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MORELIA, MICHOACÁN, 11 DE OCTUBRE DE 2013

Urandén, principal reserva del pez blanco.

SALVADOR J IMÉNEZ Pocas personas saben que Janitzio no es la única isla aguas adentro del famoso Lago de Pátzcuaro, pues comparte su encanto y atractivo con otras ocho. Siete de ellas están pobladas y en algunos casos compiten ventajosamente con el «lugar donde se empezó a poblar», traducción al castellano de «Janitzio», que también se traduce como «maíz de elote» o «lugar donde llueve», aunque se dice que la más idónea es la que hemos citado en primer término. Las islas Tecuena y Tecuanita forman un conjunto; Yunuén y Pacanda, ambas extraordinarias, constituyen otro; las tres islas Urandenes, integran un grupo más; el último lo conforman Jarácuaro y Copujo. Mencionaremos en este espacio algunas de las islas que se ubican en el Lago de Pátzcuaro:

ISLA DE JANITZIO Janitzio significa «cabello de elote». Esta isla se encuentra situada al sur del lago, frente a la ciudad de Pátzcuaro. Es la más conocida de toda el área Lacustre. Su historia data de la época prehispánica. Cuenta una leyenda que los reyes purépechas guardaron aquí sus tesoros de oro y plata. Entre sus múltiples atractivos

PERLAS DE UN LAGO podemos citar la estatua de don José María Morelos; su parte más alta ofrece una espléndida vista. En Janitzio podemos disfrutar del sabor incomparable del pescado blanco, una de las especialidades de la cocina regional.

JARÁCUARO Significa «lugar donde se adora al dios Xaracua». Cercana a la ribera oeste del lago, Jarácuaro está unida a tierra firme mediante un puente que permite el acceso en vehículo. Sus pobladores conservan el idioma y las costumbres purépechas, la famosa «Danza de los viejitos» ha dado lustre a esta isla, de donde surgió para triunfar internacionalmente.

PACANDA Significa «empujas algo en el agua» y se localiza al centro del lago, esta isla tiene una peculiar forma circular, es la segunda en tamaño después de Janitzio. En

Yunuén, con moradores de esfuerzos. su interior encontramos una laguna de singular belleza, donde abundan la carpa y el pato, componentes importantes de su deliciosa gastronomía. Sus habitantes se dedican a la agricultura

aprovechando la topografía plana de la isla.

TECUÉN

nombre significa «miel buena» en castellano. Se ubica al norte de Janitzio y es un lugar que invita al descanso y la reflexión.

La isla más pequeña del Lago de Pátzcuaro se llama Tecuén, su

URANDÉN En realidad no es una isla, sino tres


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Janitzio comparte su encanto y atractivo con otras ocho islas, siete de ellas están pobladas.

Pacanda, cuenta con una deliciosa gastronomía.

Jarácuaro morada del Dios Xaracua y artesanos del sombrero.

situadas al sur del lago, están rodeadas por canales de gran belleza. Urandén significa «batea». Aquí se encuentran las principales reservas del pez blanco de toda la zona Lacustre. Sus habitantes son verdaderos maestros en la pesca con redes de mariposa.

YUNUÉN Yunuén significa «media luna». Los principales atractivos de esta isla son su vegetación siempre verde y la arquitectura, por lo típi-

co de sus construcciones. La parte suroeste de la isla es el lugar favorito de las garzas y otras aves que ahí anidan. Su embarcadero, junto al antiguo faro, está rodeado de árboles frutales. De todas las islas, Yunuén merece especial mención, ya que con el apoyo del gobierno estatal y el esfuerzo ejemplar de sus moradores se ha desarrollado un centro vacacional de alto nivel. Cuenta con una sala de convenciones con modernos equipos electróni-

