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LETRAS Literatura 3  -­‐    4  10  11  16

     

Primer  Poema  del  Año    Ocurrió  en  el  Supermercado    Biblio-­‐T-­‐K    Iteración  Poé?ca    Tendedero  de  Haikus  

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Apocalyp?ca  y  su  nuevo  disco    Stratovarius,  In  Extremo,  et  al…    Música  no  tan  Clásica  

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The  Ward    Edgar  J.    Underworld:  Awakening    The  Girl  With  the  Dragon  TaVoo  

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Música 17  -­‐  18  19

Cine

20    21  22

Entretenimiento  23

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demás Dirección  editorial,  redacción,  mercadotecnia,  ventas,  diseño  y  todo  eso:  Editorial  Sad  Face   L.  Letras  Raras  es  una  marca  registrada.  2012.  Año  1,  número  8.   Fecha  de  circulación:  enero  de  2012.  Revista  editada  y  publicada  por  Editorial  Sad  Face  y  Her  Majesty’s  Entertainment.  Domicilio  conocido,  código  postal  90210.  Prohibida   su  reproducción.  Todos  los  contenidos  originales  aquí  verNdos  son  propiedad  de  sus  respecNvos  autores  y  están  protegidos  por  INDAUTOR  todo  poderoso…  ¡Así  que  no  te   fusiles  nada,  cabrón!  

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- R E V I S T A

Bienvenidos. Bienvenidos.

R A R A S -

Les damos la más cordial bienvenida al primer ejemplar de 2012 de Letras Raras, la revista literaria-cultural de menor circulación en la República Mexicana (con cana de CANACA). Abrimos el año con un número cuentístico-poético-musical que, esperamos, sea de su agrado, así que ¡pásele a lo barrido!

Bienvenidos.

L E T R A S

Originalmente el calendario romano tenía 10 meses que sumaban 304 días, pero por ahí del siglo XVIII a.C. un sujeto llamado Numa Popilius (el sucesor de Rómulo, según dicen) añadió Enero y Febrero a la cuenta, completando el año solar tal como lo conocemos. El nombre de este mes, Ianuarius, proviene de Jano, el dios de los pórticos, los comienzos y los finales. El vocablo en castellano viene de la corrupción ‘Janeiro’ (como la ciudad brasileira).

ENERO

¿Me hablaban?

¿Y usted quién inframundos es? No seas güey, es January Jones, la que hizo de Emma Frost en X-Men: First Class.

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Jano tenía dos caras, una contemplando el pasado y la otra el futuro.


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o ñ A l e d a Primer Poem JIMM

Se me  ha  perdido  el  primer  poema  del  año.  Era  un  haikú,  y  decía   (Algo de cinco sílabas) biósfera eternizante uno más dos Me  fue  dado  de  repente.  Respiraba  el  viejo  aire  de  año  nuevo  en  la  terraza,  repleto  de   humo  de  cohetes,  series  de  luces  coloridas  a  lo  lejos,  y  música  de  barrio  sucio,  de   madrugada.  En  fin,  mi  poema  nada  tenía  que  ver  con  año  nuevo,  ni  el  juego  del  Go,  ni   la  teoría  de  conjuntos,  aunque  en  todo  ello  pensaba.  El  tercer  verso  no  tenía  cinco   sílabas,  así  que  trataba  de  acomodarlo;  y,  en  lo  que  me  preguntaba  qué  sería  mejor,  es   uno  más  dos,  o  ser  uno  más  dos,  y  jugaba  con  cosas  ridículas  como:  Go:  uno  más  dos,  y   tres:  uno  más  dos,  me  repe_a  constantemente  el  segundo  verso,  tan  fuerte:  biósfera   eternizante.  Cuando  me  di  cuenta  había  olvidado  el  frugal  primer  verso.   Lego  la  mala  forma,  y  la  muy  mala  forma  de  aquel  designio  perdido.  

n; corre te, s o t a Mis g eternizan ra . biósfe o más dos o un

. ro uno nte; e m ú N a terniz . e a r e f o biós nos un e m s do

©Charles Schulz

Postdata.

Imaginad que  al  instante  de  nuestra  muerte  todo  lo  recordamos,  y  esa  probada  úlNma   de  eternidad  fuera  vida  después  de  la  vida,  como  en  aquél  poema  de  Borges.     3


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Ocurrió en el Supermercado E.J. Valdés Antes de comenzar esta narración hay dos puntos que debo aclarar. El primero y quizá menos importante es que esta es una historia real. El segundo, lector, es que cuando llegues al último enunciado del relato no habrás creído una sola palabra de lo que he escrito. Quien conoce el lado oriente de la ciudad sabe que existen tres supermercados de cierta cadena comercial a la cual, por razones prácticas, me referiré como WM. Una de estas tiendas se ubica en la avenida Ignacio Zaragoza, casi a la altura de la terminal de autobuses; la segunda la encontramos en la transitada esquina que forman Manuel Altamirano y Apodaca; la tercera, la más apartada, se levanta frente al complejo comercial que recién construyeron en la avenida 5 de Mayo. Como es sabido, todos y cada uno de los puntos de venta de esta cadena son copias exactas del original, que aún opera cerca del Eje 7 Norte. Tal similitud no solamente aplica para las fachadas externas, sino también para la disposición de los pasillos e islotes al interior de las tiendas y, en el caso de la tercia de tiendas que he mencionado, también para el estacionamiento, con los mismos cajones perpendiculares trazados con pintura azul. Como cualquier habitante de esta sobrepoblada urbe, no son pocas las visitas que hago a estos supermercados; de hecho, he de admitir que a la fecha soy asiduo consumidor de estos establecimientos, en los cuales tengo a bien detenerme una o dos veces a la semana para reabastecer el frigorífico y, si el ocio lo amerita, pasear entre los embutidos y las verduras mientras filosofo al compás de las ruedas del carrito. Ocurrió pues que hace unos meses, mientras conducía de regreso de la oficina como hago de lunes a viernes, el hambre me tomó por sorpresa cuando aguardaba la luz verde en el cruce de Apodaca y Jorge Prieto. Así como la inspiración repentinamente embriaga a algunos poetas y cuentistas, mi cuerpo se vio invadido por el incontenible deseo de comer un emparedado de roast beef con beicon y una pecaminosa dosis de mayonesa. Cerrando los ojos corrí la lengua por mis labios, imaginando aquellas calorías rodando cuesta abajo por mi tracto digestivo, cuando la bocina del Peugeot a mis espaldas me recordó con insistencia que era momento de seguir adelante. Pisando el acelerador hice un rápido recuento de los ingredientes almacenados en la nevera y supe que, si acaso deseaba saciar mi apetito, debía hacer una escala para adquirir los elementos que conformarían mi suculenta merienda. Haciendo aplomo de mi pericia al volante desafié las leyes del tráfico de las ocho de la noche y me las arreglé para atravesar los cuatro carriles que me separaban del retorno más cercano. Reclamos más tarde, ingresaba al aparcamiento del WM de 4


