restablecimiento de los derechos tras los pueblos128. Siempre habrá necesidad de agotar hasta el último recurso para evitar un conflicto armado que pueda tener consecuencias nefastas para la humanidad, es una necesidad imperiosa el diálogo entre los hombres para evitar cualquier conflicto armado, el uso de la racionalidad debe ser un instrumento que permita ejercer una mediación en la comunidad humana, es importante ir hasta las últimas consecuencias con tal de evitar la confrontación armada, ésta tendrá que ser, el último recurso que debe ser elegido en aras de preservar siempre la paz como imperativo. La encíclica despliega a lo largo de su contenido las relaciones que deben regir entre los hombres para una auténtica convivencia humana; la manera de relacionarse de los ciudadanos con las autori126 Cf. J. Joblin, Pace, giustizia e solidarietà, en G. Cesareo, Guerra e pace: la morale cristiana da Giovanni XXIII al Vaticano II, 30. 127 Cf. L. Salutati, « La struttura della «Pacem in terris» 118. 128 Ibídem, 118.

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dades públicas de cada Estado, y la relación de los Estados entre sí, la forma de ser entendida la comunidad mundial, todo en la misión de favorecer el bien común universal, (Cf. PT n. 7). El papa Juan XXIII identifica la paz con el orden que proviene de Dios; la suma perfección, explica el Papa, está presente en la creación, esto indica que toda persona lleva en su humanidad la imagen del creador y está llamada a descubrir esta vocación profunda de una vida en plenitud (Cf. PT n.5). Aquí no se puede olvidar el dinamismo de la fe como herramienta para ayudar en todo proceso de pacificación, en el caso de los ejércitos legítimamente constituidos el primer argumento que se debe tener frente a los hombres que portan armas, es que son ante todo constructores de paz, y que, cuando un soldado en su dimensión espiritual hace su confesión religiosa se hace partícipe de un humanismo pleno, la religión en lugar de disponer un corazón a la violencia lo que hace es hacer a la persona capaz del reconocimiento del otro, de manera que un ejército legítimo que tiene la posibilidad de la fe, será un ejército que sabe hacer uso de las armas cuando es necesario y favoreciendo siempre el derecho de la víctima inocente; ha de entenderse uso de las armas como defensa en caso extremo de la población que no se puede defender y está expuesta a la agresión brutal de un enemigo, «Legítima defensa no significa sinónimo de guerra, el recurso a las armas en casos extremos no es sinónimo de hacer guerra»129. De ahí que la Pacem in Terris ofrece un aporte lleno de sentido en el ámbito de la paz, porque anuncia el papel fundamental de la fe, cuando reconociendo que Dios en el corazón humano ha puesto su ley y ésta necesita ser descubierta por todo hombre. La encíclica Pacem in Terris propone entonces los pilares que son base para toda convivencia humana: verdad, justicia, amor y libertad, 129 « la legittima difesa non s’identifica con la guerra; e il ricorso alle armi, in casi estremi, non è sinonimo di fare guerra», L. Salutati, «La struttura della «Pacem in terris» 4, Traducción propia.

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que más tarde Juan Pablo II, tendrá en cuenta para su mensaje de la paz del año 2003: «Dios en efecto, por ser la primera verdad y el sumo bien, es la fuente más profunda de la cuál puede extraer su vida verdadera una convivencia humana rectamente constituida, provechosa y adecuada a la dignidad del hombre» (PT n.38);

La encíclica plantea la búsqueda del bien común como una obligación de todos, cada uno debe ofrecer sus intereses a las necesidades de los demás; los gobernantes mediante el establecimiento de leyes justas han de favorecer siempre todo el patrimonio de la persona humana; el bien común no es simplemente el conjunto de cosas materiales que pertenecen a una nación, sino aquello propio del ser humano, de ahí el paso adelante que en su tiempo dio la encíclica al defender el concepto de persona humana y de esta manera comprender el escenario de la paz de una forma integral, la paz no es simplemente un concepto que anuncia la ausencia de la guerra sino una realidad en la que se debe trabajar con empeño todos los días de la vida (Cf. PT 53, 54, 55, 56,60). Con relación a la paz la encíclica propone el necesario respeto del orden moral, establecido por el creador que da sentido a la vida humana. «El nuevo orden que todos los pueblos anhelan… ha de alzarse sobre la roca indestructible e inmutable de la ley moral, manifestada por el mismo creador mediante el orden natural y esculpida por Él en los corazones de los hombres con caracteres indelebles… » (PT n. 85).

En definitiva la paz sobre la tierra significa la organización adecuada

de una sociedad en términos de justicia, amor, libertad y solidaridad; la encíclica propone una ética reguladora entre los hombres, tras el ciudadano y la comunidad política, tras ésta y la comunidad mundial, en otras palabras se habla de una ética pública capaz de ser desarro– 133 –


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llada en ámbito público y privado a través de los valores morales y las virtudes130. a) La paz sólo se puede lograr en la verdad, pero no es la verdad conceptual que pretende abarcar la realidad con intransigencia, esto es, pensar que como yo tengo la razón puedo agredir a los otros como ha sucedido en la guerra de religiones, aquí se trata de la verdad presente en todo ser humano sin distinción de raza, cultura o religión y que lo hace irrepetible en el mundo. b) No hay paz sin justicia advierte la encíclica, se integra la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de (1984), (los derechos religiosos, políticos, y económicos no son otra cosa que la posibilidad del ser humano de ser reconocido como sujeto, prácticamente su identidad relacional que lo hace capaz del encuentro con el otro y que lo obliga también a cumplir unos deberes conforme a sus propios derechos. c) La capacidad relacional prepara al individuo a la solidaridad, cuando la persona descubre que no es el único ser sobre la faz de la tierra y está llamada a extender su mano y colaborar con otros en la realización del propio bien. d) La libertad es la condición necesaria para la realización de sí mismo, es la posibilidad en últimas de ser auténticos, de pensar por sí mismos y participar en un mundo donde cada uno puede aportar su propia singularidad característica. Es relevante, como la encíclica plantea con claridad la participación temporal del cristiano al interno de la sociedad, la invitación es a penetrar todos los estamentos sociales para contribuir a la construcción de la paz: 130 Cf. L. Salutati, «La struttura della «Pacem in terris», 6 -7.

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«Sin embargo, para imbuir la vida pública de un país con rectas normas y principios cristianos, no basta que nuestros hijos gocen de la luz sobrenatural de la fe y se muevan por el deseo de promover el bien; se requiere, además, que penetren en las instituciones de la misma vida pública y actúen con eficacia desde dentro de ellas» (PT, n. 147).

Esta nota de la encíclica refleja claramente la necesidad de adoptar siempre medidas coherentes a favor de la paz, el apoyo interdisciplinar y el diálogo con la cultura y la ciencia son factores determinantes en la consecución de este equilibrio, pero sobre todo el reconocimiento de que la historia humana tiene sentido y más aún está siempre guiada por la providencia Divina que interpelan siempre la libertad y responsabilidad del ser humano; los eventos de la historia constituyen una ocasión para estimular la creatividad y respuesta del cristiano de cada época para ser testimonio de esperanza, para aquellos que piden razón de la fe.

Conclusiones Este capítulo presenta la importancia de elaborar un discurso ético al interior de la profesión militar que tendría que considerarse como una vocación especial de servicio a favor de la paz, mejor aún, todo soldado que hace parte de un ejército legítimamente constituido es en esencia un constructor de paz. Desde el aporte de la ética profesional se han querido presentar los fines internos y externos de la profesión militar; quién decide tomar parte en la defensa de la patria debe tener una firme convicción de una vocación de servicio, que lo haga capaz de asumir con coherencia su verdadera misión en la sociedad. De las buenas motivaciones depende el buen desempeño de un oficio profesional, por eso el discurso ético pone las bases necesarias para que un colectivo profesional pueda realizar sus tareas con eficacia y de esta manera, ofrecer un óptimo servicio de calidad. – 135 –


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La misión del militar a diferencia de cualquier otra profesión reviste un delicado estudio que necesita una orientación ética a fin de llevar a buen término sus loables características tales como: el honor, la disciplina, el servicio, el amor por la patria, la defensa de un pueblo. El cuidado y la salvaguarda del bien común son el baluarte de un ejército legítimo que ha de procurar siempre la defensa del pueblo que ha sido puesto para su cuidado en aras de la paz, por eso se hace una alusión al principio de la legítima defensa, que se justifica sólo en la medida en que la integridad de la persona inocente, se ve seriamente afectada. La Iglesia no cesa de convocar a toda la sociedad para construir la paz, en efecto, las encíclicas Populorum Progressio y sobre todo la Pacem in Terris, ofrecen unos criterios claros para el mundo entero y el pueblo cristiano para trabajar incluso en medio de la fatiga por este bien tan anhelado. Es importante cómo la encíclica Pacem in Terris es un documento que define con gran esmero la realidad de la paz sobre la tierra, como las distintas dimensiones: económica, política, cultural y más aún espiritual están llamadas a ir de la mano para construir la paz sobre la tierra; es preciso que los cristianos irradien en el mundo la semilla de la paz, el reconocimiento de que el Señor guía la historia humana es signo perenne de esperanza para un mundo que sufre azotado por la violencia; ahora bien, este aporte del creyente debe ser hecho desde la experiencia, la participación para crear diseños políticos convenientes, el mejoramiento de una estructura social con una economía con bases justas, constituyen uno de los tantos caminos para la consecución de la paz. La encíclica Pacem in Terris abre las puertas de una reflexión profunda de trabajo serio a favor del bien común, este puede ser un punto de partida para entender que la profesión militar tiene parte – 136 –


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activa en esta construcción; por eso el siguiente capítulo aborda desde la óptica de la fe, la misión del soldado, en este sentido la ética cristiana inscribe unos valores fundamentales para la adquisición de los bienes internos propuestos por la ética profesional, las virtudes son el canal mediante el cual es posible llegar en profundidad, a disponer el corazón al servicio de otros, es preciso reconocer que proponiendo los valores cristianos al interno de la vocación militar, se da un paso adelante en la edificación de la paz.

Capítulo III

La profesión militar en el

contexto de la ética cristiana La ética cumple un papel fundamental con relación a la vida profesional pues indica aquello que se debe realizar de manera correcta, de manera que, cada oficio pueda ser desempeñado con calidad y puesto al servicio de un grupo social, en otras palabras la ética ayuda a vivir plenamente como ser humano131. La ética que nace en la persona humana se dirige al fenómeno moral, es decir, la relación del individuo con sus distintas dimensiones económica, política, cultural o jurídica132. Hacer un intento para definir la palabra ética resulta un tanto complejo por su historicidad: «Pues fue Sócrates el creador de la ética a partir del término griego ethos, que significa carácter, con lo que por ética habría que entender

131 Cf. A. Cortina, 10 Palabras clave en ética, 17. 132 Cf. M.Vidal, La ética civil y la moral cristiana, 13.

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la ciencia del carácter y virtudes de los hombres[…] Cicerón introdujo la ética en Roma y la denominó morum, de mos-moris, “Costumbre”».133 Marciano Vidal pasa un tanto adelante para afirmar que: «La auténtica ética es la que integra en síntesis dialéctica la responsabilidad tanto individual como colectiva, y el efecto tanto actual como institucional y estructural de las decisiones responsables»134. En otras palabras hablar de ética significa introducirnos en el mundo de la libertad que se pone de frente a la capacidad de elegir, el libre albedrío con el que enfrentamos la vida en sus distintas dimensiones, yo decido como persona responsable pero también hago parte de una sociedad que a través de las instituciones u órganos colectivos de decisión, asume un compromiso que afecta una comunidad humana, en efecto, el discurso ético pone en consideración los hechos inauténticos de la vida humana para luego establecer el ideal o el deber ser135. En definitiva explica Vidal que la ética realiza una misión humanizadora en el entramado social, la ética es la que hace capaz de sacar fuera el sentido último de la realidad histórica136. Es necesario que las actividades humanas sean estas de orden político, económico, social, religioso, estén motivadas por un motor integrador de fines y significados porque se puede caer en el peligro o la mediación instrumental de la razón; orientar la existencia humana con fines y significados es introducir la ética en un horizonte nuevo que da bases a la existencia del ser humano137. Es evidente que la ética se origina allí dónde es necesario ofrecer una alternativa en medio del movimiento social, es decir, que cuando 133 134 135 136 137

Ibídem, 12. Ibídem, 15. Ibídem, 16. Ibídem, 16. Ibídem, 17.

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existen tantas propuestas a realizar por la persona humana, la ética pone en consideración soluciones de carácter global, como núcleo originador que da un sentido a la propia vida138. Aranguren introduce una afirmación que puede explicar que significa la vida moral de un ser humano, la personalidad moral la constituye aquello que somos y realizamos, (hábitos, costumbres, virtudes, vicios) de manera que el hombre en su tarea moral ha de llegar a ser con lo que tiene pero de cara al perfeccionamiento del bien, sin embargo esta realización moral es progresiva siempre porque no se logra en un instante139. En este sentido de la misión moral que busca la ética es muy importante que en cada sociedad se abra un campo sustancial adecuado a sus objetivos, es decir, que la vida social toda por ejemplo el campo político, económico, necesariamente necesitan de la ética para cumplir sus metas. Una sociedad no puede negar la necesidad de una dimensión ética, en definitiva «Todos estarían de acuerdo en la urgencia y necesidad de unos criterios que regulen la convivencia humana […] El ser humano está llamado a realizar, con su trabajo y responsabilidad, la tarea que no le han facilitado sus estructuras naturales»140 . Se ha dicho anteriormente la necesidad de tener presente la misión ética en el ejercicio de las profesiones porque esto permite la evolución de una sociedad en la escala de valores, así el médico por ejemplo está llamado a tener un criterio ético frente a la vida de un paciente porque éste es una persona y tiene dignidad, cada profesión debe necesariamente dar cuenta de su trabajo al ciudadano que así

138 Ibídem, 17. 139 Cf. J.L. López Aranguren, en M. Vidal, La ética civil y la moral cristiana,18. 140 E. López Azpitarte, Hacia una nueva visión de la ética cristiana, 37-39.

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lo requiere, no sólo se trabaja para ganar el sustento económico sino que es ineludible rendir cuentas a la sociedad para la cual se trabaja. La vocación militar debe necesariamente inscribirse en una formación ética para servir de manera apropiada al bien común, a la paz, a la defensa de la vida; es preciso atender que se debe tener una vocación y se debe responder a una opción al momento de pertenecer a la profesión militar. La ética profesional ofrece un aporte valioso al proponer los fines internos de una especialidad laboral, sin embargo más allá de esta gran posibilidad de una ética civil que se encarga sabiamente de orientar las metas y fines humanos en orden a la plenitud, está el aporte de la ética cristiana que nutrida de la fe en Jesucristo cambia por completo la vida del individuo, por consiguiente, el aspecto ético tiene un cambio profundo donde entran en juego la opción fundamental de la conversión, esto es la coherencia de vida, la dimensión histórico salvífica, las preferencias éticas en orden a construir el reino de Dios141. El evangelio presenta en el encuentro de Jesús con el centurión romano (Mt 8, 5-13): una oportunidad para vislumbrar el valor de la profesión militar y más aún descubrir que esta opción de vida iluminada con la fuerza de la fe cristiana hace posible unos ideales de vida muy altos, lo que ha denominado la ética profesional como fines internos. La moral civil debe ser adoptada en la vida del profesional militar para garantizar que el poder de un cuerpo armado legitimado por el Estado, no caiga en abusos en contra de la misma sociedad civil, el aporte ético pone unas bases en las que la mayoría está plenamente de acuerdo y esto es ya un gran logro para el buen desempeño de una actividad profesional.

141 Cf. M.Vidal, La ética civil y la moral cristiana, 115.

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Sin embargo, a diferencia de una ética civil que propone mínimos muy valiosos a través del consenso para una convivencia pacífica en la sociedad, la ética cristiana, explica López Azpitarte, aspira a una moral de máximos de manera que el creyente o el cristiano no se queda simplemente en la legalidad, porque el creyente en su responsabilidad social ha de ser sal de la tierra y levadura de la masa, pero no ya con una argumentación de orden institucional o religiosa sino con unas categorías nuevas que hagan creíble y razonable el proyecto ético cristiano142. La ética cristiana debe necesariamente entrar en diálogo con el mundo, no es posible emitir conceptos pre-establecidos o imperativos sobre todo para aquellos que dicen no creer en los planteamientos propuestos, es por tanto un deber ofrecer siempre una seria justificación que vaya acompañada del recto uso de la razón, por eso explica Azpitarte que es una necesidad preparar al creyente para que sepa dar razón de su ética, en un mundo donde no se puede hacer caso omiso del fenómeno pluralista143. La ética cristiana está enraizada en el evangelio, es el encuentro con la persona de Jesucristo la que determina este nivel ético y forma de vida, es posible que los valores cristianos no sean aceptados por una sociedad, dado que a diferencia de la ética de mínimos que pone a la base unos valores para que puedan ser aceptados, la ética cristiana está en el deber de establecer unos valores que ante todo deben ser comunicables para el mundo, de tal manera que puedan ser explicados de forma sensata y racional, porque de lo que se trata es de presentar de manera coherente la ética de Jesús porque a diferencia de los dogmas de fe que exigen obediencia, no así las normas de conducta que piden una razón base para ser aceptadas, y esto porque la misión de la moral 142 Cf. E. López Azpitarte, Hacia una nueva visión de la ética cristiana, 73. 143 Ibídem, 73.

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cristiana como dimensión religiosa es ofrecer un esclarecimiento de los actos y comportamientos humanos y porque la razón humana incluso es capaz de reconocer valores de difícil comprensión144. La búsqueda del bien necesita de las mediaciones humanas más allá de la revelación, explica Azpitarte: «Todos estamos capacitados para descubrir la llamada del valor, al margen de la iluminación religiosa»145; sin embargo es preciso destacar que cuando la fe cristiana ilumina la vida del creyente en Jesucristo, la existencia cobra un nuevo sentido, la fe arraigada tiene una connotación directa en la vida práctica del creyente: «Si vivimos como creyentes y como cristianos, la revelación y Jesús pertenecen a la esencia más íntima de nuestra existencia»146. Si la ética cristiana es tenida en cuenta al interior de la vida profesional, más aún en la vida militar, es posible encontrar una motivación para el restablecimiento de la paz en el mundo, el militar como hombre de fe puede cumplir un papel insustituible a favor de la sociedad en la cual sirve; un soldado tocado por la fe puede ser un verdadero fermento al interior de la milicia, a diferencia de la ética civil o profesional donde el individuo debe tener presente determinadas normas de conducta para la convivencia y profesión, aquél que se convierte en testigo de fe es capaz de contribuir a pequeñas transformaciones en el ámbito social, laboral a partir de su testimonio de vida, el cristiano obra movido por una convicción personal más allá de lo establecido a nivel institucional, la gratuidad de frente a Dios constituye su motivación de respuesta frente al mundo que le rodea: «Lo más significativo e importante de la ética reside en el campo de la motivación. A primera vista podría parecer algo demasiado pequeño y secundario, cuando en realidad constituye 144 Ibídem, 234. 145 Ibídem, 238. 146 Ibídem, 238.

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una influencia enorme y decisiva. Todos tenemos la experiencia de que, aunque sabemos cómo se debe actuar, no somos capaces muchas veces de llegar a realizarlo. Lo que falta en esas ocasiones no es la simple iluminación del conocimiento, sino una razón definitiva y convincente para actuar. En último término es el difícil problema de la decisión que nos falta para vivir en coherencia con el pensamiento. Hay que tener un motivo determinante muy fuerte, para dejarse conducir por el bien, por encima de cualquier otro interés que nos solicita como más inmediato y agradable»147.

Tener el recurso y la posibilidad de educar la conciencia moral en dirección a lo trascendente y al ámbito religioso es un hecho que comporta una diferencia abismal para la vida humana148. Paolo Carlotti cuando afirma que la formación de la conciencia moral con un punto de referencia puesto más allá de las posibilidades humanas de la razón descubre que en el ámbito de la fe cristiana se pueden desarrollar potencialidades de frente al límite de la existencia, esto es, las preguntas fundamentales por el sentido de la vida: (la muerte, la enfermedad, la vejez), no obstante, una mirada al trascendente permite la ocasión de vivir en un mundo de sentido bajo el amparo consolador de un Dios que guía la historia y puede sustraer al ser humano de las fuerzas del mal, manifestadas en la fatalidad existencial de un mundo que acaba en la sola temporalidad, una propuesta cristiana impregnada por los valores evangélicos, constituye una plataforma sólida para aquellos que en libertad responsable deciden confesar su fe en sociedad. López Azpitarte explica que el mensaje de Dios exige la conversión, la persona que ha reconocido su llamada de camino y seguimiento reconoce que Dios es el único absoluto, la radicalidad que pide Jesús exige un cambio de criterios en todos los ámbitos de la vida, implica una posición frente a todas las dimensiones de la existencia, la propia 147 Ibídem, 238. 148 Cf. D. Paolo Carlotti, «La formazione della coscienza morale nelle sfide dell’oggi», 2.

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familia, el ejercicio mismo de la profesión, el uso de los bienes, el manejo del dinero, la vida de fe tiene un efecto sustancial para la vida de la persona que ha decidido con convicción ser cristiana, seguir a Jesús exige dejarlo todo, (Mt 10, 37 – 39; Lc 12, 13-19), es la esfera de las renuncias en el amor, es alcanzar la capacidad de relativizarlo todo con tal de ganar a Cristo para sí mismo y para otros porque se ha descubierto una razón verdadera para vivir149. El cristiano no puede echar fuera el uso de la razón para justificar su fe, es necesaria siempre la reflexión racional, pero tampoco se puede quedar en ella como único fin, pues el ejercicio racional siempre tiene un límite, de manera que se puede afirmar que muchas personas antes de tener la teoría en valores éticos han descubierto el trasfondo práctico en la dinámica de la fe cristiana, en efecto, la experiencia cristiana vivida auténticamente despliega una sensibilidad hacia el mundo de los valores éticos, la experiencia cristiana construye un humanismo de enorme profundidad, el ejercicio de las virtudes tales como la humildad, el servicio o la sumisión, no son desconocidos para la fe porque se han asumido unos criterios nuevos que han cambiado la perspectiva y la forma de vivir, criterios que posiblemente no se entenderían en una propuesta estrictamente racional, de manera que la ética cristiana aporta una valiosa contribución de valores en beneficio de la convivencia humana150. La ética cristiana asumida en la profesión militar establece una visión particular para cada creyente, es la posibilidad para desarrollar el fortalecimiento de los valores humanitarios y de justicia, que constituyen el pilar de las convenciones internacionales de derechos humanos en situación de conflicto151. 149 Cf. E. López Azpitarte, Hacia una nueva visión de la ética cristiana, 239. 150 Ibídem, 240 -241. 151 Cf. Pontificio Consejo «Justicia Y Paz», «El derecho humanitario y los capellanes militares», 5.

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Es importante destacar que la fe además de iluminar los valores éticos posibilita para el creyente una vida en la esperanza más allá de la propia temporalidad152, la muerte no constituye ya una tragedia, sino una realidad plena de sentido constitutiva de la propia existencia, donde la persona en libertad y responsabilidad asume su profesión como una tarea que debe desempeñar cada día con sentido de servicio y entrega; a través de una vida de fe sostenida por la virtud, el militar que ha sido capaz de reconocer en el encuentro con la persona de Jesucristo el núcleo para su delicada misión a favor de la paz, funda con su testimonio una opción de vida que lo hace capaz de salir de sí mismo y de sus propios intereses, para ponerse a disposición de la sociedad y ayudar en la construcción del bien común, esto es lo que en la ética profesional se denominan fines internos, que potenciados por las virtudes cristianas pueden alcanzar un óptimo nivel. Monseñor Fabio Suescún Mutis Obispo Castrense de Colombia, en una conferencia precisó el sentido de lo que significa la Evangelización al interno de la vida militar, y su afirmación tiene una connotación que se puede vincular con la ética cristiana y sus valores: «El propósito final de la Evangelización no es otro que el de transmitir y formar el ideal evangélico del amor al prójimo, de su dignificación ascendente y de la capacidad de crear en paz aquella riqueza social que garantice el desarrollo en todos los niveles y la superación de las pobrezas»153.

1. La vocación a la vida militar como opción de vida

La opción de vida debe entenderse como la elección libre de un estado en el cuál el individuo con toda su potencialidad realiza un

152 Cf. E. López Azpitarte, Hacia una nueva visión de la ética cristiana, 242. 153 S.E. Fabio Suescún Mutis, «La asistencia religiosa castrense en Colombia», 8.

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proyecto de vida que tiene su expresión a nivel público y que es normalmente institucionalizado sea este el matrimonio, la vida religiosa, o la firme decisión por una determinada profesión; esta opción es tan importante que influye a lo largo de toda la vida porque genera un estilo de vida inconfundible, generando incluso una serie de renuncias para quien ha hecho determinada elección, de manera que a su vez, exige como decisión de vida una radicalidad154. El profesor Yáñez explica que la opción fundamental permite formar un espacio a nivel institucional creando un crecimiento frente a los valores fundamentales de la vida humana, además se realiza en un momento preciso de la existencia, trae consigo el aspecto de la realización personal, en este caso tiene una relación con la felicidad que el hombre busca durante su vida, pero también involucra con sí desilusiones que aparecen a lo largo de la propia existencia en definitiva, la opción de vida tiene la característica de ser una meta a la cual se tiende siempre, “es un deber fundamental sobre el cual se organizan los diversos ámbitos y actividades de la vida personal” 155. La opción de vida explica Yáñez se constituye en mediadora de la opción fundamental, es decir una expresión de la opción fundamental en cuanto tienen una relación directa con el comportamiento humano. «Se trata de una decisión que estructura la moralidad personal con determinadas características que conforman nuestra personalidad moral. El elemento distintivo es el hecho de ser una opción por la vida, por esto requiere en sí misma la virtud de la fidelidad»156. 154 Cf. H.M. Yañez, «Virtù teologali e opzione fondamentale» 15-16. 155 Ibídem, 16. 156 «Si tratta di una decisione che struttura la nostra moralità personale con determinate caratteristiche che conformano la nostra personalità morale. L’elemento distintivo è il fatto di essere un’opzione per la vita, perciò richiede di per sé la virtù della fedeltà». H.M. Yañez, «Virtù teologali e opzione fondamentale» L’opzione fondamentale,17. Traducción propia.

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La opción de vida es muy importante para entender la vocación a la profesión militar que lleva consigo grandes renuncias y las personas que han elegido esta forma de vida necesariamente deben portar un convencimiento tal, para cumplir a cabalidad el servicio que una sociedad pide para el servicio de la paz. La opción de vida es también procesal y se mantiene a lo largo de toda la vida aunque con momentos puntuales fuertes como explica el profesor Yáñez157; no obstante, esta elección que realiza la persona y que implica el encuentro con el horizonte de la vida, es decir, la realización personal o la plenitud que experimenta el individuo cuando se enfrenta al descubrimiento de la realidad más profunda de su existencia, en donde todas las energías se concentran para alcanzar la meta soñada en un acto libre y consciente, pero que a pesar del carácter institucional requiere el desarrollo de la creatividad individual y el sello característico de cada uno. No se puede olvidar tampoco que la opción de vida es una manifestación de la opción fundamental de la persona, esta opción constituye «la expresión más importante de la responsabilidad moral»158; es decir, la categoría global que lleva consigo todo comportamiento moral y que en el ejercicio de la libertad se va dando progresivamente, conforme a la madurez psicológica del individuo a lo largo de su existencia. La opción fundamental explica M. Vidal, no se da de manera explícita sino a través de los actos categoriales de la persona pero que se dirigen al fin último, de manera que los actos diversos que surgen con el tiempo califican o descalifican la opción fundamental de la persona, esto requiere según Vidal de la sucesión y la temporalidad en la cual esta opción es ratificada o negada159. 157 Cf. H.M. Yañez,, «Virtù teologali e opzione fondamentale», L’opzione fondamentale, 17. 158 M. Vidal, Para conocer la ética cristiana, 35. 159 Ibídem, 41.

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El profesor Yáñez explica el recorrido de la opción fundamental: La opción preferencial se reconoce como: «Aquella opción que expresa en primer lugar la opción fundamental a nivel categorial. Es una opción por un conjunto de valores que expresan el horizonte de sentido a donde se quiere llegar a realizar por medio del comportamiento personal. Una opción es fundamental en cuanto se elige aquello que se prefiere, el uso de este término preferencial en nuestro contexto indica un cuadro axiológico al interno del cual se realizarán todas las opciones y decisiones categoriales. La opción preferencial se refiere a aquellos valores que configuran la mentalidad moral personal y serán la guía en el comportamiento concreto»160.

La opción fundamental como núcleo central de la persona se puede entender como el eje en el cual giran las otras opciones del individuo, así por ejemplo, la opción de vida es una expresión de la opción fundamental que se manifiesta en un estilo de vida propio, sea a nivel de vocación en el ámbito personal, si la persona decide vivir en matrimonio o no, si decide una vida consagrada como estilo de vida, o la profesión con la cual se identifica la persona, en definitiva, la opción de vida es de carácter institucional y simbólica con una manifestación pública161, sin embargo, existe también la opción preferencial como aquella que identifica la vida moral de la persona 160 « Si tratta di quella opzione che esprime in primo luogo l’opzione fondamentale a livello categoriale. E’ un’opzione per un insieme di valori che esprimono l’orizzonte di senso che si vuole arrivare a realizzare per mezzo del comportamento personale. Sebbene ogni opzione o decisione sia preferenziale in quanto si sceglie ciò che si preferisce, l’uso del termine preferenziale nel nostro contesto indica un quadro assiologico all’interno del quale si realizzeranno tutte le opzioni e decisioni categoriali. L’opzione preferenziale si riferisce a quei valori che configurano la mentalità morale personale e saranno la guida nel comportamento concreto», H.M. YAÑEZ, «Virtù teologali e opzione fondamentale», 14. Traducción propia. 161 Cf. H.M. Yañez, «Virtù teologali e opzione fondamentale», 15.

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según los valores que el individuo pueda elegir como importantes, así por ejemplo la persona que decide ser fiel a su pareja en la vida de matrimonio aún teniendo la oportunidad de la infidelidad, aquí el sujeto según sus principios elige esto o aquello, es decir, se identifica con un valor o antivalor, por eso la opción preferencial es el contexto axiológico de las decisiones personales162. La profesión militar constituye un estilo de vida propio que tiene necesariamente que ver con la opción fundamental y la opción de vida, no se puede tener acceso a este oficio si no existe una motivación seria y profunda para asumir los retos que lleva consigo la disciplina propia de la milicia. La misión del militar exige unos valores característicos que deben ser asumidos por quienes integran un Ejército, quien decide ingresar a las filas ha de saber que tendrá a lo largo de su existencia, que realizar tantas renuncias como sea necesario, incluso la renuncia a la propia vida si fuese preciso. Ser soldado de la patria significa tener una vocación especial de servicio a lo largo de toda la vida, portar una divisa y representar una institución requieren de un coraje como ningún otro oficio, de la sinceridad y transparencia de la opción de vida que se elige depende en gran medida el éxito o el fracaso de esta profesión; el honor, la fidelidad, la honestidad, la prudencia, la valentía o la obediencia, son características propias de quienes dejando incluso otros bienes fundamentales como el tiempo dedicado a la propia familia, la autonomía de cualquier otro oficio profesional, a través de una elección libre consciente y responsable, tomaron parte de una vocación no fácil, que tiene renuncias ineludibles dada la característica de su tarea primera de servir y preservar la paz de los ciudadanos puestos a su cuidado;

162 Ibídem, 14.

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la vida militar debe ser expresión de una opción primera de amor por el prójimo y el cuidado del bien común que una sociedad posee. Es preciso que una sociedad que hace uso de un Ejército legítimamente constituido, pueda velar por la idoneidad de sus miembros, de manera que el pertenecer a este grupo particular no sea simplemente la configuración de una casta al servicio de unos pocos, sino el establecimiento de un Estado de derecho donde la sociedad pueda encontrar el desarrollo de todos sus proyectos a favor del ciudadano corriente. No se puede admitir a la vida militar a quien no esté preparado psíquicamente a realizar una serie de renuncias a lo largo de su vida, sin una vocación de servicio no puede ser incorporado un individuo a realizar una tarea tan delicada y que exige una responsabilidad sin igual, esto significa que la sociedad está en el deber de formar éticamente a sus militares con el fin de evitar abusos tan conocidos ya por la historia de la humanidad. Es importante destacar que el cristiano que ha decidido formar parte de un cuerpo militar armado al servicio de su patria, es sin lugar a dudas un portador de esperanza; un soldado que ha sido tocado por el amor de Jesucristo es capaz de encarnar virtudes heroicas y ser un verdadero constructor de la paz en cada sociedad que reclama de sus militares una vida verdaderamente ejemplar.

2. La fe del militar de Cafarnaún Solo basta dirigir la mirada al evangelio para descubrir que la vida militar que ha sido traspasada por la experiencia de la fe, constituye un evento extraordinario donde se conjugan la temporalidad y la trascendencia que cambian sustancialmente la vida humana: «Al entrar en Cafarnaún se le acercó un capitán rogándole: Señor, mi hijo está echado en casa con parálisis, sufriendo terriblemente. Jesús le dijo: ¿Debo ir yo a curarlo? El capitán le – 150 –


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replicó: Señor, yo no soy quién para que entres bajo mi techo, pero basta una palabra tuya para que entres bajo mi techo, pero basta una palabra tuya para que mi hijo se cure. Porque yo, que soy un simple subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y si le digo, y si le digo a uno que se vaya, se va, o a otro que venga, viene, y si le digo a mi siervo que haga algo, lo hace. Al oír esto, Jesús dijo admirado a los que lo seguían: Os aseguro que en ningún israelita he encontrado tanta fe. Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente a sentarse a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de Dios; en cambio, a los hijos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y rechinar de dientes. Y al capitán le dijo: Anda, que te suceda como has creído. En aquel momento se puso bueno el hijo» (Mt, 8,5-13).

Este episodio de encuentro de Jesús con un oficial romano pudiese ser el punto de partida de la ética cristiana para abordar el significativo aporte de la fe a la delicada misión de los militares en el mundo, es interesante como para algunos estudiosos de la Escritura un soldado es capaz de reconocer en Jesucristo una experiencia salvífica, se puede decir que este militar espera todo de Jesús porque pide protección, más aún, este hombre que pertenece a la milicia va más allá de la esfera de su propia profesión para reconocer a través de la fe una posibilidad de esperanza para su vida de sufrimiento porque su propio hijo está padeciendo la enfermedad, «Basta una palabra tuya» «expresa la confianza en el poder de Jesús que es capaz de curar con la simple palabra»163. Ulrich Luz explica que la fe del centurión romano indica una confianza absoluta en el poder sanador de Jesús y cómo esta actitud de reconocimiento no queda defraudada porque su petición es realizada164.

163 U. Luz, El evangelio según San Mateo, 35. 164 Ibídem, 36.

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Este soldado romano con grado de oficial respeta la ley de Israel y su historia de salvación, de manera que su actitud se convierte en modelo de fe para la comunidad creyente y se convierte en esperanza para todo aquél que vive de la presencia del Señor165. Es interesante como el militar romano logra deducir lógicamente de su experiencia jerárquica como soldado la analogía para tener una confianza absoluta en la palabra de Jesús, más allá de cualquier estudio especializado o exegético de este episodio del Evangelio de Mateo (8, 5-13), es que la experiencia de fe puede llegar a cualquier realidad de vida por compleja que ésta pueda parecer; para un militar es totalmente lícito creer en Jesucristo en el ejercicio de su profesión, el anuncio de salvación opera en la gratuidad y se hace efectivo en toda persona que reconoce como el oficial romano la consolación del Señor en su vida. La actitud del centurión delante de Jesús es ardorosa, a pesar de la limitación cultural de no hacer parte del pueblo de Israel «Confía en el poder eficaz de una sola palabra de Jesús»166; de manera que la participación en el evento salvífico deja de ser excluyente o reducido a un pequeño grupo de elegidos para abrirse a todos los confines del mundo, de manera que este encuentro de Jesús con el centurión romano abre las puertas de la salvación a todo hombre que sea capaz de asumir la fe en el reconocimiento del Señor, la fe del capitán romano muestra que también los paganos, es decir, aquellos que no hacen parte del pueblo elegido pueden participar de la salvación de Dios167. El punto de partida de la ética cristiana con relación al ejercicio de la profesión militar puede derivarse del encuentro de Jesús con el centurión romano, este episodio es valioso porque permite reconocer como la obra de salvación y esperanza en la vida de los hombres no 165 Ibídem, 38. 166 M. Grilli- Cordula Langner, Comentario al Evangelio de Mateo, 205. 167 Ibídem, 205.

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depende de un oficio, de una clase social o etnia particular, el evento de la fe puede transformar sustancialmente la persona que, a través del reconocimiento ha encontrado un sentido para su vida, una razón para vivir mejor en el mundo aun en medio de las dificultades más dolorosas como esta experiencia del capitán romano que según el Evangelio de Mateo tiene a su hijo enfermo. «Es en razón de la fe del centurión como tiene lugar de inmediato la curación […], se constata que es la fe del centurión la que ha obrado lo que él mismo solicitaba, […] para participar en el Reino de los cielos sólo es decisiva la fe vivida»168.

El militar en sus especiales condiciones de vida a través de una ética laica puede transformar eventualmente su profesión en un ervicio desinteresado a sus semejantes, sin embargo, desde la realidad salvífica del encuentro con Jesucristo puede incluso desplegar una misión heroica de ofrecimiento de su propia existencia a favor del ciudadano que ha sido puesto bajo su cuidado, un soldado que en sus entrañas porta la fe, puede hacer de su profesión incluso un testimonio valioso de lo que significa ser verdaderamente cristiano, las virtudes asumidas por un soldado pueden hacer de la profesión militar un tesoro importante para el equilibrio de una sociedad que debe acompañar de manera especial esta vocación que lleva consigo unas características particulares que la hacen distinta de cualquier otra profesión; es preciso favorecer siempre los fines internos de la profesión militar.

3 Las virtudes puerta de excelencia en la profesión militar

La ética profesional cuando propone una mirada a los bienes o fines internos de una profesión pretende rescatar el valor de la exce168 Ibídem, 207.

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lencia al interior de una profesión, esto es, que cada quién sea capaz de ser responsable en el oficio laboral que desempeña, procurando una adecuada formación y actualización, pero sobre todo una calidad adecuada en el servicio particular que presta a la sociedad169. Es preciso abordar la ética de la virtud desde la perspectiva cristiana, aunque su definición y concepción pudiesen resultar de gran complejidad debido a su evolución histórica. La virtud al interno de la vida profesional es un aporte de la ética cristiana para la consecución de los bienes internos de una vocación determinada, así que se puede afirmar que un militar que en su profesión ha asumido una ética de la virtud, está promoviendo los fines internos que su profesión exige, en otras palabras se puede afirmar que quien vive de manera virtuosa, vive de manera correcta en torno al bien. Para comenzar, el profesor Yáñez explica que la virtud encuentra su espacio en un comportamiento entendido como disposición motivada a operar la experiencia de un valor determinado, en definitiva es la realización concreta de un valor, de manera que un hábito virtuoso es aquél que tiene una conexión con el bien, esto es la virtud como realización o ejecución práctica de un valor realizado en la perfección, este proceso es guiado por la razón práctica que realiza la mediación entre la comprensión y la actuación de dicho valor170. Desde el punto de vista histórico se puede afirmar que de los tres grandes sistemas éticos occidentales, dos utilizan la categoría de virtud, (Aristóteles y Tomás de Aquino), a diferencia de Kant, el cual sostiene el imperativo categórico de la obligación171. 169 Ver cap. II Ética de las profesiones, bienes internos y externos de la profesión militar, Pág. 31. 170 Cf. H.M. Yañez, «Virtù teologali e opzione fondamentale», L’opzione fondamentale 19 – 20. 171 Cf. M. Vidal, Orientaciones éticas para tiempos inciertos, 143.

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La palabra latina “virtus” en latín toma el significado de “dynamis” (fuerza) y “areté” excelencia, el primer contenido semántico se hace presente en la Escritura y alude a la fuerza de Dios, el segundo que está en relación con la filosofía griega de manera especial Aristóteles ,insinúa los hábitos de excelencia de la inteligencia y la voluntad172. El uso de tal categoría de la virtud, con el sentido de areté es de origen grecorromano, hace parte prácticamente de la teoría moral aristotélica en el libro Ética a Nicómaco (Libro II). Vidal explica que en la Sagrada Escritura no hay una reflexión explícita sobre la virtud, existen unas actitudes y formas de vida a las que se les puede denominar virtudes173. En el libro de la sabiduría del Antiguo Testamento, en un contexto del judaísmo helenizado con el influjo de alejandrino Filón aparece una referencia a la virtud174: Se considera la virtud más importante del bien de la fecundidad (Sab 4, 1a), esta alusión a la virtud tiene relación con la esterilidad intachable o virtuosa (Sab 3,13), diferente de la fecundidad pagana, en efecto la patrística ha tomado parte en esta concepción para hablar de la virtud de la castidad y la virginidad. También es considerada la virtud como manifestación de la bondad esencialmente distinta de la maldad, donde el impío no toma parte alguna con relación a la virtud. La última parte de este libro de la sabiduría expresa de forma más clara la virtud en un nivel areteico de la cultura griega, las virtudes

172 Ibídem, 144. 173 Ibídem, 145. 174 Ibídem, 146.

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constituyen una tarea principal ( Sab, 8 -7), en definitiva se nombran las virtudes más importantes del sistema griego que después para los cristianos con Ambrosio serán llamadas cardinales: (templanza, prudencia, justicia y fortaleza, Sab 8, 7b). En el Nuevo Testamento no se encuentra una teoría precisa sobre la virtud; Pablo, explica M. Vidal, asume los valores de la moral helénica, pero hace una alusión clara a la virtud: «Tened en cuenta todo cuanto hay de verdadero, noble, justo, puro, amable, honorable, todo cuanto sea virtud» (Fil, 4-8) (areté), en este caso Pablo manifiesta el dinamismo de la vida cristiana en tres palabras (fe, esperanza y caridad) (1 Ts, 1-4) y también en (1 Cor 13, 13). Pablo retorna una y otra vez hacia alguna de estas disposiciones en el recorrido de sus escritos pero sin hacer una teoría sobre la virtud175. Finalmente la segunda epístola de Pedro hace una caracterización de Cristo para hablar de la gloria y la virtud mediante las cuales fue hecha la promesa de salvación, se habla de la virtud cristológica pero sin una referencia moral (1 Pe 1, 4a), sin embargo, los versículos siguientes si parecen mostrar una cierta realidad moral cuando se habla de la virtud: «Poned el máximo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia activa, a la paciencia activa la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad» (2 Pe 1, 5-7).

Es importante destacar la visión de Agustín sobre la virtud que para él es: «El orden del amor» que para Ambrosio giraba entre lo honesto y lo útil usados también por Agustín para hacer referencia al uso de las criaturas y el disfrute de Dios; esta posición sirvió a Pedro Lombardo para establecer el orden de contenidos teológicos en sus cuatro libros 175 Ibídem, 147.

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de las sentencias, en definitiva en Agustín es ordenar adecuadamente el fin y los medios, es importante ante todo por saber integrar la tradición filosófica estoica y platónica, con la visión cristiana, todo gira alrededor de la gracia y las cuatro virtudes cardinales (templanza, justicia, fortaleza, prudencia) para luego añadir las tres virtudes teologales (fe esperanza y caridad) elementos que constituyen la vida de un cristiano virtuoso176; para Agustín, anota M. Vidal, es importante también la unidad de todas las virtudes que constituyen una totalidad, siendo la más importante la caridad como motor que asume la moralidad de la persona y que en la rectitud de la vida constituye la virtud177. En la Edad Media se puede afirmar que la virtud entra de lleno en la práctica de la vida de los cristianos, por eso aparecen los libros De virtutibus et vitiis; la virtud en el apogeo de la Edad Media tiene dos caminos particulares, la primera fórmula de origen Agustiniano y expresada por Pedro de Poitiers: «Virtud es una disposición buena del espíritu en virtud de la cual se vive rectamente, nadie abusa de ella, y Dios la obra en nosotros sin nosotros», de otro lado Aristóteles que decía que: «Virtud es lo que hace bueno a quien la tiene y hace buena su obra»178. En esta dirección explica Vidal que la definición de Aristóteles en cuanto al hábito es perfeccionar las capacidades en el obrar en una actividad cualquiera sin privarlo del ejercicio de su libertad, de manera que en el siglo XIII la reflexión teológica gira en torno a este concepto, en la perspectiva religiosa operan las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad), y en el ámbito moral propio aparece las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza)179. 176 177 178 179

Ibídem, 149. Ibídem, 149. Ibídem, 151. Ibídem, 151.

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El profesor Yáñez anota el influjo de Tomás en la concepción cristiana de la virtud, es importante destacar su soberanía que está por encima de la ley como ocasión de deber y obligatoriedad que después harán parte de los sistemas éticos de occidente, no obstante Tomás trata de establecer el aporte de la fe cristiana, hace una reinterpretación interesante de las categorías de Aristóteles para introducirlas en la fe cristiana180. La historicidad de la virtud desde los cimientos de la filosofía clásica hasta nuestros días ha tenido distintas vías de comprensión, hubo un cierto momento en la época moderna donde la importancia de la virtud queda puesta en segundo plano, más aún, explica Vidal, que ni siquiera el Vaticano II adopta una posición clara frente al tema, con Kant aparece un cambio sustancial en la dirección de una ética de la obligación, de manera que la virtud pierde en la época moderna su influjo tanto en la filosofía como en la teología,181. Sin embargo, hoy se puede afirmar que ante el vacío ético reaparece nuevamente la virtud, frente a distintas clasificaciones como la obligación, la racionalidad dialógica, el valor, o la utilidad, se pone sobre la mesa el valor de la virtud182. Alasdair MacIntyre propone un retorno a las antiguas tradiciones de la narración, la memoria y sobre todo la experiencia de la vida comunitaria, es decir, la posibilidad de albergar una identidad profunda con el otro, y dirige su mirada al ejercicio de la virtud para llevar verdaderamente una vida buena; en este campo de la narración a través del lenguaje se incorporan los valores y se educa al interior de una cultura determinada183.

180 Cf. H.M. Yañez, «Virtù teologali e opzione fondamentale» Le vicissitudini della virtù 2. 181 Cf. M. Vidal, Orientaciones éticas para tiempos inciertos, 156. 182 Ibídem, 158. 183 Ibídem, 160.

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También en el campo teológico surge hoy un retorno a la ética de la virtud y aparece un acentuado interés de los teólogos moralistas por recuperar la virtud en la practicidad de la vida cristiana, así incluso se puede observar en el Catecismo de la Iglesia Católica una orientación Tomista como base de los actos buenos184. La ética profesional propone buscar la excelencia en el desempeño que cada individuo tiene de cara a su responsabilidad con la sociedad que pide cuentas del servicio que cada oficio especializado debe prestar al ciudadano corriente; sin embargo, en este mundo fragmentado que se niega a reconocer un punto de referencia unificador, se hace necesaria la incorporación de una ética de la virtud con una perspectiva nueva que pueda dar sentido a la vida, así lo explica el profesor V. Balcius cuando afirma que: «la sociedad moderna propone la visión del hombre y de la vida humana como fragmentaria, dividida en una multiplicidad de tratados, cada uno con su propio modo y reglas de comportamiento,[…] la tendencia es en definitiva a frenar cualquier tendencia unificadora[…] de manera que con justa razón se entiende el retorno de la virtud en la ética, la virtud es digna de su rehabilitación propio en cuanto concepto ético tradicional ya verificado en la historia y capaz de responder a las exigencias del tiempo presente»185.

184 Ibídem, 164. 185 «La societá moderna propone la visione dell’uomo e della vita umana come frammentaria, suddivisa in una molteplicitá di tratti, ognuno con i su propri modi e regole di comportamento. In questo contesto[...] permangono ancora operanti paradigmi di pensiero[...] che frenano qualquisi tendenza unificante e complessiva. In tale modo si capisce meglio il perché dell’insistenza sul ritorno alle virtú nell’etica[...] la virtú é degna della sua riabilitazione proprio in quanto concetto etico tradizionale, giá verificato nella storia e capace di rispondere anche alle esigenze dei tempi presenti» V. Balcius, Virtù e opzione fondamentale, 8. Traducción propia.

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Es preciso dirigir la mirada a una ética de la virtud en el campo de la fe cristiana porque a partir de este horizonte se puede llevar a cabo aquello que ha sido propuesto por la ética profesional en cuanto a los fines internos, es decir, la posibilidad de ofrecer un servicio de óptima calidad en el mundo del trabajo, ahora bien, un profesional que realiza su labor por sencilla que esta sea a través de la experiencia de la virtud, puede encontrar siempre la oportunidad de perfeccionamiento y excelencia en el mundo laboral, motivado por el evento de la fe y la opción fundamental que como afirma V. Balcius: «Es la autodeterminación global del sujeto moral entendido en su totalidad, esa se presenta como la realidad atemática más profunda de la subjetividad trascendental, fundamento operativo último de la identidad existencial dinámica del hombre puesto en relación con Dios y con el mundo»186.

Desde la dinámica de la fe el quehacer profesional deja de ser simplemente una función que se debe realizar con cierto grado de convivencia y decoro para convertirse desde la ética de la virtud en una verdadera vocación de servicio que tiene su culmen en el encuentro con el otro para servirlo mejor, además la vocación a un determinado oficio profesional es parte de un todo que integra la unidad de la persona187; es decir, que cada una de las acciones que realiza el ser humano hacia el exterior tiene un significado profundo que tiene que ver con su opción nuclear y central de la propia existencia. Balcius explica que el ámbito ético de las decisiones constituye un espacio para la autorrealización de la persona en la totalidad que 186 «L’ autodeterminazione globale del soggetto morale inteso nella sua totalità, essa si presenta come la realtà atematica più profonda della soggettività trascendentale, fondamento operativo ultimo dell’identità esistenziale dinamica dell’uomo posto in rapporto con Dio e con il mondo» V. BALCIUS, Virtù e opzione fondamentale, 9. Traducción propia. 187 Cf. V. Balcius, Virtù e opzione fondamentale,10.

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tiene su manifestación en cada uno de los momentos singulares en los cuales la persona debe decidir188; esto para afirmar que la virtud tiene una relación directa con la opción fundamental, y que el cristiano asumiendo el perfeccionamiento de su vida en el mundo, en la caridad por ejemplo, tiene una motivación que lo lleva a responder no desde la obligación sino desde el ejercicio de su propia libertad libre y consciente, la excelencia profesional del cristiano es fruto de una fe que se hace vida y que lleva consigo un motor o núcleo esencial a lo largo de la realidad existencial. Balcius afirma que: «La virtud es la capacidad para una facultad de la acción del cumplimiento del máximo posible, en este caso el adjetivo bueno alcanza su significado pleno y tiene relación con lo perfecto, excelente como la cualificación de una máxima prestación de la potencia activa»189.

La virtud hace buenas las obras y a las personas que la practican, esa es la herencia clásica de Aristóteles y Tomás, por eso Balcius reconoce la necesidad de reinterpretar la vida virtuosa, contrario a lo que piensan algunos de que la virtud se estanca en una serie de repeticiones sin sentido. La repetición consecutivas de actos que genera la virtud, es la posibilidad de realizar el bien de manera espontánea190. Esta posición a favor de la virtud es lógica porque así como el deportista se esfuerza a través del entrenamiento para alcanzar un nivel y después

188 Ibídem, 13. 189 «La virtù è capacita, per una facolta dell’azione, di compiere il massimo del possibile. In tale modo l’aggetivo buono acquista il suo significato pieno e si riferisce al perfetto, eccellente come qualifica di una massima prestazione della potenza attiva» V. BALCIUS, Virtù e opzione fondamentale, 37. Traducción propia. 190 Cf. V. Balcius, Virtù e opzione fondamentale, 38.

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de llegar a él mantenerse de manera natural así también quien practica la virtud a través de las repeticiones continuas es capaz de alcanzar la perfección en el campo moral. Balcius toma una definición importante de S. Pinckaers: «La virtud es la cualidad que permite a la razón y la voluntad del hombre sobre el plano moral, de llegar al máximo de potencia, de producir las obras humanas más perfectas y conferir al hombre la plenitud del valor que le conviene. Tal perfección no es establecida en anticipo; esa es una creación personal, una serie de invento de aquél que actúa. Se puede definir la virtud como la capacidad de crear las obras perfectas en el plano moral. El hombre así es la imagen de Dios creador, por medio de su capacidad de producir de sí mismo y de inventar las acciones perfectas»191. De todo esto se puede concluir que la virtud cualifica la vida del ser humano, es importante afirmar que si la ética profesional propone alcanzar la excelencia en el mundo del trabajo al interno de cada labor, que cada persona está llamada a dar lo mejor de sí misma para prestar un servicio óptimo a la sociedad, la virtud constituye entonces una herramienta de gran valor que puede ser incorporada al interno de un colegio profesional, para potenciar las capacidades de sus miembros; es evidente que la virtud entendida de manera positiva puede llevar al individuo a perfeccionarse a sí mismo en su modo de ser y 191 «La virtù è qualità che permette alla ragione e alle volontà dell’uomo sul piano morale di pervenire al massimo della loro potenza, di produrre le opere umanamente le più perfette, e tramite questo di conferire all’uomo la pienezza del valore che gli conviene. Tale perfezione però non è stabilita in anticipo; essa è una creazione personale, una specie d’invenzione di colui che agisge. Si può dunque definere la virtù umana come la capacità di creare le opere perfette sul piano morale. L’uomo così è l’imagine di Dio creatore, per mezzo della sua capacità di produrre da se stesso e d’inventare le azioni perfette». Pinckaers, Le renoveau, en V. Balcius, Virtù e opzione fondamentale, 38, Traducción propia.

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de actuar, la persona virtuosa alcanza una creatividad que le permite una respuesta a cada situación concreta de su vida, haciendo el mayor bien posible192.

Conclusiones El capítulo III plantea como la profesión militar constituye una vocación de servicio fruto de la opción de vida, donde el individuo debe poner en acción todo su empeño y energías a lo largo de su historia; de la motivación profunda que tenga una persona, depende la realización cualificada de una actividad profesional. La vida militar como profesión suele ser siempre mal interpretada por muchas personas porque se desconocen cuáles son los fines internos a los cuales un militar está llamado, sea por ejemplo la defensa del inocente ante el injusto agresor, la protección del bien común de una sociedad, la construcción de la paz carta de presentación de un soldado que se ha incorporado a la patria; además del conjunto de virtudes cardinales que el hombre de la milicia debe portar consigo, tales como: la fortaleza, la templanza, la justicia y la prudencia, (el ofrecimiento de su propia vida si fuese necesario, el honor, la disciplina y el coraje) todos ellos que de ser asumidos responsablemente constituyen un don para la sociedad. El militar ante todo debe tener siempre un nivel ético muy elevado dada la delicadeza de su misión, el recurso a la fuerza como se ha planteado en el segundo capítulo, debe ser el último recurso de un ejército que trabaja por la paz. La ética cristiana tiene un papel muy valioso en la vida de toda profesión, el encuentro personal con la persona de Jesucristo, es un evento que cambia para siempre la vida de todo creyente. 192 Cf. V. Balcius, Virtù e opzione fondamentale, 39.

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Obispado Castrense de Colombia

La experiencia del centurión romano con Jesús pone unas bases que motivan la vida del militar a fiarse del Señor, a confiar en Él, el soldado que decide libremente incorporar la fe a su vida profesional se constituye verdaderamente en un agente de paz, puesto que los valores del evangelio son capaces de permear cualquier realidad humana; el creyente tiene una motivación superior que le lleva más allá del cumplimiento de lo estrictamente necesario o exigido; adoptar la virtud en la vida profesional es tender a la excelencia y perfección para responder a una sociedad que pide a sus militares eficiencia en el cumplimiento de su misión.

Abreviaciones y siglas AAS Acta Apostólica Sedis EV

Evangelium Vitae

GS

Gaudium et Spes

OR

L’osservatore Romano

PP

Populorum Progressio

PT

Pacem in Terris

EVD Editorial Verbo Divino DDB Desclée De Brouwer EDB Edizioni Dehoniane Bologna

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Universidad Santo Tomás –Colombia– Carlos Julio Martínez Becerra Ph. D. Rafael Antolinez Camargo Ph. D.


La ética militar:

Una condición básica para construir democracia

Carlos Julio Martínez Becerra Ph. D. Rafael Antolinez Camargo Ph. D.

“En nuestra época, ni siquiera los vencedores se benefician del conflicto armado”. Linus Pauling

(Premio Nobel de Química, 1954 y Premio Nobel de Paz, 1962).

La ética militar como eje conductor de esta reflexión incorpora su definición y su impacto en el desarrollo, el ámbito cultural y ancestral de referencia y los principios constitucionales que la soportan.

Actualidad de la ética La reflexión ética y sobre la ética, ha cobrado especial relieve y significado en la actualidad. Una rica policromía de corrientes, de concepciones de la ética, da cuenta de dicha actualidad (Cfr. Camps, Guariglia y Salmerón, 1992; Cortina y Martínez, 2008). La reflexión sobre la ética y la moral es asunto de especial interés no sólo en el ámbito académico de las instituciones educativas sino, – 171 –


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también, en las distintas esferas extraacadémicas que conforman las estructuras sociales, económicas, políticas, religiosas y culturales. Esta preocupación o, si se quiere, tendencia de nuestro tiempo, hace parte de una voluntad remozada de los individuos y los pueblos, por reorientar la vida humana no sólo hacia un vivir bien sino hacia una vida buena, que se constituya en condición de posibilidad para una vida feliz. O, cuando menos, de una vida digna, de una vida decente. Esta preocupación por la felicidad, que hace parte de las éticas llamadas teleológicas, viene gravitando desde los antiguos griegos. Así, para Aristóteles: “ En cuanto al nombre por lo menos, reina acuerdo casi unánime, pues tanto la mayoría como los espíritus selectos llaman a ese bien la felicidad, y suponen que es lo mismo vivir bien y obrar bien que ser feliz” (Aristóteles, 1998: 4-5). Desde luego, al lado de las éticas teleológicas, que jalonan nuestro discurso, existe toda una constelación de corrientes y doctrinas éticas (Cfr. Cortina y Martínez, 2008: 105-121), de notorio protagonismo que da cuenta de la hondura y exuberancia de las discusiones, como también de las diversas consideraciones teóricas, de que la ética y la moral son objeto. Hoy, acaso como nunca antes en la historia, los seres humanos estamos asumiendo una postura serenamente crítica acerca de la responsabilidad que comporta nuestra actuación. Estamos conscientes de nuestra responsabilidad por lo que hacemos o dejamos de hacer; estamos tratando de estarlo, en adelante, por la responsabilidad que se origina en las consecuencias de nuestra acción o inacción y por la manera como éstas repercuten en las esferas de lo abiótico, lo biótico y lo antrópico. Nos estamos incluso orientando hacia el proyecto de una ética planetaria, que consiste no en otra cosa sino en una renovación espiritual de la humanidad entera. Es incluso que “La humanidad a través de toda la historia ha concebido toda ética como un conjunto de normas reguladoras de la – 172 –


La ética militar: una condición básica para construir democracia

conducta. Ello supone contingencia en los actos, libertad y responsabilidad, un futuro cuajado de posibilidades” (Rodríguez, 1980: 14). La contingencia se opone a la necesidad; una necesidad absoluta haría inviable la ética. El hombre es una realidad moral (Zubiri, 1986: 343440); libre, pues está forzado a elegir el carácter de sus acciones, entre las diversas posibilidades que se le ofrecen y que son por él apropiadas, hechas propias; por libre, responsable, pues debe responder, esto es, rendir cuentas de sus actos y dar razón de ellos. El futuro no es lo futurible; las posibilidades son algo con lo que real y efectivamente puedo contar, son estrictos poderes sobre la realidad. En ésta reflexión es importante preguntarse en qué condiciones de posibilidad se da la ética. Para el caso colombiano debe entenderse la condición vital del proceso de paz en donde se debaten tendencias entre perdón y olvido y entre memoria, justicia y reparación, así como la justicia transicional que debe conducir a un posconflicto sostenible, en la medida en que la verdad prevalezca, porque es la fuente de la más significativa reparación. Esta condición se debe articular con el desarrollo, que en términos Althusserianos debe entenderse que la economía es un determinante. Para caracterizar la importancia de la ética militar en términos de democracia, las referencias a las dos constituciones que han marcado la carta de navegación de nuestro país, se han diferenciado porque la de 1886 se centra en caracterizar el Estado de derecho, mientras que la de 1991 define el Estado Social de derecho. En la primera el Estado es lo central, mientras en la segunda la Sociedad es lo central. En la primera la democracia es representativa, en la segunda la democracia es participativa. Ambas tienen vocación de paz. En la primera hay dominio de la religión católica, en la segunda se establece libertad de cultos. En ambas queda establecido que el constituyente primario es el pueblo. Para el proceso de paz que se desarrolla en Colombia, hay una situación que amerita análisis apropiado en términos de balance en el capítulo de la participación política. Es la condición deliberante – 173 –


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que deben tener las fuerzas armadas y de policía y en consecuencia el derecho al voto (Interlanza, 2013). En este caso es muy importante el vínculo entre ética y política. Pero también es necesario crear una pedagogía de la convivencia (Antolínez, 2010). En éste proceso de ajuste institucional derivado de una condición de paz, las fuerzas militares deben ocuparse de la protección e integridad de la nación mientras que las fuerzas de policía deben ocuparse del orden público, lo cual significa un proceso de adiestramiento especial, tan exigente como se ha tenido para la guerra, porque las condiciones deben cambiar para bien de toda la sociedad. A la pregunta sobre factores generadores de la violencia, en el seminario organizado por la facultad de economía de la universidad Santo Tomás en octubre de 2012, el exministro Carlos Ronderos planteó que la concentración de la riqueza era más determinante de la violencia que la pobreza como es la idea más generalizada. En este evento académico se afirmó que la soberanía en términos modernos estaba asociada al país que respetara los derechos humanos, más que al país que legislara sobre este tema fundamental, porque finalmente la ley es la gramática del poder y puede ser excluyente aunque sea ley. En el mismo evento, el general Roberto Ibañez, Presidente de la Academia Colombiana de historia militar, citando al general Douglas MacArthur advirtió que ¨nadie ama más la paz que el soldado, que es quien sufre los rigores de la guerra¨. En estas condiciones es importante resolver de la mejor forma la tensión entre lo deseable y lo factible, en función de la sociedad que queremos, en donde cada profesional debe contribuir desde su saber, saber hacer y saber actuar (Arias Bernal, 1947).

La ética militar La ética militar se relaciona con el proceder de los soldados en todo tiempo y lugar. Al igual que los profesionales de otras ciencias, – 174 –


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los militares han tenido y tienen sus propios códigos, los cuales son una guía para el desarrollo de operaciones militares. Es entendible que las instituciones castrenses, al estar conformadas por seres humanos provenientes de una sociedad con valores culturales específicos, son la proyección de sus condiciones, y su actuación afecta a personas que no participan en los conflictos como en el caso de Colombia. El soldado es un profesional que pone en riesgo su vida para cumplir con sus competencias profesionales; pero, por el uso de las armas, su actuación también tiene un efecto multiplicador muy grande sobre la población intervenida. En consecuencia, su responsabilidad social es más elevada en relación con la de otros profesionales. En este ámbito, la ética, que a veces llega tarde, es vital para la cohesión social de un país. Aunque la ética está por encima de las leyes, no tiene facultades para imponer penas, pero sí para corregir comportamientos desviados y propender hacia el sano desempeño de los soldados en beneficio de la sociedad de la que forman parte. Siendo la ética la ciencia que estudia el comportamiento moral de los hombres, los soldados deben, no solo definirla, sino practicarla permanentemente. La deontología (del griego to deon) se refiere al deber ser, es decir, a lo conveniente de las acciones del hombre en referencia a lo que sus congéneres persiguen, que no es otra cosa que la felicidad. Tomás de Aquino, en su concepción del bien común, se refería no solo a las necesidades básicas (alimentación, vestido, vivienda) sino también a la tranquilidad de conciencia producida por el correcto actuar frente a los demás. Todos los profesionales —incluidos los soldados— deben propender con sus acciones al buen vivir puesto que de éste se deriva la mayor suma de felicidad que es y debe ser, el horizonte del ser humano. Todas las profesiones tienen unos procedimientos que, si no se salen del ámbito moral, actúan en búsqueda de la felicidad; esos son los códigos deontológicos que se deben aplicar en todo tiempo y lugar. La globalización como concepto no puede desdibujar prin– 175 –


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cipios éticos y morales en la actuación de las tropas; por el contrario, nada más universal que estos principios para caracterizar la actitud correcta, siempre tomando en cuenta las condiciones culturales de la población intervenida.

