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Foto Diana Martinez Llaser

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clab Director Responsable: Daniel Ernesto Avinceta. Se publican 4 números en el año. Enero, 2013. Avenida Independencia 658 (CP: 1099) Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina. PEIPERCLAB es una publicación independiente, sin pertenencia a grupo, colectivo o asociación. No remunera pecuniariamente sus colaboraciones y no se hace responsable de la opinión de sus colaboradores. Prohibida la reproducción total o parcial de cualquiera de sus contenidos sin autorización escrita de PEIPERCLAB o de los respectivos autores del material.


índice ia 6 Poes 8 Julio

the boy g n i d e 1 2 B re 18 Bici

i2 20 Bic o s antigu á m o i c fi 22 El o Q 2 8 MD isa os de L i r a i D 32 go 34 Tan la playa 4 6 En k tarot c o R 8 4 otudo 6 4 P el llo o amari d n u m b 66 Su tasías 72 Fan b 69 74 Clu 2 e el 201 u f e S 90 título 92 Sin

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Foto Diana Martinez Llaser

staff#5 Daniel Avinceta

Director peiperclab@gmail.com

Diana Martinez Llaser

Editora de fotografía / Fotógr afa www.dillam.com.ar

Carlos Mac Donagh

Diseñador en Comunicación

Visual

Mariano Rodríguez Uzal

Diseñador gráfico marianouzal@yahoo.com.ar

Valeria Fornes

Antropóloga feminista fornesvaleria@hotmail.com

Francisco Saraceno

Par tero & Fotógrafo saracenofrancisco@hotmail.co m parirencasa.blogspot.com

Tania García Olmedo

Observadora profesional, cronista compulsiva, poeta eltigrecanta @yahoo.com

Guillermo Monteleone

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Gustavo Sassi

Dramaturgo

Nicolás Rosas

Tarotista

Juan Rezzano

jrezzano@gmail.com

Mario Spina

Editor / Formador de empren dedores mariospina.blogspot.com

Fabián Spampinato

Director en fm d-rock! 89.7 Mhz . Mar del Plata


Foto Diana Martinez Llaser

Descansamos; una pesadilla puede envenenar nuestro sueño. Despertamos; un pensamiento errante nos empaña el día. Sentimos, concebimos o razonamos, reimos o lloramos.

Abrazamos una trizteza querida o desechamos nuestra pena; Todo es igual; pues ya sea alegría o dolor,

El sendero por el que se alejará está abierto.

El ayer del hombre no será jamás igual a su mañana. ¡Nada es duradero salvo la mutabilidad!

Shelley, Piercy: Mutability (Mutabilidad). 1815.


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Idea Carlos Mac Donagh & Arte


Idea Carlos Mac Donagh & Arte

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Arte Mariano RodrĂ­guez Uzal


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Fotos Diana Martinez Llaser

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Fotos Diana Martinez Llaser

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Avenida Independencia & Chacabuco. Ciudad de

Buenos Aires.

www.ariz.es


Texto Valeria Fornes Fotos Francisco Saraceno

Quizás el nombre de Ágnes Geréb no les sea familiar. Puede que desconozcan también la situación legal de las parteras en Hungría. O no. Sin embargo el caso de esta mujer que está bajo arresto en su país; inspiraron un documental que se estrenó mundialmente en septiembre del 2012: “Freedom for birth”, el cual trata su situación, prisionera hace tres años por atender partos en casa en Hungría, llamando a una reflexión sobre la situación de los derechos humanos en los nacimientos en varios países del mundo. Por ajena que les sea la temática, hace menos de un mes estuvimos muy cerca de tener la misma situación legal en nuestro país, la criminalización de las parteras (licenciadas en obstetricia) que atienden partos en domicilio. Lo que implicaba que el ejercicio de atender a

las mujeres que deciden dar a luz a sus hijos e hijas en el ámbito íntimo y privado del hogar estuviera a pasos de la clandestinidad. El proyecto de ley que intentó esta maniobra, entró en la Cámara de Diputados en marzo de 2012 y en palabras de la presidenta de la Comisión de Salud, médica de profesión, su objetivo era positivo: “poner una normativa que reglamente el trabajo de los obstetras, actualmente regulado por la ley 17.732 de Ejercicio de la Medicina de 1963 que considera a la obstetricia como una profesión auxiliar y no le permite toda una serie de acciones para las que en verdad están capacitados”. La controversia residía en que proyecto de ley nacional 0958-D-2012, en su art. 6., establecía “Asistir el parto y el

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Nuestra indagación será primero general, a lo que se debe a la condición general de la mujer; segundo, en particular, qué clase de mujeres son propensas a la superstición y brujería; y tercero, especialmente en lo que se refiere a las parteras, quienes sobrepasan todas las maldades. Sacerdotes Heinrich Kramer y Jakob Sprenger en el manual para inquisidores Malleus Maleficarun. El martillo de los brujos., Inglaterra, 1486.

La profesión más antigua del mundo alumbramiento, en instituciones públicas o privadas debidamente habilitadas para tal efecto”; lo cual dejaba tácita la ilegalidad para atender partos en domicilio, una experiencia cada vez más buscada por familias que quieren transitar el parto y nacimiento de sus bebés en intimidad y libertad, lejos de la violencia obstétrica e institucional, de limitado conocimiento público, aunque no ignorada por el Ministerio de Salud, no obstante promotor de este recorte en las incumbencias de las parteras. Hasta ahora el derecho de asistencia en partos planificados en domicilio estaba permitido según la ley 17.132, art 51 y enmarcaba la atención de los más de diez mil nacimientos que se han celebrado en el hogar en los últimos treinta años.

Desde que se dio a conocer este proyecto en el III Congreso de Partería en la ciudad de La Plata, se organizaron una serie de iniciativas, movilizaciones, encuentros y gestiones encabezadas por la Asociación Argentina de Parteras Independientes (AAPI), acompañadas por la Red Latinoamericana y del Caribe por la Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAHUPAN), las familias con experiencias o parto en casa y grupos afines a la reivindicación del derecho a un parto respetado; en el intento de informar a las y los diputados a cargo de las comisiones de Salud, Educación y Legislación General los peligros que entrañaba una restricción que no sólo recortaba las incumbencias de las parteras si no los derechos de las mujeres y sus familias a elegir cómo, dónde y con quién parir.


