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SALVAJES

selección fotográfica realizada por josé naveiras garcía para Ecléctica revista de fotografía

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SALVAJES mayo 2017 edita: Angel Caraballo dirección de este número y selección de autores y autoras (fotografía y literatura): José Naveiras García maquetación y diseño gráfico: José Naveiras García ISSN: 2445-4273 fotógrafos/fotógrafas: Alberto Rivas (España) Antonia Dementia (Chile) Bruce Gilden (EE.UU.) Cristina del Barco (España) Francisco Ramón García Otero (España) Jorge Coco Serrano (Perú) Sebastián Cocucci (España) Morfi Jiménez Mercado (Perú) Helena Durango Julia D. Velázquez escritores/escritoras: Eva Gallud Javier Fernández Rubio Julia González Calderón Sylvia Ortega Eva Pardos Carlos Salem Patty de Frutos Emily Roberts Todos los textos y fotografías son propiedad de los autores y autoras y está absolutamente prohibido tanto su uso como su reproducción total o parcial sin expresa autorización de sus respectivos autores.

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Salvajes, la palabra suena en la cabeza y no se sabe si asociarlo ,de primeras, a algo malo o a algo bueno. Lo que van a ver ustedes a continuación son fotografías inspiradas por esta palabra. Eso no significa que estemos llamando salvajes a las personas que aparecen en las fotografías, no es la intención desde luego. Salvajes es más un concepto aplicable a la forma de entender la fotografía de las personas que están detrás de la cámara. No es algo explícito y si lo fuera, nunca sería en el mal sentido de la palabra, o sí. Como decía, Salvajes es más una forma de ver, de crear belleza, imágenes bellas, donde aparentemente no la hay. Hacer bello lo que los demás desprecian. No, Salvaje no es algo malo. A mí particularmente casi siempre me parece un buen calificativo, siempre y cuando exceptuemos su acepción violenta. Ser Salvaje en fotografía es hacer lo que han hecho este pequeño grupo de fotógrafos y fotógrafas, es crear imágenes bellas de otra manera, mirar lo mismo que vemos todos pero de otra forma. Disfruten de estas fotografías Salvajes, de estas poses Salvajes, de estas luces Salvajes, de estas ciudades Salvajes, de todo lo salvaje que nos rodea y de todo lo salvaje que podemos inventarnos. Porque nacemos Salvajes, debemos guardar una parte de ese salvajismo. Salvaje es la lucha por la justicia y el salvaje despectivo es para el mal gobernante contra el que se lucha. La belleza no reside en quedar bien en la foto, ni siquiera en salir en ella, la belleza es mirar fuera de cuadro y encontrar algo que no encaja, pero que es bello. Por otro lado, la literatura también es Salvaje y por eso le hemos dado espacio en una revista de fotografía, porque nos provoca imágenes que nos golpean en la imaginación y nos hacen un poco más Salvajes. Encontrarán unos pequeños cuentos intercalados entre las fotografías, estos no están inspirados por las imágenes, solo por la palabra Salvajes, otra vez. Procesos creativos distintos con un mismo fin, la belleza. Por favor, pasen y disfruten de todos estos Salvajes. José Naveiras García

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ALBERTORIVAS N A T Página 8

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SEBASTIANCOCUCCI R

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DEMËNTIA Página 20

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FORECLOSURES Página 34

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CRISTINADEL BARCO BLACK SCENE, BLACK PORTRAITS

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JORGE COCO SERRANO Página 58

BRUCEGILDEN

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MORFI JIMÉNEZ MERCADO LA GRAN COMEDIA DE LA VIDA Página 70

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F.R. GARCÍA Página 98

HELENADURANGO Página 104

JULIAD. VELÁZQUEZ POR UN NUEVO MUNDO DE DIOSES Y MONSTRUOS Página 114

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S A L V A J E Página 18

JAVIER FERNÁNDEZRUBIO PERO ESO ES ABSURDO Página 52

Página 96

CARLOS SALEM

EMILY ROBERTS

PATTY DEFRUTOS

LA NOCHE SIGUE Página 30

LA HIJA DEL CAZADOR Página 68

Página 112

JULIA GONZÁLEZCALDERÓN

EVA PARDOS

OCÉANO PACÍFICO Página 42

LA CASA SE LLENARÁ DE RISAS Página 84

EVA GALLUD

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SYLVIA ORTEGA TRUCHAS SALVAJES


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La serie de fotografías, que se engloba dentro de la colección NATURE, es una génesis poética de la desfiguración humana producida por la continua desnaturalización del entorno de las personas. Hay un punto de encuentro entre la naturaleza y lo corpóreo, una sinrazón que afecta a la imagen personal de todo lo que acontece y tiene relación con nosotros, ya sea dentro o fuera. La realidad se concibe como un ente que deforma nuestra percepción y por ende, deforma nuestra capacidad para percibirnos a nosotros mismos. La apariencia de pequeños monstruos salvajes acaba imponiéndose ante lo humano siendo percibida como una normalidad que, tras un primer paso de perturbación de los límites, despierta ciertos sentimientos de candor, compasión e incluso cierta alegría erótica. Encubierta bajo una estética minimalista que bebe del trabajo de Richard Avedon y de los pintores del tenebrismo, NATURE goza de cierto paralelismo con la imaginería religiosa cristiana: vírgenes y prostitutas, mártires y demonios, agentes de lo clerical y santurrones vanidosos son los arquetipos que conforman esta colección, protagonizada por mujeres deconstruidas y reconstruidas bajo la influencia de la cultura antipop. Toda una suerte de instalaciones de carne y hueso que evidencia que nunca hemos sido nada más que nada en mitad de lo natural.

·Alberto Rivas· www.albertorivasfoto.com

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Eva Gallud. Traduzco, escribo, leo. He publicado El taxidermista (Bancarrota 2016), Ave (plaquette, 2015), NingĂşn mapa es seguro (Palimpsesto, 2014), MolĂŠstenme solo para darme de comer (LVR[ediciones, 2011).

GALLUD

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Blog: sakuranomonogatari.wordpress.com ave_o_eva Eva Gallud - Traducciones

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ha caminado trescientos horizontes, hasta aquí, la salvaje, para devolver el mundo a su justa medida, el perímetro del cielo, la profundidad de la corteza, trescientos horizontes hasta aquí, la salvaje ha caminado, restitución, rescate, resarcimiento, con pupilas de accidente geográfico observa alrededor desde el centro de la llama, hormiguean los dedos sarmentosos, dirigiendo la hueste orgánica

sobre sus párpados, afuera se prepara la tormenta, ya han volado algunas casas en el ojo centrífugo del viento se eleva la figura incandescente sobre la que gira un remolino de palos y piedras, piedras y palos, palos y piedras, giran alrededor de su cabeza, magnífica corona terrosa, a sus pies la nieve es negra, carbón deshecho, las uñas rotas, la nieve es negra, el pelo trenzado, brazos tatuados de escarcha, todo gira al ritmo del lento pendular de su cabeza, así dirige la salvaje su orquesta de borrasca, aluvión, glaciar desatendido, carne de morrena

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todos duermen, se arrastran las raíces por las paredes, trepan por las ventanas las ramas ennegrecidas de luz montaraz, ávidas desembocan en los labios de los dormidos, les despiertan la piel, solo la piel, se encienden de fiebre porque les rozó la rama negra de lo iluminado, trepan las raíces y las ramas, trepan los conejos y las liebres por las raíces y las ramas, se esconden bajo las camas, van royendo los tobillos que encuentran, los pies descalzos

los dedos rizomas pulsan teclas invisibles, melodía de roca lanzada contra un cuerpo, las raíces ya cubrieron la casa, enlazaron sus cabellos con las ramas, no hay arriba ni abajo, raíz aérea, tallo subterráneo, pulso de savia latiendo en las yemas, el aire es tan puro sobre las camas, los que duermen se quedan sin aliento, abren los ojos un segundo antes de asfixiarse en el verdor

trepan escalan, las raíces las ramas, los conejos las liebres, los escarabajos las orugas, corren los escarabajos a meterse en las rendijas de los cajones, van a hacerse un nido con tiras de papel, las orugas lentas dejan rastro fluorescente en el alféizar, caminan sobre la frente de los que duermen, dibujan sudor radioactivo

brotan espinas de las trenzas, se disuelve el torbellino en la greda, se apaga el tumulto, silba el haz de luz el orden se ha restituido

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DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA DEMËNTIA Nacida como Antonia, reencarnada como Demëntia. Amo el incansable y turbio vaivén de las calles porteñas que Valparaíso ofrece. Tomé la cámara sin saber nada de ella y, entre prácticas y conversaciones, logré domarla. Hoy a mis 19 años y luego de estudiar 2 años Sociología he decidido entrar de lleno a la Fotografía Profesional para desarrollarme en la Fotografía Periodística y Callejera. La Demëntia @la_dementia CORREO: ladementiavalpo@gmail.com

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21-05-2015 Marionetas, autómatas y enemigos del pensamiento, salvajes los que legitiman el emblema: “por la razón o la fuerza”. 21


21-04-2016 Nunca me sentí más vivo que aquella vez que tomaste mi mano y me invitaste a construir un futuro, donde soñar ya no sea un patrimonio ajeno e inalcanzable.

