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ACTAS 24 y 25 NOVIEMBRE

2015

Con la colaboraciรณn de:


Edita Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Aragón Año de publicación: 2016 ISBN: 978-84-608-8580-1 Depósito Legal: Z-757-2016 Impreso por SNOWFALL4POD Diseño y maquetación Ana Durán Boldova

© Autores de los textos Recoge los contenidos presentados a I Congreso de Arqueología y Patrimonio Aragonés (CAPA)


ACTAS

24 y 25 de noviembre de 2015

Organizadores

Colaboradores


EDITORES

Dr. José Ignacio Lorenzo Lizalde Dr. José María Rodanés Vicente


PRÓLOGO

I-CAPA Hace tiempo que la comunidad de profesionales dedicados a la arqueología demandaba una reunión en la que se pudieran intercambiar opiniones, presentar los últimos proyectos e investigaciones, debatir sobre nuevas tecnologías aplicadas a la investigación del pasado o sobre el futuro de una profesión cada vez más difícil de ejercer y a la que la crisis ha afectado con enorme dureza. La brevedad de este encuentro, celebrado entre los días 24 y 25 de noviembre en el marco del CaixaForum Zaragoza, no ha podido tratar en profundidad gran parte de los temas planteados. Tampoco era nuestra intención cuando lanzamos la propuesta y organizamos las jornadas. No queríamos, ni podíamos, ser tan ambiciosos. Después de décadas sin una reunión de estas características no sabíamos cual sería la respuesta. La gran acogida por parte de profesionales y estudiantes, cuyos resultados se pueden ver en las actas que acompañan estas breves palabras, nos hacen ser optimistas de cara al futuro. La amplitud de los contenidos y el formato generalista del I-CAPA hace que se convierta en el heredero natural del Congreso sobre el Estado actual de la Arqueología en Aragón, celebrado en Zaragoza entre el 12 y 14 de noviembre de 1987, organizado por la Cátedra Galiay de la Institución Fernando el Católico y publicado tres años más tarde. A su vez, como se dice en la introducción de M. Beltrán, deudora en cierto modo del espíritu que auspició la Reunión de arqueólogos excavadores del distrito universitario de Zaragoza, en 1960. Supuso un hito y es quizás el momento que podríamos elegir como punto de partida de las que se sucederán a lo largo de más de medio siglo. Esto no significa, en modo alguno, que no se hayan celebrado citas periódicas y reuniones. En todo este tiempo transcurrido han tenido lugar numerosas jornadas, encuentros, simposios o congresos dedicados a problemas y aspectos parciales, temáticos o cronológicos, que no citaremos de manera exhaustiva pero que han supuesto, cada una en su momento y lugar, una puesta al día y una referencia imprescindible sobre el tema abordado. No podemos dejar de mencionar en el marco de la Prehistoria la Primera reunión de Prehistoria Aragonesa auspiciada desde el Museo de Huesca en 1981 y que ha sido durante décadas obra indispensable para el conocimiento del pasado mas remoto y, todavía en la actualidad, cita obligada para determinados periodos. A ella le siguieron, con temática más restringida y diversa los Congresos organizados en Caspe bajo la dirección de A. Álvarez: Primeros encuentros de Prehistoria Aragonesa: Las industrias líticas del Bajo Aragón y sus relaciones con el Valle del Ebro; I Congreso Internacional de Arte Rupestre o los Segundos encuentros de Prehistoria Aragonesa. La desaparición de la revista Bajo Aragón prehistoria unida al devenir de estas reuniones supuso una gran perdida para la investigación prehistórica no solo el Bajo Aragón si no del Valle del Ebro en general. La culminación de estos trabajos de los años ochenta y noventa del siglo pasado vendría de la mano del Congreso: Aragón/Litoral Mediterráneo: intercambios en la prehistoria, coordinado por P. Utrilla y editado por la Institución Fernando el Católico, acontecimiento único y sin continuidad hasta 2008. En este año P. Utrilla y L. Montes coordinan y editan el coloquio celebrado en Jaca sobre el Mesolítico Geométrico en la Península Ibérica que, como su nombre indica, trasciende ampliamente el marco que estamos tratando, si bien reivindica con varias ponencias la relevancia de las industrias mesolíticas aragonesas y la intensidad de las investigaciones. Excepcionales son los casos de los Coloquios de Arqueología Espacial celebrados en Teruel y los Simposios sobre celtíberos de Daroca. Gracias al tesón, constancia y dedicación de su director F. Burillo se han mantenido hasta


la actualidad. En el caso de los primeros La Revista de Arqueología Espacial alcanzó en 2009 su número 27, mientras que los segundos han celebrado su séptima edición en 2008, en ambos casos con una gran participación e impacto a nivel nacional. El Arte Rupestre, con una gran tradición en la investigación a partir de la obra de A. Beltrán, ha sido objeto de varias reuniones en las que no solo se trataban aspectos exclusivamente científicos si no que se abordaban problemas como la conservación y restauración, divulgación y gestión, o su integración en Parques Culturales. Des tacaremos las primeras Jornadas sobre Parques con Arte Rupestre celebradas en Zaragoza en 1989 y publicadas un año después; el II Encuentro Internacional de Doctorandos y Postdoctorandos: El arte de las sociedades prehistóricas, organizado en Zaragoza en 2011; las Jornadas técnicas para la gestión del arte rupestre, Patrimonio Mundial, celebradas en Alquezar (2011) o los diferentes cursos en Ariño durante 2004, 2008, 2012 y 2016, que junto al ciclo de conferencias organizado con motivo del centenario del descubrimiento de Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz 2013) son un reflejo de la importancia y relevancia que han adquirido las manifestaciones rupestres aragonesas desde que el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica fuera incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1998. Zaragoza ha sido sede de numerosas acontecimientos, nacionales e internacionales, relacionados con el mundo clásico. Un buen ejemplo para glosar sus inicios es la celebración del Bimilenario de Zaragoza. Simposio de ciudades augusteas en 1976. Desde entonces y durante los años ochenta se suceden los relacionados con las intervenciones urbanas, en las que Zaragoza se mostrará pionera en la gestión patrimonial. Así en 1983 tuvieron lugar las Primeras Jornadas de Arqueología en las ciudades actuales o la dedicada a la Arqueología de las ciudades modernas superpuestas a las antiguas. Cerrará la década el Coloquio: La casa urbana hispanorromana (1988). En 1992 se organizó el primer congreso dedicado a epigrafía: Roma y las primeras culturas epigráficas del Occidente mediterráneo (s.II a.C.-I d.C.) y años después (1997) el VII Coloquio sobre Lenguas y Culturas Palaeohispánicas, ambas con la colaboración de la Institución Fernando el Católico que es la institución de referencia, que acogió y sigue acogiendo este tipo de iniciativas. La preocupación por los problemas del patrimonio, su gestión y musealización toman protagonismo en los inicios del siglo XXI. Así queda reflejado en las Jornadas de Arqueología en suelo urbano, celebradas en Huesca en 2003 o el que tuvo lugar al año siguiente en Zaragoza: III Congreso Internacional sobre la musealización de yacimientos arqueológicos, y el IX Congreso Internacional de la Association Internationale pour la Peinture Murale Antique (UNED-Calatayud), finalizando el ciclo con El patrimonio arqueológico a debate: su valor cultural y económico, Jornadas también celebradas en Huesca (2007). A nivel nacional debemos destacar, por la consolidada tradición que tuvo la Universidad de Zaragoza y A. Beltrán en la organización de los Congresos Nacionales de Arqueología, los celebrados sucesivamente en TeruelAlbarracín en 1991, Zaragoza 2001 y Huesca 2003, a los que se sumarían en 1997 el II Congreso Nacional de Arqueometría, también organizado por la Universidad de Zaragoza. Como iniciativas singulares debemos tratar Los caminos en la Historia de las Cinco Villas (Ejea de los Caballeros) de 1985; las I Jornadas sobre Íberos


en el Bajo Aragón (2004) o las Primeras jornadas de arqueología medieval en Aragón (Teruel 2006). Buenos ejemplos todos ellos de la importancia que adquieren los Centros de Estudios Locales, dependientes de las Diputaciones, o los propios Institutos de Estudios sin cuyo apoyo no hubiera sido posible la celebración de numerosos acontecimientos culturales. No podemos acabar sin aludir, como ya hiciera M. Beltrán en 1987, a uno de los empeños más duraderos: las reuniones periódicas que desde 1978 organiza el ICE y coordina Agustín Ubieto sobre el Estado actual de los estudios sobre Aragón, que junto a las dedicadas a la Metodología de la investigación científica sobre fuentes aragonesas han contado con interesantes contribuciones en el área de la prehistoria y arqueología redactadas por diferentes autores y que se pueden consultar en las sucesivas publicaciones de las actas. Este breve e incompleto resumen de congresos, jornadas o reuniones de cualquier tipo relacionadas con la arqueología y el patrimonio nos sirve, como anunciábamos al inicio, para reflexionar sobre el sentido e intención de un congreso como el propuesto. La oportunidad, idoneidad y evaluación de los resultados han de estar necesariamente ligados a los objetivos. Por ello, al hilo de lo expuesto, queríamos que este I-CAPA fuera “generalista”, que tuviera cabida la investigación, divulgación y conservación del patrimonio, con un carácter marcadamente local. La falta de publicaciones periódicas que informaran de las actuaciones desarrolladas en el territorio aragonés desde el 2005 y que cubrieron en un primer momento la revista Arqueología Aragonesa con una vigencia desde 1984 a 1994, completada con el resumen de las intervenciones autorizadas en Aragón desde 1995 a 2005 publicadas en un libro con CD, se veía truncada desde éste último año hasta nuestros días. El profesional necesita saber al menos donde y quien esta trabajando en Aragón para orientar su trabajo. Pretendíamos reivindicar con ello la importancia de este tipo de investigación y de estudios. Frente a la moda y casi obligación – la mayoría de las veces nominal - de la aparición del término “internacional” para asegurar un impacto más que dudoso en este tipo de acontecimientos, consideramos más importante la puesta en valor del trabajo cotidiano de una serie de profesionales, cuya labor es necesaria para la integración del conocimiento en la sociedad. Esto en modo alguno supone renunciar al impacto y relevancia de estas investigaciones que estos mismos profesionales pueden presentar – y de hecho se presentan - a nivel nacional o internacional en los foros correspondientes. Deseábamos, igualmente, que fuera abierto: que pudieran participar todos aquellos que tuviesen algo que decir o aportar en estos campos, evidentemente con un criterio selectivo que debería marcar el Comité Científico. Por ello no se establecieron ponencias en las que “nuevamente” se volviesen a realizar “nuevos” estados de la cuestión con “nuevos” investigadores”, que dado la escasa inversión en investigación durante los últimos años no podrían, salvo excepcionales casos, aportar grandes novedades. Por otra parte, esta labor ya había sido acometida, con buenos resultados, en otros formatos como las Crónicas del Aragón Antiguo, I y II (1997 y 2002) coordinadas por M. Beltrán. Que sea periódico y tenga continuidad es un deseo de la organización y de gran parte de los participantes que así nos lo han transmitido. Nace con vocación de celebrarse cada dos años, de manera que las novedades más destacadas puedan ser conocidas y debatidas por la comunidad científica y trasladadas a la sociedad de forma rápida y directa. Esperamos que el éxito de esta primera convocatoria ayude a su consolidación. Zaragoza 5 de mayo de 2016 José Ignacio Lorenzo Lizalde y José María Rodanés Vicente


COMITÉS

Comité Organizador Presidentes Dr. José Ignacio Lorenzo Lizalde Dr. José María Rodanés Vicente

Secretariado Dr. Carlos Sáenz Preciado D. Hugo Chautón Pérez D. Luis Fatás Fernández.

Comité Científico Dra. María Ángeles Magallón Botaya, Dr. Manuel A. Martín-Bueno Dra. Pilar Utrilla Miranda y Dr. Juan Ramón Castillo Suárez

Colaboradores Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Aragón, Grupo URBS, Grupo de investigación Primeros Pobladores del Valle del Ebro, Instituto Universitario de Aragón de Ciencias Medioambientales de la Universidad de Zaragoza, Obra Social “La Caixa”, Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón.


Trilobulado. Fuente del Trucho. Asque-Colungo (Huesca).


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PREHISTORIA Y ARTE RUPESTRE


TÍTULO. AUTOR/AUTORES 1. El asentamiento Musteriense al aire libre de Roca de San Miguel (Arén, Huesca). Autor/es: Rafael Domingo Martínez, Lourdes Montes Ramírez. 2. Una ocupación Musteriense en el Mis 3 en Aguilón (Zaragoza). Autor/es: Carlos Mazo Pérez, Marta Alcolea Gracia. 3. Fuente del Trucho: Diez años de trabajos arqueológicos (2005-2015). Autor/es: Pilar Utrilla Miranda, Lourdes Montes Ramírez, Manuel Bea Martínez, Rafael Domingo Martínez, Jorge Angás Pajas. 4. La ocupación Mesolítica de Espantalobos (Quicena, Huesca). Autor/es: Rafael Domingo Martínez, Lourdes Montes Ramírez. 5. El yacimiento meso-Neolítico de Rambla de Legunova (Biel, Zaragoza). Autor/es: Lourdes Montes Ramírez, Rafael Domingo Martínez. 6. Valmayor XI y Trocs: dos modelos de neolitización en el Valle del Ebro. Autor/es: Manuel A. Rojo Guerra, Héctor Arcusa Magallón, José Ignacio Royo Guillén, Cristina Tejedor Rodríguez, Íñigo García Martínez de Lagrán, Rafael Garrido Pena. 7. Cueva de Coro Trasito (Tella-Sin, Huesca) un asentamiento de pastoril en el Pirineo Central con ocupaciones del neolítico antiguo y del Bronce medio. Autor/es: Ignacio Clemente-Conte, Ermengol Gassiot Ballbè, Javier Rey Lanaspa, Ferrán Antolín Tutusaus, Laura Obea Gómez, Ángel Viñerta Crespo, María Saña Seguí. 8. La organización del espacio en los niveles Neolíticos de la Cueva de Chaves. Autor/es: Pilar Sánchez Cebrián. 9. El Bronce Final y la I Edad de Hierro en el área del Bajo Alcanadre. Nuevas aportaciones sobre el conjunto de las Valletas de Sena (Huesca). Autor/es: Hugo Chautón Pérez. 10. Edad del Hierro en el Valle del Cinca: La Codera. Autor/es: Félix J. Montón Broto. 11. Hábitat e intercambios en el valle medio del río Gállego. Primera aproximaciones al estudio del asentamiento protohistórico del Pueyo de Marcuello (Loarre, Huesca). Autor/es: José Fabre Murillo. 12. Nuevos planteamientos para el Arte Rupestre de la Sierra de Albarracín. Autor/es: Manuel Bea Martínez, Jorge Angás Pajas. 13. Sobre la distribución territorial de la pintura rupestre esquemática en Aragón: Algunas Novedades. Autor/es: José Ignacio Royo Guillén. 14. Nuevos restos arqueológicos en las Cuevas de Los Moros de Gabasa. La Sima del Ciervo II / Cueva Salaber (Peralta de Calasanz, Huesca). Autor/es: Rafael Laborda Lorente, Mario Gisbert León. 15. Un núcleo de Arte Rupestre esquemático en el Noguera Ribagorza: Las estaciones decoradas del entorno del embalse de Santa Ana. Autor/es: Paloma Lanau Hernáez, Manuel Bea Martínez. 16. La cueva del Búho (Ibdes, Zaragoza). Un nuevo hábitat en cueva durante la Edad del Bronce en el Sistema Ibérico. Autor/es: Fernando Pérez-Lambán, Rafael Laborda Lorente, Jesús Vicente Picazo Millán, Mario Gisbert León. 17. Materiales metálicos de la Edad del Bronce de la Cueva del Moro de Alins del Monte (Huesca). Autor/es: José María Rodanés Vicente, Ignacio Montero Ruíz, Paloma Aranda Contamina. 18. Estructuras de ocupación de la ladera sudoeste de El Morredón (Fréscano, Zaragoza). Autor/es: Paloma Aranda Contamina, José Ignacio Lorenzo Lizalde, José María Rodanés Vicente. 19. Perspectivas para el estudio del poblamiento prehistórico en el valle del Guarga (Huesca). Autor/es: Alberto Obón Zúñiga, Abel Berdejo Arcéiz.

pp. 17-23 25-34 35-45 47-52 53-63 65-73

75-84

85-94 95-102 103-110

111-119 121-129 131-142 143-151 153-162 163-170

171-177 179-187 189-197


Restos estructurales conservados conjunto de las Valletas de Sena (Huesca)

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

1. EL ASENTAMIENTO MUSTERIENSE AL AIRE LIBRE DE ROCA SAN MIGUEL (ARÉN, HUESCA) Rafael Domingo Martínez1, Lourdes Montes Ramírez1 1

Universidad de Zaragoza

Rafael Domingo Martínez, rdomingo@unizar.es

RESUMEN El yacimiento al aire libre de Roca San Miguel se localiza en una ladera bien orientada que domina un estrechamiento del río Noguera Ribagorzana. La abundancia de materiales arqueológicos en superficie nos impulsó a realizar trabajos de campo sistemáticos en 2013 y 2014, que han dado a conocer un rico asentamiento musteriense, cuya cronología precisa aún no puede ser determinada a la espera de inminentes fechas OSL. La capa arqueológicamente fértil, de limos, aparece bajo los restos de un depósito de clastos, cuya formación dataría de un momento glacial, y localmente una costra calcárea casi desaparecida en el área del yacimiento. Hasta el momento se han abierto tres catas en distintos puntos de la ladera, para intentar averiguar el potencial y la distribución de los restos prehistóricos. Los grupos musterienses que ocuparon el sitio aprovecharon un sílex de buena calidad que puede obtenerse a escasa distancia aguas arriba, así como rocas no silíceas procedentes tanto del cauce fluvial como de las terrazas antiguas que se sitúan al pie del yacimiento. Tallaron la habitual panoplia musteriense compuesta de denticulados, raederas y puntas, a partir de núcleos principalmente discoides. Consumieron grandes mamíferos como caballos y ciervos, cuyos huesos fueron además aprovechados como combustible. PALABRAS CLAVE: Musteriense; Homo neandertalensis; Yacimiento al aire libre; Interfluvio Cinca-Segre.

ABSTRACT The open-air site of Roca San Miguel is located on a well-oriented slope that controls a narrow pass of the Noguera Ribagorzana River. The abundant presence of surface materials led us to start archaeological works there in 2013 and 2014, which have unearthed a rich Mousterian settlement whose precise chronology remains uncertain until a future dating by OSL. The archaeologically fertile layer, made up by silts, appears under a clast deposit whose formation could correspond with a glacial period. In some spots, a calcareous crust that has almost disappeared throughout the site, covers the sequence. By the moment, three test pits have been opened in different areas of the site, in order to ascertain the depth and distribution of the archaeological remains. Mousterian groups that occupied the sites were able to make a good use of the good-quality flint that can be picked upstream, not far from the site, as well as non-siliceous rocks coming either from the riverbed or from ancient fluvial terraces at the base of the site. They carved the usual Mousterian toolkit composed of serrated shards, scrapers and points, with a technological basis based mainly in the shapes of cores. They consumed big mammals like horses and deers, whose bones were also employed as combustible. KEYWORDS: Mousterian; Homo neanderthalensis; Open-air site; Cinca-Segre interfluve.

1. PRIMERAS INTERVENCIONES EN ROCA SAN MIGUEL El yacimiento de Roca San Miguel se localiza en la orilla derecha del río Noguera Ribagorzana, sobre una ladera orientada al Este que forma parte de la Formación Arén, caracterizada por estratos buzados de piedra arenisca blanquecina. Se halla muy cerca de la localidad de Arén,

a cuyo término municipal pertenece. Su ubicación es excelente (figura 1), ya que en ese punto el río atraviesa un estrechamiento formado por las potentes masas de arenisca citadas junto al que confluyen dos barrancos de largo recorrido, que permiten comunicar el valle del Noguera con otros territorios situados a oriente (barranco de Orrit, hacia la divisoria de aguas con el Pallaresa) y occidente (barranco de Sobrecastell, que permite acceder al valle del Isábena). La

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ladera en la que aparecen los restos arqueológicos (material lítico y fragmentos de fauna) presenta una inclinación notable, de alrededor de un 35%, lo que favorece la actividad erosiva y ha motivado la relativa urgencia con que se han iniciado los trabajos arqueológicos. Fue descubierto por el geólogo Lluis Ardèvol, quien lo comunicó a los paleontólogos Gloria Cuenca y José Ignacio Canudo, del grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza, buenos conocedores del entorno por haber estado trabajando durante años en los vecinos afloramientos paleontológicos de Blasi. Incidentalmente, a escasos 50 metros del yacimiento de Roca San Miguel se localizan unas icnitas de dinosaurios impresas en la arenisca, puestas en valor y acondicionadas para visita turística. Cuenca y Canudo se pusieron en contacto con los firmantes de este texto a mediados de 2013, sabedores de nuestro interés en la Prehistoria de las Sierras Exteriores prepirenaicas, informándonos de que en ese lugar aparecían, en superficie, lascas y otros restos líticos, así como fauna, de claro aspecto musteriense.

Figura 1. Situación de Roca San Miguel en el mapa topográfico 1:25.000 del IGN.

Tras una primera visita en septiembre de ese año, que ofreció prometedoras perspectivas, decidimos solicitar permiso a la Dirección General de Patrimonio Cultural para realizar un primer sondeo exploratorio unas semanas después, con la intención de valorar la importancia real del enclave. Con el soporte económico y la asistencia del Ayuntamiento de Arén, realizamos una breve actuación de tres días a finales de octubre de 2013, en la que, tras definir la aparente extensión superficial del sitio, se sondearon tres metros cuadrados en diferentes puntos de la parte alta de la zona delimitada. El hecho de que dos de ellos resultasen positivos y la precaria situación del yacimiento, afectado por la erosión natural y por el paso relativamente frecuente de rebaños de ovejas, nos movió a continuar con los trabajos de campo en 2014 (figura 2). Tras la intervención de octubre de 2013 el Ayuntamiento de Arén protegió el yacimiento mediante un vallado provisional pero suficiente para impedir el paso de ganado.

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2. LA CAMPAÑA DE 2014: OBJETIVOS Los trabajos arqueológicos de 2014 fueron previstos como una actuación de cierta envergadura, sobre todo en el contexto de los últimos años: la crisis económica y la consiguiente falta de apoyo financiero del Gobierno de Aragón han ido reduciendo las campañas de excavación a actuaciones meramente testimoniales en las que un pequeño grupo de gente trabaja sobre el terreno durante unos pocos días, gracias a recursos obtenidos de fondos de investigación propios o a la ayuda de otras administraciones cuyo compromiso con el Patrimonio les lleva a asumir competencias ajenas. En el caso de Roca San Miguel hemos tenido la suerte de contar con la implicación más absoluta del Ayuntamiento de la localidad, el cual, además de prestar su asistencia en la infraestructura (instalación de los toldos de protección, puesta a nuestra disposición de un depósito de agua para el cribado de los sedimentos…), corrió con todos los gastos de un equipo numeroso (12 personas) durante un largo periodo de trabajo (3 semanas). Las tareas de campo tuvieron lugar a lo largo de las tres primeras semanas de julio de 2014, bajo la dirección de L. Montes y R. Domingo, contando con un grupo de colaboradores formado por becarios de investigación, licenciados y alumnos de las Universidades de Zaragoza y Salamanca. Además, decidimos incorporar al equipo de trabajo a distintos expertos para complementar la tarea puramente arqueológica: R. Larma realizó la topografía del sitio, colaborando en la instalación de la cuadrícula; J. L. Peña y J. A. Cuchí se encargan de los estudios estratigráficos, geológicos y geomorfológicos; M. Alcolea realiza los estudios de antracología; C. Sola y L. Roy han acometido estudios sobre la fauna conservada; y, por último, L. M. García-Simón se encarga de la caracterización de las materias primas líticas, en colaboración con J. A. Cuchí.

Figura 2. El yacimiento delimitado por una valla antes del comienzo de los trabajos de 2014.

2.1. Desarrollo de los trabajos Rafael Larma topografió y delimitó en detalle con un GPS diferencial la zona del yacimiento, sobre la que se instaló la cuadrícula, orientada en función de la pendiente natural de la ladera sin tener en cuenta el Norte magnético. Los cuadros,


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 3. LAS ÁREAS EXCAVADAS • Cata superior: a partir de los sondeos 1 (2B-4B) y 2 (12C) de 2013, es una franja transversal a la pendiente abierta de lado a lado entre los resaltes rocosos que limitan el yacimiento en la zona alta. Se trabajó sobre 16 cuadros de las bandas B (2-4 y 10-14) C (4-14) y D (6-14). No se trabajó en las bandas 16 y 18 al estar afectadas por un profundo canal de erosión. • Cata intermedia: sobre el sondeo 3 de 2013 (10K), en este caso es una zanja a favor de la pendiente que buscaba conocer la disposición y buzamiento de los niveles. Los 6 cuadros trabajados se centraron en las bandas 8 (J-K) y 10 (J-M). Los cuadros J están al resguardo de un enorme bloque que cubre parte del nivel arqueológico, cuyo desplazamiento creemos posterior a la ocupación humana. • Cata inferior: abierta en una zona que en superficie presentaba una cierta concentración de restos de fauna, afectó a los cuadros 20P y 22P, junto a la base de otro gran bloque del que desconocemos si por ahora cubre o no el depósito.

4. RESULTADOS 4.1. La estratigrafía general

Figura 3. Topografía de detalle del yacimiento. Las áreas excavadas aparecen sombreadas en gris. de metro de lado, se denominan mediante la combinación habitual de números y letras. Cada metro se subdivide a su vez en 9 sectores de 33 cm de lado de los que se retiran las tierras en tallas o semitallas (10 o 5 cm de grosor) según el tipo de sedimento y el carácter del nivel. Para identificar con precisión los elementos se utiliza un sistema de coordenadas cartesianas: la Z se corresponde con la profundidad absoluta a partir de un plano cero elegido de forma aleatoria y señalado mediante un clavo en la zona alta de la roca; la X y la Y son las coordenadas horizontales. En 2014 todos los restos arqueológicos aparecidos fueron localizados mediante el uso de una estación total (Leica Pin Point R400) georreferenciada con la cuadrícula. El sedimento de cada una de las unidades de excavación (sector y talla o semitalla) fue cribado primero en seco y luego con agua, hasta recuperar todos los restos inadvertidos durante la excavación. De este modo, aunque algunos elementos no contasen con una georreferencia precisa, pudieron ser acotados dentro del yacimiento con el suficiente detalle.

Los restos arqueológicos se hallan enmarcados en un depósito natural relativamente simple, que sólo se conserva en la zona norte del cerro (figura 4). La evolución de la ladera muestra en la base las areniscas de la fm. Arén a las que se adosa una terraza antigua del Noguera Ribagorzana. Sobre ambas aparece un depósito de limos anaranjados, cubiertos por un potente depósito de ladera con clastos angulosos procedentes de las areniscas y algunos cantos heredados de un nivel más antiguo (terraza o glacis) que corona el resalte de Roca San Miguel. La parte alta del depósito de clastos aparece fuertemente encostrada.

Figura 4. Secuencia estratigráfica documentada.

El material arqueológico aparece englobado en los limos, que corresponderían a un periodo templado; el nivel de clastos

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se habría formado en una etapa fría y la costra cementada volvería a denunciar condiciones atemperadas. En la ladera sureste del cerro, donde se localiza el yacimiento, la erosión ha hecho desaparecer por completo la costra; en muchos puntos también los clastos del depósito e incluso los limos subyacentes. El yacimiento aparece limitado por dos cordones de areniscas de la Formación Arén cuyos estratos rocosos presentan un marcado buzamiento (figura 5). La erosión de algunas de las capas ha generado una hondonada que acoge el depósito de ladera y los restos arqueológicos. Todo indica que dicho vaciado existiría ya en la época de ocupación prehistórica y que sus habitantes aprovecharon el resguardo que ofrecían los resaltes de arenisca, en especial el situado al norte: en la actualidad protege el sitio del viento que sopla a menudo en la zona, aunque presenta un escaso desarrollo en altura. La población prehistórica pudo disfrutar de un resalte quizás más alto, y servirse de la pared para adosar alguna estructura tipo paraviento, mejorando así la habitabilidad de un sitio cuyas ventajas de orden estratégico suplen la pobre habitabilidad de una ladera cuya fuerte pendiente la hace relativamente incómoda.

CATA INFERIOR CLASTOS A

13 (24,5%)

40 (75,5%)

53 (100%)

83

136

9,5

TOTAL

450 (46,2%)

524 (53,8%)

974 (100%)

457

1.431

100

La Tabla 1 muestra sensibles diferencias en lo que respecta a la distribución de restos por niveles, que debe matizarse en función de la superficie excavada en cada cata: en la superior los cuadros de la Banda B sólo fueron limpiados en superficie, por lo que no entran en dicha corrección. Para valorar los resultados debe considerarse el siguiente recuento de cuadros: Cata superior: 11 cuadros; Cata intermedia: 6 cuadros; Cata Inferior: 2 cuadros. En números brutos, es evidente la riqueza de los niveles Limos y Limos P+R que suman entre los dos el 77,5% del total de restos recuperados. Les siguen muy de lejos el nivel Clastos A y el nivel Clastos.

4.2. Materiales arqueológicos El material arqueológico recuperado se limitó a elementos líticos (sobre sílex pero también sobre soportes de otras litologías) y restos de fauna, en general abundantes y de buen tamaño, como es habitual en enclaves musterienses. Al margen de los restos localizados en criba, y por tanto no referenciados mediante la estación total, se documentaron 1.431 registros, que por catas, niveles y tipo de resto se reparten de la siguiente forma: Tabla 1. Reparto de los restos arqueológicos por tipo de material y niveles

CATA/ NIVEL

LÍTICO SÍLEX

FAUNA

OTROS

TOTAL

72 (69,3%)

104 (100%)

Figura 5. Vista de las áreas excavadas tras finalizar la campaña de 2014.

TOTAL N

%

19

123

8,6

TODAS LAS CATAS SUPERFICIAL

32 (30,7%)

CATA SUPERIOR CLASTOS

33 (52,4%)

30 (47,6%)

63 (100%)

0

63

4,4

LIMOS

274 (49%)

285 (51%)

559 (100%)

33

592

41,4

97 (49,7%)

185 (100%)

322

517

36,1

CATA INTERMEDIA LIMOS P+R

20

98 (50,3%)

Por niveles, en Limos la industria lítica es claramente dominante con 559 restos frente a 33 evidencias de hueso (menos del 6%); Por el contrario, en Limos P+R es la fauna la que domina, con el 62,3% de los restos (322 frente a 185 líticos). También en Clastos A la fauna presenta la misma preponderancia (61%), con 83 registros frente a 53 líticos. La diferencia entre estas dos catas estriba en el tipo de restos óseos: mientras en Clastos A encontramos un buen número de restos grandes, entre los que es fácil identificar la especie y el taxón concreto, en Limos P la gran mayoría son esquirlas muy fragmentadas que aparecen fuertemente quemadas. Estas diferencias internas entre los elementos encontrados nos hacen valorar dos posibilidades: estamos antes ocupaciones diferentes, o estamos ante áreas funcionalmente distintas de un mismo momento de ocupación.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre pero en general los soportes son bastante planos, por lo que los retoques escaleriformes son casi inexistentes.

Figura 6. Raederas y denticulados. Nótese el tamaño reducido de las piezas de sílex (fila inferior). Por lo que respecta al material lítico, los primeros recuentos provisionales muestran cierta preferencia por litologías no silíceas (cuarcitas, ofitas, basaltos, calizas…) frente al sílex (53,8% vs 46,2%) en el cómputo global; esta preferencia parece aproximarse a un equilibrio en torno al 50% cuando tratamos los niveles Clastos, y especialmente Limos y Limos P+R. Estas distribuciones sugieren un uso indistinto de una y otras materias primas en su gestión global, salvo en Clastos A, donde el uso de las materias no silíceas se impone al sílex claramente (75-25%). Cuando se atiende a las piezas retocadas el sílex es la materia preferida para transformar los soportes en útiles retocados (92 frente a 42 de otras materias primas), especialmente en el nivel Limos que concentra 89 piezas de las 134 registradas, y de ellas, el 80% son sobre sílex, que en tanto materia prima es de excelente calidad aunque sus nódulos son de pequeño tamaño y con frecuentes inclusiones y fallas internas que dificultan la talla. Las piezas de sílex son de tamaño muy inferior a las de las otras litologías. Todas las materias primas son fácilmente asequibles: el afloramiento de sílex se localiza a unos 7 km al norte del yacimiento, en Sopeira, donde pudieron aprovisionarse directamente. El resto de las rocas talladas aparecen entre los arrastres del río, en la misma terraza sobre la que se asienta el yacimiento y en las gravas del cauce, según demuestra un primer estudio sobre la obtención de materias primas (Domingo et al. 2015). La panoplia de instrumentos (figura 6) es la habitual en los conjuntos musterienses, sin diferencias entre los morfotipos de los distintos niveles: las raederas son el tipo mas frecuente, y ente ellas las laterales o transversales en función del tipo de lasca, sin que falten algunos tipos dobles, convergentes e incluso sobre cara plana. Junto a ellas, algunos denticulados y puntas musterienses completan el conjunto. El lascado es de tipo discoide, siempre supeditado a los núcleos, que en el caso del sílex son de pequeño tamaño, lo que fuerza un lascado más anárquico. No hay mucho producto levallois

En los restos de fauna destaca su desigual distribución en número y tipología según las catas y niveles. En la superior, tanto en el nivel Clastos como en Limos los restos óseos son claramente minoritarios frente a los líticos (Tabla 1) y básicamente están constituidos por esquirlas no muy grandes de huesos largos, que no parecen haber sido sometidas a la acción del fuego. Por el contrario en el nivel Limos P+R de la cata intermedia los restos de fauna son muy abundantes (62%) aunque se caracterizan por ser fragmentos de tamaños muy pequeños y en su mayoría muestran signos evidentes de haber sido sometidos directamente al fuego, una vez descarnados. El nivel Clastos de la cata inferior alcanza prácticamente el mismo porcentaje en sus restos óseos (61%) pero estos no parecen haber sido sometidos a fuego y en bastantes casos puede identificarse el taxón y la especie: ciervo, caballo y cabra montés son, en una clasificación preliminar, los más habituales. Algunos de los fragmentos de caña de hueso largo presentan tal grosor de sus paredes que permiten suponer la presencia también de gran bóvido.

Figura 7. Conjunto de esquirlas óseas quemadas procedentes de una semitalla de 5 cm de un solo sector del cuadro 10 K, nivel Limos. En cuanto a las esquirlas óseas, un estudio preliminar realizado por Cristina Sola sobre una muestra del sondeo del cuadro 10K de 2013 identificó distintos procesos tafonómicos, entre los que llama la atención el alto porcentaje de restos (76,5%) alterados por el fuego, encontrando ejemplos de todos los estadios posibles de cremación, evidencia que se reconoce por los cambios de coloración, comenzando por marrón, pasando por el negro, gris y azulado hasta llegar a la total calcinación en color blanco (figura 7). No todos los restos presentan una cremación homogénea, lo que responde a dos posibles causas diferentes: la cocción de alimentos, ya que la carne no permite al hueso quemarse de manera homogénea; y

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Figura 8. Ortoimagen oblícua sobre la base de Google Earth con los yacimientos musterienses del Prepirineo.

la utilización de los restos óseos como combustible. Este alto porcentaje, unido a la gran fracturación, la presencia de grietas transversales que evidencian su cremación cuando el hueso estaba fresco, y la presencia de hogares en el yacimiento, nos hacen pensar que podría haber sido una práctica habitual. Tras su análisis, se ha determinado la existencia de varias causas, puesto que encontramos un 34% de fracturas curvas, ángulos oblicuos y bordes suaves, que indican rotura del hueso en estado fresco, y que unido a la ausencia casi total de circunferencias completas y longitudes de L1 en su práctica totalidad, evidencian una fractura antrópica. Sin embargo, también detectamos un 41% de fracturas transversales, ángulos rectos y bordes irregulares, combinación que indica fracturas por presión de los sedimentos. En cuanto a los agentes naturales causantes del resto de las alteraciones tafonómicas, observamos un amplio espectro de agentes modificadores: los óxidos ferrosos y la presencia de manganeso de los sedimentos provocan tinción en algunos huesos, dotándolos de un aspecto moteado de color negro; también encontramos bastantes marcas de la actividad de roedores y la acción de raíces sobre estos restos, siendo los encostramientos calcáreos el proceso natural más extendido entre ellos, lo que dificulta en gran medida su análisis.

5. ROCA SAN MIGUEL EN EL CONTEXTO DEL MUSTERIENSE PREPIRENAICO Roca San Miguel se sitúa en la zona nororiental del valle del Ebro, un área privilegiada para el estudio de la cultura musteriense en la Península Ibérica (Montes 1988, Martínez-

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Moreno et al. 2004, Montes et al. 2006, Mora et al. 2014). En esta zona se conocen una decena de sitios (figura 7) cuyas ocupaciones se extienden entre el OIS 5 y el OIS 3. La mayoría son cuevas o abrigos (Campanas de Aguinalíu, Cova Gran, Estret de Tragó, Fuente del Trucho, Fuentes de San Cristóbal, Moros de Gabasa, Muricecs, Roca dels Bous), y solo Castelló de Plá y quizás Nerets fueron campamentos al aire libre como Roca San Miguel. Pero mientras que en Castelló de Plá conocemos un conjunto de piezas dispersas en una amplia superficie, Roca San Miguel presenta un depósito estratificado que permite un mejor conocimiento del comportamiento de estos grupos y de su relación con su entorno. La densa red de cursos fluviales que recorren en dirección norte-sur los contrafuertes prepireanicos (Vero, Cinca, Ésera, Isábena, Nogueras Ribagorzana y Pallaresa, Segre), y los corredores transversales que los conectan, favorecen la movilidad por este territorio. Todos los sitios se caracterizan por sus buenas condiciones para la caza (cerradas de piedra que condicionan el paso de los animales, confluencias de barrancos…), pero también por hallarse en ecotonos que permiten un rápido acceso a variados recursos, tanto de media montaña como de llano. La sincronía cultural entre estos sitios es indudable: todos son asentamientos neandertales. Pero la sincronía real es otra cosa: la larga pervivencia de la cultura musteriense (200000 - 40000 BP) y lo monótono de su producción lítica dificulta precisar la cronología exacta de cada sitio en caso de no contar con dataciones absolutas. Y, dado que los márgenes cronológicos que presentamos quedan fuera del alcance del


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre método del radiocarbono, debemos recurrir a otros sistemas de datación: se está aplicando con éxito en enclaves al aire libre una nueva técnica geocronológica, la luminiscencia estimulada ópticamente (OSL), basada en la medición de la luminiscencia residual de los granos de cuarzo o de feldespato de los sedimentos. La composición de los niveles Limos y Limos P los hace idóneos para conseguir su datación con esta técnica, proceso actualmente en marcha y cuyos resultados esperamos a lo largo del año 2016. A la espera de conseguir dicha fecha OSL, no podemos de momento precisar la antigüedad del depósito de Roca San Miguel, pero podemos suponer que la ocupación de los niveles de Limos y Limos P corresponde con una fase templada mientras que los clastos se depositaron en una fase fría.

AGRADECIMIENTOS Los buenos resultados que presentamos se deben a la extraordinaria disposición del Ayuntamiento de Arén, cuya ayuda económica nos permitió acometer el sondeo en 2013 y la excavación de 2014 al asumir todos los gastos de alojamiento y manutención de nuestro equipo. Sirvan estas líneas como muestra de agradecimiento al Ayuntamiento como institución, a sus trabajadores y miembros electos, pero también a la población de Arén por la cordial acogida durante esas semanas. Y muy especialmente a su alcalde Miguel Gracia, que nos brindó su apoyo desde el momento en que tuvo conocimiento de nuestro interés; a Mireia Codina, concejal de cultura, continuamente pendiente de nuestro trabajo; a Antonio Ferraz, alguacil del Ayuntamiento, y a Andrés Pociello, del SEISPC de la Comarca de la Ribagorza, siempre pendientes de nuestros problemas técnicos con la infraestructura de los toldos y el suministro de agua. Una mención especial merece Juan Antonio Pascual, de Casa Domenc, por su hospitalidad, que va mucho más allá de lo meramente profesional. Como todas las campañas arqueológicas, ésta no hubiera podido desarrollarse sin el trabajo altruista de los alumnos y licenciados, principalmente de la Universidad de Zaragoza, que participaron en los trabajos: Rafael Laborda (becario de investigación de Prehistoria); Pilar Sánchez, Luis Miguel García, Susana Sanz y Paula Canales (licenciados en Historia); Laura Roy (alumna del Grado de Geología); Vanessa Villalba (alumna de nuestro programa de doctorado y graduada en Biología); y Naiara Loras, Lidia Cañete y Samuel Ortiz (alumnos del Grado de Historia). Por la Universidad de Salamanca estuvieron Carmen Muñoz y Óscar González (alumnos de Historia).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Domingo, R., L. Montes, J. A. Cuchí, L. M. García-Simón y M. Sánchez, (2015) “Lithic material procurement in Mousterian times. Roca San Miguel campsite (North-eastern Iberia)”. En 10th International Conference on Knappable Materials. Barcelona, 7-12 Septembre 2015 (e. p.) Martínez-Moreno, J., R. Mora y J. Casanova, (2004) “El marco cronométrico de la cueva de L’Estret de Tragó (Os de Balaguer, La Noguera) y la ocupación de la vertiente sur de los Prepirineos durante el Paleolítico medio”. Saldvie 4, pp. 1-16. Montes, L., (1988) El Musteriense en la Cuenca del Ebro. Monografías Arqueológicas 28. Universidad de Zaragoza. Montes, L., P. Utrilla y M. Martínez-Bea, (2006) “Trabajos recientes en yacimientos musterienses de Aragón: una revisión de la transición Paleolítico Medio/Superior en el Valle del Ebro”. En Miscelánea en homenaje a Victoria Cabrera-Zona Arqueológica 7, pp. 214-233. Mora-Torcal, R., A. Benito-Calvo, J. Martínez-Moreno, I. de la Torre, S. Vega Bolívar, M. Roy, X. Roda Gilabert y S. Samper Carro, (2014) “Una secuencia clave en la Prehistoria del Mediterráneo Occidental: Cova Gran de Santa Linya (Prepirineo de Lleida)”. En R. Sala (ed.) Los Cazadores recolectores del Pleistoceno y del Holoceno en Iberia y el Estrecho de Gibraltar: estado actual del conocimiento del registro arqueológico. Universidad de Burgos-Fundación Atapuerca, pp. 162-166.

Este estudio se ha financiado también mediante el Proyecto de Investigación ministerial HAR2014-59042 (Transiciones climáticas y adaptaciones sociales en la Prehistoria de la Cuenca del Ebro) y el Grupo de Investigación del Gobierno de Aragón – Fondo Social Europeo H07-PPVE (Primeros Pobladores del Valle del Ebro), y ha contado con el soporte del IUCA (Instituto Universitario de Ciencias Ambientales de la Universidad de Zaragoza). R. Domingo es investigador Ramón y Cajal (RyC2013-12613).

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

2. UNA OCUPACIÓN MUSTERIENSE EN EL MIS 3 EN AGUILÓN (ZARAGOZA). Carlos Mazo Pérez1, Marta Alcolea Gracia1 Dpto. de Ciencias de la Antigüedad. Facultad Filosofía y Letras. IUCA. Universidad de Zaragoza. Grupo Primeros Pobladores del Valle del Ebro. 1

Carlos Mazo Pérez, cmazo@unizar.es

RESUMEN La Cueva P5 es una de las cavidades que se abren en el Cerro del Pezón, situado unos kilómetros al Norte del pueblo zaragozano de Aguilón. Desde el año 2010 ha sido objeto de 4 breves campañas de excavación que han afectado sólo al techo de un depósito estratigráfico que se presume potente, y en el que por el momento se ha constatado la presencia de restos industriales que, aunque escasos, pueden ser filiados sin duda en el paleolítico medio (puntas, raederas, muescas y denticulados). El sitio reúne buenas condiciones de habitabilidad y a la espera de que nos ofrezca más información permite apuntar una nueva presencia del hombre de neandertal en Aragón. PALABRAS CLAVE: Paleolítico Medio; Musteriense; Neandertales; Valle Medio del Ebro.

ABSTRACT The cave P5 is situated in the Pezon Hill, few kilometers north of the village of Aguilón (Zaragoza). Since 2010 the cave has been excavated. Four short excavation campaigns have affected only the top of the stratigraphic sequence. The excavation has confirmed the presence of lithic artefacts (points, scrapers, notches, serrated tools) with animal bone remains and hearths. Although the assemblage is scarce, his chronology in the Middle Paleolithic is clear. The cave offers good living conditions and we expect the site to give us more information about the presence of the Neanderthal man in Aragon. KEYWORDS : Middle Palaeolithic; Mousterian; Neanderthals; Middle Ebro Valley.

1. SITUACIÓN GEOGRÁFICA La Cueva P5 es una cavidad que se abre en la base del farallón que corona el llamado Cerro del Pezón, en el contacto entre la monótona alternancia de calizas mudstone y margocalizas lajosas de la Formación Loriguilla (Kimmeridgiense), y las calizas masivas con oncolitos de la Formación Higueruelas (Titoniense), ambas del Jurásico Superior y con una potencia conjunta en esta zona de unos 200 metros (Cortés y Casas, 1996; Ipas et al., 2004; IGME, 1989). El cerro, que se eleva hasta los 772 metros sobre el nivel del mar, forma parte de las estribaciones septentrionales de la Sierra de Herrera y se localiza unos kilómetros al Norte del pueblo de Aguilón, entre el río Huerva y su tributario, el barranco de Valdeaguilón, en la Comarca del Campo de Cariñena, provincia de Zaragoza. La cueva es parte de un sistema kárstico que cuenta con más cavidades, cuya existencia, lógicamente, siempre ha sido conocida por las gentes del lugar, si bien las primeras referencias escritas que sobre ellas pueden rastrearse vienen del ámbito de la espeleología en fechas recientes (Pastor y Gisbert, 2003; Gisbert y Pastor, 2009). En la actualidad un equipo dirigido por G. Cuenca-Bescós trabaja también en la

cercana cueva P7, un interesante yacimiento de vertebrados (Cuenca-Bescós et al. 2010)1 (Figura 1). A nivel de su actual suelo la P5 ofrece un escaso desarrollo, con una profundidad de unos 20 metros desde la vertical de su embocadura y una superficie de unos 100 m2. La disminución de la distancia entre las paredes Este y Oeste y también de la altura del techo en la zona de la banda C distribuye hoy en día ese espacio en un hall o zona de entrada, cubierta pero en la que hay una mayor exposición a las condiciones ambientales, y una sala interior más resguardada. En ambos sitios es posible la posición erguida. El suelo de la sala está tapizado por grandes bloques de piedra caídos del techo, y la superficie del depósito ofrece un buzamiento Norte de 7.5º entre las bandas I’ y G (bajo techo) y de algo más de 10º si lo referimos a la banda K, fuera ya del área cubierta (Figura 2). Aunque en la actualidad en la ladera inmediata a la boca de la cueva no se registra la existencia de bloques de piedra, el modelado kárstico del techo de la embocadura indica que se produjo en condiciones de interioridad, por lo que la zona techada estuvo en algún momento más avanzada de lo que vemos hoy en día.

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Figura 1. Localización geográfica de la Cueva P5. Abajo, cara Norte del Cerro del Pezón. La orientación de su boca es al Norte, pero a pesar de ello ofrece unas muy aceptables condiciones de habitabilidad incluso en invierno, como hemos podido comprobar a lo largo de las campañas de excavación. Es cierto que no recibe directamente los rayos del sol, pero está muy protegida del molesto viento del Noroeste que corre por el valle del Ebro, y desde luego es un lugar muy apto para una ocupación de carácter estival. Sus posiciones geográfica y topográfica también se antojan óptimas. Remontando el curso del

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río Huerva se superan las Sierras de Herrera y del Peco, accediendo al corredor del Campo de Daroca. Desde ahí queda expedito el paso a la zona de Levante a través del curso del Segura, o el acceso a la Meseta a través del Jalón y sus afluentes Perejiles y Jiloca. Además, su ubicación en el límite entre el comienzo de la media montaña de la Ibérica y su piedemonte, caracterizado por el desarrollo de glacis que han dado lugar a extensas superficies planas o “Campos”, como el de Cariñena, lo sitúa a caballo entre distintos


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre biotopos, lo que posibilita el acceso a un abanico más amplio y variado de recursos naturales. Desde el punto de vista biogeográfico, el yacimiento se encuentra dentro de la Región Mediterránea de vegetación (Rivas Martínez, 1982) caracterizada en el sector central del valle del Ebro por un clima mediterráneo continental de tipo seco (entre 350 y 500 mm de precipitación anuales). A 700 msnm nos encontramos en el dominio potencial del carrascal (Quercus ilex subsp. ballota), muy afectado por las sucesivas roturaciones y talas orientadas a la creación de tierras aptas para el cultivo (Longares, 2004). El piedemonte ibérico zaragozano se ha visto fuertemente afectado por la acción antrópica y en la actualidad, el paisaje se caracteriza por la falta de arbolado. El entorno inmediato del yacimiento está dominado por pinares de pino carrasco (Pinus halepensis Mill.), fruto de la repoblación, con un sotobosque arbustivo poco denso.

Figura 2. Planta, perfil y secciones de la cueva P5 (según Mario Gisbert. Centro de Espeleología de Aragón). En la planta, y sobre la cuadrícula y en gris más oscuro se representa el área excavada.

Tabla 1. Área visible en km2 y porcentaje desde los puntos A, B, C y D para superficies de 3, 5 y 10 km de radio. Pixeles (5x5 m) No visible

Visible

Superficie (km2) Total

No visible

Porcentaje (%)

Visible

Total

No visible

Visible

Visión angular desde A A. 3 km.

369148

66558

435706

9,2

1,7

10,9

84,7

15,3

A. 5 km.

1090745

106154

1196899

27,3

2,7

29,9

91,1

8,9

A. 10 km.

4340267

407251

4747518

108,5

10,2

118,7

91,4

8,6

Visión 360 desde B o

B. 3 km.

1004309

126580

1130889

25,1

3,2

28,3

88,8

11,2

B. 5 km.

2962851

178581

3141432

74,1

4,5

78,5

94,3

5,7

B. 10 km.

11882287

683860

12566147

297,1

17,1

314,2

94,6

5,4

Visión 360o desde C C. 3 km.

1007479

123428

1130907

25,2

3,1

28,3

89,1

10,9

C. 5 km.

2945926

195554

3141480

73,6

4,9

78,5

93,8

6,2

C. 10 km.

11785836

780312

12566148

294,6

19,5

314,2

93,8

6,2

Visión 360 desde D o

D. 3 km.

950538

180352

1130890

23,8

4,5

28,3

84,1

15,9

D. 5 km.

2825735

315701

3141436

70,6

7,9

78,5

90,0

10,0

D. 10 km.

11538970

1027168

12566138

288,5

25,7

314,2

91,8

8,2

Por otro lado tiene asegurada tanto la disponibilidad de agua como la de materia prima. Respecto a lo primero, el cerro está limitado al Este por el barranco de Valdeaguilón y al Oeste discurre cercano el río Huerva; y con relación a lo segundo, la cueva se encuentra próxima a una importante área de afloramiento de sílex de muy buena calidad, como es la que podemos inscribir, simplificando mucho, dentro del triángulo Fuendetodos-Botorrita-Muel,2 sílex que aparece

tanto en posición primaria, por ejemplo en las calizas que coronan las plataformas estructurales de la Muela y la Plana de Muel-Jaulín, como en posición secundaria en las terrazas del río Huerva y en los glacis que se extienden por sus márgenes. Una inspección sumaria del lote de restos líticos tallados recuperados hasta ahora apunta claramente a ese origen para casi la totalidad del sílex utilizado en el yacimiento.

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Figura 3. Campo visual controlado desde la cueva (A), desde el cerro encima de la embocadura de la cueva (B), desde una elevación separada del farallón (C) y desde el punto más elevado del cerro (D) (según Fernando Pérez Lambán). Abajo vista desde el punto C con dominio visual inmediato del tránsito por el barranco de Valdeaguilón.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre Por último, y por lo que respecta a su posición topográfica, se ha ensayado una estimación de su cuenca visual desde cuatro puntos de observación, determinando, a partir de un Modelo Digital del Terreno3 con una resolución de 5 m. de malla, el área visible desde cada uno de esos cuatro puntos para un observador de 1.50 m de altura en una visión de 360º, a excepción del punto A, que es el que corresponde a la propia embocadura de la cueva. Por abrirse ésta en la base de un farallón, lógicamente existe una limitación en forma barrera visual generada por la pared y por tanto, en ese caso, la cuenca visual calculada se corresponde a la de una visión angular de 136º. El punto B se ubica en la cimera del cerro encima de la propia embocadura de la cueva, es decir, unos 8 metros por encima del punto A; el C es un pináculo avanzado delante del farallón, entre la cueva P5 y la P7, y el D se corresponde con el punto más elevado del cerro (Figura 1). Después se ha cuantificado el porcentaje de territorio avistado desde cada punto en relación al total de la superficie para áreas de 3, 5 y 10 km de radio a partir del punto de observación. En la tabla 1 se ofrecen los datos cuantitativos tabulados para cada una de esas posiciones y áreas, y en la figura 3 se indica la superficie que resulta visible desde cada punto de observación.

en lo que consideramos el final de la entrada, a ambos lados de uno de esos enormes bloques, porque por una parte no se quiso actuar demasiado hacia el exterior y por otra no se podía intervenir en el interior. El sondeo 1 se paralizó al poco por la presencia masiva de piedras, mientras que en el sondeo 2 fue posible avanzar (aunque la superficie se redujo a apenas un metro cuadrado en su fondo) y acabó resultando positivo a una cota de más de dos metros por debajo del suelo actual, registrándose en un corte del cuadro 10B, a -335 cm bajo la línea 0, una potente acumulación de cenizas, carbones y algunos huesos y sílex quemados; acumulación que apenas si fue tocada en el sondeo y que interpretamos como el área perimetral de un hogar que habría de estar enterrado en los cuadros contigüos. Por encima de esa cota el depósito, considerado pleistoceno en su totalidad (a excepción del nivel superficial), resultaba estéril arqueológicamente. Los sílex asociados a esa supuesta estructura de combustión, aunque escasos, eran claramente adscribibles a una industria musteriense, de la que también se recuperaría ese año un efectivo en la cueva P7 (Fig. 9.10).

La cuenca de visibilidad desde el yacimiento está claramente condicionada por el farallón, que genera una especie de “efecto túnel” de suerte que conforme se amplía el área de análisis disminuye el total de superficie visible. Pero no sólo por eso, sino también, lógicamente, por la propia orografía de un espacio montano, en el que una buena parte de lo que se ve siempre queda “al otro lado”, de manera que la impresión “subjetiva” y nunca traducida a números de la visibilidad en vivo resulta estar en este caso, muy por encima de los valores que ofrece el análisis. Pero en suma, y teniendo en cuenta que ciertas decisiones locativas a la hora de ocupar un sitio como una cueva pueden quedar en segundo plano, desde la propia entrada se tiene un control inmediato y a corta distancia (hasta unos 3 km) del tránsito desde valle a la montaña remontando el barranco de Valdeaguilón.

2. LA EXCAVACIÓN En el año 2009, en el curso de la excavación paleontológica que se llevaba a cabo en la cueva P7, visitamos la cueva P5 (ambas distan entre sí menos de 200 m) junto con G. Cuenca-Bescós e I. Martínez, y se consideró conveniente realizar un peritaje arqueológico de la misma habida cuenta de que, a pesar de su ya mencionada orientación, ofrecía unas condiciones de habitabilidad claramente más favorables que la P7.4 En el año 2010, a lo largo de una campaña de 6 días de excavación, se realizaron dos sondeos de 2 m2 cada uno: el sondeo 1 en la banda 2 y el sondeo 2 en la banda 10, afectando en ambos casos a los cuadros A y B. Sobre buena parte de la superficie del yacimiento reposaban entonces, y aún hoy en día, grandes bloques de piedra caídos del techo (sobre todo en la sala), que en buena medida determinaron el área en la que realizar las catas (Figura 4). Los dos sondeos se situaron

Figura 4. Embocadura de la cueva P5 antes del inicio de la excavación. La gran piedra marca el límite entre el “hall” y la sala. A uno y otro lado de la misma se realizaron los sondeos 1 y 2. El hallazgo nos determinó a excavar en el yacimiento, y para ello se organizó el espacio en el que intervenir en unidades de metro cuadrado. El sedimento se retira en sectores de 33 cm de lado y espesores de 5 ó 10 cm, dependiendo de la unidad estratigráfica, salvo que medie cambio de nivel, en cuyo caso se interrumpe de inmediato. Se registra la posición topográfica, al margen de la estratigráfica, de todos

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los restos líticos recuperados in situ, así como de los restos óseos reconocibles y de las astillas óseas no reconocibles de más de 3 cm y también de algunos carbones; el control del color, la textura del sedimento, su ph, y su composición granulométrica se realiza a lo largo de toda la columna de los sectores 2 y 5 del cuadro 4C, y esto mismo de forma aleatoria en diferentes sectores y niveles. Con medios mecánicos y también con el empleo de micro explosivos específicos para la fracturación de rocas se han ido eliminando algunos de esos grandes bloques, tanto de la superficie como del interior del depósito. Por último, todo el sedimento se criba en seco con cedazos de 2 mm de luz de malla, en tanto que el de la columna del sector 5 de 4C se flotará. En la actualidad la excavación se desarrolla de forma regular en 24 m2 y aún no hemos alcanzado el nivel en el que se encuentra esa supuesta estructura, que pretendemos excavar en área abierta.

2.1. Estratigrafía En ningún punto excavado hasta ahora se ha alcanzado la roca base, por lo que desconocemos a ciencia cierta la potencia del relleno sedimentario de la cueva, aunque estimamos que podría alcanzar los 15 o 20 metros. Sí hemos registrado la existencia y sucesión de varios niveles en lo excavado en estos años. La secuencia establecida en el sondeo del año 2010 daba cuenta de la presencia de 6 niveles y una estructura (Figura 5. 10A y 10B). A techo se situaba el nivel “superficial” (Sup.) o “a”. Un nivel poco consistente de color gris (según la tabla Munsell: 7.5YR 5/3; 10YR 5/3; 10YR 4.3), con algunas pequeñas piedras, con residuos vegetales y materia fecal, muy pulverulento en su superficie. Textura franca y ph 7.9, 8.2. En años posteriores se ha completado la descripción añadiendo que localmente se pueden reconocer dentro de él superficies más compactas y competentes correspondientes a suelos expuestos durante más tiempo o más pisados, y también algunas zonas de combustión realizadas en tiempos recientes por pastores o cazadores, sobre todo en la embocadura. Se trata de un nivel de potencia variable entre varios centímetros y una veintena, absolutamente estéril desde el punto de vista arqueológico, que de momento se extiende por toda la superficie excavada y que reposa sobre un suelo de piedras calizas que constituyen el techo del nivel “b”. En algún punto en el que faltan estas piedras la interfase con el nivel “b” se produce de forma también muy clara, reposando ahí sobre las arenas y limos rojo anaranjados que constituyen la fracción fina de éste. A continuación se registraban los niveles “b”, “c” y “d”. Desde el punto de vista sedimentológico no había razones para distinguir “b” y “d”, ya que presentaban las mismas características: textura franco-arcillosa y arcillo-arenosa, color rojizo-anaranjado (7.5YR 5/6, 7.5YR 4/6 y 10YR 5/4), presencia de piedras calizas, algunas de hasta 20 cm o algo más. Desde el punto de vista arqueológico tampoco, porque ambos eran estériles. La única diferencia, si acaso, radicaba en que la parte correspondiente al “b” ofrecía mayor cantidad de restos de microfauna, básicamente, suponemos, porque también estaba más afectada por la presencia de madrigueras.

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La diferenciación entre ambos se debió a que en el cuadro 10 A se registró lo que consideramos entonces un “episodio de caída de bloques” de tamaño notablemente mayor que las piedras contenidas en “b” y “d”, y ese “episodio”, que denominamos nivel “c”, separaría temporalmente ambos niveles (aunque ese “episodio” en absoluto sellaba por completo el nivel “d”). En años posteriores la excavación nos ha llevado a considerar todos ellos, incluido el “episodio de caída de piedras” como un único nivel, al que hemos llamado “b”. Es éste un nivel que ofrece un espesor muy variable. Su techo buza hacia el Norte, hacia la entrada de la cueva, pero su cuenca de deposición hacia el Sur, de manera que se va acuñando hacia el exterior (donde puede tener una potencia de apenas 20 cm) y se va engrosando hacia el interior (en el corte Sur de la banda A supera ya el metro de potencia). El componente fino de su matriz, que tiene su origen en bolsadas de arcilla presentes en la formación caliza y en su parte no soluble, es muy constante en cuanto a las características de textura y coloración (ph 7.9, 8.0, 8.3). Más variable es la fracción gruesa, que está siempre bien presente pero con cantos de tamaños a veces grandes o muy grandes, como ocurría en 10 A. De hecho no consideramos ahora que exista un episodio particularmente intenso de caída de bloques. Esta circunstancia se sucede a lo largo de todo el nivel, en el que es abundante la presencia de cantos heterométricos de caliza que proceden del techo de la cueva. Se ha registrado la presencia de vermiculaciones en algunos de ellos, lo que apunta a un momento al menos húmedo, y quizás templado, durante su proceso de formación. En la actualidad los niveles “Sup.” o “a” y el nivel “b” constituyen lo que llamamos la Unidad I. La Unidad I está presente en toda la superficie excavada hasta el momento y es estéril desde el punto de vista arqueológico. Por debajo de lo que se llamó nivel “d” en 2010 aparecían los niveles “e” y “f”. En realidad la diferenciación entre ambos era tan artificial como la sugerida entonces para “b” y “d”. Presentaban también idénticas características sedimentológicas: el mismo tipo de textura (francoarcillosa y ph 8.5) la misma coloración (10YR 3/3), algo menos anaranjada y más grisácea que el “d”, también menos competencia que el suprayacente, menos piedras y también de tamaño menor; y en cuanto a su contenido ambos participaban de una disminución muy importante de los restos de microfauna, de la aparición de restos de macrofauna (algunos de ellos quemados) aunque escasa, de carbones dispersos, y de restos materiales líticos (también escasos), si bien el área excavada en el sondeo se había reducido ya a esa profundidad a poco más del metro cuadrado. La diferencia entre uno y otro se establecía por la presencia en este caso de una estructura de combustión.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 5. Esquematización de 4 secciones del depósito de la cueva P5 con la sucesión de niveles reconocidos. La Sección Norte de 10B está realizada en el límite de los sectores 1,2 y 3 con 4,5 y 6.

La estructura aparecía en el cuadro 10 B, en la sección de la banda 1, 2 y 3 con 4, 5 y 6 (los sectores 1, 2 y 3 del cuadro 10 B no se excavaron) y en la sección Oeste de ese mismo cuadro. Además aparecían también dos piedras cuya posible relación con la estructura desconocemos aún. La base de la estructura y de las piedras suponía la artificial separación entre los niveles “e” y “f”. En las campañas posteriores no se ha llegado a alcanzar esa cota ni esos niveles por lo que no sabemos si esa separación preventiva es pertinente o no y, si lo es, a cuál debe asignarse la estructura. Desde entonces hasta ahora la excavación ha estado orientada alcanzar en una superficie suficientemente extensa ese primer nivel arqueológico, el “e” y la estructura de combustión. Condicionados por la presencia de las grandes piedras de la sala se ha intervenido en los cuadros más exteriores, y de resultas de ello se han reconocido nuevos niveles. Como ya se ha indicado, los únicos niveles que aparecen en todo el yacimiento son los correspondientes a la Unidad I. Fuera del sondeo y del área inmediata al mismo esta unidad no reposa sobre el nivel “e”, sino sobre un nivel que hemos llamado “cnc” (Figura 6).

Figura 6. La línea roja marca la interfase entre los niveles “b” y “cnc”. Las características sedimentológicas de “cnc” lo distinguen bien de la unidad suprayacente, y evidentemente responden a un cambio en las condiciones climáticas. En primer lugar es un nivel muy poco consistente, constituido casi por un esqueleto de pequeñas piedras (muy homométrico) que pueden movilizarse perfectamente con una brocha, y en el que la parte asignable a la fracción fina baja de forma drástica

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(de casi el 50% en “b” a algo menos del 15% en “cnc”). Como se puede ver en la figura 7, la importante disminución de la fracción de menos de 2 mm, el claro aumento de las piedras entre 2 mm y 5 cm y la disminución de las de tamaño superior a 10 marcan las diferencias, junto con su color, que se torna grisáceo (10YR 6/3, 7.5YR 5/4, 10YR 5/4, 10YR 4/4 y ph 8.0, 8.5, 8.6).

Figura 8. Excavación en la P5. Dentro del área delineada nivel “cnc”. En el resto nivel “b”, cuya potencia alcanza en el corte más de un metro.

Figura 7. Comparación entre los niveles “b” y “cnc”. De izquierda a derecha: fracción de menos de 2mm; piedras de entre 2 mm y 5 cm; piedras entre 5 y 10 cm; piedras entre 10 y 20 cm y piedras de más de 20 cm. Localmente ofrece algunas variaciones que tienen que ver no tanto con su composición sino con su color (7.5YR 8/2) y su competencia. Así por ejemplo, en los cuadros 8 y 10, bandas C y D, es mucho más compacto y de color blanquecino, muy posiblemente por la precipitación de carbonato cálcico desde la pared (Figura 8). No podemos pronunciarnos aún sobre si este nivel, que es arqueológicamente fértil, está presente en toda la superficie excavada. No se registró en el sondeo 2 tal y como se ha definido donde aparece, aunque topográficamente se encuentra por encima de la estructura de combustión. Su cuenca de deposición parece que tiene una disposición subhorizontal, mientras que su techo buza acusadamemnte hacia el interior de la cueva desde las bandas E y F (generando así una especie de muro) y también hacia el Este. El nivel, que a diferencia del “b” debió formarse en unas condiciones climáticas muy frías, lo hizo a expensas de pequeños cantos y placas de gelifracción que entraron por gravedad desde la zona más exterior de la cueva, quizás a partir de bloques desprendidos de la embocadura, como ya hemos dicho antes que parece manifiesto. Aunque existen diferencias sedimentológicas entre “e” y “cnc”, la presencia de algunas placas de gelifracción en el primero no nos hace descartar todavía que no se trate del mismo nivel, en cuyo caso la diferente composición sería el resultado de la detención del avance de los cantos de “cnc” por la presencia de grandes bloques caídos entre las bandas A y B (parte Oeste) y la mayor penetración al interior de la fracción más fina (parte Este de esas mismas bandas). Los materiales arqueológicos recuperados, tanto líticos como óseos, no presentan ninguna evidencia de movilización.

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Por debajo de este nivel se ha reconocido en el último año otro que se ha denominado “bl”, constituido tan solo por fracción fina, de color blaquecino (7.5YR 7/4, de textuta franco limosa y ph 8.7). Ha aparecido en la banda 4 (cuadros A y B) y apenas ha sido excavado.

3. MATERIALES Y CRONOLOGÍA. Se han recuperado restos materiales en “cnc” y en “e”, si es que, como acabamos de decir, no son el mismo nivel. Tratados separadamente el nivel “cnc”, excavado fundamentalmente en las bandas 4 y 6, ha proporcionado hasta la fecha en torno al medio centenar de piezas retocadas, que se corresponden principalmente con puntas y raederas elaboradas en un sílex de muy buena calidad (Figura 9). También se constata la presencia de alguna muesca y algún denticulado, así como soportes marginalmente retocados. Aparecen también soportes brutos, pero no hay apenas elementos de desecho y están ausentes los núcleos y los productos de acondicionamiento. Por el momento no parece que los ocupantes del nivel “cnc” realizaran allí actividades de lascado y ni tan siquiera de retoque. No hemos registrado la presencia de auténticos hogares en ese nivel (más allá de alguna concentración más intensa de cenizas), y esto, así como los restos de fauna aparecidos, bastantes escasos, apuntan a una ocupación de carácter muy efímero en ese momento, que como hemos indicado debió ser muy frío. El nivel “e”, excavado en las banda 10 (cuadros A y B), ha proporcionado también restos líticos, en un número menor, claro está, pero de idéntica tipología. En este caso alguna raedera y alguna punta, en el mismo tipo de sílex. Dada la presencia ahí de una potente estructura de combustión son más abundantes los carbones. Entre los restos de fauna al nivel “cnc” asociamos la presencia de ciervo, cabra y conejo, entre los herbívoros y de zorro entre los carnívoros, añadiendo a esta relación el gamo en el nivel


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre “e”. También se han recuperado en éste algunos coprolitos de hiena. No se ha reconocido tras un examen somero la presencia de marcas de corte en los huesos. Disponemos por ahora de una datación de C14, que fue obtenida de un fragmento de carbón de Pinus tp. sylvestris recuperado en la estructura de combustión, a menos 334 centímetros bajo la línea 0. Este resto, con la referencia AG10.P5.10B.334.1104 (Beta 313364) ha proporcionado una fecha de 41910 ± 510 B.P., fecha que resulta coherente con la industria reconocida.

Ebro de gentes neandertales, ampliando así el catálogo de yacimientos de esta época en la Cuenca del Ebro. En el caso de la P7, un lugar con escasas condiciones de habitabilidad, esa presencia humana se concreta en algún testimonio lítico y sobre todo en la existencia de marcas de corte en algunos restos óseos (Sauqué et al. 2014) que indican la realización de actividades de procesado de carcasas animales. Además ese lugar testimonia a lo largo de la secuencia analizada, que posiblemente tiene su inicio a comienzos del MIS 3, una diversidad y unas condiciones ecológicas distintas a las actuales. La presencia de faunas frías como Chionomys apuntan a condiciones glaciares, en tanto que faunas de afinidad mediterránea, como Iberomys y Crocidura evidencian que se produjeron a lo largo de su secuencia fluctuaciones climáticas importantes (Cuenca-Bescós et al. 2011; Galán et al., e.p.). La P5, con mejores condiciones para ser ocupada, ha proporcionado por el momento menos información paleontológica, pero si una mayor cantidad de restos industriales que se inscriben sin ninguna duda en lo propio de nuestro Paleolítico Medio.