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Manuel Altamirano, tan concurrido como siempre. Ansioso por llegar a casa, me limité a guiar el carrito de las compras por los pasillos pertinentes, y una vez hube reunido los ingredientes me introduje a toda prisa por una de las cajas registradoras. Pronto el centurión de American Express se encargó de la cuenta y yo me encaminé de regreso a mi automóvil, casi saboreando la resbalosa textura de la mayonesa en mi boca. Mis pasos me llevaron a una de las largas filas donde vehículos de todas las marcas, modelos y colores aguardaban a sus dueños cual bestias anudadas a un árbol y, buscando mis llaves en el bolsillo de la chaqueta, me detuve junto al poste frente al cual había aparcado. Pulsé el botón que corría los seguros, pero grande fue mi sorpresa al levantar la mirada y descubrir que en el lugar que debía estar mi Chevrolet se encontraba una destartalada pick-up Ford. Extrañado, miré alrededor e incluso eché un ojo a los corredores aledaños, preguntándome si acaso la memoria me había traicionado, pero pronto fue un hecho palpable que mi coche no se encontraba en esa sección del estacionamiento. “Me han robado,” pensé, mientras el corazón se me iba a la garganta. Rápidamente llamé la atención de uno de los vigilantes que merodeaban la zona. – ¿Un Chevrolet blanco? – preguntó, rascándose la nuca como si ello le ayudase a recordar –. No, señor, por aquí no se ha estacionado ningún Chevrolet blanco, lo siento. Mostrándole la llave, insistí en que el automóvil se encontraba aparcado justo frente al poste del alumbrado, pero el hombre afirmaba llevar allí toda la tarde y no recordaba ningún vehículo con esas características que hubiese entrado o salido por aquel pasillo. Sus negativas pronto me encolerizaron y, seguro de que estaba coludido con los maleantes que habían hurtado mi coche, decidí reportar el incidente a la administración del almacén, no sin antes señalar la cámara de vigilancia que acechaba desde la esquina y advertir al vigilante que las cosas no quedarían así. Víveres en mano, regresé al interior de la tienda dispuesto a no salir de allí hasta que el mismo gerente del supermercado atendiera mi reclamo, pero cuál sería mi sorpresa al cruzar bajo el arco de la entrada y leer por encima de mi cabeza “Bienvenidos a WM, sucursal 5 de mayo.” Entonces me detuve en seco. ¿Acaso había leído bien? Retrocedí unos pasos y eché una nueva mirada al signo que daba la bienvenida a la tienda. “Sucursal 5 de mayo.” Entonces fui yo quien se llevó una desconcertada mano a la nuca; inequívocamente yo había entrado al almacén

No mamen, por lo menos digan quién fui.

1834 – 1893

Ignacio Manuel Altamirano fue un escritor y periodista mexicano de ascendencia nahua. Fundó algunos periódicos y presidió la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Sus obra más conocida es El Zarco, novela ambientada en la época de la reforma. ¿Feliz?

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de Manuel Altamirano y Apodaca, ¿cómo era entonces que me encontraba en una tienda que, en primera instancia, se encontraba a más de quince kilómetros de distancia? Frotando mis ojos releí el anuncio. “Sucursal 5 de mayo,” rezaba como un terrible obituario. Una helada sensación embargó mi pecho mientras salía al aparcamiento. Mirando el tránsito más allá de las aceras caí en la cuenta de que, efectivamente, me encontraba en la tienda de 5 de mayo, pues al otro lado de la avenida se levantaba el lujoso centro comercial que recién habían inaugurado. Tomé asiento en una banca y busqué el ticket de compra al fondo de la bolsa de plástico. Lo extendí y entre las arrugas del papel, impreso en tinta púrpura barata, encontré el enunciado que confirmaría mi temor:

¡WM Manuel Altamirano agradece su compra!

El amanecer no trajo luz sobre los acontecimientos del WM, y el misterio me acompañó durante mi jornada en la oficina. Sentado frente al ordenador mis dedos corrían sobre las teclas mas mi pensamiento oscilaba en torno a los supermercados y los kilómetros que los separaban. Mi obsesión con el tema fue tal que, sin darme cuenta, terminé por llenar una hoja de cálculo con toda clase de conjeturas absurdas que nada tenían que ver con mi trabajo. A sabiendas de que mi desempeño se vería afectado por la confusión, pedí a mi supervisor me permitiese ausentarme para atender un terrible malestar que me apretujaba las entrañas. Instantes después me encontraba en el aparcamiento del WM de Manuel Altamirano, mirando su fachada azul y gris desde el asiento de mi Chevrolet. Coloqué el auto muy cerca de donde le había dejado la noche anterior, aseguré las puertas y miré el reloj. Las manillas apuntaban las 13:22. Entré a la tienda como cualquier otro cliente, empujando un carrito pese a que no tenía pensado gastar un penique. Recorrí los estantes repletos de café, azúcar, galletas, leche en polvo, harina, limpiadores y demás productos para el hogar, luego caminé hasta el otro extremo del almacén y permanecí unos minutos mirando un juego de fútbol

Hola, soy Ignacio Zaragoza, el de los billetes de $500. ¿Sabían que los norteamericanos creen que la conmemoración de la batalla de Puebla es la efeméride más importante de México? Pero si serán...

