El mundo era ahora un lugar vacío. No había nada. La gente vagaba por todos los rincones sin saber qué hacer. Nadie se conocía, ni se amaba… Todo el mundo iba por su camino, sin acordarse de nadie ni de nada. El tiempo no tenía significado. La gente vivía por vivir, y sólo comían y dormían. No hacían nada más. Yo todavía recordaba las tardes con mis amigos, salir a pasear por las mañanas, las noches de fiesta con mi familia… Era de los pocos que tenía recuerdos en aquel mundo gris y deprimente. Todos los días hacía lo mismo: recorrer la pequeña casa, con mis inventos, que ahora la gente no apreciaba. Nadie estaba allí para apoyarme, pero me dije: ‘’Si nadie cambia las cosas, cámbialas tú mismo’’. Entonces decidí cambiar. Me quité la ropa gris y apagada, y me puse un traje de colores. Me puse aquella sonrisa que no se quitaría con nada. Hice muchas tarjetas de color rojo, y puse ‘’Positivo Montones, Inventor’’ Me encantaba mi nuevo nombre. También puse mi correo electrónico: positivom@nadaesimposible.com. Buscaba a gente que quisiera mirar conmigo desde el lado de la esperanza y la ilusión, y no del lado negro del pesimismo. Dejé tarjetas en los sitios donde la gente ilusionada miraría: -Lugares llenos de risas, como los parques, donde antes los niños jugaban. -Sitios llenos de conocimiento, como los colegios, en los que te enseñaban a ser buena persona. -En cada librería, en las que se contaban historias preciosas. Pasaron los días, y no llegó ningún correo. La gente no veía las