Eivissa
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CAMINAR significa viajar, ir de un lugar a otro. En sentido metafórico también significa avanzar, explorar e innovar. The Walking Society es una comunidad abierta a personas procedentes de todas las realidades sociales, culturales, económicas o geográficas y que, de forma individual y colectiva, dedican su imaginación y esfuerzo a aportar ideas y soluciones útiles para que el mundo mejore. De manera simple y honesta.
CAMPER significa campesino en mallorquín. Los valores y la estética de nuestra marca están influidos por la simplicidad del mundo rural y la historia, la cultura y el paisaje del Mediterráneo. Nuestro respeto por el arte, la tradición y la artesanía fundamentan nuestra promesa de ofrecer productos de alta calidad, originales y prácticos, con un diseño atractivo y un espíritu innovador. Buscamos un modelo de negocio más humano y nos esforzamos por fomentar la diversidad cultural al tiempo que preservamos el patrimonio local.
EIVISSA es una de las islas del Mediterráneo más famosas, e infames, que no deja a nadie indiferente. Fue conocida como puerto comercial de las civilizaciones marítimas prerromanas y, desde hace cincuenta años, es un destino turístico de moda para todo el mundo.
THE WALKING SOCIETY El decimoquinto número de la revista The Walking Society recorre La isla blanca para conocer a un grupo de personas que buscan el equilibrio entre la tradición y la modernidad.
WALK, DON’T RUN.PÁG. 21
Charlamos con el fundador de la feria de arte contemporáneo que aspira a dinamizar la vida cultural de la isla.
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La cultura de clubbing es una parte esencial de la vida de Eivissa: comienza a altas horas de la noche y dura (como mínimo) hasta los primeros rayos del amanecer.
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Es 1971 y Eivissa es elegida sede de un importante congreso de arquitectura. Una historia llena de imaginación y experimentación.
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La danza tradicional ibicenca se baila con elaborados trajes y coreografías sensuales y acrobáticas; hoy en día sigue vigente gracias a los entusiastas de la isla que continúan practicándola.
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Pasamos un día con el icono de Eivissa y rey del vintage, propietario de una de las tiendas más famosas de Dalt Vila.
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Cuenta la leyenda que Nostradamus predijo que Eivissa sería el único lugar que podría sobrevivir al apocalipsis.
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Máscaras de papel maché, cabezudos, tradiciones y rituales de las Baleares: conocemos a Joanna Ruby y su compañía de teatro.
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Eivissa es uno de los destinos turísticos más populares del Mediterráneo. Camisetas de recuerdo del presente y el pasado de la isla.
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Eivissa siempre ha estado asociada al misterio y la espiritualidad gracias al pequeño islote de Es Vedrà y a las leyendas que lo rodean.
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Pasamos una tarde en Sa Figuera Borda, donde los adolescentes de la isla se lanzan a las aguas cristalinas desde alturas vertiginosas.
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Eivissa siempre ha sido el lugar de retiro para la diseñadora de joyas y directora creativa de la famosa marca internacional Repossi.
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Los icónicos flyers y carteles, diseñados por artistas desde los años setenta, son parte indispensable de la vida nocturna de Eivissa. Recorremos la historia del clubbing a través de su estética.
En poco menos de 600 kilómetros cuadrados, Eivissa conforma un universo único. La isla es un caleidoscopio de colores, aromas y emociones que contiene multitudes: personajes únicos, estilos de vida, lenguas y expresiones poéticas. Es un microcosmos surgido de la mezcla de todos los aspectos de la vida mediterránea, tan diferentes y eclécticos entre sí.
Empecemos por la geografía. En la tierra roja del interior, rica en minerales de hierro y tan típica de la isla, encontramos olivares. Adelfas en flor enmarcan las casas payesas, edificaciones blancas que han apodado a Eivissa como La isla blanca. Sus muros de piedra las separan de la carretera y cuentan con cisternas que recogen el agua de lluvia y azoteas de fácil acceso para todo el mundo. La escarpada costa alberga bahías y calas escondidas con aguas turquesas. En lo alto, los pinares se ciernen sobre el mar. Las cigarras arrullan las mañanas bañadas por el sol protegidas por la brisa permanente, un regalo de la naturaleza que suaviza la temperatura incluso en los meses más calurosos.
Por la noche, al conducir por las carreteras que conectan un pueblo con otro, se pueden ver haces de luz surcando el cielo. No son apariciones, sino el reflejo de la vibrante vida nocturna de la isla. La temporada de clubes transforma Eivissa de mayo a octubre, entusiastas de la música de todo el mundo llegan a la isla y se quedan hasta las fiestas de clausura, cuando el ritmo en la isla baja como una marea. Gran parte de la economía depende de esta afluencia de turistas, pero Eivissa muestra su mayor tesoro cuando estos se marchan; su espacio. En esta época es más fácil conocer a las demás comunidades que habitan Eivissa. Los hippies, viejos y jóvenes, se reúnen los sábados en el mercado de Sant Jordi, cerca del aeropuerto, entre baratijas, recuerdos y curiosidades varias. O en el bar Anita, lugar de encuentro histórico desde hace más de cincuenta años. Puede que te inviten por casualidad a las casas comunales, escondidas entre la vegetación, gracias al rumor de un amigo de un amigo; si tienes esa suerte, recibirás una cálida e incondicional bienvenida. También están los yoguis
y los retiros que prometen experiencias curativas y restaurativas para el cuerpo, el alma y la mente. Y una comunidad de trabajadores de temporada, muchos de ellos italianos o argentinos, que trabajan en los bares, clubes y restaurantes de primavera a otoño.
Por último, los ibicencos, quienes van a misa los domingos en Santa Gertrudis, conducen los taxis que te trasladan del aeropuerto a los hoteles, llevan las riendas de las producciones extranjeras y conocen todas las playas, claros, y bosques de la isla. Durante las fiestas, se encargan de mantener vivo el espíritu de su compleja isla; desde hace casi un siglo, gracias a ellos se han ido añadiendo nuevos elementos al diverso tapiz tradicional, pero siempre manteniendo su esencia.
Durante tres generaciones, las raíces de Sergio Sancho se han mantenido profundamente ancladas en la tierra seca de la meseta central de Madrid. Pero cuando nos encontramos con él en Eivissa, parece sentirse completamente asentado en esta isla magnética conocida por su creatividad. Viste una chaqueta colorida, una barba salvaje y su melena rizada le enmarcan el rostro. En 2022, Sergio fundó Contemporary Art Now en Eivissa, una nueva feria que busca fusionar la escena artística con la actitud relajada y sin pretensiones del Mediterráneo.
Divide su tiempo entre la isla y la península, donde fundó hace casi diez años una feria de arte urbano en Madrid: UVNT Art Fair. Pero Sergio no es un director inaccesible. Es afectuoso y afable, y charlamos durante horas sobre los proyectos en los que está trabajando y de aquellos con los que todavía sueña. Su objetivo es crear una red que comunique y promueva de manera eficaz la labor de las pequeñas galerías ibicencas. Lugares mágicos como el Estudi Tur Costa donde nos reunimos. Una galería, diseñada por el arquitecto germano-estadounidense Erwin Broner, uno de los fundadores del grupo Ibiza 59, que también fue el estudio del artista Rafael Tur Costa hasta el año 2020.
