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Clyo Mendoza, poeta.

Número 10, 7 de diciembre de 2018

VIERNES CULTURAL

VOCES JÓVENES A TRAVÉS DE PREMIOS Y BECAS, MÉXICO OFRECE NUMEROSOS ESTÍMULOS A LOS ASPIRANTES DE ESCRITORES QUE BUSQUEN DESARROLLAR SU VOCACIÓN. ¿CUÁL ES EL PANORAMA DE LA LITERATURA CREADA POR LAS NUEVAS GENERACIONES? PÁGS. 19-22

novelistas, poetas, ensayistas han sido convocados a estas páginas, a través de ensayos y revisiones críticas. ¿Qué debemos leer de las obras más recientes? Págs. 18-22

Diego Moreno

›LOS NOMBRES DEL RELEVO. Cuentistas,


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18. ContraRéplica. Viernes 7 de diciembre de 2018

DE CÓMO QUISE SER LINGÜISTA Y TERMINÉ ESCRIBIENDO ENSAYOS LAURA SOFÍA RIVERO

La poesía y la novela son los géneros que tienen mayor presencia y relieve en el horizonte de las letras actuales. ¿Qué ocurre con el ensayo? ¿Cómo se forman los nuevos ensayistas en México? ¿Qué oportunidades tienen para desenvolverse en este campo apasionante?

M

uchos conocidos me han preguntado cómo fue que comencé a escribir ensayos. Quizá su curiosidad obedece a que, entre los géneros literarios, el ensayo no es el más popular y, si de por sí parece poco intuitivo comenzar a leerlo, mucho más extraño resulta comenzar a escribirlo. Amigos poetas, narradores y dramaturgos me han contado cómo sus versiones infantiles y adolescentes gustaban de contar historias, se emocionaban con adivinanzas rimadas o asistían a un taller de teatro. Pero no hay ningún niño que amanezca un día por la mañana, se ponga su uniforme y en el camino a la escuela se diga a sí mismo: ¡Ya sé! ¡Yo quiero ser ensayista! Aunque siempre me ha gustado escribir, tardé bastante tiempo en percatarme de que quería ser escritora. Elegí estudiar Lengua y Literatura Hispánicas por un ferviente amor a la sintaxis; el lenguaje me emocionaba y quería comprenderlo. En mi primer día de clases me di cuenta de que varios de mis compañeros se habían inscrito porque aspiraban a ser novelistas o poetas. Entre la timidez de las primeras pláticas alguno de ellos preguntó: “¿Qué se debe hacer para convertirse en escritor?” Justo entonces la directora de la carrera entró al salón y nos dio la bienvenida con una retahíla que dio respuesta a esa interrogante anidada en nuestros cerebros: “Aquí no vienen a ser escritores, vienen a ser críticos y docentes; no formamos creadores literarios”. Recuerdo bien sus palabras porque durante dos años me convencieron de que la escritura nos estaba vedada a nosotros los estudiantes, los ingenuos.

Tiempo después me di cuenta de que la respuesta a la pregunta de mi compañero era tan sencilla que parece incoherente: es escritor quien escribe. La verdadera interrogante siempre es otra: ¿cómo es que a un escritor comienzan a pagarle por escribir? Si bien es cierto que resulta difícil vivir de la literatura, también es verdad que existe un camino para que las palabras se pongan en circulación y el oficio se profesionalice. Ser escritor joven en México significa, primero que nada, aceptar que el panorama literario no dista mucho del paisaje laboral. Dicta el absurdo cíclico: Sin experiencia de trabajo, no se puede optar por un primer empleo; pero sin obtener un primer empleo, no se puede adquirir experiencia. Algo parecido ocurre en el mundo de las letras: publica quien ya ha publicado. La sentencia parece absolutamente tajante; sin embargo, me interesa porque resalta el círculo vicioso en el que se inserta todo aquel que busca dar a conocer su trabajo. Quizá por eso, la primera solución que muchos hemos encontrado ha sido enviar textos a revistas que tal vez nunca lleguen al segundo número. O buscar el apoyo de becas ofertadas por la Fundación para las Letras Mexicanas o el programa Jóvenes Creadores del FONCA. O, incluso, convertirnos en el mejor cliente de Correos de México o alguna empresa de paquetería acostumbrada a recibir los pesados sobres manila donde se envían las esperanzas de ganar un premio, todas ellas por triplicado, cada una en Times New Roman tamaño 12 a doble espacio. Los ensayistas jóvenes sabemos que a esa situación se le suman las trabas específicas de nuestro género literario: hay

