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Primera edición, octubre de 2011

Dirección: HABIB AYEB Coordinación de la edición: OLIVIA OROZCO Y DANIEL GIL Edición de textos: ARANTXA LÓPEZ Diseño de cubierta e interior: REZ Ilustración de cubierta: MONIA TOUISS, Transparencias 2010 Acrílico sobre lienzo, 195 x 130 cm Maquetación e impresión: ARTES GRÁFICAS PALERMO, S.L. Depósito legal: M-42.151-2011 ISBN: 978-84-615-4136-2

© de los textos: sus autores © de las traducciones: Eric Jalain, Cristina Ridruejo y Mario Tornero (AEIOU Traductores) © de la presente edición: Casa Árabe-IEAM c/ Alcalá, 62. 28009 Madrid (España) www.casaarabe.es

Impreso en España. Printed in Spain

Casa Árabe es un consorcio formado por:


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Índice Introducción: ¿por qué hacer un libro sobre el agua en los países árabes? Habib ayeb ...............................................................................................................................................

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Los desafíos de la seguridad hídrica y la gestión sostenible del agua en Palestina ayman rabi ..............................................................................................................................................

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La hidropolítica de Egipto: el fracaso de una estrategia hidropolítica Habib ayeb ...............................................................................................................................................

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Riego y desorden tecno-lógico. La disputa por el agua, el conocimiento y la técnica de la agroindustria en el valle del Jordán (Jordania) Mauro van aken ....................................................................................................................................

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El agua: una cuestión de poder y conflicto en Marruecos annabelle Houdret ...............................................................................................................................

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La desocialización del agua en las comunidades del Sur en tiempos de globalización capitalista: del sureste de Marruecos al Sudán central barbara Casciarri ................................................................................................................................... 107 El agua en el norte de los Emiratos y en la península omaní de Musandam: accesibilidad y gestión autóctona del agua fidelity lancaster y William lancaster ...................................................................................... 141 Políticas hidráulicas y gestión social del agua de riego en Túnez. Una lectura crítica Mohamed elloumi, Mohamed salah bachta, salah selmi ............................................... 167 Ahorro de agua y acción colectiva en Tadla y el Sus marroquíes younes bekkar, Mostafa errahj, Mohammed Mahdi ......................................................... 191 El recurso a lo conocido como respuesta desesperada: el riego en un área carente de recursos en Egipto reem saad ................................................................................................................................................ 221 El agua en el Sáhara, técnicas ancestrales y nuevas necesidades (Argelia) abderrahmane Moussaoui ............................................................................................................... 237 Los sistemas de recolección de aguas del Magreb y España: ¿difusionismo o coevolución? antonio C. Perdomo Molina ........................................................................................................... 259 Los autores

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Introducción: ¿por qué hacer un libro sobre el agua en los países árabes? HABIB AYEB Investigador del Social Research Center (SRC)/Universidad Americana de El Cairo (AUC)

la presente obra, dedicada al agua en el mundo árabe, es el resultado de un proceso de intercambios y debates entre los distintos colaboradores; dicho proceso ha tenido lugar en dos etapas diferentes, pero relacionadas entre sí. la primera etapa fue la organización de un coloquio científico en Casa árabe bajo el título El agua en los países árabes; percepciones globales y realidades locales, que congregó a once investigadores que trabajaban sobre uno o varios países árabes y reunió temáticas y situaciones vinculadas al tema del agua, distintas pero complementarias. la segunda etapa fue la edición de las actas de dicho encuentro, retomando lo esencial de las conferencias y añadiendo nuevas aportaciones. esta etapa nos ha permitido prolongar los enriquecedores debates con todos los autores. así pues, la primera función de este libro colectivo es hacer balance sobre esta problemática esencial del agua en el mundo árabe y, sobre todo, proseguir los intercambios y los debates en un círculo que esperamos se amplíe. no obstante, la duda sobre por qué hacer otra obra (y por qué un coloquio) sobre asuntos vinculados al agua en esa parte del mundo es legítima y requiere una respuesta. sin pretender generalizar demasiado o reivindicar cualquier clase de exclusividad en la iniciativa, hay que decir que la bibliografía sobre la temática del agua en el mundo árabe muestra un gran predominio de la escala global y a menudo única, que se suele traducir en dos tendencias: por una parte, una visión global que pretende abordar un aspecto concreto a escala del conjunto del espacio árabe, como la escasez de agua o incluso la fatalidad de una guerra 5


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del agua en la región; y, por otra, unos trabajos de rigurosidad más científica, pero limitados al estudio de uno o varios temas a escala local o, incluso, microlocal. De hecho, la literatura muestra un desfase lamentable entre la supuesta homogeneidad de ese gran espacio árabe —que cuenta con nada menos que 21 estados (20 estados independientes más Palestina) y más de 350 millones de personas— y la amplísima diversidad de situaciones y realidades locales, que muestran a la vez abundancia y escasez, riqueza y rupturas, cooperación y conflictos, conocimientos locales y tradicionales y modernidad, técnica y tecnología, etc. entre el valle del río senegal y las fronteras orientales de iraq, como en todas partes del mundo, las problemáticas del agua se reproducen con variantes en las dimensiones natural, demográfica, política, geopolítica, económica, social e, incluso, cultural y religiosa. así pues, es contrario al rigor científico reducir el conjunto de dichas dimensiones a representaciones globales por naturaleza simplistas. nuestra iniciativa consiste en reunir en un mismo volumen estudios que abordan diversas cuestiones y dimensiones de la problemática del agua, tomadas a escalas distintas de observación y de análisis, confrontando las percepciones globales, a menudo imprecisas —por no decir erróneas—, con las realidades locales del modo en que las ven, describen y analizan los distintos autores que han participado en este volumen.

El mundo árabe del agua: continuidades y rupturas a menudo, el mundo árabe se percibe y presenta como un conjunto homogéneo, hasta el punto de que se aceptaría fácilmente la idea falsa e incluso peligrosa de que nada se parece más a un país árabe que otro país árabe.y, sin embargo, las diferencias geográficas (físicas), climáticas, históricas, demográficas e incluso culturales y religiosas son tales que plantearse si el mundo árabe existe realmente o no está muy justificado. no obstante, dicha cuestión, tan pertinente, no es el objeto de este trabajo. Pero, en cualquier caso, por culpa de esa visión homogeneizadora de un espacio geográfico tan grande como diverso, las problemáticas vinculadas al agua, extremadamente complejas, se suelen reducir, especialmente en el mundo árabe, a dos representaciones consideradas evidencias: a) la escasez volumétrica del recurso hídrico en una región a menudo descrita como árida, o incluso desértica, 6


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olvidando que en algunas zonas, como en el sur de sudán,1 se da más bien una superabundancia o exceso de agua en lugar de la escasez; y b) la fatalidad de una guerra del agua que opondría drásticamente a distintos países de la región, y que incluso explicaría ciertos conflictos pasados. ¿O acaso no se ha dicho a menudo que la ocupación del Golán sirio por parte del ejército israelí era en realidad una guerra del agua deseada por los israelíes para tomar posesión de las fuentes del Jordán? y, sin embargo, una simple ojeada a un mapa geográfico del mundo árabe revela situaciones locales extremadamente diferentes. si, por ejemplo, se consideran las aguas superficiales, incluyendo la pluviometría, se esbozan claramente tres conjuntos muy contrastados: Las regiones lluviosas: el litoral del Magreb (especialmente en Marruecos, argelia y túnez), el sur de sudán, la Media luna fértil, las montañas de yemen y de arabia saudí y el extremo oriental del sultanato de Omán. en estas regiones la pluviometría anual es de alrededor de 500 mm de media, especialmente en el norte de túnez, con más de 1000 mm, y en el sur de sudán. Las regiones de grandes cursos de agua: el nilo, evidentemente, pero también el tigris y el Éufrates; así como otros cursos de agua más modestos, pero que han modelado igualmente la geografía e incluso la geopolítica regional. en esos dos primeros grandes conjuntos hídricos es donde se concentra la gran mayoría de la población de los países árabes, registrando en ocasiones densidades tremendamente elevadas. Con excepción de Gaza, singapur y algunas grandes ciudades, es en el delta del nilo —y no en asia, como se suele creer— donde se registra la densidad demográfica más elevada del mundo. Las zonas áridas y desérticas: incontestablemente, se trata de la parte más amplia de este rincón del mundo. se extiende desde el valle del río senegal, entre Mauritania y senegal, hasta el del Éufrates en iraq, pasando por la mayor parte de lo que comúnmente se denomina países del Golfo, con excepción de las zonas lluviosas mencionadas más arriba. aquí la agricultura se limita estrictamente a los espacios «oasisianos» y a los regadíos gracias a las aguas subterráneas o a las de los grandes ríos, si se considera el valle del nilo como un oasis. el mayor oasis del mundo.

1 en julio de 2011, el hasta entonces sur de sudán se convirtió en un estado independiente con el nombre de república de sudán del sur.

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Por otra parte, si se suman las reservas subterráneas, la aportación de los distintos ríos de la región y de las lluvias, la disponibilidad de agua en el mundo árabe resulta ser relativamente confortable, ya que se acerca a los 2000 m3 por persona y año, mientras que el umbral de la escasez o de la crisis hídrica se sitúa en torno a los 500 m3 por persona y año. en un ámbito más local, la disponibilidad media teórica de agua va desde los 300 m3 por persona y año en Palestina, a más de 4000 m3 por persona y año en iraq, lo cual significa una gran heterogeneidad que sería poco riguroso reducir a una simple media, suprimiendo así unas situaciones locales particularmente diferentes. así pues, llevar a cabo análisis y reflexiones sobre temas ligados al agua en el mundo árabe considerando únicamente datos volumétricos conduce fatalmente a conclusiones apresuradas e incompletas, por no decir erróneas. efectivamente, aquí, como en otros lugares del mundo, el tema del agua nunca está completamente aislado de los datos políticos, económicos y sociales dominantes. De manera que, para empezar, hay que establecer las distintas capas del mapa general de la región. Por ejemplo, el desigual reparto de recursos hídricos en el espacio árabe viene a superponerse casi perfectamente a un mapa agrohidráulico contradictorio y paradójico. es sabido que las economías árabes siguen siendo en general dependientes de las del norte, y la desigualdad hídrica no contribuye precisamente a remediar dicha situación. entre las distintas causas de esta dependencia, que además dan lugar a la dimensión más dramática, figura sin duda la dependencia agrícola y alimentaria directamente vinculada a la disponibilidad y, evidentemente, a la gestión del recurso hídrico. Hoy por hoy, los países árabes no producen, de media, más que el 50 % de sus necesidades de cereales. el resto lo completan importaciones procedentes del norte. Para limitarse a dos países que no carecen de recursos hidráulicos, argelia importa más del 75 % de sus necesidades y egipto alrededor del 55 %. Paradójicamente, habrá sido preciso esperar a la crisis alimentaria de 2008 para darse cuenta de los peligros y riesgos que ocasionan, en mayor o menor grado, las políticas agrícolas e hidráulicas centradas prioritariamente en la extensión de regadíos dedicados a la agricultura de inversión, orientada a la exportación. es el caso de la gran mayoría de los países árabes. Por otra parte, se impone otra pregunta pertinente: ¿cuál es la característica principal del mapa geopolítico global del espacio árabe, que además tiene consecuencias directas sobre el mapa hidropolítico? Por aventurar una respuesta, bastaría con estudiar el mapa de las fronteras —casi todas datan de la época colonial—, especialmente las existentes entre Marruecos y argelia y la que se8


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para a israel del resto de sus vecinos, para percibir cuánto adolece esta región de conflictos a un tiempo complejos y largos: el reparto de las aguas de superficie entre argelia y túnez, en particular las de la cuenca del Meyerda, que tiene su nacimiento en las montañas del este argelino y desemboca en el Mediterráneo, en territorio tunecino; la distribución de las aguas del gran acuífero fósil que se halla bajo las arenas de libia, egipto, Chad y sudán; los conflictos sobre las aguas del nilo entre egipto y el resto de países ribereños del río; las largas rivalidades sobre los escuetos recursos hidráulicos de la cuenca del Jordán entre israel y sus vecinos árabes, especialmente los palestinos; los malentendidos entre el líbano y siria sobre los recursos hidráulicos comunes, en particular los del Orontes; y, por último, los conflictos que oponen a los tres estados de la cuenca de los ríos tigris y Éufrates (turquía, siria e iraq). esto no son más que algunas de las numerosas rivalidades sobre los recursos que se suman a otros factores locales o internacionales para hacer de esta región más un espacio de rupturas geopolíticas, en ocasiones violentas, que un espacio de continuidad y cooperación. en resumen, no sólo el reparto del agua no es muy homogéneo, sino que el problema se agrava peligrosamente por el hecho de que las fronteras internas y externas de esta región no están estabilizadas. el mapa de fronteras y conflictos del mundo árabe traza más espacios de enfrentamientos y rupturas que de paz y continuidad. esto constituye, precisamente, la otra vertiente de la geopolítica regional, fuertemente dominada por los diversos e incontables conflictos sobre territorios, pero también sobre recursos naturales, entre los que se cuenta el agua. nadie ignora el conflicto árabe-israelí, pero citemos también los distintos conflictos internos que sacuden sudán, el que enfrenta a los kurdos con los tres estados en que están repartidos y, por último, los que oponen a varios estados entre sí, como siria, Jordania e iraq. Por lo demás, la región recibe cantidades considerables de agua, pero que proceden del exterior del espacio árabe, lo que genera un sentimiento de inseguridad y, a veces, hasta situaciones realmente inseguras o de dependencia hidropolítica. Por ejemplo, el nacimiento del nilo está en las montañas etíopes y los Grandes lagos del este de áfrica, y el tigris y el Éufrates nacen en las montañas del este de turquía. estos dos conjuntos suministran un volumen global del orden de 160 000 millones de m3 de agua, esto es, muy por encima de las necesidades básicas reales de la población del Medio Oriente árido, que no llega a los 150 millones de personas. el Jordán, si bien nace en los territorios árabes del líbano y siria, está sometido desde hace unas décadas al control exclusivo de israel. así, los palestinos dependen de sus vecinos para beber, sólo que en su caso se 9


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trata menos de litigios aguas arriba y aguas abajo que de relaciones de fuerzas militares que les son particularmente desfavorables. el otro aspecto esencial de la problemática del agua en el mundo árabe es el conjunto de desigualdades ante el acceso colectivo y/o individual al recurso. Por supuesto, las desigualdades están por todas partes, pero son más radicales en ciertos países y regiones del mundo. incontestablemente, en ciertas situaciones las condiciones y obstáculos para el acceso individual o colectivo al agua están condicionados directamente por una carencia volumétrica del recurso. Pero, contrariamente a lo que se podría pensar, eso no es una regla sistemática y, en muchas —demasiadas— situaciones, los obstáculos son más de orden económico, social y hasta político, que de orden natural. si tomamos el caso de egipto, que está lejos de sufrir escasez de agua, de dinero, de técnicos o de medios técnicos e ingeniería, el hecho de que alrededor de un tercio de los hogares no disponga de un grifo a domicilio no puede explicarse más que por la falta de voluntad política. en distintas esferas y en condiciones locales distintas, estas formas de desigualdad, de origen político y macroeconómico, no son nada raras en los países árabes. es la situación especialmente de Marruecos, túnez, siria, Jordania, etc. en realidad, sería incluso difícil encontrar un país árabe en el que las limitaciones del acceso al agua se deban únicamente a la disponibilidad volumétrica del recurso. así pues, con este trabajo colectivo queremos aportar a los diferentes debates sobre asuntos relacionados con la amplísima y compleja problemática del agua una visión nueva, que se salga (aunque sea un poco) de la escala única que predomina ampliamente en la bibliografía sobre el agua y sobre el mundo árabe. Dicho objetivo, que por sí mismo no puede cubrir el conjunto de esas dimensiones, consiste en mostrar, mediante algunos ejemplos precisos y algunas cuestiones específicas resultantes de trabajos de investigación individuales o colectivos, por un lado, que el mundo árabe no se conjuga en singular, sino en plural; y, por otro lado, que las dimensiones del agua no se pueden reducir a un solo aspecto, por muy importante y pertinente que sea. entre otras generalidades e ideas preconcebidas, nos parece efectivamente útil cuestionar y hasta romper aquella representación que hace del mundo árabe el espacio de escasez hídrica evidente y el campo natural de la próxima guerra del agua, que se supone inminente y en cualquier caso inevitable. nuestra intención ha sido, pues, abordar y discutir los numerosos aspectos y dimensiones del agua en el mundo árabe a distintas escalas e incluyendo las 10


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diversidades naturales, las condiciones de acceso, la sabiduría y las técnicas tradicionales, variadas y complejas, así como las configuraciones locales geográficas, políticas, económicas y sociales. Mediante reflexiones globales, estudios de campo locales o estudios de casos concretos, los autores que han contribuido a esta obra colectiva arrojan luz sobre distintas cuestiones o situaciones específicas situadas en un solo país o en un conjunto de países árabes. Hemos dividido el conjunto de contribuciones en tres grupos desiguales, tratando de conservar cierto nivel de homogeneidad, pero queremos recordar que esta división es a la fuerza arbitraria y no está exenta de relativas incoherencias. en el primer grupo, Houdret, rabi, van aken y ayeb abordan las cuestiones de reparto, gestión y conflictos relacionados con los recursos hidráulicos comunes a varios estados o grupos locales. Houdret trata el tema del agua como un foco de poder y conflicto en Marruecos. rabi expone la particular situación de los complejos conflictos sobre los recursos hidráulicos en Palestina, vinculándolos con la situación de ocupación en la que viven los palestinos. van aken toma el caso de las competencias locales sobre el agua en el valle del Jordán, ribera oriental, entre los campesinos, mayormente palestinos desplazados en 1948 y sobre todo en 1967, la administración jordana y los inversores. Por último, ayeb aborda los conflictos sobre el reparto de las aguas del nilo entre los distintos estados ribereños, centrando su análisis en la situación y la posición egipcia respecto a la gestión interna y externa de las aguas del río. en el segundo grupo, Mahdi, elloumi, saad y Casciarri se interesan por aspectos relacionados con las políticas hidráulicas nacionales y las competencias locales sobre los recursos. Mahdi y elloumi exponen sucesivamente las políticas hidráulicas en túnez y en Marruecos, prestando especial atención a los modos y experiencias de gestión colectiva, en el caso marroquí, y en el sensible tema de la gestión del agua de riego en túnez. Casciarri debate la dimensión tan pertinente de la «desocialización» del agua, tema que también aborda van aken en su escrito sobre el Jordán. Para su demostración, y dejándose tentar por el estudio comparativo, Casciarri se basa en dos estudios de caso, en el sudeste marroquí y en sudán central. Por su parte, saad aborda los efectos de las dificultades y limitaciones del acceso a los recursos hidráulicos. Por último, en el tercer grupo, lancaster, Moussaoui y Perdomo Molina nos presentan los modos, prácticas y conocimientos locales y tradicionales relacionados con la gestión de recursos hidráulicos en lugares y regiones caracterizadas 11


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por una aridez a veces extrema y una escasez real del recurso. en sus escritos, los lancaster describen y cuestionan los modos y prácticas de gestión local y de acceso al agua en el norte de los emiratos árabes unidos y en el sultanato de Omán. Moussaoui, a su vez, se basa en las prácticas, técnicas y conocimientos locales en los oasis argelinos, para debatir la cuestión fundamental de la modernidad entre las técnicas ancestrales y las nuevas exigencias. Por último, Perdomo Molina describe las prácticas y técnicas de recuperación y conservación de recursos hídricos escasos, como las lluvias, en dos conjuntos cercanos: el Magreb y españa, mostrando ejemplos precisos y volviendo a plantear una cuestión antigua y que, sin embargo, sigue estando de actualidad: las similitudes de las técnicas y las prácticas, ¿son inducidas por procesos de difusión o de coevolución?

[traducido del francés por Cristina ridruejo. aeiOu traductores.]

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Los desafíos de la seguridad hídrica y la gestión sostenible del agua en Palestina AYMAN RABI Director ejecutivo del Grupo Palestino de Hidrología (Palestinian Hydrology Group)

Resumen la gestión del agua en los territorios Palestinos Ocupados se encuentra condicionada por los diferentes factores políticos, técnicos y económicos. estas limitaciones han afectado negativamente al desarrollo integral del sector hidráulico y han generado una amplia brecha entre el suministro y la demanda de agua, así como entre las necesidades reales y los servicios ofrecidos. tras la firma del acuerdo provisional, ha habido algunas inversiones dirigidas a la mejora de infraestructuras, pero no han sido suficientes; además, el porcentaje de agua que se pierde como consecuencia de las fugas sigue siendo alto y alcanza en algunas zonas el 40 %. Por otro lado, la diversidad de empresas de suministro y gestión del agua, unida a las restricciones que sufren los palestinos en el uso de sus recursos hídricos y a la ausencia de las partes implicadas en la gestión del suministro, han dado como resultado el deterioro generalizado del sistema hidráulico, poniendo en peligro la seguridad hídrica palestina. Palabras clave: seguridad hídrica, brecha entre el suministro y la demanda, pérdidas de agua, participación de las partes implicadas, gestión sostenible.

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1. Recursos hídricos, escasez y conflicto en los Territorios Palestinos Ocupados las áreas de Cisjordania y Gaza tienen unas extensiones de 5572 km2 y 365 km2, respectivamente, y ambas disfrutan del típico clima mediterráneo (veranos cálidos y secos e inviernos suaves y húmedos). las lluvias tienen lugar durante la estación invernal, que dura aproximadamente cinco meses, desde noviembre hasta marzo, con unas medias de precipitaciones anuales que fluctúan entre 550-600 mm y 400 mm en Cisjordania y Gaza, respectivamente. la temperatura media varía entre 38 ºC en verano y 16 ºC en invierno, con una humedad relativa del aire del 55 % en verano y casi del 70 % en invierno. los vientos soplan de forma predominante de oeste y noroeste hacia este y sudeste a una velocidad media de 11 nudos. y la evaporación potencial media es de 2088 mm.1 Cisjordania es un área montuosa, con elevaciones que van desde los 400 m por debajo del nivel del mar en el valle del Jordán hasta los 1000 m por encima del nivel del mar en la zona de colinas. en cuanto a la composición geológica de su superficie, se trata de rocas carbonáticas muy fracturadas y karstificadas, tanto calizas como dolomías. Con respecto a Gaza, su elevación varía entre 0 m en la costa mediterránea hasta casi 80 m en las dunas del este. en términos de composición geológica, imperan básicamente la arena y las piedras areniscas. la magnitud de los acuíferos renovables en los territorios Palestinos Ocupados fluctúa entre 640 y 750 Mm3/año (entre 590 y 690 Mm3/año en Cisjordania y entre 50 y 60 Mm3/año en Gaza). sin embargo, las estimaciones oficiales, especialmente las referidas a Cisjordania, tal como vienen establecidas en los acuerdos de Oslo, suman un total de 672 Mm3/año, en su mayoría consistentes en acuíferos renovables distribuidos en tres grandes cuencas: la occidental, la nororiental y la oriental, con capacidades anuales respectivas de 362 Mm 3, 145 Mm3 y 172 Mm3 (véase la ilustración 1).

1

Para el periodo 1963-1965, véase rofe y raffety, Consulting engineers ltd., Nablus District Water Resources Survey, Geological and Hydrological Report, ammán (reino Hachemí de Jordania): autoridad Hídrica de Jordania, 1965.

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Ilustración 1. Cuencas acuíferas en Cisjordania: occidental, nororiental y oriental

fuente: Grupo Palestino de Hidrología, 2003

asimismo, los recursos hídricos de superficie, que se reducen básicamente al río Jordán, aún no son accesibles a los palestinos. algunos planes antiguos (como, por ejemplo, el Plan Johnston de 1955), que pretendían organizar la distribución de las aguas del Jordán entre los países ribereños, preveían la asignación de casi 200 Mm3 anuales de las mismas a los palestinos mediante la construcción del canal del Gor occidental (West Ghor). Pero dicho canal nunca fue construido debido a la ocupación israelí de Cisjordania en 1967. es más, desde mediados de los años cincuenta, israel no ha parado de apropiarse de los recursos hídricos de superficie de la zona, especialmente de la cabecera del río Jordán. Ha desviado agua del lago tiberíades, en el norte, hacia el desierto de neguev, en el sur, a través de lo que se conoce como el acueducto nacional. este desvío ha provocado graves problemas hídricos y una reducción brutal del caudal del río Jordán. Históricamente, la parte baja 15


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del río Jordán vertía, en su desembocadura en el Mar Muerto, casi 1100 Mm3 (1,1 km3) de agua por año, mientras que, hoy en día, su caudal no supera los 100 Mm3/año (0,1 km3), tratándose además, en su mayoría, de aguas residuales procedentes de los asentamientos israelíes de la parte alta del valle del Jordán, así como de agua salada desviada del lago Tiberíades hacia la parte baja del río. La ilustración 2 nos muestra esta drástica alteración del caudal de la parte baja del río Jordán. Ilustración 2. Caudal del río Jordán Caudal del río Jordán entre 1900 y 1985 (en kilómetros cúbicos anuales) 1,4 Caudal (km3/año)

1,2 1 0,8 0,6 0,4 0,2 0 1880

1900

1920

1940

1960

1980

2000

Años Fuente: Grupo Palestino de Hidrología, 2009

En consecuencia, el nivel del agua en el Mar Muerto está descendiendo una media de 0,8 m cada año. Dicho descenso de nivel está provocando la aparición de sumideros y el incremento de corrientes procedentes de los acuíferos circundantes que van a parar a este mar. Además, existe un potencial de aprovechamiento de agua procedente de fuentes no convencionales, como las aguas residuales, las escorrentías o las aguas salobres, cuya magnitud también varía. Se estima que las aguas residuales y las escorrentías suponen actualmente entre 10 y 15 Mm3 y entre 10 y 17 Mm3 anuales respectivamente. Hay que señalar que, sin embargo, estos recursos no están siendo aprovechados debido principalmente a las restricciones israelíes al respecto. Consiguientemente, los Territorios Palestinos Ocupados (Cisjordania y la Franja de Gaza) sufren una escasez estructural de agua, entre otras muchas carencias, 16


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por culpa de una injusta distribución de los recursos hídricos, pues la mayor parte de los mismos está en manos israelíes mientras la población palestina sufre una carencia significativa de agua. la limitación en recursos hídricos de Oriente Medio en general, y de Palestina en particular, ha convertido a la región en uno de los puntos más calientes del conflicto por el agua. la intensidad de dicho conflicto varía de una zona a otra, en función de la abundancia o escasez de fuentes hídricas; pero, en cualquier caso, no cabe duda de que la cuenca del río Jordán puede considerarse una de las áreas más sensibles de este conflicto y, de hecho, el propio conflicto árabeisraelí se inició con las primeras mediciones de la extensión y abundancia de los recursos naturales de la zona, en particular del agua, con el propósito de establecer un estado judío en Palestina. ya en 1868, la Organización sionista para el Desarrollo envió una delegación de ingenieros con el fin de investigar la accesibilidad de los recursos naturales en Palestina. la delegación concluyó que al norte de Palestina existía suficiente cantidad de agua como para cubrir las necesidades de los palestinos y de las decenas de miles de inmigrantes judíos que pretendían establecerse en esa zona. Más adelante propondrían transferir agua de esta zona hacia el sur con la idea de convertir el desierto en un lugar fértil y de acoger los asentamientos de los inmigrantes judíos en esa área. los resultados del informe se utilizaron para persuadir al gobierno británico de que colaborara en el establecimiento de un hogar para los judíos en Palestina. Del mismo modo, el movimiento sionista consiguió introducir el tema del agua en la Conferencia sobre Palestina de 1897, cuyo objetivo fue delimitar las fronteras entre siria, el líbano y Palestina con una atención especial a los límites septentrionales de Palestina, cuyo dominio suponía un mayor control sobre los recursos hídricos más importantes (la cabecera del río Jordán). en 1916, el movimiento sionista envió una petición formal al gobierno británico en la que exigía la anexión a Palestina de todas las cabeceras septentrionales del río Jordán, así como de la línea divisoria marcada por el río litani, al sur del líbano. Como resultado de esta presión, poco después del acuerdo de sykes-Picot de mayo de 1916 que reconocía el control de los mandatos francés y británico, el lago Hula, las cabeceras del río Jordán y la mitad del lago tiberíades fueron incluidas dentro de los límites septentrionales de Palestina. sin embargo, estas concesiones no fueron suficientes para un movimiento sionista que quería llevar sus planes hasta el final. tras la Declaración balfour en 1917, vendrían las exigencias de anexión de todas las cabeceras de los ríos Jordán, yarmuk y litani al territorio palestino, siempre con la mirada puesta en los futuros asentamientos judíos. a continuación, du17


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rante la Conferencia de Paz celebrada en París en 1919, el movimiento sionista solicitó la anexión del río awwali, al norte, para luego seguir hacia el este con el monte Hermón en los altos del Golán y el río yarmuk. el movimiento sionista no cejó en su empeño por incluir nuevos territorios y continuó enviando delegaciones a la región con el objetivo de repartir el agua entre siria, el líbano, Jordania y los judíos que se habían asentado en la zona en los años treinta y cuarenta. en 1955, tras la proclamación del estado de israel en 1948 y teniendo en cuenta las acaloradas disputas en torno al agua en la cuenca del río Jordán, el presidente estadounidense eisenhower envió una delegación encabezada por eric Johnston para desarrollar un plan de reparto del agua entre los países ribereños. el plan nunca fue aprobado por ningún estamento político, pero ha sido el único plan de reparto del agua de la cuenca del río Jordán que ha sido debatido por las partes implicadas. Más adelante, cuando estalló la guerra de 1967, israel consiguió ocupar el resto de la Palestina histórica (Cisjordania y Gaza), asegurándose así el control total de sus recursos, lo que incluía los acuíferos y la parte baja del río Jordán. De inmediato, la ocupación israelí decretó leyes marciales que declaraban la propiedad estatal de los recursos hídricos y prohibían la explotación de los mismos por parte de los palestinos si no contaban con el permiso de la autoridad de Ocupación israelí. actualmente, la situación no ha variado e israel todavía controla más del 80 % de los recursos hídricos, mientras que los palestinos de Cisjordania y Gaza tienen un acceso muy limitado a los recursos naturales. en el acuerdo provisional de paz firmado por palestinos e israelíes en 1993, el tema del agua quedó relegado a las negociaciones sobre el estatuto definitivo que debían haber comenzado en 1999 y que nunca se celebraron, lo que supone que el asunto del agua siga siendo un problema crucial en el conflicto. israel, como detentor del poder en la zona, ha violado sistemáticamente los derechos de los palestinos sobre el agua. Desde la firma de la línea de armisticio en 1949, israel empezó a imponer restricciones a la construcción de pozos en el área correspondiente a la administración jordana, sobre todo en Cisjordania. tras la guerra de 1967 en la que se anexionaron los altos del Golán y se ocupó Cisjordania, la mayor parte de los recursos hídricos árabes (la cuenca del río Jordán y los recursos ubicados en Cisjordania y la franja de Gaza) pasaron a manos israelíes. De la misma manera, después de 1967, 18


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Israel inició una ola de asentamientos altamente agresivos en Cisjordania. Esta nueva política mantuvo el reparto desigual de los recursos comunes de los acuíferos al norte y al oeste de Cisjordania y le proporcionó el acceso a nuevos acuíferos (como el ubicado al este) que Israel no controlaba antes de 1967. Como conclusión podemos decir que la naturaleza del conflicto que Israel y los Territorios Palestinos Ocupados mantienen en torno al agua descansa sobre seis pilares fundamentales: • el nexo entre la tierra y el agua o el control de los recursos hídricos en el territorio palestino; • la desigualdad de derechos en lo que se refiere al agua y la consiguiente diferencia en el acceso a los recursos hídricos entre israelíes y palestinos; • la usurpación de los recursos hídricos palestinos por parte de los colonos israelíes; • el control de Israel sobre las instituciones, la información y los mecanismos legales asociados al agua; • los trasvases de agua procedentes de las cuencas; • la gestión futura de los recursos comunes.2

2. Uso doméstico y agrícola del agua y previsión de la demanda de agua A pesar de que el total estimado de recursos hídricos renovables en Cisjordania y Gaza se sitúa en los 722 Mm3 anuales (estimación que incluye los recursos subterráneos, pero no el agua de superficie), los palestinos sólo tienen acceso a 250 Mm3 al año y el resto corresponde a Israel. Si comparamos el uso total de agua per cápita en los Territorios Palestinos Ocupados con el de los países vecinos, vemos que en los Territorios Palestinos Ocupados ronda los 93 m3 anuales, mientras que en Jordania está cerca de los 244 m3 y en Israel en torno a los 344 m3. Por otro lado, la media regional de uso de agua per cápita está estimada en 257 m3 anuales. En lo que se refiere al uso de agua en el ámbito doméstico, las estimaciones anuales son de 98 m3 per cápita en Israel, 56 m3 en Jordania y 34 m3 en los 2

Véase Sharif el-Musa, Negotiating Water: Israel and the Palestinians, Washington D. C.: Instituto de Estudios Palestinos, 1996; y Water Conflict-Economics, Politics, Law and Palestinian-Israeli Water Resources, Washington D. C.: Instituto de Estudios Palestinos, 1997.

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territorios Palestinos Ocupados.3 la media palestina de uso de agua per cápita en el ámbito doméstico se ha visto reducida aún más como resultado de las restricciones impuestas por israel; en el mejor de los casos, el consumo llega a los 70 l diarios per cápita en los centros urbanos, de los cuales el 40 % se pierde debido a las fugas. sin embargo, estas cifras se reducen drásticamente en las áreas rurales que dependen de la recolección de agua de lluvia al no tener acceso a bombas de agua, áreas en las que el consumo diario no supera los 15 l.4 en definitiva, el consumo diario per cápita de agua para uso doméstico (incluyendo la agricultura y ganadería de subsistencia y las pérdidas) se sitúa por debajo de los 30 l en algunas comunidades e, incluso, por debajo de los 15 l en otras. es importante mencionar que estas cifras no reflejan las necesidades de agua reales de los palestinos y que están muy por debajo del nivel recomendado por la Organización Mundial de la salud (OMs) de entre 100 y 200 l de agua diarios per cápita. las restricciones y limitaciones impuestas a los palestinos en el acceso y explotación de sus propios recursos han generado una grave situación de escasez de agua en sus comunidades. es más, el establecimiento de nuevos asentamientos israelíes, junto con la expansión de los ya existentes, está reduciendo aún más la cantidad de agua asignada a los palestinos. actualmente, cerca de 260 000 colonos israelíes están asentados en Cisjordania y consumen unos 75 Mm3 anuales, de los que 44 Mm3 son bombeados desde los pozos perforados en Cisjordania. el consumo diario total de agua per cápita de los colonos es de 780 l, de los cuales 461 proceden de Cisjordania. esto significa que el consumo de un colono israelí es cuatro veces mayor que el de un palestino.5 en lo que se refiere a la actividad agrícola, este sector suponía en el pasado el 30-35 % del producto interior bruto (Pib) y casi el 35 % de la mano de obra de los territorios Palestinos Ocupados. en cambio, actualmente, de acuerdo con los datos aportados por el Ministerio de agricultura palestino en 2008, dichos porcentajes se han reducido sustancialmente: un 8 % de participación en el Pib y un 13,4 % en la mano de obra. Por otro lado, el consumo de agua para

3 national research Council us, national academy of science, royal scientific society of Jordan, israel academy of sciences and Humanities and Palestinian academy of science, Water for Future: The West Bank and Gaza, Israel, and Jordan, Washington D. C.: us national academy Press, 1999. 4 Grupo Palestino de Hidrología (PHG), WASH Monitoring Program, ramallah: Grupo Palestino de Hidrología (PHG), 2004. 5 banco Mundial, Assessment of Restrictions on Palestinian Water Sector Development, West bank and Gaza, Washington D. C.: banco Mundial, 2009.

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agricultura está en torno al 55 % del agua disponible, lo que en Cisjordania y Gaza supone 123 Mm3 aproximadamente. estas cifras han estado sufriendo reducciones a lo largo de las tres últimas décadas como resultado de las restricciones impuestas a la explotación de los recursos existentes y de la prohibición sobre la explotación de recursos alternativos para satisfacer las crecientes necesidades de agua del pueblo palestino. esta situación ha tenido graves consecuencias en todo el sector y ha reducido de manera generalizada las tierras en regadío. en algunos lugares, los agricultores palestinos se han visto incluso obligados a adquirir, a un precio muy alto, agua procedente de las fuentes hídricas controladas por la empresa israelí de agua. esto ha aumentado los costes de producción de los cultivos, al tiempo que reducía la capacidad de los agricultores palestinos de competir con la agricultura israelí, altamente subvencionada. todo este proceso ha generado grandes pérdidas en el ámbito local y nacional de la agricultura, lo que explica la caída sustancial de su contribución al Pib en los últimos años. teniendo en cuenta que la demanda total de agua en 2008 fue de 388 Mm3, podemos concluir que existe una amplia brecha entre la demanda y el consumo, un problema que probablemente se agravará con el incremento de la población y, por tanto, de la demanda. la tabla 1 resume la demanda de agua prevista en Cisjordania y Gaza hasta 2040. Tabla 1. Previsión de la demanda de agua en Cisjordania y Gaza hasta el año 2040 Año

Población (millones)

2000 2010 2040

3,15 4,95 9,98

Previsión de la demanda de agua (Mm3/año) Uso doméstico e industrial Agricultura Total 196 416 1075

191,8 301,5 607,8

387,8 717,5 1682,8

fuente: ayman rabi, 1999. las previsiones de población proceden del censo de población de 1998 de la Oficina Central Palestina de estadísticas (PCbs, por sus siglas en inglés) y las correspondientes a la demanda de agua provienen de los informes de la agencia alemana de Cooperación técnica (Gtz, por sus siglas en alemán)

Como se puede observar, la demanda a medio y largo plazo supera con creces el suministro disponible en los territorios Palestinos Ocupados (Cisjordania y Gaza). es más, si se compara el suministro actual de agua con la demanda, se aprecia la enorme brecha que existe entre lo que los palestinos necesitan en realidad y lo que las autoridades israelíes les permiten consumir. la ilustración 3 muestra esta brecha. 21


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Ilustración 3. La brecha entre el suministro y la demanda de agua en los Territorios Palestinos Ocupados Totales de suministro hasta el año 2020 en los Territorios Palestinos Ocupados

Mm3

Suministro Demanda

Año Fuente: censo de población de 2007 de la Oficina Central Palestina de Estadísticas y gtz and CEs Consulting Engineers, 1996

3. Acceso al suministro y a los servicios de saneamiento del agua Mientras que todos los asentamientos israelíes en Cisjordania cuentan con suministro de agua y muchos de ellos incluso tienen piscinas, se estima que tan sólo el 20 % de las comunidades de los territorios Palestinos Ocupados cuenta con una red hidráulica, lo que representa aproximadamente el 11 % de la población. La razón por la que hay tantas comunidades sin acceso al suministro de agua es que les ha sido denegado una y otra vez. Esta injusticia y desigualdad ha sido una fuente constante de tensiones, especialmente cuando los habitantes palestinos ven cómo las conducciones que trasladan agua hacia los asentamientos israelíes atraviesan sus tierras sin proporcionar agua a su pueblo. La situación no mejora mucho en el caso de las comunidades que compran agua a la empresa israelí Mekorot. Durante los periodos de verano, se producen reducciones del suministro que pueden llegar hasta el 70 % en algunos lugares. Algunas ciudades y pueblos sólo tienen acceso al agua una vez a la semana o incluso una vez al mes. 22


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Por otro lado, las restricciones a la libre circulación de personas en los diferentes accesos siguen siendo la norma que sufre el pueblo palestino diariamente. restricciones como el muro, las decenas de puntos fijos de control y muchos otros móviles en Cisjordania, o el cierre completo de la franja de Gaza, no sólo afectan al bienestar general de los palestinos, sino que también dificultan el acceso a los recursos hídricos para su uso doméstico, para el riego y para otras actividades económicas. la consecuencia de todas estas imposiciones es que muchas comunidades no cuentan con un acceso apropiado a fuentes de abastecimiento de agua. en el caso de las comunidades cuyo suministro depende básicamente de camiones cisterna, las familias pobres son especialmente vulnerables ya que no pueden permitirse comprar esa agua y apenas existen otras alternativas. así pues, las restricciones han transformado los pueblos en grandes cárceles o guetos y han causado graves perjuicios en la economía y el sustento de sus habitantes. según la Oficina Central Palestina de estadísticas (PCbs, en sus siglas en inglés), el Pib se ha reducido en un 14,9 % desde 1999, lo que ha ocasionado un drástico descenso en el Pib per cápita del 30 % en comparación con las cifras de ese mismo año. la situación llegó a uno de sus puntos más críticos tras la construcción del muro en Cisjordania, muro que separaba a las personas entre sí, pero también a las personas de sus tierras y sus recursos hídricos, poniendo en peligro todo aquello que conformaba su medio de vida. las consecuencias de la construcción del muro de separación han sido desastrosas. la parte occidental del muro ha aislado y confiscado más de 1000 km2 de las tierras más fértiles y ricas en recursos hídricos de Cisjordania. Por medio del muro, los israelíes se han apoderado de más de 28 pozos que extraen anualmente 4,5 Mm3 de agua de los acuíferos y abastecen con agua para riego cientos de dunum6 de las tierras de cultivo de los distritos de tulkarem y Qalqilia. en lo que respecta a la capacidad de extracción de agua, estos distritos han sido los principales afectados, ya sea directa o indirectamente, por la política de anexión israelí (véase la ilustración 4).

6 el dunam (plural árabe dunum) es una unidad de medida que abarca la cantidad de tierra que una persona puede arar en un día, por lo que se trata de una unidad de medida muy variable. todavía se utiliza en algunos países que pertenecieron al imperio otomano. en Palestina un dunam equivale a 1000 m2. (n. del t.)

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m3 / año

Ilustración 4. El impacto del muro en la cantidad de agua de los acuíferos

Efectos indirectos Efectos directos

fuente: Grupo Palestino de Hidrología, 2007

el muro retiene a cerca de 6800 palestinos entre la línea verde y su trazado, denegándoles el acceso a otras partes de Cisjordania. es más, se les exige la obtención de un permiso para poder quedarse en sus casas y en sus tierras, permisos que sólo son válidos por un año y para un solo acceso. en relación con los servicios de saneamiento del agua, casi el 60 % de las zonas urbanas disponen de sistemas de recolección de agua, pero tan sólo una ciudad cuenta con una planta apropiada de tratamiento de aguas. en cuanto a las áreas rurales, ninguna de ellas cuenta con sistemas de recolección o tratamiento de aguas. Cuando se intenta construir alguno de estos sistemas en dichas zonas, las autoridades israelíes lo impiden a menos que los conecten con los asentamientos judíos, algo inaceptable para los palestinos ya que esto significaría legitimar el asentamiento de colonias ilegales en los territorios Palestinos Ocupados.

4. El problema de la calidad del agua y las amenazas de contaminación la calidad de los acuíferos en Cisjordania es buena en términos generales, pero en algunos pozos y manantiales, en las zonas en las que la capa freática está en un nivel superficial y el acuífero fluye libremente, se ha encontrado contaminación en forma de productos químicos (altos niveles de nitrato y cloruro) y bacterias (coliforme). este tipo de contaminación es el resultado del insuficiente 24


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o inexistente tratamiento de las aguas residuales. De hecho, una de las principales fuentes de contaminación son los asentamientos israelíes, que vierten sus aguas residuales escasamente tratadas en los valles y espacios naturales de Cisjordania. algunas colonias, como la de barkan, al noroeste de salfit, en Cisjordania, incluso vierten sus residuos industriales en las tierras palestinas adyacentes con el peligro que esto supone para los acuíferos. Por otro lado, el seguimiento que se hace de la calidad de las aguas residuales en la mayoría de las zonas urbanas de Cisjordania no está sistematizado ni tiene continuidad alguna. los resultados obtenidos en diversos programas de seguimiento (llevados a cabo por instituciones o por expertos privados) revelan que las grandes variaciones que se dan en la calidad del agua entre unas estaciones y otras tienen su origen en las variaciones de consumo de agua per cápita, por un lado, y en la mezcla de aguas residuales industriales con las aguas residuales municipales de las áreas urbanas, por el otro. en líneas generales, las aguas residuales en los territorios Palestinos Ocupados se caracterizan por su alta concentración, pues la demanda biológica de oxígeno (DbO) oscila entre los 500 y los 800 mg/l dependiendo de la estación y la localidad, y por la alta concentración de sólidos en suspensión.

Ilustración 5. Concentración de cloruro en Gaza

o

ne

rrá

ite

ed

ar

m

M

Leyenda de la concentración de cloruro (mg/l) 0-250 mg/l 250-500 mg/l 500-750 mg/l 750-1000 mg/l 1000-1500 mg/l Más de 1500 mg/l

fuente: servicio de aguas de los Municipios Costeros (CMWu), 2007

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En lo que se refiere a la calidad del agua de los acuíferos de la Franja de Gaza, su deterioro ha sido notorio en los últimos treinta años (véase la ilustración 5) debido a: • la presencia de agua salada como resultado de la sobreexplotación del acuífero durante la época de la ocupación y posteriormente; • la contaminación por infiltración de aguas residuales no tratadas; • y la contaminación originada por las diferentes actividades agrícolas que se han desarrollado en las zonas arenosas de la Franja.

5. Marco legal e institucional La gestión del agua en los Territorios Palestinos Ocupados está condicionada por diferentes factores políticos, técnicos y económicos. Estas limitaciones han afectado negativamente al desarrollo integral del sector hidráulico y han generado una amplia brecha entre el suministro y la demanda de agua, así como entre las necesidades reales y los servicios ofrecidos. Factores como la falta de inversiones en la mejora de infraestructuras o la diversidad de empresas de suministro y gestión del agua, sumados a la inexistencia de normas y regulaciones adecuadas y a la ausencia de las partes implicadas en la gestión del suministro, han tenido como resultado el deterioro generalizado del sistema hidráulico. Los ayuntamientos de los pueblos y las ciudades siguen gestionando el suministro de agua y los principales servicios de saneamiento en los Territorios Palestinos Ocupados. Sin embargo, la mayoría de ellos carecen de las infraestructuras, los conocimientos técnicos y la capacidad humana y financiera que sería necesaria para acometer esta tarea. El precio medio por metro cúbico se estima en 0,6 dólares estadounidenses (uSd) y, sin embargo, en algunas localidades en las que no existe un sistema apropiado de suministro de agua, el precio puede llegar a los 3 uSd/m3. Y, en las localidades a las que un camión cisterna lleva el agua, ésta puede llegar a costar entre 5 y 6 uSd/m3, aun cuando la calidad del agua es mucho menor. Estos saltos en el precio del agua son consecuencia del bloqueo israelí y de las restricciones de movimiento impuestas sobre los ciudadanos palestinos y sobre los camiones que transportan agua por las carreteras principales. El artículo 40 del Acuerdo Provisional de las negociaciones de Oslo reconoció el derecho al agua de los palestinos, así como su derecho a crear una Autoridad Palestina del Agua (PwA, en sus siglas en inglés) con el objetivo de regular este 26


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sector. el artículo 40 también incluye el acuerdo sobre la creación de un Comité Mixto del agua (JWC, en sus siglas en inglés), cuyo cometido principal sería la discusión y aprobación de proyectos hidráulicos y de aguas residuales en Cisjordania. el representante oficial palestino en la JWC es la PWa. sin embargo, la aprobación de los proyectos por parte de la JWC se está dilatando mucho por motivo de la complejidad de los trámites. estos mecanismos están dificultando la puesta en marcha de proyectos hidráulicos en Cisjordania y, en ocasiones, incluso impiden su ejecución.

6. Principales agentes del suministro y saneamiento del agua Casi el 43 % de la población que está conectada a la red de suministro de agua depende de seis grandes empresas, mientras que el 57 % restante depende de 218 ayuntamientos. el abastecimiento de agua a dichas empresas y ayuntamientos tiene su origen en las fuentes locales (pozos y manantiales) y/o en la adquisición de la misma a la empresa israelí de agua, Mekorot, a través del Departamento de agua de Cisjordania.7 Por su parte, la gestión de las aguas residuales todavía no se ha desarrollado en la mayoría de los pueblos. el plan actual de gestión del suministro y saneamiento de las aguas está organizado en cuatro niveles: toma de decisiones, regulación, desarrollo y suministro, y prestación de servicios. Como se puede apreciar en el cuadro 1, el primer nivel corresponde al Consejo nacional del agua, dirigido por la autoridad nacional Palestina (anP), y en él se encuentran representados (a través de sus once miembros) casi todos los ministerios, autoridades, organizaciones de sociedad civil e instituciones de investigación y desarrollo directamente relacionadas con el sector del agua y el saneamiento de la misma, además de un representante de las futuras empresas hidrológicas regionales propuestas en el plan. sin embargo, aun cuando el Consejo nacional del agua ya figure como institución oficial, en la práctica su utilidad hasta el momento ha sido nula.

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a. salih, The Palestinian Water Supply Institutions, Jerusalén: Palestinian Hidrology Group, 1998.

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Cuadro 1. Plan institucional actual y futuro en el sector del agua y en la gestión de aguas residuales NIVELES

PLAN ACTUAL

PLAN FUTURO

Toma de decisiones

Presidente

Presidente

Consejo Nacional del Agua (NWC)

NWC

Autoridad Palestina del Agua (PWA)

PWA

Regulación

Seguimiento y Departamento gestión del de Agua de suministro (a gran Cisjordania escala) Prestación de servicios

Departamento de Hidrología del Ministerio de Gaza

Puntos de abastecimiento Ayuntamientos Municipios

Departamento de Agua de Cisjordania

Departamento de Agua de Gaza

Puntos de abastecimiento regionales Gaza

ONG

Inversores privados

Cisjordania Norte Centro Sur Sur

fuente: información recogida en los materiales de investigación de la PWa, 1998

el segundo nivel incluye a la PWa como regulador y el tercer nivel corresponde al Departamento de agua de Cisjordania y a una institución similar en Gaza, ambas responsables del seguimiento y de la gestión del suministro de agua a gran escala. Por último, el cuarto nivel está relacionado con las empresas proveedoras de agua. existen ocho grandes empresas distribuidoras de agua en Cisjordania. Dos de ellas son semipúblicas, Jerusalem Water undertaking (JWu) y betlehem Water supply & sewage authority (Wssa), mientras que las otras seis son empresas municipales de grandes ayuntamientos (nablus, Hebrón, yenín, tulkarem, Qalqilia y Jericó). el futuro plan institucional mantiene casi intactos los tres primeros niveles, mientras que anticipa algunos cambios en el nivel de la prestación del servicio tal y como se explicita en la ley del agua n.º 3. la nueva propuesta consiste en crear cuatro o cinco empresas hidrológicas regionales ( rWu, en sus siglas en inglés), de las que tres o cuatro estarían ubicadas en Cisjordania y una en Gaza, con la finalidad de proporcionar agua y servicios de saneamiento de una manera más eficiente. las rWu absorberán a las empresas municipales y otras que actualmente estén ofreciendo estos servicios, unificarán los distintos niveles y desarrollarán regulaciones comunes. 28


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7. Conclusiones la diferencia existente entre la cantidad de agua potable disponible y el consumo de agua de los habitantes de la zona es, sin lugar a dudas, uno de los asuntos clave que deben tratarse detenidamente. sea como fuere, independientemente de lo complicado de la situación, siempre se pueden encontrar medios pacíficos que permitan superar el conflicto. es evidente que esta región necesita encontrar una solución sostenible al conflicto; lo cara que pueda resultar dicha solución, con toda certidumbre, no será comparable con el precio que se paga por el conflicto permanente. el uso equitativo y sensato de los recursos disponibles por parte de la población que comparte las mismas condiciones de vida es la base para la construcción de la confianza y de una paz duradera. Por consiguiente, los palestinos deben obtener la parte que legítimamente les corresponde de sus recursos, tener acceso a la información y contar con todo lo necesario para gestionar adecuadamente sus recursos. se deben proteger los recursos hídricos y, al mismo tiempo, se deben eliminar las fuentes de contaminación, especialmente aquellas que provienen de los asentamientos israelíes. los palestinos no pueden seguir aceptando que los asentamientos ilegales israelíes usen y controlen sus recursos hídricos ni que contaminen sus tierras, sus recursos y su entorno, sin ser capaces de impedir tales atropellos. la paz sostenible comienza con un vaso de agua que una persona ahorra en un país para satisfacer la sed de otra persona en un país vecino, especialmente en los países de nuestra región, caracterizados por la escasez de agua. Por otra parte, ningún acuerdo firmado supondrá la paz si no viene acompañado de su aceptación pública. Por todo ello, el agua, la fuente de la vida, debe ser considerada también fuente de la construcción de una confianza entre naciones que sirva de sustento a una vida humana digna. [traducido del inglés por Mario tornero. aeiOu traductores.]

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La hidropolítica de Egipto: el fracaso de una estrategia hidropolítica HABIB AYEB Investigador del Social Research Center (SRC)/Universidad Americana de El Cairo (AUC)

Resumen Egipto se ha beneficiado durante más de dos siglos de una exclusividad casi absoluta en la gestión del caudal del Nilo, gracias a su ubicación geográfica, a su poderoso sistema político centralizado y a una considerable superioridad científica (hidráulica) con respecto a los demás países que comparten la cuenca de este río; pero en la actualidad, su estrategia y ambiciones hidropolíticas parecen haber alcanzado sus límites. Tras largas sequías, con 82 millones de personas que alimentar, de las cuales entre 15 y 20 millones viven del campo (unos 3,5 millones de familias de agricultores), 3,5 millones de hectáreas que regar y considerables proyectos de acondicionamiento agrícola del desierto, pesa hoy en día sobre Egipto la amenaza de carecer de las cantidades de agua necesarias para cumplir todas sus ambiciosas expectativas. Por otro lado, los demás países de la cuenca del Nilo, durante mucho tiempo despojados de todo derecho sobre unas aguas que nacen en sus territorios, se han organizado para imponer a Egipto un nuevo reparto del caudal común. En 2010, han acordado entre ellos nuevos mecanismos políticos de reparto del Nilo, concluyendo un nuevo tratado que pone definitivamente fin a la hegemonía hidropolítica de Egipto que, evidentemente, se ha negado a adherirse al acuerdo. Sudán, que se había puesto de parte de El Cairo, concediéndole así un pequeño margen de maniobra, ha quedado hoy en día dividido en dos Estados independientes.Y todo parece indicar que Sudán del Sur, atravesado por el Nilo Blanco 33


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así como por el Sobat (un afluente que, como el Nilo Azul, tiene su origen en Etiopía), va a alinearse junto a los países de nacimiento del río. Nos hallamos pues ante una situación de bloqueo hidropolítico y geopolítico que no favorece precisamente a Egipto. La cuestión que se plantea hoy en día al nuevo Egipto de la revolución es de una complejidad extraordinaria: ¿cómo redefinir una nueva política hidráulica interna y externa para poder afrontar el conjunto de desafíos que se le plantean?: asegurando agua potable al conjunto de sus ciudadanos, lo que a día de hoy aún no se ha logrado; garantizando un nivel mínimo de soberanía alimentaria y readaptando sus proyectos de desarrollo a las nuevas disponibilidades de agua que, tanto política como técnicamente, va a resultar muy complicado, incluso imposible, incrementar. Este texto pretende abordar el conjunto de estos problemas, redefiniendo a la par los límites de la cuestión del agua en el país cuya misma existencia es «un don del Nilo», como decía Heródoto. Palabras clave: Egipto, Nilo, hidropolítica, acceso al agua, reparto del agua, desarrollo, seguridad, soberanía, derechos.

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Willkooks, un importante ingeniero británico del periodo colonial en Egipto, escribió: «Egipto es el Nilo y el Nilo es Egipto. Quien controle el Nilo controla Egipto y quien controle Egipto controla el Nilo». La evolución reciente de los acontecimientos ha venido a demostrar que, si bien la primera parte de la sentencia es más que evidente, la segunda parte, en cambio, ha resultado totalmente infundada… Pues los dueños actuales de Egipto acaban de perder su control del Nilo.

El agua en Egipto: una cuestión de seguridad nacional o el síndrome de la sequía Hablar de problemas hídricos en Egipto puede parecer, a cualquiera poco conocedor de la cuestión, una mera exageración. En efecto, al contrario que el resto del área septentrional de África y que casi la totalidad del mundo árabe, en Egipto no falta agua y el riesgo de que escasee en un futuro resulta relativamente improbable. No obstante, la problemática del agua en Egipto no deja por ello de ser real, grave y especialmente rica en enseñanzas para los investigadores, los gestores políticos y el conjunto de los actores implicados. Esta situación tiene el valor de demostrar que la cuestión del agua no es únicamente cuantitativa, sino que deriva en diversos aspectos y dimensiones cualitativas, económicas, sociales y políticas. Hay que decir que, con respecto a lo que en Egipto se ha venido a denominar la seguridad hídrica nacional, hay varias cuestiones de enorme importancia que aún siguen sin responderse de forma convincente, aunque sigan provocando vivos y apasionados debates. La primera de estas cuestiones fundamentales es ya un clásico recurrente en todos los discursos sobre el tema. Es uno de esos escasos asuntos, por no decir el único, que todos los egipcios, independientemente de su situación, posición o funciones, plantean en los mismos términos. Se trata de la disponibilidad volumétrica hídrica global: ¿cómo lograr incrementar los recursos hídricos del país para seguir atendiendo a las necesidades sociales inmediatas y responder al futuro incremento de la demanda de agua? Pero, si remontamos el curso de esta cuestión, hallamos una dimensión geopolítica de primera importancia que hace de este país un caso particular y único en el mundo mediterráneo: Egipto, país de evacuación fluvial, depende totalmente del extranjero para asegurarse el abastecimiento de agua, garan35


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tizado casi exclusivamente por el Nilo, cuyas fuentes se hallan a varios cientos de kilómetros de la frontera sur del país. En Egipto, casi todos los habitantes y sus actividades dependen directamente de este río, que alberga en sus riberas (que, en términos de superficie, suponen sólo el 5 % del territorio nacional) a más del 95 % de la población nacional, así como casi todas las actividades económicas, especialmente las agrícolas. Prácticamente toda el agua que se consume en el país procede del Nilo, cuyo caudal es transportado desde sus remotas fuentes: en Etiopía, desde el Nilo Azul, el Sobat y el ‘Atbara, que suponen alrededor del 80 % de su volumen hídrico, y en Uganda, desde el Nilo Blanco, que aporta el 20 % restante. El futuro de Egipto depende de su capacidad para asegurarse a largo plazo la cobertura de sus necesidades hídricas. Así que la inquietud, e incluso el catastrofismo, presentes en muchos discursos sobre la amenaza que supondría una escasez generalizada de agua, deben entenderse pues teniendo en cuenta la propia situación geopolítica de este río y de Egipto. Este país es ante todo un enorme oasis en plena inmensidad del desierto, creado con el paso del tiempo por un río que lo nutre periódicamente con sus aguas y sus fértiles limos procedentes de los suelos etíopes. Aun a sabiendas de que cualquier idea de «bloqueo» o desvío del Nilo pertenece al ámbito de la pura ciencia ficción, la mera hipótesis pone de manifiesto la fragilidad de un país que cuenta en la actualidad con más de 80 millones de habitantes y apenas ninguna autonomía hidropolítica. De hecho, esta situación está muy presente en la política fluvial de Egipto desde hace dos siglos y en el conjunto de sus relaciones con los países ribereños del Nilo, especialmente con Sudán, pero sobre todo con Etiopía, de donde procede la mayor parte de su aportación hídrica anual. Los egipcios siempre han querido mantener un control exclusivo sobre las fuentes de este río, para lo cual han intentado asegurar una presencia directa o indirecta en las mismas. Por eso, a comienzos del siglo xix, Muhammad ‘Ali, el gobernador de Egipto, envió a sus tropas a Sudán. Por las mismas razones por las que el régimen de Gamal ‘Abdel Naser se opuso enérgicamente a la independencia de Sudán a comienzos de los años cincuenta y por las que decidió construir la Presa Alta de Asuán, como «respuesta hidropolítica» a dicha independencia cuando ésta ya resultaba inevitable. El objetivo consistía en constituir una gran reserva de agua (alrededor de 165 millones de metros cúbicos, es decir, tres veces la parte egipcia del caudal anual del Nilo), situada en su mayor parte dentro del territorio egipcio, para prevenir cualquier intentona de presión hidropolítica procedente de las regiones meridionales del río. 36


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No resulta por lo tanto sorprendente que en todos los debates y discursos en Egipto sobre esta cuestión planee el temor a quedarse un día sin agua. La enorme sensibilidad al respecto ha situado incluso el tema entre las prioridades para la seguridad nacional y el Ministerio de Recursos Hidráulicos y de irrigación se cuenta entre los más importantes del país, inmediatamente después de los que suelen llamarse los ministerios de soberanía. La gran dificultad existente para acceder a datos e informaciones sobre las características, usos y gestión del agua del río nos da una idea del carácter altamente estratégico que se le atribuye. También debido a esta enorme dependencia hidropolítica, los estudios e investigaciones hidrológicas en Egipto suelen limitarse, por lo general, a aspectos cuantitativos, como balances entre los recursos actuales y las necesidades ascendentes debido al crecimiento demográfico, el desarrollo económico y los cambios en los estilos de vida y de consumo. Pero todas las cuestiones relativas al acceso, la desigualdad, el derecho al agua, la participación y la gobernanza son ignorados y no se les dedica prácticamente ninguna investigación, en un país donde nada crece sin riego. Si resulta fácil comprender la inquietud y obsesión de los egipcios por la seguridad hídrica, hay que reconocer sin embargo que las cifras al respecto son mucho menos preocupantes que los discursos. En efecto, los egipcios gozan de una disponibilidad hídrica media que ronda los 900 m3 por persona y año,1 lo que desde luego está lejos de constituir un nivel de escasez o penuria; al contrario, indica cierta abundancia inexistente en la mayoría de los demás Estados del sur y del este del Mediterráneo, como se puede comprobar en la tabla 1.

1 Esta cifra se refiere, no obstante, al conjunto del consumo, incluyendo el agua potable, pero también el agua para usos industriales, de riego, de producción eléctrica y de navegación. Este nivel de datos tan rudimentario nos aporta una idea de la imprecisión de las evaluaciones y cifras disponibles.

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Tabla 1. Disponibilidad de recursos hídricos en algunos países árabes y mediterráneos en 20002 Países

Siria El Líbano Chipre Marruecos Egipto Cisjordania Túnez Argelia Israel Jordania Malta Libia Gaza

Total de los recursos hídricos renovables, km3/año (a)

Recursos hídricos potenciales, km3/año (a)

Recursos hídricos actuales, m3/año

46,1 4,8 0,8 29,0 86,8 0,8 4,6 14,3 1,7 0,9 0,1 0,6 0,1

26,3 4,4 0,8 29,0 58,3 0,8 4,6 14,3 1,7 0,9 0,1 0,6 0,1

1622 1261 995 971 859 535 482 473 276 179 129 113 52

Fuente: Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO), Aquastat

El volumen de agua del Nilo del que dispone Egipto fue definido mediante una serie de acuerdos firmados con Sudán sobre reparto hídrico (los llamados Acuerdos de 1959). Según los mismos, cada Estado dispone respectivamente de 55,5 y 18,5 millones de metros cúbicos de agua al año. A estas cifras hay que añadir las cantidades de agua relativamente importantes obtenidas mediante la reutilización casi sistemática de las aguas de drenaje de los riegos. En efecto, el sistema hídrico egipcio está totalmente cerrado hasta la costa mediterránea, por lo que el agua que ha servido para riego desemboca en un sistema de drenaje que la canaliza a un circuito principal diseñado a tal efecto, o bien la devuelve directamente al Nilo. Indudablemente, no se trata de cifras que permitan despreocuparse de la cuestión, pero, insistimos, tampoco corresponden a una situación de crisis hídrica, ni mucho menos. En primer lugar, estos volúmenes sólo tienen en cuenta la cuota egipcia formal de las aguas del Nilo, pero existen otras fuentes de agua disponibles que, aunque modestas, en su conjunto suman: reutilización de las aguas de drenaje y usadas, capas freáticas y acuíferos fósiles, desalinización de agua de mar, 2

Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO), véase la página web de Aquastat, <http://www.fao.org/nr/water/aquastat/main/indexesp.stm>.

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etc. Todo sumado, se puede considerar que el volumen global de agua en Egipto se sitúa entre 65 y 70 millones de metros cúbicos de agua por año.3 Es cierto que, a largo plazo, Egipto está expuesto a un desequilibrio entre sus recursos hídricos disponibles y su crecimiento demográfico. Esto se debe a que la población sigue aumentando a un ritmo del 1,9 % anual, mientras que el nivel de agua disponible permanece estable. Y las previsiones de crecimiento demográfico para los próximos veinte años apenas bajan. Este país, que, por ejemplo, a mediados de los años sesenta contaba con unos 30 millones de habitantes, registra ahora más de 80 millones. Así que las posibilidades de mantener a largo plazo una disponibilidad hídrica de volumen suficiente resultan bastante limitadas. Actualmente, sólo se vislumbran dos opciones: la mejora de la gestión de los recursos actualmente disponibles y/o el regreso a las fuentes geográficas del Nilo para explotar volúmenes de agua hasta ahora inaccesibles. La primera opción no ofrece de momento mucho margen de actuación, pues la gestión del agua no es únicamente una simple cuestión de dosificación cuantitativa entre la oferta y la demanda. Se trataría más bien de establecer una política a muy largo plazo que combinara la introducción masiva de nuevas tecnologías que redujeran las pérdidas de agua mediante la modernización del conjunto del sistema hidráulico, con la racionalización de la demanda y de los hábitos de consumo. Esta opción debe tener en cuenta las capacidades económicas, tecnológicas y políticas reales del país, que de momento son bastante limitadas. Pero también se ve condicionada por la capacidad de los diversos actores implicados para soportar las consecuencias sociales y económicas inmediatas y futuras. ¿Cómo lograrlo cuando el conjunto del sistema de canalización de agua para riego, que cubre más de siete millones de feddans,4 discurre casi completamente a cielo abierto? ¿Cómo limitar el consumo cuando gran parte de la población rural (más del 60 %) ni siquiera está aún conectada a la red de agua po3

Ciertamente, el margen de diferencia entre ambas estimaciones es demasiado importante, pero hallamos dos dificultades que impiden una evaluación más precisa del agua disponible. Por un lado, el acceso a las fuentes de información resulta extremadamente complicado y las cifras oficiales publicadas o aportadas por las administraciones no siempre coinciden y suelen oscilar precisamente entre estas dos magnitudes. La otra dificultad consiste en que no hay un control ni información precisa sobre las cantidades de agua de drenaje que regresan al circuito hídrico tras haber sido usadas para el riego. Existen, por supuesto, evaluaciones y cálculos más o menos rigurosos al respecto, pero en cuanto a cifras precisas y verificables, probablemente no existan o, en cualquier caso, no resultan accesibles. 4 1 feddan = 1 acre (inglés) = 4200 m2.

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table? ¿Cómo generar una conciencia hídrica colectiva que permita un verdadero ahorro de agua cuando, precisamente, una de las paradojas egipcias se resume en la pujanza de una cultura de la abundancia hídrica en un espacio rodeado de desierto por los cuatro costados? indudablemente, estas cuestiones básicas constituyen claves indispensables para una lectura y análisis de la situación hídrica actual y de las políticas en curso o previstas. En cuanto a la segunda opción, que consistiría en explotar las fuentes del Nilo mediante la construcción de una serie de grandes obras hidráulicas, depende, para empezar, de la buena voluntad de los países que controlan dichas fuentes. Y parece que la configuración geopolítica actual de la cuenca del Nilo no favorece precisamente este tipo de proyectos. Como los Acuerdos de 1959 no reconocían a Etiopía su parte en las aguas del Nilo, este país se opone ahora a cualquier obra hidráulica en sus fuentes, mientras no se lleve a cabo un nuevo acuerdo de reparto. Esto supone un auténtico bloqueo hidropolítico cuyo principal perjudicado está siendo Egipto, en su búsqueda de nuevos recursos hídricos.5 Los acontecimientos políticos más recientes y el surgimiento de una nueva alianza entre los países ubicados en la cabecera del Nilo, que acaban de firmar un tratado reorganizando la gestión de sus aguas, así como la toma de decisiones sobre las obras hidráulicas, han trastocado profundamente la configuración hidropolítica regional en detrimento de Egipto, que, por primera vez en su historia, se ve privado de un derecho a veto que hasta ahora consideraba «connatural». En efecto, mayo de 2010 va a quedar marcado como la fecha en que se produjo un seísmo hidropolítico que ha afectado gravemente a Egipto. El 14 de mayo de 2010, para ser más exactos, fue cuando los egipcios se vieron sorprendidos por la desagradable noticia de que los Estados de cabecera del Nilo iban a firmar, ese mismo día, un nuevo acuerdo para gestionar y organizar el reparto de sus aguas.6 La sorpresa se explica, por un lado, por el hecho de que el gobierno egipcio (que evidentemente estaba al corriente de que esos países ribereños iban a firmar un nuevo tratado) haya censurado totalmente cualquier información previa al respecto; y, por otro lado, porque ningún egipcio podía ni tan siquiera imaginarse que, algún día, los demás países ribereños iban a plantar cara a Egipto, y mucho menos imponerle un nuevo mapa hidropolítico 5

H. Ayeb, L’Eau au Proche Orient: la guerre n’aura pas lieu, París: Karthala/CEDEj, 1998. Etiopía, Uganda, Tanzania y Ruanda han firmado el 14 de mayo y Kenia el 19 de mayo. Egipto y Sudán han anunciado que no están dispuestos a firmar este nuevo tratado. La firma del mismo queda abierta hasta el mes de julio de 2011.

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y geopolítico del río. Así, en un lapso de tiempo muy breve, el egipcio de a pie ha tomado conciencia de que la supuesta potencia regional de su país es en realidad bastante relativa y ha descubierto que otros países nilóticos están desafiándola, cuestionando su hegemonía y poder sobre uno de los elementos claves de su seguridad nacional: las aguas del Nilo.