AGRADECIMIENTOS

Figura 9. Materiales líticos. Cueva P5: 1. 10B.294.2 (Cubeta, Rev.); 2. 4B.319.148 (cnc); 3. 4B.309.131 (cnc); 4. 6B.320.9 (cnc); 5. 6C.294.38 (cnc); 6. 10D.307.10 (cnc); 7. 10A-B.109 (Rev); 8. 6D.278.111 (cnc); 9. 4B.314.63 (cnc); Cueva P7: 10. Ag7.K17.2. (Dibujos: Mari Cruz Sopena).

4. CONCLUSIONES. El Cerro del Pezón registra la existencia de dos yacimientos cuaternarios en cueva, P7 y P5, que se estudian por primera vez en el marco del proyecto de estudio del Cuaternario del Sur del Ebro (Cuenca-Bescós et al. 2010). Ambas cuevas, muy próximas entre si y, muy posiblemente, utilizadas al mismo tiempo, aportan por ahora datos que tienen sólo la consideración de preliminares, pero que indican la presencia en esta zona de contacto de la Ibérica con el valle del

Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación ‘Transiciones climáticas y adaptaciones sociales en la Prehistoria de la Cuenca del Ebro’ (HAR-2014-59042-P) financiado por el ‘Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia’ del Ministerio de Economía y Competitividad y en el marco del Grupo de Investigación Consolidado Primeros Pobladores del Valle del Ebro (H07) cofinanciado por el Gobierno de Aragón y el Fondo Social Europeo. M. Alcolea disfruta de una ayuda predoctoral de Formación del Personal Investigador (BES2012-053828) del Ministerio de Economía y Competitividad. Expresamos nuestro agradecimiento a la Comarca del Campo de Cariñena por su contribución a la financiación de este trabajo y a Luis M. García-Simón y el Ayuntamiento de Aguilón y sus vecinos por la colaboración ofrecida. También agradecemos a José L. Peña Monné, Catedrático de Geografía Física de la Universidad de Zaragoza, sus aportaciones. Queremos dedicar un agradecimiento muy especial a Mario Gisbert, del Centro de Espeleología de Aragón, por su inestimable ayuda en el desarrollo del trabajo de campo y, por supuesto, a los alumnos e investigadores que en estos años han participado en los trabajos de campo y laboratorio por su esfuerzo y dedicación. Finalmente, agradecemos al Comité Organizador la invitación a participar en el presente volumen.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Cortés Gracia, A.L. y Casas Sainz, A.M. (1996): La transición de pliegues de despegue a pliegues de propagación: el ejemplo del anticlinal de Aguilón (Cordillera Ibérica). Geogaceta, 19:7-10. Cuenca-Bescós, G., Martínez, I., Mazo, C., Sauqué, V., Rabal, R. y Gisbert, M. (2011): Sondeos en la entrada de la Cueva P5, continuación de limpieza de la entrada en la Cueva P7 de Aguilón y labores de prospección paleontológica en el sistema kárstico del sector Muel, Jaulin, Aguilón y Mezalocha (Provincia de Zaragoza). Informe inédito para El Gobierno de Aragón, Departamento de Educación, Cultura y Deporte, Servicio de Investigación y Difusión del Patrimonio Cultural. Dirección de Patrimonio Cultural. Universidad de Zaragoza, Universidad de Alcalá de Henares, Universidad Complutense, Fundación Ancestros, 65 p.

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Soriano, M.A. (1988): Superficies de erosión finiterciarias desarrolladas al S y SW de Zaragoza. Acta Geollógica Hispánica 23 (1): 39-46.

NOTAS ACLARATORIAS 1

No contamos aún con un estudio sobre su espeleogenésis. En cualquier caso todo el complejo kárstico del Pezón y Peña Foradada, formado por cavidades que comparten características como ofrecer un escaso desarrollo, o abrirse en el contacto de las dos formaciones geológicas ya indicadas, puede tener el mismo origen, que sería la variación del nivel de base del río Huerva o el propio barranco de Valdeaguilón. M.A. Soriano (1988) describe para la zona una sucesión de ciclos de erosión-depósito de materiales que a lo largo del Neógeno provocaron la formación de diferentes superficies de erosión, hasta 3. Poco después de la última de estas etapas de aplanamiento (S3), que por correlación con otras zonas de la Cordillera Ibérica podría corresponder al Plioceno Superior, se habría producido una intensa karstificación, formándose entonces en las calizas mesozoicas estas pequeñas cavidades. Su formación, pues, a lo largo del PliocenoPleistoceno Inferior, sería coincidente con el desarrollo de otros complejos kársticos en la vertiente Norte de la Ibérica (Ortega et al, 2013), condicionados por la incisión de los ríos (Cuenca-Bescós et al, 2011, Galán, artículo en prensa).

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Prueba de la cantidad y de la calidad de ese sílex, y de la importancia que ha tenido su explotación en épocas recientes, es que, como indican A. Morgado y E. Roncal (Morgado y Roncal, 2009) este sector del valle del Ebro, y en concreto el pueblo de Botorrita, es citado como uno de los lugares donde existían artesanos especializados en la construcción de piedras de fusil, que eran contratados para aprovisionar de este producto a los ejércitos reales. Por ejemplo, una relación de fabricantes de 1778 contabiliza un total de veinticuatro pedernaleros, algunos de Botorrita, otros de Muel (nueve corresponden a la contrata de 1776 y quince a la de 1777) que estaban obligados por contratas a entregar dos millones de piedras de chispa de fusil y pistola anualmente a los Almacenes de Artillería de la plaza de Zaragoza.

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Obtenido a partir de un mapa topográfico escala 1:5.000 del Servicio de Información Territorial de Aragón (SITAR).

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La intervención en la cueva P5 se inscribía en el proyecto “Prospección Paleontológica en el Sistema Kárstico del Sector Muel, Jaulín, Aguilón y Mezalocha (Provincia de Zaragoza)”, codirigido por G. Cuenca-Bescós, I. Martínez y C. Mazo (Cuenca-Bescós et al. 2011)

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

3. FUENTE DEL TRUCHO: DIEZ AÑOS DE TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS (2005-2015) Pilar Utrilla Miranda1, Lourdes Montes Ramírez1, Manuel Bea Martínez2, Rafael Domingo Martínez1, Jorge Angás Pajas2 Universidad de Zaragoza. Grupo Consolidado PPVE 3D Scanner, Patrimonio e Industria. Spin-off Universidad de Zaragoza 1

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Pilar Utrilla Miranda, utrilla@unizar.es

RESUMEN Se revisan los trabajos arqueológicos realizados en la cueva de la Fuente del Trucho entre 2005 y 2015. Éstos afectan por un lado a la excavación de los niveles arqueológicos al pie de los grabados y las pinturas, con materiales líticos y dataciones que permiten comprobar una presencia cierta de gentes del Gravetiense y del Solutrense y, muy probable, también del Auriñaciense y del Magdaleniense, además de los conocidos niveles musterienses excavados por A. Mir en los años ochenta. Por otra parte, las actuaciones han afectado también al estudio de las pinturas parietales, publicándose en colaboración con V. Baldellou algunos paneles principales: el friso y su continuación (paneles VI, VII y VIII) y la parte central del techo (panel XV). Además, se han tomado muestras de las costras calcáreas que recubren parcialmente algunas pinturas, lo que ha permitido obtener dataciones de U/Th muy antiguas (al menos gravetienses) para las manos, puntuaciones, trilobulados y uno de los caballos. Por último se ha escaneado en 3D toda la superficie decorada de la cueva. PALABRAS CLAVE: Arte parietal; Gravetiense; Solutrense; Uranio-Thorio.

ABSTRACT Archaeological works carried out in the cave of Fuente del Trucho between 2005 and 2015 have been revised. This paper focuses on the excavation of archaeological levels at the at the base of its engravings and paintings, offering lithic materials and chronology that allow us to document several periods of occupation in the cave during the age of the Gravettian and Solutrean and maybe also in Aurignacian and Magdalenian times, too, as well as the well known Mousterian levels excavated by A. Mir in the eighties. On the other hand, we have also studied the rock art. Some of the panels had been published in collaboration with V. Baldellou: the frieze and its continuation (panels VI, VII and VIII) and the central part of the ceiling (panel XV). Besides, some samples from calcareous crusts, covering partially some paintings, were taken to obtain chronological data by U/Th method. The results of the analysis have offered a very old chronology (Gravettian at least) for hands stencils, dot series, the trefoil sign and one of the horses. Finally, the whole decorated surface of the cave has been scanned by 3D technology. KEYWORDS: Rock Art; Gravettian; Solutrean; Uranium-Thorium.

1. INTRODUCCIÓN La cueva de la Fuente del Trucho se ubica en término de Asque-Colungo (Huesca) en el barranco de Arpán perteneciente a la cuenca del río Vero. Presenta una gran boca de 22 m de ancho orientada al SE, que da acceso a una amplia sala de 24 m de profundidad dividida en dos lóbulos disimétricos. El menor de ellos posee una cúpula esférica y una ventana oval que permite la entrada del sol directo el cual ilumina por la mañana los grabados representados sobre una pared oblicua. El segundo lóbulo, de mayor tamaño, presenta sus paredes y techo cubiertos con pinturas rojas,

salvo tres manos negativas en negro, en un ambiente de semipenumbra. Estas pinturas fueron descubiertas en 1978 por un equipo del Museo de Huesca y de la Universidad de Zaragoza dirigido por Vicente Baldellou dentro del plan de prospecciones de arte rupestre en el río Vero. En los años ochenta se publicaron los primeros avances relativos al estudio del arte parietal (Beltrán y Baldellou, 1981) y también los resultados de las cinco campañas de excavación llevadas a cabo por Anna Mir sobre los niveles musterienses (Baldellou y Mir, 1986; Mir, 1987; Mir y Salas, 2000).

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En los años noventa A. Beltrán incluye la Fuente del Trucho en su libro sobre arte rupestre en Aragón (Beltrán, 1993) mientras que V. Baldellou y R. Viñas realizan entre 1989 y 1991 los primeros calcos completos del conjunto. Sólo se publicaron algunos de las figuras principales en las Memorias de Arqueología Aragonesa de estos años (Baldellou, 1991 y 1994). En el año 2000 S. Ripoll y J. Muñoz realizan junto con V. Baldellou la documentación fotográfica de las pinturas, publicando simultáneamente en INORA y Bolskan la numeración de los paneles por vez primera (Ripoll et al., 2001 y 2005). En 2001 Antonio Alagón realizó un trabajo final del D.E.A. sobre las vías naturales en el entorno de la cueva, dando datos precisos (y medidos personalmente) de tiempos de marcha, pasos primarios y secundarios, lugares de aprovisionamiento de agua etc. En 2005 P. Utrilla y L. Montes excavan al pie de las pinturas y de los grabados, retomando el sondeo que realizó la primera al pie de éstos últimos en los años ochenta. Se publica un avance de los materiales musterienses en el Homenaje a Victoria Cabrera (Montes et al. 2006) y de los del Paleolítico Superior en el Congreso de Barcelona en Homenaje a Javier Fortea (Utrilla et al., 2010). En el mismo año 2005 P. Utrilla incluye el arte rupestre de Fuente del Trucho en su síntesis sobre arte rupestre en Aragón aportando sugerencias acerca de la interpretación de las manos con falanges incompletas. De 2005 es también el capítulo sobre arte paleolítico en Aragón que elaboró P. Utrilla para el Catálogo del arte rupestre que encargó el Gobierno de Aragón y que, a pesar de haber corregido pruebas de imprenta, todavía no ha visto la luz 10 años después. En el mismo año P. Utrilla y V. Baldellou elaboraron también el capítulo sobre el arte paleolítico aragonés para un gran libro sobre arte parietal en España que dirigía J. Fortea, libro que se ha visto truncado por el fallecimiento de su director. Entre 2011 y 2012 V. Baldellou, M. Bea y P. Utrilla digitalizan diapositivas y fotos, tratan las imágenes y montan los calcos completos del friso y del techo de la Fuente del Trucho. Se publican las pinturas del friso y del panel XV del techo en el Altamira Symposium sobre el Gravetiense que tuvo lugar en Santillana del Mar (Utrilla et al., 2013). En 2013 se producen dos actuaciones técnicas in situ: por una parte, J. Angás escanea en 3D todo el techo de la cueva y, como resultado, en el Congreso del Centenario del descubrimiento de la cueva de Candamo, se ha publicado la documentación geométrica de las pinturas mediante diferentes sistemas (escáner láser, escáner de luz blanca estructurada, microfotogrametría). Esto hizo posible obtener modelos tridimensionales a diferentes escalas así como ortofotografías rectificadas y nubes de puntos de alta densidad para las zonas más destacadas (Angás y Bea, 2014). Por otra parte, en el mismo año 2013, D. Hoffmann y A. Pike toman muestras de las costras que recubren las pinturas para su datación por U/Th. Se publican los resultados en

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las preactas del XVII Congreso Mundial de la U.I.S.P.P. (Burgos 1-7 de Septiembre de 2014) y, con más detalle, en Quaternary International (Hoffmann et al., 2015). En 2014 P. Utrilla y L. Montes llevan a cabo la segunda campaña de excavaciones subvencionada por el Parque Cultural del Río Vero y el Centro de Estudios del Somontano dependiente de la Diputación Provincial de Huesca actuando al pie de los grabados. Sus resultados, que comentaremos más adelante, se han publicado en el Congreso del Centenario del descubrimiento de la cueva de Candamo (Utrilla et al. 2014a). En este mismo año se ha publicado, en el marco del XVII UISPP World Congress celebrado en Burgos, una guía de yacimientos paleolíticos donde se hace un resumen del arte parietal y del depósito arqueológico de Fuente del Trucho (Utrilla et al., 2014b). Por último, en 2015, las representaciones parietales han sido objeto de dos publicaciones: en el homenaje a R. de Balbín, editado por Archaeopress en Oxford, se han comparado las figuras de Fuente del Trucho a otras similares de la Península Ibérica y de Francia estableciendo paralelos cronológicos (Utrilla y Bea, 2015); y en el XIX International Rock Art Conference IFRAO 2015, celebrado en Cáceres, se ha tratado el tema de la visibilidad de los motivos dentro del Coloquio “Ostensible ou caché: la question de la visibilité dans la comprehension de l’art pariétal rupestre préhistorique” (Utrilla et al., 2015).

2. OBJETIVOS Se han perseguido tres objetivos fundamentales en lo referente a la actuación en estos diez últimos años en Fuente del Trucho: 1)- Conocer qué gentes del Paleolítico Superior habitaron en la cueva intentando relacionarlos con los autores de las pinturas y grabados. En efecto, ya se sabía por las excavaciones de Mir que había importantes niveles musterienses del hombre de Neanderthal. Ahora se trataba de ver si podía encontrarse además una ocupación del paleolítico superior, tal como podía entreverse en el sondeo que P. Utrilla realizó al pie de los grabados en 1981, con hallazgo de hojitas de dorso, o en materiales líticos que se encontraban en superficie en el nivel revuelto (Figura 1). La tipología del arte parietal sugería unos autores gravetienses y/o solutrenses y se trataba de ver si éstos habían dejado además restos líticos. Las excavaciones en 2005 y 2014 (P. Utrilla, L. Montes, R. Domingo) así lo han confirmado. 2)- Documentar la totalidad de las manifestaciones gráficas por paneles y colocarlas exactamente en el espacio para lo que se escanearon las pinturas por parte de la empresa Scanner 3D. Patrimonio e Industria que dirige J. Angás. Al mismo tiempo se revisaron los calcos, las fotografías y diapositivas y se restituyeron los paneles pintados (V. Baldellou, M. Bea, P. Utrilla).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 3)- Datar en lo posible las pinturas parietales. Dado que éstas han sido realizadas con ocre rojo (o manganeso para las manos) y no puede aplicarse el sistema del C14 por no existir materia orgánica datable, se ha recurrido a la técnica del Uranio/Thorio llamando a los mejores especialistas del momento: Alistair Pike en la Universidad de Southampton y Dirk Hoffmann del Max Planck de Leipzig. Con ellos tomamos muestras de las costras que recubrían algunos motivos (sin afectar lo mas mínimo al pigmento) que han permitido obtener fechas ante quem para las pinturas muy ajustadas.

Figura 1. Cubetas y otras estructuras en el sondeo exterior de 2005 y 2014 al pie de los grabados. La nomenclatura de los cuadros mantiene la original de Anna Mir en 1979.

3. METODOLOGÍA Las excavaciones arqueológicas han seguido el sistema habitual por decapado que se emplea en yacimientos del Paleolítico Superior. El carácter revuelto del depósito interior al pie de las pinturas no ha permitido en cambio mayor precisión, dado que el ganado que ocupó la cueva durante su uso como redil removió con sus patas el sedimento. En el exterior ha sido posible localizar algunas zonas intactas aunque la ocupación altomedieval en la zona de los grabados (junto a otras posteriores de los pastores) llevó consigo la excavación de hogares y cubetas que han alterado también el depósito paleolítico. Las costras de calcita formadas sobre las pinturas se identifican y se inspeccionan de visu para comprobar su estado y pureza. Donde la calcita parece apta, se limpia cuidadosamente la superficie de polvo y se rasca la capa superficial. A continuación, se obtienen muestras que se depositan en un recipiente limpio. Se pone especial cuidado para no tocar ninguna zona con pigmento: durante el proceso de rascado para obtener las muestras, la superficie es revisada de forma continua, deteniéndose el muestreo cuando se empieza a ver la pintura a través de la calcita traslúcida (Figura 2).

La visibilidad final del pigmento confirma que la calcita está sin lugar a dudas sobre las pinturas y que la fecha obtenida es una edad mínima para el arte infrayacente. Las muestras son posteriormente procesadas para averiguar la proporción de U y Th siguiendo procedimientos descritos en diversas publicaciones de Hoffmann et al. (2007) y Pike et al. (2012). En varias de las muestras (FT1, FT2 y FT4) se pudieron obtener sub-muestras estratificadas, cuyas dataciones resultaron ser coherentes.

Figura 2. Detalle de la zona de extracción de la muestra de una mano concrecionada. Se ha aproximado al máximo para obtener una fecha lo más fiable posible sin llegar en ningún momento a tocar el pigmento. Todas las muestras seleccionadas se extrajeron de costras en forma de coliflor estrictamente superpuestas a las pinturas y no de costras lineares. Además, no había apenas componente detrítico, por lo que las muestras, muy puras, no aparecían contaminadas (Hoffman et al., 2015). En cuanto a la documentación gráfica y geométrica se ha llevado a cabo una exhaustiva labor con el objetivo de crear un modelo tridimensional preciso de la cavidad, generando además una ortofotografía rectificada del techo de gran resolución en la que poder determinar con precisión la ubicación y orientación de cada motivo pictórico. Para ello se han combinado diferentes metodologías: topografía clásica (estación total y sistemas GNSS), sistemas de registro tridimensionales (escáner láser de diferencia de fase, escáner de luz blanca estructurada) tanto para la documentación global de la cavidad como de paneles seleccionados (Angás y Bea, 2014).

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4. RESULTADOS 4.1. El depósito arqueológico Anna Mir actuó durante 6 campañas, entre 1979 y 1986, sobre los niveles de la zona exterior pertenecientes al Musteriense, abriendo una cata de 9 m2 que nosotros no hemos tocado (Mir, 1987; Mir y Salas, 2000). En cuanto a los niveles del Paleolítico Superior Pilar Utrilla realizó un primer sondeo en 1980 al pie de los grabados exteriores donde encontró algunas hojitas de dorso pero el sondeo quedó interrumpido por la presencia de una durísima costra. En 2005 ha reanudado la excavación de estos niveles junto con Lourdes Montes como codirectora, actuando además en la parte derecha del interior de la cavidad, al pie de los signos trilobulados y la cabrita (Montes et al., 2006; Montes y Utrilla, 2008; Utrilla et al., 2010). Una nueva campaña, sólo en la parte exterior, ha sido realizada en Septiembre de 2014, en el único lugar en el que se podían encontrar intactos los niveles.

Robert. Entre las 12 hojitas de dorso, algunas presentan truncadura oblicua, aunque sin llegar a escalenos. Existen además 4 piezas esquilladas (écaillées), habituales en contextos gravetienses. Al solutrense habrá que atribuir sin duda 4 piezas de retoque plano y 4 puntas de escotadura de tipo mediterráneo. (Montes et al., 2006, Utrilla et al., 2010). La industria ósea ha entregado un fragmento de azagaya de sección subcircular (Figura 4, nº 2), otro de punzón (Figura 4, nº 3), un trozo de hueso con una laminita de sílex adherida a modo de diente (Figura 4, nº 4) y un fragmento de diáfisis, de corte longitudinal, con extremo redondeado y pulido, muy similar a un ejemplar aparecido en el gravetiense de Reclau Viver (Figura 4, nº 1). Existe también un colgante en piedra (Figura 4, nº 5).

De este modo, el material arqueológico procedente de niveles que pudieran ser contemporáneos de las pinturas se ha obtenido de dos lugares diferentes: 1- Cata interior, al pie de los signos trilobulados del panel XXI, donde apareció en 2005 un nivel revuelto pero que indicaba a través de los clásicos “fósiles directores” de la industria lítica y de algunas dataciones absolutas la existencia real de gentes del Paleolítico Superior Inicial, del Solutrense y quizá del Magdaleniense (Figura 3). Se documentaba así un posible auriñaciense (raspadores carenados y de hocico, láminas estranguladas) (Figura 3, nº 1 a 3); un gravetiense con puntas de dorso (Figura 3, nº 6, 7, 8, 14 y 15) piezas esquilladas, buriles múltiples sobre truncadura (Figura 3, nº 5) junto a una fecha de 20.800±100 BP obtenida sobre un solo hueso; un solutrense, con piezas de retoque plano y dos puntas de escotadura similares a las de Chaves datadas en un 19.700 BP (Figura 3, nº 9, 10 y 11). Además, quizá también exista una ocupación magdaleniense con buriles (Figura 3, nº 17 y 18) perforadores múltiples (Figura 3, nº 16) raspadores diminutos circulares (Figura 3, nº 20) otros unguiformes (Figura 3, nº 19) y algunas pequeñas puntas con pedúnculo central destacado, tipo Teyjat (Figura 3, nº 12 y13) teniendo en cuenta que las puntas y hojitas de dorso podrían pertenecer también a esta etapa. Por otra parte, una fecha de termoluminiscencia de 13244±945 obtenida sobre un raspador craquelado por el fuego, sugeriría la presencia de hogares en el Magdaleniense Medio, aunque no existen los materiales óseos significativos de esta etapa. El inventario tipológico de las 136 piezas atribuibles al Paleolítico Superior procedentes de esta zona interior entrega 26 raspadores, de los cuales 14 son planos, 8 carenados y 4 de hocico; 15 buriles, de ellos 7 diedros y 8 sobre truncadura, uno de ellos múltiple; 15 láminas con retoque simple, dos de ellas estranguladas; 21 puntas y hojitas de dorso entre gravettes, microgravettes, puntas de Vachons y dos pedunculadas cortas, más de tipo Teyjat que de Font

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Figura 3. Materiales líticos del interior, bajo el panel XXI. 2- Cata exterior, al pie de la zona de los grabados de trazo profundo. Allí se han detectado, tanto en la campaña de 2005 como en la de 2014, algunas cerámicas a torno y vidriadas, junto a una serie de estructuras en forma de cubetas circulares (cuatro) o alargadas (dos) que contenían en su interior cenizas, carbones y en, algunos casos, planchas de piedra planas rodeadas de piedras (A’-4 y B’-6). La primera de ellas (A’-4) entregó una fecha de 1235±35BP (GrA-29918) sobre un carbón, adherido a la base de la plancha del hogar, lo que, calibrada al 68% supone un 776±63 d. C. Este dato lleva la ocupación a los inicios de la presencia musulmana en el alto Vero, quizá relacionada con el momento en que Abderramán I emprende una campaña de castigo en la zona (781, tras la


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre expedición de Carlomagno en el 778 ante Zaragoza). El dato tiene un interés histórico ya que la población nativa pudo haberse refugiado en las cuevas, dado que existen tres en el alto Vero (la Carrasca y Cueva Foradada son las otras dos) en las que se detecta esta ocupación (Utrilla et al., 2014). Fuera de esta zona alterada por las cubetas ha sido posible detectar, con algún problema de remoción superficial, una estratigrafía que esperamos ampliar en nuevas campañas. Tras un nivel superficial (a) y uno de brecha (b), aparecen tres niveles que nos interesan en especial por entregar materiales líticos compatibles con una ocupación del Paleolítico Superior Inicial (niveles c y d) o Medio (nivel e). Figura 4. Industria ósea y colgantes.

El nivel c, de tonalidades grises muy variadas, textura suelta y muy superficial, se veía muy alterado por las cubetas históricas y, además de cerámicas, ladrillos o tejas, contenía algunos materiales líticos claramente del Paleolítico Superior (Figura 5): tres raspadores (nº 1 a 3), dos truncaduras sobre lámina (nº 4 y 5), un perforador (nº 6), una lámina retocada (nº 7) cinco hojitas de dorso (nº 8 a 12) y una punta gibosa de dorso rebajado (nº 13). Apareció además un diente roto con una perfecta perforación en su raíz para adaptarlo como colgante (Figura 4, nº 6).

Figura 5. Industria lítica atribuible al Paleolítico Superior del nivel c (exterior).

El nivel d es muy diferente: rojo arcilloso, con clastos angulosos de buen tamaño imbricados entre sí, parece el depósito periglaciar típico de esta sierra. Por su descripción quizá podría ser equivalente al descrito por Mir como ALBP (arcillas limosas pardas con bloques abundantes) que contenía en su base la UA2 (Unidad Arqueológica 2) que primero dio como musteriense y más tarde, al obtener una datación de 22460±150 BP, como “badeguliense”. Esta datación, a pesar de ser realizada por AMS, reunió 500 gr de huesos procedentes de una zona donde detecta agujeros de postes (Mir y Salas, 2000) por lo que cabe esperar que sea la media de huesos quizá procedentes de varios niveles. No hay razones tipológicas para pensar que la industria sea badeguliense, y no contiene raclettes (Montes et al., 2006). Este nivel d, muy pobre en restos arqueológicos, fue perforado por las cubetas pero donde se hallaba aparentemente intacto (cuadro A’-5) se recogieron dos raspadores sobre lámina retocada en la campaña de 2014 (Figura 6, nº 1 y 2). Una muestra de hueso a 25 cm de profundidad bajo la línea cero, hallada junto a estas dos piezas, ha entregado en Beta Analytic una datación que marca una ocupación gravetiense (26020±150 BP). Además existen otras piezas del mismo nivel que encajarían bien en un Paleolítico superior procedentes del cuadro A-4 de la campaña de 2005: tres raspadores más y un fragmento de lámina con retoques (Figura 6, nº 3 a 6).

Figura 6. Industria lítica del nivel d (exterior). La nº 7 pertenece al nivel e. Habrá que esperar a nuevas campañas para ver si se confirma la pertenencia del nivel d a un Paleolítico Superior Inicial. En la actualidad aparece directamente en superficie o someramente cubierto por una la capa de las tierras grises y sueltas del nivel c, cuyos materiales pudieran pertenecer bien a un nivel propio totalmente alterado por las cubetas, bien al infrayacente nivel d a cuya costa se excavaron éstas.

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Tabla 1. Fuente del Trucho. Dataciones procedentes de las excavaciones de 2005 y 2014. CATA Y AÑO

SIGLA NIVEL Y MUESTRA

DATACIÓN BP

FECHA CAL BP (2 s)

Interior (2005)

8M.137.1 (niv. revuelto) 1 hueso

20800 ± 100 C14AMS GrA-29915

25414-24640

Interior (2005)

9L.rev.259 (niv. revuelto) Raspador craquelado

13244 ± 945 TL MADN-4624. BIN

Exterior (2005)

A’-4.31.3673 (cubeta) 1 carbón

1235 ± 35 C14AMS GrA-29918

776±63 d.C

Exterior (2014)

A’-5.25. 3999 (nivel d) 1 hueso

26020 ± 150 C14AMS Beta-392868

30690-29820

Exterior (2005)

A–5. 42. 3846 (d/e) 1 hueso

31880 ± 220 C14AMS Beta-365760

36700-36280

Bajo el nivel de clastos comienzan a aparecer unas manchas dispersas (nivel e), también de arcillas rojas pero sin bloques angulosos, sólo escasamente tocado en su superficie, que comenzaba a entregar algún denticulado en cuarcita compatible con un musteriense (Figura 6, nº 7). Por otra parte, en el cuadro contiguo (A-5) excavado en la campaña de 2005, se envió a datar una muestra extraída a 42 cm de profundidad en un lugar en que la tierra roja del nivel contenía “menos clastos y más arcillas” que pudiera marcar la transición al nivel e. Fue obtenida sobre un solo hueso, entregando un 31880±220 BP (Beta 365760). El material lítico que le acompañaba no era significativo: lascas de cuarcita y sílex, pero ninguna pieza retocada.

la Costa Cantábrica, algunos con iconografía de osos, como Venta Laperra (Arias et al., 1998), aunque hay dudas sobre si las costras datadas por TL de 25938±2157 y 25498±2752 en este abrigo cubrían realmente a los grabados. En el interior son los caballos (siete ejemplares y dos más posibles) los animales dominantes, junto a una cabra, un ciervo y un animal indeterminado. No obstante, son las manos negativas (más de 50) y los signos, en especial las variadas series de puntos y los trilobulados, los que ocupan la mayor parte de la superficie decorable, un soporte blanco que debió resultar impresionante para el espectador.

4.2.1. Las series de puntos Los puntos agrupados en series se encuentran representados en al menos 6 paneles, asociados espacialmente a figuras de caballos en tres de ellos. Uno de los más espectaculares es el panel VI, un friso en líneas horizontales de 4 o 5 hileras de puntos a lo largo de casi 6 metros de longitud, muy similar al representado en “la Galerie des Points” de la cueva de Trois Frères (Bégouën et al., 2014, p. 98, Figura 78). La alineación parece unir una posible cabeza de caballo mirando a la derecha (panel V, a la izquierda de la sala) con dos caballos listados mirando a la izquierda (panel VI, en el centro) o formando parte de motivos curvilíneos o radiales representados tanto en las paredes (panel VII) como en el techo (panel XV) (Utrilla et al., 2013, pp. 558-559, figs. 4 y 5). En el bloque de puntuaciones podrían agruparse también las cuatro series de trazos pareados en rojo del panel XI.

Próximas campañas permitirán comprobar su entidad cultural y si se generaliza bajo el nivel d por toda la superficie o se trata sólo de áreas parciales que no han sufrido caída de clastos por estar fuera de la visera.

4.2. Las representaciones gráficas La Fuente del Trucho presenta dos tipos de representaciones gráficas quizá contemporáneas: un santuario exterior en el lóbulo menor, con seis figuras de grabado profundo, ubicadas en la pared oblicua que desciende hasta el suelo; y un santuario interior, con más de un centenar de figuras pintadas distribuidas en 21 paneles ubicados tanto en las paredes laterales como en el techo. Los grabados exteriores tienen al oso como su protagonista principal, en especial un gran ejemplar, parcialmente exciso, que ocupa la posición central y que aparece iluminado por el sol de la mañana que entra por el agujero cenital (Utrilla, Bea y Angás, 2015). Dos posibles caballos (se discute si uno de ellos quizá fuera un cánido o felino), un cérvido y dos figuras más de oso (una cabeza y una zarpa) completan la iconografía. Una cronología gravetiense o solutrense antiguo es la propuesta tradicional que suele aplicarse a los santuarios exteriores de

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Figura 7. Posición de las series de puntos. 1. Panel VI y VII; 2. Panel XII; 3. Panel XXI; 4. Panel XV. Las muestras datadas por U/Th en las series de puntos del panel VII, han entregado dos dataciones: 25886 para la muestra FT6 y 31286 para la FT 7, por lo que ésta, la más antigua, debe ser considerada como el momento ante quem en el que se ejecutaron las puntuaciones, en la transición auriñaciense-gravetiense.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 4.2.2. Las manos Se reconocen medio centenar de manos negativas seguras que podrían ser muchas más una vez se limpien las paredes y se complete el tratamiento de imágenes (Utrilla et al., 2013, p. 557, Figura 3; Utrilla et al., 2014a, p. 174, Figura 3). Son frecuentes las manos infantiles, destacando la de un bebé en el fondo de la cueva. En algún caso aparece también pintado el arranque del antebrazo y en dos más del panel VII los dedos aparecen tan cortos y separados que recuerdan más la zarpa de un oso similar a la grabada en el exterior (Utrilla et al., 2014a, p. 174, Figura 3.2). Las manos aparecen concentradas en tres zonas: al fondo de la cavidad, con 18 ejemplares agrupados en 4 paneles (I, II, III y VII); la pared derecha, con 16 casos en otros 8 paneles (VIII, IX, XIII, XIV, XVIII, XIX, XX y XXI) y en el centro del techo (panel XV) donde aparecen 3 manos negras y dos rojas.

procedentes de la zona antigua del gran techo de Altamira y que han pasado casi desapercibidas en la historiografía hasta su publicación en el reciente congreso sobre el gravetiense celebrado en Santillana (de las Heras et al., 2013). Estas manos, idénticas a las de Fuente del Trucho (pequeñas, negras y de dedos incompletos) se superponen claramente a un caballo rampante en rojo, muy similar a otro muy próximo datado por U/Th en 22.110 BP (0-53) (Pike et al., 2012). Cabría pues plantearse si las manos negras del panel XV de Fuente del Trucho, superpuestas a las series de puntos, pudieran ser también más recientes que las pintadas en rojo.

En la zona del fondo es frecuente la superposición de costras de calcita sobre las manos, lo que ha permitido la datación por U/Th de 8 casos de los paneles III y VII. Así, en el panel III se han tomado las muestras FT1a y FTlb y FT2b y FT2c obtenidas de una mano incompleta concrecionada que ha entregado unas fechas entre 25110 y 26050 (Hoffmann et al. 2015). Por su parte, en el panel VII se han datado dos muestras (FT8 y FT9) procedentes de una mano con dedos completos y que ha entregado dos fechas de 26400 y 26730, similares, por tanto, a la anterior y que demostraría que apenas hay diferencias significativas en la datación entre las manos completas y las que presentan ausencia de las últimas falanges. Las otras dos muestras datadas en el panel VII proceden de una mano que conserva parte del antebrazo (FT10 y FT11) entregando dos fechas de 26240 y 27370, esta última la más vieja de las obtenidas sobre costras que recubren manos y que marcaría la fecha ante quem se realizarían éstas. Sería por tanto una datación que situaría las representaciones de manos como mínimo en un Gravetiense, con fechas algo posteriores a las fechas C14 AMS en torno al 26000 que han entregado las manos negras de Cosquer o al 26860±460 de un hueso de Gargas, ya que éstas, calibradas calBP, entregan fechas en torno al 32000 que son las que deben compararse a la de U/Th de Fuente del Trucho.

Figura 8. Calco general del panel XV de la cueva de la Fuente del Trucho comparado a las manos negras del gran Techo de Altamira.

Un tercer núcleo, con cinco manos negativas, se ubica en el centro de la bóveda del techo de la Fuente del Trucho (panel XV), estando asociadas espacialmente a complejas series de puntos rojos que presentan motivos radiales y lineares. Allí se representan, junto a dos manos rojas de adulto, tres manos negras, dos de ellas infantiles con dedos incompletos. Sin embargo, este grupo de manos no ha podido ser datado por no presentar costras superpuestas y estar realizadas con manganeso.

Aparecen bien visibles en dos paneles: en el friso del panel VI en forma de trilobulado de perfil ojival; y en la entrada en el panel XXI, ya con luz natural, en forma de tres o cuatro signos de perfil semicircular. El primero se asocia espacialmente a un caballo de melena listada y al largo friso de puntos, una de cuyas hileras parece penetrar en su interior, mientras que los segundos lo harían a la cabrita, a dos manos rojas y, de nuevo, a una serie de puntos (Utrilla et al., 2013, p. 535, Figura 9). Sólo el trilobulado ojival del panel VI presentaba varias costras sobre su trazo, obteniendo dos dataciones que de nuevo confirmarían una cronología gravetiense: FT 4a: 24300 y FT 4b: 24550 (Figura 9).

En principio, cabría suponer que fueran contemporáneas a las demás pero sorprende el claro paralelismo que presentan con otras dos, también negras y con ausencia de las últimas falanges (lo que es una excepción en la costa Cantábrica)

4.2.3. Los signos trilobulados

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Los otros caballos, no datados por U/Th, presentan atributos que permitirían ser datados por estilo gracias a sus paralelos mobiliares. Así, en el panel XII, ya en el techo, aparecen dos caballos opuestos, ubicados de nuevo bajo series de puntos alineados en una, dos o tres hileras, e incluso dispersos. La ausencia de detalles en su interior, la curva cérvico-dorsal marcada y las patas en líneas paralelas abiertas, llevaría a clasificar al más completo en un Solutrense medio, dado el dominio de esta última convención en la secuencia de Parpalló (Villaverde, 1994). No obstante, las patas en líneas paralelas abiertas aparecen en un bloque auriñaciense de La Ferrasie, expuesto en el museo de Les Eyzies. El otro caballo, representado sólo por una cabeza pequeña y alargada y un largo cuello curvo, encajaría bien en un gravetiense o solutrense antiguo. Figura 9. Trilobulado datado en el friso del panel VI.

4.2.4. Los caballos Se reconocen nueve ejemplares, dos grabados en el exterior (panel XXII) y siete pintados en rojo en la sala interior, junto a dos figuras más, dudosas. Se ubican en los paneles IV, V (dudoso), VI (2 ejemplares claros y 1 dudoso) VIII, XII (dos más) y XV (Figura 10). Todos ellos parecen estar vinculados a series lineares de puntos (panel V, VI y XII) o a digitaciones (VIII). El friso, una cornisa de visibilidad vertical, es el lugar elegido para situar cinco de estas figuras en disposición horizontal a modo de escena (las tres citadas del panel VI, otra en el V y una quinta en el VIII). Llama la atención la similitud compositiva de las dos cabezas del panel VI, ambas con crines enhiestas y trazos listados en el cuello a modo de caída de melena. No obstante, el caballo nº 1 presenta morro alargado y caído y cabeza listada, algo que no refleja el caballo nº 2, más parecido a la cabeza incompleta del otro extremos del friso. En el centro del mismo aparece además una gran cabeza incompleta de oso o caballo y la otra citada del extremo opuesto. Otros tres caballos se sitúan en el techo: el del despiece en M del panel IV (nº 3) (próximo al extremo izquierdo del friso) y los dos opuestos por el lomo del panel XII. (nº 4 y 5). De todos ellos sólo uno, el del panel VIII (Figura 10, nº 6), ha presentado una costra susceptible de ser datada ubicada sobre su lomo (FT5) la cual ha entregado una fecha muy antigua, 29160, plenamente gravetiense (Hoffmann et al., 2015). Se trata de un caballo de morro doble alargado, con un moñete curvado hacia delante, que presenta un sorprendente parecido con el representado en el sector C2 de la Pasiega (González-Sainz y Balbín, 2002, p. 170 y 178) y con otro de la Haza. Aparece asociado a 5 digitaciones sobre su lomo y a una mano negativa, al igual que el ejemplar de Pasiega lo hacía a dos series curvas de puntos y a un signo triangular. Se podría establecer, por lo tanto, una propuesta de datación para el ejemplar de Pasiega cuya costra superpuesta ha resultado ser demasiado reciente (Pike et al., 2012).

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Figura 10. Caballos pintados en rojo de la sala interior. En cuanto a los caballos que forman parte del extremo del friso del panel VI, la presencia de detalles (crineras marcadas y largas melenas) llevaría a datarlos por estilo en un Solutrense avanzado, según la propuesta clásica de Leroi Gourhan. Existen además paralelos muebles en un canto rodado del Solutrense superior (capa 6) de la Petite Grotte de Bize según clasificación de Sacchi (1986), aunque Djindjian ha hecho notar recientemente que procede de excavaciones antiguas revueltas y tanto podría corresponder al solutrense como al gravetiense (Djindjian, 2013). En la figura 9 se observa que existe contacto entre el extremo de la grupa del caballo y la parte alta del trilobulado. El tratamiento de la imagen no es concluyente.

4.2.5. El Ciervo En el panel VII existía una figura que se denominó «caballo acéfalo» (Ripoll et al., 2001) pero el tratamiento digital de la figura mediante la aplicación DStretch© para ImageJ© ha permitido apreciar una cabeza pequeña y alargada y una reconocible asta de cérvido, por lo que se descarta su catalogación como caballo. Esta figura, ubicada en el mismo panel que los puntos datados (Figura 11) presenta idéntica morfología en los cuartos traseros masivos y patas en líneas paralelas abiertas que el caballo del panel IV (Figura 10. 3). En principio, el despiece en M permitiría asignarles un estilo III, cronología atribuida por Alcolea y Balbín (2007) a 28 caballos similares grabados en Siega Verde. Por otra


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre parte, las quijadas convexas bien marcadas de los ejemplares de Siega Verde, no evidentes en el ejemplar de Fuente del Trucho, harían pensar en una cronología solutrense más antigua.

220) (Medina et al., 2011). Ello concordaría con las fechas de TL y U/Th propuestas para otras cabras similares en el panel IV/6 de la Garma en torno al 26.000 (González-Sainz, 2003, p. 214); o el ciervo rojo de Pondra, al que una datación por TL proporciona una fecha anterior al 22000 (GonzálezSainz y San Miguel, 2001, p. 121); o la cierva de cabeza trilineal de Antoliña en un canto de un nivel gravetiense datado en 27390 ± 320 (Aguirre, 2007). Existe otra cabrita similar procedente del Solutreogravetiense II de Parpalló (plaqueta n.º 18100, Figura 156), aunque corresponde al tipo TTN (triple trazo naturalista), más frecuente a comienzos del Solutrense (Villaverde, 1994, p. 100 y 105) (Figura 12).

Figura 11: ciervo del panel VIII asociado a los puntos datados y a diversas manos.

4.2.6. La cabrita En el panel XXI aparece una cabrita de morro levantado y abierto y pequeños cuernos paralelos enmarcada por fisuras y asociada a manos y a tres (quizá cuatro) signos trilobulados. Esta cabrita es similar a un zoomorfo de Nerja para el que se propone, según los vestigios de iluminación, una cronología presolutrense, dadas las dataciones de 24130 ± 140 BP (paneles 111-156 de Los Órganos) y 20980 ± 100 BP (panel

5. CONCLUSIONES 1.- El material arqueológico hallado en la cueva permite confirmar con certeza que el yacimiento se ocupó durante el gravetiense (dataciones C14) y el solutrense (fósiles directores) pero también es posible que lo fuera durante el auriñaciense (raspadores carenados y de hocico y fecha de 31880±225) y el magdaleniense (fecha TL de 13244±950 y algunas piezas líticas, como raspadores circulares) 2.- Todas las dataciones obtenidas por U/Th de las costras superpuestas a pinturas dan fechas gravetienses por lo que habrá que clasificar en esta época (o anterior) las series de puntos, los trilobulados, el caballo de morro alargado y las manos rojas, tanto con dedos completos como incompletos. 3.- Las tres manos negras del panel XV presentan idéntica morfología que las del Gran Techo de Altamira, las cuales se superponen a un caballo rampante en rojo idéntico a otro datado por U/Th como anterior al 22000. Quizá podría atribuirse una cronología más reciente que las rojas anteriormente citadas 4.- Las figuras parietales no datadas como los caballos con melena listada (panel VI) o de patas en líneas paralelas abiertas (panel XII) podrían ser clasificadas por otros paralelos mobiliares (Parpalló y Bize) en algun momento del Solutrense Medio (o Superior en el caso de los de melena marcada), al igual que la cabrita de morro abierto y cabeza levantada, similar a otros ejemplares del Solutrense Medio de Parpalló. 5.- En el caso del caballo del panel IV y del ciervo del panel VIII, ambos de idénticos y masivos cuartos traseros y despiece en M en el vientre, se encuentran paralelos similares en los caballos grabados de Siega Verde para los que se atribuye un estilo III (Solutrense Final, Magdaleniense Inicial).

Figura 12. Cabra del panel XXI comparada a otros ejemplares de Parpalló.

6.- A pesar de todo, no descartamos que todas las figuras pudieran ser contemporáneas y pertenecer a una etapa indeterminada del Gravetiense.

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AGRADECIMIENTOS Este trabajo ha sido realizado dentro del proyecto Mineco HAR2014-59042-P, titulado “Transiciones Climáticas y Adaptaciones Sociales en la Prehistoria de la Cuenca del Ebro”. Los investigadores pertenecen al Grupo Consolidado “Primeros Pobladores del Valle del Ebro” H-07 (Gobierno de Aragón y Fondo Social Europeo). M. Bea es investigador “Torres Quevedo” (PTQ-12-05640) y R. Domingo es investigador “Ramón y Cajal” (RyC-2013-12613).

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

4. LA OCUPACIÓN MESOLÍTICA DE ESPANTALOBOS (QUICENA, HUESCA) Rafael Domingo Martínez1, Lourdes Montes Ramírez1 1

Universidad de Zaragoza

Rafael Domingo Martínez, rdomingo@unizar.es

RESUMEN Se presenta un nuevo yacimiento mesolítico, Espantalobos, en una zona llana lejos de los entornos habituales de localización de estos sitios en la Cuenca del Ebro, áreas de media montaña con roquedos de caliza o arenisca. Localizado en las proximidades de la ciudad de Huesca, se trata de un abrigo de arenisca que conserva restos de dos ocupaciones humanas de las que la más reciente se relaciona claramente con el Mesolítico Geométrico. Los escasos materiales del nivel más antiguo, sin embargo, no permiten de momento decidir su adscripción a esta fase o a su predecesora de Muescas y Denticulados, y tampoco su datación, bisagra entre ambas etapas. Pese al pobre estado de conservación del sitio, fuertemente afectado por tareas de cantería y por la erosión, se han recuperado, además de los habituales materiales líticos de base laminar, con frecuentes trapecios de retoque abrupto y microburiles, algunos restos de fauna y un interesante lote de carbones cuyo análisis antracológico permite paliar en parte la ausencia de datos de polen, que no se ha conservado. PALABRAS CLAVE: Mesolítico Geométrico; Mesolítico de Muescas y Denticulados; Valle del Ebro; Paleoambiente.

ABSTRACT This paper presents a new Mesolithic site, Espantalobos, which is located on a plain area far from the kind of terrains where those types of sites usually appear in the Ebro Basin: the middle mountain areas with plenty of rocky outcrops. Very close to the town of Huesca, it is a currently dismantled sandstone rockshelter that presents two periods of human occupation, being the most recent clearly from the age of Geometric Mesolithic. On the other hand, the material shortages from the oldest occupied level may not be sure about it to belong to that period or to the precedent, the serrated edge Mesolithic, either between those chronological moments. Despite the bad conservation of the site, affected by modern quarrying activities and by natural erosion, there is a good collection of archaeological remains, composed by laminar-based lithic tools (with abrupt-retouch trapezes and microburins), some animal remains and an interesting charcoal assemblage whose anthracological analysis will offer some palaeoecological data, otherwise unavailable because of the absence of pollen remains. KEYWORDS: Geometric Mesolithic; Serrated tools Mesolithic; Ebro Basin; Palaeoenvironment.

1. INTRODUCCIÓN El sitio de Espantalobos (Quicena, Huesca) es un asentamiento mesolítico muy afectado por la erosión, que amplía la nutrida red de yacimientos de esta época en la Cuenca del Ebro (Utrilla et al. 2009; Alday et al. 2014) y contribuye a rellenar el mapa de la Cuenca al sur de las estribaciones montañosas pre-pirenaicas, confirmando, como antes lo hiciera el campamento del Cabezo de la Cruz en el valle de la Huerva (Rodanés y Picazo, 2013), que estos cazadores-recolectores se movían igualmente en las zonas llanas. El sitio fue localizado en los años 80 por I. Gracia, quien recogió varios geométricos de retoque abrupto y láminas de sílex intactas que sugerían la existencia de un yacimiento cuya erosión hacía aflorar los materiales. A finales de 2012 se determinó el

posible foco de origen; en los años 2013, 2014 y 2015 se han realizado campañas de excavación que casi han documentado por completo la extensión conservada del sitio; está prevista una última campaña a lo largo de 2016. Ante la ausencia de presupuesto destinado a excavaciones arqueológicas por parte del Gobierno de Aragón, esas intervenciones han sido posibles gracias a fondos de investigación propios y, sobre todo, a la implicación institucional y económica de la Comarca de la Hoya de Huesca y el Ayuntamiento de Quicena, y al hecho de que su proximidad a la ciudad de Huesca permite realizar la excavación con mínimos gastos. Forman parte del equipo de trabajo habitual R. Larma, quien se encarga de la topografía, J. A. Cuchí, del estudio geológico y sedimentológico, C. Sola, de los análisis de fauna, M. Alcolea del estudio de la Antracología y L. M. García, quien analiza el aprovisionamiento de materias primas líticas.

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2. CARACTERIZACIÓN DEL SITIO 2.1. El yacimiento y su entorno El yacimiento se encuentra en la zona conocida como Las Canteras de Quicena, a escasa distancia al norte de esta localidad a cuyo término municipal pertenece (Figura 1), a unos 500 metros de altitud. Se sitúa en la ladera del barranco de Espantalobos, cuyo nombre se ha tomado para el yacimiento. La erosión y las abundantes tareas de cantería en la zona han desmontado casi por completo el paleocanal de arenisca que ofreció refugio a las gentes prehistóricas: un roquedo orientado a sol naciente en el que guarecerse, que quizás nunca presentó una gran visera de protección pero que resguardaba el sitio de los vientos dominantes. A gran escala geológica, el yacimiento de Espantalobos se encuentra ubicado en el límite norte del Mioceno continental de la Cuenca del Ebro. El entorno está conformado por estratos subhorizontales de arenisca y arcilla, de espesor métrico a decamétrico, que se engloban en la Fm. Uncastillo, también conocida como Fm. Sariñena. Las areniscas forman paleocanales con base erosiva en las arcillas, que pueden mostrar laminaciones internas oblicuas y variaciones en la textura, incluyendo gravas de pequeñas dimensiones. Genéticamente, la zona de estudio está situada en la periferia occidental del abanico aluvial denominado Huesca, cuyo ápice estaba situado en la zona de Alquézar y a donde confluían diversos cauces pirenaicos hoy desaparecidos. Entre este abanico y el de Biel, que llegaba hasta Ayerbe, se ha formado la depresión arcillosa de la Sotonera.

escalón estructural de una anchura media de unos 100 metros que hacia el sur limita con otro pequeño escarpe de unos 10 metros de altura que linda con la zona regada por la acequia de Quicena. El yacimiento se encuentra en el tramo superior de la orilla derecha de un pequeño barranco que abre a una depresión donde se ha construido una balsa, antes de dar paso a la zona regada. La ladera del barranco, de unos 8 metros, se abre en su mayor parte en materiales del Mioceno, mientras que la ocupación se data en el Holoceno, básicamente compuesta de materiales removilizados de origen local (Figura 2). Como primera aproximación se podría indicar para la época de la ocupación prehistórica un escenario con un barranco de menor profundidad que el actual. En su fondo (nivel f), tras una fase erosiva se depositó una primera capa de arena (nivel e), que revela cierta energía. Es posible que el techo de este depósito se reerosionara parcialmente antes de la acumulación por arroyada local del nivel d suprayacente, que tiene aspecto de un coluvión lateral, sin que pueda

Figura 1. Espantalobos (señalado con un círculo) en la zona de Las Canteras de Quicena y al pie del Saso de Montearagón. Al fondo, la Sierra de Guara (foto: F. Navajas). A escala media, la zona se localiza al pie del escarpe de Montearagón, que presenta un desnivel próximo al centenar de metros y es un elemento importante en el paisaje de Somontano entre Igriés y Sariñena. En la zona de Montearagón el escarpe ha sido sometido a una intensa actividad antrópica por pastoreo, recogida de leñas y, sobre todo, extracción de piedra como se ha dicho. En las inmediaciones del yacimiento, al pie del escarpe, hay un

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Figura 2. Topografía del entorno (según R. Larma) y vista aérea del barranco y el yacimiento de Espantalobos (foto F. Navajas).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre descartarse la acción del viento. Sobre esta capa, cuya superficie muestra evidentes signos de erosión, se desarrolla la segunda ocupación humana (nivel c). El desmantelamiento de un cortado suprayacente y una probable visera deslizaban periódicamente, por descalzamiento, bloques de arenisca de tamaño variable. En cualquier caso, es difícil analizar el depósito en su entorno natural dada la importante modificación del paisaje en épocas más recientes.

2.2. Secuencia estratigráfica Esta es la secuencia observada, que ha sido caracterizada con la ayuda de J. A. Cuchí (Figura 3): - nivel superficial: estéril, de coloración clara, cuyo grosor varía según la pendiente de la ladera y es apenas perceptible en las zonas muy empinadas donde la erosión impide su acopio; - nivel c: arqueológicamente fértil, formado por una matriz arenosa con algunas arcillas, color ceniciento y con multitud de carboncillos y pequeños fragmentos de roca arenisca, muchos de ellos alterados por fuego, dispersos. En su seno se localizaron restos líticos y también de fauna, además de algunas estructuras de combustión (hogares) responsables del aporte de cenizas y carbones. Además de los aportes antrópicos, su formación arenosa-arcillosa parece ser mixta, a partir de aportes eólicos, gravitacionales (derrubios de ladera) y por la descomposición del banco de arenisca, del que proceden también los pequeños clastos de arenisca; - nivel d: estéril, de color beige amarillento claro y matriz arcillosa más compacta que el nivel c. Su formación parece ligada a fenómenos de arroyada difusos y/o a la alteración del nivel f, al que se superpone directamente en algunas zonas; - nivel e: localizado por debajo del nivel d en la zona septentrional del sitio, presenta carboncitos dispersos y es de matriz arenosa ligeramente cenicienta. Dispuesto en forma de cubeta, su sedimentación parece relacionada en algún modo con un medio acuático. En su interior se localizaron algunos restos líticos y óseos; - nivel f: corresponde a las arcillas miocenas (localmente salagón) que sirven de base al paleocanal de arenisca. En origen muestran una alternancia de colores rojos, grises y pardos, masivas y poco permeables, cuya superficie erosionan con facilidad las escorrentías de agua, formando regueros y cárcavas. Su aparición indica el final de la secuencia arqueológica.

3. METODOLOGÍA El sitio de Espantalobos fue delimitado, topografiado y cuadriculado con la colaboración de R. Larma. La cuadrícula, de metro de lado, se adaptó a la pendiente de la ladera para facilitar los trabajos de excavación. Se excavó por sectores de 33 cm de lado, en tallas de 10 cm en los niveles estériles y de 5 cm en los fértiles arqueológicamente,

respetando siempre los estratos naturales. Cada pieza relevante era ubicada espacialmente mediante coordenadas cartesianas (X, Y, Z) referidas en su profundidad a un plano 0 elegido aleatoriamente. Todas las tierras fueron tamizadas en seco y posteriormente con agua, para recuperar cualquier resto arqueológico. La abundancia de carboncillos nos llevó a muestrear estos elementos de forma especialmente cuidadosa: se han recogido hasta el momento más de medio millar de muestras (correspondientes a las unidades mínimas de excavación, semitallas de 5 cm de potencia y 33x33 de lado), la mayor parte de las cuales contienen varias decenas de carboncillos. El estudio antracológico actualmente en curso, realizado por la becaria de investigación de la Universidad de Zaragoza M. Alcolea, ha entregado interesantes resultados.

4. RESULTADOS 4.1. Cronología de las ocupaciones Ante la ausencia de colágeno en los huesos enviados, se dataron algunos de los carbones recuperados, para lo que se seleccionaron dos muestras en función de su fiabilidad y representatividad respecto del depósito. En ambos casos se trataba de un único carbón de Juniperus sp. procedentes del mismo cuadro (14D) y sector (8): el del nivel c se obtuvo en un hogar claramente delimitado (z: 95); el del nivel e se individualizó dentro del sector en la semitalla 125-130. El nivel c entregó una fecha de 7390+/-40 BP y el nivel e de 7900+/-50 BP, que calibradas (OxCal) son 8321-8046 y 8975-8547 respectivamente.

4.2. Estructuras de acondicionamiento del espacio Se han identificado algunas estructuras de combustión, todas ellas pertenecientes al nivel c. Son hogares formados por amontonamientos de clastos de arenisca y cantos rodados de caliza aportados voluntariamente hasta el sitio, desde los restos del antiguo glacis que corona el saso de Montearagón o desde el vecino cauce del Flumen. El mejor conservado es una estructura circular muy simple, apenas un amontonamiento de clastos de arenisca y cantos que contenía una importante concentración de carbones, entre ellos el enviado a datar. En otras ocasiones, la presencia de hogares en cubeta, sin piedras perimetrales, queda evidenciada simplemente por el rubefactado de la solera de la depresión: una franja de tierra de color rojizo intenso sobre la que aparece el depósito negruzco resultante de la acumulación de carbones y cenizas. La fuerte alteración térmica de algunas areniscas parece indicar que adosadas a ellas se produjo una combustión de cierta intensidad y duración, presumiblemente en unos hogares cuyas estructuras ya habían sido totalmente desmanteladas (quizás incluso en tiempos prehistóricos) cuando se realizó la excavación.

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Figura 4. Microlitos geométricos y microburiles del nivel c de Espantalobos.

Figura 3. Fotografía y esquemas frontal y transversal de la estratigrafía de Espantalobos.

4.3. La industria lítica En ambos niveles y sin que de momento se hayan registrado diferencias formales significativas, el tipo de industria es el mismo y comparte dos producciones diferenciadas pero complementarias entre sí. La primera en sílex, de base laminar (figura 4) y tamaño reducido cuyos materiales más significativos son las armaduras geométricas; la segunda sobre rocas locales, mayoritariamente calizas pero también alguna arenisca, cuarcita..., de las que se obtienen lascas que después casi no se retocan y como elementos más significativos algunos instrumentos de gran tamaño (chopper, rabot) realizados directamente sobre los cantos. La base tecnológica de la industria sobre sílex se refleja tanto en el evidente formato de los soportes laminares como en su proporción respecto al total de elementos. A partir de los restos recuperados puede concluirse que las labores de talla en el sitio fueron mínimas y de carácter perentorio, respondiendo a la necesidad inmediata de reponer el material necesario para las tareas cotidianas (caza –geométricos-, tareas domésticas –cuchillos-...) Los escasos núcleos llegarían ya preformados al enclave, siendo allí usados para obtener nuevas láminas. Los microburiles sugieren la fabricación local de algunos geométricos. La caracterización de las materias primas, actualmente en proceso de estudio por parte de L. M. GarcíaSimón, sugiere un aporte supralocal, desde los afloramientos más septentrionales del sílex Monegros, en los relieves calcáreos de Tardienta, que resultan perfectamente visibles desde Espantalobos.

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4.4. Fauna y elementos de adorno Los vestigios de fauna, estudiados por C. Sola, son poco abundantes. Algunos huesos individualizados y parte de las esquirlas, por su talla, corresponden a mamíferos de tamaño grande y han sido catalogados como macrofauna indeterminada, al no poder establecer su filiación debido a la alta fragmentación. Sólo han sido susceptibles de identificación anatómica y taxonómica algunos restos de cabra y de ciervo. Cabe destacar la práctica ausencia de piezas dentarias (apenas algún fragmento irreconocible) y como elemento más significativo un candil de cuerna de ciervo, en precario estado de conservación, del nivel e. La alta fragmentación de los restos ha dificultado también su análisis tafonómico. Sin embargo, se han detectado algunas marcas de corte antrópicas. Un porcentaje notable de las esquirlas de macrofauna de ambos niveles muestran indicios de haber sido sometidas a la acción del fuego. Se han detectado todos los estadios posibles de cremación, presentando la mayoría de los restos coloraciones marrones y negras, que implican que no fueron sometidos al fuego durante largos períodos de tiempo o de forma directa. Estas alteraciones y la marca de corte evidencian un aprovechamiento cárnico de la fauna encontrada en el yacimiento de Espantalobos, destacando la buena representación del conejo en ambos niveles arqueológicos, que permite considerarlo como una presa permanente. Además de los procesos tafonómicos de origen antrópico, se han detectado otros de carácter natural (tinción, roído o marcas de raíces). A lo largo de los trabajos se han localizado varias conchas de Columbella rustica perforadas, como es habitual en los enclaves mesolíticos del Valle del Ebro.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 4.5. Macrorrestos vegetales Los fragmentos de carbón recuperados, por lo general de pequeño tamaño (entre 5 y 2 mm) como es habitual en yacimientos de estas cronologías, son abundantes y presentan buen estado de conservación, lo que hace posible su identificación botánica, tarea de la que se encarga M. Alcolea. La lista florística obtenida a través del análisis antracológico nos ofrece la imagen de una formación muy abierta que encaja en el complejo paisaje en mosaico que reflejan las secuencias antracológicas (Allué, 2009) y palinológicas (González-Samperiz et al., 2005) del noreste peninsular para estas cronologías. Entre la flora sedimentada destaca la presencia de coníferas, representadas por pino carrasco (Pinus halepensis) y enebros y sabinas (Juniperus sp.). Es también reseñable la presencia de una cierta variedad de taxones mesófilos entre los que destacan por su presencia en el registro el género Acer sp. Los taxones de ribera aparecen escasamente representados por Salix/Populus. Es reseñable la presencia de matorrales de tipo heliófilo entre los que destacan las Leguminosas (Leguminosae fam.) y el romero (Rosmarinus officinalis). Completan el catálogo Prunus sp., Pistacia sp. y Buxus sempervirens, que de forma habitual forman parte del sotobosque de las formaciones del pino carrasco.

5. CONCLUSIONES: Espantalobos en el contexto del Mesolítico del Valle del Ebro La adscripción cronológica de Espantalobos ha de insertarse en el conjunto del Mesolítico de la Cuenca del Ebro, que en este territorio presenta dos etapas sucesivas relativamente bien conocidas: el Mesolítico de Muescas y Denticulados, cuyos conjuntos industriales se desarrollan a lo largo del X milenio y buena parte del IX cal BP e, inmediatamente después, el Mesolítico Geométrico, que viene a durar grosso modo algo más de un milenio, hasta el 7500 cal BP (figura 5). Tras haber arrancado tempranamente en torno al

Figura 5. Curva de calibraciones de las fechas de Espantalobos en relación con las del Mesolítico de Muescas y Denticulados y Mesolítico Geométrico de yacimientos de la margen izquierda del Ebro.

9000 cal BP en algunos sitios de la orilla derecha del Ebro (Ángel 1 en el Guadalope, Baños de Ariño en el Martín) su generalización en el resto de la cuenca es algo posterior (Alday et al. 2014; Utrilla et al. 2009). El final del Mesolítico lo anuncia la presencia pionera de algunas cerámicas en el abrigo de Mendandia (Treviño) y poco después en ForcasII (Graus) en torno al 8000 y 7800 cal BP respectivamente, siendo comunes a partir del 7600 los materiales neolíticos en los registros arqueológicos de la cuenca. La más reciente de las dos capas identificadas en Espantalobos, el nivel c, se relaciona indudablemente por material y cronología con la fase geométrica. Pero la asignación del nivel e plantea ciertos problemas: si se relacionara con el Mesolítico Geométrico, Espantalobos confirmaría la rápida expansión del geometrismo también en la margen izquierda del Ebro, refrendando así la fecha obtenida en el nivel a de Peña-14 en el Arba de Biel (8400 cal BP). Esta datación del nivel e es tan antigua como las obtenidas en algunos conjuntos geométricos de la margen derecha e incluso en algunos de la orilla izquierda del Ebro, pero todas ellas son muy próximas también a las más recientes del complejo de Muescas y Denticulados (Alday et al. 2014), pudiendo servir de bisagra entre ambas fases: el poco explícito material recuperado en Espantalobos, apenas un par de geométricos y algunas lascas toscamente denticuladas, no permiten de momento escoger definitivamente una u otra opción. El nivel c no plantea dudas para su asignación cronocultural: sus materiales y la datación disponible casan sin problemas con el Mesolítico Geométrico, y específicamente con su fase A, caracterizada por el predominio de los trapecios de retoque abrupto (Utrilla et al. 2009) siendo los tipos de Espantalobos alargados y con uno o dos lados cóncavos. La fecha obtenida lo relaciona con el llamado evento 8.2, una de las principales crisis climáticas del Holoceno, que se refleja en los registros polínicos del Valle del Ebro más por su aridez que por el descenso de las temperaturas. El intervalo cronológico disponible para el nivel c (8321-8046 cal BP) insertaría la ocupación humana en este momento. A pesar de que los datos antracológicos son preliminares se puede aventurar que el retroceso de taxones mesófilos como el arce y el aumento de las frecuencias de aparición de especies xéricas estuvieran reflejando esa crisis de aridez. La amplia red de abrigos rocosos que se conocen en la cuenca del Ebro con ocupaciones mesolíticas y/o neolíticas (Alday et al. 2012 y 2014; Montes y Alday, 2012) no puede explicar todo el sistema de ocupación del territorio de estas etapas. Estos sitios suelen ser refugios de pequeño tamaño, capaces de albergar escasas decenas de personas, en los que la presencia de varias estructuras de hogares a diferentes alturas y dispersos en planta, como en Espantalobos, evidencian momentos de ocupación distintos aunque se localicen en un mismo nivel arqueológico. Esta reiteración de las visitas se traduce también en las fechas obtenidas: es normal que un mismo nivel arqueológico presente dataciones a lo largo de unos 200 años (o más), que reflejan ese uso recurrente y prolongado en el tiempo.

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En este contexto, el enclave de Espantalobos podría ser interpretado, al igual que el resto de pequeños abrigos rocosos con ocupaciones similares, como un asentamiento estacional, dedicado a la explotación de uno o varios recursos concretos, que era ocupado recurrentemente por una pequeña partida de gente procedente de una población mayor, cuyo asentamiento principal no estaría lejos. Su valor principal es la confirmación de un hecho que parecía evidente: la frecuentación habitual de territorios de llano por parte de grupos prehistóricos. La escasa visibilidad de esos restos en la parte central de la Cuenca del Ebro, fuertemente afectada por procesos de erosión y acumulación y por tareas agrícolas que en los últimos años se han visto acrecentadas por los nuevos regadíos, ha dificultado tradicionalmente el estudio de las etapas prehistóricas más antiguas. Sitios como el citado Cabezo de la Cruz o Espantalobos permiten entrever una red más amplia, no limitada a las zonas de media montaña, de asentamientos de cazadores y recolectores.

AGRADECIMIENTOS Los autores desean dar las gracias a Isabelino Gracia, de Huesca, por la localización del yacimiento y la cesión de sus materiales; a Fernando Navajas por permitir el uso y difusión de las fotografías aéreas tomadas con paramotor; al Ayuntamiento de Quicena y a la Comarca de la Hoya de Huesca por su contribución económica y ayuda en la instalación de la infraestructura para las campañas; a los alumnos de licenciatura, grado, máster y/o doctorado de Historia y de Humanidades de la Universidad de Zaragoza que han participado en las campañas: T. Bernués, R. Caballero, J. Calvo, P. Callizo, T. Catalán, L.M. García, E. Giménez, R. Laborda, J. Mairal, J. Murillo, L. Pérez, P. Sánchez, S. Sanz, S. Seguí, A. Sierra, C. Sola, M. Tarongi y T. Usieto. Este estudio se ha financiado también mediante el Proyecto de Investigación ministerial HAR2014-59042 (Transiciones climáticas y adaptaciones sociales en la Prehistoria de la Cuenca del Ebro) y el Grupo de Investigación del Gobierno de Aragón – Fondo Social Europeo Primeros Pobladores del Valle del Ebro-H07, y ha contado con el soporte del IUCA (Instituto Universitario de Ciencias Ambientales, Universidad de Zaragoza). R. Domingo es investigador Ramón y Cajal (RyC2013-12613).

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Alday, A., L. Montes y V. Baldellou, (2012) “El Neolítico en la Cuenca del Ebro”. En Rojo, M., R. Garrido e I. García (coords.) El Neolítico en la Península Ibérica y su contexto europeo. Ediciones Cátedra, Madrid, pp. 291-331. Alday, A., L. Montes, P. Utrilla y R. Domingo, (2014) “The Mesolithic in the Ebro Basin”, en Arias, P. y M. Cueto (eds.) Gathering in the South: Proceedings of the Eighth International Conference on the Mesolithic in Europe. Santander 13th-17th September, 2010. Oxbow, Oxford (e. p.) Allué, E., (2009) “Estudios antracológicos en la vertiente sur del Pirineo y áreas circundantes durante el Tardiglaciar. Una aproximación de la arqueobotánica al conocimiento del medio vegetal y su aprovechamiento”. En: Els Pirineus i les àrees circumdants durant el Tardiglaciar. Mutacions i filiacions tecnoculturals, evolució paleoambiental (16 000– 10 000 BP). XIV Col_loqui internacional d’Arqueologia de Puigcerdà. Institut d’Estudis Ceretans, Puigcerdà, pp. 163– 181. González-Sampériz, P., B. Valero-Garcés, J. S. Carrión, J. L. Peña-Monné, J. M. García-Ruiz y C. Martí-Bono, (2005) “Glacial and Lateglacial vegetation in Northeastern Spain: New data and a review”. Quaternary International 140-141, pp. 4-20. Montes, L. y A. Alday, (2012) “Enredados en la malla neolítica de la cuenca del río Ebro. Redes, continuidades y cambios”. Rubricatum 5, 51-60. Montes, L. R. Domingo, J. A. Cuchí, M. Alcolea y C. Sola, (2015) “Completando el mapa de la Cuenca del Ebro: el Mesolítico del IX milenio cal BP de Espantalobos (Huesca, España)”. Munibe Antropologia-Arkeologia, 66, 119-133. Rodanés, J. M. y J. Picazo, (2013) El campamento mesolítico del Cabezo de La Cruz. La Muela, Zaragoza. Monografías Arqueológicas. Prehistoria 45. Universidad de Zaragoza. Utrilla, P., L. Montes, C. Mazo, M. Martínez-Bea y R. Domingo, (2009). “El Epipaleolítico geométrico en Aragón”, en Utrilla, P. y L. Montes (eds.) El Mesolítico Geométrico en la Península Ibérica. Monografías Arqueológicas. Prehistoria 44. Universidad de Zaragoza, pp. 131-190.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

5. EL YACIMIENTO MESO-NEOLÍTICO DE RAMBLA DE LEGUNOVA (BIEL, ZARAGOZA) Lourdes Montes Ramírez1, Rafael Domingo Martínez1 1

Universidad de Zaragoza. Grupo Primeros Pobladores del Valle del Ebro Lourdes Montes Ramírez, lmontes@unizar.es

RESUMEN El yacimiento de Rambla de Legunova se descubrió en 2002, habiéndose sucedido 7 intervenciones arqueológicas hasta 2014, algunas de muy corta duración por la penuria de las subvenciones conseguidas. Estos trabajos han confirmado la presencia de una inhumación del Neolítico final que afectó a los niveles anteriores, de habitación, del Neolítico antiguo y del Mesolítico geométrico. El Neolítico antiguo de Rambla de Legunova se ha revelado como la pieza que faltaba por documentar en la secuencia de ocupación prehistórica de la cuenca alta del Arba de Biel: hasta ahora se habían localizado niveles de hábitat magdalenienses (Legunova); del Epipaleolítico microlaminar o Aziliense (Legunova) y Sauveterriense (Peña-14); del Mesolítico de muescas y denticulados (Peña-14 y Legunova); del Mesolítico geométrico (Peña-14, Rambla de Legunova y Valcervera), y de un Neolítico antiguo algo mas avanzado en Paco Pons. Hay evidencias además de enterramientos del Neolítico final y del Calcolítico (Rambla de Legunova y Paco Pons). El lugar de Rambla de Legunova ha experimentado notables cambios desde su localización cuando aparentaba ser un simple depósito funerario adosado a un resalte rocoso en una ladera que se excavó en 2002 y 2003. Las campañas de 2009 a 2012 permitieron constatar su carácter de hábitat. En 2010 se descubrió la totalidad del banco de piedra, y el yacimiento mostró su amplitud al aparecer un profundo taffoni que se ha ido vaciando desde entonces. PALABRAS CLAVE: Cuenca del Ebro; Holoceno; Mesolítico geométrico; Neolítico antiguo; Neolítico final funerario.