menos lectores del ensayo y por tanto, menos concursos, menos convocatorias editoriales, menos espacios de difusión. Los narradores gozan de ser el género más popular en ventas, los dramaturgos socializan su trabajo en la puesta en escena, los poetas organizan lecturas y slams; los ensayistas, tímidos, refunfuñamos tras bastidores. Probablemente se deba no sólo a esa personalidad introvertida con la que algunos nos nivelan, sino también a que aún muchos asocian al ensayo con una escritura erudita, la prosa del sabelotodo, que más que literatura e imaginación es producto de la academia y la esterilidad de las notas al pie en formato APA. El riesgo de ser un ensayista joven radica exactamente en este prejuicio: si ensayar fuera tan sólo la exhibición de la intelectualidad desbordada, la juventud con su falta de lecturas y demás carencias imposibilitaría ejercer esta escritura plenamente. Yo comencé a escribir ensayos en el momento en que destruí ese recelo, gracias a la misma profesora que en mi primer día de clases nos castró las incipientes ganas de ser autores. Para la clase de Retórica, nos dejó como tarea analizar algún texto de El ensayo mexicano moderno de José Luis Martínez. Justo esa semana, el prodigioso azar me hizo toparme con dos textos de Montaigne y una convocatoria de la FLM para asistir a un curso de creación en Xalapa. Quizá para escribir no sólo se necesiten lecturas, gratificaciones ni vocación, sino sólo ser presa de una serie inexplicable de casualidades como las que ahora me tienen redactando estas líneas.


VIERNES CULTURAL Viernes 7 de diciembre de 2018.ContraRéplica. 19

UNA VIDA EN EL VACÍO

VALERIA VILLALOBOS-GUÍZAR

“No puede faltarte lo que nunca has tenido”, dice una frase que he escuchado decir en mi familia (una familia mexicana, como tantas, plagada de generaciones de padres ausentes) con respecto a los abandonos familiares. Repienso ahora esta frase, engañosa en su lógica, después de leer Ausencio de Antonio Vásquez (INBA/Almadía, 2018): ¿qué pasa cuando una vida se proyecta en el vacío y no en la presencia? ¿Habitar la ausencia nos afantasma?

L

a novela narra la muerte del padre de Arturo: Ausencio, un borracho incontenible que pasa sus días ahogado, tirado en las calles de un poblado en Oaxaca. Durante la infancia de Arturo, él, su madre y su hermana padecen sus borracheras y su entrecortada presencia incomprensible. El abandono de su padre, sus vicios y su cuerpo enfermo siempre regurgitando sangre entre amigos callejeros, llevan a Arturo a jurarle a su madre que jamás consumirá alcohol. Tras la muerte de Ausencio, Arturo quisiera sepultar la memoria de su padre y no perturbarla, pero su muerte desata en él un duelo lleno de memorias terribles que lo orillan a descender por las grietas del infierno repitiendo sus pasos. Arturo comienza a beber hasta el delirio. Un vaivén de recuerdos de humillaciones, muertes, burlas y soledad lo azotan, trastornando sus días entre licores y desmayos. Sus borracheras lo llevan a desprenderse de todo cuanto lo mantiene en el mundo de los vivos: su novia Marcela, la única que parece reconfortarlo; la ciudad en que estudia la universidad; su familia, dos mujeres poco afectivas; y su cuerpo, un estorbo cada vez menos suyo. Así, el luto y el alcohol desencarnan a Arturo hasta volverlo una ausencia embriagada que sólo deambula acechada por la muerte.

Aunque Arturo busca no repetir el destino de su padre, cada trago lo acerca a los rumores y carcajadas de los muertos. Como en una tragedia griega, las furias, tres mujeres abatidas, se acercan a Arturo entre las calles por las que vaga para anunciarle un destino infausto. Cualquier espacio se vuelve una grieta para el delirio, un resquicio que devora al protagonista para hacerlo escupir serpientes o llenarlo de heridas supurantes. El libro es una garganta abierta, fauces tenebrosas de la que Arturo no logra salir. Más allá del alcohol y la farra grotesca, el estereotipo del macho se hace presente en el rol que tienen las mujeres en la vida de Arturo. Ellas juegan papeles opuestos; por un lado, las mujeres fantasmales y el abandono de Marcela lo inquietan y afligen; por otro, hay mujeres que lo consuelan y atienden, como Antolina, la curandera que buscará salvarle la vida; Asunción, la hostalera que lo asila en el desgraciado pueblo de San Juan, o Marcela antes de su abandono. “Aparece la luna como un gran ojo que se abre en el cielo. Su luz fantasmal cae con el aplomo de una mirada acusadora, y yo escondo la culpa que nace en mí mientras enterramos a Ausencio, mi padre. / En mi mano tengo un puño de tierra que dejo caer sobre la tumba como si me desprendiera de un

