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conVersos Poeta invitado: Mariano Peyrou


Índice

Retrato en auto

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Mariano Peyrou Carnet de identidad

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Obras públicas Lista de las publicaciones de los poetas conVersos 48 Ficha técnica

Poeta a la carta

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Yorgus Seferis por Miguel Cuerdo Mir 5

Fondo de armario Juan Hospital Tirsa Caja Marisol Huerta Niembro Claudio Carrillo Aranda Carmen Crespo Territorios diVersos

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La sala sin pared de Fuentideuña 32 por Antonia Roig

Mirador Lanzarote en cinco disparos y algunas palabras 35 por Manuela Sola Castro 2


Carnet de identidad # Todos los Olivos están de nuestra parte Por: Nieves Pulido delicias de todos los zapatos que sueñan con ser rojos y bailar para siempre. Agradecédselo a Claudio Carrilo Aranda que lo ha montado todo.

Normalmente los correctores no son quienes escriben el editorial de una revista. Pero las cosas, ya ven, están cambiando, y yo debo aprovechar esta ocasión y confesar que se nos coló una ‘u’, ajena, en octubre. Entren, entren por la puerta sin puerta y suban a la colina desde donde Miguel Cuerdo y Seferis contemplan el olivar del mundo. ¿Acaso no es azul el viento, Juan? Escuchen, escuchen lo que dicen los grifos. Juan Hospital, todos los olivos estamos de tu parte, te damos la bienvenida. Para este número, en exclusiva, Tirsa Caja pasa la aspiradora. Marisol Huerta cruza el río, de piedra en piedra, hasta Claudio Carrillo sin aliento. A lo lejos el trotar y los caballos de Carmen Crespo. Caen los muros cuando Antonia Roig se pone a contar y el desierto reverdece si Manuela Sola lo mira. Tengo pruebas: los membrillos más amarillos no pueden ser. Y aunque Peyrou también es testigo, no dirá ni una sola palabra porque Peyrou sí que sabe guardar un secreto. A modo de despedida y antes de regresar a la bahía de la Ortografía, dejo aquí el enlace a nuestro encuentro con Amalia Bautista: https://youtu.be/U5oKC4kbcYg Esta versión libre del cuento de Los zapatos rojos hará las

Lo más probable es que nunca vuelvan a dejar que una correctora pise este editorial. Pero no importa, porque cuando llegue el número de invierno, dejaré una errata bellísima como recuerdo de esta alegría. Ah, no olviden nuestra cita en la librería Enclave, Autorretrato de Poeta con Mariano Peyrou, el 20 de noviembre, a las 19:30. Casi nueva, la luna.

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Poeta a la carta Yorgos Seferis:

Lo heleno como justificaci贸n y prop贸sito universal

por Miguel Cuerdo Mir


Poeta a la carta # Yorgos Seferis: Lo heleno como justificación y propósito universal Por: Miguel Cuerdo Mir

En estos días aciagos que corren por Europa, debería ser suficiente recitar en sus principales ciudades el poema “La casa junto al mar”, del poemario El Zorzal de Seferis, para que no hubiera lugar a la duda de por qué la Unión Europea le debe a la diáspora siria un lugar donde refugiarse. Pocos como él han sabido expresar las consecuencias últimas de los tétricos juegos –a menudo tácticos- de desastre y violencia extrema, que en su momento sufrieron no solamente los griegos sino millones de europeos. Más vivo que nunca, aquí resumimos la vida y la poética de uno de los poetas griegos que han contribuido a entender mejor el alma griega y, con ello, también, la de nuestra Europa.

Vida de Seferis Yorgos Seferis (Yorgos Stylianos Seferiadis) nació en la ciudad de Esmirna el 13 de marzo de 1900 –más exactamente en Urla, un pueblecito cerca de Esmirna donde sus padres tenían una casa de verano-. Le concedieron el Premio Nobel de Literatura en 1963. Fue el primer griego en obtenerlo. Murió en Atenas el 20 de septiembre de 1971.

Le tocó vivir el momento en el que la nueva Turquía de los años veinte del siglo pasado barrió de las colonias griegas de Asia Menor la presencia viva de los helenos allí asentados durante cientos de años. No se puede olvidar que, unos años antes, en el reparto posterior al desmembramiento del Imperio Otomano, hubo una ocupación militar y administrativa griega de esas zonas de cultura y población helena que se encontraban en Asia Menor y en el Egeo. Lo que nunca fue Grecia pero siempre fue heleno –lo llamaron ‘La Gran Idea’- pasó a ser turco y con una especial animadversión hacia cualquier cosa que sonara a griego. Lo dicho es especialmente cierto para Esmirna –Mustafá Kemal, para conquistarla, la destruyó el 9 de septiembre de 1922-, la ciudad más importante de toda esta región del Asia Menor. Si bien Seferis salió de Esmirna con su familia a los catorce años, camino de Atenas, a partir del momento trágico de la destrucción, no pudo volver al territorio de su infancia, la verdadera patria según el propio Seferis –algún viaje esporádico para comprobar que aquello era distinto y que había desaparecido “el único lugar que puedo llamar patria” (1941)-. A los dieciocho años se fue a estudiar Derecho y también Literatura a la Sorbona y fue buen conocedor de la literatura y poesía francesa, especialmente de los simbolistas. Como diplomático griego de profesión, fue vicecónsul en Londres antes de la II Guerra Mundial. En los años cincuenta volvería a Londres, esta vez como embajador,

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hasta 1962, después de haber ejercido el puesto en varios países árabes. En esa segunda etapa en Londres, no antes, es cuando mantiene una relación personal con T.S. Eliot, aunque había traducido su obra al griego años antes. En todo caso, según los expertos, Tom Eliot, como le llamaba Seferis, influyó mucho en su poesía. Seferis perteneció a la llamada generación griega de los años 30. Una generación de entreguerras que añade a los grandes dramas, que en general vivieron los europeos –totalitarismos, depresiones económicas, proteccionismo, nacionalismo a ultranza, etc.-, un mundo especialmente convulso y cambiante, no sólo en la zona de los Balcanes sino en el Egeo y en Asia Menor. La pérdida de ese nosotros, como él lo había hecho en esos años en aquella Esmirna helena, apunta a que todo aquello condicionó la forma de entender y de hacer poesía. Un estudioso como él de la Odisea, siempre supo que para él no era posible el viaje de vuelta a Ítaca. En este sentido, se puede hablar de desesperanza y desarraigo vital inevitable. Probablemente el único modo de recuperar Esmirna fuera a través del lenguaje y no precisamente del lenguaje oficial, el griego oficial –llamado kazarevusa-, sino a través del lenguaje de sus familiares, amigos y vecinos, es decir, el griego moderno vulgar –llamado dimotiki glosa-. En castellano este movimiento se ha llamado demoticismo. Su poesía en dimotiki glosa le dio mucha popularidad. Además, siempre aconsejó a los jóvenes poetas griegos expresarse desde ese lenguaje y abandonar los artificios del griego moderno, que, según él, había buscado lo académico y que tanto daño habían hecho. Quizás por ello nunca reivindicó a los poetas griegos anteriores a él, como

