Era el cumpleaños de Marta y su hermano gemelo Luis. Su padre les había regalado un potente telescopio porque su afición favorita era la astronomía. Durante la noche los dos hermanos se sentaron en el balcón del quinto piso en el que vivían y disfrutaron del precioso cielo estrellado. De pronto, Luis observó un objeto luminoso en el cielo. Tenía tantos colores que parecía un arcoíris nocturno, pero sin sol y sin lluvia era imposible. Cuando le dijo a su hermana lo que había visto, ésta miró con atención, con mucha atención y vio que era un objeto redondo. Sí, era un planeta, eso debía ser, un nuevo planeta. Lo llamaron Milkol
por los mil colores que desprendía, y decidieron construir una nave espacial que les llevase hasta allí.
Leyeron muchos libros, viajaron por internet y llegaron a un acuerdo sobre la forma que debería tener su nave para alcanzar Milkol, de una forma veloz y segura. Así que, aprovechando los fines de semana en que sus padres les llevaban a visitar a los abuelos al campo, Luis y Marta comenzaron la construcción de su nave espacial. Recopilaron latas de bebidas, botellas de plástico y cuantos objetos podían servirles, e hicieron una nave espectacular.
Aquel año los Reyes Magos les habían traído unos pijamas preciosos que tenían dibujos de estrellas en el pantalón y un rayo dibujado en la camiseta. Éstos les servirían como trajes espaciales. Cogieron unos bocadillos de tortilla y agua para el camino.
Montaron en su nave y partieron rumbo al recién descubierto planeta. Cuanto más se acercaban a Milkol más bonito era. Aterrizaron y salieron de la nave. Se encontraban rodeados de nubes, casas, árboles , flores, juguetes,
parques…
todos eran de mil colores.
Pero lo más sorprendente era que en planeta solamente vivían niños y niñas.
este
colorido
Sus primeros amigos fueron Rik y Rok. Eran muy diferentes entre sí, pero se les veía muy unidos y pronto enseñaron a Marta y a Luis que, cuando los niños comparten juegos, la amistad triunfa. A eso era a lo que se dedicaban en Milkol,: a jugar libremente a aquello que
más les gustase. Se les veía felices y alegres. Rik y Rok explicaron que el juego es natural, algo tan necesario que, sin in él él, los niños y niñas enfermarían.
En Milkol bibliotecas niñas leían por conocer
no había hospitales, ni escuelas, pero sí con libros de todas las galaxias. Los niños y y aprendían porque s sentían entían una gran curiosidad el inmenso espacio que les rodeaba. Durante urante el tiempo tiemp que los dos pequeños visitantes estuvieron en Milkol enseñaron a sus habitantes a jugar al pilla-pilla, pilla, al veo-veo, veo a la comba, al escondite y a otros juegos. Todos disfrutaron muchísimo,
pero llegó el momento de volver a la Tierra o sus padres empezarían a preocuparse. Rik y Rok fueron invitados a unirse al viaje de vuelta. Estaban muy ilusionados. Un nuevo mundo por conocer. ¡Eso sí que era una verdadera aventura! Aterrizaron en el jardín de los abuelos de Luis y Marta. Afortunadamente, sus padres no se habían dado cuenta de que los niños no estaban en la cama. Al día siguiente, los cuatro amigos partieron de viaje. Sobrevolaron los cinco continentes. Rik y Rok no podían creer lo que veían. La Tierra estaba llena de niños que estaban tristes porque no jugaban. Trabajaban, pasaban hambre, los maltrataban y eran víctimas de las guerras de los adultos.
Rik y Rok invitaron a todos los niños de e nuestro planeta a viajar a Milkol, allí podrían jugar y ser felices. Algunos no habían jugado nunca, ni sabían lo que era tener amigos. La Tierra se quedó vacía, las casas se quedaron vacías. Entonces todos los reyes, presidentes y jefes del mundo se dieron cuenta de lo mal que trataban a los niños. Hicieron nuevas leyes para que no hubiera hambre en el mundo, ni guerras, y para que no faltase la comida en ningún lugar. Se dieron cuenta ta de que jugar era más que un derecho, echo, era una necesidad para que niñas y niños llegasen a ser personas buenas y solidarias solidarias. La Tierra se volvió un lugar mejor para v vivir ivir .Entonces todos volvieron a sus hogares, donde sus familias les esperaban. Salieron a jugar a las calles, a enseñar a sus padres todos los nuevos juegos que habían aprendido y a hablar con sus amigos.
Y no olvidaron hacer una pancarta gigante, que daba la vuelta a la Tierra y se veía desde Milkol, dando las gracias a Rik y Rok por la solidaridad que habían demostrado, por haber llevado la ilusión y la alegría al mundo. Por haber hecho a millones de niños felices mientras jugaban. Por haber conseguido que, en el planeta Tierra, por primera vez el 31 fuera el número más importante.
¡GRACIAS, RIK Y ROK!