Revista Acte Virtual nº 22

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NÚMERO 22

SEPTIEMBRE DE 2021

ACTE VIRTUAL

REVISTA DE LA ASOCIACIÓN CANARIA DE ESCRITORES ACTE


Índice Dirige: Rosario Rodríguez Vidal Tesorera de Acte Canarias

Con la colaboración de: Luisa Chico Miembro del equipo de difusión

INFORMACIÓN * Fotografía de portada: Damián H. Estévez * Editorial: Balbina Rivero Directora de la Colección Taborno

* Presentación de libros de las colecciones de Acte: "El olor de la hojarasca" de Eduardo García Benítez

* Noticias de nuestros asociados/as * Novedades literarias Belén Valiente: "Las flores no se arrancan"

COLABORACIONES

Alberto Omar Walls: La verdad única del escritor Gloria López: El protagonista disconforme Elena Villamandos, Carmen Paloma Martínez, Rosa María Chinea y Felicidad Batista: Un cadáver exquisito a cuatro manos Pedro González: Alucinaciones Magdalena Barreto: ¿Me dejas pasar? Luis Alberto Serrano: Armados y necesitados Luis Ángel Marín: Metamorfosis Isa Hernández: El amor imposible Lange Aguiar: Roser y el iceberg de la vida Raquel Reyes: ¿Qué podemos aprender de Enrique Vila-Matas en París no se acaba nunca? Jesús Abreu: Frontera Tania Ramos: Los hilos de las sombras Lázara Tania Linares: Quisiera ser...

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Editorial

Balbina Rivero Directora de la colección Taborno

FIN DE UNA ETAPA Septiembre se acerca peligrosamente y nos arrastra al final de los días de diversión, de viajes, de no tener que mirar el reloj a cada hora porque es el mes elegido para disfrutar las vacaciones por la gran mayoría de personas que trabajan. Ya en la recta final se hace recuento de todo aquello que queríamos hacer y aún no lo hemos hecho, se ha quedado corto el tiempo, los días se nos escapan tan rápido que apenas abrimos y cerramos los ojos y ya todo ha terminado. Otros afanes ocuparán nuestros días, todo ello dependiendo de cómo viva cada uno: los papás con niños en edad escolar se afanarán en hacer cuentas y recuentas para la compra de uniformes y libros de textos, los que han dejado atrás esa etapa volverán a sus puestos de trabajo con la sensación de que traspasan la puerta de la rutina, las familias que han conseguido reunirse este verano (a pesar de que seguimos con la pandemia) les llega el momento de la separación y volverá a estar este mar nuestro de muro infranqueable hasta las nuevas vacaciones. Se huele en el aire los cambios venideros, las tardes frescas, los Alisios bajando del norte, los días más cortos y el olvido paulatino de que solo unos semanas atrás éramos felices como niños pequeños, sin horarios, sin compromisos, sin obligaciones mayores y, en nuestras islas, sin miedo a que te sorprenda un chaparrón sin paraguas. “Tenerife seguro de sol”. Quiero esperar los meses venideros con la ilusión de que las restricciones impuestas por las autoridades se suavicen y podamos encontrarnos sin miedo, que se reanuden los encuentros poéticos-musicales, las reuniones con los amigos (animales gregarios somos), las presentaciones de nuestros trabajos y, sobre todo, que podamos abrazarnos fuertemente sin temor al contagio o a la desobediencia. Feliz otoño a todos.

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Información Eventos organizados por ACTE-Canarias y noticias del trabajo de nuestros asociados/as


Presentación virtual del libro

de Eduardo García Benítez

"El olor de la hojarasca" publicado en la Colección Tigaiga El pasado 10 de septiembre tuvo lugar, a través de Facebook, la presentación virtual del nuevo libro de la Colección Tigaiga "El olor de la hojarasca", de Eduardo García Benítez. Supimos algo más del nuevo poemario en las voces del propio autor, de la directora de la Colección Isabel Expósito, del prologuista Juan Francisco Santana y de Luisa chico, quien escribió el epílogo del libro. Pueden ver todos los vídeos en nuestro canal de YouTube https://www.youtube.com/channel/UC_gozzGdA7uaI_CakXMIr4Q

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Prólogo de Juan Francisco Santana En el siglo Vlll antes de Cristo, Homero escribió el poema épico la Odisea,un relato que narra las peripecias de Ulises en su regreso a Ítaca. La obra en sí, supone una alegoría del tiempo, del destino y del viaje en definitiva. La Ítaca de Ulises al igual que la Ítaca de la que escribirìa Kavafis, siglos más tarde, es el testimonio de uno de los viajes más enigmáticos que existe, que no es otro que, el viaje al centro de uno mismo. Ya en 1955 Gabriel García Márquez para hablar de lo mismo se inventa un lugar, Macondo y un destino que no es otro sino La Hojarasca, ese destino que va y viene, para bien o para mal, incierto pero a la vez implacable. El Olor de la Hojarasca es un retrato de la vida y en eso estamos, si lo pensamos un momento. Cuando se escribe uno lo que hace es viajar al centro de uno mismo pese a las Ítacas, los Macondo y sobre todo, pese a la Hojarasca de la que hablaba antes. El Olor de la Hojarasca es el olor del destino, de lo que está por venir, e incluso, de lo que lleva aquí muchos años. Es también el resultado de una visión parcial del mundo, una proyección que trata de dar sentido a las palabras. Después de todo está la vida y todo ese engranaje que gira alrededor del tiempo y de los años pasados. Y para que la vida tenga sentido está el amor. Porque el amor tiene que ver con la realidad, pero también con los sueños. Uno sueña con el amor y todo está en las canciones, en la vida real y sobre todo en las palabras. Cuando dos miradas se cruzan todo se para y, poco a poco la tierra empieza a rodar. Quizás sea más importante este “travelling” del que todo nace y 1donde las palabras le dan sentido a todo este misterio que la 5 vivencia explícita.


Escribir sobre la vida y sobre aquello que te pasa no es nada extraño cuando se escribe. Para ésto y otras tantas cosas, está ese ímpetu inicial tan huérfano de todo, y que después, afortunadamente se va configurando para dar lugar a una voz propia. El olor de la Hojarasca es la idea de que todos esos lugares donde te anduve vuelven a la memoria, con voz propia y con una mirada diferente. Entonces es cuando llega la poesía, todo está en las palabras, ese ecosistema de versos que uno entiende necesario y vital. Sentir pese al ruido, pese al miedo. ¡Hay tanto en un corazón sin límites!, que uno empieza a entender que la vida es otra cosa pero sobre todo, asumimos que la vida es maravillosa también y, que si lo hacemos bien, esta, no pasa de largo. La vida es este aquí y ahora perpetuos. Así es como se empieza a escribir, sintiendo lo que se vive y viviendo lo que se siente. La poesía existe en el vacío, es una confluencia de la mirada, pero también es silencio y es caos. La realidad en estado puro, la idea de que la verdad tiene un código de valores que está detrás de las palabras. Y por último está la memoria, decía Borges que se escribe desde la memoria. Todo lo vivido es susceptible de ser escrito. Se puede vivir sin recuerdos pero no sin memoria. Para no cometer los mismos errores, para dejar patente que, para bien o para mal, uno ha vivido, pero sobre todo para reconciliarse con los pasos que cada uno da, e incluso, reinventarse en cada ocasión. Caemos al suelo y nos levantamos con la fuerza de mil barcos, eso es precisamente La Hojarasca. Normalmente la escritura nace de la memoria, y cuando uno recuerda cosas pasadas lo primero que le viene a la mente son los instantes, los libros, la música, y las canciones que te acompañaron en un momento determinado de la vida. Esto aparece también en el olor de la Hojarasca. Porque a pesar de todo si lo piensas bien el tiempo pasa.