La hora de impresión del recibo se remontaba casi treinta minutos atrás. Era innegable: de alguna manera me había transportado quince kilómetros en el espacio. Sentía las manos heladas. Arrojando el ticket de regreso a la bolsa, me encaminé hacia la avenida, no sin antes detenerme a pedir una disculpa al vigilante del aparcamiento, mi faz roja como un tomate. Pronto abordé un taxi que perezosamente me llevó de regreso a la tienda de Manuel Altamirano, donde, para mi alivio, se encontraba mi Chevrolet bajo el mismo poste que le había dejado. Conduje de vuelta a Apodaca en silencio, y una vez me encontré en casa guardé la bolsa de plástico en la nevera, apagué las luces y me metí a la cama. Había perdido el apetito.

1829 – 1862 6


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en los televisores. Transcurridos treinta minutos exactos abandoné el carrito y me dirigí a la salida, mirando detenidamente a las cajeras que, aburridas, pasaban artículos por encima del lector óptico; una de ellas, joven y apiñonada, llevaba unos pantalones bastante ajustados que ofrecían una vista difícil de olvidar. Entonces abandoné la tienda, cruzando por debajo de un gran anuncio que me agradecía la visita. Di unos pasos hasta el aparcamiento y, mirando por encima de una camioneta roja que circulaba por el paso, vi los modernos ángulos del centro comercial; me encontraba en la avenida 5 de mayo. Una vez que la sorpresa me permitió recobrar el aliento eché un ojo al reloj: eran las 13:57. El tiempo discurrió con normalidad pero yo, por segunda ocasión, inexplicablemente me había transportado a una kilométrica distancia. Palpé mi rostro como si quisiera cerciorarme de que efectivamente tenía la cabeza sobre los hombros; aquello había sucedido, no cabe la menor duda. Dando la media vuelta, me introduje de nueva cuenta al supermercado y de inmediato me dirigí al área de cajas registradoras. La chica de las bien formadas caderas seguía allí, deslizando botellas de refresco sobre el mostrador sin mucho interés. ¿Qué significaba aquello? ¿Que me había trasladado a la avenida 5 de mayo tan pronto crucé el umbral de la tienda? Para comprobarlo ocupé un lugar en la fila de una registradora (la de la guapa cajera, por supuesto) y al llegar mi turno pedí un paquete de cigarros. Tras agradecerle con una sonrisa que ella no devolvió me eché el cambio a la bolsa y leí detenidamente el contenido del ticket de compra. La hora coincidía con la que señalaba mi reloj, y en la parte inferior encontré impreso en la misma tinta púrpura el mensaje:

¡WM Manuel Altamirano agradece su compra! Si bien descubrí que me encontraba quince kilómetros atrás, esto únicamente arrojó una cuestión para la cual únicamente la práctica brindaría una respuesta: ¿qué sucedería al salir del almacén? ¿Me encontraría con el aparcamiento de Manuel Altamirano o con aquel de la avenida 5 de mayo? Imaginando que quizá el mecanismo también funcionaba en sentido inverso me aventuré más allá del umbral del supermercado, sólo para descubrir que no era el reluciente centro comercial de 5 de mayo aquello que asomaba más allá de las hileras de coches, sino el viejo edificio de la terminal de autobuses. La larga arteria de concreto que se extendía de oriente a poniente era, sin duda alguna, Ignacio Zaragoza. Por lo menos treinta kilómetros me separaban de mi automóvil. Dejando escapar un suspiro me apoyé en un muro y encendí un cigarrillo. Aquello era inaudito: en menos de veinte minutos me había trasladado del estacionamiento de 5 de mayo a una registradora de Manuel Altamirano y de ahí a una de las vías más transitadas de la ciudad. Miré el tabaco arder entre mis dedos como si el humo pudiese decirme qué hacer a continuación. ¿Debía tomar un taxi de regreso a mi Chevrolet o acaso debía aventurarme a la tienda una vez más? Con una última bocanada de humo me decidí por lo segundo, después de todo, si aquel umbral era capaz de arrojarme a otro punto de la ciudad aleatoriamente en algún momento debía enviarme de vuelta al lugar de 7

NOTA: no  recibimos  un  centavo  por  promocionar  café  colombiano  o  leche  y  harina  genéricas.  


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donde partí. Dejando caer la humeante colilla regresé al interior del supermercado, cuyo dintel saludaba “Bienvenidos a WM, sucursal Ignacio Zaragoza.”

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Aunque no  lo  creas  el  concepto  de   ‘autoservicio’  no  Gene  ni  un  siglo  de   anGgüedad.  Lo  acuñó  un  Gpo  llamado   Clarence  Saunders,  quien  en  1916   fundó  en  Memphis,  Tennessee,  una   Genda  llamada  Piggly  Wiggly,  la  cual   operaba  como  cualquier   supermercado  moderno.  En  su   momento  esto  fue  una  innovación  sin   precedente,  y  Saunders  se  hizo   bastardamente  rico  vendiendo  la  idea   a  lo  largo  y  ancho  de  Estados  Unidos.  

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Me adentré por los corredores de carnes frías, vegetales y abarrotes sin saber si me encontraba en una vez más en el almacén de Manuel Altamirano o, acaso, esta era alguna de las otras dos tiendas. El hecho de que la disposición del mobiliario y los productos fuese idéntica en todas las sucursales poco ayudaba a orientarme, y cuando crucé por el departamento de electrónica los televisores exhibían el mismo encuentro deportivo de hacía una hora. Me aproximé a la salida y asomé sigilosamente por cada uno de los estrechos pasillos que daban a las registradoras, hasta que encontré el par de curveadas piernas que ya bien conocía. Efectivamente, aquella era la sucursal de la cual partiera anteriormente. Sin más, recorrí por tercera ocasión el pasillo que conducía al exterior y fue enorme mi alivio al visualizar bajo el despejado azul el entronque de Manuel Altamirano y Apodaca. Como si temiese que en cualquier momento el panorama cambiase de nuevo, corrí hasta mi auto y rápidamente me alejé de allí, hasta perder de vista el elevado anuncio de WM.

