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Relatos de zombis


-¿Te pasa algo?-le pregunté por su extraño color azul. -Sí, soy un zombi - . Y sacó como de la nada una cuerda y empezó a estrangularme. Paola Fogued Fermín,3º ESO A … comenzaron a ascender por el sendero de la montaña una larga fila de zombis vestidos con harapos y portando en sus manos teas de brezo con las que se iluminaban. Luis José Fogued Fermín, 1º ESO B Pensamos un plan mientras veíamos una película de zombis, a ver si conseguíamos algo. Sí que salió algo: Teníamos que gritarles al oído: “ NO SOY ZOMBI”, Elena Esteban Villuendas, 1º ESO A

La luz de la luna atravesaba la ventana de mi habitación y el viento azotaba las ramas de los árboles. Rebeca Blasco Muñoz 2º ESO A Preparé una tortilla francesa para cenar y mi hermano mejoró, pero al igual que yo tenía miedo. Nos juntamos en una habitación y la cerramos bien. Mizar Torrijo Salesa, 2º ESO A

… pero mi abuela ya se había convertido en uno de ellos. Sudeica Contreras, 3º ESO B

Los zombies ya han llegado al I.E.S Salvador Victoria. El grupo de biblioteca quiere agradecer y felicitar a todos los participantes en el primer concurso de relatos zombis del instituto. Gracias a todos. Aquí os ofrecemos un selección de vuestros espeluznantes relatos, si te atreves, en las páginas que siguen encontrarás calles solitarias, gritos en la noche, criaturas que surgen bajo las camas, niebla, extraños sueños, puertas selladas para evitar ataques, persecuciones, pistolas de agua llenas de jabón antizombi, sombras que zancadillean en la noche, pueblos enteros transformados en muertos vivientes, y muchas terroríficas cosas más.


SOIS NUESTROS

RELATO PREMIADO

Todo comenzó aquella noche oscura y fría. Estábamos todos en el parque, los árboles no dejaban de moverse por el viento que hacía. Nosotros estábamos muy tranquilos haciendo botellón y comiendo Lacasitos…De repente, empezamos a ver gente andando; eran personas desconocidas que pasaban por el parque. También había niños jugando en el tobogán y en los columpios. Mis colegas y yo nos empezamos a rayar y a asustarnos. Al cabo de un rato vino un niño con el rostro tapado y con un traje muy extraño. Todos nos quedamos flipando; el niño no decía nada, nos miraba, silbaba y se escondía.Enseguida pensamos que era Michelín, un chico conocido de Torrijo. Pero no, no era él. Volvió otra vez el niño y con voz seria nos dijo: “Pin-pan, quiero Lacasitos”. Todos nosotros nos echamos a reír y nos burlamos de él, tirando lacasitos al suelo y pisándolos. El niño se dio la vuelta y pegó un gran chiflido que hizo eco en las montañas. De repente, empezó a venir gente hacia nosotros. Nos miramos unos a otros y nos montamos en el coche, dejando el botellón y los lacasitos en el parque. Ellos voceaban y decían: “Sois nuestros…”. Javier Aragó Sancho, 4º Diversificación


RELATO PREMIADO EL NUEVO COMPAÑERO Hace unos años, cuando estaba todavía en el instituto, llegó en el mes de febrero un nuevo compañero a clase del que aún hoy no sé su nombre. Era un chico un poco raro: tenía la piel muy pálida, la mirada perdida y desprendía un hedor espantoso. No tenía amigos, nadie sabía dónde vivía, quiénes eran sus padres y apenas salía a la calle. Los primeros días vino a clase, pero tras faltar vario días, regresó todavía más pálido, aunque a diferencia de la última vez que lo vi, no tenía la mirada perdida, sino que la fijaba en mi compañero de clase, Aurelio. Una semana más tarde, Aurelio llegó a clase pálido y con la mirada también perdida, y más tarde le sucedió lo mismo a Concha y así, poco a poco, a casi todos mis compañeros de clase. Pasaron varias semanas desde la llegada de este extraño chico a mi clase y cada vez la ciudad estaba más vacía y la gente que se veía por la calle tenían, en su mayoría, la mirada perdida. Una tarde, cuando volvía a mi casa, noté que alguien me seguía. Giré la vista para comprobarlo y ¡ahí estaba él! Cuando volví la cabeza otra vez hacia delante me habían empezado a rodear diez personas pálidas y con la mirada clavada en mí. Intenté escapar de ellos, pero me fue imposible: me acababa de convertir en uno de ellos, ¡era un zombi! Escribo esta historia diez años después de aquel terrible día, para recordar cómo comenzó a transformarse todo el mundo en un zombi. Pilar Blas Pérez. 2º ESO A.