recuerdo. Entonces una voz me susurra: Ya vámonos… Es una voz que proviene de la lejanía, del mismo lugar de donde surge la música de banda y los lamentos. Cuántos lamentos, cuánta gente quiso a mi padre, lloran como se le llora a un hermano fallecido, pero en mí no hay más que silencio y culpa, la culpa de no llorar como los demás”. Así comienza la novela. Con Ausencio, Antonio Vásquez no sólo ganó el Premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2017, sino que escribió una obra muy rulfiana con descripciones poéticas afortunadas y una prosa cuidada. Más allá de la ausencia del padre y las distancias entre el pueblo y la ciudad –tan constantes en la obra de Rulfo–, Ausencio está plagado de espacios fantasmales, pueblos alucinantes que poco a poco van volviéndose abismos sin fondo. Al inicio, un alacrán y unas mujeres de largas faldas deambulan cerca de Arturo como augurios fantásticos, pero después será un pueblo fantasma entero, un tenebroso Mictlán cercano a un desierto, una suerte de Luvina donde aún vive su padre, el que lo hospedará por días entre ladridos de perro, lloronas, curanderas, santos ausentes, rumores invisibles y niños muertos, para definir su destino.


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20. ContraRéplica. Viernes 7 de diciembre de 2018

LA

IMAGEN DEL SILENCIO GUSTAVO OSORIO DE ITA

El canto y la piedra (Valparaíso, 2018) de Mijail Lamas (Culiacán, 1979) retrata, como pocos poemarios en el panorama contemporáneo, una imagen consistente de la dinámica inestable del mundo moderno. Mediante construcciones con arraigo en la tradición versal hepta y endecasílaba, con replanteamiento de los patrones clásicos en pos de nuevos ritmos y construcciones paralelísticas que generan destellos semánticos a cada poema, el libro fragua una suerte de “terreno firme”. Luego viene la inestabilidad: a través de desplazamientos del sujeto lírico a lo largo del mundo, la historia y su propia voz, los poemas materializan una imagen concreta, en el plano del sentido, de la edificación de la modernidad cuasi líquida e inestable que permea nuestro siglo y que tiende hacia una nueva forma de silencio.

L

a constitución de la fanopoeia, aquello que Pound denominase como un “formular imágenes a partir de la imaginación visual”, se encuentra en El canto y la piedra, en un primer momento, a través de revelaciones críticas y profundas de los vasos comunicantes entre las deidades antiguas (Hécate, Apolo, Narciso) y las íntimas y personales (Cobain, Joplin, Peter Pan). Los versos proponen un recorrido de pulsiones entre lo divino y lo doméstico, entre lo sacro y el culto de la posmodernidad, entre aquel que hemos sido y el que nos observa, sentencioso, como un Narciso a través de “el aparador que detuvo tu paso”. El mundo se va volviendo imagen destellante del mundo, estanque de la fugaz secuencia de la historia y la voz propia. La imagen del mundo a la que Lamas recurre es aquella donde dios ha muerto, pero donde aún quedan esperanzas de epifanía. Dos mundos, antiguo y nuevo, el de la espera y el del mito, que consiguen fundirse mediante la aparición: así Narciso aparece ante el reflejo del agua, o ella en el aparador “entre la niebla azul de mis Marlboro”. Ambas imágenes apelan a la imaginación visual, y se vuelven advertencias innegables de que alguien, en todos los tiempos y mundos, se sigue ahogando. Y también ambas reflejan la idea de los tiempos que corren en aguas distintas, pero con el mismo sentido.

Otra es la imagen de la la historia. En poemas como “Nevermind” podemos reconocer la deconstrucción sintáctica, la proliferación de lugares y espacios, personas, tiempos, nombres y referentes (Colosio, MTV, la población tutsi, Richard Lee); todos sufriendo la misma descolocación. La imagen es próxima a una reproducción de instantáneas a 48 cuadros por segundo, una articulación de destellos apenas reconocibles que se engranan por simultaneidad y por el mismo grado de patetismo. Lo que se consigue es la reproducción de la historia misma: no se da testimonio del tiempo ni de los sucesos; se propone reproducir la inestabilidad y vértigo de vivir estos tiempos. La ejecución se aproxima así a aquellos poemas que Stephen Burt denominara elliptical poems, poemas que socavan su propia condición lírica para, agresivamente, dar cuenta de la condición del sujeto post posmoderno expuesto ante su propia realidad psíquica. Descolocado, dislocado, el sujeto lírico de los poemas de El canto y la piedra supera su condición histórica y su propia historicidad: el “yo” no da cuenta de lo sucedido, más bien materializa en su discurso los rastros de la historia que está viviendo. Y una última es la imagen de la voz propia, la cual tiende a configurarse como una imagen del desgarro. El sujeto lírico experimenta con la descomposición de su subjetividad. Por una parte, es un

