(Blank dice que les gustaba hacer música “como si estuviéramos en medio de un bosque oscuro y de pronto las luces empezasen a brillar”) o peleando por llevar lo posible a un nuevo nivel. Y decisivas fueron su energía, reputación e idiosincrasia. Incluso inspiró a Bob a aventurarse en el Paradise Garage dos veces, para presenciar su legendario sistema de sonido, que usaba bocinas para crear un muro de bajos que, simplemente, no se podía llegar a escuchar en una instalación de estudio profesional. La primera vez fue a escuchar a su exmujer Lola cantar como parte de una actuación en directo de ‘Go Bang’, recuerda: “Llegué a la pista, donde estaban miles de tíos en ropa interior, era una energía tremenda”. La segunda, fue para un directo de ‘Wax The Van’ al que incluso llevó a su hijo porque “me sentía más en casa que en mi propia casa. Tenías a un niño de
seis años a las 6am y todos le daban la mano y fueron súper amables. Nadie estaba en mal estado o vomitando”.
También le expuso, de cerca, a la inmensa presión a la que se enfrentaba Levan. “Si recuerdas cuanto tenías 23 años, si se te hubiera confiado una situación donde no solo tenías que entretener a miles cada noche,
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sino que además estas en un mundo en el que tu jornada laboral tiene 12, 14 o 16 horas seguidas, eso puede llegar a
ser sumamente estresante. Es por eso que se oyen tantas historias de que Larry era un loco, obstinado o lo que sea”. Esa famosa pegada del Paradise Garage estuvo aderezada
por el LSD durante los primeros días. Puede que haya sido esa presión de rendir al máximo siempre que llevó a Levan al uso de drogas más duras. Tristemente, murió el 8 de noviembre de 1992 de un fallo cardíaco, provocado por una enfermedad que ya padecía desde que fuese un niño y empeorada, seguramente, por su estilo de vida. Aunque el genio de Levan le llevó a hacer realidad uno de los clichés más oídos de la música: conseguir vivir más allá de su muerte gracias a su música. En una época en la que el remix tenía poco que ver con remplazar partes físicas determinadas de una canción, sino en ajustar el ánimo y el movimiento, el flujo y reflujo, él era el maestro. Este sigue siendo la parte bonita y genial de un mix de Larry Levan. Poned uno y, desde algún lugar, él seguirá embelesando con su hechizo a cualquiera que le baile.