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21-04-2016 Llueven piedras en la ciudad paraĂ­so, si tan sĂłlo lloviera dignidad como lo hace el agua tĂłxica sobre este pavimento ensangrentado.

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24-01-2016 La empatĂ­a es peligrosa, tercerizar las emociones es mĂĄs beneficioso en tiempos violentos, lo aprendĂ­ de los economistas de la tv que siempre hablan de las imperiosas necesidades de reducir los costos para la acumulaciĂłn del capital.

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11-06-2016 Qué sería de la historia si se enseñase el cooperativismo como motor de la evolución por sobre la selección natural de las especies.

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30-08-2016 Moldear, la hegemonĂ­a no necesita la crĂ­tica.

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17-05-2016 El segundo compartido no es nada mรกs que un recuerdo, ya no somos parte del mismo cuadro.

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22-03-2016 Se cuenta en los libros de historia que en esta ciudad se vivió una época dorada, pero nuestras páginas están todas impresas en escala de grises.

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09-02-2016 Laberintos salvajes, respuestas instintivas.

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CARLOS SALEM LA NOCHE SIGUE

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Dentro del local nocturno, la muchacha de la izquierda y la muchacha de la derecha repiten, sin saberlo, su ubicación en las fotos de la marquesina de neón que promete sobre la fachada del edificio lo que nunca cumplirá. Cada una a un extremo de la barra. Cada una a su extremo del cartel. Tienen diez años y cien desengaños más que cuando posaron soñando que ése lugar era sólo el primer peldaño hacia la fama. Ahora no sueñan. La muchacha de la izquierda, hace años, probó suerte en el cine, pero no pasó de dos películas porno de mala calidad, aunque sigue fumando en boquilla para sentirse como una actriz. La muchacha de la derecha fue una efímera celebridad en la noche de la ciudad, cuando hacía el número de fumar con el coño y su entrepierna emitía unas volutas de humo perfectamente circulares. Pero el médico le prohibió el tabaco y se acabó el negocio. Nunca se hablan, ajenas a los clientes que las valoran, pero se marchan casi siempre con otras que parecen niñas. O lo son. Clientes locales adinerados que traen de excursión a sus socios europeos o americanos, como si los llevaran de visita a un establo. O una carnicería. Solitarios turistas sexuales, con el mapa del deseo culpable en la bragueta y cara de padres de familia ejemplares pasando un semáforo en rojo. Marineros con demasiada sed como para apagarla en una sola boca. Pocos provincianos, ataviados

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con las que creen sus mejores galas, que llegan a la capital temblando por asomarse al supuesto lujo de una noche que nunca acaba. La muchacha del centro del cartel no existe, es sólo un dibujo que se burla del tiempo, una promesa incumplida que no envejece, mientras la muchacha izquierda y la muchacha de la derecha ven pasar las horas sin mirarse. Ambas vienen de la misma aldea perdida entre arrozales a la que jamás han vuelto. Pero nadie lo sabe. Tal vez porque a nadie le importa. Y ellas casi no se acuerdan de aquella míseria sin neón. Hace dos meses, al amanecer, cuando el local había echado a la calle a los últimos borrachos tristes, la muchacha de la derecha intentó apuñalar a la de la izquierda con un estilete, por haberle robado un buen cliente que le prometía un futuro mejor. Pero estaba tan borracha que trastabilló y cayó contra la acera. La otra muchacha la llevó hasta un portal, la cubrió con su abrigo para que no pillara frío y se marchó fumando en boquilla. Nunca hablaron del asunto y esta noche, que el bar se ha llenado de clientes locales y europeos, tampoco le dice nada cuando el hombre enjuto y de ropa gastada pero limpia, pasa junto a ella sin detenerse hasta llegar hasta la muchacha de la derecha y le suelta unas palabras mordidas de rabia mientras hunde en su vientre el pequeño puñal gastado. Tampoco la muchacha de la derecha dice nada, son los reflejos de

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supervivencia los que hacen brotar el estilete en su mano y clavarlo hasta la empuñadura en la garganta del hombre. Revuelo. Gritos. Un policía amigo del dueño. Siempre los hay si pagas. La muchacha de la derecha fuma mientras una lágrima cae por su ojo izquierdo. No sabe si le duele más la muerte de su hermana o haber cambiado tanto que su padre no la reconoció. Fuera, su foto del cartel también llora, teñida de neón rojo sangre. La noche sigue. La noche siempre sigue.

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F O R E C L O S U R E S

In 2008, Magnum sent some photographers around the USA to photograph the country in a moment of major economic recession. I chose to photograph the foreclosure crisis. I decided to go to Fort Myers, Florida, one of the most affected areas in the country. When I returned from Florida, I got so angry about the situation and the consequences it had on millions of Americans who were losing their homes that I decided to continue the project on my own. For my project “No Place Like Home”, from 2009 to 2011, I went to Detroit; Fresno, California; Las Vegas and Reno, Nevada.

BRUCE GILDEN

En 2008, Magnum envió algunos fotógrafos por todo EE.UU. para retratar el país en el momento en el que la recesión económica estaba en su punto más alto. Yo decidí fotografiar la crisis de las ejecuciones judiciales, de los desahucios. Decidí ir a Fort Myers, Florida, una de las áreas más afectadas por la crisis en todo el país. Cuando regresé de Florida, me encontraba tan afectado y enfadado por la situación y las consecuencias que estaba teniendo para millones de estadounidenses que habían perdido sus casas, sus hogares, que decidí continuar el proyecto por mi cuenta.Para mi proyecto “No Place Like Home”, visité Detroit, Fresno (California), Las Vegas y Reno (Nevada) entre los años 2009 y 2011.

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An Iconic street photographer with a unique style, Bruce Gilden was born in Brooklyn, New York in 1946. He first went to Penn State University but he found his sociology courses too boring for his temperament and he quit college. Gilden briefly toyed with the idea of being an actor but in 1967, he decided to buy a camera and to become a photographer. Although he did attend some evening classes at the School of Visual Arts in New York, Bruce Gilden is to be considered substantially a selftaught photographer.

Gilden has received many awards and grants for his work, including National Endowments for the Arts fellowships (1980, 1984 and 1992), French “Villa Medicis Hors les Murs” grant (1995), grants from the New York State Foundation for the Arts ( 1979, 1992 and 2000), a Japan Foundation Artist Fellowship (1999) and in 2013 a Guggenheim Foundation fellowship.

Bruce Gilden has published 15 monographs of his work, among them: Facing New York, 1992; Bleus, 1994; Haiti, 1996 (European Publishers Award for Photography); After The Off, Right from childhood, he has always been fascinated by the 1999; Go, 2000; Coney Island, 2002; A Beautiful Catastrophe, life on the streets and the complicated and fascinating motion 2004; Foreclosures, 2013; A complete Examination of Middlesex, it involves, and this was the spark that inspired his first long- 2014. In 2015, Gilden published Face and Hey Mister Throw Me term personal projects, photographing in Coney Island and Some Beads! His new book Un Nouveau Regard Sur la Mobilité then during the Mardi Gras in New Orleans. Urbaine featuring the commission he did for the French transporation system RATP was released in April 2016. Over the years he has produced long and detailed photographic projects in New York, Haiti, France , Ireland, India, Russia, Bruce Gilden joined Magnum Photos in 1998. He lives in Japan and now in America. Beacon, New York. Since the seventies his work has been exhibited in museum and art galleries all over the world and is part of many collections. http://www.brucegilden.com/ The photographic style of Bruce Gilden is defined by the dynamic accent of his pictures, his special graphic qualities, and his original and direct manner of shooting the faces of passersby with a flash. Gilden’s powerful images in black and white and now in color have brought the Magnum photographer worldwide fame.

bruce_gilden @brucegilden

BRUCE GILDEN

https://www.facebook.com/BruceGilden/

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O C É A N O PA C Í F I C O

JULIAGONZÁLEZCALDERÓN Julia González Calderón (Sevilla, 1989) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, donde está ahora doctorándose en Literatura Hispanoamericana. Ha publicado cuentos en revistas como Renacimiento o Arenas blancas y en diversas colecciones de narrativa breve (Acuérdate de sacar la basura, Ficción y ciencia en la universidad, She was so bad o La estela de la noche y otros secretos) y ha sido premiada en varios certámenes literarios, como el Certamen Andaluz de Escritores Noveles 2008. Ha sido, además, finalista del Ateneo Joven con la novela inédita Manifiesto contra la literatura. Ha vivido en Puerto Rico, Alemania, China, Estados Unidos y Costa Rica y compagina la actividad literaria con la investigación y la enseñanza de español a extranjeros. juliagonzalezcalderon.wordpress.com

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¡Las vainas que se le ocurren a Dios! A tu alrededor, nada, el mar acerado y el cielo plomizo. No se oye más que el sonido suave de las olas. Miras el reloj. Acaba de iniciarse la hora número seis desde la primera vez que la miraste. Pero son décadas en realidad las que llevas aferrada a una plancha de titanio en mitad del Pacífico.

el rato, intentas reconstruir la película en tu cabeza, lo que salga, sólo por burlar un poco al terror de no saber si alguien te está buscando, si va a encontrarte, o si sólo quedan por delante las horas y el mar gris hasta el final. Evitas esa idea, como si la posibilidad fuese absurda. Te asombras de tu propia capacidad para mantener la puta cordura, tú que nunca estuviste muy fina de la azotea.

