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Casa Emilio 80 aĂąos ediciĂłn digital


Índice Pilar Escoda Emilio Lacambra Jorge Cortés Pellicer Jorge Cortés Pellicer Eduardo González Carriedo Luis Alegre José Miguel Martínez Urtasun Emilio Lacambra Jorge Cortés José A. Rey del Corral Francisco Ortega Andrés Sorel Emilio Gastón Vicente Cazcarra Rafael Fernández Ordóñez Hipólito Gómez de las Roces F. F. F. Manuel Pérez Lizano Eloy Fernández Clemente Juan Bautista Montserrat Mesanza José Lu is González Uriol José Ignacio Lacasta Zabalza Félix Antonio Saa Muñoz David Jiménez Sergio Aguirán Antonio González Triviño Alf redo Castellón Lorenzo Barón Ciprés Herminia Lezcano Koldo Chamorro José Luis Merino Hernández Javier Maestre André Mazet, El Cónsul Pablo Larrañeta Vicente Martín Blesa Adolfo Burriel Benjamín Bentura Remacha Juan Antonio Bolea Foradada J. L. Rodríguez García Enrique Grilló José Ignacio López Susín José Mª Bardavío Mª José Moreno Luis García-N ieto Alonso Fidel Ibáñez Rozas Julio Linares Guillermo Fatás

Textos 5 6 8 21 24 28 30 33 39 49 55 57 58 60 81 63 64 65 66 68 67 70 72 73 76 78 80 81 84 86 89 90 93 94 95 100 102 104 105 106 108 110 111 112 113 114 115

Francisco J. Uriz 117 Jorge Cortés 118 Angel Cristóbal Montes 119 Javier Quevedo 120 Mariano Hormigón 121 Alberto Sánchez 123 Enrique Pellejer 126 Santiago Marraco Solana 127 Miguel R. Green 128 Mercedes Gallizo 129 Jesús Maria Alemany 130 Francisco López Antonio 132 Rafael de Miguel Giménez 134 Víctor Viñuales 135 Manuel Caño Muñoz 138 Dionisia Sánchez 140 Rafael Arnaiz, José Antonio Báguena, Eduardo Bandrés, José Antonio Biescas, Francisco Bono, Javier Oroz y José María Serrano 142 J. M. Falcón 144 José Marco Berges 146 Juan Antonio de Andrés y Rodríguez 148 J. A. Labordeta 149 Agustín Sánchez Vidal 151 Sixto Agudo González 152 Luis Martín Bendicho 154 Antonio Domínguez 155 Mario Gaviría 157 Rosario Baeza 159 Lorenzo Martín-Retortillo 160 Antonio de las Casas 161 Macu Armisén Saenz de Cenzano 162 Miguel Monserrat Gámiz 163 Jaime Gaspar y Aurí a 165 Santiago López Uriel 168 Juan Antonio Hormigón 50 años de Historia

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Manuel Estevan Luis Yrache

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Mario Bartolomé Emilio Lacambra Manzano

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Jorge Cortés Emilio Lacambra Manzano

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Libro de firmas

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Índice

Obra gráfica

Eduardo González Carriedo Isabel Biscarri Alcalde Molinero Juan Genovés Broto Pablo Serrano Borja de Pedro José Orús Fernando Cortés Eduardo Salavera Salvador Victoria Grupo Marionetas Tahilandés Juan Vera Pedro Bericat El Tricicle Rafael Alberti Paco Rallo Javier Krahe Manuel Marteles Sánchez Millán Iñaki Julia Dorado Rafael Margalé Mancho Borrajo Robert Niala Aransay José A. Rey del Corral

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Índice 70 AÑOS DE HISTORIA 50 ANIVERSARIO 50 - COLABORACIONES 50 AÑOS DE HISTORIA

Fernando Navarro Koldo Chamorro Juana Francés Arcadio Blasco Enrique Larroy Maribel Lorén Teatro Ncacional Belga Mariano Otero Daniel Sahún Marcel Marceau Ripollés Marta Cabeza Cristina Alonso Pérez Latorre Germán Ramirez Javier Vilafañe Jesús Sus Compañía Teatro Japonés José Luis Cano Fernando Sáez Antonio Fernández Molina Fernando González José Falcón Edu Olga Gil

