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CEREBRALITIS Había una vez un planeta que se llamaba Cer. En ese planeta, todos los que vivían tenían un jefe, Cerebralitis, que quería ser el más listo de toda la galaxia. Entonces oyó hablar de un planeta llamado Tierra que tenía a unos terrícolas que eran listísimos. Cogió su nave y puso rumbo al planeta Tierra. Mientras tanto, en el planeta Luminor, el rey se había enterado de que el planeta Cer iba a atacar al planeta Tierra, porque uno de los que trabajan para Cerebralitis estaba de parte del planeta Luminor y mandó al planeta Tierra al general, a todos los soldados del planeta y a su hijo el príncipe Lumir. Los malos, cuando llegaron al planeta Tierra, buscaron una guarida, la decoraron e hicieron unos planos para construir una máquina absorbe cerebros: la Abcira. En Luminor cogieron una nave y se iban directos al planeta Tierra. Cerebralitis seguía queriendo absorber los cerebros de todo el planeta Tierra porque en Cer no saben nada y Cerebralitis quería ser el más listo de todo el universo y de la galaxia. Cuando Cerebralitis llegó a Cer echó a todos los que vivían allí, pero ya era demasiado tarde. El planeta Cer tenía forma de cerebro y era de color rojo y por eso Cerebralitis fue a ese planeta, porque tenía esa forma. Pero en la otra mitad del planeta había un cartel que ponía: “AQUÍ NO SABEN NADA”. Pero Cerebralitis no lo vio, como el cartel era tan pequeño, tenía más razones para no verlo. Cerebralitis inventó una aspiradora absorbe cerebros, que no era la Abcira, porque en la Tierra tenían más tecnología. Cuando ya la tenía intentó absorber los cerebros de esos habitantes, pero cuando la abrió estaba llena de aire. Vio que estaba llena de aire y se puso a echar humo por las orejas. Pero sus aliados, como no lo habían visto ya habían echado a todos los que vivían ahí. Cuando llegaron el jefe Cerebralitis y unos soldados a decirles que no echaran a nadie ya era demasiado tarde. Ya cada uno se había ido volando por su lado del espacio espacial.

El planeta Luminor, en realidad, no era de los que ahora vienen a salvar la Tierra. Su verdadero planeta explotó luchando junto al malvado Cerebralitis, al igual que el de él y tuvieron que ir a Luminor, pero no echaron a la gente que en realidad vivían allí. Le pidieron que si se podían quedar a vivir en ese planeta porque el suyo había explotado. Le dijeron que sí y se quedaron a vivir en Luminor. 1


Al cabo de unos años, la gente nombró que el padre del príncipe Lumir fuera el rey del planeta Luminor, el planeta más bueno y bondadoso de toda la galaxia y del universo, por lo menos conocido hasta ahora. Luf, el padre de Lumir, ya que era el rey de Luminor, decía todo lo que se podía hacer y todo lo que no se podía hacer. A veces, se le ocurrían locuras como esta: “Un día en Luminor había un ladrón que le robó a una señora una moneda de diez céntimos. Buscaron meses y meses, hasta años y cuando supieron quién había sido Luf ordenó que lo condenaran a noventa y cinco años de cárcel. Buscaron tanto porque había que interrogar a todo un planeta y Luminor era el planeta más grande del mundo del universo y de la galaxia. Pero a los veintitrés años Luf dijo que lo dejaran libre, que ya había estado mucho tiempo por sólo una moneda de diez céntimos”. También se le ocurrían muchas otras locuras, pero no tengo tiempo de contarlas todas. Lumir, el hijo de Luf, era más o menos como el consejero de Luf, su padre, porque se le ocurrían muchas locuras, como ya os he dicho y él, algunas veces las frenaba, como la del ladrón de los diez céntimos. Los súbditos de Luf, la mayoría de las veces, querían protestar, pero no se atrevían porque sabían que los iban a meter muchos años en la cárcel. Lumir a veces cuando intentaba frenar las locuras de su padre iba castigado a su cuarto, porque a veces no quería soltar a los prisioneros y también cuando sabía que iban a hacer alguna cosa mala con ellos, Lumir se ponía a retrasar segundos, minutos y hasta horas. Pero cuando Luf se daba cuenta de que Lumir se ponía a retrasar el tiempo, se ponía a echar humo por las orejas, le encerraba en su cuarto y con los poderes de la Luz hacía una super, mega hiper cadena indestructible y Lumir no podía salir de ahí. Pero eso sólo lo hacía cuando se ponía de los nervios y estaba enfadado y también cuando a la cabeza y a los ojos se le veían las venas.

