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El

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antuario de

ndacollo

Agustín Cabré Rufatt, cmf.

Con ocasión de los cien años de presencia de los Misioneros Hijos del Corazón de María (Claretianos) en Andacollo (1900-2000). Recuerdo de los 100 años de la coronación de la imagen de N. Sra. del Rosario de Andacollo (1901-2001).


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resentación

Justamente en el año jubilar, cuando la humanidad recuerda los dos mil años de la encarnación del Hijo de Dios, la parroquia-santuario de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo celebra también otros dos aniversarios: los cien años de servicio pastoral de los Misioneros Claretianos en Andacollo (1900-2000) y los cien años de la solemne coronación de la imagen de la Virgen (1901-2001). Es el momento de la acción de gracias y de la renovación del compromiso misionero. Como testimonio de estas alegrías, presento a la comunidad andacollina, a los peregrinos y visitantes, a la arquidiócesis de La Serena, a la familia claretiana, en fin a todos los que de alguna manera se sienten motivados por la devoción y el cariño a la Virgen del Rosario de Andacollo, esta «Breve historia» que recupera la memoria y nos impulsa a un mayor fervor mariano. Haroldo Zepeda Urquieta, cmf Párroco y Rector del Santuario-Basílica de Andacollo

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ntroducción

En todas las culturas del mundo existen acontecimientos importantes que forman parte de la vida e imprimen en los pueblos una marca distintiva; con el rodar del tiempo ellos se van embelleciendo con los adornos de la imaginación popular y se van haciendo mitos y leyendas. La verdad de un hecho o de una historia sigue siendo la base firme sobre la que después se tejen ropajes con cierta fantasía. La montaña de Andacollo no quedó marginada de esta ley universal. Allí, el cariño y la devoción a la Virgen María se han ido convirtiendo en una hermosa historia de bondad en que se cumplen las palabras de la humilde jovencita de los montes de Judea: “Me llamarán dichosa todas las generaciones”. Junto a esa verdad, en Andacollo, se ha ido formando un memorial de prodigios, agradecimientos y celebraciones típicas de la religiosidad del pueblo cristiano. Los Misioneros Hijos del Corazón de María (misioneros claretianos) han sido testigos excepcionales de este rodar de la vida, ya que desde el año 1900 son los encargados de servir pastoralmente el santuario y la parroquia y cuidar que la devoción mariana tenga el debido fundamento en la Palabra de Dios y sea celebrada con el fervor popular: se trata de un pueblo compuesto por cientos de miles de peregrinos y visitantes que suben la montaña para volverse andacollinos de corazón. Aunque no han nacido en esa tierra bendita, allí experimentan la presencia cariñosa de su madre.

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ubiendo hasta Andacollo

Antes ha­b ía un tren que pasaba por el pequeño poblado de El Peñón y después seguía sorteando soledades hacia Ovalle o Coquimbo, según fuera la dirección de la máquina. Bufaba el tren y se detenía en El Peñón, que también era llamada “estación Andacollo”, aunque el pueblo de ese nombre estuviera lejos, encumbrado en lo alto de una montaña. Allí se apeaban los viajeros para emprender el camino de subida. Tenían que coronar más de 1.000 metros sobre el nivel del mar para abrir los ojos asombrados al divisar la planicie pequeña, encerrada y polvorienta, donde se levantan las casas y las torres de los templos de Andacollo. Porque la ciudad era eso: casas alineadas a lo largo de la calle Urmeneta, que con el tiempo se han ido desperdigando y encaramándose por las serranías formando poblaciones, y los dos templos solemnes y acogedores que dan la bienvenida. Ahora son unos 12.000 los habitantes del pueblo. A comienzos del siglo XX eran 1.500. Pero no nos adelantemos en el relato. Decíamos que estábamos en El Peñón, al pie de la gran cuesta que serpentea hacia las alturas. Para subir hay que atravesar ahora por buena carretera los Llanos de Perico, hasta llegar a Maitencillo, donde ya no está el retén de Carabineros de Chile que hacía el control por aquello de la “zona seca”. Las torrecitas con almenas que le daban un aire morisco desaparecieron, y el camino, ahora asfaltado, se va para las cumbres. Esa ruta la había diseñado y trabajado a mediados del siglo XIX el ingeniero don Antonio Alfonso. Por ella subieron y bajaron peregrinos, mulas cargadas con vigas y metales, después camiones de las compañías mineras, las “góndolas” casi suicidas que se atrevían con el camino... Ahora ella es recorrida con seguridad y rapidez por toda clase de vehículos. Por la orilla siguen creciendo ramajes de hierba loca y matas de palo negro, atutemas, churcos, mollacas, crespillos y puscanas. En el punto más alto está la Cruz Verde, y desde ahí hay que bajar unos cien metros hasta el pueblo de Andacollo. 5


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esde las sombras de los tiempos ¿Su nombre originario proviene de las palabras “Anta-Colla” (reina del cobre) o Anta-cari (oro molido)? Nadie lo sabe. Lo cierto es que desde muy antiguo ha sido “uno de los ríos de oro que hay en el mundo”, como dijo alguien. La codicia humana no podía perderse esta oportunidad. En tiempos del imperio inca ya los indígenas trabajaban en recoger metal para pagar tributos. Después llegaron ellos: los invasores de barbas largas que dominaban el poder del trueno: a escopetazos, mordiscos de perros, latigazos y gritos se hicieron dueños de todo lo que no les pertenecía. Entonces los indígenas tuvieron que talar las pocas arboledas para despejar terrenos, abrir boquetes, cavar túneles y seguir arañando el corazón de la tierra para pagar tributo a los intrusos. Así se secaron muchas fuentes, se agotaron las vertientes y el agua se puso escasa.

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El oro de Andacollo era famoso antes de la llegada de los es­ pa­ño­les.Los indios lava­ ban el oro y lo mandaban al tesoro de los incas. Claro que en aquellos tiempos el oro no era comercial, sino metal ritual. Se usaba como ofrenda a los dioses. Ahora nos damos cuenta del problema que se presentaba a los misioneros para la evangelización, ya que los conquistadores convirtieron el oro en un metal de comercio y rompieron el sentido ritual que tenía en tiempos de los incas... Hasta el día de hoy Andacollo si­ gue produciendo oro del bueno. Hay épocas en que se produce más y otras menos, pero las entrañas de estas tierras siguen engendrando el metal tan querido y apetecido, orgullo de los hombres y vanidad de las mujeres: unas para lucir en las fiestas y reuniones de gala y otros para pagar deudas internas y externas. Desde hace siglos se saca oro de estas montañas, y hoy los 1.500 pirquineros –así se llaman los que sacan el oro de la tierra y que no son apatronados- siguen sacándolo para poder vivir y alimentar a su familia.” (David Gómez Juárez: “Recuerdos de un pueblo”, 1985).

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El tiempo si­guió ro­d an­d o. Todo el mundo fue bautizado, los hijos y nietos de los indígenas siguieron laborando en el oro, el manganeso y el cobre, para tener contentos a los hijos y nietos de los otros que establecieron compañías mineras, medianas industrias con malacates y trapiches, oficinas de compra de oro, mercados de venta y reventa. El pueblo creció y se quedó pobre en medio de toda su riqueza. En 1877 fue demarcada definitivamente la ciudad. En 1932 tuvo un explosivo crecimiento con la creación de la población Obrera, hoy «25 de Octubre» y posteriormente se han levantado otras en barrios cada vez más encaramados.