125 126 131 133 136 137 139 141 143 145 146 147 150 153 156 158 162 164 166 167 170 172 176 177 196

Capítulos 19 35 53 179

50 - EL PERSONAL DE LA CASA HOMANAJE AL TÍO GUILLERMO 50 - PUBLICIDAD 50 - RECETARIO 50 - LIBRO DE FIRMAS

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Edición digital: Portada, fotografía y diseño Pilar Escoda Edición 70 aniversario: Cubierta del libro tratada y manipulada por Vértigo Dediseño, S. C., a partir de una fotografía de Angel Vicién Coordinadores: Luis Badal, Jorge Cortés, Gabriel Faci, Emilio Lacambra y José A. Rey del Corra l Coordinaron la segunda edición de este libro: Luis Badal, Jorge Cortés y Emilio Lacambra


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Érase una vez… un libro digital

Ya que el libro va de historias y considerando que esta edición también tiene la suya, Emilio me pidió que hiciese un pequeño resumen para dejar constancia en los tiempos venideros. Plumas ligeras, ocurrentes y con oficio han escrito en este libro, como yo no tengo ninguna de esas cualidades, me limitaré a un breve y sencillo relato de los hechos. Todo comenzó con un comentario que hizo Luis Vela a Emilio un día en que fuimos a comer al restaurante. -No sé qué ha pasado con mi libro de los 70 años –dijo Luis- ¿me puedes conseguir uno? -Ya se han agotado todos los ejemplares –contestó Emilio. -¡Es una pena! El trabajo no puede perderse. Casa Emilio forma parte de la historia de Zaragoza y en el libro han colaborado muchas personas contando partes de esa historia. Como reeditar el libro en papel era una tarea complicada y costosa, sugerí la idea de hacer una edición digital escaneando el libro. Una vez en la red todo el que estuviera interesado podría tener acceso a la información. A Emilio le pareció una buena idea y yo me ofrecí a coordinar el trabajo. (Hasta ahora puedo decir que me he coordinado conmigo misma estupendamente). Me puse manos a la obra. Tras varias reuniones (en las que se acabó hablando de cualquier cosa menos del libro)… pruebas en la copistería… buscar plataforma para subirlo… trabajar con los archivos PDF (uff)… escribir este prólogo… hacer unas cuantas fotos del local y sus gentes… diseñar la nueva portada… maquetar la parte nueva… algunas cosas que he olvidado… y las que quedan por hacer… ¡al fin! tenemos esta edición digital en marcha. Esperamos que sea de su agrado y, como se dice ahora, que compartan con sus familiares, amigos y conocidos esta parte de la historia zaragozana. Pilar Escoda

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Sirvan estas breves líneas de agradecimiento de la familia Lacambra y del Restaurante Casa Emilio al trabajo exhaustivo de Pilar Escoda en la idea y realización de este libro sin cuya colaboración hubiera sido impensable llevarla a cabo. Y a Luis Vela por ser el desencadenante de todo ello. Espero de todos nuestros futuros lectores que disfruten con él, con eso nos sentiremos satisfechos. Emilio Lacambra

Eduardo González Carriedo 6


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Prólogo a la edición digital

José Antonio Labordeta: “Adónde se quedaron / las sombras de aquel tiempo, / adónde se quedaron / la luz y aquel color, / adónde se quedaron / empeños increíbles / sobre los que crecíamos/ tú y yo”.

Cerca de treinta años de aquella inolvidable y agotada primera edición de “Casa Emilio 50 aniversario”, aumentada y corregida cuando esta emblemática Casa de Comidas cumplía setenta octubres. Y ahora, cosa de los tiempos, de sus exigencias y posibilidades, Emilio Lacambra, viejo amigo, se empeña en una edición digital de estos textos y en que la prologue. Me exijo mirar con la compañía de la memoria: seámosle fieles. Agotándose septiembre de 1988, el añorado José Antonio Rey del Corral, sin versos en esta ocasión, a los postres de una cena de los resistentes de la Tertulia Baluchi (Emilio, Rey del Corral, Luis Badal, Gabriel Faci, y yo), aquel amigable contubernio en franca (cuidado con el género) desbandada, nos propone celebrar en un libro las cinco décadas de existencia de este establecimiento cuyas mesas son testigos de la historia cívica zaragozana, de la cultura aragonesa y de la resistencia antifranquista; aquí se gestaron encuentros decisivos y descubrimientos, cariños y amistades, amores y desamores, militancias y ex--militancias, proyectos artísticos y futuras novelas, alegrías colectivas y maduraciones personales, miradas absortas ante el viejo mostrador, incluso tozolones en el traidor y desaparecido escalón con que se abría a la calle este espacio que siempre acogió y acoge a cuanto se agitaba en nuestro territorio durante años y años. Y hubo unanimidad en apoyar y dar vida a ese proyecto. Y nuestras cenas en la Casa fueron más ocasión de trabajo, de rehabilitación de ánimos y de dar de lado a aquellas melancolías zumbonas por un ansiado tiempo histórico que no llegó y aquel otro, detestado, pero que trufado de modernidades no se iba. Al tajo. Y nombres y apellidos de los invitados a participar (lo más enojoso), con escritos o con imágenes,

