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PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DE DIVULGACIÓN, INVESTIGACIÓN Y ACTUALIDAD BÍBLICA

RESEÑA

BÍBLICA

Nº 105 | 1 • 2020

El ÉXODO y la ARQUEOLOGÍA

MOISÉS y el CRISTIANISMO

6,95€

CANARIAS: 7,15€

MOISÉS MOISÉS EN NÚMEROS

MOISÉS EN EL CINE

MOISÉS EN EL JUDAÍSMO


Biblia de Jerusalén Quinta Edición R E V I S A D A Y A U M E N TA D A Presentamos la 5ª edición en castellano de LA BIBLIA DE JERUSALÉN, que ha terminado su revisión en el año 2018, en continuidad con las ediciones anteriores de 1967, 1975, 1998 y 2009. Se ha mantenido la tradicional fidelidad a los textos originales hebreo, arameo y griego, y la transmisión de las introducciones y notas de la versión francesa. • Incluye cinta de lectura y un práctico índice bíblico con 17 uñeros • 8 páginas de mapas • 130 páginas más que la 4ª edición

INCLUYE UN

30%

M Á S D E N O TA S E X E G É T I C A S A P I E D E P Á G I N A

Desclée De Brouwer


Sumario EDITORIAL

05

ARQUEOLOGÍA Por Juan Luis Montero Fenollós

06

DOSSIER. Moisés, cultura y religión 10 Presentación

Por Francisco Varo Pineda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 Reseña Bíblica. Revista trimestral de la Asociación Bíblica Española

Moisés y el éxodo. Aspectos arqueológicos

Por Pedro Cabello Morales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12

EDITA: Editorial Verbo Divino Suscripciones: 948 556 510 publicaciones@verbodivino.es

Por Constanza Levaggi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22

DIRECTOR RESEÑA BÍBLICA Jaime Vázquez Allegue

Por Carlos Gil Arbiol . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32

SUBDIRECTOR Pedro Barrado Fernández

Por Olga Ruiz Morell . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44

REDACCIÓN Actualidad Ianire Angulo Dossier Estela Aldave Medrano Arqueología Juan Luis Montero Fenollós Didáctica José Ignacio Pedregosa América María José Schultz REVISIÓN LITERARIA Pedro Barrado Fernández

Moisés en el desierto

Moisés en el naciente cristianismo Moisés en el judaísmo clásico Moisés en el cine

Por Jose María Sesé . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 54

ACTUALIDAD Por Ianire Angulo Ordorika 65 DIDÁCTICA Por José Ignacio Pedregosa 70 AMÉRICA Por María José Schultz 74 Biblia de la Iglesia en América

Por Carlos Junco Garza . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74

Marcos como relato: una aproximación narrativa al evangelio de Marcos

Por Paula García . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76

DISEÑO Y MAQUETACIÓN Ideas Editoriales ASOCIACIÓN BÍBLICA ESPAÑOLA Directora Carmen Bernabé

Próximo número Reseña Bíblica 106 (Junio 2020)

Subdirector Juan Chapa

TÍTULO: El Templo de Jerusalén

Secretario Lorenzo de Santos Vocales Carmen Yebra, Alberto de Mingo, Carlos Gil Arbiol, Estela Aldave ISSN: 1134−5233 DEP. LEGAL: NA 528−2015

ARTÍCULOS:

• “El templo y los templos en la Biblia” Por Junkal Guevara • “El templo en la literatura profética” Por Ianire Angulo • “El templo en los escritos joánicos” Por Ignacio Rojas • “Mujeres y Templo” Por Carmen Soto • “El templo de Jerusalén en el arte” Por Miguel Córdoba

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EDITORIAL

Compañero de camino Pedro Barrado Subdirector

Es indudable que Moisés forma parte de ese conjunto de figuras o personajes que han contribuido a dar al mundo la fisonomía que ahora presenta. Así, para el judaísmo, “nuestro padre Abrahán” (Abraham abinu) se encuentra indisolublemente unido a “nuestro maestro Moisés” (Mosheh rabbenu), como las dos columnas que lo sostienen. Para el cristianismo –al menos en algunas de sus principales tradiciones–, Moisés es el imprescindible correlato de Jesús; en el evangelio de san Mateo, por ejemplo, la figura de Moisés se percibe con bastante claridad tras ese Jesús que, como un maestro, sube a un monte para ofrecer en su célebre Sermón de la Montaña una “nueva Ley” para la comunidad. Para el islam –la tercera gran religión monoteísta–, Moisés es un verdadero “musulmán” –sometido, obediente a Dios–, un profeta al que el Señor del universo le dio la Escritura para los hombres “como dirección y misericordia” (Corán 28,43). Incluso modernamente se le ha llegado

a asociar con aquel monoteísmo primigenio de origen egipcio del faraón Amenofis IV o Akenatón. Esta clase de figuras, cuando se trata de personajes con pretensión de realidad histórica, suele moverse –quizá por su propia grandeza y capacidad de influencia– en esa zona de la historia en la que la bruma se hace cada vez más densa e impenetrable. Por eso es lógico que, la mayor parte de las veces, sea su vertiente simbólica –sobre todo en sus concreciones artísticas, como la literatura o las artes plásticas, incluyendo, por supuesto, el cine– la que prevalezca y resulte verdaderamente significativa. Así, de Moisés –con el rostro de determinación que le dio Miguel Ángel o, más aún para nuestra generación, con el de Charlton Heston– nos quedará siempre la fuerza o el empeño de aquella persona que se entrega con pasión –no exenta de contradicciones y debilidades– a una tarea, y que la vive además comprometiendo en ello toda su existencia.

Esta clase de figuras, cuando se trata de personajes con pretensión de realidad histórica, suele moverse –quizá por su propia grandeza y capacidad de influencia– en esa zona de la historia en la que la bruma se hace cada vez más densa e impenetrable Moisés, el niño hebreo que se crio en el palacio del faraón, el que se encontró con Dios en una zarza que ardía sin consumirse, el que liberó a su pueblo de la “casa de servidumbre”, el que recibió de Dios la Ley en una montaña, aquel cuyo rostro irradiaba la gloria de Dios y al que el Señor se llevó –según la tradición rabínica– con un beso de su boca, sigue siendo nuestro compañero de camino hacia esa tierra que mana leche y miel.

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ARQUEOLOGÍA

Arqueología NUEVOS HALLAZGOS EN EL SUBSUELO DE JERUSALÉN Redacción Uno de los proyectos arqueológicos más ambiciosos y polémicos que actualmente lleva a cabo la Autoridad de Antigüedades de Israel en Jerusalén oriental (en la zona conocida como la Ciudad de David), ha dado como principal resultado la excavación en una calle de 600 m de longitud, sepultada por la destrucción de la ciudad por parte del ejército romano en el año 70 d.C. Para desenterrar esta vía, escalona-

da y pavimentada con losas de piedra caliza, que daba acceso al llamado Segundo Templo, ingenieros israelíes han construido un gran túnel revestido de acero para poder excavar en un área que no es accesible desde el suelo al estar habitada por un barrio palestino. Entre los arqueólogos hay diversidad de opiniones sobre la validez científica de esta metodología de trabajo: para unos es innovadora y revolucionaria; para otros es una absoluta aberración que, además, está afectando a la estabilidad de las viviendas situadas en este sector

TELL BALATA, LA REINA NO CORONADA DE PALESTINA

Fragmento de la tabla de medición de líquidos hallada en Jerusalén (foto: K. Harati)

de la ciudad de Jerusalén. Entre los recientes hallazgos arqueológicos, cabe destacar una serie de pesos de piedra y parte de una mesa utilizada para la medición del vino y el aceite de oliva, que han sido descubiertos en lo que parece ser la plaza o mercado de la ciudad baja de la antigua Jerusalén.

Muralla del Bronce Medio de Tell Balata y la moderna ciudad de Nablus al fondo (foto: J. L. Montero)

Fátima Rosa Universidade Nova de Lisboa

Situado en el corazón de Palestina, al norte de Cisjordania, a apenas 2,5 km del centro histórico de Nablus, Tell Balata nos ofrece una visión privilegiada de la historia de Canaán. Con una ocupación que se inicia en el IV milenio a.C., el yacimiento arqueológico atravesó diferentes períodos históricos, transitando entre fases de relativa independencia y de dominio de las grandes potencias del mundo próximo-oriental. Por allí pasaron egipcios, asirios, babilonios y persas. La localización de Tell Balata entre los montes Gerizim y Ebal, así como la variedad de cursos de agua que fertilizan su suelo, explica su importancia en la Antigüedad. La ciudad fue un punto de paso esencial de las rutas que unían Canaán con Siria y Egipto. Fue en los inicios del siglo XX cuando, a partir de los primeros hallazgos en el yacimiento, se identificó Tell Balata con la antigua ciudad de Siquem, mencionada en la Bíblia y en otras fuentes históricas. A juzgar por la información 6 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

que es transmitida al visitante en el centro interpretativo construido junto al sitio, es de señalar el paso de Jesús por los campos de Siquem o su encuentro con la célebre samaritana en el pozo de Jacob, un episodio relatado en Jn 4. A lo largo de la Edad del Bronce, la ciudad cananea se reveló como una importante aliada egipcia, y en la


ARQUEOLOGÍA

Edad del Hierro fue un lugar de ocupación de los pueblos samaritanos, entre otros. Su declive se verifica en el inicio de la presente era. La colección arqueológica expuesta en el pequeño museo creado en el yacimiento gracias a una colaboración entre el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Palestina, la UNESCO y la Universidad de Leiden, con fondos cedidos por el gobierno de los Países Bajos, revela el carácter de punto de encuentro de la antigua ciudad. En el centro de visitantes se proyecta un vídeo informativo que contiene reconstrucciones en 3D, que ayudan al visitante a visualizar la dimensión del lugar, su perímetro amuralla-

do circular, las casas de dos pisos con un patio para los animales, y la joya de la ciudad, su templo-fortaleza, que era de planta rectangular y contaba con un patio en el que había un altar y una mesa para sacrificios. Las ruinas de Siquem fueron sacadas a la luz por diferentes equipos de excavación: alemanes (1914-1934), americanos (1956-1969) y holandeses-palestinos (20102014). Actualmente, se observa cierto descuido en lo referente a la preservación y mantenimiento de algunas zonas del yacimiento. No obstante, Tell Balata permanece inmutable como una ciudad importante del mundo antiguo: una verdadera “reina de Palestina”.

RECUPERAR Y REESCRIBIR LA HISTORIA DE TELL EL-FAR’A (PALESTINA)

Juan Luis Montero Fenollós Facultad de Humanidades y Documentación de la Universidade da Coruña

Tell el-Far’a es un importante yacimiento arqueológico, situado al nordeste de la ciudad de Nablus (Cisjordania), en el que el P. Roland de Vaux, director de la École Biblique et Archéologique Française de Jerusalén desarrolló un loable proyecto de investigación entre los años 1946 y 1960. Las nueve campañas de excavación realizadas le permitieron documentar una larga secuencia histórica formada por siete grandes períodos, que van del Neolítico Precerámico a la Edad del Hierro (ca. 8500-600 a.C.). En 1931, el orientalista estadounidense William Albright propuso identificar este lugar con la ciudad bíblica de Tirsá, fundada por el rey Jeroboam I hacia el 925 a.C. La localización geográfica del antiguo asentamiento de Far’a obedece a tres razones básicas: a la fácil defensa natural del enclave (salvo por el oeste), al suministro de agua de dos fuentes naturales cercanas (‘Ain edDlaid y ‘Ain el-Far’a) y, por último, al

control de la vía de comunicación (el Wadi Far’a) entre el valle del Jordán y la región dominada por la ciudad de Siquem (hoy Tell Balata, en Nablus). Tras su abandono por la arqueología francesa en 1960, el lugar ha sufrido algunas transformaciones, fruto de la erosión y de la acción humana. Hoy, una parte importante del yacimiento está afectada por diversas actividades agrícolas, en particular, por la plantación de olivos. Solo el sector occidental, el único de propiedad pública, mantiene un estado de conservación óptimo para la investigación arqueológica. Es, precisamente, en esta parte del yacimiento donde se conservan todavía diversos vestigios arquitectónicos visibles (casas y murallas), que fueron sacados a la luz por el equipo francés. Tell el-Far’a, por su indiscutible relevancia histórica, era un lugar merecedor de nuevas investigaciones arqueológicas para avanzar en el conocimiento de la antigua Pa-

lestina entre el nacimiento de las primeras ciudades (ca. 3000 a.C.) y la conquista de la región de Samaría por las tropas del Imperio neoasirio (ca. 720 a.C.). Por esta razón, en 2016, la Universidade da Coruña, la Universidade Nova de Lisboa y el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Palestina firmaron un convenio de colaboración científica para iniciar una nueva etapa de investigación. Tras 57 años de abandono, un equipo hispano-luso-palestino regresó a Tell el-Far’a, en 2017, con tres grandes objetivos: excavación (obtención de una datación absoluta del yacimiento), prospección (ubicación del yacimiento en su contexto regional) y valorización (recuperación y restauración del yacimiento). En la última campaña de campo, llevada a cabo en octubre de 2019, se pudo excavar de forma completa una casa de la segunda mitad del siglo X a.C., que cronológicamente se correspondería con el período bíblico de la llamada “Monarquía dividida”. Se trata de una arquitectura modesta, de planta rectangular (de 60 metros cuadrados de superficie total), que contaba con cuatro salas, tres de ellas con pavimento de piedra. En la habitación central, la más grande, se documentó un hogar-cocina y un horno de pan. Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 7


ARQUEOLOGÍA

Arqueólogos excavando una casa de la Edad del Hierro en Tell el-Far’a (foto: J. Pardo)

EL MUSEO COMPOSTELANO DE TIERRA SANTA Lucía Brage Martínez Máster en Museos, Archivos y Bibliotecas por la Universidade da Coruña

El museo de Tierra Santa se sitúa en el convento de los Padres Franciscanos en Santiago de Compostela. Su origen se remonta a los propósitos del P. Juan Rodríguez de Legísima, sacerdote franciscano, quien, tras visitar una grandiosa exposición en Roma en 1950, ideó un proyecto similar para España: la “Exposición de Tierra Santa” (Madrid, 1954), que pretendía fuese la semilla de un futuro museo. Para cumplir este objetivo creó la Asociación de Amigos de Tierra Santa. Las piezas para la exposición llegaron desde Oriente Próximo por varias vías: donaciones, préstamos y adquisiciones de la Custodia de Tierra Santa y del Instituto Arqueológico Franciscano en Tierra Santa, y de colecciones privadas como la del P. Vicente Juhász, la de fray Bartolomé de las Heras o la del propio Legísima, entre otras. Finalizada la exposición en Madrid, se compraron muchas de las colecciones personales que habían estado expuestas y los fondos se in-

8 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

Así mismo, se realizó la consolidación de una vivienda de finales del siglo IX a.C., que fue excavada en 1951. La casa, de planta rectangular y construida en piedra, debió de tener un piso superior. Un grupo de arqueólogas palestinas, bajo la dirección técnica del equipo del proyecto, recuperaron y restauraron esta arquitectura en el marco de un programa formativo patrocinado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). El proyecto cuenta desde sus inicios con el apoyo de la Fundación Palarq y de la Casa de Santiago de Jerusalén.

crementaron a través de donaciones de piezas y económicas dirigidas a sufragar nuevas adquisiciones. La colección se depositó en el convento de San Francisco el Grande de Madrid, el primer lugar que se tuvo en mente para ubicar el museo, tras ser aprobado por la Comisión Permanente de la Obra Pía de los Santos Lugares. El proyecto no se llevó a cabo, sobre todo por la falta de medios. Tras el fallecimiento del P. Legísima, en 1984, se retomó el proyecto. En disposición testamentaria manifestó su voluntad de que los fondos fueran trasladados al convento de San Francisco de Santiago de Compostela. Este deseo lo materializó el P. Isorna y, finalmente, el museo se inauguró en 1993, gracias al apoyo de la Xunta de Galicia y de los Padres Franciscanos. El Museo de Terra Santa de Santiago cuenta hoy con una gran variedad

tipológica de objetos de la que solo una pequeña parte se encuentran expuestos. Los fondos proceden en su mayoría de Tierra Santa, abarcan una cronología muy amplia y se integran en cada una de las secciones que conforman el museo: la ciudad de Jerusalén, que incluye maquetas; el pasado más remoto, que comprende la configuración histórico-geográfica de Tierra Santa, desde la prehistoria hasta época clásica; el monetario; el presente y la custodia de Tierra Santa, con la maqueta de la Basílica del Santo Sepulcro como elemento central; la Jerusalén codiciada, con la muestra de piezas del Imperio romano, de época bizantina, del dominio del islam, de las peregrinaciones y del imperio turco; y la convivencia actual, que comprende las Sagradas Escrituras, Tierra Santa como crisol de culturas e Israel como nuevo Estado desde 1948.

Maqueta del Santo Sepulcro, realizada en 1950 por fray Bartolomé de las Heras (foto: L. Brage)


Carmen BernaBé Colección editada en colaboración con la Asociación de Teólogas Españolas

Qué se sabe de...

María Magdalena ●  Aportaciones

bíblicas, históricas y teológicas sobre el diaconado de las mujeres.

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reflexión interdisciplinar sobre los retos de una sociedad biofílica y del cuidado.

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contribución al diálogo iniciado en la Iglesia sobre este tema.

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Qué se sabe de... María Magdalena Carmen Bernabé

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Un análisis de cómo ha sido recordada y reinterpretada con el paso del tiempo. Una aproximación rigurosa a la figura de María Magdalena basada en los testimonios escritos más antiguos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

¿Cuáles son los aspectos centrales del tema?

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Cuestiones abiertas en el debate actual

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DOSSIER MOISÉS

Moisés, cultura y religión

MOISÉS Y EL ÉXODO. ASPECTOS ARQUEOLÓGICOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . pp. 12-21 MOISÉS EN EL DESIERTO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . pp. 22-31 MOISÉS EN EL NACIENTE CRISTIANISMO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . pp. 32-43 MOISÉS EN EL JUDAÍSMO CLÁSICO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . pp. 44-53 MOISÉS EN EL CINE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . pp. 54-64

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DOSSIER MOISÉS

Moisés. Huella imborrable Francisco Varo

P

ocos personajes reales o de ficción han suscitado tanto interés como Moisés. Desde Miguel Ángel Buonarroti hasta Ridley Scott, desde Gregorio de Nisa hasta Thomas Mann, desde la serenidad de los frescos de Rafael en las estancias del Vaticano hasta las impactantes imágenes de Marc Chagall, la figura de Moisés ha ejercido tal atractivo para el pensamiento y la creación artística que ha dejado una huella imborrable en todos los ámbitos de la cultura humana.

Cualquier lector del Nuevo Testamento es bien consciente de la variedad de matices que envuelven la figura de Moisés en sus páginas. Un excelente conocedor de los orígenes del cristianismo, Carlos Gil Arbiol, con su pluma ágil y certera, nos ayuda a constatar que las primeras generaciones de seguidores de Jesús se enraizaron en el recuerdo de Moisés y a él recurrieron para mostrar que la novedad de su Maestro no rompía con el judaísmo, sino que lo afirmaba y ahondaba en sus mejores rasgos.

Conocer y comprender una figura tan rica en matices y con tal capacidad de impacto en artes y culturas muy diversas reclama un trabajo interdisciplinar. No es posible hacerse cargo de su grandeza desde un solo punto de vista. Por eso, en este dossier ofrecemos cinco artículos que se sitúan en distintos ámbitos (arqueología, Biblia hebrea, orígenes del cristianismo, judaísmo clásico, cine), pero siempre mirando a esta figura emblemática.

Olga Ruiz Morell, que ha investigado a fondo, y directamente sobre los textos, las grandes obras del judaísmo clásico, nos introducirá, casi llevándonos de la mano, en un mundo tan desconocido para la mayor parte de los lectores como fascinante. Son las tradiciones y leyendas que ilustran, completan o explican lo que la Torah deja abierto en torno a su figura central. Si alguien piensa que ya se había colmado su capacidad de asombro, comprobará de primera mano que la creatividad y la agudeza de los maestros de Israel no tienen límites.

En el primer artículo del dossier, Pedro Cabello Morales, que conoce de primera mano y por experiencia propia lo que es una excavación arqueológica en las tierras bíblicas, nos acerca, con la precisión de un experto y el sentido común de quien sabe ponderar los datos arqueológicos en su justa medida, al Egipto de Seti I y Ramsés II, con sus grandes construcciones y grupos de esclavos que trabajan en ellas. Ese antiguo Egipto de los faraones, con sus pirámides, palmeras y esfinges constituye el marco exótico y misterioso donde se sitúan los orígenes de las tradiciones relativas a Moisés. En el libro del Éxodo es donde se narra el nacimiento de Moisés, su salvación de las aguas y educación en la corte faraónica, su encuentro con Dios y la misión que se le encomienda de liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Pero es en un libro menos conocido, el de los Números, donde quizá se ofrezca el mejor retrato teológico y psicológico de este personaje. Constanza Levaggi, con maestría y finura bíblica y teológica, nos ofrece una excelente presentación de este libro poco conocido, a la vez que nos ayuda a descubrir en él una de las mejores caracterizaciones que esconde la Biblia acerca de Moisés.

Para terminar, como para concluir una jornada cargada de trabajo, nada mejor que sentarse cómodamente en la butaca con las míticas palomitas de maíz al lado y disfrutar del cine. Todos los recursos de la gran pantalla, los mejores directores y actores, han dado alas a la creatividad y al espectáculo explorando rincones inéditos o temas tradicionales de la vida y hazañas de Moisés. José María Sesé, una autoridad académica en el mundo del cine, nos proporcionará las claves para seguir profundizando, pensando, enriqueciéndonos y disfrutando de la figura de Moisés a través de las diversas formas en las que ha sido llevado a la pantalla.

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DOSSIER MOISÉS Y EL ÉXODO. ASPECTOS ARQUEOLÓGICOS

Moisés y el éxodo. Aspectos arqueológicos El éxodo y la liberación de Egipto ¿son acontecimientos históricos o estamos más bien ante un relato popular creado siglos más tarde para justificar una determinada situación? ¿Hay algún tipo de evidencia arqueológica que ilumine estos acontecimientos? La figura de Moisés ¿es enteramente histórica o forma parte de esos héroes de leyenda que llenan las culturas antiguas y de los cuales no hay rastro alguno histórico? El texto bíblico tiene su propia naturaleza: contiene historia pero no es un libro de historia al uso. Posiblemente presente sincronizados diferentes acontecimientos históricos de momentos diversos. Sin embargo, bajo el género épico, creemos que dibuja un escenario plausible para el evento del éxodo y, como veremos, la arqueología proporciona su contexto.

