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[ Letras ] DE CAMBIO

SUPLEMENTO DE CULTURA DE CAMBIO DE MICHOACÁN | NUEVA ÉPOCA | COORDINADOR: VÍCTOR RODRÍGUEZ MÉNDEZ | 9DENOVIEMBREDE2013|

Sobre los últimos días de Lou Reed LAURIEANDERSON|PAG.3

La ciencia de la risa GUILLERMOCÁRDENASGUZMÁN|PAG.4

Buñuel por Max Aub MAX AUB | PAG. 5 CREACIÓN.YOLTICESPARZA|PAG.6

MIR(Í)ADA

La mediación educativa. Teoría y metodología JUANCARLOSJIMÉNEZABARCA|PAG.8

Camus, a 100 años Aforismos ALBERT CAMUS | PAG. 2


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Albert Camus, a 100 años Aforismos* que retratan el alma del gran escritor PORALBERTCAMUS

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En medio de la plenitud del aire y la fertilidad del cielo, parecía que la única tarea de los hombres fuese vivir felices.

...siempre nos equivocamos dos veces con los seres queridos, primero a su favor y luego en su contra. Quisiera poder amar a mi país amando a un tiempo la justicia. No quiero para él ninguna forma de grandeza, ni la de la sangre ni la de la mentira. El auténtico amor no es una decisión ni es libre. El amor es inevitable, es el reconocimiento de lo inevitable. No estoy hecho para la política porque soy incapaz de desear o de aceptar la muerte del adversario. La libertad no es un regalo que nos dé un Estado o un jefe, sino un bien que se con-

Albert Camus en París.

quista todos los días, con el esfuerzo de cada individuo y la unión de todos ellos. Las tiranías de hoy se han perfeccionado: ya no admiten el silencio, ni la neutralidad. Hay que pronunciarse, estar a favor o en contra. Pues bien, en ese caso, yo estoy en contra. Al comienzo, cuando creían que era una enfermedad cualquiera, la religión ocupaba su sitio. Pero cuando vieron que era seria, entonces se acordaron de los placeres. Nosotros escogeremos Ítaca, la tierra fiel, el pensamiento audaz y la acción frugal, la acción lúcida, la generosidad del hombre que sabe. [...] Y entonces nacerá la alegría extraña que ayuda a vivir y a morir, y que en adelante nos negaremos a aplazar para más adelante. El deseo físico brutal es fácil. Pero el deseo

al mismo tiempo que la ternura requiere tiempo. Es preciso atravesar toda la región del amor antes de encontrar la llama del deseo. No obstante, a menudo me han dicho: no hay nada de qué sentirse orgulloso. Pero sí hay algo: este sol, este mar, mi corazón palpitante de juventud, mi cuerpo salado y este inmenso paisaje donde la ternura y la gloria se reúnen en el dorado y el azul. Demasiada seguridad para el corazón del niño, y su vida adulta transcurrirá reclamando esa seguridad a quienes le rodean (cuando las personas no son más que la ocasión del riesgo y la libertad). Quienes se aman y deben separarse pueden vivir sumidos en el dolor, pero no hay desesperación: saben que el amor existe. ¡Y qué bien entiendo ahora que al alcanzar la madurez no hay un asunto más her-


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Sobre los últimos días de Lou Reed LOS QUE SE FUERON ::PORLAURIEANDERSON

A nuestros vecinos: ¡Qué otoño tan maravilloso! Todo reluciente y dorado y toda esa increíble luz suave. El agua nos rodea. Durante los últimos años Lou y yo pasamos tiempo aquí, y aunque somos gente de ciudad este es nuestro hogar espiritual.

moso para el hombre que su infancia pobre! Jamás he visto a nadie que muera por el argumento ontológico. Galileo, que había descubierto una verdad científica importante, abjuró de ella sin dudarlo en cuanto la verdad puso su vida en peligro. Prohibir que se mate a un hombre sería proclamar públicamente que ni la sociedad ni el Estado son valores absolutos, decretar que nada los autoriza a legislar definitivamente, ni a provocar algo irreversible. Cartel en un cuartel: “El alcohol mata al hombre y hace surgir a la bestia”, lo cual le permite entender por qué ama al alcohol. La cuestión para todos aquellos que no pueden vivir sin el arte y lo que él significa, es tan sólo saber cómo [...] sigue siendo posible la extraña libertad de la creación.