cos, salón de juegos de mesa, dos comedores -uno de ellos al aire libre- atendidos con tal esmero que pueden servir de ejemplo de lo que quiere decir «conquistar al turismo». Este conjunto cuenta con unas comodísimas cabañas rodeadas de árboles y jardines. El desarrollo turístico es atendido y administrado por los isleños, quienes hacen su mejor esfuerzo para que la estancia de los visitantes sea grata y confortable. La transportación turística a través del lago está cubierta por 150 lanchas de motor, cuyos tripulantes pueden conducir a los viajeros a cualquiera de los extraordinarios canales que lo rodean, sitios idóneos para que los pescadores ejerzan su oficio utilizando sus famosas redes que emulan alas de mariposa. La conservación y sanidad del lago están al cuidado de tres gigantescas dragas cosechadoras que tienen un excelente equipo de trituración y un enorme almacenador para el acarreo de basura. Trabajan constantemente, pero si se presenta alguna emergencia durante el periodo crítico de crecientes, su número se duplica para operar en forma ininterrumpida las 24 horas del día. Las islas y los canales en el Lago de Pátzcuaro están siempre rodeados de garzas y gaviotas que revolotean encima de las embarcaciones en busca de alimento, lo que constituye un atractivo más para el turismo, no pocos aprovechan para tomar fotos o videos de las aves para llevarlos como recuerdo y testimonio de su visita al Lago de Pátzcuaro.


c i a n • m a g e n t a • amarillo • n e g r o

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SALVADOR JIMÉNEZ La mayoría de los poblados de la zona Lacustre de Pátzcuaro tienen sus antecedentes en la época prehispánica, pero fue después de la Colonia que don Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán, dio identidad y personalidad a los pueblos asentados en la ribera del lago, fundando hospitales para la gente pobre y casas de huéspedes para viajeros. Vasco de Quiroga enseñó a los indígenas nuevas técnicas de elaboración artesanal que enriquecieron las prehispánicas. La producción de artesanías de estos pueblos consiste en trabajos de madera, hierro forjado, cobre, hojalata, alfarería y textiles. Esta región cuenta con dos zonas arqueológicas en Ihuatzio y Tzintzuntzan. Un recorrido por la carretera panorámica que rodea el lago nos permite admirar la belleza del afluente con sus aguas plateadas y las diferentes islas que concentran gran parte de la comunidad purépecha; que mantiene viva una cultura con lengua propia y grandes tradiciones entre las que resalta la Noche de Muertos, nombrada por la UNESCO Patrimonio Intangible de la Humanidad. Las comunidades consideradas más importantes de la ribera y aguas adentro del Lago de Pátzcuaro son Janitzio, Tzintzuntzan y Santa Fe de la Laguna. Detallamos aquí lo más importante de ellas: Janitzio basa su importancia en una leyenda que dice que los habitantes de esta isla son los purépechas más antiguos y es en este lugar donde se habla con más pureza esa lengua, ya que su natural aislamiento por tierra impidió ser «contaminados» por otras culturas. Es ésta la más grande de las islas patzcuarenses, famosa por la celebración de Noche de Muertos cada primero de noviembre, es en esa noche cuando, según la leyenda, surge entre las sombras de la noche la princesa Mintzita -hija del último cazonci- y de Itzihuapa -hijo del Señor de Janitzio-, quienes profundamente enamorados, no pudieron desposarse a causa de la inesperada llegada de los conquistadores. La princesa ofreció el gran tesoro al conquistador Nuño de Guzmán, a cambio de la libertad de su padre. Itzihuapa se convirtió en el vigésimo primer guardián de tan inmensa riqueza oculta en las profundidades del lago, entre Janitzio y Pacanda, es durante la Noche de Muertos cuando despiertan los guardianes del tesoro para, al tañir de las campanas de la parroquia local, subir caminando la cuesta de la isla. En la cúspide, la majestuosa escultura en honor al Generalísimo José María Morelos y Pavón, de estilo art deco y con 40 metros de altura revestida con cantera rosa, a través de una escalera dispuesta en el interior

ALREDEDORES DE UN ESPEJO Tzintzuntzan fue capital del reino purépecha.