ABSTRACT The site of Rambla de Legunova was discovered in 2002; since then, seven archaeological campaigns have been carried out until 2014, some of them, unfortunately short of time due to the poor public subsidies granted. This fieldwork has confirmed the presence of a Late Neolithic burial grave that intruded the pre-existent levels, corresponding to the Geometric Mesolithic and the Ancient Neolithic. The Ancient Neolithic level is the missing piece in the wide occupation sequence documented at the Arba de Biel upper Basin: previously, we had recognised Magdalenian levels (Legunova), Microlaminar Epipalaeolithic or Azilian levels (Legunova) and Sauveterrian levels (Peña-14); Serrated Mesolithic (Peña-14 and Legunova), Geometric Mesolithic (Peña-14, Rambla de Legunova and Valcervera), and a slightly more recent Ancient Neolithic at Paco Pons. There are also evidences of burial graves from the Late Neolithic and Chalcolithic (Rambla de Legunova and Paco Pons). Since its discovery, major changes have occurred at the Rambla de Legunova site. Then, it seemed to be a funerary deposit next to a rocky outcrop in a slope, which was excavated in 2002 and 2003. The archaelogical campaigns from 2009 to 2012 unearthed its occupation levels. In 2010, the whole rockshelter was digged up, and the site showed its real extension: at present, it is a deep taffoni where prehistoric groups found a refuge in their periodic visits to the area. KEYWORDS: Ebro Basin; Holocene; Geometric Mesolithic; Ancient Neolithic; funerary Late Neolithic.

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1. INTRODUCCIÓN El yacimiento de Rambla de Legunova se sitúa en la margen derecha del Arba de Biel, entre el cauce del río y la carretera. Situado apenas 100 metros al sur del yacimiento magdaleniense de Legunova, el abrigo se abre en la margen derecha del barranco de Legunova, sobre el área que cubren sus avenidas. De este procede el nombre de Rambla de Legunova con el que se conoce a este paraje en concreto y que hemos decidido mantener para el yacimiento, al no existir otro mas preciso para el roquedo en concreto. Pertenece a la Comarca de las Cinco Villas, término municipal de Biel. En el yacimiento de Rambla de Legunova, descubierto y sondeado por primera vez en 2002 se han realizado 7 campañas de excavación divididas en dos etapas: la primera, entre 2002 y 2003, afectó al depósito funerario de la parte norte del abrigo rocoso, y permitió detectar una inhumación múltiple de al menos 3 individuos datada en el Neolítico final (nivel b). El enterramiento parecía haber incorporado algunos materiales de un hipotético nivel de ocupación previo. La segunda, entre 2009 y 2014, se centró en identificar ese supuesto hábitat anterior, confirmando la presencia de dos etapas diferenciadas de ocupación del sitio: una del Neolítico antiguo (niv.1) y otra del Mesolítico geométrico (niv.2). En 2009 (3 días), 2010 (6 días) y 2011 (13 días) las excavaciones se realizaron conjugando las subvenciones cada vez mas escasas de la Dirección General de Patrimonio Cultural con recursos procedentes de nuestro Grupo PPVE y proyectos de investigación. En 2012 (6 días) trabajamos exclusivamente con estos últimos. En 2013 no pudimos excavar. La última campaña por el momento se desarrolló en 2014 (6 días), y fue posible gracias a la ayuda económica de la Comarca de Cinco Villas, que palió la falta de subvención de la Dirección General. En 2015 pretendíamos profundizar en el nivel mesolítico, apenas “rascado” en 2014. Pero la Dir. Gral. siguió sin comprometerse en lo económico, por cuanto hemos renunciado a excavar pese a haber conseguido la autorización, pues nos pareció excesivo recurrir de nuevo a la ayuda de la Comarca, haciendo normal lo que había sido un recurso excepcional.

Figura 1. Localización de los yacimientos arqueológicos en el valle del Arba de Biel). Ortoimagen oblicua a partir de Google Earth. encajan en los parámetros de la cuenca del Ebro, de la que son sitios representativos. La etapa mejor representada es el Epipaleolítico sensu lato, tanto en sus fases antiguas de base microlaminar (Aziliense y Sauveterriense), como en las más recientes del Mesolítico de muescas y denticulados y Mesolítico geométrico, tras la que se documentan ocupaciones neolíticas. En el Neolítico final y en el Calcolítico se asiste a la amortización de estos refugios como hábitats, que adquieren entonces un carácter funerario. Las secuencias de los cinco yacimientos encadenan un registro continuo del Tardiglacial al Subboreal, que engloba 12 niveles de hábitat y 2 funerarios fechados mediante mas de treinta dataciones C14 (Fig. 2).

2. OBJETIVOS La excavación de Rambla de Legunova se inserta en un amplio proyecto de investigación iniciado en 1999 sobre la cuenca alta del Arba de Biel, que busca una interpretación global de su recurrente ocupación prehistórica. En este reducido territorio, cinco abrigos rocosos -Legunova, Peña14, Valcervera, Rambla de Legunova y Paco-Pons (Fig. 1)muestran una llamativa persistencia de ocupaciones cuyas secuencias se encadenan entre el 15000 y el 4000 cal BP. El conjunto ha permitido interrelacionar los sitios y un análisis diacrónico de la ocupación del territorio y de la evolución de sus patrones de explotación, que comienza en el Magdaleniense superior y termina en el Calcolítico (Montes et al. 2015). Tanto en su caracterización tecnotipológica como en su evolución diacrónica, los yacimientos de Biel

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Figura 2. Fechas C14 calibradas de los yacimientos del Arba de Biel, referidas a la curva GISP2 (OxCal v 4.2.3. Curva atmosférica IntCal13, Reimer et al. 2013)


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 3. El yacimiento en 2002 (arriba izquierda) y al terminar los trabajos de 2003 sobre la zona funeraria (arriba derecha). En el centro y abajo, vista frontal del sitio: inicio y final de la campaña de 2009, con la ampliación de la excavación hacia el sur, mostrando la intrusión del nivel funerario (b) en el extremo norte de la ocupación. En este marco, el objetivo específico que buscaba la intervención en Rambla de Legunova, era obtener la máxima información del sitio; pero también, y ya que el material así lo sugería, confirmar que en Rambla estuviera documentada la fase antigua del Neolítico, apenas entrevista en el nivel 2 de Paco Pons. Una vez recuperado el depósito funerario del sitio, a partir de 2009 se amplió el área de excavación hacia el sur del talud (Fig. 3) buscando confirmar una ocupación anterior, sospechada a partir de algunos geométricos recuperados en la base de los enterramientos, que no casaban con la fecha de estos (ca. 5200 cal BP). La campaña de 2009 confirmó la existencia de las dos fases diferenciadas en el yacimiento: la de habitación y la de enterramiento (Domingo y Montes, 2009). Esta hipótesis, apenas sugerida en 2002, había sido planteada con cierta seguridad tras la campaña de 2003 por la variedad y cantidad de restos asociados al depósito funerario (nivel b) y por la aparición de una mancha cenicienta en el talud del camino. Durante los trabajos la aparición de un bloque de arenisca desprendido de la visera permitió acotar la intrusión funeraria a la parte derecha (norte) del abrigo y mostrar que el nivel 1, de habitación, aparecía debajo del anterior y se extendía hacia la zona sur del yacimiento (Fig. 3 inferior). En 2010 nos planteamos un nuevo objetivo: desmantelar la cubierta de tierra y vegetación que cubría la parte alta y sacar

Figura 4. Intervención de la pala excavadora en 2010, eliminando la parte alta de tierras estériles (niveles superficial y a) y la vegetación. a la luz el abrigo original y todo el banco de arenisca que lo conformaba. La roca arenisca que alberga el yacimiento se localiza por debajo del nivel de la carretera, desde la que parte un camino que desciende a la terraza cultivada de la Rambla de Legunova y era evidente que la apertura del camino se había llevado consigo buena parte del depósito original. Parecía que la visera original había desaparecido, pero la campaña anterior había mostrado que estaba enmascarada por un potente derrubio de ladera. El estéril nivel a, situado por encima de los niveles 1 (de habitación) y b (funerario), se eliminó junto con el superficial con una pala excavadora mixta, cuyo trabajo costeó el Ayuntamiento de Biel-Fuencalderas (Fig. 4). Para evitar daños en los niveles en proceso de excavación que quedaban totalmente expuestos, estos se cubrieron con plásticos y tablones, facilitando así el deslizamiento hacia la pista de los bloques de arenisca y la tierra desprendidos durante el trabajo de la máquina. En todo momento se controló el proceso de eliminación de la montera de tierra y vegetación que cubría la parte alta del yacimiento. Al finalizar la actuación de la pala mecánica, el sitio presentaba un aspecto completamente diferente, con la aparición de un gran taffoni colmatado por el depósito arqueológico: una vez regularizada y limpia la superficie, nos encontramos con una zona de unos 6 m2 antes inaccesible, que se ha ido vaciando progresivamente en las campañas posteriores (Fig. 5).

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Figura 6. Planta del yacimiento con los límites del roquedo y del talud a cota -280, y la superficie excavada hasta -310 (sombreada) que invade el camino en las últimas picadas (topografía J. Angás).

Figura 5. De arriba a abajo, el yacimiento al terminar los trabajos en 2010 (con las marcas de la máquina en la roca), 2011 y 2012.

3. ESTRATIGRAFÍA, MATERIALES

CRONOLOGÍA Y

La estratigrafía de Rambla de Legunova presenta un desarrollo común en las capas no antrópicas (superficial y nivel a). Por debajo de ellas, la secuencia de los niveles con restos arqueológicos es algo diferente entre la parte norte y la meridional, sirviendo de límite entre ambas un bloque de arenisca aparecido en la banda de los cuadros 5 (Figs. 3 inferior, 6 y 7 y Tabla 1):

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Figura 7. Cortes de las bandas 7/9 y 1/3 mostrando las diferencias entre el depósito de habitación en la zona norte (nivel 1) y el funerario en la parte sur (nivel b) como una intrusión en la parte alta del nivel de habitación. Ambos bajo el nivel a, estéril. ZONA SUR: de arriba abajo, las capas muestran la siguiente disposición y características sedimentológicas. • nivel superficial: tierra vegetal de coloración oscura que soportaba la cubierta vegetal; • nivel a: arqueológicamente estéril, es un depósito de matriz arenosa con algunas arcillas, y coloración mas clara que el superficial, que aparece inmediatamente por debajo de este;


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre • nivel 1: se caracteriza por el color ceniciento claro de sus limos, de estructura masiva muy compacta, que contienen además fragmentos de areniscas, muchas de ellas quemadas (rojizas y muy alteradas por el fuego, lo que propicia su disgregación). Se corresponde con una potente ocupación del Neolítico antiguo final en la que conviven geométricos abruptos y en doble bisel con cerámicas, mayoritariamente lisas (Figs. 8 a 11); • nivel 2: sin solución de continuidad con el anterior, y sin apenas modificaciones en su composición, a partir de -260 cm de profundidad se rarifican las cerámicas y desaparecen los geométricos en doble bisel, quedando sólo los de retoque abrupto, que caracterizan al Mesolítico geométrico localizado en 2014, que continúa al menos hasta -310 cm, máxima cota alcanzada hasta el momento.

ZONA NORTE (bandas 3 y 1): fue la primera excavada por lo que sigue nuestra habitual denominación de los niveles mediante letras minúsculas. Aquí bajo el estéril nivel a, apareció una intrusión funeraria (nivel b) bajo la cual reaparece el nivel 1, de habitación. Esta es la secuencia observada en esta zona. • nivel superficial; • nivel a; • nivel b-0: bajo el nivel a, y sobre el nivel b se extendía una fina película de arcilla muy decantada, de entre 2/3 cm. de potencia, que sellaba el depósito funerario, y cuya formación podía responder a una precipitación de arcillas por un encharcamiento temporal o ser un añadido de origen humano. El ligero buzamiento de la capa y el hecho de que no exista en la zona sur, donde el nivel a da paso directamente al

Figura 8. Cerámicas neolíticas de Rambla de Legunova. Las impresas cardiales aparecieron en el nivel 1n, en la zona norte del abrigo (dibujos: M.C. Sopena).

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nivel 1 de habitación, nos permite interpretarlo como un añadido voluntario, buscando un sellado (¿ritual?) del enterramiento; • nivel b: limos de tonalidad marrón, de estructura grumosa relativamente compacta, con algunos fragmentos de arenisca descompuesta. Entregó principalmente huesos humanos (al menos 3 individuos) y algunos de animal (entre ellos un molar de caballo), escasas cerámicas (lisas) y algunos sílex: una magnífica lámina de 13 cm de longitud (rota en dos), dos trapecios de retoque abrupto (uno con los ápices triédricos que denotan la técnica del microburil), fragmentos de láminas de pequeñas dimensiones y algunas microlascas y desechos que podrían relacionarse con labores de talla. Esta diversidad y relativa abundancia de restos líticos encaja mejor con un depósito de habitación que con uno de enterramientos, lo que nos hizo sospechar ya en 2003 que estábamos ante una intrusión funeraria datada en el Neolítico final en el seno de un nivel de ocupación previo, identificado en 2009 en la parte sur como nivel 1, cuya presencia bajo la intrusión del nivel b ha sido confirmada también aquí; • nivel 1n: en esta zona el nivel 1 fue parcialmente afectado por la apertura del camino y presenta un escaso desarrollo vertical pues falta su parte alta, eliminada con los enterramientos, mientras que la roca de base aparece ya a partir de -280 (Fig. 7). Entre las cerámicas recuperadas hay varios fragmentos con decoración cardial, a los que acompaña una fecha mas antigua que las de la zona sur, por lo que de momento hemos singularizado el nivel 1 de esta zona como nivel 1n (de norte).

Figura 9. Segmentos en doble bisel de los niveles neolíticos (1 y 1n) de Rambla de Legunova (dibujos: P. Sánchez)

Figura 10. Triángulos y trapecios de retoque abrupto de los niveles neolíticos (1 y 1n) de Rambla (dibujos: P. Sánchez).

Un total de 10 dataciones radiocarbónicas (Tabla 1) obtenidas en el depósito de Rambla de Legunova, todas sobre hueso, salvo una del nivel 2, apoyan la adscripción cultural propuesta para los niveles del yacimiento. Tabla 1. Fechas obtenidas por AMS en los niveles del Neolítico final (b), Neolítico antiguo final (1), antiguo (1n) y Mesolítico geométrico (2) de Rambla de Legunova. REFER LABORAT

MUESTRA FECHA

FECHA cal BP (2s)

b

GrA-24746 GrA-49356

Humano Humano

4545 ± 45 4595 ± 40

5436-5057 5465-5063

1

GrA-49388 GrA-52086 GrA-51860 GrA-52691

Equus Cervus Capra Cervus

4815 ± 40 5175 ± 40 5440 ± 35 5670 ± 60

5643-5499 6003-5761 6299-6191 6629-6316

1n

GrA-51971

Indet.

6295 ± 40

7314-7161

2

GrA-64001 GrA-47886 GrA-61768

Indet. Carbón Indet.

7225 ± 40 7235 ± 45 7260 ± 45

8160-7966 8165-7971 8174-7984

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Figura 11. Rambla de Legunova: microburiles neolíticos (niveles 1 y 1n) (dibujos P. Sánchez).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 4. RAMBLA DE LEGUNOVA Y EL ARBA DE BIEL EN EL CONTEXTO DE LA CUENCA DEL EBRO. Como ya se ha indicado, los cinco yacimientos del Arba de Biel se localizan en el tramo alto de su recorrido y vienen siendo objeto de una investigación sistemática por parte de nuestro equipo desde 1998 hasta la actualidad. En total se han localizado y excavado cinco abrigos rocosos ubicados en bancos de arenisca, cuatro de ellos junto al Arba, en su orilla derecha (Legunova, Peña-14, Valcervera y Rambla de Legunova), y el quinto en altura (Paco Pons). En conjunto muestran un registro que se extiende desde el Tardiglacial hasta el Holoceno medio, cubriendo cuatro grandes unidades culturales: el Paleolítico terminal; el Epipaleolítico-Mesolítico; el Neolítico y el Calcolítico. Al margen de algunos niveles estériles, en total son 14 los niveles arqueológicos individualizados: 12 de habitación y 2 funerarios (Tabla 2). Siempre teniendo en cuenta que la excavación del sitio no ha concluido, el Neolítico antiguo de Rambla de Legunova se ha revelado como la pieza que faltaba en la documentación de la secuencia prehistórica de la cuenca alta del Arba de Biel: hasta ahora se habían localizado niveles de hábitat magdalenienses en Legunova; del Epipaleolítico microlaminar o Aziliense en Legunova y del Sauveterriense en Peña-14; del Mesolítico de muescas y denticulados en Legunova y Peña-14; del Mesolítico geométrico en Peña-14 y Valcervera, y de un Neolítico antiguo avanzado en Paco Pons. Por último, están las evidencias de enterramientos del Neolítico final - Calcolítico de Rambla de Legunova y Paco Pons (Montes et al. 2015). Hay algunos elementos que consideramos de interés para explicar la funcionalidad del sitio de Rambla y su elección por parte de las gentes prehistóricas: pese a estar tratando sobre todo de un registro neolítico, las evidencias de fauna indican la importancia de las prácticas de caza que debía ser la actividad primordial de estas gentes cuando visitaban esta zona, por otro lado nada proclive, ni siquiera en la actualidad, al desarrollo de la agricultura. Pero pese a la precisión de las fechas, mantenemos algunas dudas respecto a ciertos detalles en cuanto a la interpretación del sitio y su correlación con los vecinos: el registro cronológico y estratigráfico de Rambla viene a completar los datos de estos yacimientos próximos (Tabla 2 y Figs. 12 y 13), llenando en parte un cierto vacío en nuestras series pero manteniendo al mismo tiempo algunas incertidumbres. Recordando que la mayoría de las muestras datadas en Rambla son a partir de hueso, y arrancando desde las más antiguas, estos son los comentarios que nos sugiere la secuencia crono-cultural del entorno: • el Mesolítico geométrico del 8000 cal BP del nivel 2 de Rambla, se intercala entre el 8400 del nivel a de Peña-14 y las tres fechas del nivel b de Valcervera que

rondan el 7800 cal BP. Nada raro en este conjunto de fechas, de las que sólo cabe destacar que está obtenida sobre carbón precisamente la más antigua (Peña-14). • el Neolítico antiguo con cerámicas impresas estaría representado de momento sólo por los fragmentos así decorados del nivel 1n (norte) de Rambla que se asocian a una fecha circa 7200 cal BP, en una zona muy concreta del yacimiento. • el Neolítico del nivel 2 de Paco Pons sería supuestamente antiguo según sus fechas en torno al 7000 cal BP, pero se caracteriza por cerámicas lisas o con apliques plásticos mas propias de fases algo más avanzadas, muy similares a las del nivel 1 de Rambla de Legunova, algo más reciente en su datación. De nuevo, quizás en paco Pons estemos ante un caso de fechas envejecidas por el tipo de muestra datada (carbón). • en el nivel 1 de Rambla de Legunova, las producciones cerámicas (lisas y con apliques plásticos) se asocian a una serie de dataciones, obtenidas todas sobre hueso, que se suceden entre ca. 6500 y 5900 cal BP. Este amplio recorrido sugiere una recurrencia de visitas al sitio durante una fase avanzada del neolítico antiguo, que enlaza las últimas ocupaciones habitacionales con el posterior empleo funerario del sitio. • entre las fechas neolíticas que acabamos de presentar y la posterior intrusión funeraria, se intercala una fecha obtenida sobre un molar de caballo (5500 cal BP) que suponemos ligada a la ocupación habitacional, aunque se localizó en 2003 en la base del depósito funerario, que al haber afectado al nivel 1 que entonces desconocíamos, pudo incorporar elementos materiales de este. • las fechas obtenidas sobre huesos humanos del nivel b de Rambla sugieren que las inhumaciones se realizaron unos cientos de años después (circa 5200 cal BP), ya entre el Neolítico final y el Calcolítico: con este último casarían sin problemas tanto la gran lámina de sílex obtenida en 2002 como una puntita de retoque plano bifacial recuperada en 2011 en el revuelto del camino al pie de la zona norte. • algo posterior es la fecha ya claramente calcolítica (4400 BP) de los enterramientos del nivel 1 de Paco Pons. Como se ha indicado, la evolución tecno-tipológica y diacrónica de los cinco yacimientos de Biel encaja en los parámetros habituales de la Cuenca del Ebro, de la que pueden ser considerados representativos (Alday et al. 2012 y 2014; Montes et al. 2006; Montes y Alday, 2012; Utrilla et al. 2009 y 2010; Soto et al. 2015).

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Tabla 2. Fechas C14 convencionales (GrN) y AMS (GrA) de los yacimientos del Arba de Biel (muestras: H: 1 hueso; C: 1 carbón). PERIODO CULTURAL

SITIO /NIVEL

REFERENCIA, LABORATORIO Y MUESTRA

FECHA BP (34)

FECHA cal BP (2s)

Calcolítico

Paco Pons 1

GrN-25997

H

3890 ±100

4781-3987

Rambla b

GrA-24746 GrA-49356

H H

4545 ± 45 4595 ± 40

5436-5057 5465-5063

Rambla 1

GrA-49388 GrA-52086 GrA-51860 GrA-52691.

H H H H

4815 ± 40 5175 ± 40 5440 ± 35 5670 ± 60

5643-5499 6003-5761 6299-6191 6629-6316

Paco Pons 2

GrA-19294 GrA-19295

C C

6010 ± 45 6045 ± 45

6966-6740 7142-6753

Rambla 1n

GrA-51971

H

6295 ± 40

7314-7161

Valcervera b

GrA-27876 GrA-45783 GrA-45763

C H H

6815 ± 45 6995 ± 40 7035 ± 45

7728-7581 7935-7728 7961-7761

Rambla 2

GrA-64001 GrA-47886 GrA-61768

H C H

7225 ± 40 7235 ± 45 7260 ± 45

8160-7966 8165-7971 8174-7984

Peña-14 a

GrN-25094

C

7660 ± 90

8638-8225

Peña-14 b

GrN-25998 GrN-25999 GrN-25097 GrN-25098

C C C C

8000 ± 90 8000 ± 80 8340 ± 130 8780 ± 110

9078-8606 9113-8599 9536-9026 10155-9611

Legunova 1

GrA-24292 GrA-22086

C C

8200 ± 50 8250 ± 60

9301-9016 9418-9033

Legunova 2

GrA-24294

C

8800 ± 60

10160-9552

Hiatus estériles

Legunova l Peña-14 c

GrA-20225 -

C -

9220 ± 70 -

10562-10234 -

Sauveterriense

Peña-14 d

GrN-25096

C

10160±130 10430±190 10630±100

12381-11294 12720-11621 12740-12238

Aziliense

Legunova m

GrA-24295

C

10760 ± 60

12750-12586

Legunova q

GrA-27846 GrA-27841 GrA-27843 GrA-22087 GrA-24296 GrA-22089

C C C C C C

11240 ± 60 11640 ± 60 11780 ± 60 11980 ± 80 12060 ± 60 12500 ± 90

13242-13000 13581-13331 13742-13473 14050-13596 14078-13760 15110-14242

Neolítico

Mesolítico Geométrico

Mesolítico de muescas y denticulados

Magdaleniense final

Figura 12. Curva acumulada de calibraciones de las dataciones C14 de Rambla de Legunova (identificadas mediante trazos horizontales bajo la curva) en relación con el resto de yacimientos del Arba de Biel (a partir de Montes et al. 2015).

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Sesiรณn 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 13. Selecciรณn de materiales representativos del conjunto de yacimientos del Arba de Biel.

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La interpretación conjunta de los registros de Legunova, Peña-14, Valcervera, Rambla de Legunova y Paco Pons ha permitido un análisis diacrónico de los patrones de ocupación y de explotación de este territorio desde el final del Magdaleniense hasta el Neolítico final-Calcolítico, cuando Rambla y Paco Pons cierran sus secuencias (¿y las del Arba en general?), pasando a ser recintos funerarios (Montes et al. 2015). En esta sucesión, los materiales líticos y cerámicos (Fig. 13) se acomodan a lo habitual en la Cuenca del Ebro y el Norte de la Península Ibérica. En Legunova, el Magdaleniense final de su nivel q muestra el predominio de los buriles sobre los raspadores, y un buen cortejo de piezas de dorso, así como algún resto de industria ósea (Tejero et al. 2013). En el Aziliense del nivel m dominan los dorsos y entre ellos algunas puntas arqueadas y gruesas, mientras que los raspadores sobrepasan a los buriles. Los soportes son laminares, con una tendencia a la microlitización muy marcada ya desde el Magdaleniense. El conjunto lítico de Peña-14 nivel d es muy similar al anterior, pero las puntitas de dorso son de tipología sauveterriense: triángulos escalenos pigmeos y puntitas de dorso muy planas conformados mediante retoque unidireccional. También los raspadores (circulares) tienden a la microlitización, mientras que los buriles prácticamente desaparecen. El desarrollo de la tecnología laminar en estos complejos es total (Alday et al., 2014; Soto et al., 2015). El Mesolítico de muescas y denticulados de los niveles 1 y 2 de Legunova y del nivel b de Peña-14 muestra piezas sobre lascas o soportes nucleiformes, de dimensiones muy superiores a las anteriores y a menudo espesas, con filos denticulados o con muescas (denticulados, raederas, taladros…). Estos conjuntos carecen de puntas de proyectil, que se suponen hechos en madera y desciende la presencia de soportes laminares, lo que no implica el desconocimiento de esta tecnología (Montes et al., 2006; Alday et al., 2014). Con el Mesolítico geométrico de Peña-14 nivel a, Valcervera nivel b y Rambla nivel 2, reaparecen las láminas, que fracturadas mediante la técnica del microburil soportan la elaboración de armaduras geométricas, en especial trapecios y triángulos de retoque abrupto (Montes y Domingo, 2013). Los conjuntos presentan también algunas raedera y láminas denticuladas. Durante el Neolítico, en los niveles 1, 1n y b de Rambla y nivel 1 de Paco Pons, las láminas crecen en anchura y espesor para servir de soporte a nuevas armaduras en doble bisel, principalmente segmentos, que se suman a los tipos abruptos. Hay también algunos taladros típicos del Neolítico. En este momento crece exponencialmente la presencia de una variedad hasta entonces testimonial en el Arba de Biel, de sílex evaporítico de color blanco, preferiblemente, y aspecto opalino, que presenta claros indicios de haber sufrido un tratamiento térmico y que parece relacionarse con el doble bisel. En los niveles 1 y 1n de Rambla, este tipo de sílex supone el 49% de todos los restos líticos y el

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72% de los retocados, cuando en las etapas anteriores de los yacimientos raramente supera el 2% del total y el 5% de los retocados, predominando el sílex local de origen marino o las “importaciones” de sílex tipo Monegros (García-Simón et al. e.p.). En cuanto a las cerámicas, presentes sólo en Rambla y Paco Pons, son acordes a las fases identificadas: en al menos 4 recipientes del Neolítico antiguo de Rambla 1n hay impresiones cardiales; los conjuntos del Neolítico antiguo final – Neolítico medio de Rambla 1 y Paco Pons 2 son básicamente cerámicas sin decorar, de bordes en su mayoría rectos con labios redondeados, si bien en ambos sitios hay algunos cuencos subesféricos de paredes reentrantes con lengüetas horizontales como sistema de prensión. Poco se puede decir de los escasos y pequeños fragmentos que pueden ser asignados sin duda a los depósitos funerarios del Neolítico final – Calcolítico: ausencia de decoraciones y de sistemas de prensión. *** La excavación de Rambla de Legunova hasta el presente marca claramente los trabajos futuros. Poco a poco el yacimiento va reduciendo la superficie conservada, por la aparición de la roca base, por acabarse el depósito arqueológico lateralmente o por el cierre del taffoni. Pretendemos excavar lo que quede de yacimiento en profundidad, y en estos momentos, el nivel 2, mesolítico, se conserva en parte de la banda 7, en la banda 5 (bajo una gran roca que debemos eliminar) y en parte de la banda 3. Prevemos, por tanto, al menos una actuación más, cuyos resultados condicionarán la existencia (o no) de nuevas campañas.

AGRADECIMIENTOS Los autores desean agradecer al Ayuntamiento de Biel y a la Comarca de Cinco Villas su ayuda a lo largo de las distintas campañas de excavación. También a los alumnos de licenciatura, grado, máster y/o doctorado de Historia y de Humanidades de la Universidad de Zaragoza que han participado a lo largo de estos años: M. Alcolea, L. Alconchel, M. Bea, M. Beamonde, C. Concha, P. de la Fuente, L.M. García, R. Laborda, A. María, A. Montañés, S. Ortiz, A. Pajer, P. Sánchez, S. Sanz, C. Sola, I. Uriarte y V. Villalba. Este estudio se ha financiado mediante el Proyecto de Investigación ministerial HAR2014-59042 Transiciones climáticas y adaptaciones sociales en la Prehistoria de la Cuenca del Ebro y el Grupo de Investigación del Gobierno de Aragón - Fondo Social Europeo H07-PPVE Primeros Pobladores del Valle del Ebro, y ha contado con el soporte del IUCA(Instituto Universitario de Ciencias Ambientales de la Universidad de Zaragoza). R. Domingo es investigador Ramón y Cajal (RyC2013-12613).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Alday, A., L. Montes y V. Baldellou, (2012) “El Neolítico en la Cuenca del Ebro”. En Rojo, M., R. Garrido e I. García (coords.) El Neolítico en la Península Ibérica y su contexto europeo. Ediciones Cátedra, Madrid, pp. 291-331. Alday, A., L. Montes, P. Utrilla y R. Domingo, (2014) “The Mesolithic in the Ebro Basin”, en Arias, P. y M. Cueto (eds.) Gathering in the South: Proceedings of the Eighth International Conference on the Mesolithic in Europe. Santander 13th-17th September, 2010. Oxbow, Oxford (e. p.)

la Península Ibérica. Monografías Arqueológicas. Prehistoria 44. Universidad de Zaragoza, 131-190. Utrilla, P., L. Montes, C. Mazo, A. Alday, J.M. Rodanés, M.F. Blasco, R. Domingo y M. Bea (2010). “El Paleolítico Superior en la Cuenca del Ebro a principios del s. XXI. Revisión y novedades”. En X. Mangado (ed.) El Paleolítico superior Peninsular. Novedades del siglo XXI. Homenaje a Javier Fortea. Univ. Barcelona, pp. 23-62.

Domingo, R., y L. Montes (2009). “Valcervera y Rambla de Legunova: dos yacimientos postpaleolíticos en Biel, Zaragoza”. Saldvie 9, 295-310. García-Simón, L.M., R. Domingo, L. Montes (e.p.) “The marine chert from Las Lezas (Biel, Zaragoza) and its prehistoric exploitation”. En 10th International Conference on Knappable Materials (Barcelona, September 2015). Journal of Lithic Studies (2016), vol. 3-2. Montes, L. y A. Alday (2012). “Enredados en la malla neolítica de la cuenca del río Ebro. Redes, continuidades y cambios”. Rubricatum 5, 51-60. Montes, L., y R. Domingo (2013). “Los microlitos geométricos de los asentamientos del Arba de Biel: caracterización técnica y funcional”. En de la Rasilla, M (Coord), F. Javier Fortea. Universitatis Ovetensis Magister. Estudios en homenaje. Univ. Oviedo/Ménsula Ediciones, Oviedo, 195-209. Montes, L., R. Domingo, P. González-Sampériz, M. Sebastián, J. Aranbarri, P. Castaños, L.M. García-Simón, M. Alcolea y R. Laborda (2015) “Landscape, rssources and people during the Mesolithic and Neolithic times in NE Iberia: The Arba de Biel Basin”. Quaternary International. doi:10.1016/j. quaint.2015.05.041 Montes, L., P. Utrilla y C. Mazo (2006). “El Epipaleolítico Macrolítico en Aragón en el contexto del Valle del Ebro y la Cataluña costera”. En A. Alday (coord.) El mesolítico de muescas y denticulados en la cuenca del Ebro y el litoral mediterráneo peninsular. Memorias de Yacimientos Alaveses, 11. Diputación Foral de Álava, 193-223. Soto, A., A. Alday, L. Montes, P. Utrilla, U. Perales y R. Domingo (2015). “Epipalaeolithic assemblages in the Western Ebro Basin (Spain) : The difficult identification of cultural entities”. Quaternary International 364, 144-152. Tejero, J.M., R. Domingo y L. Montes (2013). “Evidencias magdalenienses de industrias óseas del yacimiento de Legunova (Biel, Zaragoza)”. Pyrenae, 44, 45-60. Utrilla, P., L. Montes, C. Mazo, M. Martínez-Bea y R. Domingo (2009). “El Epipaleolítico geométrico en Aragón”. En Utrilla, P. y L. Montes (eds.) El Mesolítico Geométrico en

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

6. VALMAYOR XI Y TROCS: DOS MODELOS DE NEOLITIZACIÓN EN EL VALLE DEL EBRO Manuel A. Rojo Guerra1, Héctor Arcusa Magallón2, José Ignacio Royo Guillén3, Cristina Tejedor Rodriguez4, Iñigo García Martínez de Lagrán5, Rafael Garrido Pena6 Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Valladolid 2 Profesional Autónomo 3 Gobierno de Aragón. Dirección General de Cultura y Patrimonio 4 Arcadia-FUNGE (Fundación General de la Universidad de Valladolid) 5 Investigador Postdoctoral DEUI Gobierno Vasco, UPV/EHU Grupo IT622-13 6 Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad Autónoma de Madrid 1

José Ignacio Royo Guillén, jiroyo@aragon.es RESUMEN El objeto de este trabajo es aportar nuevos datos a la actual discusión sobre el proceso de Neolitización del interior peninsular. En dicho sentido, los resultados obtenidos tras la excavación de la Cova de Els Trocs en el Alto Pirineo y del Cingle de Valmayor XI en el Bajo Aragón nos permite participar en el debate sobre los distintos modelos de Neolitización que se vienen proponiendo para el valle del Ebro. En el primer caso, estaríamos ante una comunidad plenamente neolitizada que ocupa ex novo un nuevo asentamiento durante el Neolítico antiguo (a partir del 5400/5300 cal BC), cuya elección estaría claramente determinada por la economía de producción, en este caso por la ganadería. Por otro lado, Valmayor XI, especialmente su Fase II, podría ser interpretado como un yacimiento especializado, con ocupaciones mesolíticas anteriores (Fase I), en el que se observa la incorporación progresiva de elementos neolíticos en el seno de una comunidad cazadora-recolectora durante el proceso de Neolitización (5700/5600-5400/5300 cal. BC) y el cual, ya en pleno Neolítico antiguo, volvería a ocuparse (Fase III). PALABRAS CLAVE: Neolitización; Trashumancia; Valle del Ebro; Pirineos, Bajo Aragón.

ABSTRACT The aim of this work is to provide new data to the current discussion about the Neolithization in the inner Iberian Peninsula. In this sense, the outcome obtained after the excavation in Cova de Els Trocs, in the high Pyrenees Mountains, and in Valmayor XI, in the Bajo Aragon region,allows us to take part in the debate about the different models of Neolithization proposed for the Ebro Basin. In the first case, we would be really speaking about a proper Neolithic community which occupied “ex novo” a new settlement during the Early Neolithic (from 5400/5300 cal BC) whose choice would be learnt determined by the production economy, in this case by stock breeding. On the other hand, Valmayor XI, especially its phase II, could be interpreted as an specialised site, with previous Mesolithic occupations (phase I), in which we can observe the progressive incorporation of Neolithic elements in a hunter-gathering community during the process of Neolithization (5700/5600-5400 cal BC) and which, already in the Early Neolithic, will be occupied again (phase III). KEYWORDS: Neolithization; Trashumance; Ebro Basin; Pyrenees; Bajo Aragon.

1. INTRODUCCIÓN En esta comunicación pretendemos reflexionar sobre la trascendencia y significación que han supuesto las cinco campañas llevadas a cabo, en los años 2009-2012 y 2014, en la Cova de Els Trocs y la única campaña desarrollada en el Cingle de Valmayor XI, en 2011. El primer aspecto interesante a comentar es la contraposición existente entre los dos ambientes ecológicos en los que se insertan ambos yacimientos: Els Trocs en la cabecera de los ríos Ésera e Isábena, casi en pleno Pirineo Axial, y Valmayor

XI en un barranco junto al río Ebro. El primer caso se trata de un punto de referencia ubicado entre pastos a 1500 y 2000 msnm y el segundo, un paso natural entre el río Ebro y el Matarraña, donde se localiza el riquísimo conjunto arqueológico del Bajo Aragón. Los resultados obtenidos en nuestros trabajos son interesantes per se, pero adquieren una mayor significación al ser interpretados dentro del contexto general del conocimiento de otros yacimientos del valle del Ebro y, a su vez, del proceso general del Neolítico y la Neolitización.

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Durante la intervención, se identificaron tres momentos de ocupación bien definidos que abarcan un importante lapso cronológico, el cual finaliza con el abandono definitivo del enclave a finales del VI milenio cal. BC (Rojo et al.: 2015a: 44 y figura 2):

• Valmayor XI-I (Fig. 7): es la fase de ocupación más

Figura 1. Localización de la cueva de Els Trocs y Valmayor XI

Figura 1. Localización de la Cova de Els Trocs y del Cingle de Valmayor XI

2. CONTEXTO CRONOLÓGICO Y ESTRATIGRÁFICO Para comprender mejor el marco teórico-interpretativo sobre la Neolitización en el que pretendemos encajar ambos yacimientos debemos primero exponer el propio desarrollo interno de los mismos, dado que sus secuencias cronoestratigráfica son fundamentales de cara a comprender el papel que pudo tener cada uno de ellos en este proceso.

2.1. El Cingle de Valmayor XI. El Cingle de Valmayor XI se localiza en un corredor natural entre los ríos Matarraña y Ebro, en un barranco situado en la margen derecha de este último (Fig. 1), a unos 18 km de la localidad zaragozana de Mequinenza en la región del Bajo Aragón (Rojo et al., 2015a: 42-44 y figura 1). La ubicación en una zona de paso entre dos ríos, la especial orografía de este área que permite el uso de los barrancos como auténticos caminos y las favorables condiciones de habitabilidad del enclave (buena insolación y orientación, control visual del entorno, proximidad de fuentes de agua y de tierras cultivables, presencia de abundantes especies cinegéticas…) son factores que propiciaron el asentamiento humano desde época prehistórica en toda la región, como demuestra la presencia de numerosos yacimientos neolíticos en las cercanías (Riols I y Barranco de la Mina Vallfera) y de puntos de aprovisionamiento de materias primas, especialmente de naturaleza lítica (Barranco de Alcañiz, Sierra de los Rincones o La Plana -Royo y Gómez, 1996: 772 y 2004; 71; Rojo et al., 2015a: 44-). En la actualidad, el Cingle de Valmayor XI se encuentra sumergido en las aguas del embalse de Mequinenza, pudiendo acceder a él solamente en épocas de fuerte estiaje. Hasta la fecha sólo se ha podido realizar una excavación de urgencia en el año 2011, durante la que se intervino en un espacio de unos 26 m2 y se excavó toda su potencia estratigráfica solamente en la cata más occidental (Fig. 2).

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antigua. Se corresponde con los niveles documentados directamente sobre el sustrato natural. No contamos con dataciones absolutas para este momento, ya que no se ha recuperado ningún tipo de evento de vida corta para su análisis. No obstante, tanto la completa ausencia de hallazgos cerámicos como el conjunto de restos de fauna e industria lítica identificado podrían estar apuntando hacia una posible cronología mesolítica para este horizonte (Rojo et al., 2015a: 45 y figura 8).

• Valmayor XI-II (Fig. 7): se trata de la segunda fase

de ocupación del abrigo, fechada a mediados del VI milenio cal. BC. Se caracteriza por la presencia masiva de carbones, huellas de fuego y varios hogares formados por una cubeta de tendencia circular y amortizados por un relleno de piedras. Adscritas a este momento se han podido identificar diversas estructuras negativas (hoyos de poste y cubetas) alineadas, que podrían formar parte de una posible cabaña apoyada contra la pared de la balma, así como ciertas acumulaciones pétreas, que podrían conformar un posible cerramiento. Los materiales arqueológicos recuperados son abundantes, con una representación mayoritaria de industria lítica y, en menor medida, de fauna y cerámica (algunas piezas están decoradas). Se completa esta colección con el hallazgo de diversos elementos de adorno (colgantes, cuentas de collar…) y algunas piezas de industria ósea (Rojo et al., 2015: 45-46 y figuras 3, 7, 8, 11 y 12).

• Valmayor XI-III (Fig. 7): se corresponde con la última

fase de ocupación, datada a finales del VI milenio cal. BC. Los niveles adscritos a este momento se concentran en el interior del abrigo, puesto que es muy probable que hayan desaparecido por la erosión del agua en la parte externa a la visera del cingle. También se caracteriza por la presencia abundante de carbones, de algunas estructuras de combustión y por el hallazgo de un gran hoyo muy rico en términos arqueológicos. Los materiales recuperados se conforman fundamentalmente por restos de industria lítica, aunque se ha documentado una mayor concentración de hallazgos cerámicos, tanto lisos como decorados. A esta colección deben sumarse gran parte de las piezas recuperadas en el nivel superficial (UE 0), sobre todo cerámicas, industria lítica y algunos destacados elementos de adorno (Rojo et al, 2012: 47 y figura 4), resultante de la erosión de los niveles más superficiales del yacimiento (Rojo et al., 2015a: 46-47 y figuras 3, 7, 8, 11 y 12).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre • Trocs I (Fig. 7): es la primera fase de ocupación, fechada

en el último tercio del VI milenio cal. BC. Destaca por el hallazgo de auténticos pavimentos de cerámica, fosas de diverso tamaño y dos hoyos de grandes dimensiones. En uno de ellos se documentó el frontal de un cráneo infantil, bajo el cual se hallaron los restos de un feto de ovicáprido. Este depósito apunta hacia un uso ritual de dichos hoyos y, en general, de toda la cueva en este primer horizonte, hipótesis que viene refrendada por el descubrimiento de numerosos restos humanos dispersos y la identificación de diversas evidencias de su manipulación (Rojo et al., 2013: 17-19 y figura 3).

• Trocs II (Fig. 7): la segunda fase de ocupación ha sido Figura 2. Proceso de excavación del de Cingle de Valmayor XI Figura 2. Excavación del cingle Valmayor XI.

2.2. La Cueva de Els Trocs. La Cova de Els Trocs se localiza a más de 1500 msnm, en un entorno privilegiado de alta montaña del Pirineo perteneciente a la comarca de la Alta Ribagorza aragonesa. Próximo a la localidad de San Feliu de Veri (Bisaurri, Huesca), este yacimiento se sitúa en una altiplanicie denominada “Partida de la Selvaplana”, al norte del macizo del Turbón y muy cerca del Pirineo Axial, equidistante de los ríos Ésera e Isábena (Fig. 1). Esta ubicación es un punto estratégico para el paso de las cabañas ganaderas (Fig. 3) durante la trashumancia (pre)histórica (Rojo et al., 2013: 10-1 y figura 1; 2014: 128-129). Gracias a las 5 campañas de excavación llevadas a cabo hasta la actualidad, se ha podido documentar una potencia de sedimento de apenas un 1’5 m que abarca un lapso cronológico de más de dos milenios (Rojo et al., 2012: 46 y figura 3; 2013: 13 y figura 2; 2014, 131 y figura 8; 2015b: 190-191 y fig. 2). El análisis de la secuencia estratigráfica y de las estructuras documentadas, junto a la serie de dataciones radiocarbónicas obtenidas (Rojo et al., 2013: 17-20 y tabla I), han permitido establecer cuatro momentos de ocupación diferenciados de la cueva:

Figura 3. Vista de la cueva de Els Trocs desde el paso del Puerto de las Aras

datada a mediados del V milenio cal. BC. Se caracteriza por la presencia de un pavimento pétreo y de un nivel arcilloso, muy poco fértil en términos arqueológicos, utilizado para regularizar los desniveles de la cueva y permitir la construcción del pavimento pétreo. Además, se han documentado varias estructuras de combustión, entre las que destaca una muy bien conservada, de grandes dimensiones y ubicada en el centro de la cavidad (Rojo et al., 2013; 19 y figura 3; 2015a: 192 y figura 3). También se adscriben a este momento dos depósitos o “acumulaciones de restos de combustión” identificados en dos sectores distintos del yacimiento que, morfológicamente, podrían asociarse con los tradicionales eventos de estabulación o fumiers, pero cuyos análisis micromorfológicos (Lancelotti et al., 2014) apuntan más bien a un uso vinculado a eventos de limpieza del suelo y, quizás, a la presencia de acumulaciones de restos vegetales a modo de “lechos de descanso”, o bien como una capa aislante para hacer más cómodo el tránsito por la cueva. La limpieza y quema periódicas de dichas hierbas darían lugar a los depósitos de capas de carbón y cenizas documentados (Rojo et al., 2014: 132).

• Trocs III (Fig. 7): las dataciones correspondientes a esta

fase la sitúan en un lapso cronológico de casi un milenio, entre el primer tercio del IV e inicios del III milenio cal. BC. Se corresponde con el paquete sedimentario de mayor potencia, aproximadamente medio metro, en el que se han identificado diversas estructuras, entre las que destacan los fondos de hogar, algunos de ellos de gran entidad. Asociadas a este periodo también se han documentado dos grandes fosas fechadas en el primer tercio del IV milenio cal. BC, en cuyo interior se han hallado restos humanos y faunísticos, que podrían estar señalando un uso rito-funerario puntual de la cueva (Rojo et al., 2013: 20 y figura 2). Los momentos finales de la ocupación prehistórica de este yacimiento están determinados por varios episodios de desprendimientos o derrumbes parciales del techo de la cavidad, como demuestran los grandes bloques pétreos documentados en las cotas más elevadas de este horizonte.

• Trocs IV: se trata del nivel más superficial de ocupación

de la cueva, en el que se han localizado materiales de

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época romana imperial (cerámicas, vidrios, algún objeto de hierro y dos monedas de la época del Bajo imperio, en torno al s. IV AD) y de su uso más reciente como refugio y escondrijo durante la Guerra Civil (Rojo et al., 2013: 20).

3. INTERPRETACIÓN En nuestra opinión, el Neolítico fue un proceso caracterizado principalmente por el desarrollo de la agricultura y la ganadería, cuya aparición tuvo un claro origen foráneo. Partiendo de esta concepción, se pueden establecer distintos contextos arqueológicos definidos por unas características determinadas y que se desenvolvieron en un marco cronológico concreto. En este sentido, por un lado nos encontramos con grupos plenamente neolitizados, que ocuparon asentamientos ex novo pero que, a su vez, fueron coetáneos de comunidades mesolíticas locales. Por otro lado, se documenta la presencia de elementos neolíticos en hábitats propios de cazadores-recolectores, como resultado del desarrollo de las redes de intercambio. Esta variedad de situaciones es causa y efecto del proceso de Neolitización. Posteriormente, ya en el periodo denominado como Neolítico antiguo, aparecen yacimientos con una economía y modo de vida plenamente neolítico, cuyos rasgos arqueológicos presentan aún ciertas similitudes y reminiscencias de los contextos propios del proceso de Neolitización. Las investigaciones de los últimos años se han centrado fundamentalmente en establecer, de un modo relativamente claro, los límites cronológicos de este marco teóricointerpretativo general, los cuales varían ligeramente en función de los autores (Fig. 4). Para la aparición de las primeras comunidades neolíticas en la Península Ibérica, se ha propuesto una cronología en torno al 5700/5600 cal. BC, marcando así el inicio de la Neolitización. Por su parte, el inicio del Neolítico antiguo se ha establecido hacia el 5400/5300 cal. BC aproximadamente, contando en este caso con un mayor número de dataciones (Alday, 2006 y 2009; Alday et al., 2012a y b; Bernabeu et al., 2009; Blasco et al., 2005; Fernández Eraso, 2011; Fernández Eraso et al., 2015; García Borja et al., 2011; García Martínez de Lagrán, 2014 y 2015; Gibaja y Clop, 2012; Martins et al., 2015; Oms, 2008; Rojo et al., 2008 y 2012; entre otros). En el valle medio del Ebro esta periodización ya fue apuntada hace algunos años por Rodanés y Picazo (2005).

3.1. El proceso de Neolitización (5700/56005400/5300 cal. BC) En el valle del Ebro se han definido distintos tipos de yacimientos o contextos arqueológicos que podrían ser adscritos al proceso de Neolitización: a) Yacimientos neolíticos ex novo (Fig. 4). Por el momento se han identificado dos núcleos de este tipo en el valle del Ebro: Peña Larga IV, con una datación entre el 5715-5561

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Figura 4. La neolitización del valle del Ebro y su relación con las dataciones de Elsdel Trocs y Valmayor XI y su relación Figura 4. La Neolitización valle del Ebro con las dataciones de Els Trocs y Valmayor XI

cal. BC (Fernández Eraso, 2011), Chaves Ib, con fechas tales como 5614-5478 cal. BC y 5482-5375 cal. BC, y, tal vez, Chaves Ia, datado entre el 5471-5304 cal. BC (Baldellou, 2011). Todos son contextos neolitizados, con evidencias de agricultura y ganadería y hallazgos de cerámica, industria pulimentada. Serían el testimonio dejado por las denominadas “comunidades de 1ª generación” (Rojo et al., 2015a: 65-68), aquéllas plenamente neolíticas que llegan por primera vez a una zona ocupada por poblaciones mesolíticas. Fruto de la interacción entre ambas clases de grupos, surgen las “comunidades neolíticas de 2ª, 3ª, 4ª… generación”, hasta alcanzar la neolitización completa de todo el territorio (Fig. 5).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre b) Yacimientos mesolíticos con elementos neolíticos (Fig. 4). Suelen aparecer en abrigos con secuencias mesolíticas anteriores. En estos asentamientos, los elementos neolíticos normalmente se limitan a la cerámica (con colecciones generalmente muy modestas) y, a veces, a ciertas piezas líticas características como los segmentos a doble bisel. En ningún caso se han encontrado evidencias de especies domésticas aunque sí de la práctica, como es el caso de las hoces de Mendandia II (Alday et al., 2012: 131–136) que se han interpretado como elementos de intercambio que podrían haber sido usadas para incipientes actividades de siega. Los yacimientos adscritos a esta categoría son Mendandia III-sup (6235-6019, 6239-5916, 6207-5983 cal. BC), Mendandia II (5621-5371 cal. BC), Mendandia I (5479-5331 cal. BC -Alday, 2006; Alday et al., 2012a-), Forcas II V (5726-5575 cal. BC), Forcas II VI (5721-5569 cal. BC -Utrilla y Mazo, 2014-) y, ya en el límite con el inicio del Neolítico antiguo, Aizpea III (5476-5221 cal. BC -Barandiarán y Cava, 2001-). Dentro de este marco interpretativo y de este conjunto de yacimientos encajaría la fase de Valmayor XI-II (Fig. 7), dado que es un abrigo con una ocupación inicial adscrita al periodo denominado como Mesolítico Geométrico, que habría estado destinado a actividades especializadas (principalmente la caza) y en el que, en un momento determinado (5609-5478 cal. BC), habrían irrumpido algunos elementos neolíticos como la cerámica y, quizás, la técnica del doble bisel, incorporándose a un contexto aún claramente depredador y mesolítico.

Figura 5. Esquema de avances y contactos durante el proceso de

Figura 5. Gráfico de lospioneros. avancesEnyazul contactos entre Neolitización. En indicativo amarillo colonos cazadores los diferentes grupos durante el proceso de Neolitización. En recolectores. El resto de colores comunidades mixtas. amarillo, colonos pioneros. En azul, cazadores-recolectores. El resto de colores, comunidades mixtas.

3.2. El Neolítico antiguo (5400/5300-… cal. BC) En relación a la aparición de contextos plenamente neolitizados, se han podido establecer tres categorías distintas en todo el territorio (Fig. 6):

a) Yacimientos ex novo al aire libre. Este tipo de asentamientos presentan estructuras de hábitat y almacenamiento, sistemas de cierre o delimitación como recintos, espacios funerarios… En estos contextos ya aparecen claras evidencias de agricultura y ganadería, además de que, por su propia ubicación (proximidad a humedales, lagunas, interfluvios o a la confluencia de distintos cursos o fuentes de agua), se tratan de emplazamientos favorables de cara al desarrollo de ambas actividades productivas. El ejemplo más característico en el valle del Ebro es el yacimiento navarro de Los Cascajos, en la localidad navarra de Los Arcos (García y Sesma, 2001 y 2008). b) Yacimientos ex novo en cuevas y abrigos. En general, suelen ser interpretados como campamentos especializados, ya no sólo en la caza y la recolección (como ocurría en épocas anteriores) sino también en la ganadería y, tal vez, en la agricultura. La evidencia arqueológica más explícita son los niveles de estabulación que comienzan a aparecer, a partir de este momento, en lugares como Los Husos I y II (Fernández Eraso y Polo, 2008-2009; Fernández Eraso et al., 2015), Cueva Colomera (Oms, 2008) o Coro Trasito (Clemente et al., 2014), entre otros. Dentro de esta categoría podría hacerse también referencia a la primera ocupación de la Cova de Els Trocs (Fig. 7), puesto que se trata de un asentamiento ex novo en cueva, cuyo registro se corresponde con el de un contexto plenamente neolitizado y que tiene una clara orientación ganadera. Su emplazamiento, las evidencias de su ocupación estacional, las características de los restos faunísticos y paleobotánicos… todos son factores que parecen estar apuntando hacia una práctica ganadera bastante desarrollada y, por tanto, hacia una cierta complejidad de la producción agropecuaria desde los inicios del Neolítico en la Península Ibérica (Saña, 2013; Zapata et al., 2004). c) Yacimientos del Neolítico antiguo con ocupación mesolítica previa. Se corresponden con contextos plenamente neolitizados localizados en abrigos con asentamientos mesolíticos anteriores. Su definición como neolíticos vendría determinada tanto por su cronología como por la presencia de determinados elementos característicos como la cerámica, ciertas prácticas de la industria lítica o las evidencias de domésticos. Algunos ejemplos son el nivel IIIb de Atxoste (Alday, 2012a) donde se han documentado hoces, un molino, piezas pulimentadas y varios restos de animales domésticos; Botiquería 6 y 8 (Barandiarán, 1978) en el que no se hallaron testimonios de domésticos y la colección cerámica recuperada fue muy escasa, pero cuya cronología remite a un momento ya completamente neolítico (51944796 cal. BC y 5316-5056 cal. BC, respectivamente); y, por último, la fase II de El Esplugón (niveles 2 y 3sup) en la que tanto su datación (5209-4953 cal. BC) como sus materiales arqueológicos (hoces, segmentos, retoque a doble bisel, taladros, cantos pintados, industria ósea y cerámica) encajan perfectamente en la definición de esta categoría (Utrilla et al., 2012 y 2015).

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Dentro de este grupo podemos incluir la fase de Valmayor XI-III, datada entre el 5204-4909 cal. BC (Fig. 4), y en la que pese a que no se han hallado evidencias de domésticos, sí se han recuperado elementos líticos característicos de este momento y cerámicas (Fig. 7). Por tanto, siguiendo esta línea interpretativa, los grupos de cazadores-recolectores habrían formado parte del proceso de Neolitización, siendo perfectamente plausible que las comunidades resultantes de su interacción con las comunidades neolíticas (“de 1ª, 2ª, 3ª… generación”) continuaran ocupando el mismo territorio y comenzaran a adecuar las nuevas formas productivas a las antiguas, dando lugar, de este modo, al desarrollo de campamentos logísticos de larga tradición y efectividad. No obstante, estos contextos podrían interpretarse de manera

distinta. Es cierto que, cronológicamente, se integran perfectamente en el periodo denominado como Neolítico antiguo. Sin embargo, si obviamos las dataciones se observa que sus registros arqueológicos son muy similares a los de los contextos conjuntos que hemos denominado como “mesolíticos con elementos neolíticos” (excepto en algunos casos, como Atxoste, donde la presencia de elementos neolíticos es mayor tanto cuantitativa como cualitativamente). Por otro lado, existe un rasgo que los diferencia ligeramente de los yacimientos logísticos fundados en el Neolítico antiguo dado que, mientras éstos siguieron ocupándose tras este periodo (Cova de Els Trocs, Los Husos, Peña Larga, Coro Trasito…), los asentamientos con ocupaciones mesolíticas anteriores comenzaron a abandonarse a partir de este momento, exceptuando algunos casos puntuales que presentan niveles posteriores de escasa entidad. De ahí que se plantee la posibilidad de que estos enclaves no

Figura 6. Yacimientos neolíticos del valle del Ebro. Círculos rojos - Abrigos y cuevas con niveles mesolíticos anteriores: Condado de Treviño: 1) Mendandia, Álava: 2) Atxoste, 3) Kanpanoste Goikoa; Navarra: 4) La Peña; 5) Zatoya, 6) Aizpea, 7) Padre Areso; Huesca: 8) Forcas II; Zaragoza: 9) Valmayor XI, 10) Costalena, 11) El Secans, Plano del Pulido, Nivel cg; 12) Botiquería, 13) Ángel 1 y 2. Triángulos azules - Yacimientos al aire libre ex novo: Burgos: 14) Alto de Rodilla; Álava: 15) Salinas de Añana; Navarra: 16) Los Cascajos, 17) Paternanbidea; Soria: 18) La Lámpara y La Revilla. Cuadrados azules - Abrigos y cuevas ex novo: Álava: 19) Los Husos I y II, 20) Peña Larga; La Rioja: 21) Cueva Lóbrega; Soria: 22) Abrigo de la Dehesa; Huesca: 23) Chaves, 24) Coro Trasito, 25) El Forcón, 26) Puyascada, 27) Cova de Els Trocs, 28) Cueva del Moro; Teruel: 29) Plano del Pulido, 30) El Pontet, 31) Alonso Norte; Burgos: 32) El Mirador y El Portalón.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 7. Secuencias crono-estratigráficas de los yacimientos de Valmayor XI y Els Trocs, con una selección de los materiales asociados a cada una de sus fases de ocupación y la inclusión de éstas en los distintos momentos cronológicos definidos para el proceso de Neolitización fueran ocupados por comunidades plenamente neolitizadas sino por los últimos grupos de cazadores-recolectores, los cuales se encontrarían ya en transición definitiva hacia el nuevo modelo de vida neolítico. Este modelo interpretativo conllevaría un desarrollo más dilatado en el tiempo del proceso de Neolitización.

5. CONCLUSIONES La primera fase de la Cova de Els Trocs y las fases II y III del Cingle de Valmayor XI representarían dos modelos o situaciones teóricas distintas durante el proceso de Neolitización. En este sentido, Valmayor XI-II podría interpretarse como el resultado del contacto de comunidades locales de cazadores-recolectores con grupos neolíticos con los que intercambiarían, entre otros objetos, cerámicas y, tal vez, algunos elementos de industria lítica. El desarrollo de estos intercambios marcaría el inicio del proceso de Neolitización y permitiría definir a estas comunidades como “mesolíticos con elementos neolíticos”, ya que su forma de vida sería aún de base depredadora como parece señalar el resto del registro arqueológico. Por otro lado, la fase III de este yacimiento y la primera ocupación de la Cova de Els Trocs se enmarcarían dentro del periodo denominado como Neolítico antiguo y, con

toda probabilidad, en ambos casos estarían habitados por comunidades plenamente neolíticas. Esta situación se trata de un hecho irrefutable en el caso de Els Trocs, mientras que en Valmayor XI-III podríamos estar bien frente a una comunidad en transición definitiva hacia el modo de vida neolítico, o bien frente a un campamento logístico de un grupo neolítico dedicado a la caza, a la recolección similar al asentamiento de Trocs I, pero con una ubicación y funcionalidad distintas.

AGRADECIMIENTOS Las excavaciones en estos dos yacimientos surgen como consecuencia de la puesta en marcha y el desarrollo, entre los años 2009 y 2015, de los proyectos denominados “Los Caminos del Neolítico” (HAR2009-09027) y “Los Caminos del Neolítico II” (HAR2013-46800-P), concedidos por la Subdirección General de Proyectos de investigación/ Dirección General de Investigación y Gestión del Plan Nacional de I+D+I/Secretaría de Estado de Investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación y cofinanciado por el Gobierno de Aragón a través de su Dirección General de Cultura y Patrimonio. Las diferentes analíticas y dataciones radiocarbónicas han sido realizadas dentro del proyecto “Origins and Spreads of agriculture in the western Mediterranean region” (ERC-2008-AdG230561),

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coordinado por la investigadora L. Peña Chocarro y financiado por el European Research Council. El numeroso equipo multidisciplinar que forma parte de estos proyectos, dirigido por M. Rojo (profesor titular de la Universidad de Valladolid), cuenta con investigadores de varias universidades e instituciones españolas y europeas, así como de otros organismos del Gobierno de Aragón (Rojo et al.: 2012: 43 y 2015: 42).

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

7. CUEVA DE CORO TRASITO (TELLA-SIN, HUESCA): UN ASENTAMIENTO PASTORIL EN EL PIRINEO CENTRAL CON OCUPACIONES DEL NEOLÍTICO ANTIGUO Y DEL BRONCE MEDIO. Ignacio Clemente-Conte1, Ermengol Gassiot Ballbè2, Javier Rey Lanaspa3, Ferran Antolín4, Laura Obea Gómez2, Ángel Viñerta Crespo2 y María Saña Segui2 1

CSIC- Institución Milá y Fontanals (IMF), Departamento de Arqueología y Antropología. Grupo AGREST y GAAM. 2 Universidad Autónoma de Barcelona. Departamento de Prehistoria. Grupo GAAM. 3 Departamento de Educacion, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragon (DGA). 4 Department of Environmental Sciences, Integrative Prehistory and Archaeological Science (IPNA/IPAS), Basel University, Switzerland Ignacio Clemente-Conte, ignacio@imf.csic.es RESUMEN

Presentamos en este trabajo los resultados de las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la Cueva de Coro Trasito (Tella-Sin, Huesca), desde los sondeos iniciales hasta la excavación en extensión de los últimos episodios de ocupación de la cueva. Presentamos las seis dataciones de C14 que hasta el momento se han aplicado a materiales provenientes de los sondeos (dos sobre carbón vegetal, dos sobre restos óseos y dos sobre semillas carbonizadas, una avellana y un grano de trigo). Repasamos las características esenciales de los materiales arqueológicos líticos y cerámicos recuperados en sondeos y excavaciones; así como los estudios realizados sobre la fauna y la carpología provenientes de la excavación del sondeo nº 3 (2013). Por último, la excavación en extensión de alrededor de 70 m² en la zona central de la cueva, nos ha permitido observar e iniciar la documentación de numerosas estructuras el toda la zona este de la excavación. Junto a la roca del fondo, donde corre aire proveniente del interior de la cueva y se nota humedad permanente, se han documentado varias estructuras que consisten en fosas excavadas en la tierra así como numerosos ‘agujeros de poste’. Estas estructuras pudieron servir inicialmente para almacenar determinados productos y acabar, en algunos casos, recicladas como vertedero de residuos generados en la producción. PALABRAS CLAVE: Pastoralismo; Alta Montaña; Pirineos Centrales; Neolítico Antiguo; Arqueología.

ABSTRACT On this paper we present the results of the archaeological excavations carried out inside the cave of Coro Trasito (Tella-Sin, Huesca), from the first test drillings to the surface excavation of the last occupation phases. We present the six radiocarbon dates available for the moment, obtained from materials taken out of the test drillings (two from charcoal, two from bones and two on charred fruits: a hazelnut and a wheat grain). We revise the essential characteristics of the lithic artefacts and ceramic shards found in the test drillings and excavations. The archaeozoological and archaeobotanical (seeds and fruits) studies from the excavation 3 (2013) are also presented. Finally, the surface excavation of an area about 70 m² in the midle of the cave has allowed us to observe and start the recording of several archaeological features towards the eastern part of it. Close to the end of the cave, it is always damp and there is also some water coming from the interior of the cave, several features (post holes) were found. These features could have been initially used to store certain products and ended up, in some cases, being recicled as garbage pits for residues generated during diverse production processes. KEYWORDS: Pastoralism; High mountain; Central Pyrenees; Early Neolithic; Archaeology.

1. INTRODUCCIÓN A pesar de tratarse de una cueva muy conocida por la espeleología, ya desde los años 70s, cuando fue descubierta por el Grupo de Espeleología de Badalona se recuperaron en superficie fragmentos de molinos, un hacha lítica y grandes fragmentos de cerámica en su interior. Su procedencia prehistórica no supuso duda alguna y así lo describe uno de sus ‘descubridores’ Ramón Canela i Font: “El “Coro del

Trasito” fue usada por los humanos desde la prehistoria, los diversos objetos hallados, confirman que debajo de los grandes bloques que han caído del techo, se esconde la historia del lugar” (Canela 2006:6). La Cueva de Coro Trasito se halla a una altitud de 1548 m. El acceso se realiza a través de una pista forestal que parte desde el Dolmen de Tella hasta el parking de la cueva de los Osos. Desde ahí se asciende a pie por un sendero que

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pasa por la cueva de los Osos y continúa hasta la de Coro Trasito (Fig. 1). Se trata de una cavidad de gran tamaño con una orientación idónea para el hábitat humano ya que el sol penetra hasta el fondo del abrigo y al mismo tiempo está protegido de los vientos del norte. Esta cavidad ha sido utilizada para el ganado a lo largo de muchos años y en su superficie se conservan diversos muros que compartimentan el espacio en varios ‘corrales’. La cueva tiene una parte activa por la que transcurre una corriente de agua que a unos 20 metros de la entrada se filtra para salir en cotas más bajas del mismo sistema kárstico (probablemente conecta con la cueva de Los Arnales de Lamiana) y que surge por Coro Trasito solamente en determinadas épocas del año.

Antiguo. Estas hipótesis fueron corroboradas después con una serie de dataciones (5) de C14 sobre materiales (fauna, carbón y semillas) provenientes de este sondeo (Clemente et al. 2014). En 2014 se comenzó la excavación en extensión

Sin embargo, las intervenciones arqueológicas sistemáticas no comenzaron hasta 2011, cuando uno de nosotros -Javier Rey, decidió realizar unos sondeos prospectivos. Acompañado por un grupo de estudiantes de la Universidad de Zaragoza desenterró materiales prehistóricos consistentes en restos de fauna, cerámica e instrumentos líticos de sílex principalmente. Realizó dos sondeos, el primero de ellos junto a la roca del fondo del abrigo en el que enseguida tuvieron que abandonarlo por la gran cantidad y el tamaño de los clastos de piedra allí acumulados. En el segundo sondeo pudieron profundizar más, hasta que una roca de gran tamaño les impidió seguir excavando, pues ocupaba casi todo el espacio del sondeo. Éste se realizó con unas medidas de 1,5x1,5 m. Se logró alcanzar un metro de profundidad en un sedimento consistente mayormente en excrementos de ganado ovino. Sedimentos que comúnmente en arqueología han venido denominándose como “fumier”. Este sedimento se encontró bastante perforado por series de madrigueras de animales, así como por posibles estructuras antrópicas. En 2013, el Grupo de Arqueología de Alta Montaña (GAAM) de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Institución Milá y Fontanals del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, nos unimos a Javier Rey para seguir realizando trabajos arqueológicos en esta interesante cueva y llevar a cabo un nuevo sondeo que nos permitiera extraer materiales susceptibles de ser datados en niveles sin bioturbación (cf. infra). Para ello decidimos ampliar el sondeo nº 2 de 2011 excavando un metro más hacia el norte. A este nuevo sondeo se le denominó como nº 3. Se llegó a una profundidad prácticamente de 1,70 m siguiendo en casi todas las unidades de extracción la misma dinámica sedimentaria debida a la estabulación de animales. No se pudo profundizar más debido a la reducción de la zona a excavar y por peligro de caída de los perfiles. Probablemente esta zona de la cueva tenga un potencial sedimentario mucho más potente pero habrá que esperar a que se den las condiciones óptimas para poder seguir descendiendo y comprobar esta hipótesis. En este sondeo se recuperaron numerosos restos materiales de origen antrópico: cerámica, sílex tallado, instrumentos en materias duras animales, etc., que ya nos permitieron observar tanto una ocupación del Bronce como otras del Neolítico

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Figura 1. Abajo: vista de la parte superior del barranco Coro Trasito. Arriba: ubicación de la cueva y nacimiento del barranco. Fotos tomadas desde el aire por Eduardo Rivas Muñoz. en la parte central de la cueva, en la zona relacionada con los sondeos 2 y 3, entre unos muros de cerramiento del área. Durante esa campaña se realizaron movimientos de tierra y clastos de caliza para limpiar el nivel superior de materiales caídos y/o removidos. Se documentó entonces en la zona norte y este de la excavación la presencia de una ocupación relacionada con el Bronce por los restos cerámicos recuperados. Se decidió dejar prácticamente intacto el nivel para excavarlo durante la campaña de 2015. Esta última campaña ha revelado interesantes relaciones espaciales de determinadas estructuras relacionadas con agujeros de poste y fosas de almacenamiento en la zona más fresca de esa zona de hábitat. Se documentó la estructura de varios hogares y/o zonas de combustión, una de ellas relacionadas directamente con varias piedras planas (losas) y un molino de grandes dimensiones que han sido utilizadas para cocinar y/o preparar productos que necesitaran la aplicación de calor. El molino reposaba directamente sobre


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 2. A: molino sobre un nivel con carbones y cenizas atribuido al Bronce. B: Restos de fauna en conexión en el fondo de una fosa atribuida al Bronce. C: Agujeros de poste y lugar de fosas, aún sin excavar, también en el perfil Este de la excavación. D: Fosas regulares en el sector SE de la excavación atribuibles a niveles del Neolítico. un lecho de carbones de gran tamaño y cenizas, por lo que pudo usarse bien para cocinar sobre esa superficie o bien para moler algún producto que pudiera producir algún tipo de grasa y/o aceites (Fig.2: A). El sistema de recogida de muestras de sedimento llevado a cabo hasta ahora tanto en sondeos como en excavación en extensión, guardando un 10% del sedimento para someterlo a flotación en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), nos ha permitido recuperar semillas de plantas silvestres y domésticas que aportan una valiosa información para conocer la economía de estas sociedades del pasado (cf. infra). Sin embargo, los resultados iniciales que presentamos sobre la fauna provienen del estudio de los materiales recuperados en el último sondeo realizado en 2013 (Viñerta 2015).