Antes de Eivissa, tenías toda una vida montada. Cuéntanos cómo era y qué hacías.
Al principio trabajaba en publicidad en Madrid y me pasé quince años yendo de agencia en agencia. Mi puesto era administrativo, no tenía nada de creativo. Me resulta extraño hablar de esto porque todo el mundo da por sentado que trabajaba de creativo, pero no. No estudié publicidad; estudié administración de empresas, con énfasis en áreas como el marketing. Una agencia boutique en la que trabajé compartía espacio con una galería de arte en la que había una exposición del artista Julio Falagán. Yo tenía 25 años por aquel entonces; inmediatamente sentí la conexión con el artista y compré una de sus obras. Fue la primera obra de arte que compré en mi vida. Después, empecé a interesarme por el mundo del arte en paralelo a mi carrera publicitaria, busqué a otros artistas y seguí adquiriendo más obras.
¿Cómo encontraste tu camino en el amplio mundo del arte?
Facebook e Instagram fueron cruciales. El arte urbano era el género artístico que más me intrigaba y en España no tenía mucha visibilidad en las galerías. Sí que había artistas urbanos españoles importantes, pero la mayoría trabajaba fuera del país. Me puse a investigar a fondo por Facebook e Instagram y utilicé estas plataformas para mantenerme bien informado. También visité exposiciones y ferias. Veía cosas que se organizaban en otros sitios que aquí no existían, así que llegó un momento en el que vi la necesidad de crear una feria en España para mostrar este arte. Decidí establecerla en Madrid y la llamé UVNT Art Fair. El primer año repartí mi tiempo entre la agencia de publicidad y la feria, pero al final decidí centrarme solo en el arte. Ya vamos por la séptima edición.
Eres autodidacta, pero necesitas colaborar con más gente para sacar adelante un proyecto tan grande. ¿Cómo encontraste a las personas adecuadas?
Un año antes, en París, fui a la Urban Art Fair que incluía un gran número de galerías de arte callejero. Gracias a los contactos y a conversaciones sobre obras de arte, conseguí establecer conexiones con mucha gente. Al principio, me dedicaba a recopilar y documentar distintas obras para descubrir galerías de todo el mundo. Uno de los encuentros fue fundamental: una galería holandesa con la que organizamos la primera exposición individual de Banksy en España como parte de mi feria en Madrid. Inauguramos con diecisiete galerías y una exposición de Banksy con ocho de sus obras. Acudió todo el mundo a la inauguración: televisiones, periódicos... Todo el mundo hablaba de que Banksy iba a exponer en España y esa publicidad nos ayudó mucho a dar a conocer la feria.
En la primera edición éramos tres o cuatro personas. Todo el equipo era autónomo, incluida la persona encargada de la producción con la que ya había colaborado, la persona responsable de la relación con las galerías y la persona encargada de las relaciones públicas. A medida que la feria fue evolucionando y creciendo, me di cuenta de que corríamos el riesgo de que se quedara encasillada. Al fin y al cabo, si te centras solo en el arte urbano te pierdes muchas otras cosas. Así que empeza-
mos a incluir más galerías y estilos, a invitar a nuevos artistas. Así descubrí nuevos movimientos muy interesantes que no tenían nada que ver con el arte callejero.
¿Cómo terminaste instalándote en Eivissa?
En 2020, vine para la inauguración de una exposición de Rafa Macarrón en la Fundación La Nave Salinas. Todos los clubes estaban cerrados por la pandemia y sí que noté una gran afluencia de coleccionistas, aficionados a la cultura y gente que quería descubrir qué ocurría en la isla. Me di cuenta de que apenas había proyectos culturales porque prácticamente todo se centraba en la música. Tras la pandemia, mucha gente se vino a vivir aquí y faltaba oferta cultural. Se me ocurrióque tal vez sería una buena idea organizar una feria en Eivissa y, gracias al contacto con un empresario local, me enteré de que el ayuntamiento buscaba proyectos culturales para la isla. Me propusieron traer la feria de Madrid, pero quería crear un proyecto nuevo porque, para bien o para mal, la marca UVNT ya estaba claramente definida. Entonces creé CAN, que significa Contemporary Art Now. CAN se centra en el ahora, en las tendencias más actuales, en todo lo relacionado con la generación más joven.
CAN opera únicamente por invitación. Lanzamos la feria en 2022 y tuvo un éxito increíble, lo que demostró lo mucho que la gente necesitaba un proyecto como este. Ahora nuestro objetivo es crear una red que conecte todos los eventos culturales de la isla para dar visibilidad a las galerías pequeñas e independientes.
¿Has elegido galerías de toda Europa?
De todo el mundo. El sesenta por ciento de las galerías fueron de Europa, por supuesto, pero en la primera edición contamos con galerías de Tokio, Nueva York, Seúl y Los Ángeles. En total, había 37, de las que sólo 6 eran españolas. Creo que darle una dimensión internacional a la feria es mucho más interesante.
¿En qué sentido esperas que evolucione la feria en los próximos años?
Lo principal es que me gustaría que fuera un proyecto sostenible; no me interesa que crezca enormemente. Prefiero que siga siendo una feria pequeña, boutique, en la que podamos elegir con mimo a quienes participan y que crezca poco a poco. También me gustaría que se unieran otros proyectos. Somos una atracción, por supuesto, pero queremos fomentar el desarrollo del tejido cultural de la isla. Nos encantaría que Eivissa se convirtiera en un importante destino del circuito artístico internacional, que suele bajar el ritmo en verano, y ofrecer un lado un poco más divertido. El mundo del arte siempre me ha parecido demasiado tenso, pero en mi opinión el arte consiste en divertirse y disfrutar de la vida. Creo que el éxito de CAN se debe a que la gente se siente muy a gusto porque nuestra fórmula es muy relajada: solo abrimos por las tardes, de 17:00 a 21:00 horas, y queremos seguir organizando esta feria como si fuera un festival de arte. Lo que realmente me gustaría hacer es difundir el arte por toda la isla, por sus calles; hay un gran potencial para aprovechar la cultura musical y de club de Eivissa.
¿En qué se diferencia la vida en Eivissa de las principales ciudades europeas?
Aquí la vida va a un ritmo más lento. Me gustan las ciudades y estar en lugares que tienen un ritmo rápido, pero cada vez quiero pasar más tiempo en Eivissa porque también necesito espacios como este, donde tengo libertad para pensar.
¿Qué relación tienes con el Mediterráneo? Madrid, tu ciudad natal, queda muy lejos del mar, pero aún así has decidido venir a la isla. ¿Qué te atrajo? ¿Se ha convertido el mar en una parte importante de tu vida?
Nací en Madrid y vengo de tres generaciones de madrileños, algo muy poco común hoy en día. Mi mujer es gallega, lo que en cierto modo me conecta con el mar, y mi padre viajaba a menudo a Mallorca por trabajo. Pero cuando visité Eivissa por primera vez a los veinticinco años, sentí su magia al instante. También influyó que me gusta relajarme y divertirme, está claro. Mucha gente viene por las fiestas legendarias y la música, pero cuanto más tiempo pasas aquí, más absorbes su belleza y su tranquilidad. Ahí es cuando te das cuenta de verdad de todo lo que ofrece la isla. Aprendes a apreciar el horizonte, que no se ve en Madrid, ni en otras grandes ciudades.