Muy Incompleta Historia del AUTOSERVICIO

A partir de entonces el fenómeno se repitió aleatoriamente en cada una de mis visitas a este supermercado. Entrase en Manuel Altamirano, 5 de Mayo o Ignacio Zaragoza, al momento de abandonar el almacén podía encontrarme en cualquiera de las tres locaciones. Esta ocurrencia parecía no observar regla ni patrón alguno, pues si bien hubo ocasiones en que tras un par de intentos estaba de vuelta en el punto que comencé, recuerdo especialmente cierta tarde en que tuve que cruzar el umbral veintidós veces antes de regresar al aparcamiento correcto. Para evitar estas situaciones, en un principio decidí hacer mis compras en una tienda de otra cadena ubicada en las periferias del Circuito Interior, pero la indisponibilidad de ciertos productos y la notable diferencia en precios pronto me orilló a volver a los pasillos de WM. Terminé por acostumbrarme (acaso por resignarme) al misterioso fenómeno espacial que tenía lugar allí, e incluso adopté la costumbre de trasladarme en taxi a la tienda para que al salir únicamente tuviese que abordar otro para regresar a casa (al fin y al cabo, el costo del transporte era casi el mismo). Una peculiaridad que no pasó inadvertida a mi análisis fue el hecho de que el interior de la tienda era inmutable al paso del tiempo. Ya fuera por la mañana, a medio día o por la tarde, los altavoces arrojaban la misma música suave de supermercado, los televisores transmitían el mismo juego de fútbol y la apiñonada chica de las torneadas piernas siempre se encontraba despachando 8


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en la misma registradora, como si no tuviese día ni hora de descanso. Invariablemente vestía los mismos pantalones bajo la camisa azul de la tienda, mantenía los ojos fijos en los productos que pasaba sobre el lector e ignoraba cualquier cosa que los clientes tuviesen que decir (entre ellas, mis intentos por coquetearle). Con el tiempo no sólo descubrí que los estantes siempre albergaban la misma cantidad de productos, sino que las personas que deambulaban por los corredores con sus bolsas y carritos en mano también eran las mismas: fueron muchas las ocasiones que me topé con el niño que le lloriqueaba a su madre por un bote de mantecado, con el matrimonio que no se decidía por el color de las sábanas o con la mujer que hojeaba las revistas como si se encontrase en la biblioteca pública. De tal modo desarrollé la teoría de que la perfecta similitud entre las tres tiendas había creado un punto neutro en el espacio; un lugar por el cual el tiempo recirculaba más allá de toda comprensión y cuyos límites habían generado un vórtice que interconectaba las calles de Manuel Altamirano, 5 de mayo e Ignacio Zaragoza. Estaba viviendo en carne propia un fenómeno con el que cualquier teorista de la física cuántica soñaría; mi experiencia podía arrojar a la ciencia en un rumbo que hasta entonces únicamente era concebible en el reino de la fantasía. No obstante, mis posibilidades de explicar estas ocurrencias al mundo se esfumaron como las pesadillas al amanecer: una tarde en que salí del supermercado descubrí con sobresalto que el umbral me había arrojado al mismo lugar por el que había entrado. El atemporal pasadizo que tantas veces me llevara de un punto de la ciudad a otro había desaparecido tan misteriosamente como llegó. Los tres centros de venta habían recobrado su individualidad y los muchos personajes que conociera al interior del sempiterno almacén fueron borrados de la faz del orbe: nunca más volvería a escuchar la discusión del matrimonio de las sábanas ni a ver las apetecibles piernas de la chica de la registradora. “Lo sentimos, en nuestras tiendas no labora ninguna mujer con esa descripción,” dijeron en la administración cuando indagué su paradero. Descubrí asimismo que los televisores en el departamento de electrónica siempre permanecían apagados y, por si fuera poco, que el único lugar donde se podían adquirir cigarrillos era la barra de servicios al cliente. De pronto era como si mi gran aventura jamás hubiese ocurrido. Poco después de estos hechos me acerqué a diversos académicos de la Universidad y les relaté cuanto he escrito aquí. Aquellos más corteses apenas me dedicaron una divertida sonrisa antes de levantarse de la mesa. Si bien es cierto que la única prueba que tengo de la veracidad de los hechos es mi memoria, fueron muchas las decepciones que toleré antes de resignarme al hecho de que nadie creería mi historia. Como dije antes, aún soy asiduo cliente de los almacenes de WM, y aunque he perdido toda esperanza de volver a ver las torneadas piernas de la chica de la registradora, he de confesar que aún me estremezco al cruzar bajo el umbral de la salida, ansioso y temeroso de encontrar frente a mí un panorama totalmente distinto al que dejara al entrar.

FIN.

¿Encontró todo lo que buscaba?

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GRANDE EN EL CINE; GRANDE EN LOS LIBROS Nacido en  Tennessee,  Thomas  Harris  trabajó  como  reportero  en  Texas  

y Nueva   York,   y   fue   justamente   de   sus   años   como   corresponsal   de   la   Associated  Press  que  tomó  la  inspiración  para  escribir  su  novela  debut   Black   Sunday   (1975),   que   aunque   no   fue   muy   exitosa   pavimentó   el   camino   para   un   segundo   Ntulo,   Red   Dragon   (1981),   en   el   cual   el   detecNve   Will   Graham   sigue   la   pista   a   un   asesino   serial.   Su   cacería   le   lleva  a  buscar  la  ayuda  de  un  homicida  a  quien  detuvo  previamente,  y   es   allí   donde   aparece   por   vez   primera   uno   de   los   personajes   más   memorables   tanto   de   la   literatura   como   del   cine   de   suspenso:   el   doctor   Hannibal  ‘el  caníbal’  Lecter.    