Palamas o Sikelianos, para él “demasiado retóricos”, con un uso excesivo de adjetivos y, especialmente, de adjetivos compuestos. Por otro lado, aunque en los primeros años su obra publicada pasó completamente desapercibida para todos –recordaba que se pagó la primera edición de su obra Estrofa de 150 ejemplares en 1931 y todavía en 1939 los libreros a los que le había llegado conservaban muchos de los ejemplares sin vender-, su popularidad aumentó notablemente en los últimos años de su vida cuando se opuso públicamente –a través de un comunicado en la BBC que terminaba diciendo “esta anomalía debe terminar”- a la dictadura de los coroneles. Se dice que su entierro fue uno de los más multitudinarios que se recuerdan en Atenas, con el féretro por la Avenida Panepistemiu, mientras Mikis Theodorakis cantaba su poema “Negación”.

Poética de Seferis Se ha considerado a Seferis un poeta simbolista y hermético. Hay un consenso, confirmado por el propio poeta, en que las lecturas de los simbolistas franceses marcaron notablemente la factura de su primera poesía, además de la obra y la influencia del estandarte de la llamada “poesía pura”, Paul Valery, quien reivindicaba y se dejaba influir por esos mismos simbolistas. Habría que decir que de una manera más notable en sus primeros poemarios. Según él, siempre fue deudor de los simbolistas franceses y de

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Poeta a la carta # Yorgos Seferis: Lo heleno como justificación y propósito universal

su obra, a los que consideraba los precursores innegables de la mejor poesía contemporánea. Una idea que queda reforzada en Seferis cuando señala en una entrevista a la Paris Review en diciembre de 1968 que él entiende la poesía como un modo de dibujar desde el subconsciente. Las experiencias van dejando un poso, un tesoro, olvidado, para cada uno distinto, que en algún momento y en formas distintas emerge y se hace universal, es decir, en el que los demás se pueden identificar. Posteriormente, con una fuerte influencia de Eliot y Pound, se alejará del simbolismo y buscará en la tradición del mito griego clásico los elementos de “coherencia de un mundo que se desmorona”, según señalan Ancira y Segovia (2007). De hecho, la Academia Sueca señaló como uno de sus grandes méritos “su lírica evocación de la Grecia Clásica”. Pero es a través del mundo clásico desde el que es capaz de explicar el mundo contemporáneo en el que vive, también en permanente desmoronamiento. En ese proceso, su obsesión declarada es la precisión, la exactitud como vehículo de la belleza. Se exige, por tanto, la preparación del poema. Como el mismo dice “los poemas no aparecen como la erupción de un volcán”. Del mismo modo que reivindicará en su diario, Días, el proceso de creación poética como algo muy próximo a las lecturas que uno va realizando. Se trata de buscar la modernidad en el mito antiguo y con ello la propia identidad, la más perentoria, a través de ello. De acuerdo con López Gimeno (1999), Seferis recuperó la tradición clásica, como no podía ser de otro modo, con una convicción plena en la continuidad histórica del “helenismo”. Su manejo de la mitología clásica adaptada a las situaciones

corrientes y sus continuas referencias a autores clásicos utilizan el llamado “método histórico”, utilizado por Cavafis: la realidad contemporánea es descrita a través de lo conocido y escrito en la antigüedad, a través de aquello perpetuo, a pesar de presentarse heterogéneo. Lo perpetuo, lo eterno lo señala perfectamente Seferis cuando recuerda en 1941 como se releyó de un tirón los Siete contra Tebas y se reconforta a sí mismo escribiendo que ni los alemanes ni los italianos ni los búlgaros “pueden arrebatártelo”. Cuando los poetas se decantan por el simbolismo se les exige que los símbolos tengan un carácter universal y que haya inmediatez en la palabra que se lee. En Seferis, los símbolos son universales e inmediatos: el mar, el retorno, el viaje, el extranjero, la casa o el palacio, la luna, las estatuas, son los símbolos recurrentes, además del viajero nostálgico, que toma como referencia ineludible al propio Ulises (López Gimeno, 1999). Se puede decir también que gusta del uso de símbolos contrapuestos: el mar y sus vicisitudes, su inestabilidad, sus sorpresas, sus monstruos; mientras que la casa, la tierra, el palacio, el lugar al que se quiere volver una vez atravesado el mar es el de la seguridad, lo propio, la quietud, lo más femenino por cálido, apacible y seguro: lo que no defrauda. Ulises se pasó media vida en un interminable viaje de vuelta. Seferis, conocedor profundo de la Odisea, se pasó la vida añorando un viaje de vuelta. Aunque fuera posible otra vuelta, en su largo exilio durante la II Guerra Mundial. En todo caso, sus múltiples misiones diplomáticas le permitían un continuo regreso. Ancira y Segovia (2007) señalan que

