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Imágenes de la Semana Santa en la antigua región de los Izalcos

Guión o banderola cubierto en señal de duelo por el sacrificio del Señor. Nahuizalco, siglo XVII-XVIII.

Texto de Carlos Leiva Cea Fotografías: Por Carlos Leiva Cea. Jesús de las Once, por Edgar Avelar. Santo Entierro de Sonsonate por Lena Johannensen. Con información de Marco Tulio Mejía(+), Eduardo Mendoza Clark(+), Ángel Peña (+), Effren Argueta, Guillermo Álvarez Cestoni, Francisca de Cabrera (+), Luisa Geromini y Elsy Larín en Sonsonate; Isabel Salazar viuda de Díaz Barrientos(+), Eva Córdova (+) en San Salvador; Chano Galina (+), Ernesto Campos Peña (+), Stanley Palucha, Lalo Quele (+), Adilia Herrera Barrientos de Del Valle (+) y Carmen Del Valle en Izalco; Octavia Castillo de Alvarez (+) en Santa Ana; Haroldo Rodas Estrada, Miguel Álvarez Arévalo y Edgar Cristales, en la ciudad de Guatemala.

Hablar sobre la imaginería de la Pasión y algunas de sus estampas en nuestra tierra, significa aludir antes a sus antecedentes guatemaltecos y, aún mejor, a los modelos imaginados en España, debido al status de colonias que los Izalcos, como el reino mismo de Guatemala al que pertenecían, tendrían por más de trescientos años. En cuanto a los modelos españoles, para las imágenes, ellos estarán influidos por las directrices del Concilio de Trento (1543-1565); el canon greco-romano en cuanto a perfiles y proporciones y la exigencia del pueblo en relación a su apariencia de realidad. Serán estos parámetros entonces -y no la búsqueda de la originalidad tan ansiada en la actualidad-, lo que entonces, habremos de tener en cuenta a la


hora de hacer cualquier juicio sobre las imágenes; aunque algunas como veremos más adelante, rompan con lo estipulado y muestren un perfil más indígena o mestizo o una nariz más semita. No obstante estas salvedades, la imaginería de Pasión en nuestra tierra específicamente, más allá del insuperable esplendor de Sevilla, Palermo o La Valletta y pese a la personalidad propia de cada una de las escuelas de escultura, gracias al canon greco-romano en general, la iconografía y las técnicas de los

I m posesiones peninsulares en Asia. No obstante este carácter “dependiente” en cuanto a geopolítica o á modelos, la Cuaresma y Semana Santa se experimenta aquí como allá, en toda su expresión dramática, g gracias a la manera de ser mediterránea, que tan bien se traslaparía con el temperamento indígena. e Igualmente o tanto, como gracias al papel que Cristo terminará adquiriendo dentro de ciertas tradiciones n sincréticas locales, algunas, de oscuro misterio como sólo podrían serlo también en la cuenca mediterránea. e Visualizadas a vuelo de pájaro las condiciones del marco histórico en el que está imaginería está s postizos, mantendrá unos rasgos que son “familiares” desde Andalucía y el sur de Italia, hasta las mismas

circunscrita -la cual, siglos después, sigue manteniendo su capacidad de convocatoria-, podemos por fin,

hablar de algunas de las imágenes que, entre nubes de incienso, la música de grandes y desconocidos

d e desvencijados y pintarrajeados pueblos.

compositores locales y otros de corte universal, itineran a paso lento, por las calles de nuestros

Así, respecto a los Cristos con la cruz a cuestas, lo primero que debemos hacer saber a los lectores es que, al menos en España, el primer Nazareno, hecho acorde a los planteamientos de Trento -asimilados sólo

P a trata ésta, de una talla exenta de la cabellera a los pies, se le conoce como s guarda en la iglesia de san Zoilo, en Antequera, Málaga. i ó n

después de que hubo pasado cierto tiempo-, es el del granadino Pablo de Rojas, de fines del siglo XVI. Se

e n l a a n t i g

Nazareno de la Sangre. Fines del s. XVI

Nazareno de la Sangre y se


El segundo, Jesús Nazareno del Silencio, hecho en la capital del mundo que era Sevilla para entonces, entre 1607 y 1612, todavía sin dilucidarse con claridad, si por Francisco de Ocampo o por Gaspar de la Cueva. Luego, vendría el de la Pasión, de Montañés –otro granadino-, entre 1610 y 1615, considerado por muchos, el verdadero prototipo de los Nazarenos procesionales, al cual seguirá el del Gran Poder, de Juan de Mesa, querido discípulo suyo, en 1620, también en Sevilla. Excepción hecha del la Sangre, que solo mide 172 cms de alto, esculpído a tutto tondo, son éstos, imponentes Nazarenos de talla completa –entre los 183 y los 184cms de alto-, policromados hasta el cuello, los brazos y las piernas, con el pelo tallado sobre la cabeza y los ojos pintados todavía sobre las cuencas de madera, hechos para vestir o, como sucede con el primero de este listado, que aunque es un bulto redondo puede llevar túnica. No llevan hoy pestañas de pelo natural, pero seguramente, debieron haberlas poseído en su día. Por supuesto, este orden solo alude a los Nazarenos más señalados. Hubo otros, atribuidos a algunos de los artistas responsables de los que aquí contemplamos, tanto como a discípulos suyos o cercanos a los talleres que fundaron. Pero como no es nuestro deseo complicar la lectura, dejaremos este tema para más adelante.