Ética y desarrollo La ética como concepto puede abordarse desde la perspectiva normativa, caso en el que se estudia a partir de la axiología moral y la deontología; pero su análisis también puede asumirse desde la ética aplicada, y entonces se aborda de manera específica, como la bioética, y la ética en las distintas profesiones, como la ética médica o la ética militar. En ambos casos, la dignidad humana es su referente (Kant,199: 189). Los actos de las personas son buenos o malos en función de la felicidad global que puedan generar (Bentham, 1789). Podría afirmarse que todas las profesiones han desarrollado sus propios códigos; por esa razón se puede hablar de deontología profesional del periodista, del médico, del deportista, de los abogados o de los militares. La ética de los militares se pone a prueba en un entorno de creciente interdependencia con otras instituciones y, particularmente, frente a la sociedad que representa. Antes que todo, el militar es un ciudadano, en armas. La institución militar es formadora de opinión y promotora del bien colectivo. En este ámbito, la competencia que debe formarse en el militar que se prepara y adiestra para la guerra debe hacer un ejercicio equivalente para la paz. Esta competencia debe incorporar ética y valores que den sentido al desarrollo de las sociedades —en particular al desarrollo humano— en función de la dignidad humana. El desarrollo normal responde a la satisfacción de las necesidades orgánicas y ambientales, especialmente de carácter psicológico, sociocultural y espiritual, porque el ser humano debe trascender su propia existencia histórica, ya que su actuación tiene capacidad de imprimir – 176 –


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sentido a la realidad y a su propia existencia humana. La realización de sus necesidades, sus motivaciones y expectativas y valores comunitarios deben generarse de manera sostenible. La perfección humana no se logra por la acumulación o goce de bienes, ni por adquisición de conocimiento o por destrezas mecánicas, sino combinando lo mental con lo manual, lo económico con lo social, lo material con lo espiritual, lo vital con lo axiológico y la educación con la vida humana. Desarrollo no es crecimiento ni consumismo de bienes; educación no es solo instrucción ni transmisión o acumulación de información. La educación y el desarrollo son procesos personales y socioculturales. Las crisis económicas que derivan en conflictos bélicos deben ser asimiladas con claridad por los miembros de las Fuerzas Armadas, con la debida dimensión entre naciones y hacia el interior de su propio país, porque pueden transformarse en patologías colectivas que deben comprenderse para caracterizar el conflicto y sus causas. En este sentido es muy importante tener visión universal para hacer diferentes lecturas, por cuanto el pensamiento único ha contribuido a generar graves desequilibrios y, en consecuencia, ha profundizado las crisis. El desarrollo humano debe entenderse como la posibilidad real de elevar la calidad de vida de la persona, que permita una combinación armónica de objetivos y actividades, capaz de potenciar la satisfacción individual y social de las distintas necesidades del ser humano. Para avanzar en el desarrollo humano, el individuo debe participar en las decisiones, la creatividad social, en un ámbito de justa distribución de la riqueza y de tolerancia frente a la diversidad de identidades. La controversia debe alimentarse con argumentos, no con el descrédito o desprestigio del contradictor, o peor aún con la amenaza. Pero también, el ser humano debe coexistir armónicamente con el desarrollo científico-técnico en una sinergia entre el interés personal y el interés colectivo (Chávez, 2009), lo micro y lo macro, la autonomía – 177 –


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y la planificación, y la acción propositiva de la sociedad civil frente a la relación Estado - mercado. En este contexto, el trabajo no solo debe ser entendido como factor productivo, generador de recursos y bienes; es vital comprender que el ser humano es generador de conciencia social, de cultura, de creatividad, de energía, de calificación continua y, además, forja solidaridad y cooperación. En este proceso activo es necesario entender que el dinero se deja de tener, la solidaridad crece con solidaridad (Verano y Colomer ed, 2011). Los elementos éticos para el desarrollo humano pueden, entonces, tener componentes de complejidad cuando se analizan aspectos relacionados con la moral, la racionalidad, cuando se ocupa de la justicia social y flexibilidad, cuando establece principios de solidaridad (A. Sen,1980). La teoría ética puede tener tanto alcance universal como referencia aplicada y específica. Los principios éticos de carácter general trazan pautas a la convivencia social y a la cooperación, mientras que los principios éticos específicos son los que cada persona ejerce en su ámbito de actuación relevante a lo largo de su práctica histórica o profesional. La moral permite juzgar lo correcto o incorrecto de los fines, los medios, las prácticas y los resultados de acuerdo con el ideario ético que todo individuo posee desde sus lazos familiares y sociales. La ética a veces llega tarde porque implica una reflexión de vida, y la vida está primero, especialmente en el ámbito militar. Si a la ética se la considera como filosofía moral y política, no constituye una descripción de lo que hay sino una propuesta razonable de lo que debe haber, no sobre lo que es, sino lo que debe ser. En estas condiciones, la ética para el desarrollo es una reflexión filosófica sobre la dignidad de las personas, la igualdad, la solidaridad, – 178 –


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la tolerancia como respeto mutuo, la paz como fruto de la justicia, los derechos humanos, el respeto al medio ambiente y el patrimonio cultural de la humanidad. La ética para el desarrollo no tiene respaldo en la fuerza coercitiva del Estado porque su tribunal es la conciencia crítica e histórica, y su fuente no es la legislación, sino los aprendizajes incorporados en las tradiciones y modos de vivir dignamente (Verano y Colomer, ed 2011). El desarrollo como derecho hace parte de una exigencia legítima de la persona y tiene dos vertientes: una vertiente ética y una vertiente jurídica. La vertiente ética se ocupa del derecho al desarrollo, a la vida y de la libertad de conciencia, mientras que la vertiente jurídica remite a las fuentes jurídicas del desarrollo, a establecer mecanismos de protección y al soporte de los derechos colectivos. Sin fundamentalismos religiosos ni laicismo, la ética para el desarrollo debe ser lógica y respetuosa en un ámbito de pluralismo ideológico de justicia social y de transparencia, porque en el ámbito de la libertad de mercado la verdad debe ser la fuente de esa libertad (Benedicto XVI, 2009). Los modelos de comportamiento así como las motivaciones han sido establecidas en los siguientes términos “los valores éticos tienen papel fundamental en el sistema de valores de una cultura, porque prescriben normas de acción y determinan modelos de comportamiento, principios de elección, criterios de apreciación y las motivaciones para fijar objetivos a corto plazo” (Ladrière,1978). Podría afirmarse que la moral se vincula con dimensiones normativas asociadas a costumbres y preceptos, mientras que la ética obedece a intenciones subjetivas, relacionadas con la autenticidad de la vida y siempre tienen carácter individual, aunque su construcción y percepción sea de origen colectivo. En términos del conflicto colombiano, no hacer justicia donde corresponde, solo para lograr el trofeo de la paz, puede dejar intactas – 179 –


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las causas del conflicto. La justicia y la paz son complementarias y no sustitutivas en la construcción de un proceso de posconflicto sostenible. La confianza es un capital constituido con fondos provenientes de las acciones éticas (Usaid, 2006).

Ética y memoria ancestral Para comprender el ámbito territorial de la ética del soldado colombiano es necesario referirse al escenario ancestral e histórico de la nacionalidad colombiana. En los estudios sobre el significado de la ética para las comunidades precolombinas (Suscun, 1998) se establecía una estrecha relación entre religión, derecho y ética en la población originaria del oriente colombiano. El derecho está construido sobre principios éticos y religiosos. En círculos concéntricos, el centro es la ética; luego, el derecho como derivado; y la religión como entorno necesario y como contexto. Este orden correspondía a los ideales colectivos de la comunidad y daba solidez al ordenamiento de la vida social. Su observancia generaba la paz y la justicia, como camino hacia la felicidad, en donde la ética era faro. De esta forma se constituía el más alto nivel de su cultura. Entre las comunidades muiscas, los valores éticos incluían los siguientes componentes: 1. Respeto a la vida de todo ser viviente, hombre y naturaleza, en el entendido de que la naturaleza es parte integral del hombre. La tierra no es factor de producción de bienes solamente, es la madre. 2. Rechazo a la violencia: solo se utilizaba de manera excepcional, como en la defensa de su territorio o en respuesta a una agresión. No se practicaban los esquemas de expansionismo ni dominación. Era una sociedad consensual y no conflictiva. Generalmente, los conflictos se dirimían por vía jurídica. – 180 –


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3. Sentido de la dignidad humana: se consideraban poseedores de naturaleza divina. Procuraban vivir en libertad y austeridad en un ámbito de serenidad y domino de sí mismos. 4. Desinterés por la riqueza: ni posesión de bienes, ni ostentación, ni acumulación. Se prefería la conservación del equilibrio y de la armonía del cosmos en la idea de compartir con desprendimiento y generosidad. 5. La honestidad: no había propiedad privada, sino fraternidad, solidaridad y cooperación, ni robos, ni fraude, ni mentira, ni engaño, ni falsedad. Si se incumplía alguno de estos preceptos, se producía el repudio y el castigo severo. La actuación social se desarrollaba sobre la base de la buena fe. 6. Laboriosidad: el trabajo era considerado como una actividad dignificante, un acto de realización. Era casi un rito religioso, un aporte a la comunidad, una semilla con impacto social. 7. La igualdad: su naturaleza comunitaria se entendía sin designio económico, sin privilegios inmerecidos, sin discriminación, sin favoritismo, sin racismo. Eran situaciones posibles por el carácter social de la propiedad. 8. La verdad: la verdad era el más importante valor ético, por dignidad y rectitud. Era norma ética y jurídica que si se transgredía se asimilaba a un delito. Los españoles reconocerían después que aleccionaban a la población originaria en el ¨arte de mentir¨. 9. Sentido de la justicia: justicia y equidad eran los componentes principales en las relaciones sociales con la defensa del trabajo productivo, distribución apropiada de bienes y buena vecindad. 10. La moderación: la comunidad no aceptaba conductas estridentes, porque limitarían la realización de un alto nivel espiritual. Si la civilización se midiera por el nivel ético efectivo y – 181 –


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no por la riqueza de bienes materiales y/o tecnológicos, las comunidades originarias serían las más avanzadas. Con este decálogo de principios alrededor de la ética, del derecho y el ámbito religioso en las prácticas sociales, en las comunidades ancestrales se señala la importancia de la ética como factor de cohesión social en las comunidades originarias de una parte muy importante del territorio que dio nacimiento a la nación colombiana. Conocer el territorio y su cultura es vital para construir valores; pero también para definir principios (Antolínez y Santamaría, 2011). No es posible actuar en nombre de la globalización como ámbito de la modernización sin conocer primero su propio territorio, sus costumbres y sensibilidades ancestrales, porque el riesgo es la pérdida de identidad en las relaciones internacionales. Esta tendencia es válida en las diversas reflexiones que se han formulado en la nueva agenda entre América Latina y Estados Unidos (Thomas, dunkerley,1999).

Ética y principios constitucionales La Carta Magna de nuestro país incorpora plenamente a las Fuerzas Armadas y de Policía. Es más, por representar los más caros intereses de la patria, su acatamiento es de carácter obligatorio y misional. Es importante leer detenidamente el preámbulo de su texto para establecer de dónde proviene el poder y, sobre todo, cuál es la esencia de éste. Cada vez es más claro que el poder es la expresión del servicio prestado a la comunidad y no el acervo de riqueza material acumulada. Por su parte, el artículo 1 define la naturaleza del Estado, que en términos genéricos se entiende como el ámbito donde se deben dirimir los conflictos de intereses y, mediante su acción reguladora, crear las condiciones reales de justa distribución de la riqueza generada por la sociedad para procurar la máxima felicidad y la más consistente cohesión social. – 182 –


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El artículo 2 de la Carta define las funciones del Estado; pero el concepto de autoridad queda plasmado como una forma incorruptible de creación de costumbres apropiadas para una sociedad decente. Porque en términos de autoridad se enseña y exige con el ejemplo. Los artículos 3 y 4 establecen elementos claros que prevén que todos, sin excepción, estamos obligados a cumplir con lo preceptuado en la Constitución y las leyes. El artículo 22 de la Constitución consagra la paz como un derecho; de manera que en el prolongado conflicto colombiano las fuerzas armadas han incorporado funcionalmente el adiestramiento para la paz, que es, en últimas, lo que toda fuerza armada institucionalizada busca como fin. El conflicto debe analizarse como una situación de coyuntura; pero la conducta ética de las fuerzas hace parte de un componente estructural misional. La paz también es un deber de obligatorio cumplimiento. Aunque la ética como esquema de valor aporta al derecho como la economía u otra forma de soporte argumental, este hecho hace que la ética se transforme en categoría jurídica. En consecuencia, no es pensable hablar de juzgamientos en términos éticos. Entre los derechos fundamentales consagrados en los artículos 11 al 42 sobresale el derecho a la vida, de manera que la acción de las Fuerzas Armadas tiene que ajustarse a estos principios para evitar que se transformen en fuerzas vengadoras y, por el contrario, se conviertan en soporte estructural de la nación y del Estado democrático que se necesita para la convivencia social. Varias tesis sobre la Guerra Justa siempre han hecho referencia a la acción militar contra el despotismo y el abuso del poder, de manera que para construir escenarios apropiados para una paz duradera en Colombia, se requiere que las causas de los conflictos puedan ser conocidas por la población para procurar dar solución continua de manera sostenible y estable (Boff, 2009). – 183 –


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Los efectos de terror creados en la población japonesa con el lanzamiento de la bomba atómica en 1945, no solo generó frustración y pena en los científicos que habían avanzado en investigaciones para poner la ciencia al servicio de la humanidad, sino que ¨este hecho histórico¨, en términos de Harry Truman, generó en los teóricos de la guerra la idea de que se había roto el principio de que la guerra era la prolongación de la política, planteado por Clausewitz. Esta ruptura teórica es evidenciada cada vez más por otros analistas que advierten que la robotización de la guerra en el siglo XXI, por su articulación a la dinámica del mercado, ha conducido a una economía de guerra que permite un dominio de la industria militar en la economía de Estados Unidos en detrimento de su industria civil generadora de empleo y desarrollo científico-técnico. La guerra podría aceptarse como la prolongación de la política, si se admite que en esas condiciones se puede crecer de manera concentrada con efectos excluyentes para los países que no tienen capacidad de hacer la guerra o son víctimas de ella. De otra parte, si se acepta que la política exterior es una historia fatal de conflictos, la población estará domesticada para aceptar una nueva idea de la guerra. En estas condiciones, las grandes potencias desarrollan una geopolítica propiamente dicha, mientras que los pequeños se ocuparán de atender a las grandes empresas trasnacionales. Así, el efecto sobre la economía y la guerra en el inicio del siglo XXI es la configuración de la bipolaridad entre financiarización de la vida económica con altos índices de especulación y la securitización de la vida política y social. El papel del Estado no debe ser el ocultamiento de la realidad social y económica, sino el establecimiento de indicadores de manejo público, en el que quien tenga más, aporte más para que la situación de sostenibilidad fiscal no se convierta en una restricción estructural que impida los cambios que conduzcan al bienestar de toda la sociedad. En un país con tantos recursos naturales que se han venido valorizando, especialmente los vinculados al mercado de recursos – 184 –


La ética militar: una condición básica para construir democracia

energéticos, el crecimiento económico debería indexarse con una baja apropiada del coeficiente de gini, que permita cada vez más, mejores niveles de vida para la población colombiana. Que a todos sirvan estas coyunturas positivas con la debida previsión de oscilaciones en la economía nacional e internacional. Para que con las bonanzas hagan reservas apropiadas e inversiones oportunas con el fin de que, en etapas de crisis y recesión, la economía esté blindada para mantener niveles de vida dignos.

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Pontificia Universidad Javeriana –Colombia–

Eduardo Díaz Amado MD, Ph. D.


Elementos para pensar la relación bioética/ Fuerzas Militares en Colombia1 Eduardo Díaz Amado MD, Ph. D.

1. Introducción La iniciativa liderada por la Escuela Superior de Guerra para promover el desarrollo de los estudios en ética militar en el país representa una gran apuesta, particularmente en estos tiempos cuando en Colombia se habla de paz y posconflicto. Es también un reto, no solo para las propias fuerzas militares (FF.MM.), sino para quienes como el Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana fuimos invitados a participar de dicha iniciativa. Cuando en 2012 llegó la invitación al Instituto, fue claro para quien entonces se desempeñaba como su Director, el profesor Guillermo Hoyos, que se trataba de una oportunidad para pensar cómo ‘aterrizar’ la bioética en el espacio particular de lo militar. No podría ser menos, pues estamos comprometidos 1

Declaración: las opiniones expresadas en este escrito son responsabilidad de su autor y no representan necesariamente las de la Universidad Javeriana ni las de cualquier otra institución con la cual él esté relacionado. En este artículo las citas que provienen de textos originalmente publicados en inglés corresponden a la traducción del autor, a menos que se indique lo contrario.

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con la construcción de una ética pública cívica en Colombia (que el profesor Hoyos considerara como una de las tareas centrales para la bioética) y con el aporte para el análisis y solución de los problemas que aquejan a la sociedad colombiana. Las líneas que constituyen este artículo son parte de la ponencia presentada en el II simposio internacional en ética militar que se realizó en Bogotá del 9 al 10 de octubre de 2013.2 Las preguntas que he tratado de abordar en este trabajo son: ¿cuál es el ethos de las FF.MM. de Colombia? ¿cómo se ha pensado la relación entre ética, bioética y fuerzas militares dentro de la comunidad académica que trabaja en bioética, tanto en el mundo como en Colombia?, ¿qué problemas o temas relacionados con el campo de lo militar han sido discutidos dentro del corpus de literatura bioética y cuáles otros podrían ser hoy considerados de relevancia?, ¿qué herramientas o instrumentos puede ofrecer la bioética para analizar y tratar de resolver adecuadamente los diferentes retos que surgen de la interacción FF.MM./sociedad civil en Colombia?

2. El ethos de las FF.MM. En Colombia En el contexto regional Colombia figura entre los países donde las FF.MM. son una de las instituciones más respetadas.3 Sin embargo, también es cierto que hablar de militares en Colombia es entrar en un campo de polarizaciones. Por un lado, son protagonistas de episodios que se celebran en la vida nacional, desde la gesta de la Independencia, pasando por la defensa permanente del territorio nacional, como en

2

Ya en 2012, en la primera versión de este simposio, habíamos esbozado, junto con el profesor Nelson Castañeda Alarcón, también de nuestro Instituto, lo que sería un programa de educación en bioética para las FF.MM. 3 Ver:.http://www.vanderbilt.edu/lapop/insights/I0827es.pdf; http://www. nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=357 8&Itemid=38; consultado 20 noviembre 2013.

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Elementos para pensar la relación bioética/Fuerzas Militares en Colombia

la Guerra contra Perú en 1932, hasta nuestros días, cuando su papel en el mantenimiento de la institucionalidad y el orden democrático en medio del conflicto interno que vivimos es evidente. Pero, por el otro lado, también se les recrimina por episodios que preferiríamos olvidar, como los recientes casos de ‘falsos positivos’ y de corrupción en los que algunos de sus miembros se han visto envueltos. Pero en medio de las tensiones las FF.MM. de Colombia, han mantenido vivos ciertos valores y han dado muestras de capacidad de auto-crítica, lo que allana el camino para la superación e incluso la re-creación. Reconocer esto requiere a su vez un acercamiento a su ethos institucional. Durante mi infancia y adolescencia, que transcurrieron en un pequeño pueblo de Santander, solía escuchar a la gente decir, cuando se trataba de la ‘solución’ para algún joven tildado de ‘problemático’, desobediente o ‘vago’, que lo mejor sería enviarlo a un colegio militar o que el Ejército lo ‘agarrara’ en alguna ‘batida’ para que allá ‘lo enderezaran’. Detrás de esta solución estaba sin duda la idea de que la educación y el entrenamiento militares hacen ‘mejores personas’. Este ideal de las FF.MM. implica que en ellas se realizan determinados ideales morales y que ellas representan un bastión de rectitud y verticalidad en un mundo que se muestra relajado y permisivo. Pero no solo en Colombia sino en todo el mundo, las FF.MM. han sido consideradas el espacio privilegiado para el cultivo de ciertas virtudes (ascéticas) como el honor, la disciplina, la obediencia, el coraje, la rectitud y la templanza. En Colombia el Ejército Nacional, el arma más antigua de las FF.MM., celebra su día el 7 de agosto, coincidiendo con la conmemoración de la Batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819), que selló la independencia de España. A lo largo de estos 194 años el proceso de construcción de su ethos ha evolucionado paralelamente con la historia del país. En dicho proceso, tanto las propias FF.MM. como el estamento político, diversas instituciones y la sociedad colombiana en general han tenido la oportunidad de, en cada etapa histórica, lograr – 193 –


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un mejor entendimiento de su ‘ser’ y seguir considerando su ‘deber ser’. En lo que sigue describiré cuatro aspectos que a mi manera de ver caracterizan el ethos de las FF.MM. en Colombia: la idea de unidad nacional y la responsabilidad de las FF.MM. en lograrla y mantenerla; la apuesta por la modernización a diferentes niveles (e.g. tecnológico, administrativo, entre otros); la dialéctica de las relaciones sociedad civil/militares; y, finalmente, la apuesta por la profesionalización.

2.1. La unidad nacional Desde los tiempos de la Guerra de la Independencia gobernantes y militares han invocado permanentemente la idea de la unidad nacional y el papel que las FF.MM. cumplen en su consolidación. Para el General J. R. Ibáñez Sánchez, en su interesante artículo sobre el Bicentenario de nuestra Independencia, la principal lección de la guerra de emancipación de España fue que la victoria patriota solo pudo ser posible cuando la unidad nacional se concretó bajo el liderazgo del Libertador, “inspirado en las poderosas razones de lucha por la libertad, por la democracia y por la confraternidad suramericana” (Ibáñez, 2012, p. 289). Posterior a la Independencia, según el General Ibáñez, los conflictos internos a lo largo del siglo XIX tuvieron su origen en la confrontación de un nacionalismo feudal de próceres criollos con el continentalismo democrático de S. Bolívar. Durante el siglo XX la unidad nacional siguió siendo un elemento importante del ethos militar colombiano. Aunque con la separación de Panamá en 1903 el país experimentó la amputación de una parte de su territorio, más tarde, después de la guerra con el Perú en 1932, la sensación de unidad nacional se acrecentó. Y en nuestros días la preocupación por la unidad nacional ha resurgido con renovadas fuerzas luego del fallo de la Corte Internacional de la Haya que le concedió a Nicaragua un trozo de mar territorial colombiano en la zona de San Andrés y Providencia. Por esto tal vez tenga razón el General Ibáñez cuando, citando a Indalecio Liévano, dice que el sueño de la unidad – 194 –


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nacional que Colombia ha mantenido desde su independencia sigue pendiente de convertirse en una realidad (Ibáñez, 2012, p. 290).

2.2. La modernización A lo largo de estos casi 200 años de independencia las FF.MM. han transitado exitosamente por el camino de la modernización. Los militares colombianos del siglo XIX, como cuerpo especializado en la defensa y la guerra, en realidad no evolucionaron mucho. Aunque varios de los oficiales y jefes del Ejército en el siglo XIX habían participado en la Guerra de Independencia, estos militares ‘con experiencia’ se mantuvieron rústicos y poco sabían de tácticas, organización castrense, logística, etc. En opinión del General Ibáñez (2012) “[l]os intentos de algunos mandatarios en este siglo por organizar un ejército nacional y profesional a través de la creación de Escuelas Militares no fructificaron” (p.295). Pero los militares de hoy, a diferencia de los de aquella época, cuando el entrenamiento era básicamente para enseñar cómo mantener limpia y funcionando el arma de dotación (Ibáñez, 2012, p. 296), parecen estar asumiendo los retos de un contexto socio-político y cultural distinto. Nuestro tiempo se caracteriza por la permanencia de diversos conflictos sociales, la transformación de las maneras tradicionales de hacer la guerra, el predominio de lo biotecnológico y el pluralismo ético, y las FF.MM. han podido enfrentar estos retos gracias al interesante proceso de modernización vivido a lo largo del siglo XX. La primera gran reforma militar en Colombia se realizó a principios del siglo XX, luego de la Guerra de los Mil Días y la pérdida de Panamá, cuando Rafael Reyes y Rafael Uribe quisieron reorganizar y profesionalizar al Ejército. Se creó la Escuela Militar de Cadetes, en 1907, así como la Escuela Naval de Cadetes y la Escuela Superior de Guerra “… donde los futuros comandantes militares, se [nutrirían] en el conocimiento del arte de la guerra, de la conducción táctica, estratégica y logística, del espíritu democrático y humanitario y del patriotismo” – 195 –


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(Ibáñez, 2012, p. 298). Luego, tras la salida forzosa de Reyes, se crearía la Escuela de Aviación Militar bajo el gobierno de Marco Fidel Suárez. Una segunda reforma llegó con el presidente Enrique Olaya Herrera, buscando “organización y modernización en armamento y equipo” (Ibáñez, 2012, p. 299). Finalmente, una tercera reforma militar, más cercana a nuestros días, en la que las FF.MM. incorporaron el tema de la guerra asimétrica y comenzaron a asumir los roles asignados por los nuevos tiempos y que tienen que ver con la crisis social (que sigue sin ser resuelta), en particular la lucha contra las guerrillas, el narcotráfico, los paramilitares y las bandas criminales emergentes. Para Ibáñez, sin embargo, “… la circunstancia que puede afectar en mayor medida el cumplimiento de la misión constitucional militar en el presente, es el hecho generalizado de la corrupción administrativa en la política y de la impunidad en la justicia que ha llegado a extremos vergonzosos” (Ibáñez, 2012, p. 310).

2.3. Relaciones sociedad civil/FF.MM. Como afirma el general Georgelin, en su prefacio al libro del General Royal sobre los retos éticos de los soldados, la primera cuestión que habría que plantear cuando se habla de ética y militares, sería la de “la relación entre las sociedades democráticas modernas y la profesión militar”4 (Georgelin, 2012, p. v). En este sentido vale la pena considerar algunos aspectos que han moldeado las relaciones entre sociedad civil y FF.MM. en Colombia a lo largo de su historia, con importantes efectos para unos y otros. En primera instancia, como lo afirma Malcom Deas, profesor de Oxford y experto en Colombia, cabe decir que “las fuerzas armadas, en general, en este país han sido una institución modesta en tamaño y costos.5 Nada hegemónica” (Deas, 4 5

Todas las citas cuyo original está en inglés corresponden a mi propia traducción excepto que se especifique lo contrario. Cursiva fuera de texto.

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2002, p.83). Tanto es así que, según relata Deas, el libro que sobre los militares escribió en el siglo XIX Tomás Rueda Vargas, fue visto más como una ‘excentricidad’ que como un trabajo académico. Sin embargo, cuando el profesor Deas afirmó esto en 2002, no podía prever la evolución que tendrían las FF.MM. en los siguientes años. Yo no diría hoy que las FF.MM. son una institución modesta. Al contrario, hay suficientes indicios de que las FF.MM. colombianas son la institución más dinámica, transparente y proactiva en la vida nacional. No se puede olvidar, además, que las FF.MM. han mantenido principios importantes para la democracia, por ejemplo, la neutralidad política y la aceptación del control civil. Es así cómo, desde hace ya más de 20 años Colombia mantiene en la Cartera de Defensa a un civil, la cual había sido tradicionalmente ocupada por un militar. Para M. Deas la participación de civiles en temas militares es necesaria y bienvenida, pero siempre y cuando se trate de civiles que saben realmente de temas militares y que han estudiado juiciosamente los problemas que se presentan en este campo (Deas, 2002, p.83). En Colombia las bases jurídicas del ser y el deber ser de las Fuerzas Militares están establecidas en la Constitución Política de 1991, en el Título 7, “De la rama ejecutiva”, Capítulo 7 “De la fuerza pública”, que incluye los Artículos 216 al 223. El Artículo 216 establece que las FF.MM. y la Policía Nacional constituyen las Fuerzas Armadas (FF.AA.) del país. La Policía es, según el Artículo 218, “[…] un cuerpo armado permanente de naturaleza civil […] cuyo fin primordial es [mantener] las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y [la] paz” (CP, 1991). Aunque la Policía esté ‘armada’, stricto sensu, no es parte de las FF.MM. Por esta razón en este escrito no me referiré a la policía. Me interesa subrayar la perspectiva constitucional sobre las FF.MM. como un punto fundamental para pensar la relación bioética/FF.MM. en Colombia. Según el Artículo 217, las FF.MM. son un cuerpo permanente constituido por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea y “[…] tendrán – 197 –


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como finalidad primordial la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional […y] la Ley determinará [los] derechos y obligaciones de sus miembros […]” (CP, 1991). El Artículo 219 establece que las FF.MM. en tanto parte de la Fuerza Pública no son deliberantes y que sus miembros no tienen derecho de ejercer la función del sufragio mientras estén en servicio activo. El Artículo 221 da cabida a un régimen especial para administrar justicia en casos de los delitos cometidos por los miembros de las FF.MM. en relación con el servicio. Y, finalmente, según el Artículo 222, será la Ley la que determine “[…] los sistemas de promoción profesional, cultural y social de los miembros de la Fuerza Pública [y que en] su formación, se les impartirá la enseñanza de los fundamentos de la democracia y de los derechos humanos” (CP, 1991).

2.4 Profesionalización La iniciativa de crear en la Escuela Superior de Guerra un centro de estudios en ética militar, así como el liderazgo asumido por dicha Escuela en el proceso de lograr que Latinoamérica haga parte de la Sociedad Internacional para la Ética Militar, ISME6 por sus siglas en inglés, son signos del proceso de profesionalización creciente en el que las FF.MM. de Colombia se han embarcado en los últimos años. Llevar a cabo una juiciosa reflexión ética y bioética alrededor del ser y el deber ser de las FF.MM., es parte sustancial de este proceso. Considerar que la educación en ética y bioética ha de ser pilar fundamental de la educación militar, que tales disciplinas ofrecen herramientas útiles y adecuadas para el manejo de los diferentes problemas y situaciones que se presentan en el ámbito militar, y el compromiso en la construcción de un ethos militar adecuado son, sin duda, signos de madurez institucional. De esta manera se podrá llegar a considerar seriamente lo que el general B. Royal (2012, p.12) plantea: que sólo unos principios 6

International Society for Military Ethics.

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éticos bien fundados pueden ayudar a los líderes militares a tomar adecuadamente decisiones en situaciones conflictivas y complejas desde el punto de vista moral. Además del proyecto de creación de un centro de ética militar en la Escuela Superior de Guerra, de promover el ingreso de la región en ISME y de ajustar los cursos de ética que ya venían siendo dictados en las escuelas de las tres armas (Ejército, Armada y Fuerza Aérea), vale la pena también recalcar, como parte del proceso de profesionalización de la FF.MM., la adopción del Manual de ética y honor para las fuerzas militares de Colombia, expedido en 2005. Me referiré aquí en particular a este Manual. El Manual de ética y honor es un texto extenso en el que se tocan una gran diversidad de temas. La primera parte, dedicada a explicar lo que es la ética y los diferentes sistemas éticos, es bastante ilustrativa. El Manual también enumera y define principios, valores y virtudes que han de caracterizar a las FF.MM., y que sus miembros han de respetar y cultivar. Entre dichas virtudes están, por ejemplo, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y el honor (Manual de ética, 2005, p. 100). En la página 108 aparece propiamente el Código de Honor que resume en gran parte la propuesta de todo el Manual, enfatizando que la profesión militar es una profesión “de entrega, una opción de vida con honor”, que constituye el piso sobre el cual se asienta “la patria, la democracia y la seguridad nacional” (Manual de ética, 2005, p. 176). Dado que el honor parece ser la primera virtud militar, el Manual ofrece una definición: “[o]bligación que tiene el hombre de las armas, basado en la conciencia de obrar siempre en forma recta e irreprochable” (Ibídem). Finalmente, describe las características ideales de un militar: [...] salud corporal, desarrollo y robustez física, inteligencia, agudeza mental, armonía física y psíquica, carácter decidido y valiente, criterio recto, espíritu de superación, conciencia, responsabilidad moral, fortaleza moral, fuerza y constancia de voluntad, espíritu de abnegación y sacrificio, disciplina, lealtad, – 199 –


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camaradería, serenidad de ánimo, control y dominio de sí mismo (Manual de ética, 2005, p. 187).

Sin embargo, un código de ética es apenas el destilado, la punta del iceberg, de algo que es mucho más profundo y complejo: el éthos de una profesión o grupo determinado. El éthos implica no sólo normas explícitas de deontología, sino maneras de ser, obrar, relacionarse y entender el mundo desde la perspectiva de dicha profesión o grupo. Es interesante que en el prólogo del Manual se hable de la necesidad de estar “armados éticamente” para poder “derrumbar los artífices de la mentira, de la corrupción y de todos los comportamientos negativos que están tomando fuerza en nuestra Institución Castrense” (Manual de Ética, 2005, p. 4). Si bien es cierto que los vacíos o déficits de tipo ético-moral explican muchos de los males de una sociedad, así como los errores y faltas de sus miembros, no podemos caer en un tipo de falacia moralista,7 esto es, la idea de que todos los males sociales, o en este caso los comportamientos desacertados de los militares, desaparecerán sólo con aprender o predicar ética. La mayoría de los males que aquejan a la sociedad colombiana se originan en una estructura social con profundos grados de inequidad, explotación y exclusión. Y los militares colombianos no son ajenos a esta situación. Es de resaltar que en este Manual se reconoce el pluralismo, pues establece que “[l]as condiciones morales y éticas están por encima de las formas particulares de concebir la vida espiritual y las opciones religiosas. De modo que por encima de las expresiones de fe, los militares contamos con unos principios que debemos respetar todos sin distinción de credo religioso” (Manual de ética, 2005, p. 147). Esto es muy importante, pues los principios éticos que han de fundamentar la ética militar no deben ser potestad de una determinada religión o una postura ideológica particular. Esto no significa que la dimensión espi7

Consiste en “inferir, a partir de la valoración de una situación particular, que algo sucederá necesariamente” (Calderón, 2013, p. 16).

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ritual o religiosa deba ser excluida de la formación y la vida militares. Todo lo contrario, pues la plenitud de la vida humana, y en este caso, del militar, no se alcanzará si no se reconoce lo que tiene el hombre de trascendente. Lo que se argumenta aquí es que la fundamentación ética de una determinada profesión implica, desde una perspectiva aristotélica, una adecuada comprensión de la naturaleza y fines de dicha profesión. Además, en términos del mundo moral contemporáneo, de las sociedades democráticas pluralistas actuales, la autoridad moral ha de provenir del diálogo respetuoso y el consenso, no de una concepción unívoca y excluyente de lo que es el bien. Volveré sobre este punto más adelante, cuando hable de los fundamentos de la bioética. Con respecto a los principios que han de guiar la vida militar, el general B. Royal plantea algunas cuestiones interesantes que podrían enriquecer la perspectiva ética de las FF.MM. colombianas. En primer lugar, aunque la obediencia es fundamental para mantener adecuadamente la estructura y funcionamiento de las FF.MM., es necesario evitar que se convierta en una ‘obediencia ciega’, que no distingue el bien del mal, por lo que un militar debería saber que no está obligado a obedecer cuando se trata, por ejemplo, de actos ilegales o contrarios a las normas internacionales. Pero esta posibilidad exige que la capacidad de juzgar correctamente, tanto las propias acciones como las de los demás, esté desarrollada, así como la autonomía necesaria para realizar juicios éticos8 (Royal, 2012, p. 65). En segundo lugar, quien quiera ser líder dentro de las FF.MM. habrá de adoptar una ética de la responsabilidad, renunciando a toda posición dogmática, intransigente e injustificada. Para el General Royal asumir una postura ética va de la mano con mantener una actitud crítica, que cuestiona y permanece abierta al cuestionamiento (Royal, 2012, p. 145). Finalmente, el general Royal nos recuerda que la victoria y el éxito en lo militar no son

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Sobre la capacidad de hacer juicios éticos y su importancia en bioética, ver: Díaz, 2007.

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acerca de “destruir”, sino de construir una nueva y mejor estructura política (Royal, 2012, p. 170). En la perspectiva del General Royal un militar ha de tener en cuenta unos pocos pero sólidos principios. El primero de ellos, “pelea duro, mata cuando tengas que hacerlo, pero siempre respeta la vida” (Royal, 2012, p. 36). El segundo establece el “respeto incondicional por la dignidad humana” (Royal, 2012, p. 49), un principio que al ser honrado protege al militar de no caer en prácticas degradantes y crueles, incluso aunque el adversario ya lo haya hecho. Finalmente, el líder debe tener presente la primacía absoluta del ejemplo, que está por encima incluso del simple ejercicio de autoridad y de los llamados a ‘ser éticos’ que realizan con frecuencia los superiores (Royal, 2012, p. 61).

3. Militares, guerra y justicia Aunque la guerra trae aparejados dolor, llanto y muerte, desde los orígenes mismos de la civilización se le ha considerado como una actividad que demanda de la sociedad sus mejores hombres, quienes además de valentía, coraje e inteligencia, se espera que posean altos valores morales. En nuestra cultura la guerra ha sido incluso divinizada y las relaciones entre estamento militar y religión es bien conocida. En la iconografía cristiana (Católica más exactamente) abundan las imágenes de un cielo ordenado militarmente, con huestes celestiales compuestas de Serafines, Querubines, Ángeles y Arcángeles. Como ‘comandante general’ de estas huestes figura Miguel, Arcángel, representado vistiendo prendas militares de la época del Imperio Romano y casi siempre aplastando la cabeza de Lucifer, el ‘ángel caído’, ‘el enemigo’. En Oriente no ha sido diferente, pues sabemos gracias al libro de Sun Tzu (2002), escrito hacia el siglo IV a de C., que la guerra llegó a ser considerada como un ‘arte’. El surgimiento de los modernos estados-nación, que moldeó el rostro de la geopolítica contemporánea, está íntimamente ligado a – 202 –


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procesos bélicos de diverso tipo (e.g. guerras de independencia del yugo colonial, luchas contra las invasiones y conflictos raciales o relacionados con la religión, entre otros). Por esto no es raro que la identidad e historia de dichos estados, como el nuestro, estén íntimamente ligadas a la identidad e historia de sus propios ejércitos o FF.MM. Con frecuencia lo que llamamos Historia no es más que el relato ordenado de sucesos alrededor de guerras y batallas. A este respecto es muy diciente la manera como celebramos el Día de la Independencia en Colombia: con un desfile de tropas y armamento; una celebración militar que, además, termina por opacar todas las demás expresiones, concretas y simbólicas, de identidad cultural y política de nuestro país y que, por supuesto, están más allá de lo militar. Para algunos las razones que justifican la existencia de unas FF.MM. tienen que ver con la tarea especial que algunos miembros de la sociedad deben cumplir, asumiendo, claro está, que la guerra parece un asunto inevitable. Para ilustrar la inevitabilidad de la guerra, el General Royal cita a K. Waltz, quien en 1959 afirmaba que: incluso si todos los hombres fueran ángeles o santos, incluso si se les hubiera sometido exitosamente a todos a psicoanálisis o una lobotomía, e incluso si todos los estados fueran democráticos y pacíficos, la guerra siempre sería posible en virtud de su diversidad y la ausencia de una autoridad más alta imponiéndose sobre ellos para resolver los conflictos o castigar sus transgresiones (Royal, 2012, p. 14).

En este escenario, para el General Georgelin, “[l]os miembros de las fuerzas armadas son las únicas personas [que] tienen el derecho de cometer el extraordinario acto de matar y arriesgar sus vidas en pos de los más altos intereses de su país” (Georgelin, 2012, p. v). Sin embargo, que la guerra parezca inevitable no significa que ésta se pueda hacer sin tener en cuenta el cuándo, dónde y cómo. A esto se refiere el término latino Ius in bello, que contiene las reglas que se han de tener en cuenta en la guerra y cuya existencia se remonta hasta el Derecho – 203 –


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Romano (Royal, 2012, p. 14). Según el General Royal (2012), la Iglesia Católica introdujo primero el concepto de Paz de Dios según el cual no era lícito emplear violencia contra las mujeres, los viajeros o los refugiados. Luego, con el concepto de Tregua de Dios, se prohibió hacer la guerra en Cuaresma, Pascua y durante los fines de semana. En el Concilio de Charroux, en 989, se estableció el criterio de discriminación, es decir, la obligación de no atacar intencionalmente a la población civil y en 1540, de la mano de Vitoria, el principio de proporcionalidad. Pero fue sólo hasta 1625, con De Jure Belli ac Pacis, de Hugo Grotius, que según Royal se dio el primer paso verdadero para construir una ética de la guerra. Según este tratado, el problema no era la existencia de la guerra per se, sino que ésta no tuviera en cuenta a la ley; una guerra sin ley es inaceptable. Grotius definió los principios de la Ius ad bellum (legitimidad o derecho de ir a la guerra) y la Ius in bellum (la conducta correcta en la guerra). Además, luego del Tratado de Versalles, en 1918, se introdujeron también en el ámbito internacional, principios para orientar la acción en el contexto de los tratados de paz, el pago de reparaciones y la judicialización de los criminales de guerra (Royal, 20120, p. 14-16). Hoy en día el Derecho Internacional Humanitario (DIH) establece ciertas normas que deben ser respetadas en medio de la guerra. La Convención de Ginebra de 1864, firmada inicialmente por 12 estados, fue el producto de los escritos y propuestas de Henri Dunant, quien inspiró la creación del Comité Internacional de la Cruz Roja. Cabe recordar que “Colombia ha incluido el DIH entre sus normas constitucionales, convirtiendo en Ley de la República los Cuatro Convenios de Ginebra y sus dos Protocolos adicionales” (De Currea-Lugo, 1999, p.153). Los principios básicos del DIH son: a) limitación del uso de la fuerza; 2) distinción entre combatientes y no combatientes; y, c) protección a la asistencia sanitaria (De Currea-Lugo, 1999, p. 154). En el Protocolo II se establece, entre otras, que no se puede obligar al personal sanitario a acciones no compatibles con la misión médica (De Currea-Lugo, 1999, – 204 –


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p.156). En Colombia el término misión médica hace referencia al conjunto de personas, unidades (instalaciones), medios de transporte, equipos, materiales, y actividades, transitorios o permanentes, civiles o militares, fijos o móviles, de destinación exclusiva y necesarios para la administración, el funcionamiento y la prestación de servicios médico-asistenciales, en las áreas de prevención, promoción, atención y rehabilitación, a las personas afectadas o que puedan resultar afectadas, a causa o con ocasión de un conflicto armado (De Currea-Lugo, 1999, p.26).

Apoyándose en Michael Walzer, el General Royal propone dejar atrás el concepto de Guerra Justa (just war) para pensar mejor en términos de guerra justificada (justified war). La diferenciación no es banal, pues subraya la preponderancia en el mundo contemporáneo, en el espacio de lo público, del punto de vista de la justicia. Para Royal, “la fuerza que se ejerce en nombre del bien o por hacer un bien es mucho más difícil de moderar que la que se ejerce en nombre de la ley” (Royal, 20120, p.17).9 Ya Max Weber (1995) había alertado sobre los excesos que se cometen por seguir ciegamente una ética de principios, desatendiendo las consecuencias. La posición del General Royal denota que los militares saben muy bien el lugar de la justicia; que saben que no puede haber paz sin justicia y que no hay justicia sin un tribunal.10 Por eso tiene sentido la sentencia latina inscrita en la sala Indalecio Liévano del Instituto Pensar de la Universidad Javeriana (espacio de

Just war no se puede traducir sencillamente como ‘Guerra Justa’, pues este término del español corresponde más a lo que en inglés es fair war. El concepto de just war haría referencia más bien a una guerra ‘en nombre del bien’. El punto es que las guerras ‘en nombre del bien’ no necesitan ‘justificarse’, es decir, quienes las realizan no se plantean como obligación moral el tener que ‘dar razones’ de por qué son iniciadas o mantenidas tales guerras. 10 La Conferencia de Roma dio nacimiento a la Corte Penal Internacional en julio de 1998 para juzgar precisamente crímenes de guerra. 9

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pensamiento multicultural e incluyente en esta universidad): Si vis pacem, cole iustitiam (si quieres la paz, cultiva la justicia) en vez de Si vis pacem, para bellum (si quieres la paz, prepara la guerra).11 Y al hablar de justicia y multiculturalismo, de respeto por la vida, de valores y de principios éticos nos acercamos entonces a la ética y la bioética.

4.

Ética, Bioética y FF.MM.

Aunque hay varias maneras de entender lo que es la ética, en este escrito partimos de que la ética es, en una perspectiva aristotélica, la ruta que lleva al florecimiento humano, al desarrollo pleno de las potencialidades. O como nos diría Píndaro, de llegar a ser lo que se es. Así mismo, también desde una perspectiva aristotélica, los deberes de un grupo, institución o profesión están determinados por su naturaleza y fines, lo que implica, entonces, tener claridad sobre ellos. En Colombia, sin embargo, cuando se habla de la ética de una institución o profesión con demasiada frecuencia la cuestión se reduce a un código de ética. Cuando se pregunta, por ejemplo, qué es la ‘ética médica’, la respuesta suele ser en un gran porcentaje que ética médica es el ‘código de ética médica’. Algunos incluso llegan al colmo de la inconsistencia al citar una ley como respuesta a esta pregunta, la Ley 23 de 1981, que reglamentó el código de ética médica, y cuyo contenido se asimila al contenido de la ética médica.12 Pero la ética, y en particular una ética profesional, excede lo que pueda haber en un código, por más completo y extenso 11

12

La frase Si vis pacem, cole iustitiam aparece en los cimientos de la Oficina Internacional del Trabajo en Ginebra y parece sintetizar la Carta del Trabajo. La otra frase, a la cual se contrapone, y la más célebre Si vis pacem, para bellum, se atribuye a Flavius Vegetius Renatus, escritor romano que vivió en el siglo IV. Ver: http://latunicadeneso.wordpress.com/2009/01/25/ si-vis-pacem-cole-iustitiam/, consultado 28 septiembre 2013. Digo ‘inconsistencia’ porque no contentos con confundir Ética (reflexión sobre el bien) con Deontología (normas de deber ser), se pasa a confundir Deontología con Derecho Positivo.

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que éste sea. La ética no es un conjunto de normas y prohibiciones que vienen de afuera, de alguien extraño e incluso desconocido para uno, y que se presentan como obligatorias en nombre del ‘bien’. La ética tiene que ver con la forma de ser y de actuar en una comunidad determinada, con un carácter particular. Pero mientras la ética, como disciplina filosófica nació en la Antigua Grecia (entre los siglos VI y IV a de C.), con Aristóteles más exactamente, como una indagación sobre el bien, la bioética como disciplina académica, incluso como nueva profesión, surgió no hace más de cincuenta años. Bioética es una palabra compuesta de dos raíces griegas: βίος (Bio) y éthos (ética). βίος se refiere al tipo de vida que tenemos en tanto sujetos políticos, éticos y de derecho; una vida que se construye y se transforma en la polis, el espacio donde los seres humanos conviven, discuten, deciden y recrean su existencia día a día. βίος es la vida que se da en la comunidad específicamente humana, en donde alcanzamos la condición de ciudadano(a). El concepto de βίος contrasta y complementa el de Zoé, también utilizado por los griegos para referirse a la vida, pero en este caso a la ‘vida desnuda’, la vida animal, la vida sin más, la simple existencia; Zoé es la vida fuera de la polis, fuera del mundo específicamente humano. Esta distinción es importante, pues hablamos de bioética y no de zoética. La segunda raíz es éthos que viene del griego ethikós y que da origen a la palabra ‘ética’. Significa ‘carácter’, pero también ‘costumbre’, ‘hábito’ y ‘comunidad’. Desde los griegos la ética alude a la reflexión sistemática, permanente e ineludible, en la polis, sobre el tipo de vida que uno ha de vivir, además de cómo se han de entender el bien y la justicia (Aristóteles, 1997; Platón, 1980). En la historia de Occidente la ética suele también entenderse como la parte de la Filosofía que estudia la moral; pero lo esencial es que la ética es saber práctico pues fundamentalmente busca orientar las acciones humanas. Según explica A. Llano Escobar, uno de los impulsores de la bioética – 207 –


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en Colombia, los trabajos del ingeniero forestal Aldo Leopold en 1949 proponían que la ética ampliara su alcance para incluir la regulación de las relaciones entre los seres humanos, por un lado, y los demás seres vivos y el planeta en general, por el otro. Leopold se lamentaba de que hasta ese momento las relaciones del hombre con la tierra y con los demás seres vivientes hubieran sido reguladas principalmente por el interés económico (Leopold, 1949, pp. 218-219). Según Llano la propuesta de Leopold llevó más tarde al bioquímico norteamericano Van Rensselaer Potter a plantear que debíamos revisar y modificar la manera como asumimos y, sobre todo, aplicamos el conocimiento científico así como la idea dominante de progreso según la cual se trata de ‘dominar’ a la naturaleza y ponerla a nuestro servicio sin ninguna otra consideración. Para Potter la bioética tendría la misión de evitar una catástrofe ecológica que llevaría incluso a la aniquilación del propio ser humano. En 1971 publicó Bioethics: bridge to the future (Bioética: puente hacia el futuro), un libro en cuyo prefacio dice buscar contribuir al futuro de la especie humana promoviendo la formación de una nueva disciplina, la disciplina de la Bioética. Si existen dos culturas que parecen incapaces de hablar entre sí, —las ciencias y las humanidades— y si ésta es en parte la razón de que el futuro se vea dudoso, entonces, tal vez, podríamos construir un puente hacia el futuro construyendo la disciplina de la bioética como un puente entre las dos culturas (Potter, 1971, p. vii).

La posición de Potter reflejaba las preocupaciones de su tiempo. En la década de los 1960s y 1970s, en plena Guerra Fría, que el poder de la tecno-ciencia debía ser utilizado responsablemente era ya una idea extendida y un imperativo moral. Dicho poder había conducido al desarrollo de armas de destrucción masiva y de toda una tecnología que le permitía al hombre intervenir más y más en la vida. En la carrera desaforada por ‘producir’ más y ‘ganar’ más, el ser humano estaba – 208 –


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devastando y destruyendo sin considerar la fragilidad de la vida. Frente a esto Potter se preguntaba “¿cómo pueden combinarse los avances científicos con la herencia ética de la humanidad, de forma que sirvan al individuo y la sociedad?” (Potter, 1971, p. vii). Pero la bioética que propone Potter no debe entenderse como una simple sumatoria de Ciencia y Ética, sino como la búsqueda de una comprensión holística, inter y multidisciplinaria del fenómeno de la vida, en la que el ‘todo’ es más que ‘la suma de sus partes’. No se trata, como a veces pareciera cuando se habla de bioética hoy, de adicionarle una pizca de ética a la cazuela de la ciencia o de enderezar su caminar torcido, como si la bioética fuera una especie de ‘ortopedia moral’. Para nada. La bioética busca ser sobre todo una alternativa en un contexto en el cual la vida ha devenido un ‘bien’ [económico] que se administra y se explota, minando así su dignidad y desconociendo su vulnerabilidad. La bioética tendría el reto de ofrecer salidas al advenimiento de una biopolítica opresora y ciega al servicio del poder económico que se ha instalado entre nosotros, o de lo contrario terminará sin querer siendo parte de ella.

4.1. Institucionalización de la bioética A principios de la década de los 1970s surgieron en Estados Unidos los primeros centros de investigación alrededor de temas que luego serían considerados como ‘de bioética’. Uno de ellos, el Instituto Kennedy de Bioética, originalmente llamado Instituto Joseph y Rose Kennedy para el Estudio de la Reproducción Humana y la Bioética, quizá el más importante en el mundo, fue fundado en 1971 en la Universidad de Georgetown, en Washington, DC. El fundador y primer director de este instituto, André Hellegers, gineco-obstetra, afirmaba que, en cuanto científico, se había encontrado “ante dos problemas éticos vinculados a la reproducción: la anticoncepción y el retraso mental [y que de todo esto había sacado] la firme convicción de que, de ahora en adelante, convenía abordar los problemas de la ética médica con – 209 –


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un enfoque interdisciplinario y según una aproximación ecuménica”.13 Quedaba claro entonces que la bioética habría de vérselas con problemas nuevos y difíciles surgidos en el contexto del avance biomédico y que ameritaban una discusión amplia en la sociedad. Además de tales problemas, la colectivización y corporativización de la medicina, así como los escándalos en la investigación científica que involucraba seres humanos, trajeron consigo un reacomodamiento de las relaciones medicina / sociedad que también está en el origen de la bioética. Pero no fue sino hasta el surgimiento del principialismo en 1979 que la bioética logró su verdadera institucionalización. En ese año Tom Beauchamp y James Childress publicaron Principles of Biomedical Ethics, libro en el que proponían cuatro principios para guiar la toma de decisiones y los análisis de orden ético-moral tanto en el ámbito clínico como en la investigación que involucraba seres humanos. Tales principios eran: respeto por la autonomía (o respeto por las personas), beneficencia, no-maleficencia y justicia. La propuesta de Beauchamp y Childress desarrollaba lo expuesto en el Informe Belmont, en 1978, que había sentado las pautas éticas para la investigación biomédica en Estados Unidos, y que es hoy por hoy uno de los documentos más importantes en la historia de la ética de la investigación, un tema profundamente ligado a la historia de la bioética y a la actividad militar. En Colombia desde los años 1990s la bioética logró su plena institucionalización con la creación de los primeros programas de posgrado y el surgimiento de las primeras publicaciones seriadas y libros dedicados a los diversos temas que trata la bioética. Desde entonces, como ha sucedido en todo Latinoamérica, la bioética en Colombia ha buscado superar los límites de la bioética de corte norteamericano, cuyo mayor énfasis son los temas relacionados con el avance biotecnológico. Temas que con frecuencia han opacado la 13

La Bioéthique. Cahiers de Bioéthique, Le Presses de L’Université Laval, Québec, Pag. 13 (Traducción: CENALBE).

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necesaria reflexión sobre los problemas particulares que aquejan a países como el nuestro. En este sentido, plantear el tema de la bioética en el escenario de las FF.MM. es de hecho una oportunidad para ampliar los linderos de la reflexión bioética, pero de manera adecuada y relevante para nuestra propia situación.

4.2. Bases filosóficas de la bioética Según T. Engelhardt, renombrado bioeticista norteamericano, la moralidad contemporánea está compuesta por dos ámbitos distintos, “lo compartido con amigos morales y lo compartido con extraños morales” (Engelhardt, 1995, p.44). Para Engelhardt, “[l]as disputas admiten diversas vías de solución: a) la fuerza, b) la conversión de una de las partes al punto de vista de la otra, c) la argumentación racional fundada, y d) el consenso” (Engelhdardt, 1995, p.90). Y dado que la fuerza o una ‘conversión general’ tipo Pentecostés no parecen salidas plausibles hoy (Engelhardt, 1995, p.94), sólo quedaría entonces el consenso y la aceptación, en el escenario público, de que la autoridad moral deriva principalmente del individuo. Esto no quiere decir, sin embargo, que hayamos renunciado a fundamentar moralmente las decisiones, utilizando para ello los diversos sistemas éticos que constituyen nuestro mundo moral. El reconocimiento del individuo como fuente de autoridad moral no es una aceptación del relativismo. De hecho, aunque la moral contemporánea sea una ‘colcha de retazos éticos’, como opinan a A. MacIntyre y el mismo Engelhardt (1995, p.51), apelar a un sistema ético no significa otra cosa que “buscar un fundamento distinto a la fuerza para resolver una controversia” (Engelhardt, 1995, p.91). Para G. Calderón, la bioética es una disciplina reciente, en desarrollo, y que “es, fundamentalmente, una herramienta deliberativa que posibilita la mediación dialógica entre hechos y valores, entre principios abstractos y cursos concretos de acción, entre el relativismo ético

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extremo y el universalismo absoluto” (Calderon, 2013, p.5).14 Este papel mediador de la bioética tiene que ver, además, con su capacidad de poner en funcionamiento el diálogo interdisciplinario, que no busca simplemente la ‘aplicación’ de ciertos principios, sino proveer “un escenario adecuado para la deliberación” (Calderón, 2013, p.7). Para el profesor G. Hoyos “… la interdisciplinariedad de todas maneras se hace operante desde una actividad comunicativa, desde un diálogo tal como está formulado aquí: la bioética es la ética del diálogo con las ciencias y con la humanidad” (Hoyos, 2002, p. 105s). Así, la vocación dialógica, incluyente, plural, de búsqueda de consensos y de compromiso con la vida constituyen las fortalezas de la bioética. En un mundo en el que una moral canónica dotada de contenido para todos(as) no parece plausible, quedando sólo la opción de una moralidad secular de carácter esencialmente formal, la bioética tiene la gran misión de ubicar puntos de encuentro en la diferencia, así como las bases necesarias para lograr una convivencia pacífica. En el terreno de la bioética se trata de argumentar, de dar razones y de buscar consensos. En bioética [l]a vía de la argumentación deberá ser escogida porque puede ser entendida como una especie de ‘esperanto moral’ que, al igual que en el mundo de los lenguajes naturales, pocos lo utilizan efectivamente, pero que está diseñada para ser aprendida y entendida fácilmente por todos, a efectos de hacer posible la comunicación (Díaz, 2002, p.13). Y dado que “la bioética no es sólo teoría moral, cabe sugerir que, […] ella también tendría una responsabilidad política, tanto en su propio seno como en la forma de plantear su responsabilidad social” (Díaz, 2002, p. 17). La moral en una perspectiva contemporánea y 14

El libro del profesor Calderón que se cita aquí es el primer texto de la colección Estudios en bioética lanzada por el Instituto de Bioética en 2013.

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habermasiana es un espacio que linda con la Política (Díaz, 2002). Por esto la bioética no puede estar ausente del escenario público como tampoco ser patrimonio exclusivo de expertos o círculos cerrados de cualquier índole (Díaz, 2007). Y parar vincular la vocación política de la bioética con el quehacer de los militares, vale la pena traer a colación la postura de M. Foucacult (1992, p. 29) para quien “la política es la guerra continuada por otros medios”, invirtiendo así la famosa expresión de Clausewitz según la cual “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Igualmente, para Foucault, “el derecho es una cierta manera de continuar la guerra” (Ibídem). Esta perspectiva puede ayudarnos a aclarar lo que creo debe ser la tarea de los militares en las sociedades democráticas contemporáneas: más que prepararse para la guerra, los militares de hoy deben prepararse para garantizar la permanencia y el progreso de dichas sociedades libres y democráticas. Deben ser capaces de ganar la guerra por otros medios; prepararse para la paz. Esto requerirá de parte de las FF.MM. adherencia a las normas jurídicas y una adecuada inserción en el entramado de las instituciones y las relaciones políticas, así como la adopción de una postura ético-moral fundamentada principalmente en la justicia, un escenario en el que la bioética sin duda tiene mucho que aportar, como veremos en las siguientes secciones en las que se esbozará cómo en la literatura bioética mundial, y también en la nacional, los temas referentes a la guerra, la violencia y los militares ya han comenzado a ser analizados.

5 Abusos

en la investigación, militares y surgi-

miento de la bioética

Durante la Segunda Guerra Mundial médicos nazis condujeron horrendos experimentos en los que se utilizó, sin límites y sin su consentimiento, a centenares de prisioneros judíos. Tales vejámenes salieron a la luz pública durante los Juicios de Núremberg, encabe– 213 –


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zados por militares de Estados Unidos y en los que se condenó a dichos médicos. Se sabe que los médicos nazis pudieron ser reclutados porque “Hitler apeló directamente al estamento médico alemán para que lo ayudara en su campaña de higiene racial”, y en respuesta a dicha petición, 49 médicos, la mayoría de ellos jóvenes, crearon en 1929 la Liga de Médicos Nacionalsocialistas (Loue, S., 1999, p. 11). Con la expedición del Código de Núremberg15 se produjo un antes y un después en la historia de la ética de la investigación. A partir de este código quedó clara la obligatoriedad de contar con el consentimiento previo de quienes participen como sujetos de investigación, además de otras normas de carácter ético a tener en cuenta en la investigación biomédica (Miles, 2013, p. 117). Pero no solo los regímenes totalitarios y crueles llevan a cabo horrendos experimentos o explotan a los vulnerables en nombre de la búsqueda de conocimiento útil, sea para propósitos militares o civiles, como hicieron los Nazis. Durante la Guerra Fría quedó demostrado que del lado de ‘los buenos’ también se pueden cometer excesos y desatinos en la investigación biomédica (Díaz, 2010). Durante este periodo militares estadounidenses patrocinaron o llevaron a cabo diversos experimentos que luego devinieron escándalos al ser conocidos por la opinión pública (Rothman, 1991). Un ejemplo de este tipo de experimentos fue el de irradiación total del cuerpo, llevado a cabo en la Universidad de Cincinnati, que inició en 1960 y terminó en 1972, y en el que se sometió a pacientes con cáncer a grandes dosis de radiación para obtener datos que interesaban sólo a los militares. Los pacientes que participaron en esta investigación creían estar siendo tratados para su enfermedad. Llama la atención que “[l]a gran mayoría […] eran afroamericanos ancianos, pobremente educados y dependientes de la caridad para obtener servicios médicos. Muchos eran también cognitivamente discapacitados, con un IQ promedio 15

Documento fundante de la ética de la investigación en nuestros días.

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de 89, en comparación con uno ‘normal’ de 100” (Loue, 1999, p. 22). Los escándalos por experimentos como éste llevaron a cambios en las políticas públicas relacionadas con la investigación biomédica en Estados Unidos. Del mismo modo, la experiencia internacional luego del uso de armas químicas y biológicas llevó a modificar la ética médica militar (Miles, 2013, p. 117). Pero a pesar del desarrollo de todo un corpus ético y legal en torno a cómo debe planearse y conducirse la investigación médica, los abusos se siguen dando. Entre 1990 y 1998 el Departamento de Defensa de Estados Unidos llevó a cabo ensayos clínicos con drogas que no eran parte del estándar de cuidado, en los que además el consentimiento informado no se realizó por ‘razones militares’. Se usaron drogas no aprobadas, como la piridostigmina, que se administró a miles de soldados para prevenir posibles daños por exposición a organofosforados o a toxina botulínica, aún a sabiendas de que tal droga podía producir efectos negativos en el sistema nervioso y afectaría la capacidad para el combate (Gross, M., 2004, p. 28). La no realización del consentimiento informado demuestra la preponderancia de las ‘razones militares’ frente a la autonomía de las personas y la dignidad humana. En este contexto no sorprende que cuando un soldado presentó una demanda en Estados Unidos por haber sido enrolado en una investigación sin su consentimiento, la Corte terminó por apoyar al Departamento de Defensa arguyendo que había “razones” suficientes que justificaban la no aplicación del consentimiento informado (Miles, 2013, p.119). Para Miles (2013, p. 121) los desaciertos en temas de ética médica y bioética cometidos por las FF.MM. de Estados Unidos durante las dos últimas guerras (en el Golfo) estuvieron relacionados con: 1. La poca colaboración que hubo entre civiles y militares para analizar estos temas; 2. La poca cantidad de eticistas civiles que sabían de temas militares; 3. La no consideración de la historia de la ética de la investigación que hizo ver muchos asuntos como cosas “del pasado” y sin ninguna relación o aplicabilidad en el presente; 4. Las autoridades – 215 –


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militares norteamericanas no consultaron antes, sino después de su implementación sobre ciertas políticas que mostraron ser erróneas; y 5. Hubo desconocimiento de documentos importantes como la Declaración de Tokio sobre médicos y tortura por parte de quienes definían las políticas al interior de las FF.MM. Por otro lado, según Miles, el problema radicó también en que las sociedades médicas y de ética médica tendieron a considerar las críticas a diversas tácticas militares desde la perspectiva de la ética médica como “opiniones políticas sobre la guerra” en vez de “afirmaciones relacionadas con el profesionalismo en el terreno de la salud” (Miles, 2013, p. 121). J. Moreno, bioeticista norteamericano que hizo parte del Advisory Committee on Human Radiation Experiments, comité creado por el presidente de Estados Unidos Bill Clinton en 1994, para estudiar aspectos relacionados con la experimentación en seres humanos y la radiación, confesaba en un editorial de una prestigiosa revista de bioética dedicado al tema de la ética militar, que quedó sorprendido al descubrir que las autoridades militares ya discutían temas relacionados con la experimentación en seres humanos, años antes incluso del surgimiento de la bioética, utilizando un lenguaje similar al que más tarde emplearían los expertos [bioeticistas] en este campo. Fue sorpresa porque, como también confiesa Moreno, en un principio el término ‘ética militar’ le pareció un oxímoron, tanto como ‘ética de los negocios’ o ‘inteligencia militar’. Una percepción que pesa como un estigma para los propios militares quienes, en últimas, no deberían ser catalogados negativamente a priori como sucede muchas veces (Moreno, 2008). Por esto, en vez de negar la legitimidad de las reflexiones en torno a la ética militar, la investigación biomédica y la bioética, lo que debemos hacer es llevar a cabo nuestra propia reflexión, contribuyendo con lo que podría ser específico desde las particularidades de la situación colombiana y teniendo en cuenta los debates que ya se vienen dando en este sentido en otras latitudes, así como las tensiones que se presentan entre ética militar y ética médica tradicional.

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6.

¿Ética militar o ética médica tradicional?

Gross ha argumentado que la ética médica tradicional se ve limitada en tiempos de guerra y que los dictados de la ética militar transforman los deberes éticos que tienen los médicos en tiempos de paz o alteran substancialmente la manera como se entienden los deberes éticos de los médicos. El principio de respeto por la autonomía, por ejemplo, que le da piso a derechos políticos fundamentales, como el de autodeterminación, no se entiende igual en tiempos de guerra que en un contexto militar. En la guerra el respeto por la autonomía suele ser reemplazado por un “paternalismo benigno” según el cual “no se trata del propio bien, sino del bien del estado y de los militares” (Gross, M., 2004, p. 24), posición debatible para algunos. Otra fuente importante de controversia ética y bioética es el desarrollo de armas no-letales (ANL). Estas armas, teóricamente, no matan sino que incapacitan temporalmente al producir estrés físico, desorientación o pérdida de la conciencia. Para Gross la invocación del principio rector de la ética médica, primum non nocere (lo primero no hacer daño,) que haría éticamente injustificable la participación de los médicos en el desarrollo de cualquier tipo de armas, aún las ANL, no se basa en razones sólidas. De hecho, para él, tratándose de ANL los médicos deberían ayudar pues éstas “pueden ayudar a reducir las bajas y proteger a los civiles en guerras asimétricas” (Gross, M., 2010, p. 35), un punto de vista en extremo utilitarista. Ejemplos de ANL incluyen agentes biológicos como ántrax o la encefalitis equina venezolana y, más recientemente, dispositivos acústicos que pueden causar desorientación, vómito y espasmos intestinales o el Active Denial System que puede producir incapacidad por dolor (Gross, M., 2010, p. 35). Sin embargo, organizaciones internacionales como la Asociación Médica Mundial (AMM), la Asociación Médica Británica y el Comité Internacional de la Cruz Roja han reafirmado la postura ética tradicional de que los médicos no deben involucrarse en la producción de armas. Aunque estas armas no matan, el daño que causan es un “daño medicalizado” – 217 –


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al ser el fruto de la aplicación del conocimiento médico (Gross, M., 2010, p. 38). De acuerdo con la AMM cualquier daño a la salud, física o mental, sin ‘justificación terapéutica’ no sería aceptable, menos aún si el daño es causado deliberadamente por una acción médicamente planeada. La salida de Gross a este impasse es debatible: en tiempos de guerra la ética militar estará por encima de la ética médica tradicional que prevalece en tiempos de paz (Gross, M., 2010, p. 39). Aunque lo frecuente en bioética es que se dé un proceso de deliberación para dirimir los conflictos que se presentan entre principios, en el campo militar parece sencillamente prevalecer el principio de utilidad. Para Gross, aunque es obvio que la tortura y la humillación no pueden aceptarse, cuando se trata de guerra entre naciones sería posible, a la hora de tomar decisiones, apelar a “razones militares” para justificar una acción o intervención que en tiempos de paz estarían prohibidas (Gross, M., 2004, p. 25). De esta manera en la guerra los intereses del Estado, así como los de las propias FF.MM., quedarían por encima de los intereses de los individuos. La racionalidad de la guerra impondría cosas tales como que el deber de los médicos en tales circunstancias sería principalmente el de “rescatar” (salvage) soldados para retornarlos lo más pronto posible a las filas, y no el de buscar, por ejemplo, garantizar una buena calidad de vida, un objetivo relevante en tiempos de paz (Gross, M., 2004, p. 24). Para Gross, las razones o necesidades de orden militar “entran a hacer parte del panteón de los principios que guían la medicina y la guerra, contribuyendo en la estructuración de los dilemas que caracterizan a la bioética durante un conflicto armado” (Gross, M., 2004, p. 26). Al reseñar Bioethics and Armed Conflict: Moral Dilemmas of Medicine and War, libro publicado por Gross en 2006, R. Joy señala que en él se llega a aceptar que los médicos puedan estar involucrados en interrogatorios a prisioneros. Además, para Joy, el libro está escrito desde una perspectiva europea e israelí, presentando a los médicos como los actores centrales y desdeñando la discusión frente al accionar de – 218 –


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otros elementos. Finalmente, Joy resalta que la falta de “fibra moral” en los soldados no es discutida, ni tampoco los asuntos relacionados con la psiquiatría en la guerra (Joy, 2007, p. 606). Siendo el libro de Gross sobre bioética y conflicto armado, llama la atención que ni siquiera se nombre el escándalo de Abu Ghraib. De otro lado, M. Kottow (2008), connotado bioeticista chileno, critica a Gross por insinuar que en el combate contra el terrorismo se pueda recurrir al mismo tipo de violaciones que realizan los propios terroristas, esto es, que si los terroristas violan las normas del DIH, no habría por qué exigir a quienes los combaten que sí las respeten. Además, según Kottow, siguiendo a Ross se podrían vincular médicos para que participen en acciones reprochables. Por ejemplo, si la tortura fuera una necesidad militar, los médicos deberían cooperar y, haciendo una lectura [sesgada] del principio de no-maleficencia, desde Gross no habría que pensar que se trata de “no hacer daño”, sino de “no hacer más daño del necesario” (Kottow, 2008, p. 215). Pero lo cierto es que los principios de la bioética no funcionan de manera diferente en el ámbito militar. La no-maleficencia no es solamente para situaciones excepcionales, y la beneficencia y la protección de los vulnerables no pueden ser principios subalternos de posiciones meramente estratégicas, contingentes y pragmáticas. Por eso para Kottow no se puede aceptar que las necesidades militares y el poder político-militar den al traste con “siglos de ética médica y décadas de deliberación bioética” (Kottow, 2008, p. 217). Tampoco, siguiendo a Kottow, deberíamos permitir que la ansiedad de nuestra cultura por acabar con la agresión y la violencia termine por llevarnos a hacerlo efectivamente, pero dejando tras de sí, y paradójicamente, una estela similar de violencia y terrorismo. En este sentido no sería más que una Victoria Pírrica. En suma, para Kottow habrían tres grandes razones para hacer caso omiso de las propuestas de Gross: primero, la existencia de documentos internacionales que desvirtuarían sus propuestas; segundo, su invocación errónea de necesidades justas – 219 –


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militares; y, tercero, la idea de que los médicos pueden ser maleficentes en determinadas circunstancias (Ibíd). Según Kaebenick aunque la guerra no parecía un tema urgente para la bioética, luego del 9/11 ésta devino “el tema”. En los diez años que siguieron a este lamentable episodio, diversos temas escabrosos de relevancia para la bioética y surgidos en la guerra han llegado a ocupar un primer plano. Uno de ellos es el del bioterrorismo y de cómo las instituciones gubernamentales, los investigadores médicos y los trabajadores de la salud deben responder a él (Kaebenick, 2004, p.2). La respuesta ha sido la biodefensa, un sector que en Estados Unidos ha llegado a convertirse en una gran industria. Aunque desde la década años 1940s del siglo XX los Estados Unidos han tenido armas biológicas, no fue sino hasta los años 1990s que la creación de programas para responder a un posible ataque bioterrorista comenzaron a recibir fondos. Pero el ataque del 9/11 realmente ‘disparó’ la inversión en programas de biodefensa (King, 2005, p. 432). Según King, la biodefensa incluye cuestiones éticas en relación, uno, con los preparativos para enfrentar un posible ataque y, dos, con la respuesta misma al ataque (King, 2005, p. 432). En referencia a la ética de los preparativos hay un gran debate. En primer lugar, como afirma King, a pesar del pequeño número de incidentes y víctimas de ataques que podrían ser considerados como de bioterrorismo, algunos científicos y encargados de políticas públicas han recomendado destinar una significativa cantidad de recursos para biodefensa (King, 2005, p. 433). Para justificar el gasto en biodefensa se ha utilizado además el argumento del “doble uso”. Según este argumento, hacer investigación en biodefensa contribuiría no solamente a propósitos militares, sino que permitiría avances en salud pública y epidemiología (King, 2005, p. 434). Pero quienes están en desacuerdo con esta postura han argumentado que incluso aceptando la inevitabilidad del bioterrorismo y el posible “doble uso” que podrían tener las investigaciones en biodefensa, la distribución de recursos escasos para la salud terminaría afectándose. Además, habría riesgos al realizar este tipo de investigaciones y publicar – 220 –


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sus resultados. Finalmente, también se comprometería el desarrollo y evaluación de nuevas tecnologías médicas, así como programas de vacunación preventiva (King, 2005, p. 435). Frente al tema de la respuesta a un posible ataque bioterrorista, King considera que hay similitudes con la respuesta a una epidemia, por los temas éticos, en uno y otro caso son también similares (King, 2005, p. 440). Aun así habría que tener en cuenta las diferencias: en un ataque bioterrorista es posible que el recorte de libertades sea mayor que el que ocurriría en una epidemia, el rol que jugaría la ciudadanía sería diferente, y, finalmente, la vigilancia y el manejo de información confidencial también sería distinto en uno y otro caso. King advierte que el énfasis en biodefensa puede producir una carrera armamentista en este sector. Igualmente, bajo “la institucionalización de la biodefensa” se puede llegar a promover un clima exagerado y permanente de crisis, en el cual las deliberaciones éticas pueden terminar siendo apuradas, oscurecidas o ausentes por completo. Por esto para King tal vez sea necesario hablar de una “ética de la crisis” (King, 2005, p. 445). En Colombia habría que pensar en qué consistiría esta ética de la crisis que, en primera instancia, tendrá que ver con lo que ha sido nuestra propia crisis de violencia y conflicto, en la que hemos estado sumergidos por varias décadas. Por esto no es descabellado que la bioética se pregunte por cuál ha de ser su rol en esta situación.