A pesar de su fama mundial, Eivissa mantiene una fuerte identidad y una sensación de inmensidad, como comentabas. ¿Cómo crees que se logra ese equilibrio?
Creo que la gente de aquí es muy resiliente. Eivissa sigue teniendo una identidad propia porque sus habitantes luchan por conservar sus tradiciones. Por ejemplo, cuando alguien de fuera compra una casa típica de Eivissa, una casa payesa, la renueva y la convierte en una estructura de cristal, es todo un tema de conversación porque la gente de aquí hace oír su voz. Incluso las generaciones más jóvenes conservan y renuevan estas tradiciones para que no se pierdan, porque esta autenticidad ayuda a preservar la isla.
«Creo que la gente de aquí es muy resiliente. Eivissa sigue teniendo una identidad propia porque sus habitantes luchan por conservar sus tradiciones. Incluso las generaciones más jóvenes conservan y renuevan estas tradiciones para que no se pierdan, porque esta autenticidad es la esencia de la isla».
La población de Eivissa fluctúa entre los 100.000 y los 200.000 habitantes, pero es difícil determinar el número exacto de residentes permanentes. Durante el verano, se produce una oleada de visitantes y se calcula que el pico alcanza cerca del millón de personas. Aunque la belleza natural de la isla es sin duda un factor clave de su atractivo, la vibrante vida nocturna y los clubes cautivan a muchos turistas. Las antiguas fincas de los años setenta y ochenta ahora están irreconocibles y se han convertido en clubes históricos que se asemejan más a naves espaciales repletas de efectos especiales que cada noche ofrecen un espectáculo dentro del propio espectáculo. Aquí es imposible hacer las cosas a medias: la fiesta empieza pasada la medianoche, continúa cuando la oscuridad se rinde a los primeros rayos de luz y en ocasiones se extiende hasta el día siguiente. El amanecer ilumina el camino a casa rodeado de la naturaleza que se despereza. Los jóvenes adornados con luces y colores brillan con una energía que se desprende de ellos como un aura mientras el sol va calentando suavemente las primeras olas de la mañana.
En 1975, España se convirtió en el último país europeo endeshacerse del yugo de la dictadura militar fascista de Francisco Franco tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Esta transición se produjo solo un año después de que la junta de Portugal fuera desmantelada tras la Revolución de los Claveles. Es sorprendente que todo esto ocurriera hace menos de 50 años. Franco se hizo con el poder en la década de 1930 y se mantuvo como el único caudillo hasta mediados de 1970. Durante esos años, el único partido político permitido era la Falange Española. Las libertades civiles estaban muy restringidas, imperaba la censura y el castellano estaba impuesto como única lengua del país.
En los años sesenta, en algunas zonas del país, la férrea represión de la dictadura contra la disidencia y las costumbres poco ortodoxas empezó a reducirse. En particular, Eivissa empezó a atraer a hippies de todo el mundo que crearon tendencias culturales que trascenderían las fronteras españolas. Un ejemplo notable es la séptima edición del Consejo Internacional de Sociedades de Diseño Industrial (ICSID), que se celebró en la isla en 1971 y que exploraba formas experimentales de arquitectura y arte.
La organización, que ahora se conoce como Organización Mundial del Diseño, celebró congresos itinerantes en distintos países con los que fomentó conexiones entre profesionales de diferentes naciones y promovió una visión internacionalista del diseño con un fuerte espíritu humanitario.
La edición ibicenca recibió un ambicioso título: «La utopía es posible».
La ubicación elegida fue el puerto de Sant Miquel, al norte de la isla, cerca de Portinatx, Benirrás y otras calas poco frecuentadas entonces que ofrecían aislamiento y tranquilidad. La utopía posible se materializó en una estructura conocida como la «ciudad instantánea», diseñada por José Miguel de Prada Poole con el objetivo de alojar a los estudiantes que participaban en el Consejo internacional y no habían encontrado alojamiento en los hoteles cercanos.
La idea original de la ciudad instantánea no se le ocurrió al arquitecto que luego le puso su nombre, sino a dos estudiantes de arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, Carlos Ferrater y Fernando Bendito. Después se les unió Luis Racionero, quien redactó el manifiesto, una llamada a la acción que invitaba a diseñadores de todo el mundo a unirse a la ciudad instantánea. Decía así: «La gente, los jóvenes de la Nueva Cultura nos reuniremos en Ibiza para estar juntos, oír música, danzar y construir
el espacio en que habitaremos por unos días. Nosotros pedimos a los diseñadores de todo el mundo que nos ayuden a crear físicamente la ciudad instantánea que nuestras cabezas formarán estos días. En un happening de diseño ambiental,el comportamiento y la forma pueden unirse durante una semana de diseño, construcción, música, mimo, feria, festival e improvisación».
El manifiesto dio la vuelta al mundo y la respuesta superó con creces las expectativas de los estudiantes, quienes pidieron ayuda a Prada Poole, que al final diseñó el proyecto. La describió como: «una ciudad de la libertad no anárquica, porque la mayor libertad siempre se encuentra dentro de un orden superior». Entonces, ¿en qué consistía la ciudad instantánea? Basta con echar un vistazo a las fotos para comprender el alcance revolucionario del experimento de Prada Poole. Desde arriba, parece un hormiguero de módulos de PVC hinchables de varios colores, conectados por pasillos y teóricamente con el potencial de extenderse infinitamente.
Un laberinto de espacios comunes y caminos a través del uso repetido de dos formas geométricas: la esfera y el cilindro.
La utopía arquitectónica de Prada Poole supuso un profundo cambio en la arquitectura española y más allá. Compuesta por una estructura transitoria de diseño complejo, ofrecía la oportunidad de experimentar de forma innovadora con estructuras neumáticas y flexibles. En un plano más filosófico, José Miguel de Prada Poole consideraba que la configuración urbana de la época era excesivamente rígida, que las ciudades se habían vuelto estáticas y anticuadas, incapaces de adaptarse a las necesidades de los años setenta, muy distintas de las de unas décadas antes. Su ciudad instantánea era la respuesta arquitectónica perfecta: un modelo para una nueva ciudad transitoria que pudiera expandirse o contraerse según se necesitara, sin edificios sólidos que obstruyeran el camino del cambio. En Europa, la respuesta fue abrumadoramente positiva. La ciudad instantánea recibió mucha atención en publicaciones underground y una amplia cobertura en el prestigioso periódico AD en diciembre de 1971: «La ciudad instantánea no se puede calificar como un
éxito o un fracaso; como entorno centrado en las personas, es lo que sus habitantes hacen de ella. La ciudad estaba formada por personas que se conocían y por las actividades que hacían con los demás o en solitario», decía el artículo. La prensa finlandesa amplió la cobertura en enero de 1972: «En la ciudad instantánea, la gente conecta. Se forman amistades. La intención era crear un entorno que existiera no para fomentar las relaciones sociales, sino como respuesta a ellas». Muchas de las personas que participaron en la ciudad instantánea, que llegó a albergar hasta a 500 individuos, tenían relación con el movimiento hippy, que en aquellos años estaba en decadencia. La experiencia fue muy importante para el desarrollo cultural de España. En una nación que todavía luchaba bajo la dictadura, el congreso y esta utopía hecha realidad sirvieron como señales cruciales de que había esperanza para el futuro. Sin salir del territorio español,el concepto de ciudad instantánea se trasladó de Eivissa a Navarra.
