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tus ramas/mis huesos


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o seis formas de comprender el bosque


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Hablo como en mĂ­ se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque. Alejandra Pizarnik


tu cuerpo en mi cuerpo


Accedemos por el hueco Tras los licores del Padre El Jardín es un lugar muy dulce muy dulce El Jardín habla solo consigo mismo Qué es lo que dice o dirá el Jardín? Qué es lo que dice o dirá el Jardín? …) Me descubres por casualidad entre lo vivo Soy apenas una niña azul Y blanca Que suena A veces tus manos son templos A veces amanecen despacio huelen despacio Como acacias desnudas Y el viento las ama como a las grandes cosas (… Del Jardín al Bosque un sólo paso La casa en blanco y negro La colcha que tejeré hasta la muerte y más allá de ella… Cuántos silencios congregados alrededor de una boca De una sola boca Tan pequeña! (… Maite Dono (carballo)


He intentado volver al reposo del que la vida me separó. Lo he intentado. Pero aquí el corazón existe, aquí la tierra besa, aquí los animales. María Ramos (álamo)


Esta primavera, tu primavera es la Ăşnica primavera Tan Loca y tierna Soy tan azul que mis pies se han cansado de ser yo Elise Plain (castaĂąo)


tus ramas, mis huesos


CUARENTA Y NUEVE PALABRAS PROVISIONALES PARA UNA METAPOÉTICA GRANAT E MATISSE i. pezón de niebla, o corazón izquierdo: ¿peinarás el éxtasis?

ii. cerezo ex–flor, o microsurco: ¿cantaré el zambullido del zambullido?

iii. filtro de té o bosque desmañado; cepo para hurones o pellizco de tilde. (los hurones = musas) (la tilde = dolor) (palabra, pincel: qué ocre cacería y tú, tu fuga atónita, más atardecer) Berta García Faet (tilo)


aquellas tardes de (in)ciertos (d)años la albura estiró la luz tiritasdecéspedconvencieronlaflor fue inevitable pasar del pétalo a los árboles a su aire abrazan la noche hacia adentro un jardín cubierto de pájaros un cielo aprendido Jorge Segarra (pino)


ENUMERACIÓN.

(Del lat. enumeratĭo, -ōnis). 3. f. Cómputo o cuenta numeral de cosas. 4. f. Ejemplo desesperado de cuatro o cinco cosas que no quiero que se mueran nunca. -la sabiduría urgente del paludismo, espejo de la pasión y de la enmienda: después de la fiebre, la humildad del muslo. -el elenco de cosquillas que, por inducción, robé a los hechos: de rodillas imploré más memoria episódica. -las conversaciones imaginarias y los aleteos eróticos: el frufrú de los cuerpos, color que se escurre. -el haiku paralítico que escribe el sol con la lluvia -la rosa de la onomatopeya. Berta García Faet (tilo)


Todos los soles que una vez hicieron crecer los troncos robustos de sus padres Yo entro a dormir en el pecho hueco de mis padres. Sara R. Gallardo (รกlamo)


Caminaba entre los abedules del bosque. La oscuridad se veĂ­a blanca y jugosa. El musgo en forma de lenguas me acariciaba la piel. AsĂ­ perdĂ­ mi inocencia. Natalia Litvinova (abedul)


tu aliento, mi amor


EL ESPACIO. EL VUELO Ya no es necesario escribir / solo ver / el pรกjaro, la carne / morderlo / y al morderlo averiguar el espacio que queda en el cielo / ya no / es necesario escribir / no basta ser / el รกrbol donde te desnudas / la rama que escucha el engranaje de la hierba / el pรกjaro ya no es necesario / escribir su sombra es adivinar su vuelo. Juan Bello Sรกnchez (carballo)


un bosque eléctrico llena su cabeza de saliva para saborear y besar los muslos de la mañana una señorita adorable, dicen, adorable en sus gestos lacios: observemos la anatomía del mundo, pero no por especies o tipos de paisaje, observemos su vasta llanura de abdomen y piernas, de pelusa que cubre los lóbulos a contra luz y los mordiscos en el cuello son una nueva raza. arrojados a las frentes y las flores, las axilas y los lagos, hacerse un ovillo, los hombros... y los hombros y los hombros desnudos son la llave al universo Almudena Vega (jacaranda)