7. Bioética y el conflicto colombiano En Colombia la ética militar y las relaciones entre bioética y FF.MM. han recibido relativamente poca atención de la comunidad académica que trabaja en bioética. Un poco más atención ha recibido la cuestión del rol que podría jugar la bioética en la solución del conflicto colombiano que lleva varias décadas. Reseñar algunos de estos trabajos podría entonces iluminar la manera como podría darse la relación entre bioética y FF.MM. Para empezar digamos que en 2001 el Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana, con el apoyo del Carnegie Council on Ethics and – 221 –


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International Affairs, organizó el seminario Ética, Reconocimiento y Justicia, en el que se subrayaba que desde la experiencia internacional una verdadera reconciliación se lograría solamente cuando la verdad y la justicia fueran parte de la agenda por la paz.16 Posteriormente, algunos de los estudiantes de los posgrados en bioética del Instituto (especialización y maestría) han abordado temas relacionados con la justicia y la paz. En 2004, por ejemplo, G. Salazar, en su trabajo de tesis sobre justicia restaurativa en Colombia, y a partir de la filosofía de Levinas, llamaba la atención sobre la necesidad de que en Colombia se reconociera el ‘rostro del otro’, su dignidad, y en la misma tónica se adoptara una pedagogía del ‘escuchar al otro’ (Salazar, 2004, p. 56). En un horizonte de reconciliación, la justicia restaurativa buscaría reparar el daño causado a las víctimas en vez de castigar a los causantes del mismo (Salazar, 2004, p. 22, 25). Esta fue precisamente la invitación del profesor Guillermo Hoyos a los militares colombianos en el I Simposio sobre Ética Militar en 2012: para lograr la paz tendremos que estar preparados para perdonar lo imperdonable, frase que subrayó varias veces durante ese año (Hoyos, 2012). Para Salazar era necesario transformar las situaciones de violencia estructural que se dan cuando el Estado no es capaz de satisfacer las necesidades básicas de las personas (Salazar, 2004, p. 9), una violencia que permea también y completamente el sistema de salud (Rueda, E., et al., 2010). Por su parte, en 2006, Andrés Escovar, en su trabajo de sobre la Ley de Justicia y Paz, llamaba la atención sobre la ausencia de reconocimiento a las víctimas que había caracterizado a las iniciativas de paz en Colombia y la necesidad de oponerse a una historia escrita solo por los vencedores (Escovar, 2006, p. 41). Más recientemente, Nel F. Guerra Sierra, en su trabajo de maestría en bioética sobre el conflicto armado y el pueblo kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta, argumentaba que la bioética tenía la misión, en el contexto de dicho conflicto, de jugar el rol de un 16

Documento interno, Instituto de Bioética, 2001.

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puente hacia la sociedad (Guerra, 2012, p. 111). Esto sería posible si, primero, se da una apertura de la bioética a temas como la guerra y la violencia en Colombia; segundo, se enfatiza la prevalencia de la Ética sobre el Derecho, es decir, la preeminencia de buscar primero consensos éticos antes que acuerdos legales17; tercero, se apuesta a la interculturalidad y, cuarto, se promueve el derecho a la verdad, la justicia y la reparación (Guerra, 2012). En 2001, en el marco de la Cátedra Manuel Ancízar de la Universidad Nacional, que ese año tuvo por título Ética y Bioética, Francisco De Roux, S.J., llamaba la atención sobre la crisis humanitaria en Colombia y la degradación del conflicto por la manera como se irrespetaba día a día la vida y se vulneraba la dignidad humana. Habiendo trabajado por muchos años en el Magdalena Medio, las palabras de De Roux reflejaban el inmenso “dolor y trauma que vivimos como sociedad” por cuenta de la violencia y la injusticia (De Roux, 2002, p. 87). Tal situación estaba relacionada con la falta de una verdadera ética cívica. Como país mayoritariamente católico, se vivió con la creencia de que las normas y reglas morales derivadas de tal confesión no sólo habían sido suficientes para guiar a la sociedad, sino que deberían seguir siéndolo hoy. Para De Roux, Colombia albergó por muchos años la “ilusión religiosa de una sociedad” o la “ilusión religiosa de moral pública”. Pero por muy católicos que fuéramos la historia ha demostrado que no hemos logrado superar los enormes problemas de inequidad, explotación, discriminación y violencia que nos aquejan. Con el declive del papel de la religión en la vida pública, en particular de la Católica, quedó al descubierto en Colombia que: […] no había una ética de lo público... [que] no habíamos construido una ética civil que fuera válida para todos nosotros, 17

Lograr un consenso ético permitiría “minimizar el desgaste de la ley y favorecería la asunción de valores y una dinámica de mayor humanismo. Esto es lo que podría esperarse de disciplinas como la bioética” (Guerra, 2012, p. 132).

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independientemente de ser algunos católicos, protestantes, o ateos o marxistas, o liberales o empresarios, u obreros, una ética que a todos nos unificara en unos pocos elementos básicos que íbamos a proteger como ciudadanos y ciudadanas en Colombia (De Roux, 2002, 1992).

Por otro lado, de lo dicho por el profesor Hoyos (2002) en esta Cátedra, quisiera recoger tres ideas de trascendental importancia para el tema de las relaciones entre bioética y FF.MM. Como filósofo educado en la cuna de la filosofía moderna, Alemania, Hoyos invocaba a Kant para recordarnos que no podíamos renunciar a tres ideas centrales, sin importar lo contraintuitivas que fueran: la idea de la crítica, la idea de la libertad y la idea de lo imposible; las tres —y esto es lo fundamental—, están profundamente relacionadas con el ámbito de lo moral. Situándose en la línea de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, el profesor Hoyos nos invitaba a oponer resistencia a la total positivización a la que hemos sido sometidos por el imperialismo tecno-científico que caracteriza nuestra época. Citando a Marcuse, señalaba que el hombre de hoy “…casi termina por ser objeto de un conocimiento científico del que es un producto” (Hoyos, 2002, p. 108). El ámbito de la Moral sólo es posible si hay libertad y, a su vez, la libertad se revela en situaciones morales. Para ilustrar este punto proponía el ejemplo de alguien que estuviera pensando en matar (o dañar, afectar, humillar, atacar, etc.) a su enemigo. Según el profesor Hoyos, ante la posibilidad de matar, y citando a Kant, “…todos al mismo tiempo oyen otra voz en la reflexión que dice ‘no puedo matarlo’”. Un “no puedo” que es esencialmente de tipo moral (Hoyos, 2002, p. 112). Para el profesor Hoyos no había que olvidar que, como lo creía Rousseau, “el ciudadano común y corriente es capaz de moral, y no necesariamente por religión —esta es la gran pelea; todavía se piensa que sólo se es moral de manera heterónoma—” (Hoyos, 2002, p. 115). Finalmente, el profesor Hoyos nos recordaba que la imposibilidad – 224 –


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fáctica de algunas cuestiones no es razón para abandonar proyectos de trascendencia moral. Las utopías mueven al mundo. En este sentido proponía, usando las palabras de Kant en la Filosofía del Derecho, que “los humanos deberíamos reconocer un imperativo en forma de veto de la razón que nos dice: no debe haber guerras, ni entre tú y yo, ni entre una nación y otra”. Sin embargo, como Kant sabía que de todos modos guerras iba a haber, agregaba: “y así parezca casi imposible que no las haya y por tanto irrealizable este imperativo moral, no debe haber guerra; debemos empeñarnos con todos nuestros esfuerzos para que eso de alguna manera llegue a ser posible” (Hoyos, 2002, p. 114). Esta sería la única manera de salir del estado de naturaleza de puros animales. En 2002 la Universidad El Bosque tituló el número 19 de su colección Bíos y Ethos “Bioética y conflicto armado”. En este número O. Mejía Quintana (2002), siguiendo a Rawls, proponía que la justicia debía tener prioridad sobre el Derecho, la eficacia y el bienestar (Mejía, 2002, p. 193) y que se debería propender por una libertad básica lo más amplia posible, compatible con una libertad similar para todos, mientras que la desigualdad económica sólo podría ser aceptada si era en beneficio de los menos aventajados y para asegurar la igualdad de oportunidades para todos (Mejía, 2002, p. 181). En este proceso se debería apelar a la razón pública en tanto razón ciudadana (Mejía, 2002, p. 194). Desde Rawls, Mejía (2002) subrayaba que “la racionalidad moral es racionalidad deliberativa… Consenso y libre elección racional” (p. 184). Y para que este proyecto de justicia pudiera darse sería necesario contar con un sistema democrático, una constitución política y una corte suprema de justicia (Mejía, 2002, p. 195). Pero lo más importante quizá de lo dicho por Mejía es que [l]os principios de justicia fueron concebidos, no para hacer virtuosas a las personas sino para hacer virtuosas a las instituciones, pues son ellas las que deben poder regular los conflictos e identidades de intereses de la sociedad, garantizando con su imparcialidad – 225 –


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el sistema de cooperación social que la rige y la estructura general bien ordenada que debe caracterizarla (Mejía, 2002, p. 183).

En este mismo número de Bíos y Ethos otros autores trataron también de analizar los problemas de violencia que aquejaban a Colombia desde los ángulos que ofrece la bioética. Para J. Escobar Triana, el país requería “un replanteamiento de los valores éticos y morales, que nos comprometan con la cadena de la vida, aprender a hacer y aceptar críticas, desarrollar acercamientos y proponer soluciones” (Escobar, 2002, p. 13). Algo en lo que sin duda puede aportar la bioética. En la perspectiva de C. Maldonado era necesario replantear la noción de ‘neutralidad’, señalando que no significa inacción o pasividad, como tampoco encerrarse o aislarse (cocooning). La neutralidad es más bien un ‘principio activo’ que implica una acción colectiva (Maldonado, 2002, p. 39). Finalmente, de este volumen vale la pena resaltar también la postura de G. Hottois, bioeticista belga, según la cual una “cultura bioética” ayudaría a manejar sin violencia los conflictos a través de dos estrategias. Primero, privilegiando la vida y cuidando a todos los seres vivos, teniendo en cuenta los principios de sacralidad de la vida y de vulnerabilidad (Hottois, 2002, p. 93-95). Y segundo, descentrando el punto de vista médico en una doble dirección: por un lado, hacia la sociedad global, y por otro, hacia la naturaleza (Hottois, 2002, p. 97). De mi parte, en 2006 discutí lo que podría ser el rol de la bioética en la solución del conflicto colombiano en el marco del 3er. Congreso Internacional de Ética de la Investigación Científica, organizado por la Universidad Militar Nueva Granada, en Bogotá.18 Mi argumento central fue —y lo sigue siendo— que si la bioética —en particular la bioética clínica— quería contribuir realmente a la construcción de paz en

18

La ponencia se titulaba Crítica a la bioética si ha de ser instrumento para la construcción de paz en Colombia. Esta ponencia fue luego publicada con el mismo título en la Revista Latinoamericana de Bioética, volumen 7, edición 12, 2007, p. 92-101.

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Colombia, debía cumplir con al menos dos requisitos. El primero, un mínimo de calidad y compromiso en la tarea académica y profesional que realiza, adoptando una postura honesta y crítica, y abandonando los discursos vacíos, sofísticos y engolosinadores que pululan entre muchos de sus pensadores y practicantes. El segundo, tomar partido, de manera clara y firme, por la justicia, en tanto condición sine qua non para la paz, buscando pasar del sueño y la retórica a la realización efectiva de la participación de todos los actores, en particular los pacientes, en el ámbito de la atención en salud. Para mi es claro que “… la ausencia de lucha armada es una condición necesaria pero no suficiente para tener paz, pues sin haber resuelto enormes males sociales originados en la pobreza y la injusticia, no duraría mucho el silencio de las armas” (Díaz, 2007, p. 95). En este sentido no hay que olvidar que la paz es el resultado de determinadas relaciones sociales. Alcanzar la paz implica superar determinadas condiciones (pobreza, inequidad, no solo la inseguridad) y en este sentido cabe preguntarse cuál sería el papel emancipatorio de la bioética. Y lo cierto es que “poca utilidad tendrá la Bioética para la paz, si ésta es un mero ejercicio de miope y prepotente experticia, que creyendo hacer juicios éticos, en realidad no hace más que ayudar a legitimar el statu quo donde se origina y alimenta gran parte de las causas de la violencia en Colombia” (Díaz, 2007, p. 97). Finalmente, a partir de las condiciones que planteé en 2007 para que la bioética clínica cumpliera un rol proactivo en la construcción de la paz en Colombia (Díaz, 2007, p. 101), podría pensarse que en cuanto al papel de la bioética en las FF.MM habrá que tener en cuenta lo siguiente: primero, la bioética en las FF.MM. no debe servir para perpetuar cualquier clase de sistema o situación de injusticia; segundo, debe proveer a sus miembros una idea adecuada de su responsabilidad social, que no sea la de los lugares comunes; tercero, debe ayudar a que sus miembros entiendan las profundas conexiones entre Ética, Política, Derecho, Economía y Administración; cuarto, debe proveer – 227 –


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elementos para que las FF.MM. se guíen por el principio de justicia en tanto institución y que sus miembros reflexionen permanentemente sobre los modelos e ideales del “buen militar”; quinto, debe proveer los elementos para que los militares sepan jugar legítimamente tanto en el terreno de la Ética, como en los de la Política y el Derecho; finalmente, debe poner en contacto a los militares con las discusiones en torno a los avances biomédicos y los imperativos de la defensa de la vida y los ecosistemas, para que puedan tener claridades sobre sus responsabilidades en estos terrenos.

8.

Conclusiones

La apuesta que las FF.MM. de Colombia han decidido hacer por la ética y la bioética como elementos fundamentales en el proceso de formación militar, así como en el manejo de diversas situaciones relativas al ámbito militar y a la relación FF.MM./sociedad civil es quizá una de las mayores apuestas de su historia. Si la reflexión ética, la crítica constructiva, la revisión de las propias prácticas y posturas teóricas, los temas de la bioética así como su talante pluralista e incluyente comienzan a hacer parte del éthos de las FF.MM., estaremos quizá presenciando la mayor transformación que hayan experimentado éstas desde su nacimiento en los tiempos de la Independencia. Es un éthos que, sin embargo, está preparado para tal transformación. A lo largo de su historia las FF.MM. de Colombia han estado comprometidas con mantener la unidad nacional, la modernización permanente, unas adecuadas relaciones con la sociedad civil y el profesionalismo. Como se ha planteado a lo largo de este escrito, pensar las relaciones entre bioética y FF.MM. en Colombia pasa por comprender, por un lado, lo que es la ética y la bioética, y lo que éstas pueden aportar en un mundo que, como el de hoy, es plural, multicultural y guiado por el avance tecno-científico. Desde la ética y la bioética es posible encontrar caminos para que la vida en general, y la vida humana en particular, la dignidad de las personas y su autonomía sean respetadas en el contexto – 228 –


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de las grandes trasformaciones culturales, sociales y políticas del presente. Por el otro lado, también implica comprender el ser y el deber ser de las FF.MM., acercarnos a la figura del militar en la historia y sus retos en el presente, repensar el eterno tema del conflicto y la guerra, y en particular, el rol para el cual deben prepararse unas FF.MM. como las de Colombia, un país con una historia inveterada de conflictos sociales, violencia y subdesarrollo, pero también con los elementos necesarios para superar estos problemas y construir una sociedad democrática, incluyente y desarrollada. Tanto en el mundo como en Colombia, la guerra, la violencia y el papel de los militares, se ha venido convirtiendo en un tema de discusión para la bioética. En particular, los recientes conflictos bélicos en los que los Estados Unidos han estado involucrados han llevado a que dentro de los linderos de la comunidad académica que trabaja en temas de bioética, se discutan temas como la participación de médicos en el desarrollo de armas (letales y no letales), en torturas y otras actividades que están prohibidas por la ética médica tradicional desde hace siglos. Las tensiones entre ética médica tradicional y ética militar son evidentes. En Colombia, aunque no se ha reflexionado sistemáticamente sobre temas militares desde la bioética, como tampoco se ha pensado el rol que ésta pueda cumplir en la educación y otros temas militares, es evidente que esta situación está cambiando. Ya desde principios de los 2000s miembros de la comunidad que trabaja en bioética se dio a la tarea de pensar el rol de ésta en la comprensión y superación del conflicto colombiano. Lo que está pendiente por hacer es mucho, pues como se ha mostrado en este artículo la relación de la bioética con las FF.MM. se ha reducido las más de las veces a temas de ética médica militar. En este sentido, este artículo representa un primer paso hacia la construcción de una relación más innovadora y original entre la bioética, los temas que surgen de los conflictos y las guerras, y el papel que han de desempeñar hoy los militares.

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El sistema educativo

institucional y la formación ética en el ejército de Chile Cr. (R) Carl Marowski P.

Resumen El presente artículo señala en su parte inicial, aquellos aspectos generales de la defensa nacional de Chile que encuadran los deberes constitucionales y las tareas fundamentales que posee el Ejército como cuerpo armado, y que generan coetáneamente, la misión y la visión actual de la Institución. Derivado de lo anterior, se han definido como parte de la doctrina institucional, los distintos ejes de la acción del Ejército y las diversas capacidades que debe desarrollar la fuerza militar. Asimismo, en la dimensión ética de la profesión militar, menciona que la Ordenanza General del año 2006, señaló los valores, virtudes y competencias institucionales. Acto seguido, como lo anterior, se interrelaciona con el Sistema Educativo Institucional (SEI) y sus principales componentes sistémicos, ya que a través de la educación militar en forma transversal, se colabora decididamente con la obtención de las capacidades militares, el desarrollo y el fortalecimiento de las competencias y habilidades que todo miembro del Ejército debe poseer por grado, desempeño, puesto y/o ocupación militar especializada. – 237 –


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Posteriormente, se refleja resumidamente cómo dentro del SEI, se materializa la enseñanza de la ética militar, los valores, principios, liderazgo y todas aquellas asignaturas relacionadas en los institutos docentes. Explica los programas de competencias conductuales, los cuales se ejecutan en apoyo y refuerzo del currículo, para el logro adecuado de los perfiles de egreso, diseñados por la estructura directiva educacional y docente, teniendo como base los mapas funcionales. Finalmente, se establecen las consideraciones finales, que en forma de téngase presente, describen aquellos aspectos más importantes del contenido del trabajo, y que sirven para hacerse una idea del desarrollo y la ejecución de estas materias, al interior del Ejército de Chile.

Palabras claves - Sistema educativo

- Valores, moral y principios

- Liderazgo

- Educación Militar

- Docencia y capacitación

- Instrucción y entrenamiento

- Competencias

- Dimensión ética de la profesión

Introducción El Ejército de Chile, encargado de proporcionar seguridad y defensa a la patria, y que tiene como institución armada, la responsabilidad y la exclusividad del uso legítimo de la fuerza para proteger a la población y la integridad territorial ante amenazas externas, así como apoyar desde sus funciones, la política exterior, el logro de los objetivos nacionales y el desarrollo del Estado de Chile, determina para sus integrantes la responsabilidad de adquirir, desarrollar y aplicar capacidades y competencias propias de una carrera militar al servicio de su país. – 238 –


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Esta complejidad de vocación al servicio a la patria y a la sociedad a la cual debe servir, le entregan características propias a la profesión militar, la que por tener un carácter vocacional, posee rasgos distintivos en sus procesos de formación y de especialización, para proveer a sus comandantes, por medio del Sistema Educativo Institucional (SEI), los valores, principios y virtudes militares necesarias, que permitan conocer y demostrar a lo largo de toda su carrera militar, las características de un comportamiento y un razonamiento ético en todas sus acciones.

La Defensa Nacional en Chile La organización y la estructura de la defensa nacional en Chile, está dada por la existencia y vigencia de diversas leyes, que han sido públicamente explicitadas a la comunidad nacional e internacional, por medio del libro de la Defensa Nacional, en los años 1997, 2002 y recientemente, el año 2010 (www.defensa.cl). Las Fuerzas Armadas en Chile, son dependientes del Ministerio de la Defensa Nacional, están conformadas por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, existen para la defensa de la patria y son esenciales para la seguridad nacional. En su calidad de cuerpos armados son esencialmente obedientes, no deliberantes, profesionales, jerarquizados y disciplinados. La labor de las instituciones es permanente y descansa fundamentalmente en el juramento de servicio a la patria y defensa de sus valores esenciales, que cada uno de sus integrantes expresa al momento de su ingreso a las filas armadas. De esta forma, las características del entorno y el marco internacional de la defensa, originan la política de defensa nacional, respuesta del Estado a las necesidades de seguridad de la sociedad chilena, como una política pública más. De ella, se deriva la política militar para la conducción y orientaciones al Ejército, Armada y Fuerza Aérea, como los medios principales del sector defensa. – 239 –


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Por las características de las Fuerzas Armadas en Chile, la profesión de las armas es eminentemente vocacional, involucrando incluso el sacrificio de la propia vida, lo que imprime rasgos singulares a la educación y formación que imparten sus institutos educacionales, ya que es necesario conformar cuerpos de oficiales y suboficiales homogéneos y con las virtudes y el carácter necesarios para la vida militar. Esta actividad educativa se lleva a cabo en diferentes etapas de la carrera profesional y considera, una etapa de formación inicial, básica o matriz, destinada a proporcionar la base intelectual, física y valórica (ser). Una segunda etapa técnica, profesional o de especialización, para desarrollar conocimientos y actitudes que permitan un buen desempeño profesional (saber) en competencias específicas para operar o mantener sistemas de armas, y, una tercera etapa de formación superior o post-especialización (hacer y compartir). Estos procesos se implementan con un currículo basado en competencias, disponiéndose de sistemas de gestión docentes y de capacitación, control de la gestión educativa, educación a distancia, convenios académicos y de enseñanza idiomática, que permitan tener una fuerza entrenada y alistada, que garantice un empleo exitoso en los diferentes escenarios de la defensa.

La Misión y la Visión del Ejército El Ejército de Chile tiene como principal razón de existencia, la de contribuir a la preservación de la paz y su misión está determinada en la Constitución Política de la República, las leyes y reglamentos institucionales, para de esta forma, garantizar la soberanía nacional, mantener la integridad territorial, proteger la población, instituciones y los recursos vitales del país frente a las amenazas o agresiones externas, así como constituir una importante herramienta de la política exterior de Chile. La visión institucional propugna “Un Ejército para el combate: eficaz y eficiente en la disuasión, en la seguridad y cooperación inter– 240 –


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nacional, y en el conflicto; polivalente, interoperativo, actualizado y sustentable; con buena capacidad de gestión; con un actuar funcional y valorado por la sociedad a la cual sirve”. Actualmente el Ejército se encuentra en un proceso de transformación para modificar su estructura, reorganizar su fuerza, reformular la gestión institucional y adecuar su enseñanza. Este proceso, que desde el año 2002 adquirió un renovado esfuerzo para el desarrollo de una fuerza terrestre, adecuada a las nuevas realidades de una doctrina operacional, con nuevos procedimientos y competencias militares que han generado un cambio cultural, una estructura superior basada en cuatro funciones matrices (planificación, preparación, acción y apoyo), tecnología para una fuerza más eficiente y eficaz, cambios orientados a obtener una fuerza polivalente, con capacidades de proyección, con unidades completas, menor dependencia de la movilización, sistemas operativos integrales con nuevas capacidades y potencialidades y una mayor disponibilidad de las unidades de la fuerza terrestre.

Los Ejes de Acción y las capacidades por desarrollar en la fuerza

Para el cumplimiento de sus misiones y diversas tareas, el Ejército de acuerdo con la misión y la visión señalada, ha determinado actualmente los siguientes tres ejes de acción; de la Defensa, Seguridad y Cooperación internacional (SCI) y la Responsabilidad Social Institucional (RSI). De esta forma, estos ejes de acción, sus imperativos y propósitos, generan la necesidad de desarrollar diferentes capacidades colectivas en la fuerza militar, las que estarán dadas entre otros elementos físicos y materiales, por competencias individuales de los integrantes del Ejército, con diversas características, actividades, tareas y roles para tiempo de paz, crisis y de guerra. Esta conceptualización y directrices fundamentales que orientan la organización, preparación, conducción y empleo de la fuerza terrestre – 241 –


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institucional, se encuentra detalladamente descrita junto a su entorno y estructura, en el texto de la Doctrina del “Ejército y la Fuerza Terrestre”, con una visión relacionada de presente y de futuro, que entusiasme a sus integrantes a participar crítica y activamente, en la generación y decantación subsidiaria de sus componentes, derivados doctrinarios de niveles inferiores. Existen diferentes imperativos, capacidades y propósitos, que están directamente relacionados con los tres ejes de acción que el Ejército debe desarrollar en tiempo de paz, destacándose ahora, aquellos que se relacionan con la dimensión social, ética y profesional de sus integrantes. Sus imperativos son; contribuir al desarrollo nacional y cohesión social, sin desnaturalizar la función militar. Accionar en forma transparente, responsable y con respeto a las buenas prácticas, en sintonía con las demandas de la sociedad y responder a las expectativas de la sociedad, de contar con profesionales eficientes, creíbles, cercanos y apreciados y minimizar las externalidades negativas que se derivan del accionar del Ejército. Dentro de las capacidades que orientaran el desarrollo formativo de la fuerza se destacan: Contar con fuerzas que tengan altos niveles de competencia, comprometidas con el bien común y regidas por códigos de conducta aceptados por la sociedad; contribuir con aportes concretos al desarrollo nacional, desde el ámbito de sus competencias, capacidades humanas, materiales y de infraestructura disponible; favorecer un ambiente laboral que permita el eficaz cumplimiento de sus misiones y los espacios necesarios para el desarrollo integral de sus miembros, en consonancia con los intereses institucionales y las motivaciones individuales; gestionar los recursos institucionales en forma eficiente, proba y transparente; incorporar prácticas sociales, comunicacionales y ambientales de carácter positivas y contribuir a la unidad nacional, en todo el territorio nacional. La existencia de estos imperativos y el desarrollo de estas capacidades, tienen como propósito el contar con un Ejército querido, – 242 –


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respetado y valorado por la sociedad y responder a la confianza que esta comunidad nacional deposita en él, cooperar al desarrollo y a la preservación de la unidad nacional y contribuir a la realización de sus integrantes en el ejercicio de su vocación profesional.

La dimensión ética de la profesión militar en el Ejército de Chile Las bases fundamentales de la profesión, integran criterios que determinan una sólida formación moral, un dominio del conocimiento que permita incorporar adecuadamente la ciencia y tecnología y el desarrollo de habilidades que se logran a través de una permanente integración de la teoría y la práctica. Pero, a lo anterior, se debe sumar por sobre todo, la abnegación y la voluntad de servicio que lleva a renunciar a las aspiraciones personales, que para otros estamentos pueden ser legítimas. La profesión militar, al tener una impronta vocacional, dentro de sus rasgos distintivos posee un desarrollo personal del ámbito espiritual y material, que reúne determinadas competencias, como un conjunto de aptitudes, conocimiento y habilidades especiales para servir en defensa de la patria, las cuales se traducen en un comportamiento ético y moral ejemplar, sustentado en principios, valores y un alto nivel de competencias (ser, saber, hacer y compartir), elementos indispensables para el ejercicio de una profesión con marcado espíritu de servicio público, entrega, abnegación, compromiso y genuino amor por la patria. Nuestro estado de derecho, señala que las tareas que desarrollan los integrantes de la fuerza militar, se dan en un marco dispuesto por la Constitución y las leyes, en donde la obediencia regida por un marco jerárquico y la disciplina militar, resultan fundamentales. En este aspecto, el desarrollo del liderazgo militar, como el arte de persuadir – 243 –


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a los subalternos, lograr de ellos una adhesión a un ideal para que, provisto de un propósito, dirección y motivación, desarrollen una tarea y cumplan una misión, posee una importancia capital en todos los procesos educativos del nivel de la formación y de la especialización. La función militar, es el monopolio del uso legítimo de la fuerza establecida por la Constitución y posee tres dimensiones: la dimensión profesional, refiriéndose a la estructura formal que el Estado ha tenido especial cuidado en darle al Ejército, estructura regida por la ley que lo transforma en un órgano legítimo de coacción. En segundo término, la dimensión ética, respecto al marco de principios y valores que orientan la conducta de los componentes de la Institución. Finalmente, la dimensión cívica haciéndose alusión al rol institucional en el desarrollo nacional y como parte de la sociedad chilena. En la dimensión ética, como un elemento indispensable de la profesión militar, la conducta de los militares adquiere la necesidad de identificación con principios y un conjunto de valores que actúen como una guía de conducta del ser militar, fusionando espiritualmente a sus integrantes, fortaleciéndolos para el ejercicio de una vida profesional, donde las virtudes militares le darán la fuerza moral y ética de comportamiento necesario, que es lo que la sociedad nacional espera de sus integrantes, como personas probas, transparentes, siendo útiles y un aporte sustantivo a la conciencia y comunidad chilena. Esto no los hace mejores o peores que sus conciudadanos, sino que los identifica diferencialmente, ya que los rigores y ejemplo de la vida militar son propios y distintivos, siendo este sello definido en los procesos formativos del personal, en los inicios de la carrera militar en las escuelas matrices. Las facultades que la ley entrega al Ejército de portar armas y el ejercicio del uso de la fuerza, exigen un comportamiento ejemplar, individual y colectivo, el cual se encuentra ajustado a preceptos que componen la “Ética profesional militar”, la cual no solamente estará – 244 –


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basada en una ética de validez general, reconocida y consensuada universalmente, sino que obligará a cultivar en forma permanente la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, como virtudes cardinales del comportamiento de los integrantes de la institución.

Valores, virtudes y competencias institucionales

Los valores militares constituyen orientaciones que deben regir la conducta de los integrantes de las Fuerzas Armadas en tiempo de paz y de guerra, por lo que, actuar de acuerdo a ellos, constituye una obligación permanente. De esta forma, el espíritu militar se transforma en un motor de la vocación militar (de apego a la profesión), demandando un compromiso personal de hacer suyas y seguir las siguientes virtudes: Disciplina

Abnegación

Lealtad

Honor

Integridad Respeto

Valor

Espíritu de servicio

Espíritu de cuerpo

Cumplimiento del deber militar

Subordinación al derecho

Desde la implementación, el año 2006, de la gestión del recurso humano institucional bajo un modelo de gestión por competencias, se han implementado cambios en los sistemas de ingreso, selección, calificación, desarrollo profesional, educación, docencia y capacitación del personal de la planta, con el objeto de desarrollar, fortalecer, coordinar y hacer más efectivo el modelo establecido, cuyo objeto principal es tener el personal con las competencias requeridas, de acuerdo a cada perfil de desempeño, cargos o puesto por ocupación militar. – 245 –


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Las diferentes competencias, habilidades, destrezas y conocimientos componen los perfiles y los mapas funcionales de todo puesto de desempeño militar por tabla de organización y equipo (TOE) y por cada ocupación militar especializada (OMEs) de los oficiales y personal institucional. Los mapas funcionales de puestos de desempeño militar, se elaborarán por la División Doctrina desde el año 2009, encontrándose ahí agrupadas, las competencias conductuales, profesionales basadas en las funciones de combate y las institucionales, para orientar un desempeño general eficaz y eficiente, al marco operativo, administrativo y logístico regulado internamente de acuerdo a las leyes nacionales y a los reglamentos. De esta forma, se ha definido el año 2013, para ser utilizadas en la aplicación del modelo de gestión por competencias, veinticinco competencias conductuales, las que son empleadas en los levantamientos de perfiles, mapas funcionales y en los programas de competencias conductuales de la enseñanza formativa (escuelas matrices) y de la especialización superior (academias), cuya repercusión en los programas de asignaturas de liderazgo, sicología, filosofía, ética, derecho y operaciones de paz están siendo incorporadas en los mapas funcionales, para prever su adecuada internalización con fines sicológicos, morales, intelectuales y físicos. Estas competencias institucionales, son las siguientes: Adaptación y flexibilidad Calidad y motosidad del trabajo Disciplina

Asesoría

Autoconfianza

Autopreparación continua Compromi- Comunica- Credibilidad Desarrollo so institu- ción efectiva profesional de las persocional nas Iniciativa y Liderazgo Manejo de Manejo de autonomía crisis y con- relaciones tingencias interpersonales – 246 –

Autocontrol


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Motivación Orientación Orientación Pensamien- Pensamiento de las perso- a las per- a los resulta- to analítico y innovador nas sonas y al dos sistémico resolutivo servicio Perseveran- Planificación Prudencia y Tolerancia a Trabajo en cia y organiza- ponderación la presión equipo ción Fuente: Diccionario de Competencias Conductuales del Ejército de Chile, COP, 2013.

Resulta importante destacar que los mapas funcionales, compuestos con las señaladas competencias conductuales, profesionales e institucionales, son insumo fundamental para la elaboración de los perfiles de egreso de todos los cursos docentes y de capacitación del Ejército, toda vez que conllevan posteriormente en forma metodológica, al desarrollo de una planificación educativa de los contenidos, módulos y niveles de desempeño de una enseñanza y planeamiento curricular por competencias para la formación, especialización y complementación docente de los oficiales y cuadro permanente institucional, considerando los desempeños esperados de los egresados en una determinada función profesional y todas aquellas competencias que debe poseer, para resolver los procesos y problemas propios de su quehacer y tener un desempeño exitoso y destacado en el cargo designado, de acuerdo al nivel de mando o asesoría que ejercerá.

El Sistema Educativo Institucional (SEI), sus Principales componentes sistémicos, formativos y conceptuales

Las normas constitucionales para la educación chilena, están contenidas en la Constitución Política de la República de Chile (1980), – 247 –


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que incluye los principios y conceptos fundamentales referidos a la educación, además de diversas disposiciones generales que inciden sobre la organización y gestión del sistema educacional y su derivación en leyes, decretos y reglamentos. El Sistema de Educación en Chile, integra a la educación parvularia, educación básica, educación media y educación superior, dependientes del Ministerio de Educación. Las instituciones de educación superior pertenecen a tres categorías: universidades, institutos profesionales y los centros de formación técnica. La educación universitaria se caracteriza, según nivel y grados al tener un primer nivel de pregrado, con la obtención de un título profesional; un segundo nivel de grado, con la obtención de un bachillerato y/o licenciatura; y un tercer nivel de posgrado, con la obtención de un magíster y/o doctorado. La educación profesional militar, obedece al marco jurídico que es regulado por el “Sistema de Educación Nacional”. La educación militar, genera las estructuras institucionales necesarias y las propuestas educacionales que garantizan su calidad y su equivalencia con el nivel de la educación superior chilena, desarrollando actividades docentes, de investigación y extensión, otorgando títulos técnicos de nivel superior, títulos profesionales y toda clase de grados académicos, en especial los de licenciado, magíster y doctor. La finalidad de esta educación, es preparar al personal de las FAs para la defensa de la patria y la mantención de la paz, contribuyendo de esta manera, al desarrollo nacional. La particular misión de las FAs en un modelo institucional caracterizado, entre otros aspectos, por la entrega vocacional de sus integrantes, oficiales y suboficiales al servicio profesional y por un marcado sentido de la cohesión social en torno a sus instituciones, define el quehacer y la entrega de cada uno de sus hombres y mujeres en relación con sus funciones. Para lograr el objetivo de formación que interesa a las FAs, se considera al personal como el capital más importante, por consiguiente, a él se le destinan los mayores esfuerzos. Las FAs poseen un equipo de profesionales especialistas en educación, – 248 –


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que orientan sus procesos de formación mediante un enfoque curricular por competencias y por objetivos, respaldados por una planificación estratégica educacional de largo plazo, e impulsada por un Sistema Docente y un Sistema de Capacitación Institucional. Como valor estratégico la educación militar es una herramienta cultural y profesional, clave para realizar los cambios fundamentales que demandan la modernización y la transformación de las FAs. Estos cambios, integran cuatro conceptos que estructuran el quehacer educativo de las instituciones armadas, los que se definen de la siguiente forma: educación integral, implica una orientación centrada en la persona y que considera en el proceso de formación profesional, todas las dimensiones humanas (cognitiva, afectiva, actitudinal, volitiva y física); educación al servicio de la formación de líderes, se orienta al fortalecimiento ético y de carácter, que les permita a los profesionales militares enfrentar escenarios caracterizados por la incertidumbre y el alto riesgo. En ello, enfatiza el desarrollo de las virtudes morales, como indispensable para los hombres de armas, quienes tienen como misión fundamental la defensa de los intereses del país y sus conciudadanos; finalmente, una educación de calidad y una educación permanente o continua a lo largo de toda la carrera militar. El Ejército, determinó que el Sistema Educativo Institucional se basa en procesos sustanciales, interdependientes e interrelacionados a través del sistema de docencia, sistema de capacitación y el sistema de instrucción y entrenamiento, junto al apoyo de otros sistemas y subsistemas relacionados, tales como: control de la gestión educativa, educación a distancia, lecciones aprendidas, simulación, idiomas, educación física y deportes, de centros de entrenamiento, etc. Estos contribuyen, de esta manera al uso racional de los recursos humanos y materiales para el logro de sus objetivos. Lo anterior, facilita alcanzar coordinadamente, las competencias que el Ejército requiere en la formación y preparación de los medios institucionales, para combatir y ganar la guerra en caso de ser necesario. – 249 –


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El Sistema Educativo Institucional, es visto como un proceso sistémico, integral y continuo, que tiene como finalidad entregar las competencias formativas, de especialización, complementación o perfeccionamiento, a todo su personal, priorizando su acción en los comandantes, combatientes y unidades de la fuerza terrestre, acorde con la doctrina del Ejército, conducentes a: Preparar la fuerza del Ejército, a través de un proceso docente integral y continuo, fortaleciendo una formación militar en las competencias intelectuales, físicas, científica, humanista y tecnológica, con criterios éticos y morales, que les permita a sus integrantes actuar como líderes en unidades altamente entrenadas y operar sofisticados sistemas de armas, en el cumplimiento de su misión y en las funciones matrices de planificar, accionar y apoyar, en los distintos ejes de acción, en tiempo de paz y de guerra, respondiendo a las exigencias institucionales y de la sociedad chilena. Obtener, desarrollar, complementar o actualizar sus conocimientos, destrezas y aptitudes, a través de programas de cursos y actividades de capacitación en el país y en el extranjero, buscando en forma constante cerrar la brecha del conocimiento. Instruir y entrenar individual y colectivamente al personal de la fuerza terrestre, en conformidad con las competencias conductuales, institucionales y profesionales de combate establecidas por la OME, mapas funcionales y las tareas basadas en la misión de combate de la unidad, logrando una capacidad operacional para cumplir misiones independientes, misiones con otras instituciones de las Fuerzas Armadas, a nivel conjunto y con otros ejércitos de países amigos, en forma combinada y/o multinacional. En todas las actividades de la educación militar, debe darse una alta prioridad al desarrollo de comandantes con habilidades de liderazgo, habilidades en la toma de decisiones rápidas, aceptación de la autoridad – 250 –


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delegada y con la habilidad de rendir efectivamente a un más alto nivel de mando, voluntad para delegar autoridad en sus subordinados y las cualidades para desarrollarlas en sus propios subordinados. La preparación de los comandantes de todo nivel debe orientarse a que se adapten a cualquier situación de combate y, para tal efecto, la educación militar y sus sistemas componentes tendrán que considerar hechos y situaciones inesperados, donde se ponga a prueba su creatividad y fuerza de carácter. En este contexto, los comandantes ejercerán su liderazgo y tendrán que conducir sus unidades en forma descentralizada; este aspecto es parte del proceso formativo de los oficiales y cuadro permanente en el que deberán existir espacios para el desarrollo de cada uno con libertad y no solamente bajo el sistema de programación y control absoluto. La idea central, es proyectar un nuevo concepto en el rol de la educación militar, poniendo énfasis en “la persona” y el “combate“, como elementos fundamentales del sistema educativo. La persona es quién encarna los valores, la formación profesional, los conocimientos técnicos-humanistas y la capacidad física. El objetivo primordial es la formación integral, compatibilizar la teoría con la práctica, preservar los valores éticos y morales, entregar los conocimientos científicohumanistas, desarrollar planes de estudios que incorporen la tecnología en uso y conservar las tradiciones y formalidades del Ejército. A su vez, el Sistema Educativo Institucional privilegia las actividades de vida en el cuartel, la preparación tecnológica en nuevos equipos y armamentos, la autodisciplina, la educación a distancia, la libertad de iniciativa, la autopreparación y perfeccionamiento continuo. La conducción descentralizada, privilegia la confianza, persigue la rapidez y la materialización de planes adecuados. Si esto no se ejercita en tiempo de paz, no podrá operar en forma efectiva en situaciones de conflicto. En consecuencia, si aplicamos este criterio al funcionamiento y administración de la gestión educativa, se puede concluir – 251 –


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que la descentralización curricular de los institutos orientada por la DIVEDUC, y con una desconcentración administrativa, racional e inteligente, permite fortalecer un nuevo estilo en la gestión educacional, con un clima organizacional adecuado, que posibilite crear las condiciones para que el profesional militar pueda interactuar en el medio militar y civil, con un nivel profesional óptimo. La educación militar, debe tener presente que el soldado es el agente más relevante de la estructura de la fuerza, por ello, los recursos que se emplean están a su disposición para desarrollar el poder de combate, lo que hace factible el concepto de disuasión o de victoria en un conflicto armado, así como el de alcanzar los objetivos previstos en una operación internacional. Es él quien se organiza en función de estructuras predefinidas, para hacer tangible el concepto de la preparación de la fuerza; es él quien se forma, capacita, instruye y entrena mediante la aplicación juiciosa de la doctrina operacional para estar en condiciones de emplearse adecuadamente, con su equipamiento organizado en unidades acorde con su misión; las cuales constituyen los distintos sistemas operativos del Ejército. Todo lo anterior, por medio de un personal abnegado en el ejercicio profesional, inspirado en la práctica de valores morales y virtudes militares —que encuentran su sustento en las tradiciones y en el compromiso histórico del Ejército con los altos intereses de Chile— y con el carácter necesario para cumplir —y hacer cumplir— misiones altamente complejas en escenarios variables e inestables. El Sistema Educativo Institucional, conforme a la conceptualización señalada, está sólidamente fundamentado en cinco aspectos principales: la cultura militar, en su sentido ético y de respeto a sus tradiciones; la formación en las ciencias militares; la formación humanista acorde con el nivel cultural requerido; la formación en ciencia y tecnología y, finalmente, la formación física acorde con las necesidades institucionales. – 252 –


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La enseñanza de la etica militar y otras asignaturas relacionadas en los procesos formativos y de especialización de los oficiales

En los procesos formativos de la Escuela Militar, la formación ética, moral, valórica está centrada principalmente en el aprendizaje, aplicación permanente y transversal de un sistema de desarrollo del liderazgo militar, en íntima relación con otras asignaturas coadyuvantes y relacionadas al logro de las competencias fijadas por el perfil de egreso, representadas, además, por un sistema de formación conductual y por las siguientes asignaturas, representando 440 horas, dentro del total del programa académico, profesional y físico, que considera 6.622 horas de clases en cuatro años de formación, para la obtención de un bachiller, una licenciatura y un título profesional de oficial de Ejército: Bases con- Filosofía Lideraz- Sociología, Sicología, Derecho ceptuales de y ética, 60 go 1 y 2, 1 y 2, 60 hrs. 60 hrs. la profesión hrs. 80 hrs. 120 hrs. militar, 60 hrs. Paralelo a lo anterior, existe un sistema de desarrollo del liderazgo en sus cuatro años de formación, donde la implementación de actividades directas e indirectas, tiene como objetivo principal, el desarrollo del ser, el saber y el compartir de sus alumnos, a través de actividades como clases en el aula y de apoyo al currículo, seminarios, ejercicio del mando y conducción, didáctica y metodología de instrucción, períodos prácticos, guardias y servicios, cancha de reacción de líderes y competencias de liderazgo, entrenamiento, aventura, pertenencias a círculos y ramas deportivas, etc.

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Por otra parte, el sistema de formación conductual con el objeto de desarrollar, fomentar, controlar y evaluar la participación de los alumnos en todas las actividades en forma permanente, efectúa un seguimiento continuo y progresivo de las actitudes, valores y conductas propias de la profesión militar, basado en el reglamento de disciplina, el código de honor del cadete y las siguientes virtudes militares, en sus cuatro años de formación: I año

Templanza

Disciplina

Abnegación

Lealtad

II año

Fortaleza

Responsabilidad

Valor

Inteligencia

III año

Prudencia

Compañerismo

Respeto

Deber

IV año

Justicia

Carácter

El servicio

El Reglamento de Disciplina de las Escuelas Matrices, tiene una directa relación con este sistema, promoviendo y estableciendo mediante sus contenidos, el respeto, el conducto regular, las faltas a la disciplina, la obediencia reflexiva, las responsabilidades del mando, las atribuciones disciplinarias y los castigos disciplinarios. Asimismo, el cadete de la Escuela Militar, de acuerdo al código de conducta, cifra su honor en ser digno de confianza, consolidándose como un hombre de honor, con el cultivo permanente de la verdad, haciéndose de esta forma acreedor a la confianza de sus superiores, compañeros y subalternos. Estos programas y asignaturas, son entregados por profesores del propio instituto, profesores externos y por universidades de reconocido prestigio nacional e internacional, las que son licitadas periódicamente, con el objeto de materializar su programa curricular. Posteriormente, durante la carrera militar, se desarrolla un curso básico para los oficiales subalternos, de 6 meses de duración y un curso avanzado previo al grado de capitán, de 8 meses, bajo una modalidad – 254 –


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presencial y a distancia, los cuales constituyen cursos de especialización y de requisito de ascenso, siendo intensivos en cuanto a ciencias militares, funciones primarias del mando y funciones de combate, propias de cada arma o especialidad. En forma intermedia a los cursos señalados, en el último año de subteniente, se desarrolla un curso de guerra especial con mención en “Liderazgo de combate”, con una duración de cinco semanas y 426 horas docentes. Su perfil de egreso, describe a un “Oficial de Armas y Servicios que ha fortalecido los valores fundamentales de la profesión militar y ha reforzado las competencias para liderar en el combate a su Sección o Pelotón”, siendo su objetivo reforzar las competencia de liderazgo en el mando de una sección o pelotón, bajo situación de combate, mediante la preparación individual (habilidades básicas de combate) y entrenamiento colectivo (técnicas de combate de nivel escuadra y sección). Las principales competencias de este trabajo con los alumnos corresponden a: Autocon- Trabajo Autocontrol en equipo fianza

Perseverancia

Motivación

Persuasión

Asimismo, busca mejorar los niveles de motivación profesional en los oficiales del grado de Teniente, mediante el entrenamiento y actualización de técnicas de combate y, en forma paralela, la obtención de una especialidad secundaria. Los estudios de especialización primaria, en la Academia de Guerra, conforme al perfil de egreso del Oficial de Estado Mayor, tienen tres años de duración con un total de 6.240 horas en su programa, conducente a un título profesional y al grado académico de magister en ciencias militares. Aquí, se imparte la asignatura de liderazgo con un total de 108 horas, cuyo objetivo fundamental es desarrollar las características del liderazgo y el mando militar, su exigencia ante contingencias, crisis y conflicto, su aplicación en la organización, – 255 –


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liderazgo estratégico y las competencias que se deben desarrollar en forma individual. Esta asignatura está relacionada, al igual que en la Escuela Militar, con un Programa Paralelo de Fortalecimiento de las Competencias Conductuales de sus alumnos. En forma transversal, existen otras asignaturas de apoyo al desarrollo del “ser”, como derecho, habilidades del pensamiento superior y la ejecución de un seminario en comunicaciones, como actividad de apoyo al currículo. Los otros institutos de formación o de especialización, tanto de oficiales como de cuadro permanente, poseen en sus cursos la asignatura de liderazgo y otras relacionadas, las cuales, están orientadas, de forma transversal, a una formación ética, valórica y moral de sus alumnos, conforme a los parámetros institucionales y a las competencias conductuales, profesionales e institucionales, que reflejan sus mapas funcionales y sus perfiles de egreso. De la misma forma, la Academia Politécnica Militar y la Escuela de Suboficiales, están incorporando actualmente programas de fortalecimiento de competencias conductuales de sus alumnos, a través de diversas metodologías de trabajo, similares a los que desarrollan la Academia de Guerra y la Escuela Militar, los que están incorporados en un programa de largo plazo que desarrollan las competencias conductuales de la línea de carrera del oficial en su condición de alumno, estableciéndose ciertas competencias esenciales y específicas, los cuales serán señalados a continuación.

Los programas de desarrollo y de fortalecimiento de las competencias conductuales

Diversas organizaciones civiles y militares, han tomado cada vez mayor conciencia respecto de la importancia que reviste el capital humano, como principal activo del que disponen, tanto es así, que por – 256 –


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sobre los recursos materiales o financieros, ha llegado a ser el principal diferencial competitivo de las organizaciones exitosas. El Ejército, no ha quedado ajeno a este escenario, por lo que desde el año 2006 y como parte de su proceso de transformación, definió un conjunto de objetivos orientados a identificar y desarrollar las competencias en el personal para el empleo y apoyo de la fuerza. Las competencias, son unidades de actuación que describen lo que una persona debe saber y puede hacer, para desarrollar y mantener un alto nivel de desempeño, conforme a su nivel, cargo y grado, y que al adquirirlas o potenciarlas de manera individual, serán un aporte fundamental al trabajo colectivo, característico de la institución. Son asimismo, un conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas, atributos personales, valores y virtudes que se combinan y expresan en comportamientos y conductas observables y medibles para el desempeño de un trabajo o actividad. Tal como se señaló, están definidas y clasificadas en los mapas funcionales, dando origen así, a su uso educativo, siendo fundamentales para orientar los perfiles de egreso y los contenidos curriculares de todos los cursos docentes. A partir del año 2008, se han incorporado en los diversos institutos de educación superior institucionales, como la Academia de Guerra, Academia Politécnica Militar, Escuela Militar y la Escuela de Aviación del Ejército, programas de desarrollo y de fortalecimiento de las competencias conductuales que, a través de estrategias de desarrollo, modelos, herramientas, metodologías y acciones coordinadas de los equipos de profesores y de profesionales dedicados exclusivamente a esta función de apoyo a los alumnos, procuran desarrollar (Escuelas Matrices) y fortalecer (Academias) sus competencias esenciales y específicas, para el posterior ejercicio del mando, la conducción militar y el liderazgo. Las estrategias de trabajo, la metodología y las herramientas que los programas de competencias conductuales aplican en forma coordinada en los diferentes años de estudios, se materializan por – 257 –


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intermedio de exposiciones, talleres, evaluaciones individuales y colectivas, sociogramas, evaluación de pares y de superiores, sesiones de acompañamiento y retroalimentación grupal e individual, aplicación de instrumentos sicológicos anuales y especiales, aplicación de cuestionarios de personalidad, evaluaciones por competencias en 180 y 360 grados, ejercicios en terreno, actividades prácticas, mesas de trabajo de los profesores, siendo primordial en este proceso de fortalecimiento, la acción de la cadena de mando y de los jefes de curso en coordinación con el equipo de sicólogos. De igual forma, resulta fundamental el trabajo que desarrollan los equipos de coaching (apoyo individual por sicólogos) y los equipos de mentoring (apoyo de profesores tutores) para los trabajos individuales y colectivos con los alumnos. Estos procedimientos, cobran especial importancia en la ejecución de los programas de competencias conductuales, entendiéndose por coaching al proceso de acompañamiento individual que permite potenciar habilidades, reconocer fortalezas y áreas de mejora, mediante la reflexión crítica del propio comportamiento, incorporando herramientas lingüísticas, emocionales y corporales. Por otra parte, el mentoring es la relación que se establece entre una persona con mayor experiencia para ayudar a otra, con el objetivo de orientarlo en aspectos de desarrollo de la carrera, concentrándose en el potencial y perfeccionamiento de las competencias, que serían requeridas en el futuro desempeño, modelando posibles escenarios. Las competencias definidas como esenciales para la línea de carrera del oficial, dentro de la secuencia docente de sus cursos formativos y de especialización, son las siguientes: Compromiso

Trabajo en equipo

Comunicación

Iniciativa

Liderazgo

Cada Escuela e Instituto Dependiente (ID) con programas de desarrollo o de fortalecimiento de competencias, establece además otras competencias distintivas o específicas a ser evaluadas, las que en – 258 –


El sistema educativo institucional y la formación ética en el ejército de Chile

el caso de la Escuela Militar, durante los cuatro años de formación, por intermedio de las herramientas y acciones señaladas, son las siguientes: Responsabilidad Desarrollo de confianza y compromiso Adaptación y Planificación y organiflexibilidad zación

Autocontrol y tolerancia a la presión

En la Academia de Guerra, y con el objetivo de fortalecer y potenciar las competencias conductuales de los oficiales del Curso Regular de Estado Mayor, a fin de que ejerzan el mando y la asesoría en los niveles de conducción militar de manera eficiente una vez egresados después de tres años de estudios, en coordinación estrecha con la asignatura de liderazgo y la acciones de la cadena de mando, los profesores, los equipos de sicólogos, coaching y mentoring se orientan a las siguientes competencias específicas de este Instituto: Visión sistémica

Innovación

Credibilidad profesional

Con las mismas herramientas y metodologías descritas, en la Academia Politécnica Militar, las competencias a ser evaluadas y fortalecidas durante los cinco años de formación, son las siguientes competencias distintivas: Creatividad

Análisis, síntesis y conclusión

Innovación

Autocontrol

De esta forma, la Institución, por intermedio de sus instancias formativas en las Escuelas Matrices y de especialización en las Academias, colaboran activamente por intermedio de estos programas de desarrollo y de perfeccionamiento, en la formación integral y el desarrollo individual de los comandantes que forman la fuerza te– 259 –


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rrestre, y de aquellos que se integrarán al Ejército institución en otras altas reparticiones. La incorporación del modelo de gestión por competencias a la formación del personal, tiene como meta afianzar los conocimientos, e incrementar las habilidades guerreras y básicas de combate, permitiendo la construcción de una cultura en donde el personal adopte una actitud activa en su aprendizaje durante toda su carrera, no solo en las instancias formativas y de aula, sino también, en sus distintos cargos y grados, así mismo, permite establecer un tipo de relación con los superiores, pares y subordinados basado en el desarrollo de las competencias (Ser-saber-hacer y compartir), en donde se compartan experiencias, conocimientos y convicciones lo cual fortalece los principios, valores, virtudes y comportamientos éticos propios de la profesión militar y de las tradiciones históricas del Ejército de Chile.

La preparación de tropas para operaciones internacionales y operaciones de

Paz

La educación y el entrenamiento para operaciones internacionales y operaciones de paz bajo mando y control de las Naciones Unidas, además de tener una condicionante especial por el imperativo de preparar al personal militar para desempeñarse en ambientes operacionales complejos, multinacionales y multidimensionales en territorios con características socio-culturales, etnias, religiones y geografías, diferentes a la realidad nacional; ésta se efectúa bajo dos modelos. El primero, de educación para las operaciones, entregando una base de conocimientos y habilidades intelectuales, en la cual esta información deberá ser procesada y desarrollada bajo el juicio y criterio de los comandantes, como una decisión de una respuesta razonada, ante situaciones impredecibles y de alta complejidad, de acuerdo a la – 260 –


El sistema educativo institucional y la formación ética en el ejército de Chile

preparación, ética, la moral y los códigos de conducta en que se le ha preparado. La segunda, bajo la instrucción individual y el entrenamiento colectivo, en la cual se entregan técnicas, procedimientos y habilidades requeridas para una determinada función (tareas operacionales ONU), preparando de esta forma al personal, para desarrollar respuestas predecibles o mecánicas, ante situaciones igualmente predecibles o de una complejidad menor en su desarrollo. Es por ello, la importancia de aportar comandantes y tropas con un sólido conocimiento de base militar institucional en su respectiva ocupación militar, como también, de valores, principios y las competencias conductuales apropiadas a un ambiente de conflicto internacional, fuera del territorio, en el que el autocontrol, disciplina, integridad, liderazgo y el trabajo en equipo, serán fundamentales para el éxito de la operación. Conocimientos, que luego serán complementados posteriormente, con una educación y entrenamiento específico de la zona de despliegue y acerca de las tareas operacionales de la ONU (Peacekeeper`s profile), para así desarrollar una capacidad de interoperatividad y de inserción en la unidad y país en el que se desplegará.

Consideraciones finales Las características de la defensa nacional y del entorno actual de los conflictos armados, como asimismo, la misión y la visión institucional, determinan la necesidad de desarrollar un rasgo distintivo en los perfiles de egreso de los cursos formativos, en cuanto a priorizar la entrega, práctica y evaluación de los valores propios de la carrera militar, a través de la enseñanza y el conocimiento de los principios morales, éticos y virtudes señaladas por la Ordenanza General del Ejército y por intermedio de la ejercitación y guía permanente del liderazgo militar. Las capacidades y propósitos del eje de acción de responsabilidad institucional, al igual que lo señalado anteriormente, también obligan al – 261 –


Ejército Nacional de Chile

sistema educativo a la entrega de competencias conductuales y profesionales al personal, con el objeto de que su comportamiento y aporte a la sociedad nacional sea el esperado, especialmente ante situaciones contingentes o de crisis nacional, en las cuales, las autoridades deben requerir el uso y empleo de la fuerza militar, como asimismo, para su actuar capacitado, probo y transparente en los procesos administrativos institucionales, conforme las leyes y reglamentos vigentes. La existencia de un Sistema Educativo Institucional, actualizado, coordinado y con un enfoque sistémico, con la integración armónica de diversos procesos de docencia, investigación, extensión y de capacitación, permiten la formación, especialización y complementación de sus cuadros de oficiales y cuadro permanente, para otorgar una cultura militar con principios y valores éticos, conocimientos en ciencias militares, en humanidades, ciencia y tecnología y las capacidades físicas propias del “Ethos militar”. El Sistema Educativo Institucional, posee dentro de los currículos de todos los cursos docentes, los contenidos necesarios de asignaturas de liderazgo y relacionadas que, en forma coordinada, transversal y continua durante la carrera militar, otorgan ese rasgo distintivo que la profesión militar exige a sus integrantes, en una sólida formación valórica y de los principios éticos y morales que todo soldado nacional, debe poseer en forma de competencias profesionales e institucionales para el ejercicio del mando. La existencia de programas de desarrollo de fortalecimiento de competencias en los procesos formativos y de especialización de la carrera, colaboran a que las competencias conductuales que debe poseer todo comandante, sean un decidido aporte de crecimiento individual al colectivo, que permita en forma sinérgica y con trabajo de equipo, alcanzar los objetivos y tareas institucionales que se esperan de su desempeño, al egreso del sistema docente.

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Bibliografía Academia de Guerra y Escuela Militar, visitas de conocimiento con los oficiales encargados del programa de liderazgo, programa de historia y ética militar y del PFCC, Santiago, marzo de 2013. Challenges of Peace Operation, into de 21ST Century, Chapter 13 Training and Education, Estocolmo, 2002. División de Educación del Ejército, entrevistas con los sicólogos encargados del Programas de Fortalecimiento de Competencias Conductuales, (PFCC), 2013. Ejército de Chile, Ordenanza General del Ejército, Santiago, 2006. Ejército de Chile, Doctrina del Ejército y la Fuerza Terrestre, Santiago, 2010. Ejército de Chile, Reglamento de Educación Militar, Santiago, 2011. Ejército de Chile, Reglamento de Instrucción, Santiago, 2008. Ejército de Chile, Reglamento de Entrenamiento, Santiago, 2008. Ejército de Chile, DPE, Diccionario de competencias conductuales, 2013. Ministerio de Defensa Nacional, Libro de la Defensa Nacional, Santiago, 2010. Ortega Prado, Rodolfo, Historia Militar de las virtudes del Ejército chileno, Biblioteca del Oficial del Ejército de Chile, Santiago, 2008.

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Academia de Defensa de Reino Unido –Reino Unido–

David Whetham Ph. D.


La tradición de la guerra justa:

un compromiso pragmático1 David Whetham Ph. D.

Introducción Los orígenes de la Tradición de la Guerra Justa en Occidente se sitúan en una síntesis de los valores clásicos greco-romanos y cristianos posteriores.2 Se puede observar a través de todo el desarrollo y evolución hasta la codificación habitual del derecho internacional en los siglos XIX y XX, y más allá, que sigue lidiando con los desafíos del nuevo milenio. Contribuyentes influyentes en su desarrollo han incluido a Platón, Aristóteles, Cicerón, Agustín, Aquino, Vitoria, Suárez y Grocio, todo el camino hasta James Turner Johnson y Michael Walzer en el siglo XX. Aunque la Tradición se asocia a menudo con las tradiciones occidentales o incluso cristianas, contiene una amplia 1

2

Este capítulo fue publicado originalmente por David Whetham en Ética, Derecho y las Operaciones Militares (Basingstoke: Palgrave Macmillan, 2011). Se reproduce aquí con el gentil permiso de Palgrave Macmillan. (Basingstoke: Palgrave Macmillan, 2011). Ver James Turner Johnson, La tradición de guerra justa y las restricciones de la guerra (Princeton, NJ: Impresión Universidad de Princeton, 1981).

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resonancia de ideas, culturas y principios religiosos encontrados en todo el mundo. Por ejemplo, ’El Islam, como el judaísmo, parte de su historia más temprana para desarrollar las restricciones a la conducta en la guerra’. 3 Como tal, la Tradición de la Guerra Justa representa un lenguaje común para discutir y debatir los aciertos y errores del conflicto.

¿Cómo se desarrolló? El tipo de pensamiento que conduce a la Tradición de la Guerra Justa encaja entre dos actitudes muy diferentes hacia la guerra: el realismo y el pacifismo o la no violencia. 4 En muchos sentidos, la Tradición de la Guerra Justa es un compromiso entre estas dos posiciones. Como hemos visto, el pacifismo y la no-violencia contienen una profunda presunción en contra de la guerra. Se argumenta que si bien el mal debe oponerse en el mundo, el uso del recurso de la guerra y la violencia siempre está equivocado. La posición ve una contradicción directa entre el imperativo de actuar moralmente y la destrucción deliberada de la vida que la lucha de la guerra requiere. El acto de la lucha es en sí injusta y uno no puede hacer algo que sea injusto cualquiera que sea la razón: se trata de una posición deontológica absoluta - hay un deber de no realizar actos malvados, incluso si parecen ser para un bien mayor. 5 No se puede hacer el mal, incluso para prevenir el mal. Esta posición puede ser motivada por preocupaciones religiosas, políticas o

3

4 5

Richard Sorabji y David Rodin (eds), La ética de guerra: problemas comunes en diferentes tradiciones (Aldershot: Ashgate, 2007), p. 5. Véase también N. Allen, ‘Guerra Justa en la Mahãbhãrata’ en el mismo trabajo. Para mayores ejemplos, véase Paul Robinson (ed.), Guerra justa en una perspectiva comparativa (Aldershot: Ashgate, 2003). Para investigaciones de estas posiciones, véanse los capítulos de David Lonsdale y Alastair McIntosh en Whetham, Ética, derecho y operaciones Militares. Ver Capítulo Uno de Whetham, Ética, derecho y operaciones militares.