La semana pasada le prometí a Lou que lo sacaría del hospital y volveríamos a casa a Springs. ¡Y lo conseguimos! Lou era un maestro de tai chi y pasó sus últimos días aquí feliz y deslumbrado por la belleza y el poder y dulzura de la naturaleza. Murió el domingo por la mañana mirando a los árboles y haciendo la famosa posición 21 del tai chi con tan solo sus manos de músico moviéndose en el aire. Lou era un príncipe y un guerrero y sé que sus canciones sobre el dolor y la belleza en el mundo llenarán a muchas personas con la extraordinaria alegría de vivir que él tenía. Larga vida a la belleza que desciende y perdura y que se adentra en todos nosotros. Laurie Anderson Su amante esposa y eterna amiga. Publicado el jueves 31 de octubre a manera de obituario en el semanario estadounidense East Hampton Star, de Long Island.

Junto a ellos lo que sentí no fue la pobreza, ni la indigencia, ni la humillación. [...] Ante mi madre siento que pertenezco a un noble linaje: el que no envidia nada. Admitir la ignorancia, rechazar el fanatismo, reconocer los límites del mundo y del hombre, el rostro amado, la belleza al fin, ése es el espacio en el que nos reuniríamos de nuevo con los griegos. Cada vez que uno (que yo) cede a sus vanidades, cada vez que piensa y vive para “aparentar” se traiciona. Siempre fue la gran desgracia de querer aparentar lo que me disminuyó frente a lo verdadero. En plena oscuridad de nuestro nihilismo, he buscado solamente las razones para superar ese nihilismo. Pero no las he buscado en absoluto por virtud, ni por una singular elevación espiritual, sino tan solo por fidelidad instintiva a la luz donde nací y donde, desde hace milenios, los hombres aprendieron a saludar a la vida hasta en el sufrimiento. * Reunidos por la editorial Plataforma en Breviario de la dignidad humana, de próxima publicación.

Lou Reed y Laurie Anderson.


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La ciencia de la risa ARTÍCULO::Ademásdeestrecharlazossociales,estareacciónfisiológicapuedemostrardetallessobrelaevolucióndelacapacidadhumanadelhabla.PORGUILLERMO CÁRDENASGUZMÁN

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odos hemos escuchado alguna vez a alguien contar un mal chiste. O uno que nos parece demasiado simple. ¿Cuál es el colmo de un sordo? Que al morir le dediquen un minuto de silencio. Tam-bién ocurre lo contrario: que la gente ría a carcajadas aunque no haya ninguna situación hilarante. Incluso si usted no se ríe ni con los buenos chistes no se considere un aguafiestas: la ciencia, que es cosa muy seria, ha encontrado explicaciones para ello. Además de ser una reacción fisiológica, la risa es fundamentalmente un elemento de cohesión, un “pegamento” que promueve la formación de lazos sociales. Nos reímos más no ante las situaciones o frases graciosas que abundan en el discurso de los comediantes —o de algunos políticos— sino cuando convivimos con otras personas de manera cercana, en un ambiente familiar. Así, no es extraño que con frecuencia resulte difícil encontrar “el chiste” en una broma procedente de otras culturas. El estudio de la risa también puede aportar claves importantes sobre nuestra conducta e interacción social e incluso sobre el origen y evolución de la capacidad humana de hablar.

Esta es la audaz tesis que propone el psicólogo y neurocientífico Robert H. Provine, de la Universidad de Maryland (EU). “Preguntas muy difíciles sobre el comportamiento humano y el funcionamiento del cerebro pueden responderse mejor si resolvemos problemas más simples asociados con la risa. Por ejemplo, es más fácil comprender cómo se produce y percibe un ‘ja-ja-ja’ que un discurso complejo”, explica Provine. El académico, autor del libro La risa, una investigación científica (Laughter, a scientific investigation, publicado por Penguin Books en 2000) postula que esta reacción fisiológica es literalmente el sonido del juego, que se derivó de los patrones de respiración de nuestros ancestros primates, con la diferencia de que podemos controlar su ritmo.

