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MAYO - JUNIO2026

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VIDA y SALUD

El lenguaje humano

MAYO - JUNIO 2026

Año XXIV - Número 141

SOCIEDAD Y SALUD

PAG. 2-3

Ética y Epistemología de la medicina

ÍNDICE

EDITORIAL

RINCÓN MÉDICO

PAG. 8-9

Prevención del dengue en América latina

VOLUNTARIADO

PAG. 30 - 31

Recuperar el sentido en el trabajo

1 EL TRABAJO: ENTRE AUTOREALIZACIÓN Y ALIENACIÓN

SOCIEDAD Y SALUD

2 ÉTICA Y EPISTEMOLOGÍA DE LA MEDICINA TANATOLOGÍA

4 LOS ROSTROS DE LA MUERTE PSICOLOGÍA

6 LAS OBSESIONES RINCÓN MÉDICO

8 PREVENCIÓN DEL DENGUE EN AMÉRICA LATINA

TECNOLOGÍA Y HUMANISMO

10 TECNOLOGÍAS QUE ALGUNA VEZ TEMIMOS Y HOY MEJORAN NUESTRA VIDA

REPORTAJE

12 EL TRABAJO

CULTURA

18 DEL CONCEPTO DE CRISIS

MOVIMIENTO Y SALUD

20 RELACIÓN ENTRE HUMANISMO Y CONSTRUCTIVISMO

ÉTICA

22 EL DEBATE ACTUAL SOBRE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL

24 VALOR, PODER Y VALENTÍA A.C.: DEL DOLOR A LA ESPERANZA COMPARTIDA

ESPIRITUALIDAD

25 LITURGIA

ACOMPAÑAMIENTO

26 LA PRESENCIA QUE SANA

MUJERES

28 CUERPOS VISIBLES, ALMAS INVISIBLES: LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER

VOLUNTARIADO

30 RECUPERAR EL SENTIDO EN EL TRABAJO

STELLA VEGA

32 EL ACOMPAÑAMIENTO PSICOLÓGICO HUMANIZADO EN LA ATENCIÓN INTEGRAL A PERSONAS CON ENFERMEDAD CRÓNICA

VIDA y SALUD

AÑO XXIII - No. 141

MAYO - JUNIO 2026

REVISTA BIMESTRAL

REDACCIÓN Y DISTRIBUCIÓN

CENTRO SAN CAMILO A. C. Av. Pablo Casals No. 2983

Col. Prados Providencia C.P. 44630 - GUADALAJARA, JAL. TEL: (33) 3640-4090

Los escritos firmados son responsabilidad del autor: no de la publicación, ni del titular

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Director Responsable: Silvio Marinelli

Secretaría: Centro San Camilo A.C. Diseño: Ldg. Jorge Soto García

Colaboradores:

Jesús Humberto del Real Sánchez

Victoria Molina

Luz Elena Navares Moreno

Cliserio Rojas Santes

Yolanda Zamora

Eduardo Casillas González

Patricia Medina Segura

Omar Olvera Cervantes

Marisa Chávez Correa

Hortensia Beatriz Amador Ochoa

Georgina González García

Beatriz Lujambio

Maribel Delgado

María José Albanés

Luis Altamirano

Nancy Meza

Érika González Franco

Luz Teresa Millán

Delia Serafín García Esteban Villarreal de Ávila

EEl trabajo entre autorrealización y alienación

l trabajo humano, desde una perspectiva personalista, no es simplemente una actividad productiva ni un medio económico, sino una dimensión constitutiva de la persona. Trabajar es una forma de ser y de realizarse, en cuanto la persona transforma el mundo y, al mismo tiempo, se transforma a sí misma. Esta visión subraya que el valor del trabajo no radica solo en lo que se produce, sino en quién lo realiza: la persona

En este sentido, a través del trabajo el ser humano participa en la construcción del mundo, desarrolla sus capacidades y contribuye al bien común. No es meramente un medio para subsistir, sino una expresión de la dignidad humana. La persona no está hecha para el trabajo como si fuera un instrumento; más bien, el trabajo está al servicio de la persona. Este principio es clave para evitar reduccionismos economicistas que convierten al trabajador en un recurso o en “capital humano”. La relación entre persona y trabajo es, por tanto, bidireccional. Por un lado, el trabajo es un espacio de autorrealización: permite desplegar talentos, adquirir actitudes como la responsabilidad y la perseverancia, y establecer vínculos sociales. Por otro lado, cuando las condiciones laborales son injustas o deshumanizantes, el trabajo puede convertirse en un ámbito de alienación. La precariedad, la explotación o la falta de reconocimiento afectan directamente a la dignidad de la persona. La prioridad ética es clara: las estructuras laborales deben organizarse en función del respeto y promoción integral de la persona, no únicamente de la productividad.

En la época postindustrial, marcada por la globalización, la digitalización y el avance acelerado de la robotización y la inteligencia artificial, esta relación enfrenta nuevos desafíos. Por un lado, estas tecnologías ofrecen oportunidades reales: reducción de trabajos peligrosos, aumento de la eficiencia y posibilidad de liberar tiempo para actividades más creativas o humanas. Sin embargo, también generan riesgos significativos Entre ellos destacan el desempleo tecnológico, la precarización laboral (como el trabajo por plataformas), la pérdida de sentido del trabajo y la creciente desigualdad. Uno de los peligros más profundos es la despersonalización del trabajo. Cuando las decisiones se delegan a algoritmos o cuando el trabajador queda reducido a una función dentro de sistemas automatizados, se corre el riesgo de diluir la responsabilidad, la creatividad y la libertad humanas.

En el contexto mexicano, estos desafíos adquieren matices particulares: somos un país con fuertes desigualdades sociales y una gran proporción de empleo informal. La llegada de tecnologías avanzadas puede profundizar estas brechas si no se acompaña de políticas públicas inclusivas, formación adecuada y protección social. Además, muchas regiones del país aún dependen de trabajos manuales o de baja calificación, lo que incrementa la vulnerabilidad frente a la automatización.

Un aspecto crucial es la problemática del trabajo femenino. En México, las mujeres suelen enfrentar una doble o incluso triple carga: trabajo remunerado, trabajo doméstico y tareas de cuidado (especialmente de hijos, personas mayores o enfermos). Este trabajo de cuidado, aunque esencial para la sociedad, suele ser invisibilizado y no remunerado. Esta situación representa una injusticia, ya que no reconoce plenamente la dignidad ni la contribución de las mujeres. Es necesario promover una cultura laboral y social que valore el trabajo de cuidado, impulse la corresponsabilidad entre hombres y mujeres, y genere condiciones laborales más flexibles y equitativas.

Asimismo, las personas con capacidades diferentes y las personas mayores enfrentan barreras importantes para integrarse al mundo laboral. Con frecuencia son excluidas o subestimadas, a pesar de sus capacidades y experiencia. Cada persona, independientemente de sus condiciones físicas, cognitivas o de edad, posee una dignidad intrínseca y una vocación al trabajo acorde a sus posibilidades. La inclusión laboral no es solo una cuestión de eficiencia económica, sino de justicia y reconocimiento de la persona . Esto implica adaptar entornos laborales, promover políticas inclusivas y cambiar mentalidades que reducen el valor de la persona a su productividad.

Se trata de recuperar una visión integral del trabajo como expresión de la dignidad humana. En un mundo postindustrial y altamente tecnificado, el gran desafío es evitar que la lógica económica o tecnológica desplace a la persona del centro.⚫

Ética y epistemología de la Medicina

Antes de iniciar esta presentación es necesario definir algunos términos. Entendemos por epistemología a una disciplina filosófica, también conocida como teoría del conocimiento y filosofía de la ciencia, que se encarga de estudiar cómo se adquiere el conocimiento, pero lo más importante, desde mi perspectiva, cómo se valida ese conocimiento, qué grado de certidumbre podemos tener de que un determinado conocimiento es cierto-verdadero.

Cada ciencia o cada disciplina científica tiene sus propios métodos para validar sus conocimientos, y el porcentaje en que lo logran es variable de acuerdo con el siguiente cuadro basado en las ideas del filósofo Mortimer Adler (Adler. M. J., Seis grandes ideas, Grijalbo, México, D. F. 1981).

En el ángulo superior izquierdo encontramos a las ciencias con el mayor grado de certidumbre , las fisicomatemáticas y en el ángulo inferior derecho aquel grupo de conocimientos en los cuales es prácticamente imposible llegar a un acuerdo, como sería determinar cuál es la mejor comida del mundo a lo que llamaríamos “cuestión de gustos”.

Grado de certidumbre del conocimiento

De acuerdo con la OMS “ la salud es el bienestar biológico, psicológico y social ”. Con base en esa definición podríamos decir que “ la enfermedad es el malestar biológico, psicológico y social ”. La medicina es un conjunto de saberes teóricos y prácticos destinados al mantenimiento de la salud y al restablecimiento de ésta cuando el individuo se enferma.

En general y en el contexto occidental, en el que vivimos los mexicanos, podríamos dividir la medicina en dos grupos: la medicina científica (basada en buena parte en el llamado método científico) u oficial (porque es la que se enseña en las escuelas de medicina y se práctica en los hospitales del gobierno), a que la algunos también llaman hegemónica, y las demás medicinas conocidas como alternativas o complementarias. El término complementarias no es lo mismo que alternativas; alternativa significa una u otra, mientras que complementaria significa una más otra; por ejemplo, la medicina científica, también llamada alopatía (medicina de los contrarios) no es complementaria con la homeopatía (medicina de los similares, de homos iguales), ya que parten de una cosmovisión (forma de ver el mundo) completamente diferente a juzgar por la siguiente declaración;

Como ejemplo reportamos el pensamiento ma -

nifestado en un foro de alopatía: “¿Tiene algún sentido que un estudiante de medicina (alópata) pase cinco años considerando como responsables de las enfermedades infecciosas a virus, bacterias y hongos, para decirle después - en homeopatía - que esto no es cierto, que la causa verdadera de tales enfermedades es inmaterial y está más allá de los gérmenes y sus toxinas y que su presencia en el enfermo solo resulta ser la consecuencia? ¿Podrá el alumno desprogramar su mente de los conceptos organicistas de su primera formación médica para aprender más tarde que a la enfermedad no puede adjudicársele una localización anatómica precisa, ya que involucra el organismo entero, que el enfermo es tal, incluyendo sus sentimientos, su mente, sus circunstancias? ¿Acaso no resulta contradictorio que un estudiante pase semanas y meses aprendiendo fórmulas, dosis, vías de administración, que de ser homeópata no va a prescribir jamás?” (Juan Alfonso Chavira, Memorias del Foro Nacional Salud y Homeopatía, Instituto Politécnico Nacional, México, D. F. 1996).

En la epistemología de la medicina debemos considerar las dos partes más importantes: la causa o etiología de la enfermedad y la terapéutica o curación de esta. Para algunos, lo más importante es la última, ya que independientemente de la causa a la que se atribuya la enfermedad, lo importante es que un determinado medicamento (como dicen los alópatas) o remedio, (como dicen los homeópatas) cure o por lo menos mejore dicha enfermedad.

Génesis, causas, etiología de la enfermedad

Si la enfermedad es el malestar biológico, psicológico y social, los supuestos de la causa de la enfermedad son diferentes, por ejemplo en el caso de lo biológico “la enfermedad es el resultado de un cambio del medio interno (del organismo) que causa una disminución (o un aumento) del funcionamiento normal (de algunos órganos o sistemas) o una o más de las capacidades funcionales por debajo de su (nivel) de eficiencia típica o una limitación de sus capacidades funcionales causadas por agentes ambientales (por ejemplo los microorganismos

Dr. Jesús Humberto del Real Sánchez

Jesús Humberto del Real Sánchez

infecciosos) (Christopher Boorse, A rebutal on health. In Humbert, J. M, Almeder, R.F, (editors), What is disease? Human Press, Totowa, USA, 1989). Para la homeopatía, la génesis de la enfermedad está basada en un desequilibrio de las funciones del organismo como un todo que condiciona una baja de “la energía vital” que no se puede medir pues es inmaterial, pero desde mi punto de vista, es un supuesto que no se puede probar.

Fundamentación de la homeopatía

La homeopatía es una doctrina médico filosófica desarrollada por el alemán Samuel Hahnemann (17551843), que la fundamenta en dos leyes: la ley de los similares , que postula: lo similar se cura con lo similar; y la ley de las dosis infinitesimales, esto es, una sustancia que en la llamada experimentación pura induce una serie de molestias, dolencias o síntomas, esa misma sustancia

será el remedio homeopático que cure esas molestias cuando esa misma sustancia sea administrada pero a dosis infinitesimales y dinamizadas, bajo el supuesto de que entre más diluida esté una sustancia, es más potente. Esta postura va contra la lógica, la química y las fisicomatemáticas que establecen lo contrario. Desde la medicina basada en evidencias, sí existen algunos ejemplos que concuerdan con la de la ley de los similares, por ejemplo, las molestias de la cruda o resaca ocasionada por la ingestión de bebidas alcohólicas se cura o mejora con la ingestión de bebidas alcohólicas, pero no correlaciona con la de las dosis infinitesimales, que sería algo así como diluir una gota de alcohol en 200 litros de agua.

01 Los medicamentos deben haber probado su eficacia a través de estándares científicos internacionales.

02 Los efectos indeseables deben de ser mínimos: que no sea peor el remedio que la enfermedad

03 Mecanismos de acción racionales y experimentalmente probados.

04 Una buena relación costo-beneficio.

¿Qué entendemos por medicina basada en evidencias?

La medicina basada en evidencias o pruebas es una corriente científica que se originó en la universidad de McMaster en Canadá que consiste en “el juicio concienzudo y explícito de las evidencias (pruebas) actuales para la toma de decisiones en el cuidado de los pacientes ”.

Las indicaciones de una determinada intervención o medicamento deberán estar basadas en las recomendaciones que se muestran en el siguiente cuadro, Ética de l os procedimientos terapéuticas:

Ética las medicinas: implicaciones privadas y públicas

Desde el punto de vista personal, y basado en el principio de autonomía de la persona, cada uno de nosotros tiene el derecho de escoger que tipo de medicina desea utilizar en el caso de estar enfermo.

