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Abriendo espacios a la fotografĂ­a latinoamericana

#31 Dossier Paraguay - Diciembre 2014


BEX 31 DICIEMBRE / ENERO 2015

Sumario MONDO EUSEBIO MARTÍN CRESPO

Jorge Piccini Director, Diseño, Edición, Contenidos. Fotografía de Tapa: Nathalia Aguilar, Asunción. Contacto: bexbariloche@gmail.com http://www.bexmagazine.com Bex Magazine es una publicación bimestral editada por Jorge Piccini - San Carlos de Bariloche, Patagonia Argentina. Distribución en línea: http://www.bexmagazine.com El contenido de los artículos y ensayos e imágenes publicadas es responsabilidad de sus autores así como de los anunciantes y Bex no asume como propia. Queda prohibida la reproducción total o parcial de su contenido. Los derechos de los textos e imágenes publicadas quedan reservados a sus autores. 2014 - San Carlos de Bariloche, Patagonia.

Envíos de Trabajos: bexbariloche@gmail.com

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Reflejos de Asunción Willi Duarte

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INTIMIDAD Nicolás Saenz Banks

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Entre el Cerro y el Río Mariluz Martín

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PELUQUERIA PANTA Giovanna Pederzani

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DOÑA JULIA Cecilia Rojas

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La Tierra de los Irreductibles Nathalia Aguilar

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LA LEY DE LA CALLE JORGE SAENZ

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Sin uniformes, máscaras ni disfraces... Alejandra Gómez

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ELLA ESTA POR EMBARCAR Juana Barreto Yampey

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EL RETORNO DE LOS BRUJOS VOL.1: LOS DESASTRES DE LA GUERRA FRÍA FREDI CASCO

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LA CONDICION HUMANA Juan Carlos Meza

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Los Guaikurú Ñemondé Compañía Minas - Emboscada Fernando Allen

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PROXIMO NUMERO

Febrero 2015

DOSSIER GUATEMALA Envíos de Trabajos: bexbariloche@gmail.com

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MONDO EUSEBIO un documento sobre la gran avenida

MARTĂ?N CRESPO

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Este proyecto fue, ganador del primer concurso de fotolibro El Ojo Salvaje 2014, Crespo explica que optó por la Avenida Eusebio Ayala por que ese espacio representa un universo por donde fluye la vida que va y viene a la ciudad de Asunción. “Una avenida es como una playa, es decir una franja de territorio donde confluye la vida social del entorno, donde se sintetiza la interacción humana, llegando al caos de las horas pico, donde pelean por un espacio los hombres y las máquinas” afirma. Con respecto a la nocturnidad de las fotos, comentó que a esa hora de la jornada, se sentía más en sintonía con el universo, razón por la cual se inspiró para las actividades creativas. “Es el momento en que el duro clima de Asunción se toma una tregua y se puede caminar sin ser calcinado, la avenida Eusebio Ayala muda su apariencia en forma radical por la noche, se podría decir que el hombre se retira y quedan las máquinas en el estado de diseño puro de sus estructuras” explica. Los personajes que aparecen en el libro también dejaron su huella en el autor. Crespo comenta que retrata a las personas mirando a la cámara, interactuando con la lente, y por ello siempre se establece un diálogo con los mismos. Entre las personas que concitaron su atención, se detiene en el taxista que aparece en la tercera foto de libro, quien tiene un notable parecido a Evo Morales. “Me dijo “usted no me ve parecido a alguien muy famoso? “, aquí quitó entre sus papeles un recorte arrugado de diario con una foto de Evo Morales y me dijo “ve? Igualito”. Continua mencionando a la señora que

prepara lomitos en Kubitscheck y Eusebio: “La Juana”. “Ella me relató parte de su historia, que incluía una vida cómoda y con buen pasar en Punta del Este, con negocio gastronómico; hasta que enviudó y su vida cambió radicalmente”. Pasaron 15 años hasta que las fotos de Crespo vieron la luz. Según cuenta el autor, la fotografía más antigua es del año 2000. “Cuando supe del concurso me sentí motivado para reunir todo ese material, pero a su vez sentí que le faltaba algo para completarlo, por ese motivo pasé 40 días más, diariamente, saliendo a fotografiar la avenida y tocar puntos que no había visitado” comenta, explicando que por la ubicación de su estudio y de sus diferentes casas siempre Eusebio Ayala fue un lugar de paso cotidiano. “Siempre pensaba que debía ir registrando ese lugar al que el destino me dejaba servido en bandeja, tal es así que también realicé un cortometraje documental, llamado TRIVIAL, que en gran parte muestra la vida de Eusebio Ayala, pero en formato de video. ” sostiene. Martin Crespo, considera Mondo Eusebio como parte de un gran camino por recorrer. “Esos últimos 40 días con los que completé las fotos del libro me hicieron entender que me faltaba mucho, que estos eran sólo los primeros trazos de un boceto en una tela en blanco” .

Alejandra Gómez.

