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· EL ESPACIO BARRIAL ·

El autor, Julio Ladizesky, ha desarrollado una larga actividad como profesor titular en las Facultades de Arquitectura de las Universidades de Buenos Aires y La Plata. Dos veces expulsado de su cargo por las últimas dictaduras militares (1966 y 1976), retomó la docencia en el año 1984. Ha sido premiado en concursos de arquitectura y electo como miembro de los Colegios de jurados y asesores de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires. La mayor parte de su producción teórica está referida a los temas del hábitat social y la vivienda popular.

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JULIO LADIZESKY

JULIO LADIZESKY

EL ESPACIO BARRIAL

El espacio colectivo sufre una transformación profunda y desfavorable impuesta por la avasallante irrupción del automóvil y las malformaciones emergentes de la cultura del mercado, que derivan al habitante urbano hacia formas de vida carentes de solidaridad y bajo nivel de ciudadanía. Frente a esta situación de crisis, la propuesta de un espacio barrial habitable brinda soporte a una política municipal dirigida al desarrollo humano y a la integración comunitaria de la población. Este libro, centrado en la escala del barrio, reconsidera los criterios conceptuales y los métodos instrumentales que se utilizan habitualmente para la configuración del espacio público barrial.

EL ESPACIO BARRIAL Criterios de diseño para un espacio público habitado


JULIO LADIZESKY

EL ESPACIO BARRIAL Criterios de diseño para un espacio público habitado


Ladizesky, Julio El Espacio barrial: criterios de diseño para un espacio público habitado. - 1a ed. Buenos Aires: Bisman Ediciones; Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo, 2011. 166 p. ; 20x14 cm. ISBN 978-987-26769-2-6 1. Urbanismo. 2. Espacio Urbano. I. Título CDD 711

Editado por: BISMAN EDICIONES www.bismanediciones.com.ar / info@bismanediciones.com.ar (54 11) 4372 7380 y 6794 / Lavalle 1312 P. 2 “A”, C1048AAH Ciudad de Buenos Aires - Argentina. Editor General: Hernán Bisman Editor Adjunto: Pablo Engelman Diseño Gráfico: Diego Pinilla Amaya Coeditado por: CPAU - CONSEJO PROFESIONAL DE ARQUITECTURA Y URBANISMO www.cpau.org / info@cpau.org (54 11) 5239 9401 y 4312 4759 / 25 de Mayo 482, C1002ABJ Ciudad de Buenos Aires - Argentina. Comisión Directiva CPAU: Presidente Jorge Horacio Lestard, arq. / Vicepresidente 1º Carlos Federico del Franco, arq. / Vicepresidente 2º Mario Néstor Boscoboinik, arq. / Secretario Cristina Beatriz Fernández, arq. / Prosecretario Margarita Mirta Charrière, arq. / Tesorero Carlos Alberto Marchetto, arq. / Protesorero Marta García Falcó, arq. / Consejeros Titulares Emilio Gómez Luengo, Graciela B. Runge, Edgardo Minond, Ricardo Blinder, Eduardo Bekinschtein, Graciela L. Novoa, Juan Martín Urgell, Sergio Antonini, Tristán Diéguez, arqs. / Consejeros Suplentes Hernán Maldonado Aguiar, Daniel H. Silberfaden, Esteban R. Urruty, Guillermo C. Tella, arqs. ISBN 978-987-26769-2-6 Hecho el depósito que establece la ley 11.723 / Impreso en la Argentina / Printed in Argentina © de la publicación, Bisman Ediciones y CPAU, 2011. © de la obra, Julio Ladizesky. Todos los derechos reservados bajo convenios internacionales y la Convención Panamericana de Derecho de Autor. No se permite la reproducción parcial o total de este libro ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este mecánico, electrónico, por fotocopia, grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.


Al habitante de las ciudades que, como verá, puede ser protagonista A los arquitectos y urbanistas que crean espacios para la vida colectiva A los estudiosos y trabajadores de las ciencias sociales que iluminan el camino A los artistas de la calle que incorporan vida y espíritu a los sitios urbanos A los gobiernos municipales que convocan a la participación de sus comunidades A los estudiantes próximos arquitectos y urbanistas, que maduran su mirada hacia un espacio público para ser habitado.


ÍNDICE

1 La crisis de la

vida urbana en la era de la globalización pág / 26

2 El barrio,

territorio de la integración social pág / 66

Reconocimientos Este Libro Testimonios Introducción I II

pág / 9 10 15 20

LA GLOBALIZACIÓN COMO CONTEXTO DE LA VIDA URBANA 27 La globalización económica Las sociedades nacionales ante la globalización La globalización de los valores neoliberales La globalización del trabajo La globalización de la cultura El futuro de la globalización LOS FACTORES GLOBALES DE DISGREGACIÓN SOCIAL La anomia del cambio continuo La inseguridad laboral La inducción del consumo La huella ecológica del consumo La cultura televisiva La socialidad virtual El pragmatismo y las creencias regresivas

41

III LOS FACTORES URBANOS DE ALIENACIÓN SOCIAL La ciudad alienante Burocracia, masificación y anonimato El distanciamiento de los demás La enajenación del tiempo libre Violencia, vandalismo y miedo El maltratado psiquismo del habitante urbano

53

IV EL ESPACIO PÚBLICO SEGÚN LOS ESTRATOS SOCIALES Las dos visiones urbanas Estratificación social y espacio público

67

V

73

LA ESCALA BARRIAL Barrio y ciudad El concepto de barrio El concepto de vecindario El sentimiento barrial La estructura del barrio La límites barriales


3La

producción del espacio barrial pág / 86

VI

REHABILITACIÓN DE LA VIDA DE VEREDA Autos vs. peatones Nuevos lugares para las veredas Las tres franjas de la vereda Los puntos sociales de la vereda La atenuación del tránsito barrial

pág / 87

VII PRESERVACIÓN AMBIENTAL DE LA CALLE Protección de la identidad El ambiente barrial y la arquitectura destacada Preservación del perfil de la calle barrial Aprobación municipal de las fachadas Otros rasgos a preservar

101

VIII INTENSIFICACIÓN DE LA PLAZA BARRIAL El concepto de plaza El funcionamiento de la plaza barrial El equipamiento mobiliario Zonificación de las actividades El entorno de la plaza La plaza como centro comunitario (PCC) La plaza de cruce Las plazas cercadas

109

IX INTENSIFICACIÓN DEL CENTRO BARRIAL 126 El concepto de centro barrial Estrategias para intensificar el centro barrial Criterios proyectuales Anexo de la tercera parte: programación de los lugares barriales

4

pág / 142

X

LAS POLÍTICAS BARRIALES Desarrollo humano, desarrollo urbano y voluntad política La descentralización urbana La práctica participativa en las comunidades barriales El diseño participativo Promoción de las actividades barriales La seguridad en el espacio público barrial

143

Referencias bibliográficas Referencias de publicaciones periódicas

160 164


RECONOCIMIENTOS

Muchas de las propuestas de los capítulos VI, VII y VIII provienen de proyectos elaborados con mis amigos y colegas del Grupo Promotor del Espacio Público (GEP), arquitectos Carlos de Franco, Guillermo García Fahler y Mario Rub. Agradezco a mis hijos Pablo, Malena y Grisel por el esforzado trabajo de leer mis borradores y por los señalamientos que, desde sus visiones profesionales, enriquecieron el carácter multidisciplinario de este libro. También agradezco a Dina Roisman por su asesoramiento en las imágenes, y a mis colaboradores Juan Torres, Agustín Badaracco y Lola Patiño por su inteligente operatividad. Me siento especialmente en deuda con tantos pensadores citados y no citados, arquitectos, urbanistas, artistas, sociólogos, economistas, politólogos, demógrafos, historiadores, antropólogos, psicólogos, trabajadores sociales y literatos, de cuyos conocimientos me he alimentado a través de la lectura, la escucha o el diálogo. Incorporados sus conceptos a mi propio pensamiento, hoy me resulta imposible individualizar el aporte de cada uno. No obstante quiero citar a Wladimiro Acosta y Marcos Winograd, dos referentes fundamentales del pensamiento social aplicado a la arquitectura y a la ciudad. Finalmente quiero expresar mi profundo y afectuoso reconocimiento hacia los equipos docentes y las generaciones de alumnos que acompañaron mi trabajo en las Facultades de Arquitectura y Urbanismo de las Universidades Nacionales de Buenos Aires y La Plata, que han debatido, experimentado y enriquecido los contenidos de este libro. 

Julio Ladizesky, octubre de 2010.

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ESTE LIBRO

En el año 1995 elaboramos un informe para la Facultad de Arquitectura de la UBA, titulado: “Arquitectura del espacio social”. (*) Quince años después, la cuestión del uso del espacio público se ha establecido como un aspecto importante de los debates relacionados con la calidad de vida de la población urbana, tomada como individuos y como comunidades activas. El presente ensayo actualiza y desarrolla aquella visión, hoy reafirmada por los emergentes de un mundo cada vez más globalizado e impelido hacia la disgregación social. En el seno de una cultura marcada por el individualismo extremo y por la pérdida del vínculo cara a cara a manos de la comunicación virtual, los lazos que se establecen en el espacio público juegan un papel cada vez más importante para el desarrollo participativo de la vida urbana.

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Este libro trata sobre el “valor de habitabilidad” de los espacios colectivos.(**) Se trata de un ensayo centrado en la escala barrial, dirigido a analizar los enfoques proyectuales y políticos que llevan a la configuración de un hábitat promotor de la socialidad. La habitabilidad del espacio barrial debiera ser un objetivo prioritario para cualquier política municipal dirigida al desarrollo humano de la población. Igual que la familia, las comunidades urbanas precisan un hábitat para vivir y desarrollarse. La viabilidad de este objetivo se verifica en la exitosa escala humana de las ciudades menores, “ciudades-barrio” homologables en buena medida a los barrios de las ciudades mayores. Hemos intentado examinar los vínculos entre la concepción de los lugares públicos y el asentamiento de las actividades colectivas, así como la capacidad de convocatoria que adquieren estos lugares cuando son programados, diseñados y equipados como espacios para habitar. *

Parcialmente publicado en el nº 162 de la revista de la Sociedad Central de Arquitectos.

** Para otras visiones que escapan al campo de los arquitectos, nos hemos apoyado en la opinión de reconocidas figuras de la política, la historia, la psiquiatría, la economía, la sociología y la antropología que, aportan sus puntos de vista relacionados con la cuestión del espacio público.


La historia reciente La crisis actual de la socialidad urbana es un emergente de los grandes cambios producidos en la segunda mitad del siglo XX, cuyas contradicciones comienzan a estallar en el siglo XXI en la forma de diversas crisis económicas, sociales, culturales y también urbanas. El espacio público es uno de los escenarios principales de estas crisis, particularmente las de los vínculos comunitarios y la generalización de la anomia social. Con estas dinámicas ha comenzado a gestarse la riesgosa historia del siglo XXI. Eric Hobsbawm propone tres épocas para interpretar el siglo XX: La primera, entre 1914 y 1945, asolada por terribles convulsiones, culminó con una alianza insólita y temporal entre el capitalismo liberal y el comunismo en contra del fascismo, que permitió salvar la democracia. Esta alianza fue el momento decisivo de la historia del siglo XX. La segunda fue un período de crecimiento económico y transformación social, la llamada edad de oro, que se prolongó hasta mediados de la década del 70. Parecía que se había encontrado una manera de redistribuir al menos una parte de la riqueza. Después de tantas catástrofes como la primera guerra, la gran depresión y la segunda guerra, nadie quería regresar a un clima de confrontación social. La lucha contra el nazismo había sugerido una imagen de solidaridad posible entre los seres humanos. Desde un punto de vista político, la contención del comunismo era una prioridad tan absoluta que justificaba la intervención estatal en la economía. Si para la URSS, el dogma era la planificación centralizada, para occidente lo fue la economía mixta. En la época del presidente Roosevelt, Averell Harriman, director del Departamento de Estado, afirmaba que “la gente de este país ya no le tiene miedo a palabras como planificación. Ha aceptado que el gobierno, al igual que los individuos, tiene que desempeñar su papel en la economía”35. Este obligado compromiso con el bienestar social dio pie a la existencia de un mercado masivo, mientras los defensores de la libertad del mercado clamaban en el desierto.(*) *

Según Hobsbawm, “para EEUU, la presencia de un enemigo exterior que provocaba la histeria pública facilitó la obtención de las enormes sumas necesarias para financiar las políticas armamentistas. La industria bélica volvió a crecer. El presidente Eisenhower calificó la economía de EEUU como un “complejo militar industrial”, una masa de hombres y recursos dedicados a la preparación de la guerra. Hoy resulta evidente que mientras la carrera armamentista favoreció los negocios y el empleo en EEUU, impidió el desarrollo de las bases materiales para la construcción del socialismo en la URSS”. [35]

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La tercera parte del siglo XX fue una nueva era de descomposición, incertidumbre y crisis. En la cumbre de Islandia, en 1986, terminó políticamente la Guerra Fría, cuando Reagan y Gorbachov aceptaron acabar la carrera de armamentos atómicos. Los EEUU, dice Hobsbawm, “habían pasado de ser el mayor acreedor mundial a ser el mayor deudor, con una deuda de 3 billones de dólares invertidos en gastos militares. En su caso esta deuda fue absorbida por los países que integraban el sistema capitalista mundial”35. Ello no ocurrió con los países aliados de la URSS, que dependían de su ayuda. Para la URSS ya era tarde. El mundo socialista colapsó. Con el derrumbe del comunismo europeo llegó el fin de la bipolaridad. Desaparecidos los frenos a la libertad de mercado, se reinició aceleradamente la expansión del capitalismo, sustentada en la hipertrofia del consumo y en los valores de un individualismo exacerbado. Margaret Tatcher expresaba con suprema síntesis este ideario: “la sociedad no existe, sólo los individuos”. Hoy, comenzado el siglo XXI se acrecienta la desigualdad y se impone mundialmente un fuerte proceso concentrador de la riqueza, a expensas del 80% de la población mundial, con 2000 millones de personas expuestas a la precariedad y fuertes dudas acerca de la sustentabilidad social y biológica del planeta. Desde el punto de vista urbanístico, el cambio de mayor alcance del siglo XX, el que nos separa para siempre del pasado, fue la migración masiva del campesinado. El mundo se urbanizó y las ciudades se expandieron como el agua. Las concentraciones más gigantescas se formaron en los países del tercer mundo, donde el éxodo rural se dirigió a las capitales. México DF sextuplicó su población entre 1950 y 2000, mientras New York, Londres y París apenas crecían. En el primer mundo, la expansión urbana incluyó una cierta descentralización, al desarrollarse núcleos suburbanos con servicios propios. No sucedió lo mismo en el tercer mundo, donde los inmigrantes rurales se apiñaron en enormes periferias desestructuradas, muchas veces asentados precariamente sobre tierras ilegales, carentes de servicios y mal servidas por redes maltrechas y autobuses tan antiguos como desvencijados. Estas conurbaciones resultaron verdaderos amasijos humanos. La disrupción avasallante del tráfico automotor se hizo muy visible a partir de los años 50, cuando aparecieron las primeras redes de autopistas en los países desarrollados. Las ciudades, atestadas de


automóviles, se convirtieron en un hervidero estruendoso y polucionado, expulsando la vida social del espacio callejero. El automóvil fue encumbrado como un ícono. La apetencia de la gente por el automóvil se conjugó con el enorme interés comercial que despertaba la industria automotriz, que producía el artículo m��s perfecto que pueda concebirse: alto precio, venta masiva, difusión mundial, renovación periódica y demanda siempre creciente. Convertida en un soporte fundamental de la economía capitalista, la producción de automóviles cambió la forma de las ciudades, los estilos de vida y los valores de la gente, consiguiendo que renovar el automóvil una y otra vez se convierta en un deseo perpetuo para cuya satisfacción las personas trabajan toda su vida. El desarrollo de las ciencias sociales introdujo nuevos enfoques en la planificación de posguerra, que fueron experimentados durante la reconstrucción europea. El urbanismo y la arquitectura incorporaron conceptos nuevos como el usuario masivo, el racionalismo y la industrialización, y apuntaron a un replanteo completo de las ciudades. En Francia, Inglaterra, la URSS, los Países Bajos y los nórdicos, se comenzaron a reedificar las ciudades destruidas. Se trataba de concebir un nuevo hábitat para un futuro promisorio. La ciudad del porvenir debía pensarse a partir del automóvil, con una población motorizada, habitando grandes edificios programados como unidades vecinales de alta concentración. Mientras tanto se recuperaban los cascos históricos y las ciudades se descentralizaban mediante la creación de núcleos satélites concebidos a nuevo. En el marco de un fuerte impulso renovador, los viejos tejidos urbanos se consideraron perimidos. Pero la insuficiencia del discurso urbanístico se hizo evidente. La concepción racionalista que concibe a la ciudad como un espacio indiferente para la satisfacción de necesidades estandarizadas condujo a soluciones que entraron en conflicto con el mundo simbólico de los ciudadanos. Las doctrinas urbanas del Movimiento Moderno pudieron haber asestado un golpe de muerte a la calle como espacio de asociación pero, en definitiva, no prosperaron. A partir de los años 70, sus fundamentos fueron cuestionados en razón de su escasa comprensión de los fenómenos económicos y psicosociales que intervienen en la vida de las ciudades.(*) * Dice Amos Rapoport: Frecuentemente la persistencia de relaciones sociales tradicionales es detruida por el diseñador. Ello no debería ocurrir. El diseño debería servir de plataforma para que esas persistencias entren en contacto con los cambios en los estilos de vida y los sistemas de valores.

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La continuidad de la forma urbana fue revalorizada y las nuevas intervenciones empezaron a preservar y valorizar los tejidos preexistentes. Estos procesos, irradiados desde los países que sufrieron la guerra, fueron incorporados por las universidades argentinas. Las Facultades de Arquitectura y Urbanismo asumieron la construcción del hábitat como su problema más trascendente, desarrollando propuestas locales para la vivienda social y sus formas de agrupamiento. Sus búsquedas incorporaron el aporte multidisciplinario y ampliaron el campo de intervención urbanística a escalas suprarregionales, en un rico proceso que fue interrumpido por la dictadura militar en 1976. Reconquistada la democracia años después, la cuestión reingresó a los ámbitos académicos, volviendo a decaer durante el gobierno neoliberal de los años 90 cuando el rol organizador del Estado fue dejado de lado. En la primera década del siglo XXI, ante los trascendentes cambios democráticos ocurridos en América Latina y el resultado alentador de numerosas experiencias llevadas a cabo en otras ciudades del mundo, el tema ha sido retomado con nuevo vigor. ·14·

Este libro se organiza en cuatro partes o secciones: En la primera (cap. I, II y III) se enfocan tres rasgos del contexto sociopolítico en el que se inscribe la vida urbana: la globalización, sus disolventes efectos sociales y la alienación provocada por la gran ciudad. La segunda (cap. IV y V) enfoca la concepción de la ciudad y su espacio público como un emergente de la estratificación socioeconómica de la población, concluyendo con un esbozo de las relaciones entre la escala barrial y el desarrollo de las comunidades locales. La tercera (cap. VI, VII, VIII y IX) aborda, desde un enfoque instrumental, cuatro líneas de trabajo para la producción de un espacio barrial habitable: la promoción de la calle como un ámbito esencial para el florecimiento de los vínculos primarios, la preservación de la identidad barrial, la profundización del rol de las plazas y la intensificación de los centros barriales. Incluye un anexo para la programación de los lugares barriales. En la cuarta (cap. X) se esbozan algunos enfoques fundamentales para una política municipal dirigida a la institucionalización democrática de las sociedades barriales. 


TESTIMONIOS PARA UNA APROXIMACIÓN SENSIBLE

1. Cuando ser peatón resulta sospechoso Maria Esther Gillio. Fragmentos de su artículo “La ignorancia asegura el paraíso” –Página 12– 17/06/04 “La amiga en cuya casa vivo por unos días, habita en Kansas City, a diez kilómetros del centro. Es un barrio modesto cuyas casas de madera se levantan en grandes terrenos arbolados.” — Vamos caminando al supermercado, le dije. — Es imposible, queda a más de dos kilómetros. — ¿Y si te olvidaste de comprar sal? — Agarrás el auto y vas. — ¿Y si no tenés auto? — Nadie no tiene auto. Nosotros tenemos dos. — ¿Nunca usan el ómnibus? — No hay ómnibus, vamos en auto. — Pero habrá lugares a los que pueden ir caminando. — A la casa de alguna amiga que viva muy cerca. — ¿Y si no vive tan cerca? — Habría que caminar por la carretera, pero eso está prohibido. Si te ven, te pueden llevan presa — ¿Por qué te llevarían presa? — Las carreteras no tienen sendas para peatones. Un individuo caminando despierta sospechas, tiene que explicar a la policía qué anda haciendo. 2. Cuando se piensa el espacio público. Washington Uranga, Página 12, 30-5-2010 (extracto) En referencia al intenso festejo del bicentenario, vale la pena adentrarse en una perspectiva que cruza el hecho festivo con la participación y el ejercicio de la ciudadanía.

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Todos hemos asistido a la privatización del espacio público, los cercos de las plazas, los paseos de compras. La creciente urbanización, la globalización y la relegación del Estado han creado las condiciones para que esto ocurra, un proceso de conversión de la ciudad en espacio del anonimato. Cierta parte de la población entiende cualquier ocupación del espacio público como una intromisión que avanza sobre la única función que le reconoce: la movilidad. La ciudad, en tanto espacio público, no está siendo registrada como un escenario de las relaciones sociales. La idea del ser colectivo ha sido gradualmente reemplazada por el concepto del sujeto individual. ¿Qué tiene que ver esto con la ciudadanía? Si el concepto de ciudadanía no se confunde con algunas prácticas que lo conforman, como votar, la ocupación del espacio público se ve como una de sus expresiones genuinas, una manifestación de pertenencia a una comunidad más amplia: la sociedad. 3. Cuando la gente se apropió de la calle De Gerardo Albarrán de Alba desde México DF/Página 12/13-08-06: ·16·

Los seguidores de Andrés López Obrador hoy cumplen dos semanas ocupando 9 kilómetros de avenidas estratégicas en la ciudad de México. Viven ahí, en la ciudad que construyeron de la noche a la mañana, dentro de otra urbe, como medida extrema de resistencia civil contra un fraude electoral, ante una autoridad judicial que ha rechazado la consigna de volver a contar voto por voto el resultado de la jornada electoral del 2 de julio. Aquí en estas calles-vivienda, se reproduce la vida toda: se nace y se muere y en el medio se ocupa el tiempo en cantar, en bailar y en pensar. No es un eufemismo, el domingo 7 una mujer parió un niño en el Zócalo capitalino, mientras López Obrador dirigía un discurso ante unas 200 mil personas. La vida se abrió paso en plena calle. Horas después, un indigente murió sobre el Paseo de la Reforma, a los pies de la Torre Mayor, un edificio inteligente, el más alto de Latinoamérica. Se había refugiado en uno de los 48 campamentos instalados por la Coalición. Se hizo un ovillo bajo un árbol y ya no se despertó. En estas calles-cocina miles de personas hacen tres comidas calientes al día, gracias a las provisiones que ellos mismos traen y que


muchos más aportan. Los que se quejan por estos “renegados”, como los llama el Presidente Fox, ni se imaginan que las despensas también han sido llenadas por habitantes de las zonas más pudientes de la ciudad. Aquí, no sólo a nadie se le niega comida sino que se le ofrece a cualquiera que se acerque, y hasta los policías que vigilan la zona aprovechan para almorzar. No es broma asentarse sobre Paseo de la Reforma o sobre las calles del centro. La tensión aflora todos los días en la avenida, que no fue cortada a la circulación vehicular. El viernes, un automovilista intentó arrollar el campamento. En esta zona de la ciudad, la más densamente poblada, se ubican oficinas de importantes ejecutivos, la Bolsa Mexicana de Valores y algunos de los mejores hoteles de la ciudad. Empleados, ejecutivos y patrones ahora deben caminar incluso algunos kilómetros para llegar a sus trabajos, y están resentidos. El viernes pasado un terremoto de 5.9 grados Richter obligó al desalojo de cientos de edificios cuyos ocupantes se internaron entre los campamentos en busca de seguridad. No sólo fueron bienvenidos –que al fin y al cabo el miedo no distingue militancias–, sino que gozaron de algún bocado para el susto. Los pocos turistas extranjeros toman fotos y se sorprenden de que nadie esté ocioso. La actividad en cada campamento es constante y de todo tipo. Abundan los talleres de derechos humanos, de ajedrez, de cerámica y de cualquier cantidad de otras manualidades. A diario hay decenas de conciertos de todo género musical, conferencias, lecturas de poesía, proyecciones de película, obras de teatro, danza y exposiciones de fotografía, pintura y escultura. Los ancianos practican Tai Chi, los niños juegan, los jóvenes, entre caricias y besos, levantan frágiles estructuras y preparan los escenarios, los adultos organizan actos políticos y todos participan en el volanteo de decenas de folletos y pasquines que explican por qué están ahí. Otros han instalado puestos donde venden desde artesanías hasta libros, discos, tazas y remeras con consignas. Se ofrecen servicios gratuitos de barbería y salones de belleza, clases de salsa y cumbia, asesores jurídicos… Son las calles-posada, las calles-taller, las calles-escenario, las calles-kindergarden, las calles-trabajo, las calles-protesta. Nadie sabe qué sigue a esto. Cuando faltan menos de 24 horas para conocer el resultado de un recuento parcial, ordenado por el tribunal electoral.

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4. Cuando se habita el espacio público Agustina Ruiz Barrea - Página 12 – 5/10/2008 En octubre del 2008 se celebró en Buenos Aires el 7º encuentro de teatro comunitario, con la asistencia de 1500 vecinos – actores porteños y procedentes de todo el país y de Montevideo. Se extraen tres textos de reportajes periodísticos: Sin duda el encuentro nos ayuda a acercarnos a nuestro objetivo mayor: “que la gente vuelva a ocupar la calle, que el espacio público deje de ser un lugar de tránsito” “…trabajamos en la plaza salvo cuando llueve. Ensayamos, probamos escenas, fragmentos de obras. Todo está a la vista, no hay misterios, los vecinos ven la cocina teatral en vivo.” “…es una manera de intervención directa, de plantearnos en qué tipo de comunidad queremos vivir y qué podemos hacer al respecto” 5. Cuando algunos se incomodan Arq Carlos Libedinsky / La Nación / 26-09-07(extracto) ·18·

He pensado repetidas veces que uno de los espacios acéfalos de la trama urbana debería ser utilizado para instalar un Foro de las Manifestaciones. Este “manifestódromo” sería un gran espacio pavimentado e iluminado que constaría de un escenario, debidamente equipado con sistemas de sonido, molinetes de acceso para contar el número de concurrentes, baños a escala de la multitudinaria concurrencia... y vastas playas de estacionamiento. La primer función sería contener todas las manifestaciones políticas, de protesta, piquetes, escraches, festejos, etc., para que fueran desarrolladas sin perturbar a ciudadanos que no tienen nada que ver ni están a favor o en contra de esas protestas y a quienes se causa habitualmente enormes molestias. En la era de la comunicación y la informática son claramente anacrónicas las actuales formas de protesta. 6. Cuando la vida urbana genera malestar Transcribimos tres testimonios del diario Clarín. – Dice Cecilia Arizaga: “Conocidos en Estados Unidos y Europa como “lifestyle medicines”, los psicotrópicos han abandonado la categoría de medicamento para ser pensados y consumidos como un estilo de vida, que proporciona alivio rápido a las condiciones de molestia y malestar que acarrea la vida actual”.


– Según la Organización Mundial de la Salud, en los últimos años se ha instalado la ¨sociedad depresiva¨, el mal del siglo, producto del stress, el hastío y la falta de ideales de la sociedad urbana. Se espera que los trastornos depresivos, que en la actualidad son la cuarta causa de muerte y discapacidad a escala mundial, ocupen el segundo en el año 2020. – Laura es hiperquinética, madre de dos hijos, esposa cumplidora y trabajadora full time de una empresa, “siempre tengo a mano Ibuprofeno, cuanto más alta la dosis mejor. Sirve para cualquier dolor, te saca el malestar, el dolor de cabeza, de espalda, de todo. Y tomo Rivotril o Alplax para bajar la ansiedad, los miedos”, también toma Sertal Compuesto o Buscapina, “Amoxidal 500 cada 8 horas si me resfrío y un Oxa si estoy muy tensa. Cuando estoy muy cansada y debo seguir, nada como una Aspirina”.

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INTRODUCCIÓN

La sociedad como comunidad imaginada está sustituyendo a la comunidad de verdad. Quizás hoy estamos construyendo la ciudad, pero no estamos construyendo los espacios de la socialidad. Hacer ciudad supone proteger las comunidades de proximidad. La consolidación de la escala barrial y la producción de sus sitios son fundamentales para el desarrollo de las redes sociales urbanas. La configuración de un espacio público propicio para la vida colectiva es una condición para producir ciudadanía y superar el estado de aglomeración anómica en que vive la población.(*) ·20·

El gregarismo es un rasgo de la condición humana. Los seres humanos se fecundan y potencian en sociedad. Por condicionamiento genético o por adaptación para la supervivencia, desde sus orígenes la población aparece agrupada en comunidades tribales, estableciendo sus relaciones sociales, ceremoniales y productivas en el espacio comunitario.(**) Existe en los humanos un instinto de “afiliación” similar al observado en diversas especies animales. La opinión mayoritaria de los antropólogos coincide en que, en el origen, las personas se agruparon para sobrevivir y reforzarse en el logro de necesidades compartidas. Desde allí y para siempre, el grupo se convierte en marco de referencia * La comunidad es la forma primigenia de agrupamiento humano. Se denomina así a determinados grupos caracterizados por una fuerte cohesión. Se aplica también a agrupamientos sociales localizados en diferentes magnitudes territoriales como el barrio o la ciudad. En estos casos, la noción de comunidad enfatiza los vínculos sociales, históricos y afectivos. Según el Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas (Torcuato Di Tella y otros). ** Dice Nels Anderson: los comienzos de la vida en comunidad se pierden en el misterio. Se sabe que la humanidad primitiva estaba dividida en gran número de pequeñas comunidades. Este mosaico soportó todo el período de evolución del género humano y creó las circunstancias que habrían de traer cambios en su cerebro. Inclusive el lenguaje debió su desarrollo a las necesidades de comunicación que planteaba la vida en común.


y configura un imaginario social que define, en términos culturales, el comportamiento de sus miembros.Esta forma de vivir en sociedad lleva más de 100.000 años y no cambiará.(*) Históricamente las ciudades dispusieron de numerosos lugares aptos para la convivencia. Las plazas, los atrios, las calles aún no amenazadas por los atosigamientos del tránsito constituían parte de la oferta espacial que la ciudad hacía para el encuentro de sus habitantes. Lamentablemente, en la actualidad el espacio colectivo ha entrado en crisis. Las ciudades han sufrido una transformación profunda y desfavorable, impuesta por la irrupción del tráfico automotor y por las malformaciones emergentes de un crecimiento anárquico, producto de poderosas presiones mercantiles que han perjudicado sustancialmente la calidad de vida y las posibilidades convivenciales de la población. La construcción de la ciudad es un aspecto central de la economía. A través de su capacidad de absorber ganancias excedentes, ha desempeñado siempre un importante papel en las dinámicas de acumulación del capital. Cada onda de expansión económica desata una desaforada etapa urbanizadora que, careciendo de regulación estatal, acarrea todo tipo de problemas ecológicos y sociales. Es así que las ciudades fueron híperextendidas mediante inmensas operaciones especulativas basadas en el loteo indiscriminado de los sucesivos cinturones rurales. Los costos económicos, sociales y psicológicos son enormes y hoy los estamos pagando. La población debe invertir muchas horas de su vida en salvar grandes distancias, combinando trabajosamente diferentes medios de transporte que tramo a tramo la acercan a destino. El tiempo de sus recorridos es cada vez más largo. Las ciudades mayores dependen de un transporte enrevesado y difícil que cuando *

Toynbee señala que el hombre es un ser anhelante de raíces, un ser conviviente que no tolera el estado de desarraigo que caracteriza a la gran ciudad y que amenaza con volverlo loco o incitarlo a tomar caminos criminales.

Según Eric Fromm el ansia de relación es el deseo más poderoso en el hombre, la pasión fundamental, la fuerza que aglutina a la especie humana, al clan, a la familia, a la sociedad. El fracaso en conseguir esa unión puede significar la locura o la autodestrucción. Para José Eduardo Abadi, una de las condiciones del bienestar es el vínculo comunitario, la empatía con el semejante, latir en conjunto. No podemos ser si no somos en relación con los otros. En la medida en que no logramos enlazar nuestra subjetividad con la de los demás, quedamos aislados.

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fracasa, como ocurrió con el plan Transantiago (Santiago de Chile, año 2006), determinan su colapso casi total.(*) Alexander Mitscherlich señala que “la temprana limitación del tráfico privado y su canalización hacia medios de transporte público de amplia eficiencia hubiese evitado los problemas del tráfico urbano antes que el conflicto se desarrollara. Por el contrario, se gastaron millones en imponer la ficción de que el transporte urbano se resolvía mediante los vehículos particulares”54. Sólo han transcurrido siete décadas desde que el tránsito motorizado inició la invasión masiva del espacio público. Hoy el auto ha impuesto su modelo de vida (**). El espacio peatonal ha quedado reducido a las veredas, angostas fajas de refugio donde los ciudadanos, transformados en flujos, caminan o se detienen al compás del semáforo. En palabras de Rob Krier, “el abismo creado entre las inversiones realizadas para los automóviles y las destinadas a atender otras necesidades humanas nos augura que, cuando esta sociedad trate de volver a vivir social y razonablemente tendremos que pagar un altísimo precio para la restauración del espacio urbano”41. La habitabilidad del espacio público ha sido la primera víctima colateral de estos procesos, desprotegida por los administradores urbanos que, casi siempre faltos de decisión para enfrentar los influyentes intereses afectados por la planificación, se reducen a asegurar los servicios básicos, desbloquear el tránsito y acelerar sus flujos. Es así que se construyen autopistas que seccionan los barrios y se asfaltan adoquinados históricos, muchas veces destruyendo áreas socialmente consolidadas, en busca de más carriles y mayor velocidad. El interés *

El problema de la aglomeración del tránsito no es nuevo. Según Allan Nevins, hasta principios del siglo XX las ciudades aún dependían de los caballos para el transporte. El neoyorquino tenía a su disposición cerca de 1400 carruajes particulares, 500 vehículos con líneas regulares, 500 carros de tranvías a caballo. Los lentos vehículos de tracción a sangre se aglomeraban hasta el sofoco en las calles principales y cubrían el pavimento de excrementos y suciedad.

** El primer automóvil Ford T se produjo el 1 de octubre de 1908. Hasta el año 1915 sus faroles se encendían con acetileno y hasta 1919 se arrancaba con manivela. En 1908, con el comienzo de la irrupción automovilística, el director de policía de Berlín, Von Stubenrauch, publicó el siguiente bando: “El centro de la calle está reservado en primer lugar para el tráfico de vehículos. Por ello el peatón evitará cualquier permanencia superflua en él y lo cruzará por el camino más corto, es decir, perpendicularmente y no en diagonal. Esta disposición anunció el comienzo de una época cuyo lema sería “mantente pegado a la pared”. Según el sociólogo Gary Gereffi, el proceso de masificación en el uso de los automóviles quedó establecido en la década del ´60, cuando la industria automotriz se erigió en el modelo industrial de la producción en masa. La constitución de las cadenas productivas post fordistas dio el marco para el principio de la globalización.


por el espacio peatonal se limita a las áreas históricas y centrales, relacionadas con los ingresos que provee la industria turística. La decadencia del espacio público ha debilitado las redes sociales, aunque permanece invariable su potencial como condensador de la vida colectiva. Si bien las actividades comunitarias no se organizan en la calle sino en las instituciones barriales, los vínculos primarios se enlazan previamente en la proximidad que ofrecen la vereda y la plaza del barrio, un paso previo al desarrollo de las organizaciones locales. Los cambios emergentes de la sociedad tecnológica han originado un nuevo espacio público virtual, que cancela los vínculos de proximidad y fomenta el repliegue individual. Las redes sociales virtuales son híperabundantes, pero descomprometidas y efímeras. Convocan a sus usuarios a través de temas de interés, pero carecen del valor identitario y organizativo de las comunidades barriales. La comunidad urbana necesita soporte espacial. No podemos aceptar la pérdida del territorio del encuentro y la comunicación espontánea, los espacios de proximidad. Como dice Roberto Frangella “la expresión mayor de la vida ciudadano es el encuentro en los espacios de participación comunitaria, poder encontrarse con los otros, intercambiar, compartir y comunicarse, sentirse parte unos de otros. Compartir la vida da plenitud y sentido a cada día. Es imprescindible que la ciudad ofrezca espacios de encuentro de los que el habitante pueda apropiarse. Cuantos más espacios públicos tengamos más humanos y sociables seremos”. Todas las vertientes de las ciencias sociales señalan que la deprivación del espacio colectivo afecta la salud psicofísica de la población y resulta perjudicial para la producción de ciudadanía. Desde la psiquiatría, José Luis Pinillos advierte que “los efectos de la desintegración social sobre los trastornos mentales no son especulaciones. La relación causa efecto está por desgracia demasiado bien documentada en este orden de cosas”60. La inclusión social adquiere un significado terapéutico para un ciudadano inmerso en un clima generalizado de indiferencia social. Desde lo sociológico R. E. Park señala que “la ciudad favorece los desarrollos individuales, pero determina un mayor riesgo de marginación y patologías mentales que se traducirán en desorganización moral y familiar. De ahí la importancia de las comunidades locales, factores aglutinantes que equilibran las tendencias a la segregación y al anonimato presentes en el medio urbano”2. Existe una divergencia fundamental acerca del sentido del espacio público: el idioma cotidiano suele igualar las expresiones “espacio

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público” y “espacio social” sin percibir que con la primera se alude a la “vía pública”, es decir, al derecho de circulación, mientras que la segunda privilegia el uso comunitario, el derecho de instalar en él la vida social y las actividades públicas de la población. Si se trata sólo de un espacio de tránsito, la vida de los habitantes transcurrirá disociada en tiempos estancos, siempre dentro de los edificios. Si, como lo fue históricamente, se piensa el espacio público como hábitat de la vida colectiva, ambas vidas, la pública y la privada, se integran en un tiempo continuo, en un espacio antropológico, físico y temporal que asume su sentido cuando es habitado. Esta integración no se produce en la ciudad tomada como un todo. Es en la escala barrial donde el habitante puede hacer pie para arraigar en una sociedad urbana que por lo compleja y sobredimensionada le resulta ilegible y difícil de comprender. La existencia de barrios es lo que contrarresta el pernicioso efecto del anonimato y la masificación, característicos de las ciudades grandes. Como dice Pierre George, “la unidad básica de la vida urbana es el barrio. Siempre que el habitante desea situarse en la ciudad se refiere a su entorno. Si pasa a otro barrio tiene la sensación de trasponer un límite. Es por eso que los barrios poseen nombres que les confieren personalidad dentro de la ciudad”. Si la existencia de organizaciones barriales es la primera condición para promover la vida comunitaria, la segunda es contar con lugares públicos aptos para contenerla. Hay una fuerte relación entre la manera cómo se organiza el espacio colectivo y el desarrollo de los vínculos sociales. La configuración de los sitios públicos condiciona las conductas y define la subjetivación de tales vínculos. La vida se asienta en el espacio, por lo que depende de él.(*) Desde luego, no puede esperarse que una buena organización del espacio colectivo asegure el éxito de la vida comunitaria, la actitud participativa depende de factores individuales y sociales, como el sentido de pertenencia y el nivel alcanzado por la organización barrial, pero no cabe duda que el éxito de las convocatorias, la voluntad de concurrir y el deseo de permanecer, dependerán en buena medida de la disponibilidad de lugares ambientalmente contenedores y funcionalmente equipados. *

Relata Edward Hall que “durante un debate parlamentario sobre obras de restauración en la Cámara de los Comunes, Churchill expresó su temor a cualquier desviación del modelo del local histórico que pone frente a frente a los diputados separados únicamente por un estrecho pasillo, ya que podría llegar a modificar los patrones tradicionales del gobierno inglés” 102.