Pero ésta no es la primera vez en la historia que la profesión, saber y arte de las parteras estuvo en la mira del poder establecido. LA HOGUERA La “santa” inquisición también fue conocida como el “holocausto de las mujeres” por ser el colectivo víctima mayoritario en el exterminio realizado durante los siglos XII y XVIII por la iglesia católica. La criminalización de las parteras data precisamente de la caza de brujas medieval. ¿Por qué brujas? Se tildaba así a las mujeres cuyas prácticas y conductas contravenían las normas impuestas por la sociedad patriarcal, en la cual el Estado y la Iglesia –instituciones bajo el dominio exclusivo de los varones- controlaban casi todas las esferas de la vida de la población femenina. Si la mujer tenía conocimientos para curar a sus congéneres y vecinos, se ganaba el respeto y la admiración de la comunidad, cosa que la iglesia consideraba amenazante, constituyéndola en su rival. La manera de despertar la desconfianza sobre ella era acusarla de tener ese poder de sanación gracias a un pacto con el diablo o de practicar hechicería, entre muchas otras variantes de demonización. Las comadronas o parteras fueron torturadas y quemadas vivas por sus saberes sobre la salud, pero especialmente por su poder en la comunidad ya que sus conoci-

mientos sobre los misterios de la fertilidad (anticoncepción, aborto, esterilidad, embarazo, parto, lactancia) las convertían en referentes incuestionables en los misterios de la vida y de la muerte. “Los mayores daños a la Fe, en lo que se refiere a la herejía de las brujas, son los que hacen las comadronas”, escribieron los inquisidores dominicos Kramer y Sprenger en 1486. ¿Curioso, no? Pero no tanto, porque lo verdaderamente subversivo para la iglesia era constatar que las “brujas” eran mujeres empíricas: confiaban en sus sentidos, no tenían una ciega obediencia a los dogmas religiosos, experimentaban, buscaban la relación causa-efecto de los fenómenos, confiando en su propia capacidad para encontrar métodos para sanar enfermedades, asistir embarazos, partos y nacimientos. Su “magia” era la ciencia de su época. Su “pecado”, ayudar a las mujeres a subvertir el mandato bíblico “multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; parirás a tus hijos con dolor.” Esta temprana exclusión de las mujeres del ejercicio autónomo de la sanación fue un precedente siniestro y advirtió otros desplazamientos que vendrían en el futuro. EL CAUTIVERIO Pese a esta persecución medieval, el arte y el saber de la partería continuaron reproduciéndose y nunca dejó de existir, siguiendo casi exclusivamente en manos de las mujeres. A fines

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del siglo XVIII y principios del XIX en Europa y a fines del XIX y principios del XX en Argentina se dio otro paso crucial en la historia del parto y las parteras: la institucionalización de los nacimientos. La medicina, ciencia exclusivamente en manos de varones en sus primeros tiempos, y la incipiente especialización de la obstetricia, habían desplazado a las parteras y comadronas como fuente de saber y experiencia en la atención de embarazos y partos en Europa y fue preciso comenzar, a veces desde cero, conociendo el cuerpo y los procesos de la reproducción femenina. Para ello nada mejor, en términos de los valores epocales, que las mujeres pobres y madres solteras para practicar y aprender. En 1799, fundamentando la creación de casas de parto en base a la existente en Copenhague, el francés Demangeon declaró “Parece que nada podría estar mejor imaginado, porque es la clase de mujeres cuyos sentimientos de pudor se consideraban los menos delicados”… “no estando en condiciones de ejercer la beneficencia contribuyen por lo menos a formar buenos médicos”. Lamentablemente hoy en día los hospitales escuela siguen existiendo y es la población más vulnerable la que es atendida por practicantes o residentes que utiliza sus cuerpos como objeto de aprendizaje. Aquí, la imposición de parir en las instituciones tuvo lugar hace poco más de un siglo. La profesionalización de las parte-

ras las desplazó de la autonomía de la atención en los hogares al trabajo bajo la tutela de médicos, el parto como escenario de la familia pasó a ser entonces un hecho salud pública en el marco de la institución hospitalaria. A pesar de la historia construida por el sentido común nos haya convencido de que este proceso tuvo como fundamento la preocupación médica por disminuir la mortalidad perinatal los datos históricos barren con este ideal. Los primeros años que siguieron a la institucionalización del parto no sólo no anularon o disminuyeron la mortalidad sino que la incrementaron, y esto fue tema de debate en las revistas de obstetricia de la época. El desplazamiento-subordinación de las parteras vigilaba a la par sus prácticas, ya que éstas no sólo se ocupaban de atender partos sino también de practicar los abortos, método con el que las argentinas regularon principalmente su natalidad hasta mediados del siglo XX y en ese momento la denatalidad de la población criolla era una cuestión de Estado ante la amenaza del aluvión inmigratorio. Institucionalizar el parto más que una decisión médica o científica fue entonces deliberadamente política, dado que el cuerpo de la mujer debía pasar a tutela del Estado, ya no de la iglesia como en el medioevo, pero con el mismo fin controlar la sexualidad y la reproducción, vigilar el cuerpo y las decisiones de las mujeres.


PARA INTERIORIZARSE Asociación Argentina de Parteras Independientes parterasindependientes@gmail.com Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento www.relacahupan.com.ar Mujeres, familias, parteras/os independientes y grupos afines por el derecho a elegir www.porelderechoaelegircomoparir.blogspot.com DOCUMENTALES Freedom for birth. The mother´s revolution. http://www.freedomforbirth.com/. One world birth. 2012 Guerrilla Midwife. http://www.skwattacamp.com/?hasFlash=true& Déjà Bernhart. 2009 Orgasmic Birth: The Best Kept Secret http://www.orgasmicbirth.com/. 2008 The Business of Being Born http://topdocumentaryfilms.com/business-being-born/. 2007 LECTURAS Madre no hay una sola. Experiencias de maternidad en Argentina. Karina Felitti. Ciccus, 2011. Políticas de maternidad y el maternalismo político (Buenos Aires, 1890-1940). Marcela Nari. Biblos, 2004. Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución. Adrianne Rich. Cátedra, 1996 (1976) Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de sanadoras. Barbara Ehrenreich y Deirdre English. Glass Mountain Pamphlet, The Feminist Press, 1973. El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica. Michel Foucault. Siglo XXI, 2008 (1963).

LEGISLAR EL PARTO La existencia de leyes creadas en el siglo XXI para proteger los derechos de mujeres y bebés en la atención de sus partos y nacimientos nos habla de que la atención institucional no ha cumplido en todo este trayecto con el objetivo básico de velar por el bienestar materno infantil. La Ley Nacional 25929 conocida como ley de “parto humanizado” y promulgada en 2004 establece el derecho de la mujer a ser tratada con respeto, como persona sana capaz de optar sobre las distintas intervenciones médicas, garantizar su intimidad; favorecer información y entorno para que sea protagonista de su propio parto; el respeto de los tiempos biológico y psicológico, evitando prácticas invasivas y perjudiciales; no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación o aprendizaje, salvo consentimiento por escrito; estar acompañada por una persona de su confianza y elección; tener a su lado a su bebé durante la permanencia en el establecimiento sanitario; entre otros derechos. En la mayoría de los casos, sea en la institución pública o la privada, estas garantías se vulneran. En 2009 la violación de estos derechos fue tipificada como “violencia obstétrica” en la Ley Nacional de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia hacia las Mujeres, más conocida como Ley de Violencia de Género, sin embargo no se registran cambios signi-

ficativos en las prácticas médicas. Entonces un siglo y tanto más tarde de la institucionalización de los nacimientos nos encontramos con leyes que intentan (pero no logran) prevenir y sancionar los abusos que se comenten en las instituciones, no sólo en manos de personal médico si no de auxiliares de salud y administrativos e incluso de las mismas parteras que se han prendado del modelo tecnocrático que trata a las usuarias como objetos y no como sujetos de derechos. Por esta profunda razón un cada vez más visible y activo número de mujeres, acompañadas por sus parejas, problematizan la atención institucional y eligen sus hogares para recibir a sus hijos e hijas atendidas por parteras, nucleadas en grupos y redes más amplias que comparten, circulan y producen conocimientos basados en sus propias experiencias, movidas no sólo por la intuición y el instinto sino de la mano de la evidencia científica, protocolos internacionales de la Organización Mundial de la Salud y por qué no, conocimientos tradicionales de parteras empíricas y otras madres experimentadas. Buscando romper con la maldición bíblica del castigo y el dolor y cuestionando el aparato corporativo de la medicina, estas mujeres se movilizan en la búsqueda del placer y el poder de parir en un lugar seguro, libre e íntimo: su hogar; experimentando un acontecimiento familiar, natural y amoroso,