Silencio, entre 1607 y 1612, por ¿Francisco de Ocampo?, ¿Gaspar de la Cueva?; Pasión, por Montañés, entre 1610 y 1615; Gran Poder, 1620, por de Juan de Mesa. Sevilla.

Siguiendo la cronología histórica, Guatemala vería el primer Nazareno, acorde a los planteamientos expuestos arriba, hacia 1655, en la imagen del Nazareno de la Merced, de rasgos que, aunque un tanto mestizos –algo que el reputado Miguel Álvarez Arévalo, no acepta-, por otro lado parecen haber sido acoplados por Mateo de Zúñiga su autor, al enormemente devoto Cristo de Esquipulas de Quirio Cataño. Un Cristo agonizante, de facciones enjutas, pómulos pronunciados, nariz más o menos apolínea y labios finos. El mercedario, sufriente pero de serena mirada, será el modelo a seguir para multitud de Nazarenos, pese a


la diversidad de artistas que dieron fama a la escuela de escultores del reino. Pero tal cual, los Nazarenos andaluces, el mercedario será copiado a menudo, a veces por Zúñiga mismo y a veces por otros escultores de Santiago de Guatemala, pues se creía ver en su exitosa fórmula el “verdadero” retrato de Jesús en la tierra y en el Cielo. De escorzo tan inestable, que parece que en cualquier momento se desplomará ante nosotros bajo el peso del madero, su figura –como la de todos los Nazareno mesoamericanos, es de delicada complexión, lo que lo hace poco apto para llevar la cruz; apartándose así, del fuerte modelado en rostro, manos y pies del Nazareno español. Pero su barroquismo fue tan feliz que, acorde a la hipótesis expuesta en su día por nosotros, haría que los condes de Paredes y marqueses de la Laguna, virreyes de Nueva España en 1680, encargan un símil suyo a Zúñiga, seguramente intermediado por su amigo el franciscano fray Payo Enríquez de Ribera, quien cuando obispo de Santiago de Guatemala, antes de ser virrey el mismo, asistiría sin duda al encumbramiento del escultor como el mejor del reino de Guatemala. Cuyo buen hacer, el conde de Paredes y duque de Medinaceli entregaría la cofradía franciscana de los Afligidos del Puerto de Santa María, en Cádiz, a la que el pertenecía. Otra copia de su mano, permanece en el templo de la orden carmelita en la Nueva Guatemala. Si en algo coinciden los modelos sevillanos con los guatemaltecos, es en que los ojos pintados sobre las cuencas de madera, llevan las pupilas en ligerísimos tonos claros. Pero a diferencia de los modelos sevillanos donde en pleno siglo XVII, todavía se alardeaba de tallar del mismo trozo de madera de la cabeza, la corona de espinas –en realidad, un resabio del gótico-, nuestros Nazarenos, usarán una de plata, como es el gusto granadino.

A la izquierda, el Nazareno mercedario. Derecha, Nazareno de los Afligidos, Del Puerto de Santa María, Cádiz.


Por la importancia del cacao de Izalco y la de Sonsonate, como sitio de trata y contrata comercial de toda índole, a partir de su fundación y tal como indican el cabello tallado directamente sobre la cabeza y los ojos pintados de vidrio soplado, el Nazareno de Sonsonate, quizá sea la más antigua imagen del Nazareno procesional que se encuentre en lo que es ahora El Salvador. No obstante lo anterior, consideramos que se abusa en demasía de la cronología y se es demasiado malinchista, cuando se quiere fijarlo, en una fecha tan temprana como 1604, afirmándose además que procede de Firenze. Como si todo ello no fuere suficiente, últimamente se le ha atribuido a Quirio Cataño, el cual, si bien es cierto, trabajó para los franciscanos en La Trinidad de Sonsonate, como estableció Heirinch Berlin (Historia colonial de la imaginería de Guatemala, pp. 189-191), ninguna de las obras concertadas el 16 de enero de 1582 en Santiago, en el contrato existente, habla de la facturación de un Jesús Nazareno. Ninguna de sus obras tampoco, podría calificarse de “barroca”, siendo como era para esas fechas el joven artífice, un artista con cierta filiación clásica, el que daría sus primeros pasos pre-barrocos, hasta la facturación precisamente de su Cristo de Esquipulas entre 1594 y 1595.

El Nazareno de Sonsonate, al atardecer del Martes Santo de 1983. Antes de la restauración.

Por otro lado, como hemos visto, hacia 1604 y menos aun a fines del siglo XVI, son fechas en las que ni la metrópoli sevillana y mucho menos Santiago de Guatemala, tenían imágenes de Cristo con la cruz a cuestas de tamaño mayor que el natural o acorde a los nuevos usos didácticos conciliares. El caso de la villa de