Pero desde el punto de vista de lo público, y de acuerdo con John Stuart Mill en su libro Sobre la Liberad (Ediciones Akal, Madrid, 2014), uno puede hacer de su vida un papalote con la condición de que no dañe a terceros. Y ahí está el problema, cuando hablamos de lo público, de las medicinas que proporcione el Estado: no sería ético el uso de los recursos públicos en medicinas que no han probado su eficacia de acuerdo con los estándares científicos aceptados internacionalmente.

Además, toda persona que ejerza la profesión de algún tipo de medicina deberá tener la cédula profesional correspondiente expedida por la Dirección General de Profesiones de la SEP en base a un título otorgado por una universidad pública o privada. El ejercer la medicina sin la cédula correspondiente es un delito penado por la Ley. ⚫

EDUCATIVA

Mtro. Omar Olvera Cervantes

Los rostros de la muerte

A todos alcanza el camino hacia la morada de Hades Píndaro

La muerte, lejos de ser un mero evento biológico, constituye uno de los núcleos estructurantes de la experiencia humana . Las culturas antiguas de Occidente no la pensaron como un vacío sin sentido, sino que la simbolizaron a través de deidades o fuerzas que encarnan modos de comprender el límite, el destino y la trascendencia. Estas figuras no son simples invenciones míticas, sino expresiones profundas de la psique colectiva, que hoy pueden releerse desde la filosofía existencial y el psicoanálisis como configuraciones arquetípicas del enfrentamiento humano con la finitud.

Por ejemplo, el pensamiento griego no concibe la muerte como un acontecimiento aislado, sino como una dimensión inscrita en la estructura misma del cosmos. En este horizonte, el hado —fatum, “lo dicho”— y la noción de “ananké” , entendida como necesidad absoluta y cósmica, constituyen el trasfondo ontológico sobre el cual emergen las diversas deidades de la muerte. Estas figuras no son meros personajes míticos, sino expresiones simbólicas de las múltiples formas en que la muerte se manifiesta en la existencia humana; como tránsito, como ruptura, como destino, como límite y como transformación.

En el centro de este universo simbólico se encuentra Hades , señor del inframundo, quien no encarna el mal, sino un orden invisible que sostiene la totalidad. Su reino,

a diferencia de cómo lo presentan en la cultura cinéfila, no es caos, sino parte de una estructura cósmica; no es castigo arbitrario, sino lugar necesario dentro del equilibrio del ser. En él se revela que la muerte no es aniquilación, sino tránsito hacia una región donde el ser continúa bajo otras condiciones. Esta función ordenadora remite directamente al hado y a la “ananké”: se descubre que incluso Hades, entendido como fuerza, gobierna dentro de un orden que lo precede.

Junto a él aparece Thanatos , figura serena que representa la muerte como consumación natural, sin violencia ni dramatismo moral. Sin embargo, esta imagen se complementa con fuerzas más oscuras y desgarradoras, como las Keres, espíritus de la muerte violenta, que se alimentan de la sangre en el campo de batalla. Aquí la muerte deja de ser tránsito armónico para convertirse en irrupción brutal, cercana también a la dimensión de Ares, quien encarna el exceso, la violencia y la desmesura. En esta tensión se revela una verdad fundamental que nos habla que la muerte no es unívoca, sino plural en sus formas de acontecer.

El tejido profundo de estas manifestaciones se encuentra en las Moiras, quienes, sometidas a la lógica de la Ananké, determinan el curso de cada vida. Ellas no son caprichosas, como muchas veces se muestra, sino expresión de una necesidad estructural que ni siquiera los dioses pueden eludir completamente. Así, el hado no aparece como imposición externa, sino como la forma misma del devenir, una forma interna o constitutiva que en cada nacimiento lleva inscrito su término.

Este entramado simbólico se aproxima a lo que Martin Heidegger denomina el “ser-para-la-muerte”. La multiplicidad de deidades no fragmenta la experiencia, sino que revela sus formas : por un lado, tenemos la muerte como certeza, como posibilidad siempre presente, como horizonte que configura toda decisión. Y por otro la existencia humana, que se despliega en tensión entre libertad y necesidad; es decir el ser humano elige, pero lo hace dentro de una trama que no ha elegido.

Desde una visión psicoanalítica , estas figuras pueden leerse como expresiones arquetípicas del inconsciente. En la perspectiva freudiana, la dualidad entre Thanatos y las Keres refleja la ambivalencia de la pulsión de muerte; por un lado, tendencia al reposo y por otro, el impulso destructivo. En la lectura de Jung, estas deidades constituyen imágenes del inconsciente colectivo que representan procesos de transformación psíquica. Y en Lacan, la muerte se vincula con el encuentro con lo real,

aquello que escapa a toda simbolización plena, pero que insiste en manifestarse.

Cuando revisamos estos conceptos desde una perspectiva antropológica y espiritual , el hado y la Ananké no cancelan la libertad, sino que la sitúan en su verdad más profunda. El ser humano no es absoluto; está inscrito en un orden que lo precede y lo excede Sin embargo, es precisamente en esa limitación donde emerge la posibilidad del sentido. La muerte, entonces, no es solo final, sino revelación, nos muestra el límite, e irremediablemente también abre la pregunta por el significado.

En la cultura romana, al reinterpretar estas figuras en Plutón y Orcus, desplaza el acento hacia la ley y el orden moral. La muerte se convierte en continuidad de la estructura social, donde incluso el más allá reproduce una lógica jurídica. Esta transición puede leerse como una interiorización de la norma, cercana a la noción freudiana del superyó en Freud, donde la culpa y el castigo sobreviven a la vida consciente, configurando una economía psíquica que no termina con la muerte.

En el mundo nórdico la muerte adquiere un dramatismo distinto. Hel gobierna un reino sombrío para quienes no murieron heroicamente, mientras Odín acoge a los guerreros caídos en combate. Aquí la muerte no es homogénea; está jerarquizada por el modo de morir. Esta visión resuena con la filosofía de Nietzsche, quien concibe la vida como afirmación y creación de valor incluso ante el abismo. Morir bien equivale a haber vivido con intensidad y sentido. Psíquicamente, este imaginario refleja una tensión entre pulsión de vida y pulsión de muerte, que Freud conceptualiza como Eros y Tánatos,

mostrando que la destrucción no es ajena a la vida, sino parte de su dinamismo.

La tradición celta , por su parte, diluye las fronteras entre vida y muerte. Figuras como Cernunnos y celebraciones como Samhain revelan una comprensión de la muerte como umbral, como tránsito continuo entre dimensiones. Esta visión se aproxima notablemente a la psicología analítica de Jung, quien interpreta los símbolos de muerte y renacimiento como arquetipos del inconsciente colectivo. La muerte no sería entonces un final, sino una transformación necesaria en el proceso de individuación. Morir, en este sentido, es también renacer psíquicamente.

Finalmente, en la tradición judeocristiana se introduce una ruptura decisiva que nos presenta a la muerte como consecuencia del pecado, pero también como lugar de redención. La figura del juicio y la esperanza de resurrección reconfiguran radicalmente su sentido. Sartre interpretan esta herencia como una tensión entre finitud y libertad, donde el ser humano queda arrojado a construir sentido en un mundo sin garantías absolutas. Sin embargo, en clave teológica, la muerte deja de ser el límite definitivo para convertirse en posibilidad cierta y promesa

Al integrar todas estas ideas, encontramos que las deidades de la muerte funcionan como proyecciones simbólicas de estructuras profundas de la psique. En Freud, la muerte está vinculada a la pulsión de retorno a lo inorgánico; en Jung, es un arquetipo de transformación; y en Jacques Lacan, puede entenderse como el encuentro con lo real, aquello imposible de simbolizar plenamente, de esta manera Hades, Hel o el juicio final no son solo narraciones culturales, sino modos de bordear lo indecible.

Las culturas antiguas no negaron la muerte, sino que la integraron en sistemas de sentido complejos. La filosofía existencial recupera esta centralidad al afirmar que solo quien asume su finitud puede vivir auténticamente. El psicoanálisis, por su parte, revela que la muerte habita en el interior mismo de la vida psíquica. En ambos casos, se confirma que la muerte no es únicamente el final de la existencia, sino una clave hermenéutica para comprenderla.

La pregunta ya no es solo qué ocurre después de la muerte, sino qué revela la muerte sobre la vida misma, sobre la vida de cada uno. Y acaso, como intuían los antiguos, en ese límite no se encuentra únicamente el fin; en realidad, el fin o muerte pasa incluso como hecho a un segundo plano, la fuente del sufrimiento es la representación que cada individuo elabora sobre esta realidad. Atravesar este umbral revela también la posibilidad más radical de sentido. ⚫

Mtro. Omar Olvera Cervantes

Las obsesiones

La obsesión representa uno de los fenómenos más complejos y debilitantes de la psique humana. Definida como la presencia de pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusivos y no deseados , la obsesión no es simplemente una “preocupación excesiva”, sino una ruptura en el control cognitivo del individuo.

Estos pensamientos pueden resultar agotadores y causar un profundo malestar. A diferencia de los problemas comunes, las obsesiones son difíciles de controlar y pueden causar un desgaste significativo de la energía mental. Las personas que experimentan pensamientos obsesivos a menudo se sienten atrapadas en ideas recurrentes, luchando por cambiar su perspectiva. Como estos pensamientos son involuntarios, a las personas les resulta difícil desviarse de ellos.

Las obsesiones pueden causar trastornos del sueño, cambios de humor, irritabilidad y dificultades en las relaciones interpersonales. También pueden estar asociadas con problemas de salud mental como trastornos de ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), etc.

En psicoanálisis, Freud acuñó el término “neurosis obsesiva” para describir un conflicto psíquico donde los pensamientos intrusivos servían como defensas ante vivencias, emociones o deseos reprimidos. Desde el enfoque cognitivo-conductual contemporáneo, la obsesión se entiende como un error en el procesamiento de la información. No es el pensamiento intrusivo en sí lo que genera el trastorno (pues la mayoría de la población sana lo experimenta), sino la interpretación catastrófica que la persona hace de ellos. Por ejemplo, pensar “podría saltar a las vías del tren” es interpretado por alguien obsesivo como “soy un suicida en potencia”, lo que dispararía la angustia.

El autocontrol es la principal diferencia entre un interés sano y una obsesión, sobre todo cuando los pensamientos son intrusivos, repetitivos y generan ansiedad. Reconocer los tipos de obsesiones ayuda a identificar los primeros síntomas y patrones, y facilita encontrar mejores maneras de gestión.

Aunque las obsesiones varían de persona a persona según su personalidad, entorno y experiencias, se pueden mencionar algunos tipos comunes.

Obsesión por la seguridad: obsesiones relacionadas con la seguridad, como revisar repetidamente las puertas, las ventanas o las cámaras.

Obsesión con las relaciones: pensar demasiado en las conversaciones, necesitar más validación o tener excesivo miedo al rechazo o la traición.

Obsesión por la salud: también conocida como ansiedad por la salud, es un miedo constante a desarrollar enfermedades, a revisarse el cuerpo en exceso, a buscar información sobre diversos padecimientos, a visitar médicos y a someterse repetidamente a pruebas médicas.

Obsesión impulsada por la pasión: dedicar demasiado tiempo a los pasatiempos y, aun así, sentirse irritable e inquieto.

Obsesión por el perfeccionismo: miedo a cometer errores, revisión repetida de los mismos y estricto cumplimiento de las normas.

En ocasiones, obsesionarse con algo es normal, como repasar una conversación mentalmente o preocuparse por un evento importante. Pero cuando se convierte en un patrón habitual, la obsesión puede apoderarse de la vida diaria. Las personas atrapadas en remolinos obsesivos pueden encontrarse analizando constantemente situaciones, dudando sistemáticamente de sus decisiones o preocupándose por escenarios improbables. El peligro de una obsesión interminable radica en que distorsiona la realidad. Cuando la mente está atrapada en un laberinto de pensamientos incesantes, tiende a exagerar los problemas o a crear amenazas que no son reales. A largo plazo, esta mentalidad aumenta la susceptibilidad a

Victoria Molina / Psicoterapeuta

Victoria Molina / Psicoterapeuta

problemas de salud mental más serios, como trastornos de ansiedad, depresión, etc.

Será importante, entonces, aprender a detectar la diferencia entre la preocupación normal y la obsesión “malsana” antes de que surjan problemas de salud mental.

La obsesión surge, como se mencionó, cuando los pensamientos intrusivos y repetitivos se vuelven tan frecuentes que llegan a dominar la vida. Para poder detectarlos, algunos de los síntomas típicos de la obsesión son los siguientes:

Preocupación constante : entrar en un círculo vicioso de pensar constantemente en cosas que quizás nunca sucedan.

Revisar algo una y otra vez : volver a comprobar las cerraduras, los correos electrónicos, la alarma del coche, el gas, o cualquier otra cosa o detalle.

Inquietud y necesidad de validación: querer saber si se está haciendo lo correcto, si la gente está enfadada, si será rechazado, etc.

Pérdida de la capacidad de dejar de pensar en las cosas: revivir continuamente las situaciones en la mente y tener dificultades para seguir adelante.

Planificar y pensar demasiado: perder horas en un detalle que tal vez sea insignificante, revisar una y otra vez la idea, etc.

Inquietud e irritabilidad: experimentar agotamiento mental, nerviosismo o ser incapaz de relajar la mente.

Dudar de todo, incluso después de haber tomado una decisión.

Los pensamientos obsesivos son involuntarios y difíciles de controlar, y a menudo están acompañados por rituales o comportamientos repetitivos, llamados compulsiones , que se llevan a cabo con el fin de reducir la ansiedad experimentada.

A pesar de que se puedan presentar ambos, es fundamental distinguir entre el pensamiento (obsesión) y la conducta (compulsión).

Aunque a menudo se utilizan como sinónimos, no todos los pensamientos recurrentes e invasivos forman parte de un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Es normal que, en ciertos momentos, surjan ideas que se repiten en la mente y generen preocupación. Sin embargo, en el caso del TOC, estas ideas van acompañadas de una necesidad urgente por realizar conductas repetitivas —llamadas compulsiones— para reducir el malestar que provocan.

El TOC es una condición clínica, caracterizada por un patrón persistente que interfiere significativamente en la vida cotidiana. Las personas con este trastorno suelen

sentir que pierden el control sobre sus pensamientos y acciones, lo que puede afectar su funcionamiento laboral, social y emocional. Será importante, por tanto, distinguir entre una experiencia intensa pero ocasional y un patrón más estructurado y debilitante.