La relación entre la sociedad y la arquitectura, dice Richard Rogers, es el espacio público, el lugar de encuentro e intercambio entre las personas. “Lo que hoy se necesita es una institucionalización que proteja el espacio público. Siempre me preocupo por crear lugares para la gente, no sólo edificios para las ciudades.” ¿Cuales y cómo deben ser estos espacios promotores de la vida colectiva? (*) Las respuestas se encuentran en la esfera del microurbanismo, un área fronteriza entre la arquitectura y el urbanismo, que enfoca el diseño de los lugares menores de la ciudad, la pequeña escala en la que se instalan los habitantes cuando su vida se desarrolla en el espacio público. Así como los arquitectos pueden organizar un edificio para promover el encuentro entre sus habitantes, también pueden inducir socialidad a través de una organización intencionada de los ámbitos colectivos.(**) Como señala Alexander Mitscherlich, “el reto que se presenta a arquitectos y urbanistas es el de crear un territorio que lleve implícitos los presupuestos para convertirse en una patria para sus habitantes”54. Es en este campo donde, con el apoyo de las disciplinas convergentes, son irremplazables para aportar al desarrollo de un modelo humanizado de hábitat urbano.

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Lefebre señala la conveniencia metodológica de abordar el fenómeno urbano a partir de las propiedades formales del espacio. Es que la forma urbana influye sobre las percepciones de los ciudadanos, condiciona sus comportamientos y desplazamientos y determina la jerarquización de los lugares de la ciudad.

** De un reportaje al arquitecto catalán Joseph Acebillo. — En Barcelona el espacio público cuenta mucho. El clima es muy bueno y a todos nos gusta la calle... — ¿Cómo hicieron para transformar tanto a Barcelona? — Ganamos espacio público. Entre el año ´80 y el ´87 diseñamos y construimos ciento cuarenta lugares nuevos, pequeñitos a veces. Placitas, mínimos espacios para que todo el mundo tuviera cerca de su casa un respiro público, pavimentado, con árboles, con una fuente para beber, con un banco. — ¿Tiraron construcciones abajo? — Muy pocas veces. Construimos sobre huecos que existían, espacios residuales. Hemos trabajado mucho sobre la instersticialidad, espacios aparentemente sin valor para convertirlos en espacios públicos significativos.

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La crisis de la vida urbana en la era de la globalización Capítulo I La globalización como contexto de la vida urbana Capítulo II Los factores globales de disgregación social Capítulo III Los factores urbanos de alienación social


·I· LA GLOBALIZACIÓN COMO CONTEXTO DE LA VIDA URBANA

1. La globalización económica La globalización es un proceso que crece y se ha acelerado mucho en los últimos diez años. Según Eric Hobsbawm, el reconocido historiador inglés, en el año 2050 estaremos más globalizados y en el 2100 mucho más. La tendencia expansiva es intrínseca al capitalismo. Ya existieron etapas en el pasado, pero la difusión instantánea de información y el masivo desarrollo tecnológico y científico le han impartido una aceleración inédita. La abolición de las distancias y el tiempo es el resultado de los revolucionarios perfeccionamientos en el transporte y las comunicaciones, que han llevado a los actuales niveles de globalización (*). La innovación más influyente es la que permitió descentralizar la producción industrial en escala global, más allá de la localización de las casas matrices. Hoy es habitual diversificar la producción de componentes, por ejemplo motores, y hacerlos converger donde se quiera, procediendo allí al armado final.(**) Esta evolución no hubiera sido posible sin la mejora espectacular de los sistemas informáticos, que permiten controlar todos los aspectos de un proceso productivo disperso en países diferentes. En lo económico, la globalización supone el dominio de un pequeño grupo de naciones sobre el conjunto de los mercados mundiales. Hasta ahora, los EEUU han liderado ese grupo, basados en *

Según Hobsbawm “el primer gran cambio se produjo con la aparición de los aviones de carga. El mejor ejemplo es el de los productos frutícolas: desde cualquier latitud es posible importar frutas tropicales, australes o boreales con independencia de la temporada. El transporte aéreo permite traer esos productos frescos a los hogares”. [36]

** Ya en los años 70, la Volkswagen tenía instaladas fábricas en Argentina, Brasil, Canadá, Ecuador, Egipto, México, Nigeria, Perú, Sudáfrica y Yugoslavia. En Manaos, Brasil, en la selva amazónica, se fabrican textiles, juguetes y electrónicos para compañías estadounidenses, holandesas y japonesas.

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la preeminencia del dólar como moneda universal y en que son y seguirán siendo por mucho tiempo la potencia sin competencia desde el punto de vista militar.(*) Sin embargo, prestigiosos analistas coinciden en que esto no podrá sostenerse en el largo plazo. EEUU es actualmente una potencia endeudada que estuvo viviendo muchos años por encima de sus posibilidades y que representa un porcentual cada vez menor de la economía mundial. En el período 2003/2008 creció un 15%, mientras China lo hizo un 64%, India un 52%, Rusia un 41% y Brasil un 25%. China, en particular, se ha convertido en una gran potencia, inclusive en materia militar. Hoy es el mayor exportador del mundo y se calcula que en el año 2011 se convertirá en el primer productor mundial de automotores. También la India es una potencia regional con enormes recursos humanos, que dispone de una verdadera originalidad en el terreno de la tecnología y la investigación. La Federación Rusa se reconstituye rápidamente y en Sudamérica el MERCOSUR, liderado por Brasil, es un proyecto que se consolida, pese a las presiones ejercidas por EEUU, que desde hace más de un siglo, detenta la hegemonía continental.(**) ·28·

En el hemisferio norte estalló en el año 2008 una inmensa burbuja especulativa. La onda expansiva cubrió el mundo. En palabras del economista Daniel Muchnik: “frente a la incredulidad de muchos, primero se pinchó la burbuja inmobiliaria y se derrumbó la burbuja accionaria. Luego la de los bonos, después las monedas y al final las materias primas. La banca de inversión se fue desmoronando como un castillo de arena. Las cinco mayores entidades Merril Lynch, Leh-

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Según el politólogo Juan Gabriel Tokatlián: “Estados Unidos tiene 860 instalaciones militares en el mundo (15 grandes, 19 medias y 826 pequeñas); algo que ninguna gran potencia aspirante o conjunto de potencias tiene. Se agregó en 2007 el US African Command, al tiempo que en 2008 se reactivó para el área de América Latina la IV Flota desactivada en 1950” 103.

** En el año 2004 Jeffrey Sachs pronosticaba que “pese a su riqueza y su poderío militar EEUU irá perdiendo su capacidad de proyectar presencia política. Su presupuesto está en crisis gracias a los gastos militares. Estamos tomando préstamos masivos en el exterior, sólo los bancos asiáticos nos han comprado bonos de deuda por más de un billón de dólares”. [104] “EEUU no podrá posponer eternamente su inevitable declinación. El resto del mundo lo está alcanzando“.

Tras el estallido de la crisis del 2008, Paul Krugman confirmaba el pronóstico de Geoffrey Sachs: “durante la mayor parte de la última década EEUU fue un país de tomadores de créditos. Ahora estamos en problemas. Si quieren ver lo que haría falta, miren el ´programa de obras públicas´ conocido como Segunda Guerra Mundial”. [105]


man Brothers, Morgan Stanley, Bear Stears y Goldman Sachs fueron absorbidas o ingresaron en quiebra”106. (*) A partir del derrumbe, el postulado de dominio unilateral está siendo discutido por una nueva lógica multilateral. Miguel Bein señala que “América Latina quedó del lado bueno del rompecabezas mundial por los efectos de la integración de China e India al mercado global. Éramos un país que desde 1930 no podía vender lo que era capaz de producir y hoy nos cuesta organizarnos para producir lo que estamos en condiciones de vender. La región es complementaria con la mitad de la población mundial que crece al 8%, aunque ya no le venda tanto a la mitad que crece el 2,5%, el grupo de los países ricos”. La globalización ha intensificado la concentración de la riqueza. Las empresas mundiales absorben a las nacionales y en todo el mundo la brecha de ingresos promedio entre ricos y pobres se agranda rápidamente a expensas de la exclusión de centenares o miles de millones de seres humanos. Las consecuencias son tan graves que el Vaticano ha declarado “pecados sociales a las desigualdades económicas que alimentan una insostenible injusticia social”. L´Osservatore Romano reconoce esta realidad como “un corolario del inevitable proceso de globalización”. Los países que tratan de dar protección a sus poblaciones intentan no ser superados integrándose en bloques regionales. Parece claro que sólo a través de estas uniones tendrán la posibilidad de oponerse con éxito a la explotación extranjera de sus recursos nacionales, ya que a nivel global no se percibe ninguna tendencia real a unificar las Naciones en una autoridad política mundial.(**) Prácticamente no *

Declarada la crisis, George Soros observaba: “terminó una época de organización global basada en el dominio del dólar. El consenso de Washington impuso una disciplina a todos los miembros de la economía global excepto a EEUU que tenía el dólar como divisa aceptada por los demás. Por esta vía acabó utilizando todos los ahorros del mundo para apoyar el consumo interno”.[107] Tras la crisis, según Ana Baron, en EEUU la pobreza subió el 14,3 % en 2009, eso significa que uno de cada 7 de sus habitantes es pobre. Las estadísticas oficiales son devastadoras. El desempleo sigue aumentando y la situación social deteriorándose. Mientras tanto cientos de miles de viviendas están vacías y las tasas de ejecuciones hipotecarias están en aumento: 2 millones perdieron sus casas en 2008, 2,8 millones en 2009 y se espera aún más para 2010. ** En términos teóricos, dice Hobsbawm, “ya hay quien ha tratado de imaginar un planeta donde las unidades no estén constituidas por países sino por grandes grupos empresariales: las 200 empresas internacionales más importantes, circundadas por entidades económicas menores, pero multinacionales, tipo Benetton, y un tercer círculo de pequeñas empresas con acceso al mercado global a través de internet”. “Este mundo sería altamente inestable. Cualquiera de los gigantes actuales de la economía global, GM, Ford, IBM, Microsoft, puede sufrir cambios importantes en sus estructuras o desaparecer en plazos breves”.

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existen instituciones políticas globales con poder real. La más importante, la ONU, que obtiene su poder de los Estados existentes, sólo es respetada cuando sus decisiones no se oponen a las políticas nacionales. Los países centrales ni necesitan desobedecer, ya que, como miembros privilegiados del Consejo de Seguridad, cuentan con poder de veto(*). Un conocido ejemplo es el de EEUU que, con casi el 99% de los países del mundo en contra, mantiene el bloqueo a Cuba desde hace medio siglo. 2. Las sociedades nacionales ante la globalización

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Coexisten en el mundo dos sistemas conflictivamente interconectados: uno globalizado que tiende a unificar la economía mundial y otro pluralista, formado por los Estados que defienden sus autonomías. El primero presiona sobre los países que conforman el segundo para determinar sus políticas económicas.(**) Hobsbawm afirma que “la idea de que contra la globalización no se puede actuar es errónea. De hecho, dentro de ciertos límites, los gobiernos lo hacen con regularidad, ya que sus autoridades políticas están comprometidas por la democracia electoral y deben atender a los intereses de la población si pretenden seguir gobernando”. Su problema consiste en cómo manejarse cuando ciertas empresas globales, tan poderosas como los mismos países, los obligan a negociar, utilizando su poder para actuar en contra de la gobernabilidad por vía económica, financiera y mediática, cultivando descontentos y creando situaciones de crisis. Es sabido que la responsabilidad por la inseguridad social recae siempre sobre los gobiernos. El más profundo y significativo de los problemas de los Estados democráticos estriba en la distribución de la riqueza. No hay duda de que el Estado es el único protagonista capaz de redistribuir, compensando los estragos sociales que produce una economía abandonada a *

Noam Chomsky señala que en las Naciones Unidas, “EEUU es el país que por lejos más vetos produjo en una amplia variedad de cuestiones. En los primeros tiempos de la ONU podíamos contar con el acuerdo de otros países. Como ahora no podemos, determinamos por nosotros mismos”.

** Dice Osvaldo Bayer: el continente africano está siendo devorado por las naciones centrales. Compran los mejores campos con arroyos o fuentes de agua en los que cultivan alimentos básicos que exportan a sus respectivos países. Ya se han superado los 20 millones de hectáreas, condenando al destierro y a la lucha contra el hambre a los habitantes africanos que cultivaban allí sus alimentos.[109]


sus propias leyes. No en balde el ultraliberal presidente Reagan insistía en que “el gobierno no es la solución sino el problema”. Lo que el Estado de Bienestar puede proporcionar es muy superior a lo que las personas podrían obtener por sí solas en una sociedad neoliberal. Se trata de un Estado regulador, planificador y recaudador que capta buena parte de los ingresos nacionales y los redistribuye por la vía de los salarios, los seguros de desempleo, el crédito barato, los subsidios y un amplio abanico de servicios sociales. (*) En la actualidad no se vislumbra otra alternativa realista para la distribución de la riqueza. Las propuestas de neto corte socialista, donde las economías nacionales quedan en manos del Estado, no están pudiendo superar el colapso del modelo soviético, la descalificación mediática, ni las sanciones económico políticas que les dispara el sistema que intentan sustituir. (**) 3. La globalización de los valores neoliberales ¿Cómo se explica la relativa aceptación social de un ideario que, como el de la globalización, actúa en contra de los intereses de las mayorías ciudadanas? Desde hace más de cuarenta años las empresas y los economistas del mercado han orientado su labor hacia la formación de opinión pública intentando, a partir de la forma como constituyen los relatos, incorporar sus ideas al sentido común. Se trata de un discurso que termina siendo apropiado por buena parte de la población, desenfocada de las claves de la realidad por una reiteración mediática que apunta contra todos los vínculos que no se basen, como decía Adam Smith, en la natural inclinación del ser humano a comerciar y perseguir el placer personal. Como apunta Pierre Bourdieu: “se pretende que la visión neoliberal es algo evidente y sin alternativa posible porque existe un trabajo conciente de inculcación simbólica para imponer como obvios los presupuestos del pensamiento conservador”. *

Carl Honoré señala que “a fines de la década del 90, Francia dio el audaz paso de limitar el horario de trabajo a 35 horas semanales. Hoy, los empresarios franceses se quejan de que la “Revolución del ocio” ha hecho que Francia deje de ser competitiva y que el flujo de inversiones haya disminuido por el alto costo de la mano de obra francesa. Esta experiencia pone de manifiesto la dificultad de tomar una postura nacional contra las normas que rigen el mundo globalizado” [37].

** Phillippe Starck, desde su visión de diseñador, observa agudamente que “el socialismo cayó por culpa de la mala calidad del primer prototipo. Si yo tirase la toalla cada vez que me sale mal el primer prototipo, no haría nunca nada” [110].

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Políticamente el secreto está en dominar el aparato de comunicación, el mayor instrumento de poder de nuestro tiempo, con su capacidad de colonizar la percepción y la subjetividad de las personas. Su éxito más acabado se produce cuando las ideas impuestas se transforman en lugares comunes, porque entonces parece que han existido siempre. Quien pretenda cambiarlas estará subvirtiendo el orden natural. La producción del nuevo imaginario social se irradia desde diversos ámbitos: – En primer lugar, el escenario de la percepción sensible pasa a ser dominante, alejando toda posibilidad de análisis.(*) Su manipulación constituye el factor más relevante para la inserción mediática de los políticos. Las elecciones no las ganan las ideas sino poderosos grupos económicos que promueven al campo de la política a figuras de alta penetración popular. La baja de la militancia hace que las campañas queden en manos de quienes disponen de los recursos para financiar su publicidad.(**) Según el politólogo Alain Uhamel, asistimos a una transformación desde la democracia representativa a la de opinión, que hace que las propuestas de un partido resulten de los sondeos previos. Es la victoria de la imagen sobre el proyecto político, de la subjetividad sobre la racionalidad. – La instalación del miedo es otro éxito propagandístico. Bourdieu12 señala que “la imagen de un mundo lleno de delitos y odios raciales, se introduce poco a poco como una filosofía pesimista que estimula el retraimiento político y la resignación” (***). Es evidente que un ciudadano con miedo se hace mucho más manipulable, menos crítico y está dispuesto a transferir más libertad que *

Según José Pablo Feinmann, el film The Truman Show, dirigida por Peter Weir, metaforiza el enorme poder de convicción de la manipulación mediática. “A Truman le crean su entorno y su vida en un enorme set televisivo. Weir demuestra que se puede crear una realidad ficticia a partir de los medios de comunicación” [111].

** En el año 2010, el tribunal supremo de los EEUU ha permitido a las grandes empresas financiar sin límites las campañas políticas. Según el presidente Obama: “el tribunal aplicó un duro golpe a los esfuerzos por controlar la influencia de las empresas en el quehacer político del país. Hasta las empresas extranjeras podrán participar de ello. Esto significa que cualquier funcionario público que tiene la valentía de oponerse a los intereses particulares y defender al pueblo puede ser atacado en el momento de las elecciones” [112]. *** Ha quedado atrás la vieja prédica de Frankling Delano Roosevelt: “Lo único que tenemos que temer es al temor mismo, un temor desconocido, irrazonable, injustificado, que paraliza los esfuerzos.” Desde el 11/09/2001 una voz invade cada cinco minutos los aeropuertos de los EEUU. Como si se tratara del pronóstico de la temperatura, la voz informa el grado o nivel de amenaza de atentados terroristas. De lo que se trata, en realidad, es del pronóstico del miedo.


un ciudadano normal. Ello no puede menos que afectar las condiciones de la vida urbana, propendiendo al aislamiento de la población y a la desconfianza hacia el colectivo social. La ilusión de un mundo de delincuencia y violencia aumenta las ansiedades y las fobias y hace desear que la política quede en manos de los especialistas. – El discurso neoliberal ha realizado un inmenso trabajo para el debilitamiento de las estructuras colectivas establecidas. Su estrategia mediática apunta a identificar la libertad con el individualismo, generando un equívoco que convierte el debate público en una discusión falsa. Guiadas por la engañosa propuesta de una libertad individual ilimitada, las personas se despolitizan y apartan de la vida pública, diluyéndose como sujetos capaces de asociarse para intervenir en las decisiones políticas. El discurso elude expresiones en contra de la participación, pero la identifica con los inofensivos mensajes de veinte segundos que los oyentes envían a las emisoras y que éstas seleccionan antes de lanzarlos al aire.(*) – Como dice el lingüista norteamericano Noam Chomsky, “se está plasmando una especie de neodarwinismo social expresado en el concepto de meritocracia. Deben dirigir los mejores y más exitosos” 18. Se ha inducido el tener dinero como un nuevo valor para medir el éxito ya que, se dice, todos pueden obtenerlo si se han preparado y trabajan duro. Desde esta ética todo induce a la población a ocuparse de lo propio y delegar los público en los lideres del mercado.(**) La irreversibilidad de esta situación –dice Chomsky– está fundada en el crédito y en la especulación de bolsa. En el crédito porque mientras impulsa la cultura del consumo estimula el endeudamiento de la población. En la especulación porque la inversión del ahorro y los fondos jubilatorios en acciones y bonos de Bolsa, destruye toda base solidaria. Si tengo mi jubilación invertida en determinada compañía, quiero que esas acciones suban, aun sabiendo que para que esto ocurra deben empeorar las condiciones de sus trabajadores. De este modo, se unifican los intereses de la gente con los de las corporaciones”.18 La adicción a esta forma de obtener dinero se ha convertido en un fenómeno incontenible. El porcentaje de estadounidenses actualmente *

Según la antropóloga Rosalía Winocurt, “un ciudadano mediático piensa desde lo inmediato. No milita políticamente sino que escucha la radio, mira la TV y llama a los medios, generalmente para quejarse”. Esa forma de participación hace que la cosa pública tenga lugar desde la cocina.

** Bourdieu señala que el mercado propone basar la legitimidad en la autoridad de la ciencia económica. Estas elites dicen “quiero que Francia sea un país serio y feliz. Las personas formadas sabemos dónde reside la felicidad del pueblo que, a veces ofuscado por algunos deseos incumplidos, no se da cuenta de lo feliz que es” [13].

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vinculado con la especulación bursátil llega casi al 60%. No hay duda que la idea del ahorro masivo invertido en acciones financieras es una obra maestra del neoliberalismo. 4. La globalización del trabajo

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Entre los medios de producción de la era tecnológica, los seres humanos son cada vez menos necesarios. Constituyen el único factor cuyos costos no se pueden reducir más allá de los umbrales de supervivencia, razón por la cual la presión para eliminarlos es enorme. Más beneficios y menos puestos de trabajo han sido siempre una tendencia de la economía capitalista. Sustituir gente por máquinas es su lógica productiva. La novedad que introdujo la globalización reside en que el universo de la producción ha sido desterritorializado y que, a partir de la conversión de las grandes empresas en “empresas-red” de escala mundial, se han puesto en crisis la estabilidad del trabajo y el salario. El miedo al despido está presente en todo momento y en todas las mentes. La deslocalización del trabajo hacia los países con salarios más bajos, ha planteado un nivel internacional de competencia entre los trabajadores. En palabras de Bourdieu, “el trabajo se ha convertido en un privilegio. La precariedad laboral ha instituido un estado generalizado de inseguridad y temor que no tiene precedentes. A este modelo se le llama ´flexibilidad´, es decir, facilidad de despido e imposición de horarios irregulares. La competencia de los trabajadores de países con conquistas sociales y organización sindical contra los de países sumergidos, rompe las resistencias y consigue obediencia. Hoy, como hace un siglo, se les vuelve a ofrecer un modelo desregulado donde se trabaja 12 hs. diarias” 13 (*). 5. La globalización de la cultura Se trata, ante todo, de un efecto emergente de las nuevas tecnologías de comunicación. Todo refleja la hegemonía cultural de los EEUU. Según Hobsbawm, “actualmente los EEUU lideran la cultura global y *

El teletrabajo cumple un rol cada vez más importante en el descompromiso de las empresas con sus trabajadores. En todo el mundo las grandes empresas persiguen el objetivo de promover el teletrabajo como la nueva forma de organización laboral. Un análisis de Robert Half International indica que el teletrabajo y los horarios flexibles son el tercer incentivo que las empresas ofrecen a su personal para informalizar sus vínculos laborales, sólo superado por los Bonos y los días extras de vacaciones.


tienen grandes posibilidades de continuar haciéndolo, sustentados en la mundialización del idioma inglés y en la conducción del universo informático, fuertemente concentrado en ese país. La homogeneización cultural es muy fuerte. Hoy en día los medios satelizados proyectan en simultáneo los mismos programas televisivos y comparten la red unificada de Internet. El fútbol es el mejor ejemplo: si bien las reglas del deporte, por su naturaleza, están muy homologadas, el público de un encuentro de fútbol se comporta de idéntico modo en cualquier lugar del mundo. En la intimidad de nuestras viviendas la recepción de nuestras pantallas nos da una visión de lo que ocurre en el otro extremo del planeta. Como dice Marc Augé “hoy Texas, Washington, Moscú o el desierto de Arabia nos resultan conocidos aun que no hayamos viajado. Esta super abundancia de conocimiento espacial funciona como un engaño. Constituye un sustituto de los universos culturales verdaderos, recortados de sus identidades y del sentido que asumen para sus habitantes.” Los jóvenes fueron un factor clave en la mundialización de la cultura popular, ahora basada en el entretenimiento y el consumo de masas. Los jeans y el rock se han convertido en marcas de la juventud en todo el mundo, el pop art se introdujo en las trampas visuales de la comercialización, los sonidos que acompañan la vida urbana son los de la música comercial, el inglés de las letras de rock ni se traduce. En el consumo cultural predomina lo que ha sido diseñado para la reproducción. García Canclini señala que la globalización redefine lo que se entiende por arte tanto en occidente como en oriente. Vivimos un tiempo de interdependencia global en el que estamos confrontados con muchas etnias y formas culturales simultáneamente. “El arte interactúa con el mercado, con la moda, con los medios y con públicos diversos de países diferentes, culturas heterogéneas lo reinterpretan y dialogan entre sí. De tal manera el arte pierde autonomía y plantea una condición nueva, característica de la globalización”. El público de masas se encuentra sólo por accidente con los géneros de la llamada alta cultura, como cuando un tema de Vivaldi aparece en algún anuncio de televisión. “En la música clásica, dice Hobsbawm, la decadencia de los viejos géneros parece oculta por el aumento de sus intérpretes, pero la producción operística y sinfónica se ha reducido”.36 Lo contrario ocurre con la música popular, donde nos encontramos ante un fuerte desarrollo del sincretismo. Es el caso de las músicas urbanas, una mezcla de repertorios configurados por

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la fusión de elementos locales con otros de la cultura negra americana, blanca, latinoamericana y, más recientemente, africana e hindú, que es impulsada con gran fuerza innovadora. También el hábito de la lectura decayó cuando la letra impresa dejó de ser la principal puerta de acceso al mundo. La literatura y el teatro fueron suplantados en buena medida por las pantallas del cine, las de la televisión, la computadora personal y las del teléfono celular.(*) Hoy vivimos en un universo abigarrado y diverso. Las impresiones nos llegan de todos los frentes, imágenes, titulares, anuncios, el sonido de los auriculares. Luz, voz, letra y sonido, todo se superpone y todo es asimilado simultánea y periféricamente. La vida cotidiana está impregnada por una multiplicidad de impresiones sensoriales. Nunca ha sido tan difícil abstraerse, eludir las experiencias que nacen de la estimulación continua de nuestros sentidos. Los artistas, espectadores y lectores no buscan narrativas claras que lleven a desenlaces unívocos, los enunciados se abren hacia la ambigüedad. El gusto contemporáneo prefiere los finales inciertos.

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Como parte de un mundo hipercomunicado también las imágenes del espacio construido tienden a uniformarse. En los cinco continentes se habla de una sola arquitectura, sustentada en la mundialización de la alta tecnología y en la búsqueda de individuación y espectacularidad. Los comienzos del siglo XXI están marcados por la cultura del mercado, produciendo esa arquitectura antojadiza, espectacular y altisonante, concebida para ser mirada y robar cámara. Muchas creaciones de grandes arquitectos del presente como Frank Gehry, Daniel Libeskind, Norman Foster, Zaha Hadid, Herzog & De Meuron, Rem Koolhaas o Santiago Calatrava ejemplifican a la perfección esta tendencia. La arquitectura es una de las manifestaciones de uniformidad cultural más globalizadas. Hobsbawm señala que “los pasajeros que arriban a un aeropuerto no pueden percibir en qué país se encuentran. Su concepción espacial, los repertorios de diseño y los mecanismos organizativos están uniformados, por todas partes se ven los mismos lugares, los letreros en idioma inglés, las mismas tiendas y parecidas *

Gilles Lipovetsky señala que la lectura ha perdido gran parte de su prestigio. No aparece como el entretenimiento favorito en ninguna categoría de la juventud, incluso las más cultivadas. Un autor norteamericano se pregunta “¿acaso Google nos hace tontos? Antes yo leía libros, ahora quiero encontrarlo todo en cinco minutos”. Es así, buscamos informaciones inmediatas, pero el libro exige tiempo. La gente quiere tener acceso a todo rápidamente, hasta hay libros en cuya tapa se promete explicar Platón en dos páginas: eso es el espectáculo. [113]


multitudes étnicas. En todos lados el aire acondicionado anula la diferencia climática” 36. El antropólogo Marc Augé, creador de la expresión no lugar apunta que proliferan los no lugares, en un mundo donde se nace en la clínica, se muere en el hospital, las ocupaciones son provisionales y proliferan los super-mercados. Su frecuentación no tiene precedente histórico, espacios para una individualidad solitaria y carente de mediación humana. Basta con un cartel o una pantalla. Los no lugares son invadidos por textos y automatismos entre los cuales se circula silenciosamente, se consultan las pantallas que indican los precios, se paga con tarjeta de crédito a una mujer silenciosa y se opera en cajeros automáticos que se despiden con un digital: “gracias por su visita”. Es en esos momentos cuando nos invade el deseo de retornar a nuestro barrio, nuestro ámbito de identidad. 6. El futuro de la globalización Sabemos que una fase histórica determinada no es permanente, que la sociedad humana es una estructura evolutiva y que el presente no es un puerto de arribo. ¿Qué se divisa hacia el futuro? En el corto plazo, hablamos de años, numerosos pronósticos coinciden en que el pasaje al multilateralismo será mas rápido e intenso de lo que se esperaba. Los EEUU intentarán defender su predominio. El advenimiento de un presidente que procura consensos, como Barack Obama, no altera las tendencias hegemónicas de su país. Así lo dio a entender el mismo Obama en su primer mensaje, después del triunfo eleccionario: “A todos aquellos que me miran más allá de nuestras orillas,… les digo que un nuevo amanecer del liderazgo estadounidense ha llegado”. Quizás, como dice la economista inglesa Naomi Klein, “la crisis del neoliberalismo detonada en septiembre de 2008 debería impulsar una manera distinta para el progreso de nuestras sociedades, pero nada ocurrirá si no se ejerce una enorme presión pública en el período posterior”. De hecho, a dos años del estallido, la especulación financiera no sólo sigue siendo dominante sino que, insertos en lugares clave de los gobiernos, los banqueros que la produjeron son quienes están diseñando las regulaciones que sobrevendrán. A largo plazo, pensando en décadas, Hobsbawm admite que no consigue ver claro el futuro de las relaciones políticas y culturales entre los seres humanos. “Gran parte de las estructuras que teníamos han sido destruidas por el extraordinario dinamismo de la economía

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y los cambios que estamos viviendo. Nada funciona como antes y los hombres y las mujeres no están pudiendo imaginar sus proyectos de vida. El futuro es incierto(*). Las fuerzas históricas que han configurado el siglo XX siguen actuando sobre el colosal proceso económico, técnico y científico que sacude el mundo, determinando que el siglo XXI se inicie con una situación de ruptura socia y síntomas claros de que hemos alcanzado un punto de crisis histórica”.36 Entre varias tendencias que definirán los futuros campos de conflicto, los problemas decisivos son la pobreza, los demográficos y los ecológicos(**). La población planetaria se estabilizará en 10.000 millones para mediados de siglo XXI, contando con reducir la natalidad del tercer mundo. Si este límite resulta superado, el futuro se presentará catastrófico. El crecimiento productivo necesario para sostener los nuevos volúmenes de población tendrá efectos polucionantes irreversibles para el entorno bioambiental, incluyendo a la especie humana. Cambiarán las pautas de vida en la biosfera y podría llegarse a una situación de inhabitabilidad. Hay amplio consenso científico en que el tiempo de que disponemos se cuenta en décadas.(***) El futuro estará lleno de cambios, muchos de ellos violentos, cuya naturaleza todavía resulta oscura. Los movimientos migratorios y la lucha por los recursos naturales aumentarán las fricciones entre los países centrales y los pobres. Serán un factor principal en los conflictos *

“Cuando se integren la revolución biotecnológica con la nanotecnológica, tendremos todas las piezas para un cambio cualitativamente transformador con resultados imposibles de predecir” [75].

** Dice Atilio Boron: entre las metas del milenio fijadas por la ONU para el 2015 figura reducir la población mundial que vive con menos de 1,25 dólares por día. Ni siquiera tan insignificante logro puede ser garantizado. Sería interesante que los tecnócratas y el FMI explicaran cómo podría calificarse a una persona que ha superado el umbral de 1,25 dólares por día. Si gana, por ejemplo, 1,50 ¿es un no pobre por eso? El problema, en vez de afectar a mil millones de habitantes crecería extrordinariamente si se situara la línea de pobreza en 2 dólares diarios. Mientras tanto los países más desarrollados nucleados en el G7 dedicaron a la cooperación internacional apenas el 0,22% de su PBI. *** En diciembre de 2009 se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, alrededor de la idea de salvar al planeta del colapso. Los informes científicos advirtieron (por enésima vez) que las emisiones de dióxido de carbono elevarán seis grados la temperatura media mundial para fines del siglo XXI, por encima del promedio de hace doscientos años, cuando comenzamos a quemar combustibles fósiles en gran escala. La Conferencia acordó limitar este ascenso a dos grados para el año 2050. Sin embargo, el planeta desde entonces ya se calentó 0.75 ºC. Si detuviéramos el recalentamiento ahora, el efecto ya acumulado agregaría otros 0.6 ºC, por lo que ya estamos en casi 1.5 ºC. [115].


que se avecinan, con riesgos acrecentados por el incremento de la capacidad de represalia de la población excluida. No pueden descartarse los riesgos de guerra a la que siempre recurrió el gran capital para superar sus crisis. Difícilmente pueda pensarse en un conflicto mundial, pero debe preverse la repetida aparición de guerras locales y regionales que respondan al mismo objetivo.(*) La alarma se dispara ante una peligrosa confluencia de anticipaciones: – 10.000 millones de habitantes en el planeta. – Incremento de las temperaturas mundiales. – Deterioro progresivo del bioma. – Crisis de agua potable. – Poblaciones costeras sumergidas. – Desplazamientos masivos de masas hambreadas. – Presión migratoria sobre los países desarrollados. – Nuevas tecnologías de destrucción barata, fáciles de obtener. – Proliferación de enormes negocios montados sobre la persistencia de estos conflictos (tráfico de personas, armas y drogas). ·39·

Esta sumatoria interpela sobre la sustentabilidad de la civilización. No habrá solución a la violencia mientras todos los habitantes del planeta no estén asegurados contra el hambre y la enfermedad y no tengan un presente que deben cuidar. Como señala Ahmed Zewail, premio Nobel de Química, “deberá haber grandes transformaciones para que haya supervivencia. Hoy estamos todos demasiado cerca como para permitirnos incompatibilidades en el campo de los valores vitales”75 *

Tres tendencias en marcha sustentan este pronóstico:

a.

En el año 2009, el Programa Alimentario Mundial (PAM) de las Naciones Unidas anunció que la cifra de hambrientos había superado por primera vez los 1000 millones de personas y advirtió que continuaría aumentando. “Esta situación, agravada por el futuro crecimiento demográfico, constituye una ´receta para el desastre´, prólogo de grandes violencias” [75].

b. La privatización de los medios de destrucción ha transformado el carácter de la violencia. Ya resulta posible que pequeños grupos disidentes puedan ocasionar graves daños humanos y materiales en cualquier lugar del mundo. El costo originado para tales actividades es modesto [36]. c.

Se ha iniciado un nuevo tipo de guerra dispersa, relacionada con las luchas étnicas y religiosas, con el petróleo, el agua y la alimentación, alimentada por la proliferación del tráfico de armas. Según la experta rusa Ekaterina Stepanova, “en el mundo islámico se aspira a instalar globalmente un nuevo orden social con un mensaje que es poderoso porque se ajusta al malestar de los tiempos que corren: la religión islámica organiza todos los aspectos de la vida, desde las relaciones familiares hasta la vida política, según una visión holística. Por eso tantos jóvenes educados, ingenieros, biólogos, médicos son atraídos por el movimiento” [114].


¿Estamos entrando en un período de desenlace en la puja por la apropiación de la riqueza? Hobsbawm advierte que “no llegaremos al futuro prolongando los procesos de acumulación económica que mueven el presente. Si hemos de tener un futuro, el capitalismo neoliberal no debería tenerlo.”

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Sumando el incremento demográfico a los imparables procesos globales que continúan impulsando la urbanización de las poblaciones rurales, estamos ante el gigantesco imperativo de duplicar la superficie urbana mundial en el breve plazo de cuatro décadas. Si la comunidad internacional no logra afrontar esta tendencia en forma sustentable, las predicciones de hoy mañana serán dramas. Los paquistaníes, indios y bangladesíes han cambiado la composición demográfica de las ciudades inglesas, los africanos y árabes lo han hecho con las francesas. En la actualidad estos mosaicos étnicos están separados por una profunda brecha racista. Jordi Borja se pregunta si “el fenómeno primitivo de Kigali , la capital rwandesa, compartimentada por tribus que se odian, se convierte en una prefiguración de pesadilla para nuestro futuro urbano, ya presente en Argel o El Cairo, con ejércitos protegiendo los “barrios civilizados” frente a la “barbarie popular”. El mundo esta en camino de ser totalmente urbanizado pero nosotros no estamos ni siquiera cerca de la urbanidad, considerada como cultura. En Latinoamérica las autoridades públicas no disponen de los medios para hacer frente a estos problemas y, salvo excepciones, no tienen la voluntad política para imponer los cambios y regulaciones necesarios. Es aquí donde vale subrayar la importancia de las comunidades urbanas para influir sobre estos procesos. El desarrollo de los conflictos que se avecinan dependerá en alto grado de la capacidad de acción y coordinación que desplieguen las organizaciones ciudadanas, entre ellas, esas que brotan en el fértil sustrato de la escala de barrio.


· II · LOS FACTORES GLOBALES DE DISGREGACIÓN SOCIAL

La globalización nos ubica en un mundo alienado y alienante que amenaza las bases sociales de la civilización. Es indiscutible que la economía de mercado no tiene rival para desencadenar las energías económicas de las sociedades. La búsqueda de plenitud personal a través de la posesión de bienes materiales provee la energía del sistema, pero degrada el sentido de la vida, tiraniza y enfrenta a las personas y destruye el medio ambiente. Los diversos mecanismos que componen el sistema se combinan para disgregar a su habitantes, derivándolos hacia formas asociales, despojadas de solidaridad e indiferentes ante el destino de los demás. 1. La anomia del cambio continuo (*) Apenas tenemos tiempo de envejecer un poco que ya nuestro pasado se vuelve historia. La prolongación de la expectativa de vida y la coexistencia de cuatro y ya no tres generaciones, amplían la memoria colectiva y multiplican la sensación que cada individuo tiene de que su historia personal atraviesa la historia. La rápida fluencia de los cambios desborda la capacidad de adaptación de las personas y las sumerge en tensión y alarma continua. La globalización y los ritmos de la innovación tecnológica han puesto en crisis costumbres y valores que poco tiempo atrás eran considerados certezas, rompiendo el sentido de continuidad con el pasado. Transcribimos a José Luis Pinillos: “hemos dejado atrás el tiempo sólido de una vida estable y predecible. Evaporadas las normas y los valores anteriores se ha desatado un profundo fenómeno de falta de referencias que explica la proliferación de comportamientos desviados. La adaptación al cambio exige un período en el que se suceden * La anomia emerge de la ruptura de los sistemas de valores vigentes en una sociedad, la pérdida del marco que les permite orientarse. El estado de anomia surge de la discrepancia aguda entre las normas, las metas y las capacidades de los miembros del conjunto social. Los cambios rápidos crean confusión. Si los viejos valores no son sustituidos rápidamente, el estado de anomia se profundiza. Es uno de los factores que explica el aumento de suicidios que se producen en las sociedades urbanas, independientemente de su prosperidad económica. Extractado del Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas; Torcuato Di Tella y otros.