He aquĂ­ la vejez, en la hojarasca que cruje como el quebrar de los huesos. En el continuo horadar del animal frĂ­o, que hace de la tierra cobijo, y de la muerte alimento. Desear ese morir incorregible y dulce, patrimonio de las bestias, que se rinden derrotadas sobre el musgo fresco para convertir su carne en rama, y su sangre en viento. MarĂ­a Ferreira (baobab)


mi cuerpo en tu cuerpo


T UVO LAS HORAS CONTADAS la sustancia inmadura lo que llevaba dentro ella ya le había puesto un nombre al leve movimiento que yace bajo vientre sin latido el latido de la pequeña resistencia que aguardaba de lo enmudecido nace ahora la pregunta ¿es mía la culpa que me toca? pero no hay nadie a quien preguntar el cuerpo es lo que toca un cuerpo frágil y porque no hay árboles frágiles ella desea ramar ósea y estúpidamente fiel a los propósitos de una luz que no ignora a la hoja y al viento que le corresponde empalar su cuerpo en la obsesión de la corteza y aún así no escapa y aún así el iris se colma de lo que el cielo le devuelve pájaros que no anidan pájaros que caen como fetos muertos porque nada gesta y todo es lo mismo como si no existiera nada o como si todo existiera a medias Isabel Tejada (sauce llorón)


El inmenso miedo sólo es inmenso a partir de tus cabezas, haciendo de ti su recorrido, de tu espíritu su canto. En algún lugar la criatura desea abandonar tu cuerpo para observarte, generar tras el dolor silencio. No le abras los brazos. Cuando el fruto cae debe pudrirse antes de alimentar la tierra. María Ramos (álamo)


la sequedad del árbol estéril la sequedad del árbol estéril con una rama dorada vacía de luz hueca una línea curva se rompe en un crujido hilo divisor de cielos la sequedad del árbol estéril sediento se despereza humanamente y parece llorar este árbol estéril Jenn Díaz (almendro)


SOY EL CAZADOR Y EL PAISAJE Con ternura mastico aquí las raíces, donde perdurar es sinónimo de morir. Inútil es el intento de nombrar todo lo que existe alrededor -belleza, dolor, animalNo llora el río tampoco el páramo, y hay que llenarse la boca de lodo para anidar de forma -más dulce, más certerala voluntad de la estación. Qué más da si sed de sangre o de savia si el árbol recibe igual al pájaro que al ahorcado. María Mercromina (tilo)


LIT URGIA SOBRE EL PAISAJE El espectro de un árbol se ramifica en mi cuerpo, entierra su canto como un pájaro herido que perfora la noche. La luz quema en mi pecho dos altares desnudos, construye una página de sangre pétalos y espinas. En las arrugas del manantial purifico el veneno, hago del agua una palabra muerta en donde siembro el espejo del día. Soy la bruja que encarna los fantasmas del bosque, estoy hecha de plumas, raíces y letras sin voz ni aliento. Rendida entre las cortezas mi piel se multiplica, comulga junto a la niebla hasta romperse en mil frutos ciegos. Invoco tu savia en las huellas de mi vientre, me visto con la oscura desnudez de la tierra. Sobre el paisaje mi carne es una liturgia, una ofrenda que cierra los ojos para abrir su mirada en la muerte. Óscar Pirot (sauce llorón)


los que allĂ­ habitan


Temer a la loba entre colmillos mansos. Temer al bosque lugar sagrado de mi convertibilidad. Natalia Litvinova (abedul)