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en el proyecto. Algún encontronazo al respecto, pero nunca trascendió (ni por mí trascenderá) y el consenso, la amistad, primó entre nosotros. Relación de cometidos de cada uno, cómo y quién contacta con cada colaborador, plazos imperativos y recopilación de materiales. Un año en total, debiendo insistir e insistir a los tardanos. Y debatir cómo ordenar estos materiales y la historia del establecimiento, y corregir, ay, en tardes de calorina zaragozana las galeradas en un rincón del comedor superior, mano a mano con José Antonio. Recordatorio: en 1989 se escribía a máquina, o a mano, y los originales en ese estado se recopilaban. También entonces estaba ya en vigor aquel deslumbramiento ochentista que borró esplendores más merecidos. Pero esta Casa se corresponde con los años de las verdades, antes de que incertidumbres y mentiras las caducaran. Porque la disconformidad, tomó y toma asiento aquí, se acodó en maravillosas sobremesas y los manteles testificaron frases, dibujos, lemas, ideas. Quienes generosamente colaboraron en este libro en buen número personificaban ideales inconformistas combinados con sabiduría y notable cultura, también biografías definidas por la bonhomía, y cuanto institucionalmente capitaneaba Zaragoza y el territorio aragonés. Y gente que aquí obtenía compañía, tal vez necesitada de ánimos, de un abrazo o, a salvo, con la complicidad solitaria de un café postrero. Igual que el tiempo pasado lo asocio a una mayor presencia de la lluvia, las oleadas de recuerdos ligados a esta Casa me traen imágenes y sensaciones que este presente arrincona, por ejemplo la educación de la voluntad, la imprescindible disposición compasiva, la simpatía desde la sinceridad, la cordialidad sin imposturas. Y la entereza moral como consecuencia de una guía ética que te indica qué hacer para ser coherente, aunque la incomprensión y el desdén, o la persecución, pesen contra uno. Estas mesas y abigarradas paredes, reconocidas en estos textos, grafismos y fotografías, se describen en este libro como espacios que se volvieron familiares, que despiertan en cada cual afinidades profundas. Y desde la amplitud de la experiencia de cada autor, aquí, la estancia, es un remanso de civilización, de amistad. Aquí, donde el recién llegado se mimetiza con el paisanaje, ciertamente, se constata que la felicidad engorda. Aquí, donde algunos sentimos que pertenecemos, coincidimos en actitudes y convicciones cuyo origen se sitúa en aquellos años donde andábamos ansiosos de agitación intelectual y descubrimientos. La Casa, con el tiempo, porque la memoria leal se resiste a desaparecer, suena entrañable, como un lugar que también

