Issuu on Google+

Mujeres indígenas del servicio doméstico en la Ciudad de México. Su lucha por el respeto a sus derechos humanos, laborales y culturales. Antrop. Sandra Chávez Castillo. Octubre de 2006 Presentación Desde hace varios años he sido testigo de los esfuerzos que realizan un grupo de mujeres indígenas que trabajan en el servicio doméstico en la Cd. de México por alcanzar mínimos derechos laborales, respeto pleno a sus derechos humanos y a sus derechos culturales. Son mujeres que pretenden dignificar el trabajo doméstico a través de mejores salarios, lograr prestaciones básicas, una jornada de trabajo aceptable, trato digno y respetuoso; y sobre todo, al asumirse como indígenas, portadoras de una cultura diferenciada, quieren lograr respeto pleno a sus derechos culturales, entre los que se encuentran el uso cotidiano de su lengua indígena, el de su vestimenta, y respeto pleno a sus creencias y costumbres. La presente ponencia pretende hacer un breve recuento de esa lucha que se ha desarrollado en varios frentes, el propiamente jurídico y legal para lograr su reconocimiento frente a la ley; el campo gubernamental cuyas acciones se han encaminado a sensibilizar a las instituciones para generar políticas públicas hacia ese sector; y, el campo social y cultural realizando campañas hacia la población en general para hacer visible la problemática de las mujeres indígenas que trabajan en casa; y, con el mismo sector de mujeres indígenas que laboran en casa a través de talleres y cursos de capacitación sobre sus derechos laborales, derechos humanos y culturales. La presente ponencia es un intento de sistematizar y reflexión sobre el tema. La ponencia estuvo pensada originalmente para una Mesa sobre derechos humanos y derechos indígenas, inevitablemente ha tenido que sufrir algunas modificaciones. Anticipo, no soy especialista en el tema de género. La presente ponencia es un intento de hacer visible lo invisible. Presencia Indígena en la Ciudad de México Para nadie es ajeno que el trabajo doméstico en la Cd. de México es realizado por mujeres de los sectores más empobrecidos tanto de la ciudad como de las áreas conurbadas aledañas a la ciudad, sin embargo no hemos reflexionado suficientemente sobre la procedencia étnica y cultural de éstas mujeres. En términos cuantitativos, la presencia indígena en la capital es significativa. Estimaciones de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) revela que el número de indígenas residentes en las 16 delegaciones del D.F. asciende a más de 300 mil; otros cálculos1 menos conservadores, estiman que la cifra alcanza más del medio millón de habitantes, pero si se incluye el área metropolitana, tenemos una población superior a los millones de indígenas que viven y/o trabajan en la Ciudad de México. Las delegaciones políticas con mayor presencia indígena son Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Cuauhtémoc, en las cuales habitan predominantemente población indígena triqui, 1

Asamblea de Migrantes Indígenas de la Ciudad de México.


mazahua, otomí y mixtecos, provenientes de los estados de Oaxaca, Puebla, Hidalgo, Querétaro, Guerrero, Veracruz y Estado de México. Los mismos datos oficiales, señalan que en la Ciudad de México, además del español, se habla la mayoría de las lenguas indígenas que existen en el país. Según el XI Censo General de Población y Vivienda las trece lenguas más habladas en el Distrito Federal por el número de hablantes, en orden descendiente son: náhuatl, ñhañhú, mixteco, zapoteco, mazahua, mazateco, totonaca, maya, mixe, purépecha, tlapaneco, chinanteco y tenek. Hoy día, por sus características pluriétnicas y multiculturales, la Ciudad de México es la ciudad culturalmente más diversa de América Latina. Si bien, el Distrito Federal y su zona metropolitana, ha reducido en la última década su carácter de polo de atracción, continúa siendo el principal destino de las migraciones indígenas de toda la República Mexicana.2 La profundización de la crisis en el agro causada por la política neoliberal y la integración del país al TLC, entre otros factores, ha permitido que la migración continúe siendo una estrategia de sobrevivencia3 para miles de familias indígenas que llegan a la ciudad motivados por la esperanza de mejorar sus condiciones de vida, trabajo y educación. Mujer indígena y servicio doméstico en la Cd. de México. Dados los niveles de pobreza y marginación de sus lugares de origen aunado a la escasa formación laboral e instrucción formal sus oportunidades laborales se reducen drásticamente al llegar a un contexto urbano. La Comisión de Asuntos Indígenas de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal estima que el 95 por ciento de la población indígena residente en la ciudad se concentra en solo tres actividades económicas: albañilería, comercio ambulante y trabajo doméstico; sólo el restante 5 por ciento, alcanza a tener una opción laboral formal y mejor renumerada que el resto.4 En el trabajo doméstico se contratan las mujeres de manera predominante; en la albañilería los hombres y en el comercio ambulante ambos sexos. No se sabe el número preciso de mujeres indígenas que trabajan o que en algún momento de su vida trabajaron, en el servicio doméstico, tampoco sabemos la distribución según el grupo étnico al que pertenecen y lugar de procedencia, ni mucho menos los rangos de edad. La ausencia de datos, nos acerca a la invisibilidad del sector. Lo cual nos orilla a cruzar información proveniente de diversas fuentes y así construir una imagen mas tangible sobre las mujeres que trabajan en esta actividad en la capital del país.