Final de la hegemonía egipcia y de su derecho a veto: nacimiento de una nueva configuración geopolítica en la cuenca del Nilo Al origen de este seísmo político se halla un acontecimiento aparentemente bastante banal pero, en realidad, de una importancia capital, pues constituye un auténtico vuelco en el conflicto sobre el reparto de las aguas del Nilo que lleva oponiendo desde hace décadas a los siete países de cabecera del río (Etiopía, Uganda, Kenia, Tanzania, Ruanda, Burundi y Congo) con los de su curso medio y desembocadura (Sudán y Egipto). Por primera vez en la historia, los siete países de cabecera están constituyendo una coalición hidropolítica para reivindicar e imponer un nuevo reparto de los recursos hídricos. El primer acto ha consistido en la firma, por parte de cinco de ellos, de un nuevo tratado que prevé la creación de una nueva comisión que agrupe a todos los Estados ribereños signatarios y que se encargue de aprobar o rechazar cualquier proyecto de grandes obras hidráulicas, ya se trate de presas, canales o cualquier otra construcción que afecte al curso, volumen o calidad de las aguas del río. Hasta la fecha, Egipto era el único poseedor de un auténtico derecho de veto sobre cualquier proyecto hidráulico en el Nilo; este nuevo tratado acaba de arrebatárselo y de relegar a Egipto al estatus de un país ribereño como cualquier otro. Se trata del fin de la hegemonía y del predominio hidropolítico egipcio sobre el conjunto de la cuenca del Nilo. Esta novedad es interpretada en Egipto como una amenaza peligrosa y, sobre todo, como la primera fisura en su estrategia hidropolítica, que reposaba en dos grandes pilares: controlar el terreno y ganar tiempo para la gestión del conflicto. Egipto acaba de ver cómo se derrumba el pilar del dominio sobre el terreno y ya no tiene tan claro que el tiempo juegue ahora a su favor. El conflicto de los cien años: derechos, tratados y resistencias El 15 de mayo de 1902, Gran Bretaña, italia y Etiopía firmaron en Addís Abeba un acuerdo relativo a las fronteras entre el Sudán anglo-egipcio, Etiopía y 41


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Eritrea. En el artículo 3 de dicho tratado, el emperador etíope Menelik ii, Rey de Reyes, se comprometió ante Gran Bretaña a no construir nada ni a permitir obras hidráulicas en el Nilo Azul, el lago Tana o el río Sobat que pudieran obstaculizar su caudal hacia el Nilo, salvo acuerdo previo del propio gobierno británico y del gobierno del Sudán anglo-egipcio. Pero el verdadero primer tratado de reparto de las aguas del Nilo fue firmado, en 1929, entre Egipto y Sudán, representado este último por Gran Bretaña. En dicho tratado, Sudán se comprometía solemnemente a no llevar a cabo ninguna actuación que pudiera modificar el caudal del Nilo, su nivel o su calendario de crecidas. El acuerdo determinaba igualmente los derechos de Egipto y de Sudán (denominados derechos adquiridos) en el reparto de aguas entre ambos, que quedó fijado en 48 millones y 4 millones de metros cúbicos de agua anuales, respectivamente, a resultas de los trabajos desarrollados por la Comisión del Nilo en 1925.7 Puesto que el caudal anual medio de este río se estimaba en 84 millones de metros cúbicos, el resto, es decir, 32 millones, se «perdían» en el mar debido a las crecidas y a la evaporación y filtración. Al origen de este tratado se hallaba, especialmente, el interés de Gran Bretaña de intensificar la producción agrícola en la región de Gezira (Sudán), situada entre ambas ramas del Nilo, recurriendo a las aguas del Nilo Azul, cuya topografía permitía el riego por simple caída, a partir de la presa de Sennar que las autoridades británicas acabaron de construir en julio de 1925. En 1929, año de la firma del tratado, la superficie total regada en Gezira cubría 526 000 feddans, mientras que el proyecto inicial preveía el riego de tan sólo 300 000 feddans. Fue el primer ministro egipcio de la época, Muhammad Mahmud basha, quien tomó la iniciativa, el 7 de mayo de 1929, de cerrar el trato mediante un intercambio de notas con lord Lloyd, alto comisario del gobierno británico en El Cairo, notas que fueron consideradas el acuerdo definitivo entre Egipto y Gran Bretaña en representación de Sudán, Kenia, Uganda y Tanganica.8 Este acuerdo, 7

Esta comisión de expertos fue establecida tras el conflicto que estalló entre Egipto y Gran Bretaña debido al asesinato en El Cairo, en 1924, del comandante en jefe del ejército colonial británico en Egipto y gobernador general de Sudán, sir Lee O. Stack. La comisión estaba dirigida por un experto extranjero, el ingeniero holandés j. j. Canter Cremers, delegado de los Países Bajos en la Comisión Central del Rin; incluía igualmente a otros dos miembros: R. M. MacGregor, delegado británico, y ‘Abdel Hamid Sulayman basha, delegado egipcio. Esta comisión recibió el encargo por parte de los dos gobiernos de «formular propuestas que sirvan como base a obras destinadas al riego, teniendo plenamente en cuenta los intereses de Egipto y sin detrimento para sus derechos naturales e históricos». 8 Antiguo nombre de la parte continental de la Tanzania actual, en aquella época colonia inglesa arrebatada a los alemanes tras la Primera Guerra Mundial. (N. del T.)

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que rigió durante treinta años el conjunto de relaciones entre Egipto y Sudán con respecto al uso de las aguas del Nilo, incluía varios puntos importantes: 1) la separación entre la cuestión del uso de las aguas del Nilo y la cuestión de la soberanía de Sudán, asunto este último que enfrentaba a los dos signatarios de este condominio, Egipto y Gran Bretaña, y que iba a ser resuelto mediante negociaciones posteriores entre ambas partes; 2) el reconocimiento del derecho de Sudán a incrementar su uso de las aguas del Nilo; 3) el reconocimiento del informe de la Comisión del Nilo de 1925, presentado en 1926, como material complementario para este acuerdo; 4) la coordinación técnica entre Egipto y Sudán; 5) este acuerdo no incluía la cuestión del control y de la gestión de las aguas del Nilo, que sería abordada posteriormente, en ocasión de las negociaciones que desembocarían en la soberanía de Sudán; 6) ambas partes (Egipto y Sudán) se comprometían a reconocer los derechos adquiridos de la otra en caso de tener que revisar los términos del presente acuerdo. Este concepto de derechos adquiridos debía ser respetado si se daba la necesidad de establecer un arbitraje para resolver un eventual conflicto entre ambas partes; 7) el acuerdo a) concedía al controlador general del plan de riego egipcio la posibilidad de coordinar la gestión de las aguas del Nilo Azul con el controlador británico residente en Sennar; b) estipulaba que ya no habría construcción de nuevas presas en Sudán ni en el resto del este de África sin el consentimiento de Egipto; c) concedía permiso a este país para realizar estudios relativos al Nilo en Sudán y en el resto del este de África; también reconocía la obligatoriedad de que todo proyecto de construcción de presas y otras obras hidráulicas por parte de Egipto, con el objetivo de incrementar su parte en las aguas del Nilo, contara con el permiso de las autoridades sudanesas. Este acuerdo estipulaba adicionalmente que Egipto poseía un derecho de control sobre el conjunto del Nilo, desde su desembocadura hasta sus fuentes, así como el derecho a dirigir todas aquellas investigaciones y a poner en práctica todos aquellos proyectos que pudieran resultar ventajosos para este país. 43


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Etiopía rechazó este acuerdo que le negaba todo derecho a usar las aguas del Nilo Azul y de los demás afluentes. Mientras tanto, Gran Bretaña cerraba más acuerdos con los Estados ribereños para asegurar en Sudán su parte en las aguas del Nilo, definida mediante este acuerdo de 1929. El más importante de estos nuevos acuerdos fue el firmado el 23 de noviembre de 1934 entre Bélgica (como representante de Ruanda y Burundi) y Gran Bretaña (como representante de Tanganica) sobre el río Kagera, uno de los afluentes del lago Victoria. Este acuerdo estipulaba (artículo 1) que toda el agua que fuera desviada, con fines de producción eléctrica, de los afluentes del Nilo que atraviesan Tanganica, Ruanda y Burundi debía ser restituida al río Kagera antes de que éste alcanzara las fronteras comunes entre estas regiones; y autorizaba (artículo 2) el desvío, para fines industriales, de hasta la mitad del volumen de la aportación del Kagera durante la estación baja. El artículo 6 obligaba a cualquiera de los Estados que pretendiera usar las aguas de este río con fines de riego a notificarlo a las demás partes contractuales con seis meses de antelación, para que todas las objeciones posibles a dicha pretensión tuvieran tiempo de darse a conocer y de ser analizadas. Ambos acuerdos (el de 1929 y éste de 1934) rigieron el reparto y uso de las aguas del Nilo hasta 1959, año de la firma, un 8 de noviembre, de un nuevo acuerdo entre Egipto y Sudán. En efecto, Sudán, tras su independencia en 1956, logró imponer a Egipto (que estaba entonces intentando construir la Presa Alta de Asuán) una revisión del reparto de las aguas del Nilo, por lo que en 1959 se firmó este nuevo acuerdo. Sus puntos más importantes eran: 1) una modificación del reparto de aguas, atribuyéndose 55,5 millones de metros cúbicos a Egipto y 18,5 millones a Sudán; 2) la aceptación por parte de Sudán de la construcción de la Presa Alta; 3) el compromiso de Egipto de sufragar los gastos derivados del inevitable desplazamiento, debido a dicha construcción, de la población nubia sudanesa, así como las compensaciones debidas; y, finalmente, 4) la aceptación por parte de Egipto de la construcción de dos presas sudanesas: la de Roseires sobre el Nilo Azul y la de jashm al-Qirba sobre el río ‘Atbara. Puesto que la aportación anual del Nilo se elevaba a 84 millones de metros cúbicos de agua, los 10 millones restantes correspondían a la evaporación en el lago Naser. Pero la oposición en Sudán criticó los términos de este acuerdo, al considerar que la cuota de agua del Nilo adjudicada a su país seguía siendo demasiado escasa en relación a su superficie agrícola útil; también criticó a ambos gobiernos por no haber tenido en cuenta las posturas y derechos de los demás Estados ribereños, y en especial al propio gobierno de Sudán por reconocer de facto 44


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el acuerdo de 1929, institucionalizando así el principio de los derechos adquiridos en lo referente al reparto de las aguas del Nilo. Gran Bretaña, por su lado, actuando de nuevo en representación de los Estados nilóticos del este de África que aún no habían accedido a su independencia, expresó igualmente su rechazo a este acuerdo de 1959. De hecho, incluso antes de que éste fuera cerrado, los británicos intentaron presionar políticamente a ambos gobiernos para que reconocieran los derechos de los demás Estados implicados, enviando dos notas en este sentido a ambos gobiernos, la primera el 22 de noviembre de 1955 y la segunda en agosto de 1959. En lo que respecta a Etiopía, en cuanto el gobierno egipcio anunció oficialmente, en 1954, su intención de construir la Presa Alta de Asuán, Addís Abeba dio a conocer su firme oposición a tal proyecto. El emperador etíope Haile Selassie declaró que «Egipto está violando todas las convenciones internacionales relativas al reparto de las aguas». Poco después, Etiopía expresó, mediante un comunicado oficial de su Ministerio de Asuntos Exteriores, con fecha del 6 de febrero de 1956, su especial interés por «los proyectos internacionales referentes al uso de las aguas del Nilo a las que Etiopía contribuye de forma tan importante» y anunció «la firme intención del gobierno imperial de proceder […] a la explotación de las considerables riquezas hídricas del país, mediante la puesta en marcha de un audaz programa de uso de su potencial hidroeléctrico para el riego de amplias extensiones agrícolas». Esta declaración pública fue seguida, de forma bastante inmediata, por una nota oficial dirigida a las instancias diplomáticas en El Cairo, en la que Etiopía anunciaba que «se reserva el derecho de uso de las aguas de las fuentes del Nilo situadas en su territorio en beneficio de su propia población […]». El 28 de octubre de 1958, antes de la firma del nuevo acuerdo de reparto de las aguas del Nilo entre Sudán y Egipto, el emperador Haile Selassie declaraba al Daily Express: «Las fuentes del Nilo Azul se hallan en Etiopía y aportan hasta el 80 % de las aguas del río […]. Que quede bien claro: aquellos que se olviden de nosotros cometerán un gran error». Así que, cuando se firmó el acuerdo de 1959, Addís Abeba lo rechazó oficialmente acusando a los dos Estados signatarios de haber actuado sin acuerdo con los demás Estados de la cuenca del Nilo. De esta forma, el Estado etíope, que ya había denunciado unilateralmente el acuerdo de 1902 y se había negado a reconocer la validez del acuerdo de 1929, 45


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consideró igualmente el de 1959 nulo y sin valor. Al día siguiente mismo de la firma de este último acuerdo de reparto de las aguas del río entre El Cairo y jartum, Addís Abeba hizo saber que no realizaría ya «ninguna concesión a unos Estados que, aunque situados más abajo en el curso del Nilo, le niegan [a Etiopía] el derecho sobre sus propias aguas». Y, para demostrar su firmeza, Addís Abeba se negó a participar en los trabajos de la Comisión Técnica Mixta, cuya creación había sido decidida por este mismo acuerdo de 1959, pero se negó sobre todo a participar en ninguna política hidráulica común junto a los Estados firmantes. Sin embargo, la ayuda aportada por la URSS a Egipto permitió a Naser liberarse de todas sus obligaciones hacia los demás Estados nilóticos, por lo que todas estas protestas quedaron sin efecto. La inamovible postura de Etiopía podía traducirse de la siguiente manera: no aceptar ni acordar nada a los Estados del curso medio del Nilo hasta que el país no hubiera llevado a cabo sus propios proyectos; en cuanto Egipto y/o Sudán pretendieran desarrollar cualquier obra hidráulica, Etiopía iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance para dificultarla y evitar así cualquier situación susceptible de convertirse en derecho adquirido. Ésta fue pues la postura etíope frente a la construcción de la Presa Alta, del canal de jonglei y de otros proyectos. Al organizar la nueva alianza entre los Estados de las fuentes del Nilo, casi cincuenta años después del acuerdo de 1959, Etiopía acaba de demostrar a Egipto que ya no está en disposición de dictar su visión hidropolítica al conjunto de la cuenca del Nilo. En cualquier caso, sea cual sea la evolución futura de las relaciones y alianzas entre los diversos Estados ribereños, hay que señalar que los problemas hídricos de Egipto no se reducen exclusivamente a lo que suceda al sur de sus fronteras meridionales. En efecto, al contrario de lo que se podría pensar y a pesar de la abundancia relativa de agua que se traduce en una cómoda disponibilidad cercana a los 900 m3 por persona y año, Egipto está sufriendo una auténtica crisis hídrica, tanto más compleja e incomprensible como que no depende realmente de la aportación anual del río ni de las relaciones egipcias con los demás Estados ribereños. El problema radica, de hecho, en unas condiciones a menudo muy complicadas de acceso al agua en un país que, sin embargo, todos los años recibe más de la mitad del caudal del Nilo. Esta crisis hídrica puede expresarse perfectamente en dos cifras: aproximadamente sólo un 70 % de los hogares urbanos y un 40 % de los hogares rurales 46


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disponen de por lo menos un grifo de agua corriente. Así que, más que por cuestiones de escasez hídrica, estas cifras demuestran que la crisis es sobre todo política y social; que es, antes de nada, una cuestión de justicia hídrica. Por otro lado, también resulta importante señalar que el concepto de agua potable en Egipto es muy relativo. Si en las grandes aglomeraciones urbanas como El Cairo o Alejandría las normas de potabilidad se respetan de forma bastante estricta, en otras partes, la red de canalización y los depósitos instalados en cada edificio se han convertido en auténticos focos de infección, tanto química (sobre todo la red de canalización), como biológica (especialmente los depósitos, que apenas se acostumbra a descontaminar).

La dimensión social de la cuestión del agua en Egipto Existe una enorme brecha entre el ámbito urbano y el rural, así como entre el norte y el sur del país, tanto en cuestiones de pobreza y de los diferentes indicadores sociales como en lo referente a las cifras de los hogares sin acceso al agua potable.9 La cifra que expresa mejor la situación de pobreza en la que se halla sumida la población rural en general, y el campesinado en particular, es la de un 30,58 % de los hogares rurales sin acceso al agua potable, tanto en el campo como en las poblaciones rurales, en 1996.10 Pero el porcentaje de hogares equipados por lo menos con un grifo resulta, en realidad, un dato mucho más certero que la tasa de acceso al agua potable, cuya definición sigue siendo demasiado ambigua. Si en el conjunto del país el 43,91 % de los hogares no dispone ni de un solo grifo, en el ámbito rural, en cambio, esta cifra se eleva al 61,9 % de los hogares. Así que, si bien los porcentajes de acceso al agua potable resultan relativamente elevados y, ciertamente, envidiables con respecto a las cifras de numerosos países vecinos, éstos están ocultando, sin embargo, una situación mucho menos gloriosa. Seguramente las condiciones hayan mejorado desde la fecha de re9

La definición de acceso al agua potable resulta bastante ambigua; se suele considerar como tal una distancia inferior a un cuarto de hora o a un kilómetro con respecto al punto de agua potable más cercano. 10 Agencia Central para la Movilización Pública y la Estadística, Estimación del tamaño de la población de la República Árabe de Egipto el 1 de enero de 1996 [en árabe], El Cairo: Agencia Central para la Movilización Pública y la Estadística, 1996. La definición del ámbito rural plantea un enorme problema, pues las fronteras entre éste y el ámbito urbano son, por lo general, meramente administrativas y no estadísticas. Hay ciertas aglomeraciones que cuentan ya con varias decenas de miles de habitantes que siguen siendo consideradas «rurales». Parece bastante claro que si se adjudicara el adjetivo rural estrictamente a los pueblos y aldeas, sus tasas de acceso al agua potable descenderían notablemente.

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cogida de estos datos, pero siguen estando muy alejadas de la imagen idílica transmitida por los datos sobre acceso al agua. La tabla 2, que muestra los porcentajes de conexión de los hogares a un punto de agua potable, resulta muy reveladora de la situación real. Tabla 2. Porcentaje de hogares con acceso directo al agua potable en 2001 Población Total Urbana Rural

% de hogares con grifo en 1996

% de acceso al agua potable en 2001

56,09 87,35 38,10

91,3 97,5 78,2

fuente: República Árabe de Egipto, Agencia Central por la Movilización pública y la Estadística, Censo de población, 1996, y Banco Mundial y República Árabe de Egipto, 2002

Mientras que las tasas generales de acceso al agua potable eran del 91,30 % en 2001, sigue siendo notable la brecha entre el ámbito urbano y el rural, donde el 21,8 % de la población sigue sin dicho acceso, frente a sólo el 2,5 % en el ámbito urbano y al 8,7 % en el conjunto del país. por otro lado, según el Banco Mundial,11 en 1999-2000, sólo el 45 % de los egipcios estaban conectados al sistema de alcantarillado, cifra que apenas ha progresado desde el 44 % registrado en 1995-1996. por otro lado, se evidencia también una importante brecha en materia de acceso al agua potable entre pobres y no pobres (atendiendo al umbral de pobreza calculado a partir de los datos sobre ingresos y gastos de los hogares que generalmente utiliza el instituto internacional de investigación de políticas Alimentarias [international food policy Research institute, ifpRi]12 y el Banco Mundial): el 81,8 % de la población que no es pobre tiene acceso al agua potable, frente a sólo el 60,5 % de la población pobre, es decir, una diferencia de veinte puntos porcentuales. En cuanto al sistema de alcantarillado, las diferencias resultan aún más pronunciadas, del orden de 28 puntos porcentuales. En términos generales, el acceso de los hogares pobres a instalaciones higiénicas es muy escaso: sólo el 21,1 % de los pobres vive en casas conectadas al sistema general de alcantarillado público, mientras que entre la población no pobre, aproximadamente el doble disfruta de tal servicio.13 11 Banco Mundial y República Árabe de Egipto, Poverty Reduction in Egypt; Diagnostics and Strategy, Banco Mundial y República Árabe de Egipto, 29 de junio de 2002, pág. 27. 12 El ifpRi fue fundado en 1975 y tiene su sede principal en Washington D. C. (N. del T.) 13 ibídem.

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Todo este problema, más allá de revelar una escandalosa desigualdad social entre los hogares urbanos y los rurales, adquiere tintes especialmente graves porque, a falta de una buena conexión a una red de agua potable, las poblaciones rurales se ven frecuentemente obligadas a recurrir directamente a canales de riego o a las capas freáticas en busca del preciado elemento. Y la doble contaminación de estas fuentes, tanto química como bacteriológica, expone a dichas poblaciones a numerosas enfermedades de origen hídrico, como las diarreas, la bilharziasis e incluso a focos de malaria o, más comúnmente, de tifus. También hay otras enfermedades muy extendidas relacionadas con la calidad del agua, como las dificultades renales o las prostatitis, provocadas por la presencia de una bacteria especialmente peligrosa conocida como Escherichia coli. Las mujeres, además, al encargarse de todo lo relativo al hogar, la alimentación, la higiene y la limpieza, están en permanente contacto con el agua, por lo que son las más expuestas a las diversas enfermedades de origen hídrico. Esta situación de graves dificultades o problemas hidráulicos en un país que, sin embargo, dispone de unas reservas de agua relativamente importantes revela, a mi parecer, una situación de pobreza hidráulica.14

La paradoja de la privación y de la enfermedad en la abundancia Ciertamente, la presencia de un punto de agua potable a menos de un kilómetro o a menos de un cuarto de hora, tal como viene estipulado en los diversos textos internacionales, especialmente en los de la Organización Mundial de la Salud (en Egipto no existe una definición específica sobre el concepto de acceso al 14

Parece ser que este concepto fue desarrollado por Ahmad Qazi, y por lo tanto procede de Asia, más concretamente de Bangladés y de la india, aunque la «paternidad» del índice de pobreza hídrica corresponde a Peter Lawrence, del Departamento de Economía de la Universidad de Keele (Staffordshire) y a jeremy Meigh y Caroline Sullivan, del Centro para la Ecología e Hidrología de Wallingford (véanse especialmente Q. K. Ahmad, «Towards Poverty Alleviation: The Water Sector Perspectives», Water Resources Development, vol. 19, n.° 2, 2003, págs. 263-277; y P. Lawrence, j. Meigh y C. Sullivan, «The Water Poverty index: international Comparisons», resumen del trabajo «Calculating a Water Poverty index», World Development, vol. 30, n.º 7, Gran Bretaña: El Sevier Science Ltd., 2002, págs. 1195-1210). La traducción de la expresión inglesa water poverty plantea algunos problemas: ¿no resultaría preferible hablar de pobreza hidráulica, pues este adjetivo se refiere a cuestiones de ingeniería y, por lo tanto, de gestión, en vez de pobreza hídrica, que es más general? Se suele hablar, por ejemplo, de políticas hidráulicas y no de políticas hídricas, así como de obras hidráulicas, fuerzas hidráulicas, recursos hidráulicos, etc. Si realizáramos un paralelismo con la expresión también de origen anglosajón water rights, que suele traducirse por «derechos del agua» o «derecho al agua», se debería hablar igualmente de pobreza de agua, pero esta expresión no aclararía el verdadero sentido del concepto original. Por otro lado, la fórmula hidropobreza también resulta bastante atractiva, de la misma manera que se habla de hidropolítica, pero de nuevo me temo que mediante este neologismo se perdería una parte del sentido original. Sin pretender sentar cátedra, ni mucho menos, me inclino pues, aunque de forma bastante arbitraria, por la expresión pobreza hidráulica.

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agua potable), no garantiza forzosamente un verdadero acceso al mismo. La cuestión debería centrarse más bien en el tiempo dedicado al aprovisionamiento de agua para las necesidades domésticas, pues no es infrecuente que las personas encargadas (normalmente las mujeres) de ir a buscar el agua al punto de distribución (fuente pública, pozo, etc.) se vean obligadas a esperar bastante hasta que llega su turno para poder rellenar sus recipientes. Así que, más que la distancia, es el tiempo medio que necesita una persona para acceder al agua potable lo que debería tenerse en cuenta. Por otro lado, dicho acceso puede verse condicionado durante más o menos tiempo por diversos factores de carácter social, económico o político (jurídico), o bien, lo que es más común, por una combinación de estos tres tipos de factores. En efecto, la presencia de un grifo en un hogar no garantiza forzosamente la disponibilidad de agua. Algunos habitantes urbanos carecen de acceso a la red de agua potable porque no pueden pagar las facturas o lo tienen limitado porque han decidido reducir su consumo para gastar menos dinero. Las facturas no pagadas, el hilo de agua debido a la falta de presión o las largas interrupciones de servicio casi sistemáticas en los barrios más pobres y en las poblaciones rurales constituyen también límites importantes del acceso al agua y de la utilidad de contar con un grifo en el hogar. Hoy en día, la conexión a la red de agua potable más próxima a un edificio o casa cuesta una media de más de 1000 libras egipcias, es decir, el equivalente al salario mensual medio de un organizador de conferencias en la universidad. Y cuanto más alejado se halle el hogar con respecto a la red, mayor es la tarifa. A estos precios, numerosas familias con pocos recursos «prefieren» seguir apañándoselas por sus propios medios en vez de conectarse a la red. El problema es que este tipo de ahorros forzados se hacen en detrimento de la higiene, lo que conduce a condiciones sanitarias y a una exposición a enfermedades de origen hídrico bastante cercanas a las sufridas por las poblaciones rurales que carecen de acceso al agua potable. Asimismo, ciertas situaciones específicas pueden igualmente limitar, e incluso imposibilitar, el acceso al agua: • una enfermedad que impida a personas solas y con escasos recursos aprovisionarse del agua que necesitan; • cambios bruscos en la situación personal, especialmente en el caso de las mujeres: divorcios, repudios, viudedades o incapacidades físicas pasajeras o crónicas; 50


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• privaciones punitivas colectivas o individuales; • las tarifas de agua: en situaciones de pobreza o de dificultades coyunturales y accidentales, familias enteras pueden acabar «con los grifos secos» por el impago de facturas. Un detalle técnico de enorme importancia: debido a la inexistencia de desniveles en el valle y en el delta del Nilo, los depósitos colectivos de agua no están situados en altura, por lo que la presión de la red de distribución suele ser bastante débil y no permite por sí sola llevar el agua más allá de una planta baja. Por ello, todo edificio debe estar equipado con una bomba a motor que permita impulsar el agua a los pisos superiores. Lo que plantea una doble desigualdad: los barrios más acomodados suelen contar con capacidades de bombeo y de almacenamiento muy superiores a los barrios más pobres, mientras que en éstos, así como en las poblaciones rurales, ni siquiera la disponibilidad de una bomba a motor garantiza el acceso al agua, pues resulta además necesario que haya también agua en cantidad y calidad suficientes en las canalizaciones principales. En algunas grandes poblaciones rurales, el agua de la red apenas está filtrada y poco, o nada, tratada. En consecuencia, a menudo se suministra a los consumidores, bajo la etiqueta oficial de potabilidad, un agua en realidad no tratada. Esto resulta innegablemente más peligroso que dejar que la población se busque la vida acudiendo directamente a canales o pozos, especialmente para los niños más pequeños y para las personas enfermas. En el mejor de los casos, hay quien compra agua cuya potabilidad está relativamente «garantizada». Pero lo más común que se suele hacer es filtrar esa agua o bien hervirla, para eliminar una gran parte de los riesgos biológicos más inmediatos. En la ciudad, el problema reside en la falta de infraestructuras en los barrios periféricos pobres y/o de autoconstrucción, o bien en la escasa capacidad volumétrica de su red. En el ámbito rural, la inexistencia de sistemas de evacuación y de tratamiento de aguas usadas constituye una de las principales fuentes de contaminación de la capa freática y de los canales, que se convierten así en receptores sistemáticos de todo tipo de desperdicios. Esto contribuye directamente a la agravación de la contaminación de un agua que, como ya hemos comentado, está siendo directamente utilizada por los habitantes del propio lugar o de otros lugares situados en su curso. En resumidas cuentas, todo el sistema hídrico (río, capas freáticas y canales) está, pues, contaminado en diversos grados. 51


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Por ello, la cuestión de la evacuación de las aguas usadas se ha convertido ciertamente en uno de los problemas más importantes directamente relacionados con la pobreza individual y colectiva. La situación es muy grave porque no existen soluciones mágicas ni aplicables a corto plazo, sino que es necesario construir toda una infraestructura de evacuación de estas aguas usadas lejos del valle y del delta, un proyecto colosal que requeriría un presupuesto en consecuencia. Pero es innegable que, al tratarse de un tema con consecuencias humanas, médicas, sociales y políticas tan enormes, la puesta en marcha de proyectos como éste supondría realmente un gran paso en la lucha contra la pobreza y la exclusión. El sistema hidráulico egipcio es un sistema cerrado, lo que desde luego aporta la ventaja de limitar las pérdidas de agua. Pero, en contrapartida, esto conlleva igualmente un enorme inconveniente que tal vez suponga, tras la pobreza del mundo rural, el principal problema del agua en Egipto: la contaminación. Al regar las parcelas de cultivo, el agua arrastra desechos orgánicos, sales y todo un conjunto de productos químicos usados como fertilizantes o tratamientos agrícolas (abonos, insecticidas, pesticidas, etc.). En consecuencia, cuanto más se avanza siguiendo el curso del río (hacia el norte), más contaminada se halla el agua. Parece ser que alrededor del 25 % de la población egipcia consume directamente agua no tratada. Algunas personas se aprovisionan directamente en los canales de irrigación, que están cargados de contaminantes de todas las clases y, lo que aún es más grave, de todo un muestrario bacteriológico que está al origen de ciertas enfermedades como la bilharziasis, un mal muy dañino provocado por el esquistosoma que afectaría ya al menos al 60 % de la población rural y también a la población urbana, aunque de manera menos importante. El contagio de la esquistosomiasis está directamente relacionado con las actividades humanas realizadas en contacto con el agua. Por ello, las poblaciones más afectadas son las personas que viven en ámbitos rurales cercanos a canales de riego. Además del propio riego, que puede afectar a todo el mundo, las actividades que suponen una mayor exposición a esta enfermedad son las tradicionalmente femeninas, como el lavado de ropa y de vajilla en los canales. Pero, además, éstos suelen ser también lugares donde muchos niños acuden a jugar y a refrescarse, por lo que éstos se cuentan entre las primeras víctimas de esta enfermedad. El riego constituye otro gran riesgo de infección, pues suele exigir meterse en el agua, a veces hasta el nivel de las rodillas. En un pueblo donde se llevó a cabo 52


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una investigación sobre la exposición de la población rural a la bilharziasis, los investigadores hallaron que el 55 % de los agricultores a tiempo completo estaban infectados.15 El uso de bombas de riego móviles también parece ser un elemento importante en la transmisión de la enfermedad. El gran caudal de riego que asegura esta máquina impone al agricultor un intenso ritmo de trabajo que lo obliga a pasar gran parte de su tiempo en los canales, instalando y desinstalando tuberías, facilitando el paso del agua hacia las parcelas a regar y evitando desbordamientos. Es sabido, además, que el uso directo de agua procedente de los canales de irrigación para las necesidades domésticas no siempre está vinculado a la ausencia de agua potable en el hogar familiar. Varios factores sociales y económicos explican igualmente la persistencia de esta práctica, especialmente para el lavado de ropa y de vajilla. En los pueblos incluidos en esta investigación, el 37 % de las mujeres cuyos hogares están conectados a la red de agua potable afirma, por ejemplo, seguir usando agua del canal para lavar la ropa.16 Las causas de este hecho son diversas y los propios autores recogen las siguientes: • las mujeres jóvenes prefieren realizar las tareas domésticas en público, ante la mirada de todos, para demostrar que son unas buenas amas de casa en potencia. Y es que, en efecto, suelen ser las muchachas las que hacen la colada y la vajilla en los canales; • las mujeres en general siguen usando agua de los canales para cumplir ciertas tareas domésticas que suponen un gran consumo de este recurso, con el fin de reducir el gasto en facturas.

Aguas escasas, aguas virtuales: ¿tiene sentido regar el desierto? Paradójicamente, las decisiones políticas y económicas actuales van en el sentido de acelerar los procesos de despilfarro de este precioso recurso. Uno de los orígenes de su derroche y sobreconsumo es, indudablemente, las políticas de fomento de los cultivos en el desierto, mantenidas desde hace varias décadas e intensificadas desde la década de los ochenta. Desde los años cincuenta y sesenta hasta hoy en día, se han arrebatado al desierto ya más de 1,5 millones de hectáreas a golpe de trasvase de enormes volúmenes de agua e inversiones finan15 Samiha El Katsha y Susan Watts, «Schistosomiasis in Two Nile Delta Villages: An Anthropological Perspective», Tropical Medicine and International Health, vol. 2, n.° 9, septiembre de 1997, pág. 121. 16 ibídem.

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cieras. Pero casi toda la producción agrícola y alimentaria del desierto está, sin embargo, orientada a la exportación. Estas políticas se justifican oficialmente por la necesidad de incrementar las exportaciones nacionales con el fin de obtener las divisas que el país necesita para adquirir todo lo que no produce por sí mismo. Se trata de las típicas justificaciones bien conocidas que, aunque tengan sentido en algunos casos concretos, se apoyan más en una opción ideológica neoliberal que en una argumentación económica científica. La prueba de ello es que todas estas políticas no han evitado que, en 2008, Egipto sufriera una grave crisis alimentaria que hizo estremecerse al país y que arrojó un saldo de una quincena de muertos, según estimaciones del propio gobierno. Evidentemente, un saldo de quince muertos puede parecer insignificante en comparación a otras crisis en las que los fallecidos se han contado por centenares o incluso millares. Pero no olvidemos que Egipto no sufre las dificultades climáticas, económicas ni políticas que en otros lugares pueden explicar la dificultad de acceso a los alimentos. Cuando en este país escasean el pan u otros alimentos básicos, la única explicación es la incapacidad de los poderes políticos para asegurar una seguridad alimentaria mínima, tanto a escala nacional como local y familiar. Las crisis alimentarias en Egipto, como en muchos otros países del mundo, son ante todo la manifestación del agravamiento de las injusticias sociales y de los fracasos políticos. Por otro lado, se tiende también a olvidar que la movilización de gran parte de los recursos hídricos e hidráulicos para el desarrollo de una agricultura de inversión en el desierto destinada a la exportación conlleva por lo menos dos contradicciones fundamentales. La primera es que la agricultura en clima desértico no es de ninguna manera sostenible (salvo en los oasis). La fragilidad de los suelos, las dificultades de drenaje y los procesos de salinización, provocados por una evapotranspiración excesiva y por un escaso drenaje, limitan mucho la duración sostenible de las explotaciones agrícolas desarrolladas en tierras desérticas promocionadas por las políticas públicas. Por todo Egipto pueden verse los restos de «nuevas explotaciones» definitivamente abandonadas tras unos pocos años de producción. La expansión del riego hacia el desierto es un derroche de un precioso recurso para beneficio de la agroindustria y un absurdo agroecológico injustificable, sobre todo en un país que vive con el temor, más o menos fundado, de una inminente crisis de agua. La segunda contradicción consiste en que la exportación de un producto agrícola cualquiera cultivado en el desierto se convierte en realidad en una expor54


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tación de volúmenes de agua considerables, transformados o virtuales.Y lo que resulta aún más chocante es que la mayor parte de estas exportaciones corresponde a flores y a productos de primor (fruta y verdura cultivada fuera de su temporada) destinados a consumidores de alto poder adquisitivo. En este punto conviene subrayar la contradicción y expresarla en los siguientes términos: o bien Egipto anda sobrado de agua y puede permitirse todos los lujos, incluso los más irracionales, o bien el país sufre ya, o sufrirá de forma inminente, una crisis de agua, en cuyo caso nada puede justificar que el volumen hídrico disponible no se destine exclusivamente a la producción alimentaria ahí donde la sostenibilidad agrícola esté científicamente comprobada (el valle y el delta del Nilo, los oasis, etc.) y para consumo de la propia población egipcia.

Conclusión: el final de una época incontestablemente, Egipto experimenta graves problemas relacionados con el agua, pero resultaría erróneo e incluso arriesgado considerarlos sólo desde la perspectiva reductora y sesgada de la simple escasez; los problemas son de todo tipo salvo volumétricos. Con aproximadamente 900 m3 por persona y año, no se puede decir que en Egipto escasee el agua ni que haya un verdadero riesgo inmediato de que esto ocurra, y esto a pesar del crecimiento de la población, de las actividades económicas más consumidoras de este recurso y de la evolución de los hábitos de consumo, sobre todo en las ciudades. A pesar de ello, Egipto se enfrenta hoy en día a tres graves problemas, todos ellos relacionados con unas opciones políticas, económicas y estratégicas que se han revelado contraproducentes: 1) las desigualdades de acceso de la población al agua, injustas e injustificables, que se traducen en graves problemas internos. Un único ejemplo basta: las enfermedades de origen hídrico, causadas por un uso y/o consumo de agua en malas condiciones químicas y bacteriológicas, están enormemente extendidas y provocan situaciones humanas de un dramatismo y de un coste económico considerables; 2) unas opciones políticas y económicas que agravan la lucha por los recursos hídricos. La agricultura de exportación, el turismo, el desarrollo de ciudades nuevas en pleno desierto para el uso y disfrute de las clases más opulentas, todas estas realidades están al origen de un enorme derroche de agua y nada tienen que ver con la promoción de una gestión y uso racional de la misma; 55


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3) finalmente, el problema sin duda más grave consiste en las relaciones de dominio y de imperialismo hidropolítico que Egipto ha impuesto y reforzado desde hace décadas con los demás Estados ribereños. Hasta hace poco, esta aplicación de la ley del más fuerte le había resultado favorable y le había permitido ganar tiempo para desarrollar todas las infraestructuras hidráulicas de las que dispone actualmente el país. Pero dicha política ha conducido también a Egipto a una posición de bloqueo hidropolítico que hace que todo el país dependa del sistema hidráulico del Nilo, exponiéndolo así a verdaderas presiones, por no decir chantajes hidropolíticos por parte de los demás Estados de la cuenca nilótica. Los acontecimientos de los últimos meses, especialmente la firma por parte de los países de cabecera del Nilo de un nuevo tratado relativo a la gestión común de sus aguas, colocan a Egipto en una situación difícil, al perder su derecho a veto del que tanto ha abusado desde hace décadas. Al perder su derecho a veto, El Cairo ha perdido su control y dominio de las aguas del Nilo. La evolución de la cuestión del agua en Egipto va a depender de la capacidad de sus responsables políticos para replantearse los mapas hidropolíticos internos y externos, tanto de su país como del conjunto de países de la cuenca del Nilo. La crisis de disponibilidad de volumen de agua no es inevitable, siempre que no se mantengan las actuales políticas internas y externas, que son bien capaces de precipitarla en un plazo de tiempo relativamente corto.

[Traducido del francés por Eric jalain. AEiOU Traductores.]

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Water Poverty index», World Development, vol. 30, n.º 7, Gran Bretaña: El Sevier Science Ltd., 2002, págs. 1195-1210. SARUCHERA, Munyaradzi (ed.), Securing Land and Resource Rights In Africa: Pan African Perspectives, Ciudad del Cabo: institute for Poverty, Land and Agrarian Studies (PLAAS), Pan-African Programme on Land and Resource Rights (PAPLRR), 2004, 10 páginas.

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Riego y desorden tecno-lógico. La disputa por el agua, el conocimiento y la técnica de la agroindustria en el valle del Jordán (Jordania) MAURO VAN AKEN Universidad de Milán-Bicocca (Italia) «Agua para los sedientos y conocimiento para los ignorantes» (Corán)

Resumen La modernización de los sistemas de riego en el contexto de la agroindustria del valle del Jordán ha introducido un nuevo orden social, así como nuevas concepciones del territorio, el tiempo y el sentimiento de pertenencia. El nuevo orden técnico-hidráulico, caracterizado por un desorden continuo y por las manipulaciones locales que tienen lugar cada día sobre el terreno, nos muestra el predominio de un modelo altamente interdependiente, la relación contemporánea entre el agua y la sociedad, la creciente competición entre los múltiples actores y la dimensión cultural de este cambio radical en la gestión de los recursos. Palabras clave: riego, Jordania, valle del Jordán, gestión y manejo de los recursos, H2O, conocimiento, savoir faire, red, tecnología.

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1. Introducción El valle del Jordán ha sido testigo en el último siglo de una intensa transformación de sus paisajes y su población, en un contexto marcado por un pasado de continuos enfrentamientos, tensiones fronterizas entre Jordania y los Territorios Ocupados y la agroindustria. Estos tremendos cambios sociales y medioambientales han estado enmarcados por unos planes de desarrollo basados en una agricultura intensiva en el uso del agua: el agua también se ha «desarrollado» insertándose en las nuevas lógicas y paradigmas y las nuevas infraestructuras hidráulicas han establecido una nueva organización espacial. Pero la nueva realidad técnica instaurada por el boyante mundo de la agroindustria no ha sido la única novedad, la gestión contemporánea del agua también ha introducido un nuevo orden social y nuevas concepciones sobre el territorio, el tiempo y el sentimiento de pertenencia. En este entorno multicultural y de alta tecnología, el centro de la disputa, más allá de la pelea que los regantes mantienen por el agua, se ubica en el marco sociocultural y simbólico. Consideraremos la historia contemporánea del valle del Jordán como un laboratorio hídrico de la modernidad, y al agua como la correa de transmisión de las relaciones sociales y culturales. A lo largo de la historia colonial de la India, Egipto o Sudán, así como de las Indias Neerlandesas, la gestión del agua y el riego siempre han jugado el papel de institución disciplinaria; un instrumento indispensable en el intento por controlar la población y extender el dominio imperial a través de la incorporación de las áreas rurales a la colonia que más tarde sería nación. De la misma manera en que el Reino Unido convirtió a la India en un laboratorio de ingeniería hidráulica en la última mitad de siglo,1 los Estados Unidos y otros actores internacionales y plurinacionales han transformado, de manera similar, las zonas áridas del valle del Jordán en un laboratorio posmoderno de técnicas agronómicas e hidráulicas. El caso del valle del Jordán, de manera más acentuada si cabe debido a las situaciones de emergencia vividas en el último siglo, resalta algunas de las consecuencias principales de la transformación radical de la relación entre el agua y la sociedad. Esta transformación se ha caracterizado por la introducción, no sin oposición, de una nueva relación de agua con nuevos patrones de conocimiento y de tecnología, nuevas técnicas de trabajo y nuevos valores. El riego 1 D. Gilmartin, «Scientific Empire and Imperial Science: Colonialism and Irrigation Technology in the Indus Basin», The Journal of Asian Studies, vol. 53, n.º 4, 1994, págs. 1127-1149.

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es un fenómeno social integral y, aunque generalmente se incluye dentro del terreno de lo técnico y de los expertos, constituye una red densa de interrelaciones que conecta no sólo las diferentes técnicas y concepciones de la agricultura, sino las diferentes maneras de entender la relación del agua con el mundo y con la vida desde ópticas culturales y sociales que, a menudo, se oponen entre sí y, a veces, se superponen. El nuevo orden hidráulico, técnicamente más eficiente, de la red hídrica hoy en día se caracteriza, aparentemente, por un continuo desorden: robos permanentes de agua, manipulación de válvulas, sabotaje del agua o de los medidores de presión por gran parte de los regantes locales. En pocas palabras, se viola constantemente la modernidad representada por la nueva infraestructura hidráulica. El agua se ha convertido, a buen seguro, en la piedra angular de una lucha local (y no tan local) y de la apropiación y manipulación de la nueva organización técnica. Estas prácticas, que suceden a diario, no son simples acciones «ilegales» u obstrucciones que rechazan la eficiencia del sistema o que pretenden cambiar su funcionamiento. También reflejan la conflictiva relación existente entre la población local y el Estado y su ayuda en el marco del sistema de producción de la agroindustria, o dicho de manera más precisa, en el sistema de producción hídrica para la agricultura intensiva. Aun cuando habitualmente haya sido la representación de la naturaleza, la pureza y la transparencia, el agua también se produce y el sistema de producción implica un conjunto de relaciones de poder que no son ni transparentes ni puras ni naturales. A través de estas prácticas locales y habituales de manipulación del agua, expresiones tácitas de oposición que tratan de conseguir un espacio para la maniobra, los regantes manifiestan y hacen pública la dimensión política que acompaña al agua. Así pues, el conflicto que rodea al agua es una batalla diaria en la que la alta tecnología ha reformulado de manera radical las relaciones entre el agua y la sociedad a través de una tupida red de interdependencias y de la competición creciente entre los múltiples y heterogéneos actores implicados en la gestión del agua.2

2

Este artículo está basado en el trabajo de campo desarrollado en el valle del Jordán dentro del programa de investigación sobre la trayectoria del agua de la cuenca del río Jordán (M. Van Aken, R. Courcier, J. P. Venot y F. Molle, Historical Trajectory of a River Basin in the Middle East: The Lower Jordan River Basin (in Jordan), Ammán: International Water Management Institute/French Regional Mission for Water and Agriculture, 2007).

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2. Lo que fluye junto con el agua Los canales no sólo transportan agua sino también proyectos de sociedad, conocimiento, concepciones del espacio y de la comunidad. En el pasado, el agua siempre ha estado íntimamente ligada a la imaginación imperial, a la ideología occidental de emancipación a través de la dominación de la naturaleza, a los asentamientos rurales integrados en diseños de irrigación a gran escala como medio para incorporarse al mundo moderno. En este sentido, las planificaciones hídricas en el valle del Jordán persiguen el mismo objetivo que las planificaciones de los asentamientos: controlar el territorio dentro del proceso de fundación de una joven nación, así como a la población heterogénea y móvil que habita un valle de 100 km de largo, es decir, a los beduinos que ya controlaban el valle, a los palestinos que encontraron allí refugio o a los trabajadores migrantes egipcios de las últimas décadas. Los cambios en la relación entre el agua y la sociedad nos trasladan inevitablemente al cambio principal que tuvo lugar en el mundo occidental con la transformación del agua en H2O,3 su secularización y consiguiente desencanto, la «urbanización»4 del agua y el creciente protagonismo adquirido por el conocimiento experto. En este sentido, la agroindustria del riego ha encabezado la introducción (o imposición) de nuevas ideas y prácticas en lo concerniente al agua; pero este nuevo entorno sociotecnológico no ha tenido lugar en una página en blanco, sino que se ha encontrado con modelos locales de manejo y con estrategias innovadoras de reproducción y manipulación del agua. Ciertamente, la orilla este del valle del Jordán ha sido planificada y rediseñada como si no hubiese nadie viviendo allí. Condicionados por la situación de emergencia de los refugiados palestinos y su afluencia en 1948 y, de nuevo, en 1967, los proyectos de irrigación fueron ideados para situar, asentar y controlar a una población en tránsito, pero también para domesticar un entorno hostil. Dentro de lo que fue la misión hidráulica poscolonial de las décadas de los cincuenta y los sesenta,5 basada en el entusiasmo que generaba el método científico de la irrigación y el populismo moderno, el riego se convirtió en la herramienta social y técnica para rediseñar el territorio a través de una nueva organización de los pueblos y de la distribución de tierras en un intento político por controlar el área fronteriza y gestionar el agua a través de la burocracia nacional. El canal 3

I. Illich, H2O and the Waters of Forgetfullness, Londres: Marion Boyars, 1986. M. Kaika, City of Flows. Modernity, Nature and the City, Londres: Routledge, 2005. 5 F. Molle, P. P. Mollinga y P. Wester, «Hydraulic Bureaucracies: Flows of Water, Flows of Power», Water Alternatives, vol. 2, n.º 3, 2009, págs. 328-349. 4

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del Gor oriental o East Ghor (al-Gor es el nombre local del valle del Jordán), construido en 1957, con agua procedente del río Yarmuk, en la frontera norte con Siria, ha permitido el desarrollo de la «Revolución superverde»6 del valle con el cultivo de verduras, pero también de huertas y plátanos. En consecuencia, el generalizado mito de «hacer que el desierto florezca», que requiere un riego intensivo y consume el 70 % de los recursos hídricos de uno de los países más pobres en reservas de agua del mundo, se enfrenta ahora a la competición creciente que suponen los usos y los usuarios de las zonas urbanas e industriales, por lo que el agua se ha convertido en un tema de seguridad nacional. Teniendo en cuenta la situación de agotamiento y sobreexplotación de las aguas subterráneas y que, previsiblemente, se incrementará el tratamiento de aguas residuales para su utilización en el riego, se hace cada vez más necesaria la reasignación de recursos del valle del Jordán a las áreas urbanas. En este contexto, se está estudiando, siguiendo la larga tradición de infraestructuras caracterizadas por su grandiosidad, la viabilidad de proyectos de gran magnitud y alto coste como el Disi,7 que pretende transferir aguas subterráneas a Ammán, o el canal entre el Mar Rojo y el Mar Muerto. Sin embargo, estos proyectos, pensados para resolver múltiples problemas, se encuentran demasiado alejados de las realidades locales y sociales. De este modo, la cuenca del valle del Jordán se dirige hacia un creciente cierre de las canalizaciones, lo que supondrá una mayor competitividad e interconexión entre los diferentes actores e intereses y una menor disponibilidad de agua.8 La escasez y la situación de emergencia perfilan los discursos y las políticas, aun cuando la escasez no sólo responde a dinámicas físicas y climáticas, sino también a una construcción cultural, social y política. La escasez actual es la consecuencia de elecciones políticas que han dado lugar a un desarrollo insostenible de los recursos, y el razonamiento bajo el cual operan estas elecciones implica una concepción fuertemente antropocéntrica desde el momento en que la escasez del recurso se establece en relación al uso y las relaciones sociales en que se inserta. 6 S. S. Elmusa, A Harvest of Technology. The Super-Green Revolution in the Jordan Valley, Washington D. C.: Centro Contemporáneo de Estudios Árabes, Universidad de Georgetown, 1994. 7 El proyecto Disi-Mudawwara pretende construir un conducto que vaya desde el acuífero de Disi, en la frontera de Jordania con Arabia Saudí, hasta Ammán, con la intención de abastecer a la ciudad con 100 millones de metros cúbicos de agua al año y con un coste estimado de capital base de 600 millones de dólares (véase Water-technology.net, «Greater Amman Water Supply Project, Jordan» [en línea], <http://www.watertechnology.net/projects/greater_amman/>). 8 Las severas sequías que tuvieron lugar entre 1997 y 1999 obligaron a reducir las asignaciones de agua para los siguientes años.

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No es sólo agua lo que fluye a través de los canales de la nueva red, sino que también se canalizan los proyectos sociales y las nuevas ideas de los lugares y la comunidad. Una breve presentación histórica de la vida social construida alrededor del agua nos permitirá entender las lógicas, valores y relaciones sociales que están en juego y que se ven atravesadas en el terreno por el agua.

2.1. El agua y las políticas de asentamiento Como bien muestra Van der Ploeg en su estudio sobre las luchas campesinas contemporáneas, las multinacionales de la alimentación generan nuevos modelos de interdependencia entre lugares lejanos al mismo tiempo que, a través de la imposición de nuevos principios de ordenación, desconectan y reformulan la realidad local y la historia y cultura rurales. Ésta es, en parte, la historia del valle del Jordán, que, desde finales del siglo xIx, ha sido objeto de numerosos estudios de viabilidad hidráulica y agrícola, convirtiéndose así en una de las regiones con mayor potencial para el asentamiento de la agricultura en Oriente Medio. Según expertos extranjeros, el valle representaba un símbolo por el potencial productivo que ofrecía, pero se encontraba con la limitación del abandono y el oscurantismo local. Por esta razón, la intervención externa era urgente y necesaria, como ya apuntaba Merril: «Los agricultores americanos ponían sus ojos, llenos de envidia, sobre las fértiles tierras de este valle».9 Los primeros planes y estudios del valle del Jordán se centraron en los recursos físicos de la región en relación con la «capacidad de absorción» de asentamientos de inmigrantes judíos, tribus beduinas y, especialmente tras los desplazamientos de 1948, refugiados palestinos.10 En muchos de los informes realizados por las expediciones en esta región se describía a sus habitantes como «conservadores, ignorantes, terriblemente pobres, incapaces de enfrentarse a las fuerzas de la naturaleza»,11 se decía también que vivían en «tierras vacías»,12 alimentando de esta manera la fuerte retórica característica del discurso sionista de ese periodo por la cual ésta era «una tierra sin gente para una gente sin tierra». El valle encajaba perfectamente con la «imagen de estado salvaje» ha9

S. Merril, East of the Jordan, Londres: Richard Bentley and Son, 1881, pág. 139. Ibídem; A. Mallon, «Notes sur le Ghor», Journal of Palestine Oriental Society, vol. 11, 1931, págs. 55-62 y 159-163; W. C. Lowdermilk, Palestine. Land of promise, Londres: Victor Gollanez Ltd., 1944; M. G. Ionides, «The Perspective of Water Development in Palestine and Transjordan», Journal of the Royal Central Asian Society, vol. 33, n.º 3-4, 1946, págs. 271-280. 11 J. Gottman, «The Pioneer Fringe in Palestine», Geographical Review, vol. 27, 1937, págs. 550-565 (pág. 556). 12 La relación entre la inexistencia de habitantes en estas tierras (aun cuando existiese población ocupando y cultivando esas tierras) y la urgencia colonizadora es recurrente: «Estas tierras vacías, dominadas por nómadas, claman por pioneros en búsqueda de “un lugar bajo el sol”» (ibídem, pág. 550). 10

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bitado por «árabes salvajes», lo que abonaba el prejuicio que presentaba un escenario exótico y primitivo. En juego estaba el concepto de evolución de las comunidades locales. Se estableció una jerarquía técnica, según la «modernidad» o «atraso» en los modos de uso del agua y la planificación hidráulica, asociada a una «economía moral» en la que el valor simbólico de los proyectos era a menudo más importante que el económico;13 un valor que, aún hoy en día y con mayor intensidad si cabe, condiciona las relaciones entre agricultores, burócratas y expertos. Como ya ocurriera en la India, los canales representaban, inevitablemente, un método de «civilización»; eran símbolos de los esfuerzos por modernizar áreas rurales y conectar territorios indisciplinados bajo la nueva autoridad central de una nación y un nuevo conjunto de dependencias. El paradigma de la modernidad, por tanto, estaba basado en ideologías sobre métodos de irrigación que deberían haber solucionado múltiples problemas en esta área fronteriza. Las representaciones morales de un atraso local necesitado de modernidad hidráulica ignoraron por completo la existencia de modelos locales en el manejo de los recursos, que no sólo fueron silenciados sino interrumpidos de manera explícita, primero por las políticas del Mandato británico y, después de 1948, por el desarrollo y las ayudas implementadas, principalmente por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (United States Agency for International Development, USAID),14 el Banco Mundial y la constelación de agencias y actores relacionadas con el agua. Los proyectos se sostenían sobre la creencia, bastante optimista, de que la transferencia de recursos técnicos y los conocimientos del mundo exterior resolverían cualquier problema que tuviera la población local. El agua, concebida como mera realidad técnica, se convirtió en el problema principal, mientras las dinámicas políticas que se generaban en torno a la intervención del Estado, el desplazamiento y absorción de los refugiados o el cambio en los modelos sociales de manejo de recursos se diluían en la retórica del agua y sus canalizaciones. Ciertamente, la planificación del riego se consideraba como el primer paso para atraer a «nuevos agricultores a una tierra abandonada».15 De esta manera, el valle se convertía de manera paulatina en el lugar en el que los pastores nó13 V. Bernal, «Colonial Moral Economy and the Discipline of Development: The Gezira Scheme and “Modern” Sudan», Current Anthropology, vol. 12, n.º 4, 1997, págs. 447-479. 14 Como ya explicara un directivo de la USAID sobre Oriente Medio, «el desarrollo de los recursos hídricos es un asunto fundamental en la política exterior de los Estados Unidos» (J. R. Starr, D. C. Stoll (eds.), «U. S. Government Policy Structure», The Politics of Scarcity. Water in the Middle East, Londres: Westview, 1988, pág. 125). 15 W. C. Lowdermilk, op. cit.

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madas podrían transformarse en agricultores sedentarios, y la modernización en el sistema de irrigación representaba un proceso paralelo al de la destribalización, que se materializaría con el asentamiento de los beduinos en colonias agrarias que formaban parte de los proyectos promovidos en la década de los cincuenta por diferentes organizaciones internacionales. Esta tendencia en contra de lo tribal y de las poblaciones nómadas es recurrente en la historia de la planificación de la cuenca del Jordán, en la que lo tribal a menudo se entiende como primitivo, reacio a los cambios e ineficiente en la gestión de los recursos, pero nunca como posible agente de cambio. Los beduinos finalmente accedieron a asentarse y cultivar, pero la solidaridad tribal no desapareció; muy al contrario, ésta se reforzó y readaptó al nuevo entorno sociotecnológico. Actualmente, los beduinos conservan patrones de relación histórica con el Gor como parte de su antigua dira (‘territorio tribal’), pero han perdido parte del control sobre esta tierra en favor del Estado. El término dira proviene de dar, que literalmente significa ‘casa’ y que posiblemente no represente una construcción mucho mayor que una tienda de campaña. La dira representaba un espacio compuesto por pastos y cultivos que formaba parte de la ruta utilizada por los grupos migratorios de pastoreo. La exclusividad del control y gestión de la tierra y el agua se asentaba sobre las relaciones de lealtad y se ajustaba a la presión demográfica y a las condiciones climáticas, permitiendo el acceso a otras tribus en momentos de necesidad. Las ideas locales sobre la propiedad de los recursos no coincidían con la noción de propiedad privada introducida por los procesos de planificación. Como ya apuntaba Lancaster, «la propiedad viene dada a través del acceso, el uso y la acción y se valida por su defensa y la reputación».16 De hecho, la idea de dar vida a la tierra yerma (ihya al-mawat) con mejoras y trabajo, y no por la mera posesión de la tierra, garantizaba los derechos y el control de la tierra y el agua. En contraposición con el sistema impuesto por el Mandato británico, «la propiedad está en función de su reivindicación y del acceso a los recursos, y no es tanto un sistema de control o un derecho absoluto de disponibilidad […]»;17 de esta manera, los modelos cooperativos de la gestión del agua están íntimamente ligados a un control común de los recursos en lo que a la construcción y mantenimiento de la infraestructura se refiere.18 16 W. Lancaster y F. Lancaster, People, Land and Water in the Arab Middle East, Ámsterdam: Harvood Academic Publishers, 1999, pág. 31. 17 Ibídem, pág. 198. 18 De nuevo en palabras de Lancaster, «la propiedad proviene del desarrollo de los recursos más allá de sus capacidades naturales, lo que incluye sistemas de riego, pozos, cisternas y cultivos perennes» (ibídem, pág. 68).

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A lo largo de la historia, en esta zona, el agua se ha percibido no tanto como un recurso escaso, sino como un «recurso variable e impredecible».19 A la hora de enfrentarse a las sequías, las comunidades locales adoptaban múltiples estrategias: incrementar la movilidad, reducir la cantidad de ganado, recurrir a los asaltos y a los trabajos asalariados o el sistema de aparcería.20 De este modo, la agricultura se asociaba, en lugar de oponerse, a la movilidad, al pastoreo, a la migración condicionada por las necesidades, a las alianzas políticas y a los cambios en el entorno. Así, este modelo de gestión, caracterizado por una alta flexibilidad y resistencia, así como por una fuerte capacidad de adaptación al entorno, ha constituido la estructura social mediante la cual las comunidades tradicionales han respondido a las limitaciones del valle, a las condiciones climatológicas y a la escasez de agua. El agua era, y a menudo todavía lo es, un elemento fundamental dentro de las relaciones personales del grupo tribal o de linaje, y la solidaridad grupal se sostenía sobre una red de relaciones de parentesco y genealogía que conformaban la idea de la dira. La manipulación de las alianzas y conflictos tribales fue posible gracias a la flexibilidad de la idea de la dira en lo que a tiempo y espacio se refiere. La dira constituía, por tanto, un concepto político asociado al agua que, actualmente, se ubica en el corazón del enfrentamiento con los turnos establecidos burocráticamente y de la legitimidad reivindicada por los regantes locales a través de la manipulación y apropiación del agua. La planificación hídrica era el medio a través del cual se sustituirían y erradicarían las instituciones y sabiduría local, considerados como el obstáculo principal para la apropiación de tierras y el desarrollo de sistemas de riego, como ocurrió en el caso de la redistribución cíclica de tierras, el sistema de musha‘, que se convirtió en el objetivo prioritario de las políticas británicas.21 Es importante recordar la batalla que se libró en contra de las instituciones locales, así como su posterior desaparición, para entender la relación que se ha generado entre el Estado y los agricultores. La situación actual, en la que predominan la desconfianza y los robos diarios de agua, encuentra su germen en el conflicto histórico y en la censura de la lógica cultural local basada en la idea de comunidad que se refleja en el uso y distribución del agua. 19

Ibídem, pág. 142. Ibídem. 21 Sistema que consistía en el conjunto de diferentes tipos de sistemas colectivos basados en la comunidad de un asentamiento. Cada agricultor recibía, dentro del proceso de redistribución, una nueva parcela en un lugar diferente cada 5 u 8 años. De hecho, musha‘ significa ‘propiedad colectiva’ e implica que la propiedad de la tierra agrícola recae sobre la comunidad y la redistribución se realiza entre los cabezas de familia (véase L. Wåhlin, «Occurrence of Musha‘ in Transjordan», Geografiska Annaler. Series B, Human Geography, vol. 88, n.º 1, 1988, pág. 24). 20

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2.2. El agua como solución para los refugiados En 1948, 774 000 palestinos fueron desplazados por la creación de Israel,22 de los cuales entre 70 000 y 110 000 escaparon directamente al margen este del Jordán, que en ese momento contaba con una población indígena de unos 440 000 habitantes.23 Por este motivo, Jordania se anexionó el margen oeste, garantizó la ciudadanía jordana a sus habitantes y extendió la ciudadanía a todos los palestinos que allí se encontraban, incluyendo a los 220 000 refugiados, así como a los refugiados del margen este, como primer paso para la unidad de las dos orillas. El desplazamiento de refugiados de 1948 no varió los planes establecidos para la región; simplemente incrementó la urgencia por desarrollar los sistemas de irrigación. De hecho, el mandato de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio (United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East, UNRWA) promovió en el valle del Jordán planes económicos centrados en los sistemas de irrigación en los que priorizaba la modernización agrícola por encima de la cuestión política de los refugiados. Aun cuando el cometido de la agencia era eminentemente humanitario, la actividad en la que se centró durante su primera década fue promover una ideología del riego, convirtiendo la cuestión de los refugiados en un problema técnico relacionado con el riego.24 Entre junio y septiembre de 1967, 395 000 palestinos cruzaron, en una nueva huida, el río Jordán. En el valle, el proyecto del canal del Gor oriental se paralizó durante el conflicto de 1967 hasta 1971. Israel ocupó la ribera occidental y el valle del Jordán se convirtió durante unos años en un campo de batalla entre los fedayines (combatientes) palestinos e Israel y, hasta 1971, entre la infraestructura guerrillera palestina y el ejército jordano. Los bombardeos estratégicos israelíes se centraron en el canal del Gor oriental por su alta vulnerabilidad, pero también atacaron pueblos y campos de cultivo del valle del Jordán en res22 United Nations Conciliation Comission for Palestine, Final Report of the United Nations Economic Survey Mission for the Middle East, Nueva York: Naciones Unidas, 1949, pág. 18. 23 L. A. Brand, «Palestinians and Jordanians: A Crisis of Identity», Journal of Palestine Studies, vol. 24, n.º 4, 1995, pág. 47. 24 Los intentos para resolver los problemas políticos más amplios se centraron en el «proyecto unificado» que trataba de encontrar soluciones conjuntas entre Israel y los Estados árabes en relación a los recursos hídricos del valle del Jordán. El programa de asentamientos del valle del Jordán estuvo claramente influenciado por la USAID y el Banco Mundial y su diseño siguió los patrones de «desarrollo integrado» establecidos por la Autoridad del Valle de Tennessee (TVA), símbolo del milagro del agua e icono de los proyectos hidráulicos a gran escala. Los dos primeros directores de la UNRWA, la agencia ideada para la asistencia humanitaria de los refugiados, eran, de hecho, miembros de la TVA.

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puesta a la infiltración palestina y a los ataques de los fedayines sobre las infraestructuras hidráulicas israelíes en los terrenos ocupados al oeste del valle. La infraestructura hidráulica, pensada en teoría como estabilizador y neutralizador del conflicto político, se convirtió al mismo tiempo en objetivo principal del conflicto desde las dos orillas del río. Así pues, la planificación hídrica del valle del Jordán ha supuesto una reorganización espacial de la región en la que la planificación y el trazado de mapas han sido cruciales en la congelación de los conflictos, y no tanto en su resolución, al actuar como sustituto de la política. En este contexto, los planes de irrigación han jugado en todo momento un papel estratégico y multifuncional, tanto en Jordania como en Israel y en la ribera occidental, y aún más importancia adquirirían con el discurso sionista, cuyo énfasis se centraba en el trabajo agrícola como método de salvación y domesticación de la tierra. Sobre la base de esta presión ideológica ejercida en ambas riberas, Jordania invirtió económica pero también simbólicamente en la domesticación de esta área limítrofe del valle a través de la agricultura de regadío. Así, la modernización de los sistemas hídricos ha supuesto, al mismo tiempo, una inversión económica estratégica y un recurso simbólico y político en la construcción de consenso e imposición del control en el Estado jordano.

2.3. El H2O y la creación del agricultor La transformación del agua en H2O y, por tanto, de los diferentes significados adjudicados por las comunidades locales, como bien ha apuntado Illich en otros contextos,25 ha supuesto un intento de disociar la gestión del agua de un contexto más amplio basado en relaciones históricas, simbólicas y sociales. La definición reduccionista y cuantitativa del agua como un recurso a gestionar por expertos en conocimientos hidráulicos ha supuesto un cambio radical en el contexto europeo cuya intención ha sido eliminar el potencial simbólico y social del agua. La nueva gestión del agua y la infraestructura basada en la alta tecnología han eliminado los modelos locales de relación entre el agua y la sociedad, y éstos afloran una y otra vez en el conflicto existente en torno a la distribución del agua. De hecho, el establecimiento de una burocracia local para la gestión del agua, el papel central del agua como medio de control local del territorio y la población y el consiguiente distanciamiento del agua de su mundo tribal 25

I. Illich, op. cit.

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y social han sido la base para englobar a toda la población (local y desplazada) dentro de una misma comunidad agrícola, virtual y homogénea. A través de la ideología del riego se ha introducido la idea de generar el arraigo de una nueva comunidad de agricultores gracias al trabajo agrícola, en un proceso paralelo cuya intención ha sido domesticar y garantizar la seguridad de la tierra. El resultado ha sido un desarrollo en la política del agua estrictamente asociado al control de las fronteras y a la estabilidad nacional, en un intento por destribalizar y modernizar los grupos de pastoreo y los refugiados ignorando en el proceso las maneras locales de definirse de los diferentes grupos sociales. La etiqueta de agricultor (muzari‘) ha eliminado otras definiciones de pertenencia asociadas a modelos locales de gestión de los recursos y a redes de solidaridad. Las poblaciones locales asocian la vida diaria, la comunidad y el riego a categorías como fellah (‘campesino’), en un sentido moral de pertenencia muy diferente de la definición técnica de agricultor o de la de bedu (‘beduino’), y estas concepciones están vinculadas a una memoria genealógica y a modelos tribales de control y distribución del agua.26 Los nuevos proyectos de sociedad se introdujeron en esta zona a través de los canales de agua, incrementando los nexos entre el territorio y la nación por medio de la infraestructura hidráulica e ignorando otras concepciones históricas locales, modelos de control o instituciones relacionadas con el agua. Más adelante, el valle del Jordán sería testigo de la militarización del asunto del agua y se convertiría en una zona estratégica donde los proyectos sociales y la estrategia militar estarían relacionados de manera inevitable con los programas hidráulicos.27 Finalmente, la transferencia tecnológica introdujo nuevas formas de conocimiento al tiempo que dio paso a un proceso de pérdida de saberes: el conocimiento agrícola local, enfrentado con el desarrollo científico, entró en un proceso confuso que finalmente lo invisibilizó en muchos de los casos. Todo esto ha permitido que se diera un proceso en el que la autoridad que previamente descansaba sobre los jeques o sheijs (representantes de tribu o linaje), los mujtars (representantes de los pueblos) y los mediadores del agua ha sido traspasada a expertos técnicos, de modo que se ha generado una disputa sobre 26 En el mundo actual de la agroindustria, no es necesario que el agricultor sea propietario de tierras, como tampoco lo es que esté establecido o que sienta arraigo por un área rural concreta, sino que se encuentre inmerso dentro de una economía múltiple en la que el acceso al capital es fundamental. La agricultura en el valle se ha convertido en un entramado de inversiones móviles asociadas al acceso a la tecnología y al capital y basadas en los trabajadores de bajos costes que aportan los grupos migrantes. Así, los migrantes egipcios han reducido los costes laborales haciendo posibles los modelos de trabajo flexible que necesita la agroindustria. 27 Entre 1913 y 1964, se plantearon veintiuna propuestas que procedían de acuerdos sobre la gestión del agua establecidos entre las dos orillas de la cuenca, de las cuales la mitad de ellas fueron planteadas entre 1950 y 1967.

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quién posee el conocimiento y quién debe detentar la autoridad. De esta manera, los planes de las últimas décadas han contribuido a la disociación entre el linaje y su tierra y, al mismo tiempo, han desvinculado a la población campesina (fellahin) de su conocimiento tradicional estructurado en torno a la familia. El ámbito local siempre ha sido considerado falto de conocimiento, razón por la cual los sistemas de autoridad locales y el savoir faire han sido ignorados o reprimidos. En la práctica, el riego muestra la contraposición que se da hoy en día entre los diferentes tipos de conocimientos prácticos en torno a la agricultura. El manejo de la irrigación local, como en el caso del riego tradicional de surcos de tellim y dullab, se basaba en el conocimiento preciso de los diferentes flujos de agua necesarios para la irrigación en superficie,28 del correcto nivelado de cada cuenca, de la posición de cada canal y desagüe, del conocimiento de la capacidad de absorción de cada terreno en relación al cultivo, de las diferentes y variables calidades del agua en cada periodo del año y de la habilidad para desarrollar una actividad con un alto consumo de tiempo. En resumen, los proyectos hídricos estuvieron íntimamente ligados a un plan de ingeniería social cuyo fin era la construcción de nuevas comunidades agrícolas bajo el mito de la integración social y la modernización. Se consideraba que los objetivos políticos y sociales sólo se conseguirían a través de la técnica y del levantamiento de una infraestructura del agua, símbolo de la modernidad de una nación. Por otro lado, la agricultura de regadío en una zona árida representaba una forma de chantaje cuyo fin era asegurarse la lealtad de actores sociales claves en las tribus de alto estatus, convirtiendo los subsidios al riego en una herramienta de cara a la estabilidad política. Pero el orden social y espacial impuesto por estos planes o, lo que es lo mismo, la herramienta política fundamental de la construcción nacional es muy diferente del entramado social y de la vida diaria que se genera en torno al sistema hídrico.

2.4. El nuevo entorno técnico y social Los cambios radicales que han tenido lugar en la distribución del agua, con la introducción de una red de funcionamiento a presión y del riego por goteo, han transformado el entorno en el ámbito técnico y social; la intervención en la planificación hídrica, lejos de ser moderada o neutral, ha cambiado las rela28

Aunque la presión no representaba una variable tan importante como lo es en el sistema de riego actual, el flujo de agua que se utilizaba para el riego de tierras se regulaba manualmente dependiendo del tipo de cultivo, de la presencia de semillas y de la etapa de crecimiento de la planta.

