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Contenido

Agradecimientos.................................................................................... 9 Prefacio .................................................................................................. 11 CAPÍTULO PRIMERO. El mundo económico para el niño .................. 13 Las representaciones de la realidad, 13.—El conocimiento propiamente social, 16.—El mundo económico, 18.—El interés del estudio de las nociones económicas en el niño, 23.—La preocupación espontánea por los problemas económicos, 25.—Otros estudios iniciales, 28.—Los problemas económicos para el niño, 31. CAPÍTULO II. El proceso de intercambio económico: La ganancia... 37 Las dificultades de la idea de ganancia, 40.—La comprensión de la ganancia, 42.—¿Cuanto paga?, 43.—¿Cuanto gana?, 44.—Determinación de los precios, 45.—El coste de fabricación, 46.—El análisis de los datos, 46.—Principios o reglas, 48.—Concepciones, 49.— El precio justo, 55.—Las dificultades de la comprensión, 57.—La ganancia en otros terrenos: Los bancos, 60. CAPÍTULO III. El reconocimiento de monedas y billetes .................... 63 Introducción, 63.—Una investigación sobre el reconocimiento de monedas y billetes, 64.—Conocimiento de monedas y billetes, 68.— Criterios para distinguir las monedas, 69.—Criterios para distinguir los billetes, 70.—Equivalencias, 74.—Los precios y la comprensión de la compra en la tienda, 75.—Conclusiones, 76. ©  Ediciones Morata, S. L.


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CAPÍTULO IV. La fabricación del dinero ............................................... 79 Los estudios sobre el dinero, 79.—El dinero y los fenómenos sociales, 80.—Método, 81.—Resultados, 82. CAPÍTULO V. La determinación de los precios ................................... 101 ¿Cómo se determinan los precios?, 102.—Estudios previos, 103.— Nuestros estudios, 104.—Método, 105.—Análisis de los datos, 106.— Los precios para las cosas, 106.—Prerrequisitos para el conocimiento de los precios, 107.—El intercambio como ritual, 109.—Factores psicológicos, 111.—Características de la mercancía, 111.—Concepciones relacionales, 114.—Reglas, 115.—Ordenación por el precio, 116.—¿Quién fija el precio?, 117.—Ideas sobre el mercado, 119.— El cine y el pago por los servicios, 120.—Diferencias entre tiendas, 121.—Un mundo de relaciones directas, 121.—Niveles, 122.— Conclusiones, 127. CAPÍTULO VI. La introducción de una nueva moneda: El euro ......... 131 Introducción, 131.—Participantes, 133.—La relación entre tipos de explicación y asimilación de la información disponible, 133.—Niveles de las explicaciones, 135.—Conclusiones, 137. CAPÍTULO VII. El papel de la experiencia. Los niños vendedores .... 145 La ganancia y el manejo del dinero, 147.—El dinero necesario para vivir, 152.—Discusión y conclusiones, 153. CAPÍTULO VIII. El descubrimiento del mundo económico. Conclusiones .................................................................................... 159 La tarea constructiva, 159.—El dominio económico, 161.—Los conceptos clave, 162.—Aspectos recurrentes en la formación de las representaciones sobre la sociedad, 163.—Los niveles del conocimiento social, 166.—La concepción de la sociedad, 169.—La economía en la escuela, 172.—La situación actual, 173.—La formación económica en la escuela, 175. Referencias ............................................................................................ 179

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CAPÍTULO II

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Vamos a comenzar analizando la comprensión del proceso de intercambio económico que se realiza en una tienda, la realidad económica más próxima al niño, cuyo estudio resulta muy ilustrativo porque ejemplifica algunas de las dificultades para construir la representación del mundo económico. Las respuestas de los niños son absolutamente sorprendentes porque se trata de un problema aparentemente muy sencillo: el vendedor gana la diferencia entre el precio que le ha costado y el precio al que lo vende, pero esto resulta extremadamente oscuro para los niños antes de los 10 años de edad. En el proceso que tiene lugar en la tienda hay aspectos visibles, y por tanto fácilmente perceptibles por el niño, y aspectos ocultos que tendrá que inferir a partir de datos, tratando de completar los fenómenos que no se ven. Los aspectos más visibles son que el comprador, que puede ser el propio niño, se dirige a la tienda provisto de dinero para obtener una mercancía, entrega el dinero, en algunos casos recibe una devolución (el “cambio” o la “vuelta”), obtiene el objeto deseado y el tendero guarda el dinero en algún sitio, frecuentemente en una caja registradora. Aquí termina el aspecto visible del proceso. A esto se añaden, en algunos casos, otras informaciones. Por ejemplo, ante la solicitud del comprador el tendero puede decir que no tiene el producto que se busca, que dispondrá de él dentro de algunos días o que está al llegar. También el niño puede observar en algunos comercios que un camión ©  Ediciones Morata, S. L.