2

Gobierno del Distrito Federal-FIDEICOMISO 2000, La Ciudad de México hoy, bases para un diagnóstico, México, Fideicomiso de Estudios Estratégicos sobre la Ciudad de México-Gobierno del Distrito Federal, 2000. 3 Consuelo Sánchez, “La Diversidad Cultural en la Ciudad de México. Autonomía de los Pueblos Originarios y los Migrantes” en Pablo Yanes, Virginia Molina y Oscar González (Coord.) Ciudad, Pueblos Indígenas y Etnicidad. México, UCM-Dirección General de Equidad y Desarrollo Social, 2004, pp. 57-87. 4 Rodrígo Chávez Contreras, presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF). La Jornada, martes 31 de mayo de 2005.

2


Según los datos de la Encuesta Nacional de Empleo 2000 (INEGI) se revela que el 11.8 por ciento de las mujeres del país se emplean como trabajadoras domésticas; sólo en el Distrito Federal hay un total de 160,572 trabajadoras del servicio doméstico.5 Una encuesta realizada en el 2005 revela que en el servicio doméstico de la Ciudad de México el 99 por ciento de las trabajadoras son niñas y adolescentes.6 El Instituto Nacional de las Mujeres, informó que en el trabajo en servicios domésticos, una de cada diez mujeres son madres trabajadoras; y, entre las madres solteras, hasta un 14 por ciento se dedica a este tipo de ocupación. 7 En una valoración del sector realizada por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, informó que el porcentaje de edad de las mujeres que trabajan en esta actividad es entre los 20 y 25 años, aunque existen casos dramáticos de jovencitas y niñas muy pequeñas. El promedio de educación es muy bajo: educación primaria y primaria incompleta; están circunscritas dentro del sector de población pobre, en términos de estar por debajo de la línea de pobreza. Hay un promedio importante de ellas que son madres solteras.8 En resumen se puede decir que un buen porcentaje de las mujeres que trabajan en esta actividad son mujeres indígenas, provenientes de los municipios con índices altos de pobreza y marginación, tienen un bajo nivel de instrucción formal (muchas de ellas apenas saben leer y escribir en español), un buen porcentaje son niñas y adolescentes, y muchas de ellas son madres solteras. En un contexto urbano las mujeres indígenas no sólo quedan al margen de mejores oportunidades de empleo, sino que además se encuentran en franca desventaja. No conocen sus derechos y, en consecuencia, no pueden ejercerlos. Esto se traduce a su vez, en más pobreza y en mayores desventajas respecto de los hombres de sus mismas comunidades. Ser mujer, ser pobre, ser indígena y trabajar en una actividad, que social y culturalmente es considerada una de las más bajas en términos de status social, el servicio doméstico, son las coordenadas que condicionan y contextualizan su situación de explotación, abuso (de todo tipo incluyendo el sexual), discriminación e invisibilidad (existe una invisibilidad social, cultural y jurídica) Condiciones generales del trabajo del servicio doméstico.

5

Marcelina Bautista, “Situación de las empleadas del Hogar en México”, 7 de abril de 2002. Asociación Thais, Desarrollo Social, Primer Informe sobre Trabajo Adolescente Doméstico en Hogares de Terceros en el Distrito Federal, presentado el 7 de diciembre de 2005 ante diputados de la Comisión de Asuntos Laborales y Previsión Social de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. La Jornada, jueves 8 de diciembre de 2005. 7 INMUJERES, 8 Emilio Álvarez Icaza, Foro Derechos Humanos, Discriminación y Violencia Laboral Hacia las empleadas del Hogar por su ocupación, 2 de abril de 2006. www.cdhdf.org.mx/index.php?id=trans 6