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Noticias ARONA DE LAS ARTES Y LAS LETRAS La pasada edición del Festival Arona de las Artes y Las Letras 2020, el jurado seleccionó, dentro de la categoría de Premio de Relatos Cortos, “Historias Sueltas” de María de La Luz Rondón Castro. Una entrañable historia en la que se entretejen, la memoria y las reminiscencias de los tiempos infantiles.

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Noticias Publicaciones de nuestros asociados/as ¿Sabemos por qué ocurren ciertos acontecimientos y por qué justo en el momento que ocurren? Difícilmente se puede dar una respuesta contundente, solemos consolarnos buscando la posible parte buena de esas circunstancias, no queremos que nos llamen pesimista. Siempre hemos de buscar la parte buena de todo pero, a ver: BAJO EL NOGAL, MIS YOES y ALEGATO DEL ALMA son los tres últimos trabajos míos que han salido al público pero, pobrecitos míos, llegaron en un momento poco oportuno, el confinamiento, la incertidumbre, el miedo y todo ello con un impacto social y económico que no se recuerda haya sucedido antes en muchas décadas. LA COVID 19, ha dejado huella, vacíos, ausencias… cómo niños huérfanos están esperando que lleguen mejores tiempos y los lectores, llenos de vitalidad e ilusiones se acerquen a una librería y decidan llevárselos a casa para juntos pasar momentos felices. La vida continúa… Volverán las golondrinas.

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Noticias Publicaciones de nuestros asociados/as Isabel Santervaz nos presenta su libro infantil/juvenil “El Niño del Desierto” con los trabajos realizados por los alumnos del IES Mesa y López de Las Palmas de Gran Canaria, a los que pueden acceder en este enlace: https://padlet.com/sbrito21/i93dder49uvu3szg

Un libro bilingüe -inglés-español- que ha tenido muy buena aceptación en varias islas.

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Noticias Publicaciones de nuestros asociados/as Isabel Santervaz ha sido una de las escritoras que han participado en esta nueva publicación de "+ de 100 Escritos a Padrón", en la que también han intervenido otros de nuestros socios/as, y nos deja aquí su aportación al mismo. ¡Enhorabuena compañera!

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Noticias Publicaciones de nuestros asociados/as Luís Ángel Marín Ibáñez, nacido en Zaragoza, residente en La Palma desde hace 35 años, Licenciado en Filosofía y Letras. Poeta muy original, al fundir la razón, el delirio y el ensueño en el poema, haciendo del instante y la imagen el epicentro del poema, en un soñar y no soñar a la vez… en una lucha entre el Ser y el No Ser. Entre otros premios ha sido ganador del Premio “Platero” de la Organización de Naciones Unidas, Premio Instituto Cultural Latinoamericano de Argentina, Premio La Porte des Poétes de Paris, Premio Centro de Escritores Nacionales de Argentina, Lating Heritage Foundation de EE.UU., Certamen de poesía en castellano Tamariu,Premio Certamen Internacional de Poesía Lincoln-Marti de Miami, (Estados Unidos), finalista en Premio de la ciudad de Segovia y Villa de Madrid… etc. Académico de La Academia Norteamericana de Literatura Moderna. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, rumano, portugués, alemán, japonés y chino. Integrante en más de 20 antologías poéticas de la lengua española. Tiene 13 poemarios publicados de los cuales les dejamos aquí algunas de sus portadas:

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Noticias Publicaciones de nuestros asociados/as

Marcelino Rodríguez Félix «El insurrecto». Un tijarafero en el ejército mambí Esta obra escrita en 2012, fue la

segunda

novela

de

mi

colección. La historia que se narra en la misma tiene para mí un significado muy especial ya que el protagonista llamado “Félix”, fue mi abuelo materno. Antes de desgranar su trama voy a explicar el significado del título. Como ya he mencionado, el nombre de “Félix” era el de mi abuelo. “El insurrecto”, viene de su participación en la guerra de independencia

de

Cuba

en

1898,

porque

luchó

con

los

insurgentes o revolucionarios al mando del general Antonio Maceo, en contra del ejército español. “Un tijarafero en el ejército mambí”. Tijarafero porque procedía del pueblo palmero de Tijarafe, y el “ejército mambí”, porque como dije más arriba, luchó al lado del ejército revolucionario donde sus soldados se conocían como “mambises”.

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Nació en Tijarafe, isla de la Palma en el año 1873. La obra describe las vivencias de joven, colaborando con sus padres en las tareas del campo y se dan a conocer una serie de costumbres de la época, la mayoría olvidadas por las generaciones actuales, tales como, las gallofas para ayudarse en los trabajos del campo: la trilla, la recogida de tunos y su puesta al sol, las historias de brujas que se comentaban en las noches de gallofa, los caminos reales, únicas vías de comunicación de aquella época, al no existir carreteras; el traslado del correo en valijas de cuero, llevadas a caballo a todos los rincones de la isla. Cómo la gente se desplazaba por esos caminos reales que atravesaban la isla de norte a sur y de este a oeste para ir a comerciar por el sistema de trueque desde Tijarafe a Barlovento, Sauces o Santa Cruz de la Palma. A los 14 años, en 1888, se trasladó con su padre a la isla de Cuba en un velero llamado La Verdad, construido en los astilleros de Santa Cruz de la Palma. El autor encontró el diario de a bordo de este velero en el museo naval de Santa Cruz de la Palma, y describe en sus páginas los aspectos más destacados de la travesía que duro 23 días. En 1896 le sorprendió la revolución cubana por la independencia de España, trabajando en los campos de caña de azúcar y es movilizado por el ejército mambí para que luche por la causa y en contra del ejército español, sus compatriotas. De fuertes convicciones religiosas, esta situación le produjo tal desazón en su manera de ser que, una vez terminada la guerra, abandonó Cuba y regresó a su isla natal. Sobrevivió a la contienda y se licenció como un héroe de la revolución cubana, que le supondría más adelante ser reconocido como veterano de guerra, con la consiguiente paga de una pensión.