sujeto enunciado, el cual se posiciona en tiempos y espacios definidos, un “tú” constante al cual se dirige la voz. Por otra, se percibe un sujeto enunciador; una voz que se dirige a ese “tú” y que le dicta el mundo, un “yo” que existe a manera de eco vinculando lo mítico con lo real, la idea con el deseo, el canto con la piedra. Entre ambos sujetos habitando los poemas, se distiende la imagen del desgarro de la voz: aquel de quien se habla, el tú de los poemas, es un sujeto que refleja, a cada verso, las varias circunstancias (históricas, amorosas, heroicas, cotidianas, dolientes) de un ser-en-el-mundo; pero aquel que habla de ese sujeto, ese “yo” que es “tú” también, lo hace desde un otro lugar, desde un tiempo mítico, un deseo de cambiar su circunstancia irremediable, un lugar construido por y para la voz del poeta, donde existe el canto que versa “yo digo yo / sin vergüenza en estos tiempos de ser otro”. Queda la piedra cincelada con la imagen; la imagen propuesta donde quedan la condición del mundo, la historia y el sujeto moderno: todas guardadas en el más frío silencio. Materializando el silencio se construye también el genio de la poesía de El canto y la piedra: mostrar la imagen del mundo, de la historia, de la voz y del silencio del ahora.


VIERNES CULTURAL Viernes 7 de diciembre de 2018.ContraRéplica. 21

DESDE LA NACIÓN ROSALBA VELÁSQUEZ

T

al como mencionó en el discurso de recepción del Premio Nacional de la Juventud en días pasados, Nadia López García es mujer, es indígena, es migrante, es joven, pero también es una poeta que ha traído a estas tierras la palabra de la lluvia, el grito desgarrador de las madres que ven partir a sus hijos porque la pobreza y la desigualdad los han obligado a migrar, la búsqueda de espacios profesionales y de esparcimiento para las mujeres y las ganas de expresar que el cuerpo femenino, además de irradiar una ternura que abarca los cuatro elementos del universo, también siente deseos carnales. Los poemas, que combinan endecasílabos, alejandrinos y décimas, permiten al lector ser partícipe de un juego rítmico libre en el que se aprecia la cadencia de los poemas en lengua castellana, pues con la traducción que la poeta hace de su obra, escrita originalmente en mixteco, no sólo comparte el significado de las palabras en un verso, sino entornos, sensaciones y todo un sistema de pensamiento que traduce la carga simbólica de “la nación de la lluvia”. Mediante repeticiones sonoras y con el uso de un discurso indirecto, la autora da fuerza y enfatiza vivencias que son cosa de todos los días en una comunidad en la que los usos y costumbres respaldan las conductas machistas: “Mi padre dice que las mujeres no soñamos/ Que aprenda de tortillas y café/ Que aprenda a guardar silencio./ Dice que ninguna mujer escribe”. Las voces femeninas de este poemario expresan sin temor el amor pasional y el deseo que este hace desembocar en su cuerpo, con la añoranza del ser amado y las ganas de florecer en compañía: “Olor a maíz tienes en los ojos,/ Eres tierra mojada, lluvia, sol y viento./ Mujer sexo de miel, árbol fuerte en tu espalda,/ Vientre de nube, hija del cielo”. La autora pidió a su abuela que le enseñara a hablar el tu’un savi, la lengua mixteca con la que crecieron sus

Nadia López García (Oaxaca, 1992) se atrevió a pensar y a escribir en mixteco al compartir la carga simbólica de su pueblo en Nu’ú vixo/ Tierra mojada (Pluralia, 2018), un libro de 15 poemas escritos en tu’un savi y castellano, que le muestra al lector postales de la migración, de la ausencia, del amor, del deseo y del machismo en nuestro país, desde la perspectiva de una joven sensible y crítica a estas experiencias.