Janitzio, lugar con leyenda.

Si recorres la carretera panorámica que rodea el lago te permitirá admirar la belleza del afluente con sus aguas plateadas Huatápera de Ihuatzio.

Es Santa Fe de la Laguna una de las comunidades más antiguas de la geografía purépecha. del monumento se puede escalar hasta el puño de la mano derecha que Morelos mantiene levantada en señal de triunfo, en la parte más alta se ubica un mirador que permite admirar el lago y las islas vecinas. Tzintzuntzan fue capital del reino purépecha antes de la llegada de los españoles, que tuvo lugar en 1521. Existe aquí un conjunto de vestigios

arqueológicos conocidos como Las Yácatas; también el centenario Convento Franciscano, donde Tata Vasco, quien llegó a esta ciudad purépecha como oidor de la Corona española y trasladó la capital de la provincia de Michoacán a Pátzcuaro, en ese entonces un barrio de Tzintzuntzan, cuya traducción a la lengua de Cervantes es «lugar de colibríes».

Esta ciudad constituye uno de los mejores ejemplos de conservación del legado de Tata Vasco, con la zona arqueológica de Las Yácatas, que nos muestra cómo era la vida de los purépechas, además, el conjunto conventual de Tzintzuntzan -hoy cabecera del municipio que con el mismo nombre- se distribuye en un espacioso atrio que nos conduce, a

través de un camino de piedra rodeado de centenarios olivares plantados por mandato de don Vasco, al templo de San Francisco, al Ex Convento de Santa Ana, al templo de la Virgen de la Soledad y al antiguo Hospital de Indios. Este pueblo conserva sus tradiciones indígenas, como la «Danza de los paloteros» y el ritual de vela-

ción en el cementerio durante la Noche de Muertos, también destacan sus artesanías: alfarería de alta temperatura, textiles bordados con motivos prehispánicos y una diversidad de artículos elaborados con fibras vegetales. La comida más representativa de Tzintzuntzan es el churipo de pescado, el atole de grano y otros produc-

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tos del maíz. La antigua capital purépecha tenía zonas residenciales para la clase dinástica, los estratos medios y los niveles bajos de su sociedad. Había talleres y pequeños templos y un centro ceremonial ubicado sobre una plataforma de 400 metros cuadrados, aproximadamente, con una rampa de acceso en el centro. En Santa Fe de la Laguna, el primer obispo de Michoacán inició su obra evangelizadora. La cabecera municipal, Quiroga, tomó por nombre el ilustre apellido de don Vasco para rendirle pleitesía. Es Santa Fe de la Laguna una de las comunidades más antiguas de la geografía purépecha, conserva las tradiciones y gran parte de su fisonomía arquitectónica, en esta tenencia quiroguense, la comunidad guarda un profundo respeto hacia los ancianos (Tata K´eri), quienes tienen un gran peso moral y la ancestral indumentaria femenina, compuesta por faldas plisadas, delantal de colores y rebozos azules con rayas negras, se conserva intacta. Entre sus edificios destaca el antiguo Hospital del Pueblo que data de 1533, fue fundado por Tata Vasco y es casa de Nuestra Señora del Rosario, y La Huatápera, a cargo de los semaneros (familias que se turnan cada siete días para atender a la venerada imagen), quienes aprovechan los fogones tradicionales para preparar alimentos regionales, como pescado blanco, charales y pozole, entre otros. También existen un grupo de jovencitas, conocidas como guananchas, que se encargan de dar mayor esplendor al culto, festejan a su patrona el 7 de octubre paseando a la Virgen del Rosario en andas por las principales calles de la comunidad. En el templo de San Nicolás de Bari se venera al Señor de la Exaltación, cuya figura está cubierta de telares casi todo el tiempo, lo que impide al turista contemplarlo, si visita la parroquia en fechas distintas a las de la festividad en su honor, que tiene lugar el 14 de septiembre. En este templo, que está por cumplir su primer centenario de restauración el 6 de diciembre, hay una cruz atrial que data de «octubre 28 de 1764…», de acuerdo a una inscripción en su brazo derecho. El 6 de diciembre, Santa Fe de la Laguna festeja a San Nicolás de Bari, santo patrono local, cuya imagen es paseada en andas por cargueros de la localidad. La plaza principal de la población está presidida por una estatua de Tata Vasco, se encuentra rodeada de portales donde hay talleres artesanales, hostales y establecimientos de diversos giros comerciales, entre otras cosas; por la mañana se ofertan alimentos, como pozole, pescado blanco, y pan de las comunidades vecinas San Andrés Tziróndaro y San jerónimo Purenchécuaro.