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La tradición de la guerra justa: un compromiso pragmático

incluso pragmáticas. 6 Por ejemplo, para ilustrar cada uno de ellos: de los tres primeros siglos de nuestra era, el cristianismo era, a grandes rasgos, una religión que rechazó la violencia, llevando a conciencia los preceptos de Cristo hacia la no - violencia en el Nuevo Testamento, en la década de 1940 , los esfuerzos de Mahatma Gandhi para expulsar a los británicos de la India ofrece un ejemplo de pacifismo que estaba inspirada políticamente, gestionando para lograr resultados a través de campañas no violentas; y por último, entrando en la era nuclear , Bertrand Russell articuló razones muy prácticas en las que la guerra era simplemente no viable o una opción política realista porque incluso un conflicto a pequeña escala entre dos o más potencias nucleares sería probable que degenerase en un intercambio nuclear. Cualquiera que sea la causa de un conflicto posible, simplemente no podría ser tan importante como el interés mutuo que las dos partes tienen en no destruirse unos a otros: ‘Ninguna de las partes puede derrotar a la otra excepto al derrotarse en sí al mismo tiempo... El primero y más importante de sus intereses comunes es la supervivencia.’7 La consecuencia lógica de este razonamiento es que en la era nuclear, ante la amenaza muy real de la Destrucción Mutua Asegurada, la guerra en sí debe ser evitada. Es evidente que los defensores del pacifismo o la no-violencia han encontrado diferentes formas de expresar y argumentar su caso en la historia. Es un enfoque que ofrece un reto de principio a aquellos que ven la violencia como ’la’ respuesta. También se puede dar una definición alterna muy profunda sobre el significado real de la fuerza. Sin embargo, el pacifismo consecuente o absoluto, dejando de lado la fuerza en todas las circunstancias, también plantea algunos 6

7

Los tres ejemplos siguientes son tomados de David Whetham, ‘Ética y la Perdurable Relevancia de la Teoría de Guerra Justa en el Siglo XXI’, en el libro de John Buckley and George Kassimeris (eds), El compañero de investigación. Ashgate a la guerra moderna (Aldershot: Ashgate, 2010), pp. 242f. Bertrand Russell, Sentido común y guerra nuclear (Londres: George Allen y Unwin, 1959), pp. 8–21.

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problemas profundos. Tomando cada uno de los casos anteriores, a pesar de la persecución estatal temprana, los primeros cristianos no se enfrentaban a una amenaza existencial desde el exterior, ya que vivían dentro de la seguridad proporcionada por el Imperio Romano. Después de la conversión al cristianismo del emperador Constantino (tras su victoria de 312 en el puente Milvio que le ayudó a asegurar su liderazgo), la misma Roma se convirtió en un imperio cristiano y los cristianos comenzaron a tomar las armas para defenderla en un número significativo (ver Agustiniano más adelante). 8 Mahatma Gandhi y sus seguidores podían contar, por lo menos en cierta medida, con la moderación de los que se oponían. Si hubieran estado viviendo en un estado totalitario genuino, donde ‘los opositores al régimen se desvanecen en medio de la noche y nunca se sabe de ellos’, hubieran sido sus acciones posibles? 9 El pacifista que basa el argumento por razones pragmáticas puede ser muy persuasivo, pero puede haber un alto costo para la aplicación de esta postura de principios, por ejemplo, cuando se opta por esperar y ver a decenas o incluso cientos de miles de personas inocentes morir en un genocidio evitable. Desde una perspectiva alterna, el realista tiene una visión muy diferente sobre el uso de la fuerza e intenta restringirlo. El realista no tiene que ir tan lejos como para decir que este tipo de normas y valores éticos significan absolutamente nada, después de todo, si se entiende y manipula, pueden ser poderosos instrumentos para la consecución de los fines del Estado. Sin embargo, en lo fundamental , es el Estado el que hace tales valores posibles para los que viven dentro de sus límites 8

9

Había algunos cristianos en el ejército romano antes de esta fecha, pero no hay evidencia de participación cristiana en el ejército romano antes de 173. Véase Alex J. Bellamy, Guerras justas: desde Cicerón hasta Iraq (Cambridge: Polity Press, 2006), p. 21. George Orwell, citó en Michael Walzer, Guerras justas e injustas: un argumento moral con ilustraciones históricas, Edn Segundan (New York: Básico, 1992), p. 332.

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y bajo su protección; el pensamiento moral o ético, o conceptos como la justicia son simplemente traducidos sin significado en el mundo entre estados. Thomas Hobbes sugiere que la autoridad absoluta del Estado soberano puede ser comparado con un Leviatán: un contrato social poderoso en el que los individuos de una sociedad renuncian a una parte de su libertad a cambio de la seguridad que ofrece el Estado. Parte de que la seguridad es la ley y los valores que apreciamos en nuestra sociedad, sólo existen debido a la capacidad del Estado para protegerlos. Como no existe un ‘Leviatán ‘ en el ámbito internacional, no tiene sentido hablar de los valores, la moral o la ética más allá de las existentes dentro de cada estado.10 La única justicia que existe en los asuntos internacionales es equivalente al poder. Tucídides capturó estupendamente esta idea en el Diálogo de Melián con los atenienses argumentando: ‘los fuertes hacen lo que tienen el poder de hacer y los débiles aceptan lo que tienen que aceptar’.11 Los defensores del realismo a menudo argumentan que se trata de una posición amoral en lugar de una inmoral, una descripción clara de cómo es el mundo en lugar de cómo creemos que debería ser. Sin embargo, puede tener por sí misma un núcleo normativo fuerte. Por ejemplo, si ’la guerra es el infierno’, como dijo famosamente Sherman, tratando de dominar con reglas artificiales, no sólo es inviable y equivocada, puede ser vista como éticamente incorrecta; precisamente porque la guerra es una cosa tan terrible, lo mejor que puede hacer es acabar de una vez lo más rápidamente posible, sin aplicar nociones éticas equivocadas o limitaciones legales que simplemente impiden una rápida victoria y por lo tanto, causan más sufrimiento en el largo plazo. 10

11

La posición resulta de una forma de ética relativista como resultado. Véase David Whetham, ‘Los Retos del Relativismo Ético en Operaciones de la Coalición’, en Revista de Ética Militar (Volumen 7, Publicación 4, Noviembre 2008). Tucídides, La Historia de la Guerra del Peloponeso, trans. Rex Warner (Londres: Penguin, 1972), p. 402.

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Sin embargo, ya sea descriptiva o prescriptivamente, el realismo puede ser en sí mismo decididamente poco realista, si ingenuamente afirma que la estrategia es más eficaz cuando se hace caso omiso de la dimensión normativa. En la distinción que Clausewitz hace entre la naturaleza de la guerra (inmutable, pero por lo tanto puramente teórica) y su carácter (lo que la guerra en realidad parece cuando se traduce en un tiempo y lugar determinado) reconoce que la guerra real es un fenómeno social y no puede ser simplemente ajeno a este contexto. 12 El éxito militar a corto plazo y el éxito político a largo plazo no son necesariamente la misma cosa y la estrategia exitosa debe proporcionar un vínculo entre los dos. Un realismo que acepta las limitaciones, incluso de una manera puramente instrumental para reconocer el contexto social, se está moviendo hacia una posición de compromiso.

Un compromiso pragmático La Tradición de la Guerra Justa está de acuerdo con la visión pacifista que la guerra es una cosa terrible. Sin embargo, en lugar de aceptar la presunción de los pacifistas contra la guerra, contiene una presunción en contra de la injusticia. Sostiene que, en algunas circunstancias (pero no por ello muchas), la guerra podría ser preferible a la injusticia que se traducirá sin ella. Es una visión resumida así por el presidente Carter al recibir el Premio Nobel de la Paz en 2002: ‘La guerra a veces puede ser un mal necesario. Pero no importa cuan necesario, siempre es un mal, nunca un bien.’13 Por lo tanto, la Tradición de la Guerra Justa está de acuerdo con la posición realista que a veces hay que hacer cosas terribles, hasta cierto punto. Sin embargo, muy pocas razones 12 13

Ver Paul Cornish, ‘Clausewitz y La Ética de la Fuerza Armada: Cinco Proposiciones’, Revista de Ética Militar (Volumen 2, Edn 3, 2003), pp. 213–26. http://nobelprize.org/nobel_prizes/peace/laureates/2002/carter-lecture.html

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La tradición de la guerra justa: un compromiso pragmático

justifican ir a la guerra, e incluso en las raras circunstancias en las que una guerra podría estar justificada, aún deben ser combatidas dentro de límites estrictos. Todas las culturas, civilizaciones y religiones han aceptado el principio de que la guerra debe ser restringida de alguna manera y este acuerdo no ha sucedido por casualidad. Esto se debe a que el propósito de una guerra racional es obtener una mejor paz: la victoria militar no tiene sentido a menos que se pueda transformar en éxito político y que sólo puede verse obstaculizada por ignorar la dimensión normativa del conflicto.

¿Cómo se ha desarrollado la Tradición de la Guerra Justa? Este capítulo proporcionará una breve historia del desarrollo del pensamiento de la Guerra Justa y la aparición de sus principios fundamentales, antes de pasar a la comprensión contemporánea de la estructura y la forma en que esos principios podrían ser aplicados en el sistema internacional actual. Elementos de los principios de la Guerra Justa se pueden encontrar en la práctica histórica de todo el mundo, pero la antigua Grecia ofrece un punto de partida útil para ver el desarrollo de algunas de las ideas fundamentales de la Tradición.14 Hasta finales del siglo V antes de Cristo, las estrategias generales basadas en la destrucción del sistema social y económico de un enemigo, se prohibieron efectivamente por el sistema informal de reglas y costumbres Helénicas. La tradición aceptada requirió que la guerra debía ser declarada formalmente, las treguas debían ser respetadas (especialmente durante eventos importantes como los Juegos Olímpicos) y librar batallas debían restringirse a ciertas épocas del año a fin de no perturbar la vida agrícola. No 14

Por ejemplo, ver P. Christopher, La ética de la guerra y paz: una introducción a lo legal y cuestiones morales (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, 1994), pp. 9f.

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combatientes no debían ser objeto de ataques deliberados y todos los presos que resultaran de la acción militar debían ser redimidos en vez de asesinados. 15 Es evidente que no había un ángulo muy pragmático a estas consideraciones. Después de todo, está claro que no estaba en los intereses de uno y otro lado luchar durante la época de la cosecha y no hay ningún interés en dejar de luchar si uno va a morir si uno se rinde o no. Sin embargo, más profundo que esto es la idea de que un soldado es un objeto legítimo de ataque, precisamente porque él o ella es una amenaza como un instrumento de la entidad estatal o política contra aquello a lo que se encuentra realizando las hostilidades. Una vez que el soldado ya combate contra usted, ya sea porque están heridos o se han rendido, ellos ya no representan una amenaza. En ese momento, dejan de ser objetivos legítimos. Dado que la población civil no está luchando contra usted, ellos nunca se convierten en blancos legítimos en el primer lugar. Al tiempo que permitían monumentos para celebrar y registrar victorias militares, los Helenos también prohibieron el uso de la piedra como material de construcción para ellos, ya que no se deteriorarían con el tiempo y por lo tanto permanecerían como un recordatorio permanente de la discordia. Incluso el mantenimiento de monumentos de madera se prohibió para garantizar que se deteriora con el tiempo, con la intención de que la memoria del conflicto también se desvanecería y permitiría una eventual reconciliación con éxito para las dos partes. 16

15

16

Josiah Ober, ‘Tiempos Griegos Clásicos’, en Michael Howard, George J. Andreopoulos y Mark R. Shulman (eds), Las leyes de la guerra: restricciones sobre la guerra en el mundo occidental (New Haven: Yale University Press, 1994), p. 13. Coleman Phillipson, El derecho internacional y las costumbres de la antigua Grecia y Roma (Londres: Macmillan, 1911), p. 296.

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Este sistema de reglas fue socavado efectivamente durante las guerras del Peloponeso entre Atenas y Esparta, en las cuales la ideología se convirtió en un factor de pelea y la naturaleza expansionista del imperio ateniense significaba que la propia supervivencia de la nación se convirtió en un problema para algunos de los estados involucrados. 17 Tucídides registra esta ‘tragedia de proporciones épicas’.18 Tras el terrible daño causado a la sociedad griega por esta guerra, hubo intentos de repensar y comprender las reglas que una vez habían estado vigentes, protegiendo la vida helénica. En la República, Platón registró a Sócrates mientras él pone en marcha su idea de lo que en 333una sociedad perfecta se debería ver. Parte de esto es su punto de vista sobre la guerra y los límites que deben observarse en los conflictos que puedan producirse entre los griegos; para ello se remonta a las costumbres que habían gobernado los conflictos intra-griegos antes de la Guerra del Peloponeso, explicando sus beneficios. En lugar de ser considerada como una guerra verdadera (como el realizado contra los no - griegos ‘bárbaros’, implicando la enemistad y el odio), ‘ ... los griegos… siguen siendo por naturaleza amigos de los griegos cuando actúan de esta manera, sino que Grecia está enfermo en ese caso y dividida por facciones.’ 19 Debido a esta actitud, los conflictos entre los pueblos griegos necesitaban ser llevados a cabo con la intención de lograr la reconciliación final que debe venir a continuación. Por lo tanto, ciertos límites debían ser respetados. Por ejemplo, ‘la contraparte’ nunca debe ser esclavizada y sus hogares y granjas no deben ser destruidas. 20 Mientras tomar comida era aceptable (después de 17 18 19 20

Ver Ober, ‘Tiempos Clásicos Griegos’, pp. 17ff. Bellamy, Guerras Justas, p. 17. Platón, ‘República V’, línea 470, Edith Hamilton y Huntington Cairns (eds), La Colección de Diálogos de Platón (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1989), p. 709. Deuteronomio (20:10, 19) instruya a los judíos de abstenerse de destruir árboles de fruta, basado en las ideas Griegas de restricción.

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todo, el ejército tenía que sostenerse), no hay que destruir el medio de producción de ese alimento en el proceso, porque se necesitaba discriminar entre aquellos que eran en realidad culpables de la pelea y los que no. Condenando a la población civil a la inanición era escasamente una forma de promover la reconciliación a largo plazo. Sobre la base de las ideas de Platón, Aristóteles afirma algunos de los principios más importantes de la Tradición de la Guerra Justa, incluso utilizando el término exacto ‘Guerra Justa’ por primera vez. Vio la fuerza utilizada como un medio para alcanzar metas más altas, tales como la paz como ‘no sin virtud’. 21 También expone lo que considera cinco motivos legítimos para la realización de la guerra: la autodefensa; la venganza contra aquellos que han causado un perjuicio; para ayudar a un aliado; para obtener una ventaja para la propia comunidad y para mantener la autoridad sobre los que no podían gobernarse a sí mismos.22 Sólo la autodefensa y la defensa de un aliado caben cómodamente con las ideas modernas sobre el tema de la justa causa. El quinto criterio se ve sobre todo fuera de lugar en comparación con los principios contemporáneos Guerra Justa, pero ilustra la comprensión de Aristóteles del orden natural en el que todo el mundo tenía su propia posición: algunas personas no eran más que capaces de gobernarse a sí mismos y por lo tanto, una guerra que podría restaurar o mantener el orden podría ser una empresa legítima en beneficio de todos. 23 La actitud de la República romana a la guerra estaba firmemente en la idea de que Roma tenía que reunir una serie de procedimientos de prueba como para asegurar que sus guerras podrían ser presentadas 21 22 23

Aristóteles, ‘Política’, de J. L. Ackrill (ed.), Un lector nuevo de Aristóteles (Oxford: Clarendon, 1990), I, 6.1255a5–25 y VII, 14.1333a30–5. Bellamy, Guerras justas, p. 18. M. Hamburger, Morales y Derecho: El crecimiento de las teorías legales de Aristóteles (New Haven: Yale University Press, 1951), pp. 172–5.

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como defensa y que por lo tanto, los dioses estarían a su lado. Antes de que las hostilidades reales pudiesen comenzar, los sacerdotes feciales (efectivamente, diplomáticos responsables del correcto desarrollo de las relaciones internacionales) fijarían públicamente enmiendas a quejas y demandas de la otra parte. Si la otra parte estaba dispuesto a reconocer el daño que habían causado y retribuyendo la recompensa adecuada dentro de los 33 días, las relaciones pacíficas podrían mantenerse y así evitar la guerra. 24 Si (y sólo si ) la enmienda no llegaba, entonces la guerra era el siguiente paso legítimo de Roma para continuar el desacuerdo más allá. Aun cuando la República se transformó en Imperio y las exigencias formales se convirtieron cada vez más escandalosas hasta el punto en que la guerra y la posterior derrota en realidad podrían ser consideradas igual o incluso mejor que los términos y la humillación total que se ofrecía, no se debe subestimar el grado en que la psicología del proceso era importante para los que tomaban parte en ella. Era esencial para el pueblo de Roma que sus guerras se proyectaran en forma de ‘actos jurídicamente defensivos y por lo tanto moralmente justificables, aun cuando podrían haber sido lanzados en lo que se considera hoy en día como meros pretextos’. 25 El orador y político romano Marco Tulio Cicerón (106BC - 43BC), suministró justificaciones filosóficas para muchas de las prácticas y procedimientos de Roma, como la declaración formal de guerra sólo después de un fracaso para realizar enmiendas, haciendo la guerra como último recurso, una vez las alternativas se habían agotado. Las reglas eran importantes porque había que mantener la palabra dada, incluso en tiempos de guerra: ‘nuestra preocupación debe ser siempre por

24 25

Alan Watson, Derecho internacional en la Roma arcaica: Guerra y religión (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1993), pp. 4ff. y 43. David Whetham, Guerras Justas y victorias morales: Sorpresa, engaño y la estructura normativa de guerra europea a finales de la Edad Media (Leiden: Brill, 2009), p. 36.

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una paz que no tienen nada que ver con la traición’. 26 Insistió en que cualquier declaración deberá ser realizada por una autoridad legítima. En parte, esto se debió a que era esencial para el mantenimiento del status jurídico correcto del procedimiento y en parte era una manera de reducir al mínimo la posibilidad de guerras civiles. Hoy en día, los Estados aún guardan celosamente su monopolio del uso de la violencia legítima. Cicerón también le preocupaba que se tuviera la intención correcta para la participación en un conflicto, argumentando que: ‘Las guerras, entonces, deben ser llevadas a cabo... para que podamos vivir en paz, sin injusticia’.27 De esta manera, Cicerón sostuvo que incluso las guerras luchadas para la gloria de Roma en lugar de su supervivencia (lo que hoy podría llamarse conflictos discrecionales) aún deben ser motivadas por el deseo de vivir en paz. Al igual que Aristóteles antes que él, Cicerón sostuvo que las guerras expansionistas de este tipo podían justificarse porque podrían ‘ampliar los límites de la paz, el orden y la justicia’, para así lograr una mayor paz, prosperidad y felicidad que de otra manera hubiera sido el caso, un tema que parece menos convincente hoy.28 Sin embargo, más a tono con el pensamiento contemporáneo, también argumentó que los prisioneros de guerra deberían ser tratados de manera justa por sus captores: ‘una vez que la victoria está asegurada, los que no son crueles y salvajes en la guerra deben ser perdonados’. 29 También llamó la atención sobre la distinción entre combatientes legítimos e ilegítimos: ‘no es lícito para alguien que no es un soldado, luchar contra el enemigo’. 30 26 27 28 29 30

Cicerón, Sobre deberes, bk 1, secciones 34–41. De Gregory M. Reichberg, Henrik Syse y Endre Begby (eds), La ética de la Guerra: lecturas clásica y contemporáneas (Oxford: Blackwell, 2006), p. 52. Cicerón, Sobre deberes, bk 1, secciones 34–41. Tales argumentos tienen una cierta resonancia con la agenda neo conservativa del presente. Cicerón, Sobre deberes, bk 1, secciones 34–41. Cicerón enfatiza que él hubiera preferido si Roma ‘No hubiera destruido Cartago y Numancia’. Cicerón, Sobre deberes, bk 1, secciones 34–41.

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El pensamiento griego y romano de la guerra se fusionó con las ideas cristianas que fueron transmitidas y plasmadas en los escritos de los primeros cristianos. El más influyente de ellos fue San Agustín (353-430), obispo de la ciudad del norte de África de Hipona. Agustín se enfrentó con el problema muy real de conciliar el claro mensaje de pacifismo que se encuentra en el Nuevo Testamento con el hecho de que la propia Roma, ahora un imperio cristiano, estaba bajo amenaza muy real. Los visigodos habían saqueado Roma en 410 y cuando Agustín murió en el año 430, la propia Hipona había sido sitiada. Fue esta terrible realidad que llevó a Agustín a convertirse en lo que ha sido descrito como ‘el reacio teórico de la Guerra Justa.’ 31 La clave para reconciliar la tensión entre las dos posiciones era nuestra intención. Mientras que los cristianos deben, por supuesto, estar dispuestos a poner la otra mejilla si eran atacados, ellos todavía podrían emplear la violencia para defender a los inocentes del mal. No era el asesinato real que hacía la guerra pecaminosa (después de todo, esto sólo podría acortar la vida de las personas que iban a morir de todas formas) . El pecado se producía sólo si estaban motivados por una intención indigna - un amor de la violencia, la crueldad de venganza, el odio, la codicia y el ansia de poder. 32 Mientras las acciones de uno estaban motivadas por el amor o la caridad - la defensa de los inocentes - estas podrían llevarse a cabo sin temor al pecado. La injusticia era considerada un mal mayor que la guerra y Agustín argumentó, que era correcto llevar a cabo un mal menor si se pudiera evitar otro mayor: tomar claramente las armas para defender la cristiandad y los hombres inocentes, mujeres y niños dentro de lo que realmente podría por lo tanto ser visto como un derecho y no un pecado. Todos los gobernantes tienen la obligación de mantener la 31 32

Reichberg, Ética de la Guerra, p. 71. Agustino, Contra Fausto el Maniqueo, bk XXII, cap.74. En Ernest L. Fortin y Douglas Kries (eds), Agustino: escritos políticos, trans. Michael W. Tkacz y Douglas Kries (Indianapolis: Hackett, 1994), p. 222.

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paz y fue esta obligación la que les dio el derecho o incluso el deber positivo para hacer la guerra con el fin de mantener la paz: como el apóstol Pablo deja claro en Romanos 13, ningún gobierno puede existir y gobernar las personas a no ser que Dios así lo quiera. 33 Por lo tanto, siempre que una autoridad legítima como tal declarara la guerra, los ciudadanos estaban obligados a participar en ella. Esta obligación se entendía, que era el gobernante quién enfrentaría cualquier retribución divina por librar una guerra injusta, en lugar de los soldados que participaban en el mismo y esto era cierto incluso, si tenían considerables dudas sobre la justicia de su causa (un punto de vista cuestionado por Vitoria y uno que es todavía discutible hoy en día). 34 El siguiente factor importante para el desarrollo de la Tradición de la Guerra Justa era Santo Tomás de Aquino (1225-1274). Aquino desarrolló y simplificó las ideas de San Agustín, en particular, así como de otros colaboradores, como el monje Graciano del siglo XII. Al hacer esto, también identificó la autoridad correcta, una causa justa y la correcta intención, como los criterios morales fundamentales para evaluar la legitimidad moral del recurso al uso de la fuerza. Estos siguen ofreciendo la ‘arquitectura básica según la cual las discusiones sobre la Guerra Justa se realizan incluso hoy en día’. 35 Dado que se considera tan influyente en el desarrollo del pensamiento de la Guerra Justa, Santo Tomás parece que dice muy poco acerca de lo que pensamos que en consideraciones de in bello - es decir, lo que legítimamente se puede hacer durante una guerra y a quien se puede hacer la guerra. Sin embargo, esto sería hacerle un perjuicio. Hay ‘economía conceptual ‘ que permitió que tanto Aquino como Agustín antes que él, identificaran a un número relativamente pequeño de principios clave - pero esos principios fundamentales realizados con los significados 33 34 35

Agustino, Contra Fausto, bk XXII, cap.75. Bellamy, Guerras justa, p. 28. Reichberg, Ética de la Guerra, p. 169.

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que conllevan, hasta cierto punto se han perdido hoy. 36 En ninguna parte es esto más evidente que en el caso de la intención correcta — motivación— el espíritu con el que se actúa . Esto no es un principio que necesariamente se sienta bien con nosotros hoy en día, sino que puede ser visto como algo abstracto e imposiblemente subjetivo, debido a su carácter esencialmente interno. Sin embargo, para Aquino, la intención correcta representaba algo mucho más palpable, un ‘ cierto carácter moral (que comprende los hábitos, actitudes, sentimientos y prejuicios) que los beligerantes inclinaban a limitar tanto el recurso a la guerra y su conducción de la guerra’. 37 Por eso se trataba de un elemento tan importante. Si fuera correcta, entonces la conducta de uno automáticamente se vería afectado por ella . Mientras uno estaba tratando de hacer lo correcto, entonces las personas equivocadas no iban a hacer daño porque uno podría hacer una distinción entre los que estaban en falta y los que no lo eran y uno se aseguraría que las acciones de uno eran proporcionales a la lesión siendo defendida en contra. Sin embargo, si uno tenía la intención equivocada desde el principio, entonces no habría principios o reglas adicionales suficientes para evitar el terrible ‘descenso al abismo moral de la guerra’.38 Aquino también ayudó a resolver un problema real muy moral para los cristianos —matar en defensa propia— mediante la aclaración de lo que se conoce como la Doctrina de Doble Efecto. Esta es la idea de que los individuos no son moralmente, responsables de los previsibles, aún no intencionales efectos secundarios de una acción de otra manera legítima: nada impide que un único acto tenga dos efectos, sólo uno de los cuales es intencionado, mientras que el otro es fortuito 36 37 38

Anthony Coates, ‘Cultura, el Enemigo y las Restricciones Morales de la Guerra’, en Sorabji y Rodin, La ética de la guerra, p. 215. Coates, ‘Cultura, el Enemigo y las Restricciones Morales de la Guerra’. Coates, ‘Cultura, el Enemigo y las Restricciones Morales de la Guerra’.

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a la intención. Ahora, los actos morales consiguen su carácter de acuerdo con lo que se pretende, pero no de lo que está fortuito a la intención, ya que este último es secundario... En consecuencia, el acto de legítima defensa puede tener un doble efecto: la salvación de la propia vida, por una parte, y la muerte del atacante, en el otro. Ya que salvar la propia vida es lo que se pretende, tal acto no es por lo tanto ilegal.

Por supuesto, al hacer esto, se puede utilizar sólo la cantidad de fuerza que sea realmente necesaria, por que utilizar una fuerza desproporcionada sería ‘superar los límites de una defensa sin culpa’.39 Aunque Aquino se refiere aquí a la proporcionalidad en el nivel jus in bello (lo que legítimamente se puede hacer dentro de la guerra), Vitoria, escribiendo en la segunda mitad del siglo XVI, capturando los aspectos prudenciales del principio de proporcionalidad en el nivel jus ad bellum (lo que se requiere para justificar ir a la guerra ), explica: ‘si la recuperación de una ciudad se ve obligada a involucrar a la ciudadanía en un daño mayor, por ejemplo en la devastación de varias ciudades, grandes bajas, o rivalidad entre los príncipes y la ocasión de nuevas guerras, no puede haber duda de que el príncipe debe ceder su derecho y abstenerse de guerra’.40 Esta consideración de proporcionalidad no se limita exclusivamente a los propios daños, pero si a los costos totales para todos los involucrados. La importante división moral entre la ad bellum y el nivel in bello de la guerra también fue aclarado y explicado por Vitoria, quien demostró que la distinción entre los dos niveles podría tener profundas implicaciones para la defensa a largo plazo del estado: si los sujetos no pueden servir en la guerra a menos que se satisfaga primero su justicia, el Estado caería en grave peligro y 39 Aquino, Summa theológica, Qu.64, Art.7, pp. 1465f. 40 Vitoria, Sobre la ley de la guerra, Qu.2, Art. 3. En Reichberg, Ética de la guerra, p. 323.

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la puerta se abriría para delitos... si los sujetos en caso de duda no siguen a su príncipe a la guerra, se exponen al riesgo de traicionar a su Estado ante el enemigo y esto es una cosa mucho más seria que la lucha contra el enemigo a pesar de la duda. 41

En ausencia de pruebas claras contrarias, se requiere que los soldados de ambos lados de una disputa den a sus propios líderes el beneficio de la duda. Sin embargo, incluso mientras estando de parte del estado en lo que respecta a la objeción de conciencia selectiva, Vitoria va más allá de Agustín con el argumento de que todavía hay límites en cuanto a lo lejos que los soldados pueden estar libres de culpa de su responsabilidad moral para la decisión de ir a la guerra y su participación posterior en la misma. En particular, puede haber: ‘argumentos y pruebas de la injusticia de la guerra tan poderosos, que incluso los ciudadanos y sujetos... no puedan utilizar la ignorancia como una excusa para prestar servicio como soldados.’42 Este requisito importante ‘representa una recuento sucinto de los argumentos legales en cuanto a las limitaciones sobre obediencia y el deber de la disidencia planteada durante los juicios por crímenes de guerra de Núremberg después de la Segunda Guerra Mundial’.43 La carga en el más antiguo de los jefes militares es algo más pesado que el del rango del soldado archivista, ya que tienen una responsabilidad profesional para examinar la justicia de una guerra y a través de sus consejos al gobernante, evitar un conflicto que es injusto. Hay una 41 42 43

Vitoria, De Indis De Jure Belli, Parte III.31. De Walzer, Guerras justas e injustas, p. 39.. Vitoria, Sobre la Ley de la Guerra, Qu. 2, Art.1.1. EnIn Reichberg, Ética de la guerra, p. 318. George R. Lucas, ‘Asesoramiento y Disentimiento: la Perspectiva Desinformada “, en D. Whetham y D. Carrick (eds), Diario de Ética Militar: ‘Decir No: Objeción de conciencia selectiva “, Edición Especial, 8, Edn 2, junio de 2009). Este artículo proporciona un excelente resumen de los argumentos a favor y en contra de las diversas formas de objeción de conciencia selectiva.

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clara responsabilidad aquí para los soldados de alto rango a ‘decir la verdad al poder’ (incluso si esos argumentos son en última instancia, rechazados). Mientras Vitoria escribía hace casi 500 años, este es un tema que todavía tiene clara relevancia contemporánea. Incluso en los casos en que el beneficio de la duda no es un problema, el error todavía puede inducir a un beligerante a creer que están en lo correcto, aun cuando en realidad son ‘honestos en su falta. Esto da lugar a una situación en la que la parte culpable (sinceramente) cree ser inocente’. 44 Después de todo , muy pocas personas lucharían deliberadamente por una causa que sabrían que estaba mal y esto se traduce en una igualdad moral de los combatientes. 45 Debido a la falta de certeza metafísica, no importa quién ‘lo empezó’; Vitoria demuestra claramente por qué ambas partes tienen la obligación de permitir a sus oponentes un poco de respeto y llevar a cabo sus conflictos dentro de los límites.46 También descartó expresamente el concepto de larga data de que ‘la Iglesia y el imperio tenía derecho universal a la guerra (una idea fundamental en las cruzadas), la afirmación de que las guerras de conversión eran justas y el argumento de que los no creyentes tenían menos derechos que los creyentes. Como señala Bellamy, hasta este momento de la historia, este fue un caso escaso en que un ‘intelectual público criticó la política oficial’.47 44 45

46 47

Vitoria y Aquino. De Reichberg, Ética de la Guerra, p. 317. Esta igualdad moral está muy bien articulada en el Memorial Kemal Atatürk en Gallipoli: ‘No hay diferencia entre los Johnnies y los Mehmets para nosotros donde yacen lado a lado ahora aquí en este país nuestro’. Se ha cuestionado recientemente por McMahan entre otros, que se preguntan por qué los del lado ‘equivocado’ deben contar con los mismos derechos que los que son inocentes de una guerra de agresión, etc. J. McMahan, Matar en la Guerra (Oxford: Oxford University Press, 2009). Aceptando la igualdad moral de ciertos combatientes, no es sencillo en muchas operaciones contemporáneas, pero no es un requerimiento para adherir a otros principios de Guerra Justa. Bellamy, Guerras justas, pp. 51–2.

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Francisco Suárez (1548-1617) se consideraba a sí mismo un discípulo de ambos, Aquino y Vitoria. Hacía eco de muchos de los argumentos ya expuestos y estableció una distinción entre guerras defensivas que eran una reacción a ataques armados y las guerras ofensivas que buscaban reparación por una lesión o la injusticia. 48 En particular, cuando realizando este último tipo de conflicto, un gobernante debe asegurarse de que tiene una expectativa razonable de victoria: ‘si la expectativa de victoria es menos probable que la posibilidad de la derrota, y si la guerra es de carácter ofensivo, entonces en casi cada caso la guerra debe evitarse’. Sin embargo, argumentó que una guerra defensiva, independientemente de la posibilidad de éxito, era ‘ una cuestión de necesidad, mientras que la guerra ofensiva es una cuestión de elección’. 49 Hay muchos otros grandes nombres asociados con el desarrollo de la Tradición de la Guerra Justa . Hugo Grocio, y su magnífica De jure belli pacis (En el Derecho de la Guerra y la Paz) es probablemente el más importante de ellos, marcando el verdadero fundamento del derecho internacional. Sin embargo, en muchos sentidos, esta era realmente la suma de las ideas ya encapsuladas dentro de la Tradición de la Guerra Justa, los principios fundamentales los cuales estaban claramente bien establecidos para el período moderno temprano (aunque, por supuesto, no había entonces y ahora sigue habiendo mucho debate sano de cómo exactamente se deben aplicar estos principios). Como se hizo cada vez más difícil cuestionar la justicia de la causa de los monarcas absolutos de Europa, Grocio trató de ‘limitar la discreción del soberano haciendo hincapié en que la guerra sólo puede ser justa si se pone en marcha de manera ajustada a los procedimientos y ...

48 49

19Francisco Suárez, Disputa XIII, Sección I. De Reichberg, Ética Sobre la Guerra, pp. 340–2. Suárez, Disputa XIII, Sección IV. De Reichberg, Ética sobre la Guerra, pp. 352–3.

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dirigida justamente.50 Muchos otros pensadores trataron de desarrollar y refinar estos principios en los próximos siglos. Al mismo tiempo, el proyecto de la Ilustración intentó reemplazar a la religión con la razón y proporcionar una base cada vez más secular para las leyes de la guerra. En particular tras el énfasis de Vitoria en la igualdad moral de los combatientes, hubo un creciente interés en el fortalecimiento de las preocupaciones in bello, mirando a quién y cuáles eran objetos legítimos de ataque y cómo esto podría hacerse. Esto allanó el camino para la eventual codificación de la práctica habitual en tales cuerpos normativos como el ‘Código Lieber’ de 1863, la Haya y Protocolos de Ginebra. El Capítulo 5 analiza el marco jurídico internacional que surgió de este período y se desarrolló en los siglos XX y XXI . Teniendo en cuenta esta evolución, la Tradición de la Guerra Justa contemporánea es ahora ‘sustancialmente secular’, en ‘lenguaje filosófico y jurídico en lugar de religioso’.51 Esto pone de relieve la importancia del contexto histórico cuando se trata de entender el desarrollo de la Tradición. James Turner Johnson, que puede ser acreditado por sentar las bases de la apreciación más amplia del pensamiento de la Guerra Justa en el siglo XX, es particularmente sensible a este factor, trazando la forma en que sus principios fundamentales han surgido y se han interpretado a la luz de los problemas que eran pertinentes en cada época. Como resultado, hoy en día, la Tradición de la Guerra Justa representa un ’fondo de sabiduría moral práctica, basada no en la especulación abstracta o teorización, sino en la reflexión sobre los problemas actuales encontrados en la guerra ya que se han presentado en diferentes circunstancias históricas’.52

50 51 52

Bellamy, Guerras justas, p. 76. Sorabji y Rodin, La ética de la Guerra, p. 2. James Turner Johnson, Puede la guerra moderna ser justa? (New Haven, CT: Yale University Press, 1984), p. 15.

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Categorías Contemporáneas de la Guerra Justa: jus ad bellum, jus in bello y jus post bellum

Como se puede ver arriba, la distinción moral entre los dos niveles de conflicto nos permite dibujar una línea entre la decisión de ir a la guerra y la conducta real de la guerra. Los soldados no son necesariamente responsables de la decisión de ser enviados a la guerra (excepto como parte de los electores de un estado democrático), pero son responsables de su conducta. Militares de alto rango pueden tener un carácter afín a esta línea, pero, como señala Walzer, esto nos da una idea bastante clara de dónde se debe trazar la línea. 53 Como Vitoria estableció a mediados del siglo XVI, cada soldado tiene la obligación moral y legal de desobedecer una orden manifiestamente ilegal o inmoral, incluida una orden de tomar parte en una guerra que es claramente injusta. Hasta qué punto esto afecta la participación real de un individuo en una guerra que es demostrablemente (o por lo menos discutiblemente) legal, pero sigue siendo considerada ampliamente inmoral, es sin duda una cuestión profunda de la integridad personal sin respuestas fáciles. 54 Mientras que una causa injusta no se puede hacer mejor luchando una guerra correctamente, ciertamente uno puede socavar una causa justa mediante la realización de una guerra incorrecta. Por lo tanto, los dos niveles de la guerra están claramente relacionados en un número de maneras, pero también siguen siendo distintos. Es esta separación lo que permite al público de un país apoyar a sus fuerzas militares, incluso en un conflicto de otro modo impopular. Como se verá más 53 54

Walzer, Guerras justas e injustas, p. 39. Para una exploración de este reto, Véase Ellner, Robinson & Whetham (Eds), Cuando soldados dicen no: objeción selectiva concienzuda en la milicia moderna (Ashgate: 2013).

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adelante, también hay una tercera categoría emergente, jus post bellum, que se refiere específicamente a las consecuencias del conflicto. Ahora vamos a mirar los principios contenidos en las categorías contemporáneas de la Guerra Justa a su vez.

Jus ad bellum: una causa justa El ejemplo más claro de una causa justa se presenta cuando un Estado actúa en defensa propia debido a un ataque directo contra su pueblo o su territorio. Esto está consagrado en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que reafirma el derecho inmanente de legítima defensa poseída por todos los estados: ‘Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa colectiva en caso de un ataque armado.’ Por lo tanto, una acción realizada en derecho de autodefensa, no requiere autorización adicional para sancionarla. Defender a un vecino o a un aliado, o responder a las solicitudes de proteger a los débiles contra los fuertes, también puede ser un ejemplo de actuación en defensa, por lo que el conflicto del Golfo Pérsico de 1990-1, donde la comunidad internacional, casi sin excepción, apoyó la defensa de Kuwait tras la invasión de Irak, provee un buen ejemplo de una causa justa. Como hemos visto, Agustín establecido hace 1.600 años que la defensa de los inocentes era entonces considerada como la principal justificación para el uso de la fuerza y algunos de los argumentos jurídicos contemporáneos hoy, en muchos sentidos, regresan a esa posición. La intervención en Kosovo en 1999 se justifica en términos de prevención de violaciones graves de los derechos humanos y la emergente ‘responsabilidad de proteger’ se basa en la idea de que si y cuando un Estado demuestra ser reacio o incapaz de cumplir con su responsabilidad fundamental de cuidar su propia población, esa responsabilidad debe ser transferida a la comunidad internacional para que pueda actuar en lugar de prevenir los abusos masivos contra los derechos humanos. Por supuesto, la comunidad internacional todavía – 288 –


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debe emplear medios pacíficos, siempre que sea posible, utilizando la fuerza militar sólo como último recurso.55 Si esta idea tendrá un impacto práctico más que teórico sobre el estado del comportamiento, es poco claro, aunque hay indicios de que hasta el momento hay poco interés de intervención ‘a pesar de no existir falta de crisis humanitaria para proporcionar oportunidades a la comunidad internacional para dar sentido a la responsabilidad de proteger.’ 56 Aunque puesto de manifiesto por la doctrina Bush en los últimos años, la cuestión de la legitimidad de la acción preventiva en realidad no es un tema nuevo. Ya en el siglo XIII, Raimundo de Peñafort argumentó que matar a un individuo que va a emboscar antes de que ataque, ‘si no hay otra manera de contrarrestar la amenaza’, era considerado legal.57A veces una amenaza debe ser anticipada si se va logra ser defendida con éxito en contra, pero, hasta qué punto puede esto ser asumido? La importancia de demostrar verdadera necesidad de golpear primero fue claramente considerada importante en aquel entonces. Moralmente, el problema de adelantarse a una amenaza, es que puede convertir con demasiada facilidad al defensor en atacante. 58 El esbozo expuesto pintado por la entonces Consejera de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice, en 2002, sugirió que las nociones tradicionales de defensa ya no eran adecuadas para el nuevo entorno de seguridad con actores desinhibidos con posible acceso a armas de destrucción masiva (ADM). Es evidente que no se

55 56

57 58

Ver la Comisión Internacional en Intervención y Soberanía Estatal. http:// www.iciss.ca/ Steven Haines, ‘Intervención Humanitaria: Genocidio, Crímenes contra la Humanidad y el Uso de la Fuerza’, en John Buckley y George Kassimeris (eds), El compañero de investigación ashgate a la guerra moderna (Aldershot: Ashgate, 2010), pp. 322-325. Raymond of Peñafort, Summa de casibus poenitentiae, II, 17–19. De Reichberg, Ética de la Guerra, p. 140. Para algunas implicaciones legales de esto, ver el capítulo por Chris Waters en Whetham, Ética, Derecho Y Operaciones Militares.

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puede esperar hasta la aparición del hongo atómico para actuar en tales circunstancias. 59 Sin embargo , si usted acaba de decidir que alguien o algo, en un tiempo y fecha futura aún no especificada, teóricamente, podría suponer una amenaza para usted a pesar de que actualmente no lo hacen, atacándolos claramente no se puede considerar un acto de defensa propia, ya sea legal o moralmente. La clave para la legitimidad en este caso es conseguir el equilibrio correcto.60

Jus ad bellum: intención correcta La mayoría de las personas aceptaría que la motivación de un acto, tiene una influencia sobre si es, o no puede ser juzgado moralmente bueno o malo. Mientras satisfacer los criterios de justas causas puede ayudar a establecer que uno está haciendo las cosas bien, tener la intención correcta es necesario para asegurarse de que se está haciendo por las razones correctas. Creando, restaurando o manteniendo una paz justa, enderezando equivocados y protegiendo al inocente, calificarían a todos claramente como buenas intenciones, mientras que la búsqueda de ampliar el territorio de uno, esclavizar o convertir a otros a su religión, el odio o la venganza no lo haría61. La motivación forma la acción y si el conflicto está motivado por estas dos últimas emociones, en particular, se hace muy fácil para el enemigo que pueda ser considerado como menos que un igual. Tal clima hace que sea mucho más probable que los crímenes de guerra y las atrocidades se cometan. Por supuesto, las buenas intenciones a 59 60 61

http://transcripts.cnn.com/TRANSCRIPTS/0209/08/le.00.html Whetham, ‘Ética y la Perdurable Relevancia de la Teoría de Guerra Justa en el Siglo XXI’, p. 248. Mientras la tradición Greco-Romana y cristiana tomó hasta la época de Vitoria para rechazar la idea de conversión forzosa siendo una legitima motivación para la acción militar, la fe islámica esta idea mucho antes de esto. 2: 256 del Corán afirma inequívocamente que ‘no hay compulsión en la religión’.

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menudo, se confunden con las que no lo son tanto y de todos modos, cómo se sabe realmente lo que motiva a un Estado para actuar? Sería ingenuo suponer que siempre se puede encontrar una sola motivación pura para una acción, en particular en el caótico mundo de la política internacional. Sin embargo, esto no disminuye la importancia de este principio, ya que reconoce que las guerras luchadas principalmente por los motivos equivocados, invariablemente conducirán a una paz injusta. Esto, a su vez, es probable que siembre las semillas de nuevos conflictos en el largo plazo.

Jus ad bellum: autoridad legítima Actuando en autodefensa directa no requiere mayor autoridad. Sin embargo, cualquier cosa que no entra en esta categoría requiere una declaración por una autoridad legítima. Ir atrás a los requisitos procedimentales jurídicos romanos, cuando una lesión se ha padecido, el infractor requiere que le digan qué es lo que ha hecho mal, y qué es lo que pueden hacer para restablecer la situación y por lo tanto evitar la guerra. Algunos han cuestionado la continua utilidad de tal declaración, sobre todo teniendo en cuenta que uno ya no tiene en realidad la tendencia de declarar la guerra misma.62 Sin embargo, la declaración clara de lo que se ha hecho mal antes de embarcarse en un conflicto, ya sea si es una guerra legalmente declarada o no, es algo más que mero trámite y sigue siendo pertinente si la otra parte ha de tener alguna posibilidad de rectificar la situación o hacer una reparación. Demostrando la forma en que los principios de Guerra Justa pueden volverse entrelazados, sería muy difícil demostrar que se había llegado al punto de último recurso, si esta declaración no había sucedido todavía. Que califica como una autoridad legítima en términos contemporáneos? En la época romana fue el emperador, en la Europa medieval, 62

Ver Ian Holliday, ‘Cuando es una Causa Justa?’, Revisión de estudios internacionales, 28 (2002), p. 565.

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la nobleza, mientras que los monarcas absolutos de la Edad Moderna fueron autoridades claramente soberanas. Los estados tenían carta blanca para autorizar la guerra cuando vieron conveniente desde el siglo XVIII hasta principios del XX. Sin embargo, después de la formación de las Naciones Unidas, la respuesta no es tan sencilla. El artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas declara: ‘Todos los miembros deben abstenerse en sus relaciones internacionales de la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de los Estados Naciones.’ Todo lo que no son medidas adoptadas en legítima defensa inmediata, requiere la autorización previa del Consejo de Seguridad, de manera efectiva para que una excepción a las reglas pueda ser acordada.63 Sin embargo, en la práctica, el poder real para hacer esto todavía parece descansar con los Estados o sus alianzas regionales y no exclusivamente con la ONU. 64 Incluso aquí, los estados todavía tienen procedimientos jurídicos para comprometer las fuerzas armadas en un conflicto y estos deben ser adheridos antes que cualquier despliegue pueda ser considerado como autoridad legítima. Por ejemplo, a menos que los Estados Unidos ya esté bajo ataque, el Presidente sólo puede enviar a su ejército a combatir en el extranjero con la autorización del Congreso. Aún si los EE.UU. ha sido atacada, las fuerzas militares no pueden permanecer indefinidamente comprometidas sin la aprobación del Congreso. 65 Todos los estados tienen algún tipo de mecanismo constitucional para garantizar que sus fuerzas armadas sólo puedan emplearse legítimamente bajo ciertas condiciones. Es discutible que la autoridad legítima no 63 64 65

El mantenimiento de la Paz y la Mayoría de Operaciones de Apoyo a la paz en general, se llevan a cabo bajo la autoridad legal de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. E.g., la autoridad para la intervención en Kosovo se dio como un acuerdo de la naciones de la OTAN y fue entonces ligitimada retrospectivamente por la ONU. http://avalon.law.yale.edu/20th_century/warpower.asp.

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tiene que estar centrada en el Estado, pero debe ser posible al menos, demostrar una ‘medida importante de apoyo popular ... Vale la pena señalar que este aspecto de la condición significa que incluso algunos estados no pueden justificar ir a la guerra’.66

Jus ad bellum : un objetivo que es proporcional a la infracción

Mientras que la guerra podría ser legítima para corregir ciertos males, no todos los males pueden legitimar la guerra - por lo tanto, hay que preguntarse si el daño en general, que puede ser provocado por la guerra es menos que el’ causado por el mal que está siendo corregido’. 67 Es la guerra una respuesta proporcional a la lesión recibida, o no? Por supuesto, esto puede ser un criterio muy subjetivo para cumplir - después de todo, qué valor puede poner uno en algo tan intangible como el honor nacional? Esta pregunta demuestra por qué este principio no puede ser puramente una cuestión prudencial, ya que debemos tener en cuenta el costo total de la guerra, no sólo el costo para nosotros mismos. Es evidente que esto es una evaluación sumamente difícil de hacer antes de realizar la acción militar, sobre todo debido a las inevitables consecuencias no deseadas y los efectos en cadena que pueden ser imposibles de predecir con exactitud. Sin embargo, la Tradición de la Guerra Justa pide que se realice al menos un intento creíble para responder a esta pregunta antes de comprometerse con el uso de la fuerza.

Jus ad bellum: perspectivas razonables de éxito Algunas personas pueden considerar como noble morir luchando por una causa perdida. Sin embargo, aun reconociendo que la guerra implica al menos cierto grado de mal, la mayoría acepta que es 66 67

Holliday, ‘Cuando es una Causa Justa?’, p. 567. Bellamy, Guerras justas, p. 123.

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éticamente inadmisible sacrificar la vida y causar innecesario dolor y sufrimiento si no hay al menos una posibilidad razonable de que va a cambiar algo. Es evidente que este es un cálculo prudencial. 68 Por supuesto, esta pregunta también significa que uno debe tener una idea clara de lo que realmente es el éxito en esta situación. Pocas personas negarían que es una sólida planificación estratégica, preguntar que se quiere lograr de una guerra antes de embarcarse en ella. El vínculo entre el pensamiento de la Guerra Justa y buena estrategia puede ser demostrada en este ámbito por Clausewitz, quien afirmó que: nadie inicia una guerra —o más bien , nadie en su sano juicio debería hacerlo— sin ser claro en su mente lo que se pretende lograr mediante esa guerra y la forma en que se propone realizarla. El primero es un objetivo político, este último el objetivo operativo. 69

Mediante el establecimiento de un objetivo claro y realista desde el principio, la ampliación de la misión se puede evitar y la guerra puede mantenerse firme como un instrumento político más que su maestro. Victoria absoluta a través de la derrota categórica de la otra parte no puede ser la definición de éxito que se requiere. Por ejemplo, en 1939, Finlandia se defendió contra la Unión Soviética, a pesar de que claramente no podía ganar. A primera vista, esto no satisfaría la perspectiva razonable de los criterios de éxito. Sin embargo, los

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Johnson argumenta que tres criterios prudentes han sido ‘ligados’ al clásico criterio ad bellum: proporcionalidad, prospecto razonable de éxito y último recurso. Estos son obviamente importantes, pero también ‘ en el mejor de las preocupaciones de apoyo que tienen más que ver con la práctica racional de gobierno’ y ceder efectivamente prioridad a los otros criterios deontológicos. Véase James Turner Johnson, La guerra para derrocar a Saddam Hussein: la guerra Justa y la nueva cara de los conflictos (Rowman & Littlefield, 2005), p. 36. Carl von Clausewitz, Sobre guerra (Oxford: Oxford University Press, 2007), VIII: 2, p. 223.

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finlandeses casi seguramente obtuvieron mucho mejores términos, cuando finalmente capitularon cinco meses más tarde, de lo que habrían logrado si no hubieran luchado en absoluto. 70

Jus ad bellum: último recurso Se han intentado todas las alternativas racionales no violentas antes de emplear la fuerza armada? Tales alternativas podrían incluir la diplomacia, presión política internacional y sanciones económicas, entre muchas otras opciones. Por supuesto, siempre existe la posibilidad de hacer algo que es violento, aún sin tener absolutamente ninguna posibilidad de éxito; entonces cómo se puede realmente saber que se ha llegado al punto de último recurso? El último recurso se limita a exigir que todas las otras opciones prácticas que puedan lograr éxito se hayan agotado antes de iniciar la acción militar. Teniendo en cuenta que el contexto puede ser muy sensible en el tiempo, puede por supuesto ser que algunas opciones son simplemente no disponibles.

Jus in bello: la discriminación Como hemos visto anteriormente, la determinación de quién o qué son objetos legítimos de ataque, ha sido una preocupación de la Tradición de la Guerra Justa en toda su historia. Dado el gran número de víctimas en las guerras del siglo XX y el aumento del porcentaje de muertes de civiles como proporción de víctimas en general, este es un tema que, posiblemente, es aún más urgente ahora.71 Como reflejo de más de dos milenios de Tradición de la Guerra Justa, la ley actual establece una clara separación entre los dos grupos de personas: 70 71

Walzer, Guerras justas e injustas, p. 70. Para un argumento especialmente convincente para defender los derechos civiles, véase Hugo Slim, Matando a civiles: el método, la locura y la moral en la guerra (London: Hurst & Co, 2007). véase también: http://www.correlatesofwar.org/

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sólo a los combatientes se les permite participar directamente en las hostilidades. De ello se desprende que pueden ser atacados. Los civiles no pueden participar directamente en las hostilidades y por el tiempo que se abstengan de hacerlo, están protegidos de los ataques.72

Los civiles tienen el derecho de no ser atacados deliberadamente por las fuerzas militares. Por su parte, tienen el deber de no tomar las armas, excepto directamente en defensa propia. 73 Esto debe ser visto como un principio absoluto – incluso en extrema necesidad militar no se puede anular la prohibición de atacar deliberadamente a los no combatientes, ya que en primer lugar, sólo se nos puede obligar a hacer lo que es legal (véanse los capítulos 6 y 7).

Jus in bello: la proporcionalidad En estrecha relación con la idea de la discriminación es la proporcionalidad: al igual que la guerra en sí, debe ser una respuesta proporcional al perjuicio sufrido, los medios empleados para perseguir la guerra también debe ser proporcionales. Este principio exige que los daños, pérdidas o lesiones resultantes de cualquier acción militar, no sólo para el propio bando, sino considerándolo en general, no deben ser excesivos en relación con la ventaja militar esperada. En virtud del principio de proporcionalidad, qué sería ‘justo’ para emplear PGMs ante un rival que no puede defenderse contra ellos? Esta no es la pregunta adecuada - el principio de proporcionalidad no trata de ser justo, dice acerca de no usar más fuerza de lo necesario 72 73

El manual del derecho del conflicto armado (Oxford: Oxford University Press, 2004), p. 24. Refiriendo a Protocolo Adicional I, Art. 43 & 51. Tanto la idea de las personas protegidas, y que este estado de protección puede ser retenido por tomar las armas y luchar junto a los soldados se encuentran en muchas de religiones de Tradición de Guerra Justa. Por ejemplo, véase John Kelsay, “Argumentos sobre la Resistencia en el Islam Contemporáneo”, en Sorabji y Rodin, La ética de la guerra, p. 65.

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para alcanzar los fines requeridos. Utilizar las mismas armas ‘tontas’ como un oponente menos sofisticado, causando así más daños colaterales y causando más destrucción innecesaria y la pérdida de la vida más de lo necesario, basándose en un sentido de juego limpio, sería obviamente obsceno. Fue alineado con la idea de proporcionalidad, que la Declaración de San Petersburgo de 1868, prohíbe el uso de proyectiles incendiarios o explosivos bajo un cierto tamaño y peso; las partes aceptaron que podrían lograr el mismo efecto con una munición sólida tradicional; entonces causar sufrimiento adicional es innecesario74. Yendo mucho más atrás en la historia, las Leyes de Manu prohibieron a los hindúes emplear flechas envenenadas, y tanto los griegos como los romanos, igualmente, prohibieron el uso de veneno y armas envenenadas en sus métodos de guerra.75 El uso de armas biológicas y químicas está prohibido hoy por la misma razón y igualmente el hombre tiene prohibido envenenar el agua y el suministro de alimentos.76 En comparación con la ventaja militar alcanzada por su uso, algunos tipos de armas o métodos de guerra son simplemente considerados demasiado inhumanos, debido al grado de sufrimiento que pueden causar.

La doctrina del doble efecto Apoyar la discriminación y proporcionalidad es la doctrina del doble efecto. Como explica Aquino (arriba), los individuos no son necesariamente, moralmente responsables de un efecto secundario no 74 75 76

Kelsay, ‘Argumentos sobre la Resistencia en el Islam Contemporáneo’, p. 109. Adam Roberts y Richard Guelff (ds), Documentos de la leyes de la guerra, 2nd edn (Oxford: Oxford University Press, 1995), p. 29. Por ejemplo, El Protocolo de Gas de Génova de 1925, que prohibía ‘el uso en la Guerra de gases asfixiantes, venenosos y otros grases, y de todos los líquidos análogos, materiales o dispositivos’. Véase El manual del derecho del conflicto armado, p. 11.

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intencionado, previsible de una acción de otra manera legítima. Sin embargo, los efectos secundarios previsibles de una acción militar, aunque no sean intencionados directamente, deben ser proporcionales a la utilidad militar esperada del objetivo. Parte de este cálculo requiere que todo tipo de bajas de no combatientes sean evitadas en la medida de lo posible. Debido a esto, la doctrina del doble efecto sólo puede justificar las actividades militares hasta cierto punto. Por ejemplo, no se puede utilizar para defender, el uso de las armas de destrucción masiva contra una superficie que contiene una población civil, ya que estas armas son tan indiscriminadas que las bajas resultantes no pueden ser consideradas simplemente como un resultado secundario. 77 Esto se ve reforzado por el principio de proporcionalidad así como la idea de mala in se, que reconoce que algunos de los métodos de guerra son simplemente malignos en sí mismos y no pueden ser justificados bajo ninguna circunstancia. Esto puede incluir el uso de la violación, el genocidio o la tortura, como un instrumento de guerra: ‘no tenemos que hacer un análisis de costo-beneficio para determinar si tales actos son inadmisibles en la guerra: ya juzgamos dichos actos como crímenes atroces debido a su naturaleza’.78 Esto ilustra la forma en que la Tradición de la Guerra Justa no sólo es un compromiso entre realismo y posiciones pacifistas, sino que también acepta el razonamiento consecuencialista y deontológico. Es evidente que un cierto nivel de efecto secundario lamentable, a veces puede ser admisible, pero el fin no puede ser utilizado para justificar cualquier medio, porque hay líneas absolutas que no se pueden cruzar. La Tradición de la Guerra Justa proporciona un marco útil para equilibrar este tipo de consideración ética ya que representa un conjunto de principios que han surgido a lo largo del tiempo, en parte, a través 77 78

Whetham, ‘Ética y la Perdurable Relevancia de la Teoría de Guerra Justa en el Siglo XXI’ , p. 253. Brian Orend, la moralidad de la guerra (Toronto, Ontario: Broadview Press, 2006), p. 123.

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de un diálogo entre el razonamiento deontológico y consecuencialista - siendo claro acerca de las cosas que uno tiene el deber de hacer (o no hacer), sino también teniendo en cuenta los resultados globales de las acciones en el contexto de lo que uno está tratando de lograr. Sin embargo, realmente importa si uno es asesinado intencionalmente o no? En muchas formas prácticas, por supuesto, no se hace. Sin embargo, hay una diferencia entre entrar en un coche y estar involucrado en un accidente que daña a alguien y el acto consciente de ponerse al volante de un coche con la intención de ejecutar a alguien. A pesar de que el efecto puede ser el mismo, uno es un trágico accidente, el otro es asesinato. Si resulta que el conductor estaba hablando por un teléfono móvil y con una animada discusión al mismo tiempo que el accidente, la negligencia del conductor habrá contribuido al accidente. De la misma manera, el mal trabajo del personal militar que se traduce en muertes evitables de otro modo es eficaz negligencia. Si esta negligencia se convierte en rutina, las lesiones y muertes causadas ya no pueden ser considerados accidentes y es difícil ver cómo se supone que cualquiera pueda ver la diferencia, ‘y menos aún los que han perdido a sus seres queridos’.79 La afectación acumulada de quizás, acciones individualmente justificables, también debe tenerse en cuenta: los informes de prensa indican que en los últimos tres años, los ataques con drones han matado a cerca de 14 líderes terroristas [en Pakistán ]. Pero, según fuentes paquistaníes, también han matado a unos 700 civiles. Se trata de 50 civiles por cada militante muerto, una tasa de éxito del 2 por ciento... cada uno de estos combatientes muertos representa una familia alienada, un nuevo deseo de venganza y más reclutas para un movimiento militante que ha crecido exponencialmente incluso mientras ataques aéreos de drones han aumentado. 80 79 80

David Whetham, ‘Matando dentro de las Reglas’, Guerras pequeñas e insurgencias, 18(4), diciembre 2007, p. 727. David Kilcullen y Andrew McDonald Exum, ‘Muerte desde Arriba, Atro-

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La forma en que uno aplica la doctrina del doble efecto es también probable que sea afectada por el carácter del conflicto en que uno está involucrado. Por ejemplo, bajo la bandera de la ONU, muchos militares se ven involucrados en las operaciones humanitarias. Estos están motivados y justificados por el deseo de ayudar y proteger a las poblaciones civiles que necesitan apoyo. Parecería inapropiado e incluso perverso mover la carga del riesgo a la misma población, aceptando un alto grado de daño colateral, por ejemplo, en un esfuerzo por minimizar las propias víctimas, cuando el propósito de estar allí es el proteger a esas personas que ahora están siendo puestas en riesgo adicional. 81 La (a menudo errónea) idea de que las operaciones militares motivadas por preocupaciones humanitarias, son de alguna manera menos peligrosas que las operaciones militares convencionales, éstas, deberían entonces, no ser permitidas para producir una mentalidad de ‘protección radical de la fuerza’ cuando la finalidad es que hay que proteger la vida de otras personas.

Jus post bellum Dependiendo de cómo uno ve esto, es, o bien un subconjunto de las categorías existentes, haciendo explícito lo que ya está implícito en la ad bellum y el in bello, o es una categoría aparte en sí mismo que se pasa por alto en detrimento del pensamiento estratégico. Mientras que ‘hacer una mejor paz’ ha sido el objetivo del pensamiento de Guerra Justa a lo largo de la historia de la Tradición, según la opinión generalizada de

81

pello Abajo’, New York Times, 17 mayo 2009. Estas cifras son impugnadas pero ponen de relieve la importancia de la percepción en las operaciones actuales. Por ejemplo, véase Douglas Murray, ‘Drones Salvan Vidas’, Wall Street Journal, 07 de marzo 2013 citando la Institución Brookings que ponen el número de civiles muertos desde 2004 en las zonas tribales remotas a entre uno de cada siete y uno de cada diez. Whetham, ‘Ética y la Perdurable Relevancia de la Teoría de Guerra Justa en el Siglo XXI’, p. 253.

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que la coalición liderada por Estados Unidos que invadió Irak en 2003 no pudo pensar que más allá de las últimas etapas del conflicto, ha habido un resurgimiento de la atención que se presta a la idea de jus posto bellum, o la justicia después de la guerra. Por ejemplo, en La moralidad de la guerra, Brian Orend establece un ‘modelo general’ para la justicia de la posguerra. 82 Este enfoque tiene en cuenta factores como los fines legítimos de la Guerra Justa: la solución debe ser declarada públicamente y proporcional a la justificación inicial del conflicto; debe reconocer y reivindicar los derechos de todos los involucrados, no sólo el vencedor, sino que debe discriminar entre los que son moralmente culpables y los que no lo son; proporcionar castigo adecuado para aquellos (en ambos lados) que pueden haber violado tanto ad bellum y principios in bello; considerar una compensación que no siembre las semillas de conflictos futuros y por último, permitir la rehabilitación o reforma de las instituciones estatales que están requiriendo de ello. Algunas personas sostienen que estos elementos se pueden encontrar en un restante ad bellum y principios in bello todavía —por ejemplo— la posibilidad razonable de prueba de éxito requiere una definición de éxito y ésta debe tener en cuenta la situación de posguerra a largo plazo o no tendría sentido. 83 Ciertamente se puede argumentar, como lo hizo el propio Kant, que ‘tanto jus ad bellum y jus in bello son fundamentalmente limitados por una visión de lo que sucederá después de la guerra’. 84 Sin embargo, tampoco hay duda de que centrar la atención en algo más que la ‘guerra abierta’ en el inicio de un conflicto tiene que ser un desarrollo positivo. Una vez que las consecuencias a largo plazo de las acciones militares, son realmente apreciadas antes de tomar la decisión de usar la fuerza, las posibilidades 82 Orend, La moralidad de la guerra, pp. 160–219. 83 Para una encuesta de diferentes posiciones, véase Doug McCready, ‘Jus Post Bellum y la Tradición de Guerra Justa’, Diario de ética militar, 8(1) (2009), pp. 66–78. 84 Reichberg, Ética dela guerra, p. 539.

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de que la fuerza militar sea empleada a la ligera tiene que ser reducida, mientras que las posibilidades de que sea usada apropiadamente en la búsqueda de una mejor paz, podría ser mejorada.

Conclusión Los estadistas y las mujeres que desean tener éxito deben tener en cuenta que la guerra sólo debe considerarse como un medio para lograr una mejor paz, más que como un fin en sí mismo. Esto fue algo reconocido por Platón en el siglo IV antes de Cristo y se ha mantenido una idea constante en el desarrollo de la Tradición de la Guerra Justa. 85 Esta consideración tiene que dar forma y guiar tanto la política como la conducta, en todos los diferentes niveles de la guerra. La Tradición de la Guerra Justa (y de las normas legales y morales que representa) no trata necesariamente de proporcionar un conjunto de respuestas. No es una fórmula que de alguna manera genera un resultado exitoso, siempre y cuando las cosas correctas se ponen en ella. Sin embargo, puede ayudar a estructurar la toma de decisiones ya que los factores que nos invitan a considerarlo, deben ser tenidos en cuenta antes y durante el uso de la fuerza armada. Proporciona un marco para distinguir entre la acción militar justificable dentro de un marco ético y el asesinato a gran escala. 86 También proporciona un lenguaje común en el que los aciertos y errores de los conflictos pueden ser discutidos y debatidos. La violación de los principios básicos contenidos en la Tradición de Guerra Justa será, más de las veces, un resultado contraproducente en el largo plazo, haciendo que el retorno a la paz sea más difícil, ofreciendo así un éxito militar hueco en lugar de una verdadera victoria política. Haciendo caso omiso de estos principios sólo puede causarnos un detrimento del perjuicio moral y estratégico. 85 86

Plato, Leyes I, p. 1230. Bellamy, Guerras justas, p. 1.

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Universidad de Defensa de Noruega –Noruega–

Capitán de Fragata Jacob Thomas Staib


Cooperación y relación entre el derecho y la ética en las Fuerzas Armadas de Noruega

Capitán de Fragata Jacob Thomas Staib

Introducción ¿Porqué este tema? La Escuela Universitaria de Defensa Noruega está liderando un desarrollo innovador del derecho y los estudios éticos en las Fuerzas Armadas noruegas. El modus operandi de este esfuerzo es tomar el uso de herramientas modernas para la educación, basado en el principio de que es importante desarrollar actitudes conscientes hacia las obligaciones legales, en particular, el conocimiento de la Ley de Conflictos Armados (LDCA), así como la moral y las normas éticas, en toda la fuerza del personal, algunos incidentes han aumentado la necesidad de mejorar los estándares de educación en estas materias: • Las tropas noruegas se han involucrado más en operaciones. Cuando son desplegadas, están operando bajo amenazas que requieren otro grado de profesionalismo diferente al que se requiere cuando educamos soldados para el ejército de movili– 309 –


Universidad de Defensa de Noruega

zación. Por lo tanto, se hace más importante asegurarse de que los soldados noruegos estén capacitados, no sólo para conocer las reglas, sino también para ser capaces de aplicarlas cuando son desafiados en las operaciones militares de cualquier tipo. El conocimiento cultural y de normas éticas se ha convertido en un elemento vital para todos los soldados que participan en operaciones internacionales. • Durante el verano de 2004, la Cruz Roja nacional hizo una evaluación con respecto a los grupos de soldados del batallón de Telemark1 y grupos de caballeros de la sexta división noruega, quienes se preparaban para su despliegue en Afganistán. Incluida en la evaluación existía una prueba de conocimientos de esos soldados sobre la Ley de Conflicto Armado. La evaluación mostró un decepcionante bajo conocimiento de la Ley de Conflicto Armado, así como un considerable conocimiento diferencial entre los dos grupos. El mejor capacitado batallón Telemark, con experiencia operacional fresca, hizo una mejor puntuación. • Como respuesta a los decepcionantes resultados de las pruebas, se estableció un grupo de trabajo conformado por especialistas en el campo del derecho y la ética, tanto de las Fuerzas de Defensa de Noruega como de la Cruz Roja Noruega. El informe fue presentado en 2006, con recomendaciones sobre cómo organizar mejor la educación de la LDCA. • En febrero de 1998, el entonces primer ministro noruego y el sacerdote luterano, Kjell Magne Bondevik, introdujeron una “Comisión de Valores”, con base en lo que vio como una 1

Batallón Telemark es una unidad de infantería mecanizada del Ejército noruego, establecida en 1993.