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lejos de la fría rutina médica, intervencionista y despersonalizada. Se trata de dejar de ser “paciente” para convertirse en “protagonista”; re-descubrir este poder que -como todo poder femenino- ha sido silenciado, oprimido por el sistema patriarcal a través de siglos. Todo esto sería imposible sin el apoyo, conocimiento y asistencia de las parteras independientes, sobrevivientes de tantas hogueras, desplazamientos y subordinaciones. En 2012 y ante la amenaza de futura clandestinidad, estas parteras se organizaron para resistir una vez más en la historia, y contaron con el apoyo de las mujeres, familias y personas sensibles a la problemática. Una marcha nacional; una vigilia por el parto en casa; numerosas cartas entregadas en mano con el relato de cada nacimiento para sensibilizar a diputadas y diputados, entrevistas, notas, activismo en grupos virtuales y mucho cuerpo y corazón presentes en cada reunión de las comisiones de Salud Pública, Educación, Acción Social y Legislación General, otorgaron una visibilidad sin precedentes para el parto en casa, las parteras y su derecho a la autonomía. Horas, días, meses de trabajo constante y paciente lograron que el poder establecido diera lugar a la voz de quienes trabajaron defendiendo este derecho. El 13 de noviembre el proyecto de ley recibió dictamen favorable de las cuatro comisiones, pero no en su versión original, si no

con la inclusión de la asistencia de “parto y alumbramiento en domicilio particular” como una de las tareas en las que las y los profesionales de la Obstetricia están habilitados. Lo que parecía imposible de revertir se hizo realidad. Este logro fue un parto colectivo, movilizado por un sentimiento de comunidad y solidaridad recíproca entre parteras y familias. Decisiones privadas e íntimas irrumpieron dulcemente la arena política para hacer valer un derecho tan profundo y a la vez tan pasado por alto en la vorágine de la rutinización de la vida, como el de elegir cómo recibir a nuestros hijos e hijas al mundo. No podemos recordar cómo nacimos, pero es importante pensar cómo se nace hoy, porque cuando se legisla algo tan particular como las condiciones en que tiene que desarrollarse un parto, se están regulando aspectos culturales tan generales como la concepción de la salud, los roles de género y el sentido de la libertad. Acaso en esta historia patriarcal de persecuciones, desplazamientos y difamaciones a las parteras en particular y a las mujeres en general, nos hemos creído que la profesión más antigua es la de prostituta y no, la profesión más antigua del mundo es la de partera. Valeria Fornes


Fotos Diana Martinez Llaser


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Texto Tania García Olmedo

Fragmentos de los diarios de Lisa Arroyo Cepeda Lisa Elcira Arroyo Cepeda, nacida en 1948 en Valparaíso, Chile, militante del FPMR hasta 1984 en que deserta del partido y se exilia en Bélgica, donde se cree que muere en un centro de salud mental bajo el nombre de Luisa Ríos en 1989. Entre las pertenencias de la señora Ríos se encontraron los diarios de los cuales proceden estos fragmentos, que la identificarían como Lisa Arroyo Cepeda. Dicha información nunca pudo ser confirmada o desmentida.

Antwerp, 1985 El agua suspendida en el lomo de esta tarde Esta luz es grisácea y los cangrejos esperan en las esquinas El agua, una amenaza cumplida La semilla en su sed, durmiendo en su sal Es la selva Murmuran las viejas En la memoria Se tuercen los juguetes El papel se hace escombro en los rincones Busco un libro que he perdido para siempre - llegan notas desteñidas de esas hojas La impronta de la memoria borrando las Huellas primigenias. Y la inocencia primera Dónde se guarda, qué resabios, qué bordes suyos El umbral de la mirada El umbral de la memoria ¿El umbral del dolor? Desde un lugar a otro, el límite vasto, el dedo en la llaga. ¿ Cuándo termina el dolor heredado? ¿ Dónde termina? Excavaciones nuevas, arquelogías de la propia historia siguen arribando a teorías que expliquan lo pasado, resignifiquan las fotos guardadas. Dónde pararnos, cómo resistir, cómo continuar, vivos - despiertos. Antwerp, es otoño Buscando una página del diario en el cesto de la ropa sucia para terminar de leer una nota sobre Pessoa y su pasión por la astrología. Una mujer astróloga descubrió que Pessoa realizó cartas natales para sus heterónimos. No encontré la página, me quedo leyendo una nota sobre el gulag y un escritor salvaje. La ropa sigue sucia, intacta. Un camino lleva a Roma, muchos caminos llevan a todas partes. Hice una cuerda con mis camisones. Miércoles Así, brindar y beber y dormir y levantarse y llorar especialmente a toda hora entre nosotros, los rituales. Cuando yo partía el pan y lo embebía en aceite, la simplicidad nos encontraba abriéndose en nuestra lengua el omnisciente don de comer y no decir nada -boca partida nuestra boca.

