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La evolución de la materia Tránsito de la materia inorgánica a la materia orgánica y de ésta a la sociedad humana


CUADERNOS DE MATERIALISMO HISTÓRICO


La evolución de la materia Tránsito de la materia inorgánica a la materia orgánica y de ésta a la sociedad humana Proceso de transformación de la materia orgánica en materia pensante Gabriel Robledo Esparza

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3


Primera edición, 2009

D.R. © Gabriel Robledo Esparza, Centro de Estudios del Socialismo Científico D.R. © Sísifo Ediciones

www.bibliotecamarxista.blogspot.com cescedit@prodigy.net.mx

ISBN: 978-607-00-0857-3

Hecho en México, 2009


ÍNDICE

Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 La evolución de la materia inorgánica hasta la materia orgánica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 . Primer estado de la materia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .11 .Tránsito a la organización atómica . . . . . . . . . . . . . . . . . . .11 .Tránsito a la organización molecular . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 .Tránsito a la organización molecular superior.  Coacervados. (Oparin) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 .Tránsito a la materia orgánica. La vida. La célula . . . . . . . 12 . La fotosíntesis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12 .El reino vegetal y el reino animal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31 .Tránsito a la organización pluricelular . . . . . . . . . . . . . . . . 31 . La evolución de los reinos vegetal y animal . . . . . . . . . . . . 32 Transformación de la materia organica en materia pensante. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35   La fase superior de la evolución de las especies.  El surgimiento de la especie humana. . . . . . . . . . . . . . . . 35 La evolución de la especie humana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 42 . La esencia natural del ser humano   en la sociedad capitalista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 La industria moderna y la esencia natural humana . . . . . . . . . 50 .El socialismo y la esencia natural del ser humano . . . . . . . 55 .El comunismo y la esencia natural del ser humano . . . . . . 57


Introducción

E

l capitalismo constituye la etapa superior del régimen de la propiedad privada y éste es una fase determinada del desarrollo de la especie humana. La especie humana (materia pensante) es el otro, la esencia negativa de la materia inorgánica; el desenvolvimiento de ésta lleva necesariamente a la aparición de su esencia, a la conversión de la materia pensante (especie humana) en un existente. La materia pensante (especie humana) tiene como características específicas la realización de su actividad vital en forma conciente y la incorporación a su ser de todas las fuerzas de la naturaleza exterior. El desarrollo de la especie humana pasa por las siguientes fases bien delimitadas: a) Fase de su constitución, que es al mismo tiempo la de la negación más alta de la materia inorgánica. En este período se constituyen las características fundamentales de la naturaleza humana: (a) capacidades físicas y mentales específicas (naturaleza biológica del hombre) destinadas a la realización de la actividad vital consciente de incorporación a su ser de la naturaleza exterior; (b) fuerza colectiva de trabajo y (c) proceso de trabajo que es al mismo tiempo la producción y el ejercicio de las facultades humanas de los individuos de la especie, pero engarzadas en la fuerza colectiva de trabajo. El ser de la especie lo constituyen en esta época la comunidad de seres vivos, su fuerza colectiva de trabajo, sus instrumentos individuales, sus precarios instrumentos colectivos y apenas sí la superficie de las fuerzas de la naturaleza.  Esta fase de constitución de la naturaleza característica de la especie humana lleva dentro de sí los elementos de su

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La evolución de la materia

negación, que a la vez son los de una fase superior de su existencia. b) Primera fase del desarrollo de la naturaleza esencial de la especie. Dentro de la comunidad primitiva se produce un perfeccionamiento de las capacidades individuales de los integrantes de la especie humana que al final lleva necesariamente a los siguientes resultados: (a) destrucción de la fuerza colectiva de trabajo, (b) inicio del proceso de anulación y degeneración de la naturaleza biológica del hombre, (c) transformación del proceso colectivo de trabajo en un proceso familiar e individual y (d) destrucción del ser primigenio de la especie y establecimiento en su lugar de otra forma distinta, compuesta por las familias o los individuos, sus fuerzas individuales de trabajo, sus instrumentos individuales, una parcela de las fuerzas de la naturaleza y la comunidad de las familias y los individuos con sus condiciones generales de existencia y reproducción; en pocas palabras, surge y se desarrolla la propiedad privada. Se incorpora al individuo y a la comunidad de individuos, y a través de ellos a la nueva forma alcanzada por el ser de la especie, una porción más grande de las fuerzas de la naturaleza, aunque parceladas y ajenas entre sí sus partes integrantes.  En este período, las características de la especie (actividad vital consciente de asimilación de la naturaleza exterior) siguen su desarrollo ascendente, aunque en una forma distinta que en la fase anterior, es decir, ahora a través de las familias o los individuos opuestos entre sí y desgajados de la colectividad y teniendo como antecedente y resultado necesarios la anulación creciente de aquellos elementos de la naturaleza humana dentro de los cuales se formaron las características de la especie: fuerza colectiva de trabajo, conformación biológica del ser humano y proceso humano de trabajo.  Durante el período de la propiedad privada, al tiempo que se producen los elementos de esta etapa de la existencia de la especie humana, se crean los elementos de su negación que simultáneamente son el germen de una forma superior suya. En la primera parte del régimen de la propiedad privada, las capacidades de la especie se desarrollan hasta el virtuosismo en los individuos que la componen; el punto más alto de este proceso se alcanza con el establecimiento de un régimen ba-


Introducción  

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sado en la existencia de una multitud de productores privados independientes, dueños de sus instrumentos de producción. A partir de aquí se inicia la última etapa de existencia de la propiedad privada, el régimen de producción capitalista. En ésta se consuma el proceso de anulación de la naturaleza esencial del hombre y las capacidades de la especie son quitadas al individuo e incorporadas al capital como capacidades sociales. En este momento, el ser de la especie está compuesto de la siguiente manera: una clase de propietarios privados de los medios e instrumentos de producción, una multitud de fuerzas individuales de trabajo sustantivadas, desposeídas de toda capacidad y violentamente reunidas para trabajar sobre las parcelas de medios e instrumentos de producción (capacidades de la especie) propiedad de los capitalistas, los medios e instrumentos de producción parcelados entre los propietarios privados, relacionadas entre sí de una manera extrínseca, cada una de las cuales constituye una concentración de medios e instrumentos de producción que sólo pueden ser empleados por el trabajo colectivo. c) Fase superior del desarrollo de la especie humana. El capitalismo deviene necesariamente en su otro, el socialismo, dando paso así a la forma superior de existencia de la especie humana. En este período son reivindicados todos aquellos elementos de la naturaleza humana perdidos en la época de la propiedad privada: (a) una fuerza colectiva de trabajo formada por las fuerzas individuales despojadas de su sustantividad, que indiferenciadas se han fundido en una unidad, (b) la naturaleza biológica humana, (c) el proceso humano de trabajo que adquiere ahora una forma más elevada de existencia, en la cual las capacidades de la especie tienen una naturaleza social y el sujeto de la misma lo es la fuerza colectiva de trabajo. El ser de la especie lo componen: la fuerza colectiva de trabajo, las capacidades sociales de esa fuerza colectiva y la totalidad de las fuerzas de la naturaleza que se han hecho interiores a la especie. La materia pensante (especie humana) ha llegado a la fase superior de su existencia; en su interior, en forma germinal, contiene a su esencia como a su otro, como a la materia inorgánica; es decir que, fatalmente, tras un reinado más o menos lar-


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La evolución de la materia

go de la especie humana sobre la faz de la tierra, deberá venir una fase descendente que culmine con su extinción, lo que sólo anunciará la reversión de la materia viviente hacia la materia inorgánica. En este trabajo estudiaremos en primer lugar la evolución de la materia desde su forma inorgánica de existencia hasta la aparición de la vida. En seguida discutiremos el proceso por el cual la materia orgánica se convierte en materia orgánica pensante. Por último, consideraremos el desarrollo de la materia pensante (especie humana) a través de las diversas fases que recorre hasta llegar al punto superior de su existencia que es la sociedad comunista. Nuestro argumento central es que el comunismo, como última fase de existencia de la sociedad humana, no sólo encuentra la necesidad de su aparición en las propias características esenciales del capitalismo, sino que también es el resultado necesario y más alto de la evolución de la materia en nuestra isla cósmica.


La evolución de la materia inorgánica hasta la materia orgánica

Primer estado de la materia La materia de nuestra galaxia (el concepto de galaxia que aquí tomamos es: un conjunto de estrellas, nubes de gas y polvo, materia oscura y quizá energía oscura unidos gravitacionalmente), se encuentra, inicialmente, en el principio de los tiempos, en un estado corpuscular. Protones, electrones, neutrones, neutrinos, quarks, etcétera; se encuentran libres en el estado primigenio de la materia. Éste lleva a su otro en sí mismo como su esencia. Su desarrollo consiste en llevar su esencia a la existencia. Tránsito a la organización atómica Los corpúsculos se organizan en átomos mediante el proceso de nucleogénesis. Es el estado atómico de la materia. Los elementos como tales se encuentran libres: O, H, C, etcétera. Este estado lleva a su otro en sí mismo y su evolución consiste en hacer salir la esencia a la existencia. Tránsito a la organización molecular Los átomos se agrupan en moléculas. Se forman sustancias y compuestos: H2O, CO2, etcétera. Intensa actividad química. Paso dialéctico de su ser a su esencia, a su otro. Tránsito a la organización molecular superior. Coacervados (Oparin) Algunas de las sustancias formadas (a las que para efectos de la argumentación posterior denominamos “sustancias primigenias”) se relacionan entre sí y dan lugar a reacciones químicas que producen nuevas sustancias (compuestos de las sustancias primeras), 11


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La evolución de la materia

y así sucesivamente, hasta llegar al punto en que se efectúan reacciones químicas muy complejas y se producen compuestos que tienen una estructura y una organización determinados; al final, estos compuestos se desintegran y sus componentes se disuelven en el medio exterior. La reunión de las sustancias activas es primero casual y espontánea y después sucede con cierta regularidad; su unidad se rompe cuando se ha agotado la energía química que contienen. En su evolución, las unidades moleculares despliegan los elementos de su otro y lo traen a la existencia. Tránsito a la materia orgánica. La vida. La célula Tomando como referencia el proceso de la fotosíntesis que actualmente se desarrolla en las plantas y que constituye la única fuente de materia orgánica a partir de la materia inorgánica, intentaremos establecer los puntos principales del tránsito de las sustancias primigenias a los compuestos más complejos precursores de la materia orgánica. La fotosíntesis La fotosíntesis es el proceso que actualmente provee la totalidad de la materia orgánica con la que se integran los seres vivos del planeta. Este proceso tiene como contenido fundamental la transformación continua de la materia inorgánica en materia orgánica. Esta transformación es el resultado final de la evolución de la materia en nuestra isla cósmica. La materia inorgánica se desarrolla hasta producir las especies químicas con las propiedades más complejas. Estas especies llevan a su otro en sí mismo y lo hacen salir a la existencia. Producen una sustancia que desarrolla reacciones químicas, estructuras y órganos por medios de los cuales asimila las sustancias del medio exterior, las integra a su ser, se produce a sí mismo y expele las sustancias que son el desecho de toda esta actividad. El producto más alto de esta evolución es la materia orgánica pensante, la sociedad humana. El estudio de la fotosíntesis nos permitirá establecer las hipótesis acerca del proceso primitivo del paso de la materia inorgánica a la materia orgánica.