LA NOCHE DE LOS ZOMBIS

RELATO PREMIADO Por fin había terminado los deberes de Naturales. Eran las nueve y media de la noche. Fuera hacía frío y no había nadie en las calles. Entré en mi habitación, me puse el pijama y, antes de dormir, decidí leerme un libro como hacía todas las noches. De modo que me levanté a mi estantería para buscar uno adecuado. Estuve un buen rato mirando todos aquellos libros, hasta que me percaté de uno más pequeño, al fondo de la estantería, titulado La noche de los zombis. No sabía de dónde había salido y tampoco figuraba ningún autor. Como estaba muy aburrida, comencé a leerlo. La historia trataba de un cementerio en el cual los muertos salían de sus tumbas durante una noche cada 20 años para vengarse de todo aquello que les hubiera causado daño en vida. El tema no era nada novedoso, pero había algo en aquellas líneas que hacía que pareciera especial, real. Casi sin darme cuenta, llegué a acabar el libro, pues era muy corto, aunque debido al cansancio acumulado durante la lectura, fui cerrando los párpados hasta que me quedé dormida. De repente, un ruido proveniente de la calle me despertó. Algo sobresaltada, miré el reloj: las tres y cuarto de la madrugada. Parecía mentira que hubiera alguien en la calle a esas horas. Me asomé a mi ventana, pero no vi nada fuera de lo común. Entonces oí otro semejante a un alarido, pero este último provenía de la casa. Me dije: “Será el gato dando la lata”, pero cuando volteé suavemente la puerta, no había nadie. Lo extraño es que recordaba haberla cerrado. Iba a irme a dormir, cuando de repente, oí un tercer ruido, como si alguien se arrastrara bajo mi cama. No pude evitar quedarme paralizada, aunque pensé “No es más que mi imaginación”. Entonces, las sábanas comenzaron a moverse poco a poco, y una criatura lenta y horripilante del tamaño de una persona emergió de debajo de mi cama. En aquel momento estaba demasiado asustada como para pensar que eso no era real. Creí que el libro me había afectado demasiado y que ahora veía visiones. De todas las cosas que me rondaban por la cabeza, de si eso era una broma, una alucinación o simplemente, no era real, no se me ocurrió echar a correr hasta que la criatura se arrastró a una distancia a la que podía dañarme. Fue entonces cuando corrí. Crucé todo el pasillo, abrí la puerta principal y bajé a la calle a toda velocidad. Quizás fuera un ladrón. Fuera lo que fuera, allí estaría a salvo, pero ¿y mis padres? Podrían correr peligro. La puerta a la calle estaba cerrada, así que fui a por la llave, que estaba sobre la mesa. Cuando me giré a cogerla, distinguí en la oscuridad la silueta de otra persona con el mismo andar ralentizado, e iba seguida de otra. En ese momento palidecí. Podía haber todo un ejército de aquellas criaturas. Fue entonces cuando me vino a la cabeza todo lo que había leído en aquel libro. No sabía quiénes eran esas personas, si es que eran personas, pero podían andar buscando algún tipo de venganza. No se apreciaban bien las formas en la oscuridad y la cabeza me daba vueltas, así que en un último intento quise hacerme con la llave para salir a la calle y escapar de aquella pesadilla. Sin embargo, uno de ellos tiró la mesa al suelo con una gran fuerza, emitiendo un sonoro alarido. Imposible encontrar la llave en la oscuridad. Retrocedí, temblando, y observando todas las figuras que con su andar lento venían hacia mí. Debía haber unas quince. No podía huir por ninguna parte: me habían acorralado.

Conforme se aproximaban me preguntaba qué era lo que querían. Aterrada como estaba,

tropecé y caí al suelo, pero no me dolió en comparación con lo que sentía por dentro. En el último de los intentos, me cubrí la cara antes de que dos de ellos alzaran sus manos para arañarme con sus afiladas uñas, y todo se volvió negro… En el momento en que abrí los ojos, me encontré gritando en mi habitación, con la luz encendida y con el libro sobre zombis entre mis manos. Aún exhausta, miré a mi alrededor, y solo vi mi habitación. Me sequé la frente de sudor, y miré el libro con curiosidad. Al final, todo había resultado ser un sueño, pero aquella noche no me atreví a dormirme de nuevo.