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“todo en los poemas de Seferis es regreso. Regreso imposible, si se quiere, pero siempre en curso, como el de Ulises en la Odisea”. Ese oficio suyo le permitió utilizar buena parte de su tiempo como un remedo de aquel trasunto. En todo caso, una poesía cargada de nostalgia –anticipadora del futuro, por circular- y pesimismo, casi en cada verso. Si bien un pesimismo asumido, en el que morirse es lo natural, como diría en sus versos Cummings, aunque no lo sea la muerte. La idea de revivir el mito en el presente es una idea que le caló hondo y caló en su poesía, a medida que ésta progresaba. Se ha considerado que en Seferis es una idea “recibida” de los británicos y, más concretamente, de T.S. Eliot. Seferis llegaría a hablar de la “resurrección de la tradición dramática que yo veía en Eliot” (tomado de Ancira y Segovia, 2007). Aunque no puede ocultarse que esto está también en la poesía de Cavafis, antes que en Eliot, como método de creación poética, en donde no se renuncia ni al paisaje ni al legado (Castrillón, 2009) que nos explica. Donde uno se reconoce es exactamente donde se reconocieron otros muchos hace miles de años. El modo de trasladar todos estos sentimientos se irá concretando en su poesía a través de personajes poéticos como Estratis el marinero, con la superposición de los mitos clásicos griegos en su propia experiencia personal y su forma de trasladarla a su poesía. De algún modo, hay un esfuerzo continuo por “revivir el sentido del mito en su siglo”, según Ancira y Segovia (2007). Mantiene en su poesía algo que señaló en sus diarios, como característico de los poetas contemporáneos, y que tiene que ver con un “sentimiento de irrealidad del individuo”, capaz de desdoblarse en distintos personajes. Nada extraño si pensamos

en Juan de Mairena o los alter ego de Pessoa. En todo ello está la esencia poética tanto de Seferis como la del propio Eliot. Es decir, el “autosacrificio” continuo del artista, en palabras de Eliot, que obliga a la eliminación continua de cualquier personalidad. A lo que se añade, como ya se ha señalado, la continua búsqueda de la exactitud, que obliga y mucho a la austeridad y al sacrificio. Como si se tratara de un proceso de depuración. En el caso de Eliot subrayando los elementos más religiosos. En el caso de Seferis a través de los restos del pasado que apresamos y que ya nos contienen a nosotros mismos. La fuerza de la estatua en Seferis transmite la idea. Con las propias palabras de Seferis en sus diarios, “es preciso volverse como piedra cuando uno busca la compañía de la piedra”. Lo llamativo y curioso es ver cómo las ideas que gobernaban la poesía de estos poetas de hace veinte años soportan hoy la mentalidad de mucha gente más joven: es difícil encontrar jóvenes con una idea de continuidad vital, más bien al contrario, una preparación específica en el mejor de los casos y una convicción sincera en todos ellos de estar dispuestos a dejar de ser lo que sea en cualquier momento y volver a ser de otro modo, para poder seguir siendo. Quizás no haya en ello desesperanza, pero sí la certidumbre de un mundo especialmente incierto y frágil, siempre a punto de desmoronarse. Aunque no se puede ocultar, como han señalado los expertos en la poética de Seferis que tanto en Eliot como en Seferis todo esto se convierte en nostalgia y quizás por ello en pensamiento muy conservador.

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Por orden cronológico la obra de Seferis se desarrolla del siguiente modo (para los poemas que se citan, se ha utilizado la edición de Galaxia Gutemberg de 2007, que aparece como bibliografía de referencia al final del texto, con traducción de los originales de Selma Ancira y Francisco Segovia) :

La Estrofa (1931) En algunas ediciones se ha traducido como “Giro”. Estrofa y giro en la poesía griega. La influencia francesa contemporánea es notable, a decir de los expertos. Se trata de “poesía pura”. Se aleja de los cánones al uso y se deja influir por las lecturas y el estudio de los simbolistas franceses, especialmente Paul Valéry. Se considera que este primer poemario sirvió para cohesionar, aunque solamente sea como ejercicio a posteriori, dado el poco alcance que tuvo su obra en los primeros años, además de las múltiples vicisitudes propias y del pueblo griego en los años treinta, a un grupo de poetas griegos, la llamada Generación de los 30, que intentó desde entonces construir una poesía griega moderna que asimilara las vanguardias poéticas de la Europa Occidental. Este poemario consta de dos libros. El primero, titulado Conchas, Nubes, se abre con el poema “Estrofa”, que da título al poemario. En este libro domina el cuarteto rimado de distintos modos, tanto en arte mayor como en arte menor. Solamente el último poema titulado “Canción popular” se construye sobre dos tercetos. A diferencia del primer libro, el segundo, titulado Razón

de Amor, es un único poema largo, a base de cuartetos de arte mayor, dividido en seis grupos de estrofas. Como muestra de este poemario el poema “Negación”, que tan popular se hizo en Grecia en los años sesenta y setenta del siglo pasado:

Negación

En la orilla del mar, apartada y, como una paloma, nívea, padecíamos sed al mediodía; pero el agua era salada. Sobre la rubia piel de la arena el nombre de ella escribimos; pero sopló suave un airecillo y se borraron las letras. Con qué corazón, con cuántos ánimos, con qué anhelo y qué pasión enfrentamos la vida: ¡qué error! y nuestras vidas cambiamos.

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La cisterna (1932)

Se abre el poemario con una cita de El Greco. La cita no es baladí si se piensa en el proceso que la Santa Inquisición siguió contra el Greco por pintar las alas de los ángeles sin atenerse a las dimensiones canónicas de la iglesia. El poemario es un único poema que consta de 23 estrofas de quintetos de arte mayor, también rimado en el original. En la ciudad se ha hecho un gran charco –cisterna- que permanece –echa raíces- y que es capaz de capturar y “atesorar” el ir y venir de la ciudad, todo lo que está vivo, que allí se va depositando mediante reflejos y hundimientos. Es un mundo de paz, pero también de muerte. La estrofa final dice así:

Pero la noche no cree en la aurora y el amor sólo para tejer la muerte vive. Así también, igual que un alma libre, una cisterna que el silencio enseña a la mitad de una ciudad en llamas.

Novela –Mythistórima- (1935) También se conoce como “Historia mítica”. Nos podemos ir muy lejos, por la guerra, por el espanto, por la incongruencia, pero siempre nos llevaremos lo que nos ha hecho como somos, los olivos, el paisaje o el sicómoro, a nosotros y todos los que fueron antes que nosotros. Nuestra continuidad no está en nosotros sino en lo que nos hizo como somos.

XVII. Astianacte

Ahora que te vas lleva contigo al niño que vio la luz debajo de aquel sicómoro, un día en que sonaban las trompetas y brillaban las [armas y los caballos sudorosos, los belfos húmedos, sobre el abrevadero se inclinaban a rozar la superficie esmeralda del agua. Los olivos que tienen las arrugas de nuestros padres y las rocas que tienen la sabiduría de nuestros padres y en la tierra la sangre viva de nuestro hermano eran una gran dicha, una norma fértil para las almas que sabían su plegaria. 10


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Ahora que te vas, ahora que el día de saldar tu cuenta despunta, ahora que ninguno sabe a quién ha de matar o cómo ha de morir, lleva contigo al niño que vio la luz debajo de las hojas de aquel sicómoro y enséñale a mirar los árboles.

