Codimat 50 Años

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“UN NEGOCITO PARA LOS CHICOS”





“A LAS HISTORIAS HAY QUE CONTARLAS DESDE EL COMIENZO, SE DICE. PERO CUANDO CREEMOS HABER HALLADO EL COMIENZO DE UNA HISTORIA, NOS ENCONTRAMOS CON QUE ANTES HUBO OTRA HISTORIA, CON OTRO COMIENZO, AÚN MÁS REMOTO. CREEMOS HABER LLEGADO A UN ÚLTIMO TELÓN, PERO ESTE SE ABRE, SOBRE OTRO LARGO PASILLO; Y HABRÁ OTRO TELÓN QUE SE DESCORRA, AÚN MÁS ALLÁ.”

Esto escribió Thomas Mann. Y nosotros podríamos decir algo parecido. Porque la historia de Codimat comienza antes de Codimat. Casi veinte años antes. Y comienza con rasgos que se iban a reiterar: con trabajo, con modestia, con un proyecto relacionado con el bienestar de la gente.

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Fue en el año 1949. Eran tiempos propicios para la industria liviana en Argentina. El crecimiento del mercado interno y del salario se traducía en un mayor consumo, y en la construcción de viviendas por iniciativa oficial o privada. En ese contexto dos hombres, hijos de un pionero de la industria metalúrgica bahiense, Benito Bertrán, instalan un taller de carpintería metálica y comienzan con la fabricación de celosías, un elemento imprescindible para las nuevas casas de muchos bahienses. Sus nombres: Nardo y Numen Bertrán. Eran empresarios de aquellos de overol, de herramienta en mano, de presencia diaria en su taller, de entusiasmo y tenacidad incansables.


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“HAY COSAS QUE APRENDIMOS DE NUESTRO PADRE Y QUE NO OLVIDAMOS. ÉL NOS ENSEÑÓ A APLICAR LA INTELIGENCIA AL TRABAJO PARA EVITAR ESFUERZOS INNECESARIOS, A CUMPLIR PUNTUALMENTE TODOS LOS COMPROMISOS, Y A ESTAR ATENTOS A LAS INQUIETUDES Y NECESIDADES DE NUESTROS EMPLEADOS, CON QUIENES TRABAJAMOS SIEMPRE CODO A CODO.”


Así comentaba Numen Bertrán la herencia más importante que su incipiente empresa recibió de don Benito. Primeramente en Bertrán Hermanos, y luego en Codimat, este legado mantendría su vigencia.

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Un cliente iluminado se hizo amigo de la empresa. Don Albino Marinsalta, de él hablamos, había venido para solicitar la fabricación de una celosía a una ventana existente. Charla va, charla viene, llegó a ser una especie de asesor ad honorem. Y él inició una tradición que se iba a mantener y extender: la buena costumbre de sumar gente. Este fue un momento histórico: Don Albino ofreció los servicios de su hijo, el joven Jorge, quien gustosamente accedió a presentarse como postulante, y se ofreció para desempeñarse en cualquiera de las tareas, por humilde y esforzada que fuere. Así empezaba una vinculación que iba a llegar lejos.

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Hacia fines de la década de 1950, Bertrán Hermanos abrió la celosía para ingresar en otro espacio de compromiso empresario. Incansable en la búsqueda de nuevos caminos y mercados, incursionaba en otra actividad. En una etapa de prosperidad y desarrollo para la zona de campos del sur bonaerense, la firma se dedicó a la fabricación de galpones y otros artículos rurales. Antes de que pasara mucho tiempo, los silos y galpones con su marca, tanto como el novedoso invento del silo-galpón, se convertirían en un elemento típico del paisaje agrario regional.


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Entretanto, Jorge Marinsalta se convertía en socio de la firma. Y siguiendo la buena práctica de incorporar nuevas capacidades, le propuso a Pedro Chertudi que dejara su empleo en el Banco Provincia y se integrara a la sociedad. Como en tantas otras historias de vida relacionadas con Bertrán Hermanos y Codimat, para Chertudi el cambio fue definitivo. Es para pensar que había en esa asociación un vínculo que iba más allá de los negocios, y que integraba y comprometía a las personas en una relación de vida. Y también para dos capataces que formaban parte del equipo: Delcio Rochón y Heraldo Varisto.