“Hay en los términos de La Serena minas muy ricas de oro y en especial las que se llaman de Andacollo, las cuales tienen más de tres leguas de circunferencia donde hay oro tan fino como en las más famosas minas del mundo, tan subidas de quilates que pasa la ley...” (Mariño de Lobera, hacia 1580). “El cerro de Andacollo es uno de los ríos de oro que hay en el mundo” (Gobernador Gar­ cía Ramón en carta al rey de España, el 12 de abril de 1607).

Oro 8


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Pero no todo es historia de exterminio. Andacollo tiene un tesoro más grande que sus montañas. Un día, allá por 1560 ó 70, vaya uno a saber, un indígena que recogía raíces o hierbas secas para el fuego de su rancho, se encontró en un matorral una pequeña imagen de la Virgen María. Seguramente la había dejado por allí uno de los cristianos que salieron huyendo de la recién fundada ciudad de La Serena cuando los indígenas comarcanos arrasaron con invasores, cruces y hasta las aves de corral. En el rancho de esa familia pobre se empezó a dar culto a la santa imagen de María. Los mismos bailes y ritos que antes servían como homenaje a los dioses de los incas, sirvieron para demostrar la alegría y el cariño. Los primeros datos de los llamados “Bailes religiosos” son de mediados de 1580. Por esos azules años el obispado de Santiago había enviado un cura doctrinero para esas serranías: don Juan Gaytán de Mendoza, quien levantó una humildísima capillita de paja. En ella, la imagen de María empezó a recibir organizadamente el homenaje de

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a presencia de María los pobres: el primer baile religioso llamado “Chino” y que lleva el número 1, tiene en su estandarte la fecha de su fundación allá en la penumbra de los tiempos del continente: 1584. Por 1585 llega un nuevo cura doctrinero, don Juan Jufré, un hombre amable y bueno a pesar de estar emparentado con el siniestro Francisco de Aguirre. ¿Qué pasó en los ochenta años siguientes? No se sabe. Lo cierto es que el pueblo creció en habitantes y fue declarado parroquia en 1668. Su primer cura párroco, don Bernardino Alvarez del Tovar, gran devoto de la Virgen, quedó impresionado al llegar al pueblo y encontrarse con la capilla del cura Gaytán en ruinas. De la imagen de María, nadie sabía nada. Por eso, cuando cuatro años más tarde, en 1672, el mismo obispo de Santiago, don Diego de Human-zoro, subió a visitar la nueva parroquia, le cambió el título al no encontrar la imagen de la Virgen del Rosario. Le puso parroquia de San Miguel Arcángel. El cura Alvarez del Tovar se encabritó. Llamó a los vecinos, devotos, dueños de


minas y trabajadores indígenas, recogió colectas y donativos y mandó tallar en Lima una imagen de María del Rosario para instalarla en la nueva capilla parroquial que había levantado porque la del cura Gaytán estaba hecha una miseria: “encontré –al llegar como párroco- una iglesia con su puerta y cerrojo solo, sin chapa ni llave... Empezamos la construcción de una capilla nueva porque la antigua estaba hecha una ramada indecente” ( Libro Parroquial I de Andacollo). La imagen que llegó del Perú en 1676 resultó una hermosa talla de la Virgen María de color moreno, con rostro indígena y una sonrisa insinuada, unos ojitos achinados y 103 centímetros de altura, casualmente un centímetro de madera de cedro por cada diez metros de monte arisco, si consideramos que Andacollo está a 1.030 metros sobre la mar océano. Con esta adquisición, la parroquia volvió a tener el nombre de Nuestra Señora del Rosario; y el cura Alvarez del Tovar colocó la “imagen de bulto, de vara y media, que se trajo de Lima a costa de los indios y algunos vecinos y el cura”, en el altar de la nueva capilla que había construido. La hermosa imagen de la Virgen es de cedro, lleva un vestido tallado en la misma madera y que combina colores azules, rosados y está adornado con estrellas doradas. Corresponde al estilo clásico limeño policromado. Recién en 1828, cuentan las crónicas, el obispo de La Serena don José Agustín de la Sierra permitió que a la imagen se le pusieran vestidos hechos con telas finas y así pudiera lucir algunas de las galas y adornos que la gente le llevaba de regalo. Hoy día la Virgen y el Niño tienen diversos trajes para las distintas festividades. Durante el año ambos lucen hermosas vestiduras, regalo de sus devotos. Para las grandes festividades del primer domingo de octubre y del 26 de diciembre, ella vuelve a vestirse de reina con un traje un tanto sobrecargado de pedrerías y adornos de oro y plata, coronados el Niño y ella con las magníficas coronas que llevan engarzado por delante un pequeño escudo de Chile.


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os templos

Ya hemos dicho que el primer lugar de culto cristiano fue la capilla pajiza y humilde levantada por el cura Gaytán de Mendoza y ampliada un tanto por el cura Juan Jufré, allá por los años de 1580. Después el párroco Alvarez del Tovar había levantado algo más sólido y digno, casi cien años más tarde. Otros cien años tuvieron que pasar. Y cuando visitó Andacollo el obispo de Santiago don Manuel Alday, ordenó construir un templo más capaz porque el que había se hacía muy estrecho para la piedad del pueblo. Así en 1789, siendo párroco don Vicente Valdivia, se inauguraba el nuevo templo de 40 metros de largo por 7 de ancho: un verdadero tubo gigante que empezaba por una puerta estrecha y remataba en el altar de la Virgen “chinita”. Es el actual templo “chico” o “antiguo” al que se le han agregado notables mejoras con el paso de los años: en 1855 se le construyeron las torres gemelas, se le fortificaron las murallas y se le pusieron fuertes machones adosados a los muros. En 1903 el P. Lino Sarriugarte construye un camarín para la Virgen, el que es transformado completamente en 1938, adornándose con planchas de mármol negro y vetas de color gris proveniente de las canteras de Almendral, en La Marquesa, cerca de La Serena. Tiene un estilo jónico-románico y es el lugar más íntimo y piadoso del santua11

rio. Al mismo tiempo se dedica un amplio espacio para el Museo que guarda regalos de agradecimiento y cariño para la Virgen del Rosario. En 1925, el P. Blas Hernández le añade al templo una capilla lateral de 12 por 7 metros (la llamada “capilla de hombres”), le abre ventanales y cambia el piso de madera del presbiterio por otro de mosaico. El templo antiguo de Andacollo, que ha desafiado más de doscientos años, sufrió algunos desperfectos con el fuerte temblor de 1997, y ha sido reparado con apoyo del arzobispado de La Serena, del pueblo andacollino y de los devotos que acuden al santuario desde todo el norte del país y zonas fronterizas. Pero el templo antiguo, con toda su historia a cuestas, ya quedaba estrecho y pequeño a mitad del siglo XIX. Por eso el obispo don José Manuel Orrego pensó en la construcción de otro más amplio y capaz para acoger a los miles de peregrinos.Y puso manos a la obra. Las inevitables dificultades empezaron por la ubicación del lugar, ya que Andacollo, por su ubicación geológica y los trabajos mineros, cuenta con pocos espacios de terreno de la firmeza y solidez que requería el proyecto. Los planos de este templo son del arquitecto italiano Eusebio Celli, aprovechado


discípulo del famoso arquitecto Poletti, quien restaurara la basílica de San Pablo Extramuros, en Roma, por encargo del papa Gregorio XVI. Poletti fue invitado por los religiosos dominicos de Santiago para que realizara trabajos en su templo de la capital, pero no pudo acceder a la petición. Sin embargo recomendó vivamente a su discípulo Eusebio Celli, quien se trasladó a Chile. A este arquitecto recurrió el obispo Orrego, consiguiendo le hiciera los planos. Abierta la propuesta para la construcción del nuevo templo de Andacollo, la ganó el constructor don Roberto Parker, quien hizo equipo con el joven presbítero copiapino don David Díaz Stuard y el mayordomo de la Cofradía de la Virgen, don Francisco Roque. Pronto se iniciaron los primeros trabajos de despeje y relleno del espacio en el lado poniente de la plaza del pueblo, y el 25 de diciembre de 1873 se colocó la primera piedra, ceremonia que presidió el obispo Orrego y en la que predicó el sacerdote andacollino don Buenaventura González. Los trabajos fueron continuos desde ese momento hasta el glorioso día de la bendición del templo el 25 de diciembre de 1893.