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etapas de resistencia, aceptación y recuperación. En una vida de cambios rápidos y continuos, el hombre no puede completar sus períodos de adaptación entrando en confusión e incertidumbre. No sabe a qué atenerse y no comprende los procesos externos que determinan su vida, por lo que se refugia en la provisoriedad, la búsqueda de placeres rápidos y en proyectos de muy corto alcance. La rapidez de los cambios ubica al habitante en un permanente aquí y ahora. Todo se hace efímero suscitando un modo de vivir que se ha bautizado como ‘presente extenso’, la dilatación del momento presente y la negación de las referencias al ayer y al mañana. Se distorsionan las prioridades y las perspectivas. Las pequeñas contrariedades suelen convertirse en tragedias, en una regresión a niveles emotivos infantiles de personas que tienen pasiones y músculos adultos. Los psiquiatras germanos las denominan Blitzpsychosen (psicosis relámpago).” El delito en las grandes ciudades está íntimamente relacionado con la anomia, el desmoronamiento patológico de los principios y normas de los que surge nuestro comportamiento. La anomia produce personas insatisfechas que luchan sin descanso por avanzar hacia metas indefinidas. En el camino compiten los unos contra los otros para terminar agotados, resentidos y desmoralizados.(*) Ya el viejo Aristóteles advertía que lo que cambia incesantemente está condenado a no poder ser entendido. 2. La inseguridad laboral (**) Las perspectivas de nuestra calidad de vida son tan inestables como nuestros puestos de trabajo y como las empresas que los ofrecen. Se ha instituido un mundo en el que la población vive alienada por la posibilidad de perder su empleo, y donde la adhesión al trabajo surge del temor al despido. Con el miedo al desempleo se extiende la presión hacia trabajar más horas para demostrar eficacia y competencia, inclusive en estado de *

Dice Alexander Mitscherlich: “las sociedades humanas, como todos los organismos, tratan de mantener su equilibrio vital aferrándose al status quo. Nuestra conducta no se modifica de repente. Se precisan innumerables repeticiones de un hecho nuevo para que calen en la conciencia social. Primero necesitamos ignorarlo y rechazarlo muchas veces.” [54].

** La flexibilización laboral supone un alto grado de inestabilidad. Según el experto en selección de personal, Manoel Rebello, en EEUU, una persona de dieciocho años que ingresa al mercado de trabajo llegará a los 45 años habiendo cambiado 25 veces de empleo. Su éxito en cada uno de ellos depende 25% del conocimiento, 25% de la motivación y el 50% de saber manejarse en situaciones de alto estrés, de la velocidad de sus acciones y de su capacidad de anticiparse [116].


agotamiento o enfermedad. Millones de personas dejan de tomar las vacaciones a las que tienen derecho y otras continúan el trabajo vacacionando. Como dice Honoré, “la tecnología ha permitido que el trabajo se filtre en cada momento de la vida. Es imposible esconderse del correo electrónico y del teléfono celular. Hasta en un avión o en una playa, todo el mundo puede estar recibiendo datos e indicaciones laborales”. 37(*) Los efectos sociales de este tipo de inseguridad son particularmente corrosivos. Bourdieu, citando estudios británicos que demostraban que la política thatcheriana suscitó una enorme sensación de angustia entre los trabajadores y la pequeña burguesía, señala que “la tensión nerviosa por temor a quedar expuestos entre personas indiferentes, sin la defensa del dinero, es similar al miedo del náufrago. La precariedad laboral siempre produce la desestructuración de la existencia, la degradación de las relaciones humanas y una mentalidad que se expresa en una lucha de todos contra todos.13” No se puede bromear con la violencia que ejercen los despidos y la precariedad laboral. Pronto aparece la contrapartida, en forma de suicidios, delincuencia, droga, alcoholismo y pequeñas o grandes violencias cotidianas.(**) ·43·

3. La inducción del consumo El viejo axioma liberal “busca una necesidad y encontrarás un negocio” se ha transformado en otro: “para encontrar un negocio, inventa una necesidad e indúcela a través de los medios”.(***) *

Hobsbawm señala que trabajar en casa puede convertirse con facilidad en trabajar sin límite. Asegura que los seres humanos no quieren trabajar solos, prefieren hacerlo en compañía. Aunque la actual propaganda señala las ventajas del trabajo en domicilio se dirige en buena medida a liberar a las empresas de la carga de los despidos[36]. ** Escribe la corresponsal María Laura Avignolo: “una ola de suicidios en la empresa France Telecom conmueve a Francia. Los despidos, las transferencias intempestivas y las deslocalizaciones, han traído como consecuencia que veintitrés empleados se quitaran la vida y otro lo intentara en los últimos dieciocho meses. Los trabajadores relacionan los suicidios con un programa de modernización de la compañía: “nos han establecido objetivos imposibles de alcanzar. Cambian a la gente de puestos, argumentando que si seguimos en una posición, perdemos eficacia[11]. *** En Japón la empresa Bandai ha vendido más de un millón de unidades de muñecas dedicadas a mujeres mayores de 50 años. Se trata de una muñeca de 50cm con mejillas suaves y rosadas y grandes ojos negros que, cuando la abrazan o le hablan, responde. Es considerada un nuevo miembro de la familia al que se le puede enseñar a hablar y cantar hasta 5 canciones siempre y cuando la abracen. La empresa organiza simulacros de inicio de clases, así como viajes a las aguas termales para ellas acompañando a sus “abuelas”.


¿Por qué debemos aprender que el consumo confiere sentido a nuestra vida? ¿Por qué el discurso dominante llama consumidores a los ciudadanos? La rotunda explicación radica en que el consumo de bienes y servicios es el motor del sistema económico, que necesita ser cuidadosamente cultivado porque, en la actualidad, representa dos tercios de la actividad económica mundial. De ahí el esfuerzo que realiza la inteligencia del mercado para que los individuos identifiquen el consumo con la felicidad, el éxito y el status social. Lo útil debe ser efímero para dejar el terreno a la compra siguiente. Desde este principio se despliega la denominada “cultura bulímica”, una palanca principal del mercado que funciona en sucesivas oleadas de bienes cuya sustitución es inducida mediáticamente. La población aprende a vivir comprando y a trabajar para cubrir sus “flamantes necesidades”. Al hacerlo, cada individuo se transforma en un elemento de la máquina económica.

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La marea del consumo inunda al individuo con necesidades que no son suyas, que destrozan su identidad y robotizan su conducta. Está convencido de que la posesión de estos bienes representa su punto de llegada. Es lo que Zygmunt Bauman6 denomina “vida líquida”, porque fluye permanentemente y carece de forma propia: “la vida líquida es devoradora porque asigna a los objetos y a la propia vida el rol de ser consumidos. Se nos aparece como una flecha lanzada hacia un blanco que se aleja indefinidamente. La aprobación social de cada uno depende de su agilidad para no quedar relegado.(*) La existencia puesta al servicio de la moda ha resultado en un ser modal, una persona que ha diluido su identidad a fuerza de querer ser siempre diferente.(**) Es paradójico, pero el deseo de individualidad está íntimamente relacionado con el espíritu de masa. Los miembros de la sociedad líquida tratan de ser individuales y distintos, pero son asombrosamente parecidos, ya que todos usan los mismos códigos para ser especiales. Anuncios tan contradictorios como ‘sé tu mismo, bebe Pepsi’ recuerdan este imposible.” *

Dice Bauman: “El volumen de conocimientos que se necesita para mantenerse conectado es impresionante: una multitud de marcas y logotipos que hay que memorizar a medida que los líderes del diseño los imponen: ‘las celebridades no llevan abrigos’, ‘ahora predominarán el melocotón y la menta’; dígale adiós a los pantalones de combate y den la bienvenida al caftán, son conocimientos que se debe refrescar cada semana.[6]

** “Dado que ‘ser’ se traduce como ‘ser distinto’ –ironiza Bauman– no tengo más remedio que buscar mi verdadero yo, mi yo real. No tardamos en tener ofertas de ayuda. Quienes busquen su individualidad podrán encontrar (a precio justo) a los colaboradores diplomados dispuestos a guiarlos hacia las oscuras mazmorras donde quizás se esconda su auténtico yo”. [6]


La cultura juvenil se ha convertido en dominante en el mercado. Su auge fue recibido con entusiasmo por los fabricantes de bienes de consumo. No sólo representa una masa concentrada de poder adquisitivo: la velocidad del cambio tecnológico da a la juventud amplia ventaja sobre las edades mayores para liderar los nuevos hábitos culturales. El mercado se percató de la existencia de este nicho de consumo cuando descubrió que, estando estimulados, los niños y los adolescentes exigen lo que quieren. Son muchos más de 5 millones de menores de 14 años en la Argentina y más de 60 en América Latina.(*) Como señala la pedagoga Gabriela Diker, “el fenómeno no es exclusivo de las clases consumistas. En los sectores excluidos los niños expresan los mismos deseos jugando con basura electrónica. Las preadolescentes internadas en hogares asistenciales juegan con un teléfono celular a que son personajes de Rebelde Way”. Asusta el avance de esta cultura sobre la infancia, porque tiende a modelar generaciones de niños empapados de los valores del consumo. Como todo esto cuesta mucho dinero, la sociedad consumista se ha dejado caer en una anestesia que borra los límites éticos del comportamiento. Todo es equivalente, las conductas se tornan rapaces. El negociado, la especulación y la compra de privilegios, todo vale a la hora de atrapar el dinero que nos abre la puerta del consumo. Estos procesos disolventes terminan corroyendo los lazos sociales, desvalorizando el trabajo e instalando la especulación y el despilfarro de la plata fácil. La cultura de mercado, señala la socióloga Ana Wortman, “supone la emergencia de un nuevo ethos según el cual los proyectos personales deben centrarse en ganar dinero y en el ´deber del placer´. De una sociedad que vinculaba los proyectos personales con el logro de cambios sociales se ha pasado a una sociedad profundamente individualista donde el sentido de la acción humana se ha trasladado al logro de objetivos personales”.120 *

Según el columnista Mario Diament la moda para pre-adolescentes vende anualmente 28 mil millones de dólares. “Se los llama tweens y conforman el segmento que va de los 8 a los 12 años.” “En diciembre del 2003 en Las Vegas se realizó la Conferencia Anual sobre Marketing para Tweens que atrajo algunas de las firmas más poderosas del planeta. Uno de los objetivos de la conferencia fue enseñar a los participantes cómo meterse en la mente de un niño.” “Desde el 2000 esta industria comenzó a inundar el mercado con productos similares a los de las mujeres adultas. El estilo insinúa sexualidad, lo que hace que muchas tweens parezcan prostitutas reducidas por los jíbaros” .[119]

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4. El pragmatismo y las creencias regresivas

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Imposibilitado de proyectar un futuro personal, distanciado de los valores que impulsan la construcción de un futuro colectivo, el ciudadano se va centrando en lo que puede hacer hoy, excluyendo de su interés los aspectos no utilitarios de la existencia. Como dice Bauman: “en una vida que consiste en el placer de consumir, basta con conocer los botones y obtener el dinero necesario para pulsarlos.”6 Esta reducción de miras nos conduce a un pragmatismo que acota los alcances de nuestro mundo inteligente. ¿Cómo se constituyen en un mundo hiperpragmático los principios sociales que enmarcan nuestra conducta? ¿Cómo se manejan los condicionantes éticos que permiten que las sociedades subsistan? Si sólo se atiende a lo que tiene comprobación sensorial, los individuos quedan condenados a una reducción del rasgo más evolucionado de su condición humana, la capacidad de sobrepasar los límites perceptuales para comprender el universo de relaciones que nos vinculan con la realidad y nos permiten apuntar hacia un futuro deseable. Ante el vacío creado por la dificultad de comprender las complejidades del presente, dice Pinillos, reaparecen pretéritas salidas imaginarias, supersticiones y conductas mágicas propias de un pasado que se creía terminado, devociones y ceremonias que remiten a fuerzas ocultas y evocan los ritos que describen los antropólogos de las religiones primitivas, expresiones de miedos y perplejidades que pueden llevar hasta extremos patológicos.(*) Las sociedades están invadidas por una nueva religiosidad, también objeto de consumo, representada por el horóscopo, la parapsicología, los futurólogos, las religiones alternativas, los videntes, los gurúes y las magias negra y blanca “extrañas deidades que llenan los temibles vacíos que se producen en el inconsciente a raíz de los mandatos naturalizados pero incompresibles de los dioses urbanos que gobiernan nuestras vidas”.60 El pragmatismo de la era del consumo y la anomia emergente del vacío de valores han desatado, igual que en “El aprendiz de brujo”, nuevos demonios que no estamos pudiendo controlar.

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Bourdieu señala que “ya en el antiguo Egipto, en épocas de crisis se veía florecer entre los dirigentes la corrupción correlativa con la decadencia del respeto hacia lo público y entre los dominados la religiosidad mágica asociada a la desesperación respecto de las soluciones temporales” .[13]


5. La huella ecológica del consumo La renovación de artículos en gran medida superfluos se ha perfeccionado hasta al punto que, en los EEUU, el 90% de todo lo producido se desecha en un lapso promedio de seis meses. Lamentablemente, los economistas clásicos consideran el resultado de los ciclos productivos desdeñando la cuestión de los desechos que liberan los procesos de producción y consumo. Esta omisión explica muchas de las dificultades existentes para afrontar este problema con medidas concretas. Los desechos urbanos, que contienen el flujo residual de la sociedad de mercado, muestran la huella del híperconsumo. Los objetos, en cuanto sobrepasan su corta vida útil, deben ser destinados a la biodegradación, incinerados o eliminados de alguna manera, junto a sus seductores y sobredimensionados envases. Una buena parte de la basura industrial es presuntamente tóxica por contener residuos de plomo, mercurio, cadmio e incluso nucleares. Con absoluta reserva los países centrales la están trasladando al mundo periférico, antes a China y actualmente hacia África y América Latina.(*) La eliminación de los residuos es uno de los principales retos que debe afrontar la ciudad contemporánea y una de las principales razones para la crisis ambiental de los cinturones periurbanos. Las soluciones se hacen cada vez más complejas y gravosas. La ciudad de Buenos Aires genera cinco mil toneladas de basura por día (un promedio de 2 kg. por habitante) y no tiene cómo eliminarlas ni dónde disponerlas. Su acumulación sin pausa sobre el conurbano, produce los mayores focos sépticos de la región. La huella ecológica que una ciudad deja en el territorio está en relación directa con el nivel de consumo de su población. Según Bauman “Londres necesita un territorio 120 veces más extenso que el que ocupa la propia ciudad. Vancouver, clasificada primera entre las ciudades del mundo por su calidad de vida, no podría mantenerse sin una región de servicio 180 veces mayor que ella misma. Si todos los habitantes de la Tierra vivieran en el mismo nivel de confort que el

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Para testear hacia dónde se dirigían los cargamentos de desechos generados en Inglaterra, Greenpeace junto con un canal de televisión tiraron en un basurero un televisor viejo que contenía adentro un aparato de GPS. Algunos días después la señal del dispositivo permitió localizarlo en Lagos, la ex capital de Nigeria.

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ciudadano norteamericano medio, necesitaríamos el triple de la superficie planetaria para mantenerlos”.6 (*) Cada fenómeno de contaminación puede ser remediado en sí mismo, pero queda enmascarado el problema general, el de la organización de la sociedad en relación con la naturaleza. La sociedad de consumo es, intrínsecamente, una sociedad de elites. En ese marco, la pretensión de equiparar la calidad de vida de los habitantes del planeta resulta un engaño. Aunque se hable de desarrollo sustentable, resulta incongruente suponer que un desarrollo económico que deba presionar sobre los recursos naturales, pueda ser sostenible en términos ecológicos. En el año 2050 unos 10.000 millones de seres humanos convivirán sobre la Tierra por lo que es probable que existan para entonces 200 o 300 megaciudades enfrentando graves riesgos sanitarios y ecológicos . Según la lógica del mercado, los fondos privados sólo estarán disponibles donde reditúen beneficios. Las acciones preventivas que no se traduzcan en negocios quedarán en manos de los Estados, pero el mercado se niega a financiarlos con nuevos impuestos. Un temible círculo vicioso bien expresado en una negra viñeta del humorista español Andrés Rabago: “la destrucción del planeta es vital para la supervivencia del sistema.” (**) 6. La cultura televisiva Los medios de comunicación de masas constituyen hoy un ingrediente indispensable de la vida urbana. La ubicuidad de la televisión y otras vías de información en nuestra vida diaria, es tan real como el aire que respiramos. Después de un largo día de trabajo tenso y presuroso, pasar a la categoría de espectador relaja y distrae. Es así como la gente se deja caer frente al televisor, el gran formador de valores sociales. No todo lo que ocurre es noticia, quienes lo deciden son los medios. Según la forma de presentar los acontecimientos nos persuaden y sugieren sobre como sentirnos ante cada cuestión. La *

Dice Alieto Guadagni: un alemán contamina cien veces más que un etíope, un norteamericano el doble que un alemán y cinco veces más que un chino y un inglés el doble que un argentino 121. Según Kevin Watkins, Director de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, si el mundo subdesarrollado hubieran generado emisiones de CO2 per cápita al mismo ritmo que los norteamericanos, en este momento necesitaríamos la atmósfera de nueve planetas tierra.

** En la Cumbre ambiental realizada recientemente en Copenhague, la fábrica Renault invitó a probar la versión de un auto ecológico alimentado por energía eléctrica. Detrás de los debates en contra de la contaminación de la atmósfera se cultivan millonarios negocios basados en las tecnologías verdes.


televisión más que ningún otro medio, es la que define los estereotipos sociales de lo bueno y lo malo. El negocio de la televisión es vender publicidad a través del entretenimiento. Se trata de empresas que ofertan relatos, buscan lo entretenido y convierten toda cuestión en espectáculo. Los informativos periodísticos se reducen a una sucesión de flashes que vuelcan las noticias en pocos segundos, disociadas de sus causas y su contexto. El temor a perder audiencia los lleva a insistir en imágenes impresionistas como las de la inseguridad, y la violencia con sangre y lágrimas. Para los directorios, la publicidad es el contenido y la programación lo que retiene entre tanda y tanda. La noticia es una mercancía que se atiene a las normas generales de la venta comercial. En palabras del psiquiatra Luis Rojas Marcos, responsable de salud mental de la ciudad de New York “el espectáculo televisivo se ha convertido en una especie de alimento universal poco nutritivo pero altamente adictivo, en una compulsión que hay que satisfacer diariamente. Para muchos el tiempo al margen de la televisión llega a convertirse en algo secundario y sin significado. La falta de estímulo intelectual de los programas unido a su efecto tranquilizante produce la imagen tan extendida del telespectador estupefacto, pasivo, pasmado o apoltronado que se ata al televisor, cayendo en un estado semi inconsciente de relajación con un mínimo de actividad mental”. (*) La epidemia televisiva ha desbordado como pandemia, extendida a los espacios públicos y semipúblicos de la ciudad. En todo lugar de permanencia, cafés, estaciones de transporte, salas de espera, buses interurbanos y hasta en los taxis, se han instalado televisores que permanecen siempre encendidos interfiriendo definitivamente la posibilidad de establecer el diálogo. La televisión encontró un caldo de cultivo en la vivienda urbana. En una pequeña familia nuclear, habitando una vivienda reducida en una ciudad supuesta o presuntamente violenta, la pantalla funciona como una ventana mágica para ver el mundo y olvidar el malestar de la vida cotidiana. Se calcula que los adultos pasan la mitad de su tiempo de ocio ante la televisión. Los niños le dedican más horas que al colegio. Como dice *

Se ha demostrado que las personas adictas a la tv experimentan durante sus largas sesiones un descenso del metabolismo del 12% debajo del nivel de descanso.

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Pinillos, “la TV es un caballo de Troya al que los padres gustosos abren las puertas de sus casas para distraer a los pequeños y disfrutar de un momento sin interferencias”60. Recordemos que el hogar es un ámbito principal en la formación de la personalidad del niño. Todo cuanto después le ocurra al adulto caerá sobre el entramado psicológico originado durante su infancia (*) El pediatra Hugo Sverdloff señala que “la pantalla quita materialidad a las primeras impresiones ontológicas del niño, a la impresión de realidad que le suscita el contacto y la resistencia física de las cosas y de las personas. La virtualidad se les mete bajo la piel y sustituye la realidad sin nosotros enterarnos. A esta edad los aprendizajes se logran explorando, equivocándose incansablemente e interactuando con otros chicos. Las conexiones que no se establecen en esa etapa no lo harán más adelante, y las condiciones naturales que no se usen se atrofiarán para siempre”. 7. La socialidad virtual

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La vida comunitaria ha encontrado un magro sustituto en los monitores y pantallas de todo tipo. Gilles Lipovetzky las denomina “la pantalla global”: “Desde hace más de veinte años vivimos una proliferación de pantallas que invaden el espacio privado. No sólo la TV y la PC, también los teléfonos portátiles, los GPS y los juegos de video. Estamos en una suerte de galaxia pantallesca que ha cambiado la manera en que nuestro cerebro trabaja”.113 (**) Chris Anderson apunta que *

Dicen Esteban y Luis Magnani: “la TV apela a una serie de reflejos condicionados que hacen que hasta un lactante intente girar la cabeza. Cuando la TV está encendida las conversaciones se reducen, los niños vocalizan menos y los adultos hablan con menor frecuencia, por lo que la estimulación se minimiza. En un estudio realizado sobre niños de dos meses a cuatro años de edad, resultó que en cada hora de televisión se producía una disminución de setecientas setenta palabras provenientes del adulto. Estos resultados pueden explicar por qué la televisión deriva en demoras cognitivas. El lenguaje es vital para el desarrollo del cerebro durante la primera infancia.[122] En coincidencia, Agnes Vincent-Deray, consejera del órgano regulador de la TV en Francia, señala que: “La TV en la primera infancia puede acarrear trastornos como “pasividad acentuada, retraso en el habla, problemas de concentración y dependencia de las pantallas”. En Francia, los programas infantiles deben incluir en la pantalla el aviso “ver TV puede frenar el desarrollo de niños menores de 3 años, aun cuando se trate de programas específicos para ellos.[123] ** Tres testimonios al respecto: – “Con internet, mi pensamiento se ha vuelto más líquido. Mis opiniones cambian más, mis intereses caen más y más rápido. Estoy menos interesado en la verdad, y más interesado en las verdades. Siento que lo subjetivo tiene un papel importante. Voy por la vida reaccionando ante la información. No espero, actúo las ideas en lugar de pensar sobre ellas. Actuar antes y pensar después. (Continúa página siguiente)


“antes de Gutenberg teníamos una tecnología para comunicar ideas e información. Se llamaba ‘charlar’. La conversación, que evolucionó durante millones de años, no consiste sólo en decodificar palabras. Mientras el oyente escucha, observa el movimiento de los ojos y manos del que habla, el arqueo del cuerpo y la reacción de la audiencia. Todo esto es fundamental en la manera en que el cerebro categoriza y prioriza la información entrante”.126 Las nuevas tecnologías de comunicación están redefiniendo a los sujetos, en particular a los jóvenes que nacieron en ellas y viven en el ciber espacio como peces en el agua. Su expansión esta modificando la política y la manera de convocar las movilizaciones. Conectan pero también aíslan. José Natanson se pregunta si nos permitirán acercarnos a la utopía de la democracia directa: “encogen inmensos territorios acercandonos al sueño de la decisión colectiva pero el bien común nunca es la simple suma de las opiniones individuales. La democracia exige procesos de deliberación que requieren el desplazamiento de los individuos hacia el espacio público. La idea de la plaza pública a un clic de distancia es una simplificación absoluta”. (*) La fuerte tendencia a la individualización en el uso de la PC, una por persona, está produciendo en la familia el mismo efecto que produjo la TV en la vida urbana. Si entonces fue el abandono del espacio público, ahora será el retiro de las personas de su espacio familiar. La conexión a través de las pantallas sustituye los vínculos de proximidad, intensos y táctiles, por los meramente virtuales. El correo electrónico, los mensajes de texto y los blogs han creado un nuevo tipo de amigo únicamente virtual, la comunicación se ejerce con mayor continuidad, pero se sustenta en el reenvío de episodios del momento, bromas, mensajes audiovisuales y videos. Como la tecnología permite montar en las casas verdaderos centros electrónicos de (Viene página anterior) ­– “Si bien soy ágil al navegar la red, he experimentado un retroceso en mi capacidad de mantener la atención. La red carcome la concentración. Mi mente espera hasta tomar la información en la manera en que la red la distribuye”. – “Antes solíamos cultivar el pensamiento. Ahora nos hemos convertido en cazadores-recolectores de imágenes e información”. [126] *

Tras los atentados en España del año 2004 el gobierno de Aznar responsabilizó a la ETA, consciente del impacto electoral que tendría esta noticia en las elecciones a realizarse tres días después. Sin embargo a las pocas horas comenzó a circular la versión de que los atacantes habían sido terroristas islámicos (Aznar había enviado tropas a medio oriente). Miles de manifestantes reunidos mediante cadenas de mensajes de texto y mails marcharon en contra de las versión oficial, que tuvo que ser desmentida y le costó las elecciones al partido popular.

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entretenimiento, el juego con amigos se produce online.(*) Como dice el sociólogo Marcelo Urresti: “entre los nativos digitales, son mayoría los que, privados de internet, se tornarían casi inmateriales. Son chicos que se vinculan mediante fotologs y redes sociales, para los cuales visitarse se reduce a visitar el blog. Estamos viendo en quienes se ´cuelgan´ de la computadora una peligrosa tendencia a la desligazón de la realidad (si quiero lo borro, no existe más).”125 La socialización digital basada en aficiones personales o en episodios mediáticos produce grupos efímeros e inconsistentes.(**) Lo que se vacía no son tanto los vínculos primarios como los secundarios, esos que dan origen y sustento a las instituciones de la comunidad. La atomización que supone el espacio virtual debilita la adhesión y la cohesión interna de las comunidades. Sin embargo internet ha mostrado una notable eficacia comunicacional. Casi todas las organizaciones sociales han creado su sitio web y convocan a través del mismo. En el Foro Social Mundial se ha conversado sobre la importancia y las posibilidades de Internet para difundir un mensaje alternativo, concluyendo que la dimensión territorial, tan afincada en las organizaciones sociales se resignifica en escala planetaria al evitar que los grupos y comunidades se sientan aislados, conectándose con otros grupos que hacen lo mismo en distintos lugares del mundo. También el papa Joseph Ratzinger ha instado a todos los sacerdotes para que se enlacen con Internet: “Que el Señor haga de ustedes heraldos apasionados de la Buena Nueva, en la nueva ágora creada por los medios actuales de comunicación”.127

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En Italia tuvo amplia difusión el caso de un adolescente, que debió ser internado al quedar mudo por una sobredosis de videojuegos. No hablaba ni entendía lo que ocurría a su alrededor. Se pensó en un derrame cerebral. Tras los estudios médicos se informó que sufría un síndrome de “distanciamiento mental” producto de su arraigo al mundo de la Playstation.

** Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, habló del rápido crecimiento de su red social: “pasamos de veinticinco millones de usuarios en 2007 a doscientos cincuenta millones dos años después. Tenemos quince mil millones de fotos en el sitio y agregamos mil millones mensuales. La red social de cada usuario abarca el mundo”.


· III · LOS FACTORES URBANOS DE ALIENACIÓN SOCIAL

La noción de bienestar requiere definir umbrales por debajo de los cuales el bienestar no existe. Esta claro que los umbrales de bienestar urbano tienen mucho que ver con la vigencia de los derechos humanos y civiles, educación, salud, vivienda, trabajo, equidad y justicia, entre otros, a los que debe incorporarse el derecho de habitar el espacio público. Aunque implícito en el derecho a la ciudad, es un valor que debe resaltarse porque está oscurecido por el hiper individualismo de la sociedad de consumo. Es sabido que media un largo trecho entre el reconocimiento de un derecho y su implementación concreta. 1. La ciudad alienante La forma urbana se atiene inexorablemente al funcionamiento del organismo económico, del cual forman parte sus habitantes. Como dice W. Tochtermann “las ciudades reflejaron siempre la identidad de los pueblos que las habitaron. Hoy la mundialización de las fuerzas económicas ya no permite hablar más de esta homogeneidad. De aquí en más solo se puede hablar de rupturas, de fracturas en los modos de vida y en los modos de habitar. La decadencia de los centros, la marginalización de las periferias, las desigualdades crecientes, la contaminación y la violencia se han transformado en aspectos desarticuladores, incontrolables e imposibles de administrar en muchos de sus aspectos”. Disparada hacia dimensiones y formas colosalistas, sede obligada de las conflictivas relaciones entre los estratos del poder económico, y los sectores postergados, la ciudad contemporánea emerge como un mundo complejo y alienante que impone al hombre sus formas de vida. Las grandes ciudades se presentan como moles indescifrables, sumamente difíciles de aprehender. No es fácil enraizar en un territorio anónimo que no se alcanza a interpretar, no tanto por lo heterogéneo de las técnicas que intervienen en sus procesos, como por el carácter distante y difuso de los poderes que orientan sus desarrollos. El habitante no puede echar raíces en un hábitat que no comprende y del cual no es partícipe conciente.

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El paradigma de la ciudad contemporánea esta fracasando. presenciamos una prevalencia silenciosa pero extendida de depresión, soledad y angustia vital. La intensidad y persistencia de estas situaciones deviene en sufrimiento y conductas sobre adaptadas, que se traducen en alteraciones de la salud y en graves patologías de la conducta individual y social. El stress originado por la propia ciudad ha profundizado el originado por la otra alienación, la que sobreviene cuando el hombre pierde el manejo y el sentido de su vida porque debe someterse a las condiciones que le son impuestas por quienes compran su tiempo e imponen sus metas.(*) Las ciudades alienan a sus habitantes por la manera como los masifican y porque los obligan a vivir según ritmos y formas vinculares ajenas a sí mismos. Los síntomas son evidentes, miles de pobres, enfermedad mental, grupos marginados y centenares de niños abandonados. Está comprobado que las enfermedades mentales crecen y se agravan dentro de las ciudades. La aglomeración de individuos indiferentes entre sí y sin intercambios afectivos eleva las tasas de psicopatías, neurosis y múltiples trastornos psicosomáticos. El ser humano, con su capacidad de adaptación, se acomoda y naturaliza las circunstancias más hostiles, las mayores privaciones, pero paga por ello un alto precio en salud física y mental, en calidad y en cantidad de vida.(**) Cuando las exigencias vitales se frustran, al cabo de un tiempo se atrofian. La necesidad del individuo de ser aceptado por su grupo y de ser reconocido como protagonista se desvanece y acaba en indolencia, aislamiento y desinterés. El resultado final es el colapso de los valores sociales.

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El concepto de alienación, acuñado por Hegel, fue utilizado por Marx para definir el efecto de la propiedad privada y la división del trabajo sobre la pérdida de las facultades del hombre sobre sí mismo. Los productos de su trabajo se separan de su voluntad y de su proyecto. Sus formas de vida y su concepción del mundo resultan de la obligada adaptación a una realidad que le es impuesta. El término alienación y su sinónimo, enajenación, han desbordado el marxismo y se han incorporado a las corrientes teóricas y al lenguaje habitual. Extractado del Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas (Torcuato Di Tella y otros). ** Durkheim señala que el suicidio está íntimamente ligado al nivel de integración con el grupo de pertenencia, por cuanto el hombre es ante todo un ser social. Todo debilitamiento del colectivo social, toda pérdida de densidad ética por parte de la sociedad y de los grupos en que el individuo está inmerso, debilitan su identidad, su equilibrio y socavan su propia esencialidad. No es casual que el suicidio se dé más entre los habitantes de la gran ciudad. [2]


2. Burocracia, masificación y anonimato La población urbana vive apresada por una gigantesca red organizativa. Dado las dificultades para sincronizar el funcionamiento de la gran ciudad, es inevitable que los vínculos interpersonales resulten fuertemente perturbados por las rutinas burocráticas. La burocracia es una poderosa organización que tiende a reglamentar cuanto toca a través de normas genéricas que, inevitablemente, recortan y enrasan las vidas de los habitantes. Para ella cada individuo es un ícono al que se impone lo que existe y lo que no existe, muchas veces contrariando el más elemental sentido común. El exceso de organización convierte en inorgánicas las relaciones humanas, que quedan reducidas a dimensiones rutinarias, frecuentemente enojosas y muchas veces ridículas. La masificación inherente a la vida urbana se origina en esta condición. Pinillos advierte que, “si bien la coexistencia de multitudes exige una organización, ésta puede derivar en verdaderas obsesiones. Para evitar los riesgos de desorganización, se obliga al hombre a mantener permanentemente encendido su sistema de alarma. Es ahí cuando comienza la problemática de la psicopatología urbana. El habitante sobreadaptado pierde su identidad, el grado de masificación lo rebasa, se torna ansioso e insolidario y se suma al mar de rostros que se mueven sin advertirse, físicamente próximos y objetivamente solos. No creo que sea un azar que la figura jurídica más lograda del derecho mercantil sea la Sociedad Anónima, es decir, una sociedad constituida por miembros que se desconocen”.60 La gran ciudad supone un altísimo grado de concentración que, deviene en masificación. Frente a una ciudad autoritaria, agobiante y competitiva, el habitante reacciona con un individualismo extremo para preservar su propia e íntima personalidad, pagando el alto costo de resignar su instinto gregario.(*) Los sociólogos afirman que los problemas más agudos de la vida moderna se derivan del intento de la persona por preservar su individualidad y autonomía frente a las abrumadoras fuerzas sociales, culturales y tecnológicas del medio urbano. Este reto constante incrementa los niveles de estrés y tensión. Ante el continuo bombardeo de sus receptores físicos y mentales *

Según el comunicólogo Diego Levis, “es habitual encontrar personas que utilizan el celular como un medio de combatir la sensación de aislamiento. Da igual el momento en que suena, se apresuran a atenderlo, la llamada no puede esperar. Les complace saber que no están solos en la ciudad” .[128]

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el individuo pierde capacidad de responder, adopta una actitud de retirada y desinterés, sufre de embotamiento afectivo y pierde la capacidad de discernir lo esencial de lo superfluo, la realidad de la ficción. Bajo tales condiciones las conductas se hacen antisociales y los fines se confunden con los medios. La alienación de la identidad personal es el mal de la ciudad contemporánea. Desde esta perspectiva se comprenden con claridad los efectos terapéuticos de la pertenencia comunitaria y el sentido de un espacio público pensado para la socialidad. Es allí donde florece el diálogo entre vecinos y donde se enhebran los hilos primarios del tejido social, materia prima para la conformación de las redes vinculares que nos permitirán recuperar la pertenencia social diluida por la masificación. 3. El distanciamiento de los demás

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La ausencia de empatía y la toma de distancia respecto de los demás son el resultado y la condición de vivir en la gran ciudad. Ambas están impuestas por la masificación. Los contactos en las ciudades suelen ser breves, superficiales e impersonales. La distancia que se mantiene en estos encuentros es una estrategia del ciudadano para protegerse contra la demanda y las expectativas de los demás y en ciertos casos contra el miedo a los desconocidos. Dispuesto a no intervenir en los asuntos públicos, indiferente ante el destino del otro, temeroso por su propia seguridad y encubierto por el anonimato, el ciudadano se aparta, aprende a encerrarse, a esquivar las miradas y a no involucrarse en la vida de los demás, dramática paradoja de una ciudad que aísla a los hombres porque los aproxima demasiado. Konrad Lorenz, premio Nobel de Medicina, señala la correlación existente entre el confinamiento de masas humanas y la dificultad de percibir al próximo como prójimo: “nuestra empatía por el prójimo se atenúa en proporción al exceso de proximidad. La consigna para sobrevivir es ‘not to get emotionally involved’”. La consideración hacia el otro no se forma entre personas forzadas a mantener distancia en defensa de su espacio personal. Lo que en una comunidad sería desconsiderado, como pasar de largo ignorando a quien vemos, en estado de sobrecarga social es una condición para mantenernos en equilibrio. Nuestra actitud social se hace apática y elusiva derivando inevitablemente en indiferencia social. El distanciamiento también se explica por la desconfianza que produce el anonimato. Los malos son pocos, pero puede ser cualquiera.


El autostop y el mendigo se nos aparecen como peligrosos, las cosas pueden no ser lo que parecen, en cada situación tememos una trampa. A veces intermedia la prisa, propia y ajena. Quizás uno detendría el automóvil ante alguien caído en la vía pública pero, ante la ruidosa y agresiva protesta de los que vienen detrás, recurrimos a las dos grandes excusas que nos ofrece la ciudad: “alguien se hará cargo” y “nadie nos reconocerá”. Por estas vías llegan a acontecer trágicos sucesos de incivilidad. Pinillos cita dos casos ocurridos en EEUU, notorios en su momento: En Oklahoma un estudiante desequilibrado se subió a lo alto de la torre de su universidad. Cientos de estudiantes que se reunieron al pie de la torre lo desafiaron: “¡gallina! ¡gallina!... ¡que salte!”. El muchacho saltó y se aplastó contra el suelo. “¿Quiénes eran los presentes? Personas normales que, anomizadas en la multitud, actuaron como una banda, carentes de toda empatía. El suicida fue despersonalizado y visto por ellos como un personaje de ficción.”60 El segundo ocurrió en New York, donde una vecina fue asesinada bajo la mirada de numerosos ciudadanos que la escuchaban gritar pidiendo socorro. Ninguno se involucró. “También ellos eran gente normal, su prescindencia y su falta de valor civil fueron un claro ejemplo de indiferencia social”.(*) El distanciamiento de los demás cancela los comportamientos sociales y nos hace olvidar que somos parte de un colectivo que debemos cultivar, porque sin él no sobreviviríamos como especie ni como civilización. 4. La enajenación del tiempo libre En el comienzo de la revolución científico técnica, después de la Segunda Guerra Mundial, los avances de la robótica y la aparición de las primeras computadoras hicieron suponer que la civilización se encaminaba hacia una cultura del tiempo libre. La tecnología se encargaría de gran parte del trabajo humano. Lamentablemente, el neoliberalismo se ha encargado de invertir los términos de la ecuación. El tiempo liberado fue apropiado por las empresas y la tecnología quedo convertida en un recurso para densificar las agendas y multiplicar los ritmos de labor. El sueño de libertad que nos prometía un incremento del tiempo libre fue usurpado por el mercado. Como señala el psicoanalista Sergio Rodríguez, “el uso masivo de las nuevas tecnologías es *

Pinillos se refiere al caso de Kitty Genovese, que fuera brutalmente asesinada en plena calle. Tras la investigación policial resultó que treinta y ocho personas habían presenciado el crimen desde sus ventanas y escuchado los gritos de socorro de la joven durante largos minutos hasta que el asesinato fue consumado.