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http://www.martincrespo.net / 13


Reflejos de Asunción Willi Duarte Esa idea de mundo duplicado nos invita a preguntarnos donde empieza y termina esa realidad? Los reflejos son, de alguna manera, la copia intrínseca de su lado opuesto. Retratar el reflejo y no el sujeto como tal exige, en términos estéticos, un mayor involucramiento del fotógrafo. Reflejos de Asunción nos presenta la capital paraguaya desde lugares históricos y su gente a través de reflejos relacionados entre sí por su carácter obligatorio de representar el contexto fijado en el objeto reflectante.

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facebook.com/willi.duarte


INTIMIDAD Nicolás Saenz Banks La intimidad y la proximidad, lo que puede atrapar el ojo que observa en sus propias luces. En las imagenes se puede ver lo cotidiano retratado con la esencia de la mirada que las atrapa, los detalles que en la sucesión de los días, normalmente se pierden; esos son los que se guardan en cada una de las imágenes. Este ensayo fotográfico inició sin saberlo, fue en realidad algo que empezó como un juego de capturar recuerdos, miradas, el roce particular de las pieles que compartimos... Y de a poco fue tomando su propia forma y estética, sus colores, y también mutando el cuerpo y los espacios.

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http://osvaldophotography.wix.com/osvalramosfotografia https://www.facebook.com/osvaldo ramos/photography

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https://www.facebook.com/hoyhayfoto

@HoyHayFoto

Sitio de FotografĂ­a Argentina. Directora: Agostina Davidzon / agostina@hoyhayfoto.com.ar

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Entre el Cerro y el Río

Mariluz Martín

En mi patria hay un monte. En mi patria hay un rio. Ven conmigo. La noche al monte sube. El hambre baja al río. Ven conmigo. Quiénes son los que sufren? No sé, pero son míos. Ven conmigo. No sé, pero me llaman y me dicen “Sufrimos”.

Ven conmigo. Y me dicen: “Tu pueblo, tu pueblo desdichado, entre el monte y el río, con hambre y con dolores, no quiere luchar solo, te está esperando, amigo”. Oh tú, la que yo amo, pequeña, grano rojo de trigo, será dura la lucha, la vida será dura, pero vendrás conmigo. (Pablo Neruda, Poema El Río y el Monte).

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El Bañado Sur de Asunción es un territorio potencialmente inundable que se ubica en la ribera del río Paraguay. En los años 50 la ribera se empezó a poblar por familias pobres urbanas y campesinos provenientes de la migración interna del país, expulsados de sus tierras a consecuencia de la expansión de la ganadería y el agronegocio. En algunos casos por opción y en la mayoría de los casos por necesidad, los bañadenses viven en este cinturón de pobreza, el más grande del Paraguay, haciendo frente a la ausencia de Estado con tenacidad, trabajo, voluntad y grandes lazos de solidaridad comunal. Los propios pobladores han construido las calles, las casas y los precarios desagües, los puestos de salud y los espacios de ocio creando comunidades llenas de risas, llantos y por sobre todo de mucha vida. En época de lluvias, el río, los arroyos y sus afluentes, buscan su cauce natural inundando las precarias casas en las que viven las familias más pobres del país. Con la escasa ayuda estatal, las familias abandonan su hogar y se ubican en refugios hechos de madera terciada. Cuando la inundación retrocede, el poblador bañadense arraigado por derecho y necesidad, vuelve a su lugar de origen.

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martinmariluz@gmail.com / 39


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PELUQUERIA PANTA

Giovanna Pederzani

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Peluquería Panta, atendida por su propio dueño. A pasitos (dados de costado) de la Ruta Transchaco, en Mariano Roque Alonso que en realidad es Roque Alonso, porque las ciudades se llaman como la gente conoce que se llaman, por donde desde Asunción, se va al Chaco Paraguayo y también a la Argentina, trabaja uno que corta el pelo y no le interesa la política. Todos los días (no se suspende por lluvia) abre la puerta de su peluquería Don Pataleón y los parroquianos hacen antesala bajo un techo de dos tupidos Ybapovo y un loro parlanchín, esperando a la tijera. Pantaleón, sabe que tiene que trabajar, porque es la única manera de poder vivir. Un día se dió cuenta andando que su peluquería siempre estuvo en medio de la calle entre dos árboles que se salvaron del hombre. Fue así que de madera armó su local en el paseo central, protegido por el aire acondicionado del follaje de los Ybapovo. Paredes de madera, dos pequeñas ventanitas, grafitis en las dos caras más largas de la caja de madera que muestran los rostros de hombres y mujeres recién atendidos, tijeras y otros elementos del oficio, decoran la casita. Son parte del paisaje de la peluquería de Don Pataleón, dos estaciones de servicio, varios negocios y la esperanza de que Don Pantaleón pueda, algún día, abrir su sucursal (porque no piensa abandonar su casita) y cuando sea grande llegar a coiffeur.