3


El siguiente testimonio es de Rosalía, jovencita de 15 años trabajadores doméstica en la modalidad de “planta”, en el cual nos relata como inicia su día: A las 6:30 tengo que estar para poner los lonches de los niños para que se vayan a la escuela, hacer algún desayuno para mis jefes y luego se van y yo recojo la cocina, luego subo a tender las camas, sacudo, lavo los baños, a eso de las 11 de la mañana desayuno poco y después lavo la ropa.9 El trabajo doméstico se desarrolla en dos modalidades, entrada por salida y de planta; cada una de estas tiene sus particularidades y a decir de ellas mismas, tienen “ventajas” y “desventajas”. Las mujeres indígenas que trabajan de “planta” cuentan con la ventaja de tener una casa en donde vivir, por lo cual se “ahorran la renta” de una vivienda, no pagan luz, agua, gas u otro servicio; tampoco “hacemos gasto en camión” al tener que trasladarse al trabajo, y “como nos dan hasta uniforme, pues no gastamos en ropa”. Parece muy cómodo, ¿verdad? Sin embargo solo son apariencias. Estas mujeres viven en la casa de los patrones no en sus casas, lo cual marca una gran diferencia que en cada momento sus patrones les hacen notar. En muchas ocasiones, en la casa de los patrones viven en condiciones infrahumanas ya que se les destina espacios no aptos para habitarse, tales como cuartitos destinados a bodega, cuartos de azotea, zotehuelas, cuartos de lavado o en cuartos de servicio sin los servicios básicos. No tienen un horario fijo, las 24 horas del día están a la “disposición” de sus empleadores. No existe definición de las tareas específicas que deben realizar, así que pueden realizar de “todo”. Los salarios que perciben son bajos, entre 1200 y 5000 al mes, éste último en pocos casos. De lo que perciben se les descuenta la comida, la habitación y gastos de luz, agua t gas. Cuentan con un solo día de descanso a la semana. Se les limita y controla la comida, el uso de agua y luz. Tienen poco contacto con sus familiares y escasas oportunidades de hacer amigos o convivir con personas de su edad., la inmensa mayoría no asiste a la escuela. En casa de sus “patrones” no pueden usar su idioma para hablar con sus amigos y familiares ni vestir como a ellas les gustaría. No tienen servicio médico, ni otro tipo de prestaciones. Marcelina Bautista, representante del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar, define la situación de miles de mujeres que trabajan de “planta” como una situación de esclavitud, “los patrones actúan como si fueran sus dueños” 10

9

Testimonio de Rosalía, 15 años, empleada doméstica de “planta”. Asociación Thais, Desarrollo Social, Primer Informe sobre Trabajo Adolescente Doméstico en Hogares de Terceros en el Distrito Federal, presentado el 7 de diciembre de 2005 ante diputados de la Comisión de Asuntos Laborales y Previsión Social de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. La Jornada, jueves 8 de diciembre de 2005. 10 MUJERESHOY. Trabajo doméstico: cerca de la esclavitud. www.mujereshoy.com

4


Las mujeres indígenas que trabajan en la modalidad “entrada por salida” tienen la ventaja de “negociar” el día e incluso el horario en que van a trabajar. Sin embargo también se enfrentan a situaciones de explotación, violencia (física, verbal y sexual), hostigamiento, maltrato y discriminación. Los pagos que perciben las mujeres que trabajan de “entrada por salida” son bajos y discrecionales, ganan entre 100 y 300 pesos al día. Las jornadas de trabajo al día pueden ir desde 4 hasta 10 horas. Las tareas no están previamente definidas, así que puede incluir desde la limpieza general de la casa, lavado, planchado e incluso preparar la comida. Tampoco cuentan con prestaciones de servicio médico, pago de vacaciones, aguinaldo. Muchas de ellas padecen malos tratos como burlas y menosprecio a su origen, forma de hablar y vestir. También se les controla y limita el acceso a la comida. Se les prohíbe hablar su idioma, usar su vestimenta, hacer mención a sus costumbres y tradiciones. En ambos casos, las contrataciones son verbales y se establecen, principalmente, a través de redes familiares y/o de amistades. Las “buenas” o “malas” condiciones que las mujeres puedan negociar dependen de su capacidad individual para hacerlo y de la voluntad de la “patrona” o empleadora para aceptarlo. Las condiciones y relaciones así establecidas son totalmente discrecionales, y pueden cambiar en cualquier momento. Además las mujeres indígenas quedan expuestas a los usos y costumbres de la familia a donde llegan a trabajar. Acceso a Derechos Sociales básicos En general, una característica común a todos los grupos indígenas residentes en la Ciudad de México es la insuficiencia en el ejercicio de sus derechos sociales básicos, derechos humanos, y en sus derechos culturales. Pero el caso de las mujeres indígenas es aún más dramático. Las mujeres indígenas que se emplean en el servicio doméstico tienen graves dificultades para ejercer derechos sociales básicos. Ya sea por desconocimiento, aislamiento, ignorancia, factores culturales o simplemente, falta de tiempo, los servicios públicos que ofrece el gobierno de la Ciudad de México a la población en general están fuera de su alcance. Es insuficiente el acceso a los servicios sociales que ofrece la ciudad en materia de salud, programas en salud reproductiva, servicios médicos en general; actividades deportivas, recreación y culturales, programas educativos y de capacitación, programas de vivienda, guarderías, etc. En lo que respecta a los derechos humanos, éstos son violados constantemente tanto en el sistema de administración y procuración de justicia como en la insuficiencia de políticas públicas destinadas a este sector. En materia de derechos culturales es más que evidente que enfrentan múltiples dificultades para ejercer sus particularidades culturales en un contexto urbano como la ciudad de México.