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Miércoles (ya es de noche y llueve) La soledad me ha perseguido hasta que pude dejarla entrar en mi cama sin sentir frío. Esa noche crecí de golpe muchos metros y por la mañana, me golpeé la cabeza contra el techo. Subí en cuatro pasos la escalera. Era un gigante. La soledad iba a la zaga y para mí, el mundo era siempre la misma cosa confundiéndose conmigo, charco o sombra. Dónde están los otros. Dónde comienzan los otros. Por qué los otros no son yo, por qué creo que yo soy los otros, también. La naturaleza mía y sus contradicciones. Mi yoísmo. Las sutiles torturas que me aplico. Pensar en mí y olvidarme de mí. Relegarme siempre. Las tareas de las nenas. Las mil pequeñas obligaciones. Todo lo que debiera ser y hacer. Todo lo que me enredo. Quiero viajar lejos y nunca volver. Quiero ser un otro yo y no recordarme. Si no tengo identidad, no soy yo misma. Ser otra otra: una renuncia posible. Cabalgar un conejito y rumiar como una vaca colorada que da leche en cantidad. No saber que voy camino al matadero. No saber de los otros. Una fiebre cuesta abajo y cuesta arriba, como la ruta que lleva a Valparaíso en los inviernos apagados por el hambre. Fantasmagórico el dolor cuando no se espera. Noche tras noche, sueños y fiebre, dolores acosando al cuerpo que se queja conmigo y yo, apenas puedo responderle a mi cuerpo, mis piernas, mi vientre buscando alivio de la fiebre. Devorada así todas las noches, las mañanas despierto con una intensidad ojerosa que renueva los bordes del dolor. Es dolor y sin embargo, es otro dolor. Así como el verde es el color que más tonos tiene, el dolor es el sentimiento que más matices logra. Calvino. Calvario. Carcaza tendida al sol: la osamenta fundadora de las ideas que prevalecen como signos en el desierto. Manojos de huesitos fundiéndose con el mundo para que en algún lugar, alguien escriba acerca del fosfato de calcio y el amor que sigue uniendo. Cerca de Antwerp, otoño 1986 Una neurosis que crece, ideas que me persiguen y me muerden, la nada y eso. Poca paciencia. No puedo parcharlo todo. Soy pájara extraña, útero estéril. No bordo para mis hijos, no voy a las reuniones de madres que se amontonan para hablar de las monerías últimas de sus niños. No me gustan las otras madres, esas criaturas terribles en su condescendencia para las otras como yo. Y así, todo: la neurosis crece, me salen alergias en toda la piel, siento que mi pie no toca basamento. Un día un puñal entre las cejas va a despertarme y yo, yo misma, me quedaré así, apuñalada en mí misma, incapaz de explicar nada, alivianada de mi propio peso y sin palabras que me drenen este tumor infecto encerrado en el pecho. ***********************

el cansancio todo lo devora cuánto lo he dicho siempre es cierto, la repetición no le resta brillo ni terribilidad frágil como un papel tengo miedo de romperme, de partirme en mil pedazos tengo más miedo de querer romperme, de buscar romperme en mil pedacitos la locura ¿se reconoce desde lejos o ataca sin aviso? ¿ muerde o traga a su presa? Antwerp en primavera, 1988 Guardo el musgo de una ternura Crecida a la sombra de los patíbulos Eco y luz que llega De estas pisadas salvajes La circunvalación de mí misma O no de mí, sí de lo que me habita Esta costumbre de abrir puertas Y dejar que corra el viento Es parte de mi herencia Dejen que las cosas lleguen a ustedes Digo a mis muertes Y hacemos bolillo con las palabras Porque son palabras cimentadas En el hueco del gesto Todo lo que me queda en pie.


Fotos Guillermo Monteleone photomonteleone.com

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Texto Gustavo Sassi Foto Diana Martinez Llaser

EN LA PLAYA. (Escena y fin) Playa del hotel. Noche. Ángelo es un hombre joven, viste traje de lino blanco, una camisa celeste y tiene un solo zapato, se encuentra atado con las manos a la espalda a un tronco enterrado en la arena al que le han descolgado un salvavidas que permanece al lado. Gunter se acerca cansino fumando un habano, viste buzo y pantalón negro. Camina descalzo y en la mano tiene una pistola Luguer. Detrás de los médanos las notas de un piano lejano perforan el rumor del mar. ÁNGELO: Un falsario entretiene al mar para que no se vaya lejos, lejos para siempre… GUNTER: Ahora no… por favor…

ÁNGELO: Imagino que tampoco le gustará oír que unos minutos antes de que usted llegara, vi con mis propios ojos correr una manada de hermosos zorros, lo que no puedo distinguir ahora es si los vi en los jardines del hotel o los vi en el mar. Eran sus príncipes colorados… GUNTER: Si no los maté hoy, será mañana… usted no lo sabrá… ÁNGELO: Gunter… vine a su hotel sabiendo que era un infeliz y un asesino, pero no imaginaba su ausencia de poesía. ¿Está refrescando…? GUNTER: La poesía es de putos…

ÁNGELO: La noche en que llegué, la orquesta tocaba en el salón un vals muy triste, entonces vi en sus ojos lo que nadie quisiera ver jamás. La impresión me torció la cabeza y se me escapo un gemido, en ese momento corrí a abrazarme a lo que más amaba, a morir en sus brazos...Me gusta la poesía que es de putos. GUNTER: Le di la oportunidad de irse. ÁNGELO: La única oportunidad que buscaba era la del amor, nada más. GUNTER: (Escupe) Nací en Berlín y acá aprendí a decir: ¡chúpeme un huevo!

ÁNGELO: Entonces le fuimos enseñando, de a poco, a hacer gozar a los homb GUNTER: No, eso no, pero me hicieron cultivar, el buen humor… ÁNGELO: Lamento tener que contradecirlo en todo o casi, justo cuando vino a despedirme. GUNTER: Es un día de felicidad para mi.

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ÁNGELO: Entonces me hará el inmenso favor de dejarme lo más cerca de la tumba de su querido hijo… quisiera llevarme esta noche fría antes de irme a sus brazos. GUNTER: No le voy a mentir prefiero tirar su cuerpo a los perros. ÁNGELO: Pobre Gunter, su hijo sabía, como yo, qué clase de bestia era usted, pero nunca, escuche bien, nunca derramó una sola lágrima de pena por su vida o por su suerte, la única vez que lo vi llorar fue enredado de una manera increíble entre mis brazos. Era hermoso lloraba de un amor que no entra en el cuerpo. GUNTER: Christoph no era maricón, fueron sus malas artes. Lo hice hombre, lo enterré hombre. ÁNGELO: Nací en libra un 23 de septiembre, igual que él, amábamos que nos dijeran: ¡Muchachos! Acá dormíamos… mientras usted despellejaba a sus presas. GUNTER: (Apuntando a la sien de Ángelo) No tolero que un animal se ponga sentimental cuando voy a matarlo, primero maté a Christoph, para que usted se sienta definitivamente solo. ÁNGELO: Usted es un consuelo, un veneno sabroso que he deseado sin respiro, nada ansío más que se decida a arrancarme la vida lo antes posible. Nunca estuve solo…pero usted camina sin rumbo noche y día, en cambio mi fin tiene una sola dirección, el amado que me espera. Gunter, este amor no había forma de interrumpirlo, tal vez un día su corazón antes de partirse en silencio, le haga comprender que los asesinos fuimos nosotros. Christoph y yo, despertamos este odio en usted, para conseguir estar juntos en el único lugar en el que nadie podría separarnos. No demore más o definitivamente voy a provocarlo y a causarle un dolor que no podrá resistir. Haga lo que vino a hacer y después no se de vuelta, porque no va a olvidar de por vida, mi sonrisa enamorada. La música y el disparo se atropellan. Gunter camina hacia el mar decidido.