ancestros, y luego de estudiar una licenciatura en la UNAM, entre las múltiples solicitudes que llegan a la Fundación para las Letras Mexicanas, la suya fue aceptada y participó en el área de poesía de 2015 a 2017. A partir de ahí, Nadia López García ha colaborado en plataformas como Punto de Partida, de la UNAM, en el diario La Jornada, en la revista Este País, en el Programa Editorial Tierra Adentro y en Círculo de Poesía, con imágenes poéticas que transportan al lector a los campos de fresa de San Quintín e incluso dan remedios para curar la tristeza con un baño de árnica. La tierra mojada, donde los pies se acoplan al suelo que nos vio nacer, da título a este libro ilustrado por el artista plástico Cuauhtémoc Wetzka y que también obtuvo el Premio en Lenguas Originarias Cenzontle 2018, convocado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México desde 2016. Pese a que la literatura mexicana ya tiene en sus filas cuentos, ensayos, novelas, obras de teatro y poemarios que abordan temas como la migración, el machismo y la nostalgia, los versos de Nadia López han marcado surcos firmes en las letras y la han vuelto una representante indispensable de las lenguas originarias en México.

EL CANTO DEL CABALLO

ROJO

CON SACRAS DE COLOR Nadia López García

DE LA LLUVIA

POEMA (FRAGMENTO)

ISABELO CLYO MENDOZA El rojo es el primer color que vemos ¿Cómo podríamos prescindir de él? Si nacemos a través de ese río de placenta y al nacer la sangre nos llena los ojos. Hombres y caballos somos bestias coronadas por la sangre en la abertura, coronados por la luz y el aire desde el momento en que el cuerpo llega. Pero ellos, los hombres, aman y son amados. Soy Caballo, nací animal y tengo la sensación de ser yo mismo como todo. No sé qué es el amor de los hombres porque siento lo mismo por cada ser y cosa que ocupan un lugar en este mundo. Obedezco al soldado no porque le deba, sino porque le temo y porque para mí él es una parte mía y yo soy suyo. Puedo oler en los hombres esa sustancia a la que somos ajenos, la sustancia que los atrae y los separa, la que los hace decir: él, el otro. Ella, la otra. Esto: lo que es mío. Para éste, para Caballo, el amor es igual al odio: preserva la memoria más allá de la apariencia, más allá de la enfermedad y los confines del mundo. El amor de los hombres es una sencilla fruta de la tierra, el banquete incomible, la barca y el esquife. Aman como los perros ladran, los gatos maúllan, como la lluvia cae y los caballos relinchan. Y es lo más duro de la tierra. Veo que el amor es la más natural de las resistencias y que, como mis ojos saben hacer por sí solos, los deja asomarse en la sensación del gran vacío. Caballo, me dicen, y yo puedo oler en ellos el deseo agresivo de ser uno y no dos, y no millones. Caballo, me dice el soldado, mientras acaricia mi crin como al cabello de alguien que le falta. Huelo su agrio sueño de hacer una alianza. Pero los hombres sufren y gozan para hacer su historia. Necesitan decir: lo mío, lo otro, yo. Viven para contarse a sí mismos. Siempre, siempre algo que contarse mientras pasan de ser niños a ser adultos, mientras pasan de ser adultos a ser niños y alrededor las cosas nacen en las cosas que se mueren. Su dolor es proporcional a la alegría que estuvo y se fue. Su alegría es proporcional al dolor de perder lo que todavía no se ha ido...

Este fragmento de poema forma parte del libro Silencio, que obtuvo el primer lugar en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2017, en el género de poesía.


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22. ContraRéplica. Viernes 7 de diciembre de 2018

HORAS DE OCIO ALEJANDRO ARTEAGA

DOS FORMAS DE INCIDENCIA "El poeta consume su vida hasta las últimas consecuencias y en el sufrimiento paga el precio de la belleza que produce", escribió Ricardo Piglia. nes escritores (“éramos esa certeza que conforta a todos”), amantes de escuchar blues y quienes creían indestructibles sus deseos compartidos. Por el contrario, esa disparidad en sus destinos roe poco a poco su rutina, revela envidias, odios auténticos que nublan y empobrecen uno de los dos lados de esa falsa mancuerna.