Pedro Cabello Morales Estudio Teológico San Pelagio (Córdoba)

Desde mediados del siglo XX, la historicidad del relato bíblico del éxodo fue afirmada vehementemente por la escuela norteamericana con William F. Albright a la cabeza, así como por su alumno más conocido, George E. Wright. Según estos autores, aunque el registro arqueológico no haya dejado ninguna prueba directa, la evidencia arqueológica 12 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

secundaria era un apoyo significativo para ello: existía un cuerpo considerable de material egipcio con analogías tan cercanas al relato bíblico que, en parte, podía servir como prueba indirecta de la historicidad. Años más tarde comenzó un debate acalorado entre maximalistas y minimalistas bíblicos acerca de lo que se podía o no saber a partir de la arqueolo-

gía. Para los maximalistas, todo o gran parte del relato bíblico contenía referencias históricas o con un fundamento histórico innegable. Los minimalistas, en cambio, enfatizaban que la Biblia debía ser leída y analizada como una colección de narraciones y no como un cuidadoso recuento histórico de la prehistoria del Próximo Oriente. Las contradicciones entre los des-


DOSSIER MOISÉS Y EL ÉXODO. ASPECTOS ARQUEOLÓGICOS

Estatua de Ramsés II en la ciudad de Menfis

cubrimientos arqueológicos y los relatos bíblicos eran tantas que no podía ya sostenerse que la Biblia proporcionara una descripción precisa de lo que sucedió realmente. Muchos minimalistas, como Niels Peter Lemche o Bernd Jørg Diebner, subrayaron el silencio clamoroso de las fuentes egipcias sobre el acontecimiento del éxodo: un verdadero obstáculo para Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 13


DOSSIER

quien quiera demostrarlo históricamente. Otros minimalistas más moderados, como Israel Finkelstein, han afirmado simplemente que, a la luz de los restos arqueológicos, es muy difícil demostrar que el éxodo tuviera lugar en el tiempo y en la manera descritos en la Biblia. Algo tuvo que pasar, pero no tal y como lo relata el texto bíblico. Los minimalistas tienen, en parte, razón: a pesar de más de un siglo de excavaciones arqueológicas en Egipto, no se ha encontrado ninguna evidencia arqueológica directa. Basta recordar las excavaciones clásicas de Flinders Petrie, Pierre Montet o Édouard Naville, y las más recientes de James K. Hoffmeier o Donald Redford en el

delta del Nilo, que han intentado identificar los topónimos y lugares geográficos mencionados en el relato del éxodo. Por seriedad, no recogemos aquí los presuntos hallazgos del aventurero Ron Wyatt (el lugar exacto del paso del mar Rojo, las ruedas de los carros del faraón hundidas en el fondo del mar, la roca del monte Horeb golpeada por Moisés, el verdadero Sinaí en Arabia Saudita), que distan mucho de ser ciertos. Para saber qué podemos y qué no esperar de los hallazgos arqueológicos, es decisivo poner en evidencia la naturaleza del texto bíblico que no es histórico en el sentido moderno del término. Habría que afirmar que el libro del Éxodo contiene historia o, dicho

Monografías bíblicas

«Sal de tu tierra» Estudios sobre el extranjero en el Antiguo Testamento La migración en el Antiguo Testamento analizada desde distintos ángulos. Un acercamiento caleidoscópico a un tema de dramática actualidad. 232 pp · 978-84-9073-585-5

Con la colaboración de: • José Luis Barriocanal • Nuria Calduch • Marta García • Emilio López Navas • Fernando Milán • Víctor Morla

• Mercedes Navarro • Francisco Ramis • Guadalupe Seijas • Francisco Varo • Carmen Yebra

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Los descubrimientos arqueológicos no vienen a confirmar literalmente el texto bíblico, sino a iluminarlo y proporcionar un contexto plausible a los acontecimientos


MOISÉS Y EL ÉXODO. ASPECTOS ARQUEOLÓGICOS

de otra manera, está basado en hechos reales (no es ficción). La tradición sobre el éxodo se sustenta en un hecho histórico (o varios sincronizados) experimentado por el pueblo como acontecimiento salvador y recordado como el suceso constitutivo que dio principio a su existencia como pueblo. Sin embargo, la comprobación exacta de los hechos ocurridos escapa a una búsqueda historiográfica moderna preocupada por el detalle, los hechos brutos y la sucesión cronológica. Los descubrimientos arqueológicos no vienen a confirmar literalmente el texto bíblico, sino a iluminarlo y proporcionar un contexto plausible a los acontecimientos.

PRESENCIA DE SEMITAS EN EGIPTO: LOS HICSOS Es imposible dar fecha a la entrada de grupos semitas en Egipto, pues el fenómeno migratorio desde Canaán era algo normal desde tiempos antiguos. El país de las pirámides ejercía un gran poder de atracción como lugar de resguardo en momentos en que la sequía, el hambre o la guerra hacían la vida insoportable en los lugares de origen. Hay buenas razones para creer que, en tiempos de hambruna en Canaán –como los descritos

en la narración bíblica–, tanto los pastores como los agricultores marcharan a Egipto para disfrutar de su fertilidad segura. La mayoría de los nómadas y pastores semitas entraron en Egipto de forma pacífica y escalonada. Habría que descartar una llegada masiva y en pocos años. Algunos entraron como comerciantes libres, otros se infiltraron en tiempos de hambre para huir de la sequía, otros llegaron como conquistadores con los hicsos o como prisioneros de guerra. La presencia de semitas o aamu (“asiáticos”) –que así los llamaban los egipcios– en la tierra de Goshen, en el delta oriental del Nilo, es algo que se puede constatar desde los primeros faraones de la dinastía XII. Lo podemos ver de un modo gráfico en las pinturas de la tumba de Khnumhotep II,

en Beni Hasam. El fresco, situado en el tercer registro de la pared norte, presenta una procesión de extranjeros: ocho hombres, cuatro mujeres, tres niños y dos burros caminando hacia la derecha, guiados por dos funcionarios egipcios, en dirección a una figura de pie de Khnumhotep II de un tamaño mayor. El color de la piel, la ropa multicolor, las sandalias y los peinados de los extranjeros se distinguen perfectamente de la de los dos egipcios del resto de la caravana. Esta pintura mural atestiguaría la presencia en Egipto de clanes nómadas semitas en el segundo milenio a.C. En algunos documentos egipcios encontramos también referencias a esta presencia de semitas en Egipto. Así, por ejemplo, tenemos la llamada Instrucción de Merikare: un viejo

El fresco de la tumba de Khnumhotep II, en Beni Hasam, presenta una procesión de extranjeros que atestiguaría la presencia en Egipto de clanes nómadas semitas

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rey da consejos a su hijo y sucesor diciéndole cómo debe restaurarse el orden –describe una crisis social importante– y cuál debe ser su política con los asiáticos que se encuentran en el delta. Sabemos que alrededor del 1650 a.C. tomaron el poder de la zona un grupo de asiáticos venidos del este: los hicsos. El término hicso procede del griego y viene a transliterar el término egipcio heka hasut, que significa literalmente “reyes de países extranjeros”. En muchos de los escarabeos –amuletos con forma de escarabajo– encontrados de este período aparecen nombres semitas, pero

en unos cuantos no. Esto hace que algunos autores reconozcan que los hicsos incluían diversos elementos étnicos. Kathleen Kenyon hablaba de hurritas y hapiru, que, por este tiempo, estaban en movimiento. Nuestra imagen de los hicsos como tremendamente violentos que se apoderaron a sangre y fuego de Egipto reduciéndolo a ruinas y expulsando a los faraones reinantes está condicionada por lo que sabemos de ellos a través de la obra Aegyptiaca de Manetón (s. III a.C.), citada por Flavio Josefo en Contra Apión. Otra referencia negativa, en este caso epigráfica, la encontramos en

la Inscripción de Hatshepsut conservada en la pared exterior del templo de Speos Artemidos, muy cerca de Beni Hassan: “El tiempo en que los asiáticos estaban en Avaris, en el delta; en que los nómadas destruían todo lo que se había hecho antes; en que ellos reinaban desconociendo a Ra y en que nadie cumplía las órdenes divinas”. Todo apunta a que los hicsos no eran realmente así de sangrientos. El control estatal sobre el delta parece que fue paulatinamente disminuyendo, favoreciendo así una mayor afluencia y asentamiento de asiáticos, de modo que muchas de estas poblaciones eran

El templo de Speos Artemidos, cerca de Beni Hassan, muestra una inscripción en la que se dice que los hicsos son violentos y se apoderaron de Egipto a sangre y fuego

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MOISÉS Y EL ÉXODO. ASPECTOS ARQUEOLÓGICOS

En el siglo que duró este poder hicso en el delta (1650-1550 a.C.), hubo un total de cinco reyes que, en contacto con la civilización egipcia, adoptaron su protoco­lo y títulos reales, conservando la organización administrativa existente

mayoritariamente semitas. Parece que se produjo un desnivel del equilibrio demográfico en el nordeste del país. Esta población, perfectamente asentada y asimilada, comenzó a propagar su influencia y a afianzarse por medio de gobiernos locales “autónomos” que corresponderían a la dinastía XV, la dinastía hicsa, que parece que gobernó al mismo tiempo que la dinastía XIII, que gobernaba todo el país desde el sur en Tebas. Estos “señoríos” hicsos fueron aglutinando fuerzas, creando un estado pacífico con capital en Avaris. De este período no nos ha quedado ningún texto histórico y solo raros monumentos. Hubo una damnatio memoriae clara –condenar el recuerdo del enemigo tras su muerte–: ¡mejor olvidar esta “humillación” de los todopoderosos faraones! En el siglo que duró este poder hicso en el delta (1650-1550 a.C.), hubo un total de cinco reyes que, en contacto con la civilización egipcia, adoptaron su protocolo y títulos reales, conservando la organización administrativa existente. En las campañas de 2011 y 2012 que realizó en Tell Edfu la profesora del Instituto Oriental de Chicago Nadine Moeller, se descubrieron cuarenta y una bulas con sellos de un gobernante hicso (concretamente de un tal Khayan). ¡Todo un tesoro arqueológico! Los hicsos llevaron a Egipto el culto a las diosas Anat y Astarté, y culto al dios de la Tempestad, que los hititas llamaban Teshub y los cananeos Baal. En Egipto fue asimilado al dios Set, que perdió así sus connotaciones negativas –dios del caos, la sequía, lo incontenible– y se convirtió en el gran dios creador.

SEMITAS ESCLAVOS EN EL IMPERIO EGIPCIO Apenas se puede dudar que algunos de los antepasados de Israel fueron esclavos en Egipto o, por lo menos, que tuvieron que trabajar en circunstancias precarias (otra forma de esclavitud). Incluso aquellos autores que suelen manifestar más reservas a la hora de aceptar la veracidad de los textos bíblicos de este período, lo reconocen. Para los egipcios, el empleo de los trabajadores emigrantes o el de los esclavos era cosa normal y necesaria. La relación entre los asiáticos y egipcios no siempre fue idílica. Sabemos que Tutmosis III tomó trescientos cuarenta prisioneros de la batalla de Meguido. Amenofis II, en la estela de Menfis, habla de quinientos cincuenta Maryanu (hurritas), seiscientos cuarenta cananeos, tres mil seiscientos hapiru, quince mil doscientos beduinos shasu, treinta y seis mil seiscientos sirios, etc. También son importantes las pruebas de la presencia de hapiru en Egipto durante el período del imperio. Los hapiru fueron llevados allí como esclavos ya en tiempos de Amenofis II (1435-1414 a.C.), si no antes, puesto que en documentos de las Dinastías XIX y XX aparecen repetidamente. Así, por ejemplo, vemos una hostilidad creciente hacia este grupo en el reinado de Seti I (1295-1279 a.C.), el faraón inmediatamente anterior a Ramsés II. Lo podemos comprobar en la Estela de Seti descubierta en Tell el-Husn (Bet Shean). Otro documento importante es el Papiro de Leiden 348, que contiene el fragmento de una carta citando unas instrucciones recibidas en tiempo de Ramsés II (1279-1213 a.C.): se mencionan los hapiru, el hecho de Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 17


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Frescos de la Tumba de Rekhmire, primer ministro del faraón Tutmosis III (1479-1425 a.C.), donde aparecen extranjeros fabricando adobes

transportar la piedra y el lugar al que tiene que llevarlo (la ciudad de Pi-Ramsés). En las cartas de Tell el-Amarna, los hapiru designaban un elemento de la población de Palestina ordinariamente en rebeldía contra la autoridad del faraón. Puede ser que, hechos prisioneros por el ejército egipcio, los hapiru pasaron a ser en Egipto obreros al servicio del faraón. Para muchos, en este grupo se encontraban los componentes del futuro Israel. A la luz de estos documentos extrabíblicos y admitiendo cierta relación de los hapiru con los hebreos, podemos admitir que Seti I fuera el faraón que comenzó la hostilidad hacia los israelitas y Ramsés II el faraón, en cuyo reinado se llevaron a cabo obras en las que participaron como mano 18 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

de obra esclava. Es importante el Papiro de Brooklyn 35.1446, con una lista de sirvientes domésticos que trabajaron en la hacienda de algunos aristócratas egipcios alrededor del 1800-1750 a.C. Aparecen docenas de nombres: más de cuarenta son nombres semíticos. También es clave el relieve 21687, conocido como Inscripción de Berlín y fechado entre 1279-1212 a.C. Es una pieza de granito que pudo formar parte de una estela. Aparecen los nombres de tres prisioneros asiáticos, dos de ellos claros y un tercero parcialmente roto: Ascalón, Canaán e ¿Israel? Publicada por primera vez en 2001 por Manfred Görg, profesor de Antiguo Testamento y Egiptología en la Universidad de Múnich. Con la ayuda de Peter van der Veen y

Christoffer Theis, se interpretó el tercer nombre roto como “Israel” y se dató la inscripción en el reino de Ramsés II, basándose en los parecidos que tiene esta inscripción con la de la Estela de Merenptah. Junto a estos textos escritos tenemos el testimonio “gráfico” de los frescos de la Tumba de Rekhmire, primer ministro del faraón Tutmosis III (1479-1425 a.C.) en Tebas occidental. En la escena aparecen grupos de extranjeros fabricando adobes. El texto jeroglífico apunta a que se trata de trabajadores “tomados como prisioneros de guerra”. En ella se ven diferenciados semitas asiáticos occidentales, nubios africanos y los capataces egipcios. El fresco muestra las diversas etapas del proceso de fabricación de ladrillos.


MOISÉS Y EL ÉXODO. ASPECTOS ARQUEOLÓGICOS

En uno de los detalles relativos a la fabricación de ladrillos llama la atención que entre los trabajadores, cubiertos con un simple delantal, predominan los de piel blanca. Una comparación con los de piel de color muestra que aquellos son semitas. Si bien la pintura de la tumba muestra una escena de la construcción del templo de Amón, en Tebas, podemos imaginar algo parecido en las ciudades de Pitom y Ramsés.

¿FUE POSIBLE UN ÉXODO DE ESCLAVOS? En cuanto al éxodo mismo, no tenemos testimonios extrabíblicos. Más aún, a la luz de la documentación extrabíblica existente, algunos autores ponen en duda la posibilidad del éxodo como tal. Para Israel Finkelstein hay demasiadas dificultades históricas como para considerar reales los relatos del Éxodo así como situarlos en el reinado de Ramsés II: no se menciona en fuentes egipcias un evento de esa magnitud; la costa norte del Sinaí estaba fuertemente fortificada y vigilada por los egipcios; no hay restos de la presencia del pueblo en la península del Sinaí en el Bronce tardío, ni siquiera en Kades-Barnea, donde los israelitas estuvieron acampados un largo período de tiempo según el texto bíblico; Canaán era por aquel tiempo provincia egipcia, etc. El egiptólogo Donald Redford ha sugerido que la geografía que muestra el texto bíblico así como los nombres propios que aparecen en él concuerda, más bien, con el período saítico del Imperio Tardío Egipcio (dinastía XXVI), es decir, entre los siglos VII y VI a.C. (momento que coincide, según muchos especialistas, con el

período de la puesta por escrito de estos relatos). Aunque no niega que el relato del Éxodo recoja antiguas tradiciones y recuerdos de un gran evento que tuvo lugar muchos siglos antes, afirma que el texto pretende dar un mensaje de tranquilidad a los israelitas de la época tardo-monárquica ante la conquista del faraón Necao (672664 a.C.), réplica de la que realizó un siglo antes el faraón Sheshonq (Sisac en el texto bíblico). Otros como David Clines o Yair Hoffman afirman que el texto se puso por escrito en el período exílico y postexílico y, por tanto, lo que allí se narra no es sino la experiencia del pueblo en Babilonia y su posterior vuelta a la tierra prometida. No podemos negar la relación del texto con el contexto redaccional, pero ello no es óbice para afirmar que recoge recuerdos históricos de un pasado más remoto. Haciendo honor a la verdad, hay evidencias de una estricta e intensa vigilancia en la frontera del delta en los últimos compases del siglo XIII a.C., de modo que ni los egipcios ni los extranjeros podían salir y entrar en Egipto sin un permiso especial de sus autoridades. Tell el-Borg, en la región del delta de Egipto, a unos diez kilómetros al este del canal de Suez, fue excavado entre 1999 y 2007 por un equipo dirigido por James K. Hoffmeier. La excavación formó parte de un proyecto más amplio llamado North Sinai Archaeological Project.

El tell formaba parte del área militar de la frontera conocida como los “Caminos de Horus”. No es sorprendente que los israelitas evitaran este camino en su huida de Egipto. Los restos de los muros encontrados tienen un espesor de tres metros y medio. Parece que se trataba de un fuerte militar. El Papiro Anastasi V registra los informes de un funcionario de frontera egipcio acerca de la huida al Sinaí de dos esclavos del palacio de Pi-Ramsés. El alto mando militar egipcio que escribió el papiro había recibido la orden por parte de las autoridades egipcias de garantizar la captura de los dos fugitivos y su regreso a Egipto. Si esta noticia referente a dos esclavos –casi una anécdota– es recogida por la guardia fronteriza, ¿cómo no iba a haber sido recogido un flujo o tránsito importante de personas, aunque no haya sido de las dimensiones exageradas que plantea el Éxodo? Israel Finkelstein afirma que, de haber pasado una gran masa de israelitas en fuga por las fortificaciones fronterizas del régimen faraónico, habría existido un informe. Sin embargo, en las abundantes fuentes egipcias que describen la época del Imperio Nuevo, en general, y del siglo XIII a.C., en particular, no hay referencias a los israelitas, ni siquiera un solo indicio. ¿Y si hubiera sido un grupo más pequeño? Según estos autores, el hecho de que un grupo más que minúsculo eludiera la vigilancia egipcia en tiempos de Ramsés II

La vocación arqueológica no es demostrar ni probar la historicidad del relato bíblico. La Biblia no necesita que le den la razón

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dos superpoderes del Próximo Oriente (el imperio egipcio y el hitita). Del mismo modo que hubo varias entradas en Egipto, pudieron producirse una pluralidad de éxodos. Esto explicaría también las dos rutas “contradictorias” que parecen reflejarse en el texto. El relato bíblico mismo –una amalgama de tradiciones históricas– habla de dos éxodos: un éxodo-expulsión, que podría tener detrás el recuerdo histórico de la expulsión hicsa (pasado glorioso en Egipto –historia de José– y posterior pérdida de poder); y otro éxodo-huida, con ocasión de ciertos sucesos graves –plagas– que afectaron a los dominadores. Este éxodo, que se inicia en Ramsés y Pitom, parece que debe fecharse en tiempos de Ramsés II, quizás en los momentos difíciles en que se firma la paz con los hititas, pero cuando Egipto se ve amenazado por los libios. El sucesor de Ramsés II, Merenptah, tuvo que combatir a la vez contra los libios y contra Canaán. En su famosa estela, fechada en 1220 a.C., escribió: “Israel ha sido aniquilado y su simiente no saldrá jamás”. Así pues, en la parte central de Canaán existía ya en este período Moisés de Miguel Ángel un grupo identificaen la Iglesia de San Pietro in Vincoli do como Israel.

parece sumamente improbable. Ciertamente, de haber tomado un camino para huir, no habrían escogido la ruta costera tan vigilada sino ¡la ruta del desierto! Abraham Malamat, profesor durante muchos años en la Universidad Hebrea de Jerusalén, afirmó que el flujo de israelitas desde Egipto duró cientos de años, si bien tuvo su punto álgido en el siglo XII a.C., con el colapso de los

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MOISÉS, ¿UN PERSONAJE HISTÓRICO O DE LEYENDA? La figura de Moisés resplandece en el libro del Éxodo como libertador, jefe carismático, el mayor de los profetas, legislador, hombre de Dios… ciertamente un personaje “de leyenda”, es decir, una de esas figuras decisivas de la historia como Alejandro Magno, Constantino, Carlomagno o Napoleón Bonaparte, que, siendo histórica –no un personaje inventado–, es alguien cuya grandeza ha inspirado relatos de carácter épico en los que la emoción contenida a veces exagera su perfil. Como ocurre con muchos personajes antiguos, es muy difícil precisar sus contornos históricos más allá de la exaltación épica del relato. Vemos, por ejemplo, cómo el relato del nacimiento de Moisés está coloreado de elementos legendarios y populares de la época; concretamente se inspira en el relato del nacimiento de Sargón I de Acad, en el siglo XXV a.C. La adopción de Moisés también está en conformidad con la legislación sumero-acadia. Moisés, como otros muchos asiáticos, pudo ser educado en la corte del faraón para convertirse en escriba y haber tenido un ascenso rápido. En la época, encontramos asiáticos a los que mandaban instruir a los faraones o se les confiaban cargos administrativos. Moisés sería deudor de dos culturas: la de su clan y la de Egipto. La pregunta clave que nos interesa aquí es: ¿hay evidencias arqueológicas de la existencia de un personaje llamado Moisés? Ningún documento extrabíblico antiguo y conocido menciona a Moisés. Tampoco hay referencias en ningún registro arqueológi-


MOISÉS Y EL ÉXODO. ASPECTOS ARQUEOLÓGICOS

La figura de Moisés resplandece en el libro del Éxodo como libertador, jefe carismático… ciertamente un personaje “de leyenda” co. Hay quien ve en Moisés a un príncipe madianita afincado en Tebas. Esto explicaría la huida de Egipto a Madián. De hecho, según Gn 25,1-2, un antepasado de los madianitas era hijo de la segunda mujer de Abrahán. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, identificó en su último libro a Moisés con Osarseph, un sacerdote de Akenatón. Hay incluso quien, como Ahmed Osman, va mucho más allá y lo identifica con el mismísimo faraón Akenatón. Según algunos especialistas, desde el punto de vista histórico, solo hay una cosa indiscutiblemente cierta sobre Moisés: ¡su nombre! A pesar de la explicación bíblica “sacado de las aguas” (Ex 2,10), el nombre de Moisés es en realidad ¡un nombre egipcio! Es comparable a otros nombres teóforos –portadores del nombre de la divinidad– como Ah-mosis, Tut-mosis, Ptah-mosis, Ra-msés. El verbo significa “engendrar”, “producir”. Estos nombres se solían poner a los niños nacidos el día del aniversario de ese dios y significaban “tal dios ha nacido”.

Este dato tiene su importancia: si los israelitas hubieran tenido la posibilidad de forjarse un héroe nacional, inventarse un líder “a su medida”, a buen seguro que jamás le habrían dado un nombre egipcio –¡sus enemigos!–. La figura de Moisés, como afirma el arqueólogo Joaquín González Echegaray, con un nombre egipcio, criado y educado en la corte faraónica, podría encajar con la existencia comprobada de escribas de origen semita al servicio de la administración. Recuérdese, por ejemplo, que la correspondencia de El-Amarna está redactada no en egipcio, sino en lengua acádica con escritura cuneiforme, lo que requería la presencia de expertos semitas. Más allá de esto, poco más se puede afirmar desde el punto de vista arqueológico de la persona de Moisés. Por el momento, no se ha descubierto ninguna inscripción en la que aparezca su nombre o alguna referencia a él. Como ocurre con el Éxodo, este silencio de la arqueología no significa a priori la no existencia de Moisés.

Un personaje de tal envergadura en la historia de Israel no pudo ser inventado –¡y menos con nombre egipcio! La arqueología seguirá sus trabajos con la conciencia de que muchos acontecimientos y personajes históricos que constituyen el contenido esencial de los relatos bíblicos escapan frecuentemente, por naturaleza, a su investigación directa. La vocación arqueológica no es demostrar ni probar la historicidad del relato bíblico. La Biblia no necesita que le den la razón. Su misión es iluminar, aclarar, reconstruir, explicar. La vocación de la Biblia no es tampoco informarnos de los hechos cronológicamente recogidos y sistematizados, como haría un historiador actual. La Biblia nos transmite historias reales de un pueblo que ha experimentado en su vida la intervención de Dios: no le importa demasiado el cómo, el cuándo, el quién. Recoge tradiciones múltiples, de diversas procedencias y momentos, narradas como si de una sola historia se tratara. Moisés y el Éxodo, tal y como aparecen en el texto bíblico, no son ficción literaria –encuentran luz suficiente en su contexto histórico inmediato–, pero al día de hoy es difícil llegar a una evidencia arqueológica incontestable.

BIBLIOGRAFÍA >  P. CABELLO MORALES, Arqueología Bíblica. Los textos bíblicos a la luz de los hallazgos arqueológicos, Almuzara, Córdoba 2019. >  J. K. HOFFMEIER, Israel in Egypt: The Evidence for the Authenticity of the Exodus Tradition, Oxford University Press, Oxford 1999. >  E. S. FRERICHS Y L. H. LESKO (eds.), Exodus: The Egyptian Evidence, Eisenbrauns, Winona Lake 1997.