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ciones de poder, las percepciones del entorno y las representaciones y prácticas vinculadas a un recurso común como el agua. El canal que, en 1987, fue nombrado como Canal Rey ‘Abdullah, abierto y de 100 km de longitud, que extendió el riego desde la frontera norte de Siria hasta el Mar Muerto, hoy recibe el suministro adicional de agua procedente de las presas construidas durante los últimos cincuenta años en los wadis adyacentes. La canalización abierta de agua, en la que el agua era visible y los robos estaban expuestos a los ojos de todos, ha sido enterrada en los últimos veinte años. Hoy en día, la red subterránea distribuye agua, gracias a una estación común de bombeo, a un territorio de entre 400 y 500 ha, una zona mucho más amplia que la que cubría la teoría y práctica hídrica previa en ese lugar. Cada unidad agrícola está conectada a un dispositivo de producción agrícola (FTA), que consiste en una caja de hormigón con una cobertura metálica que contiene al menos una válvula de compuerta, un medidor de agua y un limitador de corriente; habitualmente están cerradas con candados de tal manera que su apertura, reparación o modificación está restringida a los empleados de la Autoridad del Valle del Jordán (Jordan Valley Authority, JVA), la institución nacional al cargo de la planificación y distribución del agua en el valle del Jordán. De este modo, el FTA se ha convertido en el nuevo grifo del agua diseñado por autoridades específicas (la JVA, los expertos y las estructuras burocráticas) y por las nuevas ideas sobre las formas de trabajo vinculadas al agua. Paradójicamente, los FTA se han convertido en los puntos principales de manipulación «ilegal», apropiación y sabotaje por parte de los regantes locales con el consiguiente desorden que esto supone de cara a lo que los planificadores han presentado como un sistema ordenado y eficiente. La intervención humana que se da en un recurso como el agua destaca en este caso por las consecuencias que tienen las manipulaciones «ilegales» que se suceden ante esta nueva situación. El sistema jerárquico tribal de distribución dio paso a una planificación centralizada del agua y a unos subsidios para el regadío en los que la distribución, a menudo, dependía de las necesidades burocráticas en lugar de centrarse en las necesidades de los regantes. Por otro lado, el cambio del riego en superficie al riego por goteo y los conductos a presión ha cambiado radicalmente, en muy poco tiempo, los modos de percibir y relacionarse con el agua, mucho más de lo que lo haya podido hacer ninguna otra innovación técnica en el pasado. Ciertamente, los regantes locales han sido testigos de mucho más que una simple y nueva tecnología de irrigación. Uno de los mayores cambios ha sido la transición de un concepto de asignación de agua centrado en los cabezas de familia y representantes hacia una asignación dependiente de los cultivos de las tierras (o la no asignación de fondos a cultivos 72


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ilegales o sin licencia). De esta manera, el rango social o personal del regante queda relegado y es sustituido por una representación atravesada por la burocracia y la concepción de lo eficiente y funcional. El segundo de los grandes cambios ha sido la transformación de un modelo de distribución del agua basado en un modelo tribal de alianzas sociales locales y territorios tribales (dira), en el que las disputas por el agua se resolvían con agentes como el sheij, de jerarquías y con un sentido fuerte de igualdad, hacia otro modelo que tendía a centralizar todas estas estructuras en una sola con nuevas autoridades y modelos de intermediación. Es por esto que lo que está en juego son las ideas del territorio y la adquisición de poder; lo que se relaciona con el tercero de los grandes temas: los turnos (dor) para disponer de agua estaban relacionados con la idea de un tiempo social dentro del contexto social y de las disposiciones tribales. Las presas y los canales se construían a partir de los wadis adyacentes acumulando barro entre las piedras, ramas de árboles y los matojos con la intención de dirigir el agua hacia los canales que conducían hacia las tierras. Su construcción y mantenimiento formaba parte de un trabajo cooperativo interno enmarcado en el sistema de linaje. En pocas palabras, el agua estaba vinculada de manera directa e íntima con una red de solidaridad (yama‘a) asociada al manejo, distribución y mantenimiento de los canales y a la resolución de conflictos. Las cuotas de agua podían ser vendidas o intercambiadas de manera que el sistema de cuotas, con relación a su concepción del tiempo, pudiera adaptarse a las necesidades locales de manera sencilla. Sin embargo, con la introducción de la planificación centralizada, el agua se ha convertido en un objeto cuantificable apartado de las relaciones sociales locales. Hipotéticamente, la red funciona de manera eficiente en el momento en que los agricultores, empleados y estaciones de bombeo son capaces de controlar las nuevas variables, como pueden ser la presión o la distribución centralizada. Pero la realidad es muy distinta; los metros cúbicos o los indicadores de presión pueden significar cosas muy diferentes para un agricultor o para un empleado de la JVA, pues la idea del agua se encuentra inmersa en un marco interpretativo múltiple.

3. Un trabajo subterráneo: la violación del sistema hidráulico Las constantes aperturas ilegales, la destrucción de los FTA, la manipulación de válvulas, el robo de agua y el sabotaje de los medidores de presión son señales 73


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manifiestas de la existencia de un conflicto. Lejos de ser meros «obstáculos de una tradición tribal» o la consecuencia de comportamientos locales no cooperativos, como son descritas habitualmente en un intento por reprimir estas actitudes, estas fricciones, que se producen a diario, hacen explícita la relación asimétrica existente entre el Estado, la imposición de los expertos y la comunidad regante, y representan las nuevas dinámicas locales de exclusión que se dan en torno al agua. Al mismo tiempo, el intento por reubicar el agua dentro de un contexto local y social, aun cuando sea a través de manipulaciones ocultas, tiene como objetivo recuperar un espacio de acción para los regantes como reivindicación de representaciones culturales encubiertas y relaciones sociales relacionadas con el agua. El soterramiento de la red y sus conductos, así como el establecimiento de una gestión opaca y centralizada, se visibilizan a través de las prácticas locales; aquello que ha sido arrebatado del control y conocimientos locales se resocializa con las aperturas ilícitas que se producen a diario. La situación generada por el cierre del acceso al agua en toda la cuenca con la creciente competitividad que esto supone, la falta de flexibilidad en los calendarios de rotación elaborados por la Administración sin tener en cuenta las necesidades de los agricultores, sumadas a la falta de transparencia en el suministro de agua o en sus cortes, han sido algunas de las causas del estrés generado en los cultivos y en los agricultores. Cuando éstos no saben si realmente están recibiendo la cantidad de agua que les corresponde, se sienten en la legitimidad para tomar fuera de su turno la que creen que necesitan reproduciendo modelos previos e ideas de manejo locales. La gran segmentación de la composición social, así como la diversidad en las ideas de comunidad que determinan los modelos de cooperación en el manejo de los recursos, son dos de los elementos claves para entender la falta de un sentimiento de pertenencia entre los habitantes del valle del Jordán. Con todo y con eso, las manipulaciones generalizadas se han convertido en un sentimiento compartido de oposición al régimen impuesto sobre el agua y han trascendido todas las fronteras sociales. Dentro de las nuevas y mayores dependencias y de la segmentación económica establecidas por la agroindustria, las manipulaciones en el sistema hídrico representan, de manera especial para el grupo marginal de regantes, una manera de reservarse un espacio de acción desde el cual defender una idea de autonomía vinculada al concepto de honor y basada en los modelos cooperativos sobre los que se asienta la red de solidaridad (familia extensa, linaje y tribu). Los modelos de resistencia y oposición, en lugar de manifestarse abiertamente, se convierten en actos prácticos y tácitos y en adaptaciones creativas al nuevo entorno técnico y a su complejidad. 74


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3.1. Robos de agua En las palabras de muchos agricultores, «bi-l-haram, bi-l-halal, hemos estado robando», con la importancia que se le concede a conceptos como haram y halal, palabras que definen qué debería estar prohibido y qué permitido, encontramos un significado sagrado y normativo. Del mismo modo, frases como «bi-l-Gor ma fish dor» (‘en el valle del Jordán no existen los turnos’) muestran la cotidianeidad pero también la valentía de la práctica de los robos. Los fraudes y robos se han convertido en parte de las prácticas de riego, aun cuando los damnificados no sólo sean la JVA, sino también agricultores vecinos. Pero es la misma estructura de gestión del agua, rígida, jerárquica y opaca, la que obliga a los agricultores a apropiarse de agua si quieren regar sus cultivos. Si el agua es símbolo de pureza y transparencia, el uso y relaciones que se generan en torno a ella son, por el contrario, opacos y ocultos. Tras décadas de relaciones verticales planificadas, el tema del agua se percibe como un recurso cuyo control le ha sido arrebatado a los agricultores y sujetos locales en favor de la JVA, que detenta el monopolio del suministro. Por esta razón, el robo de agua no recibe condena moral alguna. Estas prácticas se legitiman a través de códigos religiosos: el derecho a la sed se reivindica como principio universal de igualdad entre los necesitados. Primeramente, está el «derecho a la sed» o shafa, reconocido por el islam dentro de un marco moral y religioso como derecho universal de las personas a saciar su sed y la de sus animales. A este derecho le sigue el derecho de riego o shirb, que otorga el derecho de riego de cultivos en caso de necesidad. «Aquí todo el mundo ya robaba, y si no lo hacías te morías junto con tus cultivos». Esta declaración demuestra la sensación de pasividad vivida por los agricultores y el círculo vicioso en el que entran con los robos de agua. En este contexto, los agricultores se ven en el derecho de sortear las normas, y la reapropiación de agua fuera del turno correspondiente se ha convertido en una práctica diaria, colectiva y necesaria. Para los agricultores del valle del Jordán «en lo que se refiere al agua, el poder (quwwa) está por encima de la ley (qanun)». De este modo, la jerarquía local de poder, en la práctica, se salta las normas y los calendarios impuestos, máxime cuando los sujetos con influencia política y económica tienen la capacidad para negociar mejoras y aumentos en la distribución de agua a través de la intermediación (wasta) con la Administración. Los agricultores de bajo estatus, por su parte, elaboran nuevos métodos para abrir los conductos a presión: rompen las válvulas de las compuertas, modifican 75


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el diámetro de los limitadores de corriente de la toma de riego (o FTA), bombean directamente desde el canal principal, abren la válvula de toda la red mientras controlan las carreteras para evitar las multas o roban el agua durante la noche aprovechando que los controles son menos intensos. Por otro lado, aquellos que tienen la capacidad para intermediar (wasta) con la esfera política no tienen la necesidad de mancharse las manos manipulando el sistema sobre el terreno; simplemente recurren a su red de solidaridad dentro del aparato administrativo como herramienta a través de la cual consiguen las llaves para abrir la FTA o un turno adicional. Evidentemente, este modelo doble y superpuesto conduce de manera inevitable a dinámicas oportunistas y a una competición creciente. La continua creatividad demostrada en la reinvención de métodos para el robo de agua ha generado una presión creciente por parte de los donantes sobre la JVA de cara a una gestión más eficiente y a que se efectúen controles más estrictos. La exigencia de esta reacción se centra en el aspecto técnico que persigue esconder el agua e impedir el acceso de los agricultores al agua, sin interés alguno por las causas generales de la mutua desconfianza. Aunque su ámbito de operación sea de carácter local y económico, el agua representa principalmente un problema simbólico y político.29 La lucha entre el sistema de distribución burocrático e informatizado, por un lado, y los métodos ilegales de acceso al agua de reinvención diaria, por otro, expresan las diferentes y contrapuestas maneras de entender un proyecto dentro de la misma red, así como las diferentes ideas de agua y comunidad. Desde el momento en que los planes de cambio se reducen a un ámbito técnico, la reacción local se convierte en tecno-lógica con un viraje de las estrategias locales hacia la manipulación continua de los aparatos técnicos y de las lógicas culturales implícitas. En muchas investigaciones sobre el riego en la época colonial, el asunto del nuevo orden tecnológico se vincula de manera explícita al establecimiento de una nueva estructura social y política, como es el caso de la Administración británica en la India,30 y al carácter transformador de las infraestructuras hidrológicas como iconos de la modernidad y símbolos de la construcción nacional y del populismo hidráulico.31 La tendencia a convertir el cambio local en gestión técnica y eficiente ha sido la herramienta colonial fundamental en el proceso de despolitización de las formas locales de oposición 29

El agua no constituye el mayor gasto en una explotación agrícola, pero la imposibilidad de predecir el agua que habrá puede generar graves problemas económicos. 30 D. Gilmartin, op. cit. 31 W. M. Adams, «Large Scale Irrigation in Northern Nigeria: Performance and Ideology», Transaction of the Institute of British Geographers, vol. 16, n.º 3, 1991, págs. 287-300.

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y el manejo de los recursos. En las diferentes experiencias coloniales, la respuesta local ha centrado sus objetivos en el sabotaje o la manipulación del equipamiento tecnológico con la intención de adaptarlo a las necesidades locales y a su concepción de la autonomía.32 Es por esto que los continuos sabotajes del aparato tecnológico, así como del sistema de conocimientos y el orden social que éste traía aparejado, convierten la reacción al régimen colonial en una reacción tecno-lógica. De esta manera, en el valle del Jordán, un laboratorio en Oriente Medio de nuevas técnicas de irrigación y nuevos modelos de control político a través de la gestión del agua, la oposición local no ha asumido el formato de manifestaciones o debates públicos en torno al agua; en su lugar ha predominado el modelo de boicot constante de la red y de reapropiación del agua por medio de la red social y local: lo que le ha sido arrebatado a la sociedad se recupera desde el contexto social y local. 3.2. La comunidad de la práctica Las manipulaciones constantes de la red están relacionadas con la comunidad de la práctica, es decir, con un ethos y un sentimiento de solidaridad compartido que se traducen en estrategias y técnicas diarias y en la readaptación del conocimiento local al contexto altamente artificial de la infraestructura hídrica. Esto encierra un savoir faire muy creativo, un conocimiento pormenorizado del aparato tecnológico que persigue manipularlo para otros fines. Este significado de la comunidad de la práctica representa un código moral transversal compartido por las diferentes comunidades del valle que, en la práctica, se rebela contra el Estado como proveedor de agua y contra las desigualdades de la distribución burocratizada. La reapropiación del agua se convierte en un valor en sí mismo, un sentimiento de orgullo de la juventud (shabab) por ser lo suficientemente listos (shatir) como para manipular el sistema a pesar de la represión, los juicios y las multas económicas. En el fondo de la cuestión está el intento por controlar su propio territorio (y su agua) rechazando la intromisión externa y por ganar un espacio de autonomía, maniobra e independencia en el manejo de los recursos en un contexto en el que las relaciones cada vez generan más dependencia y más riesgos. 32

En el caso de las Indias Neerlandesas los conductos de agua potable eran considerados por la población local como «la piedra angular del poder colonial» (R. Mrazek, Engineers of a Happy Land. Technology and Nationalism in a Colony, Princeton [N.Y.]: Princeton University Press, 2002). En el caso del proyecto de irrigación de Gezira, en Sudán, «los agricultores podían expresar su resistencia de manera directa en el proceso de producción dejando de trabajar» (V. Bernal, art. cit., pág. 464).

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Las acciones evasivas mediante las cuales se roba el agua junto con el resto de los métodos ideados para sortear las reglas formales deberían entenderse como consecuencias de la asimetría de las relaciones entre los agricultores y el Estado y su entramado de expertos. Son consecuencias del pluralismo legal actual y del régimen múltiple de justificación, y se ven amplificadas por la competición por el agua que tiene lugar sobre el terreno. Este contexto, en el que predomina la alta tecnología, no debería entenderse como un conflicto entre un sistema tradicional y otro moderno, sino como la interacción entre diferentes sistemas de autoridad y relación «unidos por el agua» en la que los grupos de bajo estatus manipulan la red con la intención de ganar flexibilidad. Así, el control estatal ha obtenido resultados contradictorios y la principal fricción está relacionada con la erosión de los modelos locales de cooperación e, incluso, el enfrentamiento entre ellos: Antes, si necesitaba agua se la podía pedir a un vecino intercambiando horas de agua. Ahora tengo que ir a la JVA: ahora, en vez de estar todos del mismo lado, nos enfrentamos entre nosotros.

De esta manera, las redes locales de solidaridad son el medio y el contexto en el manejo del agua, al tiempo que se enfrentan a su propio proceso de fragmentación provocado por el desplazamiento, la separación del linaje de su tierra y el proceso modernizador que ha censurado el conocimiento local y los lazos sociales establecidos en torno al agua.

4. El riego por goteo como conexión estructural La imposición de la misión hidráulica como meta técnica a gran escala ha conectado a la población con el Estado deslegitimando a un amplio sector local autónomo en el manejo de los recursos, de la misma manera que ha reestructurado la relación entre el agua y la sociedad, especialmente entre el territorio, la sociedad y el agua. Las canalizaciones modernas, con su estructura soterrada y escondida, han introducido, por tanto, nuevas formas de dependencia convirtiendo a la población local en regantes individuales no conectados, pero también ha creado una nueva percepción del agua. La discreta introducción del riego por goteo, con todo el aparato de cadena tecnológica que le acompaña, ha establecido una nueva forma de interdependencia local que supera la dimensión local. El agua actúa como medio de la comunicación humana teniendo en cuenta la perspectiva por la cual el medio 78


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es el mensaje,33 y cualquier cambio en el medio, en este caso en la distribución del agua, supone difusión y modificación de los modelos de comunicación social, de percepción cultural y de dependencia, con las interconexiones y transformaciones que esto supone en las comunidades locales. Por decirlo en pocas palabras, el riego por goteo ha generado una nueva conexión cultural: una interdependencia a través de la infraestructura hidráulica en un contexto de escasez que vincula a diferentes y distantes actores sociales por medio de la competición instándoles a generar nuevas formas de cooperación. 4.1. Nuevas ideas de lo local El nuevo trazado de riego ha introducido nuevas ideas y ha reorganizado y renombrado el territorio y el paisaje del valle. La distribución hidráulica ha dividido el valle bajo tres directorios principales, cada uno de ellos subdividido en áreas de desarrollo conectadas a las estaciones de bombeo que, a su vez, están divididas en secciones y subsecciones de la red de riego. La organización de toda la red se controla a través de diez oficinas de fases. El Área de Desarrollo (Development Area, DA), la Oficina de Producción (TO 41), la Sección 16 (una de las secciones de producción), los nombres de las subsecciones o FTA n.º 178 (dispositivo de producción agrícola que suministra agua a una unidad agrícola específica y numerada) son algunas de las nuevas definiciones de lugares. Definiciones administrativas, neutrales y ajenas al entorno social que se mezclan con los nombres previos adjudicados a esos lugares y comunidades por la memoria genealógica o las representaciones de la dira, y que aún se utilizan en el ámbito local por diferentes grupos sociales para referirse al territorio. Por otro lado, las secciones de riego actuales no constituyen ni una comunidad ni un grupo social, pues esa misma red ha dispersado a las comunidades y ha alejado las tierras de cultivo de sus hogares.34 Asimismo, este sistema ha introducido nuevas ideas de lo local y ha manipulado los cursos naturales de los cauces: ¡En todo el mundo, el agua fluye de arriba a abajo. Aquí ocurre todo lo contrario: el agua va de abajo a arriba, del valle a la ciudad, luego a la cisterna, y vuelve aquí! (agricultor del valle del Jordán). 33

M. McLuhan, Understanding Media. The Extensions of Man, Londres: Routledge, 2001. Este hecho tiene una mayor magnitud en el caso de los arrendatarios que tienen que alejarse de sus casas en busca de nuevas y mejores tierras.

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La ironía de esta declaración nos muestra los aspectos cruciales que se dirimen hoy en día en torno al agua en el valle del Jordán en un entorno artificial generado por la transferencia de agua. Describe un proceso paralelo de tendencia creciente en las últimas décadas en el cual, por un lado, se ha bombeado agua potable, previamente dedicada a la agricultura, desde el Canal Rey ‘Abdullah a Ammán y, por otro, se ha aumentado el uso de agua residual procedente de la capital para el riego de los cultivos locales. También describe las dinámicas políticas y morales que se generan en torno al agua como medio de las relaciones de poder entre los diferentes lugares del valle del Jordán. Por último, expresa la desorientación que producen los diferentes tipos de agua que son introducidos (residual, desalinizada, salobre) en los diferentes lugares con las conexiones hidráulicas y sociales que se generan. Así pues, el cierre de las canalizaciones de la cuenca y la competición entre las necesidades urbanas y rurales conducen a una mayor interrelación e interdependencia entre los usuarios y los sistemas hídricos. La interdependencia de los múltiples actores institucionales se produce en el ámbito nacional (asignación de agua para la ciudad y para el riego, la competición entre los tres directorios de la JVA en el valle del Jordán) tanto como en cada unidad agrícola, que es lo que nos interesa, de tal manera que si un sector o región recibe más agua, otro sector o región recibe menos.

4.2. Nuevas interdependencias hidráulicas El riego por goteo ha introducido de manera repentina un amplio aparato técnico en forma de bombas, filtros y fertilizantes, así como un nuevo conocimiento experto en infraestructura hidráulica que ha transformado radicalmente el entorno agrícola y los usos del agua. El riego, hoy en día, se enfrenta a una incertidumbre constante debido a la falta de transparencia y a la rigidez del sistema burocrático de distribución que entra en conflicto con la necesidad del riego por goteo de una periodicidad frecuente y fiable, especialmente en los periodos delicados de la primavera y el otoño.35 Esta incertidumbre está relacionada con la percepción local de haber perdido el control del agua y con la invisibilidad de la nueva red. En este contexto tecnificado, la mayoría de las veces, el agua ha sido considerada y calculada como recurso para los cultivos más que para las personas que los

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En el riego en superficie por surcos es necesaria una mayor cantidad de agua de manera menos frecuente; por el contrario, en el riego por goteo se requiere menos cantidad de manera más frecuente con menor carga de trabajo.

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cultivan, de manera que se ha desvinculado la práctica del riego de su contexto social, mucho más amplio. El nuevo sistema hidráulico consiste en una red a presión: a diferencia de todas las experiencias previas de distribución de agua, la red a presión funciona mejor cuando distribuye el agua de manera simultánea a lo largo de toda la red y no sólo por una de las secciones de riego, ya que a menor flujo en las tuberías, menores pérdidas de carga. Cuantas más secciones de la red entren en funcionamiento, mejor y más equitativo es el reparto de presión. Por el contrario, el riego tradicional se concebía como un proceso localizado y visible a lo largo de canalizaciones secundarias o, como sucede actualmente, a través de una de las secciones de las tuberías a presión de la estación de bombeo. De una actividad localizada se ha pasado a otra deslocalizada y fragmentada, y del espacio de 50 ha que componía un vecindario que compartía el sistema hídrico, a una red mayor que ocupa entre 400 y 500 ha. La nueva interconexión hidráulica entre los usuarios de agua debería entenderse también como una nueva interdependencia social e intensiva entre agricultores dentro de una red mayor. Esto no sólo se debe a la escasez de agua, sino a un nuevo sistema que confiere una mayor importancia a las conexiones hidráulicas que se dan entre agentes distantes entre sí. El cambio de una definición temporal del agua por otra basada en la cantidad de presión supone una notable transición hacia diferentes maneras de entender el agua, más allá de la gestión técnica de la misma; de una conexión entre el tiempo y la tribu se ha pasado a otra entre la red a presión y la burocracia. El regante, hoy en día, está conectado a otros grupos sociales con los que no comparte el territorio ni los modelos activos de cooperación, e incluso con los que son sometidos a algún tipo de exclusión. Esto último ocurre con algunos grupos tribales, con los refugiados de bajos ingresos y con las comunidades negras (aswad, antiguos ‘abid o esclavos), ya sean de origen palestino o gawarine (la población nativa del Gor), que, debido al alto grado de interdependencia, se ven sometidos a un mayor nivel de exclusión en el acceso al agua. Todo esto ha incrementado las apropiaciones «ilegales» de agua: si alguien roba agua con el sistema actual, no sólo reduce la cantidad de agua disponible en ese turno para otros agricultores de la misma red, sino que también disminuye la presión del agua y provoca que los regantes del turno afectado se vean obligados o inducidos a robar agua fuera de su turno, generando así un círculo vicioso. Todas estas interdependencias suponen una fragmentación en el contexto social y destruyen los modelos locales de cooperación. 81


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En este contexto, es útil recurrir al trabajo de Kaika sobre los procesos de urbanización a través del agua y la extensión de la red hidráulica en la historia contemporánea europea, ya que ha sido el modelo exportado a otras regiones,36 entre ellas, al valle del Jordán. Como si del mito de Prometeo se tratase, el agua ha sido siempre el eje sobre el cual ha girado el intento de «controlar» y dominar la naturaleza a través de un sistema de producción, en este caso una red hidráulica como icono de la modernidad, que ha seguido un proceso progresivo y oscuro en el que al agua se la ha invisibilizado bajo tierra. De la misma manera, en un proceso paralelo, las relaciones de producción comprometidas con el control, la purificación, la gestión y la distribución del agua también se han visto afectadas. La red no sólo se ha hecho más amplia y más interdependiente a nivel nacional, sino que se ha «naturalizado», se ha hecho invisible y ha generado dependencias entre los regantes y los «medios tecnológicos ubicados en un lugar distante».37 El hecho de que este sistema se haya implantado de manera subrepticia no es casual; el objetivo de esta estrategia trata de restar importancia a las prácticas locales de oposición y manipulación que buscan establecer el campo de batalla en torno a las ideas y a un control más equitativo del agua. Lo que aquí tratamos de evidenciar es que, en este contexto de ámbito social y técnico, se ha producido un proceso por el cual se han naturalizado las relaciones de poder, se ha escondido la mercantilización del agua,38 se han ignorado las relaciones sociales y culturales que servían de estructura al proceso anterior y se ha evadido el conflicto político existente entre los diferentes actores que reivindicaban su derecho de acceso al agua, así como las diferentes concepciones de relación entre el agua y la sociedad. Aun cuando la gestión del agua, sobre el papel, es de autoridad pública, en la práctica, su control ha sido privatizado: el conocimiento, el sistema de producción y la distribución son ajenos a la dimensión pública, aunque las estrategias de los agricultores recompongan diariamente la dimensión sociopolítica de la distribución del agua.

4.3. El nuevo régimen de manejo de recursos El riego por goteo también ha introducido prácticas especializadas, nuevas operaciones y conocimientos más amplios e intensivos. Si bien es cierto que el riego por goteo es menos intensivo en lo que al trabajo se refiere, pues permite 36

M. Kaika, op. cit. Ibídem. 38 «Las redes, a través de su mera existencia, hacen explícitos los procesos socioeconómicos, y su flujo representa la transformación de la naturaleza en mercancía» (ibídem, pág. 33). 37

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a los regantes ahorrarse las horas que antes empleaban en los largos turnos de riego en superficie, también lo es que se ha convertido en una práctica altamente intensiva en conocimiento, con lo que las relaciones con los expertos se han convertido en la piedra angular de la segmentación social. De esta manera, la disponibilidad de capital o la conexión con el sistema de expertos es mucho más importante que la propiedad de la tierra. El acceso y el control de la información sobre el agua se han convertido, por tanto, en herramientas estratégicas en la gestión del agua, y los profesionales alternativos del nuevo sistema han hecho su aparición en escena deslegitimando e ignorando a los expertos históricos locales y el conocimiento local del agua. Como ya explicara Waller, «los gestores del agua usan sus conocimientos expertos para presentar las decisiones y los cambios como técnicos y no como políticos».39 Esta idea es fundamental en el valle del Jordán, pues la gestión del agua frecuentemente se ha dibujado como un cometido a realizar por expertos ya que su manejo es demasiado complejo para los agricultores. La prioridad técnica ha despolitizado las decisiones tomadas en torno al agua y ha neutralizado el debate político sobre el tema del agua en el Jordán, dejando las decisiones en manos de los expertos, los asesores y los políticos. «Agua para los sedientos y conocimiento para los ignorantes» es una reivindicación del Corán, pero los sedientos de hoy en día no sólo necesitan agua, como recuerda ese verso; en la lucha por el conocimiento y el simbolismo que representa el agua, también son primordiales la garantía del acceso a este valioso recurso, el acceso permanente al conocimiento y el control de la información.

5. Conclusiones Una red hídrica no es sólo un desafío técnico, sino que es una transformación integral en los ámbitos sociales y técnicos que ha cambiado radicalmente las maneras de concebir, percibir y «usar» el agua. Ciertamente, la tecnología hidráulica es un sistema de relación y de comunicación. La nueva configuración, altamente tecnológica, ha generado nuevas ideas del territorio, de la identidad (la comunidad agrícola neutral) y del conocimiento y savoir faire asociados al agua que han supuesto un conflicto con los modelos preexistentes. 39

T. Waller, «Expertise, Elites and Resource Management Reform: Resisting Agricultural Water Conservation in California’s Imperial Valley», Journal of Political Ecology, vol. 1, 1994, págs. 13-42 (pág. 20).

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El sistema de producción, que implica cambios en la autoridad y en la organización política, ha censurado los modelos sociales que se han generado en torno al agua a lo largo de la historia en este valle. El agua se ha convertido en «algo que, por un lado, se produce de manera material como híbrido y como mercancía (y, como tal, está sujeto a las relaciones sociales de la producción) pero, por otro lado, es una construcción social en la que se la presenta como parte de la naturaleza (y, como tal, supuestamente ajena a los procesos sociales)».40 En el valle del Jordán el agua todavía se presenta como hecho natural en el que la escasez se vincula a factores bioclimáticos y a la creciente demanda urbana, cuando, en realidad, es un hecho político y cultural que, a través de la intervención humana, se convierte en un talismán de las relaciones de poder ignorado persistentemente. La dimensión pública del agua ha sido censurada aunque sea recuperada a diario a través de las apropiaciones locales. Las instituciones gestoras del agua han sido, como la historia nos ha demostrado en numerosos casos, lugares públicos en los que las comunidades han podido cooperar y relacionarse en torno a un bien común, intercambiar valores, estatus y conocimientos que formaban parte del dominio público, pero también han sido un lugar en el que los recursos simbólicos y la distribución del agua han ido de la mano. En el valle del Jordán, el riego ha dejado de ser una actividad pública y de dominio público aun cuando las violaciones continuas del sistema llevadas a cabo por los regantes locales muestren otras ideas sociales y culturales vinculadas al agua y a su distribución. Estas violaciones también descubren aquello que ha sido soterrado convirtiéndose en invisible: la red como estructura de interdependencia, la relación problemática entre el Estado y el ciudadano y la falta de transparencia de un fluido que en el pasado era transparente. Del mismo modo que la complejidad del sistema hidráulico ha sido la trinchera tras la cual se han ocultado las dinámicas políticas que buscaban incorporar a las áreas rurales y controlar a la población local y a la desplazada, las prácticas diarias de los regantes son, a pesar de sus maneras contradictorias, la herramienta mediante la cual se visibiliza el conflicto: una lucha económica en torno al agua, pero, sobre todo, una lucha simbólica por ideas como el territorio, la solidaridad y la transparencia de las relaciones que se dan en torno a este recurso fundamental. [Traducido del inglés por Mario Tornero. AEIOU Traductores.]

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M. Kaika, op. cit., pág. 267.


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El agua: una cuestión de poder y conflicto en Marruecos1 ANNABELLE HOUDRET Directora del Departamento de Agua en Adelphi, Berlín

Resumen La gestión del agua en Marruecos supone al mismo tiempo, y cada vez más, la gestión de las alianzas políticas y de las relaciones de poder social. En el contexto actual de creciente escasez del agua y de desarrollo de diversas iniciativas cuyo objetivo es la privatización de los servicios relacionados con la misma, o incluso del recurso en sí, la posibilidad de conflicto aumenta. Como muestra la comparación de los dos casos de conflicto que aquí se analizan (un proyecto de colaboración entre el sector público y el privado para el suministro de agua de riego en la región del Sus, y una concesión a un inversor privado en Ben Smim), las disputas son tanto una lucha por el poder como por el recurso en sí mismo. Aparte del impacto negativo sobre los medios de vida de la población local, los procesos de privatización y los conflictos que éstos generan también contribuyen a una desestabilización política que debe ser abordada de manera urgente. La prevención del conflicto, una mayor transparencia en los proyectos de colaboración entre el sector público y el privado y la creación de sistemas eficientes de seguimiento para una gestión del agua socialmente equitativa son pasos fundamentales a la hora de afrontar estos retos. Palabras clave: conflictos en torno al agua, riego, agua potable, poder, Sus, Marruecos.

1 Presentación del seminario internacional El agua en el mundo árabe: percepciones globales y realidades locales realizado el 1 y 2 de julio de 2009 en Casa Árabe (Madrid).

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1. Introducción: el valor del agua en Marruecos A pesar de ser un país semiárido, Marruecos cuenta con una extensa tradición agrícola. En un contexto caracterizado por la falta de recursos hídricos (una precipitación media anual de 346 mm, un total de recursos hídricos internos renovables de 29 km³ al año y 10 km³ anuales en recursos renovables de aguas subterráneas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación [Food and Agriculture Organization of the United Nations, FAO] en 2007) y por la alta dependencia del sustento local hacia la agricultura, el agua y su distribución siempre ha sido un asunto de gran valor político. Existen tres factores fundamentales que determinan la persistente politización de este recurso: (a) el contexto histórico, (b) el contexto ecológico, político y económico y (c) el contexto social. Estos tres elementos son esenciales a la hora de entender la importancia actual del agua como fuente de poder político y como fuente de conflicto en el Marruecos contemporáneo. Esta introducción destaca estos factores y los siguientes apartados analizan su relevancia en dos conflictos recientes, todavía no resueltos, en torno al agua en este país.

a) El contexto histórico Los orígenes del contexto histórico de la gestión del agua se remontan a los tiempos precoloniales, en los que la organización de los planes de riego tradicionales corría a cargo de los líderes locales y la distribución del agua dependía de las jerarquías sociales.2 De la década de los sesenta en adelante, sin embargo, el Protectorado francés dirigió la producción agrícola con el objetivo de cubrir el suministro que necesitaba el mercado francés. Las empresas constructoras francesas levantaron en los valles infraestructuras de riego a gran escala compuestas de hormigón y la Administración local impuso métodos de producción estandarizados a los agricultores que trabajaban en estas zonas. La profesionalización de la producción agrícola y de la gestión del agua incrementó el control político de las élites locales ejercido a través de su poder sobre la tierra de cultivo y el agua.3 Tras la independencia, la monarquía contaba con escaso apoyo procedente del campo, donde algunos movimientos independentistas se posicionaron a favor de un régimen no monárquico tras el dominio francés. 2 Jean-Jacques Pérennès, L’Eau et les hommes au Maghreb: contribution à une politique de l’eau en Méditerranée, París: Karthala, 1993. 3 Ibídem.

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Por su parte, el rey Hasan II reforzó la política de conquista de las élites locales a través de la asignación de agua y tierra. Las enormes fincas equipadas con sistemas modernos de riego que los colonos franceses abandonaron tras su marcha fueron aprovechadas por el rey para reafirmar su poder mediante su concesión a los líderes rurales leales a la corona.4

b) El contexto ecológico, político y económico El contexto ecológico, político y económico de la gestión del agua hoy en día está altamente determinado por la relación establecida entre una creciente escasez de agua y una demanda en aumento. Como ya ha ocurrido en otros países, el incremento de los procesos de urbanización, los nuevos patrones de consumo y la generalización de la agricultura de regadío han generado una mayor presión sobre este recurso. Se espera que, en el año 2020, la disponibilidad media nacional de agua por persona alcance los 411 m³ al año, un dato que puede ser mucho menor en algunas regiones del país.5 Al mismo tiempo, es previsible que el impacto del cambio climático se traduzca en lluvias más irregulares e intensas, así como en sequías más frecuentes en amplias zonas de Marruecos. El sector agrícola todavía tiene una gran importancia en la economía y, dependiendo de la meteorología, su contribución al producto interior bruto (PIb) del país oscila entre el 15 % y el 20 %.6 El papel que desempeña la agricultura en lo que se refiere al sustento y empleo rurales (el 41 % del empleo nacional está relacionado con este sector) es aún más importante.7 Actualmente, el sector está sufriendo cambios estructurales importantes. Los impactos del cambio climático (escasas precipitaciones, alta variabilidad en las lluvias y largas y cada vez más intensas sequías) están causando una disminución en la producción, especialmente en las zonas más secas, donde la migración a las ciudades está

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Ibídem; Remy Leveau, Le fellah marocain, défenseur du trône, París: Fondation Nationale des Sciences Politiques, 1985. 5 Secrétariat d’État auprès du Ministère de l’Énergie, des Mines, de l’Eau et de l’Environnement, «État de l’environnement/eau» [en línea], Rabat: Secrétariat d’État auprès du Ministère de l’Énergie, des Mines, de l’Eau et de l’Environnement, sin fecha, <http://www.minenv.gov.ma/8_etat_de_l-environnement/eau.htm>. 6 Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), Plan Maroc Vert. Premières perspectives sur la stratégie agricole. Extraits du discours pour la présentation des messages clés de la stratégie agricole de M. le Ministre de l’Agriculture lors des 1ères assises de l’agriculture du 22 avril 2008, Meknés: MADRPM, 2008. 7 Haut Commissariat au Plan (HCP), Activité, emploi et chômage. Année 2008, Rabat: Haut Commissariat au Plan (HCP), 2008.

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aumentando.8 Por otro lado, la reorganización institucional del sector todavía no se ha completado. Aun cuando la implementación global de las asociaciones de usuarios de agua no ha sido exitosa,9 el mantenimiento de los servicios e infraestructuras todavía se delega en estos organismos. A esto se unen los importantes problemas causados por la presión ejercida por las instituciones de financiación internacionales (IFI) de cara a la reorganización del sector; las IFI impusieron políticas de jubilaciones anticipadas para reducir la cantidad de funcionarios, razón por la cual importantes cargos altamente cualificados abandonaron la Administración Pública. Además, la precipitada y a menudo insuficientemente preparada delegación de las tareas de gestión del agua en favor de las empresas privadas y las asociaciones de usuarios locales ha generado, en muchos casos, problemas de organización y un descuido de la equidad social y la sostenibilidad ecológica. Finalmente, la creciente competición por los productos agrícolas locales y la producción insuficiente de alimentos durante las estaciones secas han generado un aumento de las importaciones de alimentos básicos (con el consecuente déficit presupuestario y la dependencia de los mercados globales de productos alimenticios), así como de la vulnerabilidad de los pequeños agricultores. c) El contexto social El contexto social de la gestión del agua en Marruecos refleja la evolución de la sociedad en otros terrenos. La sociedad civil, cada vez más fuerte, ha estado introduciendo mejoras en el desarrollo local, especialmente en las áreas rurales abandonadas, en el abastecimiento de agua potable y en la gestión del agua de riego.10 Por otro lado, los debates públicos sobre la privatización de los servicios del agua y los recursos contribuyen a la movilización de la población, especialmente en un contexto de huelgas y protestas por la falta de servicios sociales y la subida de precios del agua y de los alimentos básicos.11 8

Annabelle Houdret, Uwe Kievelitz y Marielle Mumenthaler, Die Zukunft des Maghreb: Trends in Sicherheit und Entwicklung in Marokko, Duisburg: Institut für Entwicklung und Frieden (INEF)/Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ), 2008. 9 Sylvia Bergh, «Water Governance, Participation, and Poverty: A Critique with Reference to Irrigation Projects and Water User Associations in Morocco», en Habib Ayeb y Thierry Ruf (eds.), Water, Poverty and Social Crisis: Perspectives for Research and Action [CD-ROM], Montpellier: IRD, 2009. 10 María Ángeles Roque (ed.), La société civile au Maroc. L’émergence de nouveaux acteurs de développement, París: Publisud, 2004; Annabelle Houdret, «Marokko unter König Mohamed VI: Teile und herrsche zwischen Islamisten und Zivilgesellschaft?», art. cit. 11 Naoufel Cherkaoui y Sarah Touahri, «Des mouvements de protestation contre la hausse des prix au Maroc», Magharebia, 27 de septiembre de 2007; Agence France Presse, «Maroc: incidents dans une manifestation contre la hausse des prix à Sefrou», Agence France Presse, 23 de septiembre de 2007; Associated Press, «Maroc: la hausse du prix du pain annulée à la suite de manifestations populaires», Associated Press, 25 de septiembre de 2007.

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Las raíces históricas de la gestión del agua en Marruecos, así como las actuales tendencias ecológicas, sociopolíticas y económicas (mencionadas anteriormente), ejercen una fuerte influencia sobre las políticas contemporáneas relacionadas con el agua. La gestión de este recurso es, cada vez más, un asunto político, de la misma manera que la asignación de agua es un reflejo de los entramados del poder social y político. En este contexto, surgen dos preguntas fundamentales en relación con el valor social y político del agua en Marruecos: 1) En el contexto de las ya mencionadas estructuras ecológicas, económicas y sociopolíticas y su evolución, ¿en qué medida los conflictos en torno al agua reflejan las luchas políticas? 2) Teniendo en cuenta el valor político del agua, ¿cuáles son los impactos de estas tendencias sobre la legitimidad del poder político? Los dos siguientes estudios de caso arrojan luz sobre estos aspectos de la gestión del agua en el Marruecos actual y analizan el impacto de las diferentes dependencias sobre la legitimidad y estabilidad política.

2. El carácter político de los conflictos en torno al agua: dos estudios de caso 2.1. El caso de El Guerdán El valle del Sus, al sur de Marruecos, es una de las regiones más importantes de producción agrícola, especialmente en lo que a productos de exportación se refiere. El 60 % de los cítricos de Marruecos se cultivan en esta zona y constituyen la mitad de las exportaciones de este producto del país. Pero las reservas del acuífero se han ido agotando lentamente desde el momento en que la agricultura se orientó hacia la exportación y los inversores extranjeros se asentaron en la zona en la década de los cuarenta; en el presente, el consumo de agua excede los recursos renovables en un 179 %.12 La proliferación de pozos privados y la continua ampliación de las tierras de regadío acentúan aún más la presión sobre este recurso, lo que en muchas regiones del valle ha supuesto el abandono de los pequeños agricultores de sus tierras, ahora estériles. Es difícil encontrar datos que ilustren esta situación, pero una estimación de 2004 apunta a cerca 12 Mokhtar Bzioui, Rapport sous-régional sur la mise en valeur des ressources en eau en Afrique du Nord, Rabat: UN Water-Africa, 2005.

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de 15 000 ha de tierra de cultivo abandonada debido a la escasez de agua, dato que crece cada año en unas 1000 ha.13 En este caso, abandonada significa que la tierra ya no se utiliza para regadío, pero en la mayoría de los casos tampoco se utiliza para agricultura de secano debido a su baja fertilidad y a la falta de lluvias. Sólo en algunos casos se utilizan estas tierras para ganado. El descenso de los niveles de agua también afecta negativamente a su uso para consumo humano, lo que suele ocurrir tras la excavación de pozos profundos para el suministro destinado al riego. En la zona más afectada, El Guerdán, el nivel del acuífero ha descendido más de 30 m desde los años sesenta y, sólo entre 2007 y 2008, ha descendido 7 m.14

Cuadro 1. Resultados de las investigaciones empíricas en la región de El Guerdán Una investigación llevada a cabo con 100 agricultores ha revelado importantes cambios en los métodos de producción entre 1997 y 2007,15 así como en la frecuencia de conflictos en torno al agua y a la tierra: — Los pequeños agricultores (0,1-3 ha) y aquellos que dependen de los servicios públicos de riego han perdido proporcionalmente más tierras que los propietarios de grandes parcelas. Los primeros se han visto, además, obligados a adaptar su producción y a plantar mayores proporciones de cultivos menos productivos pero que consumen menos agua. — Los agricultores con escaso acceso al agua y a las tierras son los que sufren más a menudo conflictos por el agua. — La mayor parte de los conflictos por el agua giran en torno a su uso agrícola y enfrentan a agricultores entre sí, más que a usuarios de agua potable entre sí o con agricultores. — La posibilidad de conflictos en torno al agua potable se incrementa, en la medida en que los pozos están amenazados por la disminución del nivel del acuífero.

Con la intención de asegurar el abastecimiento de agua en una zona tan importante por su producción de cítricos, el gobierno marroquí llegó a un 13

UN-Habitat, Profil environnemental d’Agadir, Rabat: UN-Habitat/Ministère de l’Aménagement du Territoire, de l’Eau et de l’Environnement, 2004. 14 Agence du Bassin Hydraulique du Souss Massa, 2008: Situation hydrologique du bassin hydraulique du Souss Massa du 1er septembre 2007 au 31 août 2008 [en línea], Agadir: Agence du Bassin Hydraulique du Souss Massa, 2008, <http://www.abhsm.ma/IMG/pdf_situation_hydro_07-08.pdf> (documento consultado el 29 de junio de 2010). 15 Annabelle Houdret, Wasserkonflikte sind Machtkonflikte: Ursachen und Lösungsansätze in Marokko, Wiesbaden: VS-Verlag, 2010.

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acuerdo de colaboración entre el sector público y el privado con la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial. El agua, que llegará a través de una tubería de casi 100 km de longitud procedente de una presa construida específicamente para este propósito, servirá para regar las 10 000 ha de cítricos. Pero, puesto que la presa va a satisfacer sólo el 50 % de las necesidades de riego de la zona, las máquinas de bombeo de agua serán las encargadas de proporcionar el resto a partir de las agotadas reservas del acuífero. Amensouss, una empresa creada específicamente para este proyecto, será la encargada de gestionarlo en los próximos treinta años y de distribuir agua a un total de 670 agricultores.16 Éstos, por su parte, están obligados a equipar sus tierras con un sistema de riego por goteo (cuyo coste es de 0,20 €/m2, aproximadamente), a pagar las cuotas anuales por ser miembros (100  €/ha), así como el agua consumida (800 €/ha, aproximadamente), además de encargarse de transportar el agua adicional que fuese necesaria. El director gerente del Banco Mundial, Juan José Daboub, presenta esta experiencia como «un excelente ejemplo de colaboración entre los sectores público y privado» ya que, «en un momento de crisis financiera mundial como el actual, el proyecto de riego de El Guerdán muestra que, cuando existe voluntad, se puede lograr el desarrollo».17 Pero lo que esta experiencia muestra en realidad es hasta qué punto el agua se ha convertido hoy en día en una fuente de poder y de conflictos en Marruecos. Al parecer, el proceso de selección de los beneficiarios careció de transparencia y no proporcionó el apoyo económico suficiente como para que los agricultores pobres pudieran cumplir con los requisitos financieros del proyecto.18 Actualmente, muchos de los miembros del mismo son poderosos terratenientes, ya sea por su cercanía a la familia real, su pertenencia al ejército o su importancia como actores económicos y políticos.19 La Fundación Hasan II facilitó la importante suma de dinero necesaria para financiar un proyecto tan arriesgado, dinero procedente del presupuesto público y exento de control parlamentario

16 Amensouss pertenece, en un 64 %, al consorcio Omnium Nord Africain ( ONA), propiedad, en su mayor parte, del rey de Marruecos); en un 20 %, al banco marroquí de inversiones públicas Caisse de Dépôt et de Gestion; en un 15 %, a la empresa saudí InfraMan; y, en un 1 %, a la francesa Compagnie Nationale d’Aménagement du Bas Rhône-Languedoc (BRL) (Annabelle Houdret, Wasserkonflikte sind Machtkonflikte: Ursachen und Lösungsansätze in Marokko, cit.). 17 Banco Mundial, «World Bank Managing Director Reiterates Support for Morocco’s Economic and Social Development», Banco Mundial, 26 de enero de 2009. 18 Annabelle Houdret, Wasserkonflikte sind Machtkonflikte: Ursachen und Lösungsansätze in Marokko, cit. 19 Para más información, véase ibídem.

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alguno.20 Además, los ingresos que generaba la venta de agua a los agricultores se convertían en beneficios para el consorcio Omnium Nord Africain (ONA), controlado por el rey. Se puede afirmar, por tanto, que la asignación de fondos públicos tiene como objetivo final garantizar los beneficios de las empresas pertenecientes a la familia real. Por otro lado, los principales encargados de asumir los riesgos financieros del proyecto son el socio público (el Ministerio de Desarrollo) y los propios agricultores. En el (más que probable) caso de que comience a escasear o a faltar el abastecimiento de agua para las infraestructuras de riego, los beneficios previstos para Amensouss (y, por lo tanto, para ONA) pueden comenzar a correr peligro. Asimismo, el contrato entre los socios públicos y privados estipula que unas pérdidas de hasta un 15 % serían asumidas por la parte privada, entre un 15 % y un 22,71 % serían compensadas mediante un alza en el precio del agua de riego, mientras que unas pérdidas superiores ya serían asumidas por la parte pública. Además del riesgo económico, el socio público (el Estado de Marruecos y su gobierno) también asume el riesgo político del proyecto. En el ámbito local, éste consiste básicamente en el incremento de las desigualdades sociales y en el deterioro de las condiciones de vida en el lugar, con sus consecuentes protestas (véase el cuadro 1). Ya se están manifestando conflictos en forma de destrucción de infraestructuras e incluso, a veces, de enfrentamientos violentos por el acceso a los recursos naturales; y el aumento de la disparidad entre agricultores ricos y pobres probablemente provoque disturbios sociales en el futuro. Los conflictos en torno al agua están enfrentando a los agricultores con recursos económicos con los agricultores que carecen de ellos, a los productores orientados a la exportación con los pequeños productores locales de agricultura de supervivencia, así como a las poblaciones que luchan por un abastecimiento adecuado de agua potable con los propietarios de perforadoras de profundidad, empleadas para asegurar el riego de los cítricos. Muchos de estos conflictos ya existían antes del proyecto de El Guerdán, pero los factores mencionados están exacerbando la escalada de enfrentamientos. Otros conflictos, en cambio, han sido directamente provocados por el proyecto mismo. Por ejemplo, el agua procedente de las montañas solía ser usada para abastecer a numerosos pequeños huertos, pero ahora queda retenida por la presa de suministro para El Guerdán. Como ilustra el gráfico que se muestra a continuación, numerosas comunidades están sufriendo escasez de agua (salvo el sector G1, donde los agricultores han 20

Desde su creación en 2000, la Fundación Hasan II se financia básicamente mediante los ingresos generados por la venta de licencias a las compañías de telefonía móvil, un asunto de claro interés público que, sin embargo, no está sujeto a control parlamentario.

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logrado que se reconozcan oficialmente sus derechos tradicionales sobre el agua y van a recibir cierto suministro procedente de la tubería de la presa). Ya se han producido, además, violentos conflictos con los propietarios afectados por la construcción de la tubería, que no fueron informados de la misma ni indemnizados por las expropiaciones.

Ilustración 1. Esquema del proyecto de El Guerdán

Presa de Auluz (1991) 110 Mm3 G1 Área del proyecto de El Guerdán. 10 000 ha de cítricos

Tubería 90 km

Presa Mojtar Susi (2001) 50 Mm3

Pequeños huertos

Fuente: elaboración propia

Conclusiones del caso de El Guerdán El proyecto de El Guerdán es un buen ejemplo del valor político del agua en esta árida región de Marruecos, donde este precioso recurso fluye básicamente en manos de los actores económicamente más fuertes y políticamente más influyentes. La forma de colaboración del sector público y el privado escogida para el proyecto y las alianzas políticas que ha generado ilustran el papel desempeñado por el suministro de agua como instrumento para ejercer el poder político. Es más, tanto en el ámbito local como en el nacional, el caso de El Guerdán es todo un ejemplo de cómo los conflictos en torno al agua reflejan las luchas por el poder. En el ámbito local, el enfrentamiento se ha manifestado entre los grandes agricultores y los pequeños, pues los primeros cuentan con los medios económicos para cavar pozos más profundos y seguir disponiendo así de agua, lo que contribuye al descenso del nivel del acuífero. También se han producido 95


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otros conflictos entre usuarios de agua potable y grandes agricultores, pues los pozos perforados por las ONG para suministrar agua para el consumo humano se han secado debido al descenso en el nivel del acuífero (principalmente provocado por las perforaciones de gran profundidad realizadas para asegurar el riego).Y también se han producido enfrentamientos de usuarios de agua potable entre sí, por disputas en torno a este recurso cada vez más escaso pero imprescindible para la supervivencia, o bien, en otros casos, debido a casos de corrupción de las instituciones gestoras del agua o de las autoridades tradicionales que han provocado la marginación de algunos usuarios del sistema de suministro. Estos conflictos han derivado, a menudo, en sucesos violentos, desde la destrucción de infraestructuras hidráulicas hasta enfrentamientos entre lugareños, lo que ha exigido en algunos casos la intervención de vías tradicionales de resolución de conflictos y, en otros, la apertura de procesos legales en los tribunales locales. Las luchas y conflictos por el acceso al agua y a las tierras cultivables se dirimen en torno a la línea divisoria entre, por un lado, actores poderosos cercanos a la familia real y/o pertenecientes a la élite económica y, por otro lado, pequeños agricultores. La penalización de los que menos recursos tienen mediante la exigencia de importantes costes de inversión, así como de altas tarifas anuales en concepto de riego, ilustra perfectamente el lugar de cada uno en las luchas de poder. Una última víctima, pero no por ello menos importante, de esta conflictiva situación está siendo el medioambiente, pues esta guerra por hacerse con el agua de riego está deteriorando aún más el ya de por sí sobreexplotado acuífero. Además, en el ámbito nacional, el desigual reparto del coste-beneficio del proyecto refleja la oposición entre los intereses del sector público y del privado y su lucha por asegurarse la influencia económica y política, si bien en este caso, el sector privado queda ampliamente subordinado al consorcio de la familia real. Así que este proyecto, en vez de aliviar la presión sobre los recursos hídricos y de suavizar la competición abierta por los mismos, está en realidad reproduciendo y agudizando las asimetrías de poder y alimentando las luchas por la supervivencia y por la influencia política.

2.2. El caso de Ben Smim Ben Smim es un pueblo ubicado en las montañas del Medio Atlas marroquí, hogar de unas 3000 personas. Sus principales fuentes de ingresos son la ga96


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nadería y la agricultura, ambas directamente dependientes de los recursos hídricos de la región. Pero ésta lleva varios años sufriendo sequías cada vez más intensas, lo que está obligando a sus habitantes a vender parte de su ganado a bajo precio para poder comprar pienso para el resto. En 2005, una empresa llamada Euro-Africaine des Eaux (EAE) firmó un contrato con el gobierno marroquí para explotar los recursos hídricos regionales y construir una fábrica embotelladora de agua mineral con una capacidad de producción de 100 millones de litros anuales.21 A pesar de que la propiedad de estos recursos es compartida entre el Estado, que posee el 60 % de los mismos, y la población local, que posee el otro 40 %, el contrato fue firmado sin consultar siquiera a esta última. Pero, cuando los habitantes de Ben Smim conocieron estos planes de inversión, se opusieron frontalmente a la comercialización privada de su agua, de modo que el conflicto derivó en varios juicios, así como en disturbios violentos en el propio pueblo. El contrato final estipula que los inversores privados tendrán derecho a captar de las fuentes un máximo de 3 l/s, lo que podría parecer razonable si nos atenemos al flujo original de las mismas, que oscilaría entre 50 y 100 l/s, según figura en el escrito. Pero los lugareños aseguran que esta última cifra se remonta a los años sesenta y que el flujo actual oscila realmente entre 6-10 l/s. Así que, al sentir su supervivencia directamente amenazada, en 2006 comenzaron a organizar diversas actuaciones contra la construcción de la fábrica embotelladora. En 2007, las protestas se intensificaron cuando se inició dicha construcción, produciéndose enfrentamientos violentos entre los lugareños y las fuerzas policiales. Las autoridades cortaron la electricidad varias noches seguidas durante el Ramadán para evitar que la gente saliera a la calle y seis personas fueron sentenciadas a tres meses de cárcel tras los altercados. Han sido varios los factores que han hecho que el conflicto del agua en Ben Smim haya derivado hacia derroteros violentos: la falta de compensaciones y de medidas de acompañamiento para aliviar la precariedad de la población local ha exacerbado mucho los ánimos; pero, aún más, la ausencia de consultas públicas previas a la negociación del contrato con la compañía y la falta de transparencia en lo referente a los términos y consecuencias del mismo ha sido lo que ha polarizado los debates y extremado la desconfianza no sólo hacia los inversores privados, sino también hacia las Administraciones local y nacional. 21

Gaëlle Dupont, «A Ben Smim, au Maroc, les habitants ne veulent pas partager “leur eau”», Le Monde, París, 04 de septiembre de 2009.

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Este segundo caso, aunque muy diferente del anterior de El Guerdán, también es un buen ejemplo de cómo los conflictos por el agua reflejan las luchas de poder. Ben Smim es un símbolo de muchas otras poblaciones remotas y olvidadas, donde los servicios sociales más básicos a menudo brillan por su ausencia aunque se hayan logrado importantes progresos en otros ámbitos como la electrificación rural o la educación primaria. La revuelta de los lugareños contra los intereses del sector privado y contra el apoyo de las autoridades públicas a los mismos resulta, pues, tanto una lucha por el agua como una protesta más general contra la marginación y la falta de participación en la toma de decisiones políticas. En el ámbito nacional, esta lucha está integrada en un movimiento ciudadano más amplio; la creación de la ONG marroquí Association pour le Contrat Mondial de L’Eau (ACME-MAROC), en 2006, contribuyó de forma considerable a abrir un debate en torno al conflicto de Ben Smim y, de forma más general, sobre la privatización del agua y de los servicios vinculados, así como a organizar protestas tanto dentro de Marruecos como en el ámbito internacional. En 2007, otras organizaciones ciudadanas como ATTAC se unieron al movimiento y emitieron una declaración conjunta en la que reclamaban los derechos al agua de los lugareños.22 Por otro lado, puesto que los inversores de la sociedad conjunta SEAS son tanto extranjeros como marroquíes,23 la lucha por el agua de Ben Smim también ilustra el enfrentamiento entre una élite económica marroquí y la población, como ocurre en El Guerdán. En ambos casos, la delegación de la gestión del agua en manos privadas ha conducido a una marginación de las necesidades de las poblaciones locales. Los análisis de otros proyectos de colaboración entre el sector público y el privado en las principales ciudades marroquíes muestran resultados similares: altos beneficios para las compañías privadas y escasos beneficios para las poblaciones locales, así como una gran irresponsabilidad de los actores públicos, nada dispuestos a implicarse por el bienestar del conjunto de la sociedad.24

3. Conclusiones: ¿qué hacer en el futuro? Los dos ejemplos analizados de conflictos en torno al agua muestran que, aparte de amenazar el medioambiente y los medios de sustento local, éstos pueden 22

Marc Laimé, «Ben S’mim, la source de la colère» [en línea], Carnets d’eau. Le Monde Diplomatique, 7 de noviembre de 2008, <http://blog.mondediplo.net/2008-11-02-Ben-S-mim-la-source-de-la-colere>. 23 Khadija El Hassani, «Eau en bouteilles: Bensmim, la “source de la discorde”», L’Économiste, Casablanca, sin fecha. 24 Mehdi Lahlou, La privatisation de «l’eau» au Maroc, Rabat: Association pour le Contrat Mondial de L’Eau (ACME), 2008.

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tener también graves consecuencias sociopolíticas. Esto se debe a que, en la mayor parte de los casos, la lucha por el agua no se limita al recurso en sí mismo, sino que está vinculada a las luchas de poder. En este contexto, la transparencia de los procesos tiende a convertirse en un factor clave que, si no se tiene suficientemente en cuenta, puede intensificar el conflicto e, incluso, cuestionar la legitimidad de los líderes políticos. Cuando sus acuerdos con el sector privado carecen de transparencia, la población pierde confianza en sus intenciones y tiende a restar autoridad a sus decisiones. Esto puede convertirse en una importante fuente de conflicto, como plantea Solanes en su análisis de la privatización del sector hídrico: «Iniciar un proceso de privatización ocultando datos o aportando una información pública inadecuada, o bien no cumpliendo las promesas realizadas, es una garantía de conflicto».25 ¿Cuáles son pues, de forma más concreta, los diversos vínculos entre la falta de transparencia y los conflictos derivados de proyectos de colaboración entre el sector público y el privado? En primer lugar, hay que considerar los efectos de esta falta de transparencia sobre la legitimidad de la implicación del sector público en un proyecto de esta naturaleza. A menudo, las condiciones que debe cumplir dicha colaboración, las negociaciones sobre los términos del contrato y los debates sobre sus objetivos a largo plazo no son suficientemente expuestos y debatidos a la luz pública. Esto tiende a alimentar la desconfianza de la población y su sensación de traición en un contexto donde la participación del sector privado suele asociarse a la corrupción.26 En segundo lugar, la falta de transparencia en la gestión territorial constituye también una cuestión importante a menudo implicada en los conflictos por el agua y en los proyectos de colaboración entre el sector público y el privado, pues este recurso suele fluir atravesando diversas fronteras políticas y privadas y su escasez siempre afecta a un territorio y a unos recursos más amplios que los inmediatamente privatizados. Por ello, las condiciones de acceso a las tierras, la gestión por parte de las autoridades locales de derechos de propiedad a menudo confusos y los efectos medioambientales y sociales a largo plazo de estas 25 Miguel Solanes, Efficiency, Equity and Liberalisation of Water Services in Buenos Aires, Argentine, París: OECD/ Banco Mundial, Fifth Services Experts Meeting, 03-04 de febrero de 2008, pág. 13. 26 El 36 % de las familias marroquíes piensa que el sector privado recurre «a menudo», o «muy a menudo», al soborno para influir en la Administración Pública o en la elaboración de leyes y normativas. Si incluimos la respuesta «de vez en cuando», la proporción se amplía hasta el 64 % (Transparency Internacional, La corruption au Maroc: synthèse des résultats des enquêtes d’intégrité, Rabat: Transparency International, 2009).

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concesiones sobre la calidad y la accesibilidad de la tierra son cuestiones que suelen estar presentes en los conflictos en torno al agua.27 En tercer lugar, la falta de transparencia en el reparto de los costes y beneficios acordado en estos contratos de colaboración entre el sector público y el privado también puede potenciar la conflictividad en torno a la gestión del agua. Dicho reparto entre los actores implicados, la población local, el sector público y los inversores externos (ya sean nacionales o extranjeros), suele ser bastante confuso. En especial, los riesgos a largo plazo de estos proyectos de colaboración no suelen evaluarse adecuadamente mediante estudios de viabilidad, y el precio a pagar por los habitantes locales suele acabar siendo muy superior a lo previsto. Aunque el sector público suele asumir la mayor parte de los potenciales riesgos financieros, económicos, ecológicos y políticos, sus beneficios a largo plazo no siempre están muy claros. Esta cuestión de la transparencia ejemplifica muy bien cómo las disputas sobre el acceso al agua están vinculadas a luchas sociopolíticas más amplias. Las principales cuestiones que plantean los casos anteriormente analizados superan en realidad el marco local y señalan una serie de asuntos que el Estado y la sociedad marroquíes deben abordar urgentemente: • la aclaración de los derechos sobre el agua para riego, ganadería y consumo humano, especialmente en un contexto de creciente escasez y mayor demanda; • la obligación del Estado de proteger los intereses públicos y los medios de vida local frente a los intereses y planes de inversión del sector privado; • la necesidad de incrementar la transparencia de los contratos de inversión y de los proyectos de colaboración entre el sector público y el privado, incluyendo las estimaciones sobre los efectos a largo plazo; • la mejora de los mecanismos y agentes de toma de decisiones políticas, incluyendo en la misma un replanteamiento de las colaboraciones entre el sector público y el privado; • y la articulación de las protestas ciudadanas y la respuesta de las autoridades públicas a las mismas. 27

Según el índice de Transparency International de 2009, el 90 % de los hogares marroquíes piensa que la corrupción de las autoridades responsables de la gestión territorial es un problema «grave» (13 %) o «muy grave» (77 %) (Transparency International, op. cit.).

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Estas cuestiones muestran que los cambios en la gestión del agua pueden afectar de forma inmediata a asuntos referentes a la legitimidad de los líderes políticos. Incluso en áreas tan remotas como El Guerdán o Ben Smim, los ciudadanos locales, que hasta hace poco podían disfrutar de fuentes públicas o de un sistema público de suministro hídrico, se convierten de repente en «clientes» de compañías privadas y, como tales, no sólo tienen que pagar tarifas, en su mayoría más elevadas, a los inversores privados por el agua consumida, sino que además tienen que pagar indirectamente los gastos públicos empleados en proteger intereses privados, como es el caso en El Guerdán (inversiones, garantías y compensaciones). Sin embargo, las leyes del mercado y los intereses de las compañías privadas no pueden sustituir la responsabilidad del Estado en el bienestar y en el desarrollo social. Cuando las colaboraciones entre el sector público y el privado no logran satisfacer las necesidades de supervivencia local, la población tiende lógicamente a cuestionar de forma directa la legitimidad de las autoridades públicas responsables.Y esta pérdida de confianza en las autoridades políticas locales puede reforzar la posición de líderes alternativos procedentes de la sociedad civil o de grupos religiosos. La privatización de los servicios hídricos forma parte de un amplio puzle de privatizaciones en general, donde compañías extranjeras como las francesas Lyonnaise des Eaux, BRL o Vivendi desempeñan un papel fundamental. Los estrechos vínculos entre las élites económicas y políticas marroquíes y francesas explican en parte todas estas concesiones.28 Como analiza Lahlou, las concesiones de explotación de servicios hídricos a compañías privadas no han cumplido las expectativas prometidas y están resultando especialmente dañinas para las capas más pobres de la población, parcialmente privadas de acceso a la red hídrica.29 Para evitar futuros conflictos violentos en torno al agua y para mejorar la conciliación de los intereses en competencia por un recurso crecientemente escaso en Marruecos y en otros lugares, conviene tener en cuenta las siguientes consideraciones: • hay que desarrollar un proceso participativo para plantear al sector privado reglas, objetivos y estándares claros, así como implementar mecanismos posteriores de seguimiento y evaluación;

28 29

Jean-Pierre Tuquoi, Majesté, je dois beaucoup á votre père…, París: Albin Michel, 2006. Mehdi Lahlou, op. cit.

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• hay que incrementar la transparencia de los servicios públicos y privados de agua para el consumo y para el riego y establecer mecanismos de control independiente; • hay que evaluar urgentemente las experiencias en marcha de colaboración entre el sector público y el sector privado y tener en cuenta las lecciones aprendidas de cara a los futuros contratos; • hay que evaluar de forma más minuciosa las consecuencias sociales y medioambientales de los diferentes modelos de gestión del agua, incluyendo la opción de colaboración entre el sector público y el privado; • hay que abrir nuevos espacios para el desarrollo de planteamientos innovadores de gestión del agua, así como de nuevos modelos de colaboración entre el sector público, el sector privado y los usuarios del agua; • finalmente, hay que reconsiderar cuidadosamente el valor político del agua, incluyendo la dimensión simbólica de los modelos de gestión adoptados, puesto que el bienestar social y la legitimidad política están estrechamente relacionados con el control de los recursos hídricos.

[Traducido del inglés por Mario Tornero. AEIOU Traductores.]

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La desocialización del agua en las comunidades del Sur en tiempos de globalización capitalista: del sureste de Marruecos al Sudán central BARBARA CASCIARRI Universidad París 8, Centre d’Études et de Documentation Économiques, Juridiques et Sociales (CEDEJ), Jartum

Resumen La interrelación de los ámbitos económico y social para las comunidades que no están completamente subordinadas al sistema capitalista dominante queda perfectamente ilustrada mediante el análisis del agua, una cuestión en la encrucijada entre lo material y lo social, lo natural y lo cultural, lo tradicional y lo moderno, lo local y lo global. En tales sociedades es posible gestionar el agua de manera colectiva gracias a algunas instituciones (a menudo denominadas tribales) que favorecen las prácticas y valores comunes. La propia gestión común del agua refuerza el marco social. En ese contexto, la mercantilización del agua y de las relaciones sociales, respaldada y difundida hoy en día por el capitalismo global, está alterando las condiciones relevantes de todo el edificio social. Desde esta perspectiva, se ilustran y comparan dos casos de comunidades rurales africanas: el primero en el sureste de Marruecos y el segundo en el Sudán central. Basándonos principalmente en datos del estudio de campo, tratamos de destacar algunos puntos que podrían constituir la base para una reflexión más profunda sobre el enfoque antropológico y su estatus dentro de un debate más amplio de las ciencias sociales sobre la cuestión del agua en los contextos contemporáneos. Palabras clave: gestión del agua, comunidades rurales, globalización, mercantilización, sureste de Marruecos, Sudán central. 107


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1. ¿Una antropología del agua? Cuestiones de enfoque El objetivo principal de esta contribución es ofrecer los resultados de dos investigaciones realizadas sobre comunidades rurales del Sur. Esos casos subrayan que la observación a microescala de las transformaciones inducidas por los fenómenos de mercantilización del agua ligados a la acción del capitalismo global en los países del Sur da pie a fecundas reflexiones en un marco más amplio: el del debate sobre las cuestiones que rodean la gestión del agua en el mundo árabe. Como objetivo secundario, este texto propone una respuesta, aunque parcial, a la pregunta de qué puede aportar un enfoque antropológico al análisis de las temáticas relacionadas con el agua. De hecho, nos hallamos ante la escasez de trabajos antropológicos cuyo enfoque principal sea el agua y que ofrezcan herramientas adaptadas para su estudio.1 En ese ámbito, a menudo el antropólogo sólo puede contar con trabajos de geógrafos, politólogos, historiadores o urbanistas. Es cierto que en las últimas décadas el creciente interés por las temáticas relacionadas con el agua —que no hay que desvincular del carácter de cuestión estratégica que este tema ha adquirido en la fase de globalización— ha motivado que los antropólogos estén cada vez más presentes en los equipos de investigación dedicados a este tema. No obstante, tanto el enfoque como el papel de esta disciplina siguen estando poco definidos. Esquematizando, podríamos decir que se desprenden dos visiones subyacentes. Un enfoque que llamaremos soft o folclórico considera a los antropólogos como una especie de «especialistas» en culturas, «usos y costumbres», sistemas de pensamiento y de creencias, que pueden aportar conocimientos complementarios (por supuesto, no esenciales) al conocimiento más estructural y cuantificado que suministran las demás disciplinas. Es ésta una postura que no relaciona intrínsecamente el campo de trabajo del antropólogo con el conjunto de dinámicas sociales, sino que lo remite a su imagen de coleccionista de curiosidades fascinantes pero, en el fondo, poco «útiles» y bastante desconectadas del resto de la realidad social. Un segundo enfoque, que definiremos como instrumental, considera a los antropólogos como personas que pueden 1 Dejando aparte los trabajos en los que se trata el agua de manera marginal o únicamente en el plano simbólico, ritual o mitológico, la ausencia de textos centrados en el análisis del agua es evidente en los estudios en lengua francesa. Citaremos al respecto a Géneviève Bédoucha, «L’Eau, amie du puissant». Une communauté oasienne du Sud tunisien, París: Éditions des Archives Contemporains, 1987; así como los trabajos más recientes de F. Wateau, Partager l’eau. Irrigation et conflits au nord-ouest du Portugal, París: Éditions du CNRS, 2002; y Olivia Aubriot, L’Eau, miroir d’une société: irrigation paysanne au Népal central, París: Éditions du CNRS, 2004.

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ayudar a «resolver problemas»: se expresan en la lengua de los locales, viven entre la gente, hablan con ellos. En resumen, su trabajo se percibe como una herramienta para facilitar las intervenciones que se efectúen. Se trata de una postura funcional, la misma que ha perseguido a nuestra disciplina desde la época colonial y que subyace de nuevo en el «uso» que hacen actualmente de los antropólogos los estudios encargados por agencias internacionales o por ONG.2 Estos dos enfoques extremos, el folclórico y el instrumental, nos resultan insatisfactorios; pues no permiten aprovechar las potencialidades que la perspectiva antropológica ofrece para el estudio de las cuestiones relativas al agua. De hecho, gracias a sus métodos de análisis intensivo sobre el terreno, la antropología puede, para empezar, abrir una vía de comprensión profunda y cualitativa de las dinámicas sociales (componentes individuales y colectivos, percepciones, valores, estrategias) que obran en torno al acceso al agua en lo tocante a prácticas y discurso. Además, gracias a su enfoque global, la antropología se adapta para captar los puntos clave de un fenómeno —la gestión del agua— que se podría definir como un hecho social total: el material, las técnicas, la producción económica, las relaciones políticas y las representaciones simbólicas son todas las dimensiones que el antropólogo puede recorrer partiendo del análisis del agua y tratando de establecer entre ellas las conexiones que restituyen su sentido. El agua, un tema en el punto de encuentro entre lo natural y lo social, lo local y lo global, lo tradicional y lo moderno, se presta de manera ejemplar a ofrecer una visión global de las sociedades humanas, visión que puede proponer la perspectiva antropológica en su esfuerzo por comprender los grupos sociales y los procesos de cambio que les afectan. El contexto actual de la globalización y las transformaciones que ésta impone a las sociedades del Sur nos han llevado a escarbar en esa problemática y a comprobar la validez de unas hipótesis que son el «laboratorio» de temas cruciales en la tradición antropológica como la relación entre los hombres y los recursos naturales, así como las relaciones que establecen entre ellos al acceder a dichos recursos, a saber, produciendo su vida material y reproduciendo su vida social. Las observaciones que se desprenden, al tiempo que confirman la posición central del agua como clave de lectura de los procesos de globalización, 2 En ocasiones, los propios antropólogos parecen confinarse en ese uso instrumental de su contribución a las cuestiones del agua, como es el caso de un artículo sin embargo interesante de I. Treitler y D. Midgett , «It Is About Water: Anthropological Perspectives on Water and Policy», Human Organization, vol. 66, n.º 2, 2007, págs. 140-149.