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el gran responsable del exceso de horas de trabajo. Nunca la gente trabajó tanto como ahora. El uso simultáneo de computadoras, correo electrónico, celulares, mensajes de texto y reproductores portátiles no da un minuto de respiro. El cansancio psíquico llega a ser brutal”.129 La privación del tiempo libre ha sido profundizada por los horarios irregulares y extendidos impuestos por la flexibilización, imponiendo un nuevo rasgo a la vida familiar: adultos siempre trabajando y niños más solos. La vida pausada queda para las ciudades menores, donde todas las actividades, inclusive el tránsito, incorporan un tiempo social. Se ha medido que en los pueblos una compra insume un 60% más de tiempo que en la ciudad. En las ciudades mayores, donde el primer efecto de la expansión urbana fue la extensión de los recorridos, la carencia del tiempo libre ha cobrado una entidad mayúscula. El día se agota en un largo e incómodo ir y venir, sin el menor sentido de paseo que comprime el tiempo de la vida familiar y social. Los vínculos comunitarios, cuando pueden establecerse, resultan esporádicos y discontinuos. Al regresar a casa, sin mayores ánimos de contactos interpersonales, alguna pantalla, probablemente la del televisor, se apropiará de nosotros. Así se cierra el cerco de nuestro tiempo libre. 5. Violencia, vandalismo y miedo Las grandes ciudades generan violencia social o de grupo que se refleja en la ruptura explosiva del contrato social. Donde el ser humano agrede la integridad física y los intereses vitales de sus semejantes, se pone en peligro la supervivencia de las comunidades, su identidad cultural y su equilibrio psíquico.(*) Se discute hasta qué punto el incremento de la violencia es una percepción equívoca, amplificada por la sobredifusión que le dan los medios, o si refleja las dimensiones reales de la inseguridad. Sea como fuere, la alarma y el miedo ya están instalados en la población. Es sabido que las raíces de la violencia no deben buscarse en las conductas de los habitantes de la ciudad, sino en la organización socioeconómica de la sociedad. El historiador Michael Shermer señala que el gran detonador de la violencia entre grupos humanos ha sido *

Según Rojas Marcos, los actos suicidas y la agresión de unas personas contra otras o contra sus propiedades ocurren en lo centros urbanos con una frecuencia entre 10 y 15 veces más alta que en las zonas rurales. En los Estados Unidos la atmósfera de violencia urbana es tan intensa que se ha estudiado que el 20% de los estudiantes secundarios llevan consigo un arma blanca o un arma de fuego.


siempre la apropiación de los recursos. “Resulta por demás evidente que la atenuación de la violencia depende de la distribución de la riqueza. Las injusticias que acompañan a las relaciones de propiedad cargan los impulsos de los desposeídos hasta que los convierten en manifestaciones irrefrenables.” 75 Es inevitable que la apropiación concentrada de los recursos, las inequidades y pobrezas de todo tipo que la acompañan y el espectáculo del consumo ostentoso de las minorías privilegiadas, detonen reacciones violentas, a veces desesperadas, en la población sumergida. La ciudad alberga factores propios que invitan a la destrucción. Las desigualdades están más expuestas, a la reacción de los excluidos se suman acciones violentas provenientes de los estratos incluidos. Se trata de un tipo de delincuencia urbana vinculada con frustraciones que no emergen de la pobreza, sino de exclusiones y empobrecimientos simbólicos, conectados con los deseos consumistas incumplidos de los sectores medios y altos. Un producto de la carencia de valores, materializado en vandalismo indiscriminado y evasiones adictivas. No debe confundirse la proliferación de las tribus urbanas, generalmente adolescentes y pacíficas, con los vándalos actuales, un producto agresivo de la ciudad cuyo afán de destrucción incluye cabinas telefónicas, ascensores, vehículos de transporte, monumentos artísticos y equipamientos del espacio público. No se salvan ni los cementerios. Se trata de personas sometidas a frustraciones que, actuando en banda, descargan anónimamente su agresividad para desafiar, poseer o divertirse. Ejercen la fuerza, rechazan la tolerancia como una debilidad e igual que todos los exterminadores, discriminan o deshumanizan a sus víctimas. Los ampara el anonimato y la retirada de una población que evita involucrarse.(*) Según la comunicadora Alicia Entel la explosión de los miedos provoca la ideología de la sospecha, especialmente en las capas medias. “La inseguridad urbana se ha establecido en la forma de miedo al otro, al que tengo cerca, a quien no conozco y aparenta ser un igual. Los diferentes son sospechosos y es mejor que se vayan. Los actores sociales que *

Actuando en bandas se pierde el sentido de la individualidad. La responsabilidad, difuminada en el grupo, desinhibe la agresión. La deshumanización de la víctima la convierte en un “distinto”, lo que facilita la agresión y permite atribuir la culpa a la maldad perversa del agredido. Como dice José Luis Sangrador: la naturaleza de la agresión se explica con la tesis del instinto agresivo, apoyada por Freud y la del desplazamiento de la agresión, que supone la reactivación de frustraciones anteriores apuntadas hacia el “chivo expiatorio” 65. En los Estados Unidos en la época de la esclavitud se registraba una clara relación entre el número de linchamiento de negros y la caída del precio del algodón.

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aparecen como sospechosos son, en primer lugar, los jóvenes, después los sectores pobres, la policía y los inmigrantes limítrofes. Aquí se infiltran la discriminación y la exclusión, disfrazadas de inseguridad.” 130

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El miedo es hoy parte del horizonte vital del habitante urbano, que reclama soluciones inmediatas (*). Ante la imposibilidad de proveerlas, se escucha que la democracia no sirve, que sus procedimientos lentos y deliberativos son incapaces de implementar respuestas rápidas. Como señala Alberto Binder las relaciones de la democracia, pervertidas por el miedo, mutan a formas vinculares propias de la vida feudal: “La relación del ciudadano temeroso con sus gobernantes es análoga a la del siervo con los nobles que le prometían su protección. Entregan libertad a cambio de seguridad.” 10 La libertad y la seguridad se necesitan mutuamente. La falta de una revierte la existencia de la otra. Cuando falta la seguridad nos encerramos para sentirnos a salvo. Cuando falta la libertad nos autocensuramos por temor a la represión. Los miedos se agigantan en las ciudades mayores y se reducen en las menores. Estudios efectuados para contrastar el grado de confianza ante los desconocidos muestran que, en las ciudades medias y grandes, el 75% de los ciudadanos atendían a los visitantes por las mirillas, mientras que en los pueblos y las ciudades pequeñas sólo lo hacía el 25%. Cada día hay más ciudades donde la protección contra el crimen se ha convertido en una obsesión. Es sabido que los medios de comunicación los reproducen hasta el hartazgo, pero no son solo ellos. La sensación de inseguridad también es alimentada desde dos vertientes de nuevos negocios cuyos beneficios dependen de la persistencia del miedo: la de los sistemas de seguridad, alarmas y monitores, sensores, blindajes, seguros de todo tipo, vigilancia privada y otras formas de aminorar el temor, muchas veces extravagantes(**) y la de los *

La investigadora Shila Vilker señala que entre 1996 y 1997 se empieza a instalar una percepción del fenómeno delictivo interpretado como inseguridad. A partir de entonces aparece el lenguaje de las “olas”, ola de asaltos, ola de ataques a ancianos. En 1999 aparece la idea de la “guerra”: estamos en guerra contra la delincuencia. En 2004 con la muerte de Axel Blumberg, la inseguridad hace metástasis, empezando a evidenciar la vida misma como insegura y precaria. [131]

** Dos testimonios:

– El colombiano Miguel Caballero es propietario de la primera tienda de ropa blindada en el mundo, con sucursales en Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Japón, Puerto rico, Francia, Holanda, Grecia y México. Confecciona camisas, chalecos, trajes completos, pantalones, abrigos y hasta cobijas “perfectamente blindadas”.[132] (Continúa página siguiente)


grandes negocios inmobiliarios relacionados con el éxodo de población hacia la presunta seguridad de los barrios privados. Los búnkers cerrados están pasando a ser uno de los aspectos urbanos más visibles del miedo. Decenas de millones de habitantes de las clases medias y altas se encierran en todo el mundo buscando resguardo en agrupamientos protegidos por cercos eléctricos, cámaras de seguridad y policía privada, a semejanza de los barrios blancos que aún persisten en los enclaves coloniales del África. No se trata de un fenómeno local, los pobres y los ricos se mezclan en las calles de todas las ciudades. En palabras de Nan Ellin, “protegerse del peligro fue un motivo principal para la construcción de ciudades. Hoy, en el sentimiento de las clases medias, es la ciudad la que contiene el peligro” 6. Un mundo al revés donde las supuestas víctimas renuncian a la ciudad y se encierran detrás de los alambrados, huyendo de un espacio público que imaginan ocupado por sus predadores. Hay quienes preanuncian el comienzo de un regreso a la ciudad, entre ellos el geógrafo David Harvey que detecta signos de reversión, “Mucha gente de clase media se está cansando de viajar y vivir en guetos de oro. Habitar en una comunidad cerrada es muy aburrido. Lo que hace de la vida urbana algo deseable es la multiplicidad de oportunidades, la diversidad de las relaciones de proximidad y la fusión de las culturas”. Con el mismo sentido Carl Honoré señala que “los censos recientes muestran que el flujo de población hacia los suburbios empezó a reducirse: “Los estadounidenses están cansados de largos y estresantes viajes y están prefiriendo vivir en los barrios y centros rehabilitados de las ciudades que priorizan al peatón.” 37 (*)

(Viene página anterior) – Rubén Estremero, Presidente de una empresa líder en blindaje de automóviles, señala la necesidad de protegerse en “ese momento crítico de la vida representado por el traslado en un vehículo”, publicitando que sus equipamientos permiten resistir el ataque con armas convencionales y de guerra. “Recientemente hemos mejorado la capacidad de embestida e incorporado una banda de rodamiento que refuerza las ruedas ante orificios de gran magnitud.” *

Carl Honoré señala que el diseño de los barrios residenciales estadounidenses refleja la preferencia por el coche. Algunas calles ni siquiera tienen vereda y la mayor parte de las casas cuenta con garage para varios vehículos. La gente conoce los coches de los vecinos mejor que a ellos mismos. El malestar provocado por el aislamiento social se revela en una investigación según la cual los estadounidenses que viven en los barrios residenciales desparramados, pesan un promedio de 3 kilos más de los que viven en barrios compactos37.

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6. El maltratado psiquismo del habitante urbano

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La ciudad socava a sus habitantes: la burocracia los masifica, los cambios incesantes los anomizan, el miedo al descenso social los aliena y la idea de un mundo de violencia los llena de ansiedades y fobias. Por si fuera poco el hombre de la ciudad ha perdido la facultad de detenerse. Se desorienta ante la aparición de tiempo libre, quiere acción y cambio. La tensión por el próximo logro se le aparece antes de que haya disfrutado el anterior. El apresuramiento crónico es una de las formas del stress urbano, del que muy pocos habitantes se salvan. Honoré recuerda que en los Viajes de Gulliver, Jonathan Swift refiere que, notando los liliputienses la frecuencia con que Gulliver consultaba el reloj creyeron que sería su Dios. El reloj ha destruido la libertad de nuestro tiempo psíquico para someternos al tiempo cronométrico. La velocidad es contagiosa y crea hábito. El habitante concluye por odiar cualquier silencio, detención o inactividad. Sólo sabe mirar para afuera de sí mismo. La prisa se ha convertido en una segunda naturaleza de la gente, conducimos más rápido, caminamos más rápido, salteamos párrafos de los libros. El resultado es una corrosiva desconexión entre lo que querríamos de la vida y lo que logramos de ella. La patología del apresuramiento crónico, igual que la de surmenage, es desconocida en las ciudades menores, otro ejemplo del sentido terapéutico de la vida barrial.(*) Los trastornos de que se ocupan los psicoterapeutas, una de las profesiones más demandadas de la vida urbana, dimanan en buena medida de la sobreadaptación, que excede las posibilidades auto regulativas del individuo. Como señala el sociólogo Vicente Verdu: “los *

Según Pinillos, una forma de aproximarse a las características de la vida en las grandes ciudades consiste en aplicar una óptica de contraste con la vida de las ciudades pequeñas[60]:

Modo urbano Modo de pueblo Acelerado Reposado Excitable Tranquilo Alarmado Relajado Artificioso Sencillo Cambiante Estable Burocrático Espontáneo Insolidario Dispuesto Presumido Socarrón Individualista Comunitario


laboratorios se han convertido en los grandes pacificadores sociales: Prozac para la depresión, melatonina para la juventud y el sueño; Serotax contra la timidez; Aurix para la fobia social…” 133 Hace siglos se presume que los estados de ánimo pueden favorecer la aparición de enfermedades. Estas suposiciones han sido corroboradas. Los científicos afirman que los estados de ánimo influyen en la secreción de hormonas neurotransmisoras y que las carencias, los maltratos, las experiencias displacenteras alteran la química hormonal, operando farmacológicamente sobre el individuo En 1950, el médico Hans Seyle definió el stress como el conjunto de relaciones físicas y psicológicas que experimentan las personas como respuesta a situaciones difíciles que las superan. El síndrome de Seyle, que incluye alarma, tensión y agotamiento, se nutre en buena medida del carácter estresante de la ciudad. El stress se origina en la sobrecarga psíquica y funcional que soporta el ser humano, alterando sus conductas en forma traumática y disminuyendo todas sus capacidades vitales.(*) Los especialistas de la infancia hoy nos hablan de padres que carecen de libido para criar. La psicoanalista Gisela Untoiglich señala que: “quienes trabajamos con niños pequeños observamos situaciones de sufrimiento psíquico infantil a edades cada vez más tempranas. Este agravamiento obedece, entre otros factores, a que los padres están cada vez más exigidos y más deprimidos por no poder responder a todo.” 134 La generalizada perturbación del sueño es la consecuencia más frecuente del stress. Día tras día se rompen los ritmos circadianos de vigilia y sueño, profundamente impresos en la herencia de la especie.. Aunque el ciudadano descanse a fuerza de tranquilizantes, el reposo que consigue es de baja calidad, con secuelas diurnas como la irritabilidad, la pérdida de concentración, y ese difuso malestar interior que llamamos ansiedad.(**) Inevitablemente, los sectores excluidos pagan el precio más alto en materia de alienación urbana, el del daño psíquico irreversible. Como *

Dice Mitscherlich: una creciente agresividad flota libremente. Los menores motivos pueden detonarla. Las ciudades están tomadas por sus manifestaciones, desde le nervioso bocinazo hasta verdaderos actos de violencia física. Síntomas de la creciente incapacidad para reducir las tensiones a niveles que permitan una comunicación civilizada.[54]

** Desde que las investigaciones de mercado demostraron que una siesta corta puede reforzar la productividad, aparecen nuevas ofertas. Según Honoré, “una red española ofrece la oportunidad de dormir 20 minutos por 4 euros. Cada detalle está diseñado para relajar. Los clientes, vestidos y arrodillados boca abajo en sillones de diseño ergonómico reciben un masaje en la cabeza, el cuello y la espalda. Llegado el sueño, el masajista los envuelve con una manta de lana y se marcha”. [37]

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dice el psicólogo comunitario Juan Otero: “visto desde la psiquiatría el problema prioritario es el de la pobreza, que se presenta como un aniquilamiento de la identidad, de la pertenencia y del futuro. Resulta imposible comprender el sentido de las prácticas psiquiátricas con la pobreza, una especie de ingeniería química que recurre a la medicalización, independiente de las causales de las patologías.” 135 (*) Cuando la alienación económica y la psíquica actúan en conjunto, se funden en la más acabada destrucción que cabe infligir a un ser humano.(**)

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Medicalización: según Paulo Amarante, la medicalización se relaciona con la apropiación por parte de la medicina de todo aquello que no es del orden médico. Se refiere a la posibilidad de transformar en “médico” lo que es del orden de lo socioeconómico, como las personas que siendo objeto de violencia social son sometidas a medicación. Se presenta como un problema de salud lo que es un emergente propio de la exclusión.

** Pinillos señala que “las neurosis de ansiedad son tres veces más frecuentes en las clases altas que en las clases bajas, porque en éstas la ansiedad muta hacia comportamientos agresivos y graves trastornos mentales. Así lo comprueban estudios realizados en Francia: a la edad de 24 años el porcentaje de psicóticos era parecido en todas las clases sociales. A los cincuenta años de edad, las clases populares contenían un 3% de psicóticos y las clases altas menos de 0,5%. La relación 1 a 1 había pasado a 6 a 1”. [60]


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El barrio, territorio de la integración social Capítulo IV El espacio público según los estratos sociales Capítulo V La escala barrial


· IV · EL ESPACIO PÚBLICO SEGÚN LOS ESTRATOS SOCIALES

1. Las dos visiones urbanas La ciudad del autoritarismo de Estado, con sus grandes edificios clasicistas y sus imponentes espacios urbanos, se va convirtiendo en historia. Hoy asistimos a la construcción de la ciudad neoliberal, la de los negocios globalizados, erizada de los rascacielos-estrella de las corporaciones y de las altas torres donde habitan sus clases dirigentes, elevándose desde un espacio público dominado por el tráfico. La rodea una caótica periferia regional, un cinturón anárquico hendido por autopistas, mayoritariamente habitada por población trabajadora, donde grandes bolsones de miseria alternan con los enclaves residenciales privados y fortificados de las clases acomodadas. La utopía de la ciudad neoliberal apunta a la fluidez del tránsito en un espacio público ordenado y controlado por la autoridad policial. Busca asegurar infraestructuras eficientes y servicios de calidad, todo a cargo de empresas privadas y rentables, en el entendimiento de que un buen servicio debe ser comprado por cada usuario.(*) Todas sus actividades, el trabajo, la educación, la vida social, las compras, la cultura y el deporte se desarrollan en lugares privados. Afuera queda el espacio público, la calle, sólo para salir y llegar, cuya obstrucción constituye un delito que debe ser reprimido.(**) *

En San Francisco, EEUU, los camiones de basura pasan una vez por semana. Interrogado sobre cómo soportan los vecinos un recipiente con comida degradada durante una semana, el coordinador de la campaña “basura cero”, explica: “si el cliente prefiere una recolección más frecuente puede obtenerla aumentando el costo de su servicio”.

** Dice Federico Caeiro (extracto): “Marchas piqueteras que cortan las calles, cartoneros que dejan un tendal de basura, plazas–potrero donde se juega al fútbol, limpia vidrios que se abalanzan sobre los vehículos, vendedores que compiten deslealmente con comerciantes que pagan impuestos, bares que invaden las veredas con mesas ilegales, homeless por doquier. La ciudad de Buenos Aires está más ultrajada que nunca. Es al Estado a quien corresponde asegurar el cumplimiento de las normas a través del uso de la fuerza si es necesario”. [136]

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En paralelo, con antecedentes en las utopías urbanas de la segunda posguerra, gana adhesiones el paradigma de una ciudad democrática que, respondiendo a las demandas de una población ya distanciada de su origen rural, reclama protagonismo. Este paradigma pone en valor la ciudad existente y la descentraliza en comunas socialmente integradas, con gobiernos participativos. Protege la identidad de sus barrios, los provee con equipamientos completos y prioriza la peatonalidad. En las ciudades mayores estos conceptos incluyen las poblaciones del cinturón periférico, constituyendo una red regional de poblaciones conurbadas, sectores industriales, espacios naturales y servicios recreativos y deportivos. Un territorio interconectado por un sistema vial y ferroviario que privilegia la calidad y la fluidez del transporte público.

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El paradigma de la ciudad neoliberal y el de la ciudad democrática se contraponen conflictivamente en la ciudad real. No se trata de dos opciones de diseño sino de dos maneras de concebir la sociedad urbana, congruentes con dos modelos de sociedad nacional: uno priorizando el potencial del mercado, el otro la inclusión social y la calidad de vida de los habitantes. El proyecto neoliberal ve a la ciudad como un campo para el desarrollo de los negocios, el democrático como un hábitat colectivo administrado por un Estado fuerte, capaz de gestionar las prioridades sociales y regular los desarrollos privados. Estas visiones polarizan el debate municipal, en un enfrentamiento casi permanente que, en esencia, no es otra cosa que la expresión del conflicto entre poderosas minorías privilegiadas y las mayorías urbanas que buscan mejorar su papel en la distribución de la riqueza. Este debate se trasunta en todos los aspectos de la vida nacional: regulación vs. libertad de mercado Estado transformador vs. Estado administrativo participación vs. delegación gestión de conflictos vs. orden autoritario prioridad peatonal vs. prioridad del automóvil preservación urbana vs. libertad para demoler Más allá de promesas y discursos, el predominio de una u otra orientación se verifica en la manera como cada gobierno asigna los recursos humanos y económicos de la sociedad. La sociedad urbana es un universo en conflicto. Para ubicar la génesis de cada enfrentamiento es necesario visualizar los intereses y los grupos que se


enfrentan, quiénes se benefician y quiénes resultan perjudicados. Lo mejor para unos nunca es lo mejor para todos. 2. Estratificación social y espacio público La visión liberal no reconoce al pueblo como una estructura de estratos con intereses contrapuestos. Lo presenta como “la sociedad nacional”, un concepto unificador que oculta las diferencias de clase tras una retórica patriótica: todos somos iguales, tenemos los mismos derechos, los mismos deberes y la misma justicia. Nos une el amor a la patria y a los símbolos de la nacionalidad. Sin embargo las diferencias entre las formas de vida y las culturas de cada clase son notables, incluso mayores que las que provienen de nacionalidades diferentes. La vida cotidiana de un obrero argentino se parece más a la de un obrero griego o eslovaco que a la de su compatriota, el gerente ejecutivo de la empresa para la cual trabaja. Recíprocamente, la vida de un CEO argentino es muy similar a la de cualquier otro CEO del planeta. Dice Aldo Rossi: “la formación del barrio es un hecho social fundado en la segregación de clases, que se ha repetido históricamente tanto en las ciudades de nuestro tiempo como en la antigua Roma.” 64 El habitante urbano, el urbanita, dista de constituir una categoría homogénea. Aunque para la geografía y la demografía la palabra urbano representa un universo coherente, diferente del que se designa con la palabra rural, acercando la óptica se descubre en su interior una estructura claramente segmentada. Las estructuras físicas de la ciudad revelan las peculiaridades de su estructura social ya que el nivel socio-económico es el principal factor que interviene en la selección de residencia. La tendencia a agruparse por parte de aquellas personas que comparten un estilo de vida, resulta en la conformación de grupos sociales relativamente homogéneos afincados en un área espacial determinada. Las nociones de ciudad, vida urbana y espacio público son parte de la mochila cultural de cada estrato. Recordar este hecho es una de las bases para el éxito de las políticas urbanas.(*)

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Según la antropóloga Rosalía Winocurt, al pertenecer a distintas clases sociales, decodificamos de manera diferente, tenemos distintos modos de representar el mundo. Para las clases populares, el buen ciudadano es el vecino colaborador. Para las clases altas, el buen ciudadano es el que no molesta.

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Las comunidades urbanas se integran a través de las instituciones y organizaciones barriales, sin las cuales la población se mantendría disgregada. La formalización de estas comunidades está relacionada con la cultura de clase de sus miembros, reproduciendo en el espacio las diferencias y desigualdades presentes en la sociedad. En una mirada rápida los estratos altos se agrupan en asociaciones vinculadas con los negocios, el arte y sus deportes preferidos, la navegación, el golf o el polo. Las clases medias se asocian en relación a la cultura, la educación de los niños, el deporte. Las clases populares a través de sindicatos y organizaciones barriales. Es posible, por lo tanto, distinguir los patrones de conducta asociativa de cada clase y mostrar cómo esos patrones se mantienen y proyectan sobre sus espacios urbanos. Los desocupados conservan largo tiempo la pertenencia a la clase de la cual provienen, aunque subsistan gracias a los programas de ayuda o a frecuentes escapadas hacia la economía subterránea. No ocurre lo mismo con las generaciones nacidas en la marginalidad que, disgregadas y despojadas de toda pertenencia, solo pueden ser recuperadas a través de un intenso proceso de recapacitación educativa y laboral. ·70·

Los sectores de mayores ingresos, las llamadas clase alta y media alta, aproximadamente los deciles 9 y 10 de los modelos de estratificación económica, no habitan el espacio público ni utilizan sus equipamientos comunitarios. Por el contrario, se apartan de la vida colectiva, son celosos custodios de su privacidad y sienten un fuerte rechazo ante la apropiación del espacio público por grupos que se manifiestan, a cuyos actores ven como prepotentes generadores de desorden. Todas sus actividades cotidianas se desarrollan en equipamientos privados, exclusivos del sector. Las clases altas no estructuran sus vínculos sociales en términos de proximidad residencial, sino según redes de conocimiento y amistad dispersas en la región urbana y otros lugares del país. También fuera de él, ya que el avión constituye para ellos un medio de transporte habitual. En el otro extremo, en la base de la pirámide socioeconómica, los sectores de escasos recursos, homologables con los deciles 1, 2, 3 y 4, habitan intensamente el espacio público. La calle suele ser una prolongación del ámbito familiar, un desborde de sus viviendas que suelen resultar expulsivas por sus condiciones de hacinamiento, precariedad u obsolescencia.


En estos estratos la privacidad, característica de las clases medias y altas, pierde valor frente a la necesidad de frecuentes prestaciones de ayuda que intensifican los vínculos cotidianos entre las familias de cada vecindario. El estrechamiento de estos vínculos constituye una estrategia para la supervivencia. Dado que no es habitual invitar socialmente a las casas, su población trascurre buena parte de su tiempo libre en el espacio público, que funciona como un ámbito colectivo principal, donde se produce el intercambio de información y el cotilleo cotidiano.(*) Como señala Ariel Gravano, “frente a la provisionalidad del mercado de trabajo, es en el barrio donde los vecinos pueden establecer sociabilidades duraderas y personalizadas. En ese espacio quedar sin trabajo no significa perder la pertenencia, contrariamente a lo que sucede en los barrios de clase alta y media alta.” Una importante diferencia entre los sectores superiores y los bajos radica en que los primeros desarrollan una vida asociativa surgiendo de su similitud de intereses, lo que redunda en una verdadera solidaridad de estrato. Para la población obrera, en cambio, las relaciones de convivencia no suponen la conciencia de integrar un colectivo de clase potencialmente poderoso, conciencia que adquieren a través de su participación en las organizaciones barriales, políticas o gremiales que los nuclean. Los sectores sociales que se corresponden con los deciles intermedios, genéricamente denominados clase media, utilizan habitualmente los equipamientos colectivos y socializan en el espacio público. La clase media nacional, dice José Natanson, es definida como un “universo complejo dentro del cual conviven diversos grupos. Durante los años ´90 sufrió un proceso de heterogeneización que ha hecho que hoy coexistan allí desde sectores medio altos hasta sectores bajos estructurados, con ingresos sistemáticos pero magros, como los dueños de pequeños negocios. Culturalmente (no en capacidad de consumo) se le suman los nuevos pobres que cayeron a partir de la crisis del 2001”. (**) *

Dice el sociólogo Richard Sennett: “la pobreza y la abundancia desempeñan un papel penetrante en el deseo de comunidad. La abundancia acrecienta el aislamiento en los contactos públicos así como la necesidad les abre un cauce”.

** Según Natanson, las clases más bajas conocen las redes de contención social, tienen comedores, subsidios o programas específicos, saben cómo sobrevivir. La clase media empobrecida es más vulnerable. Hay un gran desconocimiento de los circuitos de ayuda, además de vergüenza por recurrir a ellos, ya que su cultura interpela a sus miembros en torno del ascenso social. Los jóvenes en particular sufren esta situación, ya que sus padres no dejan de depositar en ellos las más altas expectativas.[138]

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Aunque la clase media aspira a una elevación de su status, ello no impide que sus miembros se inserten en la sociedad barrial y respondan positivamente a las convocatorias de las instituciones comunitarias, especialmente las relacionadas con la educación, la seguridad, la cultura, el deporte y la preservación barrial. Su red de amistades se disemina en toda la ciudad, pero muchos de sus vínculos más cotidianos se ubican en el barrio. Las relaciones de vecindad son más selectivas que en los sectores obreros, pero las afinidades personales importan tanto como las del status”40.(*)

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No debe suponerse que por compartir el uso del espacio público y los equipamientos barriales queda demostrada la compatibilidad cultural de los sectores medios con los bajos. Cada grupo se atiene a su sistema de normas. Los sociólogos coinciden en que en los vecindarios mixtos aparecen retraimientos y fricciones que pueden llegar a niveles de violencia cuando la presión social se torna penosa. En tales casos, se registra un alto porcentaje de cambios de domicilio.(**) Lo irrefutable es que los estratos altos son los únicos en rechazar el uso del espacio público. El resto de la población urbana, cada uno a su manera, lo habita todos los días.

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El reciente intento de construir un muro entre San Isidro y San Fernando representa el grado extremo de la controversia entre clases sociales. Como señala Marta Bekerman, “se intentan neutralizar las diferencias a través de la separación tajante de personas geográficamente muy próximas, con toda la carga discriminatoria que supone que un vecino no pueda conectarse con otro que vive en la cuadra siguiente”.[137]

** Suzanne Keller propone: “imaginemos un barrio obrero donde la gente tiene fuertes lazos de vecindad y los vecinos responden sin dudar a la petición de herramientas, dinero, comida o consejos y donde la gente se siente libre de pedirlos. Imaginemos otro barrio, ahora de clase media, donde más allá de la cortesía se espera que la gente se atenga a su intimidad y se mantenga fuera de los asuntos de los demás. Rara vez se piden favores, no se arma demasiado ruido y se mantienen limpias las veredas. Si un individuo del segundo barrio se traslada al primero, es seguro que considerará a sus vecinos ruidosos, intrusivos y chismosos, mientras que ellos lo encontrarán distante, egoísta y antipático. Nadie estaría feliz y la situación terminaría con una nueva mudanza”.[40]


·V· LA ESCALA BARRIAL

1. Barrio y ciudad ¿Por qué referimos la integración social a la escala del barrio? Dice Paulhans Peters “en la gran malla urbana, considerada como unidad indivisible, el hombre se pierde. La ordenación de las grandes urbes en forma de barrios les incorpora una escala favorable para la vida social”59. La escala de la gran ciudad es desfavorable para las relaciones en el espacio público. Cuando la aglomeración es excesiva y cambiante no se conoce a las personas de alrededor, el habitante se anonimiza. La proximidad barrial, en cambio, provoca gran cantidad de interacciones. Es en esta escala donde se organizan los grupos sociales. La identidad colectiva y las relaciones de solidaridad que surgen de la pertenencia, cancelan el anonimato y la distancia social que se establece en las ciudades mayores. La población de una ciudad empieza a sufrir graves problemas de anonimato y adaptación al superar los 300 o 400 mil habitantes. En estas ciudades reconstituir la escala barrial es insustituible para consolidar la vida comunitaria. Las grandes dimensiones demográficas y territoriales como el país, la región y la metrópoli, corresponden a realidades que sólo pueden ser abarcadas desde una visión satelital. Proporcionan un enfoque macro, imprescindible para la planificación, pero carecen de contenido vivencial para sus habitantes. René König señala que “si bien es cierto que por encima de las comunidades locales existen otras sociedades, sigue siendo válido que la vida social, fuera de la familia, sólo se convierte en experiencia palpable dentro del contexto barrial”2. Es una de las razones por las que los planificadores tienden a reestructurar las regiones urbanas como un sistema de núcleos menores, todos en escala de comunidades completas.(*) *

La Unidad Vecinal, dice Roberto Segre, se desarrolla luego de la primera Guerra Mundial. Se trata de un agrupamiento que relaciona entre sí a un conjunto de familias a partir de sus necesidades de consumo cotidiano y la educación de los niños. Perry encierra esta Célula Básica (Continúa página siguiente)

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La arquitecta argentina Marcela Camblor, directora de diseño urbano del Estado de Florida, USA, arriba a conclusiones parecidas a partir de su experiencia de gestión local: “Por primera vez en la historia de la humanidad creamos un patrón de desarrollo urbano que no permite caminar. Ese patrón, un producto del predominio del automóvil en las últimas décadas, se caracterizó en nuestro Estado por una construcción segregada y desparramada que buscó el alejamiento de las ciudades. Nos convencimos de que sólo viviendo en un lugar aislado con amenities y seguridad privada era posible mejorar la calidad de vida”. “Se pavimentó sin dirección ni límite, en una constante búsqueda de tierras baratas, ocupando áreas dedicadas a la agricultura. Construimos playas de estacionamiento para los autos de quienes se fueron a la periferia, pero trabajaban en la ciudad y dejamos en manos del sector privado la función pública de crear comunidades. El resultado fue insostenible”. “Pronto apareció el primer gran enemigo: el traslado diario se volvió agobiante. El habitante de la periferia pasa un promedio de dos horas diarias en un auto, sesenta días hábiles anuales, inmerso en un caos de tráfico. Para una sociedad que luchó por conseguir diez días de vacaciones al año, malgastar sesenta días laborables en un tráfico cargado de stress, resultó inaceptable”. “Al principio construimos nuevas autopistas, pero nos superó el crecimiento de la congestión. Nos convertimos en el Estado con mayor índice de peatones atropellados del país. Fue como pretender bajar de peso aflojándose el cinturón”. “Hoy estamos mejorando nuestras ciudades para hacerlas nuevamente deseables. Trabajamos con la comunidad en la creación de los planes que guían el crecimiento urbano y estamos educando a nuestros gobernantes al exigir que todo nuevo desarrollo se constituya como una comunidad completa” 139.

(Viene página anterior) en un círculo de 200m de radio en cuyo centro coloca el comercio diario, un círculo infantil, una lavandería. A partir de este núcleo mínimo de 1000 a 1500 habitantes, se forma la Unidad Vecinal, compuesta por cuatro núcleos básicos. La distancia máxima de su centro a las viviendas es de 400m. Allí radica la escuela secundaria, el centro comercial y otros servicios de uso periódico. La circulación vehicular no penetra en la Unidad Vecinal. Con variaciones, este esquema tuvo aplicación inmediata en la segunda pos guerra y se convirtió en un modelo de asentamiento, inclusive en el mundo socialista.


2. El concepto de barrio El período posterior a la segunda guerra mundial fue de descrédito para el concepto de barrio. Si bien se intentó organizar la población en agrupamientos vecinales y barriales, las formalizaciones producidas por el Movimiento Moderno estaban tan distanciadas de la cultura mayoritaria que no se produjo la identificación necesaria para el arraigo. El barrio constituye una subestructura típica de la ciudad, una unidad morfológica y social caracterizada por un cierto paisaje urbano y un determinado contenido sociocultural. Aldo Rossi64 señala que, si bien la ciudad está vista como una unidad, sólo puede ser captada y entendida a través del conocimiento de sus fragmentos, una suma de distritos y barrios diferenciados por sus características formales y sociológicas. Se trata de áreas originales que pueden ser individualizadas como unidades interiores a la ciudad, emergidas en diferentes momentos de su crecimiento, que han ido adquiriendo carácter propio.(*) Tan antiguo como la ciudad, el barrio se halla hondamente inscripto en el espíritu del habitante, al punto que atravesar sus límites supo ser marcado como un hecho ritual. Aún hoy, “irse al otro barrio” se suele utilizar para significar el paso al otro mundo. El concepto de barrio se asocia con los pueblos y las ciudades pequeñas.40 Hace dos o tres siglos, señala Suzanne Keller, las leyes locales incluían obligaciones de vecindad. Muchas de las actividades que requerían ayuda y afectaban al bienestar de la comunidad, quedaban bajo la responsabilidad de la población. En los pueblos, cada vecino estaba obligado a responder a una llamada de socorro en cualquier momento, especialmente durante la cosecha, o a la construcción de las casas. La concepción sociológica del barrio enfatiza las actividades y valores compartidos, las lealtades comunes y la existencia de redes humanas que le dan un sentido de continuidad y persistencia en el tiempo. Se trata de ese producto físico, político y cultural, ámbito de * Las ciudades nacen con la escala de un barrio. Al expandirse aparecen sus barrios interiores. En el siglo XVIII, Buenos Aires pasó a ser una verdadera ciudad para su época. Los 22.000 habitantes que la ciudad albergaba en 1770 habían pasado a ser 40.000 para 1800. Según Schavelzon, en 1820 la ciudad y su entorno próximo tenían 260 tiendas y 500 pulperías. Recién entonces comenzaron a definirse los primeros barrios, tomando como punto de partida las parroquias y los cuarteles militares que dividían la ciudad. [66]

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identificación y de participación cívica, donde se produce el intercambio entre sus habitantes. El barrio es el ámbito del encuentro repetido, de las relaciones de proximidad. Allí se originan los vínculos cotidianos que suelen evolucionar hacia formas de asociación o grupos de acción local. Un espacio social con problemáticas comunes tan trasendentes como las que unen a las asociaciones gremiales y profesionales. Una pequeña patria donde los dilemas sociales son discutidos cara a cara entre gente que se conoce. Cuando hablamos del barrio nos referimos a un sector diferenciado del tejido urbano que tiene la dimensión espacial y demográfica de una ciudad pequeña con fronteras establecidas por la geografía urbana, una población que comparte la pertenencia local y una estructura focalizada en un centro de servicios. Es el mayor sector de ciudad que puede ser reconocido como propio por sus habitantes, que contiene una población suficiente para nutrir el uso de sus equipamientos comunitarios y alimentar el desarrollo de las organizaciones locales. Un espacio de lugares, no de flujos, que trasciende el discurso arquitectónico-urbanístico clásico, donde el énfasis está puesto en el análisis espacial y morfológico. Vale recordar que los barrios no son autónomos. Cuando los planificadores urbanos operan sobre el barrio deben hacerlo en dos sentidos, hacia adentro para orientar el desarrollo local y protegerlo del tránsito pasante y hacia afuera para organizar las conectividades funcionales e infraestructurales con el resto de la ciudad. 3. El concepto de vecindario En todo agrupamiento social se registra una tendencia a la conformación de agrupamientos menores, inscriptos dentro de conjuntos más amplios. Es lo que ocurre con los vecindarios, comunidades interiores a los barrios que configuran ámbitos de proximidad, donde se establecen esas relaciones cotidianas y afectivas que los sociólogos denominan vínculos primarios. El vecindario hace referencia a una colectividad primaria y cara a cara, a diferencia de la comunidad barrial, que incluye un sistema de vínculos secundarios que sólo pueden establecerse al interior de una población numerosa. La prueba del vecindario es que su población se conozca y sepa de la vida de los demás. Uno de sus valores más destacados es el sentimiento solidario, la convicción de una protección asegurada dentro de una red de relaciones


próximas que constituyen no solo un vínculo social, sino también un paliativo instrumental para la vida cotidiana, especialmente en las circunstancias difíciles por las que suelen atravesar los sectores de bajos recursos. Raymond Ledrut destaca que, como “zona de trato mutuo”, el vecindario es necesariamente reducido. En sus calles se encuentran a cada paso habitantes que ya se conocen, un mundo peatonal y cotidiano donde el espacio colectivo configura una extensión concreta de la esfera familiar”42. Las crisis, las emergencias médicas o colectivas y los grandes acontecimientos locales como las bodas y los velorios constituyen las típicas ocasiones de congregación para la vida vecinal. Los niños y los ancianos, más que otro grupo de edad, se procuran allí sus contactos habituales. Su menor capacidad de desplazamiento los induce a establecer su vida cotidiana en las proximidades de la vivienda. Los vecindarios no suelen definirse según límites geográficos. Se trata de entornos determinados por las escalas autonómicas infantiles y de los adultos mayores y por la cercanía a los equipamientos de uso diario, especialmente los de abastecimiento y educación. En la dimensión del vecindario las organizaciones locales no suelen prosperar debido a la perturbación de las relaciones interpersonales originadas por el control social, que surge de las infaltables conductas vigiladoras de algunos vecinos. La actitud de vigilancia genera coacciones y necesidad de autocontrol. Como el control social funciona día y noche, siempre hay un porcentaje significativo de vecinos que se sienten molestos por la sensación de ser vigilados, un malestar que ocasiona resentimientos y un cierto grado de agresividad hacia aquellos que impiden vivir a la manera de cada uno. Las personas son poco proclives a estrechar relaciones en comunidades muy reducidas, a fin de poder elegir sus amistades sin provocar la reacción de los vecinos omitidos. Este tipo de conflicto no actúa sobre la escala de barrio, donde la mayor población y extensión territorial diluye el control social. Allí los vecinos pueden vivir y expresarse sin temor a represalias. 4. El sentimiento barrial Cada barrio supone una cultura diferente. La expresión tanguera “el alma del barrio” confirma la existencia de estas subculturas, no

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por casualidad hay tantas referencias al barrio en el folklore ciudadano y en la mítica de los relatos urbanos.(*) La comunidad barrial se constituye por la interacción de diversas condiciones, entre ellas la proximidad, la homogeneidad sociocultural, la del nivel económico, la procedencia y las etnias. Se trata de una trama que une aglutinando hacia adentro y diferenciando hacia fuera, que se hace consistente cuando los vecinos, actúan en conjunto. Sus rasgos principales son la pertenencia, la identidad, la participación y la apropiación del espacio.