Gimnopedia (1936) Las gimnopedias eran danzas líricas que se hacían en la isla de Thira –Santorini-. El texto está compuesto por dos poemas, “Santorini” y “Micenas”. Un verso de este poemario dice:

se hunde quien levanta grandes piedras.

Cuadernos de Ejercicios (1928-1937) Este poemario consta de varios libros: “Poemas entregados”, “Stratis Marinero” y “Bosquejos para un verano”. Muy evocador de Ulises, llama la atención los dieciséis haikus del primer libro y

cómo utiliza, en el segundo, el recurso de Stratis Marinero, ese otro poeta, con personalidad y estilo propios, donde abunda una magnífica prosa poética. Siendo marinera toda su poesía, en este poemario el mar lo inunda todo. Valga como auténtico contrapunto de ello este magnífico poema:

El Sr. Stratis Marinero describe a un hombre

Pero ¿qué le pasa a ese hombre? Toda la tarde (ayer anteayer y hoy) ha estado con los ojos [clavados en una llama en la tarde al bajar la escalera tropezó conmigo me dijo: “El cuerpo muere se enturbia el agua el alma titubea y el viento olvida siempre olvida pero la llama nunca cambia” También me dijo: “Mire usted amo a una mujer que se ha ido quizás al otro [mundo; no es eso lo que hace lucir tan desolado yo intento aferrarme a una llama porque no cambia” Luego me contó la historia de su vida

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Bitácora I (1940) Hay un cambio notable del yo al nosotros en este poemario. Las circunstancias nacionales e internacionales, que tendrá su peor momento en la ocupación alemana de Grecia en 1941, le llevan a ello. Como portavoz oficial en el exilio, Seferis consideró y, así lo expresó, que había un nuevo orden europeo en el que se podían utilizar “las mentiras más infames para asesinar a los pueblos pequeños”. Como muestra, el poema “Interludio alegre”, que acaba así y lo resume todo:

“Inexplicable”, dijiste, “inexplicable no entiendo a los hombres por más que jueguen con los colores son todos negros”

Bitácora II (1944) Ya en un largo exilio, este poemario aparece publicado por primera vez en Alejandría, uno de los destinos tradicionales de la diáspora griega. Por su significado, tomamos tres versos del poema en el que vuelve a utilizar a su alter ego poético, “Stratis Marinero en el mar Muerto”, cargado de pesadumbre existencial, desesperanza y nostalgía:

Como el mar Muerto estamos todos Muchas brazas por debajo del nivel del mar Egeo. Ven conmigo, te enseñaré el lugar:

El Zorzal (1947) Algunos consideran que en este poemario se encuentra la cumbre poética del autor. El Zorzal es el barco griego que hunden los alemanes en 1941 frente a las costas de la pequeña isla de Poros, desde donde escribió el poemario en el otoño de 1946, después de alquilar una casa allí para pasar las primeras vacaciones después de la guerra. Se trata del descenso al Hades de Ulises contraponiendo la luz y la oscuridad. El primer poema “La casa junto al mar” puede ser un buen resumen de su poesía y, de algún modo, la culmina: donde está la casa, uno de sus símbolos más poderosos. La casa a la que nunca se puede volver o cualquier casa que deviene en un ser vivo, capaz de gesticular, pensar y sentir humanamente. La casa como resultado natural de la concordia y del reencuentro con lo humano, con lo esencial. Donde no hay casas, donde los refugiados solamente encontrarán, en el mejor de los casos, hoteles, allí no hay humanidad, solamente pesadumbre y desesperanza. 12


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Las casas que tuve me las quitaron. Eran tiempos nefastos: guerra destrucción exilio; … con los que se han quedado con los que se han marchado con aquellos que volverían si pudiesen o los que desaparecieron, ahora que el mundo se ha vuelto un hotel inmenso … o que una mujer de pestañas infatigables fino talle, de vuelta de los puertos del sur, … sube los peldaños sin mirar a los que se quedaron dormidos bajo la escalera

Bitácora III (1955) Otro gran poemario, condicionado por su paso por Chipre y las negociaciones para su independencia. La posibilidad de mantener el mundo heleno tan al oriente, una vez perdida toda opción de permanencia en Asia Menor. La geografía eterna que hace de los griegos el pegamento entre oriente y occidente, pero siempre con cierto desdén y lejanía de lo uno y de lo otro. Eurípides el ateniense apunta a un destino inevitable:

Eurípides el ateniense Envejeció entre las llamas de Troya y las canteras de Sicilia. Le gustaban las grutas de la playa y los paisajes del mar. Vio las venas de los hombres como una red donde los dioses nos atrapan como a bestias: Intentó romperla. Era un hombre amargo; sus amigos eran pocos. Cuando llegó la hora, los perros lo despedazaron.

Tres poemas escondidos (1966) Su último poemario, compuesto de tres libros, Sobre un rayo de sol invernal, En escena y Solsticio de verano. Los dos primeros contienen siete poemas y el último catorce poemas. Una poesía hermética que cierra el círculo de lo simbólico y lo mítico. El poema nº VII del libro primero dice así:

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La llama cura a la llama no con el gotear de los instantes sino con un destello, de golpe; como un deseo que se mezcla a otro deseo y ambos se quedan fijos o como el ritmo de la música que permanece allá en el centro como una estatua inmutable. No es una travesía este respiro el rayo se adueña del timón.

Referencias bibliográficas

Ancira, Selma y Segovia, Francisco: “Prólogo” a la edición de Mythistórima. Poesía completa. Galaxia Gutenberg, Barcelona 2007 Castrillón, José Mª: “La sonrisa de las estatuas”. Revista Las Razones del Aviador, 2 de octubre de 2009 López Jimeno, Amor “El símbolo de la casa en la poesía de Yorgos Seferis”. Revista de Filología Clásica, 1999, pp. 311-345d Molina, César A.: “Los ensayos de un poeta”. Revista de Libros, segunda época. www.revistadelibros.com/ Seferis, Yorgos: Mythistórima. Poesía completa. Galaxia Gutemberg, Barcelona 2007 Seferis, Yorgos: Días, 1925-1968. Alianza Editorial, Madrid, 1997

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Fondo de armario Juan Hospital, un nuevo conVerso, Tirsa Caja, Marisol Huerta Niembro, Claudio Carrillo Aranda y Carmen Crespo, despliegan sus poemas.