Algunas experiencias que no se consideran obsesiones pueden ser:

Tener una gran afinidad por un tema, actividad o persona no implica necesariamente un problema, siempre que no interfiera con la vida diaria ni cause angustia significativa.

Es normal pensar mucho en una situación específica cuando hay un evento importante o un cambio en la vida. Estas preocupaciones suelen disminuir con el tiempo o al resolverse el asunto.

A veces, la mente genera ideas que sorprenden o incomodan, pero si no son persistentes ni afectan el comportamiento, no suelen representar un trastorno.

Tener rutinas o hábitos para organizar el día o sentirse cómodo no significa que exista un problema, siempre que no causen sufrimiento ni se vivan como imposiciones incontrolables.

La obsesión no es un signo de falta de voluntad, sino una disfunción compleja en la gestión del miedo y la incertidumbre. El avance en las terapias y la comprensión neurobiológica permite que un alto porcentaje de personas logre una remisión significativa de los síntomas, recuperando la libertad funcional y la paz mental.

En conclusión, la obsesión no es algo tan negativo, pero se vuelve alarmante cuando impide a las personas llevar una vida equilibrada. Lidiar con la obsesión no consiste en bloquear todos los pensamientos, sino en manejarlos adecuadamente para que no tomen el control de la vida. Aprender a diferenciar entre los factores estresantes cotidianos y la obsesión mental es crucial para el bienestar general. ⚫

Prevención del dengue en América latina

El dengue es una enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti, considerada actualmente uno de los principales problemas de salud pública en América Latina. Su alta incidencia en países como México, Brasil, Colombia y Perú se debe a factores como el clima cálido, la urbanización desordenada y la acumulación de agua en espacios domésticos.

A diferencia de otras enfermedades infecciosas, el dengue no cuenta con un tratamiento antiviral específico, lo que hace que la prevención sea la estrategia más importante para su control. En este sentido, el conocimiento de parte de la población y su participación son fundamentales para evitar la propagación del virus.

El dengue puede presentarse desde formas leves hasta cuadros graves que ponen en riesgo la vida, como el dengue hemorrágico o el choque por extravasación de

líquidos. Además, la enfermedad tiene un comportamiento estacional y puede generar brotes epidémicos, saturando los servicios de salud.

El mosquito transmisor se reproduce en agua limpia estancada , principalmente en recipientes domésticos como cubetas, tinacos, floreros, llantas o botellas. Esto significa que la mayoría de los criaderos se encuentran dentro o cerca de las viviendas, lo que convierte a la comunidad en el principal actor de prevención.

Medidas de prevención en el hogar

Las principales y más efectivas medidas para prevenir el dengue comienzan en casa: eliminar agua estancada (vaciar, voltear o desechar recipientes que acumulen agua); tapar depósitos de agua (mantener bien cerrados tinacos, cisternas y cubetas); lavar recipientes (cepillar paredes de recipientes para eliminar huevos del mosquito); usar mosquiteros y mallas : (especialmente en ventanas y camas); aplicar repelente (sobre todo en zonas de alta incidencia).

Estas medidas son sencillas, pero requieren constancia . El mosquito puede reproducirse en pequeñas cantidades de agua, por lo que incluso un objeto olvidado puede convertirse en un criadero. Por eso es muy importante la revisión en tus patios o jardines de objetos que puedan acumular agua para desecharlos o guardarlos.

Participación comunitaria y educación en salud

La prevención del dengue no depende únicamente de acciones individuales, sino de un trabajo colectivo. La participación comunitaria es esencial para lograr un impacto real en la disminución de casos. Algunas

Dra. Luz Elena Navares

estrategias incluyen: jornadas de limpieza comunitaria, campañas de información y educación, participación de escuelas y centros de salud, vigilancia de criaderos en espacios públicos.

La educación en salud permite que las personas reconozcan los riesgos y adopten conductas preventivas. Cuando la comunidad está informada, es más probable que participe activamente en el control del mosquito.

Prevención desde el sistema de salud

Las instituciones de salud también juegan un papel importante en la prevención del dengue mediante: Vigilancia epidemiológica, Campañas de fumigación (aunque no eliminan los criaderos), promoción de la salud y capacitación del personal médico.

Es importante destacar que la fumigación por sí sola no es suficiente, ya que solo elimina mosquitos adultos, pero no sus huevos o larvas. Por ello, debe complementarse con acciones en el hogar y la comunidad.

Reconocimiento temprano de los síntomas y prevención de complicaciones

Parte de la prevención también implica identificar oportunamente los síntomas y acudir a atención médica. Algunas recomendaciones son: consultar al médico ante fiebre alta, vigilar signos de alarma (dolor abdominal, vómito persistente, sangrado), evitar automedicarse

RINCÓN MÉDICO

(especialmente con aspirina), mantener una adecuada hidratación

Detectar el dengue a tiempo puede evitar su progresión a formas graves y reducir el riesgo de complicaciones. El dengue es una enfermedad prevenible cuyo control depende en gran medida de la participación de la población. La eliminación de criaderos, la educación en salud y el trabajo comunitario son las herramientas más efectivas para reducir su impacto. En un contexto donde no existe un tratamiento específico, la prevención se convierte en la principal estrategia para proteger la salud individual y colectiva. Promover hábitos preventivos no solo disminuye los casos de dengue, sino que fortalece la conciencia social y el compromiso comunitario frente a los problemas de salud pública. ⚫

Lic. María José Albanés Buentello

Tecnologías que alguna vez temimos y hoy mejoran nuestra vida

La tecnología es todo aquello que no existía cuando naciste Alan Kay, Científico Computacional

El miedo no es nuevo. Cada generación ha tenido su propio “enemigo invisible”. Hoy, para muchos, ese enemigo parece ser la tecnología: la inteligencia artificial, los robots, los dispositivos que cambian la forma en la que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. “Nos va a reemplazar”; “Nos va a volver fríos”; “Nos va a quitar lo humano”.

Todas son frases que escuchamos con frecuencia. Y no nacen de la ignorancia, sino de algo mucho más profundo: el miedo a perder lo que conocemos , lo que entendemos y lo que nos da identidad.

Pero hay algo importante que recordar: este miedo no es nuevo. A lo largo de la historia, prácticamente cada gran avance tecnológico fue recibido con desconfianza, rechazo e incluso indignación. Sin embargo, muchos de esos avances hoy forman parte de nuestra vida diaria y no solo eso, sino que también han mejorado la calidad de vida de millones de personas significativamente.

Tal vez, entonces, no se trata de preguntarnos si la tecnología es buena o mala, sino de mirar hacia atrás y aprender algo muy valioso: muchas veces, lo que más tememos es precisamente lo que termina ayudándonos más.

Cuando el teléfono “destruiría la convivencia”

Hoy, hablar por teléfono es algo completamente normal. Pero cuando el teléfono fue introducido a finales del siglo XIX, muchas personas lo consideraron una amenaza. Se decían cosas como que las conversaciones perderían valor al no ser cara a cara, que la gente dejaría de visitarse o que la comunicación se volvería superficial. ¿Te suena familiar?

Lo que realmente ocurrió fue lo contrario. El teléfono permitió algo revolucionario: acercar a quienes estaban lejos. Familias separadas por kilómetros pudieron volver a escucharse. Emergencias pudieron atenderse más rápido. Negocios crecieron. No reemplazó la conversación humana: la expandió.

La electricidad: de “peligro mortal” a base de la vida moderna

Cuando la electricidad comenzó a implementarse en ciudades, también generó temor. Había quienes la consideraban peligrosa, artificial e innecesaria. Algunos incluso pensaban que afectaría la salud o alteraría el orden natural de la vida. Hoy es difícil imaginar nuestra vida sin ella.

La electricidad no solo ilumina hogares; también alimenta hospitales, permite el funcionamiento de equipos médicos, mantiene refrigerados medicamentos y alimentos, hace posible la comunicación global, por mencionar algunos de los miles de beneficios que la electricidad tiene sobre nuestra vida diaria. Lo que antes parecía una amenaza, hoy es una de las herramientas más importantes para la vida y la salud.

Los trenes: “el cuerpo humano no soportará esa velocidad”

Cuando aparecieron los primeros trenes, hubo quienes aseguraban que el cuerpo humano no estaba diseñado para viajar a altas velocidades. Se creía que moverse tan rápido podría causar enfermedades o incluso la muerte.

Hoy, los sistemas de transporte no solo son seguros, sino esenciales. Los trenes permitieron conectar ciudades, facilitar el comercio, acortar distancias y, en muchos casos, salvar vidas al transportar personas y recursos de forma rápida.

Las vacunas: resistencia, miedo… y millones de vidas salvadas

Pocas innovaciones han enfrentado tanta resistencia como las vacunas. Desde sus inicios, hubo desconfianza, teorías alarmistas y rechazo. Sin embargo, con el paso del tiempo, la evidencia es indiscutible: las vacunas han salvado millones de vidas en todo el mundo y han ayudado a erradicar enfermedades que antes eran capaces de acabar con poblaciones enteras. Aquí vemos una lección poderosa: el miedo inicial no siempre refleja la realidad del impacto a largo plazo.

Las computadoras: “máquinas que nos volverán inútiles”

Cuando las computadoras comenzaron a llegar a oficinas y hogares, muchas personas pensaron que desplazarían completamente a los trabajadores, harían que las personas dejaran de pensar o que complicarían la vida en lugar de facilitarla.

Sin embargo, hoy, las computadoras son herramientas que ayudan a médicos a diagnosticar enfermedades, permiten a estudiantes aprender desde cualquier parte del mundo, facilitan la comunicación y el trabajo y sobre todo, abren oportunidades de estudio, vida y salud a personas que de otra manera no tendrían acceso a información valiosa.

La tecnología médica: del escepticismo a la esperanza

Avances médicos tales como las resonancias magnéticas, los marcapasos, las cirugías mínimamente invasivas o los trasplantes también fueron cuestionados en su momento.

Sin embargo, hoy estas tecnologías salvan vidas diariamente, mejoran la calidad de vida de millones de pacientes que en la antigüedad hubieran tenido enfermedades largas y agónicas y permiten diagnósticos más tempranos y precisos. Lo que antes parecía invasivo o “demasiado avanzado”, hoy es sinónimo de esperanza.

¿Por qué tememos lo nuevo?

Si tantas veces el miedo ha estado equivocado, ¿por qué seguimos sintiéndolo? La respuesta es profundamente humana.

Tememos a lo nuevo porque no lo entendemos completamente , cambia nuestras rutinas, nos hace sentir fuera de control y nos obliga a adaptarnos. El problema no es el miedo en sí. El problema es cuando el miedo nos impide ver las oportunidades.

Las tecnologías actuales —como la inteligencia artificial, la robótica o la automatización — generan preguntas legítimas. Es natural cuestionarlas.

Pero también es importante mirar con perspectiva Si el pasado nos ha enseñado algo, es que la humanidad se adapta y aprende a usar las nuevas herramientas de forma más responsable, encontrando formas de equilibrar innovación y valores.

Posiblemente el futuro de la tecnología no será perfecto, pero tampoco debemos vivir con la expectativa de pensar que los avances tecnológicos serán deshumanizadores. Será, como siempre, lo que decidamos construir con lo que tenemos. ⚫

UNA VISIÓN ANTROPOLÓGICA Y BIOÉTICA DEL TRABAJO

La variación en los sistemas de producción industrial en el curso de los siglos, pasando del trabajo manual a las fábricas modernas es digna de analizar, incluso desde el punto de vista cultural, y útil para poner de relieve la incidencia sobre las condiciones de salud que caracterizan a cada una de las fases en relación a los elementos objetivos presentes en el ambiente de trabajo: la introducción progresiva de las máquinas creadas por el ser humano, que sirven por una parte para aligerar y potenciar el trabajo manual humano directo, y después lo sustituye solicitando el aumento gradual de la labor mental; los materiales usados en la industria.

La industria ha implicado una fase de civilización y de cultura que ha durado al menos tres siglos, así como la agricultura ha abarcado tres milenios de historia precedente; en nuestros días, al inicio de la fase postindustrial, se pueden valorar de mejor manera las luces y sombras en referencia a la salud del trabajador y la colectividad.

Cuando el artesano, al final del Medioevo, cambia su bodega familiar por una fábrica con trabajadores asalariados, con la finalidad de aumentar la producción de bienes manufacturados o el teñido de telas, provoca un conjunto de condiciones higiénicas negativas, debidas a los agentes (tinturas, instrumentos), debidas de igual manera a lo inadecuado de los ambientes, a los cuales a menudo les hace falta ventilación adecuada, así como lo concerniente a los horarios de trabajo, la edad y las condiciones de los trabajadores ante la ausencia de cualquier tipo de normatividad que los pudiera proteger.

Pero es decisivamente la introducción de los medios mecánicos creados por el propio ser humano, al final del siglo XVIII, que conduce al agravamiento de las condiciones sanitarias, no solamente para los trabajadores, sino también para el ambiente alrededor de ellos: el uso del carbón fósil, la mecanización de la costura y el hilado en Inglaterra y en la Francia pre-revolucionaria, la invención de la máquina de vapor por Watt, la irrupción de la química industrial, representan algunos de los principales pasos de la que será llamada “revolución industrial”.

Los daños a la salud son causados por el exceso de fatiga, las condiciones de humedad (artrosis) y ruido (sordera). El ciclo de trabajo comienza a considerar al ser humano subordinado a la máquina, y que a su vez subordina a las personas y a las máquinas a la productividad, va empujando de manera decisiva hacia condiciones de producción inhumanas.

Tales condiciones provocan las primeras reacciones, sea entre los trabajadores, que entre las autoridades religiosas. En Inglaterra en el año de 1833 da inicio la primera movilización de las ideas con la promulgación del Factory Act y el surgimiento de los sindicatos. En Italia, al inicio del siglo XVIII, Bernardino Ramazzini publica la clasificación de los daños a la salud provocados por 54 oficios. En 1891 es publicada la primer Encíclica social, la Rerum Novarum de León XIII, que denuncia las condiciones inhumanas de los trabajadores; en Inglaterra, en 1904 surge la primera reglamentación de las descargas de gas en las fábricas, síntoma de la gravedad de los efectos sobre la salud de la población.

La legislación, cuyo objeto es la protección del trabajo, configura la disciplina de la higiene industrial: está diseminada al día de hoy en todo Occidente, y los documentos en la materia son copiosos, incluso en campo internacional; en nuestro país, publicada el 1º de abril de 1970.