Herencia cultural en la ribera de Pátzcuaro

S ALVADOR JIMÉNEZ De acuerdo a un reporte entregado a El Vaticano en 1754, en Pátzcuaro existían dos congregaciones religiosas, una formada por la Orden de San Francisco de Asís y la otra era la de San Agustín. Los franciscanos fueron los primeros en llegar a la región, cubrían los barrios de San Agustín, San Bernardino y el de San Joseph Huecoreo, en la ciudad lacustre, y dos pueblos: San Andrés Thocuaro y San Miguel Nocuchepo. Por su parte, el curato patzcuarense estaba conformado por los barrios de San Salvador y los pueblos de Zurumútaro, Cuanajo y Tupátaro. Hoy, las comunidades indígenas enarbolan la cultura y tradiciones purépechas que han prevalecido a través de los siglos. Los indomables purépechas resistieron los intentos conquistadores de los aztecas, los peninsulares no los sometieron del todo;

orgullosos de su estirpe hoy nos muestran en diversas maneras que han mantenido el legado de sus antepasados. Aprovechan los recursos de la madre tierra, que todos sabemos, incluyen el agua, del Lago de Pátzcuaro.

LAS FIESTAS Y COSTUMBRES EN LA ZONA LACUSTRE SON: Las principales festividades en la zona Lacustre tienen connotaciones religiosas y constituyen una mezcla de la cultura purépecha con la española y otras culturas europeas, la Noche de Muertos es la celebración que más ha trascendido llegando a traspasar fronteras por su solemnidad y esplendor, además de la Semana Santa.

VARIADA ARTESANÍA Los artesanos de la región Lacustre elaboran artículos de madera y cantera, así como

cestería de tule y chuspata que extraen del lago, elaboran juguetes tradicionales, muebles, ropa típica como rebozos, gabanes, vestidos, blusas, también dan forma a magníficas piezas de alfarería.

ANCESTRAL GASTRONOMÍA La gastronomía purépecha es deliciosa, variada y ancestral; destaca el pescado blanco, la sopa tarasca, el churipo y alimentos elaborados con base en el maíz, como los tamales, las corundas y los huchepos; podemos mencionar también el chocolate de metate molido a mano, las enchiladas y los boquerones, incluso la famosa nieve de pasta, tradicional en Pátzcuaro.