P

S

A

I

N

E

G

I

M

I

R

Otras sustancias

CO2

H 2O

FOSFATO

H 2O

CO2

H 2O

NADP

ADP

+

+

ENERGÍA SOLAR

H

FOSFATO

En la primera parte del ciclo de la fotosíntesis, las estructuras, órganos y sustancias de la célula vegetal toman las sustancias primigenias del medio general y las transforman en la sustancia protéica que es la fuente de los elementos para su regeneración, de energía para la actividad de la célula y de materia prima para la formación de la materia orgánica que requieren las diversas estructuras y funciones de la célula.

S

A

I

C

N

A

T

S

U

S

Materia inorgánica

PRIMERA PARTE DEL CICLO

Fructuosa

Ribulosa 5-fosfato

Es fuente de energía para la actividad de la célula y materia prima para la formación de la materia orgánica que requieren las diversas estructuras y funciones de la célula.

NADPH

ATP

Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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NADPH

Fructuosa

Materia prima para la síntesis de diversas sustancias: proteínas, albúmina, etcétera, que integran los distintos órganos y estructuras de la célula: membrana, protoplasma, núcleo, nucleolo, ribosoma, vesículas de secreción, aparato de golgi, mitocondria, lisosoma, centriolo, cloroplasto, ecétera.

NADP

Captura la energía solar y la conduce a donde se realizan las transformaciones. ADP ATP

CLOROFILA

NADP

ADP

nentes de la célula, tales como proteínas y moléculas de RNA. Los segmentos de DNA que contienen esta información genética se llaman “genes”.

ciónal interior de las proteínas.

Plantilla para la traslación de genes a las proteínas, la transferencia de aminoácidos al ribosoma para formar proteínas y también para trasladar la transcrip-

Sustancia que almacena informa-

RNA

de reacciones bioquímicas.

cuencias ordenadas

Sustancia encargada de llevar las señales entre las sustancias celulares de las se-

CAMP

ción a largo plazo, que son instrucciones para construir otros compo-

DNA

ATP

Elementos de su regeneración

Ribulosa 5-fosfato

ADP

SEGUNDA PARTE DEL CICLO

16 La evolución de la materia


Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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En la segunda parte del ciclo (véase página 16), la sustancia protéica produce los elementos de su regeneración, las sustancias de la información y control, la plantilla para la traslación de genes, la sustancia encargada de llevar las señales entre las sustancias celulares, la clorofila y las diversas sustancias que integran los distintos órganos y estructuras de la célula; de esta manera queda todo el sistema en posibilidad de continuar el proceso de elaboración de la sustancia protéica. Hipótesis del proceso de paso de la materia inorgánica a la materia orgánica

Medio general primitivo


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La evolución de la materia

Medio general primitivo

La sustancia Z produce una membrana que aisla las sustancias W, X, Y y Z y el medio particular en que se encuentran (una porción del medio general). El contenido de todo el proceso es la realización de una serie de reacciones químicas que desembocan en la síntesis de la sustancia Z.


Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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Las sustancias A, B y otras del medio particular circunscrito por la membrana producida por la sustancia Z sintetizan las sustancias W, X e Y, las que a su vez harán lo mismo con la sustancia Z. Al agotarse las sustancias del medio particular se agotan las reacciones químicas, se desintegra la unidad molecular y todas las sustancias en ella contenidas vuelven al medio general y en él se disuelven. La producción de la membrana por la


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La evolución de la materia

sustancia Z tiene como finalidad garantizar su propia subsistencia como tal. La membrana producida por la sustancia Z (véase página 19), desarrolla la capacidad de absorber las sustancias específicas del medio general y la de expeler los desechos de los procesos químicos. Se inicia la formación de un medio particular específico, distinto e independiente del medio general. Se establece una unidad cuyo ser consiste en absorber las sustancias primigenias, sintetizar las sustancias W, X e Y, las que a su vez sintetizan la sustancia Z y expulsar los desechos de estos procesos al medio general. Esta unidad tiene un término y deja de ser; se desintegra y todas las sustancias en ella contenidas vuelven al medio general y en él se disuelven. La sustancia Z, desplegando las propiedades que le son inherentes como la forma más alta de existencia de la materia, produce una membrana que circunscribe un medio particular en el que se contienen las sustancias primigenias, que se repone constantemente, garantizando así su subsistencia y renovación constante. La sustancia Z, mediante una serie de reacciones redox, sintetiza ahora directamente las sustancias W, X, e Y (las reacciones redox son esencialmente reversibles, por lo que la sustancia Z puede en parte revertir a sus progenitores W, X e Y, garantizando así la continuidad del proceso de su producción); las sustancias primigenias A, B, etcétera, reaccionan directamente con


Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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las sustancias W, X e Y y producen la sustancia Z. La producción de la sustancia Z ya no está sujeta al largo proceso de transformación que pasa por la absorción de las sustancias primigenias, la síntesis con base en ellas de las sustancias W, X e Y y la elaboración de la sustancia Z; ahora, las sustancias primigenias reaccionan directamente con las sustancias W, X e Y producidas


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La evolución de la materia

por la sustancia Z. La sustancia Z produce los elementos de su más rápida regeneración, por lo que garantiza su subsistencia y renovación constante. La sustancia Z sintetiza una sustancia especial que contiene la información de la secuencia de todas las reacciones químicas que se dan en la unidad molecular y las controla para que se realicen en un orden determinado (SIC); esa sustancia de la información y control se encuentra primero establecida en el seno del medio particular. La sustancia Z produce otra sustancia que es como una plantilla para la traslación de la información y de los comandos de control a todas las sustancias que forman la unidad molecular (SPTIC). Así, la sustancia Z asegura la regularidad de los procesos químicos que la producen.

Igualmente, la sustancia Z sintetiza una sustancia especial (véase página 22), encargada de llevar las señales de las secuencias ordenadas de reacciones químicas entre las sustancias celulares (STIC). La sustancia Z sintetiza, a partir de la información genética que le llega del SIC, una sustancia (P) cuya función consiste en


Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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ensamblar las sustancias que forman la materia prima de todas las demás sustancias que aquella sintetiza: sustancias W, X, Y, SIC, SPTIC, STIC, membrana, etcétera.

La sustancia Z produce una réplica de la sustancia (véase página 23), que guarda la información y ejerce el control sobre


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La evolución de la materia

los procesos químicos que se dan en la unidad molecular. En torno a dicha réplica aglutina una porción tanto de la sustancia Z como de aquellas que la producen directamente y de las que existen en el medio particular. Una vez hecho esto, se separa de la primitiva unidad molecular, formando una nueva. La unidad molecular se reproduce. La sustancia Z ha desarrollado un proceso a través del cual su producción es incesante y en una escala cada vez más alta. La unidad molecular se escinde en dos, se reproduce. MEMBRANA S U S T A N C I A S

Medio particular

P R

A Sustancia W

I

Sustancia P

M I G

Medio particular

B

E

Medio particular (Sustancias A, B y otras)

Sustancia X

Sustancia Z

N Sustancia Y

I A

STIC

Otras

Medio particular

S núcleo

SIC Medio particular

SPTIC


Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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MEMBRANA Medio particular S U S T A N C I A S

P R

Sustancia W

A

Medio particular P

P

I M I G

B

Medio particular (Sustancias A, B y otras)

Sustancia X

E

P

Sustancia Y

N

STIC

I A

Sustancia Z

Otras

S

Medio particular

P núcleo Medio particular

SPTIC

SIC

La sustancia que guarda la información y controla los procesos químicos de la unidad molecular, se encapsula en una membrana, (véase página 24), formando así un órgano específico, el núcleo. Este contiene el material genético, que guarda el reperMEMBRANA SUSTANCIA FOTO SENSIBLE

S U S T A N C I A S

P R

Sustancia W

A

Medio particular P

P

I M I G

B

Medio particular (Sustancias A, B y otras)

E

Sustancia Y

N

S

Sustancia Z´ P STIC

I A

Sustancia X

Otras

Medio particular

P núcleo Medio particular

SIC

SPTIC


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La evolución de la materia

torio de instrucciones en que se basan el desarrollo, funcionamiento y reproducción de la unidad molecular, y es la sede de la replicación y la transcripción (duplicación de la sustancia genética y síntesis de la sustancia transcriptora). El núcleo dirige toda la actividad molecular. La sustancia Z encapsula la sustancia P en orgánulos cuya función es ensamblar las sustancias protéicas a partir de la información que les llega del núcleo a través de la transcripción de los códigos genéticos. Esta sustancia lee el código que lleva la sustancia mensajera y ensambla las sustancias protéicas con las sustancias que le proporciona la sustancia de transferencia. La sustancia Z sintetiza una sustancia especial que captura la energía de una fuente externa, la transporta dentro de la unidad y la utiliza para acelerar la síntesis de algunas de las sustancias intermedias (W y X, por ejemplo). Al final, tenemos una unidad molecular cuyo contenido es la producción sistemática, constante y en cantidades crecientes de la sustancia Z’, la cual es la especie química que tiene concentradas en ella las propiedades más altas que la materia ha adquirido en su evolución; para alcanzar esto, la sustancia Z’ ha desarrollado una serie de procesos químicos, estructuras y órganos que permiten la absorción de determinadas sustancias del medio general, su transformación final en la misma sustancia Z’ y la integración con ésta de las estructuras y órganos específicos para reanudar el proceso de su producción y convertirlo en continuo. Así produce, entre otras cosas, una membrana, un núcleo que contiene una sustancia que almacena la información de todos los procesos químicos y que los controla y otra sustancia que asimila energía de una fuente exterior para acelerar las reacciones químicas internas. De la misma manera, desarrolla un proceso por el cual se duplica la sustancia que contiene la información y los códigos para el control de los procesos químicos y con base en esa duplicación se produce una nueva unidad molecular con las mismas características y la misma disposición funcional que la unidad primitiva; la unidad molecular se reproduce. Este proceso de asimilación, integración y desasimilación de materia y de reproducción de la unidad molecular que lo realiza y que tiene como resultado la producción de una sustancia específica, la sustancia Z’, es lo que se llama el proceso vital, la vida.


Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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La unidad molecular que tiene esta estructura y realiza tales funciones es la célula. La materia que integra esta unidad molecular es materia viva, materia orgánica. Es evidente que al final de todo el proceso de tránsito de la materia inorgánica a la materia orgánica, lo que resulta no es la misma sustancia Z que surgió de las primitivas combinaciones de W, X e Y, sino Z’, una sustancia superenriquecida con un cúmulo de capacidades y funciones químicas, orientadas todas a la producción de sí misma a partir de las sustancias primigenias del medio exterior. Las capacidades que ha adquirido la materia inorgánica en esta fase de su evolución de formar unidades moleculares individuales con una composición determinada de sustancias químicas que se dan una estructura específica (citoplasma, núcleo, nucleolo, membrana, etcétera), de integrar a su estructura esas sustancias mediante un proceso de asimilación y desasimilación, de crecer y desarrollarse por medio de este proceso y de producir réplicas de sí mismos, la convierten, en estas unidades, en materia orgánica, y a la actividad que desarrollan, en actividad vital. La materia ha pasado a la fase de existencia celular. La masa gaseosa que se separó con rapidez del Sol, debido a una catástrofe cósmica, proporcionó el material del cual se formó nuestro planeta. El carbono, en unión con otros elementos de la atmósfera solar, pasó a la masa gaseosa que estaba destinada a formar nuestra Tierra. El carbono se distingue entre todos los elementos químicos por su capacidad excepcional para formar asociaciones atómicas, y se encuentra invariablemente en todos los organismos vivos. Incluso a temperaturas análogas a las que hoy dominan en la superficie del Sol, sus átomos se unen en pares, y por el ulterior enfriamiento tienden a formar moléculas con gran número de átomos (tipo Cn). Por tanto, en el proceso de la formación de nuestro planeta desde la masa incandescente primitiva de gas, pesadas nubes de carbono deben haberse condensado con celeridad en gotas o incluso en partículas sólidas, ingresando en el núcleo primitivo de la Tierra, con aspecto de una lluvia o nieve carbónica. Entonces, el carbono se puso en contacto inmediato con los elementos de los metales pesados formadores del núcleo, principalmente con el hierro, que es un componente esencial del núcleo central de nuestro planeta.


