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sociedad

encantador D de animales Fabián Gabelli es biólogo y hace años que entrena animales en producciones cinematográficas y de TV. Anécdotas curiosas y divertidas, cuidados especiales en los sets y su espíritu proteccionista. Por Daniela Rossi - fotos: gentileza fabián gabelli

eambula por el set de filmación con el aplomo de un director con experiencia, con el manejo de los tiempos de un productor, con el entendimiento de los actores. Pero Fabián Gabelli no es el protagonista, sino quienes lo acompañan: ocho pajaritos, 300 gaviotas, un perro labrador, un coatí, un chimpancé. Gabelli es, desde hace 23 años, entrenador de animales para películas, publicidades y TV. Aunque él prefiere definirse como investigador, ya que la clave está, según él, en entender al animal y poder predecir cómo actuará. “Las leyes de aprendizaje son las mismas para todos los animales. Si conocés cómo funciona la cabeza de los animales se te abre todo un mundo, podés predecir qué va a pasar. Si uno es simplemente un técnico que no sabe qué tiene en la cabeza el animal, sos una especie de alquimista. El animal puede estar aprendiendo pero no te lo muestra, hasta que hace un click. Si vos no estás convencido del mecanismo, te desmoralizás, cambiás las cosas y ahí desaprende. El animal no tiene que entrenar al entrenador, sino al revés”, explica.

¿Cómo lo sabe? Sus comienzos fueron en el campo científico, como biólogo, en donde entendió a fondo a los “bichos”, como les dice. Aunque su relación cercana con los animales nació cuando cursaba la secundaria en un colegio de Martínez: su padre era cazador, pero él resultó ser conservacionista y fundó junto con otros compañeros la Asociación Pro Conservación de la Naturaleza Argentina, con la que viajaron por el país recopilando datos de los ecosistemas que exponían después en charlas en otros colegios. En 1992 llegó su primer desafío para la pantalla grande: Luis Puenzo necesitaba 300 ratas para su película La peste y lo llamó. “Justo era una época complicada en el trabajo, Cavallo nos había mandado a lavar los platos. Desde ahí me enganché con el cine”, cuenta, quien está algo alejado de la investigación, pero aún dicta la materia “Biología del comportamiento” en Psicología de la UBA.

CUESTION ANIMAL. Gabelli no trabaja con animales en peligro de extinción ni con aquellos que no tengan toda la do-

Gabelli trabajó con una jirafa en una publicidad de chicles bazooka. y entrenó a la famosa “vaca de milka”.

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En 1992, Luis Puenzo le pidió 300 ratas para “La peste”. en “el aura” hizo un casting para conseguir el siberian huskies que actuó con darín. también consiguió a la perra que hendler paseaba en “graduados”.

en salinas grandes, jujuy, donde participó del rodaje de la película francesa Lucky Luke.

cumentación en regla. En general los animales son parte de zoológicos o de particulares, y el circuito de animales silvestres es “limitado”. “Saben que no hago locuras”, dice. Hace unos años estaba en Villa Gesell para filmar un aviso publicitario para Coca Cola light: con el permiso de la dirección de Fauna local, capturó un grupo de gaviotas. Por una denuncia, una inspección le pidió que abriera su camioneta para controlarlas: “Les mostré los papeles y los llevé al hotel. Las gaviotas estaban en un jaulón en una habitación contigua a la mía, con refrigeración y comida. No lo podían creer. Si el animal no está bien, esto no sirve”, explica. En ese comercial debía lograr que las gaviotas volaran hacia un auto en el que había una pareja; allí tenían que abrir los picos y moverse como si fueran un coro, y lo logró: puso gusanos en un tridente y lo movió de un lado al otro para que lo siguieran. “Cuando te piden actuaciones es complicado. Tenés

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acciones más que actuación. Es más fácil pedir que un perro corra y toque una campana, a que te muestre una cara de timidez”, explica. “Necesito que el perro sea curioso o quiero un gato seductor como Pampita”, le pidieron alguna vez. “Mirá, macho, ¡si yo lograra eso no estaría acá!”, recuerda riendo que le dijo. Ejemplifica con El aura, de Fabián Bielinsky. “Hice un casting con una multitud de siberian huskies para buscar a la que sería Eva, protagonista junto con Ricardo Darín. Tenía que establecer una relación de complicidad, de guardar secretos mutuamente, una tensión en la mirada. Fue complicado”, asegura. Otro inconveniente apareció sobre el final del rodaje: la perra no obedeció más y él tuvo que viajar de urgencia a Bariloche para solucionarlo. Eva volvió a “actuar” cuando Gabelli le cambió la comida, que pasó a ser jamón crudo, colita de cuadril y pollo a la plancha. Con Gala, la perra que paseaba Daniel Hendler en “Gra-

