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Eco Literario 74 Crónicas periodísticas de la SOCIEDAD DE ESCRITORES DE GENERAL VIAMONTE

AÑO SEIS

Dirección: S.E.G.V. SADE: FILIAL LOS TOLDOS. Redacción Y Diseño: Etel Carpi.

Diciembre 2019 Especial concurso

DOMICILIO: Biblioteca Popular Mariano Moreno. Rivadavia 137. Los Toldos. Buenos Aires. EMAIL: escritoresdeviamonte@gmail.com http// sociedaddeescritores en facebook y @de_escritores en Twitter. Blog: http//escritoresdeviamonte.blogspot.com.ar - Eco Literario digital en ISSUU.COM. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

CONCURSO ACERCANDO PALABRAS Continuamos con la difusión de las obras premiadas. CATEGORÍA ADULTOS POESÍA Recordando que el primer premio ya fue difundido en el número 72, continuamos con el segundo. SEGUNDO PREMIO BASE MARAMBIO. -ANTARTIDA ARGENTINA

TERCER PREMIO trabajan en los confines de nuestra patria nevada es una gesta olvidada que hay que hacer reverdecer los criollos deben saber que aquel territorio helado es el fortín más preciado que debemos defender. Poco han dicho los maestros y menos los gobernantes,

Nuestra Antártida argentina muy pocas veces nombrada, hoy se ha visto recordada como lo fuera Malvinas, el sol la isla ilumina porque hoy es su cumpleaños son ciento trece los años que enmarcan su fría historia coronada con la gloria

de militares de antaño. Allá en las islas Orcadas militares y civiles

sobre aquel lugar distante que no olvidemos es nuestro, es un pingo sin cabresto muy difícil de domar, es bandera que al flamear a los sones de un clarín, dirá que en aquel confín la patria tiene un hogar. – Adolfo Rubén Zabalza. Pergamino.

PESARES Apoltronado en el viejo y mullido sillón se me ocurrió evaluar sucesos de la vida por los cuales podría mantener pesares. Y así dejé que mi mente a la deriva me fuera aportando su materia prima por cosas importantes o simples o sencillas… Y me dije… Lamento que el colibrí no se me pose Lamento que la rosa tenga espinas Lamento por los pueblos oprimidos Lamento un 6 de agosto en Hiroshima Lamento soledad en los ancianos Lamento la impiedad… la tiranía. Lamento la soberbia y la impudicia Lamento que la guerra sea un proyecto que pueda discutirse todavía. Lamento que haya pobres y haya ricos porque al haberlos se genera la injusticia. Lamento que haya mesas sin comida Lamento por los chicos de Malvinas. Lamento que tus ojos no me miren Lamento que tus labios no sonrían. Lamento no tener todo el coraje para poder gritar mi rebeldía. Lamento que el colibrí no se me pose Lamento que la rosa tenga espinas. Roque Pagliaro. Los Toldos

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CATEGORÍA ADULTOS CUENTO PRIMER PREMIO

“U N A C T O D E A M O R” El día del viaje había llegado. Sin embargo, Adela había tratado por todos los medios de posponer la fecha. Pero Luis estaba empecinado en conocer a Luana y su familia. Por eso ella se arreglaba lentamente, con desgano. Quería que las horas se sucedieran y algún fenómeno imprevisto, cambiara los planes de su esposo. Desde que perdiera a Mariela, su única hija adolescente, la vida parecía no tener sentido. Ese trágico accidente automovilístico le había cerrado el corazón y anulado la capacidad de amar al prójimo. Así, después de muchas discusiones y de merodear alrededor de actividades insignificantes, el matrimonio partía hacia el encuentro con esa joven desconocida. El viaje fue largo. Estresante. Y el silencio de Adela, lo hizo aún más difícil. Luego de recorrer varios kilómetros, una pequeña población rural los recibía con sus características pueblerinas. Varios vecinos se asomaban curiosos, ante la presencia de un automóvil desconocido que recorría despacio, las calles desiertas. Finalmente, entre un barrio de casa bajas, apareció la dirección indicada: “Italia 148”. Decidido, Luis accionó el timbre de la humilde vivienda. Entonces no tardó en aparecer una jovencita delgada, de pequeña estatura, morocha, cabellos enrulados y vivaces ojos negros. Adela, aún sentada en el auto, observaba atenta la escena. Su actitud renuente revelaba sus intenciones de no participar. Aunque su marido, con insistentes ademanes, la invitaba a descender. Desde allí podía ver como Luis, después de un breve diálogo, se abrazaba efusivamente con la chica. Sintió una sensación rara. Una mezcla de rabia y rencor pareció invadirla. No sabía si debía aceptar o rechazar a esa muchacha extraña, a quien las circunstancias de la vida la habían ligado. Y, ante su sorpresa, vio como la joven corría resuelta hacia ella; abría la puerta del automóvil y abrazándola fuertemente, le musitaba al oído: -¡Gracias!¡Gracias mamá!… En ese momento Adela sintió, junto a su pecho, el latir intenso del corazón de Luana. Y no tuvo dudas:” era el corazoncito de Mariela que ahora daba vida a esa chica simple y desconocida”. La mujer miró hacia el cielo y le pareció ver el rostro angelical de su hija iluminando ese abrazo de agradecimiento. Ese signo le demostraba que donar los órganos había sido un