En este sentido, la presencia de la figura del médico del trabajo y la inspección de parte de las oficinas encargadas de la higiene laboral, las descargas y las condiciones de salubridad del ambiente, determinan un avanzado grado de sensibilidad ética y jurídica que, sin embargo, no han consentido aún de proporcionar un adecuado marco en lo que concierne la idoneidad desde el punto de vista sanitario en sentido amplio, de los ambientes de trabajo, y el grave problema de la contaminación.

Para valorar adecuadamente este capítulo de la historia del trabajo humano y la civilización, que algunos afirman que ha llegado a un punto crítico tal que requiere una rápida e intensiva mutación, sería necesario añadir

Lic.
Eduardo
Casillas

EL TRABAJO

lo que ha sido producido por la industria bélica con el empleo de armas convencionales, químicas y nucleares.

Ciertamente las causas de la contaminación, en el tema que nos ocupa, son también naturales, como la erupción de un volcán, tal como ha acaecido en los últimos días en las Islas Canarias españolas, que desencadena gases tóxicos, pero es indudable que, especialmente con la industria química y la construcción de las bombas nucleares, la humanidad ha llevado su progreso a los límites de la sobrevivencia.

Basta reflexionar sobre lo que la Academia Pontificia de las Ciencias ha escrito acerca del riesgo atómico que deriva, representado por los arsenales nucleares de las principales potencias, cuyo potencial destructivo equivale a 30 quintales de TNT por cada habitante de la Tierra.

El cambio climático y sus implicaciones , el agujero en la capa de ozono y la menor protección de la vida humana causada por los rayos solares, determinan condiciones de vida y de salud tales que deben conducir a una reflexión ética, que no se limita únicamente a la bioética, sino que se extiende al problema del desarrollo en sí mismo.

La industrialización, que no ha empleado solamente las máquinas para transformar al producto, sino que también ha construido las mismas para el tráfico terrestre, naval y aéreo, ha provocado un riesgo adicional, conectado con la vida de las fábricas y las sociedades, que es el riesgo inherente a la circulación de los automóviles, tanto en relación con los incidentes como en relación con la contaminación.

La fase postindustrial, que se asoma en nuestra época, al comienzo del tercer milenio, requiere por necesidad no solamente el desarme atómico, ya comenzado en algunos países, sino también la gradual y radical modificación en el mundo del trabajo industrial con la búsqueda de energías limpias, la necesidad de un adecuado destino de los desechos industriales, la limpieza de los ríos, los manantiales, los mares y el aire.

Modificar el sistema de vida y producción no se logra en poco tiempo, incluso no es posible sin una adecuada educación ética que involucre a los productores, trabajadores, poblaciones y legisladores para la salvación de la “casa común”.

La introducción de la automatización y la robotización podrá resolver algunos de estos problemas, por ejemplo, los relativos a la protección del trabajador de los riesgos conectados con particulares ambientes y con maniobras sobre materiales de alta peligrosidad. Es sabido, sin embargo, que la automatización y la robotización traen aparejadas otras consecuencias en el plano ocupacional. ⚫

EL TRABAJO ENTRE TECNOLOGÍA, DIGNIDAD Y CONSTRUCCIÓN DE UN MUNDO MÁS HUMANO

El trabajo constituye una de las categorías antropológicas más profundas para comprender la historia de la humanidad y su autoconciencia. A través de él, el ser humano no solo transforma el mundo, sino que se transforma a sí mismo, construye comunidad y proyecta sentido. El trabajo ha transitado históricamente entre diversas interpretaciones; desde participación en el orden cósmico, instrumento de poder, actividad subordinada o vocación, hasta convertirse en eje de identidad en la cultura contemporánea.

Sin embargo, en el presente, esta categoría se encuentra en crisis. La convergencia entre filosofías utilitaristas, capitalismo neoliberal y desarrollo tecnológico ha producido una transformación radical del significado del trabajo, generando tensiones entre productividad y dignidad, eficiencia y sentido, progreso y exclusión.

En las civilizaciones antiguas , el trabajo no se entendía principalmente como producción, sino como participación en un orden superior. Por ejemplo, en Egipto estaba vinculado al equilibrio cósmico, al vínculo entre la persona y su comunidad y la creación de espacios que vinculaban lo sagrado con lo mundano; en Israel, a la alianza con Dios, como participación en la acción creadora y providente de Dios; en Grecia había dos categorías: una tenía que ver con lo que se

interpretaba como trabajo de esclavos y subordinado a la vida contemplativa, donde el trabajo intelectual o creativo era más valorado al interpretarse como cercano a la actividad de los dioses. Este recorrido muestra que el trabajo no era el fundamento del valor humano, sino una mediación dentro de un horizonte más amplio de sentido.

El cristianismo occidental introduce una transformación decisiva al integrar el trabajo en la noción de vocación. A partir de esta tradición, el trabajo se convierte en un espacio donde confluyen lo ético, lo espiritual y lo personal. Ya no es solo necesidad ni imposición, sino lugar de realización y de autotrascendencia.

Este fundamento resulta clave, porque permite reconocer que el problema contemporáneo no radica en el trabajo en sí mismo, sino en su reducción a una sola dimensión: la utilidad.

Las filosofías pragmático-utilitaristas introducen un criterio que marcará profundamente la modernidad: el valor se mide por la utilidad. Esta lógica, trasladada al ámbito laboral, transforma el trabajo en un sistema de evaluación basado en rendimiento, eficiencia y resultados. El problema no es la utilidad en sí, sino su absolutización. Cuando el trabajo se define exclusivamente por su funcionalidad, significa que la persona es valorada por lo que produce, su identidad se reduce al desempeño y su dignidad queda condicionada por la eficiencia

Aquí se produce una inversión radical, porque el trabajo deja de estar al servicio del ser humano y el ser humano queda subordinado al trabajo.

La crítica de Karl Marx permite profundizar este análisis al revelar que la reducción del trabajo no es solo cultural, sino estructural. En el capitalismo, el trabajo se convierte en mercancía, y el trabajador en portador de una fuerza que genera valor para otros. El concepto de alienación describe con precisión esta ruptura ya que en este sentido el trabajador no posee lo que produce, no controla el proceso de trabajo, compite en lugar de colaborar e incluso llega a perder la relación consigo mismo. Así es como el trabajo deja de ser expresión de la humanidad y se convierte en mecanismo de explotación.

Esta crítica adquiere una nueva vigencia en el neoliberalismo, donde la explotación ya no es solo externa, sino interiorizada. El sujeto se convierte en “empresa de sí mismo”, reproduciendo en su interior las Sin trabajo, el hombre no puede conservar su dignidad; el trabajo es la forma en que el alma se sostiene frente al sufrimiento Fiódor Dostoievski

EL TRABAJO

exigencias del sistema y toda la realidad se transforma en un bien de consumo.

El desarrollo tecnológico introduce una transformación aún más radical. Desde la Revolución Industrial hasta la inteligencia artificial, la tecnología ha incrementado la productividad, pero también ha modificado el lugar del ser humano en el trabajo.

Hoy enfrentamos una paradoja inédita que consiste en la idea y hecho que indica que el sistema puede prescindir del trabajo humano, pero el ser humano no puede prescindir del sentido que el trabajo le ofrece. La automatización y la inteligencia artificial no solo sustituyen tareas físicas, sino también cognitivas; esto genera obsolescencia laboral, exclusión estructural y una marcada crisis de identidad.

Al mismo tiempo, emergen nuevas formas de esclavitud como lo pueden ser precarización, auto explotación y la dependencia tecnológica. Sin embargo, esta crisis no debe interpretarse únicamente como amenaza, sino como momento de inflexión histórica. Frente a este panorama, se vuelve necesario recuperar una comprensión integral del trabajo. Esto implica integrar tres dimensiones: la crítica estructural (Marx) - para reconocer y transformar las dinámicas de explotación; la crítica cultural contemporánea - para identificar la reducción utilitarista y la auto explotación; la tradición humanista y espiritual - para recuperar el sentido del trabajo como vocación y autotrascendencia

En este marco, el trabajo docente —como se ha desarrollado— aparece como paradigma, ya que no produce objetos, sino personas; no genera solo utilidad, sino belleza ética y existencial.

Lejos de anunciar el fin del trabajo humano, la actual revolución tecnológica puede abrir la posibilidad de liberarlo de sus formas más alienantes y permitir su reorientación hacia dimensiones más propiamente humanas. Si la tecnología asume las tareas repetitivas, el ser humano puede reconfigurar su trabajo hacia: la creatividad, el cuidado, la educación, la construcción de comunidad, la búsqueda de sentido.

En este horizonte, la inteligencia artificial no tendría que sustituir al ser humano, sino ampliar sus posibilidades de realización, este desafío no es técnico, sino ético y antropológico. Desde esta perspectiva, el trabajo puede recuperar su dimensión más profunda ya no solo producir, sino construir humanidad, no solo generar valor económico, sino generar sentido que facilite la realización humana y su integración comunitaria, no solo transformar el mundo, sino cuidar la vida en el planeta

Así, en lugar de una amenaza, la convergencia entre trabajo y tecnología puede convertirse en una vía de trascendencia y un camino en el que el ser humano, liberado de la pura necesidad, pueda dedicarse más plenamente a aquello que lo define en su esencia más profunda.

En última instancia, el futuro del trabajo no depende de la tecnología, sino de la imagen de ser humano que decidamos sostener. Si esta imagen permanece anclada en la dignidad, la comunidad y la trascendencia, entonces incluso en la era de la inteligencia artificial será posible construir un mundo más humano, más justo y responsable de la vida compartida. ⚫

LA VISIÓN CRISTIANA DEL TRABAJO

El trabajo ocupa un lugar central en la vida humana y, desde la perspectiva cristiana, posee un significado que trasciende lo meramente económico o productivo. No es solo un medio de subsistencia , sino una participación en la obra creadora de Dios, la forma para manifestar las dotes personales, un camino de santificación personal y un servicio a los demás. A lo largo de la historia, esta visión ha evolucionado, pero mantiene un núcleo constante: el trabajo dignifica al ser humano y forma parte de su vocación.

Jesús trabajador

Jesús vivió una larga etapa de vida en Nazaret como trabajador manual; los Evangelios lo identifican como “el carpintero” (Mc 6,3), lo cual no es un detalle menor: el Hijo de Dios asumió la condición de trabajador común. Este hecho otorga al trabajo una dignidad incomparable, pues Cristo lo realizó. El trabajo de Jesús no fue espectacular durante la mayor parte de su vida. Esto muestra que el trabajo cotidiano, incluso el más sencillo, tiene valor ante Dios . No se trata solo de grandes obras, sino de la fidelidad en lo pequeño, de la responsabilidad y del amor con que se realiza cada tarea.

En sus enseñanzas Jesús utiliza constantemente imágenes relacionadas con el trabajo: el sembrador, el pastor, el pescador, el viñador, el administrador. Esto indica que el trabajo es un lenguaje privilegiado para comprender el Reino de Dios.

San Pablo también ofrece una enseñanza clara

sobre el trabajo. En sus cartas insiste en la importancia de trabajar no solo por necesidad, sino como deber moral y testimonio cristiano: “El que no quiera trabajar, que no coma” (2 Tes 3,10). Pablo mismo trabajaba como fabricante de tiendas para no ser carga para nadie. Su actitud muestra varias dimensiones importantes: la responsabilidad personal porque cada uno debe contribuir con su esfuerzo; la dignidad del trabajo manual porque no hay ninguna inferioridad en este tipo de trabajo; el testimonio ante los demás porque el trabajo honesto es una forma de evangelización. Para San Pablo, el trabajo también tiene un sentido comunitario: permite ayudar a los necesitados y construir la comunidad cristiana.

La actitud de Jesús respecto al trabajo es alternativa respecto a la visión de la antigüedad griega y romana. En el Mundo Antiguo la actividad manual era infravalorada y despreciada. Se consideraba como una carga oprobiosa, una necesidad que imponía la naturaleza y, por eso, propia de las clases sociales inferiores y de los esclavos. Las actividades contemplativas u ociosas eran típicas de los hombres libres.

Edad Media, Reforma Protestante y Modernidad

Durante la Edad Media, existía cierta tendencia a valorar más la vida contemplativa de los monjes y los teólogos, que la vida activa o el trabajo manual. Sin embargo, esto no significa que el trabajo manual fuera despreciado (significativo es el lema de los benedictinos “ora y trabaja”), pero la excelencia se atribuía a las actividades intelectuales y religiosas.

La Reforma Protestante subrayó la importancia del trabajo como “vocación” y enfatizó la disciplina, la productividad y el éxito como signos de bendición divina: la tradición protestante ha tendido a valorar el trabajo en relación con la eficiencia y la vocación individual. Según Max Weber, esta visión del trabajo influyó en el desarrollo del capitalismo moderno. En el mundo católico, a pesar de la importancia dada al trabajo, podemos evidenciar una limitación: no percatarse del valor del trabajo por sí mismo, sino solamente como medio para lograr otros objetivos, es decir, no superar de manera radical la concepción griega del trabajo como realidad instrumental y, por lo tanto, secundaria.

Con la Modernidad y la Revolución industrial, se produjo un cambio importante: las nuevas invenciones, el auge de la ciencia, los grandes descubrimientos con la riqueza y el comercio a gran escala, la aparición del individuo consciente de su poder, fuerza y creatividad, han cambiado radicalmente la visión del trabajo. El trabajo comienza a ser algo importante y valioso en sí mismo, un elemento básico de la estructura social,

Pbro.
Silvio
Marinelli

un valor que las sociedades deben cuidar, fomentar y preservar.

En el siglo XIX se puede hablar de sociedad del trabajo: la actividad laboral es el medio fundamental para que el individuo despliegue sus posibilidades, por lo que el trabajo asume nuevos valores: se convierte en una actividad personal creadora , en un medio para el desarrollo de la libertad individual y en la actividad clave para la autorrealización de la persona , la estructura social esencial . En este aspecto, liberales, marxistas, socialistas, capitalistas están de acuerdo: el trabajo es medular en la vida de cada persona, de cada familia y de la sociedad.

