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DEPORTADA Juan Carlos González (Montevideo, Uruguay, 1961). Diseñador gráfico y artista digital. Docente de medios de expresión en la Escuela Universitaria Centro de Diseño (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo - UdelaR) desde el 2007 al 2016. Docente de arte digital en varios talleres de artes plásticas (Cruz del Sur, Alarte, Zona598, entre otros). Fundador de Focus, grupo de investigación de nuevas tecnologías y programas afines al diseño, con el cometido de apoyar proyectos de actualización docente en la Escuela Universitaria Centro de Diseño. Ejerció la docencia en diseño gráfico y diseño web en varios centros públicos y privados, destacándose su actuación bajo el Programa de Fortalecimiento de la Educación Técnica UTU-BID, donde capacitó a docentes de Escuelas Técnicas pertenecientes a la Administración Nacional Pública de todo el país. Pionero en Uruguay en la capacitación en arte digital para adultos mayores, además de gestor y jurado del Primer Salón CICAM de Arte Digital (“Los mayores en la era tecnológica”, 2006). Su trabajo Docente en CICAM ha sido amplia e internacionalmente reconocido. Algunos de sus trabajos se expusieron en galerías virtuales, blogs, y e-zines, habiéndose publicado varios en el prestigioso anuario impreso francés Doc(k)s, en 1999. Sus obras integran colecciones privadas dentro y fuera del país. Recibió varios premios, incluyendo Mención de Honor por la gran calidad de sus composiciones digitales en el 5to. Salón de Arte Digital 2006 de Maracaibo (Venezuela), además de la Mención de Honor por la obra Hombre muerto (sobre el cuento del mismo nombre, de Horacio Quiroga), de la “Fundación Lolita Rubial” en Minas (Uruguay). Para “Gintaa”, diseñó y desarrolló los compactos multimediales Alquimia con H y Benavidez: dos generaciones, entre otros. Integró, junto al plástico Gustavo Alamón y al poeta Wilson Javier Cardozo, el Grupo Editorial Puerta de San Juan, coparticipando en el diseño y desarrollo de la colección de compactos Arte Uruguayo Contemporáneo. Más información: https://webprofejuancarlos.jimdo.com

http://lsdrevista.todouy.com correo: revistalsd@gmail.com facebook: lsdrevista.deabrelabios LSD es una publicación cultural uruguaya. Su Redactor Responsable es Wilson Javier Cardozo (wilsoncardozo@gmail.com). Desde 2017 se edita únicamente en formato electrónico. Equipo permanente: Zenia García Ríos, José Luis Machado, Andrés Moura, Rodrigo Ferreira, Ximena Rosa Caballero. Colaboradores de este número: Anahit Aharonian, Carlos Céspedes, Claudia Piccini, Jorge Majfud, Jans Johler, Olaf Alex Burow. Invitado especial: Juan Carlos González.


editorial este número está íntegramente centrado en el agua: es un recurso natural esencial para la vida; en una enorme proporción, nos constituye tanto como seres vivos como al planeta mismo; y acaso sea verdad que, en muy poco tiempo, su posesión o distribución se vuelva el centro de las discordias políticas internacionales. las recientes modificaciones legales aprobadas en nuestro país y popularmente reducidas a la denominación “Ley de Riego” recolocaron en la discusión pública otros asuntos escamoteados bajo la letra normativa; por ejemplo, si el acceso público al agua se respetará como derecho humano fundamental. la preocupación por la rentabilidad económica que prima en esa ley pareciera relacionarse con la lógica del absurdo del artículo de Jorge Majfud. por cuanto excede lo puramente local o nacional, nuestra inquietud en el tema se aproxima al imaginario del escritor alemán Jans Johler y su colega pedagogo Olaf Alex Burow, autores de La cuestión humana. la relevancia de la opinión fundada para su mejor comprensión pública motivó nuestra solicitud al grupo de científicos que produjo No solo de agua vive el agro…, el informe central de la revista. la necesidad de contextualizar la forma en que se están procesando estos debates también explica que hayamos agregado dos documentos del año pasado: una carta abierta al ex Ministro Aguerre y una declaración pública de la asociación de docentes universitarios. y todo eso confirma que la única droga dura es la realidad.


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Jorge Majfud Albernaz (Tacuarembó, 1969). Escritor uruguayo radicado en EEUU. Arquitecto (UDELAR, 1996), máster en literatura y doctorado en Filosofía y Letras (Universidad de Georgia, EEUU, 2008). Premio de Excelencia en Investigación (Excellence in Research Award) de la Universidad de Georgia en 2006, y Faculty Award for Excellence in Scholarship and Professional Activities. compilador, editor, traductor y prologuista de Ilusionistas, de Noam Chomsky, y de Ventanas de Eduardo Galeano. Invitamos, a quien le interese acceder a otros artículos y ensayos del autor, a seleccionarlos de entre los centenares que se comparten en https://majfud.org/articulos


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Jorge MAJFUD

Imaginemos dos situaciones sociales, dos absurdos colectivos. En una (llamémoslo Absurdo A), cada uno de los individuos de un país, del planeta todo, posee exactamente la misma riqueza que su vecino. Sus defensores argumentarían que hay, por lo menos dos razones para esa realidad: primero, la riqueza generada por cada individuo no se debe exclusivamente a su mérito y esfuerzo individual sino a una serie de logros y esfuerzos que derivan de la sociedad toda (de vivos y de muertos a lo largo de miles de años, claro). La segunda razón sería: aunque no todos pueden contribuir de la misma forma, en la misma proporción, es por una razón moral que los fuertes deban ayudar a los débiles y no al revés. Al fin y al cabo, estas ideas han estado en los libros (no en las prácticas) de todas las religiones conocidas a lo largo de la historia de la humanidad, con la única excepción de algunas sectas contemporáneas que afirman que Jesús les pide a sus pastores que hagan sangrar a los miembros de su iglesia para pagar un avión privado de 54 millones de dólares. ¿Por qué sería esto absurdo o demasiado radical? Bueno, se podría argumentar, porque no todos somos iguales. Unos nacen más inteligentes que otros, otros poseen una capacidad de trabajo y sacrificio mayor, etcétera. Que haya una plétora de millonarios haraganes y con deficiencias mentales es un detalle en el cual no vamos a entrar ahora.


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Entonces, imaginemos lo opuesto. Imaginemos un Absurdo B, algo aún más absurdo que el Absurdo A. Imaginemos un país, un mundo donde el diez por ciento de la población sea dueña de tanta riqueza como la mitad de la población de ese país, de esa sociedad… No; mejor exageremos un poco más para hacerlo más dramático: imaginemos un país, una sociedad donde el uno por ciento de la población acumule tanta riqueza como la mitad de ese país, o como la mitad del mundo entero… Un momento. El uno por ciento del mundo sería más de setenta millones de personas, algo así como la población de Turquía o de Inglaterra. No, exageremos un poquito más. Para el Absurdo B imaginemos que cien personas poseen lo mismo que la mitad más pobre de la población mundial, que en el país más rico y poderoso del mundo, Estados Unidos, el 60 por ciento apenas alcance al seis por ciento de toda la riqueza generada por ese país; que en otras regiones, como en América Latina, las desproporciones sean aún mayores. Y así, sigamos con la imaginación, exagerando hasta la caricatura del Absurdo B. Solo hay que tener cierto cuidado: como en una sesión de tortura se debe preservar la vida del interrogado, porque si exageramos mucho el sistema global colapsaría y eso no les serviría a los cien hombres que lo poseen casi todo. La diferencia más importante entre el Absurdo A y el Absurdo B es que el Absurdo B existe y es a lo que hemos llegado después de siglos de progreso tecnológico y económico. Cierto, es muy difícil, sino imposible, establecer dónde está el punto justo entre el Absurdo A y el Absurdo B, pero, en cualquier caso, no parece razonable sostener ninguno de los dos absurdos. Menos al mayor de ambos. Un absurdo no se revela por su existencia, sino todo lo contrario: el absurdo que crea y sostiene una determinada realidad se convierte en la lógica de las mayorías.


