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GRANDES BATALLAS DE LA GUERRA CIVIL ESPAテ前LA

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Dirección editorial Natalia Hernández

Coordinación editorial Lucas Molina Franco

Textos Lucas Molina Franco Rafael Permuy López Fernando Calvo González-Regueral Juan Vázquez García

Colección José Manuel Campesino Bilbao

Corrección Lucas Molina Franco José María Sotillos Marisa López de Pariza

Diseño, realización y tratamiento de imágenes Carlos Castañón / Boca Multimedia

Preimpresión Miguel Ángel San Andrés

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Agradecimientos

A todos los que nos han ayudado en la realización de este libro, en especial a José Manuel Campesino, Canario Azaola, María Eugenia Yagüe y su Fundación, herederos de Carlos Franco González-Llanos, Óscar Ibáñez, Juan Negreira, José María Manrique, Óscar González, Antonio Aznar, Carmelo González, Carlos Murias, Juan Conde, José Antonio Mocé Bruna y su esposa M.ª Teresa y Manuel V. Tamariz.

Dedicatoria

De José Manuel Campesino Bilbao (coleccionista):

A mi esposa María Victoria, de la que tanto admiro su coraje y abnegación.

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ATLAS ILUSTRADO DE LAS

GRANDES BATALLAS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA LUCAS MOLINA FRANCO, RAFAEL PERMUY LÓPEZ, FERNANDO CALVO GONZÁLEZREGUERAL, JUAN VÁZQUEZ GARCÍA

COLECCIÓN ICONOGRÁFICA:

JOSÉ MANUEL CAMPESINO BILBAO

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Presentación

No cabe duda alguna que la Guerra Civil Española de 1936-1939 ha constituido uno de los hitos trascendentales en los últimos cien años de la historia de nuestro país. No podemos afirmar si, la contienda todavía está muy presente en la memoria colectiva de los españoles, cuando se cumplen 75 años del comienzo de la misma. Muchos dudan si se han cerrado de una vez para siempre las heridas producidas por el conflicto bélico entre hermanos y si la reconciliación definitiva se ha conseguido realmente. El lector que se asome a estas páginas tendrá en sus manos una obra colectiva que pretende dar a conocer un estudio de las principales batallas que tuvieron lugar en el transcurso de la contienda civil española. Se trata de un estudio pensado para que cualquier persona, tenga o no conocimientos previos de historia, pueda entender qué sucedió en cada una de las batallas, qué armamento utilizaron cada uno de los contendientes, qué uniformes vestían los soldados, cómo se desarrolló la batalla en el terreno y cuáles fueron los factores que influyeron en cada uno de los bandos enfrentados en la Guerra Civil. Probablemente los más avezados lectores se percaten de que en este texto no están todas y cada una de las operaciones militares de la guerra. Muchos echarán en falta, a modo de ejemplo, las batallas de Málaga, Santander o Asturias, las campañas de Aragón, Extremadura y Valencia, así como la definitiva batalla de Pozoblanco o la ofensiva final que condujo a la terminación del conflicto con la victoria de las fuerzas nacionales mandadas por el general Franco; es posible que otros echen de menos determinados aspectos de la guerra naval o aérea. La razón de estas lagunas es que los contenidos se han visto limitados por una obvia cuestión de espacio. Dicho esto, lo cierto es que la obra sí acomete un estudio serio y documentado de las más importantes batallas de la guerra. Son aquellas que tuvieron una especialísima trascendencia en los acontecimientos posteriores y reflejan el importante esfuerzo bélico desarrollado por ambos contendientes. Hay que señalar que los autores se han desplazado a los lugares donde se produjo cada una de las batallas, pisando materialmente el terreno en que tuvieron lugar hace ya casi 75 años. Un meticuloso trabajo fotográfico permitirá al lector comprobar cómo está hoy el que ayer fuera campo de batalla. A la vez, se han recopilado numerosas fotografías antiguas, así como imágenes de armamento, divisas, objetos, grabados, carteleras o prensa de la época, que nos permiten acercarnos un poco mejor a aquellos tiempos bélicos pretéritos.

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Con este libro, el lector viajará a Toledo, con la defensa numantina de El Alcázar; a Madrid y su Ciudad Universitaria o a los campos de Brunete; a Guadalajara, con pueblos emblemáticos como Brihuega y Trijueque; a Bilbao, con su «Cinturón de Hierro», y a Aragón y Cataluña, donde se libraron las terribles batallas de Belchite, Teruel y el Ebro, aquí tratadas. Esperamos que el esfuerzo puesto de manifiesto con la edición de este libro haya valido la pena. Los lectores, al fin y al cabo, tienen la última palabra.

Antecedentes. La Segunda República

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ESCUDO DE LA REPÚBLICA

Escudo de la Segunda República.

El 14 de abril de 1931 se produjo uno de los hechos más relevantes de la política española de todo el siglo XX: tras unas elecciones municipales, la monarquía alfonsina arrojó la toalla y cedió el poder, sin derramar una sola gota de sangre, a la emergente república. El regalo estaba hecho. El nuevo régimen lo tenía casi todo a favor. ¿Qué sucedió, desde el punto de vista militar, en los cinco años que median entre el 14 de abril de 1931 y el 18 de julio de 1936?

DEL PACTO DE SAN SEBASTIÁN A LAS ELECCIONES MUNICIPALES DE 1931 El llamado Pacto de San Sebastián, que tuvo lugar en agosto de 1930, fue el pistoletazo de salida que abrió de par en par las puertas para que, ocho meses después, el 14 de abril de 1931, se proclamara en España la Segunda República. Allí se reunieron los políticos republicanos más significativos, con vista a la preparación del cambio de régimen. Tras el Pacto se organizó, a la par que un Comité Revolucionario civil, otro militar, cuya cabeza visible era el general Gonzalo Queipo de Llano, un militar ciertamente conflictivo que, por diversas causas y sobre todo por negársele el ascenso a general de división, pasó a la situación de retiro y se puso a trabajar en una fábrica, jurando odio eterno a la dictadura y a la monarquía.

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¡VIVA ESPAÑA REPUBLICANA!

La llegada del nuevo régimen político en España fue recibida con gran entusiasmo por casi todos los sectores de la sociedad española. (Colección J. M. Campesino).

HÉROES DE LA REPÚBLICA La sublevación de la guarnición de Jaca (Huesca) en diciembre de 1930 ocasionó los primeros mártires de la República. Los capitanes Fermín Galán y García Hernández fueron fusilados al fracasar su intentona. (Colección J. M. Campesino).

Finalizaba el año 1930 con las sublevaciones republicanas de la guarnición de Jaca y del aeródromo de Cuatro Vientos, verdaderos pronunciamientos contra el poder legalmente constituido, coordinados por el Comité Revolucionario surgido del Pacto de San Sebastián. 10


La sublevación en Jaca, cuya dirección correspondió al capitán Fermín Galán, del Regimiento de Infantería Galicia n.º 19, fue rápidamente reprimida por las fuerzas militares del Gobierno. En la madrugada del doce al trece de diciembre, los oficiales insurrectos fueron juzgados por un consejo de guerra sumarísimo, que condenó a muerte a Galán y al también capitán García Hernández, y a cadena perpetua al resto de sus compañeros. Ese mismo día, a las dos de la tarde, los condenados fueron fusilados en el polvorín de Fornillos (Huesca). La República ya tenía sus dos primeros mártires. A la vez que se fraguó la sublevación de Jaca, el general Queipo decidió sublevarse en la aeródromo militar de Cuatro Vientos. Lo más complicado fue encontrar la fecha adecuada, pues hubo que retrasarla varias veces, sobre todo por la adquisición de armamento y por el interés en participar del entonces comandante Ramón Franco, as de la aviación y personaje muy querido en el Arma. El día 15 de diciembre fue la fecha fijada para el golpe. Esa mañana, el comandante Hidalgo de Cisneros y el capitán Martínez Aragón, de Aviación, recogieron en un taxi al general Queipo y en la ruta de Cuatro Vientos coincidieron con otro taxi que trasladaba a Franco y a Rada.

QUEIPO DE LLANO El general Gonzalo Queipo de Llano, que había jurado «odio eterno» a la monarquía, se sublevó en Cuatro Vientos en diciembre de 1930. También fracasó. (Archivo Canario Azaola).

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«PAY-PAY»

Un popular «pay-pay» ilustrado con las efigies de los héroes del momento: Fermín Galán y García Hernández. (Colección J. M. Campesino).

FRANCO Y RADA

Los héroes del vuelo del Plus Ultra, el comandante Ramón Franco y el mecánico Pablo Rada, se unieron activamente al pronunciamiento del aeródromo militar de Cuatro Vientos. (Archivo Canario Azaola).

Una vez en el aeródromo y manifestadas sus intenciones, los oficiales que no estaban de acuerdo pasaron detenidos al Pabellón y el resto se unió al golpe. Queipo ordenó a Ramón Franco que despegase con un avión y reconociese la situación en Madrid y en las unidades militares de la capital, además de bombardear el Palacio Real. Franco alzó el vuelo en un Breguet XIX y procedió a reconocer el terreno. Desde Cuatro Vientos, Queipo y los demás sublevados no llegaron a notar ninguna detonación en los alrededores del Palacio de Oriente. 12


BREGUET XIX

El comandante Franco despegó en un Breguet XIX, similar al de la instantánea, del aeródromo militar de Cuatro Vientos con intención de bombardear el Palacio de Oriente. Franco no lo hizo por temor a herir a los niños y paseantes situados en sus cercanías. (Archivo Canario Azaola).

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ALFONSO XIII

El rey Alfonso XIII hubo de exiliarse tras las elecciones de abril de 1931. En la foto, vestido de h煤sar. (Colecci贸n J. M. Campesino).

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Tras 45 minutos de vuelo, Franco regresó e informó que las tropas en los cuarteles estaban formadas y preparadas para salir, pero para reprimir la sublevación; desde el cuartel del Conde Duque recibió fuego de fusil y ametralladora. Queipo le preguntó la razón de no bombardear el Palacio, a lo que Franco contestó que por temor a herir a los paseantes y niños que se encontraban en las proximidades. Todo estaba perdido. Los sublevados decidieron huir a Portugal, utilizando los aviones de Cuatro Vientos.

CUATRO VIENTOS

El general Queipo de Llano, fracasada la intentona de Cuatro Vientos, hubo de exiliarse durante un breve período. Tras la proclamación de la República, Queipo fue recibido como un héroe. (Archivo Canario Azaola).

Con estos métodos decimonónicos se pretendía imponer en la España de los recién estrenados años treinta del siglo XX un nuevo régimen político.

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CUATRO MESES PARA LA REPÚBLICA

Enmarcados por los colores republicanos y de la señera catalana, los militares Fermín Galán y García Hernández, así como los políticos Alcalá Zamora y Francesc Macià, ilustran la exaltación de las fechas del 14 de diciembre de 1930 y el 14 de abril de 1931. (Colección J. M. Campesino).

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EL REY ALFONSO XIII

Aconsejado por sus más allegados, el rey abandonó el poder tras las elecciones municipales de abril de 1931, que no habían perdido los monárquicos. Se exilió en Roma, viajando a Marsella a bordo del crucero Príncipe Alfonso. (Archivo Canario Azaola).

EL GOLPE DE GRACIA A LA MONARQUÍA ALFONSINA

En las elecciones municipales, previstas para el 5 y el 12 de abril de 1931, no se dirimía el modelo de Estado, ni de gobierno; simplemente, se llamaba a elegir la composición de los 9.259 municipios españoles. Y así lo entendían hasta los más conspicuos republicanos, quienes habían puesto todas sus esperanzas en lograr buenos resultados para ir configurando, a medio plazo, una alternativa a la monarquía.

Los resultados parciales de los comicios no ofrecían dudas: 22.150 concejales monárquicos frente a 5.775 republicanos, aunque éstos estaban concentrados en las ciudades y en las capitales de provincia. A medida que se iban conociendo los datos electorales, la desazón y el entreguismo de los más cercanos colaboradores de Alfonso XIII hizo que al rey no le quedara más opción que aceptar una derrota no inflingida y asumir la pérdida de confianza del pueblo, algo que era completamente falso.

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Los ministros de la monarquía, reunidos el 12 de abril en el Ministerio de Gobernación, fueron los protagonistas de la descomposición final del régimen monárquico. Uno de los detonantes del estado de frustración y franca depresión del monarca y de sus más estrechos colaboradores en la jornada del 13, fue la actitud del general José Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, y quizás el militar de mayor prestigio en aquellos momentos. Si Sanjurjo hubiera garantizado la lealtad del Instituto armado a la monarquía, es probable que los asesores y ministros regios no se hubieran precipitado al aconsejar al monarca su defección. También el general Berenguer, entonces ministro de la Guerra, con su telegrama tranquilizador enviado a los capitanes generales y a las autoridades militares, desahució a la monarquía, pues lo que hicieron todos los jefes militares fue callar y otorgar.

VICTORIA EUGENIA

La reina Victoria Eugenia abandonó el país con sus hijos, por ferrocarril, en dirección a París. (Colección J. M. Campesino).

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BARCELONA

La multitud celebra la llegada de la República en Barcelona.(Colección J. M. Campesino).

MEDALLA Medalla conmemorativa de Fermín Galán y García Hernández.(Colección J. M. Campesino).

MITIN

Multitudinario mitin político de la izquierda sindical. El escenario es típicamente español: una plaza de toros. (Colección J. M. Campesino). 19


LAS REFORMAS MILITARES DE LA REPÚBLICA. MANUEL AZAÑA

El 14 de abril de 1931, tras la marcha de Alfonso XIII al exilio, se proclamó en España la República. El nuevo régimen fue aceptado, en general, con la ilusión de aquél que cambia algo en mal estado por algo nuevo que promete. Y las promesas eran algo que, en momentos difíciles, como el que se vivía en España en ese momento, tenían un valor añadido para el pueblo. Habría que retrotraerse varios siglos en la historia de España para encontrar los antecedentes de lo que, al constituirse el Gobierno Provisional de la República en 1931, podríamos calificar como el «problema militar». En pocas palabras, el Ejército español de 1931 estaba sobredimensionado, era hipertrófico, su material era obsoleto, y su estructura territorial y su preparación eran quizás más propia del siglo XIX que del XX. Obviamente, era necesario reformarlo. Azaña, como ministro de la Guerra (hay que recordar que la República no cambió el nombre a este ministerio), acometió desde el principio de su mandato una reforma militar necesaria, pero ciertamente difícil, y cuyos resultados no se puede decir que fueran buenos.

MEDALLA derecha. Medalla alegórica de la joven República española.(Colección J. M. Campesino).

¿Por qué Azaña? Ésa es la primera pregunta que habría que hacerse a la hora de analizar su papel al frente del Ejército español en el bienio republicano izquierdista. Azaña fue nombrado para el cargo porque era el único de entre los líderes del Pacto de San Sebastián que tenía ideas y proyectos en el terreno militar. En 1919 escribió un trabajo titulado Estudios de política militar francesa, donde abogaba por trasladar las ideas de la organización militar gala a nuestro país. Seis años más tarde, Azaña volvió a escribir, en este caso un ensayo sobre la dictadura de Primo de 20


Rivera y la participación del rey aquel 14 de septiembre de 1923, en el que se calificaba a las Fuerzas Armadas de obstáculo para el progreso y la libertad de España.

MANUEL AZAÑA El político Manuel Azaña, de Izquierda Republicana, fue el primer ministro de la Guerra del Gobierno republicano. Emprendió una profunda reforma militar en España.(Colección J. M. Campesino).

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GRUPO DE REGULARES N.º 2

Muchos militares abrazaron con fervor el nuevo régimen republicano; otros simplemente lo aceptaron. Este soldado del Grupo de Regulares n.º 2 enmarca su fotografía junto con la bandera tricolor. (Colección J. M. Campesino).

Cuando Azaña llegó al Ministerio, ya tenía configurado su modelo de Ejército y sabía cómo modificar el existente. Era consciente de que el cambio habría de ser traumático, pues las reformas que tenía en su cabeza pasaban por republicanizar el Ejército de la monarquía, aunque con su comportamiento los días 13 y 14 de abril dio muestras de serenidad y disciplina y acató la nueva legalidad impuesta tras la marcha del rey.

MINISTRO DE LA GUERRA

Manuel Azaña era el único de los líderes republicanos que tenía proyectos e ideas en el terreno militar. Por ello fue nombrado ministro de la Guerra. Hay que recordar que la República cambió la antigua denominación del Ministerio del Ejército por la de Ministerio de la Guerra. (Colección J. M. Campesino).

Pero el gran error de Azaña con el Ejército fue, sin lugar a dudas, la constante humillación a la que lo sometió. La primera, a las pocas horas de 22


proclamarse el nuevo régimen, con el decreto que obligaba a los oficiales que quisieran seguir en activo a prestar promesa de fidelidad al régimen. Nunca la monarquía había planteado una cuestión como esta ni puesto entre la espada y la pared a sus militares, muchos de los cuales, fervorosos republicanos, conspiraron contra ella y actuaron para implantar la república.

CONSTITUCIÓN REPUBLICANA

Las Cortes constituyentes aprobaron la nueva Constitución republicana en diciembre de 1931. (Colección J. M. Campesino).

La segunda humillación vino tras su toma de posesión y el cambio de denominación del Ministerio, y fue, ni más ni menos, que la creación de un gabinete militar del ministro, denominado «Gabinete Negro», a las órdenes del comandante Hernández Saravia, un gabinete que asesoraría al político por encima de los órganos asesores previstos por la legislación. El gabinete actuó como una especie de «guardia pretoriana», muy politizada y ultrarrepublicana. Azaña, el dirigente que más había escrito en contra de la politización de los militares y el carácter monárquico de muchos generales, nada más tomar posesión de su cargo se rodeó de militares acérrimos partidarios de la izquierda.

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REFORMAS

La reforma políticomilitar de Azaña afectó profundamente al personal castrense. Fueron suprimidas las categorías más altas de los oficiales generales y se dictaron disposiciones sobre el retiro anticipado de los oficiales: fue la archiconocida «Ley de Azaña». (Archivo Fundación Yagüe).

POSICIÓN ESPAÑOLA

Los oficiales que quisieron permanecer en activo fueron obligados a firmar la adhesión al nuevo régimen. (Archivo Fundación Yagüe).

A partir de aquí, una serie de decretos –ya que los primeros meses de la República se gobernó de manera «dictatorial», a base de decretos-ley– fueron construyendo lo que, a la postre, podríamos definir como «las humillaciones de Azaña». En esencia, se referían al pase a la reserva de los generales y al retiro de los jefes y oficiales, la adopción de la bandera tricolor, la supresión de las órdenes militares, el retiro forzoso de jefes y oficiales del Cuerpo de Alabarderos, los ascensos por elección y la clasificación de los ascensos en campaña. También se reguló la reorganización general del Ejército 24


y del de Marruecos, la reestructuración de las capitanías generales de región, que se suprimieron, y la creación de divisiones orgánicas, amén de la supresión de las dignidades de capitán general y teniente general y las categorías de consejero togado, intendente del Ejército, interventor general del Ejército, etc.

FUERZAS REGULARES INDÍGENAS

Emblema de las Fuerzas Regulares Indígenas, con la nueva corona mural. (Colección J. M. Campesino).

GENERAL FRANCO

El general Francisco Franco fue el único director de la Academia General Militar de Zaragoza. Este centro de enseñanza para la formación de oficiales fue clausurado y abolido por Azaña. (Archivo Carlos Franco GonzálezLlanos).

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EL CIERRE DE LA ACADEMIA GENERAL Y DE LA PRENSA MILITAR

Los tres meses posteriores a la proclamación del nuevo régimen fueron, como acabamos de ver, prolíficos en decretos y decretos-ley. Era un afán reformador sin precedentes, que llegó hasta la obra primordial de la Dictadura: la Academia General Militar, un centro modélico donde un joven general Franco formaba a los futuros oficiales del Ejército. Primero se suprimió la convocatoria de exámenes, y en junio se cerró la Academia. La razón de cara al público era «lo desproporcionado de la Academia y su coste con respecto a las necesidades presentes y futuras del Ejército». La realidad era otra: Azaña había asegurado ante las Cortes y en sus escritos que estaba en contra de la Academia, «por ser ésta benefactora de las clases privilegiadas y refugio de burgueses acomodados». Su director, Franco, en el discurso de despedida a los cadetes previo al cierre, les dio la última lección de disciplina y moral militar, lo que no gustó nada a Azaña, quien lo llamó a su presencia y apuntó en su hoja de servicios la única nota negativa de toda su carrera. Por otro lado, en marzo de 1932, Azaña se cargó de un plumazo lo que quedaba de la prensa militar. 10 DE AGOSTO DE 1932: LA «SANJURJADA»

Sólo había pasado un año y tres meses desde la proclamación de la República cuando el general Sanjurjo, uno de sus mentores, se sublevó contra el régimen que con tanto celo había ayudado a instaurar. ¿Qué es lo que había pasado en el Ejército en ese período? GENERAL SANJURJO El general José Sanjurjo, uno de los mentores de la República, pronto se decepcionó y en agosto de 1932 se sublevó en Sevilla contra el Gobierno. El golpe fracasó y el general fue condenado a muerte, aunque sería indultado y encarcelado en el penal del Dueso (Santander). (Colección J. M. Campesino).

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Las reformas de Azaña habían provocado una profunda desazón en gran parte de los militares. La reforma necesaria había sido sustituida por otra forzosa y realmente disolvente, que puso contra las cuerdas al Ejército permanente y desilusionó a muchos de los que, con su apoyo o mediante su pasividad, habían ayudado a instaurar el nuevo régimen.

CUARTO MILITAR

Emblema del personal perteneciente al Cuarto Militar del Presidente de la República. (Colección J. M. Campesino).

El general Sanjurjo, uno de los militares más brillantes de la época, junto a otros miembros del Ejército comprometidos, como Barrera, Cavalcanti, Goded, González Carrasco, Orgaz o Ponte, se sublevaron con el objetivo de «rectificar» los derroteros por los cuales se desarrollaba el gobierno del primer bienio.

CONSEJO DE GUERRA

El general Sanjurjo durante el consejo de guerra que le condenó a muerte. (Archivo Rojo).

La sublevación se organizó de manera que se levantarían en armas dos guarniciones en el norte, tres en el sur y elementos heterogéneos en la capital de España. Al final, la única guarnición en la que el golpe tuvo algún efecto fue Sevilla, donde Sanjurjo se hizo dueño de la situación, ayudado por la gran mayoría de la oficialidad de la plaza. En Madrid el fracaso fue estrepitoso al controlar el Gobierno la situación en pocas horas y detener a los conspiradores y, de paso, a 27


muchos monárquicos, aristócratas, políticos de derechas y militares retirados considerados desafectos al régimen. Esa misma jornada, el ministro de la Gobernación, en aplicación de la Ley de Defensa de la República, suspendió 128 periódicos e implantó la censura previa.

VISITA PRESIDENCIAL

El presidente de la República, acompañado por el político Diego Martínez Barrio, visita un acuartelamiento de Regulares. (Archivo Fundación Yagüe).

Al final del día, tras la publicación de un Manifiesto a los españoles, el general Sanjurjo se rindió a la evidencia: estaba solo y Manuel Azaña controlaba la situación en el resto de España. Abatido, se entregó a las fuerzas del Gobierno y pasó a ser detenido. El general fue condenado a muerte por un consejo de guerra, aunque poco después sería indultado y recluido en el penal del Dueso. Los demás implicados fueron condenados a diferentes penas.

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ALCALÁ ZAMORA

El primer presidente de la Segunda República fue el político Niceto Alcalá Zamora. En este cartel con su efigie se sigue recordando a los capitanes Fermín Galán y García Hernández. (Colección J. M. Campesino).

ELECCIONES GENERALES Y CAMBIO DE GOBIERNO

El 9 de octubre de 1933, el presidente de la República, Alcalá Zamora, disolvió las Cortes constituyentes y el Gobierno de Martínez Barrio convocaba elecciones generales. En ese momento, la huella de Azaña en el Ejército era patente; la institución estaba profundamente dividida entre los que apoyaban incondicionalmente al gobierno de izquierdas y, por ende, las reformas emprendidas por el ministro de la Guerra, y los que recelaban de él y de la «trituración» a la que habían visto sometida a la institución. Gran parte de los primeros eran militares impregnados de ideas revolucionarias, declaradamente libertarias o marxistas, que se vieron favorecidos en sus aspiraciones profesionales o personales en el transcurso del bienio; los segundos, por el contrario, eran militares conservadores, con un acendrado sentido del orden y de la disciplina, y que veían 29


con auténtica desazón lo que estaba pasando en el Ejército. Ambos sectores estaban ya fuertemente politizados, y su pugna no había hecho más que comenzar. En esos momentos era posible hablar ya de dos ejércitos y de dos repúblicas enfrentadas; es decir, dos visiones de España que, pasado el tiempo, serían irreconciliables.

REGIMIENTOS

Entre las medidas militares del ministro Azaña estaba la supresión del tradicional sobrenombre de los distintos regimientos de infantería y caballería. Sólo persistió el número. (Colección J. M. Campesino).

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OFICIALIDAD

La política militar del primer bienio produjo una fuerte impresión entre la oficialidad, que comenzó a dividirse en dos facciones que pronto se harían irreconciliables. (Archivo Fundación Yagüe).

En las elecciones que tuvieron lugar en noviembre, el triunfo de la derecha fue evidente: obtuvo un total de 212 diputados frente a los 162 del centro y los 98 de los socialistas. La CEDA fue el partido más votado, y José María Gil Robles, su líder, en condiciones normales, debería haber sido propuesto para presidir el Gobierno. Pero al no alcanzar ningún partido la mayoría absoluta, el presidente de la República, haciendo uso de la prerrogativa que le concedía la Constitución, ofreció el Gobierno a Alejandro Lerroux, jefe del Partido Radical (centrista). Ante el 31


temor a una sublevación de la izquierda, que nunca aceptó de buen grado la pérdida del poder, Alcalá Zamora optó por el centro, creyendo así aplacar los ánimos revolucionarios de los socialistas.

ACTOS CASTRENSES

El presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, acudió en numerosas ocasiones a la celebración de los actos castrenses. En las fotografías de esta página le vemos durante una visita de las fuerzas de Aviación Militar. (Archivo autores).

EMBLEMA

Emblema genérico de la Aviación Militar española. Ha desaparecido la corona real. (Colección J. M. Campesino).

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LÓPEZ OCHOA

El general López Ochoa, jefe de las fuerzas desplazadas en Asturias, pasa revista a las tropas. (Archivo Canario Azaola).

La alternativa de Lerroux, que ya había roto su alianza tácita con la izquierda intelectual, no era otra que buscar el apoyo parlamentario de la CEDA, y hacer un gobierno y una política de centro-derecha. Y esta política incluía una rectificación frente al bienio anterior, intentando devolver la confianza al Ejército y a la Marina. No fue fácil la convivencia entre radicales y cedistas, y el radical Diego Martínez Barrio llegó, incluso, a abandonar el partido y el Gobierno. Una de las primeras medidas adoptada por el nuevo Gobierno derechista fue la de presentar en las Cortes la denominada «Ley de Amnistía», que había de favorecer, casi exclusivamente, a los sublevados el 10 de agosto de 1932. Entonces, los socialistas desplegaron una campaña mediática sin precedentes, que llegó a transformarse en batalla campal dialéctica en el Congreso de los Diputados, y tras la cual llegó la dimisión del ministro de Justicia, Álvarez Valdés. Desgraciadamente, esta ley alteró los ánimos de los propios militares, pues, si unos la veían como un justo desagravio y satisfacción al estamento militar, otros, los más afectos al Gobierno izquierdista, la consideraron un verdadero desafío, ya que obligaba a modificar todos los escalafones.

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

Si hubo un partido político castigado en las elecciones de 1933 ese fue el Partido Socialista Obrero Español, que sólo consiguió 55 actas de diputado de las 450 que había en juego. Este hecho, incontrovertible, no fue aceptado de buen grado por los socialistas, que pasaron directamente a la vía revolucionaria. Según Madariaga, la Revolución de octubre fue la justificación de la de julio de 1936, opinión que comparten otros autores. 33


POLÍTICOS SOCIALISTAS

Los políticos del Partido Socialista Obrero Español se involucraron en la Revolución de octubre. A la izquierda, Largo Caballero, y a la derecha, Indalecio Prieto. Este último logró escapar de España escondido en el coche del aviador Hidalgo de Cisneros. (Archivo autores).

CRUZ ROJA

Emblema de la Cruz Roja republicana (Colección J. M. Campesino).

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La Revolución de octubre se quedó en Revolución de Asturias, con un conato de sublevación en Cataluña, que fue dominado por el general Batet en cuestión de una docena de cañonazos. La revuelta, patrocinada por el Partido Socialista, a la que se unieron los comunistas y los anarquistas asturianos, prendió rápidamente en el antiguo Principado, obligando al Gobierno republicano a aplicar la ley en toda su extensión y con todas las energías y a enviar al Ejército para dominar la sublevación. El ministro de la Guerra, el radical Diego Hidalgo, llamó al general Franco al ministerio para dirigir las operaciones de Asturias y puso al frente de las tropas al general López Ochoa. Tras dos semanas de cruentos combates, el movimiento fue sofocado. La sublevación había sido un fracaso absoluto, pero a largo plazo iba a ser la bandera que sacarían los revolucionarios cuando les conviniera, el mito que había que conseguir fuese como fuese.

ALCALÁ ZAMORA Y DIEGO HIDALGO

El presidente de la República, Alcalá Zamora, entrega un trofeo a un oficial de Aviación. A la izquierda vemos al ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, que hubo de afrontar la Revolución de octubre. (Archivo autores).

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POLÍTICOS SOCIALISTAS

Si bien la Revolución de octubre en Cataluña fue rápidamente sofocada por el general Batet, los políticos catalanes involucrados fueron encarcelados. En el centro de la foto vemos al dirigente nacionalista Lluis Companys, junto con otros destacados dirigentes, que habían proclamado unilateralmente el «Estat Catalá».(Colección J. M. Campesino).

Es obvio que al finalizar octubre, la izquierda, el anarquismo y los separatistas catalanes habían roto con la legalidad democrática, al igual que había hecho el general Sanjurjo dos años antes, y habían clavado el rejón de muerte a la joven República española.

LA POLÍTICA MILITAR DE GIL ROBLES En el mes de mayo de 1935, la CEDA colocó a cinco ministros en el gabinete de Alejandro Lerroux, entre ellos al líder de Acción Popular y de la propia organización cedista, José María Gil Robles, quien se encargaría del departamento de la Guerra. 36


Según el propio Gil Robles, su cometido al hacerse cargo del Ministerio de la Guerra fue el de «hacer un Ejército digno tal nombre, que salvaguardara el régimen que el pueblo mismo había querido darse». Para él era el momento de la rectificación de muchas medidas tomadas en el bienio anterior, rectificación que si bien satisfacía a la mayoría de los militares, a otros les causaba auténtico rechazo. Las medidas de Gil Robles comenzaron por restablecer, de forma ciertamente encubierta, pues la Constitución republicana los prohibía de manera explícita, los tribunales de honor. Cuestiones como los ascensos, destinos, disponibilidades o pases a la reserva del personal, la restauración de los antiguos nombres de los regimientos, la revisión de recompensas otorgadas por la Revolución de octubre, las remuneraciones a la oficialidad o la provisión de los mandos, fueron acometidos por el departamento de Gil Robles en los primeros meses de su mandato. Otro aspecto de cierta trascendencia, en orden a la eficacia militar del Ejército, fue la reorganización de las divisiones orgánicas, aumentando sus efectivos, transformando dos de ellas en divisiones de montaña y otras dos en divisiones mixtas, y dejando las cuatro restantes como hasta entonces, aunque se pusieron las bases de la futura motorización de las mismas, reduciendo sus medios hipomóviles. De la misma forma, se reorganizaron las fuerzas de Marruecos.

GOBIERNO LERROUX Con la llegada al poder del Gobierno de Alejandro Lerroux, entró en el mismo el jefe de la CEDA, José María Gil Robles, que se encargó de la cartera de Guerra. Entre otras reformas militares, Gil Robles devolvió al seno del ministerio la Dirección General de Aeronáutica y ordenó la adquisición de nuevo material aéreo. (Archivo autores). 37


GENERAL CABANELLAS

Los militares españoles, aunque ideológicamente estaban divididos, siguieron manteniendo las formas y el compañerismo. En la fotografía vemos al general Miguel Cabanellas durante una inspección a una unidad militar en Marruecos. (Archivo Fundación Yagüe).

Otra de las reformas planteadas, propuesta por el general Franco, entonces jefe del Estado Mayor Central, fue la restitución de la Academia General Militar disuelta por Azaña, como medida encaminada a mejorar el sistema de instrucción militar. Ésta no pudo llevarse a cabo debido a la caída precipitada del Gobierno y a las elecciones generales del febrero de 1936.

Gil Robles asumió la reincorporación al seno del Ministerio de la Guerra de la Dirección General de Aeronáutica, servicios adscritos entonces a la Presidencia del Gobierno. Una vez conseguida, la segunda medida fue la de dictar un plan general, en el que, entre otras cosas, se desarrollaba la adquisición de material de vuelo moderno, con su correspondiente armamento, y material complementario, la construcción de aeródromos y la formación de pilotos. De igual manera, los servicios de cría caballar, que en el bienio anterior habían pasado a Ganadería, volvieron a depender del Ministerio de la Guerra.

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«ROS»

Aunque la prenda de cabeza llamada «Ros» casi estaba en desuso durante la República, lo cierto es que se adaptó al nuevo régimen, añadiendo una escarapela tricolor. (Colección J. M. Campesino).

Otro aspecto importante acometido fue el Proyecto de Ley de Bases de Movilización y Reclutamiento, que pretendía suplir las deficiencias técnicas de las disposiciones en ese momento vigentes. Al caer el Gobierno radical-cedista en diciembre de 1935, muchas de estas reformas quedaron a medias o, simplemente, no se pudieron llevar a cabo. En esas fechas, el Ejército español se había fraccionado en dos bandos irreconciliables: uno que había puesto el régimen político por encima de la idea de España y otro para el que España era lo fundamental, por encima de cualquier tipo de consideraciones políticas.

VISITA A UN AERÓDROMO MILITAR

El presidente de la República, Alcalá Zamora, recibe los honores reglamentarios durante una visita a un aeródromo militar. (Archivo autores).

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LA ÚLTIMA ESCENA DE LA REPÚBLICA: EL FRENTE POPULAR

El ambiente a finales de 1935 se había enrarecido mucho con el asunto del estraperlo. En esta situación, el presidente de la República nombró presidente del Gobierno a Portela Valladares, hombre de poco carácter y muy moderado. El 14 de diciembre, Gil Robles abandonó el Ministerio de la Guerra y con él salieron del Gobierno las derechas.

MOLA EN MARRUECOS

Un grupo de oficiales y civiles en el Protectorado Español de Marruecos. En el centro de la foto, de perfil, vemos al general Emilio Mola Vidal, quien sería el «cerebro gris» del alzamiento militar de 1936. (Archivo Fundación Yagüe).

MANUEL AZAÑA

Con la llegada al poder del Frente Popular, en febrero de 1936, hubo cambio en la Jefatura del Estado. El nuevo presidente de la República fue un viejo conocido: Manuel Azaña, a quien vemos de visita a un aeródromo militar. (Archivo autores).

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ALEGORÍA

Medalla alegórica de la República, con gorro frigio. (Colección J. M. Campesino).

A mediados de enero de 1936, y siguiendo una estrategia típicamente comunista de crear un frente único en cada país, para luchar contra el capitalismo y la democracia desde dentro, buscando la compañía de los partidos burgueses de izquierdas, se organizó el Frente Popular. Éste, en las elecciones de febrero de 1936, devolvió el gobierno de la República a la izquierda.

LA SUBLEVACIÓN MILITAR. LOS PREPARATIVOS

Si nos atenemos a las palabras pronunciadas por el general Gonzalo Queipo de Llano en Radio Sevilla tras la muerte de Mola: «fue él el principal artífice del Movimiento».

SANTIAGO CASARES QUIROGA

El nuevo ministro de la Guerra y presidente del Gobierno con el Frente Popular fue el político coruñés Santiago Casares Quiroga, muy ligado a Azaña. Se vio obligado a dimitir por la rebelión militar de los días 17 y 18 de julio de 1936. (Archivo Fundación Yagüe). 41


REGULARES DE CEUTA

Tropas de Regulares de Ceuta formadas en el patio del acuartelamiento. Serían la punta de lanza, junto a la Legión, de los sublevados en 1936. (Archivo Fundación Yagüe).

En efecto, Mola sería el jerarca de la conspiración, quien concibió y maduró el plan del levantamiento y lo elaboró en varios meses de trabajo constante y callado desde su retiro forzado de Navarra. La historia le señala como el iniciador indiscutible del golpe de Estado –fracasado– de julio de 1936. Tras el asesinato del líder monárquico, Calvo Sotelo, acaecido en la madrugada del 13 de julio y ejecutado por funcionarios de las Fuerzas de Seguridad, los planes de sublevación se aceleraron. La rebelión en Marruecos estalló el mismo 17 por la tarde y al día siguiente, 18 de julio, Casares Quiroga, presidente del Gobierno, dimitía con el gabinete en pleno, incapaz de solventar la terrible situación en la que se vio envuelto. La misma noche del 18 de julio, Azaña encargó al presidente del Congreso, Diego Martínez Barrio, la tarea de formar apresuradamente otro gobierno. Éste, conocedor del papel de Mola en la conspiración, se puso en contacto telefónico con él para atraerlo al seno de ese posible gobierno de concentración. Martínez Barrio ofreció a Mola el Ministerio de la Guerra en el gabinete que se intentaba formar, pero éste no aceptó el puesto y, de manera educada, le dijo al político radical-socialista: «No habrá Gobierno alguno capaz de restablecer la paz social, de garantizar el orden público, de reintegrar a España y a sus hijos un decoro, un espíritu y una ley, desde hace tiempo en ruinas. Gracias, repito, señor presidente, pero en este mismo momento me iba a sublevar».

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EL FRACASO DEL GOLPE

El triunfo de la sublevación se vio circunscrito al Protectorado, las islas Canarias, Mallorca, Galicia, Castilla la Vieja, León, Navarra, Álava, algunas capitales andaluzas y la ciudad de Oviedo, y fracasó, por el contrario, en zonas clave como la capital, Madrid, además de en Cataluña, Valencia, Bilbao, Extremadura, Castilla la Nueva o Murcia. Los motivos habría que buscarlos, más que en la mala o defectuosa organización del golpe por parte de Mola, en la interconexión de cuatro factores que desequilibraron la situación a favor del Gobierno en varias de esas ciudades: por un lado, la clara división en 1936 de los componentes del Ejército español, fuertemente politizados; por otro, la actuación «conservadora» de la mayoría de los generales con mando de división o de brigada; además, sería determinante la falta de apoyo de buena parte de las fuerzas de Seguridad, Guardia Civil, Asalto y Carabineros; por último, la débil, tardía y pusilánime actuación de varios de los jefes conspiradores fue un gran hándicap para la sublevación, que echó a perder el elemento sorpresa, fundamental en una situación de inferioridad de medios como la que tenían los sublevados en ciudades como Madrid o Barcelona.

MOLA EN BURGOS

El fracaso del golpe militar de julio de 1936 no fue debido a la mala o defectuosa organización por parte de su «director», el general Emilio Mola, a quien vemos en la foto en el aeródromo de Gamonal (Burgos), sino a otros factores. (Archivo Fundación Yagüe).

El fracaso de la sublevación de julio de 1936, y por ende su 43


transformación en guerra civil, se debió más a motivos de ejecución o puesta en marcha de los planes previstos –retrasos, vacilaciones de última hora, falta de coordinación de columnas, e incluso, en algunas plazas, exceso de confianza, etc.– que a defectos graves en la organización o la planificación. ABANDERADO

Teniente de Artillería. Abanderado del Regimiento de Artillería de Costa n.º 2, con base en El Ferrol, en el período republicano. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

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El Alcázar de Toledo

ESCUDO DE TOLEDO

Escudo de la ciudad de Toledo.

Si hay una gesta que destaca entre las muchas que tuvieron lugar durante la Guerra Civil Española, ésa es sin duda la de la defensa del Alcázar de Toledo. Todo contribuyó a forjar la leyenda: la obstinada resistencia de los defensores más allá de todo límite imaginable; la propaganda de los atacantes, mintiendo una y otra vez sobre la toma de la fortaleza; y la imagen deformada, pero romántica, que vieron en el extranjero (un rocoso castillo medieval defendido por unos jóvenes cadetes aislados de un mundo moderno que creía olvidadas estas hazañas). Más allá del mito y del heroísmo, la realidad es que el Alcázar se defendió contra todo pronóstico desde los inicios del alzamiento hasta finales de septiembre de 1936, consiguiendo para los nacionales un éxito de gran repercusión internacional que contribuiría a elevar su moral y a reforzar sus apoyos internacionales, bien que a costa de retardar su avance hacia la capital de España en lo que constituía en aquellos momentos el objetivo principal de la campaña…

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EL ALCÁZAR

Construida sobre un pretorio romano, la fortaleza del Alcázar fue remodelada durante la Reconquista por Alfonso VI y rematada por Carlos V y Felipe II. (Archivo Canario Azaola).

INICIOS

Construido sobre un pretorio romano, el al Kasar árabe de Toledo fue remodelado durante la Reconquista por Alfonso VI y mejorado sucesivamente a lo largo del tiempo hasta que, con Carlos I y Felipe II, se le dio el aspecto que lo haría definitivamente famoso: un robusto edificio rectangular con cuatro hermosos torreones en las esquinas y patio central. Tras varios incendios y distintos usos, en 1936 el Alcázar albergaba las academias de Infantería, Caballería e Intendencia. Por su parte, por esas fechas Toledo sobrepasaba los 25.000 habitantes y, aunque habían ganado las derechas en las elecciones de febrero, la ciudad y sobre todo la provincia contaban con una población obrera combativa y bien organizada, con dos facciones predominantes: la socialista y la anarquista, de las que se nutrirían las milicias que iban a atacar, entre otras fuerzas, la fortaleza. Aunque la estampa romántica de unos jóvenes cadetes defendiendo su academia es atractiva, la realidad es que el 18 de julio de 1936 no había ningún alumno en el Alcázar por estar todos de permiso, si bien un reducido grupo de ellos se incorporaría a la defensa voluntariamente. Así, el peso de la resistencia iba a recaer en las fuerzas de guarnición en Toledo (es decir, Academia de Infantería, Caballería e Intendencia; Escuela Central de Gimnasia; Caja de Reclutas; Fábrica de Armas y Servicios: no más de 300-350 hombres), pero, sobre todo, en las de la Guardia Civil de la plaza y la provincia, que tenían previsto un plan de concentración sobre la fortaleza que cumplieron no sin incidentes, aportando un decisivo contingente de unos 700 hombres. A ellos se sumarían aproximadamente 100 milicianos, en su mayoría de disciplina falangista, m{s otros 50 hombres de distintas procedencias (carabineros, seguridad…). Todos ellos quedaron bajo el mando del comandante militar de la plaza de Toledo, el coronel don José Moscardó Ituarte, director de la Escuela de Gimnasia.

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PUERTA DE BISAGRA

De origen musulmán, fue reconstruida en la época de Felipe II. Está formada por dos cuerpos entre los que se intercala una plaza de armas. (Archivo autores).

FORMACIÓN DE ALUMNOS

El Alcázar de Toledo era la sede de la Academia de Infantería. En la imagen puede verse el patio de armas con una formación de cadetes alumnos del centro de formación militar. (Archivo autores).

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AYER Y HOY

una imagen de la fortaleza toledana en 1936, antes del asedio, y arriba, una imagen actual de la misma, reconstruida tras la Guerra Civil. (Archivo autores).

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UN NUEVO GUZMÁN EL BUENO Durante mucho años, los niños españoles de los años 70 y primeros 80 del pasado siglo se criaron leyendo los libros «Senda», colección de lecturas edificantes obligatorias en la Educación General Básica. Una de esas redacciones narraba cómo un valiente coronel encerrado en la defensa de un castillo no dudaba en entregar a su propio hijo a los sitiadores que amenazaban con fusilarle en caso de no rendirse. Muchas son las versiones que se han dado de la famosa conversación entre el coronel Moscardó y su hijo, si bien reproducimos aquí la versión que el propio protagonista contó para la Causa General acabada la guerra: El día 23 de julio sonó el teléfono, pidiendo hablar conmigo. Me pongo al aparato y resultó ser el jefe de las milicias de Toledo, quien con voz tonante me dijo: Jefe de milicias.–Son ustedes responsables de los crímenes y de todo lo que está ocurriendo en Toledo, y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar, y, de no hacerlo, fusilaré a su hijo Luis, que lo tengo aquí a mi lado. Yo.–No lo creo. Jefe de milicias.–Para que vea que es verdad, ahora se pone al aparato. Hijo.–¡Papá! Yo.–¿Qué hay, hijo mío? Hijo.–¡Nada; que dicen que si no te rindes me van a fusilar! Yo.–Pues encomienda tu alma a Dios y muere como un patriota dando un grito de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva España! Hijo.–¡Un beso muy fuerte, papá! Yo, al jefe de milicias.–¡Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, pues el Alcázar no se rendirá jamás! Más de dos meses después, todavía emocionado por la liberación del Alcázar, el coronel Moscardó fue informado de que las milicias habían cumplido su amenaza, fusilando a su hijo Luis el día 23 de agosto. También supo del fusilamiento de su otro hijo, Pepe, en Barcelona: Éste era el precio de mi gloria. Nunca podría sentir vanidad por algo que, siendo mío, habían pagado tan caro mis hijos. 49


JOYAS DE TOLEDO Dos de los edificios históricos de Toledo, el Museo de Santa Cruz (izquierda) y la Sinagoga del Tránsito corrieron suertes distintas en la contienda. Mientras que el convento sufrió los bombardeos por su cercanía al Alcázar, la Sinagoga quedó intacta. (Archivo Galland Books).

Tras unos confusos días iniciales, con órdenes y contraórdenes sobre el destino de la vital munición de la Fábrica de Armas, el 21 de julio fue proclamado el estado de guerra por las fuerzas sublevadas, procediéndose a su lectura primero en el patio del Alcázar y después en la plaza de Zocodover, con tiroteo y altercados incluidos. Tras ello, el propio Moscardó nos da cuenta en su diario de sus intenciones: «Organizar y concentrar la defensa en la capital, aguantando los ocho o quince días que suponía tardaríamos en darnos la mano con los nuestros», decisión que algunos han criticado por encerrarse en un cerco reducido –limitando las opciones que una defensa dinámica podría proporcionar–, pero que otros han valorado positivamente, pues el exiguo número de defensores y de armas impedía cualquier otra posibilidad. El coronel Moscardó estableció entonces una línea defensiva exterior no continua con tres núcleos principales: el Hospital de Tavera, el convento de Carmelitas y la Fábrica de Armas, y un perímetro en torno al Alcázar –éste sí continuo– que llegaba hasta la Cuesta del Carmen por el norte, a la explanada del Picadero por el este y hasta el comedor y la plazuela del Corralillo por el sur. Cuando todos estos reductos fueran cayendo, como de hecho ocurrió, la defensa ya sólo podría circunscribirse a la academia propiamente dicha. 50


PROTAGONISTAS

JOSÉ MOSCARDÓ ITUARTE (1878-1956)

Finalizada la guerra, le preguntaron al general Moscardó cómo había logrado realizar la gesta de la defensa del Alcázar, y éste contestó: «porque en esta Academia, en las primeras clases, me enseñaron las Ordenanzas, en las que se dice que el oficial que reciba orden de conservar su puesto a toda costa lo hará». Nacido en Madrid en 1878, Moscardó ingresó en Infantería a los 17 años de edad, donde comenzó una carrera de «africanista» que le llevó a participar en casi todas las campañas de Marruecos desde 1909 a 1928. Al proclamarse la República se le invalidó el ascenso a coronel que había logrado en 1929 y, al estallar la guerra, se encontraba destinado como jefe de la Escuela de Gimnasia, donde estaba preparando una comisión para ir a participar en las Olimpiadas de Berlín. Su espíritu inquebrantable, reflejado en el supremo sacrificio de entregar la vida de su propio hijo, fue un ejemplo permanente para sus subordinados durante el asedio del Alcázar, que condujo con temple y rodeado de un selecto grupo de oficiales que le secundaron perfectamente. Laureado y ascendido a general, mandó después sucesivamente la División de Soria y el Cuerpo de Ejército de Aragón, con el que participó en la campaña de Cataluña. Tras la guerra fue nombrado jefe de la Casa Militar del jefe del Estado, y desempeñó los cargos de delegado nacional de Deportes y jefe de la milicia de FET y de las JONS. Siendo capitán general de Cataluña, abortó la invasión maqui del valle de Arán en 1944. Nombrado conde del Alcázar de Toledo con Grandeza de España, falleció en 1956, y fue enterrado en la cripta del Alcázar. Durante muchos años su nombre figuró en la escalilla del Arma de Infantería con el título de jefe del Alcázar de Toledo. 51


JULIO: EL MES DE LOS AVIONES

Ese mismo día 21 de julio se produjo el primer bombardeo sobre el Alcázar cuando un avión republicano lanzó doce bombas sobre sus dependencias, que sufrieron así los primeros daños. Era el primero de los varios bombardeos de aviación que se sucedieron durante aquel final de mes. Por otra parte, la columna Riquelme, enviada desde Madrid con más de 1.600 hombres, artillería y vehículos blindados, llegó al cementerio de Toledo, reforzando a los grupos armados izquierdistas que ya pululaban por la ciudad y dividiéndose en dos agrupaciones: una que marchó contra la Fábrica de Armas y la otra contra el Hospital de Tavera. Sin embargo, en el haber de los sublevados ese día tuvo lugar un hecho trascendental, a saber, el traslado de más de 700.000 cartuchos desde la mencionada fábrica hasta la academia gracias al buen hacer del comandante Méndez Parada, lo que garantizaba la provisión de municiones para un largo asedio. No obstante, la llegada de la fuerza de Riquelme decidió a Moscardó a replegar todas sus fuerzas sobre el núcleo del Alcázar, pudiéndose decir que el asedio de éste comenzó efectivamente el día 22 de julio de 1936, lo que hizo proclamar a la radio madrileña una de las primeras mentiras que a la larga resultarían contraproducen-tes para el bando republicano: «El Alcázar, que se resistió hasta el último momento, fue definitivamente tomado por las tropas de Asalto y la Guardia Civil».