Si  bien  su  primera  aparición  en  papel  fue  muy  breve  (apenas  unas  páginas,  aunque  la   película   de   2002   extendió   el   rol   considerablemente),   Harris,   aficionado   a   las   historias   de   asesinos  como  Ed  Gein  y  Ted  Bundy,  gustó  tanto  del  personaje  que  lo  hizo  foco  de  su  novela   de  1988  The  Silence  of  the  Lambs,  en  la  cual  Lecter  ayuda  nuevamente  a  un  agente  del  FBI  a   detener   a   un   siniestro   criminal.   Esta   historia   catapultó   a   Harris   a   la   fama   en   1991   cuando   Orion   Pictures   la   adaptó   al   cine   con   Jodie   Foster   como   Clarice   Starling   y   Anthony   Hopkins   como  Hannibal  Lecter.  La  cinta  no  solamente  fue  universalmente  aclamada,  sino  que  se  hizo   de   los   cinco   grandes   Premios   de   la   Academia:   mejor   película,   mejor   actriz,   mejor   actor,   mejor  director  (Jonathan  Demme)  y  mejor  adaptación  (Ted  Tally).     Las   aventuras   del   doctor   Lecter   prosiguieron   en   1999   con   Hannibal,   que   retoma   la   historia  varios  años  después  de  su  fuga  del  psiquiátrico  de  BalNmore,  cuando  el  complot  de   venganza   de   una   vícNma   suya   le   lleva   a   encontrarse   de   nueva   cuenta   con   la   agente   Starling.   Esta   novela   fue   adaptada  al  cine  en  2001  con  Hopkins  de  regreso  como  el   personaje   Ntular   y,   en   un   controversial   movimiento,   Julianne  Moore  en  el  papel  de  Clarice  Starling.  Aunque  no   recibió  los  mismos  honores  y  galardones  que  su  antecesora   fue  un  éxito  en  taquillas.     Harris   no   pensaba   aventarse   otro   libro   sobre   Lecter   pero   en   2006   Dino   de   LaurenNis,   dueño   de   los   derechos   sobre   el   personaje,   lo   obligó   a   escribir   una   precuela   un   tanto  pobre  Ntulada  Hannibal  Rising  que  aborda  la  infancia   y   adolescencia   del   caníbal   y   que   fue   llevada   con   poco   éxito   al  cine  con  Gaspard  Ulliel  en  el  estelar…       Siendo   un   escritor   herméNco   que   nunca   concede   entrevistas,   Thomas   Harris   no   ha   revelado   si   acaso   el   futuro  depara  algo  nuevo  para  su  icónico  personaje.  

Si te  gustaron  las  películas,  las  novelas  te  van  a  fascinar  

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primera parte

“Usted debe ser poeta”

– Berthe  Trépat  a  Horacio  Oliveira,  en  Rayuela,  capítulo  23.  

Prólogo Oí hablar de metapoesía: poesía sobre poesía. Aquí no haré poesía sobre poesía, sino poemas sobre poemas (en realidad más sobre cuentos, pero no es eso lo importante; me refiero con poema a la exposición “poética” de algo, ya sea en la narrativa, ya sea en el sueño de algo más). Quizá toda la historia poética es iteración. Quizás el poema original nació, dorado cual manzana, cual cielo, cual estanque central, y de ahí no hubo vuelta atrás. Como gota de sangre en veta de encino fue el inicio de un laberinto. Y dispares surcos se iluminaron a tu paso, todos huyendo de ti, infinitos hombres; espejos unos de otros, perpendiculares y antagónicos, y ondeantes, cuando los únicos espejos eran ojos y ríos. Tal vez —y lo digo cada vez con más fe— sólo hay un gigantesco e inconmensurable poema, cuyos versos son poemas más pequeños, que, de cuando en cuando, se agrupan en constelaciones llamadas mujeres y hombres. Así como Borges en su cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius conjeturó que no había muchos hombres sino sólo uno; así... (etcétera, etcétera, etcétera).

JIMM

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Laberinto cuántico-bélico Llegó el soldado, el hombre, laberinto al laberinto cenizas a las cenizas alma al viento. Y el pasado fue futuro y lo ausente presente. Alguien perseguía y había un destino —seguramente—. Mas lo más bello eran aquellos muros inexistentes de ocre roca cual calados en rojo desierto, que, angulosos, como antigua piedra hebrea se cortaban unos a otros, empezaban y terminaban, y eran vidas que creían ser hombres que creían ser otros hombres —divisándose en las encrucijadas— y tornaban imaginación su creencia para no asustarse para no encontrarse, de pronto, en la blanca esquina de un cuarto llorando: sabiendo:   “que soy el mendigo de una ciudad china del sur, que soy marinero en Rangoon y en bajas playas mi barca encalla descendiendo yo a hacer el amor a las mujeres.”   Para no encontrarse, unos frente a otros, y saberse el mismo.

¡Bang!

¡Bang!

El jardín de Inspirado en n, e se bifurca senderos qu . s e is Borg de Jorge Lu

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Segundo rayo

Y terminó la gran comilona; la gorda cayó muerta. Su cadáver yacía en las estepas. Tan corpulenta era que la tierra se tornó selva a su rededor. Miles y miles de ciénagas y deltas, bahías rivereñas y bóvedas arbóreas. Antiguos galeones que se perdían ahí dentro pudriéndose y quebrándose a sol y sombra. Inspirado en alguna parte Tierra abajo, en un pueblo a varios días de mar y capitales, de Cien años de soledad, los amados se encuentran cual fantasmas de madrugada de Gabriel García en el vestíbulo de la casa de ella. Márquez... Oh, cierto: yo   soy García Márquez. Los terribles brocados barrocos de la puerta representan familia Y la luz refractándose en su traslúcido cristal central entra como la muerte resplandeciente letanía del tedio amanecer que a todo acalla.   En casa todos duermen. Antes del segundo rayo huyen descalzos. Prometen encontrase en las estepas, caminan hacia la selva. Corren junto al último par de cabañas de rudimentarios troncos. ¡Viene el alba, viene el alba! Huyen, pero ya es tarde la selva lejana los observa. Penúltimo beso. Cristalino viento derritiéndose en las mejillas. Los cabellos de ella son como espigas. la selva lejana los observa y no es la única... aurora: segundo rayo.

