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JORGE RUBIANI

POSTALES DE LA ASUNCION DE ANTAテ前 VOLUMEN I

Postales de la Asunciテウn de antaテアo - Jorge Rubiani


AGRADECIMIENTO Al Se単or Charles Muller por su cari単o al Paraguay.

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DEDICATORIA A mi madre, a mis hermanos. A mi esposa, a mis hijos. A mis amigos.

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PROLOGO Una ciudad tiene sus rincones, sus memorias y sus secretos. Revelarlos es el oficio tenaz de los juglares, de los poetas y los cronistas. Cada uno de ellos los verá con sus propios ojos yde ese modo habrá una ciudad distinta por cada observador. La que veo hoy no es la misma que recorrí hace diez años, ni tampoco la que veré mañana, sumergida en la bruma o arrasada por el sol furioso del verano. De Asunción sabemos muy poco. Sigue siendo un misterio, salvo obviedades que prodigan los libros de lectura. Ella nos habita, pero no sabemos quién es. Son pocos los que se entregaron a la tarea de interrogarla, o por lo menos de cavilar sobre las preguntas que hubiésemos querido hacer. Empero, quienes asumieron ese desafío, dejaron testimonios memorables que enaltecen a la cultura nacional. Bastará con recordar a los clásicos, de inevitable lectura: Fulgencio R. Moreno, con "La ciudad de la Asunción" o Carlos Zubizarreta con "Historia de mi ciudad" o Marcial Lafuente Machaín con "La Asunción de antaño", sin olvidar otras obras de contenido más amplio, pero que consagran capítulos enteros a la ciudad. Entre ellas, los majestuosos álbumes de Arsenio López Decoud, Ramón Monte Domecq, Manuel W. Chavez y Cecilio Báez que integran, con entera propiedad, la bibliografía básica de la capital de la República. Los iniciados dirán que para penetrar el alma escondida de Asunción son suficientes "Paraguaype", de Manuel Ortíz Guerrero y José Asunción Flores; "Canto al Paraguay", de Federico de los Ríos, Antonio Cardozo y Miguel Angel Altinier; "Tardes asuncenas", de Néstor Romero Valdovinos y Teófilo Noguera; "Asunción", de Federico Riera; "Asunción del Paraguay", de Emiliano R. Fernández y Santiago Cortesi; "Soy de la Chacarita" , deManeco Galeano; "Punta Karapâpe Serratondive" , de Carlos Miguel Giménez y José Asunción Flores y "Burrerita", de Antonio Ortíz Mayans y Félix Pérez Cardozo. El lector me perdonará esta disgresión. Pero tengo la arraigada sospecha de que estas canciones son otras tantas maneras de acercarnos a esta ciudad, una y múltiple, que nos habita. A este grupo de personalidades se suma Jorge Rubiani, con una obra llamada a perdurar por el rigor documental, por la precisión del análisis y hasta por la elección de las materias de los capítulos. Debemos añadir la estupenda iconografía que acompaña al texto y que enriquece notablemente su contenido. Ella nos permite contemplar imágenes ilustrativas del itinerario ciudadano, y congelar un trozo de ciudad en el rectángulo de una antigua y sugerente fotografía. El itinerario que comienza en 1537, en un sitio cuya exacta ubicación se ha perdido. Es una historia turbulenta y confusa, algunos de cuyos actores se mueven muchas veces dentro del territorio del realismo mágico, y por eso exigen más bien de la pluma del fabulador que la precisión del especialista. Ni siquiera sabemos, más allá de toda duda, dónde fue fundado el fuerte primitivo, cuya poderosa empalizada protegió los Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


delirios y las inquinas de los conquistadores. No obstante estas lagunas, más sabemos de sugente, de sus personajes, de sus proezas y malandanzas, como El Sardo, aquel verdugo glacial que Irala empleaba generosamente para dar muerte a sus enemigos. El mismo que, cuando se le soltó dos veces la cuerda con la que debía ahogar a Urrutia, por conspirador, prescindió de nudos y patíbulos y, con sus propias manos, estranguló al infeliz. Digamos que con los años, los asuncenos adquirieron una pericia rayana en el virtuosismo en este milenario oficio de matar gente. El autor, en un acto de justicia, nos habla también de las mujeres, quienes, pese al papel que cumplen en la historia, son ignoradas por los estudiosos. Entre ellas, quienes padecieron las penurias de la Guerra Grande y la humillación de la derrota y quienes, más tarde, acometieron el esfuerzo sobrehumano de reconstruir la patria después de Cerro Corá. Un capítulo de gran relevancia es el que se refiere a los barrios de la ciudad. Cada uno de ellos con su identidad, con su historia, con sus rincones, con sus sombras. Y también con su gente, como los "cumparelos", los horticultores italianos que se instalaron en ese lodazal que, con apropiada puntería, fue bautizado como Tuyucuá. Los mismos que, más adelante, y gracias a los caprichos de la fonética, pasaron a ser conocidos como los "gumarelos" o "repolleros" y, como tales, la base humana del Club Libertad, una de las glorias más auténticas del fútbol paraguayo. Algo más. Gracias a su condición de arquitecto, Rubiani puede dirigir su mirada más lejos. Esto le permite apreciar estilos, escudriñar diseños urbanísticos y analizar fachadas y estructuras que a los profanos no nos dicen nada. El libro eleva así su nivel técnico y se convierte, además de su invalorable signo documental, en un valioso material de consulta para los especialistas. Falta decir que los capítulos de esta obra provienen de artículos que fueron publicados en la revista "Correo Semanal" del diario Ultima Hora. Antes de reunirlos en este libro, el autor, con su conocida meticulosidad, los ha sometido a un implacable proceso de revisión. Gracias a ello, hoy pone en manos del lector un texto que honra a la cultura paraguaya y enriquece significativamente la bibliografía sobre Asunción. Debemos estarle agradecidos. Helio Vera

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ADVERTENCIA Los temas de este libro han sido íntegramente publicados en la revista Correo Semanal del diario Ultima Hora, desde el 12 de Abril de 1997 hasta el 15 de Mayo de 1999, todos los sábados (a excepción de algunos), a lo largo de dos años, un mes y 104 artículos. Algunos pocos (parte de los que aparecieron en 1997) ya formaron parte de«Paraguaype», libro de Jorge Rubiani, lanzado por la Editorial Artemis, en Abril de 1998. Los mismos, retocados para aquella ocasión, conservan en este libro sus características originales. Las fotografías y epígrafes son reproducidos exactamente como lo fueron originalmente. En cuanto al orden del libro, se ha considerado más importante agrupar los artículos por las referencias que contiene y no por las fechas de publicación, de forma a facilitar la lectura en torno a un orden temático y a evitar repeticiones o reiteraciones innecesarias, forzadas estas por la falta de una visión de conjunto del material. Se ha tenido igualmente la oportunidad de realizar correcciones de datos y fechas, ya no tan urgidos por el cierre de la edición o la prisa por completar las entregas. Debe aclararse -por último- que no todos los temas están exactamente referidos a Asunción, en cuanto a la capital como recinto físico o escenario, pero los acontecimientos mencionados fuera de ella, como lo son los incluidos en el capítulo referido a los Jesuitas -por ejemplotuvieron su origen o generosas consecuencias en la capital de la Provincia del Paraguay. Agosto, 1999.

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CAPITULO I

LA RAZON DE LA MEMORIA

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Asunción y sus sitios Qué convierte a un sitio en especial? Qué le hace diferente a otro? Qué tiene Asunción que no podamos encontrar en otras ciudades? Para responder a estos interrogantes pienso de inmediato en la palabra identidad. Y esto quiere decir sencillamente que Asunción, además de los espacios que certifiquen las huellas de sus acontecimientos históricos más importantes, debe ofrecer lugares y equipamientos para su percepción y disfrute, fuera de mecanismos que permitan la manifestación de otras peculiaridades, ambientales y urbanas. Lo especial de su música, de su comida. El encanto de sus recorridos y sus rincones. Algo propio que haya quedado a salvo de los estereotipos turísticos. La siguiente -inevitable- pregunta sería: ¿conserva Asunción algo de todo eso?. La respuesta es un contundente NO. Al menos, en cuanto a los escenarios de la historia. No, en cuanto al conjunto urbano que diera origen a la identificación de la ciudad con el calificativo de "Asunción Colonial". No, en la medida de lo que se ha conservado en Lima, Valparaíso, Quito, Cuzco, Sucre, La Habana y otras ciudades de Latinoamérica. Nada quedó en Asunción, de los importantes conjuntos edificados de antaño, como los conventos, cuarteles y otras instalaciones del gobierno. No sobrevivieron nombres de lugares, barrios, promontorios, arroyos, parajes. O queda muy poco de ellos. La capital de la antigua Provincia del Paraguay quedó constituida, en casi toda su geografía, por retazos sobrantes de la "liquidación" inmobiliaria que viene padeciendo -prácticamente- desde fines de la guerra del ´70. Aparte de nuestras costumbres y hábitos sociales, difuminados hoy en la frivolidad, sobreviven solamente algunas pocas casas de fines del siglo, componentes edificados sueltos y algún conjunto.

"Leer" la ciudad Una ciudad registra -tal vez como ningún otro organismo- algo más que las vicisitudes históricas de una sociedad. Puede denotar, con bastante fidelidad, el carácter de sus habitantes y algo de su sentido de "comunidad". Sus ideas estéticas y espaciales expresados en monumentos, esculturas, mobiliario y equipamientos. En ese sentido, la Asunción de las décadas de los ‘30 ó ’40 tenía mucho más que ver con nuestra realidad social, cultural y económica que la ecléctica y desagradable silueta que ofrece hoy. Basta con observar las fotografías de la época para verificarlo. Y no se trata de un problema de densidad poblacional o de tráfico Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Un aspecto del Café Nacional en la Plazoleta del Puerto a principios de siglo. Los asuncenos de la época no s abían quiz á lo que era "urbanismo", pero probablemente lo sentían de muy diversas maneras.

automotor. Es -lisa y llanamente- un problema ocasionado por el deterioro de la conducta social, de una visible reducción de la calidad ambiental. El asunceno de la primera mitad de este siglo no sabía -tal vez- lo que era urbanismo pero "lo sentía" de muy diversas maneras. Lo que caminaba de su ciudad, lo que veía, se manifestaba en códigos descifrables y reconocibles. En casas, paisajes y objetos que recordaban sucesos, rostros. La nomenclatura de sus lugares y calles se basaba en referencias concretas y legibles, no sólo en un simple cartelito colocado en la bocacalle para justificar un anuncio publicitario. Los ciudadanos tenían una clara percepción del "sitio" que habitaban. Luego estaban los elementos que permitían la continuidad de los contactos, la comunicación, la transmisión de la cultura: los bares, los cafés, el almacén de la esquina, la escuela del barrio, el "baldío" y una serie de rituales, personajes y acontecimientos que alimentaban las vivencias ciudadanas. Asunción tiene una larga lista de estos "templos" de la cultura ciudadana en estado de postración, o desaparecidos para siempre. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El valor de la memoria Sin embargo y aunque siempre se habla del valor de la memoria colectiva como un factor que refuerza la identidad de una comunidad, hay voces que se elevan en contra de la conservación. Joaquim Guedes, arquitecto brasileño, decía en un reportaje publicado en un diario de Asunción, que la conservación del "patrimonio arquitectónico" es un hecho " ... que -a veces- resulta incomprensible para el pueblo, pues se valoran formas arquitecturales que nada tienen que ver con sus vivencias espaciales y si con la de sus "amos" del pasado. Ese "patrimonio" -objeto de veneración conservacionistale recuerda a ese pueblo años de opresión, de despotismo, de crueldades". Si lo de Guedes fuera aplicable, Alemania no conservaría las huellas de las barracas que anticiparon el "holocausto" de la última Guerra Mundial; ni los otros países europeos mantendrían las variadas muestras arquitectónicas de su historia, muchas veces violenta y despótica. La aplicación de un mecanismo selectivo para la conservación no pasa por lo que bajo un juicio igualmente subjetivo- pudo haber sido "bueno" o "malo" para el "pueblo". Tampoco es un nostálgico intento de revivir algo muerto por la persistencia de objetos que lo recuerden. Nada más equivocado. La conservación traduce una actitud de dignidad histórica. Es tratar de comprender lo que fuimos -y somos- por vía de la memoria. Adicionalmente, en el gesto de "seleccionar valores" va generalmente implícita una actitud conservadora y retrógrada que, apelando a un discutible altruismo cultural, remeda elementos formales del pasado luego de haber secundado por años, la depredación a mansalva de lo auténtico. El Teatro de López (Impuestos Internos), el Museo Godoy (Ministerio de Relaciones Exteriores), el Palacio de Benigno López (Banco de Asunción) de nuestra capital, entre otros, son algunos de estos ejemplos.

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La réplica de ¨la victoria alada¨,fragmento escultórico hallado en la isla de Samotracia, corona el monumento construído en homenaje a la Revolución de los Comuneros en el antiguo promontor io de ¨Sanson cué¨. El lugar es conocido hoy como la «escalinata Antequera».

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Asunción y sus pérdidas: los edificios de la colonia No todo los edificios históricos de Asunción fueron destruidos en lo que va de este siglo. Y el número de casas demolidas en los "floridos años de la abundancia" a partir de las obras de Itaipú, fueron -apenas- los remanentes de procesos destructivos mayores, verificados al inicio de este siglo o aún antes, en la posguerra del '70 y durante el período de la colonia. De hecho, las primeras pérdidas se produjeron ni bien fundada Asunción. Fueron como consecuencia del incendio declarado en la madrugada del 4 de febrero de 1543, que redujo ".... a cenizas las tres cuartas partes de la ciudad". Se salvaron entonces sólo 60 casas al otro lado del arroyo, probablemente el Jaén, de donde se inició el fuego. El suceso derivó en pérdidas importantes aunque las construcciones existentes entonces no podrían haber sobrevivido mucho tiempo. Ni las que se hicieron después, bajo las directas órdenes del Adelantado Alvar Núñez que, aunque mejor dispuestas y organizadas, siguieron utilizando como material de cobertura, la muy combustible paja. En cuanto a los edificios más importantes de la época, debe consignarse -en primer lugar- la herrería, no sólo por su gran incidencia en las construcciones sino por su participación en la reparación y fabricación de armamentos, indispensables para la supervivencia de la colonia; luego, el astillero "...que debía proporcionar a la conquista los medios de comunicación fluvial y comunicación externa" y, por último, la Iglesia, inicialmente en la misma "casa fuerte" e igualmente destruida durante el incendio del `43. Fue reconstruida inmediatamente y aunque "....pobre de magnificencias materiales", cobijó bajo sus techos de "dura palma", tanto las deliberaciones del Cabildo como las que permitieron a los vecinos de Asunción la elección del Gobernador de la Provincia. De todos estos edificios no quedan vestigios y sólo presunciones en cuanto al sitio original de su implantación.

El largo sueño de Asunción hasta la Independencia Luego de la frustración que produjera en los habitantes de Asunción la noticia del arribo de otros conquistadores al Perú, por el norte, la ciudad se redujo a un "... paraje Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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«Machain Cué», edificada sobre un vasto terreno que luego cortaron las calles Buenos Aires (El Paraguayo Independiente), Florida (B. Constant) y Montevideo, fué cuna de Hernandarias , casa de los Gobernadores desde Bruno Mauricio de Zavala y varios de sus sucesores, hasta 1.767.

olvidado de la conquista" y la historia de la provincia en el período colonial se diluye en la relación de escasos acontecimientos hasta -prácticamente- los días en que se gestó la independencia. Salvo las obligadas referencias al gobierno de Hernando Arias de Saavedra -nuestro muy conocido primer gobernador criollo- Hernandarias, y la Revolución de los Comuneros, en nuestros textos escolares no se menciona el paso de más de 60 gobernadores, interinos, tenientes-gobernadores, alcaldes ycabildos en el gobierno del Paraguay, a lo largo de 274 años hasta la emancipación de España en 1811. Comparativamente, fueron muchas más autoridades que los 41 presidentes que estuvieron al frente del país, desde 1870, en la inauguración de la época constitucional, hasta el ingeniero Wasmosy. A tal punto llegó el largo sueño colonial de la Asunción que la ciudad, indiferente a las Leyes de Indias que pautaban -celosas- los dispositivos urbanísticos de la corona española, fue trepando las colinas cercanas al puerto, sorteando los raudales o vadeando las numerosas corrientes de agua que cruzaban la villa, "...sin orden ni concierto" pero a cubierto de las vicisitudes que imponían las frecuentes y torrentosas lluvias así como el inestable caudal de los arroyos y costas de la bahía. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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En ese entonces las casas eran construidas sobre horcones de madera, "tapiadas" de adobe y techadas con paja o tejas de barro cocido, siendo la primera en ser dotada con este material la de Domingo Martínez de Irala. El acceso a estas moradas, marcado por la tradicional recova, servía también de protección frente a los torrentes de la calle. La galería posterior, alrededor de un patio central, brindaba cobijo y frescura a las variadas actividades de la casa: lectura, costura, comidas o, simplemente, la conversación alrededor del mate.

Edificios del gobierno y de la Iglesia Según Ruy Díaz de Guzmán, en las primeras décadas de vida de Asunción, su población ocupaba un territorio equivalente a "... más de una legua de largo y más de una milla de ancho".Esto es -aproximadamente 5 kilómetros y medio por 1 kilómetro y medio. Sería hoy la distancia que media desde la plazoleta del puerto hasta la actual avenida República Argentina y desde la ribera del río, al norte, hasta las estribaciones del cerro Tacumbú, al sur. Aunque esta superficie se referiría a todo el asentamiento de la colonia, que incluía hacienda y cultivos. De esa época sólo algunas pocas sobrevivieron hasta fines del siglo pasado. Aún aquellas que habían sorteado el paso del tiempo fueron -finalmente- vencidas por la ruina en la que quedaron luego de la ocupación militar al término de la Guerra de la Triple Alianza. Otras fueron demolidas a fines del siglo pasado e inicios del presente según se enseñoreaban en la silueta urbana de Asunción los edificios que proclamaban las corrientes arquitectónicas en boga: neoclásicas, eclécticas y más tarde, art nouveau, art deco, "modernistas" o racionalistas. Hasta bien entrado el siglo pasado habían quedado residencias construidas en el período colonial, como las de los Zavala, Machaín, Iturburu, Caríssimo, Decoud, Recalde y otras familias. "Machaín Cué", ubicada en las proximidades de las actuales calles Montevideo y Benjamín Constant, una de las últimas residencias de los Gobernadores, fue demolida en 1902. La "otra" residencia de los Gobernadores hasta la rendición de Velazco en 1811, fue demolida algunos años más tarde, en 1913; la Iglesia de la Encarnación, en la avenida República y 15 de Agosto, fue destruida en un incendio en 1889; la Catedral de la colonia, sobreviviente aunque no fuera más que una "....muy antigua armazón de postes y pilares de madera" amenazando "ruina", fue destruida y reconstruida varias veces hasta ocupar el sitio actual. Por último, a Iglesia de San Blás, ubicada en las proximidades de la calle Caballero y el barranco de la bahía, en el lugar denominado "Punta Carapá", cayó durante un temporal ya en 1749; la Ermita de Santa Lucía en las proximidades de la antigua Encarnación, "iglesia de españoles", fue destruida en 1702. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los Cuarteles, como siempre intocables, sobr evivieron a todas las vicisitudes de la colonia. Algunos como éste el Parque de Artillería, ubicado en 14 de Mayo y la calle República, fueron demolidos sólo cuando quedaron en medio de la calle.

Entre otras construcciones de la época pre-independiente ya desaparecidas, puede mencionarse también a los conventos de La Merced, en los terrenos de la hoy Escuela Normal "Presidente Franco", Independencia Nacional y General Díaz; el de San Francisco en las manzanas comprendidas entre las calles México, Presidente Franco, Mariscal Estigarribia y Caballero. En materia de cuarteles estaban los del Hospital, de la Ribera y el Arsenal. Esas venerables construcciones, que eran nuestra historia, sucumbieron -tristemente- en distintas épocas del siglo pasado. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las pérdidas de la ciudad: el período independiente Desde la antigüedad, la arquitectura y los arquitectos han estado -casi siempre- al servicio de los poderosos: reyes, militares o de las jerarquías de la misma Iglesia Católica. Y éstos, en la tarea de demostrar a súbditos y adversarios su majestad y omnipotencia, se afanaron en la construcción de palacios, fortalezas o catedrales. De la misma manera, los procesos que los derrocaron o combatieron, también atacaron y -muchas veces- destruyeron no sólo a aquellos poderes, sino a las construcciones o monumentos que los simbolizaban. Esa fue una de las más comunes causas que ocasionó la pérdida de centenares de valiosos monumentos del pasado, en todo el mundo. El Paraguay del período independiente no fue ajeno a este fenómeno, aunque la extrema modestia de las construcciones y las condiciones precarias de su mantenimiento, hizo innecesario el demoler lo construido. De eso se encargaba la naturaleza que en una labor " ...incesante y sin contrapeso" realizaba su tarea destructora. Hasta que aparecieron los "constructores" o "reconstructores" que tocados de "sabiduría", ahorraron considerable trabajo a la naturaleza.

Las "reformas" de Francia Si el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia hubiese querido hacer algo verdaderamente revolucionario para mantener al Paraguay fuera de las influencias urbanísticas que imponía la corte española, habría conservado el antiguo trazado de la ciudad. Sin embargo, lo que no consiguió la "Ley de Indias" para "ordenar" la demarcación urbana de la capital lo consiguió el Dictador que en 1821, con el pretexto de la necesidad de "alinear" las tortuosas calles asuncenas, propició una "reforma urbanística" que demolió "más de 500 casas en pocas semanas". Aunque la reducida extensión de la ciudad afectada por las "reformas" hace presumir como exagerada esa cantidad, lo cierto es que, luego de descubierto un complot contra su vida cuando el sirviente Simón es llevado a la "cámara de la verdad", el 27 de enero de 1821, Francia vio " .... ante sus ojos la realidad de aquel poético baluarte de árboles frutales; comprendió que el rumoroso cortinaje de verduras podía ocultar las ansias de libertad; creyó percibir entre sus claros el parpadeo incesante de la conspiración abortada y decretó la tala general del perfumado huerto asunceno". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Callejón histórico, monumento cumbre de la historia del Paraguay, en la esquina de 14 de mayo y Presidente Franco. Casa de la familia Martínez Sáenz, donde se reunían los patriotas para deponer a Velazco.

A la destrucción de los árboles siguió la de los cercados; luego, las casas de familia hasta que fueron demolidos también los edificios públicos y eclesiásticos, derribados o mutilados sin piedad de manera a obtener una ciudad "cuadriculada" con calles de 12 metros de ancho y destruir " ... aquel laberinto arquitectónico de huecos sospechosos y ángulos hostiles". En la devastación, hubo familias que vieron sus instalaciones seccionadas de tal forma que para ir de una dependencia a otra de la casa, tenían que cruzar la flamante calle abierta por Francia. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los aportes de Carlos Antonio López Con el gobierno de Don Carlos Antonio López, adviene la imperiosa necesidad de superar el aislamiento impuesto por Francia y "abrirse" a las corrientes renovadoras del mundo. Producto de esa actitud, fue la incorporación de técnicos, ingenieros y arquitectos europeos que tuvieron la misión de otorgarle brillo al disperso y "chato caserío" de entonces. Entre ese contingente de profesionales se encontraban Alejandro Ravizza, William Whytehead , William Godwin , Augu sto Liliedat, S. Padisson y Alonso Taylor, entre otros. Y aunque las obras de progreso eran visibles e incontables luego del "... cuadro lúgubre que presentaba la República a la muerte del Dictador " los europeos completaron aquel "hara kiri urbanístico" propiciado por el Dictador, agregando al folklórico "corredor jere" las monumentales proporciones de los palacios neoclásicos. Así surgieron las mansiones de los López: el destinado a la residencia particular de Francisco, actualmente Palacio de Gobierno; el de Benigno, actual sede de un Banco (14 de Mayo y Palma); el de Venancio, actual Asunción Palace Hotel (Colón y Estrella), entre los todavía existentes, y el de Vicente Barrios (cuñado de los anteriores y luego, general en la guerra del ´70), ex Ateneo Paraguayo, Presidente Franco e Independencia Nacional, ya demolido. Las aportaciones de aquellos profesionales y el gobierno de Carlos A. López, se extendieron a la construcción del Oratorio de la Virgen de la Asunción, actual Panteón de los Héroes, edificado en el predio de la que fuera casa de Francisco Solano, la Estación del Ferrocarril, el Teatro de la Opera, Iturbe y Eligio Ayala, hoy mimetizado tras "algún" producto del deplorable proceso de mestizaje estilístico a que fue sometido en la pasada dictadura. Ya no sobreviven algunas construcciones como el antiguo Arsenal; el Puerto, la Aduana y larecova adyacente, laIglesia de San Roque, demolida en 1971 así como la Iglesia del antiguo Convento de Santo Domingo, construida bajo la advocación de De la Encarnación, en 15 de Agosto y República, destruida en un incendio declarado el 4 de Enero de 1889.

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Casa de Venancio López, obra de Alejandro Ravizza. Ex Hotel Argentino, luego Hotel Cosmos y actualmente, ya totalmente modificado, Asunción Palace Hotel. Al pié de la ¨subida¨a la colina del Mangrullo, en Colón esquina Es trella.

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Las reformas de la post - guerra y las ansias de "modernidad" Si la ansiedad de Carlos Antonio López por superar la postración urbanística de la ciudad, luego del gobierno de Francia, los que retornaban a la capital después de la caída de López en Cerro Corá, se instalan en Asunción con la actitud de "renovar" todo lo que quedaba. Aunque la miseria era casi la misma de cuando la muerte del Dictador, esta vez -sin embargo- la destrucción es completa y los enconos, mucho mayores. Se impone, para los adversarios -nacionales y extranjeros- no sólo destruir los vestigios de los López sino también los que aún hubiesen quedado de la vieja dictadura francista. A la escasa y disgregada población asuncena que, penosamente se reinstalaba y reconstituía, se sumaban otras familias de connacionales que retornaban luego de largos exilios. En la misma época, se incorporaba una importante población extranjera que hacía construir villas y nuevos "palacios" además de otros edificios para sus empresas sobre los escombros de los que quedaron luego del saqueo y mal uso de que fueran objeto por parte de los "aliados". Debe recordarse que el palacio de Francisco Solano López fue el cuartel y caballeriza del ejército brasileño durante el período de ocupación (1869-1876). Por la suma de esos factores puede concluirse que en el período de 1870 a 1900 se verificó en Asunción la desaparición del más importante número de edificios de la colonia.

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La casa de Francisco Solano López completada por el italiano Alejandro Ravizza y otros profesionales, sobre planos elaborados originalmente por el húngaro Wisner de Morgenstern. Claro intento de los López de introducir la espectacularidad de las cortes europeas en el «chato caserío « de Asunción.

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CAPITULO II

POSTALES DE ANTAテ前

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Los inicios En los primeros años de la Colonia, la vida en Asunción distaba mucho de la placidez que la caracterizaría un siglo más tarde. Realizada la fundación de la ciudad en 1537, lo que se conoce como tal era -en realidad- apenas una "casa fuerte". Refugio construido de troncos y barro aunque suficientemente amplia como para albergar a los pobladores así como al depósito de los "bastimentos", el armamento y algunas herramientas. Se agregarían más tarde la herrería y la iglesia "...con sus dos clérigos". La llegada de más población, arsenal y "...un valioso surtido de mercaderías" el 2 de setiembre de 1541, como producto de la despoblación de Buenos Aires avivó la necesidad de crear el Cabildo, hecho materializado algunos pocos días después: el 16 de setiembre. En la ocasión fueron electos los primeros alcaldes: los capitanes Juan de Salazar y Gonzalo de Mendoza, conjuntamente con seis Regidores. "Graduada" de ciudad, Asunción tuvo un escudo de armas que según Félix de Azara, fue aporte de Irala y según otros, provino del mismo Carlos V. El hecho cierto es que los colores de la bandera de la ciudad corresponden exactamente a los de la Casa de Austria, cuna del monarca español. En marzo de 1542, llegaba directamente a Asunción, ya por entonces constituida en el único "reparo de la conquista" en esta parte del continente, el Segundo Adelantado Alvar Nuñez Cabeza de Vaca quien, luego de una accidentada gestión, es devuelto a España tres años más tarde, preso yengrillado a bordo de la carabela "Comuneros", primer producto de la tecnología naviera de la incipiente colonia y "primer golpe de estado" de nuestra valiosa colección posterior. Un incendio iniciado en la madrugada del 4 de febrero de 1543, destruyó las tres cuartas partes de Asunción salvándose solo unas 60 casas que, hallándose al otro lado del arroyo (sería el Jaen), quedaron a cubierto del fuego. Re-edificada la ciudad bajo la dirección del propio Alvar Nuñez, las casas fueron construidas con la misma tosca indumentaria de madera, barro y paja aunque ya más separadas unas de otras para evitar la propagación del fuego en cuanto se produjera alguno. Al Dr. Fulgencio R. Moreno debemos la descripción de aquella casa original asuncena, rodeada "...de un sólido cercado de madera, formando lo que llamaban un corral que era a la vez, huerto, gallinero y depósito de ganado porcino...Las paredes eran de tapias y los techos de paja. Los aposentos principales, al frente; y Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Hasta hace muy poco, el rancho campesino era una exacta reproducción tecnológica de las primeras casas de Asunción. Est ructuras de madera, tapias de madera y barro y techo de paja.

en el fondo, la despensa y la cocina cuyo amplio cupial redondeado y en rápido declive, caía hasta tocar el suelo sobre el patio vecino" En cuanto al trazado, la ciudad habría partido de la misma casa-fuerte, a cuyo costado se había establecido la Plaza Mayor. En ésta "...se enarboló el rollo público, emblema de la justicia real. A ambos lados (...) se levantaron la casa del gobernador y la Iglesia de la ciudad". A menos de 8 años de su fundación, ya existían cuatro Iglesias en Asunción en las que "... en todas las fiestas van los indios de la redonda a oír misa". Entretanto, en la tosca iglesia elevada bajo la advocación de la Virgen de la Encarnación, se reunían los miembros del Cabildo y se impartían las enseñanzas a los niños que surgían"...del robusto y desenfrenado mestizaje hispano-guaraní". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Empieza a correr sangre L

a historia muchas veces falseada, ya por falta de rigor crítico cuando no directamente por la imposición de criterios racistas y despectivos hacia las culturas autóctonas, dieron por cierto aquello que la "..amalgama hispano-guaraní" fue una relación cuasi-idílica, producto de la buena predisposición de "hidalgos e indígenas" o de religiosos y "salvajes" para convivir en "paz" y "armonía". Si no la historia, ya el sentido común puede indicarnos que no hubiera poder ser así en medio de tan opuestos propósitos, de tantas adversidades y quebrantos, en medio de la lucha permanente con los elementos y en medio de la permanente hostilidad, tanto entre indios y españoles así como entre estos mismos entre si, que en más de una vez se trenzaron en sangrientas disputas por los escasos atributos del poder. Las dificultades eran incrementadas por la distancia de las flotas expedicionarias a las Cortes Reales y por los poderes omnímodos que asumían entonces los Capitanes. Como ejemplo de ésto puede mencionarse la forma en que el Primer Adelantado Pedro de Mendoza "resolvió" una cuestión disciplinaria -que en realidad fue una intriga- con su maestre de campo, Don Juan de Osorio, a poco de la llegada la expedición de aquel al río de la Plata. El "conflicto" fue resuelto con el siguiente bando: "...Que donde quiera y en cualquier parte que sea tomado el dicho Juan de Osorio, mi maestre de campo, sea a muerto a puñalada o estocadas o de cualquier manera que le pudiese ser, las cuales les sean dadas hasta que el alma le salga de las carnes". Cuando los mismos capitanes que habían intrigado a Osorio, Juan de Ayolas, Juan de Salazar y Galaz de Medrano además del licenciado Cristóbal Pacheco y el Sargento Ternero, lo tuvieron preso, volvieron a preguntar a Don Pedro sobre cómo actuar. Mendoza les contestó: "Hagan lo que han de hacer". Ante la primera puñalada de Ayolas, Osorio gritó: "¡¡Confesión, confesión, confesión!!" a lo que los demás le contestaron: "¡No traidor, aquí no hay confesión!" y terminaron la "faena" con " ....siete puñaladas en la quijada y el pescuezo" que dieron cuenta del infortunado Osorio. Alrededor de 1542, a un año de fundado el Cabildo de Asunción, la población española estaba constituida por unas 600 personas, las que distribuidas en 250 casas y conjuntamente "... con sus respectivas familias y servidumbre indígena" , se encontraban "arracimadas" en las cercanías de la casa-fuerte original y formaban el núcleo esencial de la ciudad. Ya para entonces Buenos Aires había sido despoblada, Mendoza moría en el camino de retorno a España y el mismo Ayolas sucumbía en manos de los Indios. Mientras y en el momento que Asunción sufría un azote de lanPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Cacique mataco y su hija. De esta manera se efectuaba la presentación «en sociedad» de los indígenas ante los «conquis tador es» españoles. La «amalgama hispanoguarani» resultaba entonces, inevitable.

gostas "... tanta langosta que el sol oscurecía.." según el padre Andrada, se planteaba un entredicho -uno de los tantos a lo largo de la Colonia- entre Ruiz Galán e Irala. "Mostradme por donde debo obedeceros porque yo estoy aquí como lugarteniente de Ayolas", le habría dicho Irala a Ruiz. En el encuentro de ambos, pleno de hostilidades y amenazas, cada uno de ellos al frente de sus respectivos hombres armados, el que había jurado como teniente Gobernador de Don Pedro de Mendoza, dijo: "No me hagáis tanto que os ahorque" , a lo que Irala replicó: "Eso haréis de hecho pero de justicia no podéis hacer". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Encomiendas, "mitayos" y "yanaconas"

El proceso de conquista y colonización de las "nuevas tierras" por parte de la corona española, había encontrado a los indios indefensos, no tanto porque estuvieran " ... en una etapa de desarrollo social inferior" , o porque la tecnología europea les superara sino porque, sencillamente, los naturales no manifestaron sentimientos de hostilidad y resistencia. Estos aparecieron más tarde, ante las muestras de ambición, crueldad y violencia de los conquistadores. Así los aborígenes, de aliados -cuando los españoles necesitaron de bastimentos- pasaron a convertirse en adversarios ni bien aquellos intentaron alguna reacción. Por los mismos motivos se unieron a las indias. Las relaciones -en este caso- se debieron más a la ausencia de mujeres blancas y a la desinhibición sexual de las nativas, antes que a una vinculación parecida a un matrimonio. El mismo hecho que los españoles tuvieran varias mujeres indias sin ninguna intención de establecer una relación del tipo "occidental y cristiano" con ellas, hizo que la Asunción fuera conocida entonces con el nombre de "... paraíso de Mahoma". Debe agregarse que el procedimiento de mestizaje nunca tuvo para los españoles el mismo valor que para los indios, entre quienes el tovaja pasaba a ser un miembro de la familia y como tal, usuario de derechos y privilegios. Todo este proceso se verificaba de acuerdo al "proyecto conquistador": tomar tierras, mujeres, y devastar tribus enteras sometiendo a los indios a un trabajo excesivo y agobiante. Y ni bien se planteaba alguna oposición, "aleccionadoras" represalias ensangrentaban el territorio de la Provincia, como sucediera en la Semana Santa de 1539, cuando fueron asesinados los "principales", luego de descubierto un complot indio para matar a los españoles. La última etapa de la dominación española, ya luego de 1550 y consolidado el proceso de conquista, consistió en el sometimiento y el vasallaje de sus antiguos auxiliadores, primero, luego aliados y parientes. Para el efecto se procedió al reparto de indios, mecanismo predecesor del sistema de encomiendas. Los repartimientos, como su nombre lo indica, " ... consistían en repartir indios, en forma compulsiva, para servir al conquistador". El sistema de encomiendas - sin embargo -aunque parecido a los repartimientos, se basaba en la labor de los indios -de sexo masculino, entre 18 y 50 años- que vivían con sus familias y respectivos caciques, dentro de la propiedad adjudicada al encomendero español. Este mantenía derechos feudales sobre sus vasallos quienes le pagaban impuestos con productos a cambio de la protección temporal y espiritual que recibían de "su señor". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La misma dócil y desinhibida disposición para esta fotogr afía expusieron los indios a la feroz tecnología guerrera de los conquistadores españoles .

El mecanismo de trabajo obligatorio se llamaba mita y mitayos a los habitantes de los pueblos de indios, sujetos de aquel oprobioso sistema de semi-esclavitud. Los yanaconas fueron algo parecido aunque con ese nombre eran identificados los indios y descendientes participantes en las guerras con los españoles, que tomados prisioneros, eran destinados a una perpétua servidumbre en la casa del encomendero. En este caso, además de los indios masculinos, yanaconas eran sus mujeres y sus hijos. Y eran - también - conocidos con el nombre de originarios. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La razón de la piedra A

l realizar el "reparto de los solares" luego de la llegada de los sobrevivientes de la desdichada Buenos Aires, en setiembre de 1541, Domingo Martínez de Irala determinó el perfil urbano que caracterizaría a Asunción durante los más de 270 años de la Colonia. En aquel momento y alrededor de los promontorios, accidentes naturales, arroyos, lagunas y costas, se definieron los sitios para los edificios religiosos, los del gobierno - incluyendo los cuarteles - las casas y corrales, los "caminos reales" . Y se habrán definido también las normas urbanísticas y constructivas que regirían el desarrollo de la Asunción de antaño aunque la premura y la precariedad de las instalaciones no habrían generado -entonces- mayores reparos de la autoridad. La falta de aquellas recién se lamentaría cuando al alba del 4 de febrero de 1543, una india poco cuidadosa iniciaba las actividades hogareñas intentando avivar el fuego con unas chalas de maíz. El recio viento norte hizo que el fuego saltara del bracero a una hamaca "...tibia aún de sueño" y de ésta, a la paja del techo. Después, bastaron sólo unas pocas horas para que más de media ciudad ardiera durante cuatro días enteros. Pero "... el espíritu de aquellos hombres desmesurados, capaces de ganar mundos, no se arredraba por tan poco. De inmediato, con apresurado afán.." se dedicarían a la tarea de reconstruir la ciudad, ya sin la prisa de los primeros años de instalación. No obstante, se siguió utilizando la madera y la paja pero las edificaciones ya ganaron en envergadura y seguridad. La fragilidad de estas construcciones era -sin embargoincontrastable frente a las de piedra. Y, contrariamente al argumento ".. que no existían piedras en Asunción", las razones de su desestimación para la obra colonial debe buscarse en los siguientes hechos: a. que el indio guaraní, habitualmente nómada y silvícola, no elaboró una cultura constructiva basado en un material tan lleno de exigencias, cuidado y tiempo como la piedra; b.que la falta de medios para arrancar, labrar y transportar la piedra, dificultaron su utilización; c. el clima benigno y -sobre todo- el escaso y poco riguroso invierno, hizo que el bosque circundante, los frondosos árboles o las enramadas fueran -muchas veces- suficiente abrigo para las tribus de indios primero, o familias de mestizos, después. El desamparo de la naturaleza que, en muchas partes, significó la aplicación de mayores agudezas tecnológicas para conseguir abrigo y seguridad, no significó en el Paraguay más inconvenientes que los habituales vaivenes del río o algún álgido "viento sur". Pero la razón definitiva que fundamenta la modestia de las casas coloniales en el Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Hasta hace muy poco tiempo la construcción rural - y aún la urbana - era idéntica a las construcciones de los primeros colonos de ¡450 años atrás!.

Paraguay puede deberse a que, entre los mismos españoles hubo desde marineros , clérigos, herreros, carpinteros, panaderos, pastores e industriales de toda clase hasta cronistas y verdugos, pero no se sabe de algún español o europeo que, como los jesuitas más tarde, labraran y enseñaran a labrar la piedra, o trabajar en el arte de la construcción en mampostería de ladrillos. Pero la ciudad progresó igual. Aunque sus habitantes vivieran siempre con las armas a sualcance, Asunción tuvo su Cabildo desde 1541, sus autoridades con el capitán Juan de Ortega como Justicia y Aguacil mayor (alcalde); un capellán, el presbítero Francisco de Andrada y hasta un médico, el genovés Pedro Blasio de Testanova. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Trescientos ochenta habitantes La Armada del Primer Adelantado Pedro de Mendoza al Río de Solís (de la Plata), fue la raíz de la que emergió Asunción. No sólo porque de esa expedición salió el grupo originario de la población paraguaya sino porque, al disponerse el desalojo definitivo de Santa María del Buen Aire, aquel sufrido contingente pasó a engrosar el de Nuestra Señora de la Asunción. Aunque mucho se discute la pertinencia de aquella medida tomada por Irala, a 5 años de fundado aquel pueblo. Los testimonios de los primeros pobladores del "país del hambre" como llamara Julio César Chávez a la primera Buenos Aires, dan cuenta de penurias que ".... ni las de Jerusalén se la podían comparar". Resultaba increíble que aquella fantástica expedición de oficiales expertos en todas las especialidades, con "...14 navíos, 1500 españoles, 150 alemanes y sajones (....) 100 caballos y yeguas, bastimento, armas, artillería" así como religiosos y algunos hombres casados con sus mujeres, haya fracasado tan ruinosamente. Pero independiente de las estrategias de colonización y de los juicios que éstas merezcan, lo cierto es que la falta de alimentos, la hostilidad de los indios y de las fieras que esperaban más allá de las empalizadas, sin tiempo para sembrar ni cosechar nada, hizo que se dispusiera el abandono de aquel paraje. La heroica y debilitada población remanente, fue llevada a Asunción donde arribó el 2 de setiembre de 1541 a bordo de tres bergantines. Cuatro décadas más tarde, la Provincia del Paraguay devolvería con creces aquella inyección a la casa-fuerte asuncena, con la re-fundación de Buenos Aires. Asunción, súbitamente multiplicada, ya podía convertirse en ciudad. El hecho se concretó sólo unos días después: el 16 de setiembre, con la creación del Cabildo. Los recién llegados, sumados a los que estaban, incrementaron el nuevo "padrón" a 380 habitantes. Entre ellos había ".. un griego -Candia- algunos flamencos, y unos pocos ingleses (...) una docena de portugueses y varios italianos". Dos de estos últimos, se encargaron de dar la vida y la muerte en la novel ciudad: maese Pedro fue el primer cirujano y Mollano, (Mogliano, o Moggiano) de Cerdeña, oficiaría de verdugo. En impartir justicia, el "sardo", como era comúnmente conocido, fue bastante versátil: le era indiferente la horca, el degüello o el garrote vil. Entre la nueva población de españoles, los más numerosos eran vascongados, andaluces o castellanos, cuyos apellidos hoy, son los más comunes en el Paraguay. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Al repartir los solares, Irala destinó para cementerio la actual plaza ubicada entre las calles de la República, 14 de Mayo y 15 de Agosto, detrás del Cuartel de la fotografía. Fue el primer camposanto de la Colonia.