Cuando los aproximadamente 1.200 defensores, 600 familiares y un muy reducido grupo de prisioneros se encerraron definitivamente en el perímetro defensivo de la fortaleza, aparecieron para el mando los problemas que para la subsistencia presentaba un asedio que ya se empezaba a adivinar largo, aunque no tanto como lo que al final resultó. En cuanto a la alimentación, el economato de la academia, normalmente bien servido, estaba por entonces bajo de existencias por ser período vacacional. Moscardó calculó, empero, que al principio había «pequeñas cantidades de lo más necesario para comer un plato cada día, para cinco o seis días». Dos hechos aliviarían esta penuria: la existencia en las cuadras de la Academia de alrededor de ciento setenta caballos y unos cuarenta y cinco mulos, más otros veintinueve caballos de la Guardia Civil, pero, sobre todo, el descubrimiento el 3 de agosto, gracias a la confidencia de un paisano, de la existencia en una casa cercana, situada ahora en tierra de nadie, de unos 2.000 sacos de trigo de excelente calidad y 90 kg de peso cada uno, que fueron inmediatamente requisados. Este trigo, providencial, solucionaría aunque precariamente el problema de la alimentación de los defensores. «Comían lo mismo todos: una especie de potaje, hecho con el trigo apenas machacado, y la carne de mula o caballo que correspondía, más un panecillo de 150 gramos». (Ruiz de Santayana, La pequeña historia del Alcázar). 52


EMBLEMA

A todos los defensores se les otorgó una Laureada colectiva. (Colección J. M. Campesino).

RUINAS EN EL PATIO

El patio del Alcázar quedó repleto de ruinas, piedras y cascotes. (Archivo Canario Azaola).

En lo referente al agua, los sitiados contaban con un pozo en las cercanías de la iglesia de Santiago, la de la piscina y la de cuatro aljibes subterráneos, lo que al principio fue más que suficiente, aunque la prolongación del sitio obligó también al final a racionar su consumo. La dureza de los bombardeos obligó enseguida a los habitantes del Alcázar a refugiarse en sus sótanos, donde en condiciones de hacinamiento, entre tinieblas y prácticamente sin enseres vivirían hasta el final del asedio. Sólo cuatro médicos, ninguno de ellos cirujano, atenderían a esta masa humana, preocupados principalmente por el riesgo de epidemia que podía provocarse por la falta de higiene en que habrían de vivir todos. La Farmacia Militar, dentro del perímetro defensivo del Alcázar, proporcionó al menos toda clase de medicamentos en abundancia.

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CARLOS I

La estatua de Carlos I fue desplazada de su pedestal por efecto de los bombardeos. Comparando la imagen de la derecha con la de abajo, se puede vislumbrar el grado de destrucci贸n del edificio. (Archivo Canario Azaola y autores).

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OBÚS SCHNEIDER

La batería pesada que tiraba contra El Alcázar hizo brecha el 24 de agosto en la fachada norte. (Archivo Canario Azaola).

En cuanto al armamento y material, aparte de los 700.000 cartuchos que los defensores lograron traerse de la fábrica toledana, contaban con «1.200 fusiles y mosquetones, 13 ametralladoras y 13 fusilesametralladores, 200 granadas de mano, 25 granadas incendiarias, 100 petardos de trilita, dos cañones de 70 mm con 50 disparos y un mortero ligero con otros 50 disparos» (Martínez Bande). Sólo había 25 caretas antigás, lo que preocupaba enormemente al mando por el riesgo cierto de que los gubernamentales emplearan guerra tóxica, y en cuanto al material de trasmisiones, el corte de la corriente impidió el uso de la emisora de la Guardia Civil, si bien consiguieron emplearla como receptora utilizando la energía de las baterías de los vehículos. El resto del mes de julio vio el reforzamiento de las fuerzas republicanas que mantenían el dogal sobre la fortaleza, en especial en piezas de artillería, destacando la batería de 155 mm que instalaron en la Dehesa de Pinedo y que, junto a otras piezas de menor calibre (105 y 75 mm), más las que irían sumándose a lo largo del asedio, constituyeron la pesadilla de los defensores. Los bombardeos aéreos, utilizados por los sitiadores estos días de julio con preferencia como hemos dicho, fueron siendo sustituidos por cañoneo artillero por el peligro que suponía que las bombas de aviación cayesen sobre sus propias posiciones y la ciudad de Toledo. En cualquier caso, la táctica de los atacantes iba a consistir a partir de ahora en aumentar cada vez más el poder de los medios de destrucción, lo que culminaría en las tremendas minas de septiembre que veremos. A pesar de todo, y como nos informa la histórica hoja volandera El Alcázar, tirada por los defensores en una multicopista de la academia desde los primeros días del asedio, a finales de julio «el espíritu esexcelente, a pesar de las molestias inherentes a la situación y aunque el enemigo no da cuartel a nadie y menos a los que en este recinto resistimos».

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PASIONARIA Muchos líderes del Frente Popular acudieron a ver cómo El Alcázar saltaba por los aires con las primeras minas. Entre ellos, la comunista Dolores Ibarruri la «Pasionaria». (Colección J. M. Campesino).

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MILICIANO

Miliciano de las Juventudes Socialistas. En agosto, las fuerzas sitiadoras sobrepasaban los 3.000 hombres. (Colección J. M. Campesino).

AGOSTO: EL MES DE LA ARTILLERÍA

La primera quincena de agosto discurrió con los atacantes perfeccionando el cerco sobre el Alcázar, taponando con sacos terreros y alambre de espino todas las posiblessalidas, reforzando sus tropas y partidas milicianas y, sobre todo, incrementando el poder destructivo de su artillería; además, instalaron reflectores para iluminar por lanoche la fortaleza para evitar las audaces salidas nocturnas de los defensores. Éstos, a su vez, sistematizaron la defensa con planes perfectamente estudiados y congran disciplina de fuego, que empleaban eficazmente cada vez que losatacantes intentabanrealizar un asalto (en agosto las fuerzas asediadoras probablemente sobrepasaran ya los 3.000 hombres bajo el mando del coronel Álvarez Coque). Los civiles sitiados siguieron mostrando una elevada moral, organizando incluso un partido de fútbol en el patio y, el día 6, hasta una fiesta circense, lujos que pronto hubieron de abandonar por la dureza del cerco. Paseaban, discutían las noticias de El Alcázar y, muy importante para su espíritu, encontraban recogimiento para su fe en la capilla de la academia, trasladada a un sótano.

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BATERÍA DE 155 MM

Hasta nueve obuses de este calibre se emplearon contra la fortaleza toledana. (Archivo autores).

PATIO DEL ALCÁZAR

Otra vista del patio de armas del Alcázar tras el final del asedio. (Archivo Canario Azaola).

ARCOS

Son todavía visibles los zarpazos de los proyectiles y la metralla en algunos de los arcos del patio de armas que sobrevivieron al asedio. (Archivo autores).

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La segunda quincena fue, sin embargo, mucho más dura. Ante el empuje de las columnas africanas y la ocupación de Badajoz, el clamor popular y la presión de los políticos llevaron a los atacantes a emplearse mucho más contundentemente contra la fortaleza, de forma que la batería pesada de 155 mm comenzó a tirar única y exclusivamente contra la fachada norte (la principal) buscando abrir una brecha –lo que consiguieron lograr el día 24 de agosto–, y la artillería ligera hizo lo propio contra la cara este. No obstante, empezaron a oírse voces aseverando que la única forma de destruir el Alcázar era desde el subsuelo, por lo que se iniciaron los trabajos en galerías subterráneas para tal fin. Sin embargo, el 16 de agosto, gracias a una audaz reacción de los defensores, fue abortada una primera mina.

LA INTERVENCIÓN FRANCESA EN LA GUERRA CIVIL

La Guerra Civil Española, en pleno siglo XX y en una Europa donde confrontaban los intereses de las democracias con los de los regimenes totalitarios de Alemania e Italia, condujo a un arreglo diplomático que desembocó en el llamado «Comité de No Intervención», suscrito por las principales potencias europeas. En Francia entonces gobernaba el Frente Popular, muy similar en su composición al Gobierno español. Por eso, durante los primeros días del conflicto, el Gobierno galo ayudó sin tapujos al español, enviando unas decenas de aviones militares y otros materiales de guerra. Fue en París donde comenzó el reclutamiento de voluntarios franceses y de otras nacionalidades que habrían de constituir los que luego se conocerían como las Brigadas Internacionales. La frontera francesa, a pesar de la ficción de la No Intervención, permitió la casi continua entrada en la España gubernamental de material de guerra, de combatientes, víveres y primeras materias destinadas a la industria de guerra. Pese a que, en ocasiones, se cerró oficialmente la frontera, el goteo de los envíos, a veces camuflados como ayuda humanitaria, permitió a los republicanos la entrada y el tránsito a través del vecino país de material procedente de la URSS, Estados Unidos, así como de otros países europeos o americanos. Sólo la inminente victoria de las tropas de Franco obligó al gobierno francés a reconocer al Gobierno de los sublevados, finalizando así la colaboración con los gubernamentales.

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LOS LAUREADOS DEL ALCÁZAR

Además de la laureada individual que el propio Franco impuso en las ruinas aún humeantes del Alcázar al coronel Moscardó y la colectiva a todas las fuerzas y paisanos que participaron en su defensa, la gesta tuvo otros dos laureados más: el capitán de Infantería don Luis Alba Navas y el alférez de Artillería don Mercedes Durán Garlitos. Ante la imposibilidad de comunicarse con el exterior, el capitán Alba Navas, que venía dando muestras de un valor y espíritu extraordinarios, ofreciose voluntario para llevar un mensaje del coronel Moscardó al general Mola, burlando el sitio del Alcázar. Vestido de mono azul y provisto de un carné comunista, la noche del 25 de julio de 1936 el capitán Alba salió de la fortaleza consciente de la dificultad de su misión: realizar una marcha por territorio enemigo de más de cien kilómetros y teniendo que pasar el Tajo a nado. «A pesar de todo partió dominado por una inmensa alegría. Cuando marchaba cerca de la Venta del Hoyo fue reconocido por un antiguo asistente suyo y, esposado, recibió luego muerte, destrozándosele las muñecas a tiros para quitarle las esposas. Su cadáver fue llevado a la Fábrica de Armas y posteriormente trasladado a Madrid y arrastrado por las calles según dijeron los periódicos rojos» (Galería Militar Contemporánea). Cuando el 16 de agosto de 1936 el alférez de Artillería don Mercedes Durán Garlitos recibió orden de incorporarse a la batería de 155 mm que desde los Alijares batía el Alcázar, éste no dudó en modificar enseguida los ángulos de tiro, de suerte que los proyectiles pasaran por encima del objetivo señalado y batieran, por el contrario, la Fábrica de Armas, en manos gubernamentales. Detectada la audaz artimaña, pronto «detuvieron al alférez, que se hizo único responsable de lo sucedido, manifestando que no tiraría contra los suyos. Momentos después fue asesinado frente a una casita de peones camineros».

SOBRE PATRIÓTICO

Uno de los sobres de cartas que empezaron a circular en octubre de 1936. Nótese todavía la corona mural. (Colección J. M. Campesino).

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Como resultado de todo ello, las bajas entre los sitiados aumentaron sensiblemente durante este mes de agosto. Moscardó dice en su diario que hubo «203 bajas, de ellos 21 muertos, 90 heridos y 23 desertores». La moral empezaba a sufrir por las penurias del asedio, si bien el 23 de agosto un avión nacional logró lanzar un mensaje lastrado con un texto de Franco que confirmaba su voluntad de liberar el Alcázar, lo que provocó el entusiasmo: «A los bravos defensores del Alcázar toledano. Nos enteramos de vuestra heroica resistencia y os llevamos un adelanto del auxilio que os vamos a prestar. Pronto llegaremos a ésa; mientras, resistid a toda costa, que os iremos llevando los pequeños socorros que podamos. ¡Viva España! El general Francisco Franco. (Rubricado)».

LA GESTA AL CINE En 1940 se filmó en Italia la película Sin novedad en el Alcázar, gran éxito de taquilla y de la crítica. (Divisa).

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MINAS

El 18 de septiembre, hicieron explosión sendas minas cargadas con 2,5 t de trilita cada una. (Archivo Canario Azaola).

SEPTIEMBRE: EL MES DE LAS MINAS

Con 20 piezas batiendo ahora el Alcázar (siete de 75 mm, cuatro de 105 y nueve de 155 distribuidas entre Pinedo, los Alijares y San Servando), los republicanos lograron tirar el día 4 de septiembre el torreón noreste, que recibió no menos de 138 impactos directos de calibre 155, y se concentraron a partir de entonces en el patio, que quedaba totalmente batido. El torreón noroeste, después de encajar 285 cañonazos, cayó también derribado el día 8. El fuego ahora es metódico, concentrado y está bien dirigido por personal profesional al mando de las baterías gubernamentales, si bien «los escombros producidos caían hacia fuera, creando ante los muros del edificio principal un obstáculo difícil de abordar por una fuerza atacante» (Casas de la Vega), coadyuvando paradójicamente a la defensa. No obstante, el cerco se estrechaba cada día y el fuego era por momentos insoportable, haciendo que este último mes de la defensa fuera durísimo para los que resistían, ya famélicos y exhaustos. Los atacantes, que iban engrosando sus fuerzas por momentos, llegaron a contar hacia el final del asedio con más de 5.500 hombres (columna Barceló).

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PLAZA DE ZOCODOVER

El emblemático edificio visto desde la plaza de Zocodover. (Archivo autores).

En este mes los atacantes, mientras seguían laborando en las galerías de las minas, intentaron presionar psicológicamente a sus adversarios, enviando emisarios de lujo que les intimaron directa o indirectamente a la rendición. Así, el que luego sería el famoso comandante Rojo se presentó ante el Alcázar con una bandera blanca el día 9 de septiembre, «vestido de mono y con una escarapela con los colores de la República» (Casas de la Vega, El Alcázar). Recibido por su compañero y gran amigo el capitán Emilio Alamán (con quien había creado la magnífica «Colección Bibliográfica Militar» antes de la guerra), enseguida se dio cuenta de la inutilidad de su gesto por la elevada moral que presentaban aquellos espectros barbudos a pesar de la vida de catacumbas en que se hallaban. Alamán recordaría nítidamente años después las palabras que su amigo le dijo cuando se fundieron en un abrazo emocionado de despedida: «Resistid sin desmayo, sois los mejores y ganaréis… ¡Viva España!» Tras esta visita, tuvo lugar la del padre Camarasa, canónigo protegido por las milicias frentepopulares, quien fue bien recibido por dar la comunión a los defensores y familias, si bien luego empleó peores artes que su predecesor por apelar al riesgo que suponía tener mujeres y niños en los sótanos del Alcázar, soliviantando a los oficiales de la defensa. La embajada de Chile y la Cruz Roja concluyeron este ciclo de mediaciones infructuosas.

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VISTA AÉREA

Tras la liberación del Alcázar, se tomó esta impresionante vista aérea de sus ruinas. (Archivo Canario Azaola).

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MAQUETA

En esta maqueta, que se conservaba en el Museo del Ejército, se aprecian las ruinas del edificio después del brutal asedio. (Archivo autores). ESTATUA DE CARLOS I Aunque la estatua de Carlos I fue desmontada de su pedestal, cayó de pie, a pocos metros de su ubicación. (Archivo Canario Azaola). El día 18 de septiembre los atacantes prepararon un asalto definitivo que había de suceder a la voladura de dos minas cargadas con 2.500 kg de trilita cada una y a una contundente preparación artillera. Más de 4.200 hombres se lanzarían al asalto de las ruinas, haciendo pinza por el norte y por el sur del reducto. Frente a ellos, Casas de la Vega calcula en 348 los hombres útiles para defender el perímetro exterior, 279 el propio Alcázar y 428 para actuar como fuerza de maniobra. Era tal la confianza gubernamental en el éxito de este ataque que acudieron a verlo el presidente de Gobierno, ministros, otros políticos destacados y numerosos periodista nacionales e internacionales. Tras las voladuras brutales –dicen que se oyó la explosión en los suburbios de Madrid–, que provocaron la caída del torreón suroeste y casi toda la fachada oeste, tuvo lugar el asalto republicano, que logró poner los pies en el Alcázar, coronando las ruinas de la cara norte con una bandera roja. Ante esta situación gravísima que podía provocar la caída definitiva de la fortaleza, un grupo de jóvenes tenientes logró trepar hasta las ruinas, desalojar al enemigo y arrancar la bandera contraria. Los propios atacantes confesarían después que no daban crédito ante la reacción de los sitiados, pues creían que habían quedado todos sepultados por efecto de las minas… 65


LA LIBERACIÓN

A partir del 19 de septiembre, las piezas atacantes batieron sin piedad las ruinas; concentraron el tiro sobre la fachada este y el torreón sureste, el único que quedaba en pie (el día 20 sufrió una tormenta artillera de 472 proyectiles y el 21 cayó definitivamente); eran ataques desesperados que buscaban pulverizar la defensa del Alcázar ante la proximidad de las columnas africanas, que avanzaban combatiendo de forma rápida sobre la capital toledana. Sin embargo, a partir del día 24 los defensores empezaron a observar movimientos de retirada en su oponente, oyendo ya el día 25 el cañoneo de las columnas amigas; Moscardó ve claramente el final del asedio: «Se están viviendo los últimos momentos de este asedio, llevado con tanto sacrificio y espíritu por parte de todos».

Líster, tras criticar la desbandada de las milicias anarquistas, da todavía cuenta en sus memorias de un ataque más el día 27 de septiembre: «Al amanecer, después de un corto fuego de artillería y volar una mina, intentamos un último asalto al Alcázar con todas las fuerzas que pude reunir… No tuvo éxito» (Nuestra guerra). Y luego un intento más, también fallido, consistente en intentar abrasar vivos a los defensores, pues se trataba de «rociar todo el Alcázar con bencina, incendiarlo y después atacar. Trajeron de Madrid cisternas de bomberos llenas de bencina…» (Koltsov, Diario de la guerra de España). Una bomba de mano de los defensores provocó el incendio de la gasolina prematuramente, teniendo los asaltantes que cortar las mangas so pena de quemar todo Toledo, desistiendo así del intento. Ese mismo día, domingo 27 de septiembre de 1936, a la noche, el teniente Luis Lahuerta Ciordia, al frente de una sección de Regulares de Tetuán, estableció al fin contacto con los cercados, quienes en guardia, con el fusil a la cara, les recibieron con todo tipo de prevenciones a pesar de los gritos del oficial: «¡Somos de Regulares. Toledo es de España!» Sólo las cornetas de la V Bandera de Tiede tocando la contraseña de la Legión casi simultáneamente terminan por convencer a los sitiados de que, efectivamente, el cerco ha terminado. Atrás quedaban 70 días de asedio, 13.000 impactos directos de artillería, una guarnición al borde de la inanición, más de 500 heridos y casi 100 muertos. Franco, con un tanto político en su haber que le daba enteros para su próxima elección como caudillo y aun a costa del retraso que la liberación del Alcázar suponía con respecto al objetivo de tomar Madrid, oía, asombrado como el resto del mundo, el parte de Moscardó en la cuna de la Infantería española: «¡Sin novedad en el Alcázar, mi general!». 66


EL ALCÁZAR Y SUS ALEDAÑOS

Para entender el asedio, hay que tener en cuenta la situación de la fortaleza y del entorno de la misma. (Ilustración de Juan Conde basada en un dibujo de «Vizcaíno»).

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EL «PUENTE AÉREO» DEL ESTRECHO DE GIBRALTAR

Hoy en día, el concepto de «puente aéreo» –por ejemplo el de Madrid-Barcelona– está tan implantado en la cultura del ciudadano medio, como cosa cotidiana, que muy pocos se han parado a preguntarse de qué manera se gestó su nacimiento. La respuesta es inequívoca: el puente aéreo tiene su origen en el transporte aéreo militar.

Tras la sublevación del Ejército de África en el Marruecos español y el fracaso del golpe militar en muchas zonas del país, hubo necesidad de enviar refuerzos militares a la península, con objeto de organizar un poderoso ejército expedicionario en dirección a Madrid. Si bien varias unidades terrestres lograron pasar el estrecho por vía marítima, lo cierto es que el bloqueo de la flota de guerra republicana impidió el paso regular de los escasos buques nacionales. Por ello, se pensó en organizar un transporte aéreo, con los escasos medios disponibles, que en principio estaban constituidos por tres trimotores Fokker F-VII 3m militares, un bimotor Douglas DC-2 de las Líneas Aéreas Postales y dos hidroaviones Dornier «Wal» de la Aviación Naval. Pero la «espina dorsal» del puente aéreo del estrecho –el primero de la historia– habría de estar constituida por una decena de trimotores alemanes Junkers Ju 52, que comenzaron a prestar servicio a primeros de agosto de 1936, con tripulaciones germanas. El puente aéreo prosiguió, con varias rotaciones diarias, durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1936. Según datos oficiales, se trasportaron 13.962 hombres, junto con 44 piezas de artillería, 90 ametralladoras, munición y 500 t de equipo militar. Se realizaron 868 vuelos de transporte. 68


DESPACHO DE MOSCARDÓ

El que fuera despacho del coronel Moscardó durante el asedio se conservó sin restaurar hasta nuestros días. (Vía autores).

PROTAGONISTA DEL ASEDIO

El entonces coronel jefe de la Escuela de Gimnasia, José Moscardó, fue protagonista indiscutible de la gesta más relevante ocurrida en el transcurso de la Guerra Civil Española. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

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CRIPTA DEL ALCÁZAR En la cripta están enterrados todos los defensores caídos durante el asedio, así como aquellos fallecidos con posterioridad que así lo deseasen. (Vía autores).

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Madrid y la Ciudad Universitaria

ESCUDO DE MADRID

Escudo de la capital de España.

Tras el fracaso del alzamiento en la capital de España en julio de 1936 y la estabilización del frente en las sierras de su provincia –Guadarrama y Somosierra–, el mando nacional llegó a una clara conclusión: Madrid sólo iba a poder ser atacado con posibilidades de éxito desde el sur. Para ambos contendientes era evidente que la Villa y Corte constituía el objetivo natural de la guerra: «Pocas veces el objetivo de una acción bélica se ha mostrado con tan sobresaliente poder como en el caso de la batalla de Madrid, por cuanto era a la vez objetivo de valor estratégico y táctico, político y social, económico y geográfico, y además podía ser también el objetivo decisivo de la contienda». (Vicente Rojo, Así fue la defensa de Madrid).

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DEFENSORES DE MADRID

Por primera vez en toda la guerra, los militares profesionales partidarios de la República ejercieron el mando, lo que redundó en beneficio de la defensa de Madrid. (Colección J. M. Campesino).

LA MARCHA SOBRE MADRID

Para ello, los nacionales establecieron, inicialmente con medios precarios, el primer puente aéreo de la historia entre Marruecos y Andalucía, región ésta donde establecieron una base de operaciones en el triángulo formado por Huelva-Cádiz-Sevilla, a fin de trasladar al ejército de África a la península, única masa de maniobra que podía entonces emprender la marcha sobre Madrid.

BRAZALETE

Un brazalete de las Juventudes Socialistas. (Colección J. M. Campesino).

A medida que iban llegando unidades, éstas eran enviadas en una carrera contrarreloj hacia el norte, agrupadas en la que se dio en llamar «Columna Madrid» (en realidad, las primeras fuerzas en partir el 2 de agosto de 1936 bajo las órdenes del teniente coronel Asensio no eran más que dos banderas del Tercio y dos tabores de Regulares). Esta agrupación se fue reforzando con el 72


tiempo y tras tomar Badajoz el 14 de agosto, Talavera de la Reina el día 3 de septiembre y liberar el Alcázar de Toledo el 27 del mismo mes, llegaría sin dejar de combatir a las puertas de Madrid a principios de noviembre de aquel año, completando una rauda marcha ofensiva que, con el flanco izquierdo apoyado en la frontera con Portugal, lograba además enlazar las dos zonas sublevadas a la altura de Cáceres.

CUARTEL DE LA MONTAÑA

El alzamiento en Madrid fracasó por encerrarse la guarnición en los cuarteles en lugar de salir a proclamar el estado de guerra, como ocurrió en la mayoría de las plazas. Monumento a los caídos en el lugar que ocupaba el Cuartel de la Montaña. (Autores).

Las fuerzas nacionales que se plantaron ante la capital en disposición de intentar su asalto el día 6 de noviembre de aquel año eran nueve columnas de composición variable, normalmente con tres batallones cada una, además de artillería de acompañamiento, ingenieros, carros, intendencia y servicios varios (aproximadamente, unos 32 batallones de Infantería, 11 escuadrones de Caballería, 24 baterías de Artillería y tres compañías de carros, dos con material 73


de origen alemán y una italiano). Se trataba de las mejores unidades del Ejército nacional, fogueadas y con los mandos más experimentados (Barrón, Delgado Serrano, Castejón, Bartoméu, Monasterio…), pero con un total aproximado de 20.000 hombres en la mejor de las estimaciones, fuerzas a todas luces exiguas para atacar una urbe moderna de más de un millón de almas como era el Madrid de la época.

REGIMIENTO A CABALLO

Fuerzas leales a la República desfilan por la Puerta del Sol de Madrid. Junto a ellos, milicianos armados. (Colección J. M. Campesino).

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TOMA DE DECISIONES

Mandos republicanos en la sierra de Madrid en pleno proceso de tomar una decisión respecto a las operaciones en curso. (Colección J. M. Campesino).

Además, llevados por la inercia de su línea de progresión –una flecha cada vez más angosta entre las carreteras de Andalucía y Extremadura–, los nacionales se vieron obligados a realizar el intento por la zona más accidentada de la ciudad, la que se encuentra con el Manzanares de por medio, pequeño río despreciado por los «gatos» pero obstáculo natural al fin y al cabo que había de ser vencido bajo el fuego enemigo. A pesar de su altísima moral de victoria y de la superior calidad militar de sus tropas, el intento era sumamente arriesgado; no en vano Franco, ya 75


generalísimo, le confío al general Varela el empeño con estas palabras: «Siempre tienes suerte. Haz un intento por tomar Madrid. Si nos damos prisa, aún podemos conseguirlo».

PROPAGANDA GUBERNAMENTAL

La propaganda al servicio de la República, en especial la de militancia comunista, jugó un papel decisivo en la defensa de Madrid, al enardecer los ánimos con el mensaje de una lucha numantina sin cuartel. (Colección J. M. Campesino).

Y es que el factor tiempo se estaba convirtiendo en fundamental, pues la defensa de la capital se reforzaba de forma apresurada pero continua, a pesar del pesimismo de sus políticos, que abandonaron Madrid trasladando el Gobierno a Valencia: Julián Zugazagoitia, Tagüeña, Eduardo de Guzm{n, Max Aub…, todos ellos personalidades del bando republicano, nos han dejado en sus testimonios y novelas escenas de esta precipitada huida que indignó a los madrileños. Así, el más famoso de todos dice: «¡El Gobierno de guerra se marchaba, huía!». (Arturo Barea, La forja de un rebelde).

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MADRID, FORTALEZA INEXPUGNABLE

El cartel se convirtió en realidad, cuando las fuerzas atacantes, desgastadas tras su marcha desde Andalucía, chocaron con una defensa organizada y reforzada de la capital. (Colección J. M. Campesino).

El primer refuerzo era numérico, pues desde toda la España leal estaban afluyendo tropas de mayor o menor calidad combativa a la ciudad intuyendo que esta batalla iba a ser decisiva (entre ellas, las primeras unidades extranjeras –la XI y la XII Brigadas Internacionales–, considerable refuerzo numérico, pero, sobre todo, moral, pues animaron con su disciplina y aire marcial a la población).

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DIVISAS Y LAUREADA DE MADRID

Divisas y laureada de Madrid, empleadas por el general sobre su uniforme. (Colección J. M. Campesino).

El segundo refuerzo venía condensado en las considerables obras de fortificación que los defensores estaban haciendo en torno a Madrid, obras dirigidas con acierto por militares profesionales como el coronel Ardid y que empleaban para ello abundante mano de obra. Pero el hecho que se iba a mostrar decisivo fue la constitución de un órgano central para dirigir todo el esfuerzo: la Junta de Defensa de Madrid, mezcla de gobierno provisional, alcaldía y cuartel general, que aglutinó recursos bajo el mando unificado del general Miaja y su eficaz jefe de Estado Mayor, Vicente Rojo, ambos también militares de carrera (se calcula en más de 30.000 hombres las fuerzas que tenían a su disposición al inicio de la batalla). Esta junta logró coordinar sobre la marcha un heterogéneo pero poderoso conjunto de columnas y brigadas, vertebrándolo entorno a los restos del ejército regular y apoyándose en una ayuda soviética que, en forma de carros, aviones, cañones y asesores, ya estaba afluyendo generosamente a la zona del Frente Popular: «En la capacidad de rehacer la autoridad, el orden y la disciplina, estribaba todo el problema. Los medioseran más que suficientes, no ya para resistir, sino para destruir al enemigo». (Ramón Salas Larrazábal, Historia del Ejército Popular de la República).

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GENERAL MIAJA

Don José Miaja Menant fue la persona encargada por Largo Caballero (sin mucho ánimo, a decir verdad) para defender la capital de España. Su esfuerzo y el de la Junta de Defensa de Madrid obrarían el milagro, elevando al general Miaja a la categoría de héroe de la República.

PROTAGONISTAS

JOSÉ MIAJA MENANT (1878-1958)

«Miaja, hombre tranquilo y cauto; bastante más inteligente de lo que ahora dicen sus aduladores de ayer, aunque menos genial de lo que entonces le consideraban, fue un gran jefe»; así de tajante se muestra Salas al glosar al general Miaja en su Historia del Ejército Popular de la República, coincidiendo con otro general que fue subordinado suyo y luego enemigo, Emilio Mola.

Nacido en Asturias en 1878, ingresó en Infantería en 1896, fue destinado a Melilla al salir de la academia y participó en la guerra de Marruecos. A pesar de su paso por la Unión Militar Española (organización de carácter derechista), decidió permanecer leal al Gobierno cuando estalló la guerra, que le sorprendió en Madrid al mando de la I Brigada de Infantería de la 1.ª 79


División. Nombrado ministro de la Guerra en el fugaz gabinete de Martínez Barrio, acabó con la sublevación en Albacete, pero no consiguió tomar Córdoba al frente de la columna gubernamental que lo intentó en el mes de agosto. Su mejor hora llegó en noviembre de 1936, cuando, sin mucho entusiasmo ni confianza, Largo Caballero le confió apresuradamente la defensa de la capital. Rodeándose de un competente Estado Mayor profesional, coordinó con gran acierto las fuertes personalidades de los jefes de las columnas y brigadas puestas a sus órdenes, liderando con el ejemplo en los momentos críticos de la batalla (así, contuvo pistola en mano una desbandada anarquista a la altura de la Cárcel Modelo). Su socarronería y buen humor contribuyeron a ello. Sin embargo, su éxito le encadenaría al escenario de su victoria. Tras adherirse al golpe de Casado, se exilió en México, donde murió con nostalgia de España: «Si hubiésemos podido rebasar el ala izquierda enemiga en Brunete, yo estaría ahora en El Pardo dictando mis memorias». (CODEX, Crónica de la guerra española).

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CRÁTER DE BOMBA EN UNA CALLE MADRILEÑA

Aunque hubo bombardeos aéreos de castigo sobre Madrid, la realidad es que la aviación de los rebeldes no estaba preparada para realizar un bombardeo masivo sobre la ciudad. Además, era necesaria en otros lugares. (Vía autores)

GORRILLO

Para demostrar su adhesión a la República, muchos paisanos se cubrieron sus cabezas con gorrillos caseros decorados de la manera más dispar. En el de la imagen, resalta la bandera de la República. (Colección J. M. Campesino)

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ASALTO A LA CAPITAL DE ESPAÑA

Al oeste de la capital, la Casa de Campo se alzaba (y aún hoy se alza) como un extenso espacio verde, rico en vegetación y accidentes naturales. Es por ello por lo que el mando nacional, toda vez que se vio obligado a atacar la capital por este lado por falta de tiempo y medios para intentar otras opciones más favorables, eligió aquel recinto para descargar su golpe principal, amagando de forma simultánea unos ataques de diversión sobre las fabriles barriadas del sur (el ala izquierda iba a estar mandada por el coronel Yagüe, quien había mostrado sus discrepancias con la operación). Pero un hecho fortuito, casi novelesco, puso a disposición de su enemigo los planes de ataque: en los primeros estadios de la lucha, los carabineros del teniente coronel Trucharte encontraron en una tanqueta italiana el cadáver de un oficial nacional portando copia detallada del plan del Estado Mayor de Varela, lo que permitió al tándem Miaja-Rojo hacer pivotar toda la defensa sobre la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria desde el Puente de Toledo, hasta entonces posición central de su dispositivo. Los asaltantes perdían así el factor sorpresa y una fea batalla de desgaste iba a comenzar…

BÚNKER

Fortín procedente de la Guerra Civil que todavía se puede contemplar en el Parque del Oeste de Madrid. (Autores)

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CALLE VELÁZQUEZ N.º 63

Palacio incautado por las milicias comunistas del famoso Quinto Regimiento; también sede de las Brigadas Internacionales en Madrid. (Autores).

Desde el primer día del ataque –7 de noviembre de 1936–, los jefes y unidades rebeldes se apercibieron de que la defensa republicana era mucho más obstinada y organizada que la que habían conocido en su marcha de aproximación a Madrid, dato que se confirmó a lo largo de los siguientes días, en que tuvo lugar una lucha a muerte por las veredas y quebradas del antiguo parque regio, buscando ambos contendientes dominar sus puntos más altos (en especial el cerro Garabitas, finalmente tomado por los nacionales y desde el que podían bombardear Madrid a placer). Fue tal el cambio operado en la moral de los defensores que la orden inicial de Miaja – resistir sin ceder un palmo de terreno–, se transformó el día 13 de noviembre en la de destruir al enemigo, buscando contraatacarle por todos los flancos de una cuña que se iba estrechando, haciéndose cada vez más vulnerable. Además, si los nacionales lograban poner un pie en las calles de Madrid, les esperaba una lucha callejera como la que estaba ocurriendo en los Carabancheles: «Comenzó entonces una sucesión de combates feroces donde las armas principales eran la bomba de mano y la bayoneta; y así en cada calle, en cada casa, en cada habitación, no sabiendo ya muchas veces si se mataba a un enemigo o a un compañero…». (Enrique Líster, Nuestra guerra).

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PUBLICACIÓN COMUNISTA

Para subir la moral de los combatientes del 5.º Regimiento (de filiación comunista), se publicaban folletos alabando y tomando como modelo al Ejército soviético. (Colección J. M. Campesino). 85


GARITA ESTRAFALARIA

Confesionario de una iglesia saqueada empleado como garita. El ingenio de muchos milicianos no tenía límites. (Colección J. M. Campesino).

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LA INTERVENCIÓN SOVIÉTICA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

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Si bien, en principio, los suministradores más importantes de material de guerra para el Gobierno de la República española fueron Francia y Gran Bretaña –y en menor medida Checoslovaquia y Estonia–, fue a la postre la Unión Soviética quien asumió el papel protagonista. El depósito del oro del Banco de España en la URSS proporcionó el aval suficiente para que el Gobierno de Stalin comenzase lo que se llamó «Operación X», que era ni más ni menos que la organización del suministro, por vía marítima, del material de guerra ruso a la España gubernamental. En total se organizaron 66 expediciones de suministros bélicos (igreks), que en resumen, proporcionaron 648 aviones, 347 carros de combate, 60 blindados, 1.186 piezas de artillería, 340 morteros, 20.486 ametralladoras, 497.813 fusiles, 82 millones de cartuchos, 3,4 millones de proyectiles de artillería, 110.000 bombas de aviación y cuatro lanchas torpederas. Pero la URSS no se limitó a enviar material, sino que también organizó una misión militar de asesores en apoyo del Ejército Popular de la República. En el Ejército sirvieron principalmente tanquistas y artilleros, que fueron respectivamente unos 350 y 100. Mayor fue la contribución de aviadores soviéticos y un total de 722 de ellos, entre pilotos, observadores, ametralladores y mecánicos, sirvieron en la Aviación. En octubre de 1938 prácticamente se retiraron de España todos los asesores rusos, con alguna rara excepción. A modo de curiosidad, señalamos que Rusia se encargó de comprar en Suiza aviones para España, procedentes de la compañía aérea civil Swisair.

EMBLEMA

Los operarios de los talleres de los tranvías de Madrid lucían esta chapa. Este tipo de emblemas «profesionales» –politizados– se hicieron muy populares en la zona republicana. (Colección J. M. Campesino).

Aunque los partes de los sublevados hablaran 88


al principio de las operaciones de «arrollador avance», la realidad era que, si en su plan inicial estaba previsto para el día 8 de noviembre tener una cabeza de puente en la ribera izquierda del Manzanares, ya en la capital, el 14 a la noche sus columnas, batidas y cansadas, todavía se resguardaban como podían junto a las tapias de la Casa de Campo (esa noche, el teniente coronel Asensio se despidió de su jefe inmediato, Yagüe, quien sería baja horas después, con una promesa: «Mañana pasaré el río, con carros o sin carros».). Era una promesa que iba a ser muy difícil de cumplir, pues, tras un breve respiro el día 14, el ataque del 15 de noviembre de 1936, en lo que constituye la segunda fase de la batalla directa por Madrid, fue sobre otro recinto muy bien protegido: la Ciudad Universitaria.

PROTAGONISTAS

JUAN YAGÜE BLANCO (1891-1952)

Nacido en San Leonardo (Soria) en 1891, el que sería uno de los más polémicos generales del Ejército nacional ingresó en Infantería en 1907, en la misma promoción que Franco. Con una brillante hoja de servicios en Marruecos, en especial al mando de tropas de Regulares, su nombre empezaría a hacerse familiar entre los españoles a raíz de los sucesos revolucionarios de 1934, que sofocó en Asturias de forma enérgica al mando de las tropas expedicionarias (lo que le valdría su primera Medalla Militar Individual). Netamente falangista, participó activamente en la conspiración en coordinación con el general Mola y fue protagonista fundamental del alzamiento en Marruecos. Ya en la península, se pondría al frente de la 89


columna Madrid, que dirigió con gran acierto, lo que le valió su segunda Medalla Militar. Tras mostrar sus discrepancias con el desvío hacia el Alcázar de Toledo, caería oficialmente enfermo, resignando el mando de las columnas africanas… Hasta que un mes m{s tarde, subordinado ahora a Varela, retomaba el mando, esta vez del flanco izquierdo nacional, justo el que atacaba frontalmente Madrid. Sin embargo, cuando se iba a producir el salto definitivo a la Ciudad Universitaria, el día 15 de noviembre, volvió a caer enfermo, curiosamente después de mostrar de nuevo su disconformidad con el desarrollo de las operaciones.

Como es sabido, en el transcurso de la guerra participó activamente en todas las acciones principales, y se distinguió en el mando del Cuerpo de Ejército marroquí, Gran Unidad que iría siempre a la vanguardia de las ofensivas nacionales. Además, era el jefe de la Legión, encargado de su supervisión y de la creación de nuevas banderas. Ministro del Aire al finalizar la guerra, acabaría su carrera militar y su vida al frente de la Capitanía General de Burgos. «Podéis volver a vuestros pueblos satisfechos… Pero vuestra misión no ha terminado: acab{is de vencer a un enemigo terrible, pero que luchaba de frente y caía cara al sol como vosotros. Ahora tenéis que luchar con enemigos sutiles y egoístas dentro y fuera de España, a la izquierda y a la derecha». (Extracto de la despedida que dirigió al Cuerpo de Ejército marroquí).

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CABO DE CARROS DE COMBATE

Un cabo del Batallón de Carros de Combate del Ejército nacional en uniforme de campaña. Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

Situado al noroeste de la ciudad, el que era un flamante, moderno y bello campus universitario, se iba a convertir en objetivo táctico fundamental por encontrarse en una meseta elevada sobre las calles de Madrid, lo que hacía de él una catapulta de obligada conquista para unas fuerzas atacantes que, al no haber podido ocupar ningún puente sobre el Manzanares, iban a tener que vadearlo en la zona no canalizada del río, esto es, la que discurre al norte del justamente famoso Puente de los Franceses, defendido estoicamente por las fuerzas republicanas del comandante Romero. 91


PUENTE DE LOS FRANCESES

Como dice la famosa copla, el puente del ferrocarril de los Franceses resistió perfectamente los ataques nacionales, gracias a la defensa de un militar profesional leal, el comandante Romero. (Autores).

CARRO ALEMÁN

Soldados republicanos luchan parapetados en un Panzer I destruido en < los arrabales de Madrid. (Vía autores).

No obstante, tras enormes esfuerzos y bajo un fuego intensísimo, los regulares del II y III tabores de Alhucemas lograron a la tarde de ese día 15 cumplir la promesa de su jefe y poner un pie en la orilla izquierda, ya en Madrid, consiguiendo a duras penas la deseada ruptura. (Las columnas que asaltaron directamente la finca de la Moncloa fueron las de Asensio, Delgado Serrano y Barrón, que se enfrentaron a las Brigadas Internacionales XI y XII, a las Mixtas II, III, IV y V, a elementos del 5.º Regimiento comunista y a las columnas López-Tienda y Durruti). Los edificios de la Ciudad Universitaria, algunos todavía en construcción, se convirtieron así en el escenario de una lucha 92


brutal, centrada fundamentalmente en el Hospital Clínico, tremenda mole de hormigón elevada sobre un cerro dominante y en cuyo interior se produjeron increíbles escenas de combate cuerpo a cuerpo, con unos contendientes en una planta y los otros en la de arriba tirándose bombas de mano por los huecos de los ascensores o marcando la línea de frente con cadáveres por sus pasillos y galerías: «En la planta baja encontramos a unos cuantos legionarios, pocos, que, con el oído y la mirada atentos, y los dedos en el gatillo del fusil, oteaban el fondo de los huecos del edificio para impedir que los rojos cruzaran por allí. Protegían así, además, a sus camaradas de los pisos de arriba. De pronto resonó en los pisos altos el estampido de las bombas de mano y vimos, por entre los huecos, caer y estrellarse contra el suelo, uno tras otro, a dos o tres combatientes enemigos que, en la locura del combate, debieron de arrojarse desde las últimas ventanas». (Juan Urra, En las trincheras del frente de Madrid).

AYER Y HOY. LAGO DE LA CASA DE CAMPO Soldado republicano de guardia (a la derecha). La Casa de Campo permaneció durante toda la guerra como línea de contacto, con las trincheras de unos y otros a escasos metros, disparándose y haciéndose guerra de minas. (Autores).

Preparando un contraataque contra el hospital, ya tomado por los legionarios, fue cuando el anarquista Durruti recibió la herida mortal que acabaría con su vida el día 20 de noviembre de 1936. Intentaba recuperar esa posición clave para lavar la mala imagen que las retiradas de sus hombres los días previos habían dejado en el pueblo de Madrid, quien le había recibido empero con gran entusiasmo y esperanza. Mientras, la frágil cabeza de puente de los nacionales, sostenida por una pasarela de madera completamente circunstancial y batida permanentemente que pronto iba a ser conocida como «Pasarela de la Muerte», buscaba también crecer por el sur, con una entrada en el Parque del Oeste, ya casi llegando a las primeras calles de Madrid, y por el norte, ocupando el palacete de la Moncloa y llevando la lucha hasta la flamante Facultad de Filosofía y Letras, donde los internacionales de Kléber tenían sus posiciones principales. 93


AYER Y HOY. PASARELA DE LA MUERTE

Al no haber logrado tomar ningún puente sobre el Manzanares, los nacionales se vieron obligados a alimentar su cuña sobre la Ciudad Universitaria con una frágil pasarela, tendida una y otra vez. En la foto actual se aprecia perfectamente uno de los boquetes practicados en la Casa de Campo para poder acceder a la pasarela. (Vía autores).

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ARTILLEROS REPUBLICANOS

Artilleros republicanos tirando a cero sobre el hospital, donde los legionarios estuvieron a merced de la artillería, ametralladoras, fusilería… y, lo que es peor, a merced de las minas, durante toda la guerra. (Colección J. M. Campesino).

HOSPITAL CLÍNICO

Embudo de mina al lado del Hospital Clínico de Madrid. (Autores).

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MESETA DEL CLÍNICO

La meseta de la Ciudad Universitaria queda dominada por el Hospital Clínico, como se ve en la foto, lo que explica la dureza de los combates por su posesión. (Colección J. M. Campesino).

«En la Casa de Velázquez se había instalado una compañía de internacionales polacos. Su jefe recibió, cuando m{s recia era la arremetida de los rebeldes, una orden de Kléber: Resista… Sus hombres iban cayendo muertos o heridos. El fuego les entraba por la derecha y por la izquierda. Los fusileros que quedaban seguían disparando sin preguntar, sin apartar la vista del adversario. El capitán, tieso ante una ventana, hacía fuego con su fusil: era el único que no preservaba su cuerpo. Después de cinco horas llegó el relevo. De la compañía sólo quedaban seis hombres y el capitán». (Julián Zugazagoitia, Guerra y vicisitudes de los españoles). Así se luchaba en la Universitaria. Ambos contendientes se agotaron en la lucha, con sus mejores unidades exhaustas y sin refuerzos con los que continuar la batalla, que fue languideciendo por agotamiento hasta que el día 23 de noviembre, tras una famosa reunión en Leganés con sus generales, Franco decidió desistir de entrar en Madrid por asalto directo (el riesgo de perder su pequeña masa de maniobra, fundamental para continuar la guerra, pesó enormemente en esta decisión). Se ha discutido mucho (y todavía hoy se investiga) sobre la llegada de fuerzas nacionales dispersas al corazón de la ciudad: sin negar la posibilidad de que alguna avanzadilla lo lograra dentro del fragor y la confusión de los combates; el hecho histórico es que, efectivamente, «no pasaron», lo que en una fea operación de desgaste convertía a los defensores en vencedores moment{neos… Momentáneos, pues Franco no tenía más opciones estratégicas entonces que seguir intentando la caída de la capital, ahora de forma indirecta.

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CIUDAD UNIVERSITARIA

El frente quedó estabilizado en la Ciudad Universitaria de Madrid, con escenas de lucha de trincheras como las de la Primera Guerra Mundial hasta el final de la contienda en 1939. Aquí moriría Durruti en noviembre de 1936, a quien dedicaron el pañuelo sus camaradas de FAI. (Autores y colección J. M. Campesino).