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Comenzando la década de 1960, Bertrán Hermanos ingresa en otro espacio de compromiso empresario: desde entonces y hasta los años 90, sería su principal actividad la reparación y el mantenimiento de vagones de Ferrocarriles Argentinos. El crecimiento trajo nuevas demandas de espacio. Así fue como Bertrán Hermanos adquirió terrenos en lo que entonces era un remoto suburbio, pero cuya ubicación lo llamaba a progresar. Esos terrenos en la calle Don Bosco estaban llamados a ser también parte de la historia de Codimat.

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En el año 1962, apenas con quince años de edad, dos nuevos colaboradores se sumaron a Bertrán en tareas de difusión, relaciones comerciales, marketing, políticas de expansión… cómo decirlo… En realidad, lo que hacían los adolescentes Carlitos Marinsalta en primer lugar y Alberto Delmont después, era consultar las guías de la zona, llenar sobres con publicidad y tipear las direcciones, para enviarlos a los establecimientos agropecuarios, cooperativas y entidades rurales de la zona. Los muchachos le hacían al arte, también: cuando iba a actuar en los pueblos de la región alguno de aquellos heroicos elencos del radioteatro, como los de Javier Rizzo o Mario Mauret, los volantes llevaban también la grata noticia de ese espectáculo auspiciado por la firma. José “Rucho” Santecchia ingresa a trabajar en Bertrán Hnos. y Carlitos – quien ya se encontraba trabajando oficialmente en la empresa- va en busca de Alberto para ofrecerle ahora sí, un puesto fijo. Corría el año 1964.


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ANDANDO POR ESTE CAMINO, UN BUEN DÍA ALGUNO DE LOS SOCIOS DE BERTRÁN TUVO UNA OCURRENCIA, Y SE LA COMENTÓ A SUS PARES: “¿Y SI ABRIMOS UN LOCAL PARA VENDER LOS MATERIALES RURALES QUE NO SE COLOCAN EN EL MOMENTO?” Y ALGÚN OTRO SOCIO PENSÓ EN LOS MUCHACHOS JÓVENES QUE ESTABAN DISPONIBLES, QUE POR ESOS DÍAS TERMINABAN EL 20

SECUNDARIO, Y EN VOZ ALTA REDONDEÓ LA IDEA: “SÍ, PODRÍA SER… UN NEGOCITO PARA LOS CHICOS.”


Ese negocito para los chicos abrió en 1965. En sus comienzos se llamó P. Chertudi y Cía SCA Codimat nombre que se mantuvo hasta el año 1999 cuando la firma se transformó en Codimat SA. Desde el primer día y durante muchos años, Carlitos Marinsalta sería quien se ocupara de abrir y cerrar el local, puntualmente… y bajo la mirada de don Albino. La empresa se identificaba con la venta de artículos rurales. Así lo expresaba su primer logo, aquel donde un gaucho cruzaba los campos sureños a galope tendido… Y se mantenía el buen hábito de integrar nuevos valores al equipo. En 1965 llegó a Codimat, procedente de Bertrán Hnos, Rucho Santecchia para acompañar a Carlitos y Don Albino junto a algunos pocos colaboradores. También en 1970, Alberto Delmont pasó de Bertrán Hermanos a CODIMAT. Eran jóvenes, todos, y esto marca otro perfil de la empresa que estaba comenzando. Sus edades estaban entre los 20 y los 25 años.

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YA SE ENCONTRABA EL EQUIPO CONFORMADO: NUMEN, NARDO, JORGE, PIRULO, CARLITOS, RUCHO, ALBERTO.

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El local era austero. Unas chapitas contra la pared, ha dicho alguien que lo conoció en aquel entonces. Pero Codimat se afianzó en base a una práctica de no desperdiciar oportunidades, trabajar sin pausa, y nunca dejar disconforme al cliente. Si era necesario, se iba corriendo a algún negocio de la competencia en busca de esa chapa que faltaba… “y se tardaba siete minutos en volver”. En esta época se adquiere un terreno sobre calle Sixto Laspiur que se une al ya existente de calle Juan Molina.