Gracias a los también incorporados cronistas, Ulrico Schmidl, Francisco Villalta y Pero Hernández se conoce que, de inmediato, se procedió al reparto de solares y tierras, ".. se labraron y se entabló el chacareo y se cercó la población". Este cercado no habrá sido otro que uno de madera o "de palos" que sustituía al amurallamiento de la ciudad, medida previsora común adoptada en ciudades de vecindarios más hostiles que el de Asunción. Dado el emparentamiento con los indígenas y la cooperación de éstos en surtir la menguada despensa española, la medida no habrá pasado de ser aquí, más simbólica que de estricta necesidad. No obstante, en estas disposiciones quedarían grabados algunos de los caracteres urbanos más destacados de la Capital de la Provincia del Paraguay. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Leales y tumultuarios Lejos de la quietud social y perfecta armonía entre españoles -y de éstos con los indios- con las que se ha pretendido caracterizar desde siempre la vida en Asunción durante la Colonia, la crónica de los hechos revela que la misma no tuvo sin embargo, nada parecido a la tranquilidad. En cambio, fue permanentemente alterada por la intolerancia y la rebelión. Como siempre sucede en la historia, basta que algo quede mal planteado o mal resuelto para que se originen reacciones, interpretaciones encontradas o soluciones parciales, que sólo permiten instalar la inseguridad y enseñorearse la violencia. La Cédula Real del 12 de Setiembre de 1537 fue -en este caso- el germen nutricio para que se desate la ambición política en estos parajes. A partir de su promulgación ".. el monarca autorizaba a olvidados conquistadores sin fortuna a elegir gobernadores cuando no los hubiera". Como la "cuestión previa" era dilucidar si había gobernadores, la situación daba lugar a irreconciliables enconos y frecuentes disputas por el poder. El primer problema se presentó con las muertes -casi simultáneas- de Pedro de Mendoza y su heredero, Juan de Ayolas. La emergencia favoreció a un ".... oscuro capitán de Vergara" llamado Domingo Martínez de Irala, teniente de aquel último. Pero lo peor estaría por venir ... y vino, con el nuevo Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Irala había ya consolidado su liderazgo y sus partidarios, a la vista de la famosa Cédula Real, hicieron todo lo posible por hacer la vida del Adelantado, más dura de lo que era. El incendio de Asunción, habrá soliviantado las cosas de tal manera que, un año más tarde, el 11 de Marzo de 1544, durante "... la noche de San Marcos" y al grito de "..¡libertad!, ¡libertad!..." y otras "..feas palabras", era apresado Alvar Núñez. Se daba inicio a la confrontación entre "tumultuarios" y "leales", conflicto que no terminaría sino al inicio de la década siguiente, con la aniquilación de la remanente fuerza de estos últimos. Los tumultuarios eran aliados de Irala mientras los leales lo eran del Adelantado. El propio Alvar Núñez refería que mientras estuvo preso, "...hubo grandes escándalos" entre ambas fuerzas. Ulrich Schmidl, cronista de aquellos tiempos, escribía por su parte que, durante aquel período de enconos afilados era ".... como si el mismo diablo, metido entre nosotros, nos mandara y nadie se creía seguro..". Los "Comentarios" del propio defenestrado Adelantado delatan que" Francisco de Mansilla mató a Cristóbal Simón; Juan Riquel mató a García Villalobos; Juan Richarte Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La «cristianidad» era en la época de la colonización, casi un acto reflejo, ritual, que no se condolió nunca de las extremas crueldades aplicadas no sólo a indígenas sino también a «peninsulares».

cortó una mano a un calafate que se dice Nicolás Symon; Méndez dio una lanzada a Diego Becino; Luís Basco mancó de dos dedos de la mano a García Villamayor; ... el capitán Camargo mancó de la mano derecha a Roque Caraballo.." . La saga de aquellos hechos policiales que desencadenaron en la colonia leales y tumultuarios, tuvo un aditamento más cuando dos de los últimos leales, Juan de Camargo y Miguel de Urrutia fueron apresados a raíz de una conspiración para matar a Irala. Condenados a muerte por éste y llevados en presencia del verdugo Moggiano el Sardo, Camargo admitió su culpa. Urrutia -en cambio- protestó inocencia y "... por dos veces se soltó la cuerda que debía ahorcarlo porque era hombre corpulento. Entonces el Sardo, impaciente, lo estranguló con sus manos". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Poblar la tierra Las primeras mujeres europeas en llegar a Asunción lo hicieron como consecuencia del abandono de Buenos Aires, en setiembre de 1541. No existen informaciones de otras anteriores que estuvieran en expediciones hacia estos parajes. De esta forma Buenos Aires nutría de población al Paraguay tanto como lo haría Asunción con aquella, luego de algo más de 40 años. El segundo núcleo femenino llegaría a mediados de 1556 como resultado de la accidentada expedición de Doña Mencia Calderón, viuda de Juan de Sanabria, designado éste como tercer Adelantado pero fallecido durante los preparativos de la partida. Aunque el sucesor de la "capitulación del adelantazgo" era su hijo, el apocado Diego de Sanabria, la que asumió realmente el mando fue Doña Mencia. Afirmando la política de algunos expansionistas, quienes ya desde unos años atrás abogaban por dar prioridad al poblar antes que el conquistar, con aquella matrona vinieron las primeras 50 doncellas para el fin antedicho. Ya para entonces y transcurridos 29 años de la fundación de la casa-fuerte de Asunción, las hijas mestizas de los primeros conquistadores, daban a éstos sus primeros nietos. Fueron estas mujeres españolas, junto con mestizas, indias y criollas, las que alimentaron el granero de la Colonia y las que concretaron desde siempre el calificativo de "pequeño enclave industrial casero" a las casas del Paraguay de antes. Teniendo en una mano el mosquete o el sable ante el alerta permanente de posibles -y de hecho, frecuentes- conflictos y convocatorias guerreras, los varones no encontrarían suficiente tiempo para las labores agrícolas, mas aun luego de la distribución de las encomiendas. En efecto, ayudadas por sus "parientes indígenas", fueron casi siempre las mujeres las que trabajaban los feraces rozados y aunque no los cuidaran o sembraran, fueron ellas las que encurtían, procesaban, cocinaban y envasaban los alimentos resultantes. Contaban entonces con productos vernáculos como batata, mandioca, maíz, poroto, maní, "... el zapallo andaí y el curapepé, el algodón y poco más tarde, la caña de azúcar traída de las costas brasileñas". A estos se agregaban los importados como el trigo, la cebada, la calabaza, el arroz, "...las vides, las coles y otras hortícolas". No figuraba -curiosamente- el olivo debido a que una expresa prohibición agregada a las Leyes de Indias inhibía su cultivo en las chacras de los peninsulares. Aunque la disposición alcanzaba también a los viñedos, el cultivo de éstos siguió "gozando de buena salud" ya fuera porque el producto era esencial a la industria del vino y otros aguardientes, o porque estuviera sometido al famoso procedimiento de: "se acata, pero no se cumple", lo cierto es que el vino siguió siendo uno de los principales Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La fotografía no puede ser más elocuente. Luego de atender la capuera y la casa, traer el agua del manantial y «servir» a los hombr es de la casa, las mujeres se reunían para coser, bordar. Para ellas no había nada que no fuera trabajo.

renglones de consumo y exportación del Paraguay durante casi toda la Colonia. Al mismo tiempo de la introducción de las especies mencionadas, tan bien aclimatados a estas regiones, se plantaban granadas, higos,"... todo género de frutas agua y verduras" . Y los primeros cítricos, a excepción del limón ceutí (proveniente de Ceuta) o sutí como le llamaron desde el principio los paraguayos. El mismo Cabeza de Vaca consigna en sus Comentarios que en las regiones del Alto Paraguay encontraron unos limones "... no más grandes que huevos de paloma, que en sabor y olor no difieren del limón ceutí de España". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La vida dura Después de las expectativas abiertas en España con los viajes de Colón, la dura realidad de la colonia asuncena devastaba cualquier otra posibilidad que no fuera apenas- la supervivencia. Luego de la expedición de Mendoza y del desastre de Buenos Aires, la aislada Asunción entreveía un incierto porvenir. Los duros costos de afincar la "civilización" en estas tierras habrá desmantelado entonces mas de alguna pretensión de grandeza o aristocracia. Las agudas necesidades no habrán dejado en aquellos infelices ni la mínima muestra de algún refinamiento. Es que el impacto de las cuantiosas dificultades del camino así como los peligros que acechaban en la verde fronda con la visión de aquellos nativos desprovistos de inhibiciones y ropas, habrá alineado más de un hidalgo orgullo. Por más pretensiones de linaje que se trajeran, la misma temperatura, el calcinante sol, habrán impuesto hábitos completamente distintos que los que acostumbraban aquellos "señores". Del mismo modo, la precariedad de las construcciones, la escasez de tejidos y otros productos, forzaría igualmente modos distintos de relación, otros usos y diferentes maneras de expresión social. Según se adecuaban los europeos a las circunstancias de la colonización se iban modificando también las viejas costumbres mientras otras nuevas se afirmaban. Hasta el carácter de la gente iría cambiando según el duro ritmo que imponían las peripecias de la conquista. En Asunción, la vida con los indios no se planteaba solamente como una relación entre dos grupos distintos o distantes y, ocasionalmente en guerra. Tampoco estuvo llena de recelos y animadversión como lo fue en otras partes de América. Aquí la convivencia aunque a veces hostil, fue gestándose plena de derechos y obligaciones. No sólo porque en aquel "paraíso de Mahoma" los españoles compartieran con las indias la cama, la casa y la crianza de los hijos, sino porque los nativos -aparte de parientes- fueron también soldados y labradores y desde los primeros años, abastecedores de "bastimentos" a las menguadas despensas conquistadoras. Aquello fue conveniencia... y seguridad. La permanencia de la comunidad hispana se aseguraba cautelosamente, en la medida que se afirmaban las relaciones, se diversificaba la producción, se perfeccionaba el control de los dominios conquistados, se desarrollaba la capacidad armamentista, se consolidaban las alianzas. Por esotampoco hubo mujeres desde el principio. Ellas vinieron después, como parte de la estrategia de supervivencia. Carlos Zubizarreta lo expresa en estos términos: "...No se soñaba en casas para vivir y morir, para ver crecer hijos. El poblado donde residían aquellos hombres no era un hogar sino apenas una posada para Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La visión del indígena impactó a los europeos y la extrema pobreza de la Colonia, le obligó a la convivencia con él. Aparte de los nuevos hábitos, usos y costumbres, la vida con el indio impuso hasta «una nueva moral».

reposar una etapa del viaje que los llevaría a la fortuna". Sin interés -de parte de la corona española- de fortalecer estos dominios que no "retornaban las inversiones" realizadas, en forma puntual y adecuada, cesó "... la corriente colonizadora a la ingrata provincia sin minas". Los viejos "peninsulares", "... sobrevivientes de las guerras, penurias y enfermedades, que no migraron a las nuevas fundaciones, morían unos tras otros de puro viejos". Sólo les quedaba lo que habían sembrado en abundancia: hijos, hijos mestizos. Paraguayos que "iban viniendo" con los vicios y virtudes de ambas razas. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Conventos y Ermitas S

i la impresión actual es que la actividad religiosa se halla proscripta del microcentro asunceno, en los tiempos de la colonia, sin embargo y desde siempre, los hábitos sociales de la comunidad y los actos oficiales del gobierno se hallaban estrechamente ligados a la Iglesia Católica. En algunos casos, los propios Gobernadores de la Provincia del Paraguay fueron religiosos y el mismo Cabildo sesionaba en la Iglesia. No es de extrañar -entonces- que las torres de las iglesias, conventos y ermitas presidieran el paisaje asunceno.

Las Ermitas Aunque se conoce de la existencia de una importante ermita y cofradía, la de San Sebastián, cuya ubicación exacta se pierde en el borroso pasado de la colonia, hubo otras dos, de cuyas actividades y proyecciones se tienen más datos: la Ermita de Santa Lucía y la de San Roque. De la de Santa Lucía se sabe que era una de las "cuatro Iglesias" ya construidas hacia 1545. Aunque no se ha precisado su ubicación exacta se presume que se encontraba en los aledaños de las actuales calles Palma y 15 de Agosto. Fue destruida en 1702. La Ermita de San Roque se hallaba ubicada en lo que -más tarde- fueron terrenos del Convento de San Francisco, entre las calles Eligio Ayala (ex - Pdte. Wilson), Iturbe, México y 25 de Mayo. En ese lugar, la actual Mcal. Estigarribia, todavía no estaba delineada. Eran cuatro manzanas que por entonces, constituían el límite de la ciudad.

Los Conventos Los más importantes fueron los de Santo Domingo, el de la Merced además del ya mencionado de San Francisco. La Iglesia Conventual de Santo Domingo, fundada en 1621 con la cesión de La Encarnación a los religiosos Dominicos, terminó de constituir su perímetro con otros terrenos cedidos por los vecinos y que fueron agregados al mencionado templo. Aunque la historia del Convento se halla jalonada de innumerables peripecias, se sabe que estuvo ubicado en la Loma "Cabará", avenida República y 15 de Agosto, sitio del antiguo Estadio "Comuneros". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Convento de la Merced, se hallaba ubicado en terrenos que coinciden aproximadamentecon la ubicación del Hotel Guar ani y el Colegio «Pdte. Franco» cuyo origen, como Escuela Normal de Maestros se observa en la nota. La Ermita de San Roque se hallaba ubicada en lo que -más tarde- fueron terrenos del Convento de San Francisco, entre las calles Eligio Ayala, Iturbe, México y 25 de Mayo, cuando todavía la calle De la Fábrica de Balas (actual Mcal. Estigar ribia) no estaba delineada.

El Convento de la Merced , ubicado en terrenos que coinciden -aproximadamentecon el actual Hotel Guarani y el Colegio Normal "Presidente Franco", fue otra importante instalación religiosa de la Colonia. Su particularidad era el nombre de su advocación, la Virgen de la Merced, venerada por la población negra y patrona -y esperanza- de los presidiarios. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO III

LA GENTE

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


Los "extranjeros" en la propia tierra La discriminación racial parece estar hoy ausente de la vida asuncena pero, desde los inicios de la Colonia, la hostilidad fue el ingrediente común de las relaciones entre los grupos que habitaron la ciudad. Al principio, los conflictos se derivaron sólo de los contactos entre españoles e indios pero a medida que Asunción se extendía y la sociedad se diversificaba, se fueronagregando otros inconvenientes a la convivencia. En la actualidad y a la luz de una visión más crítica del proceso de colonización, son más conocidos los graves enfrentamientos entre indios y conquistadores, hechos que hasta hace poco tiempo se idealizaban como un fantástico romance entre colonos y colonizadas. La aparición de los "mestizos", producto de la unión entre españoles e indias (nunca entre indios y españolas) -debe reconocerse- fue más instinto de supervivencia que política de expansión y democratización de la Colonia. Prueba de ello es que mientras las mestizas llegaron hasta a esposas de otros españoles, los mestizos nunca fueron más allá de algún cargo dentro de las fuerzas militares de la conquista. Los "criollos" sin embargo aunque iguales a los originarios de la península y con mayores reconocimientos políticos y sociales que los mestizos, fueron igualmente discriminados. Estos criollos o "creoles", eran hijos de españoles nacidos en el Paraguay y alguno, como Hernando Arias de Saavedra o Hernandarias, llegó a Gobernador de la Provincia. Peninsulares era la denominación dada a los colonos nacidos en España. En los primeros tiempos y dado el grado de belicosidad existente entre los grupos, se los llamaba también -despectivamente- "gachupines". Entre mestizos y criollos se incubó, durante todo el período de la Colonia, un hondo resentimiento hacia los "peninsulares" debido a la discriminación de que fueran objeto los primeros por parte de éstos últimos. Ya en un escalón posterior de la conquista y cuando en la segunda mitad del Siglo XVIII se produjeran las primeras fugas de esclavos provenientes, especialmente del Brasil, aparecieron los "pardos", nominación dada a los negros en el Paraguay. Su importancia numérica puede reflejarse en los datos conocidos en 1782, cuando se mencionaba que una tercera parte de la población de Asunción estaba constituida por pardos. Con el tiempo, así como sucediera con los mestizos, la población negra fue integrándose a la cultura local. Tanto que durante la Guerra del ’70, el ejército paraguayo tuvo un batallón de pardos constituido con los descendientes de los soldados que acompañaron al prócer uruguayo José Gervasio Artigas, cuando éste viniera a refugiarse Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El «trompa» Cándido Silva, un «pardo» par aguayo que anunciara con su históri ca clarinada, la victoria de Curupayty, el 22 de Setiembre de 1866.

en el Paraguay, en 1821. Este Batallón denominado "Nambi’i" tuvo un protagónico desempeño cuando la batalla de Riachuelo, la mayor acción naval de la guerra de la Triple Alianza, verificada el 11 de Junio de 1865. Como suele suceder, las leyes que se sancionaban en el Congreso no tenían en cuenta estos antecedentes. La Ley de Inmigración de 1903, que sustituía a la primera de esta materia, promulgada el 7 de junio de 1881, prohibía la entrada de asiáticos y negros al país. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los "mancebos de garrote" Si se realizara un cálculo de cuántas generaciones pasaron desde la primera "amalgama racial" hispano-guarani hasta hoy, considerando un promedio de 25 años de edad para cada una de ellas, llegaríamos a contabilizar -aproximadamente- 18 generaciones . Desde Irala hasta nosotros. Diez y ocho veces españoles, indios, pardos, mulatos, zambos o mestizos. O la mezcla de todos ellos juntos y de otras incorporaciones que vinieron después. ¿Somos tan diferentes -humanamente hablando- a aquellos orígenes?. Aún a pesar de las -a veces- interesadas opiniones actuales, extranjeras y locales, que nos endilgan un montón de defectos, los juicios de jesuitas o cronistas de la colonia sobre nuestros antepasados mestizos no eran tan diferentes a las que, más de doscientos años después nos adjudicaba cuanto veleidoso europeo pasara por aquí. Y, desde los hermanos Robertson a esta parte, pareciera que cambiaron muchas cosas pero según lo que observamos a nuestro alrededor y en las páginas de los diarios, cada vez nos parecemos más al primer nieto de Irala. De los primeros mestizos, ya "veinteañeros", elogiaba el Fray Juan de Rivadeneyra en 1563, sus habilidades y destrezas en montar a caballo y en manejar el "garrote". Y es que como no había suficiente hierro para forjar espadas en la herrería de la colonia, estos mozalbetes manejaban ".. unos varapalos terribles" por lo que les llamaban "mancebos de garrote". En la guerra -decía el fraile- eran "... lindos arcabuceros, ingeniosos, curiosos y osados (...) En la paz no son muy hombres y aplicados". Unas décadas después, en 1609, el Fray Reginaldo de Lizarraga discrepaba drásticamente con las opiniones de Rivadeneyra cuando escribía al rey: "... los que llamamos mestizos (son) gente mentirosa como sus aguelos de parte de sus madres, holgazanes, bebedores y de otros vicios". Exageraciones aparte, lo cierto es que estos "chicos" eran enteramente criados y educados por sus madres indígenas, lejos de las convenciones sociales europeas aunque de ese lado, salvo algunas contadas excepciones, los buenos ejemplos tampoco abundaban. Otra caracterización poco enaltecedora de los mestizos brindaba un bando del gobernador Felipe de Cáceres el que consideraba "... que los mancebos de la tierra están contra lo mandado, (...) asaltando los corrales, las casas y rompen hasta las puertas, por lo que, a fin de atajar tanto mal y deservicio de Dios, ordeno en adelante Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Un tipo paraguayo pintado por un europeo, d’Hastrel del Ferdinand, alrededor de 1860.

no salgan de noche, desde la hora de la queda, tocada la campana..". Pero los encargados de realizar las rondas nocturnas para tomar las medidas punitivas "... ponían más cuidado en evitar sus acechanzas que en perseguirlos", según Carlos Zubizarreta, debido a que según el mismo historiador, mientras llegaba la hora de los frenos morales "... los ‘mancebos de garrote’ jugaban, bebían y corrían las callejas del poblado buscando lances de amor y de fortuna". Doscientos años después prevalecían "en el pueblo llano" estas características esenciales aunque una " ...clase selecta y reducida" todavía traslucía, entre la pobreza de sus lienzos y sus pies descalzos, "...la nobleza de sus prosapias". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Extranjeros e inmigrantes En el Paraguay, a excepción de las comunidades indígenas, todos contamos con alguna ascendencia extranjera. Podría ser esa la razón, entre otras, de tanta hospitalidad o de regocijo con los visitantes. Otra podría ser el hecho que a partir de 1750, consagrada la mediterraneidad de la Provincia ante la última desmembración, era tan difícil llegar a estas tierras que, de producirse, se desataba la fiesta en homenaje a los que lo lograban. No toda la procedencia sin embargo, fue española. En "La ciudad de la Asunción", tal vez el libro más importante sobre la historia de nuestra capital, Fulgencio R. Moreno ya consignaba que entre los colonizadores también figuraron, en orden de cantidad, portugueses, italianos, flamencos, griegos y anglosajones . Y esto en cuanto a europeos, ya que regionalmente y desde siempre, hubo un gran dinamismo dentro de las migraciones -de una a otra parte- entre las provincias y países componentes de la cuenca del Río de la Plata. Pero es después de consumada la ocupación de Asunción por el Ejército Aliado, en Enero de 1869, cuando se produce la inmigración extranjera -propiamente dicha- al Paraguay. Los primeros en instalarse fueron los proveedores de los ejércitos de la Alianza, luego las familias paraguayas que retornaban al país tras años de extrañamiento. Con ellos venían parientes y allegados hasta que, finalmente y sin menospreciar a un importante número de aventureros y curiosos, asomaron los auténticos inmigrantes. Asunción es repoblada entonces de nuevos habitantes, son sonidos y lenguas extrañas. Aparecen diarios y revistas en idiomas extranjeros como Saudade, Le Français, Le Revue Commerciale, Rivista Italiana y Cosme, entre otros; así como también era frecuente encontrar en los diarios que se editaban en español, avisos comerciales, mensajes, artículos o poemas en portugués, francés e italiano. De acuerdo a datos extractados de informes de la entonces Dirección General de Inmigración y Colonización, desde 1882 -año de la creación de aquella instituciónhasta 1908, llegaron al país como inmigrantes, 12.241 personas, entre las cuales predominaban los italianos, seguidos por alemanes, franceses y españoles. La estadística -aparentemente- no registra la inmigración que se estableció por fuera de los mecanismos de la oficina, ya que en ella figuran sólo 13 árabes cuando es conocido que importantes contingentes de ciudadanos de esa procedencia se afincaron en Asunción, a fines del siglo pasado y principios del presente. Tampoco se verifica que, desde 1869 a 1881, en 12 años ya habrían ingresado al país, por distintos medios, una cantidad igual o superior de colonos. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Palma entre 15 de Agosto y 14 de Mayo. A la derecha, donde las verjas, estaba la Societá Italiana. En la cuadr a siguiente, el Centro Español .

Si bien había mucho que hacer y poco que disfrutar en aquellos duros años, la heterogeneidad de aquella población, sumada a las irritaciones y miserias causada por la guerra, fueron constante fuente de conflictos. No obstante y en contrapartida, surgían como un reclamo de la solidaridad y la nostalgia por el lejano país, las sociedades de extranjeros. La primera fue "Don Fernando VII", sociedad de portugueses, fundada en 1869; luego la Societá Italiana di Mutuo Soccorso, fundada en 1871 y su homóloga la Societá Femminile Italiana di Beneficenza "Margherita Di Savoia". Tambien el Centro Español, el Club Alemán y, ya en este siglo, el Centre Catalá, el Club Libanés y el Javerim. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Asunción cosmopolita La Guerra contra la Triple Alianza había suscitado la curiosidad del mundo entero sobre el Paraguay. Grandes personalidades de la intelectualidad y la política de América y Europa dedicaron a la gesta guerrera, reflexiones, libros, poemas y estudios. La atención sobre la "Guerra del Paraguay" como se le conoció desde las trincheras de la divulgación aliada, fue generada también por algunos detalles que avivaron los comentarios internacionales sobre el conflicto y nuestro país. Puede mencionarse entre aquellos acontecimientos singulares el primer transporte de tropa realizado en ferrocarril, procedimiento ejecutado por las tropas paraguayas para la reorganización del ejército en Azcurra así como el primer combate utilizando el tren como parte de la contienda, hecho ocurrido cerca de Cerro León en 1869. También debe mencionarse la primera observación aérea de posiciones enemigas en el sur americano, acción realizada por los aliados mediante la elevación de un globo aerostático el 6 de Julio de 1866. El artefacto, propiedad de los hermanos Allen -de nacionalidad norteamericana- se elevó hasta 130 metros de altura sobre los campos de Estero Bellaco con la ayuda del capitán de ingenieros -polaco de origen y al servicio del ejército argentino- Roberto A.Chodaziewicz. Para esta misión, el globo llevó como tripulantes al citado ingeniero y al capitán de la Legión Paraguaya, Ignacio Céspedes. Finalmente, la noticia de las portentosas batallas de la Guerra del Paraguay, donde en ocasiones, se movilizaron más de 68.000 combatientes entre paraguayos y aliados, como fue el caso de la batalla de Tuyuti, en Mayo de 1866, fueron determinantes para capturar la imaginación de aventureros y hombres de negocio de todo el mundo que se radicaron en nuestro país, al término de aquella singular confrontación guerrera. Los acontecimientos mencionados, fueron -tal vez- algunos de los que permitan explicar la rápida repoblación del Paraguay y principalmente de Asunción que después de 1870, llegó a contar con residentes extranjeros en una proporción cercana al 30 % de su población total. La fiebre migratoria de la época era igualmente coincidente con la dispersión poblacional de Europa como consecuencia de diversos conflictos armados y de otros factores asociados e iniciados a mediados del siglo pasado. Entre estos puede mencionarse la revolución industrial o maquinista y la unificación de Italia, fenómenos que desplazaron una gran población hacia los nuevos países de América. Así estaban en Asunción, luego de la guerra, una constelación de ciudadanías que Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los primeros tranvías en las primeras calles abiertas en Villa Morra. Los italianos en Asunción pasaban de las cantinas y almacenes a las grandes inversiones.

iban desde boeros a dinamarqueses hasta australianos e irlandeses, pasando por algunas de las americanas como estadounidenses, uruguayos, cubanos, chilenos, argentinos, bolivianos, brasileños, colombianos, peruanos y paraguayos "reimpatriados". Entre las colectividades extranjeras, los italianos fueron los más numerosos, los que luego de una rápida "aclimatación", pasaron de la atención de algunos modestos comercios o servicios esenciales, a la ganadería, la industria, las inversiones en la banca y en los servicios de transporte: tranvías, ferrocarriles, marina y astilleros. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Sociedades de beneficencia ".....La aristocracia del dinero triunfa y prevalece en Asunción a la par que en todas las capitales americanas, y los nombres gloriosos de la vieja sociabilidad paraguaya, o desaparecen por completo bajo la vorágine de los importados por la inmigración, o se mezclan con éstos en un connubio de la distinción con el dinero.... ". El texto, que corresponde a un párrafo del libro "El Paraguay en Marcha" escrito por José Rodríguez Alcalá y editado por Manuel W. Chávez en 1907, demuestra con qué vigor se había consagrado la sociedad paraguaya a la búsqueda del "status". Pero el entorno de miseria que aún perduraba, a treinta años de la finalización de la Guerra del ’70, así como las penurias que casi todos habían sufrido como consecuencia de ella, no hacía posible aislarse completamente del resto de la comunidad. Una de las formas con que habitualmente se "hacía sociedad" era a través de la militancia en las entidades de beneficencia y caridad. Las primeras instituciones amparadas por estas entidades fueron los asilos de Mendigos, de Alienados y el de Huérfanos, que ocupaban el mismo terreno aunque en distintos edificios o pabellones. Estas instalaciones se encontraban localizadas sobre la antigua calle Luna, hoy Venezuela, bastante retiradas del centro de la capital, en las fotografías nos muestran una disposición mucho más eficiente -en cuanto a la asistencia y el confort- que instituciones, privadas o del estado, puedan ofrecer hoy. Las sociedades de beneficencia que trabajaban con estas entidades y con otras, constituidas casi inevitablemente con las familias de mayor prestigio social y alcurnia económica del país, eran la Sociedad "El Asilo del Mendigo" que, alrededor de 1910, estaba presidido por la señora Mercedes M. de Fernández; la Sociedad Protectora de la Infancia que, en la misma época, estaba presidida por la señora Luisa Bello de Talavera y la Comisión Directiva del Hospital de Caridad , presidida por la señora Regina Corti de Gaona, ciudadana argentina y esposa del ex-presidente de la República, Juan B. Gaona. El Hospital de Caridad como se conocía entonces al actual Hospital de Clínicas, ya en el predio que ocupa actualmente, en las fotografías de la época también se ve mucho mejor atendido y provisto que en la actualidad. Aparte de la menor cantidad de población y de la mayor visibilidad de los problemas sociales o, por lo menos, de las carencias existentes entonces, la mejor atención a los pacientes se debía también al hecho que aquellas sociedades estaban amparadas por la Lotería Nacional, cuya Ley de Concesión del 18 de Agosto de 1910, establecía en su artículo 8º, que el 6% Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Un grupo de niñas en el comedor del Asilo de Huérfanos.

de cada billete, y de cada jugada, puestos o no en circulación, fuera entregado mensualmente al P oder Ejecutivo para s u distribución a la caridad pública, regenteada por aquellos grupos. La Ley del 14 deEnero de 1915, creando la Asistencia Pública Nacional, consolidó aún más el servicio público de salud. Las oficinas de esta entidad se encontraban en la esquina de 25 de Noviembre, actual Nuestra Señora de la Asunción, y Gral. Díaz. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Clubes sociales y deportivos Aparte de los clubes y sociedades de beneficencia constituidas por extranjeros, alrededor del 1900, como un tributo a las extremas necesidades de la población, Asunción no pudo sustraerse al auge de los deportes en el mundo. Con los albores del nuevo siglo se sumaron a los prestigiosos clubes sociales, los nuevos clubes para la práctica de los más diversos deportes, desde el remo hasta el automovilismo, pasando por la esgrima, el fútbol y el tenis. En estas actividades, los extranjeros tuvieron también un singular protagonismo y como en ninguna otro renglón del comercio, la banca o la industria, los deportes no comenzaron precisamente en Asunción sino que antes -o simultáneamente- prosperaron en otras ciudades del interior. Así el Lawn Tennis Club de Yegros, lejana comunidad del Departamento de Caazapá, a 232 km.de Asunción sobre la vía férrea, tuvo la primera cancha de césped (y tal vez la única que tuvo el Paraguay), iluminada, en las primeras décadas de este siglo. El Club 14 de Mayo de la misma localidad, ofrecía a sus asociados, junto al ya popular fútbol, "...juegos de salón, tiro al blanco y lawn tennis", según expresa un primoroso folleto, impreso ya antes de 1920. También suele comentarse que los funcionarios ingleses del ferrocarril ya jugaban al fútbol en el interior, probablemente en Sapucai, donde se encontraba el mayor contingente de británicos.Dichos encuentros habrían sido antes que el primero registrado en Asunción,frente al "Cabildo", como se nombraba antes al edificio que ocupa el Parlamento Nacional. El "fóbal" -como se le conocía en la jerga de entonces- se popularizó rápidamente ya que, a diferencia de los otros deportes y salvo la pelota, no se necesitaban de especiales habilidades ni de la construcción de pistas específicas para jugarlo. Y como los baldíos y espacios abiertos sobraban en Asunción... Los otros, no tan populares, como el remo, la esgrima, las bochas, se consagraron igualmente- de la mano de extranjeros. El Club de Regatas "El Mbiguá", por ejemplo, es aún más antiguo que el Olimpia, el club decano de nuestro fútbol. Alrededor de 1910, aquel club náutico contaba con una casa flotante -que, aún hoy, sería un lujo para cualquier entidad deportiva- construida en los astilleros del Sr. Isidro Mayor. En el desarrollo del remo así como en el del fútbol, tuvo activa participación el Sr. William Paats, quien aparte de ser capitán de botes del Mbiguá, había sido partícipe en la fundación del Club Olimpia, de la Liga Paraguaya de Football y el Deportivo Sajonia, club para el cual eligió el color naranja de la casa real de su amada y lejana Holanda. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Instalaciones del Club Mbiguá, en el banco San Miguel, desmantelada en la década de los ’60. Antes de esta instalación el Club contaba con una casa flotante.

La esgrima -sin embargo- representó en aquella época, lo que las artes marciales en la actualidad, más que distensión del físico y el espíritu, un medio de defensa personal. En una sociedad convulsionada por los avatares políticos de la pos-guerra del ’70 y en ambientes donde el sentido del honor imperante era tan -o más- importante que la misma vida, los duelos eran comunes y la habilidad en el manejo de sables, floretes y espadas, muy necesario. Entonces más que club, el espléndido local del Club de Gimnasia y Esgrima, era casi una "academia" de caballeros paracualquier contingencia. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Fútbol y bochas A

parte del impulso foráneo que tuvieron las sociedades deportivas, la juventud estudiosa local hizo que los deportes se consolidaran en nuestro país. Algunos de los clubes fundados por estos núcleos juveniles se constituyeron inicialmente sólo como asociaciones deportivas, pero la mayoría realizaba -aparte de la práctica de los deportes- una importante actividad social. Más tarde, la continuidad de las competencias determinaron la realización de torneos y éstos ya tuvieron el respaldo de las "ligas" o de "asociaciones" de clubes. Cerca de los años ’20, figuraban en los registros de la Liga Paraguaya de Football, los clubes Olimpia, Nacional, Guaraní, River Plate, Sol de América, Cerro Porteño y Mariscal López, éste ya desaparecido. Ya para entonces, eran legendarios los encuentros entre algunas de estas divisas. Sin embargo, existía también una Asociación Nacional de Football que tenía entre sus registros a los siguientes clubes: Libertad , Atlántida, Asunceno, El Triunfo, 14 de Mayo y Unión Paraguaya. Algunos de éstos tampoco pudieron mantenerse hasta que -desaparecidos- dieron lugar a otros clubes nuevos los que, finalmente consolidadas las instituciones y actividades futbolísticas, se nuclearon bajo la única tutela de la Liga Paraguaya de Football. Otra institución deportiva, el AutoClub estaba ubicado a corta distancia de la capital, "en un ribazo pintoresco del río Negro" según "El Paraguay Ilustrado" editado por el ya mencionado Manuel W. Chávez en 1918. Sin embargo, en algunas postales antiguas de Asunción, se consigna la presencia del Auto Club, al lado del puerto de Asunción, sobre la bahía. Las colectividades extranjeras permitieron asimismo el auge de otras modalidades deportivas como las bochas. Practicado especialmente por los italianos, este juego se desarrollaba en los nuevos barrios del sur, en canchas adjuntas a almacenes, bares y hasta de tambos, como los que existieron en las cercanías de las calles Independencia Nacional y Simón Bolívar, antigua 1a. Proyectada. Entre estos locales, el más concurrido, tal vez por ser atendido por mujeres, era el de "Los cuatro vientos", del Sr. José Ferrer. También el patinaje tuvo su pista en los jardines del "Belvedere" de Don José Ceriani. Su famoso "skate ring", primer proveedor de pacientes a los noveles traumatólogos de entonces, convocaba a la juventud asuncena a la excitación de esa novedad deportiva. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Integrantes del equipo del Mcal. López, club ya desaparecido, alrededor de los años ’20.

Mientras tanto, en los exclusivos y elegantes salones de los clubes sociales del centro, el Club Paraguayo, la Societá Italiana, el Centro Asunceno, Centro Español, el Club Alemán, el Unión Club o el Centre Catalá, se jugaba al ajedrez, al póker, al tute o a los dados, matizando el "ejercicio" con la conversación de negocios, de política o de mujeres, única forma posible de la presencia femenina en esas tertulias. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO IV

EL PROTAGONISMO DE LAS MUJERES

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


Mujeres El estudio de la evolución histórica del Paraguay no puede omitir el importante papel que tuvieron las mujeres a lo largo de la misma. Ya indias o "criadas", españolas o "doncellas para poblar", criollas, mestizas, mulatas o la variedad racial que se impusiera en aquel "paraíso de Mahoma" , las mujeres fueron protagonistas esenciales de la conquista y "poblamiento" de la Asunción de los comienzos. Y más tarde, con el proceso de colonización en marcha, ya no sólo dieron lugar a la pasiva misión de poblar la tierra sino que pasaron a participar -directamente- en las gestas de conquista. El 13 de marzo de 1556, Domingo Martínez de Irala inscribe los primeros nombres femeninos en la Historia del Paraguay al otorgar testamento y "...postrimera voluntad". En él, declaraba a sus hijos como "..legítimos y universales herederos". Estos, junto a Marina, Ysabel, Ginebra y Ursula, que ya estaban casadas y habían recibido dote, eran hijos del conquistador con las indias María, Juana, Agueda, Escolástica, Marina y Beatriz a quienes alude en el documento como sus "criadas", a excepción de la última a quien menciona como "criada de Diego de Villalpando" . El ejemplo de Irala, imitado por casi todos los conquistadores, debía interpretarse como un gesto de sobrevivencia más que el interés de formar familia con las indígenas. La unión estaba dirigida también a concretar la posibilidad de contar con mano de obra confiable en el manejo de los cultivos, el cuidado del ganado y la atención de la casa. Aún así, fue con estas mujeres que Asunción comienza la tarea reparadora de la conquista fundando ciudades y repartiendo en ellas la población habida de la unión de españoles e indias. Surgen así: Santa Cruz de la Sierra, Nueva Asunción, Concepción del Bermejo, Santa Fe, Buenos Aires, Corrientes, Jerez de la Frontera, Ciudad Real y Villa Rica, entre otras, fundadas con criollos y mancebos provenientes de Asunción. En la expedición con la que Juan de Garay fundara Buenos Aires, entre los 80 "mancebos de la tierra" -es decir mestizos paraguayos- se encontraba la legendaria Ana Díaz, asuncena, presumiblemente también mestiza, hija del conquistador Mateo Díaz. El rancho asignado a Ana en la delineación de la nueva ciudad, estaría entre "... las calles Corrientes, Florida,Sarmiento y Maipú" de la actual Buenos Aires. La permanente actividad guerrera de los hombres así como la prescindencia de estos en las rutinas de la casa, ambiente donde dominaban las mujeres, hizo que la educación quedara en manos de éstas. Este hecho hizo posible -tal vez como ningún otro- la difusión de la cultura aborigen, en especial de la lengua guaraní, a los Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Mujeres lavanderas. Prematur amente madres, envejecidas en plena juventud. Solitarias y viudas por vocación e históricas condicionantes.

mestizos emergentes de estas uniones. La Provincia del Paraguay empezaba a adquirir un rasgo de identidad que en escasas oportunidades se dio en otros sitios de la conquista y mucho menos en los localizaciones españolas de las costas marítimas. El jesuita José Cardiel revela que luego del aplastamiento del levantamiento comunero en Asunción en 1735, 200 años después de la fundación de la ciudad, la única lengua hablada por los paraguayos era el guaraní. El conocimiento del español era casi nulo y el mismo se derivaba del escaso aprendizaje que se obtenía en las escuelas, donde -por otra parte- sólo acudían los varones. Las mujeres en el Paraguay .. sólo hablaban el guaraní. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las mujeres en la memoria colectiva La "memoria colectiva" es la manifestación de determinadas pautas de conducta social que se sustentan en acontecimientos o hechos del pasado. Estos, por su reiteración, importancia o trascendencia, marcan costumbres, códigos morales, actitudes y forman parte de los valores de una sociedad. En la mayoría de las veces, la "memoria colectiva", enaltecida, contribuye a enfatizar la personalidad de un pueblo pero, en las menos -de alguna manera- perturba las relaciones y debiera ser superada para la asimilación de conceptos de mayor valor para la convivencia. Si aceptamos que la "... tendencia no es destino ..." , aún a pesar del ejercicio de la memoria colectiva, hoy debemos propugnar la reconsideración del papel de la mujer en la historia del Paraguay, confinado -desde el inicio de los tiempos- a la misión de complementar la actividad de los hombres. Ya se ha mencionado que, desde las primeras expediciones españolas a América, las naves venían sin mujeres. Recién con la despoblación de Buenos Aires en 1542 y desde España- en 1550, se incorporan algunos contingentes femeninos en aquellas travesías. Los mismos, de cualquier manera, nunca fueron suficientes para opacar el extraordinario papel que cumplieron las mestizas -o "mancebas de la tierra" - y cuanta amalgama racial se diera fuera del concurso de la mujer española. Para ese protagonismo, la mujer y la cultura indígena ofrecían otro componente fundamental para aligerar el compromiso de las relaciones: la naturalidad con que se presentaba la desnudez y la actividad sexual fuera de todo sentimiento de represión o "pecado", situación inexistente en la actitud de los europeos que, exasperados por represiones de todo tipo y años de abstinencia sexual, se aprovecharon con desenfreno de aquellas "franquicias culturales" que otorgaban los nativos. He ahí el primer determinismo histórico pautado por la "memoria colectiva" . El poderío masculino que hacía de la mujer objeto de conquista y posesión como el poder militar lo hacía de la tierra, de los hombres, de los productos de labranza, de la caza y de la pesca. Y si de aquella supremacía pudieron obtener tierras y riqueza ...¿ porqué no tener tantas mujeres como se pudiera -o no- alimentar? Pero, si la conquista española ha permitido a los hombres cebarse de las "debilidades culturales" de los pueblos indígenas, el cristianismo practicado por los jesuitas en sus reducciones habría sido, según algún autor "...para las mujeres indias una religión progresista" pues había desterrado la poligamia, obligando a los indios a casarse con una de las varias concubinas que tenían y además respetarla. También, decían "..han Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Mujeres trabajador as. Estas fabricaban sombr eros en Luque. También serían madres, o maestras . Podrían haber desarrollado muchos talentos pero ninguna de sus habil idades era suficiente. Eran mujeres.

enviado a los hombres al campo, no sólo para desbrozar, como antaño, sino también para arar, sembrar, escardar, cosechar". Luego de alguna relevancia del rol femenino durante la época independiente, el determinismo social que condenaba a las mujeres a la dependencia del humor masculino, renació con fuerza luego de la guerra del ’70. En esa época desdichada para nuestro país, recayó en las mujeres la responsabilidad de la redención de la sociedad paraguaya. Sin embargo, aquellas esposas y hermanas, huérfanas y solitarias, fueron sometidas -como nunca- al papel de triste complemento de la vida de los hombres. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Mujeres por la patria A pesar de los atropellos a su dignidad, a pesar de los abusos, postergaciones, olvidos, ignorancia de sus atributos y roles, las mujeres del Paraguay tuvieron alguna participación -más visible que el estoico sufrimiento- en los acontecimientos del proceso colonizador y aún de la joven república, luego de la independencia. Si bien fue importante esa participación por el hecho que fueran solitarias y esporádicas manifestaciones del poder femenino, el protagonismo -sin embargo- no siempre se debió a que fueran mujeres o que dieron paso a un sentido reivindicador de su papel, sino porque tuvieron hermanos, novios o esposos protagonistas de la historia patria. O también porque fueron madres de jóvenes martirizados o asesinados, o hijas de padres muertos en las constantes luchas armadas y políticas del Paraguay. AsíLorenza de Mena de las LLanas, comprometida con la lucha de los Comuneros por ser esposa de Ramón de las Llanas e hija de Juan de Mena, compañeros de José de Antequera y Castro, al conocer la muerte de su padre y Antequera en Lima, en 1731, engalanada de blanco recorrió las calles de Asunción diciendo:" ....No debe llorarse una muerte tan gloriosamente sufrida por la patria". Juana María de Lara de Bedoya ya tenía 51 años cuando los sucesos de la Independencia Nacional. Al tanto de la conspiración de los patriotas se dice que fue ella la que trasmitió el "santo y seña" para que los conjurados derrocaran a Velazco, en 1811. En la misma época - aunque más joven - Josefa Facunda Speratti de Yegros no pudo estar ajena a los avatares de los primeros tiempos de la vida independiente de nuestro país. Cuando se integró una expedición de patriotas para defender las fronteras del norte contra la arremetida de los portugueses, ofrecía una contribución de 13 pesos fuertes mensuales en una nota dirigida a la Junta Gubernativa en tanto se consiguiera el objetivo de recuperar el Fuerte de Borbón. Ya durante la Guerra contra la Triple Alianza, la abnegación de las mujeres rayó a la misma altura que el sacrificio de los combatientes. Y aquí no importa de qué lado las colocó el conflicto; fueran "patriotas", "traidoras", "residentas" o "destinadas", todas las mujeres la padecieron de algún modo. "...En fin, la lucha fue tanta/ que nohay pedazo de tierra/donde la sangrienta guerra/nohaya posado su planta" dicen -con precisión de poesía- los versos de Victorino Abente y Lago. Ramona Martínez sólo tenía 15 años cuando en Ita Ybate, con la espada que perteneciera al mayor Ozuna, se abrió paso entre el enemigo. Sobrevivió -peleando de batalla en batalla- hasta llegar a Cerro Corá, donde presenció el asesinato de sus compatriotas. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Profesoras normales de principios de siglo. Uno de los pocos reconocimientos a la capacidad de la mujer. Casi todas llevaban a cuestas los rastr os de la guerra del ’70.