Antequera, en la sierra granadina es distinto, siendo que, tras la reconquista del reino nazarí y debido a ciertos conflictos con las poblaciones moriscas, la Corona buscaría imponer cuanto ante, lo emanado de los planteamientos conciliares , como medio de evangelización. Así las cosas, es preferible situar nuestro hermoso Nazareno entre los siglos XVII-XVIII, considerando improbable que la pequeña villa de españoles que entonces era La Trinidad de Sonsonate, fundada apenas en 1553, y totalmente dependiente de Santiago, se haya adelantado a la capital del reino y a la mismísima Sevilla, en tener el suyo antes que ellas. En cuanto a lo de su encargo florentino, si acaso tiene que ser de algún lugar externo a la tan cercana Guatemala, donde la naciente escuela escultórica empezó desde muy pronto a cosechar gloria, tendría que ser sevillano. De hecho, recuerda al ya mencionado como Nazareno del Silencio, por su aspecto físico, tan alejado de cualquier modelo idealizado a la manera clásica; pareciendo más bien tomado del natural, como muestra su aspecto moruno y de hombre de a pie, cuyo misticismo conecta muy bien con el pueblo que opina que “solo le falta hablar”. Todo esto, pese al estado de continuas intervenciones a la que la sagrada efigie se ha visto sometida desde la magnífica restauración de que fue objeto de parte de Betty Gómez en 1987. Pero pese a que de algún modo conecta con el trabajo de Francisco de Ocampo, estilo que se volvió perdurable entre sus discípulos -de los cuales más de uno no documentado pasaría a este lado del mundo-, sobre todo si sabemos que Ocampo había estado enviando desde hacia 1620, imágenes a Comayagua en Honduras y a la Ciudad de los Reyes, siento decirles a los que preferirían fuese florentino o sevillano que, su procedencia, tras observar la madera de sus rizos rotos hacia el cuello, apunta a Santiago de Guatemala, pues el cedro real o salvadorensis de que está hecho, es claramente percibido a simple vista. Muy venerado por propios y extraños, era conmovedor observar todavía a fines de los años sesenta del siglo pasado, cómo indios llegados desde Guatemala para la Feria de Candelaria, se juntaban devotos ante su camarín, contándole sus penas frente al cual ardía mucha cera. Mientras los árabes cristianos de su ciudad, durante años lo revistieron con terciopelos, oro y perlas; perfumaron sus vestiduras y le hablaron y lloraron a la salida de la procesión del Lunes Santo. En 1987, Marco Tulio Mejía, un notable de la antigua villa, logró el permiso de la Hermandad para que fuese restaurado, lográndose recuperar su coloración original de un blanco algo oliváceo, escondida bajo la morenez del bálsamo adelgazado con perfume con que era ungido tras finalizar el vía-crucis del Viernes Santo. Un ritual suspendido, apenas hacia finales de los años setenta del siglo pasado, según Guillermo Álvarez Cestoni. No siendo entendida la devolución a su aspecto original, por el común de las gentes, para quienes por fuerza Jesús el Cristo entre más renegrido mejor; después de mucho presionar lograron que el Nazareno volviera a ser moreno antes de tiempo, cosa que cumplió, desconocido “experto”, quien además de brillante , lo dejó casi imposible de fotografiar. Un poco más limpia su faz, para la Semana Santa de 2.002, esperamos verle alguna Semana Santa totalmente recuperado. A Mejía se debe también, que el


El Nazareno, en 1987. A la derecha, el Nazareno hoy.

Nazareno haya recuperado la parte delantera de su pie izquierdo. Mide 185 cms de alto; posee resplandor adornado con cristales de colores y corona de espinas de plata dorada, del siglo XVIII, joyas en las que se basó el afamado platero sonsonateco, nacido en Izalco, Miguel Cabrera (1903-1992), para hacer las del Nazareno de los Vía Crucis, probablemente hacia los años cuarenta del siglo pasado, según Francisca de Cabrera, su viuda. El que le sigue en antigüedad por estos pagos, es Jesús de Nazarenos o más bien “Jesús de los Inditos”, tal como citan los papeles del encargado de la parroquia de los Dolores en 1902, el cual debido a los repintes anuales, cada vez es más difícil fechar entre los siglos XVII-XVIII. Muy venerado de unos cincuenta años a esta parte, por toda clase de gentes, era, realmente, como su nombre lo indica, el Cristo del Común indígena, desde el día en que sería piadosamente apropiado por ellos. Pero fue la mentalidad colectiva la que le adjudicaría su carácter milagroso. Asimismo, fueron el misticismo y la religiosidad sincrética indígenas los que lo dotarían de su extensísimo cabello largo y el aderezo que evoca al héroe dispuesto a inmolarse por la fecundidad del Plano del Mundo. De él, contaba Ernesto Campos Peña que al principio, sus recorridos procesionales, era tan de los humildes que, antes de que recorriera el pueblo como desde los años sesenta lo hace, durante años y años, fue más por los campos. Mientras, como también recordamos nosotros, en esos primeros años, lo observamos pasar por nuestra casa, llevado en su silla por cuatro cargadores, mientras


cuatro tenantes sostenían su palio y algunas mujeres envueltas en hermosos refajos, con incensarios de barro en las manos, sahumaban su paso, acompañado por pito y tambor. Su cruz, no se regaba con sangre de vides, sino con el jugo de las palmas y flores del coyol y del corozo, veraneras y pascuas. En esos años, los doce Crucificados insignias de las cofradías indígenas más antiguas, precedían su paso exornadas sus cruces como la suya. Con lo cual la alusión a los trece cielos nahuas se mantenía y que falta precisamente hoy que su procesión del Jueves Santo es tan famosa. Aunque en compensación, ella sea la más concurrida en Izalco, y tal vez, una de las de más larga duración en el mundo, por su recorrido de más o menos, diecisiete horas. Coincidiendo en algo con el de Sonsonate, este Nazareno, es de perfil tan quebrado y moro que ni los cada vez más gruesos repintes logran todavía alisárselo. Según decir de viejos ya idos, era tan alto que cuando las extremidades se le pudrieron, aprovecharon para dejarlo midiendo 180 cms de alto. Muchos, entre ellos Edgar Avelar Ramírez, han escrito ya sobre este Cristo. Nosotros mismos, tenemos lista una publicación que busca aclarar más situaciones a su alrededor, pues existe toda una antología sobre ésta imagen, por sus atributos, su anecdotario, sus leyendas, sus milagros y el especial sincretismo que lo rodea.

