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ENFERMEDAD DE DEGOS

Ferdinand-Jean Darier

Epónimo que corresponde a la papulosis maligna atrofiante, síndrome cutáneo visceral letal, caracterizado por la asociación de pápulas umbilicales de aspecto aporcelanado inducidas por vasculitis, a las que siguen episodios de abdomen agudo y peritonitis, ocasionalmente con implicación del sistema nervioso y reparación avascular de la conjuntiva. Afecta a ambos sexos, pero es más frecuente en el masculino, con pico de aparición después de los cincuenta años. No se conoce su etiología y el examen histológico muestra trombosis vascular de la piel y de la mucosa intestinal, degeneración hialina y necrosis de los anejos cutáneos. Fue descrita por primera vez por Robert Degos (1904-1987).

Robert Degos

Darier nació suizo, comenzando sus estudios de Medicina en Ginebra a la tempranísima edad de quince años. Poco tiempo después se instalaba en Francia, haciéndose ciudadano francés, y concluyendo sus estudios en París en 1855. Enseguida empezó a trabajar en el laboratorio de Ranvier, en el Collêge de France, especializándose en histología. Pasó luego a La Rochefocauld y, finalmente, desde 1909 hasta 1922, fue director del Hospital de Saint-Louis, que, como podemos ver, es una institución recurrente para la Dermatología francesa del siglo XIX y de buena parte del XX. Se le considera uno de los dermatólogos más importantes de su época y uno de los cinco grandes nombres (junto con Besnier, Brocq, Sabouraud y Fournier) que convirtieron la Escuela de Dermatología de París en la más prestigiosa de su tiempo. Su trabajo se asocia especialmente, además de con la enfermedad que lleva su nombre, con el estudio del liquen plano atrófico, de la sarcoidosis, de la tuberculosis cutánea y de la lepra. Fue un innovador y pionero en el empleo de la quimioterapia, de la radioterapia y de las vacunas. Ya retirado, fue redactor jefe de la obra cumbre de la Dermatología francesa de aquel entonces: Nouvelle pratique dermatologique (1936).

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Degos fue un dermatólogo francés que en 1926, recién concluidos sus estudios de Medicina, trabajaba como internista en París, interesándose luego vivamente por la Dermatología. En 1934 fue nombrado asistente del Departamento de Dermatología del parisino Hospital Saint-Louis (como cabía esperar), que dirigía entonces Henri Gougerot, a quien sucedería Degos en 1951, llegando a ser luego secretario general de la Sociedad Francesa de Dermatología. Sus cursos en la Universidad de París fueron famosos y muy apreciados dentro y fuera de Francia. Fue editor jefe de los Annales de Dermatologie et de Syphiligraphie, y su Dermatología, un libro de texto, fue una de las obras más importantes de la medicina francesa contemporánea y libro de referencia para su especialidad durante muchos años.

BIBLIOGRAFÍA Diccionario de epónimos. Internet (consultado 30 marzo 2013). Epónimos en Dermatología. Pharmaconsult. (México), 2009. Ferrándiz, C. Dermatología clínica. Harcourt. Madrid, 2002 (2.ª ed.). González Tejón I. 250 Epónimos en Dermatología y Venereología. Esmon Pharma. Madrid, 1993. Sierra X. Historia de la Dermatología. Creación y Realización Editorial (España), 1994.

PIELES con Historia

COLOMBIA Galo Martín Aparicio Licenciado en Historia. Universidad Complutense. Madrid.

Capital: Bogotá. Idioma: castellano, el inglés es también oficial en las islas de San Andrés y Providencia. Población: 47.121.089 habitantes. Superficie: 1.141.748 km². Densidad: 41,27 hab/km². Forma de estado: República presidencialista. Producto interior bruto per capita: US$ 8.127. Moneda oficial: peso colombiano (COP).

Como el adolescente que es Colombia, el país lucha por un presente que mira al futuro apoyado en una geografía privilegiada sobre la que vive una población apasionada, alegre y hospitalaria y que, con el ritmo en la sangre, baila con la tragedia. Sus protagonistas son mestizos, de ascendencia europea, afrocolombianos, afro-indígenas e indígenas puros. Este mestizaje de casi 50 millones de habitantes convive en una extensión de 1.141.748 kilómetros cuadrados en la zona ecuatorial, lo que determina su variedad de climas y ecosistemas. Bogotá es su capital y la secundan Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y Manizales. La tierra de la cumbia y, como escribe Fernando Vallejo, de los sicarios, además de ahogarse en guaro (aguardiente), se baña en el Pacífico y en el Atlántico desde su posición en el extremo noroccidental de Sudamérica. Linda con Panamá, Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador, y en el mar hace frontera con Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Jamaica, República Dominicana y Haití. En su interior alberga una región andina (con alturas de hasta 6.000 metros), las selvas de la Amazonia (contiene 400.000 kilómetros cuadrados de este pulmón del planeta) y la Orinoquia (sabanas salpicadas de matas de monte y bosques. Surcada por numerosos caños y ríos caudalosos), además de las costas pacíficas (una de las regiones más húmedas del

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Calle de Cartagena de Indias

LA PIEL del Planeta


San Andrés, la variedad de habitats

planeta) y caribeñas (desiertos de La Guajira, montañas de bosques húmedos, nieves perpetuas, selvas en el Golfo de Urabá y playas deslumbrantes) y amplias llanuras en la región oriental. La variedad de medios que cobija el territorio colombiano le convierten en un país rico en recursos naturales. En las cordilleras que oscilan entre los 1.000 y 1.600 metros sobre el nivel del mar se cultiva el café, el grano estrella de la economía nacional. Le siguen las flores del altiplano, la papa, el frijol, los cereales, las hortalizas, las fru-