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Se narra con claridad los problemas de conciencia que sufrió al tener que luchar en contra de sus paisanos, al no tener otra alternativa si quería sobrevivir en el campo de batalla. Una vez regresó a Tijarafe y conocida la costumbre arraigada en la isla de poner un mote o apodo a cualquier persona por algo que le haya sucedido, se le puso el de “Insurrecto” y así se le conocía en Tijarafe: Félix “El insurrecto”. Regresó a la Palma a finales de 1899, y tuvo que permanecer oculto en una cueva durante un tiempo hasta que se concedió un indulto general para todos los compatriotas que por una u otra causa no habían cumplido con el servicio militar obligatorio de aquella época. Habían sido declarados “prófugos” por no haberse presentado a la citación para el servicio. Durante esta ocultación forzosa, una hermana suya le llevaba diariamente comida a su escondite y como en aquella época estaba mal visto que las mujeres anduvieran solas por los caminos, le acompañaba en su tarea una vecina, amiga de la familia. Tantas fueron las visitas al prófugo, que surgió el amor entre ellos, y una vez amnistiado se casó con aquella joven en 1900. Tuvieron un hijo al año siguiente de casados y la mala fortuna hizo que falleciera a los tres años, no logrando la paternidad hasta 1921 cuando nació su única hija (mi madre), y él ya tenía 48 años. De esa hija nacería el autor de la obra. Se narra las peripecias que llegó a realizar intentando tener descendencia, incluso a utilizar la santería, práctica que aprendió de su estancia en Cuba. La obra concluye con su muerte en el municipio de Los Llanos de Aridane en 1955 a la edad de 82 años. Una vez descrito el libro y todo su entramado voy a explicar cómo tomé la decisión de escribir esta novela, que más que novela, se trata de una narración basada en hechos reales.

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¿Cuándo decido escribir la historia de mi abuelo? Con la muerte de mi madre en 2005 y organizando papeles, encontré una amplia documentación sobre mi abuelo, que había tenido que tramitar, para legalizar y poder cobrar la pensión que su padre tenía del gobierno de Cuba, como veterano de la revolución. En aquella documentación aparecía infinidad de detalles sobre su vida, de los que yo nunca tuve conocimiento. Esa información despertó en mí tal sentimiento, que decidí que la historia de mi abuelo tenía la suficiente importancia para que no se olvidara. Profundicé en otros archivos y el resultado es esta obra. Contado con un lenguaje sencillo y ameno, hace que las 330 páginas del libro, enganchen al lector desde el principio hasta el final. Toda la historia está basada en documentación extraída de varios archivos, tanto de La Palma como de Tenerife y de Cuba. La obra puede adquirirse en formato de papel en la mayoría de librerías de Santa Cruz de Tenerife o solicitándola a la Editorial, Ediciones Idea. También se consigue en formato digital a través de Amazon. Dispongo de una página web personal donde se puede consultar no solo esta obra sino las demás que tengo publicadas

Santa Cruz de Tenerife, agosto de 2021

www.marcelinorodriguez.es

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Novedades literarias de nuestros socios Nuevo libro de Belén Valiente

"Las flores no se arrancan"

Sinopsis: "Las flores necesitan aire, sol, agua y tierra. Las mujeres también. Y la poesía. Todas necesitan respirar y a veces, incluso, cuidados específicos. Existen flores diminutas, extrañas, enormes, delicadas y hasta en peligro de extinción. Acariciar sus pétalos y observar fijamente su belleza es lo más parecido a la ternura. Las flores no se arrancan es una invitación a la sensibilidad, a la compasión con uno mismo y con el otro, a permitir que las semillas germinen a su debido tiempo; las que tenemos cerca y las que tenemos dentro. También es un grito silencioso que suplica respeto y humanidad. Para las flores, las mujeres y la poesía. Ninguna de ellas se pisotea. Ni se arranca." Foto de la autora de Paula Fuentes Soto

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De nadie

Desde aquella tarde de octubre no soy de nadie. Acaso un poco de las playas, de mi niño y de los picos de los cactus. Soy toda mía. Aunque a veces me regale en saliva o en hoyuelos. Soy algo de los que se rozaron de milagro y de todos los que me pellizcan o me mandan besos volados. Suelo verme en los gatos, y en los ojos perdidos de la gente de la calle. Soy mía, pero casi siempre y aunque me dé pena, soy del aire.

Ya a la venta en: https://www.amazon.es/dp/B09CGFVGSW/ref=mp_s_a_1_1...

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Colaboraciones Un espacio para disfrutar de los poemas y relatos de nuestros asociados/das


Colaboración Alberto Omar Walls La verdad única del escritor Cuando pequeño, había tres cosas que me entusiasmaban sobremanera: una, oírle contar cuentos y chistes a mi tía Mica (cieguita desde pocos años); otra, todos los juegos de magia y prestidigitación habidos y por haber y, tres, el teatro que hacíamos en la sala de casa. Recuerdo que en los años 53, 54 y 55 se retransmitía una serie radiofónica de la que no recuerdo el título pero que podría haberse llamado algo así como "Dramatización de grandes relatos" o "Grandes escritores en la radio", no lo recuerdo bien... Era una serie en español que emitía Radio Montreal. Pues bien, todos los días, a la misma hora, me hallaba yo con el oído pegado a la tela de la radio a la espera de seguir intensamente toda la evolución de aquellas magníficas historias, interpretadas, además, por, a mi entender de entonces, un cuadro de muy buenos actores. Llegaba hasta tal punto mi concentración y devoción, por aquella fórmula más o menos autodidacta de aprender el arte de la interpretación hablada, que a veces me permitía corregir al actor o la actriz en relación con una u otra inflexión de los personajes... Puede que tan pequeño y ya entonces estuviera recibiendo mis primeras clases particulares de teatro desde tantos miles de kilómetros de distancia y de la mano de un grupo de actores que nunca conocería.

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Pero mi primer personaje se me presentó unos pocos años antes y creo que podría definirlo como el primer personaje fallido. Tendría alrededor de tres, cuatro o cinco añitos de edad y me hallaba, como decían los escritores de entonces, a la sazón perdiendo el tiempo, gracias a Dios, en el Parvulario del Colegio de los Hermanos de San Ildefonso de Santa Cruz de Tenerife. En las fechas previas a la Navidad todo el colegio hervía en movimiento y festejos, y uno de ellos, de los previstos, era el realizar un Belén Viviente, adobado con su música y canciones de villancicos, alegorías, discursos y la presencia de toda la plana mayor de la curia insular, además, por supuesto de todos los alumnos acompañados de sus respectivos padres. Pues ocurría que al parecer mi niño de esos años era un niño tan hermoso que el Hermano encargado de la puesta en escena había decidido por su cuenta que yo debía encarnar al Divino Niño y quedarme quietecito en el pesebre mientras transcurriera la alegoría, entre San José, la Virgen, los animalitos, los Reyes Magos y pastores y el inmenso público sentado en las gradas que a tal fin se había dispuesto en el patio. En medio de tan regio y variopinto público, recuerdo, que grité, pataleé para ostentar descaradamente mi negativa a la primera puesta en escena de tan altísimo personaje y defender, en última instancia, mi incipiente timidez. Al parecer mis llantos sin consuelo hicieron desistir al Hermano y tomó a otro pequeñajo en sus brazos y lo incrustó, sin darle tiempo a esgrimir protesta alguna, en el pesebre. Todo en un dicho y hecho, lo que le permitió mostrar a un niño Dios asombrado y perplejo, mientras otro mucho más humano, es decir, yo, me quedaba sin poder encarnar lo que creo recordar como mi primer personaje teatral. Un personaje, por otro lado, nada consentido ni esperado por mí.

