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QUÉ DECIR CUANDO ME PREGUNTAN POR TI Daniel Rivera

UALN


DANIEL RIVERA Twitter: @DANIRIVERA4S

Detesté la poesía antes de que alguien me enseñara a mirarla con otros ojos, a entender que los versos, como la vida, no tienen por qué rimar. Y ahora estoy así, deseando que cada día me depare un poema nuevo. Qué cosas.

Perdón. Soy un maleducado. Me llamo Daniel, Daniel Rivera, nací hace ya veintidós años a cuarenta y siete kilómetros de Valladolid, en Medina del Campo, lugar exacto donde conocí por primera vez qué es esto de querer. Desde entonces he ido poniendo nombre a las heridas de mi corazón. A la chica del bus. A la del tren. A la que me sonrió y después se fue. A mi otra chica del bus. A la que me cruzaba los martes. Y que hacía de los martes mis días preferidos de la semana. A todas las chicas que no podría nombrar. Porque no conozco su nombre. A las que me enseñaron que amar consiste en perder hasta ganar. A la chica que compartió aquel café. Que por cierto pagué yo. A todas mis amigas, incluso a las que nunca me hubiera gustado llamar amigas. A todas las que aportaron su granito de inspiración. Y a las que lo harán.

Gracias.


QUÉ DECIR CUANDO ME PREGUNTAN POR TI plaquette de poemas


A la persona que me enseñó que sabía escribir.

A Marie.


El peón de tu ajedrez "Mueve, mueve" Me advertía su sonrisa de media luna como diciendo que, hiciera lo que hiciera, todo iba a salir mal. Para mí. Y no sólo en el ajedrez. "Mueve, mueve" decía, y yo siempre movía, moviendo por mover, porque era imposible concentrarse estando ella enfrente. Antes de llegar ella con su ajedrez mis tardes se juntaban con mis noches, y mis noches, a su vez, con nuestras mañanas. -Nuestras porque siempre las compartía aunque sólo fuera hasta unos anónimos 'Buenos días'-. Pero cuando me di cuenta de que ella sería la reina de mi juego de damas su mirada irreverente me degradó a peón, un peón que avanza pasito a pasito hacia un destino ya escrito, un peón que anhela tener caballo, una torre, y a su reina.


Funcionarios El funcionario que atiende en la nostalgia me ha dicho que lleve todas tus fotos y las cartas que hablaban de ti. Me niego a conjugarte en pasado. Me niego a que nosotros ya no sea una opción válida en la encuesta del futuro. Me niego a rellenar el formulario de cese de tu recuerdo. ¡Me niego!, grité. Y el funcionario, muy amablemente, me ha aconsejado que salga en silencio de allí, que la nostalgia grita pero que allí no se grita, que tal vez mi lugar esté un par de pasillos más allá en el mostrador de las causas perdidas.


Aviones Te espero en Barajas con flores en la mirada, aguardando a que aterrices para verte bajar, a través del cristal, del avión de las dudas, ese que a veces nos sobrevuela. Viajas con poco equipaje, sin ninguna maleta repleta de recuerdos del pasado, por eso son inevitables las dudas del presente cuando se viaja tan rápido, cuando vemos nuestro mundo tan pequeño al mirar por la ventana del futuro. Y chocamos, lógicamente, chocamos, siempre terminamos chocando, haciéndonos daño, cayendo en picado, y mientras suenan las alarmas, saltan de cada compartimento las máscaras de óxigeno para disfrazar nuestros miedos, para volver a respirar cuando se despresuriza la cabina de nuestro amor. Por suerte, siempre funciona el paracaídas. Por suerte, siempre hay un ‘Te quiero’ tras una caída.


La historia del hombre que nunca amanece Reinicia los días como aquel ordenador viejo que ya no responde -cambia ordenador por corazón y tendrás su historia-. Se pelea cada amanecer con aquella alarma, puta aliada de la rutina, queriendo vivir para siempre en su cama, quien ya no espera nada de la vida. Se levanta, alicaído y a las tantas, apoyando primero el pie derecho para no tentar aún más a la suerte, una suerte que le es tan esquiva como la mirada huidiza de la chica de sus realidades. Se enciende un cigarrillo y mientras apura, calada a calada, su esperanza se ducha con el llanto de aquel que perdió algo por el mero hecho de nunca pelearlo. Y el hombre que nunca amanece regresa a la soledad de una almohada sin guerras, a la amargura de un pijama sin fiesta, a la oscuridad de su cama sin ella.