VIENTO DEL NORT E Cada vez que el viento del norte congelaba el agua de los pozos, la muchacha de labios morados acudía al bosque y daba a luz a un niño. Un niño diminuto como las crías de la comadreja o como las larvas que los santos colocan en los oídos de los hombres. La maleza recogía al niño y lo alimentaba con la leche blanquecina que manaba del interior de las plantas y con las alas transparentes de los insectos. Pero la leche que manaba de las plantas y las alas de los insectos eran amargas. Por eso los niños crecían con los huesos frágiles y los cabellos quebradizos. Por eso conocían la pureza, que es amarga como el sudor de los hermanos que duermen en el mismo lecho, como el llanto de los adolescentes que mueren pisoteados por los ciervos como las oraciones de los que rezan arrodillados delante del espejo mientras los ángeles flotan en la cocina como los lamentos de las novicias cuando el mecánico ajusta sus paladares postizos o aprieta las correas de sus camisas de fuerza como las súplicas de los mancos en estado de hipnosis cuyos dedos fueron devorados por las cenizas como los cantos de los cordeleros de manos temblorosas que fabrican las sogas de los condenados. Con el paso de los inviernos, los niños crecían acunados por la maleza. Nunca abandonaban el bosque, pues la maleza es engañosa como el calor de los invernaderos y celosa como los novios ciegos que abrillantan sus botines cuando cae la noche. Solo uno de ellos se atrevió a salir del bosque, pero el que conoce la pureza no puede pronunciar en voz alta los nombres de los árboles ni conoce las señales de la pestilencia. Al cabo de unos instantes, se encontró rodeado por un enjambre de moscas, a causa del cual perdió la razón durante tres años. Layla Martínez (tejo)


¿Quién talló al niño debajo del tronco? *** Yo vivía enfrente de una reserva natural. De la mano de un hombre me interné en el bosque una mañana de febrero. Nos perdimos el hombre y el niño. Y el bosque era inmenso y oscuro. Y el bosque era yo. Sara R. Gallardo (álamo)


HIDRA La voz sujeta el esqueleto, las facturas manejan el suelo como el otoño: el único movimiento del árbol para expulsar la savia habría de ser el verdadero amor, tales deseos devoraban al hombre; sirenas bajo un corazón jurásico. Fuera del piso hay naranjos que salen del cemento como tullidos de guerra fotografiados. *** De madrugada el bosque estrangula la carne como un milagro, la luna había vaciado su pulmón de leche caminábamos famélicos con moretones en las piernas y nuestros pasos absorbían mirlos sin ojos. ¿Lo recuerdas? Ella dijo fuimos un árbol que decidió alejarse, y ya no pudo hablar ni moverse engullida por el mecanismo de sus ropas que se volvían astillas, ángeles sin rostro, que vomitaban costuras o carnicerías para purificarse, la hidra junto al lago en su correcta maquinaria de desnudez o saliva. Se encerró en una piedra y rezó al minúsculo dios del limo, dicen, que le ofreció su digestión de tierra, dicen: olvidó el nombre del plástico. Sin embargo, ahora, todo esta tranquilo, lleva semillas en su médula. Las ramas y las costillas sujetan la eternidad. Almudena Vega (jacaranda)


LA FISONOMÍA DEL SURCO Hace mucho tiempo que continuar más allá del bosque era moverme con la lentitud de un pájaro enfermo, la debilidad del aleteo inoportuno que aseguraba belleza como si supiera replegar el azul, sencillamente señalar con el dedo lactante que sostiene el desmigado camino, todas las cortezas que laminas nos inflan de feminidad, reconocerla en la lluvia que hay después de los huesos, la sombra de verse vacía de espacio al ignorar cada membrana sinuosa en el surco, la acogedora manera, tal vez de enhebrarse el pelo con la ansiedad del árbol haciendo de mí, la niña antigua con la boca llena de ramas. María Sotomayor (nogal)


los que miran desde fuera


MAT RIZ Pensar "amor". Decir "caballo azul" (Martha Asunción Alonso)