Jesús de Nazarenos. Por Edgar Avelar R.

El Cristo del Descendimiento, fue esculpido muy probablemente en el taller de los hermanos Juan y Santiago Ganuza y policromado tal vez por Fermín Caballero, en la ciudad de Guatemala, hacia 1885. En sí mismo, es la más viva y doliente expresión del Héroe, muerto tras la larga jornada sacrificial que debe


culminar en el monte Calvario. Monumental en sus apenas 175 cms de alto, merece ser observado, a la hora en que se realiza con él, el sacro teatro de la Enclavación, ceremonia durante la que, algunas familiares de Miguel Anaya, quien lo encargó como regalo al pueblo de Izalco, todavía acostumbraron rezar este “sudario”, para el eterno descanso de su alma

Señor Dios que nos dejaste la señal de tu Pasión: la Sábana Santa en la cual fue envuelto tu cuerpo santísimo cuando por José fuiste bajado de la Cruz: Concédenos Señor por tu muerte y sepultura santa, ser llevada a la Gloria y la Resurrección, el alma de tu siervo Miguel Anaya, en donde vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos, Amén. De fuerte semblante mestizo, lo cual explica más allá de lo litúrgico, su interacción con el pueblo, debe su coloración un tanto oscura o amarillenta, al hecho de que durante generaciones, tras ser bajado de la cruz, era también ungido con bálsamo, como el Nazareno sonsonateco, tal vez evocando un antiguo ritual de la tierra, con una substancia sacralizada ya en el siglo XVI. No obstante, notando el eficaz párroco Salvador Castillo, las vetas oscuras que éste iba dejando sobre el encarnado, prohibió hacia los años treinta del siglo pasado que tal cosa se siguiera efectuando. Esto sin embargo, sería sustituido por otro ritual tan peligroso como el anterior: Uno, donde algodones perfumados eran arrastrados sobre la perfecta epidermis de la imagen. Impedido esto a toda costa, entre 1987 y 1989, regresó en toda su proverbial ignorancia, debido a los que pretender saber mucho de tradición, pero poco de conservación, en la Semana Santa de 1990, lo que obligó a intervenirlo en algunos puntos con poco éxito en lo técnico, gracias a los materiales inadecuados y el brillo poco natural dejado en el tratamiento de lagunas que nunca se fue. Posee para crucificarle, dos juegos de clavos de plata y una corona de espinas “pico de lora”, también de plata en su color de punzante belleza, la cual sólo se pone sobre sus sienes tras clavarle a la cruz. Todo facturado, según Francisca de Cabrera, por Miguel su esposo, en fecha desconocida.


Cristo del Descendimiento

Jesús de las Once, herencia de los Barrientos al pueblo de Izalco, era hasta principios de los años sesenta con todos los caballeros de la vieja guarda aún imponiendo sus valores, el Jesús de la clase dirigente, blanca y más o menos blanca de los Dolores y la Asunción. Algo muy acorde con la perfecta tez nórdica y los hermosos bucles rubios de la imagen de Cristo, de 165 cms de alto sobre una peana de 29 cms con lo que en total llega a medir 194 cms, obra culmen que Juan Ganuza, debió facturar entre 1890 y 1893, en la ciudad de Guatemala. Encargado para la realización del Vía-crucis del Viernes Santo que en sus primeros tiempos con el pueblo más pequeño, iniciaba a las once de la mañana –de donde tomó su original nombre-, a partir de los años sesenta del siglo recién pasado, itinera también, Lunes, y Miércoles Santo por la noche. Lleva la más hermosa cruz, desnuda y minimalista en su estética que recordemos y posee una simple corona de plata en su color, en la que quedan todavía, algunas de las treinta y tres hojas de laurel, edad del Salvador y emblema con el que se coronaba al héroe de la antigüedad clásica; pero motivo que el barroco retomaría para Cristo, Varón de Dolores. En cuanto a su cabellera, fue confeccionada con el cabello de Humberto


Velado, a quien las niñas Barrientos, hicieron durante meses y meses, crecer el cabello, el cual se encargaban de cuidar personalmente. Dato que recordaban muy bien, Ernesto Campos Peña, Isabel Salazar de Díaz Barrientos y Adilia de Del Valle.