maravilloso acto de amor, para que otras personas pudieran seguir viviendo. Mientras Adela acariciaba los cabellos de la joven; Luis, con sus ojos empañados, las contemplaba. Nerea Inés Alvarez. Henderson. Bs.As.

SEGUNDO PREMIO El chancho móvil Chancho móvil giró en la rotonda que daba en la entrada del pueblo hacia la avenida 25 de mayo y fue en ese instante que se soltó del carro saliendo a toda velocidad. Las personas del pueblo que se dirigían a la terminal no podían creer lo que veían, chancho móvil tomó velocidad y con gran empuje enfiló hacia la avenida Queirel. Detrás de él corrían todos, el dueño de la rifa, personas en bicicleta, motos, un patrullero, la gente que estaba comprado en los puestos de la rotonda y los vecinos que lo cruzaban al paso. Cercano al puerto, en una humilde casa de madera se encontraba Graciela poniendo en unos platos el almuerzo que su esposo Roberto había podido bríndale a sus cinco gurises con el dinero que juntó con los dos cortes de pasto de esa mañana. Antes de comenzar a comer Graciela y Roberto se tomaron de la mano para rezar y dar las gracias a Dios por los alimentos recibidos, un poco de poroto con mandioca. No era suficiente, pero por lo menos los chicos podían llevar algo a sus estómagos. Luis Sosa al ver aquel montón de gente corriendo detrás del chancho móvil tomó unas cuerdas que utilizaba para atar las cosas cada vez que realizaba una mudanza con su camioneta. Corrió y cruzó el boulevard frente a la imagen de San Expedito no sin antes pedirle al Santo que le ayude a detener el carro. Cuando llegó al final de la avenida, Luis junto a los bomberos trataron de alzar una barricada, colocaron sobre el asfalto unas ramas y troncos de árboles creyendo que sería suficiente. Cada vez más gente seguía semejante travesía del chancho móvil, las radios locales transmitían en vivo, las personas

del pueblo que no lo seguían se reunían alrededor de la radio escuchando lo que Fabián iba describiendo en vivo y en directo ya que lo seguía en una moto. En mi pueblo, San Javier, el chancho móvil es un cerdo que normalmente los fines de semana desde muy temprano cuando la gente sale a las ferias y los colonos bajan a hacer sus compras o traer sus productos de la chacra para vender, es asado en un carro tirado por otro vehículo, recorriendo distintos lugares del poblado para así vender los números de la rifa y cerca del medio día el premio es otorgado con el primer número del sorteo de la lotería provincial de Misiones. Doña Cármen tenia pegado el oído a la radio siguiendo las hazañas del chancho móvil, cuando en ese instante la señal hizo una pausa desde el lugar de los hechos para anunciar el número ganador de la lotería, era el 13, buscó entre los papeles que tenía sobre el modular y su corazón se aceleró al corroborar que era la agraciada. Las tapas de empanadas que Cármen estaba cerrando con el picadillo que desde temprano preparó en el patio de la casa cayeron al suelo y de la alegría no notó cuando uno de sus perros las devoró de un solo bocado. Tomó el bolso, el paquete de cigarrillos y partió en busca de su premio sin recordar que el mismo andaba suelto dando vueltas por el pueblo sin poder ser detenido. Estaba todo preparado, Luis junto a los bomberos se aprontaban a recibir en el cruce de la avenida Queirel y Paraguay el chancho que se aproximaba a toda velocidad, entre los gritos de las personas y la caravana de vehículos que los seguían. Cuando cruzó el lomo de burro, el chancho móvil saltó desparramando detrás de sí una gran cantidad de brazas de carbón. A los dos primero que iban más cerca las cenizas le cayeron en el casco de las motos dejándolos sin poder ver, chocando sus motos contra el cordón desparramándolos sobre el asfalto, Luciano que venía corriendo no tuvo mejor suerte, una braza le entró en la espalda a treves de la camisa y al rato estaba arrastrándose panza arriba sobre la tierra mientras sus amigos le tiraban el agua fría del tereré para calmarle el dolor. Chanco móvil seguía su alocada carrera rumbo al puerto como si huyera del mismo diablo. Tal vez el río Uruguay fuera su destino final y acabaría su camino en sus inquietas aguas. Graciela soltó las cálidas manos de sus hijos no sin antes enseñarle a los más chicos y corregirle a los más grandes la señal de la cruz. Al momento de pronunciar el amen de sus labios un fuerte estruendo se sintió en la puerta dejando a todos perplejos y asustados, todas las miradas al unísono se posaron en Roberto, el padre de la casa que tomó