ANTIGUO 12


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cta de bendición en la colocación de la primera piedra del TEMPLO GRANDE DE ANDACOLLO. “El día 25 de diciembre de 1873, en la Sub­ delegación de Andacollo, departamento de Co­ quimbo, provincia del mismo nombre, siendo presidente de la república don Federico Errázuriz, intendente de la provincia don Francisco Vicuña Solar, gobernador del departamento don Buenaventura Argandoña y subdelegado don Prudencio Hidalgo, bajo el pontificado de N.S. Pío IX y siendo arzobispo de esta metrópoli el Ilmo. y Rvmo. Doctor don Rafael Valentín Valdivieso, Cura y Vicario de esta parroquia don Buenaventura Casanova, el Iltmo. Sr. Dr. don José Manuel Orrego, digno obispo de esta diócesis de La Serena, en cumplimiento de lo decretado anteriormente por su S.I. bendijo y colocó la primera piedra de este nuevo templo erijido en honor de la Sma. Virgen María bajo la advocación de N. Sra. Del Rosario de Andacollo. Asistió a esta ceremonia inmenso concurso de gente venida de todas partes con motivo de las fiestas religiosas que desde tiempo inmemorial celebra en estos días la Cofradía de N. Sra. del Rosario de Andacollo, y conforme a la costumbre, fueron designados padrinos y madrinas: señores don Manuel Videla, don Marcelino Aracena y la señora doña Agustina Cavada de Alfonso, doña Antonia Julio de Mercado y doña Catalina Villanueva de Salazar. Para perpetua memoria del hecho mandó S.S.I. se levantase la presente Acta firmada por S.S.I., sellada con el sello mayor de su oficio y refrendada por nuestro infrascrito secretario y se depositase original dentro de la misma piedra. De que doy fe. José Manuel Orrego, Obispo de La Serena; Pedro A. Vargas, secretario”.

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l Templo nuevo

Por el puerto de Coquimbo arribaron en determinado momento las vigas de pino oregón de 12 y 15 metros de longitud, y primero en el tren hasta El Peñón y después en caravanas de mulas, las fueron subiendo por el monte en un esfuerzo colosal hasta Andacollo. El obispo Orrego no vio terminada su obra. Muy achacoso en su salud por la sordera y los años, el benemérito prelado renunció al obispado, en el que le sucedió el dinámico don Florencio Fontecilla, en 1890. Don Florencio se encontró con el templo prácticamente terminado en su obra gruesa y a él le tocó ornamentar el interior según indicaban los planos. El templo es de estilo romano-bizantino, con unas proporciones de 70 metros de largo por 30 de ancho. En el crucero su anchura llega a 40 metros.Tiene cinco naves, y sobre las laterales existen galerías a modo de balcones. La altura es de 24 metros en su interior y la cúpula mide 45 metros de altura. Las torres externas y gemelas alcanzan una altura de 50 metros. El templo tiene cimientos de hasta 6 metros de profundidad. El material fundamental es la madera, aunque en su exterior esté cubierto con láminas de fierro. Las columnas que sostienen el templo son de madera, y algunas vigas llegan a medir 18 metros. Ocho columnas sostienen el pórtico, y la fachada tiene tres puertas hermosas con ricos y finos tallados y molduras. Las puertas laterales son cuatro, amplias y solemnes. En el interior del templo, hay treinta y ocho soberbias columnas que junto con toda la pintura, que no ha sido retocada desde hace más de cien años, causan una extraña sensación de grandeza y misterio. A eso ayuda también el hecho de no existir bancas en el interior, tal como en las grandes catedrales, santuarios y templos de mucha afluencia de personas, ya que su capacidad es de unas diez mil personas.

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Vamos a anotar algunas fechas que destacan en el glorioso historial de la devoción mariana en Andacollo. Haciendo un recuento desde los tiempos en que la memoria del pueblo se pierde entre las serranías azules que se confunden con el cielo, podemos precisar las siguientes: Hacia 1570 un lugareño de las minas de oro de Andacollo encontró una imagen de la Virgen María, escondida en un matorral. Parece que allí la dejó un cristiano que huia después de la destrucción de La Serena por los indígenas comarcanos. Por 1580 ya hay indicios de que en una humilde capilla levantada por el cura doctrinero Gaytán de Mendoza se le rinde culto y veneración. Poco después, dice la tradición, se organizó de algún modo un cuerpo de baile religioso que pasó a llamarse “chino”. En 1668 el obispo de Santiago crea la parroquia de las minas de Andacollo y la pone bajo el amparo de la Virgen del Rosario. Ese mismo año el párroco don Bernardo Alvarez del Tovar inicia la construcción de un segundo templo, ya que la capilla del cura Gaytán estaba en ruinas. En 1672 el obispo de Santiago don Diego de Humanzoro visita la parroquia y, al no encontrar la imagen de la Virgen, cambia el nombre de la parroquia y la pone bajo el amparo de san Miguel arcángel.

as fechas cumbres de la devoción mariana

historia 15


En 1676 el párroco Alvarez del Tovar logra la ayuda de los vecinos y trae desde Lima una imagen de la Virgen del Rosario que empieza a recibir de nuevo la devoción del pueblo y se comprueban algunos signos prodigiosos en personas que sienten recuperada su salud. Casi cien años después sube las cuestas culebreras de la montaña de Andacollo otro obispo de Santiago, quien era el pastor propio de esos territorios, ya que el obispado de La Serena se creó más tarde. Era don Manuel Alday. El obispo comprobó que la capilla levantada por el cura Alvarez del Tovar se hacía estrecha y estaba avejentada. Ordenó entonces la construcción del tercer templo en la historia del pueblo y que es precisamente el que hoy se llama «templo chico» o iglesia antigua de Andacollo. Por 1752 hay constancia de que empieza a participar en las fiestas de la Virgen otro grupo de baile religioso con otro estilo y vestimenta: se trata del primer Baile Turbante, originario de La Serena.

En 1789 el párroco don Vicente Valdivia inaugura solemnente el actual templo chico. En 1798 aparece otro grupo de baile religioso: es el primer Baile Danzante, proveniente de la estancia de Cutún, en el Valle de Elqui. En 1828 algún pintor, con autorización del obispo, retoca la imagen de la Virgen y le cambia su rostro moreno por un color rosáceo. En 1853 se establece la Escuela de Niños Nº 1, dependiendo de la parroquia. En algún tiempo se llamó “Escuela de Caridad de Nuestra Señora de Andacollo”. Ese mismo año el obispo de La Serena don Justo Donoso, aprueba las Constituciones de la Cofradía del Rosario de Andacollo, la que se hace cargo del santuario y de la escuela. En 1855 el obispo de La Serena don Justo Donoso, siendo párroco don Buenaventura Casanova, ordena construir las actuales torres gemelas y fortalecer los muros del templo chico. 16


