Issuu on Google+

I CONCURSO DE CUENTOS NAVIDEテ前S

CEIP ANTONIO GALA EL BORGE 2010


EL ENANO SALTARÍN Érase una vez un enano que vivía en un pueblo muy bonito. En ese pueblo había una casa de color verde y tenía luces de colores, parecía un árbol de Navidad. El enano saltarín era el encargado de vigilar la casa. Llegó el día de Navidad, y el enano fue a la casa por los juguetes, y se dio cuenta de que no tenía llaves. Buscó las llaves, y encontró un ratón que las llevaba en la boca. El enano se las quitó, abrió la puerta, y allí estaban los juguetes. Carmen Alba. Infantil


EL NIÑO JESÚS Y EL ANGEL GABRIEL Había una vez un niño al que pusieron de nombre Jesús. Jesús era muy dormilón. Era de día y se despertó y se cayó del pesebre. El ángel Gabriel le ayudó a levantarse y le cantó una canción con el arpa para que no llorara. Pero llegaron los pastores que cantaban desafinando y le hicieron llorar de nuevo. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Andrea Gómez Barranquero. 2º Primaria.


LA NAVIDAD Por fin llegó la Navidad, dijeron los niños de aquella casa, ahora iremos a los centros comerciales, nos comprarán juguetes, iremos al cine, comeremos en el Burger King, nos lo pasaremos bomba. Pero lo que no sabían aquellos niños es que igual que había llegado la Navidad, también había llegado la crisis, que tenía que ser una cosa muy importante, porque los mayores estaban todo el día hablando de ella. Su madre les contó que por causa de la crisis ese año no había dinero para todas aquellas cosas.


Ellos fabricarían los adornos de Navidad y los regalos de sus familiares. Se pusieron manos a la obra, hicieron cintas con papeles de colores, estrellitas con papel de aluminio. Así pasaban las tardes, alrededor de la mesa, contando sus cosas del cole, de los amigos, cantando villancicos con sus padres. Se lo pasaron genial. ¡Esto también puede ser Navidad! Alejandro Villalba Campos. 4º Primaria


LA JARRA MÁGICA Todos los niños de una misma parte del mundo estaban muy contentos y muy felices porque cuando llegaban las Navidades tenían siempre muchos regalos, mucha comida y muchos juguetes para jugar y divertirse. Genaro que era un niño de diez años siempre jugaba con su perro Flan, y se divertían mucho. Su amigo Bartolomé también de diez años como Genaro, se divertía jugando con Flan y ya pensaba en la Navidad.


Pero en otra parte del mundo que nada tenía que ver con el de Genaro y Bartolomé, también había niños, pero no parecían tan felices, ni había tantos juguetes para jugar ni tantas comodidades. Brandao era muy moreno, tenía nueve años y su hermana Vania tenía 7 años. Ambos se pasaban casi todo el día ayudando a sus padres en algunos trabajos y cuando podían también jugaban con juguetes algo más estropeados que los de Genaro y Bartolomé.


Un día Vania que estaba jugando con su hermano Brandao en un lugar donde había mucha arena, se encontró una jarra de barro. Pero no era una jarra cualquiera, porque cuando Vania la cogió con la mano, le habló y le dijo: “Eres una niña muy guapa y se que tienes un hermano mayor que tú que se llama Brandao. Vania le enseñó la jarra a su hermano. La jarra de barro habló y dijo: “Siempre que queráis podéis llenarme de agua y podéis beber, después podéis pedir un deseo, yo lo cumpliré, pero solo durante Navidad,


después me guardaréis hasta otras Navidades. Brandao y Vania comprendieron lo que la jarra había dicho, la llenaron de agua y bebieron cada uno un buche, luego pidieron un deseo, “queremos ir a otra parte del mundo a jugar con otros niños, donde hay muchos juguetes y mucha comida, y la jarra obedeció. Brandao y Vania conocieron a Bartolomé y a Genaro, y también a Flan. Se hicieron muy amigos y se lo pasaban muy bien. Pero Vania se acordaba mucho de sus padres y toda la gente que vivía


en su tierra. Pensó que no era justo y se entristeció mucho por eso. Llenó la jarra de agua y bebió para pedirle otro deseo. “Jarra, quiero que mi mundo sea igual que este y que tengamos las mismas cosas”. La jarra le contestó muy preocupada, que eso era muy difícil, y que solo se lo podía conceder de una manera. “¿Cómo?” preguntó Vania que había llamado a Genaro, Bartolomé y a su hermano Brandao para que escucharan el deseo. “Tenéis que poneros de acuerdo todos los niños de esta parte del


mundo para que la mitad de todas las cosas que tenéis pasen al otro mundo, donde hay muchos niños que no tienen nada. Genaro y Bartolomé se pusieron manos a la obra, ayudados por su perro Flan convencieron a todos los niños para que aceptaran el deseo de la jarra de barro. Y así fue como los dos mundos se convirtieron en uno igual para todos los niños que fueron más que antes y pasaron una feliz Navidad. Sergio Martín Salcedo. 6º Primaria