Jesús de las Once y la Dolorosa

La Dolorosa que lo sigue a lo largo de sus itinerarios procesionales, igualmente parte del legado Barrientos, llegó también desarmada por piezas y a mecapal, como la misma cruz que carga el Señor, cuando ésta y el Señor llegaron a Izalco, de lo que es prueba fehaciente además, el notable parecido entre ambos. Su cabellera larga, rubia y peinada en bucles, se hizo con el cabello de Eva Córdova, como ella misma nos lo contara en San Salvador, varios años antes de su muerte. Mide 165 cms de alto; posee resplandor de alpaca de muy primoroso diseño en el cual pueden contarse aún, varias de las doce estrellas, que son otro atributo de la Virgen y lleva clavada en el pecho, como es consustancial a la Dolorosa, daga de plata de fino diseño, ambos contemporáneos a la imagen. Contaba Adilia Herrera Barrientos, que tanto Jesús, como la Virgen y la cruz, fueron ensamblados, por un enviado del taller en la ciudad de Guatemala, en la famosa casona, ayer, hoy y mañana, sin ser restaurada


por el gobierno municipal o por la desquiciada SECULTURA. Como no queda documento que atestigue, la fecha de llegada de éstas importantes imágenes, basándonos en los similares rasgos entre los Cristos, pese a que uno es de apariencia mestiza y el otro, como la Virgen, caucásico, solo queda suponer que fueron encargadas tras el deslumbramiento colectivo que sin lugar a dudas, debió provocar en el pueblo hacia 1885, la llegada de la hiperreal imagen del Crucificado del Descendimiento en 1885: Antes de 1890, año de la muerte de su comitente, Don Ramón Barrientos Vega y, antes de 1893, año de la muerte de Juan Ganuza, quien fallecería a los cincuenta y tres años de edad como el escultor más prominente de la Guatemala republicana, formado en el taller del renombrado Ventura Ramírez, según Haroldo Rodas Estrada. Con el famoso historiador del arte guatemalteco, se concuerda en que, es precisamente el Nazareno de las Once, no sólo parece la mejor obra de madurez del artista, sino quizá la más hermosa imagen de Cristo con la cruz a cuestas que existe, aún por encima de cada uno de los estilos de cada época. Sus rasgos acusan la misma personalidad de las gubias que esculpieron el Nazareno del Consuelo, como se muestra en la fotografía respectiva, cortesía de Haroldo Rodas, pero antes de que, ciertas intervenciones lo transformaran en un Jesús demasiado suave y apolíneo –tipo galán de Hollywood-, lo que ha hecho exclamar a más de uno: “muy del tipo Cecil B. DeMille”.

A la izquierda, Jesús del Consuelo, antes de las sucesivas intervenciones. Al centro, hoy. A la derecha, Jesús de las Once.


La Dolorosa

No podemos hablar de las imágenes de Cristo, sin mencionar las de su Madre Dolorosa. La principal, patrocina el pueblo de Dolores Izalco, el cual oficializa su nacimiento, según documento existente en el Archivo General de Centro América en 1720. A buen seguro pagada por los principales indígenas del lugar, en algún momento del siglo XVIII, tras la armonía de sus facciones italianas y su coloración marmórea, oculta otro encarnado, color “chocolate con leche” brillante. Color que perdería, el día en que los cabildos indígenas, perdieron el poder local tras los decretos de privatización de la tierra comunal. Pero todavía hoy sigue envuelta con los paños de oro, en los cuales los principales ordenarían disponer

mariposas

mimetizadas como pequeñas palmas entrecruzadas en el vestido y una red de cactus espinosos con sus inflorescencias en su manto, motivos ambos, no precisamente de la iconografía occidental para la Dolorosa; pese a que la mariposa, fuera emblema de la Vida Eterna, aquí y al otro lado del mar. De su fiesta, celebrada con asistencia de juegos mecánicos antaño, hoy sólo queda su misa patronal y la procesión del Viernes llamado precisamente “de Dolores”. Posee resplandor de plata dorada, con siete estrellas, símbolo de sus siete dolores de probable factura local y, una daga también de plata, contemporáneos a su imagen, que hoy solo luce como el primero, en la fecha señalada, por temor a los bandoleros. Fue restaurada por quien esto escribe, en 2001.


La Soledad

Sólo observable durante el Santo Entierro o la procesión de pésame del Sábado Santo, es la Virgen de la Soledad, una devoción que llegó a Europa a través de los cruzados. Su más antiguas representaciones en Occidente, proceden del Norte europeo, donde se nos muestra generalmente como una mujer mayor. No obstante lo anterior, generalmente en Andalucía, Montañés y quizá la Roldana, la interpretarían como una niña que puede verse mayor a medida que los negros y pesados ropajes la van envolviendo. En su caso, quizá haya que mirar a la Dolorosa del Manchén en Guatemala. Puede datarse después de 1738, fecha en la cual fue hecha la guatemalteca, pero ambas, al parecer, tienen la estatura promedio de algunas Dolorosas sevillanas, la cual suele ser la proporción de una adolescente en esos tiempos: 132 cms de alto. Perteneció a Doña Isabel Valdez Girón, quien la obtuvo de unos marchantes que decían venir de la ciudad de Guatemala, poco después de la desamortización de los bienes de la Iglesia llevada a cabo por Justo Rufino Barrios en 1872. Según el historiador del arte Miguel Álvarez Arévalo, podría ser la Dolorosa española del convento de las clarisas, aunque sus vendedores, decían que había sido de las monjas catalinas. Fue devuelta a su coloración original por nosotros en 1989, enmedio de no pocas polémicas. Posee resplandor también de siete estrellas, como pequeñas florecillas de cinco pétalos y una hermosa daga, todo de plata en su color, propiedad original de la imagen-