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La evolución de la materia

Mezclado con los metales pesados, el carbono fue interviniendo en las reacciones químicas a medida que la Tierra se enfriaba, produciéndose carburos, que son los compuestos de carbono más estables a temperaturas elevadas. La corteza de rocas ígneas primarias que se formó luego se interpuso entre los carburos y la atmósfera de la Tierra. La atmósfera de aquellos tiempos difería de la actual en que no contenía oxígeno ni nitrógeno, estando, en cambio, llena de vapor acuoso supercalentado. La corteza situada entre los carburos y la atmósfera fue perdiendo resistencia ante los embates de las gigantescas olas de la masa fundida interior causadas por las fuerzas atractivas del Sol y de la Luna. La delgada capa de rocas ígneas debió romperse durante estas oleadas y, a través de las grietas formadas, la masa líquida fundida irrumpiría desde la profundidad, extendiéndose sobre la superficie de la Tierra. El vapor acuoso supercalentado de la atmósfera, al ponerse en contacto con los carburos, reaccionaría químicamente, dando lugar a la materia orgánica más sencilla: los hidrocarburos, los cuales a su vez originarían una gran variedad de derivados (alcoholes, aldehídos, cetonas, ácidos orgánicos, etcétera), como consecuencia de la oxidación por el oxígeno del agua. Al mismo tiempo, estos hidrocarburos reaccionarían también con el amoníaco, que apareció en este período sobre la superficie de la Tierra. Así se producirían las aminas, las amidas y otros derivados nitrogenados. Mientras tanto, nuestro planeta se enfriaba lo suficiente para permitir la condensación del vapor acuoso y la formación de la primera envoltura de agua caliente alrededor de la Tierra; agua que ya contenía, en solución, sustancias orgánicas, cuyas moléculas estaban construidas por carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Estas sustancias orgánicas estarían dotadas de una enorme potencialidad química y formarían parte de numerosas reacciones químicas, no sólo entre sí, sino también con los elementos del agua. Como consecuencia de esas. complejas reacciones se producirían compuestos orgánicos de complicada molécula, análogos a los que hoy día constituyen el organismo de animales y vegetales. Las proteínas, tan importantes desde el punto de vista biológico, han debido originarse así mediante dicho proceso. Al principio esas sustancias estarían presentes en el agua de los lagos y mares en forma de sistemas coloidales. Sus moléculas se hallarían dispersas y distribuidas de modo uniforme en el vehículo, inseparables por completo del medio dispersante. Entonces, al mezclarse las soluciones coloidales de diversas sustancias, se originarían formaciones especiales, los llamados coacervados o geles coloidales semilíquidos. Durante este proceso las sustancias orgánicas se


Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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concentrarían en sistemas especialmente definidos y separados del disolvente mediante una membrana más o menos marcada. Dentro de esos coacervados o geles, las partículas coloidales asumirían posiciones determinadas unas respecto de otras: es decir, comenzaría a aparecer en los coacervados una cierta estructura elemental. Cada gotilla coacervada adquiriría cierto grado de individualidad, y su ulterior destino quedaría determinado no sólo por las condiciones del medio externo, sino también por su propia estructura físico-química interna específica. Esta estructura interna de la gotilla determinaría su capacidad para alimentarse con mayor o menor rapidez, e incorporarse sustancias orgánicas disueltas en el agua circundante. Dicho fenómeno tendría por consecuencia el aumento de volumen de la gotilla, es decir, la adquisición del poder del crecimiento. La rapidez de este crecimiento dependería de la estructura físico-química interna de cada sistema coloidal y sería tanto mayor cuanto más adaptado estuviese el sistema para absorber y para transformar químicamente las moléculas absorbidas. Surgió así una situación particular que puede considerarse como una competencia en el crecimiento de los geles coacervados. Sin embargo, la estructura físico-química de los geles durante el crecimiento no permanecería inalterada, sino que tendería a cambiar constantemente debido a la adición de nuevas sustancias, a la interacción química, etcétera. Estas transformaciones podrían dar lugar a perfeccionamientos de la organización o, por el contrario, a la desintegración y pérdida de su estructura; en otras palabras, podrían producir la autodestrucción y disolución de las gotillas coacervadas. Para la continuación de la existencia y del desarrollo sólo tendrían importancia los cambios de la estructura coloidal que hicieran posible al gel absorber sustancias disueltas más rápidamente, facilitando su crecimiento, esto es, provocando las modificaciones de tipo progresivo. Se produciría así un proceso particular de selección en virtud del cual se originarían sistemas coloidales con una organización físico-química muy desarrollada, o sea, los organismos primarios más sencillos.1 Vida es la modalidad de existencia de los cuerpos albuminoides y esta modalidad de existencia consiste, sustancialmente, en el proceso de autorrenovación constante de los elementos químicos integrantes de esos cuerpos. Alexandr Ivánovich Oparin, El origen de la vida, traducción de Manuel Dávila, estudio preliminar de Horacio García Fernández, Editorial Océano de México, S. A. de C. V., México, D. F., 2004, pp. 153-156.

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La evolución de la materia

Cuando decimos cuerpos albuminoides, empleamos este término en el sentido de la química moderna, que engloba bajo el mismo todos los cuerpos de composición análoga a la albúmina normal y que suelen llamarse también sustancias proteicas… Donde quiera que nos encontremos con una manifestación de vida, ésta va unida a un cuerpo albuminoide, y viceversa, donde quiera que nos encontremos con un cuerpo albuminoide que no atraviese por un proceso de descomposición, unida a él irá siempre y necesariamente una manifestación de vida. No cabe duda que es indispensable la presencia de otras combinaciones químicas en un cuerpo vivo para provocar en aquella manifestación de vida una especial diferenciación; pero para la vida simple y escueta no hacen la menor falta, a menos que entren en forma de nutrición y se conviertan en albúmina. Los seres vivientes más inferiores que conocemos no son, en efecto, otra cosa que simples moléculas de albúmina y presentan ya todos los fenómenos esenciales de la vida. Pero ¿en qué consisten realmente estos fenómenos vitales que se dan por igual en todo ser vivo? Consisten, ante todo, en que el cuerpo albuminoide absorbe y se asimila otras materias adecuadas de su medio, mientras que otras partes más viejas del cuerpo se descomponen y eliminan. Otros cuerpos no vivientes se transforman, descomponen o combinan también en el transcurso de los procesos naturales; pero al hacerlo, dejan de ser lo que eran. Una roca desmoronada por el aire, no es ya tal roca; un metal oxidado se convierte en herrumbre. Pero lo que en los cuerpos muertos es causa de extinción, es en la albúmina la condición fundamental de existencia. A partir del momento en que esta transformación ininterrumpida de los elementos integrantes del cuerpo albuminoide, este intercambio permanente de asimilación y desasimilación cesa, a partir de este preciso momento el cuerpo albuminoide se extingue, se descompone, es decir, muere. La vida, la modalidad de existencia del cuerpo albuminoide, consiste, pues, ante todo, en ser al mismo tiempo el que es y otro; pero no por obra de un proceso al que se lo someta desde afuera como puede también ocurrir con los cuerpos muertos. Por el contrario, la vida, el intercambio de materias que se desarrolla por asimilación y desasimilación, es un proceso automático, inherente, innato a su portador, a la albúmina, y sin el que la vida no podría existir. De donde se deduce que si la química consiguieses algún día producir artificialmente albúmina, ésta tendría necesariamente que revelar fenómenos de vida, por débiles que fuesen. Claro está que es problemático que la química pudiese crear al mismo tiempo la sustancia adecuada para alimentar la albúmina.


Paso de la materia inorgánica a la materia orgánica  

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Del intercambio de materias realizado por la asimilación y desasimilación como función esencial de la albúmina, y de la plasticidad a ella inherente, se derivan todos los demás factores, sencillísimos, de la vida: la excitabilidad, que lleva ya encerrado el proceso de acciones y reacciones recíprocas entre la albúmina y su alimentación; la contractilidad, que se revela ya, en un grado más inferior, en la absorción de alimentos; la facultad de crecimiento, que en su grado más inferior entraña la procreación mediante el fraccionamiento; el movimiento interior, sin el cual no sería posible la absorción ni la asimilación de los alimentos.2

El reino vegetal y el reino animal Los organismos unicelulares se reproducen en gran escala en el caldo de cultivo del medio exterior. Se origina una división entre ellos: unos obtienen las sustancias inorgánicas del medio exterior y las transforman en sustancia orgánica y otros adquieren la capacidad de asimilar los primeros, por lo que integran a su ser la sustancia orgánica ya producida. Esta división es la base de la diferenciación entre el reino vegetal y el reino animal. Los organismos unicelulares tienen en su interior a su otro como su esencia. Ésta surge a la existencia. Tránsito a la organización pluricelular Las células individuales se unen para formar organismos que son primero una colonia y después constituyen estructuras diferenciadas con células especializadas en distintas funciones. Estos organismos pluricelulares reproducen en una escala mayor las mismas funciones que realizaban las células individuales, es decir, obtienen del medio exterior las sustancias necesarias, las transforman y las integran a su ser para su conservación, crecimiento y desarrollo, al tiempo que desechan los residuos de este proceso. Las células diferenciadas forman órganos que realizan una función determinada del proceso arriba señalado.

Federico Engels, AntiDüring, La subversión de la ciencia por el señor Eugen Düring, en Marx y Engels Obras Escogidas Editorial Ciencias del Hombre, Buenos Aires, Argentina, 1973, Tomo VI, pp. 69-70.