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SALVADOR J IMÉNEZ En su traducción al castellano, Ihuatzio es un vocablo purépecha que significa «lugar de coyotes», equivalente al náhuatl «Coyoacán». Esta población fue fundada por los purépechas en la ribera oriental de la cuenca del Lago de Pátzcuaro, en sus inmediaciones se ubica una zona arqueológica que fue utilizada como observatorio astronómico y posteriormente fue un importante centro ceremonial, esta antigua ciudad purépecha cuenta con importantes monumentos prehispánicos, como las yácatas dedicadas al Dios Curicaveri y a la Diosa Xaratanga, ambas se levantan sobre una enorme plataforma rectangular nivelada artificialmente y denominada Plaza de Armas. Al final de la Plaza de Armas, dentro del mismo espacio, se levantan dos estructuras piramidales, de planta rectangular y conformadas por varios cuerpos escalonados, se asientan sobre una plataforma. Los muros están construidos a base de sistema de lajas colocadas horizontalmente cubriendo un relleno de piedra y tierra. Su acabado consistió en janamus (bloques de tezontle) que tapaban totalmente las estructuras y que han desaparecido casi en su totalidad, sólo unos restos se observan en la cara oriente de una de las estructuras piramidales. A ambos lados de la Plaza de Armas se encuentran dos muros laterales escalonados denominados muros-calzada, que se usaban como caminos y eran centro de actividades ceremoniales, además de que constituían un sistema de comunicación entre las primeras construcciones y los puntos de acceso al sitio, servían de murallas defensivas y limitaban la entrada al lugar. Los cuerpos escalonados miden 2.5 metros de altura en promedio y están construidos con un sistema similar al de los edificios rectangulares: un núcleo de tierra y piedras, cubierto por lajas. No se descarta la posibilidad de que se desarrollaran también en este lugar algunas actividades de carácter económico, mercado o intercambio de productos (trueque). Incluso se atribuye a la Plaza Mayor que eventualmente funcionara como cancha para encuentros de juego de pelota. Ihuatzio es el asentamiento tarasco prehispánico de mayor complejidad y diversidad arquitectónica, los vestigios de construcciones, plazas, calzadas, patios y espacios cerrados abarcan una extensión aproximada de 1.7 kilómetros cuadrados, sobre una meseta poco elevada.

Ihuatzio es el asentamiento tarasco prehispánico de mayor complejidad y diversidad arquitectónica, los vestigios de construcciones, plazas, calzadas, patios y espacios cerrados abarcan una extensión aproximada de 1.7 kilómetros cuadrados.

Parroquia de San Francisco

EN IHUATZIO, ASTRONOMÍA Y CULTO A LOS DIOSES

La zona arqueológica fué utilizada como observatorio astronómico y posteriormente fue un importante centro ceremonial, esta antigua ciudad purépecha. Investigaciones realizadas tanto en el sitio como a nivel regional arrojan evidencias de que hubo en este lugar dos etapas de ocupación: la fase temprana de filiación

nahua, y la fase tardía bajo el control y dominio de los purépechas. Una serie de grupos de lengua nahua y probablemente sedentarios arribaron a la región en la pri-

mera etapa. Al ocupar la cuenca de Pátzcuaro contaban con una incipiente tecnología en producción de alimentos. Las condiciones naturales y la abundancia de recursos alimentarios fueron determinantes para un rápido poblamiento de la zona. En la siguiente etapa, el grupo tarasco logró controlar un extenso territorio, asentándose en la ribera del lago e imponiendo un sistema tributario basado en su gran capacidad bélica. Junto con Tzintzuntzan y Pátzcuaro, Ihuatzio es uno de los asentamientos purépechas más importantes. La influencia de don Vasco se siente en la parroquia y curato de San Francisco de Asís, de la co-

munidad indígena de Ihuatzio, que data del siglo XVI y tiene detalles preciosos de arcos y relieves en su fachada. De acuerdo a una inscripción que se encuentra en uno de los muros de la torre, el inmueble fue sometido a trabajos de restauración, labores que concluyeron el 10 de julio de 1947. En esa parroquia se venera a San Francisco y en su retablo principal se encuentra una imagen del crucificado flanqueado a su lado izquierdo por el santo nativo de Asís, todo el altar y el acceso al recinto se encuentran bellamente decorados con flores en colores rojo, morado, amarillo y blanco. La fachada del templo refleja con una imagen en la parte alta, la devoción del pueblo de Ihuatzio por la Virgen de Guadalupe. A los lados de la puerta principal quedó plasmada la mano indígena en la edificación del espacio religioso: recordando la vocación pesquera de la región se trazó una canoa tripulada por un indígena purépecha y un hombre español, a un lado, se encuentra un pez y del otro lado una palma. En la torre del templo, justamente bajo el campanario fueron colocados el sol y la luna, dos deidades de la cultura purépecha, personificadas en Tata Juriata y Nana Cutzi (papá sol y mamá luna).