Para ello, necesitaba tiempo para reorganizarse y reforzarse (las bajas habían sido altísimas, dejando a sus mejores unidades diezmadas y perdiendo oficiales de una calidad irremplazable), corregir la incómoda postura en que habían quedado sus columnas y buscar otro lugar por donde intentarlo.

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MAQUETA DE LAS RUINAS DE LA CIUDAD UNIVERSITARIA

Durante años, esta monumental maqueta, que muestra el estado en el que quedó la Ciudad Universitaria, presidió la sala de la Guerra Civil del Museo del Ejército de Madrid. Hoy está donada a la Escuela de Arquitectura, donde curiosamente los nacionales tenían su puesto de mando. (Vía autores).

RACIONAMIENTO EN MADRID

Pronto empezaría el hambre en la capital, al estar abastecida sólo por la carretera de Valencia, si bien no llegó a estar nunca cercada del todo. (Colección J. M. Campesino).

Es así como durante los meses de diciembre de 1936 y enero de 1937 los rebeldes se lanzaron a cortar la carretera de La Coruña, buscando apoyar su flanco 98


izquierdo en ella, aliviar a las tropas que se sostenían de milagro en la Casa de Campo-Ciudad Universitaria, y todavía con la remota esperanza de desbordar a su adversario esta vez por el norte. Tras dos campañas sucesivas con combates durísimos por el noroeste de Madrid (toma de Boadilla del Monte, Pozuelo, Aravaca…) bajo unas condiciones climatológicas muy adversas – niebla, frío, lluvia–, los nacionales lograron lo primero, pero se dieron cuenta definitivamente de la imposibilidad de tomar la ciudad ante un enemigo reforzado, crecido moralmente y con unas defensas encallecidas. Ahora sí se había llegado a unas tablas imposibles de romper, quedando claro que cualquier nuevo intento iba a tener que hacerse lejos de Madrid, lo que llevará a los nacionales a intentar dos nuevas operaciones de flanqueo sucesivas que serán las dos primeras grandes batallas a campo abierto de la guerra: el Jarama, en febrero del 1937, y Guadalajara, en marzo, cuyos fracasos estratégicos les llevarán a abandonar definitivamente el teatro de operaciones de Madrid para volcar su esfuerzo en el norte de España, cuya industria se mostraría crucial para alimentar una guerra que iba a ser muy, muy larga…

DONATIVOS PARA LA DEFENSA Cuestación a favor del pueblo de Madrid. (Colección J. M. Campesino).

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ESCUELA DE ARQUITECTURA En el centro del dispositivo nacional, y algo resguardada por estar en una suave hondonada, se encontraba la Escuela de Arquitectura, donde Ríos Capapé, jefe de la Brigada de Vanguardia, estableció su puesto de mando. También había un hospital de campaña en sus sótanos. (Autores).

EL FRENTE SE ESTABILIZA

Todo ello condenó paradójicamente a la capital de España a un segundo plano, con una República que iba a convertir la gesta de su defensa en mito, y un pueblo sufridor de todas las atrocidades posibles de la guerra: una batalla frontal en sus mismas calles, continuos duelos artilleros, bombardeos de aviación, una brutal represión y una escasez cada vez más acuciante que desembocaría al final de la guerra casi en hambruna (lo que no impidió que cines y teatros siguieran abiertos en una ciudad que estaba dando una lección de estoicismo). Por su parte, los nacionales, que concedían gran importancia al factor moral por tratarse de una guerra civil, decidieron mantenerse en la insólita cuña de la Universitaria, cuña que en otro tipo de guerra y una vez fracasado el objetivo principal de tomar Madrid, hubiera debido ser evacuada, pues su sostenimiento era una sangría enorme al tener que hacerse por un paso completamente circunstancial y sometido a continuo fuego. Por todo el sector de la Universitaria y la Casa de Campo y por las vecinas carreteras de La Coruña y Extremadura iba a tener lugar hasta el final de la contienda una guerra de trincheras al más puro y duro estilo del frente occidental francés de la Gran Guerra. Una lucha de posiciones estática, fea, capaz de destrozar los nervios de los soldados más aguerridos, con infinidad de ataques menores y duelos sin importancia, en la que ninguno de los dos contendientes lograba grandes ganancias, combates estériles sin alteraciones significativas en la línea del frente (salvo en los ataques republicanos sobre la Cuesta de las Perdices y el Cerro del Águila en abril de 1937 y su gran ofensiva de julio del mismo año sobre Brunete). Es lo que los hermanos Salas Larrazábal llaman en su historia de la guerra «rutina de la Universitaria: asaltos 100


fértiles en actos de valor heroico que se prodigaron en uno y otro bando, en los que se luchaba por la posesión o pérdida de minúsculos objetivos que la mayor de las veces carecían de la menor importancia. Era más una lucha de amor propio que un enfrentamiento militar. Todo el heroísmo resultaba completamente gratuito».

GRUPO MÉDICO

El grupo médico, formado por las facultades de Farmacia, Medicina y Odontología, quedó en poder republicano. Todavía hoy se aprecian los impactos de munición en sus muros bajos y ladrillos. (Colección J. M. Campesino).

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HANS BEIMLER

Comunista alemán exiliado en España, murió en el frente de Madrid en diciembre de 1936. Se dice que la bala que lo mató no procedía del enemigo. (Colección J. M. Campesino).

FACULTAD DE FARMACIA

En la Facultad de Farmacia, en el campus de la Complutense, todavía hoy se pueden encontrar vestiguios de la Guerra Civil si se observa con detenimiento. (Autores).

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RUINAS Efectos de la Guerra en la Escuela de Odontología. (Colección J. M. Campesino).

Se ha estudiado muy poco en detalle el dispositivo defensivo nacional en la ciudad de las facultades, donde un puñado de sus mejores unidades quedaron encerradas en una trampa de difícil mantenimiento, pues su enemigo, que ahora gozaba de la iniciativa, iba a someterlas a una despiadada guerra de minas, habida cuenta de su dominio del alcantarillado y su saber hacer gracias a la combinación de mandos militares de Ingenieros experimentados con mano de obra asturiana especializada al respecto. Un tipo de guerra que desquiciaba a los defensores, en especial durante los primeros tiempos en que por falta de medios no podían practicar contraminas y sólo les quedaba el recurso de aguantar estoicamente en las posiciones: «Lo peor eran las minas, que les mantenían sobre un volcán». (Pedro García, Legión 1936). Se calcula en más de 200 las minas y contraminas que fueron voladas en la Universitaria, ocasionando la destrucción de alrededor del 50 % de lo edificado en ella antes de la guerra. Facultades señeras como la de Filosofía y Letras o la Escuela de Arquitectura iban a quedar seriamente dañadas, por no hablar de los edificios enteros destruidos (Fundación del Amo, Asilo de Santa Cristina…) o del madrileño Parque del Oeste, completamente deforestado.

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FIN DE LA GUERRA

Visitantes de la Legión Cóndor al final de la guerra; al fondo, el grupo médico. (Colección Galland Books).

OBJETIVO MADRID

Por el momento, los nacionales tuvieron que desistir de entrar en Madrid, ciudad a la que tuvieron a simple vista durante toda la guerra, tan cerca quedaron de entrar en ellas (en la imagen, fortines en la carretera de La Coruña en la actualidad). (Autores).

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La Ciudad Universitaria se convirtió en una ciudad de topos, pues los defensores, sometidos a bombardeos y tiroteos continuos aparte de las minas, sólo podían vivir bajo tierra. Para ello, desarrollaron toda una tupida red de trincheras y caminos cubiertos que comunicaban las posiciones entre sí y con su frágil retaguardia, que no era otra que la bolsa de la Casa de Campo, también semirrodeada y fustigada por los republicanos. En ella, miles de hombres se apiñaban y sólo salían de sus chabolas y agujeros para combatir entre las ruinas de las facultades: «Era una ciudad de topos, en donde tenía pena de vida el sacar la cabeza un palmo por encima de la superficie». (Arrarás, Historia de la Cruzada española). Después del asalto de noviembre del 36, en el que llegó a haber más de doce batallones en la bolsa, eran ocho las unidades tipo batallón de guarnición en la Universitaria, lo que suponía alrededor de 4.000 hombres (cifra que iría reduciéndose a medida que las obras de defensa fuesen mejorando; así, al final de la guerra, la cuña llegó a sostenerse sólo con cinco o seis batallones).

ARCO DE LA VICTORIA

Tres años pasarían antes de que los rebeldes pudieran tomar la capital de España. (Autores).

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«ELLOS Y NOSOTROS» Así de cerca estaban las posiciones enemigas en el frente de Madrid. La lucha en la capital y sus alrededores fue una auténtica locura. (Colección J. M. Campesino).

LA FORMACIÓN DEL PERSONAL DE VUELO EN ESPAÑA, FRANCIA, LA URSS, ALEMANIA E ITALIA

Tras el comienzo de la Guerra Civil, ambos bandos en lucha tuvieron la necesidad de incrementar el número de pilotos y otro personal como observadores, ametralladoresbombarderos, radios aéreos, fotógrafos y mecanicos en vuelo. Este incremento estaba motivado por el rápido aumento del número de aeronaves en las dos aviaciones militares y la gran pérdida de vidas de aviadores y de material aéreo ocasionado por el conflicto. La labor de formar pilotos militares, en gran número, fue acometida por ambos bandos de forma diferentes. En la zona controlada por los republicanos quedaron todos los Servicios de Instrucción de la Aviación, que englobaban a todas las escuelas encargadas de formar al personal de vuelo y especialista. No fue difícil, por ello, continuar con la misión encomendada, si bien las escuelas de vuelo situadas en los alrededores de Madrid pasaron muy pronto a la zona del Levante y sureste peninsular. No obstante la buena disposición de estas escuelas, el Gobierno del Frente Popular consiguió que su homólogo francés autorizase la formación de pilotos elementales en el país 106


vecino, pero no consintió que allí efectuasen la formación militar, que hubo de realizarse en España al regreso de los alumnos. El país que acometió la tarea de garantizar a los republicanos la formación integral de personal de vuelo en sus escuelas militares de los alumnos aviadores españoles fue la Unión Soviética. Así pues, desde los comienzos de 1937 hasta el final de la Guerra Civil, fueron cinco los grupos de alumnos pilotos y observadores españoles que se formaron en Rusia, de los cuales sólo cuatro promociones consiguieron retornar a España a tiempo de participar en el conflicto civil. En la España nacional, huérfana de estos servicios de instrucción, hubieron de organizarse escuelas de vuelo militares, inicialmente con los aviones del Aero Club de Sevilla, y después en los aeródromos de Badajoz y de Jerez de la Frontera. Por otra parte, cuatro grupos de alumnos españoles fueron enviados a Alemania e Italia, donde recibieron una excelente formación aeronáutica militar. El conjunto de estas fuerzas, llamado inicialmente «Brigada de Vanguardia», estuvo mandado por el teniente coronel Ríos Capapé en el período crítico de su defensa –año 1937–, época en que se harían acreedoras a la laureada colectiva (además de tres individuales y más de 30 medallas militares, lo que habla del valor derrochado en su defensa). De esta manera, si la batalla directa por Madrid había acabado en noviembre de 1936 y las de sus inmediaciones en marzo de 1937, la guerra de posiciones en la Universitaria y alrededores de la capital no cesaría hasta el mismo día 28 de marzo de 1939 en que los nacionales lograron al fin pasar y tomar la capital de España… Pero esa ya es otra historia. 107


PALACIO REAL

Vista del Palacio Real desde la otra orilla del Manzanares. Durante el conflicto, era el Palacio Presidencial. (Colecci贸n J. M. Campesino).

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MILICIANO ARMADO Soldado republicano de Milicias, armado con un fusil ametrallador soviético. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz). 109


La batalla del Jarama

ESCUDO DE SAN MARTÍN DE LA VEGA

Escudo del pueblo de San Martín de la Vega.

El día 8 de febrero de 1937, el flanco izquierdo de la defensa de Madrid, capital de la España republicana, era arrollado por un avance de las tropas nacionales, que habían penetrado 8 km en las líneas enemigas y habían llegado hasta la orilla del río Jarama. Daba así comienzo una de las batallas más emblemáticas de la Guerra Civil Española, en la que lucharon varias de las mejores unidades de ambos bandos: la batalla del Jarama.

PROLEGÓMENOS

En diciembre de 1936, y pese a las retiradas de los primeros meses de la guerra, el Ejército del Centro republicano se había convertido en una potente máquina de guerra bajo los auspicios del Gobierno de Largo Caballero y a las órdenes de dos de los generales más prestigiosos del Ejército frentepopulista: Sebastián Pozas Perea y José Miaja Menant, jefe del Ejército de 110


Operaciones del Centro y jefe del Cuerpo de Ejército de Madrid, respectivamente.

INFANTERÍA REPUBLICANA

El nuevo Ejército Popular de la República mostró su capacidad defensiva y ofensiva en la batalla del Jarama, en febrero de 1937, la primera gran batalla campal de la Guerra Civil. (Vía autores).

A LA BAYONETA

Infantería republicana al ataque en una foto clásica de la batalla del Jarama. (Colección J. M. Campesino).

El 11 de enero de 1937, las tropas gubernamentales con otro secundario que realizaría el Cuerpo de Ejército detenían la ofensiva emprendida la semana anterior por los nacionales contra el flanco derecho de las Fuerzas de Defensa de Madrid; éstos habían agotado su capacidad ofensiva, 111


mientras que sus oponentes continuaban reforzándose con la llegada de nuevas tropas procedentes de Levante.

«UNIDOS VENCEREMOS»

Medalla conmemorativa del Ejército Popular. (Colección J. M. Campesino).

Era, pues, el momento de abandonar las actitudes defensivas y pasar a la acción, tomando la iniciativa y arrinconando al enemigo para, seguidamente, derrotarle y decidir la guerra. El objetivo seleccionado para la gran ofensiva republicana fue el flanco derecho de la penetración nacional en su avance hacia Madrid y el encargado de llevarla a cabo, el Ejército del Centro. El ataque principal seguiría la dirección Valdemoro-Parla, buscando un doble envolvimiento de las fuerzas nacionales que asediaban la capital de España junto de Miaja en sentido ValdemorilloVillanueva de la Cañada-Brunete.

Pero el Ejército nacional estaba dispuesto también a mantener la iniciativa en las operaciones y, así, recién detenida la ofensiva por el norte, procedía a intentarlo por el sur. El 10 de enero de 1937, el general Mola firmaba en Ávila unas Instrucciones Complementarias que desarrollaban una decisión de Franco del mes anterior por la que se debían cortar las comunicaciones del enemigo con Levante, ocupando la línea Arganda-Lo-eches y Alcalá de Henares, o sea, exactamente la zona de concentración de fuerzas para la prevista ofensiva republicana. Sublevados y leales, nacionales y republicanos habían elegido el mismo lugar para enfrentarse.

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PAUSA TRAS LOS COMBATES

Soldados republicanos en una pausa de los durísimos combates. El situado en el centro porta un fusil ametrallador. (Colección J. M. Campesino).

GENERAL MIAJA El general don José Miaja Menant, héroe de la defensa de Madrid. (Colección J. M. Campesino).

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LAS FUERZAS TERRESTRES

En diciembre de 1936, los nacionales mantenían en torno a la capital de España el denominado Cuerpo de Ejército de Madrid, al mando del general Saliquet. Las tropas se desdoblaban en tres divisiones: la de Soria, cuyo jefe era el general Moscardó, con dos brigadas (Esteban Infantes y Marzo); la de Ávila, mandada por el general Serrador, con dos brigadas (Iruretagoyena y Palenzuela) que cubrían los frentes de la sierra, y la Reforzada de Madrid, al mando del general Orgaz, con cuatro brigadas, que englobaba todo el frente en contacto con la capital. Las fuerzas nacionales continuaban siendo las columnas que marcharan sobre Madrid desde las regiones donde había triunfado el Alzamiento.

AMETRALLADORA MAXIM

Ametralladora pesada Maxim manejada por soldados de la República. (Colección J. M. Campesino).

La División Reforzada de Madrid fue reestructurada el día 10 de enero del 37 en cuatro sectores defensivos (Norte, Vanguardia, Centro y Tajo) y una masa de maniobra que habría de ejecutar la ofensiva proyectada. Constituían la masa de maniobra, a las órdenes del general Varela, cinco brigadas al mando de los coroneles Rada, Sáez de Buruaga, Barrón, Asensio y García-Escámez, cada una de ellas dotada de dos regimientos de Infantería –a tres batallones el 1.º, 2.º, 4.º y 7.º y a dos el 3.º, 5.º, 6.º, 8.º, 9.º y 10.º–, cinco baterías de artillería, una sección de cañones antitanque y una compañía de zapadores. Se contaba, además, con una brigada de caballería al mando del teniente coronel Cebollino von Lindeman, con tres regimientos, de los cuales el 2.º y el 3.º quedarían afectados a la III Brigada y el 1.º a la IV; un batallón de carros de combate, al mando del comandante Pujales, con un total de cuarenta y dos Panzer I, que se encuadraban en tres compañías y una sección, asignadas a las brigadas II, III, IV y V, respectivamente; dos baterías de obuses Schneider de 155 mm como artillería de acción de conjunto y una reserva. Todo ello se encuadraba en dos agrupaciones, la primera de las cuales –al mando directo del general Varela– englobaba las brigadas I, II y III, y la segunda –a las órdenes del coronel García Escámez–, las brigadas IV y V. El Ejército Popular estaba iniciando una 114


concentración de fuerzas que iban a constituir la acción principal de su proyectada ofensiva en la misma zona elegida para el ataque nacional. Las tropas que estaban llegando a dicha zona se iban a organizar en tres agrupaciones a las órdenes de los coroneles Mena, Chorda y Burillo, y una cuarta en reserva, al mando del coronel Álvarez Coque, contando cada una de ellas con tres brigadas y el apoyo de una treintena de baterías de artillería. Los informes republicanos sobre la inminente ofensiva enemiga detectaban correctamente las concentraciones nacionales frente al Jarama, y señalaban como probable dirección de ataque el flanco sur del Cuerpo de Ejército de Madrid que por ello no debía ser –de ninguna manera–debilitado. Por ello, la petición de tropas para el esfuerzo ofensivo se redujo a dos brigadas y, a cambio, se le asignaba la XII Internacional. Finalmente, Miaja acabó cediendo, en vez de las dos brigadas, un Grupo de Batallones anarquistas sin encuadrar y desarmados que, más tarde, constituyeron la 77.ª Brigada.

CERRO DE LOS ÁNGELES

Las posiciones de partida de los nacionales para su ofensiva del Jarama se extendían desde el Cerro de los Ángeles, por el norte, hasta Seseña, por el sur. En la imagen, restos del antiguo monumento al Corazón de Jesús en la actualidad. (Autores).

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ESTRELLA ROJA

Estrella de tres puntas bordada, emblema de las Brigadas Internacionales. (Colección J. M. Campesino).

CERRO ROJO

El Sagrado Corazón del cerrillo madrileño que constituye el centro geográfico de la Península Ibérica fue profanado durante el tiempo que estuvo en poder del Frente Popular, época en que se llamó Cerro Rojo.(Colección Canario Azaola).

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En medio de estas dificultades continuaron concentrándose y organizándose las tres agrupaciones ofensivas tras un frente defendido por la 48.ª Brigada, procedente de Guadalajara, que cubría el sector de Arganda y la 9.ª División –que agrupaba las Brigadas 45.ª, 46.ª y 47.ª–, a cuyo cargo estaba el sector de Aranjuez. La cobertura republicana resultaba débil, en particular en el sector de Arganda, pero la proximidad de las tropas que se concentraban para el esfuerzo ofensivo constituía una importante reserva en su retaguardia que permitiría enfrentarse a la ofensiva nacional con cierta tranquilidad. Como la ofensiva nacional se produjo en la zona de unión entre el Ejército del Centro y el Cuerpo de Ejército de Madrid, la 4.ª División –a las órdenes del comandante de milicias Juan Modesto y constituida por las Brigadas 36.ª, 41.ª y 68.ª– resultaría involucrada en la batalla desde el primer momento. Esta División recibió órdenes de defender la margen izquierda del Manzanares hasta el vértice Cumbres, incluido, y para ello sería apoyada por la XII Brigada Internacional, situada en su retaguardia, la 11.ª División, de Líster; un batallón de la 6.ª División y otro de la 44.ª Brigada.

FORTÍN

Todavía hoy podemos encontrar restos de la batalla, como este fortín en la ladera del Cerro de los Ángeles. (Autores).

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EL ATAQUE

El Partido Comunista editaba estos libros, dedicados a instruir a los soldados del Ejército de la República. Su penetración en todas las estructuras republicanas se hizo patente desde el principio de la contienda y se vio acentuada cuando la URSS se convirtió en suministrador principal de las armas «leales». (Colección J. M. Campesino).

VICKERS T-26 B

Este fue, sin duda, el mejor carro de la Guerra Civil, con el que la Unión Soviética proveyó en gran número a la República. (Archivo Fundación Yagüe).

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LAS UNIDADES AÉREAS La operación prevista en el Jarama coincidió en el tiempo con la ofensiva nacional emprendida contra Málaga. Aunque la mayor parte de la Aviación legionaria italiana permaneció en los aeródromos de Tablada y Armilla, había en Torrijos dos escuadrillas de cazas Fiat CR.32, del grupo del mayor Fagnani, que eran los cazas más modernos con que contaban los nacionales. Había también tres escuadrillas de cazas

POLIKARPOV I-16 «Rata» para los nacionales o «Mosca» para los republicanos, lo cierto es que este avión soviético marcó diferencias en el transcurso de la guerra española. (Vía autores).

Heinkel He 51, del Grupo J./88 de la Legión Cóndor, estacionadas en los aeródromos del Centro, si bien estos cazas germanos no estaban a la altura de las circunstancias en caso de tener que enfrentarse a los modernos cazas soviéticos Polikarpov I-15 e I-16. Hay que destacar que la actitud de los pilotos de caza italianos era la de no cruzar las líneas del frente y evitar, cuando fuera posible, el combate. También hemos de recordar que en esa época no había ninguna unidad de caza española y los pilotos españoles actuaban encuadrados en el grupo italiano.

MORTERO Dotación de un mortero ligero del Ejército Popular. (Vía autores).

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FUSIL MAUSER

Realmente no hubo un único modelo de fusil Mauser sino numerosas variantes del excelente fusil de cerrojo denominado inicialmente Gewehr 98. El modelo original era robusto, fiable y sus estándares de fabricación de altísima calidad. Capaz de soportar un trato rudo, en manos de un buen tirador era preciso hasta los 1.000 m. Pesaba 4,2 kg y su longitud era de 1,25 m. Tenía un cargador interno de cinco proyectiles y su velocidad inicial era de 740 m/seg. Durante la Gran Guerra, la necesidad de producir un gran número de armas obligó a reducir el nivel general de acabado que, antes de la guerra, requería muchas horas de trabajo a cargo de obreros muy cualificados. Después de la guerra se desarrollaron versiones más simplificadas y de menor longitud. En 1935 comenzó la producción del nuevo 7,9 mm Karabiner 98k o, más brevemente, Kar 98k, de los que se fabricarían, sólo en Alemania, más de 14,5 millones de unidades. Este modelo era más corto y ligero (3,9 kg) y mantenía el cargador para cinco proyectiles del poderoso modelo 7,92 x 57, que alcanzaban una velocidad inicial de 760 m/seg. Una vez más se multiplicarían los fabricantes y las variantes serían numerosas.

La caza nacional se reforzaría el día 16 de febrero con la llegada de cinco nuevos Fiat CR.32, procedentes del Sur, y después otros doce. En total, la aviación de Kindelán pudo contar con 47 bombarderos, 12 aviones de reconocimiento y 44 cazas. Un conjunto de 103 aviones. Por lo que se refiere a la Aviación Militar gubernamental, en el frente central se contaba con 22 monoplanos Polikarpov I-16, al mando de Kostantin Kolesnikov, distribuidos en dos escuadrillas de 11 aviones cada una. También acababan de llegar sesenta biplanos I-15 Chato, lo que permitió reponer las bajas de las dos escuadrillas existentes y organizar nuevas unidades. La primera de las escuadrillas organizadas, la del capitán García Lacalle, debutó en la batalla del Jarama. Fueron los cazas Polikarpov I-16 e I-15 los que sostuvieron el peso de la lucha aérea en el frente del Jarama.

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CAÑÓN CONTRACARRO

Modelo alemán de 37 mm Pak 35/36, enviado por el Tercer Reich en apoyo de los sublevados.(Colección autores).

En el transcurso de la batalla, los gubernamentales contaban en los aeródromos de la Zona Aérea del Centro con 55 cazas (22 Moscas y 33 Chatos) y un máximo de siete bimotores Tupoliev SB Katiuska: un total de 62 aviones frente a los 103 aparatos que opusieron los nacionales. Los veintiún R.5 SSS Rasante en servicio no actuaron en los frentes de batalla.

CASCO ADRIAN

Uno de los modelos de casco más empleados por las tropas republicanas fue el Adrian, de origen francés. (Colección J. M. Campesino).

EL ATAQUE NACIONAL: ACTÚA LA DIVISIÓN REFORZADA DE MADRID

El asalto de la División Reforzada de Madrid hubo de ser retrasado por un temporal de lluvias, pero las fuerzas republicanas fueron alertadas por los movimientos previos en el sector y comenzaron a reforzar su dispositivo. Estos movimientos de unidades del Ejército Popular también fueron advertidos por los reconocimientos y por la información facilitada a los nacionales por varios evadidos. 124


El 5 de febrero amaneció con buen tiempo y el Mando nacional tomó la decisión de iniciar las operaciones en la jornada siguiente, pese a que el terreno continuaba empantanado. Al amanecer del día siguiente se inició el avance general. Por la izquierda, partiendo de Pinto, marchaba la I Brigada, llevando en vanguardia los carros de la 1.ª Compañía. Su 2.º Regimiento ocupó Cabeza Fuerte sin apenas resistencia. La oposición fue más fuerte en La Marañosa, donde los defensores aguantaron en las trincheras establecidas en el cruce de carreteras y, más tarde, en los edificios del pueblo que, no obstante, fueron ocupados, así como la Fábrica, que cayó en poder de las tropas nacionales a última hora de la tarde. Los tres batallones en línea de la 48.ª Brigada habían quedado destrozados.

INFANTERÍA

Un grupo de infantes republicanos avanzan con la bayoneta calada en sus fusiles de origen soviético. (Colección J. M. Campesino).

A su derecha, la II Brigada salió igualmente de Pinto en dirección al caserío Gózquez de Arriba, objetivo que ocuparon las fuerzas de caballería afectas a la Brigada, tras haberlo desbordado, en colaboración con la Bandera de Falange de Marruecos y los carros de la 2.ª Compañía. La infantería de la brigada alcanzó el vértice Mesa, quedando en contacto con las posiciones en torno a San Martín de la Vega que defendía la 23.ª Brigada. Más al sur, la V Brigada, reforzada por la 3.ª Compañía de carros, con base de partida en Valdemoro, ocupó Ciempozuelos, desbaratando la defensa de la 18.ª Brigada, que sufrió un tremendo castigo. 125


El séptimo día entró en línea la 17.ª Brigada republicana, que relevó a la 23.ª Brigada en el sector de San Martín de la Vega y defendió los puentes de San Martín y Titulcia, donde fue apoyada por la compañía de carros de combate afecta al Ejército del Centro. Pero el Mando republicano seguía creyendo que el peso del ataque nacional se dirigía al sur de Madrid, hacia Vallecas, y por ello, organizó una Agrupación a las órdenes de Modesto. Por parte nacional, continuó el ataque de la I Brigada en dirección a la confluencia de los ríos Manzanares y Jarama, donde se enfrentaron a las fuerzas de la Agrupación Modesto, que ofrecieron una encarnizada resistencia, hasta el punto de que tuvo que ser reforzada por la III Brigada.

AVANZA LA INFANTERÍA

Un infante republicano, armado con el fusil de origen soviético Mosin Nagant, avanza por el valle del río Jarama entre explosiones.(Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

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ENRIQUE LÍSTER

Fue jefe de la 11.ª División del Ejército Popular durante la batalla del Jarama.(Colección J. M. Campesino).

Al día siguiente, el mando republicano dispuso la disolución de la Agrupación Modesto, y las tropas se integraron en el Cuerpo de Ejército de Madrid y en las agrupaciones previstas originalmente para la ofensiva. La XII Brigada Internacional acudió a reforzar a la Agrupación de Arganda y se situó entre el puente de Arganda y el de Pindoque. Fuerzas de las brigadas I y III nacionales atacaron, bajo una lluvia torrencial, el vértice Coberteras, llevando a vanguardia el 2.º Tabor de Melilla y los carros alemanes de la 1.ª Compañía, consiguiendo conquistar la posición. Los nacionales quedaban alineados a lo largo de la margen oeste del Jarama, desde Vaciamadrid a Ciempozuelos. Miaja ordenó una serie de ataques de distracción en todo el frente, con lo que se registraron asaltos y golpes de mano en varios puntos.

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CONDECORACIÓN

Medalla para los «Combatientes por la libertad de España». Es el reverso de la medalla dedicada a Hans Beimler. (Colección J. M. Campesino).

El día 9, la lluvia paralizó la ofensiva nacional, aunque continuaron los encuentros en el frente de la capital para impedir que los nacionales pudieran trasladar fuerzas al Jarama. La jornada del día 10, los nacionales reorganizaron su dispositivo antes de forzar el paso del río. El general Varela reconoció el frente y comprobó que el Jarama, tras las últimas lluvias, no era vadeable por ningún punto. Por eso, llegó al convencimiento de que lo único viable para pasar el río era apoderarse del puente del ferrocarril de Pindoque, bien defendido por los republicanos. Éstos continuaron retocando su dispositivo defensivo.

MODESTO GUILLOTO

El teniente coronel de milicias Juan Modesto Guilloto, jefe de la 4.ª División republicana en el Jarama. (Colección J. M. Campesino).

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AYER Y HOY. IGLESIA DE PERALES DEL RÍO

Esta población fue duramente bombardeada desde las posiciones nacionales del Cerro de los Ángeles en la preparación artillera de la ofensiva. (Autores).

EL PASO DEL JARAMA

A las 3:00 horas del 11 de febrero, el I Tabor de Tiradores de Ifni inició el ataque al Pindoque. Los soldados nacionales de vanguardia cruzaron sigilosamente el puente y neutralizaron a los centinelas «internacionales» de la 2.ª Compañía del Batallón André Marty. A continuación, todo el tabor atacó al resto de los defensores, frustrando cualquier posible reacción del enemigo. Con algún incidente solventado satisfactoriamente, al final se consiguió capturar el puente intacto. Aniquilada la compañía internacional, los Tiradores de Ifni prosiguieron su avance, y la Caballería nacional comenzó a cruzar el puente recién conquistado. Los jinetes, a pie, llevaban de la brida a los caballos, a los que les costaba avanzar por la estrecha pasarela. Al amanecer, la artillería republicana comenzó a disparar sobre el puente y sobre los grupos concentrados en la orilla. Al fuego artillero se unió el de una escuadrilla de seis cazas Polikarpov I-16, que ametralló a placer ante la ausencia de oposición aérea. Pocas horas después, se 129


incorporaba a la lucha una compañía de carros soviéticos T-26B, a la que se opusieron varias piezas antitanque de origen germano de 37 mm e italianas de acompañamiento de 65 mm, que consiguieron ponerlos en fuga.

ATACANDO POSICIONES Infantería del Frente Popular atacando con granadas de mano y bayoneta calada. (Colección J. M. Campesino).

PUENTE DEL PINDOQUE Este puente era utilizado por el ferrocarril de vía estrecha de la azucarera La Poveda Su captura en un golpe de mano audaz por los nacionales facilitó el establecimiento de una cabeza de puente al otro lado del Jarama.(Vía autores).

Los batallones Garibaldi y Dombrowsky cerraban a los nacionales el paso hacia Arganda. La Brigada de Carros, excepto dos compañías, pasó a las órdenes de Mena, que efectuó un nuevo contraataque sobre la cabeza de puente. Los carros avanzaron sobre el puente de Pindoque y las baterías artilleras hipomóviles, pertenecientes a la II y III Brigadas nacionales, subieron al galope a la cresta del acantilado que domina el río, donde quedaron emplazadas al descubierto, batiendo en fuego directo a los carros T-26B, a los que no había seguido la Infantería, de modo que algunos de ellos quedaron abandonados. Al sur, la IV Brigada nacional inició el ataque sobre San Martín de la Vega, que ocupó sin apenas resistencia a las 8:30 130


horas. El dispositivo republicano fue reforzado con la entrada en línea de la XI Brigada Internacional en el sector de Mena y la incorporación de la 66.ª Brigada en Morata de Tajuña.

CIGARRILLOS

De la época republicana, aunque el sello sobre el escudo con la inscripción «¡Viva Franco! ¡Arriba España!» nos aclara su procedencia de la zona sublevada. (Colección J. M. Campesino).

Los cazas I-15 Chato de la Escuadrilla Lacalle efectuaron dos servicios de ametrallamiento y bombardeo sobre el puente Pindoque, y en el segundo de ellos la antiaérea alemana de 88 mm consiguió un impacto directo en un avión I-15. La aviación nacional, por su parte, también realizó servicios sobre el frente del Jarama, actuando los Romeo Ro.37 y los Junkers Ju 52 españoles del 1G-22, aunque no hubo encuentros con los aviones adversarios.

AVANCE

Soldados republicanos de apariencia soviética aprovechan el trincherón del ferrocarril para avanzar a cubierto. (Vía autores).

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PANZER I Y T-26 Los dos carros más famosos de la Guerra Civil Española, el Panzer I alemán y el T-26 soviético. En la imagen, ambos decorados del bando nacional. (Autores). En la madrugada del día 12 se repitió lo sucedido el día anterior en el puente de Pindoque, pero esta vez en el de San Martín de la Vega. El golpe de mano corrió a cargo del III Tabor de Tetuán, que sorprendió a los centinelas republicanos y consiguió cruzar el río. A las 12:30 horas, las tropas de Asensio habían conquistado el vértice Pingarrón. Por lo que se refiere a la cabeza de puente de Pindoque, los gubernamentales lo batieron con fuego intenso durante toda la jornada, pese a lo cual la II Brigada nacional terminó de pasar el río. La presión sobre los flancos de la penetración nacional por parte del Ejército Popular era muy fuerte y, al caer la noche, Varela y Orgaz se entrevistaron en el puesto de mando de Casa Gózquez, pues los avances fáciles de los primeros días habían cambiado radicalmente. Las reservas nacionales no existían y los sectores defensivos se habían debilitado de una forma peligrosa.

T-26B

Este carro causó sensación entre los soldados rebeldes, pero pronto aprendieron a encontrarle los puntos débiles para poder acercarse a él e inutilizarlo o capturarlo. (Vía autores).

Los primeros combates aéreos fueron adversos para la aviación de Kindelán, y en concreto para los cazas alemanes Heinkel He 51, ya que dos fueron derribados. Pese a los insistentes 132


requerimientos del general Pozas, Miaja se resistió tozudamente a distraer fuerzas de la defensa de Madrid para luchar en el Jarama.

EL FINAL DE LA OFENSIVA NACIONAL

El 13 llegaban a Morata, desde Vallecas, las primeras tropas de Líster, y, en el aire, la suerte volvió a mostrarse adversa a la aviación nacional: en este caso, fueron los cazas italianos CR.32 los castigados. Al día siguiente, los combates se volvieron mucho más encarnizados, pero con ganancias de terreno para ambas partes completamente ridículas. Miaja, tras sus repetidas negativas a reforzar el frente, consintió en enviar tropas a la Agrupación divisionaria de Modesto. En el aire, la moral de los aviadores gubernamentales era muy buena, y los Tupoliev SB Katiuska llegaron a bombardear a las tropas nacionales en el sector de San Martín de la Vega. Contrastaba la situación de la aviación nacional, incapaz, en sucesivos intentos, de atravesar las líneas republicanas para realizar operaciones de bombardeo.

AYER Y HOY. PUENTE DE ARGANDA

Los nacionales no lograron capturar este importante puente de ferrocarril sobre el Jarama. (Vía autores).

Y en la misma situación de feroces combates continuaron ambos contendientes los días 15 y 16 de febrero; los nacionales empeñados en la acción ofensiva, con la esperanza de superar la zona 133


de olivares y llegar al valle del Tajuña, y los republicanos con una defensiva extraordinaria, con batallones diezmados, pero que no retrocedían un ápice en el terreno por ellos dominado. Los Junkers Ju 52 nacionales, empeñados también en acciones de bombardeo, chocaban una y otra vez con los magníficos cazas soviéticos, que imposibilitaban sus actuaciones de forma permanente. Las unidades republicanas se reorganizaron, tras las órdenes dadas por Miaja –que había sido nombrado, por el Gobierno de Valencia, jefe militar de la operación en el Jarama–, constituyendo todas las empeñadas en la defensa, una única agrupación al mando del coronel Burillo, que contaba con cuatro divisiones. Las unidades republicanas aportaban al esfuerzo de guerra en este frente, un total de 76 batallones y la brigada de tanques del soviético Pavlov, mientras que los nacionales alineaban sólo 28 y tres regimientos de Caballería. La superioridad republicana era absoluta.

EMBLEMA Bordado en tela correspondiente al comisariado político. (Colección J. M. Campesino).

El día 16 entraron en combate dos unidades formadas por extranjeros, una en cada bando: con los republicanos, el Batallón Lincoln, integrado por norteamericanos y encuadrado en la XV Brigada Internacional; y con los nacionales, la Bandera Católica Irlandesa del general Eoin O Duffy, que agrupaba a cerca de 600 voluntarios de esta nacionalidad. Ese mismo día moría en acción de guerra, tras ser derribado su avión Junkers Ju 52, el capitán Calderón Gaztelu, al que se concedería la Laureada de San Fernando a título póstumo. El día 17 se agotó completa y definitivamente la ofensiva nacional, y la iniciativa pasó a las tropas republicanas, que lanzaron furiosos contraataques en todo el frente, contraataques que pusieron en serio peligro la débil línea de vanguardia nacional y sus propios puestos de mando. El vértice Pingarrón fue objeto de sucesivos ataques que no cesarán ya en todo el resto de la batalla. En el aire, los republicanos seguían llevando la iniciativa, desarrollando diversas operaciones de bombardeo, ataque y caza. 134


CARROS ALEMANES

Hasta que los nacionales no lograron capturar un gran número de carros rusos para equipar sus propias fuerzas, estos livianos vehículos alemanes y las tanquetas italianas, también ligeras, constituyeron la espina dorsal de sus unidades blindadas. (Colección J. M. Campesino).

COMBATES EN EL PINGARRÓN

En las cercanías de San Martín de la Vega, los durísimos combates por el Pingarrón constituyeron el canto del cisne de la batalla para ambos contendientes. (Vía autores).

EL CONTRAATAQUE REPUBLICANO

Con el alba del día 18, las fuerzas de la Agrupación Modesto atacaron Coberteras y Vaciamadrid. En el sector de la Brigada Asensio, la X Bandera de la Legión, recién llegada de Talavera, relevó a la VI, muy castigada. Las fuerzas de la División C, de Líster, continuaban estrellándose contra el Pingarrón. Esta jornada, culminante de los combates aéreos del Jarama, constituyó el «día de gloria» del capitán García Morato, quien obtuvo la Laureada de San Fernando con su Fiat CR.32, guiando a la caza nacional y recuperando el dominio del aire para los 135


sublevados, hasta entonces en poder de la aviación republicana. Después de perder la avanzadilla del Pingarrón, el coronel Asensio ordenó su reconquista al comandante Gómez Zamalloa y su II Tabor de Ceuta, quien en la madrugada del día 19 asaltó la mencionada cota al frente de una compañía y de algunos jinetes pie a tierra de los escuadrones de Numancia y Alhucemas que guarnecían la posición. Fueron precisos tres ataques para que este mítico lugar, de nombre un tanto peculiar, el Pingarrón, volviera a poder de los nacionales. Por esta acción, Zamalloa fue condecorado con la Medalla Militar Individual y la compañía del tabor, la Laureada de San Fernando Colectiva.

A LA DEFENSIVA

Soldados gubernamentales a la defensiva protegidos por las rocas. (Colección J. M. Campesino).

MARIANO GÓMEZ DE ZAMALLOA

Hasta 16 heridas recibió este comandante al frente de su unidad en la heroica defensa del Pingarrón, que le valió la Cruz Laureada de San Fernando. (Vía autores).

Tras una reunión a la que asistieron los generales Orgaz, Franco, Mola y Saliquet y el coronel Martín Moreno, éstos dieron por cancelada la ofensiva y dispusieron que las fuerzas nacionales se ciñeran a la defensa del terreno propio.

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El día 20, de acuerdo con las instrucciones de Miaja, la Agrupación Modesto reanudaba los ataques sobre el frente de la I Brigada, donde la VII Bandera de la Legión, que defendía el espolón de Vaciamadrid, fue objeto de un nuevo ataque. En el aire, volvió a entablarse combate aéreo donde, de nuevo, fueron los gubernamentales quienes se llevaron la peor parte. Al día siguiente, la XV Brigada Internacional atacó el frente defendido por la II Brigada, y el combate se extendió a toda la línea, afectando también a la III y IV Brigadas, al Norte y al Sur, respectivamente. El Pingarrón sufrió las embestidas de la División Líster, que llegó hasta las inmediaciones del puente de San Martín de la Vega, constituyendo una amenaza para la cabeza de puente.

PLACA CONMEMORATIVA

La defensa del Pingarrón fue un hito en la batalla del Jarama. (Vía autores).

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ANTONIO ALEMÁN RAMÍREZ

Antonio Alemán Ramírez, cabo de Infantería del Ejército nacional, continuó disparando su ametralladora a pesar de quedar cegado temporalmente. Contribuyó, así, a elevar el espíritu de sus compañeros y garantizó la defensa de la posición del Olivar del Jarama. (Autores).

Los ataques republicanos perdieron intensidad el día 22, aunque Miaja dio orden de reanudar la ofensiva al día siguiente. El Pingarrón seguía sufriendo los ataques de las unidades de Líster. Se calcula que fueron 4.000 los proyectiles caídos sobre el mencionado vértice hasta el día 23. El fortísimo cañoneo republicano había machacado literalmente las trincheras de la avanzadilla que defendían el II Tabor de Ceuta y los jinetes de Numancia y Alhucemas, causando la muerte de la mayoría de sus efectivos y la totalidad de los oficiales. El comandante Zamalloa resultó herido, pero se negó a ser evacuado.

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PROTAGONISTAS

JOAQUÍN GARCÍA MORATO (1904-1939)

Nació en Melilla el 4 de mayo de 1904. Ingresó en el Ejército en septiembre de 1920 y obtuvo el empleo de teniente de Infantería. Realizó el curso de piloto en 1925 y se especializó en aviones de caza, hidros y polimotores, así como en vuelos sin visibilidad y acrobáticos, por lo que fue uno de los pilotos más completos de la Aviación Militar española. En 1930 fue nombrado profesor de la Escuela de Transformación de Guadalajara y después de la de Vuelos de Alcalá. En mayo de 1935 ascendió al empleo de capitán. Al producirse el alzamiento militar, García Morato se encontraba de permiso en el extranjero. Se presentó a las autoridades sublevadas en Burgos. Se incorporó a los cazas Nieuport 52 en Sevilla y Córdoba y con ellos logró sus primeros éxitos en combates contra aviones Vickers Vildebeest, Breguet XIX y Nieuport 52, en el frente de Andalucía. Al llegar los nuevos biplanos Heinkel He 51 cedidos por los alemanes, García Morato se hizo cargo de uno de ellos y también logró varios derribos en los sectores de Extremadura y Andalucía, entre ellos algún bimotor Potez 540. Pero fue con la llegada de los cazas italianos Fiat CR.32 cuando García Morato encontró su verdadero «caballo de batalla» alado, y a bordo de su fiel aparato matriculado 3-51 obtuvo la mayoría de sus 40 victorias aéreas. Durante la batalla del Jarama, al mando de la llamada «Patrulla Azul», constituida por los tenientes Bermúdez de Castro y Salvador, obtuvo su mayor éxito al enfrentarse en inferioridad numérica a los veloces y ágiles cazas soviéticos Polikarpov I-15 e I-16. En el combate del 18 de febrero de 1937 obtuvo para sí la máxima condecoración del Ejército Español, la Cruz Laureada de 139


San Fernando, mientras que sus compañeros conseguían la Medalla Militar colectiva. García Morato, habilitado de comandante, pero conservando su empleo efectivo de capitán durante toda la guerra, obtuvo el mando del primer grupo de cazas Fiat CR.32 enteramente español, el llamado Grupo 2G-3. Al frente de dicha unidad participó en las batallas de la Granja, Zaragoza, Brunete y Santander. Finalmente cedió el mando, y pasó destinado al Estado Mayor de la 1.ª Brigada del Aire. Continuamente siguió prestando servicios a bordo de su caza y aprovechó para volar todo tipo de avión militar, como los nuevos monoplanos Messerschmitt Bf 109 o los Heinkel He 112, tomando el mando de un nuevo grupo denominado 3G-3 y después de la 7.ª Escuadra de Caza, que agrupaba a los Fiat CR.32 y Bf 109. En junio de 1938 volvió a distinguirse al enfrentarse en solitario a una gruesa formación de aviones de bombardeo R.Z Natacha, por lo que fue propuesto, ya a título póstumo, para una segunda Cruz Laureada, que no le fue concedida. Cuatro días después de terminada la guerra, concretamente el 4 de abril de 1939, García Morato falleció en un accidente fortuito en el aeródromo de Griñón, cuando participaba en el rodaje de una película para la propaganda alemana. JOAQUÍN GARCÍA MORATO Fue el máximo as de la aviación nacional en el transcurso de la Guerra Civil Española. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz) 140


Al poco tiempo, los defensores rechazaban otro ataque republicano en un combate cuerpo a cuerpo en el que participó, fusil en mano, el propio Zamalloa. Los ataques al vértice no cesaban y el comandante Zamalloa volvió a caer herido, esta vez por el disparo de un carro de combate. Al mediodía presentaba en su cuerpo nueve heridas –una de ellas grave, en el vientre– y fue evacuado. Zamalloa había prometido, tres días antes, que la posición no se abandonaría mientras él estuviera en pie. Su comportamiento le valió la Cruz Laureada de San Fernando individual. LA BATALLA TOCA A SU FIN La batalla del Jarama finalizó, sobre todo, por agotamiento de ambos contendientes, el día 25 de febrero, aunque es preciso apuntar un último intento el día 27 efectuado al sur de la carretera de San Martín de la Vega por el Batallón Lincoln, norteamericano, encargado de abrir la brecha tras la que se lanzarían al ataque las restantes fuerzas de la XV Brigada Internacional. Los estadounidenses aseguraron que falló todo: la preparación artillera fue deficiente, faltó la cooperación de la aviación, sólo dos carros T-26 apoyaron el avance, y la brigada española, que debía cubrirles, permaneció inactiva en sus posiciones. En tales condiciones, la cifra de bajas fue apabullante: más de trescientos, entre muertos y heridos. Esta carnicería tuvo un efecto propagandístico insospechado en los Estados Unidos, donde, convenientemente manipulada por el Partido Comunista, dio la impresión de que un grupo de norteamericanos estaba siendo masacrado por los fascistas en España. Al día siguiente, Franco anunciaba al general Saliquet que se disponía a descongestionar el frente del Jarama e inició una ofensiva en Guadalajara. La batalla había costado ya seis mil bajas a los nacionales y diez mil al Ejército Popular, que perdió a sus mejores fuerzas de choque. Pese a ello, el resultado final de la sangrienta batalla terminó en tablas.

MONUMENTO A LAS BRIGADAS INTERNACIONALES

Entre los internacionales que participaron en la batalla del Jarama destacaron el batallón británico, que luchó bravamente en la Colina del Suicidio, y el americano, el mítico batallón Lincoln, que quedó deshecho nada más entrar en línea en un ataque sinsentido. En la imagen, el monumento situado en las cercanías de Morata de Tajuña. (Vía autores). 141


MOTOCICLETA

Enlace motorizado del Ejército republicano. (Vía autores).