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Si la humanidad cree que la Tierra es plana porque es una obviedad que se demuestra sola; si alguien quema a un hombre porque no entiende alguna complejidad teológica y luego la quema se extiende a otros cientos y miles por las mismas razones; si un esposo mata a su mujer porque no llegó virgen al matrimonio porque eso estaba escrito en algún libro sagrado seguido por millones; si todos repiten que la modernidad no se debe a siglos de inventores, científicos, pensadores, activistas sociales y humildes trabajadores que financiaron todo ese esfuerzo, sino a los venerados, geniales y supermillonarios CEOs, es porque esos absurdos han sido normalizados y defendidos con ferocidad como si fueran pariciones de la lógica o de la madre naturaleza. Más cuando el poder que sostiene un absurdo es tan desproporcionado que se alimenta desde arriba y desde abajo, de izquierda y de derecha, cuando se alimenta y se defiende con la hipocresía de quienes se benefician del absurdo y con el fanatismo de quienes deben sufrirlo cada día, como si se tratase de una larga sequía o de una lluvia interminable.


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Este texto forma parte de la novela El cerebro de Dios (Jens Johler y Olaf Alex Burow). Originalmente apareció publicado para el mundo de habla hispana, en 2002, en la revista alemana Kulturchronik (hoy día fuera de circulación). Mediante correspondencia electrónica, Jens Johler autorizó a que este único fragmento traducido al español de su novela se adapte y ponga en escena (por el grupo de gestión cultural abrelabios) con base en propuesta teatral de Zenia García Ríos.


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Olaf Alex BUROW

Jans JOHLER

Estimados ciudadanos libres, muy distinguidos señores del Consejo: en el día de hoy tenemos que adoptar una decisión muy ardua. Se trata –mi predecesor en el estrado ya ha aludido a ello– del destino del ser humano. El ser humano es para nosotros el más querido y familiar de todos los seres vivientes que pueblan esta Tierra y los demás planetas con H2O. Es nuestro pariente más próximo, y aun cuando existen otros seres más inteligentes y con una civilización más elevada, con los que nos resulta más fácil la comunicación, como son por ejemplo, los “replicantes”, nuestra relación con el ser humano sigue siendo algo muy especial en la que también desempeñan un papel nuestros sentimientos residuales. Sin embargo, reflexionemos: ¿Acaso se ha comportado el ser humano de forma especialmente afectuosa con nosotros? No, ¡Ni siquiera nos ha aceptado! En su ilimitado egoísmo ha afirmado de sí mismo que es la corona de la Creación, y que tiene, por ello mismo, derecho a frenar la evolución. Casi se habría logrado el propósito. La decisión relativa a si pasáramos o no del reino de la posibilidad al de la realidad, recayó en torno al cambio de milenio, esto es, en aquel tiempo inicial que llamamos hoy La Aurora. Durante décadas, la filosofía había ido apartándose de su verdadero cometido, esto es, la búsqueda de la verdad, la fundamentación del sentido, la exploración del ser, y se había degradado a la


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condición de un puro análisis del lenguaje. Pues bien: de pronto, el ser humano reflexionó de nuevo sobre sí mismo y su destino. Quizá no fue casualidad el hecho de que un filósofo alemán, Peter Sloterdijk, entonces en su obra más importante (Reglas para el parque humano) tuviese el coraje de hablar clara y abiertamente de la verdad: el proyecto del humanismo había fracasado, el ser humano no había sido capaz, con los medios de la Ilustración, de amansar a la bestia que lleva dentro. La sola razón no había bastado para salvaguardarse y salvaguardar también a nuestra madre, la Tierra, de la aniquilación. El germen de esta idea había sido sembrado ya, dos décadas antes, por otra persona, un hombre llamado Arthur Koestler, que llevó a los intelectuales de Occidente, tras de la Segunda Guerra Mundial de aquel siglo, la aterradora noticia de los procesos espectaculares estalinistas, y que, en pago, fue denostado y escarnecido por ellos. Este Arthur Koestler formuló al término de su vida una teoría orientadora, sí, aunque quizá no fuera científicamente sostenible en todos sus puntos: el ser humano es dirigido, en todos sus instintos, por la parte más antigua del cerebro: el tronco cerebral, que se halla todavía en el mismo grado de evolución que el del cocodrilo, mientras que el aparato pensante, alojado

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en el neocórtex, produce un nivel de conocimiento técnico con el que es incapaz de competir el arcaico tronco cerebral. Las armas más modernas, incluso las armas atómicas, en manos de hombres de Neandertal: este era el diagnóstico. Pero por mucho aplauso que cosechase Koestler, también por parte de los pacifistas y de los escépticos del progreso, nadie osó al principio enfrentarse clara y abiertamente con las consecuencias de su tesis. El ser humano, esa criatura descarriada de la evolución biológica, como le había llamado Koestler, tenía que ser superado necesariamente. ¡Ciudadanos libres de este mundo! ¿Han reflexionado ustedes alguna vez sobre la curiosa coincidencia de que justamente en aquel momento histórico, tras de un medio siglo largo de máxima crueldad y destrucción, surgiese el saber que condujo a la superación del ser humano? ¿No parece acaso, sino que la evolución se hubiese percatado de que el ser humano solo es capaz de destruir, y que por ello había llegado el momento de traspasar a otra especie más inteligente la responsabilidad por el planeta Tierra? La sagacidad de la evolución consistió en responder a la destrucción de la Tierra por el “homo sapiens” con un incremento exponencial de los conocimientos científicos, unos conocimientos que solo tenían un


11 sentido y un fin: crearnos a nosotros, los ciudadanos libres. El saber, vinculado plenamente a los cerebros de los seres humanos, permaneció sometido al egoísmo de estos mismos seres, guardado celosamente ante los demás, oculto para ellos, porque estaba camuflado en lenguajes secretos y aprisionados en disciplinas del saber que se combatían encarnizadamente entre sí. Esta era la solución del saber al inicio de La Aurora. Pero luego, de una vez, esta sabiduría, que había surgido en terrenos cautelosamente delimitados, comenzó a traspasar dichos límites e inició un proceso de unificación. La ciencia matemática y las ciencias de sistemas se unieron con la microbiología y la neurofisiología; esta, a su vez, entró en estrecha relación con la lingüística y la psicología. Y todas ellas pusieron la mirada, llenas de curiosidad, sobre la física cuántica, la teoría del caos y la nanotecnología. De este modo, el saber tendió a alzarse por encima del hombre. Y el saber, por su parte, tenía prisa. La evolución emprendió una marcha imparable. Ya en el año 1953, el biofísico Francis Crick presentó –junto con el bioquímico James Watson– el modelo de la molécula del ADN, la doble hélice. El próximo paso adelante fue la inseminación artificial. El 25 de julio de 1978, vino al mundo Louise Joy Brown, el primer

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niño que había sido engendrado fuera del seno materno. Apenas seis años más tarde, el 24 de marzo de 1984, vio la luz por primera vez en la ciudad australiana de Melbourne, una criatura humana nacida de un embrión previamente congelado. Con esta técnica, llamada de “krioconservación”, se había creado al mismo tiempo la condición previa para el diagnóstico de la llamada preimplantación. Trece años más tarde, el 27 de febrero de 1997, fue presentada al mundo “Dolly”, una oveja clonada. En el año 1998, el biólogo James Thomson anunció que había aislado las células originarias de la vida, las “células madres”, extrayéndolas de embriones. Y solo dos años después se presentó a la opinión pública el norteamericano Craig Venter, investigador en genética, con el triunfal anuncio de que había descifrado el genoma humano. Computadores y robots fueron empleados para acelerar el mejoramiento del material genético hereditario, sin el que no hubiera sido posible todo ello, y que –de conformidad con la llamada Ley de Moore– mejoraron de manera explosiva, como añado aquí solo de pasada. Con tanto mayor énfasis quisiera acentuar que esta época, esto es, en los últimos años del segundo milenio, se realizaron ya modificaciones intencionales de la masa genética de


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plantas y animales. Los anuncios de éxitos logrados se sucedieron así ininterrumpidamente. Se ha modificado el crecimiento de ratones y ratas, se implantó un gen de medusa en ratones y en conejos, con lo que estos produjeron una piel de color verde fluorescente, se “humanizó” a los cerdos, para reducir las reacciones de rechazo en el llamado “xenotransplante”. Y se aprovechó la prótica capacidad de transformación de las células madres embrionarias para criar con ellas los más diversos tipos de tejido orgánico.