Primero fueron los temblores. Nada que no se arregle con que hay que abrocharse el cinturón y las azafatas supervisen que todas las mesitas están recogidas; y los respaldos de los asientos, rectos. Luego las sacudidas. Luego los ruidos extraños. Luego el primer llanto, de un crío. Entonces tuvo lugar la mítica despresurización de la cabina y llegaron los gritos, el pánico, la histeria. A continuación, fuego en un ala y la notoria pérdida de altitud. Un crujido como si el cielo se partiese en dos para dar a luz, y la cola por aquí y el resto por allá. Después, la oscuridad. Finalmente, el despertar al amanecer. Y el último llanto: el tuyo.

Pasan las horas. Los documentales siempre dicen que el mar es otro mundo, pero este parece un mundo desierto y muerto. La entrada a los infiernos. Y tú estás pendiendo de un hilo. Llueve un poco durante la hora nueve y el oído derecho te empieza a doler.

El oído deja de doler pero te entra sueño y te resistes a él, por miedo a resbalar de la plancha y ahogarte o a no ver la ayuda. Reposas la cabeza sobre las manos y te esfuerzas por No se ve nada más que agua. Ni más piezas del avión, ni mantener los ojos abiertos, aunque a ratos te duermes así equipaje, ni, por suerte, cadáveres. Has probado a gritar, y todo. Sueñas con la superficie del mar y con botecitos de pero el sonido de tu voz en el vacío inmenso te ha dado somníferos flotando por todas partes. pánico, igual que mover las piernas para mantenerlas calientes, dentro de una bañera inconmensurable. Apenas si Por fin, la redención, la benevolencia de los hados: el ruido te atreves a respirar. ensordecedor de un helicóptero, unos hombres vestidos de naranja que descienden por cuerdas, como si estuviesen en Procuras no preguntarte por qué, limitarte a respirar, a el Circo del Sol, que te hablan en otro idioma que apenas mantenerte viva un instante más allá del siguiente instante conoces, I`m okay, I`m okay, les repites, haciendo la señal sin pararte a pensar por qué tú justamente, si ya lo tenías con el pulgar hacia arriba, y ellos te amarran a una camilla todo planeado: llamar a casa diciendo que el vuelo de enlace (como aquella vez que casi lo consigues… hace unos meses, se había cancelado hasta la mañana siguiente, ir a un hotel pero son décadas lo que han pasado, y todo eso queda ya cualquiera, comer si tenías hambre, ducharte si tenías muy lejos, en otro mundo) que se eleva meciéndose hasta ganas y, entonces, sólo las pastillas y meterte en la cama. Y la estabilidad del helicóptero. Una inyección y el sueño más olvidarte de todo para siempre. Las vainas que se le ocurren dulce del mundo te invade deprisa. Un momento antes a Dios, carajo. de cederle el paso del todo al descanso, piensas que, en realidad, vivir debe ser muy bello y aún estás a tiempo. Parece que el destino la haya tomado contigo: pasa flotando un dvd junto a ti, a la deriva, y choca contra tu costado. Lo Con el despertar, sin embargo, regresa el dolor. La angustia tomas con los dedos ateridos de frío. Qué bello es vivir. Joder. de la vida a cada segundo, esa sensación de enfermedad Miras la carátula un buen rato. Es una interesante novedad sin motivo ni derecho. Y la redención vuela ya lejos cuando en el paisaje, y repasas los detalles de la fotografía. Viste la descubres, sorprendida, que no habías facturado el bote peli hace mucho tiempo. No te gustó. ¿Por qué no te pareció de pastis, sino que iba en el bolsillo interior de tu chaqueta, al final que vivir es bello? Ahora te lo replanteas. Para pasar colgada en el respaldo de una silla junto a tu cama.

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SEBASTIÁN COCUCCI

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Sebastian Cocucci, nacido en la ciudad de Buenos Aires y arraigado en Madrid. Comienza su recorrido artístico como fotógrafo con apenas veinte años cuando se introduce en el mundo de la fotografía durante el año 1992, inscribiéndose en un curso integral de fotografía en AFPRA (Asociación de Fotógrafos Profesionales de la República Argentina). Simultáneamente trabaja en la producción de la que sería su primera exposición bonaerense, centrada en la estética glam. Enseguida comienza a realizar sus primeros trabajos fotográficos para revistas de moda y música como Área Fashion, D’Mode, Wipe, LasRosas, Diario Clarín, Mad House y otras revistas porteñas alternativas. Alterna sus diversas colaboraciones gráficas con trabajos freelance para agencias de modelos realizando casting fotográficos y Books. Comienza a exponer sus trabajos en diversos concursos y exposiciones dentro de espacios culturales contemporáneos como el Centro Cultural Borges, Teatro Gral San Martin y Centro Cultural Recoleta. Asiste a diferentes cursos y congresos donde investiga “la luz en el retrato” y monta su primer estudio fotográfico en un antiguo barrio porteño. Viaja por latinoamerica fotografiando congresos oficiales sobre educación y cultura para Naciones Unidas y en el año 2000 interrumpe su vida profesional fotográfica en la ciudad de Buenos Aires y pasa un período en México DF como bajista del grupo de rock sebastian cocucci-fotografo

Primeras Impresiones, siendo éste el trabajo que le empuja a vivir en el extranjero. Durante el año 2001 se traslada a España donde, una vez instalado en Madrid, comienza a exponer su obra en diversos espacios multiculturales y donde participa, por ejemplo, en la exposición itinerante Espejos Del Alma, organizada por la Consejería de Cultura de Madrid, junto a otros fotógrafos contemporaneos. Trabaja como colaborador de la revista Primera Línea y sus fotografías son expuestas en locales madrileños como el Espacio Lucky Strike, Hotel ivis y Casa de America. Mantiene constantemente su trabajo freelance para agencias de actores donde se centra en realizar books, dada su fascinación por el mundo del retrato, la interpretación y la expresión. Es contratado por la productora “Los Smith, producen” para ser el autor de todos los carteles y fotografías de los actores que componen el reparto de la primera obra de teatro estrenada en España de la escritora Elvira Lindo. La obra es la versión teatral de su novela Algo más inesperado que la muerte. Su lenguaje artístico siempre le ha impulsado a investigar en las conductas humanas más pasionales, es por eso que su trabajo fotográfico y musical se ha visto siempre vinculado a la interpretación y diferentes universos emocionales. En 2016 ha inaugurado dos exposiciones: Madrid en el Hotel Ivis y Music&Dealers en el Mercado de la Cebada. 2017 nueva Expo en construccion.