Durante los Encuentros de Arte de Pamplona, en el verano
de 1972, se encomendó a Prada Poole que creara una estructura neumática para las actividades del festival. Esta vez, concibió once cúpulas de veinticinco metros de diámetro y doce metros de altura, que abarcaban un total de cinco mil metros cuadrados: una evolución del concepto de Eivissa en el que cada cúpula estaba diseñada en colores diferentes para sumergir a quienes las habitaban en un mundo sensorial distinto de un espacio a otro, con el fuerte olor a plástico diluido por diferentes fragancias en cada sala.
Un hombre vestido con todo detalle, con prendas de algodón blancas y negras y accesorios rojos, toca dos castañuelas al ritmo de una flauta. Da saltos al bailar, incluso levanta una pierna por encima de la cabeza. Lleva unas espardeñas. Delante de él, una mujer se mueve con pasos pequeños y ágiles que contrastan con los suyos. La trayectoria de la mujer traza un ocho. Sus elaborados atuendos están adornados con joyas, sobre todo el de las mujeres. Como señal de opulencia, llevan hasta 24 anillos y un collar típico ibicenco que se llama emprendada y que está hecho de oro, plata y coral. Es el ball pagès, un baile tradicional de Eivissa y también del resto de las Pitiusas. Simboliza un ritual de seducción, pero los mayores de la isla nos cuentan que en realidad no es tan antiguo: sus orígenes se remontan «solo» al siglo XIX.
Hay cuatro tipos distintos de ball pagès: sa curta, el más corto; sa llarga, que es más animado y tiene más saltos; sa filera, en el que participan un hombre y tres mujeres; y, por último, ses nou rodades, en el que los bailarines trazan nueve círculos con sus movimientos.
SI LE PREGUNTAS A CUALQUIERA POR VICENTE HERNÁNDEZ
ZARAGOZA EN LAS CALLES DEL CASCO ANTIGUO DE EIVISSA, CONOCIDO COMO DALT VILA, SU NOMBRE EN CATALÁN, NO MUCHA GENTE SABRÁ A QUIÉN TE REFIERES. PERO SI PREGUNTAS POR SU ALIAS, VICENTE GANESHA, YA VERÁS CÓMO LAS CARAS DE QUIENES VIVEN EN ESTAS CALLEJUELAS BLANCAS CAMBIAN Y SÍ LO RECONOCEN: «VICENTE, CLARO, ES TODA UNA LEYENDA».
DESDE QUE ABRIÓ SUS PUERTAS EN 1991, SU TIENDA DE ROPA VINTAGE DE ALTA GAMA SE HA CONVERTIDO EN UNA DE LAS BOUTIQUES DE MODA MÁS CONOCIDAS, TANTO DE EIVISSA CIUDAD COMO DE LA ISLA. ADEMÁS DE PIEZAS DE LUJO, VICENTE TAMBIÉN VENDE SU PROPIA COLECCIÓN, CONFECCIONADA ÍNTEGRAMENTE EN LA INDIA. VICENTE
VISITÓ EL PAÍS POR PRIMERA VEZ EN 1982, ONCE AÑOS DESPUÉS DE LLEGAR A EIVISSA DESDE UN PEQUEÑO
PUEBLO DE LA COSTA BLANCA. COLECCIONA PIEZAS
ÚNICAS, PERO SOBRE TODO RECUERDOS Y ANÉCDOTAS DE LOS FAMOSOS QUE HAN PASADO POR SU TIENDA, COMO CLAUDIA SCHIFFER, VALENTINO GARAVANI O GIORGIO ARMANI, ENTRE OTROS. A SUS SETENTA AÑOS, VICENTE SIGUE PRESUMIENDO DE ATRACTIVO Y LENGUA AFILADA. UNA BUGANVILLA TREPA POR LAS DOS PLANTAS DEL EDIFICIO. LA PLANTA BAJA ACOGE SU TIENDA Y LOS PISOS SUPERIORES SU CASA, UNA EXTRAORDINARIA
WUNDERKAMMER DE OBJETOS, ROPA, CUADROS, LIBROS Y GRABADOS DE TODAS LAS ÉPOCAS.
¿CÓMO EMPEZÓ ESTA INCURSIÓN EN EL MUNDO DE LA MODA?
Llegué a Eivissa en 1971 y, cinco años después, un amigo y yo abrimos una tienda multimarca. Vendíamos alta costura y el negocio iba bien, pero entonces lo perdimos todo y tuve que empezar de cero, sin dinero. En 1991, conseguí abrir una tienda de segunda mano y ese fue el comienzo del segundo capítulo, por así decirlo. Mi trayectoria en el mundo de la moda va de 1976 a 1991, y después de 1991 hasta la actualidad.
¿DE DÓNDE SURGE LA PASIÓN POR COLECCIONAR Y VENDER ROPA?
No creo que sea un coleccionista. Tampoco un fetichista de la moda. Me gusta encontrar cosas, guardarlas y volver a venderlas. Cuando comencé no existía Google ni internet, así que aprendí estudiando. Todo me interesaba mucho: leía libros, hablaba con la gente y escuchaba. Era una esponja de información y también de sensaciones estéticas. Soy autodidacta.
ya había fracasado una vez. Trabajé mucho para poder ser independiente y no tener que contar con nadie ni tener que pedir nada. No tenía grandes ambiciones, solo una: tener mi propia casa, por pequeña que fuera, o aunque estuviera lejos.
¿ES DIFÍCIL VIVIR JUSTO ENCIMA DE LA TIENDA?
Nunca me imaginé que tendría un piso encima de mi tienda. Pregunté al ayuntamiento si podía construir la casa y me dieron permiso. Planté la buganvilla en 1993 y la casa y la planta han crecido juntas. No lo había planeado así, pero la vida es como un rompecabezas, todo está interconectado. Cuando pensamos que estamos cambiando nuestro destino, es el destino el que nos está cambiando a nosotros.
¿QUÉ SIGNIFICA PARA TI LA RIQUEZA?
La gente ya no se comunica como antes. Hay gente que me sigue en Instagram y cree que me conoce. Por un lado, está bien porque significa que vendo más, pero también genera problemas: ahora la gente viene, compra, da las gracias y se va. Ya no te hablan. La vida tiene menos emoción. Si estás pegado al móvil, no puedes ir al club a bailar.
¿QUÉ TE SIGUE GUSTANDO DE EIVISSA?
Mi trabajo y el estilo de vida que aún existe aquí. El clima, las playas, el mar. La luz, la naturaleza. En cierto sentido, Eivissa no ha cambiado, solo han cambiado las personas y su filosofía.
¿QUÉ ARTISTAS HAN INFLUIDO EN TU VIDA?
Sobre todo, Jean Cocteau. Su cine y sus poemas marcaron mi estética.
¿TODAVÍA VAS MUCHO A LA INDIA?