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Moisés en el desierto “En el desierto” es el nombre hebreo del libro de Números, ya que comienza con esas palabras, pero también porque todo su contenido se enmarca en la larga marcha por el desierto de las tribus de Israel, que acaban de ser liberadas de la esclavitud de Egipto, camino de la tierra prometida. Sus grandes protagonistas son Dios y Moisés. Si en el libro del Éxodo se narran los pasajes más famosos de la vida de este hombre, en el libro de Números, en un paisaje estepario y adusto, se delinean con precisión su figura, la consistencia de su misión de mediador y los rasgos específicos de su vida.

Constanza Levaggi Universidad Católica Argentina, Buenos Aires

Una reflexión acerca de un famoso y conocido personaje en un desconocido y tal vez mal apreciado libro, podría encararse desde diferentes ángulos: desde la “crítica histórica” que podría intentar responder a la pregunta: ¿sucedió 22 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

realmente todo lo que se narra sobre Moisés en este libro? O desde la “crítica literaria” y la “crítica de las tradiciones”: ¿de dónde viene todo este material, estos relatos y estas leyes? O desde una “hermenéutica contextual”: ¿qué nos dice el libro sobre nuestro presente concreto, desde la realidad de algunos lectores de hoy? Y otras aproximaciones más. Para responder a las preguntas planteadas por estos tipos de análisis se hace necesario el uso de

herramientas que se encuentran fuera del texto, fuera de la Biblia: hallazgos arqueológicos, conocimiento de las diferentes épocas históricas y literarias a través de la cuales se fue formando la Biblia, conceptos tomados de la sociología, economía y otras ciencias humanas. Teniendo en cuenta los límites editoriales y para intentar hacer un aporte concreto al amplio cuadro que es “la figura de Moisés”, realizaremos una aproximación narrativa y teológica


DOSSIER MOISÉS EN EL DESIERTO

que surge de la lectura atenta y profunda del texto que tenemos, tal como lo leemos en nuestras biblias hoy. Con esta herramienta de interpretación intentaremos responder a la pregunta: ¿qué aporta el libro de Números a la figura de Moisés como famoso personaje literario y religioso? Para esto, comenzaremos situándonos en el contexto general del libro: ¿cómo es?, ¿de qué trata?, etc., para luego detenernos en algunos textos y expresiones con-

cretas que nos ayuden a ampliar la memoria cultural de esta persona tan importante para las religiones monoteístas hoy.

EL LIBRO “NÚMEROS” O “EN EL DESIERTO” El libro llamado “Números” es el cuarto libro de la Biblia, aceptado como sagrado tanto por los cristianos como por los judíos. En la Biblia hebrea, se llama “En el desierto” (palabras con las que comienza), lo cual es muy apro-

piado, ya que los 36 capítulos transcurren allí en el desierto, después del éxodo de Egipto. El nombre “Números” fue adoptado por las traducciones griegas y latinas del texto hebreo (por eso se denomina así en nuestras lenguas modernas) y responde a que contiene varios censos y listas de ofrendas y donaciones… muchos números… Pero números no es todo lo que el libro contiene. Esta desconocida obra está llena de leyes e historias fascinantes, Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 23


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Dios llamó a Moisés para que liberase a su pueblo

como por ejemplo: la posibilidad de que cualquier persona se consagre a Dios (el “Nazireato”, Nm 6,1-21); una de las bendiciones más hermosas de la Biblia (la “bendición sacerdotal”, Nm 6,22-27); una descripción del maná (Nm 11,7-9); codornices que caen del cielo y llegan hasta la cintura (Nm 11,31-33); racimos de uva gigantes traídos de la exploración de la tierra prometida (Nm 13,20-24); el origen de los sacerdotes (Nm 17,16-18,7); por qué los judíos tienen que llevar flecos (tzitzit, Nm 15, 32-41); la causa por la cual ni Moisés ni Aarón (Nm 20,1-13) ni el pueblo que salió de Egipto pudieron entrar en la tierra prometida (Nm 14,2035), excepto dos hombres –Josué y Caleb– que se presentan como una especie de “superhéroes” que siempre confían en la palabra de Dios transmitida por Moisés (Nm 14,1-38; 26,65; 32,12); la erección de una serpiente de bronce que, al mirarla, los salva de picaduras 24 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

El libro de Números, en la Biblia hebrea, se llama “En el desierto” (palabras con las que comienza), lo cual es muy apropiado, ya que toda la obra transcurre en el desierto

mortales (Nm 21,4-9; Jn 3,14-15); una burra que habla y ve al ángel del Señor que un profeta no puede ver (Nm 22,22-35); la posibilidad de que hijas mujeres hereden de su padre (Nm 27,1-11); el nombramiento de Josué como sucesor de Moisés (Nm 27,12-23); el detalle de todo el recorrido realizado por el desierto, incluidos los nombres de los lugares (Nm 33,1-49); las fronteras exactas de la tierra prometida (Nm 33,50-56); la designación de ciudades de asilo para que se refugien los homicidas hasta que se los juzgue (Nm 35,9-34). Además de estas historias sorprendentes, también encontramos otro tipo de relatos que reflejan las consecuencias que acarrea desconfiar de Dios y revelarse contra su voluntad: fuego que devora una parte del campamento (Nm 11,1-3); las codornices que reciben después de quejarse por querer comer carne, los enferman y matan (Nm 11,33-34); hombres que hablan mal


MOISÉS EN EL DESIERTO

de la tierra prometida caen muertos al instante (Nm 14,36-38); la tierra se abre y traga a doscientos cincuenta hombres que se habían rebelado contra Moisés (Nm 16,27-35)… y muchas leyes de todo tipo: cultuales, sanitarias, sociales, entremezcladas con todos estos relatos. Como se podrá apreciar, esta obra contiene mucho más que números. La diversidad es tal, que aun los expertos no han podido establecer una estructura literaria que genere cierto consenso. Incluso se ha llegado a afirmar que la obra no contiene un orden pensado y establecido por los redactores finales. Tal vez esto pudiera ser cierto, o tal vez su diversidad y riqueza trasciende las fronteras del orden, de “ideas claras y distintas” anheladas por las lectoras y lectores modernos. Tal vez sea en esas tensiones generadas por tanta diversidad donde se refleje la complejidad de treinta y ocho

No hay duda de que hay (por lo me­nos) un “tema religioso”, un “tema teológico” que se repite en el li­bro entero: la confianza en Dios y en su palabra transmitida por Moisés

años de vida de un pueblo (número que simboliza, por lo menos, una generación entera) que intenta convertirse a un único Dios verdadero y liberador, y donde podríamos ver reflejadas nuestras propias riquezas, diversidades y tensiones de hoy. Más allá del inconcluso tema de la “estructura literaria” de la obra, no hay duda de que hay (por lo menos) un “tema religioso”, un “tema teológico” que se repite en el libro entero: la confianza en Dios y en su palabra transmitida por Moisés. Toda la obra es una gran invitación a confiar en Dios y en su Palabra, casi como una oda en la que los relatos fantásticos sirven como grandes metáforas de las consecuencias de aferrarse solo a sí mismos, a las propias certezas y seguridades que llevan al miedo, a la nostalgia del pasado considerado como siempre mejor, a la duda y desconfianza, a la falta de un confort deseado.

Los exploradores de la tierra de promisión, de Juan Antonio de Frías y Escalante (Museo del Prado)

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Aun siendo conscientes de que, por todo lo dicho anteriormente, esta obra no se puede “resumir” en una idea, máxima o enseñanza absoluta, podríamos esbozar una “imagen” que refleje algo de su contenido: en estos años de camino por el desierto el pueblo tiene básicamente dos opciones: confiar en Dios y cumplir sus mandatos o no confiar en Dios, quejarse y revelarse contra Él. Esto último implica depositar la confianza solamente en sí mismos y, ante los desafíos que genera la vida presente (el desierto), volver al pasado de la esclavitud encubierta por un cierto confort: “los israelitas volvieron a sus llantos diciendo: ’¿Quién nos dará carne para comer? ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, y de los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos! En cambio, ahora nos encontramos débiles. No hay de nada. No vemos más que el maná’“ (Nm 11,46). No poder enfrentar los desafíos de la vida presente, estancados en el ideal de una vida pasada mejor, lleva al pueblo a un estado constante de queja contra Dios que deriva en un abandono total: “… después de haber abandonado vosotros a Yahvé, Yahvé no está con vosotros” (Nm 14,43). Según el libro de Números, la consecuencia de asumir esta actitud es inevitable: la muerte (que llega de diferentes maneras: instantánea –Nm 14,36-38–, por enfermedad –Nm 11,33-34–, por el fuego –Nm 11,1-3–, de forma casi ridícula, como es que la tierra se abra y los trague –Nm 16,27-35–) y la imposibilidad de entrar en la tierra prometida. La otra opción es confiar siempre en Dios: un abandono total a 26 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

El libro de Números contiene mucho más que censos y listas de ofrendas, y en esta compleja trama hay dos protagonistas principales: Dios y Moisés

su Palabra, incluso ante las situaciones extremas y contra toda aparente esperanza como una lucha entre “saltamontes” (israelitas) y “gigantes” (habitantes de la tierra prometida) en Nm 13,33. Las consecuencias de asumir esta actitud son la vida y la entrada en la tierra. En este decidir qué actitud asumir, se destacan dos figuras modelo: los fieles Josué y Caleb. En contraste con todo el resto del pueblo, estos dos personajes son modelos de fidelidad heroica. Y en el libro de Números no hay matices: o se asume la desconfianza que lleva a una muerte fatal o se asume la confianza en forma radical, heroica. Podría ser que esta forma de presentar a los personajes tan extrema (sin “grises”) responda a la certeza de las consecuencias. No hay matices ni justificaciones en la asunción de una u otra actitud porque no hay duda de las consecuencias que cada una de ellas acarrea. Esto podría reflejar algo de la época en la que se realizó la redacción final del libro (probablemente el siglo V a.C.), años

de experiencias colectivas que el pueblo ha acumulado a lo largo de su historia: la historia de un pueblo que ha regresado del exilio en Babilonia (siglo VI a.C.) y que quiere reconstruirse y definir su identidad nacional como “pueblo de Dios”: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Ex 19,4-6). Ser “de Dios” es confiar en su Palabra, en sus designios, e implica abandonarse en Su existencia, en Su presencia que lleva

Moisés en el monte Sinaí, de Jean-Léon Gérôme (1895-1900)


MOISÉS EN EL DESIERTO

a una vida redimida: liberada de toda esclavitud. Pero es curioso cómo la liberación de la esclavitud no se da cuando entran en la tierra prometida, como si el desierto fuera solamente una etapa que hay que transcurrir para llegar a algo mejor, a un futuro mejor. Cuando entran en la tierra de Canaán tienen que luchar contra pueblos que viven en la tierra: amalecitas, hititas, amorreos, jebuseos –Nm 13,29 (ver los libros de Josué y Jueces)–, contra los que vienen de afuera (filisteos), siempre a la deriva a potencias extranjeras (egipcios, asirios, babilonios, etc. Ver los libros de Samuel y Reyes). Se podría afirmar que la única etapa de la vida en la que el pueblo

es totalmente libre es en el desierto (y el noventa y cinco por ciento de su estancia allí es relatada en este libro, siempre guiados por Moisés). Es en ese estado libre de determinaciones extranjeras cuando el pueblo tiene que enfrentarse a un gran desafío: a sí mismos y sus actitudes frente a las dificultades, a su pasado, a Dios. Por paradójico que parezca, el desierto es una tierra de libertad: allí no mana la “leche y miel” como en la tierra de Canaán, pero cada uno recibe su porción necesaria de alimento (ese es uno de los significados de “maná”: “porción”) y todos juntos caminan guiados por la presencia de Dios. Poseen la mayor de las riquezas: la libertad y la vida asegurada por la presencia de Dios.

MOISÉS: “EL HOMBRE MÁS HUMILDE SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA” ¿Qué podemos decir de Moisés en el libro de Números? Seguramente las lectoras y lectores conocerán bastantes cosas sobre Moisés, ya que es uno de los personajes más famosos de la Antigüedad: cómo fue salvado al ser colocado en una canasta en el agua, criado bajo la protección del palacio egipcio hasta que se escapó al desierto y Dios lo llamó para que libere a su pueblo. Las plagas, el paso del mar, los mandamientos y el maná tal vez recuerden que murió antes de entrar en la tierra prometida. Pero la mayoría de estos relatos están narrados en el libro del Éxodo. Podríamos

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decir que el imaginario cultural de la persona (y personalidad) de Moisés se ha construido en base al texto del Éxodo. ¿Qué aporta el libro de Números al perfil de uno de los líderes más famosos de la historia? La lectura detenida de la obra puede aportar algunas características novedosas para completar el cuadro. En el primer renglón del libro leemos: “Yahvé habló a Moisés en el desierto del Sinaí, en la Tienda del Encuentro, el día primero del mes segundo, el año segundo de la salida de Egipto” (Nm 1,1). Y las últimas palabras son: “Estas son las órdenes y normas que dio Yahvé, por medio de Moisés, a los israelitas, en las Estepas de Moab, cerca del Jordán, frente a Jericó” (Nm 36,13). Entre estos dos versículos, han transcurrido treinta y ocho años y cientos de kilómetros por el desierto. El lugar cambia, el tiempo cambia, pero los personajes principales se mantienen firmes en sus tareas: Dios habla y Moisés escucha. Dios tiene un plan, lo transmite a Moisés y Moisés lo ejecuta: realizar censos, promulgar leyes, trasladarse, construir cosas… cualquiera que sea la orden de Dios, Moisés la ejecuta. Unas quince veces se repite la fórmula: “Yahvé habló a Moisés” seguida de una orden, y luego la constatación de la ejecución de la orden: lo hicieron “tal como se lo había mandado Yahvé a Moisés” –o variantes de la misma constatación– (Nm 1,1 y 1,19; 2,1-2 y 2,33; 3,40 y 3,42; 5,1-2 y 5,4; 8,5-6 y 8,20; 17,1-2 y 17,5; 31,2526 y 31,31; etc.). Un dato narrativo nos ayuda a comprender cuán radical es este esquema en el libro. Como vimos, el primer versículo de la obra indica que “Yahvé habló a Moisés”. ¿Qué es 28 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

Durante diez capítulos seguidos, Dios ordena y Moisés ejecuta sin objeciones lo que Moisés le responde? No hay respuesta ni diálogo ¡hasta el capítulo 11! En el capítulo 7, el narrador indica: “Cuando Moisés entraba en la Tienda del Encuentro para hablar con Él, oía la voz que le hablaba de lo alto del propiciatorio que está sobre el arca del Testimonio, entre los dos querubines. Entonces hablaba con Él” (Nm 7,89). Y en el capítulo 10 transmite una oración de Moisés hacia Dios: “Cuando partía el arca, decía Moisés: ’Levántate, Yahvé, que tus enemigos se dispersen, que huyan delante de ti los que te odian’. Y cuando se detenía, decía: ’Vuelve, Yahvé, a las

miríadas de millares de Israel’“ (Nm 10,35-36), pero no se relata ningún diálogo o intercambio entre ambos hasta el capítulo 11. Durante 10 capítulos seguidos, Dios ordena y Moisés ejecuta sin objeciones: realizar el censo de unas dos millones de personas (cc. 1–4); expulsar a los impuros del campamento (c. 5); promulgar leyes (cc. 5–6); ofrecer carretas y utensilios de plata para el santuario (c. 7); construir el candelabro y las trompetas (cc. 8 y 10); promulgar normativas sobre los levitas y la pascua (cc. 8-9); dar la orden de levantarse y comenzar a trasladarse (c. 10).

Israelitas recogiendo el maná, de Hendrick de Clerck


MOISÉS EN EL DESIERTO

Todas estas indicaciones de Dios se introducen siempre de manera similar: “Dios dijo a Moisés”, seguido de la orden en imperativo: “haz el censo”, “alista”, “registra”, “manda”, “di a los israelitas”, “dile a Aarón”, “pon a los levitas aparte”, etc., y después Moisés, Aarón y los israelitas ejecutan todo “tal como Dios se lo mandó a Moisés”. Este esquema funciona perfectamente hasta el capítulo 11. Allí el pueblo se rebela: “El pueblo profería quejas que sonaban mal a los oídos de Yahvé, y Yahvé lo oyó. Se encendió su ira y ardió contra ellos un fuego de Yahvé y devoró una punta del campamento. El pueblo clamó a Moisés, que intercedió ante Yahvé, y el fuego se apagó” (Nm 11,1-2). Este es el comienzo de una serie de situaciones similares: queja/rebelión – consecuencias/intercesión de Moisés (hambre, c. 11; mediación entre Dios y el pueblo, c. 12; miedo, c. 14; liderazgo, c. 16; comida y bebida, cc. 20–21). Esta primera queja produce algo inesperado: se escucha la voz de Moisés que interrumpe el silencio de diez capítulos con una oración contundente, radical:

Moisés oyó llorar al pueblo, a todas sus familias, cada uno a la puerta de su tienda. Se irritó mucho la ira de Yahvé. A Moisés le pareció mal, y le dijo a Yahvé: “¿Por qué tratas mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia a tus ojos, para que hayas echado sobre mí la carga de todo este pueblo? ¿Acaso he sido yo el que ha concebido a todo este pueblo y lo ha dado a luz, para que me digas: ‘Llévalo en tu regazo, como lleva la nodriza al niño de pecho, hasta la tierra que prometí con juramento a sus padres?’. ¿De dónde voy a sacar carne para dársela a todo este pueblo, que me llora diciendo: Danos carne para comer? No puedo cargar yo solo con todo este pueblo: es demasiado pesado para mí. Si vas a tratarme así, mátame, por favor, si he hallado gracia a tus ojos, para que no vea más mi desventura” (Nm 11,10-15).

De repente, todo el pueblo expresa descontento. Las expresiones sucesivas “el pueblo”, “todas las familias” y “cada uno a la puerta de su tienda” generan impacto de totalidad: absolutamente todos lloran, nadie está bien, nadie queda fuera de este reclamo. Extremo es el sufrimiento del pueblo y extrema es la reacción de Moisés: “No puedo cargar yo solo con todo este pueblo: es demasiado pesado para mí. Si vas a tratarme así, mátame, por favor”. Pareciera que Moisés pudiera cargar solo con todos los exigentes mandatos de Dios (cc. 1–10), pero no con las quejas y el descontento del pueblo (cc. 11–21). Moisés recuerda a Dios (y tal vez también se lo recuerda a sí mismo) que el pueblo es Suyo, Él lo “dio a luz”, Él es quien debe “cargarlo sobre su regazo”, quien debe asumir la responsabilidad de su existencia y de su sobrevivencia. Que Moisés sea el “mediador” entre

El libro de Números aporta la certeza de que Moisés no es más que un mediador: el pueblo es de Dios, no de Moisés

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Dios y los hombres, que sea quien transmita su Palabra es algo que también muestran los libros del Éxodo, Levítico y Deuteronomio. Además de esta característica de Moisés, el libro de Números aporta algo más: la certeza de que él no es más que un mediador: el pueblo es de Dios, no de Moisés, no del líder profético, porque ni el mayor de los líderes proféticos de la historia del pueblo puede lograr su subsistencia y puede guiarlo con éxito si no es consciente en su obrar de que esa comunidad no le pertenece, y al no pertenecerle no la puede dominar, modelar a su imagen y construir bajo sus propias reglas. El pueblo de Dios se presenta aquí como el resultado de la tensión entre la voluntad salvífica de Dios y las voluntades limitadas de sus miembros: y en el medio se encuentra él, Moisés, como incansable buscador de la voluntad de Dios y del bienestar del pueblo. En este contexto puede comprenderse mejor la famosa expresión presente en este libro: “Moisés era un hombre muy humilde, más que hombre alguno sobre la faz de la tierra” (Nm 12,3; ver Ex 3,11; 4,10-11 y Eclo 45,4). La palabra que se traduce aquí como “humilde” es ‘ānāw. Quienes están familiarizados con los estudios bíblicos conocen la expresión ‘ănāwîm (plural de ‘ānāw) referida a un colectivo de pobres, humildes, generalmente excluidos (p.ej. Sal 37,11; 25,9). ‘ānāw puede traducirse en español como “humilde” (Biblia de Jerusalén; La Biblia. Libro del Pueblo de Dios), “pobre”, “manso” (Reina Valera 95), incluso “sufrido” (así lo traduce Alonso Schökel en La Biblia de Nuestro Pueblo). Debería llamar nuestra 30 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

atención que el profeta más importante de la historia del pueblo y uno de los líderes más famosos de la Antigüedad sea calificado como ‘ānāw. El contexto inmediato en el que es introducida esta expresión es una queja, un reclamo, dos personas hablando mal de Moisés (sus dos hermanos):

María habló con Aarón contra Moisés a propósito de la mujer cusita que había tomado por esposa: porque se había casado con una cusita. Decían: “¿Es que Yahvé no ha hablado más que por medio de Moisés? ¿No ha hablado también por medio de nosotros?”. Y Yahvé lo oyó. Moisés era un hombre muy humilde, más que hombre alguno sobre la faz de la tierra. De improviso, Yahvé dijo a Moisés, a Aarón y a María: “Salid los tres hacia la Tienda del Encuentro”. Y salieron los tres. Bajó Yahvé en la columna de Nube y se quedó a la puerta de la Tienda. Llamó a Aarón y a María y se adelantaron los dos. Dijo Yahvé: “Escuchad mis palabras: Si hay entre vosotros un profeta, en visión me rebelo a él y hablo con él en sueños. No así con mi siervo Moisés: él es de toda confianza en mi casa; boca a boca hablo con él, abiertamente y no en enigmas, y contempla la imagen de Yahvé. ¿Por qué, pues, habéis osado hablar contra mi siervo Moisés?” (Nm 12,1-8)

A continuación, María contrae lepra, Moisés intercede por ella y Dios la sana. Dos veces Dios llama a Moisés “siervo” (sirviente, servidor) y lo contrasta con los profetas. No lo llama “líder”, “elegido”, “principal”, etc., sino “siervo”. El pueblo le pertenece a Dios, y el “gran profeta” y “elegido de Dios” Moisés es un servidor que conoce sus límites, aun en su heroica mediación. Esto no implica que la figura de Moisés sea insignificante al lado de Dios o que sea un “simple instrumento”, sino que el sentido y la contundencia de su rol se lo da su vínculo con Dios como siervo, como atento “oyente” y ejecutor de su Palabra, como fiel transmisor de la Palabra al pueblo y como facilitador

del encuentro y la comunicación del Pueblo y Dios. El “boca a boca”, “cara a cara”, “contemplar la imagen de Yahvé” son metáforas que manifiestan un vínculo íntimo basado en la confianza mutua (“él es de toda confianza en mi casa”, dice Dios). En el c. 14 encontramos una situación similar: un grupo va a explorar la tierra prometida y, al regresar, relata a la comunidad lo que han visto: pueblos grandes, numerosos y fuertes. Los israelitas reaccionan expresando su miedo: “toda la comunidad alzó la voz y se puso a gritar; y la gente se pasó llorando toda aquella noche. Luego murmuraron todos los israelitas contra Moisés y Aarón, y les dijo


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toda la comunidad: ’¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto! Y si no, ¡ojalá hubiéramos muerto en el desierto! ¿Por qué Yahvé nos trae a este país para hacernos caer a filo de espada y que nuestras mujeres y niños caigan en cautiverio? ¿No es mejor que volvamos a Egipto?’. Y se decían unos a otros: ’Nombremos a uno jefe y volvamos a Egipto’” (Nm 14,1-4). Dios reacciona queriendo desheredarlos y hacer un nuevo pueblo a partir de Moisés. Moisés intercede ante Dios a favor del pueblo con un discurso muy convincente (Nm 14,13-19). La respuesta de Dios es contundente: “Lo perdono, según tus palabras” (Nm 14,20). Dios también escucha las palabras de su siervo y cambia de parecer

por ellas. El vínculo de confianza los transforma a ambos en beneficio de todo el pueblo: una hermosa e íntima relación que va desarrollándose a lo largo del desierto, no para beneficio y complacencia propia, sino para el desarrollo y la subsistencia de la comunidad. El libro de Números aporta algunos rasgos importantes a la memoria de la figura de Moisés, la consistencia de su rol y de su vida: lo presenta como un mediador limitado, sostenido, capacitado y calificado por su vínculo íntimo con Dios –un vínculo basado en la escucha atenta a su Palabra, el diálogo honesto, veraz y radical con Él– y la preocupación constante de velar por el Pueblo de Dios.