La cuestión obrera y la Iglesia católica

La llamada “cuestión obrera”, surgida con fuerza durante la Revolución Industrial en el siglo XIX, puso de manifiesto las duras condiciones de vida y trabajo de los obreros , caracterizadas por bajos salarios, largas jornadas y falta de derechos. Ante esta situación, la Iglesia católica respondió desarrollando su doctrina social, especialmente a partir de la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII, en la que defendió la dignidad del trabajador, el derecho a un salario justo, la legitimidad de la propiedad privada con función social y la importancia de asociaciones obreras. La Iglesia buscó así una vía intermedia entre el liberalismo económico sin regulación y el socialismo revolucionario, promoviendo una visión del trabajo centrada en la persona humana, la justicia social y el bien común.

Uno de los documentos más importantes sobre el trabajo es la encíclica Laborem Exercens (1981) de Juan Pablo II. En ella se profundiza en el sentido cristiano del trabajo y se pueden evidenciar algunas ideas clave. El trabajo es para el hombre, no el hombre para el trabajo: el trabajo no debe esclavizar a la persona; la dignidad del trabajador está por encima de la producción o del capital. El capital (máquinas, dinero) es un instrumento; el sujeto principal del trabajo es siempre la persona humana.

Lo más importante no es lo que se produce, sino quién lo realiza : el trabajo tiene valor porque lo realiza una persona. Por eso, se destacan algunos derechos de los trabajadores: a un salario justo, a condiciones laborales dignas, al descanso, a asociarse para promover estos derechos (sindicatos).

Dios, está llamado a “dominar y custodiar la tierra”, es decir, a transformarla responsablemente; el trabajo es una continuación de la obra creadora de Dios.

En segundo lugar, el trabajo permite la realización de las facultades humanas. Al trabajar, el hombre no solo modifica la naturaleza o la sociedad, sino que se modifica a sí mismo: es ejercicio de libertad y de creatividad, medio de autorrealización y de santificación personal. El trabajo no solo produce bienes, sino que forma a la persona: realizado con amor, se convierte en camino de santidad cristiana. Eso se ve, particularmente, en todas las profesiones de ayuda.

Además, el trabajo tiene una dimensión social: a través de él, se contribuye al bien común, se ayuda a otros y se construye una sociedad más justa y digna de toda persona humana. El esfuerzo y la fatiga que la actividad laboral implica, no se dirigen sólo al bienestar del trabajador y su familia, sino que permiten modificar estructuras injustas de organización social en beneficio de todos.

Algunos desafíos

El crecimiento desproporcionado del trabajo en el conjunto de la actividad del hombre hace que queden drásticamente reducidas otras actividades de tipo estético, recreativo y solidario, que también son muy importantes.

La forma que adopta el trabajo en el nuevo capitalismo: se impone cada vez más un trabajo a corto plazo, sujeto a una gran movilidad, sin claras referencias organizativas, extremadamente flexible que, respondiendo bien a los retos económicos, repercute gravemente sobre el trabajador: desafío del cambio de actividad, trabajos precarios, trabajo a distancia que reduce la solidaridad entre colegas, desarraigo de los lugares de nacimiento, etc. Estos fenómenos afectan al carácter del trabajador, su estabilidad interior, su sentido de identidad y su vida familiar.

Motivaciones y finalidades cristianas del trabajo

Desde la visión cristiana, el trabajo tiene varias motivaciones y finalidades profundas.

Ante todo, es participación en la actividad creadora de Dios: el ser humano, creado a imagen de

La relación entre el trabajo y la condición femenina ha sido históricamente problemática, marcada por desigualdades estructurales y culturales. Durante siglos, el trabajo de las mujeres —especialmente el doméstico y de cuidados— fue invisibilizado y no reconocido como verdadero trabajo, a pesar de su enorme valor social. Con la incorporación de la mujer al ámbito laboral remunerado, surgieron nuevos desafíos como la doble jornada (trabajo fuera y dentro del hogar), la brecha salarial y la discriminación en oportunidades y cargos. Desde una perspectiva cristiana contemporánea, se ha ido reconociendo con mayor claridad la igual dignidad del hombre y la mujer, así como la necesidad de valorar todas las formas de trabajo, promover la justicia laboral y favorecer condiciones que permitan armonizar la vida familiar y profesional sin menoscabo de la dignidad femenina. ⚫

Yolanda Zamora / yolanda.zamora@gmail.com

Del concepto de crisis

La crisis nos plantea la adopción de nuevos y renovados valores

Crisis es una palabra que escuchamos diariamente usted y yo, en los medios de comunicación, en los negocios, en el mercado, en las redes sociales, en la casa, en la escuela y.… en fin, parece que no hay forma de retirarla del vocabulario cotidiano en la actualidad.

Podemos decir que, ante la contingencia mundial, conflictos políticos, militares, religiosos… la palabra “crisis” con toda su cauda de negatividad, se niega a bajar del escenario y protagoniza una buena parte de las discusiones cotidianas y, por supuesto, de las reacciones que, con conocimiento o sin fundamento alguno, suelen repetirse, porque sencillamente están “al alcance de un clic” (que, por cierto, ese clic no implica mayor compromiso).

Existe el reverso del dilema, que tiene que ver con la indiferencia, la apatía, el desinterés, la abulia total, e incluso el cinismo… ante situaciones que nos afectan a todos, y que suelen justificarse con frases como: “Yo no entiendo de eso, que opinen los que saben,” o bien con la actitud extrema de quien dice: “Mientras yo esté bien, que ruede el mundo”. No puedo evitar pensar en el mito de Sísifo, empujando la piedra cuesta arriba, y la inevitabilidad de verla rodar cuesta abajo: la lógica del poder y el dinero, la voracidad, el afán de dominio y control, la violación de los principios elementales de respeto y soberanía internacional: es la roca absurda y aplastante…

En estos momentos, la crisis es una realidad mundial que nos involucra a todos. A partir de esta realidad, miramos la palabra crisis con su carga de negatividad, que atemoriza y se convierte en miedo paralizante. Provocar

el miedo ha sido, históricamente, herramienta de control para anular la voluntad de libertad de un pueblo. Pero ¿Podemos hablar de paz, en estos momentos? ¿Será posible “ ver correr sobre los montes al mensajero que trae la paz ”? ¡Claro que sí, y no sólo posible, sino urgente participar… construyendo paz!

La otra cara de la crisis...

Qué absurdo es identificar la palabra crisis, con negatividad. Nada más lejano a esta connotación que el auténtico significado de la palabra crisis. Como sabemos, cada palabra tiene su historia, cada palabra posee un comportamiento que le da cuerpo, y una etimología que le da sentido, la define y le confiere significado. Es lamentable que cada vez con mayor frecuencia alteremos el significado de las palabras para convertirlas en todo, menos en lo que realmente significan.

Tal es el caso de la palabra crisis: del griego krísis que significa ‘punto decisivo’, de krinein: separar, decidir.

Entonces, la palabra crisis nos remite a un momento decisivo sobre el cual debemos pronunciarnos, adoptar una actitud, rectificar quizá, analizar y actuar en consecuencia. Ningún esfuerzo es despreciable. Nadie puede sustituirnos: el mundo, el planeta, nos necesita.

De ninguna manera podemos valorar a priori una crisis positiva o negativamente, ya que ofrece, por igual, posibilidades de bien y de mal. Una crisis posee, ante todo, la perspectiva de la renovación. Forma parte de la dialéctica de crecimiento, es una oportunidad y no un amenazante fantasma como hemos querido verlo, que parece devorar a la sociedad que, se dice, ha entrado “en crisis”.

Estar “en crisis” auténticamente, es tener la oportunidad de soltar aquello que no funciona y encontrar nuevos senderos de realización; es la opción de “darle realidad” a nuestro anhelo de paz, y descubrir rutas nuevas por donde transitar hacia lo que verdaderamente es relevante, es decir, vida, amor, justicia, gratuidad… para todos.

Una crisis será entonces valiosísima, si nos atrevemos a enfrentar primero, con valentía, y a desechar después, aquellos valores que nos impiden avanzar en nuestro propio sendero con base en valores humanistas. La crisis nos plantea entonces la adopción de nuevos y renovados valores.

¿Crisis individual o crisis histórica?

Podemos hablar de dos tipos de crisis: la crisis del ser humano (individual) y la crisis histórica (colectiva). Generalmente, ambas son crisis de valores y se trenzan ineludiblemente.

Salir crecido de una crisis personal es oportunidad de cada uno. ¿Cómo aprovecharla? Quizá, me atrevo a proponer, el punto de partida será el tener muy claro mi opción fundamental. ¿Qué quiero yo en la vida? No ¿qué quieren los demás de mí?, sino ¿qué quiero yo para mí? ¿Sigo la luz, el plan vital, o la sombra con sus tinieblas? El problema se presenta en una crisis cuando, confundidos, con la revolcada de la marea perdemos el rumbo, la orientación y las olas nos llevan, como restos de un naufragio, a cualquier parte. Así, un día despertamos en una playa extraña, a la que nunca pretendimos llegar, y nos preguntamos. ¿Qué hago yo aquí?

Sören Kierkegaard, (filósofo danés, padre de la Filosofía de la angustia), habla del ‘salto cualitativo’ del ser humano, esto es, de la experiencia que lleva a crecer; y esta experiencia nunca podría darse sin esta crisis.

Claro que se puede emerger de una crisis victorioso o derrotado. ¿De qué depende? La respuesta es: de la Voluntad. Una vez más aparece esa fuerza extraordinaria que al ejercerla comunica la libertad al hombre. Pero ¿existe realmente la libertad de elegir? Agustín de Hipona, en su tratado del Libre Arbitrio, dice que sí... Usted, ¿qué opina?⚫

Relación entre humanismo y constructivismo

El ser humano tiene una tendencia natural hacia la autorrealización, la salud integral, la atención a los demás, así como coadyuvar en el cuidado de su entorno con una colaboración de servicio

Quiero abordar un tema que tal vez puede parecer “raro”: la relación entre humanismo y constructivismo.

El humanismo pone su centro y su enfoque en la persona. Desde el punto de vista psicológico, el enfoque humanista, inspirado en autores como Abraham Maslow y Carl Rogers, parte de una pregunta clave: ¿Qué elementos favorecen el bienestar de la persona? La respuesta se desarrolla en tres direcciones: reconocer la dignidad integral del ser humano, promover la autonomía y libertad, buscar el desarrollo de todas las dimensiones humanas

El humanismo, según Batlby, se define como cualquier sistema o acción en el que predominan los intereses, los valores y la dignidad humana. Las tres ideas principales son: el ser humano debe de ser tratado con

respeto, elegir en qué creer y pensar basándose en la razón y la igualdad de todas las personas.

El humanismo impulsa el equilibrio entre las diferentes dimensiones de la persona humana: física (cuerpo), psicológica (emociones, pensamientos), social (relaciones), económica (seguridad y estabilidad), espiritual (sentido de vida). En resumen, el humanismo define el “para qué” del bienestar: vivir plenamente como ser humano.

Por otro lado, el constructivismo se centra en el aprendizaje como construcción activa . Esta teoría, con referentes como Lev Vygotsky y su distinción de Jean Piaget, plantea que el conocimiento no se recibe, sino se construye a partir de la experiencia.

Y ¿qué aporta al bienestar? Podemos identificar tres factores principales: fomenta el aprendizaje significativo, desarrolla la adaptación al entorno y fortalece la autoeficacia y resiliencia.

El constructivismo permite que cada dimensión de la persona humana se desarrolle mediante experiencia: psicológicamente con una nueva interpretación de vivencias; físicamente favoreciendo el aprendizaje corporal

(movimiento, ergonomía); socialmente, propiciando las interacciones y el desarrollo cultural; económicamente, permitiendo una toma de decisiones basada en experiencia; espiritualmente, propiciando la construcción de un sentido de vida. En resumen, el constructivismo define el “cómo” del bienestar: aprender a vivir mejor a través de la experiencia.

Enfoque Función en el bienestar

Humanismo Da sentido, propósito

Constructivismo Da método, proceso y aprendizaje

La integración entre humanismo y constructivismo permite la valoración del tema del sentido y propósito de vida con una metodología que favorezca los procesos y el aprendizaje. Juntos generan un desarrollo integral, un mayor bienestar sostenible y una adaptación inteligente.

Aplicación en las actividades de la vida diaria (AVD)

El enfoque humanista permite convertir las actividades cotidianas en experiencias con sentido, respetar la individualidad de la persona y priorizar el bienestar y no solo el rendimiento.

El enfoque constructivista favorece el “aprender haciendo”: por ejemplo, transformar una barrera arquitectónica (escalera/rampa) en una herramienta de ejercitación efectiva y funcional.

El humanismo nos recuerda que somos seres que buscan plenitud; el constructivismo nos enseña cómo construir esa plenitud en la vida diaria. El bienestar humano no se impone ni se receta: se reconoce (humanismo) y se

construye día a día en la experiencia (constructivismo).

Humanismo y constructivismo en la educación

El humanismo y el constructivismo se relacionan al poner al estudiante como de protagonista activo y central de su propio aprendizaje, buscando un desarrollo integral que une emociones, experiencias y motivación intrínseca.

Ambos abordajes promueven la autonomía, el pensamiento crítico y consideran al docente como facilitador o guía. Ambos enfoques rechazan la memorización. El estudiante constituye conocimientos (constructivismo), mientras que – como actor y autor - realiza y crece personalmente (humanismo).

Esta integración modifica el concepto de aprendizaje: de una visión de asimilación de contenidos a un nuevo conocimiento “significativo”, es decir, que tiene relevancia personal y conectarse con experiencias previas.

El conjugar humanismo con constructivismo hace posible una visión Integral de la persona: considera al ser humano como un todo, incluyendo sentimientos, emociones y no solo el intelecto.

Resumiendo, el docente se configura como un facilitador: el maestro deja de ser la única autoridad para convertirse en guía, moderador y apoyo. Al estudiante se le reconoce su individualidad: un ser único, con necesidades y ritmos propios. ⚫

El debate actual sobre la Inteligencia Artificial

En esta tercera década del Siglo XXI aparece un fenómeno de portada extraordinaria: la Inteligencia Artificial (IA) , con sus consecuencias en la ética y la gobernanza.

No cabe duda de que aproximarnos a la verdad en nuestros días es más que complejo. Para acercarnos a la verdad es necesario recargarnos en personas con autoridad, revestidas de ética, y no desde un punto de vista autoritario, que derivaría en sordera, amoralidad y corrupción.

Basta echar una ojeada a las noticias cotidianas para percatarnos de que buena parte de los dirigentes actuales del mundo, incluidos aquellos con mayor peso político, carecen de una verdadera autoridad. Sobreviven gracias al poder autoritario, heredado de una tradición o de sus predecesores por la falta de fuerza de la opinión pública, gracias a las atrocidades y asesinatos cometidos desde el poder.