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Los individuos son ahora seres pluricelulares con órganos diferenciados que funcionan coordinadamente para la realización total del proceso vital, son plantas y animales. La evolución de los reinos vegetal y animal Las plantas, en interacción con los animales, prosiguen con el desarrollo de su capacidad fundamental de producir materia orgánica a partir de la materia inorgánica. Su evolución es en el sentido de perfeccionar los procesos mediante los cuales realiza sus funciones y en el de ampliar incesantemente la variedad de sustancias que asimilan del medio exterior y las distintas y más complejas sustancias que producen para integrar su ser. El punto más alto de este desenvolvimiento lo encontramos en la etapa que precede inmediatamente a la aparición de la especie humana sobre la faz de la tierra. Los animales evolucionan y adquieren órganos y sistemas cada vez más complejos para tomar las materias del mundo exterior e incorporarlas a su organismo. En un proceso que se extiende a lo largo de millones y millones de años, desarrollan órganos y funciones útiles para la percepción del mundo exterior, tales como el oído, la vista, el tacto, el olfato y el gusto; igualmente, los sistemas y los órganos correspondientes para tomar las sustancias del mundo exterior, llevarlas al interior del organismo, digerirlas (ponerlas en estado de ser integradas a su constitución orgánica), asimilar esas sustancias transformadas (es decir integrarlas al organismo) y eliminar los desechos de estos procesos; es así como forman un sistema prensil (garras, fauces), un aparato digestivo, un aparato excretor, un sistema respiratorio que tiene como órgano fundamental los pulmones y un sistema circulatorio formado por las venas, las arterias y el corazón; también, los animales desarrollan un sistema óseo y muscular que les permite desplazarse libremente por el medio exterior, con lo que amplían inconmensurablemente su campo de acción para obtener los elementos necesarios para vivir; además, se proveen de un aparato reproductor altamente perfeccionado. Enumerado en último término, pero de importancia primordial, los animales adquieren un sistema nervioso, formado por los nervios, la médula espinal, el bulbo raquídeo, el cerebelo y el


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cerebro, que es el encargado de coordinar todas las complejas funciones de sus perfeccionados órganos. Los animales se reúnen en diversas formas de asociación, con una clara tendencia, en las especies superiores, a la colectivización de muchas actividades, como la caza, la defensa, etcétera. Las especies animales se escinden en dos grupos fundamentales: (1) aquellas que se especializan en alimentarse de vegetales y que son los que realizan la primera asimilación de la materia orgánica directamente de sus productores y (2) los que se alimentan de los miembros del primer grupo y que, por tanto, toman la materia orgánica ya en un grado de elaboración más alto, dotada de un gran valor proteínico. En el punto superior del desenvolvimiento de las especies vegetales y animales, nos encontramos con un sistema, integrado por partes interactuantes, producido por la misma materia inorgánica en su proceso evolutivo, el cual tiene como eje central un enorme organismo, de cobertura global, cuyo movimiento consiste en la absorción de cantidades ingentes de materia inorgánica y de energía provenientes de múltiples fuentes, su transformación e incorporación a dicho organismo y la expulsión al medio general de los desechos de este proceso; de esta suerte, su ser se conserva como tal y se desarrolla ascendentemente. Este organismo tiene su negación en sí mismo y su evolución consiste en hacer aparecer su esencia en la existencia. El mecanismo de la evolución de las especies que hasta aquí hemos esbozado es el que describe Darwin en el Capítulo II de la parte primera del tomo I de su obra El origen de las especies por la selección natural. Si se parte de un punto determinado del desarrollo de las especies, en la descendencia de las mismas se presenta una enorme cantidad de variedades individuales, de las cuales, por medio de la selección natural, algunas de ellas se conservan y son transmitidas a las generaciones posteriores; en estas nuevas generaciones, la diferencia individual es reforzada, desarrollada y transferida a las generaciones que siguen, y así sucesivamente, hasta que se constituye una variedad proveniente de la especie madre; en la nueva generación de la variedad se acentúa la variación originaria, la cual tiene un desarrollo hasta el punto en que se constituye un organismo distinto por completo


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de los que forman la especie madre de la cual procede. Esta nueva especie sigue el mismo proceso señalado. Este mismo fenómeno se encuentra en el origen mismo de la vida: las condiciones físico-químicas del planeta provocaban una enorme variedad de reacciones químicas, de las cuales algunas se consolidaron hasta formar las primeras agrupaciones de materia orgánica y los primeros organismos unicelulares; luego, las variaciones entre estos organismos dieron lugar a variedades cada vez más complejas hasta llegar a formar las primeras especies de plantas y animales unicelulares, posteriormente especies de organismos pluricelulares, y así sucesivamente. De esta suerte, las especies que existen en la actualidad son el resultado del desarrollo de especies que existieron en tiempos inmemoriales.


TRANSFORMACIóN DE LA MATERIA ORGáNICA EN MATERIA PENSANTE

La fase superior de la evolución de las especies. El surgimiento de la especie humana De las especies animales superiores se destaca una que, al reunir en sí todos los progresos de la evolución previa (véase parágrafo anterior), da un salto adelante en sus características específicas. En los primeros tiempos de su evolución era una especie frugívora, es decir, que obtenía su principal alimento directamente del reino vegetal; en ella habían llegado al punto más alto de su desarrollo las especies animales que integraban la materia orgánica constitutiva suya mediante la asimilación de la materia orgánica que les proporcionaban las plantas; de ellas obtenían los glúcidos y los lípidos, de los que, una vez descompuestos en su sistema digestivo, producían sustancias proteínicas que eran absorbidas por su organismo. En un avance cualitativo en su desarrollo, esta especie se convierte en omnívora e incluye en su dieta la carne; de esta manera, adquiere la capacidad de descomponer las sustancias proteínicas que le proporcionan los animales de las especies inferiores y convertirlas en proteína de una calidad superior, que enriquece la albúmina de todas las células del organismo, y las hace aptas para las nuevas funciones que se han gestado y que son ya las características de la especie humana. En particular, propicia el crecimiento y perfeccionamiento del sistema nervioso, principalmente del cerebro. Pero, en realidad, todo lo anterior no entra aún en la categoría trabajo. El trabajo comienza con la elaboración de herramientas. ¿Y 35


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cuáles son las primeras herramientas que se conocen, juzgando a base de los vestigios del hombre prehistórico que se han encontrado y teniendo en cuenta tanto el régimen de vida de los pueblos históricos más remotos como el de los salvajes más rezagados de nuestros propios días? Son las herramientas empleadas en la caza y en la pesca, las primeras de las cuales representan, además, armas. Pues bien, la caza y la pesca presuponen ya el paso de la alimentación puramente vegetal a un régimen alimenticio en el que entra ya la carne, lo que constituye, a su vez, un paso muy importante hacia la aparición del hombre. Este tipo de alimentación suministraba ya en forma casi completa las materias más esenciales que el organismo necesita para su metabolismo; abreviaba, con la digestión, el lapso de tiempo de los demás procesos vegetativos del cuerpo correspondientes a la vida vegetal, con lo que ganaba tiempo y sustancia y experimentaba mayor goce en las manifestaciones de la vida puramente animal. A medida que el hombre en formación iba alejándose de la planta se remontaba también más y más sobre el animal. Así como la habituación al alimento vegetal combinado con la carne convierte a los gatos y perros salvajes en servidores del hombre, la adaptación al régimen alimenticio a base de carne, combinado con la alimentación vegetal, contribuyó esencialmente a elevar la fuerza física y la independencia del futuro hombre. Pero en lo que más influyó el régimen carnívoro fue en el desarrollo del cerebro, que ahora contaba con las sustancias nutricias necesarias en abundancia, mucho mayor que antes, razón por la cual pudo desarrollarse, a partir de ahora, mucho más rápidamente y de un modo más perfecto, de generación en generación... El empleo de la carne para la alimentación trajo consigo dos nuevos progresos de una importancia decisiva: la utilización del fuego y la domesticación de los animales. La primera acortó todavía más el proceso de la digestión, al ingerirse los alimentos ya digeridos a medios por decirlo así; la segunda hizo más rica la alimentación carnívora, al proporcionar, además de la caza, una nueva fuente de suministro más regular, suministrando además, con la leche y los productos derivados de ella, un nuevo medio alimenticio de valor igual al de la carne, por lo menos, en cuanto a su combinación de sustancias. Uno y otro paso fueron, por tanto, directamente, nuevos medios de emancipación para el hombre...3

3 Federico Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, en Federico Engels, “Dialéctica de la Naturaleza”, Editorial Grijalbo, S. A., traducción directa del alemán de Wenceslao Roces, México, 1982, pp. 147-148


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Dotados ya los integrantes de esta especie superior de capacidades, facultades, órganos, sistemas y estructuras complejos y perfeccionados, empiezan a captar, en su relación con el mundo exterior, la generalidad de los objetos, las regularidades de la naturaleza sobre la que actúan, a conservar todo esto en su sistema nervioso como reflejo de la realidad exterior, a utilizar esas imágenes como guía para la acción práctica, a emplear una parte específica de su cuerpo como instrumento fundamental para la obtención de sus alimentos y otros materiales necesarios para su subsistencia y a articular los sonidos provenientes de su garganta para designar los objetos exteriores. En este proceso consolidan su organización colectiva hasta extenderla a todas sus actividades. En el punto más alto de esta evolución, encontramos a la especie humana con su conformación biológica completa. Ha adquirido la posición erguida y sus extremidades superiores se convierten en los principales instrumentos para su actividad práctica. El cerebro ha perfeccionado sus funciones hasta llegar al punto en que produce conceptos de la realidad exterior. Ha surgido el pensamiento. La articulación de sonidos vocales es ahora la expresión de un concepto. Se ha desarrollado el lenguaje, la forma material del pensamiento. La actividad práctica es la acción sobre el mundo exterior mediada por la conceptualización del mismo. El pensamiento es un instrumento para la acción del hombre sobre la naturaleza. Ha surgido el trabajo. Mediante la colectivización, todas las capacidades individuales adquieren una naturaleza social. Las capacidades individuales son directamente colectivas: su corporeidad, su actividad práctica, su pensamiento, su lenguaje, etcétera. Se forma una conciencia social que comprende un cúmulo de conocimientos sobre los objetos y las regularidades de la naturaleza. Las primeras formas de la actividad práctica humana son la caza, la pesca y la recolección.


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De ahí se eleva hacia las formas más altas de la ganadería, la agricultura y los oficios. La esencia natural de la especie humana es el trabajo que despliega dentro de una forma de organización colectiva, la comunidad primitiva. (Ver, para una exposición completa de lo que conforme al marxismo es la “esencia natural de la especie humana”:4 Partiendo de masas nebulosas incandescentes y que giran en torbellino —las leyes de cuyo movimiento tal vez se descubran ahora, una vez que las observaciones acumuladas a lo largo de varios siglos nos suministren claridad acerca del movimiento propio de los astros— se formaron por condensación y enfriamiento los innumerables soles y sistemas solares de nuestra isla cósmica, enmarcados por los anillos más lejanos de estrellas de la Vía Láctea. Todo parece indicar que esta evolución no se operó en todas partes con la misma rapidez. La existencia de cuerpos oscuros, no puramente planetarios, es decir, de soles apagados dentro de nuestro sistema solar, va imponiéndose cada vez más en la astronomía (Mädler); y, de otra parte, de nuestro sistema sideral forman parte integrante (según Secchi) manchas nebulosas gaseiformes, que representan una serie de soles aún no plasmados, sin que esté excluida la posibilidad de que otras nebulosas, según sostiene Mädler, sean otras tantas remotas islas cósmicas independientes, cuyo grado relativo de desarrollo habrá de revelar el espectroscopio. Laplace ha demostrado, de un modo no superado hasta ahora, cómo de una masa nebulosa ha llegado a desarrollarse un sistema solar; después de él, la ciencia no ha hecho más que confirmar sus conclusiones. En los distintos cuerpos así formados —soles, planetas y satélites— rige en un principio la forma de movimiento de la materia a que damos el nombre de calor. Con una temperatura como la que todavía hoy tiene el Sol no puede hablarse de la posibilidad de combinaciones químicas entre los elementos; hasta qué punto el calor se trueque, aquí, en electricidad o en magnetismo lo dirán las sistemáticas observaciones solares; lo que ya desde ahora puede asegurarse es que los movimientos mecánicos efectuados en el Sol brotan exclusivamente del conflicto entre el calor y la gravedad. Gabriel Robledo Esparza, Capitalismo moderno y revolución, tomo I, Segunda parte, Capítulo III Biblioteca Marxista, Sísifo Ediciones, cesc, México, 2007. 4