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van en la dirección de una antropología de inspiración «polanyiana»,3 cuyo eje es el análisis de la relación entre economía y sociedad, así como la «gran transformación» que interviene cuando las dos están separadas, su fundamento. La reflexión que proponemos, partiendo de la comparación entre dos sociedades rurales del Sur, se centra en una cuestión fundamental: ¿qué ocurre cuando el agua es privada de ese valor social profundamente arraigado? ¿Cuáles son los factores, los actores y los procesos de la desocialización del agua, que constituye una de las consecuencias principales de las transformaciones ligadas a la globalización capitalista?

2. La desestructuración de las sociedades oasisianas marroquíes por el ataque a la gestión comunitaria del agua Mi investigación en el Marruecos suroriental tuvo lugar entre 2000 y 2006 en el marco de un proyecto interdisciplinario sobre la gestión del agua en esa zona azotada por una fuerte crisis ecológica y social.4 Los temas de mi estudio eran: las estrategias de los grupos rurales frente a la crisis; el papel en la gestión de los recursos naturales de las estructuras políticas tradicionales y su interacción con las instancias estatales; las relaciones de interdependencia entre campesinos y nómadas y el proceso de asentamiento de estos últimos. En el interior de la zona del proyecto, el valle del Dra‘a, mi investigación se centró en su parte meridional, en el pueblo de Tiraf y los trayectos que circundan el oasis de Ktaua (véase el mapa 1). Asimismo, el tema central de mi análisis es el proceso de mercantilización del agua y de las relaciones sociales, con profundas implicaciones, proceso al que pude asistir durante la segunda parte de mi estancia sobre el terreno.5

3 Karl Polanyi, La grande transformation: aux origines politiques et économiques de notre temps, París: Éditions Gallimard, 1972 (edición original: The Great Transformation, Nueva York [N.Y.], 1944); Karl Polanyi, Économie primitive arcaiche e moderne. Ricerca storica e antropologia economica, Turín: Einaudi, 1980 (edición original: Primitive, Archaic and Modern Economics, Nueva York [N. Y.], 1968). 4 El proyecto IMPETUS, llevado a cabo entre 2000 y 2008 por las Universidades de Colonia y Bonn, tenía por objetivo estudiar la gestión del agua en dos valles fluviales de Marruecos y en Benin. El equipo de investigadores era variado (meteorólogos, hidrogeólogos, botanistas, agrónomos, economistas, geógrafos y antropólogos) y los estudios de casos se desplegaron (en Marruecos) desde la vertiente sur del Alto Atlas a la zona sahariana del valle del Dra‘a. 5 Barbara Casciarri, «Du partage au clivage: marchandisation de l’eau et des rapports sociaux dans un village du Maroc présaharien (Tiraf, Vallée du Dra)», en E. Bauman, L. Bazin, P. Ould-Ahmed y M. Selim (eds.), Anthropologues et économistes face à la globalisation, París: L’Harmattan, 2008, págs. 87-127.

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Mapa 1. Valle del Dra‘a y territorio de los ait Unzar

Fuente: elaboración propia

2.1. Trasfondo sociohistórico y transformaciones socioeconómicas El valle del Dra‘a se caracteriza por la persistencia de un sistema productivo (basado en la tríada agricultura oasisiana-ganadería nómada-comercio) principalmente orientado a la subsistencia, así como acompañado de una asignación de los papeles económicos vinculada a los caracteres socioétnicos de las poblaciones. Lugar de paso de la ruta transahariana que une Tombuctú con el África del norte, el valle ha estado marcado por una composición muy variada desde el punto de vista lingüístico, etnotribal, estatutario y de especialización productiva. Diversas poblaciones han entretejido allí relaciones de complementariedad, no exentas de una articulación jerárquica significativa, que implican una estratificación entre, en la parte superior, los grupos con función religiosa (shorfa o mrabetin), seguidos por los grupos nómadas (tribus árabes y bereberes), a continuación las poblaciones agrícolas oasisianas tributarias (aquí dra‘wa y, más en general, haratin) y, en la parte más baja de la jerarquía, los grupos de origen servil, llamados ‘abid. Esta disposición estatutaria (marcada por una estricta endogamia) va emparejada a otros parámetros de distinción: en el aspecto productivo, la polaridad entre agricultores oasisianos y ganaderos nómadas de las estepas y, en el aspecto lingüístico y cultural, la existente entre berberófonos y 111


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arabófonos. En Qsar Tiraf, se encuentran los signos de dicha articulación: el pueblo está habitado por los nómadas ait Unzar (berberófonos) y por los agricultores dra‘wa (arabófonos), en particular, por el grupo del linaje de los shaqaf, descendientes del fundador. Para protegerse de las frecuentes incursiones, en el siglo xIx, los shaqaf dra‘wa apelaron a los ait Unzar, tribu de la confederación de los ait ‘Atta.6 A cambio de la protección militar, cedieron a los ait Unzar un cuarto de sus posesiones (casas, tierras y derecho al agua). Estos dos grupos siguen constituyendo aún los dos componentes fundamentales de Tiraf.7 Los ait Unzar se dedican a la ganadería nómada (de camellos, ovinos y caprinos); su territorio se extiende más allá del espacio aldeano,8 al que regresan porque poseen allí huertos y constituye un foco de asentamiento parcial. Por su parte, los dra‘wa viven principalmente de la producción agrícola, asociando el cultivo de palmeras al de cereales y a la horticultura. Ambos participan en una actividad comercial a pequeña escala y venden en los mercados locales su excedente de producción. Los intercambios entre los dos grupos también resultan fundamentales en términos de servicios al margen de las transacciones monetarias y de fuerza de trabajo no asalariada.9 Considerada, en época precolonial, como blad as-siba (‘la región de la insumisión’, por oposición al blad al-majzen, la zona controlada por el Estado) y, desde la época colonial, como el «Marruecos inútil» (zona de escaso potencial productivo para la explotación capitalista), el valle del Dra‘a ha podido permanecer resguardado de las estremecedoras transformaciones que han tenido lugar en el resto del país. Esa marginalidad ha tenido consecuencias en dos aspectos principales: por una parte, el grado de autonomía política del que gozan las instituciones locales (etnotribales) y,10 por otra, la posibilidad de conservar una orientación prioritaria hacia la subsistencia de sus actividades económicas. 6 Ernst Gellner, Saints of the Atlas, Londres: Weidenfeld and Nicolson, 1969; David Hart, Dadda Atta and his Fourty Grand-sons.The Sociopolitical Organization of the Ait Atta of Southern Morocco, Cambridge: Middle East and North African Studies, 1981; David Hart, The Ait Atta of Southern Morocco. Daily Life and Recent History, Cambridge: Middle East and North African Studies, 1984. 7 En Tiraf no hay representación de los dos componentes extremos (grupos religiosos y grupos serviles), lo que explica en parte la ausencia de relaciones jerárquicas fuertes como las que se encuentran en otros lugares del valle. 8 Barbara Casciarri, «Coping with Shrinking Spaces. The Ait Unzâr Pastoralists of South-Eastern Morocco», en Dawn Chatty (ed.), Nomadic Societies in the Middle East and North Africa. Entering the 21st Century, Leiden: Brill, 2006, págs. 393-430. 9 Se trata sobre todo del trabajo que los ait Unzar realizan como rayan, vigilantes de la cosecha, y los dra‘wa como jammas, aparceros en las tierras de un nómada, ambos pagados en especie. 10 Barbara Casciarri, «Coping with Shrinking Spaces. The Ait Unzâr Pastoralists of South-Eastern Morocco», art. cit.; John Shoup «Are There Still Tribes in Morocco?», en Dawn Chatty (ed.), Nomadic Societies in the Middle East and North Africa. Entering the 21st Centrury, Leiden: Brill, 2006, págs. 123-143.

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Pese a esa capacidad de resistencia a una subordinación total a la economía capitalista y a sus valores, han tenido lugar varios momentos importantes de transformación. El primero de ellos se sitúa a mediados de los años setenta. En aquel momento, varios factores impulsaron nuevas dinámicas en los grupos rurales: la crisis ecológica que debilitaba las economías locales, la construcción de la presa de Warzazat, que sancionó el paso «del agua del cielo al agua del Estado»,11 el desarrollo del trabajo emigrante, el asentamiento de los nómadas, el arranque del conflicto en el Sáhara Occidental y la Marcha Verde.12 En esa primera fase de transformación, la población de Tiraf respondió a través de dos opciones distintas: los agricultores optaron por la emigración hacia las grandes ciudades marroquíes y, los nómadas, por el reclutamiento militar. No obstante, hasta la última década, esas formas de integración de fuentes de ingresos con la economía tradicional siguieron siendo temporales y no implicaban más que a una parte reducida del grupo local, sin conllevar un cambio radical de la organización socioeconómica precedente, ni un distanciamiento definitivo del lugar de origen ni de los factores de producción prioritarios. En una segunda fase, a partir de los años noventa, la transformación se hizo más desestructurante para las comunidades locales. Coincidió con el periodo que se percibió como el de la entrada de Marruecos en la globalización. La alternancia que siguió al fin del reinado de Hasan II confirma la adopción de una política liberal que los acuerdos de Barcelona con la UE (en 1995) reforzaron mediante sus directivas de «actualización» de Marruecos con vistas a la creación de una zona de libre comercio mediterráneo. Los efectos de estas mutaciones de orden político y económico (duplicados por la crisis ecológica de los años noventa) son aún más patentes en lo referente a la gestión del agua: la penetración de las multinacionales del agua en el sistema de gestión (saneamiento y abastecimiento), la creación de un mercado fructífero de agua embotellada, la adopción del credo liberal que sostiene la tarificación del agua según las leyes del mercado; todo ello constituye un auténtico momento de ruptura en las zonas, como Tiraf, que se habían «librado» de una desestructuración profunda gracias a su marginalidad espacial, a su autonomía política y al sólido arraigo de sus formas de cohesión social.

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Paul Pascon, «De l’eau du ciel à l’eau d’État. Psychosociologie de l’irrigation», Hommes, Terres et Eaux, n.º 28, 1978, págs. 3-10. 12 Barbara Casciarri, «Drought and “Natural” Stress in the Southern Draa Valley: Varying Perceptions Among Nomads and Farmers», en Michael J. Casimir (ed.), Culture and the Changing Environment. Uncertainty, Cognition and Risk Management in Cross-Cultural Perspective, Oxford/Nueva York: Berghahn Books, 2008, págs. 147-174.

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2.2. Estrategias locales de gestión del agua en un contexto de escasez Antes del impacto estremecedor de las transformaciones recientes, la población de Tiraf puso en práctica diversos medios técnicos, tradicionales y modernos, con el fin de explotar los recursos hidráulicos de que disponían para uso productivo y doméstico. El agua de lluvia, del wadi y del acuífero se explotaban para usos varios mediante pozos, estanques de almacenamiento o mediante el simple acceso al sistema de canalización por acequias (saqia), que conduce el agua de las crecidas (desde 1972, del aliviadero de la presa).13 Otros medios derivados de las técnicas modernas y de la intervención externa se han sumado en las últimas décadas a esas formas tradicionales: pozos perforados de gran profundidad (a menudo con bombas a motor),14 una fuente con grifos colectivos de la que se reparte agua de dos a tres veces por semana y, a partir de 2001, la distribución aleatoria por medio de un camión cisterna organizada por los servicios municipales como «solución de urgencia» en periodos de sequía. Desde el punto de vista técnico, la colectividad recurre a una diversificación funcional muy avanzada en técnicas de explotación del agua y sus usos. Ninguna fuente de las siete existentes (cinco tradicionales y dos modernas) se emplea de manera exclusiva: se extrae de todas al mismo tiempo, respetando las fluctuaciones de temporada y del caudal —y eso sin abandonar las técnicas más antiguas de cuando llegaron las nuevas fuentes de abastecimiento—, y se asegura la asignación diferenciada de los distintos tipos de agua según los usos, ordenados por orden de prioridad: bebida, alimentación, lavado, aseo, abrevadero para los animales. En una zona de pluviometría limitada (100 mm al año), la multiplicidad de las fuentes empleadas y la flexibilidad de las estrategias para su uso, emparejadas con una extrema parquedad en el consumo de agua, ha sido la solución que los habitantes han llevado a cabo desde siempre para paliar la escasez. Esta organización técnicamente eficaz no podría garantizar por sí sola la capacidad de enfrentarse a una situación de extrema escasez de recursos hídricos sin la intervención de un sistema de prácticas y de valores compartido y sóli13

El agua pluvial —que permite algunos años el cultivo de cereales en los campos colectivos, bur— se recoge en estanques en lo alto de los relieves, lawina. El agua de los acuíferos —muy salada bajo los palmerales, pero de buena calidad si no los hay— se usa mediante la excavación de pozos tradicionales, hasi o bir. El agua del wadi se recoge directamente del curso de agua en periodo de avenidas o de las canalizaciones de la saqia, que alimentan también los matfia, depósitos subterráneos. 14 En cualquier caso, esa solución sigue siendo marginal en Tiraf —desde 2001, sólo un individuo posee un pozo con bomba a motor—, probablemente, a causa de la elevada salinidad de los acuíferos.

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damente estructurado. Así, hay que mencionar un modelo de gobierno local basado en la posición central de unas instituciones políticas que rigen a los individuos y a los grupos, dictándoles las normas de una gestión común de lo económico, lo social y las representaciones vinculadas. Gráfico 1. Instituciones etnotribales en el pueblo de Tiraf Asamblea tribal general (14 miembros)

Ait Hammu

Taqbilt de los ait Unzar (8 miembros)

Qabila de los dra‘wa (6 miembros)

4/4 arba ‘a rba‘

3/3 tlata tulut

Ait Yusif Ait Salah

Ait Jui Addi

Ait Ereidad

Lmedani Shaqaf

Lhaddi Shaqaf

Ahl Tiraf

Fuente: elaboración propia

Desde el acta de fundación de la relación entre los ait Unzar y los dra‘wa de Tiraf —el pacto del siglo xIx—, las relaciones entre las dos comunidades han sido gestionadas por una asamblea aldeana constituida por los representantes de clan de las cuatro secciones de la taqbilt (‘tribu’) ait Unzar (los ‘cuatro cuartos’) y los de las tres secciones de la qabila (‘tribu’) de los dra‘wa (los ‘tres tercios’) (véase el gráfico 1). Dicha institución se encarga de los asuntos principales de la vida del pueblo: el reparto de los derechos de riego,15 la elección del ‘alim, guardián de la saqia, la organización de los trabajos colectivos, la gestión del agua potable, el control del calendario agrícola, las relaciones con el Estado, la mediación en conflictos y hasta las cuestiones de orden moral como la conducta de las mujeres jóvenes del pueblo. Así, la complementariedad que los dos componentes de Tiraf reconocen entre sí pese a sus diferencias (lingüística, étnica, tribal) tiene un profundo arraigo en esa institución que difícilmente podría definirse como tradicional, ya que interactúa e integra otras instancias de la política, 15

Desde la instauración del pacto de alianza entre los dra‘wa y los ait Unzar, se estableció el turno de agua durante un semana, dedicando tres días a los primeros, tres días a los segundos y un día a los barraniyin, los ‘extranjeros’, grupos religiosos de fuera de la aldea. Si el reparto étnico (árabes/bereberes) es prioritario, los dos grupos proceden a un reparto posterior entre sus clanes. Este sistema, en el que el agua se reparte por tiempo y no por volumen, no ha sufrido grandes cambios desde la época precolonial.

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como los elegidos en los consejos municipales o los representantes del sistema piramidal de la Administración marroquí. Su multifuncionalidad hace de ella un órgano fundamental de la vida del pueblo y su fuerza reside en el hecho de que no se apoya únicamente en una minuciosa organización práctica de las actividades principales, sino también sobre una base de valores comunes. Por tanto, en lo relativo al agua, las instituciones etnotribales garantizan, por una parte, su gestión eficaz y, por otra parte, mantienen la misma mediante la concepción de que el agua es un recurso común a compartir al margen de las relaciones mercantiles, como un lugar privilegiado de afirmación de los principios de solidaridad e intercambio. La homología entre el sistema de clanes y el de la propiedad de las tierras en el reparto de los derechos sobre el agua productiva se encuentra también en la definición del acceso al agua doméstica, que incluye las formas modernas de abastecimiento. El hecho de compartir los recursos (particularmente el más preciado en ese medio oasisiano, el agua) constituyó el acta de fundación de la unión entre nómadas y sedentarios en Tiraf, y su mantenimiento contribuye a reforzarla. La interdependencia de lo económico y lo social se ve ejemplarmente ilustrada en esta comunidad rural del Marruecos presahariano.16 La socialización del agua es doblemente visible: tanto en la correspondencia entre la articulación de los clanes y el reparto del agua, como en la valoración de los principios de gestión comunitaria y de solidaridad en el reparto del recurso. Va pareja con la sacralización del recurso hídrico: diversos rituales (especialmente los femeninos) sancionan su importancia y,17 en el aspecto ético, a pesar de la existencia del régimen de propiedad privada, es inaceptable negarle agua a alguien o vendérsela. 2.3. La «revolución» del grifo o el paso del reparto a la división Entre 2004 y 2005, a tenor de la instauración de un cambio sustancial en las modalidades de abastecimiento de agua en el pueblo, este sistema local vivió un momento de ruptura. Coincidiendo con las políticas de liberalización adoptadas a nivel nacional —que convirtieron el agua en un objetivo prioritario en el contexto de la globalización capitalista—, se dio una reestructuración de los criterios de suministro de agua. Eximiendo las responsabilidades políticas por medio de una visión naturalizadora de la sequía, el credo liberal dominante co16

Karl Polanyi, La grande transformation: aux origines politiques et économiques de notre temps, cit. Barbara Casciarri, «Drought and “Natural” Stress in the Southern Draa Valley: Varying Perceptions Among Nomads and Farmers», art. cit. 17

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menzó entonces a invocar la «mala» gestión pública y el despilfarro de los consumidores como el problema primordial del acceso al agua. En las zonas rurales que anteriormente tenían un estatus aparte, se adoptaron los mismos criterios de tarificación y de individualización del acceso al agua que estaban en vigor en las ciudades. Mediante la excavación de dos pozos y la construcción de una torre de agua más arriba del oasis de Ktaua, se programa así reemplazar las antiguas fuentes por una red de abastecimiento individual en los cuarenta pueblos del oasis (de los cuales Tiraf es el más meridional). Mientras que las instituciones gubernamentales se esfuerzan por presentar las ventajas de la operación, basándose en un imaginario de modernidad y eficacia, los habitantes de Tiraf están reticentes. Temen, por un lado, que la fuente no sea suficiente cuando cada casa esté equipada con un grifo, se quejan del peso económico (una parte de los gastos de acondicionamiento quedan a cargo del usuario), prevén un aumento de la diferenciación entre los habitantes cuando el sistema de contadores y facturas desfavorezca a la (numerosa) parte de los mismos con ingresos precarios y, sobre todo, lamentan el fin de la noción de un agua gratuita cuya gestión ha administrado siempre la colectividad. No se trata de un rechazo a la innovación técnica en sí misma (el abastecimiento mediante grifos y red moderna se integró sin problemas en el momento de instalación de las fuentes), sino del rechazo a unos cambios más desestructuradores que deja entrever el «grifo de la globalización» y que se desprenden del nuevo marco en que se inserta la innovación.18 Pese a la protesta emitida por los interesados en abril de 2004, que solicitaba el mantenimiento de los grifos colectivos, las autoridades no se han replanteado el proyecto. Poco después de su instauración, resulta que los temores de los habitantes de Tiraf tenían fundamento. La rápida propagación de comportamientos irracionales en el uso del agua —en una situación ecológica en la que, pese a las técnicas modernas, la disponibilidad sigue siendo limitada— engendra una competencia y un acceso desigual entre los pueblos más cercanos al origen del agua y los más alejados, así como en el interior de un mismo pueblo. En breve, el sistema moderno deja ver sus fallos en ciertos pueblos, como Tiraf, donde el turno de distribución se va alargando: de una semana a once días, 18

Por motivo de la alteración de las relaciones sociales que trajo consigo la instalación de grifos individuales en Tiraf, se puede hablar de «revolución» del grifo, haciendo eco de la expresión revolución de la motobomba que se empleó en el momento de la difusión de la misma en los años setenta. Aunque Tiraf se «salvó» —en parte a causa de la salinidad de los acuíferos— de la difusión de la motobomba, que engendró una especie de privatización informal de los acuíferos y la relajación de la gestión colectiva del agua, aquí ha sido el grifo individual lo que ha tenido repercusiones revolucionarias.

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luego a quince, hasta llegar al momento crítico en que Tiraf permanece dos meses sin recibir agua potable. De este modo se instaura una penuria antes desconocida, paradójicamente en el curso de una transición destinada a acabar con la misma. Se extienden actitudes especuladoras por parte de otros pueblos que venden el agua a precios exorbitantes a los sedientos habitantes de Tiraf. Al mismo tiempo, el tejido social, que hasta entonces había garantizado el intercambio solidario y no mercantil al menos para ese bien vital y sagrado, se debilita por los efectos del nuevo modelo individualista que se ha impulsado.

2.4. Desocialización y desacralización del agua y de las relaciones sociales Aunque los problemas ecológicos y las dificultades económicas son el aspecto más visible del fracaso del nuevo sistema, es más bien su alcance social el que ilustra las dinámicas de mercantilización del agua como momento de cesura de una organización sociotécnica compleja y sólidamente anclada en la complementariedad a varios niveles, organización que había demostrado su eficacia desde la fundación del pueblo. La sustracción de la gestión del agua a la comunidad, que la gestionaba hasta entonces en base a unos parámetros distintos de los económicos, ha desencadenado en Tiraf unos efectos de desestructuración rápida y profunda. La dimensión espacial oculta del grifo privado supone un obstáculo para el control comunitario que en la fase anterior determinaba los criterios —igualitarios y no mercantiles— de asignación de recursos y velaba constantemente por su aplicación y por la adaptación de los comportamientos considerados aceptables (social y ecológicamente). En el momento de la mencionada penuria, los habitantes de Tiraf pudieron dar fe de los costes sociales de esa innovación. La cultura del ahorro de agua se borra rápidamente cuando el usuario sólo es responsable de su capacidad de pagar y se ve conducido a considerar su consumo como una cuestión meramente individual. La obligación del reparto y de la redistribución se siente igualmente menos apremiante cuando el abastecimiento se realiza a domicilio. Los microconflictos —entre pueblos con distintos niveles de abastecimiento o en el interior de un mismo pueblo— siguen incrementándose. El agua, que había creado y seguía alimentando la cohesión de los componentes del pueblo, que tenían que negociar conjuntamente el uso del recurso, una vez desligada del conjunto social en que estaba encastrada y convertida en mercancía de118


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socializada se convierte en un factor determinante para el desmoronamiento de todo el edificio social. En Tiraf, la desaparición paralela de la ritualización que se realizaba siempre alrededor del agua ilustra,19 en esa misma fase, que la desacralización acompaña necesariamente a la desocialización o, en otras palabras, que los valores siempre van parejos con los sistemas técnicos, a pesar de las ilusiones o los deseos de los planificadores, que disocian ambos elementos.

3. La fragmentación hidráulica y social en los posnómadas del Sudán globalizado Al regresar recientemente a Sudán,20 donde había realizado mis estudios anteriores sobre la organización económica y política de los grupos nómadas arabófonos, quise inspirarme para mis nuevas investigaciones en el enfoque de una antropología del agua que había experimentado sobre el terreno en Marruecos. Semejante enfoque era tanto más deseable por cuanto que desde entonces esas mismas poblaciones se habían convertido en un objetivo prioritario de las profundas mutaciones que ha experimentado Sudán en los últimos quince años de globalización: liberalización, privatización y expropiación de tierras colectivas, creciente urbanización y crisis de las economías de subsistencia. La ausencia de trabajos de ciencias sociales que traten el tema del agua en Sudán,21 así como

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Siguiendo en la línea de los rituales más antiguos, las mujeres de Tiraf tenían costumbre de «inventarse» momentos de celebración relacionados con las nuevas fuentes de agua. Aunque esto se ha seguido haciendo hasta la llegada de las fuentes canalizadas, esta última innovación —los grifos individuales— no ha dado lugar a un ritual análogo (Barbara Casciarri, «Drought and “Natural” Stress in the Southern Draa Valley: Varying Perceptions Among Nomads and Farmers», art. cit.). 20 Mi primer estudio de campo en Sudán (entre 1989 y 1995) se desarrolló en el marco de la elaboración de un trabajo de fin de carrera y posteriormente un doctorado en antropología (Barbara Casciarri, Les pasteurs Ahâmda du Soudan central. Usages de la parenté arabe dans l’histoire d’une recomposition territoriale, politique et identitaire [tesis de 3.er ciclo], París: EHESS, 1997). Mi segundo estudio de campo (entre 2006 y 2009) se realizó en virtud de mi puesto como coordinadora del Centre d’Études et de Documentation Économiques, Juridiques et Sociales (CEDEJ) de Jartum. Aunque en este texto centre mi análisis en el caso de los ahamda (sobre quienes dispongo de más datos), durante el mismo periodo pude ampliar mis investigaciones sobre este tema a un grupo nómada del sur de Kordofan, los hawazma, así como a dos barrios periféricos del suburbio este de Jartum (Idd Babikir). Este último estudio se llevó a cabo en el marco de un proyecto internacional de investigación, WAMAKHAIR (Water Management in Khartoum International Research), financiado por el ANR y su homólogo alemán, el DFG, cuyos socios son la Universidad de París 8, la de Nanterre, la de Bayreuth (Alemania) y la Ahfad University of Women of Omdurman (Sudán). 21 Son muy escasos los trabajos que tratan en profundidad el tema del agua en Sudán; citaremos al respecto el trabajo de A. Shepherd et ál., sobre la gestión del agua en un medio árido, y otro más reciente de M. Negre, sobre las interacciones entre comunidades locales, Estado y ONG en un suburbio de Jartum (A. Shepherd, M. Norris y J. Watson, Water Planning in Arid Sudan, Londres: Ithaca Press, 1987; Michael Negre, ONG et autoritarisme au Soudan: l’eau en question, El Cairo: CEDEJ, 2004).

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el rico corpus de datos recopilados entre quince y veinte años antes, confirmaban el interés de retomar la investigación sobre los ahamda del Butana central.

3.1. Trasfondo sociohistórico y gestión tradicional del agua El grupo ahamda, objetivo de nuestra investigación, se sitúa en las franjas centro-occidentales del Butana (véase el mapa 2), una llanura entre los ríos ‘Atbara, Nilo principal y Nilo Azul, lugar elegido por varios grupos nómadas árabes y beyas.22 Criadores de camellos, ovinos y caprinos, los ahamda explotaban los recursos de su territorio en base a un ciclo que los hacía desplazarse al este, a la zona interna del desierto, en temporada de lluvias (jarif) y replegarse al oeste, cerca de los pueblos del Nilo, en la estación seca. Esa comunidad es sólo una sección de un conjunto mayor de grupos arabófonos que se reconocen por el etnónimo ahamda, ‘los descendientes de Hammad’, ancestro epónimo. Llegados a Sudán hace varios siglos, en el momento de las migraciones de grupos de beduinos procedentes del norte de África, los ahamda se instalaron en el Nilo Blanco, zona reconocida por el Estado como su dar, su territorio exclusivo. Las vicisitudes históricas (guerras intertribales, trastornos en la época mahdista, hambruna de la sana sitta23 en 1885), así como la movilidad típica de las poblaciones de pastores, determinaron su dispersión por el territorio sudanés. Esos fragmentos se reconstituyeron progresivamente como auténtica tribu (qabila), estableciendo nuevas relaciones en las zonas de llegada y al mismo tiempo mermando las relaciones con el grupo de origen, a veces incluso hasta llegar a «olvidarlo».24 En nuestra zona de investigación, los ahamda llegaron probablemente hace alrededor de un siglo y se recompusieron progresivamente como tribu afiliando a grupos de otros orígenes.25 Durante la segunda mitad del siglo xx, varios factores han contribuido al paulatino asentamiento del grupo (crisis ecológicas, cooptación de la producción pastoral en la economía de mercado, desarrollo de las comunicaciones, atracción del trabajo asalariado). Los primeros signos son ya 22

Gunnar Sorbo, Tenants and Nomads in Eastern Sudan. A Study of Economic Adaptations in the New Halfa Scheme, Uppsala: Scandinavian Institute of African Studies, 1985. 23 Sana sitta: ‘año seis’, porque la hambruna tuvo lugar en el 1306 de la Hégira. (N. de la Ed.) 24 Barbara Casciarri, «“La gabila est devenue plus grande”. Permanences et évolutions du “modèle tribal” chez les pasteurs Ahamda du Soudan arabe», en Pierre Bonte et ál. (eds.), Emirs et présidents, París: Éditions du CNRS, 2001, págs. 273-299. 25 Cuando llegaron, los ahamda pudieron beneficiarse del debilitamiento de los nómadas batahin, antiguos «amos» del Butana, a consecuencia de la represión mahdista. Después, varios factores contribuyeron a consolidar el asentamiento de la qabila ahamda en ese territorio (el papel unificador del clan sufí, los sheijab, la presencia de un clan con jefatura militar y política, los atayab, así como las políticas coloniales de la Native Administration), que ha acabado considerándose su territorio tribal.

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Mapa 2. Sudán y la zona de investigación

Fuente: elaboración propia

visibles en los años sesenta y setenta, pero el mayor golpe para el pastoreo nómada de los ahamda fue la sequía de 1984-1985. Así, el proceso de asentamiento se produce gradualmente: primero, como una reducción de la amplitud de los desplazamientos estacionales; después, como paso a una opción trashumante en la que sólo los hombres siguen a los rebaños, dejando al resto de la familia en emplazamientos fijos. No obstante, hasta mediados de los años noventa, aunque muchos habían adoptado una forma de hábitat casi permanente —en los pueblos junto al Nilo con byut at-tin (‘casas de adobe’) o en campamentos en el desierto con byut al-‘arab (‘casas de nómadas’; chozas)— la estrategia de una mayor diversificación en el grupo local y la flexibilidad de las opciones productivas permitieron que el pastoreo conservase una posición central, como base económica y fuente de valores. La persistencia de una auto y heteroidentificación como ‘arab, nómadas,26 probaba que las adaptaciones contextuales no habían transformado a esos pastores 26

En el Sudán central y septentrional, el término ‘arab es sinónimo de nómadas. Implica unos parámetros que van más allá de la movilidad física (el hábitat, las estructuras políticas, las prácticas de matrimonio, la concepción del honor…) en vista de que las poblaciones sedentarias siguen aplicándoselo a los grupos de origen nómada incluso cuando llevan mucho tiempo asentados (Nicole Grandin, «Note bibliographique sur les pasteurs nomades au Nord-Soudan», Production Pastorale et Société, n.º 7, 1980, págs. 98-118; Barbara Casciarri, «Essere ‘arab tra gli Ahamda del Sudan centrale: riflessioni sulla “identità nomade” tra Africa e Medio-Oriente», en Maria Arioti y Barbara Casciarri [eds.], Società pastorali d’Africa e d’Asia, número monográfico de La Ricerca Folklorica, n.º 40, 1999, págs. 117-134).

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nómadas en aldeanos sedentarios. En el ámbito político, la noción de una gabila unitaria, solidaria en sus relaciones internas y frente a los «extranjeros», se veía sustentada por la existencia de un territorio común cuyos derechos de explotación se concebían como colectivos, inalienables, a defender por el grupo entero. De hecho, el sistema de acceso y explotación de los recursos hídricos —factor primordial en la producción— sólo se comprende a través de su estrecha interrelación con ese modelo sociopolítico que se puede resumir mediante el término gabila (‘tribu’).27 Tradicionalmente existen entre los ahamda dos fuentes principales de abastecimiento de agua: el hafir, reserva artificial excavada en la tierra para almacenar el agua de lluvia, y el pozo.28 Las modalidades de acceso y la gestión de estas obras hidráulicas se corresponden con los distintos niveles de coherencia de la organización social del grupo, que sigue en líneas generales lo que se ha definido como modelo segmentario en los grandes grupos árabes, especialmente en los pastorales. La gabila, unidad máxima, es la institución que define la apropiación formal del territorio y de sus recursos:29 la pertenencia a esa unidad (basada en la filiación patrilineal, real o ficticia) garantiza de manera igualitaria y exclusiva el derecho de excavar pozos, el deber de defenderlos frente al exterior y los modos de reparto de los trabajos de mantenimiento. Por debajo de la articulación tribal, el responsable de la apropiación real, de la excavación del hafir y de pozos menos profundos, del abastecimiento y de la distribución de agua es el grupo de awlad, correspondiente a una unidad re27

La economía del texto no nos permite entrar en la cuestión del modelo tribal. Nos limitaremos a referir algunos trabajos recientes (Pierre Bonte, Edouard Conte y Abdel W. Ould Cheikh, Al-Ansâb la quête des origines, París: Éditions de la MSH, 1991; Pierre Bonte, Edouard Conte y Paul Dresch [eds.], Emirs et présidents. Figures de la parenté et du politique dans le monde arabe, París: Éditions du CNRS, 2001) que han retomado el debate en torno a la noción de tribu en antropología, demostrando su pertinencia en el área definida como arabomusulmana, así como su flexibilidad y su capacidad de adaptarse a los contextos de grandes cambios y de interacción con las instancias estatales. Lo mismo ocurre con el debate sobre las sociedades segmentarias mencionado en el texto, tema que también han tratado los autores mencionados. 28 Existen dos tipos de pozos: los que están situados en el interior del desierto tienen una profundidad de alrededor de 60-70 m, su excavación y mantenimiento implican la colaboración de un grupo amplio y sus estructuras para achicar el agua son más complejas; por su parte, los pozos de los pueblos asentados cerca del Nilo extraen el agua de acuíferos a una profundidad de unos 10-15 m, su construcción es menos laboriosa y el grupo que colabora para ello, más restringido. 29 Pierre Bonte, «Marxist Theory and Anthropological Analysis: The Study of Nomadic Pastoral Societies», en J. S. Kahn y J. R. Llobera (eds.), The Anthropology of Precapitalist Societies, Londres: MacMillan Press, 1981, págs. 22-57.

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sidencial, el farig (campamento o, en situación sedentaria, fracción de un pueblo). En este sistema sociotécnico, los valores primarios y compartidos son el trabajo colectivo y la ayuda mutua, así como el principio de gratuidad y de inalienabilidad del agua. Asimismo, otros recursos hídricos están disponibles para algunos grupos o en ciertos momentos del año: por ejemplo, el agua del Nilo es un recurso suplementario, ya sea en el momento del ciclo en que los ahamda se acercan a los pueblos sedentarios, ya sea para aquellos cuyo asentamiento en hábitats fijos se realizó en la zona occidental del territorio. Además, desde la sequía de 1984, aquellos cuyo proceso de asentamiento estaba más adelantado pudieron beneficiarse de la excavación realizada por el gobierno de pozos perforados, equipados con torres de agua, aunque su distribución era precaria a causa de la falta de carburante o de las frecuentes averías. No obstante, el carácter aleatorio de esos nuevos recursos hacía que los pozos tradicionales y los hafir siguieran siendo las obras hidráulicas fundamentales, y la gabila (con sus principios de autonomía, solidaridad e igualdad) la base principal de reconocimiento del derecho al agua y de los modos de acceso a la misma. A pesar de la diversificación de las estrategias de subsistencia de los distintos grupos locales, la persistencia del papel de la producción pastoral hacía que incluso los grupos asentados cerca del Nilo mantuvieran sus derechos sobre los pozos y los hafir del desierto para proveer a sus rebaños. Así, el acceso comunitario a los recursos hidráulicos y la articulación sociopolítica de la gabila se mantenían recíprocamente cuando se reconocía la existencia de un territorio único tribal.

3.2. Transformación reciente del acceso al agua: mercantilización y bloqueo de las instituciones comunitarias Si ya en el momento de nuestro primer estudio de campo el abandono del pastoreo nómada como fuente primordial de subsistencia y el proceso de asentamiento ya se habían entablado,30 al regresar quince años después hemos constatado que, en concomitancia con las transformaciones socioeconómicas a escala nacional, esas tendencias se han tornado casi irreversibles.31 30 Barbara Casciarri, «Local Trends and Perceptions of Processes of Commoditisation in Central Sudan. The Response of the Ahâmda Pastoral System to State Pressures and Capitalist Dynamics», Nomadic Peoples, vol. 6, n.º 2, 2002, págs. 32-50. 31 «The Predicament of Access to and Management of Resources in “Globalized” Sudan. Some Notes from Case Studies Among Arab Pastoralists in the Butâna and Southern Kordofan» [próxima publicación], en M. A. Assal (ed.), Anthropology in Sudan: Past, Present and Future, Jartum: Khartoum University Press.

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Sudán ha experimentado notables cambios en las dos últimas décadas: el fin de la guerra civil, que ha permitido la puesta en explotación del petróleo y favorecido la llegada de nuevos inversores (especialmente de Asia), el refuerzo de una burguesía ligada a las rentas petroleras, la aparición de nuevos focos de conflicto (y su internacionalización) y el desarrollo de los transportes —factor cuya importancia no hay que subestimar—, que han revolucionado las condiciones de vida locales. En nuestra zona de estudio, la implantación de la segunda refinería del país por parte de los chinos, seguida por la creación de una zona franca, conllevó la expropiación de parte de los territorios tribales —entre los cuales se hallaba el de los ahamda—,32 la degradación del medio, la construcción de una presa en el principal wadi de la región y la de una autopista asfaltada en medio del desierto. Paralelamente, la rápida expansión de la aglomeración de Jartum transformó las márgenes occidentales del territorio ahamda,33 que antes se podían calificar de rurales, en una especie de «gran suburbio» sometido a la atracción del centro de poder y a diversos flujos (fuerza laboral, mercancías, ideas, modos de vida) que emanan de la capital. Paralelamente a este proceso general, el acceso al agua para los ahamda se ha transformado profundamente. Un conjunto de factores —como son el declive de la producción pastoral, la incursión de nuevos actores en el territorio, el desarrollo del asentamiento cerca del Nilo o el desigual acceso a los servicios modernos de abastecimiento— ha propiciado que se establezcan cada vez más diferencias en cuanto a los medios de acceso al agua y a la red social subyacente. Así, hoy por hoy hemos registrado al menos cinco modos distintos de abastecerse de agua. Los pozos y los hafir siguen siendo las únicas fuentes para los campamentos del desierto; las torres de agua, con un sistema de distribución análogo al de las zonas urbanas, están presentes en algunos pueblos ahamda cercanos al Nilo o a la autopista asfaltada; para los que trabajan en actividades salariales fuera del territorio, se emplean camiones y furgonetas para transportar agua cogida en Jartum o en pueblos agrícolas; los canales de los proyectos de regadíos y las canalizaciones de la refinería son explotados por los grupos limítrofes; por último, se emplean carros [sic], carretas tiradas por burros, para 32

Dicha expropiación no figura, pues, pese a la existencia de un reconocimiento implícito, el estatuto de las tierras tribales nunca se ha reconocido plenamente en Sudán. El Land Registrement Act de 1970 confirmaba la legislación colonial, según la cual toda tierra no registrada como propiedad individual se considera propiedad del Estado. 33 Eric Denis, «De quelques dimensions de Khartoum et de l’urbanisation au Soudan», Lettre de l’OUCC, n.º 6-7, 2005, págs. 19-29.

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distribuir agua a los grupos marginales de ciertos pueblos. Aunque el elemento técnico que hemos citado sea el más visible, hay otras diferencias que causan más trastornos: la que marca la calidad del agua, la existente entre el agua gestionada por la comunidad, por los servicios estatales y por vendedores privados y, sobre todo, la que se establece entre el agua gratuita o de pago. De ello se desprende una creciente diversificación en las relaciones sociales. En vista de que el reparto del agua (acceso y gestión) era una de las prerrogativas fundamentales de la gabila y de las articulaciones de su linaje, esa fragmentación hidráulica va pareja con la fragmentación del propio grupo social, así como con el declive de los valores que sustentaba esa gestión comunitaria: gratuidad, inalienabilidad, igualdad. Así, el desarrollo generalizado de las relaciones mercantiles (la tierra y la fuerza laboral son también sus objetivos) hace aparecer prácticas nuevas, como la propuesta de venta o de compra de ciertas fuentes de agua tradicionales o de los derechos de acceso a las mismas.34 Esta nueva situación no siempre llega al estadio de conflicto abierto gracias a las formas de control social, así como a la retórica de la solidaridad tribal empleada instrumentalmente por las nuevas élites ahamda.35 Sin embargo, gran parte de los ahamda se quejan del hecho de que ciertos «compañeros de tribu» se nieguen ahora a participar en los trabajos colectivos de mantenimiento de los pozos y de que las jefaturas de las tribus no hayan desempeñado su papel de defensa de la integridad territorial (y de la exclusividad de los derechos de explotación de los recursos) frente a las incursiones privadas o del Estado. En sus relatos, la queja del hecho de que hoy en día «todo se compra» (al-lela kullu biga be-l-gurush) subraya el carácter disruptivo de las prácticas de mercantilización del agua, que sanciona la ruptura del principio de reciprocidad y de intercambio gratuito del agua tribal, base de las relaciones entre los miembros de un mismo grupo cuya relación, en tanto que awlad ‘amm, debe manifestarse mediante la máxima solidaridad. La fragmentación y la individualización de los derechos de acceso al agua minan también la capacidad histórica de asegurar el uso racional de los recursos en situación de escasez: cuando estos últimos, antes considerados como comunes 34

Es el caso, por un lado, de inversores externos que buscan la apropiación del territorio con fines de explotación mercantil y, por otro, más raro, de algunos «compañeros de tribu» que empiezan a explotar el territorio tribal con fines individuales y de maneras ajenas a la tradición. 35 Barbara Casciarri, «Hommes, troupeaux et capitaux: notes sur le phénomène “tribal” au Soudan de la globalisation», en Pierre Bonte y Yazid Ben Hounet (eds.), La tribu dans le monde contemporain: pastoralisme nomade, État national et globalisation, número especial de Études Rurales, n.º 184, 2009.

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y gestionados globalmente, pierden su estatus de eje de la organización socioeconómica en sentido más amplio —así como de los valores que la sustentan—, de ello se deriva la desocialización del agua y de las relaciones sociales. Si bien algunas tendencias encaminadas a las transacciones mercantiles ya eran visibles hace quince años, el impacto de la globalización, al igual que el bloqueo de las instituciones tribales que se ha venido produciendo gradualmente por efecto de las presiones del Estado con su «revival» de la Native Administration y de los intereses de las élites neotribales,36 esbozan un marco más drástico y, una vez más, subrayan la interrelación entre el sistema tecnoeconómico y la sociedad, así como la importancia del agua como expresivo indicador para la explicación de dichas dinámicas. 3.3. El orden de la tribu y la gestión del agua: el pozo de Dalaya, «ruh al-balad» Enriqueceremos la ilustración de los modos de gestión del agua y de su reciente transformación como ruptura de las prácticas comunitarias y como disociación de lo económico y lo social con un estudio centrado en una de las principales obras hidráulicas de los ahamda, el pozo de Dalaya. Ese «objeto», cuya «vida social» hemos seguido entre nuestra primera visita en enero de 1989 y la actualidad, nos parece emblemático para comprender cómo la organización social de un grupo rural, que vive en las márgenes de un espacio dominado por el modelo capitalista pero que funciona en base a criterios sociales de gestión de la economía, puede «encarnarse» en una obra que garantiza en el plano material la producción de la comunidad (abastecimiento de agua para los hombres y el ganado) y en un plano más amplio su reproducción social como conjunto coherente y solidario. 3.3.1. Descripción técnica de la obra El pozo de Dalaya (idd ad-Dalaya)37 no es la única obra de ese tipo en esa parte desértica del territorio, ni tampoco es el más profundo; su especificidad es que, 36

Barbara Casciarri, «“La gabila est devenue plus grande”. Permanences et évolutions du “modèle tribal” chez les pasteurs Ahamda du Soudan arabe», art. cit.; Barbara Casciarri, «Hommes, troupeaux et capitaux: notes sur le phénomène “tribal” au Soudan de la globalisation», art. cit. 37 Dalaya es el topónimo de esa parte del desierto, a unos 35 km al este del Nilo, en el centro del territorio ahamda y en el corazón de la región llamada al-Kanyar, por el nombre del jor (wadi de gran caudal) que fluye en dirección oeste-este y desemboca en el Nilo. Esta área es una de las mejores del territorio por sus pastos y por la vegetación arbórea que crece por la infiltración de aguas. Por ello, el Kanyar sigue siendo la zona en la que los campamentos permanentes son más numerosos. La posición central del jor Kanyar se confirma por las alabanzas que recibe en la tradición oral.

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para empezar, es el único en cuya construcción ha participado todo el conjunto de clanes de la gabila (reforzando así su vínculo) —por eso, a menudo, se lo califica de idd al-ahamda, el pozo de los ahamda por antonomasia— y, además, sigue siendo el único pozo profundo tradicional cuyo uso no se ha abandonado a consecuencia de las recientes transformaciones.38 Tampoco es el pozo más antiguo de los ahamda, pero los desafíos que supuso su excavación contribuyeron a darle ese valor crucial para la cohesión del grupo. Por su profundidad —47 rayil, alrededor de 82 m— el pozo se nutre de un acuífero perenne, capaz de asegurar el abastecimiento de los rebaños y los campamentos de los aledaños en un radio de aproximadamente 5 km. Sus dimensiones hacen que el achicamiento de agua únicamente se pueda realizar mediante tracción animal (un camello o, más raramente, dos burros enganchados). Las estructuras de madera superpuestas sobre el brocal sostienen las poleas y permiten enganchar la cuerda (selaba) con el odre (delu) al camello,39 que baja por uno de los cuatro recorridos que se ramifican partiendo del pozo. Una vez que se ha subido el odre hasta el brocal, se derrama su contenido en las canalizaciones subterráneas de piedra (sabaloka), que lo conducen hasta el interior de uno de los muchos estanques solados (hod) rodeados de arbustos espinosos o de muretes de tierra. Allí, a cierta distancia del lugar donde se desarrolla la extracción, es a donde se conducen los rebaños para abrevar y a donde vienen los miembros del campamento a cargar con el agua para uso doméstico de los hogares. Las operaciones de achicamiento se desarrollan durante la madrugada, a partir del alba, y los distintos grupos se van alternando durante varias horas en el pozo. El pozo se gestiona localmente (y tribalmente) también en cuanto a los derechos de acceso: la racionalidad ecológica requiere que, a pesar de que sus aguas sean perennes, a la llegada de las lluvias se cierre el pozo y los campamentos deban aprovisionarse en sus respectivos hafir; estos últimos permitirán a los hogares beber durante un periodo variable (en función de la pluviometría anual) de entre cuatro y ocho meses. Únicamente cuando éstos se agoten, en plena estación seca, entre el mes de febrero y el de abril, se decretará de nuevo la apertura anual del pozo. No obstante, el pozo sigue siendo una auténtica fuente de socorro gracias a su perennidad; los ahamda recuerdan que, en tiempos 38

Cuando hicimos el primer estudio de campo en la misma región, había al menos otros dos pozos profundos (de entre 60 y 80 m): el pozo Shennag (o pozo de los basotab) y el pozo de los ‘egerbab. En 2006, supimos que esos dos pozos habían sido abandonados recientemente y que Dalaya quedaba así como único superviviente de aquella tradición de gestión colectiva de pozos profundos en medio desértico. 39 La selaba es una cuerda resistente y larga, obtenida trenzando tiras de piel de cabra (o de vaca); el delu, odre de unos 20 l, también se hace con piel de ganado. Hay que señalar que estas herramientas tradicionales (producidas localmente) siguen en uso en el pozo de Dalaya, mientras que en casi todas partes están siendo reemplazadas por objetos comprados de plástico de producción industrial.

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de la gran sequía de 1984-1985, cuando la ausencia total de lluvias impidió que se llenaran los hafir, fue el pozo de Dalaya lo que los salvó gracias a su apertura excepcional a lo largo de todo el año. 3.3.2. Historia de un pozo, historia de una comunidad nómada Aunque el presente del pozo sea importante, su historia lo es aún más. Aunque algunos informadores ancianos hayan evocado su presencia en el mismo emplazamiento de un pozo muy antiguo, parece ser que las tentativas anteriores de excavación no llegaron a buen puerto y que la puesta en funcionamiento del pozo se realizó alrededor de 1950-1952. En aquel momento, hubo varios motivos que impulsaron a los ahamda a reducir sus desplazamientos por el Butana, el más importante de los cuales fue la gran sequía que azotó la región entre 1948 y 1949. La documentación de los archivos coloniales da fe de una masa de nómadas empobrecidos que fluían hacia la capital, listos para convertirse en habitantes precarios de las barriadas periféricas a consecuencia de la pérdida total de sus rebaños —el asentamiento precoz de ciertos grupos nómadas como los batahin en la periferia de Jartum data de ese periodo—. Así, los ahamda —que parecen más refractarios a la idea de un asentamiento total y que probablemente sufrieron menos pérdidas que otros grupos— trataron de poner en marcha una de las estrategias utilizadas con más frecuencia por los grupos nómadas de las zonas áridas: dotarse de una instalación (provisional, pero más duradera que de costumbre) que no implicara la venta del ganado ni el abandono del hábitat móvil, en la parte occidental del territorio, cerca del Nilo. Pero, paralelamente, en esa zona de repliegue en la estación seca, la expansión de la economía capitalista, impulsada por la colonización, llevó a la superposición en gran parte de la franja de tierra cercana al Nilo, donde se habían implantado proyectos de agricultura comercial. Por ello, como dice Babikir Wad Ballal, uno de los «promotores» de la excavación del pozo,40 «para que nuestra gente y nuestros animales puedan beber, nos hemos visto obligados a excavar un pozo

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Babikir trabajó en todas las etapas de su excavación (y tomó parte en los conflictos que se desencadenaron con otros grupos). Durante sus relatos épicos sobre la excavación del pozo de Dalaya, que suministró entre 1989 y 1995, a menudo mostró las cicatrices de las heridas provocadas por las cuerdas por medio de las cuales le bajaban al pozo. Tras volver a encontrarlo en 2006, Babikir, el único superviviente de los ahamda que participaron en la excavación de idd ad-Dalaya, falleció a la edad de unos noventa años, en abril de 2008. La autoridad de que gozaba entre los ahamda, como depositario de la memoria de toda la gabila, se debía en gran parte al reconocimiento de su papel en la realización de esta obra fundamental.

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en el desierto, pues la agricultura de las gentes del Nilo nos había “cercado” [ya no nos permitía acceso libre a las aguas del Nilo]». Así, la excavación de un pozo marca la reacción a los inicios de la intrusión de la agricultura comercial junto a las comunidades nómadas. También testimonia las adaptaciones del modelo de nomadización elaborado por el grupo: en los años siguientes, y hasta hoy en día, la presencia de este pozo permitirá a los ahamda una opción original de asentamiento en pleno desierto, que no los obliga a desvincularse del modo de producción pastoral y les permite conservar la autonomía relativa de una socioeconomía de subsistencia. La construcción del pozo (que duró casi un año) es un momento fundamental para el refuerzo de la cohesión de un conjunto bastante heterogéneo de grupos nómadas, que están desarrollando su integración y recomposición. La participación de los representantes de cada clan en el equipo de trabajo (así como el papel del clan sufí de los sheikhab en la sacralización del pozo)41 es un acto necesario en vista de la envergadura de la obra, pero sobre todo funciona como catalizador de la constitución de una unidad política solidaria, como grupo que comparte un recurso fundamental. Esta dimensión de refuerzo de la identidad como tribu unitaria se desarrolla también de cara a los actores exteriores: las tribus vecinas, en particular los batahin (con quienes se desencadenaría un conflicto, pues estos últimos trataron de impedir a los ahamda que excavaran un pozo en lo que consideraban su territorio), pero también el Estado colonial, a quien se dirigieron los ahamda para obtener un permiso oficial para la obra y que, mediante su reconocimiento oficial, apoyó implícitamente, según la concepción del derecho territorial de las «tierras tribales»,42 el asentamiento territorial de ese grupo nómada llegado recientemente a la zona. Así, al excavar el pozo de Dalaya, los ahamda construyeron al mismo tiempo su tribu. En esta región, la tribu de los ahamda nace como tal (o, más bien, es reconocida por el Estado y por las demás tribus) gracias al pozo, que se conocerá en adelante como el pozo de los ahamda.

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La tradición dice que fue Sheij Sadig, jalifa del clan «santo» de los sheijab, el que adivinó el pozo. Otros «santos» participaron para llevar la operación a buen puerto: los jeques de Umm Domban, otro grupo de referencia de la afiliación sufí de los ahamda, ofrecieron picos impregnados con su baraka. Y la primera agua que salió del pozo se ofreció a los propios sheijab. Estamos, efectivamente, ante una interrelación con la dimensión sobrenatural y religiosa que no está ausente de valor político, pues el papel que desempeñaron los sheijab en la recomposición tribal de los ahamda está ampliamente documentado. 42 De hecho, la concepción de los derechos territoriales tribales, reconocida por los británicos, dicta que toda agua es accesible para cualquier individuo cuando se trata de satisfacer sus necesidades primarias, pero que únicamente la tribu que tenga derechos exclusivos sobre ese territorio puede legítimamente decidir la excavación de un pozo.

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3.3.3. Morfología social y acceso al agua del pozo Este esbozo histórico ilustra por sí mismo los motivos de la atribución de un carácter fundador al pozo. La interrelación de la sociedad (la gabila ahamda, cuyo pasado y presente están estrechamente ligados a la vida de esta obra) en la gestión del pozo de Dalaya sigue realizándose, después de su construcción, en varios ámbitos: los de la agregación de un sistema (patrilineal) segmentario. En un aspecto más global, la gabila, que garantiza a sus miembros el acceso igualitario al agua del pozo, tiene el deber de defender este último contra sus enemigos. Este principio ya se puso en acción en el momento de la construcción y, pese a que los conflictos intertribales hayan disminuido en periodo poscolonial, en muchos contextos ha habido ocasión de reafirmarlo en una oposición conflictiva. En el nivel intermedio, los miembros de la tribu/usuarios se ven «obligados» a encontrarse de manera regular y a poner a prueba sus principios básicos —solidaridad, relaciones no mercantiles, sacrificio por el interés colectivo, protección de los bienes comunes— para los trabajos de limpieza que se efectúan cada año antes de la reapertura del pozo. La limpieza del propio pozo es una operación bastante compleja, a la que toda la gabila está llamada a colaborar; la de los estanques, aunque pueda gestionarse dentro de los grupos menores (cada clan tiene su estanque), se hace mejor cuando las operaciones se desarrollan simultáneamente y se realiza un intercambio de trabajo entre las unidades. Por último, el abastecimiento cotidiano precisa la creación de un equipo mínimo,43 del grupo de los awlad, núcleo patrilineal de alrededor de tres generaciones que coinciden en el campamento. Aunque el número mínimo de personas para realizar dicha tarea es de tres —el sawag que conduce el camello (normalmente un niño), el nashil que sube y vuelca el odre (un hombre adulto) y la persona que se ocupa de abrevar en los estanques o de rellenar los recipientes para uso doméstico (un niño o una niña)—, a menudo, se encuentran alrededor del pozo varias personas del mismo grupo.

43 Esa unidad de abastecimiento se define por medio del término que designa la cuerda, selaba. De hecho, para registrar el estado de uso no se menciona el número de campamentos que hay en el pozo, sino el número de selaba, una transferencia muy significativa del objeto técnico al grupo social que se identifica con el mismo.

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De hecho, el pozo es también un lugar primordial de socialización en sentido amplio: los miembros de los campamentos diseminados se encuentran allí, intercambian trabajo, pero también informaciones y charlan durante las largas horas de achicamiento y de abrevar, una función que no se debe subestimar en una situación de aislamiento y de dispersión del hábitat. Así pues, resulta sencillo comprender el complejo universo que hay detrás del aspecto material de una obra destinada a abastecer los medios de reproducción física de los hombres y de sus medios de producción, los rebaños, pero destinada igualmente, por la compleja organización y el arraigo histórico subyacente, a mantener el edificio social, aquí representado por la gabila y sus segmentos, gracias a esa gama estructurada de prácticas y a los valores simbólicos que le dan sentido. Así, la sacralización del pozo va pareja con su socialización, y deja entrever la sacralidad de la sociedad que se ha afirmado mediante el recurso a lo sobrenatural. Esta sacralización, ya presente en la implicación de los jeques sufíes en la fundación del pozo, se mantiene mediante el sacrificio (dabiha) que se practica antes del primer uso anual o, más esporádicamente, mediante las karama (sacrificios ofrecidos como agradecimiento con ocasión de acontecimientos menores) realizados junto a uno de los árboles que circundan los estanques. Por último, el carácter de fundamento que tiene el pozo y las prácticas vinculadas a su uso permiten comprender la expresión empleada por un informador al respecto, pues sintetiza en una frase lo que hemos desarrollado más extensamente: «El pozo de Dalaya es el alma del territorio [tribal] (ruh al-balad); es el agua del pozo lo que nos ha unido, el agua une a la gente, une a la tribu (tarbit an nas, tarbit al-gabila)». 3.3.4. Abandono progresivo del pozo y relajación de la cohesión social A pesar de su resistencia como estructura técnica y social, el pozo de Dalaya no está al margen de las transformaciones más generales de la organización socioeconómica de los ahamda en fase de globalización. Ciertamente, no nos hallamos en el nivel más alto de cesura, pues, por ejemplo, la hipótesis de venta, ya sea de los derechos de acceso al pozo o de los terrenos en que está situado, no se toma en absoluto en consideración para esta obra. Sin embargo, incluso en el reducido espacio de estos tres años (de 2006 a 2009), hemos podido ser testigos de la desintegración gradual que está ocurriendo del aparato sociotécnico cuya base era el pozo. 131


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Para empezar, está la disminución del número de grupos usuarios. En el momento de nuestro primer estudio de campo, el número de campamentos o clanes que se encontraban anualmente en torno al pozo era de dieciséis a dieciocho, mientras que últimamente dicho número oscila entre las ocho y doce unidades del mismo tipo. Esto se debe principalmente a tres fenómenos: la disminución absoluta de los campamentos instalados en la zona de Dalaya a consecuencia del asentamiento; la práctica de ir a buscar el agua en otra parte de esas unidades que tienen contacto con zonas de fuera del territorio tribal a causa de la presencia de vehículos y de su contratación como asalariados; y, más recientemente, la excavación de pozos perforados modernos cuya agua se vende. Más allá del mero dato cuantitativo, se trata de una fragmentación social y de una diferenciación que repercute en otros campos aparte del acceso al agua. Así, esos grupos que siguen siendo usuarios según el modo descrito, se quejan de la dificultad de reunir, como antes, al conjunto de la gabila para hacerse cargo tanto de los trabajos colectivos de mantenimiento del pozo como de las necesidades de defensa común del mismo.44 Por añadidura, se imponen mutaciones en cuanto a la organización de la unidad restringida de explotación de las aguas del pozo: el alejamiento de los hijos en busca de la contratación asalariada hace que algunos campamentos no logren asegurar el equipo mínimo para las operaciones —teniendo en cuenta que una parte de la fuerza laboral se ocupa de tareas pastorales o agrícolas—. Por el contrario, los grupos que no tienen problemas de falta de efectivos, pueden «ceder» a la propuesta de ser contratados por los más acomodados para realizar en su lugar, como asalariados, ciertas tareas ordinarias de achicamiento y de abrevar —en particular, la más dura, la del nashil—, una práctica que antes no era aceptada por el etos tribal que condena las transacciones con dinero entre miembros de la tribu.45 Este último caso se refiere normalmente a la relación entre un ahamda del desierto, que sigue abasteciendo a su grupo mediante la fuerza de trabajo interna, y otro asentado cerca del Nilo, convertido a la gana44

Esos trabajos se realizaban en nombre del espíritu de reciprocidad y de solidaridad del grupo, al margen de cualquier transacción mercantil. Hoy en día, los adultos se quejan de que los jóvenes, nacidos en periodo de crisis del pastoreo, por un lado, no tienen los conocimientos para hacer esas tareas y, por otro, están condicionados por las tendencias dominantes del trabajo asalariado al exigir una compensación en dinero por realizarlos, cosa que parece contraria al etos tribal. 45 De hecho, los valores de gestión comunitaria y de igualdad hacían que se considerase «vergonzoso» la contratación de un compañero de tribu como asalariado. Si a esto le sumamos que, antiguamente, el achicamiento de agua era una de las tareas de los esclavos, se comprende con qué dificultad viven esa contratación los ahamda más empobrecidos.

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dería comercial, que explota sus antiguos derechos de acceso al recurso tribal y que, gracias a unos ingresos más elevados, puede contratar, por un salario irrisorio, a uno de sus compañeros de tribu «pobres». Así, junto a una Jartum en expansión y en medio de un Sudán enfrascado en las transformaciones del capitalismo global, el pozo de Dalaya, con las relaciones sociales que se derivan, permanece como una especie de «fósil», testigo de una configuración que se niega a desaparecer, pero que está viviendo un declive que sus portadores no dejan de lamentar. Porque, de hecho, no es tan sólo la materialidad del recurso lo que está en peligro de desaparición, sino también la compleja articulación social que, por un lado, le era necesaria y, por otro lado, reforzaba la solidaridad realzando los valores de ayuda mutua, inalienabilidad, gratuidad e igualdad en el acceso, mediante su oposición a las tendencias de mercantilización de los recursos y de las relaciones laborales. Pero aunque gran parte de los ahamda se lamenten de la relajación de la cohesión social que garantizaba el funcionamiento constante del pozo (y este último reafirmaba a su vez la solidaridad de la gabila), el peligro más grave parece proceder de otra parte. La Khartoum State Water Corporation, organismo federal del gobierno encargado de la gestión del agua, prevé en un futuro cercano el cierre de las obras hidráulicas tradicionales en zonas rurales, obras cuya importancia económica y social se subestima. La promesa de suministrar a la gente estructuras más eficaces (pozos perforados a motor, red de abastecimiento individual) se considera un objetivo de modernización del entorno rural; en realidad, el Estado también está interesado en reemplazar la gestión autónoma (y gratuita) del agua que se apropiaron esas comunidades por los principios de distribución/tarificación en vigor en el Estado de Jartum (y en las ciudades). A los planificadores les atrae igualmente la posibilidad de «domesticar» por fin a esos nómadas refractarios y someterlos a los principios de la economía liberal, así como la de controlar (mediante el control del agua) una zona rural anteriormente marginal que, por efecto de la globalización y la expansión urbana, se ha convertido en una zona de gran valor estratégico. Una vez más, observamos que el análisis de los fenómenos que se producen en torno a la gestión del agua en los países del Sur es un lugar privilegiado para la observación de la interacción entre lo local y lo global y para desvelar las dinámicas de desestructuración de las formas sociales ajenas al predominio de los principios liberales promovidos por los intereses de la globalización. 133


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4. Conclusión: formas de desocialización del agua en medios rurales globalizados En nuestra opinión, la observación comparada de las dinámicas que afectan a las comunidades rurales del Sur, presa de notables transformaciones en sus modos de acceso al agua, propone varios caminos para la reflexión. La hipótesis de que los procesos ligados a la globalización capitalista conducen a medio plazo a una gestión ecológica no sostenible y a corto plazo a un aumento del conflicto, así como a desigualdades sociales, queda validada tanto en el caso de los nómadas y agricultores de Tiraf como en el de los pastores ahamda. Estos dos ejemplos pueden tomarse como punto de partida para replanteamientos posteriores y para una reflexión más amplia. Siguiendo el enfoque comparativo al que este estudio pretendía contribuir, se desprenden varias analogías. En primer lugar, se trata de una ilustración de lo que, con Polanyi,46 podríamos definir como las modalidades de inserción de la economía en lo social, ejemplificada de manera destacada por el agua, elemento en la encrucijada entre lo material y lo social, lo natural y lo cultural, lo tradicional y lo moderno, lo local y lo global. En segundo lugar, la idea se confirma en una relación dialéctica entre el agua y la sociedad: por un lado, el agua se puede gestionar colectivamente porque existen instituciones sociales —en este caso correspondientes al sistema tribal patrilineal-segmentario— que contribuyen a establecer prácticas y valores compartidos y, por otro lado, la propia gestión común del agua refuerza la solidaridad de esa organización social, y esto en muchos otros ámbitos aparte de en la gestión del agua en sí misma. En tercer lugar, la sacralización y la ritualización de fenómenos relativos al agua contribuyen a dar un sentido a esa gestión común y a perpetuar los comportamientos solidarios. Por último, dichos comportamientos, unidos a la prioridad atribuida a una racionalidad social que prima sobre la racionalidad técnica de un homo œconomicus concebido en términos liberales, se revelan a menudo más viables ecológicamente y constituyen una muralla frente a una segregación social más amplia, inevitable consecuencia de las transformaciones técnicas que trae consigo la globalización a la gestión local del agua. No obstante, las divergencias que se desprenden de los dos casos son tan interesantes como las analogías. Por ejemplo, el elemento ritual y la sacralización del agua son mucho más importantes en el contexto marroquí que en el sudanés: 46

Karl Polanyi, La grande transformation: aux origines politiques et économiques de notre temps, cit.; Karl Polanyi, Economie primitive arcaiche e moderne. Ricerca storica e antropologia economica, cit.

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en el primero de ellos, las prácticas rituales en las que el elemento hídrico es central —muy ligadas al universo femenino—47 son muy numerosas, constantemente mantenidas y renovadas paralelamente con la evolución de los modos de abastecimiento;48 mientras que en el caso sudanés, son menos visibles y siempre presentadas mediante una relectura conforme a los paradigmas de la religión musulmana. Si nos atenemos al ámbito de los valores, la resistencia a la idea de que el agua pueda constituir el objeto de una transacción mercantil aparece de una manera algo más fuerte y clara en el caso de Tiraf que en el de los ahamda, donde los grupos que han vivido el paso del agua gratuita a la de pago — percibido en cualquier caso como crucial— parecen pese a todo haberlo integrado rápidamente. Además, las nociones de fragmentación y diversificación (respecto a los recursos hidráulicos) no desempeñan un papel análogo en las dos sociedades: en Tiraf, la extrema diversificación de las fuentes de abastecimiento no impide el establecimiento de una densa red de relaciones sociales y el mantenimiento de un sistema de gestión comunitaria; mientras que, para los ahamda, es precisamente la desfragmentación hidráulica y el abandono de un abastecimiento igualitario de las dos fuentes fundamentales (el pozo y el hafir) lo que desencadena la fragmentación social y el debilitamiento de la cohesión tribal. Por último, la superposición entre la articulación de los grupos sociales (parentales, tribales, étnicos) y la asignación de los derechos al agua es, sin duda, mucho más sutil y minuciosa en el sistema de Tiraf que en el de los ahamda. Las diferencias entre estas dos sociedades (cuyos elementos comunes en términos ecológicos, de instituciones sociopolíticas y de representaciones simbólicas asociadas hemos subrayado) nos impulsarían a desarrollar la búsqueda de los motivos de esta disparidad: el significativo aislamiento espacial de un pueblo del Marruecos presahariano contrasta con la situación en la periferia de una gran ciudad adquirida por los ahamda, recientemente absorbidos por una capital en rápida expansión; la simbiosis entre dos componentes distintos en varios parámetros (los nómadas bereberes y los campesinos árabes de Tiraf) difiere de la situación de homogeneidad étnica y tribal de los ahamda; además, la concentración de los dos componentes mencionados en el restringido espacio geográfico y social del pueblo de Tiraf dista mucho de la dispersión espacial inevitable para ese grupo de pastores sudaneses. 47 Esas prácticas tienen huellas evidentes de la influencia de los grupos bereberes en los grupos árabes que las adoptan, y su carácter predominantemente femenino está ligado a la contradicción que sienten a menudo los hombres entre esos rituales y las normas del islam. 48 Barbara Casciarri, «Drought and “Natural” Stress in the Southern Draa Valley: Varying Perceptions Among Nomads and Farmers», art. cit.

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No tenemos respuestas definitivas sobre estos últimos elementos de análisis. Derivados de una observación en profundidad de los procesos desencadenados por la desocialización del agua en el Sur globalizado, los ejes de reflexión que nos han sugerido quedan como preguntas abiertas (hacia otras cuestiones, otros contextos, otras disciplinas) para desarrollar un debate cuyos temas principales, científicos y humanos, se están revelando cada vez más acuciantes en una fase en que el ataque, material e ideológico, del sistema capitalista cobra aún más vigor hacia cualquier configuración que no se corresponda con sus valores pretendidamente universales y que constituya un obstáculo para la realización de sus intereses. Con la ilustración de estos dos estudios de caso, hemos querido mostrar el interés de un enfoque antropológico que, apoyándose en una metodología de estudio de campo intensivo, de larga duración y de calidad, pueda ofrecer una estimación de los efectos de la globalización «en la parte de abajo» y sacar la disciplina del confinamiento al que se la suele reducir —la visión folclórica de un nivel simbólico en el que lo sociocultural estaría desprendido de lo material, o la instrumental de un enfoque acabado en la aplicación e intervención— con el objetivo de consolidar una antropología del agua que, pese a estar aún en construcción, podría convertirse en una contribución importante para la comunidad científica interesada en este objeto de estudio, así como para las poblaciones afectadas por estos fenómenos.

[Traducido del francés por Cristina Ridruejo. AEIOU Traductores.]

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El agua en el norte de los Emiratos y en la península omaní de Musandam: accesibilidad y gestión autóctona del agua FIDELITY LANCASTER Y WILLIAM LANCASTER Investigadores asociados, Departamento de Antropología de la Universidad de Aberdeen (Escocia)

Resumen Desde la perspectiva local, toda el agua procede de las precipitaciones presentes y pasadas, que se producen gracias a la altura de las dos cadenas montañosas de la región, que difieren entre sí geológica e hídricamente, lo que afecta a la composición de los suelos y a las formas de depósito subterráneo del agua. Los cultivos dependen de diversos métodos de captación del agua del subsuelo, mientras que para el consumo de seres humanos y ganado se suele acudir a agua almacenada en depósitos. En algunos lugares, la humedad ambiental y el rocío aportan una humidificación estacional que resulta crucial para los árboles y plantas, tanto salvajes como de cultivo, así como para el ganado. Asimismo, el acceso personal al agua está vinculado a la identidad jurídica tribal. La gestión de este recurso se organiza en función de la participación en su desarrollo y mantenimiento. La investigación recogida en este artículo fue encargada por su alteza el jeque Sultan bin Saqr al-Qasimi, por aquel entonces vicegobernador de Ras al-Jaima y director del museo nacional de este emirato, como parte de un proyecto de archivo sobre «la vida en el emirato antes del petróleo». Fue realizada a lo largo de cinco periodos semestrales entre 1997 y 2004. Para conocer los movimientos estacionales y las redes de intercambio de sus pobladores, visitamos ciertos enclaves de los emiratos de Fuyaira y de Sharya en la costa de Shamailiyya, así como las provincias omaníes de Musandam y Batina. Estamos profundamente 141


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agradecidos al jeque Sultan bin Saqr por habernos encargado esta investigación, así como a las gentes del emirato de Ras al-Jaima y de las regiones vecinas por haber compartido tan generosamente su tiempo y conocimientos con nosotros. La región objeto de estudio incluye la cadena montañosa Ruus al-Yibal en el Musandam omaní y en la mayor parte del norte del emirato de Ras al-Jaima, el extremo norte de las montañas Hayar por el sur, el resto del norte del emirato de Ras al-Jaima y su enclave sur, el emirato de Fuyaira y los enclaves de Sharya en el Océano Índico y en la costa de Shamailiyya y el extremo norte de la provincia omaní de Batina (véase el mapa 1). La información que sigue se refiere a la gestión, sistemas y usos del agua en estas áreas antes del desarrollo de los Estados nacionales y de su incorporación a la economía global. Palabras clave: Omán, Emiratos Árabes Unidos, uso local del agua, gestión hídrica, sistemas hídricos, almacenamientos subterráneos de agua.