¿Cuándo fue que crecimos? Difícil pregunta, pero sin duda toda la década de 1970 fue de sostenido crecimiento. Se creó una red de negocios que abarcaba toda la región, mediante la continua atención por un equipo de viajantes. Un colegial de los agitados años 70 decidió buscar para sus vacaciones alguna actividad seria. De este modo desembarcó Marcelo Marinsalta en Codimat, un día del verano del 71. Se atrevió luego a afrontar, junto a su abuelo don Albino, una tarea que tiene sus asperezas: las cobranzas, ya en 1977. Y en 1982 se hizo oficial su pertenencia al plantel. Aunque ya estaba antes, y estaría cada vez más. También por esos años se incorporaron Rubén Bermejo, Miriam Martínez, Adrián Grill… Y en 1979 volvería Jorge Manghi, para quedarse. Las nuevas incorporaciones se daban al compás de una evolución que aceleraba su ritmo. Codimat ya era una marca instalada en el mundo de los negocios de Bahía Blanca y su zona de influencia. Y asumía compromisos aún más allá, tales como licitaciones de materiales en localidades de la Patagonia, que se ganaban afinando el lápiz y acortando los costos, merced al trabajo de todos. Ahí vemos a los factótumes de la empresa, que tanto barrían el local como concretaban una venta, haciendo agujeros en centenares de varillas destinadas a una de esas licitaciones.

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Y llegaron los años 80… A pesar de las coyunturas difíciles que nunca faltan, Codimat mantuvo y acentuó su crecimiento. Se hizo necesario ampliar depósitos, y así fue como se compró el de calle Almafuerte. Un momento significativo y que traería ventajas de largo alcance, fue cuando en 1987 la informática se convirtió en la nueva estrella de la empresa. Comenzaba un vínculo nuevo y transformador: La primera computadora era un aparato mágico, que demandaba especiales condiciones de temperatura. Gabriel Pasqualetto sería el encargado de su desarrollo . Ante una difícil coyuntura, la de la hiperinflación de 1989, la informatización permitió mantener una estrategia flexible y minimizar los riesgos. Eso sí, día tras día había que ir a realizar y retirar depósitos bancarios, a la precisa hora del cierre, maletín en mano…


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Una nueva generación familiar desembarcaba en la empresa. Y con ella se iniciaba una nueva década, la última del siglo XX. Fabián Chertudi, Celeste y Sergio Marinsalta, Ariel Bertrán, Nicolás Santecchia, incorporaban su fresco entusiasmo y sus ganas al equipo de trabajo. Podemos mencionar también a otros colaboradores de muchos años que han hecho y hacen su aporte: Juan C. Azócar, Guajardo Yañez, Armando Sacomani, Miguel Ulloa, Claudia Saldaño, Raimundo Ávila, Leandro Ceballos y Juan J. Suárez. Al mismo tiempo, Codimat afrontaba un cambio decisivo, el de su propio espacio. La relación entre el local de venta en Juan Molina, con el sector de depósitos y entregas en Don Bosco, se había vuelto compleja. Ya hacía un tiempo que un enlace propio a través de una radio contribuía a coordinar las tareas. Pero alguien propuso la más loca idea, que resultó ser la más creativa y favorable:

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“¿POR QUÉ NO LLEVAMOS TODO A DON BOSCO?”. 32 Corría el año 1993 y al igual que aquella frase del negocito para los chicos, esta marcó una transformación fundamental.


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En 1996, Codimat trasladaba todo el conjunto del negocio a la calle Don Bosco, al lugar donde los Bertrán habían comprado aquellos remotos baldíos… No sólo daba un salto en su crecimiento; también generaba un hecho nuevo en la práctica comercial bahiense. Ahora comenzaba a funcionar allí un ámbito único en la ciudad por sus características y sus dimensiones; un complejo de salones de venta, depósitos y otras instalaciones, al que se llamó Shopping Codimat. Para los integrantes de la empresa, hubo un rasgo de épica en el traslado. Y quienes venían siendo protagonistas desde los comienzos, habrán vivido un momento de nostalgia al correr por última vez aquella reja, bien temprano, al despedirse de aquel local de Juan Molina donde ya no cabían tantas renovadas energías, pero donde había comenzado todo.

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Con el nuevo siglo, Bertrán Hermanos se fusionó definitivamente, con la empresa a la que había dado origen, aquel “NEGOCITO PARA LOS CHICOS”, y entonces Carlos Garavaglia y Carlos Zugarramurdi pasaron a las filas de Codimat. Ya para entonces la reducción del sistema ferroviario había llevado a una modificación del marco de trabajo en que se había desenvuelto aquella industria metalúrgica pionera, que veía desaparecer un importante mercado. Pero como un recuerdo de la empresa madre y de aquel viejo vínculo con los trenes, el antiguo vagón que había sido del superintendente del Ferro Carril Sud, restaurado y mejorado, ocupa orgulloso un lugar en el corazón de las instalaciones. Y como para mostrar la síntesis de dos épocas, no lejos de él – a partir del 2011 - se alza el moderno Auditorio, con una estructura y recursos de avanzada que facilitan la realización de actos culturales y jornadas de capacitación en técnicas y materiales.


