Un mundo, sin “Dios, ni amo, ni patrón”, como reza el conocido lema anarquista, y a favor de la asamblea como único órgano de toma de decisiones, rechazando de facto la democracia representativa liberal y acusando a esta de operar bajo los intereses del capitalismo. De este modo, el anarquismo se reafirmaría desde sus orígenes en el uso de la violencia política con el objetivo de destruir todo lo establecido para, posteriormente, construir una sociedad nueva. Así, el terrorismo anarquista trascendería las formas de acción colectiva tradicionales del marxismo, centrando todos sus esfuerzos en el uso del terrorismo autónomo e individual.
El anarquismo insurreccionalista del nuevo milenio
Entre estas nuevas siglas terroristas, que operan (al igual que Al-Qa'ida) más en guerra en red que como organizaciones terroristas piramidales (utilizando en la mayoría de los casos la estrategia terrorista de la resistencia sin líder y el uso de small cells para luego reivindicar sus atentados bajo el nombre de unas mismas siglas), destacan especialmente el Earth Liberation Front (1992) y el Animal Liberation Front (1976). Otros grupos que merece la pena destacar son Earth Fist! (1979), The Radical Animal Liberation Movement (1970-1980), Stop Huntingdon Animal Cruelty (1998) o la Federación Anarquista Informal / Frente Revolucionario Internacional (2003/2011).
Ante el progresivo hundimiento del referente socialista que para muchos jóvenes radicales occidentales suponía la Unión Soviética, los años ochenta y noventa se caracterizaron por la conversión de la extrema izquierda hacia valores libertarios más propios del anarquismo decimonónico que del socialismo de Estado.
Un tipo de terrorismo considerado como uno de los más peligrosos en los Estados Unidos, ya que, según datos del FBI, solamente entre enero de 1990 y junio de 2004, el ecoterrorismo estadounidense habría llegado a producir más de 120 atentados, provocando la pérdida de millones de dólares a empresas de todo el país (Michael, 2012, 78).
Así, como, alternativa a los valores marxistas tradicionales, numerosos militantes de la izquierda radical encontrarían en el ecoanarquismo y los movimientos antiglobalización el espacio ideológico bajo el que operar contra el New World Order preconizado por el presidente George H. W. Bush en 1990.
De este modo, la misma agencia llegaría a afirmar en 2002 que el terrorismo ecoanarquista forma parte de su terrorismo doméstico más peligroso, dato que confirman diferentes estudios, como los de la Liga Antidifamación (Anti-Defamation League [ADL], n.d.).
Producto de esta transformación, a finales del siglo XX surgiría con fuerza una nueva forma de terrorismo ecoanarquista a nivel global, con especial virulencia en los países anglosajones, en los que una nueva generación de terroristas individuales comenzaría a atentar contra la industria alimentaria, farmacéutica, química y cualquiera que estuviera “involucrada” en lo que el ecoterrorismo considera la “destrucción” y la “opresión” del medio ambiente a manos del ser humano.
De esta manera, el ecoterrorismo de finales del siglo XX y comienzos del XXI, que opera a través del principio de la propaganda por la acción (al igual que hicieron los anarquistas durante los siglos XIX y XX) ha conseguido extenderse globalmente, dada la facilidad que supone en la actualidad grabar atentados terroristas y subirlos a internet. En otro orden, es importante destacar que, desde la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre de
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