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Revista de poesía nº6, año II

e V n r o c

so

s

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Indice

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Carnet de identidad

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Territorios diV ersos “Coser y cantar” de Esther Lucio

Fondo de armario Nieves Pulido

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Carmen Díaz-Maroto

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Elisa Fernández de Castro

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María de la O Guillén

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Juana Arriaga

17

Manuela Sola Castro

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Pepe Alcamí

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Chantal Maillard por Paloma Espartero

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Poeta a la carta

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Mirador “POR” de Fran García

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Álvaro García

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Retrato en auto

Ficha técnica

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Carnet de identidad

Me llega información del seminario permanente Claudio Rodríguez. En noviembre se celebrarán unas jornadas sobre la vigencia del poeta zamorano. ¿Claridad o hermetismo? ¿Significado o sentido? Yo apostaría por un cierto equilibrio por aquello de la armonía, la mesura, etcétera, pero para gustos están las poéticas. Hay maestros en todas, C. Rodríguez es uno de ellos. A veces me he preguntado ¿qué hace un lector como yo en un poeta como éste? Enseguida me contesto: aprender. Los lectores perfectos no se preguntan esas cosas, disfrutan o no y obran en consecuencia, pero los que estamos contaminados por la escritura andamos siempre buscando algún asidero. Escribir es decir lo que se piensa y pensar lo que se dice. Cuando en un poema saltan sorpresas de sentido

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y significados no previstos, la cosa marcha bien. Escogemos palabras para decir algo pero a veces las palabras hablan solas ¿Para quién escribimos? No lo sé, lo que sé es que a menudo los resultados no están a la altura de los propósitos. Qué cerca de la nada está lo pretencioso. Hay oficios peligrosos, de alto riesgo, pero ninguno como el de poeta. Con el tiempo aumentan las dudas y escasean las certezas. Si alguna vez se llega a alguna parte desconocida el mundo cambia para muy pocos. Por fortuna, la poesía es maravillosamente inútil para el gran público. Os aconsejo acudir a Zamora el 29 y 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Gente estupenda nos iluminará acerca de uno de los grandes.

José Pérez Carranque


Fondo de armario

Desfilan en estas páginas las prendas de: Nieves Pulido, Carmen Díaz-Maroto, María de la O Guillén, Elisa Fernández de Castro, Juana Arriaga, Manuela Sola Castro y Pepe Alcamí


Fondo de armario / Nieves Pulido

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¡Oh siglo en verdad estúpido y grosero! CATULO

¿Has visto qué tristes parecen los maniquíes en rebajas? Sin zapatos, ni precio. Dan ganas de invitarlos a un café.

Empalidezco

ante los logros del hombre: sopa instantánea, quitamanchas, latas de guisantes. Los monos no saben enlatar guisantes. Ay Catulo, qué pensarías al ver cómo brilla tu nombre en los rótulos de una agencia inmobiliaria de Verona.


Fondo de armario / Nieves Pulido

6

Dime, ¿qué haces silenciosa luna? (…) Se parece tu vida a la del pastor. G. LEOPARDI

El tiempo

nos arrastra dentro y luego nos escupe: a todos, [también a los árboles y a los tejados. El porqué lo guarda un pastor, lo guarda bien [guardado bajo su jersey. Sus manos reposan sobre la mesa, sujetan el vaso de té infinito.

EL CONEJO saltó

fuera del sombrero de copa y fue justo a caer dentro de Alicia.


Fondo de armario / Nieves Pulido Invierno

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Buddhafield festival Para Paloma Espartero

Finjo que duermo para que Andrea haga el café. Andrea hace el café con un zapato sí y un zapato no. Le miro por el rabillo del ojo y lamento que el pie izquierdo se le vaya a quedar tan frío.

El sol corría como un río entre la gente y luego se perdió entre la gente. El escultor encendió su lámpara y siguió esculpiendo el buda de barro. Se parece a usted, el buda, le dije. Y él dijo todos me dicen lo mismo.


Fondo de armario / Carmen Díaz-Maroto

8

Y no eres carne

y nada de cuanto he dicho puede darte gravedad.

Y no existes y ya es vicio el hacerte y rehacerte a cada hora en mi cabeza.

El frío del Atlántico abre febrero en la carne. Una luz de nieve se apropia de las cosas, arrastra la memoria de la memoria, hace un olvido del olvido y así prepara, de nuevo, este nacer para la herida.

Y no eres piel y el deseo de ti está en mí. Y no eres peso y me lleva tu voz .

Y no eres aire y como oxígeno me envuelves. Y no eres nadie ni nada salvo absurdo o destino.


Fondo de armario / Carmen Díaz-Maroto Orfeo

Nada que no alcance tu cuerpo. Como un dios, me has creado. Deseo. Mi piel fue piedra sólo carne en tu aliento. Tu voz me arma. Tu timbre mi raíz.