Blanca Lázaro Pérez 2º ESO A


RELATO SELECCIONADO

RELATO ZOMBI Un día oscuro y lluvioso mi amiga Josefa y yo estábamos jugando a la güija.

De repente, las luces se apagaron y la pared se iba rompiendo poco a poco. De ella salió un monstruo repugnante y maloliente. Nosotras gritamos y corrimos a encerrarnos en la habitación de mi abuela. El monstruo nos siguió y enseguida nos dimos cuenta de que se trataba de un zombi. Mi abuela estaba dormida y no se enteró porque era sorda y, además, el zombi le mordió. Nosotras cogimos un palo y pegamos al zombi, que se deshizo. Pero mi abuela ya se había convertido en una de ellos. Nos mordió y nos convertimos nosotras también en zombis. Salimos por las calles con el fin de convertir a todo el mundo. En menos de tres horas ya habíamos convertido a todo el pueblo. Se puso el Sol y todo volvió a la normalidad. Pero en cuanto se escondió el Sol volvimos a ser zombis y así seguimos, hasta ahora. Por el día somos seres humanos, mientras que por la noche somos zombis. Nadie sabe el origen del misterio de este pueblo… Sudeica Contreras. 3º ESO B


RELATO SELECCIONADO

UN SUEÑO ZOMBI Me levanté a las ocho, como todos los días. El silencio reinaba en mi casa, excepto cuando mi hermana empezó a toser y a vomitar; vi que estaba enferma. Había dos posibles causas de su enfermedad: un constipado o un ataque de un zombi en la tarde anterior. Bajé a la cocina y el desayuno se encontraba en la mesa, pero ni mi padre ni mi madre estaban presentes. Me tomé el desayuno y me dispuse a salir por la puerta. Detrás de una esquina había un zombi que sigilosamente esperaba mi llegada. En cuanto pasé, el zombi se echó a correr por detrás de mí. Tras un largo sprint lo perdí de vista. Llegué a la avenida Madrid y en ésta había un atasco de coches sin conductor por los dos carriles. Salté por los coches hasta la otra acera y seguí mi camino. De repente oí un grito y vi correr a un grupo de chicas delante de un zombi y, desde un portal, una mujer con una pistola disparando a un zombi. Mientras, yo observaba la escena. Uno de los tiros alcanzó al zombi que perdió el equilibrio y tras unos segundos perdió a las chicas. Fui al portal donde siempre quedaba con mi amigo, pero él no estaba. Espere un poco. Él mismo me puso la zancadilla y se dispuso a arrancarme el cerebro y yo, tras un fuerte mochilazo, lo aparte de mí y emprendí otra carrera aunque esta vez más rápida. Al volver a comer no ocurrió nada extraño por el camino, pero al llegar a casa descubrí que mis padres todavía no estaban y pensé que se habían convertido en zombis. Sellé las puertas y ventanas para evitar posibles ataques de dichos seres. En cuanto a mi hermana, era tan solo un simple resfriado. A las ocho sonó el teléfono y una extraña voz dijo: “Os quedan siete días; no más”. Segundos más tarde llamaron a la puerta. Miré por una rendija de la persiana y vi a un endemoniado ser. Preparé una tortilla francesa para cenar y mi hermana mejoró, pero al igual que yo, tenía miedo. Nos juntamos en una habitación y la cerramos bien. No pudimos dormir. A eso de las doce mis padres llegaron a la habitación, destrozaron una pared y entraron a… ¡Pi, pi, pi, piiiii! ¡Jesús, a desayunar! Ya voy, mamá. Mizar Torrijo Salesa. 2º ESO A


RELATO SELECCIONADO

UNA NOCHE FIERA Era ya de noche, no había nadie por la calle, solo yo. Iba muy tranquila pensando en los deberes que me había puesto el profesor de Matemáticas, que eran muy difíciles (además, no se me daban bien las Matemáticas). De repente, alguien gritó detrás de mí. No sabía qué hacer, me quedé paralizada. Era una voz rara; me di la vuelta y… ¡ERA UN ZOMBI! Aún estaba un poco lejos, así que me eché a correr, pero no era solo uno, ¡eran muchos! Se me acercaban cada vez más. Eran unas criaturas muy desagradables que tenían movimientos torpes. Ya estaban cerca de mí. Entonces imaginé convertida en un zombi…Al poco rato ya lo era.

Karima Kassal Houchlaf. 4º Diversificación.