duados”, hubo otro percance: tenía un falso embarazo y era imposible ordenar las acciones. “Estaba alteradísima a nivel hormonal y la perdí, no había manera de lograr resultados. Y en la tele los tiempos son ‘aquí y ahora’”, cuenta. “Tenés que conocer a los bichos. Hay animales que en situaciones estresantes, de riesgo, las afrontan, pero otros son miedosos. Uno tiende a pensar que todos los animales son iguales, pero nada que ver. Eso hay que percibirlo en el casting”, explica. En “Daktari animales actores”, su empresa, trabaja además con un equipo veterinario. “Yo alquilo un loro pero no puedo llevarlo en cualquier estado porque puede transmitir alguna enfermedad. Lo devolvemos chequeado, desparasitado, con el pelo lindo. Es más que sólo entrenarlo”, cuenta.

CÓMO CUIDARLOS. Sobre la postura de proteccionistas que se oponen a la incorporación de animales en rodajes,

él asegura que si se cumplen ciertas reglas, no existe riesgo: “Yo no promuevo que capturen un chimpancé para una película, eso es una locura. Pero si vos te asegurás que al animal no le pasa nada, sos responsable, el tema ya pasa a un juicio ético similar al de matar vacas o no para comer carne. Los animales que nacieron en cautiverio no van a poder vincularse con la naturaleza. Sería genial que el león viva en la sabana, pero si no nació ahí será difícil que se adapte. La energía debería concentrarse en que los que estén en espacios cerrados estén de manera correcta, que haya reglas que cumplir”, dice. Además de asesoramientos para controlar problemas urbanos como la invasión de palomas torcazas en la ciudad, por ejemplo, también asesora zoológicos, para que los animales tengan algo para hacer. “En la naturaleza viven estresados todo el tiempo: tienen miedo de que los cacen, de no conseguir alimento, de que aparezca un competi-

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“En la naturaleza los animales viven estresados todo el tiempo: tienen miedo de que los cacen, de no conseguir alimento, de que aparezca un competidor. Entender la vida animal como algo simple es naif.” 32

dor. Entender la vida animal como algo simple es naif”, sostiene, y asegura que necesitan pautas de trabajo, rutinas: “No hay peor animal que el que no tiene nada para hacer, hay que sacarlos así del estado depresivo”, asegura sobre los que están en predios cerrados. Gringo, su labrador color crema, fue uno de sus perros entrenados para unos comerciales de Estados Unidos y México: debía perseguir y desenrollar papel higiénico, y después se convirtió en su mascota. Eso cambió los roles, ya que en caso de que participe en un rodaje, Gabelli no puede estar presente: “Lo llevé a una escena en la que tenía que jugar con una manguera de la que salía agua sin control, pero en casa no lo dejo hacer eso. Yo tengo que irme del set para que él juegue tranquilo”, dice. En todos los entrenamientos, sin importar la especie, se trabaja con la técnica de premiación, que no sólo consiste en darles comida: “Pueden ser sociales, por ejemplo. El pingüino no puede estar solo, entonces si hace tal cosa, le abrís la puerta a que se reúna con sus compañeros, tiene una motivación. Si premiás con comida tampoco lo hacés todas las veces, sino tampoco existe el desafío. Y hay especies que pueden asociar el premio con una acción realizada varios días después”, asegura. En ocasiones, el entrenamiento también tiene que ver con la relación que el animal tendrá con el actor. En La araña vampiro, filme argentino que protagonizó hace unos meses Martín Piroyansky, varias arañas deben caminarle sobre el cuerpo e incluso él debe agarrar una. Hubo varias charlas entre ambos hasta lograr la confianza necesaria para la escena final. En el rodaje de There be dragons, sobre la vida del fundador del Opus Dei, un pajarito –que había entrenado con arneses y piolas- debía revolotear la mano del actor y posarse, era un “pajarito persistente”. Filmaron la acción a ocho cámaras y todos quedaron conformes. El asistente de dirección se acercó y le confesó: “Te felicito, hizo todo bien. Aunque me hacés perder plata porque aposté a que no salía”. A pesar de los años que lleva como entrenador, dice: “Es increíble lo que uno puede aprender de un animal”.


Encantador de animales