BIBLIOGRAFÍA >  F. VARO, Números, Desclée De Brouwer, Bilbao 2008. >  J. L. SKA, Introducción al Antiguo Testamento, Sal Terrae, Santander 2012. >  F. GARCÍA LÓPEZ, La Torá. Escritos sobre el Pentateuco, Verbo Divino, Estella 2012.

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DOSSIER MOISÉS EN EL NACIENTE CRISTIANISMO

Moisés en el naciente cristianismo

El Sermón de la Montaña, por I. Makarov

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DOSSIER MOISÉS EN EL NACIENTE CRISTIANISMO

Moisés fue recordado por muchas cosas: su protagonismo en el relato del éxodo, su papel como profeta, como sacerdote, como legislador… Su memoria se acrecentó y recreó en muchos momentos de la historia de Israel, sobre todo en los más difíciles y desafiantes. La conquista de Jerusalén por los romanos y la destrucción del templo el año 70 d.C. fue, quizá, el más difícil. El recuerdo de Moisés sirvió entonces para rehacer la identidad del judaísmo sin templo. El naciente cristianismo también recreó su memoria, tanto para sostener su continuidad con el antiguo Israel, como para mostrar su peculiar distancia con otros intérpretes de Moisés.

Carlos Gil Arbiol Universidad de Deusto

la diferencia frente a otros judeos no creyentes en Jesús. Vamos a ver ejemplos de algunos de estos seguidores de las dos primeras generaciones durante el siglo I d.C.

MOISÉS EN EL JUDAÍSMO DEL SEGUNDO TEMPLO Vamos a acercarnos a esta memoria del naciente cristianismo dentro del contexto judío en el que se da este debate sobre la identidad compartida. Los seguidores de Jesús durante el siglo I fueron mayoritariamente de origen judío; pero desde finales del siglo I y a lo largo del siglo II fue creciendo el número de gentiles hasta conformar al final una mayoría. Esto no significa que se desprendieran de aquel pasado, sino todo lo contrario: tanto para los seguidores de Jesús circuncidados como para los gentiles, las raíces hebreas de su propia fe estaban continuamente delante de sus ojos. Unas veces estas raíces aparecían para afirmarse en ellas y mostrar la continuidad de la fe de Israel con la de Jesús; otras, para defender y legitimar

El período comprendido entre la conquista de Alejandro Magno (siglo IV a.C.) y la conquista de Roma (siglo I a.C.) fue crucial para el territorio que Heródoto, Plutarco o Filón llaman “Palestina”, y que comprendía la franja de tierra entre el sur de Siria y el norte de Egipto. Esta región, desde el punto de vista de sus habitantes, incluía Galilea, Samaría y Judea. El nombre compartido que estos habitantes recibían, y que da cuenta de su pertenencia a una nacionalidad compartida, era “judeos” (Ioudaios). Durante estos tres siglos, la amenaza cultural que supuso la helenización obligó a sus habitantes a desplegar diversas estrategias para mantener su identidad, que se movían entre la resistencia y la asimilación.

Muchos de estos judeos, especialmente de las élites, adoptaron la forma de vida, las prácticas y la cultura griega, en gran medida abandonando prácticas judías como la circuncisión o la observancia de los alimentos que les habían caracterizado. Otros, sin ir tan lejos, incorporaron el pensamiento griego para explicar su propia tradición y creencias, generando una tradición mestiza de carácter sapiencial que presentaba el judaísmo como una filosofía de mayor valor y antigüedad que otras; entre estos podemos reconocer a Ben Sira, el autor del libro del Eclesiástico, o a Filón de Alejandría. Para muchas familias de judeos la llegada de los griegos forzó un éxodo hacia ciudades del Mediterráneo, creando grupos mestizos que mantenían su identidad, pero adoptaban características de la cultura griega como la lengua. Sin embargo, entre los grupos más populares de judeos predominó una actitud de resistencia, que podía resultar más o menos firNº105 | RESEÑA BÍBLICA 33


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me, más o menos pública y más o menos extensa. La mayoría de las personas no se preocupaba más que de las cuestiones referidas a la propia subsistencia, y las identitarias las veían como una cuestión de la élite. Otros, sin embargo, se apoyaban en sus costumbres para vivir con significado las penurias de la vida y transmitir a sus hijos un sentido de pertenencia y de futuro. Las diversas campañas de los reyes seléucidas para dominar culturalmente la región mediante la imposición de prácticas y cultos griegos exaltaron las posturas resistentes, exacerbándolas al máximo. En este contexto surgieron reacciones violentas como la de los macabeos, que respondieron con las armas. Las reacciones más populares, sin embargo, fueron de resistencia silenciosa, de boicot a las políticas impuestas, o de aparente sumisión. Todas estas estrategias adquirían muchas formas; una de ellas fue la literatura, que produjo obras de género apocalíptico, leyendas, comentarios bíblicos y sermones. En estos textos, el recuerdo de Moisés ocupó un papel determinante para ofrecer respuesta a la dominación griega y romana. Hacia el final de este período, durante el cambio de Era, Moisés llegó a ser una referencia fundamental de la identidad judea, quizá la más importante: era un foco de lealtad e identidad. De modos diversos, se recurría a él para subrayar algunos aspectos que daban identidad a los judeos en su vida cotidiana. Las imágenes predominantes hasta ese momento en la memoria del pueblo habían sido la de un intercesor eficaz, un pastor amable con su pueblo y muy cercano a Yahvé, como aparece 34 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

en la tradición yahvista y eloísta. También como un profeta heroico que carga sobre sí el castigo que merecía el pueblo: la condena de no tomar posesión de la tierra, según la tradición deuteronomista. En tiempo del exilio, para la tradición sacerdotal, Moisés es recordado como el único mediador entre el pueblo y la voluntad de Yahvé: el portador de la Torah. Con la amenaza griega, Moisés adquiere en la memoria de los judeos otros rasgos que ayudan a reconstruir la identidad judía. Por una parte, aquellos judeos que emigraron a ciudades del Mediterráneo abandonando Palestina, bien por la fuerza bien por elección, crearon una serie de tradiciones literarias en las que Moisés era recordado como el “fundador de toda la nación judea”. “Moisés, por la providencia de Dios, llegó a ser rey, legislador, sumo sacerdote y profeta, y en cada una de estas funciones alcanzó los más altos méritos” (Filón, Vida de Moisés, II,3). El objetivo era presentar de un modo comprensible quiénes eran los judeos, de dónde venían y cuál era su modo de vida. Para ello, el “fundador” adquirió rasgos de filósofo y el judaísmo de una filosofía; era “la verdadera filosofía, la que constituye una triple combinación de pensamientos, palabras y hechos, reunidos armónicamente en una única realidad para la adquisición y goce de la sabiduría”. Así, el sábado se presentó como el día para “discurrir acerca de la filosofía de sus antepasados” (Filón, Vida de Moisés, II,212). Esta presentación de Moisés tenía, además, un afán proselitista y buscaba la conversión de gentiles; quienes daban el paso, además de la circuncisión,

Los judeos que se fueron a vivir a Qumrán atribuían al Maestro de justicia la clave de interpretación de la verdad de la revelación de Moisés El recuerdo de Moisés ocupó un papel determinante para ofrecer respuesta a la dominación griega y romana


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recibían un baño ritual que algunos han llamado “el bautismo de Moisés” (cf. 1 Cor 10,2). Por otra parte, los judeos que vivían en Palestina destacaron aspectos relacionados con la fidelidad de Moisés a la voluntad de Yahvé, así como su capacidad para interpretar la Torah. Los judeos que se fueron a vivir a Qumrán, por ejemplo, atribuían al Maestro de justicia la clave de interpretación de la verdad de la revelación

de Moisés; aquel venía a ser un segundo Moisés capaz de dar a sus herederos la verdadera interpretación de la ley frente a otros judeos. Otros, como el autor del libro de los Jubileos, apelaba a la autoridad de Moisés para presentar un calendario de fiestas diverso, que seguían los de Qumrán. Más tarde, cuando los romanos conquistaron Jerusalén y destruyeron el templo el año 70 d.C., el judaísmo rabínico también apeló a Moisés para

justificar la necesidad de ampliar y adaptar la Torah a las nuevas circunstancias. En este sentido, sostenían que Moisés no solo recibió la ley escrita, sino también una oral, que transmitió de boca en boca hasta ese tiempo: “Moisés recibió la Ley oral del Sinaí y la transmitió a Josué, Josué a los ancianos, los ancianos a los profetas, los profetas la transmitieron a los hombres de la Gran Asamblea” (Misnah, Abot 1,1).

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Mikvé ritual de Qumrán

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Tanto en la diáspora como en Palestina, crecieron mucho las leyendas populares que narraban la muerte misteriosa de Moisés y su ascensión al cielo, para subrayar el carácter divino de aquel hombre especial que había ejercido un rol determinante en la fundación, configuración e identidad del pueblo judeo. El Testamento de Moisés y la Asunción de Moisés dan cuenta de la devoción y culto que Moisés concitaba en todos los judeos: era el centro y el foco de la identidad y todos querían comprenderse como discípulos y seguidores de él.

MOISÉS EN EL NUEVO TESTAMENTO En torno al año 30 d.C., un judío galileo fue crucificado en Jerusalén. Muchos lo fueron en estos años de control romano de Palestina, pero este del que hablamos había suscitado un movimiento

Estos acontecimientos (Jesús de Nazaret como el mesías prometido por Yahvé) obligaron a sus seguidores (Moisés) a releer su propio ju­ daísmo según la novedad de un mesías crucificado y resucitado

de renovación intra-judeo que no acabó con su muerte. De hecho, y tras un período de dudas y perplejidades, los que habían creído que Jesús de Nazaret era el mesías prometido por Yahvé desplegaron una actividad inusitada que desarrollaba su mensaje central del reino de Dios. En este proceso, la memoria de su mensaje se fundió con el anuncio de su identidad mesiánica y su culto, que creció como parte de un movimiento judeo que se extendió por Palestina y por la diáspora. El detonante de esta expansión fue, según el testimonio de los protagonistas, la certeza de que Yahvé lo había resucitado y lo había exaltado a su lado en el trono divino. Estos acontecimientos obligaron a sus seguidores a releer su propio judaísmo según la novedad de un mesías crucificado y resucitado. Ello los enfrentó con el resto de judeos que se entendían como tales a partir de la memoria de Moisés, tal como hemos visto. Unos años más tarde de estos acontecimientos, la guerra judía iniciada el año 66 d.C. terminará de modo terrible con la brutal conquista y destrucción de la Ciudad santa y el templo por el general Tito el año 70. Este desenlace forzó una profunda revisión de los criterios sobre los que el judaísmo se había comprendido a sí mismo, tal como lo hemos visto más arriba. La ausencia de templo para los sacrificios que mantenían la presencia de Yahvé en medio de su pueblo, y de tierra que disfrutar y explotar como don de Yahvé a su pueblo, provocaron una profunda crisis, similar a la del siglo VI a.C., cuando Nabucodonosor destruyó Jerusalén. Hubo un grupo de judeos, sin embargo, que Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 37


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Arco de Tito (Roma), año 82 d.C. En torno al año 30 d.C., un judío galileo fue crucificado en Jerusalén. Años más tarde, la guerra judía iniciada el año 66 d.C. termina con la destrucción de Jerusalén

estuvo en mejores condiciones para enfrentar esta crisis: los fariseos. Su judaísmo lo habían construido sobre los cimientos del cumplimiento fiel de la Torah, lo único que Roma no había podido destruir. El judaísmo que surgió a partir de este momento se basó fundamentalmente en la ley; Moisés, el legislador y maestro (Rabbi), adquirió todavía más importancia de la que tenía, y el judaísmo que se rehízo tras la debacle del año 70 d.C., el llamado judaísmo rabínico, propuso una nueva identidad judea basada en su memoria de Moisés. Los seguidores de Jesús a partir de este momento deben enfrentarse con esta corriente hegemónica dentro del judaísmo. Este duelo va a ser el trasfondo en el que entender las referencias a Moisés en el naciente cristianismo. No se trata de alusiones polémicas necesariamente. Como vamos a ver, estos seguidores de Jesús, tanto en 38 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

Palestina como en la diáspora, recurren a Moisés para subrayar dos cosas: su vinculación al judaísmo y su peculiar comprensión de este, condicionada por la experiencia de haber conocido a Jesús. Hacen lo mismo, pues, que los judeos durante la dominación griega o los rabinos tras la destrucción del templo: recordar a Moisés para explicar su propia identidad. Sin embargo, este recuerdo de Moisés no es unívoco o monolítico; lo hacen para justificar posturas y modos de comprenderse diversos, tanto entre ellos como respecto del rabinismo de su tiempo. Vamos a ver dos ejemplos representativos de las dos primeras generaciones de seguidores de Jesús en el naciente cristianismo recogidos en el Nuevo Testamento: el caso de Pablo y el de Mateo. MOISÉS Y PABLO Unos años antes de la mencionada destrucción de Jerusalén,

Pablo apela a Moisés en diversas ocasiones en sus cartas. Esas alusiones revelan una doble, y en parte ambigua, función de Moisés en el momento que le toca vivir. Por una parte, Moisés representa lo mejor de su propia tradición, aquella con la que Pablo se ha vinculado durante toda su vida y de la que nunca reniega. Así, por ejemplo, reconoce que Moisés fue testigo de Yahvé y transmitió con fidelidad su voluntad y su identidad: “Dice [Yahvé] a Moisés: Seré misericordioso con quien lo sea; me apiadaré de quien me apiade” (Rom 9,15). En ese texto Pablo reconoce que Moisés ha transmitido una imagen de Yahvé correcta, que destaca su piedad y su misericordia. Pero, por otra parte, Moisés también representa una corriente de interpretación de esa tradición con la que Pablo no comulga porque le parece estrecha y desorientada: “Moisés escribe acerca de la justicia que nace de


MOISÉS EN EL NACIENTE CRISTIANISMO

la ley: ‘Quien la cumpla, vivirá por ella’. Mas la justicia que viene de la fe dice: […] ‘cerca de ti está la palabra en tu boca y en tu corazón’, la palabra de la fe que nosotros proclamamos” (Rom 10,5-8). Ahí Pablo contrapone una interpretación incorrecta de Moisés y otra correcta: la primera se fija solo en la ley, mientras que la segunda lo hace en la confianza en Yahvé. Moisés, pues, personifica la ley, pero también representa la interpretación dominante en el judaísmo de su

tiempo, que Pablo considera errónea. Esta ambigüedad la desarrolla Pablo en un texto de su Segunda carta a los Corintios. En 2 Cor 3,7-18, Pablo contrapone, de un modo atrevido, dos alianzas, una “antigua” y otra “nueva”. Se trata, según lo que él mismo explica, de dos interpretaciones de la Torah: una literal, porque se atiene a la letra, y otra del espíritu de la misma ley, porque capta el sentido más allá de la letra. Para hablar de esas dos

alianzas, Pablo cita a Moisés y dice: “Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones” (2 Cor 3,15). Moisés aquí representa la alianza del Sinaí, el pacto que Yahvé hace con su pueblo y al que Pablo siempre se atiene. Sin embargo, quienes interpretan ese pacto, como él antes de conocer a Jesús, creían que cumplir la ley literalmente era la garantía de una vida plena (“Moisés escribe acerca de la justicia que nace de Moisés recibe las tablas de la ley, de Marc Chagall

El recuerdo de Moisés sirvió entonces para rehacer la identidad del judaísmo sin templo

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la ley: ‘Quien la cumpla, vivirá por ella’”). Por eso cree Pablo que tienen un velo delante, porque no entienden cuando leen: “Hasta el día de hoy permanece ese velo en la lectura de la antigua alianza y no se levanta, pues solo en el Mesías desaparece” (2 Cor 3,14). Leer la ley e interpretarla literalmente es como tener los ojos cerrados e interpretar erróneamente; la alianza que Dios hace con Moisés no era una ley escrita para seguirla al pie de la letra, sino para captar el sentido profundo que la guiaba. Pablo descubre este sentido en un judeo que no la cumplió totalmente, porque murió como un “maldito” según esa misma ley que condena a todo “colgado” o crucificado (cf. Dt 21,22-23). Ese maldito, sin embargo, comprendió el espíritu de la ley, viviendo y muriendo como Dios quería: no cumpliendo la ley al pie de la letra, sino comprendiendo que la ley buscaba confiar en Yahvé como lo hizo Jesús, anunciando que Dios es quien ama y no busca castigo o venganza, que se humilla para dejar libertad a todos. Moisés, entonces, representa para Pablo dos realidades diversas. Por una parte, es el mediador, el intermediario de una alianza verdadera a la que Pablo se aferra toda la vida: “La ley es santa, y santo el precepto y justo y bueno” (Rom 7,12). Dios ama a su pueblo, quiere lo mejor para él y le regala un camino de vida que se recoge en la Torah; quien lo seguía llegaba hasta Yahvé. Por otra parte, Moisés “se ponía un velo sobre el rostro para impedir que los israelitas vieran el fin de lo que era pasajero” (2 Cor 3,13). Esa ley, explica Pablo, no era para endiosarla o para convertirla en la referencia 40 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

única que decidiera por sí misma quién seguía la voluntad de Dios y quién no. Esa ley había que interpretarla correctamente; Pablo no lo hizo durante buena parte de su vida, hasta que se dio cuenta de que la interpretación literal no era la correcta. Moisés no fue del todo claro; había algo en esa ley que no era evidente: la fuerza no había que ponerla en el cumplimiento de los preceptos, sino en la confianza en Dios. Pablo descubre esta interpretación correcta cuando conoce al Crucificado que Dios había resucitado: “entonces se cayó el velo” (2 Cor 3,16).

Para Pablo, Moisés es el mediador, el intermediario de una alianza verdadera a la que el Apóstol se aferra toda la vida

En el debate por la identidad judea, Pablo aporta su propia lectura: Moisés es la referencia de la identidad del judaísmo, sí, pero hay que interpretarlo bien. La clave para hacerlo es Jesús; sin Jesús, Moisés es incomprensible y perjudicial, porque desvía al creyente del camino a Yahvé creyendo que lo conduce. Esta peculiaridad de los creyentes en Jesús resultó de mucha importancia a la larga; el cristianismo que nazca de este largo proceso de gestación tendrá en su ADN la interpretación del espíritu de la ley, no la literalidad. En los siglos posteriores no siempre se fue fiel a este principio. MOISÉS Y MATEO Cuando Roma ya había conquistado Jerusalén y destruido el templo, un escriba que había creído en Jesús escribe una obra que se llamará “Evangelio según Mateo”. No sabemos con certeza quién la escribió, porque no está firmada, aunque pronto se le atribuyó a un tal Mateo. Este escritor de la segunda generación de seguidores de Jesús era judeo como Pablo y sus preocupaciones también eran relacionar su fe en Jesús con su fidelidad a la ley de Moisés. Y recurre a una estrategia similar a la de Pablo: diferenciar el verdadero Moisés del que los rabinos de su tiempo quieren presentar. Podríamos decir que Mateo está en pugna con los antiguos fariseos para ver quién merece heredar, con más derechos, una herencia común. Esta agria y mordaz polémica supura en muchos pasajes de su evangelio, especialmente aquellos en los que Jesús aparece discutiendo con los fariseos de su tiempo. Algunas de esas discusio-


MOISÉS EN EL NACIENTE CRISTIANISMO

Corazín. La “cátedra de Moisés”, una autoridad que los seguidores judeos de Jesús deben respetar, según el evangelio de Mateo

nes no tienen sentido en tiempo de Jesús, sino en tiempo de Mateo, por ejemplo, las que hablan de la “cátedra de Moisés”. Mateo pone en boca de Jesús una distinción muy fina sobre los dos Moisés que hemos mencionado: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan pesadas cargas y las echan a las espaldas de la gente…” (Mt 23,2-4). Esta distinción concede a la “cátedra de Moisés” una autoridad que los seguidores judeos de Jesús deben respetar; Moisés merece

respeto y su ley observancia. Sin embargo, quienes se han atribuido en tiempo de Mateo la autoridad de interpretar a Moisés no merecen ese mismo respeto: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Vosotros no entráis ni dejáis a los que quieren entrar” (Mt 23,13). Para Mateo, el intérprete verdadero de Moisés y su ley fue Jesús. Toda su obra rezuma alusiones, explícitas o implícitas, para que el lector atento capte que Jesús de Nazaret fue quien mejor interpretó a Moisés, hasta el punto de que seguir a Jesús, según Mateo,

es seguir con la mayor fidelidad a Moisés. El relato de la infancia de Jesús es, quizá, el mejor ejemplo. Los dos capítulos que anteceden la vida de Jesús (Mt 1–2) no tienen ninguna alusión explícita a Moisés; sin embargo, están llenos de alusiones a la vida de Moisés. Así, por ejemplo, el relato de los magos de oriente reproduce el encuentro de Moisés con Balaam en el libro de Números (Nm 22–24). Allí, una expedición mandada por el rey quiere matar a Moisés; una estrella anuncia lo que ocurrirá: un nuevo rey reinará sobre la tierra; quienes debían reconocerlo no lo han hecho, pero unos extranjeros lo hacen. Mateo conocía esta historia y escribe el pasaje de los magos (Mt 1,1-12) para que los lectores descubran que Jesús es el nuevo Moisés. Después narra la matanza de los inocentes, de la que Jesús se escapa milagrosamente porque sus padres huyen a Egipto. Los lectores atentos recuerdan que así se salvó Moisés de morir, milagrosamente, cuando el faraón había decretado la muerte de todo varón nacido de los israelitas. Cuando crece Moisés es llamado para liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, como Jesús: “estuvieron en Egipto hasta la muerte de Herodes para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: de Egipto llamé a mi hijo” (Mt 2,15). Para Mateo, Moisés y su ley merecen todo el respeto y Jesús es un fiel cumplidor de la ley: “No he venido a abolir la ley y los profetas; no he venido a abolir sino a llevar su plenitud” (Mt 5,17). De este modo se afirma Mateo en sus propias raíces: nada hay en Jesús ni en la interpretación que Mateo hace de él que aleje a los seguidores de Jesús de las tradiciones Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 41


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judeas que representa Moisés. Jesús fue un judío fiel y lo es también Mateo. Sin embargo, quienes se han sentado en la “cátedra de Moisés”, quienes tienen después del año 70 d.C. la autoridad para interpretar las leyes y la tradición de Moisés, se están equivocando. Su error es similar al que les atribuye Pablo: hacer una interpretación literal de la ley y convertirla en la única referencia de identidad para los judeos, olvidando lo más importante de la ley: la misericordia. Cuando a Jesús le acusan en este evangelio de comer con gente excluida según la ley (recaudadores de impuestos, prostitutas…), Jesús les responde así: “Id, pues, y aprended qué significa ‘misericordia quiero, que no sacrificio’” (Mt 9,13). Así les dice a

las autoridades judeas el Jesús de Mateo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, el aneto y el comino, y descuidáis lo más importante de ley: la justicia, la misericordia y la confianza!” (Mt 23,23). No es Moisés el que está equivocado, sino quienes apelan a él para malinterpretarlo y traicionar su memoria. Jesús fue un judío fiel a Moisés hasta el punto de ser mejor referencia que este para ser judeo.