sebastiancocucci

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sebastiancocucci@yahoo.es


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JAVIERFERNÁNDEZRUBIO

Pero eso es absurdo

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-¡Pero eso es absurdo! –protestó Hans–. ¡Todos sabemos que el crimen perfecto existe! -No tenemos constancia de ello –prosiguió Fredi–. Y si no tenemos constancia lo más probable es que no se produzcan o no tengan consecuencias. -El crimen aleatorio, el que no deja margen a la pesquisa, es el más escurridizo. Yo no digo que en este caso el autor no acabe entre rejas, pero no entiendo que se cometa un crimen si no es por una causa. ¡Es absurdo! Puedo entender que no haya un interés, ¡pero al menos publicítelo! ¡Presuma de ello! –gesticuló Müller alejando las manos del volante. El vehículo estaba reduciendo su marcha, próximo ya al vallado de la frontera. Hans estalló en una carcajada. -Si el crimen no tiene un interés no es un crimen. Es una enfermedad. También matan los virus y no por ello se les mete entre rejas. -¡Exacto! –volvió a intervenir Hans–. Tiene que haber al menos… placer –y lanzó una mirada malévola a Fredi, que había estado mohíno escuchando en el asiento de atrás. Al darse cuenta, Fredi pareció volver en sí e hizo la pregunta con que había empezado la discusión: -De acuerdo, pero placentero o no, ¿cómo hacer para que no te atrapen? -Es bien sencillo, si quieres cometer el crimen perfecto sólo tienes que hacer una cosa… –aseguró Hans. -¿Y qué cosa es esa, demonios? -¡Declarar una guerra! Todos rieron a la vez porque reconocieron lo apropiado del comentario en su situación. El vehículo acababa de detenerse en el puesto fronterizo y un oficial, rollizo, abúlico y entrado en años, abandonó la cabina en su dirección. Hans se retrepó en el asiento de atrás y aprovechó esos últimos instantes para dar por zanjada la cuestión. -Por eso estamos aquí. Si no podemos declarar una guerra, aprovechémonos de aquellas que están ya en marcha. Oferta no va a faltar y solo se trata de ajustar la demanda. Sólo en una guerra matar no solo no está prohibido, sino que está bien considerado. Las madres se emocionan, las novias te cubren de besos y el Estado te sepulta en medallas. ¡Ahora, chitón! El oficial pidió la documentación e hizo las preguntas de rigor (“¿Motivo de su visita?” “Negocios”.). Luego metió la cabezota por la ventanilla y echó un vistazo a los tres ocupantes del Mercedes. Vestían trajes todos ellos y más parecía que se dirigieran a la oficina que a una zona en guerra. El silencio duró unos segundos y sólo se relajó cuando el policía de aduanas volvió a su caseta con la documentación. -¡Dios, lo que daría por un ciervo ahora! –estalló Fredi. Al volver a salir el policía, lo hizo acompañado de un funcionario de aduanas. Hans accionó desde dentro

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del vehículo la apertura del maletero y encendió un cigarrillo. No llevaban equipaje. Nada que mirar excepto un cofre vacío. Unos momentos después, el oficial volvió a aparecer por la ventanilla, les tendió la documentación y les deseó una feliz estancia en Bosnia Herzegovina. Un centenar de metros delante encontraron un puesto fronterizo de la República de Srpska. La misma molicie imperaba y la única nota disonante era la cantidad de militares que pululaban por doquier. No tuvieron problemas para cruzar la barrera, ni siquiera tuvieron que detener el Mercedes, por lo que siguieron su marcha lentamente echando vistazos a derecha e izquierda. El espectáculo era emocionante. No tenían miedo, y se sentían excitados como todo cazador ante la proximidad de la presa. Un todoterreno, con dos hombres a bordo, se situó delante y aceleró. Era lo convenido. Sin preguntas, sin interrupciones, el Mercedes siguió al todoterreno mientras la noche aún se cernía sobre ellos. Fue un trayecto más largo de lo esperado, fijo Hans en la luces de posición del vehículo que iba al frente. El silencio en los pueblos que cruzaban era total. No había luces, pero tampoco señales de estragos. Una calma propia de ese período de la noche en que hasta los animales callan y el mundo parece reorganizarse para un nuevo día. Era difícil precisar cuánto tiempo duró el trayecto, pero en un momento dado alcanzaron una población más grande que las demás y allí era posible que terminara su viaje. Esta población sí estaba iluminada. La proximidad de la guerra era apreciable en todo el contorno. Militares e irregulares con una mescolanza de equipos pululaban por doquier y los signos de la reciente lucha eran visibles en el encalado de las casas y en el pavimento. Todo andaba revuelto y fuera de lugar como en el cuarto de un niño. Continuaron hasta la plaza de la localidad y allí se detuvieron junto al puesto de la comandatura, antes puesto policial sin más. Müller fue el primero en bajar del Mercedes y exclamó: -¡Fantástico! De las farolas de la calle principal pendían los cuerpos sin vida de mujeres y niños, que arrojaban sobras siniestras en derredor a medida que se balanceaban con el viento que arreciaba en las horas previas al amanecer. Ningún hombre de entre los lugareños a la vista, ni vivo ni muerto. Los ocupantes del todoterreno se presentaron y recibieron un sobre alargado de Hans. Uno de ellos, el que examinaba con atención el contenido del sobre, era el representante de la agencia de viajes y el otro, el que iba a ser su guía. Entraron en la comandatura y dejaron que sus anfitriones hablaran. Luego salieron y dieron la vuelta al edificio. Había varios camiones militares en fila y a uno de ellos saltó el representante de la agencia y desde dentro descorrió la lona. Armas de todo tipo se amontonaban en la caja. -Elijan lo que más gusten. Como si estuvieran en un supermercado. Se tomaron su tiempo para elegir. Había mercadería de todas las épocas, pero abundaba el material

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moderno, alemán y norteamericano. Los tres tomaron fusiles de precisión con mira telescópica y visión nocturna, junto con su munición, así como equipos militares con los que se vistieron y confundieron con los que pululaban alrededor. Como chucherías, se llevaron un lanzagranadas, armas cortas y una vieja Vickers de dos guerras anteriores. -¡Una Vickers! –exclamó Fredi exultante. La tomó y acarició como un niño encandilado. -A partir de ahora irán a pie. Edin será su guía –les dijo su anfitrión–. Hagan todo lo que les indique. Conoce la zona como la palma de la mano y no correrán ningún peligro. Pero tengan en cuenta que en esos montes –y señaló en lontananza– está la línea del frente. Tomaron sus pertrechos y siguieron en fila india al guía, que sin mediar palabra cruzó las calles en dirección este y se internó en el sotobosque que lamía las primeras casas de la localidad. Caminaron durante horas, subiendo y bajando colinas y deteniéndose a intervalos regulares para escuchar. Como buenos cazadores guardaron silencio. Habían amordazado las armas con paños y telas raídas para que no les delatara su tintinear. La luz rosácea del amanecer lamía las crestas más alejadas enfrente. Aceleraron el paso. En un momento dado, el guía se detuvo y todos se congregaron alrededor. A sus pies, en un estrecho valle que formaba una hoya a la que solo se podía acceder desde donde estaban, se erigían tres casas rurales. Era difícil distinguirlas, a expensas de que se aguzara la vista acostumbrándola a la oscuridad, pero los visores infrarrojos confirmaron dos cosas: estaban habitadas y todos dormían. Rápidamente, pergeñaron un plan. La Vickers se emplazaría allí mismo en el alto que dominaba el acceso al valle y Hans y Fredi se distribuirían alrededor para amedrentar las piezas y conducirlas al matadero. Edin se quedó junto a la Vickers de Müller ajeno a todo aquello, que para él estaba exento de interés. Con las primeras luces, una granada impactó en la casita más alejada. Sin solución de continuidad se encendió la luz en varias estancias de las demás casas y un hombre abandonó una, preso de gran agitación. No anduvo tres pasos antes de acabar siendo abatido bajo la sombra de la casa en llamas. Apareció más gente y los tiradores se ocuparon de las piezas mayores: hombres entrados en edad, y jóvenes. No fueron más de seis o siete. Luego se hizo el silencio mientras la casa en llamas seguía chisporreteando. Una segunda granada levantó el tejado de otra de las casas. Sus ocupantes, mujeres ya con niños en brazos la abandonaron a la carrera, como también hicieron los de la otra casa. Una mujer, con un bebé en brazos, huyó intentando internarse en el bosque pero un certero disparo detuvo su carrera. El bebé quedó en el suelo y los que la seguían cambiaron de dirección y marcharon en tropel hacia donde la Vickers les esperaba. No duró más de 10 minutos la razzia. Hans, Fredi y Müller abandonaron sus refugios y se internaron en el pueblo. Apartaron los cadáveres con los pies y entraron en las casas, en donde un sueño pegajoso aún parecía cubrir las paredes. En una, un fuego lamí, y Fredi, sin encomendarse a nadie, hundió el cucharón. Escupió aquella bazofia aún sin hacer. Llamaron al guía para que les preparara la comida y entre todos sacaron una gran mesa al exterior. El fuego ya se había extendido y el olor a cadaverina no era apreciable