Juliana Insfrán de Martínez, fue martirizada y ejecutada cerca de Cerro León como consecuencia de la capitulación de su esposo, el Coronel Francisco Martínez, en Humaitá, y negarse a despreciar su nombre. La cabeza cercenada del Coronel Pedro Pablo Caballero rodó hasta los pies de su esposa, María Ysabel Martínez de Caballero, luego de la defensa de Piribebuy. Sobreponiéndose a la tragedia, María Ysabel recogió aquellos restos y les dio sepultura. Pero si las que murieron en aquel penoso calvario sufrieron igual suerte que los hombres, las que sobrevivieron sufrieron mucho más. Para ellas empezaba otra guerra. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Mujeres por la vida El estoicismo es uno de los componentes del carácter de la mujer paraguaya que mejor ilumina la memoria colectiva. A pesar de que - frecuentemente - la unión de españoles e indias durante la conquista pretende parangonarse a un "matrimonio formal" sobre la base del amor o consentimiento mutuos, el Dr. Ignacio A. Pane, en su estudio sobre la mujer guaraní, menciona que muchas de las nativas " ... raptadas por Irala (Domingo Martínez de) y sus compañeros" comían tierra para enfermarse o -directamente- se ahorcaban por añoranza a sus hijos y maridos y " ....por repugnancia a las exigencias sexuales excesivas del europeo". Luego de constituido el mestizaje en un proceso que fue más parecido a un harem que una familia, apareció otra característica nacional determinada por la memoria: la singular devoción que el paraguayo profesa a su madre. Motivado tal vez por el hecho que criaran a sus hijos solas y lejos de sus padres, no tan lejos porque éstos estuvieran constantemente fuera de la casa sino porque aquellos extraños "núcleos" -conformados con un español, varias mujeres y parientes indios- hacía que los niños pertenecieran más al ambiente indio de las madres que al europeo de los padres. Si bien esta situación puede considerarse válida sólo para el período de la Colonia, otras épocas igualmente difíciles hicieron que los niños pasaron un tiempo extraordinariamente mayor y de mayor calidad con sus madres que con sus padres. La "militancia" de la mujer en la educación, en la defensa o en la alimentación de su prole y aún, en la sustitución del hombre cuando éste faltaba, fue afianzándose a lo largo de la vida de la Colonia y siguió manifestándose recurrentemente, a lo largo de la historia. Sólo queda resaltar algunos ejemplos relativos a las consecuencias de la Guerra del ’70 que demuestran que sus secuelas afectaron aún mas gravemente a las mujeres. En el volumen II del libro "Guerra del Paraguay", del historiador argentino Ramón J. Cárcano, se recoge la desoladora impresión del ambiente de Asunción luego de la ocupación militar de los aliados, a principios de 1869. En aquel momento se gestan algunos "arreglos" matrimoniales entre la alta oficialidad del Imperio del Brasil y la igualmente "alta" sociedad paraguaya ... pero con un ingrediente adicional: el historiador argentino menciona que aquella "..sociedad extenuada por la muerte y el dolor" tuvo que aceptar relaciones "más convenientes" con el invasor ya que"... al lado de la presión dura e implacable de la fuerza,el Imperio aprovecha la penetración cariñosa e íntima de las vinculaciones de familia para consolidar su dominio sobre el vencido". Después de resistir todo el hambre y la fatiga del largo recorrido tras los rastros de un ejército en derrota, luego de cargar sobre sus cansados Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Mujeres-niñas, trabajadoras, prematuramente madr es, prematuramente envejecidas pero nunca tanto para dejar de trabajar. Mujeres campesinas, mujeres paraguayas.

hombros el rótulo de "residentas", "traidoras" o "destinadas", habrá sido penoso para aquellas mujeres llegar a Asunción para sucumbir ante el hambre y la soledad. ¡Qué de agravios y tristezas se habrán tenido que imponer a si mismas para atarse al destino de quienes mataron a sus padres, hermanos, novios o amigos! ¡Qué mayor tragedia que pretender olvidar la reciente guerra y llevársela todas las noches a la penumbra de la habitación conyugal para poder alimentar a sus pequeños hermanas o hermanos, a su ancianas madres o, simplemente sobrevivir ...a pesar de todo. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Mujeres pioneras F

uera por la incorporación de las corrientes migratorias europeas o porque la necesidad de la recuperación del país debía apelar a todos los recursos disponibles, o ya porque se reconocía el potencial femenino más allá del ejercicio de las "virtudes del hogar", luego de las angustias y vicisitudes posteriores a la Guerra del ’70 se iniciaba la incursión femenina en alguno de los campos en los que los hombres reinaban sin discusión: el del ámbito profesional, el cultivo del intelecto, el conocimiento de las ciencias y como lógica resultante, en el del campo laboral. En esto -sin embargo- el protagonismo femenino estaría todavía por mucho tiempo bastante devaluado y subvalorado. Muchas más de las pocas mujeres que llegaron a maestras, a bachilleres , a peritas mercantiles o a abogadas, iniciaron la marcha con un incalculable número de interferencias y oposiciones. ¡Cuánto menosprecio habrán tenido que soportar en sus propios hogares, de sus compañeros, de sus profesores! Si hasta hace muy poco la mujer debía ser esposa, madre, lavandera o cocinera, independientemente de su valer como médica, abogada o literata ... ¡como sería a fines del siglo pasado o en los inicios del presente! En aquellos tiempos, si alguien de la sociedad o del parentesco cercanos a una mujer consideraba que sus estudios (ocurrencias, como le dirían entonces) interferían en su papel de "esposa o madre", la misma tenía que abandonar lo que fuera para conservar intacta "las virtudes del hogar", el "respeto a su marido" o poner fuera de peligro la "alimentación de sus hijos". Además de aquellas funciones y profesiones en las que las mujeres descollaban naturalmente porque los hombres no la consideraban actividades "masculinas", como la obstetricia o el magisterio por ejemplo, pronto las mujeres empezaron a trabajar de telegrafistas en el correo, de funcionarias públicas o de dependientes de comercio en algunos negocios de la capital. También de contadoras o en actividades en las que el talento femenino se manifestaba con naturalidad: la pintura y la música. En el álbum "La República del Paraguay-Un Siglo de Vida Nacional" de Arsenio López Decoud, aparecen en la "estudiantina" del Instituto Paraguayo, las primeras mujeres músicas, ejecutantes de mandolina, viola y violín. Las mujeres -por entonces- integraban también la Sociedad Mixta de Sport en Asunción y no sólo incursionaban en la organización o difusión de los deportes sino que aparecían en las prácticas y en las competencias. En los inicios tiempos del Club Mbiguá era frecuente observar regatas de mujeres. Lo mismo sucedía en el tenis o en los primeros inicios del baloncesto. En cuanto a las actividades intelectuales, las primeras mujeres que sentaron plaza en Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las primeras mujeres-músicas del Paraguay integraron la «estudiantina» del Instituto Paraguayo, tal cual se observa en esta fotografía.

el Colegio Nacional fueron las hermanas Argentina y América Montes, Enriqueta Gómez Sánchez, Lidia Mendoza, Virginia Corvalán y Serafina Dávalos, la primera egresada de la Universidad Nacional, primera abogada del Foro Paraguayo, primera profesora en el Colegio Nacional de la Capital y fundadora de la Escuela Mercantil de Señoritas, de donde egresaron -en 1909- las primeras 12 peritas mercantiles del Paraguay. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO V

USOS Y COSTUMBRES

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" ... Apéese caballero" C

onseguir alojamiento en tiempos de la Colonia al llegar a una ciudad desconocida, suponía grandes dificultades. Sobre todo si el visitante era extranjero, eso es decir no español ya que habría sido probable que los súbditos de la corona que llegaban al Paraguay tuvieran en Asunción, lo mismo que en España, la posibilidad de alojarse en las "casas del Rey", propiedades particulares cuyos dueños tenían la obligación de ceder alguna parte de sus instalaciones como alojamiento de instituciones, especialmente cuarteles, o personalidades del gobierno. Consideraciones aparte, las penurias para llegar al Paraguay eran tantas que al mérito del arribo se agregaban las muestras de alegría y hospitalidad de los residentes, hacia los visitantes. Ya cuando la Colonia se hubo consolidado y la expansión de Asunción obligó a mayores intercambios, tanto sociales como comerciales, el contar con un pariente en la capital resolvía todos los problemas de alojamiento. No tanto porque se tuviera mayores comodidades, ya que la hospitalidad se limitaba a un catre o una hamaca tendidas bajo las enramadas, sino porque se podría pernoctar al abrigo de una casa. Por lo demás, era común que la gente durmiera donde le sorprendiera la noche o incluso ya llegados, al Mercado por ejemplo, debajo de las carretas o dentro de ellas. La solidaridad de los ciudadanos hacia el viajero era enarbolado en aquel tiempo, como un valor de caridad humana y de gentileza señorial. Así, con la expresión "... apéese caballero", cualquiera alojaba a un "recién llegado" conociéndose -desde luego- las grandes distancias que tenían que recorrerse entonces. El "arribeño" era invitado a tomar asiento y a beber agua antes de ser conminado a "asearse" para la cena. Ya luego de la Independencia Nacional y, en especial durante el gobierno del Dr. Gaspar R. de Francia, la escasez de hoteles en Asunción hizo que los extranjeros que llegaban -muy eventualmente- se alojaran en casas de familia, como sucediera con los comerciantes ingleses, los hermanos Robertson y los naturalistas suizos Rengger yLongchamp. El caso del Gral. José Gervasio Artigas fue distinto ya que se presentó a solicitar asilo en las fronteras de Itapúa, en 1821. Admitido por el Dictador, su presencia en la capital se derivó en una corta estadía en el Convento de la Merced donde fue alojado transitoriamente para ser confinado, finalmente, a la remota localidad de San Isidro del Curuguaty. Aunque el Dr. Francia raramente admitía la presencia de otros visitantes extranjeros, unos años más tarde, Don Carlos Antonio López tuvo sus apuros por admitir una Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los primeros edificios destinados a hoteles fueron sencillamente casas de familia con muchas habitaciones. La de la fotografía, es el antiguo palacio de Benigno López, que cambiando de nombre, fue hotel varias veces.

entrevista en Asunción con el Gral. Justo José de Urquiza. Transcurrían los primeros años de 1859 y el general "unitarista" argentino se presentó en el Puerto de la Capital a bordo de la nave paraguaya "Salto del Guairá". López llamó entonces a Don Carlos Saguier, un acaudalado comerciante de Asunción y le pidió su casa para alojar al ilustre visitante. Saguier le dijo que eso era imposible porque la tal casa estaba llena de mercaderías. "La vaciaremos esta noche" le respondió López tajante para destacar, seguidamente, un batallón de soldados para el procedimiento de dejar las habitaciones libres de "... mercaderías, mostradores y cuanto trasto comercial había". Al amanecer del día siguiente, Urquiza ocupaba la casa. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La vestimenta E

s fácil imaginar la sorpresa de los españoles ante la vista de los primeros pobladores de América. Aunque los que llegaron al río de la Plata con el Adelantado Pedro de Mendoza, más de 40 años después del primer viaje de Colón, ya tendrían informaciones sobre los pobladores de estas tierras por los datos aportados por otras expediciones o por haber participado directamente en ellas, lo cierto es que más que la exuberante vegetación o los caudalosos ríos, más que la abundancia de peces o la variedad de animales que vagaban por los bosques ofreciéndose a la cacería, habrá impactado a los españoles la visión de hombres y mujeres que, como único atuendo, exhibían aros, collares, vinchas o pinturas en el cuerpo. "...Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, andan desnudos como su madre los trajo al mundo", escribía el alemán Ulrich Schmidl, cronista de la expedición del primer Adelantado, para agregar: "....los hombres van pintados de azul desde arriba hasta las rodillas, como si de pantalones dibujados se tratase. Las mujeres van pintadas de otra manera, también de azul, desde los pechos hasta sus partes, y con mucho primor. Andan desnudas y son hermosas a su manera...... Y acaso también pecan en la oscuridad". Lo último delataba el pensamiento íntimo de los conquistadores. Reprimidos, sin mujeres (españolas) con abstinencia sexual de meses -y no sólo por la larga travesía- obnubilados por un catolicismo arcaico que veía el diablo detrás de cada cuerpo femenino, de inmediato asociaban la desnudez al sexo, o a la necesidad de relaciones sexuales. Además se equivocaban, porque los indígenas no necesitaban de la obscuridad para "pecar". Era otra asociación que manifestaba la represión europea: el sexo como algo ilícito que había que esconder o "hacerlo" en la oscuridad. Pero todo acto de dominación supone también la adopción de los valores de los grupos dominantes. De ahí que la aparición de la ropa debe coincidir con los hábitos de los indios "catequizados" (la desnudez era tentación y, por lo tanto, pecado), o ya en vigencia uno de las factores más importantes para la determinación del status: la ropa. Esta, también era un símbolo del poder. Los jesuitas de las reducciones comentaban que aquellos indios que ostentaban algún rango o autoridad sobre los demás, debían contar con algún distintivo para ese efecto. El "typoi", típica vestimenta femenina del Paraguay es mencionada por primera vez por Hans Staden, otro cronista alemán que había integrado la expedición de Doña Mencia de Sanabria en 1550, cuando en relación a los carios, mencionaba: "... se cubren de piel de animales salvajes (..) Las mujeres fabrican con el hilo de algodón una especie de sacos abiertos en ambos extremos, ellas lo llaman, en su lengua, typoi" . Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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India caduveo (mbayá) según una postal editada por R.Rosauer. Aunque el concepto de pudor occidental les impuso la ropa, la rica pintura del cuerpo así como los collares, aretes y pulseras, son originales.

Mas de dos siglos después, Félix de Azara hablaría de lo mismo al describir la ropa de los pajaguás, ya por entonces los únicos indios que andaban a la usanza original " .... se envuelven del estómago al tobillo y a veces desde los hombros, pero llevan además un trapo de un pie cuadrado, atado con una cuerda y fijo a la cintura, de manera que cuelga de las partes sexuales.... Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Bandos y Proclamas La aparición de los medios de prensa en Asunción dio inicio a la retirada -lenta pero definitiva- de avisos, manifiestos, bandosy proclamas, instrumentos de los que se valía el Gobierno -especialmente- para dar a conocer sus decretos o novedades. Unos años antes, estos mismos impresos, habían proscripto -a su vez- a los pregoneros del paisaje humano de la ciudad. Independientemente del valor de lo comunicado y su fácil distribución, estos documentos tenían una sintaxis elocuente, de exaltación patriótica y evocaciones sagradas, que elevaba la comunicación a niveles de obligación suprema. Como ejemplo de esta "literatura oficial" se puede leer en la Proclama lanzada por Francisco S. López a los soldados y marinos de los "Cuerpos Expedicionarios del Norte" , al inicio de la guerra del ’65/70: "... el Imperio del Brasil, poco conocedor de vuestro valor y entusiasmo, os provoca á la guerra. La honra, la dignidad nacional y la conservación de los mas caros derechos, nos manda aceptarla". Diez años antes, el 21 de Febrero de 1855, una Proclama de Carlos Antonio López ya auguraba que la inestable relación con el Brasil tendría un desenlace violento: ".... Con todo, ya no es posible la duda; las fuerzas brasileras han penetrado en el río, no se nos ha dirijido una sola palabra de cortesía: somos invadidos y obligados a defender nuestro suelo, nuestra independencia, honor y existencia". Y aún antes, en una Proclama lanzada en el "Cuartel General de Pasode la Patria" , el 17 de noviembre de 1847, Carlos Antonio López llamaba a las armas con la consigna: "¡Viva la República del Paraguay! ¡Independencia o Muerte!", aunque la redacción expresara que "... nos hemos armado para nuestra defensa, no para inquietar a nuestros enemigos". Y ya entonces se hablaba de bloqueo: "Soldados: el comercio de la República está cortado: tenemos un verdadero bloqueo...". La constante hostilidad de los vecinos, la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil, desde la misma Independencia, hizo que los Gobiernos del Paraguay, desde el Dr. Francia hasta el segundo de los López, impregnaranen toda documentación oficial la voluntad de conservar la "sagrada independencia". La actitud -generalizada en la sociedad- se trasladó también a las transacciones privadas y hasta los recibos eran redactados con las consignas mencionadas: "Viva la República del Paraguay" o, "Independencia o Muerte". En cuanto a los medios de prensa, "El Semanario", que fue el medio distribuido en Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Grabado editado en una postal, en 1881. En él se observa la Catedral, la casa del Pdte. Carlos A. López y los habituales ejercicios guerreros de la época.

tiempos de relativa paz, desde 1848 hasta 1864 completaba su nombre con el texto: "de Avisos y Conocimientos Utiles" y se limitaba efectivamente a eso. Mencionaba por ejemplo las frecuencias y horarios de los buques y ya en su "Cuarta Epoca" , luego de la habilitación de los primeros tramos del ferrocarril, los horarios de trenes y los costos de los pasajes. Su "Sección de Anuncios" contenía frecuentemente avisos como el siguiente: "Caballo perdido. Un petiso saino, requemado, tres albos, criollo con esta única marca G, de la propiedad del Sr. Cura de la Catedral, Presbítero Ciudadano José Gaspar Téllez .... Asimismo se le había perdido ahora como dos meses un hobero entrepelado, andador suelto, y también de franco..". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Avisos y remates Entre 1848 y 1864, tanto"El Semanario" como "El Paraguayo Independiente", se limitaban -en la mayoría de sus ediciones y páginas- a la publicación de informaciones de interés general, noticias sobre buques que llegaban o salían, hechos policiales, a acusar temporales o bajantes del río, las frecuencias del novedoso tren o noticias de curas milagrosas ... y algún cuento. "El Semanario" -en su breve "Sección Oficial"- daba cuenta también de los "Decretos Supremos" del Gobierno que, los que generalmente referían las inestables relaciones con las naciones vecinas. Los avisos comerciales de estos diarios también informaban -de manera escueta y precisa- sobre existencias de mercaderías en las tiendas de Asunción, con su correspondiente lista de "precios corrientes al por mayor" , evitando toda exaltación al consumo o la búsqueda del impacto en la novedad publicitada. "El Semanario" anunciaba en una edición del 25 de noviembre de 1863, una lista que sería hoy las delicias de cualquiera: ".... Champaigne Canasto, 14 a 16 pesos. Cerveza inglesa, superior marca Tenent a 18 pesos. Coñac en botellas, Fideos frescos de Génova, Aceite de oliva en botijuela, Vino tinto catalán ..." además de otras exquisiteces, "bebibles" y "comestibles". Para vestidos y adornos se anunciaban "...Paño negro alemán a 37 reales. Bramante fino 1a. clase. Sarazas percales de 24 a 26 yardas - pieza de 8 pesos. Muselinas pintadas, Pañuelos de mano floreados, Bayetas sajón y rosa ..." . Ya después de la finalización de la Guerra, la oferta comercial -según los numerosos diarios de la época- aunque abundante y variada, ya se extendían a los servicios, como las "Lecciones Particulares de Francés del Sr. Manó, en la calle Libertad (Eligio Ayala) Nº 11"; los servicios de "Teodoro Jhon, relojero y joyero alemán" en la calle 25 de Diciembre (Ntra. Sra. de la Asunción) Nº 13, al lado de la librería Lalane" y a las lecciones de música y la afinación de pianos del Profesor Arthur Loreau, ".... premiado en los Conservatorios de Marselle y París". Las nutridas y coloridas páginas sociales de hoy tenían en aquellos medios su fundamento histórico ya que las novedades sociales eran debidamente resaltadas; además, claro está, de los "calzados frescos", el "Café de Moca" y la excitante novedad del hielo. Entonces, los avisos por servicios profesionales comenzaban sus primeros pasos, no sólo en cuanto a los de los sastres, modistas, boticarios, músicos y técnicos como los mencionados, sino también los de médicos, abogados Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La «galería comercial» de Pal ma, fue realmente una larga galería de techos bajos y generosos aleros y «recovas». En ese lugar estaban instalados - generalmente - médicos, abogados, boticar ios y los negocios de «ramos generales».

y constructores, que iniciaban la disputa por la escasa clientela de Asunción. Pero en la confusión y desarreglo social e institucional emergente en la posguerra, los avisos de Remates puestos por escribanos eran las publicaciones más frecuentes en las páginas comerciales. La oferta en este renglón era abundante. Debe recordarse que todo el Paraguay se ofrecía a colonos o especuladores inmobiliarios, tanto en el Río de la Plata como en Europa. Los "rematadores" explotaban entonces un territorio comercial "virgen" y de grandes posibilidades. Los más notorios y frecuentes, eran los avisos de Pablo Ramella, Andel D. Peña y Ca., Soler y Miltos,Cecilio Rodríguez y Ca., Juan E. O’Leary y Augusto Bastos, entre otros. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Edictos "La Junta Económica Administrativa, avisa á aquellos que sean pobres de solemnidad para que ocurran á la oficina de esta Corporación á fin de ser inscriptos en el catálogo de los que deben estar exentos de impuestos públicos...". Avisos como éste, aparecido en "El Pueblo" el 23 de abril de 1872, se encuentran en casi todos los órganos periodísticos de la época. La utilidad que representaban los medios de prensa para la comunicación entre el pueblo y las autoridades o, entre la misma gente, se denotaba por la frecuencia y variedad con que se leían estos llamados. "Avisos al Pueblo", Edictos Judiciales, de la Policía o de la Junta Económica Administrativa. Estos eran un recurso habitual de comunicación para cualquier novedad del ámbito gubernamental, de la justicia o, incluso, de la esfera privada. La credibilidad de la letra impresa no sólo pautaba entonces lo que resultaba de novedoso en el comercio sino que -hasta a veces- el uso de avisos establecía el fin de una relación profesional, la salida de una persona del país o la pérdida de un caballo. En este último caso, se lo planteaba casi como una explicación personal, como si suplantaran a la misma conversación que -de tenerse- serviría para comunicar la pérdida. En los casos anteriores, el aviso era suficiente advertencia para que la población se diera por notificada: había "salido" en el diario. Es que en aquellos tiempos hasta los mismos avisos comerciales carecían de la exaltación con que hoy se les rodea. Salvo la aparición del hielo o alguna novedad medicinal anunciada por alguna "botica", el aviso comunicaba simplemente las bondades del producto sin aderezos que alteraran la comunicación. Si hablar en voz alta era signo de mal gusto, los avisos debían ser comedidos y discretos. La profusión de edictos gubernamentales se debía también al hecho que luego de la finalización de la Guerra del 64/70, el escuálido Gobierno Nacional tenía muchas nuevas disposiciones que comunicar. Un edicto de la Policía publicado en "La Patria", el 19 de Agosto de 1875, expresaba -por ejemplo- que "Todo habitante de esta ciudad que mantenga en su casa animales de la raza canina, está obligado a munirse de la Policía de una chapa o placa que cada perro llevará pendiente del cuello" . Otro edicto informaba "Queda completamente prohibido el cargar armas ofensivas". La Comisión de Crédito Nacional, entretanto, advertía al público "... que ninguna persona que viaje al esterior podrá llevar para sus gastos particulares más de doscientos cigarros, debiendo éstos ser comprados en las oficinas del Estanco". Y en un mensaje dirigido al ámbito laboral, el mencionado "La Patria" convocaba el concurso de "quinteros" o "chacareros" que desearan trabajar en una quinta Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El poder de la prensa se resumía gr áficamente en esta postal de homenaje. En él se observa un facsímil de «El Diario», de 1902, encerrando la imagen del Palacio de Gobi erno.

".. situada en el parage denominado ‘Pinoza’, sobre la calle Bermejo esquina Olimpo". Muchas veces, el aviso hablaba de algo que -por lo visto- la gente ya sabía... a juzgar por este recuadro colocado en "El Pueblo" por el Secretario de la Junta Económica Administrativa, Victorino Abente. En él se leía: ".... en conocimiento del público que todos aquellos que quieran vacunarse gratis, ocurrar á la Asociación CentroMédica, en la calle de Palma nº 72". En el mismo lugar informarían -tal vez- contra qué males se aplicaría la tal vacuna. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El inicio del "status" U

na de las primeras consecuencias señaladas a la Revolución Industrial iniciada en Inglaterra a mediados del siglo pasado, fue la emigración del campo a las ciudades. En el Paraguay despoblado de la pos-guerra del ’70, esa circunstancia estaba proscripta. En la Europa -en vías de industrialización acelerada- el hacinamiento en las grandes concentraciones urbanas y la dura lucha por la subsistencia, hicieron desaparecer de los núcleos humanos los lazos de afecto, por parentesco o amistad, valores, creencias, costumbres y tradiciones. El anonimato consagró una nueva forma de comparación entre los grupos sociales: el "status". Por notorias carencias e indiscutibles dificultades, la Asunción de fines del siglo pasado pasó por alto todos los fenómenos anteriores, pero consagró la novedad del "status"; mecanismo que se medía -y se mide todavía- por el origen o el apellido, el color de la piel, las posesiones y las formas de exteriorizar el linaje: el lenguaje, las vestimentas, los carruajes, el número de sirvientes y porúltimo, el lugar -o la zonade habitación. Sin embargo, algunos de los valores de esta forma de comparación social consagrados por las sociedades de aquel tiempo, como el recurso del conocimiento, el buen gusto y la degustación "de lo culto" y lo bello, lamentablemente quedaron sin vigencia. Pero el "status" carecía de valor si no se lo exponía a la consideración de los otros. Si no se confrontaba con las "acciones sociales" de los demás. Así, una de las peculiaridades surgidas de la efervescencia social y comercial del país y ante la falta de "linaje" de algunas familias de Asunción, sobre todo extranjeras, era la necesidad de exponerse a la consideración -y si fuera posible- al respeto y la admiración pública, al mismo tiempo que las novedades que ellas traían desde el "mundo civilizado y moderno". Se editaban entonces, tanto en la capital como en algunos pueblos del interior, todo tipo de publicaciones, en español, en italiano o en alemán, que mostraban el poderío de la pujante clase empresarial emergente de la posguerra y de la consolidación social e institucional del país. Y con ellos aparecían también sus casas, sus estancias, sus establecimientos industriales y comerciales, sus familias, sus ropas y sus joyas. Especialmente en este siglo, diversas revistas, álbumes y libros "contaban" los logros empresariales de aquellas familias. Si bien algunos apellidos aparecidos entre los prósperos comerciantes de la "nueva era" denotaban una antigua militancia en los padrones sociales de la Colonia, su renaciente poderío económico devenía del emparentamiento con la nueva clase rica foránea ya que, al contrario de lo que había sucedido con algunas personas, las fortunas atesoradas de antaño no sobrevivieron Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los primeros médicos egresados de la Facultad de Medicina. Ser médico entonces era encaramar se al punto más alto del status social. Ellos compensaban ese privilegio con una gran capacidad y devoción profesional.

a la guerra del ’70. De aquellas publicaciones, dos fueron las más connotadas por el brillante trabajo de edición y por la calidad intelectual de sus autores: los "álbumes" de Arsenio López Decoud, "La República del Paraguay. Un siglo de vida nacional" y el de Ramón Monte Domeq, "La República del Paraguay en su Primer Centenario". Aunque ambos aparecieron en 1913, los dos datan de 1911, año en que no pudieron ser distribuidas por la inestabilidad social y militar imperante entonces. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO VI

BARRIOS

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Los barrios C

uando Asunción empezó a extenderse más allá del casco original, abandonando su unidad social y funcional, aparecieron los barrios. Al principio con el nombre de "distritos", como una necesidad de organización política y administrativa y, desde siempre, como la expresión propia de un paraje o un lugar de la ciudad que se define por la identificación de sus componentes humanos o paisajísticos más esenciales. Es por eso que el barrio es, sin ninguna duda, la disposición urbana más reconocible, la propia ciudad en miniatura, con su más genuino espíritu y lo más auténtico del patrimonio social y cultural de sus habitantes. Hasta la mitad de este siglo y a través de la organización barrial, Asunción pudo conservar las características peculiares que venían desde la Colonia, con las expresiones populares de la comunidad, las tradiciones y hasta las formas de la arquitectura y el paisaje de los primeros tiempos. El mantenimiento del "sabor barrial" de algunos enclaves de Asunción ha sido posible gracias a la estrecha relación entre la gente y "su lugar" aunque -muchas veces- éste no fuera definido por límites propios. De hecho y aún antes de la existencia de las divisiones barriales específicas, la gente se identificaba con sitios característicos, algún curso de agua, con un árbol, un promontorio o un accidente geográfico cualquiera. Otras veces, el lugar debía su nombre a una parroquia u oratorio como son los casos de San Blás, antigua parroquia y barrio de indios, cerca de Punta Karapa; San Gerónimo, bastión de la defensa asuncena desde lejanos tiempos; o, la Encarnación, dominando el antiguo promontorio denominado "Volo Cué". Algunos lugares deben su nombre al dueño original de los terrenos como Villa Egusquiza, territorio que se extendía desde la actual calle Perú hacia este, entornado por las avenidas Mariscal López y España hasta la calle Venezuela, entonces con el nombre de Luna. También estaban el Barrio Jara, enclave territorial de Don Antonio Jara, dueño de una casa que todavía existe, en la esquina de España y Ayala Velázquez; la Quinta Stewart, ubicado sobre Perú y la antigua "Samuhu Pere", hoy Juan de Salazar, barrio que correspondería a los límites actuales de Las Mercedes. Este barrio hoy poblado de hermosas residencias y edificios era anteriormente conocido como Tuyucuá debido a que, en su parte más baja -hacia la avenida Artigas- tenía una napa casi superficial que convertía a los terrenos en verdaderos lodazales. Allí se asentaron las floridas huertas de los "cumparelos" italianos, que -adaptación local mediantehabrían dado el nombre a los "gumarelos" o "repolleros" del Club Libertad de las Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El perfil de Asunción desde la Loma San Gerónimo, uno de los barrios más antiguos de Asunción. Aunque hoy tiene otro nombre, por las extrañas paradojas de la nomenclatura asuncena, sigue siendo San Gerónimo.

inmediaciones. El "casco" de aquella quinta, de amplios corredores, había pertenecido al Dr. Guillermo Stewart, inglés, jefe de la Sanidad paraguaya durante la Guerra del ’70. En el extremo opuesto de la ciudad, hacia el sur, donde se iniciaba el "camino a Lambaré" -calle Honduras entre Pa’i Pérez y Capitán Figari- se encuentra la zona que entorna a la antigua "quinta Escobar". El solar había pertenecido al Gral. Patricio Escobar, ex Presidente de la República entre 1886 y 1890, así como casi toda la zona de Tacumbú pertenecía al ex-Presidente Higinio Uriarte quien ocupara la Presidencia de la República desde 1877 a 1878, luego del asesinato del Presidente Juan B. Gill, acaecido el 12 de Abril de 1877. El Dr. Rafael Oddone comentaba que en el siglo pasado, en la calle Colón a la altura de su intersección con Humaitá, existía una tranquera por donde se ingresaba a aquel vasto territorio de los Uriarte. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Barrios del Este Apareció con el nombre de Barrios (2)

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l terminar la Guerra del ‘70, Asunción no era más que una aldea extendida desde los barrancos de la bahía hasta la calle Pilcomayo (luego Cnel. Martínez, hoy Haedo) y desde la calle de la Aduana (hoy Colón), hasta Loreto (actual México), calle frontera entre el Cuartel de San Francisco y la plaza del mismo nombre. Fuera de este perímetro estaban los arrabales, los parajes, las quintas, con caminos abiertos entre la floresta y las chacras. En aquel tiempo, la accesibilidad era un factor preponderante para localizar los enclaves residenciales, por lo que las cuestas pronunciadas, ubicadas hacia el oeste o el sur del casco histórico de Asunción, volvían prácticamente inaccesibles lugares paisajísticamente atractivos como Tacumbú, Sajonia y Varadero. La destructora acción de los raudales en dichos lugares, hizo que la tendencia para el crecimiento del casco urbano de Asunción se basara, marcadamente, en la expansión hacia el este. Un relevamiento urbano realizado por el ingeniero Roberto Chodasiewiez , por encargo de las fuerzas de ocupación aliadas de Asunción, en 1869, verificaba el casco original mencionado y proyectaba una expansión que alcanzaba la avenida Ygatimi (Gaspar Rodríguez de Francia) hacia el sur, la calle del Hospital (Estados Unidos), al este; y, hacia el oeste, llegaba hasta la calle de la Academia Literaria (Montevideo). Si bien esta disposición regularizaba el égido urbano de la capital, no hacía más que cuadricular espacios que ya contaban con alguna población y tradicionalmente consagrados como territorios de los barrios de la Encarnación y San Roque. Otro plano del 26 de setiembre de 1899, con una firma que parece graficar el nombre de "G. Philiph", muestra a Asunción con una expansión ya mucho más pronunciada hacia el este. En el documento se denota el casco de la ciudad totalmente consolidado hasta la calle Brasil, abarcando la calle Ygatimi al sur y, al oeste, la calle Don Bosco, conocida entonces como Sargento Duré. En el mismo plano, se indica la futura ampliación del casco de Asunción hasta la calle San Miguel, actual General Santos, expansión que incluía los barrios de Ciudad Nueva, Vista Alegre y parte del actual barrio Las Mercedes . También se ampliaba hacia el sur, en una pequeña superficie de loteo que correspondía al lugar conocido como "Cancha Osorio" y se extendía desde Yegros a Alberdi, hasta la Fábrica de Fósforos, sobre la antigua 7a. Proyectada. La ampliación hacia el oeste se concretaba en una pequeña franja que, desde el arroyo "Jardín", rompía la línea norte-sur iniciada con la reforma del Dr. Francia, en 1821. Esta trama inclinada obedecía -aparentemente- a la idea de "alinear" las Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Varadero. A pesar de su belleza paisajística y su proximidad al centro, no fueron terrenos cotizados en el mercado inmobiliario, debido a los zanjones y la proximidad de «progr amas» no muy atractivos para la convivencia residencial.

calles del nuevo loteo, a la construcción del antiguo "Leprocomio", luego Hospital de la Caridad, hoy Hospital de Clínicas. De acuerdo a estos documentos, estaba ya claro que el derrotero de la ciudad se iría afirmando alrededor de los antiguos caminos que, desde la época de la Colonia, se internaban hacia el este. Esta tendencia se iría afirmando con el trazado de las vías del tren o los tranvías que relacionaban aquellos nuevos barrios de Asunción con el Puerto, el Mercado Guazú o la Plaza Uruguaya. En aquellos planos, ya estaban marcados entonces el "camino a Ysaty", el "camino a San Lorenzo", y el "camino a Lambaré", junto a los recorridos del tranvía "a la Trinidad" , "a la Fábrica de Fósforos", "a la Cancha Sociedad" y otros lugares emblemáticos de la Asunción de antaño. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Barrios viejos Apareció con el nombre de Barrios (3)

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unque en las dos primeras décadas de este siglo quedaron marcados los nuevos rumbos de la ciudad hacia San Lorenzo del "Campo Grande", Trinidad , Luque y Lambaré (este último, distrito o barrio de Asunción, hasta la década del ’60), quedaban "pegados" al centro los antiguos sitios cuyos nombres y nombradía como enclaves tradicionales de la capital, venían desde los lejanos tiempos de la Colonia. Loma Cabará, Campanero,Punta Carapá, Loma Tarumá, Ycua Sati, Loma Clavel y Loma Cachinga además de los ya mencionados Loma San Gerónimo y Volo Cué, eran lugares del mismo centro, o muy próximos a él, cuyos nombres representan el verdadero "linaje" de la tradición barrial asuncena. Loma Cabará es el sitio, o está próximo al sitio, en el que se presume fue asentada la "casa fuerte" que dio origen a Asunción. Se trataba del asiento del Convento de Santo Domingo, fundado en 1621 y cuya iglesia, construida bajo la advocación de la Virgen de la Encarnación, estaba en la esquina formada por las calles de Santo Domingo, actualmente De la República y, de la Encarnación, hoy 15 de Agosto. A sus espaldas, en la dirección de la calle Paso de la Patria, luego Convención, hoy Juan E. O’Leary, se encontraba el "puerto" de Paso de la Patria, "el de la calle de este nombre"; y enfrente, el "puerto" del Colegio, "en memoria del antiguo Colegio de los Jesuitas". Según datos de lugareños,Campanero es un legendario enclave próximo a las calles Paraguarí y Comuneros, dentro de la no menos legendaria Chacarita. Hasta hoy se encuentra allí el pequeño "oratorio" de La Mercé-mi cuyo campanario diera presumiblemente- el nombre al lugar. Punta Carapá, cerca de Campanero, es más conocido. Como su nombre lo define, es una "península" que permite la continuidad de la calle Caballero, como una especie de terraza sobre el "bajo". El lugar con su caserío dio albergue a conocidos músicos y poetas entre los que se encontraba -antes- José Asunción Flores y hasta hace unos pocos años, Arturo Pereira, violinista de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción. Loma Tarumá es la cuesta que se encuentra -aproximadamente- entre las calles México, Caballero, República de Colombia y Gaspar R. de Francia y que albergara la alegría de los enclaves negros de la zona cuando las fiestas de homenaje a la Virgen de la Merced. O cuando las "lascivas y ruidosas" gombas, danza colectiva que convocaba a los negros de la zona con tambores de diferentes tamaños, "algunos de grandes dimensiones y sonido profundo que era audible a varios kilómetros" según el "Diccionario" del maestro Luis Szarán. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La Loma Cabará en su día más luctuoso. El incendio de la Iglesia de la Encarnación, el 4 de Enero de 1889.

Ycua Sati se encontraba en la misma depresión existente hoy a la altura de las calles Manuel Domínguez y Parapití. Y era el lugar donde, entre espesos arenales, se iniciaba el arroyo del mismo nombre siguiendo -aproximadamente- el curso de la actual calle Antequera. Aquel lugar era famoso por sus "bailongos" y en los que se asomaban "ranchos y casuchas" donde vivían, según era fama en la época, años próximos al ‘900, muchos liberales acaudillados por un fornido moreno de nombre Cantalicio Esquivel. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Barrios, negocios, historia Apareció con el nombre de Barrios (4)

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sunción se continuó en otros lugares, favorecidos éstos al igual que los mencionados en entregas anteriores, por una rica historia. Fueron ellos Puerto Sajonia, Barrio Hospital, Ciudad Nueva, Pinozá, y Tembetary, entre otros. Puerto Sajonia debe sunombre al hábito del Sr. Christian Heisecke, cónsul de la casa de Holanda y del imperio Austro-Húngaro en el Paraguay, durante los últimos años del siglo pasado, de poner el nombre de Sajonia, región de Europa de donde era oriundo, a todas sus pertenencias. Dueño -con Juan Berthé- de aquellos territorios ribereños, el barrio que surgió a ambos lados de la avenida 15 de Mayo, luego Carlos Antonio López, se llamó -naturalmente- Sajonia. Y así se llamó también la fábrica de cerveza que el yerno del señor Heisecke, Eduardo Schaerer (que luego sería Presidente de la República) junto a otros socios, vendió a los hermanos Bosio para constituir la Cervecería Nacional. Sajonia se llamó asimismo el buque que en 1904 condujo a los revolucionarios desde Buenos Aires, para el derrocamiento del entonces Presidente del Paraguay, Coronel Juan A. Escurra. La embarcación, anteriormente llamada "Iniciativa" , había sido comprada por el Banco Agrícola del Paraguay al mismo Christian Heisecke, en Agosto de 1904. Luego del cambio de bandera en el Río de la Plata y tomada por los revolucionarios bajo el mando del Comandante Manuel J. Duarte, Elías Ayala, Elías García y otros adherentes al Partido Liberal, fue rebautizada con el nombre de "Libertad", con el que llegó a Asunción con la revolución prácticamente victoriosa. A propósito del señor Juan Berthé, el mismo era dueño de Berthé-cué, actual sitio de la oficina del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas. Y en cuanto a la fábrica de cerveza, la misma fue fundada por los hermanos Bosio a partir de la adquisición, entre 1906 y 1907, de tres instalaciones que dieron fama a otros tantos lugares de la ciudad: la de Arsenal Cué, la de Tuyucuá y la ya mencionada de Puerto Sajonia. La primera debía su nombre al enclave metalúrgico y elaboración de armamentos construido por los ingleses contratados durante el gobierno de Don Carlos A. López. El Barrio del Hospital que figura en los primeros mapas de Asunción, debe -probablemente- su nombre a las antiguas construcciones hospitalarias dela zona. Ya en la época del Dr. José G. Rodríguez de Francia se mencionaba el Cuartel del Hospital que, lógicamente, referenciaba un hospital próximo. En los mapas de 1869, del ya recordado Roberto Chodasiewiez, figura alrededor de los mismos sitios, el "Leprocomio". Y en el álbum de Manuel W. Chávez, editado en 1918, se habla del Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El antiguo Cuartel del Hospital, una de las residencias del Dr. Francia, según un grabado antiguo.

Hospital de la Caridad que, más tarde, sería el Hospital de Clínicas. El lugar está hoy coronado por la loma del San Luis y entornado por la loma Cachinga y un poco más alejada, la loma San Antonio. Ciudad Nueva empezaba desde la calle Brasil, en donde el "Mercado Guerrero", Brasil y Mcal. Estigarribia era el nexo entre la ciudad "urbanizada" y los arrabales de la nueva expansión. Trasponiendo la calle Salinares, hoy Perú, los "conventillos" esa extraña simbiosis de cultura urbana con toldería indígena, eran la forma de sobrevivencia en las cercanías del centro. Y entre los "conventillos" famosos, en la esquina de lo que hoy son las calles República Francesa y Luis Alberto de Herrera, hubo uno que hizo historia: se llamaba "Tey’in". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El legendario barrio "Pinozá" P

inozá prolongaba Asunción más allá de Ciudad Nueva. Según algunos moradores de la zona, el barrio debe su nombre a la "guaranización" de Espinoza, apellido de familias tradicionales, una de las cuales era propietaria de aquellos territorios. La "espina dorsal" de este nuevo enclave era la avenida Eusebio Ayala. Esta ruta -más que avenida- iniciaba el barrio y la incursión de la capital hacia el interior a partir de la "garita" policial de Dos Bocas, donde actualmente -entre toldos y puestos de ventatodavía debería encontrarse el monolito que marca el kilómetro "cero". Alrededor de aquella avenida, conocida de antiguo con el nombre de "..camino a San Lorenzo" , se fue contornando el barrio que reunía, como casi todos los barrios tradicionales de Asunción, "algo" de las antiguas costumbres de la ciudad. Además de los contenidos esenciales de estas agrupaciones urbanas, en ésta, algunas "instituciones" marcaron las diferencias con los otros: la laguna "Pyta", el Club Guaraní y ... los bares. Por los años de los comienzos, sólo la mencionada Eusebio Ayala y la calle General Santos estaban pavimentadas, ésta con un irregular empedrado. El resto era "un pardo" arenal, yuyales y zanjones. Precisamente sobre la calle que recuerda al presidente uruguayo que nos devolvió los trofeos de la "guerra grande" en 1885, donde hoy se levanta el nunca terminado Hospital Militar, estaba la laguna Pytá, balneario del suburbio, recreo de chiquilines y fuente de tundas y reprimendas hogareñas. Se comenta que el tartamudeo que caracterizó a Luis Alberto del Paraná lo adquirió -de muchacho- en un accidentado chapuzón en la laguna. Cerca de allí, sobre la calle 12 de Octubre, pernoctaban los carreteros que traían los frutas y frutos desde el interior los que, luego de clasificados, fraccionados, se vendían en el ya vigoroso Mercado 4. Este repetía con su concierto de voces, aromas y sabores, el espectáculo del viejo "Mercado Guazú" , ya entonces desaparecido. El Club Guaraní, que fue uno de los cantones defensivos durante la Revolución del ’47. Era el centro de la vida social y destino de los paseos de la muchachada del barrio. No había tarde en la que en el "Club" no hubiera música, equipos en entrenamiento de basket, fútbol, atletismo, gente patinando o, sencillamente, sentada en amena plática. Ya para entonces la zona empezó a llenarse de bares. Enfrente, entre plantas de mangos y pisos de ladrillo, donde hoy está la heladería "Guaraní" estaba el bar y almacén de Doña Florencia, asiento del vino "garnaccia", el queso "parmesano" y la novedad del hielo en barras. Hacia el este, en la esquina de la calle Centenario se Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La laguna Pytá, Gral. Santos y Teodoro S. Mongelós, balneario del suburbio, recreo de los chiquilines del barrio.

encontraba la pista "El Mango" propiedad de un señor argentino de nombre Cedano Acosta, lugar de baile con orquestas y bailarines de traje. Ya en la esquina de la avenida Eusebio Ayala con la calle Gral. Santos, estaba el "Bar Pujol", que también era teatro y -algunas veces- ring de boxeo. El mismo sitio fue ocupado más tarde por el "Bar Chino". Casi enfrente, otra hospitalaria pista de ladrillos y lugar de fundación del Club Pinozá, el "Bar Guaraní" , de don Luis Scholl (se llamaba realmente Ulises). Siguiendo más al este, en la esquina de Eusebio Ayala y 12 de Octubre, estaba el "Bar Juasy’y", lugar de encuentros bajo la espesa fronda de una gigantesca enredadera de juasy’y. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Sitios que no llegaron a barrios No todos los barrios de Asunción tomaron sus nombres de los dueños de los territorios loteados, ni todos los lugares tradicionales de la ciudad llegaron a conformarse -oficialmente- en barrios. Aunque se merecían que perduraran en el registro oficial o, por lo menos, en la memoria de la comunidad que la había habitado, la nomenclatura de Asunción ya se había desvirtuado con otros procedimientos, distintos a la "naturaleza" de la ciudad. Estos parajes no fueron más que un conjunto de casas alrededor de alguna peculiaridad del terreno, del uso que le diera la misma comunidad o por alguna instalación o industria enclavada en el lugar. Entre los primeros casos podemos mencionar a la Salamanca, Zanja Soró, Ita Pyta Punta, Ybycuiti. Entre los últimos se encontraban: Estación San Miguel, Estación Botánico, Fábrica de Fósforos,Belvedere, Cancha Sociedad,Varadero,Fábrica de Azul oViñas Cué. Agregados a estos, quedan otros barrios -muy pocos- e igualmente tradicionales como Trinidad, Pinozá, Manorá, Zabala Cué, Tacumbú, Loma Pyta, Ita Enramada, Zeballos Cué, Tembetary, entre los que no encontraremos nombres de personas -civiles ni militares- así como tampoco referencias a santos o vírgenes que, de hecho nada tienen que hacer en la nomenclatura de la ciudad. La Salamanca era una antigua depresión con un curso de agua en el fondo que seguramente siguió a los primeros procesos de deforestación de la ciudad. El enorme desfiladero empezaba un poco más allá de la 12a. Proyectada y siguiendo la dirección de la calle Yegros desembocaba en la laguna Yrupe, en el Bañado Tacumbú. Aparte de la rareza topográfica, la Salamanca se constituyó en un lugar de atracción y de "picnics familiares de nuestros abuelos en las frescas y arboladas barrancas" de sus contornos. Zanja Soró e Itá Pyta Punta, sonenclaves ribereños al oeste de Asunción, depresión la primera y prominencia la segunda, próximos o coincidentes a una referencia concreta en los planos de Félix de Azara: las "piedras de Santa Catalina". En sus proximidades también se asentaron baterías para la defensa de la ciudad. Ybycuiti es un antiguo paraje próximo a la vía férrea, a la altura del "kilómetro 9", equidistante de Trinidad y Loma Pyta. Entre las instalaciones urbanas que congregaron a populosos barrios en su entorno, se pueden contar a la Estación San Miguel, en el extremo este de la Cancha Sociedad, "cabecera" del sistema ferroviario urbano. Al salir a la actual avenida Mariscal Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El tranvía llegando desde San Lorenzo del Campo Grande, Zavala Cué, Villa Morra y presto para continuar hasta el centro de Asunción.