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Concepciones locales del entorno y el papel del agua en las mismas Dios creó todo y toda el agua procede de Dios. Yibal significa ‘montañas’ y tiene connotaciones de «modelar, dar forma, crear»; los habitantes de las dos regiones montañosas consideran, pues, desde un punto de vista tanto léxico como poético, que sus montañas son las fundadoras de toda la región y que ellos mismos son los moradores originales. Incluso los habitantes de la costa se identifican con esta interpretación. Debido a la altura de las montañas, las nubes se quedan enganchadas en ellas y se dan lluvias más abundantes que en las arenas bajas del sudeste. Las lluvias fluyen hacia abajo por las laderas de las montañas, recargando los manantiales y los pozos e inundando las mesetas y las llanuras costeras y arenosas, revitalizando los árboles y los arbustos y provocando el resurgimiento y eclosión de las plantas. Las lluvias también benefician al mar, a los peces y a las ostras productoras de perlas. Las montañas Ruus al-Yibal son de piedra caliza y en sus laderas tienen mesetas (sall) de tierra que han sido convertidas en terrazas para el cultivo de cereales y que son alimentadas mediante la canalización del agua de la lluvia. Existen, además, pequeños manantiales o arroyos, principalmente estacionales, pero la mayor parte del agua para consumo humano y del ganado se recolecta en cisternas naturales o construidas.1 Las montañas Hayar son volcánicas y sólo tienen un sall, sobre Wadi Fay, donde coinciden ambos sistemas montañosos. Sus cumbres son de roca desnuda, pero los wadis superiores presentan amplias praderas y los inferiores tienen manantiales más o menos permanentes que riegan los palmerales datileros y los cultivos. Los habitantes del lugar se benefician de ambos sistemas hídricos de montaña: Hayar tiene pozos que la lluvia recarga periódicamente y que pueden ser canalizados para el riego; Ruus al-Yibal tiene aguas de superficie procedentes de las lluvias que también pueden ser canalizadas hacia los campos de cereales y hacia las cisternas. O, dicho de otra manera, si nos centramos en los sistemas de almacenamiento del agua, las personas y el ganado de Ruus al-Yibal dependen de las cisternas, mientras que los de Hayar, de los pozos. La labor milenaria de las lluvias y de los vientos sobre las montañas ha creado las llanuras que hay entre éstas y el mar. Estas llanuras se llaman sayh, literal1 En el momento de recopilación de toda esta información para el archivo, las formas de vida tradicionales ya estaban desapareciendo debido a las transformaciones provocadas por la incorporación de la región a la economía global y a las políticas petroleras, aunque aún existía gente, especialmente en lugares remotos, que seguía manteniendo huertos, rebaños de cabras y cultivos en las montañas. Por ello, los tiempos verbales del texto fluctúan entre el pasado y el presente.

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Ilustración 1

Gumda (península omaní de Musandam). Sayl durante una tormenta en Ruus al-Yibal

mente ‘desparrame’ de gravilla y de sedimentos, arrastrados y desparramados por las escorrentías o sayl procedentes de las montañas. Por eso, la llanura costera que rodea a la ciudad de Ras al-Jaima es tan amplia, pues ahí van a parar las corrientes de agua procedentes tanto de Ruus al-Yibal como de Hayar. Hay quien recuerda haber visto dichas corrientes fluyendo por toda la llanura, desde la frontera de Sharya con Abu Dabi hasta la ciudad de Ras al-Jaima,2 e incluso haber bebido agua fresca y dulce que fluía sobre la salada en las calas costeras.3 Los sayh del norte, a lo largo de las costas del golfo y del Océano Índico que bordean Ruus al-Yibal, son más pequeños, mientras que Jor Fakkan y Kalba, en la costa de Shamailiyya, presentan unos sayh considerables; la propia costa de Batina puede ser considerada una sucesión de enormes sayh, prueba de la mayor altura y extensión de Hayar y de Yabal Ajdar. 2

Estas corrientes de agua seguramente puedan explicar el río mostrado en algunos viejos mapas, como el de d’Anville de 1755, reproducido por G. R. Tibbetts, Arab Navigation in the Indian Ocean Before the Coming of the Portuguese Translation of Kitab al-Fawa’id fi Usul ‘Ilm al-Bahr wa-l-Qawa‘id of Ahmad bin Majid al-Najdi, Londres: Oriental Translation Fund, Royal Asiatic Society, 1971, lámina 22. 3 William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour is in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, Berlín: De Gruyter, 2011, comienzo del capítulo 3.

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Los suelos, rocas y recursos hídricos de las diferentes partes de un sayh se corresponden con lo que haya sido arrastrado y depositado por las escorrentías a lo largo de los tiempos. Las lluvias y arroyos fluyen a través de la gravilla y de los sedimentos y los empapan, formando y alimentando capas freáticas, incluyendo pozos en las playas que pueden ser de agua dulce o salada, en función del oleaje. Cuando los lugareños hablan pues de agua almacenada bajo los sayh, suelen apelar a su experiencia sobre tormentas y aluviones, así como a conocimientos heredados de un largo pasado sobre el discurrir de las aguas según los diferentes tipos de suelos y sobre las formaciones rocosas que tienden a crear bolsas de agua retenida. Estas aguas adquieren propiedades en función de las rocas y suelos a través de los cuales fluyen, por lo que pueden ser dulces o potables, amargas, saladas, sulfurosas o calcáreas, y pueden pasar de ser aprovechables a dejar de serlo cuando se hacen ‘aqq, ‘recalcitrantes’. Las plantaciones datileras suelen ubicarse en el extremo más bajo de las canalizaciones de agua (que suelen tener forma de media luna), donde se acumulan los sedimentos y las aguas subterráneas. El extremo superior de dichas canalizaciones suele hallarse en los campos de cereales alimentados por la lluvia, por lo que se trata de zonas verdes, con ciertos árboles como el sidr (Zizyphus spina christi), que crece a lo largo de los canales, y la samra (Acacia tortilis), que crece en la gravilla. En todos estos lugares la gente hablaba de sus rocas, piedras y suelos locales como creaciones de la lluvia y del viento a lo largo del tiempo, y consideraba que cada ladera, cada sistema de drenaje y cada llanura tenían sus propias características peculiares.

Precipitaciones En las montañas Ruus al-Yibal, en su costa y en el sayh del golfo (es decir, en todas aquellas áreas donde se considera que el agua procede primordialmente de Ruus al-Yibal), la gente habla de los sayl, de los aluviones invernales provocados por las lluvias (matar), que pueden ser canalizados hacia los campos de cereales de las montañas y hacia las cisternas para regar los cultivos de cereales y otros vegetales de las llanuras, así como las plantaciones datileras, y que recargan las capas freáticas de los pozos con los que se va a regar a los dátiles durante la mayor parte del año. En las llanuras costeras de Shamailiyya, así como en los sistemas de drenaje de las montañas Hayar (es decir, en aquellas áreas donde se considera que el agua procede de Hayar), sus habitantes aprovechan tanto los gall, gal, gayl o gaylan como los sayl. Estos últimos aportan aguas invernales para los cultivos y los palmerales datileros y también los lavan de sales y partículas calcáreas. Los gall, gal, gayl o gaylan son aguas subterráneas 147


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Ilustración 2

que se alimentan de las lluvias invernales, que afloran a la superficie en lugares más bajos que los sistemas de drenaje y que son canalizadas hacia las plantaciones datileras y de otros árboles frutales desde el invierno hasta el verano. Gall significa básicamente ‘entrar’, ‘pasar’, como en la frase «el agua pasó entre los árboles»;4 y gal es explicado por Naqbi, de Kalba, como «corrientes estacionales que producen cosechas muy beneficiosas». En lo más profundo del verano, cuando arrecia la sequía, los huertos se riegan sacando agua de los pozos más profundos o buscando nuevas bolsas de agua o capas freáticas.

Las lluvias anuales rara vez aportan la cantidad de agua necesaria para un cultivo exitoso de trigo, cebada o mijo y, además, varían Dhaya. Sayl o aluvión de agua fluyendo por las canaliconsiderablemente de una localizaciones hacia diferentes plantaciones datileras dad a otra, tanto en su calendario anual como de un año a otro.5 Entre octubre y marzo, las precipitaciones suelen adoptar la forma de tormentas en las montañas. Como explica un habitante tribal de Ruus al-Yibal: Las precipitaciones son útiles cuando producen buenas corrientes; una simple lluvia casi nunca resulta suficiente. Para obtener una buena cosecha de cereales, tiene que haber dos sayl; y si se dan tres, el éxito está asegurado. Tenemos que llevar toda esa agua de las precipitaciones hacia los campos, para eso necesitamos las masila (‘canalizaciones’), para conducirla entre las rocas de las laderas hasta las terrazas de cultivo que hemos construido para retener los sedimentos. Un campo necesita, a cada sayl, una inundación de agua que penetre por lo menos hasta una profundidad de un dedo índice. 4 5

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E. W. Lane, Arabic-English Lexicon, 2 vols., Cambridge: The Islamic Texts Society, 1984 [1863], pág. 2277. Sólo se dispone de cifras al respecto en algunos lugares, normalmente en las zonas de los aeropuertos.


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La excepción es una lluvia ligera llamada madima, que, aunque no produce sayl, resulta beneficiosa para los árboles, la hierba y los cultivos que ya estén creciendo. En Hayar, los cereales crecen en campos situados sobre las plantaciones datileras, y ambos cuentan con masila que canalizan los aluviones desde las pendientes rocosas y las crestas de la montaña. Ilustración 3

Slai al-Quda. Masila de gran longitud para la canalización del agua procedente de las laderas

Así pues, en todas estas zonas, las sequías son una realidad habitual a la cual la gente se ha adaptado de diversas maneras. Como la mayor parte de las lluvias proceden de tormentas locales, la sequía en unas zonas es contrarrestada gracias a las tormentas en otras. Por otro lado, hay diversas medidas para mitigar los efectos de las sequías: el almacenamiento de productos alimenticios durante los años de buenas cosechas; la propiedad o acceso a campos de cultivo en otras zonas; la reducción de los rebaños de cabras y de camellos a un núcleo básico que pueda sobrevivir gracias a las escasas fuentes perennes de agua procedente del rocío y de la humedad ambiental; la venta de leña; o el desplazamiento a la costa en busca de empleo. También hay quien compra agua y la lleva, como se hace en las áreas costeras de Musandam mediante barcos, según comentaba Zimmerman.6 En todas partes, todo el mundo insiste en que, hasta ahora, nunca nadie se ha muerto de hambre. 6 W. Zimmerman, Tradition und Integration: mobilier Lebensformgruppen. Eine Empirische Studie über Bedouinen und Fisher in Musandam, Sultanat Oman [tesis sin publicar], Göttingen, 1981, pág. 187.

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Los daños provocados por las tormentas se consideran inevitables, como cuando las riadas derriban muros de campos y cultivos, se llevan por delante grandes cantidades de gravilla, árboles y arbustos en los wadis de montaña y de llanura. Todos estos inconvenientes derivados de las tormentas se consideran irrelevantes en comparación con los beneficios que aportan. A veces, aunque pocas, algunas grandes tormentas alcanzan la categoría de monzones, como la del verano de 1995, que un autóctono de Ruus al-Yibal recuerda como la peor tormenta en setenta años y que es mencionada por Fisher y Membery.7 Las riadas también arrastran sedimentos de las montañas que, combinados con las corrientes y las tormentas marítimas, generan los bancos de arena en las entradas de las calas, como la de la ciudad de Ras al-Jaima y la de Rams. De vez en cuando, algunas tormentas especialmente violentas provocan riadas que atraviesan y rompen dichos bancos modificando la línea costera.8 Las gentes del lugar comentan los patrones climáticos que han observado o que les han comentado sus padres, así como los cambios en los mismos que deducen de la existencia de viejos campos de cultivo ahí donde actualmente ya no tienen sentido, como por ejemplo en Wadi Gabbas en Ruus al-Yibal, o en Wadi Mlah en Hayar. Un habitante de Wadi Jabb señala que, según le han contado, hace unos setenta o cien años había nieve en las cumbres de las montañas más altas.9

Humedad y rocío La humedad ambiental (rutuba) y el rocío (nida) incrementan los niveles de humidificación de los árboles, de las plantas perennes y de algunos cultivos, por lo que están reconocidos como importantes fuentes de agua. Son fenómenos que varían en función de las estaciones y de los lugares e, incluso, de un año a otro. En general, se suele considerar que en la costa y llanuras del golfo abundan la humedad y el rocío veraniegos, mientras que en la costa de Shamailiyya la humedad ambiental es menor, el rocío es menos frecuente y abundante y, en el verano profundo, acostumbran a soplar vientos secos y salobres procedentes 7

Martin Fisher y David Membery, «Climate», en Shaihina Ghazanfar y Martin Fisher (eds.), Vegetation of the Arabian Peninsula, Dordrecht/Boston (Ma.)/Londres: Kluwer Academic Publishers, 1998, págs. 17-18. 8 Para más información sobre la gestión de las sequías y sobre las consecuencias de las tormentas, véanse los capítulos pertinentes en William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour is in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit. 9 Esto sería hacia la década de los treinta del siglo xIx; Wellsted menciona la presencia de hielo y nieve a una altura aproximada de 1800 m en Yabal Ajdar, un nivel comparable a Yabal Yibir, al norte de Wadi Jabb (J. R. Wellsted, Travels in Arabia, vol. 1, Graz: Akademische Druck und Verlagsanstalt, 1978 [1838], pág. 141).

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del mar. Todo esto afecta a sus respectivas cosechas de dátiles, pues éstos necesitan cierta humedad para madurar adecuadamente. En la mayor parte de la costa de Shamailiyya, los dátiles se consumen cuando aún están frescos y poco maduros, justo antes de que se sequen y amarguen, momento en el que sólo son adecuados para el consumo animal. En cambio, los dátiles en la costa del golfo se plantan más tierra adentro, engordan más y son más jugosos. En muchos lugares costeros, los palmerales albergan también cultivos de tabaco, que no gustan del viento, rocío o excesiva humedad. En algunos wadis de montaña en Hayar, también se cultiva tabaco con fines comerciales, pero en otros no debido al exceso de viento o de altitud. Así pues, en el interior arenoso y salvaje de la costa del golfo, se producen ligeros rocíos tanto en verano como en invierno debido a las enormes variaciones de temperatura entre la noche y el día, lo que permite la supervivencia de los árboles gaf y samra, alimento del ganado del que viven los habitantes del lugar. Por su parte, en las montañas Ruus al-Yibal, la humedad es más escasa que en las llanuras costeras y se reduce a medida que aumenta la altitud. Las nieblas y los rocíos son elementos importantes para los árboles de montaña, como los miz, sidr y shu‘, que son pasto de las cabras,10 y, junto a las lluvias, permiten además el cultivo de variedades de montaña de dátiles en lugares escogidos.11 Pero cualquier intento de valorar exactamente cuánto agua necesitaba en el pasado la gente para ellos mismos, el ganado y los campos y cultivos resulta vano, dado que todo cálculo se topa siempre con consideraciones del estilo: «Todo depende de…». La escasez de fuentes permanentes de agua en Ruus alYibal y en el desierto, junto a la necesidad de dátiles, que es ahí un alimento básico, conllevaban que muchos de sus habitantes se desplazaran, en pleno verano, hacia áreas de cultivo de este producto. Así que los desplazamientos veraniegos resultaban complejos e implicaban a poblaciones de la costa, del desierto y de las montañas.12 10

Los habitantes de todos estos lugares siempre insisten en señalar la poca agua que consumían en el pasado y que una parte muy importante de sus dietas se componía de productos lácteos, especialmente de mantequilla clarificada. El agua almacenada en cisternas o en profundos pozos se destinaba sobre todo al ganado que producía la leche. En Ya‘lan, al sudeste de Omán, los lugareños comparaban a las cabras con instalaciones desalinizadoras, pues eran capaces de beber agua demasiado salada para las personas y daban a cambio leche que éstas sí podían beber (William Lancaster y Fidelity Lancaster, «Tribe, Community and the Concept of Access to Resources: Territorial Behaviour in Sourheast Ja‘alan, Oman», en Michael Casimir y Aparna Rao [eds.], Mobility and Territoriality: Social and Spatial Boundaries Among Foragers, Fishers, Pastoralists and Peripatetics, Oxford: Berg Publishers, 1992, págs. 330-343). 11 Los dátiles en Ruus al-Yibal abastecen sobre todo a aquellos que se han quedado en las montañas en pleno verano para cuidar el ganado de familiares y vecinos que bajan a instalarse en la costa. 12 Este fenómeno se analiza con detalle en William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., capítulo 6.

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Infraestructuras de gestión del agua Las infraestructuras de gestión del agua consisten básicamente en canalizaciones para transportarla o en depósitos para almacenarla, como las cisternas, pozos o piletas. Pueden presentar diseños diferentes según estén destinadas a recoger agua de lluvia, a guardar temporalmente o permanentemente agua extraída del subsuelo, a satisfacer necesidades humanas, animales o agrícolas y, en este último caso, según se trate de campos cultivados o de árboles frutales; también dependen de los recursos invertidos en su construcción. Estas infraestructuras, así como el agua que contienen o transportan, suponen obligaciones e implicaciones jurídicas de las que todo el mundo es consciente: «Aunque el agua proceda de Dios, en cuanto entra en un canal pertenece a él». Este punto comienza describiendo la gestión de las canalizaciones y, después, la de las infraestructuras de depósito de agua. Las canalizaciones para el transporte de agua procedente de las precipitaciones hacia los campos de cultivo y las cisternas se denominan masila y existen en

Ilustración 4

Slai al-Gaylib. Canalización de agua hacia un campo atravesado por un acueducto por la derecha 152


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toda la región de estudio, ya sea para servir a los cultivos de secano de cereales, de hortalizas y de tabaco, o a las plantaciones de palmeras datileras. Sólo en Ruus al-Yibal existen cisternas comunales y cada una de ellas cuenta con su canalización, o sistema de canales; todo el conjunto es construido y mantenido por miembros del fariq que lo utiliza y que,13 por lo tanto, es propietario colectivo del agua ahí contenida. 14 Esta agua está únicamente destinada a consumo humano y animal, nunca agrícola. Sólo cuando una cisterna está llena, su canalización puede desviar los nuevos aportes de agua y repartirlos por los cultivos cercanos. De modo que cada campo de cultivo cuenta normalmente con sus propias canalizaciones de riego o comparte canalizaciones procedentes de las laWadi Shaha. Cisterna (8 m x 4 m x 6 m de profundidad, deras más cercanas. En su mayoaproximadamente) perteneciente al fariq Jamm Matar ría, forman parte de un conjunto más amplio de campos que están servidos por canalizaciones de riego procedentes de más de una ladera. Las masila que transportan agua hacia las plantaciones datileras y hacia los campos de cereales en las llanuras costeras y en los valles de Hayar funcionan de manera similar: reparten su caudal entre varios campos y plantaciones. Las Ilustración 5

13 Un fariq, plural afraq (pronunciado fariy y afray en el dialecto local), consiste en un colectivo desarrollado por los miembros de uno o más grupos tribales y que incluye a propietarios y usuarios, cultivos y cisternas. Puesto que los miembros de una tribu pueden poseer y trabajar recursos en diversos lugares de una zona, cada familia puede participar en hasta cuatro fariq a lo largo de las estaciones y de los años (William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., capítulo 1). 14 No todos los fariq poseen cisternas comunales, ello depende sobre todo de las condiciones hídricas y orográficas locales, así como de la cantidad de agua necesaria y de los hábitos estacionales (William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., capítulo 4).

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masila deben construirse a una altura suficiente de la corriente principal para que no interfiera en la misma. Estas subdivisiones de una corriente canalizada se considera que existen «desde siempre» y que no pueden cambiarse fácilmente. Su forma de construcción concreta depende de cada terreno en particular: si las pendientes por las que discurren estas corrientes son muy pronunciadas, se incluyen presillas que ralenticen el flujo de agua; para desviar agua del canal principal, se recurre a «puentes» para las ramificaciones. En Ruus al-Yibal, las masila son fáciles de localizar gracias a todas las rocas retiradas para construir las canalizaciones, mientras que en el Hayar son mucho menos visibles, pues se trata de muretes que discurren a ras del suelo. En las llanuras costeras, estas canalizaciones que se dirigen a las plantaciones datileras suelen ser profundas y amplias, con puntos de subdivisión realizados con cemento. Por otra parte, los falay son canalizaciones para agua procedente de afloramientos, que se dividen (falaya15 significa ‘hender’, ‘dividir’) entre los campos de cosechas anuales y los huertos de árboles frutales. En Ruus al-Yibal hay algunos falay, en su mayoría de fuentes semipermanentes.16 Hay dos de estas canalizaciones destinadas a palmeras datileras y a otros árboles frutales y otras destinadas a campos de cereales. En la zona de plantaciones datileras alrededor de la ciudad de Ras al-Jaima, así como en los palmerales de Jatt y Habhab, el riego procede de falay conectados a manantiales permanentes. En Jatt, los palmerales son regados mediante canalizaciones abiertas procedentes de tres manantiales; en Habhab, algunas de las canalizaciones están cubiertas. En las plantaciones datileras de estas zonas no existen, en cambio, canalizaciones procedentes de aguas subterráneas (lo que se llama falay daudi), aunque dos ancianos de Hail habían oído hablar de un falay daudi abandonado desde hace tiempo en Salhiyya o Fulayya, información corroborada por el propietario de un palmeral en Salhiyya. En Sha‘am, un lugar costero más al norte, Miles,17 que visitó la zona en 1872 y en 1886, vio unos restos y agujeros que, según le contaron, habían formado parte, hacía ya mucho tiempo, de un falay daudi, pero en la actualidad ya no queda ningún rastro ni recuerdo del mismo. También hubo una de estas canalizaciones en Dibba al-Bai‘a, pero fue destruida en 1970. 15 En el original, «falaja, locally falaya», lo que indica que la letra árabe yim (transcrita en inglés como j) se pronuncia en el dialecto local como la letra árabe ya (transcrita en inglés como y). Al usar en la traducción española el mismo signo y para transcribir ambas letras árabes es imposible mantener la distinción. (N. de la Ed.) 16 William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., véase el capítulo 4 para más detalles. 17 Samuel Miles, The Countries and Tribes of the Persian Gulf, 2 vols., Reading: Garnet Publishing, 1994 [1919], pág. 445.

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Ilustración 6

Athabat. Canalización de agua con una apertura temporal hacia el campo de la izquierda

En la parte de Hayar incluida en esta investigación, en los wadis de al-Munay‘i y de al-Qawr, ha habido y hay falay daudi, pero a una escala mucho menor que los existentes en Omán, descritos por J. C. Wilkinson y por P. Costa y T. J. Wilkinson.18 Existe también uno de estos sistemas de canalizaciones, pero muy pequeño, en Haqala. En la región, ha habido falay daudi conocidos en Dhaid, Fili, al-Buraymi y al-‘Ayn, todos ellos mencionados por Lorimer.19 En estos wadis, los falay partían bajo tierra, directamente del pozo principal, y salían a la superficie cuando alcanzaban los cultivos. Un anciano de al-Munay‘i, que 18

John Wilkinson, Water and Tribal Settlement in South-East Arabia: A Study of the aflaj of Oman, Oxford: Clarendon Press, 1977; Paulo Costa y T. J. Wilkinson, «The Hinterland of Sohar: Archaelogical Surveys and Excavations Within the Region of an Omani Sea-Faring City», Journal of Oman Studies, vol. 9, 1987, págs. 23-78. 19 J. C. Lorimer, Gazetteer of the Persian Gulf, Oman and Central Arabia, vol. 2: Geographical and Statistical, Calcuta: Superintendent Government Printing, 1915. Resulta razonable pensar que la construcción de este tipo de canalizaciones se dé en aquellos lugares cuya economía y comercio dependieran de la producción datilera, pero, sin embargo, en al-Munay‘i y en las áreas circundantes, el comercio giraba en torno a las plantaciones de secano de tabaco, mientras que los dátiles se destinaban al consumo propio (William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., capítulo 5).

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cuando era un muchacho trabajó con su padre limpiando el sistema de canalizaciones subterráneas antes de la llegada del invierno, recuerda que tenían el techo y las paredes recubiertas de saruy, un mortero de larga duración y resistente al agua,20 mientras que el suelo era de piedras. El falay daudi de al-Munay‘i dejó de funcionar entre 1978 y 1980 debido al agotamiento de la capa freática y, por lo tanto, del pozo principal. En cuanto a los falay gayli, son canalizaciones, normalmente enyesadas, que transportan agua procedente de afloramientos o de manantiales hacia plantaciones datileras o frutales. Los afloramientos o gayl y, ocasionalmente, los falay son típicos de los valles de la región montañosa de Hayar, mientras que los manantiales o ayun resultan ahí menos comunes; tal vez los más conocidos sean los de Masafi y Dafta. Los falay son, en cambio, más comunes y cada localidad suele contar con su adaptación propia del sistema de canalizaciones.21 Los falay distribuyen el agua a los cultivos mediante ramificaciones de la canalización principal o bien, como ocurre en ‘Asima, cada agricultor construye un punto de toma de agua mediante una barrera de tierra y piedras, creando así una pileta que se rellena de agua a la altura de la plantación y distribuyendo la misma mediante un canalillo conectado a la pileta. Existe también en ‘Asima una nueva variante de este sistema, adaptada a la disminución de caudal de los gayl, que consiste en canalizar el agua hacia un depósito llamado habisa, ubicado en el punto más alto con respecto a los cultivos; cada uno de los cuales tiene derecho a tomar agua del depósito durante ciertas horas. A lo largo del año, los cultivos en Hayar recurren a los tres tipos de fuentes de agua: la procedente de las lluvias invernales y de las escorrentías; las corrientes procedentes de afloramientos o gayl y de manantiales subterráneos durante el invierno y el inicio del verano, canalizadas mediante falay; y, en pleno verano, el suministro se complementa con agua extraída de los pozos, o tawi, o de las habisa. Los pozos, como las cisternas, también sirven para almacenar agua. Las cisternas suelen rellenarse mediante corrientes superficiales debidas a las lluvias y pueden tratarse de cavidades rocosas naturales, intactas o mejoradas, o bien de oquedades excavadas y canalizadas, o incluso de depósitos construidos con piedras y mortero en paredes de rocas, según las condiciones de cada lugar. Además, en algunos lugares donde se producen pequeños afloramientos de agua estacionales, 20 El saruy y otros morteros resistentes al agua son analizados en William Lancaster y Fidelity Lancaster, «Pottery Makers and Pottery Users: Ras al-Khaimah Emirate, Musandam, and Ja‘alan in Oman», Arabian Archaeology and Epigraphy, vol. 21, n.º 2, 2010 (en imprenta B), págs. 199-255. 21 William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., capítulo 5.

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se han construido piletas con el fin de retener el agua para consumo humano o animal; éstas se denominan mawarid o haudh, términos que significan ambos ‘lugares de agua’. Las cisternas suelen almacenar agua sólo para consumo de las personas o del ganado, no para fines agrícolas, y son típicas de la zona de Ruus al-Yibal. Las cisternas grandes suelen medir aproximadamente 6-7 m x 3 m x 6 m y pueden llegar a contener hasta cerca de 120 000 l de agua; las cisternas pequeñas pueden contener hasta 70 000 l.22 Un fariq puede contar con hasta tres o cuatro de estas cisternas, aunque también puede no contar con ninguna, según los afloramientos y cisternas naturales que haya en la zona.

Ilustración 7

Por su parte, los pozos permiten extraer agua del subsuelo y se utilizan tanto para el riego como para Shimal Taht. Pozo yazara en una plantación datilera el consumo humano y animal. La denominación local tawi se refiere a pozos que extraen agua de fuentes subterráneas y que suelen estar total o parcialmente acondicionados, según la naturaleza de sus capas de piedra o tierra. La palabra habisa comparte raíz con habsa, que significa ‘barrera contenedora’, por lo que su significado básico es el de ‘confinamiento’. Lane aporta las siguientes definiciones para esta palabra: «depósito para agua de lluvia» o «agua recogida que carece de una fuente que la alimente de forma constante»,23 que son el sentido que se le da en la zona de Hayar. No obstante, en toda el área de estudio, el agua destinada al riego de las plantaciones datileras se extraía de los pozos (conocidos como tawi yazara)24 mediante bueyes.Y, cuando se acudía 22

W. Zimmerman, op. cit., pág. 112. E. W. Lane, op. cit., vol. 1, págs. 500-501. 24 Yazara significa ‘disminución de agua’ (ibídem, vol. 1, pág. 418). [En el original, «yazara, local variant of jazara», véase nota 15. (N. de la Ed.)]. 23

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a los pozos para complementar el agua procedente de los falay gayli, como en los valles de Hayar, la gente usaba un aparato de extracción con pivote llamado minsafa. Otros tawi son usados para el consumo humano y animal. Algunos son bastante superficiales y permiten que una persona o un pequeño grupo de ellas acceda directamente al agua de la capa freática a través de la gravilla, pero otros, más antiguos, son bastante profundos. Éstos se hallan a los pies de las montañas Ruus al-Yibal, en la parte del golfo, donde los principales sistemas de drenaje penetran hasta las llanuras costeras. Estos pozos son significativamente más hondos que los existentes en los palmerales datileros de la zona y su capacidad se calculaba por cantidad de personas, lo que no significa que su profundidad equivaliera a la suma de sus alturas medias, sino que se necesitaba determinado número de personas para extraer el agua o para limpiarlos y repararlos. Algunos requerían además el uso de cuerdas de cuero trenzadas para sacar agua. En relación con su profundidad, un anciano miembro de una tribu comentaba: Estos pozos eran muy viejos, pues cuando fueron cavados por primera vez eran los típicos pozos superficiales que permitían acceder al agua a través de la gravilla del wadi. De forma muy gradual, con el paso de los años, se fueron haciendo profundos, en parte debido a repetidas limpiezas de restos arrastrados por las riadas, en parte debido al lento aumento del nivel del suelo circundante por la deposición de tierra y gravilla también traídas por riadas y, en parte también, debido a cambios en el clima. Las lluvias y las tormentas cambian; a veces, hay periodos de grandes tormentas y lluvias, pero otras veces pasan muchos años en los que llueve muy poco, por lo que el nivel de agua de estos pozos decaía y, cuando ocurría esto, la gente los excavaba hasta hallar el agua. Y así es, de todas estas formas, cómo los pozos se hacían más profundos y su profundidad indicaba que tal vez tuvieran mil o dos mil años. 25

Finalmente, otro miembro tribal de Ruus al-Yibal, comentando estrategias para defenderse de las sequías, mencionaba también la existencia de pozos del tipo habisa. En algunos lugares de los wadis de montaña, el lecho rocoso puede retener el agua durante dos o tres años aunque no llueva; la gente detectaba esa agua observando reflejos de luz que bailaban sobre el wadi. Este miembro tribal denomina gudran a esta agua atrapada, término que en el norte de la península

25 Este análisis es muy parecido al ofrecido por el equipo de arqueólogos franceses que ha realizado excavaciones en Mlayha, Sharya, donde existen pozos similares que pueden datar de la edad de hierro.

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Ilustración 8

Al-Mawrid, Gayl. Habisa construida para elevar el nivel del agua y dirigirla así hacia las canalizaciones laterales

se refiere al agua de lluvia retenida en oquedades naturales de los lechos de los wadis. Y término que ha sido el empleado por dos miembros tribales de Wadi Kub, en Hayar.

Gestión de los recursos hídricos Los recursos hídricos son gestionados por sus propietarios y usuarios, que suelen ser las mismas personas, aunque no siempre es así, pues en algunas áreas los palmerales datileros pertenecen a comerciantes que contratan a agricultores para que los trabajen. Se considera que toda el agua procede de Dios, por lo que, desde dicho punto de vista, todo el mundo tiene libre acceso a ella. Sin embargo, la lluvia a menudo cae en tierras que están siendo usadas y cultivadas por familias y tribus locales, por lo que éstas adquieren derechos consuetudinarios sobre esta agua. Los habitantes de las zonas investigadas suelen identificarse por su tribu, localidad y medio de vida. La pertenencia a una tribu confiere identidad jurídica y, por lo tanto, acceso a ciertas prácticas y procesos 159


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sociales, e impone la aceptación de un marco moral específico.26 Las tribus no funcionan como colectivos donde todo sea común, como tampoco lo hacen los grupos más pequeños de parentela. Se considera que cada persona tiene sus propiedades particulares, toma sus propias decisiones y posee o puede reclamar cuatro tipos de recursos: tierras, agua, ganado y árboles, a veces repartidos en tres o cuatro lugares diferentes. Cada uno coopera con otras personas en una flexible combinación de individuos con mucha movilidad, que unas veces están presentes y otras no, pero existiendo siempre un núcleo de hombres de referencia cohesionado a través de las mujeres. Se trata del grupo de referencia para vivir, trabajar y formar familia. En el área investigada, donde abundan las pequeñas agrupaciones sociales, a menudo repartidas entre varios lugares, éstas se denominan yama‘at, que significa ‘comunidad, grupo’. Mientras que los grupos tribales funcionan de manera más unitaria, las yama‘at son flexibles y adaptables, pues son construcciones sociales que giran en torno al individuo, por lo que no compiten con la tribu. Los individuos a menudo se mueven a otros lugares donde existen recursos de supervivencia, ya sea como invitados, como buscadores de protección o, incluso, como intrusos. Todas estas categorías, salvo la última, confieren derechos de acceso a los recursos. La propiedad se define en los códigos consuetudinarios mediante el uso y participación en el desarrollo de los recursos más allá de su estado natural. Así, por ejemplo, las canalizaciones de masila y falay, los campos cultivados, las cisternas, huertos y pozos pertenecen a los que han participado en su desarrollo, mantenimiento y reparación y a sus descendientes. Dicha propiedad puede pues adquirirse también mediante herencia, compra o regalo,27 aunque dichas transferencias suelen estar limitadas a los miembros de determinados grupos. El desarrollo de los recursos hídricos requiere esfuerzos cooperativos a mayor o menor escala, por lo que la gente considera que los beneficios resultantes han de ser repartidos entre los participantes. Por ello, no se lleva a cabo ningún desarrollo que pueda ir en detrimento de los propietarios ya existentes. En este sentido, los cultivos y plantaciones tienen que ajustarse a los recursos hídricos disponibles.

26 Véase William Lancaster y Fidelity Lancaster, «Tribe, Community and the Concept of Access to Resources: Territorial Behaviour in Sourheast Ja‘alan, Oman», art. cit.; William Lancaster y Fidelity Lancaster, People, Land and Water in the Arab Middle East: Environments and Landscapes in the Bilâd ash-Shâm, Ámsterdam: Harwood Academic Publishers, 1999, págs. 53-80; y William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., capítulo 1. 27 Otra forma de transferencia de propiedad, incluso del agua, es la toma directa de la misma; en algunos casos se sabe que la transferencia de derechos sobre el agua se ha dado de esta manera, pero normalmente suele ser ratificada por el grupo mediante su posterior compra.

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Los recursos de depósito de agua, como las cisternas y los pozos, pueden ser de propiedad particular, participada o comunal.28 Pero la propiedad del agua en sí se establece por participaciones: en el caso de corrientes procedentes de aluviones ocasionales o sayl, las participaciones se materializan en canalizaciones de acceso al agua; en el caso de corrientes permanentes, se calculan en tiempo de acceso al agua. Un propietario de una huerta en Fahlayn explicaba que los derechos sobre el agua de los sayl se dividen entre los terrenos que bordean la canalización. Cualquiera que quiera tomar agua para una nueva huerta tiene que alcanzar un acuerdo con los demás propietarios y comprar una porción de sus participaciones en el agua, que se miden en dra‘a.29 Ocasionalmente, alguien toma agua por la fuerza, pero en este caso no se le reconoce derecho a ella; el derecho al agua depende de la negociación y de los acuerdos.

Ilustración 9

Sili, Wadi Sha‘am. Cisterna enyesada y con estructura para ser cubierta que contiene agua compartida por cuatro familias

28 William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., capítulos 3-4. 29 Longitud desde la punta del codo hasta la yema del dedo.

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En Ruus al-Yibal, la gente suele insistir en que todo el mundo sabe qué agua va a qué cisternas y a qué campos: «El agua de dichas canalizaciones se reparte de acuerdo con la qismat al-ma (‘división del agua’) y todo el mundo acepta dicha división en lo que le afecta. Evidentemente, puede haber problemas, pero suelen ser resueltos por los propios propietarios y sus vecinos alcanzando un acuerdo general». Por su parte, en Jatt, donde tres manantiales están canalizados hacia las plantaciones datileras, los derechos al agua de los propietarios se materializan en tiempos de acceso a la misma. Dichos derechos son reconocidos y registrados por una persona responsable del agua de riego;30 si un propietario no gasta toda su agua, puede vender su sobrante a otro usuario. Un anciano de al-Munay‘i, en Hayar, que cuando era muchacho había ayudado a su padre en la limpieza de las canalizaciones subterráneas falay, recuerda que el responsable de la distribución del agua era un omaní que les pagó a él y a su padre por dicha labor de limpieza con dinero recolectado entre los usuarios de los falay, aportando cada uno una suma aproximadamente proporcional a la cantidad de agua a la que tenían derecho. Las partes de agua se miden, durante el día, mediante la sombra de un palo y, durante la noche, acudiendo a las posiciones de las estrellas. Aunque haya una persona responsable, así como un libro de registro, todos los usuarios de los falay suelen conocer las cantidades de agua y tiempos de riego propios y ajenos; no se trata tanto de un conocimiento especializado, sino más bien comunitario. A pesar de la insistencia en que no hay grandes disputas sobre el agua porque «cada uno sabe lo que tiene y lo que tienen los demás», la gente «no siempre se comporta como debería» y se producen constantes desacuerdos «sobre todo y sobre nada», la mayor parte de los cuales son resueltos directamente por las propias familias y vecinos. Pero la necesidad de asegurar el acceso colectivo al agua resultaba en el pasado tan crucial que existe una leyenda al respecto: en los tiempos de las guerras Hinawi-Gafiri, acontecidas en Omán en el siglo xVIII, los habitantes de un wadi, pertenecientes a varias tribus entremezcladas, se reunieron para decidir colectivamente a quiénes iban a apoyar de forma conjunta, de manera que el conflicto no afectara a su acceso al agua común. Posteriormente, los cambios que en un pasado reciente han necesitado ciertas canalizaciones y pozos, por ejemplo en las localidades de ‘Asima, Maydaq y Masafi, en Hayar, fueron llevados a cabo tras llegar a acuerdos entre todos los propietarios y usuarios.31 30

John Wilkinson, Water and Tribal Settlement in South-East Arabia: A Study of the aflaj of Oman, cit., pág. 121. Según las notas dejadas a este autor por el profesor R. B. Serjeant, las veinticuatro horas del día eran divididas en ocho partes o periodos de acceso al agua. 31 William Lancaster y Fidelity Lancaster, Honour in Contentment: Life Before Oil in Ras al-Khaimah Emirate and Some Neighbouring Regions, cit., capítulo 5.

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En definitiva, el desarrollo y la gestión de los recursos hídricos son considerados «generadores de símbolos», según un planteamiento antropológico, o «señales de Dios», según el pensamiento local. A partir de dichas señales, las poblaciones autóctonas establecen relaciones entre las características naturales de su entorno local particular, sus primeros habitantes responsables de su desarrollo y los sucesores actuales. El agua, los campos, las huertas, los pozos y las canalizaciones falay, cada uno de estos elementos particulares cuenta con un nombre propio; para los forasteros, a menudo se nombran simplemente por su localización geográfica, pero para sus propietarios y usuarios suelen llevar nombres conmemorativos, como los sistemas de falay daudi en al-Munay‘i y en Wadi alQawr, donde un anciano autóctono relacionaba explícitamente la construcción y reparación de sus falay con el desarrollo paralelo de la comunidad.32 También se usan nombres significativos, como en Rams, donde los profundos pozos de agua para el consumo humano son llamados audh ar-Rams, que significa ‘el refugio de Rams’, y al-wird, ‘el abrevadero’. Ilustración 10

Rafaq, Wadi al-Qawr. Parte descubierta de canalización falay daudi

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También es común bautizar a las mezquitas con los nombres de sus constructores o restauradores.

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Los habitantes de Ruus al-Yibal se nombran a sí mismos bida, que significa ‘comenzar, iniciar’, y explican esta denominación de dos maneras: se llaman así porque sus montañas «son el inicio» de la actividad agrícola regional, gracias al agua procedente de ellas, y porque sus antepasados lejanos iniciaron y desarrollaron las tribus partiendo de las montañas. Wilkinson siguió el hilo de esta explicación hasta los desiertos de Dubái y de Abu Dabi,33 donde la palabra bida sirve para designar a un pozo nuevo que «abre nuevas tierras a la explotación y confiere nuevos derechos a sus propietarios». En el emirato de Ras alJaima, dos pozos con este mismo nombre se atribuyen a Ruus al-Yibal, aunque los autóctonos aseguran que las tribus bedu del desierto tienen territorios muy flexibles, dado que se desplazan a otras áreas donde cavan pozos para mantener a su ganado y vender agua a los viajeros que pasen por ahí. En Hayar, varias piletas y un falay fuera de Wadi Kub, que sirven a una serie de pequeños cultivos, se llaman al-Biday. Así pues, los sistemas de gestión del agua en el emirato de Ras al-Jaima y en algunas áreas vecinas son considerados por sus propietarios y usuarios representaciones simbólicas de las comunidades locales. Las ideas subyacentes en la percepción de los recursos hídricos, de su desarrollo, usos y gestión resultan similares a las vigentes en otras partes de la Península Arábiga, aunque no son exactamente iguales, pues las circunstancias ambientales locales particulares afectan a las manifestaciones específicas.34

[Traducido del inglés por Eric Jalain. AEIOU Traductores.]

33 John Wilkinson, The Imamate Tradition of Oman, Cambridge: Cambridge University Press, 1987, págs. 130131. 34 William Lancaster y Fidelity Lancaster, People, Land and Water in the Arab Middle East: Environments and Landscapes in the Bilâd ash-Shâm, cit., págs. 127-166.

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Políticas hidráulicas y gestión social del agua de riego en Túnez. Una lectura crítica MOHAMED ELLOUMI Director de investigación del Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Túnez MOHAMED SALAH BACHTA Profesor en el Instituto Nacional Agronómico de Túnez SALAH SELMI Director de conferencias de la Escuela Superior de Agricultura de Mográn (Túnez)

Resumen El desarrollo de la agricultura de regadío le ha permitido a Túnez regular mejor la producción agrícola y limitar el impacto de la sequía en la disponibilidad de productos básicos y en la balanza agroalimentaria. Desde finales de los años ochenta, dicha política ha priorizado la gestión de la demanda con el objetivo de reducir los gastos del Estado e implicar a los usuarios en la gestión de los recursos hídricos. Pero el análisis de las formas de gestión social del agua de riego en distintos contextos ha mostrado los límites de dicha política y el riesgo que conlleva una privatización galopante del acceso a ciertos recursos para la sostenibilidad de algunos sistemas de riego.

Palabras clave: política hidráulica, ahorro de recursos naturales, gestión, Túnez.

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Introducción Las severas condiciones climáticas de gran parte de las regiones agrícolas de Túnez han llevado al campesinado a desarrollar técnicas y modos de organización para la movilización y uso para riego de las aguas superficiales y los acuíferos. Los poderes públicos, a su vez, han concedido un lugar importante al regadío en las políticas de desarrollo agrícola, movilizando importantes inversiones y estableciendo un marco legislativo e institucional favorable a la iniciativa privada. El resultado de dichas políticas ha sido la instauración de una agricultura de regadío que, si bien no ha cobrado gran importancia en cuanto a superficie, sí contribuye de manera determinante a la producción agrícola (un 40 % de la producción procedente del 7 % de la superficie agrícola útil) y especialmente en la relativa estabilidad respecto a los azares climáticos. Esta agricultura de regadío contribuye, por lo demás, a un reequilibrado de las estructuras de las explotaciones agrícolas gracias al reparto favorable a la pequeña explotación. Desde mediados de los años ochenta, dos evoluciones han marcado esa política, que ha pasado de ser una política de movilización a una de gestión de la demanda para hacer frente a las restricciones presupuestarias y a los riesgos de sobreexplotación de los recursos hídricos. De hecho, esa política es paralela a la adopción del Programa de Ajuste Estructural (PAE) y a la aparición de los primeros signos de sobreexplotación de los recursos.Y se tradujo en la práctica en un refuerzo de la gestión descentralizada de las zonas en regadío, en particular, de los perímetros públicos, y en la aparición de organizaciones de regantes. Más recientemente, con la liberalización de la economía y la búsqueda de una mayor competitividad de la agricultura de cara a la apertura de los mercados agrícolas, ha surgido una nueva tendencia con la liberalización del acceso a los recursos hidráulicos de acuíferos profundos, que están clasificados como «dominio público hidráulico» y cuya movilización pertenecía prioritariamente, hasta ahora, a los poderes públicos. Esto introduce una diferencia y un principio de exclusión con el fenómeno de abandono de pozos en ciertas zonas de riego tradicional. El objetivo de esta aportación es mostrar los límites de la política de descentralización de la gestión de los perímetros en regadío y los problemas de la liberalización del acceso a los recursos de dominio público hidráulico, tanto en 168


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términos de gestión del recurso como en los de equidad y equilibrio social en el medio rural. Presentaremos, en la primera parte, la evolución de la política hidráulica, poniendo de relieve la transformación del ajuste estructural con la adopción de una política de gestión de la oferta y un marco institucional favorable a la gestión descentralizada de los recursos hídricos. A continuación, nos centraremos en el estudio de varios casos: el primero se refiere a la gerencia institucional en el caso de los perímetros de riego por inundación de crecidas en la región de Sidi Buzid, en el Túnez central, mientras que el segundo nos permitirá analizar las dificultades de la gestión descentralizada de los perímetros públicos y del hecho de recurrir con cada vez más frecuencia a empresarios privados para la movilización y aprovechamiento de los recursos de dominio público hidráulico en esa misma región.

1. Evolución de la política hidráulica en Túnez: de la oferta a la gestión de la demanda Como acabamos de anunciar, la política hidráulica ha conocido dos grandes periodos desde la independencia de Túnez en 1956: un primer periodo de movilización de los recursos y de acondicionamiento de las zonas en regadío, y un segundo periodo caracterizado por la búsqueda de un uso más racional de los recursos y por la gestión de la demanda.1

1.1. La gestión de la oferta (1960-1990) 1.1.1. Objetivos Desde los primeros años de la independencia, los poderes públicos se lanzaron a un vasto programa de movilización de recursos hidráulicos y de ordenación de las zonas de regadío. El presupuesto destinado a tal efecto representó más de un tercio de la inversión pública asignada al sector agrícola por los distintos planes de desarrollo económico y social. 1 Para un análisis detallado de las políticas hidráulicas y un esbozo de evaluación, véase Mohamed Salah Bachta y Mohamed Elloumi, «Analyse des politiques hydrauliques en Tunisie: quelques éléments d’évaluation», en Felisa Ceña, Mohamed Elloumi, Rosa Gallardo y Mohamed El Béchir Sai (s/d), Les défis de la terre: l’agriculture en Espagne et en Tunisie face au défis de la libéralisation, Túnez: Cérès Éditions/iRESA, 2005, págs. 165-180.

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El objetivo principal de los acondicionamientos técnicos realizados era regular las escorrentías para transformarlas en recursos explotables, así como inventariar y captar las aguas subterráneas. Las aguas así movilizadas debían, prioritariamente, suministrar agua potable a las poblaciones urbanas en continuo avance y desarrollar una agricultura intensiva que permitiera mejorar los ingresos agrícolas, poniendo fin así al éxodo rural. En otras palabras, los objetivos principales de la política hidráulica están relacionados con la ordenación territorial, y en particular con el suministro del agua precisa a los centros urbanos en desarrollo, así como con la conservación de la población rural mediante la mejora de la productividad del trabajo agrícola, pero también mediante la creación de actividades vinculadas. 1.1.2. Acciones emprendidas Centrada en sus inicios principalmente en las grandes presas, dicha política conoció una evolución progresiva que desembocó en una diversificación de las herramientas y de la planificación de la movilización de las aguas. Así, cuatro planes directores de ordenación de aguas elaborados para las regiones norte, centro-norte, centro y sur permitieron identificar y cuantificar los recursos movilizables, así como sus opciones de asignación. Las principales obras previstas por las estrategias de movilización se refieren a: • bancales en lo alto de las cuencas de captación, embalses de corta duración y sin gestión (1000 previstos,2 392 construidos hasta el año 2000), presas más grandes con posibilidad de interconexiones (203 previstas, 66 acabadas en la misma fecha, 45 en construcción); • grandes presas que constituyen la columna vertebral de la política de gestión y trasvase de las reservas importantes de agua (33 programadas, 18 acabadas, 4 en construcción); • obras de recarga y encharcamiento para dirigir las escorrentías superficiales hacia las capas freáticas y la vena libre del suelo (4000 previstas, 2094 realizadas); • perforaciones para la explotación de acuíferos (2260 previstos, 1227 en explotación en el año 2000).

2 El hecho de que las previsiones vayan más allá del periodo de análisis (1960-1990) muestra la continuidad de la política de movilización de aguas más allá de dicho horizonte.

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Al estar agotando ahora la movilización de los recursos hídricos convencionales, y para ampliar su margen de maniobra, Túnez echa mano a los recursos hídricos no convencionales: aguas residuales tratadas para la agricultura (120 millones de metros cúbicos al año) y, muy recientemente, la desalinización de aguas salobres y de mar para ciertas aglomeraciones (islas Querquenes o Kerkenna, isla de Yerba, Gabes, etc.). No obstante, en el contexto socioeconómico actual, estas nuevas técnicas no permitirán que el recurso global aumente considerablemente. Paralelamente, esa inversión en infraestructuras hidráulicas e hidroagrícolas ha ido acompañada de una política de fomento de la intensificación de las extracciones gracias a leyes que propician la inversión agrícola (ley que precisa el Código de la inversión). Esto posibilitará que el sector privado apoye el esfuerzo de los poderes públicos con la creación de gran cantidad de pozos excavados y el acondicionamiento de zonas de regadío en una superficie equivalente a la acondicionada por los poderes públicos. 1.1.3. El establecimiento del marco institucional La primera aportación legislativa fue el Código de las Aguas, que fijó, ya en 1975, el nuevo marco de la gestión del agua. Permitió definir: • la constitución y extensión de un dominio público hidráulico inalienable e imprescriptible (incluyendo los acuíferos subterráneos de toda clase); • la transformación de los derechos de propiedad del agua en derechos de uso, lo que obliga a los usuarios a solicitar una concesión del Estado, el cual establece prioridades de atribución (agua potable, agua para uso agrícola, industrial y comercial) y las modalidades de evolución de los derechos antiguos; • las zonas protegidas se definen cuando «las condiciones de explotación de los recursos existentes pueden poner en peligro la conservación cuantitativa y cualitativa de las aguas». En dichos casos, cualquier trabajo de prospección o explotación, excepto las modificaciones sobre obras ya existentes, debe ser sometido a autorización (Código de las Aguas, art. 15); • las zonas prohibidas se establecen cuando «la conservación o calidad de las aguas se ven amenazadas por el grado de explotación de los recursos existentes». Este artículo define unas zonas en las que el Estado somete a autori171


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zación cualquier modificación que se lleve a cabo sobre obras existentes y tiene la capacidad de limitar su caudal o incluso de suprimir las extracciones perjudiciales para la conservación de los recursos (Código de las Aguas, art. 13); • la responsabilidad de la aplicación de la ley y de los reglamentos posteriores se confía al Ministerio de Agricultura. A este dispositivo se añadieron las Oficinas de Aprovechamiento (Offices de Mise en Valeur, OMV), instituciones regionales responsables de la delimitación agrícola de los regadíos públicos (Périmètres Publics irrigués, PPi). Además del mantenimiento y de la explotación de la infraestructura hidráulica, dichas oficinas se encargaban de la orientación técnica a los agricultores y del cobro de los gastos hidráulicos. Se han llegado a contar 11 oficinas, cuya gestión permaneció muy centralizada. Ahora bien, esta política de gestión de la oferta de agua mostró sus limitaciones. Los esfuerzos de movilización no permitieron hacer frente a una demanda creciente; se observaron tensiones locales respecto a los recursos hídricos; también se reseñaron niveles relativamente bajos de aprovechamiento del agua y, por consiguiente, cada vez es más necesaria la financiación pública para la explotación y el mantenimiento de las infraestructuras construidas. Para paliar dichas insuficiencias, se emprendió a finales de los años ochenta una reorientación de la política de la oferta.

1.2. Una política basada en la gestión de la demanda 1.2.1. El contexto del ajuste estructural Es conveniente recordar que los esfuerzos de movilización de recursos van a continuar. No obstante, a partir de principios de los años ochenta, el peso presupuestario de dicha política de oferta dificultó su prolongación. La mejora de los índices de cobro de los gastos hidráulicos se convirtió en uno de los objetivos principales asignados a las oficinas dedicadas a la gestión de los regadíos públicos. Pero las dificultades que se hallaron en dicho aspecto, conjugadas con una disminución progresiva del gasto público, decidida en 1987 en el marco del Plan de Ajuste Estructural Agrícola, son el origen de los cambios fundamentales de la política hidráulica que condujeron, en 1989, a la mera supresión de las propias oficinas. 172


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Por lo demás, la liberalización de la economía se tradujo en una redefinición del papel del Estado, que estableció las condiciones de devolución de la gestión de los regadíos a las comunidades de regantes. En ese contexto, la agricultura de regadío debe lograr adaptarse institucional y organizativamente para estar en sintonía con las nuevas reglas del juego económico. 1.2.2. Los nuevos objetivos Los objetivos de la nueva política son dobles: en primer lugar, está el objetivo de garantizar una gestión óptima de los recursos movilizados y de mejorar la contribución de la agricultura de regadío al desarrollo del país y a la cobertura de la demanda social. Cosa que pasa por la promoción de una gestión óptima de los recursos y por el fomento del uso de técnicas de ahorro de agua. En segundo lugar, se trata de preservar los recursos limitando las extracciones e instaurando formas de control. No obstante, los acuíferos, que constituyen los recursos esenciales del centro y del sur de Túnez, plantean problemas particulares al gestor que pretenda controlar los usos y las reglas de asignación de los recursos hídricos. Estos problemas se deben a la complejidad física de los acuíferos, a su extensión espacial y a la dificultad de controlar el acceso a los mismos. 1.2.3. Acciones emprendidas Para responder a dichos objetivos, se lanzaron diversos estudios (Economía del agua 2000, Estrategia de los recursos naturales, etc.) con el fin de concebir una explotación racional, eficaz y sostenible de los recursos naturales (agua y suelo, principalmente). En resumen, Túnez aborda el control y la gestión de la demanda por medio de herramientas técnico-económicas en el marco y con el apoyo de medidas reglamentarias e institucionales entre las que se pueden citar: • el aumento del precio del agua: la tarifa media del agua para uso agrícola se ha duplicado entre 1989 y 1996. Además, en 1990, se decidió un aumento del importe nominal de la tarifa de un 15 % al año; • el fomento del ahorro de agua entre los agricultores: la instalación de equipos de riego por goteo y los conductos de distribución son subvencionados hasta un 40 o 60 %, según la categoría del agricultor. 173


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Por otra parte, y con vistas a paliar la vetustez de ciertas instalaciones de las zonas en regadío, se adoptó un programa de modernización de dichas zonas con financiación pública. Las inversiones previstas alcanzaban los diez mil dinares por hectárea en el valle bajo del Meyerda (el perímetro público más antiguo) y cerca de la mitad de dicho montante para los perímetros del centro del país. Paralelamente, se definió un nuevo marco institucional que precisa las prerrogativas de los diferentes actores implicados y cuyo objetivo es preservar los recursos y garantizar la viabilidad de las explotaciones agrícolas que emplean el riego. 1.2.4. Establecimiento de un nuevo marco institucional En consonancia con la redefinición del papel del Estado, un proceso de descentralización del funcionamiento de la Administración fue decidido y llevado a ejecución. En ese marco, el Comisariado Regional para el Desarrollo Agrícola (Commissariat Régional au Développement Agricole, CRDA) vio ampliadas sus atribuciones con la gestión de las zonas en regadío. Para acelerar la desimplicación de la Administración, se crearon comunidades de regantes y Asociaciones de interés Colectivo (Associations d’intérêt Collectif, AiC) alrededor de las instalaciones hidráulicas explotadas de manera colectiva.3 Dichas AiC se encargan del funcionamiento y mantenimiento de las instalaciones de captación y distribución de agua de riego (o potable), cuya gestión tienen delegada. Están concebidas con la finalidad de constituir un marco jurídico adecuado para la gestión de los conflictos entre los distintos usuarios y para el cobro de los gastos hidráulicos. La orientación a las AiC y su generalización son algunas de las misiones principales del CRDA. Además, para paliar las insuficiencias de gestión de dichas AiC, se creó en cada gobernación una Agrupación de interés Hidráulico (Groupement d’intérêt Hydraulique, GiH), una estructura de competencia regional. Esta política se tradujo al cabo de veinte años en un importante aumento del número de GiC (como se denominó a las AiC desde la ley de 1999),4 que alcanzaron la cifra de 2809 en 2006, 1610 de las cuales gestionan agua potable, 3 M. S. Bachta y L. Zaibet, Les innovations institutionnelles comme adaptation à l’évolution du contexte des périmètres irrigués. Cas de la Tunisie, actas del seminario wADEMED, Cahors (Francia), 6 y 7 de noviembre de 2006, pág. 8. 4 Las AiC existen desde 1987; en 1999, la ley introdujo el término Agrupación de Interés Colectivo (Groupement d’intérêt Collectif, GiC) sin modificar su contenido, sino simplemente ampliando su competencia a otros recursos naturales además del agua. De manera que las siglas AiC y GiC son prácticamente equivalentes, con una diferencia cronológica.

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1064, agua de riego y 124 son mixtas. Asimismo, las GiC de agua de riego asumieron la gestión de 183 190 ha de regadíos públicos de un total de 226 214 ha, es decir, del 81 %. No obstante, dicha descentralización sigue incompleta y no parece aportar las respuestas apropiadas para una gestión sostenible de los recursos. Así pues, presentaremos a continuación los estudios de casos precisamente para describir mejor estas nuevas formas de gestión asociativa del agua. Estos casos se han tomado de la región de Sidi Buzid, en el Túnez central, considerado el laboratorio de las distintas políticas hidroagrícolas que ha habido en el país. Efectivamente, en esa región de tradición pastoral, el Estado creó los primeros regadíos públicos en propiedades rústicas del Estado y en antiguas tierras de uso colectivo. Fomentó que se extendieran los pozos excavados y el desarrollo de perímetros privados, trató de encauzar el riego por inundación de crecidas de los wadis y, más recientemente, liberalizó el acceso a los recursos de los acuíferos profundos que pertenecían al dominio público. Así desarrolló una de las principales zonas de regadío intensivo y de producción de hortalizas tempranas en Túnez.

2. La gerencia institucional en las zonas de riego por inundación de crecidas5 La elección de la región de Sidi Buzid nos ha parecido interesante por motivo de la presencia de una experiencia bastante original de gestión del agua de riego por inundación. Se trata de la creación, hace unos veinte años, de AiC para la gestión de las zonas de riego por inundación de crecidas del wadi elFekka y del wadi el-Hashim. Esta técnica, que consiste en derivar las crecidas de un wadi para el riego de las parcelas agrícolas, es muy antigua en el Túnez central. Requiere, además de una configuración geográfica particularmente adaptada, un cierto savoir faire que ha sido relevado por los conocimientos técnicos de los expertos rurales de la región, una cierta cohesión social y unas reglas respetadas por el conjunto de los miembros o por cuyo respeto velen un conjunto de instituciones.6 5

Para más detalles sobre este tema, véase Mohamed Elloumi, Salah Selmi y Fraj Chemak, «Les nouvelles formes de gouvernance et la gestion des ressources naturelles en Tunisie», ponencia en el seminario de la SFER Les institutions du développement durable des agricultures du Sud, Montpellier (Francia), 7 al 10 de noviembre de 2005. 6 Para una descripción de las técnicas de riego por inundación de crecidas, véase Salaheddine El Amami, Les aménagements hydrauliques traditionnels de Tunisie, Túnez: Centre de Recherche du Génie Rural, 1984, pág. 69; y Noureddine Nabli, Les aménagements hydrauliques et hydro-agricoles en Tunisie, Túnez: institut National Agronomique de Tunisie, 1993, pág. 255.

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Así pues, nos hallamos ante la recuperación, por parte de la Administración, de una técnica tradicional cuya modernización ha asegurado y para cuya gestión se ha instaurado una organización moderna. De manera que lo que trataremos de analizar a continuación, mediante los conflictos y el modo de resolverlos, es esa doble mutación técnica e institucional.

2.1. Descripción de la zona La llanura de Sidi Buzid, llamada también llanura de Gammuda, se extiende a lo largo del wadi el-Fekka más de 40 km y cubre una superficie de aproximadamente 60 000 ha. Por tanto, constituye una de las principales cuencas sedimentarias del Túnez central. La red hidráulica de la llanura está formada por tres wadis principales: wadi el-Fekka y sus afluentes, wadi el-Hashim y wadi elHalluf. Los dos wadis que están acondicionados para el riego por inundación son el-Fekka y el-Hashim. Mientras que la cuenca hidrográfica de el-Fekka tiene origen en Argelia, cosa que garantiza unas crecidas bastante regulares, la de el-Hashim se ciñe a la zona de Sidi Buzid, lo que le confiere unas crecidas menos regulares, pero que pueden ser violentas. Por lo demás, hay que señalar la existencia de una escorrentía regular procedente de los vertidos de la fábrica de celulosa (fabricación de pasta celulósica) situada en Qasrín. Esas aguas llegan hasta la zona alta de la llanura de Gammuda, donde son utilizadas para el riego por inundación en ciertos perímetros acondicionados a tal efecto.

2.2. Gestión del agua de riego por inundación Observando los tiempos más lejanos, se encuentra que la técnica llamada riego por inundación de crecidas ha sido una constante en la ordenación hidroagrícola del Túnez central y meridional, y en particular en la región de Cairuán, Bled Gammuda y los alrededores de Yerid. Las crecidas siempre han sido objeto de explotación por parte de los agricultores colindantes con el wadi el-Fekka. Antaño, el riego por inundación se realizaba gracias a diques de tierra (o mguds concebidos y realizados de manera tradicional, ya fuera individualmente o por una comunidad, por lo general por una facción de la tribu. Desde principios de los años sesenta, el Estado percibió la importancia que tiene el dominio de este tipo de riego. En ese contexto se ideó y ejecutó la presa 176


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de derivación de Nuwayel en el wadi el-Hashim en 1962. El mantenimiento de los mguds y de las márgenes se dejaba a cargo de los beneficiarios de las aguas. Con el desarrollo del riego mediante pozos excavados (véase más abajo) y los problemas de descenso del nivel freático del acuífero de Sidi Buzid, el interés del riego por inundación de crecidas adquirió otra dimensión: la de la alimentación del acuífero. Así, los trabajos de acondicionamiento se retomaron con gran impulso a mediados de los años ochenta. A partir de 1985, se acondicionaron cinco perímetros con una superficie total del orden de las 5700 ha en el wadi el-Fekka. 2.3. La gestión social de las aguas de riego por inundación en la llanura de Gammuda En el momento de la creación de las zonas de riego por inundación, la Administración garantizaba la gestión en lo relativo a la infraestructura, mientras que el mantenimiento de la red y de las márgenes se dejaba a cargo de la comunidad de beneficiarios. En consecuencia, desde mediados de los años ochenta, los usuarios se organizaron en asociaciones de regantes, en particular, en forma de AiC. 2.3.1. Las AIC Las AiC de riego por inundación se rigen por las mismas leyes y textos relativos a otras AiC de riego y de agua potable. El Comité de Gestión de cada AiC se elige, en principio, para un mandato de tres años, de entre los miembros beneficiarios del agua, y se renueva por tercios cada año. Cada AiC se compone, por decisión de los miembros, de 6, 9 o 12 miembros, entre los cuales hay un presidente y un tesorero. Los objetivos de las AiC son: • velar por la eficacia de las instalaciones, señalando cualquier fallo constatado y llamando al servicio de mantenimiento en el momento preciso; • buscar un compromiso entre el derecho de apropiación y el sistema de turnos de agua en lo tocante a la distribución del agua y fijar, en consecuencia, la tasa por explotación; • responsabilizar a los usuarios haciendo que sean ellos quienes garanticen colectivamente la vigilancia de las infraestructuras hidráulicas; 177


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• encargar a cada agricultor la ejecución y mantenimiento de las redes de riego que atraviesen su parcela. En la práctica, el presidente es el que desempeña el papel más importante. Se trata de un líder de la comunidad, a quien corresponde el papel de gestión de conflictos y la toma de decisiones relativas a la distribución y reparto del agua en el interior del perímetro de su AiC y de acuerdo con otras AiC.

2.4. Los conflictos: naturaleza, importancia y resolución En líneas generales, la frecuencia de los conflictos depende de las condiciones climáticas (de la frecuencia de las crecidas y de las precipitaciones en general); también depende de la naturaleza de los cultivos en regadío y de su dependencia respecto al suministro de agua de riego. La resolución de conflictos pone en funcionamiento la organización social de la comunidad y las relaciones entre las diferentes comunidades, como vamos a comprobar en los siguientes ejemplos. 2.4.1. Conflictos entre las AIC De manera general, las relaciones entre las distintas AiC se gestionan en base al derecho de apropiación de los ribereños de aguas arriba; de modo que las zonas de las AiC situadas aguas arriba del lecho del wadi se abastecen primero. A continuación, son regadas las otras zonas si se da el caso. Éste es el motivo de que en los años lluviosos con crecidas importantes haya pocos conflictos, mientras que con la sequía, en cambio, aumenta tanto el número de conflictos como su gravedad. Durante los años de baja pluviometría (en la zona y, particularmente, río arriba, en la cuenca hidrográfica de los wadis en cuestión) o de ausencia total de crecidas, las AiC situadas más arriba son las únicas que pueden beneficiarse de las aguas del caudal permanente procedentes del vertido de aguas residuales de la fábrica de celulosa situada río arriba, a la altura de la ciudad de Qasrín. Esa agua se emplea entonces para salvar las plantaciones y la producción de cebada forrajera. Así, la AiC situada río arriba y la primera en abastecerse puede, en función de la demanda de agua de las otras AiC y con el fin de evitar conflictos, concederles turnos de agua cuya duración es determinada, después de reunirse, por los presidentes de las AiC implicadas. Dichos turnos se discuten en ocasiones entre los comités de gestión de las AiC y en presencia de los responsables locales 178


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y de los notables de la región. Estos conflictos se resuelven de manera amistosa al respetarse los lazos de parentesco y vecindad. El segundo tipo de conflicto está relacionado con el bombeo clandestino y con la utilización de las aguas mediante mguds tradicionales en el wadi el-Fekka, aguas arriba de las instalaciones colectivas. Este tipo de extracción individual de agua constituye un problema que empieza a cobrar importancia y cuya solución sigue siendo difícil debido a la falta de una reglamentación de los derechos de uso del recurso hídrico, por definición, colectivo. Por ello, empleando modos tradicionales de regulación en el seno de la comunidad, se gestionan estos conflictos de tal modo que no pongan en cuestión la coherencia del grupo y el funcionamiento del conjunto del sistema de riego que abastece a la mayoría del grupo. En tales casos no se da una intervención de las autoridades locales para la resolución de este tipo de conflictos, que no salen, pues, del círculo amplio de la comunidad. 2.4.2. Conflictos en el interior de las AIC Si las crecidas son importantes, no existen conflictos vinculados con el uso del agua de las mismas, que se hace en el interior de la AiC respetando el derecho de apropiación de aguas arriba y en función de las necesidades de cada agricultor. Dichas necesidades se definen en función de la superficie acondicionada y declarada a la asociación, y cuya contribución anual se haya pagado. Pero muchos agricultores no declaran la superficie total regable y, por consiguiente, no pagan más que una parte de lo que les corresponde. Otros agricultores pagan la contribución por segmentos en función de la pluviometría y de la abundancia o escasez de recursos hídricos para riego, de tal modo que los turnos de agua son difícilmente controlables. Así, como ejemplo, vamos a considerar el caso de la AiC Nuwayel, abastecida únicamente por aguas de crecidas. En el momento de la instalación del perímetro, antes del acondicionamiento moderno, los jefes de las familias supieron hallar un sistema de reparto equitativo de las aguas de riego que se sigue aplicando hoy en día. Las tierras en regadío son campos de cebada y en servidumbre compartida entre tres grandes familias, que pueden beneficiarse equitativamente del agua durante los periodos de crecidas bajas, medias o fuertes.Y los conflictos que pueden existir están ligados al modo de colecta del dinero preciso para las 179


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operaciones de cuidado y mantenimiento del mgud y, en ocasiones, de los canales secundarios. En efecto, la suma anual necesaria para el mantenimiento de las instalaciones (derramada a los servicios de la Administración) es determinada en el mes de mayo o junio de cada año por el presidente de la AiC y los demás miembros del Comité de Concierto junto con la Administración. Tras la cosecha de la cebada y la avena, la AiC arrienda en régimen de ‘ashaba7 los campos en rastrojo a los rebaños trashumantes de los miembros de la AiC o a rebaños ajenos a la comunidad. El derecho de pasto por cabeza de ganado se calcula en base al montante determinado previamente y necesario para cubrir los gastos de las operaciones de mantenimiento. Después, esa suma total se divide por el número de cabezas de ganado que pasta en los rastrojos. De este modo, los beneficiarios pagan a la AiC una contribución en función del tamaño de su cabaña en caso de que lleven su rebaño a pastar y, en caso contrario, quedan exentos de participar en el gasto de mantenimiento de las instalaciones. Así pues, los problemas que suelen plantearse están relacionados con la determinación de la participación individual expresada en el prorrateo de las cabezas de ganado. igualmente se plantea el problema de los que no tienen animales y de los que no han cultivado las tierras durante el año al que se refiera la contribución al mantenimiento de las instalaciones. En cualquier caso, este tipo de conflictos surgen únicamente cuando el año ha sido malo y el precio de la ‘ashaba no cubre los gastos de mantenimiento. Por lo general, los resuelve el presidente, que activa en tales casos el espíritu de solidaridad y de cohesión del grupo. 2.4.3. Conflictos con los servicios agrícolas La intervención del Estado en la utilización de las aguas de riego se remonta a 1962, con la ordenación del primer perímetro. Posteriormente, dicha intervención prosiguió a lo largo de los años ochenta y hasta principios de los años noventa con la ordenación y rehabilitación de otros regadíos. Las operaciones de cuidado y mantenimiento, así como los trabajos de limpieza y de construcción de cada mgud y de su canal principal, los realizan los servicios 7

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Pasto estacional de los rastrojos de los campos de cereales. (N. de la Ed.)