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giovannapederzani@gmail.com


Noticias, consejos y ALGO MÁS sobre fotografía... ¿Quieres escribirme? hacerfotos@gmail.com

http://blog.kuchi.fm/


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DOÑA JULIA Cecilia Rojas

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La primera imagen de Doña Julia impresa en mi memoria es: ella caminando hacia su casa con leñas sobre la cabeza y sus pies rozando el pasto cubierto por el rocío. Matriarca por naturaleza con nueve hijos, cuatro de ellos ya fallecidos. Viuda de un hombre a quien agradeció su compañía hasta el final aún cuando el campo, con su silencio agresivo, la dotó de brutal fortaleza haciendo difícil tratarla. En el presente muchas de sus actividades cotidianas están suspendidas por el tiempo, brutal compañero que grita en su rostro, sin embargo ella contesta con tenacidad y a veces con terquedad que aún puede con todo. “Cheguâigui-ma” (ya estoy vieja) dice con una sonrisa y me permite fotografiarla haciéndome parte de ese combate tácito de todos los días.

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Todas las fotografĂ­as fueron hechas en la ciudad de Caraguatay - Paraguay durante el aĂąo 2014.

cecilia.6@gmail.com

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Pobladores alistรกndose para preparar las antorchas de tacuara. / 62


La Tierra de los Irreductibles Nathalia Aguilar

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Tañarandy, que en Guaraní significa “Tierra de los Irreductibles”, es una compañía rural situada en la ciudad de San Ignacio, Misiones. Conocida de esta forma porque en la época de las reducciones jesuíticas, allí se encontraban los indígenas que no se sometían a la evangelización y a la dominación de los españoles. Dicha experiencia artística, cultural y religiosa fue iniciada en forma experimental por el artista plástico Delfín Roque Ruíz en 1992, quien reivindicó a Tañarandy en base a la cultura, la tradición y el resurgir del arte barroco, el hiperrealismo o el surrealismo, utilizando cuadros vivientes en un anfiteatro al aire libre para rendir homenaje a distintas expresiones de la pintura universal. Lo que comenzó junto con un reducido grupo de pobladores, fue creciendo hasta convertirse en un fenómeno que convoca anualmente a más de 15.000 personas que llegan desde distintos puntos del país y también del exterior para admirar los coloridos y pintorescos carteles y murales del lugar y formar parte de dicha celebración. Cada Viernes Santo, los lugareños realizan la Procesión de las Luces junto con los estacioneros que rezan y cantan, llevando a la Virgen de los Dolores por el Yvaga Rape (Camino al Cielo), adornado con más de 4.000 antorchas de tacuara y 15.000 candiles, preparados por éstos, con cáscara de apepu (naranja agria), grasa vacuna e hilo.

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Koki Ruiz y el altar de maĂ­z.

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Ni単o de la zona ayudando a colocar las antorchas de tacuara.

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Candiles de apepu hechas con cรกscaras de naranja agria, grasa vacuna e hilo.

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Visitantes aguardando el inicio del teatro de los cuadros vivientes.

Poblador de la zona junto con su pintoresco cartel.

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Ni帽os formando el Yvaga Rape (Camino al Cielo) con ayuda de los candiles.

Antorchas preparadas con aceite h农 (aceite negro), las cuales alumbrar谩n la procesi贸n con ayuda de los candiles.

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La procesi贸n inicia cuando entra el sol, los pobladores encienden los candiles al ritmo de c谩nticos

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Los Estacioneros, encargados de dirigir la procesi贸n

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Ni単o con candil. / 72


Niñas con luminarias.

Cuadros vivientes. Cabe destacar que ésta fue la última edición. A partir del 2015 darán paso a otras atracciones.

http:// www.facebook.com/NaguilarPh


LA LEY DE LA CALLE JORGE SAENZ

Quien alguna vez haya tenido que trabajar en la calle sabrá muy bien de que hablan éstas caras, éstas miradas. Para quíen no, para el que tuvo mejor suerte, se las ofrezco en estas páginas. Para que no les tenga miedo, para que las mire. La calle marca surcos en la piel del que la sufre, como una curtiembre de la piel viva. Es muchas veces último recurso del que no encuentra otra manera. Del que limpia lo que los demás ensuciamos. Del que vende sin negocio ni local más que la ropa puesta. La calle es un lugar en eterna disputa, hay que desarrollar los reflejos para no perder. Hay que saber de coimas y complacencias de los dueños de la ley. Es una exposición permanente en la que ni el más entrenado se puede descuidar. Algunos se curten de pequeños, otros ya de grandes y todos pagan el precio. Desde abril de este año, me paro cuando los veo, bajo de la bicicleta y les converso, les pregunto poco porque no les quiero molestar, tienen nombre, edad y ocupación, y muy poca valoracion de su trabajo. Éste es mi modesto homenaje a todos ellos y ellas.

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(Asunci贸n, 28 de julio 2014): Pablo Rolon, 66 a帽os, ex obrero del cart贸n, vende gaseosas desde hace 10 a帽os.

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(Asunci贸n, 1 de agosto de 2014): Eugenio Palacios, 56 obrero municipal

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(Asunción, 3 de agosto de 2014): Andres Galarza, 58 años, ex florista, tiene8 hijos y vende lotería desde hace 8 años.