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aún. Armaron la mesa y la cubrieron con un mantel, vasos y platos y se sentaron a esperar el desayuno. El bebé aun maullaba a lo lejos como un gato hambriento y los tres entretuvieron el tiempo arrojando granadas a ver quién acertaba. Fredi ganó la apuesta y se sentó a la mesa saciado, recibiendo las felicitaciones de los otros dos. Comieron con gran escándalo y sacaron sus móviles. -Nada de fotos –les conminó el guía. Pero no le hicieron caso. No había cacería que se preciara sin trofeos. Fueron levantando los cadáveres de uno en uno y fotografiándose con ellos, más preocupados de que las cabezas no cayeran desmadejadas y miraran al objetivo con sus ojos de pescado muerto. Como aún era pronto, decidieron hacer una incursión por los alrededores, mientras el guía recogía todo y pegaba fuego a las casas con sus antiguos moradores dentro. Subieron al monte y encontraron una trocha de grandes dimensiones. Era un camino transitado habitualmente. Decidieron apostarse y esperar. Estuvieron apostados una hora con el regusto a óxido de la sangre en la boca cuando hizo acto de aparición un grupo. Un hombre, con los aperos de la labor al hombro, se dirigía acompañado de varios niños a lo que hacía una hora había sido una aldea llena de vida. El hombre se detuvo al olfatear el olor de la leña quemada y oteó a lo alto, hasta que divisó el humo y el hollín cayó sobre él. Giró sobre sus pasos, pero un disparo le horadó la camisa justo en donde el trapecio de la espalda cruza sus líneas. De sus acompañantes, uno corrió la misma suerte, pero otra pudo huir. Hans y Fredi echaron a correr tras ella ladera abajo, mientras Müller sacaba su móvil y tomaba fotografías de los cadáveres en la trocha. No había terminado de teclear la dirección de envío cuando los dos primeros llegaron con su presa, embarrada, asustada, aterida. Echaron a suerte los turnos y rápidamente acabaron sin importarles los lamentos y las súplicas. Fredi fue el encargado de estrangularla, a petición propia, una tarea que asumió con notable entusiasmo y frialdad. Todos hicieron fotos. De vuelta a la aldea, las viandas habían sido dispuestas para el almuerzo. Dejaron el armamento y los móviles sobre la mesa y se dispusieron a comer. -¡It’s OK? ¿Everything OK? –preguntaba el guía con una sonrisa mientras tomaba su sitio a la cabecera de la mesa. Nadie le respondió y el guía, por evitar sentirse rechazado, tomó uno de los móviles y observó las fotos con desgana. No había probado bocado cuando se levantó como un resorte y tomó su rifle. Era hora de irse. -¡Todavía no hemos terminado! ¿Qué mosca te ha picado? –protestó Müller.

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Edin había tomado el camino de vuelta sin responder. Tras unos momentos de zozobra, los demás recogieron sus equipos y le siguieron. Quedaban horas de marcha, pero no estaban cansados. Tal vez fuera mejor irse por precaución. Anduvieron, ahora bajo la tenue luz que se filtraba por las copas, caminos y lomas que eran imposibles de reconocer. De vez en cuando hacían un alto para descansar y se daban conversación, pero el guía se acuclillaba mohíno esperando a que pasaran unos minutos. No permitió que se demoraran. El sol seguía su marcha en lo alto y ninguno advirtió que se dirigían en dirección contraria al ocaso. Eran cazadores, pero con la guardia baja. Anochecía ya cuando llegaron a otro poblado. Muchos hombres pululaban por doquier, con los mismos uniformes irregulares que la noche anterior. Los tres hombres se detuvieron exhaustos y arrinconaron sus armas junto a un puesto armado, mientras el guía entraba en su interior. Fue Müller quien se dio cuenta de que algo no marchaba bien. El sol se ponía por el lado que no debía y una bandera empezó a tremolar delatando unos colores que tampoco eran los esperados. Hizo un comentario y todos miraron a lo alto, pero cuando advirtieron lo que ocurría un pelotón de hombres ya los rodeaba y reducía. Del puesto salió lo que parecía ser un oficial, acompañado por el guía. Llegado a su altura, los abofeteó y arrebató los móviles. Se tomó su tiempo para ver el contenido almacenado. Luego entregó uno al guía y este asintió con la cabeza. Hans, Fredi y Müller forcejeaban, profiriendo palabras en alemán y apelando a su condición de ciudadanos de la Unión Europea, pero aquellos hombres hacían caso omiso mientras se los llevaban a un lugar apartado en donde se había levantado una estructura de madera: dos postes con un tercero cruzándolos por lo alto. Llevaba tiempo allí y no era la primera vez que la utilizaban. Fueron desnudados y apaleados sin remisión, mientras se preparaban tres fuegos bajo el dintel. -¿Por qué? ¿Por qué nos has traicionado? –bramaba Hans cuando unos hombres ataban una cuerda a sus pies y pasaban el otro extremo por el alto poste. Sus dos compañeros pendían ya boca abajo a escasamente un metro de la pira aún no encendida–. ¿¡Qué vais a hacer con nosotros!? Edin se aproximó, abrió la tapa del móvil de Hans y le mostró la foto del cadáver del hombre de la trocha. -Ya les dije que no hicieran fotografías –masculló. Luego, tras abofetearlo y esperar a que lo izaran hasta lo alto, tomó una tea y exclamó: -¡Era mi hermano!

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JORGECOCO SERRANO Jorge Coco Serrano nació en Lima, Perú, y reside en Madrid. Es periodista, pintor, fotógrafo, poeta y exasmático. Forma parte de “Lavarca ebria”, colectivo itinerante de poesía. En 2010 publica su primer poemario Cotidianidades Esquizofrénicas con Amargord Ediciones. En 2017 sacará su segundo poemario Poébrica y la plaquette: Hypnerotomachia junto con otros tres poetas. Su poesía y fotografía están repartidas en distintas revistas y antologías físicas y electrónicas; entre Sudamérica, Europa e India. http://jorgeserranopinto.blogspot.com.es/ https://www.facebook.com/jorgecocoserrano

SEMILLA

jorgecocoserrano

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(a) .vaho ato mi cuero a tu aura como quien desgarra vĂ­treo los signos del papiro.

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(b) .ahumado el elixir en mi grial de cuarzo bebe el sĂ­lex de la transfiguraciĂłn.

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(c) .alada la negra luz tripera serpentea incandescencias diluirnos quiere mas mi sombra luminaria la devora.

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(d) .chasqueante en forma de zarza ahĂ­ta en mis entraĂąas la luz negra que habla desde mi incendio.

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(e) .sahumados en mi propia combustiĂłn despertamos como recias estampidas de fraguas somos polvo ceniza en la pavesa.

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(f) .corpĂşsculos otras nadas habitan nuestras briznas en su instante con un soplo de invidencia desapegan el fulgor de las tinieblas.

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(g) .imperecedero como en el inicio hĂĄgase la sombra para que amanezca sorda su luz eclĂŠctica.

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(h) .nimbos anudo mi orla a tu verbo como quien incrusta el odre a los sĂ­mbolos del ĂŠxodo.

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(i) .cuidado becerros la palabra cobra forma y moldea su materia segĂşn lo emanado sello el sello ven que beso tu frente. 67


EMILY ROBERTS Emily Roberts (Ávila, 1991) es investigadora en el Departamento de Filología Inglesa II de la Universidad Complutense de Madrid, donde realiza su tesis doctoral sobre género y psiquiatría. Es autora de la novela Lila (Ediciones Oblicuas, 2011), los poemarios Animal de huida (Ediciones Oblicuas, 2013) y Regalar el exilio (Harpo, 2016) y de la novela La Tramontana (La Isla de Siltolá, 2016). En 2015 resultó finalista del premio de relato corto “Cosecha Eñe”. Actualmente reside en Londres. Mantiene un blog: emilyrobertswrites.blogspot.com emilyroberts

LA HIJA DEL CAZADOR 68


El padre murió dos veces, la primera de ellas cuando disparó al lobo. Abrió de golpe la puerta de madera de la cabaña y exclamó, jadeante y sin soltar aún la escopeta que llevaba colgada al hombro: —Lo he matado. He matado al lobo. La hija del cazador estaba de espaldas, preparando la cena en el fuego. Se volvió lentamente para mirarle, con el cazo en la mano. —¿Que lo has matado? —Sí. Al fin. —¿Al lobo? —Sí. ¡Sí! ¡Al fin! ¿Qué hay de cenar? ¡Me muero de hambre! —El padre-cazador se desabrochó la chaqueta y dejó la escopeta junto al perchero. La hija dejó caer el cazo sobre el fregadero. Volvió el rostro para que el cazador no pudiera verla. —¿Dónde está? —preguntó. —En el bosque. Huyó. Mañana saldré a buscarlo. Llevo tantos años detrás de él… No puedo creer que al fin lo haya conseguido. —¿Y ahora qué vas a hacer? —Buscar otra presa, supongo. Aunque no sé si habrá ninguna tan buena como ese lobo. —¿Otra? ¿No te da pena? —Ninguna. Soy un cazador y moriré siendo cazador. Los animales, al menos los mejores, cazan. —Una cosa es cazar por necesidad y otra por puro deseo. Está en su naturaleza. —¿Y no es lo mismo? —preguntó el cazador—. También es mi naturaleza.