LA LEGIÓN CÓNDOR

Los primeros aviones alemanes empezaron a llegar a España a principios de agosto de 1936. Se trataba de veinte trimotores Junkers Ju 52 3m, que fueron arribando en vuelo al aeródromo de Tetuán, desde la fábrica de Dessau, con escala técnica en Roma. Con posterioridad, llegaron media docena de cazas Heinkel He 51, que fueron desembarcados en el puerto de Cádiz el día 6 de agosto de 1936. En meses venideros continuaron arribando a España nuevos aviones de Alemania, para reforzar a los anteriores. Eran seis aviones Heinkel He 51 y otros dos Junkers Ju 52, además de veinte Heinkel He 46, monoplanos de ala alta de reconocimiento táctico, que fueron entregados a lo largo del mes de agosto de 1936. Inicialmente los aviadores alemanes constituyeron una escuadrilla de caza equipada con una docena de Heinkel He 51, a las órdenes del teniente primero Eberhard, otra de bombarderos, con seis Junkers Ju 52, llamada «Pedros y Pablos», mandada por el teniente primero Rudolf von Moreau, y una tercera de reconocimiento, con seis Heinkel He 45, bajo el mando del teniente Loytved-Hardegg. Estos aparatos operaban en el frente de la sierra de Guadarrama, utilizando los aeródromos de Salamanca, Ávila, Valladolid, Escalona del Prado, Grajera y Barahona. Ya en septiembre, se recibieron en Alemania nuevos pedidos, que fueron cumplimentados en los meses de octubre y noviembre de 1936 y que incluían más Heinkel He 51, para la aviación española y otros de refuerzo de la escuadrilla alemana Eberhard. Además, para evaluación, se enviaron tres cazas prototipo Messserschmitt Bf 109, dos Henschel Hs 123 (Stuka) y un Heinkel He 50, con tripulaciones y personal de servicio. 142


En octubre de 1936, los aviadores alemanes actuaron en los frentes del Norte, concretamente en Asturias, y en el de Aragón, logrando varios derribos en este último sector.

En realidad, la Legión Cóndor se constituyó oficialmente en el mes de noviembre de 1936, bajo las órdenes del general Hugo Sperle, auxiliado por su jefe de Estado Mayor, el comandante Alexander Holle. Se componía de unos cien aviones, aproximadamente, encuadrados en un grupo de bombardeo, otro de caza, escuadrillas de reconocimiento lejano y próximo, una escuadrilla de hidroaviones, un grupo de artillería antiaérea y unidades auxiliares.

«HOY BOMBARDEAMOS A TODA COSTA»

El capitán don José Calderón Gaztelu ganó la laureada en el Jarama cuando, a pesar del tiempo, la antiaérea y la caza enemiga, llevó a cabo su misión a costa de su propia vida. El 16 de febrero de 1937, moría al ser derribado su avión Junkers Ju 52. (Archivo Canario Azaola).

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La batalla de Guadalajara

ESCUDO DE GUADALAJARA

Escudo de la ciudad de Guadalajara.

El 8 de marzo de 1937 daba comienzo la que ha pasado a la historia de la Guerra Civil Española como batalla de Guadalajara. El Corpo Truppe Volontarie (CTV) italiano, organizado en suelo español poco antes, sería el encargado de realizar la operación de atacar con todo su potencial guerrero a la 12.ª División republicana que entonces guarnecía el frente estabilizado al norte de la provincia de Guadalajara. El avance sobre la capital de la Alcarria ya estaba previsto en las directivas del general Mola para la 5.ª División (Zaragoza), aunque por diversos motivos, este ataque no se pudo lanzar en los primeros compases del conflicto. Con la ofensiva ejecutada por el CTV a comienzos de 1937, se estaba intentando, por tercera vez, un envolvimiento de Madrid, esta vez desde el norte, con lo que se cortaban, además, las comunicaciones de la zona central republicana con la de Levante. La maniobra era muy ambiciosa: pretendía cercar a todo el Ejército del Centro y provocar, de esta manera, la caída de la capital de España. Por expresa decisión de Franco, en la ofensiva participaría la División de Soria, al mando del general Moscardó, algo que no agradó a los italianos, que pretendían alcanzar los laureles de la victoria en solitario. Mandaba el Cuerpo del Ejército italiano el general Mario Roatta, un competente militar de cincuenta años, cuyo último destino había sido el de jefe del Servicio de Información Militar. Buen amigo de Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores y yerno de Mussolini, en septiembre de 1936 había sido enviado para mandar la Misión Militar Italiana en España, en apoyo de las tropas de Franco. 144


CARRO VELOCE CAPTURADO

Varios militares republicanos permanecen al lado de un carro ligero Fiat-Ansaldo CV.33, recién capturado a sus propietarios en el transcurso de la batalla de Guadalajara. (Colección autores).

AYER Y HOY. INICIO DE LA OFENSIVA ITALIANA

Las dos fotos de esta página están tomadas desde el mismo lugar, con 74 años de diferencia. Se trata del pueblo de Algora, donde dio comienzo la ofensiva italiana sobre la capital de La Alcarria. (Autores).

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Ante la inminente ofensiva italiana sobre Guadalajara, el mando nacional decidió que participara la División de Soria, a las órdenes del general Moscardó. Esta gran unidad disponía, en marzo de 1937, de dos brigadas y estaba incorporando una tercera, que sería utilizada como refuerzo de la 1.ª para cubrir el frente, dando así la posibilidad a la 2.ª de tomar parte en el ataque. La 2.ª Brigada (coronel Marzo) sería convenientemente reforzada y su misión en la ofensiva sería cubrir el flanco derecho del CTV, un terreno mucho más difícil para avanzar que el de los italianos, aunque al no estar motorizada la unidad, no constituía realmente un problema, teniendo en cuenta que su progresión sería más lenta que la del CTV. Su avance se produciría entre los ríos Henares y Badiel, confluyendo por el oeste en la capital alcarreña. Si la maniobra tenía éxito, y se alcanzaba el objetivo previsto de Puebla de Beleña, la 1.ª Brigada avanzaría también en dirección a Colmenar Viejo, estrechando el cerco sobre la capital. El resultado de la batalla –según la versión más generalizada– fue una derrota ignominiosa del CTV, cuya superioridad de medios y de efectivos no le sirvió para nada, frente a unas tropas republicanas, menguadas en número, reforzadas con voluntarios internacionales –entre ellos, los italianos antifascistas de la Garibaldi–, pero mucho más motivadas pese a su inferioridad de medios. Analizaremos la realidad de estas afirmaciones.

SECCIÓN DE CARROS

El suelo embarrado es la prueba de las lluvias que habían caído esos días en la zona de avance del CTV. Este hecho climatológico, unido a otros factores, provocó el estancamiento de la operación y el fracaso de los planes iniciales. (Colección autores).

Hay que anotar que el CTV formaba con cuatro divisiones de infantería, dos grupos de banderas (regimientos) independientes, diez grupos de artillería, cuatro compañías de carros ligeros, dos de autoametralladoras y motoametralladoras y cuatro baterías antiaéreas, que sumaban más de 31.000 hombres. Protegiendo el flanco derecho de los italianos, actuaría la 2.ª brigada de la División de Soria, reforzada (Brigada Marzo), compuesta por tres agrupaciones de infantería, una agrupación de caballería, tres grupos de artillería, tres compañías de zapadores, 146


una compañía de carros ligeros y dos secciones de ametralladoras antiaéreas, que disponían en total de unos 8.000 efectivos. Después de participar en la preparación artillera junto a los italianos, dos de las cuatro agrupaciones de la Brigada Marzo –las de Villalba y Pita da Veiga–, las más próximas al CTV, apoyadas por la compañía de carros de combate, se pusieron en marcha, desbordando Castejón de Henares y tomando todas las alturas que lo bordeaban.

PROTAGONISTAS

MARIO ROATTA (1887-1968)

Nació en Modena en 1887. Ingresó en el Ejército italiano y fue nombrado subteniente de Infantería en 1906. Tras su paso por la Escuela de Guerra, ya con el empleo de capitán, pasó a prestar servicios en el Estado Mayor. Tras la Primera Guerra Mundial fue nombrado agregado militar italiano en Varsovia y después, en Helsinki. En 1930 ascendió al empleo de coronel y fue nombrado jefe del Servicio de Información Militar. En estos años trabó amistad con Galeazzo Ciano, ministro de Exteriores y yerno de Mussolini. En septiembre de 1936 fue destinado para mandar la Misión Militar Italiana en España, en apoyo de las tropas de Franco, tras la sublevación de éste en julio de ese año. En este período, y pese a que fue nombrado un sustituto, mantuvo el control efectivo sobre los servicios secretos italianos. Tras la batalla de Guadalajara fue cesado en el mando del CTV. En 1939 fue nombrado agregado militar en Berlín. Entre los meses de marzo de 1941 y enero de 1942 fue el jefe de Estado Mayor del Ejército y después mandó el 2.º Ejército en Croacia. A finales de 1943 fue nombrado nuevamente jefe de Estado Mayor del Ejército. El 4 de marzo de 1945, durante su proceso judicial, el general Roatta se evadió con la ayuda de los carabineros que 147


le custodiaban y de miembros del Servicio de Información, recalando en España, donde vivió hasta 1965. En ese año volvió a Italia, donde murió tres años más tarde.

EL MITO DE LOS ITALIANOS

La realidad del contingente italiano, por mucho que se haya creado la leyenda de que se trataba de una impresionante máquina de guerra, era bastante diferente. Analicemos los detalles que no se suelen contar cuando se habla de esta unidad italiana en marzo de 1937:

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• Tres de las divisiones italianas estaban formadas por Camisas Negras, o lo que es lo mismo, voluntarios de la milicia fascista con poca o nula formación militar. Su integración y homogeneización se produjo en los buques que los trajeron a España, por lo que su capacidad de combate era más bien pobre. La cuarta, denominada «Volontari de Littorio», formada por fuerzas del Regio Essercito, era la mejor de todas, pero tenía el mismo problema de integración que las demás: no era una unidad italiana enviada en bloque a España, sino que se había formado con militares voluntarios de diferentes guarniciones, quienes se habían conocido en el viaje. • Las cuatro divisiones eran muy inferiores en efectivos con respecto a las que combatían en el Ejército Popular de la República: así, mientras que la Littorio, la mayor de las cuatro, la formaban 7.689 hombres, la 12.ª División republicana que defendía el frente, disponía de 10.739 combatientes. • El grado de motorización era, sin lugar a dudas, muy superior al español, aunque se trataba de medios de transporte comerciales, que sólo se podían desplazar por carreteras o caminos en buen estado. No eran, en absoluto, vehículos todoterreno y de ahí el colapso de las pocas vías útiles en su avance sobre Guadalajara. • Su artillería, aunque cuantiosa, había combatido en la Primera Guerra Mundial, era apta sólo para el transporte hipomóvil y su estado no era óptimo. Se trataba de un material blando, desgastado y poco fiable, como pudieron comprobar los españoles meses después. • Las prestaciones de las tanquetas italianas Fiat CV-33/35, con sendas ametralladoras de 7 mm como único armamento, eran manifiestamente inferiores a las proporcionadas por los carros soviéticos T-26 del general Pavlov, con su cañón de 45 mm y hasta tres ametralladoras de 7,62 mm. • Los zapadores italianos no disponían de medios especiales de remoción de obst{culos y de tendido de puentes y las transmisiones no se basaban en la radio sino en el teléfono, con la dificultad que conllevaba el permanente tendido de líneas. • El apoyo aéreo que podía proporcionar la Aviación legionaria, con bombarderos Savoia S.79 y aparatos de cooperación Romeo Ro.37, era inadecuado para acompañar al avance rápido de las unidades motorizadas. La inferioridad del caza italiano con relación a su adversario era más que evidente (Fiat CR.32 frente a Polikarpov I-15 e I-16).

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OFICIAL DE ARTILLERÍA Oficial observando el campo de batalla. (Colección J. M. Campesino).

CONDECORACIÓN

Medalla otorgada a los miembros de la unidad italiana de las Brigadas Internacionales: los Garibaldis. (Colección J. M. Campesino).

LA REALIDAD DE LA DEFENSA REPUBLICANA

Las unidades gubernamentales que se enfrentaron al CTV eran las que componían la 12.ª División, al mando del coronel Víctor Lacalle; en esencia se trataba de cinco brigadas numeradas 48, 49, 50, 71 y 72. La reserva la constituían un grupo de asalto y cinco baterías de artillería. Su cohesión era escasa, lo mismo que su adiestramiento, debidas ambas a su reciente organización. Pero el Ejército del Centro republicano tenía suficientes unidades y contingentes para reforzar a la 12.ª División, como realmente ocurrió en los primeros días de la batalla. La aviación 151


republicana en esa época era todavía superior a la del bando contrario y tuvo a su favor que casi todos los días logró operar desde sus aeródromos de Levante y sur de Madrid, no pudiendo hacer lo mismo la italiana, condenada en sus bases del norte debido a una nefasta climatología que impedía la navegación aérea. Lo peor, por su escasez, era la artillería republicana: frente a las 120 bocas de fuego de los atacantes, los republicanos podían oponer en las primeras jornadas unas escasas 25-30 piezas de mediano y pequeño calibre. Los efectivos totales gubernamentales, el día del ataque, no llegaban a 11.000 hombres, aunque tres días más tarde, las cifras se equilibrarían con las de sus adversarios.

TROPA REPUBLICANA

Soldados de la 11.ª División, de Líster. (Colección J. M. Campesino).

El 11 de marzo, el mando republicano consiguió frenar la ofensiva, enviando al frente efectivos suficientes para formar el denominado IV Cuerpo de Ejército, que a las órdenes del teniente coronel Enrique Jurado, aglutinaba en su seno la 11.ª División de Líster, la 12.ª División de Nanetti y la 14.ª División de Cipriano Mera. Además, a disposición de Jurado estaban la 33.ª y la 72.ª brigadas, dos batallones de carros T-26 rusos, un regimiento de Caballería, cuatro batallones de fortificación y una compañía de transmisiones. Todas estas unidades estaban ya curtidas en los combates desarrollados en torno a la capital en los meses anteriores. En definitiva, un total de 50 batallones eran republicanos, que equilibraban los 39 batallones italianos del CTV y los 11 españoles que integraban la Brigada Marzo.

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LAS FUERZAS ATACANTES

CORPO TRUPPE VOLONTARIE

A cargo del general Roatta:

• Cuatro divisiones de Infantería.

• Dos grupos de banderas independientes.

• Diez grupos de Artillería.

• Cuatro compañías de tanquetas.

• Dos compañías de autoametralladoras y motoametralladoras.

• Cuatro baterías antiaéreas.

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2.ª BRIGADA DE LA DIVISIÓN DE SORIA

A cargo del coronel Marzo:

• Tres agrupaciones de Infantería.

• Una agrupación de Caballería.

• Tres grupos de Artillería.

• Tres compañías de zapadores.

• Una compañía de carros ligeros.

• Dos secciones de ametralladoras antiaéreas.

«GUADALAJARA NO ES ABISINIA»

Los planes de Roatta preveían que el ataque lo iniciara la 2.ª División Fiamme Nere de Camisas Negras el 8 de marzo, rompiendo el frente republicano y avanzando por la línea Almadrones, Hontanares y Alaminos. Allí, la 3.ª División Penne Nere de Camisas Negras, transportada en camiones, efectuaría un paso de líneas y continuaría la ofensiva por la carretera de Zaragoza hacía Torija y Guadalajara, protegido su flanco derecho por el general Moscardó y el izquierdo por la 2.ª División, que se situaría a caballo de la carretera Almadrones-Brihuega. 154


PONCHOS ITALIANOS

Varios soldados republicanos en un alto en las operaciones se fotografían con ponchos italianos fruto del botín de guerra. (Vía autores).

AYER Y HOY EN BRIHUEGA Esta plazuela, situada en la localidad de Brihuega y que recibe el nombre de El Jardinillo, fue testigo de violentos combates durante la ofensiva italiana. Aunque el lugar ha cambiado mucho, la fuente permanece igual que hace setenta y cinco años. (Vía autores).

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El día 8 de marzo amaneció lloviendo y con un viento frío; sin embargo, Roatta decidió no posponer el ataque. A las 7:00 horas de la mañana empezó la barrera artillera y a las 7:30 horas se dio la orden de avanzar a la 2.ª División. Hacia las 15:00 horas, la columna de la derecha llegó a las afueras de Almadrones, justo al oeste de la carretera de Zaragoza. El pueblo estaba defendido por sólo 200 hombres y cuatro carros de combate; no obstante, el general Amerigo Coppi, jefe de la división, ordenó suspender el ataque durante la noche. Cuando los combates cesaron al final del día, la columna del centro había alcanzado Hontanares, pero las columnas derecha e izquierda no habían alcanzado sus objetivos. Se había producido un avance de entre 6,5 y 13 km, pero el frente no se había roto y la 3.ª División no había comenzado su avance por la carretera de Zaragoza hacia Torija. El retraso era importante y a ello se sumaba que las tropas españolas no habían atacado en el frente del Jarama. Miaja reaccionó rápidamente y ordenó el envío de refuerzos a la zona, información que llegó a Roatta; éste pidió oficialmente a Franco que las tropas nacionales atacaran al día siguiente para que las reservas republicanas no acudieran a taponar la ofensiva italiana.

CAÑONES

Dos piezas de acompañamiento de 65 mm, capturadas por los republicanos en la batalla de Guadalajara. (Colección autores).

El 9 de marzo fue exitoso para los italianos. A las 10:00 horas de la mañana habían tomado Almadrones y Cogollor y llegado hasta el km 100 de la carretera general. Roatta era optimista y ordenó que la 3.ª División comenzara su avance a las 13:30 horas. Sin embargo, la operación no resultó sencilla y pronto se produjeron embotellamientos en la carretera. La 3.ª División no empezó a avanzar hasta última hora del día. Mientras, a primera hora de la tarde, entraron en acción pequeñas unidades de vanguardia de la XI Brigada Internacional republicana en la carretera de Zaragoza, aunque no pudieron detener el avance de la 3.ª División italiana. 156


A las 19:00 horas, la vanguardia de la columna derecha italiana había avanzado alrededor de 20 km, hasta el km 83 de la carretera de Zaragoza. La columna de la izquierda, reforzada por el 5.º Regimiento del cónsul de Milicias Enrico Francisci, había avanzado por la carretera Almadrones-Brihuega hasta llegar a unos 4 km al noreste de Brihuega. La situación de las fuerzas republicanas era crítica. Sin embargo, al caer la noche, el general Nuovoloni, comandante de la 3.ª División, ordenó que cesaran las operaciones.

CAMIÓN

Un camión italiano, perteneciente al Corpo Truppe Volontarie, abandonado en la villa de Brihuega.(Vía autores).

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GENERAL MOSCARDÓ

El general José Moscardó Ituarte, héroe del Alcázar de Toledo, era el jefe de la División de Soria, cuya participación en la batalla fue muy meritoria. En la imagen aparece agachado, mirando por los prismáticos, en plena ofensiva de Guadalajara. (Biblioteca Nacional).

La única fuerza del CTV que avanzó durante la noche fue el 5.º Regimiento a las órdenes del cónsul Francisci, que antes del amanecer alcanzó el pueblo de Brihuega y lo tomó haciendo prisionera a la guarnición. Enfrente, el Batallón Garibaldi de la XII Brigada Internacional, de composición italiana antifascista, alcanzó Torija durante la noche y avanzó sobre Brihuega. A primeras horas de la mañana del día 10 de marzo el Garibaldi ocupó posiciones en los bosques al suroeste de Brihuega, al mismo tiempo, otras unidades de la XII Brigada Internacional entraban en los bosques de Brihuega quedando en Guadalajara como reserva la Primera Brigada de Asalto de Valentín González el Campesino. Mientras tanto, Miaja acumulaba tropas para la defensa. El día 9 se habían sumado la XII Brigada Internacional y la Brigada móvil del Campesino. Se formaron tres agrupaciones: una en el sector de Torija-Trijueque, otra en Brihuega y una tercera que constituiría una segunda línea de defensa formada por dos brigadas mixtas próximas a llegar y la brigada móvil del Campesino. El 10 de marzo se ordenó a la 3.ª División continuar la ofensiva. Operaba en dos columnas: la izquierda por la carretera de Brihuega a Torija y la derecha por la carretera de Zaragoza en dirección también a Torija. Mientras, la 2.ª División llegaba y se agrupaba en Brihuega, pero no participaba en las acciones del día. El avance de la columna izquierda se vio frenado por los batallones Garibaldi y André Marty de la XII Brigada Internacional. A lo largo de la mañana, los hombres de Francisci, que se habían quedado atrás en Brihuega, cruzaron el puente sobre el río Tajuña y establecieron una pequeña cabeza de puente en la orilla izquierda, pero cometieron el error de no ocupar las alturas de esa margen, cosa que en ese momento se hubiera podido hacer sin oposición. El no hacerlo traería graves consecuencias posteriormente. 158


AUTOCARRETA ITALIANA

Una Autocarreta OM 19 italiana ha cambiado de propietarios tras la batalla. La pérdida de cierto material de guerra del CTV dio a los republicanos una importante baza propagandística, de la cual se han sacado conclusiones muchas veces erróneas, o, al menos, algo exageradas.(Colección J. M. Campesino).

«EL CAMPESINO»

El mayor de milicias Valentín González, el Campesino, en plena arenga a sus soldados. (Colección J. M. Campesino).

La columna derecha también encontró seria oposición en la carretera de Zaragoza en dirección a Torija. Tres batallones mixtos de la XI Brigada Internacional habían ocupado posiciones defensivas en el bosque que dominaba la carretera y contuvieron a la columna italiana durante todo el día. Ambos bandos sufrieron elevadas bajas por los combates y también tuvieron que soportar las inclemencias del mal tiempo reinante.

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El 11 de marzo se formó en Brihuega a la 2.ª División, que había iniciado la ofensiva y se le ordenó que atacara por la carretera de Brihuega a Torija, mientras, la 3.ª División se concentraba a lo largo de la carretera de Zaragoza en un nuevo intento de romper las defensas republicanas. El Cuartel General del CTV decidió dar descanso a la tropa por la mañana y ordenó que el ataque se iniciara hacía mediodía. El avance de la 2.ª División se produjo durante 5 km, pero fueron frenados por la tenaz resistencia republicana. A pesar de ello, un grupo de soldados italianos infiltrados en el bosque tomaron el Palacio Ibarra, un chalet con una pequeña torre, establos, graneros y algunas casas, rodeado totalmente por una valla, que estaba situado a unos 5 km de Brihuega. En el mismo momento se produjo la captura de 31 soldados y tres oficiales, que cayeron prisioneros en manos de las fuerzas del Batallón Garibaldi.

CARNÉS

Carnés pertenecientes a milicianos republicanos. Tras la batalla de Guadalajara, en mayo de 1937, se constituyó el denominado Ejército Popular de la República, bajo tutela comunista, y desaparecieron así las unidades de milicias. (Colección J. M. Campesino).

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AYER Y HOY. IGLESIA DE BRIHUEGA.

El 5.º Regimiento del CTV, al mando del cónsul Francisci, sería el encargado de tomar Brihuega. En la imagen inferior, unos soldados republicanos tras la captura de la villa a las tropas de Mussolini. (Colección autores).

La 3.ª División, que había tratado de avanzar por la carretera de Zaragoza, tuvo un éxito mayor, pues logró tomar el pueblo de Trijueque y avanzar alrededor de 1,5 km más.

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Mientras tanto, Roatta estaba enfurecido porque los españoles no habían atacado en el sector del Jarama para fijar las reservas republicanas. En el bando republicano Miaja creó el IV Cuerpo de Ejército al mando del teniente coronel Jurado. Contaba con las siguientes fuerzas: la División 11.ª (al mando de Líster), la División 12.ª (al mando de Lacalle) y la División 14.ª (al mando de Mera). Cada división contaba con tres brigadas. A ello se sumaba la brigada 72, un regimiento y un escuadrón de Caballería, cuatro batallones de Fortificación y una compañía de Transmisiones. El coronel Lacalle sería sustituido por el italiano Nannetti, ya que no estaba conforme con que no se le hubiera dado el mando del Cuerpo de Ejército.

AYER Y HOY. ERMITA DE TRIJUEQUE

derecha. Éste fue el punto de máximo avance de los italianos en su ofensiva sobre la capital de la Alcarria. En la imagen superior se aprecian los daños causados a la capilla, y en la inferior, la altura que alcanzó la carretera (hoy autovía) en ese punto de Zaragoza. (Biblioteca Nacional y autores).

En una reunión celebrada en Torija en la noche del 11 al 12 de marzo, el mando republicano decidió intentar un contraataque para el día siguiente. El ataque republicano del día 12 de marzo 162


contó con el apoyo de grandes barreras de artillería y bombardeo aéreo. La aviación republicana, a pesar del mal tiempo, logró despegar pues sus aeródromos contaban con pistas de cemento. Así, la columna derecha italiana sufrió importantes ataques de ametrallamiento y bombardeo. Los combates terrestres producían constantes avances y retrocesos en ambos bandos, en uno de los ataques murió el jefe del 11.º Regimiento del CTV, el cónsul Alberto Liuzzi.

Tras los combates del día 12, las tropas italianas mantenían sus posiciones; sin embargo, habían sufrido numerosas bajas y su moral estaba por los suelos. A lo largo del día se habían producido situaciones de pánico y las tropas se habían retirado en desorden. Por la noche del día 12, Roatta comunicó a Roma que el control de la situación estaba completamente restablecido. Sin embargo, tanto la 2.ª como la 3.ª División necesitaban ser relevadas. Ordenó a la 1.ª División que tomara las posiciones de la 2.ª en la carretera que va de Brihuega a Torija, y se desplazó a la División Littorio para que sustituyera a la 3.ª División a lo largo de la carretera de Zaragoza.

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AYER Y HOY. COGOLLUDO

En su avance sobre Guadalajara, la caballería española de la Brigada Marzo tomó el pueblo de Cogolludo, con su Palacio Ducal. Los españoles, que protegían el flanco derecho del CTV, tuvieron unos magníficos resultados en el transcurso de la batalla. (J. M. Manrique y Biblioteca Nacional). La ofensiva de Guadalajara había tocado a su fin, y el general Roatta había enviado a sus dos divisiones de reserva a la vanguardia, con lo que se quedaba sin tropas de refresco en caso de necesidad. La sustitución de la 2.ª y 3.ª divisiones comenzó en la noche del 12 al 13 de marzo en medio de un absoluto desorden. En el momento en que terminó se había abandonado el pueblo de Trijueque y el 14 de marzo se perdía el Palacio Ibarra ante las fuerzas italianas de la XII Brigada Internacional. Estos fueron los únicos combates importantes entre el 14 y el 17 de marzo. Las dos divisiones de refresco, la 1.ª y la Littorio, no sufrieron un gran desgaste por el combarte entre el 15 y el 17 de marzo; sin embargo, su moral caía de forma alarmante por el contacto con las tropas que venían a sustituir y por la importante labor de propaganda que realizaron las tropas enemigas. 164


Esta campaña republicana de propaganda convenció aún más a Roatta de la necesidad de retirar al CTV del sector de Guadalajara y utilizarlo en otra zona a fin de evitar una derrota humillante. El día 18 de marzo se informó a Roatta de que Franco quería verle. Salió de su cuartel general con destino a Salamanca, dejando al mando al coronel Faldella, su jefe de Estado Mayor. Franco no consideraba en ningún momento la posibilidad de retirar las tropas italianas del sector e informó a Roatta de la necesidad de que las tropas continuaran su ataque contra Torija y Guadalajara, implicando al menos a dos divisiones italianas. Durante la conversación, Roatta fue informado de que se estaba produciendo un violento ataque contra el frente italiano. LA AVIACIÓN LEGIONARIA

Los primeros aviones militares importados que llegaron a manos del bando de los sublevados procedían de Italia. Estos aparatos eran nueve trimotores Savoia Marchetti SM.81 que tomaron tierra en el aeródromo de Nador (Melilla) el día 30 de julio de 1936. Esta expedición, que había salido de la isla de Cerdeña, estaba formada por doce aviones, pero tres de ellos se perdieron, bien por caída al mar o bien en accidentes de aterrizaje en territorio argelino. Posteriormente, y por vía marítima, arribaron a Melilla, el día 14 de agosto, una docena de aviones de caza Fiat CR.32, con sus correspondientes pilotos y equipos de mantenimiento de tierra. Poco después, estos doce cazas iniciales serían reforzados por otros nueve aviones que desembarcaron en el puerto gallego de Vigo y desde allí fueron trasladados, por vía férrea, al aeródromo de Tablada (Sevilla), donde fueron montados. Algo más tarde llegaron otros aviones de reconocimiento y bombardeo ligero Romeo Ro.37, con los que se organizarían dos escuadrillas, a las que se incorporaron varios aviadores españoles. El teniente coronel Ruggero Bonomi, que había encabezado la primera expedición de Savoia SM.81, y al que se le concedió el empleo superior, fue nombrado primer comandante de la Aviación del Tercio durante los días siguientes, y procedió a organizar las fuerzas aéreas que tenía a sus órdenes, quedando organizadas en un grupo de bombardeo pesado Savoia SM.81 y una escuadrilla de caza Fiat CR.32. Con posterioridad, continuaron llegado nuevos aviones y aviadores italianos y se formó la llamada «Aviación legionaria», que llegó a tener una gran entidad, y que estaba organizada en un regimiento de caza (de tres grupos), dos regimientos de bombardeo (de dos grupos) y dos grupos autónomos de reconocimiento y bombardeo. 165


En las Baleares, los italianos contaba con un regimiento de bombardeo veloz, un grupo de bombardeo nocturno y un grupo de caza.

CONTRAATAQUE REPUBLICANO

Para su contraataque el teniente coronel Jurado disponía de 53 batallones de Infantería, cuatro escuadrones de Caballería, dos grupos de Asalto, ocho batallones especiales, una brigada de carros de combate, la artillería de Cuerpo de Ejército y parte de la del Ejército. A las 13:30 horas del 18 de marzo los aviones republicanos comenzaron a bombardear las líneas italianas, concentrando su ataque en Brihuega y sus alrededores. Apenas finalizado el bombardeo, la agrupación de ataque al mando del general Pavlov, formada por la XII Brigada Internacional, la Brigada 70.ª y móvil de choque, apoyadas por la 14.ª División en el flanco derecho y la XI Brigada Internacional por el izquierdo. El resto de la División de Mera atacaría la cabeza de puente del Tajuña y Masegoso. 166


MATERIAL DE ARTILLERÍA

Muchos cañones, como éste que vemos en la imagen, fueron abandonados por los italianos en su repliegue. Otra vez la propaganda nos ha querido presentar dicho repliegue como una humillante derrota. (Vía José M.ª Manrique).

VALENTÍN GONZÁLEZ

Valentín González mandaba la Primera Brigada de Asalto, que quedó en Guadalajara como reserva, en la primera fase de la ofensiva. (Colección J. M. Campesino).

El 6.º Grupo de Banderas, al mando del cónsul Mario Pittau (2.ª División), que ocupaba la pequeña cabeza de puente sobre el río Tajuña, fue cogido totalmente por sorpresa y reaccionó muy lentamente. Ahora iban a pagar el no haber ocupado las cotas altas que rodeaban su cabeza de puente, desde donde comenzaban a ser hostigadas sus tropas. En su huida hacia Brihuega, los camisas negras no destruyeron el puente sobre el río Tajuña y las tropas republicanas entraron en el pueblo sin oposición alguna. Mientras tanto, en la carretera Torija-Brihuega el ataque republicano tenía como 167


vanguardia al Batallón Garibaldi apoyado por T-26 rusos al mando del general Pavlov. Frente a ellos estaba el 1.º Grupo de Banderas, al mando del teniente coronel Aristide Frezza, de la 1.ª División, que constituía el flanco izquierdo de la línea del CTV Inmediatamente detrás de este Regimiento estaba la intersección de las carreteras Torija-Brihuega y Guadalajara-Zaragoza. Esta intersección estaba defendida por una parte del 6.º Grupo de Banderas del cónsul Pittau. En el ataque republicano, el teniente coronel Frezza cayó muerto y sus tropas fueron diezmadas por los carros rusos y pronto huyeron en desbandada. Las tropas a cargo de Pittau tampoco aguantaron el ataque, y la intersección cayó pronto en manos republicanas.

PROTAGONISTAS

CIPRIANO MERA SANZ (1897-1975)

He aquí uno de los hombres más honestos de la Guerra Civil, un personaje casi barojiano que, nacido en la barriada popular de Tetuán de las Victorias (Madrid) el 4 de noviembre de 1897, hizo de todo para sobrevivir: «arrancar hierba del campo», caza furtiva, recogida de bellotas…, hasta convertirse en albañil, profesión que volvería a desempeñar en su exilio francés y hasta su muerte, a pesar de haber sido uno de los vencedores del fascismo en campo abierto en la batalla de Guadalajara. Afiliado a la CNT, Cipriano Mera participó en las luchas sindicales de la República, forjándose pronto una reputación intachable de hombre íntegro y combativo dentro del movimiento libertario. Destacado en distintas columnas al principio de la guerra, su fama de duro y fiable combatiente se consolidaría en la defensa de Madrid, en la que participó con acierto hasta ganarse la confianza de Miaja y Rojo, quienes más tarde le encomendarían el mando de una división, la 14. Su instinto de guerrillero a la antigua usanza española le permitió detectar el error de los italianos de encerrarse en Brihuega sin dominar las alturas, que ordenó tomar para batir a su enemigo, colaborando decisivamente al éxito de la República en la batalla de Guadalajara. 168


Nombrado jefe del IV Cuerpo de Ejército, su mejor momento le llegaría, sin embargo, al final de la guerra, cuando su patriotismo por encima de cualquier partidismo le llevó a tomar partido por el golpe de Casado para evitar así un baño de sangre innecesario como querían los comunistas prolongando la contienda inútilmente. Tras violentos combates en el centro de Madrid, sus fuerzas redujeron a los «chinos» y él, en un nuevo acto de honradez, rechazó con cajas destempladas a un funcionario del Banco de España que le ofrecía una maleta con un millón de pesetas para huir de España. Perseguido durante la posguerra y a punto de ser fusilado, se exiló en Francia con su queridísima Teresa, dedicándose a la albañilería el resto de su vida… Murió en Saint-Cloud tan sólo un mes antes de la muerte de Franco. Muchos años después, el documental Vivir de pie: las guerras de Cipriano Mera al fin le hizo justicia reivindicando su figura para las nuevas generaciones. Cipriano Mera. El 2.º Grupo de Banderas (de la 1.ª División), al mando del coronel Costantino Salvi, constituía una primera reserva y ocupó posiciones improvisadas de defensa al oeste de Brihuega, incorporando restos del 1.º y 6.º Grupo de Banderas en desbandada, hizo todo lo posible, pero a media tarde Brihuega estaba ocupada por las tropas republicanas. El ala izquierda italiana estaba rota. Más al oeste, el 3.º Grupo de Banderas, al mando del coronel Mario Mazza había resistido el inicial ataque de la 70.ª Brigada republicana. La División Littorio también fue atacada a lo largo de la carretera de Zaragoza. El general Bergonzoli rechazó el primer ataque y a media tarde contraatacó con mucho apoyo artillero y abrió un hueco entre la XI Brigada Internacional y la 2.ª Brigada española. Esta maniobra amenazaba la carretera de Brihuega a Torija, pero Líster consiguió rechazar el contraataque con el apoyo de dos batallones de carros rusos y dos batallones de infantería llegados desde la retaguardia.

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FIAT CV.33

Éste fue el único medio acorazado que aportaron los italianos a la Guerra Civil Española. Se trataba de un carro ligero mal armado y peor blindado, cuyo único mérito era su velocidad. Se conserva en el Acuartelamiento de El Goloso (Madrid). (Autores).

Al caer la tarde, los italianos mantenían sus posiciones al otro lado de la carretera de Zaragoza hasta el km 5 de la carretera de Brihuega a Miralrío; sin embargo, el flanco izquierdo estaba muy dañado, los grupos de banderas 1.º y 6.º habían caído y solamente el 2.º Grupo de Salvi aguantaba. Se le ordenó atrincherarse y contactar con Pittau a la izquierda y con Mazza a la derecha, pero era imposible porque ambos comenzaban a retirarse ante la presión republicana.

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TRIJUEQUE

Hasta aquí llegaron los italianos en su avance sobre Guadalajara. El 17 de marzo, los italianos se retiraron precipitadamente de este lugar. (Autores).

A lo largo de la tarde, el general Edmundo Rossi al mando de la 1.ª División no hizo nada por reagrupar sus tropas para un contraataque o bien para coordinar la defensa. A las 19:15 horas llamó al Cuartel General del CTV para comunicar que sus tropas estaban en retirada y que él mismo se retiraba a una mejor posición. Con la retirada de la 1.ª División, el flanco izquierdo de la División Littorio quedaba totalmente expuesto y en peligro de ser rodeado. Ante esto, el coronel Faldella informó al general Bergonzoli, que decidió ordenar la retirada a la Littorio.

La situación era difícil, pero no justificaba el abandono precipitado del sector. Las tropas de Pittau habían perdido su cabeza de puente en el Tajuña y la intersección al oeste de Brihuega, y el pueblo estaba en manos republicanas; sin embargo, el 2.º Grupo de Banderas del coronel Salvi, al que se habían unido tropas en retirada de las unidades de Frezza y de Pittau, seguía intacto y bien armado. El 3.º Grupo de Banderas del coronel Mazza se retiraba en orden y, además, el ataque republicano se había detenido. Rossi se precipitó en ordenar la retirada, pues el sector no se estaba derrumbando como él mismo llegó a comunicar al Cuartel General del CTV.

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PROPAGANDA

Varios de los captores de este carro ligero italiano se fotografiaron sobre él. La propaganda jugó una baza fundamental en esta batalla. (Colección J. M. Campesino).

El 18 de marzo por la tarde las tropas republicanas rompieron todo contacto con los italianos en retirada y durante esta retirada no atacaron a los italianos en ningún momento. El día 19, Roatta estaba muy preocupado y pidió a Franco que sustituyera sus tropas por españoles; aducía que el CTV era una tropa de choque destinada a operaciones ofensivas y no defensivas. Franco no mostró ninguna intención de actuar con rapidez. Los republicanos no volvieron a atacar hasta el 20 de marzo, día en el que una columna de carros de combate T-26 trató de avanzar por la carretera de Zaragoza, pero dos fueron destruidos por la artillería italiana. El 21 se rechazó otro ataque republicano. Ambas acciones elevaron la moral de las decaídas tropas italianas que vieron que podían rechazar ataques de fuerzas importantes. Sin embargo, Roatta insistía en sustituir a sus tropas. Finalmente Franco aceptó empezar las sustitución a partir del día 23 de marzo. Es en ese momento cuando hay que dar por concluida definitivamente la llamada batalla de Guadalajara.

ABANDONO DE BRIHUEGA

Un camión de transporte italiano, perteneciente al 724 Batallón Inflessibile, yace abandonado en el centro de Brihuega. (Vía autores).

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LOS MUERTOS Y EL RESULTADO FINAL DE LA BATALLA

Si nos fijamos en las bajas de ambos bandos, hemos de admitir que también aquí se ha fantaseado hasta la saciedad. Sin ir más lejos, todavía hoy se mantiene que el 12 de marzo de 1937, en la recuperación de Trijueque por las tropas republicanas, los italianos de la 3.ª División Penne Nere tuvieron 1.480 muertos. Las cifras reales de la batalla no dejan lugar a dudas: los nacionales de la División de Soria dieron parte de bajas con los siguientes datos, 148 muertos y 203 heridos. No hay tanta precisión en las bajas italianas, pero las cifras se mueven en las siguientes horquillas, 415-616 muertos, 1.832-2.120 heridos y 496-585 entre prisioneros y desaparecidos. Aunque no hay cifras oficiales de las bajas republicanas ni se han encontrado documentos que permitan hacer un cálculo exhaustivo de las mismas, existe acuerdo entre los historiadores en admitir en torno a los 2.000 muertos y el doble de heridos y desaparecidos, aunque quizás, al igual que las italianas, haya que revisarlas a la baja. Como es obvio, con los datos expuestos, sería una exageración hablar de una inapelable victoria republicana y una vergonzante derrota italiana, por mucho que la propaganda haya incidido en este extremo. El resultado de la batalla fue, sin duda, el fracaso de la ofensiva nacional en el frente de Guadalajara, pues no se alcanzaron los objetivos previstos, aunque dicho fracaso no fue explotado militarmente por las fuerzas republicanas, que sólo llegaron a recuperar dos pueblos importantes: Brihuega y Trijueque. Se mostraron también con claridad las carencias estructurales del CTV, tomando el Cuartel General del Generalísimo las medidas oportunas para su reorganización y su dependencia orgánica de Franco. También para los propios italianos supuso una cierta cura de humildad, que sobrellevaron con muy buen talante, depurando su organización, «despidiendo» a muchos de sus componentes y redimensionando la unidad, la cual, a partir de entonces, ganaría en eficacia. Las burlas, menosprecios y caricaturas que desde ambos bandos se emplearon para descalificar sarcásticamente a los combatientes italianos del Corpo Truppe Volontarie no dejan de ser mera e interesada propaganda de guerra, algo que, analizado con la objetividad que permite el tiempo transcurrido desde entonces y visto desde un punto de vista meramente histórico, debemos rechazar enérgicamente.

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BRIHUEGA

Las dos únicas villas conquistadas en la contraofensiva republicana fueron Brihuega y Trijueque, una muy pobre explotación del éxito obtenido al paralizar el ataque italiano. (Colección J. M. Campesino)

ITALIANO DEL CTV

Con el uniforme del Regio Esercito, el contingente italiano que combatió en España empleó también armamento de sus arsenales. El fusil ametrallador de la imagen es un Fiat-Revelli. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

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La toma de Bilbao. El Cinturón de Hierro

ESCUDO DE BILBAO

Escudo de la ciudad de Bilbao.

Antes de centrarnos en el estudio de estas fechas cruciales del mes de junio de 1937, debemos realizar una visión retrospectiva de las operaciones militares realizadas por ambos bandos en el frente del Norte. En principio, toda la franja cantábrica, incluyendo las provincias de Asturias, Santander, Vizcaya y Guipúzcoa, permaneció fiel al Gobierno de Madrid, con alguna excepción, como las guarniciones de Oviedo, Gijón y San Sebastián, que se sumaron al golpe de Estado, aunque las dos últimas mencionadas fueron pronto dominadas por las fuerzas leales. LAS PRIMERAS OPERACIONES MILITARES EN EL NORTE

Las fuerzas militares gubernamentales de Bilbao intentaron dirigirse hacia Vitoria, pero fueron bruscamente detenidas en Ochandiano por un certero e inesperado bombardeo de la 175


aviación de los sublevados. Fueron, pues, las tropas nacionales, procedentes de Álava y Navarra, las que se lanzaron a la conquista de Guipúzcoa, logrando en septiembre de 1936 la toma de Irún y San Sebastián y el dominio de toda la provincia. Así pues, en el País Vasco sólo permaneció bajo el control del Gobierno de Madrid la provincia de Vizcaya y durante el mes de octubre de 1936 se concedió la autonomía política al País Vasco, bajo el nombre de Euskadi, autonomía que solamente alcanzó a la mencionada provincia, ya que las otras dos estaban bajo el control de los sublevados, como hemos visto. También en octubre, concretamente el día 17, las tropas gallegas y otras expedicionarias procedentes del Marruecos español consiguieron romper el cerco de la guarnición de Oviedo, que se mantuvo durante todo un año, a pesar de las fuertes embestidas de los gubernamentales que intentaban cortar el pasillo creado en diferentes ocasiones y por varios lugares.

MANDOS

Varios mandos del Ejército del Norte –entre los que destaca el entonces coronel «estampillado» García Valiño (a la derecha de la imagen)–, en el curso de las operaciones sobre Bilbao. (Archivo Canario Azaola).

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Fue a finales del noviembre de 1936 cuando el recién creado Cuerpo de Ejército de Euskadi, reforzado con tropas provenientes de Asturias y Santander, y apoyado por toda la aviación destacada en el norte y buena masa de artillería, lanzó una ambiciosa ofensiva sobre Vitoria que, incluso, tenía la pretensión de llegar hasta Miranda de Ebro. Esta acción fue cortada en seco por la fuerte resistencia encontrada ante la guarnición de Villareal de Álava y los resultados obtenidos tuvieron nulo valor para el llamado Ejército Vasco, que nominalmente pretendía dirigir el lehendakari José Antonio Aguirre, que a su vez era consejero de Defensa del Gobierno autónomo. En el mes de febrero de 1937 los esfuerzos del Ejército del Norte, dirigido por el general Francisco Llano de la Encomienda, se centraron en la liquidación de la guarnición de Oviedo, que remitía tenazmente el empuje republicano desde el comienzo de las hostilidades, bajo la dirección del general Antonio Aranda Mata. También el esfuerzo resultó baldío y los defensores del Escamplero lograron mantener el pasillo que unía Galicia con la capital ovetense, rodeada de enemigos.

OBSERVANDO AL ENEMIGO

Los artilleros del Ejército nacional hicieron una intensísima preparación de fuego antes de lanzarse al asalto de las trincheras y fortificaciones que comprendían el denominado Cinturón de Hierro de Bilbao. (Archivo Canario Azaola).

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LARRABEZÚA

Fue uno de los puntos por donde los nacionales rompieron el Cinturón de Hierro. Todavía hoy se conservan los viejos letreros que señalan la entrada del pueblo. (Autores).

PROTAGONISTAS

JOSÉ ANTONIO AGUIRRE LECUBE (1904-1960)

Nació en Bilbao el 6 de marzo de 1904. Pertenecía a una importante familia vizcaína que pronto implantaría en su industria chocolatera avanzadas mejoras sociales. Cursó sus primeros estudios en los Jesuitas de Orduña y los continuó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto y se estableció como abogado en 1929. Formado en un ambiente católico y social que caracterizaba a su hogar y a la empresa familiar, se inició en la vida pública como presidente de las Juventudes Católicas de Vizcaya y luego como miembro del Consejo Supremo de la Acción Católica Española. En 1931 fue elegido concejal y alcalde de Getxo (Vizcaya) y el 28 de junio, después de proclamarse la Segunda República, resultó elegido diputado a las Cortes constituyentes, simultáneamente por Vizcaya (PNV) y por Navarra (conjunción católico-fuerista). En las Cortes fue secretario de la minoría Vasco-Navarra. En sus intervenciones del período constituyente defendió la libertad de enseñanza y se opuso a la Ley de Congregaciones, que implicaba la disolución de los Jesuitas. En calidad de alcalde de Getxo presidió la comisión de alcaldes en pro de la aprobación de estatutos de autonomía como fórmula jurídica de integración del Estado español. Desde 1931, su personalidad fue la más destacada del PNV. En noviembre de 1932 nuevamente fue elegido diputado a Cortes por Vizcaya y en las últimas elecciones de la República, de febrero de 1936, resultó elegido diputado por tercera vez. Ya durante la Guerra Civil, el día 1 de octubre de 1936, las Cortes aprobaron el Estatuto de Autonomía del País Vasco y el día 7 los alcaldes vascos, reunidos en 178


Guernica, lo eligieron presidente —lehendakari— del Gobierno autónomo. Al frente del mismo reforzó la unión política con sus aliados de izquierdas, restableció el orden público, mantuvo el culto en su jurisdicción y organizó las milicias vascas (gudaris). En la última fase de la lucha en Vizcaya tomó personalmente el mando de las tropas vascas y tras la caída de Bilbao, el 19 de junio de 1937, se trasladó a París y el mes de agosto se instaló en Barcelona. En enero de 1939 se exilio a Francia y luego a Bélgica con sus colaboradores. La Segunda Guerra Mundial le sorprendió en Bélgica, donde una hermana suya falleció a consecuencia de un bombardeo alemán. Perseguido por la Gestapo, se ocultó nada menos que en Berlín. Las más dramáticas vicisitudes por las que atravesó para trasladarse a Estados Unidos fueron relatadas en su libro De Guernica a Nueva York pasando por Berlín.

En 1941 ocupó el puesto de profesor de Historia Contemporánea de España en la Universidad de Columbia, en Nueva York. En 1945, antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, regresó a la capital francesa, donde continuó como presidente del Gobierno autónomo vasco en el exilio, hasta su fallecimiento el 22 de marzo de 1960. Sus restos fueron trasladados al cementerio de San Juan de Luz.