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(Asunci贸n, 14 de junio de 2014) Jubilado en el Mercado 4 de Asunci贸n. Sin datos personales.

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(Asunción, 6 de setiembre de 2014): Pedro Ortiz Caballero, 72 años, ex- trabajador de la construcción y vial, lleva 20 años reciclando. Con distintas compañeras tuvo 29 hijos. Murieron 9. Dos en Argentina.

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(Asunci贸n, 23 de junio de 2014): Sergio Trepowski, barrendero municipal de Asunci贸n.

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(Aregua, 14 de setiembre de 2014): Patricia, abuela de la etnia Maca, de 85 aĂąos, mendiga dinero o vĂ­veres por las calles del pueblo.

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(Asunción, 27 de setiembre de 2014): Josefina Franco, 22 años, una hija. Hace 12 años que trabaja en las calles de Asunción reciclando. Josefina Franco, 22 years old, one daughter, has been working as recycler last 12 years by Asuncion’s streets.

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(Asunci贸n 1 de Octubre de 201): Sin datos personales, desempleado participa en una manifestacion docente-Unemployed participates of a teachers union protest.

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(Asunci贸n, 2 de julio 2014): Lorenza, 50, seis hijos, trabajadora de limpieza urbana desde hace 17 a帽os.

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(Asunci贸n, 27 de junio de 2014): Lizardo Valdez, recilador circunstancial, desempleado por la inundacion, 6 hijos.

saenz30@hotmail.com

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Sin uniformes, m谩scaras ni disfraces... Alejandra G贸mez

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A lo largo de la historia, la mujer ha sido objeto de innumerables discriminaciones, las cuales la han apartado involuntariamente de diversos escenarios, entiéndase político, económico, cultural y religioso. Al hablar de trabajadoras sexuales, el prejuicio es aún mayor, ya que esta labor, considerada por algunos “ilegal” está directamente asociada con la doble moral, muy común en nuestros tiempos. Conocí a Daniela en una manifestación a favor de los derechos de las mujeres en una conocida plaza capitalina. Ahí estaba ella, frente a una gran multitud recitando una frase que siempre viene a mi memoria. “Las mujeres trabajadoras sexuales ya estamos cansadas de que nos quieran poner a usar uniformes, máscaras, disfraces. Ya fuimos discriminadas y estigmatizadas por la sociedad y hoy queremos mostrar el rostro sin importarnos el qué dirán”. Madre y abuela. Dani o Dani cabellera como la conocen sus amigos se dedica a trabajar en las calles desde hace más de 10 años. Valiente, audáz, amiga, confidente, luchadora, dice no tener vergüenza del camino que eligió y asegura que gracias a ello nunca faltó en su mesa alimentos para sus hijos a quienes los crió sola, sin el acompañamiento de una figura paterna.

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alesita51@gmail.com Alejandra Gómez es nacida y criada en Asunción, Paraguay. Documentalista y Periodista. (Universidad Nacional de Asuncion) Escribió artículos sobre actualidad, economía y deportes para el diario La Nación.

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ELLA ESTA POR EMBARCAR

Juana Barreto Yampey

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P

ararse sobre el puente a un costado de los ríos metafísicos de la vida para contemplar el continuo devenir de las cosas. Tal es la tarea del espectador, de aquel que ha dado un paso atrás para buscar una otra realidad que no sea la del actor. Este el puente sobre el cual se ha parado el sujeto a mirar en la obra de Yampey, ese puente que – a pesar de su construcción múltiple y detallada – fracasa en corresponder discurso y referencia. Uno imagina a la fotógrafa detrás del sujeto fijando una residencia en el movimiento, en el tránsito, semejante a la de Viktor Navorski en la película “La Terminal”: viajando el viaje de los otros, esperando la espera de los que esperan y, en definitiva, construyendo un espectáculo (spectaculum) como medio a través del cual se produce su propia realidad de espectador (speculum = espejo). El sujeto se haya dado cuenta quizás en su trance/tránsito – en su obsesión por representar – que la Totalidad es inabarcable ya sea en su absolutismo o en su reducción (codificación/invención). Es además irrelevante, pues lo que el pretende “recolectar” son precisamente sus fragmentos -escombros, ruinas, cotidianeidad – que constituyen las hojas sueltas de un manuscrito infinito que se ha dispersado en el viento de la contingencia. Lo vemos caminar y perderse en el laberinto de chipas, vendedores de bingo, palomas y gatos, hamacas tendidas, diarieros, maleteros, pasajeros, parientes, etc. Las revelaciones no siempre corresponden a las aventuras del espectador, algunas veces espectar significa esperar, estar expectante. Parafraseando a Heidegger: “las cosas vienen a nosotros deseosas de convertirse en signo”. Así como la “Terminal” supone la existencia de aquel que espera a alguien, la mirada del sujeto espera que arribe a los dominios de su espectáculo/espejo una revelación, una metáfora del mundo que lo ha creado en su continuo y monstruoso desplazamiento.