Literatura – Música – Entretenimiento – Todo lo demás

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R A R A S -

Rana amarilla Soñé un lugar al que jamás podría llegar. Empinadísimas escaleras de húmedas piedras de río subiendo a las nubes. Las suelas de mis zapatos resbalaban y toda la tierra se había alzado como después de un letargo infinito. La rana amarilla —llamada Hog— se veía escurridiza. Él me seguía. Yo temía caer y matarlo. Después los escalones sostenían terrarios donde minúsculos batracios vivían. Logramos pasar de lado. Yo temía caer y matarlo. Cada vez la pendiente más agreste, en una parte quedaba pura rampa y luego la escalera se tornaba relieve. De la rana amarilla: ni un rastro. Llegamos al techo; levanté y deslicé tapancos y rejas, temía tirar tablas y matarlo. Salí, salí; y con cada pierna a un lado del hueco temí caer otra vez y matarnos. Quise ayudarlo. Pero ya estaba despierto. (Me pongo triste al pensar en él, atrapado en mi sueño).

Inspirado en un sueño.

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Saldré al techo y ahí me acostaré. Me cobijará el viento transparente y el manto estelar. Y como no tengo amigos que se acuesten en los techos con quien platicar, me visitarán las quimeras, espíritus esenciales y seres etéreos demás. Me llevarán a la tranquila morada del sueño... Lejos del sol todo será crepúsculo anunciado.

Música

Donde el crepúsculo jamás llega

—Mira —dijo al niño—. Inspirado en Celephaïs, de El sol ha muerto otra vez ya. Howard Phillips Lovecraft. Pasaron cuatro mil días y cuatro mil noches, y llegaron a las cascadas celestes —fin del cielo sobre la tierra—. Las nubes devoradas por la nada. Un gigantesco agujero sobre el cual todo se arremolinaba yacía bajo ellos. Arriba fue abajo, e izquierda derecha: Aquel lugar sin estrellas.

Más allá de los dos horizontes

Inspirado en  ALCYONE,  un   cuenGto  mío.  

Literatura Entretenimiento – Todo lo demás

Lee la segunda parte de este poemario en nuestro ejemplar de febrero.

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L E T R A S

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Fer Osorio:  haikús  de  diseñador  (gráfico)  

- Tendedero de haikus -

Used

En el   universo   de   Saint   Seiya,   Sirius   de   Can   Mayor   es   uno   de   los   caballeros   de   plata  enviados  a  Japón  para  vigilar  a  Aioria  de  Leo  y,  si  acaso  éste  fallaba  en  su   comeNdo,  eliminar  a  los  caballeros  de  bronce.  Aunque  solamente  apareció  en  un   capítulo  muchos  le  recordamos  porque  aquél  fue  justamente  el  episodio  donde   Seiya  ves_a  la  armadura  dorada  de  Sagitario  por  primera  vez.      En  el  fabuloso  mundo  de  la  astronomía  Sirius  es  el  nombre  que  dieron  los   griegos  a  Alpha  Canis  Majoris,  la  estrella  más  brillante  de  la  constelación  de  Can   Mayor  y  el  cuerpo  celeste  más  luminoso  en  todo  el  cielo  nocturno  (exceptuando   los   objetos   del   sistema   solar).   A   una   distancia   de   tan   sólo   8.6   años   luz,   Sirio   es   uno   de   los   vecinos   cercanos   de   nuestro   Sol.   Esta   estrella   jugó   un   rol   importan_simo  en  la  mayoría  de  las  civilizaciones  anNguas.  

 +   3

- R E V I S T A R A R A S -

Blah...

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Todo

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Y S U   N U E V O   D I S C O  

Díganme que está mejor que el anterior... Pues...

En 1996   un   cuarteto   de   músicos   finlandeses   sorprendió   al   mundo  al  presentar  su  álbum  debut  Apocalyp?ca  Plays  Metallica   by   Four   Cellos,   el   cual,   como   el   nombre   indica,   consis_a   en   covers   de   esta   banda   californiana   ejecutados   en   cuatro   violonchelos.   Si   bien   no   era   la   primera   vez   que   se   adaptaba   los   éxitos   de   Metallica   a   instrumentos   meramente   clásicos,   el   concepto   de   esta   agrupación   sobresalió   entre   todos   los   esfuerzos  gracias  a  la  precisión  e  intensidad  que  conferían  a  cada   una   de   las   interpretaciones.   Dos   años   más   tarde   Inquisi?on   Symphony,   su   segundo   disco,   lograría   un   éxito   similar   al   presentar   covers   de   Sepultura,   Pantera   y   Faith   No   More,   pero   serían  los  temas  originales  de  sus  producciones  Cult  y  Reflec?ons   los   que   pondrían   en   el   mapa   el   concepto   de   cello-­‐metal   propuesto   por   Eicca   Toppinen,   Paavo   Lötjönen   y   Pertuu   Kivilaakso.   Todo   cambiaría   en   2005   con   la   llegada   de   Apocalyp?ca,  el  primer  álbum  en  incorporar  oficialmente  vocales   a   un   proyecto   que   hasta   entonces   era   instrumental.   Esta   decisión,  aunada  a  un  notorio  cambio  esNlísNco  por  parte  de  la   banda,   causó   gran   controversia   entre   los   fans,   que   soltaron   mentadas  y  miradas  gachas  al  escuchar  piezas  totalmente  ajenas   a  los  discos  anteriores.  Worlds  Collide  en  2007  no  tendría  mejor   aceptación   con   todo   y   la   parNcipación   de   Till   Lindemann   (Rammstein),   Corey   Taylor   (Slipknot)   y   Adam   GonNer   (Three   Days   Grace).   Ahora   ApocalypNca   se   encuentra   en   plena   gira   promocional   de   7th   Symphony,   su   más   reciente   lanzamiento   que,  cabe  decir,  ostenta  un  sonido  sumamente  ordinario  que  ya   nada   Nene   que   ver   con   el   material   que   los   diera   a   conocer.   Si   piensas   comprarlo/descargarlo   y   eres   de   los   fans   de   la   vieja   escuela   no   te   hagas   ilusiones:   te   vas   a   decepcionar   desde   el   primer   sencillo,   “End   of   Me.”   Pesa   decirlo,   pero   este   disco   únicamente   es   recomendable   para   quienes   han   gustado   del   material  que  han  presentado  de  2005  a  la  fecha.  