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CÓMO LLEGAR Saliendo de Morelia se toma la carretera Pátzcuaro-Tzintzuntzan, posteriormente se toma la desviación a Cucuchucho con dirección a Quiroga hasta la localidad y embarcadero de Ucazanástacua. También se puede tomar la carretera nacional número 15, MéxicoNogales, rumbo a Quiroga, y una vez en esta población continuar rumbo a Tzintzuntzan, distante unos cuantos kilómetros. Al llegar al «lugar de colibríes» hay que doblar a mano derecha en la calle Aristeo Mercado de esa población, conduciéndonos a una carretera serpenteante que comienza en la comunidad de Ichupio y corre por toda la orilla del espejo de agua, llevándonos directamente a la comunidad indígena de Ucazanástacua.

Ucazanástacua Cabañas de Oponguio.

Hacienda Ucazanástacua.

acuática y subacuática. La fauna acuática también es rica en especies, siendo la más importante el pez blanco, la sardina, el charal, la carpa, la trucha, la mojarra y el bagre de agua dulce. Entre las aves, hay una gran cantidad con población de chupamirtos, cuervos, pájaros bandera, tordos y zanates. Entre las aves acuáticas se pueden encontrar tordos, garzas, gaviotas y golondrinas; entre los mamíferos se puede mencionar el puma americano, coyotes, ardillas, tuzas, tejones y zorrillos. También existen algunos crustáceos. La flora de la zona es abundante en pinos, encinos, cedros, oyameles y juníperos, también se logran apreciar lirios, palmeras, juncos y musgo; distintos tipos de flores, además de chuspata (tule o ixtle). La altiplanicie cuenta con una vegetación dominante de matorral xerófilo, siendo frecuentes también los pastizales y el bosque espinoso con presencia de acacias.

CULTURA

Ucazanástacua al natural.

SALVADOR JIMÉNEZ El Lago de Pátzcuaro es un cuerpo de agua de aproximadamente 130 kilómetros cuadrados y alimentado por manantiales subacuáticos; existen cinco is-

las y diversas comunidades purépechas que circundan la rivera del embalse, conocida también como Circuito del Lago. Se ubican aquí poblaciones indígenas de tamaño y población variada, como Ucazanástacua,

Tarerio, Oponguio, Erongarícuaro, San Jerónimo Purenchécuaro, San Andrés Ziróndaro, Puácuaro, Arocutín, Ihuatzio e Ichupio, entre varias más. Esta paradisiaca región se caracteriza por tener una vegetación

muy variada, compuesta por bosques mixtos de pino, encino, oyamel, pastizales, matorral subtropical, matorral desértico micrófilo, especialmente asociaciones de huisache y mezquite y vegetación halófila, además de vegetación

Ucazanástacua es una pequeña población cuyos habitantes viven del turismo y la pesca, son menos de 300 y conservan las costumbres y tradiciones de la cultura purépecha. Sus festividades más importantes tienen lugar durante la Semana Santa y el Día de Muertos. Entre las actividades predominantes está la venta de alimentos de la región elaborados con especies capturadas en el Lago: mojarra, charal, pescado blanco y trucha lobina. En esta bella zona, el visitante puede realizar caminatas guiadas hacia la comunidad para ver cultivos de pez blanco, plantas medicinales, invernaderos de hongos setas y hacer cabalgatas. En la zona existen restaurantes que ofertan al público comida tradicional y una magnífica vista hacia el Lago. Este lugar dispone además de un muelle para abordar las lanchas hacia las islas de Janitzio, Tecuena, La Pacanda y Yunuén, donde además se ofrecen recorridos especiales hacia otros puntos y comunidades de la rivera lacustre.