Todo lo que podríamos haber sido Me vienen hoy a la cabeza imágenes -y me maldigo por ellocomparando lo que fuimos y lo que podríamos haber sido como quien contrapone realidad y expectativa en un juego donde sólo conseguiré hacerme aún más daño -De lo que me hiciste tú-. Podrías haber sido la mejor forma de despertarse un lunes por la mañana el café caliente de los martes de dudas la sonrisa que se burla del mundo un miércoles la posibilidad de levantarte la falda un jueves cualquiera el alcohol que cura mis heridas de los viernes noche las ganas de follarte -aún más si cabe- un sábado tonto y mi desayuno en la cama de los domingos soleados Pero sin embargo te conformaste con ser una auténtica hija de la gran puta.


Anuncios por palabras Se venden retales de un corazón deshilachado porque llegué a la conclusión de que es más fácil no tenerlo que pasarse toda la vida cosiendo. Se alquilan las ganas de perder la vergüenza, de hacer ahogar un grito de placer en la almohada más cercana mientras despeina mi cabeza perdida entre sus dos piernas. Se empeñan los 'Te necesito' que se quedaron en la punta de la lengua los besos en la recámara que no prendieron por falta de pólvora y los whisky con coca cola que necesitaré para olvidarla. Pregunten por el hombre de la gabardina gris que camina cabizbajo todas las noches de lluvia por aquella maldita calle del pasado en la que sólo transitan los recuerdos amargos.


Érase una vez Ya me estoy desintoxicando de tu droga, dejé de buscar por oscuros callejones a aquellos que supieran dónde encontrarte. Que las cicatrices que decoran mis brazos sólo evocan que hace mucho tiempo que no recorres mis venas. Y lo mejor de olvidarte, de saber que ya encontraste final para nuestra historia, es tener la certeza de que llegará alguien mejor que tú que pinte de blanco la pared del recuerdo y empiece a garabatear sobre ella un nuevo “Érase una vez” Porque, llámame optimista, pero el final de cada aventura sólo significa que la mujer de mi vida está un paso más cerca. Y no. Lógicamente no eras tú.


Del amor y sus fragmentos Tengo ganas de llorar pero nunca fui de lágrima fácil. Tengo ganas de escribir pero no tengo fuerzas, siempre estuve inspirado tras un 'Adiós' cruel. Tengo conversaciones kilométricas con las que me derrumbaría, pero me obligo a mí mismo a no leerlas jamás. Tengo el corazón acelerado y por primera vez no es por culpa del amor sino de todo lo contrario. Tengo muchos recuerdos archivados y cuantos más tienes, más duele el olvido. Tengo mil y un silencios tuyos que ahora cobran sentido. Tengo tu portazo de despedida en el modo replay de mi mente. Tengo, al fin y al cabo, una soledad que regresa y una esperanza que se marcha. Y tengo una certeza... Porque lo peor de todo es que sé que tú no estás igual. Y que hoy camuflarás los gritos de tu corazón con el ruido de los muelles.


Declaración de dependencia Te observo desde una distancia prudencial, como aquel que contempla lo que podría tener si se atreviera, como el cuento de una lechera que no tuvo valor porque también se requiere de valentía para cumplir un sueño. Te observo desde mi distancia de seguridad, entre nosotros, justo en medio, sólo nos separa mi cobardía, un muro infranqueable construido a base de 'qué pudo haber sido' con ladrillos en condicional, la forma verbal más triste que existe. Te observo yo, porque tú nunca miras, inconsciente de que, en tu tristeza, hay alguien capaz de hacerte feliz, de sacarle brillo a tu sonrisa polvorienta, olvidada ya en algún rincón, de contemplarte desde la cama mientras te marchas, orgulloso de tenerte. Te observo y me invaden unas ganas locas de perder la cabeza, de saltar por fin el muro, de acelerar tu corazón al ralentí, de demostrarte que todas las decepciones pasadas te ayudarán a ser más feliz. Conmigo. Porque firmaría mi declaración de tu dependencia sólo para observarte un poco más cerca. A escasos centímetros. Y en mi cama.


Septiembre SuspendĂ­ en el amor porque te empeĂąaste en que no necesitaba clases particulares y ahora, mientras tĂş apruebas y pruebas suerte con otros profesores yo voy contigo de asignatura pendiente al puto septiembre.


Definiciones del olvido El olvido es una hostia en diferido, una multa por haberse excedido en la autopista de la felicidad. Es una botella desmayada en la barra del bar donde pretendo buscar una chica de compañía a mi soledad. El olvido es poner tu cara a cada grito desbordado sofocado por la almohada donde antes soñábamos juntos. Es tu tanga en mi cajón, una pregunta con tu nombre -que ni sé ni quiero respondery el solitario pintalabios que me desafía a ser feliz. El olvido es engañarme decirme que todo irá bien que mañana será otro día que hay más como tú que ya ves que no eres la única que ya vendrán otras piernas entre las que perderme. Y saber que (me) estoy mintiendo. El olvido es entender que nuestra historia nunca tendrá el final que yo escribí.