mencionaría nada. Se detuvo junto a un árbol para descansar. Oyó crujir unas ramas y no supo si había sido ella o alguien se acercaba. Unos ojos amarillos se clavaron en ella. El lobo. El lobo arrugaba su olfato y ella le quiso decir: tranquilo, sólo soy la hija del cazador, no soy una cazadora, ya ni siquiera soy su hija. El lobo se acercó lentamente y la hija trató de no tener miedo para que no pudiera olerlo. Se miraron. Ella extendió una mano. Le acarició el pelaje y notó un líquido caliente. El lobo, al fin, se desplomó sobre su regazo. Estaba herido. En realidad era una loba y estaba muriendo. La hija del cazador se había quitado el abrigo y ahora cubría con este el cuerpo tembloroso del animal. Lo abrazaba contra su cuerpo, tratando de darle calor, presionando con sus manos allí donde brotaba la sangre, a la altura del costado derecho. Así estuvo casi toda la noche, hasta que se quedó dormida, sin enterarse. A la mañana siguiente, el cuerpo sin vida del animal yacía en sus brazos. El pelo aún relucía con un brillo azulado. Buscó un lugar para enterrarla, pero pensó que necesitaría una pala. Después pensó en la familia de la loba. En su camada. En lo que sentirían al encontrarla allí muerta. Se le ocurrió que podría enterrarla cerca de su casa. De la casa del cazador. Eso era, primero la enterraría y después, una vez hecho eso, ya pensaría en qué hacer. Arrastró el cuerpo del animal por todo el camino. Ahora que ya era de día, un día limpio y sin nubes, el bosque no daba miedo. Tan sólo era un puñado de árboles y claros en las orillas. Cuando vislumbró la casa, el sol ya brillaba en lo alto del cielo. Salía humo de la chimenea. Dejó el cuerpo a unos metros y caminó con paso firme hacia la casa. Entraría en la casa. Le diría seriamente al padre lo que pensaba hacer. Y no se lo podría impedir. Caminó hacia la casa. Muy segura. Pensó que quizás debería disculparse por haberle dejado solo anoche. No, no. Entraría en la casa, le diría: padre, he pensado en hacer esto. No puedes impedírmelo. Eso es. Le diría: padre, ya es hora de que deje de ser la hija del cazador. Y luego quizás, después, pensaría en disculparse. La puerta chirrió al abrirse. Había un olor raro en la casa. Su padre nunca se preparaba el café, siempre esperaba a que lo hiciera ella. Vio la cafetera volcada junto al fuego de gas. Había un reguero negro desde la encimera hasta el suelo. El café se había quemado. Entonces lo vio. Un poco más dentro de la sala, con la chaqueta verde de cazador a medio abrochar y la escopeta entre los dedos, con una profunda herida roja brotando sobre la camisa de un blanco impoluto que ella le había planchado, y un rictus de dolor en su cara —no de sorpresa—: el cazador estaba muerto.

La hija no respondió. Cogió el abrigo y echó a correr en dirección al bosque hasta que ya no se veía la luz amarilla de la casa y las copas de los árboles eran tan densas que ocultaban a la luna. Estaba sola. Estaba sola, pero al menos ya no era, ya no sería nunca la hija del cazador. Amaba a su padre, lo respetaba, llevaba cuidándolo toda la vida. ¿Y entonces? Siempre había sido la hija del cazador. Él era el orgullo del pueblo, y ella, por cumplir con su deber de hija. Todo el pueblo esperaba que cumpliera con su deber. El bosque le hacía daño. El camino era cada vez más estrecho y las ramas se le enganchaban en el abrigo, le hacían carreras en las medias, le tiraban del pelo. La hija del cazador pensó otra vez en el lobo herido y tuvo ganas de llorar pero, ¿qué sentido tenía llorar si estaba sola? Nadie iba a llamarla. Su padre esperaría a que La hija del cazador le cerró los ojos al padre. Desenlazó sus dedos volviera a recoger la cena y a que le preparara el desayuno. No del arma y se la colgó del hombro. Los enterraría juntos.

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LA GRAN COMEDIA DE LA VIDA

MORFI JIMÉNEZ MERCADO

IQUITOS 2010-2014

Morfi Jiménez Mercado Lima 1976 Retratista autodidacta, con estudios de Publicidad y Cine. La vida cotidiana y el comportamiento humano y su entorno han sido desde el comienzo el eje principal de su trabajo. Prueba de ello son sus series Luz de las Entrañas 2007 -2008 y La gran comedia de la vida 2010-2014. Su trabajo ha sido exhibido en diversos festivales e instituciones en diversos lugares como Francia, Italia, Croacia, Polonia, EEUU, India, España, Argentina, entre otros. Fotógrafo polifacético, además de sus proyectos personales también se dedica a la fotografía editorial, retratos comerciales y de novias. Sus imágenes están marcadas por un estilo muy intimista donde el acercamiento al personaje y el manejo de la luz son el sello característico. Su trabajo ha recibido algunos premios internacionales entre ellos el Cannes Lions 2015 por fotografía publicitaria, el premio Latinoamericano de Fotografía 2012 en la categoría retrato, el Hasselblad Masters Award en el 2008 por su serie Luz de las Entrañas y el del FPNUD (Fondo de población de las Naciones Unidas) en el 2004, entre otros. Vive y trabaja en la ciudad de Lima.

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La noche de ParĂ­s - 2012

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Cita con SalomĂŠ - 2012

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Romance - 2012

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BelĂŠn - 2010

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Sobremesa - 2010

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Niños de Belén - 2010

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El refugio - 2010

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El tesoro de mamรก - 2014

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El club de las diosas del amor - 2014

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Carnaval en San Juan - 2014

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Toda la noche, toda la vida - 2014

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El Imancito - 2010

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Dominik & Lady Drag - 2014

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EVA

PARDOS

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LA CASA SE LLENARÁ DE RISAS


Las tardes de verano me gusta despertarme de la siesta en la casa de la playa de la abuela Flora y mirar por la ventana. Tiene un jardín enorme; cerca de la ventana crecen los rosales que en primavera perfuman toda mi habitación, a la derecha las buganvillas, a la izquierda un par de sauces que nos dan sombra por la tarde y al fondo, mi vista preferida, las dos palmeras que en nuestro honor el abuelo Tristán, ha bautizado con nuestros nombres, Amelia y Cristina. Me llamo Amelia en recuerdo de una hermana de mi abuela, yo no la he conocido, dicen que era guapa, tampoco he visto nunca ninguna foto de ella, ni en casa de los abuelos ni en mi casa. Me gusta preguntar por Amelia, la abuela me sonríe y me toca la mejilla, sus ojos se ponen brillantes, pero nunca llega a contarme nada. Entre las dos palmeras del jardín, el abuelo Tristán ha colocado una hamaca. El abuelo vivió en Cuba y le quedan ciertas reminiscencias caribeñas que va poniendo aquí y allá o donde la abuela Flora le deja. La casa de los abuelos es colonial, encalada en blanco, mis recuerdos más felices están ligados a ella. Sobre todo, de mis primeros veranos, antes de que llegara Cris, veranos largos de la mano del abuelo, de mañanas frescas tumbada en la hamaca, el abuelo me revolvía el pelo y me sonreía, y me decía que algún día me llevaría a Cuba, que allí también estaba parte de la familia, que tenía derecho a conocer a la mujer por la que me habían puesto el nombre, a mi me daba igual, solo me gustaba la mano del abuelo tocando mi pelo. Después de aquellos primeros veranos ha llegado Cris, un día mamá y la abuela Flora llegaron con ella, era regordeta y tenía la piel muy blanca, la miraba con expectación y mamá y la abuela me sonreían y decían que Cristina ya estaba con nosotros, que era una alegría, que nos llenaría la casa de sonrisas, pero la casa solo se llenó de olores y ruidos que no me gustaban, la abuela ya no me tocaba la mejilla y mamá apenas me hacía caso y Cris solo lloraba y lloraba, no me parecía que aquella bolita rubia, llenara la casa de alegría, a mí desde luego no. Con el tiempo Cris ha ido creciendo, sigue siendo regordeta, llenita de lorzas que me gusta apretujar, y mamá siempre me grita –¡Amelia hija que la vas a asfixiar!– no es así, solo quiero ver hasta donde aguanta Cris antes de empezar a llorar de nuevo. Cris es rubia, en su pelo parece que siempre está atrapado el sol y sus ojitos azules me miran expectantes –Amediaaa– me dice y alarga mucho las aes, me molesta que en lugar de Amelia, me diga “Amedia” pero mamá me dice que es chiquitita y que llegará el día en que dirá bien mi nombre, no me tranquiliza, parece que Cris nunca va a decir bien mi nombre y me preocupa que encima de llevar el nombre de alguien que nunca he visto, lo fueran a decir mal. Cris ha crecido, pero sigue llorando, llora por todo. Llora y llora hasta que llega mamá y la coge en brazos, a mí ya no me coge nunca, pero también es verdad que yo no lloro. Cris y yo no nos parecemos, si ella tiene el sol en su pelo y el mar en sus ojos, yo tengo el carbón y el infierno, al menos eso he llegado a creer después de escuchar a la abuela decir sobre mí “esa criatura del infierno” y mamá le reprochaba, –también es nieta tuya– Menos mal que está aquí el abuelo, que siempre me da buenos achuchones. Como Cris no para de llorar, mamá siempre está cansada. En la misma conversación en la que la abuela había dejado bien claro que Cris era el cielo y yo el infierno, mamá se quejaba que desde que Cris había llegado no dormía y que “este insomnio me va a matar, hace tres años que no pego ojo, esta niña va a acabar conmigo” lo decía por Cris, claro, porque yo soy muy silenciosa. Desde que escuché aquella conversación detrás de la puerta, he empezado a buscar soluciones al problema de mamá, no quiero que mamá, tenga esas manchas violetas alrededor de los ojos que le afean tanto y que siempre me esté gritando por todo –Amelia hija, vístete que llegamos tarde–, –Amelia hija, baja a cenar que se está enfriando la sopa– todo esto es por culpa de Cris, la bolita Cris, el sol Cris, todo es culpa de Cris. Esta noche he dado con la solución, me levanto despacio, no se oye nada en la casa, todo es paz y tranquilidad, mamá duerme, Cris le ha dado una tregua, pero no creo que tarde mucho en pedir pis o agua o leche… es una pidona. Me acerco a la cunita blanca, es preciosa con unos muñequitos que eran míos pero ahora son de la linda Cris, abre los ojos azulitos, grandes y redondos con sus pestañas negras y me mira, sonríe y le toco la carita, le digo –Sshh, Cris, no llores, no queremos que mamá se enfade– acerco la mano a su boquita, que siempre me recordaba una fresa madura, la tengo un rato allí. Al ratito Cris deja de moverse y me alegro, se que los problemas de insomnio de mamá han terminado. Vuelvo a la cama, feliz y contenta porque la casa se llenará de risas, como había vaticinado la abuela.