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Abre sus puertas , una opción distinta con actitud de servicio

SALVADOR J IMÉNEZ Con la idea de ofrecer buen servicio y calidad a su clientela, el empresario Rafael Villicaña inauguró formalmente un restaurante en Morelia, la intención es ofrecer a la población una opción distinta, con una firme actitud de servicio y una cocina internacional adicionada con platillos mexicanos, pero con algunas técnicas también internacionales. «Esperamos sorprender a los comensales y sorprenderlos bien», expresó el propietario. La familia Villicaña Nava atendió amablemente a familiares y amigos que acudieron a conocer el restaurante y atestiguar la inauguración del mismo, además de celebrar con ellos y desearles mucho éxito en esta nueva aventura empresarial. Restaurante Monte Verde abre sus puertas al público en calle Teniente Alemán 556, en la colonia Chapultepec Sur, con servicio de 8:00 a.m. a 10:00 p.m. El sacerdote Roberto Peña fue el encargado de bendecir las instalaciones del Monte Verde, en tanto que Enrique Rivera, secretario de Turismo y Cultura en Morelia, realizó con el empresario y su esposa el corte del listón inaugural. En breve charla con Cambio de Michoacán, don Rafael Villicaña recordó que cuenta con cuatro años de experiencia en otra negociación con el mismo giro ubicado en Zirahuén, donde se ha dado impulso a lo que él mismo produce, como miel de abeja y cordero, entre otros productos básicamente orgánicos; Monte Verde seguirá trabajando bajo esas mismas normas, incorporando pescado y carnes de calidad. Referente al inmueble que fue totalmente remodelado para crear el nuevo restaurante, el empresario informó que todas las adecuaciones, tanto en la estructura, como en la mueblería y la decoración de Monte Verde tienen como propósito tener un lugar acogedor para que la gente se sienta como en su casa, «esa es la idea y filosofía de nosotros, tenemos la obligación de proveer no solamente buena comida, sino también una experiencia agradable, por eso esperamos que venga la gente a conocernos», dijo. En el tema de las bebidas, Don Rafael Villicaña planea desarrollar en su nuevo restaurante un concepto nuevo en cocteles y vinos, basados en tendencias internacionales que se incorporan en este nuevo espacio gastronómico, «no vamos a inventar nada, pero sí que-

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Estrellita Fuentes y Pilar Nava.

La inauguración, Enrique Rivera cortó el listón con Don Rafael Villicaña y su esposa Pilar.

El anfitrión Rafael Villicaña, Tranquilino Nájera, Alfonso Barrera y Elías Valencia.

Enrique Rivera, Martha Mendoza de Loeza, Juan José Loeza y Rafael Villicaña. remos transmitir las cosas que están teniendo éxito en otras partes». En ese sentido, destacó la ex-

periencia del magnífico chef internacional que ha trabajado durante años con la familia Villicaña

Los propietarios Pilar Nava de Villicaña y Rafael Villicaña.

Momento solemne durante la bendición del restaurante por el padre Roberto Peña.

Nava, por lo que anticipó que seguramente las personas se sorprenderán gratamente cuando visiten Restaurante Monte Verde. A través de este medio, don Rafael invitó a la sociedad para que acudan a Restaurante Monte Verde y vivan la experiencia de saborear sus platillos, «los vamos a consentir porque es nuestro objetivo, los importantes son ellos, no nosotros», puntualizó. Entre los amigos y familiares de don Rafael Villicaña y su es-

posa, Pilar Nava de Villicaña, estuvieron Fernando Treviño, Alejandro Villicaña, Alfonso Barrera, Alfonso Barrera Jr., Juan José Loeza y su gentil esposa Martha Mendoza de Loeza, Antonio Delgado Pérez, Manuel Treviño Núñez, Jaime Ruiz Montenegro, Isabel Bucio, Estrellita Fuentes Nava, licenciado Elías Valencia, Bernardo de Legarreta, Dulce María Nava, Jaqueline Nava, Lety Nava, Jaqueline Talavera, Miriam Talavera y Tranquilino Nájera, y varios más.

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