2. OBJETIVOS El objetivo fundamental de este trabajo es presentar algunos de los resultados obtenidos tras varias analíticas sobre los materiales recuperados en Coro Trasito. Por una parte presentar las dataciones de C14 (6) realizadas hasta el momento y que nos ayudan a comprender la secuencia estratigráfica identificada hasta el momento en Coro Trasito (Clemente et al. 2014). También pretendemos presentar los análisis carpológicos ya que aportan una información básica sobre el uso y consumo de determinados recursos que abarcan tanto plantas domésticas como silvestres. También presentamos sintéticamente y por primera vez los resultados de los análisis arqueozoológicos sobre los restos de fauna recuperados en el sondeo nº 3.

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3. METODOLOGÍA

4. RESULTADOS

Resulta imposible, por falta de espacio, definir las diferentes metodologías utilizadas para las analíticas realizadas con los distintos materiales. La arqueología es una ciencia multidisciplinar, que utiliza métodos descriptivos y analíticos provenientes de otras ciencias como la química, biología, geología, etc., e incluso métodos nacidos del propio seno de la arqueología como es la traceología o análisis funcional de los instrumentos de producción prehistóricos a partir de los macro y micro-rastros de uso. Sin embargo, aquí sí que querríamos comentar que el sistema de excavación en extensión nos ha permitido poder identificar diferentes estructuras: agujeros de poste y fosas; con formas, capacidades y usos diferentes según la cronología de las mismas. De igual modo que, tanto en la excavación en extensión como en los sondeos, se ha flotado el 10% del sedimento extraído. De esta forma se han podido recuperar en el laboratorio tanto carbones (Obea 2014) como las diferentes semillas cuyos resultados se presentan más abajo. Una cuidadosa, a la vez que dificultosa, excavación del sondeo nº3 por tallas y siguiendo los estratos, permitió recuperar materiales in situ que nos han permitido una atribución tanto estratigráfica de los mismos como la ubicación de las muestras para realizar las dataciones de C14.

4.1- Las dataciones C14 de Coro Trasito.

Figura 3. Dataciones C14 de Coro Trasito.

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Hasta el momento se han datado seis muestras orgánicas, una proveniente del sondeo nº 2, 4 del sondeo nº 3 y la última proviene de un hueso recuperado en la excavación en extensión durante la campaña de 2014 (Fig. 3). Durante la excavación del sondeo 2 en 2011, en la zona más profunda, se recuperó un hueso que se envió para conseguir una datación radiocarbónica. La datación de C14 obtenida fue de 1410-1210 calANE (BETA 310471). Esta datación no correspondía con los materiales líticos y cerámicos recuperados a esa profundidad. Éstos eran sin duda más antiguos, pues las formas y decoraciones de las vasijas recuperadas indicaban una adscripción clara al Neolítico y más bien a un Neolítico antiguo. Es más, esta datación correspondería más bien con otros materiales cerámicos recuperados en la superficie de la cueva y que pertenecerían a la Edad del Bronce. La explicación de esta contradicción en la datación con los materiales debe atribuirse a la intrusión del material a través de las madrigueras o quizás por algún tipo de estructura como un agujero de poste, que no se detectó en la excavación y que pudo ser realizado por los moradores de Coro Trasito durante el Bronce. Esta datación es casi idéntica a la obtenida sobre un hueso largo de ovicáprido recuperado en la excavación en extensión de 2014. Este


SesiĂłn 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 4. Semillas identificadas en el sondeo 3 de Coro Trasito. X=entre 1-3 ejemplares, XX-4-25 restos, XXX=25-100 restos y XXXX=˃de 100 ejemplares

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hueso fue datado en 1414-1258 calANE (CNA 2943.1.1) y se recuperó en la zona donde se identificaron restos del nivel de ocupación del Bronce. En ese nivel se registró también unas anillas de metal que se llevaron al Museo Provincial de Huesca para su restauración. El resto de las dataciones realizadas son todas del Neolítico antiguo y provienen todas de materiales recuperados durante la excavación del sondeo 3 (Fig. 3). Estas dataciones presentan una coherencia cronológica y estratigráfica. La fecha más reciente del Neolítico es de 4728-4582 calANE (CNA 2520.1.1) y corresponde a la UE 3002 del sondeo 3. La muestra datada fue un fragmento de semilla de avellana carbonizada. Descendiendo en esa misma excavación se dató una ramita carbonizada de boj (Buxus sp.) de la UE 3010 en 4990-4790 calANE (BETA 58571). Otra de las muestras datadas es un hueso de buey que proviene de la UE 3013. En esta ocasión la fecha obtenida es de 5220-4990 calANE (BETA 366546. Por último, tras observar que en las UEs más antiguas aparecieron semillas de plantas cultivadas se realizó la datación de trigo (Triticum sp.) de la UE 3015. Se obtuvo una datación de 5322-5207 calANE (CNA 2944.1.1). Esta última datación es muy significativa ya que hasta el momento no se había obtenido una fecha tan antigua para cereal en la zona de los Pirineos. Resulta 90 años más moderna que las de cereal datadas en la Cova de Can Sadurni en el área del Mediterráneo nord-oriental (Martín et al. 2010; Antolín et al. 2015).

4.2. Estudio de los restos carpológicos La metodología implementada para el tamizado y flotación así como para el análisis de determinación de las semillas (Antolín 2013) nos ha permitido determinar numerosas especies diferentes (Fig. 4). De estas semillas, se han clasificado como de plantas cultivadas las siguientes: cebada desnuda (Hordeum vulgare var. nudum), cebada (Hordeum sp.), trigo desnudo (Triticum aestivum/durum/turgidum), escanda menor (Triticum cf. dicoccum), trigo (Triticum sp.), cereal sin determinar (Cerealia) y por último guisante (Pisum sativum). Los cereales aparecen por lo general en casi todos los niveles del Neolítico. La UE3013 es la que más cantidad y variedad de cereales presenta; mientras que el guisante solamente se documenta en la UE 3005.Por lo general las Ues 3005 y 3006 son las que presentan mayor variedad de semillas, siendo remarcable la presencia de restos de avellana que, por otra parte, se registran prácticamente en casi todas las unidades de excavación. De otras especies silvestres documentadas cabría destacar la presencia del rosal silvestre (Rosa sp.), la zarzamora (Rubus fructicosus), saúco rojo (Sambucus cf. racernosa), enebro común (Juniperus cf. communis), fruto del pino (Pinus mugo/sylvestris), bellotas de roble/encina (Quercus sp.), tejo (Taxus baccata), vid silvestre (Vitis vinífera subsp. sylvestris), maloidea (cf. Maloideae) y malvácea (Malvaceae).

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La mayoría de estas últimas aparecen tan solo en determinadas unidades de excavación y en pocas cantidades. Sin embargo, aportan información muy interesante. Por una parte, la bellota se registra solo en las UEs 3008 y 3015 y podrían estar también directamente relacionadas con la alimentación humana, como se ha interpretado en la cercana Cueva de Chaves (Zapata et al. 2008), y así como cabría interpretar también los hallazgos de avellanas o vid silvestre, presentes en numerosos yacimientos neolíticos del noreste peninsular (Antolín y Jacomet 2015). Algunas otras podrían haber tenido también valor alimentario pero pudieron ser aportadas en las ramas cortadas para combustible, como es el caso del pino. El sauco rojo solo se registra en la UE 2013, la madera es dura y podría utilizarse para elaborar algún instrumento, las semillas en crudo son tóxicas pero cocidas se pueden ingerir y tradicionalmente se han considerado como medicinales. La fruta del tejo resulta comestible (aunque su semilla es venenosa) y es otra de las frutas, como el avellano y la vid, que maduran en otoño. Este es uno de los pocos yacimientos peninsulares que han proporcionado restos de frutos de tejo, y sin duda el yacimiento donde han aparecido con más abundancia (véase Uzquiano et al. 2015). Los frutos del tejo también pudieron llegar con las ramas que a su vez pudieron usarse para elaborar algún instrumento, como son los arcos, o como forraje arbóreo. La mayoría de los arcos prehistóricos registrados arqueológicamente en Europa fueron manufacturados con esa madera (Piqué et al. 2015). Por último, comentar que la uva silvestre es raro que pueda crecer a esa altura, por lo que estas frutas pudieron ser aportadas del fondo del valle u otras zonas de menor altitud.

4.3. Restos cerámicos, líticos e industria ósea. Los materiales cerámicos recuperados se encuentran en buen estado de conservación ya que, por lo general, aparecen muy fragmentados pero con las aristas vivas, lo que nos indica que no han sufrido procesos de erosión ni deterioro por rodamientos u otros procesos tafonómicos. Respecto a su tamaño, los fragmentos no superan los diez centímetros de longitud. Esta fragmentación dificulta el estudio del material y sobre todo la obtención de conclusiones definitivas, en la elaboración de tablas tipológicas de las formas o para el estudio de la tecnología. Hasta este momento, la cerámica neolítica que ha aparecido durante las excavaciones está decorada con motivos incisos o impresos, aunque también encontramos de forma escasa algún cordón liso de sección triangular o redondeada (Fig. 5 nº 7-9). Por lo general las formas y decoraciones de las cerámicas neolíticas recuperadas en Coro Trasito tienen muchas similitudes con las recuperadas en otros yacimientos del entorno de los Pirineos centrales, también con dataciones del Neolçitico Antiguo, como podrian ser los sitios de Chaves en Somontano-Sierra de Guara y Cueva del Moro de Olvena y Els Trocs en la Ribagorza (Baldellou 2011, Baldellou y Utrilla 1995, Rojo et al. 2013; Utrilla y Baldellou 1996). Los instrumentos líticos fueron confeccionados fundamentalmente con diferentes tipos de sílex, pero principalmente con los procedentes de la cuenca del Ebro,


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 5. Materiales líticos, azuelas (2 y 5) y sílex tallado (1, 3 y 4), punzón de hueso para tejer (6) y fragmentos de cerámica incisa (7-9). Dibujos realizados por Alfredo Blanco. tal y como ocurre en otros yacimientos estudiados en la zona del Pirineo central (Mazzucco 2014, Mazzucco et al. 2013, Mazzucco et al. 2014). Láminas y fragmentos de lámina muestran las técnicas de talla utilizadas para su obtención (Fig. 5 nº 1, 3 y 4). Muchas de ellas fueron conseguidas por percusión directa, aunque también se documentan láminas extraídas por percusión indirecta y por presión. En un par de casos hemos documentado la probabilidad del uso del tratamiento térmico para conseguir estos soportes. Es de destacar la talla de lascas de caliza proveniente del entorno de la cueva. En varios de estos instrumentos hemos podido

documentar huellas de uso de actividades relacionadas con el trabajo de la madera, tanto en actividades de corte como de raspado. Incluso en una lasca se observa la elaboración de una muesca para ser usada esa zona concreta del útil. Los restos de instrumentos manufacturados con materias duras de origen animal son numerosos y bien conservados (Fig. 5 nº 6). La mayoría de ellos fueron manufacturados en hueso (once casos), uno en asta de ciervo y tres en conchas de molusco marino. Hemos realizado un análisis inicial de estos artefactos para ver cómo fueron elaborados y para qué se utilizaron.

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4.4. Análisis de los restos de fauna. Los análisis de los restos de fauna procedentes del sondeo nº 3 se han llevado a cabo en el Laboratorio de Arqueozoología de la Universidad Autónoma de Barcelona y han servido para la realización de un trabajo de grado (Viñerta 2015). El análisis de los restos de fauna nos permite conocer la estrategia de organización de un grupo, ya que los restos de fauna son objetos socialmente modificados a través de pautas de trabajo y distribución concretos que quedan reflejados en ellos y por tanto su estudio puede aportarnos información sobre las estrategias de organización de los grupos humanos prehistóricos. Además, el análisis de la distribución espacial de los conjuntos de fauna nos permite conocer la organización social del grupo y su comparación a la largo del tiempo nos aporta información sobre los cambios de las estrategias de organización del grupo (Saña 1999). De la fauna recuperada en el sondeo nº 3 se analizaron la UE 3001, datada en la edad del bronce, las UE 3002, 3003 y 3004, correspondientes a los niveles neolíticos más recientes (Neolítico II) y las UE 3011, 3012 y 3013 correspondiente a los niveles neolíticos más antiguos (Neolítico I). La UE 3001, cuenta con 46 restos de los cuales solo 6 han podido ser clasificados anatómica y taxonómicamente, con los que hemos podido documentar la ganadería ovina y bovina y la caza de ciervos. Cabe destacar la ausencia de cerdo doméstico, aunque quizás se deba a pequeño tamaño de la muestra. Respecto a los niveles neolíticos se ha documentado la explotación de las mismas especies domésticas, tanto en las ocupaciones más recientes como en las más antiguas: oveja, cabra, cerdo doméstico y buey (Fig.6). Sin embargo, cuando nos referimos a los animales salvajes consumidos en Coro Trasito, vemos que tanto en las UEs más modernas (Neolítico II) como en las más antiguas (Neolítico I), ciervo, corzo y conejos se consumieron siempre. Sin embargo en los momentos de ocupación más antiguos se consumió tortuga, mientras que en los más modernos jabalí y cabra salvaje pirenaica (Viñerta 2015). Es llamativo que el porcentaje de animales salvajes consumidos sea mayor, durante la Edad del Bronce (alcanzando un 44, 44 % de la fauna identificada anatómica y taxonómicamente) con una ganadería plenamente consolidada que durante las ocupaciones neolíticas (en las fases más antiguas las especies salvajes apenas significan un 10 % de los restos identificados anatómica y taxonomicamente y en las más recientes alcanzan un 30 %) cuando comienza a desarrollarse la agricultura. Será interesante observar si esto se mantiene cuando se estudien colecciones más amplias y la excavación en extensión alcance esos niveles. Parecería más razonable pensar que los porcentajes de fauna doméstica y salvaje consumida en Coro Trasito hubiesen sido a la inversa.

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Figura 6. Gráfico representativo de la fauna doméstica y salvaje consumida en Coro Trasito. NR=457.

5. DISCUSIÓN Los trabajos arqueológicos de excavación y análisis de materiales de Coro Trasito están aportando una información imprescindible para conocer cómo fue el modo de vida de los grupos neolíticos dedicados a una economía mixta pastoril y agrícola en zonas de altura del Pirineo central. Como ha quedado patente en las precedentes líneas, Coro Trasito supondrá en un futuro no muy lejano un sitio de referencia para el estudio de las sociedades del Neolítico antiguo de los Pirineos. Por una parte, el gran tamaño de la cueva (más de 400 m2 por excavar), con una secuencia sedimentaría que aún no conocemos su final y una conservación de los materiales excepcional hacen que se puedan aplicar análisis de todo tipo que aún aportarán más datos arqueológicos. En estos momentos tan solo queremos señalar que las excavaciones en extensión nos han permitido localizar fosas que pudieron servir como fresqueras para conservación de carne y otros alimentos. Restos de fauna en conexión podrían estar indicando ese uso. Una vez amortizadas para su uso inicial pudieron servir también para abocar distintos residuos. La complejidad que supone la excavación de esos niveles con estructuras, pues a la vez se documentan muchos ‘agujeros de poste’, hace que el trabajo sea lento pero compensa por la información que se puede obtener. Los análisis de la fauna, al igual que la cerámica y restos líticos están aún en una fase inicial. Sobre la fauna acabamos de ver más arriba las especies explotadas, se obtendrá más información cuando se estudien la distribución espacial y las formas o técnicas de descuartizado. En cuanto al estudio carpológico y antracológico nos permitirá obtener nuevos


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre datos que, conjuntamente con el estudio del polen determinen los tipos de paisajes para cada momento, así como el clima para cada episodio histórico documentado. Sin embargo, no queremos concluir este trabajo sin volver a hacer hincapié en la importancia de haber obtenido un registro del consumo de cereales tan antiguo para una zona de montaña en la Península Ibérica. Sin duda, este dato nos hace recapacitar y plantear que la neolitización de los Pirineos no está tan desconectada ni resulta tan aislada como se había planteado, sino que está completamente relacionada con la misma neoliticación del valle del Ebro y que estas ocupaciones pastoriles pudieron ser de varios meses al año y estar relacionadas con un movimiento transhumante entre el llano y la montaña.

6. AGRADECIMIENTOS Queremos agradecer al Geoparque de Sobrarbe-Comarca de Sobrarbe por sus ayudas constantes al desarrollo y gestión del proyecto financiado por el Ministerio de Educación y Cultura: “Proyecto de estudio y difusión del pastoralismo en el bien Pirineos Monte Perdido Patrimonio Mundial”. Este trabajo se inserta también en los proyectos: Dynamiques des Espaces Pyrénéens d’Altitude. Un SIG sur le patrimoine archéologique et la modélisation des territoires pastoraux. Project de développement de réseaux thématiques interrégionaux (DEPART) Generalitat de Catalunya, Govern d’Andorra, Comunuaté de Travail des Pyrénées – CTP (2014 - 2015), dirigido por E. Gassiot y en Análisis ecológico de la culturización del paisaje de alta montaña desde el Neolítico: los Parques Nacionales de montaña como modelo. Financiado por el Ministerio de Medio Ambiente y dirigido por Jordi Catalán. Este trabajo se inserta también en el proyecto de I+D (HAR2015-66780-P). Modelización de los espacios prehistóricos de montaña. Un SIG del patrimonio arqueológico y los territorios pastoriles. Agradecemos también las ayudas recibidas por el Centro de Estudios de Sobrarbe y por el Ayuntamiento de Tella-Sin.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

8. LA ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO EN LOS NIVELES NEOLÍTICOS DE LA CUEVA DE CHAVES Pilar Sánchez Cebrián1 1

Universidad de Zaragoza

Pilar Sánchez Cebrián, pilarsance@gmail.com

RESUMEN El estudio pretende mostrar una aproximación general de la distribución microespacial de los objetos hallados en las doce campañas de excavación en la cueva de Chaves en sus dos niveles neolíticos, Ib (cardial) y Ia (postcardial). En este análisis, la plasmación gráfica de la distribución de los materiales sobre la planta se ha realizado con dos formatos diferentes: mediante curvas de isodensidades para las consideradas categorías “mayores” (fauna, cerámica e industria lítica) y mediante símbolos específicos que representan individualmente cada ítem en el caso de las categorías numéricamente “menores” (industria ósea, adornos, cantos con ocre, minerales y restos vegetales). El objetivo principal es contribuir a completar la información sobre la cavidad y conocer la organización del espacio doméstico de las zonas neolíticas “habitadas” de la cueva de Chaves en su cronología neolítica a través de la dispersión que ofrecen sus más de 64.000 restos arqueológicos. PALABRAS CLAVE: Estudio Microespacial; Cueva de Chaves; Neolítico.

ABSTRACT This study aims to show a general overview of the micro-spatial distribution of the items found in the twelve campaigns of archaeological diggings in the cave of Chaves in its two Neolithic levels: Ib (cardial) and Ia (post cardial). In this report, the graphical shape of the distribution of materials on the floor has been made in two different formats: by isodensity curves for those considered “bigger” categories (fauna, pottery and lithic industry) and by specific symbols which individually stand for each item in the case of the categories numerically “smaller” (bony industry, ornaments, boulders with ocher, minerals and plant remains). The main purpose is to complete the information about the room and to know the domestic interspace organization of the “inhabited” areas in Chaves in its Neolithic chronology by the pattern offered by its over 64.000 archaeological remains. KEYWWORDS: Micro-spatial study; Cueva de Chaves; Neolithic period.

1. INTRODUCCIÓN La cueva de Chaves es uno de los yacimientos neolíticos más importantes de la Península Ibérica y “único” en Aragón. Chaves se localiza en la provincia de Huesca (Bastarás), hoy Casbas de Huesca, sobre el barranco del Solencio, dentro de un coto de caza privado vallado al pie de la sierra de Guara (Figuras 1 y 2). Hace siete años fue objeto de su total destrucción a manos de la empresa Fimbas S.A., vaciando con maquinaria pesada los depósitos neolíticos que venían siendo estudiados por la Universidad de Zaragoza y el Museo de Huesca en varias campañas de excavaciones arqueológicas entre 1984 y 2007. La perspectiva patrimonial pretende resaltar la importancia cultural de la Cueva de Chaves en el contexto del Neolítico

Figura 1. Boca y entorno inmediato de la Cueva de Chaves: en primer término, el barranco de Solencio. Al fondo, Guara cubierta de nubes.

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del Mediterráneo occidental. Chaves “era” uno de los yacimientos con depósito neolítico más importantes de la Península Ibérica y por supuesto el más destacable de Aragón. Son muchos los estudios que se han realizado sobre la cavidad y la riqueza de los materiales que en ella se hallaron y hasta hace unos años constituía una fuente que parecía interminable de materiales. El desgraciado expolio sufrido en el depósito neolítico en 2007 supone una pérdida patrimonial irrecuperable, que en modo alguno puede subsanarse mediante una contraprestación económica. Este estudio pretende manifestar, a partir de la existencia de la muestra obtenida de la excavación de “solo” unos 100 metros, en un vestíbulo que ronda los 3.000 metros cuadrados, la dimensión de la pérdida patrimonial y científica. De extraordinarias dimensiones, se trataba de un asentamiento neolítico ex novo, que se erigía como máximo exponente de lugar de hábitat estable, por encima de otras cuevas oscenses neolíticas como el Moro de Olvena, las Brujas de Juseu, la Espluga de la Puyascada o la Miranda de Palo. Con más de 200 m. de longitud (Figura 3), posee una boca de enorme tamaño (60 metros de longitud por casi 20 de altura), y en los primeros y luminosos 50 metros de la cavidad se podían apreciar grandes bloques pétreos desprendidos de la bóveda del techo. Sus características de hábitat son excelentes: buena altitud (630 metros), gran amplitud (el espacio habitable podría llegar a los 3.000 m2), buena insolación (la boca se abre al sureste) e iluminación (el sol entra en sus primeros 50 metros, la luz prácticamente se encuentra hasta el final de la galería principal), la temperatura disminuye suavemente a medida que se profundiza y el acceso al agua es inmediato gracias al barranco de Solencio. Además, su situación en el paisaje permitía un tipo de explotación mixto de tipo valle/montaña. Enclavada en las Sierras Exteriores, el paisaje más inmediato relativamente abrupto, y los bosques próximos admitían la existencia de cabras y ciervos (los animales más cazados) y los espacios abiertos próximos, el pastoreo de ovicápridos (un 70 % de la fauna neolítica era doméstica).

Figura 2. Localización de Chaves sobre una vista aérea oblicua de Guara y los cursos del Formiga y Alcanadre (a partir de Google Earth).

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Figura 3. Planta de la cueva de Chaves (topografía de Rafael Larma). Desde el punto de vista arqueológico, Chaves, es la cavidad más interesante de la Sierra de Guara: fue ocupada por gentes neolíticas en el VI milenio cal. a. C., cuando se produce el surgimiento de la agricultura y de la ganadería. Pero la introducción de estas pautas económicas novedosas no implicó la desaparición de los modelos tradicionales de obtención de recursos, manteniéndose además de la caza la recolección vegetal (evidenciada en numerosas bellotas carbonizadas). En cuanto a la agricultura, pese a que no se han encontrado granos de cereal, se encontraron materiales muy representativos como piedras durmientes de molinos y volanderas, hachas pulimentadas y hojas de sílex con visible “pátina de cereal”, que indican que los cultivos no eran ignorados en Chaves. Dadas las características físicas del entorno, los recursos básicos procederían tanto del cultivo como de la recolección de vegetales varios; tanto de la caza como de la ganadería. Es decir: una incipiente economía agropecuaria, predominantemente pastoril. La estratigrafía arqueológica es relativamente sencilla: tras un nivel superficial con materiales modernos y medievales, una ocupación de la Edad del Bronce (no siempre individualizada) da paso a las capas neolíticas (Ia y Ib), que reposan sobre una costra estalagmítica. Bajo ésta, apareció un nivel estéril (Ic) y las ocupaciones paleolíticas (2a y 2b). La importancia del depósito arqueológico neolítico de Chaves se evidencia en la cantidad y la calidad de los vestigios recuperados en Ia y Ib: fragmentos cerámicos (11.206), importante lote de fauna (48.464), elementos de industria lítica (4.048) y ósea (152), adornos personales (96) y una interesante colección de cantos pintados/manchados con ocre (119). Además, las labores de acondicionamiento del espacio interno, cubetas, hogares etc., hablan de una ocupación permanente, estable, duradera en el tiempo como muestran las fechas obtenidas: más de una docena de dataciones absolutas, que se intercalan entre las fechas extremas 5678±47 y 5073±107. Indudablemente, la ocupación de Chaves, aun siendo una cueva, comparte los caracteres de los buenos poblados propios del periodo neolítico.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre Las excavaciones arqueológicas emprendidas en un primer momento por V. Baldellou y el GIE Peña Guara (Bolskan 1984) y a partir de ese año por V. Baldellou y P. Utrilla, haciéndose responsable el primero de la excavación de los niveles neolíticos y la segunda de los paleolíticos, permitieron confirmar la existencia de dos estratos arqueológicos neolíticos diferentes y consecutivos: el nivel Ib (cardial) y el Ia (postcardial).

En el nivel Ib se hallaron 42.086 restos (65,30% del total): es el nivel más antiguo del Neolítico y el que más materiales y más información ha proporcionado mientras que el Ia, más reciente, ha suministrado 22.369 restos lo que constituye un 34,70 % del total.

El nivel neolítico Ib de Chaves, (6770-6330 BP) corresponde a la fase más rica en hallazgos (42.086 restos) y a ella se asocian una serie de cubetas abiertas en la costra estalagmítica que servía de base a la ocupación neolítica. Estos depósitos podían ser usados como fuegos, para el almacenaje o para guardar vasijas con ese mismo fin. El nivel neolítico Ia (6330-6120 BP), inmediatamente posterior, ha sido algo menos rico en materiales (22.369 restos).

-La primera de ellas son las estructuras artificiales: en el nivel Ib existen una serie de cubetas artificiales abiertas en la costra, que contenían depósitos de tierra del nivel Ib pero que podían alcanzar incluso la base del nivel III (estéril por debajo de las ocupaciones magdalenienses) del yacimiento. No hay cubetas en cambio en el nivel Ia. Además de dichas cubetas, algunos hogares y una placa de arcilla compacta (presentes en Ib) marcan diferencias entre los niveles en cuanto a las estructuras de acondicionamiento del espacio.

2. LA DISTRIBUCIÓN DE LOS MATERIALES Y SU RELACIÓN CON EL ESPACIO.

-En cuanto a la dispersión/agrupación de restos, la diferencia más importante entre los dos niveles se fundamenta en las áreas de concentración de los materiales: en el nivel Ia solamente existe una gran zona de acumulación de restos (situada hacia el fondo de la cueva) mientras que en Ib observamos dos: una más marcada en el margen situado hacia la entrada a la cavidad y una segunda hacia el fondo de la misma, coincidiendo en planta con la única concentración de Ia.

Para analizar la distribución de los materiales, comenzamos con la elaboración de un nuevo inventario topográfico, muy detallado, sobre la base de los inventarios realizados por los directores de las excavaciones. Hemos especificado tres categorías mayores de restos (fauna, cerámica e industria lítica, diferenciando en ésta los elementos retocados y los instrumentos pulimentados) y otras cinco agrupaciones menores (industria ósea, adornos, cantos con ocre, minerales y restos vegetales). En las categorías mayores se han dibujado directamente las curvas de isodensidad, mientras que los elementos minoritarios se han reflejado sobre las plantas mediante símbolos concretos. Como base se ha utilizados una planimetría detallada de la principal zona excavada de la cueva, área de procedencia de los materiales inventariados, usando siempre como unidad de base cada uno de los dos niveles neolíticos. En cada nivel, el estudio de los datos se ha realizado comparando la globalidad de los restos con el total de cada una de las categorías, mayores y menores, de ese mismo nivel, y posteriormente se ha llevado a cabo una comparación diacrónica entre ambos niveles neolíticos. En este escrito presentamos sólo la distribución y comparación diacrónica de las categorías mayores (fauna, cerámica e industria lítica), precedida de una comparación entre la distribución del total de los restos de ambos niveles. Estos elementos ofrecen la mayor cantidad de información disponible y por una cuestión de lógica reducción no incluimos las representaciones de los materiales considerados como categorías menores pero sí una comprimida información sobre ellos.

2.1. La distribución general de los restos del neolítico antiguo de Chaves (niveles Ib y Ia). Las dos planimetrías que presentamos en primer lugar (Figura 4) reflejan la distribución de la suma de todos los materiales de cada uno de los dos niveles neolíticos.

Entre las dos planimetrías se observan a primera vista importantes diferencias:

Entre las semejanzas de las dos planimetrías se puede destacar: -En ambos niveles coincide una importante concentración de restos en la zona de la cata próxima al fondo de la cueva: siendo un área de peores condiciones para la habitación, por la falta de luz y ambiente más frío, hemos supuesto su empleo como lugar de almacenamiento, basurero o establo. -En cuanto a materiales, los dos estratos neolíticos contienen el mismo tipo de materiales y en proporciones similares, pese a la diferencia numérica del número total. -En las dos plantas hay vacíos de información, ya sea bien porque no se excavaron los cuadros (x), o bien porque se excavaron y no se hallaron materiales arqueológicos (.) aspecto este mucho más relevante.

2.2. La distribución de los restos de fauna del neolítico antiguo de Chaves (niveles Ib y Ia). Las dos imágenes (Figura 5), corresponden a la dispersión de los materiales de la fauna de los niveles Ia y Ib. Las diferencias son: -El número de materiales es muy elevado en ambos pero más en Ib (33.064) ya que casi duplica el número de restos de Ia (15.400). -En la fauna del nivel Ib, las curvas de isodendidad muestran

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Figura 4. Arriba, planimetría del total de restos del nivel Ia; abajo, total de restos de Ib.

Figura 5. Arriba, planimetría de la concentración de la fauna del nivel Ia; abajo, fauna de Ib.

dos sectores de mayor concentración, uno de ellos se sitúa hacia la boca de la cueva (ligado a la presencia de una cubeta y de un gran hogar) y el otro hacia el fondo; mientras que en el nivel Ia, la concentración se encuentra sólo al fondo de la misma.

-El número de materiales óseos es muy elevado, de hecho casi tres cuartas partes de los materiales de los dos niveles corresponden a fauna, cuya distribución condiciona la forma final del gráfico de isodensidad global de los dos niveles del Neolítico de Chaves. Las curvas de isodensidad (total y fauna), prácticamente se dibujan en las mismas zonas.

-Los sectores con mayor concentración en Ib se sitúan en torno a los cuadros 13-15/A-B (1.000-1.200 restos) y entre los cuadros 10-12/C-D. Mientras que en el nivel Ia la mayor concentración se encuentra en la confluencia entre los cuadros 14-16/B-C. Llama la atención en este último la zona hacia la boca de la cueva que, no contiene la más alta acumulación de materiales como ocurría en el nivel Ib ya que hay entre 600 y 800 piezas. -El número máximo de restos por metro cuadrado de las representaciones de la fauna es diferente: mientras que en Ib el rango mayor de concentración es de 1.200 restos, en Ia sólo se alcanzan 800 restos por metro cuadrado como máximo. Entre las semejanzas de ambos niveles se puede decir: -Coincidencia entre la dispersión de la fauna con la gráfica de todos los materiales de su nivel correspondiente.

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-Se aprecia en ambos en general un vacío de materiales de no más de 200 restos (salvo en dos islotes paralelos con 600800 materiales en Ib y 200-400 en Ia) en las bandas centrales.

2.3. La distribución de los restos de cerámica del neolítico antiguo de Chaves (niveles Ib y Ia). Estas dos planimetrías (Figura 6) se refieren a la concentración de los materiales cerámicos de los niveles Ia y Ib. Las diferencias son: -Hay dos zonas diferentes de ocupación que también se muestran en los materiales cerámicos. En Ib hay dos áreas, una hacia la boca de la cueva y otra al fondo, mientras que en Ia sólo hay una zona de ocupación en el fondo de la cavidad. -Tal y como demuestran los gráficos de isodensidad de la cata, en Ib la mayor concentración de la cerámica se sitúa


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre en la parte mas próxima hacia la boca de la cueva, en los cuadros 15B y 7C, con una cantidad entre 200 y 250 restos, que coincide con la zona de habitación del nivel y algo por detrás, el cuadro 10D, hacia el fondo de la cueva, con 150200 restos. Coincide con la zona en la que se encontraron más cubetas, las estructuras de acondicionamiento que pudieron tener como finalidad el almacenamiento. Mientras que en el nivel Ia la zona de mayor concentración de los restos se sitúa en el cuadro 10C con una cantidad de restos entre 300 y 350, seguida por los cuadros 12A’ con 200-250 restos y 14C con 150-200 restos. En Ia la zona de mayor concentración de materiales se sitúa al fondo de la cueva siendo éste un lugar de acumulación. -Otra diferencia la constituyen las estructuras artificiales de acondicionamiento, solamente presentes en el nivel Ib, a ellas se asocian grandes acumulaciones de material, tal y como puede observarse en la cubeta de los cuadros 15/13B que supone uno de los focos más altos de concentración de materiales, lo mismo ocurre con la cubeta emplazada en el cuadro 7C. Junto a ellas, en las bandas que suponen el primer tercio de la cata hay muchas más cubetas que aunque no se encuentren en los lugares máximos de concentración, sí que están en una zona rica en materiales cerámicos. En el margen de las bandas pares de la cata, se observa como en el

Figura 6. Arriba, planimetría de la concentración de cerámica del nivel Ia; abajo, concentración de cerámica de Ib.

cuadro 10A, con una cantidad de materiales entre 150-200 se encuentran otros dos depósitos artificiales. Entre las semejanzas de las dos imágenes podemos decir: -Coincidencia entre la dispersión de la cerámica con la gráfica de todos los materiales de su nivel correspondiente. -Se aprecia en ambos en general un vacío de materiales de no más de 200 restos (salvo en dos islotes con 50-100 materiales en Ib) en las bandas centrales. -El número de restos cerámicos en comparación con otras categorías no es muy elevado, pero constituye una de las denominadas categorías mayores. El número total de los dos niveles es muy igualado entre ellos, y pequeño en comparación con la cantidad total (6.039 en Ib y 5.167 en Ia).

2.4. La distribución de los restos de industria lítica del neolítico antiguo de Chaves (niveles Ib y Ia). En las planimetrías, las concentraciones de los restos líticos de la cueva de Chaves (Figura 7), corresponden al material lítico tallado, retocado y sin retocar.

Figura 7. Arriba, planimetría de la concentración de la industria lítica del nivel Ia; abajo, la correspondiente al nivel Ib.

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Entre las diferencias que se pueden destacar entre ambos niveles encontramos: -Hay dos zonas diferentes de ocupación según el nivel, que también se muestran en la industria lítica. En Ib hay un área, hacia la boca de la cueva, mientras que en Ia se sitúa en el fondo de la cavidad. -La mayor concentración de la industria lítica en Ib se encuentra en el tercio de la cata más próximo a la entrada de la cueva. Los cuadros en los que hay más materiales son el 13/15A, con una cantidad entre 100 y 150 restos. Se observa cómo coincide con la máxima acumulación del total de materiales, cerca de un hogar de elevadas dimensiones y lugar en el que se encuentra una cubeta. Mientras que la mayor concentración de la industria lítica de Ia se encuentra al fondo de la cata. El lugar en el que hay más materiales es el límite entre los cuadros 10B/C, con una cantidad entre 100 y 150 restos. Entre las semejanzas: -El porcentaje en este tipo de restos es menor que el de cerámica o fauna, el número de restos es de 2.486 restos en el nivel Ib y de 1.562 restos en Ia, pero se considera una de las categorías mayores que definen al yacimiento. Concuerdan sus concentraciones con las áreas de mayor acumulación total de materiales del nivel. -Coincidencia entre la dispersión de la industria lítica con la gráfica de todos los materiales de su nivel correspondiente.

2.5. La distribución de los elementos retocados de la industria lítica del neolítico antiguo de Chaves (niveles Ib y Ia). Estas planimetrías (Figura 8) reproducen la dispersión sobre la base de curvas de isodensidad de la industria lítica, de los restos líticos retocados de la cavidad. Los elementos retocados están detallados mediante símbolos circulares que indican la cantidad de elementos en ese lugar según su tamaño, tal y como se indica en la leyenda. Diferencias entre Ia y Ib: -El número de piezas es diverso entre los dos niveles, mientras que en Ib hay 337 restos, en el Ia hay 166. Vuelve a ser prácticamente el doble en Ib que en Ia. -La zona donde se encuentra el número máximo de concentración de la industria lítica retocada en Ib se encuentra en la franja más cercana a la boca de la cueva. El cuadro en el que hay más materiales es el 15B, 20 piezas retocadas y que coincide con las máximas acumulaciones de material (total y lítico), después en los cuadros 11D, 9D, 9C y 7B, 15 útiles retocados, por detrás de ellos los cuadros 15A, 13B, 7D y 7E con 10 útiles retocados. Mientras que el área donde se encuentra el número máximo de concentración de

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Figura 8. Arriba, planimetría de la concentración de la industria retocada sobre la industria tallada del nivel Ia; abajo, la correspondiente al nivel Ib. la industria lítica retocada de Ia se encuentra hacia el fondo de la cueva en las bandas 6, 8 y 10. El cuadro en el que hay más materiales es el 8C, con una cantidad de 15 piezas retocadas, seguido de los cuadros 8D, 10C y 6D, donde encontramos una media de 10 útiles retocados, igual que en 7G, alejado del resto y de la concentración. -Las cubetas del nivel Ib adquieren mucha importancia, en el primer tercio de la cata hacia la boca de la cueva hay numerosas cubetas y como se puede ver en la imagen aparecieron útiles retocados en ellas con respecto a las acumulaciones de material de industria lítica, salvo la cubeta del cuadro 5B a la que casi no se le asocian materiales. Semejanzas entre Ia y Ib. -Las plantas de la excavación están salpicadas en casi toda la superficie por elementos de industria lítica retocada (sin formar altas concentraciones, ya que estas se han explicado en las diferencias).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 2.6. La distribución de los elementos pulimentados del neolítico antiguo de Chaves (niveles Ib y Ia). La figura 9 recoge la distribución del pulimento de Chaves. La dispersión de los elementos de pulimento se figura mediante los símbolos “P” se reparten en la representación sobre las curvas de isodensidad del total de la industria lítica. Diferencias entre Ia y Ib: -En la planimetría de Ib hay varias áreas de concentración del material: una hacia la boca: cuadros 13-15/D-E, otra en la zona más interior: cuadros 10A, 10B, 10B’ y la tercera en el centro de la cata: cuadros 4C/B. Mientras que en Ia la zona con mayor concentración se sitúa en el cuadro 10C una cantidad de restos de 8 restos de pulimento.

2.7. La distribución de las categorías menores de los elementos del neolítico antiguo de Chaves (niveles Ib y Ia). La Industria ósea de los niveles Ia y Ib. La dispersión no difiere mucho la distribución general. Se distinguen varias zonas de concentración de estos materiales en Ib: la mayor se encuentra en la zona próxima a la boca (cuadro 15A), junto a un hogar de grandes dimensiones y posible zona de habitación del nivel Ib, según lo que revelan los diferentes materiales. También hay concentraciones de materiales en la banda 17 en sus cuadros C, D, y E. Mientras que en el Ia la mayor concentración de elementos de industria ósea se encuentra en los cuadros: 7B, 5G y 6F (alejados entre sí), sin corresponder a ninguna de las concentraciones de las categorías.

-Otra diferencia la marcan las estructuras artificiales, en algunas de las citadas cubetas del nivel Ib aparecieron elementos de pulimento, algo que no ocurre en el nivel Ia ya que no existen dichas estructuras. Semejanzas entre Ia y Ib: -El número de elementos de pulimento en este caso es similar ya que en Ib hay 76 restos y en Ia 63.

Figura 10. Planimetría de la dispersión de elementos de industria ósea sobre la concentración del total de materiales del nivel Ib. Podemos decir que en el caso de los objetos de industria ósea, los restos están salpicados por casi todo el área de la excavación de la cueva de Chaves en ambos niveles. Los elementos de adorno del nivel Ia y Ib. La cantidad de elementos de adorno de los dos niveles es diferente: 64 en Ib y 31 en Ia (el doble en Ib), una proporción pequeña en comparación con la cantidad total de materiales de los niveles. Las zonas de concentración de los adornos también son desiguales: en Ib son más abundantes en la parte de la cata más cercana a la entrada, Mientras que en el nivel Ia, los adornos son más abundantes en la parte de la cata más próxima al fondo de la cueva.

Figura 9. Arriba, planimetría de la concentración de los elementos pulimentados sobre la industria tallada del nivel Ia; abajo, la correspondiente al nivel Ib.

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Figura 11. Planimetría de la dispersión de elementos de adorno sobre la concentración del total de materiales del nivel Ib.

Figura 13. Planimetría de la dispersión de elementos minerales sobre la concentración del total de materiales del nivel Ib.

Los Cantos con ocre y Ocres del nivel Ia y Ib. En cuanto a la planimetría correspondiente a los cantos pintados/manchados de ocre y ocres del neolítico de Chaves, de los niveles correspondientes Ia y Ib podemos destacar la diferencia numérica (85 en Ib y 34 en Ia). Igual ocurre con los ocres, 23 en Ib y 2 en Ia. Las concentraciones son muy diferentes, la mayor acumulación de los cantos pintados con restos de ocre de Ib se sitúa hacia la boca mientras que la mayor acumulación de Ia se sitúa en el fondo de la cata. Los ocres siguen la misma pauta: hacia la boca en Ib, hacia el fondo en Ia.

Los restos vegetales del nivel Ia y Ib. Las planimetrías de los niveles Ib y Ia se diferencian sobretodo en las máximas concentraciones de estos restos (carbones vegetales y bellotas) que se sitúan en cuadros diversos. En Ib hay dos áreas de mayor concentración (boca y fondo), aunque la pequeña cantidad de elementos vegetales no permite hablar de grandes densidades, salvo una marcada concentración de bellotas (27) en el cuadro 5D dentro de una de las cubetas. En Ia los restos se sitúan en el lado de los pares (hacia el fondo) y en el resto los materiales se encuentran salpicando el área de la excavación y la más importante concentración de vegetales está en el cuadro 10C. Son dos planimetrías parecidas, Muchos vegetales dispersos en la parte izquierda de la cata (hacia la boca), pero también pequeñas concentraciones en la parte derecha de la cata.

Figura 12. Planimetría de la dispersión de los cantos con ocre y ocres sobre la concentración del total de materiales de industria lítica del nivel Ib. Los restos minerales del nivel Ia y Ib. La concentración de los escasos restos minerales (no ocres) del nivel Ib se encuentra solamente en la parte izquierda de la cata, mientras que en el nivel Ia, los minerales se encuentran en tanto en la parte izquierda como en la parte derecha de la cata. El número de restos es igual: 7 en cada uno de los niveles.

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Figura 14. Planimetría de la dispersión de elementos vegetales sobre la concentración del total de materiales del nivel Ib.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 3. CONCLUSIONES La cueva contenía el más importante yacimiento neolítico de Aragón y uno de los mejores de España (sólo comparable con las valencianas cuevas de L’Or y Cendres). Como hemos dicho, representaría el establecimiento básico de aquellos colonos neolíticos que fueron pioneros en la difusión de la agricultura y la ganadería en España y que en su asentamiento de la Sierra de Guara irradiaron la cultura neolítica a todo el Prepirineo oscense. En cada nivel, las zonas de habitación están reflejadas en las áreas de máxima concentración de los materiales. Mientras que en el nivel Ib (cardial) hay dos grandes zonas de acumulación de restos, una hacia la boca de la cueva y otra hacia el fondo de la misma; en el nivel Ia (postcardial) se distingue sólo un área situada al fondo de la cavidad. En el nivel Ib, hubo dos zonas diferentes de actuación. Posiblemente la primera de ellas, la más cercana a la boca de la cueva, fuera la zona de ocupación, pues las condiciones de habitabilidad serían más propicias: área más cálida y con mayor iluminación natural y en ella se produce la máxima acumulación de material. Mientras, el sector más próximo al fondo de la cueva, podría servir de zona de almacenamiento, o lugar en el que se encontrasen los animales. También hay presencia en este nivel de diversas cubetas, que pudieron tener la misma función de depósito. Las mayores concentraciones de restos generalmente se sitúan asociadas a estas cubetas, tanto vegetales, como cerámicas, fauna e industria lítica. En el nivel neolítico Ia, hubo una zona principal de ocupación en el sector más próximo al fondo de la cueva, que pudo servir de zona de almacenamiento o incluso lugar en el que se encontrasen los animales (estabulación), o un basurero. Se trata de un área con menos iluminación y más fresca que la zona próxima a la boca, donde se han registrado gran cantidad de fragmentos de huesos. Este esquema lo siguen principalmente las tres categorías con mayor número de materiales (fauna, industria lítica y cerámica), y aunque las concentraciones del resto de categorías (que suman una cantidad menor de restos) lo respeten en mayor medida, hay también concentraciones secundarias e incluso alejadas a las principales (como es el caso de la industria ósea del nivel Ia) que merecen estudios más detallados para ser explicadas. En ambos niveles hay zonas de vacíos de materiales (cuadros que o bien no han sido excavados o bien si lo han sido no se encontraron materiales arqueológicos). También destacan zonas en las que se produce un acusado descenso de la cantidad de materiales o por el contrario, zonas de acumulaciones alejadas de las concentraciones máximas de cada nivel. El nivel neolítico Ib, representa la fase más rica en hallazgos, pero los mismos elementos también se encontraron en Ia, con

abundantes cerámicas tanto impresas y cardiales (un número mucho más reducido en Ia), con decoraciones plásticas o incisiones; una rica industria lítica retocada con geométricos de doble bisel, perforadores, hojas y laminitas; una amplia gama de objetos de adorno: cuentas circulares de concha y hueso, colgantes de muy diversa índole como calcita, conchas, incisivos, Columbellas perforadas, Dentalium, anillos de hueso, una cuenta de variscita), vegetales (especialmente semillas de bellota) y diversos minerales (especialmente fracciones de ocre). Entre los hueso trabajados encontrados en los dos niveles, todos aparecen muy fragmentados, destacando en número los apuntados.

AGRADECIMIENTOS Agradecer la convocatoria del Primer Congreso de Arqueología y Patrimonio Aragonés (CAPA) a los organizadores del mismo: El Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias en Aragón, el grupo de investigación URBS, el grupo de investigación Primeros Pobladores del Valle del Ebro (PPVE), el Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón de la Universidad de Zaragoza (IUCA), y la colaboración de Obra Social “La Caixa” y el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón. Reconocer y subrayar además el activo impulso de la convocatoria y el éxito logrado de participación los días 24 y 25 de Noviembre, no sólo por la multitud de comunicaciones y pósters de interés científico presentados, si no también por la asistencia masiva al congreso y la esperanza de futuro para los investigadores y arqueólogos de Aragón.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS -Baldellou, V. y P. Utrilla (1984): “Informe sobre la excavación de la cueva de Chaves (Casbas, Huesca)”. Arqueología Aragonesa 1984, pp 13-15. -Baldellou, V. (1985): “Informe de la campaña 1985 en la cueva de Chaves (Bastarás-Huesca) Arqueología Aragonesa 1985”, pp 23-25. -Baldelllou, V. y P. Utrilla (1987): “Memoria de la campaña de 1986 en la Cueva de Chaves (Bastarás. Huesca) Arqueología Aragonesa 1986-87”, pp 41-44. -Baldellou, V. y P. Utrilla (1987): “Memoria de la campaña de 1987 en la Cueva de Chaves (Bastarás. Huesca)” Arqueología Aragonesa 1986-87, pp 45-47. -Baldellou, V. y P. Utrilla (1990): Memoria de la campaña de 1989 en la Cueva de Chaves (Bastarás, Huesca) Arqueología Aragonesa 1990, pp 41-44.

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-Baldellou, V. y P. Utrilla (1990): Memoria de la campaña de 1990 en la Cueva de Chaves (Bastarás- Huesca) Arqueología Aragonesa 1990, pp 43-46. -Baldellou, V. (1992): Memoria de la campaña de 1992 en la Cueva de Chaves (Bastarás- Huesca) Arqueología Aragonesa 1992, pp 27-30. -Baldellou, V. (1985): “Comentario a los materiales neolíticos”. Bolskan, 1 pp. 67-94. -Baldellou, V. (1985): “Conclusiones finales”. Bolskan, 1, pp 137-145. -Baldellou, V. y A. Castán (1985): “Excavaciones en la Cueva de Chaves de Bastarás (Casbas- Huesca)”. Bolskan, 1, pp 9-39. -Baldellou, V., Mestres, J., Martí, B., Juan-Cabanilles, J., (1989). “El Neolítico antiguo: (los primeros agricultores y ganaderos en Aragón, Cataluña y Valencia”. Publicación Huesca: Diputación Provincial de Huesca, D.L. -Baldellou, V. y J. M. Rodanés (1989): “Un objeto óseo decorado de la Cueva de Chaves (Bastaras-Huesca)”, Bolskan 6, pp 15-32. -CAI, (2005): “Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara”. Zaragoza: Caja de Ahorros de la Inmaculada. -Castaños, P. Mª (1985): “Estudios de los restos óseos de la cueva de Chaves”. Salduie 1, pp 125-135. -Cava, A. (2000): “La industria lítica del Neolítico de Chaves (Huesca)”. Salduie 1, pp 77-164.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

9. EL BRONCE FINAL Y LA I EDAD DE HIERRO EN EL ÁREA DEL BAJO ALCANADRE. NUEVAS APORTACIONES SOBRE EL CONJUNTO DE LAS VALLETAS DE SENA (HUESCA). Hugo Chautón Pérez1 1

Universidad de Zaragoza

Hugo Chautón Pérez, hchauton@yahoo.es

RESUMEN El presente estudio resume las recientes investigaciones llevadas a cabo en el yacimiento arqueológico de Valletas, como parte de un proyecto global que incluye el estudio de la prehistoria reciente en un espacio definido por el tramo final del río Alcanadre hasta su confluencia con el Cinca. PALABRAS CLAVE: Edad de Bronce; Edad de Hierro; Campos de Urnas.

ABSTRACT This paper summarizes recent research carried out on the archaeological site of Valletas , as part of a global project that includes the study of recent prehistory in a space defined by the final stretch of the river Alcanadre up to its confluence in the Cinca. : Bronze Age; Iron Age, Urnfield.

1. INTRODUCCIÓN El periodo de transición entre las edades de bronce y hierro supone tradicionalmente en arqueología uno de los más complejos y relevantes espacios de investigación, que abarca el análisis de las importantes transformaciones y los diferentes ritmos de desarrollo que se producen en unos pocos pero trascendentes siglos en la península ibérica. El área estudiada se encuentra dentro del sector central de la Cuenca del Ebro, limitando por el sur con la Sierra de Alcubierre y definido por el tramo final del río Alcanadre hasta su desembocadura en las inmediaciones de Ballobar, desde el giro en dirección este provocado por las cordilleras que impiden su avance hacia el sur, visitando las poblaciones de Sena, Villanueva de Sigena, Ontiñena, Chalamera y Ballobar. Los trabajos descritos se desarrollan como parte de un proyecto de investigación de tesis doctoral1 en curso, cuyo desarrollo esperamos completar a lo largo de los próximos años. El territorio referido mantiene cierta singularidad si de arqueología hablamos, y aún más si nos centramos en la

prehistoria reciente. La concentración de asentamientos de este periodo es muy elevada y prácticamente podemos encontrar sus restos en todos los cerros del entorno, algunos de ellos de renombre como el Carnelario, San Blas o Cajal y unos cuantos más cuya adscripcióncronológica podemos encuadrar, contando con la ausencia de dataciones absolutas y estudios actualizados, entre el 1300 y el 500 ANE. El territorio seenmarca en el grupo del Segre – Cinca, cauces que estructuran el territorio desde el Pirineo hasta la zona que nos ocupa. Ciertamente contamos con rasgos culturales propios que parecen definir este grupo, o al menos denotan diferencias considerables con respecto al resto del espectro peninsular. En este sentido contamos desde el bronce final con la asimilación de la cultura de Campos de Urnas y la aparición de las necrópolis de incineración, espacios estructurados y delimitados que sustituyen paulatinamente a las inhumaciones de las épocas anteriores. Según las fuentes estudiadas, el propio conjunto de Valletas tenía al menos dos recintos funerarios de estas características, posiblemente desaparecidos hoy en día, arrasados por las labores agrícolas durante el pasado siglo.

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Figura 1. Valletas de Sena, situación.

2. EL CONJUNTO DE VALLETAS. El asentamiento denominado Valletas se establece sobre un cerro amesetado ubicado en la margen derecha del rio Alcanadre, frente a la población de Sena, a una cota de 250 m.s.n.m. Su superficie alcanza 1,5 hectáreas limitada por los característicos barrancos que otorgan unas posibilidades defensivas óptimas. Igualmente notable es la perspectiva visual que alcanza una gran extensión por el norte, donde se sitúa el llano y también el cauce fluvial. Se conforma a

modo de península, aislado por toda su planta irregular y alargada, salvo por el sur donde se comunica por un paso relativamente estrecho con la sierra. En el extremo nordeste se dispone un apéndice con un montículo de planta circular y sección cónica, de unos 14 metros de diámetro. Encontramos restos estructurales en su perímetro y sus características nos permiten interpretar este elemento como un torreón de vigilancia asociado al poblado. Este vértice extremo mantiene la perspectiva visual más completa del cerro hacia el norte, con conexión visual con otros asentamientos de cronología similar.

3. LA INVESTIGACIÓN

Figura 2. Vista del conjunto y su perfil orográfico desde Sena.

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Los primeros, y casi únicos estudios de campo sobre el conjunto de Valletas se remontan a hace un siglo. Contando con la evolución metodológica y los cambios estructurales sufridos desde principios del siglo XX hasta hoy en día en los sistemas de registro arqueológico, resulta en ocasiones extremadamente complicado establecer una línea interpretativa coherente que nos permita comenzar a trabajar sobre un yacimiento. En muchos casos nos vemos incluso obligados a desestimar bibliografía o a reinterpretar contextos desechando información de relevancia. La evolución de las técnicas y metodologías empleadas en la


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre documentación de los yacimientos desde las intervenciones de las primeras décadas del siglo pasado hasta nuestros días se refleja igualmente en las memorias e informes de excavación. Los primeros arqueólogos empleaban sistemas altamente destructivos, centrados firmemente en la búsqueda del artefacto o del conjunto estructural y dejando en un segundo plano o en ocasiones directamente prescindiendo de su contexto estratigráfico, aspecto fundamental en cualquier investigación actual. La descripción desde una perspectiva genérica de los conjuntos supone un serio problema a la hora de reconstruir la secuencia histórica del yacimiento. En el caso de Valletas, se trata de un yacimiento conocido desde antiguo y que fue estudiado en primera instancia por Rafael Gudel, párroco de la localidad de Sena, bajo la supervisión del también sacerdote Vicente Bardaviú en los años 20 del siglo pasado. A partir de ese primer paso han sido numerosos los investigadores que han tratado este interesante conjunto, sin embargo la bibliografía resultante se caracteriza por una evidente falta de continuidad y de unidad que otorgan una visión general desvirtuada y muy poco precisa, con unas características cronológicas y culturales únicamente definidas por medio de unos pocos restos materiales de formas cerámicas. Sin duda se trata de un resumen demasiado escueto y pobre para un conjunto que se presume tan relevante, que lleva tantas décadas en el epicentro de una histórica problemática cronológica y cultural. Similar situación sucede en otros casos de la misma época, aunque podemos detectar como el empleo de técnicas auxiliares en el registro, como la fotografía, debieron suponer una marca diferencial entre investigadores que hoy en día agradecemos. De igual manera resulta muy conveniente, también en la actualidad, tener siempre presente el legado documental que permanecerá tras la intervención arqueológica y la importancia de procurar el máximo grado de objetividad en el registro. Pasado casi medio siglo desde los trabajos de Gudel y Bardaviú, en 1965 un equipo dirigido por el insigne investigador D. Antonio Beltrán Martínez2 retoma los trabajos y realiza las primeras planimetrías del poblado. Ya en los años ochenta es necesario citar el acertado intento de establecer una caracterización coherente, llevado a cabo por los investigadores Jordi Rovira y Manuel Gasca3 sobre los materiales recogidos a lo largo de diversas prospecciones en los años. En época posterior diversos investigadores han llevado a cabo prospecciones arqueológicas en la zona, dejando constancia del conjunto de Valletas, no obstante los resultados no dejan de presentar como característica principal un elevado grado de parcialidad, producto de la ausencia de trabajos metódicos y sistemáticos.

Figura 3. Urna, a mano. (Inventario 00621) Museo de Huesca. (Fuente CERES; http://ceres.mcu.es/pages/Main)

Figura 4. Vasija a mano con decoración incisa incrustada de pasta blanca. (Inventario 04014) Museo de Huesca. (Fuente CERES; http://ceres.mcu.es/pages/Main)

3.1. Los inicios. Gudel y Bardaviú. La primera referencia sobre el conjunto de Valletas se la debemos a su descubridor, Rafael Gudel, párroco de la localidad de Sena, que también se encarga de llevar a cabo las primeras excavaciones. Sus estudios sobre este y otros tantos sitios arqueológicos documentados en la zona, se recogen en el informe llevado a cabo por su supervisor, D: Vicente Bardaviú4, párroco de Albalate del Arzobispo y aficionado a la arqueología. Los trabajos realizados en Valletas en aquellos años se caracterizan por la ausencia de metodología científica que supone la inevitable pérdida de información y documentación con la que finalmente hoy nos encontramos. Evidentemente la

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arqueología aún no estaba ni mucho menos establecida como ciencia en el sentido que hoy en día podemos considerarla, sin embargo observamos un esfuerzo documental mucho mayor en otros investigadores que también actuaban en aquellos momentos. Las únicas referencias con que contamos son las imprecisas definiciones realizadas por Bardaviú en sus informes. El investigador define el conjunto como el más relevante de todos los de su entorno, señalando de manera explícita algunos de los elementos principales del asentamiento como la supuesta muralla, que bordearía el cerro a modo de pared común, con un buen número de casas de las que se conservaría la cimentación formadas por losas de canto como las que hemos localizado en el sondeo 5, cuya superficie, según el autor, rondaría los doce metros cuadrados. Se menciona también la existencia del promontorio que citamos más adelante (sondeo 3) y se interpreta como un castro o atalaya. En cuanto al mundo funerario, conocemos por Bardaviú la descripción de dos necrópolis de incineración, una de ellas con más de 30 tumbas de planta circular de unos dos metros de diámetro, formadas por pequeños mampuestos y uno mayor marcando el centro bajo el cual se encuentran las cenizas y restos de la cremación (apenas fragmentos óseos y cenizas). La otra necrópolis mantiene las mismas características aunque en dos de las tumbas se localizaron sendas urnas selladas con piedra caliza. Además se descubre otra necrópolis de inhumación en cista, con cubierta de losas, de 1,80 metros de largo y 0,40 de ancho, conteniendo tres esqueletos completos.

3.2. Antonio Beltrán Martínez. 1965 Los trabajos del equipo dirigido por D. Antonio Beltrán y en los que participaron Ignacio Barandiarán, Miguel Beltrán, Concepción Blasco, Blanca Izuzquiza e Isabel Hernández, además de algunos obreros de la zona, dejan como resultado la primera planimetría del asentamiento (no consta ninguna y difícilmente exista de la época de Gudel), así como la limpieza y el estudio de algunas de las casas excavadas por Gudel. Se cita la existencia de una zona de túmulos destruidos. Además se referencia una alineación de piedras que recorre el cerro de norte a sur, atribuyendo su origen a los trabajos agrícolas de los campos de alrededor. Sobre este conjunto hemos trabajado en la campaña de 2015 comprobando que en realidad se trata de un potente muro de doble cara y cerca de dos metros de espesor que en efecto divide el cerro en dos mitades. Se hace mención a diversos fragmentos de cerámica con decoración de cordones, posiblemente similares a los documentados por nuestro equipo y que consideramos que pueden ser apropiados para caracterizar culturalmente al conjunto.

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Figura 5. Restos estructurales conservados, excavados en las campañas dirigidas por R. Gudel.

3.3. Jordi Rovira Port y Manuel Gasca Colobrans. El estudio de estos investigadores forma parte de una investigación global sobre los yacimientos de la edad de bronce en los TTMM de Sena, Sigena y Ontiñena. Consideramos muy relevante el trabajo sobre Valletas puesto que lleva su firma la primera caracterización cultural establecida con referencia al estudio de la cerámica. En este caso se lleva a cabo el estudio de los materiales recogidos durante los trabajos de prospección de 1945 y otros. Se establecen hasta nueve grupos o bloques según perfil tipológico. Urnas carenadas, perfiles en ese, vasos bitroncocónicos, bordes exvasados con acanalados y decoraciones de cordones junto al borde, resumen la colección que sirve a los autores para encuadrar culturalmente al conjunto en el Bronce Final, e incluso se propone una cronología entre el 850 y el 750 ANE.

4. INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA 2015 Nuestro proyecto de investigación se completa necesariamente con la intervención arqueológica del conjunto. A pesar de contar con innumerables referencias sobre las características culturales de este conjunto y su entorno, no sabemos gran cosa sobre aspectos fundamentales necesarios para concretar su caracterización y poder tal vez responder a los numerosos interrogantes que aún nos plantea su estudio. Muchas de


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 6. SONDEOS 3 Y 4. Planta y situación. estas cuestiones únicamente pueden ser resueltas por medio de la arqueología, y con tales fines planteamos los objetivos previos y desarrollamos la campaña durante el caluroso mes de julio de 2015. Los primeros trabajos realizados se corresponden con la inspección superficial exhaustiva de todo el territorio estudiado y su entorno inmediato. El objetivo era lograr una primera aproximación al conjunto y a las referencias definidas en los informes de Bardaviú y de Beltrán. Centramos nuestro interés en la localización del poblado y su definición urbanística, por un lado, y en tratar de hallar restos de las necrópolis que se citan en la documentación referida. Los resultados fueron aceptables de acuerdo con las expectativas iniciales. La campaña realizada se constata como una primera aproximación a un conjunto del que a priori se desconocía la mayoría de sus características y su estado de conservación actual. Por otra parte la superficie del cerro es muy amplia, alcanzando casi 1,5 ha, por lo que planteamos la excavación de sondeos como metodología más idónea para aproximarnos a nuestros objetivos. De este modo planteamos efectuar cuatro sondeos (más una ampliación) de planta rectangular y dimensiones reducidas que nos permitieran establecer una primera caracterización lo más completa posible del yacimiento, incluyendo su configuración física y su adscripción cronológica y cultural. Contamos con la localización de ciertas estructuras visibles en superficie, correspondientes a las habitaciones descubiertas durante las campañas anteriores.

El primer sondeo se proyecta en el extremo NW del cerro con el objetivo de lograr localizar el límite o perímetro del asentamiento, con resultados negativos. El sondeo 2, con unas dimensiones de un metro de largo y cuatro de ancho, se proyecta sobre un promontorio artificial que se localiza en la esquina NE del conjunto. Interpretamos

Figura 7. Sondeo 1. Alcanzado el terreno natural. que corresponde posiblemente con los restos de una torre de vigilancia. Estratigráficamente presenta un depósito homogéneo de origen antrópico, con abundantes restos de mampuestos de tamaño medio que podrían formar parte de los restos de la destrucción de la estructura. Los sondeos 3, 4 y 5 se ubican en la zona central del cerro, concretamente sobre una loma artificial que longitudinalmente y en línea casi recta, traza la superficie del cerro de norte a

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Figura 8. Sondeo 2, en promontorio.

Figura 10. Sondeo 3-4, perfil.

sur. Este elemento ya se citaba en el informe de A. Beltrán referido anteriormente, no obstante se definía su origen fruto de los trabajos agrícolas de los campos contiguos. La excavación del sondeo 3, de un metro de ancho y cuatro de largo, nos permitió comprobar que bajo el amontonamiento de mampuestos se encuentran los restos de una estructura de cierta envergadura formada por dos muretes laterales y relleno de tierra y cantos entre ambos. Alcanza un grosor de cerca de dos metros. Por otra parte el estudio de la fotografía aérea nos indica la existencia de un área de vegetación mucho más frondosa que en el resto, que además discurre en paralelo al promontorio Figura 11. Sondeo 5.

5. RESTOS MATERIALES

Figura 9. Sondeo 3-4, croquis en planta. de mampuestos y que por el momento interpretamos como un foso. En cuanto al sondeo 5, de planta rectangular que alcanza tres metros de largo y dos de ancho, únicamente nos permite confirmar la continuidad estructural del área definida para el asentamiento. Se localizan los restos de una pared de lajas hincadas, similares a las que se encuentran en superficie fruto de excavaciones anteriores, junto a restos de mampuestos intencionadamente dispuestos. Las dimensiones del área estudiada no nos permiten establecer mayores conclusiones por el momento.

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El estudio de los restos materiales procedentes de las excavaciones de Gudel en Valletas es complejo. Las cerámicas recuperadas en aquellas campañas carecen de un catálogo sistemático y se encuentran dispersas por diversos museos. Al menos existen muestras en el Museo de Zaragoza, en el de Huesca y en el de Barcelona. Con referencia a la colección existente en este último, procedente de diferentes prospecciones realizadas durante el pasado siglo, se realiza la clasificación más exhaustiva de las formas cerámicas de este yacimiento5. Nuestra principal referencia para lograr la caracterización del conjunto son los vestigios materiales que exhumamos durante la excavación y asociamos a la estratigrafía documentada. En nuestro caso desgraciadamente la colección recuperada es muy escueta y no demasiado representativa. Casi todos los fragmentos son galbos de forma indeterminada y fabricados a mano. Apenas contamos con un fragmento de borde exvasado de una urna de suave perfil en “S”, con un cordón impreso junto al borde. Una forma cuyo origen remoto podemos establecer en el Bronce Final (J. Rovira y M. Gasca 1983-84) con una perduración prolongada6 al menos durante el B. Medio y Final. También podemos referir el hallazgo de un fragmento de un vaso carenado con decoración acanalada, que frecuentemente aparece en contextos del bronce final.


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Figura 12. Campaña 2015. Fragmentos cerámicos. 1.Sondeo 2. Borde de urna con decoración de cordón. 2.Sondeo 3. Vaso carenado con decoración acanalada.

Figura 13. Sondeo 2. Urna con decoración de cordón.

Figuta 14. Valletas. Vista aérea y croquis de distribución estructural.

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6. CONCLUSIONES La oportunidad de retomar las investigaciones sobre un conjunto con la relevancia del referido y al mismo tiempo con tan escasas certezas sobre su caracterización, supone un reto inexcusable para cualquier arqueólogo. Los resultados a día de hoy son aún muy parciales y resulta imprescindible continuar profundizando en su conocimiento para poder establecer conclusiones definitivas. Con los datos obtenidos tras la campaña llevada a cabo en 2015 podemos establecer unos puntos de partida básicos para comenzar a reconstruir la interpretación de este yacimiento. La documentación del muro longitudinal, interpretado tal vez como posible muralla, supone la división de la superficie del cerro en dos diferentes espacios. La mitad W, ausente de restos estructurales y con pendiente descendente hacia el barranco, y la mitad E, donde parecen encontrarse las viviendas del poblado. La estratigrafía conservada en los sondeos efectuados es muy leve, entre 10 y 20 centímetros, y los materiales aparecidos muy escasos teniendo en cuenta lo habitual en este tipo de asentamientos. Todo parece indicar una adscripción del conjunto a un contexto del Bronce Final. Los próximos trabajos y la posibilidad de aplicar técnicas de arqueometría a los escasos restos intactos del conjunto, tal vez nos permitan en un futuro llegar a caracterizar de manera completa este relevante yacimiento.