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Aunque aquellos chicos de 1965 han crecido, y aunque ya somos mucho más que un negocito, la frase “UN NEGOCITO PARA LOS CHICOS” ha mantenido su vigencia. En Codimat nos enorgullece el ingreso casi permanente de jóvenes, de las nuevas generaciones que llevarán a cabo la gestión de la empresa. Como hace medio siglo, seguimos abriendo un espacio para sumar capacidades y saberes; esto es lo que nos da vida, lo que nos permite renovarnos, perdurar y crecer.


Y seguimos insistiendo también en que ningún cliente quede sin haber recibido la mejor atención. Aunque ya no vamos corriendo a buscar la chapa a otro negocio, nos ponemos a la altura de la demanda más exigente con instalaciones y equipos que brindan la mejor calidad y capacidad de trabajo. Nuevas instalaciones de gran capacidad y complejas prestaciones se han sumado para hacer más rápido y eficaz el servicio a nuestros clientes. En 1998, el depósito de aceros número 8, con su máquina italiana de moldeado de chapas para cualquier medida, tamaño y formato; y en 2005, el depósito Mega 40.

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Se construye un espacio cuando hay un grupo, una vocación de convivencia que lo hace necesario. Así ha sucedido con nuestro propio espacio comercial que siempre albergó a eficientes colaboradores, fieles clientes, excelentes proveedores, comunicadores, y todos los amigos que nos rodearon. Y así también, estamos presentes junto a la sociedad local, para colaborar con la construcción cotidiana de la cultura y la convivencia ciudadana. En tal sentido, Codimat ayuda a hacer ciudad, contribuyendo con quienes le dan palabra y corazón al ser bahiense. El apoyo al Jardín de Infantes Nº 913, ya en 1984, no fue un hecho aislado.

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cuentos constructivos C E R TA M E N

L I T E R A R I O


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Dan cuenta de esta vocación las muchas acciones cumplidas en apoyo al deporte y la actividad cultural. El programa de apoyo a las bibliotecas populares, hoy reconocido a nivel latinoamericano, las obras realizadas en algunas de estas instituciones y los certámenes de Cuentos Constructivos, son iniciativas cuya calidad y continuidad nos enorgullece y compromete. Participa también Codimat colaborando en forma real y efectiva en el lanzamiento de la primera universidad salesiana del país, UNISAL.

Fepi 2014 - Festival Latinoamericano de Publicidad Independiente.

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Y en este año tan especial el aporte a la salud de Bahía Blanca con la donación de todos los materiales necesarios para construir – en el Hospital Municipal Leónidas Lucero – nuevos quirófanos y salas de terapia intensiva. Asimismo, puertas adentro de la empresa, asistimos a la construcción del Auditorio Codimat en 2011 para albergar distintas expresiones culturales y el Museo Codimat, refugio de su historia. Todas acciones que enorgullecen y comprometen.

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¿HABRÁN SOÑADO ALGO DE TODO ESTO, AQUELLOS MUCHACHITOS QUE EN 1965 50

CELEBRABAN POR PRIMERA VEZ EL MODESTO RITUAL DE LA APERTURA DEL NEGOCIO? ¿Y SUS ANTECESORES?


¿Habrán sentido que al levantar esa persiana estaban abriendo un cauce a tantas transformaciones, a tantos adelantos, a una presencia que estaría en tantos muros y tantos ámbitos como los que albergan la vida de una ciudad? Quizás ni en la más atrevida de sus fantasías, ni en la exageración de una humorada, se habrían imaginado que algún día serían los autores y gestores de un negocio que es hoy un área urbana con rasgos propios.

QUIZÁS NO HAYAN SUPUESTO, NI EN LA MÁS OSADA DE LAS PROYECCIONES, QUE UN DÍA VENIDERO, EN SU CIUDAD, SE LE DIRÍA A UN TAXISTA O A CUALQUIER VECINO “VOY A CODIMAT”, Y ESA REFERENCIA ESPACIAL SERÍA UN MOJÓN TAN CLARO COMO EL NOMBRE DE UNA PLAZA O UNA AVENIDA.