Fondo de armario # Juan Hospital

Juan Hospital

“El lenguaje es la casa del ser”, decía Heidegger. Más allá de la arquitectura y más acá de la filosofía, a las que dedico parte de la vigilia, me entrego en esta morada al fluir agitado del inconsciente y al fluir libre de la conciencia, como a un doble mar de salvación. Deshabitado: en la materia que limita y en la idea que proyecta. Inestable en esencia por el hecho de existir. Sin suelo donde apoyar un pie y después otro. De un modo radical confío en el poema para sobrevolar el abismo que sé. Confío en el silencio y confío en la palabra que anuncian la aleación del brillo y la hojalata, el acuerdo de la imagen y del entendimiento, la sólida ilusión del refugio a la intemperie.  

parece que tan sólo la sangre sea autónoma que el circuito de venas clausurado acuda hoy y siempre libre que la intención no sea nunca y el pensamiento sea un discurrir sumiso de palabras parece que no sirva pensar en la secuencia de imágenes que acuden esta tarde como el humo que asciende acude al pensamiento de la máquina parece que en el humo de la tarde la sangre sea sola y sola sea el único suceso registrado

Nací en Reinosa, provincia de Cantabria, cerca de un verso. Vivo. 16


Fondo de armario # Juan Hospital

una vena de agua se vacía en el lavabo el tiempo se vierte en gotas con un punteo hipnótico el tímpano lo acusa y va sumando la vanidad del ruido crece asciende a la obsesión y se asoma al flujo de la máquina

un silencio de yeso recorre las paredes la huella del pasado, sin embargo, aún persiste y usurpa el color a los retratos el huésped ha partido queda en mi voz el eco en la pared la huida de mis pasos la mancha

el interior no tiene acento voz intensidad o tono conocido el interior escucha escucha escucha 17


Fondo de armario # Juan Hospital

han profanado tumbas, y los rusos prefieren para vivir Ucrania, el pie de foto dice: una iglesia en Berlín. Ayer sonaron sin parar las campanas, ¿por qué suenan? si no hay rostro, si sólo hay un borrón a este lado del marco, fuera de plano, aunque el tejado apunte más allá del lugar religioso que parece, sin embargo, una oficina, ¿quién trabaja aquí? si no hay ojos, si sólo hay una mancha blanca que no mira al objetivo

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Fondo de armario # Tirsa Caja

Llamada del metal corriente verdinegra detenida en arroyos alguien ha barrido los bosques arrasado cordilleras por el lado del norte

Tirsa Caja

nada vuela en el pรกramo del cielo solo el corazรณn de un pรกjaro atravesado en el espino albar

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Fondo de armario # Tirsa Caja

A mi padre que sembraba árboles

Ya sedimentas ya convergen en ti los afluentes eres horizontal como un sembrado todos los árboles beben de tu placenta y alargan los tentáculos para reconocerte hay rizomas sujetando la tierra en la que paces

Como cuando la aspiradora hace un ruido de tragar algo sólido una joya una moneda un garbanzo quién sabe y a través de su tráquea desaparece invisible como una digestión algo

tú que ordenas los helechos las fases de la germinación decantas los guijarros tamizas los eriales haces los semilleros

dejará de ser nuestro sin rastro ni constancia no podremos demostrar su existencia como si nunca nos hubiera pertenecido

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Fondo de armario # Tirsa Caja

Hemos leĂ­do el dĂ­a su circunstancia nos ha atado de manos hemos transcurrido su curva sabemos lo que quiere decir crecer y fluctuarse finalmente venderse muy barato

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Fondo de armario # Marisol Huerta Niembro

Nepal

A vosotros, los niños de Nepal, a vosotros, los hombres y mujeres, a nosotros, que vemos la tragedia desde el lado tranquilo de un paisaje lejano. La Tierra se ha abierto a vuestros pies y quedan los escombros.

Marisol Huerta Niembro

Que se inicie este entierro de niños inocentes. Que se inicie la tregua en esta injusta lucha en la que el Occidente siempre sale ganando. Me siento tan inútil leyendo estas palabras… ¿Debo hacer algo más? ¿Quiero hacer algo más? ¿Puedo hacer algo más? Que la Tierra me trague a mí también. 22


Fondo de armario # Marisol Huerta Niembro

Vaso de agua

Las palabras

Si pudiera beberme el vaso de agua para sentirme a gusto, como entonces,

Pueden hacerse piedras las palabras y dejarnos pasar al otro lado, atravesar el río, -que es lo que importa-, cuando leemos.

tendría que creer en las personas tendría que creer en los arroyos, en las fuentes y amigos y en los novios de paso. Tendría que creer en cualquier líquido transparente que no doliera tanto. Si pudiera bebérmela contigo novio de los poemas, sería tu futura mujer acuática. Pero yo con el agua me ahogo como con el cansancio, y ahí, sobre la mesa debe permanecer.

Son piedras las palabras, cruzan el río, llegan al otro margen, -que es lo que importay nos sirven de apoyo para que cada uno encuentre lo que busca. Las orillas del río son diferentes, como los libros, y tú debes buscar tu propia orilla, esa con que interpretas, que no será la mía ni la tuya

si vuelves a leer saltando nuevas piedras.

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Fondo de armario # Marisol Huerta Niembro

Así fue Para mi hijo Quini

Con una pierna aquí y la otra a más de un metro, atadas sobre el potro del tiempo del dolor. El médico salpica su enfado sobre mis quejas que van amaneciendo, y los minutos lentos no dilatan mi espera.

Y su cólera abierta -Más fea es usted, señora, y nadie se lo ha dicho. Mi rubor, mi vergüenza con una pierna aquí y la otra tan lejos... Luego, en la habitación de aquel trece de abril, cómo te quise ya para toda la vida.

La sensación de miedo y el frío que me tiembla toda la piel. Y naciste por fin te echaron en mi tripa, de espaldas, -no podía ver tu caray tu piel era sangre. Y mi herida era roja, como lo era mi miedo. Y mis palabras tontas (no veía tu cara). -Qué feo es, doctor. 24


Fondo de armario # Claudio Carrillo Aranda

Orilla

Como ceniza o línea azul sobre la espuma. En la orilla de pájaros, el salto de las olas y el triángulo de los barcos, se trazarán perfiles de otra vida.