▶▶Enseguida, en “Brasilia

1979”, en la disyuntiva de continuar una relación destructiva o perseguir la oportunidad de una vida distinta, se cifra el futuro de Silvia, una joven quien por las noches recorre la Ciudad de México a bordo de su Brasilia con la consigna de hallar un lugar propio para escucharse y donde las voces y las letras del blues

En “Coyote”, Gabriela y Emilio, una pareja de estudiantes, mientras tararean canciones de Mississippi John Hurt, transitan por carreteras y parajes de Arizona con la encomienda de recolectar muestras para un trabajo doctoral. En ese viaje, Gabriela descubrirá sus deseos verdaderos lejos del mundo aprensivo de su eterno perseguidor. Finalmente, en “San Antonio Blues”, luego de la muerte de su madre, un hombre decide organizar la vieja casa familiar que ha quedado sola. Entre papeles antiguos halla cartas y diarios de su padre, quien los abandonó hace años. En esos honestos manuscritos el hombre cree reconocer el origen y los rastros de su propio carácter aventurero y nómada al tiempo que recorre algunos de los escenarios naturales donde floreció el blues.

Adán Medellín

A

dán Medellín (Ciudad de México, 1982) ha construido en pocos años una brillante obra cuentística en la que se vale de un auténtico muestrario de recursos y registros narrativos con el que arma historias precisas y obsesivas, dilatadas o vertiginosas según el alma que las habite. Si se mira la línea ascendente de sus entregas, Vértigos (2010), Tiempos de furia (2013), El canto y circular (2013), y su más reciente título, Blues vagabundo —Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2017—, se descubrirá la sensible y progresiva apropiación de un espacio en su trabajo literario y una pericia a la hora de su armado. Esas competencias le permiten trazar relatos cuyas señas de identidad advierten un amplio registro, pues algunos de ellos se abocan a la gran tradición fantástica universal y otros al realismo crudo del canon norteamericano. En Blues vagabundo (INBA/Lectorum, 2018), Medellín explora a lo largo de ocho relatos de distinto aliento la manera en que el viejo género del blues incide en la vida y los avatares tanto de sus intérpretes históricos como de su audiencia más fiel. Así, su estrategia para acometer esos recuentos se sostiene en al menos dos premisas generales que determinan el carácter y las acciones de los personajes: el blues como destino trágico y heroico —la persecución de una gozosa fatalidad al entregarse al demonio de sus armonías y al espíritu que las envuelve— y el soundtrack incisivo que impulsa a su auditorio a una elección radical en el trance de una complicada disyuntiva. Dentro de la vertiente del soundtrack incisivo —la más elaborada y socorrida—, “A cuatro manos” se revela como una historia de formación donde las mieles del éxito no concurren de manera paralela para ambos integrantes de una pareja cuasi perfecta de jóve-

En el terreno del blues como destino trágico y heroico, “Cross Road Blues”, “Dark Was the Nigth” y “Death Letter” son breves escaramuzas narrativas que fabulan pasajes de las biografías de Robert Johnson, el músico que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos, Blind Willie Johnson, el invidente dueño de un prodigioso talento, y Son House, el predicador que luego de asesinar a su mujer y sortear las más sórdidas leyendas sobre su vida recibe a edad avanzada el reconocimiento por su legado musical. Para rematar, “Blue and Lonesome” se impone como un excelente relato largo, donde se cuenta la vida y la obra de Marian Jacobs Walter, también conocido como “Little Walter”, un intérprete de la armónica quien durante su infancia huye de las esclavizantes plantaciones sureñas de Estados Unidos bajo el sueño de convertirse en músico. Luego de agotadores trabajos y de sortear adversidades —el vicio, la ruina y el anonimato postrero—, conseguirá encarnar el espíritu mismo del blues: el hombre destruido por lo que ama,

el hombre que persigue su vocación hasta consumirse. La vida en el camino, la adversidad, la desesperación y los deseos de fuga permean en cada una de estas ocho historias, ideas que permean también toda pieza de blues. No estaría de más decir que la diferencia entre cantar una historia y relatarla en un libro se halla en la forma de su asedio, en las estrategias para abordarla o evocarla. En las formas y los frutos de ese asedio se conocerá asimismo al cazador. Blues vagabundo trasluce un fino trabajo de investigación documental y discográfica. Cada una de sus piezas vale por sí sola y alguna de ellas reluce tanto como la literatura mejor acabada. Por tanto, si pensamos en este libro sólo como “el desarrollo de un tema”, sería empobrecerlo. Es por el contrario un honroso homenaje a un ciclo de historias que parecen replicarse en la vida común al compás de un género musical que nace entre la asociación de un lamento y un disfrute secreto.


VIERNES CULTURAL Viernes 7 de diciembre de 2018.ContraRéplica. 23

HORAS DE OCIO

HÉCTOR MANJARREZ

HISTORIA. CUENTOS REUNIDOS

PARA EL LIBRERO

Culiacán/México, Universidad Autónoma de Sinaloa/ Ediciones Era, 2018. • Héctor Manjarrez (1945) tiene una brillante trayectoria como cuentista. Este volumen reúne textos de 5 títulos, publicados entre 1970 y 2016. Manjarrez aborda los temas de los vínculos amorosos de personajes de clase media a partir de los 60, en el contexto de la liberación de las costumbres sexuales.