López, en la curva del mismo nombre, estaba la primera "parada", popularizada después con el nombre de "Para 1". Estación Botánico era la tercera estación del tren al salir de Asunción, luego de la de "Cambio Grande" y Trinidad, a un costado del Jardín organizado por el botánico alemán Carlos Fiebrig. Hacia el río y luego del Puerto Botánico, todavía se encuentra Viñas Cué. La Fábrica de Fósforos, destino final de la expansión de la Asunción hacia el sur, coronaba la ascensión del tranvía hacia Barrio Obrero. En el otro extremo, Belvedere, lugar de recreo sobre la avenida España era "... al mismo tiempo café, cine, teatro (Edén Teatro, donde se agasajó -con un almuerzo de 300 cubiertos- al Presidente Roosevelt, en 1914)y, más tarde, pista de patinaje..". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Barrio Palestina Entre los primeros contingentes de italianos ,españoles (aunque ellos fueran "dueños y señores" durante casi 274 años) y "turcos" como se llamaba a los miembros de las distintas comunidades árabes que empezaron a recalar en Asunción desde principios de este siglo, prevaleció siempre un cierto sentido de clan. Los inmigrantes de estas nacionalidades, que constituían los grupos extranjeros mayoritarios de la capital, finalmente se integraron a los nativos y sirvieron de punto de partida para la constitución de numerosas y conocidas familias de Asunción y del Paraguay. Desde aproximadamente la primera década de este siglo empezaron a llegar a Asunción, algunos miembros de la comunidad judíadispersa por el mundo, especialmente los de origen "latino", serfarditas o sefardíes como se conoce a los originarios de España (en la tradición judía, Sefarad designa a la península Ibérica) y, por extensión, a los judíos que por negarse a convertirse al catolicismo, fueron expulsados del imperio español en 1492, instalándose en el norte de Africa,Turquía, Italia yPaíses Bajos, para emigrar posteriormente a América. Otros grupos de judíos llegados a Asunción estaban constituidos por rusos, alemanes así como otros procedentes de países de origen eslavo o germano. Con el mismo criterio que las comunidades extranjeras de más antigua localización en la capital, los judíos se agruparon no sólo en "barrios" o sectores específicos, sino alrededor de sus templos o de "clubes". Uno de estos fue el "Javerim" (en hebreo, "compañero"), situado en la calle Iturbe entre Teniente Fariña y Manuel Domínguez, frente a la casa De Gásperi, luego sede del Partido Liberal Radical. En este club funcionó la primera escuela de enseñanza del hebreo y por las tardes se desarrollaba una actividad más acorde con su nombre pues se jugaba ping pong, se preparaban paseos o se hacían las reuniones sociales de la colectividad. La Unión Hebraica fue anterior al "Javerim" . Esta entidad comenzó sus actividades en la mitad de la segunda década de este siglo. Ambos locales, así como las residencias de los miembros de la colectividad judía se localizaron cerca de sus templos dado que las prácticas religiosas de entonces no permitían el uso de medios de locomoción. El templo Latino de los judíos-sefardíes, se hallaba ubicado en el Nº 430 de la Iturbe, entre Fulgencio R. Moreno y Manuel Domínguez y el otro, estaba en la Unión Hebraica. Este templo contaba con un salón pequeño para los rezos semanales y otro más grande para las festividades de Pascua (PASAJ),Año Nuevo (Rosh Hashana) y el Día del Perdón (Yom Kipur). Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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En la mis ma época en que se construyó la escalinata Antequera en este lugar, en 1928, empezó a constituir se el Barrio Palestina, desde el monumento hacia el oeste.

El Barrio Palestina así como otros, consagrados por el uso y las características del lugar, pero jamás oficializado en la nomenclatura de la ciudad, estuvo justificado por la reunión de los judíos en torno a sus templos y clubes. Se extendía dentro del perímetro de las calles Teniente Fariña, Gaspar Rodríguez de Francia hasta Simón Bolívar (1a.), Abay (2a.) o Lomas Valentinas (3a.), desde la Caballero hasta Antequera. El enclave donde aún moran importantes miembros de la comunidad Judía, estuvo definido por estos límites, aproximadamente desde los años ‘40. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los barrios "extranjeros" A

sí como el reclamo de la solidaridad y la nostalgia o, hasta las conveniencias, motivaban la emergencia de las sociedades de extranjeros, hubo otros mecanismos de asociación utilizados para el mismo efecto, especialmente en Asunción. Fueron las agrupaciones empresariales, las deportivas y cuando aún hubo que reforzar la colectividad de "paisanos", surgieron también los barrios de extranjeros. Estos posibilitaban -no sólo la cercanía entre sus miembros- sino también y de acuerdo a las pautas de las sociedades pre-industriales, el mantenimiento de algunas costumbres, de ciertas tradiciones así como los valores sociales y culturales del país de origen. Los primeros inmigrantes que llegaron a Asunción, aún antes del período independiente, se concentraron -por instinto de supervivencia y funcionalidad urbana- en torno al estrecho espacio del casco histórico de la capital. Pero ya luego de la Guerra del ´70, la nutrida presencia de extranjeros, la ampliación de la ciudad hacia nuevos barrios y la mayor diversidad de las especialidades laborales y de servicios, permitieron la localización de estos grupos en lugares específicos. Hacia fines del siglo pasado y principios del presente, italianos, españoles, árabes y judíos empezaron a formar -si no barrios exclusivos- algunos enclaves donde se concentraba la mayoría de los miembros de dichas colectividades. Los de origen árabe -por ejemplo- y por la predominante actividad comercial que desplegaron, se limitaron a ocupar -con sus negocios y viviendas- los alrededores del centro. Aún así, puede decirse que la mayoría de las casas de los miembros de dicha colectividad se localizó próxima -o entre- las calles 25 de Mayo, Independencia Nacional y Luis Alberto de Herrera, hasta las proximidades de la Plaza Uruguaya. Los españoles tuvieron una ubicación mas difusa pero -en general- próxima al centro. O entre el centro y la avenida Gaspar Rodríguez de Francia, que entonces era de una sola vía y se llamaba calle Amambay. Dicha localización puede justificarse con la misma argumentación que indujo a los árabes a concentrarse en el centro y sus aledaños. Los españoles -además- le agregaron algo propio a "su" barrio: el "cementerio español", que se encontraba entre las calles Milano (ex Segunda), Chile y Alberdi. Los italianos, mas numerosos, también se dispersaron más. Especialmente los de buena posición económica. Los de condición mas modesta, especialmente obreros, se ubicaron cerca de la cancha del Club Libertad y sus huertas motivaron el nombre de "repolleros" con el que se conoce a los simpatizantes del club . El sentido de clan Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Fotografía de un grupo de árabes y desciendentes, tomada el 12 de Julio de 1931 en la fiesta de los Salesianos . A cargo del primer coche se observa al señor Abraham Dumot y a cargo del segundo, al Sr. Francisco David.

de aquel grupo originó también el nombre de "gumarelo" para los aficionados al Libertad, término que derivaría del italiano "cumparello", compadre. Otros, pequeños empresarios o constructores, se localizaron al sur de la calle Amambay, hacia el Barrio Obrero. En esta zona, los italianos estuvieron mas distanciados entre si pero con mas opciones en cuanto a clubes deportivos para distribuir afectos y broncas. Y si los españoles tuvieron su propio cementerio cerca, los italianos se quedaron con una plaza. La misma fué producto de la sustitución del nombre de la antigua plaza "SantoDomingo" por el de Plaza Italia, cambio debido a la solicitud de la gran cantidad de familias italianas residentes en el barrio. Los "tanos" tuvieron además otras distracciones: las bochas y las cantinas. En ellas, especialmente los domingos, las pastas, el vino y las tarantelas cantadas en alegres grupos, contribuían a apagar la nostalgia. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO VII

CALLES

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


Asunción y sus calles La nomenclatura de la ciudad en tiempos de la colonia no era otra cosa que la identificación de un sitio, calle, arroyo o promontorio, por su asociación con los elementos visibles del paisaje, natural o construido. Tenía que ver también, con la referencia a acontecimientos ocurridos ocon nombres de las personas que residían en el entorno. Era la forma usual de identificar o indicar direcciones, hecho del que Asunción no estuvo ajeno. Pasado el estado de gracia original, los habitantes de la ciudad empezaron a prostituir el mecanismo para "homenajear" a los infatuados de turno, costumbre que derivó en alabanzas para cualquiera y en una de las formas más usuales de la depredación de nuestro patrimonio histórico y sobre todo, cultural. En Asunción hemos borrado todos los rastros que nos ligaban a nuestros ancestros, ñande ypykuéra, como escribiera Narciso Ramón Colmán, el inolvidable "Rosicrán". Aúna pesar de quela Ley Orgánica Municipal estableció -ya tardíamente- la obligatoriedad de mantener " .... los nombres tradicionales y toponímicos", la expansión de nuestra capital no respetó paisajes ni peculiaridades topográficas y, mucho menos, la nomenclatura tradicional. A golpes de hachas, palas y teodolito, desaparecieron barrancos, promontorios, cursos de agua, bosques y con ellos, los sonoros nombres de nuestros lugares originales. El cambio de la nomenclatura "folklórica" empezó ya con el gobierno de Don Carlos A. López, quien ya en el consulado compartido con Mariano R. Alonso, empezó a "ordenar" las denominaciones oficializando la sustitución del procedimiento tradicional de analogías y referencias por el de los símbolos y homenajes. La ciudad fue dividida de este a oeste por la calle De la Independencia Nacional y, a partir de ella, hacia el oeste, salían las de Las Palmas, de La Estrella y de La Oliva, los símbolos del escudo nacional. Hacia el este y en el mismo sentido que aquellas, se encontraban las de La Paz, de La Justicia y de La Igualdad, textos del mismo escudo, hoy Cerro Corá, 25 de Mayo y Mariscal Estigarribia, respectivamente. Hasta fines del siglo pasado sin embargo, quedaban todavía algunos nombres tradicionales. Y más que ellos, la costumbre de señalar el sitio de alguna casa con el sencillo procedimiento: "al lado del reñidero de gallos" o, "enfrente del Mercado Central", lo que constituía una forma de relacionar el lugar a un nombre, de manera precisa, clara e inconfundible. Trasladado ese mecanismo a la nomenclatura, teníamos en Asunción la calle de la Academia Literaria (actual Montevideo), calle de la Ribera (Benjamín Constant), Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Calle de Las Palmas. Una visión de fines del siglo pasado, desde la esquina de 14 de Mayo, hacia el este.

calle de la Aduana (Colón), calle del Atajo (Alberdi), de la Asunción (Mcal. López, indicando uno de los accesos de la ciudad), la ya mencionada Samuhú Peré y lugares como Las barcas, Campanero, Tuyucuá, Varadero, Playa Casola, Ycuá Sati, Loma Cabará, Volo Cué (sitio de la actual Iglesia de La Encarnación), Villa Egusquiza, Cancha Sociedad, entre otros. A fines del siglo pasado, el Dr. Francisco Morra con su "Villa Morra", restauró el procedimiento de nombrar calles de acuerdo a sus características. Pero los asuncenos habíamos decidido que debían tener nombres, apellidos y galones. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La calle Palma La calle Palma es Asunción. Estuvo -desde siempre- en la dimensión exacta de lo que se necesitaba para ser importante. Cerca, pero a suficiente distancia del río que, cuando entonces, no era propiamente una bahía. Relativamente plana en una ciudad atravesada por correntadas y barrancos. Calle residencial cuando los primeros comercios aparecieron en los alrededores del Puerto y del Mercado Guazú. Prolongó -más tarde- su actividad para dar lugar a los jolgorios de la noche, así como también y en su momento, fue sede de importantes instituciones de la república. Su "linaje" residencial era tal que uno de los hermanos del Gral. Francisco S. López, Benigno, decidió la construcción de su "palacio" sobre Palma, en la esquina con 14 de Mayo, mientras que Venancio, lo hacía muy cerca, sobre la calle Estrella, en la esquina con la De la Aduana, hoy Colón. Entretanto el futuro mariscal esperaba la terminación de su propio palacio, vivía ya sobre la calle Palma, en esquina con la de 25 de Noviembre, hoy Nuestra Señora de la Asunción. Luego de la caída de Asunción en poder de los aliados en 1869, esta casa fue ocupada por uno de los oficiales de Pedro II, el general brasileño Manoel Luis Osorio,Vizconde de Herval . Al término de aquella "misión" militar, en 1876, la casa pasó apertenecer al General Bernardino Caballero quien la cedió al ciudadano alemán Otto Zinert, en 1906, para la apertura de la Armería Alemana. Los hermanos López no fueron los únicos dignatarios que vivieron sobre la calle Palma. En la continuación hacia el este, sobre la calle Igualdad, hoy Mariscal Estigarribia y a corta distancia de la calle Independencia Nacional, vivió el Presidente Cándido Bareiro. En esa casa recibió al ex-presidente Cirilo Antonio Rivarola, poco antes de que éste fuera asesinado en los corredores del Mercado Guazú, el 31 de Diciembre de 1879. En la esquina con Montevideo, en un piso alto, vivió el General Dr. Benigno Ferreira, presidente entre 1906 y 1908. En la misma esquina pero cruzando la calzada, en la que fuera sede del Banco Do Brasil, vivió otro presidente, el señor Eduardo Schaerer quien, sin embargo, alquiló para las demandas del protocolo social durante su presidencia otra residencia: la del Sr. Jorge Patiño, en la esquina de Estrella y Ayolas. También el Dr. Natalicio González, antes de ser Presidente de la República, vivió en un piso alto del edificio aún existente en la esquina de 14 de Mayo y Palma. Ya cuando las oficinas públicas empezaban a desprenderse del entorno de la Plaza de Armas y el camino entre el Puerto y el bullicioso Mercado Guazú convertía a la Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Palma en la década del ’20. El «petit boulevard» muestra sus adoquines de madera frente al Bazar Inglés de Mr. Haywood y el selecto Centro Español.

calle Palma en un portento comercial en ciernes, los hoteles y clubes dieron continuidad -por la noche- a las febriles actividades del día. El Club Nacional construido en el predio que hoy alberga al Banco de la Nación Argentina, había iniciado el fuego. Luego del doloroso silencio que impuso la guerra de la Triple Alianza, renace la diversión, especialmente en los hoteles, bares y en los clubes de extranjeros que, por entonces, constituí an un importante porcentaje de la población asuncena. El Hotel Hispano Americano, edificado sobre los muñones de la residencia de Benigno López, la Sociedad Italiana y el Centro Español, selecto club de la "belle epoque" asuncena, se disputaban la supremacía. La calle Palma anunciaba el Siglo XX con el infernal tren "Renard" y los estruendos del automóvil de Jorge Barzi. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El "petit boulevard" Originalmente publicado como "La calle Palma (2)"

T odos los experimentos urbaní sticos de Asunción pasaron por la calle Palma. Desde su carácter residencial-familiar hasta más tarde, cuando albergó otra forma de residencia: la de los hoteles. Estuvieron el Gran Hotel Americano, que luego sería el Hispano Americano y hoy Banco de Asunción; el De la Paz, frente a la Plaza del Mercado Guazú. En ellos y de la mano de la numerosa colectividad extranjera, se desataba la escasa alegría de la pos-guerra. El diario "Nación Paraguaya" promocionando las fiestas de carnaval, en su edición del 22 de febrero de 1873, anunciaba que:" ...Tres días de Carnaval estará abierto el Gran Hotel Americano. Se ofrecen cenas a la minut, fiambres de todas clases y vinos esquisitos. Los mozos servirán vestidos de frac y corbata blanca. El narigón Carlos vestirá un traje de la época de Carlos IV y llevará una nariz artificial imitando al pico del carancho macho". A medida que las familias ponían distancia entre el bullicio del centro y sus hogares, en el sosiego de barrios más alejados como Quinta Stewart, Villa Egusquiza y Villa Morra, la calle Palma se iba llenando de consultorios, hoteles y negocios de toda clase. Si antes hubo residencias, ahora había bancos como el De la República, en la esquina con 15 de Agosto, tradición que fue seguida por el Banco de la Nación Argentina, Banco de Londres, el Banco del Brasil. Si ahora florecen las farmacias al lado de sanatorios y hospitales, en Palma hubo consultorios como el del "médico-chirurgo Andreuzi, adyacentes a "boticas y droguerí as", las que contaban con novedades "científicas" tales como las auténticas "sanguijuelas de Hamburgo". Si los salvajes torrentes de los raudales hacían imposible conservar las rasantes de las calles, próximo a la década del ’20 se inauguraba en un tramo de Palma, entre Alberdi y 14 de Mayo, el moderno e inédito adoquinado de madera, bautizado con el nombre de "Petit Boulevard". Otra novedad fue la incursión del tren "Renard", una especie de vagón de pasajeros con ruedas metálicas que rodaban sin rieles, directamente sobre el reciente empedrado, llenando el aire de un estrépito infernal. En la calle Palma, circularon también tranvías y trenes. El "trencito" de San Lorenzo tuvo suparada sobre 25 de Noviembre, actual Nuestra Señora de la Asunción, al costado del Oratorio y Panteón, luego de describir una amplia curva desde Palma para retornar por Estrella por frente al Mercado. Y , finalmente, los edificios del Gobierno también estuvieron, están en la calle Palma. En dos lugares y en distintas épocas, el Superior Tribunal de Justicia, primeramenPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Palma y la elegancia masculina predominando en la calle.

te en el local del antiguo Club Nacional y luego, entre Montevideo y Ayolas, en el local que ocupara la Municipalidad. La comuna tuvo su primera sede propia en el local que fuera de APAL, en la esquina de Palma con Garibaldi, durante la intendencia de Eduardo Schaerer. Más tarde vinieron el Ministerio de Hacienda, la Dirección de Turismo y en la continuación de Palma hacia Mcal. Estigarribia, la Facultad de Química, la de Derecho, el Colegio Nacional de Niñas, el Museo de Bellas Artes y el Archivo Nacional. El local de la Facultad de Derecho fue originalmente residencia de Madame Lynch. Debido al "detalle" se cuenta que el Dr. Cecilio Báez, decano de la casa de estudios y ya anciano, exasperado por el bajo nivel académico de los alumnos en unos exámenes finales, habría exclamado: "... Por donde antes entraban los caballos de la Lynch, hoy salen los burros de Derecho!!". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La calle Estrella Perteneciente a la "tetralogía" original de calles que llevan el nombre de los símbolos del escudo nacional (la calle Del León se cambió por el de Azara), de acuerdo a un Decreto de Don Carlos Antonio López del 1º de abril de 1849, la calle "...De la Estrella, la que sigue a la de Igualdad...", se mantuvo relativamente ajena al fragor comercial que tuvieron otras calles de Asunción, más hacia la ribera. Aunque algunos comentaristas, le atribuían una función residencial casi exclusiva, el abarrotamiento comercial de Florida (hoy Benjamín Constant) y Del Sol (Villarrica, Presidente Franco) y Palma posteriormente, hizo que la calle Estrella finalmente sucumbiera a los excesos de la actividad comercial asuncena de principios de este siglo para empezar a desalojar familias y llenarse de oficinas y comercios, tal como sucedió con las otras, al término de la Guerra del ‘70. En la función de alojar residencias, Estrella adquirió -al igual que Palma- algún abolengo, ya que el Presidente de la República, Eduardo Schaerer vivió durante su mandato de 1912/16, en una casa alquilada. La casa, todavía existente, se encuentra en la esquina nor-oeste con Ayolas. El mismo Schaerer vivió, luego del término de su mandato, en una casa ya demolida en Estrella casi 15 de Agosto, acera sur. Antes de la expansión de Asunción hacia los nuevos barrios del este y del sur, la ciudad tuvo tiempo de trepar las cuestas, hacia Volo Cué, Cachinga y el "cerrito" Antequera, consolidando un casco céntrico mucho más vasto que el estrecho circuito comprendido entre la calle Loreto (hoy México), De la Aduana (Colón), la ribera de la bahía hasta la calle Pilcomayo (Haedo). Así la calle Estrella pasó a convertirse, con Palma, en el auténtico eje céntrico-comercial de la ciudad al punto que, cuando el Puerto de Asunción fue perdiendo importancia debido a la aparición de otros medios de transporte, el "trencito" a San Lorenzo y los "camiones de pasajeros" incluían inevitablemente en el itinerario a las mencionadas arterias. Otras instalaciones de gran fama en Asunción, localizadas sobre la calle Estrella, fueron: "El Rey de los Quesos", en la esquina con 25 de Noviembre (Ntra. Sra. de la Asunción); el Banco Mercantil, fundado en 1891, por el Presidente Juan B. Gaona (1904-06) con otros empresarios y financistas, en la esquina con 25 de Diciembre (Chile). En la acera norte de dicha esquina, frente al Banco, estaba la Botica Alemana de Ernesto Gruhn, hoy Hotel Renacimiento, cuya sede todavía es preciado adorno de la ciudad. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La calle Estrella cruzando frente al Mercado Guazú y la Plaza de los Héroes. En la esquina con 25 de Diciembre (Chile) se observa el Banco Mercantil y la Botica Alemana.

Y en la esquina siguiente, en la intersección con la calle del Atajo (hoy Alberdi) se encontraba la legendaria casa Urrutia Ugarte & Cía., que también tuvo al mencionado Gaona como directivo, aunque la fundación de la razón comercial fuera obra de un español, Miguel Elorduy, que llegó desde Vizcaya, mucho antes: en 1811. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Desde el Convento a la loma Originalmente publicado como "La calle Estrella (2)"

Antes de la "reforma urbana" encarada por el Dr. Francia en 1821, Asunción crecía según la errática dirección de los raudales o de los numerosos arroyos que cruzaban la ciudad. Los nombres de calles y lugares eran los consagrados por el uso popular. El decreto de Don Carlos A. López, en 1849, sólo oficializó algunos de aquellos pero la Guerra contra la Alianza y la situación política subsecuente, generó otros referentes simbólicos que tuvieron su impacto en la nomenclatura de la ciudad. A pesar de todo y,hasta hace muy poco, (1963) el casco histórico fue consagrado para el homenaje a los símbolos, a los héroes y a las gestas nacionales. En cuanto a la calle "De la Estrella", una de las más tradicionales de Asunción, se puede observar en los planos elaborados por Chodasiewiez que la misma se diluía en la Plaza del Mercado, sin delimitación definida. A partir de la calle "De la Independencia Nacional" hacia el este, la vía continuaba con el nombre de Igualdad hasta los arrabales de la ciudad, más allá del Convento de San Francisco y la plaza contigua del mismo nombre, hoy Uruguaya, hasta el arroyo que bajaba del Ykua Sati. Hacia el oeste de la calle Colón, el mismo contorno impreciso de la calle Estrella trepaba la loma San Gerónimo, luego del sitio conocido como "Arsenal cué". Ya en este siglo, "De la Estrella" no fue ajena a la diversión y a los grandes acontecimientos culturales, como el advenimiento de la guarania, por ejemplo. En efecto y aunque los primeros acordes de la música de José Asunción Flores ya se escuchaban dentro del selecto grupo de músicos y profesores de la Banda de Policía, la primera audición pública del género, fue en la terraza del "Hotel Cosmos",Estrella esquina Colón, ex palacio de Venancio López. La pieza era "Jejui" ejecutada por el trío europeo compuesto por Brand, Kamprad y Piensunkaen presencia del propio Presidente de la República, Dr. Eligio Ayala, en 1928. Junto al mencionado hotel, la Confitería y Bar "La Bolsa", fundada por el señor Francisco Blasco en 1910, en la esquina con Alberdi, y otros locales sobre Palma, eran frecuentes escenarios de las fiestas más lucidas de la época, aunque la calle Estrella también alojó otras formas de diversión, como el cine, concretado con la iniciativa de la Empresa Teatral y Cinematográfica De Angelis & Cía, propietaria ya del Cine Roma, al arrendar -también- el Cine Granados en la esquina con 14 de Mayo. Entretanto, el Splendid, de la mano de la familia Holmer se ponía en actividad, entre Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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En la esquina de Estrella y 14 de Mayo un edificio todavía existente ostenta orgulloso, en el enrejado superior, el año de su construcción: 1873. Más atrás, la Cámar a y Bolsa de Comercio y en primer plano, a la izquierda, la «terraza» del Granados.

el Banco Mercantil y el ya mencionado negocio de Blasco, hoy conocido como "El Bolsi". La diversión popular por excelencia, el fútbol así como los demás deportes, tuvieron un soporte fundamental en la legendaria "Casa Ferro", aún existente, en Estrella y Garibaldi. Y hablando del prócer italiano, si en Palma estaba la Societá Italiana di Mutuo Soccorso, sobre Estrella estaba la filial de la misma, la Societá Femminile Italiana di Beneficenza "Margherita Di Savoia". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO VIII

LUGARES

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El Puerto y su entorno Aunque el río fuera la fuente originaria de la fundación y el único medio para los abastecimientos y la comunicación, también fue -muchas veces- causa de intranquilidad y disturbios para la laboriosa comunidad de antaño. Desde los inicios, no sólo la naturaleza y sus elementos acuáticos sino hasta los indios que habitaban las costas, Payaguáes y Guaycurúes, fueron los más hostiles a las intenciones de dominio español. Innumerables son los incidentes entre aquellos y los españoles, especialmente mencionados en las crónicas de Blás Garay, Fulgencio R. Moreno y otros historiadores. Como parte de las dificultades que el río nos deparara, estaban también las interferencias que las "Provincias del sur" impusieron -desde siempre- a la libre navegación, al sur del Paraguay. En cuanto a los aprestos bélicos de las costas, en la "loma San Gerónimo", que cubre el acceso a la bahía, existían algunas piezas de artillería defendiendo la capital hasta bien entrado este siglo. Y es que el dominio la principal vía acuática del Paraguay era tan incidente en el curso de las acciones guerreras que, cuando a fines del 1868, durante la "guerra grande", la defensa de Humaitá fue rebasada, la caída de Asunción en poder de los aliados se planteaba como irreversible, hecho que -finalmente- se produjo en los primeros días de Enero de 1869. Y hasta nuestras "revoluciones" internas tuvieron -casi siempreal río como recurso estratégico. Las bélicas cabriolas de nuestra "democracia" como las revueltas de 1904, 1908, 1922 y 1947 y en otras, no tan sangrientas como esas, el dominio del río fue factor importante de éxitos o fracasos. Lamentablemente, aquellos luctuosos acontecimientos han servido como excusa a gobiernos más recientes, para amurallar las costas de cuarteles, sustrayéndolos al uso y disfrute del resto de la población.

El puerto El puerto de Asunción, muy próximo al lugar donde -se presume- fue fundada la ciudad, concitó muy pronto la atención y el interés de la escasa población y de los aún más - escasos viajeros. La plazoleta y los portales y recovas cercanos a la Aduana, concentraban un abigarrado enjambre de carruajes de todas las especies, además de barriles, fardos, rollos de madera, jaulas con animales silvestres y una heterogénea población compuesta de viajeros, damas y caballeros- militares y civiles, mezclados con vendedores, maleteros, estibadores y gran número de curiosos que nunca faltaban a la hora de partida, o arribo, de los "paquetes" de pasajeros o chatas del interior. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las recovas de la Aduana, «semejantes a los portales de Chester» según la descripción del Cap. Burton, concentraban un abigarr ado enjambre de carruajes de todas las especies, además de barriles, fardos, rollos de madera, jaulas con animales silvestres y una heterogénea población compuesta de viajeros.

En los embarcaderos cercanos de las playas "Casola" o "Montevideo" se vendían desde "yerba virgen" y frutos del país, hasta el legítimo "yate-í ca-á" , "raspadura", miel o el carbón que venía desde Arroyos y Esteros , bajando por el río Manduvirá. El mismo puerto fue también durante algún tiempo, hidropuerto ya que los "hidros" de "Aerolíneas" acuatizaban en la boca de la bahía y desembarcaba a sus pasajeros en el mismo puerto, a pocas cuadras de los hoteles del microcentro.

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El entorno Si el puerto concitaba semejante interés, en el entorno se materializaba todo tipo de ofertas, tanto a los que llegaban, o salían como a los que frecuentaban la zona. La actividad comercial era intensa. No existía medio de transporte en Asunción que no terminara su recorrido en el lugar. Desde los tranvías "a mulita" hasta los destartalados "Fords" y "Chevrolets" de la línea 4 de la reciente época pasada, tenían su cartelito de "Villa Morra - Puerto" o, "San Vicente - Puerto". El puerto era siempre partida o destino. Una de las tantas "carrerías" existentes en Asunción e inevitable componente del sistema "a mulitas", debía estar próxima a la parada portuaria: calle Villarrica, hoy Presidente Franco, y Colón. También el Arsenal así como numerosos bares, almacenes de ramos generales, pensiones u hoteles. Finalmente, el ferrocarril derivaba sus rieles desde la estación al puerto y, como si todo esto fuera poco, la larga cuesta que proponía la calle Colón desde la Plazoleta, nos llevaba de la gloria al cielo (o al infierno). O, lo que es lo mismo, del puerto al "Mangrullo", famoso cementerio, hoy convertido en Parque Carlos Antonio López.

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Los muelles y el Auto Club. El puerto desde la boca de la bahía. Al fondo se divisa la «recova», aún existente.

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La Plazoleta y su entorno Si el puerto concitaba el interés de la gente debido al "registro" de todo aquel que llegaba o salía del Paraguay, el entorno era la fiesta de la diversidad social. Aparte de los paseos y jolgorios que motivaba, allí se concentraban curiosos y mercaderes, marineros y "pitucos", gente del arrabal y "de la sociedad". El lugar era propicio entonces para la materialización de todo tipo de "ofertas". Saliendo de los corredores del Puerto y a partir de la Plazoleta, hoy "Ysabel la Católica", la actividad comercial era intensa. Bares, almacenes de ramos generales, depósitos, industrias, pensiones u hoteles, se disputaban las cercanías de las calles más transitadas: Colón, Buenos Aires (El Paraguayo Independiente), Villarrica (la antigua calle Del Sol, hoy Presidente Franco), Palma y Estrella. En esa zona estaban las afamadas Lapierre & Cia., La Industrial Paraguaya, Lorenzo Manzoni S.A., La Industrial de Palermo & Cía., Berthomier & Cía., esta última, contigua a la "carrería del puerto", una de las tantas existentes en Asunción e inevitable componente del sistema "a mulita" del transporte público. Esta, se encontraba próxima a la parada portuaria: calle Villarrica (Pdte. Franco) y Colón. Al oeste de esta última calle, hacia el Arsenal y la Loma San Gerónimo, sin embargo, el panorama era muy diferente. En las dos márgenes del "Arroyo Jardín", hoy moribundo en un torrente de basuras, estaba el "barrio reo". Comunidad de senderos tortuosos, francachelas, cuchilleros y conventillos. En uno de ellos, sobre la calle Estero Bellaco, vivía el afamado Coronel Albino Jara. En Garibaldi y Estrella, se podía encontrar una extraña instalación: el "Bar y Baños", refugio de transnochadores y marineros, y en donde" ..aparte del chorro fresco, jabón de olor y toalla limpia, se podía beber un buen chopp o un amargo ´Mandarín´", al decir de Isaac Kostianovski, en sus memorables columnas de Ultima Hora. En todo este dispendio de peculiaridades, no podía haber medio de transporte en Asunción que no terminara su recorrido en el lugar. Los cartelitos: "Villa Morra Puerto" o, "Cancha Sociedad - Puerto", desde los tranvías "a mulita" hasta los destartalados "Fords" y "Chevrolets" de la línea 4 de la reciente época pasada, hacían de ese entorno, partida o destino casi obligatorios. El mismo ferrocarril, cruzando la ciudad con sus rieles y chirridos, desde la "Plaza del Uruguay" a la estación portuaria, completaba la colección de medios con que los productos que venían desde el interior llegaban a destino para su embarque final. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Berthomier & Cía., al lado de la «carrería del puerto», una de las tantas existentes en Asunción e inevitable componente del sistema «a mulita». Villarrica (Pdte. Franco) y Colón. La Plaz oleta del Puerto. Aparte de los paseos y jolgorios que motivaba, allí se concentraban curiosos y mercaderes, marineros y «pitucos», gente del arrabal y «de la sociedad».

Y, como si todo esto fuera poco, la larga cuesta que proponía la calle Colón desde la Plazoleta, nos llevaba de la gloria al cielo (o al infierno); es decir del puerto al cementerio: el famoso"Mangrullo", campo santo de los brasileños que ocuparon la ciudad en la pos-guerra del `70, hoy parque Carlos Antonio López. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La Plaza Independencia El conjunto conocido como Plaza Independencia, estaba inicialmente compuesto de tres plazas: la Plaza de Armas , frente al ex Colegio Militar, en la calle República y el Paraguayo Independiente; la Plaza del Congreso, ubicada frente al edificio que alberga al actual Congreso Nacional, entre las calles Alberdi y Chile; y, la Plaza Constitución, localizada entre el atrio de la Catedral y la calle Chile frente al Cuartel de la Policía Nacional. A pesar de su amplitud de hoy, los orígenes de la plaza se remontan a pequeños espacios sueltos que se escamoteaban a los edificios del lugar. Entre ellos, el Cuartel de la Ribera ocupaba un lugar prominente. Estructura colonial dispuesta en "ele", una de sus alas terminaba muy próxima a las arcadas del proyectado "Palacio de Gobierno" de los López, finalmente edificio parlamentario. El otro bloque, casi desde el centro de la plaza enfilaba hacia la Catedral. Desde ese cuartel salieron los conjurados de mayo a intimar a Velazco en 1811. Frente a la galería oeste de este edificio fue levantado el monumento que conmemora la Jura de la Constitución, el 25 de Noviembre de 1870, documento y acontecimiento hoy olvidados, así como olvidado está el monumento, mimetizado entre árboles y vehículos estacionados. A oeste y en la proyección de la calle Del Atajo, hoy Alberdi, estaba la Casa de los Gobernadores, lugar de la mencionada intimación de mayo. Como se puede apreciar, la distancia recorrida por los patriotas fue muy corta. Este caserón colonial fué también sede de los gobiernos que sobrevinieron a la gesta de la Independencia y ya a fines del siglo pasado, fué local del Correo y residencia de su Director, por lo que se la conocía como "Correo Cué" hasta su demolición en 1913. Más atrás, ya hacia la bahía y siguiendo la proyección de la calle 14 de Mayo, estaba el Cuartel de la Maestranza de Artillería. Local de larga "cuadra" de galerías a ambos lados del bloque que, empezando desde frente a la actual Casa de la Cultura, terminaba casi en el borde del barranco. Entre los edificios que estaban sobre la calle propiamente dicha, es decir sobre la que fuera calle Buenos Aires, hoy El Paraguayo Independiente, estaban: la casa particular de Don Carlos Antonio López, extraña edificación que ocupaba toda la cuadra entre Independencia Nacional y 25 de Noviembre, hoy Nuestra Señora de la Asunción. Galerías, gruesas columnas de mampostería y una doble altura aparentemente dispuesta para amortiguar los rayos del sol caracterizaban a este singular edificio. Ya reconvertido, fue más tarde- sede del Club Alemán y hoy, ya desaparecida la construcción, alberga a la Policía Motorizada. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Más atrás, ya hacia la bahía y siguiendo la proyección de la calle 14 de Mayo, estaba el Cuartel de la Maestranza de Artillería.

Festejos frente al Cuartel de Policía y el Monumento a la Cons titución del ´70. El local de la Policía Nacional fué, originalmente, una residencia particular. Pertenecía al Sr. Cantalicio Guerrero.

El local de la Policía Nacional fué, originalmente, una residencia particular aunque ya los registros gráficos del presente siglo lo señalan como Cuartel de Policía. En la cuadra siguiente, el Teatro Nacional abría sus puertas hacia la plaza. En la parte posterior, sobre la calle Villarrica, antigua Del Sol, hoy Pdte. Franco, se encontraba la Plaza Libertad, aunque algunos historiadores la recuerdan como "placita Unión". En ese lugar y mediante una concesión que apelaba a la suscripción anticipada de localidades, el catalán Baudilio Alió (o Alliot) construyó el Teatro Municipal pero ya con el acceso principal orientado hacia la calle Presidente Franco. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La Plaza Independencia, sus edificios y entornos El conjunto de la Plaza Independencia, olvidado y descuidado, está lejos de los fastos históricos que lo llenaron de reverente respeto hasta hace muy poco. Depósito de automóviles estacionados y muro de los lamentos ciudadanos, sin ningún muro aunque con demasiados lamentos, las demoliciones de principios de siglo primero, la Policía después, y ya en "tiempos democráticos", los permanentes conflictos en su entorno, la convirtieron en un paraje devaluado en importancia, función y carácter. Como se mencionaba en una de las entregas anteriores del Correo Semanal, la Plaza Independencia, tuvo entre sus límites y en otros tiempos, al histórico Cuartel de la Ribera, a la Casa de los Gobernadores y la Maestranza de Artillería, hoy ya demolidos. Dentro del espacio subsiste, sin embargo, el monumento que conmemora la Jura de la Constitución de 1870. En el mismo sector y, desde aproximadamente 1906, se encuentra la Dirección de Correos, ex Palacio Patri, que llevaba el nombre de su constructor y propietario, el empresario italiano Juan Patri. El edificio fué adquirido por el estado paraguayo durante el breve gobierno del Presidente Liberato Marcial Rojas, en 1912. Cerrando el flanco oeste de la plaza, se encuentra la hoy denominada Casa de la Cultura, tal vez el edificio de mayor alcurnia histórica en todo el Paraguay. Allí funcionó desde los primeros tiempos de la colonia, La casa de recogidas y niñas huérfanas de Asunción, " ..... la primera en todo el Río de la Plata (...) origen y cuna de la educación de la mujer paraguaya". Los restos de su primera institutriz, Doña Francisca Jesusa de Bocanegra, fueron sepultados en el cementerio del lugar, en lo que queda de lo que fuera ladera de la "Loma Cabará", a la sombra del antiguo Convento de Santo Domingo. En el edificio funcionó también La Real Factoría de Tabacos, que tenía en su parte posterior, sobre la laguna "De los patos", un pequeño embarcadero. El Gobernador Fernando de Pinedo convirtió la singular construcción en sede del Real Colegio Seminario de San Carlos, que luego de más de un siglo de interrumpida actividad (fue clausurado en dos ocasiones) dejó de funcionar definitivamente poco antes de la Guerra del ‘70. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Sobre la avenida República, detrás de la actual Casa de la Cultura, la casa del Ex-Presidente Cnel. Juan A. Escurra y sede del Estado.

Después de la contienda, fué Cuartel de Caballería y Artillería y desde 1915, Escuela Militar. En las vísperas de la Guerra con Bolivia fué sede de la Escuela de Aspirantes a Oficiales de Reserva y fungió de Hospital durante la contienda, para convertirse finalmente y, desde 1940, algunos meses antes del fallecimiento del Gral. José Félix Estigarribia, en el Colegio Militar "Mcal. Francisco Solano López" . En la parte posterior del edificio, hacia la calle República y 15 de Agosto, se encontraban otras valiosas construcciones, hoy desaparecidas. Entre ellas, la casa del ExPresidente Cnel. Juan A. Escurra, la que, en algún momento de las primeras décadas de este siglo, también fue sede del Estado Mayor General . Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO IX

ACCESORIOS

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Cúpulas, almenas, pináculos y torreones... Aunque las prominencias de la ciudad hoy son -muchas veces- producto de la especulación por obtener el mayor rendimiento posible del suelo, todavía quedan algunas -muy pocas- que sugieren el perfil de la Asunción Colonial. Escamoteadas de nuestra vista por una maraña de edificaciones, son cúpulas, torreones y pináculos, que caracterizaban el paisaje urbano y con los que los dueños de esas construcciones, expresaban ideas de elevación y poder. Independientemente de ellas, debe considerarse que en esa época, la visión directa del entorno podía garantizar la seguridad de la población o, por lo menos, anticipar algunos peligros. Las torres y torreones son, además, los elementos simbólicos más antiguos del paisaje asunceno ya que constituían el ornato habitual de las iglesias, conventos y ermitas desde la primera época de la colonia. Entonces, los templos podían prescindir de ciertas comodidades, pero de campanario, torre o algo que se le pareciera, jamás. Ya con la población urbana más consolidada, el uso de estos detalles se extendió a la construcción doméstica, con un sentido más práctico y conveniente: apropiación del paisaje, demostración de poder o exhibición del status y visión lejana. Así tenemos la torre de la casa Milleres , Chile y Haedo (actual Ogarapé); la de Bestard, sobre la calle Alberdi, detrás de La Encarnación; la de Luces, Oliva entre 15 de Agosto y O’Leary, curiosa construcción cuyo propietario la destinó para divisar la llegada de los barcos. Sin ser torres, pero con las mismas ideas de manifestación de la jerarquía y linaje de la construcción y de sus moradores, aparecieron también los pináculos. De éstos y aquellas, aunque más recientes pueden observarse en algunas "villas" de las avenidas España o Mcal. López. Las almenas se sustentaron en un criterio de defensa; criterio fundamental teniendo en cuenta las numerosas y sangrientas batallas de nuestras "vivencias democráticas". Quedan las de la actual Casa de la Cultura, que les son totalmente propias ya que -en nuestro país- las batallas por la cultura se cobraron tanta sangre como las otras. Como ejemplo de esta tipología, aunque no como almena propiamente dicha, podemos citar a la Iglesia de la Encarnación, que si bien no es un bastión militar, se la ha usado como tal en casi todas las "revoluciones". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las cúpulas sobre el perfil de la ciudad. La del Oratorio, el Palacio Alegre y, a lo lejos, la de La Encarnación.

Las cúpulas aparecieron en Asunción de la mano de los arquitectos europeos contratados por Don Carlos A. López, en la mitad del siglo pasado. Se puede decir que la cúpula del Oratorio de la Virgen de la Asunción fue de las primeras construidas en esta ciudad. Como en los casos anteriores, la modalidad de su uso se extendió a la construcción doméstica y así la tenemos en algunas de las casas de las avenidas ya mencionadas. Si bien la visión de estos elementos nos acercaba a Asunción, ".. la ciudad siempre estaba lejos .... ". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Arcos, recovas y galerías ... A

unque la "gran arquitectura" fué casi siempre la expresión del poder de los reyes y las jerarquías religiosas, la arquitectura "popular" tenía la enorme virtud de denotar con calidad y practicismo, los hábitos sociales y apetencias estéticas del pueblo llano e incluso, sus expresiones de homenaje. Para éstas últimas se consagró en Asunción la costumbre de engalanar la ciudad, desde los primeros tiempos de la Colonia. Los festejos de grandes acontecimientos como el Paseo del Real Estandarte en los días de San Blás, o los que motivaron ilustres visitantes, como los hermanos Hernandarias y Fray Hernando de Trejo y Sanabria, que retornaban al Paraguay el 19 de julio de 1598, tuvieron fastos de aquel tipo. Aunque no sabemos si en estos acontecimientos se usaron los "arcos de triunfo" como muestras de homenaje, si los hubo paraFrancisco Solano López cuando algún festejo por su onomástico. Arcos de triunfo recibieron también al Mcal. josé Félix Estigarribia y los combatientes del Chaco en el Desfile de la Victoria, realizado en Asunción, en 1935. En la construcción doméstica los arcos se usaron bastante y la casa que los tuviera adquiría con ellos mayor jerarquía y consideración. Quedan todavía en Asunción algunos de ellos, muy antiguos, en galerías, frontis y, en especial, en los pórticos de acceso de algunas residencias. En Azara casi Chile está el arco que introducía a la casa de la familia Zubizarreta y existen otros dispersos en el resto de la ciudad. Aunque el diccionario refiere que la recova es " .... un lugar público en el que se vendían las gallinas y demás aves domésticas", en el léxico sur-americano y especialmente "paraguayo", no es otra cosa que una galería o corredor elevado del nivel de la calle. Al contrario de los arcos, las recovas ya surgieron ante exigencias más concretas de la vida cotidiana y en respuesta a la explosiva demostración de poder de los raudales. Con la recova se buscaba alejar la construcción del ímpetu destructor de las correntadas, al mismo tiempo de permitir una mejor visión del entorno. Propiciaba el deleite de sentarse a la sombra de los techos para "mirar pasar la vida" frente a la casa. Aunque la mayoría de las recovas antiguas de Asunción han desaparecido quedan algunas como la de la calle Colón y Plazoleta del Puerto. Otras famosas fueron las que entornaban el Mercado "Guazú", que propiciaban el encuentro pero también las emboscadas como la que terminó con la existencia del ex-presidente de Cirilo Antonio Rivarola, el 31 de diciembre de 1879. Si las recovas no tienen casi diferencias con las galerías, nos referimos éstas -con más Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Recova de Palma e Independencia Nacional. En estos profundos corredores fué apuñal ado el ex-presidente Cirilo A. Rivarola, el 31 de Diciembre de 1879.

propiedad- cuando se orientan hacia el interior de las casas. La galería vino a sustituir a la sombra de los árboles, a brindar una transición entre el exterior y el interior, entre la intemperie y alguna cobertura. Casi todas las casas de Asunción la tuvieron y aún cuando las fachadas "se modernizaron" con el aporte de los constructores europeos, a fines del siglo pasado, hacia el interior de las residencias, alrededor de los patios, la actividad de las familias se refugiaba en las galerías. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El adiós de las recovas Originalmente publicado como "Arcos, recovas y galerías (2)"

Sólo podemos presumir los motivos por los que las recovas iniciaron su lenta retirada de Asunción. Uno de ellos pudo ser la progresiva pavimentación de las calles ya que a partir de ese hecho, los torrentes -aunque igualmente peligrosos- empezaron a seguir un "itinerario" más o menos previsible, pero lejos de los cimientos de las casas. Igualmente, la irrupción de los automóviles empezó a erradicar la costumbre de caminar por "cualquier parte". Apelando el amparo de las veredas los peatones se encontraron que las recovas, más que refugio, se había convertido en escaparate de sus dueños, los comerciantes. Finalmente, un detalle que pudo constituir el detonante mayor para la proscripción de las recovas fué la venida de un importante contingente de ingenieros, arquitectos y constructores extranjeros; o, de paraguayos que habían estudiado o practicado dichas profesiones fuera del país. El bagaje técnico de estos profesionales que -de lejos- excedía a la modestia de los instrumentos estéticos y tecnológicos disponibles en Asunción a fines del siglo pasado, hizo que la nueva burguesía local, emergente de la prosperidad de la posguerra del ’70, se plegara con entusiasmo a los nuevos aires formales. Así, empezaron a eliminarse aleros y galerías en beneficio de los detalles ornamentales de la arquitectura neoclásica y otras corrientes estéticas vigentes en la época: frontis , cornisas, bajorrelieves, molduras, accesorios metálicos, aparejos decorativos, símbolos heráldicos. Más que al cobijo y la solidaridad con los de la calle, las nuevas construcciones de la "nueva" Asunción enfatizaron el status, el linaje, el poderío de la nueva clase rica. Cuanto más lejos, inalcanzables e inaccesibles las casas, mejor. No obstante y debido a su raíz comunitaria, las recovas están en nuestra memoria y, a pesar de todo, siguen figurando en el "mapa" de la normativa municipal asuncena. Aunque, por el momento, sólo han quedado a salvo en los edificios públicos: Policía Central, Casa de la Cultura, Prefectura (recova del Puerto), entre otras pocas. Aunque en algunas ciudades del interior todavía "cuentan" para la protec-ción, el contacto y el tránsito a cubierto de la lluvia o el sol, la falta de control urbano y los malos ejemplos de la capital, van radiando -lentamente- a las recovas del paisaje arquitectónico paraguayo. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las galerías eran una «forma de vida». Tanto que ni el «señorial» Hotel del Paraguay podía prescindir de ellas.