SÍNTESIS La figura de Moisés acaparó la atención del judaísmo en momentos de crisis. Así ocurrió cuando Alejandro Magno trajo detrás de él una fascinante cultura que colonizó buena parte del territorio

Moisés fue la referencia, enton­ces, tanto para quienes querían entenderse con el helenismo (como Filón), como para quienes rechazaban cualquier relación y se afirmaban en lo más distinto (como los de Qumrán) Estatuas representando a la iglesia (izquierda) y a la sinagoga (derecha). La representación de la derecha lleva una venda en los ojos simbolizando su negativa a reconocer a Jesús

42 RESEÑA BÍBLICA | Nº105


MOISÉS EN EL NACIENTE CRISTIANISMO

Mosaico de Alejandro Magno hallado en una casa patricia en Pompeya (hacia 100 a.C.)

de Palestina obligando a sus habitantes a repensar su identidad. Moisés fue la referencia, entonces, tanto para quienes querían entenderse con el helenismo (como Filón), como para quienes rechazaban cualquier relación y se afirmaban en lo más distinto (como los de Qumrán). Con la llegada de los romanos, la necesidad de actualizar la propia tradición no desapareció. Moisés fue de nuevo el campo de batalla y judeos de diferente signo apelaron a él para subrayar su propia forma de entenderse frente a otros judeos o frente a Roma. Este fue el caso de los creyentes en Jesús mesías durante las dos primeras generaciones de seguidores. Se enraizaron en el recuerdo de Moisés y a él recurrieron para mostrar

que la novedad de Jesús no rompía con el judaísmo, sino que lo afirmaba y ahondaba en sus mejores rasgos. Jesús fue el nuevo Moisés que permitía a sus seguidores comprenderse como herederos de

las promesas que Yahvé había hecho a Israel, incluso aunque esos seguidores no fueran judeos de nacimiento. En las generaciones posteriores, sin embargo, esta estrategia fue cambiando.

BIBLIOGRAFÍA >  J. LIERMAN, The New Testament Moses: Christian perceptions of Moses and Israel in the setting of Jewish religion, Mohr Siebeck, Tubinga 2004. >  R. AGUIRRE (ed.), Así empezó el cristianismo, Verbo Divino, Estella 2010. >  R. AGUIRRE (ed.), Así vivían los primeros cristianos: evolución de las prácticas y las creencias en el cristianismo de los orígenes, Verbo Divino, Estella 2017.

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DOSSIER MOISÉS EN EL JUDAÍSMO CLÁSICO

Moisés en el judaísmo clásico El judaísmo clásico es el judaísmo de los rabinos que entre los siglos I y VIII de la era común dedicaron su esfuerzo académico a explicar y actualizar el texto bíblico y a desarrollar la Ley Oral, una compleja construcción textual fundamentada en los mismos pasajes legales de la Biblia, los denominados ley mosaica. En ese ámbito exegético y legal, Moisés adquiere una importancia primordial y fundacional. La revisión que se realiza del personaje es la de un maestro selecto, digno de recibir la Ley “de manos y boca” del propio Dios. Fue el primero en estudiarla para, finalmente, transmitirla y hacer llegar a Israel el más grande don concedido por Dios: la Torah. El Moisés de los rabinos será un hombre extraordinario, sabio, íntegro, con múltiples facetas sobre las que prima el maestro.

Olga Ruiz Morell Universidad de Granada

El personaje de Moisés tiene una versatilidad equiparable solo a su peso en la tradición. Como un héroe moderno, Moisés se nos dibuja como un hombre retraído e inseguro que acepta, más por responsabilidad que por vocación, liderar a su pueblo. Sobrelleva sus debilidades, convirtiéndolas en fortalezas y manifestando de 44 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

ese modo su grandeza humana. La trascendencia que adquiere su figura en el ámbito judío se justifica durante el período clásico (o rabínico), época en la que se construyen las bases del judaísmo posterior y Moisés confirma su peso. Se ha sugerido, incluso, considerarlo como la figura humana primordial, equiparable a Jesús en

el cristianismo o a Mahoma en el islam. Obviamente esa afirmación no se sostiene por la propia naturaleza teológica del judaísmo o la del propio Moisés. Sin embargo, es innegable el peso del personaje en lo que se podrían considerar la base de la fe para judías y judíos. Moisés en el judaísmo clásico adquiere el valor de figura fun-


DOSSIER MOISÉS EN EL JUDAÍSMO CLÁSICO

Moisés salvado de las aguas del Nilo, de Veronés. El mérito de la hija del faraón fue rescatar y cuidar con esmero de Moisés

dacional. Es el referente personal en torno al que se construye el propio judaísmo. Si Abrahán es el padre, Moisés es el maestro, el sabio a través del cual Dios entregó el más preciado de los tesoros, aquel sobre el que se construye la fe y el modo de vida que identifica al judaísmo: la Torah. Pero lo más significativo que transmiten

los Sabios de esta época clásica es que no solo recibió la Ley Escrita (Biblia), sino que también fue depositario de la Ley Oral (Misnah, Talmud), transmitiéndose ambas de generación en generación e inspirando a hombres sabios, incluso siglos después. Los maestros del período rabínico dibujan al personaje bíblico

y sus circunstancias acorde a su importancia. Una de las labores fundamentales de dichas escuelas rabínicas es la de reescribir (o recontar, si consideramos su oralidad) el texto bíblico completando, justificando, armonizando y actualizando sus historias. Los relatos sobre Moisés, casi como los de ningún otro, merecen una Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 45


DOSSIER

La familia de Moisés es engrandecida para dibujarla acorde con tan significativo héroe. Un hombre tan especial merece un origen familiar y un nacimiento excepcionales

Moisés y Yokébed, de Pedro Américo (1884)

especial dedicación. Son varios los episodios y muchas las facetas y vivencias del personaje. En ocasiones se hace necesaria una revisión, así como aclaraciones acerca de la figura de Moisés, a causa de sus incertidumbres y contradicciones, de manera que se logre una adecuada comprensión, conciliación y aceptación del relato bíblico. 46 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

Este liderazgo se mueve entre múltiples facetas, tantas que de él se dibujan dos percepciones muy diversas y que definen su naturaleza como hombre de Dios (‘ish ha’elohim): la de un ser divinizado, a modo de semidiós, frente a la de un hombre extraordinario, único en la historia de Israel. Ya en el texto bíblico se nos presentan múltiples caras, las de un

hombre puro, sabio, poderoso o humilde. Revisaremos algunas de las hazañas y cualidades del personaje a través de su representación rabínica. Los Sabios desarrollan su vida de una manera excepcional. Un príncipe, un esclavo, un rey, un pastor, un legislador, un líder, un maestro... en definitiva, un ser de múltiples vidas, diversas y destacadas.


MOISÉS EN EL JUDAÍSMO CLÁSICO

Moisés en los relatos rabínicos se adecúa a la importancia y trascendencia de su personaje. Se pretenden justificar los acontecimientos de su vida y acomodar las circunstancias y personajes que lo acompañan.

NACIMIENTO E INFANCIA DE MOISÉS EL ENTORNO FAMILIAR Un hombre tan especial merece un origen familiar y un nacimiento excepcionales. Por lo pronto, la familia de Moisés es engrandecida para dibujarla acorde con tan significativo héroe. A lo largo de sus textos, los rabinos rememoran tradiciones en torno a la familia de Moisés. Su padre era Amram, un levita piadoso y sabio, el más grande de su generación. A raíz de la promulgación del Faraón, condenando a los recién nacidos varones del pueblo hebreo, decidió separarse de su mujer. Pretendía así evitar tener hijos que fueran luego sacrificados de una manera inútil y cruel. Dada su influencia, lo hizo de manera pública y ostentosa para ser imitado por el resto de la comunidad. La madre, Yokébed, era hija del propio Leví. Mencionada someramente en la Biblia, la tradición la engrandece hasta el punto de identificarla como una de las matronas que propiciaron el nacimiento de los niños hebreos. El nombre que la Biblia le adjudicó, Sifrá, correspondería a una alegoría de su papel en este episodio (en referencia a que preparaba y acrecentaba a los recién nacidos). Esa labor la libró de la maldición de Eva, al dar a luz a Moisés sin dolor. En cuanto a Miriam, la hermana, tuvo doble mérito. Era profetisa ya

Yokébed y Miriam abandonando a Moisés en el río Nilo, Alexey Tyranov (1839)

desde su más tierna infancia (profetizó el nacimiento y logros de su hermano Moisés) y comadrona junto a su madre. Destacaba por su capacidad reflexiva y por tener una admirable previsión, acorde a su don profético. Fue ella la que advirtió a su padre de la gravedad de las consecuencias de la separación de los matrimonios. Miriam le hizo ver que su decisión era peor que la del propio faraón, pues este había condenado a morir a los niños, mientras que Amram condenaba también a las niñas, además de privar a unos y a otras de la vida venidera por el simple hecho de no haber nacido. En otras tradiciones, la niña profetizó el nacimiento de un hermano que salvaría a Israel. Tanto por una como por otra razón, Amram decidió retomar a Yokébed, engendrando así a Moisés.

En el judaísmo clásico, se pretenden justificar los acontecimientos de la vida de Moisés y acomodar las circunstancias y personajes que lo acompañan

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Miriam, la hermana de Moisés, era profetisa ya desde su más tierna infancia (profetizó el nacimiento y logros de Moisés) Mosaico de la iglesia de la Visitación (Monte Sion)

También su madre adoptiva es una mujer privilegiada en la tradición rabínica. A pesar de ser extranjera, la princesa egipcia mereció ser acogida por Dios como una hija, de ahí el nombre que se le da en esta tradición, Bityah (“hija de Yhwh”), además de ser incluida en la restringida lista de mujeres de valor. El mérito de la mujer fue rescatar y cuidar con esmero de Moisés, dada la norma de que a quien salva una vida se le reconoce como si salvara un mundo entero, y esta vida, la de Moisés, era especialmente querida por Dios. Otro privilegio concedido a la hija del faraón fue el de designar a nuestro héroe por el nombre que ella le dio, Moisés, no por el que le habían dado sus propios padres al nacer, Yequtiel. SUS PRIMEROS AÑOS Los prodigios acaecidos en su nacimiento van acordes con una persona destinada a obrar proezas. Por lo pronto, de acuerdo a la tradición rabínica, el decreto del faraón sobre los niños varones de los hebreos no respondía al temor de que se convirtieran en una 48 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

multitud, sino a la interpretación de un sueño del mismo faraón que vaticinaba el nacimiento de un hebreo que acabaría con el poder de Egipto. De este modo se anticipa y se engrandece de manera prodigiosa el nacimiento de Moisés. Por ello no nos extraña que se diga que, en el momento en que nació, su hogar quedó iluminado por una luz prodigiosa; o que con un solo día ya fuera capaz de hablar y de andar, o, como se llega a afirmar, que con solo tres años él mismo profetizara que recibiría la Torah. Pero, sin duda, el episodio más significativo de su infancia fue el momento en el que fue depositado en las aguas y rescatado de ellas por la hija del faraón. La tradición rabínica, de nuevo, completa el relato para gloria del niño y grandeza de Yhwh. La presencia de la princesa junto a las aguas no era inocente ni fortuita. A causa de la condena del faraón contra los niños hebreos, Dios había castigado a la población egipcia con la lepra. Precisamente, la joven princesa se había acercado a las

aguas para refrescar y aliviar su piel cuando vio la canasta con el niño. Al alargar prodigiosamente su brazo para recuperarla, sanó milagrosamente de su dolencia. El descubrimiento de la cesta fue extraordinario para la mujer: la visión de una hermosa criatura, con el aspecto de un ángel de Dios, acompañada del esplendor de la presencia divina, la shekinah, y del arcángel Gabriel, que se encargaba de que el pequeño no sufriera ningún mal, debió de ser suficiente para darse cuenta de que acababa de encontrar a un niño muy especial. Si bien llamó de inmediato a una nodriza egipcia para que lo amamantara, el niño no bebería del pecho de ninguna gentil; la boca que estaba destinada a hablar con Dios exigía una pureza que admitía solo la leche de una nodriza hebrea. Es por ello y por la consabida intervención de Miriam por lo que Yokébed pudo criar a su propio hijo. Por esa razón pasó sus dos primeros años de vida en su hogar hebreo, para luego ser criado en palacio por la propia Bityah, como


MOISÉS EN EL JUDAÍSMO CLÁSICO

un auténtico príncipe, compartiendo su tiempo con la familia real. Cuentan que a los tres años de edad, mientras estaba sentado a las rodillas de su madre egipcia, tomó la corona del faraón y se la puso en la cabeza, para sorpresa y horror de los miembros de la familia real. Tomándolo como una premonición de una pretendida aspiración al trono, provocó la ira de parte de la familia del faraón, recomendándose su ejecución. Fue de nuevo el arcángel Gabriel el que lo protegió de una muerte segura.

LOS AÑOS DE JUVENTUD ASESINO Y PRÓFUGO Los sabios nos dibujan a un Moisés sabio y brillante, educado de una manera esmerada en palacio por los más destacados maestros, a los que pronto superó en conocimiento. El día en que se desplazó a Goshen, donde vivían los esclavos hebreos, descubrió las condiciones en las que subsistía su pueblo. A partir de ese momento se convirtió en el protector de Israel,

aunque siempre en la sombra, para no levantar las sospechas de los egipcios. Llegó a solicitar al faraón que concediera un día de descanso a los esclavos, bajo la excusa de asegurar su pervivencia y no perder mano de obra. De este modo, adelantándose a la entrega de la Torah, se atribuye a un joven Moisés una de las leyes fundamentales que rige e identifica al judaísmo: el descanso sabático. Fue por esa necesidad de dar consuelo y protección a su pueblo por lo que se ocasionó su salida de palacio, concretamente cuando descubrió a un egipcio maltratando a un hebreo cuya esposa había sido violada por el mismo agresor. A pesar de su deseo de castigarlo, se contuvo para antes consultar con los ángeles (siempre presentes en su vida) la conveniencia de castigarlo con la muerte. De este modo se convierte a Moisés en miembro de un tribunal, pero no en un asesino sanguinario movido por un impulso irreflexivo. Una vez obtenido el respaldo, no llegó a

realizar ningún acto físico violento, sino que pronunció el nombre de Dios y el egipcio cayó muerto. Esa era la capacidad y la cercanía de Moisés con respecto a Dios. No solo perviviría ante la presencia divina, sino que podía proferir el nombre impronunciable, antes siquiera de haber sido revelado, y tornarlo en arma arrojadiza. Cuando hicieron llegar la noticia al faraón, tanto de la muerte que había causado como de que esta se debía a la ayuda que prestaba habitualmente a los hebreos, este sentenció a Moisés a muerte. Los ángeles, de nuevo atentos a las necesidades de nuestro protagonista, avisaron a Dios, quien evitó su muerte en el patíbulo haciendo escurrir la espada del cuello de Moisés hasta diez veces. Finalmente, el ángel Miguel, con la apariencia del verdugo, cortó la cabeza del propio verdugo, a quien había dado la apariencia del reo, para a continuación llevar al auténtico Moisés en un reflexivo e introspectivo viaje de cuarenta días.

Moisés salvado de las aguas, Jacopo Robusti Tintoretto (hacia 1555). Museo del Prado Nº105 RESEÑA BÍBLICA 49


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MOISÉS, EL PASTOR Tras un largo período en Kus (Etiopía), donde llegó a convertirse en rey, se dirigió a Madián. Allí no solo conoció a su esposa, sino a uno de los personajes más misteriosos, pero trascendente en la vida de Moisés: su suegro, el sacerdote madianita. La revisión teológica que se hace de este hombre en las escuelas rabínicas permite resolver la incongruencia de los dos nombres con que lo designa el texto bíblico de Éxodo, así como la inconveniencia de acomodar a Moisés en un hogar idolátrico. El Reuel de Ex 2 era el sacerdote que dirigía el culto idolátrico madianita, mientras que el Jetro de los capítulos posteriores fue un hombre que cuestionó su actividad idolátrica y volvió su fe, mediante una íntima conversión, hacia el Dios único. La labor de Moisés como pastor durante sus días en Madián anticipó su labor como guía del pueblo de Israel, al que sabría conducir como hizo con los animales. Durante los cuarenta años que se dedicó al pastoreo, ni una sola oveja sufrió daños o se perdió, además de multiplicarse de manera prodigiosa, presagio de su futura misión. Eso constata que cualquiera de los problemas surgidos durante el éxodo fueron responsabilidad de los propios israelitas, no de su líder. Él mismo observó cómo se hacía fuerte en el desierto. La declaración de esta capacidad era obviamente

Eventos de la vida de Moisés, Sandro Botticelli (1481-1482) 50 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

intencionada; Moisés presentía los grandes acontecimientos que viviría en ese escenario, lo que le generaría más anhelo que recelo. No obstante, cuando se encontró frente a la zarza ardiendo y escuchó a Dios pidiendo que recatara a su pueblo, trató de zafarse de la tarea. Moisés insistía en su ineptitud, dudando a pesar de la confianza que en él depositaba Dios. Esa será una de las debilidades que le recriminará Yhwh en el momento de su muerte. También fue la causa por la que Dios decidió conceder el sacerdocio a los descendientes de Aarón (que sí aceptaría sin reparos la tarea) y relegar a los de Moisés al puesto de levitas.

DE NUEVO EN EGIPTO La vuelta a Egipto la hizo Moisés con su mujer y sus hijos, a los que montó en un asno, el mismo que había llevado Abrahán al sacrificio de Isaac y en el que montaría el Hijo de David vaticinado por el profeta Zacarías. Frente al faraón, la tradición distribuye las tareas de manera equitativa entre Moisés y su hermano Aarón. El hermano mayor no sentía envidia o rivalidad hacia su hermano menor, ni viceversa. Se produjo casi una absoluta equiparación entre uno y otro. Queda claro que todos los méritos de Aarón podrían haber sido los mismos que los de Moisés, de tal modo que los hermanos repartían las inter-


MOISÉS EN EL JUDAÍSMO CLÁSICO

venciones ante el rey de Egipto y la ejecución de las plagas. En cuanto a las plagas, no deja de causar extrañeza que, a pesar de lo terrible y mortífero de sus consecuencias para el pueblo de Egipto, se percibieron como una compensación simbólica y positiva para Israel: fueron una recompensa por las diez pruebas que había sufrido y superado Abrahán.

Testamento y muerte de Moisés, de Luca Signorelli (1482)

LA ENTREGA DE LA LEY La entrada en el desierto se produce tras el paso del mar Rojo. Sorprendentemente el milagro no se atribuye tanto a Moisés como al propio Yhwh. Las aguas no hicieron caso al hombre, sino que se separaron solo por la orden del propio Dios. Así se rememora en la liturgia de la Pascua judía la salvación propiciada por Dios. El principal mérito de Moisés en este episodio será el cántico de acción de gracias (Ex 15) pronunciado tras la salvación del pueblo y recitado tal como se haría en una sinagoga: Moisés comenzaba el verso y los israelitas respondían tras él. En el desierto, en soledad, es como Moisés recibió la Ley, que, como hemos mencionado ya, son dos: una Escrita y otra Oral. Los Sabios menos proselitistas proponían que esa doble forma en la entrega pretendía reservar a Israel al menos una parte de

ese regalo. Si bien la Ley Escrita fue tomada y adoptada por otros pueblos (en una clara referencia a samaritanos y cristianos), dada la accesibilidad del material escrito, la memorización y transmisión oral reservaba esa segunda ley al ámbito judío. Precisamente, sobre la accesibilidad de otros pueblos a la Torah y para evitar recriminaciones que los pudieran acusar de suponerse un pueblo especial, elegido y moralmente superior, otros maestros sugieren que la entrega de la Ley fue un acto universal por parte de Dios. Llevaría a cabo la entrega de una manera asequible, en público y en un espacio abierto (el desierto),

La entrada en el desierto se produce tras el paso del mar Rojo. Sorprendentemente el milagro no se atribuye tanto a Moisés como al propio Yhwh Nº105 RESEÑA BÍBLICA 51


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en voz bien alta (tronando), para que cualquiera pudiera acercarse a recibirla. Pero fue Moisés el único que acudió. Se cuenta que Dios la ofreció primero a otros pueblos, que la fueron rechazando al no estar dispuestos a aceptar algunas de las prohibiciones contenidas. Solo Israel aceptó el ofrecimiento de Dios. No fueron elegidos por capricho, en detrimento de otros pueblos; simplemente fueron los que la aceptaron a ciegas y sin condiciones.

La muerte de Moisés

Al reflexionar sobre la naturaleza de ese vínculo legal, o más bien contractual, se percibe cierto compromiso íntimo entre Dios e Israel, lo que lleva a los Sabios a recrear la entrega de la Torah como una boda, en la que el novio es Dios, la novia Israel y Moisés el padrino que va en busca de la novia para guiarla ante el novio. La Torah sería el regalo que el novio hace a la novia a modo de contrato matrimonial. Retomando la entrega de las dos leyes o Torot, llevada a cabo

de acuerdo al relato bíblico, durante cuarenta días y cuarenta noches, se representa mediante una escena escolar: Dios enseñaba a Moisés durante el día y Moisés estudiaba lo aprendido durante la noche. Como maestro y discípulo en una academia rabínica, Moisés escribía lo que Dios le dictaba y memorizaba lo que Él le decía. En esa escena académica, Moisés planteó a Dios todas las preguntas que futuros discípulos harían a sus maestros.

respeto, pero sin tapujos, Moisés reclama a Dios este cruel final, mientras que Dios recrimina a Moisés alguna de sus actuaciones. La primera pregunta que se hace Moisés y diriSi hay un relato especialmente desconcertante ge a Dios es por qué ha de morir. Aquí escuchaen la Biblia, es el de la muerte de Moisés. Tras una mos a un Moisés vanidoso, muy diferente al que larga narración en la que se plasma la grandeza estamos acostumbrados. Se considera superior a de este hombre, se cierra el ciclo narrativo con un cualquier otro ser humano y, por tanto, digno de triste, pero sobre todo inexplicable, final. El hom- esquivar a la muerte. Dios le recrimina alguna de bre que ha librado a Israel de la esclavitud, que se sus actitudes más vacilantes ante los mandatos ha encargado de recibir y transmitir la Ley de Dios divinos. La desconfianza, junto a algunos otros rey de guiar al pueblo por el desierto hasta la tierra proches, es suficiente para que Moisés acepte su prometida, no es merecedor siquiera de pisar esa destino. Reconoce finalmente la grandeza de Dios tierra. Ese giro en los acontecimientos, como una y los honores con los que le ha destacado frente a otros hombres, pero no poder cruel ironía, desconcierta y genera pisar la tierra que les prometió se multitud de preguntas y sospechas. Dios pronunció convierte en una sentencia injustifiPosiblemente sea el episodio cada e insoportable. De hecho, los que mayor desarrollo ha tenido en dos juramentos sabios no encuentran justificación la revisión rabínica de la historia inseparables: en ese castigo. Dios pronunció dos de Moisés, precisamente por tratar Moisés no juramentos inseparables: Moisés no de dar respuesta a ese frustrante entraría en la Tierra e Israel no sería desenlace. En una hermosa reco- entraría en la pilación midrásica (de comentarios Tierra e Israel no aniquilada. Si se incumpliera uno, se incumpliría el otro; se trata, pues, bíblicos) denominado “Midrás de la sería aniquilada de un triste chantaje ante el que muerte de Moisés” (Midrash Petirat Moisés claudica. Moshe) se puede leer una recopilaTambién vivimos a través del texto el difícil reción de tradiciones del judaísmo clásico en torno a levo en el liderazgo del grupo. Moisés no duda los últimos momentos de Moisés. Las preguntas que surgen a raíz de la lectura de en reconocer a Josué como digno líder y maestro, esos versículos bíblicos se ponen en boca de Moi- pero no puede evitar sentir el pinchazo de los cesés, que, como el mismo Job, reclama a Dios una los. Sigue mostrándose el Moisés más humano de explicación. El diálogo llega a ser dramático. Con toda la literatura judía.