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Los distintos cuerpos se enfrían más rápidamente cuanto más pequeños son. Los primeros en enfriarse son los satélites, los asteroides y los meteoros, y así, vemos que nuestra luna hace ya mucho tiempo que está extinguida. Más lentamente se enfrían los planetas, y el enfriamiento más lento de todos es el del cuerpo central. Con el progresivo enfriamiento, va pasando cada vez más a primer plano la acción mutua de las formas físicas de movimiento que se truecan las unas en las otras, hasta llegar, por fin, a un punto a partir del cual comienza a abrirse paso la afinidad química y en el que los elementos químicos hasta ahora indiferentes van diferenciándose químicamente unos tras otros, adquieren propiedades químicas y se combinan entre sí. Estas combinaciones varían constantemente con el descenso de la temperatura, que influye de distinto modo no sólo en cada elemento, sino en cada combinación determinada de elementos, con la transición, al enfriarse, de una parte de la materia gaseiforme al estado líquido, primero, y luego al estado sólido, y con las nuevas condiciones así creadas. El período durante el cual el planeta se halla cubierto en su superficie por una corteza sólida y por acumulaciones de agua coincide con aquel en que su calor propio va cediendo cada vez más al calor que sobre él irradia el cuerpo central. Su atmósfera pasa a ser escenario de fenómenos meteorológicos, en el sentido que hoy damos a esta palabra y su superficie se convierte en palestra de cambios geológicos entre los que las estratificaciones provocadas por precipitaciones atmosféricas van predominando cada vez más sobre los resultados exteriores del núcleo interior fluido y candente, que va debilitándose poco a poco. Cuando, por último, la temperatura se equilibra hasta el punto de que, por lo menos en una parte considerable de la superficie, no rebasa ya los límites en que puede vivir la albúmina, se forma, siempre y cuando que se den las demás premisas químicas favorables, el protoplasma vivo. Aún no sabemos cuáles son estas condiciones previas, lo que no debe sorprendernos, ya que ni conocemos, hasta ahora, la fórmula química de la albúmina, ni siquiera sabemos cuántos cuerpos albuminoides de diferente composición química existen, y sólo hace aproximadamente diez años que nos es conocido el hecho de que todas las funciones esenciales de la vida, la digestión, las secreciones, el movimiento, la contracción, la reacción a los estímulos y la procreación, se deben precisamente a la albúmina carente de estructura. Hubieron de pasar probablemente miles de años antes de que se presentaran las condiciones en que, dándose el siguiente paso de avance, pudo esta albúmina informe crear la primera célula, me-


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diante la formación del núcleo y la membrana. Pero al aparecer la primera célula, se sentó, al mismo tiempo, la base para la formación de todo el mundo orgánico; primeramente, se desarrollaron, según podemos conjeturar a base de toda la analogía del archivo paleontológico, innumerables especies de protistas acelulares y celulares, de las que sólo ha llegado a nosotros el Eozoon Canadense, partiendo de las cuales algunas se diferenciaron gradualmente para formar las primeras plantas y otras para dar vida a los primeros animales. Y, partiendo de los animales primarios, se desarrollaron, principalmente por un proceso de ulterior diferenciación, las innumerables clases, órdenes, familias, géneros y especies animales y, por último, la forma en que el sistema nervioso alcanza su grado más alto de desarrollo, la de los animales vertebrados y, entre éstos, finalmente, el animal vertebrado en el que la naturaleza cobra conciencia de sí misma: el hombre”.5

Desarrollo histórico del trabajo y de sus condiciones de existencia

Las características esenciales de la naturaleza humana se consolidaron dentro de la comunidad primitiva. En ella cada individuo actúa como órgano de una entidad superior, la colectividad; su fuerza de trabajo está subsumida en una fuerza de trabajo colectiva; la producción y reproducción de su vida son funciones sociales. La esencia natural de la especie humana se forjó, como vemos, a través de la organización colectiva de la sociedad; es por eso que la vida colectiva constituye también una característica imprescindible de la esencia natural del hombre. En todo el período señalado, la esencia natural del individuo y la de la especie se desenvuelven y perfeccionan en un movimiento armónico de mutuo engendramiento. La esencia natural del ser humano, el trabajo, es la forma superior en que la materia inorgánica se transforma a si misma en materia orgánica. La especie humana, utiliza todas las capacidades que ha adquirido y, mediante la representación mental del mundo exteFederico Engels, Dialéctica de la Naturaleza, Editorial Grijalbo, S. A., traducción directa del alemán de Wenceslao Roces, México, 1982, pp. 13-15.

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rior, fabrica instrumentos con los medios que la naturaleza le brinda y hace producir a las especies inferiores (vegetales y animales) los elementos para la integración de su organismo, es decir, hace producir a las plantas diversas sustancias y la materia orgánica que después asimila directamente o las proporciona a los animales herbívoros que ella misma reproduce, quienes la transforman y le dan un valor proteínico más alto, y de ellos las toma para constituir y reconstituir su propio ser.


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a evolución ascendente de la esencia natural del individuo y de la especie llega a un punto en el que da como resultado (en virtud del incremento de la productividad) la disolución de la tribu en familias (gens): • se inicia así la anulación de las condiciones colectivas de vida, elementos integrantes de la esencia natural del ser humano; • igualmente, comienza el desarrollo autónomo de las capacidades y de los instrumentos individuales, desgajados éstos de su base social colectiva e incluso opuestos a ella; • empieza, como consecuencia de lo anterior, un proceso de anulación y degeneración de todos los elementos y condiciones de la esencia natural humana; • la conciencia social se convierte en una sustancia con vida propia que reclama el papel preponderante como demiurgo de la realidad; es, ahora, un elemento del proceso de anulación y degeneración de la esencia natural humana.

La naturaleza esencial de la comunidad primitiva, primera organización social de la especie humana, es decir, el proceso específico de asimilación de la materia exterior en la fase más alta de la evolución de la materia inorgánica hacia la materia orgánica, es convertida en su contrario, en un movimiento por el cual la manifestación más encumbrada de aquella transformación, la especie humana, es llevada a una situación de anulación y degeneración de sus características naturales, aquellas que hasta ahí le permitieron ser el vehículo para la realización de aquel proceso característico y que en su forma desvirtuada se han convertido en un insalvable obstáculo para el mismo. 42


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Este movimiento remata en la constitución de una sociedad de pequeños productores, antecedente inmediato de la sociedad capitalista. En la sociedad capitalista las capacidades e instrumentos individuales, producto de toda la época anterior, se incorporan a la máquina; se multiplican y profundizan las fuerzas naturales que forman el campo de acción de la fuerza de trabajo. (Ver El Capital, de Carlos Marx t. I, Capítulo XIII, Maquinaria y gran industria). La esencia natural del ser humano en la sociedad capitalista Al iniciarse el proceso de disolución de la esencia natural del ser humano se sientan las premisas para el desarrollo autónomo de los individuos, la atrofia o hipertrofia, de acuerdo con el desarrollo individual, de las capacidades físicas y mentales del ser humano individual, la adscripción de cada una de las facultades físicas y mentales a individuos distintos con la consiguiente anulación de todas las demás, la atrofia e hipertrofia de los procesos orgánicos y fisiológicos, la descomposición de la unidad armónica entre los distintos procesos y funciones, la degeneración de los órganos fundamentales, la descomposición de toda la estructura orgánica del ser humano individual y, en suma, la degeneración y descomposición de la naturaleza biológica del ser humano. El régimen de pequeños productores dueños de sus propios medios e instrumentos de producción constituye, tal y como lo llevamos explicado, el remate de la primera fase de un proceso de degeneración y descomposición de la esencia natural humana que tiene su culminación en la sociedad capitalista; es, por tanto, un régimen antinatural y no-humano. En él se lleva hasta sus últimas consecuencias el desarrollo de las capacidades individuales y, por tanto, de los instrumentos individuales. Por ello se produce ahí el proceso que hemos expuesto de degeneración y descomposición de la naturaleza biológica del hombre. A partir de la pequeña producción de mercancías se engendra el régimen de producción capitalista.


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Los métodos de producción de plusvalía relativa son el medio por el cual se realiza la supeditación real del obrero al capital. La supeditación real del obrero se lleva a cabo por el paso de sus capacidades físicas y mentales individuales (altamente perfeccionadas en la etapa anterior) de su corporeidad física hacia el capital. El método superior de producción de plusvalía relativa es la producción maquinizada; en la máquina se concentran todas las capacidades físicas y mentales que le han sido sustraídas al obrero. Los elementos de su antigua esencia se han materializado en la máquina; la industria es la suma total de los elementos de la esencia natural de la especie humana, por ahora ajenos a ella. A través de la maquinización de la producción se consuman el proceso de anulación de la naturaleza biológica del ser humano, integrante de su esencia natural: • las capacidades físicas y mentales, que sufrieron un proceso de degeneración durante todo el período de la propiedad privada anterior al capitalismo, pasan del obrero a la máquina, mientras que en el individuo subsiste una capacidad abstracta, sin contenido, que se reduce a cuidar, alimentar, etcétera, a la máquina que ahora reúne todas aquellas capacidades concretas. Se arruinan definitivamente, en el individuo, todas las capacidades físicas y mentales antiguas integrantes de la esencia natural-humana; • los procesos orgánicos fisiológicos, que se encuentran ya en una fase adelantada de su degeneración, son privados también de contenido y se orientan hacia el servicio de la máquina, por lo que están sujetos al funcionamiento de la misma y convertidos en sus apéndices; con esto se da cima al proceso de desintegración de la primitiva unidad de los mecanismos biológicos del trabajador y se provoca la anulación de unos y la exaltación desmedida de otros, de acuerdo con las necesidades de la máquina correspondiente; se pierde por completo la medida original de los procesos orgánicos; • como consecuencia de lo anterior, se llega al punto superior en el proceso de degeneración y descomposición de los órganos y de la estructura orgánica de los trabajadores;


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La anulación de la naturaleza biológica del ser humano, llevada a sus últimas consecuencias por el régimen de producción capitalista, significa que el elemento primordial de la fase más alta de la transformación de la materia inorgánica en orgánica, la especie humana, ha dejado de desempeñar el papel que en la integración del organismo total de la naturaleza le correspondía y que ahora es un factor de desintegración del mismo. Pero el capitalismo no sólo lleva a la ruina la naturaleza esencial de la especie humana, sino que, en su afán de acumulación desmedida, sobreexplota a las especies animales inferiores y a las especies vegetales, por lo que devasta el equilibrio ecológico de la naturaleza y amenaza con la extinción de aquellas. Lo que caracteriza el paso de la animalidad a lo humano es precisamente la erección del hombre como especie que produce, es decir, que transforma la naturaleza concientemente con el fin de obtener los medios de vida necesarios; y un primer paso en esta apropiación de la naturaleza es el sometimiento al cultivo de las plantas y animales que se encuentran en un estado natural a su alrededor; es, en realidad, un primer acto de selección, cuyo contenido lo determinan una serie de circunstancias más o menos fortuitas o más o menos necesarias (como el hecho, vgr., de que algunas especies vegetales y animales hayan formado una unidad simbiótica con los ancestros del hombre, etcétera). El resultado principal de este primer acto de selección es la domesticación de determinadas especies vegetales y animales que así inician una nueva vida bajo el dominio del hombre, en donde la variación y la selección actúan conforme a las leyes descubiertas por Darwin. (Ver, Charles Darwin, El origen de las especies por la selección natural, t. I, Parte Primera, Capítulo primero). En el régimen capitalista, la explotación de las especies vegetales y animales sujetas a cultivo sufre un cambio sustancial. En épocas anteriores del desarrollo de la sociedad, el hombre sólo recibía el material que la naturaleza le daba ya hecho merced a la variación, y seleccionaba las características que se acomodaban a un fin utilitario determinado para desarrollarlas y acrecentarlas en las generaciones posteriores; en realidad, el hombre jugaba un papel relativamente pasivo, pues debía esperar a que la naturaleza produjese tal o cual variedad para luego apropiársela; sólo en una medida muy pequeña se provocaba la variación por medio de cruces, injertos, etcétera; pero este ritmo