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Esto llevó, más adelante, a que –en la vía de la implantación suplementaria– se produjesen seres humanos con cerebros más grandes de lo normal. El pensamiento y los conocimientos prácticos, la filosofía y la técnica para lograr un progreso en la evolución, ya estaban dados en el momento auroral; pero la Humanidad quería impedir este progreso. Esta es la verdad. Los moralistas de aquellos días no obraron de manera muy distinta a como lo hizo, apenas cuatrocientos años antes, la Iglesia Católica cuando obligó a Gali-


13 leo Galilei a retractarse de sus ideas. ¿Que el ser humano no debe ser ya el centro? –gritaron los dogmáticos de la Iglesia en aquel entonces– ¡No, eso no lo consentimos! ¿Que el ser humano no debe ser nunca más la corona de la Creación?, gritaron los moralistas y las personas honestas. ¡No, eso no lo consentimos! ¡Sofrenad los comienzos, buenas gentes! ¿Los comienzos de qué? ¿Los comienzos de la guerra de setenta y siete años entre Israel y Palestina, que acabó con el exterminio de los palestinos por los israelíes y el exterminio de los israelíes por el mundo árabe? ¿O los comienzos de la Guerra de los Cien Años entre la India y Pakistán, que acabó con la extinción de ambos Estados en una guerra atómica? ¿Los comienzos de la definitiva aniquilación del continente africano por medio de la probreza, el hambre, las guerras, las enfermedades, la corrupción y otras catástrofes naturales? ¿O los comienzos del ensoberbecimiento norteamericano, que llevó a que los Estados Unidos abandonasen las Naciones Unidas y se despidiesen de los Derechos Humanos? ¿Han pensado en estos comienzos personas tan excelentes como todas estas? No; entonces no se pensó en estos comienzos. En lo que se pensó entonces fue en los comienzos de… nosotros.

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Teóricamente, los seres humanos sensatos habían comprendido la evolución que, sin embargo, querían prácticamente detener; y por ello promulgaron leyes encaminadas a imponer esta norma. Todos los medios y los métodos que eran necesarios para producirnos a nosotros, los ciudadanos libres, debían ser prohibidos y, a la cabeza de ellos, el fantasma más terrorífico para las personas honestas: la clonación. Y también el diagnóstico de preimplantación con el propósito de la modificación genética de los embriones; la investigación científica sobre las llamadas células madres y, muy especialmente, el llamado “upgrading” del cerebro mediante la implantación de tejido cerebral. Todo ello debía ser prohibido. Y en efecto, lo fue. Ciudadanos libres de este mundo: hemos de considerarnos dichosos por el hecho de que en aquel entonces no había ningún gobierno mundial perfecto, porque de otro modo, nosotros no existiríamos hoy. Solo el hecho objetivo de que entonces hubiese todavía países pequeños, libres y liberales, investigadores impávidos, familias inteligentes y acaudaladas que sacrificaron mucho dinero para configurar a sus hijos de acuerdo con sus deseos; solo a acciones como estas se debe el hecho de que no prosperase el diabólico plan de las buenas personas.


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Todos nosotros amamos y veneramos a los valientes investigadores de aquella época, que se opusieron abiertamente al “mainstream” moral. Todos admiramos al valiente médico italiano Severino Antinori, que se mantuvo impertérrito en la defensa de su propósito de clonar a seres humanos. Todos nosotros inclinamos la cabeza ante los héroes de la Empresa “Clonaid”, que soportaron estoicamente verse menospreciados como sectarios por los medios de información de aquellos días. Y todos rendimos también homenaje a nuestros verdaderos creadores, los pioneros de la Empresa “Genimprove”, que combinaron el diagnóstico de la preimplantación con el mejoramiento directo del genoma humano, para producir seres más sanos y más inteligentes. La primera intervención en las estructuras hereditarias del ser humano se llevó a cabo, en el año 2007, por Morris Jackson, de la Empresa “Genimprove”. Jackson creó, por encargo de su socio, el gigante de “software” Jeff Adams, un niño con un cromosoma adicional, con la intención de duplicar su inteligencia. Como sabemos hoy, ese experimento fue un éxito extraordinario. Un creciente número de familias acaudaladas ha hecho “perfeccionar” a sus hijos, y se ha incrementado constantemente en todo el mundo el número

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de seres humanos genéticamente enriquecidos. Si al principio hicieron esto mismo mediante la unión con seres humanos que vivían aún en estado natural, muy pronto se inició un proceso de selección mucho más severo. Las personas con riqueza genética buscaron a los igualmente ricos en genes para llevar a cabo la procreación. En un momento dado –no podemos fijar la fecha exacta– se llegó al “asalto de la especie”. Los ricos en genes, miembros de la quinta generación, esto es, aquellos que nosotros designamos como los primeros ciudadanos libres, no eran ya capaces de aparearse con seres procedentes aun de un estado natural. En esta misma generación ocurrió que el neurofisiólogo Abraham Smythe descubrió el “Tele-Modem” biológico. Nuestros cerebros se habían modificado hasta tal punto que estaban en condiciones de mantener comunicación entre sí y con cualquier punto del planeta en una frecuencia de ondas que era accesible a nosotros y a nadie más. Un número cada vez mayor de ciudadanos libres recibían y enviaban señales y misivas en esta frecuencia de ondas, y de este modo surgió el WWC, el “World Wide Council”. El hecho de que yo pueda estar hablando con ustedes, en el Concejo, se lo debemos a Smythe, al


15 igual que la capacidad de pensar como un espíritu y de actuar como un ciudadano, de manera que –hace ahora cinco décadas– fue posible, casi como un juego, liberar a la Tierra –que vegetaba entonces entre la agonía y la total destrucción– de las manos del hombre y conducirla a una era de Paz Perpetua. Esta “Paz Perpetua” dura ya cincuenta años. ¡La Tierra florece y prospera bajo nuestra dirección! Pero he aquí que ahora, a causa de un accidente en la naturaleza, una mutilación fatal, hay cada vez más seres humanos que se levantan contra nosotros y contra el hecho de que nosotros guiemos los destinos de la Tierra. Estos seres humanos exigen democracia, como si no tuviésemos la mejor de todas las democracias, según el dechado de la antigua “polis” en la que, desde luego, solo podían elegir y actuar políticamente los ciudadanos libres. ¿Acaso concedieron entonces los hombres a los monos el derecho al voto? ¡Revolución! gritan estos hombres, y comienzan así a perturbar nuestra Paz Eterna. Pero todo eso va a tener ahora su fin. ¡Ciudadanos libres de este Mundo! Mi “Biocounter” ha registrado ya –mientras yo les hablaba a ustedes– la entrega de sus votos. El resultado es verdaderamente aplastante. Ningún voto negativo, ninguna abstención. Solo aprobación unánime y sin

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reservas. ¡Muchas gracias! Con ello se ha tomado la decisión. Se pone fin a la procreación natural del ser humano. En breves minutos, la totalidad de las aguas potables de esta Tierra recibirá el correspondiente aditamento bioquímico. Los hombres no notarán sabor alguno y, cuando se percaten de sus efectos, será demasiado tarde. El homo sapiens ha concluido su función. Y con ello pasamos al siguiente punto del orden del día: la cuestión de la eliminación de basuras y residuos a la estratósfera. Por favor, planteen ahora sus preguntas.