Tú. Por ti la palabra.

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“Yo, sobre blandos cojines, te acomodaré los miembros” SAFO

Ven corriente cálida

a alborotar mi pelo. Rodéame con tu brazo, vísteme con él el hombro ajusta tu cadera a mi cintura, llévame hasta el fondo de tu sal y mi cuerpo será el blando cojín donde acomodaré tus miembros.


Fondo de armario / Elisa Fernández de Castro

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Haikus

Declaración

No soy poeta, yo soy el lector, el oyente, el aplauso. No soy la rosa, soy el jardinero. Vive el poema cuando yo lo leo. Quién pudiera regarle cada sílaba a cada nuevo verso.

El papel blanco pide socorro a una pasión callada. Miro tus dedos que acarician aristas de la belleza.

Ser inmortal reclama la vasija desde su altura.


Fondo de armario / Elisa Fernández de Castro Iba a ser una oda a la peonza pero Elvira se cruzó en el poema

Trompo loco, diverso caminante, bailarín del espacio en rueda alocada. Un poncho de Chile te acompaña el vuelo. Casi flotas en tu danza de gin-tonics, contundente, lacerada.

El giro descompone su dibujo, tambaleas como abril en el trigo. Estás cansada.

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Vuelve a tu pirámide, deja que tu punta, coronada de madera noble, se arrope en la cuerda, y descanse en la palma de mi mano; y duerme, duerme ya, inocente peonza, -culpable de vivir con los ojos abiertoscon los ojos cerrados.


Fondo de armario / Elisa Fernández de Castro

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Unas seguidillas

I

Espérame en la cama si llego tarde. Yo apagaré la lumbre si el fuego arde. Si no me sientes me dormiré a tu lado muy quedamente.

II

Amarilla la arena toldos de rayas tu sombrero y el mío en la toalla. Ven mar adentro a escuchar de las olas lo que presiento.


Fondo de armario / María de la O Guillén

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la guardan, Solo el polvo la cubre.

Tabernas tiene color de tierra herida

- se repliega, acaso, en sí misma para no desvelarse -.

Desierto de Tabernas

Tabernas llora su lágrima en tierra seca.

Las montañas arañan el cielo por sus aristas, al recordar otra belleza nazarí, en olvido.

Tabernas queda sola entre Guadix y Almería. Centinelas de arena: escorpiones, lagartos y pitas,

A veces, cuando el cielo se abre, el sol se lanza furioso y la tierra es un hilo incandescente que se extiende en naranjas y amarillos. Esta tarde, ante mí desprovista y desnuda, aún conservas la belleza antigua de una mujer que se entrega a mis ojos con toda su historia a cuestas.

Llena de luces y sombras, a media tarde que el sol consuela por la mañana y que por la noche la luna aquieta. Estos últimos días de verano el sol tiene rabia… no quiere irse.


Fondo de armario / María de la O Guillén El terrao

Recuerdo la risa de un niño perdido en el color azul Distraído con el ruido de la casa en fondo En la azotea encalada de blanco Las voces de abajo en la cocina El caracol de la escalera Los cerrojos en las ventanas y las claraboyas de luz Ojos en el interior de mi imaginación Las losas a cuadros como un tablero de damas La señora de negro y los velos La abuela grande, la madre Las palomas en la azotea El padre con la familia junta La cantinela de rosarios Los gitanos de tez morena y su descaro De felicidad salvaje El mal de ojo El perejil

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La calles estrechas El coche negro La tía joven y su sonrisa diligente El dormitorio de la abuela y la cómoda de mármol El salón de recibir, la salita El patio lleno de maceteros y hojas verdes El piano, la foto del abuelo El busto de la niña muerta La azotea El hilo que va de mi corazón al cielo.


Fondo de armario / María de la O Guillén El artista

La alegría del artista sabe, como la de un niño, que los ojos del padre la vigilan.

Que en el cielo suena siempre la música a su antojo y dispone sin más las parejas en el baile.

Sin comprender, corona de orgullo sus proezas y las exhibe sin pudor para sustentar su reino en las alturas. Su alegría, su ley y su reino son ajenos, paralelos. Los ojos del padre lo vigilan.

En la aceleración que marca su locura, la pequeña arruga de su frente le hace caer del trapecio. La delgada línea de su vida queda rota.

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Fondo de armario / María de la O Guillén Tankas

Noche cálida susurras al oído bajo un jazmín. Como un amante de infinitos caminos.

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Fondo de armario / Juana Arriaga

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Por vosotros

Porque teniendo estos ojos, ciegos lazarillos por camino incauto, ofensa a quien me contempla sería cerrarlos, os seguiré mirando; porque teniendo dos manos, nido de tanto consuelo, no tenderos ninguna sería inhumano, os seguiré ayudando; porque si mi palabra os place y acaricia vuestro corazón, crueldad sería cerrar los labios, os la seguiré regalando; porque os importo siquiera algo, y una lágrima vuestra excusa mi llanto; porque me duele más vuestra pena que mi quebranto, sólo por vosotros, seguiré a vuestro lado.