TEMPLOS En 1869 el obispo de La Serena don José Manuel Orrego decide la construcción de un templo más grande, ya que el existente no tenía capacidad para acoger a los peregrinos en los días de las fiestas de la Virgen. Se empiezan los trabajos en el costado norte de la plaza. En 1873 el obispo Orrego bendice y coloca la primera piedra del templo nuevo. En 1893 el obispo de La Serena don Florencio Fontecilla bendice e inaugura el nuevo templo, colosal y majestuoso. En 1900 asumen el servicio como capellanes del santuario los Misioneros Hijos del Corazón de María (misioneros claretianos). El acuerdo con el obispado de La Serena establecía que los Misioneros deberían atender todos los cargos que antes ejercían “el Capellán, el Sochantre (encargado de la música en las liturgias), el Maestro de la escuela de Niños y el Sacristán de la Cofradía de N.S. de Andacollo”.El primer misionero-capellán

es el P. Aniceto de la Torre. Ese mismo año se construye e inaugura la casa de la comunidad claretiana. En 1901, con la presencia de cinco obispos, noventa presbíteros y miles de peregrinos, el obispo Fontecilla corona solemnemente la imagen de la Virgen y el Niño. En 1902 se levanta la Cruz (hoy iluminada) en el cerro El Calvario. En 1903 el capellán y superior de la comunidad claretiana P. Lino Sarriugarte hace construir un “camarín” o espacio como capilla especial de la Virgen. Este mismo año se firma un nuevo acuerdo entre el Obispado y los misioneros, y allí se establece que además deberán atender como párrocos la extensa parroquia an­da­collina y sus capillas. En 1904, por insinuación del vicario general del Obispado don E­duar­do Solar Vicuña, después obispo titular de Selgas, el P. Lino Sarriugarte orga17

niza el coro de niños para el santuario. Ese mismo año se inaugura la iluminación del camarín de la Virgen con gas acetileno, novedad absoluta en Andacollo. En 1905 empieza a circular la revista «La Estrella de Andacollo», dirigida por los misioneros claretianos. En 1907 se instala un órgano de tuberías para acompañar las liturgias en el templo grande. En 1908 se funda la Sociedad de Compraventa de Oro para favorecer a los pequeños mineros, y se crea una biblioteca pública. En 1910 se compra la «Casa Blanca» para servicio pastoral. Hoy día se levanta allí el gimnasio parroquial.


En 1912 se instala la iluminación de gas de acetileno en ambos templos. Ese mismo año fallece el legendario cacique Barrera, jefe de las organizaciones de Bailes religiosos de Andacollo. En 1913 el P. Julián Arrieta crea la banda instrumental del santuario. En 1914 se instala un quiosco para las retretas en la plaza del pueblo. En 1916 el obispo don Ramón Angel Jara regala el reloj que se coloca en una de las torres del templo chico. Otro reloj gemelo fue obsequiado por el obispo a la parroquia de Tierra Amarilla. Ese mismo año los misioneros adquieren las máquinas de cine para dar películas en el teatro parroquial. También fundan una Caja popular de Ahorros.

En 1919 se crea la escuela parroquial de niñas. En 1925, siendo párroco el P. Lorenzo Sarrablo, el P. Blas Hernández hace reformas en el templo chico: le abre ventanales y construye la capilla lateral llamada “Capilla de los Hombres”. También se ponen los vitrales en el templo chico. En 1927 se instala la luz eléctrica en el templo grande. En 1928 los misioneros claretianos de Andacollo asumen el servicio de la parroquia de Tongoy, por algunos años. En 1936 se construye la capilla del primer misterio de gloria (la resurrección del Señor) ubicada en el parque del santuario. Levantar capillas a los misterios del Rosario fue un proyecto que después quedó paralizado. En 1938 el párroco P. Julián Arrieta cambia el antiguo y humilde camarín por otro digno, hermoso y que ayuda al recogimiento y a la oración. En 1943 aparece el libro del P. Principio Albás titulado «Historia de la Imagen y el santuario de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo» que se convirtió en un clásico sobre el tema. Este libro ha sido reeditado con buen aparato crítico en mayo de 2000, por Ediciones y Comunicaciones Claretianas (ECCLA), por encargo del santuario, para conmemorar el centenario de la presencia de los claretianos en Andacollo.

Entre los visitantes ilustres, el ex Presidente de la República Patricio Aylwin rindió homenaje a la reina de Andacollo, en el hermoso camarín de la imagen.

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En 1947 fallece en accidente carretero en la cuesta de San Antonio el P. Blas Hernández, verdadero apóstol de la devoción a la Virgen morenita. En 1954 tras varias tentativas de establecer una comunidad de religiosas en Andacollo, abren su primera comunidad en Chile las Misioneras Corazón de María, venidas desde Cataluña, quienes asumen la dirección de la escuela de niñas. Entre los años 1970-1989, los párrocos PP. Florencio Fernández, Alfonso Marcos, José Manuel García, José Silva y David Gómez, promueven diversas iniciativas y crean variadas respuestas a las necesidades del pueblo andacollino y del santuario. Por ejemplo se edita por unos años la publicación «Andacollo, la revista de la Virgen», se desarrolla el taller artesanal Antacari, que buscaba crear una alternativa de producción artesanal identificadora, se logra la declaración de «monumentos históricos» para los dos templos y que el papa Juan Pablo II proclame a N. Sra. de Andacollo como patrona de la arquidiócesis de La Serena, se construye el notable gimnasio parroquial, etc. En 1990 se crea el «parque del peregrino» detrás de la basílica y dentro del parque de la Virgen, dotándolo de sitios de descanso, servicios higiénicos, luz y agua potable En 1993, siendo párroco el andacollino P. Haroldo Zepeda, se restaura la fachada y todo el exterior del templo grande. En 1994 se reparan las torres del templo chico y se pinta su interior.

En 1997 se construyen los nuevos pabellones de las dos escuelas parroquiales. Ese mismo año se colocan adocretos en toda la explanada y un costado del templo grande. En 1998 se restaura la llamada “Capilla del Indio”, dañada por el fuerte temblor de 1997, y se agrega una sala más en el segundo piso, para museo de ofrendas. Se estuca el exterior del camarín de la Virgen. Ese mismo año, en las festividades de diciembre, el templo grande es declarado Basílica Menor por el papa Juan Pablo II, y la proclamación de este título de honor se celebra en Andacollo con una solemne y espectacular liturgia multitudinaria. En 1999 se colocan baldosas al pasillo que va a la capilla de hombres. El año 2000 se celebran los cien años del servicio de los misioneros claretianos en Andacollo. Se desarrolla un programa especial a lo largo del año.

luz 19


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abor social de la iglesia en Andacollo

La preocupación, de parte de la Iglesia, por el bien del pueblo, ha estado presente durante cientos de años en Andacollo. Ya la construcción de capillas y templos para los devotos de la Virgen fue signo de la constante preocupación de los obispos por dar cobijo y atenciones a los peregrinos. Así se fueron levantando obras cada vez más capaces y grandiosas para acogerlos y que al mismo tiempo, quedan como signo de agradecimiento y alabanza a Dios por haber elegido a María como madre de Jesús y de su pueblo. Una realización social de suma importancia fue la escuela para niños, ya a mitad del siglo XIX, lo que denota la preocupación por las oportunidades culturales de la niñez y juventud. A cargo de dicha escuela y de todo lo referente al santuario mariano estuvo, hasta 1899, la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, institución organizada por los seglares o laicos. Cuando en 1900 llegaron como capellanes estables los misioneros del Corazón de María, todo lo referente al santuario pasó a ser responsabilidad de ellos. Decía el documento firmado

por esos años:“la comunidad se encargará de la parroquia, santuario, cofradía y colegio de primera enseñanza establecidos en Andacollo” (Acuerdo Fontecilla-Genover, 1903). Con el paso del tiempo y las nuevas necesidades en un pueblo que crecía, no solamente se mantuvo en buen pie la Escuela de Niños, sino que se fundó en 1919 la Escuela de Niñas e, incluso, se atrevieron los misioneros a abrir una escuela nocturna para adultos, la que no prosperó. Actualmente, los dos centros educativos están en excelente nivel, con una matrícula que sobrepasa los 900 alumnos, en edificios pedagógicos nuevos y ostentando el reconocimiento oficial como centros de “excelencia académica”. La situación obrera provocada por la codicia del oro no podía estar ajena a la preocupación de los capellanes y del obispado de La Serena. Un documento de 1900 afirmaba que “los pobres recogen las tierras y en pequeñas máquinas lavadoras benefician el rico metal....El pueblo tiene ahí una despensa inagotable. Han fracasado las grandes empresas y parece que Dios ha determinado sea sólo el oro en beneficio de los pobres de 20