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LA CAMPAÑA DE VIZCAYA

El 31 de marzo de 1937, las Brigadas de Navarra, bajo el mando supremo del general jefe del Ejército del Norte, Emilio Mola, con el apoyo aéreo de la Legión Cóndor, parte de la Aviación legionaria italiana y la española de la Región Aérea del Norte, iniciaron la campaña de Vizcaya, con el fin de liquidar de forma definitiva y de manera escalonada, la franja cántabra bajo el control del Gobierno de Valencia. El Cuerpo de Ejército Vasco, bajo el mando de Aguirre, asesorado por su Estado Mayor (Montaud y Arambarri) y algunos consejeros militares extranjeros, tales como Jauregy y Goriev, intentó ofrecer una fuerte resistencia, pero la escasez de aviación propia y la enorme superioridad de la enemiga, amén de la artillería, hizo que el empuje de las Brigadas de Navarra, pese a que el avance no fue tan rápido como se esperaba, rompiese la línea inicial del frente y se alcanzasen los objetivos previstos en la primera fase. A ello debemos añadir los enormes golpes morales que se infligió a la población civil con los bombardeos aéreos de las villas de Durango, Elorrio y Guernica, además de objetivos militares ubicados en el casco urbano de Bilbao, como las fábricas y el mismo aeródromo de Lamiaco, situado en Las Arenas.

LA IDEA DEL CINTURÓN DE HIERRO

En octubre de 1936, el Euzko Gudarostea, el Ejército vasco dirigido por el recién formado Gobierno autónomo presidido por el nacionalista José Antonio Aguirre y formado por batallones de distinta filiación política de partidos fieles a la República, se mantenía ante las tropas de Mola tan sólo en Vizcaya, la zona oeste de Guipúzcoa y parte del noroeste de Álava. Entre las primeras decisiones tomadas por el Gobierno autónomo en asuntos de defensa, figuró una que se refería a la creación, dentro del Departamento de Defensa, de la llamada Sección de Fortificaciones. A su mando, vista la enorme importancia que dicha sección habría de alcanzar, se puso a uno de los hombres de confianza del lehendakari Aguirre, el teniente coronel de Ingenieros Alberto Montaud Noguerol, quien también era jefe del Estado Mayor del Ejército de Euskadi. Para tratar de defender el territorio vizcaíno y evitar que cayese en manos de los sublevados, el Gobierno vasco comenzó las obras de construcción de un conjunto de fortificaciones que, pomposamente, se denominaron Cinturón de Hierro o Cinturón de la muerte.

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FORTIFICACIÓN

Aunque no era lo más habitual, muchas de las fortificaciones del cinturón eran fuertes defensas de hormigón, con nervios y aspilleras para tiradores situados en dos alturas diferentes, como la mostrada en la fotografía. Ni siquiera estas posiciones resistieron el embate del Ejército nacional en su ofensiva final sobre la capital vizcaína. En la imagen, uno de los muros fortificados que defendían la carretera a Durango. (Archivo Canario Azaola).

LAUBURU

Símbolo empleado con profusión por los nacionalistas vascos. (Colección J. M. Campesino).

Para la cúpula dirigente del Partido Nacionalista Vasco, y a juicio de los principales mandos militares vascos, la línea defensiva a construir habría de proteger los centros neurálgicos de Vizcaya, además de cortar el paso del enemigo hacia la capital. El puerto bilbaíno, el aeródromo de Sondica, las industrias situadas a ambos márgenes de la ría y los embalses de Zollo constituían un conjunto de lugares clave que bajo ningún concepto habría de permitirse que fueran atacados.

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AYER Y HOY. CASERÍO DEFENSIVO

Un caserío a las afueras de Larrabezúa sirvió de punto defensivo del cinturón en la zona. El búnker y parte de la muralla aspillerada han sido respetados a la hora de rehabilitar el citado inmueble y sirven de recuerdo vivo de aquella obra defensiva construida durante la Guerra Civil. (Colección L. M. Gil y autores).

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ARTILLERO ALEMÁN

Un alemán del Grupo antiaéreo de la Legión Cóndor posa con un proyectil en cuya ojiva ha colocado una inscripción que nos sirve para fechar la fotografía el 12 de junio de 1937. (Archivo Galland Books).

Para la protección de dichos objetivos estratégicos se optó por un sistema de fortificaciones surgido de las experiencias de la Primera Guerra Mundial. Según la doctrina desarrollada por el Estado Mayor francés, el diseño de obras de tierra no sólo permitía a los defensores maniobras flexibles y rápidas, sino que también convertía a las armas automáticas en instrumentos de resistencia de gran eficacia. De esta manera, y según escribió el propio Montaud, se planificó una línea defensiva en la que el armamento ligero habría de desempeñar un papel primordial. Al mismo tiempo se trazaron diversas líneas para facilitar las misiones de protección. Señalaba Alberto Montaud: Una red de caminos que habría de crearse para completar el servicio ofrecido por las carreteras facilitaría en su momento la acumulación de reserva y de masa artillera suficiente para contrarrestar el ataque. El Bilbao metropolitano debería quedar rodeado desde el Cabo Villano hasta Muskiz, aunque el perímetro defensivo jamás llegó a ser terminado. La doctrina militar fijada por estas ideas fue compartida entonces por la mayoría de los estados mayores y ejemplo de ello lo constituyen la construcción de la línea Maginot, la línea XYZ, la línea Sigfrido, la línea Mannerheim, la línea Mareth, la línea Metaxas, etc.

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COMIENZA LA CONSTRUCCIÓN

El 6 de octubre de 1936 fue nombrado primer jefe de tan magna obra el capitán de Ingenieros Pablo Murga. La decisión de su designación fue un auténtico fiasco, no sólo por lo poco que permaneció en el cargo, sino también porque él mismo había manifestado, desde el primer día de su nombramiento, sus simpatías por los sublevados y las ganas que tenía de pasarse al otro bando. Así que, vista su entrega, no fue de extrañar que pocos días después, el 28 de dicho mes, al detener al cónsul de Austria, Wilhelm Wakonigg, en la escalerilla del buque británico Exmouth, se encontrase entre la documentación que llevaba un minucioso informe elaborado por el mismísimo Pablo Murga, en el que figuraban importantes detalles acerca de la construcción de las defensas de Bilbao. Lógicamente, Murga fue destituido de forma fulminante, sometido a consejo de guerra y ejecutado el 19 de noviembre de 1936.

MURO ASPILLERADO

Restos, muy bien conservados, de un muro aspillerado del Cinturón de Hierro, en el sector de Larrabezúa. (Autores).

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GUDARI

Representación artística de un soldado del Ejército de Euskadi. En su brazo izquierdo luce la ikurriña, bandera oficial del País Vasco, y con él sostiene un fusil Mauser de 7,92 mm, en el que introduce un peine de munición. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

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LAS FUERZAS DE LA DEFENSA DE BILBAO Cuerpo de Ejército de Euskadi (general Mariano Gamir Ulibarri)

1.ª División (mayor Ricardo Gómez García) 14.ª Brigada Mixta vasca, 17.ª Brigada Mixta vasca, 2.ª Brigada Mixta asturiana (11 Batallones)

2.ª División (coronel Joaquín Vidal Munárriz) 6.ª Brigada Mixta vasca, 15.ª Brigada Mixta vasca, 1.ª Brigada Mixta asturiana, 3.ª Brigada Mixta asturiana (14 batallones)

3.ª División (teniente coronel Juan Ibarrola Orueta) 3.ª Brigada Mixta vasca, 7.ª Brigada Mixta vasca, 10.ª Brigada Mixta vasca, 11.ª Brigada Mixta vasca (14 batallones)

4.ª División (coronel Daniel Irezábal Goti) 1.ª Brigada Mixta vasca, 5.ª Brigada Mixta vasca, 8.ª Brigada Mixta vasca (10 batallones)

5.ª División (mayor Pablo Beldarraín Olalde) 9.ª Brigada Mixta vasca, 13.ª Brigada Mixta vasca, 16.ª Brigada Mixta vasca, 1.ª Brigada Mixta santanderina (15 batallones)

División Mixta de Enlace

(mayor Ángel Hernández del Castillo)

2.ª Brigada Mixta vasca, 2.ª Brigada Mixta santanderina (8 batallones) 186


Fue disuelta el 16 de junio de 1937, y las brigadas pasaron a otras divisiones.

Reserva General

6.ª Brigada Mixta vasca, 12.ª Brigada Mixta vasca, 4.ª Brigada Mixta asturiana (10 batallones)

Brigada de Montaña de Euskadi

(coronel José de Guivelondo Mendezona) (3 batallones)

EMBLEMA DE SOLAPA

Representa al «eusko gudari», o soldado vasco, enarbolando una ikurriña, la bandera oficial del País Vasco. (Colección J. M. Campesino).

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CAMIÓN BLINDADO

Varios requetés posan delante de un camión blindado improvisado recién capturado. (Archivo Canario Azaola).

Su sucesor en el cargo fue otro antiguo capitán de Ingenieros del Ejército, nacido en Elorrio y afiliado al Partido Nacionalista Vasco. Se llamaba Alejandro Goicoechea Omar, que se encargó de la dirección de la obra, en cuya construcción participaron trece arquitectos, doce ingenieros industriales, dos ingenieros de minas, un ingeniero agrónomo, tres aparejadores y dieciséis contratistas de obras. Se emplearon inicialmente en esta magna obra 10.998 obreros. Los primeros lugares en los que se iniciaron las obras de fortificación fueron los sectores de Artebacarra, Ciérvana, Urdúliz, Miravalles, Sodupe, Lauquíniz y Lujua, es decir, los lugares más cercanos a Bilbao. Cuando el capitán Goicoechea se hizo cargo de la dirección del proyecto, el número de trabajadores ascendió hasta los 13.289, aunque esto no duró mucho tiempo, ya que, a finales de 1936, las obras las ejecutaban tan sólo 2.500 obreros. Ya entrados en el año 1937, la cifra de trabajadores ascendería hasta los 8.500. 188


MONUMENTO AL REQUETÉ

En lo alto del monte Gaztelu, lugar por donde se rompió el frente y se transpasó el Cinturón de Hierro, se erigió un monumento a los requetés de las brigadas navarras que tomaron parte en el asalto. Hoy día se conserva en el estado que muestra la imagen derecha, tras un atentado con artefacto explosivo que le dejó huellas en su parte inferior izquierda y alguna pintada de organizaciones afines al terrorismo. (Vía autores).

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PANORÁMICA

Vista desde lo alto del monte Gaztelu, lugar tomado por los requetés navarros.(Autores). El presupuesto de las obras, que tenía un perímetro total de 80 km, alcanzó los 50 millones de pesetas. El Cinturón de Hierro consistía en 180 complejos de búnkeres de hormigón armado, de hasta 70 cm de espesor, con baterías de artillería y otras armas colectivas, como ametralladoras y morteros; sin embargo, también había partes de este perímetro defensivo que estaban constituidas por pequeñas trincheras, poco profundas, y pozos de tirador de escaso valor a la hora de ofrecer una resistencia eficaz. No obstante, pese a la enorme importancia estratégica y humana de las obras de fortificación, éstas se desarrollaron de manera intermitente. Es más; según algunos testimonios de primera mano, parece que sólo se llegó a fortificar de forma realmente efectiva el 28 % de las defensas, y hay que señalar que el perímetro no se terminó jamás. Aún así, la idea que sostenía al Cinturón de Hierro ejerció una influencia psicológica que podríamos considerar casi mágica en la moral de la población civil y de los gudaris vascos. Tanto fue así, que muchas personas creyeron que Bilbao era verdaderamente inexpugnable. Lo que no era cierto.

CAÑÓN Una pieza alemana de 88 mm haciendo fuego contra fortificaciones de los alrededores de Bilbao. (Archivo Galland Books). 190


PROTAGONISTAS

MARIANO GAMIR ULIBARRI (1877-1962)

Mariano Gamir Ulibarri nació el 6 de octubre de 1877. Ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, que posteriormente dirigió en agosto de 1893. Ascendió a general de brigada de Infantería el 5 de diciembre de 1933. Al producirse la sublevación militar el 17 de julio de 1936, que desencadenó la Guerra Civil Española, el general Gamir Ulibarri era jefe de la 5.ª Brigada de Infantería de la 3.ª División Orgánica, con cuartel general en Valencia, y al frente de la misma colaboró en el aplastamiento de la sublevación y en la detención de los mandos sublevados en la capital levantina. Después dirigió operaciones en la zona del río Alfambra (Teruel). El 29 de mayo de 1937 fue destinado al norte; se trasladó por vía aérea a Santander y desde allí a Bilbao, donde asumió el mando del Cuerpo de Ejército de Euskadi; fue recibido de buen grado por el lehendakari Aguirre. Gamir, que organizó sus fuerzas como Ejército de Euskadi con seis divisiones, recibió la embestida de las fuerzas sublevadas sobre el Cinturón de Hierro que rodeaba la capital vizcaína. La ofensiva nacional, desencadenada el 11 de junio, que se realizó por la zona más débil del cinturón, consiguió los objetivos previstos y el 21 de ese mes Bilbao era conquistada por las tropas de Franco. Gamir se retiró a Santander y allí presidió la Junta Delegada del Gobierno en el norte, constituida el 6 de agosto de 1937, y que integraba a los gobiernos de Euskadi, Asturias y Santander y fue la encargada de cordinar la defensa del norte frente a la ofensiva franquista, tras la retirada de las tropas republicanas de Vizcaya. Así, estuvo al mando del Ejército del Norte durante la batalla de Santander, desarrollada desde el 14 de agosto al 1 de septiembre de 1937. El general Gamir evacuó Santander, por vía marítima, trasladándose a Francia, y desde allí pasó a la zona gubernamental. 191


Por dicho motivo, el ministro de Defensa lo apartó de facto de la dirección de nuevas unidades militares operativas y lo envió a un destino burocrático, precisamente a la Inspección de Enseñanza Militar. Más tarde, en Cataluña, actuó como integrante del grupo de militares españoles que organizó la retirada de las Brigadas Internacionales, a finales del mes de octubre de 1938. Al final de la guerra huyó a Francia, donde residió hasta 1955, año en que regresó a España por no tener ya pendientes responsabilidades ante la Justicia militar. Mariano Gamir Ulibarri murió en 1962 en Valparaíso de Abajo, provincia de Cuenca, donde su cuerpo reposa en la actualidad.

ELEMENTOS FORTIFICADOS

Varias casamatas pertenecientes al Cinturón de Hierro, instaladas en la zona de Larrabezúa y en los alrededores de El Gallo. Como se puede apreciar, aunque el hormigón era un elemento importante, algunas de las defensas empleaban otros materiales como la madera, los sacos terreros, etc. (Archivo L. M. Gil).

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GENERAL MOLA Y JEFES DE UNIDAD

El general jefe del Ejército del Norte, Emilio Mola Vidal, departe con algunos de sus colaboradores en la campaña de Bilbao. (Archivo Canario Azaola).

OTRA DESERCIÓN INESPERADA

El capitán Alejandro Goicoechea, quien, pasados los años desarrollaría el denominado tren Talgo, pese a su filiación nacionalista, terminó pasándose al enemigo, tras cruzar las líneas en febrero de 1937, llevándose consigo todos los planos y muy completa información sobre el estado de construcción de las defensas, que entregó a los sublevados. Sin embargo, ¿fue la deserción de Goicoechea verdaderamente vital para el Ejército del Norte nacional? Hemos de señalar que no del todo ya que, incluso, estuvo a punto de ser fusilado en los primeros momentos. Lo cierto es que fue la doctrina militar en la que se había basado la filosofía estratégica de la construcción del Cinturón de Hierro la que estaba obsoleta. La aviación enemiga había fotografiado hasta la saciedad todo el proceso de construcción de las obras defensivas. Además, a esto se sumó que la construcción del «cinturón» adolecía de graves errores, tales como que las trincheras se hubiesen cavado en línea recta y que las aberturas de los búnkeres fueran demasiado grandes y llamativas. 193


De todas maneras, los mandos del Ejército Nacional pudieron saber que el «Cinturón de la Muerte», en el sector del monte Gaztelumendi, tenía una sola línea de defensa, por lo que el ataque definitivo sobre Bilbao, realizado unos meses después, se llevó a cabo por ese sector. Las Brigadas de Navarra lanzaron un potente ataque el 11 de junio de 1937, y fueron apoyadas por un copioso contingente de artillería y aviación, que pulverizó las defensas bilbaínas, de forma que el 19 de junio la villa de Bilbao fue ocupada por el ejército franquista, como a continuación veremos.

EMBLEMA

Pertenecía a las fuerzas de Intendencia del Ejército de Euskadi. (Colección J. M. Campesino).

LAS OPERACIONES EN VIZCAYA EN ABRIL Y MAYO DE 1937

Habíamos dejado nuestro relato de las operaciones de la ofensiva sobre Vizcaya en la ruptura del frente vasco por las tropas nacionales, que ocuparon los puertos más importantes de la divisoria de Albertia, Jarinto y Maroto, y en la toma de Ochandiano y de los puertos de Barazar, Urquiola y Zumelza. Durante todo el mes de abril hubo continuas acciones de ataque y contraataque y finalmente, en el frente guipuzcoanovizcaíno, se realizó una maniobra de envolvimiento y se consiguió ocupar Elorrio y Elgueta. A finales del citado mes, los atacantes alcanzaron la línea Guernica-Durango-Amboto, tras el renombrado bombardeo aéreo de la villa primeramente citada. El mes de mayo de 1937 se caracterizó por la fuerte resistencia de las unidades vascas, lo que hizo que se retrasase por más de un mes la caída de la capital vizcaína. El propio lehendakari José Antonio Aguirre asumió el mando directo del Cuerpo de Ejército de Euskadi, con el mayor Ernesto Lafuente como jefe de Estado Mayor. Esta gran unidad vasca se organizó en cinco divisiones, habiendo recibido el refuerzo de cuatro brigadas expedicionarias asturianas y dos santanderinas. Durante este mes, la lucha se circunscribió principalmente en los ataques a los montes Sollube, Tollu, Jata, Bizcargui, el puerto de Barázar y la Peña de Lemona. Este último objetivo, que fue ocupado por los atacantes el día 29 de mayo, permitió al Ejército nacional situarse en toda la 194


mitad oriental del Cinturón de Hierro. También durante este mes de mayo de 1937, se reforzó la aviación gubernamental del norte, el verdadero «talón de Aquiles» de los defensores vascos. Durante la última decena del mes llegaron al aeródromo de Santander dos escuadrillas de biplanos Polikarpov I-15 «Chato», dirigidas por los tenientes Gerardo Gil y José Riverola, que, a pesar de su coraje y entrega poca resistencia podían oponer a los modernos cazas Messerschmitt Bf 109 de la Legión Cóndor y los Fiat CR.32 de la Aviación legionaria italiana.

COMANDANTE NACIONAL

Un jefe de las Brigadas de Navarra observa el terreno por el que, poco después, sus unidades avanzarían para cerrar el cerco sobre Bilbao. (Archivo J. M. Campesino).

LA RUPTURA DEL CINTURÓN DE HIERRO

Para la ruptura definitiva del Cinturón de Hierro, –la última esperanza para los defensores de Euskadi–, el general Emilio Mola había dictado el 28 de mayo una orden de operaciones en la que señalaba la participación de las Brigadas navarras 1.ª, 2.ª, 5.ª y 6.ª, además de la Brigada Mixta hispano-italiana Flechas Negras. Las otras dos Brigadas de Navarra, la 4.ª y la 3.ª, no participaron activamente en el asalto, aunque la primera de ellas estaba en contacto con el «cinturón» y la última se situaba en el frente de Orduña. 195


PROTAGONISTAS

JUAN BAUTISTA SÁNCHEZ (18931957)

Juan Bautista Sánchez González nació el 12 de octubre de 1893 e ingresó a los 18 años de edad en la Academia de Infantería de Toledo. Ocupó su primer destino en el Protectorado Español de Marruecos, donde obtuvo diversos ascensos por méritos de guerra. Participó en el desembarco de Alhucemas en 1925. Fue uno de los militares más implicados en la preparación del alzamiento nacional, sublevándose el 17 de julio de 1936 en la Delegación de Asuntos Indígenas de Melilla. Participó en las principales batallas de la Guerra Civil española, como Madrid, Brunete, Vizcaya, Asturias, Teruel, etc. Con el empleo de coronel se le dio el mando la 5.ª Brigada de Navarra, la primera en entrar en Bilbao el 19 de junio de 1937, y al frente de la cual se distinguió notablemente en las operaciones de ruptura del Cinturón de Hierro. Fue ascendido a general de brigada en 1938 y al mando de la 5.ª División de Navarra actuó en la campaña de Cataluña. Ocupó Tarragona, Badalona, Masnou, Mataró, Sabadell, Barcelona, etc., y llegó hasta la frontera francesa. El 26 de enero de 1939, tras la liberación de la ciudad de Barcelona, en una famosa alocución, radiada a las 19:00 horas, se dirigió a la población en los siguientes términos: Os diré en primer lugar a los barceloneses, a los catalanes, que os agradezco con toda el alma el recibimiento entusiástico que habéis hecho a nuestras Fuerzas Armadas. También digo al resto de españoles que era un gran error eso de que Cataluña era separatista, de que era antiespañola… ¡Debo decir que nos han hecho el recibimiento más entusiasta que yo he visto! ¡Y cuidado que he tenido el honor y la gloria, a pesar de ser un soldado desconocido, que no otra cosa que un soldado desconocido soy yo, un soldado del Caudillo, el último soldado del Cuerpo de Navarra, de asistir a actos semejantes! 196


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He asistido a la conquista de las cuatro provincias del norte; he paseado la bandera nacional y el escudo de Navarra por Aragón, por Castellón, por todas partes, y en ningún sitio, os digo, en ningún sitio nos han recibido con el entusiasmo y la cordialidad que en Barcelona.

El 14 de octubre de 1949 fue nombrado capitán general de Cataluña, cargo que ocupó hasta el momento de su fallecimiento en extrañas circunstancias. Se ha buscado relacionar esta muerte con su condición de conspirador en favor del conde de Barcelona, don Juan de Borbón, el sucesor de Alfonso XIII a los derechos monárquicos. Al parecer Juan Bautista Sánchez propugnaba el retiro del general Franco y la restauración de la monarquía. Los conspiradores convinieron en que los proyectos del ministro secretario general del Movimiento, Arrese, resultaban muy peligrosos para la restauración y convenía llevar a cabo una maniobra similar a la del general Miguel Primo de Rivera, cuando éste se pronunció en Barcelona, en 1923. Hay escasos testimonios sobre las extrañas circunstancias de su fallecimiento. Se afirma que sufrió un ataque al corazón, con el teléfono en las manos, cuando acababa de recibir la orden del ministro del Ejército, el general Agustín Muñoz Grandes, para que dejase el cargo y después de haber discutido agriamente con éste y de anunciarle que, por el momento, no tenía intención de hacerlo, y que se marchaba de maniobras militares al Pirineo. Estas unidades citadas estarían apoyadas por una importante masa de artillería, compuesta por un total de 144 piezas de diversos calibres y toda la aviación disponible en esos momentos, agrupada en la Legión Cóndor alemana, la Aviación legionaria italiana y la española, con un total aproximado de 110 aviones de todos los tipos y modelos. Los únicos combates aéreos se produjeron antes del inicio de la ofensiva, durante los días 4 y 5 de junio, casi sobre la base avanzada de los «Chatos», el aeródromo de Somorrostro, en cuyo campo fueron destruidos al menos cinco de los cazas gubernamentales por certeros ametrallamientos y bombardeos de la Aviación legionaria, lo que privó de apoyo aéreo a los defensores vascos durante la ofensiva sobre el «cinturón». 198


El día 29 de mayo se hizo cargo del Cuerpo de Ejército de Euskadi el general vasco Mariano Gamir Ulibarri. Esta gran unidad contaba con cinco divisiones, con un total de 92 batallones. Sin embargo, las divisiones 3.ª y 4.ª no llegaron a efectuar el repliegue al interior del «cinturón» y continuaron defendiendo el frente de Orduña. Gamir se vio obligado a crear una nueva división, llamada de Enlace, que se situó en el sector de Valmaseda El ataque al cinturón tuvo que retrasarse, principalmente por la muerte en accidente aéreo del general Mola, ocurrida el día 3 de junio, y por la ofensiva gubernamental sobre la Granja (Segovia), lanzada el día 30 de mayo. No fue hasta día 11 de junio que el nuevo general jefe del Ejército del Norte nacional, Fidel Dávila, ordenó el desencadenamiento del ataque. Tras cuatro preparaciones artilleras sucesivas, efectuadas por 18, 12, 7 y 7 baterías, respectivamente, con un total de 144 piezas, además de un fuerte apoyo aéreo de la aviación de bombardeo, la 1.ª Brigada rompió las líneas de Urcullu. En la madrugada del 12 la unidad fue fuertemente contraatacada, por lo que hubo de recurrirse de nuevo a una preparación artillera de cinco horas de duración y a un fuerte bombardeo aéreo, en el que se arrojaron cien toneladas de bombas a los defensores del «cinturón». A mediodía, tropas de la 5.ª Brigada de Navarra, consiguieron abrir una brecha en las fortificaciones vascas y por ella penetraban las unidades de la 1.ª, 5.ª y 6.ª brigadas. La 5.ª se adentró a una profundidad de 3 km, mientras que las otras unidades avanzaban por la retaguardia del «cinturón», paralelas al mismo, ensanchando la brecha en otros 5 km.

CONSTRUCCIONES DE HORMIGÓN Varias imágenes de búnkeres y líneas fortificadas del Cinturón de Hierro, tras su conquista por los nacionales en su avance sobre Bilbao. (Archivo Canario Azaola).

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DISTINTIVO Emblema que distinguía a los combatientes del batallón Amuategui, unidad compuesta mayoritariamente por socialistas y comunistas de Éibar. (Colección J. M. Campesino).

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CORONEL RADA

El entonces inspector de requetés acudió al entierro del jefe del Ejército del Norte, Emilio Mola. (Archivo Canario Azaola).

FUERZAS ATACANTES AL CINTURÓN DE HIERRO

Ejército del Norte (general Fidel Dávila Arrondo)

6.º Cuerpo de Ejército 61.ª División

1.ª Brigada de Navarra (coronel Rafael García-Valiño)

2.ª Brigada de Navarra (coronel Pablo Cayuela)

3.ª Brigada de Navarra (coronel Rafael Latorre)

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4.ª Brigada de Navarra (coronel Camilo Alonso)

5.ª Brigada de Navarra (coronel J. Bautista Sánchez)

6.ª Brigada de Navarra (coronel Maximino Bartomeu)

Brigada Mixta Flechas Negras (general Sandro Piazzoni)

Agrupación 23 de Marzo (cónsul Enrico Francisci)

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TANQUISTA DEL GRUPO DROHNE

El contingente terrestre de la Legión Cóndor alemana se denominó «Grupo Drohne» y aportó, entre otros materiales, carros de combate. Éstos participaron en la ofensiva sobre Bilbao. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

RECOMPENSAS POR LA RUPTURA DEL CINTURÓN DE HIERRO

La ruptura del Cinturón de Hierro y la posterior conquista de Bilbao tuvieron especial trascendencia para las tropas nacionales a la hora de «liquidar» el llamado frente del Norte. No es de extrañar, pues, que se premiase con la Medalla Militar Individual a las personas destacadas en la consecución de este objetivo.

Aludiremos, en primer lugar, al entonces coronel Juan Bautista Sánchez González, que se hallaba al frente de la 5.ª Brigada de Navarra, y entre los méritos mencionados para concederle la recompensa se citaba que: «al frente de ella ha desarrollado una labor excepcional, en la que no sólo ha puesto de manifiesto sus destacadísimas dotes de mando, sino que ha escrito páginas de 203


gloria para el Ejército, como la ruptura del cinturón de Bilbao». Otro destacado oficial fue el comandante José Lacalle Larraga, quien, pasados los años, llegaría a ser ministro del Aire, y cuyos meritos fueron los siguientes:

Ha tomado parte este comandante de Aviación en las campañas de Vizcaya y Asturias como jefe de Estado Mayor de una gran Unidad, sin ningún otro oficial o auxiliar de Estado Mayor; este jefe puso a contribución una capacidad de trabajo, una inteligencia y una energía excepcionales, en operaciones tan importantes como la ruptura del llamado Cinturón de Hierro de Bilbao; envolvimiento y ocupación de esta villa… Sin estar en posesión del diploma de Estado Mayor superó con su entusiasmo y valía cuantas dificultades se presentaron y fue siempre un ejemplo de virtudes militares para sus subordinados y un completo y eficaz jefe de Estado Mayor para el Mando.

Un tercer oficial que obtuvo dicha recompensa fue el capitán, habilitado de comandante, Marcial Holguín Fernández, un valiente jefe que poco después hallaría la muerte en combate en Asturias. Según la relación de méritos apuntados:

El capitán Holguín se ha distinguido notablemente por su bravura y aciertos en la conducción de las tropas al combate… Se le asignó (el mando) del 3.º Batallón de Argel, cuya unidad reorganizó, infiltrándole el alto espíritu militar de que está dotado, demostrado de modo notorio en la rotura del cinturón fortificado de Bilbao, lo que consiguió el 12 de junio pasado, merced al impulso rápido y decidido al objetivo que se le señaló, siendo esta unida, al mando de su comandante, la primera que abrió brechas y por donde pasó después el resto de la Brigada y las que la flanqueaban.

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AYER Y HOY. BÚNKER DE HORMIGÓN

En la subida al monte Gaztelu, poco antes de llegar a la cumbre, hay un búnker de hormigón que domina un amplio valle. Todavía hoy permanece en bastante buen estado de conservación. (Archivo L. M. Gil).

El día 13 aún continuó ensanchándose la brecha y la 6.ª Brigada consiguió penetrar otros 5 km, pese a los feroces contraataques de las 1.ª, 2.ª y 5.ª divisiones vascas, logrando alcanzar el cordal de la margen derecha del río Nervión. Durante esta misma fecha comenzaron a actuar las brigadas Flechas Negras y la 2.ª de Navarra, a ambos flancos del ataque principal, al norte y sur, respectivamente.

LAS ÚLTIMAS DEFENSAS DE LA CAPITAL. LA CAÍDA DE BILBAO

Fue el día 15 de junio cuando la 1.ª Brigada de Navarra cruzaba el Ibaizábal y el Nervión, antes de su unión al sur de la capital vizcaína, y las tropas de las Flechas Negras hispano-italianas, por la costa, alcanzaron Plencia. Al día siguiente la 6.ª Brigada ocupó el aeródromo de Sondica, ya abandonado por los escasos aviones republicanos, mientras que la 1.ª y la 2.ª prosiguieron su avance por la orilla izquierda del Nervión. La suerte de Bilbao estaba echada.

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El día 17 los últimos defensores de Archanda, que resistían con gran ardor el empuje de los atacantes, hubieron de ceder sus posiciones, y los Flechas Negras alcanzaron Las Arenas. Al día siguiente las tropas nacionales ocuparon Pagasarri y otros montes situados al suroeste de Bilbao.

RESTOS EN GALDÁCANO

Aún se conservan varios restos del Cinturón de Hierro en la ciudad de Galdácano, pese a que la maleza oculta una buena parte del muro aspillerado. (Archivo L. M. Gil).

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ARTILLERÍA NACIONAL EN LA RUPTURA DEL CINTURÓN DE HIERRO

Jefe de la Artillería (teniente coronel Martínez de Campos)

Agrupación Legionaria (italiana) (teniente coronel Falconi)

• Un grupo de cañones de 65 mm (dos baterías)

• Un grupo de cañones legionarios de 75 mm (3 baterías)

• Un grupo de obuses legionarios de 100 mm (2 baterías)

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• Un grupo de obuses de montaña de 105 mm (2 baterías)

• Un grupo de cañones legionarios de 105 mm (2 baterías)

• Un grupo de cañones de 149 mm (2 baterías)

Total: 13 baterías

Agrupación de Campaña (teniente coronel Alcarraz)

• Un grupo de cañones legionarios de 75 mm (1 batería y 1 sección)

• Un grupo de buses legionarios de 100 (3 baterías)

• Un grupo de obuses de montaña de 105 (3 baterías)

• Una batería de cañones legionarios de 75 Schneider

Total: 8 baterías y una sección

Agrupación Mixta (teniente coronel Castro)

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• Un grupo de obuses de campaña de 105 mm (1 batería y 1 sección)

• Un grupo de cañones de 105 mm legionarios (2 baterías)

• Un grupo de cañones de 149 mm (2 baterías)

• Una batería de cañones de 75 mm Schneider

• Una batería de obuses de 155 mm Schneider

Total: 7 baterías y una sección

Agrupación de Posición (teniente coronel Zaragoza)

• Un grupo de obuses de 210 mm (2 baterías)

• Un grupo de morteros de 260 mm (2 baterías)

• Una batería de obuses de 305 mm

Total: 5 baterías

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Servicio de Información de Artillería (teniente coronel Pérez de Guzmán)

• Un grupo de obuses de 155 mm (2 baterías)

• Servicio de Localización por el Sonido

• Servicio de Transmisiones

Total: 2 baterías

ARTILLERÍA NACIONAL

Aunque la mayor parte de la artillería nacional que atacó el Cinturón de Hierro era de procedencia italiana o francesa –en servicio en el Ejército español de la época–, algunas de las piezas que se emplearon eran ya venerables obuses de bronce procedentes del siglo anterior, como el mostrado en la imagen. (Archivo Canario Azaola).

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PROTAGONISTAS

ALEJANDRO GOICOECHEA OMAR (1895-1984)

Alejandro Goicoechea Omar nació en Elorrio (Vizcaya) en 1895, hijo del farmacéutico de la localidad. Tras cursar bachillerato en el colegio de los padres jesuitas de Orduña, ingresó en la Academia de Ingenieros del Ejército, en Guadalajara. Al terminar sus estudios, y ya con el empleo de teniente, fue destinado al Regimiento de Ferrocarriles de Madrid. Entonces ya estaba fascinado por los trenes, que había conocido bien, desde su adolescencia, en los Ferrocarriles Vascongados. Esta atracción hizo que a los 25 años, y tras servir en Marruecos como capitán, en 1921 se retirase de la vida castrense y comenzara a prestar servicios en la Compañía del Ferrocarril Bilbao-La Robla, dedicada al transporte de mineral, y donde ocupó la jefatura de materiales de tracción hasta 1936. Durante ese tiempo aplicó nuevas técnicas de soldadura utilizadas en Bélgica y Alemania para la construcción de puentes y acorazados, con el fin de proveer a los trenes de la empresa de unos vagones más ligeros, rápidos y resistentes. Allí desarrolló las ideas que luego le convertirían en uno de los más conocidos inventores españoles. Él fue el creador del tren articulado ligero que lleva su nombre (TALGO o Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol). La Guerra Civil Española interrumpió sus trabajos y Goicoechea fue incorporado al Cuerpo de Ejército de Euskadi como capitán de Ingenieros, encargado de dirigir las obras de fortificación de Bilbao. En febrero de 1937 se pasó al bando nacional con los planos del llamado Cinturón de Hierro, y proporcionó una valiosa información, que contribuyó a la posterior caída de la capital vizcaína en manos de los alzados. El capitán Goicoechea presentó sus teorías en el Congreso de Ciencias de Santander de 1938 y, en 1939, con el apoyo del mando militar, recuperó sus viejas ideas sobre el tren que había ideado. En 1941 un prototipo de convoy, con estructura de aluminio y compuesto por locomotora y sólo un chasis, fue puesto en práctica en la línea Madrid-Leganés. En la capital, Goicoechea siguió desarrollando sus investigaciones, con la ayuda financiera de José Luis Oriol, patriarca de la familia Oriol y Urquijo, con quien fundó en 1942 la compañía Patentes Talgo, S.A. Poco después, se desvinculó totalmente de la empresa, antes, incluso, de la inauguración oficial de la primera unidad del TALGO. Un segundo modelo, llamado «TALGOII», fue producido en Nueva York (EE. UU) en 1949, bajo la dirección de ingenieros españoles, y al año siguiente, el 14 de julio de 1950, ya funcionaba para RENFE en la línea Madrid-Valladolid. El 211


TALGO fue presentado como «el más alto exponente de la tecnología española» y constituyó todo un acontecimiento nacional e internacional. A principios de la década de los setenta, Goicoechea proyectó un vanguardista «tren vertebrado», que desgraciadamente no tuvo aplicación comercial. En la década siguiente aparecieron los llamados «TALGOS pendulares», trenes más confortables y capaces de incrementar la velocidad en las curvas. Varios avances ideados por Goicoechea también fueron incorporados a los actuales trenes de alta velocidad. Retirado como teniente coronel de Ingenieros, Alejandro Goicoechea falleció en el Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid en 1984.

Fue el 19 de junio cuando los atacantes navarros, apoyados por dos compañías de carros de combate alemanes, se aproximaron a las afueras de la villa bilbaína. Comenzaron la ocupación de Bilbao las tropas de la 5.ª, 1.ª, 2.ª, 6.ª y Flechas Negras, desde diferentes puntos. En la margen izquierda del Nervión aun resistía Baracaldo, sede de buena parte de la industria, donde se sitúaban cuatro batallones nacionalistas vascos, que impidieron la voladura de las fábricas por las tropas expedicionarias asturianas. Por cierto que, al respecto de la rivalidad interna entre vascos y asturianos, se dice que estos últimos, de filiación izquierdista, decían a los gudaris nacionalistas: «Primero, a por los de enfrente. Después, a por vosotros». Se trataba de forzosos «compañeros de viaje».

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RÍA DE BILBAO

El 19 de junio de 1937 comenzó la ocupación de Bilbao por parte de las 1.ª, 2.ª, 5.ª y 6.ª brigadas navarras y la de Flechas Negras. En la margen izquierda del Nervión resistía Baracaldo, sede de la mayor parte de la industria, donde se situaban cuatro batallones nacionalistas, que impidieron la voladura de las fábricas.(Archivo Canario Azaola).

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CARRO LIGERO TRUBIA-NAVAL

Tropas nacionales acaban de capturar un carro ligero fabricado en Bilbao, en la Constructora Naval de Sestao. (Archivo Canario Azaola).

Después de la toma de Bilbao, el Cuerpo de Ejército Vasco pasó a ser mandado por el coronel Vidal Munárriz y el renacido Ejército del Norte por Gamir Ulibarri. Fueron disueltas las divisiones 4.ª y de enlace. La 5.ª División vasca tomó el número de esta última y se crearon otras dos, llamadas 5.ª y 6.ª, con las nuevas brigadas expedicionarias de Asturias y Santander, ya que las antiguas volvieron a sus lugares de origen. De las dieciocho brigadas vascas que comenzaron las operaciones sólo quedaron doce, ya que las otras seis se perdieron en la lucha.

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FRANCO EN EL FRENTE DEL NORTE Los generales Franco y Dávila visitando el frente del Norte, en plena ofensiva sobre Bilbao. (Archivo Canario Azaola).

LA AVIACIÓN ENVIZCAYA: FACTOR PSICOLÓGICO EL BOMBARDEO DE GUERNICA

Desde el inicio de la Guerra Civil, la franja cantábrica en poder de los gubernamentales tenía una gran escasez de material aéreo de primera línea. Algunos aviones militares (Breguet XIX, Nieuport 52, De Havilland DH-89 Dragón Rapide, Fokker F-VII y Vickers Vildebeest) con los que contaban fueron enviados desde Madrid y Barcelona a los aeródromos del norte. Ahora bien, los adversarios poseían, en principio, casi los mismos modelos de aviones, por lo que no es de extrañar que por esta época no se notase especialmente una clara superioridad aérea en ninguno de los bandos.

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No fue hasta noviembre y diciembre de 1936 que comenzaron a llegar al norte aviones militares modernos. Por parte gubernamental lo hicieron los cazas biplanos Polikarpov I-15 «Chato», y en el bando de los sublevados fueron los aviones alemanes Heinkel He 51 y Junkers Ju 52. Durante la ofensiva republicana de Villareal de Álava, la lucha aérea podemos decir que quedó en tablas, con pérdidas sensibles en cada bando, con el derribo de algún caza I-15 o Heinkel He 51, así como el batimiento en Bilbao de un trimotor Junkers Ju 52 el 4 de enero de 1937. La guerra aérea en Vizcaya La aviación republicana en el primer trimestre de 1937 apenas si tuvo refuerzos y podemos afirmar que sólo lo hizo con un puñado de Breguet XIX, tres aviones civiles norteamericanos Lockheed, transformados en bombarderos improvisados, y ocho cazas checos Letov S-231, de escaso valor combativo.

Por lo contrario, en el bando nacional el 31 de marzo de 1937, al comenzar la ofensiva sobre Vizcaya, la aviación nacional concentró en los aeródromos norteños de Burgos y Álava al grueso de la Legión Cóndor germana, equipada con un grupo de caza, otro de bombardeo, una 216


escuadrilla de reconocimiento, próximo y lejano, amén de dos unidades experimentales: una equipada con modernos bimotores de bombardeo, y otra con aviones de bombardeo en picado Henschel Hs 123. La Aviación legionaria italiana, con sus bombarderos Savoia SM. 81 desplegados en Soria, podía actuar tanto en el norte como en el centro, y situó sus cazas Fiat CR.32 en Vitoria. La aviación nacional española contaba con Breguet XIX, Heinkel He 46, Fokker F-XII y DH 89 Dragon Rapide. Si temor a equivocarnos podemos afirmar que la desproporción numérica a favor de los atacantes era de cuatro a uno, como mínimo. Los aviones experimentales alemanes Heinkel He 111, Dornier Do 17 y Junkers Ju 86, amén de los monomotores He 70, comenzaron un sistemático bombardeo de la retaguardia vizcaína y santanderina, atacando aeródromos, puertos e industrias de guerra en dichas provincias, alcanzando notables éxitos, tales como la destrucción de varios aviones gubernamentales en tierra. A estos aviones se unieron, a finales de mes, los veloces trimotores italianos Savoia SM. 79, recién llegados de Italia.

La aviación gubernamental se reforzó en marzo de 1937 con la llegada de los citados biplanos de caza Letov S-231 y un puñado de aviones de bombardeo táctico holandeses Koolhoven FK 51, también de escaso valor combativo. Durante este mes los cazas soviéticos I-15 «Chato» sufrieron importante mermas, tanto en combate aéreo como en tierra y ello originó un 217


incesante goteo de telegramas dirigidos tanto al ministro de Marina y Aire como al de Guerra en demanda de refuerzos aéreos para Vizcaya. El lehendakari Aguirre y el general jefe del Ejército del Norte, Llano de la Encomienda, no vieron compensadas sus esforzadas peticiones hasta la última decena de mayo de 1937, como después veremos.

El factor psicológico de la aviación Nada más comenzar la ofensiva sobre Vizcaya, los bombarderos pesados italianos Savoia SM.81 bombardearon el casco urbano de Durango, y varias bombas cayeron sobre dos templos abiertos al culto, matando a varios religiosos, tanto sacerdotes como monjas, lo que originó un profundo malestar entre los civiles vascos. Esto fue aprovechado por la propaganda del Gobierno autónomo de Euskadi ante la opinión pública internacional. Pero, además, los continuos ataques aéreos de los bombarderos germanos sobre la zona fabril bilbaína, y los objetivos militares situados en zonas urbanas, ocasionaban el incesante sonar de las sirenas de alarma, con continuas bajadas de la población a los refugios subterráneos, lo que causó un clima de pavor entre los civiles y no combatientes, incluidas las mujeres y niños. El factor psicológico fue más dañino que los efectos materiales ocasionados por los bombardeos aéreos que, si bien causaban algunas víctimas, no lo hicieron en la medida en que cabría pensar. Sin embargo, la impresión de que la guerra la ganaría el bando que tuviese más aviación caló muy hondo entre los vascos. La verdad era que ellos apenas veían a la aviación propia derribar a los aviones atacantes. Por eso, el domingo 18 de abril, cuando los cazas rusos I-15 mandados por el teniente Felipe del Río consiguieron abatir un moderno bimotor Dornier Do 17 alemán sobre Bilbao, la victoria fue celebrada por todo lo alto, aunque, cuatro días después, el heroico piloto Del Río, ascendido a capitán por sus méritos, sucumbió ante los modernos cazas monoplanos alemanes Messerschmitt Bf 109, que equipaban una de las escuadrillas de la Legión Cóndor. No es de extrañar, pues, que sobre la villa de Guernica, no volase un solo avión gubernamental el día 26 de abril de 1937.

El bombardeo de Guernica El ataque aéreo llevado a cabo por la aviación nacional sobre la villa vizcaína de Guernica, la «ciudad santa» de los vascos, donde se ubicaba el célebre árbol de Guernica, ha hecho correr ríos de tinta al respecto. La leyenda se forjó en torno al bárbaro bombardeo germano efectuado sobre una indefensa ciudad y que produjo dos mil muertos, según los primeros informes de las 218


autoridades vascas. Hoy en día podemos apuntar que la cifra de muertos fue de algo menos de 150 personas, según ha podido determinar el general Salas Larrazábal.

No obstante, gracias a un informe del teniente coronel Von Richtofen, jefe de Estado Mayor de la Legión Cóndor, podemos afirmar claramente que el objetivo a batir el 26 de abril de 1937 era únicamente el puente y la red de carreteras situados al este de Guernica, y se señalaba expresamente que la población debía ser respetada. Esta orden fue cursada por teletipo a las unidades aéreas de la Cóndor a las 14:45 horas. La clave del informe de Von Richtofen radica en un importante error, cometido por omisión. En este escrito se indica cómo se realizó el ataque aéreo por parte de las unidades de la Legión Cóndor. Éste, inicialmente, corrió a cargo de tres bombarderos rápidos de la escuadrilla experimental VB./88 –He 111 y Do 17–, que lograron «bastante buena puntería», unos 45 minutos antes del ataque general, que fue efectuado en tres oleadas sucesivas a las 17:00, 17:35 y 17:45 horas, respectivamente, por parte de las tres escuadrillas de trimotores Junkers Ju 52 del grupo KG./88. También se reconoce que durante la última oleada de los Ju 52 se utilizaron bombas incendiarias. Los observadores de los aparatos rápidos germanos informaron, tras el aterrizaje en Burgos, que Guernica ardía en diferentes puntos. Ello se debió a que los aviones alemanes actuaron aislada y escalonadamente. La omisión referida con anterioridad se trata de la actuación, en el intervalo, de una escuadrilla italiana de tres trimotores rápidos Savoia Marchetti SM.79. Estos aparatos bombardearon el puente de Guernica y, con toda probabilidad, las bombas cayeron largas, produciendo estos incendios señalados en el casco urbano de Guernica. Sucesivamente, los observadores de los trimotores Junkers Ju 52, debido al humo de los incendios, que impedían una visibilidad adecuada, fueron alargando sucesivamente el tiro, arrojando las bombas sobre los incendios vistos, lo que constituía su mejor referencia. Todo ello fue agravado con la utilización de bombas incendiarias por la última escuadrilla germana. Está, pues, claramente descartado el bombardeo intencionado de la población civil de Guernica. Se trató de un grave error, lisa y llanamente, lo cual descarta una aviesa intención político-militar. 219


Los últimos combates aéreos en Vizcaya

En el mes de mayo de 1937, tras las angustiosas peticiones de refuerzos aéreos, llegaron en vuelo directo desde el centro de España, a Santander y Bilbao, dos escuadrillas de cazas Polikarpov I-15 «Chato», con un total de 16 aviones, mandados por los tenientes Gerardo Gil y José Riverola. Estos aparatos empezaron a combatir el mismo día 22 de mayo, perdiendo varios aviones, tanto en esta fecha como en otras sucesivas, durante los combates aéreos desarrollados contra los cazas adversarios Bf 109 y Fiat CR.32.

No obstante, el mayor desastre para estos nuevos cazas rusos ocurrió entre los días 4 y 5 de junio de 1937, muy pocas fechas antes del comienzo de las operaciones de ruptura del Cinturón de Hierro. Como decimos, en estos días los cazas gubernamentales actuaban desde el nuevo aeródromo de Somorrostro, ubicado en el ayuntamiento de Abanto y Ciérvana. Este aeródromo fue descubierto por sus adversarios y los valiosos aparatos fueron ametrallados y bombardeados en tierra por los aviones italianos, que destruyeron al menos cinco de ellos y averiaron seriamente a otros varios.

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Es por ello que los aviones supervivientes fueron trasladados a Santander y no actuaron, en consecuencia, durante las operaciones de los días 11 y 12 de junio. Tampoco lo hicieron en los días sucesivos. Así, la aviación republicana no actuó en defensa de las tropas de tierra del Cuerpo de Ejército vasco. No obstante, y a causa del fuego antiaéreo de los defensores, los aviones atacantes sufrieron la pérdida de un avión de bombardeo en picado Henschel Hs 123 «Angelito», que cayó en Larrabezúa con su piloto alemán muerto, y otro de reconocimiento Heinkel He 70, que fue abatido en las cercanías de Archanda, también con sus tripulantes fallecidos.