Fondo de armario / Juana Arriaga

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Destiempo

Ordenador

Anhelo de vivir la edad cumplida; edad que no concede sus deseos. Tardíos desengaños. Ilusión trasnochada. Lamento de no haber sido. Ser lo que nunca se ha soñado. Soñar con tiento.

Enhiesta la frente ante la agudeza cuadrante de la inmensidad de tu mundo, navego por tus procelosas sábanas; me pierdo abrazada entre enlaces; desespero con tu tardanza.

Es la felicidad que tanto tarda, y enseña que la vida es destiempo: emborracha el pasado, el presente nos ciega, el futuro no acierta su momento.

Posees archivo de mi memoria, de la eternidad de mis fotos, de mis versos incipientes.

Evades mi vida a tu conexión; y, como al mejor de los amantes, me tienes fichada muy adentro.


Fondo de armario / Juana Arriaga La quimera

Construyo cada día la quimera que me sostenga el cielo por encima del mundo de infortunio aquí abajo aquí tan cerca un cielo rosa verde gris marrón que mi vivienda pinta por el día y llegada la noche es ya celeste su turbado color y linda la distancia de mi sueño al clamor ambicioso de este mundo con el prohibido disco rojo al paso de un sol desvanecido

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Fondo de armario / Manuela Sola Castro

Cartografía de la felicidad

Desperezo las sábanas y me mira la urraca desde la ventana. Hay un hilo de café en el aire que derrite mantequilla sobre un pan recién hecho. Camino con la piel soñolienta contigo llenando la cocina. Llevo el cuerpo caliente cuando toco el frío de la calle.

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Me contagian las risas y me deslumbra la flor equivocada de primavera. Me equivoco yo en el camino con los [ojos abiertos al perfume del día. Se esconde la piedra entre los pliegues de lluvia que brilla en mis dedos. Cae la tarde y la gente se hace aérea con prisa de saciar su sosiego. La fuente es transparente en las paredes de la casa. Yo sigo atenta a la voz del día y a la curiosidad de la noche.


Fondo de armario / Manuela Sola Castro Abuela en cuerpo

para Deolinda

Cuerpo de pájaro negro. Las alas estiradas le tapaban el dolor y el gato gris ocupa ahora el territorio del hombro. Cuerpo de cisne velando el pequeño mundo donde anidaba su voluntad y las plumas arropándonos la piel. Cuerpo de invierno áspero y lento. Sopa caliente calentando desventuras. Cuerpo líquido de azul en los ojos mojábamos el pan con sosiego.

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Cuerpo celeste. Partió en un deslumbramiento de imágenes como si asistiera a la película de su vida.

Como dádiva: cierta amargura que me alimenta los días y una geometría de alma que apacigua mis noches.


Fondo de armario / Manuela Sola Castro Concierto en dos

Viví contigo Sibelius en tu casa mientras me enseñabas el tempo en las cosas que nacen en el suelo.

Jugamos al escondite y me devolvías pistas: estufas de porcelana coloreada en do el piano marrón que acariciabas en la mente un re en el cuadro amarillo paisajes poblados de mis, de fas y el sol que colgabas en las ventanas añadiendo así una línea más al pentagrama de las emociones. No has aparecido.

Te busqué en el armario en la luz de la cocina dentro de un libro debajo de la cama.

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Sabía que estabas allí porque escuchaba sonidos: el silencio de tu piel los gritos de las aves el remolino del viento. Y dentro de la casa una armonía sagrada galopaba en las paredes. La hierba estaba mojada de tanto llorar tu ausencia. Por fin te he descubierto bajo un cuadrado verde firmado: Aino Sibelius tu última sinfonía.


Fondo de armario / Manuela Sola Castro Sombras

Y no entiendes el desespero de viajar en el tiempo del olvido donde las dudas permanecen cimentadas en la opacidad que baila sobre el sueño. Las manchas que se demoran en la piel están blanquecinas. El sol ausente. No tardo en el camino me llama la ciudad espejismo de sombras agridulces. Toco el reloj para sentir las horas: es todavía sueño el crepúsculo que ocupa la mañana. Y te escucho decir: no entiendo.

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Fondo de armario / Pepe AlcamĂ­

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Tres palmeras mueren alejadas de mares y dunas en la Gare de Lyon a las once menos diez.

Blues de las palmeras en la Gare de Lyon 2.0

En la Gare de Lyon, a las once menos veinte una palmera yace sobre muelles de cemento. A las once menos cuarto en la Gare de Lyon, dos palmeras languidecen en la noche de ParĂ­s.

Rumor de Ăşltimos pasos, cuatro palmeras se mecen a las once menos cinco en la Gare de Lyon.