Estamos siendo, asimismo, actores y víctimas de círculos patológicos: aquellos que mal ejercen la autoridad protegen a sus colegas y profundizan los estragos. Decía K. R. Popper: “La antigua ética no deja lugar al error; no se aceptan los errores; es intolerante”. Es fundamental abrevar de una nueva disciplina (la bioética) en la cual errores, políticos y médicos, se denuncien con vigor, con más vigor de lo que se hace en la actualidad, dejando de lado el espacio del poder autoritario.

En ese orden de ideas, y en relación a la gobernan-

za, el mundo se divide en dos: quienes apoyan la inteligencia artificial (IA) y quienes le temen. Dicha división es la regla en la historia: el desarrollo de la imprenta, la radiación como fuente de energía, recuérdense los casos de Chernóbil (Rusia) en 1986 y el de Fukushima (Japón) en 2011, o el exceso en el uso de la tecnología médica en enfermos que no la requieren.

La IA de nuevo es objeto de desavenencias : a sus aduladores y seguidores no les importa nada la opinión de quienes la consideran un instrumento cuyas consecuencias negativas aún no son predecibles. Pocos días atrás una colega me explicaba que para ella era fácil discernir cuántos alumnos entregaban sus trabajos usando la inteligencia artificial y cuántos lo habían escrito gracias a la búsqueda de información.

La lección salta a la vista: si la IA resuelve tareas, el trabajo académico disminuye junto con curiosidad y el esfuerzo intelectual, en este caso de los alumnos, merma; el afán en los estudiantes de investigar, así como su capacidad de cuestionar y dudar, se desvanece. Nunca será suficiente insistir, sobre todo entre los jóvenes, sobre el valor de la duda y el conocimiento acumulado durante siglos.

El uso de la IA, así como su instrumento ChatGPT, le permite a quien la utilice escribir en otros lenguajes, pero, a la vez, si es usada sin fundamentos éticos, puede diseminar escritos copiados, mezclas de los mismos. Los expertos en IA se preguntan si es correcto utilizarla para valorar la posible publicación de trabajos científicos: ¿dónde queda el valor y la opinión de quienes por su experiencia han trabajado durante años como revisores?

Revistas científicas de gran impacto como la británica The Lancet, publicada desde 1823, han reiterado los posibles daños al sustituir el conocimiento humano por los dictámenes de la IA . Dicho temor, y los comentarios anteriormente mencionados de la colega en investigación, muestran las repercusiones negativas de la IA: ¿ésta desplazará al ser humano?, ¿nos convertiremos en apéndices de nuestras creaciones?

La IA hasta ahora –no es descartable que en el futuro se nos informe que tiene alma y sentimientos- no tiene la capacidad de competir con la visión humana. La formación de las personas, lo sabemos, conlleva una multitud de factores: casa, escuela, amigos, trabajo, noticias, perspectivas presentes y futuras y, entre otras, historia.

Eduardo Casillas González /Doctor en derecho - Máster en Bioética

Los factores previos suman vida, experiencia, conocimiento, contacto humano. La IA no tiene ni tendrá dichas facultades.

Los doctores y editores de revistas científicas, preocupados por el avance de la IA –lo denominaremos amenaza de la IA- han demostrado que los trabajos revisados por dicho utensilio son superficiales e incompletos. La experiencia acumulada por investigadores y académicos no puede ser reemplazada por herramientas creadas por el ser humano. Es necesario insistir para ser conscientes: la humanidad corre el peligro, cada vez más, de convertirse en instrumento de nuestras creaciones, nebulosa perspectiva que la bioética busca contrarrestar.

Investigadores independientes han demostrado que herramientas como GPT-4 pueden perpetuar inclusive sesgos raciales y de género en relación con la salud . Dicho instrumento no tuvo la capacidad de definir la diversidad de problemas médicos entre hombres y mujeres.

Obedeciendo a lo anterior, revistas científicas de prestigio internacional han exigido a los posibles autores que declaren si utilizaron IA para elaborar su trabajo; otras la han prohibido en forma terminante. Algunas publicaciones han encontrado que las revisiones de trabajos hechas por IA son superficiales, además de su imposibilidad de recibir retroalimentación.

Si bien es de sostenerse que es bienvenida la fuerza creadora del ser humano, es ético y necesario repetirlo: la investigación, de cualquier tipo, debe asumir que la ciencia debe estar al servicio de la humanidad. De no ser así, continuaremos transformándonos en los instrumentos de nuestros instrumentos. ⚫

El cuidado ético en el entorno digital: un desafío decisivo para los profesionales de la salud Juan Pablo Hernández

La transformación digital está redefiniendo profundamente la manera en que nos comunicamos, nos informamos y nos relacionamos. Para quienes trabajan en el ámbito del cuidado, este cambio no es una simple actualización tecnológica: es un nuevo espacio ético que debe habitarse con responsabilidad.

La XIV Jornada de Ética Asistencial celebrada el 3 de marzo de 2026 en el Centro San Camilo de Tres Cantos ofreció una valiosa oportunidad para reflexionar sobre este desafío: cómo custodiar la dignidad de la persona también en las redes sociales y en los entornos digitales.

La intervención de Miguel Ángel Alfaro destacó cómo las redes sociales pueden convertirse en herramientas de información, sensibilización y acompañamiento, especialmente para las personas mayores o en situación de fragilidad. De hecho, la dimensión digital amplía la posibilidad de llegar a quienes viven en soledad, aislamiento o con dificultades de acceso a los servicios. Sin embargo, esta apertura también conlleva riesgos significativos: la exposición indebida, la pérdida de privacidad, las simplificaciones narrativas que pueden herir y un uso superficial de las imágenes de la fragilidad. El cuidado, para ser auténtico, debe mantenerse vigilante incluso cuando se expresa a través de una pantalla. Francisco Javier Rivas profundizó en la responsabilidad moral y profesional en el uso de las redes sociales, subrayando la importancia de comprender las lógicas de las plataformas —desde los algoritmos hasta las dinámicas de visibilidad y polarización— para evitar convertirse en amplificadores inconscientes de contenidos potencialmente dañinos. En este contexto, algunos criterios emergen como fundamentales: la confidencialidad, que implica proteger datos, imágenes e historias de la persona atendida; el consentimiento informado, que debe ser no solo legalmente válido, sino realmente comprendido y respetuoso de la vulnerabilidad; la veracidad y la prudencia comunicativa, para evitar simplificaciones, sensacionalismos o narrativas que traicionen la complejidad del cuidado; y, por último, una representación digna de la fragilidad, capaz de narrar sin exponer e informar sin convertir en espectáculo. Estos criterios no son elementos accesorios, sino parte integral de la competencia profesional.

Para los camilos, el cuidado ético en el entorno digital es una extensión natural del carisma de San Camilo: cuidar con competencia y con el corazón, y enseñar a cuidar con una mirada humana y respetuosa. En un mundo interconectado, esto significa promover una presencia digital que respire humanidad, respeto y protección de la dignidad.

Eduardo Casillas González /Doctor en derecho - Máster en Bioética

ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL

HLic. Maribel Delgado - Coordinación proyecto

Asociaciones Unidas por la Salud, en CSC

Valor, Poder y Valentía A.C. del dolor a la esperanza compartida

Del dolor nace la fuerza, y de la fuerza, la posibilidad de acompañar a otros

ay momentos en la vida que llegan sin aviso y lo transforman todo. Momentos donde el miedo, la incertidumbre y la fragilidad se hacen presentes. En 2016, Verónica Palomino Valdivia recibió un diagnóstico de cáncer de mama triple negativo. En medio de ese proceso, fue descubriendo, paso a paso, que la verdadera fuerza no siempre se muestra en lo extraordinario, sino en la capacidad de mantenerse, de resistir con humildad ante la propia fragilidad. Fue en ese territorio vulnerable donde comenzó a tomar forma una experiencia profundamente humana, razón para no caminar y vivirlo en soledad: ahí nace la idea.

En 2017, desde esa vivencia, creó este grupo mixto, mujeres y hombres, “Amig@s Guerrer@s” , un espacio en redes sociales para acompañar a pacientes con cáncer y a sus familias. Lo que comenzó como un gesto sencillo se convirtió en una red de apoyo nacida del corazón. Sin embargo, el camino también estuvo marcado por momentos difíciles.

Con el tiempo, y con apoyo institucional, ese sueño tomó forma. Al no poder registrar el nombre original, eligió uno que reflejara su historia y su esencia. La asociación se constituye formalmente el 5 de diciembre de 2024 , y en 2025 obtiene su registro y reconocimiento estatal como institución de asistencia social.

Su población de atención son principalmente personas en situación de vulnerabilidad: mujeres con cáncer

de mama y cervicouterino, así como hombres con cáncer de mama y próstata, visibilizando una realidad poco reconocida en el ámbito masculino.

Su intervención se articula en varias líneas de acción: concientización social sobre el cáncer en hombres y mujeres; talleres psicoterapéuticos del manejo emocional del diagnóstico y tratamiento; programas de autoempleo, favoreciendo la autonomía económica; actividades recreativas y culturales: visitas a museos, parques, espacios naturales.

Los desafíos han sido muchos: la falta de recursos, los procesos personales, los tiempos institucionales. Resaltando de forma resiliente que cada dificultad ha fortalecido su identidad. Hoy, la asociación mira hacia adelante con el deseo de crecer, de llegar a más personas y de seguir construyendo redes donde nadie tenga que enfrentar el cáncer en soledad. Hoy, la asociación se proyecta hacia el fortalecimiento de redes de apoyo, la ampliación de cobertura y la profesionalización de sus servicios, manteniendo como eje central la humanización del acompañamiento en el cáncer.

Valor, Poder y Valentía A.C. es testimonio de que incluso en medio del dolor puede brotar la luz. Que cuando una persona se levanta desde su propia historia, puede convertirse en refugio para otros. La verdadera fuerza no está en no caer, sino en levantarse con un sentido más profundo de vida, de amor al prójimo y de servicio, donde Dios y el sentido humanizado tiene la última palabra. ⚫

Tu ayuda o voluntariado es bienvenido. Datos de contacto: Dalia #642, Col. La Magdalena, Zapopan, Mexico, 45200 , Cel.33 1323 9182.

Liturgia

En primera instancia el tema puede resultar árido, pero escribirlo me resultó apasionante. Ayer, domingo, viví la misa como una experiencia mucho más intensa y profunda de lo que lo hago normalmente.

La Liturgia es el encuentro vivo y comunitario con Cristo Resucitado: a través de ella celebramos el Misterio Pascual. La Liturgia es la fuente de la vida eclesial (no una simple celebración con reglas). Las características principales de la liturgia de acuerdo con la Carta Apostólica “Desiderio Desideravi” del Papa Francisco podemos sintetizarlas de este modo.

La Liturgia es el centro de la vida eclesial , es en donde los fieles nos reunimos a celebrar el misterio pascual y a recibir los Sacramentos, siendo una acción sagrada por excelencia.

En la Liturgia nos encontramos con Cristo. El objetivo principal de la Iglesia es “llevar a Cristo al pueblo y al pueblo a Cristo”.

Belleza y participación: se busca una participación activa, consciente y fructífera por parte de nosotros, los fieles; superando individualismos para ser “un cuerpo y una voz”. El Papa Francisco abogaba por que todos los que participamos en la Liturgia nos sintamos parte de un solo cuerpo unido.   Esta característica llamó mucho mi atención. Siempre he sido consciente de la característica comunitaria de la Iglesia, pero solo lo veía como la importancia de llevar todo lo que Cristo nos enseña a nuestra vida en comunidad.  Ahora también me doy cuenta de que en la celebración eucarística estamos llamados a ser uno y no varios individuos.

Sentido de lo sagrado y reverencia: una vez que sabemos que en la Liturgia nos encontramos con Cristo, la solemnidad se impone, no puede ser de otra manera.

Importancia del silencio y de los signos : solo por medio del silencio podemos cultivar la mirada contemplativa y dar profundidad a la oración del corazón. Los signos sensibles, gestos, palabras, música y objetos sagrados que conforman la celebración también tienen un valor fundamental y nos enriquece profundamente que estemos atentos a ellos.

Sobriedad y estructura: nuestra liturgia se caracteriza por ser sobria, clara y concisa. Para mí son tres características fundamentales. Evitan la palabrería, la confusión y el exceso. Cuando he asistido a una liturgia que no tiene estas características me he sentido confundida.

Existe una falsa polémica entre los que priorizan

la practicas litúrgicas y los que priorizan la acción solidaria de servicio. Esto no tiene sentido ya que las dos se nutren mutuamente

El Papa León XIV busca recuperar la solemnidad de la liturgia y pide enfatizar en la importancia del silencio, el canto y la formación litúrgica, centrando la misa en la adoración. Algunos llaman a esta actitud “nostalgia del incienso” por ser aparentemente tradicionalista. En realidad, el Papa Francisco también abogaba por reforzar la solemnidad. Cada Papa tiene un estilo distinto de hacer las cosas y todos suman.

El Papa León XIV también insta a promover la Liturgia de las Horas para que tengamos mayor comunicación con Cristo y nuestra amistad con Él sea más profunda, el cuidado de la piedad popular y la formación permanente de los grupos de Pastoral Litúrgica.

El Papa Francisco nos recordaba que la oración litúrgica es escuela de comunión, libera el corazón de la indiferencia, acorta las distancias entre hermanos y hermanas y se ajusta a los sentimientos de Jesús, implicando a todos los bautizados.  No me podría parecer más hermoso y profundo.

No me queda más que agradecer con el corazón a nuestros sacerdotes Celeste y Silvio, a Lucia, Gaby y Beby por estar siempre presentes y atentas en la preparación de la Liturgia, a las personas que hacen la labor de acolitar, a Alejandro por su excelente música y la comunidad de fieles del Centro San Camilo. Todos hacemos una comunidad que cumple fielmente con los sublimes objetivos de la Liturgia. ⚫

La presencia que sana

Quien describe su propio dolor, aunque llore, está a punto de consolarse Hugo Ojetti

Alo largo de la vida todas las personas atravesamos situaciones difíciles, dolorosas o de crisis. No podemos evitar estas experiencias, forman parte de la condición humana; sin embargo, vivir estas experiencias en soledad suele intensificar el sufrimiento. En momentos de gran vulnerabilidad, “el corazón humano” necesita la presencia de otro, ya que, en tal estado, la simple presencia de alguien puede aliviar profundamente, mientras que la ausencia de apoyo incrementa el sufrimiento emocional y resulta casi inhumano.