coraje y caminó hacia la puerta. Con mano temblorosa tomó el picaporte, lo hizo girar dejando abierta la puerta de par en par y grande fue la sorpresa para toda la familia, cuando bajo el techo de la pequeña galería de chapas de cartón se encontraba un chancho asado listo para ser comido. Graciela junto a los gurises pegaron un salto y comenzaron a disfrutar del manjar atribuyéndole su aparición al poder de la oración que realizaron antes de comenzar a almorzar. Pasado un corto lapso de tiempo, sobre la calle, frente a la humilde vivienda, se comenzó a juntar la gente, estaban los bomberos, los dueños de la rifa, Fabián el de la radio, Luis Sosa, un patrullero, algunos vecinos que seguían al chancho y la más interesada de todos Doña Cármen, la afortunada ganadora de la rifa. Al ver la cara de felicidad de la familia, Cármen que todos conocían de su bondad, en silencio dio media vuelta, sin reclamar nada y con el corazón lleno de gracia por el gesto que acababa de hacer se retiró a su casa, gesto que fue imitado por el resto con un nudo en la garganta y preguntándose que podrían hacer por el prójimo. Leandro Miguel Fernández. Posadas. Misiones

TERCER PREMIO HOGUERAS Juana y Dante esperaron esa noche durante mucho tiempo. Siempre debieron verse a escondidas, como en esta ocasión, pero fugazmente. El momento soñado había llegado. La esposa de él debió viajar por cuestiones familiares y el marido de ella por negocios. Con ambos fuera de la ciudad, la noche sería solo para los dos. Dante preparó una cena romántica, a la luz de las velas, en su departamento ubicado en un quinto piso de un céntrico edificio de la ciudad. Cocinó para ella y recibió la aprobación de su invitada. Luego de la comida, cuando Juana preguntó cuál era de postre, su anfitrión respondió pícaramente: “Dime tu preferencia. Mi postre eres tú”.

Acto seguido, Dante sentó a su amada en un extremo vacío de la mesa y comenzó a degustar su dulce manjar. Ya con las prendas dispersas sobre un sillón, él la tomó en brazos y se dirigieron al dormitorio, presos de un ardor que los consumiría lentamente, no con el arrebato de otras ocasiones. Los que los apasionados amantes no percibieron fue la caída de una de las velas sobre el mantel, producto de la vibración producida en la mesa. Para colmo de males habían cerrado la puerta de la alcoba, para aminorar la posibilidad de que los vecinos escucharan algún que otro jadeo. Tarde se dieron cuenta del siniestro que se había desatado.

COMICS DE MIQUÉ.

Luego de entregarse febrilmente a la pasión que los envolvía, ya relajaros sobre la cama, percibieron un fuerte olor y algo de humo filtrándose bajo la puerta. Dante saltó del lecho y abrió la misma. Pasmado observó que el comedor era una hoguera infranqueable y ya no pudo cerrar la deteriorada puerta placa. Para colmo de males, el aposento solo tenía salida hacia el balcón y en el comedor había quedado toda la ropa y los teléfonos con los cuales pedir ayuda. Resignados vieron que el fuego era incontrolable y comenzaba a penetrar el dormitorio. Desnudos, atinaron a salir agachados al gélido balcón. La situación era comprometida. No podían delatarse pidiendo auxilio y se quedaron allí, ateridos y abrazados. Mientras pensaban cómo resolver esa embarazosa situación, escucharon una sirena aproximarse al edificio. Eran los bomberos, alertados por algún vecino. Dante se asomó a espiar y vio cómo una autobomba comenzaba a elevar su escalera con personal de rescate. También comprobó, absorto, que unos móviles televisivos montaban guardia para registrar el salvataje. Enterada ella, se miraron fijamente dispuestos a darle una drástica solución al incidente… Abrazados, Juana y Dante ingresaron raudamente al foco del incendio. Prefirieron finalizar abruptamente su historia de amor, a ser calcinados a fuego lento por la impiadosa hoguera de la sociedad. Jorge Emilio Bossa. San Francisco. Córdoba.

ECO L. 3

¡FELICIDADES! les desea: SADE FILIAL LOS TOLDOS

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