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Agua 3 - JC Gonzรกlez


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Liberation 1

Espera 2

Agua 2

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Liberation 1 - JC González

Las obras de Juan Carlos González integradas a este número de LSD son realizaciones de arte digital para las cuales utilizó únicamente programas informáticos libres de dibujo vectorial, de dibujo 3D y de fotomontaje. Liberation 1 y ESPERA 2 fueron expuestas públicamente en Uruguay en el Club Social “La Pedrera” (Rocha), la Cinemateca Carnelli (Montevideo), el Espacio Cultural Alarte (Montevideo) y la Casa de la Cultura de Maldonado (Maldonado).


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Este artículo fue elaborado especialmente, durante mayo y junio de 2018, para LSD por miembros de instituciones educativas y de investigación, así como también de organizaciones de la sociedad civil relacionadas con la temática. A continuación se indica, autor por autor, su adscripción a esas instituciones y/u organizaciones: Anahit Aharonian (Comisión Nacional en Defensa del Agua y de la Vida y Comisión Multisectorial), Carlos Céspedes (Facultad de Ciencias de la Universidad de la República y Comisión Multisectorial) y Claudia Piccini (Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable y Comisión Multisectorial).

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Anahit AHARONIAN, Carlos CÉSPEDES y Claudia PICCINI

El pasado mes de octubre de 2017 y a instancias del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP) el Parlamento aprobó la modificación a las disposiciones de la Ley N° 16.858 (del 3 de setiembre de 1997), conocida popularmente como Ley de Riego. Dicha modificación busca, mediante mecanismos de exención fiscal, favorecer la creación de embalses de agua a través de inversiones privadas (y cuya gestión estará en manos de capitales privados), para favorecer y expandir así a los 1,6 millones de hectáreas dedicados a la agroindustria en Uruguay. Sin embargo, conviene analizar esta ley y el proyecto que la sustenta en el marco actual de los llamados “Planes Nacionales de Agua” que se están gestando en todo el continente. Resultan llamativas las similitudes encontradas, constatación preocupante de que en el fondo de todos ellos hay un fuerte componente de inversiones en infraestructura, producto de decisiones tomadas por intereses lejanos a los de los uruguayos, lo que conlleva un fuerte endeudamiento de nuestros países con los Bancos multilaterales (Banco Mundial y otros), etc.. Es necesario incluir además otro aspecto en este análisis que es el relativo a la incompatibilidad de esta ley recientemente aprobada con el artículo 47 de nuestra Constitución. Más aún, dentro de lo que es nuestro propio país y antes del propio Plan Nacional de Aguas (PNA), debemos ver y considerar un documento que lo antecede (presentado en 2015) por lo que debemos preguntar cómo se compatibiliza este PNA con el documento “ESTRATEGIA DE FOMENTO DEL DESARROLLO DE LA AGRICULTURA REGADA EN URUGUAY” del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), como parte del programa de Asistencia Técnica No Reembolsable que ha venido desarrollando el equipo técnico del Banco Mundial (BM) en Uruguay


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en 2013-2014. En los agradecimientos queda establecido que hubo conocimiento de varias reparticiones ministeriales incluida la Dirección Nacional de Agua (DINAGUA-MVOTMA) y de su contenido podemos concluir que el objetivo es recaudar, fomentar la así denominada “ventanilla única” que implica acelerar los trámites, asunto que estaría en discusión entre la Dirección de Recursos Naturales Renovables (RENAREMGAP) y DINAGUA-MVOTMA. Lo tomamos como un ejemplo de entrecruzamiento de líneas de acción-confusión en una lucha interministerial que no se da en función del interés general y en cumplimiento de la normativa constitucional, por lo que surge preguntarse cómo se coordinaría el Plan de RENARE en relación a predios y riegos, con las políticas y planes de ordenamiento territorial de la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial ( DINOT MVOTMA). En suma, el MGAP la ha estado impulsando en forma paralela y tratando de tramitarlo por una ventanilla única y rápida.

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Previo -también- a la elaboración del PNA se plantearon argumentos a favor de favorecer el riego que se han ido naturalizando cual resignación a la inevitabilidad de seguir produciendo en el marco actual, lo cual queda de manifiesto cuando -por un lado- insisten en que el incremento del precio de la tierra lleva aparejado la necesidad de la intensificación en la producción para conseguir mantener el rendimiento de los factores productivos. Es llamativo que no haya cuestionamientos a la causa de ese incremento de precios ni intenciones de que quienes tienen el poder en la toma de decisiones no apunten a frenar dicho incremento. De esta manera, refuerzan sus argumentos diciendo que una vía que encuentra la intensificación de la producción a nivel predial es la incorporación del riego en diversos sistemas productivos, creyendo que con ello se aseguran el aumento de la productividad por hectárea. Es oportuno tener presente que cuando se habla de rendimiento o de aumento de la productividad, se refiere casi solamente a aumentar el lucro, como es también lucro el


23 hecho del aumento desmedido del valor de la tierra. Por otra parte, en diferentes paneles de discusión se ha presentado al riego como un factor de equilibrio para hacer frente a la variabilidad de los regímenes de lluvia impuesta por el cambio climático. Teniendo en cuenta este marco político/ productivo cabe preguntarse si es necesario que Uruguay siga en el camino de la intensificación productiva con objetivos que no se centran en priorizar el bienestar de su población. La historia oficial Según expresiones de distintas autoridades de instituciones, así como de direcciones vinculadas al sector agrícola, el riego está fuera de toda discusión: sus beneficios están a la vista. Para el ex Ministro Aguerre: “Los beneficios de la ley de riego duplicarán la producción agrícola” (28/07/2017)1. En tanto, para la exdirectora de RENARE, Mariana Hill: “… para aumentar la producción y competitividad del sector agrícola y ganadero, mejorar la adaptación a la variabilidad y al cambio climático y contribuir al desarrollo del sector agropecuario, resulta clave impulsar el desarrollo del riego.”2 Asimismo, datos aporta-

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dos por el MGAP que comprenden información obtenida entre 2004 y 2012 sugieren que “… el rendimiento promedio de los cultivos de maíz y soja con riego en establecimientos agrícolas comerciales muestra un incremento significativo en relación a la producción por hectárea usualmente obtenida en secano. En el caso de la soja el aumento es de 1.500 y 1.400 kg/ha para soja de primera y segunda, respectivamente. Mientras que el cultivo de maíz genera unos 6.100 kg/ha adicionales.3 De esto se desprende que incrementar la agricultura regada está fuera de toda discusión para nuestro gobierno. Desde la academia se han emitido diversos comunicados relacionados a los riesgos que implica la aplicación de la reforma a la mencionada ley, sobre todo en relación al deterioro de la calidad del agua que acompaña a la generación de embalses en un entorno productivo como el nuestro en el que se aplican (y se estimula con beneficios fiscales) ingentes cantidades de fertilizantes. Sin embargo, poco se ha hablado sobre los impactos del riego sobre la calidad y fertilidad de los suelos, bienes comunes que deberíamos proteger con el mismo fervor que al agua.