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Andacollo” (“El santuario y la fiesta de N. S. de Andacollo”). Pero si en realidad las grandes empresas no han podido establecerse para arañarle las entrañas a Andacollo, otros problemas de abuso fueron surgiendo con rapidez. Particularmente en la crisis mundial de 1920-1930, un desfile de agentes compradores de oro empezó a instalar oficinas en el pueblo para comprar a precios ínfimos lo que después comercializaba en Santiago con grandes ganancias. Entonces la parroquia creó la “Cooperativa de Lavadores de Oro”, para unir a los pequeños y medianos mineros, abrió oficina de compra de oro para nivelar los precios, pidió la mina Chepiquilla para explotarla, y compró malacate, trapiche y maquinaria. Los misioneros colocaron a un laico comprometido con las labores de la Iglesia para administrar todo eso: don Andrés Tirado, quien empezó a preparar también una “Cooperativa del Pan”, para defender a precios bajos el alimento primario de las familias.Todo terminó un día en que don Andrés Tirado

fue asesinado a balazos en el camino hacia Coquimbo, adonde llevaba cargamento de metal. Eran los tiempos en que los católicos le echaban la culpa a los radicales y masones de todas las desgracias, y éstos culpaban a los católicos de lo mismo. Fue importante para el desarrollo social y cultural de Andacollo la presencia de los misioneros. Muchos de ellos propusieron ideas creativas e incluso audaces para la época. Ya vimos que en 1902 el P. Ramón Genover se preocupaba de poner alumbrado eléctrico en el pueblo ( “c o n v e n d r í a instalar luz eléctrica para la plaza, hay que consultar precios de motores, dinamos y cables... o se podría hacer un contrato con los dueños de la Mina Hermosa para traer la luz por cables hasta el pueblo”: Archivo Claretiano 57-F) y, diez años después, el P. Julián Arrieta fundaba la banda instrumental. El mejoramiento de caminos públicos entre los poblados, la dotación y el saneamiento de las aguas, la plantación de arbolado para embellecer el pueblo y atraer

escuela 21


Puebl

las siempre escasas lluvias... y cien realizaciones más, han sido el aporte de los misioneros convertidos en vecinos de un pueblo que debe luchar para sobrevivir. En 1905 se empieza a editar la revista “La Estrella de Andacollo”, que tuvo períodos mensuales y hasta semanales con diversos cambios de nombre en su larga vida, hasta que fue suprimida por decreto militar el 11 de septiembre de 1973. En 1928, habiéndose transformado la anterior revista en una publicación a nivel nacional, los misioneros empiezan a editar otra, propia para el pueblo y el santuario, con el título “Nuestra Señora de Andacollo” (después «Andacollo: la revista de la Virgen»), la que se mantuvo también hasta 1973. En 1916 los claretianos fundaron la Caja de Ahorro Popular de Andacollo, abrieron «biógrafo», instalaron gramófono público, biblioteca y botica o dispensario gratuito. Poco después creaban un “club de pelota”. Ultimamente, la preocupación por las necesidades sociales ha llevado a los misioneros a organizar respuestas solidarias en tiempos de escasez, a ser un centro de diálogo y proyección en los momentos difíciles, y ha levantado construcciones como el excelente gimnasio parroquial. Aún está en la memoria del pueblo el intento de crear artesanía propia mediante una fundación que se tituló “Antacari” y que sostuvo las esperanzas de muchas familias pobres en tiempos de crisis económica.

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P

árrocos que han sido pastores del pueblo de Andacollo

1668

01.- D. Bernardino Alvarez del Tovar : 38 años: 1668-1706 02.- Fray Pedro Morales: 3 años: 1706-1709 03.- D.Gregorio de Oliveira y Tovar: 7 años: 1709-1716 04.- D. Fernando Gallardo: 6 años: 1716-1722 05.- D. Miguel Pascual Pizarro del Pozo:1 año: 1722-1723 06.- D. Andrés Varas: 2 años: 1723-1725 07.- Fray Andrés Alzamora: 1 año: 1725-1726 08.- D. Julio Gregorio Iturrizagasti: 1 año: 1726-1727 09.- D. José Olivares: 1 año: 1727-1728 10.- D. Antonio José de los Reyes: 6 años: 1728-1734 11.- D. Marcelino Narváez: 1 año: 1734-1735 12.- D. Mauricio Coello: 31 años: 1735-1766 13.- D. Vicente Valdivia: 51 años: 1766-1817 14.- D. José A. Cabezas: 3 años: 1817-1820 15.- Fray Manuel Malebrán: unos meses: 1820. 16.- D. Bartolomé Darrigrande: 6 años: 1820-1826 17.- D. Félix Ulloa: 22 años: 1826-1848 18.- D. Buenaventura Casanova: 43 años: 1848-1891 19.- D. Daniel Cisternas: 5 años: 1891-1896 20.- D. Manuel Honores: 6 años: 1896-1902 21.- P. Lino Sarriugarte: 7 años: 1902-1909 22.- P. Teodoro Martín: 4 años: 1909-1913 23. P. José Estebanell: unos meses: 1913 24.- P. Blas Hernández: 6 años: 1913-1919 23


25.- P. Alejo Alvarez: 3 años: 1919-1922 26.- P. Lorenzo Sarrablo: 3 años: 1922-1925 27.- P. Paulino González: 3 años: 1925-1928 28.- P. Luis Ribas: 2 años: 1928-1930 29.- P. Blas Hernández: 4 años: 1930-1934 30.- P. Rogelio Lorenzo: 3 años: 1934-1937 31.- P. Julián Arrieta: 3 años: 1937-1940 32.- P. Blas Hernández: 5 años: 1940-1945 33.- P. José Silva: 7 años: 1945-1952 34.- P. Florencio Fernández: 9 años: 1952-1961 35.- P. Alfonso Marcos: 3 años: 1961-1964 36.- P. Manuel Escalona: 3 años: 1964-1967 37.- P. Florencio Fernández: unos meses: 1967 38.-P. Marino Abad: 3 años: 1967-1970 39.- P. Alfonso Marcos: 4 años: 1970-1974 40.- P. José Silva: 2 años: 1974-1976 41.- P. José Manuel García: 3 años: 1976-1979 42.- P. Alfonso Marcos: 3 años: 1979-1982 43.- P. David Gómez: 8 años: 1982-1990. 44. P. Gaspar Quintana: 1 año: 1990-1991. 45. P. Haroldo Zepeda: desde 1991.