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descarga productos para surtir a la tienda, como pueden ser pan, botellas de refrescos, etc. Con estos elementos perceptibles como datos iniciales (aunque probablemente no únicos), el niño tiene que reconstruir el proceso económico de intercambio. Además puede escuchar a los padres, u otros adultos, hablar de lo “caro” o lo “barato” que cuesta un objeto, o decir expresiones como “no tengo dinero para comprarlo”, “en la otra tienda cuesta más barato”, etc1. La necesidad de construir un modelo o una representación a partir de pocos elementos observables, supliendo los aspectos inobservables mediante el razonamiento, no es algo exclusivo de las nociones económicas, ni de otras nociones sociales, sino que se plantea de forma parecida en todo el conocimiento de la realidad. Por ejemplo, en muchos problemas físicos el sujeto tiene que realizar también una interpretación de los elementos que observa e intentar darles sentido organizándoles en un sistema, cosa que generalmente no puede hacer sin la ayuda del aprendizaje escolar. El niño que observa el agua hirviendo en una cacerola o el que se quema al tocar una cuchara que está parcialmente sumergida en un líquido caliente, tiene que aprender a describir estos fenómenos y a interpretarlos en términos de la teoría física para poder entenderlos de una forma más o menos precisa, en relación con lo que enseña la ciencia y se explica en la escuela. Así pues, la construcción del conocimiento requiere intentar organizar los datos dispersos, que nos proporcionan la percepción y nuestra experiencia, en un todo coherente en el que tienen que aparecer elementos que no son visibles sino que únicamente se infieren. Un primer aspecto que hay que entender respecto a los problemas económicos es el del mecanismo del cambio. Para ello, el niño necesita conocer el valor de las monedas y las equivalencias numéricas (que examinaremos en el capítulo próximo). En tanto que el niño no dispone de los conocimientos aritméticos necesarios no puede entender el proceso del cambio y eso es lo que le conduce a pensar que en el proceso de compra-venta el dinero desempeña un papel puramente ritual. A la tienda hay que llevar dinero porque se debe pero no hay una relación entre el dinero que se entrega y el que se recibe como cam1   El mundo que nos rodea está plagado de referencias a actividades económicas que a los adultos frecuentemente nos pasan desapercibidas. La mayor parte de ellas consisten en anuncios de compra y venta, ofertas, precios de objetos, etc. Evelyn DIEZ-MARTÍNEZ (2008, 2012) ha tenido la idea de estudiar cómo los niños empiezan a comprender esas informaciones.

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bio. Algunos niños señalan que únicamente se recibe cambio cuando se compran cosas costosas y esto podría ser un paso inicial hacia la comprensión del fenómeno, otros consideran que siempre se recibe cambio, y algunos no se preocupan por este aspecto. Entendido el puro proceso de la compra-venta pasan a plantearse otra serie de interrogantes. Entre ellos ¿qué hace el tendero con el dinero que recibe? Esta es una cuestión esencial que tiene como corolarios otras varias. El niño puede entender que el tendero necesita ese dinero para otras cosas, por ejemplo, para vivir él y su familia. En el caso de que en la tienda haya otros empleados, los niños pueden llegar a darse cuenta que tiene que pagarles, aunque esto quizá no suceda en los primeros momentos. Tiene también que entender que el tendero debe reponer la mercancía y, aunque éste parece un problema muy evidente (porque las cosas van desapareciendo), resulta difícil de comprender debido a que bastantes sujetos piensan que las instituciones sociales desempeñan una función benéfico-social: el tendero recibe la mercancía gratis y únicamente se encarga de distribuirla. La concepción inmediatista que tiene el niño pequeño de la realidad social, regida por principios morales y de equidad o de reciprocidad, le lleva a pensar que el tendero guarda el dinero para sus propias necesidades pero que no necesita renovar la mercancía. Está todavía muy lejos la idea de beneficio. Pero esta idea es una piedra angular en la comprensión del sistema económico. Cuando el niño entiende que el tendero tiene que comprar las mercancías le surgen otros problemas, y en relación con ello el de cuánto paga por lo que compra. Generalmente los niños comienzan pensando que el tendero, cuando se le terminan las mercancías, llama para que le traigan más, pero muchas veces suponen que le traen solo ese objeto. Si se le han acabado los lápices llama para que le traigan un lápiz más. En esta etapa todavía los niños piensan que el tendero cobra el mismo precio que le ha costado a él la mercancía. Pero ya ha entendido que tiene que comprar la mercancía que se le acaba. Esto supone poner en contacto un sistema hasta ahora independiente, el de la tienda, con el de la producción de las mercancías, el sistema de la fábrica. Ambos sistemas habían permanecido aislados hasta este momento. En relación con todo esto surge el problema de la determinación del precio: quién es el que fija el precio de los productos y en virtud de qué criterios (véase el Capítulo V). Como veremos los niños tienen sorprendentes dificultades para entender la idea de ganancia. ©  Ediciones Morata, S. L.