5


Por lo anterior, la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal ha reconocido que los indígenas que residen en la ciudad registran índices de calidad de vida y acceso a los servicios en niveles inferiores a la media de los habitantes del Distrito Federal.11 Los casos más dramáticos de escaso o nulo acceso a servicios en salud, vivienda, educación y empleo se encuentran entre los grupos de indígenas mazahuas, triquis y otomies. Política Pública en materia Indígena. A diferencia de otros estados de la república, el Gobierno del Distrito Federal, desde que el PRD ha ganado las elecciones locales, ha desarrollado políticas públicas específicas hacia la población de indígenas migrantes y hacia los Pueblos Originarios de la capital. Al principio fueron acciones aisladas, sin embargo poco a poco se ha ido constituyendo en líneas programáticas más específicas orientadas a responder, por un lado, a lo pactado por el gobierno federal en el ámbito internacional, en lo que se refiere al reconocimiento de derechos de pueblos y comunidades indígenas, como es el caso del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); y que por otra parte, también atiendan a las necesidades y demandas que los mismos pueblos, comunidades y organizaciones indígenas han planteado en la Ciudad de México. El objetivo de esta política pública es “Lograr el reconocimiento de la naturaleza pluricultural del Distrito Federal y de los derechos de los pueblos indígenas que en él viven, promoviendo la equidad social para las poblaciones indígenas en la ciudad, la transformación de las instituciones en función de la diversidad y la generación de nuevas formas de convivencia social, entre todos los habitantes, basadas en la interculturalidad”.12 Desde la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno del Distrito Federal, a través de la Dirección General de Equidad y Desarrollo Social, se han delineado diversas líneas programáticas que han guiado, a la fecha, la política en materia indígena en la ciudad. Entre ellas se encuentra la de Equiparación social para los indígenas en la ciudad, la cual implica acciones específicas en materia de salud, educación, vivienda y desarrollo económico. Sin embargo las mujeres indígenas que trabajan en el servicio doméstico no “sienten” que sus necesidades y demandas estén incluidas. Lorenza Gutierrez, trabajadores doméstica mixe y dirigente de Mixe Xaam, observa que en este tipo de política pública los requerimientos y necesidades de las mujeres indígenas que trabajan en el servicio doméstico se engloban en el tema de “mujeres” en general, o en el tema de “indígenas migrantes” o de “pueblos originarios” sin tomar en cuenta a las mujeres indígenas del sector, las cuales tienen particularidades específicas en materia de derechos sociales, derechos laborales y culturales. Señala que sólo la Subsecretaría del Trabajo de la Secretaría del Trabajo del Gobierno del Distrito Federal cuenta con un área que 11

Secretaría de Desarrollo Social. Dirección General de Equidad y Desarrollo Social. Dirección de Atención a Pueblos Indígenas. “Lineamientos principales de la política en materia indígena del Gobierno del Distrito Federal”. www.equidad.df.gob.mx/indigenas/programa_gobierno 12 Ibíd.

6


específicamente atiende y asesora a las mujeres indígenas en situaciones de conflicto y demanda con sus patrones, “pero es la única”.13 Sin exagerar se puede decir que existe una total indefención jurídica. A pesar de que en la Ley Federal del Trabajo se establece cierta reglamentación hacia el sector, éste hace mucho tiempo que quedó rebasado, lo cierto es que esta reglamentación nunca se ha cumplido, además en su contenido no solo se refuerza la idea del trabajo doméstico como servidumbre, sino que además al centrarse solo en un tipo de trabajadora, la de planta, se deja de lado a otro sector mayoritario de mujeres indígenas que trabajan en estas actividades, las de entrada por salida. La Ley Federal del Trabajo también prohíbe la contratación de menores de 14 años, sin embargo a diario miles de niñas y adolescentes son explotadas en estas actividades. Contratos verbales, salarios por debajo del salario mínimo, jornadas de trabajo por encima a las que marca la ley, trabajo pesado, presencia de trabajo infantil, sin ninguna garantía laboral, sin prestaciones sociales, maltratos, abusos y discriminación, son sólo algunas de las características que colocan al trabajo doméstico fuera de la ley. Organización y discurso para reivindicar derechos laborales, derechos humanos y culturales. La lucha por los derechos de las trabajadores del servicio doméstico es relativamente reciente en nuestro país. Durante la década de los 70 del siglo XX, el tema fue tratado de manera coyuntural cuando se celebró la Conferencia del Año Internacional de la Mujer en 1975. Antes de dicha conferencia ya se había reformado la Ley Federal del Trabajo, producto de dicha reforma se incluyó un capítulo (XIII) referente al servicio doméstico. Si bien las reformas han implicado cierto avance en la materia con respecto a la legislación anterior, como comentamos arriba, es una reglamentación deficiente e incompleta: excluye a las trabajadores del servicio doméstico del derecho a la jornada de ocho horas, su contenido es ambiguo con respecto al pago del salario en efectivo y en especie, equipara el trabajo doméstico a “servidumbre”, además de que parte de la premisa de que las trabajadores domésticas se contratan exclusivamente de planta; y, a pesar de ser un sector eminentemente o mayoritariamente femenino, la ley no contempla especificaciones al respecto.14 En la década de los ochentas el gobierno federal inició un programa de incorporación voluntaria de las trabajadores domésticas al régimen obligatorio del Seguro Social.15 La falta de un diagnóstico previo de las condiciones de las trabajadores domésticas, el poco compromiso hacia el sector y una visión asistencialista, orillaron al fracaso del programa.