1991

párrocos 24


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os bailes religiosos Nacieron en Andacollo. Y cuando los mineros tuvieron que salir del pueblo por la escasez de mineral, llevaron con ellos su fe y sus tradiciones. Así sucedió con el baile chino que por primera vez le bailó a la Virgen de La Tirana allá en el interior de la tierra ariqueña: fueron mineros andacollinos quienes formaron el primer Baile Chino de La Tirana. Podemos decir que los bailes religiosos nacieron a los pies de la Virgen del Rosario de Andacollo allá por los años 1585 a 1590. La fecha no es segura, pero muchos escritos coinciden en que se remontan a los años mismos del encuentro de la imagen de la Virgen. El tipo de baile religioso proviene de las danzas cultuales de los incas que se adueñaron del norte del actual Chile hacia el siglo XV. La costumbre continuó con los cristianos y en Andacollo fue tomando su propia identidad. El baile chino más antiguo, y por mucho tiempo el único que rendía honores a la Virgen, fue el que por 1585 acudía a la primitiva capilla del cura Gaytán. Con el paso del tiempo otros grupos de bailes organizados sobre la base de familias se fueron creando entre los devotos y peregrinos. Ya por 1752 aparece un nuevo tipo de baile, con sus propios trajes, instrumentos y ritmos diversos al de los Chinos: eran los bailes Turbantes, originarios de La Serena y, al decir de muchos, alentados por el Obispado para salir al paso de ciertos excesos en los bailes primitivos. Hacia 1798 aparece un tercer tipo de baile diferente a los anteriores: los Danzantes, provenientes de la estancia de Cutún, propiedad de la Marquesa de Piedra Blanca de Huana. 25


tradición Así, son tres los tipos de ritmos que se han visto multiplicados por centenares de organizaciones con diversos nombres y números de acuerdo al año de su nacimiento o lugar de procedencia. Los integrantes del Baile Chino usaban antes una vestimenta que comprendía un ancho calzoncillo corto, de bayeta, ojotas y faja, gorro y el clásico “culero” de cuero de los mineros. No usaban chaqueta, sino una camisa blanca a la que le fueron agregando alamares, espejitos y lentejuelas. Después se pusieron medias y calcetas de color y le añadieron al gorro unos pompones de lana colgantes. Sus instrumentos son toscos y simples: unas flautas de caña revestidas de tablitas de madera que forran con tiras de género para conseguir un sonido más ronco, además de dar más consistencia a la flauta. Se acompañan de pequeños tambores que golpean al mismo compás que el sonido tristón de las flautas. El ritmo del baile es lento, acompasado, con inclinaciones profundas que se alternan con saltos y cabriolas luciendo la resistencia del equilibrista. Es una música monótona, melancólica y llena de sentimiento humano. El golpear de los tamboriles a veces es por encima de la cabeza, y otras por debajo de las piernas y se transforma en una ronca plegaria a la “Chinita”. Los Turbantes, en cambio, tienen una vestimenta más lujosa: 26


generalmente usan los colores blancos y claros, y sobre la cabeza llevan un gorro a modo de bonete punteagudo; en la punta del cono el sombrero tiene una rosa de la que cuelgan cintas y hebras anchas y de todos los colores, que caen sobre las espaldas del danzante. Para la música se acompañan de guitarras y acordeones, triángulos, tambores y pitos de sonido muy agudo. El ritmo de su baile es ágil y rápido, y sigue un esquema de movimientos dirigidos por alféreces que llevan una espada con la que indican los diversos movimientos del grupo. Los Danzantes, que aparecieron en Andacollo por 1798, no son tan lujosos en su vestido como los Turbantes ni tan monótonos en su música como los Chinos. De todos modos llevan un ropaje colorido, con una banda terciada con lentejuelas brillantes, y se ponen un sombrero a modo de morrión forrado en esmalte de color y adornado con espejuelos y abalorios. Tienen un ritmo de baile vivo y alegre, con zapateo y saltos mas o menos pronunciados.

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Desde 1958 se ha ido añadiendo en forma creciente un sinnúmero de bailes de instrumental grueso, con vestimentas muy variadas y lujosas: marineros, mapuches, gitanos, apaches, pieles rojas, etc. Estos son nuestros Bailes. Todos ellos demuestran su cariño a la Chinita de Andacollo, a la reina de la montaña. Son una manifestación de fe y de cariño, un rasgo cultural del pueblo nortino que no puede perderse, porque es sig­no de vitalidad: la cre­en­cia religiosa que no se queda escondida en el fondo del corazón, sino que se manifiesta en la celebración comunitaria. Porque “el que canta, ora dos veces; y el que, además, baila motivado por su fe, ora tres veces”(Arz. Bernardino Piñera).

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e cumplen cien años de la coronación

La imagen de la reina de Andacollo fue coronada solemnemente el 26 de diciembre de 1901. El decreto estaba firmado por el papa León XIII en el Vaticano. Ese día fue uno de los más gloriosos en el pueblo: por primera vez se veía a cinco obispos, numeroso clero y multitud de peregrinos. El obispo don Florencio Fontecilla había iniciado las gestiones un año antes, pensando en coronar la santa imagen justamente al comenzar el nuevo siglo. Había encargado a la Casa Biais, de París, una preciosa corona de oro puro, elegante y proporcionada, parecida a la famosa corona usada por la emperatriz María Teresa de Austria. El trabajo de joyería se atrasó y la solemne coronación recién tuvo lugar en diciembre de 1901. El pequeño pueblo de Andacollo, entonces con unos 1.500 habitantes, vio llegar ese día unos cuarenta mil peregrinos, autoridades civiles y numeroso clero encabezado por los obispos don Ramón Angel Jara (de Ancud), don Plácido Labarca (de Concepción), don Santiago Costamagna (obispo salesiano), don Roberto del Pozo (de Guayaquil, Ecuador) y el propio obispo de La Serena, don Florencio Fontecilla. La fiesta religiosa quedó grabada también con oro en la memoria del pueblo. 29


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os misioneros claretianos, capellanes y pastores de Andacollo

Cuando el obispo de La Serena don Florencio Fontecilla participó en Roma en el primer Concilio Plenario de Obispos latinoamericanos (Roma1899), aprovechó el viaje para visitar en España la casa central de los misioneros Hijos del Corazón de María. Llegó hasta Cervera y se entrevistó un par de veces con el superior mayor de los misioneros en el mundo: el P. José Xifré. El obispo ya conocía a los claretianos, que le ayudaban en su labor pastoral desde su comunidad en La Serena, y el P. Xifré conocía Chile por haber estado en el país visitando a sus hermanos religiosos por lo menos en cinco oportunidades. Después de acordar algunos puntos se llegó a un proyecto que contemplaba una fundación misionera para hacerse cargo del santuario de Andacollo, y un servicio como orientadores espirituales del seminario del Obispado en La Serena. Tras la muerte del P. Xifré pocos meses después, su sucesor en el cargo hizo posible el compromiso y envió una nueva expedición de misioneros a Chile. El 14 de marzo de 1900 llegaban a Andacollo el P. Aniceto de la Torre, como superior de la pequeña comunidad; el P. Miguel Font, con el cargo de organista del santuario; el P. Juan Martínez, a cargo de la administración, y los hermanos religiosos Miguel Argerich, Pablo Trullols y Juan Vela, este último como director de la Escuela de Niños. 30