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El agua, disolvente universal De las opiniones vertidas por distintas autoridades nacionales relacionadas al agro quedaría en claro que mediante el agua de riego es posible sortear las imposiciones del clima en materia de lluvias. El agua ya no sería una limitante para la producción de biomasa, en el espacio (Kg/ha) y en el tiempo (año, quinquenio, decenio). Con el riego es posible en el día a día, “borrar” ahora las imprevisiones meteorológicas. Y con ello, también la estacionalidad de los eventos de lluvias, que caracterizan al territorio uruguayo; una región de clima templado/templado subhúmedo, de marcados contrastes estacionales. Tal como argumentan las autoridades, el recurso agua es imprescindible para la producción de cultivos; de su disponibilidad depende la formación de nueva biomasa vegetal. Sin embargo, en sus argumentos no se plantea que esta biomasa crece no solo a expensas del aporte de agua, sino también del aporte de nutrientes que provee el suelo (y de su capacidad de regenerarlos). De ahí que, para una mayor y mejor comprensión de la relación cultivo-agua-suelo, es preciso un análisis desde otra perspectiva, basado en nuevos elementos. Como dijo Albert Szent-Györgyi, “investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, pensando en lo que nadie ha pensado”.

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Un primer aspecto a considerar es que un suelo en estado natural, tiene un balance hídrico regulado por la precipitación, evaporación, capilaridad, flujo de agua subterránea, tipo de cubierta vegetación, entre otras variables. Estas variables fluctúan alrededor de promedios de largo plazo que tienden a definir una posición de equilibrio hídrico más o menos estable. Con el riego, este equilibrio se modifica por la adición de volúmenes discrecionales de agua en el suelo, alterando así dichos valores por encima de sus promedios históricos. De modo que se tiende a un nuevo equilibrio alrededor de la cual las variables del sistema buscarán ajustarse, siempre que este ajuste no induzca a cambios estructurales o funcionales en el suelo (ej. compactación, salinización, anoxia, etc.), ya que, de lo contrario, el equilibrio será transitorio. O sea, el riego no solo modifica el estado natural del suelo por intervención directa sobre el mismo, sino que da origen a cambios más profundos –estructurales o funcionales– que pueden ser potencialmente negativos, no solo


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desde el punto de vista agrícola sino también ambiental. Por su ubicación geográfica, el territorio uruguayo forma parte de la Provincia Fitogeográfica Pampeana, la que es caracterizada por estaciones climáticas que difieren significativamente entre sí, en términos de humedad y temperatura. Estas diferencias se desdibujan a medida que aumenta o desciende la latitud. Este clima bastante particular por sus contrastes, permitiría explicar el predominio de ecosistemas de pastizales en esta región,4 así como también el tipo de suelos asociados a la misma. De hecho, los procesos de formación de suelo (pedogénesis) están estrechamente relacionados al tipo de cubierta vegetal, la que ha evolucionado en equilibrio con el clima regional dominante (ej. pradera, sabana o bosque). De modo que el reemplazo de esta cubierta vegetal natural por un cultivo alteraría el normal transcurso de la pedogénesis. Más aún, si con el cultivo el agua deja de ser un factor limitante, independizándose de la estacionalidad, habría un aumento en los niveles de humedad del suelo y una produc-

ción de biomasa controlada ahora por factores no naturales sino humanos. Así, las nuevas condiciones serían suficientes por ejemplo para promover la alteración de la fracción mineral del suelo, en particular a los minerales arcillosos. Estos son de gran importancia en la fertilidad de suelos en los climas templados ya que participan, fundamentalmente, en la captura, retención y acumulación de materia orgánica al interior de estos suelos. De su presencia precisamente proviene la tradicional denominación de “praderas pardas” y “praderas negras”, con la que se conoce a la mayoría de los suelos agrícolas del país. La posibilidad de que la cubierta vegetal pueda influir en la estabilidad de los minerales arcillosos es ya reconocida en la literatura científica.5-9 En ella se establece que ciertos minerales arcillosos del suelo (arcillas denominadas tipo 2:1), pueden reaccionar tan rápido como un sistema biológico. Durante el ciclo de vida de la planta, la demanda y captura de nutrientes, así como su tiempo de ciclado, deben estar forzosamente acompañados por la capacidad de las arcillas en proveerlos en tiempo y forma. Generalmente, esta demanda nutricional en un cultivo fluctúa acorde a la especie y/o a la variedad utilizada


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(ej. de eucalipto, de soja, de cebada), así como también al manejo agronómico aplicado. En consecuencia, el cambio registrado en la estructura cristaloquímica de las arcillas que proveen los nutrientes ha de ser fuertemente dependiente de tales variables. En otros términos, los cambios en la estructura de las arcillas del suelo dependen en gran medida de la gestión y manejo agrícola. Adicionalmente, en esa demanda-oferta de nutrientes entre cultivo-suelo emerge habitualmente un “promotor” de la oferta que hace el suelo. Se trata del proceso de acidificación (o descenso del pH), el que suele alcanzar valores bastante por debajo de lo normal en un suelo agrícola debido a que el manejo de los cultivos es fuertemente dependendiente, no solo del agua, sino también del uso de agroquímicos. Este es el caso de los fertilizantes como nitrógeno, fósforo y potasio (también conocido como NPK), así como también los herbicidas (como el glifosato) por su acción en el ciclo del fósforo. En particular, los fertilizantes nitrogenados como las amoniacales en su pasaje de amonio (NH4+) a nitrato (NO3-) liberan protones (H+), los que en determinadas condiciones de manejo pueden producir la acidificación del suelo. El efecto acidificante depende de factores tales como la textura, contenido de materia orgánica y

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capacidad de intercambio catiónico (CIC), pero sobre todo de la dosis y frecuencia de aplicación de estos fertilizantes nitrogenados. Otro proceso de acidificación está asociado a las pérdidas por lixiviación (o lavado) de iones calcio (Ca2+) y magnesio (Mg2+) en los primeros centímetros del perfil de suelo (0-15 cm) debido al aumento en su contenido de agua. Consecuentemente, hay un aumento sustancial de las concentraciones de ion férrico (Fe3+) y de ion aluminio (Al3+); este último, tóxico para las plantas.

Agua como un factor no limitante Actualmente existe una gama muy variada de técnicas de riego. A nivel mundial, el mayor porcentaje de proyectos de riego ha sido por inundación o por surco. Más recientemente y a pesar de su costo comparativamente mayor, ha habido un aumento del uso de sistemas de riego por goteo y aspersión ya que ambos sistemas suponen una mejora comparativa en la eficiencia del uso del agua. Otro aspecto a considerar es también la existencia de fuentes de agua de calidad muy variada (mayor o menor contenido de sales disueltas, sólidos en suspensión, materia orgánica, gases disueltos, etc.). Ambos factores mencionados (tipo de riego y calidad del agua) son determinantes del ni-


27 vel de deterioro que pueda alcanzar un suelo, incluso para el nivel de desarrollo del propio cultivo. Esto se debe a la emergencia de desequilibrios nutricionales, tales como el exceso de sodio o de cloruro, ocasionados por la reducción de la absorción de otros nutrientes por parte de la planta que son vitales. Como ya se mencionó, la salinización y saturación del suelo es uno de los efectos negativos más extendidos en la mayoría de los proyectos de riego. Se estima que, a causa principalmente de ambos fenómenos, el riego a nivel mundial determina una pérdida anual de la superficie de suelos agrícolas en una proporción igual a la superficie que entra en servicio bajo riego. En el caso de la salinización, las sales disueltas en el agua de riego tienden a concentrarse en el suelo por acción de la evaporación y la transpiración de las plantas. Asimismo, estos factores contribuyen a que el nivel de las aguas subterráneas se eleve hasta muy cerca de la superficie del suelo y con ello también las sales