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Pasajes, puentes y callejones Asunción fué hasta 1821, fiel reflejo de si misma. La ciudad en su estado de gracia natural. "Ordenadamente" anárquica. La que refería, en su más elemental y genuina expresión física, la relación del hombre con la naturaleza, la respetuosa reacción de los ciudadanos ante las imposiciones y dificultades del medio. Casas donde tenían que estar; pasajes donde se tenía que pasar y puentes donde no se podía, ante un arroyo, un barranco. Una cuesta pronunciada o una depresión motivaba el sinuoso sendero para sortearlas. Casas construidas para "filtrar" el ambiente decantándolo de sus aspectos más agresivos. Para la lluvia, generosos aleros y galerías; para el fuerte sol, enredaderas y techos ajardinados; la indiscreta mirada de la calle salvada con frontones verdes, floridos, perfumados. La casa, la calle, la ciudad, convertidos en un refugio total. Un racimo de blancas paredes y "pardos tejados" a caballo de las lomas o los barrancos, con la selva prolongada hasta los patios; reproducida -en menor escala- en la semi-sombra de las enredaderas, cerca de las galerías. Lo agreste de lo rural dentro de lo urbano. Si Asunción hubiera crecido de esa manera, menos "ordenada" pero natural, podría haber sido como tantas ciudades coloniales latinoamericanas o, tal vez, quien sabe, como algunas intrincadas ciudades europeas, hoy no menos ordenadas que otras, pero mucho más vitales y pintorescas. Luego de la Independencia, sin embargo, aquella Asunción olvidada, que ni siquiera había sucumbido a las indicaciones de las "Leyes de Indias" en cuanto a la trama y el ornato reglamentario de la colonia, fué sometida por el Dr. José Gaspar R. de Francia a una feroz "reforma urbana" cuando él mismo y teodolito en mano, resolvió destruir "....aquel laberinto arquitectónico de huecos sospechosos y ángulos hostiles .. " , luego de un abortado complot contra su vida, en 1821. En esa ocasión, no sólo se abrieron y enderezaron calles y se perdieron casas, sino todo aquel casco original que creció "alineado" a salvo de los torrentes y alrededor de algunos edificios esenciales. La "reforma" originó la nueva trama de la ciudad. La que -en adelante- buscaría prescindir de pasajes, atajos y puentes. La que cubrió los cauces de los arroyos con la urbanización "planificada" y que desafió la naturaleza con grandes obras y grandes pérdidas, en despliegues innecesarios, en vidas. Que es -exactamente- lo que sucede cuando pretendemos abandonar la convivencia con la naturaleza para intentar dominarla. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Asunción desde la Loma «San Gerónimo», en donde todavía existe una trama de senderos y pasajes pintorescos.

Hoy en Asunción, todavía pasamos por algunos puentes pero no los vemos porque no vemos los arroyos. En las avenidas España, Mcal. López, en la calle Casanello y en otras de la ciudad. Todavía tenemos muy cerca del centro o estamos muy cerca de lugares que no queremos ver, pasajes y callejones que se asemejan a los que existieron en Asunción, allá lejos, en tiempos de la colonia..... Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Arroyos y atajos Publicado originalmente como "Pasajes, puentes y callejones (2)"

El abigarrado casco urbano de Asunción sufrió la primera embestida depredatoria -aunque accidental- en los inicios mismos de la colonia, cuando la ciudad sufrió un gran incendio en 1543, apenas seis años después de su fundación. La aldea, que ya contaba entonces con "cerca de 260 casas", perdió las dos terceras partes de ese componente, además de edificios públicos y archivos. Reedificada, aunque con más distancia entre las casas, la pequeña ciudad no pudo evitar la natural tendencia de delinear calles ycasas a cubierto de las torrentosas aguas de raudales y arroyos. Finalmente, las lluvias eran mucho más frecuentes que los incendios. En cualquiera de los casos y ante la ausencia de otro medio de transporte que no fuera el caballo y tal vez, alguno que otro carromato, la circulación no requería entonces de mayores instalaciones. La que existía era salvada por un sistema de callejones, pasajes, puentes y pasadizos que convertían a la ciudad en una intrincada trama de estilo medieval, pero sin murallas. Aun después de la "reforma urbanística" realizada por el Dr. Francia en 1821, e independientemente de las "razones" esgrimidas por el Dictador, muchos de estos pasajes se mantuvieron, o reaparecieron más tarde, ante las mismas necesidades que las habían originado. Pero aun a costa del derribo de casas, desmontes de árboles y otros desmanes, aquellos simples "atajos" o "pasajes" adquirieron el status de calles a partir de aquella "reforma". La calle Alberdi, por ejemplo, terminaba (o empezaba) en la calle de La Ribera, luego Florida y actualmente Benjamín Constant. La calle se metía como cuña entre los terrenos del Teatro Municipal y el Correo, hecho que le dio su nombre original: calle del Atajo. Cuando las cuestas se hacían más empinadas y cuanto mas arroyos surcaran la comarca asuncena mayor cantidad de puentes y pasajes se creaban para facilitar el acceso a esos lugares. Es mas que seguro que, a lo largo del curso de los arroyos "Ycuá Satí" que tenía su naciente en los bajos al este del "cerrito Antequera", hoy escalinatas, y seguía el curso que hoy lleva la calle del mismo nombre hacia la bahía, existieran puentes de todos los tipos, tamaños y tecnologías. Lo mismo habría sido en las márgenes del "Pozo Colorado", que desde la hoy calle Tte. Fariña seguía el curso de la calle Nuestra Señora de la Asunción y que luego se unía al arroyo "De los Patos", detrás del ex Colegio Militar, para desembocar también en la bahía. Y en nuestros viejos conocidos el "Jaen" o el "Jardín" que hasta hace poco, estaban hilvanados de puentes y pasajes. Como los que existen ahora mismo en Asunción sobre los arroyos, mimetizados de pavimentos y escondidos entre la basura y los muros de contención. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El 17 de noviembre de 1876, un ejemplar de «Los Debates» anunciaba que « .... mañana pone en licitación la Junta E. Administrativa, la compostura del puente de la Recoleta.... ». Se trataría del mismo puente de la fotografía.

Puentes que se cubrieron de olvido sobre el arroyo "Ferreira", el "Mburicaó", el arroyo "Moroti" o el "Leandro". De los pasajes, remanentes de los antiguos atajos, quedan algunos en los barrios de los bañados norte y sur, en Loma Pytá, Loma San Gerónimo, Zeballos Cué, Nuestra Señora de la Asunción y, en el centro, los conocidos Pasaje Yegros, Pasaje Jaén, La Encarnación y el Callejón Histórico. Casi nada ..... Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Lomas y Promontorios C

uando en una entrega anterior mencionaba que en la Asunción colonial " ...la visión directa delentorno podía garantizarla seguridad dela poblacióno, porlo menos, anticipar algunos peligros .." me refería a las casas que, aparte de la ventaja de sus torres y torreones, manifestaban las " ... ideas de elevación y poder ..." de las familias que las poseían. Sin embargo, ya cuando la extensión y existencia misma de la ciudad motivaran estrategias de protección mejor "planeadas", las lomas y promontorios naturales de Asunción se convirtieron en enclaves de defensa, de uso militar exclusivo. Sobre todo en períodos críticos lo que en nuestro país era decir, a menudo ... y hasta hace muy poco. Entonces, " .. Las colinas de Asunción se llenaban de cantones para la defensa. Eran famosos los de Berthe-cué (hoy Comando en Jefe), Sanson-cue (hoy Monumento a Antequera), Carreras (en la esquina de Cerro Corá y Curupayty), la Iglesia de la Encarnación y el Mangrullo (hoy Parque Carlos A. López) " de acuerdo a la versión del Dr. Hipólito Sánchez Quell. La primera mención se refiere a la sede militar ubicada en Mcal. López y Vice Presidente Sánchez donde se construyera la "Villa Rosalba", mansión de la familia Pérez-Ferraro, luego Hotel Rassmussen;y, la segunda, a la de la escalinata construida en 1928, en homenaje a Los Comuneros, en el sitio conocido como "cerrito Antequera". En cuanto a la de Cerro Corá y Curupayty, la misma fué ocupada por una residencia y reconvertida a "templo de la noche asuncena";perosu entornosigue brindandounade lasvisualesmás bellasde la ciudad, el del río lejano y del cercano Ciudad Nueva. En cuanto a las otras, el promontorio que sirvió de asiento a la Iglesia de La Encarnación se llamaba "Volo-cue" y el del"Mangrullo", término pampeano, probablemente debido a su antiguo uso de vigilancia, cementerio hasta 1918, fue sede del "Hospital de Brasileños" más antes y hoy, parque. Fue uno de los sitios -potencialmente- más bellos de Asunción. Debe agregarse a las mencionadas, la loma de"San Gerónimo" en donde -según constancias todavía visibles en el mismo sitio- existieran baterías de defensa desde los tiempos de la colonia. Muy cerca, la Loma Cachinga, hacia el Hospital de Clínicas; más allá Loma Clavel. Lugares de arrabal, conventillos y serenatas. Otros lugares de la misma estirpe son la Loma Cabará, presumido asiento original de la Casa Fuerte que diera origen a Asunción, sede territorial del Convento de Santo Domingo y hasta hace muy poco, del Estadio Comuneros; Punta Carapá en el otro extremo de la bahía, "península" sobre el bajo chacariteño, de gratas resonancias folklóricas. En la loma más cercana al puerto -Montevideo y Benjamín Constant- y en donde estuviera hasta 1902, una de las últimas casas de Gobernadores, se encontraba Machain Cué. La Loma Tarumá o loma Campamento donde se desataba el " Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El «cerrito Antequera», conocido también como «Sanson Cué», con el monumento erigido en honor a los Comuneros de Asunción, coronado con una réplica a la «Victoria Alada de Samotracia».

.... impetuoso ritmo negro.. " del 24 de setiembre se encuentra entre las calles México, Caballero, Rca. de Colombia y la avenida Gaspar Rodríguez de Francia. Lugares "altos" de Asunción, llenas de encanto e historia. Y allá lejos, hacia el sur, faros de piedra y destellos de lapacho anunciando la llegada a "la Asunción": los cerros de Tacumbú y Lambaré. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los patios coloniales L

as antiguas construcciones de Asunción no podían prescindir de los patios. Ellos eran -desde el principio- la continuación de la floresta alrededor de las casas al mismo tiempo que la sombra, el jardín, la huerta, los árboles frutales que nunca faltaron, la ropa tendida sobre los pastos. Fueron también albergue de los juegos infantiles y hasta de los gallineros cuando hubo necesidad de tenerlos. Tan importantes y útiles fueron los patios en la historia de la edificación urbana de Asunción que casi todas las actividades de la casa tenían lugar dentro de sus límites, materializados éstos en "cercados": de palmas, postes, tacuaras, setos vivos o tupidas enredaderas, dejando como función de las construcciones sólo el de guardar el muy cuidado pudor de las familias, recinto para la privacidad, refugio para los días de lluvia o para aquellos de intenso frío. Podría decirse que -en las casas- el uso de los habitaciones era una incorporación europea a los hábitos de la Colonia mientras que el patio, al mismo tiempo que la convivencia con el paisaje y la naturaleza, indicaba la procedencia de lo autóctono, los usos criollos del aire libre. El espacio exterior, el patio, significaba la utilidad y el trabajo; el jardín -posterior incorporación a las viviendas de fines del siglo pasado- era la decoración y el deleite. Una vertiente que combinaba ambas funciones fué sin embargo la aparecida en las construcciones más elaboradas de los siglos XVIII y XIX con las galerías entornando un patio que era a la vez huerta -o arboleda- y jardín. Las fotografías de Asunción tomadas a principios de este siglo desde las torres de la Encarnación, de la casa Quell o del Palacio de Gobierno, nos muestran una ciudad llena de patios donde los árboles compiten con los techos por la supremacía en el paisaje. Pero si en la actualidad, desde lo alto de los edificios, recorremos la vista por esos mismos lugares, sólo veremos muñones de patios que ya no son, árboles raquíticos comprimidos entre las medianeras, asfixiados por los aleros de los techos o simplemente acogotados sus tallos por el suelo embaldosado. Jorge Luis Borges gráfica el panorama en un artículo publicado en el Correo Semanal de hace unos días "... no soy un desamorado del centro, con su alumbrada noche, con sus algunos antiguos patios que ahora se han quedado sin cielo.." Luego del paso de la guerra del ’70, Asunción se fué extendiendo hacia el este de la Plaza San Francisco pero con terrenos mucho más pequeños donde los viejos patios iniciaron su lenta retirada. Quedaron en el recuerdo el patio de los Iturburu partido en dos por las reformas del Dr. Francia en 1821, dejando de un lado de la calle la casa de los señores y del otro, el patio y la habitación de los sirvientes; o, el de Felipa Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Barr io de la Encarnación próximo al fin de la década del ’20. Competencia entre patios y «pardos tejados».

Dolores Caballero Mayor, hija de Pedro Juan Caballero y madre del Presidente CándidoBareiro, que crió a su familia haciendo y vendiendo dulces de guayaba con frutas recogidas del patio de su casa, ubicada en la esquina de las actuales calles Caballero y Eligio Ayala. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las murallas El 15 de Agosto de 1537, más que ciudad, en la "Loma Cabará" se fundó una CasaFuerte y alrededor de ella, la primera gran muralla de Asunción. La originaria definición material de un territorio español en el Paraguay, la primera delimitación física de las diferencias entre colonos e indios. La vida en la capital de la Provincia se inicia entonces con una muralla como protección total y desde el principio. Más que una delimitación de territorios o predios, el muro, empalizada o cerco de troncos, empezaba a constituirse en un elemento fundamental de la seguridad de la Colonia. Con el transcurrir de los años y la progresiva consolidación del dominio español permitió la extensión de la ciudad más allá de las murallas. La quietud de la Colonia la volvió innecesaria. Por otro lado, la abundancia de la tierra disponible para los colonos encomenderos no hacía de los límites una cuestión primordial. La partición de las propiedades se efectuaba -más bien- por criterios de funcionalidad. La división de los solares, por ejemplo, se hacía en piquetes para la cada vez más numerosa ganadería o en corrales para el ganado menor y las aves domésticas o domesticadas. También habría cercos para proteger los sembradíos. La muralla propiamente dicha aparece en la Asunción, cuando los límites naturales que imponían arroyos y barrancos fueron abandonados en beneficio del artificial procedimiento de la alineación de las calles en el mismo sentido que los edificios más importantes del poblado o según la dirección de la "rosa de los vientos". En los "pueblos de españoles" el mecanismo estaba indicado por las Leyes de Indias; en Asunción, se hizo posible "gracias" a las "reformas urbanísticas" emprendidas por el Dr. Francia en 1821. La cuadriculación de las manzanas y calles no eliminó -sin embargo- el intrincado tendido de los cercos en el interior de las manzanas pero a partir de la época, salvo en los terrenos baldíos, que por entonces eran numerosos, las casas fueron condenadas a la utilización de aquellos cercos con la cuota de línea recta que la geometría necesita para que las ciudades parezcan "ordenadas". A partir de entonces las murallas se hicieron imprescindibles para separar calles de patios o para identificar donde terminaba un terreno y se iniciaba otro. Y como los muros perimetrales llegaron a constituirse en elementos aún más visibles que las mismas casas, muchas veces fueron más decoradas e importantes que aquellas. Al igual que en los cementerios, en las murallas se llegó a denotar el verdadero gusto de los propietarios en materia de construcciones. Era en las murallas donde aparecían las veleidades estéticas de los propietarios e incluso la manifestación del linaje, el Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Murallas de Asunción, alrededor del «Palacio de López». Foto tomada en 1929, por el explorador suizo Luís de Boccard.

gusto por las plantas, la bienvenida o el rechazo a los visitantes. Muchas veces el florido decorado de una muralla no estaba a tono con la modesta construcción del interior, o la pobre indumentaria del muro no se correspondía con el soberbio equipaje de la casa. Pero desde siempre, los cornisamentos, las molduras, los frontis decorados en los accesos hasta con alguna simbología heráldica y más tarde, verjas y herrajes; o, murallas vestidas de flores, de enredaderas, de jazmines, decían mucho más que todo. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Monumentos El monumento es un instrumento para el recuerdo, para la veneración. Y fuera porque no queremos recordar o pensemos que no tenemos nada para venerar especialmente, Asunción carece de monumentos o no los tiene en la medida de su rica e importante historia. Los que están, muy pocos, no son sitios convocativos, queridos, respetados. En nuestra capital, no existe nada que recuerde a nuestros ancestros indígenas ni los duros años de la Colonia. Salvo una estatua al fundador de la ciudad, el Cap. Juan de Salazar de Espinoza, no hay otros símbolos que enaltezcan la memoria de los conquistadores ni monumentos que recuerden a los gobernadores de la antigua Provincia del Paraguay. Ningún monolito perpetúa la memoria de los Próceres de nuestra Independencia ni los constructivos años de gobierno de Don Carlos A. López. Tampoco se ha erigido conjunto escultórico alguno que memore la heroica resistencia de Humaitá ni la victoria de Curupayty en la Guerra del ´70. O que recuer-den las victorias de la Guerra del Chaco o a sus conductores, oficiales y soldados. La época de la colonia fué pobre de monumentos pero hubo pompas, festejos, fiestas que apelaban al engalanamiento de la ciudad. Ya en época de los López, hubo arcos de triunfos para los homenajes (bienvenidas o cumpleaños) de los mandatarios. En 1873, durante la presidencia de Salvador Jovellanos, Juan Colombo, un constructor italiano que siguió a López hasta Cerro Corá, erigió el primer monumento, el que conmemora la Constitución sancionada el 25 de Noviembre de 1870. El monolito, imponente y olvidado, subsiste frente a las dependencias de la Policía Nacional, en la plaza frontera. Recién en setiembre de 1893, se disponía un reconocimiento a los artífices de nuestra independencia. En esa fecha, una disposición de ley sancionaba la indicación para construir un monumento " ... en el centro de la Pla-za Uruguaya", en homenaje a los próceres Fulgencio Yegros, Pedro J. Caballero y Manuel A. Cabañas, vencedor de Manuel Belgrano en Paraguarí y Tacuarí. Aunque esa ley nunca fué cumplida, si nos alineamos con fervor a las "formas clásicas" adornando las plazas de los Héroes, de la Independencia y Uruguayacon réplicas de figuras mitológicas, animales o alegorías diversas. Pero aunque tuvimos de éstas, no siempre gozaron del favor del público. Hacia 1913, durante la Intendencia de Don Belisario Rivarola, "Belisaurio" según sus adversarios políticos, en la Plaza Uruguaya, se instalaron algunas estatuas que tenían como motivos a deidades griegas muy "ligeras de ropas". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El monumento que conmemora la Jura de la Constitución del 25 de Noviembre de 1870. Fué construido por el italiano Juan Colombo. Atrás al fondo, la Casa de los Gobernadores.

Las mismas fueron consideradas "indecentes" por las religiosas que dirigían -en aquel entonces- el colegio De la Providencia por lo que prohibieron a sus alumnas cruzar el lugar, para evitar la vista de semejantes "obscenidades". La generosidad extranjera y nuestra gran vocación para retacear méritos a nuestros héroes permitió también que tuviéramos monumentos a Artigas pero ninguno de Fulgencio Yegros o Fernando de la Mora, de San Martín pero nada que recuerde a Don Carlos Antonio López. Bustos de héroes americanos y hasta de Chian Kai Sek y Somoza pero ninguno de Blás Garay, Ignacio A. Pane, Eligio Ayala, Manuel Franco, Manuel Domínguez o Fulgencio R. Moreno. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO X

VILLAS Y EDIFICIOS

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


Los "palacios" y las "villas" En marzo de 1844, asume el Gobierno del Paraguay, Don Carlos Antonio López. Se hacía imperiosa la necesidad de superar el aislamiento y el retraimiento impuestos por el Dr. Francia y acoplarse a las ideas renovadoras del mundo que ya empezaban a golpear las puertas del Río de la Plata. Una vez re-electo en 1854, López decide la contratación de una importante cantidad de técnicos extranjeros así como el envío de estudiantes paraguayos al viejo mundo. Desde aquella fecha hasta el inicio de la Guerra de la Triple Alianza, llegaron a Asunción especialistas en arsenales, ferrocarriles, sanidad, armada y navegación, el arquitecto italiano Alejandro Ravizza, el escultor de la misma nacionalidad Andrés Antonini, y los ingleses Alonso Taylor, constructor y John Owen Moyniham, "picapedrero", entre otros profesionales quienes se dedicaron a diseñar y construir una serie de edificios destinados a cambiar la silueta urbana de Asunción. Se había mencionado ya en una entrega anterior, las obras de estos constructoresartistas: la Aduana, la Estación del Ferrocarril, el Palacio de Gobierno (hoy sede del Parlamento Nacional), el Palacio de Francisco Solano López (hoy Palacio de Gobierno), el Teatro (sede de Impuestos Internos), el Oratorio de la Virgen de la Asunción (Panteón de los Héroes), el palacio Barrios , el de Elisa Lynch y los respectivos palacios de los hermanos del mariscal, Benigno y Venancio. Pero si la ansiedad de Carlos Antonio López por superar la postración urbanística luego del gobierno de Francia, los que retornaban a la capital después de la caída del Mariscal Francisco Solano López en Cerro Corá, en Marzo de 1870, se instalaban en Asunción con la misma actitud. Aunque la miseria es casi la misma, la devastación y los enconos son esta vez, mucho mayores. Se impone para los adversarios del sistema derrotado -nacionales y extranjeros- destruir, no sólo los vestigios de los López sino también los que aún quedaban de la vieja dictadura francista. Y aquellos vestigios pasaban por las pocas materializaciones físicas que aún quedaban en pie. Se agregaba a esta cuestión -si se quiere política- que desde la terminación misma de la guerra y hasta fines del siglo XIX -especialmente- las construcciones de Asunción empezaron a denotar la masiva presencia extranjera. Tanto por los diseños como por la aparición de un importante contingente de constructores italianos, franceses y españoles que engalanaron las calles de Asunción con el aporte de las corrientes estéticas en boga. La nueva clase política, los comerciantes, estancieros y profesionales, demandaban edificios acordes a los nuevos tiempos. De ecléctico estilo, más Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Entre las piezas ar quitectónicos de fines del siglo pasado apar ecen, en la esquina de Estrella y Chile el Banco Mercantil y la Botica Alemana de Ernesto Gruhn.

que denotar el variado conocimiento de sus constructores, las edificaciones debían mostrar el actualizado gusto de la nueva burguesía local. Asunción se desperezaba hacia la "Villa Egusquiza", hacia los caminos a la "Recoleta" y el "pueblito" del Dr. Francisco Morra, con "castillos", quintas, villas y palacios, como para olvidar pasadas penurias. Ya vendrían otras ...... Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Palacios del centro Originalmente publicado como "Palacios y villas (2)"

Antes que Asunción orientara su expansión hacia la "Villa Egusquiza" y otros nuevos barrios ubicados hacia el este, algunas villas residenciales se instalaron en el mismo centro de la ciudad. Uno de los ejemplos más notables, por su ubicación y volumen, fue el "Palacio Patri" de Don Luis Patri Bello, acaudalado empresario italiano. El edificio, fue diseñado y construido por el arquitecto Carl Gustav Rehnfeldt en las barbas del poder local, sobre la Plaza de la Independencia, frente a la antigua Casa de los Gobernadores, a calle de por medio con el elegante Teatro Municipal, frente a la Plaza de la Independencia y a 100 metros del antiguo Cabildo y de la Catedral. La mansión fue adquirida por el Presidente de la República, Liberato Marcial Rojas, para sede del Gobierno en 1912. Derrocado Rojas, a escasos tres meses del inicio de su gestión, la inmensa casona fue destinada -finalmente- a la Dirección de Correos, institución que aún funciona en el lugar gracias a innumerables intervenciones mal hechas y absolutamente depredatorias para la integridad del edificio. En la esquina de la calle Presidente Franco y Juan E. O’Leary estaba la casa del señor Pedro Duarte, una de las muestras de "art nouveau" desarrollado en Asunción y cuya silueta se encuentra hoy, lamentablemente reformada. El departamento de la planta alta sirvió de residencia al Presidente de la República, Coronel Albino Jara hasta su derrocamiento y exilio. Enfrente, en lo que hoy es sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, se encontraba la casa del señor Pacífico de Vargas, posteriormente residencia del intelectual Don Juan Silvano Godoy quien la donara -con su pinacoteca incluida- para convertirse en un museo, origen del Museo Nacional de Bellas Artes. En la misma esquina, pero en la acera nor-oeste, se encontraba la residencia del señor Miguel Palacios, convencional del ’70 y hermano del Obispo Palacios. La casa sirvió de sede a las deliberaciones de la Convención de 1870, hecho que motivara el nombre para la calle, hoy conocida con el de Juan E. O’Leary. Hubo otros palacios instalados en el microcentro. Uno de ellos fue del también Presidente de la República Emilio Aceval, edificio todavía sobreviviente en la esquina de Benjamín Constant y 15 de Agosto y actual sede de una financiera. En la esquina de Cnel. Francisco Martínez (nombre injustamente radiado de la nomenclatura del centro), hoy Haedo con Chile, se enfrentaban la residencia de la familia Milleres y su torre-mirador y la de la familia Zubizarreta. La mansión de Milleres fue transPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El «Pal acio Patri», hoy Dirección de Correos. Fue compr ada para Palacio de Gobierno en 1912.

formada en una casa financiera y la de Zubizarreta, con grandes pérdidas de su integridad, en una serie de locales comerciales. Dos cuadras más arriba, en la esquina de Haedo e Independencia Nacional, la casa "nueva" de otro ex-Presidente de la República, el Gral. Patricio Escobar, hoy ABN AMRO Bank. El general vivía anteriormente en la esquina de Nuestra Señora de la Asunción y Gral. Díaz. Y subiendo la cuesta hacia la "loma Campamento" , Iturbe esquina Fulgencio R. Moreno, se encontraba la residencia del Sr. Manuel Espinoza. La casa alojó en algún momento al legendario Liceo de San Carlos, luego a la Escuela de Bellas Artes y aunque ahora vacío, fue recientemente reciclado. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Palacios de las afueras Originalmente publicado como "Los Palacios y las villas (3)"

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finales del siglo pasado, ya re-compuesta la ciudad y agotado el modelo de los "palacios" localizados alrededor del casco antiguo, Asunción continuó su camino por los barrios cercanos hasta extenderse finalmente hacia la Quinta Stewart, Villa Egusquiza, Recoleta, y Villa Morra. No significa esto que otras zonas de la ciudad como Puerto Sajonia,Tacumbú,Lambaré y las lomas próximas aIta Pytá Punta, no fueran aptas para residencias. Pero se dieron varias y variadas contingencias para que la expansión más valorada fuera hacia el este, en dirección a los sitios antes mencionados. Aún así, cerca de Varadero, sobre el río, estuvo el Palacio del Sr. Diego Martínez, actualmente sede de un astillero. Todavía está en Sajonia, sobre la avenida 15 de Mayo, hoy Carlos Antonio López, la que fuera residencia del Sr. William Paats y en Tacumbú, la que fuera propiedad del ex-Presidente Uriarte (1877-78) cuyos descendientes vendieron a la Municipalidad los terrenos donde hoy se asienta el Cementerio del Sur. En la mayoría de los casos, las propuestas formales, exteriormente rigurosas en el estilo, con las fachadas decoradas de molduras y relieves, estaban dispuestas hacia el interior, con los tradicionales patios y corredores. Esto se debía -en parte- a los rigores de la temperatura y también a los hábitos sociales de la nueva clase emergente de la guerra, que aunque extranjera o mezclada con la población nacional, se había aclimatado perfectamente a las tradiciones locales en cuanto al uso de los espacios. "Más allá de la calle Brasil -cuenta Arturo Bray en sus Memorias- comenzaba la ciudad de las ‘quintas’, con estatuítas baratas en el jardín, flecos de pasto inglés en los canteros de albahacas y pensamientos, rejas trenzadas con santarritas, árboles frondosos de sombra acogedora, patio enladrillado con el colonial aljibe y glorietas paras los coloquios íntimos a media tarde". Entre las quintas de estas características se encontraban sobre la avenida Artigas casi la calle Salinares (Perú), la "Choza Adelina" de los esposos Decoud-López, actualmente ocupada por una firma representante de vehículos. Con el frente sobre la calle Salinares estaba la ya mencionada "Quinta Stewart", que se extendía desde la calle España hasta la vía férrea. Sobre ésta última avenida, pasando la calle Brasil, estaba el "chalet" de los esposos Legal-Decoud, ya demolido, con el predio actualmente ocupado por un supermercado. En el espacio correspondiente al Colegio San José se encontraba la quinta del exPresidente de la República Juan Gualberto González (1890-94). La calle abierta al Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La ex-sede de la Facultad de Arquitectura, hoy demolida. Era la casa del Dr. Pedro P. Peña aunque anteriormente habría pertenecido al Sr. Kemerich.

costado lleva el nombre de su esposa: Rosa Peña de González. Sobre la calle España y pasando la calle Perú, también se encontraba la quinta del Sr. EduardoKemerich , luego residencia del ex-Presidente Pedro P. Peña (1912), más tarde ocupada por la Facultad de Arquitectura. Después de demolida la construcción y parafraseando al cantante catalán Joan Manuel Serrat, el lugar sólo es "pasado fugaz, baldío y turbio". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Villa Egusquiza Originalmente publicado como "Los Palacios y las villas (4)"

La "Villa Egusquiza" constituía un vasto territorio situado en las afueras de Asunción. Se extendía desde la calle España hasta la avenida Mcal. López y desde la calle Perú hasta la actual avenida Kubitschek, la antigua calle Olimpo"... la que se dirige a la calle de los Arroyos, hacia la Iglesia de Lambaré.." . El casco de la "Villa", cuyo nombre se debe a que sus propietarios fueron -desde los tiempos de la Colonia- miembros de la familia Egusquiza, de origen vasco, coincide con el predio que ocupa actualmente el Hotel del Paraguay. Uno de los exponentes más conspicuos de aquel tronco familiar fue el General Juan B. Egusquiza, Presidente de la República entre 1894 y 1898. La propiedad alojaba una serie de comodidades, tales como salones de baile, teatro y una "cancha" para las carreras de caballos. Dicho espacio es el que corresponde al actual campo de deportes del Colegio Internacional y que dio origen al nombre de "Cancha Sociedad", de histórica importancia en el inicio de los deportes en el Paraguay. Ya en lo que fueran dominios de la "Villa" , en la esquina formadas por las calles España y Presbítero Juan Pucheu, antigua calle Triunvirato, se construyó el "chalet" del señor Gregorio Urrutia, hasta hoy existente. La casa alojó, en la década de los años ’20 de este siglo, un "internado" del Colegio Internacional y hoy se ha convertido en el campamento de uno de los movimientos internos del Partido "Colorado". Siguiendo por la calle España, a la altura de Washington y Padre Egidio Cardozo se encontraba el Palacio del señor Nicolás Angulo, próspero comerciante español y, en un tiempo, Cónsul General de su país en el Paraguay. Más tarde, el edificio fue sede de la residencia del Embajador de los Estados Unidos de Norte América cumpliendo actualmente la misión de alojar al Rectorado de la Universidad Nacional de Asunción. En la esquina con Gral. Santos se encontraba la residencia de la familia Guggiari, la que -aun con el predio bastante reducido- se conserva casi intacta. En la esquina siguiente, España y Ayala Velázquez, ex calle Jara, todavía sobrevive la casa que perteneciera a Don Juan Antonio Jara, dueño de vastas extensiones de terreno en la zona y cuyo loteamiento posterior diera nombre al barrio. Alguna parte de esos lugares, con gran cantidad de plantaciones de naranjos hizo que también recibiera el nombre de "Barrio Azahar". En la vereda del frente, hacia el sur-este, se encontraba una de las residencias del Dr. Natalicio González, Presidente de la República entre el 15 de Agosto de 1948 hasta el 13 de Enero de 1949. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El «casco» de lo que fuera la «Villa Egusquiza» hoy es parte del Hotel del Paraguay .

Antes de trasponer la calle".. del Sacramento de laRecoleta...", enla quinta que perteneciera al Dr. Alvarez Bruguez, actual sede de la Cooperativa Mennonita, se encontraba "El Tropezón", lugar de amores y encuentros furtivos. "Manora", que se encuentra más adelante, sería la "guaranización" del apellido Maldonado y que indicaría que el nombre del barrio recuerda a los antiguos dueños del lugar. La calle España continúa hacia el este buscando el camino a Luque, bordeada siempre de grandes y silenciosas quintas y con el agua -y el verde-, surgiendo permanentemente entre el desigual empedrado. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Villas de la avenida Asunción Originalmente publicado como "Villas y palacios (5)"

La avenida Mcal. López, era conocida en sus inicios como ".....calle De la Asunción, la que sigue a la Del Paraguayo Independiente.." según el conocido Decreto de Carlos A. López de 1849, aunque entonces, la vía llegaba solamente hasta la calle Salinares, actual Perú. El 16 de Agosto de 1915, se le asignó el nombre de Avenida Colombia, cuando la revisión de los juicios sobre López y la guerra del ’70, valoraron seguramente la actitud solidaria de los colombianos hacia el Paraguay, al término de la contienda. Dicha denominación la conservó hasta 1941 cuando un Decreto Municipal la cambió a Mcal. López desde "....la calle Brasil hasta la Recoleta" . Finalmente, la Ordenanza del 31 de Octubre de 1962, le asignó el nombre de López en toda su extensión. Era sin duda, la avenida más presentable de la ciudad. El paseo de las embajadas, la de las quintas, donde se hacían las paradas militares y en un tiempo, hasta los corsos del carnaval. Pero también cumplía, escrupulosamente, la teoría urbanística en relación a la emergencia de este tipo de enclaves urbanos: que el centro de la ciudad y las zonas cercanas a él, son -casi siempre- abandonadas por la necesidad de la "distancia social" que algunos grupos, clases adineradas de la sociedad o miembros de la "burguesía local", imponen -o pretenden imponer- al resto de la sociedad. Así, cuando el casco histórico de Asunción con las antiguas casas de las familias tradicionales fuera inficionado con programas distintos al residencial y "mezclado" con otras actividades, hubo que buscar "nuevos aires" para restablecer las diferencias "con el resto". La avenida Mcal. López y sus grandes quintas se constituyeron en la posibilidad de propiciar ese alejamiento. Cada una de ellas podía contar, entonces, con su propio parque, contener sus propias instalaciones. Mansiones autosuficientes, sin que sus moradores tuvieran que compartir nada con sus vecinos ni con el resto de la comunidad. Prescindentes del entorno, de todo. En ese contexto urbano, aparece la mansión de Venancio Pino, todavía en pie, con su imponente cúpula, en Mcal. López casi Constitución. En la esquina de Perú y Mcal. López, recientemente reformado y con el agregado de nuevas instalaciones, se encuentra el Centro Cultural de la Embajada Brasileña, antigua mansión de la familia Heyn . En la vereda de enfrente se encontraba la "Villa Marcelina" del Dr. Cecilio Báez, Presidente de la República (1905-1906) y Ministro de Relaciones Exteriores en los gobiernos de los Presidentes Gaona, Ferreira, Jara y Paiva. La villa que llevaba el nombre de la esposa del Dr. Báez, la Sra. Marcelina Allende, Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Mas allá de la calle Brasil empezaban las grandes quintas de la avenida Mcal. López.

aunque ya sin el nombre, todavía se encuentra en pie. Desde la esquina de Perú, existió una entrada oblicua hacia el nor-este, hasta una construcción -todavía existente- que hoy sirve a una de las secciones de la escuela primaria del Colegio Internacional, sobre la calle Río de Janeiro. Se sabe que el edificio fue construido para que sirviera de residencia de descanso de la Sra. Elisa Lynch, por su proximidad a la "Villa Egusquiza" y la Cancha Sociedad, centros de distracción y deleite de la sociedad de entonces. La versión confirma que la casa fue obra del inglés Alonso Taylor, el mismo constructor del edificio de la estación del ferrocarril, información que se solventa en el hecho que los trabajos de ornamentación y tratamiento de la madera tienen las mismas características que las del edificio de la antigua Estación "San Francisco". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Un palacio "de novela" Originalmente publicado como "Villas y palacios (6)"

En la esquina de la avenida Mcal. López con la calle Mayor Fleitas, se encuentra el "Palacio Peris", construido por el arquitecto español José Peris. El "palacio" estaba destinado a ser sede de la Embajada Argentina, pero un brusco cambio de gobierno en dicho país truncó la venta del inmueble quedando arruinados los negocios del señor Peris y la casa, en manos del Banco de la República. Luego de los trámites jurídicos correspondientes, la mansión quedó en poder del Dr. Gualberto Cardús. Actualmente, es sede de un banco. Con una venia especial de sus anteriores propietarios, el escritor inglés Graham Green la utilizó para ambientar la novela "Cartas a mi tío" una de sus últimas creaciones literarias. Berthè Cué coronaba la cima de la prolongada cuesta que imponía la calle Mcal. López hacia el este, desde la calle Perú hasta la actual Vice Presidente Francisco Sánchez. Al costado de la vieja torre de la casa de Juan Berthè, hacia la avenida, fue construida la residencia de la familia Pérez Ferraro, posteriormente Hotel Rasmussen y actualmente, Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas. En la misma loma y en la acera norte, se encontraba otro palacio prominente: el del ingeniero Albino Mernes, Intendente Municipal de Asunción desde 1917 hasta 1920. Luego de diversas funciones y usos, la casa quedó convertida en una galería comercial. Al lado, hacia el centro de la ciudad, se encontraba "Villa Lidia", denominación dada en homenaje a la propietaria de la casa, la Sra. Lidia de Bogarín. En esa residencia, ya demolida, vivió durante la Guerra del Chaco, el "Presidente de la Victoria", Dr. Eusebio Ayalay en la misma, recibió -de parte del presidente boliviano Salamanca- la propuesta para terminar la guerra, en 1933. El portador de esta secreta misión fue un joven intelectual cruceño, el Dr. Dionisio Foianini Bánzer , que consigna el incidente en su libro "Misión cumplida". Cruzando la calle Gral. Santos y sobre la curva que, desde la Estación San Miguel conducía a "Para 1", ya sobre Mcal. López, todavía se encuentra la villa que perteneciera a la familia Jacquet. Al llegar a la calle "... Olimpo, la que se dirige a la calle de los Arroyos, hacia la Iglesia de Lambaré.." actual avenida Kubitschek, se encuentra la residencia presidencial, "Mburuvicha róga". La quinta en donde se asienta dicha mansión,había pertenecido al Dr. Benjamín Aceval, fundador del Colegio Nacional en 1877 y que, como Ministro de Relaciones Exteriores, representó al Paraguay ante la Comisión Arbitral sobre los dominios del Chaco, presidida por el presidente norteamericano Rutherford B. Hayes. Muerto Aceval, sus descenPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La «Villa Lidia», donde viviera el Dr . Eusebio Ayala durante la Guerra del Chaco. En la misma casa recibió la propuesta de una «mi sión secreta» boliviana para terminar la contienda, en 1933.

dientes vendieron la residencia al Sr. Elías García, policía profesional, egresado en Buenos Aires merced a una beca que le otorgara el gobierno del Presidente Juan Gualberto González. García se desempeñó como Jefe de Policía durante la presidencia de Emilio Aceval, hermano de Benjamín. Al término de este mandato, volvió a la Argentina para ocupar el cargo de Sub-jefe de la Policía de Buenos Aires. Cuando la firma del Pacto del Pilcomayo firmado entre colorados y liberales, en 1904, una de las cláusulas ya establecía que Elías García retomara el cargo de Jefe de Policía. Lo fue en los gobiernos de Juan B. Gaona, Cecilio Báez y Benigno Ferreira desde 1904 hasta 1908, cuando derrocado este último, retornó a Buenos Aires. Desde allí, gestionó la adquisición de la quinta que, cuando el gobierno del Gral. Higinio Morínigo pasó a manos del estado para servir como residencia presidencial. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La mansión de Mr. Flagg Originalmente publicado como "Villas y palacios (7)"

La "calle de la Asunción" hoy Mcal. López, no era más que un espacio abierto alrededor de las vías del "trencito a San Lorenzo". Pero con la fundación de Villa Morra, en Febrero de 1888, se fue concretando en una alternativa de salida hacia ese y otros nuevos barrios de la ciudad. Siguiendo el recorrido propuesto en entregas anteriores, llegamos a la residencia presidencial "Mburuvicha Róga". Enfrente, todavía se encuentra la quinta que perteneciera al Sr. Francisco Guanes, todo un territorio que se extendía hasta la actual avenida Artigas, a través del enclave conocido como Barrio Jara. En una de las "postas" de esta enorme propiedad, ya en las proximidades de la vía férrea, se encontraba el "...Caserón de añejos tiempos, el de sólidos sillares...", al que cantara el poeta Alejandro Guanes. Siguiendo por Mcal. López, después de la calle Luna, hoy Venezuela, se encontraba la quinta de la familia Heyn, que además de ésta y otras residencias ya mencionadas, tenían una más, la mansión que hoy forma parte de una planta para la elaboración de productos medicinales, en España y San Martín. Un sector del actual Club Centenario había pertenecido al Sr. Guillermo Weyer. Hacia la década de los ’20, la quinta fue arrendada al Sr. Shotaro Fukuoka, dueño del "Jardín Japonés" instalado en el inconcluso Oratorio de Palma y Chile. En la quinta, Fukuoka mantenía los cultivos que le servían de soporte a aquel negocio. Con la propiedad vendida al club, el ciudadano oriental adquirió un nuevo terreno detrás de las actuales instalaciones de la firma Toyotoshi, sobre el arroyo Mburicao mi , donde reorganizó su huerta de flores y plantas decorativas. Para entonces, las ventas del "Jardín Japonés" se trasladaron a Convención (O’Leary) esquina Estrella. Llegamos a la Recoleta, Cementerio General de Asunción, desde el Decreto de los cónsules López y Alonso, del 30 de Mayo de 1842. El territorio perteneció originalmente a Don José Roxas yArandaquien donó a los Dominicos el sitio en el que éstos fundarían -más tarde- el Convento de la Recolección de San Francisco. Bajando la calle "...De los Sacramentos de la Recoleta", ya próximo a Trinidad, se llegaba a "la mansión de Mr. Flagg", construcción ya demolida y que perteneciera a Don José del Rosario Miranda, convencional del ’70 y miembro del Gabinete de Salvador Jovellanos. De vuelta a Mcal. López y pasando la Recoleta, empezaba el "pueblito" del Dr. Francisco Morra. Allí nos encontrábamos con las primeras quintas de los "poblaPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La mansión de Mr. Flagg, cerca de Trinidad, sobre la avenida del «Sacramento de la Recoleta», que perteneciera a José del Rosario Miranda, convencional del ’70 y Ministro del Gabinete del Presidente Salvador Jovellanos.

dores históricos". Entre ellas la casa todavía existente del Sr. Haakom Pettersen, y que luego fuera ocupada por el Dr. Gustavo González. Más al este, estaba la quinta de la familia Pereira González, una larga construcción baja, de galerías, hoy ya demolida, que se encontraba frente a la plaza y parada del "..tranvía de Villa Morra" . La que hoy sirve de "Casa-Cuna" es parte de la propiedad que perteneciera a los Gadín. Gastón Gadín, hijo del matrimonio, dio luctuosa fama al apellido y al barrio con el sonado caso del "parricidio de Villa Morra". Mediante Cipriano León, un sirviente de la familia, Gastón había hecho matar a sus padres porque se oponían a su casamiento. Más allá de la avenida Rca. Argentina, antes conocida como "... la calle del Tembetary, la que gira hacia el partido de su nombre.. " terminaba la ciudad y se instalaba el "hipódromo de los Salomoni". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO XI

CULTURA Y PRENSA

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


Imprentas y prensa El conocimiento de los hechos del pasado hubiera sido imposible si aquellos pioneros que se aventuraban en el mar-océano para la conquista de tierras inexploradas o con la pretensión de dominar otros pueblos, no tuvieran la plena conciencia que hacían algo nuevo, que protagonizaban gestas que debían registrarse para el conocimiento de generaciones que "habrían de venir". Solamente la convicción -o tal vez- el presentimiento que "estaban escribiendo la historia" pudo permitirnos acceder a lo hecho entonces, especialmente en lo que atañe al período de colonización en América. Era "la prensa" de aquellos tiempos. Un "periodismo" para lectores de siglos después. Documentos elaborados para nuestra información y basados en la tarea de escribidores, cronistas y pregoneros ; pioneros de la comunicación y de la historia. Junto a ellos, cartógrafos , navegantes y artistas, como si fueran fotógrafos, complementaban aquella información elemental con dibujos, mapas y planos, "expresando" lo no podía ser descripto con palabras. Entre los cronistas de los primeros años de la colonización del Río de la Plata figuraban Ulrich Schmidl, quien vino con la expedición del Primer Adelantado Pedro de Mendoza; Hans Staden, quien estuvo en la expedición de Doña Mencia de Calderón y -más tarde- los religiosos Diego de Torres Bollo, Florián Paucke -o Baucke- y Antonio Ruiz de Montoya, entre otros. Pero era tal el impacto que causaba en aquellos hombres todo lo que veían y experimentaban, que casi cualquiera que supiera escribir agregó a aquella historia fantástica, sus propias memorias, diarios de viaje y relatos, hoy fuente de información dispersa por archivos de toda América y España. Una profusa documentación informativa de los acaeceres de aquellos tiempos se generó también, una vez constituida la Provincia Gigante de las Indias y cuando ya la "burocracia real" empezó a producir órdenes, indicaciones o procedimientos específicos para algunas acciones de gobierno. Las que venían del Rey -desde España- se elaboraban tan lejos de la realidad local y de las posibilidades de ponerlas en práctica que en muchos casos, los gobernadores no tenían otra opción que poner aquellos pesados folios sobre sus cabezas diciendo: "Se acata ... pero no se cumple" . Y a otra cosa.... Dentro del cerco urbanizado de Asunción, la comunicación de órdenes, avisos y novedades apelaba a los "bandos" que, a falta de diarios para hacerlos hacerlos públicos, eran leídos por el "pregonero", junto al "poyo" o "rollo", madero grueso y alto colocado en la Plaza Mayor para aquel efecto. Con los redobles del tambor, la Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Natalicio de María Talavera, el poeta guaireño quien con Saturio Ríos y Juan Crisóstomo Centurión, y otros, redactaran «El Cabichui».

población era convocada junto al mencionado madero real, donde el pregonero leía el bando con la solemnidad y el énfasis que la ocasión requería. Algunas veces la gravedad del acontecimiento a comunicar cambiaba a los actores y el escenario, como ocurriera en la tarde del 26 de abril de 1544, cuando frente a la casa de "Chomin" Martínez de Irala -presumiblemente "Machain Cué"- en las cercanías de la actual Plazoleta del Puerto, fue " .... llevado preso Alvar Núñez junto a los oficiales reales, los escribanos Orué y González" y numerosa gente. Una vez comunicado al pueblo las causas acumuladas contra el Segundo Adelantado, lo mandaron preso. Luego de 11 meses, le sacaron del calabozo, le remacharon nuevos grillos y lo enviaron a España. Imprentas de madera Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Hasta la aparición de la imprenta, no existía otro medio de difusión de documentos más que las "copias" que se hacía -a mano- de los libros o textos originales. La primera imprenta conocida en Paraguay no fue una de las de metal fabricadas en Europa en aquel tiempo, sino una imprenta rudimentaria de " ... planchas de maderas del país, en las que con admirable paciencia y destreza los indios guaraníes burilaron en relieve las letras". Su construcción se debió a un jesuita austríaco, el Padre Juan Bautista Neumann y cada una de las planchas del mecanismo formaba una página entera. La primera impresión se realizó en 1700 y se trataba de una traducción al guaraní del "Martirologio Romano". El primer periódico nacional no apareció sino hasta el gobierno de Don Carlos Antonio López. Se trataba de "El Paraguayo Independiente" uno de cuyos redactores era el propio presidente y el hecho se produjo el 26 de Abril de 1845. El Nº 118 -y último- se imprimió el 18 de setiembre de 1852. La misión del periódico, fue el de afirmar el sentimiento nacional ante la nunca menguada intención hegemónica de la Argentina. Su lema "Independencia o Muerte" indicaba a las claras sus objetivos. Una vez reconocida la Independencia Nacional por el país del Plata, el 15 de Julio de 1852, "El Paraguayo Independiente" dejaba su lugar a "El Semanario, de avisos y conocimientos útiles" cuyo primer número databa del año 1868 y su desaparición con el Nº 753, se produce con el traslado de la capital a Luque. "El Cabichuí", "El Cacique Lambaré" y "El Centinela" ya se imprimen con tinta de Guerra. El primero de ellos fue elaborado en la imprenta militar del Campamento de Paso Pucú y apareció hasta San Fernando. Sus redactores fueron Natalicio de María Talavera, el Coronel Juan Crisóstomo Centurión y los P resbíteros Espinoza, Bogado y Maíz. Del "Lambaré" sólo se conocieron 13 números y del "Centinela" 40, el último de ellos, salido a la luz el 23 de enero de 1868. Recordando el lema inicial de "Independencia o Muerte", después de vibrantes años de independencia, al Paraguay le llegaba -lentamente- la muerte ....