Se ha escrito que los modernos cazas soviéticos Polikarpov I-16 Mosca llegaron al norte muy pocas fechas después de la caída de Bilbao, pero lo cierto es que los ocho primeros no llegaron a Santander hasta el día 3 de julio de 1937, cuando Vizcaya había sido casi totalmente conquistada.

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La batalla de Brunete

ESCUDO DE BRUNETE

Escudo de la villa de Brunete.

Tras la caída de Bilbao en junio de 1937, el jefe del Estado Mayor Central del Ejército Popular de la República, coronel Rojo, con el asesoramiento del entonces coronel Rodion Malinoski, más tarde ministro de defensa de la Unión Soviética, planeó la que pasaría a la historia como batalla de Brunete, con el objetivo inicial de detener la ofensiva del Ejército nacional contra Santander y destruir, al menos parcialmente, el Cuerpo de Ejército que asediaba Madrid, realizando un ataque que amenazara sus comunicaciones y que provocara el repliegue de su frente, librando a la capital de su acoso.

PLANTEAMIENTO DE LA BATALLA

El planteamiento final de la operación, recogido en la directiva del Ejército de Maniobra fechada el 4 de julio de 1937, consistía en un esfuerzo principal, realizado en la línea El EscorialGalapagar hacia Navalcarnero, que se concretaba en el ataque en la dirección general Valdemorillo-Villanueva de la Cañada-Brunete-Villaviciosa de Odón, con la intención de romper la línea de resistencia enemiga y penetrar profundamente en su dispositivo, siguiendo 222


sensiblemente la dirección norte-sur. Esta zona, dominada por los puestos avanzados y de observación republicanos, estaba pobremente ocupada y mal defendida por los nacionales, por lo que se eligió, para el ataque inicial, una infiltración nocturna sin preparación artillera previa. El esfuerzo secundario debía darse en la dirección este-oeste, partiendo desde Villaverde, en el sur de Madrid, rompiendo las posiciones, ya por entonces bastante sólidas, del Cerro del Basurero y sus alrededores.

GENERAL ROJO

Oficial profesional y competente, el por entonces coronel Vicente Rojo Lluch era el jefe del Estado Mayor Central del recién creado Ejército Popular de la República. A las órdenes del general Miaja, Rojo se destacó en la redacción de los planes para salvar Madrid, alcanzando con ello gran prestigio profesional. Meses más tarde, ascendería al empleo de general. Como jefe del Estado Mayor de Miaja, redactó la orden de operaciones de la batalla de Brunete. (Colección J. M. Campesino).

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MILICIANO

Abajo. Hasta mayo de 1937, las fuerzas que defendían la legalidad republicana no estaban sujetas a un mando único. Las llamadas milicias populares hacían la guerra por su cuenta, muchas veces en función de intereses del partido o sindicato de turno. (Reconstrucción histórica. Autores).

El planteamiento inicial de la maniobra principal comprendía tres fases. En la primera, se rompería el frente enemigo y se ocuparía el sector de Quijorna y Villanueva de la Cañada. Posteriormente se tomaría Brunete y parte de la carretera de Villanueva de Perales a Bobadilla del Monte. Finalmente, se formarían y consolidarían dos cabezas de puente al este del río Guadarrama (vértices Romanillos y Mosquito). A la dirección del esfuerzo principal se añadían otras eventuales hacia Las Rozas o hacia Navalcarnero, desde Brunete, en función del desarrollo de los combates. Sin embargo, este plan, flexible en función de las circunstancias, pero indefinido, fue una de las causas que indujo a las unidades atacantes a no profundizar en el mismo. La flexibilidad operativa era una cualidad que requería unos mandos y unas tropas inexistentes en esos momentos en ese escenario.

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CARTELES

Dos carteles republicanos en los que se ensalza al nuevo Ejército Popular y se aboga por el mando único del mismo. (Colección J. M. Campesino).

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TENIENTE DEL EJÉRCITO POPULAR

El Ejército Popular de la República cambió las estrellas por barras horizontales para señalar la graduación de sus oficiales y jefes y añadió en la gorra de plato la estrella roja de cinco puntas, al estilo del Ejército Rojo soviético. (Reconstrucción histórica. Autores).

BOADILLA DEL MONTE

La localidad madrileña todavía mantiene uno de los letreros con el nombre de la localidad de la época de la Guerra Civil Española. (Autores).

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EL PALACIO DE BOADILLA DEL MONTE

Llamado del Infante don Luis o de los Duques de Sueca o de la Condesa de Chinchón o de Godoy o de las Dos Torres o de los Tristes Casados, el palacio de Boadilla del Monte fue ordenado construir a finales del XVIII por el malogrado Luis de Borbón y Farnesio, hermano de Carlos III. El maestro mayor de la villa, Ventura Rodríguez, diseñó para él un precioso conjunto neoclásico, con una construcción sencilla, pero sumamente elegante, rodeada de jardines italianos y huertas, que pronto acogería numerosas obras de arte y atraería a artistas de la época, como por ejemplo, al compositor Luigi Boccherini, quien compuso aquí gran cantidad de obras. Durante la guerra, el palacio fue confiscado por los republicanos al caer el pueblo de Boadilla en su zona, hasta que los nacionales lo tomaron en un violento combate durante las jornadas de diciembre de 1936, con lo que pasó a ser Cuartel General de la División de Madrid número 1 en sus distintas numeraciones (1.ª de Madrid, 71 y 11; general don José Iruretagoyena Solchaga; jefe de Estado Mayor comandante don Carlos Calvo Molleda). Tras la guerra, habiendo quedado muy dañado –un proyectil destrozó parte del techo y un incendio acabó con los jardines–, fue rehabilitado por Regiones Devastadas, que lo habilitó para residencia-escuela de huérfanas de la guerra en dependencia del Auxilio Social. 227


Su momento de mayor protagonismo en la contienda ocurrió durante la batalla de Brunete, pues aquí instaló su puesto de mando el general Varela para detener el ala izquierda de la ofensiva republicana, que buscaba tomar Boadilla del Monte como parte fundamental de la operación. Sólo la tenaz resistencia de los nacionales en el cercano vértice Mosquito impediría el éxito de tal acción, nutriéndose su defensa con escribientes, cocineros, enlaces, asistentes y demás personal auxiliar del palacio del Infante a falta de otras tropas de refresco en los primeros momentos de la batalla. Algunas fuentes aseguran que la construcción llegó a estar a tiro de unos carros soviéticos T-26 pertenecientes a una audaz avanzadilla atacante que hubo de retirarse. También se contemplaban varios ataques de diversión, el más importante de los cuales era el que debía producirse, reiteradamente, sobre la zona de Seseña-Cuesta de la Reina. Los medios frentepopulistas asignados, en parte ya fogueados en la batalla de La Granja (Segovia), pertenecían a lo más selecto del recientemente creado Ejército Popular de la República, una vez comprobada la nula eficacia de las Milicias Revolucionarias (ver cuadro). Eran la mayor y mejor concentración de fuerzas de toda la guerra hasta ese momento.

VOLUNTARIOS INTERNACIONALES

En Brunete lucharon cinco Brigadas –la XI, XII, XIII, XV y CL– compuestas por voluntarios internacionales. En la imagen, dos voluntarios de procedencia soviética manejando una ametralladora Degtyarev DT. (Colección J. M. Campesino).

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PALACIO DEL INFANTE DON LUIS

Fachada principal del palacio de Boadilla del Monte, Cuartel General de la División 71 durante la batalla de Brunete. Está deshabitado y sus instalaciones fueron objeto de polémica en los medios de comunicación por el interés que despertó el proyecto de hacer de ella sede de la Sociedad General de Autores de España. (Autores).

El esfuerzo principal correría a cargo de un eventual Ejército de Maniobra que estaría a las órdenes del general Miaja, que disponía de los Cuerpos de Ejército V y XVIII, al mando, respectivamente, del mayor de milicias Modesto y del teniente coronel de artillería Jurado. En el primero se integraban las divisiones 11, 46 y 35 y, en el segundo, las divisiones 34, 10 y 15. Su misión sería avanzar desde la sierra hasta Brunete, formar sendas cabezas de puente sobre el río 229


Guadarrama y seguir hasta la carretera de Extremadura. Como unidades de reserva se habían propuesto las 39 y 45 divisiones, así como tres brigadas mixtas independientes. La misión secundaria se encomendó al Cuerpo de Ejército II bis, también llamado de Vallecas, al mando del teniente coronel Romero, quien trataría de llegar la carretera de Extremadura, después de cortar las de Andalucía y Toledo.

CASCO Modelo de casco francés, denominado «Adrian», empleado con profusión durante la Guerra Civil Española por los contendientes del bando republicano. El mostrado en la imagen está decorado con una estrella roja de tres puntas, distintivo de las Brigadas internacionales. (Colección J. M. Campesino).

ACTO MILITAR

Parada militar republicana en la que varios jefes –entre los que se encuentran Valentín González, Enrique Líster y José Miaja– hacen honores a la bandera con el clásico saludo de la España republicana: con el puño cerrado.(Colección J. M. Campesino).

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LAS FUERZAS REPUBLICANAS ATACANTES

EJÉRCITO DEL CENTRO (general Miaja)

EJÉRCITO DE MANIOBRA

V CUERPO (mayor Modesto)

DIVISIÓN 11 (Líster)

Brigadas I, IX y C

DIVISIÓN 35 ( Walter)

Brigadas XI, XXXII y CVIII

DIVISIÓN 46 (Valentín González)

Brigadas X y CI

XVIII CUERPO (teniente coronel Jurado)

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DIVISIÓN 34 (Galán)

Brigadas III, LVIII y XVI

DIVISIÓN 10 (Enciso)

Brigadas II y CVI

DIVISIÓN X (Gal)

Brigadas XV y XIII

II CUERPO Bis (Cuerpo de Ejército de Vallecas)

(teniente coronel Romero)

DIVISIÓN 4 (Bueno)

Brigadas XLI y XXI

DIVISIÓN 24 (Gallo) Brigadas VI, XIX y VII 232


RESERVA

DIVISIÓN 45 (Kleber)

Brigadas XII y CL

DIVISIÓN 47 (Durán)

Brigadas LXIX y Marinos-Carabineros

DISPONÍAN TAMBIÉN DE:

• Un regimiento, un grupo de escuadrones y dos escuadrones de Caballería.

• Cinco grupos y 25 baterías de Artillería de diferentes calibres.

• Dos batallones de zapadores y dos equipos de destrucciones.

• 130 carros de combate y 40 blindados de ruedas.

• Tres trenes. 233


BÚNKER Uno de los numerosos búnkeres que todavía perviven, con Brunete al fondo. En realidad, la mayoría fueron construidos por los nacionales tras la batalla. (Autores).

PROTAGONISTAS OLIVER LAW (1900-1937) Aunque suele haber confusión entre los biógrafos sobre la fecha de su nacimiento, lo que sí parece claro es que el que sería primer jefe negro de un batallón americano en combate nació en el estado de Tejas; alistado al Ejército, no participó en la Primera Guerra Mundial, como también se ha afirmado, sino que estuvo de guarnición en la frontera mexicana. Tras su paso por el Army se instaló en Chicago, donde se desempeñó como conductor, entre otros oficios, antes de montar un pequeño restaurante que no prosperó. En el paro durante los violentos años 30 de la Depresión americana, se afilió al Partido Comunista, siendo uno de sus principales agitadores, lo que le costó más de una paliza a cargo de la ruda policía de la ciudad de los gángsters. Enrolado de los primeros, viajó a España en el barco París, y pronto destacó como ametrallador en la compañía Tom Mooney, donde se granjeó una fama de valor que le sirvió para que el partido, viendo el provecho político que podía sacar del hecho, lo encaramase al puesto de jefe del Batallón Lincoln, decisión polémica entre los propios voluntarios, parte de 234


los cuales lo despreciaba. Su muerte en el vértice Mosquito, cuyos ataques dirigió frontalmente sin brillantez alguna, estuvo rodeada de polémica, si bien parece cierto que cayó bravamente encabezando uno de los últimos empeños, a juzgar por los testimonios más fiables. La leyenda dice que sus camaradas pusieron un cartel de madera que señalaba el lugar de su enterramiento con la inscripción: «Aquí yace Oliver Law, primer negro muerto al frente de una unidad de norteamericanos libres». Obsesionado al parecer con Etiopía, definitivamente eligió mal su guerra, pues España no era Abisinia…

FILATELIA Y GUIÓN

Sello soviético alusivo a sus tanques y enseña del III batallón de la Brigada de Tanques republicana. (Vía autores y archivo Fundación Yagüe).

En conjunto se pusieron en línea 10 divisiones, con un total de 28 brigadas, apoyadas por un regimiento de caballería y varios escuadrones independientes, zapadores, dos grupos motorizados y dos unidades de ambulancias. La masa artillera dispuso de casi dos centenares de cañones de campaña –incluyendo las piezas antiaéreas– y cañones antiaéreos. Asimismo, la Brigada de Carros de Combate contaba con una fuerza inicial de 130 carros, 40 vehículos blindados y tres trenes blindados. Respecto a la aviación, el apoyo aéreo lo proporcionarían dos grupos de bombardeo dotados de Katiuskas, dos grupos de aviones de asalto con aviones soviéticos Rasantes y Natachas y la Escuadra de Caza, que podía alinear 13 escuadrillas de Chatos y Moscas. En total, el número de escuadrillas que participaron fueron 25, con unos 300 aparatos. Esta concentración de poder aéreo y acorazado era insólita y no había sido vista hasta entonces en la Guerra Civil. 235


CARROS DE COMBATE

La maniobra diseñada por Rojo para la batalla contemplaba la presencia de 130 carros de combate, algo nunca visto hasta ese momento en la Guerra Civil Española. La mayoría eran del modelo soviético T-26 B, como el que se muestra en la ilustración.

DISTINTIVO

En el Ejército Popular de la República, los encargados de las ametralladoras –también llamadas máquinas– portaban sobre el uniforme este emblema de tela y metal. (Colección J. M. Campesino).

La 1.ª Brigada de Ingenios Blindados republicana ya se había estrenado en Guadalajara y El Jarama, y en esta época estaba al mando del general Rudolf (sucesor de Pavlov). Estaba nutrida fundamentalmente por carristas soviéticos de la Brigada Blindada de Bielorrusia y españoles del Partido Comunista. Estaba organizada en cuatro batallones de carros T-26 B con unos 130 ingenios y un batallón de autoametralladoras-cañón BA-6 con unos 40 vehículos, todos ellos de factura soviética. Esta considerable fuerza acorazada fue distribuida, según la doctrina de la época, entre todas las unidades, renunciando así a una de sus principales bazas caso de haberla utilizado en masa. Cada uno de los tres cuerpos de ejército atacantes recibió un batallón de carros 236


y una compañía de blindados, y algunos más se distribuyeron entre las diversas divisiones. En reserva quedaron otro batallón al completo y una compañía de blindados. Para dar una idea del alcance que pudo tener aquella operación de doble envolvimiento, que hubiera cortado las carreteras de Extremadura, Toledo y Getafe, baste citar que se dotaron de medios de transporte suplementario a cada uno de los cuerpos de ejército que iban a llevar el esfuerzo principal, para penetrar en profundidad rápidamente. En concreto, se les asignaron 200 camiones para mantener sobre ruedas dos brigadas, por si las circunstancias aconsejasen la explotación del éxito con elementos motorizados.

AMETRALLADORA

Se trata de un modelo de diseño norteamericano, aunque fue producida en numerosos países. A la España republicana llegaron numerosas unidades procedentes de la Unión Soviética. (Autores).

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GENERAL YAGÜE

En julio de 1937, el entonces general de brigada Juan Yagüe Blanco era el jefe provisional del I Cuerpo de Ejército nacional. Había sustituido en el mando al general Valdés Cabanillas y su cuartel general se situaba en Villa del Prado. (Fundación Yagüe).

LAS FUERZAS NACIONALES PRESENTES

En el sector donde se llevaría a cabo el ataque principal estaba desplegado el denominado I Cuerpo de Ejército nacional, mandado provisionalmente por el general Yagüe, con límites en el río Guadarrama y puente del Arzobispo y el cuartel general situado en Villa del Prado. Estaba compuesto por las divisiones 11.ª, 12.ª, 13.ª y 14.ª, a las órdenes, respectivamente, de los coroneles Iruretagoyena, Asensio, Barrón y el propio Yagüe, más la Brigada de Vanguardia, que estaba al mando del coronel Ríos Capapé. En el sector amenazado estaba desplegada la 71.ª División, encuadrada en el Cuerpo de Ejército del general Varela, al mando del coronel Serrador. También había unidades del VII Cuerpo de Ejército pertenecientes a la 75.ª División. Desplegaba la 11.ª División (Iruretagoyena) al este del río Guadarrama, hasta la carretera de Extremadura, pero con la Brigada de Vanguardia en la Ciudad Universitaria, con la 14.ª a su derecha y la 12.ª incrustada en ella, en la cabeza de puente del Jarama. La 71.ª División (anteriormente numerada como 75) se extendía desde la Sierra de Guadarrama al río del mismo nombre. La reserva del Ejército estaba constituida por la 13.ª División que, situada a la retaguardia de las anteriores, tenía su cuartel general en Navalcarnero. El 28 de junio de 1937, las divisiones antes citadas habían cambiado su numeración. En plena batalla se constituyó la División Provisional Guadarrama, con unidades de la 11.ª División.

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TROPAS NACIONALES Alférez, soldado y abanderado de las fuerzas que cubrían el sector de Brunete. Se trata de un alférez provisional de Infantería, formado durante la contienda y de clara adscripción falangista, como denota el emblema que adorna su uniforme. El soldado, armado con mosquetón –al igual que el abanderado–, lleva también una pistola al cinto. (Reconstrucción histórica. Autores).

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PANORÁMICA

La batalla de Brunete se preparó minuciosamente, para lo que se elaboraron panorámicas del campo enemigo. En ésta puede verse el castillo de Villafranca.(Martínez Bande).

BÚNKER

Entorno a Brunete quedan muchos vestigios históricos. (Autores).

Aunque se tenían noticias del ataque enemigo, hasta la víspera del mismo no se reforzaron algunas posiciones de vanguardia con las reservas locales. En todo caso, se consiguió la sorpresa táctica por parte del atacante, pues los nacionales no valoraron adecuadamente las noticias e indicios existentes relativos a las intenciones el Ejército Popular. La lucha principal, que tuvo lugar en la zona de Brunete, la pretendió librar el mando nacional empleando sólo parte de las divisiones 71.ª y 11.ª, junto con la 13.ª (eran menos de 20.000 hombres en total) y las divisiones 108.ª y 150.ª, que se enviaron a la zona apresuradamente. Como se verá, fue necesario trasladar a la zona de operaciones a la IV y V brigadas de Navarra (que pese a su denominación eran en realidad de entidad divisionaria) y crear otras nuevas tomando como 240


base a la 108.ª. En total, el Ejército del Norte empleó el equivalente a 70 batallones de Infantería, lo que demuestra la potencia de las unidades enemigas empeñadas y lo que hubieran podido hacer de haber profundizado con energía las dos primeras jornadas de la batalla.

DISTINTIVO

Uno de los modelos de emblema empleados por los miembros de las fuerzas blindadas de la República. (Colección J. M. Campesino).

TANQUE

La mayoría de los carros de combate que participaron en la batalla de Brunete eran del modelo T-26 B, de factura soviética. (Vía autores).

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PROTAGONISTAS

JOSÉVARELA IGLESIAS (1891-1951)

José Enrique Varela Iglesias nació en San Fernando (Cádiz) el 17 de abril de 1891, hijo de Juan Varela Pérez, sargento de banda del 1.º Regimiento de Infantería de Marina. A los dieciocho años ingresó como corneta en el mismo regimiento y en 1912, ya con el grado de sargento de Infantería de Marina, consiguió ingresar en la Academia de Infantería de Toledo. En 1915 recibió el despacho de alférez de manos del propio rey Alfonso XIII. Fue destinado al grupo de Fuerzas Regulares de Melilla con el empleo de teniente y allí fue condecorado, por dos veces, con la Cruz Laureada de San Fernando. La primera la obtuvo en los combates de Muires y Ruman, el 20 de septiembre de 1920, y la segunda en Adama, el día 12 de mayo de 1921. Ascendió a capitán por méritos de guerra y participó en el desembarco de Alhucemas en 1925, operación que m o dificó el curso del conflicto colonial y que consiguió su finalización.

En febrero de 1926 fue ascendido a teniente coronel por méritos de guerra y fue destinado a Ceuta, donde recibió la Medalla Militar Individual. En 1929, ya pacificado Marruecos, ascendió a coronel. La proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931, fue recibida por el coronel Varela con gran reserva, ya que profesaba ideas carlistas, y no dudó en participar en la sublevación del general José Sanjurjo, en agosto de 1932, por lo que sería detenido y encarcelado en Sevilla y Guadalajara. En 1935, siendo José María Gil-Robles ministro de la Guerra y el general Franco jefe de Estado Mayor Central, fue ascendido a general de brigada. A finales de 1935 participó en los planes para derrocar a la República, que no se llevaron a 242


cabo en estos momento por no considerarse adecuada la situación, y también tomó parte en los preparativos definitivos del golpe militar del 18 de julio de 1936. En abril de 1936 asistió a una reunión de un grupo de generales, celebrada en Madrid, de la que tuvo conocimiento el Gobierno. Por ello fue detenido y arrestado en el castillo de Santa Catalina (Cádiz), de donde sería liberado por los militares sublevados, sumándose de inmediato a la sublevación. Durante la Guerra Civil Española, el general José Enrique Varela intervino en la ocupación de Cádiz y en los frentes de Sevilla, Córdoba, Antequera y Málaga. El 24 de septiembre sustituyó a Yagüe al mando de las tropas que, tras haber avanzado por Extremadura y el valle del Tajo, se disponían a liberar el Alcázar de Toledo, lo que consiguió. Después combatió, al frente de sus tropas y con éxito, en las operaciones de Madrid (Ciudad Universitaria), y más tarde en las batallas de Brunete, Teruel y el Ebro. Terminada la contienda civil, fue ascendido a general de división, cuando estaba al mando del Cuerpo de Ejército de Castilla. Desde el agosto de 1939 hasta 1942 fue ministro del Ejército y su labor más destacada al frente del mismo fue la creación de la Escuela Politécnica del Ejército para Ingenieros de Armamento y Construcción, el Regimiento de la Guardia del jefe del Estado, el Museo Histórico Militar, las Milicias Universitarias y las Juntas de Acuartelamiento. También restableció la Academia General Militar de Zaragoza y fundó la Academia de Transformación de Oficiales Provisionales. En 1942 sufrió un atentado, del que salió ileso, llevado a cabo por falangistas a la salida de un acto religioso celebrado en la basílica de Begoña, en Bilbao. Pocos días después, el general Varela cesó en el cargo de ministro, y en 1945 fue nombrado alto comisario de España en el protectorado de Marruecos. En ese puesto fallecería el 24 de marzo de 1951. Se le concedió, a título póstumo, el ascenso a capitán general y el título nobiliario de marqués de Varela de San Fernando.

EL ATAQUE En la madrugada del 5 de julio de 1937 se desencadenó el ataque de distracción por parte del Cuerpo de Ejército de Vallecas sobre la Cuesta de la Reina, en la zona de Aranjuez. El ataque fracasó, al igual que el siguiente, efectuado por la tarde. Los nacionales consiguieron capturar dos carros rusos T-26. Aún tenían mucho que aprender, ambos bandos, sobre la utilización de unidades acorazadas.

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INSTRUCCIONES Con la creación del Ejército Popular se sistematizaron muchos aspectos de la instrucción y la vida diaria del bando republicano. (Colección J. M. Campesino).

Durante la noche del 5 al 6 se produjo la infiltración, con suma cautela y sin preparación artillera, de las fuerzas del Ejército de Maniobra. El éxito fue pleno, al menos en la parte correspondiente a la penetración inicial de 10 km. Sin embargo, fracasarían en la explotación del mismo, lo que marcaría definitivamente el curso de la batalla.

TANQUISTA

Muchos soldados republicanos colocaron, de manera personal, emblemas y distintivos de toda clase en sus uniformes. En este caso se trata de la silueta de un carro de combate Renault FT17, prendida del gorro cuartelero de este soldado. (Colección J. M. Campesino).

Por lo que respecta al sector del V Cuerpo, sobre las 6:00 horas, Brunete, defendido por sólo unos 60 combatientes, estaba rodeado por fuerzas de la 11.ª División y caería a las 11:30 horas. Otras unidades siguieron avanzando hasta cerca de Sevilla la Nueva, pero, al chocar con una ligera resistencia, se detuvieron y retrocedieron hasta las proximidades de Brunete. Otros destacamentos avanzaron, en contra de la orden de operaciones, hasta cerca de Boadilla del Monte, retrocediendo también al encontrar resistencia. Y, en dirección a Villaviciosa de Odón, el avance 244


terminó también a unos pocos kilómetros de Brunete, frente a una resistencia moderada. Más al oeste, en Quijorna y Vértice Llanos, la 46.ª División sí se encontró con una feroz resistencia por parte de los defensores nacionales.

LAS FUERZAS NACIONALES

EJÉRCITO DEL CENTRO (general Saliquet)

I CUERPO DE EJÉRCITO (general Yagüe, accidentalmente)

11.ª DIVISIÓN (general Iruretagoyena)

12.ª DIVISIÓN (general Asensio Cabanillas)

13.ª DIVISIÓN (general Barrón, accidentalmente coronel Rodrigo)

14.ª DIVISIÓN (general Yagüe)

BRIGADA DE VANGUARDIA (coronel Ríos Capapé)

En total, 90 batallones, con cerca de 67.000 hombres, en buena parte del Tercio, de Regulares y la Mehala. 35 baterías de artillería.

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VII CUERPO DE EJÉRCITO (general Varela)

71.ª DIVISIÓN (general Serrador)

72.ª DIVISIÓN (general Moscardó)

En total, 50.000 hombres.

(Posteriormente intervendrían en la batalla las divisiones 108 y 150, amén de las brigadas de Navarra IV y V).

CARRO NACIONAL

Un T-26 soviético, capturado por los nacionales y puesto en servicio contra sus antiguos propietarios. (Archivo Canario Azaola).

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EMBLEMAS

Distintos emblemas empleados por los hombres de las brigadas de Navarra. (Colección J. M. Campesino).

En la zona del Cuerpo de Ejército XVIII, tras cinco asaltos, Villanueva de la Cañada sucumbió pasadas las 21:00 horas, tras lograr fijar los esfuerzos de las divisiones 34.ª y 15.ª.

Ya para entonces se había producido uno de los hechos determinantes de aquella batalla, como fue la reacción inmediata de las unidades atacadas y la defensa a ultranza de sus posiciones, todo lo cual frenó el éxito inicial del ataque. Especial mención merece la oportuna reacción del teniente coronel Álvarez Entrena, quien logró bloquear el avance republicano, con mínimos efectivos y en las proximidades de Brunete, hacia la carretera a Villaviciosa y al río Guadarrama.

Sobre las tres de la tarde el general Varela se hizo cargo del frente atacado y reorganizó el despliegue nacional. Aquel mismo día Franco envió una escuadrilla de caza de la Legión Cóndor desde el Frente del Norte, así como las divisiones 150.ª y 108.ª, acantonadas a gran distancia del frente y que se encontraban con sus unidades muy dispersas.

LEGIONARIO Con su fusil ametrallador al hombro, este cabo de la Legión adscrito a la 13.ª División («La mano negra») posa para el fotógrafo en una reconstrucción histórica. (Autores).

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AYER Y HOY Una imagen de Brunete reciĂŠn reconquistado por las tropas nacionales. Abajo, el mismo lugar hoy, reconstruido aunque manteniendo el letrero con el nombre del pueblo.(M. Bande y autores).

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PROTAGONISTAS

GEORGE MONTAGUE NATHAN (1895-1937)

Si se puede hablar de un «Lawrence de Arabia» de la Guerra Civil Española ése sería sin duda el comandante Nathan. Hijo de un pequeño comerciante judío y homosexual reconocido, George Nathan ingresó muy joven en el Ejército de Su Majestad, combatiendo valerosamente en los campos de Flandes de la Primera Guerra Mundial dentro del Regimiento de los Leicestershire. Tanto se distinguió que llegó a ser el primer judío en convertirse en oficial de la Brigada de Guardias británica. Desengañado al parecer por el trato dado a los excombatientes de la Gran Guerra, abandonó el Ejército y comenzó entonces una extraña andadura que le llevó a desempeñar los más variados oficios: representante de comercio, carnicero, portero de clubes nocturnos y grandes almacenes; incluso hay quien le vincula con la persecución de terroristas irlandeses del IRA en las luchas callejeras de los años 20 y 30. No debió dudar en venir a la guerra de España, pues muy pronto le vemos enrolado ya en las Brigadas Internacionales, distinguiéndose en la batalla del Jarama dentro del batallón británico, el Saklatvala. Su valor y sangre fría ante las balas se hicieron legendarios, y era frecuente verle perfectamente uniformado fumando en pipa, sin armas y con su bastón de mando con contera de oro pasearse por la primera línea. Sus hombres le adoraban y respetaban, creyéndole inmune al fuego. Durante la batalla de Brunete mandó la agrupación de su nombre dentro de la XV Brigada Internacional, con la que estableció una cabeza de puente en la orilla izquierda del Guadarrama, amenazando Boadilla del Monte. Fue precisamente durante la evacuación de esa cabeza de puente el día 16 de julio de 1937, ya en la segunda fase de la batalla, cuando murió a consecuencia de las heridas provocadas por metralla durante un bombardeo enemigo. Dicen que pidió a sus hombres le cantaran mientras agonizaba. Enterrado en algún lugar cercano al cauce seco del Guadarrama, el comisario Aitken entonó su oración fúnebre: «Proclamad mi muerte para ejemplo de mis hombres».

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IGLESIA DE QUIJORNA

Como consecuencia de la batalla de Brunete, el pueblo de Quijorna resultó destruido, excepto parte de la iglesia de San Juan Evangelista, que quedó en pie. (Colección Galland Books).

LUCHA AÉREA EN BRUNETE

En julio de 1937, para participar en la ofensiva gubernamental sobre Brunete, la aviación republicana concentró en la 1.ª Región Aérea (Madrid) el grueso de sus unidades de primera línea. En los aeródromos de Alcalá de Henares, Barajas y Torrejón de Ardoz desplegaban los aviones de caza Polikarpov I-15 Chato e I-16 Mosca en número cercano a la cincuentena. Más alejados del frente se situaban los bombarderos tácticos Polikarpov RZ Natacha, encuadrados en seis escuadrillas, tres de ellas integradas en el nuevo Grupo n.º 30, mientras que las otras tres, numeradas 20, 40 y 50, tenían carácter de independientes. En los campos manchegos se situaban las tres escuadrillas del recién creado Grupo n.º 24 de bimotores Tupolev SB Katiuska. La única aviación de los nacionales presente en la Región Aérea del Centro era el grupo italiano «As de Bastos», equipado con los cazas Fiat CR.32, y los Romeo Ro.37 del grupo español 4G-12, unidades que hubieron de soportar el empuje de la superior aviación de los gubernamentales. Los primeros refuerzos fueron algunos cazas Fiat CR.32 del grupo español del comandante García Morato y un grupo de trimotores Junkers Ju 52, procedentes de Sevilla. La Legión Cóndor, que entonces se desplegaba en el frente del Norte, comenzó a enviar sus unidades a los aeródromos del centro a partir del día 7 de julio, iniciando la marcha los aviones de caza Messerschmitt Bf 109 y Heinkel He 51, si bien los bimotores rápidos experimentales actuaron desde Burgos, para luego seguir al centro. Los lentos trimotores Junkers Ju 52 alemanes se situaron en Salamanca y actuaron únicamente en servicios nocturnos. La Aviación legionaria italiana no modificó su despliegue y los bombarderos Savoia S.79 y S.81 continuaron en sus bases de Soria. También acudieron a Ávila los aviones Heinkel He 45 y Aero A-101 de los grupos 252


españoles 5G-15 y 6G-17. Durante los dos primeros días del mes de julio la lucha aérea fue muy dura y ambos bandos sufrieron sensibles pérdidas, tales como el derribo del capitán Narciso Bermúdez de Castro, de la Patrulla Azul, y los gubernamentales acusaron varias bajas de los lentos aviones Polikarpov RZ Natacha, bien a cargo de la antiaérea Flak 18 o bien derribados por los cazas adversarios. También los veloces bimotores Katiuska sufrieron pérdidas por ambas causas, así como los cazas soviéticos. Los alemanes no salieron indemnes del lance y perdieron, al menos, dos aviones modernos: un Bf 109 y un Do 17. Sin embargo, el hecho más destacado de la lucha aérea durante la batalla de Brunete fue el derribo consecutivo de dos trimotores Junkers Ju 52 en combate nocturno. Estos éxitos se los anotaron dos pilotos soviéticos de I-15 Chato, los tenientes Anatoli Serov y Mihail Yakushin, que en España utilizaban los seudónimos de Carlos Castejón y Rodrigo Mateo, respectivamente. Era la primera vez que un avión derribaba a otro en combate durante la noche.

MESSERSCHMITT

Avión de caza empleado por la Legión Cóndor, probado en la guerra de España y verdadero caballo de batalla en la Segunda Guerra Mundial. (Archivo Canario Azaola).

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En el sector del Cuerpo de Ejército de Vallecas los ataques, inicialmente victoriosos, habían sido rechazados al final de la jornada.

CORREO DESDE EL FRENTE Una de las tareas más reconfortantes del soldado en el frente de batalla era escribir a los más allegados y recibir noticias de casa. (Archivo Juan Negreira).

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El 7 de julio cayó en poder republicano el vértice Llanos, lo que fue prácticamente el único éxito importante en los escenarios de los esfuerzos principal y secundario del ataque. Al día siguiente cayó Quijorna, pero las fuerzas nacionales ocuparon en fuerza las dos orillas del río Guadarrama. En esa misma jornada se incorporó Franco a la zona de operaciones y se creó la División «Asensio», además de iniciarse el traslado de las dos brigadas navarras, la IV y la V. A lo largo de los días siguientes prosiguieron los ataques masivos del Ejército Popular, consiguiendo el día 9 envolver Villanueva del Pardillo y el día 10 Villafranca del Castillo, además de ocupar el vértice Mocha. El 11 cayó Villafranca, pero se recuperó el vértice Mocha. A partir de ese momento se estabilizaron los frentes.

LOS LAUREADOS DE BRUNETE

Cuatro fueron las laureadas que concedió el Ejército nacional en recompensa al heroísmo derrochado por sus tropas durante la batalla de Brunete: las de los capitanes Gómez Landero y Dema, la del alférez Chicoy y la del cabo Pérez Romero, todos ellos de Infantería, todas ellas a título póstumo.

Tinerfeño de nacimiento, el capitán don Estanislao Gómez Landero y Koch venía luchando distinguidamente al frente de una compañía del 1.º Batallón expedicionario canario en los sectores más duros del frente de Madrid: Getafe, Boadilla del Monte, Casa de Campo y Ciudad Universitaria, en cuya toma fue herido. El día 7 de julio de 1937 su compañía se encontraba en el Mosquito, desorganizándose al ver retroceder a otras fuerzas contiguas por el empuje del enemigo, que copaba la posición. El capitán Gómez Landero consiguió contener primero y rechazar después el asalto republicano, «siempre en el puesto de mayor peligro y animando a los suyos. En lo más recio del combate se vio siempre la figura del capitán que, con desprecio de la vida, recorría la posición, negándose a ser evacuado a pesar de las heridas recibidas». Murió el 11 de julio en el hospital de Getafe.

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La ciudad de Alicante todavía recuerda con una sencilla calle al capitán don Antonio Dema Giraldo, quien al frente de una compañía de Regulares de Larache llevaba combatiendo durante toda la guerra ininterrumpidamente. El 10 de julio de 1937 el capitán Dema mandaba la posición denominada Loma Artillera, perteneciente al subsector de Villafranca del Castillo: tenía a sus órdenes dos secciones de fusileros y una de ametralladoras de Regulares de Larache, además de una centuria de Falange. Por la tarde, una tormenta de fuego se desató sobre la posición, que fue atacada seguidamente con grandes masas enemigas. Prolongando la resistencia hasta límites insospechados, cuando no disponía ya de mandos subalternos emitió su famoso parte: «Situación insostenible; Martín muerto; Moscoso muerto; si esta noche no viene gente, caerá la posición por muerte de todos. ¡Arriba España! Dema». Poco después caía efectivamente arengando a su escasa fuerza antes de iniciar un contraataque desesperado saliendo de las trincheras. Don Juan Chicoy Dabán, alférez provisional y cuñado del anterior capitán, había luchado también en los sectores más duros del frente de Madrid, primero con el batallón de Las Navas y luego al mando de una sección de Regulares de Larache. Cuando una masa de 5 o 6 batallones republicanos atacaron su sector en Villafranca del Castillo, el alférez Chicoy no sólo logró contener a los elementos de su tabor que reculaban, sino que logró organizar un contraataque, a pesar de su inferioridad de medios, arrollando al enemigo, al que obligó a retirarse sobre el Guadarrama. Herido por una explosión durante el desarrollo del contraataque, nunca se recuperaría de esa herida, falleciendo de teniente provisional en el hospital de Leganés en diciembre de 1938.

Nacido en Tardobispo (Zamora), el cabo de Infantería don Tristán Pérez Romero se encontraba el 18 de julio de 1937 delante de la posición Loma Quemada encuadrado en la 3.ª Compañía del 73 Batallón del Regimiento de Toledo. Recibida la orden de atacar y, a pesar del numerosísimo contingente enemigo que defendía la posición, el cabo Pérez Romero fue el primero en hacerlo, «con tal espíritu y valor que su conducta y palabras levantaron el ánimo de sus compañeros». Conseguidos los objetivos de su compañía, ayudó por propia iniciativa en el asalto a los objetivos de la compañía contigua y, una vez rebasadas las líneas enemigas, llegó hasta los asentamientos de la artillería contraria, donde sin municiones utilizó el fusil como maza matando a varios artilleros antes de encontrar él mismo la muerte. Los primeros ataques de la contraofensiva nacional se desencadenaron el día 18, y Villafranca fue recuperada el 19. La reacción republicana fue muy importante el día 21, al efectuar ataques al vértice Cumbre y la línea del Guadarrama. La recuperación de la localidad de Brunete tuvo lugar el 24, y la de su cementerio, al día siguiente, estabilizándose definitivamente los frentes tres días después.

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PLACAS EN BRUNETE

En la plaza mayor de Brunete existen dos placas que recuerdan la batalla y la inauguración, en 1946, de la nueva plaza restaurada por la Dirección General de Regiones Devastadas. (Autores).

EPÍLOGO

La batalla de Brunete fue la mayor y más dura batalla de medios acorazados librada en España. El Ejército republicano perdió 61 blindados, muchos de ellos alcanzados por cañones antitanques, e intervino por primera vez el batallón de carros nacional. El Ejército Popular de la República buscó una penetración rápida y profunda, apoyada por las mayores masas de aviación y artillería antiaérea vistas hasta entonces en España, y sólo la mala explotación del éxito inicial republicano y la defensa a ultranza del terreno propio –muchas veces heróica– de los nacionales impidieron que se alcanzara el éxito previsto. Entre los ríos Perales y Guadarrama se dio la mayor 257


concentración de carros de combate, en tiempo y espacio, de toda la guerra, en un terreno bastante propicio para ello.

MONUMENTO EN BRUNETE

En 1957, la Diputación Provincial de Madrid erigió un monolito frente al cementerio de Brunete para conmemorar el vigésimo aniversario de la batalla. (Autores).

PERIÓDICO DE GUERRA

Recién terminada la batalla de Brunete se publicaba el número 4 de la revista del Servicio de Guerra Química del Ejército Popular: Nueva Ruta.(Colección J. M. Campesino).

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CONDECORACIÓN

Rara condecoración republicana, otorgada a voluntarios soviéticos que combatieron en las Brigadas Internacionales. (Colección J. M. Campesino).

BÚNKER FIRMADO La 21.ª Compañía del V Batallón de zapadores-minadores del Ejército nacional construyó y firmó este búnker a las afueras de Brunete. Hoy pervive en una finca particular. (Autores).

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TRES BÚNKERES

En la carretera que une Brunete y Villanueva de la Cañada, en la línea de frente que quedó tras la batalla de Brunete, se construyeron tres refugios de hormigón para proteger la línea. (Autores).

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ALFÉREZ PROVISIONAL

Aunque ya desde los primeros días de la contienda se estaban formando oficiales y suboficiales provisionales en el bando nacional, no sería hasta mayo de 1937 cuando se crearían las academias de formación con personal italiano y alemán. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

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La batalla de Belchite

ESCUDO DE BELCHITE

Escudo de la villa laureadade Belchite.

Ante todo, debemos aclarar al lector que la llamada batalla de Belchite debiera en realidad denominarse «gran ofensiva republicana sobre Zaragoza». La operación de Belchite debe, pues, ser encuadrada dentro de un conjunto de acciones militares desarrolladas en el frente aragonés entre los días 24 de agosto de 1937 6 de septiembre del mismo año y que hay que ubicar en los alrededores y el interior de dicha población zaragozana de Belchite. LA GÉNESIS DE LA OPERACIÓN

Después del fracaso de la ofensiva republicana de Brunete, desarrollada en el mes de julio de 1937, el ministerio de Defensa Nacional, dirigido por el socialista Indalecio Prieto, decidió llevar a cabo una nueva ofensiva en el frente de Aragón, cuyo objetivo principal era la toma de la capital aragonesa, Zaragoza, a la par que intentar retrasar el avance de las tropas nacionales en el frente del Norte, donde ya habían liquidado toda la provincia de Vizcaya y que había culminado el 24 de agosto con la toma de Santander. La decisión de Prieto no sólo tenía razones de tipo militar, sino también en el orden político. Los nacionalistas y anarquistas catalanes se habían quejado en reiteradas ocasiones de 262


que el Gobierno central no prestaba atención suficiente al frente de Aragón, y ello provocaba una gran falta de moral combativa entre sus propias fuerzas, debido a la reiterada situación de inactividad. Por su parte, el Gobierno de Valencia estaba muy preocupado por la gran influencia que los anarquistas y el POUM (partido de orientación troskista) tenían en la mencionada zona, donde el Consejo Regional de Defensa de Aragón, presidido por el anarquista Joaquín Ascaso, funcionaba como un gobierno independiente en la práctica y fuera de todo control. Así pues, Prieto pensó que con la incorporación no sólo de fuerzas comunistas, sino también de tres divisiones anarquistas al recién creado Ejército del Este, al mando del general Sebastián Pozas Perea, se podría poner fin más fácilmente a esa gran influencia anarquista, como así se logró finalmente.

RUINAS

Estado de algunos edificios de Belchite tras finalizar el asedio. El pueblo estuvo poco más de seis meses en poder de los republicanos, volviendo a manos nacionales en marzo de 1938. La gran ofensiva sobre Zaragoza no paso de Belchite. (Colección J. M. Campesino).

El objetivo militar de la operación planificada por el Estado Mayor Central, dirigido por el coronel Vicente Rojo Lluch, era la toma de Zaragoza, situada a pocos kilómetros tras las líneas enemigas, acción que supondría un triunfo más que simbólico, ya que esta ciudad era el centro de comunicaciones de todo el frente de Aragón. Además, tras un año de guerra, se 263


había reforzado la convicción –ya de por sí evidentede que la posesión de ciudades clave era mucho más importante que el control de grandes extensiones de territorio despoblado, carente de recursos y de importancia estratégica.

DISTINTIVO Banderita de solapa usada por los carlistas o requetés. Muchos de los defensores de Quinto, Codo y Belchite eran carlistas. (Colección J. M. Campesino).

Con estas premisas, el general Pozas y su jefe de Estado Mayor, el coronel Antonio Cordón, establecieron su cuartel general en la población de Bujaraloz y el plan previsto era atacar al enemigo por siete zonas diferentes en una franja central de 100 km, situada entre Zuera y Belchite. El dividir las fuerzas atacantes entre siete lugares distintos tenía por objeto dificultar la llegada de refuerzos y contrarrestar el más que probable contraataque de las fuerzas nacionales, así como ofrecer el menor objetivo posible a los ataques aéreos que planteara el adversario.

CONVENTO DE SAN AGUSTÍN

Vista desde el norte del convento de San Agustín, magnífica muestra del barroco, construido en el siglo XVIII y que quedó completamente destruido en el transcurso de la batalla. (Colección M. Bande).

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RUINAS

Interior de la iglesia de San Agustín. La foto está tomada desde el lugar que ocupó el altar mayor. A la izquierda, al fondo, se encuentra la torre de la iglesia, donde se puede ver todavía un proyectil, de los disparados entonces, incrustado en los ladrillos. El detalle superior muestra uno de los adornos de la cúpula en el que aparece el año de su construcción. (Autores).

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LAS FUERZAS REPUBLICANAS ATACANTES

EJÉRCITO DEL ESTE (general Pozas)

AGRUPACIÓN A (mayor Trueba)

27.ª División (tres brigadas)

28.ª División (una brigada)

• Dos compañías de carros y 10 blindados

• Un grupo de artillería de campaña

• Una batería contracarro

• Un batallón de ingenieros

AGRUPACIÓN B (general Kleber)

45.ª División (tres brigadas)

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• Un grupo de artillería de campaña

• Un batallón de ingenieros

AGRUPACIÓN C

43.ª División (una brigada)

26.ª División (una brigada)

• Una compañía de ingenieros

AGRUPACIÓN D (mayor Modesto)

5.º Cuerpo de Ejército (11.ª y 35.ª divisiones)

25.ª División (una brigada)

31.ª División (una brigada)

4.ª Brigada de caballería

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• Tres grupos de artillería de campaña

• Tres baterías antiaéreas

• Tres batallones de ingenieros

• 40 carros de combate y 10 blindados

Además, apoyaban a estas cuatro masas de maniobra las siguientes unidades:

X CUERPO DE EJÉRCITO

28.ª División (dos brigadas) (mayor Trueba)

XII CUERPO DE EJÉRCITO

25.ª División (tres brigadas) (mayor Ortiz)

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RUINAS DE BELCHITE

Edificio de tres plantas situado en la calle Mayor de Belchite. (Autores).

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LA OFENSIVA GUBERNAMENTAL

De acuerdo con el plan previsto, el 24 de agosto de 1937 el general Pozas, con el recién formado Ejército del Este y las Brigadas Internacionales 11.ª y 15.ª, lanzó el ataque simultáneo por tres puntos fundamentales y cinco secundarios en dirección a Zaragoza. Participaban unos 80.000 hombres, con 105 carros soviéticos del modelo T-26 y numerosa artillería. La aviación republicana los apoyaba con cinco escuadrillas de caza equipadas tres con monoplanos Polikarpov I-16 Mosca y otras dos con biplanos Polikarpov I-15 Chato y otras tres de bombarderos bimotores Tupolev SB Katiuska y seis de monomotores Polikarpov RZ Natacha. Se constituyeron cuatro agrupaciones tácticas –denominadas respectivamente A, B, C y D– que deberían actuar al norte y al sur del Ebro. La acción principal era la que se desarrollaría en el sur del Ebro, y estaría encomendada a la Agrupación D, dirigida por el mayor de milicias Juan Modesto Guilloto León, jefe a su vez del 5.º Cuerpo de Ejército, que debería romper el frente entre Quinto y Belchite con sus divisiones 11.ª y 35.ª, bajo el mando, respectivamente, de Enrique Líster y el general «Walter», seudónimo de Karol Swierczewski.

BOMBARDEOS

Los defensores de Belchite fueron bombardeados desde tierra por la artillería de los atacantes, y desde el aire, por los bombarderos republicanos. En la imagen, ruinas de un edificio situado al lado de la Torre del Reloj. (J. R. Calparsoro).

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AYER Y HOY. TORRE DEL REJOJ

En la Plaza Vieja, al iniciar la subida de San Juan, se encuentra la llamada Torre del Reloj, una joya del arte mudéjar de finales del siglo XV. Construida en ladrillo y de planta cuadrada, tiene estructura de alminar almohade, aunque sólo se conserva el primer piso. Para evitar su desplome, este singular monumento – declarado bien de interés cultural– ha sido sometido a un proceso de restauración. (Colección M. Bande y autores).