13

. Lorenza Gutierrez, trabajadora doméstica y representante de la organización indígena Mixe-Xaam, entrevista, septiembre de 2006. 14 Ver Ley Federal del Trabajo, Capítulo XIII. 15 Goldsmith, 1984, 1993; y Thomson 1995.

7


En 1984 las autoridades cancelaron dicho programa con el argumento de la poca estabilidad laboral de las trabajadores del sector, por lo cual su “atención” era problemática. A finales de la década de los 80 ya existían algunas organizaciones civiles que trabajaban con el sector, tal es el caso del Colectivo Atabal. Estas organizaciones se concentraron en la defensa de derechos laborales, brindaban capacitación para el trabajo y han tenido mucho éxito con la bolsa de trabajo que formaron. En el D.F. existen varios grupos que trabajan con las empleadas del hogar. Tienen una variedad de ideologías, posturas políticas y líneas de acción, que van desde los religiosos como Las Hermanas de la Inmaculada Concepción, quienes trabajan a través del Hogar de la Joven Vicenta María, desde hace más de 40 años ofrecen hospedaje temporal, clases de primaria y secundaria, formación laboral y colocación en el servicio doméstico a mujeres, sobre todo de origen rural e indígena. El Colegio Alhucema, actualmente cerrado, dependía del Opus Dei, establecido en 1966, ofrecía cursos de capacitación ocupacional y educación básica; congruente con la ideología de su organización rectora, enfatizaba que cualquier ocupación, incluyendo la del servicio doméstico, podría ser una vía para lograr la santificación, dejaban de lado las cuestiones tales como la posibilidad de utilizar la formación para negociar mejores condiciones de laborales o las relaciones de desigualdad social que se manifiestan en el servicio doméstico. También hay grupos seculares como la Asociación Nacional de Trabajadoras Domésticas, el cual, a pesar de su nombre, ha fungido exclusivamente como agencia de colocaciones durante casi medio siglo. Otras agrupaciones de la sociedad civil como el Colectivo Atabal, fundada en 1987, promueve la valoración del trabajo doméstico y la defensa de los derechos de las empleadas del hogar; se ha enfocado en la capacitación y conocimiento de los derechos de las mujeres y los derechos laborales y recientemente en los derechos humanos. Tiene gran éxito su bolsa de trabajo; han elaborado diferentes materiales de difusión en torno a las condiciones de las empleadas del hogar. Su línea de trabajo se centra en el aspecto laboral y en los derechos de las mujeres. Una siguiente generación de organizaciones son las que han formado las propias trabajadoras del servicio doméstico. La organización indígena Expresión Cultural MixeXaam, tienen una línea de trabajo con mujeres indígenas que trabajan en el servicio doméstico. Las organizadoras y dirigentes son las mismas mujeres indígenas que trabajan en el servicio doméstico, que desde los inicios de los 90 han promovido no solo derechos laborales, sino que comenzaron a manejar el tema de los derechos humanos y al asumir su identidad como indígenas, luchan por derechos culturales y por los derechos de los migrantes indígenas en la Ciudad de México. En el 2000, por iniciativa de un grupo de empleadas del hogar, algunas de ellas habían participado en el Colectivo Atabal, surgen el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH). Desde esta organización se ha promovido la certificación laboral, los cambios en materia legislativa; y recientemente incluyen en su 8


discurso el tema de los derechos humanos. Si bien, en esta organización se reconoce la presencia de mujeres indígenas, el tema de los derechos indígenas y derechos culturales de estas mujeres no es su prioridad. Aspectos y Temas de Lucha La demanda por regular la situación de estas mujeres (jornadas de ocho horas diarias, salarios de acuerdo al tipo de trabajo, prestaciones) lleva más de 12 años presentándose en distintas comisiones para que sean incluidas en una reforma a la Ley Federal del Trabajo.16 Sin embargo han encontrado poco eco entre los partidos políticos; hasta la fecha, la reforma laboral del capítulo XIII es una asignatura pendiente. Las mujeres así organizadas también están luchando por tener un nombre digno. Todos conocemos los nombres despectivos con los que se les nombra: “chacha”, “gata”, “criada”, “la muchacha”, “sirvienta”. En 1983, en el contexto del Primer Congreso de la Confederación Latinoamericana del Caribe de Trabajadores del Hogar, celebrado en Colombia, se declara el 30 de marzo como Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. Sin embargo, algunas organizaciones en México (Mixe-Xaam, por ejemplo) opinan que sería mejor ser nombradas como “empleadas del hogar”. Estas organizaciones también han realizaron un gran esfuerzo por sensibilizar a la población y hacer visible la importancia del trabajo doméstico y generar conciencia sobre las condiciones de trabajo de las mujeres que traban en él. A través de campañas en los medios de comunicación han divulgado los problemas de las empleadas del hogar en las fechas cercanas al Día Internacional de las Trabajadores del Hogar (30 de marzo) y el Día Internacional del Trabajo Doméstico (22 de julio).17 Otro gran frente de lucha en donde se han concentrado estas organizaciones es en el tema de la Certificación Laboral. La asesora técnica del Comité de Normalización y Certificación de Competencia Laboral de Servicios Comunales y Sociales del gobierno federal, planteó de la siguiente manera los beneficio que desde la perspectiva oficial (neoliberal) tiene la certificación: ...este certificado puede ser un instrumento que, en un momento determinado, pueda servir de respaldo a las trabajadores para negociar mejores condiciones de trabajo. El contar con un documento que avale la realización competente de un función laboral, tal y como sucede con los y las trabajadores (as) de otros sectores productivos, nos habla del reconocimiento implícito a la prestación de un servicio que, como cualquier otro, requiere de una serie de conocimientos, habilidades, aptitudes, actitudes y, en suma, 16