En la Gare de las palmeras, entre Lyon y el silencio mi mirada te acoge por la multitud dormida.

Alzo con mi recuerdo tu recuerdo, y once palmeras en la noche, amparan con sus notas, dos cuerpos encontrados. A las 11 en punto, a las once, en la Gare de Lyon.


Fondo de armario / Pepe Alcamí Revoluciones 2.0

Como hormigas enloquecidas se desplazan rápidos, sin ruido, entre los edificios de ladrillo rojo. Hace frío fuera.

Algunos llevan vasos de café, todos se abrigan con bufandas, gorros y guantes, apenas hay corbatas. Soldados de una revolución pacífica que el mundo desconoce.

Atisban profundidades vivas, acarician moléculas inermes que levantarán nuevos [mundos, escrutan universos que nacen y mueren cada día ante la indiferencia de los telediarios, son testigos de guerras sin cuartel, extinciones [crueles,

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pero también son profetas de la resurrección [milagrosa de la materia en la sangre oscura, el páncreas oculto, el gris cerebro.

Viven maravillados esos mundos, no tienen tiempo para el esplendor del vacío cotidiano.

Por eso corren veloces y sonrientes por las avenidas y los parques hacia los edificios de [ladrillo rojo. Visionarios de una revolución inevitable que cambiará el mundo, aunque el mundo lo [desconoce. Aquí, entre la avenida Massachussets y Peabody street, junto a la universidad de Harvard. Hace frío fuera.


Fondo de armario / Pepe Alcamí Hondura 10.2

Eres el que sobrevivió a la violencia.

No albergaste odio ante mis restos, sólo los abrazaste, contruiste puentes de brasas y caricias para cruzar conmigo el dolor.

Renací como un Fénix, en llanto de sangre transparente, forjé con las enredaderas del alma arietes para desmoronar tanto silencio. En aquella oscuridad, tú alumbraste las palabras. Las alzabas del infierno a la luz al calor de caricias amarillas. Yo respiraba por ellas.

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Las mágicas palabras… piel y abismo, juntos asaltamos labios, batallamos cuerpos, conquistamos miradas, y en la desolación, y en el abandono, retornamos al tiempo detenido. En esa estancia tú esperabas, azul y humilde, para abrazar mis espantos.

Eres quien sobrevivió a tantas intemperies. Siempre estuviste ahí, tus palabras anclaban mi fortaleza.


Fondo de armario / Pepe Alcamí Tus nombres, todavía

I

Desciendo por mi garganta con un latigazo de saliva, cobijo en un susurro de luz aquella palabra tuya y me deslizo dulce por la bóveda de los bronquios hasta ese lugar, caverna de aire donde lavar mi sangre de veneno y suspirar tu nombre. II

Un aleteo sobre la sima del volcán, el deslizar de la lava en las grietas humanas del recuerdo,

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el horizonte marino como una esperanza de sal, el choque brutal de la muerte, su silencio… tu nombre, todavía… cada noche ángeles y demonios me habitan III

En el centro de la niebla, perdido en la montaña de nieve sobre el rugir de la tormenta asesina nació mi grito. Allí, ya sin consuelo pronuncié tu nombre.


Poeta a la carta

Paloma Espartero se embarcó en un viaje íntimo y despojado a la poética de Chantal Maillard.


Poeta a la carta / Chantal Maillard Viajando con Chantal Maillard (Una aproximación a su lectura) Por: Paloma Espartero

Hay quien quiere iniciar un viaje. Hacia algo más profundo, más misterioso, menos plano que la realidad cotidiana. Hay quien tiene la voluntad de mirar adentro, más uno y menos uno. En un lugar que es unión con los otros y despojamiento de sí. Entonces el viajero cierra los ojos y escucha: Se deslizan tus ojos por los caracteres impresos. Hay cierto placer en la redundancia de lo escrito. Paradójico placer, cuando lo escrito, en vez de consolidar la superficie, la horada. Aproxímate, lector, mira- ¿mirar?- por este pequeño orificio. Adéntrate. Hay abismo- ¿abismo?- hay vértigo. Repite, entonces, conmigo Infinito. Di Infinito. No dejes de repetirlo, hasta que pierda sentido

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la palabra infinito y te encuentres en el vértigo -¿vértigo?- desprovisto de pértiga... Entonces di Infinito, pronúncialo de nuevo con voluntad de sentido. Como al principio del mundo. Para volver a la superficie. Para volver. Por un tiempo. Para hacer el tiempo. Brevemente. (Husos, 2006)

¿Has escuchado? Es esto:

Volver a las palabras. Creer en ellas. Un poco: lo suficiente como para volver a la superficie y tomar aire. Solo eso. Para luego poder aguantar, de nuevo, en el fondo. Volver a las palabras. Con voluntad de sentido. Boqueando. Pez en la orilla de los demás. De quienes creen en las palabras. (Husos, 2006)