7. BIBLIOGRAFÍA ALMAGRO BASCH, M. 1952: La invasión céltica en España. Historia de España (R. Menéndez Pidal.), tomo I, vol. II: 141-240. ÁLVAREZ GARCÍA, A. 1990: El Bronce Final y el Hierro inicial en la región aragonesa. Estado actual de la arqueología en Aragón, Institución Fernando el Católico, vol. I: 97-131. BARDAVIÚ, V.; 1922: Excavaciones en Sena (Huesca). Mj.S.E.A. 47, Madrid, 5-15

LÓPEZ CACHERO, F. J.; 2008: Necrópolis de incineración y arquitectura funerariaen el noreste de la Península Ibérica durante el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro. Complutum Vol. 19 (1), 139-171. MAYA, J.L.; 1981: La Edad del Bronce y la primera Edad del Hierro en Huesca. Iª Reunión de Prehistoria Aragonesa, Huesca, 129-163. MONTÓN F.J.; 1984: Avance al estudio de los materiales del yacimiento de la Edad del Bronce de Zafranales, en Fraga (Huesca). BOLSKAN 5,201-247. PANYELLA, A.; MAIGI, ].T.; 1946: Prospecciones arqueológicas en Sena (Huesca). AMPURIAS 7-8, Barcelona, 91-113. PELLlCER, M.; 1984b: La problemática del Bronce FinalHierro del nordeste hispano: elementos de sustrato. Scrípta Praehístoria, F. Jordá Oblata. Salamanca, 399-430. PELLlCER, M.; 1984a: Elementos ultrapirenaicos y Hallstatizantes en el Bronce Final-Hierro del Nordeste hispano. HABIS 15,309-343. RUIZ ZAPATERO, G.; FERNÁNDEZ, VM.; BARRIL, M.; 1983: Un nuevo yacimiento con cerámica de apéndice de botón en el rio Sosa. (Huesca). Una reflexión sobre el Bronce Medio/Final del Cinca-Segre. MUSEO DE ZARAGOZA 2, 147-168. RODANÉS, J. M. y PICAZO, J. V.; 2006: Caminos para el futuro. Ventanas hacia el pasado. El Cabezo de la Cruz. Una comunidad agraria dela Edad del Hierro en el Valle del Ebro. Ministerio de Fomento y Gobierno de Aragón. RODANÉS, J. M. y PICAZO, J. V.; 2009: Los poblados del Bronce Final y Primera Edad del Hierro. Cabezo de la Cruz (La Muela, Zaragoza) Gobierno de Aragón. ROVIRA, J; GASCA, M.; 1983-84: Los asentamientos del Bronce Antiguo. Medio y Final de la zona de Sena-SigenaOntiñena (Huesca). AMPURIAS 45-46, Barcelona, 84-109.

NOTAS ACLARATORIAS 1

PROYECTO DE INVESTIGACIÓN de la Tesis Doctoral del Departamento de Ciencias de la Antigüedad e incluida en el Plan Nacional I+D+I, HAR201236967 del Ministerio de Economía y Competitividad.

2

Debemos la referencia del informe a D. Miguel Beltrán Llorís.

3

ROVIRA, J; GASCA, M.; 1983-84: Los asentamientos del Bronce Antiguo. Medio y Final de la zona de Sena-Sigena-Ontiñena (Huesca).

4

BARDAVIÚ, V. 1922: Excavaciones en Sena (Huesca). J.S.E.A. 47, Madrid, 5-15

5

ROVIRA, J; GASCA, M.; 1983-84: Los asentamientos del Bronce Antiguo. Medio y Final de la zona de Sena-Sigena-Ontiñena (Huesca). AMPURIAS 45-46, Barcelona, 84-109. Se realiza un esfuerzo metodológico para sistematizar los tipos cerámicos, estableciendo nueve grupos de criterios. Además, sin demasiadas justificaciones, se propone una adscripción cultural precisa entre fines del Bronce Final 111 A del sudeste francés y a lo largo del Bronce Final 111 B, situando la ocupación del poblado entre el 850 y el 700 a.n.e.

6 En la clasificación de Rovira y Gasca de manera específica se refieren los tipos como el señalado, estableciendo su adscripción en el bloque segundo que, según los autores tiene como origen el Bronce Antiguo, a partir del cual se desarrolla lentamente en los siglos sucesivos.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

10. EDAD DEL HIERRO EN EL VALLE DEL CINCA: LA CODERA Félix J. Montón Broto

Félix J. Montón Broto, fjmmonton@gmail.com

RESUMEN El asentamiento de La Codera está formado por un poblado y dos necrópolis datados en el s. VI a.C. Se hace una descripción de los restos constructivos y sus características urbanísticas: planta y organización del habitat y de las construcciones funerarias. Se mencionan los restos materiales cerámicos, óseos, líticos y metálicos. Proponemos una interpretación de las actividades de sus habitantes y su entorno, de acuerdo con los análisis de laboratorio realizados. PALABRAS CLAVE: Edad del Hierro; Poblado; Necrópolis; Arqueología, Aragón.

ABSTRACT The archaeological site of La Codera is made up of a human settlement and two necropolis, all dated in the 6th Century B.C. This paper makes a description of the architectonic remains and their urbanistic characteristics: ground plan and habitat organization, and the funerary structures. Here are also mentioned the potteries, bone, lithic and metallic remains. We also propose an interpretation of the activities of its inhabitants and their environment, according to the laboratory analysis made up to now. KEYWORDS: Iron Age; Town; Necropolis; Archaeology; Aragón.

1. INTRODUCCIÓN El asentamiento de la Edad del Hierro de La Codera forma parte de un conjunto arqueológico que reune en siete yacimientos restos que abarcan desde la Edad del Bronce hasta la época ibérica. Tres de éstos, correspondientes a un poblado y dos necrópolis, son los que constituyen el objeto de este estudio. Desde el año 1997 se vienen desarrollando anualmente y de forma ininterrumpida sucesivas campañas de excavación que han afectado sobre todo al poblado y a las necrópolis de la Edad del Hierro. Los trabajos se han incluido en los planes de investigación del Museo de Huesca y el Plan General de Investigación del Gobierno de Aragón. También se han efectuado actuaciones puntuales en los restos ibéricos y en el asentamiento perteneciente al Bronce Final.

2. LOS RESTOS El poblado se sitúa en un espolón de las terrazas de la margen derecha del río Cinca a su paso entre las localidades de Albalate de Cinca y Alcolea de Cinca en cuyo término municipal se encuentra. Ocupa un lugar entre los ríos

Cinca y Alcanadre, muy cerca del encuentro entre ambas corrientes, dominando una gran extensión de terreno y con una visual que llega hasta el Pirineo. Su posición estratégica es evidente y de ello da fe la continuidad del poblamiento desde la Edad del Bronce hasta la época ibérica y, en las inmediaciones, restos romanos, medievales y modernos. En definitiva, disfruta de una posición que permite controlar los movimientos culturales, económicos y de población a través de los ríos mencionados desde los somontanos oscenses hasta la confuencia del Cinca con el Ebro, unos kilómetros aguas abajo. Esta situación privilegiada le concedió una importancia de la que es testimonio su impresionante muralla, como veremos más adelante. Las necrópolis se sitúan al noroeste y al oeste del poblado, a unos 200 y 400 metros respectivamente. Se situan en una cota similar al habitat y son claramente visibles desde el mismo. El espacio que las separa está alterado por labores agrícolas por lo que no se puede descartar la posibilidad de que ambas formaran parte de un mismo espacio furerario continuo. La ocupación se produce en un lapso de tiempo que va entre finales del s. VII y finales del VI. Las dataciones radiocarbónicas (Centre for Isotope Research, Groningen)

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Figura 1. Vista aérea del poblado con la trama urbanística. obtenidas a partir de 12 muestras tomadas en el poblado y 9 en la necrópolis oeste proporcionan una horquilla entre 2610±35 (hueso) y 2460±35 (carbón) para el poblado y 2610±40 (carbón) y 2380±35 (hueso) para la necrópolis. La actividad en el poblado parece ser continua aunque se pueden establecer fases evidenciadas por algunos elementos constructivos. La falta de estratigrafía debida a los trabajos efectuados por los pobladores no permite obtener una secuencia general pero se aprecia un primer momento de ocupación en la zona de la muralla y una extensión posterior al resto del solar hasta el extremo meridional.

3. EL POBLADO Situado en un extremo alargado de la terraza, se eleva unos 20 metros sobre el nivel del río Cinca y tiene una forma alargada ligeramente curva, adaptada a la topografía con una longitud de 100 metros. Rodeado por un escarpe natural que lo defiende, se une al resto de la terraza por su extremo noroeste, único lado accesible cómodamente. En este punto una muralla de 50 metros de largo lo protege de cualquier amenaza o visitante indeseado. Flanqueada la muralla, el espacio urbano se articula en torno a dos vías de circulación: una transversal que lo corta en sentido este-oeste y una longitudinal, en sentido norte-sur, que lo recorre desde la vía transversal hasta el extremo sur. Los espacios habitacionales se distribuyen a lo largo de las calles teniendo sus accesos en las mismas. Desde la calle transversal se accede a 11 espacios cuyas traseras se apoyan en la parte interior de la muralla, mientras que la calle

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longitudinal proporciona el paso a otros 27 espacios, 17 en el lado occidental y 10 en el oriental. Debido a la fuerte erosión las partes traseras de los espacios orientales y occidentales han desaparecido por lo que es difícil conocer su longitud, mientras que los espacios adosados a la muralla han corrido mejor suerte conservando el perímetro intacto en casi todos los casos. Al final de la calle longitudinal existe un amplio espacio abierto en el que encontramos dos cisternas.

3.1. La muralla El lado accesible del poblado se encuentra protegido por una muralla de unos 50 metros de largo por cuatro de ancho. Está provista de tres torres, una cuadrada en el centro y dos semicirculares en los extremos. De éstas, la occidental ha desaparecido casi por completo debido a la erosión aunque se conserva el arranque de los dos paramentos que formaban su cara externa. La construcción se adapta a la topografía original aprovechando una pequeña elevación del terreno que aumenta su altura de forma natural. Fue completada en dos fases: una primera formada por dos muros paralelos rellenos de piedras y tierra y una segunda en la que se añadieron otros dos muros paralelos en su cara exterior, alcanzando así los cuatro metros de anchura definitiva. Al mismo tiempo que se hizo esta ampliación se colocaron las torres, se modificó el acceso y se proporcionó un ángulo a la barrera para aumentar la protección de la nueva entrada. En efecto, ésta se defiende por la torre cuadrada, la torre semicircular occidental y los propios lienzos en ángulo que hay entre ellas.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre En de notar la construcción de la torre cuadrada realizada de forma modular y encajada entre los paramentos de la muralla de forma que se aumenta su resistencia. Sin embargo, la falta de cimentación de la obra no la hizo demasiado estable y prueba de ello son los muros de refuerzo que tuvieron que construir para aumentar la estabilidad del paramento interno y evitar su desplazamiento.

3.2. Los espacios abiertos Como hemos dicho hay dos vías de circulación a las que se abren todos los espacios del poblado. La calle transversal tiene una anchura media de unos dos metros mientras que la longitudinal alcanza los cinco. Esta segunda vía, de unos 60 metros de longitud, está provista de sendas aceras a ambos lados formadas por un bordillo de unos 30 cm. de altura, en parte enlosadas y en parte de tierra apisonada. Entre ellas la calzada tiene unos dos metros de anchura. Las aceras, debido a la prolongación de los muros medianiles de las habitaciones, estaban cubiertas por la continuación del tejado proporcionando un espacio confortable en la entrada de cada espacio a modo de porche.

3.3. Las cisternas Estas estructuras hidráulicas constituyen uno de los restos más importantes del poblado de La Codera. Pertenecientes a dos fases distintas están costruidas con la misma técnica. La más antigua (Cisterna 1) es la más pequeña y está situada en el extremo del habitat. Se realizó excavando el vaso en el terreno natural, hasta llegar al estrato natural de caliza a un metro y medio de profundidad. Este hueco se forró internamente con aparejo de mediano tamaño dispuesto en talud. De forma elíptica con unos ejes de 7´50 por 5 metros y una profundidad de unos dos metros, tiene una capacidad próxima a los 60 m3 . Cuendo dejó de ser funcional se utilizó como basurero proporcionando una ingente cantidad de material arqueológico, cerámico, óseo y lítico.

Figura 3. Cisterna 1.

Figura 2. Calle longitudinal: aceras. En el cruce entre ambas calles se abre un reducido espacio triangular a modo de pequeña plaza y en el extremo sur del poblado, al final de la calle longitudinal, hay un amplio espacio abierto en el que se situaron las dos cisternas y que bien pudo servir como lugar de reunión, celebración de actos comunitarios o refugio del ganado.

La segunda cisterna (Cisterna 2) se construyó unos metros más al norte, en el espacio abierto existente entre la primera cisterna y las estructuras de habitación. En su construcción se ocupó una pequeña parte de la calle longitudinal, lo que hace dudar de su funcionalidad en estos momentos. Se empleó la misma técnica de excavación del vaso y posterior forrado con un aparejo similar, también dispuesto en talud. En esta ocasión las dimensiones son mayores con 11 por 6 metros y el perímetro sigue siendo elíptico. También la profundidad es mayor ya que se perforó el estrato de caliza que sirve de fondo a la primera cisterna (y subyace a todo el yacimiento y su entorno) hasta alcanzar el siguiente estrato natural un metro más abajo llegando así a los tres metros de profundidad. De este modo la capacidad casi dobla la de la anterior estructura. Esta cisterna tiene la particularidad de estar dividida en dos partes por medio de un muro que reserva una pequeña parte cuyo fondo es el primer estrato de caliza, sobre el que se apoya, y que no fue traspasado en esta parte.

3.4. Los espacios domésticos Se han identificado 38 espacios de habitación distribuidos

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Figura 4. Muralla y habitaciones adosadas a ella. a lo largo de las dos vías de circulación. Todos tienen una planta rectangular bastante alargada con anchuras que oscilan entre los 3 y 4 metros y longitudes de 15 o 16 metros. Hay que decir que los espacios adosados a la muralla son los más regulares y uniformes, además de los mejor conservados, mientras que los demás han perdido sus partes traseras como hemos dicho antes. En general, los espacios adosados a la muralla mantienen dimensiones, aparejos y técnicas constructivas semejantes y están provistos de cubetas junto a la entrada. Los que dan a la calle longitudinal son más irregulares, utilizan aparejos distintos, poseen porches en la entrada y algunos están compartimentados.Tan solo hay cuatro excepciones a esta uniformidad de los espacios, todas en la calle longitudinal. Los espacios E6 y E11, todavía sin excavar, que alcanzan los cinco metros de anchura y los espacios E5 y E24. El primero se conserva muy parcialmente y está dotado de un horno y un enlosado, mientras que el segundo es un espacio complejo, con un amplio porche y probablemente relacionado con actividades metalúrgicas. Entre las infraestructuras domésticas se debe mencionar la existencia de hogares, vasares, bancos, enlosados, tabiques internos, hornos y cubetas. Dado el escaso espacio de este escrito haré referencia solo a las dos últimas.

Figura 5. Horno en E3 con la boca en primer plano. El otro elemento singular que se repite en once ocasiones es el hemos denominado cubeta. En todos los casos están situadas en el interior junto a la entrada salvo en una ocasión que se encuentra en el exterior, bajo el porche de E21. Son estructuras cuadradas, de aproximadamente un metro de lado, revestidas en su interior de barro endurecido, que conservan en el mejor de los casos dos o tres hiladas de pequeño aparejo. Conservan una altura de 50 a 60 centímetros y desconocemos la altura que pudieron tener las paredes que forman la cubeta propiamente dicha. Respecto a su utilidad pensamos que pudieron tener una función de almacenaje, similar a la de un silo o grandes contenedores de cerámica.

Se ha documentado la presencia de tres hornos, dos en el espacio E3 y uno en E5. La estructura está formada por lajas verticales y la boca es perfectamente identificable por una piedra de menor altura situada en uno de los lados y calzada con dos ripios en los lados. La cámara de combustión debió acondicionarse sobre un lecho de cantos rodados y el suelo de la cámara de cocción estuvo formado por una placa de arcilla con perforaciones. Desgraciadamente no se ha podido hallar ningún vestigio de la cámara o bóveda del horno.

Figura 6. Espacios con las cubetas junto al acceso.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 4. LAS NECRÓPOLIS

4.2. La necrópolis oeste

Como ya se ha dicho, el conocimiento de la vida de los pobladores de La Codera se enriquece con la existencia de dos necrópolis tumulares de incineración (cremación) situadas en sus inmediaciones y de idéntica cronología. Aunque hemos señalado que pudiera tratarse del mismo espacio funerario separado por las roturaciones posteriores, se aprecian algunas diferencias entre ambos conjuntos. Los más destacados son la aparente falta de planificación en la necrópolis noroeste frente a la cuidada disposición de los túmulos en la oeste y la total ausencia de ajuares funerario en ésta última ante la presencia, aunque escasa, de objetos metálicos en la noroeste.

Ubicada a unos 400 metros al oeste del habitat ocupa un pequeño espacio de unos 400 m2 salvado milagrosamente de la roturación de los campos que la rodean completamente. En él se conservan los restos de 23 túmulos de incineración, de los cuales 6 son circulares y 17 rectangulares. Aunque los restos tienen la misma cronología que el poblado y la necrópolis noroeste, existen algunas diferencias entre ambos conjuntos funerarios.

4.1. La necrópolis noroeste Situada frente a la muralla del poblado a unos 200 metros al noroeste este conjunto consta de un número todavía sin determinar de túmulos, la mayoría rectangulares y algunos circulares. Hasta el momento se conocen 15 túmulos, 5 de ellos saqueados hace décadas. Los excavados en 1997 y 1998 presentan una planta rectangular con su eje mayor orientado hacia el oeste, sin estructuras internas y con un relleno superior de piedras de pequeño tamaño. Algunas estructuras poseen una especie de banco adosado a uno de los lados y se ha observado la utilización de arcillas rojas y amarillas colocadas alternativamente alrededor del loculus.

El primer dato relevante es la disposición de los túmulos, siguiendo una cuidada planificación, dejando espacios de circulación bastante uniformes entre los túmulos. En segundo lugar la coincidencia de la orientación de las estructuras con el lugar de puesta del sol en el solsticio de verano. También hay que señalar la total ausencia de ajuares funerarios en todas las estructuras excavadas. Los túmulos rectangulares tienen dimensiones similares pero carecen de bancos, su superficie está cubierta por un enlosado de lajas planas, en cuyo centro se acomoda un pequeño espacio circular formado por lajas inclinadas que señala el lugar del loculus subyacente. Éste se coloca directamente en el suelo, sin cista, también utilizando arcillas rojas y amarillas y cubierto por una laja plana. La orientación de las estructuras se hace coincidir con el eje corto y no con el largo. Los túmulos van provistos de estelas en los ángulos y a veces también en el centro de los lados.

Figura 7. Necrópolis Noroeste.Túmulo 6 con banco y loculus. Los restos humanos se depositaron en un pequeño loculus cubierto con una laja plana sin ningún tipo de protección. Todos los túmulos rectangulares conocidos carecen de cista. Curiosamente los túmulos circulares identificados poseen una cista en el centro, pero en todos los casos ha sido saqueada. Los ajuares son escasos pero se han podido recuperar objetos de bronce tales como centenares de cuentas de collar, botones cónicos decorados y una fíbula de bucle. También apareció un cuchillo de hierro. La cronología coincide con la del poblado en función de la identidad de los materiales arqueológicos recuperados.

Figura 8. Necrópolis Oeste. Túmulo 4 restaurado. Entre los túmulos circulares merece mención aparte el número 1. Se trata de una construcción circular en cuyo interior se colocó el loculus con la habitual laja plana encima, pero construyendo sobre ella una cámara en forma de campana invertida con lajas planas inclinadas. Después se cubrió el interior de la estructura circular con un relleno de piedras de pequeño tamaño. El resto de túmulos circulares solo posee el loculus y la laja que lo cubre.

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una decoración a base de acanalados y otras alisadas a mano, de aspecto rugoso y en las que es frecuente la decoración plástica con cordones aplicados. Las formas más repetidas son las urnas de perfil globular o de suave carena y las tazas, de perfil similar, provistas de un asa plana. No faltan otras piezas como las escudillas o los morillos pero sin duda la pieza más característica de este poblado son las tapaderas.

Figura 9. Necrópolis Oeste. Túmulo 1.

5. LOS MATERIALES De los casi 60.000 registros de materiales inventariados procedentes de la excavación de La Codera, casi la mitad son cerámicos y un cuarenta por ciento óseos. Los demás corresponden a piezas líticas, metálicas y restos varios.

Ciertamente este utensilio es singular tanto por su número, unos doscientos fragmentos, como por su tipología diversa y, en ocasiones, su variada decoración. Las hay gruesas, estrechas, de acabado tosco y de suave espatulado, con asas planas, de botón o cónicas y lisas o decoradas con acanalados, formando en ocasiones complejos motivos de meandros. Algunas presentan la parte inferior quemada lo que hace pensar en su uso como tapaderas de hornos. Realmente es la pieza que mejor representa la originalidad de este poblado.

5.2. El hueso Aunque escasas, hay algunas piezas que testimonian la industria ósea de los habitantes de La Codera. El útil

5.1. La cerámica La totalidad de la cerámica recuperada en La Codera está hecha a mano y es muy mayoritariamente reductora. Son piezas de pequeño y mediano tamaño

Figura 10. Tapadera con decoración acanalada. destinadas preferentemente al uso indivudual para el consumo y manipulación de alimentos. Están prácticamente ausentes las grandes vasijas que suelen asociarse al almacenaje y transporte. Las cocciones son irregulares, presentan a menudo el típico corte en sandwich y los desengrasantes son finos en las piezas menores y mejor acabadas y más gruesos en las de mayor tamaño y acabados más toscos. Básicamente se pueden distinguir dos tipos de superficies: unas acabadas con un espatulado y en las que se suele realizar

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Figura 11. Aguja y punzones de hueso. más representado es el punzón, realizado sobre hueso y sobre asta, de diversos tamaños y en una ocasión decorado con dos surcos paralelos. También se han recuperado algunas falanges perforadas para utilizarlas como colgantes, objetos de adorno o amuletos. Otros objetos son las agujas, finamente pulidas, de las que contamos con un ejemplar de coser y tres para tejer, éstas hechas a partir de una costilla de ovicáprido.

5.3. La piedra Casi 1500 registros componen el inventario de piezas líticas


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre recuperadas. De ellos más de la mitad corresponden a bolas de piedra comunmente llamadas canas. La abundancia de estas piezas es otro de los rasgos característicos de este yacimiento. Son casi en su totalidad de caliza y tienen variados tamaños, desde la más pequeña que con un diámetro de 17 mm. pesa 7 gr. hasta la más grande, con 107 mm. y 979 gr. No está clara la función de estos objetos a los que se les ha atribuido el papel de elementos de juego (canicas), proyectiles, rodamientos o sistema premonetal, entre otros.

noroeste, ya citados. También una fíbula de doble resorte, un brazalete, una cadena, varias anillas, más cuentas de collar y fragmentos de varillas, todos aparecidos en el poblado. Los objetos de hierro están representados por pequeños cuchillos de los que uno procede de la necrópolis noroeste y siete del poblado. Algunos de éstos conservan parte de los remaches que sujetaban las cachas.

Figura 13. Fíbula de bucle.

6. RESUMEN Y CONCLUSIONES

Figura 12. Betilo.

Con los datos de que disponemos actualmente podemos inferir algunas consideraciones acerca de la vida de los pobladores de La Codera. Nos encontramos ante una comunidad formada por un centenar de miembros, de carácter igualitario, evidenciado por la ausencia de edificios singulares, elementos de prestigio y uniformidad en los enterramientos. De los indicios observados en el ritual funerario de las necrópolis, del descubrimiento de la triple inhumación infantil en una de las habitaciones junto a la muralla y de la presencia del betilo podemos intuir algunos rasgos de la espiritualidad y las creencias de los habitantes de La Codera.

También son dignos de mención varios moldes de fundición de arenisca recuperados en varias partes del poblado, que atestiguan la actividad metalúrgica de sus habitantes. Un lugar destacado merece la presencia de un betilo, fabricado a partir de un fragmento de arenisca pulida, con un extremo redondeado y con dos incisiones ovaladas que evocan un rostro humano.

5.4. Los metales La práctica de la metalurgia viene atestiguada por los moldes de fundición citados y también por la presencia de restos de escoria en algunos puntos del poblado. Producto de esta actividad y tal vez también del intercambio son los diversos objetos metálicos recuperados hasta el momento. Entre los objetos de bronce destacan una fíbula de bucle, cinco botones de bronce cónicos y varios cientos de pequeñas cuentas de collar procedentes de la necrópolis

Figura 14. Triple inhumación infantil.

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Los análisis carpológicos, antracológicos y palinológicos realizados en las muestras obtenidas en el poblado permiten aproximarse al entorno ambiental existente en el s.VI a.C. y hacernos una idea de alguna de las ocupaciones de sus habitantes. Estamos ante un paisaje abierto de tipo mediterráneo con predominio del encinar-coscojar y presencia de pino carrasco, pino albarnegral y álamo. Entre las especies herbáceas y arbustivas está las gramíneas, el lentisco, el tamarisco y el romero. Todo ello combinado con campos de cultivo. El aprovechamiento de los recursos forestales es diversificado, utilizando especies procedentes de pinares, matorrales y bosques de ribera. La materia prima obtenida se utilizaría para la fabricación de utensilios, construcción y como combustible. Entre las especies cultivadas destacan los cereales, de los que la cebada es el más abundante, seguido del trigo y el mijo. También está presente la lenteja. De la tipología de los restos de cereales se deduce la importancia de la manipulación realizada para limpiar el grano para su consumo. También hay restos de uva, sin que sea posible determinar con certeza si es salvaje o cultivada. La presencia de uva cultivada en el litoral mediterráneo se sitúa en el s. VII, aunque no puede descartarse en La Codera. Resumiendo, podemos concluir que nos encontramos ante un asentamiento preeminente, de cuya importancia deja constancia la muralla de prestigio y su situación estratégica. Nos consta la abundancia faunística y las actividades económicas que de ella resultan: caza, pesca, carne, leche, lana, pieles y derivados. Está atestiguada la práctica de la metalurgia del bronce y del hierro con las implicaciones que ello tiene en el comercio de materias primas y objetos manufacturados. Es evidente la actividad agrícola testimoniada por los restos de cereales y la recuperación de numerosos molinos. Éstos y los hornos decubiertos dan fe de labores artesanales de manipulación y transformación que sin duda dieron lugar a la existencia de diferentes productos con los que comerciar o negociar. No tenemos pruebas de posibles trabajos forestales o de artesanía derivada de la madera y otras materias vegetales, aunque su existencia es prácticamente segura. De todo lo cual se desprende que el poblado de La Codera fue durante el s. VI a.C. un importante centro de acumulación-elaboración-trasformacióndistribución de materias primas y productos manufacturados.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

11. HÁBITAT E INTERCAMBIOS EN EL VALLE MEDIO DEL RÍO GÁLLEGO. PRIMERAS APROXIMACIONES AL ESTUDIO DEL ASENTAMIENTO PROTOHISTÓRICO DEL PUEYO DE MARCUELLO (LOARRE, HUESCA) José Fabre Murillo1 1

Museo de Huesca. Gobierno de Aragón.

José Fabre Murillo, jfabre@aragon.es/fabremurillo@gmail.com

RESUMEN Se presentan los resultados de la fase preliminar de estudio de un asentamiento de la Edad del Hierro ubicado en las estribaciones meridionales de la sierra de Loarre, en las faldas de una pequeña elevación destacada a caballo entre el valle del río Gállego y la serranía. Los datos obtenidos en el campo tras cuatro campañas de excavación, trazan una línea interpretativa que nos lleva a hablar de un asentamiento urbano de la segunda mitad del I Milenio antes de la Era del que se han detectado varias estancias de planta rectangular y cuya fábrica conservada presenta zócalos de piedra, alzados de tapial, y cubierta a un agua sobre vigas cruceras paralelas de madera. El urbanismo detectado hasta el momento nos habla de adaptación a la orografía del terreno con el respaldo estratégico de la elevación y una proyección de calles – empedradas – que hasta la fecha no confirman la existencia de ningún elemento central, pero que no se descarta. La naturaleza y ejecución de los objetos aparecidos hasta el momento hacen plantear el asentamiento como punto de contacto de intercambios de singular relevancia que van más allá de la constatación de los denominados ítems de prestigio, sino incluso sus mecanismos de producción. El Museo de Huesca, promotor institucional del proyecto, proporciona cobertura integral al proyecto a través de la conformación de los equipos de trabajo arqueológico, las analíticas preceptivas, así como los recursos de consolidación y restauración de las estructuras y objetos obtenidos en la excavación. Así mismo se plantea el desarrollo de una estrategia de difusión al público especializado a través de publicaciones científicas, pero también al público general a través de exposiciones temporales y permanentes en la sede oscense del Museo. PALABRAS CLAVE: Edad del Hierro; Asentamiento; Importación; Intercambio; Simposio.

ABSTRACT This paper is to explain the results of the preliminary study phase about an Iron Age settlement in the southern foothills of the Loarre mountain range, on the slopes of a prominent small high point between the River Gallego´s valley and the mountain range. The data obtained in the last four archaeological campaigns draw an interpretative line that leads us to talk about an urban settlement of the second half of the first Milenium before the Age. There have been detected some rectangular areas in shaped, whose building still keeps some stone baseboards, tamped earth walls and a simple roof lean on wooden beams. Its town planning know up to now shows its adaptation to the relief of the ground based on the elevation and a ramification of cobbled streets, that do not confirm the existence of any central element yet, although it must not be excluded. The nature and manufacture of the remains found up to now allow us to think about this settlement as a contact point for exchanges of singular relevance that go beyond of the called prestige items, even its production mechanisms. The Huesca Museum is the institution that has promoted this project which covers the whole research: means, archaeological team, analytics, as well as the consolidation and restoration sources for the archaeological finds. Besides, we are also developing a public diffusion strategy in scientific publications, as well as to the public by means of temporary and permanent exhibitions in the Museum of Huesca, too. KEYWORDS: Iron Age; Settlement; Importing; Exchange; Symposium.

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1. INTRODUCCIÓN Esta comunicación pretende de forma breve, pero concisa dar a conocer los resultados que hasta el momento está arrojando el estudio del yacimiento arqueológico conocido como Pueyo de Marcuello (Linás de Marcuello, Loarre Huesca). Si bien es cierto que el proyecto de investigación se encuentra en fase inicial la ocasión brindada por el I CAPA nos hacía obligatoria la presentación de los datos obtenidos por dos razones: en primer lugar, dar a conocer de forma pública y en ámbito profesionalizado el proyecto de investigación sobre este yacimiento que se mueve a caballo entre las dos fases tradicionales de la Edad del Hierro; y en segundo lugar, exponer una serie de elementos analíticos sobre el mismo que ya pueden ser sometidos a debate. El yacimiento se encuentra localizado en un promontorio desgajado de la sierra de Loarre que le queda al Norte. Precisamente la acción de los potentes barrancos que de ella se derivan han generado su orografía actual presentándose como una torre barragana geológica (744 msnm) a los pies de la gran sierra y lentamente modelada por el complejo de barrancos que conforman el Barranco de Siscoya que lo abrazan por Este y Oeste para derivar por el sur sus aguas hacia el río Gállego unos 7 kilómetros al suroeste y con una pérdida de unos 300 metros de altitud sobre el nivel del mar.

Figura 1. El Pueyo de Marcuello. Ubicación topográfica.

Su posición destacada en las faldas de la serranía, pero también la abundancia de piedra caliza han hecho del Pueyo de Marcuello lugar de referencia como hábitat en distintas etapas pre e históricas, pero también de referencia como cantera de acopio de material de construcción para las poblaciones circundantes en épocas carentes de poblamiento. El topónimo de cantera de Marcuello nos ha sido trasladado por las gentes del lugar, así como otros como El Cerrao que refiere un cerramiento con bloques de piedra, sospechamos que previamente trabados por los habitantes remotos del lugar, de varias de las tablas de labor agrícola a modo de tapia en época moderna. Hubiera sido sorprendente este cercado pétreo con los modelos de explotación agrícola tradicionales del llano y monte bajo oscense si no fuera por la extraordinaria cantidad de bloques de piedra que les caían

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a la mano a sus sucesivos roturadores. Tal es así que entre las referencias cartográficas al lugar se encuentra también la de Pueblo Viejo, unido esto a lo antedicho, podemos especular con que la continua aparición de restos de cultura material harían creer a los habitantes de la zona que en aquel paraje dedicado entonces y hoy a la agricultura había habido algún tipo de asentamiento humano. Estaban en lo cierto. No es hasta el arranque del siglo XXI cuando un investigador, Ignacio Lafragüeta Puente, fruto de un trabajo académico que pretendía poner luz a un patrón de asentamientos durante la Edad del Hierro en la varias comarcas de la provincia de Huesca da a conocer el yacimiento en contexto académico (Lafragüeta, 2003 s.e.). En este caso hará referencia exclusivamente a los materiales recogidos en superficie en distintas partes del cerro desde sus faldas, perímetro y cima. De los materiales recogidos ya apunta que si bien la fase ibérica sería la más destacada de este enclave, se aprecian materiales de la I Edad del Hierro. Detecta también materiales cerámicos romanos y medievales de forma más o menos numerosa. Poco tiempo después, en el año 2004, el equipo de arqueólogos que llevó a cabo la prospección integral del término municipal de Loarre con motivo de una concentración parcelaria agrícola lo vuelve a consignar en los mismos términos que lo hiciera I. Lafragüeta. Ya en 2010, una agridulce eventualidad nos iba a hacer conocer la fase de habitación del yacimiento que hasta el momento nos parece más destacada. Fruto de esa concentración parcelaria agrícola se establece por la autoridad competente la creación o modificación de la red viaria pecuaria del municipio de Loarre, será el antiguo camino que da acceso a las fincas en la fachada oriental del Pueyo de Marcuello desde la carretera local HU-V-3112 el que se debía ampliar y proyectar hacia el sur para conectar con otros nuevos, unos cientos de metros al sur. Los preceptivos sondeos arqueológicos con medios mecánicos en el entorno del futuro camino dirigidos por Francisco Pérez Guil extraen en su primer intento y por mero azar una cantidad ingente de vasijas cerámicas con ricas y variadas decoraciones así como restos de moldes de piedra para la fundición de piezas de orfebrería entre otros sorprendentes elementos que a primera vista podrían encuadrarse en algún momento de la Edad del Hierro. Referimos como agridulce el episodio ya que la acción de la máquina destruyó alguna estructura muraria y buena parte de la suculenta estratigrafía del que luego hemos calificado como Espacio 1 del yacimiento, pero por otro lado, sin el rápido diagnóstico del arqueólogo poniendo en conocimiento del Museo de Huesca la magnífica y variada cultura material aparecida nunca hubiera sido posible continuar con su estudio. En 2012 tras barajar varias opciones de trabajo sobre el yacimiento el entonces director del Museo de Huesca, Vicente Baldellou, decide plantear un proyecto de investigación metodológico y estable, con el objetivo de iluminar una fase histórica del occidente oscense mal documentada hasta la fecha. Para ello asume el proyecto como propio de la institución e implica presupuesto y personal técnico del centro, es en ese momento cuando se suma como codirector


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre • Difusión de los resultados a la comunidad científica • Inclusión del producto de los puntos anteriores (materiales e intelectuales) como materia prima museográfica: exposiciones temporales, exposición permanente, coloquios, actividades didácticas, etc. para su consecuente traslado a la Sociedad en general.

3. METODOLOGÍA APLICADAS Figura 2. El sondeo nº1 en el que aparecen los primeros restos de la Edad del Hierro in situ. José Fabre Murillo, a la postre Conservador de Arqueología del Museo de Huesca1. El proyecto recibe el visto bueno de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón, órgano competente en materia de Arqueología y de Museos2 así como del Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente propietario de los terrenos en los que se enclava el yacimiento, en aquel momento y de forma transitoria hasta que pasen a titularidad municipal como masa común. Por último, se inserta el proyecto de investigación a través de sus directores en el Grupo de Investigación “Primeros Pobladores del Valle del Ebro”, grupo reconocido por el Gobierno de Aragón (H07), dirigido por el Departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza.

2. OBJETIVOS Y PLANIFICACIÓN: El tratamiento integral del yacimiento como unidad de conocimiento del pasado histórico en sentido amplio, así como su tratamiento como un bien del patrimonio arqueológico aragonés requería el establecimiento de una planificación estructurada que no hiciera rivalizar sus objetivos y que con unos ritmos ajustados contará con el aval y la solidez responsable del Museo de Huesca:

Y

TÉCNICAS

Haremos especial mención en este punto a aquellos aspectos relacionados con el trabajo de campo - excavación y conservación - dado el tenor de este Congreso. Las susodichas cuatro campañas de trabajos arqueológicos se desglosan en tres que han conllevado excavación arqueológica (2012, 2013 y 2015) y una (2014) en la que se desarrollaron trabajos de microtamizado y flotación de tierras extraídas. Partiendo del denominado sondeo nº1 realizado en 2010 por F. Pérez Guil y del que se obtuvieron gran cantidad de materiales, abundando los cerámicos con distintas tradiciones decorativas, pero también pétreos y metálicos, se planteó sectorizar esa cata, aleatoria en origen, de forma cuadriculada. Esta cuadrícula, como todas, ayudaría a la ubicación de elementos arqueológicos hasta que las futuribles estructuras habitacionales hicieran esa labor. La excavación se ejecuta en área abierta por cuadros y el registro de la distintas unidades estratigráficas así como las unidades arquitectónicas son reflejadas de forma individual en atención a los criterios estandarizados por la disciplina (extensión, potencia, interrelación, contenido, continente, textura, compacidad, y un largo etcétera).

• Aplicación de metodología arqueológica en el estudio de un yacimiento arqueológico de potencial estructural y material de índice elevado. • Tratamiento de conservación de estructuras in situ. • Tratamiento de conservación y restauración de la cultura material recuperada en Laboratorio de Restauración - Conservación. • Contextualización histórica de los resultados obtenidos en un estudio amplio que determine un modelo de hábitat para una unidad geográfica física lógica, valle medio del río Gállego, y sus relaciones socioeconómicas con otras áreas de contacto.

Figura 3. Vista general del Sector Sureste del Pueyo de Marcuello. Año 2015

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Paralelamente a los obligatorios procesos de dibujo y fotografiado se están realizando levantamientos topográficos de las zonas de excavación y del entorno del yacimiento mediante equipos de topografía GPS. Con el objetivo de documentar gráficamente de la forma más precisa posible la lectura del yacimiento se han hecho levantamientos pormenorizados de las estructuras arquitectónicas detectadas hasta el momento. Ello ha sido completado con la ubicación en planimetría informática de los hallazgos muebles hallados in situ a través de referencia individual o reposición digital a través de ortofotografía3.

Con el afán de optimizar el volumen de datos obtenidos se está procediendo paulatinamente al flotado y microtamizado de la tierra desechada de la excavación a través de medios mecánicos con aplicación de agua y aire comprimido para la toma de muestras de elementos -fragmentos de objetos, restos de semillas o carbones - de pequeño formato.

Figura 5. Flotación y microtamizado de las unidades estratigráficas. Como se ha referido anteriormente, esta dirección asume como obligatoria la adecuada conservación del yacimiento, sin menoscabo de la obtención de toda la información posible en el proceso de excavación, destructivo por definición. Se ha establecido, en consonancia con el departamento de restauración y conservación del Museo de Huesca, un plan de intervención en pro de este objetivo. Sin extendernos en demasía se pretenden tratar de forma individualizada aquellas unidades arquitectónicas inmuebles para su consolidación in situ; así como la reposición volumétrica de las catas excavadas con el objetivo de asegurar la conservación de las mismas hasta que el proceso de excavación finalice y puedan darse, si así se considera, pasos hacia una merecida musealización in situ.

Figura 4. Levantamientos y tratamiento de topográficos. A. Belenguer, J.J. Gamero y J. Fabre.

datos

Hasta el momento se han extraído, mediante engasado y cama rígida, las vigas que han ido apareciendo carbonizadas y que presentaban un mejor estado de conservación permitiendo un estudio pormenorizado de las maderas. Hasta el momento el resultado revelado es que masivamente se utilizó pino albar para fines constructivos. Los estudios antracológicos en los que se haya inmersa actualmente Marta Alcolea (Grupo de Investigación “Primeros Pobladores del Valle del Ebro”) han adelantado que también aparecen restos de madera de boj tratados antrópicamente, puede que para la creación de artefactos o muebles. (Alcolea 2015, en este mismo congreso).

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Figura 6. Reintegración volumétrica de cata arqueológica con unidades aislantes de arcilla expandida.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre RESULTADOS Conocemos hasta el momento de forma parcial cuatro espacios4, con conexión estructural entre sí y que se definen hasta el momento por las siguientes características:

Figura 7. Vista general y planimetría de espacios excavados.

Espacio 1. Técnica constructiva: Se trata de una amplia habitación que a falta de conocer su límite meridional podemos asegurar que se trata de un espacio rectangular de al menos 20 m2 que presenta una pronunciada inclinación en su zona de circulación hacia el sureste. Su construcción consta de estructuras murarias a base de zócalos pétreos de distinto formato con una potencia detectada de hasta los 40-50 cm, recrecidos, creemos, con tapial. Dichos muros estaban revocados con un manteado de barro que se ha conservado en algunos puntos de la esquina en los que confluyen los muros sur y oeste de la estancia (UU.EE. 006-007). La cubierta estaría compuesta por las ya mencionadas vigas de madera de pino, y al no aparecer más elementos de cubierta, creemos que estaría rematada por elementos orgánicos. El pavimento presenta una superficie a base de tierra batida apisonada y endurecido por la acción del fuego - toda la estancia está absolutamente incendiada - en cuya preparación hemos localizado abundantes cantos rodados dispuestos a modo de rudus.

cobertura vegetal (UE001) con un espesor variable de unos 5 a 10 cm. Bajo la cual aparece un primer paquete de tierra más compactada (UE002) de una potencia variable nunca inferior a los 40 cm y que es contenido por el perímetro murario de elementos pétreos (UE006, UE007 y UE009) con una conservación variable entre la simple impronta y los 50 cm de alzada. Bajo ese nivel encontramos la fecunda UE003 en el que se retrata el colapso de la unidad habitacional: con potencia variable se encuentran aquí el nivel de incendio que carbonizó la techumbre (vigas incluidas) haciéndola caer de forma violenta sobre la estancia y destruyendo su rico contenido - hasta el momento más de 50 objetos completos de diversa índole (vide infra) -. Bajo este nivel, el pavimento (UE004) cuya rubefacción azarosa es manifiesta ya que algunos fragmentos de los objetos fracturaron con tal virulencia que se introducen en la tierra batida apisonada que lo compuso para endurecer fruto de la acción del fuego modificando incluso su coloración no solo en superficie sino a varios centímetros de profundidad. Cultura material: Es en este espacio donde aparece la mayor parte de los elementos de cultura material hasta el momento. Como se ha dicho, a los múltiples fragmentos aparecidos en el Sondeo Preventivo nº1 en 2010 en las cuatro campañas realizadas hasta la fecha se han sumado y recompuesto hasta 50 objetos muy combustionados y fragmentados, pero en bastante buen estado de conservación. De forma numérica destacan los contenedores cerámicos bien en forma de urna, olla o jarra de medianas dimensiones. Las técnicas son modelado a mano con cocción en ambientes tanto oxidantes como reductoras. La acción del incendio en la estancia hace que en algunos casos sea difícil determinar cual fue su estética al salir del alfar. Los tratamientos de sus superficies vistas son variados y pasan por el simple alisado, bruñido e incluso la decoración a bandas geométricas mediante acanaladuras e incisiones por encima de la línea de carena. El segundo grupo sería el de las tapaderas con mismas técnicas de fabricación y decoración destacándose en este caso por presentar un ejemplar un exquisito asidero con forma de prótome de pájaro y otro por una completa decoración a base de acanaladuras e incisiones, todas ellas con orificio de evaporación.

Figura 8. Tapaderas decoradas. Museo de Huesca. NIG 11573 y 11605. Dibujo M.C. Sopena.

Estratigrafía: La secuencia localizada consta de una

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En tercer lugar estaría el grupo de los que podemos denominar objetos de servicio de mesa entre los que se cuentan hasta el momento media docena de escudillas en algunos casos con asa de perforación horizontal y en un par de casos con una sola orejeta con perforación vertical. A ellas hay que sumar una copa con pie alto destacado y decoración aplicada a base de mamelones y cordones con incisiones también modelada a mano. Misma técnica que un cuenco excelentemente decorado con pie destacado y labio abierto que recubre toda su superficie con acanaladuras verticales a modo de concha marina. Cierra este grupo un colador de mesa, con forma de cuenco cuyo fondo presenta las perforaciones propias de su uso. De forma simétrica presenta dos asas de cinta en posición horizontal.

Figura 9. Colador bruñido. Pieza en estudio en Museo de Huesca. NIG 11295. Es extraordinariamente llamativa la aparición de tres, hasta el momento son tres, soportes cerámicos parangonables a los holmoi mediterráneos cuya función sería la de sustentación ornamentada de un caldero o vasija contenedora de alimentos para su servicio durante el banquete. Si bien su factura es de modelado manual su ejecución es exquisita en cuanto a proporciones, decoración (calada y acanalada) y terminación (bruñida).

Figura 10. Proceso de recomposición de los soportes. Piezas en estudio en Museo de Huesca. NIG 11576-11577-11578.

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Existen dos vasijas más que todavía no podemos dar por cerradas en cuanto a su terminación morfológica que pueden ir en esta misma línea. Sobre todo una de ellas nos resulta de gran interés (Museo de Huesca. NIG, 11602) ya que presenta clara manufactura a torno, lo cual puede resultar crucial a la hora de interpretar cronoculturalmente este nivel. Fuera del plano cerámico destacar la aparición de dos valvas de molde de piedra, no emparejadas, de fundición metalúrgica de, al menos, cuatro objetos de orfebrería. Aparecieron ya en el Sondeo 1 de 2010, no sabemos muy bien si en el mismo nivel que los anteriores dadas las circunstancias del hallazgo (vide supra), pero por deducción pertenecerían a este mismo nivel 3, en ningún caso pueden ser más antiguas ya que no existen, de momento, niveles más antiguos a éste.

Figura 11. Fragmento de una de las valvas de fundición aparecidas. Presenta tres canales de entrada para la colada metálica, dos de ellos dirigidos al negativo de dos finas piezas circulares con motivos geométricos radiales y un tercer canal central que pudo dirigir la colada hacia un tercer elemento. Pieza en estudio en Museo de Huesca. NIG 11606. En el caso de los holmoi así como en el de los moldes y otros elementos de clara influencia exógena esperamos contar con mayores certezas, dependientes en el primer caso de análisis de las pastas, en el segundo caso de un análisis cualitativo de traza metalúrgica, ambos planteados en el momento presente, y que nos permitirán ampliar el conocimiento de los contactos socioeconómicos con grupos de media - larga distancia de los habitantes de este asentamiento. Este es uno de los objetivos prioritarios de este proyecto. Datación: Se nos plantean diversos elementos a tener en cuenta a la hora de datar el nivel de mayor interés del Espacio 1, esta es la UE003, equivalente al momento de colapso de la habitación destruyendo el rico contenido material referido. Por un lado la mayor parte de los objetos aparecidos (escudillas, tapaderas y urnas) podrían tener paralelos en algunos de los asentamientos de la I Edad de Hierro (800 500 a C.) utilizando la cronología más tradicional. Cabezo de la Cruz de La Muela (Z) (Picazo y Rodanés, 2009:249-465), Cabezo de Monleón en Caspe (Z) (Beltrán, 1984) o el Alto de la Cruz en Cortes (Na) (Maluquer et alii, 1990) -por citar


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre solo tres de los muchos yacimientos y autores- presentan en los aspectos formales y tecnológicos grandes similitudes. La misma aparición de los soportes nos pone en influencia directa con el mediterráneo central y las dataciones de este tipo de elementos similares en la península itálica nos propondría una datación límite de siglo VI a C (Rathje, 1983 / Caporusso y Provenzali, 2011:47 y ss). A partir de aquí los elementos disonantes en esta melodía de la I Edad de Hierro: son abundantes en los mismos niveles elementos metálicos tanto de bronce como de hierro (varillas, puntas de fecha, arandelas), pero sobre todo la aparición de elementos cerámicos que sin género de duda compartieron suerte de destrucción de forma contemporánea al resto del conjunto. Hablamos de la cerámica a torno que se ha referido anteriormente y que nos arrastra, si aplicamos los patrones convencionales varios siglos hacia el presente. Por último, las cronologías absolutas obtenidas a través de radiocarbono se ponen del lado de una fase más moderna. Tras dos dataciones radiocarbónicas sobre carbón de una de las vigas (ID. 2012.01) y sobre una muestra ósea de fauna (ID. 2015.18), ambas procedentes de la UE003 hemos obtenido los siguientes resultados: ID. Muestra 2012.01 2015.18

Datación Cal BP 2340 - 2150 2247 +- 62

Laboratorio Beta Analytic DirectAMS

Resultados de extraordinaria y sorprendente juventud, una horquilla entre finales del siglo IV a C y finales del III a C, para los planteamientos que en todo momento habíamos planteado. Y si bien somos conscientes de las cautelas necesarias a la hora de incorporar dataciones radiocarbónicas sobre materiales del I Milenio a C. - mucho se ha hablado del amesetamiento de la desviación, etcétera, etcétera.- nos resistimos rotundamente a no tenerlas en cuenta dado que existen otros indicios (cerámica a torno y metalurgia del hierro) que no desentona del todo con esas cronologías. Dejamos abierto y por resolver este asunto a expensas de nuevos datos que la propia excavación nos aporte.

El Espacio 2.

Técnica constructiva. Espacio pavimentado con grandes losas planas de piedra de morfología irregular. Limita al oeste con el muro (UE006) al norte con el maltrecho - tras la acción de la excavadora - muro del Espacio 1 (UE007) y al sur con el muro (UE013) que nos revela la existencia de una segunda casa, denominada Espacio 4. A modo de callejón desagua hacia el sureste con moderada inclinación. Estratigrafía. La estratigrafía de este espacio mantiene puntos en común a la del espacio 1 en la que encontramos bajo la cobertura vegetal (UE001) un nivel de potente caída de tapial (UE012) con carbones y potencia idéntica a la del Espacio 1. Al agotar ese nivel encontramos un nivel de incendio en el que también aparecen algunas vigas sobre todo en el final esta posible calle o callejón (techado parcial ?) no así cuando descendemos hacia el sureste en su recorrido longitudinal. La estratigrafía de este espacio se vio muy alterada por la intervención de la máquina en 2010 ya que atrajo con su potente brazo hidráulico gran parte de la estratigrafía del Espacio 1, rompiendo el muro sur de la estancia (UE007) e invadiendo este espacio con restos del contiguo. Cultura Material: Es destacable que en el nivel de caída de tapial (UE012) se ha localizado medio molino de piedra, en dos fragmentos, de tipología circular de doble valva de unos 40 cm de diámetro. Aparece muy por encima del nivel de circulación y dada su fractura bien pudo ser reutilizado como elemento constructivo en los paramentos aledaños. En cuanto al nivel de incendio, si bien se han hallado elementos cerámicos como una urna de modelado a mano con cordón decorado a uñadas en su tercio superior en posición inalterada, han sido muy numerosos los fragmentos de vasijas de indudable localización en el Espacio 1 que han aparecido a este lado del muro destruido por las razones vistas anteriormente, por lo que la cautela ha de acompañarnos en su análisis. Datación: A la luz de los datos obtenidos y sobre todo de la disposición de los espacios, hablando desde el punto de vista arquitectónico, no tenemos razones para no considerar que el Espacio 2 es contemporáneo al Espacio 1.

El Espacio 3. Técnica constructiva: También parcialmente conocido (véase Fig. 7), pretende ser otro espacio habitacional, al modo de su contiguo Espacio 1 con el que limita por el sur (UE009) y que en su proyección trasera sigue compartiendo el denominado muro comunitario (UE006) que da respaldo frente al cerro a todas las estancias descubiertas hasta el momento. Presenta las mismas características constructivas vistas hasta ahora en cuanto a paramentos (zócalo de piedras y recrecimiento de tapial) así como en el pavimento (tierra batida apisonada). En este caso no se detectan, hasta el momento restos de vigas de madera.

Figura 12. El Espacio 2

Estratigrafía. Bajo el nivel de cobertura vegetal (UE001) aparece la ya clásica caída de tapial más o menos compactada (UE010), pero como se menciona anteriormente llama la

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atención la ausencia de elementos carbonizados (vigas) o nivel de incendio alguno. Directamente se encuentra el pavimento de tierra batida apisonada (UE011).

objetos extraordinarios, por lo que hablar del componente ritual a modo de depósito es lo que tenemos que poder afirmar o descartar.

Cultura Material: Casi por completo ausente, salvo por algunos restos de fauna y un pequeño fragmento de olla o similar con decoración a uñadas en el nivel de caída (UE010) muy por encima del nivel de circulación.

5. Importaciones, haberlas las hay de alguna manera. Elementos como los soportes de raigambre indudablemente mediterránea, son llevados hasta allí (importación directa) o imitados en alfares cercanos sobre modelos orientales (importación indirecta) no como elementos de prestigio sin más, sino como herramientas para el desarrollo de ese acto a caballo entre lo social y lo ritual que es el banquete o συμπόσιον.

Datación: No determinada, pero por imbricación de estructuras arquitectónicas, contemporánea al resto de espacios.

Espacio 4. De reciente identificación, pendiente de excavación en próximas campañas, simplemente apuntado por la aparición de un nuevo muro (UE013) que limita al norte con el Espacio 2, el callejón.

CONCLUSIONES Sin caer en los hastiados tópicos de “se nos presentan más dudas que respuestas” y “el desarrollo de nuevas campañas nos aportarán mayor definición” se plantean las siguientes conclusiones: 1. El Pueyo de Marcuello presenta indicios de actividad antrópica que van desde la Edad del Hierro hasta la actualidad. Que esa actividad antrópica se manifiesta como asentamiento estable durante época protohistórica está ya probado a la luz de lo presentado. 2. Estaríamos ante un asentamiento de clara planificación urbanística dada la disposición de construcciones “públicas” como son el muro de contención que recoge la ladera oeste del cerro y al que se solapan las cuatro estancias (de al menos dos casas distintas y una calle) descubiertas hasta ahora. 3. La disposición de los espacios, así como la planicie que hacia el sureste se va abriendo nos permite especular con la posibilidad de localizar nuevas casas. Veremos si de forma simétrica en el caso de hallar una calle (principal) paralela al muro de contención que hiciera de eje vertebrador. 4. El Espacio 1 es un espacio singular. Su contenido en el momento del colapso por incendio así lo atestigua. La aparición en un espacio de esas dimensiones en el que aparecen más de 50 objetos de formatos variados y funciones diversas nos causa fascinación. Por un lado contenedores con forma de urna, con decoraciones de gran interés. Tapaderas ricamente decoradas por otro, puede que vinculadas a las urnas. Un buen plantel de escudillas de lo más común acompañan a las anteriores. Al menos tres soportes de extraordinaria factura para el servicio en los simposia, cerámica a torno, moldes de orfebrería, metalurgia del hierro... Son unos ingredientes que de momento nos permiten hablar de un lugar de almacenamiento. Almacenamiento de

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6. Su cronología nos plantea contradicciones. A la disposición de las estructuras, casas rectangulares, adosadas a un muro de contención que lo protege por un flanco y protegidas el resto del solar por una curva de nivel drástica a modo de foso; se le suma una parte de la cultura material que por su tipología y tecnología nos pone en relación con los poblados y pequeñas ciudades de la I Edad del Hierro en la cuenca del Ebro. Por otro lado, la aparición de metalurgia del hierro y la aparición de vasos confeccionados a torno nos molestaría para seguir en esos patrones tradicionales. Por último, y en nada desdeñable, la dataciones radicarbónicas sobre distintos tipo de muestra (vida larga y vida corta), analizadas en dos laboratorios de prestigio distintos nos dicen por igual que no podemos llevar más allá de la segunda mitad del siglo IV a C. el nivel correspondiente al colapso del espacio. La bicefalia que este proyecto ha tenido hasta el año 2013 se ha prestado para que uno de sus directores (Fabre) sostuviera que estábamos ante un poblado de la I Edad del Hierro con urbanismo típico y contenido atípico (importaciones). El otro director y promotor del proyecto (Baldellou) sostenía que estábamos ante un poblado con urbanismo típico de la I Edad del Hierro que pervivía de forma anquilosada en los siglos IV - III antes de la Era con la innegable incorporación de elementos tecnológicos procedentes de un entorno de mayor desarrollo tecnológico, equivalente a un mayor grado de iberización... estamos en disposición de seguir trabajando y ver que horizonte alcanzamos.

AGRADECIMIENTOS El capítulo de agradecimientos se queda corto para trasladar aunque sea de forma póstuma, el reconocimiento que el proyecto que aquí se relata debe a Vicente Baldellou, extraordinario museógrafo y gran hombre de acción arqueológica. Sin él y el esfuerzo que hizo junto a su equipo del Museo de Huesca, este yacimiento hubiera permanecido durmiente y ajeno a nuestras pesquisas quién sabe si de manera indefinida. Y a ese equipo del Museo de Huesca, menguado en número, pero superdotado en energía y pasión por descubrir, con especial mención a nuestra restauradora María José Arbués, debemos un segundo y sentido agradecimiento.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre A los colaboradores, capital humano refrescante y siempre dispuesto: Adrianna, Albert, Alejandro, Asier, Carmen, Félix, Irene, Jesús, Noemí, Pablo, Pilar, Rafael, Tania, Zaray, y a tantos otros, muchas gracias. Por último a las instituciones, Gobierno de Aragón, tanto al Departamento de Educación, Cultura y Deporte como al de Desarrollo Rural y Sostenibilidad. También a las sucesivas corporaciones locales de Loarre y a la Comarca de la Hoya de Huesca que tan responsablemente nos atienden en sus debidas competencias, que no por ser obligatorias, deben dejar de ser agradecidas. Así lo hacemos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Beltrán, A. (1984). “Las casas del poblado de la I Edad del Hierro del cabezo de Monleón (Caspe).” Boletín del Museo de Zaragoza 3. Zaragoza. Pp 23-100 Caporusso, D. y A. Provenzali (2011) Il mondo degli etruschi. Guida alla sezione etrusca. Civico Museo Archaelogico. Milán

Fabre Murillo, J. y M. T. González Sariñena (2006). “El registro arqueológico a través de las nuevas tecnologías. Tratamiento topográfico e informático de datos para la documentación arqueológica y de restauración”. En Kausis 4. Gobierno de Aragón. Zaragoza. Pp.54-60. Lafragüeta Puente, I. (2003). El poblamiento protohistórico durante la Segunda Edad del Hierro en las comarcas de la Hoya de Huesca y Somontano de Barbastro (Huesca). Proyecto Diploma de Estudios Avanzados (Dir. Dra. E. Maestro Zaldívar - Universidad de Zaragoza). Sin edición. Maluquer de Motes, J. et alii (1990). “El Alto de la Cruz. Cortes de Navarra. Campañas 1986 - 1988”. Trabajos de Arqueología Navarra 9. Pamplona. Picazo Millán, J. V. y J.M. Rodanés Vicente (coords) (2009). Los poblados del Bronce Final y Primera Edad del Hierro. Cabezo de la Cruz. La Muela. Zaragoza. Gobierno de Aragón. Zaragoza. Rathje, A. (1983) “A banquet service from the Latin City of Ficana” en Analecta Romana. Instituti Danici. Odense University Press. Odense. Pp. 7-29

NOTAS ACLARATORIAS 1

Vicente Baldellou pasa a situación de retiro por jubilación en agosto de 2013 y desde ese momento asume la dirección en solitario José Fabre Murillo.

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Las cuatro campañas arqueológicas desarrolladas hasta la fecha se hallan autorizadas a través de las resoluciones competentes en los Expedientes Nº 120/2012 - 120/2013 - 120/2014 y 120/2015 de la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón.

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Para ilustrar esta técnica, aunque en diferente ámbito arqueológico sirva como ejemplo lo referido por este autor hace algunos años en la referencia bibliográfica: Fabre y González, 2006.Pp.54-58.

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Se realiza una sucinta descripción de la información obtenida en los cuatro espacios dado que se encuentran todavía aportando datos en excavación. Su finalización requerirá publicación ampliada, ilustrada y con un carácter interpretativo de mayor peso que el meramente descriptivo que dado el estado de las investigaciones nos obligamos a presentar aquí.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

12. NUEVOS PLANTEAMIENTOS PARA EL ARTE RUPESTRE DE LA SIERRA DE ALBARRACÍN Manuel Bea Martínez1, Jorge Angás Pajas2 1

Investigador “Torres Quevedo” (3D Scanner + MINECO). Grupo PPVE, Universidad de Zaragoza 2 3D Scanner Patrimonio e Industria. Grupo PPVE, Universidad de Zaragoza Manuel Bea Martínez, manubea@unizar.es

RESUMEN Desde 2012 hemos llevado a cabo diversos proyectos de investigación centrados en el estudio y documentación integral de 20 conjuntos rupestres Patrimonio Mundial de la Sierra de Albarracín, en los municipios de Albarracín, Bezas y Tormón, así como de otros 16 conjuntos no incluidos en la Declaración, con un total de 36 estaciones rupestres y más de 275 unidades gráficas. A partir del análisis de los conjuntos (para los que se ha realizado la documentación geométrica, fotográfica y elaboración de nuevos calcos digitales) hemos podido constatar una amplia serie de particularidades temáticas, cromáticas, estilísticas, de distribución geográfica de los abrigos y de los motivos dentro de éstos. Estas características nos hacen plantear la consideración del núcleo rupestre de la Sierra de Albarracín como un espacio con significación propia y, desde un punto de vista más amplio, la necesidad de plantear una redefinición del propio término de arte levantino. PALABRAS CLAVE: Arte Levantino; Sierra de Albarracín; Documentación; Estilo; Terminología.

ABSTRACT Since 2012, we have carried out several research projects focused on the study and comprehensive documentation of 20 rock art sites from the municipalities of Albarracín, Bezas and Tormón, all of them included in the World Heritage List, as well as the 16 other ones recently discovered, gathering over 275 pictures altogether. From the stylistic study of the sites on (once documented in a geometric and photographic way and after making new digital tracings) we have verified a large series of characteristics relating to the thematic, chromatic, stylistic and geographic distribution of the shelters and the motifs shown on them, too. These features point to the rock art nucleus of the Mountain Range of Albarracín could be considered as a space with a singular consideration and, from a wider point of view, the necessity of providing a redefinition for the Levantine rock art term itself. KEYWORDS: Levantine Rock Art; Mountain Range of Albarracín; Documentation; Style; Terminology.

1. INTRODUCCIÓN Desde 2012 hemos llevado a cabo diversos proyectos de investigación centrados en el estudio y documentación integral de los conjuntos rupestres Patrimonio Mundial en los municipios de Albarracín, Bezas y Tormón, así como de otros conjuntos de reciente descubrimiento no incluidos en la Declaración, con un total de 36 estaciones rupestres y más de 275 unidades gráficas1. A partir del análisis de los conjuntos se ha podido constatar una amplia serie de particularidades temáticas, cromáticas, estilísticas, de distribución geográfica de los abrigos y de los motivos dentro de éstos. Todo ello hace que podamos plantear la consideración del núcleo rupestre de la Sierra de Albarracín como un espacio con significación propia y, desde un punto de vista más amplio, la necesidad de plantear una redefinición del propio término de arte levantino.

En esta línea, el arte rupestre de la Sierra de Albarracín puede ayudar a ejemplificar la complejidad temático-estilística del arte postpaleolítico, subrayando realidades divergentes que se han tratado de explicar como parte de un todo global cuyas diferencias estarían en función o bien de fases evolutivas de un mismo estilo o bien como factores regionales o étnicos diferenciadores. La propia concepción del arte levantino como una especie de frontera conceptual ha impedido contemplar también la posibilidad de que podamos estar delante de diferentes procesos artísticos o ciclos propios de momentos cronológicos y filiaciones culturales diversas que tendrían como nexo de unión el gusto por la tendencia naturalista de las representaciones. Los conjuntos estudiados abren un nuevo horizonte interpretativo para la Sierra de Albarracín en particular y

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para el arte rupestre en Aragón, que nos invita a considerar la posibilidad de establecer una redefinición terminológica y conceptual para el propio concepto de arte levantino.

2. OBJETIVOS Han sido relativamente numerosos los estudios que se han centrado en los abrigos decorados de Albarracín, iniciándose la publicación científica de los mismos con la figura del propio abate H. Breuil y colaboradores suyos, como J. Cabré y H. Obermaier. El conjunto turolense sería objeto de estudio intensivo desde mediados del siglo XX, por parte de diversos investigadores como T. Ortego, destacando la figura de M. Almagro y, más recientemente, la de A. Beltrán. Sin embargo, y a pesar de las investigaciones recientes, hasta cierto punto, sistemáticas llevadas a cabo por diferentes estudiosos en la zona de Albarracín, como O. Collado, M.A. Herrero o J. Picazo, destaca la labor realizada por F. Piñón, a quien se debe el, hasta el momento, único y más completo estudio monográfico en extenso sobre estos abrigos, en el que se considera a todas las representaciones dentro de un esquema continuo del arte levantino.

nos permitiera contar con modelos tridimensionales precisos de los conjuntos rupestres. Esta documentación permite conocer de forma exacta el estado de conservación actual de los abrigos (pinturas y soportes) ofreciendo la posibilidad de generar comparativas de la evolución diacrónica de los conjuntos, conociendo los patrones de conservación y establecer pautas de actuación en materia de prevención y conservación. La pérdida progresiva de visibilidad de los conjuntos rupestres ha sido otro de los aspectos motivadores para emprender la tarea de documentarlos y estudiarlos. En esta línea de registro integral se llevaron acabo una serie de sondeos arqueológicos al pie de determinados conjuntos rupestres de Tormón: Cerrada del Tío Jorge, Paridera de Tormón y Cabras Blancas (Melguizo et al., 2015).

El arte rupestre de la Sierra de Albarracín constituye un núcleo artístico con rasgos temáticos, técnicos y estilísticos propios compartidos por los conjuntos rupestres distribuidos por su amplia geografía. La falta de estudios recientes que contemplasen la confección de una nueva documentación actualizada de las estaciones conocidas y estudiadas desde antiguo (Piñón, 1982), así como la necesidad de documentar y estudiar el amplio número de nuevos descubrimientos han centrado el objetivo de nuestras campañas. Se trataba, por tanto, de realizar una revisión actualizada de la totalidad de los conjuntos rupestres pictóricos de la Sierra de Albarracín, empleando para ello las herramientas de estudio que nos brindan las nuevas tecnologías. Pero junto al estudio relativo a factores esencialmente estilísticos y temáticos, se pretendió abordar algunos aspectos absolutamente determinantes para el correcto conocimiento de estos conjuntos rupestres, concretamente aquellos relacionados con la conservación de las pinturas y del propio soporte. Así, se ha podido contar con la participación de dos grupos diferentes de especialistas para el análisis de distintos grupos rupestres. Por un lado J.L. Peña-Monné y L.A. Longares analizaron el estado alterológico de los conjuntos de Bezas, Tormón y los comprendidos en la primera fase de estudio de Albarracín (Peña-Monné y Longares, 2015), mientras que en la segunda campaña dedicada al término de Albarracín fueron I.A. Somavilla y L. de Juan los encargados de realizar el análisis de los abrigos2.

3. METODOLOGÍA

El principal problema que presenta este tipo de rocas es su vulnerabilidad ante los procesos de alteración o meteorización. La constatación de procesos erosivos activos, algunos de ellos han propiciado la perdida de visibilidad de muchos de los motivos, determinan la necesidad de llevar a cabo una documentación geométrica de los conjuntos rupestres que

Los trabajos de documentación gráfica de los conjuntos de la Sierra de Albarracín han comprendido diferentes sistemas y técnicas. Se iniciaron con un registro fotográfico exhaustivo y a diferente escala de las estaciones, presentándose como una fase esencial para el correcto desarrollo de las siguientes. La captura fotográfica de las pinturas supone uno de los

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Figura 1. Abrigo de las Cabras Blancas (Tormón).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre procesos más importantes empleando para ello distintos sistemas, técnicas y hardware que se han debido de adaptar a las particularidades propias de cada conjunto rupestre, esencialmente cromáticas. Como parte integrante de esta metodología hemos considerado la necesidad de maximizar la conservación de las pinturas, por lo que no se procedió a mojar los paneles decorados. Para tratar de minimizar la desventaja, se han realizado batidas fotográficas de los motivos rupestres en diferentes horas del día, siempre con tabla de calibración colorimétrica (Color Checker de X-Rite), con trípode y disparador remoto (para evitar trepidaciones en exposiciones largas), así como iluminación artificial durante las sesiones de fotografía nocturna, con lámparas de luz blanca de 800 lx de iluminancia, 5600º k de temperatura y uso de difusor neutro, logrando homogeneidad lumínica en el proceso. Las diferentes campañas llevadas a cabo en los conjuntos rupestres de la Sierra de Albarracín nos han permitido concretar un protocolo de actuación estructurado que comprende diferentes métodos y técnicas. Así, al ya comentado registro fotográfico se une la documentación geométrica de los conjuntos mediante el uso de escáner láser de diferencia de fase, escáner de luz blanca estructurada y fotogrametría. Los objetivos, metodologías y resultados del empleo de estos sistemas, comentados en diversos trabajos (Angás, 2012 y 2015; Angás y Bea, 2015; Bea y Angás, 2016), nos permiten contar con una información primaria de gran resolución y precisión a partir de la cual se pueden obtener diferentes tipos de datos. El tratamiento digital de la imagen ha supuesto una herramienta de gran apoyo en determinadas fases del trabajo, esencialmente para la elaboración de calcos digitales (Bea, 2012). Al respecto debemos señalar la mayor dificultad en la realización de este tipo de calcos de aquellos motivos confeccionados sobre areniscas. La mayor porosidad de la roca respecto de la caliza determina una mayor difuminación en los trazos de las figuras. Esta característica, unida a un menor contraste tonal entre soporte y pintura, ralentiza de forma considerable el proceso de confección del calco. La aplicación del tratamiento digital de la imagen a partir de D-Stretch© ha supuesto una mejora considerable tanto en el resultado final como en el propio proceso de trabajo. Esta mejora en la visibilidad de los elementos no solo se traduce en una mayor rapidez en el procesado de la imagen sino también en una mayor calidad y precisión del resultado final (Figura 2).

4. RESULTADOS Desde una perspectiva general se ha realizado una documentación global e integral de uno de los núcleos rupestres más importantes de todo Aragón, atendiendo a dos realidades3. En esta línea, y a partir de los nuevos hallazgos, la Sierra de Albarracín se consolida como uno de los territorios más interesantes desde el punto de vista de la investigación

Figura 2. Proceso de confección de calco digital.

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actual acerca de las poblaciones creadoras del arte rupestre, sobre todo del denominado arte levantino. Ahondar en sus particularidades y, a partir de éstas, tratar de establecer un contexto de definición global y comprensible para el arte rupestre postpaleolítico en Aragón ha centrado nuestros esfuerzos. Resulta harto difícil poder realizar apreciaciones categóricas de carácter crono-cultural acerca de las manifestaciones rupestres postpaleolíticas, atendiendo a la imposibilidad de su datación absoluta fiable (mucho menos con métodos indirectos) y partiendo de la existencia de diferentes ciclos con tendencias estilísticas afines que apuntan a un panorama artístico mucho más complejo que el simplificado entre el arte levantino y el esquemático. La complejidad referida se hace evidente cuando los elementos originales o distintivos transcienden su consideración de conjuntos discretos para apuntar la posible existencia de ordenaciones alternativas a las tradicionalmente planteadas.