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MOISÉS EN EL JUDAÍSMO CLÁSICO

La imagen de la cubierta es Muerte de Moisés. Biblia de Koberger (siglo XV)

El punto álgido del midrás es el momento de la muerte del protagonista, una muerte que debe compensar todas las frustraciones mencionadas anteriormente. Todo comienza con una vocecilla que llega de los cielos, la denominada bat qol, que va anunciando a Moisés el tiempo que le queda: “te queda minuto y medio”, “solo te queda medio minuto de vida”, sucesivamente, hasta que pronuncia las fatídicas palabras: “Moisés, ¿por qué te angustias? Ha llegado el momento final”. Toca relatar con detalle esa breve descripción que de la muerte de Moisés se hace en Dt 34,5-6. Dios pide sucesivamente a los ángeles más cercanos a Moisés, Gabriel, Miguel y Zagziel, que le arrebaten el alma y la lleven ante él, pero ninguno es capaz de ello. La imagen de Miguel llorando impotente resulta conmovedora. Tan solo Sammael, que acecha esperando su momento, se ofrece con placer para tan dura tarea. No obstante, Sammael fracasa en sus dos

intentos, por lo que finalmente se produce el esperado desenlace: Dios mismo, acompañado de los tres primeros ángeles, desciende junto a Moisés. “Gabriel preparó el lecho de Moisés, Miguel extendió un vestido de púrpura y Zagziel dispuso vestiduras de lana a la cabecera del lecho. Zagziel a los pies del lecho, Miguel a su derecha y Gabriel a su izquierda. Le dijo el Santo, bendito sea: ˮCruza tus manos y ponlas sobre el pecho; cierra tus ojosˮ. Y así lo hizo. Cuando el Santo, bendito sea, vio esto, tomó el alma con un beso de su boca, como está dicho: Murió, pues, allí Moisés, servidor de Yhwh, [en el país de Moab,] por boca de Yhwh (Dt 34,5). La expresión ‘al peh (literalmente “por boca”) del texto bíblico se identifica con un beso místico que implica la grandeza de Moisés a ojos de Dios y lo distingue del resto de los seres humanos. De este modo Dios tomó su alma, con su boca, y se ocupó de su entierro; tal era el mérito de Moisés.

Moisés es engrandecido por los Sabios del judaísmo clásico como el maestro por excelencia. Se miran en él, pues fue maestro como ellos mismos. No solo fue el líder ejemplar e intermediario ante Yhwh; fue sobre todo el transmisor y maestro instruido, dedicado al estudio de la Torah, lo más preciado que tiene el judaísmo. Por ello es merecedor del título de maestro y se le denomina Mosheh rabbenu, Moisés maestro nuestro. El judaísmo, como religión, es más normativo que dogmático. Es esa praxis (norma) la que queda determinada por las dos Torot o Leyes que entregó Dios a Moisés, y que los maestros desentrañan. Moisés es uno de ellos; más bien, sería el primero de ellos.

BIBLIOGRAFÍA >  L. GIRÓN BLANC, ˮLa crónica de Moisésˮ, Sefarad 48,2 (1988) 390-425. >  C. CASTILLO CASTILLO Y M. PÉREZ FERNÁNDEZ, Tradiciones populares judías y musulmanas: Adán, Abraham, Moisés, Verbo Divino, Estella 2009. >  M. PÉREZ FERNÁNDEZ Y O. RUIZ MORELL, El beso de Dios: Midrás de la Muerte de Moisés, Verbo Divino, Estella 2013. Nº105 RESEÑA BÍBLICA 53


DOSSIER MOISÉS EN EL CINE

Moisés en el cine Moisés ha sido, con mucho, el personaje del Antiguo Testamento que ha gozado de más fortuna fílmica. No solo por ser el protagonista de seis películas bien respetuosas con su figura, sino porque además estos filmes son de buena calidad, de alto presupuesto –lo que permite un mejor acercamiento al libro del Éxodo–, cuentan con un elenco de actores de primerísimo nivel y, por si fuera poco, además han sido dirigidas por extraordinarios directores. En la mayoría de ellas, las productoras las tuvieron como un proyecto ambicioso en el que se dejaron muchos esfuerzos, caros desplazamientos para las localizaciones de exteriores, e invirtieron en dirección artística, vestuario, extras sin cuento y largos meses de rodaje.

José María Sesé Director de la Cátedra Internacional de Cine, UCAM

LAS PELÍCULAS La figura de Moisés ha sido trabajada extensamente en cuatro películas: La primera película sobre Moisés es el filme mudo de Cecil B. De Mille (1923) titulado Los diez mandamientos. La cuestión más importante a destacar de esta película es que cuenta dos historias distintas. La narración bíblica de la historia de Moisés ocupa la primera hora de metraje, mientras 54 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

que en la segunda se narra una historia contemporánea, donde cobran importancia los diez mandamientos, y que sucede en San Francisco. El vínculo de unión entre ambas historias es una anciana que lee el libro del Éxodo. También es importante resaltar que los subtítulos de toda la parte bíblica están hechos con el texto literal del Éxodo. En ninguna película sobre Moisés salen tantas frases tomadas directamente de la Sagrada Escritura. Su segunda versión –más famosa y espectacular–, de 1956, también titulada Los diez mandamientos (del mismo autor: Cecil B. De Mille), es el típico ejemplo de las películas histórico-religiosas de alto presupuesto a la que

fue tan aficionado Hollywood durante los años cincuenta (recordemos Quo Vadis?, La túnica sagrada o Ben-Hur). La tercera es una película realizada en principio para la televisión encuadrada en un macroproyecto de llevar al cine toda la Biblia y que consta de dos partes tituladas Moisés I. Los años del exilio y Moisés II. La Tierra prometida, de Robert Young. Ambas partes las denominaremos a partir de ahora como Moisés (1995), ya que forman un todo unitario y así se comercializó. Corresponde a esa época de revisión veterotestamentaria, en clave más realista, que se desarrolló a fines del siglo pasado y que nos dejó una monumental Biblia de la que


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La presencia de Moisés lo llena todo en Los diez mandamientos

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1923

1956

1995

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

MOISÉS

Cecil B. De Mille

los dos Moisés (parte 1 y 2) son en realidad una de sus partes. La última es la muy reciente versión de la historia de Moisés realizada por Ridley Scott y titulada Exodus. Dioses y reyes (2014). A partir de ahora la denominaremos Exodus. Pertenece a ese revisionismo de los viejos temas-guiones de Hollywood que viene haciéndose en los últimos tiempos y que en ocasiones se convierten en una obra personal de un autor prestigioso, como es en este caso Ridley Scott, uno de las personalidades incontestables del panorama cinematográfico internacional, que dedicó, además, la película a su hermano Tony, que también fue un excelente director y que acaba de fallecer. Todas ellas son larga duración. La primera versión de Los diez 56 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

Cecil B. De Mille

mandamientos dura dos horas, pero la segunda llega casi a las cuatro. Moisés tiene un metraje de 188 minutos y Exodus de 150, cantidades todas ellas superiores a lo normal. Como se ve, la primera conclusión a la que podemos llegar es que la historia de Moisés ha sido bastante contada, y con mucha extensión y detalle. Vale la pena observar que las películas más “modernas” (más cercanas en el tiempo a nosotros) no han opacado ni de lejos al denostado Hollywood de los cincuenta, ni a lo que llamaban ”típica película hollywoodiense”. Es más, la primera (Los diez mandamientos de 1956) sigue siendo –a día de hoy– muy superior a las dos siguientes en muchos aspectos importantes pese a todos los adelantos técnicos de las más recientes. Si quieren

Robert Young

comprobarlo hagan lo siguiente: léanse el libro del Éxodo y luego vean las películas en orden inverso a su realización, es decir, comiencen por Exodus, sigan con Moisés y terminen con Los diez mandamientos. ¡Se quedarán asombrados de la validez todavía de muchos de los planteamientos de la película de Cecil B. De Mille! A estas cuatro películas hay que añadir dos realizadas con la técnica de los dibujos animados de magnífica factura y nada desdeñables virtudes. La realizada por Dreamworks en 1998, titulada El príncipe de Egipto, tuvo un extraordinario éxito de crítica y público, y fue dirigida por Brenda Chapman, Steve Hickner y Simon Welles, y podríamos encuadrarla en esa tendencia de los años noventa de hacer cine de ani-


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1998

2008

2014

EL PRÍNCIPE DE EGIPTO B. Chapman, S. Wells y S. Hickner

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

EXODUS. DIOSES Y REYES

mación para adultos (Shrek sería su cenit). La otra, mucho menos conocida, se titula Los diez mandamientos. La historia más grande jamás contada, y aunque sus dibujos animados son menos brillantes, son más didácticos y eficaces para niños. Fue dirigida por Bill Boyce en 2008, y producida por algunos actores de Hollywood de conocido prestigio, como Christian Slater, y la narración corre a cargo de Ben Kingsley. Dura 88 minutos. A todo ello se podría añadir la serie Moisés, os dez mandamentos, un serial brasileño de Alexander Avancini que se ha pasado por la televisión brasileña durante varias temporadas que sería más propio analizar en un artículo sobre las telenovelas románticas brasileñas

Bill Boyce

(los famosos culebrones) que uno como este, porque poco o nada tiene que ver con el Éxodo. Por ello obviaremos más referencias a esta obra. Ha sido reducida y comercializada en un DVD de 120 minutos llamado también Moisés.

LOS ACTORES QUE ENCARNARON A MOISÉS Todas las películas se centran en la figura de Moisés y, aunque solo una lleva su nombre, es el protagonista indiscutible de todas ellas. Para poder realizar esta tarea titánica de ser el centro de casi todos los fotogramas del metraje de una película, se necesitan unos actores de primerísima categoría. Y así fueron los seleccionados Charlton Heston, Ben Kingsley y Christian Bale. Los tres

Ridley Scott

son muy buenos, pero cada uno de ellos destaca por unas características especiales que tienen que ver con la imagen que el director quiere transmitir del patriarca. Charlton Heston, protagonista de Los diez mandamientos, fue el héroe épico por antonomasia. Recuerden El Cid, Ben-Hur, 55 días en Pekín. Tenía un porte y una dicción épica por sí solo, pero, además, un halo de grandeza, de audacia, de valentía, de dureza, aunque también de bondad y nobleza, que le hacía óptimo para el papel que quería De Mille. Poseía además unos rasgos que le permitían –con la barba y el maquillaje adecuados– convertirlo en un Moisés de leyenda, como el que representaron los grandes pintores y escultores. De

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Charlton Heston, protagonista de Los diez mandamientos, fue el héroe épico por antonomasia Ben Kingsley, como Moisés en la serie The Bible Stories

El actor Christian Bale en una imagen promocional de Exodus. Dioses y Reyes (2014)

hecho, su barba va aumentando y encaneciéndose –junto con el cabello– a lo largo del metraje hasta convertirse en el mismísimo Moisés de la estatua de Miguel Ángel, que, aunque no tiene color, se parece muchísimo al resultado final de la película. Este envejecimiento, que se acelera cada vez que el patriarca está ante Dios, es uno de los rasgos del filme más curiosos e interesantes… y pretende no solo 58 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

dignificar las escenas con Yahvé, sino engrandecer cada vez más su función mesiánica. Charlton Heston tiene una pose majestuosa a lo largo de la trama, nada impostada, y desde que se cubre –o le cubren– con el manto levita posee un aplomo y una pose totalmente sacada de la iconografía más tradicional. Su figura lo abarca todo, y cuando desaparece, vestido de tonos dorados, yéndose

hacia la cima del monte, no puede sino acabarse la película. Su presencia lo llena todo; y eso que, en buena parte de la trama, tiene que codearse con un Yul Brynner, que encarna a Ramsés II de modo impecable. Pero cualquiera que vea la película con atención acaba comprendiendo por qué Seti lo prefiere a él antes que a su propio hijo y por qué Nefertari cae rendidamente enamorada en sus brazos.


MOISÉS EN EL CINE

Por el contrario, Ben Kingsley, en Moisés, con su apariencia inteligente pero desmañada, parece todo menos un guerrero. No es un príncipe de Egipto al modo clásico: un hombre de armas, apuesto y decidido. Es más bajito, nada corpulento, mucho menos atractivo. Moisés es, en este caso, como cualquiera de nosotros, un hombre corriente, sin dotes de mando, sin carisma. Apenas sabe hablar y Aarón habla a veces por él, porque es hombre de pocas palabras. Tampoco es un apuesto galán que atraiga especialmente a las mujeres, como en las otras películas. Su principal atributo es el más importante: ha sido escogido por Dios, y Dios escoge a quien quiere. Quizá aquí resida una de las enseñanzas más bonitas de esta película. Además, esta es la película que muestra mejor los defectos de Moisés. El protagonista de Exodus es Christian Bale, un actor muy versátil, con una eterna cara de adolescente, por la que quizá desde el primer momento aparece con barba. Su interpretación es más que correcta, pero el personaje es el menos claro de toda la cinematografía mosaica. No solo es un descreído en toda regla, sea sobre dioses egipcios o extranjeros, sino que su conversión está unida a la aparición continua de un niño-Dios lamentable que solo

ve él, y que le otorga la apariencia de un ser un tanto paranoico y visionario, al borde de la locura. Se resiste más que ningún otro Moisés a realizar lo que se le manda, discute en demasía con Dios, le lleva la contraria muchas veces, le pide que no haga caer la última plaga sobre los egipcios, y siempre da la sensación no solo de ir a contracorriente de sus deseos, sino incluso de estar confuso y, en ocasiones, desesperado. Los momentos mejores de este Moisés son con su mujer y su hijo. Ahí parece recuperar la calma y la alegría. Es un Moisés muy hogareño y muy enamorado de Séfora.

LAS MUJERES Lo que más sorprende al comparar las tres películas es que, pese a las tendencias más feministas que han recorrido el cine desde la década de los noventa y más en la actualidad, el papel que

desempeña la mujer en la trama de estas películas mosaicas es mucho más importante en el guion de Los diez mandamientos que en las demás, pese a ser estas películas más modernas. Esto también se nota hasta en la elección de las actrices: nada menos que Anne Baxter e Yvonne de Carlo. En cambio, ni en Moisés ni en Exodus tienen un papel muy destacado las mujeres, pese a que esta última tiene la Séfora más joven y guapa de todas y, además, en las escasas escenas donde aparece se ve muy feliz a Moisés con su cónyuge. Los diez mandamientos alarga más de lo normal la parte egipcia, porque parte de su reclamo se basa en el amor de Nefertari por Moisés. Es la parte más inventada de la trama que tiene que ver con un ser histórico de verdad, porque la gran Nefertari efectivamente fue la gran esposa de

Anne Baxter interpreta a Nefertari en Los diez mandamientos (1956) Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 59


DOSSIER

Charlton Heston junto al Moisés de Miguel Ángel

Ramsés II (parece que también la más querida), aunque no fue la única, ni tampoco la madre de su sucesor Merenptah. Séfora aparece poco, con notable intensidad en la primera y la tercera, pero casi nada en la segunda (Moisés). En esta película no sabemos qué ha pasado con ella una vez Moisés vuelve a Egipto. En la primera y la segunda se ve la vuelta a su casa al pie del Sinaí y en ambas tienen un hijo en común, al que Moisés enseña, incluso, algunas cosas en Exodus. En Los diez mandamientos, Séfora está con él cuando se retira al final de la película, incluso quiere acompañarle cuando Moisés se despide. Debo señalar, además, que nunca había visto tan mesurada y espiritual a Ivonne de Carlo como en esta película, hasta el punto de que no parece ella, ya que era una actriz especializada en fantasías orientales y siempre muy voluptuosa. Miriam es prácticamente igual en las tres. Discreta, ayudante servicial, pero poco habladora, de sus dos hermanos. La única película en la que sale su céle60 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

bre seguimiento de la cesta por el Nilo, con el niño recién nacido dentro, es Los diez mandamientos. En cuanto a Bithia, la hija del faraón, solo adquiere importancia a lo largo de todo la película en Los diez mandamientos, donde llega a acompañar al pueblo de Israel en su deambular por el desierto del Sinaí. Su imagen, junto con el cuerpo de José, que algunos llevan a hombros, aparece como referencia continua de la marcha e, incluso, se les ve –en sendos planos medios– cuando cruzan el mar Rojo entre las aguas. Las hijas de Jetró, hermanas de Séfora, apenas pasan de ser un grupo de alegres jovencitas, y hay que decir que la escena del pozo donde Moisés se encuentra con ellas está narrada de modo similar en las tres películas y en referentes pictóricos como los de Botticelli de la Capilla Sixtina. En Los diez mandamientos componen un grupo más bullicioso y colorido que aparece aquí y allá, entre cortinas y cuchicheos. Aún queda un personaje principal femenino en Los diez mandamientos. Se trata de Lilia

(una magnífica Debra Paget), joven preciosa que representa al amor de Josué, y que pulula por la narración, primero como aguadora entre los esclavos, y luego, sacrificándose por Josué, siguiendo al malvado Datán. Es, como Nefertari, un personaje sobredimensionado, pero, como ella, importantísimo en las subtramas

El papel de las mujeres en Los diez mandamientos es mucho más importante que en las demás películas mosaicas pese a ser más modernas


MOISÉS EN EL CINE

de la película. Ambas hacen de esta película un filme mucho más femenino que los otros dos.

A todas ellas hay que unir, para terminar, el personaje de la madre de Moisés, Jocabed, que en Los

diez mandamientos adquiere cierto protagonismo: primero, porque es la esclava hebrea a la que rescata de la muerte el propio Moisés sin saberlo y, además, porque es la única de las tres películas donde existe el encuentro entre madre e hijo y –más aún– entre las dos madres en presencia de su hijo. Algo muy fílmico y poco escriturístico, pero muy interesante y que acaba narrando una escena, creada solo por esta película.

Yul Brynner como Ramsés II en Los diez mandamientos

Escena de Exodus. Dioses y Reyes. Moisés, junto a Ramsés II

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DOSSIER

La primera película sobre Moisés es el filme mudo de Cecil B. De Mille (1923)

DIOS Y LO SOBRENATURAL Uno de los temas más problemáticos en todo el mundo del cine es la aceptación de lo sobrenatural como algo que sucede realmente. No me refiero a lo sobrenatural entendido como un mundo de fantasmas, momias, o incluso “la Fuerza” de La guerra de las galaxias, sino a la aceptación de una intervención divina en la vida de los hombres. La aceptación de lo divino en las películas, sobre todo si estas son de inspiración católica, es bastante poco habitual. Lo más impresionante en el caso de Moisés es también su fortuna fílmica en este aspecto. Las tres películas aceptan perfectamente la intervención divina, sin la cual ni el argumento ni la vida de Moisés tendría sentido. Incluso la más escéptica de ellas, Exodus, intenta camuflar el texto de la Sagrada Escritura limitando la aparición de Dios a la mediación a través de un niño. Aun así es evidente que este es un enviado o un trasunto de Dios. La figura del niño resulta poco acertada e, incluso, cargante, y da la impresión de que Scott no 62 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

quiere ceder sencillamente al texto sagrado y no se entiende muy bien por qué. ¡Qué más le daba poner una voz en off a la zarza ardiendo, como en las otras dos películas! La representación de las plagas de Egipto en Los diez mandamien-

tos es la más sobria, ya que se reduce únicamente a la primera y la última. La primera le sirve al director para que haya una disputa verbal entre Moisés y Ramsés, mientras el Nilo se tiñe de rojo. Y la última (el paso del ángel exterminador) se desarrolla en forma de nube o humo muy bajo que va recorriendo las calles. Es curioso que esta última y decisiva plaga sea justificada en dos películas (la primera y la tercera) porque el faraón antes ha ordenado asesinar a los primogénitos de Israel. De tal modo que ambas películas justifican la matanza porque Ramsés estaba dispuesto a realizarla con los hebreos: es él mismo quien condena, con su decisión previa, el destino de los herederos egipcios. Este castigo de Dios en una decisión tan dura que el Moisés de Exodus se la cuestiona y se encara con Dios.

La sombra de Moisés en el cine es bien alargada En la última escena de La guerra del planeta de los simios (2017), el protagonista del filme, el chimpancé César –un trasunto de Moisés–, que, al igual que el patriarca bíblico, ha dirigido a su pueblo desde la esclavitud a la libertad, en busca de un lugar donde vivir en paz, se sienta –herido de muerte– en una colina, contemplando a su pueblo y, al fondo, la Tierra prometida a la que han llegado. Solo está a su lado su amigo el orangután (una mezcla de Aarón y Josué), que, al percatarse de la pronta muerte de César, le mira con cariño y le dice: ”no importa morir ahora. Estáis todos en casa. Los simios (el pueblo de Israel) son fuertes con o sin mí”. El orangután entristecido no ha dicho palabra en toda la película (habla por signos), pero, por fin, abre la boca (la escena lo merece) y le contesta que sus hijos (descendientes) sabrán quién era su padre… y César-Moisés mira a su pueblo feliz, con aquel paraíso maravilloso al fondo; cierra los ojos y muere a las puertas de la Tierra prometida, después de un éxodo de varios meses perseguido por los Humanos (Egipcios), que quieren acabar con ellos.


MOISÉS EN EL CINE

Curiosamente, la película más revisionista a priori (Exodus) es la que más tiempo y esfuerzo de efectos especiales dedica a las plagas. Salen todas y profundamente explicadas. Moscas, ranas, langosta e incluso las úlceras (que solo salen en esta película) en los rostros y los cuerpos de los personajes, incluidos los de la casa real. Hasta la bella Nefertari y el propio Ramsés aparecen con llagas y costras. La otra gran escena sobrenatural, e importantísima tanto para el judaísmo como para el cristianismo (incluso se lee el día más importante del año en el calendario litúrgico católico: la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo), es el paso del mar Rojo. Fue la escena que más impacto causó cuando se estrenó la película de Cecil B. De Mille en 1956 y de la que más se acuerdan nuestros padres y abuelos. La verdad es que se hizo un gran derroche de los medios disponibles en esa época para dotarla de espectacularidad y verosimilitud. Pero no es menos interesante la escena inmediatamente anterior (aunque sea menos impactante) en la que el fuego divino paraliza los carros del faraón. En torno al paso del mar Rojo es también en Los diez mandamientos donde se produce la imagen icónica de Moisés sobre un pequeño acantilado levantando los brazos con su cayado, mientras el mar se empieza a abrir. La escena completa es espectacular en esa película y en Moisés, pero no así en Exodus. Porque en esta el agua va bajando poco a poco como si de una marea se tratase y los judíos atraviesan el lecho del mar sin tener cortinas de agua en su derredor. Además, esta película nos ha mostrado antes dos veces como Moisés atraviesa

el mar Rojo sin dificultad por una zona de aguas muy bajas (cuando huye y cuando vuelve a Egipto a cumplir su misión), como diciéndonos que no es tan difícil lo de atravesar el mar. Pero cuando esa idea parece haber calado en el espectador, el mar vuelve a su forma de siempre como una inmensa ola altísima –esta vez sí– y repentina, que lo envuelve todo, pero de la que se salvan Ramsés y Merenptah. Al final, la película más moderna y que en teoría se presenta como más creíble resulta ser la más increíble. Por su parte, la escena de la entrega de las tablas de la Ley es especialmente bonita en Los diez mandamientos, porque Dios mismo va grabando los preceptos en la pared de la montaña mientras los enuncia. Al terminar, el fuego sagrado las arranca de la montaña, hasta formar la forma clásica de dos tablas de la Ley que muchas pinturas y esculturas han repetido hasta la saciedad como iconografía característica. Moisés las recoge y baja del monte con ellas en los brazos, también de

acuerdo a la iconografía judeocristiana más típica.