LA HEROICA DEFENSA DE CODO

La defensa del pueblo de Codo, en el sector de Belchite, estaba constituida por un compañía de voluntarios carlistas del Tercio de Requetés Nuestra Señora de Montserrat, otra de ametralladoras del 2.° Batallón del Regimiento n.º 17 y otras dos de falangistas de la 2.ª Bandera de Aragón. La guarnición, constituida por algo más de 200 hombres, fue duramente atacada por una gran masa de combatientes del Ejército Popular, formada por cerca de diez mil efectivos, apoyada por dos baterías de artillería y otras armas colectivas, como morteros y ametralladoras. 271


El comandante militar de la plaza, el teniente Francisco Roca Llopis, mantuvo la resistencia mientras le fue posible y hasta consumir toda la munición. Un grupo de supervivientes intentó una salida a la desesperada, cargando a la bayoneta, pero fue rechazada por el fuego y con ataques de caballería. De un total de ciento ochenta y dos hombres del Requeté, murieron en el combate un teniente, seis alféreces, diez sargentos, nueve cabos y ciento diez soldados. Todavía hoy, una calle de la localidad recuerda el valor de esos hombres.

En los dos primeros sectores del norte y del centro las tropas republicanas sólo lograron ocupar terreno vacío y en el sector sur cayeron enseguida en poder del Ejército Popular las poblaciones de Quinto, Mediana y Codo, mientras que, por el contrario, Belchite, donde la resistencia de los nacionales sitiados

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AYER Y HOY. CASAS EN BELCHITE

Una casa en Belchite con carteles alusivos a Falange Española. Los habitantes de esta localidad –y a la cabeza su alcalde– se pusieron a las órdenes del comandante militar de la plaza y lucharon como jabatos en la defensa de su pueblo. Abajo. Ruinas de un caserón situado en la Plaza del Convento, enfrente de la iglesia de San Agustín. Esta zona fue bombardeada y atacada por la XV Brigada Internacional y la 153.ª Brigada Mixta. (C. Bresson y autores).

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TORRE DE LA IGLESIA

La iglesia de San Martín de Tours fue la que más sufrió el asedio de la plaza. Su torre presenta hoy día este aspecto, en el que se aprecian perfectamente los impactos de los proyectiles de artillería. (Autores).fue muy considerable, aguantó hasta el 7 de septiembre. De ello hablaremos con posterioridad. LAS ARAGÓN

FUERZAS

NACIONALES

EN

Antes del comienzo de la ofensiva republicana, los nacionales sólo disponían en la zona de Aragón de las divisiones 51.ª, 52.ª y 105.ª, amén de la llamada Brigada de Posición y Etapas, cuyas fuerzas se desplegaban a lo largo de los 300 km del frente, con la mayoría de las tropas concentradas en los pueblos y ciudades más importantes. La aviación de la llamada Región Aérea de Levante (Zaragoza) estaba constituida por el Grupo 3G-11 (comandante Pérez Pardo), de aviones de bombardeo ligero Heinkel He 46, y una escuadrilla del Grupo 1G-2, equipada con anticuados cazas Heinkel He 51 (capitán Corsini) Tras el comienzo de la ofensiva los efectivos nacionales se vieron reforzados con las divisiones 13.ª y 150.ª, que fueron retiradas del frente de Madrid, además de varias unidades de artillería. También se vio reforzada la aviación con la llegada de los cazas Fiat CR.32 del grupo español 2G-3 (García Morato) y del italiano n.º 23 «As de Bastos» (Andrea Zotti), los grupos Junkers Ju 52 (González Gallarza y Carrillo) y el nuevo de Savoia SM.79 (Pardo Prieto). La Legión Cóndor envió brevemente a Zaragoza una escuadrilla de cazas monoplanos Messerschmitt Bf 109, aunque el 1 de septiembre ya estaba de regreso en el aeródromo de Santander. La contraofensiva nacional se inició el día 30 de agosto y terminó el 6 de septiembre, coincidiendo con la rendición de los últimos defensores nacionales de Belchite, debidamente autorizados por el mando nacional, y tras ser tomada esta población por las fuerzas atacantes del Ejército Popular de la República.

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CALLE MAYOR

Una vista del Arco de la Villa desde la calle Mayor. Los edificios que todavía quedan en pie en Belchite están muy deteriorados por el paso del tiempo y el abandono. (Autores).

EL CERCO Y LA DEFENSA DE BELCHITE

La ofensiva gubernamental fracasó porque en lugar de avanzar resueltamente sobre Zaragoza, las tropas republicanas de Modesto se concentraron en tomar Belchite, que había formado una bolsa en medio del territorio conquistado por los republicanos. Este empecinamiento produjo un retraso considerable, que dio lugar a que las tropas nacionales pudieran reforzar sus posiciones y a que el frente quedara estabilizado.

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EDIFICIOS EN RUINAS

Al finalizar la Guerra Civil Española, se decidió que Belchite no fuera reconstruido y sus ruinas quedaran para las generaciones venideras como muestra de los estragos que provocó la guerra. El paso del tiempo ha colaborado en el deterioro de unos edificios muy dañados por efecto de los bombardeos. (Autores).

Inicialmente, los únicos éxitos nacionales fueron el derribo de varios aviones de bombardeo gubernamentales, puesto que no se lograron traspasar las posiciones republicanas en Mediana y Puebla de Albortón. La guarnición de Belchite contaba con casi 2.300 hombres, apoyados por diez piezas de artillería ligera, pertenecientes a todas las armas combatientes y a los cuerpos auxiliares no combatientes, y su comandante militar era el teniente coronel de infantería Enrique San Martín Ávila. El alcalde del pueblo, Ramón Alfonso Trallero, se ofreció incondicionalmente al jefe militar de la plaza, junto con los vecinos, y en los primeros momentos éstos realizaron trabajos de fortificación y construcción de trincheras, incluyendo a hombres, mujeres y niños.

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JEFES REPUBLICANOS

De izquierda a derecha, tres de los jefes republicanos que tomaron parte en la batalla de Belchite: Juan Modesto, jefe del 5.º Cuerpo de Ejército y de la Agrupación D; el general Walter, jefe de la 35.º División, y Nilamón Toral, jefe de la 32.º Brigada. (Vía C. Murias).

AYER Y HOY. COMANDANCIA Y SANATORIO

Este recio edificio de cinco plantas situado en la esquina de la Plaza Nueva con la calle Mayor de Belchite sirvió de sanatorio mientras duró el asedio de la población aragonesa. A la izquierda, el Ayuntamiento de la localidad. En la foto inferior podemos ver los restos del sanatorio tal y como se conservan en la actualidad. Del Ayuntamiento no queda absolutamente nada. (C. Bresson y autores).

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Es de señalar que Belchite carecía casi por completo de fuentes de agua potable, ya que en condiciones normales el abastecimiento se realizaba con camiones cuba. Durante el sitio de la plaza el problema fue acuciante y el tormento de la sed fue un arma más al servicio del enemigo. Los primeros ataques serios que sufrió Belchite tuvieron lugar a partir del 27 de agosto; desde ese momento fue batido fuertemente por el fuego de la artillería, los bombardeos de la aviación y el cañoneo de los carros de combate que cooperaban con la infantería. El general Pozas, a pesar de una idea primitiva de no prestar atención a las resistencias locales, ordenó de forma terminante acabar con aquel reducto. Para ello empeñó a fondo a la 32.ª División por entero, más dos brigadas de la 31.ª División, que completaban el cerco, por el norte y por el oeste. El 29 se reforzaron las fuerzas atacantes con una nueva brigada, esta vez perteneciente a la 44.ª División, amén de un grupo de artillería de campaña y otros veinte carros de combate. Los ataques fueron durísimos, y los defensores sufrieron fuertes pérdidas. La munición comenzaba a escasear y se pidió urgentemente a Zaragoza por radio. Al día siguiente, la ofensiva se recrudeció, y tras una larga preparación de artillería de tres horas, comenzó el ataque simultáneo de la infantería, apoyada por carros de combate, por cinco puntos diferentes. Durante esta jornada empezaron los abastecimientos aéreos de la plaza sitiada. Debemos señalar, a este respecto, que la munición se lanzaba desde los Junkers Ju 52 en envases de hierro, pero estos se rompían al chocar contra el suelo, enterrándose, y ello ocasionaba que muchos de los cartuchos quedasen deformados. Los niños del pueblo se emplearon en recoger y seleccionar la munición útil, que, en espuertas y otros recipientes, acercaban luego a las posiciones de primera línea, con riesgo de sus jóvenes vidas. Dado el problema de escasez de agua, también se lanzaban desde los aviones bloques de hielo que, igualmente, se destrozaban al tocar el suelo, desaprovechándose así parte del agua. Pese a la dureza de los ataques, la moral de combatientes y personal civil no decayó, aunque la mayoría sabía que el final que había de llegar sería muy poco halagüeño. El alcalde Ramón Alfonso falleció el día 5 de septiembre, por la explosión de un mortero, junto con el comandante Rodríguez de Córdoba, y muchos civiles sufrirían igual suerte. El 1 de septiembre, Modesto dio orden a Walter de ocupar Belchite a toda costa y, tras una fuerte preparación de artillería, comenzó al asalto general, siendo ejercida la presión por casi todos los puntos del pueblo, comenzando los combates casa por casa, piso por piso y habitación por habitación. Los combates continuaron así durante las jornadas siguientes, y el día 5 de septiembre, a las cuatro y media de la madrugada, las tropas republicanas de la 32.ª Brigada atacaron los últimos reductos nacionales de la plaza de la iglesia de Belchite. 280


PLAZA DE LA IGLESIA

Éste fue el último lugar en caer en manos de los atacantes republicanos. Por aquí entraron el 5 de septiembre de 1937 efectivos de la 32.º Brigada Mixta y tomaron el sanatorio (en el centro de la imagen), donde estaba el teniente coronel San Martín con los heridos. A la izquierda, una cruz levantada después de la guerra para conmemorar la valentía de los defensores. A la derecha, la Torre del Reloj. (Autores).

AYER Y HOY. SAN MARTÍN DE TOURS

La foto superior fue tomada desde la segunda planta de un edificio hoy desaparecido recién terminada la contienda. En la imgaen inferior podemos ver la iglesia de San Martín de Tours desde el mismo lugar 75 años después. La solidez de la edificación le ha permitido resistir el paso del tiempo en las mismas condiciones que cuando acabó el conflicto español. (M. Bande y autores).

El comandante militar, teniente coronel Enrique San Martín, decidió quedarse con los heridos, y encomendó al comandante Santa Pau la ruptura del cerco con los hombres útiles y los paisanos que así lo quisiesen. Estos, en número total de unos 500, intentaron la salida en cuatro ocasiones: fueron rechazados por el 281


enemigo por tres veces, y un grupo numeroso consiguió salir sobre las diez de la noche, amparado en las primeras sombras. Los hombres se disgregaron en pequeñas partidas por el campo, y muchos desaparecieron, entre ellos el comandante Santa Pau, cuya suerte nos es desconocida. Los primeros supervivientes de Belchite comenzaron a llegar a las líneas nacionales sobre las siete de la mañana del día siguiente. Consiguieron llegar a territorio nacional menos de doscientas personas. LA LUCHA EN EL AIRE

En los primeros días de la ofensiva gubernamental la aviación nacional pagó un alto precio, y, así, el día 26 de agosto los aviones de caza republicanos se anotaron el derribo del Heinkel He 46 pilotado por el comandante Pérez Pardo, jefe del grupo 3G-11, así como el del caza español Heinkel He 51 tripulado por el alférez Salvador Blasco y el Fiat CR.32 del italiano Enrico Schievano. En estos días, la aviación gubernamental acusó la sensible perdida de tres bimotores SB Katiuska, uno caído en Soria y otros dos en las cercanías de Zaragoza, así como otros tres monomotores Polikarpov RZ Natacha, dos de ellos por choque y uno en combate aéreo con los Fiat CR.32. Más tarde, el día 28, cayeron en territorio republicano tres cazas Fiat CR.32 del grupo italiano «As de Bastos» y sus pilotos Capellini, Constantini y Mariotti fueron hechos prisioneros. Este mismo día fue derribado el Polikarpov I-15 Chato pilotado por el teniente José Vela, que salvó la vida lanzándose en paracaídas en terreno propio. El día anterior, por el contrario, los cazas Bf 109 de la Legión Cóndor se anotaron el derribo de un bimotor Tupolev SB Katiuska.

Los dos primeros días del mes de septiembre la lucha aérea fue muy dura y los gubernamentales sufrieron la pérdida de dos I15 Chato tripulados por los sargentos Emilio Herrera Aguilera, hijo del coronel republicano del mismo nombre, y Sardina Pérez, así como el I-16 Mosca del soviético Zangiev. Los nacionales acusaron el derribo de un nuevo Heinkel He 51, tripulado por el alférez Mariano Ruiz de Alda. 282


Los Junkers Ju 52 del grupo Carrillo, en especial los de la escuadrilla del capitán Haya, se distinguieron en los servicios de aprovisionamiento a los sitiados de Belchite, lanzando municiones y víveres desde el aire. Nos hemos referido al derribo del I-15 Chato pilotado por el sargento Emilio Herrera, hijo del coronel del mismo nombre, que entonces era el jefe de Instrucción de la Aviación Militar gubernamental, y antiguo amigo del general Alfredo Kindelán, jefe de la Aviación nacional. Ello ocasionó un cruce de correspondencia entre ambos jefes adversarios, a través de la Cruz Roja, por el que el afligido padre intentaba la devolución del cadáver de su hijo. Esto, desgraciadamente, no fue posible, si bien le fueron devueltos los efectos personales hallados entre sus restos, por mediación de Kindelán. Aun en guerra, caben las buenas formas.

Los republicanos señalaban en sus partes del día 6 que se trabajaba en el desescombro del pueblo y se localizaba a los últimos francotiradores emboscados entre los mismos. Finalmente, el día 7, a las 11:00 horas, se transmitió el siguiente comunicado:

ARTILLERÍA

Los bombardeos, tanto aéreos como terrestres, sobre Belchite fueron durísimos. En la imagen, un obús de campaña Schneider de 155 mm, en servicio con la artillería republicana. Este material estaba ya en servicio en el Ejército español antes del conflicto. (Colección autores).

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Población Belchite ha quedado completamente en nuestro poder, ondeando por primera vez la bandera nacional. Oficialmente, el Ejército del Este dio la cifra de 2.411 prisioneros que, de ser veraz, incluye forzosamente a los civiles, pues la guarnición apenas superaba los 2.000 combatientes militares. Entre el material cogido a los defensores figuraba una batería de artillería de 7,5 mm, dos piezas de 10,5 mm, algunos morteros de 50 mm y dos de 90 mm, 27 ametralladoras y 2.000 fusiles.

«PUEBLO VIEJO DE BELCHITE…»

Entrada a las ruinas de la iglesia de San Martín de Tours, en la que se puede leer la copla «Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales, ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres». (Autores).

Aunque desde el punto de vista táctico el resultado fuese favorable para las armas republicanas, ya que se ganó algún territorio y la contraofensiva no traspasó sus líneas, el resultado en modo alguno podía considerarse satisfactorio para el Gobierno de Valencia, y así lo expresó el ministro de Defensa, Indalecio Prieto, muy crítico con la excesiva influencia de los consejeros militares soviéticos, como muestra el siguiente telegrama que dirigió al general Sebastián Pozas Perea: «Tantas fuerzas para tomar cuatro o cinco pueblos no satisfacen al ministerio de Defensa ni a nadie».

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AVIÓN DE TRANSPORTE

Los trimotores Junkers Ju 52 abastecieron a los defensores de Belchite mientras duró el asedio. (Autores).

PROTAGONISTAS

SEBASTIÁN POZAS PEREA (1876-1946)

Nació el 22 de enero de 1876. Miembro de una familia de tradición monárquica y conservadora, en 1893 ingresó en la Academia de Caballería y tomó parte en la guerra de Marruecos, en donde tuvo una destacada actuación, que le granjeó ascensos por méritos de guerra y por la que fue condecorado con la Medalla Militar Individual. Ascendió a general de brigada en 1926, durante la dictadura de Primo de Rivera. Nombrado por el ministro de la Gobernación, Portela Valladares, inspector general de la Guardia Civil, tenía bajo su mando a más de 35.000 profesionales. Al producirse el golpe militar del 18 de julio de 1936, que condujo a la Guerra Civil, Pozas se situó claramente en defensa de la legalidad constitucional y consiguió que un gran número de unidades de la Guardia Civil se mantuviesen fieles a la República. El 19 de julio fue nombrado ministro de Gobernación en el Gobierno presidido por José Giral, y procedió a la distribución de armamento a las milicias civiles. Durante su mandato se cambió el nombre de la Guardia Civil, que pasó a denominarse Guardia Nacional Republicana. El 285


6 de septiembre cesó en el ministerio, por cambio de Gobierno. Un mes más tarde se hizo cargo del mando de la 1.ª División Orgánica y fue nombrado presidente de la Junta de Defensa de Madrid. El día 23 de octubre entregó la jefatura de la 1.ª División Orgánica al general Miaja y tomó el mando del Teatro de Operaciones del Centro. Organizó el ataque por Seseña de los días 3 y 4 de noviembre, y el 6, con la retirada del Gobierno de Madrid, Pozas entregó el mando de la defensa de la capital y de la Junta de Defensa a Miaja. El 31 de diciembre de 1936 pasó a dirigir el denominado Ejército del Centro, el antiguo Teatro de Operaciones del Centro, y con dicha gran unidad participó en la batalla del Jarama.

El 27 de febrero de 1937 fue de nuevo sustituido por el general Miaja, a causa de enfermedad. Al producirse los sucesos de mayo de 1937 en Cataluña, el Gobierno republicano le nombró jefe de la 4.ª División Orgánica (Cataluña), en sustitución del general José Aranguren Roldán, y jefe del Ejército de Cataluña, para restaurar el orden público. Una de sus primeras medidas fue renombrar al Ejército de Cataluña, como Ejército del Este, con lo que pasaba a depender directamente del Gobierno central y no de la Generalitat. Por estas fechas ya estaba afiliado al Partido Comunista de España. Planeó el ataque sobre Huesca, en la segunda mitad de junio de 1937, que constituyó un fracaso, y poco después preparó una gran ofensiva sobre Zaragoza, que pasaría a la historia como batalla de Belchite. Por esta época también liquidó el sistema anarquista implantado en Aragón desde julio de 1936 y disolvió, manu militari, el Consejo de Aragón. 286


En marzo de 1938, cuando se desencadenó la gran ofensiva nacional en todo el frente aragonés, su ejército fue desbordado y casi destruido, por lo que fue sustituido, el día 30, por el teniente coronel Juan Perea Capulino. Este fracaso mostró la poca preparación del Ejército del Este, e hizo que el presidente Negrín lo retirase de los mandos importantes. Casi al final de la guerra fue nombrado comandante militar de Gerona y luego de Figueras. Se exilió en Francia primero y luego en México, donde falleció en 1946.

LA DEFENSA DE QUINTO DE EBRO

Quinto de Ebro, un pequeño pueblo situado en el sector de Belchite, estaba destinado a ser una de las sacrificadas plazas del bando nacional durante la llamada batalla de Belchite, que fueron rodeadas y tomadas por las fuerzas republicanas atacantes. Su guarnición constituía un conjunto de unos 1.200 hombres, cuyo núcleo principal lo formaba el 2.º Batallón –menos dos compañías– del Regimiento de Infantería n.º 17, el Tercio de Requetés María de Molina, la 5.ª Bandera de Falange –menos una centuria– y dos baterías de Artillería, perteneciente una al 9.º Regimiento y la otra al 12.º Regimiento. Estas dos unidades artilleras tenían cuatro piezas de 75 mm y otras cuatro de 105 mm, amén de una pieza aislada de 70 mm.

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El pueblo fue completamente rodeado el día 24 de agosto por las tropas gubernamentales mandadas por el mayor de milicias Nilamón Toral, que era el comandante jefe de la División X, creada circunstancialmente para esta operación. Los republicanos intentaron penetrar en el pueblo realizando continuos ataques, pero en todas ellas fueron rechazados. Ya durante la madrugada del 24 al 25, ante la fuerte presión enemiga, los defensores de la plaza se replegaron a la iglesia y algunas casas cercanas, consiguiendo evacuar únicamente dos piezas artilleras, que se enfilaron hacia sendas calles. Los ataques republicanos fueron tan eficaces que a las 5 de la tarde del día 25 hubo que abandonar la iglesia y la resistencia continuó solamente en tres casas, que fueron fuertemente batidas por la artillería enemiga.

La moral de los escasos defensores supervivientes, pese a todo, fue elevadísima, hasta que toda resistencia fue inútil y Quinto fue totalmente dominado por los gubernamentales el día 26 de agosto. Hay que destacar la heroica actuación de un pequeño destacamento, situado en el vértice Purburell, que hubo de ser batido personalmente por el jefe de Artillería de la 35.ª División republicana, el rumano Walter Roman.

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FALANGISTA Y REQUETÉ

En Belchite lucharon falangistas y requetés, encuadrados en las unidades que defendían Belchite y Codo, respectivamente. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

LA DERROTA NO TIENE RECOMPENSAS

Si bien durante la investigación se ha recabado información para conocer qué personajes militares o civiles fueron condecorados por la heroica defensa del pueblo de Belchite, lo cierto es que no hemos logrado resultado positivo alguno. Sabemos que el jefe de los defensores, el teniente coronel San Martín, fue propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando, pero el expediente contradictorio no llegó a buen puerto y no le fue concedida. Parece que la derrota, a pesar del comportamiento heroico de determinadas personas, no se consideró digna de recompensa, lo que no deja de ser una injusticia. El pueblo de Belchite recibió el título oficial de «Leal, Noble y Heroica Villa», y el propio Franco ordenó la apertura de expediente para la concesión de la Laureada, aunque ésta tampoco se materializó. 289


Únicamente fue concedida la Laureada colectiva a las «fuerzas sueltas del Regimiento de Transmisiones, por la defensa del pueblo de Belchite y sus líneas avanzadas entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de 1937», según se recogía en orden ministerial publicada en el BOE núm. 25 de 31 de enero de 1943. Esta recompensa resultó, cuando menos, tardía. Por otra parte, la ofensiva republicana no consiguió tampoco el objetivo de retrasar la ofensiva del Ejército nacional en el frente asturiano del Norte, ya que el 1 de septiembre comenzó el avance sobre la última provincia gubernamental de la franja cantábrica y el día 5 de dicho mes las tropas nacionales ya habían llegado a Llanes. El general Franco tras evocar cómo este sacrificio resultó vital para el dispositivo general de Aragón, se refirió a la falta de capacidad para mantener su conquista y a las, según él, purgas a que fueron sometidos por el aparato del Partido Comunista aquellos que no habían querido, o no habían podido, convertirse en los otros defensores de Belchite.

CARROS DE COMBATE

Los combatientes republicanos emplearon en la ofensiva que lanzaron sobre Belchite numerosos carros de combate del modelo T-26, como el mostrado en esta fotografía. (Vía autores).

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IGLESIA DE SAN RAFAEL

En estado de ruina total se encuentra la iglesia de San Rafael, de Belchite viejo, situada enfrente de la de San MartĂ­n de Tours. Fue una de las zonas mĂĄs castigadas del pueblo en el ataque republicano. (Autores). 291


La batalla de Teruel

ESCUDO DE TERUEL

Escudo de armas de la ciudad de Teruel.

En el transcurso de la Guerra Civil Española, el bando gubernamental sólo tomó por la fuerza de las armas una capital de provincia: Teruel. Este hecho fue explotado convenientemente por la propaganda republicana, dada su relevancia en la moral de las tropas, aunque sólo lograran conservarla poco más de un mes. La batalla para la conquista de la capital turolense, así como los combates para su posterior reconquista por el bando nacional, enmarcados en la que se conoció como batalla del Alfambra, han pasado a la historia como hitos destacados del conflicto civil hispano.

LAS RAZONES DE UNA BATALLA

Tras el fin de la campaña del norte en octubre de 1937, las fuerzas en conflicto sufrieron una profunda reorganización, teniendo ambos bandos como objetivo el lanzar una nueva ofensiva que pusiera al adversario en una situación complicada. 292


ESTANDARTE

Perteneciente a la Rondalla de la 2.ª Brigada de la División del mayor de milicias Valentín González el Campesino. (Colección J. M. Campesino).

ESCOMBROS EN TERUEL

Una de las céntricas calles de Teruel, cerca de Santa Clara, muestra los efectos de la destrucción provocada por los bombardeos y el asedio a que se vio sometida la capital aragonesa en el invierno de 1937-1938. (Vía Juan Negreira Parets).

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VICENTE ROJO

El entonces jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República, Vicente Rojo, junto al subsecretario del Aire, coronel Antonio Camacho, en la ofensiva sobre Teruel. (Colección J. M. Campesino).

Por quinta vez en el transcurso de la Guerra Civil, Franco decidió operar sobre Madrid, concentrando sobre las tierras altas de Soria y Guadalajara a catorce de sus divisiones, integradas en tres cuerpos de Ejército eventuales. El Ejército republicano, por su parte, realizó un despliegue similar, para lo que agrupó a tres cuerpos de Ejército a las órdenes del general Miaja y dejó dos más en reserva.

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CARTEL

«El frío es un aliado del fascismo» decía la propaganda republicana de la época. (Colección J. M. Campesino).

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CORONEL HERNÁNDEZ SARAVIA

Durante la ofensiva sobre Teruel, la masa de maniobra republicana la mandaba el coronel Hernández Saravia. (Colección J. M. Campesino).

Sin embargo, el general Vicente Rojo, que desde tiempo atrás intentaba llevar a cabo planes ofensivos en Extremadura, no se conformaba con esperar pasivamente la respuesta de un Franco en exceso prudente y parsimonioso y decidió no aceptar la batalla en el lugar donde el enemigo pretendía, sino pasar a la acción. Desencadenó, así, una operación con un objetivo limitado a Teruel, movido por una única idea: desbaratar la proyectada ofensiva nacional, desarticular su despliegue y obligar a emplear sus reservas en el teatro elegido en una situación, previsiblemente, desfavorable para él. Estaban sentadas las bases para lo que se convertiría en la campaña de Teruel.

LAS FUERZAS EN PRESENCIA

La masa de maniobra republicana contaba con doce divisiones a las órdenes del coronel Hernández Saravia, jefe del Ejército de Levante. Los defensores tan sólo disponían de dos Brigadas –la I y la IV– de la División n.º 52, a las órdenes del general Muñoz Castellanos.

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La desproporción de fuerzas era evidente, y el mando republicano, consciente de su superioridad –17 brigadas contra dos, además de la superioridad en artillería y aviación–, inició la ofensiva durante la madrugada del día 15 de diciembre de 1937, infiltrando a las fuerzas de la 11.ª División, a las órdenes del oficial de milicias Enrique Líster, que lograron ocupar las alturas inmediatas al pueblo de Concud, cuyos defensores resistieron hasta el final del día. A su izquierda avanzó la 25.ª División, capitaneada por García Vivancos, que ocupó Los Morrones, aunque no consiguió enlazar con el XVIII Cuerpo de Ejército, que no pudo alcanzar los objetivos previstos. 297


ENRIQUE LÍSTER

El entonces mayor de milicias Enrique Líster Forján. (Colección J. M. Campesino).

LOS AVIONES DE BOMBARDEO NACIONALES

Los primeros aviones de bombardeo, relativamente modernos, utilizados por los sublevados fueron los trimotores Fokker F-VII 3m militares de la Escuadrilla Colonial del Sahara. Inmediatamente les siguieron los Savoia SM 81 italianos y los Junkers Ju 52 germanos, que apenas superaban en características a los superiores. En la primavera de 1937 empezaron a llegar a la España nacional los aviones de bombardeo verdaderamente modernos. Nos referimos, por parte alemana, a los bimotores Heinkel He 111, Dornier Do 17 y Junkers Ju 86, estos últimos equipados con motores de aceite pesado. Los italianos contribuyeron con los trimotores Savoia SM. 79 y los bimotores Fiat BR 20. Todos estos modelos que acabamos de mencionar realizaron sus primeras acciones de armas en los cielos españoles, con éxito, y fueron profusamente utilizados durante la Segunda Guerra Mundial por las potencias del Eje. Los pilotos españoles solamente volaron, durante la Guerra Civil, los Savoia SM.79, Dornier Do 17 y Heinkel He 111. Las diversas unidades de la Legión Cóndor, de la Aviación legionaria y de las Brigadas Hispanas, lograron una clara superioridad en las acciones de bombardeo profundo sobre la retaguardia enemiga, coadyuvando eficazmente a la derrota de las fuerzas gubernamentales.

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GENERAL DÁVILA

Desde la muerte en accidente aéreo del general Emilio Mola, Fidel Dávila se hizo cargo del mando del Ejército del Norte nacional. En la imágen, junto al también general Saliquet, en un acto militar celebrado en Salamanca. (Colección J. M. Campesino).

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El XX Cuerpo de Ejército consiguió algunos éxitos en el ataque frontal a Teruel, y el general Rojo, realmente satisfecho, felicitó a las tropas. El día 16 se iniciaron las acciones para cerrar el cerco en medio de una terrible tormenta de frío y nieve que mantuvo inoperativos en sus aeródromos a los aparatos de la aviación nacional. El tiempo invernal, que dificultaría en gran medida no sólo las operaciones aéreas sino incluso las terrestres, debido a la gran cantidad de nieve y al intenso frió reinante, sería una de las características de esta batalla. El cerco de la ciudad se completó el día 17, aunque los sitiados se defendieron con valentía y resolución, manteniendo sus posiciones, especialmente en el lugar denominado La Muela de Teruel, que resistiría hasta el 18. Cuando esta posición clave fue tomada, la suerte de la ciudad estaba echada.

EL SEMINARIO En el Seminario turolense resistieron hasta el día 8 de enero de 1938 sus defensores, a las órdenes del coronel Barba. (Autores).

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En ese momento, por fin, Franco fue consciente de la gravedad de la situación, por lo que decidió enviar refuerzos al escenario de los combates. Concretamente, envió cuatro divisiones, catorce baterías de artillería y un grupo de carros de combate. Con la ciudad virtualmente cercada y en parte ocupada por las tropas republicanas, el día 21 sólo resistían dos reductos en el mismo centro de la capital, formados por los edificios más importantes de la ciudad, a las órdenes del coronel Rey D Harcourt, y en el Seminario, a cargo del coronel Barba . Ese mismo día, Franco se reunió en Medinaceli con sus más cercanos colaboradores militares y les comunicó su decisión de abandonar su plan de ataque a Madrid, así como la de acudir con más efectivos en defensa de la capital turolense.

VISTA GENERAL DE TERUEL

El cerco a Teruel se completó por parte republicana el día 17 de diciembre de 1937; un día después, cayó en su poder la posición de La Muela. (Archivo Fundación Yagüe).

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Franco ordenó a Fidel Dávila –jefe del Ejército del Norte desde la trágica muerte del general Mola–, la constitución de dos cuerpos de Ejército –con un total de seis divisiones– a los que, progresivamente, se agregarían tres divisiones más. La ofensiva diseñada apresuradamente por mando nacional comenzó con un revés, pues el dominio de las alturas que rodeaban Teruel por las fuerzas republicanas bloqueó el avance de las dos columnas de socorro enviadas para enlazar con los defensores de la ciudad. Los reductos nacionales en el interior de Teruel quedaron aislados y sin apoyo alguno. Seguían cercados por fuerzas muy superiores en número y material y sin esperanza de recibir socorro desde el exterior. La batalla parecía completamente decidida, pero lo cierto es que la verdadera lucha por la ciudad no comenzaría hasta el día 29 de diciembre.

AYER Y HOY. LA ESCALINATA La escalinata de Teruel, de influencia mudéjar, fue construida entre 1920 y 1921 para unir la estación de ferrocarril y el casco histórico. Frente a ella se situaba el reducto de la Comandancia Militar. (Vía autores).

CONTRAATAQUES NACIONALES

Ese día las unidades nacionales que pretendían romper el cerco lanzaron fuertes ataques contra los sitiadores, después de una preparación artillera de gran envergadura, y, dos días después, dos de las divisiones nacionales tomaron al asalto la posición clave de la Muela de Teruel. Algunas de las unidades republicanas se desmoralizaron inesperadamente y todo parecía indicar que la ofensiva nacional iba a conseguir su objetivo de mantener Teruel en manos del Ejército de Franco.

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PROPAGANDA DE GUERRA

Las bajas temperaturas que se alcanzaron en los días de la ofensiva y el cerco de Teruel acentuaron las penalidades sufridas por ambos contendientes. En retaguardia se recordaba a la población femenina el deber de trabajar en ropa de abrigo. (Colección J. M. Campesino).

En ese momento volvió a hacer su aparición el general Rojo, que se había ausentado del campo de batalla días antes debido a lo favorable de la situación. El día 29, ante la ofensiva de Franco, volvió a tomar la dirección personal de las operaciones y aprovechó la vacilación de la vanguardia de García Valiño en la explotación del éxito, llevando al frente todas las reservas disponibles, concediendo numerosas recompensas y autorizando sanciones ejemplares para los pusilánimes y derrotistas. De esta manera consiguió recomponer la situación de los sitiadores. 303


PROTAGONISTAS

DOMINGO REY D’HARCOURT (1883-1939)

Nació en Calamocha (Teruel) en 1883. Ingresó en el Arma de Artillería y al comenzar la Guerra Civil Española secundó el alzamiento militar. Como coronel del arma asumió el mando de la semisitiada plaza de Teruel durante la guerra. En diciembre de 1937, los gubernamentales lanzaron una ofensiva para tomar la capital turolense; la ciudad fue totalmente rodeada por el Ejército Popular de la República. El coronel Rey mantuvo la defensa de la plaza mientras pudo, donde fue sometido a intensos bombardeos artilleros y de aviación. Finalmente, las constantes embestidas de las tropas republicanas hicieron que se rindiese. El 8 de enero de 1938 firmó el acta de capitulación, y fue hecho prisionero junto a otros 1.500 combatientes. Su rendición le hizo recibir las críticas de sus compañeros –que se mantuvieron hasta después del final de la Guerra Civil– y el sambenito de haber sido un cobarde y casi un traidor, ya que el mando nacional esperaba que continuara luchando, en resistencia numantina, hasta la total aniquilación de sus tropas. Rey d'Harcourt fue enviado a Valencia y allí fue sometido a consejo de guerra, por haber participado en la sublevación. Condenado, fue encarcelado primero en Valencia y luego trasladado a Barcelona. Tras la ofensiva del Ejército Nacional sobre Cataluña, el día 23 de enero de 1939, Rey d’Harcourt, junto con otros prisioneros, fue trasladado por soldados republicanos a Santa Perpetua de la Mogoda (Barcelona) primero, pasando después por Ripoll, San Juan de la Abadesas y Figueras. Finalmente, el día 7 de febrero, antes de cruzar la frontera francesa, y en un barranco situado entre Pont de Molíns y Les Escaules, las tropas mandadas por el mayor de milicias Pedro Díaz, de la Brigada de Líster, fusilaron a un total de cuarenta y dos prisioneros, entre los que se encontraban el coronel Rey d’Harcourt, el obispo de Teruel, fray Anselmo Polanco; el teniente coronel José Coello, jefe de Policía de Teruel, y el sacerdote Felipe Ripio, por citar sólo algunos. Los cadáveres fueron rociados con gasolina y se les prendió fuego.

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JÚBILO

La conquista de Teruel por el Ejército Popular –primera capital de provincia que caía en sus manos en toda la guerra– causó mucha alegría en la retaguardia republicana. (Colección J. M. Campesino).

Bajo unas condiciones climatológicas infernales, las unidades republicanas, exhaustas y ateridas de frío, al igual que las unidades nacionales, consiguieron salvar la situación y resistir en sus posiciones, manteniendo el cerco. Las vanguardias nacionales, aunque reforzadas ahora con otras seis divisiones, no fueron capaces de romperlo para socorrer a sus compañeros de armas que seguían resistiendo en los últimos bastiones de la capital. Éstos verían esfumarse sus posibilidades de salvación el día 6 de enero de 1938, tras el fracaso de un decidido ataque llevado a cabo por las tropas del general Aranda contra las unidades republicanas y un nuevo descalabro, esta vez por parte de las fuerzas de la 1ª División de Navarra, en el sector de la Muela.

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FRIO INTENSO

Los últimos días de 1937 fueron los más fríos de la década, alcanzándose en Teruel temperaturas por debajo de los 15 ºC bajo cero. Las nevadas fueron abundantes y copiosas. (Colección J. M. Campesino).

GENERAL GARCÍA VALIÑO

En una imagen recién terminada la Guerra Civil. Mandó las unidades que acudían a romper el cerco de Teruel. (Archivo Fundación Yagüe).

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LA PASIONARIA Y URIBE

La conocida política comunista Dolores Ibarruri, La Pasionaria, junto a Vicente Uribe, ministro de Agricultura, rodeados de jefes militares republicanos, en la plaza del Torico de Teruel, días después de su conquista. (Colección J. M. Campesino).

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CAE TERUEL El día 6, los agotados defensores solicitaron a los sitiadores la evacuación de sus enfermos y heridos, a lo que éstos accedieron, aprovechando la tregua para intentar una vez más la rendición de los sitiados. El comisario de XXII Cuerpo de Ejército, que llevaba personalmente las negociaciones, modificó, en el último momento, las condiciones de tregua, no accediendo a la evacuación si no iba acompañada de la rendición incondicional. El coronel Rey, jefe de la defensa, viendo lo inútil de su posición y los sufrimientos acumulados de los defensores, con las municiones al límite y los alimentos agotados, propuso a sus hombres dos alternativas: la rendición o intentar romper el cerco desde dentro. A las cinco de la tarde del 7 de enero, la guarnición de Teruel deponía las armas y se entregaba a las fuerzas del Ejército Popular. Al día siguiente sucedió algo similar en el Seminario; a las 13:30 horas los defensores ponían fin a su resistencia y pasaban a convertirse en prisioneros del Ejército Popular.

AYER Y HOY. COMANDANCIA MILITAR

Al fondo, a la izquierda, los edificios que conformaban la Comandancia Militar. Fueron, junto al Seminario, los últimos reductos nacionales en el Teruel cercado. Allí resistió hasta el día 7 de enero el coronel Domingo Rey D Harcourt junto con un puñado de defensores. A la derecha de la imagen, las torres de estilo mudéjar, que coronan la escalinata. (M. Bande y autores).

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EL TORICO La plaza del Torico es el centro del casco antiguo de Teruel. En ella se levanta esta columna con la figura de un toro. (Autores). 309


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La caída de Teruel en manos republicanas no fue más que un paréntesis en la batalla, impuesto por el desgaste sufrido por los contendientes. Franco no estaba dispuesto a permitir a sus oponentes un triunfo, por nimio que fuera, para que éstos lo explotaran dentro y fuera de España. Se entraba más en el terreno político y propagandístico que en el puramente militar, algo demasiado frecuente en la estrategia general que presidió la Guerra Civil.

ÚLTIMA FASE

El día 17 de enero las unidades asignadas al Ejército del Norte nacional –incluyendo ahora el Cuerpo de Ejército marroquí, a las órdenes del general Yagüe–,iniciaban la última fase de la batalla, que culminaría con la recuperación de la ciudad por parte del bando nacional. Tras una fortísima preparación artillera, las tropas nacionales se lanzaron al ataque y, dos días más tarde, el general Aranda situaba a sus vanguardias en el curso bajo del río Alfambra. Sin embargo, el recién ascendido general Hernández Saravia, demostrando habilidad y energía, plantó cara con sus unidades de refresco e hizo fracasar así la operación combinada que pensaban desarrollar los generales Varela y Aranda. No les quedaba más remedio que despejar los flancos antes de llevar a cabo cualquier operación de reconquista de la capital.

AYER Y HOY. LA PLAZA DEL TORICO

Teruel en ruinas después de los combates. Poco ha cambiado la fisionomía del lugar 75 años después. (Colección J. M. Campesino y autores).

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AYER Y HOY. TORRE DE LA CATEDRAL

Son visibles los efectos de los proyectiles artilleros en la torre de la catedral turolense. Afortunadamente, ésta se reconstruyó después de la contienda. (M. Bande y autores).

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CARROS DE COMBATE

En Teruel se emplearon todo tipo de armas, incluso estos viejos carros de combate Renault de origen francés, que estaban en servicio en el Ejército español antes de la guerra. (Colección J. M. Mata Duaso).

MONUMENTO OBISPO POLANCO

AL

Frente al convento de Santa Clara se erigió un monumento dedicado a la memoria del obispo de Teruel, asesinado por los republicanos en la provincia de Gerona en 1939, poco antes de finalizar la guerra. (Autores).

Fueron estos condicionantes los que llevaron a Franco a decidir el traslado de las operaciones al curso alto del Alfambra, en el sector de Perales, para asegurar así las comunicaciones entre Zaragoza y Teruel y dar mayor consistencia al frente. Tenía un conocimiento preciso sobre las defensas republicanas en ese sector, encomendadas a la 42.ª División, que eran débiles y no esperaban un ataque. 314


SOLDADO REPUBLICANO

Un soldado del Ejército Popular de la República en el Teruel recién conquistado. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

LOS AVIONES DE BOMBARDEO REPUBLICANOS

La Aviación Militar española apenas contaba en 1936 con verdaderos aviones de bombardeo. Se había obtenido en Estados Unidos la licencia de construcción de los bimotores Martin B-10 por la empresa CASA, pero al comienzo de las hostilidades aún no había llegado ningún ejemplar a España. Ante la ausencia de estos aviones de bombardeo, el Gobierno de Madrid militarizó los modernos bimotores Douglas DC-2 de las Líneas Aéreas Postales (LAPE), que eran más rápidos que los cazas en servicio, así como los trimotores comerciales Fokker F-VII 3m, a los que equipó con lanzabombas y ametralladoras. En agosto, desde Francia, arribaron los bimotores militares Potez 540 y Marcel Bloch 210, ambos con tren retráctil, y tres torretas defensivas de ametralladoras. Estos aviones, que fueron bautizados con el nombre de «ataúdes colectivos volantes», 315


no dieron los resultados apetecidos y fueron relegados a servicios nocturnos y de protección de costas. Los aviones de bombardeo más modernos recibidos por la República Española fueron los estilizados bimotores rusos Tupolev SB, que en España recibieron el sobrenombre de Katiuska. Su llegada escalonada, en tres lotes de 31 aparatos, a lo largo de 1936 y 1937, no permitió que se organizaran las suficientes unidades para lograr ni la superioridad táctica ni la estratégica en el bombardeo, que siempre recayó en la aviación de sus adversarios.

TRINCHERAS

En la zona donde se produjo la batalla del Alfambra todavía permanecen vestigios muy bien conservados de trincheras y líneas defensivas de la Guerra Civil. (Autores).

INVIERNO DE 1937

El frío y la nieve fueron las peores pesadillas de los contendientes de ambos bando en lucha. (Vía autores).

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La batalla de Teruel había sido favorable, hasta ese momento, al Ejército Popular, pero, al ampliar la maniobra y el teatro de operaciones el Ejército nacional y obligar al enemigo a salir de las posiciones defensivas y campos atrincherados, que negaban la guerra de movimiento, la ventaja pasaría a quien tuviera mayores recursos y superior preparación.

OFENSIVA EN EL ALFAMBRA

El 5 de febrero, las tropas nacionales lanzaron una ofensiva buscando un doble envolvimiento por las alas en la sierra Palomera, una de las zonas más débiles del frente republicano. El Cuerpo de Ejército marroquí, de Yagüe, avanzaría de norte a sur y el Cuerpo de Ejército de Galicia, de Aranda, lo haría de oeste a este. El éxito fue espectacular y la 42.ª División republicana resultó arrollada y huyó en desbandada. En dos días, las tropas de Yagüe y de Aranda cerraban la bolsa del Alfambra sin dar tiempo al enemigo a reagruparse.

HOJA VOLANDERA

La toma de Teruel por el Ejército de la República fue motivo recurrente de manifestaciones de júbilo por parte de unos dirigentes políticos que, de alguna manera, tenían que justificar ante su gente algún triunfo bélico. (Colección J. M. Campesino).

La reacción republicana fue tardía e ineficaz. Para tratar de cerrar la brecha creada se reforzó el XXIII Cuerpo de Ejército con las divisiones 19.ª y 25.ª y se envió al XXI Cuerpo de Ejército republicano a taponar el hueco producido entre los ejércitos de Levante y del Este. Alcanzada la línea del río Alfambra, en toda su extensión, el general Fidel Dávila ordenó 318


cruzarlo en su curso inferior y, posteriormente, ejecutó la maniobra de envolvimiento sobre Teruel por el norte, completada por el Cuerpo de Ejército de Castilla por el sur. Fue en esta ofensiva cuando se pudo ver quizás la última gran carga de caballería a la antigua usanza, realizada por el Ejército español. Más de 3.000 jinetes de la División de Caballería, al mando del general José Monasterio Ituarte, agrupados en 29 escuadrones, cruzaron el río Alfambra al galope e hicieron huir en desbandada al enemigo.

ARTILLERÍA ANTIAÉREA Las condiciones climatológicas de la lucha en Teruel se resumen en esta impactante foto de un cañón antiaéreo nacional que es arrastrado por sus sirvientes para cambiarlo de posición. (Luis Wilhelmi Castillo).

VALENTÍN GONZÁLEZ

Su papel en la defensa de Teruel fue muy poco lucido. No planteó una defensa a ultranza de la capital turolense, como habían hecho sus oponentes dos meses antes. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

Tras cinco días de durísimos combates, el 22 de febrero entraba triunfalmente en la sufrida capital del Bajo Aragón el general Antonio Aranda. La batalla había terminado, militarmente hablando, en tablas y ambos contendientes

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dejaban para más adelante la confrontación definitiva. Pero, psicológicamente, la victoria fue del Ejército de Franco, que recuperó en poco más de un mes la ciudad de Teruel y reafirmó la confianza de sus soldados en la victoria final, que veían muy próxima.

YAGÜE EN SU PUESTO DE MANDO

En la batalla del río Alfambra, tuvo un papel preponderante el Cuerpo de Ejército marroquí, recién organizado, a cuyo frente estaba uno de los mejores generales de Franco: Juan Yagüe Blanco. (Archivo Fundación Yagüe).

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La batalla del Ebro

ESCUDO DE GANDESA

Escudo de una de las poblaciones más emblemáticas de la batalla del Ebro: Gandesa.

Tras la finalización de la ofensiva de Aragón, la decisión de Franco de proseguir las operaciones hacia Valencia, en lugar de continuar incrementando la presión sobre las tropas republicanas en Cataluña, dio a éstas un respiro para rehacer sus fuerzas y concedió al general Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor Central, la posibilidad de llevar a cabo un ataque desde el norte que uniera las dos zonas de la España republicana, separadas por una brecha que aumentaba día a día y que, en julio de 1938, alcanzaba ya más de 100 km.

BANDERÍN

Banderín perteneciente a la cuarta compañía de una unidad de Infantería republicana. (Colección J. M. Campesino).

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UNA BATALLA PARA CAMBIAR EL CURSO DE LA GUERRA

El plan concebido por el general Rojo requería la participación de los dos grupos de ejércitos en los que se había dividido el Ejército de la República: el GERC (Grupo de Ejércitos de la Región Central) y el GERO (Grupo de Ejércitos de la Región Oriental). Pero, finalmente, sólo este último participaría en la ofensiva. Pese a la pérdida de potencia ofensiva que significaba la falta de concurso del GERC, Rojo estaba convencido de la necesidad de lanzar la ofensiva, con el objetivo de salvar Valencia mediante un movimiento sobre la retaguardia de las tropas nacionales que avanzaban sobre la capital del Turia.

PUENTE DE MEQUINENZA

El río Ebro a su paso por Mequinenza. Éste fue el punto más al oeste por donde los republicanos pasaron el río en julio de 1938. (Autores).

VADEANDO EL RÍO

Tropas republicanas del V Cuerpo de Ejército vadeando el río enfrente del pueblo de Miravet, uno de los pasos en los que no fue necesario el tendido de puentes. (Vía autores).

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DICCIONARIO

La enorme ayuda rusa, en material y en asesores, hizo indispensable los diccionarios rusoespañol/español-ruso. (Colección J. M. Campesino).

A mediados de junio de 1938, Rojo había ultimado el ambicioso proyecto de ofensiva a través del Ebro. En esencia, éste consistía en establecer en una primera fase, una cabeza de puente en la orilla occidental del río, tras la cual se produciría, en una segunda fase, un avance hasta la línea Villalba de los Arcos-Gandesa-sie-rra de Pandols, para continuar a MaellaValdetormoMonroyo-Catí –tercera fase–, punto este último en que se pensaba enlazar con el GERC. Pero la realidad sobre las verdaderas capacidades de sus unidades y el equilibrio de fuerzas entre ambos bandos condujeron a una serie de modificaciones, que se plasmaron en la Orden de Operaciones republicana definitiva de 22 de julio de 1938. En ella se ampliaban los objetivos de la segunda fase hasta la línea Batea-Hortarío Canaletas y, como reflejo del realismo comentado, se limitaban los de la tercera a la línea río Algas-Valde-rrobles-Vinaroz. Quedaba descartado enlazar con el GERC, por lo que el único objetivo de la ofensiva sería frenar el avance nacional sobre Valencia.