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lento de perfeccionamiento de las especies chocó con las necesidades del régimen capitalista, el cual se basa, como sabemos, en una ineluctable necesidad de aumentar la productividad hasta niveles inconmensurables; era necesario que las especies sujetas a cultura se reprodujeran más rápidamente, que aumentaran las características útiles para las necesidades humanas, etcétera; de ahí entonces que el capital se viera obligado a tomar en sus manos lo que anteriormente la naturaleza realizaba a un ritmo lento y pausado: la generación de variaciones. De esta suerte, se desarrolla toda una ciencia, la genética, dedicada exclusivamente a investigar los medios a través de los cuales es posible aumentar el ritmo y la cantidad de las variaciones de las especies para que haya así un material más rico para la selección y se puedan crear, por tanto, variedades más productivas para el capital. No se puede ocultar la verdadera revolución que el capital provoca en la evolución de las especies sujetas a cultivo: a) en primer lugar, somete su estructura genética a un proceso de desgaste acelerado en virtud de las innumerables manipulaciones artificiales de que es objeto para incrementar su variabilidad a través de cruces, injertos, experimentos genéticos, alteraciones cromosomáticas, etcétera; la capacidad natural de variación de las especies —que normalmente comprende también las situaciones anómalas que la alteren en uno u otro sentido—, es sobrepasada en una medida enorme por el estado febril de cambio constante a que lo somete el capital; b) como de suyo se comprende, esto provoca una descomposición de la estructura genética de las especies que, llevada al extremo, podría ocasionar la degeneración y extinción de las mismas; c) las alteraciones genéticas se traducen en alteraciones químico-somáticas de las especies, lo que, en el caso de los alimentos, reobra sobre la estructura químico-fisiológica del hombre, alterándola. El capital, también, somete a las especies de que se apropia en su estado natural mediante la caza y la pesca a un proceso de sobreexplotación que amenaza constantemente con su extinción.


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En resumen, el capital, además de lo que directamente hace a la especie humana, agota la tierra, contamina la naturaleza, extingue las especies en estado natural, provoca la degeneración de las especies sujetas a cultivo y amenaza con su extinción; todo esto reobra sobre la especie humana, pues se acelera el proceso de degeneración a que se encuentra sujeta directamente por el capital. El capital, que no sabe desarrollarse sino mediante la devastación del hombre y la naturaleza, crea inconscientemente las premisas para que la especie humana, una vez recobrado su ser natural, pueda producir directamente, del mundo inorgánico, los alimentos y las materias primas que ahora obtiene de las especies sujetas a cultivo. La actividad realizada por el obrero se materializa en trabajo abstracto que, al cobrar vida propia, se acumula como capital que incrementa el cuerpo vivo que ahora son las antiguas capacidades del trabajador. El capital sólo vive a costa de absorber el trabajo abstracto del obrero; de ahí entonces que esta actividad, antinatural en esencia, engendre los elementos y las condiciones para su mantenimiento y desarrollo como tal actividad anulatoria de la esencia natural humana; hay una relación de generación recíproca entre ambos extremos de la contradicción cuyo resultado es un ahondamiento de la degeneración y descomposición de la naturaleza esencial del hombre. El capital, en virtud del hambre insaciable de trabajo obrero que posee, absorbe cantidades cada vez mayores de trabajo abstracto. El resultado de esto es el refuerzo inconmensurable de la relación estudiada y una intensificación y aceleración del proceso degenerativo que ya hemos apuntado. El obrero asimila los objetos y las condiciones que garantizan su reproducción como ser vivo (alimentos, salud, habitación, etcétera). Esta acción tiene como resultado la conservación del obrero en aptitud para seguir la actividad productiva antinatural que hemos descrito; por tanto, tal asimilación es la condición para mantener y ahondar la descomposición de la estructura y las funciones orgánicas del individuo, es decir, la anulación de su esencia natural humana. En el caso de que el obrero no reciba los objetos ni las condiciones necesarias para la reposición diaria de su naturaleza dege-


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nerada y en degeneración, habrá un desgaste mayor de la fuerza de trabajo, lo que se traducirá en hambre, enfermedades, etcétera; fenómenos que, además de sus efectos directos sobre la salud inmediata de los trabajadores, proporcionan un fuerte impulso a la degeneración y descomposición del organismo humano. Cuando, en las sociedades industriales avanzadas, el consumo masivo toma carta de naturaleza, los órganos, funciones y procesos orgánicos de la asimilación trabajan mucho más allá de los límites fisiológicos que les impone la naturaleza biológica esencial del hombre. Se refuerzan la degeneración y descomposición del organismo humano. La unión del individuo con los medios de producción a través de la colectividad y el trabajo colectivo son elementos fundamentales de la esencia natural del hombre. El obrero está separado de los medios de producción y de vida y de los demás trabajadores. Esta separación es el resultado de toda una evolución histórica que se inicia en la época de la disolución de la comunidad primitiva y remata en el régimen de producción capitalista; representa la anulación de una condición fundamental para la reproducción y desenvolvimiento de la esencia natural del hombre, por lo que trae consigo la conversión del trabajo en la actividad antinatural ya estudiada y la degeneración biológica del individuo y de la especie. Dada esa separación, el trabajador, para poder conservar su existencia física, es decir, la vida antinatural a que es condenado por el capital, se ve obligado a buscar, lograr y mantener cotidianamente, en forma individual, la reunión con los elementos que se le han hecho ajenos, mediante la realización para el capital, en cooperación forzada con otros trabajadores, de la actividad antinatural que es la negación del trabajo humano. Genera, de este modo, una enorme tensión psíquico-física encaminada hacia la obtención de los capitalistas, bajo esta base antinatural, de los elementos para la reconstitución de su naturaleza biológica en degeneración (alimentos, salud, habitación, etcétera). La satisfacción de las necesidades elementales no es ya una función social, colectiva. Los capitalistas ejercen, a su vez, una presión (violencia) psíquico-física desmesurada sobre el trabajador individual para obligarlo a realizar la actividad antinatural del trabajo enajenado en cooperación con otros trabajadores.


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Esta sobre tensión y presión psíquico-física a que se ve sometido el trabajador individual colabora también, en virtud de que hace funcionar todos los procesos orgánicos más allá de sus límites naturales y fuera de su destino natural, a la descomposición de la estructura y las funciones orgánicas de los individuos y de la especie; se anula asimismo desde este frente la esencia natural del hombre. El individuo es separado también de las condiciones de su reproducción biológica; la sexualidad se convierte de una manifestación de su naturaleza humana en un poderoso medio para su anulación. La conversión de la necesidad sexual humana al principio del placer trastoca todos los mecanismos sexuales de la reproducción, a los cuales transforma en vehículos de la degeneración de la esencia biológica del hombre. Los trabajadores son determinados como individuos por el régimen de producción capitalista; cada uno de ellos es un centro de multitud de intereses concretos cuya satisfacción exige un impulso a la acción que choca con obstáculos internos y externos. Todo el proceso psíquico-físico de la vida individual tiene por base una relación desnaturalizada (no colectiva) del individuo con los demás individuos y con los medios e instrumentos de producción e implica, por tanto, un desgaste desmedido de los órganos y procesos vitales que se traduce en la descomposición acelerada de sus cuerpos y sus mentes. Pero, además, es opuesta a la forma de trabajo abstracto que es inherente al régimen capitalista, por la cual el obrero se limita a vigilar el funcionamiento de la máquina que es la que realiza el trabajo concreto de que se trata. Por tanto, existe una absoluta contraposición entre la constitución psíquico-física individual de que ha dotado al obrero el régimen capitalista y la forma de trabajo abstracto que este mismo le exige, de tal manera que se requiere de una enorme violencia física y moral para unir la individualidad concreta del obrero a la abstracción de la forma de trabajo capitalista, las cuales se repelen drásticamente; esa contraposición lleva a los mismos resultados que ya hemos señalado: desgaste y descomposición de los órganos y procesos orgánicos de los trabajadores. Esta oposición que señalamos nos muestra dos cosas: a) en el régimen capitalista se ha alcanzado la absoluta contradicción de la propiedad privada, esto es, el obrero como el propietario de sí mismo (individuo, persona) y la completa


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desindividualización y despersonalización del trabajo capitalista; el revisionismo saca de aquí la peregrina conclusión de que por un lado es necesario reducir al individuo a límites “normales”, “racionales” y, por el otro, ajustar los medios e instrumentos de producción, altamente socializado, a ese individuo “normal” y “racional” mediante la “autogestión”, la “propiedad por grupos” y la dotación de un contenido individual para el trabajo capitalista; b) la maquinización y la socialización de la producción han puesto la base para la constitución de un instrumento colectivo que es la forma más alta que adoptan las capacidades de la especie; esta forma excluye drásticamente al individuo y la vida individual determinados por la propiedad privada en su fase superior de existencia que es el régimen capitalista y presupone precisamente la previa anulación de la individualidad. La individuación y desindividualización que el régimen capitalista produce necesariamente en el trabajador lo somete a un estrujamiento entre ambos extremos que se traduce en la aceleración del proceso de aniquilación de sus características naturales-humanas. La maquinización y socialización de la producción y la desindividualización del trabajo que ellas implican, son los gérmenes, aún gravados de su contrario —la parcelización de las fuerzas productivas en propiedades privadas independientes y la individualización de los trabajadores— de la forma superior que en el comunismo adquieren ambas: una colectivización total de los medios e instrumentos de producción y del individuo trabajador. El régimen capitalista supone y engendra una pequeña producción complementaria de la gran producción; su fundamento lo es el pequeño productor, categoría en la que englobamos tanto a los pequeños productores de mercancías propiamente dichos como a los intelectuales, artistas, etcétera, quienes son poseedores de medios de producción tales como su “inteligencia”, su “sensibilidad”, etcétera. La actividad que realiza el pequeño productor es antinatural (la negación del trabajo humano constituyente de la esencia natural del hombre):


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1º. porque está desgajada de la vida y de la organización colectivas de la comunidad, soporte del trabajo humano y de la esencia biológica del individuo y 2º. porque las antiguas capacidades físicas y psíquicas tienen ahora un desarrollo autónomo, individual, desmesurado, es decir que sale de los límites estrictos fijados por las bases biológica y social del trabajo. En vista de tales circunstancias, la actividad productiva del pequeño productor provoca directamente la degeneración y descomposición del organismo del individuo. El capitalista, a través de la absorción de fuerza de trabajo de la clase obrera, su acumulación como capital y su empleo como medio para absorber trabajo vivo produce directamente la anulación del trabajo humano y la degeneración y descomposición de las características biológicas de la especie y conserva y refuerza la forma de vida y organización social privada, capitalista, que es el fundamento de aquellas anulación, degeneración y descomposición mencionadas.