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desintegración de los valores y moral en la sociedad noruega. Aunque la Comisión se centró más en los valores tradicionales, no podía dejarse de lado la ambición política para mejorar el estándar ético y moral en la sociedad, ya que este fue también el punto de partida para el establecimiento de una base de valores, para las Fuerzas Armadas. • El Ministerio de Defensa de Noruega introdujo en 2006 un Plan de Acción para Actitudes, Éticas y Liderazgo (AEL) para todo el sector de Defensa de Noruega. 2 Los aproximadamente 20.000 empleados en el sector son desafiados con retos relacionados con ética y actitudes de todos los días. Para asegurar que las actividades relacionadas con AEL se lleven a cabo adecuadamente y como parte integral de la labor del día a día, el Ministerio de Defensa ha establecido AEL como un proceso continuo. La formación de la LDCA, se centra en los valores y los estándares de las Fuerzas Armadas noruegas y Actitudes, Ética y Liderazgo no son sólo herramientas para prevenir las violaciones de la ley, sino también herramientas para garantizar la credibilidad de las Fuerzas Armadas. Las Fuerzas Armadas de un país son su última defensa y deben disfrutar de legitimidad y apoyo entre la población. En este artículo se abordará la relación entre el Derecho y la ética en la perspectiva noruega. ¿Cuáles son las particularidades del derecho militar y la ética militar? ¿Cuál es la relación entre estos dos temas? Este artículo discutirá el estado del derecho y la ética en las Fuerzas Armadas de Noruega, con un enfoque particular en el Plan de Acción 2

El sector de defensa noruego cuenta con las Fuerzas Armadas de Noruega, el Establecimiento de Investigación de Defensa de Noruega, la Agencia Estatal de Defensa Noruega y la Autoridad Nacional de Seguridad Noruega (ANSNo).

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para las Actitudes, Ética y Liderazgo, así como los valores y los estándares de las Fuerzas Armadas de Noruega. La difusión del derecho y la ética en las fuerzas armadas se discutirá igualmente y finalmente el reciente Manual sobre la Ley de Conflicto Armado se introducirá.

La relación entre el Derecho y la Ética en la perspectiva noruega La Ética Militar; algunas observaciones terminológicas

Nos parece útil distinguir entre los conceptos de ética y moral. El término moral expresa nuestra respuesta intuitiva respecto a lo que está bien y mal relacionado con la manera en que nos comportamos, reaccionamos y reflexionamos. El término ética, es la reflexión sobre el estado de la conducta moral, es decir, lo que la hace buena o mala conducta, y cómo el comportamiento puede estar justificado. La ética está en un nivel más teórico que moral. “Ética aplicada” o “ética profesional” tiene como objetivo la resolución de dilemas éticos específicos en áreas específicas, dentro de una profesión. La ética militar, es consecuentemente ética aplicada en los desafíos éticos específicos para la profesión militar o los asuntos militares relacionados. Mientras los estándares morales y éticos son normativos, pero no necesariamente establecidos como norma legal, la ley describe las acciones como «legales» o «no legales». Por ejemplo, una unidad militar que opera dentro de las normas para entablar combate y el comandante de la unidad conoce que las acciones no apoyan, o no son necesarias, para alcanzar el estado final de la operación. La acción aún podría llevarse a cabo con total impunidad, aunque no sin ser moralmente incorrecta. La ley, por el contrario, es normativa y legalmente vinculante para aquellos que están sujetos a la ley actual. Por ejemplo, un comandante – 312 –


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de la unidad noruega usa minas antipersona. Las minas antipersona son un arma prohibida de conformidad con la legislación noruega, en consecuencia, el comandante de la unidad noruega se convierte en susceptible de castigo y probablemente será condenado. 3 La ley establece normas que son obligatorias para cumplir. Si un miembro de las fuerzas armadas viola la ley, él o ella estará sujeto a las consecuencias jurídicas, que podrían implicar prisión si la violación es tan grave. La ley se establece a menudo en la tensión entre la necesidad y las normas éticas. Por ejemplo, es moralmente incorrecto matar a alguien. Esto también es una regla básica de derechos humanos.4 Esta es una regla basada en normas éticas, es decir, el respeto por la vida humana. Las excepciones a esta regla se basan en parte, en la necesidad y en parte, en una jerarquía de las normas éticas. Por ejemplo, en tiempos de conflicto armado en que una nación se enfrenta con un oponente beligerante, es necesario el uso de un grado de violencia que inclusive, pueda causar la muerte, para poner fin al conflicto armado. En cuanto a la jerarquía de las normas éticas, el respeto por la vida humana está en la cima de la jerarquía, independientemente de si se ve desde un punto de vista religioso o no. Subordinado a esto, existe la obligación ética de proteger la vida y otra de no tomar vidas. En tiempos de guerra, la única manera de proteger la vida podría ser la de tomar la vida de otra persona. En Derecho Internacional Humanitario el derecho de tomar vidas está reconocido, siempre que ello se lleva a cabo por los combatientes que dirigen un ataque contra un objetivo legítimo. Desde un punto de vista ético es una acción más noble para proteger la paz, la libertad y las muchas vidas que están 3 4

Noruega hace parte de la Convención de Minas Terrestres Antipersona de 1997 y por lo tanto tiene una prohibición sobre el uso de dichas minas, etc, como parte de la legislación nacional. Ver por ejemplo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos artículo 6, que establece la obligación de los Estados de garantizar el derecho a la vida.

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en juego, en lugar de no aceptar el riesgo de tomar la vida de alguien dispuesto a tomar su vida y la de sus aliados. La norma ética “para proteger la vida de alguien”, es en consecuencia, más compatible con el “respeto por la vida humana” que por el estándar ético “prohibido tomar la vida de alguien”. Hasta ahora sólo he justificado la ley con argumentos éticos y utilitarios. La ley provee normas mínimas en materia de las acciones que son legales. Un noble guerrero iría a las normas éticas más elevadas. Respeta la vida en la medida en que sea posible, independientemente de si se trata de la vida del enemigo o la vida de su compañero de armas. Su objetivo es lograr el objetivo militar sin causar más daño del que sea absolutamente necesario. Uno de los principios básicos de la Ley de Conflicto Armado es el principio de proporcionalidad. Es contra la ley llevar a cabo un ataque si el riesgo para los civiles es excesivo en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista.5 Esto significa que un ataque puede ser llevado a cabo legalmente también en situaciones, en las que las vidas de los civiles están en peligro. Los soldados más cualificados podrán tener un mayor riesgo en comparación con los soldados de menor cualificación. Ellos serán capaces de leer mejor la situación y para identificar mejor los modos alternativos de operaciones que reduzcan el riesgo a la vida civil. Ellos son capaces de reducir el riesgo de la vida civil más allá de lo estrictamente necesario por la Ley de Conflicto Armado. la guerra decente trata de establecer normas más allá de las normas mínimas descritas por la ley de los conflictos armados. Este es también el área donde la ética militar juega un papel fundamental. Por tanto, es importante difundir el conocimiento sobre la ley de los conflictos armados para asegurar que cada soldado es obediente. Por otra parte, es esencial establecer buenos estándares éticos a fin de garantizar que el objetivo militar se logra causando menos daño a los civiles y los soldados que 5

Artículo 51 (5) del Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra.

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respeten la vida de los enemigos, siempre que no haya contradicción con el objetivo militar global.

El estado del derecho y la ética en las Fuerzas Armadas de Noruega El Plan de Acción para Actitudes, Ética y Liderazgo En 2006, el Ministerio de Defensa presentó un Plan de Acción para Actitudes, Ética y Liderazgo. Los antecedentes de este ambicioso plan fueron, en parte, la atención mediática sobre varios casos de presunta criminalidad económica, y algunos signos de una cultura no deseada en relación con la camaradería, favores, etc. en la burocracia del sector de la defensa. El plan actualizado para el período 2009-2012 estructuraba el diseño de las acciones en cuatro grupos: a) construcción de conocimientos y competencias, b) cultura de la construcción, c) sistemas y ayudas estructurales, y d) la responsabilidad social. También requirió que las unidades en el sector de Defensa informaran sobre las medidas que habían adoptado en relación con estas cuatro áreas de enfoque. Ambos planes requirieron las unidades para hacer planes de acción local relacionada con las actitudes, la ética y el liderazgo. El ministro de Defensa dijo en el prólogo del primer Plan de Acción para Actitudes, Ética y Liderazgo que: “La defensa depende de tener la legitimidad, la confianza y la credibilidad con la sociedad civil. [...] Con el fin de asegurar esto, necesitamos una cultura organizacional caracterizada por la integridad, la transparencia y un alto estándar ético. ‘Una de las herramientas para lograr esto son los “Valores y Normas de las Fuerzas Armadas de Noruega” un documento formal indicando las normas éticas de las fuerzas armadas.

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Los valores Noruega

y normas de las

Fuerzas Armadas

de

El documento especifica que los valores reflejan las tradiciones cristianas y humanistas de Noruega y los acuerdos internacionales en materia de derechos humanos y otros instrumentos de derecho internacional. Afirma que las Fuerzas Armadas noruegas dependen de la legitimidad. La adhesión a los Derechos Humanos y las Obligaciones del Derecho Internacional Humanitario son prerrequisito de la Legitimidad. El documento establece claramente que el uso de la fuerza militar debe tener un fundamento en el derecho. Al mismo tiempo, cualquier miembro de las Fuerzas Armadas de Noruega tiene el deber de negarse a llevar a cabo una orden que está en contravención con la ley. Los valores fundamentales que se presentan en el documento son el respeto, la responsabilidad y el valor. El documento señala que estos valores deberían sustentar todas las actividades y tener una importancia central para todo el personal militar. A la luz del plan de acción del Ministerio de Defensa para la Actitud, Ética y Liderazgo, el Ministerio de Defensa también ha publicado directrices éticas, para el contacto con las empresas y la industria en el sector de la defensa. Una edición revisada de estas directrices tiene por objeto aclarar y simplificar las normas que se aplican. En el preámbulo de las directrices, el Ministerio ha declarado: “Ponerse en contacto con las empresas y la industria es importante y una parte necesaria de las actividades en el sector de la defensa. La política industrial y de negocios en el sector de la defensa requiere una estrecha colaboración con las empresas y la industria, que a su vez requiere un claro entendimiento de sus roles entre las partes. Las directrices no pretenden limitar el contacto con las empresas y la industria. Por el contrario, están destinadas a proporcionar orientación – 316 –


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sobre cómo el sector de la defensa debe comportarse de una manera éticamente correcta en contacto con las empresas y la industria, y garantizar el cumplimiento de las normas de contratación pública. Ni los empleados ni los negocios del sector de la defensa y la industria, deben tener la menor duda acerca de las reglas básicas que se aplican. El sector de la defensa entera tiene la responsabilidad de garantizar las relaciones ordenadas y correctas con los socios externos. Un entorno de trabajo abierto y atento ayuda a contrarrestar el desarrollo de actitudes indeseables y acciones en el lugar de trabajo. Esta apertura y la conciencia también fomentarán la reflexión y el debate sobre los dilemas y situaciones difíciles, que a su vez, tendrán un importante efecto educativo. En el interés de la reputación del sector defensa en la sociedad y la confianza general de la población, es esencial que los lineamientos éticos para el contacto con las empresas y la industria en el sector de la defensa sean obedecidos”. Las reglas éticas para el sector de defensa son las siguientes: REPUTACIÓN Y CREDIBILIDAD Todos los empleados están obligados a realizar sus tareas e interactuar con los demás de una manera éticamente apropiada a fin de hacer una contribución positiva a la reputación del sector de la defensa y la credibilidad en la sociedad. APERTURA Todo el mundo tiene una responsabilidad compartida para crear un buen ambiente de trabajo y desarrollar una cultura caracterizada por la apertura y la integridad. Un ambiente de trabajo caracterizado por la apertura es una condición previa fundamental para la conducta ética apropiada. La administración deberá ser abierta y transparente, lo que permite al público en general ser informado de las actividades del sector de defensa. Los empleados deben proporcionar la información correcta a las demás autoridades, empresas, organizaciones o ciudadanos. – 317 –


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LIBERTAD DE EXPRESIÓN Como todo el mundo, los empleados tienen el derecho fundamental a participar en los debates públicos, incluso sobre las actividades del sector de la defensa. Los individuos son responsables que sus expresiones no entren en conflicto con las obligaciones de lealtad o deberes de confidencialidad. Los deberes de confidencialidad siguen vigentes incluso después de las personas en cuestión han concluido el servicio o abandonado sus posiciones. LEALTAD Los empleados tienen la obligación de estudiar y cumplir con las normas legales vigentes y las directrices éticas. A parte de la obligación de un empleado de lealtad está la de ejercer discreción profesional adecuada en el desempeño de su servicio. Los empleados tienen la responsabilidad de familiarizarse con las decisiones políticas y militares de políticas y directrices y otras decisiones y directrices en sus áreas profesionales y desempeñarán sus tareas de acuerdo con ellos. Los empleados también tienen derecho a hablar sobre irregularidades sin sufrir consecuencias negativas. El deber de seguir las instrucciones y las órdenes no implica la obligación de hacer nada ilegal o poco ético. IMPARCIALIDAD Los empleados deben actuar de una manera que no se ponga en duda su imparcialidad. Los empleados no deben colocarse en situaciones que puedan influir en sus actos oficiales. Los empleados no deben participar en los procesos y decisiones en los casos en los que ellos o personas cercanas a ellos tienen intereses personales o financieros LIDERAZGO Y RESPONSABILIDAD Es la responsabilidad del individuo cumplir con estas reglas éticas. Los líderes tienen una responsabilidad especial como portadores de cultura y modelos a seguir. Los líderes también son responsables de asegurar que los empleados están familiarizados con las normas éticas específicas de las agencias y de reaccionar frente a cualquier violación de estas directrices.

Las directrices sólo se ocupan de las normas y las consecuencias de las situaciones que implican el contacto del sector de la defensa con – 318 –


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las empresas y la industria. Las relaciones entre los Estados (contacto con otros Estados en contextos oficiales) no están cubiertas por las directrices. Esto no significa que los empleados del sector público están libres de comportarse éticamente en relaciones internacionales, sino todo lo contrario. Aquellos que representan a Noruega suponen que representan a su país adecuadamente. Las directrices mismas dan normas precisas de comportamiento, por ejemplo, cuando se especifica en el principio básico de las directrices, que establece lo siguiente: Empleados del sector público no podrán aceptar regalos u otros beneficios que puedan influir en sus actos oficiales. Empleados del sector público no deben utilizar sus posiciones para obtener beneficios indebidos para sí mismos o para otros. Esto también se aplica en los casos en que dichos beneficios no influenciarán sus actos oficiales. Se reconoce que el comportamiento de los empleados no puede ser regulado en detalle. Las directrices tienen por lo tanto por objeto proporcionar orientación sobre las evaluaciones deseadas y la conducta deseada en relación con algunas cuestiones éticas, que los empleados del sector de defensa podrían enfrentar en el ejercicio de sus funciones oficiales. La simplicidad es la clave para garantizar que los beneficiarios entiendan y apliquen las directrices. Las directrices utilizan ejemplos que se consideren pertinentes en el área de contacto con las empresas y la industria, sin embargo, no cubre todas las situaciones. Un número de situaciones relevantes se describen en una tabla ilustrada por las luces de tráfico.

El ejemplo de los regalos Los empleados en el sector de la defensa, ya sea para ellos mismos o para los demás, no aceptarán o facilitarán la aceptación de regalos, viajes, alojamiento, hospitalidad, descuentos, préstamos u – 319 –


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otros beneficios o favores que son (o pueden ser percibidos como ) responsables, o que están destinados por el donante para, influir en sus actos oficiales, cf. artículo 20 de la Ley de Servicio Civil. Los empleados de las Fuerzas Armadas de Noruega no deben utilizar sus posiciones para obtener beneficios indebidos para sí mismo o para otros. Esto también se aplica en los casos en que dichos beneficios no influenciarán en sus actos oficiales. Las excepciones pueden ser regalos de escaso valor, como simples recuerdos y regalos con una función meramente simbólica. De la misma manera, uno deberá tener cuidado al dar regalos. Podría considerarse como la corrupción de aceptar u ofrecer obsequios o beneficios en virtud de la posición de uno. Para visualizar estas diferentes situaciones, los regalos se clasifican como inaceptables (Luz Roja) si: • Regalos personales no motivados por una ocasión especial. • Descuentos privados sobre los productos / servicios de los proveedores (excepto para beneficios personales negociados). • La aceptación de regalos en su papel como un tomador de decisiones. • Aceptar préstamos. • La aceptación de regalos en su papel como proveedor de los términos. Otros se clasifican como la evaluación concreta (luz amarilla), que son: • Los regalos personales de valor insignificante de un proveedor impulsados por un evento. • Regalos, cuyo valor es difícil de determinar • Uso de descuentos de los proveedores en beneficio de la organización. – 320 –


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Finalmente algunas situaciones se clasifican como aceptable (luz verde): • Artículos promocionales de valor insignificante (souvenires, etc.). • Regalos para la organización sobre ocasiones relevantes (no regalos personales). • Regalos de valor insignificante cuando se tiene, por ejemplo, que se celebró una conferencia / dado una presentación. Las directrices éticas son seguidas por una lista de leyes aplicables que regulan el comportamiento de los empleados en el sector de la defensa cuando están en contacto con las empresas y la industria. Es una observación interesante que la conducta que ahora se clasifica como corrupción, y constituye un delito penal, hace unos años se aceptara como base para la deducción de impuestos. La sanción por la corrupción es pecuniaria so pena de prisión de hasta tres años, o hasta diez años si la situación involucrada fuera grave.

El Consejo de Ética de Defensa Otro órgano establecido en el marco del Ministerio de Defensa, el Plan de Acción para la Actitud, Ética y Liderazgo es el Consejo de Ética de Defensa. Se trata de un organismo independiente, que contribuye al desarrollo de la gestión ética de los recursos humanos y materiales. El Consejo trabaja para identificar los retos éticos y aumentar la comprensión de las cuestiones éticas en el sector defensa de Noruega. El Consejo de Ética de Defensa tiene un amplio acceso a la información, ya que tienen derecho a solicitar información de cualquiera de los distintos organismos oficiales en el sector de la defensa. – 321 –


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Cualquier evento que ocurre o ha ocurrido en el sector defensa que se considera una violación de las reglas y normas éticas es de interés para el Consejo de Ética de Defensa. El Consejo está integrado por 10 miembros y especialistas con diferentes antecedentes, que van desde el sector civil a los capellanes militares, así como representantes de los soldados y oficiales del Cuerpo. El autor de este artículo es miembro del Consejo como abogado y líder interino. El líder del Consejo es profesor de filosofía en la Universidad de Oslo, y el Secretario es doctor en ciencia política. Personas dentro del sector defensa, así como de la sociedad civil pueden ponerse en contacto con el Consejo sobre los problemas éticos en el sector que les gustaría que el Consejo abordara. El Consejo no se superpone con otros organismos oficiales de reclamación como por ejemplo, el Defensor del Pueblo para el sector de la defensa. El objetivo del Consejo es proporcionar asesoramiento ético al sector, así como a la dirección política del sector. No se trata de ser un mecanismo oficial de cumplimiento. El mandato del Consejo es también contribuir a una mayor conciencia ética y a la reflexión en el sector. Siempre y cuando no entre en conflicto con las normas de seguridad, el Consejo está facultado para emitir declaraciones públicas. Esto demuestra que el Consejo es un órgano de confianza, pero también es una acción valerosa del Ministro de proveer al Consejo Ético con un mandato tan amplio.

La difusión de la ley y la ética en las fuerzas armadas LDCA en la educación militar Se supone que todos los militares noruegos deben tener el mismo conocimiento básico de LDCA. Por lo tanto LDCA y la formación ética se ha incluido en el programa de entrenamiento básico para los reclutas. El programa completo de formación de reclutas es de ocho semanas y se incluye el comportamiento militar, técnicas de combate – 322 –


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necesarias y simulacros de paradas militares. El servicio obligatorio en Noruega es de una duración de 12 meses. Durante el período de formación inicial de los reclutas, tienen que cumplir con una ley interactiva de curso de conflicto armado complementada con una formación adicional. En la preparación para y durante el despliegue de las operaciones internacionales, los particulares y las unidades están ejecutando programas de capacitación que incluyen la Ley de Conflicto Armado y Reglas de Combate, formación organizada por los abogados militares del ejército. Independientemente del rango, todo el personal militar de las Fuerzas Armadas de Noruega, desde soldados hasta el Jefe de Defensa, tienen que cumplir con el curso básico LDCA interactivo. El curso es el primero de dos cursos y enseña las reglas básicas de una forma motivadora y pedagógica. Cada uno de los cursos supone tomar dos horas y visualiza dilemas LDCA. El Curso de formación en TI está disponible en la intranet militar y el cuarto de CD´s. También hay una versión en inglés del CD. El curso básico es obligatorio para todos los soldados noruegos y oficiales en servicio activo. Ambos cursos constan de seis módulos donde la última es una prueba de opción múltiple. Para tener éxito, los soldados y los oficiales tienen que lograr un puntaje del 80% en la prueba. Esto no garantiza un conocimiento duradero y entendimiento por completo de LDCA, pero esperamos que estos cursos contribuyan a un mejor conocimiento de la Ley de Conflicto Armado. Después de haber intensificado la formación LDCA, los soldados han logrado un mejor resultado en la prueba más reciente, llevado a cabo por la Cruz Roja Noruega. Hay, sin embargo, todavía la necesidad de una mejora adicional. Además, los ejercicios y la formación contribuirán a una mejor comprensión de las normas y el por qué los tenemos. Las cuatro horas obligatorias de educación LDCA se centra en Jus in bello. En este programa, los soldados se introducen en la Ley de Conflicto Armado, se introducen los principios básicos de distinción, proporcionalidad, humanidad y necesidad militar, y cómo se relacio– 323 –


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nan entre sí. En base a estos principios, aprenden sobre la protección del personal y los bienes protegidos. La Gestión Nacional de Crisis también se incluye en el programa. Los soldados reciben una tarjeta de soldado que cubre la esencia básica de LDCA acortado hasta 10 reglas básicas de un lado de la tarjeta y los símbolos internacionales, por el otro lado. Ellos aprenden acerca de qué medios y métodos son legales, restringidos y prohibidos. Finalmente aprenden sobre reglas de combate y defensa personal.

La ética en la Educación Militar

Las Fuerzas Armadas de Noruega están centradas tanto en el establecimiento de altos estándares éticos, así como en garantizar un comportamiento de acuerdo con la ley de los conflictos armados. Para garantizar el cumplimiento de las normas aplicables, la difusión de la ley es imperativa. La mayor parte de las recomendaciones del informe de 2004 que se discutió anteriormente, la educación LDCA en las Fuerzas Armadas, se ha implementado y desarrollado más allá. A diferencia de la ley, la ética está más centrada en los debates. ¿Cómo podemos ser capaces de hacer lo mejor posible? Las fuerzas militares necesitan de oficiales que sí sean moralmente integrados y capaces de llevar a cabo el liderazgo no sólo por mandato, sino también a través de la asignación de tareas. En el campo de batalla, la integridad moral también funcionará como un escudo contra las consecuencias desmoralizantes de la guerra. Un oficial debe ser capaz de tomar decisiones críticas cuando sea necesario y tener la integridad y la resistencia a vivir con paradojas y dilemas no resueltos. Los Valores y Normas de las Fuerzas Armadas de Noruega representan básicamente el tipo de normas morales a menudo clasificadas como ética de la virtud, en el que describen las normas éticas que los miembros de las fuerzas armadas se supone deben cumplir. Pero sin embargo hay diferentes maneras de entender y de presentar la ética. El modelo pedagógico utilizado en la formación ética en las tres academias militares diferentes, que son estudios de Licenciatura, es el – 324 –


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que reúne la teoría y la práctica a través de una dialéctica de la reflexión, el ejercicio y la tutoría. Como resultado de este enfoque práctico a la formación ética, la ética militar no es sólo vista como un curso aislado con sus propias fuentes y tradiciones, sino que también está integrado en los otros cursos y asignaturas como filosofía política, el derecho, la psicología, la historia militar, doctrinas y tácticas militares. En la Academia Naval, por ejemplo, la atención se centra más en las consecuencias de la conducta militar y las acciones en un contexto ético. Los estudiantes son entrenados para actuar adecuadamente cuando se enfrentan a dilemas éticos. Su formación ética puede tener lugar en un simulador idéntico al puente de la fragata clase noruego Fridtjof Nansen, donde los estudiantes tienen el reto de asumir el papel de líderes, por ejemplo, en el puente. El estudiante que juega el papel de líder y su equipo debe afrontar las consecuencias de la decisión del líder. Esto hace que la formación ética sea bastante realista. Los cadetes son entrenados para ejercer su capacidad de identificar el desafío ético y resolverlo correctamente. Este tipo de formación promueve el buen juicio y la capacidad de tomar decisiones acertadas y actuar decisivamente. La Academia de la Fuerza Aérea y la Academia Militar del ejército tratan así de integrar la ética militar en el programa de entrenamiento de cadetes. En la Academia de la Fuerza Aérea los cadetes en su primer año, se someten a un curso de introducción a la ética militar. El propósito es dar a los cadetes un conocimiento básico de los fundamentos morales de la profesión militar y del uso de la fuerza militar. Algunos de los temas que se introducen son: la teoría ética, la ética profesional , el uso de la fuerza, la legitimidad de la institución militar, ética de Guerra Justa, y los desafíos culturales en las operaciones internacionales . El curso tiene como objetivo principal alentar a los cadetes a reflexionar sobre los diversos problemas y dilemas éticos que se enfrentan como oficiales militares, y aplicar las diferentes teorías y principios éticos a los desafíos militares de la vida real. Aunque esta parte del programa de capacitación en ética se basa en un enfoque – 325 –


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teórico, se alienta a los cadetes de relacionar estos temas con sus propias experiencias militares. La Academia Militar del Ejército está enseñando principalmente los mismos temas, pero incluso en una forma más integrada. El nuevo plan de estudios se basa en diferentes temas o módulos. Los cadetes, por ejemplo, tendrán enseñanza de ética y discusiones, mientras que están a su vez, tratando temas como estrategia, liderazgo y táctica. Y se encontrarán con problemas éticos en sus ejercicios tácticos. El programa trata de abordar el estudio de una manera que está cerca de lo que se encontrarán en la profesión. Durante el servicio militar obligatorio, la capellanía militar ofrece un programa de 12 horas de estudio en la ética militar. Los soldados tienen el reto de reflexionar sobre sus propios valores y como cumplen con los valores y obligaciones militares. Los temas son: ( 1 ) Pensar éticamente y actuar moralmente, ( 2 ) Teoría Ética: Para tomar las mejores decisiones, ( 3 ) La responsabilidad de proteger la vida, ( 4 ) Los principios éticos de la guerra: El uso de poder con respeto, (5 ) Unidad moral: valor para hacer lo correcto, ( 6 ) Cuando entramos en operaciones militares? Hay temas similares en las escuelas de oficiales de menor rango, adicionalmente a temas como la ética y el liderazgo y ser un miembro de una profesión.

Programa educativo en derecho y ética Además de la formación ética y entrenamiento LDCA, existe también la educación voluntaria en la legislación militar ética y la teoría conectada a la formación física militar acreditada de estado educativo. En total, los soldados pueden tomar 15 puntos de crédito a nivel de licenciatura, cinco en cada materia. Con el fin de obtener cinco puntos de crédito en la legislación militar, los soldados tienen que cumplir ocho horas de teoría adicional. Y tienen que superar un examen de tres horas. Para aprobar el examen, los soldados tienen que – 326 –


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demostrar que entienden cómo aplicar las reglas. El examen incluye una parte práctica y otra teórica. Para motivar a más soldados a tomar la educación adicional voluntaria, tenemos que hacer uso las instalaciones y técnicas modernas. En primer lugar aquí están los estudios adicionales en ética y poder militar. El material de formación ha sido recientemente revisado y desarrollado aún más. Como una herramienta para llegar a cautivar la atención de los jóvenes soldados, un “app”6 se ha desarrollado y pronto será accesible. Esto permite a los soldados ampliar sus conocimientos mediante el uso de su teléfono móvil o su Ipad. Herramientas similares se desarrollarán para difundir el Manual sobre Conflictos Armados y para proporcionar a los soldados los materiales de aprendizaje en apoyo a sus estudios en “ Derecho y Poder Militar”. La LDCA y cuestiones éticas también deben aplicarse en ejercicios militares y los objetivos del ejercicio, con base en el principio «entrenar a medida que lucha». Con el fin de garantizar que los ejercicios se realizan de forma jurídicamente realista, con los dilemas éticos y LDCA incluidos, los abogados militares participan en la planificación y ejecución de los ejercicios. El programa educativo de las Fuerzas Armadas de Noruega está comenzando con el entrenamiento básico de los soldados a través de las Escuelas de Suboficiales, Academias Militares y Escuela de Estado Mayor. La Escuela de Suboficiales ofrece educación básica de suboficiales para los rangos de sargento a teniente. Son oficiales de este nivel que normalmente estarán a cargo de personal militar en el campo. Nuestras tres academias militares en Oslo, Bergen y Trondheim tienen educación acreditada de licenciatura. Oficiales egresados de estas escuelas supone cubrirán las posiciones de liderazgo mediano que van desde tenientes a mayor. Si utilizamos al Ejército como ejem6

Un “app” para ser descargado a teléfonos inteligentes y otros dispositivos.

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plo, los egresados de las academias militares pueden llegar a ser jefes de compañía. Esto significa que pueden liderar unidades de hasta 200 hombres en las operaciones internacionales. El Comando de Defensa y Estado Mayor noruego situado en el castillo de Akershus en Oslo es acreditado en educación magister. Oficiales egresados de esta universidad pueden entrar en posiciones como comandantes de batallón a cargo de hasta 7-800 hombres. Pueden funcionar como enlace entre las autoridades noruegas y los comandantes de las operaciones multinacionales, o pueden ser destinados a puestos clave en Sede Multinacional principal. En base a esto, debemos proporcionar las habilidades educativas facilitadas para los desafíos que nuestros oficiales encontrarán en el servicio y que se espera deben cumplir. La conclusión es que debe haber una progresión en la formación educativa LDCA reflejando la exigencia de los distintos niveles de responsabilidad. Adicionalmente, tiene que haber coherencia en los diferentes niveles de educación.

La siguiente figura en la educación-LDCA ofrece una visión general de la estructura. Esbozo Educativo – Ley de Conflicto Armado

• • • •

Ciclo

Seminario para Comandantes Curso nacional en LDCA Otros cursos domésticos Cursos internacionales

Magister/ Nivel Educativo Estado Mayor

M-A-L

Nivel Licenciatura

Nivel – Suboficial Entrenamiento Básico

Cursos – May Cursos – Capit

Ciclo Educativo Guardia Doméstica

Nivel Suboficial Entrenamiento Básico Curso Actualización

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Educación OP INT


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Es un hecho que la memoria humana debe ser refrescada de vez en cuando. Por lo tanto, siempre será necesario revisar los conocimientos básicos de LDCA. Para cumplir con el requisito de actualizar la memoria, la Escuela de Estado Mayor ofrece regularmente seminarios y cursos en donde la Ley de Conflicto Armado y Ética Militar está en la agenda. Además, está establecido un acuerdo entre la Cruz Roja Nacional de Noruega y el Ministerio de Defensa, lo que permite a la Cruz Roja Nacional impartir formación adicional para los miembros de las fuerzas armadas. La formación LDCA en Noruega debe ser armonizada con el nivel de formación LDCA ya previstos a nivel internacional. Por lo tanto, hay una necesidad de una formación complementaria. Finalmente hay que asegurar que los nuevos desarrollos en LDCA estén cubiertos e implementados en el programa de formación y adelantados al personal adecuado. Educación en Derecho y Ética para los funcionarios Mientras que el primer curso interactivo en LDCA representa la educación básica de todo el personal militar en las fuerzas armadas de Noruega, el segundo curso se facilita para el nivel de Suboficiales. La educación para suboficiales se centra en el papel del agente de líder para sus hombres y mujeres. El curso interactivo y la formación complementaria incluyen diferentes dilemas, tales como amenazas hacia propios soldados, cuestiones disciplinarias; la relación entre la propia moral contra la moral común de la unidad, y el líder como modelo a seguir. Finalmente, hay un auto-examen de opción múltiple donde se requiere que los oficiales obtengan una puntuación del 80%.

Las Academias Militares La Ley de Conflicto Armado en una perspectiva más amplia es importante para la educación en las Academias Militares de las Fuerzas de Defensa Noruega. Aquí, hay un mayor énfasis en la legalidad de – 329 –


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la operación como tal, conocido como Jus ad Bellum. Los estudiantes obtienen una mejor comprensión del derecho internacional y cómo LDCA está integrado. Hay tres academias militares, uno para cada servicio; tierra, marina y aire. Ellos tienen diferentes enfoques, pero todos van a estudiar la Ley de Conflicto Armado durante un mínimo de 20 horas, incluyendo la teoría, los trabajos prácticos y trabajos escritos sobre los dilemas reales de LDCA. A finales de este año, las tres academias tendrán su propio docente en legislación militar. Las academias también se centran en las relaciones humanas con respecto a los factores que, en particular, son provocados por las tensiones ocurridas entre la conducción de la operación y la Ley de Conflicto Armado.

El Comando y la Escuela de Estado Mayor Los estudiantes en el Comando y Escuela de Estado Mayor, desde el capitán del ejército al teniente coronel primero realizan estudios sobre la teoría de la Ley de Conflicto Armado como parte del programa noruego de Política Internacional. El módulo de Derecho y Ética tiene una duración de ocho días. El módulo consta de teoría, debates sindicados y auto-estudios. El Liderazgo, la Ética, el Derecho y también la Cultura están unidos entre sí. En el futuro se prevé que la ley y el programa de ética deban ser incluidas en la asignatura de liderazgo. La intención es introducir un enfoque teórico concentrado sobre estos temas, que a su vez se presentará como avance de la asignatura operacional para los estudiantes. Esta es la preparación para una mejor comprensión de la ley y la ética que se impartirán más adelante cuando los estudiantes estén planeando y ejecutando operaciones militares a través de un ejercicio muy amplio. El derecho y la formación ética serán incluidas en el módulo operativo de cinco meses. En lugar de mantener estos temas claramente separados de todos los demás temas, lo que nos permite , cuando sea apropiado, la inyección de aspectos del liderazgo, ética, derecho o cultura como ejemplos en el resto de asignaturas del modulo operacional de la Escuela – 330 –


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de Estado Mayor. Durante el módulo operativo los estudiantes están llevando a cabo un ejercicio donde los estudiantes están planeando y ejecutando una operación conjunta en el plano operacional. En la identificación, análisis y evaluación de los diferentes cursos de acción, los estudiantes necesitan integrar la ley y ética en su evaluación de las reglas de combate y la ley aplicable. Durante el período de ejecución del ejercicio, los estudiantes son los protagonistas, como si se tratara de una operación real. Uno de los estudiantes jugará el papel de asesor legal, consejero legal asistente y uno será el experto en la materia en el ROE. Estas funciones desempeñan un papel importante durante el ejercicio que se visualiza para toda la sede principal tanto durante la operación y en la revisión posterior de la acción. El propósito de vincular la ley y la ética en conjunto como parte del módulo operativo es motivar a los estudiantes a establecer buenas actitudes hacia estos temas en lugar de lograr una comprensión teórica pura. La intención es lograr este objetivo mediante la inyección de los aspectos de estos temas en todo tipo de lecciones, estudios de casos, simulaciones o ejercicios donde sea pertinente. Con el fin de educar a los asesores legales y docentes LDCA , también estamos sometiendo a nuestros profesores a una profundización en su educación. Esto puede ser con cursos LDCA en el instituto de San Remo en Italia, así como la participación en otros cursos y seminarios sobre derecho internacional y ética. Aquellos que enseñan derecho para las Fuerzas Armadas de Noruega son abogados militares. Ellos están en el nivel superior de la jerarquía académica, y para el desarrollo de sus habilidades y conocimientos, necesitan participar en seminarios legales y actividades jurídicas de debate en el nivel internacional más alto. También hay un curso para civiles en el DIH en la Universidad de Oslo. El curso se imparte en el idioma Inglés y es accesible para estudiantes noruegos e internacionales. Los estudiantes de maestría en – 331 –


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el Comando de Noruega y Escuela de Estado Mayor tienen este curso como una opción voluntaria. Algunos de los estudiantes de maestría están optando por temas legales o éticos para su tesis de maestría. Por último, es importante asegurarse de que Noruega tenga la experticia al nivel internacional más alto dentro de LDCA. Este nivel no se puede alcanzar sin la participación en programas de investigación y motivar aun más a abogados para solicitar la beca de doctorado en LDCA. Actualmente hay dos estudiantes de doctorado que estudian LDCA en el Comando de Noruega y la Escuela de Estado Mayor.

Influencia de la OTAN Un acuerdo de la OTAN en la formación de la Ley de Conflicto Armado establece los requisitos específicos de países de la OTAN respecto a LDCA. El acuerdo de la OTAN en la formación LDCA ha tenido un gran impacto en el desarrollo del sistema educativo en Noruega sobre la Ley de Conflicto Armado. El propósito de este acuerdo es garantizar un nivel estándar equivalente a OTAN en la formación LDCA entre las naciones de la OTAN para todo el personal militar, y para facilitar una adecuada formación y cumplimiento adecuado de las normas LDCA independientemente de la situación. Ciertamente, el acuerdo reconoce que existen ciertas diferencias entre las naciones aliadas con respecto a las obligaciones LDCA en virtud del derecho internacional. El acuerdo también es importante con el fin de tener voluntad política para priorizar recursos en la capacitación LDCA. La última versión del acuerdo de formación LDCA OTAN se concluyó en 2012. En la OTAN, un nuevo proyecto de acuerdo sobre la formación de los ROE en la OTAN se está discutiendo con el objetivo de que se concluya en el futuro próximo. Este acuerdo creará nuevas obligaciones a los países de la OTAN para difundir el conocimiento ROE a las fuerzas armadas de todas las naciones de la OTAN. – 332 –


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El Manual de Noruega sobre la Ley de Conflicto Armado Una de las principales conclusiones de las ICRC “Raíces de la conducta”7 fue: Los esfuerzos para difundir el DIH / LDCA deben convertirse en un asunto jurídico y político más que de carácter moral, y deben centrarse más en las normas que sobre sus valores subyacentes, porque la idea de que el combatiente es moralmente autónomo es equívoco. A tal efecto, el Jefe de Defensa de Noruega publicó este año un Manual de Ley de Conflicto Armado de las Fuerzas Armadas de Noruega. La Escuela Universitaria de Defensa Noruega fue encargada por el Parlamento de Noruega para establecer un proyecto de desarrollo de un manual de ese tipo y se ha cumplido con la tarea durante un período de 3,5 años. El objetivo de este Manual es ofrecer a oficiales de Noruega y soldados con un documento en el que la interpretación de Noruega y la operatividad de ciertas normas se hagan más claras. El Manual ofrece una visión integral de la ley de los conflictos armados. Otro hallazgo del estudio hecho por el Comité Internacional de la Cruz Roja es que «es posible un mayor respeto por el DIH sólo si los portadores de armas son entrenados adecuadamente, si están bajo órdenes estrictas con respecto a la conducta, y si se aplican sanciones efectivas.» Una mejor comprensión de las normas y una mejor formación se ha vuelto más importante, ya que Noruega se ha convertido cada vez más involucrada en las operaciones que se aplica la ley de los conflictos armados. El manual será una base para una mejor formación. Está escrito en un lenguaje que sea comprensible para los practicantes 7

“Las raíces del Comportamiento en la Guerra, la Comprensión y la Prevención de Violaciones del Derecho Internacional Humanitario”. por Daniel Muñoz-Rijas y Jean-Jacques Frésard, Comité Internacional de la Cruz Roja, 2005.

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en los niveles operacional y táctico, más que para los abogados y estudiosos académicos. El Manual refleja la opinión oficial de Noruega sobre la forma de operar de acuerdo con la ley aplicable. Como se menciona en estudio de las Raíces del Comportamiento del ICRC, es importante contar con sanciones penales y disciplinarias. El Manual no es un código penal o disciplinario, pero si el tribunal tiene que juzgar si una acción es legal o no, el Manual podría, en ciertos casos, constituir una guía útil. El manual proporcionará claridad sobre cómo la ley de conflicto armado debe ser interpretado de acuerdo a las políticas oficiales noruegas.

Resumen En resumen, Noruega mantiene un enfoque fuerte y creciente en la formación ética y mental dentro de las fuerzas armadas de Noruega con el fin de garantizar un comportamiento legal y conciencia ética, así como en la enseñanza y difusión de la Ley de Conflicto Armado. Como herramientas para asegurar esto, un Plan de Acción sobre la promoción de Actitudes, Ética y Liderazgo se ha introducido un nuevo Manual Militar sobre la Ley de Conflicto Armado ha sido publicado recientemente. El Derecho Operacional Militar, así como las normas éticas y las normas legales relacionadas con el contacto con las empresas e industria son una herramienta importante para poner en práctica el plan de acción en el sector defensa y en particular en las fuerzas armadas. Si evaluamos la respuesta heroica del Equipo de Reconstrucción Provincial de Noruega en Meymaneh, Afganistán, hace algunos años como otra prueba de la situación educativa en las fuerzas armadas de Noruega, los soldados tenían la formación profesional, tenían fe en su propia capacidad y se situaban fuera del ataque sin necesidad de utilizar más fuerza de la necesaria y proporcional, y bien dentro de los límites legalmente aceptables. Sin embargo, sólo estamos en una posición de – 334 –


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partida para mejorar el esfuerzo en la implementación del conocimiento y las actitudes para asegurar el cumplimiento y prevenir atrocidades y violaciones de LDCA. El conocimiento de la ley y las buenas normas de ética son y seguirán siendo la herramienta para lograrlo. La próxima vez que las unidades noruegas sean desafiadas, esto podría ser bajo diferentes y menos condiciones favorables. Tenemos que estar preparados para lo desconocido, que siempre es un tema difícil.

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Martin L. Cook Ph. D.


Formación Ética y de Educación en el Ejército de los EE.UU.1 Martin L. Cook Ph. D.

El término “ética militar “ abarca una amplia gama de cuestiones. Incluye los conceptos de conducta justa en la guerra y los medios prácticos diversos que los ejércitos usan para tratar de asegurarse de que su personal cumple con los conceptos de formación, tarjetas de reglas de enfrentamiento, y disciplina de violaciones de la Ley de Conflictos Armados (LDCA). Toda una serie de cuestiones éticas están involucradas en el ámbito de las relaciones cívico-militares en el equilibrio de juicio militar y experiencia con la subordinación apropiada de los asuntos militares de los líderes civiles. Surgen cuestiones sobre el tratamiento adecuado de los militares en las áreas de promoción, disciplina, discriminación sexual y racial, etc. Además, en los últimos años en los Estados Unidos, ha habido un gran debate sobre el estado de los militares como una profesión social-confianza y explorar las implicaciones de esa condición sociológica para la comprensión de sí mismo y la auto-definición de personal militar. En este trabajo, agruparé mi análisis en esos tres ámbitos: conducta justa en la guerra, cuestiones éticas militares internas y el status profesional de la fuerza. 1

Los puntos de vista expresados en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la política oficial o posición de la Armada, Departamento de Defensa o del gobierno de los Estados Unidos.

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Inculcando los principios justos de guerra y LDCA en la fuerza Los principios de la Guerra Justa (jus ad bellum y el jus in bello) se desarrollaron y articularon inicialmente por los teólogos y filósofos. De hecho, entre el tiempo de Agustín en el siglo V y la Reforma protestante, la Guerra Justa en Occidente seguía siendo en gran parte una preocupación de, y bajo la jurisdicción de la iglesia cristiana (católica). En la medida en que se hizo palpable y prominente para el guerrero, fue a través de las administraciones educativas y sacramentales de la Iglesia. Por ejemplo, mientras que matar en la Guerra Justa se consideró como moralmente aceptable, la Iglesia conservaba el sentido residual de la malicia moral de matar por medio de la imposición de la penitencia durante un año a los soldados que regresaban de la guerra. Cuando se hizo evidente que la Reforma iba a llevar a una división religiosa permanente e irreversible de Europa, era evidente que, si la Guerra Justa era seguir teniendo fuerza moral, tendría que ser separada de sus raíces en una tradición confesional cristiana específica. Esto condujo a Hugo Grocio y otros para que comenzaran a repensar la Guerra Justa en términos de “ley natural” —es decir, lo que se podría derivar de la racionalidad común y Jus Gentium (el “derecho de gentes”, o “derecho internacional consuetudinario”). Lo que resultó fue una versión secular de la Guerra Justa— el fundamento de lo que hoy llamamos “derecho internacional” que sería válido, como dice Grocio, etsi deus no daretur - incluso si Dios no existiese. A medida que la tradición secular europea de la guerra evolucionó en el siglo 19 en La Haya y los Convenios de Ginebra, también se extendió a nivel mundial al tiempo que las potencias europeas colonizaron buena parte del planeta . El resultado es un régimen jurídico internacional que es al menos nominalmente universal, aunque culturalmente arraigado en la historia particular de la evolución de la cristiandad y Europa. ¿Cómo, entonces, en la práctica es la tradición jurídica, filosófica y teológica llevada a la práctica en los militares? Toda obligación de – 340 –


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tratado de la Convención de Ginebra es que el personal militar es informado en al menos dos veces al año en los requisitos del LDCA.2 Abogados militares (Juez Defensor General o JDG) ofrecen esta formación. Cubre puntos básicos, como la inmunidad de los no combatientes de los ataques deliberados, los requisitos para cuarentena benevolente y atención médica de personal enemigo rendido y normas de discriminación (o, como los abogados llaman, “distinción”) y proporcionalidad como guías para apuntar selección. Inevitablemente, la rutina de entrenamiento es algo genérica y no específica a determinadas situaciones tácticas y operativas. Se hizo más contexto-específico en operaciones en dos maneras. En primer lugar, para los EE.UU, los abogados militares (JDG) con conocimiento específico y experiencia en derecho operacional sirven como asesores legales a los comandantes en el campo. Su función es revisar los planes operativos específicos, ofreciendo una opinión legal sobre los mismos, y por lo tanto asesorando a los comandantes militares sobre la legalidad de sus operaciones. Además, los soldados individuales son informados y luego reciben tarjetas con las “reglas de enfrentamiento” (RDE) que se han de observar en su entorno operativo específico. 3 Estas RDE pueden ser modificadas por los comandantes, en consulta con sus JDG, para asegurar que los militares utilicen la fuerza militar de manera óptima a la luz de los requisitos de la misión. Por ejemplo, 2

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Para obtener un informe de noticias de un ejemplo del entrenamiento de las fuerzas de EE.UU., consulte http://www.pittsburgh.afrc.af.mil/news/ story.asp?id=123313773 Para un contexto mas amplio de estos requisitos, consulte http://usmilitary.about.com/cs/wars/a/loac.htm. Una guía internacional para el escrito de RDE es la “Guía de Reglas de Enfrentamiento” de Sanremo, publicado por el Instituto Internacional de Derecho Humanitario en Sanremo, Italia. Originalmente escrito en inglés, ha sido traducido al francés, chino, árabe, español, húngaro, ruso, bosnio y tailandés. El texto puede ser consultado aquí: http://www.usnwc.edu/ getattachment/7b0d0f70-bb07-48f2-af0a-7474e92d0bb0/San-RemoROE-Handbook

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cuando el general Stanley McChrystal estaba al mando de las fuerzas de EE.UU. en Afganistán, emitió RDE muy restrictivas porque creía que el uso demasiado agresivo de la potencia de fuego era contraproducente en un conflicto de contrainsurgencia en las que persuadir a la población civil a su causa era el centro de la gravedad. Sin decir más, se encontró con muchas críticas de algunos sectores, incluso de muchos soldados, que sintieron que su RDE imprudentemente colocaba en peligro nuestras propias fuerzas, limitando su capacidad para utilizar la potencia de fuego disponible en su propia defensa.4 El último recurso para comunicar la importancia de la conducta ética en las operaciones militares es la aplicación de la ley penal de violaciones. Cada fuerza militar tiene individuos que cometen actos delictivos. Cada intervención militar es probable que produzca su parte en atrocidades. Una clave para el mantenimiento de elevadas normas de ética y buen orden y disciplina es la realización a lo largo de la fuerza que violaciones de RDE y LDCA pueden y serán procesadas​​ penalmente en el sistema de justicia militar. En los EE.UU., las atrocidades cometidas por nuestras fuerzas en My Lai en Vietnam conmocionaron al país y probablemente jugaron un papel importante en la erosión de apoyo a la guerra.5 En ese caso, mientras que veintiséis soldados fueron acusados inicialmente de delitos penales, al final sólo el subteniente William Calley, el líder del pelotón, fue procesado en realidad. En los conflictos mas recientes de Estados Unidos, el historial de cumplimiento es significativamente mejor. Un pelotón de la 101 División Aerotransportada en Irak cometió una de las atrocidades más significativas. El pelotón se colocó en una posición particularmente expuesta durante un largo periodo de tiempo, durante el cual sufrieron ataques diarios de morteros, 4 5

Consulte http://www.time.com/time/nation/article/0,8599,2005733,00.html para uno entre muchos artículos sobre esta controversia. http://en.wikipedia.org/wiki/My_Lai_Massacre.

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disparos y bombas en las carreteras. Eventualmente, descendieron en el abuso de sustancias e hicieron un plan para violar a una niña de cerca de catorce años, asesinar a su familia, quemar su casa y tratar de encubrir sus actos. El excelente libro de Jim Frederick; Corazones Negros: El Descenso de un Pelotón en la Locura en el Triángulo de la Muerte de Irak es un recuento fascinante del proceso por el cual llegaron allá, y las consecuencias legales a los miembros cuando su conducta fue investigada y procesada finalmente. 6 Infantes de Marina de EE.UU. en Haditha, Irak cometieron otra atrocidad. Veinticuatro iraquíes, incluidos mujeres, niños y un hombre en silla de ruedas fueron asesinados. Aunque se recurrió al sistema legal, los procedimientos legales resultaron en absoluciones. 7 La idea general es que los altos estándares morales y jurídicos sólo se mantienen en una fuerza militar cuando se consideran habitual y efectivamente haciendo cumplir esas normas. Esta aplicación es normalmente una parte de la disciplina militar de rutina, pero debe ser también, en el caso extremo, una cuestión de aplicación de la ley. Como el General Morrison de Australia puso gráficamente: “La norma que pasas es la norma que aceptas.” El ejército de EE.UU. hizo una encuesta entre sus infantes de marina y personal del ejército en Irak en cuestiones de la LDCA y ética. Los resultados fueron alarmantes. Un tercio de los soldados estadounidenses dijeron que creen que la tortura es aceptable si se reunía información importante, y cuatro de cada diez lo aprobaba si esto salvara la vida de un compañero de lucha. Dos tercios de los infantes de marina y la mitad de las tropas del Ejército dijeron que no informarían si un miembro del equipo maltratara a un civil o destruyeran bienes civiles innecesariamente. Adicionalmente, el diez por ciento informó que ellos mismos habían 6 7

New York: Broadway, 2010. http://www.nytimes.com/2012/01/28/us/an-iraqi-massacre-a-light-sentence-and-a-question-of-military-justice.html?_r=0

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maltratado a civiles en Irak. 8 El resultado de esta encuesta fue un gran énfasis en la renovación de la enseñanza y la formación sobre las normas éticas y legales de conducta a lo largo de las fuerzas de EE.UU. La idea general es que el combate es un entorno intrínsecamente moralmente corrosivo. Las fuerzas militares que se esfuerzan por mantener altos estándares éticos y de cumplimiento legal no pueden dar por sentado y deben esforzarse continuamente para reforzar el mensaje de la necesidad de alto nivel para mantener el buen orden y la disciplina en la fuerza, e igualmente importante, el respeto, la confianza de los ciudadanos de la nación en sus fuerzas militares. Aspectos éticos internos para la Profesión Militar Una serie de cuestiones éticas que surgen sólo se aplican a la profesión militar. En esta sección, quiero referirme a unos pocos que han planteado cuestiones especiales en los militares de EE.UU. en los últimos años. Podría decirse que el conjunto más perenne y significativo de asuntos en el área que comúnmente se refiere como “las relaciones entre cívico-militares.” Además, el carácter particular de estas cuestiones en el contexto de los EE.UU. se debe a ciertas características únicas de la estructura e historia del gobierno de los EE.UU. En el momento de la fundación de los Estados Unidos y la redacción de la Constitución de EE.UU. había varios aspectos en la historia temprana que los fundadores estaban especialmente preocupados de evitar. La más importante de ellas fue la acumulación de demasiado poder en manos de un individuo o un grupo pequeño. Habiéndose rebelado contra la monarquía, estaban decididos a no recrear el poder monárquico. Para ello, la intención del legislativo era que fuera la rama principal del 8

http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/05/04/ AR2007050402151.html

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gobierno, y se esperaba que el poder del legislativo se equilibrara con un Poder Ejecutivo (es decir, una rama que «ejecutara» la voluntad de la legislatura) y una rama judicial que adjudicara disputas y dictámenes si el legislativo o los actos del poder ejecutivo se encontraban dentro del ámbito de sus facultades constitucionales legítimas. El estudio de los primeros intentos de gobierno republicano democrático de los fundadores les convenció que los ejércitos permanentes eran casi inevitablemente capaces de desestabilizar o tomarse las instituciones democráticas. Estaban especialmente impresionados con el ejemplo histórico de la pérdida romana de su República al jefe militar Julio César. Por lo tanto, la Constitución de los Estados Unidos proporciona fuerzas militares de sólo dos tipos: una marina de guerra y las milicias que residen en los estados individuales, normalmente bajo el mando y control de los gobernadores de los estados individuales (lo que ahora llamamos la Guardia Nacional). La Constitución menciona un ejército, pero se supone que en tiempos normales no existe un ejército nacional. Se establece que si el Congreso vota para declarar la guerra, entonces puede autorizar y financiar un ejército para ser erigido, entrenado y equipado - pero sólo por dos años, después de lo cual se desvanece a menos que sea explícitamente votado de nuevo. Es importante señalar que, a pesar de las grandes fuerzas permanentes de las últimas décadas, esta limitación constitucional de la autorización de dos años se mantiene hasta la actualidad. Este fue, de hecho, el patrón típico de los EE.UU. a través del final de la Segunda Guerra Mundial. Cuando la guerra amenazaba, se crearía un ejército, la guerra luchó, la guerra terminó, y la fuerza se desmovilizó a un núcleo muy pequeño de ejército profesional. Después de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, cuando la Guerra Fría estaba empezando, se hizo evidente que sería necesario un gran ejército y fuerza aérea permanente, y que tendría que estar preparado para ir a la guerra en cualquier momento en un plazo muy corto. Mientras que el presidente Eisenhower aceptó a regañadientes – 345 –


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ese requisito, también advirtió a la nación en su discurso de despedida sobre el peligro político que representaba para el gobierno democrático. Advirtió el famoso «complejo militar industrial», que tendría que ser creado para apoyar esta fuerza militar podría sesgar las prioridades nacionales y acumular poder financiero y por lo tanto poder político que sería muy difícil de contener.9 Reviso esta singular historia de Estados Unidos, ya que subyace tal vez el tema interno más importante para la profesión militar de EE.UU. desde nuestra perspectiva constitucional: cómo asegurar que los militares, que aunque ahora es una fuerza permanente grande por más de sesenta años, no constituya el tipo de amenaza a la democracia constitucional que los fundadores temían y, de hecho, creían que era inevitable. Tan fuerte era el deseo de evitar cualquier apariencia de la actividad política, que para la mayoría de líderes militares de la generación de la Segunda Guerra Mundial, hubo una práctica de estricta neutralidad política. El General George Marshall lo hizo un punto de la ética profesional que nunca votó. Cuando Eisenhower dejó el servicio militar, ambas partes se acercaron a él para servir como su candidato presidencial - algo que era perfectamente razonable, porque nadie tenía idea de cuáles eran sus creencias políticas! Por otra parte, el personal del gobierno de Estados Unidos, incluyendo los militares, no defienden alguna lealtad a ninguna persona o partido. Nuestro juramento de lealtad es a la Constitución misma, e incorpora una cláusula para defenderla contra « todos los enemigos, extranjeros y nacionales» - es decir, la obligación de resistir cualquier intento incluso de un funcionario elegido para subvertir el gobierno constitucional y sus procesos. Esta fuerte tradición ha estado bajo una presión considerable en las últimas décadas y varios comentaristas han apuntado a esta tendencia

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Un video del discurso puede ser consultado aquí: http://www.youtube. com/watch?v=CWiIYW_fBfY

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con aumento alarmante. 10 Muchos estudiosos han señalado que, desde la Guerra de Vietnam, el cuerpo de oficiales militares han llegado a ser casi monolíticamente afiliados con el Partido Republicano.1110 En la propia experiencia del autor, los oficiales hicieron comentarios sobre el presidente Clinton que eran penalmente responsables según el Código Uniforme de Justicia Militar - el cuerpo de la ley que rige las fuerzas militares de Estados Unidos. Aunque creo que esta tendencia ha disminuido en los últimos años, tal vez en parte como reacción al uso imprudente de los militares por el presidente republicano George W. Bush, un retorno a la claridad sobre el carácter esencialmente apolítico de los militares y su subordinación incuestionable a la autoridad civil elegida sigue siendo un desafío para los militares de EE.UU. Además, aunque la formulación particular de esta cuestión en los EE.UU. es algo único debido a la historia y la Constitución, es evidente que sigue siendo un desafío para los militares en todo el mundo. La historia de golpes militares en muchos países en el siglo pasado, sin duda apoyan la sospecha de los fundadores sobre la influencia militar permanente en los asuntos políticos. Tal vez en este foro internacional, esto podría ser un área muy importante de la ética militar en la que se trate de lograr a un entendimiento común del papel de los militares en los sistemas políticos nacionales en general. Otra serie de cuestiones éticas internas a los grupos militares en torno a cómo los militares se tratan entre sí. Las unidades militares más eficaces se caracterizan por la cohesión de la unidad, basada en la confianza mutua y el esprit de corps de esas unidades. Dado que, sin

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Tal vez una de las más críticas voces sobre esta cuestión ha sido el Profesor Richard H. Kohn, un historiador de la Universidad de Carolina del Norte. Ver su ensayo, “Latón Empañado” aquí: http://www.worldaffairsjournal.org/article/tarnished-brass-us-military-profession-decline www.hsdl.org/?view&did=447136

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embargo, las organizaciones militares son jerárquicas y dependen de la subordinación de los individuos jóvenes a sus superiores, hay potencial para el abuso de esa autoridad. De hecho, una buena parte de la investigación en ciencias sociales sugiere que los individuos que reciben una buena parte de la autoridad sobre los demás son propensos a abusar de esta autoridad si no se toman medidas para protegerse contra ellas.12 En el contexto de los EE.UU, dos áreas de abuso han obtenido una atención especial: los llamados líderes “tóxicos”, y al parecer, las crecientes tasas de abuso sexual en nuestra fuerza. El fenómeno de los “líderes tóxicos” se encuentra en que los líderes parecen tener unidades muy eficaces cuando se ve desde el exterior y, además, cuando los propios líderes presentan una imagen exterior positiva a los superiores y a menudo con sus compañeros. Pero la gente dentro de la unidad vive con el temor de los abusos del líder y a menudo son empujados más allá de los límites razonables para que el líder y la unidad aparezcan en una luz positiva. Debido a que la unidad parece ser eficaz, los líderes tóxicos a menudo pasan desapercibidos. Pero por lo general afectan la organización más grande en el largo plazo, alejando subordinados talentosos, fallando en guiar

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Por ejemplo, en el famoso experimento de la prisión de Stanford Zimbardo, un grupo de estudiantes de la Universidad de Stanford nombró como “guardias” en un ambiente carcelario simulado, ellos estaban abusando de sus compatriotas “prisioneros” de grado en cuestión de días, sólo porque fueron colocados en posiciones de poder en el experimento. En el conocido experimento de Stanley Milgrim, los sujetos estaban dispuestos a administrar lo que creen son los choques eléctricos de creciente tensión a un actor simulando creciente malestar, finalmente, gritando y hasta desmayándose. La gran mayoría de los sujetos experimentales estaban dispuestos a hacer esto sólo porque el experimento pedía con una voz tranquila que siguieran. Así que si sabemos algo sobre la naturaleza humana, es que la autoridad hace que el abuso sea muy probable. Ver http://www.prisonexp. org/para los detalles del experimento de la prisión, y http://www.simplypsychology.org/milgram.html para el experimento de Milgram choque.

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y desarrollar a su gente y pasando a sus sucesores organizaciones muy dañadas. Las fuerzas estadounidenses están tratando de encontrar, corregir en lo posible, y si no deshacerse de esos líderes. El actual Jefe del Ejército de EE.UU, el general Odierno, ha dicho sin rodeos: “Los líderes tóxicos serán despedidos”, y se están explorando mecanismos para detectar y despedirlos. 13 En el verano de 2012, una película independiente llamada “La Guerra Invisible” apareció en los cines. Documentaba la prevalencia y las consecuencias devastadoras para los individuos de asalto sexual, el abuso y la violación en nuestras fuerzas armadas.14 A pesar de que este abuso en su mayoría era cometido por hombres (por lo general de rango jerárquico superior) contra las mujeres, de ninguna manera se limita a esto. Los casos de abuso entre personas del mismo sexo y la mujer contra el abuso masculino parece ser significativo igualmente.15 En el año transcurrido desde la aparición de la película, esto se ha convertido en una cuestión política muy importante, un desafío a la cúpula militar y el sistema de justicia militar, y amenaza con minar la alta estima en que el público de EE.UU. ha mantenido de sus fuerzas armadas en las últimas décadas. Este asalto, es importante tener en cuenta, es completamente diferente de relaciones sexuales 13

http://www.armytimes.com/article/20130401/NEWS/304010009/ Odierno-soldiers-Toxic-leaders-will-fired http://www.iveybusinessjournal.com/topics/leadership/the-allure-of-toxic-leaders-why-followersrarely-escape-their-clutches#.UcMN6D7N69A http://usacac.army.mil/ CAC2/MilitaryReview/Archives/English/MilitaryReview_20130228_ art012.pdf 14 http://invisiblewarmovie.com/ 15 De hecho, en términos de números absolutos, los hombres son mucho más frecuentemente agredidos que las mujeres. Por supuesto, el porcentaje de hombres en la fuerza es mucho mayor que el número de mujeres, por lo que las probabilidades de cualquier individuo sufriendo un asalto es mayor para las mujeres, pero el número de asaltos hombre a hombre y mujer a hombre son también muy altos.

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consensuales, aunque si el sexo es ilegal según el Código Uniforme de Justicia Militar, ya que por ejemplo es la confraternización entre un superior y un subordinado. Este problema ético ha planteado un gran desafío para los militares de EE.UU. Está siendo desafiado por el Congreso para demostrar que el sistema de justicia militar y la estructura de mando están a la altura para tratar con el problema. Algunos en la prensa y el Congreso están pidiendo grandes cambios en la autoridad de los comandantes militares sobre estas cuestiones, hasta e incluyendo quitando su discreción con respecto a la disciplina y el enjuiciamiento en los casos y transfiriéndoselos a los abogados militares, o incluso a la tribunales civiles. La cuestión sobre el asalto sexual es fundamental ya que afecta directamente a la siguiente pregunta que debemos tomar: la naturaleza e implicaciones del estatus profesional del fiduciario social de la profesión militar y las implicaciones de que para la relación entre los militares y la amplia sociedad de EE.UU. y otros elementos del gobierno. Proporciona un poderoso ejemplo contemporáneo de lo que está en juego en el mantenimiento de la condición profesional de una fuerza militar. La última cuestión ética interna que voy a hablar concierne las preocupaciones fundamentales de la equidad de trato y las oportunidades para todos los miembros militares. Todas las sociedades tienen distintos grados de prejuicio y por lo tanto preferencia de los miembros de algunos grupos sobre otros. Es probable que esto se manifieste en el propio ejército en términos de tratamiento preferencial de esos miembros de los grupos con respecto a la promoción, el nombramiento a puestos altamente deseables y diferenciales simples de trato respetuoso. En Estados Unidos, las fuerzas armadas de llevaron de muchas maneras a la sociedad a romper las barreras de la discriminación racial, especialmente contra los militares afroamericanos. Sin embargo, sería ingenuo no reconocer que la discriminación racial sigue siendo una realidad en algunos sectores de nuestras fuerzas armadas. – 350 –


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La integración de las mujeres en los servicios militares está planteando grandes retos por igual. Tan sólo a partir de este escrito, nuestras fuerzas militares están determinando si hay cargos o comunidades en nuestras fuerzas armadas las cuales las mujeres deberían ser excluidas de forma racional y objetiva. Esta inclusión en tantos papeles como sea posible, especialmente en roles de combate son críticos si las mujeres quieren estar a la altura de los más altos de rangos de nuestras fuerzas armadas. En años recientes, la exclusión previa de las mujeres en combate aéreo, submarinos y en general de roles de «combate» ha sido eliminado. En estudio actualmente, es la eliminación de la exclusión permanente de las unidades de Fuerzas Especiales y otras ramas restantes de solo hombres. Sin embargo, nuestras academias militares todavía admiten menos de veinte por ciento de las alumnas. Este número se racionaliza considerando retrospectivamente el número de roles disponibles para las mujeres en las fuerzas armadas del pasado, y no el número necesario de una fuerza militar cada vez más de género neutro. Y por supuesto, todo este debate se produce simultáneamente con el enfoque nacional sobre el problema de asalto sexual. Si bien los detalles de cómo estos problemas de discriminación e inclusión se resuelven variarán ampliamente dependiendo de la demografía, la cultura y la historia de naciones discrepantes, todos los países se enfrentan a una versión de ellos mismos. Y son cuestiones éticas fundamentales de todas las naciones para manejar por dos razones principales. En primer lugar, la conexión emocional y psicológica entre un país y sus militares, están bajo percepción y la realidad que los militares en efecto, encarnan los valores, la cultura y la ciudadanía de la nación que sirve. En la medida que una nación percibe su ejército como una cultura independiente y separada de la sociedad en general, que tiende a debilitar la relación de confianza que es el alma de un ejército eficaz. En los EE.UU. se ha convertido en algo problemático, ya que terminamos el servicio militar obligatorio – 351 –


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en 1973 y ahora dependemos enteramente de un ejército voluntario (o reclutado). Mientras que la fuerza de voluntarios sin duda produce una fuerza más profesional y especializada, a muchos les preocupa que el ejército sea una cultura en sí misma, en gran medida separada e incluso invisible para la población civil. Las guerras de los últimos diez años o más han sido luchadas por menos del uno por ciento de la población de los EE.UU. Las instalaciones militares son a menudo localizadas en lugares remotos y son autónomas en su mayoría. Nuestro cuerpo de oficiales es extraído en gran parte de familias con tradiciones militares de generaciones. 16 Muchos se preocupan que los peligros para el gobierno democrático que nuestros fundadores sentían preocupación son manifestados en estas tendencias. Además, muchos sostienen que un ejército esta “fuera de la vista, fuera de la mente” para el público en general hace posible usos de los militares con preocupación menos política y control democrático del que sería necesario si estuviéramos en su lugar utilizando una fuerza extraída de toda la sociedad (y quizá sobre todo de las clases altas en términos económicos y políticos). Por ejemplo, el autor pone en duda las guerras en Irak y Afganistán podrían haber procedido tanto tiempo ya que han incurrido en las bajas que han tenido si la población de los EE.UU, en general, tuviera una conexión más personal y emocional a su ejército que en la actualidad. La segunda implicación ética y política importante de la discriminación se refiere a la movilidad ascendente de los miembros de los grupos y su sentido de plena incorporación a la sociedad. El servicio militar ha sido un medio de movilidad social ascendente, al menos desde el Imperio Romano, y lo sigue siendo hoy. Además, el servicio militar es quizás la declaración más poderosa que un individuo o grupo puede hacer con respecto a la participación plena como parte del 16

Véase http://www.heritage.org/research/reports/2008/08/who-servesin-the-us-military-the-demographics-of-enlisted-troops-and-officers parta un estudio reciente de la composición de la fuerza.