mision

Desde entonces, una legión de misioneros ha entregado su vida al servicio del Evangelio en la santa montaña de Andacollo. En medio de condiciones muy difíciles, por los malos caminos, la soledad del monte, la pobreza generalizada, la extensión de la parroquia, las dificultades provocadas por autoridades antirreligiosas, las tragedias mineras, la falta de oportunidades de surgir para la juventud que se queda a la deriva, los claretianos han mantenido la esperanza y han servido con caridad. Entre los muchos misioneros que han dejado su huella en el pueblo resaltan algunos que han ido quedando en la memoria histórica como ejemplos de lo que vamos diciendo. P. SILVERIO MEDINA ESPINO: Fue un misionero muy estimado por sus cualidades y su capacidad organizativa. Estuvo en Andacollo en los primeros años de la fundación claretiana; después fue fundador de la comunidad de Coquimbo y uno de los iniciadores en el campo de la enseñanza, dando a los misioneros en Chile una modalidad nueva: ser profesor en los liceos fiscales. Así lo hizo en Temuco. Había nacido en España en 1853, y falleció en Temuco en 1914. HNO. PABLO TRULLOLS FERRANT: Fue uno de los fundadores de la comunidad claretiana en Andacollo. Hombre de gran espíritu y devoción a la Eucaristía y a la Virgen, se desempeñó en los cargos humildes y sacrificados de portero y otros servicios comunitarios, debiendo vencer su carácter un poco arrebatado. No se puede olvidar que pidió ingresar como religioso claretiano después de una reflexión profunda tras un frustrado “duelo”, de esos a la antigua, con pistola y a diez pasos del adversario. Había nacido en Cataluña (España) en 1867 y falleció en Santiago en 1928. HNO. JUAN VELA GARCIA: Nació en España en 1865. Fue un misionero de grandes cualidades: enfermero, constructor, profesor en los colegios de Andacollo y después en Temuco, administrador de la imprenta de los claretianos, asesor de los Círculos Obreros. Se distinguió por tener un corazón bondadoso para con todos, especialmente, para con los pobres y marginados sociales. Falleció en 1932. 31


P. LINO SARRIUGARTE EGUIGUREN: Nació en España en 1868. En 1901 llegó a Chile, y al año siguiente ya era nombrado primer párroco claretiano en Andacollo y en el mundo, pues en esa época la congregación de misioneros no aceptaba anclarse en parroquias y prefería las campañas misioneras con más agilidad de movimiento. Hombre emprendedor, bien ubicado, servicial, estuvo por siete años como párroco en Andacollo y después asumió responsabilidades como superior mayor de los claretianos en Chile. Falleció en Valparaíso en 1945. P. BLAS HERNANDEZ SANCHEZ: Quizá sea el misionero que ha dejado más honda huella en Andacollo. Había nacido en España en 1867, y destinado a Chile en 1904 fue enviado a Andacollo, de donde nunca más salió. Fueron 43 sus años de servicio y de trabajo pastoral. Fue grande por la entrega a su ministerio, por el amor que mostró a su pueblo, por sus iniciativas religiosas y sociales a favor de la gente. En dos oportunidades fue párroco, completando en total 9 años. Falleció trágicamente cerca de la Cruz Verde, en accidente carretero, en 1947. Una población lleva su nombre, que también quedó escrito en el corazón de las familias andacollinas. P. PRINCIPIO ALBAS MAZA: Nació en España en 1884. Hombre de cualidades artísticas supo también ser buen misionero. Se distinguió como catequista. También fue escritor, y a él se debe el buen trabajo de investigación que con el título «Historia de la imagen y el santuario de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo» ha llegado a ser clásico sobre el tema. Falleció en Antofagasta en 1951. P. JULIAN ARRIETA OTAZUA: Fue un misionero humilde y de grandes talentos artísticos.Trabajó en las duras condiciones de las salitreras del Norte Grande, y en el magnífico templo claretiano de Antofagasta dejó su huella como decorador. En Andacollo realizó pinturas y esculturas: entre las primeras, el óleo de san Juan en el río Jordán, y entre las últimas, el Cristo yacente que se venera en el templo grande. Falleció en Santiago en 1953.

h P. Lino Sarriugarte

p. blas 32


huellas P. LORENZO SARRABLO SANTALIESTRA: Nació en España en 1881. Llegó a Chile recién consagrado presbítero en 1911, y fue gran predicador en las salitreras del Norte Grande y en los poblados del Norte Chico, hasta 1928, en que sufrió un fuerte ataque epiléptico que disminuyó sus energías. Entre 1923 y 1925 fue párroco en Andacollo. Hombre bondadoso de carácter, con gran capacidad de sacrificio y adornado con el don de la paciencia. Fue muy devoto de la Virgen de Andacollo. Falleció en Santiago en 1954.

P. Blas Hernández

P. Principio Albás

P. Julián Arrieta

P. LUIS RIBAS MORATO: Nació en España en 1880. Después de una incipiente carrera militar ingresó a la congregación claretiana. Fue enviado a las misiones de Africa (actualmente Guinea Ecuatorial), donde enfermó gravemente. Una vez sano en España, volvió al Africa y allí de nuevo enfermó. En 1923 llegó a Chile. Fue párroco en Andacollo de 1928 a 1930. Fue buen misionero y se distinguió en el servicio a los enfermos. Falleció en Santiago en 1956. 33


HNO. PEDRO BRESOLI BALSELLS: Nació en Cataluña en 1892. Misionero en México, tuvo que salir de allí durante una de las persecuciones revolucionarias, y en 1916 llegó a Chile. Estuvo 20 años en Andacollo, donde se le recuerda como excelente sacristán y especialmente haciendo las veces de médico antes que hubiera hospital en Andacollo, ya que tenía estudios de homeopatía. Falleció en Santiago en 1957. HNO. ANDRES ROMEU ABRIL: Estuvo 16 años de su vida en el santuario de Andacollo, siendo gran devoto de la Chinita de la montaña. Había nacido en España en 1898 y llegó a Chile en 1924. Fue hombre austero, sencillo y de gran espíritu de servicio. Falleció en Santiago en 1972. P. FLORENCIO FERNANDEZ RODRIGUEZ: Es otro de los grandes misioneros. Nació en España en 1902 y recién en 1946 llegó a Chile. Falleció en Andacollo en 1974, tras 25 años de permanencia en el pueblo, que lloró su muerte como había llorado al P. Blas. Era hombre humilde, piadoso y servicial. Se distinguió por su amor a los pobres y su preocupación por todo lo relacionado con el santuario y la atención de los peregrinos. Un hermoso testimonio fue el que dio de él el arzobispo emérito de La Serena don Alfredo Cifuentes, al conocer la noticia de su muerte: “no sé qué admirar más en él: si su profundo espíritu de piedad o su incansable abnegación en el trabajo. Ambas virtudes eran hijas de su ejemplar vida claretiana. En mis 33 años de obispo no recuerdo haber visto a un sacerdote de mayor constancia, abnegación y paciencia en el trabajo. Andacollo pierde un apóstol incomparable, los claretianos un ejemplo vivo y vivificador, la Iglesia un modelo de espíritu pastoral, y el cielo recibe a un santo. Sobre su tumba habría que poner: aquí descansa el que nunca descansó”. P. MANUEL ESCALONA ESCALONA: Nació en Vilches (Talca) en 1912. Después de estudios en los seminarios claretianos de Chile, Argentina, España e Italia, volvió al país y se dedicó a las misiones populares con gran aceptación de todos. Fue un hombre querido por sus cualidades humanas y sus virtudes religiosas: un carácter abierto y entusiasta, sencillo en su persona y gran predicador. El mismo día de su muerte, en 1978, el superior mayor de P. Florencio Fernández