Claudio Carrillo Aranda

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Fondo de armario # Claudio Carrillo Aranda

Caminar

Madrugadas

Después caminar fue como un naufragio,

En la madrugada las venas de mis ojos

el casco abierto en una herida,

las acacias negras de las heridas negras

la herida derramada sobre el mar

la rama desgajada

pedazos incompletos

y un sarpullido que crece de la tierra, de la gota,

flotan sobre el tiempo que se muda

del viento que parte la mitad de marzo

una vez y otra y otra

el anuncio verde de este grito que arde.

borneará la proa sobre el ancla y de allá abajo, desde el fondo la mano que dirige y la cadena darán la latitud, la longitud, el punto del que arrancan mis palabras.

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Fondo de armario # Claudio Carrillo Aranda

Desierto

Un trazo sobre el mapa del desierto mi vientre recogido sobre alambres sobre sĂ­lice de Ă­nfimas calaveras la arena abrasa y en mi mano la tinta de los cuervos recorro habitaciones de candados sin llave. Vi entonces castores disecados la muerte que se destila en las redomas.

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Fondo de armario # Carmen Crespo

espejo o piedra iluminada por la semilla: cuarzo que revienta como racimos donde el agua: túnica: madeja de pieles sueltas

tras las aristas lo ácido o la carcoma en la lengua

Carmen Crespo

lengua rota y lengua blanca: hilo que no encuentra punta ni aguja: que no encuentra acomodo bajo el cielo de la boca

su flema de cristales se deshace se desteje: paño que alumbra

dónde sus gajos de luz

acaso el hiato separando el vuelo

de su son 28


Fondo de armario # Carmen Crespo

desde la cuneta la casa donde las mariposas de hojas amarillas no sé nadar sin embargo me hundo en los pantanos y camino en busca de peces silenciosos desde la cuneta el río donde las pamplinas donde padre recoge renacuajos en un bote que llevo a mi caballo mi caballo redondo y negro que vocea y los mira a su través desde la cuneta el regato y las pamplinas no sé nadar pero me meto en los pantanos en busca de peces silenciosos mi caballo relincha y mece la borla de su boca y en su alegría levanta terrones de arena qué crece ahí qué crece ahí desde la cuneta la casa y un trozo de cerámica que encontré un trozo de cerámica azul y lágrima tibia desde la cuneta la casa y padre que dice ven ven

campos de lúpulo luz y aceite donde el espesor de la cuerda es el espesor de la voz riza y riza la voz de nuevo como pequeñas panículas o racimo de racimos luz y almendra donde el terrible zambullir del cuerpo sobre las ortigas a veces se oyen flamas a veces espumarajos que resuenan como un silbido de bala entre los dientes

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Fondo de armario # Carmen Crespo donde las argollas donde las riendas para azuzar al animal que era un potro que era un palo unido

ásperos estambres entre los dientes el polen a una encina por un cordel por un pellejo resbaladizo en la lengua un soplo un soplo y luego lamiéndonos las miajas el picón las piteras

la rigidez del junco de las patas rotas de los insectos mientras los leones rondaban la casa en la carne amarilla de las manzanas y otro soplo y el asombro era un nódulo en el corazón del fémur

otra voz otro gorjeo convertido en red en cesta llena de peces donde rebañar las branquias

el coágulo en las vísceras o remover su aceite sus círculos diseminados sobre el adobe

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Territorios diVersos La sala sin pared de Fuentidue単a por Antonia Roig


Territorios diVersos # La sala sin pared de Fuentidueña Por: Antonia Roig (Basado libremente en una idea original de Alfonso Rebollo, a quien va dedicado este cuento)

Al pasar por el hueco donde estuvo la pared de la sala principal de su casa de Fuentidueña, Alfonso y Elisa experimentaron una punzada de euforia, una ligera ebriedad causada por esa ausencia, ese presente no ser de la pared que era, a todas luces, una liberación, no solo para la vista, sino para los muebles de la sala apresados, en su estar, en un único ángulo de visión. Curiosamente, esa limitación pasó desapercibida hasta que, un día, por azar, Alfonso y Elisa dirigieron su mirada a los cuadros que colgaban de la pared de la sala principal (ahora ya, la sala sin pared) y pudieron mirar a través de ellos, más allá de ellos; vieron, incluso, el otro lado de la pared de la sala sin pared y, aun más, se vieron a sí mismos al otro lado, atravesando con su mirada la pared de la sala sin pared y, detrás de ellos, un rayo de luz avanzando, débil e inútil, hacia la sala y que quedaba, desmayado, a los pies de la pared de la sala sin pared de Fuentidueña. -Esto es una limitación sin sentido, dijo Alfonso, cabeceando preocupado. -¡Esto es una inmoralidad!, dijo Elisa, indignada.

Alfonso y Elisa convinieron en que la limitación de la luz y del espacio era una atrocidad estética y convivir con esa limitación, sin otra razón que la costumbre impuesta por un convencionalismo social, era, a todas luces, una inmoralidad obstructora del progreso. Y, guiados por esa convicción que hace de la acción necesidad, echaron abajo la pared de la sala sin pared. Pudo, entonces, la luz expandirse en volutas perezosas a través del espacio

y pudieron los dueños de la casa admirar la sala y sus elementos desde ángulos hasta entonces invisibles. Este aumento en espacio, luz, y ángulos de visión produjo en Alfonso y Elisa una vivísima sensación de libertad y, como la libertad solo se disfruta ejerciéndola, cambiaron de sitio los objetos hasta que un nuevo orden —es decir, una nueva armonía estética— emergió en la sala sin pared de Fuentidueña. Los dueños de la casa contemplaron con

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Territorios diVersos # La sala sin pared de Fuentidueña

gran placer su obra: —Esto es el progreso —dijo Alfonso, besando a Elisa. —¡Esto es la hostia! —dijo Elisa, respondiendo efusivamente al beso. A pesar de su alegría, no se dejaron llevar por vanas ilusiones; tras el cambio, la sala seguía siendo la misma y ellos también; si acaso, los nuevos ángulos de libertad adquiridos invitaban a la reflexión pausada porque (atreviéndonos a adivinar el pensamiento de Alfonso y Elisa) quien no reflexiona no es responsable de su libertad y, en ese caso, de nada sirve tirar paredes abajo. Esa reflexión, además, arrojaba una luz inquietante sobre los determinantes del progreso —no sólo eso, sino sobre la percepción de lo que constituye progreso—, y la capacidad humana —en este caso, la suya— para percibir su dimensión moral; porque, vamos a ver, si lo bueno y bello es inmediatamente identificable, y el progreso consiste en mejorar la condición humana, y esta mejora se sustancia —como es autoevidente— en hacer cosas buenas y bellas en número creciente ¿cómo puede ser que sólo por azar se hubieran dado cuenta de que la pared de la sala sin pared era una atrocidad, una excrecencia de ladrillo, en fin, una mierda? Aún así, miraban la sala sin pared maravillados y disfrutaban como dos adolescentes al atravesar el espacio donde estuvo la pared de la sala sin pared.