RELATO SELECCIONADO

ZOMBISUEÑO

La noche de Halloween era fría. Estaba sola en casa, con lo cual decidí irme a dormir. La luz de la luna atravesaba la ventana de mi habitación y el viento azotaba las ramas de los árboles.

Al dormirme entré enseguida en un profundo sueño. Soñaba que los zombis mordían a toda la gente de mi alrededor y yo no podía hacer nada, solamente huir de ellos para que no me mordieran y terminaran también conmigo. Pero tampoco podía dejar que mis amigos se convirtieran en zombis. Así que corrí a mi casa y cogí la pistola de burbujas, la llené de agua y jabón antizombi y salí a la calle para matarles. Ya no había nadie. Estaba sola cuando, de repente, un zombi me tocó el hombro. Estaba frío. Grité y rápidamente disparé la pistola. Me desperté asustada. Me levanté para comprobar que todo había sido un sueño. No, no lo había sido; yo también me había convertido en un zombi y toda mi habitación estaba llena de sangre… Rebeca Blasco Muñoz. 2º ESO A.


RELATO DE ZOMBIS Mientras iba paseando con mi amiga algo me tocó en la espalda y de repente se oyó un sonido muy horrible. Era un zombi que le salía sangre de la boca .Nos echamos a correr a toda castaña y cada tres pasos que daba yo, él daba un paso más y tenía aún más miedo. Mi amiga se escondió y yo seguí corriendo hasta que amiga le pegó en la cabeza con un hierro y cayó al suelo. Mi amiga y yo fuimos corriendo hasta que llegamos a mi casa y mi amiga tenía muchísimo miedo y llamamos a la guardia civil y le dijimos donde había caído. La guardia civil llegó al sitio y no lo encontraron, fueron más adelante y lo encontraron siguiéndolo por la calle y cuando estaba más cerca de él hicieron un ruido para que se diera la vuelta y le pegaron con la pistola en la cabeza. Cayó al suelo y es cuando se murió y yo y mi amiga ya no tuvimos más miedo porque nos dijeron que ya se había muerto. Maria Sadiki 1º PAB


LOS ZOMBIS EN LA CIUDAD Un día, estaba haciendo los deberes de Mates, cuando, de repente, entraron dos zombis; mordieron a mi familia y se fueron. Dos horas más tarde, bajé a cenar y mi madre no había hecho la cena porque… ¡era un zombi! Así que me fui a la cama sin cenar. No podía dormir porque tenía mucho miedo. Se oían unos ruidos extraños y por eso me impedía conciliar el sueño. Vamos, que no descansé apenas y solo dormí tres horas. A la mañana siguiente, aún tenía miedo así que me vestí, me lavé la cara, cogí la mochila y me fui al instituto. En el instituto, bueno para ser precisos, en clase de Lengua, el profesor me echó la bronca tres veces porque estaba pensando en mi familia zombi. En Sociales y en Plástica me pasó lo mismo. Luego me fui a casa y no había nadie; así que me preparé yo la comida. Comiendo vi TONTERÍAS LAS JUSTAS y salió un tío en patinete paseando a un perro. Y de normal me reiría, pero no. Simplemente era porque seguía teniendo miedo. Luego llamé a Inés y era, zombi. Y Abril, lo mismo. Y María Andrea también. Así que me quedé en casa haciendo los deberes de Ciencias Naturales. Sobre las cinco y media me llamó Julia, que estaba de viaje en Ojos Negros y me dijo: -¡Elena, Elena! Ven que tengo un problema. -¿Cuál? -- dije yo -- ¿Cuál es el problema? -Todo el pueblo se ha hecho zombi. -¡Hala! Aquí también. Oye Julia… ¿Vienes a Monreal y luego vamos a Ojos Negros? -¡Vale! Espera en casa diez minutos. -Vale, aquí te espero, viendo la televisión. Esperé y a los diez minutos tocó el timbre. No me atreví a abrir así que pregunté: -¿Quién es? -Soy Julia, la que estaba en Ojos Negros. Así que abrí y sí, era Julia. Pensamos un plan mientras veíamos una película de zombis; a ver si conseguíamos algo. Sí que salió algo: Teníamos que gritarles al oído NO SOY ZOMBI. Empezamos a buscar a alguno y comenzamos a gritar. A la primera que le gritamos era mi madre y cuando le gritamos me dio mucha alegría verle. Al hacerse de noche, a las siete y media, aproximadamente, Julia se quería ir a casa pero no pudo porque se la habían destrozado. Así que se vino con mi madre y conmigo a mi casa. La mitad de los habitantes del pueblo eran ya personas y la otra mitad, zombis. Cuando nos despertamos estaba mi padre pegándole patadas al sofá y le gritamos. También me dio mucha alegría verle cambiado. Luego fuimos por el pueblo y nos encontramos con los padres de Julia, zombis claro. Les gritamos y no pasó nada raro. Sólo estuvimos gritando. A las siete y media ya habíamos hecho personas a todo el pueblo excepto a mis hermanos. Estuvimos buscándoles hasta las ocho y a las ocho nos fuimos a casa porque no los encontramos. Los padres de Julia también se vinieron con nosotros. Al día siguiente nos fuimos a Ojos Negros y encontramos a mis hermanos. Estaban jugando con otros zombis. Y otra vez a la rutina del día anterior: a volver a los zombis en personas. A la hora de comer me encontré con Elisa y con Pablo, que eran personas y no hizo falta convertirlos. Es que estaba Rocío buscando a su familia zombi. Así que le ayudamos a buscarlos. Por la noche, tampoco tenía casa, así que otra más en la mía. Al día siguiente me fui a nadar con mis padres, Julia, sus padres y Rocío. Nadando, nos encontramos con los padres de Rocío. Los convertimos en personas y se vivieron con nosotros. Cuando volvimos a casa; los dos pueblos habían vuelto a la normalidad y las tres familias nos quedamos a vivir en mi casa. Elena Esteban Villuendas, 1º A