¿CÓMO
Cambió muchísimo. Durante el franquismo en España, no teníamos mucho contacto con gente del extranjero. Cuando empezó a llegar gente de fuera en los años setenta, fue como descubrir que existía otro mundo. Era un adolescente, vivía cerca de Alicante y le pedí el pasaporte a mi padre. Entonces, necesitabas el permiso de tu padre, así que se lo pedí y me lo dio. Me marché a París. Después, con veinte años, vine aquí. No tenía ni idea de lo que era Eivissa; para mí era solo una isla. No era consciente del movimiento que estaba surgiendo aquí. Había visto una película sobre Eivissa y me descubrió esta pequeña isla llena de libertad. Pensé que aquí podría vivir con muy poco.
Vender ropa de segunda mano me daba más libertad de aprovechar los conocimientos que ya tenía. Podía rebuscar en el pasado y crear una cronología de estilos. Sabía que, aunque no fueran de marca, algunas prendas seguían teniendo valor por el material, los colores y las formas.
Mi primera tienda se llamaba The End por la canción de The Doors. Para esta nueva tienda, elegí a Ganesha porque es la deidad de la suerte y la necesitaba, porque
Para mí, coger un ferry a Formentera es mucho mejor que estar con otras personas en un yate prestado y no tener libertad para moverme como quiera. Nunca me ha interesado la riqueza. En mi opinión, la independencia es la mayor riqueza. Tener libertad y no tener que pedirle nada a nadie.
ERES TODA UNA INSTITUCIÓN EN EIVISSA. ¿TE COMPORTAS DE MANERA DIFERENTE CUANDO ESTÁS SOLO Y CUANDO ESTÁS ACOMPAÑADO?
Cuando estoy solo soy más auténtico, más fiel a mí mismo. Soy más natural. Hago cosas que me gustan como leer, pasear y contemplar lo que me rodea. Soy una persona sencilla con muchas ideas. Tengo la cabeza llena de curiosidad y deseo y me sigo sintiendo muy joven.
¿CÓMO HA CAMBIADO LA CIUDAD DE EIVISSA?
Ha sufrido grandes cambios, la vida en la isla ha cambiado, pero no me quejo, porque no conozco un lugar mejor que este. A veces me pregunto si me quedaría aquí si viniera ahora, sabiendo lo que sé. No es la Eivissa que conocí cuando llegué. Entonces, había perros por las calles, la gente andaba descalza, era guapa, pobre, no tenía dinero. La gente es más guapa cuando no tiene demasiado dinero. Todo era accesible, no había nada prohibido. No había SIDA. No había esa estupidez que viene del dinero. Había belleza, música y drogas. Una sensación de hedonismo. La belleza lo impregnaba todo.
Sí, voy al menos un mes al año.
¿CUÁL ES TU RELACIÓN CON EL MEDITERRÁNEO?
Es el único lugar para mí. El Mediterráneo lo es todo. Siempre he vivido aquí, quiero seguir viviendo aquí y morir aquí. Es la cuna de toda una civilización, de Atenas a Beirut.
¿QUÉ ES LO QUE MÁS TE GUSTA DE ESTE MAR Y DE SUS COSTAS?
La naturaleza, la vegetación, la comida y la emoción. Vivir al sol. La filosofía. El respeto. El Mediterráneo lo es todo. Nuestra historia viene de aquí.
¿TE SIGUE APASIONANDO EL COMERCIO Y SU FILOSOFÍA?
Cuando viajo a una ciudad nueva siempre visito el mercado. Si no he visto sus mercados, no he visto la ciudad. Al fin y al cabo, el comercio es la profesión más antigua del mundo, y es la base de nuestra identidad. Es la piedra angular del Mediterráneo.
apocalipsis. Desde hace casi una década circulan rumores de que Nostradamus predijo en una de sus profecías que La Isla Blanca sería uno de los pocos lugares que sobrevivirían a una catástrofe nuclear. Aunque no se menciona específicamente a Eivissa en los escritos del profeta y astrólogo de la Provenza, el municipio de Sant Joan de Labritja decidió aprovechar esta idea para promocionar el turismo. ¿Es Eivissa el lugar definitivo para vivir el fin del mundo? Tal vez. Y tampoco es mala idea disfrutar de la isla mientras llega.
Joanna Hruby tenía solo seis años la primera vez que visitó Eivissa. No volvió hasta pasados catorce años, cuando sintió una conexión extraordinaria con la isla. Joanna nació en Londres y creció en la misma ciudad, donde estudió teatro con marionetas. Actualmente, es la fundadora del Theatre of the Ancients, el teatro de los antiguos, en Eivissa; es una compañía de teatro y performance que se especializa en contar las diversas historias de la isla con marionetas y máscaras gigantes. Su estudio está situado en el corazón de Eivissa, rodeado de tierra roja, olivares y el silencio de las calles desiertas. El edificio blanco da a una parcela con nísperos, olivos y yucas, además de varios coches viejos de los setenta y los noventa. Al entrar, nos reciben unas enormes cabezas de cabra hechas con papel maché, colocadas sobre un armazón de madera. Joanna nos explica que son las cabras de Es Vedrà, los únicos mamíferos que han habitado los acantilados del islote rocoso. Los hocicos más puntiagudos pertenecen a la raza canina autóctona, los podencos, y luego están las representaciones de la diosa Tanit, que según se dice es la protectora de Eivissa. Joanna nos cuenta que los cabezudos son representaciones a escala gigante con una larga tradición en las Baleares, sobre todo en Mallorca. Con estas cabezas gigantes, su compañía crea coreografías, bailes y procesiones que celebran los mitos y el folclore de Eivissa.
Como la mayoría de las islas mediterráneas, Eivissa no disfrutó de una economía próspera hasta los sesenta, cuando la llegada del turismo de masas lo cambió todo. Este auge demográfico provocó incluso tensiones internas debido a la escasez de recursos en la isla, lo que llevó a muchos ibicencos a emigrar a Cuba y al norte de África. Al principio, Eivissa atrajo a hippies y a otras subculturas jóvenes antes de que empezara a llegar un público europeo más amplio. Con el tiempo, el turismo se convirtió en el principal motor económico de la isla, impulsado en parte por la escena musical. A pesar del declive provocado por la pandemia, las cifras han alcanzado un máximo histórico. Y con el turismo surge el auge de los souvenirs y baratijas que reflejan la esencia del lugar, a su manera. Hemos seleccionado algunas camisetas vintage y contemporáneas para esta serie fotográfica.
¿Cuántos significados tiene la palabra «magia»? Los anuncios que buscan atraer turistas a la isla afirman que «Eivissa es mágica». Esos mismos turistas repiten la frase mientras contemplan el atardecer en cala Comte. Se susurra en los clubes, cuando los primeros rayos de sol iluminan los rostros de quienes siguen de fiesta, lo dicen los bañistas en las calas recónditas del norte de la isla, los hippies y los chamanes que llevan viniendo desde principios de los sesenta. Pero también está la magia no metafórica, más literal y misteriosa con la que se asocia a Eivissa. Se dice que la isla siempre la ha emanado.