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Grabado aparecido en «El Centinela», el 5 de Setiembre de 1867. La mayor ía de estos dibujos eran obra del arquitecto italiano Alejandro Ravizza, llevados al grabado por Manuel L. Colunga.

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Música y fiestas S

egún puede leerse en cuanta historia refiera el proceso de colonización en el Paraguay, la música fue un factor siempre preponderante en las expresiones del pueblo y hasta un mecanismo de relacionamiento con los extranjeros que visitaban la comarca. Casi todos los cronistas e historiadores coinciden en señalar el carácter festivo y hospitalario de la gente del Paraguay así como su afición a la música y la danza. Hasta las festividades patronales, llenas de religiosa unción, terminaban en la más estruendosa jarana, ni bien entraba el sol. Eran famosas "las despiertas" de San Antonio y las fiestas de San Blás, en especial ésta, que se desarrollaba alrededor de la iglesia del mismo nombre -"iglesia de indios"- según la caracterización del plano de Félix de Azara, lugar hoy muy próximo al sitio conocido como "Punta Carapá". Aestas celebraciones acudía el mismo Presidente de la República acompañado de algunos miembros de su gabinete y numeroso séquito. Se recuerda especialmente al Gral. Patricio Escobar en estos menesteres. Otro Presidente que adhería con su presencia los festejos patronales de la ciudad, era el Dr. José P. Guggiari. El mandatario concurría a la fiesta consagrada a la Virgen de la Merced. La festividad, teñida de profanas como lujuriosas características, era realizada -cada 24 de Setiembre- en la"loma Tarumá", entre las calles México, Gaspar R. de Francia y Rca. de Colombia, cercana a la casa del Dr. Guguiari. En aquellos días, en esa legendaria loma de Asunción, el "...impetuoso ritmo negro..." se adueñaba "...del suburbio..." al decir de los versos del Dr. Hipólito Sánchez Quell. Probablemente en ese mismo vecindario se habrían iniciado las "Gombas", fiesta de los negros quienes, al son de tambores de todos los tamaños, danzaban frenéticamente durante días enteros. Estas "cuasi-bacanales" de la población parda de Asunción fueron prohibidas por la jerarquía católica, aproximadamente en 1878, se dice que debido a sus características francamente ofensivas "a las buenas costumbres". El malevaje de la zona portuaria tenía su "base de operaciones" para el bullicio, en los mullidos patios de tierra y enredaderas de la "loma San Gerónimo". En ese lugar hubo fiestas desde tiempos coloniales y a cualquier hora. Las jaranas de "la loma" se hacían de mañana, de tarde, noche y madrugada, sin la excusa de ninguna virgen o santo patrono que honrar. Casi con las mismas características, Ycuá Satí tenía fama de barrio "fiestero" y "liberal". Cerca del "cerrito Antequera", bajo la fronda de los árboles que entornaban el fresco arroyito que llegaba hasta las proximidades de la Estación del Ferrocarril y entre las actuales calles Tte. Fariña, Manuel Domínguez, Parapiti y Estados Unidos, había bailes frecuentePostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los paraguayos no necesitábamos excusas para organiz ar fiestas. Aunque el escenario fuera un salón, un patio cubierto de enredaderas o, simplemente al aire libre.

mente. Se cuenta de uno de ellos, en el patio de la casa de Don Cantalicio Esquivel donde una bailarina del lugar, bella y morena, "María Ycua-Satí", hizo morder el polvo del desaire al mismísimo Albino Jara en los tiempos en que éste era "policiano" del Gobierno, en 1897. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Músicos I

nvestigaciones de historiadores así como las crónicas de "pasajeros" por Asunción en la época colonial han testimoniado la capacidad de asimilación de los indígenas de las Reducciones Jesuíticas y de los criollos en general, de las técnicas musicales extranjeras, no sólo en cuanto a la ejecución de los instrumentos sino en la misma fabricación de cualquiera de ellos, semejantes a los incorporados a la Colonia. Una de las historias conocidas a través del trabajo del Dr. Juan Max Boettner, es la de Cristóbal Pirioby, indígena paraguayo que había hecho su aprendizaje musical con alumnos de los acólitos remanentes de la reducción de los jesuitas, tras la expulsión de éstos en 1767. Pirioby nació en San Carlos en 1764; a los 16 años, según recomendaban los jesuitas, se casó con María Moño y ya músico y luthier, se dirigió a Buenos Aires donde se instaló. Adoptó el nombre de José Antonio Ortíz, vistió a la moda con calzones de raso "turquí", sombreros de copa alta y capas de "anafalla". Hasta se dio el lujo de tener un criado: el negro Roque. En la capital del Virreinato, Pirioby enseñó canto, clave, violón, espineta y guitarra, hasta el año de su fallecimiento, que se produjo en 1794. Sin los mismos detalles pintorescos de la vida de Pirioby, hubo -por la misma época, entre criollos e indígenas- otros músicos y luthiers destacados. Una prueba de la afinidad de los paraguayos para la música es que un buen porcentaje de presidentes de la república, ministros del gabinete, magistrados, o fueron músicos o, formaron parte de las primeras sociedades culturales que fomentaron la difusión de la música en nuestro país. Entre los Jefes de Estado que -se sabe- ejecutaban la guitarra, estaban el Dr. Francia, el Mariscal López, el Coronel Albino Jara y el Mariscal Estigarribia. Casi todos los descendientes de Don Antonio Taboada, fundador del Partido Liberal, fueron músicos y, hasta hace poco, le sobrevivían sus nietas, profesoras de música en cuanto colegio hubiera en Asunción. El hijo del Coronel Juan C. Centurión, Fernando Centurión fue violinista; el hijo del Presidente Cecilio Báez, Quirino Báez Allende fué un destacado guitarrista y ofreció conciertos en la corte de los Zares de Rusia y -se dice- en toda Europa. Otro personaje de la misma prosapia, "Nonón" Domínguez, hijo del Dr. Manuel Domínguez, era concertista de piano y obligado protagonista de la vida musical asuncena. De la formación de la Sociedad del Cuarteto en 1889, tomaron parte Bernardino Caballero, el ya mencionado Juan C. Centurión, Juan B. Gaona, Christian Heisecke y Pedro Saguier, Presidentes, Vicepresidentes o Ministros de Gabinete, Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Fernando Centurión, hijo del Cnel. Juan C. Centurión, eximio ejecutante y profesor de violín, laureado en el Real Conservatorio de Lieja, Bélgica.

desde 1874 en adelante. Ya en ese siglo y merced a la labor de profesores extranjeros y sociedades culturales, en especial, de la Sección Musical del Instituto Paraguayo, se multiplicó la dotación musical paraguaya y hasta hubo casas construidas para dar lugar a pequeños conciertos o veladas musicales como la del Dr. Di Martino, que aún ostenta el gran diseño de Esmagailoff, constructor ruso, en Eligio Ayala esquina Constitución. Ya entonces se sucedían en Asunción conciertos de Agustín Barrios,Gustavo Sosa Escalada y Dionisio Basualdo. En 1926 seestrenaba la Guarania de José Asunción Flores y se inauguraba el período de bares con música, incluso desde el mediodía. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Escuelas en la Colonia L

os primeros tiempos de la Colonia fueron dominados por el duro batallar entre españoles e indios. Para los "peninsulares", esta guerra se extendía a la lucha contra los elementos, aun más hostiles si consideramos la falta de recursos y materiales, las que determinaron -finalmente- las precarias instalaciones de aquellos tiempos. Era -entonces- muy poco lo que podía esperarse del sistema escolar. No había mujeres, no había tiempo para los devaneos amorosos y aunque los niños nacidos de la unión de españoles con indígenas llegaban a millares en las primeras décadas posteriores a la fundación, la enseñanza en el hogar, prácticamente la única posible en aquellas difíciles circunstancias, tuvieron a aquellas madres "iletradas" como sustento. Para completar el panorama, tampoco había libros ni instrumentos para el aprendizaje. De cualquier manera, el constante guerrear con los indios, exigía -más que conocimientos académicos- entrenamiento con las armas o la práctica de ejercicios militares para el supremo objetivo de la supervivencia. Debe recordarse también que los conquistadores no traían niños y las mujeres españolas de aquellos contingentes expedicionarios, eran muy pocas. Algunas se incorporaron luego de la despoblación de Buenos Aires y recién en 1550, de la expedición de Doña Mencia Calderón de Sanabria, formaron parte 50 "doncellas", con la expresa misión de "poblar" los nuevos territorios. Estas "pioneras" llegaron a Asunción, años después y luego de múltiples dificultades y penurias encontradas durante la larga travesía. Cuando ya instalados los primeros misioneros y construidas las iglesias, la enseñanza se trasladó a los enclaves religiosos. En ellos, los sacerdotes enseñaban catecismo o historia sagrada al mismo tiempo que el alfabeto, la escritura o los primeros cálculos aritméticos aunque esta enseñanza era impartida -generalmente- sólo a los varones. Este hecho es señalado por el Padre José Cardiel en su libro "Compendio de la Historia del Paraguay", cuando afirma que en la Colonia (la Provincia del Paraguay) hasta la lengua española se había perdido " ...y se han tomado (los españoles) la de los indios y esta es la que se usa en sus casas en la ciudad y en las casas de campo". Cardiel acotaba que las mujeres no conocían la lengua española debido a que "...las niñas no van a la escuela" . Los varones -sin embargo- lo aprendían " ...con castigo (..) pero lo saben mal y después no lo usan, sino el guaraní". La Independencia del Paraguay, supuso incursionar en la enseñanza más metódica y profesional de los niños aunque como en el caso religioso, también el "conocimiento" fué postergado en aras de objetivos políticos de afirmación nacional, dadas las Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La imagen referencia partes importantes de la historia de la educación en nuestro país. Desde el fondo a la derecha, la casa de Don Carlos A. López, la de Cantalicio Guerrero, sede de la Sociedad del Cuarteto y de la primera Or questa Nacional y, en primer plano, el Teatro Nacional, también escenario de los primeros exámenes de matemáticas .

pretensiones hegemónicas de los vecinos y de las difíciles condiciones geopolíticas del cono sur americano. Pasados estos períodos y ya en el gobierno de Don Carlos Antonio López, este daba cuenta en uno de sus primeros mensajes, que en el Paraguay existían " .... 408 escuelas y 16.755 alumnos". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Escuelas para la libertad Después de la Independencia del Paraguay, el "... cambiar de amo" -como rezaba la carta de los patriotas a Buenos Aires- no solamente significaba la ruptura de los lazos con la corona española sino también, la modificación de todo un sistema de vida, la incorporación de nuevos valores en la sociedad y una nueva concepción del estado, los que se proyectaban hacia profundos cambios en los sistemas de la enseñanza. La efervescencia patriótica de aquellos momentos dominaba el espíritu de los educadores. La patria, concepto ya vigente en la Colonia, se convertía -al fin- en una entidad cuyo destino dependía de los mismos criollos y, por la patria, se comprometían los mayores esfuerzos y se asumían los más grandes sacrificios. El histórico Bando del 6 de Enero de 1812, firmado por Yegros, Caballero, De la Mora y Galván establecía en primer lugar -entre otros varios propósitos- la necesidad de la instrucción pública. "Esta es la base de y el manantial de las virtudes morales. Todo pende en el hombre de la instrucción: poder, valor, heroísmo y cuanto puede elevarlo en esta vida sobre el común de los demás mortales", expresaba el documento. En aquel momento, el Paraguay se proponía -al decir de Efrain Cardozo- cumplir "...al fin, la divisa de Hernandarias: sin saber nohay gobierno". Varias instituciones de enseñanza fueron creados al conjuro de aquellos pensamientos, lo mismo que "...una Academia Militar (..) bajo la dirección de un oficial veterano". Dos días después de la difusión del Bando, a invitación de la Junta gobernante, se celebraba una reunión para constituir la Sociedad Patriótica Literaria. La misma se encargaría del estudio del "...plan de la instrucción y de la enseñanza pública". La integraron el Dr. José Baltazar de Casajús, Provisor y Vicario General; el Dr. Luis de Zavala, en representación de la Junta Gubernativa; José Mariano Valdovinos, por el Cabildo; Fray Eduardo Torres y Fray Fernando Caballero y el joven Juan Andrés Gelly, recientemente llegado de Buenos Aires y propulsor de la idea, a semejanza de la Fundación Patriótica creada en aquella ciudad después del 25 de Mayo de 1810. Una de las primeras obligaciones que se impuso la Sociedad fué la de erradicar los vicios de la enseñanza que, frecuentemente apelaba a los azotes, las bofetadas, las palmetas y otras violencias contra los niños que las nuevas autoridades no estaban dispuestas a excusar. Para ello aprobaron -a menos de un mes de su creación- las "Instrucciones para Maestros de Escuelas" que constaban de 73 artículos además Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La «Casa de la Independencia», de la familia Martínez-Sáenz, en un contexto urbano ya desaparecido. La emancipación fue fuente de ideas educativas revolucionarias, rápidamente abortadas.

de las indicaciones para la enseñanza, máximas, modelos y láminas diversas. De la Mora y Zavala, personas instruidas y cultas, pretendían sustituir el terror en las aulas con la persuasión, adhiriendo a las teorías de Montaigne quien decía que "...toda alma tierna se forma para la libertad y el honor" . El tiempo y sus mismos compatriotas -sin embargo- les demostrarían que las revoluciones no siempre son populares y que los cambios no se asimilan con facilidad poniendo en vigencia aquello de: " ...Si te dieran enseguida la verdad no la reconocerías porque tu corazón no estaría purificado por una larga interrogación". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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"Civilización y barbarie....." La ocupación del Paraguay por argentinos y brasileños, desde 1869 a 1876, desencadenaría -inevitablemente- la revisión del sistema educativo nacional pues cuando conocidos los postulados del "Tratado de la Triple Alianza" consagrando la necesidad de la "liberación" o "civilización del Paraguay" podía vislumbrarse ya que la derrota no se consumaría sólo en el campo militar sino que se extendería al dominio de lo político, lo social y lo cultural. Lo primero significó el impúdico manejo -por parte de los aliados- de los hilos de la conducción del estado paraguayo a través de la selección de los interlocutores locales, adecuados a sus intereses. Para definir lo segundo, bien valen las expresiones del historiador argentino Ramón J. Cárcano quien, en relación a estas influencias, expresaba:"...al lado de la presión dura e implacable de la fuerza, el imperio aprovecha la penetración cariñosa e íntima de las vinculaciones de familia para consolidar su dominio sobre el vencido", aludiendo a las uniones de militares y empresarios brasileños con señoritas de la"... más alta sociedad paraguaya". Para lo mismo debe decirse que la "ayuda humanitaria" al vencido no desatendía los "altos intereses" de los vencedores, hecho fácilmente verificable en el tratado de límites firmado antes de la desocupación del territorio paraguayo y que supuso la enésima desmembración de la antigua "Provincia Gigante de las Indias". En el campo cultural, las pérdidas no fueron menores aunque no pueda desdeñarse la enorme inversión de los gobiernos paraguayos -posteriores a 1870- enla formación académica de la escasa juventud sobreviviente de la guerra. En este proceso se apelaron a todos los recursos y a la voluntad de las mentes capaces de colaborar en la enseñanza. Uno de los ejemplos más recordados de este gran empeño, fué el de Blás Garay quien en Pirayú y a la edad de 11 años, accedía a su primer cargo y sueldo (de 4 pesos mensuales) como maestro de escuela. En la misma época sin embargo, y tal vez debido al desmedido afán de acceder a "la civilización" y despojarnos de "nuestras excrecencias culturales", se perdió el rastro de algunos de nuestros valores tradicionales y de nuestras riquezas culturales más antiguas. En el afanoso bregar para "olvidar el pasado", se fueron olvidando también nuestros saberes populares, nuestra artesanía, nuestras tecnologías e incluso, los hábitos sociales y religiosos consolidados a lo largo del Paraguay colonial e independiente. Ya en este siglo, algunos estudiosos del guaraní, llegaron a afirmar -no sin alguna razón- que el proyecto de "asistencia al Paraguay" elaborado por el Gral. Bartolomé Mitre pasaba por la erradicación de los sentimientos nacionales Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Estudiantes «internos» del Colegio Nacional con su clásico uniforme. Entre ellos se encontrarían Manuel Gondra, Blás Gar ay, Manuel Domínguez, Liberato Rojas, Emeterio Gonz ález y Fulgencio R. Moreno. La foto fue tomada en 1889 y el uso del uniforme desapareció en 1892.

paraguayos, con la proscripción moral de sus héroes además de la persecución y eliminación del idioma guaraní, verdadero monumento cultural de la identidad nacional. De esa época, según estos lingüistas, deviene la aparición del vocablo "guarango", que distingue al guaraní-parlante y que de acuerdo a diccionarios de la lengua española -aún vigentes, sin ninguna protesta de ningún gobierno paraguayosignifica "incivil, maleducado, descarado". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El cultivo del intelecto E

l cultivo del intelecto, el manejo de las expresiones estéticas o el acceso a los conocimientos científicos, si no fueron valores reconocidos en la Provincia del Paraguay de antaño, es porque estuvieron -al menos, en los primeros años de la coloniabastante lejos de las posibilidades de la gente. Razones políticas primero y económicas o geopolíticas después, impidieron que la Provincia pudiera contar con instituciones de enseñanza de alguna calidad y -por ende- con una vida intelectual relativamente dinámica. Ni siquiera el muy reconocido servicio de sacerdotes o misioneros pudo inducir a la creación de seminarios o instituciones de formación religiosa. La historia sólo recoge el coraje de los hombres como una de las virtudes principales en el proceso de la conquista. En realidad no había tiempo para otra cosa. Los intelectuales de la "madre patria" no se aventuraban en menesteres tan azarosos y tan poco productivos. Cerca de fines del Siglo XVIII, en elParaguay, incluso el castellano se había perdido como lengua. Lo certifica el Padre José Cardiel, comentando que en ese tiempo ya sólo la hablaban los españoles. Los criollos varones -explicaba el historiador- accedían a algún conocimiento del idioma a través de la escuela, estamento vedado a las mujeres que entonces, sólo hablaban guaraní. En ejercicio del curioso "marketing político" de la época, el Gral. Manuel Belgrano escribe cartas en guaraní a los patriotas paraguayos antes de los "encuentros" de Cerro Porteño y Tacuarí, en los albores de 1811. Tal vez pensara que era la única forma que lo entenderían. Entendieran o no las cartas, los patriotas corrieron a Belgrano en ambas batallas. Pero debido a que, tal vez, el conocimiento científico y la expresión de las artes en las sociedades antiguas, sólo eran patrimonio de las clases privilegiadas, el acceso de los estamentos inferiores a dichos conocimientos conducían inevitablemente a la "...subversión del orden natural de las cosas". Así sucedió en los grandes acontecimientos de la humanidad lo mismo que en los movimientos emancipadores de América. La ya ausente fuerza espiritual de los últimos remanentes de los españoles en el continente y una adecuada combinación de libros fundamentales con las noticias de lo sucedido en Norteamérica y -sobre todo- en Francia, produjo en los patriotas la explosión libertaria. Habían prendido también otros sentimientos y se planteaban otras necesidades. Se hablaba de "patria", de "heredad", de "territorio". Ya se iniciaba el discernimiento de la "historia" y se Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La vida en Asunción era muy sencilla y las apetencias intelectuales sólo se limitaban a sobr evivir dignamente. Aquí un grupo de vendedores ambulantes de miel en típicos trajes.

buscaba el conocimiento. El Dr. Francia estudiaba en Córdoba y -a su vuelta-rige los destinos del Paraguay durante casi 30 años. Don Carlos Antonio López accede a conocimientos de Teología, Filosofía y Leyes y lo gobierna por otros 20 años. Su hijo, el futuro Mariscal, aunque prematuramente aureolado con el poder supremo, adquiere una esmerada educación. Habla -aparte del castellano- el inglés y el francés, toca la guitarra, danza razonablemente bien y es un experto nadador. Con él viajan a Europa algunos jóvenes y otros 141 son enviados a conocer la tecnología, los procedimientos administrativos y los conocimientos que regían entonces, el progreso de los pueblos y con los que se pretendía el surgimiento del Paraguay. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los intelectuales N

i siquiera el envío de jóvenes paraguayos a Europa durante el gobierno de Don Carlos Antonio López hizo más, en los primeros años de la "apertura social e intelectual" del Paraguay, que la presencia de una numerosa colonia extranjera contratada por el Gobierno Nacional, durante las décadas de ’50 y ’60 del siglo pasado. La Guerra y sus penosas consecuencias, pusieron un lamentable fin a aquel singular esfuerzo paraguayo. Pero con la contienda aún en desarrollo en las serranías de Caacupé y Barrero Grande y en el mismo día en que "...se escuchabaen Asunción, discursos, brindis, tintineos de copas de champagne...", el Ejército Aliado ocupante de Asunción, saludaba con la instalación de un Triunvirato, el advenimiento del "...primer gobierno libre del Paraguay". Era el 15 de Agosto de 1869, fecha que, curiosamente, sirve aún hoy para el cambio de mando en la Presidencia del Paraguay. La Convención Nacional Constituyente convocada y reunida bajo los auspicios de las fuerzas de ocupación, estaba constituida por 56 convencionales de toda la república dentro de las cuales estaba la reducida "elite" intelectual con la que podía contar el Paraguay en aquellos difíciles momentos: José del Rosario Miranda, convencional por Caraguatay y Presidente de la Convención, Juan Silvano Godoy, Cirilo Solalinde, Miguel Palacios, uno de los estudiantes enviados por Don Carlos a Europa, Cayo Miltos, los hermanos Juan Bautista y Emilio Gill, este último estudiante de la Academia Militar de Saint-Cyr, Francia, Agustín Cañete, nieto del Dictador Francia, José Segundo Decoud yJaime Sosa. Otros jóvenes iban llegando a medida que se difundía la noticia del final de la contienda y otros más, retornaban desde los rescoldos mismos de la guerra. Paralelamente se sumaban los residentes extranjeros -que operaron con aquellos- el inicio del primer movimiento genuinamente cultural de nuestro país. Este hecho se produce el 28 de Julio de 1883 con la fundación de un "Centro Literario" que desembocaría más tarde, en la creación del legendario Ateneo Paraguayo. Esta fundación se produce bajo la inspiración y aliento de un intelectual argentino, el Dr. Adolfo P. Carranza y el hecho se produce en la residencia del Dr. José Segundo Decoud, ex-convencional y a la sazón, Ministro de Relaciones Exteriores. Componían aquel núcleo original, entre otros, los señores: Cecilio Báez, primer secretario, Benjamín Aceval, Alejandro Audibert, Emilio Aceval, José de la Cruz Ayala, Pedro Pablo Caballero, Cirilo Solalinde, Cleto Romero, los hermanos Adolfo Héctor, Francisco y José Segundo Decoud, Guillermo De los Ríos, Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Ateneo Paraguayo funcionó en alguna época -antes de 1900- en el edificio ubicado a la derecha de la imagen. El lugar corresponde a la esquina de Independencia Nacional y Presidente Franco y la casa habí a pertenecido al General Vicente Barrios. Cuando la ocupación de Asunción por las tropas aliadas fué utilizado como Cuartel General del Ejército Brasileño. El edificio fue demolido en la década del ´70.

Manuel Domínguez, Juan Bautista Gaona, Remigio Mazó, Cantalicio Guerrero, Pbro. Fidel Maíz, Mateo Collar, José Zacarías Caminos, Andrés Héctor Carvallo y Pedro Saguier, junto a numerosos extranjeros, miembros por entonces, de la calificada colonia de residentes en el Paraguay. La preponderancia de este movimiento y de este núcleo intelectual puede notarse en el hecho que cuatro de ellos fueron Presidentes de la República y casi todos, miembros de Gabinetes del Ejecutivo o de los otros poderes del estado, en los últimos años del siglo pasado o en los primeros de éste. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Estudiantes en el extranjero T

anto la procedencia extranjera de las familias más prósperas de Asunción así como la carencia de centros de formación cultural o universitaria, hizo que muchos estudiantes fueran a estudiar lejos del Paraguay. Alrededor de 1911 el álbum "La República del Paraguay en su Primer Centenario", editado por Ramón Monte Domeq, consignaba la presencia de estudiantes paraguayos en Buenos Aires, Montevideo, Londres, Barcelona, París. También en Bélgica, Alemania, Suiza y Norte-américa. También hubo artistas formados lejos de la patria como el caso de Fernando Centurión, egresado con honores como profesor de violín en el Real Conservatorio de Lieja así como el de los pintores Héctor D’Aponte y Pablo Alborno, comisionados a Europa por el Gobierno Nacional, en los primeros años de este siglo. A Alborno se le debe los retratos de los próceres de la independencia debido a que durante su estadía en España realizó un estudio genealógico de todos ellos. El resultado de sus investigaciones y los factores faciales dominantes de aquella descendencia familiar común a los patriotas paraguayos, le permitió delinear -con la pintura- aquellos venerados rostros. En 1918, otro álbum, "El Paraguay Ilustrado", editado en 1918 por Manuel W. Chávez, daba cuenta de la presencia de otros estudiantes paraguayos en el extranjero. Entre ellos se contaban: Nicolás Sarubi, Teodoro Decoud, CándidoVasconsellos, Ramón Goretta, José Gómez (hijo), Fernando Abente y Haedo, Alejandro Dávalos, Gerardo Laguardiay B. Ciancio. Ya para entonces, una nutrida dotación de profesionales egresados en el exterior desarrollaba su tarea docente o profesional en Asunción. Los nunca resueltos problemas de límites con los países vecinos así como los rescoldos de la pasada guerra hicieron que la juventud militar de los cuarteles accediera a mejores niveles de educación, tanto en el mismo país como fuera de sus fronteras. Durante el gobierno de Juan B. Egusquiza (1894-1898) fueron enviados aBuenos Aires algunos policías como Martín Ruperto Báez, Luis Báez yElías García, quien llegó a sub-jefe de la Policía de Buenos Aires y -ya en los primeros gobiernos liberales de este siglo- Jefe de la Policía en Asunción. En la misma época y a la misma ciudad fueron los marinos Manuel J. Duarte y Elías Ayala. A Chile fueron Adolfo Chirife (que también fué a Alemania), Albino Jara, Eugenio A. Garay, Manlio Schenone, entre otros, mientras que el futuro victorioso conductor del Ejército en el Chaco, José Félix Estigarribia, iba a Francia. Mientras tanto, en Asunción, los cadetes militares aprendían francés, etiqueta social Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Jefes y oficiales del Ejército en 1903. Entre ellos, los oficiales graduados en Chile, Schenone, Jara, Garay, Goyburú y otros.

o tomaban lecciones de bailes de salón, en un refinamiento pocas veces conocido en ese estamento. Las Escuelas Normales y el Colegio Nacional daba los primeros frutos intelectuales que enfrentarían a los de "verde olivo", o lucharían con ellos, en los azarosos -y muchas veces cruentos- acontecimientos políticos del país. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El periódico "La Regeneración" Los aliados que entraban a "la Asunción" el 5 de Enero de 1869, luego de bombardearla hasta las últimas horas del 31 de Diciembre anterior, se encontraron con la ciudad abandonada y enteramente "disponible". No los recibía la población "agradecida", aún ante el presupuesto que venían a "...liberar al Paraguay". Solo extranjeros, aún temerosos, y ancianos desahuciados fueron testigos de aquella triunfal rapiña. El "ausentismo" de los asuncenos -no obstante- se explicaba en el hecho que a lo largo de su recorrido hasta Asunción, los soldados del ejército aliado habían demostrado que no eran de fiar. Considerando que la soldadesca imperial brasileña estaba conformada mayoritariamente por esclavos y que el ejército de Mitre tenía en su primera línea a asesinos y ladrones, "... hombres de mala fama", generoso calificativo con que el historiador argentino Miguel Angel de Marco matizaba "el detalle", ya justificaba la aprensión de los asuncenos ante la presencia de aquel malón. Adicionalmente y ya antes de estos sucesos, un Bando publicado por el Vice-presidente Francisco Sánchez con la rúbrica de Vicente Valle, el 22 de febrero de 1868, disponía la evacuación total de la ciudad y el fusilamiento de toda persona que se encontrara robando en las calles o las casas de la plaza abandonada. Concluía advirtiendo el mencionado Bando que "...cualquier persona que se encuentre en comunicación con el enemigo, sufrirá la pena capital". Eran razones más que suficientes para que la ciudad esperara solitaria la llegada de aquellas fuerzas. Detrás de ellas venían "vivaqueros", proveedores, cronistas, familiares de soldados y oficiales, los propios paraguayos que retornaban desde el exilio o desde los caminos de la guerra. También venían malandrines, tahures y aventureros de toda especie, otorgando a la ciudad una excitación desacostumbrada, contrastante con su proverbial quietud. El "ambiente social" de Asunción se tornaba así, pródigo en acontecimientos como para sorprenderse de la aparición del primer órgano de prensa: "La Regeneración", bajo la dirección de José Segundo Decoud. El periódico, que salía los miércoles, viernes y domingos, tenía su taller en la calle Palma entre 15 de Agosto y 14 de Mayo y ya en los primeros meses de su aparición, se vio envuelto por los enrarecidos gases sociales del ambiente. En efecto, en su edición número 145 del 18 de setiembre de 1869, "La Regeneración" daba cuenta del asesinato de una mujer en manos de un ciudadano italiano. Ante aquella errónea información (en los días siguientes se aclaró que el autor del asesinato habría sido argentino) la comunidad italiana reaccionó enérgicamente reclamando una rectificación del medio, a lo que sus directivos accedieron pero negándose a transcribir el texto propuesto y exigido por los italianos. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los hermanos Decoud, calificados pr otagonistas y testigos de la vida intelectual, social, política y cultural de la pos-guerra del ’70.

El día 23 de setiembre, éstos reunieron en los alrededores del puerto, a un número próximo a 300 connacionales armados y atacaron el periódico. Allí mataron a todos los empleados que se negaron a gritar ¡viva Italia! además de otras tropelías cometidas en contra de las maquinarias y útiles del taller. La tardía intervención de los "policianos" terminó con la luctuosa jornada que dejó como saldo, 16 muertos, 13 heridos y cerca de 150 italianos presos. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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"Cri-cri" y "Don Pucho" A

l término de la Guerra del ‘70, Asunción mostraba curiosas combinaciones. Los aliados la consideraban un bastión militar ocupado .. y en consecuencia actuaban. Algunos de los extranjeros llegados con ellos buscaban integrarse, convivir, quedarse. Otros, los más, sólo querían concretar negocios y ganar dinero. Los unos y los otros habían venidos tras la épica Asunción, en busca de las fantásticas historias contadas sobre estos lugares y sus moradores desde lejanos tiempos. O por las evocaciones de las épicas jornadas vividas hasta apenas algunos meses atrás. Los paraguayos, sin embargo "...extranjeros en su propia tierra" se ocupaban de buscar a tientas los caminos para materializar la recuperación del país. La mayoría de ellos, el pueblo llano, estaba constituido por mujeres. Mujeres solas, tristes, envueltas con harapos y el infaltable "akahoja" de lienzo. Buscaban entre lo que había quedado de aquella ciudad, algo de sus bienes, de sus recuerdos, en el vano intento de recomponer -aun con sus hijos, padres, esposos o hermanos ausentes- lo que quedaba de sus familias. Por una parte, las esperanzas de pocos por recomenzar una vida nueva, lejos de los horrores de la guerra. Por la otra, la certidumbre de muchos, que estaban por terminar con un infierno. Que nada peor podría superar a lo ya vivido y sufrido. Por un lado, un país derrotado y ocupado, desmoralizado y pobre. Por el otro, la obstinación, la fe "...que centuplica las fuerzas y acrecienta la energía moral" , como diría el Dr. Manuel Domínguez. En medio de aquella mezcla de sentimientos, se dio inicio a la Convención que consagró la Constitución jurada el 25 de Noviembre de 1870. Con la misma ya vigente y los poderes del Gobierno constituidos, apareció un importante número de medios de prensa que, ya como diarios o como semanarios y revistas, en Asunción, o en los pueblos, Areguá, Pilar, Encarnación , Concepción, Villarrica yColonia Cosme dieron inicio a la prensa de opinión. Como tal, sufrieron también, las primeras agresiones de la incomprensión y la intolerancia que, premonitoriamente, marcaron la vida política y cultural de nuestro país a partir de entonces. Desde 1869 hasta los últimos años del siglo pasado vieron la luz -aproximadamente60 periódicos, cerca de 77 semanarios y 33 revistas. Algunas de ellas en guaraní, otras en castellano, inglés, francés o en alemán . Algunos de ellos representando a un grupo o una línea política determinada. Otros, como expresiones de las colectividades extranjeras y de sus culturas, o de instituciones militares, policiales, de grePostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La calle Independencia Nacional, frente al «Mercado Guazú». Mujeres de akahoja, solas , trabajando. Panorama habitual de la Asunción de fines del siglo pasado.

mios médicos, de la Iglesia, de intelectuales y artistas. Desde el punto de vista temático, las publicaciones cubrían todo lo imaginable, desde filosofía hasta artículos de ciencia, pasando por el humor, la enseñanza religiosa, novedades, política, arte, historia y moda. Para nuestros días, los nombres de algunos podrían resultar increíbles: "Cri-cri", "El Mosquito" , "El Burro", "Don Pucho", "Don Viruta", "Maestro Ciruela", así como increíble pudiera parecer que "La Gaceta Policial" era un modelo de redacción y cultura. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Muertos por la prensa L a "era constitucional" inaugurada en 1870 anticipaba la tragicomedia que signarían en adelante los avatares "democráticos" de la política paraguaya. Se inicia con el "golpe palaciego" que defenestró al Presidente Provisorio Facundo Machain, electo en forma casi unánime por la Convención instalada un año antes. Las "gestiones" para el golpe fueron auspiciadas por el sector "bareirista" y el apoyo desembozado del General Julio de Vedia, Jefe de las fuerzas argentinas en Asunción. No transcurrieron dos años de aquel hecho cuando la presidencia de Cirilo Antonio Rivarola tenía ya dos sangrientas revueltas en su haber y el Parlamento disuelto, como consecuencia de la segunda de ellas. Las "controversias" -entonceseran instigadas o resueltas por brasileños o argentinos como la manera habitual de dirimir supremacías en el manejo de la política paraguaya. Conseguida la pacificación y la constitución de una nueva Cámara Legislativa, le llega a Rivarola el turno de probar la medicina que él había dado a Machain. El mandato quedaba en manos de Salvador Jovellanos. Aquella "década infame" del Paraguay, se completaría con otras "perlas" que incluyeron asesinatos, persecuciones, destierros y latrocinios de variado monto pero siempre onerosos para el menguado caudal del estado paraguayo. La prensa tenía mucho que hacer y mucho que perder en aquel tiempo sin escrúpulos. Los señores de la política -que no hesitaban en traicionar a compañeros o asesinar adversarios- no dudarían tampoco en eliminar a quienes, en nombre de la opinión pública, pudieran señalarles faltas o se opusieran a sus intenciones. La destrucción de los talleres de "La Regeneración", el 24 de setiembre de 1869, dejaba en claro la fragilidad del ambiente en el que tenían que desenvolverse aquellos pioneros del periodismo nacional. Y se supo también -poco después- que no importaba cuan cautamente se manifestara una opinión que cuando los bárbaros sienten lastimados sus "reales fueros", la reacción es desproporcionada y brutal. En la madrugada del 25 de Abril de 1874, en medio de una de las cíclicas revueltas contra cualquiera que estuviera en el gobierno, fué tomado prisionero el periodista de "La Libertad", Francisco Martínez. Un Sargento Mayor de las tropas "revolucionarias" -de apellido Avalos- le atravesó el cuerpo con una lanza. Aún vivo, trató de cortarle la mano y como no daba con la coyuntura, Martínez gritó a su victimario: "...Pégueme cuatro balazos y nome haga penar tanto!". Desatendiendo sus clamoPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Desde 1870, las «movilizaciones de tropa» en Asunción eran frecuentes y generaban una gran inquietud en la población. En esta fotogr afía se ve el desplazami ento de fuerzas de caballería frente a la «Estación San Francisco».

res, Avalos le contestó: "Te he de cortar la mano para que no escriba después de muerto" (sic). Finalmente le asestaron otro golpe de lanza y " ... mil golpes de sable lo ultimaron". Exactamente diez años después, la ofendida fué la Cámara de Representantes y el ofensor, el diario "El Heraldo" . Pero esta vez, en vez de lanzas actuó la Justicia absolviendo de culpa y pena al Director, Héctor Francisco Decoud. En medio de la interpelación a Decoud en la Cámara, José de la Cruz Ayala, joven redactor del diario, gritó desde la barra su histórica expresión de identidad: "...Ese es inocente. Yo soy Alón!!" Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Siguen las muertes .... Francisco Martínez no fué el único periodista muerto en aquella "década infame" que siguió a la terminación de la Guerra del ’70. Durante el alzamiento del 8 de Diciembre de 1875, iniciada por elGeneral Germán Serrano contra el Presidente Juan B. Gill -al año siguiente del asesinato del infortunado Martínez- fué asesinado Eugenio Danós. Este periodista, que -a la sazón- oficiaba de secretario del jefe sublevado, fué muerto en un arroyo de la cordillera por un "...hombre de confianza del Gral. Caballero" de nombre Luís Benítez quién, ya de vuelta a Asunción, se complacía en contar que había atravesado el cuerpo del infortunado "...de parte a parte con su espada" . Peor fué la suerte del propio Serrano quien perseguido y apresado fue finalmente degollado en Caazapá "...sin haber siquiera combatido" . A la capital volvió su cuero cabelludo y ".. su hermosa barba" como trofeo de guerra del gobierno y escarmiento de los alzados. Aparte de estos y otros varios incidentes que tuvieron de víctimas a periódicos y periodistas, ganaron notoriedad algunos que pretendieron acallar la voz de jóvenes y admirados luchadores de la prensa: José de la Cruz Ayala, más conocido por el fulgurante seudónimo de ALON, Blás Garay y Carlos García. En los últimos meses del gobierno del Gral. Caballero, ALON fué enviado al Chaco donde recorrió "...100 leguas apies como guardia de seguridad del mensurador (..) señor Codas". Indignado porque un Juez, había "...declinado jurisdicción" enviando su expediente de reclamación a dormir el "sueñopolvoriento de los Tribunales", ALON escapó y fué a la Argentina donde moriría algunos años más tarde. A escasos 13 días de la finalización del siglo XIX, moría el Dr. Blás Garay. Había recibido un disparo de Néstor Collar, joven de 17 años, hijo de Mateo Collar, ex Ministro de Instrucción Pública a quien Garay había criticado ásperamente desde las columnas de "La Prensa". El hecho ocurrió durante una fiesta realizada en Villa Hayes el 16 de diciembre de 1899. Trasladado precipitadamente a la capital, el estado de salud de Garay empeoró visiblemente. A las 16 horas del 18 de Diciembre, el infortunado tomó las manos de su cuñado y amigo Gabriel Valdovinos y mirándole fijamente, le susurró "...¡¡Sálvame!!". Fue su despedida. En los albores del siglo XX, las "desinteligencias" entre "cívicos" y "radicales" enfrentaba a dos medios de prensa: "El Liberal", dirigido por Gómes Freire Estéves, Eladio Velázquez, Juan J. Soler y Marciano Castelví; y el "Alón" manejado por Carlos García y otros componentes de la juventud radical. En uno de los intercambios de polémica prosa periodística, el joven García se consideró agraPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Es inaugurado un tramo del ferrocarril y dos de los jóvenes del «orden liberal» comparten el agasajo de las damas: Adolfo Riquelme, Ministro del Interior y el Coronel Albino Jara, Ministro de Guerra. Unos años después el primero sería víctima y el otro victimario.

viado por los "cívicos" y retó a duelo a Gómes Freire Estéves. Sin que nada apaciguara la indignación de uno y la resolución del otro, el lance se realizó en las faldas del cerro Tacumbú al abrigo de la madrugada. Aquel día, la ciudad despertó con la noticia de la muerte del "...periodista, orador, soñador, enamorado y valiente, Carlos García". Igualmente joven y periodista, en otras circunstancias, pero por los mismos "delitos y culpas" que los mencionados: la vehemencia en la defensa de la verdad, de los ideales y sueños en pos de un país mejor, fué muerto Adolfo Riquelme, co-fundador de "El Diario". El hecho fué conocido como la tragedia de Rosario pues sucedió en "Bonete", puerto de aquel pueblo del norte, el 17 de marzo de 1911. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Libros y libreros P

uede decirse que una de las novedades más importantes que trajo la pos-guerra del ’70, fueron los libros. Ellos motivaron la lectura y la ilustración. No sólo la lectura en cuanto al ejercicio escolar de instrucción sino el hábito que permitía el acceso a la información, la asimilación de las ideas de los grandes autores y las grandes corrientes del pensamiento universal sino - muy especialmente - el cultivo del propio intelecto, por el prestigio que alcanzaba entonces al que ostentaba el recurso del saber y la sabiduría. Así -muchas veces- las librerías se disputaban los espacios de publicidad, en frecuencia y centímetros de propaganda, con los anuncios de sedas o licores europeos. La difusión del conocimiento y la variedad de la oferta editorial dio origen a la discusión de las ideas y el debate. El ejercicio de estos nuevos hábitos sociales se concedían en las tertulias de intelectuales -literatos y políticos- donde no pocas iniciativas culturales y hasta algunas conspiraciones tuvieron lugar. En aquel tiempo, los políticos alternaban las discusiones parlamentarias con aquellas reuniones plenas de chispa y sabiduría y más de un Presidente de la República aparece "militando" la literatura en el "Indice de la Poesía Paraguaya" publicado por Sinforiano Buzó Gómez. Tales fueron los casos de Cecilio Báez, Manuel Gondra y Liberato Rojas, además de otros mencionados en dicho "Indice" que llegaron a altos puestos del Gabinete o el Parlamento, como los hermanos Decoud -especialmente José Segundo- Facundo Machain, Juan Silvano Godoy, Miguel Palacios, Cayo Miltos y algunos años más tarde, Juan E. O’Leary, Arsenio López Decoud, Enrique Solano López, Manuel Domínguez, Fulgencio R. Moreno y Blás Garay, entre otros. El Centro Español, la Sociedad de Beneficencia Portuguesa, la Societa Italiana y cualquier otro lugar de Asunción donde se comiera y -sobre todo- se bebiera bien, albergaban a una nutrida concurrencia de intelectuales, nacionales y extranjeros, para -entre otras cosas- conversar sobre libros y autores. Los libreros se disputaban esta privilegiada clientela. Don Enrique Mangels anunciaba en "Los Debates", en 1876, la llegada de las siguientes ediciones: "Manual de Práctica Forense", de Florentino González; "Naturaleza y Tendencia de las Instituciones Libres", "Manual del Jardinero y Arborista", novelas en castellano, inglés y francés, además de "...gran surtido de globos y planetarios (...) planos de la Asunción, Albums del Paraguay, etc.". No faltaban las traducciones locales como la que el mismo Mangels anunciaba en una edición de Agosto de 1875, en "La Patria". Se trataba del libro de Stuart Mill, "La Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La Librería y Papelería Nacional, en Palma esq. Alberdi, en los inicios de este siglo. Más atrás, el Centro Español. Dos bas tiones de la cultura paraguaya.