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Mi segunda, tercera o cuarta experiencias, en el mismo colegio, pasaron sin pena ni gloria y de ellas tengo un recuerdo muy vago y lejano. Pero una vez, tendría ya unos once años cuando vine a experimentar una de las sensaciones más auténticas en relación con la energía creativa. Me explicaré: me hallaba en la clase dedicada a literatura y ese día tocaba poesía (no sé qué poeta sería). El profesor se ejercía en la costumbre de ponernos a leer en alta voz a todos y cada uno de los chicos, de tal manera que en una hora, sin posible escapatoria, habríamos leído cada uno como mínimo una vez. Acababa de comenzar la clase y yo sabía que en algún momento, ¡seguro!, me iba a tocar leer y como fuera que, a pesar de mi timidez, tendría que enfrentarme al resto de la clase, que al fin y al cabo era un público con todos sus atributos, no imaginaba cómo podría sustraerme a tan fatal obligación. Como se supondrá, aún para entonces seguía siendo un niño bastante tímido y pudiera ser que mi voz no me llegaba ni al cuello de la camisa. Pero algo que iba a desencadenar todo el contenido recóndito del baúl de mis emociones estaba a punto de sucederme. Digamos que mi despertar interpretativo estaba a las puertas. Mi hermano Leonardo, un año mayor que yo, también estaba en el mismo colegio, pero en otra clase. Sin esperarlo, lo vi asomar su cara asustada a los cristales de la puerta de la clase, urgiéndome con las manos para que saliera a hablar con él. Pedí permiso, salí y me contó, muy consternado, lo que había ocurrido a nuestra perrita Turquesa y es que los perreros la habían sorprendido en la calle, la metieron en La Chivata (que era un furgón que servía para casi todo), y se la habían llevado a la perrera con lo que a nosotros nos quedaba el tremendo temor de que fuera a ser sacrificada. Al parecer, yo ya estaba informado y él no podía hacer otra cosa que irse para su clase, una vez que su noticia me había destrozado el ánimo.

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Volví a entrar y me senté en mi pupitre. Sentía en mi interior que algo bullía con fuerza y que buscaba hallar salida. Apenas pasaron cinco minutos más y ya tenía sobre mí la obligación ineludible de enfrentarme a aquel pedazo de poema para que, a través de mi poquita voz toda la clase tuviera conocimiento de las calidades líricas del poeta. Las manos y los labios me temblaban, la ira se me había columbrado hasta lo alto del esternón; el resto de los compañeros se habían esfumado de mi vista como por arte de magia, pues mi concentración experimentó una novedad esencial: yo me sentí entrar a través de un túnel sin dimensión ni tiempo para ir a proyectarme sobre las esencias de aquellas palabras que, quizá, en otro tiempo fueron escritas también por una persona, un poeta, que como yo en ese momento también estuvo irritado, trémulo, dolorido, enloquecido por el dolor... No supe bien el tiempo que estuve leyendo, lo cierto fue que cuando me detuve caí en el asombro y la indecible experiencia de oír a toda la clase irrumpir en un unánime y sonoro aplauso. Una doble enseñanza me trajo aquella primeriza experiencia infantil: una, que la voz también es la proyección de las emociones; otra, que sin emoción no hay nada artístico que comunicar y que la creación es energía domeñada, canalizada. A veces he llegado a dudar de si lo más interesante de una obra era aquello que ha quedado por ser escrito o todo lo que has tachado, corregido y, luego, tirado a la basura en el largo y pesado trabajo de ir corrigiendo. Normalmente no confecciono una obra en la mente, antes de pasarla al papel, sino que ésta va surgiendo solo mientras escribo a partir de una idea, unas imágenes o una anécdota, surgidas posiblemente en cualquier momento que no tiene que ver con lo que llamamos inspiración.

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Me siento más escritor ahora, hoy mismo si se quiere, que cuando atrás yo mismo me atrevía a llamarme escritor. El escritor se va haciendo con los años, y la obra no se acaba hasta que se publica el último libro. Es todo un trabajo que se dilatada a través de toda la vida. Escribí hace tiempo que "me encuentro más cómodo en el relato corto o en el cuento, que en la novela larga o el teatro", pero hoy día diré que con la novela. Aunque creo, como autor, que escribir, sea teatro, novela, cuento, poesía... o lo que sea, es todo lo mismo. Claro está, las técnicas son distintas como también los puntos de vista, aunque a veces se entrecrucen. El teatro es diálogo y, ante todo, iconografía que se comunica; es el cuento la sorpresa, el suspense y una idea fugaz en la cúspide del deseo; la novela será el torrente, el río o el meandro, pero nunca afluente; el cine, son las imágenes que te raptan al territorio de la fantasía (siendo una gramática diferente, la visual, que la escrita). Creo en la inspiración, aunque crea también en el trabajo obrero de la literatura, en la voluntad de estilo, y en el concienzudo cabalgar diario sobre el sudor de la maldición bíblica..., pero creo en la inspiración como elemento medular del proceso de escribir creando. Las muchas lecturas infantiles, y las experiencias emocionadas en relación con la práctica de las artes y las culturas, son quienes hacen en el futuro a un autor. Pero tampoco vale la pena engañarse mucho: el autor, el escritor, trabaja con seres que no existen. Son fantasmas o sombras de una realidad imaginada o deseada que se hacen pasar por reales. La realidad es solo el presente, y mal que nos pese ni siquiera éste puede ser detenido por la escritura. La escritura a lo sumo que puede optar es a detener los hechos como hace el entomólogo con las mariposas disecadas,

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alfilerándolas en los corchos para estudiarlas. Nosotros, los que decimos llamarnos escritores, movemos hilos invisibles que a su vez mueven marionetas que son visibles con apariencia de realidad y verdad. Ese sería el gran trauma del autor, si se pudiera llamar así, que crea y mueve seres imposibles, inexistentes, extraídos de un mundo que ni siquiera conoce. La creación, para un artista, puede llegar a ser la cima del orgasmo creativo, pero al final es humo y mentira. Pensar que el arte, y en nuestro caso el de la escritura, sea salvación de algo para alguien ya no es posible a pesar de que comprendamos que sin fe absoluta en lo que se hace nada se puede conseguir. Nadie puede vivir por mí. Y juro que lo hago cada día y a cada hora de la mejor manera que sé hacerlo. Vivir es una aventura hermosa que se perfecciona en cada momento y también se te destruye, para tener que recomenzarla a cada rato. Es gratis vivir y experimentar; sólo que aprendemos a poner un precio a las vivencias y por eso, luego, se dice que la vida es cara. El mundo nos está esperando a la puerta de cada acto para que lo experimentemos a manos llenas. De cada ser depende lo que se escoja, para su martirio o goce... Escribir es también una aventura que se renueva cada vez que te enfrentas con el papel en blanco o la pantalla de ordenador. En muchos aspectos no queda más remedio que poner cerca ambas aventuras: la de vivir y la de escribir. Creo que las dos -la vida, la escrituraconforman la cara y el envés de una misma realidad: la experiencia reinterpretada. Porque la realidad (¡y eso es algo que se aprende!) no es única y ni, para todos, la misma. La realidad es anomia y para hallar sus sentidos debemos indagar, como mínimo, en dos de sus muchos aspectos, la relatividad y la dinámica.