Bajo control “Como el habla, la risa evolucionó para cambiar el comportamiento de otras personas: Al reírnos, lanzamos la señal de que deseamos incluir a alguien en nuestro juego, no atacarlo”, comenta vía electrónica el doctor Provine. Con esta idea coinciden los investi-

gadores Matthew Gervais y David Sloan, de la Universidad Estatal de Nueva York, quienes han rastreado los orígenes evolutivos de la risa, la cual —proponen— habría surgido a partir de los juegos de nuestros ancestros primates hace unos cuatro millones de años. Sin embargo, hace unos dos millones de años algunos homínidos adquirieron la capacidad de controlar en forma voluntaria los sistemas motrices faciales, con lo cual la risa adoptó funciones como enfatizar una conversación o transmitir sentimientos o ideas, según reportaron los autores en un artículo del Quarterly Review of Biology. “Los humanos actualmente podemos controlar a voluntad la risa y utilizarla para nuestros propósitos, como suavizar el tono de una conversación, apaciguar o convencer a otros, o incluso reírnos descaradamente de la gente que no nos gusta”, escriben en su artículo “The evolution and functions of laughter and humor”. Para ambos, la risa derivó en dos tipos principales: la del humor y la que funciona como “lubricante” de las relaciones sociales. Al respecto, Robert Provine apunta: “Distingo la antigua vocalización primate de la risa provocada por el humor, que es uno de


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sus detonantes cognitivos y lingüísticos de más reciente aparición”. Esta diferencia ha sido corroborada por los estudios de Dirk Wildgruber y sus colegas, de la Universidad de Tubingen (Alemania) quienes hallaron que durante la risa son activados distintos circuitos cerebrales involucrados en su percepción. Esto depende de si fue provocada por contacto físico (cosquillas), mofa o júbilo.

Diferentes circuitos cerebrales Los neurocientíficos encontraron —con el apoyo de escáneres de visualización cerebral— que las regiones que procesan información social más compleja fueron activadas mientras los voluntarios escuchaban una risa burlona o de alegría, pero no cuando oían una producida por cosquilleo. “Los patrones específicos de conectividad cerebral durante la percepción de diferentes tipos de risa probablemente reflejan una modulación de nuestros mecanismos de atención y procesamiento de las fuentes de información”, argumenta Wildgruber. Provine por su parte señala que el estudio de la risa explica por qué los humanos podemos hablar y los otros primates no. “Todo es cuestión del control de la respiración. Nosotros reímos mientras hablamos, al entrecortar las exhalaciones, mientras nuestros ancestros sólo consiguen una vocalización en cada respiro”. “Sólo los seres humanos podemos cortar una exhalación para generar un ja-ja-ja. La risa de otros primates —y quizás la de otros mamíferos, que también poseen esta habilidad— sólo tiene un sonido por cada ciclo de respiración”, reitera el autor del libro Comportamiento curioso, bostezo, risa, hipo y más. Provine ha realizado estudios de campo y grabaciones a 1,200 personas en un ambiente no artificial —banquetas, fiestas, centros comerciales— pues está convencido de que la risa, al ser un fenómeno social, no puede estudiarse adecuadamente con personas confinadas dentro de un laboratorio (lo cual ya intentó). Además, según el académico, el estudio de la risa así como de los circuitos neurológicos involucrados puede resolver problemas como la evolución del lenguaje humano. “Tiene el potencial para revolucionar el estudio del cerebro, así como la biología molecular revolucionó las ciencias de la vida”.

Buñuel por Max Aub LITERATURA::ViajealuniversobuñuelescoatravésdealgunosfragmentosdellibrodeMaxAub.

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idas paralelas. Posiblemente deberíamos morir los dos en México; sería lo justo. Para y por la obra, somos españoles: allí estudiamos el bachillerato y ambos nos hicimos hombres en la Península. Desde el ángulo de la cultura somos dependientes de la cultura española y francesa. Lo anglosajón nos afectó poco en el fondo, bastante en la forma. Siempre fui hombre de libros y no como Buñuel de casa y puños. Él fue del campo a la ciudad; yo al revés, por las vacaciones. Era de familia rica y yo no pasaba de burgués. Su padre, viejo, vivía de sus rentas. El mío, joven, de su trabajo. Su padre ya no viajaba. El mío no paraba en casa. Política. Nuestra diferencia fundamental reside en lo político. A él le importa más la justicia que la verdad. No a mí. Si fue o no comunista es un problema que no me atañe, que no he resuelto ni me importa. Estuvo, sin duda, al servicio de los comunistas; comu-

nistas fueron y son sus mejores amigos y como tales —como amigos— tan importantes para él como para mí. Fui y sigo siendo, desgraciadamente, socialista, es decir, mucho más liberal que él. Tanto monta: a ambos nos fue mal. Inteligencia. Luis Buñuel es inteligente. Es decir: desde el principio conoció sus límites. Sabe lo que puede hacer. Nunca se ha metido en camisa de once varas. Solo ha aceptado hacer lo que se sentía capaz de llevar a cabo honradamente. Siempre conoció sus límites. No es lo normal en personas que pueden hacer lo que quieran. Tiene buena memoria y nunca se pasa. Por eso es tan buen director aun de películas mediocres. Hay películas para comer y otras para decir lo que piensa de lo que ha visto y oído. Sordera. Es un hombre más complicado de Sigue en la página 7