No se trata de una mera estrategia de marketing ni de pócimas y fases lunares rollo new age. El resplandor de la espiritualidad se desprende de la etimología asociada al nombre «Eivissa». Algunas teorías remontan sus orígenes a la deidad egipcia Bes, que protege de los animales venenosos a quienes la adoran. En aquella época, antes de que se introdujeran especies no autóctonas en la isla, no había serpientes. Por eso, los cartagineses, que la utilizaban como puerto estratégico para sus rutas comerciales mediterráneas, la consideraron una isla bendita. Sin embargo, el aura de magia, misterio y misticismo que rodea a Eivissa se atribuye principalmente al islote de
Es Vedrà en el suroeste de la isla, que se manifiesta de maneras muy diferentes y sorprendentes.
Una de las historias más antiguas e intrigantes procede de La Odisea de Homero. Según el poema épico, Ulises decide volver a su Ítaca natal tras su estancia en el palacio de Circe. Antes de partir, Circe le advierte de los peligros que se encontrará durante su viaje por mar. El primero, y más famoso en la mitología popular, son las sirenas, unas criaturas mitad ave mitad mujer que atraen a los marineros con sus dulces voces. Ulises recibe instrucciones precisas para protegerse: debe taparse los oídos con cera de abeja y atarse al mástil del barco para evitar sucumbir al hipnótico canto y lanzarse al mar. Los hombres hechizados por las sirenas están condenados a no volver jamás y, como cuenta Homero, las rocas habitadas por estas criaturas están repletas de esqueletos y cadáveres. Por suerte, esto no sucede hoy en día, pero se cree que el islote de Es Vedrà era una roca maldita, el hogar de las sirenas.
Tiene más de 400 metros de altura y forma parte de la reserva natural de Cala d’Hort. En términos geológicos, es un islote calcáreo formado en la Era Mesozoica, como el resto de las Baleares. Está deshabitado excepto por una especie de lagartija y diversas aves que anidan entre sus escarpadas rocas. Sin embargo, para ser fieles a la historia, no podemos olvidar que una persona habitó el islote: Francisco Palau y Quer, un fraile carmelita desterrado de Barcelona a Eivissa en 1855 por motivos políticos. Remó hasta Es Vedrà y vivió solo en una cueva durante
un tiempo, dedicándose a la meditación y la oración. Cuenta la leyenda que sobrevivió gracias a las gotas de agua de lluvia que se filtraban por las paredes.
Durante el tiempo que pasó allí, Francisco tuvo varias visiones místicas que documentó en sus escritos Mis relaciones con la Iglesia. Estas visiones incluían encuentros con majestuosos jóvenes celestiales que repartían amor. Curiosamente, en uno de sus escritos, el fraile también describe haber visto espectáculos luminosos que más tarde fueron interpretados como objetos voladores no identificados.
Es Vedrà es uno de los lugares más interesantes de Europa para los aficionados a los ovnis ya que se han registrado numerosos avistamientos, entre los que destaca uno en particular. El 11 de noviembre de 1979, un avión viajaba de Mallorca a Tenerife cuando, según el relato del piloto, al sobrevolar el islote vio un objeto circular y luminoso que emitía fuertes destellos de luz y se desplazaba a velocidades superiores a la capacidad de cualquier medio conocido por la humanidad. El avión se vio obligado a aterrizar en el aeropuerto valenciano de Manises y a día de hoy sigue sin haber explicación para aquel fenómeno.
Entre los pescadores sigue viva la leyenda de que Es Vedrà es un potente polo magnético capaz de alterar las brújulas y los instrumentos de navegación. Una historia muy parecida a la del famoso Triángulo de las Bermudas, pero que se puede refutar fácilmente. Otra fascinante leyenda cuenta que Tanit,
la diosa lunar fenicia de la danza y la fertilidad, y protectora de Eivissa, nació en el islote. Hoy en día, el rostro de la diosa adorna miles de estatuillas que se venden como recuerdo, pero cientos de años antes del cristianismo, Tanit era muy importante en el panteón fenicio. En 1907 se descubrió aquíel santuario de Culleram, donde quienes venían a adorar a Tanit le dejaban ofrendas de terracota. Actualmente, el nombre de Tanit se usa en establecimientos de baño, restaurantes y hoteles.
También hay otras deidades menores que pueblan la mitología ibicenca: los fameliars, duendes traviesos que se cree que nacen de una flor que solo crece en la víspera de Sant Joan, bajo el puente viejo de Santa Eulària. Más traviesos que malvados, estos fameliars piden «comida o trabajo» de manera incansable. La sabiduría popular aconseja mantenerlos ocupados. En el centro de Santa Eulària, se encuentran esculturas de varios fameliars creadas por Andreu Morenu. Aunque estas esculturas no te van a pedir nada, su presencia es un guiño a la Eivissa tradicional.
Para llegar a Sa Figuera Borda, cruza el abarrotado aparcamiento de cala Comte, donde filas y filas de coches aparcados van acumulando polvo. Continúa avanzando hasta que los campos vayan reapareciendo de manera gradual, salpicados de balas de heno e hinojo silvestre que alcanza la altura de un niño a modo de centinelas junto al camino. El mar aparece de repente al terminar la isla, quince metros más abajo. El horizonte se extiende. La roca roja yace bajo la primera capa de polvo arenoso. Los turistas bajan por una empinada escalera y reposan en la bahía, donde se sumergen en el agua. Los niños ibicencos permanecen encaramados en lo alto, mirando al abismo. Se mecen en el borde, como suspendidos entre la roca sólida y la nada. Antes de lanzarse, tiran una piedra por seguridad o por superstición, un gesto que se ha convertido en ritual. Luego anuncian su inminente salto con una cuenta atrás. Tres, dos, uno. Se impulsan con las piernas, sus sombras levantan el vuelo y desaparecen en el aire. Se doblan. Desde arriba, se esfuman de la vista. Pasan dos segundos antes de escuchar el sonido de sus cuerpos al sumergirse en el agua.
Desde la casa donde nos reunimos con Gaia Repossi, solo se oye el mar. Hay otras casas cerca, rodeadas del bosque de coníferas. Un pino proyecta su sombra sobre la piscina. A lo lejos, el viento agita pequeñas olas que bañan la orilla arenosa de cala Molí, en el suroeste de la isla. Gaia se mueve lánguidamente en la tarde relajada. El sereno aislamiento que ofrece la terraza encarna a la perfección lo que busca en Eivissa.
Desde que tenía solo 21 años, Gaia es la directora creativa de Repossi, una de las marcas italianas de joyería de lujo más influyentes del mundo. De eso hace ya dieciséis años. El abuelo de Gaia, Costantino, fundó Repossi en la década de 1920, y su padre Alberto la expandió. En 2015, LVMH adquirió parcialmente la empresa y, al año siguiente, Repossi abrió una tienda insignia en la Place Vendôme de París. Gaia vive entre Francia y Estados Unidos, y Eivissa le ofrece un valioso santuario.
Los límites entre tu marca familiar y tus redes sociales son cada vez más difusos hoy en día. ¿Quién es la verdadera Gaia Repossi?
Soy Gaia Repossi; me dedico a lo mismo que mi padre y mi abuelo antes que yo. Soy la tercera generación. Llevo dieciséis años en este oficio, pero la verdad es que nací en él. No fue mi primera pasión, aunque me interesa mucho el diseño, romper esquemas y proponer cosas nuevas. La joyería sigue siendo un territorio inexplorado en ese sentido.
