Hablar de Villanueva del Fresno es ponerse al momento en contacto con lo más hermoso de la naturaleza de Extremadura: el impoluto azul de sus cielos atravesado por la cruz de las abundantes cigüeñas que vuelan muy altas, tomando los vientos; o al atardecer, cuando los cielos extremeños se encienden de rojas lenguas de fuego mientras el sol se esconde tras la raya portuguesa, la bella imagen de las bandadas de aves acuáticas que buscan su refugio en los humedales cercanos; la tensa calma del pescador de tencas en los abundantes ríos y charcas de su entorno; la pureza de su aire que arrastra desde las lejanas sierras perfumes irreconocibles que nos dejan transidos de ensueños. Pero sobre todo, la belleza de sus campos.