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OFILL ECHEVARRÍA

EL MUNDO DE LOS VIVOS. THE REAL WORLD THE GABARRON FOUNDATION, NEW YORK Adriana Herrera Téllez Miami

In Illuminations, Walter Benjamin makes reference to the way in which “architecture represents the prototype of a work of art the reception of which is consummated by a collectivity in a state of distraction” through use and through a mode of visual perception that differs from contemplation and from a tactility associated to simple habit. This distraction is even greater when architecture is external and perceived in full movement as one avoids contact with the unceasing “human river” of crowds moving in an uncontrolled flow in large cities. The work that Ofill Echevarría (Cuba, 1972) has been creating as an endless essay on the people adrift in urban architectures –barely suggested by the bodies that inhabit them – in which it is only possible to see and be seen “in passing” and in a hurry, functions as a whole as an artifact that alters habit and directs our distraction towards another mode of connection with the city and its boiling crowd. Ofill Echevarria. El mundo de los vivos. The Real World, the exhibition which opened in New York at The Gabarron Foundation, Carriage House Center for the Arts, simultaneously with the launching of the artist’s book published under that same title, is another chapter of the long visual essay that the artist has produced on the vertiginous circulation of people in the cities. A decade ago, in works like David, paradigm of man sculpted by modernism, with eyeglasses and a briefcase and an executive-style suit, his urban portraits captured characters that moved between “the almost divine ecstasy of triumph and the devastating alienation of vertigo”, as Alejandro Robles wrote in the introductory text. “His having thus discerned alienation in the symbols with which that imaginary of success is built is one of the best-sharpened blades with which Ofill Echavarría dissects not only the complexity of contemporary urban processes but also that blind complicity with which the current logic of the impatient capital is assumed”: such the reflection posed, in turn, by Emilio García Montiel in the artist’s book published by Alfredo Ginocchio Gallery. As Carol Damian points out, over the course of time Echevarría “has organized the artificiality of the new technology in such a way that it may operate in the service of a synthetic reality and as a resource to free representation from the conventional approach”. Halfway through the first decade of the 21st century, Echevarría represented the “lost identity” – the title of a work of his – in a sort of iconography of stress which progressively generated, as an effect of speed itself, works that bordered on abstraction, and whose titles, which were often bilingual, alluded in a parallel way to another multitudinous movement: that of the human masses coming from the south to insert themselves in the megalopolises of the north. He himself had traveled from Havana to Mexico City, Miami and New

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En Illuminations, Walter Benjamin se refiere a cómo la arquitectura es el prototipo de trabajo artístico que una colectividad consume en estado de distracción a través del uso y de un modo de percepción visual que difiere de la contemplación, y de una tactilidad asociada al simple hábito.. Esa distracción es aún mayor cuando la arquitectura es exterior y se percibe en pleno movimiento, mientras se anda eludiendo el roce de ese incesante “río humano” de las multitudes desbocadas en l as urbes. La obra que Ofill Echevarría (Cuba, 1972), ha venido creando como un ensayo incesante sobre las gentes a la deriva en las arquitecturas urbanas –apenas sugeridas por los cuerpos que las habitan-, en donde sólo es posible ver y ser visto “de paso” y de prisa, funciona en conjunto como un artefacto que altera el hábito y emplaza nuestra distracción hacia otro modo de conexión con la ciudad y su hirviente gentío. Ofill Echevarria. El mundo de los vivos. The Real World, la exhibición inaugurada en Nueva York en The Gabarron Foundation, Carriage House Center for the Arts, donde paralelamente se lanzó el libro del artista editado con ese mismo título, es otro capítulo del largo ensayo visual que el artista ha hecho sobre el vertiginoso tránsito de la gente en las ciudades. Hace una década, en obras como David, paradigma del hombre esculpido por la modernidad, con gafas y portafolio y traje ejecutivo, sus retratos urbanos apresaban caracteres que transitaban entre “el casi divino éxtasis del triunfo y la devastadora alienación del vértigo”, como escribió en el texto introductorio Alejandro Robles. “Haber discernido así la alienación en los símbolos con los que se construye ese imaginario del éxito es uno de los muy asentados filos con los cuales Ofill Echavarría disecciona, no sólo la complejidad de los procesos urbanos contemporáneos, sino también esa acrítica complicidad con la que se asume la lógica actual del capital impaciente”, reflexiona a su vez Emilio García Montiel en el libro del artista editado por la Galería Alfredo Ginocchio. Al tiempo, como señala Carol Damian, Echevarría “ha organizado la artificialidad de la nueva tecnología para que actúe en servicio de una realidad sintética y como recurso para liberar a la representación del enfoque convencional”. A mediados de la década pasada representaba la “identidad perdida” –título de una obra suya- en una suerte de iconografía del estrés que iba generando, por efecto de la misma velocidad, obras colindantes con la abstracción, cuyos títulos, muchas veces bilingües, aludían paralelamente a otro movimiento multitudinario: el de las masas humanas provenientes del sur que llegaban a insertarse en las megápolis del norte. Él mismo había hecho un periplo de La Habana a Ciudad de México, Miami y Nueva York, ciudades que anduvo en caminatas que forman parte de su obra.

Artealdia 145  

Artealdia International magazine

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