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proyecto nacional. Por el contrario, la exclusión de los grupos de ese servicio refuerza o aumenta su sentido de exclusión y marginalidad de la nación en su conjunto. Por todas estas razones, es fundamental que las naciones multiétnicas y multiculturales sean incluyentes en la mayor medida posible.

Profesionalismo Militar Estos problemas que hemos planteado hasta el momento pueden sonar como una simple lista de preocupaciones diferentes. En el ejército de EE.UU. en los últimos años, todas estas preguntas se han reunido en el marco general por medio de un debate sobre la cuestión de si los militares son profesionales en un fuerte sentido sociológico normativo, o si son “simples burócratas obedientes” que sirven una función del gobierno. Este enfoque surgió originalmente con el ejército de Estados Unidos durante sus operaciones en los Balcanes. En ese momento, la cultura y la formación del Ejército de los EE.UU. se centraba en su misión de Guerra Fría de combate de gama alta e intensa de armas combinadas contra la Unión Soviética. A pesar de que la amenaza del combate con la Unión Soviética había pasado hace más de una década, la formación y la cultura del Ejército no se habían adaptado o incluso considerado qué más se le podía pedir hacer. El resultado fue aversión activa e incluso rechazo a retomar plenamente las misiones de los Balcanes. Era común escuchar a personal del Ejército decir de esas misiones, “Esto no es lo para lo que me inscribí” y “Yo no me uní al Ejército para hacer mantenimiento de la paz.” En respuesta a esa tensión interna del ejército, el Dr. Don Snider, un coronel retirado de la era de Vietnam y profesor de Sociología en West Point se alarmó que el ejército hubiese perdido su profesionalidad como un servidor incondicional de la dirección y los intereses de la nación. Enmarcando el debate en la medida en que el Ejército era una verdadera profesión, dirigió un grupo de expertos para estudiar esta – 353 –


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cuestión y finalmente produjo un libro muy importante, El Futuro de la Profesión Militar, Segunda Edición. 17 Aunque los autores de este volumen se acercaron a los diferentes aspectos del Ejército, la coherencia se proporcionó para dispar el trabajo de la selección de Snider de la teoría de un solo erudito de la naturaleza de las profesiones: la del Dr. Andrew Abbott, de la Universidad del departamento de sociología de Chicago. Esto fue fundamental, ya que, en el uso del inglés contemporáneo, “profesional” es un término muy elástico. A menudo se utiliza simplemente para describir cualquier cosa que un individuo hace por dinero. En este uso, por ejemplo, se hace referencia a un conductor “profesional “ de camión o guía turístico. Otro uso es un término de uso múltiple de la alabanza y aprobación, como en “ella es una verdadera profesional.” En el debate de la sociología, sin embargo, “profesión» tiene un significado mucho más preciso, y a eso es lo que quería Snider que los autores del libro hicieran frente. Históricamente, en el Occidente Moderno Temprano, sólo hay tres verdaderos profesionales en este sentido: Clero, Medicina y Derecho. Los tres tenían una serie de características en común y que les distingue de otras actividades. Tal vez lo más importante, eran responsables de bienes sociales absolutamente esenciales y vitales, de hecho, para la sociedad de la época, los bienes más importantes: la salvación, la salud y la justicia. Dependen completamente de la confianza de sus sociedades para funcionar. Por ejemplo, los tres tienen algún requisito ético único a no revelar la información confidencial de sus «clientes», y ese silencio es esencial si se quiere que tengan la información necesaria para desempeñar sus funciones. En la medida en que tienen la confianza social, se les concede un alto grado de autonomía para entrenar, disciplinar, admitir y despedir a sus propios miembros. Poseen un cuerpo de conocimiento único y se espera refrescar y actualizar continuamente los conocimientos con 17

(New York: McGraw-Hill Primis Custom Publishing, 2002).

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el fin de ser lo más relevante y más preparado posible para satisfacer las necesidades del cliente. Aunque sí podrán ser compensados económicamente por su actividad profesional, la sociedad espera que sus motivaciones sean intrínsecas y altruistas, poniendo las necesidades del cliente por delante de los suyos. La medida del valor de sus actividades no es más que la eficiencia económica, pero si son eficaces para satisfacer las necesidades del cliente. Por último, a medida que sean socializados en la profesión, desarrollan una cosmovisión y cultura profesional compartida, a diferencia de muchas otras actividades en las que la cosmovisión es irrelevante y la única pregunta es si un individuo puede realizar un conjunto específico de tareas. Es obvio que cualquier fuerza militar, especialmente una del tamaño del ejercito de EE.UU, será una gran burocracia, sujeta a normas y requisitos burocráticos. Pero la preocupación de Snider, que fue compartida por muchos autores del libro, es que siempre existe el peligro de que las organizaciones militares se conviertan en organizaciones meramente burocráticas. En la medida en que lo hacen, corren el riesgo de la pérdida de la relación de confianza social que es la condición esencial de su retención de autonomía y experiencia intelectual de una verdadera profesión. Este trabajo académico ha comenzado lentamente a impregnar las ramas militares de los EE.UU. y proporcionar un marco común para abordar una amplia gama de desafíos éticos en nuestras fuerzas. Debido a que la discusión comenzó en el Ejército de los EE.UU, no es sorprendente que el Ejército esté más adelante en este desarrollo que el resto de las armas. Cuando el general Martin Dempsey fue Jefe del Estado Mayor del Ejército, firmó un «libro blanco» proclamando una iniciativa para reorientar el Ejército en su condición de una verdadera profesión como administrador social. Esto tomó forma institucional en la creación del Centro para la Profesión del Ejército y la Ética (CPEE), con sede en la Academia Militar estadounidense de West Point (cape.army.mil). CPEE – 355 –


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fue creado en 2008 como centro de recursos para todo el Ejército para la producción y difusión de materiales educativos y de capacitación para apoyar la discusión de la importancia de la categoría profesional y el papel del Ejército en toda la fuerza. Proporciona materiales de alta calidad de entrenamiento, juegos de video, y cursos «Entrena al Entrenador» a todo el ejército de los Estados Unidos. Su influencia es ahora omnipresente y altos dirigentes del Ejército hablan en un lenguaje común en relación a las implicaciones del status profesional del Ejército. Este vocabulario compartido proporciona un marco tremendamente importante en el que se abordan y hacen frente a los nuevos problemas éticos en la fuerza. Por ejemplo, como se señaló anteriormente, la situación de asalto sexual dentro de nuestras fuerzas se ha convertido en un tema enormemente importante y políticamente volátil en los últimos meses. Debido a que el Ejército había invertido fuertemente en la difusión de los conceptos incorporados en un concepto sólido de Ejército como una profesión, tenía un marco listo dentro del cual se podrían abordar las cuestiones en torno a asalto sexual. 1816 El general Dempsey es ahora el jefe del Estado Mayor Conjunto (el oficial militar de más alto rango, y el principal asesor militar del Presidente de los Estados Unidos). En ese papel, ha presionado a los jefes de las otras ramas militares de los EE.UU (Fuerza Aérea, la Armada e Infantería de Marina) a pensar más profundamente y con claridad acerca de sus programas de desarrollo de liderazgo, ética y profesionalismo. El lenguaje de profesionalidad que profundamente absorbía como Jefe de Estado Mayor del Ejército ahora está empe18

Véase, por ejemplo, el vídeo CAPE producido sobre asalto sexual. Lo que es fundamental notar aquí es que la existencia de un marco conceptual común de profesionalismo permite al Ejército vincular un tema de actualidad y de una manera intelectualmente sustantiva, ya que no es necesario partir de este tema en particular. El vocabulario preexistente de profesionalismo proporciona un punto de partida común y se entiende comúnmente para tratar esta serie de cuestiones: http://cape.army.mil/case%20studies/pfcschuette.php

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zando a permear toda la cúpula militar de EE.UU. y proporcionar un vocabulario común y un marco conceptual en el cual se entienda la naturaleza, función y requisitos éticos de todas nuestras fuerzas. Aunque el Ejército tomó la delantera en estos acontecimientos, permítanme indicar brevemente cómo se está produciendo en la Marina de EE.UU, el servicio en el que el autor trabaja en la actualidad. Históricamente, la Marina ha sido más reacia a enviar a sus mejores oficiales a la educación militar profesional (en contraposición a la formación técnica requerida por un trabajo en particular). Se ha tendido a pensar que “la formación de líderes” se logra mejor a través de la experiencia operativa directa en la flota. Sin embargo, el liderazgo actual de la Marina ha llegado a reconocer las limitaciones de este tipo de enfoques en “entrenamiento en el trabajo”. La Escuela de Liderazgo Estratégico Operacional en la Escuela Superior de Guerra de la Marina (donde se encuentra institucionalmente el autor) ha trabajado durante algunos años para identificar lagunas en los conocimientos y la competencia en el sistema de promoción oficial y está en el proceso de desarrollo de un continuo desarrollo de líderes explícitos para toda la Armada. El Jefe de Operaciones Navales (el jefe de la marina de guerra) ha dirigido la puesta en práctica de este enfoque más consciente y explícito a la formación de líderes, lo que causaría un cambio importante en la cultura tradicional de la Marina. El marco para la reelaboración se proporciona en su totalidad por los conceptos de profesionalismo desarrollados originalmente en el Ejército de los EE.UU. El punto general, por tanto, es que viendo las ramas de militares de EE.UU. como profesiones sociales administradoras está demostrando ser un muy valioso concepto organizador - un lente para ver y conectar los temas de las relaciones cívico - militares, el papel de la educación militar profesional en desarrollo, las cuestiones éticas internas como autocontrol de la mala conducta dentro de la fuerza, e incluso la conducta ética en el combate. Se proporciona un vocabulario común para articular por qué el desarrollo intelectual continuo, la percepción del orden y la disciplina de la fuerza por parte – 357 –


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de los ciudadanos del país y la conducta ética en el campo de batalla son esenciales para el mantenimiento de la confianza del pueblo estadounidense en sus fuerzas armadas.

Conclusión La gama de temas captados por el término « ética militar « es realmente amplia. Este documento de ninguna manera ha agotado o incluso tocado toda esa gama. Este trabajo, sin embargo, ha capturado algunos de los desafíos y tal vez, las excelentes perspectivas de Estados Unidos sobre estos problemas. Aunque la historia particular de los Estados Unidos, su Constitución y su miedo a los ejércitos permanentes son hasta cierto punto únicos, los desafíos no son diferentes a las demás fuerzas armadas, tal vez sobre todo las fuerzas armadas que sirven los gobiernos democráticos. Estos deben conservar la confianza de las personas que sirven. No se debe permitir que evolucionen hacia una cultura aparte de las personas que sirven. Su uso en el combate debe ser visto como un acto de la nación en su conjunto, y no una fuerza que no se ve como la encarnación de la voluntad nacional, y cuyo sufrimiento y pérdida son una pérdida nacional. Su conducta en el campo de batalla debe estar en consonancia con los valores y las leyes nacionales y sus fracasos éticos y legales deben ser disciplinados y claramente percibidos como aberraciones inaceptables de las normas aceptadas. Y, fundamentalmente, deben ser rigurosamente disciplinados en su carácter apolítico y subordinación al gobierno elegido, cualesquiera que sean sus fallas. El ejército de EE.UU. ha sido cuestionado, y continuará siendo cuestionado, en todos estos aspectos. Este espacio de diálogo internacional y conversación honesta entre las fuerzas militares del mundo acerca de estos retos puede fomentar el entendimiento mutuo y el aprendizaje de «mejores prácticas» entre sí para evitar atrocidad, insubordinación y abuso.

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Capitán de Fragata de la Armada de España Federico Aznar Fernández-Montesinos


La ética en la lucha contra los grupos terroristas

Capitán de Fragata de la Armada de España Federico Aznar Fernández-Montesinos “La virtud sin la cual el terror sería funesto, el terror sin el cual la virtud sería impotente.”

Maximilian Robespierre

Escribía Maquiavelo “son justas las guerras que son necesarias,” de esta manera al situarse en el ámbito de la justicia finalista, en el “ius post bellum”, en las antípodas del realismo, enlaza precisamente con aquél al aunar fines y medios. La cuestión es que la ética no puede situarse en el ámbito de los fines ya que todos son válidos,1 sino en el de los medios en su relación con los fines, lo que hace, parafraseando a Gandhi, que a medios impuros correspondan fines impuros; son los medios así los

1

De Einstein, “sé que es tarea difícil discutir sobre juicios fundamentales de valor. Si, por ejemplo, alguien aprueba, como fin la erradicación del género humano de la tierra, es imposible refutar este punto de vista desde bases racionales. Si, en cambio, hay acuerdos sobre determinados fines y valores se puede argüir con razón en cuanto a los medios que pueden alcanzarse estos propósitos”. (Tortosa Blasco, José María. “La palabra terrorista” en VV. AA. Afrontar el terrorismo. Gobierno de Aragón 2006)

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que justifican los fines y no al revés. Es esta una candente cuestión de debate pues como Marcuse apunta “la relación entre medio y fin es el problema ético de la Revolución. En cierto sentido, el fin justifica los medios: cuando promueve demostrablemente el progreso humano en libertad. Este fin legítimo, el único fin legítimo, exige la creación de condiciones que faciliten y favorezcan su realización. Y la creación de estas condiciones puede justificar el sacrificio de víctimas como lo ha justificado a lo largo de toda la historia. Pero la relación entre medios y fines es dialéctica. El fin para ser alcanzado, tiene que estar vivo y operante con los medios represivos. También entonces los sacrificios implican violencia; la sociedad sin violencia queda como posibilidad de un escalón histórico aun por lograr”. 2

En cualquier caso, y por sus orígenes, el problema de las democracias en su lucha contra el terrorismo es que la tradición democrática no condena la violencia en todos los casos; es el derecho de rebelión que está en su surgimiento y su construcción conceptual. 3 Y es que la esfera de la fuerza no es diferente de la esfera de la moral; ambas se encuentran interrelacionadas.4 La teoría moral se ha incorporado a la concepción del uso de la violencia para entrar a valorar sobre cuando y como utilizarla, tanto en términos de razón como de modo.5 La crueldad así medida sería desde esta perspectiva, el resultado de la adecuación de medios y fines, obligando a ponderar objetivos y adoptar soluciones conflictivas.6 Pero, lo que está claro, es 2 3 4 5 6

Pastor Verdú, Jaime. La evolución del marxismo ante la guerra y la paz. Editorial de la Universidad Complutense de Madrid 1989, p. 405. Ignatieff, Michael. El mal menor. Editorial Taurus, Madrid 2005., p. 129. Grasa, Rafael. Introducción al libro de Walzer, Michael. Guerra, política y moral. Ediciones Paidos, Barcelona 2001., p. XV. Walzer, Michael. Reflexiones sobre la guerra. Ediciones Paídos Ibérica, Barcelona 2004, p. 34. Ibidem, p. 49.

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La ética en la lucha contra los grupos terroristas

que a mayor justicia no debe ni puede corresponder mayor derecho, y consecuentemente, no todos los medios son legítimos. Aun así, existe un cierto relativismo en los juicios morales, “los mismos criterios morales producen juicios distintos en guerras distintas. No obstante, los juicios son polémicos aunque los criterios sean coincidentes”.7 Y es que la sociedad es una factoría de moralidad que permite criticar tanto a quienes no tienen principios, como a quienes elaboran sus juicios desde absolutos morales, al realismo (desde una perspectiva realista la estrategia es un lenguaje de justificación) y al pacifismo (propio de absolutistas morales).8 La ética está ligada a la praxis, a la forja de las conductas; no puede ser sólo un elemento limitante, es decir, exclusivamente determinante de aquello que no se debe hacer, sino habilitante y proactivo, y por consiguiente con un papel fundamental en el diseño de las estrategias que han de servir de base en la lucha contra el terrorismo. En democracia, estas no sólo deben construirse en torno a unas leyes, hace falta algo más, un espíritu, una voluntad; la ética, una ética democrática, debe rellenar el vacío existente entre la letra y los hechos en que se sustancia su desarrollo. La democracia es más fuerte precisamente porque es más exigente consigo misma y, además y por eso, puede permitírselo.

1. La violencia expresiva del terrorismo. El terrorismo es, por muy ilegítima que resulte, una herramienta de la política, que ha desplazado de ese lugar a la guerra. Y lo podemos definir como el empleo (o la amenaza) de la violencia en apoyo de un concreto proyecto político; de este modo, sacrifica doctrinalmente a la ética en beneficio de sus fines. En palabras de Sartre: 7 8

Ibidem, p. 18. Joas, Hans. Guerra y modernidad. Ediciones Paidos Ibérica S.A., Barcelona 2005., p. 225.

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“cuando la violencia quiere hacerse reconocer, no puede hacerse reconocer más que por la violencia…la violencia lleva en ella su propia justificación, es decir, que reclama por su misma existencia el derecho de la violencia…la violencia es la alteración de la serie total de los medios y, por tanto del fin…la violencia no es un medio entre otros para alcanzar un fin, sino la elección deliberada del fin no importa por qué medio”

Es más, sí la guerra es un acto de comunicación, una dialéctica con un suplemento de violencia, el terrorismo es una actividad política escenificada mediante un cierto derramamiento de sangre. Con él se pretende secuestrar la imaginación del colectivo que asiste como espectador a su actividad, pero que realmente también está incluido en la obra que se representa. El orden es el crimen y el terrorista, un “soñador de lo absoluto”, su flagelo. A la contra la violencia forma parte del terrorismo, pero el terrorismo no es sólo violencia; de hecho, lo más importante del terrorismo no es la violencia –que es su manifestación más visible— sino su discurso; la misma relación que existe entre el cáncer y la fiebre. De hecho el terrorismo no duda en presentarse como un humanismo que hace un uso limitado de la violencia. Así el terrorismo dosifica y modula la violencia en dosis homeopáticas atacando los nodos de la sociedad y el Estado para propiciar su transformación. Son acciones de alto contenido simbólico que pretenden demostrar la capacidad y representatividad del grupo que se presenta como el brazo armado de una sociedad (o de parte de ella) y expresión de su voluntad. Esta es la razón por la que los grupos terroristas se desgajan de los partidos de los que surgen para liberarles de la responsabilidad de sus actos y no dañar su legitimidad mientras incorporan sus réditos. A la contra, el terrorismo es negación no construcción; debe formar parte de una estrategia más amplia que incluya a otros grupos con los que alcanza una simbiosis nunca explícita.

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El terrorismo es una más de las posibles estrategias que pueden seguirse en un conflicto. Así, el terrorismo puede ser una estrategia de guerra asimétrica, pero no toda guerra asimétrica es terrorismo; es más, el terrorismo puede estudiarse como un caso extremo de guerra asimétrica.9 Es, pues, un método, una herramienta en la que convergen acto político y acto de terror, violencia legítima e ilegítima, la ética y la interpretación propia del público receptor.10 Con el terrorismo la política se hace violencia y la violencia pedagogía, una pedagogía con la que se enseña al pueblo. Como Hitler señala: “el éxito de toda propaganda, sea en el campo del comercio o en el de la política, supone una acción perseverante y la constante uniformidad de su aplicación.”11 Guerrilla y terrorismo son dos formas irregulares de lucha. Pero en el caso de la guerrilla predomina el componente instrumental de la violencia mientras que en el terrorismo esta sirve a fines simbólicos y comunicativos.12 La guerrilla se emplea principalmente en zonas rurales donde puede adueñarse de una porción de territorio, prefiere el hostigamiento al enfrentamiento directo, y su forma de operación aúna dispersión, concentración y movilidad.13 Por el contrario, el terrorismo es más propio de la ciudad donde puede hacerse más visible y obtener más réditos en términos de propaganda al atender su permanente demanda de escándalo y titulares (50 muertos en una oscura selva son

9 10 11 12 13

Waldman, Peter. “La lógica terrorista.” en VV. AA. Afrontar el terrorismo. Gobierno de Aragón 2006, p. 123. Khader, Bichara. “Terrorismo islamista localizado, Terrorismo islamista globalizado. Un ensayo de definición” en VV. AA. Afrontar el terrorismo. Gobierno de Aragón 2006., p. 182. Hitler, Adolf. Mi lucha. Ediciones Bausp, Badalona 1974., p. 109. Waldman, Peter. “La lógica terrorista” Opus citada, p. 125. Van Creveld, Martin. Technology and war. The Free Press, Nueva York 1991, p. 300

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menos visibles que uno en la ciudad).14 Lo que no quita que la guerrilla pueda utilizar adicionalmente técnicas terroristas, como hace. A todas luces, el terrorismo no puede ser resolutivo en tanto que no puede imponer su parecer, escenificando mediante una estrategia mediática (está cortado a la medida de los medios de comunicación; sus actuaciones tienen las dimensiones en profundidad y anchura del objetivo de una cámara), un poder con el que, realmente, no cuenta (saca partido de que el Poder es potencia, imagen, no acto y toma todos los símbolos y ritos de este, escenificando lo que no tiene ni puede alcanzar. El secreto del poder real es que se utiliza poco porque se desgasta; sin embargo, el terrorismo lo utiliza todo lo que puede para que la opinión pública lo multiplique y valore como si fuera real); por eso el terrorismo es ficción de guerra en la medida en que también es ficción de poder. Sólo es viable cuando se hace visible y es tomado en consideración; no aspira a la derrota del oponente —no cuenta con capacidad militar, ya que su reducido número es apto para operar (el secreto obliga) no para vencer; y además no tiene capacidad ni intelectual ni humana para gestionar la victoria— sino tan sólo a una imagen, a una fotografía. Es teatro, ficción; es emocionalidad. Aun es más, se puede clasificar al terrorismo como una contra-sociedad, una sociedad que niega todos los valores en los que reposa. 15 El maquiavelismo de la estrategia confunde fuerza con poder; el terrorismo es prueba de las carencias de tal simbiosis. La valoración debe hacerse en términos globales pero también midiendo la equivalencia y alineamiento entre política y estrategia, que en el caso terrorista es extremo, tanto en términos de eficacia (relación entre los objetivos 14 15

Laqueur, Walter. Terrorismo. Editorial Espasa-Calpe, Madrid 1980., p. 298. Verstrynge, Jorge. Una sociedad para la guerra. Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid 1979, pp. 102-103.

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propuestos con los alcanzados) como en términos de eficiencia (relación entre los objetivos alcanzados y el costo en su logro). Ello determina en palabras de Raymond Aron que “los guerrilleros ganan la guerra cuando no la pierden y quienes luchan contra ellos la pierden si no la ganan.”16 El terrorismo es ofensiva a ultranza e implica acciones tácticas que inciden directamente en el plano de lo político. Son actuaciones que superan su objeto. Es decir, se produce una sobrepolitización de sus actos, fruto de los elementos dionisíacos de que es portador, con una emocionalidad con la que se pretende desbordar cualquier plano incluido el ético, lo que hace de la “acción directa” una actividad extremadamente eficaz. Violencia y presión mediática se encuentran asociadas; para ello se sirve de pulsos discontinuos de terror que se prolongan en el tiempo. En la guerra convencional, tal y como sostiene Clausewitz, cada parte trata de imponer a la otra su ley, sin embargo en la guerra asimétrica y en el terrorismo, los contendientes tratan de aprovechar en su beneficio la “ley” del contrario. Es pues, no ya la antítesis del paradigma de Clausewitz, sino una visión inversa. Es la lucha de las avispas frente al león que pasa por la dislocación social, la intimidación, la desmoralización de la sociedad y la eliminación del adversario mediante el atentado. 17 El terrorista carece de inhibiciones, lo que le dota de una libertad de acción que transforma el conflicto, al decir del Che, en un sentido “diferente de las concepciones románticas y deportivas con las que se pretende hacernos creer que se practica la guerra”. Es provocación: “La elección de los Juegos Olímpicos…ha sido como pintar el nombre de Palestina sobre una montaña

16 17

Aron, Raymond. Pensar la guerra, Clausewitz. T. II. Ministerio de Defensa, Madrid 1993, p.197. Díaz de Villegas. La guerra revolucionaria. Ediciones Europa, Madrid 1963, p. 90.

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que se ve desde las cuatro esquinas de la Tierra,” 18 diría un líder de la OLP. Se trata de generar una opinión que ya podrá cambiarse después. La acción terrorista trasciende a sus víctimas porque dice no atacarlas en cuanto que personas sino por lo que representan, con lo que se las deshumaniza y quedan así cosificadas. Son meros símbolos cuya dimensión humana no resulta trascendente. Las víctimas tienden a ser ignoradas y, en el mejor de los casos, como apuntaba Camus, aburren. En otros, al final son vistas como un estorbo para la paz. Ese parece ser su sino.

2. Las narrativas terroristas. Para derrotar a este enemigo lo primero que procede preguntarse, desde una óptica clausewitziana, es cuál es su centro de gravedad. Claramente, no son sus capacidades, que hasta cierto punto también (suprimiendo sus medios se puede acabar con el fenómeno, aunque no se logre disolver el colectivo humano que lo apoya). Su actividad, no pretende tanto destruir como provocar una reacción equívoca para cuestionar la legitimidad y alimentar su discurso mientras debilita el del oponente. La clave de la acción terrorista, su columna vertebral, se sitúa en su narrativa, en la que se hilvanan acción, mensaje y causa; un medio que forma parte del mensaje y que sirve para agrupar en torno a ella al colectivo objeto y objetivo real de la lucha. Las narrativas no son racionales sino emocionales; se construyen con base en percepciones, lugares comunes y saltos argumentales pretendiendo expresar una realidad intuida sobre la promesa de un mundo mejor. Una narrativa es siempre una selección de hechos que conduce a un imaginario preestablecido, un equilibrio entre realidad y ficción. Un conjunto hilvanado de ideas, no falso pero sí incompleto; puede

18

Hoffman, Bruce. Historia del terrorismo. Espasa Calpe 1999, p. 107.

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ser una ideología, una religión […] No son un hecho neutral ni objetivo. Su función es hacer inteligible la realidad a través de una intencionada simplificación; es una visión del mundo por muy sesgado y extravagante que sea el punto de referencia desde el que se hace. El terrorismo no es sino una narrativa sangrienta. A las narrativas las caracteriza también la gestión de los silencios, el no contemplar, la ignorancia deliberada de aquello que las contradice o no las apoya. De ahí su coherencia, de la que se mantienen ausentes la mayor parte de los actos humanos La verdad, un poco atractivo prosaísmo o un conjunto de datos nada sugerentes, no son el criterio definitivo de valoración, sino la emoción de una propuesta ilusionante por poco realista que pueda llegar a ser. Es un acto de creación, de voluntad, que incorpora elementos racionales e irracionales. Un mecanismo de construcción de identidad, un instrumento de socialización. Por eso no es inmutable en su forma. Cambia para mantener inalterable el fondo; evoluciona y se adapta incorporando elementos del presente que enlazan con su propuesta de futuro. Cuentan con capacidad para reinterpretar los hechos e incluso a sí mismas, con tal de mantener una coherencia emocional con los fines. Son románticas, pero no universalistas ni racionalmente simétricas; parten siempre de una arcadia feliz que permite explicar el futuro utilizando el pasado; o, para ser más exacto, reescriben el pasado en nombre del futuro pretendido. Si una referencia no sirve, sin ambages, se busca otra; lo importante es preservar el espíritu movilizador, la dinámica. Y es que las narrativas no describen la realidad sino que la crean, generando el espacio ético necesario para la violencia: los terroristas precisan de una ética para poder convivir con la violencia de que son portadores. De no existir las narrativas, pasarían de ser gestores de la violencia a incorporarlas a su vida, degradándose ante el grupo y también ante sí mismos, a la condición de delincuentes, o peor aún, a la de psicópatas. – 373 –


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En el mundo moderno, oponerse es más sencillo que explicar. Su simplicidad, la reiteración de su mensaje y una escenificación indubitativa le otorga ventaja desde la perspectiva de la comunicación política. Son estrategias expositivas y pedagógicas de reiteración y largo plazo que se realizan sin propuestas concretas e instrumentando vías cuyo fondo es, en realidad, contrario a las esencias que se propugnan. Y es que el poder de destruir puesto a disposición de un pequeño grupo terrorista puede amedrentar a toda una sociedad al cautivar la imaginación del colectivo; la razón es simple, resulta algo inusual, hoy en día y más en el ámbito de una sociedad posmoderna, que alguno de sus miembros acepte tal nivel de compromiso personal. Esa exhibición de seguridad en un proyecto que les permite matar, paradójicamente, refuerza la legitimidad de su causa y estigmatiza a la víctima, a la que se culpabiliza de la situación que ha traído su fin y de la que los terroristas son sufridos e indeseados mediadores. El resultado es un bucle melancólico, como lo denomina Juaristi19, en la medida en que es incapaz de cerrarse y, perdida en el narcisismo, resolver su propia dinámica. Así, desencadenan un proceso que no solventan, porque la resolución es racional mientras el planteamiento emocional.

3. La dimensión negativa de la ética en la lucha contra el terrorismo. La actividad terrorista presupone un enfrentamiento entre diferentes modelos estratégicos y capacidades, lo que impide el isomorfismo clausewitziano de las estrategias militares, la tendencia de las partes a imitarse. Y es que, en los conflictos la violencia es interactiva y los contendientes, por inercia, tratan de superarse los unos a los otros sin límite en cuanto a la violencia teórica que van a utilizar; como

19

Juaristi, Jon. El bucle melancólico. Espasa, 1998.

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resultado, al cabo de un tiempo terminan pareciéndose entre sí en infinidad de detalles y las diferencias iniciales que les separaban cuando comenzaron a enfrentarse terminan por desaparecer.20 Los terroristas tratan de presentarse como sí se tratara de un ejército aunque su proceder no se ajuste a las leyes de la guerra. La recíproca también sucede, los fuertes sufren la tentación de utilizar métodos terroristas para enfrentarse a ellos; como Napoleón apuntaba “frente a los partisanos hay que actuar como un partisano”.21 Mao sostenía que “todos los medios, cualquiera que sean, se justifican para alcanzar los fines buscados, sin importar los estúpidos escrúpulos de benevolencia, rectitud y moralidad,” 22 y T.E. Lawrence decía, tras recibir una bofetada de un indignado comandante médico británico, “todo el que lleva a cabo una rebelión de los débiles contra sus amos debe acabar tan manchado, que luego nada en el mundo puede hacerle sentir limpio.”23 Y es que la asimetría lleva implícita una concepción novedosa de conducción de la guerra24 con una importante tensión entre racionalidad y emocionalidad. Las partes implicadas en un enfrentamiento asimétrico corren el riesgo de caer en el nihilismo al estar traficando con el mal utilizando unos límites que tienden a expansionar la violencia, y que pueden hacer que un enfrentamiento de ideales acabe

Pizarro Pizarro, José A. La guerra de Indochina punto de inflexión de la historia militar contemporánea. Tesis Doctoral Universidad Complutense, Facultad de Geografía e Historia 2007, pp. 5 y 6. 21 Aron, Raymond. Pensar la guerra, Clausewitz. T. II. Opus citada, p.197. 22 VV.AA. La Guerra Revolucionaria. Documento de Trabajo de la Escuela de Estado Mayor del Ejército de Tierra. 23 Lawrence, T.E. Los siete pilares de la sabiduría. Editorial Óptima, Barcelona 2000, p. 551. 24 Jordán, Javier y Calvo, José Luís. El nuevo rostro de la guerra. Ediciones Universidad de Navarra, Barañaín 2005, p 42. 20

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convertido en un mero enfrentamiento de violencias.25 Es la deriva de los conflictos que se produce cuando se pierden los objetivos políticos de las partes y solo queda una violencia desnortada. Un atentado contiene una profunda carga emocional, fruto de sus elementos dionisíacos, que invita a su sobrevaloración y con ello a una sobrerreacción que victimiza a los victimarios, desatendiendo el núcleo principal del problema y fijando los debates, las palabras que han de usarse y hasta lo políticamente correcto. La palabra reaccionario es profundamente negativa, con ella se expresa una retrógrada falta de imaginación. El poeta Yeats escribiría a cuenta de los fusilados tras la sublevación irlandesa de Pascua de 1916 “ha nacido una terrible belleza.” Lo que fue, a todas luces, un desastre y un cúmulo de torpezas mayúsculas logró sus objetivos y hasta fue santificada, sólo por la fuerza que se utilizó para reprimirla. Las dinámicas terroristas son expresión de la asimetría de valores entre los contendientes; el terrorismo no es un medio al alcance de todas las éticas ni produce el mismo efecto en todas las sociedades sobre las que actúa. Una de las partes puede permitirse el utilizar el terrorismo, alegando su debilidad y la legitimidad de su causa. Mientras la otra no; y esta suele ser una democracia. El terrorismo trabaja sobre efectos y derivadas; es un acto de provocación que pretende la denuncia y el cambio de roles, lo cual no es difícil porque la lógica del proceso – que coincide con la propia de la guerra, ya que el terrorismo es simulación de guerra en la medida en que es ficción de poder - no es la lineal, sino dialéctica, una lógica de transformación. El terrorista utiliza las respuestas del Estado para presentarse como un amante de la paz inevitablemente compelido a la acción mientras el Estado, del que sólo se visualizan sus atribuciones coercitivas, es presentado como represor. 25

Ignatieff, Michael. El mal menor. Editorial Taurus, Madrid 2005, p 11.

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La respuesta del Estado de Derecho, siempre tasada y lenta, parece ineficaz pues la utilización de la fuerza en este marco es, por principio, residual y reactiva. Pero su poder es incontestable. El Estado sí puede permitirse perder para ganar. No le merece la pena el precio de una victoria rápida, porque en este precio va incluida parte de su alma. Es fuerza, poder, sí hay legitimidad, y en la violencia no la hay. La clave es, por tanto, la legitimidad. El combate es simultáneamente un choque de éticas, en que sólo una puede ensuciarse, pues puede rechazar las prácticas precisas para el logro de la finalidad propuesta mientras la otra las asume, las manifiesta como una parte sustancial de su metodología; una batalla que, de partida, parece – y solo parece - perdida.26 Schmitt sostenía “con la lucha partisana surge un nuevo espacio de acción completamente estructurado dado que el partisano no combate en un espacio abierto… obliga al adversario a entrar en un espacio diferente. De este modo agrega a la superficie del regular teatro de la guerra regular, otra dimensión más oscura en la que quien viste uniforme está condenado.”27

Hoffman, aludiendo a las acciones represivas de las fuerzas francesas durante la guerra de Argelia, cita al general Massu cuando afirma que “los inocentes merecían mayor protección que los culpables” para señalar a continuación como la acción represiva de los paracaidistas favoreció la movilización de los argelinos y deslegitimó a sus fuerzas ante su propia opinión pública.28 Como ya apuntaba Hannah Arendt29 la policía rusa no fue ajena a la revolución rusa. 26 27 28 29

Le Borgne, Claude. La guerra ha muerto. Ediciones Ejército, Madrid, 1988, p. 225. Schmitt, Carl. “Teoría del partisano” en El concepto de lo político. Alianza Editorial, Madrid, 1991, p. 169. Hoffman, Bruce. Historia del terrorismo. Opus citada, pp. 92 y 93. Enzensberger, Hans Magnus. Política y delito. Seix Barral, Barcelona 1968., p. 291.

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No obstante, señala que “la democracia ha perdurado porque sus instituciones están diseñadas para manejar formas moralmente arriesgadas del poder coactivo” 30 y citando a Carl Schmitt añade que “soberano es aquel que decide la excepción”. Ignatieff31, mirando la validez y permanencia de los derechos, considera que las excepciones no destruyen la norma sino que la salvan, siempre que sean temporales y estén justificadas como último recurso. De esta manera pretende alcanzar un equilibrio entre libertad y necesidad, entre el principio puro y la prudencia. De esta manera Ignatieff mantuvo un tiempo una postura pretendidamente equilibrada que obligaba a elegir entre el “mal mayor” (el terrorismo) y una serie de medidas que califica como “males menores”, llegando a fundamentar (es verdad que con escrúpulos no exentos de notables contradicciones) limitaciones de determinados derechos, libertades y garantías propias del Estado de Derecho,32 la tortura (“el caso más difícil de la ética del mal menor”), el asesinato selectivo o la acción militar preventiva33. No obstante después se arrepentiría y rechazaría estas formulas al constatar el precio de tal opción. Y es que, una ficción sólo lo es cuando se considera real y, entonces, la reacción es siempre equívoca. Las medidas excepcionales deben ponderarse exquisitamente porque la mayor parte de las veces no son rentables y, desde luego, no se puede hacer de lo excepcional una norma habitual. Como prolongación de estos razonamientos la denominada guerra sucia resulta equívoca en una democracia cuya legitimidad está en el 30 31 32 33

IBIDEM, p. 27. Ignatieff, Michael. El mal menor. Opus citada, p. 9. Ignatieff, Michael. El mal menor. Opus citada. Rodríguez-Villasante y Prieto, José Luis. El derecho internacional humanitario como instrumento en la lucha contra los actos de terror. Documento de Trabajo del Departamento de Estrategia de la ESFAS, octubre 2008.

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consenso de la comunidad. Cosa distinta es una dictadura cuya fuente de legitimidad sólo radica en la eficacia. Por ello el fracaso de la guerra sucia en democracia obedece a tres razones. En primer lugar, pervierte la célebre ecuación de Clausewitz al suponer la subordinación de la política a la táctica; aun es más, en este envite no se resuelve el problema, porque el centro de gravedad del terrorismo no son las personas sino su discurso. La guerra sucia, sin opciones reales de resolver el problema, arriesga la principal baza del Estado, su legitimidad y el no reconocimiento de los terroristas como parte. El terrorista en tanto que delincuente es sujeto de la ley común; cualquier otra acción modifica su estatus y realimenta su discurso. Los excesos no pueden ser asumidos. Con ello y siguiendo la dialéctica clausewitzana se está igualando a las partes, sin conseguir nada a cambio y con menoscabo interno y externo del Estado. Piénsese en el precio político medido en términos de legitimidad e imagen que pueden suponer unas fotografías como las de Abú Graib en todos los escenarios (y no sólo en Irak) en que los EE.UU., en el presente y en el futuro, tenga desplegadas tropas, frente a las más que limitadas ventajas tácticas que como resultado de las prácticas realizadas hubieran podido obtenerse; esas fotos invitan a la cautela y la desconfianza, al margen de que la administración norteamericana no hubiese autorizado semejante proceder. Si parece que el terrorismo ha ganado la partida en muchas ocasiones, esto se debe mayormente al carácter tangencial de muchos de sus objetivos y a ciertos apriorismos, por lo demás no del todo válidos.34 El problema en no pocas ocasiones son las reacciones. La palabra terrorismo tiene orígenes estatales pues originalmente se encontraba asociada a un periodo revolucionario bajo la hegemonía de 34

Aron Raymond. Guerra y paz entre las naciones. Revista de Occidente, Madrid 1963, pp. 731 y ss.

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Robespierre y significado por el omnipotente Comité de Salud Pública; su nombre proviene de un discurso de aquel que unía virtud y terror: “la virtud sin la cual el terror sería funesto, el terror sin el cual la virtud sería impotente”, de este modo, la ideología —la virtud— queda indisolublemente asociada a los medios —el terror— en una peligrosa simbiosis que los equiparaba. La célebre Ley de Sospechosos35 de la época hacía de cualquier sospechoso un culpable por el mero hecho de serlo. Pero, en una democracia real, no puede existir “terrorismo de Estado”, porque el Estado no asume una violencia que rechaza y le contradice así mismo; si acaso, a lo más existe un “terrorismo de gobierno”, cuando alguna de sus instituciones desarrolla actividades asociadas al terror, que el Estado está obligado a combatir y cuya legitimidad solo reinstaura cuando destruye. Al final, cuando la emoción cede, no puede entenderse la secuencia lógica que ha conducido finalmente a la violencia. Es una repentina incomprensión de acciones que, un momento antes, parecían completamente lógicas y naturales, envueltas en dinámicas propias y autoreferentes; pero lo único que queda sobre la tierra es la realidad, los muertos.

35

“Artículo 1. Inmediatamente después de la publicación del presente decreto todos los sospechosos que se encuentren en el territorio de la República y que estén aún en libertad serán detenidos. 2. Se considerarán sospechosos: 1.º Los que por su conducta, por sus relaciones, por sus propósitos o sus escritos, se han mostrado partidarios de la tiranía o del federalismo y enemigos de la libertad; 2.º, los que no puedan justificar sus medios de existencia y el cumplimiento de sus deberes cívicos; 3.º, aquellos a los que se hubiera negado el certificado de ciudadanía; 4.º, los funcionarios públicos suspendidos o destituidos de sus funciones por la Convención nacional o por sus comisarios, y no rehabilitados; 5.º, los hasta ahora nobles, comprendidos los maridos, mujeres, padres, madres, hijos o hijas, hermanos o hermanas, y los administradores de emigrados, que no hayan manifestado constantemente su adhesión a la revolución; 6.º, los que han emigrado desde el 1 de julio de 1789, aunque hayan vuelto a Francia. […]”.

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Y sobre eso sí hay que responder, el resto, es pura sombra, ficción, emocionalidad que se desvanece superada por nuevas ideas, nuevos paradigmas. Pero los muertos, cuyas fotos en tonos sepia se multiplican en la red, condenan a quienes han sido sus victimarios no menos que a las ideas que han hecho que se derrame su sangre, son testigos eternos de la maldad de una idea. La violencia simbólica del terrorismo tiñe de sangre sus símbolos. Los fuertes, los grandes, no saben hacer guerras pequeñas ni siquiera cuentan con la paciencia precisa.36 Además, no están preparados para aplicar una metodología impropia, por más que el conflicto tienda a igualar a las partes, y no solamente porque sus sociedades no lo acepten, que también. En la guerra de Argelia: “Los paracaidistas siempre han insistido en que se les dio un trabajo que no era el suyo, un oficio de policía para el que nadie les había preparado, y que enfrentados al dilema ellos o nosotros eligieron lo obvio. El empleo de los llamados interrogatorios “muscle” es algo que nadie pone en duda. En Argel se empleó la tortura para conseguir información que permitiera terminar con la oleada de ataques terroristas. Los franceses insisten en que sus víctimas no fueron tratadas ni de lejos como lo habían sido los soldados franceses en manos del FLN, y es cierto, pero la crisis de conciencia provocada ocasionaría un terremoto político” 37.

Y es que los métodos adversarios no pueden ser asimilados por las democracias en nombre de la legitimidad, de la propia conservación o de la coherencia, en razón de la concepción de la libertad propia de ella.38 Los soldados los rechazan por ser contrarios a la nobleza de corazón. 36 37 38

González Martín, Andrés. La guerra asimétrica. X Curso de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Documento de Trabajo del Departamento de Estrategia, septiembre 2008. Pizarro Pizarro, José A. La guerra de Indochina punto de inflexión de la historia militar contemporánea. Opus citada, p. 432. De Pablo Pardo, Luís María Prologo al libro de Mao Tse Tung. La Guerra de Guerrillas. Editorial Huemul S.A. Buenos Aires 1966, p 19.

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Cabe concluir que el problema no es militar —este está resuelto de antemano, la clave no es ganar la guerra que está militarmente resuelta, sino ganar la paz—, ni siquiera de Seguridad (aunque el arresto de terroristas es un paso adelante, son estrategias de contención) sino principalmente político. Y la democracia debe ser la piedra angular del discurso propio. Es imperativo resistirse a los cantos de sirena de la guerra sucia voluntariamente encadenados al mástil del Estado de Derecho. Como dijera Schmitt: “ahora ya conocemos la ley secreta de este vocabulario y sabemos que hoy la guerra más terrible puede realizarse sólo en nombre de la paz, la opresión más terrible sólo se puede infligir en nombre de la libertad y la inhumanidad más abyecta sólo puede asumir el nombre de humanidad. Conocemos el pluralismo de la vida espiritual y sabemos que el centro de referencia de la existencia espiritual no puede ser un terreno neutral y que no es correcto resolver un problema político con la antítesis de lo mecánico y lo orgánico, de muerte y vida” y para concluir sostiene “ab integro nascitur ordo,” 39 el orden nace de lo integro.

4. La dimensión positiva y proactiva de la ëtica en la lucha contra el terrorismo. La ética es pauta y como tal debe impregnar todas las acciones que se desarrollen, máxime si se considera que el terrorismo la ha sacrificado para obtener réditos operativos y políticos. El terrorismo presupone un enfrentamiento de éticas, razón por la que la ética propia debe ser puesta en valor pues sobre ella se construye la legitimidad del Estado. Su superioridad le permite no dar acuse de recibo a quien actúa ilegítimamente; de hacerlo, se le está reconociendo. Por eso, tratar de hacer prospectiva sobre lo que debería ser la postura frente al terrorismo es asumir ya una parte de su discurso,

39

Schmitt, Carl. El concepto de lo político. Opus citada, p. 90.

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esto es, que existe un conflicto, y legitimarles como uno de sus representantes, con lo que, como se apuntaba, se corre en riesgo de, en palabras de Mao, “conducir a los peces allí donde hay más agua” 40. Una postura es un concepto estático que no se puede pretender aplicar a un fenómeno diverso y dinámico por lo que, siguiendo el pensamiento de Shinmen Musashi41, quizá lo que conviniera adoptar es “la actitud de la no-actitud ”42 con la que se responde proporcionalmente en cada caso siguiendo de un modo reflejo los principios axiológicos que han permitido la conformación doctrinal de la democracia y que, como el agua que se amolda a todo, son adaptados a cada situación pero sin variar su esencia: “vencer es fácil, ser vencido es fácil. No vencer ni ser vencido; he ahí el verdadero camino”43. A su vez la ética, dentro de una doble dimensión “interior-exterior”, debe servir para reforzar al conjunto de la sociedad e incrementar su cohesión y fe en sí misma incrementando su resistencia en la adversidad; como sostenía Clausewitz “lo material es el asta, pero lo moral es la cuidadosamente afilada hoja de la lanza”. Y la moral se asienta sobre la confianza, la legitimidad y la justicia de la causa propia, elementos pues a proteger de las dinámicas terroristas que pretende destruir la sociedad desde dentro potenciando sus fracturas y promoviendo su desintegración moral. En no pocas ocasiones, el vencedor en este tipo de contiendas es quien “supo resistir más tiempo, soportar más bajas y mantener su fe en la victoria” 44.

40 41 42 43 44

Mao Tse Tung La Guerra de Guerrillas. Opus citada, p 76. Musashi, Miyamoto. El Libro de los Cinco Anillos. Miraguano S.A. Ediciones, Madrid 2004, p. 111. Ibidem, p. 51. Ibidem. Pizarro Pizarro, José A. La guerra de Indochina punto de inflexión de la historia militar contemporánea. Opus citada, p. 465.

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El terrorismo plantea su batalla en términos emocionales, en los que ni la verdad ni la racionalidad constituyen más que hitos o instrumentos, sólo importantes por su impacto psicológico. Pero el Estado no puede permitirse algo que en el largo plazo —y los Estados tienen vocación de eternidad— puede resultar contraproducente. La violencia no es inútil, como de común se afirma, pero incorpora para el que la emplea severos peajes de los que no se debe dispensar a los terroristas. La extrema violencia permite sofocar el terrorismo, pero como Hannah Arendt señala “como la finalidad de la acción humana…nunca puede ser fiablemente prevista, los medios utilizados para lograr objetivos políticos son, más a menudo que lo contrario, de importancia mayor para el mundo futuro que los objetivos propuestos” 45.

Enfrentar el terrorismo es una tarea extraordinariamente compleja. En palabras de T.E. Lawrence “hacer la guerra contra los insurgentes es tan caótico y lento como comer sopa con un cuchillo”.46 Para ello, a nivel estratégico y político, es imprescindible un discurso que alinee objetivos y acciones. No tenerlo supone el desencaje de los planos táctico, operacional y político. No caben estrategias reactivas (es una contradictio in terminis); deben formar parte de una cuerda más amplia que incluya lo ético, operacional y lo político. El eje de la respuesta debe ser la propia narrativa. Es imprescindible repetirla como sí de un mantra se tratara. Esta debe actuar como aglutinante del grupo social propio para que recupere su estimación y orgullo; sin este elemento no cabe una victoria que es también materia emocional y de percepción. Como sostiene Stefan Zweig “no cierne su vuelo Nike sobre una cerviz humillada.” Es imprescindible proteger a la propia sociedad, evitar el colapso de la esperanza. 45 46

Arendt Hannah. Crisis de la República. Taurus, Madrid 1973, p. 148. Lawrence, T.E. Los siete pilares de la sabiduría. Opus citada, p. 154 esta frase da título a la obra de Nagl, John A. Eating soap with a knife. University Press 2005, p XII.

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Este discurso propio no precisa ser confrontado como pretenden los terroristas. Debe ser un discurso mejor, una narrativa inclusiva, una oferta que asuma la narrativa de los otros, la supere y disuelva sus demandas. La democracia es clave pues tal es su función. Acabar con la violencia es un primer paso; pero es imprescindible terminar con la narrativa terrorista, neutralizar sus símbolos movilizadores, liquidar la violencia estructural; hacer que asuman su absurdo para que no puedan en el futuro recabar la sangre, desde el olvido del hecho humano y de la dignidad personal, como legitimidad fundacional. Sin narrativa la violencia se transforma en un fenómeno irracional y ditirámbico. Para ello conviene considerar lo que un personaje como Hitler afirmaba. “los partidos políticos se prestan a compromisos; las concepciones ideológicas jamás”47 La razón es sencilla: Sí una ideología hace concesiones se desmonta, se desarticulan las líneas de pensamiento que sostiene, pierde su conexión con la razón y desarbola el imaginario deseado, perdiendo su ficticia coherencia narrativa. La solución, pues, pasa por una pedagogía mediática que obligue a tomar en consideración lo que sistemáticamente excluyen dejando en evidencia las inconsecuencias del constructo terrorista, sus saltos argumentales y su falta de propuestas; presentar a las víctimas como seres humanos, devolviendo el dolor al espacio social que lo produce, contrasocializando el dolor. Y es que es imperativo tomar en consideración a las víctimas, poner en valor su dimensión humana. Dignificarlas, restituirlas en su humanidad extraerlas de su desamparo y exclusión. Las víctimas condenan a los falsos jueces y a los injustos verdugos. Su sangre, su dignidad arrebatada, clama desde lo hondo.

47

Grundy, Kenneth W. Las ideologías de la violencia., Ed.Tecnos, 1976, p. 58.

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5.

Conclusiones

El elemento decisivo en toda confrontación es la voluntad. Se está derrotado cuando así se acepta y nunca antes. Vencer es convencer sobre la inutilidad de la lucha. Surge la duda, ¿Qué debería hacerse cuando el enemigo que debiera rendirse no lo hace? Convencerle; vencer con él. El campo de batalla coincide con su objetivo: la población. En el siglo XXI la palabra paz es un tótem ante el que es preciso transitar e incluso prosternarse, cuando realmente tiene un significado muy impreciso, vacio, que conviene rellenar para que signifique algo. Una guerra no deja de ser un enfrentamiento entre dos ideas diferentes de paz. Aun diría más, la paz se ha transformado en objeto de confrontación porque el que se adueñe de la palabra asociándola a su proyecto político alcanza la victoria. Así Glucksmann decía que “un conquistador es un amigo de la paz”48 porque pasa de una actitud activa a otra reactiva y, a fin de cuentas, la paz que propone no es otra cosa que la consolidación de su victoria. Guerra y paz son, parafraseando a Clausewitz dos instrumentos de la política entre los que existe una contradicción dialéctica, no hay guerra sin paz ni viceversa. El fin político de toda guerra es la paz. Sí la guerra es una actividad del espíritu, la paz lo es de la razón. En los conflictos del siglo XXI, la sustitución de la victoria por la paz es prueba de la pérdida de autonomía de la guerra. La guerra es complementaria y no opuesta a la paz que aúna medio y fin. La paz pertenece a la política mientras la victoria implica el logro de los objetivos militares. No hay una exacta correlación entre victoria y paz (bien lo recuerda la guerra de Argelia) aunque la parte vencedora siempre trate de construir la paz desde su victoria, lo que 48

Glucksmann, André. “El Discurso de la guerra.” Editorial Anagrama 1968, p. 18.

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por otra parte, puede convertir a la paz en una continuación de la guerra por otros medios. La diferenciación entre victoria, el acto militar y la paz, el acto político, es imprescindible. Otro tanto sucede con la justicia que, contra el dictado de Kant, la experiencia muestra que, al igual que la verdad, queda subordinada al vencedor y, por tanto, a la política; la legitimidad de la paz, su marco, es la justicia. Y la justicia pasa por la reconciliación, pero también por la condena de las ideologías y de los principales responsables de los crímenes. La democracia en cuanto que sistemas de articulación de conflictos trata de absorber la frustración política experimentada por una parte de su población que, en la búsqueda del bien general, se ve forzada a ceder en sus legítimas aspiraciones individuales. Para ello deben establecerse cauces para la expresión del descontento sin necesidad del recurso a la violencia superando la correlación existente entre frustración y agresión49. La contradicción que encarna el terrorismo está en que recaba para sí una legitimidad que la movilización popular no le concede y que se demuestra en que su situación de debilidad —con la que justifica el no obrar conforme a derecho— se prolonga en algunos casos, como el de ETA en España, pese a haber dispuesto de asociaciones civiles, partidos políticos y hasta de representación parlamentaria, sin dejar por ello de ser un mero grupo marginal dentro de una democracia. La comunidad internacional es la que valida y legitima el carácter democrático de los regímenes políticos. Su refrendo es de gran fuerza frente a las reclamaciones terroristas. El terrorismo es ficción. El poder del Estado no. Su respuesta debe articularse sobre la verdad, sobre el ejemplo, sobre una actitud 49

Robles et al. Los orígenes del terror. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid 2004, pp. 18 y 19.

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ejemplar. Además, también debe ser asimétrica y producirse en un plano distinto de aquel en que se desarrolla el ataque; no se acepta el plano del envite. Actuaciones que se desarrollan preferentemente en el plano de la violencia, pueden tener como mejor contestación en la pedagogía. Y es que la pedagogía es un elemento capital para este propósito, pues no se puede pretender aniquilar a todos los combatientes ni a quienes los apoyan. Una pedagogía asentada sobre los hechos pero que también trata de corregir el enfoque, la construcción ideológica, mostrar los saltos argumentales, las imágenes y las palabras que la hacen posible para probar su carácter falaz y poder dar inicio a su reconstrucción en la dirección deseada Evaluar democráticamente las demandas terroristas y respetar las reglas sin otra respuesta que la legalmente prevista, no contestar a la provocación, escapar a la lógica de acción-reacción, puede ser esforzado, pero también es no seguirles el juego e incorporarles directamente a la delincuencia. Sin considerar a los terroristas se pierde pero al final se gana. Se trata, en suma, de desmontar el discurso, de acabar con una narración, que sin constituirse en la causa primera, se erige en un elemento clave de movilización y vertebración de la violencia. Se pretende impugnar el discurso de impugnación por la vía de los hechos, para una vez desarticulada la violencia, poder acabar con ella. Se ataca así el centro de referencia, el eje sobre el que gravita el conjunto del monólogo, el metarrelato justificativo, propiciando cuanto menos una nueva relectura o una reconsideración que entraña en sí misma su cuestionamiento. No se enfrenta al terrorismo, no se baja a su mismo plano, hay que ser más ambiciosos, hay que superarlo con una propuesta mejor. Nadie puede ocultar una ciudad iluminada en lo alto de una montaña, a no ser que, engañados, sean sus propios ciudadanos los que apaguen sus luces. Como reza el dictu – 388 –


La ética en la lucha contra los grupos terroristas

“No te exasperes a causa de los malos, ni envidies a los que cometen injusticias, porque pronto se secarán como el pasto y se marchitarán como la hierba verde… practica el bien; habita en la tierra y vive tranquilo… no te exasperes por el hombre que triunfa, ni por el que se vale de la astucia para derribar al pobre y al humilde. Domina tu enojo, reprime tu ira; no te exasperes, no sea que obres mal… Yo fui joven, ahora soy viejo, y nunca vi a un justo abandonado, ni a sus hijos mendigando el pan;… Yo vi a un impío lleno de arrogancia, que florecía como un cedro frondoso; pasé otra vez, y ya no estaba, lo busqué, y no se lo pudo encontrar… Guarda la integridad y practica el derecho, pues hay porvenir para el hombre pacífico.” 50

Bibliografia Arendt Hannah. Crisis de la República. Taurus, Madrid 1973, p. 148. Aron Raymond. Guerra y paz entre las naciones. Revista de Occidente, Madrid 1963. Pensar la guerra, Clausewitz. T. II. Ministerio de Defensa, Madrid 1993. D´Ors, Álvaro. De la guerra y de la paz. Editorial Rialp, Madrid 1954. De Pablo Pardo, Luís María Prologo al libro de Mao Tse Tung. La Guerra de Guerrillas. Editorial Huemul S.A. Buenos Aires 1966. Díaz de Villegas. La guerra revolucionaria. Ediciones Europa, Madrid 1963. Enzensberger, Hans Magnus. Política y delito. Seix Barral, Barcelona 1968. Glucksmann, André. “El Discurso de la guerra.” Editorial Anagrama 1968.

50 Salmos 37 – 389 –


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González Martín, Andrés. La guerra asimétrica. X Curso de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Documento de Trabajo del Departamento de Estrategia, septiembre 2008 Grasa, Rafael. Introducción al libro de Walzer, Michael. Guerra, política y moral. Ediciones Paidos, Barcelona 2001. Grundy, Kenneth W. Las ideologías de la violencia., Ed.Tecnos, 1976. Hitler, Adolf. Mi lucha. Ediciones Bausp, Badalona 1974. Hoffman, Bruce. Historia del terrorismo. Espasa Calpe 1999. Ignatieff, Michael. El mal menor. Editorial Taurus, Madrid 2005. Khader, Bichara. “Terrorismo islamista localizado Terrorismo islamista globalizado. Un ensayo de definición” en VV. AA. Afrontar el terrorismo. Gobierno de Aragón 2006. Joas, Hans. Guerra y modernidad. Ediciones Paidos Ibérica S.A., Barcelona 2005. Jordán, Javier y Calvo, José Luís. El nuevo rostro de la guerra. Ediciones Universidad de Navarra, Barañaín 2005. Juaristi, Jon. El bucle melancólico. Espasa, 1998. Laqueur, Walter. Terrorismo. Editorial Espasa-Calpe, Madrid 1980. Lawrence, T.E. Los siete pilares de la sabiduría. Editorial Óptima, Barcelona 2000. Le Borgne, Claude. La guerra ha muerto. Ediciones Ejército, Madrid, 1988. Musashi, Miyamoto. El Libro de los Cinco Anillos. Miraguano S.A. Ediciones, Madrid 2004. Pastor Verdú, Jaime. La evolución del marxismo ante la guerra y la paz. Editorial de la Universidad Complutense de Madrid 1989. – 390 –


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Academia de Defensa de Alemania –Alemania–

Matthias Gillner Ph. D.


Responsabilidad Moral,

Reflexiones críticas acerca de

la ética profesional de oficiales desde la perspectiva alemana Matthias Gillner Ph. D.

Frecuentemente, la llamada a la responsabilidad moral solamente se percibe en tiempos con cambios intensivos. Cambios políticos en los estados del pacto de Varsovia hicieron romper un sistema internacional que perduró durante 40 años y que logró estructurar el mundo casi integralmente en el paradigma de “Este-Oeste”. Un orden mundial con una estabilidad similar, ojalá con menos armas (Oeste-Este) y que cause menos miseria masiva (Norte-Sur), aún no está a la vista. La expectativa general en cuanto a una época donde los pueblos se reconcilien o, al menos, una época menos violenta, no se cumplió. Aunque el número de los conflictos violentos internacionales haya disminuido de forma continua en los últimos 20 años, por el otro lado, la proporción en conflictos violentos políticos dentro de un Estado se duplicó. En consideración del aumento de los conflictos del tipo de una guerra civil y de actos violentos terroristas, también la política de paz y seguridad de Alemania (integrada dentro de la comunidad europea-atlántica) tuvo que reorientarse y modificar las órdenes del

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Academia de Defensa de Alemania

ejército nacional alemán. Pero de acuerdo al libro blanco de 20061 la defensa tradicional del territorio del Estado en el marco de la Alianza del Norte del Atlántico aún tiene prioridad. Pero se adicionan misiones de paz internacionales para la solución de crisis y conflictos, misiones de observación y misiones humanitarias por fuera de las fronteras del país. Con esta expansión del espectro de labores del ejército federal alemán —también garantizada por el derecho constitucional2— también se debe transformar el perfil laboral de requerimientos y la auto imagen del soldado. En esta discusión sobre una profesionalidad expandida del soldado, en especial del oficial, también aumentan las voces de aquellos que no sólo exigen la mejora de la habilidad física de rendimiento o un aumento de las habilidades del oficio, sino también un regreso a los fundamentos de la ética profesional. Pero sólo rara vez estos llamados, frecuentemente bien intencionados, nacen de un conocimiento 1

2

El libro blanco es una publicación del Ministerio Federal Alemán de Defensa que describe la situación de la política de seguridad de Alemania y de sus aliados para los próximos años y de ésta saca conclusiones en cuanto a las tareas del ejército federal alemán y de la fuerza de personal de éste, su equipamiento y su capacitación. El último libro blanco se expidió y se publicó el 24 de octubre de 2006 por el gabinete según el acuerdo entre los partidos gubernamentales CDU y SD de la gran coalición bajo Angela Merkel. El Segundo Senado del Juzgado Federal del Derecho Constitucional en su sentencia del 12 de julio de 1994 aclaró la conformidad con la constitución, sobre todo del artículo 24 párrafo 2 GG, tanto en cuanto a la pertenencia a “Sistemas de seguridad colectiva recíproca” como a las tareas que se relacionan con ésta. En el primer axioma se dice: “La autorización del artículo 24 párrafo 2 GG le autoriza a la Federación no sólo la entrada en un sistema de seguridad colectiva recíproca y la autorización de la correspondiente limitación de sus derechos de soberanía. Sino que además también ofrece la base del derecho constitucional para la asunción de las labores típicas relacionadas con la pertenencia a un sistema de tales características y, con esto, también para la utilización del ejército federal alemán para misiones que se realizan en el marco de este sistema y de acuerdo con las reglas de éste.

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adecuado de lo que ellos exigen tan patéticamente. Ocasionalmente, el significado de ética hasta es deformado de manera caricaturesca, cuando el llamado a un “aumento de la moral de la tropa”, es identificada con un “aumento de la motivación” o un “aumento del deseo de entrada en acción”. Por lo general, tales discursos se basan en una difusa o, por lo menos, reducida comprensión de la ética, como se evidencia en las referencias, por lo general, vagas a “actitudes de acuerdo a los valores”, “uniones espirituales-éticas” y “virtudes de soldado”. Porque una visión íntegra no recurriría a valores y virtudes sino a la habilidad de evaluación moral. Considerado esto, en este ensayo también quiero dirigir la mirada hacia la responsabilidad moral del soldado y, en especial, del oficial de forma integral. Primero, se hará una reflexión sobre la competencia moral, es decir, el criterio moral y la voluntad moral. Después quiero trazar el área por la cual el oficial debe asumir responsabilidad. Y finalmente, voy a desarrollar un compás moral con el cual el oficial debe orientarse en su actuar militar.

1.

Competencia moral

La competencia moral se orienta en el reconocimiento recíproco y la justicia interpersonal. Ella es necesaria siempre y cuando se deben reglamentar conflictos de actuación que surgen de intereses contrarios. Aquí se trata de la fundamentación y la aplicación de normas que establecen derechos y obligaciones recíprocos. La competencia moral se caracteriza por el hecho de primero percibir los intereses legítimos de otras situaciones correspondientes, para después evaluar las posibles alternativas de acción según la medida de la imparcialidad y finalmente por el poder representar la decisión de forma argumentativa frente a todos los implicados. 3 3

Con la determinación de la competencia moral distingo una competencia ética existencial, que se refiere a la pregunta personal “de una buena

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1.1. Juicio moral En el centro de la competencia moral se encuentra el juicio, la respuesta a la pregunta en cuanto a cuál decisión de acción es la adecuada desde la perspectiva del sujeto —en nuestro caso del soldado— en una determinada situación de conflicto moral y por cuáles razones. Dentro de la moral se hace la diferencia entre un principio moral fundamental (p.ej. el principio de Schopenhauer “No lastimes a nadie y ayuda a todos tanto como puedas”4), una norma general o regla con alcance limitado (p. ej. los fundamentos de la discriminación y de la proporcionalidad en un conflicto militar) y un juicio singular, la transformación de una regla en una situación de acción concreta (p.ej. la valoración del uso de bombas de fragmentación en un conflicto militar concreto como algo no discriminatorio). La formación de una competencia de este tipo, la habilidad de juicio moral, no se pueden desestimar; ella no es “un asunto de poca

4

vida” - “¿quién quiero ser?” y “¿qué es bueno para mí?” – y la respuesta individual de la felicidad cumplida y del sentido logrado. Ella aclara la auto comprensión e indica quién es uno y quién uno quiere ser, cómo uno se ve a sí mismo y hacia qué dirección uno traza su destino. Y ella se caracteriza por una autodeterminación reflexiva, por una forma consciente de llevar la vida, por una vida auténtica que se mantiene en firme ante la propia consciencia. En esta diferenciación no se trata de una división estricta —porque: La moral siempre debe ser pensada como parte íntegra de cada “buena vida”— sino solamente de una diferenciación metodológica. Ella sigue las reflexiones filosóficas sobre la moral de Jürgen Habermas (1991), él cual, dependiendo de la relación entre la acción y el tipo de decisión, habla de un uso pragmático, ético y moral del sentido común práctico. Compare aquí también mis explicaciones sobre “el sentido común práctico y la profesionalidad militar” 2002. Neminem laede et omnes, quantus potes, iuva!“ Schopenhauer 1977.