Les dije que los quería a todos para que ninguno tuviera celos. Les dije sí, sí, y me inundaron el cuerpo como criaturas mágicas. Todo está en el pelo, me decían, y tú eres tan blanca… Cuando iba al río no iba a llorar, aunque no se lo contaba porque esas palabras no cabían en su idioma. El río seco. La escama seca del pececillo que encontré boqueando y al que le lloré un charquito de agua dulce para que al menos pudiera flotar. Te dije que te quería tanto esa noche. Que no deseaba otra cosa en el mundo. Que no había otro como tú. Tú eres un hombre. Tú odiabas lo animal. Yo me ahogué con él. Al borde de este bosque endiablado, antes de que le prendiera fuego, lo cogí por sus manos de cera y me lo llevé al refugio con los demás. Le dije que no habían aprendido sus palabras aún, pero que lo harían, que ellos a cambio le enseñarían a silbar el viento, a remover el mar, le dije, mientras le enseñaban los dientes, y después él los mató a todos. Mi pequeña colección. Emily Roberts (cerezo)


Decir bosque. Pronunciar el verdor de cada hoja. Caracolear un silencio que evade, oculta a la vez que hiere en amarillo. Morder pero sin usar la boca, morder con el útero, como si alguien jurungara tu hembrismo hasta que PÚM: saliste flecha, saliste golpe y caíste en el embrujo de un cunaguaro tristísimo. Asir. Y si no hay nada para agarrarse… inventar, crear, prestidigitar. Transferir al loco, darle de comer para que hable pero siempre transferirlo a la más brillante, maldita ingrimitud: el silencio de una página en blanco, su indiferencia dócil. Hace poco leí en el diario de K. Mansfield un par de cosas. Eso. Cosas. Sus palabras eran objetos psíquicos que yo, como buena perra, olfateaba, rebuscaba hasta dolerme costra. No logró herirme ella hasta que un día una mujer, en uno de sus cuentos, sus cuentos de tersuramiseria, no tuvo dónde llorar la muerte de su hijo, o la muerte de sus orquídeas, o la muerte de un instante impoluto. No tuvo. Notú. Tú. Cayendo tú, en un dolorcito de mierda que seguro te deja sordo, en un dolor que es casi como un bosque impronunciable, tan repleto de esas criaturas ciegas, un bosque. Un. Bosque. Al que yo prefiero nombrar distinto: morichal mochuelo, morichal silente, moriche turbio. ¿Para perder un silencio? ¿Para reencontrar un silencio? ¿Para crearlo? ¿Para?

PARÁ. Párate. Prepárate, Luz Caraballo… el miedo no es quedarse. El miedo es volver. Susan Urich (bambú)


Las encinas jóvenes se elevan lentamente entre las costillas de todos nuestros muertos, la ropa vacía y húmeda. La hierba y las raíces lamen los huesos limpios y grises como nubes de tormenta. El bosque cierra los ojos y las estrellas nos dibujan el camino de vuelta a casa, a la rampa, de vuelta a las duchas, de vuelta a la fosa común que es la vida normal, un plato de sopa de verduras con sabor a humo y barro. José Puente (chopo)


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ORQUESTA, MAQUETA Y FOTOGRAFĂ?A Dara Scully cargocollective.com/darascully


DAN VOZ AL BOSQUE Almudena Vega

Maite Dono

ladisonanciadelospajaros.blogspot.com

maitedono.com

Berta García Faet

María Ferreira

tristeycaliente.blogspot.com

nopiensoquedarmeconhambre.blogspot.com

Elise Plain

María Mercromina

www.eliseplain.com

unpezenmiboca.blogspot.com

Emily Roberts

María Ramos

emilyrobertswrites.blogspot.com

nosoybonita.blogspot.com

Isabel Tejada

María Sotomayor

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oscarpirot.blogspot.com

José Puente

Sara R. Gallardo

unpulmon.blogspot.com

retalesdetormenta.blogspot.com

Juan Bello Sánchez

Susan Urich

bluesambulante.blogspot.com

ierade.blogspot.com

Layla Martínez vidadeperrxs.blogspot.com


tus ramas/mis huesos  

tus ramas/mis huesos es un libro, un híbrido, el bosque. Fotografía: Dara Scully Escriben: Almudena Vega, Berta García Faet, Elise Plain,...

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