UNA HISTORIA DE ZOMBIES

Hoy cuando me he levantado lo primero que he pensado es que ayer había quedado con una amiga y tenia que ir a buscarla. Había niebla, no se veía nada y se oían muchos ruidos que yo no sabía de qué eran. Iba llegando a su casa y de repente alguien me puso la zancadilla y me dio una torta y me caí al suelo, pero yo no sabía quién era y me fui corriendo. Llegaba ya tarde a por mi amiga pero no había nadie en su casa. Yo me fui al instituto pero allí tampoco había nadie. Cómo no se veía nada no sabía qué había pasado y de repente veía gente que se acercaba a mí y eran ¡mis amigos!.

Vanessa Lainez 1ºB


ZOMBIFIESTA

Estábamos yo y mis amigos felices y contentos. Comiendo, jugando a todo.A las 12 de la noche se acabó la fiesta, volvimos a nuestras casas y de repente nos salió un zombí en la calle. Cogimos nuestras chaquetas y empezamos acorrer a toda la velocidad que podíamos, y nos salían de todas las partes y nos rodean. Juan tenía una barra en su mano le pegó al zombi de rojo y no le pasó nada, le pegó al brazo se quitó y no le pasó nada, la metió por su tripa y no le pasó nada y el zombi le cogió de su cuello le dio dos tortazos y se quedo ahí tumbado. Luego no sé lo que pasó y se iban hacia el cementerio. Mis amigos no han creído que han visto zombis en su vida.

Abdessadek El Bassite, 1º P.A.B.