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importancia5 porque el juicio no puede simplemente derivarse de una regla; no sólo significa la “subsunción de lo especial bajo lo general”.6 Al juicio también pertenece el reconocimiento empírico del contexto de la situación a la cual deben aplicarse las normas. El que realiza juicios morales debe poder mostrar cuál de las normas que ya se han preestablecido como válidas en un caso dado, es la más aplicable a la luz de todas las características de la situación que fueron registradas lo más completamente posible.7 Aplicado a las fuerzas armadas del ejército federal alemán en misión militar, esto significa: para poder reaccionar de forma sensata en situaciones de conflicto, para el soldado el conocimiento de las reglas de acción no es lo suficiente. Aunque es verdad que las reglas de combate (ROE), o sea, las instrucciones a las fuerzas de combate en misiones, las cuales limitan y regulan la aplicación de fuerza militar / medidas de coacción, determinando los requisitos de ataque y las opciones de misión – de acuerdo a las reglas operativas, políticas y legales -, en principio, son “instrumentos adecuados para dirigir el uso de la fuerza armada por las fuerzas de combate por parte de la dirección política de forma efectiva”8, pero éstas [ROE] tienen que poder ser aplicadas de forma competente por los comandantes.

5 6 7

8

Muy instructivo para la problemática de transmisión de principios y de los problemas de una determinada situación: Ebeling 2006. Bayertz 1991: 13. Ottfried Höffe señala que aunque es verdad que la acción moral concreta surge de la interacción de partes no empíricas y empíricas, la moralidad en sí misma no lo hace. Ella se encuentra “exclusivamente en este momento específico de la determinación de la voluntad que es independiente de la experiencia”, de tal forma que —como diría Kant— la inclinación no puede triunfar sobre la obligación. Es decir, la experiencia puede “mediar entre el caso individual y la regla, pero “la regla, más exactamente: la razón de actuar subjetivo no puede definir la máxima”. Höffe 1990: 544f. Birkner 1999: 111.

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También la tarjeta de bolsillo nacional, la versión corta de las ROE para el soldado raso, con las reglas básicas más importantes en cuanto a la autoprotección, la defensa propia y el socorro, para la instalación de áreas protegidas y para el uso de la fuerza militar sin el uso de armas de fuego, para la aplicación del uso de armas de fuego y de medios de combate sin y con procedimiento de llamada, además de las reglas para la ejecución de la orden,9 sin duda aumenta la seguridad de comportamiento, pero de ninguna manera reemplaza la habilidad de realizar juicios morales. Porque el conocimiento de una regla de acción aún no resulta en una aplicación de acorde a la situación. De esta forma, el soldado tiene el derecho a una acción hostil preventiva (hostile intent). Él puede no sólo aplicar fuerza para defender un ataque ocurrido, sino también puede usar fuerza militar para prevenir un ataque inminente (inminent attack). Pero la evaluación de la situación como una amenaza evidente, actual y seria, siempre sigue siendo un acto subjetivo del soldado. Y, sobre todo, siempre y cuando conflictos regulares o normales requieren de interpretaciones individuales de la situación, será indispensable que el juicio moral del soldado mismo sea tomado en cuenta. De esta manera, el derecho a la autodefensa asegurado de acuerdo con las reglas de acción, puede colisionar con la prohibición natural de matar a inocentes. Por ejemplo, en Mayo de 2000, un contingente de los cascos azules de Sambia, cayó inmediatamente después de su llegada al lugar de acción en el norte de Sierra Leone en una emboscada creada por el “Revolutionary United Front” (RUF). Los ROE de la misión de las Naciones Unidas UNAMSIL autorizaron a los soldados de Sambia el uso de fuerza proporcional para defender el ataque contra ellos mismos. Pero los rebeles se mantenían dentro de la población civil y abusaron de ella como escudos humanos. El uso del derecho a la autodefensa hubiera significado la muerte de nume9

Compare Weber 2001: 78.

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rosas/os mujeres, hombres y niños inocentes para la protección de los cuales los soldados habían sido enviados en el área del conflicto. Para evitar un baño de sangre dentro de la población civil, los cascos azules de Sambia renunciaron a su derecho y se dejaron desarmar por los rebeldes. Después de varios días de cautiverio finalmente fueron liberados en Monrovia (Liberia).10 La responsabilidad moral no se deja delegar. Los juicios que se toman en tales situaciones de conflicto deben poder ser justificados por parte del soldado, es decir, en principio, deben poder ser sostenidos con buenas razones frente a todos los implicados. Pero esto solamente se logra siempre y cuando se asume un punto de vista imparcial. Pero un punto de vista imparcial solamente puede adquirirse mediante un “ejercicio de estiramiento” (Günter Anders) exigente, poniéndose en los zapatos de todos aquellos que son afectados por las consecuencias de la acción problemática. Para esto se requiere de empatía, o sea, tanto de la habilidad cognitiva de pensar como los afectados como la disposición emocional de comprender los sentimientos de las personas afectadas y de sentir lástima y compasión al ver su apuro. Entre mejor un soldado pueda pensar y sentir como el otro, más probable es que se tomará una decisión conforme a la moral. En vista de la tropa de intervención bajo la habilidad de realizar juicios morales, en resumen, quiero denotar dos habilidades fundamentales que el soldado y, sobre todo, el oficial debe tener: Conocimiento de las reglas y competencia de percepción. Al comienzo de una decisión justificada en el caso de un conflicto, primero, más que las normas o reglas, están la percepción de la situación y la percepción de aquellos que son afectados por ella. El soldado debe poseer una disposición emocional y la capacidad cognitiva para adentrarse e identificarse con las personas de su lugar de acción en el mundo de normas y valores de aquellas: y eso mediante la empatía. De cierta manera, la empatía 10

Compare la descripción de este suceso donde Eisele 2000.

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asume la función de un puente entre el mundo vital del soldado y el mundo de la población afectada, ella permite la asunción del punto de vista del otro y, con esto, la consideración de los intereses de los afectados en la propia evaluación del conflicto.

1.2. Voluntad moral Pero la convicción socrática de que desde un juicio correcto automáticamente surja una acción correcta, que “la razón en sí crea la fuerza de motivación”, ya no es sostenible según las cogniciones de la investigación empírica de la moral. La comprensión de las razones de validez (justificación universal) no es un motivo moral suficiente. “What is right?” y “Why do right?”, la capacidad de hacer juicios, la motivación y la disposición para actuar “deben considerarse como variables analítica- y empíricamente independientes.”11 Lo constitutivo para la creación de la voluntad es la auto asunción de valores y convicciones. Solamente esa asunción permite tomar una posición ante los propios impulsos, necesidades e inclinaciones: identificarse con algunos y distanciarse de otros. Solamente mediante la asunción de valores el ser humano se convierte en una personalidad autónoma. Los valores morales pueden ser diferenciados de otros valores – religiosos, estéticos, intelectuales-. Podemos reconocer la diferencia mediante las diferentes reacciones emocionales a faltas. Las infracciones contra valores morales llevan a la indignación (justicia) o la decepción (misericordia), la infracción contra otros valores llevan a la crítica (intelectual) o la pena (religioso).12 La auto- obligación como la auto- asunción de valores morales constituye la voluntad moral la 11 12

La independencia de juicio moral y motivación moral fue descubierta por la investigación moral empírica mediante las acciones de niños. Compare Nunner-Winkel 1999: 317ff. Ernst Tugendhat (1993) llama la atención a estas reacciones diferenciables a las infracciones.

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cual, mediante las virtudes, se mantiene estable y, por decirlo así, es la que perdura. El soldado en misión, además del poder de hacer juicios, también debe poseer virtudes para realizar sus labores de forma imparcial. A estas pertenecen en primer lugar las virtudes de ejecución, porque corresponden a los medios para la ejecución de la acción intencionada. De estas forman parte el poder de tomar decisiones, la persistencia, el esmero y la precisión pero, sobre todo, el valor y la disciplina. Antes de todo en acciones de las Naciones Unidas en las cuales la misión no puede realizarse con armas y, a veces, ni siquiera puede amenazarse con el uso de éstas, se requiere un gran autocontrol por parte del soldado. Los ejemplos contrarios de personas sin disciplina que huyen de fusilamientos y ya no constituyen ningún riesgo pueden ser minimizados mediante el fortalecimiento de estas virtudes. Pero la expansión del espectro de tareas también exige la presencia de otras virtudes las cuales, por lo general, no son consideradas como dadas sino como meritorias: las llamadas virtudes sociales. Mientras que las virtudes de la justicia pretenden ayudar a evitar la lesión de otros, las virtudes sociales pretenden ayudar a vencer la indiferencia y la despreocupación frente a otros. Por ejemplo, para la acción específica del soldado p.ej. en una misión de paz o en medidas humanitarias para la disminución de condiciones de miseria, las virtudes de la justicia no alcanzan por sí solas. Se requiere específicamente de las virtudes sociales tales como la solidaridad con los oprimidos, la empatía para con los que sufren, la disposición de ayuda frente a los necesitados, la asistencia a los débiles y la compasión frente a los dolientes, para que estas misiones militares, con el fin de mantener la paz, no permanezcan sin efecto.

2. Área de la responsabilidad moral Después de un esbozo general de la competencia moral, ahora también debe establecerse el área en la cual el soldado y, en especial, – 403 –


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el oficial deben asumir responsabilidad. Debido a los distintos requerimientos y a la correspondiente diferenciación de roles en las diversas “misiones”, se hace sobre todo énfasis en los requisitos morales en las misiones. Pero no se debe olvidar la responsabilidad de las acciones militares. Aquí, antes de todo, se hace un llamado al oficial tanto como ciudadano responsable, como también estratega militar.

2.1. Responsabilidad moral en la acción militar En Alemania, actualmente, la atención pública se centra en el compromiso militar del ejército federal alemán en Afganistán. Pero el verdadero espectro de las acciones militares es mucho más amplio. Estas acciones van desde la misión de supervisión de las Naciones Unidas en el Sudan (UNMIS)13 o la misión de consejería y apoyo en el marco de la reforma del sector de seguridad en la DR Congo (EUSEC RD Congo)14, pasando por el combate de la piratería delante de la

13

14

La misión de las Naciones Unidas en el Sudan (UNMIS) fue decidida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 24 de marzo de 2005 (Resolución 1590) y sirve, sobre todo, para el aseguramiento del acuerdo de paz entre el gobierno de Sudan y del movimiento de liberación del pueblo del sur de Sudan SPLM/A. El ejército federal alemán forma parte de esta misión con hasta 75 observadores militares desarmados (Decisión del 22 de abril de 2005). Más allá de esto, el ejército federal alemán también participa en la tropa de paz conformada por las Naciones Unidas y la Unión Africana UNAMID (United Nations – African Union Mission in Darfur), la cual fue autorizada por el Consejo de Seguridad el 21 de julio de 2007 (Resolución 1769 – prórroga hasta el 15 de agosto de 2010 mediante la resolución 1828), para proteger a la población civil de la región de Darfur. En el primer plano de la misión europea de consejería en el marco de la reforma del sector de seguridad de Congo EUSEC RD Congo (European Union security sector reform mission in the Democratic Republic of the Congo) se encuentra la ayuda para la reestructuración y la reconstrucción del ejercito del Congo, además del apoyo de la integración política de diferentes grupos regionales.

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costa de Somalia (ATALANTA)15 hasta las misiones de estabilización en el Balkan (KFOR16) y en Afganistán (ISAF)17. Para esto, el oficial en el servicio del estado mayor general y de almirante no sólo requiere de las habilidades estratégicas y operativas de un especialista en la aplicación del poder, sino también de las cualidades factuales de un diplomático: habilidad negociadora, fuerza argumentativa, empatía, tacto, disposición a transigir y las habilidades para crear confianza. Cuando ninguna de las instituciones estatales funciona ya, hasta tienen que asumirse tareas que se igualan a las de una institución técnica-civil de ayuda, de la tropa de policía internacional o hasta de la gestión administrativa. Esto no solo requiere de una extensión adicional del perfil de habilidades sino también de una gran diferenciación de la comprensión militar de roles: ayudante y mediador, consejero y estratega. El ideal único del luchador ya no sirve, las ideas de “la lucha como grapa de la autognosis del soldado” tienen que ser rechazadas como totalmente inadecuadas, aún cuando las misiones de estabilización bajo condiciones de la lucha contra sublevaciones —como actualmente en la provincia de Kundus— sirven como una 15

16

17

La operación de la marina de Atalanta es una misión multinacional de las Naciones Unidas y sirve para la protección de envíos de ayuda humanitaria a Somalia y la libre navegación en el golfo de Aden. Aquí el 2 de junio de 2008, la autorización para los buques de guerra en alta mar de todos los estados para apresar un barco pirata o un barco tomado como botín mediante piratería o uno que se encuentre en poder de piratas, fue expandida hacia las aguas costeras de Somalia por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Resolución 1816). En base a la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del 10 de junio de 1999, el grupo de seguridad NATO Kosovo Force (KFOR) regula y supervisa el desarrollo de las estructuras de seguridad en Kosovo. En base a un mandato de las Naciones Unidas (Resolución 1386 del 20 de diciembre de 2011) bajo dirección de la NATO, la International Security Assistance Force (ISAF) apoya al gobierno electo de Afganistán en el establecimiento y el mantenimiento de la seguridad interna.

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gran tentación para tales reducciones restaurativas. Pero sobre todo, justamente en el caso de la imposición de la meta política del fortalecimiento y la consolidación de estructuras estatales básicas, 18 las cuales contienen labores militares, policíacas y civiles, la flexibilidad de la comprensión de roles se evidencia como muy útil. La responsabilidad en la misión comprende un ámbito de aplicación interno y otro externo.19 Dentro de la jerarquía militar ésta se dirige de forma doble. Hacia arriba el oficial finalmente se encuentra responsable frente al ministro de defensa, al parlamento y a los ciudadanos de su país. Él debe coordinar los planes estratégicos y las consideraciones operativas con las metas políticas, no concentrarse en su propia carrera, sino mantener el éxito del todo a la vista. Hacia abajo él es responsable de la vida del soldado que se encuentra 18

19

Donde el público en general el término de “guerra” se utiliza indiferenciadamente como contendor para todas las acciones violentas militares. Por el otro lado, en el uso de la lengua anglosajona se hace una diferencia entre War y Military Operations Other Than War (MOOTW), una diferenciación que, desde el punto de vista de la ejecución de la fuerza, puede mostrar buenas razones. Mientras que la guerra es la forma clásica de la ejecución de la fuerza militar, la cual solamente es limitada por el derecho internacional humanitario y se mide por victoria y derrota, detrás de MOOTW siempre se encuentra la voluntad política de crear un orden y/o de asegurarlo. Aquí, en gran parte, no se levantan las limitaciones a las acciones de fuerza, sino que se limitan mediante estrechas Rules of Engagement (ROE). La fuerza militar en estas misiones ya no sirve para alcanzar la victoria sino ésta se usa para la defensa contra peligros y para la creación de seguridad sectorial. Técnicamente denominada como “Konstabulisierung” (Haltiner), esta forma de la fuerza militar corresponde más al carácter de una fuerza policíaca y por esto también es determinada por la lógica de ésta. Y las misiones del ejército federal alemán desde el fin del conflicto Este-Oeste corresponden mayoritariamente a la categoría MOOTW – y esto no cambiará en el futuro cercano. Compare Franke/ Gillner/Keller 2009. Sobre el término “Konstabulisierung” compare también Haltiner 22006. Vgl. Walzer 2003: 52ff.

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subordinado a él. El tiene la obligación de no poner en juego irresponsablemente la salud de los subordinados, sino de hacer todo lo posible para mantener los riesgos lo más bajos posible. Como sujeto moral también es responsable hacia afuera – frente a todos los humanos, cuyas vidas se encuentran afectadas por sus acciones o su omisión. Esto también ya aplica para soldados enemigos, para rebeldes o para autores de atentados terroristas. También la vida de aquellos y su integridad física deben ser protegidas en lo máximo posible siempre y cuando, con esto, no se elevan los riesgos para los propios soldados. Por principio, los homicidios militarmente innecesarios deben ser evitados. La responsabilidad moral hacia afuera se dirige, sobre todo, hacia la población civil. En este contexto, el soldado y, en especial, el oficial tienen la obligación de asumir los derechos e intereses de los civiles y de proteger las vidas de ellos. Tradicionalmente, aquí se mencionan los principios de la discriminación y de la proporcionalidad. La directa aplicación de la fuerza en contra de la población civil siempre es prohibida y también debe ser omitida en caso de duda. Pero eso no significa que, con eso, la aplicación indirecta de la fuerza sea autorizada y pueda excusarse como “daño colateral”.20 En el caso de la matanza de personas no involucradas, todo depende de la imputabilidad. Siempre y cuando la muerte de civiles es aceptada conscientemente o si hubiera sido fácil informarse sobre esto, ésta no puede ser justificada, porque se acerca a un homicidio directo ilícito. “No deberíamos utilizar las razones por las cuales consideramos el terrorismo fuerte como reprochable, a la vez como una excusa para nosotros mismos”21. Más 20

21

La utilización de este término desinformativo —se dañan cosas, se lesionan personas, aquí también se trata de homicidios— sirve más bien para el encubrimiento del sufrimiento humano ocasionado. Compare también Gillner 2011. Meggle, Georg 2002: 162.

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allá de esto aquí Reinhard Merkel llama la atención a la indispensable diferenciación entre la legítima defensa propia y la legítima defensa ejecutada por el bien de un tercero. Mientras que en el caso de la legítima defensa propia la matanza de personas ajenas al conflicto puede perdonarse personalmente, en el caso de la legítima defensa ejecutada por el bien de un tercero ya no se daría una razón para el perdón, debido a que una máxima que dicte la matanza de inocentes para salvar otros inocentes, se destruiría a sí misma.22 El principio de proporcionalidad tiene como meta general “no `dar bombo` con los medios sino solamente usar lo necesario para la ejecución de la orden”.23 Se debe mantener la proporcionalidad entre la meta perseguida y los daños que resultan de ésta. Pero debido a que, en relación a posibilidades alternativas, frecuentemente solamente se pueden estimar probabilidades, muchas veces es difícil evaluar cuáles opciones pueden denominarse como proporcionales. Algunas reglas de prioridad pueden facilitar bastante la aplicación del principio a la situación. Además de las reglas de prioridad comúnmente conocidas, es decir, de que de dos acciones militares alternativas siempre debe elegirse aquella que destruya menos bienes urgentes (Regla de urgencia), y que solo probablemente causará el mal esperado (regla de probabilidad), y por la cual se cause daño a un número menor de personas (regla de cantidad), pueden formularse en relación a las acciones militares - las cuales siempre albergan un determinado riesgo - algunas reglas de prioridad que resultan del área de la ética de riesgos y fueron formuladas por Gethmann: ¡Todas las operaciones militares cuyos resultados de acción en principio no son limitables deben ser omitidas! (regla de habilidad de restricción). ¡De dos acciones militares alternativas de las cuales en principio ambas son limitables, debe escogerse aquella cuyo marco de consecuencias de acción sea 22 23

Vgl. Merkel 2000:, 73f. Von Baudissin 1970: 292f.

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apreciable! (Regla de apreciabilidad). ¡De dos acciones militares alternativas cuyo marco de consecuencias de acción sea apreciable en ambos casos, debe escogerse aquella cuyas consecuencias de acción sean mejor controlables! (Regla de habilidad de control). ¡Y de dos acciones militares alternativas de las cuales ambas son controlables, se debe escoger aquella cuyas consecuencias de acción sean más reversibles (Regla de habilidad de reversión).24

2.2. Responsabilidad moral para la acción militar Pero los oficiales en el servicio del estado mayor general y almirante no sólo tienen una responsabilidad moral en la acción, sino también de la acción. Primero deben refutar una expectativa excesiva de partes de la comunidad estratégica “strategic community” que creen poder establecer la seguridad —o hasta la paz— solamente mediante la aplicación de la fuerza militar. Después de esto, es importante resistirse también a todas las tentativas de levantar el límite del derecho a la legítima defensa propia a beneficio del uso preventivo de la fuerza. Finalmente, los oficiales en el servicio del estado mayor general y almirante como actores implicados con un fondo de experiencias específicas, también responden frente a la política y la comunidad en general en cuanto a “contrarrestar cualquier minimización de la fuerza de la guerra y en cuanto a afinar el sentido acerca de que la fuerza de la guerra documenta el fracaso humano y siempre es un mal”.25 Como ayuda argumentativa en contra de una relegitimación de la guerra pueden servir los criterios reformulados según la ética de la paz de la tradición en la enseñanza de la “Guerra Justa”. Según esto, la fuerza militar no es un medio moralmente aceptable para la imposición de los intereses vitales propios; ella solamente es justificada como la aplicación de violencia en respuesta a otra acción violenta. 24 25

Compare Gethmann 1991: 163f. Ebeling 2006: S. 41.

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Ya el derecho internacional, como excepción de la prohibición de violencia, solamente reconoce el caso de la legítima defensa de un Estado en contra de un ataque militar desde afuera y la legítima ayuda en emergencias por parte de terceros. Como causa justificada (causa iusta) para una intervención violenta también vale la protección de víctimas indefensas de violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos dentro de un Estado. La recta intención (intentio recta) se demuestra con un direccionamiento estricto de la acción militar a la mejora de la situación de las víctimas de violencia. Las metas humanitarias como pretexto para intereses particulares y metas políticas propias socavan la prohibición de violencia de la carta de las Naciones Unidas y, por esto, deben ser excluidas. La aplicación de la fuerza tampoco puede solamente apuntar a restablecer el “estatus quo” violado, cuyos elementos generadores de la guerra, en corto tiempo, provocarían un nuevo conflicto militar; ellas deben orientarse hacia una paz justa y acercase a la mayor realización posible de ésta. Las instancias habilitadas (auctoritas legitima) en el caso de la legítima defensa solamente son el gobierno atacado y los estados que se encuentran aliados con éste. En el caso de una intervención violenta ésta requiere de un mandato suficiente de las Naciones Unidas. Sólo en el caso de un bloqueo ilegítimo de la sociedad de un país mediante intereses particulares evidentes de un estado individual se puede justificar una excepción a la regla. Finalmente, la aplicación de violencia generada en respuesta a otra acción violenta solamente entra en consideración como último medio (ultima ratio). Todos los demás medios “de abrir un camino hacia el derecho de un Estado atacado o hacia los derechos fundamentales de personas, deben ser agotados. Por aún sirviéndole a la defensa de bienes jurídicos elementales, la aplicación de la fuerza rápidamente crea una

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extensión de sufrimiento que solamente puede limitarse difícilmente.26 Además, el uso de medios militares debe realizarse de la forma menos violenta posible y, a la vez, disminuir efectivamente la violencia presente e inminente.27

3.

Compás moral

Cuando los oficiales en el servicio del estado mayor general y almirante asumen la responsabilidad en las acciones militares pero a la vez también de las acciones mismas, entonces necesitan normas éticas claras y una posición firme, entonces ellos deben poder orientarse en base a un “compás moral”. De acuerdo a la cantidad de puntos cardinales se mencionarán cuatro puntos de orientación, los cuales en general deben dirigir la evaluación moral de situaciones de conflictos en las misiones, además de solucionar problemas en el diseño de las misiones: la perspectiva guía de la paz, el respeto de la dignidad humana, el respeto de los derechos humanos y la soberanía de la propia conciencia.

3.1. Perspectiva guía de la paz La seguridad como el establecimiento de un Estado confiable con ausencia de riesgos vale como “símbolo de valor de la sociedad” (Franz Xaver Kaufmann). Tradicionalmente, la seguridad exterior se dirige solamente en contra de amenazas militares externas, de la autodeterminación política y de la integridad territorial. La idea de una seguridad “extentida” o “interconectada” saca el término del antiguo reduccionismo militar y de un Estado nacional. Ella incluye la indivisibilidad de la seguridad (necesaria?) – y, con esto, no solamente se orienta en la seguridad nacional de un Estado individual,

26 27

Die deutschen Bischöfe (Los obispos alemanes) 2000: Nr. 151. Compare Gillner 2009c.

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sino en una estructura de seguridad colectiva, amplia y multilateral en el marco de las Naciones Unidas. Pero con la expansión del espectro de amenazas – desde terrorismo, pasando por violaciones de los derechos humanos hasta el subdesarrollo – rápidamente una concepción de seguridad de este tipo entra en conflicto con la idea de la paz clásica. Porque ésta no solamente se orienta en el aseguramiento de estructuras estables y en la evitación de crisis y la contención de sus consecuencias, sino también en el establecimiento de condiciones justas – el reconocimiento general de los derechos humanos, oportunidades iguales de desarrollo, un orden económico mundial justo -, el trabajo en contra de crisis y la lucha contra las causas de éstas. Ella tampoco se orienta mayoritariamente en la racionalidad pre-moral del interés propio ilustrado o sigue la lógica de la maximización de las utilidades o de la elección racional, sino en la racionalidad moral de la justicia internacional y la validez absoluta de la obligación moral.28 Una “paz justa” puede derivarse de la simple comprensión de que ya “condiciones de injusticia persistentes (…) en sí están cargadas de violencia”29. Solamente con la finalización de la seguridad de la paz, la política alcanza aquel horizonte meta que posibilita una convivencia justa y segura entre estados y sociedades.30 Por esto, las fuerzas militares mediante su función también se encuentran legitimadas para la paz. El preámbulo de la constitución alemana – “alentados por la voluntad,…. de servir como miembro con igualdad de derechos en una Europa unida a la paz del mundo” – testifica esta orientación de una política de paz.

28 29 30

Sobre la crítica del reduccionismo de la política internacional sobre la política de seguridad y poder, compare también Gillner 2008a: 52f. Los obispos alemanes 2000: No. 59 Compare Gillner 2008b.

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3.2. Respeto de la dignidad humana Ya en su primer artículo la constitución alemana de 1949 establece que: “La dignidad de los seres humanos es inviolable. Respetarla y protegerla es la obligación de todo el poder estatal.” Con esto reacciona al brutal desprecio de la dignidad humana durante el régimen de terror del nacional-socialismo y a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. El contenido abierto del término – no hay una definición homogénea – abrió la posibilidad de que posiciones espirituales y políticas tan diferentes como el liberalismo, el socialismo y el catolicismo pudieran ponerse de acuerdo acerca de este principio fundamental. En cuanto al contenido pueden distinguirse una línea referente al rendimiento y otra al ser propio: el objetivo de una vida lograda y la facultad de determinar libremente la vida propia.31 La incondicionalidad de la dignidad de todos los seres humanos requiere de un reconocimiento mutuo como seres libres e iguales. Y esta obligación también regula la relación entre los superiores y los subordinados en el ejército federal alemán. Aunque ella no suspende “la distribución asimétrica de roles y poderes en un orden jerárquico con fundamento funcional”32, pero sí requiere del comportamiento de mando que consiste en más de la limitación a una pura obediencia funcional: requiere que las órdenes o encargos siempre sean justificables frente al soldado implicado.

3.3. Respeto de los derechos humanos A más tardar desde el 1989, los derechos humanos se convirtieron en una idea fundamental y políticamente valida a nivel mundial. Esto ya lo demuestra el preámbulo de la declaración general de los derechos humanos de 1948: ”Debido a que el reconocimiento de la dignidad 31 32

Compare Gillner 2007. Ebeling 2006: 66.

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inherente en todos los miembros de la familia humana y de sus derechos iguales e inalienables forma el fundamento para la libertad, la justicia y la paz en el mundo … la Asamblea General pronuncia la presente declaración general de los derechos humanos como el ideal común a alcanzar por parte de todos los pueblos y todas las naciones.” Pero con el reconocimiento universal de los derechos humanos aún no se vincula un concepto uniforme. Las concepciones asiáticas abogan por un modelo común, las ideas islámicas fundamentan la idea de los derechos humanos en la religión. En la cultura occidental se impuso un concepto individualista y con fundamentación secular de los derechos humanos. Como “consecuencia de respuestas a experiencias elementales de injusticia y sufrimiento, se desarrollaron derechos liberales de protección y defensa “negativos” además de derechos políticos de participación y de participación social “positivos”33. La protección [de los derechos humanos] es sobre todo la tarea de instituciones estatales e internacionales. En este sentido, también el ejército federal alemán es obligado a respetar los derechos humanos en sus misiones. Los oficiales en el servicio del estado mayor general y almirante deben orientarse en los derechos humanos universalmente válidos e indivisibles, además de orientar sus planes estratégicos y consideraciones operativas de acuerdo con ellas.

3.4. Soberanía de la conciencia La conciencia es el centro de la existencia humana. En la conciencia, cada uno se experiencia como un implicado inmediato y irreemplazable bajo la absoluta exigencia de lo bueno; lo determina en cuanto a una “existencia ética” y cuida su integridad personal. La “actividad de la conciencia” se expresa en el fallo concreto de la conciencia en relación con la situación. Frecuentemente, no comprensible de forma

33

Compare Ebeling (2008).

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verbal, la “conciencia atenta” se pronuncia advirtiendo o apelando antes de una acción, la “buena” o la “mala conciencia” hace un pronunciamiento evaluativo después de la acción. Pero el fallo de la conciencia no es un oráculo infalible en su determinación del contenido. En el juicio concreto el hombre pude equivocarse (la así llamada “conciencia errónea”). Aunque la posibilidad de la equivocación no anula la fuerza vinculante del fallo de la conciencia, ella sí requiere de una auto-examinación crítica permanente. Por esto, el ser humano no solamente es responsable ante su conciencia sino también de su conciencia. La formación de la conciencia es un proyecto de toda la vida para afinar la percepción, enriquecer la habilidad de imaginación y capacitar la habilidad de hacer juicios. También para el oficial en el servicio del estado mayor general y almirante la última y verdadera instancia soberana no es la orden del superior o la orden política, si no la propia conciencia. El debe obedecer a sus advertencias y apelaciones; porque, finalmente, no puede sustraerse de la sentencia del propio juez. 34 La auto determinación moral en la conciencia es una característica esencial de la dignidad inviolable del ser humano. Por esto, el derecho a la libertad de conciencia tiene un rango especial entre todos los demás derechos humanos. La constitución alemana reconoce esta posición especial garantizando la libertad de conciencia como derecho fundamental independiente sin reserva de ley (articulo 4 párrafo 1 GG) y la especifica en el área especialmente sensible de la aplicación de la fuerza en un derecho fundamental a la renuncia al servicio militar artículo 4 párrafo 3 GG). La sentencia del BVerwG del 21 de junio de 2005 confirma la validez incondicional del derecho a la libertad de conciencia, también para aquellos soldados que se encuentran en una relación especial con el poder estatal (estatus especial). Una simple ponderación con otros bienes del derecho constitucional lo niega de 34

Compare Gillner (2007).

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manera inequívoca. La libertad de conciencia de los soldados no es sacrificada por consideraciones de funcionalidad precipitadas; como bien jurídico ella no compite con la funcionalidad del ejército federal alemán, la cual debe ser mantenida. De esta manera, el BVerwG no acepta limitaciones del derecho constitucional en cuanto a la libertad de conciencia. La medida para garantizar el derecho sigue siendo únicamente la afectación individual y la seriedad de decisión de la conciencia del soldado. 35 La sentencia no les otorga carta libre a decisiones arbitrarias y a gusto a la elite militar, pero sí ofrece un respaldo del derecho constitucional para la asunción de la responsabilidad moral aún en situaciones difíciles. Porque hasta evidentes decisiones políticas conformes a la ley y órdenes militares no simplemente son inocuas desde la perspectiva moral. Dentro del derecho internacional se evidencian grandes vacios en relación a conflictos violentos entre estados y la táctica militar. No hay ni una “interpretación consensual de la guerra ofensiva”36 ni una casuística legal para intervenciones militares con fines humanitarios, ni una suficiente protección legal contra la violencia de guerra para la población civil.

Fin El compás moral orientado según la perspectiva guía de la paz, del respeto de la dignidad humana, del respeto de los derechos humanos y de la soberanía de la conciencia, ofrece orientación en la asunción de la responsabilidad moral dentro y para la acción militar. Sobre todo el oficial no debe sustraerse de ella, tampoco cuando ella 35

36

Compare Gillner 22009a; sobre la aceptación de la conciencia y sobre la estimación de una comprensión ética reflexiva de la obediencia en las fuerzas armadas del ejército federal alemán, compare también Gillner 2009b: 208ff. Hoppe 2006: 49.

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produce conflictos con los superiores militares o hasta con la política. Esto se lo debe a sí mismo, a los soldados que le fueron confiados, y finalmente a los ciudadanos de su Estado. Aunque una elasticidad política demasiada popular les favorece a los responsables en el gobierno y, evidentemente, protege de confrontaciones peligrosas, ésta es de otra manera riesgosa: ella pone en peligro la orden política en sí misma y, posiblemente, también la vida de seres humanos.

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Cr. (R) Caroline Galactéros


El oficio de las armas:

Un santuario de humanidad

por una ética profesional viva Cr. (R) Caroline Galactéros

Es un gran honor y alegría para mí participar en esta compilación de ensayos que reúne a personalidades preocupadas por una cuestión esencial relacionada con la calidad y la legitimidad de nuestras fuerzas armadas: la cuestión ética. Esta ha adquirido, desde hace algunos años, una nueva dimensión conforme con la evolución global en las formas de conflicto, los tipos de accionar de nuestros adversarios, pero también la creciente sofisticación de nuestros propios armamentos y su evolución en los diferentes contextos de uso. La guerra contrainsurgente bajo sus diversas formas, que conocen particularmente bien en Colombia, y a la cual nosotros también nos hemos enfrentado en otros teatros de operaciones, no es una novedad para ninguno de nosotros. El hecho de que los enfrentamientos tengan ahora lugar más que nunca en el corazón de las poblaciones es a menudo su beneficio, aunque también bajo el ojo constante y crítico de las prensas sensacionalistas, lleva a nuestras fuerzas armadas a buscar cómo reforzar la legitimidad política de sus acciones y controlar los eventuales excesos de comportamiento en el seno de nuestras fuerzas. En resumen la pregunta es: ¿Cómo podemos continuar siendo – 423 –


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militarmente eficaces, políticamente legítimos y humanamente a la altura de los valores que reivindicamos? Dada la diversidad de doctrinas y de prácticas militares aquí representadas, podemos pensar que el objetivo de esta compilación de ensayos es el de compartir aproximaciones nacionales diferentes e incluso éticas de combate divergentes. En línea con este esfuerzo, nos aproximamos de entrada a la esencia del tema. En efecto, la búsqueda de los fundamentos éticos de la acción del hombre es precisamente la de lograr un lugar común de humanidad que sobrepasa las divergencias históricas, culturales, religiosas y políticas y que permite el intercambio y el diálogo entre los individuos, en tiempos de paz al igual que cuando tiene lugar la crisis o la guerra cuando se enfrentan de manera concreta sus intereses individuales y/o colectivos. La cuestión ética nos reenvía entonces, en el fondo, a la tensión permanente entre la libertad y la responsabilidad que existe en cada hombre, bien sea éste civil o soldado, jefe de una industria o jefe militar, humilde o dominante en cualquier lugar del mundo. Pero identificar esta problemática no es resolverla. En efecto, lejos de resumirse en un «artimaña» infalible que sería suficiente poseer o adquirir por aprendizaje o de saber tomar la «buena decisión» de golpe sobre y en relación con todas las circunstancias, la actitud ética es al contrario el resultado de un arbitraje interior permanente y jamás perfectamente satisfactorio. Un arbitraje entre, de una parte la obediencia a las órdenes concretas, inscritas dentro de la urgencia de una situación (órdenes, reglamentos condiciones de logro de una misión o de un proyecto), y de otra parte, la necesidad de dar un sentido profundo a dichas órdenes; un sentido que las hace aceptables y compatibles con el respecto de sí, del OTRO y también con la idea de lo que hacemos con nuestra humanidad y la suya. – 424 –


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La necesidad de encontrar un sentido que justifique nuestras acciones (particularmente en el oficio militar que da derechos derogatorios con respecto al derecho ordinario, particularmente el hecho de matar) nos reenvía entonces de manera inmediata a los valores y las convicciones de cada uno de nosotros. Esto explica por qué confundimos de manera frecuente la ética y la moral, pero ya trataré este tema de identificación y sus límites. Sin cómo sea, la ética no es por lo tanto ni una fórmula mágica ni una ecuación susceptible de ser aprendida. Se trata de un esfuerzo personal, constante, no siempre exitoso, de permanecer en línea, dentro de la acción, con lo más profundo de uno mismo, con sus convicciones y sus valores y saber sacar conclusiones concretas sobre la manera de tratar a los otros, incluyendo a aquellos que son nuestros adversarios más difíciles.

I

La Ética, sus vínculos con el derecho, la moral, la deontología… y la realidad Amplitud y actualidad del tema En función de las « situaciones », mal y a menudo sobre-mediatizadas, los últimos teatros de despliegue de nuestras fuerzas o de las de nuestros aliados han deteriorado la confianza popular en nuestras fuerzas armadas a pesar de su antigüedad y solidez. Ante los ojos de las opiniones públicas, la «lucha contra el terrorismo» y las guerras asimétricas no serían totalmente justificadas. Sin importar la ferocidad del combate y de los chicos malos, éstas no deben deshumanizar a nuestros soldado. Sin ir demasiado lejos ( a la guerra de Vietnam por ejemplo, o, en lo que nos concierne a los franceses, – 425 –


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a la guerrea de Argelia), los tratamientos inhumanos o degradantes desde la 2a guerra en Iraq, los múltiples «errores » y «daños colaterales » imputables a nuestros soldados o a nuestros armamentos más sofisticados (aviación de caza, drones armados, para no decir más), que a pesar de ser considerados como herramientas que permiten guerras «apropiadas » e incluso « morales », han venido nublando de manera progresiva la imagen del soldado occidental, e incluso del soldado moderno en un sentido más amplio, quien a pesar de ello intenta siempre cumplir su misión de la mejor manera teniendo el principio de la humanidad en su corazón. La actualidad de la noción ética es entonces evidente y responde a la fuerte necesidad de nuestras sociedades de encontrar un cimiento sobre el cual delimitar sus vínculos sociales y políticos. Los observadores y pensadores buscan mejorar la comprensión de esta noción y su socialización en un mundo que es a la vez sobre-moralista e inmoral, un mundo en donde la moral del más fuerte hace ley, normalmente logrando los peores resultados, y fracasando en la producción de relaciones armoniosas o de mínimos entre los individuos como entre los grupos humanos. Es en este contexto general de brutalidad y de violencia, en donde la crisis y el enfrentamiento son los paradigmas dominantes, que debemos situar nuestra reflexión para definir el contenido y las modalidades de aplicación de una ética verdadera. No nos interesamos aquí más que a las dinámicas específicamente militares de la ética, desde el punto de vista del soldado y del oficial, para ayudarle a actuar mejor tanto para el mismo como para la institución militar a la cual sirve.

El gran retorno de la ética: demasiada moral mata a la moral…. La puesta en tela de juicio radical e inmensa de la legitimidad de los modelos políticos occidentales dominantes frente a la irrupción de – 426 –


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la religión y del mercado en la realidad internacional desde hace una treintena de años ha llevado a excesos económicos (ultra-liberalismo y capitalismo financiero) y políticos (terrorismo islámico y reacción occidental a veces indiscriminada). Estos excesos se han sumado a una polarización de las posiciones políticas así como a una ultra moralización artificial de los enfrentamientos políticos y económicos, que se reanuda con una tentación ideológica que creíamos que había decaído (guerra contra el terror, pero también ambientalismo, alter-mundialismo, teoría del género, etc.…). Estos «pesos» del ambiente socio-político-cultural son pesados: salvajismo, ultra individualismo, degradación de los vínculos humanos, deshumanización de la figura del OTRO. Todos estos procesos parecen dar implícitamente una firma en blanco a la acción de la fuerza sin piedad y desproporcionada permitida en el mundo occidental por la ultra-sofisticación de los armamentos. Esto resulta de esta evolución de modos de acción militares hacia la ausencia de simetría (bien sea a través de la ultra-violencia terrorista o a través del uso no moderado de la superioridad tecnológica) una desvalorización concreta de la noción de Moral, de la cual cada uno mide a partir de ahora su naturaleza no universal. De hecho, podemos incluso decir que las relaciones internacionales en su conjunto ilustran la instrumentalización política de una manera cada vez más explícita de la noción de Moral. La costumbre de desmentir los hechos es cotidiana y flagrante. Las máscaras se caen y el desafío es profundo ante un occidente que habla de moral y de valores comunes pero que cree restaurar su influencia a través de la manifestación de su poderío en una forma masiva y sin juicio. En este debate permanente entre visiones de mundo e intereses antagonistas, la guerra bajo todas sus formas parece una fatalidad difícil de conjurar. En reacción, asistimos a la expresión creciente en todos los niveles de una necesidad de sentido y de vínculo; una – 427 –


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necesidad de encontrar algo que «haga la humanidad» más allá de las divisiones y de los hechos y que pueda asegurarnos la capacidad de nuestra especie de no autodestruirse sin freno. Es a partir de ahí, sin duda, que viene el renacimiento del interés por la ética. De la compañía globalizada a la asociación en pequeños grupos, cada uno reivindica a partir de ahora la ética como inspiración, horizonte, base de su proyecto. Tratemos de no caer en el irenismo. El mundo es cada vez más peligroso, los estados tienen el deber superior de consolidar sus instrumentos de defensa contra el acceso de una violencia más o menos espontánea y organizada que se multiplica, haciendo énfasis en zonas sin derecho o de estados fallidos, haciendo frente a las amenazas interiores que atentan contra su cohesión social (tales como ciertas guerrillas o forma de criminalidad como el narcotráfico). Nuestros compromisos militares o de seguridad tienen la obligación de multiplicarse y de endurecerse ante los modos de acción de los enemigos que desafían nuestros valores y en particular el precio que le ponemos a la existencia humana (formas kamikazes de acción terrorista, la puesta en peligro de la población civil de forma deliberada, etc.…). Pero al mismo tiempo el horror que inspiran ciertas prácticas de nuestros adversarios (guerra de carteles en México, luchas étnicas o confesionales en África, Djihad islámica radical) desafían nuestras propias prácticas militares reguladas. • ¿Cómo lograr el éxito sin ser indigno, sin « perder el alma », sin caer al mismo nivel «moral» del enemigo? • ¿Cómo preservar la obediencia como elemento esencial para la cohesión de todas la fuerzas armadas, de acuerdo con las reglas y el orden, y al mismo tiempo la conformidad de los comportamientos de los soldados y de los oficiales en aplicación de los valores humanos? • ¿Tiene la ética todavía un lugar ante la ultra-violencia? – 428 –


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• ¿Un fin loable no justifica ciertos medios? • ¿Tiene la ética una exigibilidad aplicable en materia de gestión de la violencia internacional o no es ella pertinente más que en el mundo civil?

Ideas recibidas y puestas en discusión sobre la ética y la moral

Para poner de forma rigurosa los términos de esta problemática, hay que dejar en claro un punto sobre la esencia, la fuente misma de la ética, sobre aquello que hace que hablemos mucho de ella, pero también mal de ella. Vayámonos al origen de las palabras. Generalmente confundimos la moral con la ética, y las consideramos como etimológicamente intercambiables.… La ética viene del greigo ethos que significa «maneras de vivir y de actuar»; la moral viene del latín mos, moris: «las costumbres ». Muchos creen de hecho poder reconciliar la moral con la ética haciendo de la segunda un « moral universal ». Esto podría parecer satisfactorio si concibiéramos dicha moral universal como si surgiera de un sentimiento interior común a todos los hombres, no como una moral construida por los hombres, que se impone sobre aquellos en el mundo y que pretende dictar a todos los demás el «bien» y el «mal». Ilustres filósofos (Espinoza, Kant, Nietzsche) han propuesto contenidos sensiblemente diferentes para estas dos nociones. En la concepción kantiana, la más conocida y casi la versión « innata » a fuerza de haber sido «adquirida », la Moral es un discurso normativo que trata sobre el Bien y el Mal considerados como dos valores absolutos, transcendentales y universales, mientras que la Ética es un discurso normativo particular de cada individuo, que trata sobre lo Bueno y los Malo, considerados como valores relativos e inmanentes, es decir que su lugar se encuentra en cada hombre. – 429 –


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La Moral, histórica y fuertemente articulada con la noción de la Fe, se constituye como una serie de comandos que se imponen al sujeto que desea seguirla y lograr la virtud. En resumen, la moral responde a la cuestión de «¿qué debo hacer?», mientras que la ética responde a la pregunta de «¿cómo vivir? » y en este esquema, «¿qué lugar dar a la moral en mi vida?». Sin embargo, esta situación ante la ética y la moral está lejos de agotar la cuestión, dado que el Bien y el Mal son valores tan absolutos como inmóviles, que no tienen realidad tangible en el mundo. Estas no existen en la naturaleza. Éstas son objetos de la actividad del pensamiento humano que sirven para encarnar la intuición en relación con principios superiores. La moral se encuentra entonces expuesta a la perversión del moralismo, de la moralización y es así como podemos observar su instrumentalización cotidiana de sus ideales en términos políticos. En materia de guerra la confusión es peor, dado que con dificultad salimos de la doble filiación original de la «Guerra Justa»: la definición de Agustín, para quien la guerra es «justa» si tiene un buen fin y se asocia con el Bien; y la de Grotius, para quien el carácter «justo» de una guerra depende de las causas, de los motivos, de las circunstancias, de los medios empleados. Esta segunda concepción transfiere la carga moral de un conflicto a la capacidad de quienes lo inician para discriminar entre lo que es legítimo hacer y lo que no lo es. Cualquiera que sea, hoy no osamos intervenir militarmente sin que medie un discurso sobre la legitimidad de la destrucción por parte de ciertos actores (los más poderosos) de la soberanía de otros estados. Nos aferramos más que nunca a que nuestras guerras sean «morales» y no damos hacemos mal para convencernos de nuestras opiniones públicas. Los estados despliegan con este fin una retórica moralizan– 430 –


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te y jurídica con el fin de justificar sus intervenciones («derecho a la injerencia», «responsabilidad de proteger» las poblaciones, necesidad de un aval de las Naciones Unidas antes de lanzar una intervención, instancias internacionales «independientes » de juicio sobre los criminales de Estado tales como la Corte penal Internacional (CPI), que es sin embargo efectiva únicamente sobre aquellos que arriesgan a firmar los tratados fundacionales, etc.…). Se trata de definir la intervención oportuna dentro de una red de motivos, haciendo que una guerra se haga «justa» siempre que ésta pueda «dar sus motivos» y realizarse en nombre de objetivos honorables (impedir una masacre, asegurar una zona, proteger una población civil, promover la democracia). De acuerdo con los neoconservadores estadounidenses en particular, esta fascinación por las «guerras morales» justifica el ejercicio por motivos del «Bien» de la violencia más extrema e irá, en el caso de la lucha antiterrorista, hasta considerar la tortura como si fuese legítima, sugiriendo que un mal puede ser necesario por el logro de un bien mayor (salvar vidas, obtener información crucial)… Esta tentación no siempre se escapa a nuestras viejas democracias europeas y claramente se refiere al mundo del radicalismo religioso islámico, dentro de una identificación total de lo moral, de lo político y de lo religioso, siendo una confusión que encarna dentro del dogmatismo ultra-violento. La intención moral está entonces presente, más que nunca sin duda, y no siempre bajo el ángulo de un simple cinismo. De hecho, es difícil aceptar que la «moral» oscila en función de la fuerza y se confunde muy a menudo con la imposición de un modelo que corresponda a los intereses de las naciones o de los actores económicos dominantes. De esta forma se hace completamente « moral » que una mujer kamikaze checa, (o un rebelde iraquí o un Talibán afgano) se exploté ante un comisario ruso, como nos parece también « moral » hacer – 431 –


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prevalecer, a sangre y fuego, nuestra visión política del Bien y del Mal en nombre de una «moral» considerada como universal e interviniendo en beneficio de los unos y contra los otros porque nos parece más cercano a la expresión de una voluntad popular o de un ideal practico… desembocando en males peores que aquellos que justificaron nuestra intervención. ¿Cómo no temer, por ejemplo, que el apoyo occidental a las revoluciones de la «primavera árabe », no desembocaron a favor del reinado de un islam intransigente, fuerte y poco democrático (Iraq, Libia, Túnez)? Una moral, cualquiera que ésta sea, y sin importar cuál sea su pretensión política de encarnar una universalidad, se inscribe siempre dentro de un contexto social y cultural. Ella es contingente por esencia. Ella se desea idealmente única y universal. En los hechos, ella es en el mejor de los casos general. La popularidad actual de la noción ética responde entonces a la constatación del descrédito del imperativo moral que se confunde con la modernidad occidental y su poderosa voluntad. La ética en efecto no tiene sospecha de exclusión ni de parcialidad. Al contrario, ella responde a la necesidad de cada uno de encontrar en sí mismo los reparos que sean comunes a todos los hombres, estableciendo un vínculo entre ellos y dando un sentido humano a sus acciones. La ética busca llevar al hombre a la puesta en práctica de los valores inmanentes y comunes que lo conducirán a la sabiduría del comportamiento de una manera diferente al dogmatismo, ascetismo o la renuncia de sí. Esto es posible dado que comportarse éticamente no significa renunciar a sí, sino al contrario « ser más uno » en las decisiones que tomamos, estar en armonía con aquello que somos internamente, profundamente, y no solamente obedecer a los mandamientos interiores, bien sean estos religiosos, morales o políticos. En resumen, si el derecho obliga, la Moral ordena y la Ética recomienda… a veces incluso no respetar el derecho ni a la moral – 432 –


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común. Dado que la neutralidad o la universalidad del derecho es también un señuelo, ya que el derecho se basa en la idea de un « hecho dado ideal », una suerte de « derecho natural », una moral intuitiva nacida del derecho positivo. De hecho, todo derecho se refiere a un conjunto de valores que nos lleva a creencias filosóficas, religiosas o políticas específicas. Como la Moral, el Derecho traduce siempre una cierta visión del mundo y no puede pretender una objetividad completa. El Derecho internacional y aquel que aplica a los conflictos armados no son otra cosa que el fruto imperfecto de un compromiso en movimiento, en función de la historia política y militar del mundo, nacido de tradiciones de fuerza ideológica, económica y cultural. No es anodino por cierto que tengamos a menudo la tendencia, especialmente en el ambiente castrense, a reunir « la ética y lo jurídico » y a desear reducir la ética a una deontología tranquilizadora, hecha como contrafuego comportamental, como un conjunto necesario de reglas funcionales que enmarcan una práctica profesional. Necesario pero no suficiente. La ética es más rica que esto. En efecto, desde que un profesional (un oficial pero también un médico o un abogado) debe salirse de su competencia técnica y de aquello que el derecho le impone para preguntarse sobre el valor de las decisiones que conviene tomar, entramos en el campo de la ética. Esto es así dado que difícil no es resolver los problemas técnicos ni actuar conforme a la ley, sea ésta justa o no, sino tomar decisiones responsables y humanamente dignas de sí, y pensar en las consecuencias de sus actos en el orden de las relaciones humanas, en la acción del hombre sobre la naturaleza, en la interacción entre el hombre y la totalidad en la que éste tiene lugar. Decidir con consciencia es decidir ante uno mismo y por todos los demás. De este modo, la ética sobrepasa la mera inscripción histórica, política o religiosa del hombre en el mundo. Ella nos envía a una forma de inmanencia. Ella está « de por sí allí», en cada uno, a inicio y para todos, antes incluso que aprendamos – 433 –


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la moral, el Bien y el Mal…. Ella no es únicamente una ética de la virtud o del comportamiento deontológico óptimo, sino que además tiene una dimensión moral, pero no se reduce a la moral. Llegados a este punto de nuestra demostración, debemos ahora distinguir entre ética y moral sin que lleguemos a oponerlas, dado que la moral siempre ha buscado, especialmente en su alianza multisecular con la religión, su conciliación con la inmanencia ética y la obediencia de los cánones comportamentales dictados « desde lo alto » bajo la forma de «mandamientos » morales.

II

Sobre el conflicto de los deberes o Sobre cómo continuar sirviendo sin dejar de ser uno mismo

Para volver sobre nuestra problemática específica, la cuestión de la ética del soldado nos lleva a una serie de preguntas que se le presentan: • • • •

¿Toda misión es realmente « sagrada »? ¿Un fin loable justifica todos los medios? ¿Cómo continuar siendo uno mismo en el combate? ¿Cómo, en situaciones « moralmente » difíciles, decidir lo mejor, hacer bien su trabajo, de acuerdo con los valores y las convicciones? • ¿Cómo vivir con ciertas decisiones tomadas para hacer su trabajo o cumplir con una misión y al mismo tiempo reprocharse íntimamente? • ¿Cómo encontrar sentido en el enfrentamiento con el fin de cumplir su misión de la mejor manera sin sentirse en falta con respecto a su propia humanidad? – 434 –


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• ¿Cómo continuar creyendo en el oficio militar a pesar de que nunca habían sido tan grandes ni tan visibles las contradicciones de la acción militar que se realiza ahora, debido a la explosión de acciones terroristas, la aplicación asimétrica y masiva de la fuerza de destrucción de nuestros sistemas armamentísticos actuales en medio de las poblaciones, el beneficio de ciertas personas, y a veces también de facto contra éstas? Se trata evidentemente de una cuestión de filigrana, dado que es preciso llegar a responder preguntas como la siguiente: ¿Cómo encontrar un sentido a la transgresión del primero de los mandamientos divinos, el de «no matarás». Dicho de otro modo: ¿cómo dar la muerte sin tener la impresión de ser un asesino? No siendo tan simple, veremos que se trata de un problema falso, que el soldado no está solo, que se trata de un cuadro y de un estatuto militar exorbitante del derecho ordinario, en el que la nación le delega, a través de la política, el derecho de dar la muerte sin padecer las consecuencias jurídicas ordinarias, pudiendo entonces acallar sus estados de alma. Siendo esto cierto… no se trata solamente de esto. En efecto, cuando hablamos de la ética del soldado, no hablamos únicamente del derecho, de las reglas, de los poderes, ni solamente de un lado del soldado más o menos bien asimilado. Esto no envía de hecho a un conjunto coherente entre el « saber hacer » y el « saber ser », dos tipo de competencias propias eminentes, pero aprendidas. Hablamos de la confrontación dentro de la instancia de la decisión, entre el conjunto de los saberes y herramientas conocidos por el soldado, que tienen un sentido en el mundo, « el aquí y el ahora », el contexto político de su compromiso operativo (él se bate por servir a sus valores y a los intereses de su país, ellos se baten con la humanidad, sin excesos ni gusto por la venganza, etc.) y una cosa que es a veces indecible, a pesar de todas estas justificaciones, el derecho que conserva de no obedecer con del fin de no perder su propia alma. – 435 –


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Hablamos entonces de momentos en los que un conflicto íntimo, muchas veces secreto, pone al soldado ante un dilema entre su deber, sus órdenes, su cultura militar misma e incluso sus intereses individuales o aquellos de su institución, y sus sentimientos humanos, los cuales hacen subjetivamente imposible tomar una decisión en apariencia objetiva y « buena » o incluso simplemente «conforme». ¿Qué debemos hacer entonces en este momento? ¿Cómo salir y, si se ha actuado sin reflexionar, de manera demasiado precipitada (o al contrario, habiendo pensado demasiado en su decisión y, por ejemplo, habiendo sacrificado una vida para salvar las de muchos otros y cumplir con una misión – dilema corriente por ejemplo entre los tiradores de élite de los ejércitos), cómo conservar o reencontrar el equilibrio interior y no perder su propia «autoestima »? El conflicto de los deberes, el horror íntimo y fugitivo entre los modelos contradictorios se encuentra presente, sobre una línea delgada que no basta con ignorar para que desaparezca como un milagro. Esta constatación no debe ser deplorada. Al contrario, ella encarna la trágica condición humana que hace toda su belleza y promesas. Dado que, más que los otros hombres, los soldados, en conexión directa con los otros humanos en los teatros de intervención (poblaciones civiles pero también enemigas), tienen la necesidad imperiosa de sentir que sus acciones tienen un sentido, una legitimidad. En el seno de las sociedades occidentales que manifiestan una delincuencia de vínculo social, del espíritu público o del problema del bien común para no hablar de patriotismo (aparte de su versión económica, evidentemente), el mundo militar es en efecto un santuario de la humanidad y de los valores que han caído en desuso o que se encuentran amenazados en otras partes por causa del mercado salvaje de los asuntos del mundo y de los mecanismos económicos que sin piedad rigen todos los días. – 436 –


El oficio de las armas: Un santuario de humanidad por una ética profesional viva

Con su uniforme, cada soldado encarna los valores de la solidaridad, el coraje, el sacrificio, la responsabilidad y la lealtad que son hoy más que nunca indispensables en las sociedades minadas por el ultra individualismo y la indiferencia. En el mundo militar francés, la relación con la exigencia ética se encuentra por demás en el fundamento mismo de la formación de los oficiales como de los soldados, sin hablar del fuerte vínculo que se establece con la «aptitud dentro del seno de la ética » (que no se reduce a la empatía) con el fin de develar y engrandecer a los «jefes » militares. La formación ética, a veces teórica y a veces práctica, constituye una «línea roja» con respecto a la cual los cuadros y el comando permanecen particularmente atentos. Iniciada en las escuelas iniciales de los oficiales, la formación se consolida de forma práctica durante los años de compromisos dentro de un intercambio dialéctico permanente con los cuadros y el comando. La práctica operativa es la fuente principal de la profundidad concreta del sentido ético de cada soldado (compromisos en el extranjero, práctica propia del comando, etc.…). En fin, para los oficiales que hayan logrado el concurso de entrada a la Escuela de Guerra, la ocasión se les ofrece, en esta etapa de cambio en su carrera, para que puedan reflexionar e intercambiar nuevamente en relación con esta temática durante dicho año antes de asumir funciones de comando más importantes. De este modo, a éstos se les propone desde hace algunos años el Módulo Ético en beneficio del conjunto de la promoción, un Módulo operacional de profundización y un Módulo Jurídico que trata más específicamente sobre los aspectos nacionales e internacionales de orden legal, reglamentario y deontológico vinculado a sus compromisos. Estos esfuerzos aminoran una tendencia natural del mundo militar a creer que la cuestión ética del soldado es un pleonasmo. – 437 –


Escuela de Guerra de Francia

La ética es allí enseñada como una moral aplicada, enmarcada dentro de una deontología propia de normas identificadas (derecho, conflictos armados, jus ad bellum, jus in bello, reglas de compromiso, códigos militares del soldado, etc.…). El jefe militar o el simple soldado, bajo pretexto de la especificidad de su trabajo (aceptar la muerte y poder dar muerte), considerada como un conocimiento « natural » el hecho de comportarse de manera ética y encarnar sus convicciones morales y/o religiosas dentro de su acción concreta. Ahora bien, al postular esta perfección « natural », no negamos nada menos que la naturaleza humana, precisamente hecha de ambivalencias, de vulnerabilidad, de duda, de imperfección y de esfuerzo constante pero no siempre victorioso, para resolver la tensión íntima y degradante entre la responsabilidad y la libertada que viven en cada uno de nosotros. En el ámbito cotidiano del mundo, en efecto, las realidades del combate (como en otras partes las realidades de la «guerra económica ») por la supervivencia, empujan algunas veces a la transgresión, en nombre de la eficacia operacional, de la «misión », o incluso de las órdenes recibidas de parte de un jefe respetado y temido, los límites profundos de la ética que cada quien lleva dentro. Ciertos aceptan, otros no tanto y otros no. El recurso a la solución eficaz y expedita, a la facilidad del desgaste puro o al uso no moderado y desproporcionado de las ventajas cuantitativas y tecnológicas, son algunos de los puntos límite en donde el poder, acoplado con el olvido, consciente o no, del imperativo ético, puede producir estragos humanos contra las víctimas pero también, in fine, contra los «verdugos ». El mismo hombre puede de esta forma partir al combate, o en la vida profesional, como un santo lleno de ideales, de convicciones y de valores, y regresar convertido en un bárbaro, marcado por el fuego rojo de renuncias secretas a su propia humanidad, engullido por el fuego de la acción. – 438 –


El oficio de las armas: Un santuario de humanidad por una ética profesional viva

Llegar, generalmente dentro del contexto de la urgencia generalmente, a comportarse de forma ética no puede hacer más que en referencia a un grupo de principios vívidos que permiten decidir y diferenciar de la mejor manera, sentir en sí el impacto potencial prohibitivo de ciertas decisiones, de saber suspender algunas veces el uso de su propia espada o batirla sin reprimirse ni mentirse. ¿Cuáles son, entre los valores militares, los elementos constitutivos de dicho fundamento ético protector? • El respeto hacia el adversario y el reconocimiento de una identidad del orden y de la esencia junto con él, • La lealtad, • La camaradería, • La solidaridad, • La piedad (clemencia, caridad), Estos principios guían a cada soldado durante su vida militar así como el buen logro de las misiones que le son confiadas. Las siguientes son declinaciones concretas y operacionales: • Abstenerse de reducir al adversario (denominación ética) al estatus de un enemigo (denominación moral); • El uso siempre proporcionado de la fuerza y la aplicación de las reglas humanitarias, particularmente: * El tratamiento humano de los prisioneros,

* El respeto de la población civil sin importar su nivel de imbricación con las fuerzas combatientes « enemigas », * La reversibilidad de las posturas militares con el fin de reducir en todo momento la intensidad del combate, * La búsqueda del compromiso y del diálogo. – 439 –


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El desarrollo del discernimiento, del sentido crítico y del juicio autónomo puede permitir en particular dar respuesta a una pregunta cardinal generalmente considerada como un tabú: la obediencia de una orden carente de ética, pero la cual se encuentra presente a veces junto con otros factores como los de un jefe amado y respetado que se ha extraviado él mismo, pero que hace necesario e indiscutible realizar la misión y cumplir con el « deber ». En resumen: ¿es ético desobedecer? Si buscamos responder a esta pregunta desde el plano ético, llegamos a una paradoja muy interesante: es la escucha de sí y « el Sí » (en oposición al Yo, indefectiblemente ligado a la fuerza en la parte concreta del mundo y que lleva entonces a una afirmación radical) lo que permite comportarse éticamente. ¡Atención! ¡La escucha de sí no quiere decir « escucharse » ni no cumplir con el deber! Se trata más bien de una gran fuerza, no de una debilidad. Se trata de admitir que la transgresión del mandato humano « no matarás », que se le permite a los soldados debido a su estatus derogatorio con respecto al derecho ordinario, no lo dispensa nunca del esfuerzo de no ceder a la tentación de abusar de su fuerza, sin simplemente de aplicar el mínimo y mejor propósito que sea posible.

III

Ética y tecnología: los desafíos del poderío militar

El soldado occidental moderno se encuentra a partir de ahora enfrentado a otro desafío ético de gran amplitud, aun mal medido y de carácter paradoxal: se trata del desafío de los efectos políticos y militares contraproducentes de su propio súper-poder. En efecto, la creciente tecnología del combate, particularmente el distanciamiento que se logra gracias a los armamentos – 440 –


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ultramodernos que equipan nuestras fuerzas armadas, mermando su legitimidad global ante los ojos de sus propios pueblos así como de los pueblos que son objeto de sus ataques. Nos encontramos ahora a una distancia tal de nuestros « enemigos » que no hacemos más que confortar la asimetría del enfrentamiento y su radicalización (en una suerte de carrera a la barbarie). La creciente asimetría de los modos de acción que resulta puede conducir a una ruptura con la realidad del enfrentamiento y por lo tanto a una distorsión de la relación con el adversario, golpeado sin pasar ningún riesgo y estando cada vez más lejos. Desde este punto de vista, el desarrollo de los drones de combate, que otorgan logros militares indiscutibles, tiene consecuencias importantes sobre la pérdida de la legitimidad de los Estados que los utilizan, con consecuencia que se imponen la urgencia de una regulación a su uso. Pensar en el drone como una « máquina ética » resucita a un verdadero fantasma…. Esta nueva dimensión del cuestionamiento ético, inducida por la hiper-tecnología de la guerra que tiene por corolario la ruptura con la realidad del enemigo, el distanciamiento galopante y la ruptura con el nivel de riesgo entre las partes en conflicto, debe ser vista de frente. Estos procesos desembocan en efecto en el creciente salvajismo psicológico de nuestros combatientes que terminan por negar de manera progresiva su humanidad y la de sus adversarios. Dado que el distanciamiento inducido por los armamentos actuales conduce a un alejamiento emocional y esconde menos reservas en el ejercicio de la violencia. Dicho distanciamiento falla ante las exigencias esenciales de la proporcionalidad y de la reversibilidad de las posturas y modos de acción. Podemos entonces decir que la proximidad límite de la violencia, limita la indiferencia y la deshumanización. Un combatiente que no tiene nada que arriesgar es cada vez menos combatiente. ¿Será que el controlador de los drones asesinos será – 441 –


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dentro de algunos años considerado aún como tal? El se encuentra tan lejos del enemigo como se encuentra alejado de sí mismo. La tortura, situación de proximidad física violenta y máxima, parecería desmentir este análisis. Sin embargo dicha proximidad no implica de por sí un vínculo. Ella ilustra una distancia radical entre el verdugo y su víctima, despojada de toda su humanidad ante los ojos del torturador por el hecho de la indignidad misma de los procedimientos de la coacción que se arrogan sobre ésta. La tortura no es una práctica militar que podamos discutir. Es una desviación que encarna precisamente la distancia, la indiferencia radical, la objetivación última del adversario y que implica, desde este punto de vista, similitudes con los modos de tratamiento del enemigo a grandes distancias siendo esta concretamente la paradoja del sentido. De este modo, así como es preciso evitar la moralización del enfrentamiento para tener la oportunidad de escapar a la espiral de la venganza que conduce a la barbarie, es preciso utilizar nuestro poderío y buscar una nueva realización del combate, re-materialización del conflicto, rehumanización del adversario, tolerando una cierta proximidad peligrosa con éste. Es en efecto paradójicamente en la toma de riesgos en el terreno (que los poderes políticos buscan legítimamente limitar por miedo a las pérdidas por hundimientos) que se encuentra a partir de ahora la fuente principal de la legitimidad militar, y ya no solamente desde los aires o desde los mares. Esta es toda la problemática de las decisiones de despliegue de las tropas en terreno, denegada en Libia, decidida en Malí. En esta materia no hay decisión perfecta. Todo el juego consiste evidentemente en buscar aproximarse lo máximo posible al enemigo sin que esto comprometa la seguridad de nuestras tropas. La ética tiene entonces también una relación con esta dimensión global de los motores de legitimidad de la acción militar. La guerra moderna que practica el occidente es por lo tanto una guerra de paradojas: hiper conectividad, ultra información, y soledad que – 442 –


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debe sin embargo decidir « en su alma y consciencia ». La tecnología la más extraordinaria no puede hacer nada en este campo. Peor aún, puede perjudicar al poner demasiada distancia con el objetivo, engendrando indiferencia, ilusión de eficacia y, en fin, pérdida de credibilidad política. Evidentemente, no es porque el enemigo sea un ser humano que deja de ser un enemigo. Punto de estúpida santificación. Es preciso encontrar la noción de riesgo dado que es ésta la que permite la posibilidad de continuar siendo humanos en el combate.