LAS PELÍCULAS DE ANIMACIÓN El príncipe de Egipto es una película de Dreamworks Animation que comienza advirtiéndonos de que narra la historia del éxodo, pero trastoca un poco la trama, aunque han intentado mantener los rasgos y los valores que han seguido millones de personas con su fe. Comienza narrando la esclavitud del pueblo de Israel a través de una canción muy pegadiza, típica de las películas de animación, sea Disney o Dreamworks, que canta primero la madre y luego la hermana de Moisés, que conecta la esclavitud judía en general con la escena del niño en la cesta llevada por las aguas del Nilo, y donde ya despliega una excesiva imaginación en la acción, porque la cesta pasa por peligros sin cuento, antes de llegar mansamente a manos de la princesa egipcia. Pese a todo el mundo surrealista de los cocodrilos, el Nilo, las embarcaciones que lo zarandean, la escena posee de-

El Príncipe de Egipto fue prohibida en diversas ciudades Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 63


DOSSIER

talles muy buenos como la espada egipcia, el khopesh, que aparece como era en realidad, o el hecho de que la princesa recoja al niño vestida de perfecta egipcia (la supuesta cámara realiza –dibuja– un plano muy lírico con el lino transparente). La canción termina con una grúa imaginaria, contraponiendo el palacio del faraón con las obras que para el mismo están realizando los hebreos. Después, el filme salta ya a la presentación de ambos jóvenes (Moisés y Ramsés) compitiendo entre ellos en una carrera de carros. La pena es que, aunque –¡¡por fin!!– aparece Moisés en una película con una indumentaria y un corte de pelo totalmente egipcio, tiene también una barbita que jamás llevaría un príncipe de Egipto. ¿De quién o de dónde habrá salido la idea de la barba repetida hasta la saciedad? Entre lo positivo está el hecho de que todos los protagonistas (Miriam, Séfora, Aarón…) son bien jóvenes, lo que hace a este Moisés, que también lo es, un patriarca más cercano. El resto de la película sigue entre contrastes: unas escenas serias y otras propias de una comedia. La Imagen de Seti I con la cabeza de su estatua apareciendo detrás es tan solemne, como infantiles los juegos que se traen entre manos los dos hermanos, tirándoles cosas a los sacerdotes de Amón. Moisés conoce a Séfora en palacio, porque la traen atada como prisionera, y habla con Miriam esa misma noche porque su desconocida hermana está empeñada en decirle quién es en realidad. Las plagas se suceden entre canciones. El paso del ángel exterminador es presentado de un modo bastante clásico: aparece como una nube baja luminosa, que gira cuan64 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

do ve la sangre en las jambas de las puertas. En esa noche de la Pascua, Séfora y Miriam están con Moisés y cantan cuando el pueblo de Israel emprende la marcha. La escena más espectacular de El príncipe de Egipto es la del paso del mar Rojo. El camino abierto en el fondo del mar es muy estrecho y las paredes de agua, a ambos lados, resultan altísimas. La escena es, por ello, muy oscura; pero hay destellos de relámpagos y, en uno de estos, se ve junto al pueblo hebreo huyendo… ¡una ballena! La orilla aparece al final como si se abriera una cortina. Y prácticamente la película termina ahí: Mira a tu pueblo, ya es libre. El Sinaí y las Tablas de la Ley surgen solo como imágenes postreras entre músicas celestiales. Eso sí, el ultimo fotograma es muy fílmico. Moisés de espaldas, sobre una colina, contempla a todo un pueblo inmenso que aparece detrás

descansando en el valle y esperando su regreso. La otra película de animación se titula Los diez mandamientos. La historia más grande jamás contada y está realizada con muchos menos medios y una estética de videojuego. Los personajes andan como a saltitos. Es, sin embargo, una producción honesta y, si obviamos sus errores, resulta interesante sobre todo para un público infantil o juvenil. El filme también termina con una escena similar a la de El príncipe de Egipto: Moisés contempla la Tierra prometida y le dice a Dios: Ya voy señor, Ya voy. Una muerte “en off”, que nos devuelve a la de César en El planeta de los simios de la que hemos hablado en un recuadro. Y es que la figura de Moisés llena todas sus películas y una parte de la historia del cine. Moisés ha hecho más grande al cine y el cine ha contribuido a hacer más grande a Moisés.

Decorados para la película Exodus de Ridley Scott en Almería, recreando el Egipto del faraón Ramsés II

BIBLIOGRAFÍA >  R. DE ESPAÑA, La Pantalla Épica. Los héroes de la Antigüedad vistos por el Cine, T&B editores, Madrid 2009. >  C. B. DE MILLE, Autobiografía, Argos, Barcelona 1960. >  C. DE MILLE PRESLEY Y M. VIEIRA, Cecil B. De Mille. The Art of Hollywood Epic, Running Press, Filadelfia 2014.


ACTUALIDAD

“Soy quien soy gracias al Evangelio y a los libros sapienciales” Entrevista a Víctor Morla Por Ianire Angulo

En España la literatura sapiencial tiene nombre propio. Víctor Morla Asensio es el referente necesario para quienes se quieran asomar a estos libros bíblicos. Este vasco, nacido en 1943, ha colaborado con distintas traducciones de la Biblia, codirigió el ya clásico diccionario bíblico hebreo–español y la amplitud de su bibliografía requiere más espacio del que pretende ocupar estas líneas de presentación. Víctor, gracias por atender a Reseña Bíblica. Para empezar, cuéntanos algo de ti para que te conozcan nuestros lectores. Si te parece bien, empezaré por los fenicios. Hice los estudios de bachillerato en el colegio de los PP. Paúles de Barakaldo. Tras cursar el preuniversitario, entré en el Seminario de Derio (Bilbao). Me ordenaron sacerdote en 1970 y fui destinado como coadjutor a la parroquia de Ermua (Bizkaia). El curso 1974-1975 lo pasé en Jerusalén, dedicado básicamente a estudiar hebreo moderno. Durante los cursos 1975-1977 hice la licenciatura en Sagrada Escritura

en Roma (PIB). Tras los cursos de doctorado (1977-1979), comencé a dar clases en la Facultad de Teología de Vitoria, aunque tres años después pasé a la Facultad de Teología de Deusto y, tras mi secularización en 1995, fui adscrito a la Facultad de Filosofía, donde acabé mi tarea de docente. La tesis doctoral en el Pontificio Instituto Bíblico la defendí en 1988. ¿Cómo terminaste en el mundo de la Biblia? ¿Qué te llevó hasta aquí? Mi interés por la Biblia comenzó en el Seminario, aunque mi entusiasmo por las lenguas bíblicas se inició en el bachillerato. Cuando,

en mi adolescencia, veía algún texto escrito en griego o en hebreo, pensaba: “Algún día me gustaría dominar estas lenguas. Seguro que lo conseguiré”. Las clases de Sagrada Escritura en el Seminario casi colmaron mis ansias, pero interiormente ardía en deseos de dedicarme por entero a ella. Así que, cuando me llegó una invitación del Obispado de Bilbao para cursar Sagrada Escritura en Roma, no dudé ni un segundo en aceptarla. ¿Qué opinas sobre el panorama bíblico español en la actualidad? ¿Cuáles son sus puntos fuertes? Me resulta difícil contestar a esta pregunta, y pido de antemano disculpas, pues mi respuesta puede ser sesgada e incluso injusta. Me resulta difícil porque mi presencia en la Asociación Bíblica Española ha sido más bien anecdótica. He faltado a las reuniones muchísimos años, por lo que no he podido ser testigo de su evolución. Recuerdo en mis primeros años Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 65


ACTUALIDAD

figuras señeras, como Alejandro Díez Macho, Alonso Schökel, Domingo Muñoz León, González Echegaray, Miguel Pérez, José Luis Sicre, Julio Trebolle, Jesús Asurmendi, Rafael Aguirre y otros muchos nombres que me dejo en el tintero. Eran tiempos de efervescencia, con mucha gente dedicada a la investigación y a las publicaciones, con muchas ganas de trabajar y de darnos a conocer fuera de nuestras fronteras. ¿Existe hoy en día ese élan? Sinceramente no lo sé; posiblemente, como he dicho, por mi escasa presencia en las jornadas de la Asociación. Conozco las publicaciones de sus miembros durante los últimos años y me parecen muy dignas, pero creo que hay mucha gente en las jornadas que asiste solo para hacer bulto.

pero honesta, y nunca se rinde en la búsqueda de una respuesta, aun a riesgo de su propia vida. ¿Qué crees que puede aportar a nuestra sociedad un mayor conocimiento de la Biblia? Respondo con otra pregunta: En esta era tecnocrática, en la que el ser humano se halla engullido y despersonalizado, inmerso en la vorágine de los medios de comunicación, ¿tiene nuestra sociedad actual algún interés real por conocer la Biblia? Y avanzo otra pregunta más profunda: ¿Ha ofrecido la Iglesia, a lo largo de la historia, una lectura actualizada de la Biblia en la que se haya visto reflejada la problemática

¿Qué tareas pendientes crees que hay por delante con relación al estudio bíblico en nuestras fronteras? ¿Qué retos tendríamos que abordar? No creo que la ciencia bíblica española sea la cenicienta en el panorama europeo. Pero lo cierto es que la mayor parte de los países que nos rodean parecen tener más asentadas que nosotros las bases de la investigación bíblica. El problema no está en la Asociación Bíblica Española, sino más bien en la falta de “voluntad política” de nuestros obispos. ¿Tiene algún sentido que un obispo envíe a un sacerdote diocesano al extranjero para licenciarse en Sagrada Escritura y que, a su vuelta, lo envíe a dar clases al Seminario Menor y le responsabilice de dos o tres parroquias? Un caso llamativo (aunque no era biblista) fue el del fallecido obispo auxiliar de Madrid Uxío Romero, que se vio prácticamente obligado por su obispo a abandonar su prometedora carrera en la investigación patrística para dedicarse a tareas “pastorales”. Hace muchos años propuse en una reunión de la Asociación crear en Madrid una escuela bíblica integrada por los mejores especialistas españoles, al estilo de la École Biblique de Jerusalén. Pero la decisión, naturalmente, debían tomarla los obispos. Ni siquiera sé si se tramitó mi sugerencia. En cualquier caso, el silencio ha sido muy espeso hasta el momento. Si tuvieras que elegir un libro bíblico, ¿cuál sería y por qué? Sin duda alguna, el libro de Job, pues aborda una problemática “eterna” sobre la función del ser humano en el mundo y en su relación con Dios. Y su respuesta es crítica y acerada, 66 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

Pese a quien pese, el deseo erótico empapa cada una de las páginas del Cantar de los Cantares


ACTUALIDAD

¿No hemos de aceptar el erotismo y la sexualidad como dones del Espíritu de Dios que inspiró el Cantar?

del ser humano? ¿O quizá ha discurrido siempre en paralelo a la sensibilidad de la gente? Tu comentario sobre el Cantar de los Cantares tuvo un “toque” transgresor incluso en su título (“Poemas de amor y de deseo”). Este libro ¿te ha generado alguna dificultad práctica?, ¿alguna situación incómoda, polémica o, simplemente, simpática? Bueno, no creo que mi comentario tenga nada de transgresor. ¿Quién ha dicho que el amor esté exento (o deba estarlo) de deseo? El deseo erótico empapa cada una de las páginas del Cantar, pese a quien pese. Por otra parte, el “creced y multiplicaos” no implica la ausencia de tal deseo; más bien lo incluye por razones naturales. Mi comentario al Cantar no me ha generado ninguna dificultad. A lo sumo, alguna situación anecdótica que no se ha desbordado en polémica porque no he querido. No es mi estilo contestar a mentes pacatas que se creen paladines de una falsa moralidad. A quienes han denostado injustamente mi comentario (y de paso a mi propia persona) les invitaría a leer Cantico dei Cantici, de G. Garbini, o Das Hohelied, de O. Keel.

Seguro que, tras su lectura, considerarían pacato mi comentario. Curiosamente, Poemas de amor y de deseo ha tenido mayor acogida y mejor valoración fuera de nuestras fronteras. El lector podrá deducir el porqué. ¿Crees que cierto tabú alrededor de la sexualidad aún pesa demasiado a la hora de interpretar la Escritura? ¿Cómo pesa esto en el caso del Cantar? El asunto es más serio de lo que parece, pues el tabú se extiende incluso a las manifestaciones de afecto. Recuerdo la traducción que un biblista español ofrecía de un verso de la elegía de David por Jonatán (2 Sm 1,26): “Tu afecto fue para mí mejor que el amor de las mujeres”, siendo así que el texto hebreo utiliza el mismo término en ambos casos: ’ahăbâ. ¿Era quizá indecoroso, para ese biblista, que David amase a Jonatán? Parece evidente que muchas personas mantienen un conflicto no resuelto con su propia sexualidad, situación que sin duda condiciona su interpretación de ciertos pasajes de la Escritura, sobre todo en el caso del Cantar. ¿No hemos de aceptar el erotismo y la sexualidad como dones del Espíritu de Dios que inspiró el Cantar? Seguramente hay personas que inconscientemente piensan que Dios, en su infinita sabiduría, podría haber ideado otra forma más “limpia” de reproducción entre los humanos, pensando quizá en las amebas. Los libros sapienciales han ocupado mucho de tu tiempo y de tu interés. ¿Qué es lo que te aporta esta literatura en clave más personal? Recuerdo que en mis años de estudiante en el PIB me sentí atraído

por el Pentateuco y la Profecía. Pero el trabajo y las publicaciones de M. Gilbert me arrastraron hacia el mundo de la Sabiduría, sin posible marcha atrás. No exagero nada si digo que actualmente soy quien soy gracias al Evangelio y a los libros sapienciales. El interés de estos últimos por el ser humano, por su satisfactoria realización personal y social, constituye la clave de bóveda del humanismo. Por otra parte, la literatura sapiencial se hace eco de las tendencias clave del ser humano a lo largo de la historia: actitudes conservadoras e impulsos renovadores, si no rupturistas. En el primer caso, contamos con muchas páginas de Proverbios y de Ben Sira; los abanderados del segundo son Job y Qohélet. Me quedo con el primero, por su existencia en tensión en búsqueda y en espera de la luz. ¿Hay alguna cuestión que te haya quedado en el tintero y que quisieras compartir con nosotros y con los lectores de la revista? Mis visitas intermitentes a las jornadas de la ABE me han ido deparando una grata sorpresa: la presencia creciente de las mujeres. Tengo que reconocer que, cuando me estrené como miembro de la Asociación, me encontré con un escenario muy atractivo en lo concerniente a investigación. Pero se advertían tensiones provocadas por exceso de testosterona. Mis muchos años de estudioso y de escudriñador de la Biblia me han hecho ver que la persona que carece de afecto y sensibilidad difícilmente podrá extraer todo el jugo escondido en los textos bíblicos. Estoy convencido de que la presencia de las mujeres en la ABE contribuirá sin duda a tales proyectos. Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 67


ACTUALIDAD

IN MEMORIAM

Fallece Larry Hurtado S. Guijarro

El pasado 25 de noviembre recibimos la triste noticia del fallecimiento de Larry Hurtado. En los últimos años ha sido un autor de referencia para quienes se interesan por los inicios del cristianismo, no solo por sus libros, sino también gracias a su blog, que, según ha anunciado su hijo, seguirá abierto como un testamento a su trabajo y su compromiso con los estudios bíblicos (https://larryhurtado.wordpress.com/). Larry Hurtado nació en Kansas en el seno de una familia de origen español emigrada a Cuba. Su vida académica se desarrolló en Canadá y en Edimburgo, donde enseñó durante treinta años. En los últimos años, visitó España invitado por la Universidad Pontificia de Salamanca (2006 y 2016) y por la Asociación Bíblica Española (2107). Varios de sus libros han sido publicados en español por Ediciones Sígueme.

Fallece Paco de Paula de Luna N. Crespo Francisco de Paula de Luna y Aguado, como le gustaba que se dijera, quizá en homenaje a la genealogía de Jesús con la que se inicia el evangelio de Mateo, falleció el 13 de enero, a los 84 años de edad, y sesenta y seis de profesión como religioso marianista. El evangelio de ese lunes I del Tiempo Ordinario nos recordaba la vocación de Simón, Andrés, Santiago y Juan. Como Jesús, Paco pasó haciendo el bien, porque Dios estaba con él. El estudio de la Biblia y la predicación de la Palabra de Dios fueron nucleares en su vida: catequesis, homilías, retiros… como profesor, párroco, capellán. Siempre participaba en las Jornadas Bíblicas de la ABE. Hasta el último día de su vida, con la generosidad y entrega que le caracterizaban, estuvo al servicio de los más pequeños, los niños y niñas de Infantil del colegio donde vivía. Ya habrá escuchado la voz del Amado. 68 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

FUE NOTICIA CONFERENCIA DE GÜNTER STEMBERGER EN GRANADA I. Angulo La Facultad de Letras de la Universidad de Granada a través del Grupo de investigación “Paganos, judíos y cristianos en la Antigüedad” organizó una ponencia de Günter Stemberger. Este profesor de Judaística de la Universidad de Viena impartió una charla el 13 de noviembre de 2019 en la ciudad granadina. El título de la conferencia fue: “Las relaciones judeocristianas en la Palestina bizantina”. NACE LA REVISTA BIBLIA VIVA. I. Pedregosa La Sociedad de San Pablo (Paulinos) realiza su misión en el vasto mundo de la comunicación. Este fue el motivo por el cual, desde el Centro Bíblico San Pablo, edita la revista Biblia Viva con el objetivo de acercar a nuestra sociedad la Sagrada Escritura. La revista se dirige a un amplio espectro de público, presente en la realidad parroquial, docente, pastoral. Acercándose a sus realidades, desde un lenguaje sencillo y asequible, sin olvidar el rigor propio de lo que debe ser el estudio bíblico. La revista es una de las muchas iniciativas que quieren emprender desde el Centro Bíblico San Pablo. Este Centro acaba de nacer y su finalidad es la de coordinar todo el apostolado bíblico de los paulinos en sus diferentes ámbitos: editorial, formativo, pastoral, espiritual, eclesial. LVIII JORNADAS DE BIBLISTAS DE CATALUÑA. P. Casals Miret Las Jornadas de Biblistas fueron el marco de bienvenida del nuevo año para los participantes que se reunieron de nuevo en la Casa de Espiritualidad Claret de Vic los días 2-4 de enero de 2020. El presidente de la Associació Bíblica de Catalunya, Joan Ferrer, fue el encargado de inaugurar las jornadas, junto con el profesor Enric Cortés, director de los trabajos de investigación del Departamento de Biblia de la Facultat de Teología de Catalunya. Este año se abordó la segunda parte del ciclo dedicado a “La gloria del Dios Santo”: Exégesis y hermenéuticas, iniciado el año pasado, presentando el estudio realizado por los distintos profesores del Departamento. Los estudios de este ciclo serán publicados en la Revista Catalana de Teología. SEMINARIO INTERNACIONAL UNIVERSIDAD DE SALAMANCA I. Angulo El 20 y 21 de febrero de 2020 tuvo lugar un Seminario Internacional organizado por la Cátedra Domingo de Soto. En el XVI Centenario de la muerte de san Jerónimo, tuvieron lugar diversas comunicaciones que versarán sobre su vida, obra y recepción.


ACTUALIDAD

ES NOTICIA

Año 2020: Año de la Palabra de Dios EVD Editorial Verbo Divino se suma a la celebración y difusión de un “Año de la Palabra de Dios”, promovido por la Federación Bíblica Católica (FEBIC) justo en el 50 aniversario de su fundación y cuando se cumple el 1600 aniversario de la muerte de san Jerónimo, el gran traductor de la Biblia que intentó reflejar la Escritura en el lenguaje cotidiano y “común” de la gente sencilla para hacer que la Palabra de Dios fuera accesible a todos. También hoy en día son muchos los creyentes que desean conocer más la Palabra de Dios, leerla y meditarla en su corazón, como medio para el encuentro con Jesús, siguiendo las palabras del papa Francisco: “Cada vez que leo el Evangelio, encuentro a Jesús”. Se trata de una comunicación que es una necesidad eterna y que es la misión central de Editorial Verbo Divino. Por ello animamos a todo nuestro entorno, lectores, comunidades y parroquias, y agentes de la animación bíblica, a planificar actividades y conmemorar el año de la Palabra de Dios, que comenzó el 1 de diciembre de 2019 (primer domingo de Adviento) y finaliza el 30 de septiembre de 2020 (festividad de San Jerónimo). Desde Editorial Verbo Divino compartimos el deseo del presidente de la FEBIC, cardenal Luis Antonio Tagle, expresada en la carta de anuncio del Año de la Palabra de Dios: “que este año vea arder muchos corazones cuando Jesús los encuentra en los caminos de la vida con su Palabra y su Mesa compartida. ¡Ojalá le hagan espacio y quieran compartir su experiencia del Señor resucitado!”. Más información en la página web de la Federación Bíblica Católica; también os invitamos a ver el siguiente vídeo:

SERÁ NOTICIA

JUNIO 2020 JORNADAS BÍBLICAS ABE (TOLEDO). Redacción La Asociación Bíblica Española celebrará sus próximas jornadas en el Seminario Mayor San Ildefonso de Toledo del 21 al 24 de junio. Con el libro de Job como centro del encuentro, las sesiones contarán con una primera conferencia que correrá a cargo de Víctor Morla (Universidad de Deusto) con el título El libro de Job (como sabiduría alternativa) en el contexto de la sabiduría del Próximo Oriente (Qohelet, Ben Sira, Egipto, Egipto, Ugarit, Qumrán). La segunda conferencia la realizará Catharine J. Dell (Cambridge University) y tendrá por título Grandes cuestionamientos teológicos a la luz del libro de Job. La tercera y última conferencia correrá a cargo de Francisco Lanceros (Universidad de Deusto) con el título La recepción del libro de Job en la filosofía y en la cultura. SEPTIEMBRE 2020 XXI CONGRESO DE ESTUDIOS SEFARDÍES. I. Angulo El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) organiza el XXI Congreso de Estudios Sefardíes. Lo hará en colaboración con el Instituto Salti para el estudio del judeoespañol (Bar-llan University) y la Cátedra de Estudios Sefarditas Alberto Benveniste (Universidade de Lisboa). Tendrá lugar en Madrid del 7 al 10 de septiembre. OCTUBRE 2020 JORNADAS “MEDITERRÁNEOS”. Redacción Las jornadas “MediterráneoS”, organizadas por el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (ILC, CCHS – CSIC), llegan a su cuarta edición, cuya celebración está prevista para los días 14 a 16 de octubre. El Instituto reúne campos de estudio muy diversos que aglutinan proyectos dedicados a diferentes lenguas y culturas del Mediterráneo como marco histórico, social y geográfico, atendiendo a sus orígenes e influencias grecolatinas, judías, árabes y de Oriente Próximo, incluyendo el Antiguo Oriente Próximo. MAYO 2020 CONGRESO BÍBLICO-TEOLÓGICO. UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CALI, COLOMBIA La Facultad de Teología, Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Cali, Colombia, ha organizado para los próximos días 15 y 16 de mayo su habitual Congreso Bíblico-Teológico Internacional. El Congreso girará en torno a la Palabra de Dios en la vida de las comunidades. Entre otros ponentes, se cuenta con la participación del biblista Xabier Pikaza. Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 69


DIDÁCTICA

Didáctica José Ignacio Pedregosa Centro Bíblico San Pablo (Madrid)

El Moisés de Miguel Ángel Cuando uno visita Roma y se encamina por la Vía Cavour, casi a mitad de la calle, se encuentra con una escalinata empinada en la Vía de San Francisco de Paula. Subiendo sus estrechos escalones llegamos a contemplar la espectacular fachada de la basílica de San Pedro ad Vincula, del siglo XVI, dominando la plaza del mismo nombre. Esta iglesia fue fundada en el siglo V por la emperatriz Eudoxia para custodiar una importante reliquia: la cadena con la que mantuvieron prisionero en Jerusalén al apóstol san Pedro. Esta reliquia se conserva a los pies del altar mayor y es expuesta cada primero de agosto. Delante de la iglesia podemos admirar su pórtico con cinco arcos apoyados sobre pilastras octogonales, donde encontramos en sus capiteles el escudo del papa Julio II. El interior de la misma, con planta basilical, está organizada en tres naves separadas por veinte columnas dóricas realizadas en mármol griego. A la derecha del transepto, podemos admirar una de las obras maestras del siglo XVI, la estatua del Moisés, esculpida por el genial artista Miguel Ángel. Un Moisés que formaba parte del monumento fúnebre que el papa Julio II había encargado para custodiar sus restos mortales, aunque el pontífice nunca pudo disfrutar de ella porque fue enterrado en la basílica de San Pedro en el Vaticano.

70 RESEÑA BÍBLICA | Nº105


DIDÁCTICA

MIGUEL ÁNGEL Miguel Ángel Buonarroti nació en la ciudad italiana de Caprese, municipio de la provincia de Arezzo, el 6 de marzo de 1475. Al igual que muchos de sus contemporáneos artistas, destacó en varias artes como la arquitectura, la pintura y, por supuesto, la escultura. Considerado por la mayoría de los estudiosos como uno de los artistas más importantes del Renacimiento italiano, desarrolló sus diversas facetas artísticas en las ciudades de Florencia y Roma, ayudado por los mecenas de la época, que eran quienes costeaban sus obras e incluso sus demás gastos, entre los que estaban los Médici en Florencia y diversos papas, sobre todo Julio II, en Roma. Miguel Ángel comenzó su formación como pintor con 12 años en el taller de la familia Ghirlandaio. Un año más tarde, la continuó en el mundo de la escultura con su maestro Bertoldo di Giovanni. Este último sería quien lo introduciría en el círculo de la familia de los Médici. Además de la realización de las pinturas de la Capilla Sixtina, entre sus obras destacan el David, la Piedad y la finalización del Palacio Farnesio. Miguel Ángel murió en Roma, el 18 de febrero de 1564. Está enterrado en la sacristía de la iglesia de la Santa Croce de Florencia.