En cambio, Cerebralitis llegó a conocer a sus padres, pero en la explosión de su verdadero planeta, murieron. Desde entonces Cerebralitis quiere ser el más listo del universo y de la galaxia, porque quiere utilizar la fuerza y la astucia para vengarse del planeta Luminor. Él decía que eran los responsables de la explosión, pero era mentira, en realidad fue él quien la provocó, él lo sabe, pero no quiere echarse la culpa. Cerebralitis antes de que explotara su verdadero planeta era bueno, pero como murieron sus padres, quiere venganza. Antes de decidir ir a la Tierra, habían ido a ocho planetas más, pero en ninguno tenía la inteligencia que buscaba.

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Quería una inteligencia que fuera la madre de las inteligencias. Que le sirviera para vengarse del planeta Luminor de una manera brutal. Y esa inteligencia sólo se encontraba en los terrícolas. Fue inventando varias máquinas absorbe cerebros, hasta llegar a la Abcira, que estaba preparada para absorber todos los cerebros del planeta Tierra y dejarlos tontos. Así él se quedaba con la mejor inteligencia y podía vengarse del planeta Luminor. En otras batallas Cerebralitis ha ganado y también se ha llevado un poco de inteligencia, pero no es suficiente, no le ha servido de nada. Necesitaba más, más y más. Cerebralitis le preguntó a su general Sombra Asesina cuando construyeron la Abcira: -

-

¿Estás seguro de que la Abcira funcionará? ¡Bromeas, Cerebralitis! ¡Pues claro que funcionará! –dijo Sombra Asesina. ¿Es que no confías en tu general? Si confío en ti, pero como hemos ido a tantos planetas y hemos inventado tantas máquinas y todas han dado cero… ¡Estoy hasta la coronilla de las máquinas y de los dichosos planetas que no tienen la inteligencia que necesito! Esta vez lo conseguiremos. ¡Lo juro mi jefe! Si no lo conseguimos, Sombra Asesina, yo te juro a ti ¡que jamás verás la luz del sol!

Así fue como en la guarida que buscaron en el planeta Tierra construyeron la Abcira.

Cuando el general del planeta Luminor, el príncipe Lumir y los soldados llegaron al planeta Tierra, tuvieron que buscar un escondite. Cuando lo encontraron, fueron a avisar a todo el planeta, pero ya era demasiado tarde porque Cerebralitis ya había convencido a toda la Tierra de que él era bueno y también habían firmado un contrato, era legal e indestructible, era de tecnología avanzada. En el contrato se decía: “NO ATACARÁS A CEREBRALITIS EN NINGUNA CIRCUNSTANCIA O PASE LO QUE PASE”.

Los guerreros de la luz se hartaron, sacaron sus armas de sus fundas y empezaron a pelear. Pero había un problema para los del planeta Luminor y era que los guerreros de Cerebralitis eran más numerosos.

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Los guerreros de la luz y los de Cerebralitis utilizaban su ataque preferido: el ataque trampa. Los de Cerebralitis se transformaban en sombras para atacar por detrás. El que se transformaba mejor era Sombra Asesina, el general de Cerebralitis. Los de la luz se transformaban en enormes soles y claro, los soles están muy, muy altos, se venían muy, muy arriba y como el sol tiene rayos, los rayos eran como enormes misiles que quemaban y derretían. Muchos murieron, pero murieron con mucha dignidad, hasta los de Cerebralitis, pero sobre todo los de Luminor. Cuando los de Luminor vieron al que era de los buenos y estaba espiando a Cerebralitis, le gritaron: -

Qlun, ¡ayúdanos!

Pero Cerebralitis lo oyó y le dijo: -

No irás a ayudarles ¿verdad? Pues ¡éste será el último rostro que veas y las últimas palabras que escuches! ¡CHHH! Y lo mató. Atravesándolo con su espada de color negro y con la punta roja de matar a Qlun.