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CREACIÓN

Telequinesis Yoltic Esparza

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odavía pasaba el tranvía por la esquina de avenida Cuauhtémoc; las tiendas regalaban corcholatas en grandes cantidades que podíamos recoger colocarlas en la vía del tren. Escucharlas crujir como galletas al paso de la pesada máquina eléctrica, era nuestro deleite. Las fichas aplanadas, cual monedas, hacían que nos sintiéramos adultos con poder de compra. Ahora tenía muchas y las llevaba hasta mi casa para construir vías artificiales del comedor a la cocina, del baño a la zotehuela, atravesando por todos los rincones de la casa y empujando los carros pequeños o imaginando la riqueza del mundo en una bolsa repleta con sonido metálico. Aquellos juegos eran divertidos, pero había cosas más sutiles por explorar. En la infancia el tiempo es un arte. En un puesto de periódicos podías comprar algo y te regalaban un facsímil de cualquier cosa. Si comprabas un cuento, te regalaban un pequeño libro católico con varias historias de santos y santas. La iglesia estaba ahí a la vuelta y como todos los niños, asistía regularmente a los catecismos para poder recibir la comunión. A uno lo obligaban a ir, pero andar en la calle era mejor que quedarme sentada entre las paredes grises, altas y frías, de una casa estilo colonial en la colonia Roma. Me agradaba salir, escuchar historias. Creía que recibir la comunión era más sencillo de lo que comúnmente se piensa. Tener que aprenderme los pasajes bíblicos, largos y aburridos como letanías, era cruel, superfluo. La idea de unirme con algo llamado Dios, me llenaba el cerebro de ideas; más que mías, inculcadas. De seguro Él me perdonaría por mi falta de memoria e incapacidad de platicar con alguien atrás de la cortina del confesionario. Él era Dios y tenía la obligación de perdonarme porque era perfecto y yo no. No entraría ahí, a ese lugar oscuro y prohibido; el misterioso e insondable cubículo de secretos ajenos. Me subía al ropero por las tardes, leyendo historias de santos y santas encima de un armario crujiente, que amenazaba tirarme al más mínimo movimiento. Era un buen escondite, donde nadie podía alcanzarme. Quedando en alto estaría más cerca de Dios, pensé; cosas de niños. Después de algunas páginas me sentía desesperada, leyendo sobre milagros imposibles y sueños de realidades intangibles. Aquel día me puse mallas color de rosa, leotardo, zapatos de charol y me dirigí a la esquina, al puesto de periódicos. La dulcería, camino a la iglesia, era un punto obligado en el que podía detenerme aunque fuera a mirar. No llevaba dinero, no podía comprar nada con las monedas hechizas. Solo mirar por el escaparate la codiciada fruta de las caries. Con la nariz pegada al vidrio resoplaba el vaho matutino y dejaba la marca de suciedad, al igual que todos los niños. El libro lo llevaba bajo el brazo, Niñas Santas a tu Edad. Si de edades se trataba, estaría dispuesta a semejante Gracia. Leí una y otra vez aquellos cuentos mágicos y milagrosos de niños y niñas, que podían ser yo, que podían ser ciertos. Uno de estos cuentos impresionó mi alma indagadora. No hubo lagos que cruzar a pie ni montañas con animales para hablarles. El cuento se refería más o menos a lo siguiente: era una vez una niña pequeña, como yo, que deseaba fervientemente recibir la comunión, pero que no contaba con la edad necesaria; el deseo era muy grande