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CRISTINA DEL BARCO

BLACK SCENES, BLACK PORTRAITS

Cristina Del Barco, Madrid 1980. This multidisciplinary artist graduated from Journalism and Artistic & Advertising Photography at the International School of Madrid; Film and Visual Arts at EICAR (University of León and Paris ) while completing her studies with different courses in Buenos Aires at SICA. Her professional background highlights a creative and innovative spirit of the art scene around many different cities around the world. Among all artistic disciplines, projects and works, Cristina del Barco finds her truthy passion in photography. Several exhibitions and more than twenty photographs series between Europe and America can be found: Black Portraits I (Berlin, Pantocrator Gallery), Black Portraits II (Miami, Art Burst fair), 100 Portraits (Madrid; Noche en Blanco), Miscellaneous, Requiem for Love or Transits. She has worked with many renowned musical groups of the Madrid and Berlin scene. This relationship in between image and music developed into an audiovisual experience: more than twenty music videos, live concerts and films in France, Argentina, Germany; USA, Mexico and Spain. The short film Eclipse and the documentary Whale, Peninsula Valdes are some outstanding visuals. In theater, Cristina del Barco implemented several plays working as a first assistant director and as an artistic director in Argentina. Here you can find her photography serie called Black Scene, Black Portraits. This is a face to face, an intimate ritual between Cristina and her naked-target in front the camera. Sober pictures where darkness reigns over a wide range of blacks. Cristina´s portraits give insight into the night scene, debauchery and the life force of the current generation in Madrid, combining sleaze, elegance and glam. Blacks and soul, a dark theatrical world, a dirt distortion of our world around. 86


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SYLVIAORTEGA

Sylvia Ortega es de Madrid pero actualmente reside en Toulouse donde dirige la escuela de creación en español L’écrivaine de eñes. Coedita la revista cultural trilingüe Triadæ Magazine. Algunos de sus relatos están publicados en diversas revistas españolas como Al Otro Lado del Espejo, Cuaderno de Creación, Revista Excodra, Revista Narrativas y francesas como Horizons maghrébins (Universidad Jean Jaurès de Toulouse), Disparates Revista, publicación bilingüe que se edita en Toulouse y El Café Latino, revista editada en París. Ha participado en las antologías La Zona Muerta, de la Editorial Excodra Ediciones y She Was So Bad de la Editorial Aloha. Ha publicado su primer libro de relatos La Mujer del Callejón con Canalla Ediciones.

TRUCHAS SALVAJES

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Mi vecino me regalaba truchas salvajes a cambio de contarle mi vida a todo el barrio. Nunca fui reservada para mis asuntos, además me encanta el pescado, así que no me suponía ningún esfuerzo relatarle las disputas con mi chico, mis fracasos en el trabajo, ni mucho menos revelarle el nombre del último mindundi que había visitado mi cama, mientras le sacaba la espina al regalo de mirada blanca que me hacía el Garona. Me gustaba despistarle. A veces le daba pinceladas, pequeños detalles de mi cotidiano y dejaba que él construyera su propia historia. Días más tarde llegaban a mis oídos sus conclusiones disparatadas y yo me reía mientras preparaba un relleno de jamón y queso curado para su último trofeo. Fingía orgasmos asomada a la ventana, riñas contra el espejo, risas al pasar por la puerta de su apartamento, y de ese modo me garantizaba las deliciosas truchas recién pescadas. Mis historias comenzaron a repetirse de modo automático y tuve la impresión de aburrirle con ellas. Mis días fueron perdiendo interés. No se me ocurría que contarle para ganar su fascinación. Dejó de venir a casa. Me irritaba escuchar a través del patio interior de nuestra finca cómo distribuía sus truchas al resto de vecinos. Nos cruzábamos por la escalera y apenas se paraba un momento para saludarme. Se me acumulaban las recetas: Trucha encebollada. Trucha rellena de bacon. Trucha asalmonada con guarnición de gambas y verduras. Me entristecía saber que nunca podría llevarlas a cabo. El ingrediente básico se había convertido en un imposible. La falta de Omega 3 me fue deprimiendo. Perdí por completo el apetito, las ganas de hablar y de salir de casa. Mi chico me dejó por desesperación. Mi interés por el sexo disminuyó a cero, perdí a todos mis amantes. Me resultaba imposible levantarme de la cama para ir a trabajar y los médicos decidieron darme de baja laboral. Mi volumen corporal se vio reducido a la mitad. No me alcanzaban las fuerzas ni las ganas para llegar a la ducha. Y así pasé meses y meses. Inquieto por no cruzarse conmigo en el portal, ni siquiera escucharme, mi vecino subió para preguntar que me ocurría. No pude ofrecerle ni un café, mi despensa estaba vacía, pero no le importó. Se sentó a los pies de la cama observándome con atención. Su mirada desafiante consiguió que el cadáver en el que me había convertido hablara. Le redacté una por una todas mis desgracias. Le hice un gráfico de cómo mi tiempo había pasado de lúdico a tedioso. Le dije que había perdido la avidez que supone vivir. Comenzaron a temblarme las manos y rompí a llorar. Enrojecido de preocupación bajó a su apartamento y volvió con toda su pesca del fin de semana. Inundó mi cocina de truchas y besándome la mejilla me dijo que volvería pronto a echarme una mano. Nunca mi vida había tenido tanto interés. La descripción que hizo el pescador de mi esqueleto sobre la cama me había convertido en la comidilla del vecindario. Empezaban a molestarme las miradas y los cuchicheos. Fue entonces cuando decidí ir yo misma a procurarme las truchas salvajes.

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FRANCISCO RAMÓN GARCÍA OTERO Si alguna vez alguien me preguntara cuando empecé a desarrollar mi pasión por la fotografía, le diría que desde pequeño ha habido fotografía en mi casa, mi padre era un gran aficionado y yo disfrutaba mucho “tomando prestada” su cámara para quemarle carretes. Sin embargo, no es hasta 2006 cuando tengo mi primera cámara réflex, una Nikon D50 (que aún sigue por casa) con la que di mis primeros pasos de la fotografía digital hasta que en 2013, un poco por casualidad, topé con la fotografía musical y aquí sigo hasta la fecha. frgarcia.es

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HELENA DURANGO No sé, llevo 12 años haciendo fotos siempre desde lo sucio y oscuro. He trabajado mucho el erotismo y me gusta mucho. Con el tiempo me centré en el retrato psicológico, me gusta crear ambientes para cada cual. Me da igual el grano y la calidad si la foto es buena. helenillaxd@gmail.com www.flickr.com/cerdaka www.flickr.com/cerdamuslos

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AnarquĂ­a. La foto lo dice todo, eso, mierda.

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Zoofilia. Igualdad animal.

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Mantener todo limpio. Pertenece a la serie Labores del hogar, aĂşn sin completar.