Asesor Nicolรกs Rosas Fotos Diana Martinez Llaser

ROCK

TAROT para Iniciados

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Texto Juan Rezzano Arte Carlos Mac Donagh

Y una noche… el pelotudo se rebeló. Se rebeló de su condición de pelotudo. O, por lo menos, se desentendió de su pelotudez, la negó. Se declaró un no pelotudo. Y quedó como un pelotudo. Fue a ver a Las Pelotas y encontró allí, en la pista de La Trastienda de La Plata –la réplica platense del famoso café concert de San Telmo, tan cul como su dueño, el afrancesado Pelado Telerman-, una oportunidad para exorcizarse, para tratar de sacarse el pelotudo de adentro. Acaso embriagado por el vaho alucinógeno del humo de porro que endulzaba el ambiente, al pelotudo se le ocurrió que él no era un pelotudo, sino que alojaba uno en su cuerpo –que era, entonces, un cuerpo tomado. Que tenía como huésped a un pelotudo que no era él. Uno que lo dominaba desde adentro. Como el malvado Lucifer a la pequeña Linda Blair en el clásico de William Friedkin, un pelotudo le había okupado mente y alma. Lo había intrusado, digamos. Y lo había convertido en un pelotudo muy real, por cierto. Así, el pelotudo convirtió al pelotudo en otro, distinto a él, lo que le permitiría desmarcarse del pelotudo y exculparse. El pelotudo vio la luz cuando la hinchada –se sabe: algunas bandas de rock tienen hinchada, con cantitos de cancha y trapos y todo- cantó teque teque toca toca / esta hinchada está re loca / somos todos peloteros / Divididos Las Pelotas (el verso final alude a la rivalidad histórica entre las dos formaciones salidas de Sumo). En esa estrofa, el pelotudo encontró su grito libertario, su camino a la redención. Así como hay ricoteros y piojosos, los fans de Las Pelotas son peloteros, pero el pelotudo decidió reversionar la canción para convertirla casi en un manifiesto. Y cantó: teque teque toca toca / esta hinchada está re loca / somos todos peloteros / ¡pelotudo las pelotas! Y cantó y cantó y cantó. Cantó confundido en el pogo pelotero, un rito de torsos desnudos y transpirados, cebados por la versión frenética de Shine (y ahora estás pintando / toda tu cara para cambiar, cantaba el cantante y el pelotudo alucinaba que le cantaba a él, que el cantante había notado la transformación que progresaba en el pelotudo y cantaba para él). Y cantó saltando sin parar, como el pelotudo de King África. Y cantó también cuando todos cantaron otra cosa y cantó cuando el show terminó y todos se fueron y él siguió cantando y saltando, cantando y saltando como un pelotudo fuera de sí, hasta que dos muchachones lo tomaron amablemente de las axilas y lo llevaron hasta la puerta con las patitas como pedaleando en el aire y lo arrojaron a la vereda cual bolsa de basura y lo vieron cómo se incorporaba y se alejaba saltando y cantando, con la yugular como una morcilla y lo’ojo saliéndose de sus órbitas, sacudiendo convulsivamente sus brazos como si tratara de lanzarles telarañas a los muchachones, gritándoles, como el Coco Basile invitando a pelear a los hinchas que lo puteaban: ¡¡Pelotudo las pelotas!! ¡¡Pelotudo las pelotas!! ¡¡Pelotudo las pelotas!! Media hora después, sentado solo en un banco en la ciudad, como Carito, refugiado en la oscuridad piadosa de la noche, el pelotudo recobró la conciencia y descartó amargamente la hipótesis del pelotudo invasor que lo colonizaba desde adentro como una maligna metástasis cancerígena. El pelotudo era él, aceptó, y se fue solo cantando bajito una de Divididos, que al cabo le gusta más que Las Pelotas, y se sintió otra vez –una vez más- un pelotudo importante.


Texto Mario Spina Fotos Diana Martinez Llaser

El submundo amarillo No le entiendo señor. - ¿Cómo que no me entendés? - Es que usted me habla cosas que yo no le comprendo. - Mirá Maidana, es fácil. Vos bajás al túnel y te fijás si hay alguna rajadura por donde salga agua. Vas caminando desde acá hasta la estación que está debajo de la avenida, vas despacio, mirando todo. Cuando llegás allá das la vuelta y volvés, mirando el otro lado. Siempre tenés que mirar la pared que está a tu derecha. ¿Sabés cual es la derecha? - La de escribir, señor. - Bien, nos vamos entendiendo. - Lo que no le entiendo es eso de caminar al “suoeste”. - Suroeste, de sur y oeste. No importa, es para allá. ¿Ves para adonde te señalo con mi mano? Ese es el suroeste. - ¿Y usted sabe de eso porque estudió? - No pibe, no. Esto no te lo enseñan en la universidad. Lo sé por el mapa y la brújula. - Bueno, como usted diga. ¿Entonces voy? - Si, andá. Y mirá bien todo. Caminá despacio y fijate bien. - Si señor, voy. - Maidana. - Diga señor. - Llevate una linterna y ponete el casco.

Balame estaba cansado, realmente cansado. Hacía más de dos años que estaban trabajando en esos túneles y habían avanzado muy poco. Cuando él se hizo cargo de la obra estaban llegando al cruce de la avenida Caseros y la calle La Rioja, ahí donde empieza el Parque de Los Patricios. Hoy seiscientos días después recién estaban en la otra punta del parque, bajo la avenida Almafuerte, llegando al cruce con la calle Uspallata; apenas seiscientos metros de construcción. Eso le causaba gracia, menos de un metro por día, nada. Claro que esta era una conclusión simplista, pensaba Balame, no habían cavado y construido un metro por día de manera constante; la obra tuvo muchas demoras, muchas más de las que se habían planificado y de lo que él mismo hubiera imaginado. A este ritmo, este tramo del subterráneo se inauguraría el día del arquero, y no precisamente un 12 de julio. Pero lo que ahora le preocupaban eran esas grietas que Benegas -el pibe nuevo- dijo haber visto la noche anterior. Grietas en la estructura de hormigón, “algo más que extraño, el hormigón una vez que fragua no se agrieta”, pensaba Balame. A la par del reconocimiento visual de Maidana, él mismo bajaría al túnel para efectuar su propia observación. -Seis ojos ven mejor que dos -se decía a si mismo.