LOS TRES DETECTIVES Y EL CASO DE LA NAVIDAD Una noche de Navidad, pasó una cosa especial. Un viejo anciano egoísta y no creyente de la Navidad, cada vez que llegaba esa fiesta, él se enfadaba y no se sentía contento, al contrario. Él se llamaba Octavio y tenía ochenta y dos años. Tenía una hija y tres nietos llamados Vanesa, Raúl y Karina. Ellos tres eran muy felices cada vez que llegaba la Navidad, por sus regalos, por los Reyes Magos… Pero su abuelo amargado de la vida se enfadaba con ellos por creer en esa fiesta, y ellos pensaban que no era justo que el abuelo Octavio se comportase así con ellos, si la Navidad ere hermosa y además todos recibían regalos en una celebración tan espléndida. Una noche cuando volvió a casa, don Octavio empezó a gritar y dijo: “ porqué tiene que ser todo así” y enfado y triste se fue a la cama,


pero sus nietos por primera vez se preguntaron “¿Porqué odia el abuelo tanto la Navidad?” Los niños no lo sabían, estaban confusos. Ellos comenzaron a pensar cosas como estas: “Yo creo que los Reyes Magos no le regalaron nada y por eso se ha enfadado tanto con la Navidad”, “no, el niño Jesús le regaño”… Karina dijo: “eso son cosas absurdas, el abuelo tiene que tener otro motivo y hay que averiguarlo”. Los chicos comenzaron la búsqueda como investigadores, primero dijeron: “somos tres, así que somos un grupo, hay que ponerle un nombre al grupo”, a los demás les pareció una buena idea. “Nos llamaremos los tres detectives”, “vale, me gusta” dijo Vanessa. Al día siguiente, que era el día de Navidad, fueron directos a la acción los tres detectives. Buscaron por cajones y no había nada, por muebles y tampoco, por chaquetas y tampoco, en bolsillos del abuelo, en el monedero…pero, no había nada.


Eran las cinco de la tarde, Vanessa, Raúl y Karina fueron al dormitorio del abuelo y vieron un pequeño y misterioso mueble. Los chicos se preguntaron porqué nunca se habían parado a mirar ese pequeño mueble. Los tres detectives fueron y lo abrieron. “Eureka” dijo Raúl, habían encontrado un pequeño librito, ere muy misterioso y tenía un candado. Karina dijo: “creo que eso es un diario, y parece muy antiguo”. Vanessa dijo: “ necesitamos la llave para abrirlo”. Saquearon todo el mueble y no había ni rastro de la llave. Pensaron que quizás las tuviese el abuelo en algún sitio de su ropa, en el monedero…Eran las ocho de la tarde, había que darse prisa, pronto sería la cena de Navidad. “Vamos, vamos”, dijo Raúl. Los tres detectives buscaron por todos lados, pero nada. Vanessa dijo: “ solo falta buscar en el monedero del abuelo”. Y así fue, fueron sigilosamente y ¡tachán! “lo conseguimos” dijeron los tres a la vez, “ahora abramos el diario”.


Al leerlo los niños comprendieron porque el abuelo odiaba tanto la Navidad. Era porque sus padres no se llevaban bien, entonces no le dieron la felicidad que merecía, así que no conoció la verdadera Navidad como las demás personas. Los chicos le dijeron: “abuelo hemos leído tu diario. El abuelo contesto: “con que permiso, además como habéis conseguido las llaves. Karina dijo: “eso es una larga historia que ya se explicará, ahora escúchanos abuelo. Te comprendemos, pero tienes que aprender a disfrutar, la Navidad es una fiesta maravillosa”. El abuelo sorprendido dijo: “yo ya con mi edad no creo que pueda aprender a disfrutar. Además, después de tantos años de amargura no sé la verdad”. Los niños dijeron: “nosotros te ayudaremos abuelo”.


Don Octavio contento y dejándose llevar por sus nietos aprendió a disfrutar. Se volvió muchísimo más amable y alegre, y todas las Navidades regaló cosas a sus nietos y ellos le regalaron cosas a él. Así el abuelo Octavio vivió toda una Navidad de regalos, alegría y felicidad, lo que se dice una Navidad de verdad. Nazaret Jiménez Pérez. 2º de E.S.O


CONCURSO CUENTOS NAVIDEÑOS 2010