Por cierto, se presentan este mes en el Auditorio Nacional... 17


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Desde Israel  llega  Orphaned  Land,  una   de  las  bandas  de  metal  más  notables   que  ha  arrojado  el  medio  oriente.  Su   música  mezcla  elementos  de  rock   progresivo  con  cantos  gregorianos  y   toques  de  música  tradicional  árabe  y   judía…  En  pocas  palabras,  has  de   cuenta  que  son  Blind  Guardian   fumando  un  narguile.  Su  rola  “Ocean   Land”  es  un  buen  resumen  de  todo  lo   que  comprende  esta  agrupación,   chécala.  

El metal  medieval  en  su  máxima   expresión  está  de  regreso  con  el   nuevo  Ntulo  de  In  Extremo,   Sterneneisen  que,  por  si  se  lo   preguntan,  significa  Estrella  de  Hierro.   “Zigeunerskat”  es  el  primer  sencillo   manado  de  esta  producción,  que  viene   recargada  con  todo  el  poder  de  las   gaitas  y  la  guitarras  eléctricas  que  se   han  converNdo  en  el  trademark  de   estos  teutones.  

ESTAS 4 BANDAS SE PRESENTAN ESTE 28 DE ENERO EN EL CIRCO VOLADOR! Elysium es  el  más  reciente  Ntulo  en  la   discograra  de  esta  icónica  banda  de   power  metal.  Más  de  veinte  años  de   experiencia  se  reúnen  en  las  nueve   pistas,  entre  las  cuales  destacan  los   sencillos  “Darkest  Hours”  e  “Infernal   Maze”  que,  como  ya  es  costumbre  con   Stratovarius,  están  bien  chingones.   Échale  un  ojo…  O  una  oreja…  O  como   se  diga…  

- R E V I S T A

Estos finlandeses  también  andan  de   estreno  con  su  álbum  The  Beginning  of   Times  que,  al  igual  que  sus   lanzamientos  anteriores,  es  un  disco   conceptual  basado  en  los  mitos  del   Kalevala.  En  general  suena  muy,  muy   parecido  a  su  predecesor,  Skyforger,   pero  es  una  buena  adición  a  la   colección.  Checa  “You  I  Need,”   “Mermaid”  o  “My  Enemy.”  

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Este mes   engalana   nuestras   páginas   don   Nigel   Kennedy,   el   auténNco   chico   malo   del   violín.   Oriundo   de   una   familia   de   músicos,   a   los   17   años   ya   improvisaba   al   lado   de   Stéphane   Grappelli   y   a   sus   55   es   quizá   el   más   extravagante   e   irreverente  de  los  violinistas  clásicos:  entrenado  personalmente  por  Yehudi  Menuhin,   no   sólo   se   ha   atrevido   a   interpretar   a   Vivaldi,   Bach,   Beethoven,   Brahms,   Elgar   y   Tchaikovsky   en   un   violín   amplificado,   sino   que,   para   horror   de   los   conservadores,   ha   incursionado  con  desbordante  maestría  en  géneros  como  bluegrass,  funk,  jazz  y  hasta   rock   (sus   cadenzas   inspiradas   en   los   Doors   y   Jimi   Hendrix   son   buen   ejemplo).   Ha   comparNdo  el  escenario  con  leyendas  de  la  escena  británica  como  The  Who,  Level  42,   Donovan,  Jeff  Beck  y  Robin  Gibb  entre  otros,  además  de  grabar  e  interpretar  klezmer   junto  a  la  banda  polaca  Kroke  (véase  el  disco  East  Meets  East).  Los  años  recientes  le   han  visto  hacer  a  un  lado  sus  raíces  clásicas  para  enfocarse  en  el  Nigel  Kennedy  Quintet   (NKQ),  proyecto  radicado  en  Polonia  donde  colabora  con  talentos  locales  como  Pawel   Dobrowolski  y  Tomasz  Grzegorski.  Dicha  incursión  en  el  jazz  del  oriente  de  Europa  ha   arrojado  los  _tulos  A  Very  Nice  Album  y  SHHH!.  

MÚSICA no tan

CLÁSICA TEMAS •  •  •  •  •  •  •  •  • 

SELECTOS

Csárdás – Vittorio Monti Invaders – Nigel Kennedy Quintet Baba O’ Riley – The Who As My Guitar Gently Weeps – Beatles Ajde Jano – Kroke Riverman – NKQ ft. Boy George Violin concerto in B minor – Elgar Purple Haze – Jimi Hendrix Cualquier cosa de Vivaldi o Bach N LOS E A C S Ú B 19


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THE_WARD

En 1966  una  paciente  del  psiquiátrico  de  North   Bend  llamada  Tammy  es  muerta  por  una  fuerza   invisible.  Un  día  después  Kristen  (Amber  Heard)   es  internada  en  el  mismo  hospital  tras  prender  fuego  a  una  granja.  Incapaz  de  recordar  lo   ocurrido  pero  con  la  certeza  de  ser  inocente,  su  estadía  la  llevará  a  descubrir  un  ardid  de   venganza  más  allá  de  la  tumba  en  contra  de  las  pacientes  de  la  insNtución  mental.  Este  es  el   argumento  de  The  Ward,  la  más  reciente  cinta  dirigida  por  John  Carpenter  que,  aunque  en   Estados  Unidos  se  estrenó  en  2010,  apenas  llega  a  las  salas  de  nuestro  país.  Si  recuerdas  con   nostalgia  aquellas  franquicias  de  horror  asociadas  con  este  legendario  director,  como  Halloween   o  Scream,  date  une  vuelta  por  tu  cine  favorito  en  estas  semanas.  

Y si quieres ver un filme realmente malo date una vuelta por The Darkest Hour (La Última Noche de la Humanidad). LA-MEN-TA-BLE.