La relación terapéutica: el vínculo de confianza

La relación terapéutica es el vínculo de confianza que se establece entre dos personas en una relación de ayuda; sin éste la intervención no es posible, por lo que se constituye como la base del acompañamiento emocional, especialmente en situaciones de crisis. Para que dicha relación sea verdaderamente terapéutica requiere crear un clima de confianza y seguridad para que la persona que sufre pueda no sólo encontrar un espacio de acogida, sino un genuino lugar de encuentro humano donde la recuperación emocional sea posible.

Una relación de confianza favorece la apertura emocional y la disposición para recibir ayuda, es decir, facilita el acompañamiento, mientras que, actitudes como los juicios, las críticas, las amenazas o las descalificaciones dañan profundamente el vínculo de confianza y, por tanto, dificultan o imposibilitan el acompañamiento.

Acompañar significa ofrecer un espacio seguro donde la persona se sienta comprendida, pueda reorganizarse internamente y recuperar fuerzas para seguir la vida. Acompañar significa transmitir con gestos y palabras: “no estás solo”, “me importa lo que vives”, “estoy aquí contigo”.

No implica resolver los problemas del otro ni ser aval de su sufrimiento, tampoco es ser condescendiente a sus gustos, sino ser testigos de su vida, facilitar recursos para que pueda moverse del lugar donde se encuentra a otro que le permita mejorar su condición de vida, le de salud o le permita paz. El acompañamiento no sustituye las decisiones del otro, sino que fortalece sus capacidades y autonomía.

Características de la presencia que sana

• Disponibilidad física y emocional;

• Atención plena del momento presente;

• Creación de un espacio psicológico de seguridad y la confianza;

• Escuchar activamente y mostrar empatía;

• Actitud receptiva y libre de juicios;

• Autenticidad y congruencia;

• Contención emocional;

• Autorregulación emocional;

• Dejar que el silencio tenga su lugar y tolerarlo;

• Capacidad de sostener sin invadir ni minimizar al otro;

• Acompañar sin apresurarse en el cambio o en quitar el sufrimiento (especialmente en temas traumáticos).

Acerca de la presencia que sana: acompañar con cercanía y paciencia

Cavar un pozo (Raj Tharwani)

¿Has cavado alguna vez un pozo en busca de agua?

Aunque estás cavando en el lugar correcto, al principio sólo encuentras tierra, rocas y basura.

Después de mucho trabajo encuentras el lodo, que dificulta el trabajo, ensuciándolo todo. Sientes verdadero deseo de abandonar la búsqueda.

Un poco más abajo, llegas al agua, aunque te decepciona: al principio el ansiado líquido está muy sucio y contaminado.

Si eres capaz de insistir y sigues cavando, llegarás al agua limpia, que brotará por fin desde el fondo, cada vez más pura.

La presencia terapéutica: presencia que acompaña y sana el sufrimiento

La presencia terapéutica habla de la importancia de acompañar las dificultades, de no atravesar el dolor de la vida en soledad. No se trata de dar soluciones ni de juzgar lo que el otro vive; se trata de generar una conexión genuina, profunda y consciente para brindar la ayuda. Esta presencia cercana, cálida, respetuosa y confiable ayuda a generar calma y seguridad, a ordenar las emociones, favorece la reorganización interna de quien sufre y abre posibilidades que, en medio de la crisis, no son posibles visualizar ni acceder.

La presencia que sana es una presencia que acompaña y consuela, implica estar físicamente disponible para recibir y sostener, emocionalmente dispuesto para que la escucha activa tenga lugar y se consolide el encuentro; y lograr que su lenguaje que empatice con el dolor y transmita esperanza. Es tener el corazón dispuesto al otro que sufre y permitir el diálogo con su interior.

En la presencia terapéutica, el lenguaje tiene un papel fundamental, ya que es el medio por el que se accede a los ideas, significados y emociones, además de ayudar a ordenar y dar sentido a la experiencia difícil, incluso a los aspectos más penosos o vergonzosos de la vida. El lenguaje tiene un poder profundamente sanador, influye en cómo la persona siente, piensa y actúa. Para que el lenguaje sea terapéutico requiere el momento adecuado, las palabras precisas, un tono respetuoso, de imágenes que abracen la vida y mensajes cargados de esperanza realista, esto es, narraciones que muestren pequeñas posibilidades positivas que ayuden a la persona a mantenerse de pie y la muevan a una opción de vida diferente a la que le produce sufrimiento.

Diversas habilidades aparecen junto con esta presencia terapéutica: empatía, paciencia, crear un clima de seguridad, transmitir esperanza, consideración positiva, aceptación, escuchar con atención plena, uso cuidadoso del lenguaje, respeto por el ritmo de cada persona entre otras. Estas habilidades ayudan a crear un vínculo de presencia y calidez, mostrando interés genuino y evitando que la persona que sufre viva sola su condición.

Para terminar, es preciso enfatizar en que un acompañamiento cálido, cercano y disponible permite que la persona se sienta vista, reconocida y sostenida emocionalmente. La recuperación tras una situación difícil o una crisis no ocurre de inmediato, el tiempo cumple un papel importante en el proceso de ayuda. Acompañar implica crear un espacio de seguridad emocional para la persona donde pueda expresarse, comprenderse y apoyarse en su crisis; es permitir que el respeto, los cuidados y la presencia cercana y paciente del acompañante transmitan a la persona que es importante y que no será abandonada en su sufrimiento, volviéndose de esta manera una verdadera presencia que sana desde la humanidad compartida. ⚫

Cuerpos visibles, almas invisibles: la objetivación de la mujer

Hay temas que no se ven… pero se sienten, que no se nombran fácilmente, pero habitan silenciosamente en muchas mujeres. Tal vez alguna vez te has mirado al espejo y en lugar de encontrarte, te has evaluado. Tal vez has sentido que tu cuerpo debía cumplir expectativas, más que expresar quién eres. Hoy quiero invitarte a mirarte más allá de la

imagen. A detenernos juntas en un fenómeno que no sólo toca la piel, sino la identidad: la forma en que aprendemos a vernos a través de los ojos de otros, porque cuando el cuerpo deja de ser hogar, algo profundo dentro de nosotras comienza a doler.

La objetivación de la mujer

En las últimas décadas, la cultura patriarcal ha favorecido e impulsado un modelo de mujer cada vez más reducido a su apariencia física y objeto de consumo: rostros uniformes y caricaturizados, cuerpos “reloj de arena”, cinturas muy pequeñas, glúteos y senos prominentes, o cuerpos extremadamente delgados, dando como resultado identidades perdidas en una estética repetida que promete aceptación, deseo y pertenencia.

Detrás de esta aparente libertad de elección, se esconde un fenómeno social y complejo denominado: objetivación de la mujer: acto de tratar el cuerpo femenino como objeto, mercancía, o herramienta para placer visual de terceros, despojándola de su humanidad y dignidad.

Esta realidad no sólo es una tendencia estética o social, sino una crisis que impacta la salud mental y la dignidad misma de la mujer que erosiona de manera silenciosa su identidad , sus valores y su relación con ella misma. En los espacios de consultorio, cada vez más mujeres llegan, no sólo con insatisfacción corporal, sino con una profunda desconexión de su esencia, muchas de ellas mirándose a sí mismas desde miradas externas, como si su cuerpo y pensamiento perteneciera a los demás y no a ellas mismas, habitándose desde fuera y siendo espectadoras de su propia existencia.

Como señala la filósofa Sandra Bartky: “La mujer llega a experimentar su cuerpo como si fuera visto constantemente por otros, lo que la lleva a una auto vigilancia permanente”. Esto implica valorar más lo visible, la forma, el peso y la apariencia, que lo vivido: su mundo emocional, su esencia, su experiencia de vida. Y aunque esto genera dolor, también mantiene al sistema: al invertir en la apariencia como vía para obtener aceptación, estatus o afecto; muchas mujeres terminan adaptándose a las exigencias de esa mirada externa.

Consecuencias psicológicas

La objetivación, se va transformando en auto objetivación; comienzan a aparecer experiencias internas dolorosas: vergüenza corporal y comparación permanente con otras mujeres, ansiedad, desconexión emocional del propio cuerpo y pérdida de identidad. Con el tiempo, es común que esta vivencia derive en estados depresivos , disfunción sexual, trastornos alimentarios y obsesión por la apariencia y aprobación externa. También se asocia con otras consecuencias: baja autoestima, disminución de la capacidad cognitiva, menor rendimiento físico, autolesiones, conductas disfuncionales con el ejercicio y una profunda sensación de vacío.

Pero el mayor costo no es físico, sino psicológico: se instala una relación de auto maltrato inconsciente: el cuerpo deja de ser un lugar seguro y se convierte en un territorio de vigilancia constante y un proyecto interminable de corrección. Se sacrifica bienestar por aceptación y se tolera dolor por miedo a la soledad, experimentado una ansiedad constante por la apariencia

El cuerpo como campo de batalla

Muchas mujeres no perciben la objetivación porque ha sido normalizada. Estudios muestran que incluso experiencias sexistas frecuentes pueden pasar desapercibidas o ser interpretadas “normales”. La objetivación de la mujer no es un fenómeno nuevo, pero ha ido intensificado a través de medios de comunicación, redes sociales y modelos de belleza estandarizados. La mujer deja de ser sujeto para convertirse en objeto: algo que se observa, se evalúa, se compara y se consume.

Este fenómeno se sostiene en varios pilares: validación externa como medida de valor personal, erotización temprana del cuerpo femenino, cultura de inmediatez y apariencia y la promesa ilusoria de amor, éxito o compañía a través de la imagen y roles de subordinación. Ellas, las mujeres, no sólo son observadas, sino que a su vez aprenden a observarse a sí mismas desde la perspectiva externa: editan, seleccionan y comparan; anticipando la mirada del otro. Así, la auto objetivación se vuelve cotidiana de manera casi invisible, pero profundamente influyente

Otro rostro de este fenómeno es la competencia silenciosa entre mujeres, alimentada por la idea de que el valor disminuye con la edad, instalándose la obsesión por mantenerse joven, “perfecta” y deseable. En lugar de habitar cada etapa de la vida, se lucha contra ella, generando miedo al envejecimiento. Como menciona Naomi Wolf: “El mito de la belleza no tiene nada que ver con las mujeres, tiene que ver con las instituciones y el poder” Esto explica el aumento de procedimientos estéticos extremos invasivos y supuestamente “no” invasivos.

Muchas mujeres someten su cuerpo a procesos dolorosos y riesgosos: implantes invasivos en casi todo el cuerpo, alteraciones físicas como luxación de costillas, aumento o disminución de mentón, hilos invisibles y tensores en la capa profunda de la piel del rostro para disimular arrugas, fajas corporales de ajuste de medidas en cintura, cadera, glúteos y senos, aplicación de bótox, rutinas rígidas de ejercicio, todo esto, alimentado por la idea de que el valor disminuye con la edad y está prohibido envejecer, cayendo en una espiral de auto maltrato que lejos de concientizarse, se ha normalizado.

Una mirada desde la salud mental

Frente a este panorama, la respuesta no está en juzgar, sino en comprender y acompañar. Detrás de la auto objetivación hay una necesidad legítima: ser vista, ser amada y ser suficiente. El camino de sanación implica recuperar la relación con el cuerpo como un espacio propio y que se habita, volver a sentirlo en primera persona, escucharlo, respetarlo y construir una identidad que no dependa de la mirada externa. Preguntarnos: ¿cómo sería vivir en un cuerpo que no necesita ser aprobado, sino habitado? Cuestionar mandatos sociales y preguntarnos ¿esto lo deseo yo o lo aprendí?, ¿a quién intento complacer? Trabajar la autoestima desde el ser y no desde la imagen. Nuestra valía personal no puede depender de la apariencia, es necesario fortalecer la identidad interna, reconciliarnos con nuestro ciclo vital, respetarnos y enseñar afuera a que se nos respete. Identificar ganancias secundarias y reconocer, qué obtenemos a través de la imagen (atención, validación, compañía) y buscar formas más sanas de satisfacer esas necesidades . Establecer límites; negarnos a prácticas que nos dañan y decir sí al autocuidado y respeto propio.

Para concluir con este tema, que requiere de nuestra inmediata atención, te dejo algunas preguntas de reflexión: ¿En qué momentos me miro con ojos ajenos? ¿Qué he dejado de escuchar de mí, priorizando cómo me veo para sentirme aceptada? ¿Qué necesidad emocional intento cubrir a través de mi apariencia? ¿Cómo sería comenzar a tratar mi cuerpo con respeto y no con exigencia? ¿Qué significa para mí volver a ser dueña de mi cuerpo y de mi mirada?

Recuperar el sentido de sí misma es un acto profundo de sanación y resistencia. Cada mujer que deja de mirarse con ojos ajenos y comienza a reconocerse desde su interior, rompe un ciclo silencioso de dolor, porque al final, el verdadero valor no está en el cuerpo que se muestra…sino en la vida que se habita. Sanar implica recuperar algo esencial: volver a habitarse, dejar de exhibirse… y empezar a reconocerse.⚫

Recuperar el sentido en el trabajo

En la cultura contemporánea, el concepto de trabajo ha quedado reducido, casi de manera exclusiva, a su impacto económico. Vivimos en una sociedad materialista y utilitarista, donde la primera pregunta que se le hace a un proyecto es: “¿Cuánto dinero va a dejar?”. Bajo esta lógica, el éxito se mide por la productividad y el valor de una persona suele calcularse por las cifras que arroja su cuenta bancaria o su posición en un organigrama.

Sin embargo, en medio de este escenario, surge una pregunta sencilla pero profundamente incómoda: ¿De verdad el valor de la actividad humana depende únicamente del dinero que genera? Si aceptamos esa premisa, tendríamos que admitir que las acciones más nobles , aquellas que sostienen el tejido emocional de nuestra sociedad, carecen de valor real

Es aquí donde el voluntariado emerge no como un pasatiempo, sino como una ruptura del esquema imperante. El voluntariado no es un “extra” ni una actividad menor, es una forma de trabajo en el sentido más estricto de la palabra, pero impulsada por un motor diferente: el sentido.