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del CRDA a cambio de una contribución proporcional de cada comité de las AiC. Las redes secundarias y terciarias son mantenidas por los beneficiarios de las aguas de riego. En principio, los servicios del CRDA intervienen a petición del comité de la AiC. Y es que estos últimos, al no disponer de los materiales apropiados, se ven constreñidos a apelar a los servicios de la Administración para la realización de estos trabajos. Recurrir a servicios de empresas privadas sería más caro ya que la Administración sólo factura los gastos de funcionamiento del material rodante. La determinación de la naturaleza y duración de la intervención depende de varios criterios: • la estimación de los miembros del Comité de Gestión de cada AiC, asesorados en ocasiones por un técnico del CRDA; • la disponibilidad del material; • y la contribución financiera de la AiC. Asimismo, la fijación del montante de la participación de cada AiC da lugar a negociaciones. Así, el resultado depende de la habilidad de negociación del presidente, de la naturaleza de los trabajos y del estado presupuestario de la AiC. Si se produce un desacuerdo sobre la determinación de la naturaleza y duración de la intervención, prima la decisión del CRDA. En este sistema, efectivamente, no hay otra opción, puesto que los servicios de la Administración no están en situación de competencia con otros operadores y son a un tiempo juez y parte. Además, la intervención del CRDA se expresa en número de horas o de jornadas de empleo del material, tiene lugar en verano y puede prolongarse hasta el mes de octubre de cada año. El otro tipo de conflicto se refiere a la propia concepción de los trabajos en el aspecto técnico. Efectivamente, frente a la sabiduría ancestral de las comunidades y de algunos de sus miembros en particular, la Administración hace valer los conocimientos técnicos. Por otra parte, desde el punto de vista de la Administración, prevalece una visión global de la gestión del agua, en tanto que los miembros de las AiC tienen encomendado defender un punto de vista propio de su asociación. En ese cara a cara es la Administración quien tiene la última palabra, pues la gestión de las obras en el lecho del wadi es competencia suya, dada la naturaleza pública de dicho espacio. 181


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3. La gestión de las AIC de los regadíos públicos y la privatización de los recursos comunes 3.1. Los regadíos públicos por pozos perforados públicos como herramienta de modernización de la sociedad pastoral Los regadíos públicos de la región de Sidi Buzid se crearon ya en los primeros años de la independencia con el fin de favorecer el asentamiento de las tribus seminómadas de las altas estepas. Estas zonas han pasado por varias formas de gestión. Gestionadas inicialmente como cooperativas de policultivo y ganadería en los años sesenta, se pusieron después bajo la tutela de la Oficina de Aprovechamiento de los Regadíos de la llanura de Sidi Buzid, antes de pasar a las nuevas AiC y, por último, a las Agrupaciones de Desarrollo Agrícola (Groupement de Développement Agricole, GDA). Estas estructuras están a su vez bajo la tutela del GiH, que depende del CRDA. En el contexto de la región de Sidi Buzid, estos regadíos han constituido el modelo que sirvió para el asentamiento de las tribus seminómadas y acompañó el paso de una sociedad pastoral a una sociedad agraria. En la actualidad, la superficie de los regadíos públicos alcanza las 5348 ha en los 54 regadíos gestionados por 54 GiC (cifras de 2006, según el CRDA). 3.1.1. Descripción de los sistemas de producción en el seno de los regadíos públicos Con una superficie agrícola irrigada media por derechohabiente de entre 1 y 2 ha, los sistemas de producción se basan esencialmente en la asociación olivar-cultivos anuales y en la ganadería. Además, la gran mayoría de las explotaciones son explotadas directamente por los miembros de la familia del agricultor. La arboricultura tiene un lugar preponderante en estos regadíos públicos (el 75 % de la superficie) con el predominio del olivar (de 50 a 100 ft/ha). El olivo presenta un gran interés para los agricultores por motivo de su escasa necesidad de agua y sus ingresos prácticamente garantizados. Entre los cultivos anuales, predomina la cebada y la avena. Se cultivan por su baja exigencia de agua y su tolerancia a la salinidad. La producción se reserva, por lo general, para el ganado. En cuanto al cultivo de hortalizas, es ocasional en estas zonas. 182


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Por su parte, la ganadería se compone de una decena de ovejas en régimen semiintensivo con un aporte complementario del exterior (estimado en el 40 o, incluso, el 50 % de las necesidades de la cabaña) y, a veces, una o dos vacas lecheras. Estando constituidos mayormente en propiedades rústicas del Estado o colectivas, los regadíos públicos se caracterizan por la ausencia de títulos de propiedad. Este hecho agrava las dificultades de financiación de las actividades agrícolas; pues el derecho de propiedad no es lo suficientemente claro, de manera que permita a los agricultores la posibilidad de llevar a cabo proyectos a largo plazo y que propicie el acceso a la tierra para los jóvenes y los explotadores menos favorecidos (ausencia de mercado de la propiedad). 3.1.2. La gestión realizada por las AIC Las primeras iniciativas encaminadas a la gestión colectiva de las infraestructuras hidráulicas en la gobernación de Sidi Buzid se observaron en las GiC y se referían a la gestión del agua potable. El éxito de esa fórmula promovió más tarde su aplicación a nivel del conjunto de los regadíos públicos. Así, la gobernación de Sidi Buzid cuenta actualmente con 206 agrupaciones (74 en forma de GDA y 132 en forma de GiC): • 107 GiC que gestionan el agua potable; • 42 GiC dedicadas a los perímetros públicos; • 16 GiC encargadas de los perímetros de riego por inundación de crecidas; • 16 GiC mixtas (riego y agua potable); • 11 GiC centradas en la gestión de las aguas de los embalses; • 1 GiC para un acuífero profundo. Las GiC se reparten en tres grupos, según los criterios de evaluación establecidos por los responsables de la unidad de seguimiento de las GiC: un primer grupo de 97 GiC activas, 77 GiC semiactivas y 14 GiC no activas. No obstante, este sistema de gestión realizado por las limitaciones:

GiC

se topa con varias

• la falta de confianza en el sistema de gestión del agua de riego (GiC/GDA) desmotiva a los agricultores de cara a invertir en cultivos con alto valor añadido (averías que se prolongan, ausencia de seguro en caso de pérdidas de producción debidas a dichas averías); 183


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• enormes pérdidas de agua entre el pozo perforado y la boca de riego, a pesar de las mejoras aportadas a la red recientemente. Se trata sobre todo de un mal conocimiento de la gestión del sistema de riego por parte de la agrupación; • tendencia a la subexplotación (tasa de explotación cada vez más baja hasta el abandono de la parcela). La transformación de las GiC en GDA, actualmente en curso, no parece que vaya a mejorar la gestión: restringe las actividades de las GDA a la gestión de las infraestructuras y de los recursos hídricos y no les ofrece perspectivas de diversificación hacia funciones de carácter económico. Como hemos indicado más arriba, algunas GDA consiguen asegurar una gestión relativamente eficaz del recurso hídrico de que disponen. Esos resultados son el fruto de un entendimiento entre los miembros de la GDA que, en ciertos casos, puede explicarse por la capacidad del presidente para asegurar la cohesión del grupo y fijar objetivos de la GDA. Contrariamente a las GDA de gestión de zonas de riego por inundación de crecidas, en las que la tradición que poseen las comunidades locales en ese tipo de prácticas y en la gestión colectiva de las zonas en regadío ha sido la base de su dominio de la gestión moderna de los perímetros en cuestión, en el caso de los regadíos públicos, la disolución de los vínculos tradicionales y el refuerzo del individualismo hacen cada vez menos eficaz la gestión comunitaria basada en las relaciones tribales y en la solidaridad de grupo. El debilitamiento de la capacidad de intervención de la Administración, el cambio del estatus de las AiC a GDA con mayor autonomía y la desaparición de las GiH complican aún más la gestión eficaz de dichas zonas. Apoyándose en el escaso rendimiento de los regadíos públicos, los poderes públicos se orientan cada vez más hacia la liberalización del acceso a los recursos de dominio público. Esta política no es específica de la región de Sidi Buzid,8 pero ilustra muy bien el cambio en los objetivos de la política hidroagrícola, que ha pasado de la búsqueda de la integración de gran parte de la población 8 Como ejemplo, véase el proceso de privatización del acceso a los recursos hidráulicos de dominio público en la región del sureste de Túnez en Sébastien Palluault et ál., «inégalité face à la ressource et pauvreté hydraulique en Tunisie: le cas des populations rurales de la plaine de la Jeffara (Sud Est tunisien)», ponencia en el Coloquio internacional Pauvreté hydraulique et crises sociales: perspectives de recherche et d’actions, Agadir (Marruecos), 12 al 15 de diciembre de 2005.

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rural a la economía de mercado y su contribución a la cobertura de la demanda local, a una política que apuesta por los empresarios privados. En cualquier caso, esas dos agriculturas están, de hecho, en competencia en lo referente a los recursos de suelo y agua.

3.2. El riego de pozos perforados privados: una agricultura intensiva de gran valor añadido y una explotación minera de los recursos A partir de mediados de los años noventa, el riego de pozos perforados empezó a desarrollarse, principalmente en la región de Regueb, gracias a la iniciativa de empresarios locales o procedentes de otras regiones. Efectivamente, algunos empresarios, convencidos de la gran rentabilidad económica de la agricultura intensiva, comenzaron a colonizar las tierras de Regueb alentados por el régimen de propiedad de la tierra, que no pone limitaciones a la compra de terrenos y a su registro en el catastro. Esta demanda en claro crecimiento de compra de terrenos rústicos en ciertos sectores de la zona ha generado en estos últimos años una dinámica económica, pero que a menudo pertenece a actores externos a la zona. 3.2.1. Descripción La superficie irrigada en la delegación de Regueb es de unas 4800 ha, 4250 de las cuales se irrigan con el agua de 1150 pozos excavados (3,7 ha por pozo) y otras 560 se irrigan con el agua de 74 pozos perforados (7,5 ha por pozo). Es la segunda delegación en cuanto a importancia del regadío en la gobernación de Sidi Buzid. Al contrario que los regadíos públicos, en los que el Estado se encarga de toda la infraestructura, estas formas nuevas se basan en el propietario, que financia todas las operaciones relacionadas con su aprovechamiento. De este modo, tan sólo una categoría de inversores, que dispone de grandes medios financieros adquiridos en otros campos, puede soportar los gastos inherentes a las instalaciones modernas de un regadío: compra del terreno, perforación, instalaciones, electrificación, red de riego y plantación. Así, en unos años varios inversores han creado regadíos basados en especulaciones de alto valor añadido y de altas necesidades en agua de riego. Esta práctica se está extendiendo cada vez más a otras zonas de la gobernación en las que las condiciones son favorables (en recursos hídricos y de suelo). 185


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Por su parte, la superficie agrícola irrigada media de una explotación es de 15 ha y la producción se centra esencialmente en la arboricultura de riego intensivo (uvas de mesa, melocotoneros, cítricos, almendros, olivos…). Los recursos hídricos en estos perímetros son muy importantes: más de 10 l/s por pozo perforado, de baja salinidad (de 1,5 a 3,6 g/l), y el caudal ficticio continuo está alrededor de los 0,55 l/s, es decir, el equivalente a 17 000 m3/ha al año. El riego por goteo localizado está prácticamente generalizado y la explotación se confía en muchos casos a un gerente o un director de explotación. El nivel técnico de los encargados de la explotación es elevado: los agricultores dominan bien la preparación del suelo, el uso de insumos y el riego por goteo asociado a la fertilización. Es una agricultura empresarial, que se basa en la explotación minera de los recursos hídricos y del suelo. Ahora bien, aunque sea relativamente reciente, su presión sobre los recursos naturales es cada vez más fuerte. La mano de obra asalariada se recluta en la región, y la especializada se busca en ocasiones en regiones en las que la arboricultura intensiva tiene más tradición. En cuanto a los rendimientos registrados, son muy elevados y reflejan el dominio de la agricultura puntera. La producción se destina por lo general a la venta directa, pero algunos agricultores la comercializan ellos mismos en el mercado tunecino o, incluso, la exportan. 3.2.2. Tendencias de evolución La tendencia a la intensificación hace que los suelos se empobrezcan cada vez más. La situación se ve agravada por un importante aporte de sales, procedentes de unas aguas de riego cada vez más saladas, que amenaza la capacidad de producción de estos suelos. Los acuíferos de Regueb están sufriendo el efecto de una fuerte aceleración de la explotación durante los últimos años. En efecto, los agricultores extraen intensivamente agua de estos acuíferos sin forma alguna de regulación y no parecen preocuparse por el futuro de los recursos, ya que se interesan en primer lugar por el máximo aprovechamiento de la tierra y, por ende, por bombear la mayor cantidad posible de agua. Por tanto, el acceso relativamente libre a dichos acuíferos amenaza con limitar la sostenibilidad del sistema en su conjunto. La profundización de los pozos excavados, que permite captar la parte superior de los acuíferos profundos, se 186


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suele hacer sin solicitar la autorización a la Administración competente.9 De hecho, estas profundizaciones ilícitas son alentadas por la fuerte dinámica del mercado de la propiedad rústica que se ha desarrollado en Regueb. 3.2.3. La sostenibilidad de este sistema A pesar de sus logros, a primera vista incontestables en el plano económico, este modo de explotación minera puede encubrir serios problemas. Los acuíferos de Regueb están sufriendo modificaciones profundas que pueden tener un carácter irreversible a corto y medio plazo. Así, independientemente de la situación económica de los agricultores, que en ocasiones es floreciente, este sistema debería enfrentarse en un futuro cercano a limitaciones comunes: un descenso del nivel freático del acuífero que exija un coste cada vez más elevado de la extracción y una disminución de la calidad de las aguas. igualmente, el aumento del coste de la energía afecta directamente al precio de extracción del agua de riego, al de la labor del campo y al del transporte (la hora de tractor ha pasado de 12 a 18 dinares entre 2004 y 2007, es decir, ha habido un aumento de más del 50 %). En definitiva y teniendo en cuenta la inquietante evolución de los recursos hídricos de la zona, los logros de este sistema de producción, del que depende en alto grado la dinámica de desarrollo económico y social de esta delegación, se ven gravemente amenazados en términos de sostenibilidad, en la medida en que la situación futura se caracterizará por un agua cada vez más cara y de menor calidad. 3.2.4. Las estrategias de los agricultores: ausencia de regulación Los agricultores de este tipo de perímetro tratan de satisfacer sus objetivos empresariales: maximizar los beneficios, minimizar los costes y explotar al máximo los recursos colectivos mientras las condiciones de acceso al agua de riego sean flexibles. La estrategia individual en ese aspecto es ampliar la explotación y bombear la mayor cantidad de agua. El uso del riego localizado (o riego por goteo) se está generalizando con el objetivo de aprovechar el agua (notorio aumento de los rendimientos de los cultivos) y reducir la mano de obra, que cuesta cada vez más. 9 Aunque todas las aguas subterráneas son de dominio público hidráulico, únicamente las extracciones de acuíferos de profundidad superior a 50 m están sometidas a una autorización que fija la profundidad de la misma.

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Es una región en la que la presión sobre los recursos hídricos es cada vez más fuerte. Simplemente mantener las tasas de extracción actual conllevaría, en un horizonte cercano, un descenso importante del nivel freático y un aumento de la salinidad. Efectivamente, en 1987 la explotación del acuífero de Regueb era de 0,4 millones de metros cúbicos mediante 7 pozos perforados, tan sólo uno de los cuales se destinaba al riego. En 1999, las extracciones alcanzaron los 2,14 millones de metros cúbicos (de los cuales 1,3 millones de metros cúbicos provenían de 30 pozos perforados privados de un total de 42). En 2002, el volumen bombeado por esos 30 pozos perforados se duplicó y el número de esos pozos privados siguió creciendo hasta alcanzar los 57 en 2004 y los 74 en 2006.

Conclusión El desarrollo de la agricultura de regadío le ha permitido a Túnez regular mejor la producción agrícola y limitar el impacto de los años de sequía tanto en la disponibilidad de los productos básicos como en la balanza agroalimentaria. Esa política, que ha absorbido una parte importante de las inversiones públicas en el sector agrícola (hasta el 40 % de las inversiones) ha propiciado, por lo demás, el desarrollo de una agricultura familiar fuertemente integrada en el mercado y que produce principalmente para el consumo interior. No obstante, con la desimplicación del Estado después de la adopción del PAE, esta agricultura debe enfrentarse a problemas de gestión de los recursos naturales y de gobierno de las zonas en regadío. La falta de autonomía de las comunidades de regantes que tenían que regular el acceso a los recursos y la debilidad del marco institucional se traducen en problemas a un tiempo relacionados con la sostenibilidad de los recursos hídricos (sobreexplotación y degradación de la calidad) y con el rendimiento de los sistemas de producción. Con el argumento de los escasos resultados de ciertos regadíos públicos y con el objetivo de fomentar el surgimiento de nuevos empresarios agrícolas, los poderes públicos han liberalizado el acceso a los recursos hidráulicos de dominio público. Pero, en realidad, se trata de buscar una mayor contribución del sector agrícola al esfuerzo de exportación mediante el fomento de la inversión privada. Por ello, esta liberalización, si bien ha dado resultados en cuanto a la intensificación de la producción, amenaza con agravar la presión sobre los recursos promoviendo una explotación minera de los mismos.

[Traducido del francés por Cristina Ridruejo. AEiOU Traductores.]

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Ahorro de agua y acción colectiva en Tadla y el Sus marroquíes YOUNES BEKKAR, MOSTAFA ERRAHJ, MOHAMMED MAHDI Escuela Nacional de Agricultura (Meknés, Marruecos)

Resumen El objetivo de este documento es contribuir al debate sobre la problemática hidráulica partiendo de la cuestión del ahorro de agua en Marruecos. En la primera parte, presentaremos la estrategia del Estado en materia de ahorro de agua y las medidas institucionales y financieras que se han tomado para favorecerlo. Después, expondremos algunas experiencias individuales y colectivas de transformación de los sistemas de riego en sistemas de bajo consumo de agua en algunas zonas de regadío de Marruecos. Hablaremos de las trayectorias de dichos proyectos de transformación y de sus puntos fuertes y flacos para tratar, finalmente, de extraer algunas enseñanzas de dichas experiencias a partir de sus probables efectos en el futuro de la explotación agrícola familiar. La hipótesis que guía esta reflexión es que la movilización de la acción colectiva, en el marco de las cooperativas y las asociaciones, ha permitido a los pequeños propietarios acceder a las nuevas tecnologías de bajo consumo de agua y garantizar la supervivencia de su explotación agrícola familiar. Palabras clave: Marruecos, ahorro de agua, acción colectiva, reconversión, explotación agrícola familiar.

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Introducción Marruecos cuenta con una superficie de 71 000 000 ha, de las cuales tan sólo 9 000 000 son superficie agraria útil (SAu).1 La superficie potencialmente regable es de 1 653 000 ha, que se reparten en 1 353 000 ha regadas con aguas perennes (de presas, acuíferos y fuentes) y 300 000 ha con aguas de crecidas. La superficie realmente en regadío es de aproximadamente 1 460 000 ha, de las cuales 1 016 730 ha han sido equipadas por el Estado y 441 130 ha, por los propios agricultores.2 El riego constituye un factor primordial de desarrollo agrícola en Marruecos, en vista de la vulnerabilidad de la agricultura pluvial, más importante en superficie pero sujeta a la aleatoriedad climática y a los efectos de las frecuentes sequías. Esto explica que Marruecos haya basado su desarrollo económico en gran medida en las grandes obras hidráulicas. Marruecos dispone de un potencial en recursos hídricos estimado en 20 653 km³, de los cuales 17 881 km³ son aguas superficiales y 2772 km³ son aguas subterráneas renovables,3 esto es, una dotación media por habitante de cerca de 691 m³/año.4 La participación en el valor añadido agrícola de la agricultura de regadío es de un 45 % en años medios y de más del 75 % en años secos; representa un tercio del empleo en el medio rural y un 75 % de las exportaciones de productos agrícolas.5 La opción de desarrollo mediante grandes obras hidráulicas es una herencia del Protectorado, perpetuada por el Marruecos independiente. La orientación hacia el dominio del agua con fines de producción agrícola se explicitó, efectivamente, en la política colonial y se llevó a la práctica en inmensas obras públicas: la construcción de la presa de al-Qansara para el riego de la zona del Beht en 1927, la ordenación hidroagrícola de Beni Amir y Beni Musa en 1938 y la desecación de

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Es decir, apta para el cultivo. Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), Administration de Génie Rural (AGR), Situation de l’agriculture marocaine, Rabat: Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), 2006. 3 Sin contar el retorno del riego y el drenaje de fuentes y ríos, ya contado en las aguas superficiales. 4 Mohamed Oubalkace, Stratégie méditerranéenne pour le développement durable Suivi des progrès dans le domaine de l’eau et promotion de politiques de gestion de la demande, Rapport final, Rabat: Ministerio de Ordenación del Territorio, el Agua y el Medioambiente (Ministère De l’Aménagement du Territoire, de l’Eau et de l’Environnement, MATEE), Commission Méditerranéenne du Développement Durable, 2007. 5 Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), Programme National d’Économie d’Eau d’Irrigation (PNEEI), Rabat: Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), 2007. 2

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la llanura del Garb mediante drenaje superficial en 1948. Así, se sentaron las bases de una verdadera doctrina de la gran hidráulica y, posteriormente, se institucionalizaron con la creación de la Oficina Nacional de Regadíos (ONI) en 1960.6 Tras la independencia, Marruecos se encontró ante la opción de mantener esa política o de desarrollar la agricultura pluvial, que atañe a unas superficies mayores y a la gran mayoría de los campesinos. La opción adoptada fue la que permitía distinguir y jerarquizar las actuaciones más importantes y cuya rentabilidad a corto plazo no se podría poner en cuestión.7 Desde entonces, la ordenación hidroagrícola figuraba en todas las agendas y se consagró en los distintos planes de desarrollo económico y social del país.8 Se realizaron progresos sustanciales en cuanto a volumen y diversidad de la producción animal y vegetal, así como en cuanto a su aprovechamiento agroindustrial (aceites, azúcar, leche), progresos que se tradujeron en una mejora de los ingresos de los agricultores de los perímetros de las grandes obras hidráulicas.9 No obstante, los efectos positivos de la doctrina hidráulica se tambalearían, desgraciadamente, por motivo de la adopción del Plan de Ajuste Estructural del sector agrícola (1985-1990), que marcó el fin del modo de coordinación jerárquica de la gestión hidráulica. Dicho modo, basado en la gestión centralizada del suministro de agua y en la asunción por parte del Estado de todo el proceso de producción, de principio a fin, constituía el pilar organizativo de la doctrina hidráulica, así como el instrumento de su éxito. Pero tendría que ceder su lugar a un modelo de gestión denominado participativo y distribuido y en el que, paradójicamente, el mercado sería la institución reguladora. La retirada del Estado, así pues, debilitó sustancialmente el modelo de aprovechamiento agrícola al que se habían acostumbrado y adaptado los agricultores, y los situó frente a nuevas opciones sin contar con preparación ni formación previas.10 6

Najib Bouderbala, «L’Aménagement des grands périmètres irrigués. L’expérience marocaine», Cahiers Options Méditerranéennes, n.° 16, en Anne-Marie Jouve y N. Bouderbala (eds.), Politiques foncières et aménagement des structures agricoles dans les pays méditerranéens: à la mémoire de Pierre Coulomb, Montpellier (Francia): CIHEAM, 1999, págs. 171-184. 7 Najib Akesbi, «Evolution et perspectives de l’agriculture marocaine» [en línea], en 50 ans de développement humain. Perspectives 2025, 2006, <http://www.rdh50.ma/fr/pdf/contributions/GT3-3.pdf>. 8 Dicha política, que durante el reinado de Hasan II se manifestó mediante el eslogan «política de presas y del millón de hectáreas», se ve confirmada actualmente en el Plan Marruecos Verde. 9 El autor apunta que, en los regadíos, el aumento neto de beneficio por explotación se situaba, según la misión de evaluación del Banco Mundial para el Plan de Desarrollo de 1973-1977, entre 356 € para explotaciones de menos de 2 ha y 4666 € para explotaciones de más de 20 ha (ibídem). 10 Mostafa Errahj, Hassane Kemmoun, Marcel Kuper y Patrick Caron, «L’Action collective entre le rationalisme économique et les motivations psychosociales», en Actes du Séminaire Euro-Méditerranéen Les instruments économiques et la modernisation des périmètres irrigués, M. S. Bachta (ed.), Séance 1. Politiques hydrauliques: expériences passées et perspectives, Susa (Túnez), 21 y 22 de noviembre de 2005.

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En cuanto a las explotaciones agrícolas, la retirada del Estado se concretó en la práctica en la liberalización de la rotación de cultivos en los perímetros irrigados.11 una vez «liberados»,12 los agricultores se orientaron hacia cultivos de alto valor añadido y, por consiguiente, de alto consumo de agua, pero más rentables económicamente. De hecho, la retirada del Estado coincidió con un ciclo de sequía y de bajada de la pluviometría (véanse la tabla 1 y la ilustración 1) y con la entrada del país en una era en la que la capacidad de movilización de agua alcanzó su límite. La dotación de agua por habitante, que en 1985 era de 2560 m³/año, se redujo a tan sólo 720 m³/año en 2007 y no será más que de 570 m³/año en 2020.13

Tabla 1. Evolución de los recursos de agua superficial movilizable Cuencas Lucus, cuenca tangerina y cuencas de la costa mediterránea Muluya y Figuig Sebú Bu Regreg y cuencas costeras atlánticas de Rabat-Casablanca Umm ar-Rabi‘ Tensift y cuencas costeras atlánticas del Qsob y el Iguezulen Sus Massa y cuencas costeras atlánticas del Tamri y el Tamragt Total nacional

Recursos de agua superficial movilizable (Mm3/año) Serie 1940-1986 Serie 1940-2002

Variación

2492 1544 4464 860

2131 1317 3940 390

-14 % -15 % -12 % -54 %

3996

2922

-27 %

987

771

-22 %

564 15 755

515 13 126

-9,5 % -17 %

Fuente: Belghiti, 2007

11

En el modelo de coordinación jerárquica, los agricultores estaban sometidos a una rotación de cultivos obligatoria que prescribía los cultivos que se debían practicar para responder al objetivo político de la autosuficiencia alimentaria. 12 Mohamed Mahdi, Mostafa Errahj, Mohamed Elamrani y Hassane Kemmoun, «Stratégies des exploitations agricoles face aux nouveaux défis de l’irrigation. Quelques Hypothèses», en Actes du Séminaire Euro-Méditerranéen La modernisation de l’agriculture irriguée, tomo 2, Rabat (Marruecos): Institut Agronomique et Vétérinaire Hassan II, 2005. 13 Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), Administration de Génie Rural (AGR), Situation de l’agriculture marocaine, cit.

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Ilustración 1. Evolución de la pluviometría media anual (1960-1995) Pluviometría (mm) 900 800 Pluviometría anual

700 600 500 400 300

Tendencia

200 100 0 1960

1965

1970

1975

1980

1985

1990

1995

Fuente: Belghiti, 2007

Asimismo, el crecimiento de la demanda de agua, acentuado por los periodos de sequía, obligó a los agricultores a recurrir a las aguas subterráneas, alentados por el coste asequible de los pozos perforados, las subvenciones estatales y el estímulo que supone el mercado de frutas y legumbres. Las aguas subterráneas sufrirían una presión sin precedentes, y el nivel de las capas freáticas bajó considerablemente (véase la tabla 2). Desde luego, recurrir a los recursos hídricos subterráneos fue una alternativa saludable para mantener las consecuencias positivas del regadío en las zonas equipadas y para fomentar un aprovechamiento agrícola importante en las zonas no equipadas. Pero al mismo tiempo ese recurso agotó las capas freáticas. Teniendo en cuenta los ritmos de consumo de agua y las tendencias climáticas actuales, los estudios prospectivos (véase la tabla 3) prevén que el país entrará en breve en la franja de tensión hídrica de escasez absoluta.14 Este contexto general y los preocupantes factores que lo estructuran han llevado a los poderes públicos a situar el ahorro de agua en el centro de sus preocupaciones actuales y futuras, y a tomar conciencia de la urgencia de racionalizar el uso del agua de riego. La agricultura sigue siendo, efectivamente, el principal consumidor de agua, con más del 80 %, seguida por la industria y el suministro de agua potable. 14

Menos de 500 m3/hab/año (Mokhtar Bzioui, Rapport sous régional sur la mise en valeur des ressources en eau en Afrique du Nord [en línea], s. l.: uN Water Africa, marzo de 2005, <http://www.abhatoo.net.ma/index.php/fre/ content/download/16474/290770/file/sub_regionalreportnordafrique.pdf>.).

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Tabla 2. Reparto de superficies equipadas por el sector privado a escala nacional Acuífero

Superficie equipada

Sus Hauz Garb Sais Berreshid-Shauia Oriental Tadla Sahel Otros Total

88 000 82 000 67 000 38 000 29 000 21 000 16 000 13 000 51 000 405 000

Fuente: Belghiti, 2007

Tabla 3. Ejemplo de situaciones de disminución de los acuíferos Acuífero

Disminución en los últimos veinte años (m)

Disminución anual media (m/año)

Sus Hauz Sais Yebel Hamra

40 20 60 45

3 2 4 3

Fuente: Belghiti, 2007

En 2007, se lanzó el ambicioso Programa Nacional de Ahorro de Agua de Riego (Programme National d’Économie d’Eau d’Irrigation, PNEEI) con el objetivo de someter la agricultura de regadío a un proceso de cambio tecnológico profundo, a saber, el paso del riego por gravedad al sistema de riego por goteo (o por aspersión, en ciertos casos). Pero más allá de la complejidad tecnológica de dicha innovación y de su carácter difusor —en el sentido de Pierre Bal et ál., para quienes «la innovación permite resolver un problema sectorial y produce repercusiones en el conjunto de la explotación»—,15 el acceso individual de las pequeñas explotaciones familiares a ese nuevo mundo del riego plantea unos problemas tremendos,16 y la dificultad 15

Pierre Bal, Christian Castellanet y Didier Pillot, «Accompagner le développement des exploitations agricoles: faciliter l’émergence et la diffusion des innovations», en Mémento de l’agronome, Montpellier: CIRAD, 2002, págs. 373-405. 16 Hay que recordar que éstas componen la inmensa mayoría de los 1,5 millones de explotaciones agrícolas marroquíes.

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de su adopción agudiza la distancia, ya grande, que las separa de la gran agricultura empresarial. Aunque en los últimos años muchos trabajos se han interesado por la temática del ahorro de agua mediante análisis de las actuaciones en zonas en regadío o de las instituciones comunitarias de gestión,17 muy pocos han intentado sacar a la luz las oportunidades y los riesgos de la reconversión al sistema de riego localizado para las explotaciones familiares en Marruecos. El presente artículo es una aportación a la problemática del ahorro de agua, y la aborda partiendo de la cuestión de la adopción colectiva e individual de nuevas tecnologías de riego y de la reconversión de las explotaciones agrícolas familiares a sistemas de riego de bajo consumo de agua. La hipótesis que guía esta reflexión es que la movilización de la acción colectiva, en el marco de las cooperativas y las asociaciones, ha permitido a los pequeños propietarios acceder a las nuevas tecnologías de bajo consumo de agua y garantizar la supervivencia de su explotación agrícola familiar. Primeramente, presentaremos la estrategia del Estado en materia de ahorro de agua y las medidas institucionales y financieras que se han tomado para favorecerlo. A continuación, analizaremos las experiencias colectivas e individuales de reconversión de sistemas de riego en dos zonas de regadío en Marruecos: Tadla y el Sus. Para ello, describiremos las trayectorias de dichos proyectos de reconversión destacando sus puntos fuertes y flacos. Por último, trataremos de extraer algunas enseñanzas de esas experiencias y sus probables efectos sobre el futuro de la explotación agrícola familiar y los recursos hídricos.

1. Estrategia pública para la reconversión a las nuevas tecnologías Además de la inversión pública, el sistema de incentivos constituye una herramienta esencial de cualquier política de desarrollo agrícola. Así pues, el Estado marroquí ha dado preferencia a cuatro instrumentos en materia de fomento de la inversión privada en agricultura, a saber: financiación (créditos), ventajas fiscales (desfiscalización), ayudas financieras (subvenciones y primas) y protección de las fronteras.18 17

Véase la página web SIRMA, Économie d’eau en Systèmes Irrigués au Maghreb, <http://www.eau-sirma.net>. Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), «Le fond de développement agricole: initiation aux investissements privés en agriculture», Bulletin d’information et de liaison du Programme National de Transfert de Technologie en Agriculture (PNTTA), n.° 56, Rabat: Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), 1999. 18

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Desde 1969, el Estado instauró una política de incentivos a la inversión privada en agricultura. Se definió en el Código de la Inversión Agrícola (CIA), dirigido por un lado a la explotación y aprovechamiento del potencial de producción creado por la política de inversión pública y, por otro lado, a incentivar la inversión privada. Al cabo de quince años de funcionamiento del CIA, el Estado procedió, en 1986, a reestructurar el procedimiento de ayuda financiera creando una cuenta de asignación especial denominada Fondo de Desarrollo Agrícola (FDA). Dicho fondo se caracteriza por una amplia cobertura de las actuaciones y operaciones susceptibles de incrementar la productividad agrícola, en particular, la ordenación hidroagrícola y las mejoras de las tierras que permitan mejorar el aprovechamiento de los factores de producción (el agua y la tierra), así como la mejora de la productividad de las tierras.19 En ese sentido, desde principios de los años ochenta, los poderes públicos acordaron un interés especial al fomento de la adopción de técnicas de riego modernas y de bajo consumo de agua. Este fomento se tradujo a menudo en un abanico de incentivos financieros concedidos a los agricultores por vía del FDA. Para empezar, entre 1982 y 1984, se concedió la exoneración de derechos y tasas aplicables a la importación de ciertos bienes de equipo y materiales destinados al riego. Después, el Estado creó, desde 1996, un dispositivo de subvención que iba del 10 al 30 %, según los trabajos y dotaciones llevados a cabo. Desde 1999, además de la subvención, se activó una prima a la inversión en beneficio de los agricultores que hubieran realizado obras que permitieran ahorrar agua. Para promover el riego localizado y el riego complementario, en 2002 se amplió la parte subvencionable hasta un 30 y 40 % del coste total de los proyectos realizados, con un techo de 12 000 dírhams marroquíes (MAD) por hectárea y de 23 000 MAD/ha en caso de ordenación de cuencas. Ahora bien, pese a dichos dispositivos de fomento, las superficies equipadas con sistemas de riego localizado no han alcanzado nunca los niveles deseados. Hasta finales de 2006, sólo 141 570 ha estaban dotadas de sistemas de riego localizado (véase la ilustración 2), esto es, un 9,7 % de la superficie total ordenada.20

19

Ibídem. Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), Programme National d’Économie d’Eau d’Irrigation (PNEEI), cit. 20

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Superficie equipada

Ilustración 2. Evolución de la superficie equipada con sistemas de riego localizado en Marruecos (ha) (1960-1995)

Fuente: Ministerio de Agricultura

Desde 2007, en el marco del PNEEI, el Estado marroquí se marcó el objetivo de sustituir el sistema de riego superficial por el de riego por goteo en 550 000 ha para el año 2025. Se trata, en concreto, de reconvertir 550 000 ha en un periodo de quince años, esencialmente los grandes cultivos de tipo capitalista (337 140 ha) y las pequeñas explotaciones familiares mediante proyectos colectivos de riego (217 940 ha). Esto precisará unas inversiones estimadas en 37 000 000 MAD, 22 de los cuales procederán del Estado. Son subvencionables todas las actuaciones destinadas a la implantación de sistemas de riego localizado o complementario en las propiedades agrícolas, a condición de que se conciban en el marco de un proyecto global que permita el ahorro de agua de riego. La parte subvencionable de dichas actuaciones se fija en un 60 % del coste total del proyecto. Asimismo, se establece un techo para la cuantía de las subvenciones de 22 000 MAD por hectárea transformada; techo que asciende a 36 000 MAD en caso de construcción de depósitos de agua de riego, especialmente en los perímetros con infraestructuras de riego por gravedad. Además del aumento de la parte subvencionable, se aplicaron medidas de simplificación del tratamiento de los expedientes de solicitud de ayudas financieras, en particular: i) la creación de un centro del FDA dependiente de los servicios competentes del Departamento de Agricultura (Direcciones Provinciales de Agricultura u Oficinas Regionales de Aprovechamiento Agrícola) con el fin 199


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de desempeñar el papel de «ventanilla única» y servir de interlocutor a los agricultores; ii) la reducción del plazo medio de tratamiento de los expedientes a treinta días laborables; iii) y la anulación de la obligación de someter los expedientes de solicitud de ayudas financieras del Estado a los comités de los Servicios Regionales de Crédito Agrícola de Marruecos. Con el objetivo de promover el riego localizado y complementario, y paralelamente a los incentivos financieros del Estado, se llevaron a cabo varias acciones: i) la creación de centros encargados del estudio y seguimiento de la realización de proyectos de irrigación; ii) la organización de jornadas de información y de concienciación; iii) la organización de salones profesionales de riego; iv) y la ejecución de proyectos piloto de transformación del riego superficial al localizado como apoyo a la divulgación de las nuevas técnicas de riego. En definitiva, el conjunto de las medidas e incentivos presenta los principales aspectos de la política pública en materia de ahorro de agua. Es importante examinar, desde ahora mismo, los primeros resultados y efectos de dicha política en la realidad de los campesinos marroquíes, basándonos en algunos casos concretos.

2. La realidad de la reconversión a las nuevas tecnologías Se han llevado a cabo investigaciones en dos regiones de Marruecos,21 Tadla y el Sus (véase el mapa 1), con vistas a verificar el impacto de la política de incentivos en la adopción de las nuevas tecnologías por parte de las explotaciones agrícolas familiares. Tadla nos ha brindado la oportunidad de examinar los proyectos individuales de reconversión, mientras que en el Sus nos centramos en proyectos colectivos.

21 En este apartado, presentaremos los resultados de un trabajo de investigación sobre el ahorro de agua mediante la reconversión colectiva e individual de los sistemas de riego. Dicha investigación se inscribe en el marco del proyecto SIRMA, que agrupa institutos de investigación y de enseñanza superior de agronomía del Magreb, así como institutos de investigación franceses. Lleva a cabo acciones de investigación e intervención cuyo objetivo es construir mano a mano con el mundo profesional agrícola innovaciones técnicas, instrumentos económicos y acuerdos institucionales que contribuyan a un mejor aprovechamiento del agua agrícola. Su ambición es contribuir igualmente a la formación inicial de los ingenieros agrónomos y a la formación profesional para responsables agrícolas en el Magreb.

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Mapa 1. Situación de las zonas estudiadas

Fuente: elaboración propia

En Tadla, la Oficina de Aprovechamiento Agrícola de Tadla (Office Régional de Mise en Valeur Agricole du Tadla, ORMVAT) se marcó el objetivo de dotar de infraestructuras de riego por goteo 5000 ha de tierras en el marco de un programa de desarrollo del riego localizado objeto de la disposición administrativa n.° 1994-01 del 9 de noviembre de 2001.22 En 2006, se depositaron 185 expedientes, de los cuales 154 fueron aprobados por la Oficina de las Técnicas de Riego y 31 estaban en proceso. Dichos expedientes se refieren a una superficie total a equipar de 2887 ha, esto es, una media de 15 ha por agricultor, con un mínimo de 1 ha y un máximo de 194 ha (véase la tabla 4).

22 Hay nueve oficinas; son establecimientos públicos dependientes del Ministerio de Agricultura creados desde 1966 y encargados de la ejecución, gestión y mantenimiento de los equipos hidroagrícolas en su zona de actuación. También se encargan de la gestión de los recursos hídricos destinados a la irrigación.

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Tabla 4. Tamaño de las 154 explotaciones de la base de datos de la ORMVAT Superficie

Explotaciones

%

44 49 61 154

28,5 31,8 39,7 100,0

Menos de 5 ha De 5 a 10 ha Más de 10 ha Total Fuente: base de datos de la ORMVAT

Además, el análisis de la base de datos de la ORMVAT y su verificación sobre el terreno permitieron sacar a la luz la existencia de otros proyectos en ejecución sin subvención y que no figuraban en la base de datos. La investigación realizada en el marco de este trabajo se ha referido a 24 agricultores, 6 de ellos en tierras de secano (en árabe, bur) y 18 en regadíos, para tomar en consideración los casos de reconversión que no figuran en la base de datos (véase la ilustración 3).

Ilustración 3. Muestreo para el estudio de proyectos individuales de reconversión en Tadla

Proyectos aceptados para subvención

Proyectos no subvencionados e. Cuatro explotaciones situadas en bur

Proyectos no realizados

Proyectos realizados

a. Tres explotaciones

Proyectos abandonados tras su realización

Proyectos funcionales

b. Tres explotaciones

Fuente: base de datos de la ORMVAT

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Zona equipada

Zona no equipada

c. Trece explotaciones

d. Una explotación


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En el Sus, los proyectos de reconversión al sistema de riego localizado los llevaron a cabo agricultores organizados en 14 cooperativas de la reforma agraria23 y en varias asociaciones de regantes (Associations des usagers de l’Eau Agricole)24 situadas en la zona de actuación de la subdivisión de Tarudant, dependiente de la Oficina de Aprovechamiento Agrícola de Sus Massa (Office Régional de Mise en Valeur Agricole du Souss Massa, ORMVASM). El principal recurso hídrico empleado es de origen subterráneo; y la población de esa zona es famosa por su cohesión, su solidaridad y su espíritu colectivo. Esta investigación analizó cuatro cooperativas de la reforma agraria y tres asociaciones de regantes. Cabe señalar que las principales diferencias entre los proyectos de las cooperativas y los de las asociaciones de regantes se refieren al sistema de riego anterior y al tamaño de las superficies abarcadas (véanse las tablas 5 y 6).

Tabla 5. Características de las cooperativas estudiadas Organización

Número de miembros

Lote individual (ha)

Lote colectivo

Fecha de creación

Modo de riego antes de la reconversión

Coop. al-Wahda Coop. al-Shabab Coop. al-Wafa Coop. al-Masira

29 71 34 29

3,75 4 5,8 4

1 huerto 1 huerto 1 huerto 1 huerto

1978 1979 1981 1975

Por aspersión Por aspersión Por aspersión Por aspersión

Fuente: base de datos de la ORMVAT

Tabla 6. Características de las asociaciones de regantes estudiadas Organización

Número de miembros

Superficie total (ha)

Fecha de creación

Modo de riego antes de la reconversión

Asoc. Tahuzint Asoc. Mahmudiyya Asoc. Tagfirit

200 209 180

430 550 450

1992 1992 1992

Por gravedad Por gravedad Por gravedad

Fuente: base de datos de la ORMVAT 23 Desde 1966, el Estado repartió 326 100 ha, tomadas de un paquete de propiedades rústicas de 750 000 ha de tierras recuperadas de los colonos. Los adjudicatarios de dichas tierras se agruparon en 738 cooperativas agrarias. Esas tierras, llamadas las de la reforma agraria, representan el 3 % de la SAu total de Marruecos. 24 Las asociaciones de regantes (Associations des usagers de l’Eau Agricole) son estructuras organizativas que deberían permitir a los usuarios de las redes de suministro hidroagrícola hacerse cargo de su explotación, su mantenimiento y su mejora. Las promovió el Estado marroquí desde 1990 en el marco de la política de gestión participativa de los sistemas de irrigación. Las regula la ley n.° 02-84 del 21 de diciembre de 1990, relativa a las asociaciones, y el decreto n.° 2-84-106 del 13 de mayo de 1992, que fija las modalidades de acuerdo entre la Administración y las asociaciones de regantes, y aprueba los estatutos modelo de dichas asociaciones.

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2.1. Cuando la reconversión es un asunto individual En Tadla, la promoción de proyectos de transformación es una acción individual, en el sentido de que no había estructura comunitaria, cooperativa o asociativa que sirviera de marco organizativo. Los agricultores pertenecen a distintos grupos étnicos (beni Amir, beni Musa orientales, beni Musa occidentales) y se distribuyen en la inmensa zona de actuación de la oficina. Paradójicamente, el proyecto de reconversión es lo que infundirá cierta cohesión en los agricultores involucrados en la innovación técnica, así como el sentimiento de compartir un interés común. Así, en 2003, los agricultores convertidos a la nueva tecnología crearon la Asociación de Riego Localizado de Tadla (Association Tadla de l’Irrigation Localisée, ATIL). Su objetivo es posicionarse como fuerza jurídica y de presión frente a la Administración para defender los intereses de sus miembros. Efectivamente, dicha asociación tiene en su haber la obtención de bonos de riego que permiten a los agricultores gestionar sus dotaciones de un modo más flexible durante la temporada agrícola. En esta zona, en la que predomina el riego superficial, hay motivos objetivos que han favorecido el hecho de que los agricultores aborden proyectos de reconversión, en particular: i) la insuficiencia de las dotaciones de agua acordadas por el gestor del regadío (ORMVAT) y la frecuencia de los cortes de agua, sobre todo en periodo crítico de riego; ii) la falta de disponibilidad de la mano de obra que requiere el riego superficial y su alto coste, sobre todo en invierno y en caso de turno de agua nocturno; iii) y el elevado coste del riego en tierras de secano. Los agricultores en zonas de secano que usan aguas subterráneas se quejan, asimismo, del aumento del precio del gasoil que requiere el bombeo del agua. La instalación de infraestructuras de riego por goteo es a un tiempo delicada y costosa. Hay que disponer de medios financieros, estar dispuesto a adquirir nuevas competencias técnicas e integrarse en las redes cercanas de conocimiento de los centros de información y decisión. Así pues, para financiar sus proyectos de reconversión al sistema de riego por goteo, los agricultores han combinado dos grandes tipos de recursos: por un lado, la autofinanciación por medio de los ingresos de la inmigración o del comercio, así como del recurso al crédito agrícola y, por otro lado, las ayudas y subvenciones excepcionales, como las ayudas a fondo perdido concedidas por la oficina para promover la transformación al riego por goteo en el perímetro y las subvenciones del FDA (un 40 % del presupuesto de proyectos con depósito y un 30 % para el resto de proyectos, elevado después al 60 %). 204


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Son los empresarios y las empresas que venden materiales de riego las que se encargan de la concepción técnica y de la ejecución de los trabajos de instalación de la red y de todos los equipos necesarios. El papel de la oficina es validar los estudios técnicos antes del comienzo de los trabajos y controlar la recepción después del arranque de los trabajos para la concesión de las subvenciones. En algunos casos, los agentes de la oficina suministran la información y los consejos necesarios para que el agricultor pueda garantizar el seguimiento de los trabajos, como la verificación del material instalado y la calidad de los equipos. Del funcionamiento de los dispositivos de riego recién instalados se ocupan los propios agricultores sin intervención de supervisores. Los conocimientos y mañas precisas sobre la materia se van adquiriendo sobre la marcha. Así, los agricultores se encargan de la gestión del regadío, especialmente en lo referente a las dosis de riego, los periodos, las dosis de fertirrigación,25 etc. Ningún agricultor encuestado ha declarado haber contratado a un obrero o a un técnico cualificado para garantizar el buen funcionamiento del regadío. Además, los conocimientos acumulados por los agricultores en materia de riego localizado son fruto de las jornadas de formación organizadas por la oficina, así como de la formación y asistencia técnica de las marcas y empresas que se encargan de la ejecución e instalación de los proyectos. De manera que la ejecución técnica de los proyectos de reconversión resulta ser un gran momento de aprendizaje. Para completar y perfeccionar sus conocimientos, los agricultores piden información a otros agricultores líderes, a agentes de la oficina o a gestores y técnicos de las grandes explotaciones. La totalidad de los agricultores encuestados confirma que la reconversión al riego por goteo ha ocasionado importantes cambios: i) la reducción de los costes de producción generados por la mano de obra. La reconversión ha permitido eliminar problemas ligados a la falta de disponibilidad de la mano de obra que requiere el riego superficial. También ha permitido reducir los trabajos de mantenimiento de los cultivos, como la fertirrigación o quitar las malas hierbas; ii) la orientación hacia cultivos de alto valor añadido, por ejemplo, el cultivo de hortalizas (calabacín, ñora, patata, tomate cultivado) o nuevos huertos de cítricos asociados en cultivo intercalado con hortalizas durante los pri-

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El suministro de fertilizantes diluidos en el agua de riego, llamado fertirrigación, fertirriego o fertigación, se ha convertido, desde hace tiempo, en una práctica habitual en la horticultura y la arboricultura, permitiendo conseguir un equilibrio iónico óptimo en la rizósfera.

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meros años, hasta la entrada en producción de los árboles frutales. Las hortalizas a menudo se siguen regando por gravedad; iii) la reducción de las superficies destinadas a grandes cultivos (principalmente, cereales) y a cultivos forrajeros (sobre todo alfalfa), que también reciben riego superficial; iv) y el aumento de las superficies en regadío, puesto que los mismos recursos hídricos permiten regar superficies más grandes. De hecho, algunos agricultores afirman haber duplicado sus regadíos gracias al nuevo sistema de riego adoptado. Pese al conjunto de ventajas que presenta el sistema de riego por goteo, los agricultores destacan igualmente algunas pegas: i) la movilización cotidiana para regar, lo que no ocurría con el sistema por gravedad, en el que la frecuencia de riego es de al menos una semana; ii) nuevos gastos generados por el bombeo. Ahora los agricultores tienen que correr con los gastos del bombeo de aguas de superficie almacenadas en depósitos, algo que no tenían que hacer con el sistema de riego por gravedad; iii) la sensibilidad de los cultivos a la tensión hídrica. Los nuevos cultivos son más sensibles a la falta de agua, que se da particularmente a consecuencia de averías.

2.2. Cuando la reconversión es un asunto colectivo En el Sus, los casos estudiados son proyectos colectivos de reconversión al sistema de riego localizado iniciados por cooperativas de la reforma agraria y por asociaciones de regantes. En las localidades estudiadas, el principal recurso hídrico empleado es de origen subterráneo. 2.2.1. Modelo de reconversión de las cooperativas de la reforma agraria Los agricultores adjudicatarios de las cooperativas de la reforma disfrutan de agua de riego desde 1978. El método de riego empleado es el riego por aspersión, y las tierras explotadas se componen de parcelas individuales, cuya superficie varía entre 3 ha y algo menos de 6 ha, así como de una parcela colectiva explotada en común. Los cultivos practicados en las parcelas individuales, con algunas diferencias según la cooperativa, son cereales (trigo blando y trigo duro cultivados bajo contrato con la Sociedad Nacional de Comercialización de Simiente [SONACOS]), maíz, forraje, hortalizas (guisante, patata, pimiento, calabacín) y sandía. Por su parte, las parcelas colectivas, previstas inicialmente para huerto frutal, están sembradas de cereal o de maíz forrajero. 206


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El motivo principal de la reconversión de los sistemas de riego es la importante tensión hídrica que castiga el Sus desde los años ochenta a causa de la sucesión de ciclos de sequía y de la fuerte sobreexplotación del recurso hídrico subterráneo. Efectivamente, la ORMVASM estaba cada vez más austera con las cantidades de agua acordadas a los agricultores. Así, para las parcelas individuales, aunque la duración de los turnos de agua no haya variado, el número de aspersores autorizados por agricultor se ha reducido en ciertos casos a la mitad (7 en lugar de 14), lo que se ha traducido en una reducción del 50 % de la superficie regada. La reducción de la dotación de agua vino de la mano de un aumento de su precio, que pasó de 0,05 MAD/m3 en 1982 a 0,63 MAD/m3 en 2006. Además, se observaron bajos rendimientos. El de los cereales, por ejemplo, pasó de 40 qq/ha a 20 qq/ha; y la alfalfa ha sido reemplazada por el maíz forrajero. Ante esta situación, la oficina comenzó a alentar proyectos de agricultores para la transformación al sistema de riego por goteo. Se organizaron sesiones de concienciación y asesoría para las cooperativas de la reforma agraria. En consecuencia, empezaron a germinar proyectos de reconversión al sistema de riego por goteo, inicialmente en los dirigentes de las cooperativas, y progresivamente en el resto de los miembros. Poco a poco, se impuso la transformación como solución colectiva para controlar los efectos de la crisis del agua. Las fuentes de financiación proceden de la caja de la cooperativa y de créditos contraídos con la Caja Regional de Crédito Agrícola.26 Así, las cooperativas adelantan el 30 % del coste del proyecto y el 70 % restante se obtiene en forma de crédito de la Caja Regional de Crédito Agrícola. Al final de la temporada agrícola, la cooperativa efectúa una retención sobre las cuentas de los miembros después de la comercialización común de los cereales con la SONACOS. El ejemplo de una cooperativa, al-Wafa, puede ilustrar este tipo de organización financiera de proyecto de reconversión. La cooperativa procedió a instalar infraestructuras en 51 ha, a razón de 1,5 ha por agricultor-miembro. El coste total del proyecto es de 1 120 000 MAD, de los cuales el 30 % lo financian los agricultores por medio de la caja de la cooperativa y el 70 % es un crédito de la Caja Regional de Crédito Agrícola a nombre de la cooperativa. Se obtiene una subvención del FDA del orden del 40 % del proyecto, además de una prima de inversión de 2000 MAD/ha. Asimismo, el agricultor adelanta una suma de 6500 MAD/ha de fondos propios a la cooperativa, que actúa como avalista 26

Los miembros de las cajas no tienen acceso directo al crédito, de modo que tiene que mediar la cooperativa.

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frente al proveedor que suministra los equipos necesarios (estimados en 12 000 MAD/ha). Los agricultores se benefician, además, de facilidades de reembolso en forma de retenciones sobre los productos comercializados en común. La dimensión colectiva del proyecto es sobre todo financiera, ya que su canalización a través de la cooperativa permite el acceso a créditos, así como la opción a subvenciones y a facilidades de pago. La organización de los agricultores en cooperativas de la reforma agraria les facilita, en teoría, la puesta en práctica y la asunción de procedimientos financieros para acceder a créditos y obtener subvenciones. No obstante, en base al régimen jurídico de estas cooperativas, los créditos se conceden a la cooperativa y no a sus miembros individualmente.27 La ejecución técnica y el funcionamiento de las obras de irrigación subrayan aún más el carácter colectivo de los proyectos. Y es que, en vista del estatuto jurídico de sus tierras, los agricultores de las cooperativas de la reforma agraria han tenido que ejecutar dos proyectos de reconversión, uno sobre las parcelas explotadas individualmente y otro sobre la parcela colectiva. En el caso de los lotes de parcelas individuales, fueron precisas dos etapas para llevar a buen término los proyectos. En la primera etapa, la ORMVASM fue quien tomó la iniciativa y garantizó que la reconversión siguiera adelante. Tras largas negociaciones, que se prolongaron dos años, las cooperativas se ocuparon de la transformación de una hectárea de las parcelas individuales por cada miembro. Hay que añadir que las visitas organizadas a las explotaciones piloto equipadas con infraestructuras de riego por goteo para los miembros influyentes de la cooperativa, así como las experiencias piloto de reconversión llevadas a cabo con algunos miembros de la dirección de las cooperativas, acabaron de convencer a los más escépticos. En la segunda etapa, los agricultores tomaron ellos mismos la iniciativa de equipar el resto de las tierras que explotaban. La iniciativa de la Administración en la primera etapa sirvió como demostración y convenció a los agricultores de tomar el relevo. A continuación, cada agricultor equiparía sus tierras según sus posibilidades financieras, pero siempre pasando por la cooperativa, que sigue siendo un intermediario obligado para la obtención de financiación, ya sea en forma de crédito o de subvenciones u otras primas. Y en ese aspecto los proyectos de reconversión siguen conservando su carácter colectivo. Así pues, la oficina se encargó de la concepción y de la ejecución del proyecto. Ahora bien, la distribución de las dotaciones de agua por parte de esta última se realiza en base al mismo modelo que antes de la reconversión. 27

Mohamed Mahdi y Khalil Allali, «Les coopératives de la réforme agraire trente ans après», Bulletin Economique et Social du Maroc, Rabat: OKAD, 2001.

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Para la parcela colectiva, la oficina no concedía dotación para riego desde 1988; de modo que el lote colectivo se transformó en tierras de secano. Pero después del éxito del proyecto de reconversión en las tierras individuales, la idea de transformar la parcela colectiva al sistema de riego por goteo empezó a abrirse camino. En este caso, la transformación se realizó también en varias etapas. A título de ejemplo, a la cooperativa al-Wahda le hicieron falta cinco años para culminar su proyecto: i) excavación y equipamiento de un pozo en 1998; ii) instalación del sistema de riego por goteo en las tierras colectivas en 2001; iii) refuerzo de las infraestructuras con la instalación de 2600 m/ha adicionales de manguera con goteros en 2002; iv) y excavación y equipamiento de un depósito de riego en 2003. Para financiar los proyectos de reconversión de las parcelas colectivas, las cooperativas asumieron la financiación de todas las instalaciones colectivas del proyecto; en particular, de la excavación y equipamiento de un pozo, la compra del derecho de uso y disfrute de la parcela destinada a la construcción del depósito, la ejecución y equipamiento del mismo y las obras de canalización de las conducciones de agua desde la estación de bombeo hasta las parcelas. Por su parte, los agricultores corrieron con los gastos de los equipamientos en sus parcelas, en particular, de la canalización de polietileno y las mangueras con goteros. La implicación de los agricultores en todas las fases de la concepción y ejecución de los proyectos de irrigación les permitió adquirir los conocimientos y mañas necesarios. De manera que, si bien la concepción técnica de la primera etapa del proyecto y la instalación de los equipos las realizó una empresa, las etapas siguientes fueron obra de los propios agricultores. El papel del empresario se limitó entonces a suministrar los equipos, especialmente las conducciones de polietileno y las mangueras con goteros. Asimismo, las cooperativas establecieron la gestión comunitaria de los proyectos de reconversión de las parcelas colectivas: la cooperativa se encarga de fijar los turnos de agua y de su facturación; mientras que uno de los adjudicatarios o un trabajador contratado por la cooperativa se ocupa de contabilizar el número de horas de riego que consume cada regante. El precio de una hora de riego varía entre 60 y 75 MAD según las cooperativas y la fuente de energía empleada, gasoil o gas butano.28 28 El empleo del gas butano para la energía que precisa el bombeo se está extendiendo en Marruecos, pues el gas está subvencionado.

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En líneas generales, la reconversión sólo ha afectado al modo de riego, pero el sistema de producción sigue siendo el mismo. Ha posibilitado ganancias en eficiencia y en regularidad del riego mediante la reducción de los tiempos de riego. En efecto, el tiempo de riego ha pasado de 24 horas por hectárea en aspersión a 5 horas en goteo, lo cual ha significado un ahorro de agua que los agricultores han empleado en regar más superficies. Desde el punto de vista técnico, se ha observado una mejora de las condiciones de trabajo (la manipulación de mangueras es más práctica que la de aspersores), una reducción de los gastos de producción (menos trabajo de mantenimiento y mayor control de las dosis de abono) y una mejora del rendimiento de los cultivos practicados, principalmente, los cereales y el maíz forrajero (con una productividad de 40 qq/ha para los cereales y de 25 t/ha de maíz en grano). En definitiva, se esboza cierta pedagogía en la introducción de las innovaciones técnicas a través del ejemplo de estas cooperativas de la reforma: la transformación por parte de la oficina de una hectárea por agricultor permitió acompañarles en esa fase de transición y de alto riesgo y los animó a implicarse individualmente en la transformación del resto de sus parcelas. Al tomarle el gusto, a la parcela colectiva también le llegó su turno. 2.2.2. El modelo de reconversión de las asociaciones de regantes En la zona estudiada se han creado muchas asociaciones de regantes desde los años noventa. Treinta y nueve de ellas están agrupadas en una federación de asociaciones del río Sus; el conjunto cubre una superficie que sobrepasa las 22 000 ha y gestiona más de 132 pozos perforados; la dirección de cada asociación se compone de siete miembros, de los cuales uno es un agente de la oficina (el séptimo miembro); además, la mayoría de las asociaciones las forman miembros pertenecientes a distintos duwwar (‘aduares, aldeas’); cada asociación gestiona de uno a tres pozos perforados y el método de riego empleado es el superficial; el agua se facturaba a un precio de 120 MAD/h, cifra más o menos variable según las asociaciones; finalmente, los turnos de agua los organiza el director de la asociación. Varios factores han influido en que surgieran proyectos de reconversión en muchas asociaciones de regantes, en particular: i) el agotamiento de varios pozos provocó una escasez de agua de riego e incitó a los agricultores a buscar soluciones para gestionar mejor el poco recurso que les quedaba; ii) la coope210


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ración internacional estadounidense-marroquí en el marco del proyecto System for Water Integrated Management-united States Agency for International Development (SWIM-uSAID) que, a partir de 2000, desbloqueó una dotación de 12 000 000 de dólares estadounidenses (uSD) para la partida de recursos hídricos. De hecho, una asociación de la zona estudiada se benefició de las ayudas que aportaba dicho proyecto gracias a la red de contactos de su presidente; iii) la existencia de algunas explotaciones con infraestructuras de riego por goteo en el perímetro desempeñó un papel de estímulo y demostración. Los agricultores pudieron verificar visualmente el interés y la eficacia del nuevo sistema de riego, tanto en términos de ahorro de agua como en los de reducción de los costes de producción. Esas experiencias convencieron a los agricultores del interés de cambiar el sistema de riego por gravedad. Para ilustrar el modo de financiación de los proyectos, presentamos el caso de una asociación de regantes: Tahuzint. Su proyecto de reconversión consistía en la transformación de 440 ha que funcionaban manualmente. uSAID asumió el 50 % del coste de los proyectos destinados a cubrir el depósito con geomembrana, el equipamiento de dos pozos perforados, la instalación de una red de alimentación en la cabecera de cada parcela y el equipamiento de la cabecera principal. La asociación, en cambio, se encargaría del conjunto de las partidas restantes, especialmente de la compra del terreno para el depósito y de su excavación, así como del equipamiento de las parcelas. Pero la asociación no llevó a cabo el proyecto SWIM.29 Por una parte, porque los agricultores se percataron de las dificultades técnicas vinculadas a la gestión manual de los turnos de agua, que reduce las posibilidades de ejecución y de control, y de ahí la decisión de adoptar un sistema automatizado en lugar del sistema manual de apertura y cierre de las válvulas. Por otra parte, la asociación no podía garantizar la instalación de los equipos en las parcelas por parte de los agricultores. Frente a dichas dificultades, el proyecto inicial fue revisado y pasó a referirse al equipamiento de 240 ha por cuenta de 106 agricultores. El proyecto precisó un presupuesto de 12 000 000 MAD, repartido en base a la siguiente organización financiera: i) uSAID aportó entre un 20 y un 30 % de la financiación del recubrimiento del depósito, del equipamiento de dos pozos excavados, de la insta-

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El objetivo del SWIM Project, financiado por uSAID, era implicar a distintas personas con peso en los procesos de toma de decisiones para desarrollar y aplicar proyectos piloto en la cuenca del Sus, al sur de Marruecos, y difundir a continuación las mejores prácticas a nivel local.

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lación de una red de conducción hasta las parcelas y del equipamiento de la cabecera; ii) la asociación aportó 520 000 MAD a título de participación propia de la dirección de la asociación; iii) los agricultores contribuyeron a razón de 13 000 MAD, pagados por los participantes actuales y por los que se sumen al proyecto más adelante. Esta partida financiada por los agricultores directamente —o indirectamente por medio de la asociación— sirvió para perforar dos pozos, excavar el depósito, hacer las zanjas para la canalización y comprar las electroválvulas y los programadores. Finalmente, los agricultores indecisos que no se hayan adherido al proyecto desde el principio tendrán que compensar con un recargo en su participación cuando decidan sumarse al grupo; iv) y el Estado asumió el 40 % del coste del proyecto destinado a la dotación de equipos en la parcela. La ejecución técnica del proyecto consistió en la construcción de un depósito alimentado por pozos perforados. Pero, en vista de la ocupación del suelo por cultivos variables de una parcela a otra, se decidió instalar estaciones individuales de fertirrigación a la entrada de cada parcela. De este modo el proyecto colectivo incluye adaptaciones para tener en cuenta las opciones individuales de cultivo. Así, el mantenimiento de la red es colectivo en el exterior de la parcela, e individual en el interior de la misma. La gestión y el mantenimiento de los equipos se confían a hijos de agricultores miembros de la asociación, los cuales, por otra parte, han recibido formación en España, en la empresa encargada de la ejecución del proyecto, sobre el control de los elementos de gestión del nuevo sistema. Por tanto, las modalidades de gestión anteponen los recursos humanos locales y favorecen el refuerzo de sus capacidades. Por último, esta forma de gestión del sistema de riego se rige por principios democráticos locales, donde la toma de decisiones se somete a votación. Así pues, las formas de reconversión al sistema de riego localizado de las cooperativas de la reforma agraria y de las asociaciones de regantes representan los arquetipos de la acción colectiva que ilustran sobre los proyectos de mejora en la gestión económica del agua. Cada caso constituye una respuesta original a los múltiples condicionantes de dicha reconversión: i) naturales: relativos al factor hidráulico (tensión hídrica o agotamiento del agua); ii) financieros: plantean el problema del coste de la operación por hectárea, el de la participación financiera de los agricultores y el del acceso a subvenciones; iii) técnicos: referidos a la instalación de la nueva tecnología y a su adopción; iv) organizativos: relativos al modo de gestión a instaurar; y, por último, v) económicos: referentes al impacto y a la rentabilidad del proyecto. 212


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Sin embargo, en el comportamiento de los agricultores frente a esta innovación técnica aparecen algunas pautas repetidas relacionadas con los aspectos motivadores del éxito de la adopción del nuevo sistema de riego por goteo: i)

el aprendizaje vinculado a la participación y a la cohesión de los grupos a los que pertenecen los agricultores ha contribuido ampliamente a la movilización de la acción colectiva;

ii) el liderazgo de los presidentes de las cooperativas y las asociaciones ha catalizado la acción, constituyendo igualmente un elemento clave para que estos proyectos surgieran y se llevaran a ejecución; iii) la gestión social y participativa de la red confiada al director o a otros miembros y el hecho de tener en cuenta la dimensión formativa, ya sea en el marco del propio proyecto o en la empresa encargada de su ejecución; iv) la capacidad de recaudación de fondos que han mostrado dichos grupos y la variedad de fuentes de financiación, pues se han activado lo máximo posible los proyectos de cooperación, los mecanismos de financiación agrícola del FDA, de la Agencia de Depósitos, de la región económica y de la INDH (Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano); v) la activación de mecanismos de solidaridad social mediante ajustes financieros para que se pudieran beneficiar el máximo número de miembros. La contribución de los agricultores, que se sitúa entre los 10 000 y los 15 000 MAD/ha, se ha combinado con facilidades de pago; vi) la aproximación progresiva al momento de ejecución para adaptarse a la disponibilidad financiera de los agricultores y ajustarse al ritmo de las subvenciones. La subvención se entrega al terminar un tramo y permite abordar el tramo siguiente del proyecto; vii) y la accesibilidad del agua gracias a la fijación de un modo de tarificación adecuado y consensuado. Por tanto, en este modelo de difusión de una nueva técnica de riego, hemos descubierto la importancia de la influencia interpersonal (de las redes de relaciones sociales), del papel de los líderes y de las instituciones estatales, tanto técnicas como financieras. Además, la reconversión está emparentada con la adopción de una innovación técnica, en este caso el sistema de riego localizado. 213


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3. Lecciones extraídas de las experiencias de reconversión El ritmo de reconversión observado en el interior de los perímetros de la gran hidráulica y las cifras proyectadas por los poderes públicos para ampliarlos muestran una voluntad explícita de todas las partes implicadas de optimizar el uso del agua. No obstante, esta buena voluntad de operar cambios sostenibles y justos en sistemas de explotación con distintos grados de fragilidad y de predisposición a los cambios sigue siendo insuficiente. Las lecciones que se pueden extraer de las experiencias de reconversión muestran las limitaciones de esta política voluntarista de ahorro de agua y arrojan algo de luz sobre los instrumentos complementarios que desencadenarían los procesos de reconversión y amortiguarían sus efectos perversos.

3.1. ¿Un acceso equitativo a las nuevas tecnologías? El riego localizado es una opción arriesgada en varios aspectos. Para empezar, desde el punto de vista técnico, la reconversión requiere conocimientos de las nuevas prácticas de riego e, incluso, sobre nuevos tipos de cultivo, ya que el nuevo sistema de riego es más complejo. Manejarlo bien requiere, por una parte, dominar todos los componentes del dispositivo de riego, como el sistema suelo-planta. Por otra parte, desde el punto de vista financiero, la reconversión precisa una inversión inicial importante, así como una disponibilidad de liquidez para garantizar el funcionamiento de la explotación agrícola hasta que se empiece a rentabilizar la inversión. Por último, la reconversión suele conducir a los agricultores a introducirse en mercados menos seguros, por ejemplo, el de las hortalizas o el de las frutas. Todos estos riesgos revelan las dificultades a que se enfrentan los proyectos de transformación de los sistemas de riego por parte de los pequeños agricultores. En los regadíos de Tadla, se equiparon 2887 ha con riego por goteo en el marco del Programa Nacional de Ahorro de Agua (desde julio de 2002 hasta finales de 2006). El objetivo de este programa era la reconversión del 22 % de la superficie nacional, lo que correspondía a 5000 ha en Tadla. La reconversión se realizó esencialmente sobre las grandes explotaciones; así, del total de la superficie equipada, cerca del 95 % son parcelas de más de 5 ha, mientras que 214


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las parcelas de menos de 5 ha no representan más que el 5 % de las actuaciones.30 En el Sus, contrariamente al Tadla, los pequeños agricultores pudieron modernizar sus sistemas de riego mediante proyectos colectivos de reconversión en el marco de las cooperativas de la reforma agraria y de las asociaciones de regantes. Así, sólo en las 7 agrupaciones estudiadas, más de 750 pequeños agricultores han instalado progresivamente equipos de riego localizado en una superficie de casi 1500 ha (es decir, una media de 2,5 ha por agricultor). Los proyectos colectivos de riego presentan el medio idóneo para salvar el conjunto de obstáculos con que se topan los pequeños agricultores para modernizar sus sistemas de riego, o al menos para atenuar los efectos de los mismos, principalmente reduciendo el coste de la inversión, realizando el aprendizaje colectivamente y compartiendo los gastos de los distintos riesgos citados. Pero también dan lugar a otros obstáculos. En el ámbito organizativo, los miembros se ven constreñidos a crear y erigir nuevas normas consensuadas de gestión colectiva del recurso y de los equipos. Desde el punto de vista de las relaciones sociales, los proyectos deben conciliar los intereses de individuos y de grupos, intereses que no siempre convergen pese a la cultura de solidaridad comunitaria dominante.