4.1. Singularidades en el registro rupestre Ya se ha destacado en otros estudios el carácter singular del arte rupestre, esencialmente levantino, de la Sierra de Albarracín, atendiendo para ello tanto a las grandes manifestaciones de bóvidos de color blanco como a otras antropomorfas de aspecto más tosco y ciertamente alejadas de convencionalismos propiamente levantinos, y que, a pesar de todo, se han clasificado como tales. La percepción global del arte rupestre del territorio, conjugando en él las estaciones rupestres de los tres subnúcleos (Albarracín, Bezas y Tormón), nos ofrece un panorama hasta cierto punto homogéneo y coherente en su consideración espacial caracterizado por temas, técnicas y otros elementos distributivos que lo singularizan dentro del horizonte levantino peninsular. Como elemento técnico más relevante destaca, sin duda, el uso del color blanco. Su empleo en la representación de los motivos no parece estar en relación a temáticas concretas, pudiendo encontrar ejemplos tanto en figuraciones antropomorfas (Arquero de los Callejones Cerrados, Cabras Blancas, Paridera de Tormón, Prado del Navazo, Hoya de Navarejos I y II) como zoomorfas: bóvidos (Arquero de los Callejones Cerrados, Prado del Navazo, Cocinilla del Obispo, Prao de las Olivanas, Ceja de Piezarrodilla, Hoya de Navarejos III, Prado de los Arejos III), cápridos (Arquero de los Callejones Cerrados, Cabras Blancas, Casa Forestal de Tormón I, II y III), cérvidos (Arquero de los Callejones Cerrados, Paridera de las Tajadas, Contiguo a la Paridera, Casa Forestal de Tormón I y V) o équidos (Prao del Navazo, Arquero de los Callejones Cerrados, Prado de los Arejos I). Este componente cromático no aparece como una característica exclusiva en absoluto de la sierra de Albarracín, ya que encontramos su uso -siempre minoritario- en otros conjuntos levantinos, como en el toro bicromo de Marmalo IV (Villar del Humo), en este caso blanco sobre rojo; o como

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elemento complementario en el adorno de determinadas figuraciones humanas, en Civil y Centelles (Tírig). Sin embargo, no es menos cierto que su uso generalizado y empleo en la conformación de motivos exclusivamente blancos en la Sierra de Albarracín hacen de esta tonalidad un componente técnico definitorio del territorio, subrayando un vínculo directo en toda la Sierra con la tradición en el empleo de esta coloración. Desde el punto de vista de la temática es posible observar algunos elementos que, sin ser exclusivos, representan cuantitativamente un elevado porcentaje atendiendo a los parámetros generales del arte levantino. Es el caso paradigmático de las representaciones de équidos, fundamentalmente caballos. Cabe destacar que de las 32 representaciones de esta especie contabilizadas en Aragón, 20 se localizan en la Sierra de Albarracín y 9 en la cuenca del Martín (Utrilla, 2000: 56), aunque los más naturalistas sólo aparecen en las tierras del Suroeste turolense4. Así, en el territorio que nos ocupa encontramos esta temática en los abrigos del Arquero de los Callejones Cerrados, Prado del Navazo, Medio Caballo, Dos Caballos, Tío Campano, Prado de los Arejos I, Casa Forestal de Tormón V y alguno más dudoso en Los Callejones I. Debemos tener en cuenta, además, que estas representaciones son bastante diferentes en función del grado de naturalismo de su confección, encontrando ejemplares de marcado realismo (Medio Caballo, Arquero de los Callejones Cerrados, Prado de los Arejos I), otros de aspecto mucho más tosco (Tío Campano, Dos Caballos, Los Callejones I) o estilizados (Prado del Navazo), llegando hasta el punto de no poder encuadrarse propiamente dentro del levantino (Doña Clotilde). Con todo, fuera de la Sierra de Albarracín, las representaciones de équidos en tierras aragonesas resultan escasas, pudiendo referir tan sólo un asínido en La Vacada (Martínez Bea, 2009: 71) y, ya de un estilo menos naturalista, los de Los Borriquitos, Trepadores y Los Chaparros en la cuenca del Martín (Beltrán, 2005). En el panorama general del arte levantino el équido sigue siendo un tema poco frecuente, documentándose en conjuntos cercanos como el de Selva Pascuala (Villar del Humo) o el clásico de Cueva de La Araña (Bicorp). Indefectiblemente unidos a la temática encontramos los rasgos morfo-estilísticos distintivos que, en la Sierra de Albarracín, resultan paradigmáticos en las figuraciones de bóvidos. Las características formales se articulan en torno al índice de alargamiento corporal y a las grandes dimensiones de los toros. Atendiendo a éstas podemos observar que la longitud media de los grandes bóvidos de la zona alcanza los 53,2 cm, por encima de los 33,8 cm de media de los toros considerados de grandes dimensiones de otros conjuntos aragoneses. Pero al margen de esta diferencia, el aspecto global de las figuras de Albarracín presentan una característica morfología estilizada, poco proporcionada en muchas ocasiones, en las que el cuerpo aparece representado muy alargado en relación a las patas. Las desproporciones pueden observarse igualmente en la plasmación de otros rasgos anatómicos, como la exageración de cuellos o de las astas. Estos parámetros, fuera de lo considerado como proporcionado o estrictamente naturalista, se observan


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre precisamente en aquellos motivos de bóvidos realizados en color blanco, sin que estos mismos patrones se emplearan en la realización de ejemplares de color rojo, y de forma muy minoritaria en negro, ni tampoco se documenten en representaciones de otras especies animales aunque se realizaran en color blanco. La localización es otro factor a destacar en los conjuntos rupestres que nos ocupan, y lo es tanto atendiendo a factores de ubicación de las estaciones como a la distribución interna de los propios motivos dentro de abrigos. En cuanto a la disposición de los conjuntos rupestres en relación a su entorno geográfico algunos estudios ya han destacado sus aspectos singulares (Cruz Berrocal, 2005; Martínez Bea, 2005 y 2008). En este sentido aparece meridiana la relativa facilidad de acceso que presentan la mayoría de los conjuntos rupestres, en zonas llanas o en las cercanías, en barrancos de fácil acceso y poco abruptos, contando con una interesante tendencia a la agrupación en áreas relativamente reducidas, lo que hace que podamos hablar de verdaderas concentraciones espaciales de marcado matiz simbólico: zona del Arrastradero, Tajadas de Bezas, Casa Forestal de Tormón, Hoya de Navarejos, etc. En cuanto a la distribución de los paneles decorados hay que destacar que encontramos motivos rupestres representados en el techo de los abrigos, aspecto absolutamente inusual en la norma del arte levantino. Dentro de esta categorización encontramos el abrigo de las Cabras Blancas (Figura 1) (Bea y Angás, 2015a: 93) y los paneles 2 y 5 del abrigo del Medio Caballo (Collado, 1992; Bea y Angás, 2014). En los tres casos se hace necesario adoptar una posición agachada para poder visionar los paneles, siendo remarcable el caso del panel V del Medio Caballo, únicamente visible si se conoce su ubicación exacta, al haberse realizado tan sólo a 70 cm del suelo, por lo que para poder visualizarlo se debe permanecer echado, siendo accesible por un número limitado de personas (un máximo de tres) al mismo tiempo. La elección de estas superficies para la realización de los paneles decorados transciende las necesidades reales de contar con espacio pictórico adecuado, ya que en los casos referidos se cuenta con paredes susceptibles de ser empleadas para tal fin, ya sea en el propio abrigo o en otros cercanos. Es por ello que la distribución de estos paneles en el techo debe obedecer a factores selectivos distintos a los habituales en el arte levantino, quizá con voluntad de ocultar el contenido, aspecto que enfatizaría el componente privado de estos paneles (Bea et al., 2015). Asimismo, los nuevos descubrimientos en el término de Tormón suscriben algunos de los rasgos distintivos que hemos venido apuntando (temática, técnica y estilo), destacando el de Hoya de Navarejos III. El abrigo se abre en lo alto de una formación arenisca de suave morfología. Los procesos de alteración naturales determinaron la ampliación de fracturas en el soporte que culminaría con la individualización de bloques, uno de los cuales se desplazó de la zona basal de la formación rocosa

Figura 3. Calco del panel 1 del abrigo de Hoya de Navarejos III (Tormón). a partir de una línea de fractura, adoptando una disposición transversal al pie mismo de la roca base. El desplome lateral y el leve desplazamiento posterior del bloque conformó un espacio interior de reducidas dimensiones (273 cm de longitud, 79 cm de anchura y 141 cm de altura máxima) y desarrollo paralelo a la roca base. En el interior del mismo se realizaron dos paneles con pinturas. La ubicación del cuerpo pictórico en el interior ya resulta un elemento singular (con un solo paralelo en el arte levantino en el Hocino de Chornas, Obón). Pero además, en relación con este espacio interior, encontramos otros elementos que hacen del abrigo un caso verdaderamente único. En primer lugar la búsqueda deliberada de aislar completamente del interior de la cámara, empleando para ello pequeños bloques y lajas de piedra arenisca para cerrar la pequeña fisura existente entre la parte superior del bloque desprendido y la formación matriz, así como fragmentos de lajas que podrían haber servido de cierre de la entrada. El espacio exterior también puede ser interpretado como un elemento conformador del espacio simbólico, al haberse delimitado mediante lajas hincadas una superficie de unos 30 m2, en cuyo interior queda el acceso al conjunto rupestre. En el interior de la estancia se documentan dos paneles decorados bien diferenciados, uno cercano a la boca de la cámara (panel 1) y otro en el fondo de la misma (panel 2). El primero de ellos cuenta con tres representaciones de grandes bóvidos de color blanco (Figura 3), mientras que en el segundo la temática zoomorfa principal sigue siendo el bóvido, en este caso en tonalidades negruzcas, apareciendo además posibles representaciones antropomorfas estilizadas. Los recientes estudios llevados a cabo en los conjuntos de la zona nos han permitido contar con una documentación mucho más precisa que, a su vez, ha determinado la posibilidad de actualizar la lectura de las escenas representadas. Dos de las más singulares son las del panel 3 del abrigo del Arquero de los Callejones Cerrados y la del Barranco del Pajarejo. En cuanto al primer conjunto referido destaca una escena en la que aparecen dos bóvidos (macho y hembra) en plena cópula y frente a éstos dos representaciones humanas femeninas con

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Figura 4. Detalle de la escena referida en el Prado del Navazo (Albarracín). grandes tocados o velos en la cabeza en actitud hierática. Una de estas mujeres adelanta un brazo y toca la cabeza de la vaca en una acción absolutamente cargada de simbolismo y que podría estar relacionada directamente con algún tipo de acto ritual más propio de sociedades plenamente productoras que de economía caza-recolectora. En esta línea consideramos factible poder hablar de una verdadera domesticación animal, subrayando el valor simbólico de una escena muy relacionada con la fertilidad. Las nuevas interpretaciones realizadas sobre conjuntos ya conocidos han determinado, en el caso del Barranco del Pajarejo, la superación de su consideración como escena de baile ritual (Almagro, 1960: 13-18), vinculada con la fertilidad (Beltrán, 1966: 91) o como una danza ritual agraria (Jordá, 1964: 470; Beltrán, 1968: 147). El estilo de las figuraciones hace que no podamos, ni debamos, englobarlas dentro del ciclo levantino, ni siquiera en las fases más estilizadas o tendentes al esquematismo de las definidas tradicionalmente como levantinas. Así pues, y a partir de la lectura escénica generada gracias a la nueva documentación, consideramos que se trata de una escena en la que la interpretación de carácter esencialmente agrícola se pierde, de manera que

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las representaciones humanas aparecerían arrodilladas o en actitud de adoración, respeto, devoción y/o rendición ante un individuo de relevancia social o incluso de consideración divina (Utrilla y Bea, en prensa). En los conjuntos de la Sierra de Albarracín son escasas las superposiciones de motivos, y cuando se constatan para la mayoría de los casos (Cocinilla del Obispo, Ceja de Piezarrodilla) no resulta posible establecer fases decorativas diferenciadas. Con todo, encontramos en el abrigo del Prado del Navazo una superposición muy interesante que va más allá de la secuencia de realización. En este conjunto, un toro de color blanco de grandes dimensiones se superpone claramente a los cuartos traseros de otro bóvido más pequeño y de color negro, así como a una flecha también en negro que aparece clavada en el pecho. Dicho venablo parece haber sido disparado por un arquero esquemático en negro que tensa el arco en actitud de disparo, quizá hacia el toro de menores dimensiones (Figura 4). Estas observaciones apuntan a que los grandes toros de color blanco serían realizados con posterioridad a las representaciones en negro aludidas, entre ellas una humana de estilo esquemático. Encontramos pues que la pretendida mayor antigüedad de las figuras de grandes dimensiones y color blanco dentro de la evolución


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre del arte levantino no sería tal y que o bien hay figuraciones esquemáticas anteriores a esa fase I del arte levantino o bien los grandes bóvidos blancos de Albarracín son propios de momentos recientes (Martínez Bea, 2005 y 2008). Casos como los expuestos subrayan la necesidad de analizar y reinterpretar conjuntos ya conocidos. Nos encontramos ante una línea de trabajo abierta en la pretensión de redefinir el complejo panorama del arte rupestre postpaleolítico, cuestión que no resulta exclusiva para la Sierra de Albarracín, sino que se ha apuntando también para conjuntos rupestres de otras zonas geográficas. Basten citar algunos de los motivos del abrigo de La Vacada (Castellote) (Martínez Bea, 2004) o al recientemente descubierto Guerrero de Mosqueruela (Lorrio y Royo, 2013), referidos a manifestaciones levantinas en territorio aragonés.

5. CONCLUSIONES A pesar de los numerosos intentos de clasificación y ordenación cronológica relativa, casi siempre se ha considerado que toda representación de tendencia naturalista y de cronología postpaleolítica debía ser englobada dentro del amplio término de “arte levantino”, tratando de encontrar acomodo, en ocasiones forzado, para cada motivo en alguna de las fases de desarrollo planteadas para el mismo. La propia inercia generada por la idea de que todo lo naturalista postpaleolítico debía ser, por fuerza, considerado como levantino, ha llevado a convertirlo en un verdadero “cajón de sastre” en el que se incluyen representaciones estilística y temáticamente muy distintas En general, se ha tratado de establecer una evolución lineal para el arte levantino, contemplando la existencia de fases evolutivas diacrónicas para el mismo que ayudan a organizar un, cada vez más, basto número de motivos diferentes. Consideramos que la problemática no radica sólo en nuevas perspectivas de análisis de los conjuntos rupestres sino también, y de forma evidente, en la propia definición del cuerpo teórico y terminológico empleados por la tradición investigadora. El arte levantino es un ente complejo, preñado de conceptos terminológicos e ideas preconcebidas que, con el paso del tiempo y con los nuevos descubrimientos, sólo pueden conducir a enmarañar todavía más su propia definición. El análisis de los conjuntos rupestres de la Sierra de Albarracín nos puede ayudar a ejemplificar la complejidad aludida, realidades divergentes que se han tratado de explicar como parte de un todo global cuyas diferencias estarían, como ya hemos señalado anteriormente, en función o bien de fases evolutivas de un mismo estilo o bien como factores regionales o étnicos diferenciadores. La propia concepción del arte levantino como una especie de frontera conceptual ha impedido contemplar también la posibilidad de que podamos estar delante de diferentes procesos artísticos o ciclos propios de momentos cronológicos y filiaciones culturales diversas

que tendrían como nexo de unión el gusto por la tendencia naturalista de las representaciones. Acerca de la singularidad del arte rupestre de la Sierra de Albarracín algunos autores han apuntado diversas opiniones. Así, Beltrán define el arte levantino como un conjunto de representaciones artísticas heterogéneo, afirmando que los toros grandes del Prado del Navazo, los Toricos, Cocinilla del Obispo y Ceja de Piezarrodilla tienen poco que ver con los habituales del arte levantino (por color, tamaño, convenciones...) (Beltrán, 1995: 291). Así, el citado autor comenta que “las extrañas representaciones animales del abrigo del Tío Campano o las minúsculas figuras humanas del de Lázaro introducen elementos tan poco de acuerdo con lo conocido que obligarán a un planteamiento de este foco regional de la expresión gráfica parietal” (Beltrán, 1995: 314). En este sentido, Collado considera que la Sierra de Albarracín “forma una unidad tan evidente y una excepción en su paisaje, temas y técnicas, estilo, pigmentación y tamaños, que hacen de estas manifestaciones artísticas punto de referencia obligado para el estudio de la Historia Universal del Arte y el Hombre” (Collado, 1990: 4). Los conjuntos estudiados abren un nuevo horizonte interpretativo para la Sierra de Albarracín en particular y para el arte rupestre aragonés en general, invitándonos a considerar la necesidad de tratar de establecer una redefinición terminológica y conceptual para el mismo.

AGRADECIMIENTOS Los diferentes trabajos de documentación y difusión referidos en el texto se han podido realizar a través de diversos proyectos financiados por la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales (MECD). Estos estudios se inscriben en los proyectos PTQ-12-05640 (MINECO), HAR2014-59042-P (MICINN) así como en el Grupo “Primeros Pobladores del Valle del Ebro” (H-07PPVE, financiado por Gobierno de Aragón y Fondo Social Europeo). Queremos igualmente agradecer la participación en los trabajos de documentación de Hilario Dalda, Jorge Miranda y Paula Uribe, así como el apoyo recibido por el Parque Cultural de Albarracín en la figura de Luis Martínez.

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NOTAS ACLARATORIAS 1 En 2015-16 se llevará a cabo la campaña de estudio y documentación de los tres conjuntos declarados Patrimonio Mundial de Albarracín que no fueron incluidos en fases anteriores. Su ausencia en el análisis general presentado, las características técnicas y estilísticas de uno de ellos (Fuente del Cabrerizo) y la mala o nula conservación de los otros (Las Balsillas y abrigo del Toro Negro), no modifica la validez de las observaciones globales realizadas en el presente estudio.

El análisis de los conjuntos varía en función del equipo de trabajo que lo ha llevado a cabo. Así, mientras que para los de Bezas, Tormón y Fase I de Albarracín se han realizado estudios basados en análisis visuales y aplicación de conceptos de evolución geomorfológica de los enclaves (J.L Peña-Monné y L.A. Longares), en los realizados en la Fase II de Albarracín se ha recurrido a un tipo de analítica de laboratorio con la caracterización del soporte pétreo mediante estudio petrográfico y confección de mapas de sales, humedades y estudio visual de alteraciones mediante cámara térmica (I.A. Somovilla y L. de Juan).

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La financiación de los proyectos se ha centrado, esencialmente, en aquellos conjuntos declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO. En estos casos se ha procedido a la generación de una documentación exhaustiva tanto fotográfica, como geométrica y geomorfológica o geológica. Atendiendo a las especificaciones de los proyectos, el estudio y documentación de aquellos abrigos que no formaran parte del listado ARAMPI no era susceptible de ser contemplado. No obstante, y siquiera de forma básica, procedimos a realizar una primera fase documental en la que se contempló el registro fotográfico y la realización de plantas y alzados de los conjuntos mediante topografía tradicional. Asimismo, se están realizando los estudios temático estilísticos y calcos digitales de algunos de estos abrigos, ya en el contexto del Grupo “PPVE”.

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Nuevamente la problemática en la definición de lo estrictamente levantino lleva a incluir dentro del mismo ciclo a manifestaciones estilísticamente muy diferentes, hasta el punto de que contabilizarlas en el mismo recuento para tratar de establecer valores porcentuales comparativos puede alterar la percepción de la realidad artística.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

13. SOBRE LA DISTRIBUCIÓN TERRITORIAL DE LA PINTURA RUPESTRE ESQUEMÁTICA EN ARAGÓN: ALGUNAS NOVEDADES José Ignacio Royo Guillén1 1

Dirección General de Cultura y Patrimonio. Gobierno de Aragón José Ignacio Royo Guillén, jiroyo@aragon.es

RESUMEN Con este trabajo pretendo llamar la atención sobre una serie de aspectos relacionados con la distribución territorial de la pintura esquemática. Entre 1998 y 2015, los hallazgos de nuevos conjuntos rupestres esquemáticos, han incrementado el número de estaciones conocidas de poco más de un centenar a más de 190 enclaves que se reparten de forma desigual por casi toda la geográfica aragonesa, tanto en la cuenca media del Ebro, como en los somontanos ibéricos y pirenaicos, incluso llegando a documentarse en las altas cimas ibéricas y pirenaicas. La concentración de conjuntos y su iconografía específica nos ha permitido establecer hasta ochos núcleos bien diferenciados tanto en lo referido a su localización geográfica, como en lo temático y su contexto arqueológico, lo que nos permite plantear nuestras serias dudas sobre el concepto de arte esquemático, acepción que encierra no pocas contradicciones entre iconografía, estilo, técnica y cronología, como demuestran algunos ejemplos que ahora se presentan. PALABRAS CLAVE: Pintura esquemática; Aragón; Distribución territorial; Temática; Estilo; cronología.

ABSTRACT This paper tries to attract attention about some aspects related to the territorial distribution of schematic rock painting. Between 1998 and 2015, the finds of new collections of schematic rock art collections, have increased the number of known sites from a bit more than a hundred to over 190 ones unequally distributed almost all over Aragon, both in middle of the Ebro basin and in the Pyrenean and Iberian montains, even being provided evidence for some them onto some peeks in the Pyrenean and Iberian mountains. The concentration of schematic rock painting sets and their specific iconography has allowed us to establish up to eight differentiated groups both as regards their geographical location, and the tematic content and its archaeological context, enabling us to consider serious doubts about the concept of schematic rock painting, whose meaning contains quite a few contradictions between iconography, style, technique and chronology, as some presented examples can prove. KEYWORDS: Schematic rock painting; Aragon; Territorial distribution; Thematic; Style; Chronology.

1. INTRODUCCIÓN La presentación de este trabajo responde a la necesidad de exponer algunas cuestiones sobre una de las manifestaciones más excepcionales del arte post-paleolítico: el denominado comúnmente como arte esquemático. En las páginas que siguen nos centraremos solamente en la pintura esquemática, dejando los conjuntos grabados por su problemática específica que excede con mucho la extensión y los objetivos de esta comunicación, aunque mantienen una estrecha relación con muchas de las manifestaciones pintadas. Como introducción al tema que nos ocupa, diré que mi doble condición de investigador y director del Inventario de Arte Rupestre de Aragón (I. A. R. A.), me ha permitido contar con una visión general del problema, al poder analizar la

totalidad de los hallazgos disponibles hasta la fecha. Por otra parte, la propia distribución territorial de la pintura esquemática en Aragón, obliga a plantear algunas cuestiones relativas a dicha ubicación y su relación o no con el contexto arqueológico de su entorno (Berrocal 2004) Aunque los estudios sobre arte esquemático, en especial la pintura, cuentan con una larga tradición en toda la Península Ibérica y en especial en su arco mediterráneo (Martínez García 2006; Hernández Pérez 2009), así como en Aragón (Utrilla y Martínez-Bea 2009), me centraré como punto de partida en la situación que se derivó de la realización del primer inventario completo del arte rupestre aragonés, confeccionado entre 1996 y 1997 por algunos técnicos de la Administración Autonómica –entre los que yo mismo participé- y que permitió incluirlo en el documento que en

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1998 consiguió la declaración como Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO (Berrocal op. cit. 2004, 47). En esas fechas, el I. A. R. A. contaba en sus fichas con 112 enclaves con arte esquemático. El desarrollo de las investigaciones y el mantenimiento y posterior ampliación de este inventario autonómico, permitió aumentar el número de estaciones, llegando en los últimos meses de 2015 a las 196, que suponen un total de 84 nuevos yacimientos descubiertos en los últimos 17 años. En este periodo de tiempo, no sólo se ha conseguido la protección legal (declaración como Bienes de Interés Cultural) para los 510 sitios con arte rupestre de Aragón hasta el momento inventariados, sino que de forma clara, se han ampliado las áreas de investigación, afectando en este momento a todo el territorio aragonés. No obstante, persisten los problemas a la hora de intentar definir de forma clara a qué llamamos arte esquemático, ya que dicha acepción engloba muchos tipos de arte y estilos, desde el esquematismo, hasta la abstracción, pasando por el subnaturalismo (Utrilla y Martínez-Bea, op. cit., 2009, 110-115) y a pesar de que se ha intentado contextualizar la mayoría de los hallazgos con su entorno arqueológico, todavía subsisten serios problemas derivados de la confusión a la que llevan el manejo de algunos conceptos como temática, técnica, estilo o cronología (Utrilla y Bea 2014).

2. LA PINTURA ESQUEMÁTICA EN ARAGÓN: SU DISTRIBUCIÓN Y SUS CONTEXTOS

Figura 1. Distribución de la pintura esquemática en Aragón (2015). Fuente: Inventario de Arte Rupestre de Aragón –I. A. R. A.-

2. 1. Territorio y Paisaje. Un mero análisis superficial de los hallazgos de pintura esquemática en nuestra Comunidad Autónoma, permite comprobar que su distribución geográfica, aunque muy irregular, está presente en prácticamente todas las unidades morfoestructurales del territorio: desde las sierras interiores del pirineo, hasta las zonas más altas del sistema ibérico turolense, la sierra de Albarracín, o el Alto Maestrazgo, o también en el somontano ibérico y en las sierras exteriores pirenaicas, incluso en el sector oriental del valle del Ebro, quedando por el momento vacío de hallazgos el sector central de la cubeta del Ebro y las sierras de Alcubierre y Luna (fig. 1) Como ya he dicho, dicha distribución es muy irregular, ya que más del 90% de todos los abrigos con arte esquemático en Aragón se encuentran agrupados en una serie de zonas geográficas, en las que la concentración de enclaves rupestres se hace más evidente, con espacios vacíos o sin hallazgos entre dichas agrupaciones. Estas concentraciones o núcleos de arte esquemático ya eran evidentes en 1998, como se ha señalado en distintos trabajos, destacando tres, como son, de norte a sur, el núcleo del río Vero, el del río Martín y el de la sierra de Albarracín (Bea y Utrilla 2014). En esos momentos, de los 163 lugares con arte rupestre en Aragón, 112 correspondían a enclaves con pintura esquemática, de

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Figura 2. Los tres grandes núcleos de arte esquemático en 1998.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre los que 58 estaciones se localizaban en el río Vero, 30 en el río Martín y 15 en la Sierra de Albarracín (fig. 2). De los tres núcleos conocidos, se ha pasado en la actualidad a ocho, algunos de ellos concretados a partir de la revisión de datos anteriores, otros no valorados hasta el momento y algunos descubiertos entre 1998 y 2015 (Bea y Utrilla, op. cit., 2014). En ningún caso llegan al número de sitios de los tres grandes núcleos originales, pero sí están perfectamente definidos en lo que se refiere a distribución geográfica, a su soporte geomorfológico o a su iconografía y en todos los casos cuentan con más de cinco estaciones o abrigos agrupados en torno a una unidad geográfica o paisajística. De los nuevos núcleos de arte esquemático señalados, dos se localizan en el pirineo, otro en el sector oriental del valle del Ebro y los otros dos en el reborde oriental de la provincia de Teruel. Como puede comprobarse en la figura 1, los nuevos núcleos son: Salvatierra de Escá (Zaragoza, pirineo occidental) con 11 abrigos, Castillonroy/Santa Ana (Huesca, pirineo oriental) con 6 abrigos, Mequinenza (Zaragoza, sector oriental valle del Ebro) con 30 abrigos, Bajo Aragón (Teruel, cuencas medias y bajas de los ríos Guadalope y Matarraña) con 8 abrigos y Alto Guadalope y Maestrazgo

(Teruel, reborde oriental del sistema ibérico) con 10 abrigos. Como ya he comentado, la pintura esquemática no se reparte por el territorio de una manera uniforme. A las concentraciones o núcleos ya señalados, hay que añadir una serie de estaciones aisladas, al menos por el momento, que jalonan nuestra geografía y que debemos señalar. Destacan los hallazgos localizados en el reborde occidental del sistema ibérico y sobre todo los cada vez más numerosos y significativos hallazgos del alto pirineo. Sobre algunos de estos nuevos hallazgos volveremos más adelante. Todos los núcleos de arte esquemático aragonés son plenamente representativos de la mayoría de los paisajes definidos en nuestra Comunidad. La mayoría de los enclaves descubiertos presentan unas litologías muy similares, destacando las calizas jurásicas o cretácicas, siendo las areniscas el segundo soporte más utilizado, tanto las triásicas del Bundsantein de Albarracín, como las del mioceno de Mequinenza y Bajo Aragón. Los abrigos pueden localizarse en gargantas y hoces profundas, atravesadas por ríos o barrancos, en lo alto de acantilados (Castillonroy) o en afloramientos rocosos

Figura 3. Algunos paisajes con pintura esquemática: 1. Núcleo de Salvatierra de Escá (Zaragoza). 2. Núcleo de Castillonroy/ Santa Ana (Huesca). 3. Núcleo de Mequinenza. 4. Núcleo de la Sierra de Albarracín.

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del valle del Ebro (Mequinenza). También se localizan en ambientes o paisajes típicos de ribera, de media o de alta montaña, en zonas boscosas o en estepas. En realidad, los encontramos en todos los nichos bioclimáticos presentes en nuestra geografía (fig. 3).

2.2. Iconografía y contexto Además de sus propias características geográficas, cada núcleo de pintura rupestre esquemática mantiene una iconografía propia, a pesar de que a día de hoy, todavía no contamos con el necesario repertorio de motivos esquemáticos de nuestro territorio, salvo en algunos conjuntos o núcleos de sobra conocidos en la bibliografía, como sería el caso del río Vero (Baldellou et alii 2009 68-89), o más recientemente el del río Martín, el único que por el momento cuenta con un auténtico corpus de sus manifestaciones rupestres (Beltrán 2005). No vamos a insistir en los corpora de motivos esquemáticos de estos dos núcleos esquemáticos, más o menos incorporados en diferentes trabajos ya citados o en otros específicos (Utrilla y Martínez Bea 2009) en los que se abordan algunos yacimientos concretos, sobre todo en el río Vero, donde los trabajos de Baldellou y su equipo han documentado la mayor parte de los enclaves esquemáticos, donde destacan los motivos antropomorfos y zoomorfos, aunque también signos abstractos, barras o puntos, como elementos más destacados (Baldellou et alii, op. cit., 2009, 77-79). Es en la cuenca del río Vero donde la relación entre representaciones rupestres y contexto arqueológico parece estar más clara, como sería el caso de los cantos pintados de la cueva de Chaves, de cronología neolítica y con paralelos en los tres abrigos del Barranco de Solencio (Utrilla y Baldellou 2001-2002) (fig. 4).

donde se ha asociado la presencia de pintura esquemática con contextos arqueológicos vinculados al Neolítico Antiguo, como El Remosillo y la cueva del Moro de Olvena con una problemática específica sobre la que más adelante volveremos (Bea 2010), la cueva de La Miranda en Abizanda o el abrigo del Codronazo (Rey 2014). En el río Martín, dentro del territorio delimitado por su Parque Cultural, nos encontramos con un corpus de arte rupestre dirigido por Beltrán Martínez (2005), en el que aparecen reflejados todos los abrigos descubiertos en su cuenca. Destacan algunos conjuntos esquemáticos localizados en Albalate del Arzobispo, Estrechos I y II, Los Chaparros o Recodo de los Chaparros I y II, con una variedad temática ciertamente excepcional (Beltrán Martínez y Royo Lasarte 1995 y 1997) pero también son de interés las manifestaciones esquemáticas de la Cañada de Marco (Beltrán Martínez, op. cit., 2005, ficha 22) donde existe una coexistencia en el mismo abrigo de pintura levantina y esquemática que plantea serias dudas respecto a su adscripción cronológica, dado su contexto arqueológico (Royo Guillén 1999a, 199, fig. 5; Royo Guillén 1999b). No obstante, es en la cuenca alta del río Martín y en el entorno del territorio de la localidad de Obón, donde se ha documentado una alta concentración de yacimientos con arte esquemático con un alto contenido simbólico en sus representaciones, donde prima la presencia de puntos y barras, aunque destaca como conjunto esquemático el abrigo del Tollo de la Morera, con presencia de antropomorfos en phi, espirales, ramiformes o puntos (Royo Guillén 20032004, figs. 4-10) (fig. 5).

Figura 4. Cantos neolíticos de Chaves y motivos esquemáticos de los abrigos del Bco. de Solencio. Ejemplos similares se han documentado en diversos abrigos con arte esquemático de la cuenca del río Vero o en su entorno geográfico, como es el caso de los abrigos de Huerto Raso o la cueva de Pacencia, en ambos casos con presencia de paneles esquemáticos y un contexto arqueológico de cronología neolítica (Montes et alii 2000, 101 y 107). De forma similar, contamos con otros enclaves pirenaicos

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Figura 5. Tollo de la Morera, panel 2: ramiforme, puntos y espiral.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre Es precisamente en esta zona del Alto Martín, donde se ha podido realizar un estudio exhaustivo entre la relación de enclaves esquemáticos y contexto arqueológico, comprobándose un patrón de localización totalmente distinto –abrigos pintados lejos del río, en lugares dominantes- al del arte rupestre levantino –controlando los pasos naturales del río Martín-, asociado a las nuevas estrategias de los pobladores agroganaderos, posiblemente ya desde el neolítico y con seguridad desde el calcolítico (Royo Guillén, op. cit. 2003-2004, 78-83, fig. 19). Por lo que se refiere al tercer núcleo de arte esquemático, la sierra de Albarracín, hasta 1998 contábamos con el meritorio trabajo de Piñón (1982) que recopilaba y actualizaba los trabajos anteriores. La iconografía esquemática quedaba bien representado por motivos antropomorfos, serpentiformes, zoomorfos, tectiformes, ancoriformes, entre otros. Las sucesivas investigaciones realizadas en la zona y en el abrigo de Doña Clotilde como gran conjunto esquemático, daban como resultado varios contextos relacionados tanto con el mesolítico, como con el neolítico, sin que por el momento quede clara la adscripción de cada estilo pictórico –levantino o esquemático- a un contexto crono cultural u otro (Utrilla y Calvo 1999, 50-53, fig.5; Martínez Bea 2008, 145-146, cuadro 2) (fig. 6).

Figura 7. Cueva de la Font de la Bernarda. Panel esquemático. 8) (fig. 8) o la Caixa del Pon Nou en Beceite (Bea 2012b, 71), además de otros paneles con un claro contexto arqueológico vinculado al neolítico, como es el caso del Arenal de la Fonseca (Royo Guillén 2005, 78-79, fig. 4).

Figura 6. Calco del panel esquemático de Doña Clotilde. Según M. Bea (2014). En cuanto a otras áreas ya conocidas desde antiguo, como el Bajo Aragón, con presencia relativamente escasa del arte esquemático, podemos afirmar que existe una iconografía variada que parece relacionarse con la riqueza de yacimientos arqueológicos de la zona, entre los que destacan los de cronología mesolítica y neolítica que se han vinculado a varias de dichas manifestaciones gráficas (Utrilla y Calvo, op. cit., 1999, fig. 11), aunque también contamos con ejemplos de abrigos claramente emparentados con la cultura ibérica, como ya se demostrado en La Font de la Bernarda en la localidad de Cretas (Royo Guillén 1999, 205-207, fig. 10) (fig. 7). Algo similar ocurre con el núcleo del Alto Guadalope/ Maestrazgo, con una iconografía en la que predominan los puntos, los zoomorfos y algún antropomorfo, aunque los nuevos descubrimientos y las revisiones realizadas recientemente, han aportado un nuevo panorama, en el que se han documentado paneles esquemáticos en abrigos levantinos, como El Arquero en Castellote (Bea 2012a, fig.

Figura 8. Abrigo del Arquero. Panel nº 2 esquemático. Según M. Bea (2012)

3. SOBRE LOS NUEVOS NÚCLEOS DE PINTURA ESQUEMÁTICA Además de los núcleos de arte esquemático ya señalados hasta el momento, debo insistir en las agrupaciones recientemente definidas que aportan importantes novedades sobre la distribución, iconografía y contexto cronológico y cultural. Me refiero a los núcleos de Salvatierra de Escá, Castillonroy/Santa Ana, Mequinenza y Sierra de Albarracín.

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3.1. Salvatierra de Escá

3.2.Castillonroy/Santa Ana

El núcleo de Salvatierra de Escá se localiza en el extremo norte de la provincia de Zaragoza, en las sierras exteriores del pirineo occidental (fig. 1), donde se encuentra el grupo principal de abrigos, en la Foz de Forniellos, con diez enclaves, a los que hay que añadir otro lugar más en la cueva de Peñarroya (Bea et alii 2013). Nos encontramos en un espacio caracterizado por una estrecha y corta garganta calcárea de paredes verticales y abundante vegetación, donde se ha documentado un posible paisaje estructurado y sacralizado en torno a las manifestaciones rupestres. En efecto, los diferentes paneles se ordenan en dos planos superpuestos en la pared que se abre al este, bajo los que se han localizado varias covachas con restos de material prehistórico asociado a posibles enterramientos humanos (Bea et alii, op. cit., 2013, 259-261). Entre las diferentes representaciones esquemáticas, en fase de estudio, podemos destacar las puntuaciones (fig. 9) –de forma exclusiva en la cueva de Peñarroya-, junto a signos, pectiniformes, espirales, barras, ramiformes, antropomorfos o zoomorfos, todos ellos pintados en color rojo, salvo en uno de los abrigos superiores, Balcón de Forniellos IV, donde todos los motivos pintados lo están en color negro (fig. 10).

El núcleo de Castillonroy y embalse de Santa Ana, se localiza en las sierras exteriores del pirineo oriental aragonés, a ambos lados del río Noguera Ribagorzana (fig. 1), en un entorno dominado por los grandes acantilados calizos, de acceso muy complicado, en los que en estos momentos conocemos hasta 6 abrigos con arte esquemático que se reparten en las dos márgenes del río, junto a la presa del citado embalse. A esta agrupación, muy concentrada en el espacio, debemos añadir el abrigo de Les Coves en el término municipal de Baldellou (Utrilla y Bea 2014). De todos los conjuntos conocidos, Santa Ana I-II y Monderes I-IV, por ahora sin la necesaria documentación exhaustiva, sabemos que existe un abrigo, Santa Ana I, colgado en una pared a más de 40 metros de altura, en el que aparece un importante panel pintado en color rojo, con representaciones de antropomorfos, zoomorfos, pectiniformes, barras y retículas geométricas (fig. 11) .

Figura 11. Panel principal del abrigo de Santa Ana I. Figura 9. Panel de puntos de la cueva de Peñarroya.

Figura 10. Motivos esquemáticos del Balcón de Forniellos IV.

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Figura 12. Agrupación de puntos del abrigo de Monderes IV.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre El resto de abrigos conocidos se reparten en la misma ladera del abrigo anterior, como Santa Ana II o Pas de la Sabineta, o bien se concentran en los imponentes peñascos calizos de la sierra de Monderes, donde se han localizado cuatro abrigos con representaciones esquemáticas de puntos, barras, antropomorfos y otros signos, tanto en color rojo como en negro (fig. 12) que cuentan con un contexto arqueológico en la zona de clara cronología prehistórica (Bea y Utrilla, op. cit., 2014; Montes et alii. 2006).

3.3. Mequinenza En el extremo oriental de la provincia de Zaragoza, en la confluencia de los ríos Segre y Matarraña con el Ebro, casi coincidiendo con el término municipal de Mequinenza (fig. 1), se encuentra uno de los núcleos de arte esquemático que menos se ha tenido en cuenta hasta la fecha, a pesar de haberse publicado varios trabajos sobre el mismo (Royo Guillén y Gómez Lecumberri 2004, 72-78). Conocemos más de 30 abrigos, repartidos junto a la orilla del Ebro o en muchos de sus barrancos subsidiarios, tanto de este río como del Segre, en pequeños abrigos y afloramientos de caliza y areniscas miocenas. Las características más sobresalientes de este singular núcleo esquemático son las siguientes: Se trata de abrigos de muy pequeño tamaño, con paneles con muy pocas figuras, por regla general 1-2, aunque en algunos casos pueden superar la media docena; los motivos siempre pintados en color rojo, representan antropomorfos de tipo cruciforme (fig. 13), así como motivos esteliformes (fig. 14), círculos y puntos o bitriangulares, así como retículas, símbolos en herradura y otros motivos abstractos que nos han permitido constatar la larga pervivencia cronológica de este núcleo, desde el neolítico antiguo hasta muy avanzada la Edad moderna (Royo Guillén y Gómez Lecumberri 1994, 21-22).

Figura 14. Motivo esteliforme en el abrigo de Vall de Mamet II. El contexto arqueológico que se encuentra junto a los distintos abrigos de este núcleo, cuenta con importantes yacimientos neolíticos, entre los que destacaremos Riols I, Bco. de la Mina Vallfera o Valmayor XI, en los que se han documentado estratigrafías desde el Mesolítico hasta el neolítico final (Utrilla y Martínez Bea, op. cit., 2009, 128, fig. 11, 3-4)), pero también en los mismos entornos, conocemos yacimientos de la Edad del Bronce, del Hierro y del Ibérico Antiguo, así como otros asentamientos que prolongan la ocupación del territorio durante toda la Edad Media y Moderna (Royo Guillén y Gómez Lecumberri, op. cit., 2004, 74-76). A tenor de los diferentes motivos esquemáticos estudiados, de sus paralelos iconográficos y de su contexto, resulta evidente que estamos ante unas manifestaciones de tipo esquemático, pero que cubren una amplísima cronología, con abrigos prehistóricos, otros protohistóricos, algunos medievales e incluso otros de época moderna y sobre los que estamos realizando un estudio detallado.

3.1. Sierra de Albarracín Este núcleo de arte rupestre, localizado en el extremo suroeste del territorio aragonés (fig. 1), ya tratado su día en todo su conjunto (Piñón, op. cit., 1982) cuenta en realidad con tres agrupaciones de abrigos pintados bien diferenciadas, sin contar con los grupos de grabados rupestres, aunque en la misma unidad geomorfológica y paisajística: Albarracín, Bezas y Tormón (Gómez Lecumberri y Royo Guillén 2008, 167-168). Solamente un conjunto con pintura esquemática se localiza aislado en los afloramientos calcáreos localizados frente a la localidad de Frias de Albarracín, el abrigo de la Peña de la Moratilla que en la actualidad permanece todavía prácticamente inédito. Figura 13. Antropomorfo cruciforme. Bco. de Campells I.

En recientes trabajos se han abordado las principales características del arte esquemático de la sierra de Albarracín, la tipología de sus representaciones y su contexto arqueológico, así como su cronología (Martínez Bea 2008; Gómez Lecumberri y Royo Guillén, op. cit., 2008, 163 y 165-166), por lo que no insistiremos en esos temas. En

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este punto y dada la limitación de espacio para este trabajo, insistiré en dos de las agrupaciones citadas: Bezas y Tormón. A los abrigos de Bezas ya conocidos, se han sumado otros enclaves de los que aquí queremos destacar dos que plantean una problemática específica. Me refiero a los abrigos de Campanario I (fig. 15) y II.

Figura 16. Superposición de antropomorfos esquemáticos a toro levantino en el abrigo de los Prados de los Arejos II.

Figura 15. Panel esquemático del abrigo de Campanario I (Bezas). Dichos abrigos, están localizados junto al grupo de las Tajadas de Bezas, pero muy cercanos a la Peña del Hierro, yacimiento con materiales de cronología protohistórica y cuya relación con estos lugares parece ser evidente. Los dos enclaves se localizan en lo alto de un acantilado de rodeno (fig. 3. 4), son casi inaccesibles y contienen entre sus representaciones antropomorfos, pectiniformes y signos, cuya tipología no responde a los cánones del arte esquemático prehistórico y que recientemente hemos incluido entre los motivos de cronología protohistórica (Royo Guillén 2015, 116, fig. 26). El siguiente grupo de abrigos esquemáticos, se ha definido en el término de Tormón, donde los hallazgos de nuevos conjuntos rupestres se han multiplicado en los últimos diez años, pasando de cuatro abrigos a una veintena en la actualidad, agrupación que recientemente ha suscitado nuestro interés en su estudio (Bea et alii., prensa). He de señalar que este grupo de abrigos presenta unas características novedosas en el panorama del arte rupestre postpaleolítico aragonés, con paneles exclusivamente pintados con motivos esquemáticos, aunque en muchos de los casos, se comprueba la coexistencia de arte levantino y esquemático en el mismo abrigo. Como ejemplo de lo dicho, citaré el abrigo de los Prados de los Arejos II, recientemente descubierto y en estos momentos en estudio por M. Bea, P. Lanau y yo mismo.

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El abrigo, localizado al pie de un gran afloramiento de rodeno totalmente accesible, cuenta con un pequeño panel que resume en sus representaciones toda la problemática sobre el arte rupestre. En apenas un metro cuadrado de superficie, encontramos motivos levantinos, esquemáticos y geométricos con sucesivas superposiciones, un auténtico palimpsesto de pintura rupestre en el que los motivos esquemáticos sobresalen por su excepcionalidad con respecto al resto de las manifestaciones parietales de la sierra de Albarracín. Encontramos motivos en zig-zag, puntos, barras, parejas de antropomorfos, signos e incluso un idoliforme, prácticamente idéntico al idolo-zapatilla recuperado en la necrópolis de Los Millares (fig. 16) y que parecen superponerse a una bella representación de toro levantino.

4. NUEVOS PROBLEMAS

ABRIGOS

Y

VIEJOS

A los nuevos conjuntos ya descritos, debo sumar una serie de yacimientos, por el momento aislados, pero que reflejan una problemática que está muy lejos de quedar solucionada. Se reparten por casi toda la geografía aragonesa (fig. 1), pero son especialmente significativos en el Alto Aragón, con conjuntos que se concentran sobre todo en el pirineo central y oriental. Tal sería el caso de los siguientes: San Urbez (Fanlo), Codronazo (La Fueva), Coveta de la Canal (valle de Lierp) o cueva de la Miranda (Abizanda). De esta zona debo destacar el importante hallazgo realizado en 2014 en la localidad oscense de Arén. El conjunto localizado en las cercanías de la población, consta de dos enclaves con arte esquemático, la cueva del Bubu I y II y junto a ellos, un asentamiento de cronología prehistórica (fig. 17).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre gargantas del río Piedra, en la localidad de Torralba de los Frailes, en un nuevo abrigo con varias representaciones de agrupaciones de puntos y barras que se ha denominado como abrigo Langas y que seguro estará asociado a un nuevo grupo de abrigos, en un área que nunca se ha prospectado (fig. 19),

Figura 17. Vista general de la cueva del Bubu I en Arén. La cueva del Bubu I cuenta con un acceso muy complicado que tras un corredor muy estrecho de apenas diez metros, da paso a un covacho o camarín abierto al acantilado calizo, cuyas paredes aparecen totalmente cubiertas de puntos, barras, agrupaciones de ambos motivos y combinación con motivos circulares u ovalados, además de otros signos y manchas, todavía por documentar (fig. 18) y con un marcado carácter ritual o simbólico. Al otro lado del afloramiento calizo, se encuentra un gran abrigo, la cueva del Bubu II, con representaciones de puntos y barras en color rojo, al igual que los motivos del covacho ya citado. No conozco, en todo el territorio aragonés un caso similar a éste, en el que en un espacio de menos de 1 Ha. convivan un abrigo y una cueva con arte esquemático y junto a los dos enclaves, se localice un asentamiento prehistórico. El estudio de este conjunto aportará con seguridad importantes novedades al debate sobre el arte esquemático.

Figura 18. Una de las paredes pintadas de la cueva del Bubu I. Pero no sólo existen novedades en el pirineo, también hay nuevos yacimientos localizados junto a núcleos ya conocidos y en áreas de las que no se tenía constancia de hallazgos de arte rupestre, como es el caso del sistema ibérico, con otra cueva importante todavía inédita, la de Moncín en Borja, o los nuevos hallazgos de los Prados en Jaraba (Bea y Utrilla 2014), Barranco de las Salinas en Ojos Negros o el recientísimo descubrimiento de arte esquemático en las

Figura 19. Panel principal con series de puntos en vertical del abrigo Langas, en las gargantas del río Piedra. Para concluir este rápido recorrido por los nuevos hallazgos, algunos ya señalados con anterioridad (Bea y Utrilla, op. cit., 2014, fig. 1), citaré tres abrigos que tienen un notable interés. El primero de ellos, denominado Reguero Granjeta, se localiza en el término municipal de Muniesa, junto al Parque del río Martín y tiene la peculiaridad de que presenta un pequeño panel pintado en rojo con representaciones de puntos, barras y un espiraliforme, situado junto a otro abrigo en el que aparecen restos de cenizas, huesos y silex sin elementos cerámicos. El segundo de ellos, se encuentra en la localidad de Oliete, en el Barranco de San Pedro, muy cerca de la sima que le da nombre y junto al poblado amurallado de época ibérica. Se trata de una pequeña oquedad casi inaccesible, en las paredes calizas del barranco, en el que se ha documentado un pequeño panel pintado en rojo en lo que hemos interpretado como una posible escena de equitación, a la que acompañan otros motivos de mas difícil lectura y que parece emparentarse con una representación de la Edad del Hierro, como recientemente hemos planteado (Royo 2015, 117, fig. 30). El tercero se localiza en el Bajo Aragón, pero relativamente alejado de otros conjuntos. Se encuentra en el término municipal de Torrecilla de Alcañiz, junto al río Mezquín, afluente del Guadalope. Se trata de un pequeño afloramiento de areniscas miocenas denominado como El Viñero, sin ningún tipo de visera que proteja el panel pintado en rojo que cuenta con cinco motivos: un antropomorfo de tipo cruciforme, un pectiniforme o zoomorfo, una agrupación de puntos en forma de ovalo y otras manchas o puntos (fig. 20). El hallazgo confirma la existencia de un pequeño grupo de abrigos con arte rupestre, entre los que destaca el de Cuevetas

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de Poyuelo I, con una escena de estilo levantino compuesta por varios guerreros provistos de bumeranes (Bea y Utrilla, op. cit., 2014, 179, fig. 4).

de plantearnos que tipo de arte esquemático corresponde al neolítico, a la Edad del Bronce, a la Protohistoria o a determinados momentos históricos. Así podremos hablar de representaciones esquemáticas en cualquiera de los periodos culturales o cronológicos que componen nuestra prehistoria y protohistoria. En este sentido, desde hace ya unos años, venimos llamando la atención sobre algunas representaciones presuntamente pertenecientes al arte esquemático y que gracias a los trabajos de algunos colegas (Bea 2010) o de nosotros mismos (Royo Guillén, op. cit., 2009 a; Lorrio y Royo Guillén 2013; Royo Guillén op. cit., 2015) hemos clasificado dentro de las representaciones artísticas fechadas en la Edad del Hierro, como una manifestación cultural más de la Protohistoria.

5. CONCLUSIONES

Figura 20. Panel pintado del abrigo de El Viñero.

Recapitulando sobre lo anteriormente dicho, podemos concretar las aportaciones de este trabajo en los siguientes puntos:

Otra cuestión a tratar en este apartado es señalar la dificultad de aplicar una terminología adecuada para el cajón de sastre en que se ha convertido el arte esquemático. A pesar de los más que meritorios trabajos realizados hasta el momento por los investigadores aragoneses, tanto en lo referido al reparto geográfico de la pintura esquemática (Valdellou y Utrilla, op. cit., 1999), como de su contexto arqueológico y cronología (Utrilla y Calvo, op. cit., 1999), e incluso de su terminología (Utrilla y Martínez Bea, op. cit., 2009), todavía hoy no contamos con un estudio definitivo que aclare algunos de los problemas de esta manifestación gráfica del postpaleolítico, sobre todo los relacionados con el estilo, la técnica, la temática o el contexto crono-cultural (Bea y Utrilla, op. cit., 2009, 110-115). Prueba de ello son los constantes intentos de fijar unos parámetros objetivos que permitan clasificar correctamente una serie de motivos que siendo similares en cuanto a su morfología, pueden corresponder a etapas cronológicas o culturales muy distintas (Beltrán Martínez 1989). Uno de esos parámetros puede observarse en las relaciones geográficas y de situación de los abrigos levantinos y esquemáticos, localizándose éstos en lugares más inaccesibles que aquellos (Bea et alii., 2015), aunque esto no siempre se cumple.

• La pintura esquemática se localiza en la práctica

En definitiva y como ya plantean otros colegas (Bea y Utrilla, op. cit., 2014, 183-187) sigo manteniendo serias dudas sobre el término pintura esquemática e incluso sobre el de arte esquemático, acepción que encierra no pocas contradicciones entre estilo, técnica, contexto y cronología, como ya hemos comentado. La inclusión en el arte esquemático y más concretamente en la pintura esquemática de elementos abstractos, geométricos, seminaturalistas, o puramente esquemáticos, responde más bien a la incapacidad de definición de un sistema de análisis que permita realizar con garantías los diferentes corpora de representaciones, no en función de su similitud morfológica, sino de su contexto cronológico y cultural. De este modo, dejaremos

• Debe re-definirse el concepto de arte esquemático en

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totalidad de la geografía aragonesa, ocupando casi todos los soportes litológicos, las unidades morfoestructurales y paisajísticas, desde la cubeta central del Ebro (+100 m.), hasta el alto pirineo y las sierras ibéricas, por encima de los 1400 metros.

• De los tres grandes núcleos de arte esquemático conocidos en 1998 (Vero, Martín y Albarracín), se ha pasado a ocho, añadiéndose a las conocidas las nuevas agrupaciones o núcleos de Salvatierra, Castillonroy/ Santa Ana, Mequinenza, Bajo Aragón y el Alto Guadalope/Maestrazgo.

• Los 200 enclaves conocidos representan una amplia

variabilidad en cuanto a su reparto y a sus contenidos, así como en lo que se refiere a los contexto crono-culturales que pueden relacionarse con ellos, manifestando una amplia pervivencia en su cronología, desde el Mesolítico al Neolítico, llegando sin duda alguna al final de la Edad del Bronce, la Edad del Hierro y pudiendo perdurar en algunos motivos y contextos culturales hasta bien entrada la época histórica. lo que se refiere al estilo, temática y contexto cronocultural, para lo que debe completarse el corpus temático de este tipo de arte, aunque sería mejor contextualizar los diferentes tipos de “motivos esquemáticos” presentes en los diferentes ciclos artísticos postpaelolíticos.

AGRADECIMIENTOS Mi reconocimiento a los compañeros/as de la Dirección General de Cultura y Patrimonio por su ayuda en la comprobación de los nuevos enclaves rupestres, para su inclusión en el I. A. R. A. Quiero hacer una mención especial


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre de Mª Ángeles Hernández Prieto, Jefa del Servicio de Prevención y Protección de la Dirección General de Cultura y Patrimonio, por su apoyo en mi labor profesional y en mis investigaciones en arte rupestre. También debo citar a Manuel Bea, por sus consejos en muchas de las cuestiones metodológicas sobre este tema. Sin todos ellos, poco de lo que aquí se ha dicho hubiera sido posible.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

14. NUEVOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS EN LAS CUEVAS DE LOS MOROS DE GABASA. LA SIMA DEL CIERVO II/CUEVA SALABER (PERALTA DE CALASANZ, HUESCA) Rafael Laborda Lorente1, 2 y Mario Gisbert León2 Grupo PPVE, IUCA. Universidad de Zaragoza. 2 CEA, Centro de Espeleología de Aragón.

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Rafael Laborda Lorente, laborda@unizar.es

RESUMEN Se presentan los resultados de la campaña de prospección intensiva realizada durante el 2015 en la Sima del Ciervo II (también conocida como Cueva Salaber o Gabasa 2), situada en el término de Peralta de Calasanz, Huesca. Las Cuevas de los Moros se sitúan en un farallón calizo localizado a menos de un kilómetro al norte de Gabasa y son de sobra conocidas gracias a los trabajos realizados desde los años ochenta por la Universidad de Zaragoza. El conjunto lo forman cinco cuevas pertenecientes a la misma formación kárstica, cuyas bocas se abren a diferentes alturas en el frente del farallón. La sima del Ciervo II en concreto, presenta un desarrollo básicamente vertical lo cual ha impedido la investigación pormenorizada hasta la fecha, siendo necesario equipo y conocimientos de espeleología. En esta campaña se han visitado todos los tramos y repisas susceptibles de albergar materiales. Se han hallado numerosos restos que muestran un uso reiterado de la cavidad durante el Neolítico Antiguo y la Edad del Bronce, tanto en su posición primaria como revueltos y caídos desde salas superiores. Además se han constatado visitas a la sima durante los siglos IV-VI d.C. como denuncian unos pocos fragmentos de cerámica gris estampillada y una pequeña lámina de bronce con remaches. Esto añade un caso más que demuestra el uso recurrente de simas y cuevas difícilmente accesibles como depósitos durante los momentos más convulsos de la Antigüedad Tardía. PALABRAS CLAVE: Sima; Prospección; Neolítico; Edad del Bronce; Antigüedad Tardía.

ABSTRACT We show the results of the intensive prospections in 2015 in the Sima del Ciervo II (known as Cueva Salaber o Gabasa 2), at Peralta de Calasanz, Huesca. The so-called Cuevas de Los Moros are placed in a limy crag located less than a kilometer north of Gabasa and they are known due to the archaeological excavations carried out since the eighties by the University of Zaragoza. There are five caves in the same karst formation, whose entrances are opened at different levels on the front of the cliff. The Sima del Ciervo II has a vertical development. What makes the research difficult without a good knowledge and equipment of caving. Every section and shelf of the photole with archaeological remains has been looked propoerly. Its continual housing use since the Early Neolithic and Bronze Age has been confirmed by a lot of trace. These remains appeared in both their first position and scrambled and fallen from upper chambers. The photole was also visited or occupied in 4th-6th centuries as a few stamped shards of gray pottery and a small rivet bronze sheet can prove it. This adds one more case which demonstrates the recurrent use of some pothole and inaccessible caves like warehouse as deposits during the most turbulent times of Late Antiquity. KEY WORKS: Chasm; Prospection; Neolithic; Bronze Age; Late Antiquity.

1. INTRODUCCIÓN Las cuevas de los Moros de Gabasa se sitúan en un farallón calizo localizado a menos de un kilómetro al norte de Gabasa, en la comarca de La Litera (Peralta de Calasanz, Huesca). El conjunto lo forman cinco cuevas pertenecientes a la misma formación kárstica, cuyas bocas se abren a diferentes alturas en el frente del farallón (Fig. 1). La primera referencia a la sima que nos ocupa la da a finales del siglo XIX el ingeniero de minas Gabriel Puig y Larraz, y nos ofrece una visión del aspecto que debía tener antes de la intensa actividad de los clandestinos durante el siglo XX:

“En el vestíbulo de la caverna, que es bastante grande, se han encontrado en su suelo restos humanos y fragmentos de vasijas de barro” (Puig y Larraz, 1896: 163). Se refiere a esta sima como “Cueva de Gabasa” sin citar las otras cavidades, de menores dimensiones situadas en el mismo farallón. En 1911, por el contrario, aparece bautizada como “Cova del Salaber” en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Tomo XI, 1911 (p.528) y con ese nombre fue recogido en el diario de la excavación de 1984, pese a que se bautizara como Gabasa 2, al numerar todas las cuevas del farallón.

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catalogados como revueltos y/o descontextualizados. Entre ellos destaca un cuenco hemiesférico con decoración impresa que V. Baldellou atribuyó al Neolítico Antiguo Epicardial (Baldellou et al. 1989: 75).

2. OBJETIVOS

Figura 1. Farallón donde se sitúan las Cuevas de Los Moros de Gabasa. Por otra parte en un momento indeterminado entre finales de los años setenta y principios de los ochenta el Escolapio Padre Enrique recogió una serie de fragmentos cerámicos de clara adscripción neolítica asociados a restos óseos que fueron entregados al museo de Huesca bajo el topónimo de “Cueva Roya” de Gabasa y así fhan sido recogidos en estudios previos (Utrilla y Ramón 1992: 52). Recientemente hemos podido comprobar que el topónimo de “Cueva Roya” usado por el Padre Enrique alude a la sima que nos ocupa, ya que parte de los fragmentos de su colección encajan con otros recuperados en esta campaña de prospecciones. Es Mariano Badía quien en 1982 descubre las cinco cuevas a la investigación (llamadas ahora “Cuevas de Los Moros de Gabasa”), informando de las intensas actividades de clandestinos (Utrilla y Montes 1986: 3). L.Montes (1983: 124-127) recoge los primeros datos y estudia unos pocos materiales postpaleolíticos de estas cuevas en su Tesina de Licenciatura y a partir de 1984 se inician las excavaciones dirigidas por Pilar Utrilla y V. Baldellou, que se ocupan de las cuevas musterienses y postpaleolíticas respectivamente. En todo caso, actualmente es conocida como Sima del Ciervo II, y como tal aparece en las topografías y en cartel de su entrada. Al margen de los diferentes topónimos, el conjunto de las cinco cuevas de Gabasa es de sobra conocido gracias a los trabajos realizados desde los años ochenta por la Universidad de Zaragoza, sobre todo en lo referente al importante yacimiento musteriense de Gabasa 1. Las demás cuevas fueron prospectadas y excavadas durante la campaña de 1984, mostrando claras evidencias de la presencia previa de clandestinos que habían removido toda la estratigrafía, considerándose el material hallado en las demás cavidades como revuelto. En la sima del Ciervo II las excavaciones se centraron en las dos salas superiores (Gabasa 2a y 2b), visitando una única vez en 1986 la “Gran Sala”, donde se recuperó un pequeño lote de cerámicas impresas, de clara raíz neolítica. Éstas cerámicas se recogieron en la superficie, en medio de un caos de rocas y los materiales aquí hallados fueron

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El objetivo principal de esta prospección ha sido dilucidar si en algún punto del sistema kárstico se conserva depósito arqueológico intacto y determinar las fases de su ocupación, así como la funcionalidad del yacimiento en cada una de ellas. Para ello, esta prospección se ha centrado en visitar aquellos lugares más difíciles de la sima, inaccesibles hasta ahora para la arqueología por falta de medios adecuados, pero que han sido los más castigados por los expoliadores.

3. METODOLOGÍA Se ha recogido el material en superficie de manera sistemática y pormenorizada, anotando el punto exacto en el que se encontraba. Para ello se ha actualizado la topografía de la cavidad, y se ha realizado una planimetría detallada de la Gran Sala donde, entre sus bloques, han aparecido los restos más completos. Además, se han revisado y estudiado los materiales de la campaña de 1984, algunos de los cuales fueron ya incluidos en los trabajos de N. Ramón (2006), así como otros procedentes de expolios durante los años setenta. En este sentido se ha logrado contextualizar fragmentos de una gran botella neolítica de la Gran Sala, que coinciden con otros hallados durante esta campaña. Por otra parte, a la campaña de 1984 también corresponde un fragmento decorado con impresiones cardiales (Gabasa 2a), no publicado hasta la fecha.

4. RESULTADOS A lo largo de las diferentes salas y repisas de la Sima del Ciervo II se han hallado un total de 244 fragmentos de cerámica a mano y 6 fragmentos de cerámica a torno, así como un hacha pulimentada. Entre ellos destacan los materiales del Neolítico Antiguo en su facies epicardial, y de diferentes momentos del Bronce (al menos un Bronce Antiguo caracterizado por formas cerradas y un Bronce Medio en donde las decoraciones se caracterizan por la profusión de los cordones digitados). Así mismo, también se han recuperado unos pocos materiales –pero muy significativos- de la Antigüedad Tardía (ss. IV-VI d.C.), y otros muchos (tales como un hacha pulimentada y galbos de cerámica sin decoración) de los que no se puede precisar su cronología, más allá de incluirlas entre el Neolítico y la Edad del Bronce.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 2. Página anterior Topografía de la cueva con la situación de los materiales. Extremo inferior derecho: Descenso a la Gran Sala.

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A continuación se presenta una selección de los materiales más destacados hallados durante la prospección de la cavidad, divididos por las zonas de la misma. Además se han incluido los materiales más destacados de las excavaciones llevadas a cabo por la Universidad de Zaragoza. Por cuestiones prácticas se han mantenido los nombres dados a las dos salas excavadas durante la campaña de 1984 (Gabasa 2a y 2b). (Fig. 2).

4.1. Sala De Entrada Es el único punto donde llega la luz natural. Se abre a la estrecha repisa por la que se accede a la cavidad. Materiales: -Fragmento de cuenco hemiesférico con impresiones perteneciente al Neolítico Antiguo.

4.2. Gabasa 2

Son las dos salas excavadas por la Universidad de Zaragoza durante 1984. Se muestran aquí los materiales más significativos dentro de los numerosos restos cerámicos líticos y óseos que ofrecieron estas salas.1

los que se han encontrado los materiales más significativos de la prospección, la mayoría de ellos de clara adscripción neolítica. En la relación de materiales más destacados se incluye también el recuperado en 1986 y publicado por V. Baldellou en 1989, y un fragmento de mandíbula recogido por el Escolapio Padre Enrique. Materiales: -Botella de grandes dimensiones y decoración a base de cordones aplicados perteneciente al Neolítico Antiguo. -Recipiente liso sin fondo diferenciado con un arranque de aplique indeterminado de tendencia cilindroide perteneciente al Neolítico Antiguo. -Cuenco hemiesférico con decoración de impresión doble continua perteneciente al Neolítico Antiguo Epicardial (Baldellou et al. 1989: 75). -Vaso de pequeñas dimensiones con un arranque de un aplique indeterminado y manchas de ocre tanto en el interior como en el exterior de cronología indeterminada entre el Neolítico y la Edad del Bronce. -Mandíbula humana de varón adulto aparecida en el mismo contexto que lo anterior. -Cuenco hemiesférico con impresiones de ungulaciones pellizcadas perteneciente a la edad del Bronce Medio.

4.2.1. Gabasa 2a Materiales: (materiales de la excavación de 1984) -Fragmento de cuenco hemiesférico con dos bandas paralelas de impresiones perteneciente al Neolítico Antiguo. -Recipiente de forma cerrada decorada con cordón impreso perteneciente al Neolítico Antiguo. -Fragmento de cerámica con decoración inciso-impresa perteneciente al Neolítico Antiguo. -Rótula humana. -Fragmento de cerámica con decoración combinada con impresión de instrumento e impresión cardial perteneciente al Neolítico Antiguo.

4.2.2. Gabasa 2b Materiales: (procedentes de la excavación de 1984) -Fragmento de cuello de botella inciso impreso, perteneciente al Neolítico Antiguo. -Perfil completo de plato de Terra Sigillata Tardía gris estampillada (S. V-VI d.C.). -Hacha pulimentada, de cronología indeterminada entre el Neolítco y la Edad del Bronce.

4.3. Gran Sala Es el espacio más amplio que se ha recorrido durante la prospección. Como explican Hoyos et al. (1992: 145) se trata de “una gran sala situada a -15 m., en la que existe un desprendimiento por descompresión que pudiera haber cerrado alguna salida al exterior”. En ella encontramos dos espacios bien diferenciados: El primero al sur, que conserva sedimento, El segundo más al norte conformado por un caos de bloques de mediano y gran tamaño (Fig.3) entre

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Figura 3. Gran Sala. Obsérvese el caos de bloques caidos entre los que se encontraban los materiales.

4.4. Repisas y pozos Agrupamos aquí todos los materiales que han aparecido en las repisas y en las bases de los pozos situadas a una cota inferior que la Gran Sala (Fig.4). Por lógica, creemos que todo el material de esta sección estaría revuelto y rodado desde las salas superiores. Esto ha quedado confirmado al hallarse fragmentos cerámicos de los mismos recipientes en repisas diferentes.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre - Borde de tinaja de medianas dimensiones con decoraciones a base de cordones digitados perteneciente a la Edad del Bronce.

4.4.4. Repisa 4 Materiales: -Borde de botella con arranque de asa anular perteneciente al Neolítico.

4.4.5. Base Pozo 15 Materiales: -Fragmento de lámina de bronce con repujado. Probablemente asociado a los materiales pertenecientes a la Tardoantigüedad, Figura 4. Prospección de las repisas.

4.4.1 Repisa 1 Materiales: -Fragmento de vaso geminado carenado perteneciente a la Edad del Bronce. Sus fragmentos aparecen también en la Repisa 3. -Cuenco hemiesférico con decoración de bandas paralelas de impresiones con instrumento al Neolítico Antiguo. Sus fragmentos aparecen también en la Repisa 3.

4.4.2 Repisa 2 Materiales: -Borde de plato de Terra Sigillata Tardía gris estampillada (S. V-VI d.C.) -Tinaja de perfil cerrado con decoraciones a base de cordones digitados perteneciente a la Edad del Bronce. -Cuenco hemiesférico de mediano tamaño sin decoración. De cronología indeterminada entre el Neolítico y la Edad de Bronce. Sus fragmentos aparecen también en la repisa 3.

4.4.3. Repisa 3 Materiales: -Cuenco hemiesférico con decoración de bandas paralelas de impresiones con instrumento perteneciente al Neolítico Antiguo. Sus fragmentos aparecen también en la Repisa 1. -Cuenco hemiesférico de mediano tamaño sin decoración. De cronología indeterminada entre el Neolítico y la Edad de Bronce. Sus fragmentos aparecen también en la repisa 2. -Fragmeto de vaso geminado carenado perteneciente a la Edad del Bronce. Sus fragmentos aparecen también en la Repisa 1. -Hacha pulimentada, de cronología indeterminada entre el Neolítco y la Edad del Bronce. -Fondo de plato de Terra Sigillata Tardía gris estampillada (S. V-VI d.C.) -Fragmento de asa doble perteneciente al neolítico.

4.4.6. Base Pozo 17 Para acceder a él hay que acceder a una galería lateral y pasar una pequeña estrechez, razón por la cual no es lógico que los materiales caídos desde arriba se hayan depositado aquí.