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La comunidad barrial se cohesiona en la medida en que la gente adquiere experiencias y acumula recuerdos comunes, acercandose a lo que se denomina “conciencia de comunidad”, el fundamento del sentimiento de pertenecer, de estar y querer quedarse. Cuando se habla de pertenencia, los psicólogos resaltan la identidad y la unidad de carácter, los sociólogos o los antropólogos prefieren hablar de familia, grupos de afinidad, clase social o tribu, pero todos coinciden en que los seres humanos necesitamos la sensación de pertenecer.(**) El apego al lugar es un sentimiento de orgullo de vivir allí que, con frecuencia, pasa por alto incomodidades y fealdades. Tiene raíces históricas en la saga de las familias que habitan el lugar, raíces afectivas en las amistades y el parentesco, raíces estéticas en el disfrute de ciertos aspectos del paisaje local y raíces culturales en los valores y búsquedas de sus habitantes. También raíces étnicas en la tradiciones y costumbres de los grupos provenientes de otras regiones.(***) *

Decía Jorge Göttling: el blasón de pertenecer a un barrio implico siempre aceptar ciertas contraseñas internas que definen la frontera entre “vivir” en un barrio o “ser” del barrio. El centro de la ciudad es para el habitante un lugar mágico y neutral del cual fatalmente se vuelve al barrio, lugar de pertenencia.Ser de Palermo, Boedo o Devoto continúa siendo un significante, que habla de costumbres distintas, confiterías decoradas o cafés estoicos. El habitante de Buenos Aires arroja hoy las bengalas para ser rescatado de una ciudad que se torna cada vez más ajena a ese caliente mundo interior que sabe latir en cada barrio.[142]

** Dice Carlos Tévez: “Jugar en el barrio se extraña. Se armaban unos campeonatos bárbaros a veces por el sándwich y la Coca. Era genial, siempre lo dije, jugar en mi barrio es más lindo que hacerlo en la Bombonera”.[140] En el mismo sentido Barack, Obama recuerda que: “de niño jugaba fútbol en un camino polvoriento de Shakarta. El juego era lo que unía a toda la comunidad”. [141] *** Suzanne Keller señala que en ciertas zonas de San Juan de Puerto Rico, cuyas condiciones de vida podrían parecer enormemente deficitarias: el 70% de los encuestados consideraba su área (Continúa página siguiente)


El arraigo y la pertenencia imparten sentido a la vida de los individuos. Kevin Lynch señala que “la necesidad que tenemos de nuestro entorno tiene raíces tan hondas que calan en el pasado con fuerte emotividad. Los recuerdos de la patria chica han sido siempre los primeros puntos de contacto entre los soldados de las trincheras”.49 El territorio barrial es sentido como terruño, con un arraigo que mucho tiene que ver con el sentimiento de patria. Es algo más allá de la racionalidad. La gente arriesga su vida por la patria y su imaginario social porque forman parte de su ser. La identidad afecta al núcleo de uno mismo conectada con un poderoso efecto basado en raíces inconscientes.(*) Muy vinculado con la pertenencia, la identidad es un sentimiento construido a lo largo de cada historia personal, firmemente asentado en recuerdos y anécdotas que tienen a los vecinos como reiterado marco humano y a los lugares del barrio como su escenario más habitual. Según Edward Hall “cuando comprendemos que la memoria organiza los recuerdos sobre la base de la significación que tienen para nosotros, no nos sorprende que el valor social del barrio resulte tan crucial en la formación de la identidad.” 102 Ante la pregunta “¿quién es usted?”, muchos vecinos responderán “me llamo X, soy de Almagro”. Dicen soy, se autodefinen por su (Viene página anterior) como buenos lugares para vivir. Al mismo tiempo sólo el 26% de los inmigrantes puertorriqueños en la ciudad de New York están satisfechos de sus vecindarios, Dice la colombiana Yvonne Riaño: si bien nuestro barrio esta aislado del transporte publico, con calles de tierra sin alcantarillado y dificultades con el agua potable, los pobladores tienen un fuerte vínculo con él, lo perciben como un lugar de amistad y apoyo mutuo que constituye una parte muy importante de sus vidas. En sus propias palabras el barrio es percibido como “bonito”, “seguro”, “amistoso”, “solidario”, y “participativo”. Algunos también lo apreciaron como “limpio” y “grande”. *

Sonia Romero Gorski relata una experiencia personal a miles de kilómetros: en un vuelo interno escuché una conversación donde alguien viajaba próximamente a Montevideo. Le dije “no me diga que va a Montevideo” y me responde “sí, voy a Montevideo, pero voy a Cerro. Con la distancia de por medio seguía operando la necesidad de explicitar una doble pertenencia identitaria a partir de lo ciudadano y lo barrial. Según Marc Augé “el retorno al lugar es el recurso y la aspiración de aquel que frecuenta los no lugares. Volver a los sitios donde se comparte y se conmemora la memoria y a la comunicación hablada. El personaje está en su lugar cuando se siente a gusto con la retórica de la gente con la que lo comparte. El signo de que esta en su hábitat es que logra hacerse entender sin ningún problema y logra seguir las razones de sus interlocutores sin mayores explicaciones.”

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pertenencia a la patria local con el mismo sentido que, formulada la pregunta en el extranjero, responderían soy argentino. (*) La estrecha relación que se advierte en los barrios cohesionados entre el domicilio de los padres y el de los hijos, subraya la importancia de la identidad para la retención de población joven.

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En cada barrio hay un club, una plaza y un café donde adolescentes, jóvenes y adultos se reúne. Allí se discute, se juega y se afianzan amistades. La pertenencia a estos ámbitos es un dato importante tanto para la identidad individual, como para la identidad colectiva. Resulta imposible disociarlas. La representación del individuo incluye necesariamente una representación del colectivo en el que está inserto. Las identidades individuales convergen en una identidad compartida que constituye la primera condición para el desarrollo de un grupo social organizado. No hay una identidad urbana tan vivenciada como la barrial. Más allá y más acá existen otras dimensiones, la individual, la familiar, la urbana, la regional y la nacional. Incluso reaparece hoy un sentimiento de unidad latinoamericana que señala una escala subcontinental para la identidad. Pero mientras las identidades nacionales se construyen a partir de la escuela en busca de una imprescindible unidad política y cultural, las identidades las barriales emanan directamente de la historia y las vivencias de cada ciudadano.(**) La participación expresa la inclusión concreta del habitante, de su tiempo y su persona, en la vida comunitaria. Contiene la energía que motoriza las actividades colectivas, que no sólo emana de la identidad y la pertenencia, sino de compartir gestiones y luchas en defensa de las aspiraciones comunes. Se opera en el diálogo creador de las instituciones barriales y en el intercambio de ideas entre la población y sus representantes. El ejercicio de la participación supone la asociación, que conduce a la creación de instituciones locales. Actuando en conjunto participación *

El sitio mismo del nacimiento es un dato constitutivo de la identidad. El nombre del punto natal muchas veces se ha fusionado con el nombre de los habitantes. Ocurre en África que al niño nacido accidentalmente fuera de su pueblo se le asigna un nombre relacionado con un elemento particular del sitio donde nació.

** Nels Anderson señala que en casi todas las ciudades y barrios se encuentran placas de bronce que informan “en este lugar estuvo la casa en la que nacio…”. La vieja casa ya fue demolida, otro edificio tomó su lugar, pero la conciencia comunitaria honra y protege su historia. [5]


y asociación representan el modo y la condición para el desarrollo de la comunidad. La apropiación es el anidamiento de las personas y los grupos en el espacio, para el desarrollo de una actividad. Se trata de un rasgo intrínseco de la vida comunitaria, vecinos que sacan sus sillas a la calle, jóvenes que se reúnen en las esquinas, manifestaciones que se adueñan de la calle. La plaza, el mayor ámbito colectivo del barrio, sólo adquiere su sentido cuando es apropiada por la población. Cuando un grupo se instala, los sucesos que genera quedan fusionados con el espacio que los contiene. El lugar perdura en la memoria de quienes estuvieron allí y los acontecimientos producidos se incorporan a la historia del sitio. La apropiación del espacio público pone en marcha la historia del barrio. Bien mirado, todo el drama histórico de la humanidad ha sido representado en los escenarios del espacio público. 5. La estructura del barrio Desde un enfoque perceptual, aplicando las categorías propuestas por Kevin Lynch49 aparecen cuatro elementos configurantes aplicables al espacio barrial: – Sendas (calles). Son las líneas circulatorias que conectan el conjunto conteniendo el movimiento de los peatones y vehículos en el espacio público. – Bordes (límites). Se trata de rupturas de la continuidad entre sectores urbanos. Estos elementos fronterizos, en general avenidas, líneas férreas o vías fluviales, delimitan los barrios. – Nodos (lugares de concentración). Son espacios estratégicos que funcionan como centros polarizadores de la población. Pueden ser confluencias viales, plazas, un sector principal del centro o polos de transferencia del transporte. – Mojones (puntos de referencia). Son elementos claves para la definición de los recorridos barriales, tanto peatonales como vehiculares. En general se trata de monumentos, edificios u objetos particulares, una tienda principal o un árbol notable.(*) *

El uruguayo Fernando Acevedo relata: en el transcurso de nuestro trabajo sobre Pocitos, Montevideo, nos vimos sorprendidos al descubrir que los elementos destacados en la percepción de los pociteños no son los edificios sino aquellos puntos de la ciudad (nodos) que se constituyen (Continúa página siguiente)

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Esta clasificación, sin duda eficaz en el plano morfológico, resulta insuficiente para comprender al barrio en su dimensión de territorio habitado, ya que no incluye a la población ni a sus actividades.

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Metafóricamente, el barrio es un organismo. Tiene vida (las actividades públicas), corazón (el área central), sistema circulatorio (las vías de tránsito), sistema nervioso (las redes infraestructurales) y hasta un alma, el espíritu local. Su fisiología incluye un sistema formado por las áreas residenciales, el centro, las plazas y las instituciones de la comunidad. Cuando alguno de estos órganos presenta malformaciones se origina un malestar, un padecimiento para la población barrial. El organismo no se constituye si carece de estructura interna. Si la distribución de sus equipamientos sociales es azarosa no se generará comunidad sino aglomeración, una población hormigueando en el espacio público. La comunidad no se configura con sus instituciones flotando en un espacio excipiente. El barrio se organiza desde su área central. Cuando se buscan las señales que informan su funcionamiento se busca ante todo su centro de servicios. Las ciudades más modestas, inclusive los pueblos, incluyen un centro donde están agrupados los edificios y monumentos que simbolizan a la comunidad, la iglesia y el municipio, a los que se incorporan el comercio y otros servicios. Cuando este centro no irradia, la vida comunitaria se reduce a la inmediatez de los vínculos vecinales. Es por eso que los centros se asientan naturalmente en el núcleo histórico de los barrios, un ámbito privilegiado que debe ser cuidadosamente preservado.(*) Durante décadas el privilegio que se otorgó al tráfico automotor fue considerado signo de modernidad sin suscitar mayores discusiones, mientras se extendía el territorio urbano y se acentuaba la pro (Viene página anterior) como notorios por sus fuertes signos de actividad. No recuerdan ejemplos de arquitectura en sí sino edificios que albergan actividades recordables, por lo que resulta determinante la relación existente entre actividad y significado. Este significante adquiere relevancia cuando concentra, actividades urbanas importantes. *

Según Daniel Schávelzon: en Buenos Aires, desde 1870, gracias al mejoramiento del transporte público vivir en los suburbios no constituía un problema mayor. Flores y Belgrano, poblados cercanos, a partir de 1880 quedaron encerrados en la Capital y transformados en barrios. Para la década de 1880, ya la ciudad estaba consolidada como un sistema de barrios, cada uno con sus propios hospitales, escuelas, estaciones de ferrocarril, mercados e iglesias.[66]


blemática del tránsito. Es así que se construyeron nuevas avenidas, sin reparar en la manera como seccionaban el tejido, ocasionando que numerosos fragmentos barriales quedaran separados de sus centros. El tejido de Buenos Aires contiene sectores huérfanos de toda centralidad, que funcionalmente no pertenecen a ningún barrio, aunque figuren en sus mapas jurisdiccionales. Son áreas remanentes, productos no deseados de la historia de la ciudad. Los planes urbanos nunca abordaron la reparación de esas amputaciones, no intentaron su reconexión ni promovieron centralidades nuevas. (*) Raymond Ledrut, para orientar estas cirugías urbanas, propone un importante trabajo sociológico a efectuar por los municipios de las grandes ciudades: investigar la extensión y los límites reales de los barrios vivenciales detectando las zonas que han quedado social y funcionalmente marginadas. En los centros principales de las ciudades mayores, invadidos por el tráfico pasante y por peatones que no residen en el lugar, el establecimiento de redes comunitarias se torna muy improbable. Desde el punto de vista de la integración social, estas zonas están inhibidas, forman parte de la oferta para un mercado de oficinas, comercios y otros servicios propios de los centros. Se agrega también una limitada oferta residencial para parejas sin hijos, personas solas, trabajadores de la zona, artistas, estudiantes universitarios y residencias de alquiler turístico. Es lo que ocurre en el macro centro de Buenos Aires *

Marshall Berman, en su magnífico ensayo Todo lo sólido se desvanece en el aire, recuerda a Robert Moses, cuya carrera pública en Nueva York se extendió desde la década de 1910 hasta finales de la del 60: En el otoño de 1953, Moses proclamó que estaba a punto de abrir una inmensa autopista, cuya escala, costos y dificultades no tenían precedentes. Avanzaría como un ariete a través de una docena de barrios sólidos, asentados y densamente poblados, inclusive nuestro Bronx. Unas 60000 personas de clase obrera o media baja serían expulsadas de sus hogares. Antes de que nos diéramos cuenta ya estaban las palas mecánicas y las excavadoras y la gente estaba siendo avisada que “mejor que se fuera de prisa”. Una vez que las obras hubieron concluido, comenzó realmente la ruina del Bronx. Kilómetros de calles a lo largo de la autopista quedaron sofocados por el humo y el ruido ensordecedor. Edificios de apartamentos habitados de manera estable, se vaciaron. La construcción había colocado a los comerciantes al borde de la bancarrota. Todo el barrio se hizo más vulnerable al delito. Despoblado, emocionalmente destrozado, el Bronx quedó en condiciones de caer en la temible espiral de las plagas urbanas. Para Moses, en comparación con sus anteriores autopistas suburbanas, la única diferencia consistía en que “hay más casas y más gente que se interpone. Cuando actúas en una metrópoli tienes que abrirte camino con un hacha de carnicero”. Moses estaba destruyendo nuestro mundo y, sin embargo, parecía estar actuando en nombre de la modernidad. Sus grandes construcciones sirvieron como modelo para la reconstrucción de todo el tejido de Norteamérica después de la segunda Guerra Mundial. Un nuevo orden cuya alma fue el automóvil. [7]

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así como en algunos de sus centros locales, que habiendo desbordado la escala barrial hoy se desempeñan como subcentros principales de la ciudad. 6. Los límites barriales ¿Cuáles son los límites entre los cuales el territorio es percibido como propio por sus habitantes? Establecer la población que debe contener un barrio es una cuestión relativa, dependiente de las líneas geográficas que cruzan la ciudad y de la extensión y homogeneidad de las áreas delimitadas. Si nos adentramos en una metafísica del habitar, surge claramente la importancia del límite. En todas partes se necesitan, en sentido literal y figurado, limitaciones y muros para que el hombre no se diluya en lo insubstancial. Una sociedad se caracteriza como interiormente unida cuando el espacio de su existencia está delimitado por límites perfectamente claros. De ello se desprende el mutuo sostén que existe entre la unidad del grupo social y la unidad del espacio ocupado por éste. ·84·

Casi siempre los límites barriales son líneas definidas por la geografía urbana, a veces muy significativas y otras sólo insinuadas. Una línea férrea constituye un límite más recordable que una avenida y menos que un río. En las ciudades de llanura los límites más frecuentes son las vías principales del tránsito urbano que, con mayor ancho y fuertes flujos vehiculares, actúan como caudalosos ríos de tráfico, peligrosos de atravesar. Cuando las áreas demarcadas son mayores de lo que admite la sensación de barrio, el límite geográfico es sustituido por la escala peatonal. Si habitualmente se puede ir caminando al centro, estamos en el barrio. Cuando se hace necesario recurrir al transporte automotor se destruye la sensación de continuidad espacial. Al descender reaparecemos en otro lugar, hemos viajado.(*) La dimensión subjetiva del barrio se relaciona con la atracción que ejerce su centro. Un área central vigorosa determina una dimensión superior, dependiendo de la distancia a caminar y de la calidad ambiental del recorrido. *

Los recorridos peatonales han constituido históricamente un criterio de poblamiento. La distancia entre los poblados de la Europa central era la que un caminante podía recorrer en un día. Las aldeas surgían espontáneamente separadas por esta distancia.


Los vecinos habitan de manera diferente según su distancia al centro. Para los que residen en el área central, incluido un entorno estimable en dos cuadras, el centro se identifica con el vecindario. Entre este radio y otro de cinco o seis cuadras, se configuran vecindarios de proximidad, todos en vínculo permanente con el área central. Más allá, hasta un radio de unas diez cuadras, la sensación de pertenencia se debilita y el vínculo se torna periódico, la bicicleta es ahora el medio más adecuado para desplazarse en el barrio. Los barrios reales suelen ser menores que las jurisdicciones administrativas en que se divide la ciudad, todavía llamadas “barrios”, utilizadas para delimitar los radios de acción de las comisarías, los distritos electorales y las infraestructuras de la urbe. Puede estimarse que un barrio no se anima con menos de 5.000 personas ni abarca más de 40.000. La más pequeña de las quince Comunas en que se descentraliza la Ciudad de Buenos Aires excede los 150.000 habitantes. El tamaño de estas Comunas no refleja el espíritu de la Ley de la Ciudad Nº 1777, que especifica que la descentralización se realizará con el objetivo de mantener las identidades e idiosincrasias barriales. Una vez consolidado el actual proceso descentralizador será importante institucionalizar subdivisiones internas a cada Comuna, coherentes con la dimensión vivencial de los barrios.

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La producción del espacio barrial Capítulo VI Rehabilitación de la vida de vereda Capítulo VII Preservación ambiental de la calle Capítulo VIII Intensificación de la plaza barrial Capítulo IX Intensificación del centro barrial Anexo Programación de los lugares barriales


· VI · REHABILITACIÓN DE LA VIDA DE VEREDA

1. Autos vs. peatones El ciudadano que transita por la calle, dice Rafael Iglesia, no solamente “va” sino que observa, se para, compra, tiende a eludir los trayectos monótonos. “Las ciudades de ‘peatones veloces’ y estresados son una negación de la urbanidad. Todo aporte al desensimismarlo, una cartelera, un pregón de canillita, una exposición, un lugar para conversar, son aportes a lo urbano, al contacto interpersonal que esta en la base misma de la justificación de la ciudad. Un asiento que se retira, una recova que se demuele, una vereda que se angosta, sabotean la vida pública. Cada elemento que propone amenidad promueve la urbanidad.” Los peatones no son todos iguales: hay paseantes, gente de paso y vecinos (*). Todos ellos transitan con mirada diferente esos canales urbanos llamados calles, conformados por la calzada vehicular, sus bordes peatonales y una doble fila de edificios frentistas, incluyendo la secuencia de puertas de ingreso al espacio privado. Allí se desarrolla, junto al tránsito, la copiosa dinámica de la vida pública de la gente, incluyendo los habituales, imprevisibles y a veces memorables sucesos del espacio callejero. Los ámbitos del espacio público son ricos en desarrollos imprevistos. Novelar los acontecimientos de un día de calle podría exceder el tiempo de vida del literato más longevo. Se juega en la calle una competencia entre peatones y vehículos, que finaliza cada día con una lista de víctimas, pero debemos aceptar que, *

En los últimos años se ha incorporado un nuevo tipo de peatón, el tecnológico, que circula concentrado en su teléfono celular o taponado por los audífonos de su reproductor. Este peatón esta sustraído de la vida de la calle al punto de convertirse en el sujeto urbano más propenso a los accidentes callejeros. Según especialistas del SAME, en Buenos Aires se atienden por día unos 20 atropellados, muchos por distraerse con los celulares, sin contar las personas caídas, las golpeadas contra los soportes de la vereda y las mordidas por perros que se cruzan en su camino

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superando los 800 millones de unidades en el planeta, con proyección a 1200 millones para la segunda década del siglo XXI, los automóviles ya son parte de nuestra vida. No podemos ni queremos deshacernos de ellos, pero para mantenerlos con nosotros debemos reconocer que la vida urbana no puede sacrificarse a la velocidad del tránsito. Los automóviles se deben comportar socialmente. Esta premisa es ampliamente compartida por la población, inclusive los propios automovilistas que, cuando descienden de sus vehículos, evocando a Mr. Hyde y al Dr. Jekyll, se convierten en personas normales.(*) Se podría pensar, como lo fue en la época pionera del urbanismo moderno (Le Corbusier, Hannes Meyer, Gropius), en separar completamente a los peatones de los vehículos. Desde este punto de vista se simplificaba la cuestión, pero la separación ha chocado con importantes consideraciones en contrario, entre las cuales, la de mayor peso es que este principio no tiene la más mínima probabilidad de realización dentro de las ciudades existentes. Nunca fue evidente que su ejecución fuera deseada por la población pero, hoy en día, debido al deterioro urbano-ambiental producido por el desborde del tráfico y ante el alarmante crecimiento del estrés urbano, en diversas ciudades del mundo se llevan a cabo experiencias suburbanas donde los automóviles no penetran en las áreas residenciales.(**) Ir a pie presenta numerosas ventajas más allá de las muy reconocidas en el ámbito de la salud. Es un tipo de tránsito eminentemente social, sin restricciones ni costos. Dado que es posible redireccionarlo a voluntad y detenerse ante alguien conocido o un episodio de interés, estimula los vínculos interpersonales e incorpora al recorrido un carácter lúdico. La circulación peatonal debe verse como una de las modalidades sistémicas del transporte urbano de corta distancia, sin duda la más adecuada para recorridos del orden de los 15 minutos, unos 800 metros. *

El atributo de la velocidad, símbolo de potencia y poder personal, forma parte de la promoción comercial de los automóviles. Las empresas exhiben modelos turbo que pueden acelerar de 0 a 100 km en pocos segundos, todo un absurdo dado que no existe ninguna oportunidad real de utilizar esta potencia.

** Dice Carl Honoré: “El movimiento llamado Nuevo Urbanismo se está incorporando a las corrientes principales de la planificación urbana. Hay más de 400 proyectos en marcha en Canadá y Estados Unidos que incluyen barrios nuevos y la restauración de centros barriales”. También en Europa se desarrolla una red de “ciudades lentas”, predominantemente peatonales. “En el año 2003, 28 ciudades italianas estaban designadas oficialmente como ciudades lentas, otras 26 estaban gestionando su certificación y llegaban peticiones de información del resto de Europa, Australia y Japón.”. [37]


La condición es adjudicarle absoluta prioridad sobre el tránsito vehicular, incorporando lugares de juego y socialidad. En los Países Bajos, el principio de peatonalidad se ha impuesto jurídicamente. El Código Holandés especifica: – Los peatones pueden utilizar en toda su anchura las calles de las zonas residenciales. Se permite jugar en las calles. – Los conductores no podrán circular en las zonas residenciales con mayor rapidez que los peatones y deberán contemplar la posible presencia de obstáculos no señalizados e irregularidades en la calzada. – En las zonas residenciales los conductores no deberán entorpecer la marcha de los peatones. Los peatones no deberán obstaculizar innecesariamente el tráfico. Parecidas consideraciones le caben al tránsito ciclista, que crece sin pausas en escala global. En muchas ciudades del mundo, las bicicletas se han convertido en el medio de transporte más popular. En las áreas de tránsito restringido y a velocidad de paseo, permiten viajar de puerta a puerta y detenerse ante un encuentro imprevisto, incluso sin necesidad de bicisendas.(*) Su difusión generalizada permitirá un nuevo orden en el espacio barrial, a condición de disminuir la velocidad del tránsito motorizado. En la actualidad, en numerosas ciudades del mundo se implementa a costos mínimos o en forma gratuita la oferta de bicicletas municipales, que se toman y se dejan donde el usuario lo decida (bike sharing). En París, el plan Velib, formando parte de un programa progresivo de recuperación peatonal, ya está funcionando en varios distritos. También el uso del tranvía comienza a ser reconocido como el más ecológico de los medios de transporte motorizado. Se trata de un vehículo óptimo para el tránsito barrial y con los barrios adyacentes. Ambientalmente limpio, pausado y siempre previsible sobre sus rieles, es plenamente compatible con la seguridad, incluso en las calles peatonales. Su desplazamiento relajado lo convierte en un medio de *

Dice Nels Anderson: en los inicios de la ciudad industrial, salir al campo era un acontecimiento excepcional para el urbano pobre ya que sólo los ricos tenían vehículos a caballo propios. Esta situación cambió desde la invención de la bicicleta moderna hacia 1870, que se volvió muy popular. En la historia de la ciudad, la bicicleta fue el primer medio de transporte que permitió movilizar a gran número de personas de bajos ingresos y les posibilitó vivir más lejos de su trabajo, capacitándolos para salir al campo en los días de fiesta.[5]

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transporte conectado con la vida de la calle, con reminiscencias bucólicas frente a los ritmos alocados del tránsito habitual. Entendido como último tramo de un sistema de transporte público, es el vehículo perfecto para la circulación pausada que debe predominar en los tejidos residenciales, articulado con el tránsito rápido de las autopistas, el ferrocarril y el subterráneo.(*) 2. Nuevos lugares para las veredas

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Dice Louis Kahn: “la calle es el primer estar de la ciudad, cuyas fachadas son su rostro y que tiene por techo el cielo”. Las veredas y sus esquinas constituyen espacios de identidad y apropiación social que deben tener cualidades de habitalidad. Las ciudades que mejor se recuerdan, las más convocantes, son aquellas ricas en este tipo de lugares, soporte de espacios intensamente vividos que incitan a la interacción. La vereda es un espacio fundacional de la socialidad urbana, lugar de cruces y encuentros casuales, de compras y paseo, hábitat cotidiano de niños y adultos mayores. Mientras en el espacio público se registra carencia de espacios sociales y recreativos, las veredas residenciales se vacían por los peligros que surgen del tráfico y la inseguridad. En la escala barrial este conflicto puede resolverse atenuando la velocidad de los flujos vehiculares, mejorando la iluminación y equipando las veredas para habilitarlas al uso público. La presencia continua de vecinos habitando la calle coadyuva para crear sensación de seguridad. La calle es el primer ámbito social al que se asoma el niño al salir de su casa. Constituye el espacio natural para la socialización de la infancia, el que contiene la primera etapa de la conexión con el mundo. Un niño que juega en la calle madura con naturalidad.(**) El psicólogo vienés Alexander Mitscherlich señala que “es en la niñez cuando se fijan las vías por las que habrá de transcurrir nuestro comportamiento adulto. Las experiencias tempranas son las que *

En Curitiba, Brasil, el intendente Lerner implementó una variante: los autobuses–vía articulados, que circulan por sendas propias y disponen de estaciones tubulares. La inversión fue cien veces menor que el subterráneo. ** Dice Ulrich Heuber: “en todas las ciudades del mundo se repite la típica expresión paternal: ´no puedes salir solo a la calle´. Las consecuencias sociales son imprevisibles. Un ciudadano al que desde pequeño se le ha grabado que la calle es un territorio enemigo, no tiene mayores posibilidades de desarrollar un sentido cívico y solidario”. [59]


predeterminan el futuro de las personas. Todo relato posterior vuelve a la niñez. A quienes no hayan ejercitado su iniciativa en la infancia les resultará difícil hacerlo en el futuro, si es que consiguen siquiera tener iniciativa”54. Practicar la calle es repetir la experiencia de caminar como primera práctica del espacio público, la del espejo social como primera identificación de sí mismo. La vereda es también el hábitat natural de los adultos mayores. Durante la fase tardía de la vida existen múltiples amenazas contra la autodeterminación, el envejecimiento del cuerpo y los sentidos disminuye la libertad de acción. La transformación de la familia extendida en familia nuclear hace imprescindible que los mayores compensen la carencia de ambiente familiar con salidas al espacio barrial. Las veredas urbanas representan la mayor parte del espacio público peatonal, con una superficie mayor que la de los espacios verdes. Esta apreciación, que pudiera sugerir buenas posibilidades para la instalación de las actividades colectivas, se desvaloriza por su configuración en forma de cinta angosta, sin remansos que posibiliten la instalación de grupos sociales. La incorporación a la vereda de nuevos espacios aptos para las actividades públicas aparece como un recurso prolífico para recuperar el carácter asociativo de la calle. La inclusión de este objetivo en las políticas municipales ejercería un efecto vitalizador para los vínculos barriales. La peatonalización completa de ambas calzadas o la recuperación peatonal de uno de sus carriles pudiera parecer una solución, pero en razón de las dificultades de gestión y los trastornos circulatorios que ocasionan, resultan impensables como estrategia general para la ciudad. De hecho, en la escala del barrio sólo es aplicable en las calles principales del área central.(*) Esta limitación no existen para un propuesta dirigida a la incorporación de nuevos lugares a las veredas en un proceso de acumulación que apunta a crear un sistema de micro-espacios de uso social en todos los barrios de la ciudad. Estos espacios pueden obtenerse a través de: *

Dice el Lincenciado Sebastián Rueda Palenzuela: en la ciudad de Barcelona la reorganización del tejido en súper manzanas representa una propuesta para reinventar el espacio público. Se trata de espacios en cuyo interior la velocidad vehicular se restringe a 10 Km./h. El espacio interno de las súper manzanas se concibe como una “plataforma única”, enrasando la calzada con las veredas. La velocidad de cualquier móvil se acomoda a la velocidad del peatón. Esto supone garantizar la accesibilidad de las personas con dificultades de desplazamiento. La primera característica de la súper manzana es impedir la circulación de paso por su interior, la segunda es establecer una red vial diferenciada para cada modo de transporte.

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– Reglamentar un retroceso de las plantas bajas en los edificios comunitarios a construir o reciclar, incluso los privados. – Negociar con los propietarios de edificios a construir la cesión de sectores de sus plantas bajas a cambio de exenciones en el pago de servicios, mejoras impositivas o permisos para sobrepasar la superficie construible proporcionalmente a la superficie cedida. -Avanzar el cordón de ciertas veredas esquineras hasta el ancho de estacionamiento permitido, 2 mts. para autos en hilera o 4,50 mts. en peine oblicuo. 3. Las tres franjas de la vereda

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Analizando los movimientos que se registran en las veredas se descubre que funcionan en tres franjas paralelas:(*) La primera franja, que incluye el cordón, no es circulable. Su ancho varía entre 1,30 y 2m. Contiene por un lado las instalaciones de borde que funcionan en relación a la calzada, paradas y cola de transporte público, parquímetros, columnas de iluminación, semáforos, señalizaciones viales, estacionamiento de motos y bicicletas y el espacio de apertura de las puertas de los automóviles. Por el otro, un conjunto de elementos vinculados con la vida de la vereda, los árboles con sus canteros, carteleras comerciales, papeleros, teléfonos públicos y puestos de venta de diarios y flores. Esta franja tiene aptitud para el uso social en pequeña escala. Entre árbol y árbol suelen establecerse pequeños grupos de conversación, hay vecinos que instalan sus propios bancos, locales gastronómicos que sacan sus mesas afuera, artesanos que exponen sus trabajos sobre la vereda. La primera franja sólo es ampliable a expensas de la calzada. La segunda franja, la central, constituye un corredor circulatorio que no admite obstáculos ni resaltos en el piso. Experimenta los permanentes conflictos que surgen del doble sentido de la circulación y de las distintas velocidades con que se desplazan los peatones, así como la lentitud de quienes transitan en grupo, los minusválidos y las *

Este análisis no se aplica a otro tipo de tejidos urbanos: Edward Hall señala que personas que han crecido en ciudades de tipo medieval o de tipo romano, se encuentran en problemas cuando visitan ciudades diferentes. Los sistemas europeos cargan el acento sobre las calles, a las que asignan un nombre. En Japón se da nombre a las intersecciones de las calles. Las casas en lugar de estar relacionadas con el espacio lo están con el tiempo. Su numeración se hace en función de la antigüedad, de modo que la primera casa constituye un recordatorio histórico para la población.


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LA VEREDA HABITABLE I Fig. 1 Habitualmente las calles alternan el sentido del tránsito. Respetando el estacionamiento sobre la derecha, una de cada cuatro manzanas, la que se circunvala en el sentido del reloj, permite avanzar 2m la línea del cordón de sus cuatro esquinas sin perturbar el tránsito. Esta posibilidad permite incorporar a cada ochava 50m2 de vereda. // Fig. 2 Ampliación de esquina para uso social. // Fig. 3 Inserción de un pequeño módulo social.


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LA VEREDA HABITABLE II Fig. 1 Ampliación de esquina en calle residencial. Uso social y recreativo infantil. // Fig. 2 Ampliación de esquina en el centro barrial. Uso social y puestos feriales. // Fig. 3 Ampliación de la vereda de un edificio comunitario. // Fig. 4 Conversión de una parada de colectivos en área social.


personas portadoras de cargas. Se suman las imprevisibles detenciones y contramarchas de los paseantes distraídos. En estas situaciones el uso de la franja rebasa hacia las adyacentes, un desborde que no acarrea problemas en las áreas residenciales pero dificulta gravemente la instalación de actividades callejeras en el centro barrial. En las calles residenciales el ancho para la segunda franja puede estimarse en 1,50 m., dimensión que debe al menos duplicarse en las del centro barrial, un problema que sólo puede ser resuelto reduciendo el ancho de la calzada. La tercera franja, adyacente a la línea de edificación, contiene los accesos a las viviendas y los edificios. Denominados “escala de umbral”, estos puntos constituyen la tipología más pequeña y frecuente entre los espacios urbanos de asociación. Albergan instancias sociales tan significativas como la despedida y la llegada de todos los recorridos urbanos. La tercera franja contiene el público de las vidrieras comerciales, exhibición exterior de mercaderías, mesas y sillas de locales gastronómicos, colas de origen diverso, niños jugando y grupos sociales en torno de los umbrales. Su adyacencia con el espacio privado la define como la franja dimensionalmente más promisoria para el enriquecimiento del espacio público, la que permite incorporar los lugares más significativos, cedidos o negociados con las fincas frentistas. Sumando los anchos de la primera y segunda franja resulta una dimensión parecida al ancho total de las veredas habituales. Este hecho deriva en serias dificultades para las actividades de la tercera franja, y perjudica decisivamente el funcionamiento de los centros barriales. En las calles residenciales el juego de los niños abarca las tres franjas. Aunque siempre se puede jugar en la plaza, no es posible imponer a los niños que se diviertan en momentos y sitios predeterminados. El deseo de jugar es espontáneo a cualquier edad, experimentar jugando es el modo natural del desarrollo infantil. Mitscherlich apunta que: “los niños no deben quedar relegados a lugares específicos destinados a sus juegos. Requieren de amplias aceras arboladas en las que puedan corretear, instaladas con asientos para que los ancianos y las madres puedan dialogar cómodamente mientras los vigilan”54. El juego no debe considerarse una función urbana zonificable, es el emergente de un estado de ánimo que debe poder expresarse en

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cualquier circunstancia y lugar, incluso durante la edad adulta. Reducir el juego a zonas preasignadas es inhibir la expresión alegre de la vida. 4. Los puntos sociales de la vereda Todos los lugares que se anexan a la vereda son valiosos. Un pequeño retiro de la edificación constituye un sitio donde las personas pueden detenerse para conversar, al margen de la circulación. Un umbral y su hueco eran el mirador desde el cual Mafalda y sus amigos analizaban el mundo de los años 70. Pero existen lugar, particularmente las esquinas, las paradas de transporte público y los ingresos a los edificios de uso comunitario, que por lo usuales y repetidos deben ser considerados lugares tipológicos del espacio social.

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Como dice el urbanista catalán Manuel Solá Morales, “la ciudad es una red de esquinas para la interacción de personas y actividades. Contra los proyectos que olvidan que el suelo urbano es el mejor patrimonio para la sociabilidad, señalamos la presencia integradora de las esquinas” 144. La esquina es un punto con identidad y nombre propio, determinante para la noción del espacio vivido.(*) Se puede constatar cómo en las esquinas la mera presencia de un punto de apoyo, como el viejo buzón, genera agrupamiento social. Lugar típico de referencia y encuentro, allí “para la barra”. Se trata del ámbito de asociación más incorporado a la cultura del barrio, el lugar natural de las citas y de los cafés más identificados con la historia local.(**) Un conjunto de cualidades espaciales, posicionales e identitarias, unidas a su reproducción en todo el tejido urbano, las ubica entre las categorías más estratégicas para el enriquecimiento del espacio barrial. Desde el punto de vista funcional, la esquina contiene los servicios propios del cruce de calles: semáforos, señalizaciones, columnas de alumbrado, rampas peatonales para bajar a la calzada, etc. El chanfle de la ochava, originado en la necesidad de abrir el ángulo visual en el cruce vehicular, ha generado una ampliación providencial *

“Vine al sur en un tren de carga con tres changos más: el Polaco, el Coya y Germita. Tres reos de esos que nos regala la frecuentación de una esquina, un sentimiento solidario de barriada, la luna, el pucho, los sueños sin salida de la adolescencia”. Jaime Dávalos.