Naciste en 1986 y acabas de cumplir 37 años. Cuando eras más joven, ¿te imaginabas dedicándote a esto o no querías tener nada que ver con el mundo de la joyería?
No quería tener nada que ver con este mundo. No me parecía que fuera un entorno estimulante ni intelectual ni artísticamente, me parecía superficial. En los noventa e incluso a principios de los 2000, la gente «cool» no llevaba joyas. Igual llevaban algún brillante y nada más. Veía las joyas como un accesorio de alfombra roja, totalmente desconectado del diseño o de las joyas antiguas, que sí representaban una forma de identidad, un lenguaje perdido. Sin embargo, la moda me interesaba mucho. Crecí en la Costa Azul, así que no estuve rodeada de mucha moda, pero nuestras oficinas estaban en París y me intrigaba ese mundo. Estudié pintura y después arqueología mientras ayudaba a mi padre en las oficinas de París. Con el tiempo, empecé a imaginarme cómo haría las cosas si estuviera al mando…
Empecé a tantear el terreno y a sugerir cosas a los 18 o 19 años, cuando aún estaba en la universidad. Mi padre era muy inteligente y respetuoso, y me dejaba mucho espacio para expresarme. Elegí estudiar arqueología en París para poder trabajar en la oficina e ir a la universidad al mismo tiempo. Viajé a la India donde descubrí la joyería nómada, entre otras cosas. La joyería étnica siempre me ha cautivado y fue entonces cuando la joyería empezó a tener una identidad propia y yo empecé a tener ideas creativas.
¿Cómo incorporaste diversas culturas a la joyería?
Cojamos el ejemplo del punk. Me gusta mucho la joyería punk, que se inspira en los adornos africanos. Yo transformo esta inspiración en un producto extremadamente refinado sin dejar de mantener un cierto posicionamiento. También me gusta mucho el stacking, una costumbre tradicional africana.
¿A qué retos te enfrentas a la hora de plasmar tu inspiración en joyas contemporáneas?
Aunque los diseños étnicos me influyen mucho, hoy en día la joyería no es como la escultura o la pintura, que permiten expresarse libremente y crear algo abstracto. Una pieza impecable se elabora de manera meticulosa siguiendo dibujos técnicos en colaboración con orfebres. El objetivo es crear un nuevo clásico, darle a un producto una sensación de atemporalidad, algo tremendamente difícil. Pero se puede conseguir si respetamos las tradiciones del pasado y las combinamos con un concepto de diseño más moderno.
¿Cómo una joya puede realzar o alterar la identidad de una persona?
Si nos fijamos en la historia, las joyas han servido de lenguaje a tribus, civilizaciones, hombres y mujeres. En un contexto contemporáneo, la sensación principal debería ser que algo te pertenece.
Teniendo en cuenta la relación entre la moda, el lujo y la velocidad, la joyería parece existir en un espectro más lento, en parte, debido a su longevidad. ¿Qué opinas?
Es una industria lenta en general, tiene mucho de slow fashion, pero está tan acostumbrada a ser lenta que a menudo lo es en exceso, casi por principio. La joyería se basa en el deseo: hay quien compra piezas como inversión o porque ha sentido un flechazo, amor a primera vista. Sin embargo, demasiada lentitud puede afectar negativamente a su atractivo. Es crucial luchar contra el fast fashion, la moda rápida y el consumo excesivo, pero es igualmente importante mantener un ritmo creativo acorde con las exigencias actuales.
Hay muchas cosas que van mal en el mundo de la moda, aunque se está intentando solucionar. Los grandes conglomerados tardarán en encontrar soluciones, porque han actuado demasiado tarde. Por su parte, los clientes ya entienden mucho más lo que es la calidad y la sostenibilidad. Una ventaja para el sector de la joyería es que forma parte de la categoría de slow fashion, es un segmento de mercado menos destructivo para el medio ambiente que permite una producción controlada y unos volúmenes más reducidos.
¿Y la «belleza»?
A veces, ver una joya sola, sin que nadie la lleve, puede parecer irrelevante, corriente. Muchas piezas están diseñadas para sorprender, para adquirir una nueva dimensión cuando se llevan puestas. Se mueven con el cuerpo.
En 2021, creaste una colección inspirada en las joyas del fotógrafo Robert Mapplethorpe. ¿Cómo surgió la idea?
Compré la imagen de una palmera, una de sus fotografías, en una exposición comisariada por Sofia Coppola y, desde entonces, hemos incorporado sus fotos en la imagen de la marca, en invitaciones y en campañas. Una o dos veces al año contactamos con la Fundación Mapplethorpe para obtener los derechos de las fotografías. Un tiempo después, la fundación me propuso una colaboración y acepté encantada. Viajé a Nueva York para reunirme con ellos y explorar sus archivos; luego visité el Museo Getty de Los Ángeles, que tiene cientos de objetos de Mapplethorpe. Preparé un dossier de 50 páginas con todos los conceptos y el director de la fundación mostró interés por conocerme. Al final, creamos veinte piezas basadas en mi selección. En líneas generales, seguí dos conceptos: uno consistía en reproducir piezas que admiraba y el otro consistía en reinterpretarlas.
La colección recibió una excelente cobertura por parte de la prensa.
Fue un proyecto increíble que me tomé muy en serio desde el principio. Las obras de Mapplethorpe suelen ser muy figurativas, mientras que yo suelo inclinarme más por diseños abstractos. Sin embargo, me atrajo mucho su fotografía, sobre todo por su robustez.
Hablemos de comunicación. ¿Cómo has desarrollado este enfoque único dentro de la joyería tradicional?
Quería tender un puente entre la joyería y la moda con un truco muy sencillo: me pregunté por qué las joyas no formaban parte del código de vestimenta actual. En los editoriales de moda, siempre se presentaban por separado y se asociaban a las galas y a los vestidos más formales. No había piezas para el día a día.
Te has convertido en una marca por derecho propio. ¿Cómo te sientes al tener más seguidores que la marca familiar?
Repossi todavía no tiene presencia establecida en el mundo de los influencers. A mí me gusta. Era un poco tímida, pero ahora en cierto modo lo entiendo, aunque me costó un tiempo.
Creciste en la Costa Azul, ¿cómo ha influido el mar en tu forma de vivir y de ser?
Al principio, muy poco. Al pasar la adolescencia, me mudé enseguida a París y después viví en Estados Unidos. Me sumergí de lleno en el trabajo y no me interesaba nada la calma y la tranquilidad. Sin embargo, durante la pandemia, tuve un momento de autoconciencia. Desde que Repossi forma parte de LVMH, mi puesto está más definido y organizado. Antes, al ser una maison pequeña, teníamos que gestionarlo todo, así que éramos básicamente mi padre y yo. Ahora, a mis 37 años, me doy cuenta de que he dado mucho. Sigo trabajando duro, pero también he aprendido a gestionar mi tiempo mejor.
Hace mucho tiempo. Vine por primera vez cuando tenía 16 o 17 años.