¿Quién es este viajero y por qué camina? Alguien entre los pocos alguienes que buscan. Alguien que busca y que no tiene miedo a la desnudez. Alguien que osa exponerse. Y esa otra viajera que le acompaña ¿quién es y qué persigue? Alguien que también se busca y que en la


Poeta a la carta / Chantal Maillard búsqueda ha encontrado algo que quiere compartir porque aún siendo singular pertenece a todos. Lo que importa es que quienes han logrado vislumbrar algo que pueda servirles a otros para sobrellevar su existencia puedan ser escuchados. (Entrevista de Susana Guzner. httpp//literatura.com) Anhelo un corazón más sabio que el mío para descansar en él. El corazón de una anciana, un corazón acumulado y dispuesto a la acogida. Poder hablar; poder decir en palabras sencillas la congoja, la necesidad, la pena. Poder decir para calmar, para acallar. Soltar las lágrimas en el enorme pozo humano, el gran regazo. Poder decir, para que parezca tan común, ese dolor, que pueda mirarlo como si no fuese mío y llorar entonces por la historia de todos. (Filosofía en días críticos, 2001). En esa búsqueda se necesitan despojamiento, escucha y silencio. La actitud del que escucha en silencio más

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allá de sí. Lo que une a los viajeros. Creo que hay formas de expresión que nos permiten conectar con el interior más profundo de nuestro ser, comunicar aquello que no se comunica fácilmente, la interioridad y las emociones, y que para eso ayuda la musicalidad de la poesía. Esa forma de expresión que contacta con lo más hondo de nuestra esencia. (Entrevista de Susana Guzner) Escribir es una actividad. Y escribir en forma poética es una actividad que requiere una cierta actitud. Atención receptiva, concentración, cierto tipo de silencio interior. (Entrevista Diario EL SUR, 6 de mayo 2007).

Quien lee y quien escribe ha de estar atento porque a veces las palabras no sirven, porque hay que buscar antes de la palabra, en el balbuceo, porque lo que se intenta decir es lo inefable y lo inefable es ordinariamente inaprensible. Hay que balbucear. Hay que mirarse y encontrarse en el balbuceo de quien escribe. Hay que ir más allá del sentido. Hay que experimentar el hueco,


Poeta a la carta / Chantal Maillard dejar que el silencio nos hable.

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humea, y aspira ese humo. (El no saber cargado de compasión. Conversación con Chantal Maillard. Manuales de Instrucciones, 7/11)

En los conceptos las cosas están congeladas. No las vemos, las reconocemos. Por eso es preciso eliminar las palabras en algún momento, emborronarlas para así poder ver las cosas de nuevo.

Más allá de las palabras, buscar el ritmo. Buscar debajo de las palabras.

El poema es otra cosa. Es un oído atento. A lo otro que hay en lo que se percibe. Lo percibido anterior a su formulación. Para formularlo de nuevo, qué duda cabe, pero con sólo el indicio, lo in-decible por decir apenas sugerido. Pasar entre las formas como un animal entre la hierba, quedando tan sólo la fragancia en su pelaje. Una fragancia es un ritmo, un color, una vibración en curso. Por lo que a mí respecta, aspiro a ser el humilde aprendiz de ese animal. Llegar al poema como quien vuelve de caminar por el monte con la chaqueta mojada, y la pone ante el fuego y

Toda palabra habrá de levantar una piedra. Toda palabra que no pertenezca al decir ordinario -aquel que permite el acuerdo y la realización de los actos cotidianos- habrá de ser hereje, habrá de levantar una piedra. Veremos salir, de debajo de ella, los insectos

Todo decir limita la realidad, la hace más pequeña. Sólo la palabra que no dice: la palabra poética amplía en vez de restringir. (Filosofía en los días críticos, 2001).

Trazar en lo sólido para poder trazar más arriba. Literatura, no: la literatura embadurna, confunde. Añade (probablemente a eso aludía Platón. Tal vez.) Pero sí el ritmo. Porque el ritmo permite el paso. Hace vibrar el límite y se hace porosa la membrana. A veces la adelgaza, al estirarse. -No veo lo que digo; no hay visión para lo que escribo. Lo que veo se va trazando en la medida de lo que escribo. Hago profesión de escritura para sobrevivir. (Husos 2006)


Poeta a la carta / Chantal Maillard que se resguardan de la intemperie y aquellos que se crían en la densa humedad de lo que permanece inamovible gracias al pero que lo oprime. Millares de larvas bajo cada piedra, millares de larvas regurgitando la viscosa sustancia blanquecina que las alimenta y las multiplica.

Un poema, un discurso, un epitafio: la palabra que se pronuncie o se escriba o levanta una piedra o será enterrada bajo cualquiera de ellas con el murmullo incesante, inconfundible de lo humano, un sonido tan familiar a sus ocupantes como el olor de la transpiración que despiden sus organismos. Su sudor es la niebla que colma los intersticios. (Filosofía en los días críticos, 2001) Buscar en el origen, en la originaria palabra des-dicha, buscar en el silencio antes de lo dicho.