Destino imprevisible Como viaje de fin de curso, decidimos ir todos los que habíamos aprobado al Norte de Finlandia, durante un mes del verano, a un pueblecito llamado Norgood. Cuando llegamos tras varias horas de viaje en avión, cogimos las maletas en el aeropuerto de Helsinki. Allí nos esperaba a todos un coche para llevarnos hasta nuestro destino. Estuvimos toda la noche viajando, hasta que por fin, al amanecer el conductor, el señor Curstand nos despertó y nos dijo que ya habíamos llegado a Norgood. Que fueran los meses de verano no quería decir que no hubiese nieve, todo lo contrario, al menos habría un metro de esta. Estoy segura de que las gentes de aquel pueblo estarían un poco cansados de que nevara tanto, pero como nosotros pocas veces veíamos tantísima nieve nos emocionó y encantó el paisaje. Tras instalarnos en nuestra acogedora cabaña, todos los alumnos, con nuestros respectivos profesores, Teresa y Fernando, nos dirigimos a que, tanto transportista, como nuestro guía Curstand nos hiciera una pequeña ruta turística, cuando de repente nos percatamos de que prácticamente todos los habitantes de Norgood se estaban yendo del pueblo. Teresa, asustada, preguntó rápidamente a Curstand que qué era lo que estaba ocurriendo. Curstand contestó que en Finlandia, al tener y ser prácticamente polar, treinta días estaban totalmente a oscuras y treinta días totalmente con la luz del sol. -¿¡Y no nos podría haber dicho esto antes ¡? ¡Vamos a tener que estar treinta días de vacaciones totalmente a oscuras y sin nadie en el pueblo!- Dijo Teresa totalmente exasperada. -En realidad, sí que les avisé- le reprochó el señor Curstand. -¿Cómo que si que nos avisó? Yo no sabía nada de esto.- Dijo Teresa. -Bueno…En realidad…yo…yo le dije al señor Curstand que quería que fuese algo siniestro ya que no pude pasar un buen día de Halloween, disculpa que no te lo hubiese comentado antes- Respondió Fernando. Teresa puso cara de pocos amigos y se encerró en su cabaña. -Bueno, chicos- dijo Fernando, o Fer como solía llamarle Andrea.- Mañana es el último día de sol y tenemos que aprovecharlo al máximo. Después de la cena, que resultó ser deliciosa, todos nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos levantamos a la luz del alba, nos vestimos y como a esas horas no se tiene mucha hambre, la mayoría nos fuimos en ayunas. El señor Curstand nos estaba esperando en un barco de pesca bastante, bastante viejo… Fue un día estupendo, pudimos ver ballenas y focas. Al volver, nos dimos cuenta de que ya no quedaba nadie en el pueblo. -Este era el último día de sol, a partir de ahora tendréis que pasar los treinta días sin mí. – Tras decir esto, el señor Curstand se fue. Teresa intentó decirle que volviera y fue corriendo tras él. Ya se puso el sol. Todos observamos a Teresa y le decíamos que volviese, y cuando nos dimos cuenta un hombre se abalanzó sobre ella y empezó a morderle por la cara y el cuello; jamás había visto algo tan sangriento, ni siquiera en las películas. Teresa gritaba despavorida; Fernando salió en su ayuda pero otro extraño personaje sin que nadie pudiésemos verlo, le cortó la cabeza con una especie de hoz. Todos nos encerramos en la cabaña, estábamos atónitos y llorando. Me instalé sobre una mesita y me tumbé boca arriba pensando que iba a morir; pero cuando todos se durmieron, escuche una voz que salía del reloj, un extraño, grande y viejo reloj que estaba pronunciando mi nombre. Intenté gritar pero me atrapó y me metió dentro de este. Era un hermoso muchacho de unos quince años. Me dijo que su familia le abandonó en el pueblo y que se escondió allí. Yo le pregunte que quienes eran aquellas personas y empezó a contarme lo que desde hacía tantos años habían echo en el pueblo, cuando oí el grito desesperado de Laura, aquellos seres se habían comido a todos mis amigos. Me caí de culo al suelo y vi que había una especie de linterna ; la cogí y alumbré al chico, estaba azul y vestía con unos harapos horribles y mal olientes. -¿Te pasa algo?- Le pregunté por su extraño color azul. -Sí, soy un zombi.- y sacó como de la nada una cuerda y empezó a estrangularme. Me desperté, miré el reloj y solo eran las tres y cuarenta y dos de la madrugada. Todo había sido una extraña pesadilla, llamé a mi madre, pero no estaba en mi casa, sino en Finlandia, en aquel remoto pueblo llamado Norgood, y … la pesadilla… se volvió a repetir de nuevo… Paola Fogued Fermín, 3º A


RELATO ZOMBI Era finales de verano, me encontraba pasando unos días en una bonita aldea situada en la provincia de Asturias. Al atardecer, las nubes oscurecían el cielo hasta caer una terrorífica tormenta de agua y granizo. La aldea comenzó a inundarse y junto al resto de habitantes del pueblo tuvimos que subir a una cueva situada en lo alto de la montaña. Esta cueva era usada por los aldeanos para curar los ricos quesos que se hacían en el valle. La noche era oscura y sin luna, teníamos que iluminarnos con candiles de aceite que había colgados dentro de la cueva. De repente sucedió un hecho inesperado, comenzaron a ascender por el sendero de la montaña una larga fila de zombis vestidos con harapos y portando en sus manos teas de brezo con las que se iluminaban. Según se acercaban hasta nosotros podíamos diferenciar que se trataba de seres mugrientos, con la piel de sus cuerpos llena de heridas ensangrentadas. Con celeridad cerramos la puerta de la cueva con maderas y clavos para impedir la entrada de esos seres monstruosos. Fueron momentos en los que el miedo se apoderó de nosotros aunque permanecimos unidos hasta que amaneció. Hasta que los zombis desaparecieron.

Luis José Fogued Fermín, 1º B


Relatos de zombis