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- ¡Déjese de joder Balame! La obra no se puede detener. Llevamos más de un año de atraso. - Mire Doctor, yo entiendo que esto puede tener un costo político, pero si seguimos puede también pasar algún desastre. - ¿Costo político? ¡Me cortan las pelotas! Esos hacen si seguimos demorando. ¡Sigan adelante! Y no se olvide que estamos en año de elecciones, no se puede parar. El Secretario del Ministro salió de la improvisada oficina de Balame dando un portazo, se dirigió rápidamente al coche oficial que lo esperaba sobre Almafuerte. Había aceptado venir a ver la obra, y reunirse con el encargado, respondiendo a las llamadas telefónicas que había recibido durante la semana. Balame se había ocupado de que esto sucediera llamándolo más de treinta veces en los últimos tres días. Las grietas eran más que preocupantes, según lo dicho por Benegas, lo relatado por Maidana y lo que él mismo pudo observar, todo indicaba que algo estaba por suceder; o mejor dicho, algo estaba sucediendo. Al principio eran solo dos pequeñas rajaduras, en la sección cercana al inicio de la futura estación Hospitales. Durante la última observación -efectuada una hora antes de la reunión con el funcionario- pudieron reconocer treinta y cuatro grietas, en un tramo de ciento dos metros, contados desde el inicio de la estación extendiéndose en dirección noreste. Pero lo más extraño no eran las grietas, sino el líquido azul-verdoso que comenzaba a filtrar desde algunas de ellas. Balame había llegado al país a los cuatro años de edad. Su padre había muerto en 1969 en una cárcel salvadoreña como preso político; había sido un maestro comprometido con los cambios sociales, apresado durante la huelga general de 1968. Luego de su muerte, y a raíz de la guerra desatada con Honduras en 1969, su madre decidió abandonar El Salvador emigrando hacia el sur, siguiendo un antiguo mandato maya. Esta civilización creía que después de la muerte el alma emprende el camino hacia Xibalbá, el inframundo. Este mundo subterráneo se encuentra en el sur, y hacía esta tierra emprendió el viaje con su pequeño hijo José, buscando algún significado para la muerte de su esposo, según las creencias de sus ancestros.

José -hoy el Ingeniero José Balame- de cuarenta y cinco años de edad, se había hecho cargo de la obra de este tramo de la línea “H” del Subte de Buenos Aires, contratado por la empresa constructura. A él lo atraía el mundo que construían bajo tierra. Cada vez que bajaba a los túneles se sentía cómodo, como en su casa, entre los suyos. Tal vez los relatos de su madre tuvieran algo que ver con esto. Ella se ocupó de que el pequeño José conociera la historia y las creencias de su pueblo originario; pero lo que más quedó marcado en su interior es la búsqueda que ella emprendió. Cuando su madre murió, hacía ya veinte años, él se prometió continuar en su camino, y no se detendría hasta dar con el Metnal. Según sus antepasados mayas, cuando el alma llegaba al inframundo (sureño y de color amarillo) renacía en un individuo de la misma especie, sin ningún recuerdo de su vida anterior. Por eso había estudiado ingeniería, también por eso se había doctorado en arqueología, y por el mismo motivo había buscado este trabajo en el submundo, al sur de la ciudad y embanderado con el color del sol. Balame era en realidad su apellido mal anotado por el funcionario de migraciones, el real era Balam que en maya quiere decir “jaguar” y que en la misma civilización centroamericana se utilizaba para llamar a unos espíritus protectores de los campos y las cosechas. El día que llegó a Argentina (un 11 de abril de 1970) en la aduana no había muchas ganas de trabajar, todos los empleados estaban pendientes de lo que ocurría con la misión espacial Apollo XIII, cuando este vuelo casi se convierte en una tragedia al estallar parte del módulo de servicio dejando a la tripulación casi sin combustible, oxígeno y electricidad. Luego al tramitar su residencia, el registro inicial de migraciones pudo más que su acta de nacimiento, y desde ese día fue José Balame (con “e” final, como le gustaba decir, casi burlándose del destino de su apellido). - Suárez, por favor junte a la cuadrilla, traigan el trépano y las herramientas necesarias para picar la pared del túnel. Vamos a ver con qué nos encontramos tras esas grietas. - Disculpe ingeniero, pero hace un rato le sugirieron que siga-

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mos adelante. ¿No cree que esto puede traernos problemas?. - Traernos no. Traerme en todo caso. ¡Al carajo con lo que dijo este infeliz! Si él es un títere es su problema, yo no me puedo quedar de brazos cruzados. Sobre mi cabeza no va a pesar una tragedia, me hago totalmente responsable de mis actos. - Como usted diga. Pero le aviso que no estoy de acuerdo. - Oka, entendido. Vamos, junte a los muchachos, hay trabajo que hacer. La cuadrilla emprendió el camino que los separaba desde el acceso exterior hasta el inicio de la zona de grietas, unos doscientos metros. A la cabeza iba Balame, ansioso por descubrir lo que pasaba. En sus pensamientos esta ansiedad se traducía en el deseo de encontrar algún indicio de lo que había venido a buscar a este mundo subterráneo. No podía dejar de pensar en su madre y en los vagos recuerdos que tenía de su padre. Cuando llegaba a su casa, luego de la jornada de trabajo y militancia, don Pedro -como lo llamaban sus compañeros- siempre llamaba en voz alta a José: “Josecito, ven; ha llegado tu padre”. Esas palabras y la potente, y a la vez dulce, voz del maestro resuenan cada día en los oidos del hoy ingeniero. Es la misma voz que creyó escuchar en estos túneles más de una vez. José tiene por costumbre descender a “su submundo” cada día, luego que el personal termina su jornada y se retira. Tiene un lugar preferido, al finalizar el andén de la futura estación, en donde se sienta a tomar mate y a escuchar los sonidos del silencio. Este es su lugar, acá medita, se relaja y piensa en el momento en que esta posibilidad se acabe, cuando se inaugure este tramo de la línea. Espera que antes de que ese día llegue haya terminado su búsqueda. - Por acá Ingeniero. Ahí empiezan las grietas. - Sí, ya lo sé. Avancemos un poco más, busquen la más grande. En ese lugar comenzaremos. Caminaron unos veinte metros hasta encontrar una rajadura de un metro y medio de largo, por unos tres centímetros de ancho. De ella brotaba el líquido viscoso, de color azul verdoso que ya habían observado. Balame juntó un poco en un frasco esterilizado que había traído del pañol; luego lo analizaría esperando descubrir algo. - Muchachos, a romper. Con cuidado, perforan y miran. Vamos

despacio a ver si descubrimos que pasa. Luego de una media hora de trabajar perforando la pared del túnel no habían descubierto mucho. El líquido continuaba saliendo con la misma intensidad. Ahora tenían una perforación de unos dos metros de largo, por un metro de ancho y ochenta centímetros de profundidad. - Paren muchachos -ordenó Balame. -Mañana seguimos, ya es la hora de terminar por hoy. Vayan a cambiarse. Las herramientas déjenlas ordenadas acá, mañana vemos que hacemos. - ¿Usted viene con nosotros Ingeniero? -preguntó Suárez. - No, me voy a quedar un rato. Quiero ver un poco más. - Le dejo las linternas entonces. - Gracias Suárez. - Hasta mañana Ingeniero -el saludo se escuchó de varias bocas a la vez. - Hasta mañana muchachos. Que descansen. Balame se quedó un par de horas recorriendo el túnel, mirando cada una de las grietas. Anotó con cuidado las características de cada una y sacó fotos de todas, quería tener un mapa del día de hoy para compararlo en días subsiguientes. El seguía pensando en parar la construcción y sabía que para que lo autorizaran del Ministerio debería documentar lo que estaba pasando, aunque en el fondo sabía que todo esto sería inútil, un año de elecciones podía más que cualquier lógica, por más que esta lógica fuera tan contundente como lo que estaba sucediendo en ese túnel. Al finalizar su relevamiento alteró la rutina diaria, ese día no se quedó a tomar mate en el andén de su estación; tenía que pasar los datos en limpio, bajar las fotos a su computadora y mandar a analizar la muestra del líquido que supuraba de las grietas. Esto último fue lo primero que hizo. Si bien la empresa para la que trabajaba tenía un laboratorio de química propio, José prefirió enviar la muestra a un laboratorio privado. En ese laboratorio trabajaba un antiguo compañero de estudios, arqueólogo como él, en el cual podía confiar plenamente. - Química del Sur, buenas tardes. - Buenas tardes señorita. Con el Ingeniero Todesca por favor. De parte de José Balame.