CARMEN BOULLOSA

INFANCIA E INVENCIÓN. NOVELAS I México, DeBolsillo, 2018

Una de las escritoras hispanoamericanas más reconocidas, Boullosa compila siete novelas que muestran las facetas de su rico transitar por los caminos de la prosa narrativa: Antes, Treinta años, Mejor desaparece, La novela perfecta, Así pensó el niño, La milagrosa y Texas. Mediante una prosa inquieta y siempre lúcida, Boullosa construye mundos de imaginación que rompen con las cómodas expectativas y llevan al lector a un conocimiento de los poderes superiores de la escritura de ficción.

ELPIDIA GARCÍA DELGADO

EL HOMBRE QUE MATÓ A DEDOS FRÍOS México, Lectorum/Instituto Nacional de Bellas Artes, 2018 • García Delgado mereció con este volumen el Premio Bellas Artes de Cuento Amparo Dávila 2018. Estos 15 cuentos hilvanan un tapiz de la vida cotidiana en la frontera entre México y Estados Unidos, al tiempo que hace confluir los cuestionamientos éticos de nuestra época.

AL OÍDO

QUÉ MIRAR

EL MURCIÉLAGO • Esta opereta cómica en tres actos con música de Johann Strauss, hijo, se presenta bajo la dirección de Srba Dinic y con la participación de José Adán Pérez y Marcels Chacón. Será cantada en alemán, con supertitulaje en español. • Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México • Domingos 9 y 16, a las 17 h; martes 11 y jueves 13, a las 20 h

MILLIARDEN • La banda alemana de música rock con tintes postpunk visitará por primera vez Latinoamérica, a invitación del Instituto Goethe. Además de sus conciertos en cuatro ciudades, Milliarden impartirá talleres de música a estudiantes del idioma alemán. • Del 3 al 15 de diciembre • En la Ciudad de México, San Luis Potosí, Guadalajara y Monterrey.

COLORES Y TEXTURAS EN LAS OBRAS DE ÁLVARO BLANCARTE POLARIS Y ADANOWSKY • Polaris abrirá el concierto, presentando el primer E.P., del aclamado músico, productor y actor Adán Jodorowsky, quien además tocará canciones de su último disco, Esencia Solar, donde participaron Natalia Lafourcade y León Larregui. • El Plaza Condesa, Ciudad de México • 14 de diciembre

• Esta exposición está compuesta de 37 piezas, algunas de reciente creación, de un artista referente del arte mexicano contemporáneo El contexto árido de Tecate, Baja California, permeó la pintura de Álvaro Blancarte. • Museo José Luis Cuevas, Ciudad de México • Hasta el 10 de febrero de 2019

PEQUEÑO INTENTO POR ALCANZAR TUS MANOS • Esta obra de Bruno Ruiz, ópera prima de la Compañía Desde La Raíz, tiene un carácter documental y performativo. Explora la pregunta: ¿en qué momento un ser humano se cree superior a otro? • Teatro El Milagro, Ciudad de México • Sábados y domingos, 13 h, hasta el 16 de diciembre