Me dijeron que se llama telequinesis ¡qué palabra rimbombante! No sabía qué cosa quería decir. Ahí estaba, ante la delirante ocasión de repetir el milagro esa misma tarde. y tan ardiente, que viose unida al Cristo haciendo volar aquel pequeño círculo de pan, desde las manos del oficiante, hasta la boca misma de la santa. Tal vez fuera posible, concentrándome. La iglesia católica es muy rigurosa en estos temas, los niños solo pueden probarla —me refiero a la hostia— hasta que cumplen los ocho años de edad. Me dijeron que se llama telequinesis ¡qué palabra rimbombante! No sabía qué cosa quería decir. Ahí estaba, ante la delirante ocasión de repetir el milagro esa misma tarde. Tenía la misma edad, quedaría colocada frente a la humanidad restante en una posición privilegiada y bien fuera de lo común. Con tal información me dirigí a la iglesia del Rosario, majestuosa y gris, de construcción gótica con dos torres terminadas en punta. Una cúpula, grande y redonda como vientre materno, salía en medio de las dos torres; había un receptáculo en que cientos, tal vez miles de palomas, depositaban

montañas enormes de guano blanco. Entré y me senté. Podían observarse las marcas de los traseros de los feligreses en las bancas largas y pulidas por el roce de miles de ropas. La misa había comenzado silenciando el eco de las voces. Me daba igual, no se podía entender nada. Las misas eran en latín y los cantos como sueños remotos. Las imágenes, objetos dorados entre nubes. Todo eso me recordaba un escondite, un sótano, un secreto y un mundo inalcanzable. Al no entender, pensé en lo complicado que sería confesarme siendo que nunca lo había hecho. Por la edad, claro. Decidí saltar ese paso y dedicarme a la idea de alcanzar la comunión sin la confesión. Tener que contarle a un desconocido los errores cometidos a mis apenas siete años, sería un acto terrorífico. Un sudor frio humedeció mis manos; estaba ahí, tratando de hacer algo con la mente. Observaba la hostia desde mi lugar, pero ¡no podía lograr que volara hasta mi boca! Después de un esfuerzo casi insostenible, me levanté con rapidez, hincándome como todos ante el barandal de mármol y granito, esperando que llegara mi turno. Era tal mi confusión, que al acercarse el sacerdote di un salto y arrebaté de sus manos la codiciada hostia. El hombre bajo la sotana pareció enloquecer en segundos; rojo de ira ante mi comportamiento, se detuvo indignado. Yo estaba ahí, con la redondita luna blanca entre mis dedos, mirándola fijamente y ante el silencio sepulcral de decenas de miradas. El sacerdote gritaba: ¡diablo, excomunión, infierno! y quién sabe qué más. Levantando los brazos entre sus


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vestiduras elegantes, me invitó a salir del recinto sagrado. Entre gritos de juicio final, metí la hostia en mi boca, recitando el ya sabido “y con tu espíritu” haciendo la parte que me tocaba. Por un momento quedé petrificada. ¡Sacrilegio!, gritó. Aquel hombre adusto que parecía esconderse atrás de su indumentaria estaba mirándome encolerizado. Algo había salido mal. El pánico se apoderó de mí y salí corriendo como si hubiera visto un espíritu maligno. Corrí varias cuadras sin parar, hasta alcanzar la puerta de mi casa, el comedor, el cuarto, las cobijas. Metí la cabeza bajo la almohada queriendo entrar al mundo de los sueños y en efecto, caí dormida. Por un tiempo no volví a la misa, ni a la iglesia. Después me enteré que podía comprar las rebabas de las hostias, es decir, las partes de afuera que desechan cuando las cortan así, redondas como lunas llenas. Las vendían cerca de la iglesia y eran deliciosas. Compraba una bolsita y jugaba a la comunión. De todos modos mi vestido blanco había sido menos lindo que el de mi hermana y ella no me había querido prestar el suyo. Competencia y autoritarismo empaparon desde entonces mi vida religiosa. Las iglesias se tornaron lugares de esparcimiento y oportunidades para hacer travesuras. Meterme al féretro en la misa de difuntos o tocar objetos sagrados de la eucaristía, fue la fórmula lúdica de una infancia nerviosa y atemorizada. Por ir en contra. Un hombre colgado de una cruz. Un enorme cuerpo de color café oscuro con marcas de tortura y ubicado en la salida del lado izquierdo de la iglesia, parecía tener que ver con la promesa de un mundo mejor. Ojos cristalizados. Manos y pies sangrantes. Los pordioseros en el suelo con la mano extendida pidiendo dinero. ¡Por Dios! Los pies habían ido desapareciendo hasta quedar sin dedos por las caricias de los fieles. Desgastados objetos para la restauración. Mi abuela al pie de la imagen, rezaba incansablemente. Yo preguntaba: ¿Quién lo mató? ¿Cuándo van a bajarlo de ahí?