San Juan y la Magdalena

San Juan, quien acompaña siempre la imagen de la Virgen doliente en cualesquiera de los recorridos procesionales de Pasión, es una obra del siglo XVIII, el cual perteneció a la extinguida cofradía de ladinos ejidatarios de Nuestra Señora de los Dolores. Algo retocado en su aspecto, es un poco de menor tamaño y más fragilidad que la Dolorosa, lo cual le revierte aún más gracia y acentúa su carácter imberbe. El resplandor, o más bien hoy, flor despenicada que a manera de halo barroco lleva sobre su cabeza, el cual se había ya restaurado hacia 1988, pese a su estilo, no es obra siglo del siglo XVIII, sino un trabajo encargado por la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, según se desprende de su inventario realizado en 1895, cuando la misma “...dispuso que no ocupando los tres clavos de plata para enclavar al Señor, se utilizaran para hacer el resplandor de San Juan, para el que se necesitaron dos de ellos, siendo mayordomo Manuel Paredes.”

En cuanto a María Magdalena y la Verónica, parecen ser imágenes más recientes no sólo por la rudeza con la que en parte las concibieron sus artífices –la redondez del rostro en la primera y la planitud y tosquedad de las manos en la segunda, más acentuadas todavía a la nueva pintura de sus facciones donde no existen las luces ni las sombras, pero, ambas, más “guapas” si cabe, o, con mayor personalidad que otras que se ven en otros lugares del país. Así las cosas, no tenemos datación segura para ninguna de las dos, sabiendo


únicamente que mientras la primera fue mandada a hacer por la hermandad en Santa Ana; la imagen de la caritativa “Verónica”, fue dejada al pueblo por la señorita Adela Ramos. Pero queremos anotar aquí, una anécdota sobre ellas, la cual refleja una cierta mentalidad de los izalqueños: Por ser “la Pecadora”, La Magdalena fue dejada de lado durante varios años, por los cargadores quienes escaseando para llevar las figuras al completo a la procesión del Santo Entierro, preferían llevar a la Verónica, cuyo papel es sólo de un momento en el drama sacro, a diferencia de la Magdalena, quien según la tradición no dejó a Cristo desde el momento de su redención. Algo que deberían tener en cuenta las y los feministas de estos pagos. Quisiéramos referirnos ahora, aunque sea un poco a Nuestro Señor de Juayúa, uno de los más antiguos Crucificados venerados por el pueblo, los cuales todavía no han sido apreciados en todo su valor, unicidad y monumentalidad en la ahora parcela salvadoreña. Para el caso, sobre éste, estudiado en su día, hubo que quitarle a la gente de la cabeza, en su mismo pueblo, tres cosas: La primera, que no se trataba ni de “otra” imagen de la advocación del de Esquipulas, sólo por su “negritud”. La segunda, que tampoco fue tallado por Cataño, pues para empezar, en el contrato mencionado en relación al Nazareno sonsonateco, la hechura de un Cristo, para el pueblo de indios de Santa Lucía Xuayúa, no aparece relatada en ningún item. La tercera, que, a lo largo de toda la época colonial y aún más allá, el mismo siempre fue conocido como “Nuestro Señor de Juayúa”, como hemos visto en más de una crónica de la época. Pero por otro lado, como es más antiguo que el de Esquipulas, pudiéndose fijar entre 1574 y 1590, cuando es encontrado al pie de un frondoso rosal, según unos y, según otros en el interior de una ceiba, resultaba fácil atribuirlo sin referencia documental ninguna también a Cataño, siendo que su estilo es todavía tardogótico. Su coloración, ocultada por la oscuridad del bálsamo, el humo de las velas y el polvo de siglos, como la prosperidad del café, ocultaría los orígenes del viejo pueblo de indios de “Xuayúa”, tal cual lo hacía ver antes de su última intervención el de Esquipulas; en su color aceitunado claro, todavía resultan claramente visibles, las laceraciones, los moretones y las huellas de sangre. Mide 172 cms de alto y, pese a estar mal intervenido en la cabeza, merece la pena acercarse al templo donde se encuentra enclavado, para contemplar paralelamente, la belleza de sus vitrales costeados como el templo mismo, por las familias cafetaleras más importantes del lugar, entre las que merece destacarse el altruismo de Merceditas Cáceres.


Al amanecer del Lunes Santo, lugareñas de toda edad y condición, inician los preparativos en la ermita del Nazareno de Indios, para el primer chilate, que debe estar a punto las ocho de la mañana, listo para ser repartido por todo Izalco. Para que todo sea perfecto, su colado deben realizarlo al unísono y ágilmente, como se muestra en la fotografía.