Este mes   también   se   estrena   en   México  J.  Edgar,  un  filme  biográfico   sobre  John  Edgar  Hoover,  el  primer   director   del   Federal   Bureau   of   InvesNgaNon  (el  FBI,  pues).  Dirigida   por   el   chico   más   rudo   del   oeste,   Clint   Eastwood,   la   cinta   profundiza   en  la  controversial  figura  de  Hoover   al   frente   de   la   insNtución   que   libró   la   primer   cruzada   del   gobierno   de   los   Estados   Unidos   contra   el   crimen   organizado.   El   rol   estelar   es   encarnado   por   Leonardo   DiCaprio   quien,  cabe  decir,  ha  agarrado  muy   buenos   papeles   desde   que   dejó   de   ser   un   ídolo   juvenil.   De   hecho,   según   la   críNca,   el   aspecto   más   r e s c a t a b l e   d e   J .   E d g a r   e s   precisamente   la   interpretación   de   su   estrella,   aunque   no   le   prestes   mucha  atención  al  maquillaje,  pues   este   no   es   ningún   Benjamin   Buzon.   Ve   a   verla   y   pla_canos   que   te   pareció.  

Go ahead, make my day...

¡OMFG es  míster  Roger  Ebert!  

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Entretenimiento

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Todo

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lo

demás

N

G

Con el   slogan   de   “La   Venganza   Regresa”   hace   su   arribo   la   cuarta   entrega   de   Underworld,   serie   que   fusiona   vampiros   y   hombres   lobo   con   escenas   de   acción  y  tramas  sólidas  como  el  queso  suizo.  En  esta   ocasión   Kate   Beckinsale   retoma   el   papel   de   Selene,   quien   tras   los   eventos   de   Evolution   (recordemos   que   Rise   of   the   Lycans   fue   precuela)   fue   capturada   por   los   humanos  y  permaneció  en  suspensión  criogénica  por   más  de  una  década.  Al  despertar  se  encuentra  con  un   mundo   donde   los   gobiernos   están   plenamente   conscientes   de   la   existencia   de   estos   seres   sobrenaturales  y  libran  una  cruzada  para  erradicarlas   de  la  faz  de  la  Tierra.  Ahora  ella  y  su  nueva  aliada,  Eve   (India  Esley),  deberán  luchar  por  la  supervivencia  en  un  mundo  como  nunca  habían   conocido…   Sí,   el   argumento   suena   muy   quesoso   pero,   vamos,   no   todos   los   días   podemos  ver  a  Kate  Beckinsale  paseándose  en  traje  de  cuero  negro  por  una  pantalla   cinematográfica…  

Anna Bederke… Mmm…

Miren, malditos perversos, mejor presten atención, porque se rumora que algunos cines estarán exhibiendo Soul Kitchen, una comedia alemana escrita y codirigida por Fatih Akin y Adam Bousdoukos que versa sobre las desventuras de un joven cocinero griego que, sin querer, transforma su restaurante en la mejor pocilga de todo Hamburgo. Si la encuentran en cartelera métanse a verla; eso sí es cine y no m@&%#@s...

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Y si te gu st a el cine de arte échale un ojo a otra s películas de Akin Fatih co mo Ge ge n die Wand, Im Juli o The Edge of He aven.


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¿Qué crees?

Edgar Allan Poe olvidó su manuscrito en el centro del laberinto, ¡ayúdalo a encontrarlo!

Laberinto: JIMM

Una regla  no  escrita  de  la  cinematograra  dicta  que  si  una  cinta   extranjera   logra   penetrar   al   mercado   estadounidense   Hollywood   no   tardará   en   realizar   una   adaptación.   Tal   como   sucedió   a   cintas   como  Let  The  Right  One  In  (Suecia,  2008),  Rose  Flower,  Red  Lotus   (Corea,   2003)   y   Ringu   (Japón,   1998),   ahora   es   el   turno   de   Men   Who   Hate   Women,   la   primera   novela   de   la   serie   Millenium   del   escritor  sueco  SNeg  Larsson  que,  cabe  decir,  fue  adaptada  en  su   país  de  origen  en  tres  filmes  in-­‐dis-­‐pen-­‐sa-­‐bles  en  la  colección  de   todo   cinéfilo.   The   Girl   With   the   Dragon   TaVoo   es   dirigida   por   David   Finchner   (el   que   se   llevo   el   Oscar   en   2010   por   la   película   de   Facebook)   y   protagonizada   por   Rooney   Mara   como   Lisbeth   Salander   y   Daniel   Caig   en   el   papel   del   periodista/invesNgador   Mikael  Blomkvist.  Ya  sea  que  estés  familiarizado  con  esta  trilogía   o   no   tengas   idea   de   que   trata,   te   recomendamos   te   des   una   vuelta  para  ver  esta  película  y  que,  de  paso,  asomes  a  las  novelas   originales  o  a  las  cintas  suecas  estelarizadas  por  Noomi  Rapace.   Música: Trent Reznor y Atticus Ross

©Ludus. Toonpool.com

No se burlen...

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(aguas con  este,  niños)  

¡Hola, somos los tres Reyes Magos! Este año hay sobredemanda de avioncitos de papel, échanos la manos haciendo unos con las hojas de esta revista.

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me cae  que   ni  

el Boeing  

Figura: Fumiaki Shingu 23

Pues yo soy Mateo, el del evangelio, y no me explico de dónde sacaron tanto folclor con los sabios de oriente: yo nunca dije que fueran ni reyes ni magos, ¡y mucho menos que fueran tres!


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LETRAS

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R A R A S Todos los derechos reservados Editorial Sad Face Her Majesty’s Entertainment Enero 2012

SAD

F A C E!

E D I T O R I A L

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M

a j e s t y ’ s -­‐  E    n    t    e    r    t    a    i    n    m    e    t    -­‐  

Revista Letras Raras, enero  

Revista literaria-cultural de circulación mensual. Literatura, música, cine y entretenimiento. Una publicación conjunta de Editorial Sad Fac...

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