- Un segundito, ya lo comunico. - ¿Balame? ¿El que tenía una plantita en su balcón y no convidaba? - Hola Todesca, sí, soy yo. Balame el angurriento. - ¿Cómo andás? Tantos años sin verte. - Bien, trabajando en el Subte H. - ¿En qué te puedo ser útil? - Práctico como siempre, eso me gusta. Mirá, te acabo de enviar una muestra de un líquido viscoso. Necesito saber qué es. - Alguna pista. Digo, para saber por donde empezar. - Es algo que está drenando de la pared del túnel que acabamos de construir, sale en varios lugares. - Okey. Lo investigo y te aviso. - Lo necesito cuanto antes. Creo que hay que frenar la obra, pero necesito tener datos que avalen mi corazonada. Por favor fijate si hay vestigios de ADN humano. - ¿ADN humano? ¿No me dijiste que ese líquido sale de la pared? - Sí, pero por favor verificalo. - Pregunta: ¿Esto es oficial? ¿Va con informe? - Si podés preferiría que en esta primera prueba quedara entre nosotros. Yo les pago el trabajo, no hay problema por eso. - ¿Estás loco vos? Por los viejos tiempos, cortesía de la casa. - Gracias Todesca. Te debo un vino. - Te tomo la palabra, que sea acompañado de unas costillas a la parrilla. - Hecho. Avisame cuando está. Cuando Balame miró la hora eran ya más de las doce de la noche; desde las seis de la tarde, en que los operarios se retiraban, el tiempo había pasado volando. Entre que envió las muestras, copió las fotos en la computadora, las clasificó y armó un archivo con los datos de cada una de las grietas, se olvidó de cenar. A esa hora lo único abierto era la pizzería de Caseros y La Rioja, hacia allí se dirigió; una muzzarella con fainá le vendría muy bien. Después volvería a la construcción, hoy pensaba quedarse a dormir allí. A eso de las cinco de la madrugada un grito agudo lo despertó sobresaltado. Venía del túnel, parecía cercano y a la vez profundo. Balame se había acostado a dormir en el andén de la

futura estación, sobre unas mantas que tenía en su oficina. La cercanía con el túnel era inmediata, lo separaban apenas unos diez metros. Si bien se asustó, le costaba despertarse. Lo envolvía una sensación de “ya va a pasar, está todo bien”, abrió los ojos e inmediatamente los volvió a cerrar, entregándose a un profundo estado de sopor. El segundo grito fue un aullido intenso, cargado de desesperación y dolor. Balame saltó de su improvisada cama; saltó realmente quedando parado mirando en dirección al grito, en dirección al túnel, en dirección a la grietas. Luego, a un profundo silencio que duró unos minutos, lo siguió un suave murmullo que comenzaba a brotar del túnel. A Balame le costaba escucharlo, tenía que esforzarse para llegar a percibirlo. Por momentos el murmullo cesaba, inmediatamente volvía a empezar y se hacía más intenso, luego disminuía y otra vez el silencio. El ciclo se repetía, siempre el mismo orden: silencio, murmullo suave que se incrementaba y disminuía, silencio. Balame no pudo esperar más, tomó una linterna (el túnel estaba en penumbras y no quería encender las luces, para que lo que fuera que hacía esos ruidos no se escapara) y bajó del andén. Mientras caminaba en dirección a las grietas sintió que un hálito frío pasaba por su lado, rozándolo apenas. Eso lo estremeció y lo paralizó. Quería seguir caminando pero no podía moverse, sentía frío, mucho frío. Este estado duró unos segundos; quince, quizás treinta, imposible contarlos, al hombre le parecieron una eternidad. Cuando recobró el movimiento todo había terminado, no hubo más ruidos, ni aullidos, ni murmullos, ni aire frío; por el contrario, volvió a sentir el clima húmedo y cálido del túnel al cual estaba acostumbrado. Volvió al andén, eran ya las cinco y media de la mañana. En un rato amanecía, y en una hora y cuarto llegaban los primeros operarios. Decidió no dormir más, unos mates le vendría bien para ordenar sus ideas y acomodar sus sentires. - ¡Ingeniero! - Sí, acá. ¿Qué pasa? - ¡Las… rajaduras! -dijo Maidana, mientras llegaba corriendo, entre jadeos cortos. - Tranquilizate Maidana. ¿Qué pasa con las rajaduras? - Que ya no están Ingeniero.

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- ¿Cómo que no están? ¿Dónde no están? - Donde estaban ayer. En el túnel. - No me jodas Maidana. Balame corrió hacia el túnel. Lo que decía el operario no podía ser realidad. El día anterior habían trabajado en el túnel profundizando las rajaduras, en busca de alguna respuesta; no podían haberse cerrado como heridas en la piel. La pared es de hormigón, el concreto no cicatriza. - Véalo usted mismo Ingeniero, las rajaduras ya no están. - ¿Cómo mierda…? - Cuando bajamos, hace un rato, ya estaba así. Es como si a la noche se hubieran curado esas heridas de la pared. - ¿De qué heridas me hablás? Eran rajaduras, no heridas. - Con todo respeto Ingeniero, ¿qué diferencia hay? Heridas, rajaduras, ¿acaso no son lo mismo? ¿No pensó que la pared sangraba a través de sus heridas? - No seas irracional, pibe. Las paredes no sangran. -Por más que Balame exteriorizara esta expresión, sus pensamientos navegaban por el carril opuesto. Desde los gritos de la noche anterior sabía que había allí algo con vida; quizás dentro de esas paredes. - Con el Ingeniero Balame por favor. - El habla. - Buenas tardes, de Química del Sur. El Ingeniero Todesca le va a hablar. - Gracias señorita. - ¿Balame? Todesca habla. - Hola. ¿Tenés los resultados? - Si. Nada de ADN. El líquido es un hidrocarburo, aceite mezclado con kerosene. Encontré vestigios de gasoil. - ¿Eso es todo? - No, falta lo mejor. - ¿Sí? ¿Qué más? - Las muestras las puse en el espectrómetro anoche. Allí es donde se analizan. Cuando está el resultado final, saca una hoja impresa con los datos. Hoy cuando llegué, a eso de las ocho de la mañana, los resultados estaban impresos, pero los tubos con las porciones de la muestra que me trajiste estaban vacíos.