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disueltas, afectando así a las raíces. Como resultado final, ocurre un aumento de la dispersión coloidal del suelo (o de sus partículas elementales), se altera su estructura (o agregados) y aumenta su impermeabilización, lo que conduce a una menor aireación en la zona radicular. En cuanto al fenómeno de saturación, este es fundamentalmente causado por el riego excesivo y por un drenaje lento a muy lento. La combinación de ambos factores conduce por un lado a la acumulación de sales cerca de la superficie del suelo y, por otro lado, a la reducción de su conductividad hidráulica, lo que causa uno de los problemas principales de los suelos irrigados: la dispersión de minerales arcillosos.10 En condiciones naturales (sin riego) la dispersión de arcillas conduce a un reordenamiento de las partículas más finas y de los microagregados del suelo, mientras que durante los periodos de desecación se cementan formando micro y macroagregados.11 En este estado de agregación las estructuras (agregados o terrones del suelo) son más


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estables frente a la lluvia, mientras que ocurre lo contrario en un estado de dispersión de las arcillas.10 Por eso, en el caso de suelos bajo riego, en los cuales el agua no es una limitante, estos pueden colapsar a causa del aumento en el tiempo en que las arcillas están en estado disperso. Esta pérdida de macroporos y de estructura del suelo (o de terrones) promueve el escurrimiento y con ello fenómenos de erosión e inundación,12 además de tornarse anaeróbico y de sufrir una reducción en su tasa de infiltración. La arcilla que se mantiene dispersa puede también moverse en profundidad mediante el agua de infiltración, acumulándose y formando un estrato arcilloso dentro del perfil del suelo, más o menos denso (horizonte Bt), ocasionando un escaso o nulo drenaje.10

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Acción del agua en la reserva orgánica del suelo La respuesta de la materia orgánica del suelo frente a un incremento del tiempo en la cual normalmente permanece húmeda –o sea, fuera de las épocas y días normales de lluvias– es uno de los aspectos menos estudiados de los sistemas de riego. En parte, por el escaso avance de la Ciencia en la compresión de la estructura bioquímica y función de lo que, genéricamente, se le ha denominado “materia orgánica del suelo” (o MOS). Consecuentemente, esta denominación se ha traducido en un concepto impreciso, del que existen varias bibliotecas, sobre todo hoy día, cuando el tema del Cambio Climático y los gases de efecto invernadero, los “sumideros de carbono” y el rentable mercado de “bonos de carbono” ideado por el BM está sobre el tapete en muchas discusiones. A pesar de su importancia en la producción agropecuaria, aún no es bien comprendido el papel de la reserva de MOS en los procesos fisicoquímicos que controlan el suelo. En lo que sí parece haber opiniones de consenso es que la MOS es una mezcla heterogénea de compuestos orgánicos con propiedades diferentes y límites no bien definidos. Gracias a la aplicación de ciertas


29 técnicas, de uso extendido aunque costosas, se ha consensuado entre los expertos que al “interior” de la MOS existen diferentes fracciones reconocibles y jerárquicamente, clasificables. Por ejemplo, en función del tiempo en que los residuos de las plantas pasarían a integrar la reserva orgánica del suelo, es decir, en función de su mayor o menor biodisponibilidad o susceptibilidad a la descomposición microbiana, es posible diferenciar fracciones orgánicas acorde a su tiempo medio de residencia en el suelo. Surgen así una fracción activa (o fácilmente descomponible) que tendría un ciclado rápido dentro del suelo (de 1-2 años) y otra fracción con un tiempo de ciclado intermedio (2-5 años), mientras que los componentes orgánicos restantes que logran sortear la biodegradación y por ende son de más lento ciclado (>5 de años a miles de años), compondrían la fracción estable (o recalcitrante). Esta última fracción, si bien no aportaría a las plantas una cantidad significativa de nutrientes, sí juega un papel vital en el sostén de la estructura (y propiedades fisicoquímicas) del suelo, ya que su asociación a

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la fase mineral del suelo es de suma importancia, al igual que otros componentes como el hierro y el aluminio. En tierras de cultivos bajo riego, un aumento en los días en que el suelo permanece húmedo puede estimular, entre otros fenómenos, la emisión de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el óxido nitroso. Además, la emisión de estos gases también va a depender del contenido inicial de MOS y del tipo clima que tenga la región. En estudios de riego por inundación versus riego por goteo, este último fue el que registró un aumento comparativamente mayor en la emisión de CO2.13 En ambos tipos de riego el contenido de agua y la temperatura del suelo fueron los principales factores que afectaron los flujos de CO2.13 En cuanto a la emisión de óxido nitroso bajo riego, por lo general esta aumenta cuando los compuestos nitrogenados pasan a estar disponibles en el suelo. Esto ocurre fundamentalmente en cultivos agrícolas cuando se aplica un fertilizante nitrogenado, práctica habitual en Uruguay.


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En síntesis, los diferentes aportes presentados advierten acerca de la importancia de contemplar otros aspectos relacionados con la adopción de un sistema de riego, cuando se evidencia un estrés hídrico por déficit de lluvia adjudicado al Cambio Climático. En esta relación de causalidad, propia de la mecánica newtoniana, seguramente, el

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desarrollo de sistemas de riego se verá como plausible ante la opinión pública. Pero, cuando ante la duda se recurre a otras visiones como la Teoría General de Sistema de Ludwig von Bertalanffy (1969), la cosa cambia. Existe otra perspectiva para analizar una misma realidad: “Las dificultades no están solo en la complejidad de los fenómenos, sino en la definición de las entidades consideradas.” Uruguay nunca se planteó que las ciencias pueden avanzar más rápido que la capacidad de sus asesores políticos en asimilarlas. En un mundo actual del conocimiento y la información, la toma de decisión política debiera siempre incluir, inteligentemente, el balance costo-beneficio de sus externalidades ambientales. Este es el caso de quienes pergeñaron la Ley de Riego.


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Referencias 1

http://www.mgap.gub.uy/noticia/unidad-organizativa/direccion-general-de-secretaria/28-07-2017/aguerre-los-beneficios-dela-ley 2

Anuario OPYPA 2016. Riego en Uruguay: estrategias para su desarrollo. Ing. Agr. MSc. Mariana Hill. http://www.mgap.gub.uy/sites/default/files/riego_en_uruguay_estrategias_para_su_desarrollo.pdf 3 4

http://www.mgap.gub.uy/sites/default/files/multimedia/estrategia_fomento_agricultura_regada_2015_banco_mundial.pdf

Gibson, JG, 2009 Grasses and grassland ecology. Oxford University Press. 305 pp Hinsinger P, Jaillard B, Dufey ED, 1992. Rapid weathering of a trioctahedral Mica by the roots of Ryegrass. Soil Sci Soc Am J 56:977–982 6 Drever JI. 1994 The effects of land plants on weathering rates of silicate minerals. Geochim Cosmochim Acta;58(10):2325–32. 7 Bain DC. 1995. Hydroxy-interlayered clays as indicators of environmental change. Terra Abstracts;7:249. (abstract suppl N°1 to Terra Nova). 8 Kelly EF, Chadwick OA, Hilinski TE. 1998. The effect of plants on mineral weathering. Biogeochemistry;42(1–2):21–53.; 9 Barré et al., 2007. Dynamic role of “illite-like” clay minerals in temperate soils: facts and hypotheses. Biogeochemistry; 82(1):77–88 10 Czy¿ y Dexter, 2015. Mechanical dispersion of clay from soil into water: readily-dispersed and spontaneously-dispersed clay. Int. Agrophys., 29 11 Brubaker et al., 1992. Estimating the water-dispersible clay content in soils. Soil Sci. Soc. Am. J., 56(4), 1226-1232. 12 Guo et al., 2017. Influences of drip and flood irrigation on soil carbon dioxide emission and soil carbon sequestration of maize cropland in the North China Plain. J Arid Land (2017) 9(2): 222–233. 13 Trost et al., 2013. Irrigation, soil organic carbon and N2O emissions. A review. Agron. Sustain. Dev. 33:733–749. 5


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Se aconseja escuchar, previo a la lectura de este pronunciamiento, el audio de la intervención que lo motivó. https://www.dropbox.com/s/jr2au4bwej0uh9h/Aguerre.mp3?dl=0

A menos de una semana de la intervención del Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca Ing. Agr. Tabaré Aguerre en un encuentro sobre conciencia agropecuaria (realizado el 27/10/2017) un numeroso grupo de científicos remitió a la prensa este documento. El texto coincide con la versión divulgada mediante internet (circulante desde el 31 de octubre de 2017). Lo compartimos por la calificación de quienes lo suscriben y por la relevancia de sus apreciaciones.