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todas tomadas en la terminal de 贸mnibus de Asunci贸n y alrededores juanab3@gmail.com

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EL RETORNO DE LOS BRUJOS VOL.1: LOS DESASTRES DE LA GUERRA FRÍA

FREDI CASCO “La historia se repite dos veces, primero como tragedia, luego como farsa” Karl Marx

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Archivos colaterales Por Ticio Escobar Los desastres de la guerra ajena Todo el tiempo largo de la dictadura de Stroessner transcurrió sobre un mapamundi escindido, un escenario bipolar y crispadamente estático. Un espacio suspendido sobre la amenaza de la Tercera Guerra, la absoluta, cuya inminencia argumentaba en pro de la conversión del otro en enemigo y, desde ese supuesto irrefutable, justificaba otras muchas cosas. Así, en las periferias, la tensa paz mundial conocida por Guerra Fría exigía que las cosas se calentaran bastante. Los brutales regímenes emplazados en el Cono Sur, por ejemplo, conformaban las consecuencias inevitables, los daños colaterales se diría hoy, de cierta precaria armonía universal mantenida en vilo sobre el Apocalipsis mismo, o su amenaza, alimentada con eficiencia por la propaganda imperial. El final de esta etapa, iniciado más o menos con la Perestroika (1985) y culminado con la disolución de Rusia (1991), hizo que las dictaduras militares latinoamericanas dejaran de ser funcionales. El nuevo orden global produjo otros desastres colaterales, pero ellos ocurrieron ya en otra escena, estremecida por guerras –candentes– y otras catástrofes. Durante los años más duros de la Guerra Fría, el libreto mundial que sostenía las dictaduras fomentó entre los países alineados un disciplinado sistema de cancillerías. Fredi Casco recogió diversas fotos que registraban la intensa actividad diplomática mantenida durante este momento en el Paraguay, cuando, según sus fuentes, “hubo más visitas de dignatarios y representaciones diplomáticas que en toda su historia” (en la actualidad no quedaría ni un tercio de aquellas embajadas). Pero terminada la década de los años sesenta, distendido el momento más crispado de aquel modelo, el gobierno del Paraguay comenzó a revelar los síntomas de su aislamiento y su desprestigio y las visitas de estadistas y otras personalidades comenzaron a menguar. Las tácticas La obra de Fredi Casco recoge estos dos momentos: el breve apogeo de las relaciones exteriores de Stroessner y su decadencia. En verdad, ambos estuvieron marcados por la tediosa medianía de un sistema más preparado para las austeras empresas de la represión que para los brillos cortesanos y los modales diplomáticos; los empaques de Itaipú aún no habían llegado. Mediante mínimas operaciones, el artista pone de manifiesto el dispositivo mediocre, aunque pretencioso, de las galas provincianas, movilizadas no sólo en ocasión de la visita de dignatarios extranjeros o sus representantes, sino durante recepciones diplomáticas y rituales palaciegos menores. No se trata, obviamente, de criticar la cursilería y la precariedad de la escena oficial, sino de reflexionar sobre el artificio que la sostiene y la sensibilidad que pone en juego (y la que encubre, claro). De revelar aspectos de la estética stronista oscurecidos siempre por los discursos severos de la historia y la política. Se trata, en resumen, del valor otorgado a imágenes de segunda fila, aquellas que traman los micropoderes desde la banalidad social involucrada en la puesta en rito del poder grande: la pose forzada, los mínimos gestos, las miradas, los detalles de la decoración y el amoblado. En general, estas imágenes menores son desechadas por el archivo histórico. Tienen, sin embargo la potencia indicial del residuo: son capaces de promover la cobertura imaginaria de los huecos y recovecos adonde no llegan las investigaciones históricas ni los análisis políticos. Provocan la emergencia del detalle, la detección del vestigio, pieza fundamental para vislumbrar el espíritu de un tiempo cargado. Las estadísticas, descripciones y listados, los registros fotográficos periodísticos o estatales, las / 121