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El Presente Absoluto es lo único que definiría, en última instancia, a la realidad experimentada; pero no hay nadie que usando la escritura pueda contar o narrar algo tal cuál fue u ocurrió. El escritor es el mentiroso que, como un taxidermista, se atreve a dar la apariencia de verosímil a seres inventados pero a los que obliga a adoptar apariencias de humanos; es el titiritero de seres que no existen. ¡Qué simpática contradicción: siendo creadores, inventamos una realidad y la movemos como si fuera auténtica y se estuviera realizando en el Presente Absoluto del papel impreso! Escribir es la insistencia en una mentira que quizá a la Realidad no le interesa seguir sosteniendo. Y estaría bien que así fuera, porque es más hermosa la literatura cuando se transforma en lujo y transgrede el viejo sentido de la necesidad o la utilidad (no me refiero aquí al dharma, sino a la búsqueda del éxito). Vida y escritura, cara y envés de un mismo hecho, conjugan expresión ficticias de seres que no existen y seres que existiendo adoptan conciencias internas de ficción o desencanto. Puedes escribir mirándote el ombligo o cualquier otra parte del cuerpo, y haces literatura. Puedes escribir mirando la porción del mundo que te rodea, con tu visión psicológica, filosófica, sociológica, etc, y sigues haciendo literatura. O hasta puedes escribir sobre tu propia persona enajenada del mundo, y sigues haciendo literatura. A nadie se le escapa que escribir no es ya sólo desnudarse ante fantasmas o ponerle el cascabel a la imaginación, la fabulación, perfeccionarse en la buena carpintería o dicho de otra manera, en el buen hacer, o ejercitarse en la voluntad de estilo. Para hacer buena literatura no basta ya con hacerlo bien; no es imprescindible solo el cómo lo haces más que el qué dices o qué cuentas.

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Aunque la vieja verdad aún sigue siendo cierta y es que casi todo ha sido dicho y que el escritor no tiene otra obligación más que escribir bien por encima de sus deseos de transformar la realidad. Todo escritor, de la catadura que sea, es un poliego, si entendemos por esa palabra algo parecido a aquel ser que tiene muchos yoes o muestra la particularidad psíquica de manifestarse con tantos rostros como personajes maneja con sus hilitos de titir­t ero... Si nuestra materia prima es la mentira, ¿será por el deseo de alcanzar la verdad a través de la ficción? ¿Huimos de lo que deseamos? Trabajamos con la Lengua y los íconos, y las músicas y el folklore; trabajamos con los mitos y los dioses humanizados, trabajamos con los detritus de otras culturas y otras artes..., ¡somos unos auténticos cocineros de todas las materias y nuestros guisos han de saber a algo no saboreado antes y, si fuera posible, original! Y eso es imposible, porque todo se parece; es decir: toda mentira ha de tener en su seno, como mínimo, la esperanza de pasar por verdad y por ello se delata... Si no fuera así, no existirían los críticos (que son los comensales de paladar refinado), ni el lector culto o especializado, ni la competencia entre escritores… La única inocencia posible, y quizá menos mentirosa, es la práctica del anonimato y el narrar historias de los dioses o culturas de corte prehistórico. ¿Pero nos resulta posible, a estas alturas, romper la baraja de la mentira institucionalizada y embarcarse en un mar de inocencias para ir a la búsqueda de una verdad única que no admita en su envés la otra cara de la ficción? En cualquier caso, creo que la experiencia de todo escritor es una aventura muy personal...

* https://www.albertoomarwalls.com

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Colaboración Gloria López El protagonista disconforme Ella sonrió y cambió de lugar en el párrafo. Él miró con osadía al autor por permitir aquel acto tan desconsiderado, pero al ser ignorado se dirigió protestando al índice. Escondido entre las manchas de tinta imaginó como sabotear el libro y escapar. Pero apareció un carcelero y lo encadenó a la página veinte. Al final, el escritor lo convirtió en el protagonista de la obra y tuvo que permanecer por siempre entre las páginas de la famosa novela.

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Colaboración Un cadáver exquisito a cuatro manos Elena Villamandos, Carmen Paloma Martínez, Rosa María Chinea y Felicidad Batista

El pasado 17 de julio de 2021, para cerrar con broche de oro la celebración del cumpleaños de Elena Villamandos,

cuatro

amigas y escritoras se reunieron en la calle La Noria de Santa Cruz. Estrenaban bolígrafos y, al socaire de conversaciones y reflexiones sobre la Literatura y sus laberintos, decidieron escribir juntas un poema que compartieron en el ágape cumpleañero y en las redes después. Un cadáver exquisito en el que cada una, en rondas sucesivas, fue deslizando sus versos sin conocer los anteriores. El título fue ideado por la amable camarera del restaurante.

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ÁRBOL Los flamboyanes alfombran el jardín de tus sueños con sus tonos anaranjados soles que calientan sus enredos y las alas de abejas que tejen a expensas del hacer de la araña. Las ocho primeras ramas miran al cielo las nubes se contraen voladoras palabras se mecen en el oleaje de tus ramas nadan en tu boca-luna errante. Trepo por las ramas de tu cuello alargado y sinuoso como avanzar de serpiente que trepa hasta mi frente y me riega certezas de cortezas de ancestros. Fantasmas antiguos cuelgan sus rencores en ramas amargas miradas danzan en tu azul páginas inversas de la luna. La luna plateada y gélida alumbrando tus sienes ¿Y si tus dedos liberan mi pensar y te deslumbras con la luz de mi niñez? Enredada en los tallos en esos nidos colmados de pájaros Aleteo de notas que resuenan ascienden tocan la piel de la piel de los últimos sones de la luz de una tarde de noria y nubes ancladas en un instante.

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Colaboración Pedro González Alucinaciones A Benito se le había hecho tarde. No calculó que por aquellas fechas oscurece antes y se entretuvo demasiado en la tienda de Ramiro. Si su mujer lo viera se enfadaba seguro, no era bueno cruzar los barrancos por aquellas veredas estrechas con tantos vasos de vino encima. Ese fue el motivo principal de la tardanza: las invitaciones de un lado y otro, una cuarta para acá y otra para allá, de un caldo tan bueno como era la nueva cosecha, lo amarraron a la barra de Casa Ramiro. Todo eso iba pensando el viejo, cargado con unos kilitos de compra en su saco, mientras cogía el principio del camino. Sabía que sería capaz de recorrerlo con los ojos cerrados, pero lo que más le preocupaba era el rapapolvo de Juana que se llevaría al llegar a casa. Sacó un paquete de cigarros y se puso uno en la boca. Ese tabaco negro, tan fuerte que pocos tienen el valor de fumarlo, igual disimulaba un poco el olor a vino que Juana era especialista en detectar. La brasa iluminó su cara y se volvió a poner en marcha con el cigarrillo entre los dedos. Tras cada catada quedaba un poco cegado y, por un par de veces, eso le obligó a aminorar el paso. En una ocasión tuvo incluso que parar, porque la luz de la brasa se quedó pegada a los ojos y la vio moverse de un lado a otro.