Dependencia de la Mujer", traducido del inglés por José Segundo Decoud. La librería de Mangels había iniciado sus actividades en la calle "Del Atajo" (Alberdi) casi Palma para trasladarse luego frente al Mercado Guazú sobre la calle Palma. Más tarde aparecieron la Librería y Papelería Nacional de Quell y Carrón, en Alberdi esquina Palma; El Siglo Ilustrado de Luís Trasfí en Independencia Nacional y Estrella; y, la Librería y Papelería Alemanade Luís Simón, al lado de la Botica Alemana, sobre la calle Estrella casi Chile. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Centros Culturales La fundación del "Centro Literario" dio lugar a una inusitada actividad artística e intelectual en Asunción, con frecuentes reuniones y veladas realizadas en el Club del Progreso. En ellas se abordaban temas literarios e históricos. Aunque el "Centro" sólo subsistió hasta 1889, su corta vigencia pudo dar lugar a la fundación de otros núcleos culturales entre los que pueden contarse al Ateneo Paraguayo y la Sociedad del Cuarteto además del Instituto Paraguayo, ya en 1895. La Sociedad del Cuarteto no requiere aclarar que su objetivo era la difusión de la música. Nació en el mismo año 1889 y fué producto de la entusiasta tarea de algunos precursores como el músico italiano Luís Cavedagni, autor de una instrumentación del Himno Nacional, en 1874. La obra cumbre de este maestro fué sin embargo, la compilación y arreglos orquestales de un gran número de músicas populares paraguayas. Esta tarea de investigación y rescate fué posteriormente integrada en un Album con 400 composiciones y enviadas a la Exposición Universal de París, también en 1889. Los originales de este singular trabajo habrían quedado en poder del pianista italiano Emilio Malinverni. Un selecto grupo de personas estuvo en la firma del acta de fundación de la Sociedad del Cuarteto. Entre ellos figuraban algunos que fueron, o serían, Presidentes de la República como Emilio Aceval, Bernardino Caballero y Juan B. Gaona. De aquel numeroso grupo, sólo eran músicos los señores Narciso Acuña, Ismael Billordo, que fue el primer presidente de la entidad, Guido Boggiani, Arturo Cabib, Antonio Cristoffanini, Juan C. Lombardi, Nicolás Parducci y Federico Scarpa. A principios de la década del ’90 se formaba la Orquesta Nacional. Aunque en 1891 contó con una subvención del Gobierno, el grupo tuvo una corta duración. Mentor y director de la misma fué el Sr. Cantalicio Guerrero, antiguo dueño de la casa que hoy ocupa la Policía Nacional, sobre la Plaza Independencia. Como puede sospecharse, en esa casa se realizaban los ensayos y hasta algunas presentaciones de la orquesta. Una de las razones de su disolución habría sido la desavenencia entre Cavedagni y Guerrero, ante la pretensión de éste de montar una ópera, a lo que el músico italiano se oponía debido -decía- a la escasa formación y preparación de los músicos. Además de la actuación de grupos musicales locales o de los internacionales que recalaban, de tanto en tanto en Asunción, el ambiente artístico seguía creciendo en animación hasta que, en 1900, en un homenaje a Verdi, cantó el mismo Cavedagni con acompañamiento de una gran orquesta. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Círculo Coral Filodramático italiano, una de las primeras formaciones musicales de la posguerra del ’70.

Los músicos extranjeros venían y se iban. Algunos, entusiasmados con la apertura musical de Asunción traían instrumentos y otros bártulos y para volver, desalentados y empobrecidos, tenían que venderlo todo. Esto sucedió con el pianista Modesto Borrel quién al tiempo de anunciar su concierto, ponía en venta su piano marca "Boiselot". El Concierto se realizó el 20 de Setiembre de 1891, el piano fué vendido en 30 libras ya unos días antes y Borrel partió el 22. Vino, cantó, vendió su piano .... y se fué. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO XII

SERVICIOS

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


El Mercado "guazú" y su entorno El mercado "era una fiesta". Aglomeración espontánea dentro de las aglomeraciones humanas, encuentro de vendedores y compradores y, tras ellos, "gentes de cien mil raleas", como dice la canción de Serrat, el "Mercado Guazú" de Asunción no era ajeno al fenómeno universal de los mercados populares. Inicialmente instalado en la manzana conformada por Palma, Estrella, 25 de Noviembre (Ntra. Sra. de la Asunción) e Independencia Nacional, lentamente radiado hacia el espacio abierto conocido como "Plaza del Mercado", fue finalmente consolidado en dicho lugar, dentro de un recinto cerrado por altas murallas y pórticos de acceso en las bocacalles. Como siempre ocurre, luego de su abarrotamiento la feria fue ganando -otra vezespacios hacia el exterior, especialmente sobre la calle Independencia Nacional. Los protagonistas del mercado -casi siempre del género femenino y campesinas- que, además de la oferta de productos tradicionales: jety, abatiky, mandi’o y frutas, pregonaban a gritos la invitación para la degustación de mazamorra,camby-rorá,andaí camby o, la existencia de dulces, encurtidos, quesos, sombreros, hamacas y toda clase de productos. La actividad femenina y la industria casera, sustento del "Mercado Guazú" certificaban las características esenciales de la sociedad de entonces: que la Guerra del `70 había dejado la producción y la subsistencia a cargo de las mujeres y que las circunstancias del momento convertía a las casas en cuasi-factorías donde se desarrollaban diversas tareas productivas, desde los cultivos de diversa envergadura, hasta la cría de animales. Así las actividades normales de las familias incluían la molienda de forraje o alimentos para la casa, ordeñe de leche, elaboración de quesos, manteca, almacenamiento y ensilaje, fábrica de dulces y tejido o hilado. A ésto debe agregarse la construcción y el mantenimiento de sus propios ranchos e instalaciones. Los productos de las huertas cercanas o de las factorías hogareñas mencionadas, venían al mercado a lomo de burro, en"arganas" de cuero, que eran como "monturas con bolsas" a ambos lados del animal. Entre las arganas montaba la mujer, con una sombrilla para protegerse del sol. Venían en grupos, de distintos parajes, conversando y fumando sus grandes cigarros. Los burros llegaban al mercado y una vez instalada la mercadería, los animales eran conducidos a un corralón ubicado sobre la calle Ypané(Fulgencio R. Moreno) entre Yegros e Iturbe, anticipo de nuestras "playas de estacionamiento". Este trabajo era Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Mercado Guazú (atrás, altas mur allas y ventanas) ganando la calle Independencia Nacional. Entre las vendedoras, sentadas a pleno sol, las árganas de cuero.

desarrollado por muchachos que se encargaban de llevar y traer los burros donde sus dueñas y, en el "corralón de estacionamiento", darles agua y forraje. Dentro y fuera del Mercado, el bullicio era impresionante y, aunque la aglomeración, el calor y la falta de instalaciones del local motivaban importantes decomisos de mercaderías, especialmente de carne, el movimiento comercial era importante. En un informe de la Municipalidad, editado en 1918, se consignaba que en el lugar se comercializaba mensualmente un promedio de 450.000 kilos de carne. El mismo informe mencionaba que, por cada mes, se había comercializado 300,000 kilos de frutas, más de 7.000 aves, 9.600 docenas de huevos,31.500 kilos de pescado y más de 90.000 kilos de verdura. Luego de la consolidación de la "feria", alrededor del "Mercado Guazú" se fueron afincando los comerciantes que nunca faltaron a la cita con el Mercado. Será tema de otro comentario. Años más tarde se repetiría el fenómeno en el Nº 4 de la avenida Pettirossi. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Alfalfa y sanguijuelas Originalmente publicado como "El Mercado "guazú" y su entorno (2)"

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uego de terminada la contienda del ‘64 al 70, el "Mercado Guazú" fue consolidándose hasta convertirse en el centro vital de la "aldea" asuncena. Los avisos de los diarios que saludaban en Asunción el fin de la guerra, daban cuenta de la oferta comercial de la plaza, centrada casi íntegramente en la existencia de los alrededores. Así, a menos de 100 metros de la "plaza del mercado" podía uno encontrar desde sanguijuelas hasta ropa europea, tanto alfalfa como enseñanza de idiomas. En las ediciones de agosto de 1870, "La Voz del Pueblo", diario dirigido porMiguel Gallegos, anunciaba -por ejemplo- los servicios del Dr. Fors, abogado, en De la Oliva Nº 27; Iturburu, Bareiro y Rivarola ofrecían alfalfa "de superior calidad" en Oliva Nº 60, frente al "reñidero de gallos". Calle abajo, en los locales números 7 y 9, se hallaba el "Gran Bazar Universal" con materiales de ferretería y sobre la misma vía, aunque ya con el nombre de De la Paz, actual Cerro Corá, la Armería de Alfredo Hoeguard ofrecía armas, de todo tipo, incluso instrumentos de esgrima, tales como "...floretes, caretas, guantes, pecheras, espadas y cinturones". Sobre la calle Estrella, en el espacio que corresponde a la incorrectamente denominada Plaza O’Leary, en el local Nº 11 y bajo inmensos corredores coloniales, se encontraba la tienda y ropería "La Novedad" de José Fuster. También el Hotel de la Paz, que ofrecía "...baños de lluvia a todas horas"; en la esquina de Estrella con 25 de Diciembre (Chile), estaba la "Botica de la Alianza" . Sobre los corredores de Palma e Independencia Nacional, estaban "La Bota Colorada", "La Hormiga" y "El Ñandú". Más abajo, en la esquina de esta última calle con la de Del Sol (Pte. Franco), el "Baratillo de Retratos (...) al lado del Palacio Barrios" ofrecía todo tipo de recuerdos fotográficos, tanto personales como "...familiares o de grupos". Ya hacia fines del siglo, el Mercado Guazú, junto con el Puerto, pasó a constituirse en la principal atracción de la ciudad. Tanto que en la medida de su expansión, los medios de transporte empezaron a vincular, inevitablemente, el interior del país y los nuevos arrabales de Asunción con estos puntos. El "trencito de San Lorenzo" -por ejemplo- tenía su estación frente a la "Armería Alemana" de Otto Zinert, en 25 de Noviembre (Nuestra Señora de la Asunción) entre Palma y Estrella. Don Otto había adquirido el edificio del Gral. Bernardino Caballero en 1906, quien - a su vez - la había "heredado" del Gral. Osorio, Vizconde de Herval, miembro del ejército de ocupación brasileño. La casa, que ocupaba toda la manzana de Palma entre 25 de Noviembre y 25 de Diciembre, había pertenecido a Francisco Solano López. En ese tiempo y en la otra Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Mercado Guazú reducido a nada. Luego del «Mercado Provisorio», la desaparición definitiva: mercado, galerías, burros y vendedoras .

esquina, 25 de noviembre y Estrella, ganaba popularidad "El Rey de los Quesos" del Sr. Pozzo. Más allá, el inconcluso Oratorio de la Virgen daba origen a dos hechos fundamentales en la historia de la ciudad: la inmigración japonesa y el comercio de plantas, especialmente orquídeas. Era el "Jardín Japonés" regenteado por el Sr. Shotaro Fukuoka, uno de los primeros -si no el primer- súbdito del "Imperio del Sol Naciente" radicado en el Paraguay. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El "mercado provisorio" Originalmente publicado como "El Mercado "guazú" y su entorno (3 Final)"

La expansión de las ciudades es la historia del desplazamiento de los barrios "residenciales" debido a la necesidad de "la distancia social" que las burguesías locales impusieron -desde siempre- al resto de la sociedad. Y a pesar de que los barrios "elegantes" de Asunción fueron alejándose del Mercado Guazú, más allá de la Plaza Uruguaya primero y sobre la avenida Asunción, después, había que alejar -tambiénal Mercado del Centro. La demolición era inevitable. Sobre los restos de la demolición finalmente concretada, se construyó el "Mercado Provisorio" con la promesa de reconstrucción del antiguo. Maderas, chapas de "zinc", galerías y unos pabellones "marroquíes" que marcaban los accesos, conformaron el "provisoriato" que duró casi 20 años. Ya al promediar la tercera década de este siglo, el paisaje urbano de la feria se había vuelto directamente impresentable para los afanes estéticos de la pos guerra del Chaco. Sin embargo, el conglomerado comercial en torno al lugar así como la presencia de centenares de vendedoras, changadores y toda clase de "cuenta-propistas" de la zona, no permitía un desalojo tan fácil. Pero ya se habían demolido también algunos de los edificios que entornaban el otrora populoso Mercado, como los corredores que daban sobre Palma y las construcciones que ocupaban el predio del actual Hotel Guaraní. Los que todavía quedaban en pie, se presentaban en notorio estado de obsolescencia para competir en rentabilidad y seguridad con construcciones más nuevas y de mayor envergadura. El fin era inevitable. Con la pérdida de su hegemonía, afloraron -también- todos los defectos. Se recordaba entonces la luctuosa historia que se había generado alrededor de sus murallas y corredores, como el asesinato del ex-presidente Cirilo Antonio Rivarola, en la noche del 31 de diciembre de 1879, así como la fama de los vicios, que se acrecentaba según iba declinando el comercio: los reñideros de gallos, los bares, los lupanares... Suficiente excusa para aportar el ingrediente que faltaba para el ejercicio del "urbanismo fácil", deporte favorito de nuestros intendentes, civiles y militares: eliminar vicios con demoliciones . En la década del ’40, el Mercado Guazú y sus restos sobrevivientes, el Mercado Provisorio y los puestos de los alrededores, terminaron definitivamente. Quedaron muñones baldíos que a la ciudad le costó trabajo desmantelar. En el espacio libre seguían recalando algunas burreras. Una terminal de omnibuses -también improvisada y mal acondicionada- se instaló en la manzana contigua. En ese lugar y casi 15 Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Mercado «provisorio» que duró casi 20 años. El preludi o del fin.

años más tarde, la audaz estructura del Hotel Guaraní terminaría por desalojar el recuerdo del Mercado. Con la desaparición de la feria, empezó el desalojo del centro y casi, de inmediato, sin reparar en la posibilidad de mejorar el mecanismo de mercadeo, olvidándonos de todo lo bueno que podíamos haber mantenido y todo lo malo que pudimos haber evitado, se recreaba el proceso -con todos sus defectos, y aún agravados- alrededor de "Dos Bocas". Nacía el Mercado 4. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Los cementerios Inmediatamente después de instalada la Colonia, fue menester atender las necesidades del Culto y junto a ellas, las generadas con el sepelio de los muertos. Puede entenderse que en medio de tantas vicisitudes, enfermedades y peligros, especialmente derivados del enfrentamiento con los indios, la muerte fuera un hecho cotidiano y la inhumación de féretros no podría haber sido un hecho que se dejara para la improvisación. Aunque ya muy posteriormente a la consolidación de las colonias americanas, los documentos de la Corona empezaron a considerar la necesidad de contar con "...sitios ventilados e inmediatos a las parroquias pero distantes de las casas de los vecinos", de acuerdo a la Real Cédula de 1787, no era fácil dar cumplimiento a tales disposiciones aunque tuvieran como fundamento el evitar las pestes que se propagaban tan fácilmente. Estas se extendían a partir de la costumbre de sepultar a los muertos en las mismas iglesias. Probablemente la difundida idea del "infierno" así como la de predicar con el temor, habían determinado la necesidad de realizar las inhumaciones al amparo de los templos. En las Reducciones Jesuíticas -sin embargo- se disponían los cementerios a un costado de la iglesia. El camposanto era rodeado, en tres de sus lados, de un alto muro "...a menudo con galerías" y las sepulturas se dividían, usualmente "...en cuatro cuarteles: hombres, mujeres, niños y niñas. En el centro se levantaba una cruz, una escultura o una capilla pequeña. Para la ornamentación se disponían naranjos y flores, generalmente nardos. Sólo los Jesuitas y los Corregidores eran enterrados dentro de las iglesias" . Uno de los primeros cementerios del que se tiene alguna referencia en Asunción, era el De la Encarnación. Ubicado dentro del perímetro del Convento de Santo Domingo, entre las calles 15 de Agosto, Juan E. O’Leary, de la República y el barranco de la bahía de Asunción, ganó -posteriormente- los espacios del frente, donde estuviera el campo de deportes del ex Colegio Militar. Existen grabados ydibujos que muestran la disposición de sepulturas en el lugar así como al costado sur de la antigua iglesia, aunque es seguro que -en su interior- también estuvieran dispuestas algunas tumbas. El mismo Dictador Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia fue sepultado en una de las naves de la Iglesia hasta que su sepulcro fue profanado y sus huesos arrojados al río, en 1852. Se cuenta que el autor de la profanación fue el Sr. Manuel Pedro de la Peña. El Cementerio General de Asunción , fue creado a partir del Decreto de los cónsules Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La Recoleta, ya amur allada, con la calle «de la Asunción» todavía reducida al estrecho espacio alrededor de las vías del «trencito a San Lorenzo».

López y Alonso, del 30 de Mayo de 1842. El territorio perteneció originalmente a Don José Roxas y Aranda quien donó a los Dominicos el sitio en el que fundarían -más tarde- el Convento de la Recolección de San Francisco. El 20 de Octubre del mismo año quedó establecido el cementerio siendo bendecido tres días más tarde. Este camposanto se destinó a la inhumación de restos de las parroquias de la Catedral, Encarnación, San Roque y Recoleta. Al mismo tiempo de la habilitación de la Recoleta, se establecía la prohibición de realizar inhumaciones en las iglesias o en los corredores cercanos y se consagraba también el templo de la Encarnación como "Cementerio de Párvulos". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El mangrullo Originalmente publicado como "Los cementerios (2)"

La Cédula Real de 1805 ya había anticipado algunos inconvenientes acerca de la costumbre de inhumar cadáveres en las iglesias. Para el efecto se acompañaba un plano que contenía las indicaciones sobre "Como puede formarse el cementerio en estramuros de esta ciudad". Sobre esta Cédula Real se pronunció el Cabildo de Asunción el 7 de enero de 1805 aceptando las argumentaciones en favor del procedimiento porque, decían"...debe dársele puntual cumplimiento por ser utilísimo el pensamiento no solo por el decoro de la religión y templos sino también por el interés de la salud pública pues la experiencia persuade que siendo el aire, uno de los agentes de la vitalidad y debiendo este inficionarse por los vapores que exhalan los cuerpos sepultados no puede dejar de padecer la humanidad cuando respira casi en el mismo centro de la pestilencia debiéndose atribuirse a éstos tantas enfermedades" . Sin embargo, y a pesar de la publicación -por Bando- del documento real, los cabildantes no pudieron conseguir desterrar el mal hábito. La habilitación del Cementerio General de Asunción en 1842 rompió finalmente las resistencias de los feligreses y la puesta en práctica del Decreto de los Cónsules López y Alonso significó desmantelar la antigua tradición del entierro de féretros en los templos o en sus aledaños, así como consagró la costumbre de los extenuantes y dolientes "acompañamientos" a lo largo de la avenida "Asunción", hasta el camposanto de la Recoleta. La enorme distancia que mediaba entre el casco histórico y los barrios de la ciudad hasta el antiguo Convento de la Recolección, hizo que se pusieran en práctica una serie de mecanismos para el traslado de los muertos, desde el peregrinaje a pie llevando los féretros en andas, hasta el complicado sistema a base de tranvías, pasando por los de los carruajes y carros. En el caso de los tranvías, había uno para la caja mortuoria y otros para los dolientes. Esto, si es que la familia del fallecido contara con suficientes recursos. La mayoría de las veces y especialmente cuando el sistema de tranvías era "a mulitas", se disponía de un sólo carro, el que era destinado -con exclusividad- para el traslado del féretro. Antes de contar con tales "exquisiteces", la peregrinación se hacía a pie o a caballo, hecho que motivaba un verdadero desfile de "chuscos" jinetes que se lucían a expensas del difunto. Con posterioridad al Cementerio de la Recoleta fueron apareciendo otros. El del "Mangrullo" hoy Parque Carlos A. López, fue uno de ellos. "Mangrullo" es un término pampeano que se refiere a una instalación para vigilancia, uso que, precisamente, le dieron las fuerzas de Pedro II acantonadas en la ciudad luego del la Guerra del ‘70. Allí mismo funcionó el "Hospital de Brasileros" y, tal vez por la comodidad de enterrar a los muertos en el mismo predio del hospital o, ya Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Desde el «Belvedere», rumbo a la Recoleta, en tranvía «a mulitas». Nótese el «tocado» de las mulas para la ocas ión.

por la lejanía de la Recoleta, el sitio fue convirtiéndose -paulatinamente- en cementerio, hasta su clausura en 1918. Para ésto tuvo que ver la conformación de otro cementerio para la zona, materializado sobre la adquisición de un vasto predio perteneciente a los sucesores del Presidente Higinio Uriarte (1877-1878). La compra se registró en 1914 durante la intendencia del Ingeniero Albino Mernes y a partir de la misma, se constituyó lo que es hoy el Cementerio del Sur. También estuvo -ya bien entrado este siglo- el Cementerio Español, en la calle Milano (ex-2a.) entre Chile y Alberdi, frente a la antigua "carrería Municipal" y en el centro de una colectividad española afincada por la zona. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Hoteles N

o se sabe cuando empezaron a aparecer los hoteles en Asunción aunque es probable que existieran fondas o posadas, desde siempre. La diferencia de éstas con aquellos, era que en las posadas o postas del camino, el viajero obtenía también atención -esto es abrigo, alimentos y agua- para su caballo. Ya en el período pre independiente y hasta la Guerra del ’70, lo más que se permitía la pobreza de la ciudad y las cercanías del puerto eran unos "...pocos tenduchos sucios y cabañas llamados hoteles" con los nombres de "...Garibaldi, Au petit français y Le Sapeur" , según las crónicas del capitán Richard F. Burton, recogidas en sus "Cartas delos Campos de Batalla del Paraguay", editadas en Londres en 1870. Un puerto es siempre una convocatoria a las instalaciones hoteleras y Asunción, que dependía casi absolutamente de su gran tráfico fluvial no fue ajena a ese influjo. El radio de acción del antiguo Puerto de la Aduana abarcaba hasta la esquina de Estrella y Colón donde se encontraba el Hotel Cosmos, ex palacete de Venancio López. En 1926, en la terraza de este hotel fue escuchada -por primera vez, en público- la Guarania. Se trataba de "Jejuí", de José Asunción Flores y la misma fue ejecutada delante del propio Presidente de la República, Dr. Eligio Ayala. El Cosmos estuvo alrededor del 1900 en otro sitio, en la esquina de Alberdi y Gral. Díaz al 200. Allí lució -antes- el nombre de Hotel Laborde. También mencionaba Burton que ".. a unos pocos pasos" de la Catedral se encontraba el "...Hotel de la Minute". Ya finalizada la "Guerra del Paraguay", en lo que fuera sede de la Legación Norteamericana y antigua residencia de la familia Saguier, Gral. Díaz y 15 de Agosto, se encontraba el Gran Hotel de Cristo. En la misma época, la empresa propietaria del Gran Hotel del Progreso, Domingo Bonnecarrére y Cía., anunciaba en el diario "Los Debates", que "...sobre la calle más central y comercial de Asunción" se podía contar "...a toda hora con baños fríos y calientes" . Este hotel, que posteriormente recibió otros nombres, ocupaba el antiguo palacete de Benigno López, en Palma esquina 14 de Mayo. Pero cualquiera fuera el nombre que recibiera o quienes fueran sus dueños, tal vez por su ubicación en la ciudad o por la magnificencia del edificio, el hotel siempre concitó el favor del público visitante, y el noctámbulo de Asunción, hasta bien entrado este siglo. Otros sitios que motivaban la presencia de hoteles en la ciudad, eran el Mercado y la Estación del Ferrocarril. Entre 1870 y hasta el definitivo desmantelamiento del "Mercado Guazu", existieron en sus alrededores hoteles de distintas raleas. El diario "El Imparcial" anunciaba la presencia del Hotel de la Paz , sobre la calle de la Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Puerto, el Mercado y la Estación del Ferrocarr il motivaron siempre la presencia de posadas, fondas, hoteles y albergues de toda clase. Con la consolidación del centro, dichas instalaciones se trasladaron a la calle Palma. En la imagen, el interior del Hotel Hispano Americano, antigua residencia de Benigno López.

Paz, actual Cerro Corá casi Independencia Nacional. "La Patria", anunciaba en 1875, al "remozado" Hotel del Plata, en la calle Villa Rica Nº 7, actual Presidente Franco casi Independencia Nacional. Allí se ofrecía "..un regular número de cuartos bien amueblados para pasageros" (sic). Ya entrado este siglo, en Diciembre de 1902, en "El Cívico" , el Sr. Antonio Spinzi ofrecía las instalaciones de su Gran Hotel de Roma, en Alberdi Nº 221 al 223. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO XIII

INDUSTRIAS Y NEGOCIOS

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


El "karaguata" como moneda Las instituciones financieras existen desde que las agrupaciones humanas se convirtieron en estados o naciones. Y desde siempre fueron muy poderosas. Además de asegurar y garantizar su propia prosperidad se "ocuparon" -también- de destronar reyes, entronizar Papas, financiar guerras y -hasta a veces- salvar de la ruina a algunas monarquías como sucedió, en mas de una oportunidad, durante el extenso reinado de Felipe II, en toda la segunda mitad del siglo XVI. Generalmente la historia omite considerar que la mayoría de las guerras y cambios operados en los límites de los territorios nacionales y en la nomenclatura de los mapas, han tenido motivaciones económicas. Desde luego que el progreso de la humanidad se sustentó también en las artes y las investigaciones, pero la frase "El dinero no hace la felicidad" sólo es otra perversa maquinación de la literatura religiosa. Los habitantes del Paraguay colonial, "... víctimas de un sueño colosal, ... despojos heroicos de las grandes expediciones", no tuvieron muchas posibilidades de comerciar y desarrollar una economía próspera. El colono, soldado y agricultor, sólo tuvo en el cultivo de la tierra la posibilidad de sobrevivencia; tanto, que algunos de sus productos eran -al mismo tiempo- su moneda. En efecto, dada la dificultad de contar con metales nobles para referenciar los intercambios comerciales, se tuvo que apelar al hierro. Eran las "cuñas" de Martínez de Irala, que sustituían a los inexistentes metales como el oro o la plata. Una cuña de hierro, en 1544, equivalía a un "real oro" y para los cambios menudos "... se dividía la cuña en pedazos, determinando su valor por su peso". Dadas las dificultades del sistema, el Cabildo de Asunción "desmonetizó" el hierro en 1599 reemplazando la cuña por el lienzo, la cera y el caraguatá. En el siguiente siglo, estos productos cedieron ese importante papel a la yerba mate cuya cotización alcanzó a dos pesos-plata por arroba del producto, en 1674. Durante toda la Colonia y gran parte de su vida independiente, el Paraguay sufrió un verdadero bloqueo comercial de parte de sus vecinos del este y del sur, especialmente de la Argentina. Además de las trabas a la libre navegación, el vocabulario aduanero colonial está lleno de nombres como sisa, arbitrios, alcabala o puertospreciso, arbitrarios procedimientos impositivos que arruinaron el comercio de nuestro país.

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En los primeros años de actuación de los Bancos en el país, el papel moneda fue glor ificado y objeto de homenajes hasta en las emisiones postales

Luego del fallecimiento del Dictador Francia y ya durante el Gobierno de Don Carlos Antonio López se iniciaron procedimientos de ordenamiento administrativo e implementación de nuevas tarifas de Aduana. Unos años más tarde y ya cuando existían monedas de valor, comenzó la circulación de papel moneda. La emisión, autorizada en 1849, se había hecho por un valor total de 1.100.000,oo pesos, y los billetes eran de 5, 4, 3, 2 y un peso; y de 4, 2 y 1/2 reales. Mientras, las monedas de cobre creadas a principios de 1847, tenían un peso de 5 gramos y el valor total de la emisión, fue de 16.198 pesos y 6 reales. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Negocios, monedas, mercancías... Se puede suponer que los primeros negocios de la ciudad se hicieron con los propios indios. Independientemente de las "novedades" que éstos pudieran ofrecerles, los españoles no tuvieron más remedio que canjear sus escasas pertenencias por los frutos y objetos que poseían los nativos. El hecho es de frecuente mención en la crónica de los historiadores de la Colonia. En momentos críticos para "la Asunción" -que fueron muchos- los bastimentos indígenas tuvieron la virtud de salvar a la ciudad de inminentes períodos de hambruna. Ya con la población consolidada, variada y numerosa y antes de la aparición de los medios de intercambio, la propia sociedad daba lugar al canje como una forma primera y primaria de comercio entre sus miembros. Posteriormente y de común acuerdo entre los Oficiales Reales y el Gobernador Irala, aparecieron las primeros referentes monetarios: el "escoplo", las "cuñas" y los "anzuelos" aún subsistiendo el trueque o la permuta, procedimiento éste que recibía el nombre de "rescate". Ante el fracaso en la utilización de las "monedas nobles" (el oro y la plata) debido a su escasez en la Colonia, se sumaron a los objetos de valor monetario: el hierro, el acero, el lienzo, la cera, el karaguata y el algodón. Puede deducirse que estos productos, además del vino, el tabaco, el azúcar, entre otros, constituían la base de la producción industrial y el sustento del comercio. El caso del vino era -con el del trigo- de una especial connotación debido a que le atribuían relaciones con lo bíblico o divino. Vale la pena mencionar también la curiosa elaboración del azúcar en aquellos duros primeros años de la conquista. Luego del trapiche y la cocción del mosto hasta el estado de melaza, se ponía el producto en bolsas de cuero que un fornido varón hacía girar por los aires. El resultado de este "centrifugado" manual era el azúcar que quedaba adherida a las paredes de la bolsa. Luego, en forma igualmente manual, se sacaba dicho azucar y se lo secaba para embolsarlo convenientemente. Pero eran los productos importados los de mayor valor para el consumo, especialmente las especias como el azafrán, la canela, el gengibre y la pimienta cuya "existencia, el conquistador guardaba celosamente en su despensa y hasta entraba a figurar en los inventarios". La utilización de los "Puertos Precisos" y el "Puerto Terminal" de Santa Fe, al sur de Asunción, elevaron aún más la cotización de los productos de la península. Las sedas, licores, joyas o muebles provenientes de España, adquirían un valor inconmensurable, lo mismo que aureolaban de gran prestigio a sus propietarios aunque, ya más tarde -en el período pre-independiente- y formaPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La base del int ercambio con los indígenas fueron los produc t os art esanales que ést os fabricaban o el produc t o de sus cult ivos de subsist encia. A quí, «Lenguas» en sus t oldos.

lizado el comercio, era normal que estos productos engalanaran la casa de las familias más "pudientes" de Asunción. Ya para entonces, hubo otra mercancía cuyo uso indicaba el poderío económico de los componentes de la sociedad: los esclavos. A propósito, en una de las crónicas que alude a la pasantía del Dr. Francia en la Universidad de Córdoba, se menciona un listado de "cosas" que contenía una encomienda que le fuera enviada por su madre desde Asunción. Entre los dulces y la ropa nueva se lee: "...y un negrito de 10 años, destinado a su servicio". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las instituciones financieras A

l momento de la Guerra contra la Triple Alianza, Paraguay era un país pobre pero autónomo, "...una nación pequeña y despoblada" que hasta ese momento había prescindido del crédito internacional, en contraposición al elevado endeudamiento de sus vecinos y adversarios en la guerra, Brasil y Argentina. Concluido el conflicto, todo el territorio paraguayo era una inmensa desolación. En "...las viejas heredades, donde reinó la abundancia, había desaparecido hasta los animales domésticos". Los gobiernos emergentes de la pos-guerra, impedidos de todo -menos de endeudarse- autorizaron en menos de dos años, empréstitos por valor de 2.500.000 pesos. Agregados estos a las emisiones realizadas, la deuda pública del país aumentó dramáticamente. Para amortizar las emisiones de dinero, el estado decretó en 1875, el estanco -una especie de monopolio- del tabaco, seguido del de la sal y el jabón. En 1876, se estancaba la yerba mate. No obstante las dificultades económicas, alguna tregua en las confrontaciones político-militares en la década de los ’80, permitió planear mejor las políticas económicas del gobierno. En ese sentido, el mensaje del Presidente Gral. Patricio Escobar al Congreso Nacional, en el inicio de las sesiones de 1887, llamaba la atención sobre "...la necesidad y conveniencia de establecer un Banco Hipotecario que movilice la propiedad raíz". En el mismo mensaje ya se hablaba de la existencia del Banco Nacional, que "...sigue funcionando de una manera regular ofreciendo facilidades al comercio y a los industriales" . Pero, de acuerdo a los datos consignados en el "Album Gráfico del Paraguay" editado por Arsenio López Decoud en 1911, el Banco Agrícola aparecía como la institución de crédito más antigua en nuestro país. Aunque creada en 1887, fue abierta al público el 7 de Julio de 1888. Su sede estaba en un edificio todavía existente sobre la calle Villarrica -hoy Pdte. Franco- entre Alberdi y 14 de Mayo. A diferencia de esta institución, de origen estatal, el Banco Mercantil del Paraguay fue integrado y fundado con capital privado, en 1891. Su sede se encontraba en la esquina de Chile, entonces 25 de Diciembre, y Estrella. El edificio -ya demolido- dio lugar a la construcción que alberga el Citibank. La pujante economía nacional de principios de siglo impulsó la creación de otro banco, el Banco Paraguayo. De corta actividad, sobre la base de esta entidad se fundó -poco tiempo después- el Banco de la República, el 26 de Diciembre de 1907. El edificio que le sirvió de sede todavía subsiste en la esquina de Palma y 15 de Agosto. Este Banco tuvo notorios privilegios ya que el Decreto de creación le autoPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El Banco de la República, en Palma y 15 de Agosto. Las verjas de la casa ubicada sobre Palma, corresponden a la Societa Italiana.

rizaba, entre otras cosas, a ser encargado -con exclusión de todo otro banco o establecimiento de crédito- de las operaciones del Tesoro del Estado; de ser -con preferencia- el agente financiero del Estado, dentro y fuera de la República; constituirse en depositario de los fondos de todas las reparticiones y oficinas públicas; y, de establecer un Montepío y tener la facultad de emitir cédulas o letras de garantía. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las fábricas: desde el fósforo al azul... L

a Fábrica de Fósforos de la firma Peña, Machain & Cía., destino final de la expansión de la Asunción al sur, coronaba la ascensión del tranvía "a mulita" hasta Barrio Obrero. Las vías de estas primeras líneas (había otra que iba a Puerto Sajonia) eran de madera y en relación al edificio de la fábrica, originalmente habría sido un convento según algunos, o una instalación penitenciaria, según los más, dado el espesor de sus muros y la fortaleza de su enrejado. En el otro extremo, el Edén Teatro Belvedere, lugar de recreo en aquel cerco de añosos árboles que era la avenida España, fue "...al mismo tiempo café, cine, teatro y, más tarde, pista de patinaje..." Era tal su calidad ambiental que allí fue agasajado, con un almuerzo de 300 cubiertos, el Presidente Roosevelt cuando su visita al Paraguay "para cazar tigres", en 1914. El local había sido fundado por Giovanni Ceriani, el primer florista que tuvo la ciudad. Siguiendo por la calle España, hacia el este, estaba la Cancha Sociedad , santuario de las "..diversiones campestres" de Asunción. Constituido por el antiguo territorio conocido también como "Villa Egusquiza" contaba con una pista de carreras de caballos, detalle que dio el primer nombre al sitio. Ya bajo la propiedad del Dr. Silvio Andreuzzi, un garibaldino llegado al Paraguay en 1873, el enclave fue acondicionado con un hotel, un teatro de verano y, además de otras instalaciones, con la primera pista de patinaje que tuvo el país. Entre los parajes que se consolidaron alrededor de instalaciones industriales, la Fábrica de Azul de Adolfo Betteenger, en el cruce del arroyo Leandro, con el implacable arenal que iba hacia Itá Enramada, no fue de los sitios más conocidos aunque si uno de los primeros referentes de las rutas del transporte colectivo, desde el centro de la capital hacia los barrios más lejanos. Varadero, Chorrito, Riacho Caracará, fueron otros de los sitios afamahacia el oeste y sobre la costa del río, conocido como una de las primeras instalaciones "astilleras" de la ciudad. El Chorritoen el parque Caballero y el riacho Caracará, en los bajos del mismo, eran alternativas balnearias para aplacar los fuertes calores. Estos, sin embargo, siempre tuvieronenla fronda patios ycalles de Asunción,unfiltromuchomás adecuadoque los que se cuentan en la actualidad. Para completar la lista de lugares de la ciudad que debieron sus nombres a los de sus antiguos dueños aparte de los ya mencionados en entregas anteriores, estaban las Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Sobre la costa del río, el Varadero, una de las primeras ins talaciones «as tilleras» de la ciudad y el palacio del Sr. Diego Martínez.

"quintas"; como la que perteneciera a Enrique Mangels, en el terreno que hoy corresponde al Instituto Superior de Educación y al Consejo Nacional de Deportes y que contaba hasta con un cementerio privado. La del Gral. Patricio Escobar en el inicio de la avenida José Félix Bogado hacia Lambaré; o, ya cerca del arroyo Ferreira y sobre la misma avenida, la quinta de Emilio Nudelman, donde hoy se halla localizada la urbanización "Aranjuez". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Atrasados o subdesarrollados..? El comercio del Paraguay cuando Colonia o Provincia y aun cuando República, es la historia de las contínuas interferencias y perturbaciones ocasionadas por las "...provincias del sur" a nuestros intentos de progreso o -al menos- comercio. Aunque luego de la expulsión de los Jesuitas en 1767 y sin la ruinosa competencia que representaban sus injustas ventajas, ese mismo comercio hizo posible la aparición de las primeras fortunas de la época. Debe recordarse que en ese tiempo y aun luego de la independencia de nuestro país, la permanente inestabilidad política de los vecinos impidiendo el normal desenvolvimiento de la agricultura y del comercio de sus propias regiones demandaban -en cambio -de caballadas, carne, yerba, bebidas y otros "bastimentos" que el Paraguay estaba en condiciones de proveer. Diez o quince mil caballos eran entonces un valor equiparable hoy, a la misma cantidad de automóviles, "detalle" que permite entender el valor económico de tales transacciones. Mientras, tanto Félix de Azara como Juan Francisco de Aguirre, en conocidos documentos que certificaban las ventajas que estos parajes ofrecían, expresaban que contrastaba la barbarie de los habitantes de Buenos Aires con la disciplina y laboriosidad de correntinos y paraguayos,"...más aseados en sus ranchos, teniendo más muebles, y finalmente no son tan ladrones, borrachos y jugadores sino conocidamente más económicos, instruidos y aplicados". La decidida acción autonomista y pedagógica que el Dr. Francia había implementado en ese sentido, se acentúa en el siguiente decenio luego de su muerte cuando Don Carlos A. López contrata 231 profesionales y técnicos de Europa, desde arquitectos y escultores hasta expertos en arsenales y astilleros, marina, ferrocarriles, telegrafía y sanidad. Al mismo tiempo, enviaba a 147 ciudadanos paraguayos para adquirir otros conocimientos del viejo mundo, provocando -ambas acciones- una espectacular revolución en toda la estructura social y productiva del país. Unos años antes, en 1847, el mismo Don Carlos iniciaba las emisiones de papel moneda planteando al Congreso: "...El Paraguay es el único país, antes español, que hoy pueda realizar esta ope-ración como corresponde, ...porque tiene capitales, garantías sólidas y seguras y ninguna deuda interior o exterior". En 1865, al inicio de la Guerra del 70, el Brasil debía más de 18 millones de libras esterlinas. En la misma época, la deuda consolidada argentina era de 40 millones de Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La Aduana, una de las obras de la «arquitectura inglesa» en el Paraguay, a fines de la década del ’50, reflejando la enorme vitalidad productiva de la época.

pesos. Dentro del análisis de prestigiosos economistas internacionales, el Paraguay podría haber sido catalogado como un país atrasado pero nunca sub-desarrollado como -efectivamente- lo eran las endeudadas "potencias" que en 1870 le trajeron "la libertad". Pero para 1908, el Paraguay ya estaba "civilizado"... debía 7.500.00 libras . Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Negocios en la posguerra La Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay finalizaba -técnicamente- el 1º de Enero de 1869 cuando los Aliados ocupaban Asunción. Entretanto, López salía del campamento de Cerro León para alcanzar la cordillera de Azcurra "...en cuya base occidental instala su Cuartel General e inicia la organización de un nuevo ejército" . A partir de allí, la contienda no fue más que una persecución de las menguadas y famélicas fuerzas paraguayas. Ya habían pasado las grandes batallas de Tuyutí, Estero Bellaco, Curuzú, Angostura, Curupayty, la heroica resistencia de Humaitá. En la persecución, ya no hubo batallas de la envergadura de éstas; apenas escaramuzas entre el ejército imperial y las montoneras paraguayas que salían en busca de alguna comida para la columna en escape. Quedaba -sin embargo- todavía, el no menos heroico sacrificio de nuestros niños en el asalto a Piribebuy, la última capital, y el épico lugar: Acosta Ñú. Como diría el poeta uruguayo Carlos Molina, no se sabe si por la agonía paraguaya de aquel tiempo o por tanto olvido de ahora "...qué irredimible escarnio!!". A la "vuelta de la guerra", Asunción se poblaba de negocios, de sonidos extraños y lenguas extranjeras, en raro contraste con el silencio y la tristeza de los que volvían del frente. Para éstos, al imposible re-encuentro con los seres queridos se agregaría la angustia de encontrar sus casas desencajadas por el acucioso saqueo de las fuerzas ocupantes de la ciudad. Ante los requerimientos comerciales y de opinión, aparecían también los nuevos diarios con anuncios que -casi siempre- estaban dirigidos a la clase militar predominante en la época. Así, en "La Patria", la Sastrería "civil y militar" de Silverio Chiriano ofrecía "...trajes completos para Oficiales del Ejército Brasilero, con levita". Estos anuncios competían en profusión con los edictos que pretendían la regularización de la tenencia de propiedades abandonadas, como consecuencia de la guerra, la desorganización inmobiliaria y la mortandad general del país. La Ordenanza del 25 de Enero de 1870, todavía en plena persecución a López, resumía el tenor de los negocios que se iban consolidando en la ciudad. Referente a "...la limpieza pública y compostura de calles", esta norma indicaba que "...Las casas de comercio por mayor y de remate, los hoteles, fondas, restaurantes, cafés, bolichos, bodegones, casinos, caballerizas, establecimiento de carros, confiterías o fábrica de licores y refrescos, pagarán mensualmente tres pesos fuertes". Luego venía en la escala de pagos "...las zapaPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Después de la Guerra del ’70, los intereses comerciales y la población - casi mayoritariamente extranjera - demandaba la cobertura de sus asuntos por el país de origen. Aquí la Legación Fr ancesa en Asunción.

terías, sastrerías, los gallineros, carpinterías, hojalaterías herrerías y tambos" para terminar con "...las tiendas y mercerías, almacenes, pulperías, agencias de vapores, boticas, escribanías y escritorios o casas de comisiones". También era posible ver en aquel duro paisaje humano, que los médicos anunciaran "a los pobres, gratis" y que la Junta Económica Administrativa -Municipalidad de entonces- avisara a las familias que no tenían medios para costear la educación de sus hijos, para que concurran a la oficina municipal "...donde se les extenderá un boleto con el cual deberán ser admitidas en el Colegio Municipal dirigido por Doña Rosa Peña de González, sito en la calle Oliva esquina Atajo" . Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Empresas y empresarios ¿C

uáles eran las empresas más importantes del Paraguay a fines del siglo pasado?. La edición de "La RepúblicadelParaguay ensu PrimerCentenario", editadaen BuenosAires por Ramón Monte Domeq, mencionaba al Ferrocarril Central del Paraguay como"... la más poderosa empresa existe nte en el país". Por entonces, el Directorio Central de la Compañía, radicado en Londres, estaba presidido por el empresario portugués Manuel Rodríguez, el mismo que había financiado la insurrección armada que llevó al Sr. Eduardo Schaerer a la Presidencia de la República, en 1912. Esta operación fue efectiva mediante un "préstamo" de 350.000 pesos-oro que -finalmente- y ya instalado Schaerer en el poder, tuvo que ser pagado por el Estado Paraguayo con un interés acumulado que llevó la deuda a casi cuatro veces más de su valor original. En el mismo rubro de los transportes y habiendo sido el medio fluvial el factor principal de las comunicaciones en el Paraguay desde los tiempos de la Colonia, las actividades navieras generaron la emergencia de otras empresas importantes. Entre las mismas predominaban las extranjeras como la S.A. Nicolás Mihanovich Ltda. y La Marina Mercante constituidas por capitales argentinos así como también el Lloyd Brasileiro, subvencionado por el Gobierno del Brasil. Aunque estas empresas sólo contaran con agencias en Asunción, era tan importante elnúmero depasajeros-especialmente argentinos- que veníanen busca delcálido invierno paraguayo, que la empresa de navegación Mihanovichhizo planes para invertir en el dragado del río Salado para acceder directamente a San Bernardino desde el río Paraguay. Ya entonces, se supo lo que, hace muy poco tiempo, surgió como una"gran novedad": que las diferencias de nivel entre el río y el lago hacían imposible la operación. Entre las empresas navieras radicadas en el país estaban, entre otras, las de Vierci Hnos. y la de Domingo Barthe. Estas y sus embarcaciones no sólo cubrían el litoral paraguayo en toda su longitud desde Pilar hasta el norteño puerto de Corumbá, Brasil, sino también llegaban hasta Posadas, Argentina, sobre el litoral del Paraná. La "belle epoque" de Asunción recuerda los viajes de aquellos afortunados pasajeros en los "paquetes" de algunas de estas compañías de navegación. Los menos afortunados se limitaban entonces, a convertir el recibimiento a estos buques, en obligados y elegantes paseos al puerto. El auge de las empresas navieras y la marina mercante radicadas en Asunción, desde el término de la Guerra del ’70 hasta casi la primera mitad de este siglo, no fue más que el reflejo de la gran importancia que tuvo -desde siempre- la navegación por los troncos fluviales del Paraguay. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Gran congestión de buques en el Puerto de Asunción, a fines del siglo pasado.