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Otra de las cuestiones que no entienden bien los niños pequeños es la retribución por el trabajo. Teniendo en cuenta que muchos piensan que el dinero se obtiene del cambio en la tienda, pidiéndolo en el banco o sacándolo con una tarjeta, no es sorprendente que no se comprenda la relación que hay entre trabajar y obtener dinero. Muchos niños saben que el dinero se obtiene del trabajo porque lo oyen continuamente en sus casas y en algunas investigaciones hemos encontrado que los niños pequeños suponen que el dinero se obtiene en el trabajo pero con independencia del tipo de trabajo que se realice. Sin embargo, resulta curioso que cuando tratamos de averiguar dónde se gana dinero muchos niños nos dicen que en la profesión por la que les estamos preguntando, en la actividad que ellos están observando no se gana dinero. Por ejemplo, muchos niños piensan que el tendero no gana dinero, otros piensan que el maestro no obtiene dinero por la labor que realiza y lo consigue en otro lado, y lo mismo en otras profesiones. Hay una dificultad para pensar que el trabajo se tiene que retribuir y que se paga tanto por los servicios como por las mercancías. El hecho es que poco a poco el niño tiene que ir llenando las lagunas entre lo que él percibe y el sistema existente para poder comprender su funcionamiento y para ello tiene que ir introduciendo conceptos no visibles y aspectos que no aparecen en la realidad observable.

Las dificultades de la idea de ganancia Vamos a referirnos ahora a algunos aspectos de la comprensión del mecanismo de la ganancia o beneficio en la tienda, entendida como la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta. Comprender esto parece algo completamente elemental y muy simple de entender. Para nosotros, los adultos que vivimos en una sociedad capitalista, la noción de ganancia es algo absolutamente familiar y cotidiano, tan familiar y tan cotidiano que no pensamos explícitamente en ello, como no lo hacemos en la noción de cantidad cuando cambiamos la sopa de recipiente (en relación con la conservación de sustancia). La noción de ganancia es una especie de piedra angular de la comprensión de todo el orden social pues una gran parte de las actividades que realizamos las hacemos porque vamos a obtener un beneficio o una ganancia con ellas. Por esto es una noción que organiza todo nuestro conocimiento de la realidad y gran parte de lo que sucede a ©  Ediciones Morata, S. L.


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nuestro alrededor, el comercio y toda la actividad mercantil están vinculados a esa noción. La idea es muy simple, la actividad mercantil se realiza para obtener un beneficio y éste es uno de los motores fundamentales de la actividad humana. Salvo contadas excepciones, toda persona que vende habitualmente lo hace para obtener un beneficio, es decir para conseguir un precio superior al que le costó. Pues bien, a los niños les lleva varios años entender que tiene que haber una diferencia entre el precio de coste y el precio de venta, y que esa es la ganancia. Lo curioso es que los investigadores que se empezaron a ocupar de las nociones económicas tampoco percibieron esa dificultad. Ni STRAUSS (1952), ni DANZIGER (1958), ni FURTH, y otros autores señalan el problema2. Fue Gustav JAHODA quien en 1979 puso de manifiesto que los niños no entendían la noción de beneficio. Eso muestra también la dificultad para tomar conciencia de algunos resultados que aparecen en la investigación3. Posteriormente otros autores, como FURTH (1980), BERTI y BOMBI (1981), el propio JAHODA, y nosotros mismos (DELVAL y ECHEÍTA, 1991; ver también ECHEÍTA, 1988) han continuado estudiando el problema. Desde la mitad de los años ochenta hemos realizado diversos estudios y multitud de entrevistas sobre la comprensión de la ganancia con sujetos de distintos países y de diferentes medios sociales, incluyendo sujetos que son ellos mismos vendedores ambulantes (ver Capítulo VII). El objetivo ha sido determinar en qué momento los sujetos empiezan a entender que la ganancia está constituida por la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta. Para ello preguntamos por el precio de diferentes objetos, en unos casos por el precio al que lo adquiere el consumidor en la tienda (relacionándolo con el precio al que lo compró el vendedor), y en otros casos indicamos el precio al que se compra en la fábrica y preguntamos por el precio al que se venderá en la tienda. Las líneas generales de las ideas de los niños hasta los 10 u 11 años de edad pueden resumirse de la siguiente manera. El tendero compra las mercancías en una fábrica (o en otra tienda), y paga por   Nosotros mismos habíamos realizado una investigación en 1971 (DELVAL, SOTO, FERy cols., 1971) en la que había algunas respuestas de los sujetos que nos podrían haber puesto sobre la pista de esa dificultad para entender la idea de beneficio, pero tampoco tomamos conciencia de la falta de comprensión. 3   En DELVAL (2001, Capítulo VIII), hemos descrito con más detalle la evolución de los estudios sobre la comprensión de la ganancia. 2