3.2. Los límites de las tecnologías de ahorro de agua In vitro: tanto en laboratorio como en parcelas experimentales, el riego localizado es una técnica que ha mostrado su eficacia para llevar el agua, con frecuencia y continuidad, hasta la zona de que se alimentan las raíces, empleando débitos reducidos de baja presión. Esto permite un ahorro de agua, a escala de la planta, que llega al 50 % con respecto al riego superficial, a condición de que se maneje siguiendo unas normas. Es una técnica que puede adaptarse a todos los tipos de cultivos y de suelos, en diferentes relieves e, incluso, en zonas de montaña. In situ: el éxito del riego por goteo se ha traducido en la adopción de cultivos que consumen más agua, en la intensificación de los sistemas de producción, 30

Sin embargo, en Tadla, predominan las explotaciones de menos de 5 ha, que representan el 82 % de las explotaciones, porcentaje equivalente al 34 % de la superficie total del perímetro. Véase Offices Régionaux de Mise en Valeur Agricole du Tadla (ORMVAT), Monographie du Périmètre du Tadla, Rabat: Ministerio de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima (Ministère de l’Agriculture, de Développement Rural et des Pêches Maritimes, MADRPM), 2004.

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en la extensión de las superficies en regadío e, incluso, en la transformación de nuevas superficies agrícolas mediante el despedregado o el desbrozado; hechos que plantean la cuestión de la eficacia del riego localizado desde el punto de vista del ahorro de agua a escala de una explotación, de un acuífero o de una cuenca hidrográfica.

3.3. El apoyo financiero es necesario, pero con eso no basta Aunque las subvenciones y el apoyo financiero a la producción se identificaron hace tiempo como factores esenciales de la modernización de la agricultura,31 varios estudios y observaciones han mostrado que los procesos de cambio sociotécnico son aún más complejos. La adopción y difusión de una tecnología nueva son determinadas por factores muy variados, que dependen tanto de las características de la innovación (ventaja relativa, compatibilidad, simplicidad, facilidad de manejo, posibilidad de probar y observabilidad de los resultados), como de su naturaleza colectiva o individual, del sistema social y de los canales de comunicación que favorecen su propagación.32 El riego localizado es una innovación difusora, que transforma los sistemas de producción, altera el lugar y la naturaleza del trabajo en los procesos productivos e introduce la explotación agraria en nuevas redes socioprofesionales. Esto significa que los incentivos financieros no tienen un efecto automático en la adopción masiva y mecánica del riego localizado. Por el contrario, se corre el peligro de agravar las desigualdades económicas, ya importantes, entre los agricultores capitalistas altamente modernizados y preparados para captar dichos incentivos y los pequeños agricultores infraequipados que se topan con dificultades para acceder a ellos. De manera que, en ausencia de un acompañamiento de proximidad basado en una pedagogía de lo real y del aprendizaje de igual a igual, las políticas de incentivos a las reconversiones irían más bien en contra de los objetivos deseados o, peor aún, producirían efectos perversos.

Conclusiones La presente exposición se ha dedicado al examen de la adopción colectiva e individual de las nuevas tecnologías de riego. Las transformaciones del sistema 31

Arthur Theodore Mosher, Getting Agriculture Moving: Essentials for Development and Modernization, Nueva York (N. Y.): Agricultural Development Council (Frederick A. Praeger, ed.), 1966. 32 Everett Rogers, Diffusion of Innovations, 5.ª edición, Nueva York (N. Y.): Free Press, 2003.

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de riego superficial al sistema de riego por goteo se operan en el marco de una política voluntarista y de fomento del ahorro de agua: el Estado dedica subvenciones, flexibiliza los procedimientos de acceso a los fondos, orquesta campañas de información y concienciación, etc.; actuaciones que no garantizan en absoluto la adopción generalizada y mecánica de ese paquete tecnológico. La hipótesis que guía esta reflexión es que, mientras que los pequeños agricultores, de manera individual, se topan con dificultades a la hora de acceder a las nuevas tecnologías de riego, la movilización de la acción colectiva, en el marco de las cooperativas y las asociaciones, ha permitido a pequeños propietarios acceder a las nuevas tecnologías de bajo consumo de agua y garantizar la supervivencia de su explotación agrícola familiar. Finalmente, el análisis de los casos de reconversión al riego localizado demuestra que: • la actuación voluntarista del Estado sigue siendo una necesidad. Esa voluntad política se apoya en incentivos financieros y en programas de capacitación y concienciación. Además, las oficinas despliegan su estrategia clásica de intervención en el medio rural; estrategia que se basa, por una parte, en los agricultores líderes para que éstos transmitan los mensajes y divulguen las innovaciones técnicas y, por otra parte, en las jornadas de formación y concienciación y los programas de visitas a experiencias y explotaciones piloto organizadas por las ORMVA; • la puesta en práctica de un proyecto de reconversión es un proceso costoso y de larga duración. En cinco años sólo se ha ejecutado el 50 % de lo previsto por la ORMVAT; • la acción colectiva ha permitido a los pequeños agricultores, efectivamente, acceder a la nueva tecnología; • el papel de los agricultores modelo o carismáticos, ya sea para servir de ejemplo o para encabezar las acciones colectivas, es efectivo en estas sociedades de interconocimiento, y más en el Sus que en Tadla. El agricultor modelo y pionero (un agricultor que tenga una gran capacidad de adaptación, de iniciativa y de asumir riesgos) permite a los demás agricultores, que carecen de dichas características, visualizar el proyecto del riego por goteo y calibrar sus ventajas e inconvenientes. El agricultor carismático aparece así como un líder de la acción de reconversión colectiva; 217


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• existen dificultades de acceso al crédito, esencialmente para los miembros de las cooperativas de la reforma agraria, en Tadla, que deben contar con el acuerdo de la totalidad de los miembros. En el Sus, los mecanismos de solidaridad se han podido reactivar para acabar con este obstáculo; • han aparecido dificultades de reembolso de créditos en Tadla. Los agricultores que han instalado huertos frutales se han visto en la obligación de reembolsar los créditos antes de la entrada en producción de los mismos y de recibir los primeros retornos de inversión; • existen obstáculos para acceder a las subvenciones: los agricultores encuestados en zonas de secano en Tadla no pudieron beneficiarse de subvenciones por no disponer de autorizaciones de excavación y bombeo de aguas subterráneas. Además, los agricultores explican que ignoraban completamente la manera en que se fija la cuantía de las subvenciones, sobre todo en lo referente a su techo; • algunos proyectos de reconversión han sido abandonados después de su ejecución por la inadaptación de los cultivos al nuevo modo de irrigación (por una importante disminución de los rendimientos de los huertos de cítricos regados antes por gravedad) o por una mala concepción del proyecto.

[Traducido del francés por Cristina Ridruejo. AEIOu Traductores.]

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El recurso a lo conocido como respuesta desesperada: el riego en un área carente de recursos en Egipto REEM SAAD Directora del Centro de Estudios de Oriente Medio de la Universidad Americana de El Cairo

Resumen Este artículo estudia el plan de asentamiento financiado por el Estado en una zona recuperada de la gobernación de al-Fayyum. Los principales destinatarios del plan son los arrendatarios que fueron desalojados de sus tierras tras la implantación total de la nueva ley de Arrendamiento en 1997. Éstos recibieron dos feddans1 y medio, de los cuales dos de ellos ya estaban cultivados con olivos y contaban con los tubos de riego por goteo. El artículo se centra especialmente en la reacción uniforme de los destinatarios, consistente en el desmantelamiento de los tubos de riego por goteo para adaptarlos al riego tradicional por inundación mediante bombas individuales. Aun cuando esta respuesta podría ser analizada como el clásico ejemplo de un planteamiento estatal erróneo boicoteado por campesinos, lo que este artículo pretende demostrar es que la confrontación principal no se da entre los campesinos y el Estado, sino entre los campesinos y la situación excepcional de privación de recursos. La cuestión fundamental de este artículo, por tanto, no tiene tanto que ver con la resistencia como con la sostenibilidad. Palabras clave: pequeños agricultores, riego, Egipto.

1 Unidad de medida del terreno usada en Egipto, Sudán y Siria que hace referencia al área de tierra que puede ser cultivada. En Egipto, un feddan corresponde a 4200 m² o 0,42 ha. (N. del T.)

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Siempre me ha sorprendido ver al expresidente Anwar Sadat en la televisión, con su bastón en una mano y su pipa en la boca, haciendo una visita a algún proyecto de recuperación de tierras, dando directrices a aquellos que estaban al cargo del proyecto sobre qué deberían cultivar y sobre si deberían usar riego por goteo o por aspersión. Las órdenes se seguían «de acuerdo a las directrices del Señor Presidente». Pero la elección del método de irrigación no se restringía al Presidente, pues cuando su tiempo no le permitía encargarse de esta tarea, ésta se delegaba al Señor Ministro o al Señor Director o a cualquier otro Señor que la llevaba a cabo basándose en su propia visión, estado de ánimo o, quizás, en los intereses de los proveedores. En la medida en que no ha existido una evaluación real ni seria de nuestros experimentos pasados, las decisiones todavía se toman de esta manera, los errores se repiten sin deseo alguno de aprender y los pecados se cometen sin esperanza de arrepentimiento alguno. (‘Atef Kishk)2

1. Introducción Este artículo se centra en el plan de asentamiento establecido por el gobierno de Egipto en una zona recuperada comprendida dentro del área protegida del Wadi Rayán, en la gobernación de al-Fayyum. El plan incluye a dos pueblos (Sayyedna al-Jidr y Sayyedna Musa) con un total de 1800 casas. Los destinatarios principales de este plan son los arrendatarios agrícolas que fueron desalojados en 1997 (año en que se implantó por completo la nueva ley de Arrendamiento) de las tierras que habían cultivado durante décadas. Cada uno de los 1800 afectados recibieron una casa y dos feddans y medio provistos de instalación de riego por goteo. En dos de los feddans ya se habían plantado olivos. Además, el agua de riego procedía del Wadi Rayán, un agua de drenaje con un alto nivel de salinidad y de contaminantes químicos. En la actualidad, se reconoce que el proyecto ha sido un fracaso que ha condenado a una población ya de por sí vulnerable a una situación aún más profunda de marginalidad y desesperación. El artículo se centra especialmente en la reacción común por parte de los afectados de desmantelar los tubos de riego por goteo para adaptarlos al riego tradicional por inundación a través de bombas individuales. El artículo establecerá esta actuación como referencia fundamental 2

‘Atef Kishk, ‘An al-ard wa-l-ma fi Misr: dirasa fi isti‘mal wa-idarat al-mawarid fi l-zira‘a al-misriyya [Sobre la tierra y el agua en Egipto: un estudio sobre el uso y gestión de los recursos agrícolas egipcios], El Cairo: Mirit lil-Nashr wa-l-Ma‘lumat, 1999, pág. 258.

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en el debate sobre la centralidad del tema del agua en la difícil situación por la que atraviesa este grupo de agricultores. Aun cuando este caso tiene la apariencia del clásico ejemplo de un plan estatal fallido boicoteado por campesinos, nosotros consideramos que, en realidad, la confrontación principal no se da entre los campesinos y el Estado, sino entre los campesinos y la situación excepcional de privación de recursos.3 La cuestión fundamental de este artículo, por tanto, no tiene tanto que ver con la resistencia como con la sostenibilidad. Así pues, este artículo pretende mostrar las verdaderas razones que se esconden tras el fracaso de este plan y demostrar que la razón fundamental del mismo es que los factores relacionados con la política local y nacional se impusieron a las consideraciones técnicas y sociales.

2. El plan de asentamiento y la crisis del arrendamiento4 El plan de distribución de la zona desértica recuperada entre los arrendatarios desalojados estuvo motivado principalmente por una situación de emergencia política que sufrió el gobierno durante el verano de 1997. El 24 de junio de 1992, el Parlamento egipcio aprobó una modificación de la ley 178 de 1952 a través de la ley 96 de 1992. La ley 178 de 1952 es conocida como la primera ley de Reforma Agraria, mientras que a su modificación de 1992 se la conoce como «la ley que regula la relación entre el propietario y el arrendatario», apodada por sus opositores como «la ley de expulsión de los arrendatarios de sus tierras». El artículo crucial de esta ley era el que otorgaba a los propietarios de tierras el derecho a desalojar a sus arrendatarios tras un periodo de transición de cinco años, que se cumplía en octubre de 1997. Esta ley afectó a casi un millón de familias que se dedicaban a la agricultura (casi un 10 % de la población de Egipto en ese momento). A lo largo de los últimos meses del periodo de transición, según fue quedando claro que la ley se aplicaría de manera integral, diferentes gobernaciones fueron 3 Para una descripción detallada sobre los diversos aspectos y el alcance de esta privación en Sayyedna al-Jidr, véase Cinderella Hasan, Peasants’ Rights and Development in Rural Egypt [manuscrito], El Cairo: Universidad Americana de El Cairo, 2008, págs. 55-84. 4 Esta sección está basada en un artículo anterior mío (Reem Saad, «Egyptian Politics and the Tenancy Law», en Ray Bush (ed.), Counter Revolution in Egypt’s Countryside, Londres: Zed Books, 2002).

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testigos de incidentes violentos y protestas masivas. Durante aquel tiempo, el debate público se intensificó y los partidos de la oposición incrementaron su actividad, ya fuera organizando encuentros con arrendatarios o tratando de negociar una solución con el gobierno. Por todas partes existía una sensación anticipada de la violencia de masas y del caos que se desataría por todo el país el primero de octubre, la fecha en que los arrendatarios debían abandonar sus tierras. Aunque el gobierno se reafirmaba una y otra vez en su intención de continuar con el plazo especificado, existían ciertos compromisos que la oposición interpretó (o, mejor dicho, malinterpretó) como una posibilidad de retractación. Fue en este momento, en esa atmósfera de caos inminente, cuando el gobierno intensificó sus declaraciones acerca de unas tierras que serían distribuidas entre los arrendatarios desalojados. La solución de la distribución de tierras recuperadas es ilustrativa del modo en que el gobierno gestiona la crisis y permite comprender el funcionamiento de la práctica política egipcia en la actualidad. «Introducirse en el desierto» ha sido por un tiempo la solución oficial preferida para los problemas irresolubles, también sugerida por los medios controlados por el Estado a la hora de lidiar con problemas como la superpoblación y el desempleo. La ley de Arrendamiento estipulaba que los arrendatarios desalojados tendrían prioridad en la adquisición de las tierras recuperadas por el gobierno. Pero esta cláusula era vaga y no vinculante. Es más, esta posibilidad no fue estudiada ni planificada de manera apropiada en ninguna de sus fases. Existían versiones contradictorias sobre quiénes serían los candidatos para la solicitud, cuándo podrían hacer las solicitudes los arrendatarios desalojados, cómo podrían hacerlas, dónde estaría la tierra o cómo se financiaría la adquisición y cultivo de la misma. Es interesante destacar el modo en que se presentó oficialmente esta promesa. Dirigentes del Ministerio de Agricultura hicieron declaraciones en las que afirmaban que las parcelas de tierra recuperadas por el gobierno estaban ya listas para ser distribuidas entre los arrendatarios desalojados. Así, una de las declaraciones hechas por un portavoz del gobierno afirmaba: «El gobierno trabaja para evitar todos los problemas. Una de las medidas más importantes que ha tomado es dar a los arrendatarios terrenos alternativos recuperados para el cultivo cerca de sus hogares».5 El Ministerio del Interior hizo una declaración similar: «El Estado ha preparado terrenos alternativos para todos los arrendatarios que deseen continuar con su labor agrícola, una vez que hayan entregado las tierras a sus propietarios».6 La divergencia entre las declaraciones oficiales y la realidad no 5 6

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Ajbar al-Yaum, 5 de julio de 1997. Al-Ajbar, 27 de junio de 1997.


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es nada nuevo, y no es nuestra intención en este artículo aportar las evidencias de ello. Nuestra intención, en cambio, es abordar este asunto desde el punto de vista de los arrendatarios; dar una idea de por qué la solución propuesta no era una opción viable. Existían dos opiniones dominantes entre los arrendatarios con relación al asunto de la distribución de tierras recuperadas en sustitución de las tierras que habían perdido. La primera de ellas era que las tierras recuperadas, antes de ser productivas y rentables, necesitaban más inversión de la que los arrendatarios eran capaces de asumir. En uno de los periódicos de la oposición se citó a uno de los arrendatarios, sus palabras fueron: «Para que [la tierra desértica] empiece a producir se necesita la edad de Noé, la paciencia de Job y el dinero de Creso».7 Esta visión se correspondía con la opinión de varios expertos. Ahmad Hasan, catedrático de economía agrícola y asesor en el Instituto de Planificación Nacional, explicaba que la experiencia adquirida en agricultura en el valle del Nilo se alejaba por completo del conocimiento necesario para la agricultura en el desierto. Esta última necesitaba de una tecnología especializada que los campesinos no podían permitirse.8 La segunda opinión con respecto a este asunto tenía que ver con el hecho de que la tierra prometida, en realidad, no estaba disponible para los arrendatarios desalojados; cuanto menos, no en la manera en que había sido descrita. Varios arrendatarios desalojados en disposición de optar por las nuevas tierras no tuvieron la posibilidad debido a restricciones burocráticas. El plazo para las solicitudes de nuevas tierras fue muy corto y muchos de los arrendatarios desalojados tuvieron conocimiento del procedimiento de solicitud cuando había vencido el plazo. Por otro lado, los requisitos que debían reunir los candidatos eran mucho más restrictivos que los que había sugerido y descrito el gobierno. De hecho, aquellos que habían prolongado el arrendamiento de sus tierras por un año más (o incluso por unos meses) descubrieron que se quedaban sin el derecho a optar a las tierras nuevas. El gobierno consideró la extensión de los contratos de arrendamiento, aun cuando fuese por unos pocos meses, como solución al problema de los arrendatarios, a pesar de la naturaleza temporal e inestable del acuerdo. Además, el plazo de desalojo del primero de octubre fue establecido de manera premeditada en contra de los cultivadores de la caña de azúcar en el sur de Egipto: la cosecha de la caña no comienza hasta diciembre y se prolonga hasta mayo. De esta manera, todos los arrendatarios de caña de 7 8

Al-Ahali, 19 de marzo de 1997. Al-Ahali, 11 de octubre de 1997.

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azúcar tuvieron que abandonar sus cultivos o, como hizo la mayoría, alargar el contrato de arrendamiento a precios muy altos hasta la época de la cosecha. Pero la extensión del contrato les impedía automáticamente solicitar una tierra alternativa. El hecho de que muchos de los arrendatarios no tuvieran derecho a solicitar una nueva tierra condujo a un resentimiento generalizado en contra del colectivo que ha sido durante un tiempo el destinatario en la distribución de tierras recuperadas: los licenciados universitarios. Los arrendatarios sostenían que los licenciados no tenían experiencia agrícola alguna y que contaban con muchas otras opciones a la hora de encontrar trabajo. Para los arrendatarios, por tanto, el esfuerzo dedicado por los licenciados no sería el mismo que el de un agricultor desesperado sin tierra. Así pues, el gobierno de Egipto actuó como si la distribución de tierras, en realidad, estuviese teniendo lugar y como si los arrendatarios desalojados estuviesen siendo atendidos. Las declaraciones gubernamentales al respecto, apoyadas por los medios de comunicación oficiales, contribuyeron a la eliminación del tema de la tierra de la agenda política.Y, al mismo tiempo, aumentó el perjuicio inflingido a los arrendatarios desalojados, pues no existía cobertura mediática alguna de la situación que estaban viviendo estos afectados por la ley 96. En pocas palabras, la serie de planes de recuperación pensados para los arrendatarios desalojados constituyó en realidad una solución más testimonial que otra cosa a una crisis política. Las declaraciones y las promesas llegaron mucho más lejos que la planificación real o que cualquier consideración seria. Los planes se fueron sumando uno tras otro de manera precipitada. Además, aquellos que se pudieron beneficiar de esta opción fueron un pequeño sector de los arrendatarios desalojados que se convirtió en objeto de envidia por haber tenido esta posibilidad.

3. El asentamiento: el plan Los pueblos vecinos de Sayyedna al-Jidr y Sayyedna Musa fueron construidos dentro del distrito central recientemente establecido de Yusuf al-Siddiq, en el corazón de una zona desértica, a 60 km de la ciudad comercial más cercana. Durante la fase inicial, el plan recibió el apoyo del Programa Mundial de Ali226


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mentos (PMA).9 Desde el principio del proyecto en 1999 hasta su retirada en 2006, el PMA aportó alimentos subvencionados, créditos y el 40 % del precio de coste del ganado. Cada familia recibió un saco de 50 kg de harina y una lata de 5 l de aceite, además de provisiones en forma de alimentos, todos los meses, a cambio de un pequeño pago. Resulta significativo que el plan se ejecutara dentro de los límites del área protegida de Wadi Rayán. Esta zona es conocida por la riqueza de su biodiversidad en lo que a flora y fauna se refiere y cuenta con el valle de las Ballenas, que ya forma parte del Patrimonio de la Humanidad. Aquí reside la primera y más obvia contradicción/interrogante con relación a la organización de este plan: su establecimiento dentro de un área protegida, sin ninguna previsión ni consideración ecológica, compromete seriamente el principio de conservación y preservación de la biodiversidad.10 La segunda característica que conviene tener en cuenta es que la planificación agrícola de este asentamiento establecía el abastecimiento del agua de riego a partir de una canalización que extrajese el agua de los lagos Rayán, lagos artificiales que, gracias a las depresiones naturales, se alimentan, a su vez, de agua de drenaje agrícola de diferentes lugares de la gobernación de al-Fayyum. Por tanto, desde el principio, el riego de estas tierras se planificó contando con un agua de drenaje con elementos químicos (fertilizantes y pesticidas) y contaminantes y con un alto nivel de salinidad. Por otra parte, el gobierno contrató a una empresa privada (Sharika Musahama al-Beheira) para la instalación de la infraestructura (bombas y generadores incluidos) y para asegurar su funcionamiento durante la primera fase. Cada destinatario del plan recibió dos feddans y medio, dos de los cuales incluían olivos ya plantados. Toda la infraestructura contaba con una red de riego por goteo. Asimismo, se asignaba una bomba para cada ocho destinatarios, para el riego de su conjunto de tierras que conformaban veinte feddans. Durante la fase inicial, la empresa contratada se haría responsable de los costes de mantenimiento y del combustible para las bombas. La empresa también sería responsable del suministro de agua potable por medio de camiones que llenarían los

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De acuerdo al protocolo establecido entre el Ministerio de Agricultura y Recuperación de Tierras y el PMA, las mujeres deberían constituir, por lo menos, el 20 % de los beneficiarios. 10 Para conocer más sobre las repercusiones en la biodiversidad, véase Habib Ayeb y Reem Saad, Poor Women and Access to Agricultural Resources: Implications for Biodiversity in MENA, informe no publicado, El Cairo: Centro de Investigación Social, Universidad Americana de El Cairo, 2006.

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dos tanques públicos de los que beberían los habitantes del pueblo, pues éste no contaba con una red propia de suministro de agua potable. Aun cuando el riego por goteo pueda tener algunas ventajas sobre el riego por inundación bajo ciertas condiciones, en el caso que nos ocupa, claramente, no era la opción viable. La primera razón es la pobre calidad de la tierra con un alto nivel de salinidad, lo que hacía necesario lavarla regularmente, un proceso imposible bajo estas condiciones. La segunda es que este problema es especialmente acusado en zonas áridas con altos niveles de evapotranspiración, razón por la cual la necesidad de lavar la tierra es todavía más importante. Por último, el riego por goteo requiere un mantenimiento constante y costoso, lo cual lo hace inviable para agricultores pobres sin acceso a apoyo financiero o técnico.11 En este punto, se hace necesario abrir un paréntesis para aportar un breve resumen del debate que ha tenido lugar en la literatura especializada sobre el riego por goteo. Ésta es muy clara con respecto a los requisitos necesarios para que este tipo de riego sea preferible sobre otras técnicas. También es lo suficientemente clara en lo que se refiere a sus defectos y limitaciones. Uno de los problemas más comunes es la frecuente obstrucción de los emisores que hace necesaria la revisión constante de la red.12 Para resolver este problema, la corriente no debe caer por debajo de cierto nivel, para lo cual se debe llevar a cabo una «filtración adecuada» y el «tratamiento químico necesario para mantener la calidad del agua».13 Esta solución requiere, evidentemente, un alto nivel de conocimiento técnico además de un gasto considerable, cosas de las que un agricultor sin recursos y sin posibilidad de acceso a asistencia técnica no puede hacerse cargo. También surgen complicaciones asociadas a la salinidad del agua, pues la acumulación de sal en los cultivos puede causar serios perjuicios en los mismos.14 La misma fuente también cita dificultades vinculadas a la emergencia de las semillas, especialmente en los terrenos arenosos. La solución que se ofrece para combatir los problemas de alta salinidad y terrenos arenosos es el riego por aspersión o por inundación. Una importante contribución a este debate es la aportada por ‘Atef Kishk. 15 La premisa fundamental de su argumento es que no existe una técnica de riego 11

Ibídem. Wiley Hinman y Jack Hinman, The Plight and Promise of Arid Land Agriculture, Nueva York (N.Y.): Columbia University Press, 1992, pág. 50. 13 Samuel Dasberg y Dani Or, Drip Irrigation, Nueva York (N. Y.): Springer, 1999, pág. 13. 14 Ibídem, pág. 13. 15 ‘Atef Kishk, op. cit. 12

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intrínsecamente superior a otra, sino que, en cada uno de los casos, los hechos deben ser evaluados y sopesados con la intención de dar con la técnica más apropiada teniendo en cuenta las condiciones que la rodean.16 Kishk ilustra este argumento examinando de cerca el caso egipcio. En este examen, adopta un modelo que confiere un peso relativo a los distintos factores que influyen en la elección de una determinada técnica de riego. Como conclusión, el autor afirma que, en las tierras donde tradicionalmente ha habido cultivos, las técnicas modernas de riego no son apropiadas ya que los agricultores no tienen acceso a los recursos financieros y técnicos necesarios para las mismas. Por otro lado, las técnicas modernas de riego tampoco se adaptan a los cultivos tradicionales ni al tipo de tierra.17 En cuanto a las tierras desérticas recuperadas, su conclusión es que el riego por goteo o por aspersión podría ser útil si se tratara de grandes terrenos con cultivos de alto valor, pero no en el caso de pequeños agricultores que suelen cultivar grano y otros cultivos extensivos, además de que, una vez más, no podrían asumir los costes ni reunirían las habilidades técnicas necesarias para los sistemas modernos.18 Es este último caso el que más se acerca a los agricultores de los que hablamos en este artículo y, como se sugiere desde las esferas del conocimiento experto, la técnica de riego impuesta fue, claramente, una elección equivocada. En este caso, el problema principal consiste, pues, en que la técnica de riego elegida para este plan no estuvo basada en opiniones científicas de expertos. En cualquier debate sobre los problemas hídricos de Egipto, se suele señalar a los agricultores tradicionales como los culpables de derrochar agua por emplear lo que se entiende como métodos arcaicos de riego. De la misma manera, la ideología oficial ve la «conquista» del desierto como la panacea para todos los problemas en Egipto, y las técnicas modernas de riego, goteo incluido, como la solución a los problemas relacionados con el agua. En este punto, una vez más, las consignas ideológicamente condicionadas de modernización del riego llegaron mucho más lejos que la planificación concienzuda y realista y las consideraciones prácticas sobre la calidad de la tierra, las condiciones climáticas y las implicaciones técnicas, sociales y financieras. ‘Atef Kishk lo expresa de manera elocuente, por lo que incluimos aquí la cita completa: Un breve vistazo a los proyectos de riego en los países en desarrollo bastarían para dejarnos boquiabiertos: ¿quién tomó esas decisiones? ¿Era plenamente 16

Ibídem, pág. 246. Ibídem, págs. 245-255. 18 Ibídem, pág. 256. 17

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consciente de lo que hacía? ¿Cuál fue el fundamento para tomar esa decisión? O mejor, ¿existía fundamento alguno? La realidad apunta al hecho de que las decisiones relacionadas con los proyectos y tipos de riego a menudo se toman de manera precipitada y sin ninguna reflexión que tenga en cuenta la seriedad y complejidad del asunto que se tiene entre manos, o, cuando menos, las decisiones se toman de un modo acientífico e ilógico en el que las consideraciones que priman, o bien son completamente subjetivas, o se basan en la imitación o en la «moda» bajo la insistencia de usar las tecnologías más modernas y atractivas. No es extraño, por tanto, que cuando se trata de transferencia de tecnología en proyectos de riego, existan muchos casos en los que el resultado sea un fracaso.19

Desde el principio, este plan llevaba las semillas de su fracaso. No es ninguna sorpresa que la fase de implementación se enfrentara con tremendos problemas. Sin embargo, éstos resultaron incluso mucho mayores y más serios de lo que se habría podido prever teniendo sólo en cuenta la pobre planificación del proyecto.Y aquí, de nuevo, fue la variable política la que intervino para complicar aún más una situación que ahora se aproxima a una crisis humanitaria.

4. El colapso La primera vez que fui a un asentamiento en 2005, Habib Ayeb y yo estábamos dirigiendo un estudio sobre el papel de las agricultoras en la conservación de la biodiversidad. Cuando entramos al pueblo, nos impactó la visión de un montón enorme de piezas rotas de tubos negros esparcidas al sol. Según fuimos hablando con los agricultores, nos dimos cuenta rápidamente de que habían desmontado poco a poco todos los tubos de riego por goteo para cambiar al riego por inundación por medio de bombas individuales compradas o alquiladas. Resultó que nuestra primera visita al lugar coincidió con el momento en que tenía lugar una transición crucial con nefastas consecuencias para los afectados. La empresa contratada acababa de marcharse y todos los activos del proyecto, incluyendo las instalaciones de riego y el material, fueron entregados a la Cooperativa Agrícola. Aun cuando la idea de transferir el proyecto formara parte del plan desde el principio, los mecanismos de transición nunca se explicaron con claridad. Y lo que es más importante, la retirada de la empresa significaba 19

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Ibídem, págs. 245-246.


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que el mantenimiento y el combustible para las bombas, desde ese momento, tendrían que ser asumidos por los afectados. La transferencia se efectuó a través de un decreto ministerial establecido por el recientemente designado ministro de Agricultura. Según declararon los responsables de la Cooperativa Agrícola, la transferencia se impuso a la fuerza y de manera repentina. De repente, se encontraron frente a la tarea de arreglar y controlar toda la red de riego, así como de conseguir los fondos necesarios para ese fin. De esta manera, el coste recaía finalmente sobre los afectados. Cinderella Hasan, que llevó a cabo un trabajo de campo en esta zona como parte de su tesis para la licenciatura en humanidades, describe esta situación con detalle citando a un agricultor: «¿Qué hace una asociación agrícola gestionando el agua y la electricidad?… Se supone que debe centrarse sólo en la agricultura, pero aquí la gente suele ser la víctima de las diferencias personales entre los ministros».20 En este punto haremos otro pequeño paréntesis para repasar un elemento de la política nacional y local que tuvo una gran influencia en el modo en que se desarrollaron los acontecimientos en Sayyedna al-Jidr y Sayyedna Musa. El plan pudo funcionar de manera relativamente adecuada durante la fase inicial, en parte, porque la empresa todavía se encontraba presente en la zona y estaba asumiendo el papel fundamental de suministro de combustible y mantenimiento de las bombas. Sin embargo, a la hora de analizar el buen funcionamiento del proyecto hasta 2004, el elemento que probablemente tuvo más importancia fue el apadrinamiento de Yusef Wali, quien fue, hasta hace poco, uno de los personajes políticos más poderosos del régimen de Mubarak. Fue ministro de Agricultura hasta el 2004, vicepresidente del gobierno y secretario general del Partido Nacional Democrático (PND), entonces en el poder. Procede de una poderosa familia de terratenientes de la zona de al-Fayyum, situada en el área habitada más cercana a los asentamientos. Mientras estuvo en el poder, visitó personalmente la zona para asegurarse de que el plan funcionaba, más o menos, correctamente y, a menudo, puso recursos del Ministerio de Agricultura a disposición del mismo. El apadrinamiento del proyecto por parte de Wali también estaba relacionado con el hecho de que el distrito central recientemente creado, Yusuf al-Siddiq, se encontraba dentro de su circunscripción electoral. En 2004, Wali fue destituido de su cargo como ministro de Agricultura y fue sustituido por Ahmed al-Laithi. Poco tiempo antes, había perdido su liderazgo como secretario general del PND debido a la gran convulsión sufrida dentro del partido en el poder. El colofón vino con la derrota en las elecciones parla20

Cinderella Hasan, op. cit., págs. 81-82.

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mentarias de 2005. El proyecto fue testigo del viraje repentino comentado anteriormente coincidiendo con la caída en la popularidad de Wali. Los funcionarios locales y los afectados están convencidos de que el decreto de al-Laithi que establecía la transferencia repentina del proyecto y la retirada de fondos del ministerio estaba motivado por un deseo de revancha contra Wali. Sea como fuere, lo que queda claro es que, con Wali fuera de combate, los afectados fueron abandonados y obligados a valerse por sí mismos con un proyecto agrícola insostenible y en un entorno inhóspito. En las siguientes visitas a la zona, quedó claro que el plan había fracasado por completo. Su transferencia, el grave problema del agua potable y el término de las operaciones del PMA en esa área hicieron que la mayor parte de la gente abandonara sus tierras. Los únicos que se quedaron allí fueron los que habían vendido sus casas en sus pueblos de origen y, por tanto, estaban atrapados y sin ninguna opción salvo la de resistir. Cuando a éstos se les preguntaba, justo después de la transferencia del proyecto, por qué habían cambiado el riego por goteo por el sistema por inundación, obtuvimos una gran variedad de respuestas relacionadas con lo poco apropiado que era este tipo de riego en esa zona y para las necesidades de los agricultores. El problema de la tierra y de la salinidad del agua estaba entre las razones fundamentales por las que el riego por goteo no era apropiado. Otra de las razones esgrimidas era el tipo de cultivos que los agricultores querían desarrollar. El riego por goteo se adapta bien a los olivos, pero no a la producción de alimentos básicos ni de forraje, que constituyen los cultivos esenciales para los pequeños agricultores. Entre las razones citadas también estaba que los turnos de distribución de agua estaban organizados de tal manera que cada agricultor recibía tres horas de agua cada quince días. Como ya se había comprobado, el riego por goteo necesitaba un suministro continuo de agua y, cuando los tubos quedaban durante mucho tiempo sin flujo, se quebraban bajo el calor abrasador del sol del desierto. Por el contrario, los agricultores descubrieron que este sistema de suministro de agua era más apropiado para el riego por inundación. En una fase posterior obtuvimos otras respuestas, esta vez centradas en la gestión caótica que resultó de la retirada de la empresa. Teniendo en cuenta que los costes del combustible y el mantenimiento ahora tenían que correr por cuenta de los agricultores, mantener el funcionamiento de la red de riego por goteo se convirtió en una tarea imposible, pues ésta estaba pensada para que las bombas funcionasen a pleno rendimiento con el objetivo de asegurar el servicio a todos los agricultores. En la medida en que la mayoría de ellos 232


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volvió a sus pueblos, los que se quedaron no pudieron asumir la carga que suponía pagar los gastos para que funcionasen las bombas. El proyecto murió definitivamente cuando la mayor parte del equipo, incluyendo la bomba principal, fue robada. Actualmente, los pocos agricultores que permanecen en la zona han comprado o alquilado bombas individuales y utilizan el riego por inundación. Es importante apuntar que se llevan sus bombas a casa después de usarlas por el miedo a que se las roben si las dejan a la intemperie. El suministro de agua que estaba pensado para el riego por goteo, evidentemente, no cubre las necesidades del riego por inundación, pero, debido a que el número de agricultores que queda es sólo una porción de los que se suponía que serían, esta opción puede ser viable, por lo menos a corto plazo. También es importante destacar que, dada la naturaleza de este asentamiento y las duras condiciones de vida que hicieron marcharse a la mayoría de la gente, el sentimiento de comunidad no está cristalizando fácilmente. Un agricultor comparó el pueblo con las «viviendas del terremoto», en referencia a los planes de realojo que se llevaron a cabo para la gente cuyas casas fueron arrasadas por el terremoto de 1992, asemejando ambos casos por las diferentes procedencias y la falta de lazos previos entre sus habitantes. Este aspecto tiene repercusiones en el riego, pues los mecanismos para la organización de los turnos y la resolución de las disputas no han evolucionado de manera que se pueda garantizar un funcionamiento sin problemas. De hecho, todas las disputas se trasladan a la Cooperativa Agrícola que, a su vez, las traslada directamente a la policía, en contraste con los métodos tradicionales de resolución de las diferencias en los que el conflicto habitualmente es negociado y solucionado entre la comunidad de agricultores.21

5. Conclusión Puede que el caso que hemos analizado y el desafortunado destino de sus protagonistas parezcan extremos, pero no son excepcionales. Este caso refleja aspectos típicos y persistentes de la difícil situación de los pequeños agricultores, especialmente en la relación que mantienen con el Estado. Las decisiones to21

Para más información sobre la importancia del aspecto social de la gestión del agua en Egipto, véase Habib Ayeb, «Hydraulic Politics: The Nile and Egypt’s Water Use: A Crisis for the Twenty-First Century?», en Ray Bush (ed.), Counter Revolution in Egypt’s Countryside, Londres: Zed Books, 2002, págs. 86-88.

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madas de arriba hacia abajo y las desastrosas consecuencias que acarrean para los más pobres, así como el uso político que los poderosos hacen de éstos en sus luchas internas, son sellos distintivos de esta relación. Y lo que probablemente sea más importante es que este caso cuestiona de forma más general la compatibilidad de las técnicas de riego moderno con las condiciones, prácticas y capacidades de los pequeños agricultores en Egipto y, posiblemente, en cualquier otro lugar. Es llamativo ver cómo las opiniones y prácticas de los agricultores coinciden con los juicios de los expertos científicos, y cómo esta similitud de opiniones diverge de aquellas sostenidas por los que elaboran las políticas. Ésta puede ser una cuestión que debe plantearse de manera urgente teniendo en cuenta que ya se está ejecutando un plan por el cual se pretende convertir áreas sustanciales de tierra agrícola del delta del Nilo al riego por aspersión y por goteo dentro de un amplio proyecto de racionamiento de agua. El ministro de Irrigación y Recursos Hídricos, Amin Abaza, declaró que el Proyecto Nacional para el Racionamiento del Agua, financiado por el Fondo Internacional para el Desarrollo Rural (International Fund for Agricultural Development, IFAD), ya ha comenzado en las gobernaciones de Beheira, Kafr al-Shayj y Minya como primer paso para su ampliación al resto del país. El ministro también destacó que la nueva política agrícola persigue mejorar el riego de los cultivos tradicionales mediante la introducción de técnicas modernas como la aspersión o el riego por goteo.22 Esta declaración y otras similares están motivadas en parte por el deseo de racionamiento del agua, y en parte por una visión de la modernización agrícola que ve a los pequeños agricultores como un impedimento para el progreso agrícola. Existen pocos indicios de que se estén tomando las precauciones adecuadas para evitar las dificultades con que se encontró el fracasado plan de al-Fayyum. Y existen todas las razones para temer que la tragedia de Sayyedna al-Jidr y Sayyedna Musa pueda repetirse a escala masiva.

[Traducido del inglés por Mario Tornero. AEIOU Traductores.]

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Al-Gumhuriyya, 25 de junio de 2009.


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Bibliografía AYEB, Habib, y Reem SAAD, Poor Women and Access to Agricultural Resources: Implications for Biodiversity in MENA, informe no publicado, El Cairo: Centro de Investigación Social, Universidad Americana de El Cairo, 2006. —, «Hydraulic Politics: The Nile and Egypt’s Water Use: A Crisis for the Twenty-First Century?», en Ray Bush (ed.), Counter Revolution in Egypt’s Countryside, Londres: Zed Books, 2002. DASBERg, Samuel, y Dani OR, Drip Irrigation, Nueva York (N. Y.): Springer, 1999. HASAN, Cinderella, Peasants’ Rights and Development in Rural Egypt [manuscrito], El Cairo: Universidad Americana de El Cairo, 2008. HINMAN, Wiley, y Jack HINMAN, The Plight and Promise of Arid Land Agriculture, Nueva York (N. Y.): Columbia University Press, 1992. KISHK, ‘Atef, ‘An al-ard wa-l-ma fi Misr: dirasa fi isti‘mal wa-idarat al-mawarid fi l-zira‘a al-misriyya [Sobre la tierra y el agua en Egipto: un estudio sobre el uso y gestión de los recursos agrícolas egipcios], El Cairo: Mirit lil-Nashr wa-l-Ma‘lumat, 1999. SAAD, Reem, «Egyptian Politics and the Tenancy Law», en Ray Bush (ed.), Counter Revolution in Egypt’s Countryside, Londres: Zed Books, 2002.

Periódicos Ajbar al-Yaum; al-Ahali; al-Ajbar; al-Gumhuriyya.

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El agua en el Sáhara, técnicas ancestrales y nuevas necesidades (Argelia) ABDERRAHMANE MOUSSAOUI Universidad de Provenza

Resumen La foggara es un «aparato hidráulico» ancestral, aún en uso en el Sáhara argelino. Las canalizaciones subterráneas de cientos de foggaras siguen asegurando la irrigación de la mayor parte de los oasis saharianos del oeste de Argelia, a pesar de que una gran proporción de las mismas está hoy irremediablemente amenazada de desaparición. El presente trabajo pretende aclarar los orígenes históricos y las características locales de este ingenioso sistema, repasando sus condiciones y procedimientos de construcción y de mantenimiento. El texto pretende igualmente mostrar cómo las foggaras, en cuanto sistemas de gestión y de economía del agua, han ido modelando el espacio físico y social de los oasis de la región sahariana de Tuat Gurara Tidikelt. Tras ser recuperada y canalizada mediante la foggara, el agua es medida, calculada y las transacciones son apuntadas en un zmam, un registro de aguas. De una generación a otra, se van transmitiendo los saberes asociados a la foggara, junto a un léxico técnico preciso e instrumentos locales originales. Palabras clave: foggara, canalizaciones subterráneas, gestión del agua, economía del agua, oasis, Sáhara, Argelia, sistemas de irrigación, transmisión de tecnología.

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El Sáhara ocupa la mayor parte del territorio argelino. incluso tras las oscilaciones climáticas que lo desecaron, este desierto nunca ha dejado de estar habitado. Desde sus últimos periodos húmedos, siempre ha habido hombres viviendo en este clima de tipo árido. Los datos pluviométricos, esenciales en una región donde las temperaturas alcanzan cotas elevadas, apenas registran los 11,1 mm/año. Esta cifra es extremadamente baja, pues se traduce en una media de cuatro días de lluvia al año. Si bien las temperaturas resultan bastante elevadas durante siete meses al año (de abril a octubre), en invierno pueden llegar a descender bajo cero para luego alcanzar, en un mismo día, los 25° sobre cero. Este hecho da una buena idea de la importancia de la amplitud térmica cotidiana, cuyas consecuencias pueden percibirse en la morfología regional (desagregación de las rocas, degradación de suelos y erosión mecánica). El viento, que sopla cuatro meses al año (de marzo a junio), constituye también otro dato relevante en la medida en que agudiza la evapotranspiración potencial (ETP) y favorece el desplazamiento de las dunas, lo que se convierte en un factor añadido a las dificultades que impone el ecosistema. La ETP resulta tan importante que las únicas manifestaciones hidrológicas de superficie son los wadis secos y las sebjas.1 La sequedad de los suelos acelera, además, la infiltración. Aquí, más que en ningún otro lugar, «los wadis son cauces habitualmente secos».2 Por tanto, en este contexto físico y climático, resulta difícil imaginar otros recursos hídricos aparte de los que se puedan hallar bajo el suelo. A pesar de estas condiciones ecosistémicas, el ser humano nunca ha dejado de atravesar esta región (caravanas comerciales) e, incluso, de habitarla (en oasis y qsur3). Sin embargo, sus habitantes se han visto obligados a plegarse a las exigencias de este espacio inclemente y a multiplicar su ingenio para localizar y extraer agua, líquido precioso en estas áridas inmensidades; pues en el Sáhara no llueve casi nunca y no hay ningún curso de agua superficial. El agua sólo aflora en ciertas zonas, por lo que el hombre no ha escatimado en medios para acceder a ella. Se ha visto obligado a ir a buscar el agua en las profundidades de la tierra y a desplegar auténticos milagros de ingenio para extraerla y encauzarla hacia las zonas cultivables y habitables.

1

Lagunas salinas. (N. del T.) «En el Sáhara no hay ríos que fluyan con agua de forma continua desde la fuente hasta la desembocadura; sólo existen wadis [‘ramblas’], una palabra árabe que ha sido incorporada al francés [oued] precisamente porque designa un fenómeno peculiar: un cauce habitualmente seco, sin pendiente continua y sin límites precisos» (Robert Capot-Rey, L’Afrique blanche française, tome ii: Le Sahara français, Collection Pays d’Outre Mer, série 4: Géographie de l’Union Française, París: Presses Universitaires de France [PUF], 1953, págs. 11-12). 3 Qsur (plural de qsar, ‘alcázar’): en el Sáhara, pueblos fortificados. (N. del T.) 2

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1. Las aguas son subterráneas Cuando se habla de aguas subterráneas en el Sáhara, nos referimos al acuífero del continental intercalar.4 Este gran acuífero subterráneo se extiende bajo el conjunto del Sáhara argelino y lo sobrepasa, alcanzando el sur de Túnez y el norte de Libia hacia el este y el Sáhara Occidental hacia el oeste. Esta formación acuífera cubre un área de aproximadamente 600 000 km2. Teniendo en cuenta su extensión, grosor y porosidad, se ha estimado que esta cuenca acuífera tiene una capacidad de 50 000 millones de metros cúbicos. Ninguna investigación rigurosa ha confirmado o rechazado aún las dos tesis opuestas sobre la regeneración de este acuífero. La primera tesis considera que éste se regenera, dado que sigue siendo alimentado, mientras que la segunda tesis sostiene que se trata de un acuífero fósil. No obstante, la magnitud casi ilimitada de este recurso ha relegado dicha cuestión a un segundo plano.

2. Evolución del sistema hidráulico Pero estas características del ecosistema del Sáhara que acabamos de describir no siempre han sido tales; el Sáhara no ha sido siempre un desierto.Ya Ptolomeo aportaba relatos que atestiguan la existencia de una agricultura lacustre. También el relieve aporta pruebas de ríos y de lagos desecados. Se han sucedido en la región varios periodos climáticos, correspondiéndose cada uno con un sistema hídrico propio. Durante el periodo húmedo, descrito por numerosos investigadores, el agua abundaba en el Sáhara, lo que parece estar al origen de los colosales recursos encerrados hoy en día en su subsuelo. «Los recursos de aguas subterráneas a menudo se localizan en las regiones áridas más amplias (el Sáhara, Australia), correspondiendo a capas freáticas profundas y, a menudo, artesianas, alimentadas en periodos lluviosos antiguos».5 Asimismo, varios autores, siguiendo el ejemplo de G. B. M. Flamand,6 sostienen que el Sáhara de antaño estaba surcado de ríos y salpicado de pantanos. Homero y Heródoto nos hablan de la existencia de ríos y de lagos, así como de utensilios de piedra encontrados, entre los 4 También conocido como albiano (escala geológica de gres poroso), el continental intercalar es un episodio continental comprendido entre los plegamientos hercínicos que expulsaron el mar de la plataforma sahariana y la invasión marina del cretáceo superior. Contiene el acuífero más importante del Sáhara. 5 B. Dezert y R. Frecaut, L’Économie des eaux continentales. Aménagement et environnement, París: SEDES/CDU, 1978. 6 G. B. M. Flamand, De l’Oranie au Gourara. Notes de voyage, París/Argel: Challamel/Giralt, 1898.

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que figuran anzuelos dobles.7 Es lo que se conoce como el periodo lacustre, tras el cual se produjo el sistema de riego por chorreo superficial, que consiste en un drenaje a cielo abierto. Es un sistema por lo general común en las regiones templadas, donde la agricultura se realiza en las orillas de los ríos. A medida que disminuían los recursos hídricos, debido a la desertización del clima sahariano, se desarrollaron los pozos artesianos. Finalmente, se desarrolló el sistema de las foggaras, cuya aparición puede datarse hacia el siglo XI y que perdura hoy en día. Sin este sistema, los oasis del suroeste argelino no existirían. La región de Tuat Gurara Tidikelt sigue siendo, en la actualidad, irrigada y cultivada, en buena medida, gracias a este ingenioso sistema.

Ilustración 1. Corte esquemático de una foggara

Pozo Respiraderos de la foggara

Palmeral

Qsar

Continental intercalar

Banco calcáreo-silíceo duro con fisuras

Sustrato primario

Arcillas y arenas del continental intercalar

Fuente: Cahiers Sécheresse, nº. 2, 1998, pág. 117

7

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G. L. Didier, L’Algérie et le développement de sa civilisation, tomo I, Orán: Jeanne d’Arc, 1928.

Lago salino


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3. El sistema hidráulico de la foggara Ya sea el qanat en irán, el falay en el Golfo Pérsico y en Arabia Saudí, el karez en Afganistán o la foggara en el Magreb, el principio es el mismo en todas partes: se practica una galería subterránea de drenaje para la explotación de los acuíferos freáticos superficiales, de las fuentes o de las aguas cautivas, y se conduce el agua, mediante una pendiente adecuada, hacia el terreno que se quiere irrigar. Se drena así el agua, asegurando la irrigación por simple efecto de la gravedad, de ahí el interés de este ingenioso sistema (véase en la ilustración 1 un esquema del principio de funcionamiento de la foggara). Se trata de un sistema muy antiguo. Ya Heródoto (Melpómene, 120) lo menciona en el siglo v a. C. y Polibio (Historias, libro x, 23, 25) aporta datos detallados sobre las foggaras en la Persia de los siglos iii y ii a. C.8 El sistema existe también desde hace mucho tiempo en el Sáhara argelino, aunque no es posible datar con exactitud su implantación. Las principales investigaciones sobre los oasis saharianos han intentado ponerle fecha, avanzando además explicaciones históricas, climáticas y geográficas. Sin embargo, las divergencias persisten sobre todas estas cuestiones y sobre otras, como su origen o su etimología. La cuestión del origen de la foggara resulta especialmente controvertida. Algunos autores defienden su procedencia iraní, como el célebre historiador de finales del siglo xiv ibn Jaldún. Éste argumenta sus afirmaciones basándose en la fecha de aparición de la foggara en los oasis saharianos: hacia el siglo xi, la misma época en la que los baramika (los barmakíes)9 llegaron a los oasis. Estas poblaciones, originarias del Golfo Pérsico, habrían traído consigo el sistema de las foggaras, ya conocido en irán con el nombre de qanat. Según otros, como D. Champault, la foggara de los oasis argelinos procedería de Marrakech (Marruecos), pero tendría su origen inicial en el oriente árabe.10 Se basa, para hacer esta afirmación, en un texto del historiador árabe al-idrisi que atribuye la introducción de esta técnica en el Magreb a un tal ‘Ubayd Allah al-Muhandis (‘el ingeniero’) ibn Yunus. 8

Marcel Solignac, Recherches sur les installations hydrauliques de Kairouan et des steppes tunisiennes du VIIe au siècle, Argel: La Typo-litho et Carbonel, 1953. 9 Se trata de los descendientes del famoso Ya‘far al-Barmaki, el visir del célebre califa ‘abbasí Harún al-Rashid (786-809). 10 D. Champault, Tabelbala. Une oasis du Sahara nord occidental, París: Éditions du CNRS, 1969. XIe

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Sin embargo, el primer rasgo local de este sistema reside en su propio nombre. Si en otras partes se habla de qanat (en irán), falay o, en plural, aflay (en Omán), mayirat (en al-Ándalus), jettara (en Marruecos) o karez (en Afganistán), aquí se habla de foggara. Una denominación local cuyo origen ha suscitado numerosas hipótesis. Algunos establecen una relación entre la raíz de foggara y la palabra faqr, que en árabe significa ‘pobreza’. Así que, según esta versión de la memoria colectiva local, la foggara sería sinónimo de faqqara, es decir, la que empobrece a quien emprende su construcción. Otras interpretaciones ven una relación con fiqra, que en árabe significa ‘vértebra’, y con ‘amud fiqari, que significa ‘columna vertebral’. Hace no mucho que el jeque Mubarak Galmi, el medidor de agua (kiyyal al-ma) del qsar de Buda (Adrar), me proponía esta explicación: vista desde arriba, la foggara parece una especie de columna en la cual los respiraderos de los pozos recuerdan a las vértebras. Sin embargo, la interpretación más convincente relaciona la palabra foggara con el árabe dialectal fgar (‘destripar’), que describe de una forma más concreta lo que es efectivamente una foggara. Se trata de una ristra de respiraderos cavados y unidos por un conducto subterráneo. Dicho conducto o galería, que destripa la tierra, drena el agua de un acuífero subterráneo para conducirla, mediante una inclinación apropiada, hasta el terreno que se quiere irrigar. La constante búsqueda de etimologías árabes para explicar la palabra foggara puede constituir una forma de intentar inscribir esta realidad dentro de un espacio simbólico común reivindicado hoy en día. En efecto, frente a los que reclaman una identidad bereber, la lengua árabe simboliza en la actualidad la pertenencia a una identidad y a un origen común. Por otro lado, dichas etimologías árabes vendrían a corroborar la tesis de la introducción de este sistema a través de poblaciones procedentes de Oriente Próximo y datarían el acontecimiento en el siglo xi. Pero, ateniéndonos a los datos sobre el terreno, algunas foggaras como las de Tamentit en el Tuat parecen indicar que esta técnica existe en el Sáhara desde antes de la llegada de esos supuestos importadores que fueron los árabes venidos de Oriente para islamizar la región del Magreb. A modo de ejemplo, la foggara Hennu de Tamentit pasa bajo las habitaciones del qsar y su profundidad de excavación hace suponer que su construcción antecedió a la fundación de esta ciudad, que data del siglo vi. Lo que cuestiona la hipótesis de una importación y difusión durante la época de la conquista musulmana del Magreb (entre los siglos vii y x). 242


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Ahora bien, incluso admitiendo esta tesis difusionista, que privilegia la hipótesis más tardía de introducción de la foggara en el Sáhara, este sistema secular y aún en funcionamiento presenta unas particularidades propias que lo distinguen con respecto a otros sistemas conocidos.

4. La foggara del Sáhara: un gran artefacto hidráulico Más allá de la polémica en torno a los orígenes de la foggara, cuya similitud a otros sistemas resulta evidente, se ha dado, sin embargo, una reapropiación local de la técnica para adaptarla a la topografía del lugar y a la estructura social de las poblaciones que lo habitan. La reapropiación ha sido tal que las diferentes partes de la foggara reciben denominaciones locales procedentes del habla originaria de la región, que es el zenata. La foggara del Sáhara argelino está constituida por una galería excavada para la captación del agua de los acuíferos subterráneos con el fin de irrigar los minúsculos huertos explotados en los oasis, a la sombra de las palmeras. Esta galería resulta accesible mediante pozos escalonados que, a vista de pájaro, recuerdan a cráteres y que son simples hoyos utilizados en un principio para la excavación de dicha galería y para la evacuación de la tierra. Pero éstos siguen siendo útiles como puntos de acceso que permiten la limpieza y extracción de aluviones que obstruyen periódicamente el canal subterráneo. La foggara siempre se construye en cuesta, siguiendo la pendiente topográfica, por lo que el terreno que se pretende regar debe situarse obligatoriamente en una cota inferior a la boca del sistema hidráulico. Finalmente, este drenaje subterráneo constituye la parte útil de la foggara y determina su longitud, que puede alcanzar varios kilómetros, como la foggara de Amgiyar en Timimun, que sigue activa y alcanza siete kilómetros de largo. Es más, la gran foggara del qsar Metarfa, situado en el Augrut, en la región de Gurara, mide quince kilómetros de largo y otra foggara, localizada en Adrar, alcanza una longitud de catorce kilómetros.

5. ¿Cómo se construye una foggara? Prácticamente ya no se construyen nuevas foggaras, por lo que la mayor parte es obra de personas que vivieron hace varios siglos. No obstante, se siguen 243


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Ilustración 2. Respiraderos de superficie de una foggara

manteniendo y, en algunos casos, mejorando añadiendo bocas de drenaje en sus partes superiores. De todas maneras, se puede hacer una reconstrucción histórica de la fabricación de las primeras foggaras. Éstas se construyen, forzosamente, en una zona elevada con respecto a los terrenos que se quiere irrigar. Se cavan los primeros pozos de manera que el agua se encuentra generalmente a poca profundidad, por lo que suelen ser a cielo abierto, así como el canal que los une. Sin embargo, a mayor pendiente, mayor profundidad del pozo, lo que en cierto punto exige que, en vez de cavar el canal a cielo abierto, se excave una galería subterránea. Ésta permite además evitar, en el momento de la construcción, tener que extraer un volumen excesivo de escombros, que podrían además desmoronarse y obstruir la fosa. Por otro lado, una vez terminada la foggara, la galería subterránea permite preservar mejor el agua de la evaporación, que en una fosa a cielo abierto se produciría muy rápidamente en un clima tan desfavorable. Sin embargo, la excavación de la galería tiene ciertos condicionantes. Para facilitar el encauzamiento del agua hacia los terrenos que se pretende irrigar, la 244


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galería subterránea debe ser rectilínea. Para que la persona que excava avance en línea recta, debe contar con una lámpara (antaño, se usaba una lámpara de aceite, hoy en día, de acetileno o de petróleo). Asimismo, los respiraderos que se cavan hasta la superficie, y que permiten la evacuación inmediata de la arena retirada durante el trabajo, también son útiles para asegurar el avance en línea recta de la galería. Esta especie de pozos sirve igualmente para la limpieza de la foggara en caso de obstrucción por desprendimientos, situación bastante frecuente.

6. ¿Por qué y cómo se lleva a cabo la limpieza? La limpieza es una operación periódica que suele efectuarse en verano con el fin de incrementar, o por lo menos de mantener, el caudal de la foggara, que, a pesar de su inclinación, a veces no logra arrastrar los materiales procedentes de los desprendimientos. En verano es cuando los cultivos necesitan más agua y es, precisamente, cuando ésta escasea más; es, además, el periodo de mayor frecuencia de tormentas de arena y de los consecuentes desprendimientos. Al contrario que la operación de excavación, la limpieza se realiza de la parte baja hacia arriba. Esta labor de retirada de arena de la foggara suele hacerse mediante un equipo de tres personas en dos o más pozos. Pero puede ocurrir que la importancia de la obstrucción y de la foggara acabe movilizando a todos los hombres del pueblo. Se trata de un trabajo exclusivamente masculino. Los hombres encargados de hacerlo se llaman gattasin, plural de gattas, cuya etimología significa ‘el que se zambulle’; en efecto, para limpiar la foggara el gattas debe zambullirse bajando por uno de los respiraderos. Se desliza dentro y avanza reptando entre dos respiraderos, limpiando con sus propias manos el conducto subterráneo. Para ello, nunca se utilizan instrumentos metálicos, en todo caso, de madera, por temor a dañar las paredes internas de la foggara y a provocar desprendimientos.

7. La foggara condiciona el espacio físico y social Todos los oasis de la región de Tuat Gurara Tidikelt deben su configuración espacial a las foggaras. En efecto, la foggara que crea y/o mantiene el oasis determina la organización del territorio. Todo debe situarse en una depresión (al pie de un promontorio o en el lecho de un wadi ) con el fin de lograr el des245


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nivel necesario para que la foggara funcione. Los huertos suelen situarse en el nivel más bajo de la inclinación, mientras que los alojamientos están habitualmente algo más arriba, de manera que el agua pase primero por las casas antes de llegar a los huertos. De esta manera, el agua de uso doméstico es después recuperada para su uso agrícola. Cuando, por razones hídricas o demográficas, la capacidad agrícola de un qsar comienza a resultar insuficiente de cara a las necesidades de sus habitantes, se preparan nuevos terrenos de cultivo a continuación de los existentes con el objetivo de mantener la inclinación requerida para la conducción del agua. Por eso, los oasis acaban convirtiéndose en archipiélagos lineales. Así pues, lo que llamamos oasis no es en realidad más que un espacio donde la presencia de agua ha permitido el crecimiento de un palmeral y el establecimiento humano en un entorno árido. El oasis suele presentar una forma compacta y, a veces, fortificada que se denomina qsar, en desplome sobre una depresión con un palmeral bajo el cual se desarrolla una agricultura de subsistencia cuyo riego, a falta de unas lluvias suficientes, se asegura captando agua en acuíferos profundos y conduciéndola, a veces desde muy lejos, gracias a la inclinación del terreno. Es esta técnica de captación y drenaje por inclinación y de distribución lo que denominamos foggara, gracias a la cual han existido los grandes oasis del suroeste argelino y, en gran medida, aún sobreviven hoy en día.

8. El qasri, en el corazón del sistema local Si bien toda foggara necesita de los conductos de drenaje para encaminar el agua y de los respiraderos para facilitar la excavación y limpieza, hay otra parte importante de este sistema que carece de utilidad técnica para la extracción y conducción del agua. Es, sin embargo, este último componente, llamado qasri, el que ha acabado convirtiéndose en el símbolo de la foggara (véase la ilustración 3). En efecto, las fotos e imágenes que ilustran la foggara suelen mostrar un qasri, también denominado qasriyya. Se trata de una pileta, excavada en la desembocadura de la foggara, con forma triangular y que posee en su base una especie de peine. Esta pieza, denominada mushta, «con dientes hacia abajo» o «con dientes al aire» (véase la ilustración 4), y habitualmente tallada en piedra, es la que sirve para separar las partes de agua de los diferentes «socios de esta empresa». 246


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Esta pieza asegura un reparto proporcional y equitativo del agua, a pesar de las fluctuaciones de caudal debidas a los diversos condicionantes naturales (vientos, sequías, obstrucciones, etc.). Aunque el primer qasri es el más importante, puede haber más adelante otras piletas secundarias, en función de la cantidad de grupos de propietarios (yema‘a). Las foggaras condicionan así la configuración de los terrenos de los oasis. Sus palmerales están surcados por acequias y qasri. Cada yema‘a, al apropiarse de un canal de agua, se lo divide de forma prorrateada en función de la aportación de cada uno de sus miembros. A la foggara, esto le aporta, a veces, una configuración bastante compleja, como se muestra en la siguiente fotografía.

Ilustración 3. Foggara en Uled Sa‘id

9. Más allá del qasri, el mayan Esta subdivisión infinitesimal del agua se corresponde a una división humana. Así, la importancia de cada huerta o de cada propietario se mide en función de la cuantía proporcional de agua que se atribuye. Esto, concretamente, se vi247


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Ilustración 4. Qasri

sualiza en la dimensión o en la cantidad de depósitos que recogen el agua en cada huerta. Dicho depósito, situado en la parte superior de cada huerta, se llama mayan. Aunque no siempre se considere un componente directamente relacionado con la foggara, el mayan constituye un elemento esencial en la organización de la misma. Efectivamente, la ventaja de este sistema consiste en su capacidad para extraer el agua de forma continua, para conducirla y distribuirla sin que la persona tenga que intervenir constantemente. Por lo que, si no fuera almacenada, el agua se perdería. El mayan permite almacenar un agua escasa y preciosa que será utilizada en su momento según las prioridades que exijan las variedades cultivadas en la huerta. Así que la foggara determina el ritmo del proceso de trabajo agrícola.

10. Derecho y medición del agua La ausencia de cursos de agua y la escasez de lluvias en el Sáhara argelino aportan al agua un valor del que carece aquí la tierra, tan abundante como estéril. 248


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El agua se vende y se compra. La foggara, como infraestructura básica, no puede separarse de la superestructura que genera. La organización técnica y material de este sistema lleva aparejada todo un entorno de conocimientos técnicos y de savoir faire. Existe un derecho al agua, técnicas para su evaluación y medición, registros para consignar su división y propiedad, etcétera. Al poseer un valor como bien raíz, el agua se transmite, se hereda, se vende y se compra, lo que conlleva la organización concreta de un mercado. Toda mercancía debe ser mensurable y medida. Para ello, se necesitan tanto escalas e instrumentos de medición como agentes especializados y reglas consensuadas.

11. La hallafa En efecto, el agua es medida cada vez que cambia de propietario. El medio para hacerlo es una placa de cobre denominada por los conocedores al-kayl al-asfar (‘la vara amarilla’), en referencia al color del material del que suele estar hecha. Pero en el habla común suele llamarse más bien shaqfa (‘trozo’), luh (‘plaqueta’) o hallafa. De todas estas denominaciones, la última es la más elocuente, si bien el término más utilizado es shaqfa. La hallafa es por quien se jura, lo que, dicho de otra manera, es la que establece la verdad. Las dimensiones y formas de este instrumento difieren de un oasis a otro, e incluso de una foggara a otra. Suele ser una placa de cobre rectangular con una serie de agujeros de diferentes diámetros (se trata de los submúltiplos qirat y qirat al-qirat). Cada agujero representa una unidad de medida de un sistema con la habba como unidad básica. Aunque conocida en toda la región de las foggaras, la escala de medición puede recibir diferentes nombres de un qsar a otro. Puede llamarse tman, ‘ud, mayan, sba‘ o, incluso, qarwi, como en Deldul. Es un múltiplo de 24 qirat (2 x 12 qirat). El qirat, llamado también jarruba, representa a su vez 24 qirat al-qirat. Este sistema de cálculo, de apariencia esotérica, tiene sus especialistas y se transmite de forma secreta. Desgraciadamente, los guardianes actuales de sus secretos son todos personas muy mayores y se quejan a menudo del desinterés al respecto de las nuevas generaciones. La operación de medición del agua puede resumirse en seis pasos: 1. Se cava una pileta de aproximadamente 50 x 50 cm, paralela a la acequia que se quiere medir. Se desvía la acequia de manera que pase por la pileta, 249


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Ilustración 5. Hallafa y kiyyal al-ma (Buda, Adrar)

en cuya parte inferior se ha practicado una abertura para que el agua desviada con fines de medición pueda regresar a su acequia. 2. A continuación, se coloca una shaqfa (un medidor), de una longitud equivalente a la pileta, en su parte inferior; y se improvisa una barrera de arcilla en la acequia para desviar el agua hacia la pileta. 3. El kiyyal al-ma obstruye ahora con arcilla el conjunto de agujeros de la shaqfa. El agua asciende hasta desbordar por arriba la shaqfa, llenando así la pileta. 4. Entonces, el kiyyal comienza a destapar o volver a tapar diferentes agujeros hasta que logra estabilizar el agua al mismo nivel en ambas partes de la shaqfa, anulando así su efecto barrera. 5. Hay un truco para asegurarse de que los agujeros destapados permitan que el agua circule adecuadamente y de que la shaqfa no constituya ningún obstáculo. Al comienzo de la operación, antes de la medición, se ha plantado un bastón 250


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en el agua recubriendo de arcilla la parte que sobresale del mismo. Cuando se estima que el agua ya se ha estabilizado, se vuelve a plantar el bastón en el agua, en ambos lados de la shaqfa. Si la arcilla permanece, esto viene a confirmar que el nivel actual corresponde efectivamente al nivel anterior a la medición. 6. A partir de entonces, ya se puede contar los agujeros destapados y sumar sus valores respectivos. Es la forma misma de realizar los cálculos lo que aporta el carácter esotérico a esta operación. En efecto, el kiyyal al-ma utiliza la arena y su mano para calcular. inscribe en la arena símbolos que representan valores; para expresar las sumas y restas, borra los primeros símbolos y los sustituye por otros, de manera que al final de la operación sólo queda el resultado. Si a esto añadimos que esta forma de trazar signos en la arena y de borrarlos recuerda a la técnica adivinatoria llamada precisamente jatt ar-rmal (‘trazo de arena’), se entiende el respeto y misterio que suele rodear al kiyyal. En cuanto al cálculo del caudal de agua, consiste básicamente en dos operaciones: una suma y una división. La suma se realiza tras cada medición para conocer el número total de unidades de valor; después, se procede a la división de esta suma para la redistribución del agua en partes entre los copropietarios, en función de la aportación de cada uno. Para entender el funcionamiento de estas operaciones, hay que hacerse a la idea de que el principio de cálculo es el de un ábaco de cinco niveles. En el medio se halla la unidad básica, la habba, con dos niveles inferiores que representan sus submúltiplos. Así tenemos el nivel de los qirat (1/24 de habba) y de los qirat al-qirat (1/24 de qirat). Los dos niveles superiores corresponden a las decenas y a las centenas. Niveles

Valores

I II III IV V

centena de habba decena de habba habba qirat (1/24 de habba) qirat al-qirat (1/24 de qirat)

Cabe señalar que los submúltiplos se definen en una base de 24, mientras que los múltiplos tienen base decimal. Este ábaco de los oasis no funciona, sin embargo, con bolas que se deslizan en alambres, sino que se representa en la arena, donde, para pasar de un nivel in251


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ferior al superior se borra todo y se resume el resultado con un nuevo símbolo. Por ejemplo, en vez de una línea como la que sigue (|||+|:+|:), que representa submúltiplos de habba, el kiyyal al-ma borra el conjunto de la línea y lo sustituye por su suma, que equivale a una habba, cuyo símbolo es el siguiente: (|). Una vez realizado el cálculo y distribuidas las partes, se consigna todo en un zmam, un registro de aguas (véase la ilustración 6). Cada foggara posee su propio zmam, al cuidado del kiyyal al-ma o de una persona de su confianza.

Ilustración 6. Zmam

12. La foggara, un sistema amenazado Toda esta colosal infraestructura, digna de los trabajos hidráulicos de la época del despotismo oriental, sólo tenía sentido en un entorno económico hoy en día desaparecido. Por una parte, los oasis constituían una especie de «áreas de descanso» en el camino de las rutas de caravanas; por otra, el agua resultaba necesaria para desarrollar una agricultura que alimentara a los autóctonos y 252


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que asegurara las necesidades logísticas de las caravanas. Los oasis son, por tanto, una de las escasas muestras tangibles que subsisten en la actualidad de este comercio de larga distancia ya desaparecido. Jean Savornin escribía, lleno de admiración: «Se puede decir que en el país de las fgagir11 nunca llueve, pero, sin embargo, desde hace más de diez siglos, cada hora que pasa, la foggara más insignificante extrae varios metros cúbicos de agua subterránea cuya reposición pluviométrica resulta manifiestamente imposible».12 La agricultura de la región aún subsiste hoy en día gracias a este ingenioso sistema. Hay contabilizadas 729 foggaras, que suman un total de 2236 km de canalizaciones subterráneas, irrigando la región de Tuat Gurara Tidikelt, si bien un buen número de estas foggaras están ya irremediablemente deterioradas. Su subsistencia nunca ha estado tan amenazada como en la actualidad. La demografía, los modelos de consumo y los cambios sociológicos están afectando seriamente a un sistema más frágil que nunca, al estar basado en la movilización de una población servil, manejable y con ataduras, motor esencial de su funcionamiento. La independencia, el sistema educativo y la revolución agrícola han liberado a los haratin, antiguos siervos ligados a la tierra, que se han integrado en el nuevo sistema laboral y han emigrado a otros horizontes. Sus hijos se han beneficiado de una educación que los ha alejado definitivamente del trabajo agrícola, aunque no haya logrado integrarlos en otros sectores. Además, los programas de acceso a la propiedad de tierras han beneficiado a unos cuantos centenares de ellos, que han abandonado los palmerales para instalarse en zonas de valorización agrícola en la llanura.