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No lo habrán previsto… pero lo que ellos sabían, por cierto, era que apostaban al trabajo de ese día, al que seguirían tantos otros (¿cuántos? …¿quizás diez mil?) con toda la esperanza y la voluntad en ciernes, dispuestos a dar lo mejor de sí por este lugar, obra de ellos ofrecida a todos. Se trataba de un contrato con la vida… ¡y vaya si cumplieron! Ponernos a evocar supone arriesgarnos a un escozor de nostalgia, porque la evocación nos retrotrae a momentos y personas que se han ido. A días que han sido nuestros, pero gracias a cuya inevitable consumación tenemos este presente. Ahora bien, aquí podemos acudir a un remedio para melancólicos. TENER PRESENTE QUE TODA HISTORIA NOS DICE LO QUE HA SIDO, PERO TAMBIÉN NOS DICE QUE CADA TIEMPO ES Y PUEDE SER EL COMIENZO, SI ASÍ SABEMOS ENTENDERLO Y VIVIRLO.

Y esto es tan cierto como asegurar que la ausencia no ha podido borrar el recuerdo de aquellos grandes que fueron el génesis de este presente. Una frase célebre de la antigüedad inmortaliza este concepto. “El fin depende del principio” De ese principio donde estuvieron y por que no, todavía están, LOS ENTRAÑABLES NUMEN Y NARDO, HOMBRES DE BIEN, RAÍCES DE ESTE


PRESENTE; donde estuvo y por qué no, todavía está, EL LEAL, EFICIENTE Y SIMPÁTICAMENTE TESTARUDO DON ALBINO.

Y los que todavía hoy, quizás sin aquella estricta vestimenta de saco y corbata, pero con la misma estricta obligación que uno establece para sí mismo, empiezan a primera hora, como de costumbre, con la sonrisa dispuesta, la atención alerta y la mano tendida. Nos referimos a LOS SIEMPRE VIGENTES JORGE MARINSALTA Y PEDRO CHERTUDI, VISIONARIOS QUE CONTINÚAN TRANSMITIENDO SU SAPIENCIA, EXPERIENCIA, CON UNA PRESENCIA AFABLE; esas dos personas de

las que sabemos y podemos decir que siempre están aquí, siempre presentes, siempre con una idea que esclarece y a veces cambia los modos de ver. Esa mirada que tienen los que contemplan las cosas desde una estatura mayor, que no sólo da la edad… Y CARLITOS, DÁNDOLE VIDA Y PASIÓN A LA TAREA INAGOTABLE DE ATENDER, ADIVINAR, RESOLVER LAS DEMANDAS DE QUIENES LLEGAN A SU MOSTRADOR, que es su puente de navegación;

Y RUCHO, CAPAZ DE ORGANIZAR EL TRABAJO MÁS COMPLEJO y acompañarlo con el humor más inteligente; Y ALBERTO, QUIEN SÓLO QUISIERA QUE ALUDAN A ÉL COMO “EL ETERNO AGRADECIDO”: EL HOMBRE CON VOCACIÓN DE CONJUNTO,

que disfruta organizando y además aprovechando cada momento para resucitar la memoria.

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Y los jóvenes que hoy reiteran su pujanza de 1965: Marcelo, Ariel, Fabián, Sergio, Celeste y Nicolás…. Todos ellos,… en un imaginario barco, han llegado a puerto seguro; hasta aquí, ésta es su historia. Mañana comienza otra, levarán ancla y continuarán su marcha. Un nuevo puerto, un nuevo desafío…el mismo rumbo.


En cierta escena de una entrañable película, el protagonista se confía en una frase: “Pero quién dijo que me fui del barrio… si yo siempre estoy llegando!” Todos podrían señalar hoy, hablando desde su corazón y desde su compromiso:

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“PERO QUIÉN DIJO QUE PASARON CINCUENTA AÑOS… SI CODIMAT ESTÁ ABRIENDO, Y HOY ES DE NUEVO UN PRIMER DÍA!”


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FIN

Idea: Alberto Delmont | Marcelo Marinsalta Asesoramiento: N茅stor Carrizo Dise帽o: Proyecci贸n CM Textos: Alberto Delmont | Ram贸n Minieri