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De repente, se oyó un gran estruendo en el cielo, a lo lejos, y la luz desapareció. Benito se había agachado instintivamente y ahora se encontraba de cuclillas. Entonces aparecieron más en el horizonte, sobre las tierras de la costa lejana, haciendo extrañas figuras. Por su cabeza pasaron las leyendas que oyó de joven sobre la aparición de fuegos en el cielo, pero enseguida las descartó y verbalizó: «Pos vaser verdá», refiriéndose a lo que oyó en la tienda sobre el vino de Ramiro, con el que al parecer algunos afirmaban que veían cosas raras. Siguió caminando y desaparecieron. Llegó a casa y el detector señaló que llevaba encima más vino de la cuenta. Se llevó el rapapolvo esperado como saludo y ni los chiquillos le dieron las buenas noches. Y él calló lo ocurrido, convencido que se trataba del fabuloso vino de Ramiro, mientras que en aquel lugar del camino se volvían a avistar lejanos indicios de las maniobras militares de la base aérea de la isla vecina.

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Colaboración Magdalena Barreto ¿Me dejas pasar? Vuelvo como la mano que se escondió después de tirar la piedra. Como la amante furtiva que escapa en la penumbra, sin apenas abrir la puerta. Como la vieja que se esconde detrás del visillo, sin perder detalle de lo que observa. Regreso tras demasiado tiempo en la sombra, fabricando mi propia celda. Como la corriente de agua que fluye sin pausa y se pierde detrás de la cerca. Como el niño extraviado que, tras ser encontrado, olvida la angustia que hay tras la pérdida. Llego como la hija pródiga que, a pesar del tiempo pasado, reconoce el que fuera su hogar. Como el cobarde que encuentra la fuerza para no volver a flaquear. Como la flor que, tras el largo invierno marchita, despierta a la primera. Arribo a este rincón de sueños y desvaríos, de amargos y dulces recuerdos. Como la mujer que soy ahora sin perder de vista a la niña aquella.

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Con la madurez que dan los años y la crisis de los cuarenta. Con las arrugas de la vida y un equipaje de experiencias. Aquí estoy con el corazón abierto y algunas costuras nuevas. Con palabras y silencios, con olvidos y promesas. Con verdades escondidas y mentiras descubiertas. Con proyectos e ilusiones, con miedos y con tristezas. Con retales de mi vida para seguir tejiendo con letras. Con una maleta llena de sueños y otro equipaje que, aún vacío, me pesa. ¿Quieres dejarme pasar? ¿Puedes abrirme la puerta?

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Colaboración Luis Alberto Serrano Armados y necesitados Me habían acorralado entre los tres. Yo había reculado hasta proteger mi espalda en el muro. Cómo si eso fuera a servirme de algo. El más bajito sacó una barra de hierro que le costaba levantar de lo grande que era. El más fuerte me agarró la camisa y me comprimió el cuello contra la pared con una mano mientras, con la otra, me enseñaba una navaja de descomunales dimensiones que daba más miedo por el tamaño que por lo afilada que pudiera estar. Cosa que, en cuestión de segundos, decidí que haría lo posible por no comprobar. “Colabora en todo, siempre que sea material”, me dije. El tercero se golpeaba la mano con una porra que emitía un sonido seco diseñado para amedrentar. No me lo podía creer. Después del duro día de trabajo en el hospital, en el que conseguimos estabilizar a tres niños que habían llegado intoxicados por una comida en mal estado, mi alegría se tornaba en angustia. De repente, la sonrisa de los niños me transmitió tanta paz que me aventuré a tomar las riendas. “¿Qué queréis, chicos? No me hagan daño, por favor”. Con voz amenazante, solo me pidieron que les diera todo el dinero que llevara. Les tranquilicé pidiendo que, si me soltaban, se lo daba encantado y sin rechistar. Tampoco es que tuviera mucho, pero siempre he considerado que las posesiones no son tan imprescindibles como la salud. Y la mía estaba peligrando, 33 en esos momentos, muy evidentemente.


Saque la cartera despacito. Desde que la tuve fuera del bolsillo, el grandullón me liberó para tener las manos libres y arrebatármela. La solté y él se encargó de coger los pocos billetes que había. Muy desesperados debían estar para vaciar, también, algunas monedas sueltas. “Saca más, si llevas algo”. Me imaginé que se refería a joyas. No me dio tiempo a contestar, porque se oyó una voz cercana que dijo: “Aquí están”. Seis encapuchados, tres por cada lado se acercaron a nuestra escena de “robo con intimidación” en una actitud bastante más amenazante que la que yo estaba sufriendo. Todos portaban bates de beisbol. Se notaban organizados. Mis atracadores pasaron de sus caras desafiantes a las de incredulidad en un abrir y cerrar de ojos. De hecho, el golpe de uno de ellos en las piernas al más pequeñito le hizo caer de rodillas al suelo. Cosa que imitaron los otros dos, devolviéndome la cartera, de paso, junto al dinero que habían sacado. Tres días antes, estos pobres desgraciados habían atracado a una chica que, por lo visto, tenía buenos e impulsivos amigos en las redes sociales. Ella se encargó de orquestar una banda para darles caza. Y lo hicieron. Ahí los tenían cazados y humilladamente de rodillas. Cuando el fortachón que me agarró miró hacia a mí con cara de pena, creí reconocerlo. No podía ser. ¿Cómo un padre tan tierno, que estaba luchando con la enfermedad de su hijo, podía ser una persona tan violenta? No, no podía ser. Pero la intuición me empujó y le pregunté por él niño. Levantó la cabeza al extrañarle que yo supiera su situación y, al mirarme, se echó a llorar. Creo que fue en ese momento cuando me conoció, de verdad. Sin el uniforme, no se dio cuenta que yo era uno de los que le estaba salvando la vida al hijo.

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Los “vengadores” estaban estupefactos asistiendo una película de drama, cuando pensaban que verían una de violencia. En silencio todos, se escuchó sollozar al ladrón contar que su hijo necesitaba un costoso tratamiento. Todos bajaron las armas y se relajaron las tensiones. Cuando se incorporó, ya de pie, relató con pelos y señales como estaba siendo la vida en casa. Sin trabajo, con el niño enfermo y con una sanidad que no lo costeaba el cien por cien del tratamiento. Le pedí que fuera a servicios sociales, que para eso están. Me dijeron que le habían aprobado una ayuda, pero que todavía no se había hecho efectiva, por eso necesitaba dinero urgente. Tras mirarnos unos a otros, todos fuimos vaciándonos los bolsillos. Les dimos todo lo que llevábamos encima. Y tras darme un fuerte abrazo, se marcharon sin más. Hoy, en el hospital, mi supervisora me dio un sobre que le dieron para mí. Lo abrí extrañado y era una foto de ese niño comiéndose una patata frita. La he puesto en un pequeño marco en el salón de mi casa aprendiendo una gran lección. No hay arma más grande en esta vida, que las emociones.

luisalbertoserrano.wordpress.com @luisalserrano

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Colaboración Luis Ángel Marin Metamorfosis Ser la fuente y el Tiempo lejos de la existencia apoyado en la pureza —al otro lado de los espejos—, desde lo visible a lo invisible, con la máscara de la meditación entre libélulas que danzan junto a los astros.