13. La foggara y las claves actuales Hoy en día concurren, en detrimento de las foggaras, varios factores con un origen común: una creciente urbanización demandada tanto por la población como por el Estado. Los habitantes de los oasis, por un lado, aspiran a disfrutar de su ración de progreso y de confort, como los demás ciudadanos, y el Estado, por otro, busca una integración efectiva de esta parte del territorio en el espacio nacional. Lo que se traduce en una urbanización que está transformando los hábitos e incrementando las necesidades de una población cada vez más nu-

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Plural árabe de foggara. (N. de la Ed.) Jean Savornin, «Le plus grand appareil hydraulique du Sahara (nappe artésienne dite de l’Albien)», en Travaux de l’Institut de Recherches Sahariennes, tomo iv, Argel: institut de Recherches Sahariennes, 1947. 12

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merosa. De hecho, se ha multiplicado la necesidad de agua potable y utilizable para la actividad económica (la agrícola, pero especialmente la urbana). Las foggaras ya no pueden cubrir tales demandas, por lo que están proliferando las perforaciones de pozos con los objetivos de atender a las necesidades tanto de las zonas urbanas como de los nuevos terrenos de valorización agrícola promovidos por el Estado para nutrir el consumo y generar empleo. El consumo doméstico, cada vez más importante debido al crecimiento demográfico y a la irrigación de nuevas zonas agrícolas, intensifica el recurso a las perforaciones, lo que está provocando una bajada del nivel piezométrico. Todos estos factores contribuyen, pues, a la aceleración del abandono de las foggaras. varias están sufriendo una reducción de su caudal, mientras que otras se van a secar del todo de forma inminente. En una especie de círculo vicioso, los campesinos (jemmas y gerras) que trabajan la tierra están abandonando el palmeral en busca de la emancipación social. Las oportunidades de trabajo en la construcción y en el sector administrativo están fomentando la emigración hacia las ciudades del norte y vaciando al palmeral de su savia. La revolución agrícola, con su ideología igualitaria, ya inició el proceso de emancipación y de ruptura de los lazos de servidumbre que existían tradicionalmente entre los campesinos y los propietarios. Las campañas de valorización agrícola puestas en marcha recientemente por los poderes públicos están culminando este proceso. Ya han permitido a un número creciente de haratin (y de miembros de otras capas desfavorecidas) acceder a la propiedad e independizarse. El Estado ha desarrollado nuevos programas de valorización agrícola al lado de los palmerales. Se han concedido cientos de hectáreas a promotores para que desarrollen una agricultura sahariana moderna, lo que ha contribuido aún más a la liberación de las capas populares que antaño constituían la base trabajadora del sistema tradicional. Pero el agua aportada por las foggaras resulta insuficiente, por lo que estos nuevos agricultores, a menudo procedentes del norte, recurren a las perforaciones o a la irrigación de pivote. Hay además otros problemas relacionados con una economía de mercado en la que el agua se convierte en una mercancía como cualquier otra. Para producirla, se necesita energía, y ésta tiene un coste. A pesar de los apoyos públicos, los pequeños agricultores experimentan problemas para pagar unas facturas elevadas, en parte debido a sus hábitos y costumbres: dejar el grifo abierto toda la noche para llenar una pileta de irrigación, como se hacía antiguamente, no es la mejor manera de reducir gastos, ni por lo tanto costes. 254


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Así, los campesinos se están convirtiendo, en la mayor parte de los casos, en mano de obra agrícola para tierras revalorizadas por otras personas mejor situadas para conseguir ayudas, así como más curtidas a la hora de moverse por los vericuetos de la Administración con el objetivo de beneficiarse de préstamos y de otros apoyos públicos. En todo este proceso, la foggara está perdiendo, por su parte, una mano de obra especializada en las labores de restauración y de mantenimiento. Llevadas a cabo antaño por una población sumisa, estas actividades, bastante penosas y dificultosas, son ahora evitadas, en parte a causa de las precarias condiciones de trabajo y de su escasa remuneración, pero también en gran medida debido a lo que continúan simbolizando. La foggara ha perdido, pues, su contexto de existencia en una época en la que cierto nivel de progreso social y técnico ha desembocado en su cuestionamiento. Los antaño esclavos y campesinos han progresado socialmente y sus hijos han podido estudiar lo suficiente como para rechazar un sistema servil e ir a buscar un trabajo a la ciudad, en un afán de mayor autonomía. Los propietarios, por su parte, ya no gozan del mismo prestigio ni de la misma autoridad que les permitía en el pasado movilizar a una población sumisa y manejable.

14. En conclusión Abandonado por su base obrera, el palmeral está cambiando de vocación bajo la presión de la lógica urbanística. Los propietarios están cediendo sus terrenos a una población forastera que está transformando poco a poco el palmeral en un espacio residencial o de veraneo. De manera que la foggara, tras haber perdido su mano de obra, está perdiendo ahora sus tierras, sin las cuales carece de sentido. Antiguamente, la foggara, principal fuente vital del oasis, pasaba primero por el qsar para atender a los espacios domésticos, antes de ir a irrigar la tierra. Este reciclaje, que permitía economizar agua, nos da una idea del lugar que ocupaba ésta como bien comunitario. La foggara era un equipamiento de interés general accesible a todo el mundo y que, en caso de problemas (obstrucciones, desprendimientos), podía exigir la movilización de toda la población. Esta concepción no tiene ya sentido hoy en día. El grifo ha individualizado la gestión del agua y ha mercantilizado su consumo doméstico. La evolución de 255


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los modos de vida y la transformación del modelo de consumo requieren tener siempre agua a mano y en abundancia. La foggara no puede responder a estas nuevas necesidades. Las restauraciones de foggaras iniciadas por el Estado desde hace algunos años probablemente logren salvar algunas de ellas, pero al haberse trastocado su entorno, es poco probable que se produzca una resurrección del conjunto de este sistema. Ahora bien, si se pudiera al menos preservar algunas foggaras y, por ende, sus palmerales, especialmente en los oasis situados lejos de las aglomeraciones urbanas, esto podría fomentar también iniciativas privadas, manteniendo así una economía y una solidaridad que la urbanización ha deteriorado gravemente. No obstante, si interesa salvaguardar el sistema de la foggara es sobre todo en cuanto patrimonio cultural, como modelo de un método alternativo en materia de economía y de gestión del agua. El savoir faire desarrollado en torno a la foggara, que ha hecho del racionamiento y de la economía del agua un auténtico arte, puede convertirse en fuente de inspiración para los consumidores actuales.

[Traducido del francés por Eric Jalain. AEiOU Traductores.]

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Los sistemas de recolección de aguas del Magreb y España: ¿difusionismo o coevolución? ANTONIO C. PERDOMO MOLINA Geógrafo e ingeniero técnico agrícola, profesor asociado de la Universidad de La Laguna (Tenerife)

Resumen En los lugares áridos de Canarias, la Península Ibérica y el Magreb, se han desarrollado sistemas de recolección de aguas que permiten la producción de alimentos a pesar de las extremas condiciones agroclimáticas. En esta aportación se exponen las claves de funcionamiento de estos sistemas y la base tecnológica de los mismos. Palabras clave: conocimiento tradicional, gavias, nateros, yesur, mesqat, balates, riego por boqueras, España, Canarias, Túnez.

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Dos quintas partes de la superficie emergida de la Tierra podrían considerarse como hiperáridas, áridas, semiáridas o subhúmedas y de ellas el 70 % se sitúan en regiones en desarrollo. No sólo se trata de áreas donde las lluvias son escasas, sino también de regiones donde la humedad relativa se sitúa en valores muy bajos todo el año. Estos valores, junto con las temperaturas elevadas, vientos constantes y fuertes y un elevado número de horas de insolación, provocan una altísima evaporación y, por tanto, unas condiciones de aridez extremas. Por si fuera poco, las escasas precipitaciones tienen un marcado carácter irregular, dado que se concentran en pocos días del año y existen áreas en las cuales, durante varios años, son prácticamente inexistentes. Con estas condiciones, las lluvias quedan muy lejos de cubrir los mínimos indispensables para cubrir las necesidades de evapotranspiración de los vegetales en una agricultura de secano. Los habitantes de estas áreas han puesto en práctica sistemas de cultivo que les permiten obtener cosechas en este medio realmente hostil a la producción agrícola. Estos métodos desarrollados a lo largo del tiempo poseen claves que muy bien podrían ser útiles a la agricultura actual, especialmente en un momento histórico de condiciones climáticas cambiantes como las que tendremos que vivir en las próximas décadas, circunstancia a la que los especialistas nos indican que estamos abocados aunque se tomasen drásticas medidas correctoras. En el Magreb y en el sudeste de la Península Ibérica, así como en las islas orientales de Canarias, existen amplias regiones con estas características, donde, de igual modo que en el resto del mundo, los agricultores y agricultoras han desarrollado sistemas de cultivo que les han permitido aprovechar los escasos recursos que la naturaleza había puesto a su disposición. La proximidad geográfica y las intensas relaciones históricas existentes entre los pueblos de ambas orillas del Mediterráneo podrían hacernos pensar en un cierto difusionismo o, mejor expresado, en que habría existido una cierta transculturación, de manera que el contacto entre los pueblos explicaría la exportación de las técnicas. La presente aportación tratará de describir las semejanzas y diferencias de estos agrosistemas y cuáles son las claves del funcionamiento de los mismos, para acabar avanzando una hipótesis que explicaría su desarrollo en diferentes lugares. Igualmente se pretende exponer que la base tecnológica de estos sistemas tradicionales es superior a lo que a simple vista pudiese parecer, así como que está perfectamente adaptada al medio donde se desarrollan.

1. Los sistemas de recolección de aguas en el mundo Entre los agrosistemas presentes en las áreas áridas destacan los sistemas de recolección de aguas (water harvesting system). Los intentos de clasificación y 260


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las tipologías desarrolladas hasta el momento se enfrentan a grandes dificultades para englobar la multiplicidad de prácticas existentes. Por un lado, por lo complicado de definir los parámetros básicos que diferencian una técnica de otra y, por otro lado, porque las técnicas conviven en el tiempo, y a veces en el espacio. La literatura internacional al respecto no acaba de ponerse de acuerdo sobre la terminología y clasificación a emplear, aunque existen algunos intentos, incluso auspiciados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (Food and Agriculture Organization of the United Nations, FAO),1 que han intentado arrojar luz a esta cuestión. La primera diferenciación se basa en el volumen de lluvia anual que se maneja, de manera que, en zonas donde la precipitación se sitúa entre los 300-600 mm anuales, hablaríamos de sistemas de riego suplementario (supplemental irrigation system). En estos casos se trata de complementar el agua a cultivos que de manera normal producirían sin riego y se aplicaría sólo cuando la lluvia es inadecuada, ya que usualmente la lluvia es la fuente principal y única de agua de las plantaciones. En segundo lugar, y es en este grupo donde se engloban las técnicas que aquí desarrollaremos, encuadraríamos las técnicas desarrolladas en las zonas donde la precipitación se sitúa entre los 100-300 mm anuales, se trataría de los sistemas de recolección de aguas. Los sistemas de recolección de aguas fueron definidos por Critchley como «recolección del agua de escorrentía para usos productivos».2 Con esta definición, nos veríamos obligados a excluir algunos agrosistemas usuales en nuestra área de estudio, tales como el aprovechamiento del agua de las nieblas,3 que en Canarias tiene su máxima expresión en la leyenda de un árbol que saciaba la sed de la isla de El Hierro con el agua condensada en sus hojas, el llamado garoé herreño.4 En este caso no se recoge directamente la escorrentía, sino que el agua condensada y precipitada es acopiada por diversos métodos para su posterior uso. De igual forma habría de excluirse de este grupo todos aquellos que permiten la recolección de agua de lluvia no para un uso productivo, sino con

1 Will Critchley y Klaus Siegert, Water Harvesting, AGL/MISC/17/91, Roma: Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO), 1991. 2 «Collection of runoff for its productive use» (ibídem). 3 En el caso de Canarias, la doctora Victoria Marzol ha evaluado diferentes sistemas para la recolección del agua de las nieblas (María Victoria Marzol Jaén, La captación del agua de la niebla en la isla de Tenerife, n.º 333, Santa Cruz de Tenerife: Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias, 2003, 220 págs.). 4 La historia del garoé, mitad leyenda y mitad historia, recoge la existencia, ya relatada por Plinio el Viejo, de un árbol que destilaba agua de sus hojas; ésta, al ser recogida en su base, sació la sed secular de los herreños hasta que, en 1610, el garoé fue segado por un temporal.

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la finalidad del abasto familiar, situaríamos en este caso los aljibes canarios,5 también presentes en el Magreb, o los aljibes, albercones y albercas en la Península Ibérica. Estos sistemas permitían conservar el agua recibida en las azoteas de los edificios y acopiarla en estanques subterráneos para el uso familiar, aunque bien es cierto que, en abundancia del líquido elemento, se podía destinar a los cultivos de la huerta familiar. Un segundo nivel en la clasificación lo representaría el origen del agua recolectada. Así, se habla de recolección de lluvia o de recolección de torrentes. En el primer caso, se trata de aprovechar el agua desde superficies construidas, como en el caso de los aljibes citados o las alcogidas y maretas de las islas orientales del archipiélago canario, 6 o también la recolección de agua de lluvia desde una superficie de terreno, que funciona como área de impluvium. En el segundo caso, lo que se aprovecha son los flujos de agua que discurren por cauces torrenciales o permanentes, desde donde mediante obras, más o menos complejas, las aguas son desviadas hacia el lugar de almacenamiento o cultivo. Últimamente, los especialistas han introducido un tercer tipo de recolección de aguas, se trataría de la recolección subterránea, donde se incluirían aquellos sistemas que no recogen aguas que circulan por la superficie, sino que recolectan aguas subálveas. Dentro de este grupo incluiríamos, de Canarias, las llamadas minas de aguas;7 las minas, trincheras, cimbras, galerías con lumbreras o alcavons de la Península Ibérica; o las foggaras o qanats del mundo árabe.8

5 Del árabe al-yubb. En catalán, encontramos la palabra aljub, muy próxima a la árabe, para referirse a estas construcciones. 6 Las alcogidas y maretas son superficies que se preparaban para recolectar el agua de lluvia y en donde no se permitía el acceso al ganado. La famosa Gran Mareta de Teguise (en la isla canaria de Lanzarote) suministró agua a Teguise y a buena parte de la isla, que acudía a la misma a proveerse del preciado líquido, desde casi la conquista hasta 1963, año en que fue destruida. Diecisiete años después de su desaparición, se dio el irónico caso de ser declarada Monumento Histórico Artístico (Antonio Montelongo Fránquiz y Marcial Alexis Falero Lemes, «El agua en Arrecife, condicionante histórico», en IX Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, 20-24 de septiembre de 1999, tomo I, Puerto del Rosario: Servicio de Publicaciones del Cabildo de Fuerteventura y Lanzarote, 2000, págs. 162-172). 7 Las minas de aguas, estudiadas en Canarias por el profesor Francisco Suárez Moreno, son similares a los qanats o las foggaras africanas o a las galerías filtrantes mexicanas, estudiadas por la profesora Jacinta Palerm Viqueira. Se trata de ingeniosas obras destinadas a captar el agua subálvea de los barrancos mediante trincheras cubiertas que atraviesan diagonalmente el curso del barranco (Francisco Suárez Moreno, «Las minas de aguas en Canarias», en Jacinta Palerm Viqueira [ed.], Antología sobre pequeño riego. Sistemas de riego no convencionales, vol. III, México: Colegio de Posgraduados, 2002, págs. 291-324; Jacinta Palerm Viqueira, «Las galerías filtrantes o qanats», en Jacinta Palerm Viqueira [ed.], Antología sobre pequeño riego. Sistemas de riego no convencionales, vol. III, México: Colegio de Posgraduados, 2002, págs. 257-290). 8 De los cuales contamos con un ejemplo en esta misma publicación.

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A partir de esta clasificación inicial, el desacuerdo en el uso de la terminología es generalizado. Así, encontramos clasificaciones que pueden centrarse en el momento en que el agua es usada, si es inmediatamente después de su recolección o si debe ser almacenada para usarla en otro momento. También pueden centrarse en el lugar de almacenamiento del agua, según se trate del perfil del suelo, es decir, de dirigir las aguas hacia el terreno en que después se va a cultivar, o de lugares especializados en almacenaje de agua, para luego usar esta agua almacenada. También existen clasificaciones que hacen referencia al tamaño, con lo cual encontraríamos: los microaprovechamientos, donde el agua es utilizada a escala de árbol individualizado; los miniaprovechamientos, donde el agua se concentra sobre una franja o hilera de cultivo; y los macroaprovechamientos, donde la escorrentía es usada a gran escala a nivel de gran parcela. Incluso podemos encontrar clasificaciones que inciden en el destino del agua dejando al margen los usos domésticos, encontraríamos aquí a quienes los clasifican según se trate de árboles, pastos o forrajes, o cultivos no leñosos como cereales y hortalizas. En el caso que nos ocupa, los problemas se multiplican puesto que en muchas ocasiones los límites entre las categorías son dudosos, pues hay agrosistemas, como sucede con las gavias canarias o las mesqat tunecinas, que difícilmente pueden ser englobados en una sola de estas clases, sino que, antes bien, combinan caracteres de dos o más clases diferentes. Si el problema de aplicar la clasificación es complejo, cuando intentamos comparar técnicas de distintos lugares del mundo los problemas se multiplican. Habría entonces que preguntarse, primero, cuáles son los rasgos definitorios del sistema, para luego hacerse una idea precisa de la técnica basándose en las descripciones o ilustraciones, que en muchos casos se repiten en varias publicaciones. A todo ello tendríamos que sumar las diferencias idiomáticas que hacen aún más complejo el galimatías. Obviamente, el trabajo in situ es el único que ofrece una cierta fiabilidad.

2. Los sistemas de recolección de aguas de las regiones áridas de Canarias, el Magreb y la Península Ibérica Dejando al margen algunos de los sistemas de cultivo mencionados en el apartado anterior y las clasificaciones esbozadas, nos centraremos en el estudio de aquéllos en virtud del espacio geográfico donde se desarrollan; así pues, estu263


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diaremos los que en todos los casos aparecen en regiones áridas, con precipitaciones inferiores a los 300 mm al año, pero en diferentes contextos, unos en áreas montañosas y otros en áreas llanas o subllanas. Así, en las regiones áridas y montañosas, estudiaremos los yesur de Túnez y Marruecos, los nateros de Canarias o las cañadas formadas por paratas y balates del sudeste de la España continental;9 y, en las más llanas, las mesqat tunecinas, las gavias canarias y el riego por boqueras del sudeste peninsular.

2.1. Los nateros, los yesur y las cañadas Ilustración 1. Esquema de funcionamiento de un natero de las islas Canariasstración 1.

Fuente: Antonio C. Perdomo Molina, 2002

En las áreas montañosas y áridas, las características antes expuestas de aridez y recolección de agua, mediante su concentración sobre el terreno que se va a 9

Antonio Perdomo Molina, «Semejanzas y diferencias entre dos sistemas de cultivo de las regiones áridas y montañosas de Canarias y Túnez: los nateros y los jessour», El Pajar: Cuaderno de Etnografía Canaria, n.º 13, agosto de 2002, págs. 100-105.

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cultivar, se combinan con la ausencia de suelos cultivables. En estos lugares el campesino debe, literalmente, crear el terreno de cultivo, acumulando el suelo necesario para desarrollar mínimamente una actividad agrícola con la que satisfacer el abastecimiento alimentario de la comunidad. Los sistemas básicamente consisten en cerrar, mediante muros de piedra seca, los pequeños cauces. De esta manera se interceptan las aguas cargadas con sedimentos que descienden por ellos. Cuando las aguas quedan remansadas tras los cerramientos, depositan los sedimentos que arrastran de tal forma que se crea un terreno de cultivo,10 especialmente fértil por la riqueza en materia orgánica y nutrientes,11 allí donde antes no existía suelo útil. El cerramiento irá incrementando su altura según pasen los años, hasta obtener una parcela con la profundidad de tierra óptima para el crecimiento de los frutales que suelen plantarse en ellos: higueras, olivos, palmeras datileras y almendros, principalmente. Excepcionalmente podemos encontrar muros que permiten desviar la escorrentía una vez que está consolidado el sistema, estas estructuras permiten asegurar la supervivencia del mismo en caso de lluvias copiosas. No es posible construir la parcela en un cauce importante, sino que debe situarse sobre los secundarios puesto que, como hemos dicho, en su fundamento está el cegarlos totalmente. Con los recursos tecnológicos de que se disponía, no se podía cerrar totalmente un cauce que condujera caudales voluminosos de agua, de haberse pretendido el cierre no hubiese podido resistir el empuje de las aguas de escorrentía y el conjunto habría peligrado. De hecho, el gran peligro para la sustentabilidad de estos sistemas está en la crecida de caudal producida después de una lluvia violenta ya que puede destruir totalmente el trabajo de varios años. En el caso del sudeste peninsular, las tierras de cultivo que conforman una cañada reciben el nombre de paratas y, si son pequeñas, de paratillos; mientras que los balates, también llamados albarradas, son los muros de piedra y caballones de tierra que conforman los distintos bancales. La sucesión de paratas

10 La palabra natero, usada en Canarias, es un portuguesismo de origen, proveniente del término portugués nateiro. Refleja el hecho de la formación de una «nata» de limos sobre el terreno cuando se produce la inundación por las aguas de escorrentía. 11 En Santiago de Chazumba, en el estado de Oaxaca (México), los campesinos no disponen de suficientes recursos económicos como para incorporar abonos de síntesis a sus terrenos, por lo que han sustituido el abonado químico por el aprovechamiento de la llamada paja de río. A semejanza de los nateros, conducen hacia el terreno de cultivo el agua de las barranqueras, que por la materia orgánica que arrastra es especialmente fértil (Cirila Ávila Castillo y Jacinta Palerm Viqueira, «Cercas y muros de piedra para el manejo de barrancadas y aprovechamiento de paja de río», en Jacinta Palerm Viqueira [ed.], Antología sobre pequeño riego. Sistemas de riego no convencionales, vol. III, México: Colegio de Posgraduados, 2002, págs. 187-195).

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y balates en los barranquillos es la que da lugar a las cañadas, con su peculiar fisonomía escalonada. En Túnez, al conjunto de parcelas se le denomina yesur, mientras que, para la parcela individualizada, se utiliza el singular yisr.12 Por otra parte, el funcionamiento de un natero quedó esquematizado en el croquis publicado por Antonio Perdomo e Irène Dupuis en 2004;13 en él podemos observar que las pérdidas de agua debidas a la evapotranspiración (T+Ev) y la percolación profunda (Pp) se ven compensadas con los aportes de la precipitación (P) y la escorrentía (E) recogida de las laderas adyacentes, además de la que proviene de los nateros superiores (Es), con lo cual se consigue un aumento de las disponibilidades hídricas (‚H), lo que a su vez permite subsistir a los cultivos sin que sufran ningún déficit hídrico. Mediante este agrosistema, combinado con la selección que el agricultor ha realizado hacia cultivares resistentes a la sequía, se consigue que frutales que necesitan unos aportes de agua mayores puedan producir fuera de sus límites climáticos. Por ello, aún es posible ver en Canarias frutales templados, como el peral (Pyrus communis) o el castaño (Castanea sativa), que producen en zonas donde predomina la aridez. Las dimensiones usuales de las parcelas van desde la decena de metros a no más de 500 m2, siendo lo usual que no superen los 100 m2. En muchos de ellos tan sólo cabe un frutal. Además, los muros no superan habitualmente el 1,5 m de altura, lo que implica un volumen considerable de sedimentos retenidos (en algunos casos, más de 350 m3). Como veremos con los agrosistemas de las áreas llanas, existen sistemas semejantes a los nateros en otras zonas del mundo. En América, por ejemplo en la Mixteca de Oaxaca (México), existe un tipo de parcelas similar, las jollas, algunas con muros de más de 10 m;14 al igual que en Perú, Ecuador, el norte de Chile y el nordeste de Argentina, donde se habla de terrazas de barranca;15 o también

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Noureddine Ennabli, Les aménagements hydrauliques et hydro-agricoles en Tunisie, Túnez: Institut National Agronomique de Tunis, Département du Génie Rural des Eaux et des Forets, 1993. 13 Antonio Perdomo Molina e Irène Dupuis, «Los nateros: un sistema de recolección de agua adaptado a las zonas áridas y montañosas de Canarias», Tenique: Revista de Cultura Popular Canaria, n.º 6, 2004, págs. 235251. 14 María Rivas, Jacinta Palerm Viqueira, Abel Muñoz Orozco, Jesús Cuevas Sánchez y Tomás Martínez Saldaña, «“Las jollas” en la mixteca oaxaqueña. Una técnica tradicional de captación de agua de lluvia para riego», en J. Palerm Viqueira y R. García Blanco (comp.), memorias in extenso del Simposio CIEN 06 El acceso al agua en la historia de América, Sevilla, 17 al 21 de julio de 2006, México: Colegio de Posgraduados, 2006. 15 William Denevan, América Indígena, vol. xI, n.º 4, octubre-diciembre de 1980, Cuadro de síntesis en Ramón Vargas, Manual de uso y conservación del agua en zonas rurales de América Latina y el Caribe. Agua, vida y desarrollo [en línea], tomo III, París: UNESCO ROSTLAC, 1997, <http://www.unesco.org.uy/phi/libros/agua_vida3/ tapa.html> (consultado el 29 de enero de 2002).

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los muros de piedra que los pueblos anasazi de Colorado (EE. UU.) construyen en las barranqueras secundarias desde épocas preeuropeas.16

2.2. Las gavias, las mesqat y el riego por boqueras En los lugares más llanos de las regiones áridas estudiadas, aparecen sistemas de recolección de aguas diferentes a los anteriores. La diferencia principal es que en estos lugares no es necesario crear la parcela de cultivo, sino que se parte de un suelo que posibilita la producción de alimentos sin necesidad de incorporar los sedimentos arrastrados por la escorrentía. Estos sedimentos, y especialmente la materia orgánica arrastrada por las aguas, tienen un papel importante en el mantenimiento del agrosistema, pero como indicamos no son la base de la producción, ya que en estas áreas sí existe un horizonte edáfico potencialmente productivo. Además, coinciden con los de las áreas montañosas, y a diferencia de otros sistemas de recolección de aguas, en que el agua se acumula en el perfil de la parcela de cultivo. Por sus dimensiones, mayores que en los anteriores, estos agrosistemas estructuran el paisaje agrario de las regiones donde se desarrollan. Las gavias canarias, por ejemplo, siguen siendo funcionales en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, aunque es en esta última isla donde, sin lugar a dudas, el sistema de cultivo de gavias está más presente. Representa el 45 % de la superficie agrícola útil de la isla, y en algunos municipios (Puerto del Rosario y La Oliva) llega a superar el 60 % de las tierras de cultivo.17 Asimismo, el fundamento del sistema es un terreno agrícola circundado por un caballón de tierra, de manera que permita la inundación de la parcela hasta una cierta altura. A estos terrenos se conduce la escorrentía con el objeto de propiciar su lenta infiltración, lo que en Canarias recibe la metafórica y hermosa denominación de beber la gavia. Gracias a esta acumulación de la escorrentía, se obtiene un nivel de humedad mayor que el correspondiente a la precipitación directamente recibida que permite el cultivo de plantas herbáceas y el incremento de la cosecha en los frutales. El tiempo que tardan en infiltrarse las aguas de-

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Kashyapa A. S.Yapa, «El manejo de agua subterránea a la americana: técnicas antiguas y modernas», Diario de un polit-eco turista [en línea], Guayaquil (Ecuador), <http://kyapa.tripod.com/egengineering/gwateruse/aguasub.htm.>, 2001, (consultado el 18 de enero de 2002). 17 Antonio Perdomo Molina, «El sistema de cultivo en “gavias” de Fuerteventura (Islas Canarias, España): la gestión del agua en un espacio árido», en Jacinta Palerm Viqueira (ed.), Antología sobre pequeño riego. Sistemas de riego no convencionales, vol. III, México: Colegio de Posgraduados, 2002, págs. 161-186.

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pende, obviamente, de la textura del terreno; lo usual es que se infiltre tras tres o cuatro días, pero en suelos muy arcillosos el proceso se puede prolongar por encima de los diez días. Como indicamos, el elemento principal es la parcela de cultivo, que en el caso de Canarias recibe el mismo nombre que el sistema: gavia. Por el contrario, en Túnez la parcela de cultivo recibe un nombre diferente: manqa‘a. Sin embargo, para el funcionamiento del conjunto, tan importante como la parcela de cultivo lo son todas las estructuras asociadas a la misma, las cuales se pueden resumir en las siguientes: • El cierre de la parcela. Ya hemos indicado que se trata del murete de tierra que rodea el terreno de cultivo con el objeto de embalsar el agua. Puede ser de tierra o estar reforzado con piedras, especialmente en su sustentación. A veces, para reforzarlo, aparece parcial o totalmente fijado por arbustos silvestres o frutales. Su altura varía entre 0,5 y 1,5 m y debe resistir el empuje del agua durante todo el tiempo que ésta permanece estancada, puesto que una fisura en su estructura provocaría daños irreparables e, incluso, en el conjunto formado por varios terrenos, al canalizar el agua de una manera concentrada sobre las siguientes parcelas. El peligro manifiesto de esta arrollada concentrada para la estabilidad explica el que se nivele exquisitamente el terreno buscando, además de facilitar el laboreo y no permitir una desigual infiltración en el terreno, evitar sobrecargas sobre los caballones de tierra por el empuje del agua almacenada. Al acto de reparar las roturas o portillos se le denomina tablonear en Canarias o tarjillear en el sudeste peninsular, puesto que una tabla o tarjilla era el apero que se arrastraba por los camellos,18 burros o vacas para ir rellenando con tierra la grieta formada por la erosión. Además, este murete de tierra recibe en Canarias el nombre de trastón;19 a juicio de los estudiosos del léxico canario debe provenir del uso metafórico del apelativo trasto, que se usa para denominar a un objeto inútil, aumentado con la terminación en -ón, siendo usado para referirse a esa porción del terreno que es inútil al cultivo aunque su funcionalidad sea imprescindible para el conjunto. En el caso de los sistemas tunecinos, el muro de tierra recibe el nombre de tabia, ketra o sedd. • El desagüe. Se sitúa en el lado opuesto a la entrada del agua en la parcela y se trata de una abertura por la cual la gavia envía el agua sobrante al cauce, 18

En Canarias, los camellos han sido una fuerza de tracción tradicional, especialmente en las islas más áridas. El término camello se refiere realmente a la especie de una joroba, es decir, al dromedario. 19 Maximiano Trapero, Diccionario de toponimia canaria: léxico de referencia oronímica, Santa Cruz de Tenerife: Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1999.

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o bien a otra parcela de cultivo, cuando está llena. Al concentrar el agua sobrante en un punto concreto del murete perimetral, éste debe estar reforzado, tradicionalmente mediante piedras, empleándose el cemento en las más modernas. De su altura depende la cantidad de agua que el terreno pueda acumular; así, puede variar entre los 20-70 cm respecto al fondo del terreno, siendo lo más usual encontrar desagües a unos 40-50 cm de altura. Una parcela llena ve incrementada la cantidad de agua recibida en una cantidad equivalente a 400-500 l/m2, muy superior a las precipitaciones medias de la zona. En cuanto a las dimensiones del desagüe, no son caprichosas; en el caso de Canarias, la norma constructiva suele ser la de abrir un desagüe de al menos el doble de anchura que la entrada, por lo que algunos pueden medir más de 1,5 m de ancho. Es muy importante también la conservación en buen estado de esta estructura, pues al igual que para el muro de cerramiento, una grieta concentra la arrollada y hace peligrar el conjunto. En Túnez, a estos desagües se les conoce con el nombre de menfes o masraf, según se sitúen en los laterales o el centro de la parcela, respectivamente. En la Península Ibérica, se denominan sangradores.20 • El punto de entrada del agua. Consiste en un rebaje en el murete o, simplemente, es donde termina el canal que conduce el agua a la parcela. Se sitúa, obviamente, en el punto a mayor cota de la misma para que las aguas puedan fluir por todo el terreno de cultivo. Presenta distintos grados de complicación, desde los más sencillos, que tan sólo presentan un rebaje a la altura del desagüe, a obras de mayor complicación estructural con compuertas. En cualquier caso, debe garantizar la posibilidad de cerrar el acceso del agua a la parcela y el desvío de las aguas torrenciales a su cauce natural o al canal que alimenta otras parcelas. Por último, lo ideal es que la entrada se encuentre reforzada al menos con piedras o ramas secas, empleándose usualmente piedras o arbustos. En Canarias, esta estructura recibe el nombre de torna. • El canal que conduce el agua hasta la parcela. Puede consistir en un canal simple que recoge el agua o en una verdadera red que se divide y jerarquiza en canales principales y secundarios. En Canarias, estas estructuras reciben el nombre de caños, en Túnez, el de hammalas y, en el sudeste peninsular, el de boqueras. • Compuertas. Se trata de estructuras para el control del flujo del agua que están presentes en algunos canales de cierta importancia; de hecho, son muy 20 Según J. Vila-Valentí, también reciben el nombre de saltador o chorrador (J. Vila-Valentí, «L’Irrigation par nappes pluviales dans le sud-est espagnol», Méditerranée, n.º 2, abril-junio de 1961, págs. 19-34).

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comunes en el caso de los sistemas de riego por boqueras del sudeste peninsular por el gran volumen de agua que manejan. Mediante la apertura y cierre de las mismas, que pueden ser más o menos complicados en cuanto a su mecanismo de funcionamiento, se consigue dirigir el agua hacia un grupo de parcelas o hacia otro, así como evitar la entrada de más caudal cuando los terrenos han recibido la suficiente. Como se puede ver en esta descripción de las estructuras, existe una importante carga de mantenimiento que, en la mayoría de los casos, es comunitaria, especialmente en lo referido al mantenimiento de los canales que surten a distintas parcelas. Las aguas superficiales tienen la consideración de públicas y cualquiera está en el derecho de construir un canal o desviar las aguas hacia su parcela. Eso sí, debe respetar el turno al que obliga la posición de su terreno y sólo debe aprovechar el agua que le es necesaria. Por tanto, las parcelas se llenan por turno en virtud de su posición respecto al canal, lo que implica que, durante aquellas precipitaciones que provocan escorrentías, el agricultor ha de estar pendiente de abrir o cerrar la entrada y de controlar que no se produzcan daños. En el caso de Canarias, esta organización es tan rigurosa que, como destaca Francisco Quirantes:21 «Los turnos comienzan con cada precipitación, de tal forma que si una de ellas resulta escasa y sólo se benefician las primeras gavias, a la siguiente precipitación es potestativo del dueño de la primera gavia el utilizar o no de nuevo las aguas». Se trata de prácticas consuetudinarias, referidas tanto al mantenimiento comunitario de los canales y otras estructuras comunes, como al orden del llenado o aprovechamiento de la escorrentía. Pero estas prácticas, con el tiempo, se convertían en verdaderas leyes. Un ejemplo claro de lo expuesto lo tenemos en el caso de los riegos por boqueras: este tipo de riego tenía tanta importancia que, desde 1508, existe un guarda de boqueras y oficiales encargados del mantenimiento del sistema en Almería. También aquí el derecho consuetudinario ha marcado a lo largo de la historia el uso de las llamadas aguas de avenida, pues se ha tenido especial cuidado en preservar los derechos de los dueños de las fincas que se encontraban a cotas inferiores al lugar donde se instalaba el desvío,22 en el cauce de la rambla 21

Francisco Quirantes, El regadío en Canarias, tomo I y II, La Laguna: Interinsular Canaria S. A./Universidad de La Laguna, 1981, pág. 171. 22 Llamadas parada o cola, consisten en un amontonamiento de piedras y cañas o en obras de mampostería en el cauce, también se someten a derecho consuetudinario. Antonio Gil Olcina, en 1971, y Vila-Valentí, diez años antes, recogían la obligación de no cubrir más de un tercio del cauce, salvo que exista concesión administrativa para cegar todo el cauce (Antonio Gil Oncina, El campo de Lorca. Estudio de geografía agraria, Madrid: Instituto Juan Sebastián Elcano/CSIC, 1971; J. Vila-Valentí, art. cit).

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o la boquera de entrada del agua en la finca. Tal circunstancia acabaría, finalmente, por tener su plasmación legal en la primera ley de Aguas de 1866, que recoge a su vez lo regulado en el real decreto de 1860, en cuyo preámbulo se hace todo un alegato a favor del uso de las aguas de avenida: El aprovechamiento de las aguas torrenciales debe estimularse pues proporciona a las tierras humedad y abonos, evitando que se pierdan en los mares las sales y el mantillo, que son el alma de la vegetación; y lejos de perjudicar á los dueños de los predios inferiores, les favorece evitando ó precaviendo las inundaciones y la destrucción de los muros de defensa. Pero para esto hay que cuidar con especial esmero el que con el uso de esta clase de aguas no lleguen á lastimarse los intereses legítimos de los aprovechamientos permanentes: las boqueras [el subrayado es nuestro] deben abrirse sobre el nivel ordinario de las aguas, y habrán de adoptarse otras varias precauciones.

Aunque en apartados posteriores matizaremos el aspecto de las dimensiones de las parcelas, podemos indicar que el tamaño medio más usual se sitúa en torno a los 5000 m2, a pesar de que hay algunas de varias hectáreas y otras de tan sólo cientos de metros. Los cultivos a los que se destinan varían según la región, también lo matizaremos en apartados posteriores, pero avancemos ahora que, mientras que son más comunes los cultivos de frutales como olivos y naranjos en el sudeste peninsular y Túnez, en Canarias predominan los cereales y las leguminosas. En cuanto a la procedencia y manera de captar las aguas de escorrentía, hemos de señalar la existencia de una gran diversidad de maneras. En el caso de Canarias, hemos propuesto una serie de tipologías diferentes para las gavias, 23 bien sea por su posición, bien por el método de captación de aguas que emplean. Como veremos, estas diferentes tipologías podrían ser incluidas en diversas categorías según lo expuesto al principio de este trabajo, lo que complica enormemente el uso de las categorías de la FAO. Toda clasificación es, obviamente, una simplificación de una realidad compleja, válida como ejercicio intelectual y de comprensión del fenómeno, pero que se ve ampliamente superada por la realidad. Los casos que coinciden exclusivamente con uno de los tipos aquí reseñados no son la mayoría, dado que hemos encontrado en el territorio una múltiple combinación de estas tipologías. Además, sería necesario ampliar los estudios para permitirnos usar la misma clasificación en el caso de Túnez o la 23 Antonio Perdomo Molina, «El sistema de cultivo en “gavias” de Fuerteventura (Islas Canarias, España): la gestión del agua en un espacio árido», art. cit.

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Península Ibérica, aunque a partir de nuestros trabajos de campo sospechamos que en general hay bastante coincidencia. Por la situación de la parcela, pensamos que pueden encontrarse en el fondo de un cauce (ocupándolo todo o en un lateral), o bien en un lugar de suave pendiente. Una tercera clase basada en la situación de la parcela la haríamos con aquellos terrenos situados en las cuencas endorreicas. Este modelo tiene especial importancia, como veremos, para fundamentar una de las hipótesis que propondremos para explicar la evolución del agrosistema. Respecto a la manera de recoger las aguas de escorrentía, se pueden clasificar como de derivación, pues son sistemas basados en desviar el flujo de agua de un cauce, categoría en la que englobaríamos la práctica totalidad de los sistemas del sudeste peninsular; o de impluvium, más comunes en Canarias, y también en Marruecos, dado que la procedencia del agua es de una ladera o de un terreno no cultivado cuya escorrentía es recogida por una canal y conducida a la entrada de la parcela de cultivo. Por último, hablamos de mixtas para referirnos a aquellos que combinan ambos métodos de alimentación.

3. Diferencias entre los sistemas de recolección de aguas Como hemos visto, son múltiples las semejanzas entre los diferentes sistemas de recolección de aguas. Podríamos decir que el fundamento es idéntico pese a que observemos algunas diferencias. Respecto a estas últimas, a nuestro entender, hemos de achacarlas a causas geográficas, climáticas y culturales sobre las cuales profundizaremos a continuación. La diferencia más palpable está relacionada con las dimensiones de los sistemas de cultivo de áreas llanas: son menores en las islas Canarias que en el caso de la península y el Magreb. Ésta es una diferencia que viene claramente marcada por el diferente ámbito, continental-amplio e insular-reducido, en que se desarrollan. Mientras que el espacio en las islas es reducido, en el continente no se sufre esta limitación; es por ello que encontraremos mesqat y parcelas sometidas a riego por boqueras fácilmente mayores de 1 ha, en cambio, las gavias canarias sólo presentan una superficie de aproximadamente unos 3000 m2. De modo que en el ámbito continental serían excepcionales las parcelas menores de 1 ha, mientras que para Canarias la excepcionalidad es justamente la inversa. 272


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Esta diferencia en las dimensiones de las parcelas de un lugar a otro no existe para las parcelas de los sistemas de cultivo de áreas montañosas (nateros, yesur y cañadas). En este caso lo que condiciona el tamaño medio de las parcelas es una combinación de dos factores: la pendiente elevada del terreno y los recursos tecnológicos disponibles. Es decir, cuando nos enfrentamos a un perfil de terreno con una elevada pendiente, sólo es posible construir parcelas de grandes dimensiones si se dispone de una tecnología que permita construir muros de gran altura, que además deben ser lo suficientemente estables como para soportar la arroyada concentrada de las aguas en su discurrir ladera abajo. Excepcionalmente, encontramos muros de más de 4 m, pudiendo situar la media en no más de 2 m en el punto de mayor altura, que coincidiría con el curso original del cauce secundario que se ha cegado. Con muros de esta altura, no es posible superar los 10 m de anchura máxima de la parcela en terrenos con un 20 % de pendiente, o los 7 m con pendientes del 30 %, de modo que las dimensiones se reducen según incrementemos la pendiente del terreno original. En conclusión, la dimensión de las parcelas en las áreas montañosas no difiere de un lugar a otro, sino que está relacionada con la pendiente media del perfil del terreno original. Por otra parte, las causas climáticas o culturales que diferencian los agrosistemas expuestos se relacionan con los cultivos presentes en los mismos. En Canarias, predominan de manera tradicional, en los lugares llanos, los cereales, siendo los más sembrados el trigo (Triticum sp.), el millo (Zea mays) y la cebada (Hordeum vulgare).También se siembran leguminosas como los garbanzos (Cicer arietinum), las lentejas (Lens culinaris) y las judías (Phaseolus vulgaris). Pero estas especies han ido retrocediendo enormemente, dejando paso a cultivos con los cuales se obtiene mayor rentabilidad, tales como el tomate (Solanum lycopersicum) y la alfalfa (Medicago sativa), que se destina a la alimentación animal. Sin embargo, en las condiciones mediterráneas de la península y del Magreb, el cultivo por antonomasia es el de los frutales, aunque también pueden cultivarse cereales y leguminosas; además, de entre los frutales, destacan el olivo (Olea europaea) y los agrios (Citrus sp.). Por el contrario, los árboles sólo están presentes ocasionalmente en las áreas de las gavias de Canarias, pero son usuales en las zonas montañosas de ambos ámbitos. Así, aparecen en Canarias diversos frutales, especialmente higueras (Ficus carica) aunque también otros frutales como albaricoqueros (Prunus armeniaca), almendreros (Prunus amygdalis), algarroberos (Ceratonia siluqua)… Mientras que, en la península y el Magreb, se repiten las especies antes mencionadas junto con la palmera datilífera (Phoenix datilyfera) en el norte de África. 273


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4. Difusionismo o coevolución Ante la similitud entre sistemas de distintas partes del mundo es fácil caer en la tentación de elaborar ciertas teorías difusionistas. A principios del siglo xx, la difusión era considerada por la mayoría de los antropólogos como la explicación más clara de las diferencias y semejanzas culturales. Los difusionistas entienden que las culturas son un mosaico de elementos derivados de préstamos realizados entre pueblos cercanos, en lugar de haberse desarrollado de manera independiente. En el caso que nos ocupa, los sistemas del Magreb podrían haber sido «exportados» con la dominación árabe de la Península Ibérica, aunque hay que decir que se cree que el origen del riego por boqueras en tierras levantinas se remonta a épocas romanas o incluso precedentes.24 Lo que sí parece claro es que fue en época árabe cuando los riegos por boqueras alcanzaron su desarrollo, apareciendo en las fuentes como los llamados «riegos de alfait», que literalmente significa ‘riegos de crecidas’.25 El caso de Canarias se explicaría muy bien en base al origen bereber de las poblaciones indígenas preeuropeas existentes en las islas, que habrían traído estas técnicas desde sus regiones de origen. No obstante, esta circunstancia parece difícil de justificar ya que en los protocolos notariales de finales del siglo xVI no se habla de gavias sino de «vegas»,26 lo que nos hace pensar que la introducción es bastante posterior a la llegada de las poblaciones bereberes.27 Aun así, cabría la posibilidad de relacionar la existencia de estos agrosistemas en las 24 Así lo afirma María Hernández Hernández, quien apunta la posibilidad de que se remonten a las culturas locales anteriores a las invasiones romanas (María Hernández Hernández, Paisajes agrarios y medioambiente en Alicante. Evolución e impactos medioambientales en los paisajes agrarios alicantinos: 1950-1995, Murcia: Universidad de Alicante, 1997, pág. 32). 25 Para profundizar en el pasado árabe, se recomienda consultar el artículo del prestigioso arabista Robert Pocklington (Robert Pocklington, «Observaciones sobre el aprovechamiento del agua torrencial para la agricultura en Murcia y Lorca durante la época árabe», en Avenidas fluviales e inundaciones en la cuenca del Mediterráneo, Alicante: Instituto Universitario de Geografía, Universidad de Alicante/Caja de Ahorros del Mediterráneo, 1989). 26 Manuel Lobo Cabrera, «Los antiguos protocolos de Fuerteventura (1578-1606)», Tebeto, anexo II, Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, Fuerteventura: Excmo. Cabildo Insular de Fuerteventura, 1988. 27 Aunque algunos estudiosos canarios han querido ver en la palabra gavia una derivación de la palabra árabe tabia, lo que les ha permitido afirmar su carácter preeuropeo sin tener en cuenta que tabia no hace referencia al sistema en su conjunto o a la parcela de cultivo, sino al muro de cerramiento que, en Canarias, como ya hemos indicado, se llama trastón (Antonio Macías Hernández, «De Jardín de las Hespérides a “Islas Sedientas”. Por una historia del agua de Canarias, c. 1400-1990», en Carlos Barciela López y Joaquín Melgarejo Moreno [eds.], El agua en la historia de España, Salamanca: Universidad de Alicante, 2000, págs. 169-271 [pág. 173]).

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islas Canarias con la llegada de los primeros esclavos de África. No podemos olvidar que durante muchos años hubo una gran presencia de bereberes en las islas orientales del archipiélago fruto de las «razias o cabalgadas» que los pobladores de Fuerteventura y Lanzarote hacían en el cercano continente africano.28 Por último, la aparición en México de estructuras semejantes,29 como son las cajas de agua presentes en las zonas llanas y las jollas de áreas montañosas, podría relacionarse, en esta justificación transculturalista, con la «exportación» de estas técnicas de cultivo por parte de los conquistadores hispanos al Nuevo Continente. Sin embargo, estas teorías basadas en la cercanía de los sistemas de cultivo sin más deben ser tomadas con recelo puesto que, aun existiendo en ciertos casos la posibilidad de que hubiese realmente una exportación de conocimientos, nos inclinamos a pensar que lo más probable es que, ante similares problemas (la aridez y la necesidad de obtener alimentos) y con una disponibilidad de recursos y conocimientos técnicos semejantes, se hayan obtenido iguales soluciones sin que sea necesario que existiera un contacto previo entre las poblaciones. Dicho esto, nosotros pensamos que estos sistemas pueden haber evolucionado a partir de la observación que el campesino realiza de su entorno, del cual es perfecto conocedor y dominador. Así, es bastante probable que el agricultor haya observado que es posible obtener una cosecha superior en aquellos lugares donde el agua quedaba encharcada más tiempo, bien por carecer de drenaje, bien por tener una evacuación muy lenta. Esta hipótesis es especialmente demostrable en el caso de las gavias de Fuerteventura. Las gavias de la isla se concentran en el norte, especialmente en el municipio de La Oliva, zona donde existe un área de cuencas endorreicas. Esta observación, que coincide con la realizada para otros sistemas semejantes en otras partes del mundo,30 nos hace pensar en la hipótesis de que éstos puedan haber evolucionado a partir de la observación que el campesinado realiza sobre 28

Manuel Lobo Cabrera, «Métodos de obtención de esclavos africanos en Canarias, siglos xV y xVI», Studia Africana, n.º 2, febrero de 1991, págs. 63-70. 29 Un avance de las semejanzas entre el sistema canario y el mexicano se presentó, por el autor del presente trabajo junto a Jacinta Palerm Viqueira, en el xV Congreso de Historia Canarias América realizado en el año 2002 (Antonio Perdomo Molina y Jacinta Palerm Viqueira, The Gavias of Canarias and the Mexican Cajas de Agua: Similar Solutions on Opposing Sides of the Atlantic, xI International Conference on Rainwater Catchment Systems, México: IRCSA, agosto de 2003). 30 En varios lugares de México, las cajas de agua, que son sistemas muy semejantes a las gavias y las mesqat, se asientan en lugares denominados ciénegas (sinónimo de las ciénagas españolas); es decir, en sitios donde, a pesar de la relativamente escasa precipitación, el agua se concentra encharcando el territorio (ibídem).

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la posibilidad de obtener buenas cosechas en estos lugares de encharcamiento natural. Es decir, los agricultores y agricultoras de Canarias, al igual que pudiera suceder en otras regiones del planeta, observaron que el incremento de las reservas hídricas que se producía en las cuencas endorreicas permitía obtener cosechas superiores a las de otras zonas aledañas donde este fenómeno no se producía. Por ello, desarrolló de manera artificial, mediante la construcción de las gavias, un agrosistema que reproduce lo que había observado en la naturaleza. Respecto a los agrosistemas presentes en áreas montañosas, como los nateros o yesur, la necesidad del habitante de estas regiones era, como hemos indicado, además de producir alimentos en un ambiente árido, la de crear el suelo de cultivo. Este proceso creador de suelo fértil es posible que el agricultor lo haya observado en los cauces secundarios cuando de manera natural, por un árbol o una gran piedra, se obstruía el circular de las aguas turbulentas de escorrentía. Este fenómeno, que podía suceder por el ímpetu de las aguas, ocasionaba el inmediato depósito de los sedimentos al cambiar el flujo turbulento de la escorrentía por un flujo laminar propio de las aguas remansadas. El habitante de estas zonas sólo tendría entonces que haber imitado a la naturaleza reproduciendo artificialmente el mismo fenómeno. Por último, hemos de indicar que, aunque la transculturación pudiese explicar por qué los elementos culturales y tecnológicos que componen estos agrosistemas, y que guardan obvias semejanzas, están presentes en diferentes partes del planeta, sería necesario explicar cómo se generaron estos sistemas en el primero, cronológicamente, de los lugares donde hoy están presentes.

5. Conclusión La ventaja básica, ya comentada, de obtener cosechas en un medio hostil a la agricultura y superiores a las del secano, se complementa con otras que hacen de estos sistemas, que presentan un bajo consumo energético y que adoptan tecnologías blandas y sencillas, una manera eficaz en la lucha contra la desertificación en medios áridos y un ejemplo de gestión del agua, fácilmente desarrollable sin necesidad de grandes inversiones.31 Todo ello nos permitiría hablar de una verdadera high technology. 31

Aunque quizá sea justamente por la imposibilidad de realizar fastuosas inauguraciones por lo que lentamente caen en el olvido.

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Hemos de destacar que estos sistemas evitan las pérdidas de suelo, no sólo por retener los lodos que arrastran las aguas de escorrentía evitando que este material se pierda en el mar, sino también por convertir a estos lugares en áreas de sedimentación,32 cuando lo predominante en todo este ámbito es la fuerte erosión ocasionada por la escorrentía. No olvidemos que nos encontramos en lugares donde la cobertura vegetal es escasa; donde hay una elevada salinidad y sodicidad de los suelos, que destruyen su estructura; y donde existen lluvias concentradas y una ausencia de laboreo causada por la progresiva disminución de la actividad agrícola, factores todos ellos que potencian la escorrentía, siendo usual alcanzar cifras del 50 %. A las ventajas de disminución de la erosión hídrica hemos de unir la reducción de la erosión eólica, debida principalmente a que las parcelas de cultivo cuentan con un murete que las rodea y protege de la acción del viento. Pero estas ventajas reseñadas son sólo ciertas si el estado de conservación es el adecuado puesto que, como se ha indicado, la rotura de los muros de contención ocasiona erosiones superiores a las que podrían producirse en los terrenos no roturados. Perder suelos fértiles en lugares montañosos y áridos, donde su ausencia es más acuciante que en los conos aluviales, es un lujo que no podemos permitirnos. En segundo lugar, hemos de indicar que se produce un incremento sustancioso de la infiltración,33 de manera que las aguas que irremediablemente se perderían en el mar quedan retenidas en el terreno. Se puede afirmar que éstas permiten la recarga de los acuíferos y, por tanto, un incremento de la disponibilidad del agua, que luego será posible aprovechar mediante pozos. Además, las aguas que antes se infiltraban en las parcelas hoy circulan pendiente abajo incrementando los caudales que llegan a los conos de deyección, donde se sitúan los nuevos cultivos y se asienta la población, e incrementando el peligro de las crecidas y avenidas que ocasionan daños materiales y pérdidas de vidas humanas, así como la colmatación de los cauces fluviales y de las presas. Alfredo Morales Gil,34 de la Universidad de Alicante, estima que, cuando estaban plenamente en funcionamiento, podía disminuir a la mitad el volumen de las aguas a evacuar. En tercer lugar, los sistemas de recolección de aguas permiten controlar la salinidad de los suelos. Son múltiples los estudios que demuestran que las parcelas

32 Lo que podemos comprobar al observar que, en la textura del suelo, predominan las fracciones finas (< 2 mm). 33 Eric Roose, Introduction à la gestion conservatoire de l’eau, de la biomasse et de la fertilité des sols (GCES), Bulletin Pédologique de la FAO, Roma, n.º 70, 1994. 34 Alfredo Morales Gil, «Abandono y desorganización de los sistemas de riego de turbias. Su incidencia en la escorrentía», Los paisajes del agua, Alicante: Universidad de Valencia/Universidad de Alicante, 1989, págs. 199-204.

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así cultivadas presentan un grado de salinización inferior al resto de los terrenos de cultivo.35 Los suelos cultivados presentan valores en torno a los 4 dS/m (decisiemens por metro), mientras que estos valores se ven ampliamente superados en los terrenos adyacentes a los mismos. Se trata, por tanto, de un método indicado para el lavado de las sales de los terrenos de cultivo, pues reduce la salinidad y sodicidad de los mismos incluso en zonas próximas a la orilla del mar. Este hecho ha motivado el mantenimiento del sistema aun en aquellos terrenos que pueden recibir aguas de otras fuentes, puesto que el aporte de la escorrentía acumulada actúa a modo de riego de lavado, el cual es especialmente necesario cuando se utilizan aguas salinas en el riego. Por último, es necesario destacar el plusvalor turístico que el paisaje agrícola adquiere cuando se articula sobre la base de estos agrosistemas. Su existencia supone la pervivencia de un cúmulo de saberes tradicionales, de toda una cultura asociada a los mismos que manifiesta la lucha por la subsistencia contra un medio duro y hostil. Con una correcta interpretación y explicación al visitante, podría ser un recurso a aprovechar. Dicho todo esto, hemos de destacar una última semejanza entre todos los ámbitos geográficos estudiados: la del progresivo abandono, que se manifiesta en la desaparición física de las parcelas, en el deterioro de sus muros y en el escaso respeto por sus estructuras asociadas, que son absolutamente necesarias para mantener estos agrosistemas funcionales.

35 Juan Miguel Torres, El suelo como recurso natural: proceso de degradación y su incidencia en la desertificación de la isla de Fuerteventura [tesis doctoral inédita], Universidad de La Laguna, 1995.

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Los autores

Mauro Van Aken Investigador de antropología en la Universidad de Milán-Bicocca (Italia), donde enseña antropología del desarrollo y antropología cultural, Mauro Van Aken ha desarrollado trabajos de campo e investigaciones sobre la relación entre lugar y pertenencia en los refugiados palestinos y los emigrantes en Oriente Medio, así como sobre gestión de los recursos, con un énfasis particular en la relación entre agua y sociedad y las dinámicas de cambio cultural y ecológico. En 2004 obtuvo su doctorado en la Universidad de Utrech (Países Bajos), con una tesis titulada: Facing Home. Palestinian Belonging in a Valley of Doubt. Habib Ayeb Es geógrafo, investigador del Centro de Investigaciones Sociales (Social Research Center, SRC) de la Universidad Americana de El Cairo. Habib Ayeb ha escrito y realizado investigaciones sobre transformaciones agrarias, recursos hídricos, pobreza y marginalidad. En la actualidad, desarrolla una investigación comparada en Egipto, Túnez y la India sobre competencia por los recursos agrícolas, rurales y medioambientales y la marginación de los pequeños agricultores. Ha trabajado en el Ministerio de Agricultura de Túnez, la implementación SaintDenis, el Centro de Estudios y de Documentación Jurídica y Social (Centre d’Etudes et de Documentation Économiques, Juridiques et Sociales, CEDEJ), el Instituto de Investigación para el Desarrollo (International Relief & Development, IRD) y el SRC. Es, asimismo, miembro fundador de la Red Rural MedMe —Mediterráneo y Oriente Medio— (MedMe Rural Network). Entre sus últimas publicaciones se incluyen: La crise de la société rurale en Égypte ou la fin du fellah? (París: Karthala, 2010); Water, Poverty and Social Crise, con T. Ruf (CD-ROM, París: IRD, 2009); y «Crise alimentaire en Égypte: compétition sur les ressources, souveraineté alimentaire et rôle de l’État», en Hérodote. La Découverte, n.º 131, 2009. En España, ha publicado Agua y poder. Geopolítica de los recursos hidráulicos en Oriente Próximo (Barcelona: Bellaterra, 2001), en el que analiza las tres cuencas hidráulicas más relevantes de Oriente Próximo: las de los ríos Nilo, Jordán y el sistema Tigris-Éufrates. Ha codirigido también los documentales Green Mirages (El Cairo, 2011), con Nadia Kamel, y Sur les bords du Nil: l’eau en partage (París, 2003), con Olivier Archembeau. 283


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Mohamed Salah Bachta Profesor de economía rural en el Instituto Nacional Agronómico de Túnez (Institut National Agronomique de Tunisie, INAT), Mohamed Salah Bachta se doctoró en ciencias agronómicas (opción de economía rural) en 1990, por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). También posee un diploma de ingeniero agrónomo por el INAT, obtenido en 1976. Antes de dedicarse a la enseñanza, fue ingeniero consultor del Centro Nacional de Estudios Agrícolas (Centre National des Études Agricoles, CNEA) durante casi 15 años. Barbara Casciarri Profesora en la Universidad París 8 Saint-Denis y doctora en etnología y antropología social por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (École des Hautes Études en Sciences Sociales, EHESS) de París, Barbara Casciarri es especialista en pastoreo nómada, gestión de recursos naturales y transformación socioeconómica en sociedades rurales de medios áridos. Ha realizado diversos trabajos de investigación en Sudán, para universidades italianas y francesas, y entre 2006 y 2009 fue coordinadora e investigadora de la sede del CEDEJ en Jartum. Ha trabajado con grupos árabes nómadas de pastoreo en Sudán central y occidental, entre 1989-1997 y 2006-2011, donde se centró en los temas de antropología económica y política. También hizo una investigación en el sudeste de Marruecos, entre 2000 y 2006, en la que examinaba la gestión del agua entre los agricultores árabes y bereberes nómadas del valle del Dra‘a. Mohamed Elloumi Agroeconomista, investigador en el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Túnez (Institut National de Recherche Agronomique de Tunis, INRAT), Mohamed Elloumi participa, a través de múltiples redes de investigación y proyectos nacionales e internacionales, en trabajos sobre políticas agrícolas, desarrollo rural y gestión de recursos naturales, y presta especial atención a las estrategias de los distintos actores implicados y los cambios institucionales. Ha coordinado y coeditado varios libros sobre estas cuestiones en Túnez y otros países del Mediterráneo. Entre sus últimas publicaciones destaca Développement rural, environnement et enjeux territoriaux: regards croisés Oriental marocain et Sud-Est tunisien, con P. Bonte, H. Guillaume y M. Mahdi (Túnez: Cérès Éditions, 2009). Mostafa Errahj Mostafa Errahj es socioeconomista, profesor en el Departamento de Desarrollo Rural de la Escuela Nacional de Agricultura (École Nationale d’Agriculture, 284


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ENA) de Meknés, en Marruecos, donde da clases sobre métodos participativos en el desarrollo rural, análisis de redes sociales, comunicación y transferencia de tecnología en la agricultura. Sus intereses de investigación se centran en la gestión de los recursos naturales, las capacidades de coordinación entre pequeños agricultores y diferenciación de fincas, así como en trayectorias de desarrollo.

Ha participado en varios artículos y capítulos de libros sobre legalidad, coordinación local y políticas públicas en modelos de irrigación en Argelia y Marruecos; autonomía y dependencia en grandes estructuras de irrigación, adaptación de las explotaciones agrícolas familiares a estas estructuras y estrategias y percepciones de los granjeros sobre el uso de aguas subterráneas en Marruecos. Entre sus publicaciones más recientes destaca: «Learning to Voice? The Evolving Roles of Family Farmers in the Coordination of LargeScale Irrigation Schemes in Morocco», en Water Alternatives, vol. 3, n.º 1, 2010, págs. 48-67. Annabelle Houdret Annabelle Houdret es directora del Departamento de Agua en Adelphi, Berlín. Trabaja como consultora para agencias de desarrollo y se encarga de la implementación de proyectos de investigación sobre agua, gobernanza de recursos, cambio climático y cooperación al desarrollo. Estudió ciencias políticas con especialización en conflictos y obtuvo el título de máster por la Universidad París 8, así como un diploma por la Universidad Libre de Berlín. En 2008, completó su tesis en francés y alemán en las universidades de Duisburg-Essen y París 8. En su tesis doctoral, analiza los conflictos sobre el agua y el potencial de la cooperación entre los países del norte de África. Asimismo, ha estado a cargo de investigaciones sobre medioambiente y desarrollo así como de actividades docentes en el Instituto para el Desarrollo y la Paz (Institut für Entwicklung und Frieden, INEF), de la Universidad de Duisburg-Essen. Ha trabajado también como asesora sobre conflictos para la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación en Nepal. William y Fidelity Lancaster William Lancaster (Master of Arts —MA— por la Universidad de Cambridge) y Fidelity Lancaster (Honours Bachelor of Arts —BA hons.— por la Universidad de Londres) han trabajando con tribus árabes de Jordania, Arabia Saudí, Omán y los Emiratos Árabes Unidos desde la década de 1970, en algunas ocasiones con arqueólogos, a menudo siguiendo sus propios intereses. En un principio, su objetivo era entender las tribus a partir del comportamiento político y económico de sus miembros. El trabajo de campo llevado a cabo con la tribu 285


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rwala les hizo tomar conciencia, sin embargo, de la importancia de la base moral de la sociedad árabe tribal (The Rwala Bedouin Today, Cambridge: Cambridge University Press, 1981). Esto fue confirmado por sus investigaciones en Omán, lo que les condujo a la idea de que la identidad tribal confiere personalidad jurídica propia a los miembros de la misma y, de este modo, acceso a una infraestructura social («Tribal Formations in the Arabian Peninsula», Arabian Archaeology and Epigraphy, vol. 3, 1992, págs. 145-172), caracterizada más por la cercanía y distancia horizontal entre personalidades jurídicas iguales que por la estratificación vertical del poder político y económico. Estos conceptos de relativa homogeneidad cultural, definida por las ideas y expresiones morales dentro de los grupos tribales y entre ellos, fueron confirmados en investigaciones con tribus en una variedad de entornos físicos y con diferentes experiencias históricas (People, Land and Water in the Arab Middle East, Ámsterdam: Harwood Academic Publishers,1999, sobre el norte de Arabia Saudí, Jordania y el sur de Siria; y Honour is in Contentment, Berlín: De Gruyter, 2011, sobre el emirato de Ras al-Jaima y zonas vecinas). Han publicado asimismo numerosos artículos sobre una amplia gama de temas en diversas revistas y actas de conferencias de carácter antropológico, arqueológico e histórico. En la actualidad, están trabajando en la redacción de algunos aspectos particulares de su investigación, que quedaron fuera del ámbito de su último libro, como el entierro y tumbas, grabados rupestres (en prensa) y algunas reflexiones sobre cómo los resultados de la etnografía y la arqueología pueden complementarse unos a otros (en redacción). Mohamed Mahdi Profesor de sociología rural en la Escuela Nacional de Agricultura de Meknés, Mohamed Mahdi ha dado clase en distintas universidades nacionales e internacionales, entre ellas la Universidad Ca’ Foscari de Venecia (Máster en Mediación Intermediterránea, MiM, de 2005 a 2008), la Universidad Mulay Isma‘il de Meknés (2006-2008) y la Universidad de Leipzig (2008-2010). Fue miembro asociado del Laboratorio de Antropología Social (Laboratoire d’Anthropologie Sociale, LAS) de París entre 1994 y 1996, donde participó en la realización de dos libros sobre el ‘Id al-Adha (Fiesta del Sacrificio, o del cordero) en el islam. Dirige y participa en varios programas de investigación, en el marco de las redes magrebíes y mediterráneas sobre cambio social, técnico, económico e institucional en el medio rural y, especialmente, en áreas marginales. Es autor de numerosos artículos y contribuciones en obras colectivas sobre la gestión de los recursos naturales y las organizaciones campesinas. Ha realizado, 286


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asimismo, numerosos estudios y evaluaciones para organizaciones estatales nacionales como las Direcciones Provinciales de Agricultura (Directions Provinciales de l’Agriculture, DPA) o la Agencia para la Promoción y el Desarrollo del Norte (Agence pour la Promotion et le Développement du Nord, APDN) e internacionales (FIDA, FAO, PNUD...). Entre sus últimas publicaciones destaca Développement rural, environnement et enjeux territoriaux: regards croisés Oriental marocain et Sud-Est tunisien (Túnez: Cérès Éditions, 2009), con P. Bonte, M. Elloumi y H. Guillaume; Irguiten: monographie d’une tribu du Haut-Atlas (Rabat: Institut Royal de la Culture Amazighe, 2007) y Culture et agriculture: approche anthropologique du rôle culturel de l’agriculture (Meknés: Éditions de l’ENA, 2006). Abderrahmane Moussaoui Antropólogo y profesor de la Universidad de Provenza, Abderrahmane Moussaoui es también investigador en el Instituto de Etnología Mediterránea Europea y Comparativa, (Institut d’Ethnologie Méditerranéenne, Européenne et Comparative, IDEMEC) del Centro Nacional de Investigación Científica francés (Centre National de la Recherche Scientifique, CNRS). Tras trabajar durante mucho tiempo sobre la cuestión del agua en el Sáhara, se especializó en el tema de la violencia política. La violencia, lo sagrado y las transformaciones religiosas son algunos de sus temas de investigación actuales. Particularmente interesado en rituales festivos, peregrinaciones y ritos funerarios, Moussaoui continúa indagando cuestiones relacionadas con el espacio y las creencias que determinan la organización de éste. Es autor, entre otros, de Espace et sacré au Sahara algérien (París: CNRS, 2002) y de De la violence en Algérie, les lois du chaos (Arlés: Actes Sud/MMS, 2006). Antonio C. Perdomo Molina Diploma de estudios avanzados en geografía e ingeniero técnico agrícola, Antonio C. Perdomo Molina es, en la actualidad, jefe de la Agencia de Extensión Agraria y Desarrollo Rural del Área Metropolitana de Tenerife y profesor en la Universidad de La Laguna. En su faceta investigadora ha trabajado especialmente los temas relacionados con el mundo agrario y los sistemas de recolección de aguas, trabajos en los que ha partido siempre de la recuperación de la tradición oral y los conocimientos campesinos. Ha participado en congresos nacionales e internacionales y publicado numerosos artículos sobre etnografía, agroecología, biodiversidad y recuperación de semillas tradicionales. 287


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Ayman Rabi Especialista en agua y medioambiente en Palestina y en cómo estos temas se relacionan con el contexto político del río Jordán y el mar Mediterráneo, Ayman Rabi forma parte del Grupo Palestino de Hidrología (Palestinian Hidrology Group, PHG), con sede en Ramallah. Ha sido durante largo tiempo defensor de la cuestión del agua y del medioambiente en los Territorios Ocupados de Palestina y en 1992 fue nominado miembro del equipo palestino del Grupo de Trabajo Multilateral sobre Agua (Multilateral Working Group on Water Resources) del Proceso de Paz. En 1996, pasó a ser miembro del Comité para el Abastecimiento Sostenible de Agua para Oriente Medio (Committee on Sustainable Water Supplies for the Middle East), patrocinado por la Academia Nacional de Ciencias Estadounidense, en el que participó en la elaboración del informe Water for the future, sobre la situación del agua en Oriente Medio. Ese año también formó parte del equipo que elaboró el Plan de Emergencia para la Protección de la Naturaleza en los Territorios Ocupados Palestinos. Ha participado en varias investigaciones locales, regionales e internacionales relacionadas con el agua y el medioambiente, principalmente financiadas por la Unión Europea (Med Water Policy, Passive Humidity Harvest, WASAMED, EMPOWERS, MELIA, GABATDINE, etc.). Fue elegido miembro del Consejo Asesor de la Oficina de Información del Mediterráneo (Mediterranean Information Office, MIO), el mayor foro de ONG medioambientales en la cuenca del Mediterráneo, y del Foro Internacional Rosenberg sobre la Política del Agua (Rosenberg International Forum on Water Policy) de la Universidad de California, y es el representante nacional para Palestina de la Asociación Internacional de Ciencias Hidrológicas (International Association of Hydrological Sciences, IAHS). Reem Saad Antropóloga social, Reem Saad es actualmente directora del Centro de Estudios de Oriente Medio (Middle East Studies Center, MESC) de la Universidad Americana de El Cairo y profesora asociada en el Centro de Investigación Social (Social Research Center) de dicha universidad. Doctora en antropología social por la Universidad de Oxford (1994), donde fue también Ioma Evans-Pritchard Junior Research Fellow, las áreas de interés de su investigación se centran en la sociedad rural, la antropología histórica, cuestiones de cultura pública y el cine etnográfico. Entre sus publicaciones destaca Social History of an Agrarian Reform Community in Egypt, número monográfico de Cairo Papers in Social Science (El Cairo: Uni288


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versidad Americana de El Cairo, 1988) y es coeditora con Nicholas Hopkins de Upper Egypt: Identity and Change (El Cairo: Universidad Americana de El Cairo, 2010). Ha participado como antropóloga en el documental de la BBC Marriage Egyptian Style (1991) y como asistente de dirección en el galardonado documental Four Women of Egypt (1997). Salah Selmi Doctor en economía rural y profesor en la Escuela Superior de Agricultura de Mográn (Túnez), Salah Selmi dirige trabajos de investigación de posgrado y proyectos fin de estudios sobre la economía de los recursos naturales y el medioambiente, así como el análisis de los sistemas de producción agrícola.

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El agua en el mundo árabe: percepciones globales y realidades locales  

Este libro muestra los resultados de un conjunto de estudios que abordan diversas dimensiones de la cuestión del agua en el mundo árabe, tom...

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