reflexiones de los analistas políticos y las denuncias de las organizaciones ciudadanas, resultan fundamentales para la comprensión de ese tiempo aciago y sus alcances tantos. Pero no alcanzan a captar el tono, ni tienen por qué hacerlo. No llegan a percibir el sabor del miedo que convoca salivas heladas, ni el color nocturno del horizonte cerrado, ni el olor de la rancia inquietud que, por un instante, detiene el aire. No pueden, y no es tarea suya hacerlo, identificar el brillo esquivo de miradas sumisas, alertas o asustadas. Reconocer el ángulo mínimo que indica la genuflexión, la curva imperceptible que delata la sonrisa simulada. Sugerir, fugazmente, esos sentidos, acentos y expresiones es competencia de la obra de arte. El arte no acude necesariamente a expedientes grandilocuentes para mostrar el trasfondo turbulento de la realidad que espera ser nombrada. Le bastan, a veces, pequeñas operaciones que, al trastornar brevemente la configuración de la escena, permiten vislumbrar la amenaza de algo que permanecía oculto detrás de esa escena. Freud llama lo Unheimliche, la extrañeza, a la inminencia que turba de pronto una situación ordinaria e inocente. Esa presencia incierta que ronda la escena y se anuncia en señales menores despierta inquietud: una puntada, angustiosa a veces, que, a su vez, permite divisar un contorno, entrever la silueta arisca de aquello que no se muestra. En esta exposición, Fredi Casco moviliza dos dispositivos agudos que desarreglan mínimamente el campo de la imagen buscando producir aquella puntada, aquel latido fugitivo de lo real. Por un lado, el doble; por otro, la máscara. El exceso de imagen y su ocultamiento (el descalce poético siempre actúa así: apela a lo que sobra o lo que falta para tratar de compensar la brecha que deja lo innombrable). Antes de tratar estos recursos de desajuste, valga una digresión referida a cuestiones de estilo e infraestructura. Las fotos, las narraciones Tanto como soporte de uno u otro expediente (el doble, la máscara), Fredi Casco emplea fotografías encontradas en el mercado de pulgas de los domingos de Asunción. Desde el año 2001 viene colectando esta suerte de objet trouvé que significa la imagen hallada por azar en la feria de antiguallas. En verdad, más bien por suerte que por azar, pues a partir del primer encuentro y el concepto que él generó, las fotos de los rituales stronistas son buscados afanosamente por él en los puestos donde se exhiben los documentos viejos. El primer paquete de fotos compradas, en aquel 2001, ya se encontraba compuesto por 100 ejemplares. Desde entonces, la colección fue creciendo obsesivamente, como crecen todas las colecciones. Las fotos intervenidas digitalmente conservan su tamaño original (20 x 25), sus colores, su tono. Y eso, para que las operaciones que introduzcan un pequeño lance de torsión en ellas, lo hagan limpia, tajantemente, economizando la libido de la mirada en un gesto breve para intensificarla. Sólo actúan, pues, los dobles y las máscaras: elementos intrusos que obligan a las fotos a referir aspectos encubiertos de las historias que narran. Que obligan a soltar otras narraciones. El esquema de esta propuesta de Casco tiene un sentido narrativo, casi en la acepción literaria y ficcional del término. De hecho, esta muestra se presenta como un capítulo de un título más amplio: El retorno de los brujos, planteado según la lógica secuencial y discursiva de un libro. Hubo ya un Capítulo Cero desarrollado durante los años 1998 y 1999 y referido al ámbito privado, el contrapunto quizá de esta escena oficial que trabaja ahora. Las fotografías intervenidas en aquel primer momento correspondían al mundo familiar de la pequeña burguesía paraguaya crecida (a duras penas) durante la primera mitad del siglo veinte. El título Los desastres de la Guerra Fría, el nombre de esta muestra, corresponde al primer capítulo de una serie que prevé otros apartados (el Cap. II, Los aparecidos y el / 122


III, El amigo paraguayo). El empleo de fotografías ordinarias, como también la técnica casera de la manipulación digital que las interviene, evidencian la mediocridad de los recursos oficiales. Pero revelan también la destreza aplicada a una óptima puesta en ficción obtenida mediante procedimientos asequibles (recursos especiales de “bajo presupuesto”, como los llama el autor). Pero tanto el comentario sobre las particularidades tecnológicas locales como el referido a la mediocridad del kitsch oficial, no devienen análisis de situaciones periféricas o sátira de la cursilería stronista, sino principio de distanciamiento irónico: arbitrio que busca identificar los indicios nimios de un tiempo turbio para explorar el rastro de otras evidencias. Todo el conjunto, el libro, asume la estrategia de transgredir, mediante gestos mínimos e incisivos, el relato de la fotografía de base para trastornar su curso y permitir la emergencia, o la sugerencia, de un nuevo relato: la versión omitida y fantasmal del primero, quizá. Y lo hace subrayando momentos menudos de las imágenes fotográficas para contornear con ellos un diagrama epocal que permita avizorar su propio reverso: que permita, quizá, anticipar otros tiempos desde los gérmenes de diferencia que incuban los detalles y que sabe despertar la mirada deseosa. Los dobles I El concepto del doble, ya se sabe, constituye una presencia obsesiva dentro de la episteme contemporánea. En verdad, constituye una obsesión en el horizonte de cualquier cultura, pero en el de la nuestra se ha cargado con connotaciones imprevistas que acrecientan su fuerza. En sí misma, la fotografía otorga un aval de verosimilitud, de reproducibilidad, nunca alcanzado antes por los procedimientos de la representación. Desde su aparición, el arte se replantea su propio estatuto y su rumbo: duda de su lugar en un mundo capaz de doblar con exactitud toda presencia y toda apariencia. Si la imagen fotográfica permite (como no lo hizo nunca imagen alguna) producir no sólo una figura idéntica a la que representa, sino un número ilimitado de copias de sí misma, la imagen fotográfica digital posibilita manipulaciones que duplican al infinito momentos constitutivos de su propio encuadre. Por otra parte, el impacto cultural del desarrollo biotecnológico vincula hoy toda duplicación de la figura humana con las figuras del clon y del cyborg, híbridos que perturban la idea de un cuerpo original y natural y autorizan a conjeturar la reproducción orgánica en otras claves: registros perturbadores que espolean la imaginación y levantan amenazas inciertas, otras versiones del Unheimliche, lo siniestro freudiano. Cuando Fredi Casco redobla la figura de ciertos personajes que aparecen en las fotos (y cita, de paso, la práctica stalinista de trucar fotografías), no sólo está ironizando acerca del escándalo ontológico y representacional que supone la duplicación de la figura y el simulacro múltiple: al volver a convocar la presencia de quien ya está presente, está re-calcando la posición y el significado de ciertos actores en el teatro oscuro que levanta con las fotos encontradas. No es lo mismo duplicar el retrato de una persona anónima o de alguien querido que clonar a Stroessner: la imaginería mítica que aflora desde los tiempos de la dictadura fuerza a percibir esta reiteración como una pesadilla: la angustia de ver a Stroessner como un personaje auto-mutante, reproducible elección tras elección, omnipresente, eterno. Tampoco tiene el mismo sentido doblar una pose familiar que repetir la obsecuencia de un esbirro o un cortesano (obligado a reiterar su genuflexión, a confirmar su sonrisa resignada, a fijar dos veces su mirada ávida o intimidada). Por eso, la duplicación produce un desacople fuerte en la escena de aquel teatro. Reposiciona los protagonistas, cambia el libreto narrativo, abre líneas de fuga por donde se filtra la mirada (y por / 123