Las Procesiones y los bocadillos En cuanto a las procesiones en sí mismas, la de los Cristos del Jueves Santo, el Vía Crucis y el Santo Entierro del Viernes Santo, son excepciones importantes dignas de contemplarse; pero también resultan dignas de verse, sentirse, acompañarse, en Sonsonate, aparte de las de todos los días como en Izalco, la Procesión del Silencio. Ésta conmemora el prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos, muy al gusto hispano: Con hachones encendidos y sonidos de cadenas como toda música, alrededor de un Cristo muy antiguo, entre el siglo XVI y el XVII, no bien documentado pero traído desde el Puerto de la Unión, por la familia de Cándida de Guzmán quien lo donó a los padres franciscanos del templo del Ángel de la Guarda. No obstante, la estética podría mejorar tan solo si se evitara la iluminación eléctrica al interior del otrora templo dominico a la medianoche que Jesús Cautivo sale. Pero este es un defecto cada vez más persistente en los actos litúrgicos tradicionales del catolicismo, a pesar de que vuelve anacrónico cualesquiera suceso de la índole espiritual aquí descritos. No deja de asombrar de que cómo siendo los sonsonatecos gente de costa, hablaran tan poco o casi en voz baja, durante la salida y el largo trayecto procesional de la misma. Algo así no sucede ni en Sevilla, donde el Nazareno del Silencio sale ciertamente, en la oscuridad de un silencio sepulcral, apenas tenuemente iluminado por los candiles de plata de su anda y los hachones de sus cofrades. Pero precedido eso sí, antes de que el templo abra sus puertas, de unas samotanas y una empujazón de miedo, como las que a veces ocurren durante la salida de una estrella de rock.


Procesión del Silencio

Por su interés y hondo sentido místico a la vez, debemos mencionar también, el Vía Crucis de Reparación que se efectúa en Sonsonate, la madrugada del Viernes Santo, al cual le recomendamos asistir, eso sí, tras haber asistido a medianoche, a la Procesión del Silencio. Sobre el Vía Crucis de Reparación como tal, más allá de otro alarde de estética católica -algo rota hoy por la iluminación moderna que ha ayudado a minimizar los gastos que ocasionaba el alza del valor de la cera virgen de abejas-, fue instituido en 1968, precisamente, para ser ejemplo de la didáctica que debería prevalecer en todas las manifestaciones religiosas culturales del mundo católico. Así, como su nombre pudiera ya sugerirlo, su objetivo era buscar el perdón de Dios por los pecados personales y los de todos los sonsonatecos en general, a la misma hora en la cual, el Beato de Betancourt en la hoy Antigua, realizaba también el suyo: Las cuatro de la mañana, una hora cuando se dice que las plegarias llegan más fácilmente a Dios. Después de acudir a ver y acompañar un poco el Vía Crucis anterior, recomendamos asistir a la iglesia del Pilar en el barrio de su nombre, adonde hacia las seis de la mañana, puede contemplarse la hábil y hercúlea tarea que debe realizar la hermandad, para pasar por la puertecita de entrada y luego bajar por el algo empinado graderío, la plataforma del anda sobre la que va la imagen del Nazareno que debe iniciar el Vía Crucis a las siete de la mañana en punto. Tal como en otros días de la Semana Grande cuando el Nazareno, en sus extensos recorridos, pasa por donde estuvieron iglesias y monasterios ahora borrados por el olvido, pero que todavía están en nuestra memoria, sigue valiendo la pena, oír resonar los acordes que Ciriaco de Jesús Alas, los Solano y otros maestros, compusieron para estas fechas y que hoy son armonizados por la Banda Regimental del Distrito Número Seis.


No solo en Izalco, se enclava, se unge y se procesiona un Cristo maravilloso: El mérito del Cristo que se crucifica en Sonsonate es muy grande y ya en su día nos parece que fue el que alabó el historiador del arte sevillano, Diego Angulo Iníguez. En siendo izado a la cruz, nos parece que tiembla la tierra, bajo el efecto de sonidos electrónicos que fingen los temblores y truenos del drama real en el Calvario, mientras, la procesión del Santo Entierro, es a buen seguro la más solemne y multitudinaria de El Salvador. La urna, realizada por los distinguidos ebanistas, Ángel y Alberto Zelada, aunque ha sufrido cambios que no terminan de conformar a los que admiran las obras en su intrínseca y original expresión, igualmente se preguntan si la cadena de oro con piedras preciosas que lleva dispuesta en oleaje la tumba de cristal de Cristo, es la misma hecha por el orfebre de descendencia italiana, Francisco Geromini.

Santo Entierro de Sonsonate

Después de contemplar la salida del Santo Entierro en Sonsonate, valdría la pena volver a Izalco y asistir de cerca al ungimiento del Cristo del Descendimiento para luego contemplar la salida de su Santo Entierro, muy elegante y para algunos mejor que el de Sonsonate, no solo por la imagen de Cristo muerto, sino por el trabajo neo barroco de su urna, un tanto deslucido por los que arrancaron su dorados de lámina y purpurinas de oro. Pero no solo en Izalco o Sonsonate, hay tradiciones que observar durante la Semana Santa. También en Nahuizalco, Juayúa y Ataco (ahora comprendido en el departamento de Ahuachapán), pueden observarse los ritos entre católicos e indígenas, que conmemoran la Pasión de Cristo. Así, como el mismísimo Sonsonate no pudo escapar al influjo que lo rodeaba, estando como está, al centro de la zona que comprende hoy los departamentos de Ahuachapán y Sonsonate e indeterminadamente, la costa del Bálsamo, estos pueblos tampoco han olvidado su prosapia indígena. Por ello, Nahuizalco, es otro lugar destacado para estas fechas, sobre todo, si se quiere contemplar hechos curiosos, como el de llevar cubierta con paño morado durante las procesiones, en señal de duelo por el sacrificio de Cristo, la magnífica banderola de plata del siglo XVII-XVIII, que identificaba a los habitantes de este lugar como pueblo de Dios, en los tiempos hispánicos. Dignas de verse también, mientras concurre el Vía-Crucis del Viernes Santo, son, las niñas que a semejanza de la Virgen María, van vestidas así, para agradecer el favor recibido, de haber salvado la vida después de grave enfermedad. Mientras, durante la procesión de la tarde, puede observarse en bulto redondo, las Armas de Cristo que algunos penitentes llevan en sus manos, entre ellos los clavos, la corona de espinas, la cartela del INRI y el gallo que canto tres veces, tras la negación de Pedro.