** Testimonio de un poblador de Pocitos, Montevideo. Ariel Gravano: “Veintiuno y Ellauri es la esquina de Pocitos donde siempre hay gente conversando. Alli están el Chez Piñeiro y El Añón. Yo creo que estuve más tiempo en El Añón que en mi casa. Siempre nos íbamos todos para ahí a boludear y de noche lo mismo. Ahí tenes para mi El Añón es como un club.”


de la vereda, factible de ampliar mediante el aporte de los lotes esquineros, desde el pequeño triángulo rectángulo que tiene a la ochava como hipotenusa hasta la cesión casi completa de su planta baja. Casi siempre próximas a una esquina las paradas del transporte colectivo son lugares de convergencia conocidos e incorporados a la vida cotidiana. Funcionan como las puertas del barrio, puntos de arribo y salida de los vecinos hacia el resto de la ciudad, una circunstancia significativa que les confiere convocatoria y las incorpora a la lista de nodos barriales. Extendidas hasta incluir el espacio de la ochava, equipadas con pequeños servicios vecinales (kioscos, bares al paso), y asientos dispuestos socialmente, las paradas pueden dejar de ser anónimos puntos de espera para convertirse en lugares de encuentro, un nuevo tipo entre los espacios barriales de asociación. Los ingresos a los edificios, puntos de origen y destino de los flujos urbanos, representan la articulación del espacio privado con el espacio público. Un espacio amplio y equipado previo al ingreso constituye un aporte pleno de sentido para los edificios de uso colectivo (escuelas, clubes, centros vecinales, servicios públicos). Es allí donde los vecinos/usuarios se encuentran a diario e intercambian ideas sobre el funcionamiento de la Institución. Con frecuencia de estos encuentros surgen propuestas aportadoras. El ensanche del ingreso promueve el diálogo y remarca la significación comunitaria del lugar. Los municipios deben establecer normas para reglamentar un retiro significativo de la planta baja de los edificios de servicios, públicos y privados, a reciclar o construir, dimensionado en base al tipo de actividad y la concurrencia que registren. En el límite óptimo, la mayor parte del nivel vereda de estos edificios pudiera aportarse al espacio peatonal, ubicando sus ámbitos específicos por encima o por debajo de dicho nivel.(*) *

Las puertas de ingreso de los edificios funcionan como válvulas selectoras, en defensa de la vida privada. Este sentido no tiene cabida cuando se trata de edificios de la comunidad, donde el ingreso representa un momento de integración entre sus usuarios. En estos casos, cuando termina lo público y empieza lo privado, se articula una significativa continuidad. Un ejemplo muy claro lo constituyen los ingresos de las grandes estaciones del ferrocarril, donde el espacio exterior fluye libremente hacia el interior. El usuario no experimenta duda alguna respecto de su derecho a ingresar y utilizar el lugar. Con frecuencia, en estos lugares se desarrollan actividades públicas. (Continúa página siguiente)

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Existen otras posibilidades no sistemáticas para la ampliación del espacio peatonal que cuando se presentan en el área central, representan un aporte significativo para todo el barrio. En general se trata de:

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– Terrenos anchos y profundos, con los que el municipio puede negociar la cesión de su sector del centro de manzana y un pasaje lateral para acceder desde la calle. Pueden ser utilizados como patios urbanos para infantil y deportivo. – Terrenos con salida a dos calles en los que puede promoverse la apertura de pasajes públicos, cubiertos o descubiertos, para la organización servicios feriales o comerciales. – Terrenos baldíos, con los que puede gestionarse su anexión, transitoria o permanente, para la instalación de patios urbanos para usos diversos. – Superficies remanentes o prescindibles de la red vial, como rotondas o calles sin salida. Estos lugares suelen transformarse en focos de actividad, capaces de iniciar una fuerte transformación de su entorno, como ocurre actualmente en los aledaños de la plazoleta Cortázar en el barrio de Palermo, Buenos Aires. – Áreas ferroviarias conectadas con el área central, características de los poblados originados alrededor de las estaciones, hoy convertidos en barrios de la ciudad extendida. Pueden reciclarse como sectores particulares del centro, inclusive sus andenes, programados para la instalación de comercios y servicios congruentes con el servicio ferroviario. 5. La atenuación del tránsito barrial El tránsito pasante representa el más problemático de los conflictos locales. Se produce cuando el creciente congestionamiento presiona a los conductores a la búsqueda de rutas alternativas. En esa circunstancia el tráfico de las avenidas principales desborda sus cauces y se disemina en los tejidos residenciales. En las grandes ciudades de trazado radial, como Buenos Aires, los conflictos se agravan a medida que disminuye la distancia al centro (Viene página anterior) Este rasgo ha dado origen a una estética del espacio interior aplicada a los edificios de la comunidad, entendidos como expansiones de la calle. Importantes arquitectos del último cuarto del siglo XX, Aldo van Eyck, Hermann Hertzberger, Lucien Kroll y otros, han desarrollado y aplicado este enfoque para la arquitectura pública.


urbano. Ante la dimensión que pueden asumir estos congestionamientos se intentan soluciones que suelen terminar en meros retoques al sentido del tránsito. Es sabido que las soluciones de fondo se encuentran en la escala urbano-regional y que requieren continuidad y voluntad política. Es forzoso descentralizar el centro administrativo de la ciudad, restringir el uso del automóvil privado, mejorar los sistemas del transporte público y conformar una red regional de ferrocarriles, sin cruces a nivel. En el interior barrial, cualquier conflicto entre vehículos y peatones debe dirimirse desde el postulado de la prioridad peatonal. La seguridad de la vida pública no puede quedar comprometida en ningún momento. Los conductores deben tener constantemente la sensación de transitar una zona que les es ajena y donde sólo son tolerados. Para lograrlo los barrios deben dejar de ser permeables al tránsito pasante desalentándolo con medidas que lo recanalicen hacia las avenidas y, como máximo, hacia la primera calle paralela. Debe limitarse decisivamente la velocidad en el interior barrial, no solo con carteles viales sino implementando desvíos que perjudiquen los itinerarios pasantes, imponiendo rodeos y prolongando los recorridos. Las formas de lograrlo apuntan a invertir el sentido circulatorio en determinados tramos de calles y disponer el estacionamiento en peine oblicuo, alternando el cordón de apoyo, para obligar el zigzagueo y sostener la atención del conductor. Es necesario demarcar con claridad los puntos de ingreso a las áreas barriales. Más allá de los carteles viales los conductores deben percibir sensorialmente el momento de entrar, a partir del cual pierden toda prioridad. En sentido inverso, la demarcación recuerda a peatones y ciclistas que están abandonando la zona segura. Hay que recurrir a mojones u otros elementos físicos y al cambio de imagen de la calzada, diferenciando el piso del sector de ingreso y dibujando franjas transversales en todas las calles internas. Los expertos consideran que es difícil predecir con certeza el comportamiento del tráfico pasante, por lo que aconsejan que las reformas incluyan una etapa de prueba hasta que transcurra el período de habituación. La clausura definitiva de ciertas intersecciones de bajo tránsito es un recurso, que aporta un valor adicional: la posibilidad de instalar pequeñas plazas vecinales en el cruce clausurado (v. Plazas de cruce, Cap. VIII).

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El tránsito interno del barrio debe atenuarse. A 40km por hora el conductor se desconecta de la vida de la calle, no percibe el lenguaje de los gestos y las miradas, no puede usar la palabra ni anticipar las circunstancias repentinas. No tiene tiempo para interpretar la aparición de una pelota picando sobre la calzada. Dice Pinillos, “la conducta de quien maneja es un juego de reflejos adquiridos. La luz verde desencadena unas reacciones psicomotoras, las rojas otras. Este sistema de señales mecaniza la conducta del conductor, igual que un tren de montaje lo hace con los obreros. A cierta velocidad el bombardeo estimular desborda su capacidad perceptiva y convierte su campo visual en un caleidoscopio incesantemente activo, que le exige una atención constante”60. Desde la puesta en marcha, el conductor debe sentirse un guardián de la seguridad pública, convenientemente prevenido contra el “virus de la pedalera”, ese mal que se adueña de quien pisa un acelerador. Sólo bajo esta condición el automóvil puede compartir la calle con la vida peatonal. No se deben sobrepasar los 20 km por hora, la velocidad con la que buscamos un lugar para estacionar junto al cordón. Una rebaja de 40 a 20 km por hora adiciona 20 segundos por cuadra, pero evita frenar y permite conducir casi sin embragar, con lo que se eliminan buena parte de los ruidos y gases de combustión. El automovilista también llegará a destino si se comporta lenta y socialmente. Las campañas educativas y la vigilancia de la propia población juegan un rol fundamental para implantar el hábito de conducir lentamente y ceder prioridades. La señalización vial como único recurso ha tenido poco éxito, las multas son escasamente efectivas y los controles excesivamente costosos. El conductor es inercial y tiende inconscientemente a ignorar las limitaciones, respondiendo de manera refleja a la impresión que le produce la calzada. La percepción visual es lo que desempeña el papel principal para la elección de velocidad. Para controlar este efecto, es importante interrumpir los tramos largos y abstenerse de marcar carriles viales porque se asocian con vía rápida. Las visuales largas deben ser cortadas por un ritmo de líneas transversales.


· VII · PRESERVACIÓN AMBIENTAL DE LA CALLE

1. Protección de la identidad En una era de cambios en la que se diluyen los lazos culturales con el pasado, existe el gran peligro de la pérdida de raíces. Hoy, la demolición indiscriminada y la producción de edificios que ignoran y pervierten el entorno atenta contra las identidades y la existencia misma de las comunidades barriales. Como dice Amos Rapoport “especuladores y diseñadores manipulan las imágenes para ajustarse a las aspiraciones de grupos particulares”. El pragmatismo mercantilista señala como redituables estas inversiones.(*) El espacio vivo se asienta sobre la memoria del espacio vivido. No se puede destruir desaprensivamente el marco físico en el cual otros habitan, el que contiene las raíces de su arraigo. Los significados histórico-ambientales son vitales para sostener la identidad comunitaria. Los emprendimientos inmobiliarios no tienen el derecho de violarla. El tratamiento del espacio es uno de los medios para expresar la identidad. Los antropólogos reservan el término “lugar antropológico” a esta construcción concreta y simbólica del espacio al cual se refieren todos aquellos que habitan un lugar. Aldo Rossi denomina “locus” a aquella relación singular que existe entre las construcciones y la vida de un lugar. Tanto la ciudad como el barrio contienen el locus impreso en la memoria colectiva. Esta memoria debe considerarse como punto de partida para orientar el desarrollo a futuro de un espacio urbano entendido como hábitat.

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“Siempre dije que Pocitos es un conventillo de lujo. Este mismo edificio de afuera es lujoso, pero mira para afuera por las ventanas de atrás y es una mierda, todo despintado, revoques que se caen, ropa colgada. De afuera todo está bien, porteros con uniformes, portones automáticos, pero entrás y apenas un chorrito de agua, el ascensor no funciona y la ropa secándose en el baño. Testimonio poblador de Pocitos, Montevideo. Ariel Gravano.

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La identificación de cada sector urbano con su arquitectura es inmediata. Como dice Rob Krier, “el espacio callejero funciona socialmente cuando se lo reconoce como lugar principal de la vida peatonal. Sus significados pueden ser altamente perturbados cuando se desprecian las calidades estéticas de la construcción existente, cuando no se armonizan las fachadas opuestas y no se adecuan y equilibran las escalas nuevas con las anteriores” 41. Este enfoque está mayoritariamente aceptado por los arquitectos. La cuestión radica en defenderlo, o resignarlo adecuando el diseño a los requerimientos inmobiliarios que los presionan hacia la espectacularidad y el sometimiento del entorno. La solución debe provenir de las normativas municipales. Los códigos urbanos deben incluir un protocolo de diseño y preservación, que establezca los criterios profesionales para asegurar la ligazón de lo nuevo con lo viejo. Estas reformas deben ser suficientemente informadas a través de la difusión y el debate barrial y ser acompañadas por una campaña educativa para hacer comprender su sentido.(*) Los datos que definen el carácter local deben ser descubiertos, protegidos y puestos en valor. Se trata de bienes tan frágiles como vitales para la vida comunitaria. Calle por calle, barrio por barrio, deben identificarse las preexistencias arquitectónicas, escultóricas y espaciales. El análisis no se reduce solo a los edificios y monumentos, incluye las alturas y las formas predominantes, tomando en cuenta estilos, colores, proporciones, materiales, veredas, forestación y luminarias. También los objetos urbanos y los espacios identitarios, más allá de los eventuales reparos estéticos que puedan merecer. Cuando se trata de construir sectores urbanos “a nuevo”, sin mayores referencias ambientales, debe tenerse en cuenta que la gente *

Se reproducen algunos objetivos y metas ambientales extraídos del Plan de Desarrollo para Bogotá 2008/2012: Educación ambiental: – Capacitar 6000 personas en temas ambientales, formar mil líderes ambientales. – Aprovechar la ciudad como escenario de aprendizaje a través de expediciones pedagógicas escuela-ciudad. – Educar para preservar, conservar y saber usar. Vincular 200mil personas a procesos de formación ambiental en los espacios administrados por el sector de ambiente. Mejoramiento ambiental: – Impementar un plan distrital de arborización urbana – Evaluar técnicamente 135.000 árboles en este período. – Plantar 100.000 nuevos arboles mantener 300.000 árboles. – Sembrar 35.000 m2 de jardines y mantener 105.000.


es portadora de cultura, particularmente de una memoria del espacio vivido cargada con imágenes y evocaciones de su vida. El recuerdo de los ámbitos que fueron cotidianos subyace en la mente de todos y conforma el marco espacial de nuestra identidad. Fue la omisión de estos significados, lo que determinó la ajenidad de las configuraciones urbanas del Movimiento Moderno y su falta de eficacia para promover la integración social y el arraigo de sus poblaciones. Son indiscutibles las influencias que han tenido sobre el urbanismo de los últimos años las reivindicaciones y propuestas ciudadanas. La revalorización de los lugares identitarios y la incorporación de objetivos ambiéntales deben mucho a estos movimientos. 2.

El ambiente barrial y la arquitectura destacada

Dice el arquitecto Peter Eiseman: “los clientes me buscan para que les proyecte edificios que no se parezcan a ningún otro antes construido”145. El mercado es enemigo de los ambientes barriales. El deseo exacerbado de individualidad, un producto cultural del liberalismo, ha dado como resultado la denominada “arquitectura del espectáculo”, donde cada edificio compite contra todos los que lo rodean por protagonizar el lugar. La tendencia es global y generalizada. Gilles Lipovetsky señala que “la búsqueda del estrellato no proviene de la arquitectura. Las ‘stars’ están hoy por todas partes, directores de orquesta, cocineros, deportistas, hombres políticos, arquitectos e intelectuales. Esa espectacularización se dirige al consumo de masas. En cualquier campo se buscan las ´stars´ y se siguen sus vidas como si fueran espectáculos”47. Ésta arquitectura concibe el espacio público como un plano de apoyo para la exhibición de sus edificios, una feria de vanidades.(*) “Piénsese, –dice César Pelli– en los arquitectos más conocidos, como Frank Gehry, Renzo Piano, Norman Foster y Rem Koolhaas. Cada uno está siguiendo su propio juego de formas. Se construyen muchos buenos edificios, que capturan el interés de la gente, que son hermosos, pero hay muy poca preocupación por hacer ciudad. Casi todas estas obras son una cosa singular, individual, cuanto más diferente mejor”146. *

En los debates del Forum 2004 de Barcelona, la realidad de un puñado de arquitectos rutilantes que siembran el mundo de objetos descontextualizados y escenográficos, despertó un rechazo unánime. Se expresaron fuertes críticas a la banalización de la ciudad, que tiende a transformarse en una colección de objetos arquitectónicos de autor, sin conexión vital con sus espacios públicos.

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Desde el punto de vista empresario, el recurso a estudios internacionales justifica el mayor costo de sus edificios porque prestigia la corporación y abrevia los procesos de gestión. La fama de sus autores se impone como un argumento contra posibles reparos de los vecinos o los planificadores urbanos.(*) La mayor parte de estos edificios se destina a oficinas y viviendas, dos funciones típicas y repetidas en el tejido urbano que, constituyendo la mayor parte del parque construido, no tienen por qué asumir protagonismos simbólicos, que sí corresponden a otros edificios más significativos por su contenido histórico, social o institucional. Los edificios de altura que se elevan directamente desde la vereda corrompen la escala barrial. En muchas ciudades del mundo las torres están mereciendo el rechazo de la población. A su pie, de no mediar un basamento que recupere la escala de la calle, el espacio público queda vaciado e inclemente. Dado que estos edificios están concebidos para obtener el mayor rendimiento de su valioso terreno, vale remarcar que el rechazo no surge de la llegada de nueva población sino de la destrucción del ambiente local. Es un hecho comprobado que cuando las torres están retiradas de la vereda, nacen de basamentos que respetan la escala local y aportan nuevos lugares al uso público, ganan la aceptación de la gente. 3. Preservación del perfil de la calle barrial La calle tiene una altura, un límite virtual definido por las copas de los árboles y por el perfil superior de las fachadas, dos rasgos fundacionales de la escala local. Asegurar la continuidad y regular una altura máxima para la edificación es el punto de partida para cualquier sistema normativo con miras a la preservación ambiental del barrio. La altura de las construcciones nuevas debe ser homogénea con la de los edificios existentes, en el orden de los 10 a 13 metros, una dimensión límite para los edificios de vivienda colectiva sin ascensor. Los criterios que determinan la homogeneidad deben reglamentarse para cada sector que constituya una unidad perceptual: las áreas residenciales, los entornos de las plazas, los espacios históricos y el centro barrial. *

Dice Rafael Viñoly: “Toda la historia de la arquitectura está hecha de intervenciones que han costado más de lo que costaría un edificio común. Los edificios que han constituido lo que el público y la crítica consideran arquitectura han costado en promedio más del 50% y en algunos casos hasta el doble de lo que se debería considerar su precio base”. [147]


VISIÓN PEATONAL

Donde se requiera elevar la densidad habitacional podrá superarse la altura de la calle con las siguientes condiciones: 1º retroceder no menos de 6m toda construcción sobreelevada para sustraerla de la visión peatonal y no afectar el asoleamiento de la calle. // 2º No sobrepasar un plano límite determinado por la visión de un peatón que, respaldado en la fachada de enfrente, mira el borde superior del basamento. Para calles tradicionales de 17,32 m de ancho y una altura de fachada estimada en 10m, el plano límite se eleva 1m cada 2m horizontales. Para un edificio de 25m de fondo los niveles superiores representan un 60% de superficie cubierta adicional.

TRAZADO DEL PLANO LÍMITE

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Donde se requiera elevar la densidad habitacional, los nuevos edificios deben receder los niveles que superen la altura de la calle en la medida necesaria para desprenderlos del basamento y no afectar el asolamiento de la calle. Al respecto se sugieren los siguientes criterios normativos:

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– Materializar un basamento sobre la linea de frente en todo el ancho del terreno, para asegurar la continuidad de las fachadas. – Receder el arranque de los volúmenes sobreelevados a no menos de 6m. de la línea de frente. – Limitar el perfil de sus niveles sobreelevados mediante un plano de referencia que, partiendo del filo superior del basamento, se eleva en forma oblicua hasta la altura máxima permitida. Para un ancho de calle habitual (17,32 m entre líneas municipales) el plano límite se eleva medio metro por cada metro horizontal, pendiente que se propone como el máximo permisible. Un peatón respaldado sobre la fachada de enfrente no debe divisar los volúmenes que sobrepasan el basamento. – Las construcciones complementarias pueden sobrepasar el plano límite, a condición de separarse de las medianeras no menos de 3 m y no ocupar más de un tercio del ancho del terreno. 4. Aprobación municipal de las fachadas ¿Los frentes de los edificios son propiedad privada o deben responder al interés público? Las fachadas, entendidas como límite exterior de los edificios, son los planos contenedores del espacio público, al cual definen de la misma manera como lo hacen hacia adentro con los espacios interiores. El diseño exterior de los edificios debe compatibilizar la iluminación, las visuales y el control climático del espacio interior con una inserción armónica en el entorno. Es necesario revisar la actitud descomprometida que lleva a los municipios a aprobar sin reparos todas las fachadas que se les presentan, incluso las más descontextualizadas, estableciendo los criterios de referencia para cada sector del barrio.(*) * El 20 de mayo de 1904, el diario La Nación informaba: “La intendencia ha promulgado la ordenanza sancionada por la comisión municipal referente al pintado y blanqueo de los frentes de los edificios en el radio comprendido por las calles Paseo Colón, Paseo de Julio, Ribera del Río de la Plata, Caseros, Ribera, Canning y Rioja, dentro de la cual es prohibida la existencia de ningún edificio pintado, ya sea al óleo o a la cal, con los (Continúa página siguiente)


No se trata de imponer criterios miméticos ni de coartar creatividades, sino de reconocer la existencia de un patrimonio cultural del que dependen la identidad y el arraigo comunitarios. Es ampliamente deseable enriquecer el entorno mediante formas e imágenes creativas con la condición de que resulten compatibles con la identidad del lugar. Los proyectistas deben poder optar entre acatar las normativas o someter su propuesta contextual a la aprobación de un jurado vecinal-municipal que, en su presencia y con su intervención, decidirá su aceptación o rechazo. La documentación técnica requerida para obtener permisos de obra debe incluir al menos dos imágenes del proyecto montadas sobre fotografías del entorno, tomadas a nivel peatonal desde direcciones opuestas. Los edificios públicos y los de uso comunitario deben ser excluidos de estas normas. Se trata de edificios significativos que deben ser remarcados como hitos que estructuran los itinerarios urbanos. 5. Otros rasgos a preservar ·107·

El arbolado y los solados de veredas son definitorios para la identidad de la calle. El arbolado, más allá de su valor ecológico y de la protección climática que depara, caracteriza visualmente el espacio público por el color y la estacionalidad del follaje, el tamizado de la luz, la forma, altura y densidad de las copas, el color de las flores y las características de los troncos. Es frecuente que, por equívocas razones de conveniencia personal, los frentistas eliminen los árboles de sus veredas. Se trata de un grave atentado contra el patrimonio colectivo, la destrucción de un rasgo trascendente de la identidad barrial, trabajosamente configurado a través de décadas de crecimiento, atendido por varias generaciones de jardineros municipales. Un acto vandálico e irresponsable que debe ser enmendado a expensas del trasgresor, reemplazando de inmediato el árbol eliminado por otro con el mayor desarrollo posible, más allá de las multas y acciones penales que correspondan. Las (Viene página anterior) colores rojo, azul, amarillo y verde, debiendo ser colores bajos o apagados, no estando comprendidos las ventanas y contramarcos de las vidrieras de las casas de comercio. Cada infracción a esta ordenanza, será penada con una multa de $50.”


construcciones nuevas no deben habilitarse si sus veredas no presentan el número y el tipo de árboles estipulados por las normativas. El control y la protección del arbolado deben descentralizarse al nivel barrial para asegurar la detección rápida y la reparación inmediata de cualquier acción depredatoria. Las veredas forman parte del primer plano de la visión peatonal. De ahí su importancia en el paisaje urbano. Históricamente, las normas han tendido a la unificación de todas las veredas urbanas, sin advertir que igualar las áreas residenciales con las centrales y las plazas, constituye un prejuicio simplificador. La exaltación de las diferencias entre cada sector del barrio enriquece y estructura su comprensión. Los controles municipales no parecen haber tomado nota de esta significación, visto que, pese a la existencia de normas al respecto se tolera que los propietarios frentistas definan sus veredas a gusto y capricho.

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· VII · INTENSIFICACIÓN DE LA PLAZA BARRIAL

1. El concepto de plaza La vida de los individuos se condensa como vida comunitaria en las instituciones barriales y en el espacio público. La plaza es el espacio primigenio, el más antiguo y cotidiano de los ámbitos de uso colectivo, escenario principal de la historia de las sociedades. Originariamente, resulta de la agrupación de viviendas alrededor de un espacio común con tendencia a la forma circular, una configuración grupal tan antigua como la especie humana.(*) Como todo escenario, la característica más intrínseca de la plaza es su aptitud para contener las actividades y acontecimientos más diversos y cambiantes. La cultura liberal, que percibe la vida comunitaria como parte de un pasado sepultado por la era tecnológica, no concibe la plaza como un ámbito de actividades y convergencia colectiva sino como un espacio de arte connotado por el carácter bucólico de los parques.(**) El parque y la plaza barrial son esencialmente diferentes. Todos hemos vivido el mágico encanto de un parque solitario, en contraste *

Una plaza circular hundida de 12 metros de diámetro fue descubierta en el complejo arqueológico Sechin Bajo, al noreste de Lima. Con 5500 años, sería la edificación mas antigua de Perú, más antigua que las de la Mesopotamia, Egipto y China. Según el Arqueólogo Peter Fuchs, director de la investigación, fue construida con piedras y adobes rectangulares y habría servido de punto de reunión para sociabilizar. [149] La centralidad circular es mucho más que una configuración creada por el homo sapiens. La repiten muchas especies biológicas y predomina en las macro y micro estructuras físicas de la materia. Fue tan habitual para el agrupamiento de las comunidades prehistóricas alrededor de la hoguera, como lo es hoy en los recintos parlamentarios. ** Dice la arquitecta Sonia Berjman: la plaza es un jardín, un jardín es una obra de arte. La percepción y el goce del arte del jardín está en nuestras plazas al alcance de la mano, en la cotidianeidad de nuestras vidas. Las cruzamos al dirigirnos a la parada de transporte o para ir a la escuela. ¿Por qué a La Gioconda la cuidamos con un vidrio de seguridad y una guardia y no cuidamos a nuestros jardines, nuestros oasis de relax en el desierto construido?

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con la sensación de soledad con que nos recibe una plaza vacía. El parque es reposo y la plaza es actividad. El parque remite al paisaje natural y la plaza a un paisaje arquitecturizado. Mientras los parques satisfacen el vivo deseo de naturaleza que experimenta la población urbana, las plazas de barrio representan el espíritu de un patio colectivo. En palabras de Roberto Doberti, “el uso evocativo de la naturaleza, el ideal romántico del goce bucólico en las plazas, es inevitablemente conflictivo. El diseño natural en una plaza urbana no pasa de remedo alegórico.”

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Lo que mejor define el rol de la plaza barrial es la multiplicidad de acontecimientos que se superponen y suceden en ella, un espacio de libertad para las actividades del tiempo libre. La intensificación de estas actividades demanda un importante incremento de los pisos secos, en desmedro de los suelos sembrados.(*) Esto no significa erradicar la vegetación, sino restringirla en el nivel del terreno para desplegarla con plenitud a la altura de las copas de los árboles. Su rol como pulmón verde debe mantenerse, porque forma parte de la imagen de plaza más enraizada en la población y también porque, en esta era de amenazantes desequilibrios ambientales, la visión ecológica representa un principio ético que debe constituirse en política de Estado, en línea con el clamor mundial por la salvación del bioma planetario. En la plaza medieval, más que en el ágora griega, es donde se puede encontrar el paradigma histórico de la plaza entendida como centro de la vida colectiva. Ocupando un vacío en el tejido urbano y flanqueada por edificios significativos para la comunidad, albergaba una intensa vida colectiva. En el mercado ferial, su actividad característica, se intercambiaban los servicios y entretenimientos populares. Una fuente, muchas veces transformada en obra de arte, dignificaba el lugar y proveía agua para la población y el mercado. Durante las fiestas y los días de feria desbordaba animación (de ahí la palabra feriado). Diversos grupos humanos rodeaban a los artesanos, escribas, *

Dice Toni Puig: “en Barcelona, las plazas públicas de piso duro creadas por Oriol Bohigas resultaron polémicas. Se requerían plazas que faciliten la conectividad. La apuesta fue por el pavimento continuo, ideal para el encuentro, la relación y la fiesta sin ornamentaciones superfluas y con mobiliario urbano actualizado. Naturalmente suscitó las críticas de los nostálgicos de los parterres floridos con céspedes imposibles de mantener, pero la ciudad empezó a respirar y aprendió a no retroceder ante las críticas historicistas decorativistas” 61


narradores, juglares y titiriteros. Era centro de información y punto de encuentro, ámbito de los bandos y las proclamas. Toda la vida pública, incluso la ejecución del reo, se concentraba en la plaza. Todo cambió con el advenimiento de la sociedad palaciega. La plaza barroca, pensada para la cultura cortesana y concebida como un espacio de arte esculpido por las tijeras de los jardineros, resumió en solo dos funciones su nuevo sentido: contemplación y paseo. Este sentido fue mantenido luego por la burguesía liberal, enajenada por la exaltación de un status que se expresaba imitando las maneras de la corte. Solo los monumentos monárquicos fueron sustituidos por los republicanos, más representativos de la ideología de la época.(*) Sin pretender una definición absoluta de plaza barrial, es fácil coincidir en dos patrones principales: uno funcional, consistente en la configuración de los lugares necesarios para las actividades del tiempo libre de todos los habitantes del barrio; Otro paisajístico, respetuoso del generalizado deseo de forestación propio de una población condenada a transitar sus días entre las duras masas prismáticas de los edificios. La democrática plaza barrial se sintetiza en la imagen convocante de una manzana urbana profusamente arbolada, sabiamente organizada y fuertemente equipada para el uso cotidiano de todos los grupos etarios del barrio. 2. El funcionamiento de la plaza barrial Tres grupos de edad utilizan habitualmente la plaza barrial: los niños, que requieren áreas de juego separadas en relación a sus desarrollos madurativos; los adultos de mayor edad, que permanecen en el barrio la mayor parte del día, y los adolescentes y jóvenes, un grupo que también requiere amplios espacios deportivos que trascienden la escala de la plaza. Las actividades de la plaza barrial son grupales e individuales, diurnas y nocturnas, espontáneas y organizadas. Sus programas habituales *

En los inicios del siglo XVII, los espacios públicos de Buenos Aires, aunque casi virtuales, ya existían. La plaza mayor funcionaba como mercado abierto y punto central del intercambio económico y social de la comunidad. La Catedral no era más que un rancho grande que debía ser reconstruido una y otra vez. En el siglo XIX los parques y plazas jugaron un importante papel. Era necesario crear en distintas partes de la ciudad espacios para la nueva burguesía. Estas plazas se construyeron hacia fines del siglo y hoy constituyen la mayor parte de los espacios abiertos de la ciudad. [66]

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EL CONCEPTO DE PLAZA BARRIAL Fig. 1 Pensada para la cultura cortesana y concebida como un jardín de arte, la plaza barroca redujo sus funciones a contemplación y paseo. // Fig. 2 La democrática plaza barrial organiza todo el espacio disponible para las actividades del tiempo libre. El piso verde disminuye sustituido en parte por solados transitables, pero el arbolado se mantiene en su totalidad. En el caso de la PPC (Plaza Centro Comunitario) un reducido edificio esquinero refuerza la plaza con otras funciones comunitarias. (Ver pág. 119)


incluyen sectores de juego, solario y lugares sociales de encuentro y reposo. También un área seca para convocatorias políticas, artísticas y festivas, dotada de un escenario apto para representaciones, recitales y cine. La plaza es también un ágora, el ámbito natural de las convocatorias colectivas. Es allí donde el diputado se encuentra con sus representados para informar sobre su trabajo y discutir los episodios de su representación. Como ámbito de salida de las instituciones locales al espacio comunitario debe ofrecer lugares grupales para la educación no formal y para exhibiciones de las escuelas y talleres del barrio.(*) Este micromundo requiere el apoyo de un sector de servicios, incluyendo baños públicos, un bar o kiosco con área de mesas exteriores, un depósito de útiles y los elementos requeridos para las actividades de la plaza. También una oficina para el personal. Si vemos las plazas como un espacio de servicios para el tiempo libre, resulta evidente que requieren personal a cargo. Aceptar esta realidad implica reconocer la necesidad de un presupuesto, no sólo para las tareas de mantenimiento, sino también para asegurar la organización y la atención de sus actividades. Esta responsabilidad no puede ser retaceada en atención a su costo, que por lo demás, se reduce cuando la atención de la plaza se implementa con el vecindario.(**) El barrio puede ser el mejor proveedor de personal, particularmente los vecinos de la tercera edad, motivados por su propio arraigo y su conocimiento de la red social. Asignar a cada plaza un carácter temático propio dotándola de una función no convencional, atractiva y bien desarrollada, aporta un plus a su valor de uso. Nos referimos a una actividad identificatoria, que la *

Como señala la educadora María Teresa Sirvent, todas las áreas de la vida cotidiana se tornan en espacio educativo. El espacio público, en particular las plazas, cumple un rol importante en las actividades de la educación no formal, una concepción totalizadora que abarca tanto la escuela como los tiempos y espacios existentes más allá de la misma. Se basa en la educación como derecho y necesidad durante toda la vida. Sus actividades están vinculadas con el funcionamiento de múltiples talleres participativos (artes, oficios, organización comunitaria) en lugares adecuados del espacio público, fuera de los horarios escolares y laborales. ** Juan Carlos Piccardo, reciente Ministro de Espacio Público de GCBA, expresa la visión liberal centrada en la seguridad y la buena imagen: “no se puede invertir dinero en reparar plazas y luego no mantenerlas. La idea de recuperar los guardianes es para tener un control permanente del lugar. Elegimos hombres y mujeres de más de 30 años porque los guardianes deben dar imagen de respeto, con potestad de labrar infracciones”. [150]

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haga recordable y la convierta en un lugar de destino para los paseos interbarriales. Las posibilidades son numerosas y están abiertas: un carrusel bien equipado, un palomar, un sector con juegos de agua, un circuito aeróbico con espacios de salud(*), un área con fogata para reuniones o peñas nocturnas, una imaginativa pista de skate, un sector elevado para instalar rampas de juegos. La especialización fortalece la convocatoria de la plaza, refuerza su valor identitario y motiva el orgullo local. Extendiendo el criterio a todas las plazas urbanas se multiplicarían las opciones de paseo que la ciudad ofrece a sus habitantes. 3. El equipamiento mobiliario

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La noción de mobiliario se refiere al conjunto de elementos que permiten que las personas y los grupos aniden en un lugar. La comodidad condiciona la permanencia en la plaza, al punto que los propios vecinos suelen traer sus muebles plegadizos cuando proyectan quedarse un tiempo prolongado. Amoblar el espacio público tiene la misma significación que hacerlo con los ámbitos interiores. Las insuficiencias del mobiliario y las fallas en su disposición se traducen en distintas incomodidades, que conspiran contra el éxito de la actividad y desalientan su reiteración. Es evidente que la conformación de grupos sociales no se promueve alineando bancos en hilera, los seres humanos dialogamos de frente. Los asientos deben reproducir las mismas disposiciones que se utilizan en los espacios de estar, algunos pensados para el reposo y otros en torno a mesas de diferentes alturas y tamaños, aptas para juegos, meriendas, trabajo y estudio. También espacios para grupos de 20 o 30 personas. La calidad ergonómica de los asientos es decisiva. Un banco con respaldo es mucho más retentivo que un cordón de mampostería. Su mensaje es “ponte cómodo y quédate”. La proximidad promueve la comunicación, los grupos se sienten contenidos cuando el área que ocupan está delimitada y sus dimensiones no resultan excesivas. Es conocido que una reunión *

Los espacios para la salud están equipados con diferentes aparatos para mantener la forma y prevenir dolencias. Una tendencia de origen chino actualmente muy extendida en Occidente.


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EL MOBILIARIO PARA LA SOCIALIDAD Fig. 1 Agrupamientos con mesas moduladas. Las insuficiencias del mobiliario y las fallas en su disposición conspiran contra las actividades desalentando su reiteración. La calidad ergonómica de los asientos es decisiva. // Fig. 2 Organizaciones sociales con bancos de plaza. Las relaciones sociales no se promueven alineando bancos en hilera. Los agrupamientos deben reproducir las mismas disposiciones que se utilizan en los espacios de estar, organizando conjuntos para dos, cuatro, ocho y más personas. // Fig. 3 Organizaciones sociales anexas a bancos continuos. // Fig. 4 Organización en gradas para reuniones de 30 personas, con panel frontal. Diámetro interior 2m.


languidece en un ámbito sobredimensionado y se estimula en uno más ceñido. La eficacia de cada lugar depende de su adecuamiento dimensional. Un gran espacio vacío es difícilmente apropiable. Como señala Claude Morel “demasiado espacio vacío representa una inhibición al uso. Hay que pensar en la gradación y en la limitación de los lugares. Los pequeños espacios han dado ciertamente los mejores efectos en el sentido de medir la representación de sus actividades”.

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Los programas de necesidades deben incluir indicaciones cualitativas y cuantitativas acerca de los amoblamientos e infraestructuras necesarias para cada actividad: tipos de asiento, planos de apoyo, juegos para niños, jóvenes y adultos, bebederos, papeleros, carteleras de comunicación, teléfonos públicos y artefactos de iluminación. También los requerimientos en materia de redes sanitarias y conexiones comunicacionales. Para facilitar el montaje de instalaciones transitorias se deben prever anclajes para estructuras que pueden durar un día (ferias francas o recitales), pocos días (exposiciones y muestras) o varios meses (instalaciones relacionadas con la estacionalidad). Los lugares sociales de la plaza requieren protección del sol en verano y del viento y el frío en invierno. Si bien en el centro y norte de nuestro país, estas necesidades no exceden la generación de sombra, en las ciudades patagónicas y cordilleranas es necesario recurrir al uso del vidrio o del film para instalar recintos asoleados, calefaccionados y protegidos del viento. 4. Zonificación de las actividades Facilitar la apropiación de los lugares de la plaza supone fragmentarla sin perder por ello la sensación de unidad. La lógica funcional indica que las áreas reposadas y las que requieren más privacidad ocuparán los espacios centrales, mientras que las de mayor movilidad y bullicio se relacionan con los espacios de borde. En general se trata de los siguientes sectores: – Tres áreas de juego, distintas e independientes entre sí, una para la primera infancia, otra para niños en edad escolar y una tercera para adultos mayores. Las dos primeras incluyen juegos de maduración o destreza adaptados a cada edad, pista de patinaje y circuito de triciclos. La tercera, juegos de mesa y canchas de bochas o tejo.