donde se cuela un anuncio, una inminencia, una amenaza: lo otro de lo que expone la foto disciplinada). Ciertos personajes aparecen exactamente clonados: conservan en su copia (pero, ¿cuál es la copia? ¿cuál el modelo?) las dimensiones exactas, los detalles, la posición, aunque cambien las referencias inmediatas: Stroessner dialoga consigo mismo, sentada cada versión suya en sillones diversos. O bien, duplicado, conversa con un grupo adulador que sólo parece reconocer una de las copias a quien se dirige reverente (la otra, sin duda, corresponde a su fantasma; quizá sea la original). A veces, los retratos doblados aparecen desdoblados: dispuestos en forma simétrica en función de un eje vertical que cruza virtualmente el medio de la fotografía y produce un efecto espejo. Los dos edecanes idénticos que escoltan al General Videla mientras firma un documento (¿relacionado con la Operación Cóndor, ese otro daño colateral de la Guerra Fría?) reflejan mutuamente sus expresiones embrutecidas y sus poses de pelele (podría recordarse aquí que, en español, “clon” también significa “payaso”). Otros personajes se muestran imperfectamente clonados (gajes de yerros cibergenéticos, fallas de la mirada, recursos de la memoria): presentan diversas tallas, aparecen pegados entre sí como siameses, lucen atuendos distintos. Esta discrepancia redobla lo monstruoso de lo redoblado. A la perversión de quebrantar la singularidad humana, se añade lo defectuoso que produce la falla matricial (falla que, ocurrida en el ámbito del organismo humano, remite a una anomalía, una deformación aberrante). Y se agrega la infracción de alterar la verdad fotográfica, una de las pocas garantías de verismo que conserva la representación: alterar una foto es adulterar la misma realidad fotografiada. Y si esa fotografía corresponde a un documento oficial, su alteración tiene visos de falsificación pública y fraude de la historia. La duplicación tiene así efectos colaterales graves. Los desplazamientos que produce la copia facsimilar de los personajes permite, por otra parte, un acercamiento a la cuestión de la identidad, especialmente complicada en los tiempos binarios de la Guerra Fría, cuando lo diferente no sólo era considerado anormal, sino adversario. En la obra de Freddy Casco, la reiteración de lo uno, permite efectos especulares, desvíos y colisiones en el juego de lo mismo y lo otro. La obra parece postular que rechazar la alteridad, reafirmar lo idéntico, termina generando deslizamientos del propio perfil, deformando la mismidad o congelándola en una figura idéntica a sí. O termina disolviendo lo mismo en su reflejo o su sombra: deteniéndolo en el umbral fantasmático de una escena sin otros. Los dobles II Paralelamente al empleo de la figura del doble, Casco recurre a otro recurso para intervenir las imágenes de las que parte y producir en ellas un giro brusco, un contrapaso, que hace patinar brevemente el relato fotográfico y revelar, en su desliz, otra trama. En este caso, se trata de la introducción de máscaras que, inesperadamente, cubren los rostros de ciertos personajes. Aparecen tres tipos de máscaras. A guisa de mascarillas mortuorias, las primeras duplican el rostro de su portador suplantándolo por una prótesis idéntica, una copia espectral de sí mismo; en este caso, las máscaras son, de nuevo, copias facsimilares del personaje. En su carrera de sucesivos deslizamientos metonímicos, se sustituyen una y otra vez las identidades en un juego de espejos interminable. Quizá esta coreografía simulacral constituya una respuesta que el propio artista da al problema que planteara respecto a las identidades ensimismadas. Las segundas caretas son antifaces que refuerzan los aspectos farsescos de una situación entendida como una mascarada. Las últimas, son máscaras de gas: remiten al carácter alienígeno que, durante la Guerra Fría, adquiere la figura del otro, intruso extremo que exhibe el amenazante no-rostro de la discordancia. Fredi critica paródicamente esta noción del otro como adversario oscuro y embozado vinculándola con cierta retórica del cine de ficción conocido como Clase B, contemporáneo de esas / 124