No, me atrajo el mar. La isla representa una vía de escape para mí. Más allá de las fiestas, lo que de verdad me gusta es el espíritu libre que se respira aquí. A diferencia de la Costa Azul, que es la quintaesencia de lo francés, donde todo el mundo se preocupa por «arreglarse para ir a cenar», Eivissa es mucho más libre. Me recuerda más a otros lugares que he visitado en Jamaica o Tailandia. No creo que muchas islas mediterráneas ofrezcan este nivel de libertad. Aquí siento que puedo esconderme, estar rodeada de amigos de verdad. Además, practico yoga desde hace 16 años y aquí en la isla puedes sentir esa energía un poco más espiritual.
¿Cuál es tu relación con el mar?
Siempre he nadado y el mar me aporta una sensación de paz instantánea.
¿Pasaste aquí la pandemia?
En parte. Cuando fue posible volver a viajar, regresé a los lugares que más echaba de menos, como la India y Japón. Pero Eivissa para mí sigue siendo un refugio al que escaparme para desconectar, un lugar en el que me siento realmente en casa.
¿Sigues aprendiendo?
Por supuesto. Tenemos una colección de libros de joyería en el estudio, los abro de vez en cuando y siempre descubro algo nuevo. Hace unos meses, lanzamos unos pendientes inspirados en una pieza africana que encontré en un anticuario. Más tarde, hojeando los libros, encontré un diseño casi idéntico.
«Eivissa representa una vía de escape para mí. Más allá de las fiestas, lo que de verdad me gusta es el espíritu libre que se respira aquí. Me recuerda más a otros lugares que he visitado en Jamaica o Tailandia. No creo que muchas islas mediterráneas ofrezcan este nivel de libertad».
YVES URO
CARLOS DÍAZ GENICIO ROM ERO
La historia del clubbing en Eivissa abarca mucho más que música. Es compleja, variada, tiene numerosas capas, se entrelaza con la economía y la antropología. Diferentes subculturas han animado las noches en la isla y han dejado su huella musical y visual gracias a sus impresionantes obras de arte.
Pep Pilot es un coleccionista que ha recopilado un archivo de carteles que abarca décadas. Pep tiene ahora sesenta años, pero conoce muy de cerca la historia de la vida nocturna de Eivissa desde los años setenta. Antes, las fiestas no eran tan frecuentes como ahora, cuando hay algo cada noche. Por eso, los pósteres tenían una vida más larga y su impacto era más significativo, su eco resonaba de pueblo en pueblo. Quienes diseñaron estos carteles son artistas por derecho propio. De la época dorada de la noche ibicenca surgieron nombres tan conocidos como
Yves Uro, Rom Ero o Carlos Díaz Genicio. La colección de Pep Pilot abarca desde las emblemáticas fiestas hippies de Pacha, conocidas como Flower Power actualmente, hasta la mítica
KU de San Rafael, que hoy es Privilege. También incluye joyas perdidas como Es Paradis Terrenal y la famosa Space. Cada noche tenía un tema, ya fueran disfraces divertidos o algo más serio, como el proyecto de Pacha para financiar la plantación de 1000 árboles en la isla.
Yves Uro, Acid House, 1988 (dibujo)
Yves Uro, Opening Summer, 1984 (dibujo)
Yves Uro, Extasis, 1977 (dibujo)
Yves Uro, Noche Tanga, 1981 (dibujo)
Yves Uro, KU, 1988 (dibujo)
Yves Uro, Miss Tanga, 1988 (dibujo)
Yves Uro, Luna, 1988 (dibujo)
Yves Uro quizás sea el artista más legendario de la historia de los pósteres de los clubes de Eivissa. Nació en 1954 y falleció prematuramente en París en 1995. Colaboró principalmente con KU y de vez en cuando también con otros clubes y discotecas, y diseñó aproximadamente 400 carteles. Su estilo se caracterizaba por dibujos llenos de realismo y detalles, claramente inspirados en la ciencia ficción, con frecuentes alusiones al surrealismo y a otros movimientos artísticos. Su obra ha quedado inmortalizada en el volumen Urovision, editado por su hermana Catherine Uro y publicado por la editorial británica IDEA.
Rom Ero, Acuarius, 1991 (dibujo)
Rom Ero, Erotic Dreams, 1995 (collage)
Rom Ero, 28 Aniversario, 2001 (acrílico)
Rom Ero, Cherrys & Diamond, 1989 (acrílico y collage)
Rom Ero, Caligula, 1993 (collage)
Rom Ero, House Of Madness, 1991 (acrílico y collage)
Natural de Granada, Rom Ero empezó a diseñar carteles en Eivissa en 1989. En paralelo a su trabajo de ilustración, se ha mantenido activo como artista visual ecléctico. Su colaboración con Pacha comenzó cuando el antiguo gerente del club adquirió uno de sus cuadros en una exposición en Eivissa en 1988. El famoso logotipo de Flower Power de un ojo estilizado es una de sus obras. En los mejores años de la cultura de club, trabajaba mucho con el collage, que recortaba y pegaba a mano, y con la pintura, antes de que llegaran los ordenadores. También trabajó en la decoración del club dirigiendo a un grupo de colaboradores.
Carlos Díaz Genicio quería hacer para Es Paradis Terrenal lo que Toulouse-Lautrec hizo con el Moulin Rouge décadas antes en París. Nació en Asturias y se mudó a Eivissa en los años setenta. Su gran momento llegó en los ochenta, cuando diseñó carteles para Es Paradis Terrenal, considerado entonces uno de los clubes más extraordinarios del mundo. Carlos también trabajó para Es Paradis como director artístico organizando fiestas y creando personalmente cada diseño hasta 1995. Su estilo es futurista y revolucionario gracias a su capacidad para integrar el dibujo con las nuevas posibilidades que ofrecían los gráficos por ordenador en aquella época.
Carlos Díaz Genicio, Summer of Love, 1993 (aerografía y collage sobre cartón)
Carlos Díaz Genicio, Night of Sant Joan, 1987 (acrílico sobre papel)
Carlos Díaz Genicio, Pyramids, 1995 (aerografía)
Carlos Díaz Genicio, Mister, 1989 (acrílico sobre papel)
Carlos Díaz Genicio, Circus, 1989 (lápices de colores)
Edición y creación
Alla Carta Studio
Director creativo de la marca
Achilles Ion Gabriel
Directora de la marca
Gloria Rodríguez
Fotografía
Stevie & Mada
Estilismo
Francesca Izzi
Ilustraciones
Jo Minor
Redacción
Davide Coppo
Producción
Hotel Production
Agradecimiento especial a
Antonio Cobo
Guillermo Clavel Marì
Thomas Derville de L’attitude Productions
Estudi Tur Costa
Ilaria Norsa
Pep Pilot
Asja Piombino
Paulo Vieira
Créditos de imagen
© Stevie & Mada
© Jo Minor: pp. 71-83
© Prada Poole Archive: pp. 42-47
© The Estate of Yves Uro / Yves Uro / Catherine Uro: pp. 134-135
© Rom Ero: pp. 136-137
© Carlos Díaz Genicio: pp. 138-139
Imágenes cortesía de Repossi: pp. 124-131
Impresión
Artes Gráficas Palermo, Madrid
ISSN: 2660-8758
Depósito legal: PM 0911-2021
Impreso en España
Alcudia Design S.L.U.
Mallorca
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© Camper, 2023
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