Un banco cualquiera Te levantas mientras mi corazón da un vuelco al compás rebelde de tu minifalda atrás dejas ese banco cualquiera de un parque cualquiera de una ciudad de la que no importa el nombre porque lo verdaderamente importante fue que ahí, justo ahí, me enamoré de ti. No suelo ser un voyeur ocasional porque me duele ver que alguien tiene lo que yo quisiera tener y no tengo. Llámame egoísta. Pero llegaste tú con tu libro de Bukowski como diciendo ¡Eh, mírame! como queriendo tenderme la mano para ser la heroína que rescata de la villana tristeza a ese pobre hombre que se conforma con imaginar lo que querría tener pero no tiene. Y yo, puestos a devolverte el favor, sería capaz de salvar al mundo entero debajo de tus sábanas.


Annie la de los ojos tristes Nunca supo el por qué todo Callao comenzó a llamarla así, tal vez por dejar que su piel se acostase con la soledad. Annie la de los ojos tristes nunca más volvió a tener otro apellido que su mirada cuando los reservados se convirtieron en su hogar y todos los camellos del barrio la fiaban. Annie, con sus ojos tristes, no cometió más pecado que empeñar su corazón a cambio de amaneceres con un tipo al que nunca le importó la diferencia entre follar y hacer el amor. Annie, la de los ojos tristes, empezó a tener butaca reservada en Proyecto Hombre y se iba marchitando, poco a poco, a medida que el resto conocían su nombre. Y mientras Annie (y sus ojos tristes) esnifaba todos los pasos de cebra de Madrid, se alejó de la vida para siempre, de besos y de miradas cómplices en cualquier rincón de París.


Juguemos ¿Vamos a jugar, vienes? Juguemos a mirarnos siempre como nos miramos la primera vez.

Juguemos a quemar contenedores y a lanzar cócteles mólotov contra el olvido.

Juguemos a disfrazarnos de funcionarios y a escondernos para que no nos descubra la rutina.

Juguemos a ser funambulistas danzando en la fina cuerda del presente.

Juguemos a ser los malos de la película y que nos condenen a felicidad perpetua.

Juguemos a pisar los charcos de la vida con las katiuskas impermeables de nuestros sentimientos.

Juguemos a barrer al otoño para que siempre sea verano en tu cama.

Juguemos a dar envidia a los gatos moviéndonos con agilidad felina por el tejado de nuestros cuerpos.

Juguemos a sumar tú y yo para que jamás nos dé los decimales de un corazón roto. Juguemos a coger el camino equivocado. A ver si así, de una puta vez, nos encontramos.


Redes No cabrían en ciento cuarenta caracteres todos los sentimientos del día que te borré de mi futuro cambiando la relación en mi muro de Facebook, dando la orden silenciosa de abrir fuego con cientos de preguntas que me hablaran de ti. Bloqueo tu recuerdo en Whatsapp y me recuerda que la última vez que conectamos fue la penúltima vez que te vi. Tecleo tu nombre en Google y me aconseja que quizá quise decir pasado.


En la universidad de tus sábanas Estoy en el paro. Se ve que mi carrera en el amor no se puede convalidar en la universidad de tus sábanas, tampoco me apetece empezar tu máster en bragas caídas porque yo quiero hacerte feliz con ellas puestas. Y no como otros. De qué me sirve a mí ahora ser restaurador de corazones rotos si un médico nunca se pudo curar a sí mismo, de qué me sirve a mí ahora ser el arquitecto de tu sonrisa perfecta si ya nunca podré contemplar mi obra, dime, por favor, de qué me sirve ser abogado en tus causas perdidas si te perdiste en las causas de otros y no en las mías. Ahora regresa a nuestra casa y recoge tus cosas. Pero a mí déjame, solo, preguntándome qué hice tan mal como para terminar despedido de tus sueños. Después echaré un par de currículums en otras camas. A ver si hay suerte y me cogen.


Declaración Universal de mis Derechos Humanos Toda persona, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, tiene el derecho de encontrar a alguien que le haga sonreír.


POESÍA Tu hombro desnudo pidiendo guerra, la manera de recogerte el pelo como si éste no fuese otro lunes cualquiera, la sonrisa veraniega que descongela mis inviernos, esa forma que tienes de que sea tan fácil quererte sin quererlo. Es sencillo ser poeta contigo. Te sobra poesía.


nunca sĂŠ quĂŠ decir cuando me preguntan por ti.


Qué decir cuando me preguntan por ti