MUJERESHOY. México: un millón y medio de mujeres explotadas en el servicio doméstico. www.mujereshoy.com 17 En 1983, en el marco del II Encuentro Feminista en Lima, Perú, se aprobó designar el 22 de julio Día Internacional del Trabajo Doméstico.

9


competencias con las que no cuenta cualquier persona sino sólo las profesionales de este oficio. 18 La certificación laboral es un tema polémico y desde mi punto de vista un tanto contradictorio. Veamos, a las mujeres que trabajan en el servicio doméstico, ya de por sí un trabajo no reconocido, invisible, se les dice que ahora tienen que tener un certificado que avale sus habilidades y conocimientos de algo que vienen haciendo desde hace tiempo, pero además tienen que pagar por la certificación y dedicarle tiempo. Los programas de certificación laboral que el gobierno federal ha impulsado no han tenido el éxito que se esperaba.19 Además las mujeres así “certificadas” no han visto cambiar su situación laboral en gran cosa. Para algunas mujeres la certificación laboral, no solo no resuelve su situación de explotación, bajos salarios y nulo acceso a derechos sociales básicos, sino que además se están enfrentando a una situación que no esperaban: la certificación “encarece” sus servicios y las empleadoras ya no se atreven a contratarlas. Sin embargo, para algunas mujeres de origen rural o indígena, la participación en la certificación ha sido de gran utilidad, ya que las ha puesto, por decirlo de algún modo “al día” sobre el uso y manejo de aparatos electrodomésticos modernos, pero en su opinión, tampoco ha ayudado a cambiar su situación. Solo un grupo de mujeres lucha por reconocimiento y ejercicio pleno de derechos culturales (indígenas) en contextos urbanos, al reivindicarse como pertenecientes a grupos indígenas, culturalmente diferenciados del resto de la población de la Cd. de México. Lorenza Gutiérrez, dirigente de Expresión Cultural Mixe-Xaam y perteneciente a la Asamblea de Indígenas Migrantes, señala que: las mujeres indígenas que son empleadas del hogar, luchamos por que se nos respete como sector, que se nos de un trato digno, una jornada laboral que no rebase las ocho horas, un día de descanso a la semana, tres alimentos con una hora de comida por día y un cuarto en buen estado y con servicios. Queremos que las empleadoras e instituciones sepan que existimos, que tenemos derechos y pedimos que se nos reconozca, nuestra mano de obra sí aporta a nuestro país porque se apoya a otras mujeres que salen a trabajar. En caso de las mujeres indígenas queremos que nos dejen hablar nuestro dialecto, usar nuestra vestimenta tradicional, practicar creencias según nuestra cultura y no ser hostigadas o acosadas. 20

18

Lic. Liliana Reyes Duarte, asesora técnica del Comité de Normalización y Certificación de Competencia Laboral de Servicios Comunales y Sociales. Gobierno Federal. Ponencia presentada en 2002, p. 51. 19 Para una valoración general ver a Goldsmith, Mary. “La incorporación de la perspectiva de género a la política laboral y social: los programas de atención a las empleadas del hogar en México”. V Congreso Nacional AMET 2006. Trabajo y Reestructuración: Los retos del Nuevo Siglo. 20 Entrevista a Lorenza Gutierrez en Mónica Archundia, “Impulsan derechos de indígenas en D.F.” El Universal, lunes 8 de mayo de 2006. www.eluniversal.com.mx