Sobre todo atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, el no saber cargado de compasión por los seres que viven

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con su hambre. (Cuaderno VI Jornadas poéticas del AEG, Barcelona, 2006)

Es preciso derribar todo lo que no deja lugar para el vuelo, todo aquello que ahoga. (Filosofía en los días críticos, 2001)

El viajero lee, con la promesa del canto porque la poeta ha prometido: “Si no os pegáis a la letra, prometo cantar”. (Husos, 2006) INTERMEDIO

Entre una imagen tuya y otra imagen de ti el mundo queda detenido. En suspenso. Y mi vida es ese pájaro pegado al cable de alta tensión, después de la descarga. (Lógica borrosa, 2002)


Poeta a la carta / Chantal Maillard Y busca más allá de la palabra. NO PONDRÁS NOMBRE AL FUEGO

No medirás la llama con palabras dictadas por la tribu, no pondrás nombre al fuego, no medirás su alcance. Todas las llamas son el mismo fuego. Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los [espantos que la razón constituye en sus tinieblas. Hay que mirar al cuerpo, muy adentro, tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar el gozo de la lava. No importa en qué caderas, en qué pecho resbale, no importa la estatura, el sexo o la materia pues todos caminamos sobre la misma pira. No medirás la llama con palabras que encubren los viejos sentimientos de los hombres. (Conjuros, 2001)

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El viajero sigue buscando porque ansía la revelación. La revelación que sucederá en el hueco. Allí donde dejamos lugar a que algo ocurra. Mejor no diga nada. Sería inútil. Ya ha pasado. Fue una chispa, un instante. Aconteció. Yo acontecí en ese instante. Puede que Ud. también lo hiciera. Suele ocurrir con los poemas: terminan condensándose las formas en nuestros ojos como el vaho sobre un cristal helado; las formas, con su herida. Pues quien construye el texto elige el tono, el escenario, dispone perspectivas, inventa personajes, propone sus encuentros, les dicta los impulsos, pero la herida no, la herida nos precede, no inventamos la herida, venimos a ella y la reconocemos. (Matar a Platón, 2004)


Poeta a la carta / Chantal Maillard Viajar hasta el final. Hasta la herida y luego comprender. He comprendido el milagro. Vuelvo a la superficie. Ningún dios me ampara. (Husos, 2006)

Paloma Espartero

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Notas biográficas Chantal Maillard

Chantal Maillard. Bruselas 1951. De padres belgas, permaneció en Bélgica hasta los 13 años. A los 17 adquirió la nacionalidad española. Ha vivido un año en Benarés (La India), en cuya universidad se especializó en filosofía y religión indias. Es doctora en Filosofía Pura y fue profesora titular de Estética y Teoría de las Artes en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Málaga.

Como ensayista ha publicado: “El monte Lu en lluvia y niebla” (1990) . “María Zambrano y lo divino” (1990). “La creación por la metáfora. Introducción a la razón poética” (1992). “El crimen perfecto. Aproximación a la estética india” (1993). “La sabiduría como estética. China: Confucionismo, budismo y taoísmo” (1995). “La razón estética” (1998). “Rasa. Teoría del placer estético” (1999). “Diario de Benarés” (2001). “El árbol de la vida: La naturaleza en el arte y las tradiciones de la India” (Kairos, 2001). “Filosofía en los días críticos. Diarios 1996-1998” (Pre-textos, 2001). “Contra el arte y otras imposturas” (Pre-textos, 2009).


Poeta a la carta / Chantal Maillard

Como poeta ha publicado: “Semillas para un cuerpo” (1987), Premio Leonor de poesía. “Azul en re menor” escrito conjuntamente con Jesús Aguado (Málaga Ediciones la Farola, 1982). “Hainuwelle” (1990), Premio Ricardo Molina. “Poemas a mi muerte”(1993), Premio Santa Cruz de la Palma. “Jaisalmer” (1996), Premio de la Crítica de Andalucía. “Conjuros” (Madrid. Hyerga y Fierro, 2001). “Lógica borrosa” (Ediciones Miguel Gómez, 2002), Premio de la Crítica de Poesía Castellana. “Matar a Platón” (2004), Premio Nacional de Poesía. “Husos. Notas al margen” (Valencia. Pretextos, 2006). “Hilos” (Barcelona. Tusquets 2007).

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Territorios diV ersos

Esther Lucio cose palabras para que canten su modo de hacer el poema.


Territorios diV ersos / Esther Lucio Coser y cantar

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sospecha de bastidor alguno al conformar su diseño, aun cuando se haya vaciado el alfiletero para hilvanar el patrón.