Ya en las décadas anteriores a la guerra, durante los gobiernos de los López, más de 300 buques y vapores realizaban -normalmente- el tráfico de pasajeros y carga entre Asunción y el resto del mundo y, en la misma época, más de 300 marinos -la mayoría de ellos, extranjeros- estaban registrados ante las autoridades nacionales. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Comercios e Industrias El renglón de los transportes en un país extenso e inexplotado como el Paraguay, hizo que la inversión en este rubro fuera -casi siempre- un buen negocio, tal como sucedieron con el ferrocarril y la marina mercante. Esta última actividad estaba apuntalada asimismo, por una de las industrias pioneras de nuestro país: el de los astilleros ya que la primera embarcación construida en estas latitudes data del año 1544,cuando la carabela "Comuneros" era botada para llevar engrillado a España, al Segundo Adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Aparte de la intensa actividad naviera luego de la Guerra del ’70, señalada en la entrega anterior, se instalaron los astilleros de Don Andrés Scala y Don Isidro Mayor. El primero, sobre la misma bahía de Asunción y el segundo, en la zona de Varadero, donde todavía se encuentra actualmente. Un antiguo operario del Sr. Scala, llegó a convertirse en los primeros años de este siglo, en uno de los más importantes constructores navieros. Era el Sr. José Bozzano quien -previamente- llegó a constituir una sociedad con el ya mencionado Isidro Mayor y el Sr. Diego Martínez. El palacio de este último, construido a la vera del río, en Varadero, sigue siendo sede de un astillero que continúa las tareas de aquel grupo original. En cuanto a los sistemas de transporte urbano como los tranvías, ya próximos al año 1912, las tres líneas de tracción a sangre, estaban siendo sustituidas por las líneas eléctricas, concedidas al Sr. Juan Carosio. Otro recurso nacional de inapreciable valor reflejado en los negocios de Asunción, era el de la tierra, con sus existencias naturales de bosques,yerba mate y demás bienes incorporados. Entre éstos, la ganadería o los cultivos de caña dulce para la producción azucarera o el algodón para los hilados, eran los de mayor rentabilidad. Así"... la más poderosa empresa yerbatera del país", La Industrial Paraguaya, dominaba una gran extensión territorial en la región del Alto Paraná, contando con oficinas y depósitos en Asunción en edificios propios todavía existentes, cerca del puerto de la capital. A principios de este siglo, la producción de "la Industrial’ era de 5.500.000 kilos anuales de yerba, colocadas -casi en su totalidad- en la plaza de Buenos Aires. La empresa, fundada en 1886, contaba entre los miembros de su directorio, a los señores Juan B. Gaona, primer Presidente de la "era liberal" (1904-1906), a AntonioPlate, Jorge Casaccia, Gregorio Urrutia y Rodney Croskey. Gaona y Plate eran también accionistas del poderoso Banco Mercantil mientras que los otros eran dueños de otras importantes empresas. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El frente de la casas comercial Rius & Jorba, sobre la calle Palma, en el sitio actualmente ocupado por la Dir ección de Turismo.

Entre las casas comerciales, la Sociedad Anónima Rius & Jorba de Don Juan Rius y de Don Marcelino Jorba, era la más importante. Fue fundada en 1872 y operaba en casi todos los rubros de importación, desde los vestidos hasta los ramos de ferretería, bazar y almacenes generales. La sociedad, refundada en 1909, con la incorporación de otros socios, también fue dueña del Teatro Granados. El frente de la propiedad, sobre la calle Palma, corresponde al sitio ocupado actualmente por la Dirección de Turismo mientras que sobre la calle Presidente Franco, el edificio todavía muestra una de las más bellas creaciones del art-decó local. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Empresarios y políticos L

a revisión de las publicaciones del Paraguay de las últimos años del siglo pasado y de las primeras décadas del presente, nos revela una característica impensable para la sociedad paraguaya de los días actuales. Y es que entre los componentes de la colectividad empresarial y comerciante más próspera de aquella época, no se encontraban individuos o grupos pertenecientes a los partidos políticos. Entre las pocas excepciones podría contarse la de Juan B. Gaona, representante del Partido Liberal y Presidente de la República desde 1904 a 1906 y, en aquellos tiempos, uno de los empresarios más activos y poderosos del país. Aparte de haber sido uno de los fundadores del poderoso Banco Mercantil, Gaona fue también miembro del directorio de La Industrial Paraguaya. El Mercantil fue construido detrás de su casa particular, probablemente en su mismo patio, en el terreno hoy ocupado por el Citibank, Estrella esquina Chile. La otra diferencia entre aquella época y la actualidad era que a Gaona casi se le escurre la fortuna en el corto período de su presidencia de dos años, en comparación con algunos afortunados que, aunque brevemente afortunados, amasaron grandes riquezas en su pasantía por el gobierno. Y para esto, no había que ser -necesariamente- presidente. Los grupos sociales que si alternaron sus actividades cotidianas con los ejercicios intelectuales y la política, eran periodistas, profesores, profesionales, especialmente abogados y médicos y, algunos pocos descendientes de la burguesía extranjera ya por entonces- muy "aparaguayada" y afirmada. Algunos de aquellos -intelectuales o políticos-, sólo llegaron a juntar libros ya que ni casa propia llegaron a tener. Tal fue el caso de Manuel Gondra o del mismo Coronel Albino Jara, quien de vivir en un inquilinato de la calle Estero Bellaco, con su madre y hermanas, pasó a ocupar el palacio presidencial. Otro recordado ejemplo es el de Eligio Ayala quien vivió hasta su muerte en una casa alquilada en la esquina de la calle Estados Unidos yPresidente Wilson, hoy conocida con el nombre de Ayala. Aunque militar, el Mcal. José Félix Estigarribia, como sus colegas presidentes, salió de una casa alquilada todavía existente en Juan de Salazar y Manuel Pérez, para ir a morir en aquel infausto 7 de setiembre de 1940, en un increíble accidente: volando un destartalado y vetusto avión a falta de otro para las necesidades del estado o del Presidente. Habiendo sido el victorioso conductor de nuestro ejército en el Chaco, Presidente de la República y, en su época, el paraguayo de mayor prestigio en el mundo, sólo dejó 250 pesos argentinos en una caja de ahorro.

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El Banco Mercantil, Estrella esquina Chile, realización del arquitecto italiano Car lo Hoffer y una de las primeras ins tituciones bancar ias de nuestro país .

Pero entre los apellidos de grandes familias de empresarios o accionistas de poderosas empresas, no existía ningún interés -ni necesidad- de involucrarse directamente en las escaramuzas políticas locales. En la empobrecida sociedad de entonces, se podían manejar otros argumentos. Sólo había que saber cuantos intereses estaban en juego y de qué montos podían resultar las ganancias. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Industrias en el centro Ya terminando el siglo XIX, el centro de Asunción se concretaba en una variada exposición de instalaciones comerciales e industriales en su mismo casco céntrico, aunque la calle Palma ya empezaba a hegemonizar la vida social e intelectual asuncena. La calle, paralela al río, plana y tranquila para los paseos de compras, sin el sofocamiento que imponían las empinadas cuestas de las calles transversales, vinculaba el puerto con la estación del ferrocarril, pasando por el legendario "Mercado Guazú". Con semejante atractivo bastaba asomarse a la calle Palma para ver desfilar el mundo en Asunción. Desde la calle De la Aduana o Colón, como se la conoció después, hasta la Plaza Uruguaya, en Palma o alrededor de ella, se podía apreciar la oferta comercial de la ciudad. Pero, aunque elegante y concurrida, Palma y su entorno, no fue abandonada por sus establecimientos industriales. En la esquina con Colón, se encontraba la panadería del Sr. José Ligier, en un edificio todavía existente. Ligier, fuerte comerciante y propietario, aprovechaba la cercanía de sus instalaciones al puerto para "exportar" sus panificados al norte del país. Don Joaquín Casal Ribeiro, uno de los primeros hombres de negocios aparecidos luego de la terminación de la Guerra del ’70, se estableció en la misma plazoleta del puerto, con un gran almacén y una agencia marítima, en la casa Nº 127 de la calle Garibaldi. En la esquina de Colón y Estrella, Don Joaquín Grau instaló su fábrica de calzados, desde donde -como casi todos los comerciantes de la zona- pudo establecer provechosos vínculos con las poblaciones del litoral. El Sr. Grau llegó al Paraguay en 1902, luego de 13 años de estadía en Buenos Aires integrándose a la sociedad paraguaya a través de la promoción y participación en sociedades benéficas y humanitarias. Casi enfrente, sobre la calle Estrella casi Colón, se encontraba la razón comercial Juan Klug & Marés, que explotaba el negocio del papel para las artes gráficas y la fotografía. Fue, además, una de las primeras casas en introducir la máquina de escribir al Paraguay. El negocio, ya con el nombre de Casa Marés, se mudó a una antigua casa, en la misma calle Estrella, sobre la acera de enfrente. En un edificio todavía existente pero bastante maquillado y que hoy alberga a una entidad financiera, en Presidente Franco y Colón, estaba La Industrial, de Pablo Berthomier, entidad industrial que, se dedicaba a la fabricación de licores, hielo, refrescos, gaseosas y toda clase de bebidas, entre las que se encontraba la muy popular "Ginge Ale", producto que por entonces era fabricado originalmente en Inglaterra. Berthomier también elaboraba fideos y contaba con un molino. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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A principios de siglo, Palma empezaba a mostrar su vitalidad comercial. En esta fotografía el tramo entre 14 de mayo y Alberdi.

Subiendo la antigua calle Florida, hoy Benjamín Constant, en la esquina con Montevideo, todavía se encuentra el edificio que albergaba una gran casa importadora: Lapierre & Cía., sociedad constituida por Estéban A. Lapierre y William Paats, este último holandés y pionero de los deportes en el Paraguay. Todos estas industrias, aunque amalgamando la materia prima local con las más modernas maquinarias, hacían -sin embargo- la distribución de sus productos en el medio más convencional de entonces: los carros o "zorras" estiradas con mulas. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La ganadería En los primeros momentos de la colonia asuncena, la huerta indígena se encargó de proveer de "bastimento" a las movilizaciones conquistadoras debido a que las especies que los europeos traían para cultivo, tardarían en aclimatarse y fructificar. Lo mismo puede decirse del ganado de cualquier tipo que demorarían todavía más en reproducirse, así como la ganadería misma para llegar a constituir un renglón productivo. Mientras tanto, también en ésto los indígenas y la selva surtían generosamente a toda la colonia. Con la aún ausente carnicería española la caza de patos, pavos y gallinas silvestres abundaba lo mismo que la de cerdos monteses . Y además, la pesca, abundante pesca para abreviar la necesidad de internarse en los -siempre peligrosos- montes en busca de comida. Con la despoblación de Buenos Aires, en 1542, llegaron los primeros cerdos, la preciosa carga heredada de la "Marañona" del Primer Adelantado, una de las pocas que no había sucumbido -o fuera dispersa- luego de las penurias del pueblo fundado por Pedro de Mendoza. En Asunción, producido el reparto de solares, las casas de los españoles contuvieron con sus vallas y cercados las crianzas de aquellos cerdos así como de las aves que podían domesticarse entonces. Tan importantes fueron estas improvisadas granjas que -de hecho- su producto se convirtió en moneda de cambio, tanto para la adquisición de bienes como para el pago de los diezmos. Como ejemplo de este fenómeno, Alonso Cabrera informaba sobre los cobros que, en tal concepto, habían aportado los vecinos de Asunción, desde julio de 1539 hasta enero de 1541. Los mismos habían sumado "...trescientos diez y nueve panacús de mandioca, doce pollos, ochenta hanegas de maíz y sesenta y cinco de frijoles" mientras que lo recaudado por la Real Hacienda en los tres meses que duró el viaje de retorno de Buenos Aires hasta Asunción en 1542 "... alcanzaron a once pellejos de nutria y venadillo, ciento treinta y un cueros de venado y quince arrobas y dos azumbres de manteca de pescado". La primera caballada arriba al Paraguay con Alvar Núñez. Eran 27 animales que vinieron con el Segundo Adelantado -por tierra- desde las costas del Brasil, el 11 de Marzo de 1542. El procedimiento permitió ahorrar otras pérdidas, dado que las cinco yeguas y dos caballos que había traído Mendoza se había diseminado por la pampa y el manejo de los caballos era harto difícil dentro de las naves. A "...fines de 1549", regresaba del Perú donde había sido comisionado, Nufrio de Chávez. "...Traía dos expertos en minas y algunas cabras y ovejas", las primeras de esas especies en arribar al Paraguay. Las vacas llegarían unos tres años más tarde, con la expedición de Doña Mencia Calderón de Sanabria. Eran siete y un toro, que Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Aunque la relación de los indígenas con los españoles no s iempre fuera cordial, el pr oducto de la agricultura nativa, la pesca y la caz a, sustentaron a la Asunción de los primeros años. En la imagen, cazadores de la tribu Chamacoco, a principios de este siglo.

".. confiados al cuidado de un tal Gaete", vinieron sanas y salvas desde las costas del Brasil, también por tierra, casi por la misma ruta que en distintas épocas anteriores, habrían hecho Alejo García, Alvar Núñez y Díaz de Melgarejo. Más numeroso era el rebaño de vacunos para reforzar la naciente ganadería paraguaya que, desde el Perú, llegaría unos años más tarde. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO XIV

RIOS, BARCOS Y MARINEROS

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


Los barcos próceres El comercio y el transporte de pasajeros que, desde Asunción y los tiempos de la Colonia, apelaban al elemento fluvial para sus intercambios con Buenos Aires, Montevideo y las provincias argentinas de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, se basaron en una impresionante variedad y cantidad de embarcaciones que le dieron sustento. Desde las riberas paraguayas se podía observar -cuando entonces- el constante ir y venir de canoas, piraguas o lanchones como también de garandumbas, falúas o bombardas. No faltaban, de acuerdo al extenso y minucioso registro del historiador Juan F. Pérez Acosta, los "queches" (quechemarín), balandras, chalanas, patachos y sumacas, hasta las pretensiosas goletas, pailebotes , vapores y bergantines. La invención de los motores y la utilización de metales en las estructuras y cascos revolucionaron no sólo la industria naviera sino también, el comercio y hasta el vocabulario náutico. A partir de aquellas innovaciones, ya no se hablaba de la cantidad de "palos" o número de aparejos para exaltar la calidad de los buques,sino de caballos de fuerza, velocidad o calado. Aquellos adelantos habrían de ser asimilados por un país eminentemente "naviero" como el Paraguay. Así que, una vez restaurados los contactos con la comunidad internacional durante el gobierno de Don Carlos Antonio López, se hicieron importantes adquisiciones para la marina nacional, tanto mercante como de guerra. Entre las mismas, se destaca -no sólo por sus características sino por su destacada protagonismo histórico- el buque insignia de la armada paraguaya durante la "guerra grande", el "Tacuari", que con "...sus 448 toneladas y un quebrado" era una verdadera fortaleza flotante dado el tamaño promedio de las embarcaciones fluviales de entonces. Había sido construido en Londres y"...armado en guerra el año 1854,por los señores Juan y Alfredo Blyth", desarrollaba una velocidad de 16 millas por hora. Su costo, pagado al contado por el gobierno paraguayo, fue de 29.850 libras . Aún más grande fue el "Río Blanco", que con el nombre de "Aquitaine" fue adquirido de su comandante, el señor Lobelly Seicnag, en Burdeos, Francia. Construido en 1854, el "Río Blanco" desplazaba "...590 toneladas y cuatro quintos" y desarrollaba una velocidad de 10 a 11 millas por hora. Este buque llegó al Paraguay trayendo a los colonos franceses que fundarían "Nueva Burdeos" en la Villa Occidental del Chaco, hoy Villa Hayes. Por la misma época, también fueron adquiridos de los puertos de Buenos Aires, el Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El vapor «Berna» a su llegada a Asunción, a principios de este siglo, con el aspecto que aproximadamente- tendría el «Tacuari», aunque éste había sido convenientemente artillado para la guerra.

vapor "Unión", de 82 toneladas, rebautizado con el nombre de "Río Negro" y "La Argentina", rebautizado con el nombre de "Olimpo" mientras que en astilleros paraguayos fueron construidos el "Ypora", con 226 toneladas y el "Ygurey" de 250, además de otras embarcaciones menores, todas bajo la dirección de técnicos ingleses. El "Tacuari" fue comandado desde sus primeros viajes por el británico George Francis Mórice. Más tarde, dicho puesto quedó a cargo del capitán Pedro Ignacio Meza. Sin embargo, durante las importantes misiones de la nave en el Río de la Plata el encargado de comandarla fue el capitán Remigio Cabral. Luego de sobrevivir al entrevero de Riachuelo y muerto Cabral en Humaitá, el magestuoso "Tacuari" , descubierto por dos acorazados brasileros, fue hundido por sus propios tripulantes en la desembocadura del riacho Guaicurú , hacia el Chaco -hoy argentino- el 22 de Marzo de 1868. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El "Tacuari" El gran buque "Tacuari", con bandera nacional y construido en Londres por encargo directo del gobierno de Don Carlos A. López, ingresó a aguas paraguayas en el lugar llamado Confluencia, a las 7 de la mañana del 20 de Enero de 1855. Traía de retorno a la comitiva paraguaya que había estado en misión oficial por Europa. La misma estaba compuesta por el brigadier general Francisco Solano López -Jefe de la Delegación- un numeroso séquito entre los que figuraban "...su hermano Benigno López, el doctor Juan Andrés Gelly", los ayudantes (de Francisco) "...el teniente coronel Vicente Barrios, el capitán José María Aguiar, el teniente Rómulo Yegros y el subteniente Paulino Alen" y los señores Carlos Saguier, Pedro Egusquiza y Eduardo Garro, (la señora Elisa Lynch, había bajado en Buenos Aires), además de otras personalidades y algunos de los técnicos europeos que venían a trabajar en el Paraguay, contratados por el gobierno, de acuerdo a la rigurosa relación del historiador Juan F. Pérez Acosta. Para este viaje inaugural el "Tacuari" era comandado por el inglés George Francis Morice, recordado en Asunción por una calle que lleva su nombre en el barrio Villa Aurelia. Muy poco se conoce -sin embargo- de la tripulación que condujo a la nave en esta primera histórica travesía. Sólo se sabe que estuvo compuesta por 70 marinos, 28 de los cuales eran paraguayos, presumiblemente embarcados en los puertos del Plata, ya que la delegación -según la aludida crónica de Pérez Acosta- no llevó semejante contingente desde Asunción y era muy difícil que el mismo ya estuviera residiendo en Europa. Por otra parte, la goleta de guerra "Independencia del Paraguay" que salió desde Asunción transportando al grupo hacia Europa, sólo lo hizo hasta Buenos Aires. A partir de allí el viaje continuó en buques de línea. Los restantes 42 tripulantes fueron entonces -en su totalidad- extranjeros. De ese grupo, se sabe, 16 eran ingleses y 6 franceses de quienes tampoco existen menciones especiales. Pero entre "... los pasajeros que salieron del país a los 20 escasos días de la llegada del "Tacuari", en el bergantín goleta de matrícula argentina "Rosario" figuran varios ingleses y franceses", lo que permite presumir que estos anónimos marineros fueron los que realizaron el primer cruce del Atlántico en un buque de bandera paraguaya. Según ese registro, ellos fueron: Samuel Aldús, Juan Clask, Ricardo Cowan , Guillermo Higgins, James Aplefore, James Goggins, David Fleven, Juan Dailiesh, Roman Connel, José Silves, Guillermo Dawning, Jorge Higgo, Juan Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Reproducción de un cuadro de la época donde se observa - en la parte superior - a la «nave capitana», el «Tacuari». La obra se atribuye a un sargento de apellido Riquelme. El cuadro original lleva - al pie - una leyenda que dice: «La escuadra paraguaya en tiempo de López».

Melbourn y Roberto Brush, ingleses. Los franceses fueron Eduardo Cartinelli, Pedro England, Pedro Rudhòme, José Bellet y Emilio Batilde. Unos días más tarde se registró la salida de otro francés: Pablo Audivert. Sería el último. Ninguno de ellos se enteraría que 13 años, dos meses y dos días más tarde, el "Tacuarí" realizaría su último viaje hasta el fondo del Río Paraguay, en la desembocadura del riacho Guaicurú. El recuerdo de suprotagónica participación en los empeños diplomáticos paraguayos en el Río de la Plata, su papel durante la guerra grande así como el de sus portentosos capitanes y marineros, debe comprometer a los paraguayos de hoy, a rescatar la memoria del legendario "Tacuari" ... y reflotar sus restos. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La ribera como ciudad Cuando el interés de la corona española hacia la Provincia del Paraguay declinara abruptamente luego del hallazgo del camino a las riquezas del Perú por la vía del Pacífico, "la Asunción" iniciaba su "...larga siesta colonial". El marginamiento de la comarca como punto de apoyo de los sueños de expansión imperial hizo que la ciudad se organizara "desordenadamente". No por lo menos, en cuanto a las disposiciones que obligaban las Leyes de Indias. El ordenamiento de Asunción se produjo -realmente- en función a las cercanías del río, a los 54 arroyos que cruzaban la comarca y a los accidentes del terreno. En esa escala de prioridades. Y seguramente también, en función a la ubicación de las mejores tierras, en cuyo reparto, los jefes, las instalaciones religiosas y mili-tares habrán resultado mayormente beneficiados. La población se asentó entonces entre los cursos de los arroyos y los torrentosos raudales. Eran los terrenos que dejaban disponibles para las "chácaras" y sus cultivos. De esta manera Asunción fue extendiéndose según la ocupación de estas tierras de cultivo pero también en base a la accesibilidad que garantizaban esos asentamientos: los territorios llanos del este. Ya en las crónicas del Capitán de Fragata Juan Francisco de Aguirre, comisionado a la "...demarcación de los límites con las posesiones lusitanas del Brasil" se indicaba que hacia esa direc-ción estaba el lugar conocido con el nombre de "Samuhu peré": "Lo que buenamente puede llamarse ciudad..." -decía Aguirre"...tiene su mayor distancia entre Las Barcas hasta las inmediaciones del árbol conocido como ‘samuhuperé’ árbol célebre que le ha dado nombre al barrio y cuya existencia se pierde en la remota antigüedad". "Las Barcas", dominaba un antiguo barrio entre la "casa de la Independencia" y la bahía actual, y su nombre se debería a las tareas que se desarrollaban -normalmente- a orillas de los embarcaderos que existían en la zona. No debe olvidarse que como marino a Aguirre le impresionaban las actividades náuticas o relativas al cuidado de los buques. A propósito indicaba que:"...la construcción de un barco, la carena de otros, la carga y la descarga, que se juntan con frecuencia ... hacen de la ribera lo mejor o único para el paseo". Aunque en tiempos anteriores, la orilla del río se confundía con la pri-mera calle de la ciudad "...cerca de las casas capitulares", en Asunción se fue creando una segunda calle paralela a la ribera. En los planos de Ramón de César y de Félix de Azara realizados entre 1782 y 1787, ya figura la misma, paralela a la del actual El Paraguayo Independiente y caracterizada por una hilera de edificios importantes. Se Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Típico paisaje ribereño, aún con las crecientes y bajantes del río.

trataba, obviamente, de la antigua calle de la Ribera, luego Floriday hoy, Benjamín Constant. Las calles no eran entonces más que un espacio entre las casas. Según Fulgencio R. Moreno, estaban"...apenas esbozadas, sin pavimento ni aceras regulares, desembocaban en tortuosos callejones, de general desnivel y caprichosas encrucijadas". La ciudad -entretanto- se encerraba en un estrecho polígono formado entre el Convento de la Merced, el de Santo Domingo y el de San Francisco con el apoyo de la ribera extendida entre el primero y el último. En ese recinto vivía "...la flor y nata de la aristocracia y la fortuna, las familias de vieja prosapia conquistadora, los funcionarios públicos, los comerciantes acaudalados, los miembros distinguidos del clero y las milicias". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Viajes sin retorno En un territorio hostil y desconocido, sin caminos, sin carruajes ni caballos, el agua era el único medio en el que los españoles tenían una relativa comodidad. No solo por la dimensión y seguridad de sus naves, sino por sus conocimientos de navegación y la tecnología aplicada a la construcción de sus embarcaciones. El "camino que hizo Dios", como el que escribía Carlos Zubizarreta, se convertía entonces en el paisaje natural de las expediciones y correrías de los conquistadores así como las riberas se constituían en puertos o en improvisados astilleros en los cuales, en los primeros años de la Colonia y bajo la dirección de maestros vizcaínos, se construyeron embarcaciones de todo tipo, como "... barcos, botes, canoas, garandumbas y piraguas". Los garandumbas -explica el mencionado historiador- eran "... embarcaciones de costados planos que, exceptuando la parte comprendida de la amura a la proa, en que se redondeaban algo, semejaban verdaderas bateas". Por otro lado, y dado el intenso comercio de maderas, las jangadas -que ya entonces existían- se llamaban Ytapa que, más que guaraní, sugiere un jopara que significaría "tapa de agua". La abundancia de madera y el maltrato que sufrían las carabelas conquistadoras durante la larga travesía, hicieron que, ni bien llegados, los carpinteros y armadores de aquellas expediciones se abocaran a buscar las especies que pudieran suplir a las que se usaban en España para la construcción de buques. Así, se encontraron con que el tataré, el tajy y el ybyraro eran ideales para la construcción de cascos, tanto como el peterevy lo era para las arboladuras. Con el aprovechamiento de otros insumos vegetales o animales- sustituyeron algunas carencias: el karaguata -por ejemploera usado como estopa; el güembe para jarcias y el cuero vacuno para la sujeción de los aparejos. Como velamen se apelaba al "lienzo del país" y ante la falta de alquitrán o brea se usaba "sebo en almáciga para las costuras". Pero -en esa etapa inicial de la Colonia- no sólo floreció la industria naviera sino que en toda la cuenca del Río de la Plata el predominio de la navegación era notoriamente paraguayo. Del Paraguay eran buscados los marinos para integrar las tripulaciones de los buques mercantes y del Paraguay eran contratados los baqueanos. A tal punto se había "paraguayizado" la navegación que algunos vocablos del guaraní se habían incorporado al vocabulario náutico. El grado de perfección a la que llegó esta combinación de cultura naviera y negocio hizo que se contrataran en Asunción "... viajes sin retorno". El procedimiento consistía en la compra de productos paraguayos, como yerba mate, Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Una vista del Puerto de Asunciòn, tomada desde la loma San Gerónimo por sobre los techos del antiguo Arsenal. El humo de las chimeneas, los hombres trabajando, la madera acumulada y la cantidad de barcos enlos muelles, revela la intensa actividad naviera de la época.

miel, algodón, azúcar y tabaco, mercaderías que luego de desembarcadas en el puerto de destino permitían la venta del mismo barco que las había transportado "... licenciándose la tripulación en Las Conchas, que era el término del viaje", según comentaba el ya mencionado Carlos Zubizarreta. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Cruzar el río en "pelota" El título no refiere alguna falta de concordancia ni -mucho menos- una expresión de grosería. La "pelota" era sencillamente una embarcación de invención indígena de la que se valieron muchas veces los españoles cuando debían cruzar los numerosos afluentes del Paraná o del Paraguay, en los viajes entre Buenos Aires y Asunción por tierra. El procedimiento consistía en atar "... las cuatro puntas de un vulgar cuero vacuno" para formar un frágil recipiente en el que se introducían "... viajeros, equipajes y aperos de montar... mientras los indios de la escolta la impulsaban nadando o la amarraban a la cola de los caballos", según lo refiere el historiador Carlos Zubizarreta. El "benemérito y fidedigno fray Parras" -continúa Zubizarreta- daba cuenta del hecho tratando de "... evitar los equívocos aclarando para que adelante, cuando se diga haber pasado algún río en pelota, se entienda por lo mismo haber pasado en dicha embarcación". El debate grafica las múltiples tribulaciones que tenían los viajeros, muy al contrario de la arraigada suposición que el viaje para unir Buenos Aires y Asunción era un trámite que se remitía a henchir las velas de los buques, o subirse a un carruaje. La faena era, sin embargo, terriblemente tediosa. La navegación se realizaba -por ejemplo- casi siempre con vientos desfavorables o tan débiles, que los marinos se veían obligados al uso de los remos o al remolque de las embarcaciones desde la costa. Este operativo llamado "toar" se dificultaba por las altas riberas, la abigarrada maleza de la costa o el barro que cedía ante el peso de los hombres, sin contar el calor, la hostilidad de los indios o de los mosquitos, que atacaban a los viajeros a cualquier hora y en cualquier parte. Todavía quedaban otros inconvenientes que contabilizar, en especial cuando las tripulaciones tenían que bajar a tierra para "toar" o "sirgar". En estos casos, delante de ellas debía ir caminando un marinero llamado "proero", quien, armado con un largo palo, batía el agua o el matorral para espantar a rayas o víboras. Y cuando todos estos procedimientos no eran suficientes o posibles, se apelaba a la "espiada", que consistía en anclar la nave a un madero de la costa para poder avanzar algunos pocos metros. En este infernal viaje se completaba -con viento y suerte- en un poco más de tres meses, por lo que los conquistadores preferían la travesía por tierra, que se realizaba con "... ventaja de tiempo aunque con idéntica fatiga y mayores riesgos". En estos casos, los mayores contratiempos se tenían en vadear los innumerables arroyos y ríos menores, por lo que se requería el recurso de la mencionada "pelota". Pero aun antes que los viajes comerciales, con el talento que tenían los criollos paraguayos para domar el río o vincularse a él para transportarse -o luchar- de las maneras más Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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El cruce de los ríos no navegables había dificultado -desde siempre- la comuni cación entre regiones o pueblos. Cuando no existían medios de transporte el mismo se adecuaba a lo disponible y a la imaginación de los hombres. Pero desde el momento en que irrumpieron los medios colectivos, ellos obligaron a la implementación de balsas, como ésta que posibi litaba el cruce de uno de los tantos cauces para llegar a Itapúa.

creativas, los barcos nos sirvieron también para manifestar nuestra inveterada intolerancia y crueldad para con el adversario circunstancial. Un antecedente lejano, pero muy notorio de lo dicho, aunque no el único ejemplo, fue el retorno a España del Segundo Adelantado del Río de la Plata, el capitán Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en la carabela Comuneros. Engrillado y preso por los asuncenos, iba en la embarcación que él mismo mandara construir para sus operativos de conquista. Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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CAPITULO XV

LA VIDA EN LAS MISIONES JESUITICAS

Postales de la Asunci贸n de anta帽o - Jorge Rubiani


Llegan los Jesuitas Aunque no correspondiera directamente a las formas de vida instaladas en Asunción durante la colonia, la vida en las Reducciones Jesuíticas determinaron también las pautas sociales y culturales que se afirmaron en la capital de la Provincia, aun después de la expulsión de los religiosos, en 1767. Los primeros jesuitas que arribaron al Paraguay en 1587, invitados por el dominico Alonso Guerra, fueron calurosamente recibidos por la población, que elevó arcos de triunfo al paso de aquellos pioneros. El procedimiento se fue repitiendo a medida que llegaban más religiosos, ya que su presencia representaba -a los ojos de los colonos-, una poderosa ayuda para el sometimiento de los indios. Ya más tarde, otros colonos y sus respectivos gobernantes se plantearían la contradicción fundamental que desbarató aquel singular proyecto: "....Era posible servir al mismo tiempo a Cristo, al Rey y a los colonos?" . Lo cierto es que, una vez llegados, los jesuítas comenzaron inmediatamente su labor y conscientes que se exponían a grandes peligros no se confiaron exclusivamente al poder seductor de la cruz ni al amor cristiano que profesaban a "sus indios". Llevaban también fusiles, porque "...había que defenderse". Ya suficientes jesuitas habían muerto en las travesías para abandonarse al cambiante espíritu de caridad de los naturales. Sólo en 40 años, entre los años 1686 y 1727, 113 miembros de la Compañía habían muerto -sólo en naufragios- sucedidos entre Europa y América. Además del arma, el resto de los utensilios de los jesuitas, según Maxime Haubert, era extraordinariamente variado. Por ejemplo, el padre Florian Paucke, un robusto y jovial sacerdote de Moravia, se internaba en la selva llevando consigo "...dos corderillos, una buena bolsa de yerba, doce medidas de tabaco, alrededor de cuatro libras de jabón, una libra de sal, seis paquetes de agujas de coser, algunas indulgencias y rosarios, un medio cuartillo de vino, una marmita de hierro, una cacerola, un plato de estaño y una sopera pequeña". Para cocinar, los religiosos llevaban también una alforja llena de chatasca (chastaca?), carne seca de cordero deshuesado que se cocinaba con una nutrida provisión de "...ajo, cebolla, pasas, pimiento, sal y jenjibre". El misionero que no contaba con este arsenal culinario, igualmente conseguía que los indios de su escolta le consiguieran "...algo de caza, un poco de miel o un huevo de ñandú". Aun en los primeros días de su misión, el misionero nunca estuvo completamente solo y cuando ya hubo organizado su "sistema de trabajo" le acompañaba un importante séquito. El número del mismo variaba según la distancia a recorrer, la imporPostales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las ruinas de Trinidad, tal cual se encontraban a principios de siglo.

tancia de la expedición o las dificultades que -se pensaba- encontrarla en el trayecto. Para comenzar necesitaba de "...algunos indios para cargar los equipajes, para dirigir las embarcaciones ... para defenderlos de los animales salvajes y, si fuera necesario de los indios hostiles". También necesitaba de asistentes para las ceremonias religiosas que oficiaba -a veces- en plena selva, además de los intérpretes en el caso que no llegara a conocer la lengua de sus ocasionales interlocutores. La escolta la constituían -en total"...unas quince a treinta personas; y con frecuencia muchas más". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La vida en las "misiones" A

pesar de los logros de las Misiones Jesuíticas, la vida cotidiana de los indígenas bajo el "báculo pastoral" no siempre fue desarrollada dentro de la concordia y el espíritu gregario. Se cree -no obstante- que alguna docilidad de los indígenas era como la aceptación de un presagio, de la misma forma que se inclinaban -reverentesante un eclipse de luna o cualquier otro acontecimiento extraordinario. Y es que, según la tradición, en el momento de su partida hacia una región tenebrosa e inaccesible, Ñanderuvusu, sagrado antepasado de los nativos,algo así como una figura bíblica, había anunciado la venida "...de unos hombres cuyo aspecto y cuyas obras designarían como herederos". Para apoyar aún más esta afirmación debe considerarse que los naturales creían que los "...seres sobrenaturales podían adoptar una forma humana, perocon alguna particularidad de aspecto o de comportamiento". Los recién llegados tenían todas las características para ser encarnados como descendientes de aquel ser mitológico: venían de más allá del mar, tenían caballos y armas de toda clase y eran, además, invulnerables "...a las prácticas mágicas". En la contraparte, los guaraníes tenían como fundamento de vida el fatalismo, característica común a todas las sociedades que basan su supervivencia en las bondades de la naturaleza. Los ciclos naturales, la fertilidad de la mujer, los períodos de lluvia eran fenómenos absolutamente predecibles, no había lugar a la especulación o a la ansiedad. La previsión o el ahorro eran desconocidos. Que no había caza? Se comían raíces, frutas o, sencillamente se pasaba hambre. Ya vendrían tiempos para saciarse. La vida cotidiana de tan diversos componentes estaba necesariamente matizada por acontecimientos de variado sabor. En ellas se mezclaban el drama y el humor. En una ocasión, RoqueGonzález de Santa Cruz y sus neófitos estaban a punto de sucumbir ante gran número de indios hostiles. Fue cuando el Padre Roque avanzó hacia los paganos "...llevando su breviario en una mano, y en la otra, una sierra que utiliza para fabricar las cruces que levanta en los pueblos". Inmediatamente los indios huyeron despavoridos persuadidos que el religioso iba a despedazarlos con su sierra y que el breviario contenía palabras con virtudes " ... secretas a las que nunca podrían resistirse". Más que apoyo de fuerzas coloniales españolas, los sacerdotes contaban con frecuencia con "el directo apoyo de Dios" ya que muchas veces eran asistidos por "visiones de Cristo y de la Virgen". Muchos otros adquirían extrañas virtudes. Uno de los misioneros, aun con llagas en todo el cuerpo, "...exhalaba un aroma de rosas muy dulce", y el Padre Bárcena "...a sus 60 años, en seis meses aprende nueve lenguas Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Las ruinas de Trinidad, a principios de siglo.

indias...". Algunos adivinan el pensamiento y predicen el futuro. La gravedad de los acontecimientos daba lugar -a veces- a situaciones llenas de espontaneidad. En una ocasión, el Padre Florian Paucke debía afeitarse. En general, los misioneros del Paraguay no llevaban barba por lo que en las expediciones debían hacerse afeitar por el indígena que tuvieran de ocasional compañía. El Padre Paucke cuenta que "...habiendo pedido los servicios de un mocobí para esta delicada operación, este utilizó su saliva como jabón. ¡Espera!, le dijo el jesuita algo asqueado, de ese jabón también tengo yo!...". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Medicina en las "misiones" L

a enorme tarea de las Misiones Jesuíticas se basó en un meticuloso trabajo de adoctrinamiento de las colectividades indígenas y dirigido a todos sus componentes: niños, adolescentes, mujeres y hombres. La demostración que los poderes de Dios o los variados conocimientos de los sacerdotes era superior a los de los chamanes o brujos, apuntaló el procedimiento. Para la conversión fue necesaria la utilización de una estrategia distinta para cada tribu, una diferente para cada zona. Un operativo para los niños, otro para los adolescentes y de los más variados e ingeniosos para los adultos. En todos ellos estuvo presente la extraordinaria paciencia de los misioneros. Para la seducción o el convencimiento de los indios se mezclaba la enseñanza, desde los preceptos religiosos hasta los más diversos oficios, con la exaltación de la vanidad de los naturales o, en demostrarles que en las Misiones vivirían mejor. Un procedimiento más drástico consistía en infundirles temor mediante terribles visiones del infierno o de los castigo que los esperaba si no se adecuaban a las normas de vida Jesuíticas. También les daban regalos aunque algunos consideran que la voluntad de los naturales en someterse, tanto como la pasión que pusieron en el cumplimiento de los rituales y conocimientos litúrgicos, se basó más -aunque contradictoriamente-"...en sus concepciones paganas que debido a un fervor cristiano aún inmaculado". En cuanto a las enfermedades, dura fue la lucha de los religiosos para desplazar el prestigio de los chamanes. Las primeras conquistas en este campo se lograron ante la evidencia de ciertas enfermedades para cuyas curas los Jesuitas contaban con medicinas en sus alforjas. En otros casos lograban mantener con vida a algunos moribundos y ante la inminencia de la muerte decían a sus llorosos deudos: "...ahora Dios lo quiere con él..", moría el paciente y más que la pena, consternaba a los indios la sabiduría del sacerdote y el poder de "su Dios". Para la cura de los enfermos, aunque siempre hubo una gran carencia de medicamentos, los jesuitas mezclaron -sabiamente- los conocimientos ancestrales de los indígenas con sabiduría popular europea. De esa curiosa combinación salieron medicinas como "raíces de nardoen infusión de aguardiente" para las picaduras de serpientes "...salvo la de cascabel" . Combinando con la aplicación, "...el padre Sepp hace beber a las víctimas un buen trago de ajo triturado y disuelto en agua caliente". El mismo sacerdote cura algunas heridas "..con romero disuelto en vino". Se utilizaba habitualmente"...grasa de jakare para las contusiones" y para el dolor de muelas "...nada mejor que las garras del jaguar calcinadas y mezcladas con polvo de Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Fue dura fue la lucha de los religios os para desplazar el prestigio de los chamanes entre los indígenas.

alumbre también calcinadas". Para casi todo "... hay que contentarse con lo que hay, desde el azufre, el alumbre, la sal, el tabaco, el azúcar y la pimienta, hasta la grasa de gallina, de jaguar, de vaca, de cordero e incluso, la pólvora de los cañones". La causa más frecuente de muerte entre los indios era la disentería, por lo que los Jesuitas daban a sus pacientes brebajes amargos, "... pociones a base de tabaco, limones exprimidos en leche con ruda y menta". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Premios, castigos y privilegios En la tarea de propagar la doctrina cristiana, los Jesuitas emplearon -en distintas dosis- la diplomacia o la violencia, la astucia o la seducción. Se aprovecharon igualmente del impacto que causaba a los naturales el arrojo y la valentía de los sacerdotes así como sus conocimientos científicos, artísticos o médicos. En última instancia, en función a los logros o resistencias del proceso de "adoctrinamiento", se consideraba una balanceada adjudicación de premios y castigos. En cuanto a los privilegios e independientemente de las promesas de purificación, buenaventuranzas o salvación para los conversos, los indígenas fungieron de soldados o artesanos, ayudantes del culto, magistrados o autoridades de sus mismos pueblos. Para ello, se postulaban -en elecciones- para el ejercicio de los distintos cargos: corregidor (intendentes), cabildantes (miembros de la junta municipal) así como para otros menores: alcaldes ordinarios, alférez real oregidores. De hecho, las elecciones eran una mera formalidad ya que los sacerdotes "controlaban" los resultados. En cada diciembre -por ejemplo- cuando "...el Consejo saliente elige a los cabildantes del siguiente año", el sufragio se realizaba con la misma presencia del sacerdote. Si no era así, este tenía la potestad de tachar los nombres de aquellos indios que consideraba indignos de ocupar dichos cargos. En cuanto a los caciques, su dignidad "... ejos de ser anulada por la nueva fe, se ha hecho hereditaria, ...son tratados de Don, son dueños de la tierra y conservan en parte la autoridad sobre sus vasallos". Por otra parte, la vida en comunidad, con reglas y valores distintos a los vigentes en la tribu, hizo que los indígenas incurrieran -frecuentemente- en faltas. Las mismas eran juzgadas por los sacerdotes y se entendía que los castigos nunca podrían ser administrados fuera de las reducciones. En una época en que el resto de la Provincia del Paraguay se desangraba con violencia, en los pueblos jesuitas "...los castigos comunes son el látigo y el calabozo". La pena de muerte no existía y los azotes eran sobre las nalgas, "...arazón de 25 golpes por día como máximo". En el caso de las mujeres, este tipo de castigo era dado en los hombros, reduciéndose la "ración" a 12 latigazos por día. El encargado de administrar el castigo a los hombres era el aguacil mayor, quien lo hacía en presencia de un sacerdote en la plaza pública. Los niños eran azotados por sus respectivos padres y las mujeres casadas por una de sus congéneres "...generalmente la matrona del coty guazu o, si el delito es grave, por un anciano de toda confianza". Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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La primera depredación de las reducciones, luego de la expulsión de los jesuitas, fue pr oducto del desmantelamiento de los sillar es de las iglesias , para la construcción de otras casas. Aquí, ruinas de Trinidad.

En cada reducción había dos prisiones, una para cada sexo. En ellas, la exaltación de la libertad era realzada con un detalle muy significativo: los que estaban presos ya no eran azotados ni tenían que permanecer recluidos los domingos ni los días de fiesta. El "código penal" jesuitico establecía penas específicas por cada delito; "... por sodomía y bestialismo: tres meses de prisión con cadenas y cuatro sesiones de azote en la picota. Por incesto y abortos: dos meses de prisión con cadenas y dos sesiones de flagelación pública" . Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani

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Postales de la Asunción de antaño Vol I