– Una o más áreas de estar, algunas con mesas de diferente tamaño para colaciones, trabajo y juego. Incluyen lugares soleados y de sombra y un sector protegido de la lluvia. – Un área de usos múltiples para actividades con público numeroso, fiestas, espectáculos o asambleas. Incluye escenario y asientos. – Un área solario diseñada para evitar su ocupación por juegos de pelota. – Un puesto de aprovisionamiento de bebidas y colaciones, atendiendo un área exterior con mesas y sombrillas. – Diversos y pequeños lugares de reposo al sol y a la sombra, distribuidos a lo largo de los caminos internos y la vereda perimetral de la plaza. – Una red interna de paseo, conectando las áreas principales con otras sin asignación funcional, pensadas para las formas colectivas y espontáneas de juego infantil.(*) El trazado de la red debe tener en cuenta las diagonales de la plaza, recordando que los peatones de paso tienden a acortar camino, trasponiendo los obstáculos que se les opongan. – Las veredas perimetrales responden a un doble programa. El que proviene de las actividades de la calzada, como las áreas de detención de buses con servicios municipales circulantes (bibliotecas, campañas educativas) las paradas de colectivos y taxis y el que sirve a la vida del paseo peatonal popularmente bautizado “vuelta del perro”. – Las esquinas de la plaza son sus puntos de acceso desde el entorno barrial que funcionan como sitios de cita y encuentro. Incluyen asientos, bebedero, símbolos identificatorios, carteleras de información, kioscos, cabinas telefónicas y mástil. La sustitución de pavimento de las calzadas perimetrales por otro de connotación peatonal enrasado con las veredas constituye un aporte para todo el barrio, más allá de las restricciones que se establezcan para el tránsito vehicular. En los días y horarios para peatones, cuando las calzadas quedan disponibles para las mesas y sombrillas de los cafés, las grandes ferias, competencias deportivas o desfiles, la plaza barrial se asemeja a la tipología de “plaza reclusa”, *

Relata el pedagogo Francesco Tonucci que “en Barcelona me dijo una niña: ´en la plaza todo está en el mismo nivel, no hay dónde esconderse.´ Esto es casi una denuncia. ¿Qué piensan los arquitectos cuando piensan en los niños? ¿No recuerdan que era importante esconderse, jugar, buscar lugares que permitan imaginarlos de otra manera? Hoy que sabemos todo sobre los niños, los estamos ignorando. Los espacios infantiles se siguen pensando desde la lógica y los valores de los adultos”. [151]

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un modelo que ha proporcionado los mejores espacios públicos de la historia de las ciudades. 5. El entorno de la plaza

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El espacio de la plaza no está definido por sus veredas, sino por los edificios que la enfrentan. Resulta difícil imaginar una plaza sin fachadas perimetrales, se nos aparece como un dibujo en el piso, una ficción que cuando se materializa tiene destino de potrero. Además de contenerla, el perímetro le suma animación. La promoción en sus plantas bajas de usos que derramen hacia fuera (bares, salas de espectáculos y comercios sin cerramientos) representa un aporte para la vida de la plaza, particularmente si se trata de edificios de uso colectivo. El beneficio es recíproco, la plaza los jerarquiza como instituciones barriales y ellos le aportan animación, una sinergia que genera un plus de valor que se pierde lastimosamente cuando se enrejan las plazas. Para asegurar la coherencia del marco deben establecerse normativas particulares para cada caso, estableciendo la altura de las fachadas, solados de vereda, luminarias, arbolado, gamas de color, materiales predominantes, letreros, toldos y marquesinas. 6. La plaza como centro comunitario (PCC) En las ciudades satélites europeas, concebidas “a nuevo” para la reconstrucción que sobrevino luego de la Segunda Guerra Mundial, se incluyeron centros comunitarios completos. Sus programas, incluían, además de un sector comercial, un importante núcleo de servicios deportivos, sociales, recreativos y culturales, y una estructura administrativo-profesional encargada de la organización y promoción de sus actividades. Estos centros fueron considerados imprescindibles para la integración social de los nuevos conglomerados. Muchas de sus actividades se reproducen espontáneamente en nuestras plazas barriales, que pueden ser vistas como embriones de Centros Comunitarios a cielo abierto, pero, si bien el clima benigno facilita su uso semipleno durante gran parte del año, no cabe duda que la inclusión de un sector cubierto ampliará cualitativamente su funcionalidad y su convocatoria. Nos referimos a un edificio de 200 a 400m2 que funciona simultáneamente como Centro Comunitario y núcleo denso de la plaza. Su


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LA PLAZA CENTRO COMUNITARIO (PCC) Fig. 1 PLANTA GENERAL: 1 Entrada principal, 2 Cancha de bochas, 3 Cancha de pelota, 4 Patio de fiestas, 5 Escenario, 6 Gradas, 7 Juegos en desnivel, 8 Solario, 9 Juegos de niños pequeños, 10 Juegos de niños mayores, 11 Área pergolada, 12 Calesita, 13 Área de servicios circulantes, 14 Área ferial Fig. 2 CENTRO COMUNITARIO. PLANTA BAJA: 1 Vigilancia, 2 Baños, 3 Centro Adultos Mayores, 4 Oficina, 5 Depósito, 6 Bar // Fig. 3 CENTRO COMUNITARIO. PLANTA ALTA: 1 Acceso, 2 Centro de Adolescentes y Jóvenes, 3 Salón Multiuso.


implantación con acceso directo desde la vereda y desde el interior de la plaza, le permitirá ejercer ambos roles con claridad. La llamamos Plaza Centro Comunitario (PCC). Se trata de una interpretación intensiva de la plaza barrial basada en la profundización de su contenido programático. Incorpora nuevas funciones que pueden construirse en etapas:

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– Un Centro para adultos mayores, con área de juegos al exterior (bochas, tejo, juegos de mesa). – Un Centro para adolescentes y jóvenes, con playón de juegos deportivos (basket-voleyball-minifútbol). – Un Salón de Usos Múltiples(*), disponible para reuniones, fiestas y otras actividades de apoyo y servicio a la comunidad. (**) – Un escenario techado de doble frente con espacio de servicio bajo el tablado, abierto a las gradas y a un patio social, para proyecciones, funciones teatrales, espectáculos musicales y fiestas comunitarias. – Un agrupamiento de servicios complementarios, incluyendo buffet, oficina del personal, baños públicos, depósito de útiles y puesto de seguridad. La inclusión de un Centro para Mayores es relativamente habitual en nuestras plazas barriales. Esto no ocurre con los centros para Adolescentes y Jóvenes, un sector etario convertido en chivo expiatorio de la inseguridad urbana. Gran parte de la sociedad los ve como peligrosos, cuando en realidad son ellos, recientes niños en tránsito hacia la adultez, quienes verdaderamente están en peligro.(***) Su inserción social debe ser vista como una condición de base para el desarrollo de la comunidad.(****) No solo forma parte de ella *

Patricia Palenque señala que, según la experiencia acumulada por los planes federales, la principal prioridad solicitada por los barrios es un salón de usos múltiples, destinado a constituirse en la sede de la organización vecinal.[152]

** Recientemente, el Parlamento francés propuso la creación de centros públicos en donde los vecinos puedan desarrollar actividades laborales. Entre los argumentos figura evitar horas de viaje y compatibilizar el trabajo con la vida doméstica. *** La Asociación Estadounidense de Psiquiatría ha patologizado la rebeldía juvenil, bautizando su conducta como Desorden de Oposición Desafiante (ODD), una enfermedad que no incluye a los delincuentes juveniles, sólo a los jóvenes rebeldes, que muestran un comportamiento hostil, desafiante y discutidor de las normas de los adultos. **** Según la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires (art. 40) “la ciudad garantiza a la juventud la igualdad real de oportunidades y el goce de sus derechos a través de acciones… que aseguren (Continúa página siguiente)


sino que pueden constituirse en una notable fuente de energía y creatividad.(*) El psicólogo Rodolfo Urribarri señala que “durante la adolescencia se adquieren en poco tiempo capacidades que requieren ser procesadas. Mientras tanto son característicos sus altibajos anímicos y la tendencia a la desmesura. Avanzan con ímpetu pero tienen dificultades para advertir los riesgos, les falta lograr el control racional de sus impulsos y la conciencia de las implicancias de sus actos. Este proceso difícilmente se completa antes de los 20 años.” La inclusión de los adolescentes comienza por aceptar sus procesos madurativos y por insertar su práctica social en un espacio colectivo que respete su independencia y se abra a sus iniciativas. La manera de lograrlo no es marginándolos en casas temporales perdidas en el barrio, necesitan un lugar propio e insertado en el espacio comunitario. Se hace evidente la necesidad de estrategias para estimular en los jóvenes la autoestima, la esperanza de realización y el incentivo hacia participar de causas y proyectos sociales. La presencia activa de la Universidad sería de gran importancia en el desarrollo de estos programas. Extender las actividades de la PCC a los horarios nocturnos es una condición para la convocatoria juvenil. Los adolescentes hacen todo más tarde. Se supone que existe una razón cultural, pero también un desfasaje de su reloj interno. El biólogo Diego Golombek señala que “existe un reloj endógeno que marca la duración del ciclo biológico diario. En la mayoría de las especies dura aproximadamente 24 horas, también el de los adolescentes, pero este tiene “las agujas adelantadas”. Este rasgo juvenil resulta favorable cuando se recuerda que, en una plaza iluminada y organizada, la vida nocturna elimina el problema de la “tierra de nadie” en que hoy se convierte después de la puesta del sol. El delito callejero solo se produce en lugares y horarios que facilitan la impunidad. (Viene página anterior) mediante procedimientos directos y eficaces su participación en las decisiones que afectan al conjunto social.“ *

Según los colombianos Carlos Freixa y Héctor Ospina “los jóvenes, presentan una dimensión contestataria y a veces agresiva, pero tienen una capacidad de creación cultural importantísima. Todos los investigadores del tema sabemos que cuando se invierte en el potencial cultural de la juventud se reduce la violencia. Una vez que encuentran posibilidades de expresión, se insertan en canales sociales y trabajan por su barrio y por condiciones diferentes de vida”. [153] Es cuestión de oportunidades. Cuando se generan un espacio y una relación inteligente se crean las condiciones para su inclusión.

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7. La plaza de cruce

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Como se apuntó en el capítulo VI, la plaza de cruce forma parte de los recursos para desalentar el tránsito pasante en el interior de los barrios. Más allá de esta finalidad, la transformación de un cruce de calles barriales en una pequeña plaza de alto rendimiento supone una tipología que puede resolver la carencia de plazas de proximidad en los tejidos residenciales. En el cruce de dos calles de ancho tradicional (20 varas = 17,32 mts), puede inscribirse un círculo de 25 mts de diámetro, unos 450 m2. Incorporando los extremos de las cuatro cuadras cortadas, la superficie útil supera los 1000 m2. En el sector central puede organizarse un área sembrada y un arenero para juegos infantiles. Los cuatro extremos quedan disponibles para las actividades acordadas con el vecindario (un sector social, un kiosco con mesas y sombrillas, un espacio de patinaje, un sector de gimnasia, etc). La construcción es rápida y económica. No se requiere demoler las calzadas, sólo algunas perforaciones para el agregado de árboles nuevos. Un murete con la altura de un asiento configura una batea que se llena con la tierra del área verde y la arena del sector infantil. Debe preverse el enrasamiento de la calzada con las veredas, la continuidad de los desagües de los cordones y la elevación de las tapas de acceso a las redes subterráneas. Si se considera necesario, puede preverse el paso de camiones recolectores de basura y vehículos de emergencia. La carencia de fachadas laterales asegura el asoleamiento constante y la buena visibilidad desde las calles convergentes, un rasgo que las protege de acciones delictivas y, contando con la buena iluminación propia de las esquinas, las habilita para las actividades nocturnas. La clausura del cruce no originará problemas de tránsito en la zona dado que los vecinos y proveedores se adaptan rápidamente a los nuevos recorridos. El estacionamiento sobre ambos costados de las calzadas cortadas, indispensable para evitar su uso como canchas de pelota, duplicará la capacidad habitual. Cuando se busca mantener el tránsito en una de las calles del cruce aparece una variante menor, conformada por el extremo de la calle cortada ampliada por el ensanche de la vereda transversal, configurando un espacio urbano de unos 400 m2 de superficie con aptitud para contener juegos infantiles y equipamientos sociales.


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LA PLAZA DE CRUCE I Fig. 1 PLAZA DE CRUCE. Visión peatonal // Fig. 2 PLAZA DE CRUCE. En el cruce de dos calles de ancho tradicional (17,32 m) puede inscribirse un círculo de 25m de diámetro sin invadir las ochavas. Al adicionar los cuatro extremos de las calles cortadas la superficie útil supera los 1000m2. // Fig. 3 VARIANTE PATO VECINAL. Cuando una de las calles del cruce debe permanecer abierta aparece una variante menor configurada por el extremo de la calle cortada y el ensanche de la vereda transversal. La superficie útil se estima en 400m2.


路124路 1.

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LA PLAZA DE CRUCE II Fig. 1 Planta general // Fig. 2 Variante patio vecinal


8. Las plazas cercadas La instalación del miedo al espacio público es un atentado contra la vida comunitaria. El cerco de las plazas materializa esta agresión al separarlas de la vida del entorno y cancelar el acceso a partir del anochecer. La transformación de una plaza en un recinto cerrado, es una negación de su propio sentido. Se opta por matar al enfermo para eliminar la enfermedad.(*) El enrejado reinterpreta la plaza como un recinto privado, trocando su connotación abierta y apropiable por los significados inhibitorios que emanan de los cercos, las puertas y las cerraduras. Queda anulado el espontáneo deseo de un peatón de transitar por su interior. Ahora debe haber una decisión previa para ir a la plaza. No pueden aducirse razones valederas para impedir el acceso de adultos y jóvenes, justamente en los horarios de su tiempo libre después de una jornada de estudio o trabajo. Tampoco razones de seguridad, que, en un área tan acotada, pueden ser fácilmente resueltas con presencia disuasiva y una buena iluminación. La inhibición de las actividades nocturnas resulta un amargo despojo para la población, un atentado contra el disfrute de las placenteras noches de verano, primavera y otoño. Vale recordar a los administradores municipales que el arraigo popular de las plazas y su alto nivel de exposición pública las convierte en un marco de mérito excepcional para mostrar una actitud sensible hacia el disfrute de la población. Los enrejados instalados sobre la línea municipal, originan el vaciamiento de las veredas que circundan la plaza. Carentes de fachadas se convierten en espacios inhóspitos y desangelados, temibles en los horarios nocturnos. Mientras se mantengan, las rejas debieran desplazarse varios metros hacia el interior de la plaza o siguiendo el perímetro de los senderos internos próximos al borde. Esta reformulación podrá convertir las veredas en ramblas de paseo que, bien amoblados e iluminados, permitirán recuperar la sensación de estar en la plaza, durante los horarios de cierre.

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Dice Zigmunt Bauman: la arquitectura del miedo se extiende a los espacios públicos y los transforma infatigablemente en áreas cerradas, vigiladas y controladas. La inventiva en este terreno no conoce límites. Nan Ellin menciona mecanismos como los bancos “a prueba de vagabundos” de las plazas de Los Ángeles con un sistema de aspersores de riego, o un ensordecedor jaleo de música mecánica que se usa para ahuyentar a los vagos y a los holgazanes. [6]

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· IX · INTENSIFICACIÓN DEL CENTRO BARRIAL

1. El concepto de centro barrial

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Consolidar la vida barrial se inicia por reforzar las actividades y los valores ambientales de la centralidad. La existencia de un centro claro permite comprender la configuración física y social de su barrio, condición insustituible para los sentimientos de pertenencia e identidad que sustentan la vida comunitaria. El centro de una ciudad pequeña es un lugar activo, consolidado a través del tiempo, donde se agrupa cierta cantidad de cafés, hoteles, comercios y edificios públicos, casi siempre cercanos o enfrentados con la plaza. Durante muchas horas del día el centro se anima. El ritmo lúdico y un poco perezoso y la atmósfera amigable forma parte de las mejores vivencias de sus habitantes. Uno de los reproches que se hacen a las ciudades nuevas surgidas de proyectos de urbanización modernistas, es el de no ofrecer estos lugares producidos por la historia local. Igual que en las ciudades menores, el centro del barrio es el lugar donde la población acude a encontrarse, a pasear, comprar y divertirse. Sus funciones tradicionales se completan actualmente con servicios comunicacionales, artesanías de diseño, estética corporal y las ofertas modales de la cultura juvenil. Allí todo se superpone, la residencia con el comercio, la recreación con la cultura, los Bancos con las iglesias y los debates callejeros con los malabaristas. Las áreas centrales de las ciudades fueron acumulando problemas de seguridad y congestionamiento, que hubieran tenido solución de haber mediado una actitud planificadora por parte de los municipios. Las crisis irresueltas del espacio público terminan siempre en ofertas privadas. Es sabido que, cuando el Estado no interviene, los problemas se agravan, desembocando en soluciones comerciales dirigidas a los sectores medios y altos. Para los sectores populares estos procesos conducen a su exclusión de la vida urbana.


Es así que el Shopping Center se ha desarrollado como lo nuevo en materia de espacios comerciales, un no lugar pensado sólo para consumidores, carente de identidad y despojado de toda significación comunitaria, que debilita gravemente la energía de los centros barriales.(*) Los vecinos de las ciudades mayores prefieren el centro barrial, por razones vinculadas con la cercanía, la organización de la vida familiar y el tiempo disponible. Su ambiente es menos ceremonial, más amigable, íntimo y descansado. Se siente más seguro y contenedor.(**) Cuanto más activo resulte, menor será el peligro de que los barrios se vacíen la mayor parte del día. Para conseguirlo, debemos reconocer que la cultura del consumo está profundamente insertada en nuestro mundo globalizado, incluso en quienes la denostamos. Es un hecho que sin la atracción que ejerce el paseo de compras la opción de concurrir al centro se hace menos entretenida y más eventual. Ello no significa que la centralidad se pueda reducir al mero marco comercial. Los servicios culturales, los recreativos y los espacios sociales deben integrarse con los comerciales de manera que una vez en el centro, los paseantes entren en contacto con el conjunto. (***) Cuanto más rica y diversa resulte la oferta de servicios, mayor será su poder convocante. El centro se vive como una secuencia recreativo-cultural-comercial, un espectáculo recorrible y participativo cuya amenidad se nutre de la densidad de sus servicios y la atracción de sus espectáculos callejeros. El arte de la calle asume un valor excepcional, para el éxito de la centralidad. Recíprocamente el espacio público es un semillero de futuros protagonistas de la cultura nacional. *

Heiner Monheim señala: “los grandes Shopping Centers exteriores a la ciudad, en general sobre las autopistas, han constituido la zona de laboratorio previa a los Shoppings urbanos. Separados no ya del espacio público, sino de la ciudad misma, ningún condicionante urbano se opone a la actividad comercial. Aquí no hay servicios culturales o sociales, ni opinión pública ni vida cotidiana. Toda la máquina está concebida para el consumo”. [59]

** En nuestras ciudades, los denominados centros comerciales a cielo abierto son aquellas áreas que agrupan gran cantidad de negocios, con posibilidad de formar un paseo de compras y competir con los shoppings. En Buenos Aires, vecinos de diversos barrios (Saavedra, Villa Crespo, Boedo, entre otros), pusieron en marcha con colaboración municipal un plan para recuperar las veredas, luminarias, bancos y el espacio público de sus centros comerciales, inclusive las plazas. Las iniciativas surgieron a través de los Centros de Gestión y Participación (CGP), embriones de las futuras comunas. *** Según Miguel Ángel Roca en el centro peatonal de Córdoba solo un 30% de quienes transitan lo hacen solamente para comprar, un 30% se dedica a “callejear” y un 40% por negocios y trámites que nada tienen que ver con la función comercial.

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Los horarios comerciales deben ampliarse todo lo posible para sostener la afluencia durante las horas nocturnas, un objetivo que de cumplirse, convocará también a la población de los barrios adyacentes. Se trata del corazón del barrio, que debe latir extendido a tiempos de gran amplitud. Su verdadera fuerza se mide por la continuidad de su animación. 2. Estrategias para la intensificación del centro barrial Una serie de objetivos a incluir en los programas de la centralidad se sinergizan para acrecentar su atracción:

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– Atenuar el tránsito vehicular, reduciendo la velocidad máxima a 20 km/h e instalando semáforos en todos los cruces. La exclusión total del automóvil sólo se justifica en los tramos y horarios en que los flujos peatonales son intensos y continuos. En los períodos de menor concurrencia la prohibición resulta contraproducente. – Angostar las calzadas principales para ensanchar una o ambas aceras. La estrechez de la calzada beneficia la calidad del espacio peatonal al generar una sensación de cercanía entre ambas veredas. – Promover el volcamiento de los comercios y servicios hacia las veredas, permitiendo la exhibición ordenada de mercaderías al exterior y estimulando la instalación de bares con mesas en la calle. – Promover la incorporación de nuevos lugares provenientes del ensanche de las veredas esquineras, del retroceso de las plantas bajas de los edificios frentistas, de la incorporación de terrenos baldíos y de la apertura de pasajes peatonales. – Sustituir el pavimento de las calles más transitadas por solados de connotación peatonal, preferentemente enrasados con las veredas. El carácter peatonal lentifica todos los flujos, acentúa el sentido de paseo y permite la instalación de espectáculos, ferias y exposiciones en los horarios de restricción vehicular. Esta operación transformará la calle principal en el eje de la vida pública. – Establecer una modalidad flexible para la protección climática de las veredas. Los paseantes deben poder transitar y detenerse resguardados del sol y de la lluvia. – Maximizar el aporte de recursos municipales para mejorar la calidad de la vida callejera contratando artistas ambulantes, estableciendo programas oficiales de espectáculos al exterior y colaborando con las iniciativas promovidas por las organizaciones locales.


– Incrementar la población del área central. La densidad habitacional de la mayoría de los barrios resulta exigua para alimentar adecuadamente sus centralidades. Esta población, dice Monheim, “resulta ser la base para una animación permanente. Cuanto más personas viven próximas al centro tanto más estable es la animación y tanto mayor su radio de influencia.” 59 Densidades próximas a los 300 habitantes por cuadra, incluyendo a las personas que allí trabajan, generan un buen nivel de actividad basal, compatible con los 10 a 13 metros estimados como altura probable para las fachadas barriales. La densificación general del barrio presenta diversas ventajas. El incremento de la población fortalece y no diluye la vida colectiva, dado que la población nueva se incorpora progresivamente. Es verdad que se introducen elementos conflictivos en las relaciones de vecindad rutinizadas. Al principio se producen resistencias al acercamiento de otros, percibidos negativamente, frente a un nosotros como núcleo auténtico, pero esos otros revitalizan una identidad barrial que, de lo contrario, se diluiría por las muertes y las mudanzas de los vecinos originarios. Desde el punto de vista de la seguridad, la densidad evita la dispersión del área a controlar. La presencia permanente de vecinos y peatones en la calle actúa como un reaseguro para las personas que salen o llegan a sus hogares. Desde la economía urbana la densificación representa una racionalización de los costos de todas las infraestructuras del espacio público, disminuyendo la extensión de las redes viales, eléctricas, sanitarias y comunicacionales. Opera sustituyendo vehículos por escaleras y ascensores. El ascensor no tiene tiempo de espera, es más económico que cualquier medio de transporte público y carece de efectos contaminantes, ya que se mueve con electricidad y utiliza contrapesos que neutralizan la gravedad. Desde el punto de vista ecológico, la densificación reduce la ocupación de tierras naturales, una ventaja trascendental en esta época de grandes riesgos ambientales. Recientemente la alcaldía de Londres ha tomado la decisión de no permitir la construcción de barrios nuevos fuera de la ciudad. En el futuro, las inversiones edilicias serán dirigidas a ganar densidad en las zonas ya instaladas del tejido.(*) *

Según el ecólogo Salvador Rueda, “las propuestas de desarrollo deben plantearse con criterio de sostenibilidad. Para eso se necesita un modelo urbano donde el crecimiento debería delimitarse, densificando, haciendo que la ciudad sea más compacta”. [156]

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3. Criterios proyectuales

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Al identificar la belleza con la funcionalidad y la síntesis, los repertorios emanados del Movimiento Moderno han determinado una espacialidad simplificada, negadora de las diversidades. Más allá de sus sólidos fundamentos conceptuales, su lenguaje, devenido en estilo, derivó en un laconismo minimalista que llevó a unificar lo diverso y negar lo característico. Los indiscutibles logros que el Movimiento Moderno obtuvo en el diseño de edificios, mobiliarios y objetos de uso, no se repitieron en la escala urbanística. Aplicados al espacio público, sus repertorios resultaron esquemáticos, inexpresivos y desestimulantes en extremo. A partir de los años 70, en un proceso acelerado por la velocidad de los cambios tecnológicos, se elevaron los umbrales de monotonía de la población joven, determinando la apetencia por percepciones más dinámicas y complejas. Los mensajes se hicieron más breves, los lenguajes más variados y los estímulos más abigarrados. Las morosidades que antes nos emocionaron ahora nos resultan lentas en exceso. Estos cambios se reflejan en todos los campos de la percepción, en el arte, en nuestra mirada cotidiana y, como no podría ser de otra manera, en las imágenes del espacio público. Hoy preferimos la armonía abierta de los diverso al equilibrio inequívoco de lo estructurado. La elevación de los umbrales de monotonía nos empuja a preferir lugares cuya vitalidad esté relacionada con su complejidad, una tendencia que, en el campo concreto del diseño, desemboca en la exaltación de las diferencias y la acumulación de simultaneidades. La puesta en valor del centro barrial se inicia por su caracterización espacial, diferenciándolo del tejido residencial. Este objetivo supone definir repertorios de diseño propios de cada centralidad, teniendo en cuenta que complejidad y amenidad están emparentadas. La complejidad suele ser condición de lo ameno. Un paseo ameno se caracteriza por la cantidad y la velocidad de los estímulos que se acumulan durante el recorrido, una secuencia de formas, colores, sonidos, luces, movimientos y episodios personales. Como señala Eike Schmidt “la diversidad y vitalidad del espacio son estimulantes, animan a actuar y sacan a las personas de la pasividad.” 59 La mejor organización de un centro barrial será la más expresiva, la que consiga sacar partido de cada particularidad, fragmentando el espacio y configurando lugares diversos para incluirlos en una unidad más compleja, alejada de toda obviedad.


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LA PLAZA DE CRUCE EN EL CENTRO BARRIAL Entre los criterios para intensificar el centro barrial se incluye el de fragmentar el área en ámbitos menores equipados para actividades diferentes. El esquema de la plaza de cruce es un recurso útil para este objetivo. Supone el enrase de cada esquina de la calle principal y la configuración en cada una de ellas de cuatro sectores de actividad. Perceptualmente, opera incluso con el tránsito habilitado.


La producción de amenidad exige de los proyectistas una captación aguda y pormenorizada de las circunstancias de la calle, así como el manejo de repertorios de diseño más flexibles y complejos. El objetivo radica en lograr un espectáculo espacio-temporal dinámico e interactivo, lo que no debe confundirse con la espectacularidad de cada uno de sus elementos. La topografía de nuestras ciudades de llanura, extendidas en cuadrículas uniformes y tipificadas por la infinita reiteración de largas visuales rectilíneas, no colabora con la configuración de lugares menores. Salvo excepciones, carecemos de las particularidades de los tejidos urbanos construidos a través de siglos de historia y de las variaciones que facilita una topografía irregular. Ante esta congénita monotonía pampeana, se impone un enfoque proyectual dirigido a fortalecer los lugares con significado local y a zonificar con recursos construidos y elementos mobiliarios. Sintetizamos algunos criterios para la caracterización espacial y morfológica de los centros barriales:

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– Considerar el área central como un sistema de ámbitos menores equipados para actividades diferentes. La ampliación de las esquinas y la introducción de plazas de cruce son recursos útiles para perfeccionar este objetivo. – Remarcar los puntos de ingreso al área central. La generación de un “sentimiento de entrada” refuerza y jerarquiza la centralidad. El cambio de solados y las fuentes de agua son recursos valiosos. El agua es particularmente amena, las fuentes atenúan el ruido del tránsito y detienen al paseante por mayor tiempo que cualquier otra expresión de arte urbano.(*) – Organizar el arbolado con criterio zonificador. La introducción de árboles sueltos o agrupados constituye un recurso de bajo costo y alto valor ambiental. Las variantes de forma, tamaño y color que ofrecen las distintas especies pueden facilitar la identificación de calles y lugares parecidos. – Destacar los edificios y espacios significativos por su valor costumbrista, histórico o artístico, promoviendo su restauración e iluminando sus mejores rasgos en los horarios nocturnos. *

Con fuertes raíces en la producción de arte urbano, el agua ejerce una atracción intensa, quizás atávica sobre las poblaciones. Tener agua es sobrevivir, se asocia con la vida y el placer. El agua irisa, brilla, refleja y refracta. Se transfigura con la iluminación, se relaciona con el tacto, la vista y el oído, es movimiento perpetuo y cambio continuo.


– Enriquecer la imaginería del centro mediante la inclusión de nuevos objetos urbanos, simbólicos y artísticos. La reubicación de objetos detectados en el relevamiento barrial puede ser un valioso recurso. También la pintura mural y los tratamientos vegetales. Las hiedras y las especies trepadoras son fáciles de ubicar y mantener, agregan encanto a muros inexpresivos y ablandan la rigidez pétrea de la calle. Su aplicación requiere mesura para no caer en excesos bucólicos que degradan el carácter urbano. – Establecer las normativas morfológicas que guiarán el desarrollo de cada centro barrial, incluyendo alturas de fachadas, carteles publicitarios, gamas pictóricas, mobiliario urbano, luminarias, forestación y techado de veredas.

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ANEXO DE LA 3ª PARTE: PROGRAMACIÓN DE LOS LUGARES BARRIALES I ENFOQUE GENERAL: Metodología 1. Encuadre

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El espacio barrial, como ámbito de salida de la vida privada hacia la vida pública, supone un valor social que debe ser reforzado. En el espacio equipado se genera comunidad, no solo juegan los niños y socializan los ancianos, también se lee, se trabaja, se juega, se estudia, y se tejen las primeras instancias de participación comunitaria. Al analizar los programas de necesidades del espacio barrial aparecen dos interrogantes: ¿cuántos y quienes son sus usuarios potenciales? Y ¿con qué habitualidad lo ocupan? Las respuestas definirán los lugares y mobiliarios a proveer en cada situación y orientarán otras ofertas que pueden convocar a los sectores que, en las condiciones actuales, no encuentran su ubicación en el espacio público. Los datos demográficos, funcionales y espaciales que se exponen a continuación, buscan cuantificar los grupos etarios de población que utilizan o podrían utilizar estos espacios. No se pretende precisión estadística sino una cuantificación aproximada. Para su aplicación a casos concretos, estas cifras deben ser ajustadas en base al relevamiento de la población involucrada. La necesidad de desagregar por grupos etarios surge de que en cada edad se ocupan espacios y equipamientos diferentes. En general, en la primera infancia (0 – 2 años y 3 – 5 años) los niños habitan en escala de vecindario, las veredas de sus casas más un radio reducido, siempre acompañados o vigilados. Los niños de 6 – 12 años a medida que crecen extienden su ocupación hacia el espacio barrial. Los adolescentes y jóvenes asi como los adultos activos, (13 – 20 años y 21 – 74 años), se expanden sobre las tres escalas urbanas, vecindario, barrio y ciudad. Los adultos retirados (75 – 84 años) tienden a volver a los espacios vecinales y barriales. La población de mayor edad (85 o más años), reduce su autonomía a la escala del vecindario.


2. Criterio metodológico Hemos utilizado los porcentajes etarios correspondientes a Buenos Aires, una ciudad mayor porque, comparados con los de una ciudad media como La Plata y una ciudad menor como Chascomús, no arrojan diferencias significativas para nuestro análisis. La relación habitante / hectárea, concepto utilizado habitualmente para medir la densidad habitacional, tiene un significado vivencial relativo. Para nuestro objetivo resulta más consistente la unidad cuadra, el ámbito concreto en el que se encuentran los habitantes al salir de sus casas, un espacio real contenido por las dos fachadas frentistas. Tabla comparativa de población desagregada por grupos de edad. Buenos Aires, La Plata, Chascomús. Censo Nacional 2001. (números redondos) Ciudad

Buenos Aires

La Plata

Chascomús

Población total

2.800.000

570.000

34.000

Bebés 0 - 2 años Acompañados

96.000 3,43%

27.000 4,74%

1.600 4,70%

Niños 2 - 5 años Educación inicial

95.000 3,39%

27.000 4,74%

1.600 4,70%

Niños 6-12 años (educación primaria)

224.000 8%

63.000 11,05%

3.800 11%

Adolescentes 13-20 (educación secundaria)

290.000 10,36%

72.000 12,63%

4.300 12,65%

Jóvenes y adultos activos 21-74 años. (1)

1.800.000 64,29%

351.000 61,58%

21.500 63,33%

Adultos retirados 65- 84 años

170.000 6,07%

23.000 4,04%

1.400 4,12%

Ancianos 85 y más años (dependientes)

58.000 2,1%

7.000 1,23%

400 1,18%

3. Hipótesis de cálculo Se han adoptado cuatro hipótesis de cálculo que corresponden a una estimación promedio de las ciudades de llanura: 1º Tejido cuadricular homogéneo. 2º Manzanas de 100m de lado.

·135·


3º 9 lotes por cada lado de la manzana. Equivale a 18 lotes por cuadra, sumando ambas veredas. 4º 4 habitantes por vivienda.

En todos los casos la población por cuadra se cuantifica para 3 hipótesis de densidad habitacional: Hipótesis A (baja densidad) 1 vivienda (4 habitantes) por lote Hipótesis B (densidad media-baja) 2 viviendas (8 habitantes) por lote Hipótesis C (densidad media) 3 viviendas (12 habitantes) por lote 4. Unidad de referencia: Población residencial por cuadra Grupo Etario

·136·

Población por cuadra %

Hip A 1 viv./ lote

Hip B 2 viv./ lote

Hip C 3 viv./ lote

0 – 2 años

4%

3

6

9

3 – 5 años

4%

3

6

9

6 – 12 años

9%

7

14

21

13 – 20 años

11%

8

16

24

21 – 74 años

65%

46

92

138

75 – 84 años

5%

4

8

12

85 – más años

2%

1

2

3

72

144

216

Total habitante por cuadra

Debe tenerse en cuenta que, en los días hábiles, aproximadamente un 20% de la población activa se encuentra desocupada, sub-ocupada o de franco, incluyendo las amas de casa que no trabajan fuera del ámbito doméstico. Estas personas refuerzan la población potencial del espacio público. 5. Actividades por grupo de edad En líneas generales, los lugares y equipamientos del espacio barrial dependen de la edad de sus usuarios. Sus actividades se inscriben en los siguientes categorías:


0 – 2 años

Primeras experiencias de contacto con el mundo exterior.

3 – 5 años

Socialización y juego

6 – 12 años

Socialización y juego

13 – 20 años

Socialidad grupal y juego

21 – 74 años

Actividades en su tiempo libre: diálogo social, juego, encuentros, convocatorias grupales y paseo.

75 – 84 años

Diálogo social, juego, encuentros, convocatoria, lectura y paseo.

85 – más años

Contacto social y paseo

II PROGRAMACIÓN DE LOS ESPACIOS BARRIALES: Usuarios, lugares y equipamientos Para cada uno de los espacios analizados existen grupos etarios de concurrencia habitual y otros de concurrencia eventual. El acercamiento de estos últimos depende de las actividades ofrecidas, del nivel de su equipamiento y de la calidad ambiental de cada lugar.

1. La cuadra residencial Grupos usuarios habituales

Hip A

Hip B

Hip C

0 – 2 años (con acompañante)

3

6

9

3 – 5 años (con acompañante)

3

6

9

6 – 12 años

7

14

21

75 – 84 años

4

8

12

85 – más años

1

2

3

Total usuarios habituales

18

36

54

13 – 20 años

8

16

24

21 – 74

46

92

184

Total usuarios eventuales

54

108

216

Grupos usuarios eventuales

·137·


Lugares y equipamientos 0 – 2 años

Indeterminados

3 – 5 años 6 – 12 años

Juegos grupales en la vereda (rayuela, saltos a la soga, etc.)

21 – 74 años 74 – 85 años 85 – más años

Entre los árboles de la vereda, asientos socialmente agrupados. Mesas con bancos para usos diversos.

2. La esquina residencial Radio de servicio: 1 cuadra. Población abarcada: 4 cuadras

Grupos usuarios habituales ·138·

Hip A

Hip B

Hip C

0 – 2 años

12

24

36

3 – 5 años

12

24

36

6 – 12 años

24

48

72

13 – 20 años

32

64

98

75 – 84 años

16

32

48

85 – más años Total usuarios habituales

4

8

12

104

208

312

184

368

552

Grupos usuarios eventuales 21 – 74 años Total

Lugares y equipamientos Existen cuatro dimensiones posibles para las esquinas: la tradicional, la ampliada por desplazamiento del cordón sobre la calzada, la ampliada por cesión parcial de la planta baja del edificio esquinero y la ampliada en ambos sentidos. Las actividades y mobiliarios a programar, diferentes según el espacio disponible, se pueden seleccionar entre las siguientes posibilidades:


0 – 2 años

Juegos de giro, balanceo, coordinación, ocultamiento. Arenero, escenario de títeres. Asientos socialmente agrupados para acompañantes.

3 – 5 años

Juegos de giro, balanceo, trepar, reptar, deslizamiento, escondite. Mesitas y aparatos de juego. Arenero. Espacio de juegos (pelota, patinaje, carrera, ferias de intercambio). Kiosco.

6 – 12 años

Juegos (giro, balanceo, escalaje, fuerza, deslizamiento, agilidad). Mesas para juego con bancos para usos diversos. Arenero. Espacio de uso flexible (pelota, patinaje, juegos de correr, ferias de intercambio infantil).

13 – 20 años 21 – 74 años 75 – 84 años 85 – más años

Asientos socialmente agrupados. Mesas con bancos para usos diversos.

·139·

3. El patio vecinal / La plaza de cruce (v. Cap. IX) Radio de servicio: 3 cuadras. Población abarcada: 36 cuadras.

Grupos usuarios habituales

Hip A

Hip B

Hip C

0 – 2 años

108

216

324

3 – 5 años

108

216

324

6 – 12 años

252

504

756

13 – 20 años

288

576

864

75 – 84 años

144

288

432

85 – más años

36

72

108

Total usuarios habituales

916

1.832

2.748

1.656

3.312

4.968

Grupos usuarios eventuales 21 – 74 años Total


Lugares y equipamientos

·140·

0 – 2 años

Juegos de giro, balanceo, coordinación, ocultamiento. Arenero, escenario de títeres. Asientos socialmente agrupados para acompañantes.

3 – 5 años

Juegos de giro, balanceo, trepar, reptar, deslizamiento, escondite. Mesitas y aparatos de juego. Arenero. Espacio de juegos (pelota, patinaje, carrera, ferias de intercambio). Kiosco.

6 – 12 años

Juegos (giro, balanceo, escalaje, fuerza, deslizamiento, agilidad). Mesas para juego con bancos para usos diversos. Arenero. Espacio de uso flexible (pelota, patinaje, juegos de correr, ferias de intercambio infantil).

13 – 20 años 21 – 74 años 75 – 84 años 85 – más años

Asientos socialmente agrupados. Mesas con bancos para usos diversos.

4. La plaza barrial Radio de servicio: 5 cuadras. Población abarcada: 140 cuadras.

Grupos usuarios habituales

Hip A

Hip B

Hip C

0 – 2 años

420

840

1.260

3 – 5 años

420

840

1.260

6 – 12 años

980

1.960

2.940

13 – 20 años

1.120

2.240

3.360

75 – 84 años

560

1.120

1680

85 – más años Total usuarios habituales

140

280

420

3.640

7.280

10.920

6.440

12.880

19.320

Grupos usuarios eventuales 21 – 74 años Total


Lugares y equipamientos (v. Cap. IX)



0 – 2 años

Juegos de giro, balanceo, coordinación, ocultamiento. Arenero, escenario de títeres. Asientos socialmente agrupados para acompañantes.