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a industria moderna está formada por las antiguas capacidades físicas y mentales del ser humano que, en un movimiento histórico, han llegado a independizarse del individuo, a concentrarse y a materializarse en un cuerpo vivo propiedad de los capitalistas; éste se nutre con el trabajo absorbido a la clase de los trabajadores. El aparato industrial es el vehículo para la deshumanización del hombre moderno, es decir, que su existencia y expansión tienen como fundamento y resultado la consumación del proceso de anulación de la naturaleza esencial del ser humano. Pero al mismo tiempo, puesto que son sus propias capacidades naturales, sólo que transfiguradas y ahora ajenas a él, la industria moderna representa las fuerzas esenciales del hombre, las cuales debe reapropiarse para poder así restaurar, sobre una base más alta, su esencia natural humana. La industria moderna representa, por un lado, la negación de la especie humana como el punto más alto del desarrollo de la materia inorgánica hacia la orgánica; pero, por otro, constituye el instrumento de la transformación universal de la naturaleza por la especie y anuncia el advenimiento de una forma superior de integrar la materia exterior al organismo, en la que las capacidades humanas maquinizadas y socializadas serán reapropiadas por el hombre, que habrá restaurado su naturaleza biológica colectiva. El engendramiento recíproco entre los dos procesos señalados (el desarrollo de la industria y la deshumanización del hombre) llega al punto en el cual la tensión entre ambos extremos es tal que sólo puede resolverse con la restauración de la unidad primitiva.

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La depauperación creciente se acerca con peligro a una degeneración total e irreversible de la especie humana y esa situación amenazante tiene su origen en el desarrollo incesante y autónomo, bajo la forma de capital, de sus antiguas capacidades naturales, es decir, de su esencia natural ahora enajenada y existente bajo la forma del complejo industrial. En estas mismas condiciones se crean ineluctablemente las premisas para la reapropiación de su esencia natural por el ser humano:   1º. La maquinización y la socialización crecientes de la producción constituyen el germen de la forma superior de la naturaleza humana, es decir, de las capacidades humanas como un instrumento colectivo, como una unidad productiva no parcelada, sujeta a la dirección de la colectividad.   2º. La desindividualización del trabajo capitalista (trabajo abstracto) es el germen de la forma superior del trabajo humano como trabajo social directamente aplicado a un instrumento colectivo. Es también, por tanto, el germen de la anulación del individuo y de la vida individual de los trabajadores y de la reconstitución de las características biológicas de la especie.   3º. La negación de la naturaleza humana de los trabajadores adquiere en la última fase del capitalismo un carácter agudo; su descomposición física y mental entra en un pendiente descendente.   4º. La polaridad entre la naturaleza y la vida individual de los trabajadores y las exigencias de la producción socializada de un trabajo abstracto y colectivo se magnifica, por lo que se vuelve más acuciante la pretensión del aparato industrial de desembarazarse de aquellas.   5º. La degeneración de la esencia humana se manifiesta en la última fase del régimen capitalista de una manera aguda, directa y explícita, sin la mediación de las formas primitivas de la explotación capitalista que ocultaban la raíz del fenómeno.   6º. El socialismo ha recorrido una fase de su existencia durante la cual, en virtud de haberse dado en una etapa muy primitiva del capitalismo, colectivizó el régimen social con la finalidad de garantizar e impulsar la satisfacción de las necesidades individuales de los trabajadores, con lo cual


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generó al individuo como tal; en su evolución posterior, el crecimiento desorbitado de las necesidades individuales rompió en pedazos la antigua organización social colectiva y obligó a la restauración de formas capitalistas como la propiedad por grupos, la autogestión, etcétera, lo que resultó por necesidad en un sustancial avance en la degeneración de la naturaleza esencial del hombre en esos países; más tarde, ese proceso de exaltación del individuo llevó al pleno restablecimiento del capitalismo, lo cual habrá de ocasionar una más profunda vulneración de las características fundamentales de la especie humana.   7º. En las sociedades industriales modernas, las tradicionalmente capitalistas y las que antaño fueron “socialistas”, se ha aportado la prueba práctica de que el desarrollo del individuo como tal —sueño dorado del oportunismo moderno—, aún cuando sus condiciones generales de existencia sean colectivas, deviene necesariamente en la degeneración de las características naturales de la especie y en la destrucción de la colectividad.   8º. La exaltación de las necesidades individuales genera, como contrapartida necesaria, el placer antinatural, un malestar y una inquietud crecientes, una inconmensurable insatisfacción que es el elemento psíquico constituyente de la energía revolucionaria.   9º. Al establecer prácticamente, en la realidad, la relación directa entre el desarrollo del individuo y la anulación de la esencia natural del hombre, se hace posible contar con los elementos para dar conciencia a los trabajadores de la esencia de la explotación capitalista, la cual se realiza, en su forma superior, precisamente a través de la satisfacción y exaltación de las necesidades individuales. Es decir, que se crean las premisas que permiten dar conciencia de la verdadera naturaleza de las necesidades individuales. 10º. La ciencia, impulsada por el desarrollo impetuoso de la industria, penetra en la entraña misma de la realidad, por lo que lleva el conocimiento hasta la esencia de los objetos; este avance científico influye sobre el conocimiento filosófico, brindando los elementos para que se descubra el proceso de sustantivación de la conciencia social y se establezca la verdadera relación entre el ser y la conciencia. De esta ma-


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nera, se hace posible conocer el movimiento evolutivo de la materia desde su estado corpuscular hasta su más alta floración que es la materia pensante, la necesaria anulación de las características biológicas de la especie humana y el no menos necesario proceso de recuperación de las mismas en una escala más alta, con instrumentos de producción socializados. Todo esto, que forma un conocimiento sistemático y profundo de la realidad, es el instrumento para dar conciencia de su papel histórico al elemento material que ha de realizar esa recuperación, al proletariado internacional. El socialismo y la esencia natural del ser humano El socialismo es la fase de transición entre el capitalismo y el comunismo; es la etapa del desarrollo social en la que se realiza la reapropiación de la esencia natural del ser humano. En esta fase son aplicables todas las prescripciones del marxismo-leninismo respecto de la revolución socialista y la construcción del socialismo. El socialismo ha completado toda una etapa de su desarrollo, la cual se inició con la revolución de octubre de 1917 y terminó con la restauración plena del capitalismo que se está produciendo actualmente en los países antiguamente socialistas. En este período, el socialismo se estableció en Rusia mediante un movimiento revolucionario guiado por la teoría del marxismo-leninismo; a través de la guerra revolucionaria de liberación se extendió a un grupo de países hasta consolidar un sistema de países capitalistas. El socialismo fue instaurado en una fase primitiva del régimen capitalista; en ella predominaban formas también primitivas de manifestarse la explotación de los trabajadores que correspondían a las primeras fases de desarrollo de su esencia. El movimiento revolucionario dirigido por los Partidos Comunistas de aquella época se basó fundamentalmente en la dotación al proletariado de una conciencia sobre las formas primitivas de manifestarse la explotación capitalista, las cuales por el momento correspondían a la fase de desarrollo de la esencia. El régimen económico-político que en esos países se instauró fue formalmente socialista: propiedad colectiva sobre los medios e


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instrumentos de producción, dictadura del proletariado, etcétera; pero ya que el movimiento revolucionario no había estado conscientemente dirigido a la anulación de la esencia misma de la explotación capitalista tal y como se manifiesta en su fase superior, esto es, la propiedad privada del obrero sobre sí mismo, ella se mantuvo latente en la conciencia de los trabajadores a través del desarrollo del interés individual; posteriormente, estas circunstancias evolucionaron hasta romper la forma colectiva de organización y establecer, primero, formas capitalistas como la propiedad por grupos, la autogestión, etcétera y, después, llegar a la total restauración capitalista en el sistema socialista. Hoy se abre una nueva etapa del socialismo, está sí, precursora directa del comunismo. En ella, los revolucionarios, mediante los métodos y con los instrumentos preconizados por el marxismo-leninismo (Partido, lucha teórica, propaganda, organización, agitación, lucha económica, lucha política, y conquista del poder), deberán llevar su acción hacia la dotación al proletariado de una conciencia que comprenda, además de los aspectos formales de la explotación capitalista, la fase actual de su esencia y, conjuntamente con la necesidad de la forma colectiva de la organización social, la de la anulación implacable de la individualidad de sus miembros (de la propiedad privada sobre sí mismos) como una condición para la existencia de aquella. De esta manera, la acción práctico-consciente de los trabajadores estará encaminada a la formación de un régimen formal y materialmente socialista que no pueda ya por ningún concepto volver hacia el capitalismo sino que sea la base más firme para el advenimiento del comunismo. En la segunda fase del socialismo se produce la restauración de las características fundamentales de la esencia del ser humano a través de la reapropiación de su esencia natural enajenada que es la industria: a) La base social colectiva es restablecida tanto formalmente, merced a la instauración de la dictadura del proletariado, la propiedad colectiva sobre los medios e instrumentos de producción y el consumo colectivos, como materialmente en virtud de la abolición de la propiedad privada del obrero sobre sí mismo y el establecimiento de la propiedad colectiva sobre el individuo, esto es, la anulación de la conciencia individual


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capitalista y el establecimiento de la conciencia individual social. b) La naturaleza biológica es restaurada en su totalidad: la estructura orgánica, las funciones y procesos orgánicos, la medida de esas funciones y procesos son restablecidos en sus características naturales. Todas las fuerzas industriales se vuelcan ahora a ese fin exclusivo: regenerar las capacidades físicas y mentales humanas llevadas por el capitalismo al borde de su aniquilación irreversible. Pero para poder cumplir con esa función, la estructura industrial debe sufrir una profunda transformación que vaya mucho más allá de la forma que adoptó en la primera etapa del socialismo, pues ahí se encontraba gravado por la no-anulación de la esencia de la explotación capitalista y, por tanto, impregnada de muchas características de la estructura industrial capitalista. c) El proceso de trabajo es devuelto a sus cauces naturales al restaurar la base biológica y social de la esencia natural-humana. El comunismo y la esencia natural del ser humano El comunismo es el estadio social que resulta de la reapropiación de su naturaleza esencial por el ser humano. En el comunismo: • El proceso de trabajo tiene, en lo formal, la misma naturaleza que posee en el régimen de la comunidad primitiva: el sujeto del mismo es la colectividad, lo cual significa que la fuerza productiva y la conciencia individuales están subsumidas y disueltas en la fuerza de trabajo y en la conciencia colectivas. La producción y el consumo son sociales. Esto quiere decir que se ha terminado con la situación existente en el régimen capitalista, conforme a la cual el obrero individual era sometido a la exacción de su fuerza de trabajo por el capital y al consumo antinatural, con lo que se provocaba su extenuación y la degeneración y descomposición de sus funciones y órganos fundamentales; los órganos y procesos orgánicos (físicos y psíquicos) sustentadores del trabajo y del consumo tienen en el comunismo sus funciones y dimensiones naturales en virtud de la subsunción del individuo en la colectividad. Por su contenido, el proceso de tra-