IV

La apuesta por el hombre Hemos escogido el oficio militar por el ideal, la pasión, el gusto por la libertad, por la aventura, la voluntad de comandar, el apetito de decidir, la voluntad de ser eficaces y ver como nuestras decisiones e iniciativas toman forma. En el ejercicio de este oficio, el soldado o el oficial, mandatarios de la nación, se encuentran sumisos al poder político y no pueden hacer más que lo que éste desea, pero conserva su libertad de aceptar aquello que no ha escogido. En consecuencia, obedecer una orden no es suficiente. Incluso la prestación del juramento sobre la biblia en el ejército de los Estados Unidos no descarga al recluta de su responsabilidad individual. De este modo, sin importar cuáles sean los contra fuegos morales, religiosos o jurídicos (derechos de los conflictos armados, código de ética del soldado….) nada dispensa jamás de la posibilidad de preguntarse o de distinguir una orden como aceptable, y ciertamente tampoco exime de deber de obedecer que continúa siendo la piedra angular del edificio militar pero que no le quita a nadie su responsabilidad personal. Desde este punto de vista hay otro tema doloroso pero esencial que cuestiona el mundo militar bajo el ángulo de la ética: el riesgo – 443 –


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de una deshumanización de los comportamientos militares nacido de la exagerada polarización moral de los compromisos y la cuestión de la tortura o de los malos tratamientos afligidos contra los prisioneros (teniendo o estatus de combatientes). Es preciso medir la desestructuración ética y la creciente fragilidad de la institución militar en su conjunto para analizar la forma en que las prácticas de la tortura o de los interrogatorios « bajo presión » tienen en la lucha contra el terrorismo. ¿Cuál es por cierto la eficacia? Obtenemos a veces información, pero multiplicamos hacia el infinito la vocación terrorista… Comprendamos bien, ¡no es mi intención enviar acá un llamado a la sedición ni a la desobediencia! Yo hago un llamado a la vigilancia ética. Es a veces más grave callarse refugiándose detrás del respeto a la jerarquía que expresar (internamente) dudas, dudas e incluso una denegación. Dado que a partir de ahora es imposible en el ambiente mediático actual, imaginarse la capacidad de conservar una discreción verdadera sobre hechos que son discutibles. Es también así que el silencio fragiliza a la institución militar y empaña la imagen de los ejércitos. Frente a una orden o una misión, cualquiera que ésta sea, tenemos entonces la opción entre la adhesión, la resignación, la expresión de la duda (y a partir de esto, la posibilidad de hacer una pregunta delicada sobre « cuándo y cómo expresar sus dudas ») …o, en el caso extremo y rarísimo, la revuelta. En los dos últimos casos, antes de oponerse, debemos sin embargo reflexionar a nuestra propia legitimidad para expresarnos sin fragilizar a la institución militar. La expresión de una duda debe siempre hacerse con un matiz y de manera desinteresada, y debe tener lugar con el fin de permitir a la jerarquía la posibilidad, llegado el caso, de gestionar la realización de ciertas órdenes. Sin importar lo que ocurra, debemos continuar y ser fieles en toda circunstancia a nuestra ética personal. ¿Cómo hacerlo? – 444 –


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• Educando nuestra consciencia moral, forjando nuestro carácter, a través de la familia, la escuela, la confrontación con los otros; • Siendo puestos a prueba en situaciones difíciles; • Actuando como un « vigilante ético» en relación con lo que sentimos y nuestra inteligencia sin dormirnos con el « ronron » fácil de la obediencia a todo precio; • Evaluando el riesgo y siendo valientes; • Priorizando la fidelidad a: /sí mismo / a la institución / al bien común; La verdadera respuesta está siempre en nosotros: es la libertad de expresar un eventual desacuerdo en la medida en que esto permita continuar siendo fieles a nuestra ética personal y al servicio del bien común, respetando nuestro estatuto de oficial y los valores que lo estructuran: disciplina, ejemplaridad, espíritu, camaradería, etc.… La ética corresponde entonces a un compromiso individual que debe, llegado el caso, poder erigirse junto con la moral comúnmente recibida. La ética no es la simple obediencia de las reglas, las órdenes, las prescripciones, las sanciones, sino la expresión de una libertad verdadera con acciones que tienen lugar a través del juicio crítico, lúcido y exigente de sí mismo dentro del mundo. No somos máquinas sino seres humanos, falibles pero dotados de algo que ninguna máquina podrá hacer jamás: una humanidad que nos aproxima a todos nuestros congéneres, incluso a aquellos con los que posiblemente nos enfrentaremos con determinación en nombre de los valores en los que creemos. Podemos siempre equivocarnos, tenemos el derecho de dudar. La duda no es un enemigo, es la señal preciosa que nos dice que la situación en la cual nos encontramos no es tan clara como parece y que debemos tomarnos un tiempo de reflexión. Debemos entonces combatir sin despreciar al adversario y dándole a éste, a pesar de su ferocidad, el reconocimiento de su – 445 –


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humanidad y por lo tanto una forma de identidad con nosotros. Sabemos casi siempre decir lo que nos diferencia de nuestro adversario / enemigo. Tenemos la tendencia a olvidar aquello que nos aproxima. Cruel, bárbaro, retrógrado, el adversario continua siendo humano, como nosotros, un semejante, incluso si su comportamiento puede parecernos próximo al salvajismo primitivo. No es más que éticamente, nunca moralmente, que podemos, incluso de manera muy fugaz, sentir que el enemigo el más terrorífico o el más «bárbaro » continúa siendo un congénere, un semejante. Es imperativo reconocerle su humanidad al enemigo más feroz para que no perdamos la nuestra. Se trata de un seguro ético que nos permitirá no caer en la deshumanización, rechazar los modos degradantes de tratamiento del enemigo, escapar de la espiral destructiva del torturador, quien cree que actúa en nombre del Bien y de la eficacia en una urgencia, pero que se pierde dentro de un círculo vicioso que empuja su humanidad hacia el abismo de la indignidad. No existe de esta forma ninguna receta de la infalibilidad para que podamos comportarnos éticamente. Se trata de un camino personal, un cuestionamiento que dirigimos hacia nosotros mismos y que debemos madurar junto con las acciones dentro de la medida de lo posible, un acto de escucharse a sí mismo que, si se hacer auténticamente, no puede más que empujarnos a hacer lo bueno, o al menos lo mejor posible. Es una apuesta por el hombre. Pensar y actuar éticamente consiste en llegar a establecer un vínculo entre el yo (el deber, la misión, las órdenes, los valores militares, los valores del estado al que servimos, « el ser del mundo» del solado) y el si (lo profundo de nuestro ser, el lugar donde sentimos, y sin necesidad de nos lo digan, aquello que podemos y debemos hacer o no, nuestro deber con nosotros mismos, nuestra fidelidad y la que está en los otros que se encuentran en contradicción con aquello que demandamos que se haga). Debemos entonces tener confianza, escuchar lo que «el sí » dice al «yo». Es muy diferente «escucharse» sin duda. No nos – 446 –


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escuchamos ex nihilo, como si acabaramos de nacer. Esto se hace siempre sobre un base que se parece a los conocimientos, y la capacidad de ser que hemos adquirido, pero también a las convicciones y a los valores que hemos «construido» durante nuestra existencia personal y profesional y que han forjado nuestra personalidad. Permitiendo reparar algunas veces los desgarros íntimos que nos vemos obligados a vivir, debido a actos que hemos podido perpetrar incluyendo aquellos en toda legalidad e incluso legitimidad, el sentido ético reconstruido el lugar de destruido, incluso durante el acto de guerra o de sacrificio. Se trata de un freno esencial contra la deshumanización durante el enfrentamiento.

Conclusión Vivimos en una sociedad inmoral, donde el bien común, la dignidad humana, el respeto de nuestro prójimo son burlados todo el tiempo. Esta trágica constatación nos compromete a revisar sin tabú nuestra concepción de los vínculos que existen entre la cultura y la barbarie que no siempre son, como quisiéramos creer, dentro de la oposición sino más bien de la equivalencia. La ética es la expresión de una sabiduría amante que no puede burlarse de la moral como inspiración del Bien. Sin embargo, la moral no enseña a vivir; sino que se caracteriza por una rectitud de comportamiento, no una consciencia profunda de sí, por lo cual pierde al hombre dentro de sus contradicciones temporales. La ética nos lleva de vuelta a una inmaterialidad concreta que extrae su fuente del sentimiento de vida que abrigamos cada uno de nosotros. La ética siempre es una ayuda, siempre es accesible a quien toma la decisión y a cada hombre. La ética se impone al hombre en su interior, y le permite, si éste lo desea, establecer un vínculo con sus hermanos en humanidad en todo momento, incluso en momentos de conflicto máximo de intereses. – 447 –


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El mandato de una Fuerza debe tener consciencia de dicha fuerza esencial que tiende al mero hecho de lo que es un hombre, y ser tenida en cuenta en la emisión de sus órdenes y al momento del control sobre la ejecución. Ser un buen soldado no significa no tener corazón ni no tener alma. Totalmente al contrario. Para decidir respetando su propia «ética», es preciso adoptar, en su fuero interior, una actitud de humildad y de duda, en apariencia poco compatible con la imagen marcial que nos hacemos del soldado, del oficial y del jefe militar, pero que de hecho distingue siempre a los jefes de los valores de los otros. Es esta entrada en razón positiva e incluso constructiva, de una situación o de una personalidad forjada al filo de los tiempos, gracia, y no a causa de las pruebas de la existencia concreta, lo que permite a un soldado encontrar, no la buena o la única respuesta, sino «la mejor» posible para él en ese momento preciso». De esta forma el soldado podrá hacer honor, valentía y humanidad en su trabajo militar y seguir siendo un hombre digno ante sus propios ojos, ante los ojos de sus camaradas e incluso ante los ojos de su adversario. De esta forma, la ética no emana « de arriba », sino « del fondo » del hombre. Ella demanda que cada uno ose, en confianza de sí mismo, dar coherencia a sus conocimientos y a la acción de forma viviente. Ella no se trata de una erudición, sino que es un puro sentimiento y capacidad de compartir. Si usted se escucha a usted mismo, usted será de los mejores soldados, siendo también marcial, valiente, intrépido y duro. Gracias a esto, usted no será jamás indiferente por ignorancia ni despiadado por motivos errados.

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El oficio de las armas: Un santuario de humanidad por una ética profesional viva

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Escuela de Guerra de Francia

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El oficio de las armas: Un santuario de humanidad por una ética profesional viva

1957 — G. Brune, Cette haine qui ressemble à l’amour — Réflexions d’un colonel français en Algérie sur la nature des liens qui s’établissent entre adversaires. 1971 — Revisión Le Casoar, nos 40 et 41. Pour l’éthique de l’officier ­Réflexions sur la moralité de l’acte de guerre. 1976 — General J. Callet, Légitime défense — Réflexion sur l’éternel problème de la guerre et de la paix. 1977 — J.-J. Beucler, Quatre années chez les Viets — Témoignages de prisonniers sur la lutte menée dans les camps viets pour préserver leurs valeurs fondamentales. 2001 — Le livre blanc de l’armée française en Algérie, Éditions Contretemps. 2009 — Coronel de La Larouzière-Montlosier, Journal de Kaboul. 2010 — Coronel N. Le Nen, Taskforce tiger — Journal de marche d’un chef de corps français en Afghanistan, Economica.

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Real Escuela Militar de Canadá –Canadá–

Stéphanie A. H. Bélanger, MPA, Ph. D.


Teorías de la Guerra Justa:

idealizaciones y consideraciones prácticas1 Stéphanie A.H. Bélanger, Ph. D,

Debido a la naturaleza de la guerra en Afganistán, una de las primeras características de su representación discursiva e iconográfica, tanto en Canadá como en la mayor parte de los países aliados, es que ésta se sitúa más allá de lo sublime. Haciendo frente a un nuevo tipo de guerra (una guerra asimétrica, más específicamente fundada en la disparidad de las fuerzas)2, extranjera (intereses estadounidenses)3, que 1 2

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Las opiniones expresadas en este capítulo reflejan las investigaciones de la autora y no representan necesariamente la opinión de las Fuerzas Armadas Canadienses ni del Departamento de la Defensa Nacional. Peter H. Denton, «La fin de l’asymétrie: disparité des forces et buts de la guerra» (El fin de la asimetría: disparidad de las fuerzas y objetivos de la guerra) Revisión militar canadiense, 7:2 (2006) 23-28. Es de anotar que esta revisión profesional es enteramente encomendada por las fuerzas canadienses. La guerra de Afganistán se inscribe dentro de una secuencia de eventos a partir del 11 de septiembre de 2001 y de esta forma se define como una guerra interestatal en donde los países que hayan sostenido a los grupos terroristas se convierten en el objetivo de los países que hayan sido atacados por los terroristas. Ver Jack S. Levy y William R. Thompson, Causes of War, UK: Wiley-Blackwell, 2010, p. 177.

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Real Escuela Militar de Canadá

no hace parte de la unanimidad (discurso antimilitarista dominante)4, esta guerra no es magnificada por el poder oficial; sino que al contrario, es éste último, por el sesgo de publicaciones subvencionadas, el que promulga una imagen de la participación canadiense en todo conflicto bélico como si tuviese el objetivo de mantener la paz. Bajo una apariencia «pan-canadiense», esta visión del hecho bélico no se encuentra menos marcada por las contradicciones internas ni por importantes tensiones. Sin embargo, el hecho de que la población canadiense favorezca o no la conservación de la paz, que los militares mismos se consideren como soldados de la paz o como guerreros, todo tiende hacia un mismo ideal que es el de propagar una imagen de sí que es conforme con los discursos canónicos sobre las representaciones de la Guerra Justa. El vínculo que mantiene a los soldados con su propio trabajo, y el vínculo que mantiene a un pueblo con sus fuerzas armadas se encuentra determinado, y lo que este artículo pretende demostrar, menos por la experiencia del combate en terreno operacional o por las decisiones políticas de los líderes del momento, que por la manera en la que los soldados y los civiles se identifican con la leyes generales que rigen el derecho de la guerra y de la paz5. Si cada país define sus leyes y se define por su vínculo a estas leyes 4

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El 60% de la población canadiense se opone a la presencia de las fuerzas armadas canadienses en Afganistán de donde el retiro de las tropas se prevé para julio de 2011 (oponiéndose a un 28% de la población que apoya dicha presencia y un 12% que se muestra indiferente): “Don’t extend Afghan mission, Canadians say: poll”, encuesta EKOS, del 08 de abril de 2010, CBC News, http://www.cbc.ca/canada/story/2010/04/08/ekospoll-april-8.html#ixzz0kc19vOTL, consultado el día 21 de abril de 2010; ver también la encuesta Angus Reid Public Opinion, en Vision critical Practive, “Canadians Reject Extending Combat Mission in Afghanistan Beyond 2011”, http://www.visioncritical.com/2010/04/canadians-reject-extending-combat-mission-in-afghanistan-beyond-2011/, consultado el día 21 de abril de 2010. Voir, entre autres, S. Goyard-Fabre, Repenser la pensée du droit, París: Vrin, 2007.

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Teorías de la guerra justa: idealizaciones y consideraciones prácticas

que a partir de ahora son internacionales con algunas variaciones, la experiencia canadiense será explorada como el ejemplo emblemático de una experiencia occidental de la guerra con el fin de establecer, gracias a un estudio de caso, la amplitud y el nivel de la influencia de la cultura de la guerra sobre la identidad individual.

Breve información histórica sobre los orígenes occidentales de las teorías de la

Guerra Justa6

Los primeros teóricos de la Guerra Justa tenían como objetivo sobrepasar la visión teológica de la justicia con el fin de conferirle una aplicación universal. Hugo Grocio, por ejemplo, llega a la conclusión de que si no existe ningún medio para evitar que los hombres hagan la guerra, debe entonces haber buenas «razones» y buenas «formas» de hacer la guerra7, más allá de las creencias y de las intervenciones divinas. Este autor procede a realizar una nomenclatura y clasificación laica, empezando por su género y sus principios para que sus contemporáneos se sometan a la misma. Es así como llega a la publicación de su obra del Droit de la guerre et de la paix (Derecho de la guerra y de la paz). Grocio explica por sí mismo haber escrito este volumen con

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7

Una versión más elaborada de esta parte se encuentra en Stéphanie A.H. Bélanger. Guerras, sacrifices et persécutions : Une relecture de Garnier, Hardy, Corneille et Rotrou à la lumière des théories thomistes de la guerra juste (Guerras, sacrificios y persecuciones: una relectura de Garnier, Hardy, Corneille y Rotrou a la luz de las teorías tomistas de la Guerra Justa). París: l’Harmattan, colección « Comentarios filosóficos », Jan, 2010, y se reproduce aquí en parte con el permiso del editor. Ver Haggenmacher, Grocio et la doctrine de la guerra juste (Grocio y la doctrina de la Guerra Justa), p. 42-49 y p. 547-587; Bacot, La doctrine de la guerra juste (La doctrina de la Guerra Justa), p. 54-63; O’Brien, The Conduct of Just and Limited War (La realización de guerras justas y limitadas), p. 16-70.

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el fin de oponerse al mal que castigó duramente en Europa y del cual él es testigo, sino víctima. Convencido, escribe, de la existencia de un derecho común a todos los pueblos, y sirviendo sea para la guerra, sea durante la guerra, he tenido numerosas y serias razones para decidir escribir sobre este tema. Yo veía en el mundo cristiano un exceso de guerra que fue la vergüenza incluso de las naciones bárbaras; por causas ligeras o sin motivos corríamos a las armas y, una vez que las habíamos tomado, no observábamos ya ninguna norma de respeto ni del derecho divino, ni del derecho humano, como si, en virtud de una ley general, el furor se hubiera desencadenado sobre la vía de todos los crímenes8. Para remediar el problema de los «excesos de guerra», el autor busca establecer un sistema de leyes que permita legislar sobre la guerra. El autor expone no solamente cuáles pueden ser las «causas» justa de la guerra , tales como la culpa del adversario, el uso de la fuerza de las armas siempre que constituya el único medio de reparación de justicia, la proporcionalidad entre la gravedad de la falta y las calamidades que se esperan de la guerra, etc.; pero también y sobre todo las «formas» justas en las que conviene hacer la guerra, tales como el respecto de los juramentos, los derechos sobre los enemigos, los derechos sobre los bienes, los derechos sobre los prisioneros, etc.9. El autor explica que una guerra, para ciertos pensadores antiguos, no es justa más que si ésta es declarada con el fin de detener una injusticia o de defenderse de una violación de un tratado que ha sido logrado bajo la protección divina, para retomar un territorio amenazado u ocupado que nos pertenece por derecho o, en fin, para defender a los aliados que hayan sufrido de una o de otra de estas violaciones. 8 9

Grocio, Le droit de la guerra et de la paix (El derecho de la guerra y de la paz), « Prolégomènes », p. 19. Ver Regout, La doctrine de la guerre juste de saint Augustin à nos jours (La doctrina de la Guerra Justa de San Agustín en nuestros días), p. 20-25.

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Con el fin de convencer de su tesis a sus contemporáneos, Grocio se remite a los más grandes pensadores entre paganos y cristianos, a los cuales sin embargo él hace referencia de manera a veces aleatoria. Por ejemplo, para mostrar que dejando de lado las causas ligadas a la voluntad de restablecer derechos violados, todo acto belicoso es condenable, el autor se remite a esta cita que ha debido encontrar en Aristóteles: «Hacemos normalmente la guerra contra aquellos que han cometido una injusticia»10. Con el fin de dar peso a su argumentación, Grocio cita entonces, entre los pensadores antiguos, a aquellos que se expresan de una manera que recuerda ciertos puntos puestos en consideración por pensadores cristianos acerca de la guerra. De esta forma, al lado de los argumentos teológicos de Santo Tomás de Aquino, presenta ejemplos que encuentra en los filósofos griegos o latinos que han afirmado, en una u otra obra, puntos de vista similares a los de éste. El autor se remite, por ejemplo, a Séneca, particularmente a este pasaje con el que termina su análisis sobre la Clemencia: Ningún hombre es más digno de rango soberano ni más bello que la corona de: «haber salvado ciudadanos»: a la que no se igualan ni los trofeos tomados de los vencidos, ni los carros teñidos con la sangre de los Bárbaros, ni los despojos conquistados por la guerra. Si hay un poder divino, éste consiste en salvar a multitudes de hombres y a un pueblo entero. Matar a muchos y sin distinción es un poder que pertenece al incendio y a los edificios que se derrumban11.

Todo el arte de la Guerra Justa consiste entonces en protegerse de aquellos que amenazan sin razón a la ciudad; esta teoría es en la misma medida más plausible, como se puede leer entre las líneas de 10

Apodicticon II, XI, obra atribuida a Aristóteles por Grocio, Le droit de la guerre et de la paixI (El derecho de la guerra y de la paz), p. 165. 11 Séneca, De la clémence (De la Clemencia), 3, 24, p. 48. Ver también, por supuesto, Grocio, Le droit de la guerra et de la paix (El derecho de la guerra y de la paz), p. 73, 144, 170, y siguientes.

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la obra de Grocio, ya que los antiguos establecen ellos mismos este principio como una ley fundamental. De esta forma, al efectuar una síntesis entre las teorías paganas y cristianas, Grocio elabora lo que él define como una visión universal y laica de la guerra y de la paz. A pesar de su voluntad de separarse de toda influencia teológica, esta visión de la guerra caracteriza menos, por supuesto, la concepción antigua de hacer la guerra que lo que se inscribe dentro de la tradición cristiana de los pensadores que se interesaron en este tema. En efecto, desde San Agustín, los segundos tratan de definir en qué consiste una Guerra Justa. Santo Tomás de Aquino, que hace una síntesis de estas teorías en el siglo XIII, inserta de manera singular su teoría de la guerra en los capítulos que tratan de la virtud teológica de la caridad (SecundaSecundae, Pregunta 40, «La guerra»). La guerra es un crimen contra la paz, a menos, por supuesto, que ésta sea declarada con el fin de restablecerla. Este teólogo considera que, al igual que San Augustín, una guerra no puede ser justificada más que si ésta sirve para promover el bien y evitar el mal; que si ésta es iniciada por las personas que tienen la autoridad sobre su ciudad12 y que si ésta es declarada con base en buenas intenciones. La guerra busca restablecer la paz; y es esto lo que debe constituir su único objetivo. Esta disposición es posible gracias a la virtud de la caridad. Sin estas condiciones, la guerra es una amenaza proferida contra el prójimo, o lo que es lo mismo, un crimen contra la caridad, lo cual constituye propiamente dicho, o más bien, teológicamente hablando, une ofensa contra Dios. En su texto, Grocio reafirma las reflexiones de Santo Tomás de Aquino, resumiendo, bajo la forma de presupuesta laicidad, aquello 12

Yo subrayo el pasaje que Santo Tomas de Aquino compuso sobre la cuestión de la guerra en París, lo cual sin duda influenció su concepción del Príncipe, la cual engloba a todas las autoridades colectivas autónomas; siendo estas últimas las que deben, según la teoría tomista, remitirse a su príncipe con el fin de obtener justicia en los casos en que se reciba una ofensa.

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que une las visiones pagana y cristiana de la guerra. Según él los pensadores occidentales de la Antiguedad, de la Antiguedad tardía, de la Edad Media y del Renacimiento están todos de acuerdo sobre este punto, consistente en que «no puede haber otra causa legítima de la guerra más que un mal recibido»13. Esta afirmación es presentada de una manera convincente en su obra, ya que basa su demostración en las ideologías que se encuentran en los escritos sobre las causas legítimas de la guerra de Dionisio de Halicarnaso, Demóstenes, Dion Casio, Cicerón, Séneca, Quinte Curcio, Lucano, Justin, Lactancio y Agustín, así como la suya y la de numerosos pensadores de su época. Para este autor, los principios del bien y del mal son universales y la Guerra Justa, en consecuencia, tiene también criterios que sobrepasan los límites territoriales, las diferencias religiosas y la influencia de los tiempos. Una guerra no puede ser justa más que si se declara por la defensa de la patria y de sus dioses (o de Dios); dicho de otro modo, por una causa que eleva al beligerante por encima de sus intereses personales y que desborda los límites de su propia existencia. Del mismo modo, una venganza no puede ser válida más que si ésta es exigida por un número de criterios bien precisos. Según Grocio, las venganzas se encuentran sometidas a las mismas reglas que las guerras justas: éstas no pueden ser legítimas más que en los casos en los que ha tenido lugar una violación de tratados o de bienes y que dicha violación no pueda ser sancionada por el rey ni por una instancia superior que pueda detener todo aspecto que sea demasiado personal en la venganza14. Regout, en su análisis de los pensadores y canonistas católicos, afirma que para la mayoría de los pensadores cristianos, « la guerra no es justa más que si ésta se impone de manera absoluta para la defensa de los derechos contra una ataque injusto, para la restaura13 14

Grocio, Le droit de la guerre et de la paix (El derecho de la guerra y de la paz), p. 163. Ver Grocio, Le droit de la guerre et de la paix (El derecho de la guerra y de la paz), p. 152.

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ción de los derechos en caso de sufrir una ofensa, para la vindicación de la justicia violada »15. De esta forma, de Santo Tomás de Aquino a Grocio, se supone que no podemos declarar una Guerra Justa más que si no hemos sido atacados por anticipado.

De lo universal a lo particular: el ejemplo canadiense

Esta importancia que se le entrega a los dioses de la ciudad, a la ciudad y los aliados, se convierte, en el Régimen Antiguo, en un referente jurídico y simbólico que sirve no solamente para decidir, en el plano histórico, aquello que hace que una guerra sea justa, sino que también, en el plano literario, aquello que hace que un hombre sea un «héroe» y esto, en los libros tanto como en la política: es aquel que se distingue de los otros por el hecho de poner en riesgo su vida por una causa justa que éste intenta defender de acuerdo con los medios justos16. En el caso que nos interesa aquí, esta causa no sería Dios, sino el Estado. En efecto, esta condición que hace que una guerra sea justa funciona a manera de presupuesto que subyace al discurso de los beligerantes. Incluso hoy en día, un militar cuenta su experiencia de guerra insistiendo sobre lo que las fuerzas armadas a las cuales él pertenece buscaban lograr más allá de cada encuentro con las fuerzas

15 Regout, La doctrine de la guerre juste de saint Augustin à nos jours (La doctrina de la Guerra Justa de San Agustín en nuestros días), p. 299. Ver también Joxe, Voyage aux sources de la guerre (Viaje a las fuentes de la guerra), p. 239-240. 16 Esta dimensión del hecho beligerante, sus justificaciones y sus representaciones se encuentra ilustrada en Stéphanie A.H. Bélanger. Guerres, sacrifices et persécutions : Une relecture de Garnier, Hardy, Corneille et Rotrou à la lumière des théories thomistes de la guerra juste (Guerras, sacrificios y persecuciones: una relectura de Garnier, Hardy, Corneille y Rotrou a la luz de las teorías tomistas de la Guerra Justa). París: colección Harmattan, « Comentarios filosóficos », Jan, 2010.

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enemigas: su país no pudo haberlo comprometido en la realización de una guerra más que por una causa que sobrepase los intereses inmediatos. Al igual que el discurso político en boga, actuando como la pars pro toto, la parte por el todo, la representación singular de un todo universal, el militar dice deber sobrepasar sus propios deseos por su entrega a una causa que no solamente es justa, sino que sobre todo es « grande »; es decir, algo que lo pone en un lugar por encima de todos los mortales. En resumen, la supremacía de la Ciudad sobre el individuo sirve todavía hoy como presuposición para todos los discursos que abordan la experiencia de la guerra. Una Ciudad o para utilizar una terminología más moderna, un Estado que llega de manera interdependiente a movilizar al mismo tiempo la coerción, el capital y la legitimidad se convierte en un Estado soberano que ejerce un control legal sobre un territorio. En el caso contrario, un Estado que se impone por una coerción no deseada, que no distribuye sus riquezas entre la población y que gobierna de una forma que no se fundamenta en la razón y en las leyes se convierte en un Estado caótico, en el que los disidentes se expresan por la vías armadas más que por las democráticas. Esta es exactamente la forma en que la prensa canadiense, el discurso popular canadiense y los discursos oficiales de las fuerzas armadas canadienses tratan a Afganistán: un país que jamás ha sido legítimo, pero al mismo tiempo un país en done las intervenciones inglesa, rusa y estadounidense no han hecho nada para mejorar la situación. Todos se ponen de acuerdo para decir que no va a ser en una década de intervención armada (intervención a la que a veces se le llama ocupación, fuerza de reconstrucción, presencia estadounidense, o de otros modos) que las cosas van a cambiar17. 17

Ver Louis Delvoie, « Afghanistan : des attentes réalistes » (Aftanistán: las expectativas realistas), Revisión militar canadiense, 7, n° 3, 2007, <http:// www.journal.forces.gc.ca/vo7/no3/views-vues-fra.asp>, consultado el 30 de agosto de 2010; Scott Taylor, “Canada’s mission in Afghanistan” (La

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Contrariamente a lo que pasó con la guerra de Vietnam, la cual se hizo muy impopular debido a las imágenes televisadas que difundían de manera masiva las atrocidades de la guerra (niños muertos, pueblos destruidos, etc.), la guerra de Afganistán encuentra su impopularidad en las raíces mismas de la mentalidad canadiense salvajemente no intervencionista: nación pequeña con grandes costumbres, los canadienses adoran jactarse de su superioridad moral, de su pacifismo; desde la guerra de los Patriotas (1838), jamás han tomado las armas sobre su propio territorio, excepto en un caso aislado, conocido como la crisis de octubre de 1970. También es de anotar que Lester B. Pearson, el fundador de los Cascos Azules, los solados de la paz, es canadiense. Canadá continúa siendo un país pacífico, su ejército tiene reputación en el plano internacional, no hay ninguna razón para que se meta de un tajo a una guerra como si fuesen piratas o vaqueros indisciplinados. Este punto es tan general que atraviesa todas las esferas discursivas18. La proposición de semejante visión ideológica no puede tener lugar

18

misión de Canadá en Afganistán), Journal of Military and Strategic Studies (Revista de Estudios Estratégicos Militares), 9(1), 2006; John Ferris, “Afghanistan Invasion 1838-2006” (La invasión de Aftanistán 1838-2006), Journal of Military and Strategic Studies, (Revista de Estudios Estratégicos Militares) 9 (1), 2006. Ver Colin Robertson, “The Past as Prologue: Sustaining Canadian Capacity for Defence, Diplomacy and Development” (El Pasado como Prólogo: Capacidad Sostenida de Canada para la Defensa, la Diplomacia y el Desarrollo), Journal of Military and Strategic Studies (Revista de Estudios Estratégicos Militares), 12, n° 2, 2010: “Nuestras fuerzas son notoriamente versátiles. Hemos logrado una reputación como tropas de choque en la Primera Guerra Mundial y luego como hacedores de paz en la era de la Guerra Fría. Hoy, nuestras fuerzas usan sus habilidades para crear las condiciones que permiten a los diplomáticos negociar una paz duradera y nuestro programa de desarrollo puede construir escuelas y hospitales y entrenar profesores y enfermeras. Nuestro exitoso y continuo experimento histórico con el pluralismo nos da un activo digno de mención y una posición de responsabilidad para hacer un mundo mejor. Nosotros podemos establecer un puente entre las naciones y un eje a lo largo del océano”, 123.

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más que dentro del contexto de las misiones de paz: no imaginamos al soldado canadiense como alguien que se presenta en Afganistán desarmado, capaz de reorganizar el país en los planos económico y político sin tener que recurrir a la fuerza física. Nos imaginamos también que este solado solucionará las diferencias con las fuerzas enemigas por la vía diplomática, por medio de largas y tortuosas deliberaciones y que, según la concepción utópica de la infalibilidad y de la irresistibilidad de toda forma de régimen democrático, las diferencias culturales, los retrasos económicos, las fricciones étnicas, las divisiones, la desorganización del estado y la corrupción se desmoronarán poco a poco, sin que el uso de la fuerza (la infantería, la caballería, la artillería ligera y la artillería pesada, etc.) sea jamás utilizada. La guerra de Afganistán es la ocasión para que las fuerzas armadas canadienses se impongan como potencia mundial que se destaca por su capacidad para reconstruir un país destruido19. Pero lo más común, el recurso a los viejos paradigmas retóricos, siendo omnipresente en el discurso oficial, no juega más que un rol secundario. Incapaz de pasar más allá de esta antigua forma discursiva que no tienen ningún vínculo con lo real, esta ortodoxia no se ha liberado aún de estos lugares comunes que hacen parte de sintagma estereotipado. Más bien al contrario, la experiencia de la guerra en Afganistán reclama un nuevo discurso que no osa imponerse sin pagar un tributo a la imagen obsoleta que las fuerzas armadas canadienses y, a fortiori, una buena parte de la población canadiense, tienen de ellas mismas. Si bien éste tarda en deshacerse de sus antiguas formas, el nuevo discurso emerge de sus cenizas con el fin de dar una mejor respuesta a la nueva realidad, cuyo objetivo consiste en la formación y la instrucción de beligerantes que encuentran su razón de ser en su « Fuerza », en sus

19

Michael Goodspeed, “Le Canada et les Nouveaux Paradigmes de la Guerre” (Canadá y los nuevos paradigmas de la guerra), Revue Militaire Canadienne (Revisión Militar Canadiense), 9, no. 1, 2009, 112

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hazañas de la guerra. Es así como encontramos a menudo, en un mismo texto, manifestaciones espectrales del soldado dulce, afable, hospitalario, humanitario, candidato ideal para reconstruir puentes, escuelas e incluso pueblos, y el surgimiento de su última versión: un soldado valiente y «bueno», pero un «soldado», armado hasta los dientes. Si los canadienses han adquirido una sólida reputación en este campo, es porque éstos eran antes que nada buenos soldados. Ahora bien, aunque las fuerzas canadienses disponen de buenos soldados, éstas jamás han sido militaristas, incluso si este matiz no siempre ha sido delimitado ni puesto en evidencia. Infortunadamente, la imagen engañosa de las fuerzas canadienses, históricamente presentes con fuerzas de mantenimiento de la paz antes que nada, o llevado a numerosos canadienses a hundirse erradamente en la autosatisfacción y en una percepción irreal de sus fuerzas armadas, poco propicia para la toma de decisiones eficaces en materia de política extranjera y de seguridad20. Siendo incapaz de conciliar sus espectros antiguos con la experiencia contemporánea de la guerra, el discurso oficial se posiciones francamente y sin matices como no militarista («ellas no han sido nunca militaristas») pero a favor del «soldado» (expresión puesta en itálicas por el mismo autor del artículo), términos que, a pesar de su sentido visiblemente importante, siguen estando a la espera de ser definidos. La ortodoxia, por esencia estigmatizada, no llega más que muy lentamente a liberarse de sus antiguos valores y recurrir a un vocablo confuso, sin conexión con lo real, en sus esfuerzos hacia una nueva afirmación de su nueva identidad beligerante. La relación del militar con su identidad es íntima; no juega a la guerra, no se deshace de sus recuerdos, ni de sus acciones. El soldado no es vocero ni embajador de los valores que le son asignados, siendo más radicalmente la encarnación de éstos. El discurso adoctrinado 20

Ibidem, 113. Es de anotar que no soy yo quien lo subraya

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es transmitido (a menudo con pompas y «flexiones de pecho» para retomar la expresión popular) por los militares experimentados a los reclutas, para ser luego reforzado por la experiencia del régimen, luego por la guerra, hasta convertirse en una forma de ley no oficial entre los militares. Ellos se encuentran por amplia mayoría en armonía con sus valores inculcados de sacrificio, de valor, de deseo de ser desplegados e incluso, de la certitud de que es la calidad militar de su entrenamiento la que les salva la vida y los hace mejores. Y cuando esta perfecta armonía falla, cuando, por una u otra razón se les escapa, se sienten amenazados por una espada de Damocles, cuando ya no establecen la diferencia entre las situaciones peligrosas y la vida cotidiana, cuando caminar sobre su propio césped les parece tan peligroso como atravesar un campo minado, cuando no importa que viandante cerca de ellos se convierte también en una amenaza igual a la del enemigo que engendra el riesgo de abrir fuego contra ellos, entonces se encuentran en ruptura con lo que han aprendido a ser; deben entonces ponerse en tela de juicio, romper esta identidad que hasta entonces los protegía, pero que ahora pone en peligro su salud mental. El campo de batalla se hace interior. La mayoría de los soldados consideran la guerra según la definición normativa de la guerra de Clausewitz: «la guerra es la simple continuación de la política por otros medios»21. Ahora bien, pareciera que la identidad beligerante no estuviera tan centrada sobre los medios, a menudo considerados como el uso potencial de la violencia, como sobre el fin, concebido como una adición de acciones y de consecuencias que tienden hacia un progreso teleológico: “El ejército canadiense está mejor entrenado, mejor preparado y tiene un mejor código de ética” (F34)22. Un soldado entrevistado explicaba el impacto de las 21 22

Carl von Clausewitz, De la guerre (De la guerra) (París: Éditions de Minuit, 1955), 67. Estas entrevistas fueron efectuadas dentro del marco de un estudio sub-

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misiones de combate sobre el sentimiento de dignidad que sentían los soldados canadienses al momento de cumplir con sus deberes en el terreno operacional; este sentimiento de dignidad se encuentra a la base misma de su motivación de someter un permiso especial de participar en otra misión a partir del momento en que el tiempo de « reposo » obligatorio terminaba; incluso, se trata de la motivación de la mayoría de los soldados a enlistarse en el seno de las fuerzas armadas canadienses. Todos se jactan del profesionalismo de sus fuerzas armadas, un profesionalismo que perdura incluso bajo condiciones extremas: “Tenemos una alta reputación porque somos conocidos como soldados profesionales. Una gran parte de los otros militares tienen un kit extra bastante grande que yo creo que usted diría que es algo con lo que ellos cuentan, mientras que nosotros contamos con nuestras habilidades en las cuales somos entrenados en contraposición a todas las máquinas que pueden hacer el trabajo por nosotros. Por eso ellos nos tienen en un alto concepto” (F15). La visión que tienen las fuerzas aliadas de sus propias capacidades constituye un factor determinante en su identidad como soldados, en su sentimiento de enfrentarse por buenos motivos. A pesar de que los resultados estratégicos de la misión en Afganistán parecen ser poco convincentes, la vasta mayoría de los soldados23 auto-justifican su propio rol insistiendo en la superioridad moral de sus «Fuerzas». El desplazamiento del polo de Clausewitz de la guerra opera una suerte de reconciliación discursiva de la dicotomía entre el soldado de la paz /y el soldado de la guerra. El ejercicio de la

23

vencionado por el Jefe de Estado Mayor del ejército de tierra sobre la identidad del soldado y la cultura de la guerra en las que 75 militares canadienses fueron entrevistados. Estos testimonios son clasificados de acuerdo con un código anónimo de F1 a F75 y son aquí identificados como tales. Soitsoixante-deuxsoldatssur les soixante-quinzeinterviewés; voirStéphanie A.H. Bélanger et Michelle Moore, “Public Opinion and Soldier Identity: Tensions and Resolutions”, in Alice A. Aiken et Stéphanie A.H. Bélanger éditrices, Beyond the Line: Military and Veteran Health Research, MontréalKingston: McGill-Queen’s University Press, 2013, sous presse.

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violencia como medio —a menudo connotado de manera negativa— es trascendido por el ejercicio auto-reproductivo de la seguridad como finalidad (hace el bien), incluso aunque este ejercicio sigue siendo una suerte de tautología: ellos describen su empleo, cuando se encuentran amenazados por el fuego enemigo y responden a sus asaltos, como momentos de «euforia ». Cuando se les pregunta sobre aquello que estos momentos tienen de eufóricos, ellos responden que es porque su trabajo consiste en «hacer parte de la infantería y pertenecer a un batallón.» (F46; F5). La circularidad de esta definición pone dos cosas en evidencia: la infantería es eufórica porque es la infantería, lo cual significa que se trata de la función última; y que hacer parte de un batallón es eufórico porque esto permite participar de manera activa en misiones, estar “allá”, bajo el fuego de la acción: “No hay dinero que valga lo que nosotros hacemos allá. No hay un número que usted pueda sugerir… es imposible. El chico que va a Afganistán, que va al campo de batalla, y que quiere dinero por eso, es un chico que no está en el lugar apropiado. Él no está en el lugar correcto. La gente se da cuenta de esto rápidamente porque nada vale la intensidad del esfuerzo.”(F53). En otros términos, el soldado posee una identidad competente: él no se ve como un agente de mantenimiento de la paz, sino como un hacedor de paz. Cuando se les pregunta “cuál es la reputación de las fuerzas armadas canadienses en la escena internacional », ellos responden todo que cuando las reglas de compromiso no les otorga el derecho a recurrir a las armas (como por ejemplo en Ruanda), «los individuos son inútiles » (F4). De lo que se infiere que, a sus ojos, la naturaleza misma de su tarea, y por ende, de su identidad, se encuentra en el corazón del combate, en el recurso a las armas. El discurso sobre el concepto de la seguridad consolida sobre una misma forma activa la identidad híbrida del soldado24 llamado a 24

Karl Haltineret Gerhard Kümmel,“The Hybrid Soldier: Identity Changes in the Military” (El Soldado Híbrido: Cambios de Identidad en los Mili-

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efectuar tareas que a la vez son convencionales y no convencionales. El soldado se identifica con la flexibilidad preconizada por su entrenamiento militar únicamente cuando se siente llamado a cumplir diferentes tipos de misiones dentro de un mismo despliegue operacional. El soldado reducido a las competencias particulares de mantener la paz ve su identidad fragmentada, porque no se siente en el ejercicio de un rol plural. De la misma forma, el soldado que participa exclusivamente en operaciones ofensivas en Afganistán evoca a menudo el rol humanitario concomitante con los equipos de reconstrucción con el fin de justificar su rol así limitado. La flexibilidad del soldado canadiense tiende también a una consciencia moral personal que permite determinar de manera autónoma y eficaz la «postura beligerante» circunstancial a adoptar. Es necesario además precisar, al igual que Jefferess, que detrás del aspecto desinteresado de la fórmula de «hacer su trabajo» reside una convicción ética distintivamente canadiense25. La identidad de los soldados canadienses, esos hijos de Lester B. Person, es sobretodo fuertemente moral, a pesar de que la misma proviene de una cultura beligerante competente basada en la eficacia del combate26. Así como la cultura beligerante tradicionalmente devuelve a los

25

26

tares) en Armed Forces, Soldiers and Civil-Military Relations (Relaciones entre Fuerzas Armadas, Soldados y Civiles y Militares), éd. Gerhard Kümmel, Giuseppe Caforioet Christopher Dandeker (Wiesbaden: VerlfürSozialwiss, 2009), 79. David Jefferess, “Responsability, Nostalgia, and the Mythology of Canada as a Peacekeeper,” (Responsabilidad, Nostalgia y Mitología de Canadá como Actor de Conservación de la Paz) University of Toronto Quarterly 78, no. 2 (2009): 712. Donna Winslow, “Misplaced Loyalties: The Role of Military Culture in the Breakdown of Discipline in Two Peace Operations,” (Lealtades mal emplazada: El rol del la cultura militar en el rompimiento de la disciplina en dos operaciones de paz) Journal of Military and Strategic Studies (Revista de Estudios Estratégicos Militares) 6, no. 3 (2004): 364.

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oficios del combate se entendería que hoy lo hace a los oficios del sostenimiento; para la mayoría de los soldados que dicen «hacer su trabajo», la acción se comprende como la aserción de una potencia moral por la competitividad de toda profesión militar en un ambiente peligroso y real. El leitmotiv de «hacer su trabajo» sugiere que los soldados buscan aletargar sus emociones con el fin de preservar la estabilidad27 de su superioridad moral en contraposición a los chicos malos, quienes «desean el mal» a los soldados canadienses y quienes se deniegan sus valores, y los chicos buenos, que combaten el mal del peligro. Es en estos términos, por ejemplo, que se expresa el capitán Simón Mailloux, quien, víctima de un artefacto explosivo improvisado, perdió una pierna durante su primera misión en Afganistán pero quien, después de una rehabilitación épica, regresó en misión con el fin de «matar» simbólicamente esta bomba: “Al regresar allí, creo que he vencido el IED que me explotó» 28. El enemigo se convierte en la causa de las heridas y de las pérdidas humanas que hay que vengar; es él la causa de los riesgos de heridas y de los combatientes que se encuentran aún en el frente y a quienes hay que sostener no solamente en términos morales sino también en términos físicos por medio de las armas29. 27 Creed, Ethics, Norms and the Narratives of War (Ética, Normas y Narrativas de Guerra). 28 Perkil, Colin, “Canadian soldier amputee at Afghan mission” (Soldado canadiense amputado en mission afgana), The Star, 11 de enero de 2010, http:// www.thestar.com/news/canada/afghanmission/article/748976--canadian-soldier-first-amputee-at-afghan-mission, consultado el 16 de julio de 2013. 29 Es el caso, por ejemplo, del cabo jefe (hoy retirado) Paul Franklin quien sufrió una amputación de las dos piernas en Afganistán, pero quien se niega, al igual que el capitán Simón Mailloux arriba citado, a interpretar esta experiencia como una motivación para terminar con sus esfuerzos de guerra. Al contrario, el hecho de que él mismo haya sido herido, y que otros hermanos y hermanas de armas sufran de manera cotidiana la misma suerte, es una justificación, a su entender, para continuar con esta guerra, tal como lo explica en una obra biográfica de Liane Fauldner, The

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Conclusión Un mismo discurso, la importancia de hacer misiones humanitarias, se expresa según vectores discursivos totalmente opuestos: para los unos, la guerra es el testimonio de un fracaso político30, buscar «hacer » la paz más que ser un « guardián » de la paz es la prueba de que la paz en el mundo se encuentra amenazada, y que ésta es incluso imposible, así como que la humanidad misma es una prueba de fracaso: “Ningún canadiense debe tener la expectativa de morir en representación de la paz de un país extranjero cuyos ciudadanos no desean vivir en paz. En consecuencia, al cambiar el propósito inicial de las Fuerzas Armadas canadienses de pasar de la guerra a la conservación de la paz, la disciplina y el trabajo en equipo que hacen de éstas un instrumento útil para la conservación de la paz, son deterioradas”31, como se lee en los artículos científicos y populares que tratan sobre la implicación de las fuerzas armadas canadienses en conflictos de ultramar. Para la población canadiense, el sacrificio no vale la pena. Únicamente las misiones de conservación de la paz, aquellas en las que el uso de las armas es inútil, son aceptables. Este discurso se encuentra motivado por una creencia fundamental y extendida de que el avenir de un mundo de «paz», tal como el que describe San Agustín en su Suma Teológica, es Long Walk Home. Paul Franklin Journey from Afghanistan.A soldier’s story (El Largo Camino a Casa. Paul Franklin. Viaje de Afganistan. La historia de un soldado). Winnipeg: Windle and Glass, 2007, 139: “Paul quería que los canadienses supieran de qué estaban hechos los soldads. Él quería además que su país ofreciera apoyo a la misión a medida que la presión crecía contra sus camaradas en Afganistán”, 139. 30 Ver por ejemplo P. Vennesson, “Les États-Unis et l’Europe Face à la Guerre: Perceptions et Divergences dans l’Emploi de la Force Armée” (Los Estados Unidos y Europa ante la guerra: percepciones y divergencias sobre el uso de las fuerzas armadas) Études Internationales (Estudios Internacionales) 36, no. 4 (2005): 541. 31 Curtis, “Human Security and the Canadian Armed Forces” (Seguridad Humana y las fuerzas armadas canadienses), 275.

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eminente, y que éste se realizará por el recurso no a un arma sino al diálogo razonable y constructivo. De otra parte, en respuesta a una ideología completamente opuesta, el oficio de las armas es aceptado de una manea tan intensa por los soldados que éstos no pueden imaginar otra forma de vida que no sea la del espíritu beligerante del sacrificio de sí por un bien superior, peleando por sus hermanos y hermanas de armas, en el nombre de la paz. Para hacer frente a estas dos situaciones tan extremas como las que se han vivido en Afganistán, los soldados canadienses aceptan decir que ellos son los buenos «soldados» antes de ser los buenos «agentes de paz»32 y que su rol es el de facilitar la llegada de la paz por medio del uso de las armas. El pueblo canadiense, en cuanto a sí mismo se refiere, deniega esta pasión por la guerra; repeliendo esta necesidad de apoyar a sus hermanos de armas con base en consideraciones ideológicas; oponiéndose a esta voluntad de dar un sentido a la guerra en sí misma, de santificar los sacrificios de aquellos que mueren en suelo afgano en un ambiente belicoso, oponiéndose a identificar con estos soldados que han cambiado su casco azul por el uniforme de combate. No está de más aquí la demonización del enemigo ni la idealización de la guerra, dado que el soldado se desea ético; se trata más bien de una reivindicación de la identidad beligerante en contraposición a una cultura estatal de la paz; el soldado requiere ser entrenado y luego desplegado allí donde el discurso ideológico falla. Su rol comienza allí donde la orden de paz se difumina, pero el restablecimiento de la paz no define el logro de la misión; sino que proclama la victoria cuando su misión termina y regresa al régimen– en donde se prepara rápidamente en vista de un nuevo despliegue.

32

Micheal Goodspeed, « Le Canada et les Nouveaux Paradigmes de la Guerre » (Canadá y los nuevos paradigmas de la guerra), op. cit., 105-113; Linda McQuaig, “Dion Caves, Harper Raves”, 2008, <http://www.lindamcquaig.com/Columns/ViewColumn.cfm?REF=62>.

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Agradecimientos

Ante tan ilustre obra, y como Director Académico de este proyecto, me es preciso exaltar mi sincero agradecimiento a la labor realizada por el Señor Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón Bueno, quien orientó esta publicación y quien ha apoyado constantemente la profundización en el tema de la Ética Militar como materia de gran relevancia en el contexto nacional e internacional contemporáneo. Así mismo, resalto la importante participación del señor General Juan Pablo Rodríguez Barragán, Comandante General de las Fuerzas Militares, quien ha demostrado un especial compromiso con el tema en cuestión y el presente proyecto. A la señora Viceministra de Defensa Diana Quintero Cuello un especial saludo por su gran interés en honrar el nombre de nuestra Institución a través del apoyo a los programas de la Escuela Superior de Guerra enfocados en forjar y profundizar en las bases de un comportamiento ético superior. De igual forma, agradezco a cada uno de los autores que hicieron parte de esta distinguida obra literaria y del II Simposio Internacional en Ética Militar realizado en el mes de octubre de 2013. Aprovecho para hacer también un especial reconocimiento a los Agregados Militares de los diferentes países participantes, quienes amablemente colaboraron en las diferentes gestiones para la presente publicación. A su vez no es posible dejar de reconocer la valiosa contribución de la red Euro- ISME, especialmente al General Benoît Royal, al Coronel (R) Manfred Rosenberger y al Capitán de Fragata (R) Carlos Hernández por su fiel acompañamiento en la tarea de avanzar en el estudio de la ética y comportamiento militar en el mundo. Al honorable Comité – 481 –


Los retos éticos de las Fuerzas Militares

de Lectura, que con gran dedicación revisó cada una de las obras contenidas en esta compilación, mis más sinceros agradecimientos: General (R) Juan Salcedo Lora, Doctor Sergio Osorio García, Padre Juan Andrés Vargas Molina y Padre Juan Ricardo González Forero. Agradezco también al señor Contralmirante Luis Jorge Tovar Neira, al señor Contralmirante Juan Manuel Soltau Ospina, al señor Coronel Víctor Julio Calderón Moya, al señor Coronel Jairo Alejandro Fuentes Sandoval, al señor Teniente Coronel José Luis Bastidas Moreno y al señor Coronel (RA) Jairo Hurtado Olaya por sus grandes aportes y eficiente gestión para culminar con éxito esta obra. Reconozco también la importante labor de los doctores Jorge Durán Pastrana y Armando Borrero Mansilla como asesores indispensables en la redacción de esta publicación. Por último, un especial saludo por la gestión realizada a Ana María Acosta Fajardo y Ana Maria García Rodríguez, coordinadoras académicas y enlaces nacionales e internacionales de este importante proyecto, quienes junto a los investigadores auxiliares Silvia Juliana García Téllez, Diana Patricia Beltrán Minottas, Alexandra Ramírez Vélez, Juan Camilo Mc Allister Andrade, y Juan Pablo Villamizar Hernández, hicieron posible la realización de esta obra. Y finalmente mis más sinceros agradecimientos a todo el personal de la Escuela Superior de Guerra por su apoyo en este enriquecedor proceso que estoy seguro será de gran interés para la comunidad académica en general, buscando un mejor militar en tiempos de crisis y un comportamiento institucional en este tópico.

Mayor General Javier Fernández Leal, Director Escuela Superior de Guerra – 482 –


Sobre los autores


Sobre los autores

Universidad Militar Nueva Granada –Colombia– “Aportes para un perfil ético del militar en el contexto del

pos-conflicto en Colombia” El Profesor Hernando Barrios Tao Ph. D. es Doctor en Teología y docente investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Militar Nueva Granada (Colombia). Fue Decano de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Militar Nueva Granada y Director de la Revista Latinoamericana de Bioética y de la Revista Educación y Desarrollo Social. El Profesor Jorge Orlando Contreras Sarmiento Ph. D. es Doctor en Derecho Canónico de la Pontificia Universistas Lateranensis de Roma-Italia. Es Decano de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Militar Nueva Granada (Colombia). A su vez, ha sido docente de la Escuela Superior de Guerra (Bogotá) y es autor del “Manual de ética para las Fuerzas Militares de Colombia”.

Universidad la Gran Colombia –Colombia– “Realidad y presencia de las fuerza militares” El Profesor Jorge Orlando García Norato estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad La Gran Colombia, galardonado – 485 –


Los retos éticos de las Fuerzas Militares

con Mención Honorífica por su tesis “La Familia y la Constitución Política de Colombia de 1991”, publicada en síntesis como coautor de la obra “La nueva Constitución mejor o peor que la de 1886” y la Colección investigar para la excelencia en 1992. Especializado en Pedagogía y Docencia Universitaria de la misma universidad. Conferencista de Derechos Humanos para la Sección de Vida Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Colombiana. Colaborador en la Revista Valores Humanos y en el periódico Nueva Civilización de la Universidad La Gran Colombia. Docente universitario en las áreas de Humanidades y Derecho de las universidades Católica de Colombia, Sergio Arboleda y Gran Colombia. Promotor y orientador de las Escuelas de Líderes y de los Cursos de Liderazgo Universitario en la Central Católica de Juventudes. Actualmente es docente investigador del Centro de Ética y Humanidades en la Facultad de Derecho de la Universidad La Gran Colombia. Ponente en el I Simposio Internacional de Ética Militar - 2012, liderado por la Escuela Superior de Guerra.

Obispado Castrense –Colombia– “Una ética para la paz desde la perspectiva cristiana” El presbítero Juan Andrés Vargas Molina Sacerdote Castrense, actualmente párroco de la Escuela de Logística del Ejército Nacional de Colombia y delegado por el Obispo Castrense, Monseñor Fabio Suescún Mutis, como alto consejero para los asuntos éticos en las Fuerzas Armadas del país desde el área Jóvenes Educación y Cultura. También se ha desempeñado como párroco del Centro de Educación Militar en donde promovió con ahínco una formación ética para los hombres y mujeres que realizaban allí sus cursos de capacitación y especialización – 486 –


Sobre los autores

de las distintas armas del Ejército Nacional. Adelantó estudios de Magister en Bioética en la Universidad Regina Apostolorum de Roma y es Licenciado en Teología Moral de la Universidad Gregoriana de Roma. El Obispado Castrense de Colombia, en cabeza de Monseñor Fabio Suescún Mutis, es la iglesia particular que peregrina con los hombres y mujeres del sector defensa y sus familias. Está organizado en tres Centros de Pastoral que llevan el mensaje de Jesucristo desde diferentes áreas de trabajo; una de ellas, el área Jóvenes Educación y Cultura tiene la misión de evangelizar a los jóvenes y comunidades educativas del sector defensa, generando espacios reflexivos en torno a temas como ética, humanización, derechos humanos y espiritualidad, buscando mejorar continuamente la dimensión humana de uniformados y no uniformados al servicio de las Fuerzas Armadas, hombres y mujeres con auténtica vocación de servicio. Actualmente el área trabaja desde dos líneas de acción, una que atiende la Educación Religiosa Escolar en colegios del sector defensa y otra encargada de la Ética en la Cultura Castrense dirigida a integrantes de Escuelas de Formación, Capacitación y Especialización de las Fuerzas Militares y de Policía a nivel nacional.

Universidad Santo Tomás –Colombia– “La ética militar: una condición básica para la democracia” El profesor Rafael Antolinez Camargo Ph. D. es Licenciado en Filosofía e Historia, Magíster en Educación y Filosofía Latinoamericana, y Doctor en Filosofía. Es miembro de la Sociedad Colombiana de Filosofía, y actualmente es Director del Doctorado en Filosofía de la Universidad Santo Tomás. Fue Decano de esta – 487 –


Los retos éticos de las Fuerzas Militares

Facultad entre el 10 de marzo de 2005 y el 30 de abril de 2013. Así mismo, fue Director de la Maestría en Filosofía Latinoamericana. Es profesor e investigador, Líder del Grupo de Investigación Fray Saturnino Gutiérrez, O.P.:Filosofía de la Educación en Colombia y América Latina. Es ponente Nacional e Internacional y corresponsal de la Fundación Xavier Zubiri de Madrid-España. Carlos Julio Martínez Becerra Ph. D. es Economista de la Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Administración Pública de la ESAP. Realizó su doctorado en Economía y Sociedad/ Relaciones Económicas Internacionales en la Universidad de París. Tiene estudios posdoctorales en Geopolítica de Estados Unidos y en Economía Marítima de la EHESS de París y de la Unión Europea. Es profesor de las Universidades Nacional, Externado, Santo Tomás, Jorge Tadeo Lozano, Pedagógica y Tecnológica de Colombia, del CAEN, y de la Academia Diplomática de San Carlos. Así mismo, es profesor visitante de la Universidad de Harvard, Chapingo, UBA y UCV. Tiene varias publicaciones sobre Integración Regional de América Latina y del Caribe con énfasis en temas energéticos, descentralización, geopolítica, y seguridad y defensa.

Pontificia Universidad Javeriana –Colombia– “Elementos para pensar la relación bioética/ fuerzas militares en colombia” El profesor Eduardo Díaz Amado Ph. D. realizó estudios de Doctorado y es Magíster en Historia y Filosofía de la Ciencia y la Medicina de la Universidad de Durham, Reino Unido. Filósofo con – 488 –


Sobre los autores

Opción en Literatura de la Universidad de Los Andes; especialista en Bioética de la Universidad El Bosque; y Médico Cirujano de la Universidad Nacional de Colombia. Las áreas de estudio e investigación del profesor Díaz se enfocan en la filosofía e historia de la medicina; la historia de la ética médica y la bioética; la bioética clínica y el derecho médico; las relaciones medicina/sociedad; y en la literatura y medicina. E-mail: eduardo.diaz@javeriana.edu.co

Ejército Nacional de Chile –Chile– “El sistema educativo institucional y la formación ética en el ejército de chile” El Coronel Carl Marowski es oficial de Estado Mayor graduado de la Academia de Guerra del Ejército de Chile en el año 1994 y de la Academia de Guerra Naval en el año 1995, en sus treinta y ocho años de servicio al Ejército chileno ha sido profesor en las asignaturas de Historia Militar, Estrategia, Política de Defensa y Seguridad y Derecho Internacional Humanitario. Ha servido como jefe de clase y profesor recurrente en diversos cursos del International Institute of Humanitarian Law de San Remo Italia, ha sido profesor en el curso de Operaciones de Paz del Colegio Interamericano de Defensa en Washington del National War College y en el Colegio Nacional de Defensa de Sudáfrica. – 489 –


Los retos éticos de las Fuerzas Militares

Academia de Defensa de Reino Unido –Reino Unido– “La tradición de la Guerra Justa: un compromiso pragmático” El Profesor David Whetham Ph. D. es Titular en el Departamento de Estudios de Defensa del King´s College de Londres, con sede en el Comando Conjunto de Servicio y Estado Mayor de la Academia de Defensa del Reino Unido. Antes de unirse al King´s College como miembro permanente del personal en el año 2003, el Doctor Whetham trabajó como investigador de la BBC y con la OSCE en Kosovo. Las principales líneas de investigación del Doctor Whetham se centran en las dimensiones éticas de la guerra y el desarrollo de las leyes de la misma. Es también el Vicepresidente de la Sociedad Internacional de Ética Militar en Europa (Euro ISME), que realiza una conferencia anual para los profesionales militares, académicos y responsables de la política en defensa. El libro más reciente del Doctor Whetham “Ética, derecho y las operaciones Militares” está dirigido a los profesionales en el nivel operativo de la guerra y el cual fue publicado por en el año 2010.

Universidad de Defensa de Noruega –Noruega– “Cooperación y relación entre el derecho y la ética en la Fuerzas Armadas de Noruega” El Capitán de Fragata Jacob Thomas Staib es el Jefe de la Sección de Derecho y Poder Militar en el Comando y Escuela de – 490 –


Sobre los autores

Estado Mayor de Noruega, como en la Academia Naval Cand Jur (Universidad de Oslo). Tiene experiencia operacional en la Armada, así como seis años de patrullaje en los mares de su país. Tiene un personal de servicio a su cargo de nivel operativo y estratégico, 20 años de experiencia como abogado en las Fuerzas Armadas, incluyendo servicio en el Ministerio de Defensa, en el Estado Mayor de Defensa de Noruega, en la OTAN, y diversas operaciones internacionales (KFOR y OP ATALANTA). Desde el 2005 trabaja en la Escuela de Estado Mayor de su país, actualmente desempeña un cargo en la sección de Ética y Poder Militar en el Comando y Estado Mayor noruego. Así mismo fue capellán Castrense de la Academia Militar entre los años 2003 y 2012, y prestó servicio en diferentes unidades del Ejército y la Marina de Noruega.

Colegio Naval de Guerra –EE.UU.– “Formación ética y educación en el Ejército de los Estado Unidos” El Profesor Martin L. Cook Ph. D. es docente de Ética Militar Profesional en la Escuela de Guerra Naval de los Estados Unidos. Anteriormente se desempeñó como profesor de Filosofía y Jefe Adjunto del Departamento de Filosofía de la Academia de la Fuerza Aérea; profesor de Ética y Presidente de Estudios Militares de la Escuela Militar de Guerra de los Estados Unidos; y miembro titular de la Facultad de Ética de la Universidad de Santa Clara, California. Ha sido profesor en la Universidad St. Xavier de Illinois; en el Gustavus Adolphus College de Minnesota, en la Universidad William and Mary de Virginia, y en el Instituto de Postgrado de la Universidad de St. John de Nuevo México. – 491 –


Los retos éticos de las Fuerzas Militares

El Dr. Cook se graduó de la Universidad de Illinois como summa cum laude y obtuvo su Maestría en Arte y su Doctorado de la Universidad de Chicago. Se desempeña como co-editor de La Revista de Ética Militar, y como miembro del consejo de redacción de Parámetros (la revista académica de la Escuela de Guerra del Ejército de EE.UU) y del Diario de Ética Médica Militar. Es autor de tres libros, de más de cuarenta y cinco artículos académicos y co-autor de uno de ellos. Ha dado conferencias sobre temas de ética militar en el Reino Unido, Australia, Singapur, Francia, Holanda, Hong Kong, Colombia y Noruega. Su libro, “El guerrero moral: ética y servicio en el Ejército de EE.UU”, fue publicado en 2003, y un nuevo volumen “Problemas de la ética militar: apoyar y defender la Constitución” en marzo de 2013.

Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional –España– “La ética en la lucha contra los grupos terroristas” El Capitán de Fragata de la Armada de España Federico Fernández Aznar-Montesinos, es Licenciado (UNED) y Doctor (UCM) en Ciencias Políticas y de la Administración; diplomado de Estado Mayor; especialista en Submarinos y Comunicaciones; experto en cultura, civilización y religión islámica así como en relaciones entre Europa y el Norte de África. Es autor de tres libros y de más de una treintena de artículos principalmente sobre temas relacionados con Teoría de la Guerra, Terrorismo, Polemología y Sociología en publicaciones militares y académicas. Colabora habitualmente con numerosas universidades españolas. – 492 –


Sobre los autores

Academia de Defensa de Alemania –Alemania– “Responsabilidad moral, reflexiones éticas sobre la ética laboral del los oficiales desde la perspectiva alemana” El Profesor Matthias Peter Gillner Ph. D. nació en Frankfurt, Alemania. Estudió en el Colegio Neu-Isenburg. Entre 1981 y 1982 prestó el servicio militar en las Bundeswehr. Estudió Teología Católica en la Universidad Jesuita de Filosofía y Teología en Frankfurt, posteriormente en 1988 realizó una maestría en Filosofía en la Universidad Jesuita de Múnich. Entre 1990 y 1995 se desempeñó como asistente de investigación en la Universidad de las Fuerzas Armadas Federales de Hamburgo, y en 1996 como profesor de Teología en la Universidad Jesuita de Filosofía y de Teología en Frankfurt. Del año 1995 al año 1999 fue becario.

Escuela de Guerra de Francia –Francia– “La profesión de las armas: un santuario de humanidad para una ética profesional viva” Caroline Galactéros-Luchtenberg es Doctora en Ciencias Políticas (París I-Sorbona), auditora del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (AA 59) y especialista en cuestiones balcánicas. – 493 –


Los retos éticos de las Fuerzas Militares

Ha trabajado durante mucho tiempo en la evaluación y prospectiva estratégica al servicio del Primer Ministro (SGDSN). Fue Directora de Seminario en la Escuela de Guerra del año 2009 al año 2013 y Coronel de la reserva operacional de las Fuerzas Militares; dirige el gabinete consultor privado y de formación en inteligencia estratégica PLANETING, y se interesa particularmente en temas relacionados con la ética y sus vínculos con el poder, la influencia, el liderazgo y la negociación (civil y militar). Publicó en mayo de 2013 un ensayo titulado Manières du monde, Manières de guerre (Ediciones Nuvis).

Real Escuela Militar de Canadá –Canadá– “Teorías de la Guerra Justa: idealizaciones y consideraciones prácticas” Stéphanie AH Bélanger, MPA, Ph. D., es Directora Científica Asociada del Instituto Canadiense para la Investigación en Salud Militar y de Veteranos, co-editora de “Más allá de las líneas”, de “Una nueva coalición para un campo de batalla desafiante” y de “Formando el futuro”, así como de la “Transformación de las Tradiciones”. Es profesora asociada del Departamento de Lengua Francesa de la Real Escuela Militar de Canadá, donde su investigación se centra en el Testimonio de la Guerra y la Identidad del Soldado. La Doctora Bélanger también se especializa en la Representación del Guerrero a través de Teorías de Guerra Justas, tema acerca del cual publicó la monografía “La guerra, los sacrificios y las persecuciones”. Con frecuencia presenta conferencias a nivel nacional e internacional, e igualmente publica artículos y capítulos en revistas y libros revisados por pares. Es co-presidente del Grupo Asesor para la Diversidad de Personas con Discapacidades de la Guarnición Kingston desde 2010, y se desempeña como oficial de logística en la Reserva Naval desde el año 2004. – 494 –


Sobre los autores

Investigadora en el Instituto Católico de Teología y Paz de Hamburgo. Desde 1999 es profesora de ética social católica en la Escuela Superior de Hamburgo y desde el año 2009 es Directora Científica de la Academia de Liderazgo de la misma ciudad.

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Esta obra fue editada por la Biblioteca Jurídica Diké. Se terminó de imprimir en abril de 2014


Los retos éticos de las Fuerzas Militares  

Compilación de ensayos sobre los retos que deben asumir las fuerzas Militares de Colombia y el mundo en ética militar

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