Todo tiene su lógica; Alfonso y Elisa seguramente dirían que todo tiene su dialéctica (hegeliana): también la sala sin pared y sus elementos, incluyendo la pared ausente. Echar abajo la pared de la sala sin pared había puesto en marcha un mecanismo inexorable, era el comienzo de una cadena de posibles sucesos cuyas consecuencias, incluso las morales, eran, hasta cierto punto, imprevisibles. Alfonso y Elisa se miraron, y sin decir nada, supieron que un mismo pensamiento cruzó su mente: ¿Cuál será el próximo cambio de la sala sin pared?

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Mirador Lanzarote en cinco disparos y algunas palabras por Manuela Sola Castro


Mirador # Lanzarote en cinco disparos y algunas palabras Por Manuela Sola Castro

Negra escultura donde reposa el tiempo calcinado.

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Mirador # Lanzarote en cinco disparos y algunas palabras

Ah, ese silencioso respirar de la tierra.

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Mirador # Lanzarote en cinco disparos y algunas palabras

a ofr ece Arde la tierra par

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de hojas refrescantes.

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Mirador # Lanzarote en cinco disparos y algunas palabras

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Se dibuja el poema entre pinchos y coronas.

Mirador # Lanzarote en cinco disparos y algunas palabras

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Retrato en auto Mariano Peyrou, que solfea imรกgenes en sus poemas, es nuestro poeta invitado.


Retrato en auto # Mariano Peyrou

MARIANO PEYROU (1971) es saxofonista y licenciado en Antropología Social. Ha publicado los siguientes libros de poemas: La voluntad de equilibrio (Fundación María del Villar, 2000), A veces transparente (Bartleby Editores, 2004), La sal (Pre-Textos, 2005), Estudio de lo visible (Pre-Textos, 2007) y Temperatura voz (Pre-Textos, 2010). En Argentina han aparecido dos antologías de su obra: De las cosas que caen (Bajo la luna, 2004) y La unidad del dos (EDUCC, 2004). También ha publicado una antología en portugués, O discurso opcional obrigatório (Averno, 2009) y, en italiano, Il Sale (Raffaelli Editore, 2010) y Temperatura voce (Edizioni Fili d’Aquilone, 2013). Niños enamorados (Pre-Textos, 2015) su más reciente publicación. En 2014 aparece su primer libro de narrativa, la colección de relatos La tristeza de las fiestas (Pre-Textos, 2014).

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Retrato en auto # Mariano Peyrou

La sal

I Suena el timbre y puede ser cualquiera pero no es cualquiera sino típicamente una tía o amigos de los padres. Nunca hay que abrir la puerta a los desconocidos, como mucho a un señor que ofrece cosas insignificantes. Pudo haber también un policía, con esa ambigüedad que tienen a los siete años, para qué acordarse ahora de algo. La apertura de esas primeras puertas desde abajo, instante siempre mal estructurado a ambos lados de la mirilla, y la siempre inútil simpatía de los adultos que por fin entran en casa. El salón está tan ordenado, ahora es ajeno, daría casi miedo ser yo mismo o mis dibujos y raquetas, daría casi ganas de contar que los padres mienten y esta seriedad de los sillones y la mesa y de los padres es disfraz, que hay té pero el azucarero está lleno de sal.

Existen distintas maneras de abrazar a la almohada, como se puede uno meter en la bañera cuando aún no está llena, o tener y por lo tanto ser en secreto algún insecto. Desde la cama son gritos las palabras en el cuarto de al lado, y el ruido de las copas una vajilla rota. Las certezas: sé que soy yo el que abraza esta almohada porque esta almohada es la mía; sé que esta almohada es la mía por su forma de abrazarme.

II Escucha voces que no son la tuya, despierta a las desigualdades y a sus normas, colecciona las muchas hojas que la hoja es en la tarde. Vuélate y abre alas al testigo de tu médula, de todas tus traiciones a tu

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Retrato en auto # Mariano Peyrou

médula, a quien llega desde tan cerca que no conoce el tránsito. Por el lado del agua, su mirada te congela en tu origen. Por el lado del aire, guía tus propios ojos hacia lo innegociable. No es difícil adiestrar a un espejo, pero un hermano siempre es un yo salvaje. Algunas intersecciones remiten a otra geometría, inexplicable y obvia. ¿Qué paralelas no se han cortado alguna vez, no se han curado? No sabría decir si es herida o cicatriz esta extracción hasta la presencia externa, pero hay otro fuera de mi boca. Los cuerpos se disponen siguiendo una ética variable y centrípeta, la sal acaba siempre con el hielo, a la larga no existe la venganza y todas son iguales, las voces, las aristas. Menos una.

III Murmurando un idioma que entiende cualquier célula, llega el mar hasta las puertas de un niño que se moja. El mar hospital es el mar aeropuerto, a diez kilómetros de altura se traza una línea sobre la arena donde no alcanzan las olas con sus manos maternas y hasta siempre el agua por los tobillos. El mar verano no es el único, está también el mar en la ciudad exilio: el cable del teléfono enterrado en el fondo, nombres que superan el naufragio y se arrepienten y reclaman apellidos, la gestación de una mitología, la necesidad de aprender a despedirse sin haber aprendido a saludar y sobre todo la precaución de no pisar las junturas de las baldosas, no acercarse a los bordes ni conjurar lo liminal o la antizona. El mar asoma en todo lo que es puerta: los ocasos, las bocas, la música, estar solo; asoma y anticipa la isla y el azar, la sensación de

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Retrato en auto # Mariano Peyrou

consecuencia sin causa conocida. El mar dos polos también finge, simula un pez lineal, adusto, recurrente; y pájaro, se resiste al resumen y a la síntesis, pez cuyo vuelo se aloja en otro mar.