Viene de la página 5 lo que creen los que le tienen por complicado, y más sencillo de los que creen que es una persona sencilla. Le molesta la gente, por eso se ha vuelto sordo. Decidió un buen día que ya estaba bien de tantas molestias, que lo mejor era enconcharse y no oír. Acostarse a las ocho, y se acuesta a las ocho y no oye. Así se libró también del teléfono. Ya les dije que era un hombre inteligente. García Lorca. Federico, que tan bien le conocía y quería, solía decir: “¿Luis? ¿Buñuel? É mu bruto”. Buñuel se esponjaba; aguantó diez veces que en la Puerta del Sol o en la Cibeles —o donde fuera— los dejara plantados (a quien fuese con él): “Bueno, ustés se quedan. Yo me voy con gente importante”. Lo cuenta Buñuel con nostalgia y cariño. Federico hubiese sido incapaz de decir: “¿Qué? É un estúpido”. Porque estúpido no lo era Federico ni lo es Luis. Sí: la brutalidad es constitucional, orgánica, fisiológica. “El que bruto entra bruto se ausenta”, dice el adagio. Si así puede decirse, es una enfermedad natural. Tenía entonces Luis Buñuel no poco de brillante sin tallar. Ha envejecido bien. Los años lo pulieron desde todos los ángulos. Pero la calidad sigue siendo la misma de sus amigos, casado con una idea más justa del mundo y de los hombres: incapaz de engañar a nadie. Hormigas españolas. [El vaciado de su mano, hecho en 1928 para la filmación de Un perro andaluz] tiene un agujero en la palma donde colocaron las hormigas que hizo traer del Guadarrama y que encargó desde París al profesor Bolívar. Los naturalistas no volvían de su asombro porque hormigas de la misma familia existían en los bosques que rodean París. Cuento esta anécdota porque refleja bastante bien a mi personaje, tan español, tan tozudo que no puede creer que haya hormigas como las españolas aunque sean para ser filmadas en París en una película surrealista. Surrealismo. Soy más surrealista que nunca. La única literatura, la única poesía que me gusta es la surrealista. La única pintura que me gusta es la surrealista. Yo no era surrealista cuando llegué a París, me parecía una cosa de maricones. Leía sus cosas para reírme, igual que años atrás leía Ultra para divertirme en el tranvía, en Madrid. Y me sucedió lo mismo, acabó por metérseme dentro. En verdad, yo no pertenecí al grupo hasta el 29 o el 30. Después de Un perro andaluz, hasta el regreso del viaje de Aragón a Rusia. Empezaron las discusiones, las exclusiones del grupo. Y yo me quedé con Aragón y algunos otros. Sin embargo, cuando cierro los ojos, yo soy nihilista. De verdad, un nihilista total, un nihilista completo, sin reservas de ninguna clase.

la verdad: en qué intervino: cómo escribimos Un perro andaluz. La parte que le toca en La edad de oro es muy poca, porque ya estaba bajo la influencia de Gala, que es la mujer que más odio. De verdad, estaría encantado de que lo insultáramos. Cuando voy a Madrid o me dan algún premio, me pone telegramas: «Tienes que venir a Cadaqués», «Ahora sí haremos cosas estupendas», «Te beso en la boca». O a Venecia, donde me los pone en italiano. O a París, donde los recibo en francés. Solo una vez en que vi las cosas muy negras, pues me decía que o iba yo a Cadaqués o se presentaba él en Madrid, le contesté sin enfadarme: «Agua pasada no mueve molino». Y no te creas, no me disgustaría encontrármelo frente a frente, un día, repetirle lo que ya le dije y añadir las cuatro frescas que tengo que echarle en cara, y luego, a lo mejor tomarnos unas copas juntos. Un hijo de puta; él fue el responsable de que me pusieran en la calle en Nueva York. Pero durante muchos años, de los 20 a los 30, fue mi mejor amigo. Fuimos muy amigos, de verdad, muy amigos. M.A.: Y eso cuenta. L.B.: Sí, si se es un sentimental como yo, sí. Pero sin Gala. A esa, ni en pintura. Nunca vi a nadie con más mala leche. Lo echó a perder totalmente. Pero vamos a no darle más importancia de la que tuvo. Yo fui de París a Cadaqués. Iba a hacer una película de Ramón con el dinero de mi madre. Hablamos de eso y en seis días hicimos el script de Un perro andaluz. De la filmación, él no hizo nada. Llegó el último día con su madre y su tía. Lo único que hizo fue poner los burros en los pianos y el alquitrán en los ojos. En La edad de oro no hizo nada. Por eso firma el manifiesto de los surrealistas acerca de la película, y yo no. ¡Cómo iba a firmar yo algo a favor de lo que había hecho! Ir al cine. Yo iba mucho al cine. Ya íbamos en Madrid y seguí yendo en París. Claro que iba uno a magrear a la novia. Era el único sitio donde se podía. Porque, si no, no le dejaban a uno ni a sol ni a sombra. No digamos cogerla de la mano. Hubiera sido un escándalo. El cine era otra cosa. Pero, además, nos gustaban mucho las películas cómicas, los cómicos norteamericanos: Ben Turpin, Fatty, las bañistas de la Keystone, Buster Keaton, Harold Lloyd y Harry Langdon. Eso nos encantaba. También las películas del Oeste.