5. CONTEXTO CRONOCULTURAL 5.1. Neolítico Antiguo Pese a que todavía no hay una datación radiocarbónica2 los materiales cerámicos adscribibles al Neolítico recogidos en la cavidad nos llevarían a un segundo momento del Neolítico Antiguo, en su facies epicardial. La cronología aproximada sería en torno al 5300-4900 cal a.C. Así, los diferentes recipientes que a día de hoy ha ofrecido la Sima del Ciervo presentan decoraciones a base de la combinación de incisión-impresión (como el fragmento de pared de Gabasa 2a), impresiones de instrumento simple (cuenco hemiesférico entre las Repisa 1 y 2, y cuenco de Gabasa 2a) o biapuntado, (recipiente de la Gran Sala recuperado en 1986 o el cuello de botella de Gabasa 2b) y otras decoraciones mediante cordones aplicados, (como la gran botella de la Gran Sala, o el recipiente de perfil cerrado de Gabasa 2a) aunque estos también abundan en las secuencias cardiales. Por otra parte ha aparecido un único fragmento que combina impresión de instrumento con decoración cardial, formando un motivo de banda limitada. El mismo fue inventariado durante la excavación de 1984 como campaniforme, y no es descartable dado que la técnica de la impresión cardial ha aparecido también asociado a vasos campaniformes (Miró 1995). En todo caso, el epicardial se caracteriza por las cerámicas con decoración inciso-impresa, acanalada, o la impresión mediante instrumento. La decoración plástica está también bien representada (Manen 2002: 139). A excepción del fragmento cardial todo parece cuadrar con lo encontrado en la Sima del Ciervo II. Los ejemplos más cercanos

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los tendríamos en el Moro de Olvena, con una fecha del 6550±130 BP en la cueva superior (Utrilla y Baldellou 1996: 243) y en el abrigo de Huerto Raso con una datación sobre carbón de 6210±60 BP (Montes et al. 2000:109). Cercana, aunque ya en Lérida, se encuentra la Cova Colomera con dataciones entre 6180±40BP y 6020± 50BP (Oms et al. 2013:27). Ligeramente más alejadas quedan tres cuevas que comparten las mismas características, El Forcón (sin dataciones) Espluga de la Puyascada con dos fechas 5930 ±60 y 5580±70 BP (Baldellou 1987: 41) y Els Trocs, con una amplia gama de dataciones para su primera fase entre 6285±25 y 6050±50BP (Rojo et al. 2013: 18). Si ampliamos la vista a toda la zona del Pirineo y Prepirineo Central, y abarcamos todo el Neolítico Antiguo el número de yacimientos aumenta sensiblemente, puesto que nos encontramos en uno de los núcleos tradicionales del Neolítico, formado por los ríos Cinca y Segre. Son de sobra conocidos toda la serie de yacimientos que fueron excavados desde los años setenta bien por el Museo de Huesca bajo la dirección de V. Baldellou (Espluga de la Puyascada, Forcón, La Miranda de Palo…) por la Universidad de Zaragoza (Forcas II) o bien gracias a la colaboración de las dos instituciones (Chaves, Olvena o las mismas cuevas de Los Moros de Gabasa). También, aunque más alejados, están los yacimientos al aire libre del Torrollón y Fornillos. A estos yacimientos hay que sumar los de más reciente estudio como son El Esplugón (Utrilla et al. 2012), los recientes hallazgos en la Cueva Lobrica de Fanlo (Rey et al. 2015) o la excavación en curso de Coro Trasito (Clemente et al. 2015). Por último no hay que olvidar los cercanos yacimientos ilerdenses que además de Cova Colomera, comprenden la Cova Negra del Tragó, la Cova del Tabac o la Cova de Joan d’Os entre otras (Fig.6).

En cuanto al contexto de cuevas con ocupaciones del Bronce, son numerosísimas en la zona que nos ocupa, ya que prácticamente la totalidad de las que tienen ocupaciones Neolíticas poseen niveles posteriores de esta época. Son llamativos los conjuntos de la Cueva de Chaves (Maya, 1985), La Miranda (Baldellou y Barril,1981) los Moros de Olvena (Rodanés y Ramón 1996) o las Brujas de Juseu (Sopena, 1996: 221), por citar únicamente algunos de los casos más cercanos.

5.3. Tardoantigüedad Únicamente han aparecido unos pocos fragmentos de al menos tres platos de la Forma 1 de Rigoir (1968) que nos llevarían a los siglos IV-VI d.C. Se trata de Terra Sigillata Tardía sudgallica con estampillados de distintos motivos. Podemos aventurar que el pequeño fragmentos de lámina de bronce repujada formara parte del mismo periodo, pero no hay nada que lo asegure. Llama la atención que toda la cerámica hallada de este periodo sea de “lujo”, lo que podría ir en la línea de otros hallazgos más o menos aislados de cuevas cercanas. En ellas han aparecido no sólo material cerámico de calidad, sino incluso acumulaciones de metales, u objetos singulares de relativo valor, que se relacionan recurrentemente con los momentos convulsos del final del Imperio Romano (Utrilla et al. 2014).

5.2. Edad del Bronce Los materiales más llamativos de la Edad del Bronce lo forman las tinajas de mediano y gran tamaño de las Repisas 2 y 3, el cuenco con decoración de ungulaciones “pellizcadas” y sobre todo los dos fragmentos de vaso geminado que aparecieron en las Repisas 1 y 3. La decoración a base de ungulaciones “pellizcadas” tiene los paralelos más cercanos en la cueva inferior del Moro de Olvena (Rodanés y Ramón, 1996: 77) y en Minferri (Equip Minferri, 1997: 82 ). Respecto a los vasos geminados, son bastante poco corrientes. El paralelo más cercano también lo encontramos en Minferri (op.cit), pero llama la atención el vacío de este tipo de recipientes que hasta la fecha hay en el territorio altoaragonés (Sesma et al., 2008: 930). Tanto las decoraciones pellizcadas como otros fragmentos cerámicos con profusión de cordones digitados formando motivos ortogonales (Fig.5) que han aparecido en la Sima del Ciervo II, nos llevarían a un Bronce Medio, aunque debido a la parquedad por el momento de los hallazgos no se puede descartar el uso durante fases anteriores o posteriores del Bronce, o incluso del Calcolítico.

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Figura 5. Fragmentos de paredes con decoraciones plásticas de la Edad del Bronce.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 6. CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS DE FUTURO En definitiva, se han hallado numerosos restos que muestran un uso reiterado de la cavidad durante el Neolítico Antiguo y la Edad del Bronce, tanto en su posición primaria como revueltos y caídos desde salas superiores. Dado el difícil acceso y las malas condiciones de habitabilidad, se les supone un uso funerario (Montes, 1983: 125). Aunque en estas campañas no se han encontrado restos humanos, esto vendría avalado por los recogidos durante la campaña de 1984 y depositados en el Museo de Huesca (una rótula en Gabasa 2a y un fragmento de mentón en la Gran Sala). En este sentido es llamativa la presencia de un pequeño vaso con restos de ocre y un arranque de aplique que apareció también en la Gran Sala. No obstante, quedan pendientes para futuras campañas realizar las proyecciones topográficas sobre el farallón exterior, y comprobar si tal y como apuntan Hoyo et al. (1991: 142) los desprendimientos de la Gran Sala pudieran ocultar una entrada más asequible a este espacio, por lo que habría que replantear las teorías sobre su funcionalidad. Además se han constatado visitas a la sima durante los siglos IV-V d.C. como denuncian unos pocos fragmentos de cerámica gris estampillada y una pequeña lámina de bronce con remaches. Esto añade un caso más que demuestra el uso recurrente de simas y cuevas difícilmente accesibles como depósitos durante los momentos más convulsos de la tardoantigüedad, tal y como sucede en cuevas y abrigos bien conocidos del entorno inmediato a Gabasa (Moro de Olvena, Brujas de Juseu, Moros de Alins…) (Utrilla et al., 2014). En todo caso, no hay que olvidar que los datos que presentamos aquí no son sino preliminares y fruto de una prospección, y que por tanto es esperable que la información se amplíe en próximas campañas de excavación.

AGRADECIMIENTOS Este estudio ha sido desarrollado y financiado dentro del proyecto HAR2014-59042 Transiciones climáticas y adaptaciones sociales en la Prehistoria de la cuenca del Ebro (MINECO) y el Grupo de Investigación Consolidado H07-Primeros Pobladores del Valle del Ebro (Gobierno de Aragón). Así mismo, Rafael Laborda disfruta de una beca predoctoral del Gobierno de Aragón. Agradecemos a Pilar Utrilla y a Lourdes Montes toda la información brindada sobre las diferentes cuevas de Gabasa. Todos los dibujos de los materiales inéditos han sido realizados por M. C. Sopena, mientras que las fotos cedidas por el Museo de Huesca son obra de Fernando Alvira. También queremos agradecer la atención y la amabilidad que nos brindó D. Juan José Villoria, propietario de los terrenos donde se encuentra la sima. Por último, este trabajo no habría sido posible sin el apoyo técnico del Centro de Espeleología de Aragón (CEA),

y en especial de Sergio Monge y Merche Marco que nos acompañaron durante los trabajos de prospección.

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Figura 6. Los Moros de Gabasa y sus yacimientos neolĂ­ticos mĂĄs cercanos.

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NOTAS ACLARATORIAS 1

En ellas es llamativo que en Gabasa 2a permanezca colocada una escalera cuyos extremos han sido cortados con radial para adecuarla al escalón, escalón que no es difícil de sortear a no ser que se vaya cargado. Más llamativo es aún que en la cercana Cueva de Los Moros de Alins y en otro resalte de modestas dimensiones se haya colocado un trozo de la misma escalera, también cortado con radial y adecuado exactamente a las dimensiones de este resalte. Nuestra conclusión es que la misma persona pudo intervenir (al menos) en las dos cuevas de manera irregular.

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Está en proceso de datación una muestra de mandíbula humana aparecida en el mismo contexto que el material epicardial de la Gran Sala.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

15. UN NÚCLEO DE ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO EN EL NOGUERA RIBAGORZANA: LAS ESTACIONES DECORADAS DEL ENTORNO DEL EMBALSE DE SANTA ANA Paloma Lanau Hernáez1, Manuel Bea Martínez2 Investigadora predoctoral. Grupo PPVE. Área de Prehistoria. Universidad de Zaragoza Investigador “Torres Quevedo” (3D Scanner + MINECO). Grupo PPVE. Universidad de Zaragoza 1

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Paloma Lanau Hernáez, planau@unizar.es

RESUMEN En los últimos años hemos asistido a una diversificación de los núcleos con arte rupestre prehistórico y concretamente esquemático. Los hallazgos casuales en puntos alejados de las conocidas concentraciones de estaciones decoradas están trastocando los tradicionales mapas de distribución del arte rupestre en Aragón, enriqueciéndolos. En los actuales términos municipales de Baldellou y Castillonroy (comarca de La Litera, provincia de Huesca) y junto al cauce del río Noguera Ribagorzana -en este tramo embalsado en el pantano de Santa Ana-, se localizan siete estaciones con pintura rupestre esquemática, algunas conocidas desde hace ya más de una década y otras de reciente descubrimiento, pero que en cualquier caso no han sido objeto de un estudio completo y de conjunto. Las temáticas representadas incluyen una gran variedad de motivos, tanto de tipo figurativo como abstracto, antropomorfos, cuadrúpedos, polilobulados, pectiniformes, escaleriformes o digitaciones, realizados en distintas gamas de rojos y negros. El objetivo de este trabajo es dar a conocer este importante núcleo de arte rupestre y contextualizarlo en relación a otros conjuntos decorados aragoneses y de la vecina Cataluña. PALABRAS CLAVE: Arte Esquemático; Noguera Ribagorzana; Prepirineo; Documentación; Estilo.

ABSTRACT In recent years there has been a diversification in the Prehistoric Rock Art –and more specifically in the Schematic Rock Art- on its distribution areas. The latest chance discoveries in distant spaces from the classic Rock Art concentration areas, modify and increase the map of prehistoric paintings in Aragon. Around the Santa Ana dam, where the Noguera Ribagorzana river flows across the villages of Baldellou and Castillonroy (Huesca region), seven shelters with Schematic Rock Art paintings are located. Some of them are known since over a decade and others have been discovered recently but, in any case, a complete and general study of them hasn’t been carried out yet. The themes represented include several types of motifs, some figurative or abstract ones, such as antropomorphs, quadrupeds/zoomorphs, polylobates, pectiforms, ladder-like motifs or fingerings, painted in red or black. The aim of this work is to make this Rock Art group known emphasizingits relationship with some other painted shelters from Aragon and Cataluña. KEYWORDS: Schematic Rock Art; Noguera Ribagorzana River; Pyrenean Eastern Border Ranges; Rock Art Recording; Style.

1. INTRODUCCIÓN En este trabajo se presentan los resultados del estudio de un nuevo conjunto de abrigos con arte rupestre ubicados en el entorno del Embalse de Santa Ana, en la comarca oscense de La Litera, que se extiende en los límites meridionales de las Sierras Exteriores pirenaicas, lindando con la provincia de Lérida. Se trata de un conjunto de siete yacimientos distribuidos en varios barrancos tributarios del Noguera Ribagorzana, tanto en su margen derecha como izquierda, a su paso por los términos municipales de Baldellou y Castillonroy y en el entorno de la Sierra de Coscollà. Los trabajos realizados han permitido tener un conocimiento de conjunto de las estaciones decoradas, de las que contábamos

únicamente con algunas noticias dispersas y que se consolidan ahora como un núcleo de arte esquemático con entidad propia. El conjunto llena un vacío entre los grupos del Vero, al Occidente; Mequinenza, en la confluencia del Segre con el Ebro1; y el grupo leridano de la Cuenca del Segre. Algunos de los abrigos del conjunto se conocían desde hace más de una década, si bien no se había llevado a cabo su estudio. Así, Santa Ana 1 y Santa Ana 2 (también conocido como Pas de la Sabineta) fueron descubiertos en torno al año 2001 por un grupo de escaladores que abrían nuevas vías en los alrededores del pantano (Montes et al., 2006: 100). Por su parte, Monderes I fue registrado por Mª José Calvo, mientras

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Figura 1. Localización de los conjuntos estudiados: 1. Les Coves; 2. Santa Ana 1; 3. Santa Ana 2/Pas de la Sabineta; 4. Monderes; 5. Monderes II; 6. Monderes III; 7. Monderes IV (Mapa elaborado a partir de la cartografía del Instituto Geográfico Nacional de España y Confederación Hidrográfica del Ebro). que los restantes abrigos de Monderes eran conocidos por vecinos de la zona, pero no estaban catalogados. Finalmente, tan sólo el abrigo de Baldellou, descubierto por Joan Rovira en 1988, había sido ya estudiado. Calvo lo incluyó en su tesis doctoral inédita (Calvo 1993: t.1, 81), y se hace referencia a él en publicaciones posteriores (Montes et al., 2006: 101; Utrilla y Bea, 2009: 122). Todos los abrigos se ubican en un entorno abrupto, en

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barrancos con grandes pendientes y una espesa vegetación de matorral que dificulta en gran medida el tránsito. El acceso a los mismos no resulta sencillo, siendo un caso extremo el yacimiento de Santa Ana 1, pues se encuentra colgado a 30 metros en el cantil rocoso sobre la actual carretera de acceso a la presa y hubimos de acceder a él escalando. Los yacimientos de Santa Ana 2/Pas de la Sabineta y Monderes destacan por su situación, enfrentados a uno y otro lado del Noguera Ribagorzana en un punto en el que el barranco se


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 2. Localización de los abrigos: 1. Les Coves (Baldellou); y 2. Santa Ana 1; 3. Santa Ana 2/Pas de la Sabineta; 4. Abrigos de la zona de Monderes (Castillonroy). estrecha especialmente, coincidiendo en la actualidad con la presa del Canal de Piñana. En cuanto a la metodología empleada hemos seguido la habitual en los estudios de arte rupestre en Aragón en los últimos años (Bea, 2012), sin que por el momento se haya podido llevar a cabo la documentación geométrica de los conjuntos. Así, se ha realizado la documentación fotográfica de todos los motivos pintados, así como de los abrigos y de su entorno. Posteriormente se ha procedido al tratamiento digital de las imágenes mediante el software específico DStretch para ImageJ, y la realización de calcos exclusivamente digitales, empleando para ello Adobe PhotoShop. El procesado digital de la imagen se ha mostrado como una herramienta de gran utilidad en el estudio del conjunto, pues ha permitido detectar figuras no observables a simple vista, sobre todo como consecuencia del alto grado de deterioro que afecta a buena parte de las pinturas. Buen ejemplo de ello fueron las nuevas figuras observadas en el reestudio del abrigo de Les Coves, no recogidas en el estudio de Calvo (1993: 82) y que tampoco pudimos apreciar nosotros mismos en la visita al conjunto. En otros casos, sin embargo, a la degradación se unen la suciedad y ennegrecimiento del soporte rocoso así como la presencia de grafitis y rayaduras modernos; en estos casos el procesado digital no permite mejorar la visibilidad de las grafías.

2. DESCRIPCIÓN DE LOS ABRIGOS 2.1. Abrigo de Les Coves de Baldellou Les Coves de Baldellou se localiza en el farallón rocoso que cierra por el sur el barranco del Salgar o barranco de Les Coves, donde se ubican las cuevas conocidas con este mismo nombre, al sureste de la población de Baldellou. Se trata de un pequeño barranco secundario que desagua en el Barranco del Molí del Pubill, en una de las colas del pantano. Desde el abrigo se goza de control visual sobre buena parte del barranco. El abrigo es una pequeña oquedad en el farallón rocoso, de apenas 3,2 m de anchura máxima, por 2,55 m de altura y 2,85 m de profundidad. La coloración de la piedra destaca sobre la roca oscura de la pared. El suelo muestra una marcada inclinación y su superficie se encuentra muy patinada, de tal forma que incluso resulta difícil mantenerse en pie. Las pinturas, como ya indicara Calvo (1993: 82), se distribuyen en dos grupos2; el primero de ellos se encuentra en el fondo del abrigo y se compone de dos zigzags, cuyo tamaño destaca sobre el resto de figuras, y de una figura de un cuadrúpedo bajo un posible antropomorfo, visibles mediante tratamiento digital de la imagen. Además, asociada al antropomorfo y el cuadrúpedo se observa una serie de

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Figura 3. Figuras 1, Grupo I (izq.) y 16, Grupo II (dcha.) de Les Coves de Baldellou, detectadas mediante tratamiento digital de la imagen. digitaciones, distribuidas en tres hileras paralelas. Se trata de las únicas figuras negras del yacimiento, pues todas las demás muestran un color rojo oscuro. Toda la parte inferior del panel se encuentra recubierta de pequeñas salpicaduras de pintura, de color naranja claro. El segundo grupo se sitúa en la pared derecha de la oquedad y consta de al menos 8 figuras reconocibles y 5 manchas de color que no hemos podido asimilar a ninguna morfología conocida. Entre las grafías descritas se encuentra un zigzag, varios cuadrúpedos, un pectiniforme y un antropomorfo en “Y”. El procesado digital de la imagen permitió detectar en la parte inferior del panel la representación de dos trazos de tendencia curvilínea y apuntados en la parte superior, con desarrollo paralelo parcial y que se unen en el extremo derecho. El motivo presenta una cierta apariencia de cornamenta. No es posible confirmar esta atribución, al no conservarse ningún otro elemento asociado, pero su disposición en relación a un saliente natural de la pared podría indicar, tal vez, la intención de representar un cáprido, oculto tras una roca. Todas las figuras, salvo la representación de un cuadrúpedo de larga cola, muestran una gran homogeneidad técnica y cromática. Cabe llamar la atención sobre los puntiformes, que son un motivo habitual en el Arte Esquemático y, como han señalado algunos autores, son frecuentes en la Cuenca del Ebro (Baldellou, 2013: 217) y, especialmente, en el Valle del Segre (Utrilla, 2013: 229). Encontramos series de digitaciones, por el ejemplo, en la Vall d’Ingla, en Bellver de Cerdanya (Castells i Camp, 1990: fasc. 1), así como más al oeste, en Cueva Palomera (Baldellou et al., 1983: 120).

2.2. Abrigo de Santa Ana 1 Este abrigo se encuentra en una localización espectacular, colgado en el farallón rocoso a 30 metros sobre la base de

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la carretera actual, junto a la presa del Canal de Piñana y en la margen derecha del río Noguera Ribagorzana. Hubimos de acceder a la oquedad escalando, tarea posible gracias a la colaboración de Gabriel Plana, espeleólogo y escalador vecino de la zona. El abrigo muestra un amplio desarrollo longitudinal pero apenas tiene 2 m. de profundidad máxima, de modo que es necesario permanecer asegurado en todo momento. Desde el abrigo se obtiene una perfecta panorámica de este tramo del barranco, aguas arriba se puede observar la pantalla de la presa; de no existir ésta, podríamos divisar incluso la Punta de la Malera, donde se ubica la Cueva de los Huesos, con materiales de la Edad del Bronce (Montes et al., 2006); aguas abajo se presenta el valle abierto en un amplio llano, tras superar el río la Sierra de San Salvador. Igualmente, existe control visual sobre los abrigos decorados de la elevación de Monderes, en la margen opuesta del río. En este abrigo hemos distinguido dos paneles, el primero situado en la parte derecha de la oquedad y formado únicamente por dos figuras, un antropomorfo incompleto, afectado por la instalación de un anclaje de seguridad de escalada, y dos trazos alargados y perpendiculares entre sí. El segundo panel se encuentra en el extremo opuesto del abrigo y en él se concentran una quincena de figuras en una zona de apenas 1,35 m de anchura y 0,7 m de altura. El ennegrecimiento del soporte dificulta la observación de las pinturas que, no obstante, presentan un buen grado de conservación. Entre las figuras observadas, todas ellas de un mismo tono rojo, hay antropomorfos de tipo golondrina; cuadrúpedos y pectiniformes, todos ellos en disposición vertical; escaleriformes y varias formas cuadrangulares u ovaladas con el interior compartimentado. La homogeneidad estilística y técnica de las figuras y la estrecha relación espacial entre las mismas hace pensar que pueda tratarse de una escena, quizá relacionada con las actividades de pastoreo.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre Los cuadrúpedos y antropomorfos son motivos relativamente habituales entre las figuraciones esquemáticas. Verticales, como en el caso de Santa Ana, se representaron también en la Cova del Cogulló (Vilanova de Meià), en la vecina comarca de La Noguera (Castells i Camp, 1990: fasc. 3). Quizá lo más destacable del conjunto sean las estructuras compartimentadas, de las que se cuentan seis ejemplos. Este tipo de composiciones han recibido diferentes interpretaciones, desde estructuras hasta ídolos-placa, pasando por la que define las agrupaciones como filas de antropomorfos, dispuestos uno junto a otro (Acosta, 1968: 69, 93). En cualquier caso, encontramos paralelos en los conjuntos del Covacho de Malifeto, así como otros ejemplos de series de barras verticales unidas por trazos horizontales en Forau del Cocho, donde terminan en la parte inferior en forma de cayado (Beltrán, 1990: 296); y algún otro, algo más alejado

formalmente, en Solencio 2 y en los cantos de Chaves, cuyos motivos son comparados por Utrilla y Baldellou con los personajes danzando unidos por sus brazos de Tajo de Bacinete o la estructura de “altar” del Risco de la Zorrera (Utrilla y Baldellou, 2002: 91), sin olvidar el signo compartimentado del abrigo de la Ermita de San Urbez de Fanlo (Pallarès y Torra, 1986-87).

2.3. Abrigo de Santa Ana 2/Pas de la Sabineta Continuando aguas arriba por la pared rocosa en la que se ubica Santa Ana 1 se encuentra Santa Ana 2/Pas de la Sabineta, un abrigo de grandes dimensiones situado a una veintena de metros por encima del actual cauce del río y bien visible desde el mismo. A pesar de tratarse de un abrigo de gran tamaño y más fácil acceso que Santa Ana 1, el yacimiento se muestra exiguo

Figura 4. Santa Ana 1. Calco del panel 1 (izquierda) y del panel 2 (derecha).

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en representaciones gráficas. La figura más destacable es la de un antropomorfo en doble “phi” o polilobulado realizado en color rojo oscuro y trazos gruesos, igual que las dos

2.4. Abrigos de Monderes En la margen izquierda del río se sitúa la elevación de Monderes, donde se han encontrado cuatro estaciones con pintura, todas ellas orientadas al sur. Monderes I, Monderes II y Monderes III se distribuyen en un mismo barranco, mientras que Monderes IV se ubica en el barranco paralelo aguas abajo del Noguera Ribagorzana. Monderes I y Monderes IV presentan grafías adscribibles al arte rupestre esquemático, mientras que en Monderes II y Monderes III sólo se encontraron restos de pintura inidentificables o manchas de color3. Monderes I fue ya identificado por Calvo, si bien hasta ahora no se había llevado a cabo su estudio. Es un abrigo complejo, tanto por su propia morfología como por la heterogeneidad de las pinturas en él representadas. La cavidad presenta un amplio desarrollo longitudinal, si bien el suelo tiene una marcada pendiente y se encuentra muy patinado. Se trata de un espacio muy frecuentado, como demuestran las numerosas rayaduras y grafitis presentes en sus paredes y que han afectado a muchas de las pinturas. Es sin duda el conjunto peor conservado y que corre un mayor peligro. Las pinturas se distribuyen en 7 paneles (algunos de ellos subdivididos) repartidos a lo largo del desarrollo del abrigo. En total se han identificado una treintena de motivos, realizados en rojo y negro, así como múltiples manchas de color. Entre las figuras estudiadas hay antropomorfos tipo golondrina, polilobulados y antropomorfos en doble “phi” en color rojo, haces de líneas, ramiformes y un antropomorfo en negro; incluso un motivo cuyo estudio reciente permite clasificarlo como un arquero extralongilíneo dentro del ciclo levantino.

Figura 5. Santa Ana 2/Pas de la Sabineta. Figuras 1, 2 y 3. grafías en forma de “V” invertida yuxtapuestas en la parte superior. Una tercera figura corresponde a un antropomorfo incompleto, de color anaranjado. Finalmente, se representó también una serie de trazos paralelos, negros y muy finos. Algunos parecen terminar en punta, de modo que podrían interpretarse como un haz de flechas. El antropomorfo polilobulado cuenta con paralelos en el propio abrigo de Monderes I, situado justo enfrente en la margen opuesta del río, coincidiendo con un marcado estrechamiento del barranco. Por otra parte, encontramos paralelos cercanos de este tipo en el yacimiento leridano de la Vall de La Coma (L’Albi, Les Garrigues). Además, el conjunto es paralelizable también al de Santa Ana 1, pues en la Vall de La Coma las figuras aparecen asociadas a antropomorfos de tipo golondrina y a pectiniformes (Alonso y Mir, 1986), como los que se describen para el abrigo oscense.

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Se representaron también pequeñas formas circulares unidas por trazos simples, muy degradadas, que nos recuerdan a los motivos de Roc del Rumbau, en Peramola (Castells i Camp, 1990: fasc. 2). Los ramiformes aparecen con profusión en los abrigos con arte esquemático de la Cuenca del Segre, como en Aparets I (Alós de Balaguer) o Antona III (Artesa de Segre), ambos en la comarca de La Noguera (Castells i Camp, 1990: fasc. 4 y 5), pero también se han definido como tales otros de la cuenca del Vero: Mallata B1 (Baldellou et al., 1982 y 1985), Artica de Campo (Baldellou et al., 1989), Barfaluy (Baldellou et al., 1986-1989) o Remosillo (Baldellou et al., 1996). El abrigo de Monderes IV presenta agrupaciones de digitaciones realizadas en negro, algunas de ellas formando motivos circulares, además de un cruciforme.

3. CONTEXTO ARQUEOLÓGICO No se han descubierto restos arqueológicos en el suelo de los abrigos, pues en ellos se muestra la roca desnuda y no contienen sedimento. No obstante, tenemos constancia de la existencia de materiales encontrados en su entorno,


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 6. Monderes. 1. Antropomorfos en doble “phi”; 2. Antropomorfo; 3. Antropomorfo de tipo “golondrina”; 4. Polilobulado. En todas las imágenes es perceptible el alto grado de deterioro de las pinturas. referidos ya por Maya (1981 y 1991) y más recientemente complementados con la publicación de la Cueva de los Huesos de Castillonroy (Montes et al., 2006), donde se hace un repaso a los hallazgos aparecidos en la zona del embalse. Así, se mencionan hallazgos casuales, otros consecuencia de las obras de construcción de la presa y otros de clandestinos que buscaban materiales en el cercano yacimiento ibérico situado en Monderes. A pesar de que algunos no cuentan con un contexto arqueológico claro, los materiales aparecidos en el entorno se han adscrito a la Edad del Bronce.

Por otra parte, en el año 1989 se llevó a cabo la documentación del lecho del embalse de Santa Ana por parte del Institut d’Estudis Ilerdencs, aprovechando el vaciado del mismo para efectuar trabajos de reparación. Dicha tarea tuvo como resultado la localización de algunos grabados en roca de Les Eres de Tragó, en forma de cazoletas y canalillos (González et al., 2003: 243-248), de los que falta un estudio de detalle. En todo caso, la contextualización arqueológica, y en concreto en momentos relacionados con el Neolítico y ciclos crono-culturales más recientes, debe entenderse

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en relación a espacios contiguos de la vertiente Este del Noguera Ribagorzana, apuntando la ocupación del territorio yacimientos tan destacados como el de Cova Colomera, El Parco, El Tabac entre otras (Utrilla, 2013: 225). Esta ocupación, unida a la demarcación simbólica del territorio mediante el arte rupestre, apunta a la existencia de redes y vías de comunicación entre el Sudeste de Francia y Valle del Ebro (Utrilla, 2012: 558 y 2013: 238).

4. CONCLUSIONES El descubrimiento de nuevas estaciones con arte rupestre en los últimos años está contribuyendo a completar el mapa de distribución del Arte Esquemático en Aragón. El conjunto se incardina perfectamente en el grupo de las Sierras Exteriores del Pirineo, donde predominan los tipos esquemáticos y subesquemáticos. En concreto en los valles del Noguera Ribagorzana y el Segre los motivos se adscriben casi exclusivamente a los tipos esquemáticos y abstractos. A pesar de la profusión de figuras observada en algunos abrigos no se puede hablar realmente de escenas, pues no se ha podido detectar un componente narrativo para las representaciones de un mismo abrigo. Únicamente en Santa Ana I cabe pensar en la figuración de una escena, pues la homogeneidad en la técnica y el color y la yuxtaposición de las figuras permiten deducir que se realizaron en un mismo momento y que existe alguna relación entre ellas, definida además por una cierta organización de los motivos, con todos los zoomorfos dispuestos verticalmente y agrupados en la parte izquierda del panel y los antropomorfos alineados en fila. La lectura escénica o narrativa de paneles esquemáticos resulta, ciertamente, un aspecto difícil de aprehender y, casi siempre, referido como inexistente para el arte esquemático. Sin embargo, se ha aludido a determinadas composiciones escénicas en las que interactúan motivos zoomorfos y humanos plenamente esquemáticos. En esta línea, Alonso indica un componente escénico para Vall de La Coma, proponiendo que pueda tratarse de una escena de caza o de pastoreo (Alonso y Mir, 1986: 14), de la misma manera que para el conjunto del Remosillo se ha propuesto una lectura en clave narrativa para las representaciones de carros y motivos humanos asociados, atendiendo a su interpretación como una escena agrícola de filiación crono-cultural reciente (Bea, 2013). En el caso opuesto, para el yacimiento de Monderes I resulta evidente la heterogeneidad de las pinturas, que además se distribuyen en distintos paneles y oquedades del abrigo. Si hubo o no relación entre ellas es algo que no estamos en condiciones de afirmar pero, en cualquier caso, ningún elemento nos permite definir un componente escénico. Las diferencias en cuanto a coloración y técnica hacen pensar en una acumulación de motivos. Atendiendo a la temática encontramos que en los conjuntos analizados la representatividad concuerda plenamente con la general del arte esquemático en Aragón, circunscribiéndose

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a motivos figurativos (antropomorfos y zoomorfos) y motivos no figurativos, signos o elementos abstractos. Con todo, aparecen algunas características morfo-estilísticas que singularizan, en parte, a este núcleo rupestre respecto de otras áreas oscenses, como son las figuraciones de polilobulados (generalmente definidas como estilizaciones humanas compuestas). Mención aparte merecen las representaciones no figurativas o signos, especialmente las contenidas en Santa Ana 1, formas con interior compartimentado; o la agrupación de puntos en Monderes IV, con paralelos en diversos conjuntos tanto oscenses (Forau del Cocho, Cueva Palomera, Arpán) como ilerdenses (Vall d’Ingla), para los que se ha destacado una clara imbricación (Baldellou, 2013: 217). No deja de sorprender el componente locacional de estos conjuntos, destacando la espectacular ubicación del abrigo de Santa Ana 1, pues aunque el arte esquemático se encuentra habitualmente en puntos de difícil acceso, localizaciones como las que presentan los abrigos de Gallinero, Los Estrechos I o el referido de Santa Ana 1 constituyen casos excepcionales. Cabe pensar que en el momento de realización de las pinturas el acceso al mismo sería más sencillo. Con todo, la dificultad de acceso a algunos de estos conjuntos, como el citado de Santa Ana frente al más accesible de Monderes, podría estar en relación con el componente público o privado de los conjuntos rupestres (Bea et al., 2015). Nos llama la atención igualmente la situación de Santa Ana 2 y Monderes I, enfrentados a uno y otro lado del río en un punto de gran estrechamiento del barranco, antes de la apertura del valle. En ambos abrigos, como se ha descrito más arriba, se representó el tema de los polilobulados. Las pinturas podrían actuar en este caso como una forma de marcador territorial. Los conjuntos rupestres que presentamos se integran en la problemática global de la investigación sobre arte esquemático. La variabilidad temática registrada, en un conjunto de abrigos relativamente reducido y muy próximos geográficamente, sólo abunda en la indefinición del arte esquemático como manifestación pictórica que, como ya se ha destacado, “en tanto no se resuelva, sigue autoalimentándose e incrementando cada vez más su tamaño” (Baldellou, 2013: 214). Estamos plenamente de acuerdo con esta apreciación, si bien no en cuanto a la terminología empleada. En todo caso, las estaciones analizadas subrayan la importancia del núcleo esquemático más oriental de Aragón que, tanto temática como técnica y estilísticamente, encuentra perfectos paralelos en conjuntos tanto orientales como occidentales en la misma vertiente Norte del Ebro. Se evidencia pues la existencia de un relativamente amplio territorio artístico esquemático más ligado al área septentrional del Valle del Ebro que a la meridional y cuya explicación podría estar, precisamente, en las divergencias en los patrones de implantación y desarrollo del Neolítico en ambos territorios.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre AGRADECIMIENTOS Queremos dejar constancia de nuestra gratitud a Gabriel Plana, del Grupo CEA (Centro de Espeleología de Aragón), vecino de la zona que nos acompañó en nuestro trabajo de campo y gracias a cuyo apoyo técnico e interés pudimos acceder a Santa Ana I; a Fernando Pérez Lambán, que nos acompañó en algunas salidas; a Mª José Calvo, quien nos permitió acceder a la información contenida en su tesis doctoral inédita; a José Ignacio Royo, quien nos facilitó información sobre la ubicación de algunos de los abrigos; a Jesús Lumbiarres, alcalde de Baldellou, que nos acompañó al yacimiento de Les Coves; por supuesto, también a Pilar Utrilla, por sus consejos y sugerencias. El presente estudio forma parte del proyecto “Transiciones climáticas y adaptaciones sociales en la Prehistoria de la cuenca del Ebro” (HAR2011-27197), y del Grupo “Primeros Pobladores del Valle del Ebro” (H-07. Gobierno de Aragón y Fondo Social Europeo). Paloma Lanau es investigadora predoctoral FPI (REF C042/2014) y Manuel Bea investigador del programa “Torres Quevedo” (MINECO, PTQ-12-05640).

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NOTAS ACLARATORIAS 1

En los últimos años se han producido interesantes hallazgos de conjuntos rupestres esquemáticos en el eje vertebrador Norte-Sur del territorio, como los de Cueva del Bubu I y II (Arén) (ver la aportación de J.I. Royo “Sobre la distribución territorial de la pintura rupestre esquemática en Aragón: algunas novedades” en este mismo volumen). Estos conjuntos hablan de una continuidad efectiva en la ocupación del curso fluvial del Noguera Ribagorzana, llegando hasta su desembocadura en el Ebro, con las estaciones el núcleo de Mequinenza (Royo y Gómez, 1988).

2

Hemos respetado la numeración ya establecida por Calvo, que fue publicada en Montes et al. (2006); no obstante, se han añadido números para ordenar las nuevas figuras.

3

En este trabajo sólo haremos referencia al conjunto de Monderes, dada la escasa entidad de los abrigos de Monderes II y III, y al hecho de que Monderes IV esté en proceso de estudio por parte de Javier Rey. A la espera de la publicación sobre este último conjunto, se puede ver un breve adelanto en el trabajo de síntesis sobre las novedades del arte esquemático en Aragón de Royo (en este mismo volumen), y la primera noticia sobre las pinturas publicada por Rubén Oliver en su blog personal Habitantes de la nada <http://habitantesdelanada.blogspot.com.es/2013/10/arte-prehistorico.html>. No obstante, el conjunto será objeto de un estudio exhaustivo para su inclusión en la tesis doctoral de uno de los firmantes (Paloma Lanau). Ante la ausencia de noticias acerca de estos yacimientos en el inventario de arte rupestre de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón, se ha procedido a denominar a los conjuntos rupestres, siquiera de forma temporal, de acuerdo al topónimo de la zona y siguiendo la numeración correlativa a partir del ya conocido.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

16. LA CUEVA DEL BÚHO (IBDES, ZARAGOZA). UN NUEVO HÁBITAT EN CUEVA DURANTE LA EDAD DEL BRONCE EN EL SISTEMA IBÉRICO Fernando Pérez-Lambán1,2, Rafael Laborda Lorente1,2, Jesús Vicente Picazo Millán1, Mario Gisbert León2 1

Universidad de Zaragoza, Dpto. Ciencias de la Antigüedad-Prehistoria y IUCA Instituto Universitario de Ciencias Ambientales de Aragón 2 CEA Centro de Espeleología de Aragón Fernando Pérez Lambán, fperezlamban@gmail.com

RESUMEN Se presentan los resultados de la primera campaña de excavación en la Cueva del Búho (Ibdes, Zaragoza). Se trata de una cavidad con buena orientación y condiciones de habitabilidad, pero con un acceso dificultado por su posición colgada en un escarpe calcáreo vertical de unos 50 m de altura que domina las hoces del curso bajo del río Mesa (actualmente inundadas por el embalse de la Tranquera). Esta inaccesibilidad ha podido contribuir a la preservación de su registro arqueológico. El material de superficie y los resultados de esta primera campaña de excavación ofrecen un interesante lote de artefactos que permiten constatar un intenso uso habitacional durante la Edad del Bronce. A este respecto, la ubicación de la cavidad, en la cuenca del Jalón, puede mostrar los juegos de influencias entre el Bronce meseteño, presente en yacimientos del Sistema Ibérico Occidental y el Bronce turolense del Sistema Ibérico Oriental, que en zonas vecinas penetra hasta la misma Depresión del Ebro. Además, la presencia de materiales de otras cronologías evidencian la frecuentación de la cueva en época bajo imperial, medieval y moderna, aunque la relativa baja frecuencia de los materiales de éstas épocas parecen indicar un uso del yacimiento mucho menos intenso que en la Edad del Bronce. PALABRAS CLAVE: Edad del Bronce; Romano; Medieval; Sistema Ibérico; Cueva.

ABSTRACT This paper reports the main results of the first archaeological excavation campaign in the Cueva del Búho (Ibdes, Zaragoza). It is a well-oriented cave with good habitability conditions, despite its difficult access due to its hanged position in a 50 mts. high calcareous escarpment. From this height, the cave dominates the gorges of the lower Mesa River, which are nowadays flooded by the Tranquera reservoir. This inaccessibility could have contribute to the a good preservation of its archaeological remains. Surface remains and digging results have given an interesting artefact collection that reveals this cave as an intense dwelling site, during the Bronze Age. In this respect, the position of the cave in the basin of the Jalon River places this archaeological site in the centre of an area where different cultural influences were operating in that time. Bronze Age cultures from the Castilian Meseta are present in some archaeological sites in the western Iberian Ranges, while Bronze Age cultures from the eastern ones reached the central Ebro Basin. In addition to this, the presence of archaeological remains from different chronologies gives evidence of the use of this cave during the Late Roman Empire, and the Middle Ages up to recent times, although the shortage of modern remains suggests a less intense use of this cave than in the Bronze Age. KEYWORDS: Bronze Age; Roman; Middle Ages; Iberian Ranges; Cave.

1. INTRODUCCIÓN La Cueva del Búho (Ibdes, Zaragoza) se sitúa en la margen izquierda del río Mesa, sobre el embalse de la Tranquera, al NE de la localidad del Ibdes en la denominada Peña del Búho o Cerro Soriano (Figura 1). Se abre en la parte superior de un alto escarpe calizo de unos 50 m. Sus coordenadas son: 598960-4565110 (UTM. ETRS89, zona 30), 770 msnm. La cavidad fue explorada en 1995 por el Centro de Espeleología de Aragón (Gisbert y Pastor, 2009, 260-263)

y ya entonces se observó en su interior abundante material cerámico de la Edad del Bronce. Además, en la cima del cerro, en 2005 se localizó un “yacimiento de la Prehistoria Reciente o Protohistoria”1 cercano a la Cueva del Búho. La cavidad se abre en la parte superior de un alto escarpe calizo de unos 50 m por lo que el acceso se realiza necesariamente descendiendo unos 10 m por una pared casi vertical. Consta de una única galería horizontal de alta bóveda y 19 m de longitud que se abre al cortado con amplia boca (Figura 2).

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Figura 1. Localización de la Cueva del Búho. Esta apertura tiene una buena orientación hacia el E, favoreciendo su insolación y su utilización. Además sus condiciones de accesibilidad le confieren un carácter protegido. Este escarpe ha sido generado por la incisión transversal del río Mesa en un anticlinal de materiales Cretácicos (del Albiense al Santoniense, 113-83 MA). Además puede observarse líneas de fractura de tendencia horizontal y vertical relacionadas con los esfuerzos del plegamiento (Figura 2, líneas discontinuas). La cavidad se ha desarrollado a partir de la confluencia de dos de estas líneas de fractura en dolomías y calizas nodulosas de la Fm Nuévalos, que en este flanco del anticlinal presentan un buzamiento de 30º (Figura 3).

Figura 2. Vista de la Cueva del Búho desde la Ermita de San Daniel. Bronce, se estableció la necesidad de comprobar la posible existencia de esa y otras fases de utilización de la cueva en diferentes periodos históricos.

2.2. Funcionalidad del yacimiento Las Cavidades y grutas de diversos tipos han sido utilizadas en prácticamente todos los periodos históricos. Pero estos usos de las cavidades han satisfecho diferentes necesidades y representan diferentes funciones sociales, siendo las más importantes el almacenaje/ocultación de bienes, el refugio temporal de personas, el lugar de habitación permanente y el lugar de enterramiento. Por tanto, un objetivo fundamental de la excavación de la Cueva del Búho ha sido el de establecer qué función o funciones están presentes en cada fase del yacimiento.

2. OBJETIVOS

2.3. Estratigrafía

La aparente preservación en buenas condiciones del registro arqueológico ofrece una buena oportunidad para completar el conocimiento de la ocupación rupestre de la Edad del Bronce del Sistema Ibérico (Picazo, 2005), buscando resolver algunas preguntas concretas y cuestiones generales.

Más allá de la posibilidad de existencia de diferentes fases de ocupación, se ha buscado evaluar el estado de preservación y potencialidad del registro arqueológico y estratigráfico del yacimiento. Es frecuente que las cuevas presenten contextos muy alterados, sea por las continuas frecuentaciones de las mismas, sea por el dinamismo interno de algunas cavidades. Tratándose la que nos ocupa de una cavidad con poca circulación de agua y teniendo un acceso complicado, se planteó la posibilidad de que preservase secuencias estratigráficas amplias y completas. Comprobar esta circunstancia ha sido un objetivo capital en esta excavación.

2.1. Fases y cronología Si bien las noticias previas apuntaban a la existencia en el yacimiento de abundante material cerámico de la Edad del

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 3. METODOLOGÍA 3.1. Sistema de referencia y planimetría La tarea inicial fue el establecimiento de un sistema de referencia interno en la cueva que sirviera para la localización espacial (X, Y, Z) de todos los elementos arqueológicos recuperados y para las labores de documentación planimétrica y estratigráfica.

Figura 3. Mapa Geológico (Serie MAGMA-IGME) de la zona del embalse de la tranquera. De NE a SW, Paleozoico: Ordovícico (colores pardos), Mesozoico: Triásico (violéceos), Jurásico (azul) Cretácico (amarillo-verdosos).

2.4. Juego de influencias regionales Por último, al estar este yacimiento en el valle del Jalón, su registro puede mostrar los juegos de influencias entre el Bronce meseteño, presente en yacimientos del Sistema Ibérico Occidental (Jimeno, 1988) y el Bronce turolense del Sistema Ibérico Oriental (Picazo, 1993), que en zonas vecinas penetra hasta la misma Depresión del Ebro (PérezLambán et al., 2010).

Figura 4. Planta de la Cueva del Búho con indicación de la ubicación del sondeo realizado (rectángulo) y del “punto 0” (círculo).’

Para ello se partió de la topografía previa realizada por el Centro de Espeleología de Aragón y publicada por Gisbert y Pastor (2009, 260-263) en su catálogo de cavidades de la Provincia de Zaragoza, que fue redibujada con mayor detalle (Figura 4). Se seleccionó un punto de la pared de la cueva de fácil acceso y visibilidad desde gran parte de la superficie para fijar un “punto 0” a partir del cual definir una cuadrícula de cuadros de 1 m de lado y orientada según los dos principales ejes cardinales (Figura 5). A partir de este punto se dispuso una cuadrícula aérea con columnas designadas por letras de W a E, y filas numeradas de N a S, dejando el primer cuadro (1A) fuera de la cueva por el NW para asegurarnos de que todo nuestro registro entrara en una sola región del sistema de coordenadas así creado. El “punto 0” que sirvió para la generación de toda la cuadrícula coincide así con la esquina SE del cuadro 14N y es el punto de control y referencia para las coordenadas X, Y, Z internas del yacimiento. Por tanto, el control espacial dentro de la cueva se realiza por un doble sistema perfectamente compatible y con fácil traducción de uno a otro. Por un lado, cada elemento tiene asociado un cuadro (definido por número y letra) y unas coordenadas dentro del mismo (x, y, z), siendo la esquina SW el origen de coordenadas de cada cuadro. Por otro lado, cada elemento tiene asociadas unas coordenadas absolutas internas del yacimiento expresadas a partir del “punto 0” (X, Y, Z). La conversión de x, y a X, Y es sencilla; basta tener en cuenta la distancia en ambos ejes entre el “punto 0” y el origen de coordenadas de cada cuadro. En cuanto a las cotas, z=Z pues la referencia vertical es siempre la cuadrícula aérea dispuesta en el plano horizontal del “punto 0”. El uso de este doble sistema de referencia se justifica por motivos prácticos. Durante la excavación resulta conveniente trasladar la cuadrícula aérea y reproducirla al nivel del suelo

Figura 5. Vista de la cuadrícula aérea en el sector NW de la Cueva del Búho.

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con plomadas para medir a partir de ella. Sin embargo otras tareas de documentación por la cueva son más fáciles de medir desde el “punto 0” y para las fases posteriores de análisis espacial de las distribuciones de elementos registrados, es conveniente expresar todas las ubicaciones según un único sistema de coordenadas, esto es, el que parte del “punto 0”.

3.2. Registro espacial del material de superficie Posteriormente se recogió el material de superficie, ubicándolo en referencia a la cuadrícula y sistema de coordenadas interno. Esto obedece por un lado a la necesidad de preservar este material y facilitar el tránsito por el yacimiento, y por otro lado a la posibilidad de disponer así de un conjunto de datos espaciales susceptibles de análisis posteriores de frecuencias y densidades que revelasen zonas de mayor incidencia o diferencias en función de cronología o tipo de material. La medición de la posición de cada elemento recogido se realizó midiendo con un distanciómetro laser Leica modificado su distancia (d), rumbo (α) e inclinación (β) respecto al “punto 0” (u otras estaciones de referencia trasladadas desde éste para acceder a zonas sin contacto visual del “punto 0”). Transformar estos datos en coordenadas cartesianas es relativamente sencillo: X=d cosβ cosα Y=d cosβ sinα Z=d sinβ

sedimentaria (UE 0001 y UE 0002), desmanteladas en ese espesor se corresponden fundamentalmente con un nivel revuelto, oscuro y poco compacto, formado por material arqueológico de diversas épocas, excrementos de ave, restos de nidos y restos de fauna de origen antrópico y animal. La separación entre las unidades estratigráficas 0001 y 0002 viene marcada por la irrupción lateral de dos conos (UE 0003 y UE 0006) de un material más anaranjado compuesto por un sedimento arcillo-arenoso proveniente de la arrastres de sedimento y arcillas de decalcificación por las grietas de la cueva. Este nivel revuelto apoya sobre un lecho de paja (UE 0012) y un suelo de tierra compactada bien preparado (UE 0011). Este suelo tiene incorporados huesos de melocotón (Figura 7) y apoya a su vez en una caída de manteados (UE 0014) y dos grandes bloques de caliza (UE 0015 y UE 0016). De estos dos bloques, la UE 0016 es una gran laja dispuesta en una posición vertical probablemente intencional. La UE 0013 es una unidad sedimentaria análoga en su composición a las unidades estratigráficas 0001 y 0002, pero se ha diferenciado de éstas por estar bajo la cota de la UE 0011. La relación estratigráfica concreta entre UE 0011 y UE 0013 no quedará clara hasta que no se profundice más el sondeo. Por lo pronto parece que el nivel revuelto rellena el hueco generado en sectores donde la estratigrafía (UE 0011, UE 0014…?) ha sido destruida.

3.3. Excavación Se ha practicado un sondeo de 6 m2 en el fondo de la cueva, en los cuadros 5B, 5C, 5D, 6B, 6C y 6D. El sondeo se realizó por unidades estratigráficas según el sistema Harris (1991). El material encontrado durante el proceso e excavación se coordenó in situ en relación a la cuadrícula (x, y, z) y posteriormente tradujo esta información al sistema de coordenadas absolutas del yacimiento (X, Y, Z). Todo el sedimento fue cribado con un paso de malla de 2 mm para recuperar todo el material arqueológico. Los materiales recuperados en criba fueron asignados a su cuadro con las coordenadas correspondientes al centro del mismo.

4. RESULTADOS 4.1. Estratigrafía y estructuras En los cuadros 5C, 5D, 6C y 6D se ha alcanzado una profundidad máxima de unos 60 cm desde la superficie (Figura 6 y Tabla 1). Los cuadros 5 B y 6B son un nicho en la pared final de la cueva donde se limpió el sedimento hasta llegar a un caos de bloques. Las diferentes unidades estratigráficas, de naturaleza

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Figura 6. Planta final de los cuadros 5C, 5D, 6C, 6D. Perfil estratigráfico en el contacto N-S de los cuadros 5C, 5D, 6C, 6D. Esquema estratigráfico y matriz Harris de la excavación.


Sesiรณn 1. Prehistoria y Arte Rupestre Tabla 1. Unidades Estratigrรกficas

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En el apartado de estructuras hay que mencionar, además del suelo de la UE 0011, la presencia de manteados de barro in situ adheridos a diferentes puntos de la pared de la cueva y al ortostato UE 0016. Estos manteados (Figura 8) indican un acondicionamiento de la cavidad para mejorar sus características como lugar de ocupación. Además la existencia de capas superpuestas indica que hubo un mantenimiento de este acondicionamiento. Todo ello parece apuntar a una voluntad de permanencia y a un uso efectivo relativamente duradero en alguno de los momentos de frecuentación de la cueva. Por otro lado, hay al menos una especie de ménsula tallada en la pared a unos 2 m de altura respecto al suelo actual y varios huecos naturales que pudieron aprovecharse como mechinales. Esto unido a la presencia de manteados a más de 4 m de altura respecto al suelo actual del yacimiento parece abrir la posibilidad de que el acondicionamiento de la cueva incluyese a construcción en madera de diferentes pisos o repisas.

Figura 8.Manteado de barro recubriendo la pared y cerrando una grieta de la cueva.

4.2. Materiales muebles

Figura 7. Vista de los cuadros 5C, 5D, 6C, 6D desde el S. En el centro se ve el suelo UE 0011. Ubicación y detalle de hueso de melocotón incorporado al suelo. Paralelamente se comprobó la existencia de dos galerías descendentes que suponen un mayor desarrollo de la cueva hacia el W (galería abierta en el cuadro 4B) y hacia el NE (galería abierta en el cuadro 3E). La primera de estas galerías esta rellena y cegada por un sedimento revuelto que contiene material arqueológico (UE 0001 y UE 0002), mientras que la segunda por un paquete homogéneo y poco compacto formado por excrementos y huesos de microfauna y ausencia de material arqueológico (UE 0005).

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Todo el sedimento excavado fue sistemáticamente tamizado con cribas de 2 mm de paso de malla, de modo que se considera que se ha recuperado el 100 % del material mueble arqueológico. No obstante, con algunos elementos se estableció un criterio de recogida por resultar excesivamente abundantes y poco informativos por ser muy homogéneos. Así, los fragmentos de madera se recogieron si presentaban signos de trabajo antrópico o exposición al fuego. La fauna se recogió sistemáticamente, pero la microfauna fue muestreada. Los manteados de barro, que son elementos constructivos caídos, se recogieron si sus dimensiones superaban los 7 cm de longitud o presentaban alguna característica que informase del sistema constructivo más allá del uso del barro: enlucidos, improntas de troncos, tablones, cuerdas… En total se han inventariado 1451 ítems (excluyendo los elementos de materia orgánica). La cerámica a mano de la Edad del Bronce es sin duda el elemento mejor representado (1056 registros; 94% de la cerámica), muy superior a la cerámica a torno (67 registros; 6% de la cerámica). Dentro de las cerámicas a torno, hay un solo fragmento que pueda ser adscrito claramente al Imperio romano tardío mientras que el resto son medievales y modernos. Las proporciones de cerámica a mano y a torno en superficie y en estratigrafía se mantienen similares pues los niveles excavados son fundamentalmente revueltos.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre En cuanto a elementos líticos (31 registros), se ha recuperado pocos elementos en relación a la cantidad de cerámicas a mano. Se trata fundamentalmente de cantos de rocas disponibles en el entorno pero incoherentes dentro de la cueva. Entre ellos destaca un molino barquiforme en arenisca y un elemento de hoz denticulado bifacial sobre sílex tabular, recuperados ambos en superficie. Hay que mencionar el este elemento de hoz es el único ítem en sílex localizado hasta la fecha en el yacimiento. Completan este inventario unas muestras de fauna (170 restos) y manteado de barro (123 restos). Otros materiales presentes en el yacimiento (restos de tejido, cuero, madera, mimbre…) probablemente se relacione con frecuentaciones históricas de la cueva y todavía no han sido cuantificados.

5. CONCLUSIONES

Figura 10. Selección de materiales muebles. 1- Elemento de hoz. 2- Fragmento de borde de crisol. 3- Cerámica peinada. 4- Fragmento de borde de cuenco con incisiones en zigzag. 5- Fragmento de vaso carenado con incisiones en zigzag bajo el borde y sobre la carena. 6- Fragmento de carena con impresiones cortas paralelas y espigas incisas. 7- Fragmento de tinaja con cordones múltiples impresos. 8- Fragmento de tinaja con cordones múltiples digitados. 9- Fragmento de Terra Sigillata gris estampillada sudgálica. El repertorio de la cerámica a mano se ajusta a los tipos definidos por Picazo (1993) para el Sistema Ibérico durante la Edad del Bronce. Está formado por tinajas (forma 3) y cuencos (formas 1 y 2) y vasos carenados (forma 4). Las tinajas tienen generalmente cuellos poco desarrollados y estructura cerrada, y presentan la típica decoración de aplicaciones plásticas a base fundamentalmente de cordones digitados (simples, múltiples; rectos, curvos y circulares) y pezones. Sobre algunos cuencos y carenadas abiertas se ha practicado decoración incisa de motivos geométricos (zigzag y arboriformes) y peinada. Las cocciones son todas de hoguera dando lugar a cerámicas de coloración irregular, aunque no faltan fragmentos predominantemente oxidantes o reductores. Los acabados abarcan los típicos del periodo: acabado rugoso por aplicación plástica, alisados y bruñidos, algunos de gran calidad. Hay que destacar un fragmento grueso de borde de cuenco hemisférico de factura tosca con adherencias de cobre en su interior que ha sido interpretado como un crisol. La cerámica a torno es menos abundante y menos expresiva. Ha aparecido un fragmento de Terra Sigillata estampillada gris sudgálica, forma 16 de Rigoir (1968, 226), hasta la fecha único representante material de cronología romana. También hay fragmentos de varias ollitas medievales negras de borde cefálico y pared ligeramente acanalada.

La primera campaña de excavación desarrollada en 2015 ha resultado altamente productiva. Aunque los niveles excavados son fundamentalmente revueltos, la presencia de elementos estructurales -tanto caídos como in situ- y el conjunto de materiales permiten extraer algunas conclusiones interesantes y contemplar una prometedora perspectiva futura. Los materiales recuperados en superficie y en los niveles revueltos excavados muestran una gran proporción de artefactos asociados a la Edad del Bronce en relación a otras cronologías. Esto hecho puede indicar que ésta sea la principal fase de ocupación de la cueva. La tipología cerámica de los materiales de la Edad del Bronce apunta o bien a una ocupación prolongada o bien a una serie de ocupaciones sucesivas, pues, el conjunto contiene rasgos propios del Bronce Antiguo (especialmente las tinajas predominantemente cerradas) junto a otros más propios del Bronce Medio o incluso Tardío (algunas decoraciones abigarradas a base de cordones digitados, cuencos carenados muy abiertos y empleo de la incisión como técnica decorativa). Esta ocupación u ocupaciones de la cueva durante la Edad del Bronce ofrecen evidencias de diversas actividades sociales: almacenaje de productos (tinajas), consumo de productos alimenticios (cuencos y carenadas), transformación de productos agrícolas (molino barquiforme), tareas agrícolas (elemento de hoz) e incluso metalurgia (fragmento de crisol). Esta gran variedad de actividades en un yacimiento son generalmente consecuencia de una polifuncionalidad del mismo, lo que es coherente con ocupaciones de habitación, pero no tanto con el uso como lugar de almacenaje/ocultación o enterramiento (además hasta la fecha no se ha localizado restos humanos). Las ocupaciones posteriores, como se ha indicado, han tenido menor incidencia cuantitativa en la formación del registro arqueológico aparente. De hecho, la presencia de algunos materiales, como el fragmento de Terra Sigillata o

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los escasos elementos subactuales localizados, parecen más coherentes con frecuentaciones o utilizaciones puntuales de la cueva que con su ocupación continuada durante un periodo de tiempo. No obstante, no puede descartarse la posibilidad de que en otros sectores aún no excavados, se descubran más elementos de estas otras cronologías. De hecho la presencia de un suelo de tierra compactada de cronología histórica (pues integra huesos de melocotón) apunta a la existencia de al menos un momento de ocupación relativamente continuada en época reciente. Como las UEs sobre el suelo eran fundamentalmente un revuelto con materiales diversos, no se ha podido por el momento asignar una cronología precisa a este suelo. Sin embargo, teniendo en cuenta que ha de ser de algunos de los periodos no prehistóricos representados, y que de estos el que mayor cantidad de material ofrece es el medieval, cabe plantear que sea de esta cronología. Además del suelo, hay otros indicios de acondicionamiento de la cueva, visibles en las paredes. Entre ellos destaca la conservación de capas de manteados adheridas a las paredes de roca, que no sólo indican un acondicionamiento puntual, sino también un mantenimiento continuado del mismo. El manteado es un elemento constructivo muy utilizado en la Edad del Bronce, y siendo esta la principal ocupación del yacimiento, es posible considerar que estos acondicionamientos mantenidos de la cueva se produjeran durante este periodo. Sin embargo la presencia de un suelo histórico, presumiblemente medieval, permite plantear la hipótesis alternativa de que los manteados sean más recientes. En cuanto a la estratigrafía y conservación del registro arqueológico en la cueva, hay que decir que, si bien en la presente campaña los niveles excavados están formados principalmente por nivel revuelto, hay elementos que permiten ser optimistas sobre la posibilidad de encontrar mejores contextos en el futuro. En primer lugar, la existencia del suelo, construido sobre estratigrafía arqueológica fértil abre la posibilidad de que bajo él haya UEs anteriores y mejor conservadas. En segundo lugar, las estrechas galerías actualmente cegadas que continuarían el desarrollo de la cavidad podrían albergar contextos menos alterados que la zona principal. Y en tercer lugar, en la presente campaña sólo se ha excavado en 6 m2 de los aproximadamente 100 m2 que actualmente tiene el suelo de la cueva.

AGRADECIMIENTOS Este trabajo se ha realizado gracias al apoyo del Proyecto HAR2012-36967 Dinámica de la ocupación prehistórica del Valle Medio del Ebro durante el Holoceno superior del Ministerio de Economía y Competitividad y del Grupo de investigación consolidado H07 Primeros pobladores del valle del Ebro de la Universidad de Zaragoza. Los autores queremos agradecer expresamente al Ayuntamiento de Ibdes y al Centro de Espeleología de Aragón su ayuda para la resolución de cuestiones prácticas de logística y accesibilidad necesarias para el desarrollo de la excavación.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Fernández Moreno, J.J., 2013, El Bronce Antiguo en el Alto Duero (Studia Archeologica, 98), Universidad de Valladolid. Gisbert, M. y M. Pastor, (2009) Cuevas y simas de la provincia de Zaragoza. Catálogo subterráneo. Zaragoza, Centro de Espeleología de Aragón. Harris, E.C., 1991. Principios de estratigrafía arqueológca. Barcelona, Crítica. Jimeno Martínez, A., 1988, La investigación del Bronce Antiguo en la Meseta Superior, Trabajos de Prehistoria, 45, 103-121. Pérez-Lambán, F., Fanlo Loras, J. y Picazo Millán, J. V., 2010. El poblamiento antiguo en el valle del río Huerva. Resultados de las campañas de prospección de 2007-2009, Salduie, 10, 285-316. Picazo Millán, J. V., 1993. La Edad del Bronce en el sur del Sistema Ibérico turolense, I: los materiales cerámicos, Teruel, Seminario de Arqueología y Etnología Turolense. Picazo Millán, J. V., 2005. El poblamiento en el Valle Medio del Ebro durante la Prehistoria reciente: zonas y procesos, Revista d’Arqueologia de Ponent, 15, 97-117. Picazo Millán, J. V. y Rodanés Vicente, J. M., 1997. Bronce Antiguo y Medio, Caesaraugusta, 72(1), 109-154. Picazo Millán, J. V. y Rodanés Vicente, J. M., 2001. Bronce Antiguo y Medio en Aragón, Caesaraugusta, 75(1), 217272. Rigoir, J., 1968. Les sigillées paléochrétiennes grises et orangées. Gallia. Tome 26, fascicule 1

NOTAS ACLARATORIAS 1

Arqueología Aragonesa 1995-2005 Ed. Digital. Gobierno de Aragón. PGOU Ibdes. Exp. 115/05

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

17. MATERIALES METÁLICOS DE LA EDAD DEL BRONCE DE LA CUEVA DEL MORO (ALINS DEL MONTE, HUESCA) José María Rodanés Vicente1, Ignacio Montero Ruiz2, Paloma Aranda Contamina1 Universidad de Zaragoza Instituto de Historia, CSIC

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José María Rodanés Vicente, jrodanes@unizar.es

RESUMEN Se estudian los objetos metálicos procedentes de la cueva del Moro de Alins del Monte (Huesca). Se localizaron descontextualizados en el fondo de una sima junto a otros materiales arqueológicos y restos humanos. Se trata de un rico conjunto funerario de dilatada cronología que, según la tipología de los objetos, se extendería desde el Neolítico a época romana con una utilización más intensa durante la Edad del Bronce, confirmada por una serie de dataciones absolutas. PALABRAS CLAVE: Edad del Bronce; Metalurgia; Cuevas sepulcrales.

ABSTRACT This paper analyses the metallic artefacts from the Cueva del Moro at Alins del Monte (Huesca). They were found decontextualizes at the bottom of a pothole with other archaeological and human remains. It is a rich funerary cave with a long chronology from Neolithic to Roman times, being its most intensive use in the Bronze Age. The cave dating is based on the typology of the artefacts and confirmed by radiocarbon dating. KEYWORDS: Bronze Age; Metallurgy; Funerary caves.

1. INTRODUCCIÓN

La cueva del Moro se localiza en el término de Alins del Monte, municipio de Azanuy-Alins, emplazado en el noroeste de la comarca de La Litera, al sur de la sierra de Carrodilla y a unos doce kilómetros de Monzón (figura 1). Las coordenadas UTM(E) 277900 y UTM(N) 4654600 nos sitúan en la boca de la cueva, a unos 700 m de altura sobre el nivel del mar y a unos 2 km. del núcleo urbano, en la ladera de una pequeña cárcava que confluye en el barranco de las Carboneras, frente al Pico Roldan, máxima altura de la zona con 705 m de altitud (figura 2).

Figura 1. Situación de la Cueva del Moro

Figura 2. Barranco de las Carboneras

La entrada de la cavidad se levanta unos 150 metros sobre el fondo del barranco, donde se localiza una pequeña

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plataforma tras un árbol de grandes dimensiones y abundante maleza. Se trata de una grieta, entre bloques de caliza de forma irregular, entre 3 y 5 metros de altura máxima y unos 50 a 70 cms de anchura. Su desarrollo se inicia con un primer tramo de unos 15 m de recorrido que desemboca, una vez efectuado un descenso de unos 2 m, en un paso más estrecho y angosto de unos 30 cms, que conduce a una primera sala de forma trapezoidal de unos 20 m2 de superficie. Excepto en la parte izquierda, que es de mayor altura, el resto posee una altura media de 80 cms debido a la existencia de una gran losa central. Existen varias grietas en su perímetro que han sido selladas con tierra y piedras de diferentes tamaños,

Figura 3. Planta de la cueva

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igualmente el resto de la superficie se encuentra jalonada de piedras y tierra suelta que parece ser debida a remociones recientes, al igual que una serie de maderas quemadas procedentes de una posible hoguera. A continuación de esta sala, recorridos unos 2,5 metros se abre la boca de una sima con forma cónica, de unos 15 m de profundidad que desemboca en una gran sala de unos 20 m de diámetro con el suelo horizontal cubierto de una fina tierra que es donde se produjeron la mayor parte de los hallazgos (figura 3).


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre En Julio de 1991, junto a J.L. Montaner y M. Cruz Sopena, realizamos una visita a la cueva con el fin de confirmar las noticias sobre la existencia de un yacimiento arqueológico. Ese mismo día pudimos comprobar la existencia de materiales, fragmentos cerámicos de escasa entidad, en las dependencias del CEHIMO en Monzón, confirmando la existencia del yacimiento arqueológico a pesar de que en nuestra visita no encontramos restos ya que no descendimos hasta la sima, remitiendo la visita a la entrada y cámara primera. Ese mismo año J. Murciano visitó la cavidad. En su interior recogió varios fragmentos de cerámica y en el fondo de la sima los materiales que posteriormente fueron trasladados al laboratorio de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Zaragoza y, finalmente, depositados en el Museo de Huesca1. Del interesante conjunto destacamos cinco singulares piezas metálicas de la Edad del Bronce que estudiamos en este trabajo.

2. TIPOLOGÍA 07710.- Hacha de bronce de 11,3 cm de longitud por 7 cm de anchura máxima, 3,6 en zona medial y 3 en el talón (figura 4). Se trata de un hacha plana, el talón es recto, la sección es rectangular y su espesor oscila entre 7 y 8 cms, la hoja es recta con un ligero reborde en los lados cóncavos, y el filo marcadamente convexo, cuya zona biselada se extiende por el último centímetro de la pieza siguiendo la tendencia curva. Las medidas coinciden con los parámetros medios de las series del Valle del Ebro (Rodríguez de la Esperanza, 2005: 96). Siguiendo la evolución tipológica generalmente aceptada (Monteagudo, 1977; Rodríguez de la Esperanza, 2005), las primeras hachas planas fueron modificándose progresivamente, con ensanchamiento del filo y posteriormente con rebordes. Es el caso del ejemplar que estudiamos que habría que situar en una fase avanzada en la evolución de los tipos planos, de contornos con tendencia rectangular, a otros de silueta trapezoidal y el característico filo ensanchado, junto a unos finos rebordes que apenas modifican la sección de la pieza. Las piezas son numerosas en el Valle del Ebro y los repertorios dan buena cuenta de ello (Monteagudo, 1977, Pérez Arrondo y López de Calle, 1986, Rodríguez de la Esperanza, 2005). Por proximidad geográfica y por tipología, el ejemplar más parecido al que estudiamos se encontró en Zuera y también cuenta con unos incipientes rebordes (Gavín Rivero, 1985: 220; Rodríguez de la Esperanza, 2005: 94), además de un perfil marcadamente trapezoidal con los lados menos cóncavos que el procedente de la cueva del Moro. Se pueden incluir en el tipo III de Rodríguez de la Esperanza cuyas series muestran ejemplares de grosor medio inferior a los tipos más antiguos y piezas que comienzan a tener leves rebordes y el filo más curvo (Rodríguez de la Esperanza, 2005: 95).

Figura 4. Hacha de bronce 07710 07682.- Puñal de bronce, con ligera lengüeta y dos agujeros para remaches que se han conservado (figura 5). Mide 9,7 cm de longitud por 3,2 de anchura máxima y 2,5 de grosor. La sección es oval con un ligero engrosamiento en la parte central. Sus medidas coinciden con la media de las piezas analizadas en el Valle del Ebro. Son frecuentes en Aragón (5) y Cataluña (12) y están ausente en el Alto Valle del Ebro, tal como se aprecia en el reciente mapa de distribución de Rodríguez de la Esperanza (2005: 115). Predominan los hallazgos en contextos domésticos frente a los funerarios, destacando nuestro hallazgo que tiene mayores posibilidades de formar parte de un ajuar funerario junto a otros elementos metálicos y de adorno. Presenta ciertas similitudes con el encontrado en Pialfor (Conchel, Huesca) (Rodanés y Mazo, 1985: 229-230) o Los Encantados de Belchite (Zaragoza) (Barandiarán, 1971). Respecto al oscense se diferencia por la posición de los remaches en lo que podríamos denominar una pequeña lengüeta, al igual que en el caso del ejemplar zaragozano, aunque coincide con el primero en el engrosamiento central. Dos son las procedencias propuestas para este tipo de piezas. En la bibliografía antigua aparecen como elementos de influencia o imitaciones argáricas, en especial el aparecido en Alloza (Teruel) (Beltrán, 1955) o en el caso de la interpretación de Barandiarán para el procedente de la cueva de Los Encantados que compara con los de la cueva de la Font Mayor en Esplugas de Francoli o Mas Vilá en Santamaría de Miralles (Barandiarán, 1971). Por otro lado, en interpretaciones más recientes, como en el caso del hallazgo de Pialfor, se destacan las similitudes con los prototipos ultrapirenaicos de Languedoc, Rousillon y Ariege reseñados en las obras de Guilaine (1972) o Roudil (1972), teniendo en cuenta el engrosamiento central frente a los más planos anteriormente citados (Rodanés y Mazo, 1985: 230).