Ser la capacidad de tránsito y el predominio del azar que lleva a la visión perfecta al hacerse la hondura mito del hombre que mira con el privilegio del agua clara.

Ser lo que ya no es, pero sí está, cuando el “Yo” transformado en poética da sentido a la redondez y seduce a los gnomos como una neblina contra lo estático.

Ser exilio mientras el mundo no consigue tocarnos porque la desnudez es demasiado fuerte y su sombra lo suficiente perfecta. Y ser amante y amado, en el instante que la irrealidad deja de convertirse en utopía.

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Colaboración Isa Hernández El amor imposible “Aquel día uno de sus sueños se hizo realidad; y odió cada instante de ese día”. Necesitaba verlo, abrazarlo, besarlo…, sin embargo, sabía que era un imposible. No la quería y ella se empeñaba en seguirlo y acosarlo. Cuando estuvo delante de él lo hizo, era lo que deseaba: lo abrazó, lo besó y le suplicó. Él la separó con desprecio, con repulsión, como si le diera asco. Ella se desgarró, lloró amargamente su desdicha, mas, cuando lo vio salir en busca de la otra, casi se desmaya, y odió todo lo que había hecho; entonces se apercibió de que el amor no se puede mendigar, si no está presente no se debe rogar y si ansía marcharse hay que abrir la ventana. Se quedó desolada con su pena a cuestas que la sumió en una profunda tristeza. Tenía la esperanza de recuperarlo y suplicaba con anhelo cada noche en sus sueños que regresara de nuevo a su vida. Un día su amor regresó y la llenó de esperanza iluminando su mundo idílico; no volvería a lastimarla y le prometía amor sincero. Le pediría perdón toda la vida porque se había dado cuenta de que ella era lo mejor que le había pasado en la vida.

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Lo esperó tanto que cuando lo tuvo delante creyó que podría perdonarlo, pero lloró al notar que ya no se le irradiaba el alma, su brillo se había oscurecido y lo veía como un ser desconocido. No pudo expresar lo que sentía y él lo debió ver reflejado en su cara porque, sin mediar palabra, se marchó y nunca más regresó. Ella sintió la paz que tanto tiempo buscó y la calma, la ilusión y la confianza regresaron a su vida, abriendo de par en par las puertas de su alma.

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Colaboración Lange Aguiar Roser y el iceberg de la vida Corre el año 2025 y Roser, una Mamá Oso, mira a Ris y Ros, sus lindos oszenos, revoloteando sobre la nieve cerca de su madriguera. No solía salir por miedo a otros osos celosos y dañinos. Aquellos cachorros eran lo que mas amaba sobre la tierra. Eran todo su tesoro, daría la vida por ellos si fuera necesario. Pero de lo que más quería escapar eran de otros depredadores mas peligrosos a los que ciertamente tenía mucho miedo. Eran seres extraños que caminaban sobre dos patas y que disparaban fuego por sus manos. De ellos había logrado escapar salvando su vida varias veces. Estaba pendiente por si aparecían de repente para poder huir a tiempo con sus dos cachorrillos. Roser, desde hacía algún tiempo notaba que el suelo donde tenia la madriguera, estaba muy resbaloso y que muchas de las montañas blancas que rodeaban su casa iban iban menguando. Por sus costados caían pequeños torrentes de agua que ella no sabía a donde se dirigían. Nunca los había seguido. La nieve ya no era la misma, ni la luz del sol tampoco. El calor estaba haciéndole sudar mucho últimamente. No entendía lo que estaba pasando. Por eso ese día quería dar una paseo con Ris y Ros para mostrarle el lugar al que solía ir con su madre cuando era una pequeña oszeno y que con mucho dolor 39 recordaba.


-“Roser , vayámonos, que ya es tarde y hay que llegar a casa- le rugía su madre desde lo alto de la loma mientras ella jugaba en aquellos pequeños charcos, buscando peces que llevarse a la boca -vayámonos ya hija-. De repente un trueno estalló con fuerza y un zumbido cruzó el aire impactando en el cuerpo de su madre. A sus oídos llegó con fuerza el rugido de dolor que salió de su garganta mientras caía al suelo con el cuerpo manchado de rojo. Roser se escondió muy asustada en un pequeño saliente de hielo y pudo ver como varios animales extraños, erguidos en sus dos patas, se llevaban a su madre. La arrastraba un animal mucho mayor que hacia mucho ruido y echaba mucho humo. Por eso Roser les tenía miedo. Se escondía de ellos y quería proteger a sus gemelos de aquellos malvados animales de tan extraño y diversos pelajes. Roser se había levantado extraña. Quería volver a aquel lugar al que nunca mas había vuelto. Llamando a Ris y Ros se puso en camino. Ella había observado, días antes, que una gran grieta se había abierto frente a su madriguera. ¡Quería saber que estaba ocurriendo! Además deseaba, desde hacía mucho tiempo, enseñarles a sus hijos el lugar donde había perdido a su madre. Tenía que sanar aquel dolor que le producía ese recuerdo. Roser, cruzó aquella extraña y larga grieta. Ris y Ros la saltaron con mucho esfuerzo, lanzándose sobre su madre. Durante todo el trayecto iban jugando y corriendo detrás de Roser que iba vigilante todo el tiempo hasta llegar al lugar que buscaba con ansia y dolor. Al llegar quedó atónita. Aquello no se parecía en nada al recuerdo que tenia en su mente. ¡Una gran lámina de agua oscura se abría ante ellos perdiéndose en el infinito!

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Roser se quedó pensativa, observado la escena, sin entender nada. ¿Se había equivocado de lugar? Se preguntaba. Ella lo recodaba como un gran llano blanco serpenteado por pequeños charcos de agua. ¡Allí no había nada! De repente oye un gran estruendo. Al girarse ve a una gran montaña de nieve caer sobre aquella lamina de agua que en un instante, soltando un gran espumaraje, se la tragó por completo, formándose una gran montaña líquida que se acercaba muy deprisa a donde estaba ella. Roser se asusta. Coge a sus dos cachorros y sale huyendo de allí a toda prisa hacia su madriguera. Corren durante un buen rato. De repente quedan paralizados frente a un enorme abismo que se abren ante ellos. Su madriguera quedaba al otro lado. Intentar saltar y nadar en medio de aquellas aguas negras para llegar allí con Ris y Ros, le parece imposible. Roser queda inmóvil, petrificada, sobre aquella enorme loma que se mueve lentamente alejándose cada vez mas de su casa. ¿Qué está pasando? Se pregunta. ¿A dónde nos lleva esta montaña que se mueve? Se abraza a sus dos hijos y ruge con todas sus fuerzas. Unas lágrimas caen sobre el iceberg en el que navega por aquel mar de oscuras aguas negras contaminadas, repleto de microplásticos, producto de la polución y el calentamiento global. Se mueve sin rumbo, como otros muchos iceberg que les rodean. Ella no lo sabe pero muchas familias de osos quedaron atrapados sobre esas islas flotantes en el mar ártico. El sol calienta sin piedad. Roser observa que un enorme gigante blanco se acerca con un rugido que le desorienta. El gigante se va parando junto a varios iceberg. Observa con terror que sobre el gigante blanco animales de dos patas lanzan de sus manos de fuego algo extraño.

