LA CÁPSULA

Un sonido de pitidos, una voz robótica y destellos en la oscuridad… sus oídos escuchaban a lo lejos aquellos sonidos. Aun estando inconsciente, a través de sus párpados doblegados por el "hiper sueño", podía divisar los destellos de las luces en la cápsula.
Su respiración se agitaba aferrándose con firmeza a la vida. La sensación de frío la invadía mientras su cuerpo luchaba por despertar. Cada célula de su cuerpo se resistía luchando contra los sedantes… El líquido amniótico de la cápsula había perdido sus propiedades de protección. El cordón umbilical se había dañado por los golpes que había sufrido la cápsula al cruzar el cinturón de asteroides del planeta K-I2I, dejando a
este dispositivo de protección en un estado crítico: con el 45% de sus sistemas habilitados para sostener la vida, el escudo al 40% de su capacidad de nanoescudos. Definitivamente no iba a resistir otro impacto. Las baterías nucleares de citrinio-98 estaban gravemente dañadas, pues de haber sido el corazón vital de la cápsula, se habían convertido en los verdugos silenciosos de "ELLA-33I0". Los contaminantes de la radiación se estaban filtrando a través de los sistemas que sostenían la vida de la tripulante.
La IA "SELENE" tomaría una decisión crucial basándose en las tres leyes fundamentales de la robótica.
Los sonidos de las ambulancias… los sollozos de quienes la aman, el llanto de sus nietos los príncipes, pero quien mantenía el temple era el príncipe Heferson el mayor de los tres, pues era quien ponía los paños bajo cero a todos, mientras los paramédicos corrían con Rouse la reina en la camilla al mismo paso de ellos, él acariciaba sus cabellos plateados como quien hace reverencia a la corona… un trono o una urna improvisada bajo las luces frías del hospital, la aguja se acerca, la reina aún consciente me mira y sus ojos no tiemblan: hay siglos de batallas en su mirada serena y fría, pues era una herencia que nadie arrancaría. De Heferson el príncipe, el escudero de Rouse, le toma la mano y vuelve a acariciar sus cabellos plateados y en ese roce el miedo se disuelve. La anestesia invade su cuerpo pero no doblega su espíritu de hierro forjado. Ella es reina y yo soy su testigo silencioso.
Dos mundos. Dos mujeres. Un mismo latido.