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Figura 5. Puñal de bronce 07682

Figura 6. Aguja 07716

El problema no está resuelto y “para los puñales de dos o tres remaches se suele considerar un posible origen centroeuropeo (Unetice-cultura del Ródano)” pero también se contempla su procedencia ibérica (El Argar) (Rodríguez de la Esperanza, 1999: 125 y 2005: 114).

El tamaño de la pieza que estudiamos se adapta a la media de los ejemplares del Noreste y el contorno coincide con algunas de las documentadas en el Valle del Ebro durante el Bronce Medio y Tardío como Lamikela, Valdoria, Los Encantados de Belchite, Corral Quemado, El Cañizar o Recó dels Espartels por citar paralelos significativos (Pérez Arrondo y López de Calle, 1986: 163-169; Rodríguez de la Esperanza, 2005: 116-119).

07716.- Pieza en bronce de 13 cm de largo de sección circular por 3 mm de diámetro (figura 6). Presenta casi dos tercios de la pieza con una clara torsión que arranca desde la cabeza, continuando con una sección lisa hasta la punta. Tipológicamente dado su estado de conservación que afecta principalmente a la forma de la cabeza es muy difícil de catalogar, existiendo posibilidades cronológicas y culturales radicalmente dispares. Una clasificación como aguja de cabeza enrollada, tal como fue catalogada en el momento de su primer inventario, nos llevaría a compararla con escasos ejemplares del otro lado de los pirineos en un ámbito del Bronce Final II hasta el IIIb. Podríamos compararla con las piezas 279 y 280 “Groupe O, épingles a tete enroulee” de la clasificación de F. Audouze et J.C. Courtois (1970), procedentes de Mont Salève y LullinBellevaux, Dep. de Haute-Savoie. Ambas caracterizadas por tener una torsión en la zona de unión a la cabeza, como sucede en el ejemplar del Moro de Alins.

07684.- Punzón de bronce biapuntado de sección rectangular (figura 8). Mide 7 cm. De largo por 3,5 x 2 de sección. Es un tipo frecuente en el Valle del Ebro y en la Península Ibérica en general, con una amplia cronología que oscila entre el Calcolítico y el Bronce Final (Pérez Arrondo y López de Calle, 1985). A falta de contexto estratigráfico definido en muchos ejemplares la forma de discriminación es la aleación.

07711.- Punta de flecha en bronce de pedúnculo apuntado y aletas agudas de 39 mm de longitud por 20 mm de anchura máxima en las aletas y sección plana, sin nervio central, de apenas 2 mm de espesor (figura 7). La sencillez de los tipos propicia que su aparición sea numerosa en la Península Ibérica y el Valle del Ebro, en especial durante las etapas intermedias de la Edad del Bronce (Rodríguez de la Esperanza, 2005, mapa 118).

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Figura 7. Punta de flecha 07711


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre A pesar de que son escasos los análisis metalográficos en el Valle del Ebro podríamos considerar la opción de que a partir del Bronce Antiguo son manufacturados en bronce (Rodríguez de la Esperanza, 2005: 99 y 127). Por las piezas que han aparecido en la cueva podemos inclinarnos por una cronología más cercana a las etapas intermedias de la Edad del Bronce ya que la tipología con base morfológica aporta pocos datos sobre su evolución, al igual que el contexto, ya que aparecen indiscriminadamente en yacimientos de hábitat y funerarios. En Aragón se han inventariado hasta la fecha 14 ejemplares atribuibles al Bronce Antiguo-Medio.

Figura 8. Punzón 07684

3. COMPOSICIÓN La composición se ha obtenido con un espectrómetro de fluorescencia de rayos X portátil que se trasladó al Museo de Huesca para realizar las mediciones in situ. Las características de este equipo y las condiciones de trabajo son: espectrómetro INNOV-X Alpha equipado con tubo de rayos X, ánodo de plata, condiciones de trabajo: 35kV, 2mA. Los tiempos se fijaron en 40 s y los valores cuantitativos fueron calculados a partir de una calibración validada con patrones certificados. Los valores expresados en % en peso se recogen en la tabla 1 y en las piezas se realizó una abrasión controlada de la pátina alcanzando el metal sano cuando fue necesario para evitar los efectos que distorsionan la validez de los resultados. Este espectrómetro tiene menos precisión para la plata y el antimonio que los utilizados anteriormente en el Proyecto de Arqueometalurgia de la Península Ibérica. En la tabla 1 se señala que los contenidos de estos dos elementos pueden aparecer en proporciones inferiores al 0,15 %. Para el resto de elementos el límite de detección se sitúa en el 0,02 %.

dos análisis en zonas superficiales revelan contenidos de Fe y Pb mucho más elevados que los que contiene el metal: de 0,43 % a no detectado en el caso del hierro y de 1,08 % a tan solo 0,17 % en el plomo. La variación del arsénico no es muy elevada, como ocurre en otros materiales de otros yacimientos. El contenido de hierro puede servir de indicador de referencia ya que es habitual que en toda la metalurgia calcolítica y de la Edad del Bronce los contenidos en el metal sean muy bajos, generalmente inferiores al 0,05 %, consecuencia de una tecnología de reducción del mineral predominantemente oxidante y con baja formación de escoria. Esta circunstancia señalada inicialmente por Craddock y Meeks (1987) se ha comprobado reiteradamente en yacimientos peninsulares. De este modo, los análisis de estas 5 nuevas piezas reflejan el bajo contenido de Fe, siendo su límite de detección del 0,02 %. Otro rasgo que llamaba la atención de los metales de Huesca era la escasa cantidad de arsénico detectado (Rodríguez de la Esperanza, 2005: 72) especialmente en comparación con las otras provincias aragonesas. El punzón de la Cueva del Moro de Alins que es el único objeto de cobre que mantiene esta tendencia, con valores inferiores al 1% de arsénico. Sin embargo, los otros metales constituyen aleaciones de bronce y salvo en la aguja de cabeza enrollada, contienen ciertas cantidades de arsénico, que en el caso de la punta de flecha está cercana al 2 %. Esta pieza resulta singular por su bajo contenido de estaño (también por debajo del 2 % Sn) que induciría a pensar que es producto de una mezcla de metal nuevo (con arsénico y antimonio) y metal reciclado (bronce con estaño). Además contiene proporciones inusualmente altas de plata (0,5 %). Estos contenidos altos de plata solo han sido detectados en el área aragonesa en un punzón del Tozal del Franche (PA6869) pero sin estar acompañados ni de arsénico, ni antimonio, y en la gota de metal de la Loma de la Tejería en Albarracín (Montero y Rodríguez de la Esperanza, 2008: 164), en cuyo mineral de cobre se detectaban ciertas cantidades de este elemento junto a arsénico y antimonio. El resultado obtenido en la composición del puñal y los 2 remaches indican que los tres son bronces con proporciones similares de estaño (8,7 %). Sin embargo, las impurezas de níquel y antimonio que se detectan en los 2 remaches indican que son elementos que no se fabricaron a la vez. Probablemente, debido a los indicios de desgaste que muestra el puñal, los remaches originales debieron ser sustituidos en algún momento de su vida útil por otros nuevos, y por la similitud compositiva podemos sugerir que ambos remaches se reemplazaron a la vez. Finalmente queda comentar el hacha plana, cuya forma singular con un filo ancho y un talón estrecho recuerda en parte al hacha de rebordes de Les Paules. Ambas piezas son bronces binarios de buena calidad (en torno al 12 % Sn).

El mejor ejemplo de la diferencia entre la composición de la pátina y la del metal lo encontramos en el punzón. Los

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Tabla 1. Composición de los materiales metálicos de la Edad del Bronce

5. CONSIDERACIONES FINALES Los materiales analizados de la Cueva del Moro deben añadirse al escaso conjunto de metales de la Edad del Bronce estudiados de la provincia de Huesca. En la publicación de Rodríguez de la Esperanza (1999) se contabilizaban 32 piezas, incluyendo moldes, de los que tan solo 10 disponían de análisis de composición (Rovira et al., 1997: 227-230). Este nuevo conjunto oscense se muestra muy heterogéneo al valorar tanto las aleaciones como la presencia de impurezas de níquel, arsénico, plata o antimonio. Por todo ello hemos de pensar que las piezas fueron depositadas en distintos momentos y sin relación alguna entre sí. La interpretación es coherente con las características del depósito y la función sepulcral del yacimiento, determinada por la presencia de restos antropológicos. Se trata de una cueva sepulcral colectiva o con enterramientos múltiples, de carácter acumulativo Se han identificado un número mínimo de once individuos, el 40% femeninos y el 60% masculinos, con una elevada mortalidad infantil que alcanza el 45% de la muestra, sin que exista constancia de individuos maduros o seniles. Los materiales arqueológicos son numerosos, de gran relevancia y de variada tipología con diferentes cronologías. Destacan varias piezas de hoz y láminas sin retocar, así como una serie de objetos pulimentados de pequeño tamaño. Entre los elementos de adorno señalamos una cuenta de variscita y otra de pasta vítrea. En hueso, dos puntas de flecha de pedúnculo y aletas. En hierro destacamos un cincel, un fragmento de llave, un asa, varios remaches y una aguja

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de grandes dimensiones. La cerámica no es numerosa pero destaca la presencia de una vasija carenada y un fragmento inciso-impreso o ‘punto y raya’ junto a otros no identificables (figura 9). Quizás lo más sorprendente de este conjunto, que próximamente aparecerá publicado, es la presencia de objetos de madera, entre los que destacan recipientes, un peine y otros de difícil interpretación que formarían parte de útiles compuestos, así como varios elementos de cestería.

Figura 9. Materiales de la Edad del Bronce de la Cueva del Moro. La cronología es muy amplia. Un fragmento cerámico decorado y una cuenta de collar nos pueden situar en un contexto neolítico con claros paralelos en cuevas cercanas, mientras que los objetos de hierro, la fíbula y la cuenta de pasta vítrea son claramente romanos, muy probablemente de época augustea. El resto, en el que incluimos las piezas


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre estudiadas, coincidiría con el Bronce Pleno y Reciente donde se agrupan las dataciones absolutas de gran parte de los restos antropológicos, maderas y cestería (tabla 2).

Guilaine, J. (1972): L’âge du Bronze en Languedoc Occidental, Roussillon, Ariége. Mémoires de la Société Préhistorique Française, T.9, París.

Tabla 2. Dataciones absolutas de la Edad del Bronce de la Cueva del Moro

Monteagudo, L. (1977): Die Beile auf der Iberischen Halbinsel. Prahistorische Bronzefunde, Abt. IX, Band 6. München. Montero Ruiz, I. y Rodríguez De La Esperanza, Mª J. (2008): Un pequeño asentamiento minero de la Edad del Bronce. La Loma de la Tejería (Albarracín, Teruel). Trabajos de Prehistoria No. 65(1), pp. 155-168. Pérez Arrondo, C. y López De Calle, C. (1986): Aportaciones al estudio de las culturas eneolíticas en el Valle del Ebro II: Los orígenes de la metalurgia. Instituto de Estudios Riojanos, Logroño.

AGRADECIMIENTOS El trabajo se ha realizado en el marco del Programa de Contratos Predoctorales de Personal Investigador en Formación de la Diputación General de Aragón, del proyecto de investigación HAR2012-36967 y del grupo PPVE.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Audouze, F. y Courtois, J.C. (1970): Les épingles du sudest de la France. Prähistorische Bronzefunde, No. XIII, 1. Munchen, 74 p. Barandiarán, I. (1971): Cueva de Los Encantados (Belchite, Zaragoza). Noticiario Arqueológico Hispánico, vol. XVI, pp. 11-49. Beltrán, A. (1955): La Edad de los Metales en Aragón. Algunos problemas de las culturas del Bronce Final y los albores del Hierro. Zaragoza. Borobia, E. (2007): Instrumental médico-quirúrgico en la Hispania romana. En Metalistería de la Hispania romana (C. Fernández ed.), Sautuola, No. XIII, pp. 181-196. Borobia, E. (1988): Instrumental Médico-quirúrgico en la Hispania Romana. Madrid. Craddock, P.T. y Meeks, N.D. (1987): Iron in ancient copper. Archaeometry No. 29 (2), pp. 187-204.

Rodanés J Mª y Aranda, P (2015): La ocupación altoimperial de la cueva del Moro de Alins del Monte (La Litera, Huesca). En Homenaje a Miguel Beltrán. Institución Fernando el Católico, Zaragoza. Rodanés, J. Mª y Mazo, C. (1985): Hallazgos metálicos de la Edad del Bronce en la provincia de Huesca. Bajo Aragón Prehistoria, No. VI, pp. 229.236. Rodanés, J. Mª y Lorenzo, J.I Y Aranda, P (2015): Enterramientos en cuevas y abrigos en el Altoaragón durante el Neolítico y la Edad del Bronce. En Homenaje a Bernardo Martí. Valencia. Rodríguez De La Esperanza, M.J. (1999): Aragón. En Las primeras etapas metalúrgicas en la Península Ibérica. II. Estudios Regionales (G. Delibes de Castro y I. Montero Ruiz coords.), Instituto Universitario y Fundación Ortega y Gasset, Ministerio de Educación y Cultura, Madrid. Rodríguez De La Esperanza, Mª J. (2005): Metalurgia y metalúrgicos en el Valle del Ebro (c. 2900-1500 cal. A.C.). Bibliotheca archaeologica hispana 24. Institución Fernando el Católico, Real Academia de la Historia, Zaragoza, 230 p. Roudil, J.L. (1972): L’âge du Bronce en Languedoc Oriental. Mémoires de la Société Préhistorique Française, T.10. París, 298 p. Rovira Llorens, S.; Montero Ruiz, I.; Consuegra Rodríguez, S. (1997): I. Análisis de materiales. En Las Primeras Etapas Metalúrgicas en la Península Ibérica. I Análisis de materiales. Fundación Ortega y Gasset y Ministerio de Cultura y Educación, Madrid.

Gavín Rivero, C. (1985): Hallazgo arqueológico en los montes de Zuera. Bajo Aragón Prehistoria, No. VI, pp. 219-220.

NOTAS ACLARATORIAS 1

La documentación y las vicisitudes del descubrimiento así como las diferentes actuaciones del Equipo del Servicio de Protección de la Naturaleza Guardia Civil y personas involucradas se pueden consultar en el expediente: Diligencias previas, número 439/92, sobreseido en Monzón el 21 de octubre de 1992.

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

18. ESTRUCTURAS DE OCUPACIÓN DE LA LADERA SUDOESTE DE EL MORREDÓN (FRÉSCANO, ZARAGOZA) Paloma Aranda Contamina1, José Ignacio Lorenzo Lizalde2, José María Rodanés Vicente1 Universidad de Zaragoza Servicio de Investigación y Difusión del Patrimonio Cultural (DGA) 1

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Paloma Aranda Contamina, paranda@unizar.es

RESUMEN Presentamos las estructuras de la ladera sudoeste del yacimiento de El Morredón (Fréscano) excavadas en las campañas arqueológicas realizadas entre 2002 y 2004 por la empresa Arqueología y Restauración S. L. Se trata de cuatro espacios de planta rectangular dispuestos de forma aterrazada donde se ha localizado un nivel de ocupación sepultado bajo un nivel de incendio y derrumbe. Destaca su construcción mediante la excavación en la roca de su parte noroeste sobre la que se levantarían los muros de adobe o tapial, al mismo tiempo que llama la atención la ausencia de elementos interiores habituales en contextos similares como bancos corridos, hogares u hornos. La fuerte erosión sufrida en la parte superior del cerro así como la intensa actividad clandestina podrían explicar estas ausencias y nos obliga a ser prudentes en la interpretación de su uso y/o función. El estudio preliminar de los materiales cerámicos permite datar estas estructuras en la Primera Edad del Hierro. PALABRAS CLAVE: Morredón; Primera Edad del Hierro; Hábitat; Fréscano; Valle del Ebro.

ABSTRACT This paper analyses the structures on the Southwest slope of the archaeological site El Morredón (Fréscano), which was excavated from 2002 to 2004 by Arqueología y Restauración S. L. There are four rooms in the shape of a triangle on terraces down the hill where an occupation level belw another one of burning and collapse. Among its construction features, it is the digging into the rock formation on its Northwest side, over which the mud or adobe walls were built, and a lack of typical domestic elements in similar sites, as benches, hearths and ovens are noticed. As a consequence of the severe erosion and illegal diggings onto the hilltop, some structural elements are not conserved. Therefore it is necessary to be cautious about the understanding of their use and/or function. The preliminary study of its pottery dates these structures in the Early Iron Age. KEYWORDS: El Morredón; Early Iron Age; Habitation site; Fréscano; Ebro Valley.

1. INTRODUCCIÓN El yacimiento de El Morredón está situado en la localidad de Fréscano (Zaragoza) (figura 1). Se ubica en la ladera Este de un cerro amesetado de grandes dimensiones en las proximidades del río Huecha (UTM 30T 627671 4638899). En 1968 se produjo el colapso de la estribación noreste del cabezo. Gregorio Viamonte, vecino de Borja, miembro de un grupo espeleológico integrado en el Comité regional aragonés de espeleología (CRAE) de la Federación de montañismo de Aragón se puso en contacto con la vocalía de arqueología del Comité espeleológico de Aragón, que organizó una visita a la zona y puso en conocimiento del Museo de Zaragoza la existencia de importantes yacimientos en la zona. Con posterioridad, D. Santiago Carroquino, profesor de Física

y Química en el Instituto de Borja realizó excavaciones no oficiales desde 1970, al igual que el maestro de Fréscano, un médico del vecino Cortes y Bienvenida Jiménez, maestra de Mallén. En 1985 José Ignacio Royo presenta su tesis de Licenciatura en la Universidad de Zaragoza, sobre los materiales del Centro de Estudios Borjanos, lugar en donde se depositaron gran parte de los materiales de procedencia irregular y los recogidos en catas de comprobación. Su publicación veinte años después (Royo, 2005) refiere gran parte de los estudios sobre materiales superficiales elaborados desde su descubrimiento (Hernández Vera, 1979; Rodanés y Royo, 1986; Royo, 1980 y 1986; Ruiz Zapatero, 1981) y otros, más generales, dedicados al estudio del Valle de la Huecha (Aguilera y Royo, 1978; Royo, 1984).

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área amesetada en la zona norte, que permitieron corroborar la existencia de un poblado aterrazado con varios niveles de ocupación. Los resultados no permiten extraer conclusiones sobre la disposición urbanística. Aunque tradicionalmente se ha defendido la disposición en torno a calle central para los yacimientos de estas cronologías en el Valle Medio del Ebro, incluido Morredón (Royo, 2005: 90), las investigaciones de las últimas décadas demuestran que el urbanismo sería más complejo como en el caso del Cabezo de la Cruz (Picazo y Rodanés, 2009: 454-455), donde se ha documentado una trama articulada a partir de calles radiales que ascienden desde las zonas bajas de la ladera hacia la cumbre. No descartamos esta posibilidad para el yacimiento de Fréscano.

Figura 1. Situación del yacimiento de El Morredón (Fréscano).

No contamos con dataciones absolutas. Los niveles conocidos se han datado entre el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro por la tipología de los materiales cerámicos. El yacimiento, además, presenta de forma generalizada un potente nivel de incendio que se ha relacionado con el fenómeno de destrucción generalizada de otros poblados del Valle de la Huecha, como PIIB del Alto de la Cruz en Cortes, y del Valle Medio del Ebro, como el Cabezo de la Cruz en La Muela. Aunque se ha considerado este potente nivel de destrucción como el final de la ocupación del poblado de Morredón, fechándolo entre mediados y fines del siglo VI a. C. (Royo, 2005: 93), no es posible descartar la existencia de ocupaciones posteriores hoy en día arrasadas por la fuerte erosión, al menos en la parte superior del cabezo.

En 1999 se redactó el Proyecto de creación de un Centro de Interpretación sobre la I Edad del Hierro en el yacimiento de Burrén promovido por la Corporación Municipal y elaborado por J. I Lorenzo. Este proyecto se presentó al programa FEDER gestionado por la DPZ. Es el único municipio de Aragón que cuenta con 5 yacimientos arqueológicos del mismo periodo (I Edad del Hierro) declarados Bienes de Interés Cultural (BIC) desde 2001.

2. EL PROYECTO DE INVESTIGACIÓN DEL PARQUE ARQUEOLÓGICO DE FRÉSCANO

En uno de estos yacimientos, en Burrén, se ha construido un “Arqueódromo” en el que se levantan dos cabañas, de tamaño natural que reproducen viviendas de los primitivos pobladores del Valle del Ebro durante el Bronce Final y Primera Edad del Hierro.

1.- Consolidar un Grupo de Investigación multidisciplinar. Para ello se plantea el desarrollo inicial a través del apoyo y la realización de proyectos científicos adscritos al Plan General de Investigación del Gobierno de Aragón y Proyectos I+D+I de convocatorias nacionales y europeas.

En 2005 el “Proyecto de creación de Parque Arqueológico” fue aprobado por la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural de Zaragoza, por la Comisión de Ordenación del Territorio y por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón

2.- Poner en valor los yacimientos y su difusión siguiendo las últimas tendencias en musealización, aplicación de la didáctica del patrimonio cultural, conservación preventiva y restauración, aportando una oferta cultural de calidad.

Entre los años 2002 y 2004, gracias a la iniciativa del ayuntamiento de Fréscano, la empresa Arqueología y Restauración S. L. llevó a cabo tres campañas de excavación, dirigidas por Javier Navarro. Las actuaciones se centraron en una serie de estructuras en la parte sudoeste del cerro y en un

3.- Contribuir a la dinamización económica, laboral, social y cultural de la comarca de Campo de Borja, apostando por el concepto de Desarrollo Sostenible fundamentado en la correcta gestión y adecuación de El Parque Arqueológico de la I Edad del Hierro como Paisaje Cultural singular dentro del Patrimonio aragonés.

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El Plan de Investigación contempla una serie de objetivos previamente fijados de acuerdo con las necesidades tanto del Parque arqueológico como de la propia comarca, considerando como primordial e imprescindible el conocimiento científico de los yacimientos integrantes del Parque y su entorno. Queremos:


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 3. LAS ESTRUCTURAS DE OCUPACIÓN DE LA LADERA SUDOESTE Enmarcado en el proyecto de estudio general del yacimiento, donde se contempla tanto la revisión y estudio de antiguos materiales como el inicio de nuevos trabajos de campo, presentamos aquí un avance sobre las estructuras de ocupación de la ladera sudoeste, basado en la documentación, todavía inédita, generada en las campañas de 2002 y 2004 (Navarro, 2005) (figura 2).

Figura 2.Vista aérea del yacimiento con las estructuras de la ladera sudoeste resaltadas en rojo. Antes de analizar los diferentes espacios, conviene tener presente una serie de características generales que se observan en toda la superficie intervenida: - La ladera sudoeste es la más castigada por las intervenciones clandestinas ya que la erosión en esta zona hacía claramente visibles en superficie tanto las estructuras como los materiales arqueológicos. Por ello los niveles superficiales han desaparecido o aparecen muy alterados. En ella se localizó una sucesión de cuatro estructuras dispuestas de forma aterrazada con el fin de salvar el desnivel de la pendiente. Es destacable la excavación del extremo noroeste de las estructuras en la roca natural del cerro, aprovechando ésta como basamento sobre el que se levantarían los muros de adobe o tapial. Asimismo comparten muros medianeros construidos con zócalos de piedra caliza sobre los que se elevarían los muros. - Los niveles de derrumbes muestran manteados de barro procedentes de los muros y techumbre. Desconocemos el tipo de cubierta ante la ausencia casi total de elementos sustentantes, tanto de postes exentos como embutidos. Solamente se documentó uno en la zona donde se abriría la entrada, hoy desaparecida. Probablemente la techumbre, con entramados vegetales, sería a una sola vertiente, como es habitual en otros poblados con estructuras de similares características, como el Alto de la Cruz de Cortes (Maluquer et al., 1990) o el Cabezo de la Cruz de la Muela (Picazo y Rodanés, 2009).

- La roca natural del cerro fue nivelada y acondicionada, localizándose distintos pavimentos de tierra batida y coloración rojiza correspondientes a diferentes remodelaciones. - No se han identificado hogares u hornos adosados a los muros, elementos constructivos típicos del ámbito doméstico en los poblados de la Primera Edad del Hierro en el Valle Medio del Ebro. - Todas las estructuras presentan una planta rectangular de dimensiones variables, que no obstante, serían mayores de las que nos han llegado ya que en ninguna se ha conservado el cierre por su parte sureste donde se abriría el vano de entrada (figura 3). - La erosión sufrida en las partes superiores del cerro así como la intensa actividad antrópica ha afectado a los niveles superiores de estas estructuras, alterando e incluso destruyendo los mismos. Hay evidencias de una posible ocupación posterior que aparece en los niveles más superficiales de la estructura 3, y que probablemente esté arrasado en el resto. También aparece en las zonas que hay poca profundidad un nivel de regularización de la roca madre para construcciones posteriores que se han perdido. - El más antiguo, y único nivel de ocupación en tres de las estructuras, puede situarse cronológicamente durante la Primera Edad del Hierro con tipos lisos y formas globulares con cuellos cilíndricos (figura 4). - El hecho de que en este sector solo se haya encontrado una fase de ocupación no se puede tomar como referencia a la hora de interpretar todo el poblado. Tenemos constancia de la existencia de al menos una fase más antigua correspondiente al Bronce Final con materiales significativamente diferentes a los encontrados en las viviendas que estudiamos.

Figura 3. Planimetría (según J. Navarro).

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3.1. Estructura 1 Conserva unas dimensiones de 23,78 m2, de 4,2 metros de ancho y 5,80 de largo. La estancia está dividida por un muro de adobe, enlucido con arcillas rojas, de apenas 20 cm de ancho y 1,70 metros de largo (UC 2005), que marcaría la separación de dos espacios distintos (figura 5). La estructura aparece encajada en la roca madre en su parte noroeste, sobre la que se levantaba el alzado de los muros (UC 2009). Adosado a la misma, se localiza un banco corrido de adobe (UC 2002), posiblemente enlucido, de 2,20 metros de longitud y de 60 cm de anchura (figura 6). No se conserva el muro de cierre donde se abriría el vano de entrada. Aquí, no obstante, aparece un agujero de poste de 22 centímetros de diámetro (UC 2010), conservándose en su interior parte del tronco de 50 centímetros de alto y 19 de diámetro (UC 2008). Se podría interpretar como elemento de sustentación de la techumbre o de la puerta. La estratigrafía muestra un solo nivel de incendio de pequeña potencia (UE 1007) que apoya directamente sobre el pavimento (UE 1013), sellado por el derrumbe de tapial, procedente de zócalos y techumbre (UEs 1008, 1009 y 1010). Por debajo, se halló un nivel de relleno (UE 1013), a partir de un antiguo pavimento (UE 1014).

Figura 5. Estructura 1

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Figura 4. Materiales cerámicos asociados. Fotografías del Museo Provincial de Zaragoza.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

3.2. Estructura 2 Adosada a la estructura 1 en su lado oeste, presenta unas dimensiones de 21,52 m2, 4,22 metros de ancho y 5,10 de largo. Como la anterior, está excavada en la roca en su lado noroeste (figura 7). Se encuentra muy afectada por la actividad clandestina. La estratigrafía presenta un sólo pavimento de tierra batida rojiza, apisonada y muy compacta, en un estado de conservación deficiente (UE 1003 y UE 1019), bajo un nivel de ocupación muy irregular de escasa potencia (UE 1004), con acumulación de arcillas, carbones y elementos propios de una ocupación (figura 8). En su interior no se localizan elementos significativos, quizás debido a la mala conservación de este espacio o a recientes remociones que han afectado a varios niveles.

Figura 6. Estratigrafía estructura 1

Figura 7. Estructura 2

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3.3. Estructura 3 De menores dimensiones que las anteriores, 17,5 m2, 2,5 metros de ancho y 7 de largo, el espacio, como los anteriores, se encuentra encajado en la roca madre por su parte noroeste (figura 9). A diferencia del resto de estructuras, presenta dos momentos de ocupación. El pavimento más antiguo (UE 1017) es contemporáneo a los documentados en las estructuras 1 (UE 1013) y 2 (UE 1003 y 1019), sellado igualmente con niveles de incendio (UE 1016). Está formado por adobes (UEs 1010, 1012, 1015 y 10189) procedentes de la caída de los muros o de estructuras interiores no conservadas (figura 10). En esta estructura 3 se ha conservado un nivel, muy superficial y bastante erosionado, de ocupación posterior a la destrucción (UE 1011). No obstante, hemos de ser prudentes ya que la intensa actividad clandestina que ha sufrido el yacimiento provoca que los niveles más superficiales estén removidos (UE 1012), pudiendo inducir a errores de interpretación.

Figura 8. Estratigrafía estructura 2

Figura 9. Estructura 3

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Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre

Figura 10. Estratigrafía estructura 3

3.4. Estructura 4 Situada entre las estructuras 2 y 3, tiene 4,80 metros de ancho. Está ubicada en el nivel de la estructura 2, existiendo un gran desnivel hacia la estructura 3. Se documenta un único pavimento, de tierra apisonada y arcillas blanquecinas en muy mal estado de conservación (UE 1003). Destaca la existencia de un agujero recortado en la roca de forma más o menos semicircular del que desconocemos su función, pero que bien podría ser una pequeña cisterna de recogida de agua. El relleno fue totalmente estéril, compuesto de arcillas grisáceas cuarteada, muchas de ellas con improntas malacológicas (UE 1002) (figura 11). En la parte sur se recorta también la roca formando un gran depósito con una importante potencia de relleno de piedras (UE 1014), cenizas y carbones (UE 1015 y 1016). Formarían el relleno de aterrazamiento y nivelación de la estructura, posiblemente sobre los restos de una ocupación anterior.

Figura 11. Estratigrafía estructura 4

4. CONCLUSIONES El estudio de la documentación de las campañas arqueológicas permite, como ya hemos adelantado, confirmar la existencia de una sucesión de estructuras dispuestas de forma aterrazada en la ladera sudoeste del cabezo, que continuan más allá de la zona excavada tal como se aprecia en restos de construcciones conservadas superficialmente. Se trata de espacios de planta rectangular, con zócalos de piedra y levantamientos en adobe o tapial, habitual en poblados del Bronce Final y Primera Edad del Hierro. Su tipología está ampliamente extendida en el Valle Medio y Alto del Ebro, como podemos apreciar en el Cabezo de la Cruz (La Muela, Zaragoza), El Castillar en Mendavia o Las Eretas en Berbinzana, (Navarra), El Redal o Sorbán en La Rioja, además de los más cercanos del valle de la Huecha, como La Corona-Esquilar en Borja y el Alto de la Cruz en Cortes1 (Arméndariz y De Miguel, 2006: 12-13; Castiella, 1985: 124; García, 1994; Gonzalez y Pascual, 1984: 20; Llanos et al., 2009; Picazo y Rodanés, 2009; Royo y Aguilera, 1981: 36; Rodanés, et al., en prensa) (figura 12). Menos frecuente, pero no excepcional, es la excavación de las estructuras en la roca. Se puede rastrear en poblados del Bajo Aragón y del Alto Ebro, en principio con cronologías ligeramente posteriores, como en Azkir-Iruña (Trespuentes, Álava), Castros de Lastra (Álava) o en La Hoya (Laguardia, Álava) con la excepción del pequeño poblado de Leguín (Echauri, Navarra) que podría ser contemporáneo del que estudiamos (Benavente y Fatás, 2009; Llanos et al., 2009).

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erosión que ha arrasado parte de las estructuras sean la causa de la ausencia, más bien desaparición, de algunos de los elementos estructurales significativos antes comentados. Estratigraficamente, sólo se ha conservado un único nivel de ocupación, cuyos materiales cerámicos nos remiten a la Primera Edad del Hierro. A falta de realizar las dataciones absolutas, por su cercanía y similitudes tomaremos como referencia las ocupaciones correspondientes a la Primera Edad del Hierro del Cabezo de la Cruz de La Muela, entre el 800 y la 2ª mitad del siglo VI cal BC (Picazo y Rodanés, 2009: 453-454).

AGRADECIMIENTOS El trabajo se ha realizado en el marco del Programa de Contratos Predoctorales de Personal Investigador en Formación de la Diputación General de Aragón, del proyecto de investigación HAR2012-36967 y del grupo PPVE.

Figura 12. Yacimientos citados en el texto Aunque, a priori, estos recintos han sido considerados como viviendas, y presumiblemente esta sería su función, la ausencia de algunos elementos claramente vinculados al ámbito doméstico nos obliga a ser prudentes en la interpretación. Recordemos que sólo la estructura 1, aunque probablemente también la 3, se encontraba dividida por un muro de adobe, hecho habitual y contrastado en poblados de la época. Es frecuente localizar diferentes espacios de hábitat con distintas funciones dentro de la vivienda. No obstante también debemos señalar que en ocasiones se produce una coexistencia de recintos de ámbito único junto a bipartitos como sucede en el PIIb del cercano poblado del Alto de la Cruz en Cortes de Navarra (Maluquer et al., 1990: 19), ejemplo a tener en cuenta a la hora de interpretar El Morredón. Igualmente llamativa es la inexistencia de hogares en la totalidad de las estructuras y de otros elementos como hornos o bancos corridos, con la excepción del hallado en la estructura 1. La ausencia de elementos de sustentación en todas las estructuras sugiere la utilización de una cubierta plana o inclinada a una vertiente apoyada directamente en los anchos muros. La pobreza estructural de las viviendas contrasta con la ‘normalidad’ del material cerámico que hemos podido documentar en el análisis preliminar del mismo. En todas las viviendas se localiza cerámica de almacenaje y vajilla que podríamos denominar ‘de mesa’: vasitos de cuello cilíndrico pequeños y medianos y platos troncocónicos. Especialmente significativo es la aparición de un morillo, elemento doméstico vinculado por su función a hogares. Por ello creemos posible que la alteración antrópica o la fuerte

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NOTAS ACLARATORIAS A pesar de la abundancia de yacimientos del Bronce Final y la Primera Edad del Hierro en el valle de la Huecha (Aguilera y Royo, 1978), sólo unos pocos han sido excavados: La Corona-Esquilar de Borja (Royo y Aguilera, 1981), El Convento de Mallén (Royo et al., 1991; Royo et al., 1991), el Alto de la Cruz (Maluquer, 1954 y 1958; Maluquer, et al., 1990) y El Morredón. Esto se traduce en una escasa muestra de estratigrafías con las que comparar y en una casi total ausencia de dataciones absolutas, con la excepción de las realizadas en los años 90 en el Alto de la Cruz (Munilla et al., 1994-1996).

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19. PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DEL POBLAMIENTO PREHISTÓRICO EN EL VALLE DEL GUARGA (HUESCA) Alberto Obón Zúñiga1, Abel Berdejo Arcéiz1 1

Investigadores independientes. Grupo de investigación y difusión “De la Roca al Metal” Abel Berdejo Arcéiz, berdejoabel@gmail.com

RESUMEN Presentamos un proyecto de investigación independiente sobre la Prehistoria de unos valles del Prepirineo oscense. Comenzó, y continúa siendo, una forma de auto-aprendizaje para jóvenes investigadores, adaptando la estrategia de prospección selectiva a las posibilidades de autofinanciación. Los objetivos son encontrar y estudiar las huellas del poblamiento prehistórico y realizar una reconstrucción climática, medioambiental y paisajística. Tras varias intermitentes campañas, exponemos los primeros resultados del estudio del territorio que incluyen el hallazgo del abrigo de El Esplugón, un yacimiento que ha proporcionado una importante secuencia estratigráfica desde principios del VIII hasta el V milenio cal BC. PALABRAS CLAVE: Prospección selectiva; Prehistoria y Territorio; Prepirineo,;Reconstrucción Paleoambiental.

ABSTRACT We present here an independent research project on the Prehistory of a cluster of valleys located in the Pyrenees margins, in the Huesca region. This project started as, and continues to be, a way of self-learning for young scholars, adapting the strategy of selective prospecting to the possibilities of self-financing. Our objectives are to find and study the remains of prehistoric human occupations, as well as to reconstruct climate, environment and landscape. After some field-work campaigns, we deliver here our first results of the territorial analysis, including the finding of a rock shelter, El Esplugón, which has provided with an important stratigraphic sequence covering from the beginning of the 8th up to the 5th millennia cal. BC. KEYWORDS: Selective exploration; Prehistory & Territory; Prepirineo; Reconstruction Palaeoenvironmental.

1. INTRODUCCIÓN Desde el año 2008 el grupo de investigación De la roca al metal desarrolla un proyecto de investigación prehistórica sobre un amplio territorio ubicado en el Prepirineo meridional aragonés (Fig.1), con el objetivo de localizar, identificar y estudiar cualquier indicio del ser humano desde el Pleistoceno hasta la consolidación de las comunidades agro-pastoriles. El área de estudio se sitúa al norte de la parte centro-oriental de las Sierras Exteriores (Huesca), en concreto de la Sierra de la Gabardiella y la Sierra de Guara, y corresponde al valle del Guarga (la Guarguera) más la cabecera de los ríos Isuela, Flumen, Guatizalema y Alcanadre. En términos geológicos comprende fundamentalmente la mitad oriental del sinclinorio del Guarga dentro de la Cuenca de Jaca (Puigdefábregas, 1975; Millán et al., 2006). Se trata de una zona que hasta ahora apenas ha sido estudiada, pero, por diversos motivos, consideramos que alberga un enorme potencial para contribuir a un conocimiento más exhaustivo del poblamiento prehistórico. Anteriormente

solo se habían realizado algunas intervenciones aisladas. Existen referencias a algunos yacimientos y restos puntuales de distintos momentos crono-culturales que fundamentalmente consisten en cuatro dólmenes: La Piatra en Belsué (Domínguez, 1985), El Palomar en Santa EulaliaNozito (Baldellou, 1990: 90), La Caseta de las Brujas en Ibirque (Beltrán, 1954) y la Losa Mora entre Bara y Rodellar (Almagro, 1942), a los que hay que sumar un quinto dolmen recientemente dado a conocer, la Caseta de As Tallatas en Bentué de Nozito (Latas, 2015); y también dos cuevas en el entorno del embalse de Sta. María de Belsué. La cueva Artica donde unos sondeos permitieron documentar restos cerámicos que podrían ser calcolíticos o de la Edad del Bronce (Domínguez, 1985: 127). Y la cueva del Toro donde, además de materiales más recientes, se mencionan hallazgos de la Edad del Bronce (Burillo, 1991: 33). También se mencionan hallazgos de hachas pulimentadas en Nozito (Utrilla, 1980: 18-19), más dos enterramientos con varias hachas pulimentadas en la cueva de la Sierra (Campodarbe) (Domínguez et al., 1984: 69).

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Hasta ahora, el norte de la Sierra de Guara y el valle del Guarga (o Guarguera) han permanecido como un vacío sin restos significativos de momentos anteriores. Sin embargo, en áreas próximas, que presentan contextos geográficos y geológicos muy similares, se hallaron importantes yacimientos pertenecientes a diferentes períodos. Por citar los más destacados, desde el Musteriense en la cueva de los Moros de Gabasa en Peralta de la Sal (Utrilla y Montes, 1989); hasta el Paleolítico Superior en la Fuente del Trucho en Colungo (Utrilla et al., 2014) única con arte Paleolítico en Aragón (Utrilla et al., 2013), Forcas I en Graus (Utrilla y Mazo, 2014) o la cueva de Chaves en Bastarás (Utrilla, 1989); el Epipaleolítico en Forcas II (Utrilla y Mazo, 2014) o Legunova y Peña 14 en Biel (Montes, 2002; Domingo y Montes, 2009); el Neolítico Antiguo en Chaves (Baldellou, 1985b) y la cueva del Moro de Olvena (Utrilla y Baldellou, 1995); y el abundante Neolítico Medio en el Sobrarbe: Huerto Raso en Lecina (Barandiarán, 1976), la Miranda en Palo (Baldellou y Barril, 1981-82), La Espluga de la Puyascada (Baldellou, 1987) y la cueva del Forcón ambas en La Fueva (Baldellou, 1985a). En cuanto a arte rupestre destacamos, por su proximidad con la zona de estudio, las covachas de la Raja en Santa Eulalia de la Peña (Nueno) (Baldellou et al., 1997), además de los abundantes abrigos con arte rupestre en la cara Sur de la Sierra de Guara en el barranco de Mascún en Rodellar (Painaud et al., 1994) y en el Vero (Baldellou, 1989). Actualmente nuevas intervenciones contribuyen a suplir este relativo vacío de información, como en el yacimiento de Espantalobos (Quicena) recientemente excavado (Montes y Domingo, en este mismo número). Con todo, sigue existiendo una mayor densidad de yacimientos prehistóricos conocidos en el Pirineo catalán, navarro y francés. Es por ello fundamental disponer de estudios más profundos sobre el poblamiento en el Pirineo Central, de cara a evitar errores en interpretaciones o teorías de carácter general. Por nuestra parte pretendíamos comprobar si en efecto, la ausencia de datos se debía únicamente a la carencia de investigaciones. A medida que fueron reconocidos los primeros abrigos y detectamos restos de industria lítica en algunos puntos del territorio, nuestro interés se centró en escoger uno o varios de ellos para realizar una intervención. Entre 2009 y 2010 realizamos un sondeo arqueológico en el abrigo de El Esplugón tras haber detectado una mínima presencia de industria lítica en las inmediaciones. Confirmamos la existencia de una importante secuencia estratigráfica holocénica con un espesor de 1,20 a 1,40 m y que ha sido datada entre el 7870-7680 y el 4790/4940 cal BC. Los materiales pertenecen culturalmente desde el Epipaleolítico Microlaminar, pasando por el Epipaleolítico Geométrico y el Neolítico Antiguo, y algunos materiales lo llevan hasta el Calcolítico (Berdejo y Obón, e. p; Utrilla, et al., 2012; Utrilla et al., e.p.). El Esplugón se asemeja a Forcas II como uno de los asentamientos de tradición cazadorarecolectora durante el proceso de neolitización.

2. CARACTERÍSTICAS GEOGRÁFICAS Y GEOLÓGICAS DEL TERRITORIO El territorio corresponde de sur a norte a: a) las depresiones de Arguís, Belsué, Nozito y Bara; b) la Sierra de Belarra y la Sierra de Aineto; c) el valle del Guarga; d) las sierras al Norte de la Guarguera (San Pedro, Portiello, Picardiello, una parte de Cancias y Gabardón). Para acotar de alguna manera, hemos establecido un límite oriental en la cuenca del río Alcanadre, y un límite occidental en el río Isuela y la desembocadura del Guarga en el río Gállego. Se establecieron subdivisiones del territorio entre las cuencas fluviales de los principales ríos, como recomiendan algunos autores (García San Juan, 2004). En la parte meridional abarcamos la cabecera de los ríos Isuela, Flumen, Guatizalema y Alcanadre, que descienden en dirección N-S hacia la Hoya de Huesca. Por otro lado, subdividimos el valle del Guarga, con una orientación este-oeste y gran cantidad de barrancos tributarios, en tres zonas: Guarguera Alta, donde el cauce desciende relativamente cerrado actuando como agente erosivo. Guarguera Media, parte central del valle y punto de inflexión de la orografía y Guarguera Baja, una zona más abierta hasta la desembocadura. En los tramos medio y final el agua discurre formando terrazas de gravas y arenas poco estables susceptibles de volver a ser arrastradas. Las barranqueras de ambas vertientes, con todos sus cursos tributarios, han moldeado el paisaje que se caracteriza por formas redondeadas, dada la disposición estratigráfica de la formación (el sinclinorio del Guarga), ligeramente inclinada por el plegamiento alpino y la elevación de la Sierra de Guara (Rodríguez-Pinto et al., 2006). En general, la orografía se puede definir como agreste, aunque las características geográficas varían a lo largo del territorio como se observa en los índices de pendientes (Berdejo, 2010). La Guarguera presenta pendientes más moderadas que la cara norte de las Sierras Exteriores. Entre las posibilidades de comunicación destaca el eje norte-sur a través del puerto del Monrepós y el Salto del Roldán, vías fundamentales entre la Hoya de Huesca, el extremo oriental de la Canal de Berdún y gran parte de los valles del Pirineo Central. De hecho, una calzada secundaría discurría desde Osca hasta las aguas termales de Panticosa atravesando el puerto del Monrepós (Magallón, 1987). Así mismo, la Guarguera, junto con el valle de Yebra de Basa más al norte, es la prolongación natural oeste-este de la canal de Berdún (la Depresión Intrapirenaica que comienza en JacaSabiñánigo y culmina en Pamplona) y nexo de unión con el Sobrarbe y el valle del Ésera. Como vías de comunicación menores están los encañonados ríos Alcanadre, Guatizalema o Flumen. Además, en todo el territorio se conserva parte de una red de caminos de herradura, de carretas y sendas de pastoreo que articulan e integran la comunicación a pie de todos los núcleos poblacionales, los puntos geoestratégicos y entre los propios valles. A nivel geológico, predomina la formación Campodarbe compuesta por conglomerados, areniscas, y lutitas de origen

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Figura 1: Principales abrigos, hallazgos y lugares mencionados en el valle del Guarga. continental, cuya estratigrafía de sus facies se puede observar en las cuencas de ríos y barrancos (Soler y Puigdefábregas, 1970; Puigdefábregas, 1975; Riba et al., 1980, Montes 1992; Montes y Colombo, 1996; Rodríguez Pintó, 2013). En la Guarguera, los tramos basales de la formación Campodarbe pasan lateralmente a la formación Belsué-Atarés de areniscas, y de ahí a las margas de la formación Arguís, estas últimas ambas de origen marino. Los materiales blandos se erosionan más rápido por la acción del agua o la temperatura, originando abrigos y covachas. Algunos de los yacimientos citados como Legunova y Peña 14 en las Cinco Villas (Montes, 2002; Domingo y Montes, 2009), están ubicados en este tipo de formaciones. En cuanto a la posibilidad de albergar sistemas kársticos, encontramos las calizas de Guara tras la transición margosa de la Formación Arguís, y también en el anticlinal de Boltaña este y noreste. No hemos detectado afloramientos primarios de sílex. Solo existen restos puntuales atrapado en los conglomerados, aunque en mínimas cantidades. Se trata cantos en general de pequeño tamaño (entre 1 y 20 cm) muy craquelados en su interior por presiones tectónicas. En cambio, sí se dan otras rocas susceptibles de ser talladas como la cuarcita o la lidita, además de otros recursos abióticos como arcilla, ocre (hematites y limonitas) o incluso otros minerales transportados en los cauces por los ríos.

3. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA Nuestra estrategia de investigación se basa en la búsqueda de lo más significativo y a la vez más probable de detectar mediante la prospección selectiva (Flannery; 1976; Burillo y Ruiz Zapatero, 1988; Ruiz Zapatero, 2004). Esta nos permite evaluar el potencial de un amplio territorio aplicando diferentes intensidades. No hemos considerado oportuno realizar una división del territorio en pequeñas unidades de prospección y seleccionar al azar o con otros criterios para que las unidades de muestreo sean prospectadas de forma intensiva, ni contamos con recursos para esa labor. Optamos por el muestreo intencional basándonos en criterios subjetivos, debido al estado de la vegetación, las superficies agrestes y a los medios disponibles, aunque la información será sesgada y nunca representativa del total (Redman, 1975: 149). Para la morfología de la unidad de muestreo preferimos, en este caso, morfologías irregulares en función a accidentes naturales como valles, laderas, vaguadas, etc. De manera general para toda el área de estudio, y por diversos motivos, consideramos que existen tipos de yacimientos con más posibilidades de aparecer. Por un lado, hábitats en abrigos y cuevas, ya sean ocupaciones esporádicas o estables,

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o bien que alberguen arte rupestre. Por otro, monumentos megalíticos en la cabecera de los principales ríos o lugares geoestratégicos. Y un tercer grupo, con menos posibilidades, que corresponde a yacimientos al aire libre como poblados de la Prehistoria Reciente o necrópolis. Dada la necesidad de una estratigrafía que abarcase el mayor lapso temporal posible, los esfuerzos se han centrado en el primer grupo, especialmente en la Guarguera. En esa búsqueda de abrigos y cuevas hemos utilizado los tres grados de prospección (viaje exploratorio, prospección extensiva e intensiva) en mayor o menor grado. Comenzamos comprobando el estado de conservación de los yacimientos catalogados, revisando las coordenadas UTM y realizando nuevas fotografías o dibujos, además de elaborar una cartografía digital del área de estudio, a través de programas SIG (ArcGIS), a diferentes escalas (1:50.000 y 1:5000) de todo el territorio mediante la información disponible en (Infraestructura de Datos Espaciales de Aragón 1 (IDEARAGON). Posteriormente, evaluamos el potencial arqueológico de cada zona y realizamos viajes de localización y, cuando es posible, entrevistas a los vecinos más cercanos. La valoración de los resultados de esta prospección inicial nos permite diseñar, cuando se considera oportuno, una prospección de mayor intensidad.

3.1 Condicionantes Tanto la selección de las zonas de actuación como la metodología de prospección ha estado condicionada por numerosos factores como son el estado actual de la vegetación, las condiciones y visibilidad del terreno, la litología, la toponimia e indicios de los habitantes, los medios disponibles, materiales en superficie, el desnivel y las pendientes, la disponibilidad de agua, la altitud, la ortofotografía aérea, el análisis de visibilidades, los patrones de asentamientos conocidos, la orientación N/S, las vías de comunicación naturales y artificiales, los posibles paleoclimas y paleoentornos, los recursos minerales, la erosión y el período cronocultural objeto de búsqueda. Tras el gran éxodo rural de la segunda mitad del siglo XX las labores agropecuarias están muy poco desarrolladas y las tradicionales sacas de madera son poco habituales. Tanto la repoblación de pino como la recuperación de la vegetación arbustiva han cubierto amplias zonas que, antes de la despoblación masiva, eran zonas despejadas empleadas como pastos y campos. Previamente la sobreexplotación había reducido las masas boscosas a las zonas más altas y a los denominados pacos o caras norte de las laderas. Gran parte del territorio está fuertemente antropizado probablemente desde antiguo en un proceso que continuó hasta momentos recientes. Además de los sistemas de aterrazamiento tradicionales presentes en todos los rincones del valle del Guarga, la repoblación forestal masiva de pino en los años cincuenta con métodos de aterrazamiento de laderas (Pérez-Cabello, 2002; Lerín y

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Tiñena, 2006: 20) es un gran inconveniente para el trabajo con fotografía aérea y ortofoto. Además, en los últimos treinta años se han registrado varios incendios que han acelerado la erosión ya de por sí muy intensa al tratarse de una litología blanda. Un extenso manto de plantas colonizadoras pirófilas como el arizón (Echinospartum horridum), la aliaga (Genista scorpius) y el boj (Buxus sempervirens) han cubierto la superficie quemada empezando la lenta labor de regenerando los suelos, pero dificultando la visibilidad de restos arqueológicos en superficie (Pérez-Cabello, 2002).

4. PROSPECCIÓN SELECTIVA Y PRINCIPALES HALLAZGOS EN EL VALLE DEL GUARGA Existe una red de abrigos dispersos por todo el valle que han sido aprovechados tradicionalmente para el pastoreo (Fig.1). Hemos reunido una treintena de referencias sobre abrigos de grandes dimensiones, catalogados en las cartografías del valle o reflejados en la toponimia. Para la detección de los no catalogados se han batido pequeñas áreas seleccionadas con equipos de 5 a 10 personas, en relación con las facies geológicas más proclives para su formación. En las áreas de especial interés, se han efectuado batidas con una distancia entre personas de 2 m. Toda la información obtenida de las prospecciones se está almacenando en una base de datos creada para este fin, en la cual se registran los hallazgos y sus características, los recorridos con el área exacta prospectada u otros datos de interés. En cuanto a los abrigos hemos reconocido principalmente tres pautas de formación. Primera, los abrigos formados en las cascadas de los barrancos creados por la erosión del salto de agua y el crioclastismo. Se observan ejemplos de diferentes fases de formación en las cascadas activas. En muchas de ellas se forma toba calcárea por la precipitación cálcica sobre la vegetación en el punto donde cae el agua o discurre el cauce al comenzar la caída. Segunda, aquellos que han sido formados por fenómenos de crioclastismo o de arrastre (erosión-colmatación) propios de una ladera. Un tercer grupo sería los formados por la erosión lateral de barranqueras u otros cauces de agua (Rapp y Hills, 1998). Todos estos abrigos son de corta duración en comparación con los sistemas kársticos. Las viseras terminan por derrumbarse al no soportar el esfuerzo de tracción cuando la erosión interior alcanza ciertos niveles. Al ser materiales de erosión rápida, muchos podrían estar derruidos o colmatados, lo que dificulta su hallazgo con la prospección superficial. El deshielo glaciar pudo haber contribuido a la aceleración de los derrumbes de los abrigos ocupados durante el Pleistoceno. Nuestro objetivo es sondear los abrigos que reúnen las mejores condiciones en función de la estrategia de investigación, obteniendo como mínimo una secuencia geológica y del clima. Expondremos a continuación aquellos más interesantes.


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre 4.1 El abrigo de El Esplugón (722798x 4697494y1)

También conocido como la Esplunga, a 800 msnm, se sitúa a unos 300 metros del cauce del río Guarga próxima a la localidad de Molino de Billobas (Sabiñánigo) (Fig.1: 4). Presenta amplias dimensiones y unas condiciones de habitabilidad óptimas con una orientación S-SE. Linda con un campo destinado al cultivo de pasto. En su interior alberga una construcción abandonada, aparentemente destinada a tareas ganaderas. Destaca la visibilidad en la parte superior de la visera, dominando visualmente el collado donde se encuentra el dolmen de Ibirque. En el borde se pueden observar unas acanaladuras realizadas en un momento indeterminado para aprovechar el agua de lluvia conduciéndola hasta un punto en el centro del abrigo. La génesis de El Esplugón se debe a la acción de un salto de agua que ha erosionado los materiales blandos, las margas y los conglomerados, perdurando parte de estos últimos y las areniscas. El cauce que origina el abrigo se desvía en un momento dado, todavía sin datar, lo que permite diferenciar bien las fases de formación de su relleno. La acción del agua está presente, ya que todavía circula por la cascada una barranquera residual. La parte central del valle donde se ubica El Esplugón es una zona de inflexión entre áreas más abiertas de pendientes moderadas y zonas del valle más cerradas. Hacia el este el río se encañona progresivamente hasta su nacimiento; hacia el oeste el cauce forma una pequeña llanura aluvial que se va abriendo cada vez más hasta su desembocadura. Cuando detectamos indicios de industria lítica en las inmediaciones del abrigo se solicitó el permiso para sondear el abrigo. Las labores de excavación comenzaron en noviembre de 2009. Los resultados nos ofrecen 6 niveles de ocupación ricos en materiales arqueológicos con una cronología que va desde el 7870-7680 al 4790/4940 cal BC con ocupaciones esporádicas posteriores hasta el Calcolítico, a tenor de los materiales arqueológicos recuperados (Berdejo y Obón, e. p; Utrilla et al., 2012; Utrilla et al., e.p.). La importancia del yacimiento radica en cuatro aspectos interesantes: 1) La existencia de una completa secuencia que arranca en un posible Epipaleolítico microlaminar (léase sauveterriense o aziliense) (niveles 5 y 6), que continúa con dos niveles del mesolítico geométrico (niveles 4 y 3 inferior) pertenecientes quizá a las dos etapas de trapecios y triángulos), dos neolíticos (niveles 3 superior y 2) y material Calcolítico en el nivel revuelto (nivel 1). 2) La riqueza de sus niveles del Mesolítico geométrico (3 inferior y 4) con la aparición, en 7 cuadros excavados, de 157 geométricos: 53 trapecios, 34 triángulos, 3 segmentos abruptos, 18 truncaduras (la mayoría geométricos fracturados) y 49 microburiles. A ellos se añaden 6 puntas de dorso que podrían considerarse segmentos alargados de retoque abrupto.

3) El hecho de estar situado en una posición central entre los yacimientos mesolíticos conocidos del Alto Aragón: Forcas II en la parte oriental y el núcleo de Biel (Peña 14, Valcervera, Rambla de Legunova) en la parte occidental, acompañado en el centro por el yacimiento de Espantalobos en Quicena. Este último, junto con El Esplugón, podrían estar vincularse con los posibles lugares de hábitat de los autores del arte rupestre de la Raja (Sta. Eulalia de la Peña/Nueno). 4) Teniendo en cuenta sus características de habitabilidad y el registro detectado, es posible que más abrigos del valle puedan presentar restos de ocupación prehistórica. Sondear todos los abrigos detectados y continuar prospectando podría permitir establecer un estudio de territorio de los últimos cazadores-recolectores, el proceso de neolitización de estas sociedades y la antropización del paisaje. 5) La posibilidad de albergar arte parietal grabado, además de arte mueble.

4.2 Otros abrigos El abrigo de San Úrbez o Coba Saliellas (728245x, 4699157y) se localiza cerca del municipio de Cerésola en el cauce de un barranco a 870 msnm (Fig.1: 10). Con una orientación S-SE, se trata de un abrigo formado en una cascada en la margen derecha del río Guarga, en una zona escarpada y rodeado actualmente de una vegetación extensa y frondosa por las condiciones de humedad. Se accede fácilmente desde la pista forestal que conduce al municipio de Cerésola. Alberga una ermita de pequeñas dimensiones dedicada a San Úrbez, el santo de los pastores en la zona, donde todos los años acude una romería. Casi toda la superficie interior rocosa exhibe una alta concentración de hollín concrecionada sobre las paredes. El abrigo se va cerrando según se profundiza en él, acabando en un apéndice. En el otro extremo existe una construcción destinada al alojamiento de ganado de más de 70 m2, con un entramado de vigas que creaban un piso superior para el pastor. En el interior de dicha construcción el sedimento que aparece en superficie son restos de excrementos del ganado en proceso de descomposición. Sorprende su profundidad que se va cerrando en forma de apéndice. El propietario, un habitante originario del valle, nos comunico que antiguamente este tipo de construcciones ganaderas eran sometidas a remociones para su vaciado, lo que podría haber destruido en parte o totalmente los yacimientos que albergan. En superficie detectamos un fragmento de cuenco globular con fondo plano y arranque de asa y manufacturado sin torno. Presenta una decoración incisa en su cara exterior realizada a peine. Hemos encontrado paralelos tipológicos con cerámicas de producción local tardorromana y altomedieval registradas en el País Vasco (Azkarate et al., 2003). Los dos sondeos realizados en uno de los laterales han proporcionado únicamente dos fragmentos de cerámica lisa que podría pertenecer a diferentes momentos de la prehistoria reciente, sin que hayamos descubierto una estratigrafía que pueda albergar un yacimiento, ya que tras la capa de estiércol

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comienza a poca profundidad una corta transición a los estratos de areniscas y margas naturales del abrigo. Estamos a la espera de poder financiar algunas dataciones. El abrigo de Campo Grande (716346x, 4698131y) se encuentra muy próximo a la pardina de Atós a escasos 50 metros del cauce actual del río, en una zona del valle donde predominan las pendientes más moderadas. Con una altitud de 724 msnm, orientación este y buenas condiciones de visibilidad, su acceso es muy sencillo al pie de la carretera junto a un campo (Fig.1: 3). Presenta una formación por la erosión lateral del cauce de un barranco y se aprecia como parte de la visera ha sido empleada como cantera para la construcción de los puentes de la carretera. En su interior existe un habitáculo prácticamente colmatado, pero con una profundidad superior a los 3 m. Recientemente se ha introducido sedimento con una excavadora en parte de su superficie, durante la construcción de la Autovía A-23 en su tramo Caldearenas-Lanave que pasa a unos centenares de metro. La única evidencia arqueológica es una lasca de sílex producto de talla que fue descubierta en la prospección de la superficie del campo aledaño junto al abrigo. Teniendo en cuenta que el sílex es una roca exógena del valle y las condiciones deposicionales del abrigo, es necesario comprobar si el abrigo alberga un yacimiento. Hemos comenzado un sondeo pero su estratigrafía nos habla de una gran potencialidad aunque ya que apenas hayamos avanzado 500 años en más de 60 cm de profundidad. El abrigo del Pascualín (729251x, 4700022y), a 1030 msnm, se localiza cerca de Fenillosa, debajo de un potente estrato de arenisca en forma de U en la parte media de la cuenca de un barranco perteneciente a la parte central del valle (Fig.1: 12). En la parte superior del estrato hay una planicie con una amplia panorámica visual, por la que se puede acceder a la Sierra de Picardiello. Es otro abrigo amplio con un proceso de formación en cascadas de barrancos similar a los abrigos de El Esplugón y San Úrbez, y que también fue utilizado para el resguardo de ganado. El acceso es complicado debido al estado actual de frondosidad de la vegetación y no existe ningún camino. Se han construido diversos muros cercanos a la boca del abrigo y en la parte central hay una pequeña construcción de unos 6 m2 para el alojamiento del pastor. A priori presenta excelentes condiciones de habitabilidad con una gran cavidad de unos 40 m2, orientación es S-SE y protegido de los vientos. En superficie, tal vez debido a la capa de excrementos de ganado que cubre el suelo, no se ha encontrado ningún resto arqueológico. Actualmente, un equipo de 5 personas está efectuando un sondeo que está proporcionando materiales (cerámica y sílex) que parecen evidenciar una ocupación prehistórica. Dicha ocupación será pronto descrita en una nueva publicación. El abrigo del Cancias (734542x, 4704474y), inmerso en el cauce de una barranquera tributaria del Guarga a 1426 msnm, se sitúa cercano al camino principal para acceder al valle de Yebra de Basa desde la Guarguera, a las faldas del pico del Cancias (Fig.1: 13). Se acceso es caminando alrededor de

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una hora y media desde el pueblo de Gillué. Es otro abrigo formado por un salto de agua en los conglomerados de la formación Campodarbe. Su orientación es SO, pero la agreste orografía circundante crea un microclima húmedo y frío. En el interior el sedimento es muy oscuro, producto de su uso ganadero y maderero (existen muchos restos de diversas sacas). La cavidad formada es grande y alberga dos apéndices a modo de prolongación, uno de ellos de 12 metros de longitud. Hay presencia de espeleotemas que recorren la visera. En el camino que conduce al abrigo recuperamos dos fragmentos de sílex no tipologizables, claramente alterados químicamente (desilicificados) y patinados. Otros abrigos con buenas características documentados en las prospecciones son el abrigo de Atós, formado en cascada con una cavidad cercano al cauce del rio, de dimensiones similares a San Úrbez. En superficie apareció una lasca cortical; La cueva de Sandiás de grandes dimensiones (Fig.1: 6). la Cueva de los Gitanos (Fig.1: 9), el Abrigo de la Carretera (Fig.1: 11), Cueva Ferrara (Fig.1: 2), el Abrigo de San Esteban de Lasaosa (Fig.1: 7), o el Abrigo de Billobas (Fig.1: 5) son lugares propicios para ocupaciones prehistóricas, aunque no hemos detectado materiales en superficie.

4.3 Toponimia, entrevistas y leyendas Podemos distinguir varios grupos toponímicos con orígenes distintos: Latinos (Flumen, Lupera, Solanilla); aragoneses (Tozal, Os Pacos, Os Fenales); árabes (Alcanadre, Guatizalema, Guara, Guarga); celtas (Secorún); Preindoeuropeos (Arraso, Ibirque, Belarra, Belsué, Bentué, Ordovés, Matidero) (Marco, 1980; Pérez Conte, 1997). En relación con la arqueología, hay topónimos asociados a brujas (Caseta as Buixas, Ibirque), a Santos (Paso de san Úrbez, Cueva de San Úrbez) o a moros (Losa Mora, en Bara) donde se han documentado diferentes restos arqueológicos. Conocemos con más detalle la parte de la Baja Guarguera (Lerín y Tiñena, 2006) en la que destacamos sobre todo referencias a abrigos. También, y en la medida de lo posible debido al acusado despoblamiento, hemos realizado entrevistas a buena parte de los habitantes del valle.

4.4 Hallazgos aislados Además de los abrigos hemos detectado algunas evidencias en superficie en diferentes puntos del territorio (Fig.1). Se trata de hallazgos aislados de material lítico tallado y de fragmentos de cerámica manual. No se han realizado batidas intensivas y simplemente nos hemos limitado a recoger materiales significativos en los recorridos exploratorios. Destacamos un fragmento de granito pulido en las inmediaciones del abrigo del Romeral (Fig.1: 14), una lasca de cuarcita (frente de extracción) con el bulbo concrecionado acompañada de fragmentos de cerámica manual en un lugar próximo (Fig.1: 15), una lasquita sin retocar hallada en un


Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre corte estratigráfico de una terraza fluvial del río Guarga, a lo que se suman varias lascas de sílex patinadas, una laminita y restos de cerámica manual en un campo aledaño (Fig.1: 16), una lasca muy patinada en la parte alta de la vertiente norte de la Guarguera (Fig.1: 17), fragmentos de cerámica con indicios de la técnica columbiforme (Fig.1: 18), una lámina de talón plano patinada y fragmentada en su parte distal hallada en una pista forestal para prospecciones geológicas abandonada (Fig.1: 19), donde encontramos varias lasquitas en otros tramos (Fig.1: 20), un fragmento de lasca con retoque simple lateral (Fig.1: 21), un debries detectado en la secuencia estratigráfica de la Paul de Azpe (Fig.1: 22) y por último una punta de cobre o bronce hallada cerca del cauce del río Guarga (Fig.1: 23).

5. PERSPECTIVAS Tratamos de abarcar dos grandes frentes de investigación. Por un lado, proyectamos realizar una serie de sondeos sistemáticos en la red de cuevas y abrigos registrados, una intervención en el dolmen de Bentué de Nozito recientemente dado a conocer (Latas, 2015), además de continuar con la excavación y estudio del abrigo de El Esplugón. De las secuencias obtenidas en estos sondeos mencionados se efectuarán estudios arqueobotánicos, sedimentológicos y de micromorfología de suelos, acompañados de prospecciones de paleosuelos, incendios forestales y diferentes estudios geomorfológicos y sedimentológicos con el objetivo de una reconstrucción climática, medioambiental y paisajística. Nuestras perspectivas son: 1) detectar otros yacimientos arqueológicos holocénicos y la presencia de grupos humanos durante el Pleistoceno; 2) sondear en diferentes franjas de altura, desde los 1426 msnm del abrigo del Cancias, a los 724 msnm del Abrigo de Campo Grande, para obtener una muestra de los diferentes nichos ecológicos del valle presentes en el Pleistoceno y Holoceno; 3) realizar secuencias polínicas de la estratigrafía de estos abrigos; 4) estudiar las secuencias sedimentológicas en este tipo de formaciones buscando los indicios repetitivos presentes de crisis de aridez y los picos pluviométricos, de tal manera que puedan emplearse como ejes comparativos de la secuencia de El Esplugón. Por otro lado, afrontamos la tarea de una reconstrucción Paleoambiental y paisajística en colaboración con diferentes investigadores. Nuestra intención es comprender la evolución ecológica y paisajística del territorio y la interacción de los grupos humanos con su entorno a través de estudios arqueobotánicos y geológicos. Para ello, además del estudio antracológico que se está realizando sobre El Esplugón (Alcolea, en este mismo número), hemos comenzado una prospección de los prados hidrotubosos (Fig.1: 25, 26 y 27) con la intención de obtener secuencias palinológicas completas. Tras una detección y selección de los mejores puntos en las paules, nombre concedido a las zonas altas del cordal de la sierra donde nacen los ríos, hemos realizado un sondeo para comprobar la potencialidad de dichas formaciones. Paralelamente estamos realizando una prospección de suelos, paleosuelos y terrazas fluviales

en el cauce del Guarga que completarán la secuencia Paleoambiental, una prospección de paleoincendios en los puntos clave del valle y una búsqueda de las huellas de una posible actividad glaciar en la falda sur del pico Cancias o en la zona de Los Fenales, una altiplanicie en la ladera Norte del Tozal de Guara.

6. COMENTARIO SOBRE “DE LA ROCA AL METAL” El grupo de investigación y divulgación De la roca al metal es un colectivo horizontal y autogestionado que practica la investigación y la difusión de forma autónoma a pesar de los escasos medios. Es una manera de introducir otros intereses políticos en el ámbito de la investigación arqueológica. Nuestro modelo de equipo de investigación se fundamenta en la transdisplinareidad y la integración participativa, frente a los modelos tradicionales excesivamente autoritarios, personalistas y jerárquicos. Así, las decisiones principales se toman mediante asambleas, siendo aquellas personas que se implican en la coordinación del proyecto, las intervenciones o los estudios especializados, quienes hacen de forma natural las principales propuestas. La falta de recursos económicos limita en gran medida las posibilidades de desarrollar la investigación. Sin financiación institucional, pese haberla solicitado en repetidas ocasiones, únicamente contamos con los recursos propios o colaboraciones desinteresadas individuales o colectivas, como la asamblea de vecinos del pueblo de Aineto o el Centro Social Okupado Kike Mur de Zaragoza, que contribuyen ocasionalmente con fondos, medios, espacios o recursos humanos. Hemos contado con apoyos puntuales a nivel logístico por parte de la Universidad de Zaragoza y el Museo Arqueológico Provincial de Huesca. Finalmente, el grupo de investigación Primeros Pobladores del Valle del Ebro financió la campaña de excavación del Abrigo del Esplugón en 2011 y parte de sus estudios derivados, junto con la Diputación General de Aragón, aportando en exclusiva para dos breves campañas más en 2012 y 2013.

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NOTAS ACLARATORIAS 1

ED-1950

197


Actas I CAPA. Sesión 1. Prehistoria y Arte Rupestre  

Textos de comunicaciones y póster recogidos en el I Congreso de Arqueología y Patrimonio Aragonés

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