Manifiestos. Los extranjeros no firmábamos más que los documentos anodinos o los que se referían exclusivamente a temas artísticos. Cuando se trataba de algo serio, de cagarse en la familia, en la patria, en la bandera, eso solo lo firmaban los franceses. Tenían mucho cuidado. ¿Quieres un whisky?

Películas comerciales. L.B. Por hacer algo, no me hacía falta dinero, me dediqué a hacer cine comercial hasta el principio de la guerra. Un poco avergonzado. M.A. ¿Fue el fracaso de Tierra sin pan, el nombre francés que tuvo Las Hurdes, lo que te llevó a admitir cargos en compañías cinematográficas americanas? L.B. No, no, de ninguna manera. Yo quería practicar. Saber. Además, después de Un perro andaluz, de La edad de oro, de Las Hurdes, yo me decía: “Adiós al cine. ¿Quién me va a contratar a mí?”. Además, a mí me encanta el orden y la organización, así que eso de administrar y dirigir lo hacía con mucho gusto. De hecho, yo había acabado con los surrealistas. Ya no me interesaban. M.A. Pero sí el surrealismo. L.B. Naturalmente, como que me parece la única cosa seria de nuestro tiempo.

Dalí. Max Aub: Por cierto, Luis, ¿qué vas a decirme de Dalí? ¿Cómo quieres que salga en el libro? ¿Vamos a decir de verdad todo lo que es? Luis Buñuel: Diremos escuetamente

Fragmentos del libro Luis Buñuel, novela. Max Aub. Edición de Carmen Peire. Cuadernos del Vigía. Granada, 2013. 604 páginas + DVD audio (101 minutos).


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MIR(Í)ADA

La mediación educativa. Teoría y metodología* JUAN CARLOS JIMÉNEZ ABARCA

juancjimeneza@gmail.com

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a necesidad de amalgamar la teoría con la práctica indica una maduración del campo de la educación en los museos, que durante los años ochenta fue criticado por la ausencia de bases teóricas respecto a la educación. En la de programas educativos que elucidaban e ilustraban las obras de arte en los acervos del museo; en otras palabras, la información histórica del arte determinó los contenidos y las estrategias de atención a los públicos. Sin embargo, durante las décadas del 70 y 80 fueron integrándose paulatinamente elementos de teoría de la comunicación y psicología educativa con la finalidad de crear técnicas de enseñanza más efectivas e interactivas. Se desarrollaron estrategias interrogativas para estimular habilidades de pensamiento de acuerdo a las inteligencias múltiples de los visitantes al museo (atendiendo a los estudios de Howard Gardner en 1983), abordando no sólo las colecciones, sino también vías para producir experiencias significativas de los públicos a nivel individual. La distancia se hizo patente: mientras los educadores en museos enfocaban sus esfuerzos en la práctica del “qué y cómo” enseñar, investigadores procuraron identificar cómo las personas aprenden en los museos. En un artículo titulado Bridging the Theory-Practice Divide in Contemporary Art Museum Education (2005), Melinda M. Mayer ofrece un panorama de las estrategias de enseñanza en espacios museales y culturales, basadas en teorías educativas. 1) El Constructivismo. Esta perspectiva ha ganado influencia en las últimas décadas, atendiendo a las investigaciones de John Dewey, Jean Peaget y Lev Vygotsky. La obra que aterriza esta perspectiva en el ambiente de la educación en museos es Learning in the Museum (1998) de George Hein. Sostiene que los visitantes construyen conocimiento haciendo conexiones entre sus vidas y los objetos que encuentran en los museos. Más precisamente, los significados que el visitante obtiene de su experiencia en el museo se encuentra determinada por las expectativas que éste guarda, y no tanto por las metas de los diseñadores de la exhibición. Dos prerrogativas esenciales del método constructivista: primero, el participante debe estar activa-