Cada puntada asume el ritmo de la huella en el retal. La aguja podrá ser pura anécdota, aunque en la selección del lienzo versal -lino o seda, tul, muaré, arpillera o sudario- esté su esencia misma. Hilar, devanar la idea, tejer la intencionalidad, prender la emoción. Urdir un buen poema puede ser un trabajo semejante al de la alta costura.

El camino más difícil es, como el del vestido clásico, trascender. Que no sucumba a la polilla.

El hilo de las palabras ha de tejerse con la delicadeza del encaje, como si el poeta fuera una suerte de artesano, cuyo tapiz ha de mostrar una compostura uniforme, sin resaltes ni vacíos, sin nudos que la debiliten. A veces, se hace necesario un buen sobrehilado para evitar que los flecos desbaraten el tejido.

En la confección del poema se pueden mostrar las costuras, como en un doble pespunte, o se pueden tratar de disimular, con la misma aparente sencillez que en la labor de una diestra modista. Que no aparezca

Esther Lucio


Mirador

“POR” de Fran García es una narración en dos tiempos: imagen y palabra.


Mirador / Fran GarcĂ­a

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Puedo dejarlo pasar o aventurarme a tu marea.


Mirador / Fran GarcĂ­a

40

Sus labios y la piel que no toquĂŠ destilan. Arden.


Mirador / Fran García

41

Playa del sol.

Antípoda esperanza. Última luz.


Mirador / Fran GarcĂ­a

42

Entre mis luces

y tus sombras el nuevo dĂ­a acontece.


Mirador / Fran García

43

Sueña que un mar de colores invade tus días. Suéñate.


Mirador / Fran García

44

Cierras el año

-quiebra, rompe, descubrey abres los sueños.


Retrato en auto Nuestro invitado es Álvaro García, premio Loewe de poesía 2012, con Canción en blanco, un largo poema del cual presentamos dos pasajes. Pero Álvaro García nos regala también El empate una maravillosa confesión poética.


Retrato (en) con auto / Álvaro García

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fotografía de Mariló Bravo

El empate

Creo que debo ser lo más claro posible, aunque sea contando, si no mi propia vida, sí lo que podríamos llamar su fundamento y el papel que en eso ha tenido la exactitud inexacta de la poesía. Nunca me he propuesto ser poeta. Supongo que es más bien una consecuencia de una manera de ser, de estar en la realidad y ante la realidad; en eso han tenido mucho que ver los poemas que son una contraseña implícita hacia la idea de vivir y convivir sin denominación de origen, y mucho más pendientes del significado en común. El significado se debate, para mí, entre la plenitud natural y la perplejidad ante la injusticia esencial en que la humanidad se empeña. Y, más que una conclusión en la que la justicia o el bien o el amor pudieran prevalecer, que ojalá, lo que consigue la poesía es siempre un empate hecho de lenguaje, lenguaje de ciudad y lenguaje de palabras o de imágenes en el que ni ganancia ni pérdida, ni justicia ni injusticia, ni amor ni desamor, ni goce ni dolor, ni riqueza ni pobreza, ni trabajo ni ocio, sino siempre


Retrato en auto / Álvaro García eso: la convivencia, el empate, del que he tenido una especie de conciencia estoica profunda, aprendida desde que empecé a mirar y a leer. Ni que decir tiene que en esta conciencia de la vida como empate ha sido activo y definitivo el hecho de pasarme la vida leyendo para poder sobreponerme a la dificultad de vivir, como tal escritor, y escritor español, sin estatus, a contrapelo, teniendo que soportar la humillación connatural, por lo visto, a este trabajo que las gentes suelen despreciar o amar pero no valorar - ”dónde dice que eres poeta” es la pregunta tácita de fondo o incluso abierta y de superficie, siempre dicha o callada por quienes han tenido, tienen y tendrán exactamente la misma razón para querernos que para rechazarnos: vivimos más en el no ser que en el ser práctico inmediato-, como no se valora el trabajo de los científicos. Ya no tengo ocho años. Tengo 47: comprenderán que el sostenimiento de esta vocación no se debe a la vanidad o al dinero que no hay. Si hay algo, hay una ética y una estética que justifican mi vida aunque sólo sea por el hecho de escuchar el empate entre la belleza indulgente de algunas ciudades que viven y dejan vivir y el rumor de fondo que habla de la tragedia consustancial al mundo. No es, pues, que yo haya dicho: voy a ser poeta. Por fatalidad, por temperamento, por lo que sea, he tratado de emular,

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recrear, o sólo hacerle sitio, al contraste entre la luz del día y el fondo trágico de nuestra vida no sólo humana, sino también animal y vegetal. Lo hago con algo más y algo menos que técnica y voluntad. Como dejó previsto Platón que incluso yo pudiera hacer, he trasladado a la página y he hecho convivir en ella, con paciencia y con amor y con cuidado, cosas que he visto y cosas que no he visto, como quien construye, en efecto, un lugar creíble y habitable siempre. Creo que la poesía, como la vida, consiste en hacer más que en decir.