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GOYENOLA, TEIXEIRA, IGLESIAS y otros

Pocas horas demoró la grabación de las palabras del Ministro Tabaré Aguerre en volverse viral entre los que nos dedicamos profesionalmente al estudio de ecosistemas acuáticos y contaminación por nutrientes. No es para menos. El Ing. Agr. Tabaré Aguerre, Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca desde hace siete años y principal promotor de la nueva Ley de Riego, afirmó el pasado viernes “es tener falta de conciencia agropecuaria cuando se dice que una ley que promueve, facilita, estimula las construcciones que van a hacer más eficientes desde el punto de vista ecónomico, más saludable desde el punto de vista ambiental. Porque los 35 tambitos, cada uno hace su tajamarcito, en el pedacito de la cañadita que tiene más baja, y termina siendo, dijera el presidente Mujica, el expresidente Mujica, un revolcadero de chanchos. Porque esas son las que están verdes por cianobacterias. Porque tienen 2 metros


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de profundidad. Ahora, recorran las 1200 represas que tiene este país construidas para regar arroz básicamente y me avisan y yo voy a ver si hay alguna represa que esté verde por cianobacterias. No están. ¿Y saben por qué no están? Porque como la inversión es privada y tiene que tratar de garantizar la rentabilidad, porque es una inversión privada, hay un mínimo de eficiencia entre metro cúbico embalsado y metro cuadrado inundado. Porque la tierra vale, y porque la obra es una inversión. Y eso garantiza una profundidad mínima, que hace que los rayos del sol no estén permanentemente llegando al fondo, que es lo que origina entre otras cosas las floraciones algales. Ahora, si discutimos estos temas sin saber de lo que estamos hablando, o con una visión estereotipada, es difícil.” Aunque lo desconozca el señor Ministro, los lagos y embalses profundos sufren problemas derivados de la contaminación por nutrientes tanto como los poco profundos, e inclusive como los ríos grandes y profundos, estuarios y algunas regiones marinas. Cada ecosistema a su manera, con particularidades. Los lagos llanos son más vulnerables que los lagos profundos, y los lagos y embalses son más vulnerables que los cursos de aguas corrientes. Esto quiere

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decir que con menos nutrientes, experimentan el mismo proceso de deterioro. Pero ningún ecosistema acuático se salva cuando el ingreso de nutrientes supera su límite de tolerancia. Eso no es un descubrimiento nuevo. Mencionaremos un ejemplo fácilmente verificable en una búsqueda rápida en internet. El lago Erie se encuentra en el límite entre Estados Unidos y Canadá, es uno de los llamados “grandes lagos”. Mide 340 km de largo y alcanza profundidades de 64 metros (dentro de la disciplina científica que los estudia, con más de 5 metros un lago es considerado profundo). Desde hace aproximadamente 50 años las cianobacterias dominan el funcionamiento del lago, debido a la falta de eficiencia del uso de nutrientes en su cuenca. Su situación ambiental es desastrosa y su calidad de agua, pésima. Sin duda, la comunidad científica internacional aprendió mucho de la experiencia del lago Erie, y de los muchísimos lagos y ríos del mundo que sufren eutrofización. Lamentablemente, la mayoría de los gestores y tomadores de decisión en nuestro país, no parecen haber aprendido de la experiencia internacional. Tampoco se ha logrado aprender al respecto mirando más cerca. No se ha aprendido mirando el profundo embalse de Salto Grande, los embal-


35 ses del Río Negro, lagos de canteras en Ciudad de la Costa, o el mismo Río de la Plata, sistemas con altos niveles de nutrientes y floraciones recurrentes de microalgas y cianobacterias potencialmente tóxicas. También se sabe desde hace décadas que muchas especies de cianobacterias controlan su flotación y pueden elegir la posición en la que se ubican en la columna de agua. Es por esto que, el hecho de que la luz llegue o no llegue al fondo, poco tiene que ver con que las cianobacterias puedan desarrollarse. Son otros los mecanismos que explican este proceso. El problema ambiental que genera la actividad tambera, al igual que otras actividades agrícolas, no deriva de que los embalses sean poco profundos. Deriva de que los ecosistemas de agua dulce se encuentran entre los ecosistemas más frágiles del planeta y ya soportan décadas de modificaciones e impactos que han debilitado su resistencia natural a nuestras acciones. Deriva de que se usa más fertilizante del que se debería, de que este se dispone sobre la superficie del suelo donde satura los primeros centímetros y es fácilmente transportado por el agua que escurre, de que el ganado accede a los cursos de agua y allí defeca y orina, y muchas otras razones, sobre las que abunda la literatura científica especializada. Y sobre todo, de que lo que es una pérdida de nutrien-

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tes casi despreciable para la actividad agropecuaria, es un problema serio para la calidad del agua. Lamentablemente, las floraciones de cianobacterias no son la única consecuencia de la contaminación por nutrientes. En lagos eutrofizados también son frecuentes las mortandades masivas de peces. Por otra parte, la eutrofización es solo una de las consecuencias ambientales que genera la construcción de embalses. Tanto la fragmentación longitudinal de los cursos de aguas corrientes (es decir, de las nacientes a la desembocadura), como la desconexión del curso respecto de su zona de inundación, generan pérdidas muy significativas de biodiversidad. La fragmentación de estos ecosistemas, seguida por la eutrofización, son los mayores impactos a los ecosistemas de agua dulce a nivel mundial. Esta ley promoverá ambos. Las consecuencias de la contaminación por nutrientes se expresan frecuentemente en otros sitios y otros momentos (por ejemplo, aguas abajo del sitio de origen de los nutrientes, y en ocasiones mucho más tarde). Los cambios que generan en el funcionamiento de los ecosistemas se retroalimentan positivamente, haciendo que revertir la problemática, o incluso solo tratar sus consecuencias, sea mucho más costosa o hasta inviable, a medida que avanza la gra-


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vedad de la situación. Como sociedad deberíamos ser más exigentes con el conocimiento que manejan nuestras autoridades a la hora de tomar decisiones tan trascendentales como la aprobación de esta ley. En las decisiones políticas pueden primar otros criterios por sobre los criterios ambientales, pero no es válido que se usen argumentos técnicamente equivocados para justificar esas decisiones. Es preocupante darse cuenta que los impulsores de la modificación de la Ley de Riego minimizan y desconocen las consecuencias ambientales de esta actividad, y ver que se pretende sustentar un proyecto de intensificación productiva, con costos ambientales tan altos, sobre la base de argumentos errados.

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Aspiramos, desde nuestro rol como científicos, a aportar a la construcción de un modelo de desarrollo que se centre en la defensa del patrimonio colectivo de esta y de las futuras generaciones. Una visión de largo alcance debe apostar fuertemente a la educación y a la ciencia, y lograr posicionar en la frontera del conocimiento a cada política que afecte la sustentabilidad de nuestro proyecto como país. Estamos de acuerdo con la última afirmación del señor Ministro: si discutimos estos temas sin saber de lo que estamos hablando, o con una visión estereotipada, es difícil.