Uno de los soldados del planeta Luminor, cuando vio que la mayoría de los soldados estaban muertos, se escondió, cogió una mini-nave, para una persona, y fue al planeta Luminor para avisar al rey Luf de lo que estaba pasando en el planeta Tierra. Lo malo es que todos los buenos dudaban de que llegara al planeta Luminor antes que los secuaces de Cerebralitis hubieran liquidado a todos los buenos. Es que había malos hasta en los calcetines. Los malos utilizaban cada dos por tres el truco “sombra” y nunca se le agotaba. En cambio, los del planeta Luminor, ya casi no podían hacer su ataque truco, porque casi no le quedaban batería. La mayoría de los soldados de Cerebralitis tenían las espadas llenas de sangre. Bueno, todos. Pero sobre todo Cerebralitis. Él sí que tenía la espada llena de sangre. Y es porque tiene un truco que es el utilizar la inteligencia más que la fuerza. La fuerza sólo la utiliza a veces, cuando ya ha utilizado muchísima inteligencia. Pero muchísima.

Cerebralitis, en cuanto ya no tuvo más contrincantes, fue como una bala al laboratorio, encendió la Abcira y empezó a absorber muchísima inteligencia y astucia. Todas las peronas del planeta Tierra, excepto los del planeta Luminor y los secuaces de 4


Cerebralitis, se iban quedando tontos por segundos. Y Cerebralitis seguía absorbiendo toda la inteligencia y la astucia del planeta Tierra.

¡JA, JA, JA! Gritó Cerebralitis cantando victoria. Pero estaba equivocado, la batalla aún no se había acabado, aunque él estuviera seguro de su victoria.

Cuando el soldado del planeta Luminor llegó en su mini-nave a su planeta, fue directo al castillo de Luf para contarle la pelea. Cuando ya lo contó todo, el rey Luf se levantó del trono y gritó como un energúmeno: -

¡Mandar a nuestros mejores soldados, a nuestros mejores hombres armados al planeta Tierra! ¡Tenemos que acabar con ese despiadado de Cerebralitis!

Todo eso se lo dijo al comandante Luluc y al almirante Lumar. Se montaron todos en sus naves y fueron a la Tierra. Cuando llegaron empezó a ser justa la batalla. Cuando Cerebralitis ya había dejado tontos a todo el planeta Tierra, salió del laboratorio y empezó a pelear de nuevo. Pero se sorprendió y a la misma vez se enfadó al ver que había más buenos. Y gritó: -

¡AHHHH! ¡Voy a matarlos a todos!

Pero cuando empezó a pelear, se le olvidó que también hay que utilizar la inteligencia. El comandante Luluc y el general entraron en el laboratorio de Cerebralitis, los dos tenían una pistola láser y en cuanto vieron la Abcira ¡BOOOM! Se la cargaron. Todos los que estaban peleando lo oyeron y fueron corriendo al laboratorio. Cuando llegaron, Cerebralitis vió que su máquina estaba rota y que su astucia e inteligencia disminuían. Ahora era él el que estaba tonto. Los habitantes del planeta Tierra volvían a ser listos. Cerebralitis, el tonto, cogió la nave que estaba al lado del laboratorio y la encendió. Los malos cuando vieron que se encendió corrieron para entrar, pero sólo les dio tiempo a diez. Los demás se quedaron en la Tierra. Los buenos acabaron con ellos. Les mataron por detrás. ¡Ya sí que tenían las espadas llenas de sangre! Los malos en la nave, intentaron llegar a la sala de control, pero no pudieron, la nave daba muchas vueltas y se balanceaban de un sitio a otro. 5


Cerebralitis, el tonto, creía que estaba en un juego de la play. Iba a chocar con un planeta, pero pensaba que era un chupa-chups gigante. Pero cuando se chocó ¡BOMMM! Explotó la nave y todos los que iban dentro. Todo salió ardiendo, todos menos un tornillo de la nave.

El planeta Cer ya era libre. Todos los que en realidad eran de allí volvieron a su hogar. Los buenos ya podían volver a su planeta Luminor, ya habían salvado a la Tierra. Cerebralitis ya había desaparecido y nunca más se le volvió a ver por aquí. FIN

LEMA: “MÁS VALE UN CEREBRO CON CONCIENCIA QUE MIL SIN CONCIENCIA”

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Concurso Cerebralitis