Álvaro García


Retrato en auto / Álvaro García

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de este cuarto de hotel en donde el mundo delante de sí mismo,

tan de repente, no nos necesita.

El tiempo se adelanta al tiempo y a nosotros lo mismo que pensar sin tener que pensar

la fiesta paseable de un viento de cornetas Sólo puedo decirlo con la canción en blanco, imágenes que se unen al decirlas como las líneas de la carretera

se vuelven línea entera en la velocidad,

rápidos pueblos-calle, aldeas enlazadas. Todo lo que hemos sido antes de esto, espacios cuyo sitio es aquí ahora al cabo de ser nada y ser tú y yo.

La memoria no cabe en una página, pero cabe de pronto en esta noche y la calle con lluvia

después de la tragedia, el huracán

con nombre de muchacha, un nombre aséptico para fijar horror con algo asible

como se fija en la probeta un virus, como fija el olvido la memoria,

como fija el cristal luces que pasan. Descubrimos la boca en el sabor como si no bastara con saberla

con el dedo que toca y entreabre

la boca y roza el diente y se humedece.

Comprendo el tiempo en esta habitación que huye de los días y los quiere.

Eres la entraña de agua de una fruta,


Retrato en auto / Álvaro García

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eres la concreción del infinito.

Ahora la tarde cae y vuela en la avenida.

en un latir mordido por la sombra.

que se posó en el hueco

Aquí se va la muerte, la apartamos Lo que nunca acabamos de saber ciñe esta hora clara tan oscura,

sangres juntas que no saben y están, que no pueden salirse ya del círculo.

Es nuestra paz que alarga el irse el sol tras las agujas altas de los árboles. Pusiste pliegos de papel-mantel

por no manchar del verde de la hierba el pantalón tan blanco y tan ceñido.

Un último suspiro de la ciudad en sus luces y empezaba a hacer frío cuando suenan los silbidos de un loro o los de un loco. Hice luego una bola del papel

como si contrajéramos la tarde igual que el corazón,

el siempre inquieto, el que ha esperado siempre.

Los dos somos el pájaro entre dos mesas

y se asustó por un trozo de miga

como aparece el miedo en la conversación: amar: abandonar el hábito de un daño. Algo enlaza este instante y su sentido, una acumulación de luces vivas,

la simultaneidad de la memoria,

la materia final de lo que insiste. Una música afuera por la calle

son húngaros que pasan con canciones con algo de poner mínimamente a tañer y bailar gotas de luz. Tocan como si el rostro fuera una melodía,

o por el sacramento de hacer algo,

como sonó el violín del barco hundido:


Retrato en auto / Álvaro García música: simulacro de una salvación. El amor y la música

reordenan el mundo

mientras parece que lo desordenan. ... Escribo con un dedo en tu piel que me cuentas que quiere ser de todos los países un palíndromo antiguo y circular

que tal vez nos contiene como una casa no, como un anillo no: como el instante cuyo centro es la nada que respira.

Hemos hablado mucho de la moral y el tiempo y la revolución individual,

la única posible o no sangrienta.

Nos hemos cuestionado el caldo de cultivo sin cuestión en que nos tiene el mundo aletargados.

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Hablar así nos sacia,

nos abrazamos con la mente igual que con el cuerpo. Y te escondes debajo de la manta.

El mundo sigue ahí con sus desequilibrios y sus

[rémoras

que honradamente asienten a lo que creen que sienten hasta que dejan de sentirlo un día.

Cualquier orden caduca si hay tiempo de pensar. El mundo se termina

y queda lo que hacemos tú y yo juntos,

ser libres de ser hombres o mujeres o niños. Todo lo que no ocurra en un poema

o en la conversación de dos que se aman será hacer torpe el giro de las cosas que amamos como al mundo

que creamos más nuevo y verdadero. (De Canción en blanco. Visor, 2012)


Ficha técnica

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Grupo de los poetas conVersos: Alicia Naya, Antonia Roig, Carlos Gamarra, Carmen Díaz-Maroto, Carmen Crespo, Carmen Paredes, Claudio Caranda, Elisa Fernández de Castro, Esther Lucio Marino, Federico Monroy, Fran García, José Pérez Carranque, Juana Arriaga, Manuela Sola Castro, María de la O Guillén, Marisol Huerta, Marisol Perales, Nieves Pulido, Paloma Espartero, Pepe Alcamí y Tirsa Caja.

Fotografía de la portada: Esther Lucio La revista fue pensada en: Café Ajenjo, Madrid, 2010 Diseño y maquetación: Manuela Sola Castro Correctoras de estilo: Esther Lucio y Nieves Pulido Número 6 editado digitalmente el día: 6 de octubre del 2012 Contacto: conversosrevistadepoesia@gmail.com Síguenos en Facebook



conVersos nº6