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De pronto siente que algo le ha picado profundamente. Ruge de dolor. No puede reaccionar y ve como a Ris y Ros, también le han dado. Los tres caen al suelo del iceberg inconscientes. Mucho después, Roser se despierta en una gran jaula en el estómago de aquel gigante blanco, junto a otras muchas jaulas con osos dentro. Observa cómo aquellas extrañas criaturas de dos patas, a las que tanto temía, van dándoles de comer. Ris y Ros están con ella ahora muy excitados. Una de esas criaturas de rubia melena se acerca y les observa fijamente, les sonríe y les da pescado. ¡No todos esos animales extraños de dos patas eran tan fieros ni tan malos! Roser no es consciente de lo que pasa pero son los últimos osos blancos del planeta. Un barco de una asociación ecologista les lleva a un lugar seguro donde seguir existiendo en la tierra.

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Colaboración Raquel Reyes ¿Qué podemos aprender de Enrique Vila-Matas en París no se acaba nunca? 11 cosas que no deberíamos hacer como escritores "París no se acaba nunca" es una novela publicada en el año 2006 que, entre otras cosas, abre de forma amena nuevas posibilidades y opciones a personas interesadas en la literatura, algunas veces en forma de citas y otras acompañadas de anécdotas personales. Reflexiona sobre el arte de escribir y la inspiración. Usando París como escenario, Vila-Matas nos dibuja un croquis de la vida artística de la época e ironiza la visión idealizada que muchos tenían de esta ciudad como un talismán para escritores, entre ellos él mismo. Enrique, un joven catalán que se empeñaba en ser escritor sobre todas las cosas, marcha a París como meca de la vida bohemia y artística en busca desesperada de temas y frases para su libro. De esta búsqueda pueden extraerse diez puntos interesantes para nosotros como escritores. 1) No tomar ninguna iniciativa La falta de proyecto de Enrique lo obliga a obviar cosas de su alrededor que le habrían servido como inspiración. Al no tener tampoco ninguna confianza en sí mismo, el personaje al principio se limita a tomar una actitud pasiva, no solo en su aprendizaje literario, sino en su vida en general.

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2) Apropiarse de la personalidad de otros artistas Enrique no conocía sus propios gustos ni tampoco sabía quién era, por lo que al comienzo de su andanza parisina imitaba la imagen de otros escritores, su vestimenta, con gafas, pipa y libro bajo el brazo. 3) Esperar a que todo caiga del cielo Enrique estaba siempre a la espera de que algo maravilloso le sucediese. Incluso deseaba, pasivamente, que el amor llegara a su vida a través de la literatura, que una bella mujer quedara prendada de él al leer su novela. 4) Carecer de un espacio donde comenzar a escribir La primera decisión sabia que toma en toda la novela es decidirse a comprar una mesa y tener “una chambre de escritor”. 5) No tomar notas ni apuntes de cosas interesantes La útil idea de tomar notas es también de las pocas cosas que el protagonista hace acertadamente, y esto ocurre hacia el final de la obra. 6) No darle importancia a las primeras frases de un escrito Un aspecto de la praxis literaria que nos enseña Vila-Matas a través de su personaje es la importancia de escoger las palabras adecuadas al comienzo de una novela. De esto es consciente el joven protagonista, que cuenta en varias ocasiones cómo la frase que encabezaba su libro fue redactada al final del todo. 7) No prepararse los personajes Vila-Matas nos narra también con humor cómo disfrutó comprobando que los personajes son subordinados a él, y que no hay que tenerles miedo, por si no llegamos a controlarlos. 44


8) Creer a pies juntillas cualquier consejo Comenta además que en su inseguridad dudó mucho a la hora de incluir o no diálogos en la novela, y desde que leyó en una revista que su uso era anticuado, suprimió prácticamente todos los diálogos que había escrito en su novela. No tuvo en cuenta otras opiniones. 9) Obsesionarse con un determinado lugar El joven Enrique quería inspirarse en la ciudad de París porque para él era un espacio idealizado, como si allí se viviera plenamente la vie en rose. Con ironía el protagonista comenta hasta en tres ocasiones que su estancia en París le sirvió más que nada para aprender a escribir a máquina. 10) No ser un buen lector El propio autor confiesa después de las primeras páginas que habría sido más sensato aprender e instruirse antes de escribir porque tenía “escasa experiencia como lector”. 11) Bonus track: Disfrutar el momento El protagonista idealizaba la desesperación y la tristeza como parte esencial del buen escritor. Más tarde se dio cuenta de su error y aclaró: “Lo elegante era vivir en la alegría del presente, que es una forma de sentirnos inmortales”.

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Colaboración Jesús Abreu Frontera con el límite como norma eliminas el carácter trágico del trance de paso que sobrepase lo enfrentado en hostilidad de lo múltiple a lo singular deslizándote por el borde de la afilada hoja liminar con los pies descalzos sin padecer discontinuidad en la integridad de la piel hasta el romo desgaste del cansancio logrando la separación de los bordes de los límites en un dipolo magnético que une y separa en conjuntiva y disyuntiva paradoja en comunión del ensanche de lo que para otros es frontera para ti lugar de tránsito por el que cuando lo cruzas no te moja la lluvia y sabes que estando ahí el tiempo se contrae en un azar caprichoso donde la vida cuesta lo que vale el poder del poseedor pero la cantidad de los intensos es tal que te enganchas adicto a los todo más que vives en la continua pasión del riesgo

jabreu2021

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Colaboración Tania Ramos Los hilos de las sombras «Amor que frutifique mi desierto. Y me haga brotar ramas sensitivas...» Alfonsina Storni.

«Amor que fructifique mi desierto. Y me haga brotar ramas sensitivas...» Esconde tu soberbia en el silencio, deja que los hilos de las sombras entrelacen nuestras horas... «Amor que fructifique mi desierto», tejamos secretos allí donde nazca la alegría y regresen ilusiones... «Amor que fructifique mi desierto», eres el deseo, la melancolía... unidos en el tiempo.

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Colaboración Lázara Tania Linares Quisiera ser... (...) Soy un alma desnuda en estos versos... Alfonsina Storni. Quiero llegar a tu pensamiento como relámpago en tormenta. Quiero ser la sombra de tus lágrimas, estar en cada espacio de tu corazón, en cada momento de tu soledad... Quiero hallarme en tu cama, en tus sábanas, en la locura de tu cuerpo... Quisiera ser el camino por donde pasen tus aventuras, caminen los abismos de tus deseos, las sombras de tus instintos, los recuerdos. Y quisiera ser mi amor, en todo este mar de deseos, pincel para dibujarte en todo mi existir.

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ACTE VIRTUAL Nº 22