El Gallo que cantó tres veces en Nahuizalco

Juayúa, no ofrece tantas procesiones, pero sí mucho recogimiento devoto para las que tiene. Pero Ataco, por el contrario, también cuenta con procesiones para todos los días de la Semana Mayor del año y aunque muy retocadas, sus imágenes de la Pasión, como todas las observables dentro de su iglesia parroquial, son de mérito y muy antiguas, tal vez entre el siglo XVII y el XVIII, especialmente el Nazareno con la cruz a cuestas, el cual no parece tener más que la pátina del tiempo o el bálsamo con que era ungido antiguamente. Como las horarios para los desfiles procesionales son tan dilatados y variados, los actos muchos y los climas diferentes, con el auge del turismo en la zona, no hay problemas para encontrar alojamiento y comer lo propio de la temporada de Cuaresma y Semana Santa: Desde los tamales pisques, el pescado boca colorada o el bacalao envuelto en huevo, acompañados con un buen “mosto” de la tierra fabricado con arroz en la ex cofradía del Justo Juez en Izalco; o desde el vino en casa de un buen amigo, hasta la paella en el mercado gastronómico de Juayúa, teniendo como postre, los dulces típicos como el dulce de leche de vaca, conocido como Jericó o las torrejas, dependiendo de donde se esté.

Nuestro Señor de Xuayúa


Horarios para acudir a los desfiles procesionales de Cuaresma y Semana Santa En toda la región hay procesiones desde el Domingo de Ramos, hasta el Domingo de Resurrección. Por tanto, nos referiremos más que nada, a los eventos donde los protagonistas sean las imágenes aquí reseñadas. Sonsonate Nazareno Lunes Santo: 2: 00 p.m.-11:00 p.m., recorrido entre la catedral y el Santo Ángel de la Guarda. Martes Santo: 2:00 p.m.-11:00 p.m., recorrido entre el Santo Ángel de la Guarda y la catedral. Miércoles Santo: 9:00 a.m.-12:00 p.m., recorrido entre la catedral y el Santo Ángel de la Guarda. 2:00 p.m.-11:00 p.m., recorrido entre el Santo Ángel de la Guarda y el Pilar. Jesús Cautivo Jueves Santo: Procesión del Silencio: 12: p.m.-4: 00 a. m., saliendo del Santo Ángel de la Guarda y volviendo al mismo templo. Nazareno Viernes Santo: merece la pena acudir a eso de las 4 de la madrugada, a la entrada del Pilar, para observar los impresionante preparativos y salida de la gran anda del Nazareno de la pequeñísima iglesia, para empezar el vía-crucis a las 7:00 a. m. en punto. Vía –Crucis de Reparación 4:00 a. m.-7:00 a. m.: Vía-crucis de Reparación. Es una procesión de reciente creación con imágenes antiguas y de reciente factura. Interesante. Santo Entierro 3: 00 p. m.: Santo Entierro. Izalco Cuaresma Vía-Crucis de los Niños Los seis sábados de Cuaresma: 4:00 p. m.- 7. 00 p.m. Parroquia de los Dolores Vía-Crucis de los Niños Viernes de Lázaro: 4:00 p. m.-7.00p. m. Parroquia de la Asunción Jesús Nazareno de Indios Martes Santo: 8:00 a. m. -1.00 p. m., capilla del Nazareno-parroquia de los Dolores. Miércoles Santo: 8:00 a. m.- 1: 00 p. m., Los Dolores-capilla del Nazareno. Jueves Santo: 2:00 p. m.- 6:00 a. m. Del Viernes Santo, Procesión de los Cristos. Jesús de las Once y Dolorosa de las niñas Barrientos, san Juan y la Magdalena; la Verónica – Viernes y Sábado Santo Lunes Santo: 7: 00 p. m.-11: 00 p. m., recorrido entre las parroquias de Los Dolores y la de la Asunción. Miércoles Santo: 7:00 p. m.-11: 00 p. m., Asunción –Dolores Viernes Santo: 8: 00 a. m.-12:00 p.m., Vía-crucis, con escenificación de los Encuentros que sale y entra en los Dolores. Jesús del Descendimiento Viernes Santo: 12: 0 m., Enclavación 3: 00 p. m., Descendimiento 5: 00 p. m.-5:00 a m. del Sábado Santo, Santo Entierro Virgen de la Soledad Viernes Santo: 5:00 p. m.-5: 00 a. m. del Sábado Santo Sábado Santo: 5: 00 p. m-9: 00 p. m., Procesión de Pésame, que sale de los Dolores y entra en los Dolores. Ataco Todos los días, a partir de las seis de la tarde. Viernes santo por la mañana, a las once en punto. Santo Entierro a las siete.



Algunas imagenes de semana santa