HISTORIA DEL MOISÉS La escultura del Moisés pertenece a la llamada segunda etapa del artista. Encargada en 1505 por el papa Julio II para formar parte de su sepultura, fue concluida por Miguel Ángel cuarenta años después, en 1545. El sepulcro debía ser un gran mausoleo exento, con fachada a cada uno de sus lados, que tenía que ser situado bajo la cúpula de San Pedro del Vaticano. El proyecto inicial encargado a Miguel Ángel estaba formado por más de cuarenta estatuas y una serie de relieves en bronce. Entre las estatuas, además de Moisés, representando el Antiguo Testamento, se encontraba san Pablo, representando el Nuevo Testamento. Sin embargo, el proyecto no pudo llevarse a cabo por motivos económicos. Según parece, Julio II fue retirando la financiación proyectada para invertirla en la construcción de otra obra mucho más grandiosa: la basílica de San Pedro del Vaticano. Tras la muerte del pontífice, tampoco sus familiares tuvieron mayor interés por aquel mausoleo que debía albergar al Papa. Ante aquella situación, Miguel Ángel abandonó el proyecto inicial y se trasladó a Florencia. Dos años después regresó a Roma con la intención de reanudar su obra. Sin embargo, el Papa le encargó decorar con frescos la Capilla Sixtina, lo que se convirtió en el olvido definitivo de aquel majestuoso mausoleo. De aquel proyecto fracasado, Miguel Ángel solo había completado el Moisés, las estatuas de Raquel y Lía, las dos hermanas rivales que darían lugar a la estirpe de Jacob, que podemos apreciar a los lados del Moisés, y las imágenes de dos esclavos que se encuentran en el Louvre de París. Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 71


DIDÁCTICA

EL MOISÉS La estatua exenta, de cuerpo entero, esculpida en mármol blanco de Carrara, con 253 centímetros de alto, representa a un Moisés sedente; bajo uno de sus brazos custodia las Tablas de la Ley, mientras que con su mano derecha acaricia su luenga barba. Debido a su posición en la conformación del sepulcro, solo podemos contemplar la escultura de frente. Resulta admirable la forma en la que Miguel Ángel consiguió en esta obra una perfecta armonía anatómica, alcanzando un soberbio naturalismo, tanto en las partes libres de ropaje como en los pliegues del mismo. La escultura representa el momento en el que Moisés, al bajar del monte Sinaí después de permanecer en él durante cuarenta días y haber recibido las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos, porta las mismas, bajo su brazo, para mostrárselas a los hebreos. Sin embargo, cuál no sería su estupor al observar que habían abandonado el culto a Yahvé y que estaban adorando un becerro de oro construido por ellos mismos. El Dios de Israel, fiel a su promesa, había liberado a su pueblo del yugo de la esclavitud de Egipto y este no había sido capaz de ser fiel a la Alianza. El relato bíblico cuenta que, ante este hecho, Moisés volvió la cabeza y estuvo a punto de alzarse lleno de ira, ante la infidelidad de su pueblo. Esta es la expresión que Miguel Ángel quiso plasmar en la obra.

ANÁLISIS DEL MOISÉS La escultura, enmarcada dentro del Renacimiento italiano, y por tanto con una gran influencia del arte clásico,

Ficha ▸ Denominación: Moisés ▸ Autor: Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) ▸ Época: Renacimiento italiano ▸ Tipología: Escultura de busto redondo sedente que debía enmarcarse dentro del conjunto escultórico del papa Julio II ▸ Material: Mármol de Carrara ▸ Ubicación: San Pedro ad Vincula (Roma)

72 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

se encuentra estructurada por un eje vertical que podemos trazar desde su cabeza hasta el pliegue que forman las piernas de Moisés. Sin embargo, encontramos un ligero contraposto enmarcado por el giro de la cabeza, además de la composición del brazo izquierdo hacia arriba y el derecho hacia abajo y también por el adelanto de la pierna izquierda con respecto a la derecha. Desde el punto de vista anatómico, destaca la gran belleza de la escultura y el juego de luces y sombras, debido sobre todo al pliegue de los ropajes. A pesar de ser una escultura enmarcada dentro del movimiento renacentista, Miguel Ángel rompe de algún modo con las características propias del mismo, acercándose al barroquismo, al darle una expresión particular al rostro del personaje, en la que nos encontramos la encrespación de la barba, la mirada furiosa, los labios entreabiertos… Lo cual define un estilo propio del autor que es conocido como terribilitá, plasmando de este modo la ira y la furia contenida momentos antes de romper las Tablas de la Ley, como consecuencia de la infidelidad del pueblo de Israel. El autor fue capaz de plasmar de manera sencilla, pero a la vez con gran viveza, la expresividad de la ira. Pudiera parecer que esta obra es una muestra de la concepción neoplatónica del universo. La parte derecha puede representar la divinidad, contrapuesta a la izquierda, que representaría el mal, debido al pecado de idolatría de Israel. Además, los pliegues de la ropa en la parte inferior a modo de cueva podría representar la tierra; los


Se cuenta que cuando Miguel Ángel estaba concluyendo esta obra escultórica, se sintió tan enormemente sorprendido por su realismo que, golpeando una de las rodillas de la escultura con un martillo exclamó: “¿Por qué no hablas?” orificios de la nariz, expandidos como cuando uno respira, representarían el aire; las barbas que caen a modo de cascada, el agua; y, por último, las dos protuberancias que parecen salir de su cabeza representarían el fuego.

LOS CUERNOS DE MOISÉS Una de las características que más llama la atención de la escultura son los dos “cuernos” que sobresalen de su cabeza. Todo parece indicar que son el resultado de una traducción errónea de la palabra hebrea krn. El hebreo se escribe con consonantes, lo que hace que la palabra pueda transcribirse como keren, que significa “radiante” o “luminoso”, pero también como karan, que significa “cuerno”. San Jerónimo, al que debemos la traducción de la Biblia al latín (la Vulgata), se encontró con este vocablo en Ex 34,35, y optó por traducirla por la segunda acepción, es decir, “cuernos”.

Por eso Miguel Ángel, intentando dar el mayor realismo posible a su escultura, le esculpió los famosos “cuernos” que encontramos en la cabeza de su Moisés.

UNA OBRA PULIDA Y RUGOSA Resulta llamativo que algunas zonas de la escultura están especialmente pulidas y, sin embargo, otras lo están menos. Al parecer, Miguel Ángel fue esculpiendo las distintas partes de la obra según la luz natural que esta recibía dentro de la basílica de San Pedro ad Vincula. En la pared de la izquierda, se encontraba una ventana que posteriormente fue tapiada, lo cual impidió la entrada de luz natural y sumió a la soberbia escultura en la penumbra. Habría que esperar a los trabajos de restauración de la misma, por parte de Antonio Forcellino, entre los años 1999-2001, para que alguien reparara en este hecho. Así descubrimos que Miguel Ángel había dado un tratamiento distinto a determinadas partes de su obra. Las zonas más pulidas eran las que estaban expuestas de manera directa a la luz natural, consiguiendo que cuando el sol incidía especialmente sobre aquella zona tuviera una apariencia mucho más brillante. Sin embargo, la parte derecha, más rugosa, permanecía en la sombra. Es muy posible que el autor diera los últimos retoques a su obra estando colocada en el lugar que iba a ocupar en la Basílica, lo cual le permitió observar de primera mano y de manera exacta desde donde se proyectaba la luz en su escultura. Este detalle permitió dar mayor profundidad y expresividad a la obra, trasladando a la escultura la sensación de claroscuro propio de la pintura.

Mercedes Navarro Puerto

Los rostros bíblicos de María Exégesis y hermenéutica bíblica feminista

336 pp · 978-84-9073-583-1 30,77 / 32,00 €

verbo divino www.verbodivino.es Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 73 Tel. +34 948 556 505


AMÉRICA

América

Noticias de América Latina

Biblia de la Iglesia en América (BIA) Carlos Junco Garza Coordinador General de la traducción de la BIA (México)

En el ámbito hispanoparlante de América se cuenta hoy con una nueva versión de las Escrituras sagradas que, por su origen, características y alcance, se llama Biblia de la Iglesia en América (BIA) y ha sido publicada por la editorial PPC de España, con casas filiales en Argentina, Colombia y México. Esta traducción, realizada de los idiomas originales de las Escrituras: hebreo, arameo y griego, refleja un trabajo de doce años de parte de un grupo de 26 traductores y otros colaboradores más, representantes de las distintas áreas de nuestro continente hispanoparlante. La publicación de toda la Biblia (2019) fue precedida por la de los cuatro evangelios (2011) y la del Nuevo Testamento (2015).

Señalemos sus orígenes. El comité hispano de los obispos de EE.UU., su conferencia episcopal, solicitó al CELAM (Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe) una traducción de la Biblia para los migrantes de habla hispana. Los obispos de esa nación se comprometían a financiar el proyecto que el CELAM se encargaría de realizar. De alguna forma, la publicación de la BIA y el “dominio” de la obra serían tanto de la Conferencia episcopal de EE.UU. como del CELAM, cada una en su territorio. Desde el principio el CELAM extendió el proyecto también a todos los países de habla hispana del continente, de forma que esta edición es la del CELAM para América Latina y el Caribe. Para realizar esta encomienda, el CELAM encargó al obispo Santiago Silva Retamales, quien constituyó el Cebipal (hoy Cebitepal: Centro bíblico, teológico, pastoral de América Latina). Una de sus tareas sería la traducción. Santiago Silva nombró tres integrantes que junto a él formarían el equipo responsable: Carlos Junco, Ramón Alfredo Dus y Adolfo Miguel Castaño, respectivamente 74 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

coordinadores general, del Antiguo y del Nuevo Testamento. En la revisión del AT luego se contó también con la ayuda de Luis Rivas. El equipo responsable se encargó de seleccionar los traductores, a quienes se les pidió una prueba inicial de versión y notas a dos capítulos del libro propuesto, basados en el Manual del traductor que había sido elaborado principalmente por el obispo responsable. La meta era una traducción fiel al texto en su idioma original y, a la vez, fiel al lector. El traductor en su tarea debería comprender el sentido original del texto para expresarlo así en su versión, tomando en cuenta la dimensión divina, humana y eclesial de la palabra escrita por los hagiógrafos, inspirados por el Espíritu Santo, que expresaban y fortalecían la fe de sus comunidades al testimoniar el actuar de Dios en la historia. Una vez aprobadas las pruebas, cada traductor se dedicó a su tarea contando con seminarios y encuentros para calibrar y cotejar los trabajos. Mientras tanto, entre los traductores se escogieron cuatro coordinadores


AMÉRICA

lingüísticos que serían encargados de velar para que en las diferentes latitudes del continente se entendiese el español empleado. Desde el inicio quedó claro que los trabajos de cada uno estaban sometidos a una triple revisión en el equipo: la técnica en la línea de traducción, la lingüística para que reflejara la unidad esencial en la pluralidad de expresiones, y la sometida a la corrección del estilo. El resultado no sería simple fruto de trabajos individuales y aislados, sino una obra unitaria. La Biblia de la Iglesia en América está especialmente pensada para los diversos agentes de pastoral, las personas de grupos eclesiales, y también un lector medio en lo cultural y en lo religioso. No es una Biblia totalmente popular, ni tampoco una reservada solo a los científicos de la Palabra; se puede considerar una de estudio que ayuda a la comprensión del texto bíblico, a su actualización y proyección en el ámbito personal, eclesial y pastoral. La traducción trata de ser llana y sencilla, pero a la vez con un lenguaje digno y elegante, comprensible

a todos los hispanoparlantes del continente. La BIA ofrece también introducciones, notas y otros subsidios. Las introducciones a conjuntos de libros y a cada uno en particular abordan siempre el aspecto histórico, teológico y literario que favorece su comprensión más adecuada. Los títulos de cada texto en su gran mayoría están tomados de frases extraídas de ese pasaje bíblico. Las notas o comentarios explican las distintas partes y secciones del libro, lo mismo que cada texto en particular o las líneas generales de diversos pasajes. Al final hay diversos apéndices muy útiles: glosario, cronología, unidades de medida y monedas, división del día, calendario hebreo y mapas. En todas estas ayudas, de forma explícita o implícita, encontramos elementos que favorecen la comprensión del texto, la evangelización y la oración, el llamado a la conversión, al testimonio y al compromiso cristiano. Así la Biblia de la Iglesia en América quiere ayudar a nuestro ser y misión como discípulos seguidores y misioneros testigos de Jesús.

OBITUARIO

Beltrán Villegas Eduardo Pérez Cotapos

Pontificia Universidad Católica de Santiago (Chile)

A los 100 años murió, el miércoles 9 de octubre del 2019, Beltrán Villegas Mathieu ss.cc., conocido por su prolífica vida entregada al servicio de la enseñanza de la Sagrada Escritura. Inicialmente se especializó en Roma con un doctorado en Sagrada Teología; su tesis doctoral versó sobre El Milenarismo en el Antiguo Testamento, a través del padre Lacunza. Luego viaja a Jerusalén para estudiar Sagrada Escritura en L’École Biblique; posteriormente en Roma, ante la Pontificia Comisión Bíblica rinde el examen conducente al grado de Licenciado en Sagrada Escritura. Durante el desarrollo del Concilio Vaticano II actuó como consultor

para el documento Sacrosantum Concilium, sobre la renovación litúrgica. Desde 1968 comenzó a enseñar de modo habitual en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, docencia que perduró hasta 1999. Fue asesor teológico de la Conferencia Episcopal de Chile, consultor teológico del CELAM y asesor de los obispos chilenos en la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla. En octubre de 1980 fue elegido como miembro de la Studiorum Novi Testamenti Societas, de Cambridge. Beltrán desarrolló un amplio trabajo intelectual que se expresó en

innumerables conferencias, en una predicación cuidada y de calidad, y en la publicación de más de 150 trabajos de calidad científica publicados desde mediados de la década de 1950 hasta 2002. Sus grandes campos de estudio fueron la teología de san Pablo, los evangelios sinópticos, los Salmos y más ampliamente la literatura sapiencial. Entre sus obras más conocidas están: Introducción crítica a los evangelios sinópticos (1990), El libro de los Salmos (1990), Introducción crítica a las cartas de San Pablo (1992), La predicación de Jesús (1993) y Comprender el Sermón de la Montaña (1996). Nº105 | RESEÑA BÍBLICA 75


AMÉRICA

Marcos como relato: una aproximación narrativa al evangelio de Marcos Paula García Pontificia Universidad Javeriana (Colombia)

Existen muchas maneras de narrar una misma historia, y la forma de narrar no es indiferente al sentido que se deduce y al efecto producido. La lectura narrativa hace la distinción entre la historia narrada, por una parte, y la narración, por otra, es decir, el relato concreto que se hace de esta historia. Este depende del narrador, de la “voz” que narra la historia y que, desde entonces, pone en marcha una forma precisa de narrar. Así pues, esencialmente, el análisis narrativo es la pregunta por el cómo del relato Entendemos por relato el vehículo de una comunicación entre un emisor (el narrador) y un receptor (el lector). Uno de los principales objetivos de la lectura es estudiar la “estrategia narrativa”, es decir, las modalidades concretas que el narrador establece en el relato para comunicarse con el destinatario y presentarle su mundo de valores y sus convicciones. Esto manifiesta que el sentido no está dado de antemano, sino que hay que construirlo en el acto de la lectura. Estos puntos de interrogación, estas lagunas, estas incoherencias se aprecian entonces como signos que el narrador hace al lector, para provocarle a una lectura activa en la que ha de comprometerse. Le toca al lector responder a las cuestiones que plantea la narración, ya que sin su respuesta el texto quedaría inacabado y su unidad y coherencia permanecerían ocultas. Esto, sin embargo, no significa que el lector pueda dejarse llevar por la arbitrariedad de su criterio puramente subjetivo, porque si el narrador plantea preguntas, ofrece igualmente algunos elementos de respuesta, que es preciso encontrar antes de utilizarlos como claves de lectura. 76 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

San Marcos en una pintura de Artus Wolffort

Todo este trabajo representa la aportación indispensable del lector, y la narratología detalla sus reglas (A. Wénin, Samuel, juez y profeta: lectura narrativa, 1996). Estas reglas nos dicen que el narrador puede estar explícitamente presente en la historia que cuenta, pero también puede ausentarse del relato. Sin embargo, aun cuando no aparezca explícitamente en la historia contada, el narrador sigue presente en un segundo plano (Y. Marguerat y D. Bourquin, Cómo leer los relatos bíblicos: iniciación al análisis narrativo, 2000). En el caso del evangelio de Marcos, el narrador es omnisciente y fiable. El lector confía en el narrador, se adhiere al relato del narrador, a su sistema de valores. El lector, antes de emprender su viaje al interior del relato,


AMÉRICA

debe tener en cuenta que el narrador proporcionará cuando quiera la información que quiera. Emitirá signos de comprensión que le ayudarán, pero será el lector quien deba descubrirlos e interpretarlos. En el evangelio de Marcos podemos identificar dos grandes partes: mientras la primera parte de la obra (1,1–8,30) trata acerca de lo que va a pasar con Jesús, la segunda (8,31–16,8) se refiere a lo que los discípulos harán con esto (B. Van Iersel, Reading Mark, 1989). Es esta estructura de la historia lo que se llama trama. Desde el momento en que entre dos hechos se establece una relación significativa de causalidad, hay relato. El primer narrador es aquel que, cotejando dos hechos, ha emitido una hipótesis o una certeza tocante a la articulación entre ambos. Asegura la unidad de acción y da sentido a los múltiples elementos del relato. Por eso el relato no es una crónica que se limita a enumerar los hechos, sino que da un orden causal a esos hechos (Marguerat, 2000). Según el mismo Marguerat, podemos distinguir tres momentos en la trama: en primer lugar, la situación inicial que proporciona al lector los elementos necesarios para comprender la situación que el relato va a modificar. Dicha exposición precisa el quién, el qué y a veces el cómo. A esta situación inicial pertenece el nudo, que es el desencadenamiento de la acción. Es el punto donde se inicia la tensión dramática y puede identificarse con una dificultad, con un conflicto o problema a resolver. En segundo lugar, la acción transformadora que pretende la eliminación de la dificultad anunciada por el relato. Puede ser un hecho aislado o un largo proceso de cambio. A esta

acción pertenece el desenlace que enuncia la resolución del problema anunciado y describe los efectos de la acción transformadora. Finalmente está la situación final, que expone el reconocimiento del nuevo estado tras la eliminación de la dificultad o superación del nudo (Marguerat, 2000). Se puede hablar de una única trama, de un macrorrelato. Así ocurre con el evangelio de Marcos. Aunque algunas otras obras se componen también de varias tramas encadenadas entre sí, superpuestas o entrelazadas. La repetición en cadena de una etapa de la trama crea un efecto de costumbre en el lector que hará resaltar de una manera llamativa la anomalía de la primera vez. Sea por acumulación, por adición o por oposición, el narrador encadena las tramas para provocar un efecto de repetición con el fin de aumentar la tensión narrativa, para generar en el lector el refuerzo de una idea o la sorpresa (Marguerat, 2000).

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PERO ¿CÓMO ESTÁ ESTRUCTURADO EL EVANGELIO DE MARCOS? Una primera lectura nos lleva a encontrar diferencias tanto teológicas como literarias entre el relato de la pasión (Mc 14–16) con respecto al resto de la obra (Mc 1–13) (S. Guijarro, Los cuatro evangelios, 2012). Desde el punto de vista literario, el relato de la pasión presenta un escenario y marcos cronológicos concretos, una trama y unos personajes bien caracterizados, mientras que en el resto del evangelio, sin embargo, el marco geográfico y cronológico es más genérico, la trama es más difusa al igual que la caracterización de los personajes. Desde el punto de vista teológico, en el relato

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de la pasión domina la referencia a Jesús como Mesías sufriente, mientras que en el resto del evangelio prevalece una imagen más triunfalista centrada en sus milagros. Así, esta primera estructura tiene como eje central o transversal la identidad de Jesús. Otro tema teológico propuesto como esquema para entender el evangelio de Marcos es el de “El Camino”, sobre todo en la segunda parte del evangelio, en la sección que va de 8,27 a 10,52, donde la palabra “camino” se produce no menos de diez veces (Guijarro, 2012): 1. Mc 1,1-13: Preparación del camino del Señor 2. Mc 1,14–3,6: Jesús sigue su camino predicando la llegada del Reino de Dios 3. Mc 3,7–5,43: El misterio del Reino de Dios dado a los seguidores del camino de Jesús 4. Mc 6,1–8,26: Los seguidores del camino de Jesús no comprenden el misterio 5. Mc 8,27–10,52: El Camino de Jesús lleva al sufrimiento, muerte y resurrección 6. Mc 11,1–13,37: En el camino, Jesús enseña en y sobre el templo. 7. Mc 14,1–15,47: Jesús lleva a cabo el camino de sufrimiento y muerte 8. Mc 16,1-8: La resurrección de Jesús y el camino del Señor. Este tercer esquema nos presenta una estructura basada en el ministerio de Jesús. Otro tema teológico utilizado para sugerir un marco global para entender el evangelio de Marcos es el tema del Éxodo del Antiguo Testamento. Aquí, la identidad y el ministerio de Jesús se presentan en términos de nuevo éxodo y así se entendería el motivo por el cual Jesús fue rechazado por los líderes 78 RESEÑA BÍBLICA | Nº105

de la nación y su acción en el templo. Esta estructura está presentada en un tríptico de tres grandes acontecimientos teofánicos (K. Larsen, “The Structure of Mark’s Gospel: Current Proposals”, Currents in Biblical Research 3 [2004]). BAUTISMO MC 1,9-11

TRANSFIGURACIÓN MC 9,2-13

CRUCIFIXIÓN MC 15,33-41

Cielos abiertos

Vestiduras blancas

Velo abierto

Paloma desciende

Nube desciende

Oscuridad que envuelve

Voz desde el cielo

Voz desde la nube

Jesús grita con fuerte voz

“Tú eres mi hijo amado”

“Este es mi Hijo”

“Verdaderamente este hombre es Hijo de Dios”

Juan el Bautista como Elías

Jesús aparece con Elías

Está llamando a Elías

Esta estructura basada en la identidad de Jesús, ya no confesionalmente sino como revelación de su condición filial con el Padre, puede darnos pistas para entender la incomprensión de los discípulos evidenciada en todo el evangelio, pero enfatizada, sobre todo, en la sección de los panes, específicamente en 8,21. Si observamos bien esta estructura, podemos darnos cuenta de que los discípulos no aparecen narrativamente en ninguna de ellas: en el bautismo aún no han sido llamados (es hasta 1,16 que aparecen narrativamente); en la transfiguración el narrador resalta que no comprenden porque tienen miedo (9,6), y en la crucifixión han huido y le han abandonado (14,50). Lo que es claro es que el primer evangelio no es una colección ingenua y fortuita de incidentes, sino el resultado de una larga tradición de predicación y enseñanza. O, en otras palabras, ponen de manifiesto su originalidad literaria y su alcance teológico (S. Guijarro, “La

composición del evangelio de Marcos”, Salmanticensis 33 [2006]). El lector, así como el discípulo, está advertido de que todas las señales y pistas acerca de la identidad de Jesús se encuentran ya manifiestas en el evangelio, para que no les pase como con los fariseos, que pedían más señales, pero queda claro que no hay más señales para esta generación. El camino entonces apenas comienza, pero será solo en el momento de la cruz donde todo se desvele al que cree. Es en la cruz donde aquel hombre crucificado, indefenso y aparentemente vencido muestra el poder de Dios sobre la muerte. Pero esto solo lo entenderán quienes desde el inicio no han dudado en ningún momento del poder de Dios manifestado en Jesús a través de sus milagros. Cuando el lector haya comprendido todo esto, podrá decir junto con el centurión al pie de la cruz: “verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios” (Mc 15,39).


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