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Sol. Morrigan Mayfair y Anna Boldareva al sol. 108


Martita en la tele. EngaĂąabobos. 109


Adeste fideles. Esta imagen la realicé para una exposición colectiva llamada Dancing with the devil, en la Sala Vampiras dónde Fran López Sánchez reunió a lo mejorcito de cada casa.

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Sarah.

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L

PATTYDEFRUTOS

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Tendrán quince años y sin embargo sus ojos. Es su sabia juventud el imparable motor de nuestra energía cinética. Empiezo hablando de ellos porque se abre el cielo ante su indomesticable existencia. No hay tiempo futuro, el pulso firme de la abuela aviva los seis pedazos de leña y ya amanece en el tricolor de la vidriera rota. Con esos mismos cristales ayer cortamos algunas hierbas, el estómago aprieta, culpa del desamor. Cayeron las musas con una melancolía de piedra. Entre los que fuimos y los que estamos, en quince años, nunca pronunciamos ni “paz” ni “guerra” ni “esperanza”. Sólo el amarillo del anillo de la abuela nos recuerda que otra era fue social en un sistema de acuarela. Ayer cayó la inspiración al suelo. Nadie supo a qué Dios rezaba. Se contaban en millones las angustias de ceniza y entre ellas los pétalos malva del parque.

con la frustración de nuestra compleja naturaleza. Seiscientos cuarenta segundos hasta la plena voluntad de libertad. Ayer sabotearon los cánones de belleza, el comportamiento de las fieras, toda la educación embotellada. No pensaron ni por un instante en las consecuencias de cortarse las manos con los hierros oxidados a la afueras del campamento. La prioridad ya no es el peligro. La seguridad es el principio de su utopía. Un coro de niños se multiplicaba, como si los cinco restantes doblaran sus voces con la garganta de los ausentes. El sonido de acero se abrazó a ellos como un himno sin bandera. Sobrecogedor el desastre como instrumento. Más allá de la música. El gris desapareció del paisaje con un huracán de fuerza vital al tiempo que ella se desviste a tempo de instrumentos. La hoguera resurge sin la ayuda de la abuela. Cada minúscula célula se conecta a su baile, temblamos sincrónicos. Mayores y pequeños ni se asustan ni se avergüenzan. Las heridas son su crudo desnudo y volaba la piel lesionada de su tez quemada. Ella responde al movimiento del fuego y los amantes se aman en la alegría de la banda sonora. Esos dos llevan tres días entre mantas. Solo salen a por agua desde el estruendo del martes. Ella menstrúa mientras él besa sus ojos cerrados, de vez en cuando, acaricia el aire del brazo izquierdo que le falta. No sé sus nombres, sólo sé que con ellos inauguramos el impulso impecable del nuevo día que respiro. Nadie lloró al verles parados, haciendo el amor a veinte metros de los disparos. Aún no han venido a por ropa o analgésicos. El padre de ella les mira de lejos y parece que la paz esquiva el día en que enterró al resto de su familia, calle arriba, pasado el escombro del pueblo.

Escribo desde el último teléfono disponible, dieciséis minutos de batería, cobertura de datos, un Samsung. Es siete de julio y son las siete de la mañana. Me han concedido la bendición de los espejos, la retransmisión como misión en el epílogo. Creo que por fin pasamos por todos los estados de ánimo y por cada fase de aceptación. Nacer para morir. Mirar al cielo por instinto rutina. Recorrer tu alrededor con especial atención en el horizonte, la tierra y las esquinas. Si algo no cuadra con el último vistazo: levantar las manos, sonreir seriamente. Sonreir es la clave. Aquí no importa nada más y tenéis que saberlo. Nuestro desenlace nace en la desembocadura de los ásperos afluentes de la condena de la rabia; los agrios caudales del terror, sin control y sin embargo: la catarsis se palpa suave y sabe a caramelo de limón caducado. Ayer cruzamos la línea. Los chavales, ya os digo, dispararon el pistoletazo de salida. Tendrán quince años y sin embargo, el apocalipsis es su método y su lema. Estoy tocando la cuerda que nos divide porque entiendo a base de horrores la distinción de los hombres, desde ayer. Este es mi último acto afectivo - reflexivo para con vosotros. A media tarde saltaré al vacío, aplastaré contra el suelo el aparato de mierda que tengo entre los dedos y mi maldición final será para el polvo de humo que significaron alguna vez la tecnología y la inmediatez. Me uniré a ellos y acabaremos

Tendrán quince años y sin embargo ayer encontraron este samsung medio enterrado en la arena. Corrían hacia mí con el aliento genuino de un dragón antes de bostezar llamaradas. Por ellos escribo. Querían comunicar su intención en firme de no retorno. Este desastre precioso es el último recuerdo que tendréis de nosotros. Deseamos desde aquí que vuestro fin del mundo sea, al menos, una cuarta parte de lo que ven ellos con quince años.

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JULIAD.VELÁZQUEZ JULIAD.VELÁZQUEZ JULIAD.VELÁZQUEZ JULIAD.VELÁZQUEZ JULIAD.VELÁZQUEZ JULIAD.VELÁZQUEZ JULIAD.VELÁZQUEZ JULIAD.VELÁZQUEZ JULIAD.VELÁZQUEZ

Nacida en Madrid en 1984. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Trabaja cuatro disciplinas artísticas: ilustración, diseño gráfico, fotografía y teatro.

juliadvelazquez.blogspot.com.es juliadvelazquez.com vodkaandvogueblog.wordpress.com

POR UN NUEVO MUNDO DE DIOSES Y MONSTRUOS Siempre me ha llamado la atención la idea del monstruo, no como ser fantástico traído del averno, sino como la personificación de algún aspecto tabú o hándicap de la vida real. Al igual que la figura del Dios, que como el monstruo impone respeto, pero esta vez bajo el misticismo de la religión o el mito. Bajo esta debilidad personal que me ha acompañado toda mi vida y mi trabajo, reivindico un nuevo mundo de dioses y monstruos creando arquetipos basándome en la mitología clásica y haciendo una comparativa con figuras de estética y concepto actual. Son lo que muestran, pero no son lo que parecen. El trabajo de análisis de estas piezas debe realizarse de manera individual teniendo como premisa lo antes definido. Idea de arquetipo, con concepto clásico, revisado con personajes creados a la imagen y semejanza de los actuales.

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Shiva

Unicornio

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Flora Estas dos diosas nacen de la necesidad de contar una historia casi autobiográfica que podríamos compartir todas las mujeres que poblamos la tierra. El arquetipo popular de mujer florero(flora) y mujer zorra (fauna). Dos definiciones que nada tiene de romántico pero que si pretenden ser una crítica social al prejuicio a la figura femenina en la sociedad actual. La belleza de estas dos diosas junto con lo elemental de su concepto, la vida en si

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Fauna mismas inspiran la creación de “figura femenina” atrapada en un rol que no es el suyo. A flora su propia creación la está elevando y ahogando al mismo tiempo, la belleza de sus colores, lo delicado de su ropa y la pose de clamar al cielo son un homenaje a la idea de que la mujer debe ser estar y permanecer perfecta sin marchitarse y no rendirse en el intento. Zauna se viste con una de sus creaciones, unas pieles cubren su desnudo cuerpo y desafía al espectador con una pose sugerente que encasilla a su figura en un rol que no es más que un prejuicio por su manera de mostrase ante el mundo (el público).

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Medusa Monstruo en la mitología griega representada con forma femenina que tenía la característica física de poseer en vez de cabello serpientes y que su mirada tenía la capacidad de convertir en piedra a todo aquel que la miraba fijamente. Fue vencida por Perseo que ofreció su cabeza cortada a Atenea. Al igual que los artistas clásicos y basándome en la idea de “la atracción de Medusa” represento al monstruo como una mujer bella que recuerda con su mirada el terror por lo que es reconocida, pero reinterpreto ese miedo como suyo, su propia figura es su mayor miedo. Fantaseo con la idea de una mujer juzgada por una falsa realidad, la muerte de quienes se atreven a admirar su belleza y en ella el horror de su condena. Como arquetipo, Medusa. Como actual, la figura de la femme fatal.

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Sátiro También expongo un arquetipo basado en la figura masculina. Este personaje es conocido por su apetito sexual y lo expongo como un monstruo que habita entre nosotros, que se desprende de su característica más conocida, las patas de carnero, para poder coexistir provocando con su pose y su mirada lasciva. Un mandil de cuero como única pertenencia quiere recordar su pasado animal y sus pies y manos manchados, su naturaleza salvaje. Muestra un hombre dispuesto a atacar y seducir, que no se esconde ni se avergüenza de su naturaleza y que ha conseguido sobrevivir y mezclarse entre nosotros. En el espectador queda el juicio a lo que es.

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Salvajes  

Eclectica Revista de Fotografia Monografico Salvajes

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