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PONTONEROS REPUBLICANOS

Los pontoneros fueron muy importante en la ofensiva republicana para el paso de hombres y material de una orilla a otra del rĂ­o Ebro. (VĂ­a autores).

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ENRIQUE LÍSTER Ya de teniente coronel, Líster estaba al mando del V Cuerpo de Ejército. (Colección J. M. Campesino).

MANUEL TAGÜEÑA

Estaba al mando del XV Cuerpo de Ejército republicano. (Colección J. M. Campesino).

Para incrementar las posibilidades de éxito de este plan, se diseñaron tres operaciones secundarias con el propósito de desviar refuerzos enemigos, que se desarrollarían de forma simultánea. La primera de ellas tendría lugar en el norte, en la que la 42.ª División cruzaría el Ebro entre Fayón y Mequinenza, enlazando, posteriormente, con el resto del XV Cuerpo de Ejército. Otra maniobra de diversión se desarrollaría en el sur, a cargo de una brigada de la 45.ª División, que cruzaría el río con dirección a Amposta, y cuyo objetivo era cortar la carretera Valencia-Barcelona. Por último, se desarrollaría otra acción complementaria en la que el Ejército del Este atacaría en el sector de Sort unos días antes de la operación principal.

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TARJETA POSTAL DE CAMPAÑA Tarjeta dedicada a la artillería republicana. (Colección J. M. Campesino). 326


PUENTE DE BARCAS

Los republicanos se afanaron en construir un puente de barcas, y prepararon la que ser铆a su mayor ofensiva en el transcurso de la guerra. (Colecci贸n J. M. Campesino).

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FUERZAS IMPLICADAS EN LA BATALLA

El esfuerzo principal correría a cargo del denominado Ejército del Ebro, constituido por los Cuerpos de Ejército V (teniente coronel Líster), XII (teniente coronel Etelvino Vega) y XV (teniente coronel Tagüeña), además de una reserva de tres divisiones. En total se lograron poner en línea de ataque once divisiones (treinta y cuatro brigadas), dos regimientos de caballería, seis compañías de carros de combate y dos batallones de blindados, además de unas trescientas sesenta piezas de artillería, a lo que hay que añadir los efectivos de las divisiones de reserva. Para llevar a cabo el cruce del río los tres cuerpos de Ejército tendrían que recurrir a una variada colección de medios, algunos de ellos diseñados ad hoc. Así, dispondrían de barcas, pasaderas, compuertas y diferentes tipos de puentes, todos ellos de fabricación española, construidos por la Inspección General de Ingenieros. Un contratiempo inesperado ocurrió cuando los pontones del GERO resultaron destruidos el 18 de abril por un bombardeo aéreo nacional, por lo que el Ejército Popular tuvo que afrontar el paso del río careciendo de este tipo de elementos.

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CAUCE DEL EBRO El Ebro visto en la actualidad a su paso por Mequinenza. (Autores).

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MILITARES REPUBLICANOS

Un capitán republicano junto a varios soldados del Ejército Popular se fotografían en la zona del Ebro en el caluroso verano de 1938. Lo único que les distingue de sus enemigos son las divisas de grado que portan en sus gorrillos. (Colección J. M. Campesino).

La sorpresa lograda por la ofensiva no fue total pues la magnitud de los preparativos hizo inevitable que llegaran noticias de los mismos al enemigo. El Mando nacional esperaba un ataque a sus posiciones a través del Ebro aunque desconocía el momento y el lugar exactos. De este modo, lo más que podrían obtener los republicanos era lograr la sorpresa táctica, pues la estratégica ya estaba perdida. Pero aun aquella podría resultar suficiente para obtener la victoria. A pesar de que, probablemente, esta ofensiva era la última oportunidad para que la República alterase el curso de la guerra, los preparativos sufrieron unas deficiencias gravísimas, de consecuencias irreversibles. Así, aunque parezca increíble a esas alturas de la guerra, la 330


aviación republicana brilló por su ausencia durante los primeros y cruciales días de la ofensiva. En efecto, sin que pueda justificarse en modo alguno, los aviones rusos de caza y bombardeo estaban desplegados en la zona Centro/Sur y allí permanecieron pese a tratarse de una iniciativa republicana. Resulta de todo punto absurdo, e inexplicable, que los aparatos tardaran cinco jornadas en acudir a Cataluña, retraso que contrasta con la eficacia demostrada por la aviación nacional, que ya estaba presente en el escenario, actuando con creciente eficacia, desde el mediodía de la primera jornada del comienzo de la ofensiva.

SOLDADOS DEL CUERPO DE EJÉRCITO MARROQUÍ

Un sargento y varios soldados del Cuerpo de Ejército marroquí se fotografían sobre un carro T-26 en una escenificación de la batalla del Ebro. (Autores).

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MEQUINENZA

Una de las operaciones secundarias en la batalla del Ebro fue la del cruce del río entre Fayón y Mequinenza. Esta operación se llevó a cabo más al noroeste que la ofensiva principal y su desarrollo no fue todo lo satisfactorio que cabía esperar para el mando republicano. (Autores)

Para lograr la ruptura, el Ejército del Ebro debía derrotar al Cuerpo de Ejército marroquí que, al mando del general Yagüe, cubría el frente que iba desde la confluencia de los ríos Segre y Noguera Ribagorzana, hasta el mar. La zona del principal esfuerzo republicano estaba ocupada por las divisiones 50.ª y 105.ª, respectivamente a las órdenes de los coroneles Campos-Guereta y López Bravo. Estas dos unidades serían claves para el devenir de la batalla. La llegada de informes sobre un posible e inminente ataque republicano a través del Ebro, propició que el Cuartel General de Yagüe recomendara mejorar las fortificaciones a lo largo de la línea del frente, dando por sentado que éstas eran escasas en efectivos y calidad. La calidad de la fortificación de campaña, a lo largo de la guerra, nunca fue precisamente una cualidad de que hicieran gala ninguno de ambos bandos. La confianza en la capacidad defensiva de las pequeñas unidades para detener los ataques enemigos hasta la llegada de refuerzos había sido norma 332


general en las unidades nacionales a lo largo de toda la guerra hasta ese momento, convencidos como estaban de su superioridad táctica sobre el enemigo.

PUENTE DE ASCÓ-VINEBRE

Vista del puente-pasarela montado para comunicar las poblaciones de Ascó y Vinebre, situadas al este de la sierra de la Fatarella. (Archivo Fundación Yagüe).

COMIENZA LA OFENSIVA

A las 00:15 h del 25 de julio de 1938 el Ejército del Ebro se puso en marcha. Frente a Mequinenza, cruzaron tres batallones de la 226.ª Brigada, perteneciente a la 42.ª División, que acabaron tomando las posiciones nacionales entre las que se habían infiltrado sigilosamente, 333


capturando en el proceso una batería artillera nacional con todo su personal, material y medios de tracción. Más al sur, el XV Cuerpo de Ejército atravesaba el río por cuatro puntos. La 31.ª Brigada (encuadrada en la 3.ª División) lo hacía al noroeste de Ribarroja a las 5:30 horas, ocupando la población y capturando a la guarnición para continuar progresando hacia la sierra de Fatarella. La 33.ª Brigada de la misma división lo hacía por Flix, tomando el pueblo y capturando a la guarnición; al anochecer, la brigada había alcanzado las proximidades de La Fatarella. Entre Flix y Ascó efectuó el cruce la 11.ª Brigada de la 35.ª División, que tendió una pasarela por la que pasó a la otra orilla la 15.ª Brigada. Esta vez, las tropas republicanas lograron coordinar el ataque de dos brigadas y realizar una preparación artillera adecuada, lo que propició la rápida conquista de la población de Ascó. Por último, la 13.ª Brigada cruzó el Ebro al sur de Ascó, avanzando con gran resolución hacia el cruce de Camposines, que ocupó a las 8:45 horas, capturando al jefe de la 1.ª Brigada de la 50.ª División nacional con su Estado Mayor, con lo que consumó el derrumbamiento de todo el subsector.

CRUZANDO EL EBRO

Soldados republicanos cruzando a la carrera una pasarela de barcas tendida sobre el Ebro. (Archivo Fundación Yagüe).

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VISITA DEL MAYOR

Un teniente de Sanidad del Ejército Popular de la República explica a un mayor de Infantería los pormenores del puesto de socorro avanzado donde presta servicio. Recreación de la batalla del Ebro. (Autores).

LOS STUKAS EN ESPAÑA

El vocablo germano Stuka es en realidad una abreviatura de las palabras Sturzkampfflugzeug, que literalmente significa «avión de bombardeo en picado». Es por ello que tal palabra ha llevado a equívocos. De este modo, muchos profanos afirman, por ejemplo, que los Ju 87 actuaron en el frente del Norte en la primavera de 1937. Esto es completamente falso. Es incuestionable que el Stuka por antonomasia es el Junkers Ju 87. Pero no es menos cierto que esta voz define también a otros muchos modelos de aviones alemanes, tales como el Henschel 335


Hs 123, el Arado Ar 81, el Blohm & Voss Ha 137 y el Heinkel He 118, entre otros. Así pues, los primeros aviones de bombardeo en picado que actuaron en España fueron los biplanos Henschel Hs 123 «Angelito» y un prototipo del Junkers Ju 87 Stuka, que estuvo realizando vuelos de ensayo, en Andalucía, a finales de diciembre de 1936 y principios de enero de 1937. Por tanto, la actuación de los Stukas en los cielos de España ha de referirse indistintamente a los Hs 123 y a los Ju 87. Estos aparatos estuvieron encuadrados, sucesivamente, en varias unidades aéreas, llamadas VJ./88, Stuka-Kette./J/88, 5./J.88 y Stuka-Kette./K.88, desde el mes de diciembre de 1936 hasta el final de la Guerra Civil Española.

Corbera fue ocupada por la tarde, y el avance prosiguió hacia Gandesa, a cuyas inmediaciones llegaban los republicanos al anochecer. Había sido un comienzo prometedor, pero pronto se hicieron evidentes las carencias republicanas. Entre otras cosas, el impulso de la ofensiva fue detenido por el propio Vicente Rojo, quien anuló las órdenes dadas por Tagüeña a la 16.ª División del XII Cuerpo de Ejército de cruzar inmediatamente el Ebro. 336


POSTAL REPUBLICANA

Quiere representar la dependencia de los sublevados de sus mentores, Alemania e Italia, frente a la supremacía y unidad de la causa republicana sobre partidos y sindicatos. (Colección J. M. Campesino).

Algo más hacia el sur, era el turno para el cruce por parte del V Cuerpo de Ejército. Por Illetas lo hizo la 100.ª Brigada, seguida por la 1.ª y la 9.ª de la 11.ª División. La 1.ª Brigada tenía la misión de envolver Mora de Ebro, y la 9.ª y la 100.ª, la de atacar Miravet, cuya guarnición se hizo fuerte en el Castillo. La 10.ª Brigada de la 46.ª División pasaba por Benifallet, y se extendió tanto hacia el norte como hacia el sur. La creación de esta cabeza de puente permitió el tendido de un puente por el que cruzaron muy pronto las brigadas 37.ª y 101.ª. Toda la 46.ª División avanzaba por la sierra de Pandols junto a unidades de la 11.ª División que, tras ocupar Pinell, habían ascendido a la sierra de Caballs. 337


PROTAGONISTAS

ENRIQUE GODED ALONSO (1921-1938)

Enrique era el hijo pequeño del general Manuel Goded, ejecutado por el Frente Popular el 12 de agosto de 1936 tras fracasar en la sublevación de Barcelona. En junio de 1937, con tan sólo 16 años, ingresó en la Academia de alféreces provisionales de Lluch (Mallorca) de donde salió con la estrella de alférez en dirección a la península, incorporándose a la Legión. Tras varios traslados, fue destinado a la VI Bandera, donde combatiría en primera línea desde su llegada. Goded tomó parte, primero en la durísima batalla de Teruel, después en el cruce del río Alfambra y los altos de Celadas. Más tarde luchó en la campaña de Aragón que habría de llevar a las fuerzas nacionales hasta el Mediterráneo, partiendo en dos la zona republicana y después vendría la toma de Lérida. El 25 de julio, el Ejército de la República cruzaba el Ebro.Fue la Bandera de Goded, recién ascendido a teniente –la VI–, la encargada de frenar la avalancha en la zona de Gandesa. El 30 de julio, en uno de estos fortísimos combates ocurrido en el Puy de Aliaga, el joven oficial encontraría la muerte. Su Bandera sufrió más del 50% de bajas. La noticia de esa muerte, una entre miles de esos días, recorrerá el frente en todas direcciones; las trincheras, el mando, la retaguardia, los periodistas… todos exclamarán: «¡Ha muerto el hijo de Goded!» En la Galería Militar Contemporánea se recogen sus méritos y se le cita como capitán de Infantería, ya que fue ascendido a título póstumo. Con sólo 17 años, podemos considerarlo, sin lugar a dudas, el capitán más joven de los que lucharon en la Guerra Civil Española en ambos bandos. Es el momento de comentar la suerte que corrieron las operaciones de diversión llevadas a cabo al sur de la ofensiva principal. La 14.ª Brigada Internacional de la 45.ª División cruzaría el Ebro en el sector que estaba guarnecido por la 105.ª División nacional. De los tres batallones internacionales sólo tendría éxito el Commune de Paris, que consiguió pasar y establecer una débil cabeza de puente en Campredó. La destrucción de la pasarela y la conjunción de las 338


defensas nacionales desmanteló la ofensiva y provocó que, al caer la tarde, lo que quedaba del maltrecho batallón cruzara a nado a la otra orilla, abandonando la mayor parte del material. Al finalizar la jornada, el Ejército del Ebro había alcanzado los objetivos previstos para la primera fase, pero ésos constituirían todos sus éxitos. La otra acción secundaria llevada a cabo al norte no había logrado su objetivo de unirse con el sector principal al no ser capaces de tomar Fayón.

CARRO VICKERS

Un carro de combate T-26B republicano, inutilizado en las cercanías de Villalba de los Arcos. En la zona nacional se les denominaba «Vickers». (Archivo Fundación Yagüe).

La aviación nacional apareció sobre el campo de batalla ya desde las primeras horas de la mañana, realizando misiones de reconocimiento cada vez más numerosas, ante la asombrosa pasividad de la aviación republicana. Al mediodía comenzaron los bombardeos aéreos sobre los puntos de paso y, aunque los resultados fueron escasos, se logró retrasar el tendido de puentes y pasarelas y provocar bajas, a un coste mínimo. Los esfuerzos de la aviación se vieron apoyados 339


por la decisión de abrir los embalses, lo que neutralizó por completo los pasos construidos durante las primeras horas de la ofensiva republicana. La aviación republicana se limitó a realizar unos pocos vuelos de reconocimiento sobre el frente sin enfrentarse al enemigo. No cabe duda que su pasividad resultaría clave en el resultado final.

¡HAY QUE PASAR EL EBRO!

Cualquier medio era bueno para cruzar el Ebro. (Colección J. M. Campesino).

Hasta la madrugada del 28 de julio no se tendió la pasarela flotante que permitió el paso de las brigadas 227.ª y 59.ª de la 42.ª División en el sector Mequinenza-Fayón. Durante la noche del 29 se terminó el puente de hierro de Flix y por él pudieron pasar camiones, carros y artillería, aunque horas más tarde sufriría daños a causa de los bombardeos aéreos nacionales, cuya aviación seguía actuando casi con total impunidad. 340


RECUPERANDO CARROS

Varios soldados se afanan por recuperar este carro de combate, capturado en plena línea de frente. Los nacionales pusieron en práctica un eficaz sistema de recuperación de carros y vehículos blindados, que les permitió crear una importante fuerza acorazada en el transcurso de la guerra. (Archivo Fundación Yagüe).

CARTEL

Una semana antes de comenzar la ofensiva del Ebro, se cumplía el segundo año de Guerra Civil. En el bando republicano se conmemoraba con este cartel. (Colección J. M. Campesino).

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IGLESIA DE VILLALBA

Puerta principal de la iglesia de Villalba de los Arcos. Este pueblo fue línea de frente, por lo que sufrió numerosos bombardeos y quedó parcialmente destruido. (Archivo Fundación Yagüe).

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FRACASA LA RUPTURA

El mando nacional, una vez superada la sorpresa táctica, reaccionó de manera rápida enviando al sector atacado las reservas del Cuerpo de Ejército marroquí, que se desplegarían entre la noche del 25 y la mañana del día siguiente, y la 16.ª Bandera de la Legión, que alcanzaría Gandesa el mismo día 25. En estas maniobras resultaría decisiva la información suministrada por los aviones de reconocimiento, que informaban con exactitud de los progresos y la situación del enemigo. El flujo de refuerzos nacionales fue incesante en esas primeras horas, y decisivo para sellar los intentos de penetración . El 73.º Batallón de Toledo y el 2.º Regimiento de la División de Caballería acudieron a la zona de Mequinenza-Fayón. A la defensa de Villalba de los Arcos llegaba la mañana del día 26 la 3.ª Bandera de la Legión, mientras el grueso de la 82.ª División, un regimiento de la 13.ª, dos batallones de la 63.ª y uno de la 150.ª se dirigían hacia el norte de Villalba para cortar la penetración de la 42.ª División republicana. Estas unidades pudieron contener, la jornada del 26, la ofensiva republicana, que apenas registró éxito alguno. La oportunidad de lograr la ruptura se había perdido.

YAGÜE Y GARCÍA VALIÑO

Los generales Juan Yagüe Blanco y Rafael García Valiño en el puesto de mando de Mas de Diego, en octubre de 1938. El primero mandaba el Cuerpo de Ejército marroquí, y el segundo, el del Maestrazgo. En esta fase, la batalla del Ebro se decantaba, claramente, a favor de las armas nacionales. (Archivo Fundación Yagüe). 343


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Como consecuencia de la utilización de todas las tropas de reserva en la contención de la ofensiva, el Cuartel General del Generalísimo (CGG) cursó las órdenes para enviar a la zona del Ebro dos divisiones: la 74.ª y la 102.ª, ambas procedentes de Extremadura, y algunas unidades de la 150.ª, de Tremp. Dispuso, además, que la 4.ª de Navarra y la 84.ª, que participaban en la ofensiva de Levante, se dirigieran al sector de Amposta. Esta maniobra representaría uno de los pocos éxitos republicanos, pues el traslado de dichas unidades implicaba la cancelación de la ofensiva de Levante, que era uno de los objetivos de la operación diseñada por Vicente Rojo.

REQUETÉS

El Tercio de Nuestra Señora de Montserrat participó en la batalla del Ebro integrado en la 74.ª División del Ejército nacional, y combatió en el sector de Villalba de los Arcos y Gandesa. En la foto, figurantes en una recreación de la batalla. (Autores). 345


DESCANSO

Los combates el verano de 1938 en la zona del Ebro fueron atroces. El descanso de los soldados no sólo era necesario, sino también conveniente. (Colección J. M. Campesino).

A lo largo de la semana que siguió a la ofensiva se sucedieron la llegada de refuerzos de las líneas nacionales y los incesantes, e infructuosos, ataques republicanos, que fracasaban repetidamente por la escasez de adecuado apoyo artillero, blindado y aéreo. El ataque general lanzado por las tropas republicanas el día 1 de agosto, para el que se contaba con las divisiones 16.ª, del XII Cuerpo de Ejército, y 60.ª, de reserva, así como con la Escuadra de Caza, y que pretendía ser decisivo, se saldó con un nuevo fracaso, pues no se conquistó Gandesa ni se tomó Bot. Los republicanos tendrían que contentarse con los resultados obtenidos el primer día de ofensiva. Fue un punto de inflexión en la batalla, ya que, a partir del día 3 de agosto, el Ejército del Ebro pasaba a la defensiva.

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WERNER MÖLDERS

El que llegaría a ser jefe de la Aviación de caza de la Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial, Werner Mölders, tuvo su bautismo de fuego en España, luchando con la Legión Cóndor. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

PROTAGONISTAS

JUAN MODESTO GUILLOTO LEÓN (1906-1969)

Juan Modesto Guilloto León, «Modesto», nació en El Puerto de Santa María (Cádiz) el 24 de septiembre de 1906. Aserrador de profesión, durante su servicio militar obtuvo el empleo de cabo de las fuerzas Regulares en el protectorado español de Marruecos. Se afilió al Partido Comunista español en 1930, y en 1933, tras recibir un cursillo de formación militar en la Escuela Frunze, en la Unión Soviética, organizó las llamadas Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC), unas auténticas fuerzas militares comunistas revolucionarias. Al comenzar la Guerra Civil Española, Modesto participó en el asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid y fue uno de los creadores, y de los primeros comandantes, del famoso 5.º Regimiento, del que llegó a ser su jefe en octubre de 1936. Dirigió 347


un batallón de milicias en la provincia de Toledo, donde intentó contener el avance de las columnas insurgentes que se dirigían hacia Madrid. Se distinguió en las operaciones de la sierra de Guadarrama (Madrid) y en el sector del Tajo durante la batalla de Madrid, en noviembre de 1936. Ya en 1937, el general Miaja, jefe de la Junta de Defensa de Madrid, le dio el mando de la 4.ª División, y Modesto fue ascendido a mayor de milicias.

Participó en las batallas de Jarama, Guadalajara y Brunete, y tras la finalización de ésta, se le nombró comandante del V Cuerpo de Ejército. En 1938 ascendió a teniente coronel de milicias, y en julio del mismo año dirigió las operaciones militares durante la muy nombrada batalla del Ebro, ya con el empleo de coronel de milicias (fue uno de los pocos que alcanzó dicho empleo procediendo de las milicias). Tenía bajo su mando el llamado Ejército del Ebro, constituido por el V Cuerpo de Ejército (Enrique Líster) y el XV (Manuel Tagüeña), y constituía una fuerza militar de filiación enteramente comunista. Si bien la maniobra del cruce del Ebro fue un verdadero éxito, la lucha de desgaste que sucedió, encarnizada y dura, resultó desfavorable para la tropas de Modesto, que, finalmente, repasaron el río el día 16 de noviembre de 1938. Tras la caída de Cataluña, en febrero de 1939, pasó a la zona Centro-Sur, en donde el presidente Negrín le ascendió a general (único caso entre los jefes de milicias), y además a jefe del Ejército del Centro el día 2 de marzo de 1939. Al finalizar la Guerra Civil Española se exilió en la Unión Soviética, cuyo gobierno le reconoció su empleo militar de general.

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Durante la Segunda Guerra Mundial fue general del Ejército comunista búlgaro que combatió a los alemanes junto con las tropas de la Unión Soviética. En las luchas de las diferentes facciones para hacerse con el control del Partido Comunista español, Modesto resultó derrotado y entonces se estableció en Praga, la capital de Checoslovaquia, donde falleció el 19 de abril de 1969. En dicha ciudad centroeuropea escribió sus memorias, tituladas Soy del Quinto Regimiento, que se publicaron en París durante ese mismo año. En 1968, Modesto Guilloto se opuso a la entrada de los tanques de las fuerzas del pacto de Varsovia en Praga, evidentemente con nulos resultados.

COMIENZA LA CONTRAOFENSIVA NACIONAL

Los informes de los mandos nacionales recibidos en el CGG eran bastante optimistas desde el mismo día 26 e insistían en la mínima capacidad ofensiva del Ejército Popular y en la seguridad de poder expulsarlo nuevamente al otro lado del río. No hay duda de que estos informes influyeron en la decisión de Franco de batir al Ejército del Ebro en la bolsa creada al oeste del río. La contraofensiva comenzaría por la cabeza de puente Mequinenza-Fayón, la más débil y aislada de la penetración principal, y sería llevada a cabo por la 82.ª División, reforzada con varios batallones, baterías artilleras y varias unidades de carros de combate. El 6 de agosto comenzó

BOMBA DE AVIACIÓN

Un soldado observa una bomba de aviación sin explosionar. Este tipo de artefactos era un peligro potencial para ambos contendientes. (Vía Juan Negreira Parets).

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PALA DE AVIÓN DERRIBADO

Oficiales de la batería del capitán Micheo, con una pala de la hélice de un avión derribado. (Colección J. M. Campesino). la contraofensiva nacional y culminó al día siguiente con la destrucción de la bolsa y de la 42.ª División republicana. Un éxito fulgurante que hizo creer a los nacionales que el resto sería fácil.

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Para la ofensiva contra la bolsa principal se decidió ocupar primero las alturas dominantes, centrando el ataque en la sierra de Pandols, que corrió a cargo de la 4.ª de Navarra, reforzada con el 10.º Tabor de Alhucemas y apoyada por baterías artilleras. El 10 de agosto, tras una fuerte preparación artillera y un incesante bombardeo aéreo, se lanzó el asalto.

REVISTA DE ÉPOCA

Página de una publicación republicana en la que ensalzan el comportamiento de la Aviación en la batalla del Ebro. (Colección Jordi Jara).

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PROTAGONISTAS

FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE (1892-1975)

No puede entenderse la historia de España del siglo XX sin la figura de Francisco Franco. Generalísimo de los Ejércitos nacionales durante la guerra del 36 y caudillo de España por la gracia de Dios hasta 1975, todos los hechos fundamentales de la historia de nuestro país durante ese período están influidos cuando no protagonizados directamente por él.

Nacido en El Ferrol el 4 de diciembre de 1892, ingresó en la Academia de Infantería a los 14 años, si bien no destacó como alumno. Donde sí descollaría enseguida sería en las distintas campañas de Marruecos, con una carrera meteórica plagada de ascensos por méritos de guerra, que lo convirtieron en el prototipo de oficial africanista y despertó admiración por su valor y juventud (llegó a ser el general más joven de Europa, con tan sólo 33 años). Antes, a punto estuvo de morir por una herida en el vientre (1916), colaboró como segundo jefe en la creación de La Legión (1920) y se hizo acreedor a la Medalla Militar Individual «por su brillante e importante actuación al frente de su Bandera» en el socorro a Melilla (julio de 1921). Tras organizar y dirigir con acierto la Academia General Militar de Zaragoza en su segunda época, su actuación más destacada durante la Segunda República le llegaría con ocasión de los sucesos revolucionarios de Asturias de 1934, cuya represión dirigió con eficacia y contundencia. Desplazado a Canarias por el Gobierno del Frente Popular, y tras alguna indecisión, se sumó al alzamiento de las fuerzas de 353


Marruecos, al frente de las cuales se puso tras el famoso vuelo desde las islas en el avión Dragon Rapide. Comenzaba para él y para España una nueva época de la historia… La muerte de Sanjurjo, su prestigio acrecentado por las victorias cosechadas en la marcha sobre Madrid (en especial, la liberación del Alcázar de Toledo), su interlocución con Alemania e Italia y su apoyo popular le afianzaron como cabeza visible del bando nacional, lo que se consolidó efectivamente cuando la Junta de Defensa lo proclamó el 29 de septiembre de 1936 generalísimo de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire, así como jefe de Gobierno del Estado Español. De carácter cauto, condujo la guerra sin precipitaciones, calculando cada riesgo tomado a la vez que afianzando política y militarmente cada porción de terreno conquistada. Su mayor acierto estratégico fue, dada la imposibilidad de tomar Madrid directa o indirectamente, intuir que la guerra iba a ser muy larga, llevándose su masa de maniobra al industrial norte de España. Con él en su poder, ya estaba en condiciones de batir a su enemigo donde éste quisiera plantearle la batalla, ya fuera en Brunete, Teruel o el Ebro…, lo que también podía hacer gracias a su idea centralizadora de recursos (así, la masa artillera de Martínez Campos, la reserva general de transportes, el servicio de recuperación de material, etc.). Cuando el reconocimiento internacional al Estado nacional empezó a producirse masivamente, muy especialmente en los casos de Francia y Gran Bretaña (febrero de 1939), era ya un hecho consumado que la guerra estaba ganada para los rebeldes. Tras una dura época en los años 40 caracterizada por el hambre y el racionamiento, la larga y dura represión, y el aislamiento en la esfera internacional, Franco, que había logrado mantener a España fuera de la Segunda Guerra Mundial, se perfiló en los años 50, con su anticomunismo, como un aliado no sólo natural sino necesario de la nueva potencia, los EE. UU., país con el que firmará unos acuerdos político-económicos y militares que servirán de base al desarrollismo de los 60, en una época de prosperidad material que, sacando al país de su atraso ancestral, permitió, a través de Planes de desarrollo, el afianzamiento de una clase media necesaria para el progreso económico. En los convulsos 70, con una grave crisis internacional como telón de fondo y una cada vez más sanguinaria ETA, a lo que hay que sumar el problema del Sáhara, su régimen se resintió, coincidiendo con las enfermedades y achaques que acabarían con su vida el 20 de noviembre de 1975. «El juicio ante Dios y ante la historia» del que él mismo habló comenzaba entonces… Comenzó una dura y sangrienta serie de enfrentamientos entre la 4.ª División nacional y la 11.ª republicana por el dominio de las cumbres, que se prolongó durante más de una semana. La ofensiva finalizó por puro agotamiento de los contendientes, aunque los combates prosiguieron en menor escala a lo largo de los días siguientes. Los nacionales controlaban las cotas más elevadas de la sierra, pero los republicanos mantenían en su poder las crestas orientales de la misma. Se frustraba así la ofensiva nacional sobre Pandols y se incumplían las perspectivas que presagiaban el fácil triunfo nacional.

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BRIGADAS INTERNACIONALES

Revista publicada por el Batallón británico de las Brigadas Internacionales poco antes del inicio de la batalla del Ebro. (Colección J. M. Campesino).

ESTANCAMIENTO Y DESGASTE

Tras la acción defensiva del Ejército del Ebro en Pandols, el Cuerpo de Ejército marroquí fue el encargado de romper el frente en el sector de Villalba, un sector ocupado por el XV Cuerpo de Ejército republicano. La ofensiva quedaría confiada a las divisiones 82.ª y 74.ª, complementada con ataques de la 13.ª y de la 102.ª divisiones al norte y al sur. Las intenciones del bando nacional eran muy ambiciosas, pues las dos primeras divisiones deberían romper el frente en Villalba, para seguir luego hacia la sierra de la Fatarella y girar a continuación hacia el sur, a fin de envolver a los republicanos frente a Gandesa.

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ANTIAÉREOS DE 88 MM

Una sección antiaérea alemana de 88 mm se dirige al frente en plena ofensiva del Ebro. (Colección Carlos Franco González-Llanos).

TIERRAS ALTAS DEL EBRO

El escenario de la batalla del Ebro visto desde el suroeste. Los lugares más característicos de la batalla están marcados en la foto. (Vía Juan Negreira Parets).

La labor de fortificación del Ejército del Ebro en la zona elegida para la ruptura en el sector de Villalba iba a ser puesta a prueba por la concentración de piezas de artillería y el apoyo de la 356


mayoría de los medios blindados nacionales. El frente republicano estaba cubierto por la 60.ª División y la 135.ª Brigada independiente, apoyadas en retaguardia por la 3.ª y la 16.ª División. Las unidades nacionales, tras una fuerte preparación artillera, el 19 de agosto, lanzaron el asalto, rompiendo el frente y logrando ocupar el vértice Gaeta el día 22. El avance prosiguió lento y pleno de dificultades en las jornadas siguientes, llegando a agotarse la capacidad de penetración de las divisiones nacionales. Las medidas defensivas republicanas habían tenido éxito, aunque al precio de quedar completamente desgastadas, en una larga e ininterrumpida serie de contraataques. Las maniobras nacionales por el norte y por el sur habían sido detenidas. Ambos bandos estaban exhaustos.

LA VOZ DE ESPAÑA

Periódico publicado en plena batalla del Ebro. (Colección J. M. Campesino).

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COLL DEL MORO

Vista actual desde el Coll del Moro, lugar cercano a Gangesa, donde Franco tenía su Cuartel General en la batalla del Ebro. (Vía autores).

PROTAGONISTAS

LEOCADIO MENDIOLA NÚÑEZ (1909-1998)

Leocadio Mendiola Núñez nació en Badajoz el día 8 de febrero de 1909. Ingresó en el servicio de Aviación durante 1926 y al año siguiente fue promovido a sargento. En diciembre de 1930, estaba destinado en el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid) y se adhirió a la sublevación republicana. Tras la proclamación de la Segunda República, solicitó realizar el curso de piloto, obteniendo el título de Piloto Militar con antigüedad de 21 de junio de 1932. Ascendió a brigada de Aviación el 5 de julio de 1934 y estuvo destinado en el Grupo n.º 21 de León. En diciembre pasó a la 3.ª Escuadrilla del Grupo n.º 22 de Tablada (Sevilla), y el 30 de mayo de 1936 obtuvo nuevo destino en el Grupo n.º 31 de Getafe. El 18 de julio, el brigada Mendiola realizó diversos servicios sobre los cuarteles sublevados de Getafe y de Carabanchel 358


(Madrid) y después actuó en los frentes de la sierra y Extremadura, a bordo de aparatos Breguet XIX. Se distinguió en los bombardeos sobre las columnas que atacaban en el frente de Peguerinos, obligán-dolas a retirarse hacia Ávila. Ascendió a teniente en octubre de 1936, y muy poco después fue promovido a capitán por méritos de guerra. En noviembre de 1936, Mendiola realizó la adaptación a polimotores y muy pronto se incorporó a la 2.ª Escuadrilla del Grupo n.º 12 de bimotores rusos Tupolev SB Katiuska. Actuó en acciones de bombardeo sobre la retaguardia enemiga durante el invierno de 1936-1937 y en la batalla del Jarama. Fue felicitado en diversas ocasiones por sus distinguidos servicios. En mayo de 1937 tomó el mando de la 3.ª Escuadrilla del nuevo Grupo n.º 24 de Katiuska, y con ella actuó en las batallas de La Granja, Brunete y Belchite. Ascendió a mayor de Aviación por méritos de guerra en noviembre 1937, y se hizo cargo del mando del Grupo n.º 24. El día 6 de marzo de 1938 dirigió los bombardeos sobre los buques que auxiliaban a los náufragos del hundido crucero Baleares. Por orden de 21 de julio de 1938 se ordenó la apertura de información al objeto de proponerle para la concesión de la Placa Laureada de Madrid. Todo parece indicar que el Gobierno aprobó el juicio contradictorio y la concesión de dicha condecoración llegó a estar firmada por el subsecretario de Aviación y el presidente Negrín, pero la desaparición del Diario Oficial, tras la caída de Barcelona, impidió la publicación correspondiente.

El 15 de diciembre de 1938 Mendiola fue ascendido a teniente coronel por méritos de guerra. Al día siguiente dirigió personalmente el ataque de dos escuadrillas de SB Katiuska sobre el aeródromo de La Cenia, base de la Legión Cóndor, aunque los atacantes perdieron dos aparatos, entre ellos el del jefe de una de las dos escuadrillas. Tras la caída de Cataluña, Mendiola cruzó la frontera francesa, aunque pronto regresó a España. En Albacete volvió a tomar el mando del Grupo n.º 24. Tras el golpe de Estado del coronel Casado, Mendiola fue nombrado comandante militar de Murcia, pero no llegó a hacerse cargo del mando. Tras la orden de entrega de la Aviación a los vencedores, Mendiola optó por exiliarse, saliendo en un Katiuska hacia Orán (Argelia francesa). Allí quedó internado hasta 1942, año en que consiguió embarcarse para Méjico, donde residió hasta febrero de 1967, en que regresó definitivamente a España, estableciendo su residencia en Barcelona. Falleció el 18 de julio de 1998 en Extremadura.

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LOS CAZAS RUSOS

La llegada de los cazas rusos durante el mes de noviembre de 1936 supuso un importante hito en el desarrollo de la guerra aérea en España. Los cazas diseñados por el ingeniero Polikarpov, los biplanos I-15 y los monoplanos I-16, sorprendieron a los alemanes, italianos y españoles. Todos ellos creyeron que se trataba de réplicas de aviones norteamericanos y a los primeros se les denominó Curtiss y a los segundos Boeing. En realidad se trataba de modelos originales y sorprendentemente avanzados para su época y para la industria aeronáutica rusa. Los biplanos Polikarpov I-15, dotados con un motor radial refrigerado por aire, recibieron en la zona republicana el sobrenombre de Chato, mientras que los monoplanos I-16, de tren retráctil y gran velocidad, fueron denominados Mosca. Los enfrentamientos iniciales de estos cazas soviéticos con los Heinkel He 51 y los Fiat CR.32 resultaron favorables para los primeros, que causaron importantes bajas en las formaciones de bombardeo y en los combates individuales de caza contra caza. La balanza de la lucha aérea se inclinó hacia los gubernamentales en el invierno de 1936 y duró hasta la primavera de 1937, en que llegaron los monoplanos alemanes Bf 109 y se incrementó el número de cazas italianos.

Fracasados los ataques por el norte y el sur, sólo quedaba el centro. Los nacionales contaban para ello con dos Cuerpos de Ejército, el Marroquí de Yagüe, al norte, y el del Maestrazgo de García Valiño, al sur. Para la ruptura frente a Gandesa se reunieron más de 300 piezas de artillería y una cantidad elevada de carros de combate. La orden de operaciones del Ejército del Norte del 1 de septiembre disponía la ejecución de una maniobra de doble envolvimiento de la zona comprendida entre Gandesa y el cruce de Camposines. 361


La ofensiva comenzaba el 3 de septiembre y, al día siguiente, se ocupaba Corbera. Un día después, por el contrario, fracasaba la toma de Caballs, tras una eficaz defensa del Ejército del Ebro. En el sector de Gandesa, la 11.ª División republicana, no repuesta del desgaste de Pandols, se retiraba precipitadamente en la noche del 5 al 6, y permitía que la 1.ª de Navarra ocupara la cota 565, la más alta de la sierra de Lavall.

GENERAL ALFREDO KINDELÁN

El entonces jefe de la Aviación nacional, Alfredo Kindelán Duany, observando la evolución de los aparatos enemigos en el transcurso de las operaciones en el Ebro. (Archivo Canario Azaola).

EN EL PUESTO DE SOCORRO

Varios miembros del Ejército Popular de la República dialogan con el oficial médico en el puesto de primeros auxilios avanzado, en una reconstrucción histórica de la batalla del Ebro. (Autores).

De todas maneras, a pesar de algunos éxitos puntuales, la maniobra nacional había fracasado, al no poder ocupar las sierras de Caballs y de Fatarella. A partir de ese momento se producirían una serie de embestidas frontales en un frente muy estrecho, con preparaciones intensas de artillería y aviación, repelidas una y otra vez por un enemigo aferrado al terreno y con gran espíritu combativo, modelado, quizás, por la imposición de una disciplina durísima para forzar la resistencia. Franco en persona supervisó estos combates 362


desde el Coll del Moro, una elevación al oeste de Gandesa en la que instaló su puesto de mando junto a Dávila y Yagüe. A pesar de las dificultades encontradas, Franco decidió proseguir con la ofensiva en las condiciones iniciales, reajustando el dispositivo. Los objetivos seguían siendo el cruce de Camposines y la sierra de Caballs, clave de la batalla, que hasta el momento no había podido tomarse. La defensa republicana seguía estando basada en la rotación de unidades, pasando a retaguardia las más castigadas e incorporándose a primera línea las de refresco. Este sistema se reveló muy eficaz y fue clave en la detención de los avances nacionales.

ANTEOJOS DE OBSERVACIÓN

El oficial de Artillería observa atentamente los movimientos del enemigo. (Vía Juan Negreira Parets).

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YAGÜE EN LA FATARELLA

El general Yagüe, jefe del Cuerpo de Ejército marroquí, junto al coronel Riveras, jefe de Estado Mayor (a la derecha) y el teniente coronel Alarcón de la Lastra, jefe de la Artillería del Cuerpo de Ejército (a la izquierda), en el pueblo de La Fatarella el día 15 de noviembre, recién ocupada esta población y un día antes de la finalización de la batalla del Ebro. (Archivo Fundación Yagüe).

SERVICIO DE INFORMACIÓN

Se trata de una pequeña carpeta con todos los modelos de aviones enemigos, para su fácil identificación. (Colección J. M. Campesino).

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FRANCISCO VIÑALS

Francisco Viñals Guarro, piloto de caza republicano, jefe de la 2.ª Escuadrilla del Grupo 26. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

EMBLEMA DE LA AVIACIÓN REPUBLICANA

Se trata del emblema de pecho que llevaban los aviadores de la República durante la Guerra Civil. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz).

LOS CAZAS ALEMANES

Los primeros cazas alemanes en llegar a España fueron los biplanos Heinkel He 51 que, en principio, combatieron eficazmente a los anticuados aviones gubernamentales Breguet XIX y Nieuport 52. Incluso superaron a los Dewotine D.372 y los Loire 46 llegados de Francia. Sin embargo, ante la llegada del material aéreo rusos, los He 51 se vieron ampliamente superados, tanto en velocidad como en maniobrabilidad. La situación llegó a ser tan desesperada, que casi ocasionó un plante de los pilotos germanos ante su jefe. Si bien, de forma experimental, habían llegado tres prototipos del modernísimo monoplano de tren retráctil Messerschmitt Bf 109, en diciembre de 1936, su escaso número y algún accidente hizo que estos magníficos aparatos pasasen inadvertidos. No fue hasta la primavera de 1937 que se organizó la primera escuadrilla de caza en el grupo de la Legión Cóndor, la 2.J/88, que debutó en el frente del Norte y continuó su acción en Brunete. En 1938, las tres escuadrillas del grupos estaban totalmente equipados con 365


Messerschmitt BF 109, de los modelos B, C y D, y a finales de 1938 llegaron los aviones del nuevo modelo Bf 109E.

Los alemanes también ensayaron en España el monoplano de caza Heinkel He 112, que, finalmente, fue encargado por los españoles y con ellos se constituyó el Grupo 5G-5, que tuvo tiempo de intervenir en el conflicto. Los combates continuaron de forma sangrienta e interminable hasta la segunda semana de octubre. Las unidades nacionales que habían llevado el peso de la ofensiva también fueron relevadas, y el 14 de octubre las divisiones de refresco 82ª y 53ª llegaron a la venta de Camposines, aunque no lograron ocuparla.

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AVIÓN DERRIBADO

El capitán Luis Micheo Casademunt, jefe de una batería antiaérea de 88/56 mm, el jefe del Grupo antiaéreo del Cuerpo de Ejército marroquí, Constantino Lobo Montero, y otros oficiales posan delante de los restos de un aparato republicano abatido. (Archivo Fundación Yagüe).

TIRO TERRESTRE

Un cañón antiaéreo de 88/56 mm realizando tiro terrestre en las inmediaciones de la sierra de Pandols. (Archivo Carlos Franco GonzálezLlanos).

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ACTO FINAL

Tras el despliegue de la artillería, clave para batir la sierra de Caballs, y una contundente preparación artillera y aeronáutica, el 30 de octubre el Cuerpo de Ejército del Maestrazgo atacaba el sector defendido por el V Cuerpo de Ejército republicano. Las tropas de la 1.ª de Navarra se lanzaron al ataque con tal rapidez y furia que, esta vez, consiguieron superar a sus adversarios. Las cotas principales de Caballs fueron tomadas a lo largo de la mañana. Los primeros días de noviembre, las divisiones nacionales consiguieron desmoronar la resistencia republicana. El día 3, la 84.ª División ocupaba definitivamente la sierra de Pandols y, el 4, las tropas nacionales llegaban al Ebro. El V Cuerpo de Ejército republicano había sido derrotado y dividido, debiendo cruzar el río buena parte de las tropas. Los combates con el XV Cuerpo de Ejército aún revestirían tintes de dureza, pero la suerte para los gubernamentales hacía ya días que estaba echada.

IMAGEN AÉREA Vista aérea del frente en la batalla del Ebro. La imagen fue tomada por alguno de los aparatos de reconocimiento empleados por la Legión Cóndor. La toma del cruce de Camposines fue determinante para el desarrollo de la batalla. (Archivo Galland Books).

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El día 11 eran ocupados el cruce de Camposines y la ermita de San Batolomé y el 14 caía la Fatarella. En la noche del 15 al 16, los últimos contingentes republicanos cruzaban el río, por los puentes de Flix y Ribarroja, y la mañana del 16 estas localidades eran ocupadas por las divisiones nacionales.

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La batalla del Ebro tocaba a su fin. Aunque el coste había sido enorme, todos los objetivos nacionales habían sido conseguidos. Era el principio del fin para la España republicana.

SUBOFICIAL MORO

En su brazo se aprecia con claridad el escudo del Cuerpo de Ejército marroquí. Está sentado sobre el guardabarros de un carro soviético T-26B. Reconstrucción histórica. (Autores).

TAGÜEÑA Y MORRIONES

El teniente coronel Tagüeña (con boina) y el coronel Morriones (con gafas, a su lado) departen con otros oficiales del Ejércitto Popular en la última fase de la batalla del Ebro. (Colección J. M. Campesino).

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FRANCO EN EL COLL DEL MORO

Junto a Franco, de arriba abajo, los generales Yagüe, Kindelán y Dávila. (Ilustración de Manuel V. Tamariz Sáenz). 371


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BIBLIOGRAFÍA

Además de las obligadas consultas al Archivo General Militar de Ávila (ambos bandos, diversas carpetas, legajos varios), la bibliografía básica para elaborar este tomo ha sido la siguiente (relación no exhaustiva): • Arrar{s, Joaquín. Historia de la Cruzada española. Ediciones Españolas, Madrid, c.1940. • Azaña, Manuel. Obras completas. Oasis, México, 1968. • Barea, Arturo. La forja de un rebelde. Bibliotex para el diario El Mundo, Madrid, 2001. • Caballero S. J., José. Diario de campaña de un capellán legionario. Doncel, Madrid, 1976. • Calvo, Fernando. Lincolns. Voluntarios norteamericanos en la Guerra Civil Española. Galland Books Editorial, Valladolid, 2010. • Carpintero, Helio. Una voz de la «Tercera España». Julián Marías, 1939. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2007. • Casas de la Vega, Rafael. El Alcázar. G. Del Toro Editor, Madrid, 1976. • Cierva, Ricardo de la. 1939; Agonía y victoria. Editorial Planeta, Barcelona, 1989. • Cierva, Ricardo de la. Historia ilustrada de la Guerra Civil Española (dos tomos). Ediciones Danae, Barcelona, 1971. • Engel, Carlos. Historia de las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República (1936-39) e Historia de las Divisiones del Ejército Nacional (1936-39). Almena Ediciones, Madrid, 1999. • Fontana, José María. Los catalanes en la guerra de España. Editorial Acervo, Barcelona, 1972. • García Serrano, Rafael. Diccionario para un macuto. Editorial Planeta, Barcelona, 1979. • Gil Mugarza, Bernardo. España en llamas 1936. Ediciones Acervo; Barcelona, 1970. • Kindel{n, Alfredo. Mis cuadernos de guerra. Plus Ultra, Madrid, c. 1940. • Koltsov, Mijail. Diario de la guerra de España. Editorial Planeta, Barcelona, 2009. • Lera, [ngel María de. Las últimas banderas. Editorial Planeta, Barcelona, 1967. 373


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• Togores, Luis E. Yagüe, el general falangista de Franco. La Esfera de los Libros, Madrid, 2010. • Tusell, Javier (director del proyecto). ABC, doble diario de la Guerra Civil, 1936-1939. Editorial Prensa Española, Madrid, 1978. • VV. AA. Crónica de la guerra española, no apta para irreconciliables. Equipo Codex, Buenos Aires, 1960. • VV. AA. La Legión española (50 años de historia) (Dos tomos). Subinspección de La Legión, Leganés, 1973. • Zugazagoitia, Juli{n. Guerra y vicisitudes de los españoles. Tusquets editores, Barcelona, 2007. Además, han sido consultadas publicaciones diversas de la época y actuales, como las revistas Ejército, Historia y Vida, ARES Enyalius, Aeroplano… y los periódicos ABC, La Vanguardia, Mundo Obrero, Heraldo de Aragón, El Socialista, entre otros. Los anuarios militares de la República desde 1931 a 1936 han sido de gran ayuda para rastrear los recuadros de las biografías.

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Atlas ilustrado de batallas de la guerra civil española l molina franco y otros susaeta 2014  

Atlas ilustrado de batallas de la guerra civil española escrito por L Molina Franco y otros Editado por Susaeta en 2014

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