3 – 5 años

Juegos de giro, balanceo, trepar, reptar, deslizamiento, escondite. Mesitas y aparatos de juego. Arenero. Espacio de juegos (pelota, patinaje, carrera, ferias de intercambio). Kiosco.

6 – 12 años

Juegos (giro, balanceo, escalaje, fuerza, deslizamiento, agilidad). Mesas para juego con bancos para usos diversos. Arenero. Espacio de uso flexible (pelota, patinaje, juegos de correr, ferias de intercambio infantil).

13 – 20 años 21 – 74 años 75 – 84 años 85 – más años

Asientos socialmente agrupados. Mesas con bancos para usos diversos. ·141·


4 1. Desarrollo humano, desarrollo urbano y voluntad política 2. La descentralización urbana 3. La participación en las comunidades barriales 4. El diseño participativo 5. Promoción de las actividades barriales 6. La seguridad en el espacio público barrial


·X· LAS POLÍTICAS BARRIALES

1. Desarrollo humano, desarrollo urbano y voluntad política La producción de un espacio público habitable no es solo una estrategia de integración social sino un importante mecanismo de redistribución de la riqueza. El desarrollo humano de las sociedades urbanas incluye la consolidación de las comunidades barriales. Las democracias participativas florecen en la escala del espacio barrial, una dimensión promotora de las redes sociales. Avanzar hacia este objetivo requiere descentralizar las ciudades medianas y mayores en comunas barriales, y proveerlas con los recursos económicos que aseguren su funcionamiento. En la actualidad existe un considerable consenso en este sentido, pero la verdadera cuestión radica en si, más allá de los discursos, existe voluntad política para avanzar. Si los gobernantes no tienen convicción y coraje para luchar por sus propuestas, no servirá de nada hacer planes urbanos. Terminarán en documentos de archivo. Los planes de desarrollo urbano suelen incluir objetivos generales favorables a los barrios, pero en sus precisiones subyace el supuesto de una población desintegrada, sin pertenencias locales, que simplemente elige entre vivir en casas en áreas de baja densidad o en departamentos en las áreas centrales o sobre las avenidas. El mercado inmobiliario, es indiferente por completo a la existencia de comunidades locales. Construye dónde y lo que le conviene. Su noción de ciudad es el simple resultado de complementar sus emprendimientos con los de un Estado que asegure las infraestructuras de las cuales dependen. La economía de mercado tiene potencialidad para construir la ciudad, pero si se trata de crear bienestar urbano, es necesario regular sus procesos y orientarlos a través de la acción de un sector público que se adelante, para abrir nuevos frentes de desarrollo que, ofreciendo rentabilidad, prioricen el desarrollo equilibrado de todas las áreas de

·143·


·144·

la ciudad. Las normativas que acompañan dicha planificación deben modificar las ecuaciones rentísticas de los inversores para arribar a resultados congruentes con los objetivos sociales, respondiendo a un proyecto político dirigido a mejorar y nivelar el desarrollo humano de la población. Una de las fuentes de legitimidad de la administración pública se basa en producir espacios ciudadanos. No son admisibles los planes urbanos que no incluyan e instrumenten estos objetivos. Es sabido que las políticas regulatorias afectan intereses y privilegios establecidos generando reacciones en contrario. Los factores de poder económico, y en menor grado la resistencia burocrática, configuran los núcleos opositores. Para superarlos se necesita el apoyo organizado de la población. El Estado debe dar respuestas rápidas creando oportunidades capaces de concertar las voluntades de un conjunto de actores públicos y privados. Como dice Jordi Borja, “es necesario difundir, explicar y reelaborar objetivos y normas con la población y con los demás sectores involucrados para, cuando una mayoría los asume, aplicarlos con firmeza. La responsabilidad de hacer ciudadanía, también pertenece a los profesionales de la arquitectura y el urbanismo que, en nombre de su experiencia, su ética, su profesionalidad y su sensibilidad respecto a las herencias culturales y ambientales, deben reclamar su espacio frente a los poderes políticos, defender sus propuestas, asumir riesgos ante las autoridades y la opinión pública e incluso renunciar públicamente antes de abandonar sus convicciones.”(*) 2. La descentralización urbana José Nun, ex Secretario de Cultura de la Nación, señalaba que “la vitalidad de la vida pública debe buscarse desde el nivel municipal y comunal: para revitalizar la cultura es necesario organizar la descentralización y despertar el entusiasmo colectivo.” 158 El sociólogo Robert Castel, por su parte, advierte que “el nuevo capitalismo que *

A manera de ejemplo se reproducen algunos objetivos relacionados con el espacio público del Plan de Desarrollo para Bogotá 2008/2012:

– Se desarrollará la estructura socio-económica y espacial en torno a las centralidades respetando la estructura ecológica principal. – Se generará y recuperará el espacio público para su uso y disfrute como escenario de encuentro en que los habitantes puedan desarrollar sus intereses culturales, económicos y sociales. – Se garantizará la provisión de espacio público equipado con los servicios que constituyen su soporte funcional y administrativo. – Se aprovecharan las políticas urbanas de construcción y mantenimiento de espacios públicos para crear empleos vinculados a los llamados servicios de proximidad.


estamos viviendo desestimula las acciones colectivas, por lo que se hacen urgentes reformas como la descentralización. Sólo reinserto en la comunidad urbana, el ciudadano podrá emerger de la inacción y proyectarse sobre la transformación de su hábitat.” La participación de los vecinos en los gobiernos locales es hoy algo indiscutible y cada vez más practicado. Está comprobado que al sentirse protagonista, la población barrial organiza canales de participación horizontales entre los vecinos y las organizaciones locales, y verticales con los otros estamentos del Estado y la sociedad civil. Es un hecho que las ciudades menores, con una población y un territorio parecido a los de los barrios, son las que muestran los mejores ejemplos de integración comunitaria. El barrio es el módulo óptimo para la descentralización, el que asegura una proximidad eficaz entre los ciudadanos y los funcionarios y políticos. Como dice Marta Arriola, “si algo aprendimos en nuestra experiencia de gestión es que la política pública se encarna barrio por barrio, con trabajo conjunto y presencia permanente del Estado. Básicamente el método consiste en diagnósticos participativos, elaboración de planes locales y evaluación permanente de procesos y resultados”. El concepto de descentralización supone que el Gobierno de la Ciudad encabeza una red de comunas, alcaldías o consejos barriales que, en diálogo permanente con los vecinos, deciden las cuestiones locales, participan de las decisiones municipales y se comunican con los estamentos políticos superiores.(*) Se trata de un cambio profundo en las formas de la vida urbana que requiere el tiempo y la continuidad que aseguran las políticas de Estado. Las dinámicas sociales no cambian en cuatro años como suelen prometer los políticos en campaña. La descentralización de Barcelona, dice Toni Puig “fue posible porque empalmaron tres turnos de alcaldes políticamente afines y aún no ha terminado. El nuevo mapa de Barcelona presenta hoy 73 barrios agrupados en 10 distritos municipales. En un futuro próximo, los 10 distritos deberán re-descentralizarse respetando los barrios. Mientras tanto, la administración de la ciudad dejó de ser una oficina de inspecciones y otorgamiento de *

Según El Plan de Bogotá, se trata de concebir “una ciudad con alcaldías locales autónomas, administrativamente, y articuladas con el nivel central, con una administración cercana que permita que los ciudadanos y sus organizaciones se vinculen con la gestión de los asuntos públicos.”

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permisos y pasó a ser el taller público para el urbanismo, la cultura y los servicios sociales.” (*)

·146·

La descentralización de la Ciudad de Buenos Aires está retrasada diez años. El cambio fue resuelto por la Constitución de la Ciudad en 1996, fijando el 1/10/2001 como fecha límite para implementar las Comunas. Cumplido el plazo, pasaron cinco jefes de gobierno que sólo adelantaron pequeños pasos. Fue necesario que, en el año 2009, el Superior Tribunal de Justicia de la Ciudad impusiera un nuevo plazo. Es indispensable completar este proceso, que representa un gran salto hacia adelante.(**) El Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, afirmaba que “hacer Comunas con autoridades rentadas suena a un despilfarro de dinero a costa de la calidad de vida de los vecinos”. Subyace en este discurso que el objetivo de la descentralización se reduce a la eficacia administrativa. Vale recordar que en otro momento, su ex socio político Rodolfo López Murphy, un experimentado dirigente de la derecha democrática declaraba que “un mecanismo muy eficaz es descentralizar la gestión pública y reconstruir, en cercanía con el ciudadano la relación de confianza y credibilidad. La dirigencia política del país no percibe con claridad la importancia de este tema, ya que se generaría un enorme atractivo para la participación en la vida pública. La convocatoria social y el control de la representación aumentaría sustancialmente, *

Montevideo es una ciudad exitosamente descentralizada. La estructura organizativa de los barrios montevideanos incluye: – El Consejo Vecinal, un órgano de participación en el Gobierno local y nacional. Representando a los vecinos y organizaciones sociales controla y fiscaliza la gestión municipal. Tiene atribuciones para convocar a las autoridades departamentales y nacionales, a los efectos de discutir problemas o asesorarlas sobre los problemas locales. – La Junta Local que ejerce el gobierno barrial con representación de los partidos políticos. Estudia y toma las decisiones, asesorada por el Consejo Vecinal y las Comisiones Temáticas. Las ejecuta o las deriva a los departamentos del Gobierno Municipal. – El Centro Comunal, es la oficina comunal-administrativa ejecutora de los servicios en la zona. – En el año 2009 el Parlamento uruguayo aprobó una reforma política que estableció la creación de alcaldías en todas las ciudades de más de 5000 habitantes. Montevideo fue dividida en ocho comunas, cada una de las cuales contará con un alcalde.

** Recientemente Raúl Zaffaroni presidente de la Comisión de Redacción de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires señalaba que “es una pena que aun la Constitución no tenga plena vigencia. Una idea dominante fue dar vida política a los barrios. El objetivo era la reconstrucción de la sociedad en los barrios para configurar en el medio urbano condiciones lo más cercana posibles a las del pequeño contorno. A eso responde la previsión de las Comunas. La idea era que el pueblo de la Ciudad discutiese y disputase poder en los barrios, para reforzar la sociedad ciudadana: sociedad no es estar juntos sino interactuar.”


así como la facilidad para comprender y resolver los problemas por parte de los ciudadanos. Así se reconstruiría la delicada trama que es la representación política”.159 Un comentario que demuestra que desde cualquier perspectiva democrática no centrada en el autoritarismo, el centralismo municipal es visto como una rémora. La calidad participativa podrá resultar afectada por el sesgo ideológico de cada gobierno pero en cualquier caso, representará un avance institucional hacia esa democracia abierta que Abraham Lincoln definía como un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. 3. La práctica participativa en las comunidades barriales “La democracia –dice Bauman– se encuentra en peligro. Abundan señales globales de apatía por los procesos políticos, un grave riesgo si recordamos que las libertades arraigan en un sustrato social que si no recibe cuidados acabará desintegrándose.”6 Abrir el ciclo de la democracia participativa resulta hoy tan decisivo como lo fuera la conquista del sufragio universal en el siglo XIX y la creación de los Estados de Bienestar en la segunda mitad del siglo XX. Se trata de una manera de convivir atenta a la voz y los derechos de los demás. Como señala la politóloga Chantal Mouffe “el objetivo de la democracia no es que todo el mundo se ponga de acuerdo. La política tiene que ver siempre con el conflicto. La democracia consiste en dar la posibilidad a los distintos puntos de vista para que se expresen, aunque disientan. El disenso se puede dar mediante el antagonismo, una forma de guerra salvaje, o a través del ‘agonismo’, donde cada adversario reconoce la legitimidad del oponente y lucha por la hegemonía a través de las instituciones.” Lo que está en juego es un modelo de vida que concibe el bien propio en paralelo con el bien colectivo. Aprender a escuchar y ponerse en el lugar del otro son actitudes indispensables para la vida colectiva, y condición elemental para sostener el accionar de las comunidades. Las experiencias participativas tienen un fuerte valor educacional, enseñando a escuchar y objetivar las diferencias. El propio debate urbanístico es un mecanismo de aprendizaje para la ciudadanía. La participación se practica en forma constante y se aplica en todos los campos de la vida. Es una práctica que eleva la responsabilidad individual, acrecienta la creatividad en pos de la eficacia del conjunto, permite que las personas tomen conciencia del contexto en que se inscriben sus problemas y comprueben que, en conjunto,

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pueden gestionar sus necesidades con un grado de eficacia que nunca obtendrían individualmente. No existe mejor regla para medir el grado de democracia alcanzado que analizar el poder real de la palabra de cada ciudadano. No en vano Raúl Alfonsín se lamentaba: “En lo que yo fallé como presidente fue en lograr la participación. Para mí la participación es el fundamento elemental de la democracia.”

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Como disentir con la participación es hoy políticamente incorrecto, los poderes fácticos han optado por manipular su significado reduciéndola a elegir representantes en la forma de listas completas negociadas en privado. Sobre esta base se sustenta la “real politik” que, por su naturaleza, necesita ocultar sus operaciones del conocimiento público. Es un hecho que, con demasiada frecuencia, las leyes se tramitan en secreto y se resuelven como intercambios de concesiones entre grupos de poder.(*) La democracia permanecerá anémica mientras no se institucionalice la elección de representantes auténticos y emergidos de sus comunidades.(**) El poder político se legitima haciéndolo transparente y permeable a la sociedad civil. Todas las democracias avanzadas cuentan con instrumentos de control que obligan a los actores políticos a mantenerse comunicados con la ciudadanía y a cuidar la transparencia de sus actos.(***) Es por eso que se requiere suministrar *

Etimológicamente, apunta Juan Cincunegui, el término “candidato” proviene del latín “candidatus”, de “candidus” (blanco, sin malicia ni doblez). En los tiempos de Roma, los aspirantes a una magistratura el día de la elección, se exhibían ante el pueblo desprovistos de toga, recubiertos tan sólo de una simple vestidura blanca, traslúcida. La diafanidad de sus vidas y las cicatrices, con las que demostraban su coraje en la lucha, eran los atributos que los candidatos ostentaban para ser elegidos y los que el pueblo exigía para pronunciarse. ** Dice Toni Puig: “Porto Alegre tenía un alarmante nivel de pobreza. El intendente de Porto Alegre, Tarso Genro, dos veces prefecto de la ciudad, puso en manos de los ciudadanos las prioridades en materia de inversión municipal. En Puerto Alegre nunca se recitó el verso participativo: ‘yo participo, tu participas, el participa, nosotros participamos, vosotros participáis y ellos deciden’. No en vano el movimiento antiglobalización convirtió a Puerto Alegre en un ícono para abordar las cuestiones claves del mundo, ejemplificado por la misma ciudad”. [61] *** José Natanson señala: “hoy se observa una búsqueda de eficacia en relación con el esfuerzo que se realiza. Los jóvenes están priorizando el saldo resolutivo por sobre el organizativo (la construcción del partido, por ejemplo) a través de armados horizontales que revelan su falta de confianza en los mecanismos clásicos de representación (partidos, sindicatos o federaciones estudiantiles). El diálogo cara a cara es considerado fundamental para cualquier proyecto participativo. Es por eso que el paradigma de la militancia tiende a ser reemplazado por el de la participación.


información auténtica e institucionalizar los diversos mecanismos y modalidades de la convocatoria barrial (consejos, plebiscitos, convocatorias y asambleas. Se escucha que los procesos participativos son demasiado lentos y no pueden responder al ritmo con que se presentan los problemas. El presidente Néstor Kirchner ha subrayado que ”gobernar es un arte de constante táctica en el que la intervención veloz tiene un valor esencial”. Desde siempre la democracia representativa ha estado tironeada por dos principios difíciles de conciliar: la veloz reactividad que exigen los hechos políticos y económicos y el tiempo que insumen los procesos participativos. Pero conviene aclarar que la gobernabilidad no es excluyente de la participación. Salvo en la escala de la democracia directa, que solo puede ser resolutiva en la escala del barrio o la fábrica, el rol de la participación no es asumir la acción de los poderes electos, sino nutrirlos con los valores y prioridades de la gente. Debe reconocerse que, en general, las poblaciones no están hoy suficientemente preparadas para desarrollar con plenitud las posibilidades que les depara la vida participativa.(*) Es un hecho que tienen más éxito las convocatorias defensivas, como las que tratan de frenar abusos o usurpaciones, que las convocadas para gestionar acciones superadoras en el hábitat barrial. La indignación ha sido siempre la razón más efectiva para movilizar las comunidades, una insuficiencia ciudadana que debe ser abordada a través del ejemplo, la información y la educación. Es necesario explicar y aplicar las modalidades del trabajo participativo. Esta necesidad no se refiere solo a la población, sino también a los equipos municipales e institucionales asignados al trabajo comunitario, que también necesitan profundizar el conocimiento de los objetivos y los métodos propios de su rol. Operar con los vecinos no es comparable con la verticalidad de las reuniones burocráticas. Cualquiera que haya participado de estos grupos lo ha vivido. El conservadurismo administrativo, impregnado de normas y jerarquías, se resiste a democratizar sus formas de trabajo y a adaptar sus tiempos a las posibilidades de la población. Como señala el politólogo Mariano Turzi, “toda estrategia requiere desarrollar los conceptos que aclaren el camino, crear las capacidades que permitan andarlo y adaptar el *

Alexander Mitscherlich observa que en la cultura liberal, la gente acepta, con mayor o menor resignación, lo que las autoridades de la ciudad quieren hacer con ella. [54] En el plano barrial, Raymond Ledrut señala que, “si bien la población valora la cercanía de los equipamientos barriales, trabajar para gestionarlos es mucho menos aceptado. Al parecer la gente no se pregunta quién se encargará de ellos, se cuenta con los poderes públicos”. [42]

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rumbo sin perder de vista el objetivo”. No basta con la buena disposición. La gestión participativa requiere experiencia, profesionalismo, valores democráticos y motivación anímica. No se trata de un trabajo sencillo. Las comunidades son homogéneas en términos socio-económicos pero no lo son en el plano de las motivaciones personales. En todo grupo social hay subgrupos basados en afinidades afectivas, ideológicas, deportivas o caracterológicas que suelen controvertir. Los vínculos se tensan cuando intervienen vecinos comprometidos con otros grupos, en general políticos o religiosos. Los conflictos que surgen de la doble pertenencia deben manejarse con suma madurez privilegiando el valor de la unidad de acción y evitando que el disenso corrompa el espíritu solidario.(*) 4. El diseño participativo Se trata de un modo de trabajo innovador, en la medida en que transgrede los modos de hacer y ciertos valores dominantes en las disciplinas proyectuales. ·150· *

La participación en el Plan de Bogotá 2008/2012.

Objetivos: – Involucrar a la población en el proceso de tomas de decisión del gobierno. – Garantizar que los recursos de los Fondos de Desarrollo Local se ejecuten conforme a la participación ciudadana. – Promover la organización social y potenciar las capacidades étnicas y políticas de las personas para mejorar su poder de interlocución con las autoridades. – Fortalecer los organismos, las instancias y los mecanismos de participación ciudadana existentes, así como los creados en el marco del sistema distrital de participación. – Informar, divulgar y hacer pedagogía social para que las personas y organizaciones ejerzan efectivamente el control, así como para generar entre los servidores públicos la capacidad de gestión inherente a los procesos de participación.

Cultura ciudadana: – Se promoverá la democracia deliberativa y reconocerá el valor de la participación ciudadana en los asuntos públicos, la diversidad de intereses y su aporte a la construcción de la ciudad.

Sistema distrital: – Acompañar los procesos electorales de las organizaciones sociales. – Consolidar los espacios cívicos locales y un espacio cívico distrital. – Poner en operación las comisiones y fortalecerlas a través de procesos de educación, participación en los procesos de planificación del territorio, y organización de eventos para la promoción de la cultura. – Organizar escuelas distritales de participación para elevar las destrezas y conocimientos de la población. – Vincular a los participantes formales y no formales del sistema de arte, cultura y patrimonio. Igualmente a las organizaciones del campo deportivo y recreativo. – Apoyar la creación de espacios de participación distrital de los jóvenes.


Para los proyectistas ya no se trata solo de la calidad del objeto diseñado sino de producirlo en conjunto. La innovación no esta centrada en la configuración sino en el cambio de los procedimientos para la gestión, la concepción, la construcción y la posterior apropiación y transformación del espacio. El diálogo con los vecinos es insustituible para definir sus expectativas ambientales, funcionales y para establecer prioridades y etapas. Ni la mejor mirada profesional puede anticipar la percepción de quienes se sienten parte del hábitat local. El sentido de un lugar se origina en el uso que se hace de él. No puede explicarse si no es en referencia al sentir de los grupos que lo habitan. Los arquitectos nos hemos educado para trabajar sobre los aspectos formales y tecnológicos del entorno, una de las razones por las que nuestras imágenes urbanas son sensiblemente diferentes a las que tienen los habitantes. El diseñador proyecta a partir de su sensibilidad, su cultura de clase y su formación profesional, mientras que el habitante lo hace desde las expectativas y significados que emanan de su historia individual y social. Él es quien debe integrar su vida futura a los nuevos lugares. Como dice Aymonino, “la forma diseñada no responde a cuestiones exclusivamente funcionales o estéticas. La realidad del medio establece otras condiciones a las que los arquitectos y urbanistas se deben someter. Ignorarlas da lugar a fenómenos de pauperización, degradación ambiental, segregación y marginación.” Es lo ocurrido en el conjunto habitacional Fuerte Apache (Ciudadela, Provincia de Buenos Aires). Como señala el antropólogo Fernando Acevedo “las bases reales para definir las propuestas se podrán establecer una vez que el diseñador consiga relativizar el apego a sus propias imágenes y sitúe en un lugar protagónico las expectativas explícitas y subyacentes de la cultura que portan los habitantes”.33 (*) El arte del entorno sólo sirve cuando incluye sustento social. Lograr ese anclaje es una tarea que debe guiar el trabajo de los proyectistas. *

Dice Ariel Gravano: “Siempre será frívolo y vacuo analizar la ciudad o un barrio prescindiendo del significado que asume para sus habitantes, los valores diferenciales que le atribuye el grupo social que lo habita.” Es necesario revisar la práctica arquitectónica en particular sobre tres planos: – Un enfoque puramente técnico-formal es inoperante. La integración de parámetros complejos exige un enfoque interdisciplinario. – El arquitecto deberá desarrollar nuevas competencias hacia una arquitectura de procesos, adaptable a la integración social y demográfica a través del tiempo. Y – El éxito del proyecto depende más que de las cualidades técnicas del diseñador, de las condiciones en las que se desarrolla la relación entre los equipos profesionales y los destinatarios de tu trabajo.

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La primera condición consiste en proveer información clara y objetiva hacerca de los condicionantes urbanísticos, tecnológicos y socioeconómicos que encuadran el problema a abordar. Con ella podrá abrirse el diálogo e iniciar el proceso, un trabajo accesible y gratificante cuando se aceptan los mayores tiempos que insume la elaboración colectiva. “Es delicado, dice Mariana Salgado, diseñar en conjunto con la gente. Para eso nos valemos de muchas herramientas, como las “sondas culturales” que son paquetes de actividades para que la gente autodocumente su vida cotidiana. Tratamos de entender su manera de vivir y sus valores, para afinar las propuestas, inclusive los detalles finales.” Se citan algunas herramientas exitosamente probadas para incluir a los vecinos en los procesos proyectuales:

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– El Taller Internacional de Urbanística Latinoamericana (TIUL) utiliza grandes planos del sector en debate sobre los cuales los vecinos pueden caminar y reunirse. En la Feria FEMATEC 2001 presentaron un gigantesco mapa del barrio de Palermo (Plano Gulliver), con el sentido de inducir la reflexión urbanística y recoger las opiniones del público. Los visitantes pasearon sobre el mapa y anotaron demandas y sugerencias referidas a las calles de su entorno. – Desde su experiencia europea, Eike Schmidt aconseja constituir en cada comuna una Asesoría permanente de Planificación integrada por profesionales y vecinos para promover los debates, organizar las convocatorias y conducir los procesos colectivos de proyecto. – El movimiento del Nuevo Urbanismo utiliza una herramienta que denominan “Charrette”. Consiste en unidades de diseño convocadas por los Centros Vecinales que trabajan en períodos semanales intensivos discutiendo el modo como el barrio debe ser intervenido. Arquitectos y vecinos trabajan integrados en equipos, donde los primeros vuelcan a la computadora las propuestas en discusión para posibilitar a los vecinos el recorrido virtual de sus lugares. Más allá del éxito obtenido por la acción participativa, y aun si no resultara del todo eficaz debido a la inexperiencia de los actores, debe tenerse en cuenta la formidable experiencia y las habilidades adquiridas por todos los participantes, una serie de competencias fundamentales, no solo para la gestión barrial sino para todos los aspectos de la práctica democrática. En el caso de los arquitectos la experiencia perfeccionará sus operaciones futuras.


Es necesario organizar la transmisión de esos conocimientos durante la formación de grado y la de postgrado. La práctica del diseño participativo debe ser ejercitada en las Facultades de Arquitectura y Urbanismo para familiarizarla entre estudiantes y egresados y porque produce una importante reformulación del marco conceptual que define la disciplina. 5. Promoción de las actividades barriales Los espacios comunitarios quedarán débiles y propensos al abandono si las actividades colectivas no son promovidas por los municipios y las organizaciones del barrio. Es un hecho que la presencia de artesanos y artistas callejeros sólo es promovida en las áreas de interés turístico. Si bien se aducen perturbaciones a la circulación y molestias sonoras, las soluciones no deben buscarse expulsando la vida humana de la calle, por lo demás mucho menos ruidosa y polucionantes que la aceleración de los vehículos cuando se enciende la luz verde del semáforo. Es necesario revisar la inclinación municipal a prohibir o gravar las actividades de la calle, más dirigida a evitar situaciones de conflicto social que a promover el uso colectivo del espacio público. Sintetizamos algunos enfoques principales para una política promotora de la vida barrial. Los municipios deben invertir en ellos los recursos económicos y humanos necesarios: – Transformación del barrio en área de prioridad peatonal, incluyendo el cierre transitorio de ciertas calles para la organización de actividades deportivas, culturales, recreativas y festivas. – Organización municipal de programas deportivos y culturales en todos los barrios con el apoyo de las organizaciones locales. – Provisión, montaje y posterior retiro de las infraestructuras y mobiliarios necesarios para atender las actividades, periódicas y ocasionales, en el espacio barrial. – Organización de un parque circulante de vehículos municipales dedicados a brindar servicios sanitarios, educativos, culturales y artísticos, organizando sus áreas de detención en los centros y plazas barriales. – Asignación del personal necesario para ordenar, atender y proteger las actividades en el espacio público. Los vecinos mayores y los jóvenesde cada barrio pueden atender con ventajas comparativas estos servicios, que se presentan como una interesante fuente de trabajo local.

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6. La seguridad en el espacio público barrial No conocemos mejor definición de seguridad que la formulada por Nelson Mandela: “En la nueva Sudáfrica la seguridad no es vista como un problema del Ejército y la Policía. La seguridad es una condición que todo lo abarca, en la cual los ciudadanos viven en paz y libertad, participan plenamente en el proceso de gobierno, disfrutan la protección de los derechos fundamentales, tienen acceso a los recursos para las necesidades básicas de la vida y habitan en un ambiente saludable. Estos elementos se tratan eliminando la pobreza extrema, las crisis ambientales y mitigando los efectos sociales de la globalización.” Un enunciado que reúne todos los elementos para el diseño de una política realista, atenta a las raíces de la inseguridad urbana.

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Es sabido que la pobreza y la exclusión son el caldo de cultivo para la proliferación de la violencia urbana. Todos sabemos que el hambre potencia el crimen, pero muchos olvidan que el hambre es un crimen en sí mismo. No es posible pretender que los excluidos se comporten como incluidos. Es de elemental sentido común comprender que el futuro en el que piensan quienes no comen se reduce a la inmediatez.(*) El presidente de la Suprema Corte de Justicia, Ricardo Lorenzetti, ha señalado que “inseguridad jurídica es la que tiene el excluido. ¿De qué seguridad le van a hablar a alguien que no tiene salud ni educación y que está fuera del sistema? Eso también es un problema de seguridad jurídica. Hace poco, en un congreso de criminología donde los índices de criminalidad se analizaron en relación a la pobreza, la relación resultó directa. Entonces ¿qué ganamos con aplicar la ley si tenemos una grave exclusión social? La paz siempre va a ser inestable mientras haya exclusión.” Un profundo descreimiento de los valores sociales impera en los jóvenes de los sectores marginados. Muchas veces se trata de familias en estado de implosión que han bajado los brazos y ni siquiera piden ayuda. La sensación de no tener futuro los conduce a manifestaciones extremas, como irrumpir agresivamente en la vida pública.(**) * En versos de José Martí: “Es hora de pensar, más pensar espanta, cuando se tiene el hambre en la garganta” ** Dice Hobsbawm: “En los países subdesarrollados, los desclasados forman parte de una enorme y oscura economía informal, en la cual hombres, mujeres y niños intentan sobrevivir gracias a una combinación de trabajos ocasionales, recolección de desechos y venta de hurtos menores”.[35]


La energía juvenil en particular no se compatibiliza con la inacción. Los adolescentes y jóvenes marginados tienen “las pilas cargadas” y buscan sobrevivir. Las jóvenes que ejercen la prostitución, en su mayoría inmigrantes, están movidas por la necesidad imperiosa de obtener dinero diario para sus familias. Como apunta Elisa Carrió, “si yo viviese en una villa, separada, sola y con siete hijos, seguramente tendría que ir a visitar a alguno a la cárcel”. Está comprobado que las causas del delito no radican tanto en la desestructuración familiar como en la familia azotada por vínculos violentos. Los niños que son victimas de abusos crueles, abandonos, castigos físicos y humillación, muestran consistentemente mayor propensión hacia la violencia y el sadismo. En sus raíces se encuentra siempre la pobreza y la exclusión. Los hogares donde se maltrata a los niños con mayor frecuencia son aquellos donde cunden las privaciones, el resentimiento y la desesperanza. Los criminólogos han destacado los aspectos claves de la desintegración social: la desigualdad económica, el desempleo crónico, las drogas, el desequilibrio entre aspiraciones y oportunidades, la discriminación, la desintegración familiar y la violencia hogareña. Agreguemos un sistema penal que se concentra en el castigo y el confinamiento, ignorando las medidas más básicas para la rehabilitación de los internos. Se trata de un debate crucial. Si un chico ha cometido un delito, lo ha hecho condicionado por la exclusión de una sociedad que lo abandonó. Lo que necesita es que lo pongan en un centro en el que pueda ser desprogramado de la violencia y socialmente rehabilitado.(*) La agresión se ha incrementado como consecuencia de la violencia estructural que consume a la ciudad neoliberal, pero afirmar que es producto del espíritu violento de la gente o que proviene de los *

El enfoque cubano es paradigmático: se está cambiando el modo de trabajar en justicia penal juvenil: se demolieron los muros de los institutos de detención convirtiéndolos en centros abiertos. Los jóvenes que delinquieron reciben muchísima educación, entre diez y doce horas por día, incluyendo instrucción general, talleres de arte, cultura, deporte y el aprendizaje que ellos eligen. Se ha sustituido el uniforme penal por el de los estudiantes secundarios. El sistema no incluye pena sino la evaluación de un equipo que trabaja en cada centro, que decide cuándo ha sido completada la rehabilitación y están listos para la reinserción social. Educados y capacitados, estos jóvenes empiezan a tener algo que no quieren perder, una nueva autoestima y un principio de futuro. En Bolivia se avanza por otro camino, la reforma del Poder Judicial para incluir el concepto de justicia comunitaria, normas ancestrales practicadas por las comunidades donde se ha mantenido la justicia sin leyes escritas. Si alguien comete un delito, la comunidad delibera y lo sanciona de manera transparente. Una justicia que en lugar de cárceles aplica otras formas de castigo: trabajo, expulsión y a veces chicote (latigazos en quechua), que se imparten delante de la comunidad.

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barrios populares es un prejuicio irracional y socialmente peligroso. Las víctimas siempre precisan un culpable personalizado, la ley del Talión es tan vieja como la humanidad. Ocurre que vengarse apacigua el dolor, razón por la cual quien se interponga será violentamente maltratado. El reclamo de justicia vengadora es un espectáculo alentado por los medios de comunicación que no conduce a soluciones reales. De no buscar verdaderas soluciones a un problema social originado en la escandalosa brecha que promueve, los desbordes de violencia activa y reactiva continuarán violando la paz urbana.(*)

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El espacio público es un medio de accesión a la ciudadanía para los que sufren marginación. Ante los conflictos que suelen aparecer en el espacio público, hay un paradigma que impone el orden desde afuera y otro que propone la gestión en el interior del conflicto. El paradigma del orden es autoritario, basado en la idea de que una sociedad no debe permitir la expresión pública de los conflictos, “salvo que tengan permiso y se manifiesten con respeto”. El orden podrá ser definido por leyes o por normas religiosas, pero debe existir. Cada uno debe ser acomodado en el lugar que le ha tocado.(**) El paradigma de la gestión de la conflictividad es de carácter participativo. Sostiene que hay que intervenir para resolver la contradicción, tratando de evitar tanto la violencia reactiva como la represiva. El acuerdo es posible, pero construirlo implica escucha y paciencia. El primer paso es asumir que la conflictividad es intrínseca a la convivencia, hace que la sociedad tenga vida, la impulsa hacia adelante. *

Sin embargo, las medidas que previenen un delito en particular encaminan las cosas hacia otro delito. Los delitos se ajustan a la estrategia del agua, que busca las brechas y se expande por los espacios vacíos. Según Hobsbawm, todos los observadores realistas y la mayoría de los gobiernos sabían que la delincuencia no disminuía con el reforzamiento de las penas, pero también eran concientes de la enorme fuerza emotiva, racional o no, que tenía la demanda de los ciudadanos para castigar a los antisociales. La inseguridad no se puede revertir en el corto plazo. Es necesario asumir con paciencia y realismo las dificultades para afrontar soluciones duraderas.[35] ** Dice Bernardo Kliksberg: el problema es latinoamericano. Urge mejorar la calidad de este debate crucial. Los grupos más reaccionarios de la región están proponiendo un alivio fácil para la ansiedad, la mano dura, manos libres a la policía, multiplicar los recursos en seguridad, y ampliar las cárceles. Las dirigencias prefieren dedicarse a apagar incendios porque las verdaderas políticas de seguridad se desarrollan en plazos no redituables en términos electorales. Las ilusiones de respuesta inmediata que genera la mano dura les sirve de respaldo social.


Los conflictos están implícitos en todo movimiento o dinámica. Como dice David Harvey: “el espacio ideal es un espacio de conflicto continuo con continuas maneras de resolverlo. Sin un espacio social adecuado la ciudad queda anémica, no convive ni se interrelaciona”.163 (*) El primer valor corresponde siempre a la prevención. Anticiparse no solo evita el daño sino también la reacción de las víctimas. Para ello hay que tener presente las diferencias que existen en el interior de la conflictividad: no es lo mismo vender en la calle que alterar el orden. Ni deben confundirse la protesta social con el vandalismo, la delincuencia infanto juvenil con la delincuencia reincidente y la delincuencia ocasional con el crimen organizado. Los delitos menores, que en el espacio público son amplia mayoría, se previenen con la presencia de una policía de proximidad amigable, cercana a la gente. La vigilancia disuasiva, la iluminación y el monitoreo son recursos probados y ampliamente eficaces, especialmente cuando cuentan con la colaboración de las comunidades locales. Lo confirma Juan Carlos Paggi, jefe de la Policía Bonaerense, “las cuestiones son sencillas y simples cuando uno se sienta a dialogar con los vecinos. Eso achica el camino. Hay que estar en contacto”.164 ·157·

La inseguridad se agrava notoriamente en las ciudades no descentralizadas. En todos los casos se verifica que las ciudades con barrios organizados tienen menos delincuencia. Como afirma Nels Anderson, “aunque suele ocurrir que los barrios pobres pueden ser el hábitat de personajes marginales o el escondite de delincuentes fugitivos, esto sólo es cierto cuando se trata de barrios socialmente desorganizados”.5 Bogotá, recientemente asolada por la inseguridad y la delincuencia, es un buen ejemplo, favorecido por la continuidad ideológica de cuatro alcaldías consecutivas. En la primera, se inició el proceso a través de una campaña educativa llevada a cabo con clowns, mimos y actores, que enseñaban cómo usar cívicamente la ciudad y cómo compartirla. La segunda se centró en recuperar el espacio público, se urbanizaron los arroyos que bajaban de los montes como paseos *

También existe inseguridad en el espacio público virtual. Se trata de otro tipo de delincuencia, que no proviene de los sectores excluidos. Recientemente, en EEUU ha sido instalada por internet una perversa encuesta pidiendo opinión sobre si habría que asesinar o no al presidente Obama. Son los riesgos de las redes sociales, como Facebook, con las facilidades que brindan para el anonimato. UNICEF informa que en el mundo hay más de 150 millones de niñas y 73 millones de niños explotados sexualmente a partir de la delincuencia cibernética.


verdes, y se construyó la primera línea de autobuses articulados. Durante la tercera se potenció la autogestión de los ciudadanos, fueron ellos quienes decidieron las prioridades para sus barrios. En la cuarta, se consolidaron las actividades callejeras, se habilitaron mercados públicos para vendedores ambulantes y se organizó el cierre de calles y avenidas los domingos para ser ocupados por la gente. Después de largos años de inseguridad extrema y perdurando en Colombia las raíces estructurales de la violencia, Bogotá está hoy entre las ciudades de referencia para la gestión de un espacio público más habitable y seguro.

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Este libro se termin贸 de imprimir en los talleres de Imprenta Dorrego S.L.R. Av. Dorrego 1102 Ciudad Aut贸noma de Buenos Aires en junio de 2011. Para su composici贸n se utilizaron las familias tipogr谩ficas Akkura y Museo.


· EL ESPACIO BARRIAL ·

El autor, Julio Ladizesky, ha desarrollado una larga actividad como profesor titular en las Facultades de Arquitectura de las Universidades de Buenos Aires y La Plata. Dos veces expulsado de su cargo por las últimas dictaduras militares (1966 y 1976), retomó la docencia en el año 1984. Ha sido premiado en concursos de arquitectura y electo como miembro de los Colegios de jurados y asesores de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires. La mayor parte de su producción teórica está referida a los temas del hábitat social y la vivienda popular.

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JULIO LADIZESKY

JULIO LADIZESKY

EL ESPACIO BARRIAL

El espacio colectivo sufre una transformación profunda y desfavorable impuesta por la avasallante irrupción del automóvil y las malformaciones emergentes de la cultura del mercado, que derivan al habitante urbano hacia formas de vida carentes de solidaridad y bajo nivel de ciudadanía. Frente a esta situación de crisis, la propuesta de un espacio barrial habitable brinda soporte a una política municipal dirigida al desarrollo humano y a la integración comunitaria de la población. Este libro, centrado en la escala del barrio, reconsidera los criterios conceptuales y los métodos instrumentales que se utilizan habitualmente para la configuración del espacio público barrial.

EL ESPACIO BARRIAL Criterios de diseño para un espacio público habitado


El Espacio Barrial / por Julio Ladizesky