IV Dice que no, que lo que hay que elegir es si se enfocan las semejanzas o las diferencias, como ante algunos lienzos o con todos los pinceles en la mano. Los paisajes se suceden pero no, es en el marco donde se escribe el discurso, es a través del ojo como se nubla el marco, es antes de imaginar la vista cuando se puede imaginar. Elegir siempre es no: entre quedarme vaciándome en mi casa o bajar

a buscarme por los parques, por ejemplo de acuarelas triviales, no es no una de las opciones sino todo el planteamiento. El cuadro pinta la paleta, ya sedimenta el próximo paisaje. Una vez seca la pintura, se articula la mano, recupera la idea la perspectiva inicial, el pintor falsifica su firma. Yo observo los oleos y no consigo advertir la dirección del trazo, qué volumen fue alguna vez aquí y cuál allá. Eso es lo que me importa distinguir: ¿ida o vuelta?

De La sal (2005)

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Retrato en auto # Mariano Peyrou

Una moneda para los músicos

Los espacios cerrados

Que levanten la mano los que estén a favor de no viajar nunca a ningún lado. Aquí huele a hierba recién cortada y el clima cambia con rapidez. Si uno se queda en casa con suficiente insistencia, la escalera puede llegar al extranjero, por no mencionar que estoy oyendo hablar en alemán ni las exposiciones itinerantes. Han vaciado el lago, todo es diferente excepto el lago, que sigue siendo una enorme extensión homogénea pero de tierra. Cambia el paisaje. Las estatuas son diferentes, los árboles, la gente, y sobre todo las barcas. Ya deberías ponerte la camisa.

Tendrás que ejercitar los ojos recogiendo las nubes que te envío, la limpia altura de las chimeneas que diseminaban olor a azúcar por toda la ciudad, las imágenes que arrastra la corriente subterránea. Ahora sí que empuja el viento, viene entre las estatuas para agitar emociones antiguas que aún no tienen nombre, para golpear las puertas de los espacios cerrados donde la culpa circula con fluidez, donde vibran las mentiras y el pasado se sueña diferente. Está nevando mucho, todo es blanco fuera de mí.

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Retrato en auto # Mariano Peyrou

El orden

Este inevitable vacío de las cosas, su falta de relación con nuestras expectativas y la esperanza con que las definimos, no es un vacío pasivo; susurra, reclama que la piedra siga siendo piedra, que lo vertical, lo instantáneo, siga incidiendo sin violencia sobre lo horizontal. Lo permanente, entonces, resistirá con la paciencia propia de lo ajeno, de lo que ya no importa, explicándonos de nuevo las primeras lecciones para que no olvidemos más que el agua es la piedra más dura.

De Estudio de lo visible (2007) 46


Obras públicas

Lista de libros de autores del grupo conVersos. Dos nuevas publicaciones: # Universalia Ante Rem, Eva Yárnoz, Neopàtria, 2015, # Gris: una teoría, Juan Hospital, Amargord, 2012.


XXVI Premio de Poesía Cáceres 2015 Editorial Devenir, 2014

Editorial Amargord, 2015

Poemas en directo

Marisol Huerta Niembro

Carmen Crespo

Tal vez huésped

Editorial Polibea, 2015

Editor Manuel Ayllon, 2014

Carmen Crespo

Carmen Crespo

De músicas y otras pieles

Neopàtria, 2015

Editorial sol y sombra, 2015

Poemario breve - Puro Hueco

Universalia Ante Rem

Eva Yárnoz

Cuerpo o el corazón del mundo todavía

Carmen Crespo

Obras públicas

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Antonia Roig

Alacena Roja, 2013

Antonia Roig

Juan Hospital Amargord, 2012

Miguel de Francisco

Amargord ediciones, 2012

Dalton Peabody

(1949-2012)

Ediciones Vitruvio, 2012

Nueve piezas de fuga y tres divertimentos

Pavana y aria para un adiós

Editorial Devenir, 2014

Ediciones Vitruvio, 2012

Gris: una teoría

Cómo trabajar una duna

Esther Lucio Marino

Álgebra de la memoria

Miguel Cuerdo Mir

Obras públicas

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XXVI Premio Gerardo Diego de Poesía 2010 Soria, Excma. Diputación de Soria, 2011

Grandes éxitos Kukudrulu, 2009

Sueños azules

Nieves Pulido

Marisol Perales

Editorial Verbum, 2012

(Poemas y teatrillos de Navidad)

Editorial Renacimiento, 2010

Marisol Perales

Marisol Huerta

A Belén por la autopista

Fundación Once, 2012

Amargord ediciones, 2011

Puedo empezar así

La lengua de los ciegos

Federico Monroy

Los más queridos nombres

Tirsa Caja

Obras públicas

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Premio Blas de Otero de poesía, 2006 Universidad Complutense de Madrid, 2007

Alimento del aire

Carmen Díaz-Maroto

Ediciones Escalera, 2007

Doblaje

Federico Monroy

If ediciones, 2009

Todo sigue así (poesía completa)

(1970-2009)

Julio César Navarro

Obras públicas

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Ficha técnica

Grupo de los poetas conVersos: Alicia Naya, Antonia Roig, Carmen Díaz-Maroto, Carmen Crespo, Claudio Carrillo Aranda, Elisa Fernández de Castro, Esther Lucio Marino, Eva Yárnoz, Federico Monroy, Fran García, José Pérez Carranque, Juana Arriaga, Juan Carlos Fernández Sanz, Juan Hospital, Manuela Sola Castro, María de la O Guillén, Marisol Huerta Niembro, Marisol Perales, Miguel Cuerdo, Nieves Pulido, Paloma Espartero, Pepe Alcamí y Tirsa Caja.

Comité de redacción: Carmen Crespo, Esther Lucio Marino, Elisa Fernández de Castro, José Pérez Carranque, Manuela Sola Castro, Nieves Pulido y Tirsa Caja

En la portada: Foto de Claudio Carrillo Aranda

Diseño y maquetación: Manuela Sola Castro

Correctoras de estilo: Esther Lucio Marino y Nieves Pulido

La revista fue ideada en: Café Ajenjo, Madrid, 2010 (cafeajenjo.com)

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Número 15 editado digitalmente el día: 9 de ouctubre del 2015

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conVersos nยบ15 9 de Octubre de 2015

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conVersos nº15  

Revista de Poesía # Poeta invitado: Mariano Peyrou

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