10


Organizarse: proceso largo y difícil La filiación de mujeres a estas organizaciones no es muy grande, de hecho uno de los graves problemas que enfrentan éstas organizaciones es su acercamiento con otras mujeres que trabajan en el servicio doméstico, y después cómo mantenerlas en contacto y cercanas para que participen en las actividades que promueven. Aventuraré algunas ideas para tratar de explicar esta situación: La mujeres laboran aisladamente “en casa”; no tienen tiempo para hacerse de amigas, sobre todo las que trabajan de planta ya que tienen sólo un día de descanso; muchas de ellas son analfabetas en español o tienen bajo nivel de instrucción; al llegar a la ciudad muy jovencitas o niñas enfrentan miedos e inseguridad en un contexto urbano que en principio desconocen y que las discrimina por su forma de hablar, de ser y vestir; en un contexto que les es ajeno y con poco contacto poco a poco van acercándose a sus códigos; su mundo social se reduce a la familia de sus patrones, parientes cercanos que también viven en la ciudad y alguna amiga. El trabajo doméstico es un trabajo enajenante. Muchas no se sienten explotadas, asumen como “natural” diversas situaciones de abuso, explotación y discriminación. Se establecen relaciones de agradecimiento con sus empleadores, de gratitud y de solidaridad. Estas relaciones se han ido tejiendo a lo largo de su estancia en esas casas y a través de otorgamientos de “pequeños favores” y dádivas que los empleadores han dado: regalo de ropa y enseres domésticos usados, permisos imprevistos por enfermedad o muerte de algún familiar de la empleada doméstica, préstamos de dinero. El contacto cotidiano y permanente, también permite que se establezcan relaciones de cariño y amistad con algún o algunos integrantes de la familia, la patrona llega a decir “la tratamos como de la familia”. Sin embargo los empleadores, en muchas ocasiones abusan y se aprovechan de esta situación.

Reflexión final 1) Cuando en una casa se contrata a una mujer para hacer las labores domésticas es en “la mujer de la casa” en la cual recae la “contratación”, “acuerdo de pago”, y es ella la que establece las “condiciones generales de trabajo y descansos”. También es ella, “la mujer de la casa”. la que realiza la labor de orientar, indicar, administrar el sentido y orden en que habrán de realizarse las labores domésticas. Se establece así una relación de mujer a mujer. Las condiciones de discriminación y explotación que viven las mujeres que trabajan en este sector, si bien son producto de una sociedad y cultura, me interesa resaltar que de manera directa son impuestas por otras mujeres, que como correa de trasmisión reproducen la situación que ellas mismas padecen cotidianamente: discriminación, desvalorización y minimización del trabajo doméstico, regateo en el pago, malos tratos, etc.

11


2) Los cambios en el ámbito jurídico se producen cuando el tema o los temas en discusión son pertinentes e importantes, en un momento dado o en una sociedad determinada. Se requiere cambios en materia jurídica en distintos ámbitos: a) Lograr el pleno reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Ya que el Congreso de la Unión aprobó una reforma constitucional en materia indígena que incumple en lo fundamental lo pactado en los Acuerdos de San Andrés. b) Que el gobierno, tanto Federal como del Distrito Federal cumplan con las obligaciones establecidas en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y que se respete las demandas y necesidades que los pueblos, comunidades y organizaciones han planteado en la Ciudad de México. Actualmente en el Distrito Federal se tiene un fuerte rezago jurídico en términos de reconocimientos de derechos indígenas, ya que fue prácticamente nulo lo avanzado en la legislatura local anterior y por lo cual es urgente que desde el Distrito Federal se promueva el pleno reconocimiento de los derechos indígenas mediante una reforma constitucional federal que reconozca efectivamente los derechos colectivos de los pueblos indígenas. c) En el caso de la Ciudad de México, es urgente que se promueva el pleno respeto a los derechos humanos, derechos culturales, derechos sociales de los grupos de indígenas migrantes, específicamente de las mujeres y niñas. Para los cual es necesario superar el rezago legislativo que existe actualmente, es indispensable reformar entre otras leyes: el Código Penal y de Procedimientos Penales, el Código de Procedimientos Civiles, la Ley de Desarrollo Ambiental y de los Recursos Naturales del Distrito Federal, la Ley de Desarrollo Urbano, la Ley de Educación, la Ley Orgánica de la Administración Pública del Distrito Federal. d) Pero también es importante no perder de vista que en los contextos urbanos, los indígenas migrantes son empleados, son obreros, son comerciantes, son empleadas del hogar, son vendedores ambulantes, son choferes, etc. Como trabajadores tienen derechos laborales. Se tendría que realizar un profunda revisión sobre sus condiciones de trabajo y cotejarlas con la legislación laboral correspondiente. Para el caso que nos ocupa, es urgente la reforma a la Ley Federal del Trabajo, en su capítulo XIII y lograr revertir la indefención jurídica de miles de mujeres indígenas que trabajan en este sector. 3) Los cambios en materia jurídica, si bien son deseables y urgentes, ya que permitirían, entre otras cosas una reglamentación clara y precisa, jornadas y salarios justos, y una defensa jurídica justa en casos de explotación y abuso. Sin embargo la situación de estas mujeres no se resuelve sólo con el cambio legal. Como señala Lorenza: Aún cambiando la ley nada nos garantiza gozar de esos derechos. Las leyes no se aplican a nosotras. La ley dice una cosa y otra es la realidad. Por ejemplo hay muchos niños trabajando y la ley dice que eso esta prohibido.21

21

Lorenza Gutiérrez, trabajadora doméstica y representante de Mixe-Xaam, entrevista, septiembre de 2006.