décadas. Mediante este movimiento, desorienta la dirección de la amenaza: el dictador, los dignatarios y embajadores cómplices que lo visitan y su mediocre corte de esbirros y delatores son filtrados por los tópicos de ciertas narrativas de espionaje y ciencia ficción pobladas, según el propio artista, de “embajadores-espías, hombres de negro y agentes dobles”. Ocupan el lugar velado, vedado, del otro. Las máscaras encubren y descubren lo que tapan, exponen el revés de lo omitido, la verdad ilusoria de la impostación. El semblante suple el rostro. Y al hacerlo en un solo personaje o, por lo menos, no en todos los personajes, deja a los demás desnudos, sin disfraz. O convierte sus caras en réplicas: revelan el truco fotográfico, la ficción de la imagen. Es que la presencia de la máscara produce interferencias y torceduras en la compuesta escena oficial. Activa la tramoya de lo alegórico: basta una máscara para que todos los rostros sean leídos en clave de falta y devengan carátulas inestables, intercambiables. Y que vean sus propias expresiones trastocadas o exageradamente subrayadas. Entonces, de manera caricaturesca, se agudizan la estupidez y la obsecuencia de las miradas, la mueca adulona, el gesto banal; la insignificante verdad de quien no advierte el flash y se muestra sin alerta ni tapujo (ni defensa). Como en cualquier mascarada –como en cualquier proceso alegórico- todo significa otra cosa. Pero, en cuanto cifras de diferencia, las propias máscaras –las representadas como tales– actúan como pausas, puntos de detención que frenan, bruscamente, la marcha y fijan, por un instante, la expresión de las otras, las contracaras, las caras descubiertas. Y las vuelve a descubrir, también por un instante, en la escena desenmascarada. Todas son operaciones rápidas, breves: se disloca apenas el tiempo acumulado en las fotografías antiguas (todas las fotografías son antiguas). La mínima transgresión de sentido, la interrupción súbita, dejan ver a contrapelo de lo que la memoria oficial asienta con cautela. Son maniobras de contramemoria, capaces de provocar el relampagueo del acontecimiento con la urgencia de un flash, cuya intensa fugacidad resulta siempre sorpresiva, aunque ilumine una pose estudiada. Al sobresaltar el presente, lo intempestivo puede anticipar otro momento, recobrado entre las cifras esparcidas que componen el otro archivo, el de los desechos.

fredicasco@gmail.com

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LA CONDICION HUMANA Juan Carlos Meza

Abordar la cuestión indígena, desde el arte, supone ensayar otra mirada sobre un asunto de debate público. Un asunto que, en el caso específico de la ocupación de la Plaza Uruguaya por comunidades ava y mbya guaraní, puso a la ciudadanía frente a la crudeza de lo que aquí, simplemente, llamamos “la condición humana”. Estas imágenes son el resultado de cuarenta días de convivencia -accidentada, interrumpida, pero no por eso menos intensa- con quienes, expulsados de sus territorios, en un escenario tan extraño como ajeno, ejercitaron durante cuatro meses tácticas de supervivencia que resultaron traumáticas en el contexto de la vida urbana.

estaba en sus planes hacer esta serie que, apoyada en lo real, se descalza del documento para introducirse en el territorio subjetivo de quien se abre confiadamente al encuentro con el otro.

No es apropiado decir que Juan Carlos Meza aborda con oficio y sensibilidad la cuestión indígena. Lo justo es decir que ha sido abordado por ella. Interpelado. No

Adriana Almada,-

Juan Carlos Meza no pudo dejar de ver lo que todos ya habían visto: la miseria, la extrema vulnerabilidad. Superado este primer umbral de percepción, se aventuró un poco más profundo. El camino cotidiano a ese paisaje perturbador lo fue llevando, paso a paso, a un nuevo registro: el de la dignidad, esa dimensión capaz de resistir -aunque no siempre- hasta el límite de la abyección.

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hola@juancarlosmeza.com

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Los Guaikurú Ñemondé Compañía Minas - Emboscada Fernando Allen

Los habitantes de la compañía Minas de Emboscada se visten ayer con plumas emulando a los indígenas guaikuru, para festejar al santo patrono San Francisco Solano. Más de un centenar de promeseros se acercan hasta la capilla San Francisco Solano para adorar al santo. La misa es presidida por monseñor Claudio Giménez. Tras la culminación de la misa se realizó la procesión del santo patrono, en la cancha del club 24 de Julio, y posteriormente frente la capilla, los guaikuru danzaron al son de una bandita, con ritmo de un rito ancestral.

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PROXIMO NUMERO

Febrero 2015

DOSSIER GUATEMALA EnvĂ­os de Trabajos: bexbariloche@gmail.com

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Dossier Paraguay

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Profile for disenador
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