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suavizó durezas, donde se convive con lo propio. Gentes de procedencias, creencias y gustos diversos, se encuentran en estas páginas, y sus erudiciones múltiples, su memoria puntillosa, su cariño, solventan las brumas de la memoria. Y escribiendo este prologo me cabe constatar con pesar cuánto, ahora, echo de menos opiniones fundamentadas, honestas; prosas fiables, argumentaciones de calidad que desoigan ruidos, prejuicios y simplezas. Las palabras de este libro son huellas de gentes que no se dejaron amaestrar, de otras cuya decencia es su carta de naturaleza, y de otras de una admirable llaneza, el común de una clientela que frecuenta la Casa porque es lo que quiere frecuentar. Un lugar contado que huele a compañía, a momentos que emocionan, y constatar felizmente, tras leerlo, la capacidad de reconstruir las vivencias en Casa Emilio en un tiempo que fue tanto como es por el azar de las hojas impresas y de esta edición digital. Y es que hay demasiada vida aquí, entre líneas e imágenes, tantas maneras de ver la veterana Casa y el mundo, y ahora repasando el libro paro cuenta en los ausentes, tantos y tan queridos ausentes. Los leo, los releo, los miro, y procuro reconstruir sus facciones, el tono que le reconocía a cada uno. Siento conforme tecleo el dolor de su ausencia y me niego aquí a rememorar a ninguno en particular (sería una injusticia imperdonable), y porque ellos siguen, están a nuestro lado a través de este libro, que es la historia de un ámbito tan zaragozano, tan aragonés, cuya personalidad está labrada por las personalidades que lo han frecuentado y nos lo han contado. Sí, es verdad, la escultura del tiempo, o el tiempo como escultor, y como constató el poeta, nosotros los de entonces, ya no somos los mismos, pero esa misma imagen inquieta del tiempo, sus perfiles añosos, nos descubren que nuestro futuro tuvo bastante que ver con estas mesas, platos y compañías, porque la historia de cada uno surge y concluye en la de tantos. Será que con los años se entienden mejor los silencios que te humanizan, o esas muecas, confidencias, afectos, disidencias, nombres, descubrimientos, alegrías; amistades y amores. Escrito está que en Casa Emilio, feliz confluencia, se ha acogido bien a todo el mundo. Sí, pero en este reducto de esperanzas, en mi predilecto salón interior, ese comedor que concitó, celebró y empujó a gentes empeñadas, cita de admirables obstinados y altruistas, especialmente me alcanzan sus voces, los ecos de conflictos muy opinados, jolgorios, vida, debates, largas tertulias, de gentes perseguidas, o sometidas al ostracismo o a

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los atropellos biográficos, en buenos corazones e inteligencias lúcidas, por sus trayectorias coherentes: los que hicieron, arrostrando las consecuencias, lo que debían hacer: son los que especialmente encontraron aquí asiento cómplice y recuperaron estimas y dignidades, las gentes que más he querido incluso sin haberlos frecuentado más a menudo. Y aquí al encuentro de amparo, sosiego y compañía, muchas veces y muchas gentes fueron felices. Y esto, todo ello, es mérito de Emilio Lacambra Manzano y de su hermano Guillermo, quienes fraguaron con nobleza, hospitalidad y ejemplaridad profesional lo que es hoy Casa Emilio. Pero antes fueron sus padres: la acogedora Pilar y el fascinante Emilio Lacambra García, y el Tío Guillermo, una persona mayúscula, excepcional. Y excelentes camareros que honraron y honran la Casa como el apresurado y recordado Pascual y José Mari, aquel zagal de Villafeliche que con catorce años en 1970 empezó, se espabiló y sigue, tantos años después, currándose con pericia y discreción comandas y comedores. Y muchas y muchos más. Todos ellos personas templadas, entrañables, sabios en las facetas de la restauración y, por tanto, de la vida; de una obstinación y tenacidad ejemplar, aragoneses a la sazón, que han gestado en estas mesas camaraderías jubilosas, magnetismos y admiraciones en las compañías que perfilaron la historia de este establecimiento. Concluyo con unos versos escogidos del amigo y poeta José Antonio Rey del Corral: “Mi atención. Ir con los ojos trashumantes / aprendiendo la onomatopeya de todo cuanto vive. / Ser incesante en cada día / Trajinar, no traficar. / Rechazar el jabón y el pagaré, / porque la verdad no se compra ni lava. / La verdad arde, combustible de alta emoción. / Nunca para de arder, no de quemarse, / pues dura más allá de la muerte/ aunque el comburente calle. / Mi alegría, mi esperanza, mi optimismo.” Alegrías, esperanzas y optimismos que se incubaron en la celebrada Casa Emilio, como así se refrenda en las gratificantes y queridas páginas de este libro, por cuya participación me sentí y siento honrado. Jorge CORTÉS PELLICER junio 2018

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Casa Emilio hoy

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El equipo

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Casa Emilio 80 años de historia  

80 años después de la apertura del Restaurante Casa Emilio en Zaragoza, esta publicación digital recoge las dos ediciones anteriores publica...

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