12


4) El cambio en las condiciones de vida y trabajo de miles de mujeres indígenas y no indígenas que trabajan en el ámbito doméstico, está íntimamente ligado a los cambios en la situación de las mujeres en general; y, en los cambio que se puedan producir en la relación entre las mujeres, lo hombres y el ámbito doméstico. Las labores domésticas incluyen muchas y variadas tareas que van desde la limpieza general de una casa –sacudir, limpiar, lavar, aspirar, acomodar, escombrar, ordenar-, cuidado y alimentación de niños y ancianos, cocinar y preparar alimentos; lavar, tender y planchar ropa; incluye también “pequeños mandados” como compra de víveres y enseres de uso doméstico, coser y zurcir ropa, pasear y asear mascotas, recoger ropa de tintorería y lavandería, llevar y recoger a los niños de la escuela; en fin la lista es larga, podemos agregar todas aquellas tareas que se nos puedan ocurrir que sean del ámbito doméstico. En términos sociales y culturales, las labores domésticas no tienen la categoría de “trabajo”, son invisibles. No solo son invisibles, sino que además se da por “natural” y “normal” que las mujeres sean quienes lo realicen, y que además sean las mujeres de la casa las que las realicen de manera gratuita. Entonces cuando se requiere contratar a alguien, ese alguien es una mujer, ¿Cuanto se debe pagar por algo que es invisible, que no vale? Cuando se reconoce que las actividades domésticas aportan valor o tienen algún valor, entonces son minimizadas, tanto por los varones como por las mismas mujeres. Cuántas veces hemos escuchado la misma respuesta cuando a una mujer se le pregunta: “¿Trabaja? No, solo me dedico a la casa” Los cambios socioculturales que se requieren son muchos y pasan por la: .- valoración y reconocimiento del trabajo doméstico, .- valoración y reconocimiento del trabajo que realizan las mujeres en la casa; .- valoración y reconocimiento del trabajo que realizan las mujeres que trabajan en este sector. .- cambiar la relación de género con respecto al ámbito doméstico y lograr participación equitativa en el ámbito doméstico.

13


BIBLIOGRAFÍA Asamblea de Migrantes Indígenas de la Ciudad de México. www.indigenasdf.org.mx Álvarez Icaza, Emilio. Foro Derechos Humanos, Discriminación y Violencia Laboral Hacia las empleadas del Hogar por su ocupación, 2 de abril de 2006. www.cdhdf.org.mx/index.php?id=trans Asociación Thais, Desarrollo Social, Primer Informe sobre Trabajo Adolescente Doméstico en Hogares de Terceros en el Distrito Federal, presentado el 7 de diciembre de 2005 ante diputados de la Comisión de Asuntos Laborales y Previsión Social de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. La Jornada, jueves 8 de diciembre de 2005. Archundia, Mónica. “Impulsan derechos de indígenas en D.F.” El Universal, lunes 8 de mayo de 2006. www.eluniversal.com.mx Bautista, Marcelina. “Situación de las empleadas del Hogar en México”, 7 de abril de 2002 Cámara de Diputados del H, Congreso de la Unión. Ley Federal del Trabajo, 2006 Consuelo Sánchez, “La Diversidad Cultural en la Ciudad de México. Autonomía de los Pueblos Originarios y los Migrantes” en Pablo Yanes, Virginia Molina y Oscar González (Coord.) Ciudad, Pueblos Indígenas y Etnicidad. México, UCM-Dirección General de Equidad y Desarrollo Social, 2004, pp. 57-87 Goldsmith, Mary. 1984. Goldsmith, Mary. 1993. Goldsmith, Mary. “La incorporación de la perspectiva de género a la política laboral y social: los programas de atención a las empleadas del hogar en México”. V Congreso Nacional AMET 2006. Trabajo y Reestructuración: Los retos del Nuevo Siglo. Gobierno del Distrito Federal-FIDEICOMISO 2000, La Ciudad de México hoy, bases para un diagnóstico, México, Fideicomiso de Estudios Estratégicos sobre la Ciudad de México-Gobierno del Distrito Federal, 2000. Lorenza Gutiérrez, trabajadora doméstica y representante de la organización indígena Mixe-Xaam, entrevista, septiembre de 2006 MUJERESHOY. México: un millón y medio de mujeres explotadas en el servicio doméstico. www.mujereshoy.com MUJERESHOY. Trabajo doméstico: cerca de la esclavitud. www.mujereshoy.com

14


Reyes Duarte, Liliana. Asesora técnica del Comité de Normalización y Certificación de Competencia Laboral de Servicios Comunales y Sociales. Gobierno Federal. Ponencia presentada en 2002, p. 51. Citada por Mary Goldsmith, “La incorporación de la perspectiva de género a la política laboral y social: los p`rograma de atención a las empleadas del hogar en México”. V Congreso Nacional AMET 2006. Trabajo y Reestructuración: Los retos del Nuevo Siglo. Rodrígo Chávez Contreras, presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF). La Jornada, martes 31 de mayo de 2005 Thomson, 1995 Yanes, Pablo, Virginia Molina y Oscar González (Coord.) Ciudad, Pueblos Indígenas y Etnicidad. México, UCM-Dirección General de Equidad y Desarrollo Social, 2004, 464 p.

15


Chavez_Sandra