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ellas un precio; luego las vende por el mismo precio o por menos de lo que le ha costado. Con el dinero que obtiene de esa venta vive él y su familia, paga a sus empleados y repone la mercancía. Desde el punto de vista del adulto esa explicación es totalmente absurda pues supone que el dinero se multiplica, pero para los niños no parece serlo, pues de una manera más o menos completa, más o menos detallada, adornada con unos u otros detalles, todos la ofrecen igual. Esto tiene que suponer que es la más coherente que pueden construir con los elementos intelectuales de que disponen, y que así ven la realidad económica que les rodea. En la base del problema está que los niños creen que “siempre se gana dinero si vende una cosa” como nos dice Vanessa (8;10). Solo están considerando el momento de la transacción, si el vendedor recibe dinero a cambio de una cosa, ese dinero lo está ganando, pero no tienen en cuenta las partes anteriores del proceso, es decir que el vendedor ha tenido que comprar lo que está vendiendo, y que solo obtiene ganancia si lo vende a un precio mayor. Eso no quiere decir que no sepan que el vendedor tiene que pagar por la mercancía, pero no son capaces de considerarlo al mismo tiempo que están teniendo en cuenta el momento de la venta a un cliente. La causa de ello tenemos que verla en la dificultad que tienen los niños pequeños para considerar simultáneamente varios aspectos del proceso. Si bien se mira, el fenómeno no deja de ser curioso porque, a pesar de que los niños están inmersos en una sociedad centrada sobre la ganancia, no consiguen entenderla, e incluso la rechazan. Esto es un problema que debe darnos que pensar, y que sirve para que desechemos posiciones ambientalistas de tipo rudimentario. Probablemente la idea de ganancia podemos considerarla como una representación social, pero los niños no son capaces de incorporarla. Si el niño aprendiera a comprender la realidad social simplemente por la presión del ambiente, si sus ideas no tuvieran un fuerte componente de construcción propia, entenderían ideas como la de ganancia mucho antes. Vamos a examinar más de cerca las respuestas de los niños.

La comprensión de la ganancia Para entender la ganancia y las transacciones que se realizan en una tienda es necesario que los sujetos comprendan una serie de aspectos relacionados. ©  Ediciones Morata, S. L.


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Obtención de la mercancía. Tienen que comprender cómo obtiene el tendero la mercancía que vende y aquí vamos a encontrar una serie de explicaciones, que no constituyen niveles distintos de explicación, sino simplemente diferentes tipos de respuestas que dan los sujetos. —El problema no se plantea. El tendero tiene las mercancías para poder venderlas. Están ahí para que pueda satisfacer a los que desean comprarlas. —La mercancía no se agota, hay una cantidad indefinida. Está en la parte de atrás de la tienda, en cajas. Los sujetos no son capaces de considerar las cantidades que tiene que vender el tendero. Probablemente esto se deba a que no son capaces de representarse el proceso en un tiempo relativamente largo, ni las cantidades que demandan los compradores. —La fabrica él en la trastienda. Muchos sujetos consideran que el propio vendedor produce las mercancías con materiales que tiene en la parte de atrás de la tienda: lápices, barras de pan, zapatillas. Cuando preguntamos por otros objetos, como por ejemplo naranjas, afirman que él mismo las cultiva. —Le traen la mercancía de algún sitio o él mismo se la procura, incluso en otra tienda parecida a la suya. —La compra en una fábrica y generalmente se la traen.