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Piezas sueltas

LOS ANIMALES QUE VEMOS JULIETA GARCÍA GONZÁLEZ

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l mapache se yergue en la silla y se asoma a la olla que está frente a él, sobre la mesa, llena de huevos. Hace un esfuerzo y alcanza a tomar uno con ambas patas, pero no logra sacarlo de su recipiente. No tiene la altura para llevarse el tesoro, ni puede trepar más, así que batalla un rato con el huevo entre sus dedos, sobándolo, sin que haya otra cosa que frustración. Después de unos segundos, se rinde, mira al vacío y se baja de la silla: sale de nuestro campo de visión. Quedan ahí la olla con los huevos, la cocina entera de quien está grabando con una cámara que, mientras el mapache batalla, se tambalea de vez en cuando, tal vez sacudida por la risa. 1. Los títulos se suceden: “Inusuales amistades animales que son adorables”, “15 amistades animales que te derretirán el corazón”. Es posible ver cabras caminando al lado de perros, gatos con elefantes, osos con tigres, cerdos con leonas o jirafas con patos. Ahí está el búho bajo las patas protectoras de un becerro, la cabrita que abraza a un oso, el chimpancé que le da la mamila al cachorro de un tigre blanco, el orangután que mantiene apretado contra sí un lebrel. ¿Cómo llegaron a conocerse y por qué están en relaciones tan estrechas?, ¿qué opina a todo esto el lebrel? De entre todos los cambios que estamos viviendo —que están en el aire y que cristalizan a veces en nuevos gobiernos, nuevas figuras para amar u odiar, en formas diferentes de vivir la vida— hay uno muy particular, difícil de definir. En los últimos años, nuestra apreciación de las bestias ha transmutado. No sólo hemos acabado con sus ambientes y aniquilado a cientos de especies, sino que las hemos incorporado a la marea transformadora con la que nos replanteamos nuestra propia relación con el mundo. 2. No es tan raro que un mapache esté en una casa o quiera un huevo. Lo que es extraño es que alguien considere hilarante la lucha del animal por hacerse de algo de comida. El animal batalla con la pieza de huevo, echa atrás la cabeza, jalonea, mientras la cámara se mantiene impávida. Es hasta que se baja que se sacude un poco, como si fuera graciosísimo lo que acabamos de ver. El video se ha reproducido decenas de miles de veces. Es contenido “viral”, no por peculiar menos cotidiano. La guerra del mapache contra el huevo desaparece pronto de la mente de las personas, se disuelve en la marea

condiciones indignas. Sobreviven nuestros animales de compañía. ¿Por qué creemos que es necesario tratar a las especies salvajes como si fueran juguetes exhibidos para nuestro placer?, ¿por qué son entretenimiento?

de imágenes, palabras y acciones del día a día. ¿Y qué decir del orangután que tiene al lebrel apretado bajo sus brazos? ¿Es su mascota? ¿Y la jirafa que va a todos lados con unos patos?, ¿el chimpancé que vigila que la cría de tigre se beba toda su leche? El punto de vista antropomórfico nos habla en términos difíciles de aplicar a esas parejas inquietantes: amistad, cariño, corazones derretidos al constatar que las diferencias no existen, que están únicamente en nuestras cabezas. Bestias que se depredarían en un contexto menos alterado, conviven como si fueran parientes después de una primera comunión, cuando ya a todos se les subieron los tequilas. Esa convivencia esquizofrénica no está mal per se, sería imposible pasarla por el tamiz de lo bueno y lo malo; es, sin embargo, un producto humano. Tiene que ver con nuestros valores, lo que como sociedad atesoramos. El deseo de una amistad prístina, que salva todas las diferencias, anida en nuestro corazón.

▶▶Hemos tenido con el

resto de los animales una relación cruel, por decir lo menos. Sobreviven los que nos alimentan y en

3. The Dodo es una página web “for animal people” (podríamos llamarla: “para gente animalista”). Explotó la adicción de las personas por los videos de animales y ha construido una red de seguidores, amigos, donantes y compradores. Uno de sus videos más exitosos es el del poni Poly, maltratado y descuidado a tal grado, que sus pezuñas le impedían caminar. Una sociedad protectora le rebanó las pezuñas con segueta, las limó, le pasó una rasuradora por el cuerpo y le dio alimentos sanos. Poly se volvió un poni feliz, al menos para los más de mil millones de personas que han visto el video que retrata su transformación. La felicidad en ese sitio web es para los espectadores que ven pingüinos y cabras en pijama, circulando por oficinas o pidiendo un poco más de mantequilla y miel. También orangutanes que cepillan Barbies, cerditos con corbatín y una casi infinita lista de perros, gatos, elefantes y otros animales que fueron maltratados hasta el cansancio y que hacen un “regreso” a la plenitud, documentado por cámaras que no perdonan la indignidad o el sufrimiento. Las personas se duelen por esos animales y van después al mercado a comprar tocino para los waffles, arrojan a la basura bolsas de plástico vacías que acabarán en la barriga de una ballena o patean al perro que resulta un incordio los domingos por la mañana. Mirar a los animales a través de la pantalla no los salva ni los protege, no cambia nuestra relación con ellos de manera real y concreta; cambia, eso sí, nuestra percepción. Un poni, un pitbull o una loba marina recuperados del maltrato nos harán sentir mejores personas sin modificar ninguno de nuestros atributos verdaderos. Verlos a través de la pantalla, desde el celular, nos exime de darles un trato digno y de hacernos cargo, como sociedad, de su destino.

DIRECTORIO Viernes Cultural, suplemento de Contra Réplica

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Rubén Cortés •Editor: Geney Beltrán Félix •Consejo editorial: Francisco González Crussí, Enrique Florescano, Elsa Cross, Silvia Molina, Eduardo Langagne, Carmen Boullosa, Tedi López Mills.

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