Dr. Guillermo Goyenola (Doctor en Ciencias Biológicas, Máster en Ciencias Biológicas, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) Dr. Franco Teixeira de Mello (Doctor en Ciencias Biológicas, Máster en Ciencias Ambientales, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) Dr. Carlos Iglesias (Doctor en Ciencias, Máster en Ciencias Ambientales, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) Dra. Mariana Meerhoff (Doctora en Ciencias, Máster en Biología, Licenciada en Ciencias Biológicas, investigadora activa del Sistema Nacional de Investigadores) Dra. Cecilia Alonso (Doctora en Ciencias Naturales, Máster en Biotecnología, Licenciada en Ciencias Biológicas) Dra. Natalia Venturini (Doctora en Oceanografía Biológica, Máster en Oceanografía Biológica, Licenciada en Ciencias Biológicas, investigadora activa del Sistema Nacional de Investigadores) Dr. Hugo Inda (Doctor en Ciencias Biológicas, Máster en Ciencias Biológicas, Licenciado en Antropología, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores)


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MSc. Jun Pablo Pacheco (Máster en Biología, Licenciado en Ciencias Biológicas) Dr. Danilo Calliari (Doctor en Oceanografía, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) MSc. Federico Quintans (Máster en Ciencias Ambientales, Licenciado en Ciencias Biológicas) MSc. Lucía Gaucher (Máster en Biología, Licenciada en Ciencias Biológicas) Dra. Sylvia Bonilla (Doctora en Ciencias Biológicas, Máster en Biología, Licenciada en Ciencias Ambientales, investigadora asociada del Sistema Nacional de Investigadores) Dr. Dermot Antoniades (Doctor en Geología, Licenciado en Ciencias Ambientales, investigador asociado del Sistema Nacional de Investigadores) Dr. Daniel Conde (Doctor en Ciencias Biológicas, Licenciado en Oceanografía Biológica, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) Dr. Rafael Arocena (Doctor en Ciencias Naturales, Magister en Biología, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) Dra. Gissell Lacerot (Doctora en Ciencias, Máster en Ciencias Ambientales, Licenciada en Ciencias Biológicas, investigadora activa del Sistema Nacional de Investigadores) Dra. Laura Rodríguez Graña (Doctora en Oceanografía, Licenciada en Ciencias Biológicas, investigadora activa del Sistema Nacional de Investigadores) MSc. Anahí López (Máster en Geociencias, Licenciada en Ciencias Biológicas) Lic. Claudia Fosalba (Licenciada en Ciencias Biológicas) Dra. Carolina Crisci (Doctora en Oceanografía, Licenciada en Ciencias Biológicas) Dr. Nicolás Vidal Carcavallo (Doctor en Ciencias, Máster en Ecología, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) MSc. Juan Clemente (Máster en Biología, Licenciado en Ciencias Biológicas) Dr. Iván González (Doctor en Ciencias, Máster en Biología, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) Dra. Lorena Rodríguez Gallego (Doctora en Biología, Máster en Ciencias Ambientales, Licenciada en Ciencias Biológicas, investigadora activa del Sistema Nacional de Investigadores) Dr. Luis Aubriot (Doctor en Ciencias Biológicas, Máster en Biología, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores) Dra. Carla Kruk (Doctora en Ciencias de la Vida, Magister en Biología, Licenciada en Bioquímica, investigadora activa del Sistema Nacional de Investigadores) Dra. Claudia Piccini (Doctora en Ciencias Biológicas, Máster en Ciencias Biológicas, Licenciada en Ciencias Biológicas, investigadora activa del Sistema Nacional de Investigadores) Dr. Javier García (Doctor en Ciencias Naturales, Máster en Biología, Licenciado en Ciencias Biológicas, investigador activo del Sistema Nacional de Investigadores)


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Durante el proceso de discusión parlamentaria de la Ley de Riego, docentes de la Udelar hicieron pública su opinión técnica a través de dos documentos: uno firmado por docentes de la Sección Limnología de la Facultad de Ciencias (que fue enviado al MGAP y MVOTMA por parte del Consejo de Facultad de Ciencias meses antes de la aprobación de las modificaciones a la Ley) y otro elaborado por un colectivo de docentes de varias disciplinas del CURE, que fue publicado en los días posteriores a la aprobación parlamentaria y que pretende aportar elementos para la discusión sobre los impactos en varios ejes (ej. salud, patrimonio cultural, legislación) de la implementación de la ley. Ambos documentos hacen señalamientos técnicos respecto al impacto que podría tener la aplicación de la nueva normativa, principalmente sobre los ecosistemas de agua dulce.

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Asimismo, simultáneamente con el segundo documento se publicó una carta abierta dirigida al Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Ing. Ag. Tabaré Aguerre, firmada por 28 investigadores con nivel de posgrado vinculados al CURE, Facultad de Ciencias y el IIBCE (prácticamente todos los profesionales en el área ecología acuática con los que cuenta el país), señalando serios errores técnicos en la justificación ambiental de estas modificaciones. Estas notas tuvieron gran repercusión en la prensa. La primera reacción por parte de jerarcas de gobierno provino de la Ing. Agrónoma Mariana Hill (directora de la Dirección de Recursos Naturales del MGAP), quien lejos de aportar argumentos técnicos o incluso políticos, recurrió al descrédito, acusando a los firmantes de defender una posición “muy de derecha, muy conservado-


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ra”, así como también de pertenecer a la “elite de Facultad de Ciencias”. Han seguido diversas notas en medios de prensa escrita y radial, así como en redes sociales, por parte de integrantes del Poder Legislativo y Ejecutivo, así como por actores relevantes vinculados al agronegocio, reforzando el cuestionamiento a la integridad profesional de los firmantes y plantando la idea de motivaciones ideológicas y no técnicas detrás de los planteos realizados. Como académicos involucrados con la realidad del país, promovemos el debate público, abierto y franco. Sin embargo, nos preocupa fuertemente el destrato que han recibido integrantes de

nuestra asociación por parte de autoridades del MGAP, de integrantes del Poder Legislativo y actores vinculados al agronegocio, cuestionando su integridad profesional, denigrando su opinión y utilizando la descalificación como herramienta. Con mucha preocupación notamos que cada vez es más frecuente la deslegitimación a la academia y a investigadores de la UdelaR en particular, cuando en cumplimiento del artículo 2 de la Ley Orgánica estos manifiestan preocupación y hacen aportes sobre aspectos de gran relevancia para el presente y futuro del país.

Publicada el 18 de diciembre de 2017, en el portal de la Universidad de la República. La versión reproduce íntegramente la declaración atribuida a la ADUR que aparece, en junio de 2018, en http://www.universidad.edu.uy/prensa/renderItem/itemId/41564


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Deportada información sobre Juan Carlos González y su obra

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editorial

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MAJFUD, Jorge la lógica del absurdo

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JOHLER, Jans y BUROW, Olaf Alex la cuestión humana

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GONZÁLEZ, Juan Carlos el arte digital de Juan Carlos González

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AHARONIAN, Anahit; CÉSPEDES, Carlos; PICCINI, Claudia no solo de agua vive el agro... GOYENOLA, TEIXEIRA, IGLESIAS y otros conciencia agropecuaria, sin ciencia

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ADUR la descalificación como recurso / declaración

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Versión electrónica del tercer número de la revista cultural uruguaya LSD (junio de 2018). ISSN 2393-7580 Este número está centrado temátic...

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Versión electrónica del tercer número de la revista cultural uruguaya LSD (junio de 2018). ISSN 2393-7580 Este número está centrado temátic...

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