Redefinir el trabajo: transformación frente a remuneración

Tradicionalmente, hemos separado el trabajo , aquello que se hace por obligación y paga, del ocio : aquello que se hace por placer. El voluntariado habita un espacio intermedio que desafía ambas definiciones. Trabajar, en su esencia más pura, es la capacidad humana de transformar la realidad, de acompañar procesos y de construir relaciones.

Desde esta óptica, el voluntariado posee un valor enorme precisamente porque su beneficio no es monetario. Al eliminar la transacción económica de la ecuación, lo que queda es la esencia del compromiso. Quien hace voluntariado no regala su tiempo de forma superficial, lo que hace es invertir su capital humano en la comunidad.

En un mundo donde muchas personas viven sus empleos con un profundo desgaste o una sensación de vacío, el voluntariado aparece como el refugio donde el esfuerzo vuelve a conectar con el alma

A diferencia del trabajo tradicional, aquí no existe el contrato coercitivo ni la obligación externa de un jefe.

Nadie está obligado a estar ahí. Y es precisamente esa libertad de elección la que otorga al voluntariado una autoridad moral y una profundidad que el trabajo remunerado a veces se pierde en la rutina de la supervivencia.

La ética del compromiso: no es caridad, es responsabilidad

Existe un error común al pensar que el voluntariado, al ser gratuito, puede ser ligero o improvisado. Nada más lejos de la realidad. Para que el voluntariado sea verdaderamente trabajo con sentido, debe estar cimentado en la responsabilidad.

El voluntariado serio exige constancia, formación y, sobre todo, una profunda conciencia de la dignidad del otro. No se trata de «hacer por hacer» para sentirnos mejores personas; se trata de saber cómo y para qué estamos interviniendo en la vida de los demás. Cuando un voluntario decide dedicar sus mañanas a un hospital o sus tardes a un centro de refugiados, está asumiendo una carga de trabajo que, aunque no se refleje en una nómina, exige el mismo rigor que cualquier posición corporativa. La diferencia radica en que la recompensa no es un ascenso, sino la satisfacción de ver una realidad transformada, por mínima que sea.

Mtra. Georgina González García

El cambio de paradigma: la utilidad de lo invisible

¿Cómo se mide el valor de una hora dedicada a escuchar a un anciano que no tiene a nadie más? ¿Qué precio tiene la mirada de un niño que se siente comprendido por primera vez? En el voluntariado, lo más importante son las pequeñas cosas: la retroalimentación honesta, la presencia silenciosa, el gesto de solidaridad. Estas acciones, aunque no puedan traducirse en gráficos de barras, tienen un impacto profundo en la salud mental y social de una comunidad. Son el pegamento invisible que evita que la sociedad se desmorone bajo el peso del individualismo.

Además, este impacto tiene un efecto boomerang. El cambio no es solo para quien recibe el acompañamiento; el voluntario es , quizás, quien más se transforma. Al romper su propia burbuja y entrar en contacto con realidades ajenas y muchas veces dolorosas, su mirada se expande. Crece la humildad, se fortalece la resiliencia y se desarrolla una conciencia cívica que difícilmente se adquiere tras un escritorio.

La brújula de Viktor Frankl: las categorías de valores

Para profundizar en por qué el voluntariado es tan gratificante a nivel psíquico, sugiero acudir a la figura de Viktor Frankl, psiquiatra austríaco y fundador de la Logoterapia. Frankl, tras sobrevivir a los campos de concentración, concluyó que la principal motivación del ser humano no es el placer (como decía Freud), ni el poder (como decía Adler), sino la voluntad de sentido.

Frankl propuso que el sentido se puede encontrar a través de tres categorías de valores. El voluntariado es una de las pocas actividades humanas que permite realizar los tres de manera simultánea.

Valores de creación: lo que damos al mundo; tienen que ver con nuestra capacidad de aportar algo original o necesario a la vida. En el voluntariado, esto se manifiesta en la acción directa: organizar un comedor, dar una clase, coordinar una logística de emergencia. Estamos creando bienestar, orden o esperanza. Es un trabajo que deja una huella externa y nos permite decir: «Yo estuve aquí y este lugar es un poco mejor gracias a mi esfuerzo».

Valores vivenciales: lo que recibimos del mundo; Frankl decía que también encontramos sentido a través del encuentro con la belleza, el arte o el amor por otra persona. El voluntario experimenta esto de manera intensa. No es una relación unidireccional de «salvador» y «víctima». Es un intercambio. El voluntario recibe historias de vida, lecciones de coraje de personas que sufren y una perspectiva renovada sobre sus propios problemas. Se recibe humanidad en estado puro.

Valores de actitud: nuestra postura ante el destino; esta es la dimensión más profunda. Aparece cuando nos enfrentamos a situaciones que no podemos cambiar: la enfermedad terminal, la injusticia sistémica, la pobreza o la pérdida. El objetivo no es arreglarlo todo, porque a veces la realidad es simplemente trágica. Ahí, el trabajo consiste en la actitud: decidir acompañar con dignidad, con paciencia y con cercanía. Es el trabajo interno de quien elige no dar la espalda al dolor ajeno.

El sentido como acto de rebeldía

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿Debe todo trabajo ser un voluntariado? No necesariamente. El voluntariado no busca reemplazar al trabajo remunerado; busca enriquecerlo, cuestionarlo y recordarle su propósito original. Nos enseña que la vida no es un problema matemático que hay que resolver, sino una realidad en la que hay que involucrarse.

En última instancia, el voluntariado es un acto de rebeldía contra una sociedad que nos quiere convertir en simples consumidores. Nos invita a salir de nuestras zonas de confort, a dejar de ser espectadores de las noticias y convertirnos en protagonistas de nuestra comunidad. El sentido se construye, se vive, se trabaja. El trabajo con sentido es aquel que, aunque no siempre llene el bolsillo, es el único capaz de llenar el alma y transformar, paso a paso, el mundo que compartimos. El voluntariado nos recuerda, en definitiva, que no somos lo que tenemos, sino aquello que somos capaces de entregar. ⚫

El acompañamiento psicológico humanizado en la atención integral a personas con enfermedad crónica

Maestra en Relación de Ayuda Delia Araceli Serafín García

en Psicología Clínica Esteban Villarreal De Ávila

El acompañamiento psicológico humanizado en la atención a personas con enfermedad renal se centra en reconocer al paciente como un ser con dimensiones emocionales, sociales, espirituales y físicas interrelacionadas. Más allá del tratamiento médico, implica brindar una escucha empática, respetar su dignidad y favorecer la construcción de sentido ante la enfermedad. Este enfoque promueve no solo la fidelidad al tratamiento, sino también el bienestar emocional, fortaleciendo recursos internos y redes de apoyo que permiten transitar el proceso con mayor resiliencia.

¿Por qué es importante acompañar con humanidad?

La hemodiálisis es un tratamiento sustitutivo de la función renal que elimina toxinas del cuerpo cuando los riñones dejan de hacer su función normal, esto implica que la persona con ERC asista regularmente a sesiones de hemodiálisis, tenga restricciones alimentarias, controle su ingesta de líquidos y cumpla con la toma de medicamentos en horario y dosis, lo que conlleva a grandes cambios y a experimentar situaciones complejas que tienen una implicación importante en su calidad de vida.

En este contexto, y más allá del procedimiento técnico, la humanización de la atención en hemodiálisis se presenta como una necesidad clave para mejorar la experiencia del tratamiento y fortalecer la relación entre el personal de salud y los pacientes. La implementación de cuidados humanizados permite reducir la ansiedad, aumentar la adherencia terapéutica y favorecer un entorno más empático y respetuoso. Es por ello fundamental que los centros de hemodiálisis adopten medidas que integren la humanización como un pilar en la prestación del servicio, garantizando un cuidado más cálido, cercano y humano.

Impacto psicológico de la enfermedad renal crónica

A nivel emocional, es frecuente la presencia de síntomas de depresión y ansiedad, derivados de la incertidumbre, la dependencia al tratamiento de hemodiálisis y la percepción de pérdida de control sobre la propia vida. Asimismo, se experimenta un proceso de duelo

por la pérdida de la salud, la autonomía y los roles previamente asumidos. En el plano conductual, estos factores pueden afectar la confianza en el tratamiento, ya que el desgaste emocional, la desesperanza o la negación pueden interferir en el compromiso con el cuidado médico.

El rol del psicólogo en la atención humanizada a las personas con ERC

Humanizar la atención significa crear un ambiente de confianza, empatía y respeto, donde la persona se sienta acompañada y comprendida. Esto requiere un equipo de salud comprometido con el trato digno, la comunicación efectiva y el fortalecimiento del vínculo terapéutico.

La atención humanizada por parte del psicólogo implica ver al paciente como persona y no solo como un diagnóstico. Es él quien a través de estrategias como la escucha activa, el apoyo emocional y la personalización de la atención, contribuye a la adaptación al tratamiento y a la identificación de signos de riesgo, además favorece la comunicación empática entre el equipo de salud y el paciente, promueve el respeto por la dignidad, autonomía

y valores de la persona, facilita la toma de decisiones informadas y crea espacios de escucha activa dentro de la unidad de hemodiálisis, lo que transforma la experiencia del tratamiento en una rutina que favorece su adherencia y mejora su calidad de vida.

Aunque la intervención del psicólogo dentro de las unidades de hemodiálisis es importante, enfrenta varios obstáculos que truncan la intervención y pueden afectar la eficacia del tratamiento, entre los más comunes están: la negación o resistencia al acompañamiento psicológico, la fatiga o el desgaste físico, el estigma social, la falta de integración interdisciplinaria y escasez de profesionales, la prioridad al tratamiento médico, el desconocimiento del rol del psicólogo y la sobrecarga de pacientes; sin embargo en Fundación Stella Vega los psicólogos acompañamos de forma humanizada a las personas con enfermedad renal en hemodiálisis, permitiéndoles descubrir, a su tiempo, las herramientas emocionales para enfrentar la enfermedad y, desde nuestro rol como organización social, brindar apoyo profesional cercano y empático, facilitando la comprensión de la enfermedad, mejorando la adherencia al tratamiento y propiciando una mayor adaptación a los cambios en su vida diaria. ⚫

A 25 años de camino, el Centro San Camilo A.C. contempla su historia con gratitud serena y una alegría que nace del servicio llevado a cabo con fidelidad. No son solo años los que se cumplen, sino encuentros que han dejado huella: personas acompañadas en la experiencia de la enfermedad crónica, escuchadas en momentos de soledad y dolor, y fortalecidas en los Grupos de Ayuda para rehacer vínculos y recuperar esperanza. Cada proceso habla de dignidad cuidada y de humanidad compartida.

Este aniversario es también un reconocimiento al voluntariado que, con discreción y constancia, ha sostenido la misión día tras día. Su presencia cercana —en el acompañamiento al enfermo, en el Centro de Escucha, en la animación de los grupos— ha tejido redes de apoyo que hacen visible que nadie está solo.

Del mismo modo, celebramos la tarea formativa que ha capacitado a tantas personas: profesionales y agentes comunitarios que integran conocimiento, habilidades y una profunda sensibilidad ética para servir mejor.

Mirar atrás permite agradecer ; mirar adelante invita a renovar el compromiso. Aún hay sufrimientos que requieren escucha, familias que necesitan orientación y comunidades que pueden fortalecerse con una cultura del cuidado. Por eso, celebramos con sobriedad agradecida: conscientes de lo logrado y responsables de lo que sigue.

Que estos 25 años reaviven la convicción que nos anima: acompañar con respeto, escuchar con atención y formar con seriedad y calidez.

Que el Centro San Camilo continúe siendo un espacio donde el dolor encuentre sentido, la fragilidad sea acogida y la esperanza tenga un lugar para crecer. Porque cuando el cuidado se vuelve cultura, la vida —aun en medio de la prueba— puede florecer. ⚫

Sábado 4 julio

Radio San Camilo

Vida y Espiritualidad de San Camilo Video histórico

Áreas de trabajo

Fiesta de San Camilo

10:00-13:00 Ex participantes de los Grupos de Ayuda

Jueves 9 julio

9:30-13:30 Jornada por la Humanización

Viernes 10 julio

19:45 Noche cultural de arte

Sábado 11 julio

10:00-13:00 Evento de SaRI (Salud Renal Integral Camilo de Lelis AC)

Lunes 13 julio

19:00 Misa para los bienhechores difuntos

Lunes 13 julio

17:00-19:00 Voluntarios camilianos de América Latina (en línea)

Martes 14 julio

18:30 Develación de la placa de conmemoración 25 años

19:00 Misa solemne

20:00 Convivio con voluntarios y colaboradores

Religiosos - Orden de San Camilo

Somos religiosos unidos por el ideal de servir a los enfermos y a los que sufren.

Para jóvenes varones, solteros, de 17 a 29 años

¡Quieres descubrir tu vocación?

¡Estás interesado en un acompañamiento vocacional?

Religiosos Camilos

Guadalajara, Jal.

Tel. 33-3640-4090

sancamilo@prodigy.net.mx www.camilos.org.mx

El número 142

Julio - Agosto 2026 de la Revista

Vida y Salud será dedicado a “25 años del Centro San Camilo ” Suscripciones secretaria@camilos.org.mx para enviarse por vía electrónica

24 Mayo 2026

11:00 Retiro: Espiritualidad de San Camilo” 13:00 Eucaristía 14:00 Concierto

El equipo de Redacción de la Revista y el Centro San Camilo A.C.,

expresan su más sentido agradecimiento a los bienhechores y patrocinadores:

- Fundación PiSA - Stella Vega, A.C.

- Tequila San Matías

- Mónica Gómez Flores

- Antonio Salles Ramírez

¡QUE EL SEÑOR LES PAGUE!

AL SERVICIO DE LOS ENFERMOS

San Camilo nació en Italia en 1550, se convirtió a los 25 años, consagró su vida atendiendo a los enfermos más pobres y desasistidos. Fundó en 1586 la Orden de los Ministros de los Enfermos (Religiosos Camilos). Eligió como distintivo la cruz roja.

La intuición de San Camilo fue fundar una “compañía de hombres piadosos y de bien que, no por dinero, sino voluntariamente y por amor a Dios, sirvieran a los enfermos con a que amor y cariño de una madre hacia su hijo único enfermo”.

Elaboró las reglas para servir con esmero y toda perfección a los enfermos. Adoptó nuevos medios para mejor servir al enfermo. Creó un modo original de estar frente a Dios, inspirado en el Evangelio de San Mateo: ‘Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron’.

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