- Los habrá limpiado alguien del laboratorio. - No, soy el único que tiene la llave del gabinete del espectrómetro. Nadie las pudo sacar, simplemente desaparecieron. Pero, hay más. - ¿Qué más? - El recipíente que me trajiste, con la muestra. Ahí quedaba la mitad, más o menos. También está vacío. - ¿Qué? ¿Se evaporó? ¿Desapareció? - Algo así Balame, algo así. Es raro, muy raro. Es como si de pronto todo se hubiera desmaterializado. - Una pregunta Todesca ¿a qué hora empezó el aparato ese a analizar la muestra? - A eso de las diez de la noche, y el proceso tarda unas siete horas, o sea que terminó a las… esperá, aca tengo la copia impresa, dice cuatro cuarenta y nueve. Antes de las cinco terminó - Gracias Todesca. Te debo una. - Una no, un asado, con tinto me debés. ¿Podría ser que todo desapareciera en el mismo momento? Las muestras, las rajaduras, todo se esfumó entre las doce de la noche (que fue la última vez que Balame vió las rajaduras) y las siete de la mañana (que fue cuando los operarios llegaron a trabajar y descubrieron que ya no estaban). Este horario coincidía con lo que le contó Todesca, ya que él dejó el análisis del líquido en marcha a las diez de la noche, el examen terminó antes de las cinco y para las ocho de la mañana las muestras ya no estaban. Podía concluir (a Balame le gustaba llegar a conclusiones certeras, vicio profesional tal vez) que tanto las rajaduras como la muestra del líquido desaparecieron en algún momento entre las cinco y las siete de la mañana. Pero esta conclusión no llevaba a ningun tipo de resolución, hasta allí podría saber. No tenía más datos, ni los podía conseguir. Las grietas ya no estaban, el líquido tampoco. La obra podía seguir adelante. Era un año de elecciones, también en el submundo sureño y amarillo.

A la memoria de don Pedro Balame. 2 de enero de 1939 – 29 de julio de 1969 (6:00 AM)


Texto Mario Spina

Tengo, un -Hola Vicente. ¿Salió la Lúpin? -Hola pibe. No, sale mañana. ¿Te la guardo? -Dele, me falta la segunda parte de un planito para armar un avioncito con motor a gomita. -Ya que estás, ¿me cuidás el puesto un rato? Tengo que ir a cobrarle a algunos clientes. -¡Sí, dele!   Cada vez que Vicente -el canillita de la esquina de Boedo y Las Casas- le pedía si se podía quedar un rato cuidándole el kiosco, el pibe sentía como si se fuera a abrir un portal que lo invitara a sumergirse en ese mundo soñado, lleno de revistas y de fantasía. Para entrar, tenía que esperar que el rey abriera la puerta lateral y saliera, presto a dirigirse –sobre su corcel de caños y ruedas- a recorrer otras comarcas. Después de la correspondiente reverencia hacia su majestad, ascendía rápidamente los dos escalones de madera y tomaba posición del reino. A su derecha, hacia atrás y a su izquierda, se encontraba rodeado

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mundo de fantasías… por ejemplares que lo invitaban a sumergirse en las más variadas historias. Encontraba las épicas, las plenas de humor o suspenso y las que estaban colmadas de escenas que luego, de vuelta en su sencilla morada, no le permitirían conciliar el sueño. Sin perder ni un minuto, comenzaba a devorarlas. Páginas en blanco y negro o en color, cuadritos y diálogos, príncipes valientes, pilotos de biplanos, superhéroes con poderes fantásticos, niños que vivían en caños, simpáticos ladrones que podían sacarle la ropa interior a una persona sin que ella se diera cuenta, generales en misiones suicidas y cabos en la pampa, gorilas y lagartos que gustaban de las travesuras, habitantes de un conventillo de la Boca, un joven piloto de carreras protegido por un hermano misterioso, y miles de seres que sin corporizarse llenaban los días y permitían a su imaginación ser parte de ese reino del nunca jamás.   -Pibe, pibe… ¿me escuchás?, ¿estás bien? -Ah… sí, discúlpeme, estaba volviendo de un viaje…

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Fotos Diana Martinez Llaser

damas y caballe

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con . . . s e d e t s u


Fotos Diana Martinez Llaser

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Los jueves en Niceto Club www.club69.com.ar Única, original y lujuriosa. Sean todos bienvenidos al encanto del sixtynine. Djs Sets & Live Shows La Compañía Inestable. Los Fabulos B-Boys. club69buenosaires@gmail.com


Texto Fabiรกn Spampinato Fotos Diana Martinez Llaser

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chuchos de frío. Me duele el estómago. Y tengo stinte si es el estómago o los inte A decir verdad: no se exactame quiere el diagnóstico exacto. nos. Hay que ser precisos si uno zos, la transpiro la espalda y los bra Lo mismo que el frío. Si bien en las piernas. congelada está molestando solo ra en calor que produce la temperatu Es raro eso de transpirar por el motivo o “chuchos de” por el mismo alza… pero a la vez tener frío lo que por o” significa “escalofrío” (hurgando descubro que “chuch ). ” es como una obviedad, perdón agregar el aclaratorio “de frío una ubo se si estoy intoxicado, inc Sigo: en estas condiciones no za. nte tengo una infección macha pequeña gripecita o directame pis. er hac s ganas de ir al baño. Si: a Porque no les dije: tengo mucha es por peor que “meo”) como 10 vec “Orino” (horrible como se lee, ?. rme taré además por deshidrata día. Y nada de gotitas: litros. ¿Es nada le la cabeza y aún no les conté De tantas preguntas ya me due inó: term (o e año 2012 que termina de lo que para mi significó est es que licado… “esto” ). Pero lo cier to no se en que fecha estará pub cono com s golpes económicos pero, el guacho este me dio mucho tados stica aflore por los cuatro cos trapartida, hizo que la veta artí hago solo de 4, pero no los conté: (creo igual que tenemos más . uso-abuso de una frase hecha) s lupias y ajenas toqué por mucho Como músico con bandas pro ), con ta, Capital, Trenque Lauquen… gares (Tucumán, Mar del Pla Mala ar, gul d, Cabrío, Improove, Irre muchas bandas (Magnolia, Red y adek, jazz, progresivo, covers….) Sangre…), distintos estilos (roc s en 6 inta ando en 3 direcciones dist más de eso, mudé a mi radio est ) y la su 4 presidentes en 1 semana meses (parece la Argentina con ta) net Spi tural (llamad Luis Alberto inauguración de un Centro Cul os por o en octubre y ahora lo estam que tuvo un primer mes glorios todo alar osa 3° corrida) para inst mudar, definitivamente (esa fam reciosiciones y muestras, talleres, junto (radio, Centro de Arte, exp mosa casona. tales, charlas) en una sola y her imimo por otro. Pero: ¿a quien le Año positivo por un lado. Y pés por ta?. ntura. chos. Mi intoxicación y mi cale Será por eso mi fiebre y mis chu tarse. Pero también hay que reinven Pentengo inflamación de intestinos. Ahí me dice el Dr. Google que uimos. los huevos. Así estamos y seg sé que solo tenía hinchados Buen 2013.


Fotos Guillermo Monteleone photomonteleone.com


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