¿Cuanto paga? Cuando los sujetos empiezan a admitir que el tendero tiene que comprar la mercancía, lo cual no se plantea en las primeras explicaciones, defienden, con gran convicción, que paga el mismo precio al que lo vende. Incluso a muchos les resulta sorprendente que se les haga esta pregunta pues les parece evidente. Probablemente detrás de esa convicción está la idea de que las cosas tienen un precio establecido, un precio que les corresponde, que podemos llamar el precio justo, y del que nos ocuparemos más adelante. Sin embargo, hay algunos sujetos que defienden que paga más en la fábrica y argumentan que eso se debe a que cuesta mucho más fabricar un producto que venderlo. Incluso argumentan que al vendedor le suelen llevar la mercancía a la tienda, lo cual incrementa todavía ©  Ediciones Morata, S. L.


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más el coste. Lo que estos sujetos no son capaces todavía de entender es que el coste de fabricación no es sustituido por el precio de venta, sino que hay que sumarlo. Finalmente los sujetos son capaces de conectar los dos procesos, el de fabricación y el de venta y entienden que el precio que se paga en la fábrica tiene que ser menor que el precio de venta en la tienda, porque el tendero tiene que ganar y su ganancia es únicamente la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta. No es un problema que se resuelva simplemente a través de la experiencia de los sujetos, sino que se trata de una cuestión de puro razonamiento. Cuando los sujetos son capaces de considerar todo el proceso se dan cuenta de que el vendedor ha tenido que comprar previamente la mercancía y que, por lo tanto, tienen que detraer del precio al que lo vende lo que le costó. La ganancia como diferencia entre ambos precios se convierte entonces en algo necesario y característico de la actividad económica y, si esa diferencia no existe, la actividad de vender resultaría inútil y no proporcionaría beneficios al vendedor. Incluso algunos sujetos empiezan a señalar además que el vendedor tiene que pagar gastos de mantenimiento de la tienda o a los empleados en caso de que existan.

¿Cuanto gana? Como hemos señalado, algunos sujetos señalan que cuando se vende siempre se gana. Inicialmente no son capaces de evaluar cuánto se gana e indican una cantidad indeterminada que es difícil de evaluar. Algunos sujetos mencionan cantidades que no guardan una relación clara ni con el precio de compra ni con el precio de venta. Por ejemplo, dicen que el tendero vende un bolígrafo por 1 euro y gana 15, y no sale de ahí aunque le insistamos en preguntarle por lo que gana en cada bolígrafo. Probablemente hacen una estimación y dan una cantidad aleatoria. Todavía no han conseguido cuantificar la ganancia. Pero pronto empiezan a afirmar que se gana todo el dinero que se recibe. Si se vende un objeto por 10, lo que se gana son 10 con independencia de la cantidad que hubo que pagar previamente por él. Cuando los sujetos son capaces de considerar simultáneamente la compra en la fábrica y la venta en la tienda pasan a afirmar que lo que se gana es la diferencia entre lo que se paga en la fábrica y lo que ©  Ediciones Morata, S. L.


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se recibe del comprador. Como hemos señalado se llega a esta convicción a través del puro razonamiento, cuando es posible considerar simultáneamente ambos aspectos del proceso. De este modo la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta se convierte en un principio central de la actividad económica.

Determinación de los precios Aunque no tengan una idea precisa de cuáles son los precios de las mercancías los sujetos empiezan a tomar en cuenta, como algo relevante, el precio que hay que pagar, pero no resulta fácil determinar cómo se establece ese precio (ver Capítulo V). Inicialmente el precio lo establece el vendedor de acuerdo con criterios que él conoce. Algunos señalan que las cosas tienen su precio, haciendo referencia a esa idea del precio justo. Pero los vendedores tienen un margen de discrecionalidad y pueden variar los precios de acuerdo con factores subjetivos, que podemos considerar como altruistas o egoístas. Unos son referentes al comprador y otros referentes al vendedor. Coherentemente con esa concepción que tienen de considerar la venta de mercancías en la tienda como una labor social, pueden señalar que el vendedor le asigna un precio asequible para que el comprador lo pueda pagar y, de acuerdo con eso, puede bajar los precios cuando lo considera conveniente. Pero, a veces, también el vendedor sube el precio porque necesita más dinero. Depende de factores puramente subjetivos y relacionados con las necesidades de cada momento. Las relaciones entre el comprador y el vendedor, la simpatía del vendedor por el comprador influyen en el establecimiento del precio. Posteriormente, como veremos en el capítulo dedicado a la determinación de los precios, esos factores subjetivos dejan de tener importancia y los sujetos empiezan a buscar las razones de los precios en las características de los objetos. Solo mucho más tarde llegan a tomar en consideración el mercado, lo cual constituye una concepción relacional en la que hay que poner en contacto los deseos de los consumidores y la producción de las mercancías.

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El descubrimiento del mundo económico en niños y adolescentes  

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