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bajo es radicalmente distinto del que se da en la comunidad primitiva; en ésta, la actividad productiva, una manifestación directa de sus capacidades naturales realizada a través de instrumentos individuales que son una extensión de la corporeidad del individuo o por medio de instrumentos colectivos poco desarrollados, es al mismo tiempo la actividad que reconstituye las características biológicas de la esencia natural humana; en el comunismo, en virtud de que ha habido un movimiento previo de concentración de las capacidades e instrumentos individuales en la máquina, se disocian en el tiempo las dos partes de la actividad productiva antes unidas; por un lado, en el manejo del instrumento colectivo realiza la actividad productiva que es el ejercicio de las capacidades físico psíquicas y, por el otro, se despliega la actividad, realizada también a través del instrumento colectivo, que tiene como finalidad directa la reconstitución cotidiana de las características biológicas naturales del individuo. Dicho de otro modo, en la comunidad primitiva la producción es, en una unidad, el ejercicio de las características biológicas humanas del individuo y la reconstitución de las mismas y tiene como finalidad producir los bienes que mediante la asimilación permitan aquella reconstitución; en el comunismo, la actividad productiva tiene dos fases claramente diferenciadas: una, a través de la cual se producen los bienes necesarios, y otra, por cuyo intermedio se reconstituye la propia naturaleza biológica del individuo. • La constitución biológica de los individuos corresponde por completo a la que es componente de la esencia natural del ser humano y que se estableció durante el largo período de existencia de la comunidad primitiva; está en relación directa con (es el presupuesto de) el proceso de trabajo y la base social colectiva del mismo. • La base social del trabajo es la organización social colectiva de la producción y el consumo. El fundamento de esta organización es la propiedad colectiva, cuyas características esenciales son las siguientes: a) Estructura industrial basada en el trabajo maquinizado, consolidada en una unidad sujeta a un plan central establecido y dirigido colectivamente.


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b) Actividades productiva y de consumo colectivas por medio de la estructura industrial consolidada. c) Planificación colectiva, central y unitaria de la producción y el consumo colectivos.

Las fuerzas individuales disueltas en la fuerza colectiva de trabajo han perdido las características de “individualidad” con las que las había dotado el régimen capitalista; en este sentido, la vida y la organización colectivas características del comunismo tienen su base en la previa anulación de la individualidad como tal. Esto es posible en virtud de que en este régimen social las necesidades individuales son satisfechas precondicionadamente por la sociedad, por lo que se evita así su desarrollo antinatural. Esta forma de organización colectiva es el presupuesto y el resultado del trabajo y de la constitución biológica del ser humano en el comunismo y, por tanto, elemento integrante inseparable de la esencia natural humana que en este régimen se manifiesta plenamente. La conciencia social ha sido desustantivada y recobra por tanto su naturaleza esencial: un conjunto de conocimientos sobre la realidad obtenidos por la especie humana a través de la actividad práctica desarrollada en la satisfacción de sus necesidades, el cual se utiliza como instrumento para actuar sobre la realidad con el fin de obtener los medios para satisfacer sus necesidades. Al instaurarse el comunismo se habrá dado cima, en lo fundamental, al proceso de transformación de la materia inorgánica en orgánica. Un organismo de cobertura global, dirigido conscientemente por la especie superior que ha recobrado sus características naturales y que actúa mediante una estructura industrial unificada formada por todas las materias (elementos, sustancias, etcétera) y fuerzas de la naturaleza (atómicas, mecánicas, físicas, químicas, etcétera) y que acciona sobre todas las materias y fuerzas de la naturaleza, asimila cantidades enormes de materia inorgánica y de fuerzas de la naturaleza de la más variada índole, las transforma en materia orgánica y otras materias y las integra a su ser. La especie superior restaura las características naturales de las especies animales inferiores y de


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las especies vegetales, que el capitalismo había vulnerado en un grado extremo al haberlas sometido a una sobreexplotación continuada. Sin embargo, “cuanto nace es digno de perecer” (Mefistófeles, en el Fausto de Goethe). Podrán pasar millones de años, cientos de miles de generaciones podrán nacer y morir, pero llegará inexorablemente el día en que, al agotarse el calor del Sol, no alcance para fundir los hielos que avanzan desde los polos, en que los hombres, que irán concentrándose más y más junto al Ecuador, no encuentren tampoco allí el calor necesario para vivir, en que poco a poco vayan borrándose hasta los últimos rastros de vida orgánica y la Tierra, convertida en una bola muerta y helada como la Luna, gire, hundida en profundas tinieblas y en una órbita cada vez más estrecha en torno al Sol, también enfriado, para precipitarse, por último, en los espacios cósmicos. Otros planetas caerán antes que ella y otros la seguirán en su caída; en vez del sistema solar, armónicamente ordenado, luminoso y lleno de calor, una esfera fría y muerta recorrerá su camino solitario por los espacios. Y la misma suerte reservada a nuestro sistema solar habrán de experimentarla, más tarde o más temprano, todos los demás sistemas de nuestra isla cósmica y el resto de las innúmeras islas cósmicas, incluso aquellos cuya luz jamás llegará a la Tierra mientras viva sobre ella un ojo humano capaz de captarla.6 La materia se mueve en un ciclo perenne, ciclo que probablemente describe su órbita en períodos de tiempo para los que nuestro año terrestre ya no ofrece una pauta de medida suficiente; en el que el tiempo del más alto desarrollo, el tiempo de la vida orgánica y, más aún, el de la vida consciente de sí misma y de la naturaleza, resulta medido tan brevemente como el espacio en el que se hacen valer la vida y la autoconciencia; en el que toda modalidad finita de existencia de la materia, ya sea Sol o nebulosa, animal concreto o especie animal, combinación o disociación química, es igualmente perecedera y en el que nada hay eterno fuera de la materia en eterno movimiento y de las leyes con arreglo a las cuales se mueve y cambia. Pero, por muchas veces y por muy implacablemente que este ciclo se opere también en el tiempo y en el espacio; por muchos millones de soles y de tierras que puedan nacer y perecer y por mucho tiempo que pueda transcurrir hasta que lleguen a darse las condiciones para la vida orgánica en un sólo planeta dentro de un sistema solar; por innumerables que sean los seres orgánicos que hayan de preceder y que tengan que perecer antes, para que de entre ellos puedan llegar a desarrollarse animales dotados de cerebro capaz de pensar 6

Federico Engels, Dialéctica de la Naturaleza, p. 17.


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y a encontrar por un período breve de tiempo las condiciones necesarias para su vida, para luego verse implacablemente barridos, tenemos la certeza de que la materia permanecerá siempre la misma a través de todas sus mutaciones, de que ninguno de sus atributos puede llegar a perderse por entero y de que, por tanto, por la misma férrea necesidad con que un día desaparecerá de la faz de la tierra su floración más alta, el espíritu pensante, volverá a brotar en otro lugar y en otro tiempo.7

La revolución proletaria

El capitalismo tiene en su interior a su esencia como su otro; el desarrollo de este régimen social lleva necesariamente a la aparición de su esencia, es decir, a la conversión de su otro, el socialismo, en un existente. En su proceso de vida, el capitalismo engendra sus elementos constitutivos, los cuales son al mismo tiempo elementos de su negación; conforme esta formación económica llega a estadios superiores, en la misma medida se perfeccionan y fortalecen sus elementos negatorios. Cuando el capitalismo alcanza el punto más alto de su existencia, sus elementos negatorios, que son a la vez elementos de la aparición del otro existente en su interior, han madurado lo suficiente para exigir el cambio cualitativo. La esencia del régimen capitalista consiste, por un lado en la anulación de la esencia natural humana y, por el otro, en el desarrollo de los elementos para su reapropiación por la especie humana. El proceso de anulación de la naturaleza humana de la especie llega, en la fase superior del régimen capitalista, a lo siguiente: • destrucción completa de la comunidad (colectividad) y establecimiento de la forma más exacerbada de la individualidad; • descomposición y degeneración de todos los procesos orgánicos y de los órganos de los trabajadores; • anulación, irreversible dentro del régimen capitalista, de la esencia biológica de la especie; 7

Ibid., p. 20.


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• despojo al trabajador de todas sus capacidades físicas y mentales, las que se incorporan a la maquinaria y a través de ella al capital. Los elementos de la naturaleza humana que le son sustraídos al trabajador se acumulan en el polo opuesto, bajo la forma del capital. Éste sólo puede existir y desarrollarse produciendo la anulación acelerada de la naturaleza humana en el proletariado. La clase obrera es el sujeto pasivo de esta relación en tanto que la burguesía es el sujeto activo. Esta relación de mutuo engendramiento entre el proletariado y el capital que es esa misma esencia natural pero ajena y opuesta a él, se produce a través del sistema de trabajo asalariado, es decir, de la producción y acumulación de plusvalía. El proceso de anulación de la naturaleza humana en el capitalismo es al mismo tiempo el de la creación de los elementos para su reapropiación por la especie en una forma superior: • en primer lugar, reduce al individuo a simple fuerza abstracta de trabajo, sin ninguna capacidad específica; esto constituye la base para: (a) la formación de una fuerza colectiva de trabajo en la que las fuerzas individuales no tengan sustantividad alguna y (b) la conversión de esa fuerza colectiva de trabajo en el sujeto de las capacidades esenciales de la especie; • en segundo lugar, transforma las capacidades esenciales de la especie en capacidades colectivas, sociales (sistema industrial basado en la producción maquinizada); • por último, hace imperiosa esa reapropiación porque de no realizarse se llegaría al punto en que la anulación biológica fuese absolutamente irreversible, lo que provocaría la aniquilación definitiva de la especie humana. El proletariado, fuerza activa de la revolución socialista

El agente de la transformación revolucionaria aquí delineada es el proletariado. En esta clase social se materializa la deshumanización de la especie, se manifiesta plenamente la aniquilación de su naturaleza humana. Es por ello que está irrevocablemente destinada a realizar la tarea histórica de la recuperación de la humanidad de la especie sobre la alta base que ha dejado el desarrollo anterior de la sociedad.


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Bibliografía Alexandr Ivánovich Oparin, El origen de la vida, traducción de Manuel Dávila, estudio preliminar de Horacio García Fernández, Editorial Océano de México, S. A. de C. V., México, D. F., 2004, pp. 153-156. Federico Engels, AntiDüring, La subversión de la ciencia por el señor Eugen Düring, en Marx y Engels Obras Escogidas Editorial Ciencias del Hombre, Buenos Aires, Argentina, 1973, Tomo VI, pp. 69-70. Federico Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, en Federico Engels, “Dialéctica de la Naturaleza”, Editorial Grijalbo, S. A., traducción directa del alemán de Wenceslao Roces, México, 1982, pp. 147-148 Gabriel Robledo Esparza, Capitalismo moderno y revolución, tomo I, Segunda parte, Capítulo III Biblioteca Marxista, Sísifo Ediciones, cesc, México, 2007.


La evolución de la materia de Gabriel Robledo Esparza del centro de estudios del socialismo científico (cesc) editado por sísifo ediciones para su biblioteca marxista, se terminó de imprimir en enero de 2009, en los talleres de sm, Servicios Gráficos. La composición tipográfica fue realizada por Leticia Pérez en tipos Century schoolbook 11:13, 10:12; y la revisión de pruebas por el autor. La edición es de 1000 ejemplares más sobrantes de reposición y fue realizada en papel cultural de 90 grs. sm.serviciosgraficos@gmail.com


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