miriadacolumna.blogspot.com

actualidad, educadores de museos de arte tienen acceso a diversas teorías sobre el aprendizaje así como también estrategias emergentes de enseñanza. Previo al desarrollo de conocimientos sobre

mente comprometido en el proceso de aprendizaje. Y segundo, lo que se aprende debe confirmarse por el mecanismo propio del visitante para producir significado, no tanto por criterios disciplinares externos a éste. Un ejemplo de método para el aprendizaje en museos, desarrollado bajo la perspectiva constructivista, es el llamado “Estrategias de Pensamiento Visual” (VTS por sus siglas en inglés), planteado por Abigail Housen y Philip Yenawine. A través de una guía interrogativa, se busca estimular la habilidad del visitante para interpretar relaciones, contenido y significado de las obras de arte. La meta consiste en que las personas construyan una comprensión propia acerca de las obras. Housen y Yenawine conceptúan al visitante de museos (sea joven o adulto) como “observador principiante.” Reconocer lo que los observadores hacen de manera natural al interpretar imágenes, y contribuir a su “crecimiento” o “maduración” debe ser el objetivo del educador en museos al seleccionar secuencialmente diversas obras, empleando las preguntas adecua-

cómo la gente aprende, educadores en museos enfocaron su atención en qué y cómo debían enseñar. La materia de trabajo pareció obvia en ese momento: la colección. Por tanto, las bases de enseñanza consistieron en prestación

das y facilitando una reflexión basada en la observación. Ello aporta al desarrollo de una “alfabetización visual” que puede transferirse a diversas esferas de la vida cotidiana y otras disciplinas, enriqueciendo la experiencia y abordaje del individuo respecto a su entorno. 2) Modelo Contextual de Aprendizaje. La contribución doble de John Falk y Lynn Dierking al discurso sobre aprendizaje en un ambiente museal consistió en la elaboración de un método para el desarrollo de conocimiento que trasciende el objeto de arte y en la perspectiva que sostiene que los visitantes se involucran al ambiente del museo a través de un aprendizaje de libre elección. Como punto de partida, se reconoce en el visitante un empalme de contextos personal, sociocultural y físico. Los visitantes traen consigo al museo su contexto de experiencia personal. Mientras el museo presenta contenidos culturales, los visitantes asisten acompañados, en grupo (familia, amigos u otros), lo que establece un contexto sociocultural. El físico, en cambio, incluye la materialidad del edificio y sus elementos (desde el es-

tacionamiento, la tienda, restaurante y baños, hasta las galerías). El aprendizaje en el museo, por tanto, es dirigido a través de las decisiones propias, motivaciones e intereses que suceden en la simultaneidad de estos tres contextos. En algunos aspectos, la noción de “enseñanza informal”, generalmente aducida a los museos como instituciones educativas, es suplantada por el concepto de “aprendizaje por libre elección”. 3) La Teoría literaria. Más reciente y menos utilizada, fue desarrollada por Lisa Roberts en From Knowledge to Narrative (1997). Da la vuelta a la noción añeja de que el propósito de un museo es revelar información histórica a través del despliegue de objetos. Apunta a que el conocimiento impartido por un museo siempre ha sido una historia, y más: una historia oficial. Roberts sostiene que el aprendizaje ocurre cuando el visitante crea su propia narrativa basada en lo que ve. La interpretación es moldeada tanto por las experiencias de vida que el visitante trae consigo como por las obras mismas, y en esto el planteamiento es distinto al Constructivismo. Pero puede comprenderse como una derivación de la noción que dicta que “[…] es el lector y no tanto el autor quien determina el sentido de un texto”. Aunque no plantea estrategias concretas, Roberts llama la atención acerca de que las narrativas oficiales, institucionales, a través de los museos no se encuentran completas, lo cual abre un panorama para la práctica de la enseñanza con una participación más activa por parte del visitante del museo. Esta perspectiva guarda correspondencia con el desarrollo de “nuevas historias del arte” como Visual Theory: Painting and Interpretation (1991) de Keith Moxey y, para el caso de nuestro país, los cuatro tomos de Hacia otra historia del arte en México (2003) publicado por Curare y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. * Fragmento de la investigación “Arte, educación e investigación crítica 2008-2012”.

Letras 9 de noviembre  
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