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servicio los claretianos de Chile escribía comunicando la noticia: “El P. Manuel murió ofreciendo su vida por las vocaciones claretianas. Cayó en pleno trabajo apostólico, tal como había vivido. Se consumió trabajando, predicando misiones sin descansar desde 1940 hasta la pasada novena del Carmen, hace un mes, en Tocopilla. Una vida sencilla, abnegada y alegre. Un ejemplo de vida comunitaria fraterna” (Archivo Claretiano, caja 19-6). P. JUAN PORTA OZCOIDI: El buen ”P. Juanito”. Hombre amable, sencillo, alegre, apostólico. Estuvo ocho años en Andacollo y atendió particularmente las escuelas. Fue muy querido en todas partes. Había nacido en España en 1899 y falleció en Valparaíso en 1979. P. OSCAR BENIGNO MESSINA GOMEZ: Fue un predicador incansable en toda la Cuarta Región. Había nacido en Valparaíso en 1913 y estudiado en seminarios claretianos de Chile, Argentina, España e Italia. Fue hombre muy apreciado por sus cualidades de predicador y de inventor de respuestas pastorales como el “auto-capilla”, con el que recorrió gran parte del Norte Chico. Devoto de la Virgen de Andacollo, organizó por 1963-64 una gran misión ambulante llevando una réplica de la imagen de la Virgen hasta los poblados más apartados. Falleció en Santiago en 1979. P. SILVANO MARTIN DE PABLO: Nació en Segovia, España en 1911. Ingresó a la congregación claretiana en 1939, y en 1946 fue enviado a Chile. Fue un misionero sencillo y cordial en el trato, austero en su persona y compasivo con los pobres. Muy devoto de la Eucaristía y de la Sma. Virgen, estuvo en Andacollo algunos años dejando buenos recuerdos de virtud. Falleció en Valparaíso en 1985. P. JOSE IGNACIO SILVA CORNEJO: Nació el año 1914 en el centro campesino de Chile: Marchigüe, en plena tierra huasa de la Sexta Región. Destinado a Andacollo, fue el primer claretiano chileno que asumió el cargo de superior de una comunidad local en el país, en 1945, teniendo 31 años. Fue párroco y rector del santuario entre esa fecha y 1952. Hombre apostólico, combinó bien la predicación del Evangelio con los esfuerzos por mejorar la situación social del pueblo. Falleció en Santiago en 1987, a los 74 años de edad. 35

P. Manuel Escalona

P. Silvano Martín

P. José Silva


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as misioneras Corazón de María

Llegaron a Andacollo en 1954, iniciando así su presencia benéfica al servicio del pueblo y de la Iglesia chilena. Fundadas en España por el P. Joaquín Masmitjá en 1848, tienen una espiritualidad fundada en el Corazón de Cristo, predicador del mensaje de salvación, y del Corazón de María como fuente de gracia y de ternura para la comunidad de los discípulos. Trabajan por la conversión de la sociedad y emplean la catequesis y la educación cristiana de la juventud como elementos primordiales de su estilo evangelizador y misionero. Desde Andacollo han extendido su acción mediante otras comunidades establecidas en la zona sur del arzobispado de Santiago. En realidad era un antiguo sueño el establecimiento en Andacollo de una comunidad religiosa femenina. En un pueblo minero hace mucho bien el colorido de bondad y ternura que entrega el corazón de la mujer cuando dedica sus energías a edificar una sociedad más humana. Sin la presencia de la mujer, la evangelización se puede convertir en una predicación sin alma.

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corazón Ya el obispo Justo Donoso, a mitad del siglo XIX, había logrado llevar hasta Andacollo a las religiosas de la Providencia, para que atendieran las escuelas. Pero ellas no pudieron permanecer en el pueblo: en la breve revolución llamada «de los hermanos Gallo» fueron llevadas como enfermeras al hospital de sangre de La Serena, función que no concordaba con su vocación de educadoras, y, por otro lado, creyendo que el obispo tenía demasiada ingerencia en su vida comunitaria, fueron llamadas por su superiora de Santiago y dejaron el pueblo. Pasaron los años. Por 1930 el obispo de La Serena don José María Caro andaba también preocupado de llevar hasta Andacollo una comunidad de “señoritas catequistas” que él mismo había fundado y que pretendía convertirse en una congregación religiosa. El asunto no prosperó. Años después, el arzobispo don Alfredo Cifuentes retomó la idea de establecer religiosas en Andacollo, y con el P. Florencio Fernández, párroco de Andacollo a partir de

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1953, empezó a interesar a algunas congregaciones femeninas. El P. Florencio habló con las religiosas de María Inmaculada de la Enseñanza, quienes no accedieron al pedido. Por su parte el arzobispo conversó con las Hijas de San José Protectoras de la Infancia, y después con una congregación fundada por el obispo de Barcelona, con iguales resultados. Ya se había intentado con la Compañía del Salvador, de Lérida, España, y con las Carmelitas Misioneras fundadas en España por el P. Palau. Todo resultó negativo. Hasta que se golpeó a las puertas de las Misioneras Corazón de María, quienes, siguiendo su carisma evangelizador, fundaron, por fin, una primera comunidad en Andacollo y de inmediato asumieron la dirección de la Escuela de Niñas, colaborando además con gran espíritu en los trabajos de pastoral directa. El recuerdo de la madre María Teresa Gubern, fallecida en 1994, ha quedado como el mejor ejemplo de una misionera entregada al servicio del pueblo andacollino.


ndacoll

ndacollo hoy Rodando, rodando, el tiempo va siguiendo su camino. Estamos en el comienzo de otro siglo. Los abuelos se han muerto, muchos trapiches acallaron sus gemidos. Las plantas de cobre se han cerrado. Sólo quedan relaves como testigos de los sudores de los pobres. Por los montes, cientos de pirquineros arañan la tierra y la perforan buscando el oro siempre escurridizo. En el pueblo, la Virgen Chinita sigue mirando con sus ojos llenos de ternura, los quehaceres de sus hijos. Ella alienta la esperanza de días mejores para un pueblo sufrido. Ella, que vio a su propio Hijo clavado en el martirio, y por eso sabe de los dolores y el desamparo, puede comprender mejor la historia de Andacollo. Hoy día, el pueblo sigue buscando su lugar en la mesa de Chile. Los adelantos que ha traído el tiempo están a la vista: un camino de primer orden para subir y bajar las cuestas que una vez fueron endemoniadas; un hospital nuevo; el liceo y las escuelas que entregan formación y conocimientos; una biblioteca municipal; la oficina de turismo; la red de alcantarillado y de agua potable que cubre todo el pueblo; la organización social y otras realidades que hablan de un presente y un futuro mejores. Pero también están las marcas de una política económica sin corazón. La cesantía es muy alta; la juventud tiene pocas oportunidades de continuar su educación y la formación en valores; el alcoholismo es plaga generalizada como en todos los pueblos mineros de Chile; la maternidad adolescente Agustín Cabré social Rufatt, cmf. es un problema de alta gravedad; la inseguridad física y económica de los pirquenes atenta contra un trabajo en condiciones dignas, etc. Pero por la alargada calle Urmeneta también va entrando a Andacollo la esperanza de días mejores. Camina a veces apegadita a las paredes de adobe, sortea algunas cantinas, descansa a la sombra parda de unos pimientos, y al llegar a la plaza se detiene para asegurar el paso. Entra al templo chico, y allí alza de nuevo el rostro hacia la imagen bendita de María, y se robustece como en los mejores tiempos. La Chinita se deja saludar y devuelve en gracias, bendiciones y nuevos ánimos para la de cada día, todo lo que ella sabe dar; lo que sigue dando Con ocasión de los cien añoslucha de presencia de los Misioneros a lo largo de la historia; lo que dio una vez al mundo y lo dejó Hijos del Corazón de María (Claretianos) transformado en algo bueno: su propio Hijo, que es el único en Andacollo (1900-2000). camino que conduce al Padre Dios.

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Recuerdo de los 100 años de la coronación de la imagen de N. Sra. del Rosario de Andacollo (1901-2001).

Visita reciente del Nuncio Apostólico D. Luigi Ventura, al Santua­ rio Nuestra Señora del Rosario de Andacollo. Aparece acompañado del rector del Santuario, P. Haroldo Zepeda.

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El Santuario de Andacollo