Catedral Primada en la Plaza Bolívar de Bogotá

tas tropicales, el aceite de palma, los bosques maderables, el camarón, el palmito y el espárrago. Del subsuelo se extrae carbón, sirva de ejemplo la mina a cielo abierto más grande del mundo de este mineral que hay en La Guajira. Sin olvidar los yacimientos de hidrocarburos, donde se encuentran reservas de petróleo en el valle del río Magdalena y en el piedemonte de la Cordillera Oriental. Como fuentes de energía limpia, el país cuenta con reservas de gas natural y en la actualidad emplea el aceite de palma y el bagazo de la caña de azúcar para fabricar biocombustible, además de la energía solar y eólica. Al mestizaje, a su variado ecosistema, a su privilegiada geografía, a su patrimonio en recursos naturales, se le suma una historia milenaria anterior a la conquista por parte de los españoles. Ese legado prehispánico está presente en muchos rincones de Colombia. Monolitos de piedra que personifican a dioses y guerreros en San Agustín, hipogeos en Tierradentro, las ruinas de Pueblito cerca del Parque de Tayrona y los trabajos de alfarería y orfebrería de las culturas Quimbaya, Sinú, Tayrona y Calima, entre otras herencias. El mito de El Dorado, aquel que deslumbró a los españoles, tiene su contexto en el pueblo de los Muiscas. Asentados en el altiplano cundiboyacense, fueron hábiles orfebres y alfareros y legaron un verdadero potosí. En la laguna de Guatavita tenía lugar la ceremonia de investidura del nuevo cacique que, cubierto de oro, se convirtió en el origen del mito. El Museo del Oro de Bogotá custodia una serie de colecciones de piezas de este material de gran valor.

Láminas de Botero

Malecón de Cartagena de Indias

La presencia española se asentó en la tercera década del siglo XVI y el 6 de agosto de 1538, Gonzalo Jiménez de Quesada fundó la ciudad de Bogotá. La ceremonia se ofició en la Plazoleta

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LA PIEL del Planeta

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LA PIEL del Planeta


vierten en la mejor carta de presentación de puertas para fuera y como vía de encontrar su propia identidad. A las clásicas artesanías que recogen saberes, tradiciones, manifiestan cosmogonías, mitos y ritos de los grupos étnicos que habitan por todo Colombia, se incorporan otras disciplinas que aúnan la creatividad, el humor, el surrealismo, la exuberancia, la pasión y el drama al son de los acordes de la cumbia sicodélica.

La Candelaria, Bogotá

Triangulo del café

del Chorro de Quevedo. El nuevo núcleo urbano fue sede del gobierno de la Corona de España y de la alta jerarquía eclesiástica. En la actualidad, el barrio de La Candelaria es el rincón de la “ciudad sin memoria” (como algunos denominan a Bogotá), que conserva los edificios de esa época colonizadora que estigmatiza. Del mismo modo, todo el territorio del país está salpicado por pueblos y ciudades con reminiscencias coloniales: Pamplona, Girón y Barichara en Santander, Villa de Leyva en Boyacá, Santa Fe de Antioquía, cerca de Medellín, Popayán y Tunja, Honda Mompox, puerto en aguas del río Magdalena, se erigió en centro del comercio y en

villa señorial, y Cartagena de Indias, en la costa caribe. Principal mercado de esclavos en Sudamérica, por ser un enclave estratégico. Ciudad amurallada para repeler los ataques de los corsarios ingleses a las órdenes de Sir Francis Drake. Hoy es Patrimonio de la Humanidad por el centro histórico que conserva intramuros. Las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura en 1982, sobrevuelan un país hecho a base de dos océanos, cordilleras, selvas y llanuras en las que su complejo mestizaje dona al país unas expresiones artísticas que se con-

Telecable de Medellín

Museos nacionales y extranjeros, salas y galerías locales y de fuera de sus fronteras, en español y otros muchos idiomas, el arte colombiano en todas sus vertientes llama con fuerza y su mensaje cala en el panorama internacional. Artistas por todos conocidos, ya sea por sus dibujos y esculturas voluminosas o por “Cien años de soledad”, hoy les acompañan otros nombres que tienen mucho que decir. Artistas como Doris Salcedo, Óscar Muñoz y Miller Lagos, la performer María José Arjona, el bailarín de ballet Fernando Montaño y jóvenes grupos de música como Bomba Estéreo y Monsieur Periné. En literatura, ese campo que tantos reconocimientos le ha brindado al país, hoy cuenta con escritores de una gran valía: Juan Gabriel Vásquez, de la mano de uno de sus libros, “El ruido de las cosas al caer”, y Héctor Abad Faciolince, con su “El olvido que seremos”. Conocer la historia de Colombia es adivinar la tragedia en cada uno de sus episodios, desde las culturas prehispánicas, la época colonial con la llegada de los blancos europeos procedentes de España, los que trajeron a los esclavos negros de África, pasando por el logro de la independencia, el revoltoso siglo XX, hasta alcanzar el presente que trabaja para que el oscuro pasado, en ocasiones, sólo sea un “tinto” (café solo) que se toma en ciudades a orillas del mar o rozando las estrellas desde sus cerros, rincones que solo pueden existir en un lugar mágico.

AGRADECIMIENTOS ProExport. http://www.proexport.com.co/ Ministerio de Cultura de la República de Colombia

Cafetero

Triangulo del café

Alcaldía Mayor de Bogotá D.C. Museo del Oro. http://www.banrepcultural.org/museo-del-oro Grupo RV Edipress. www.rvedipress.com Avianca. http://www.avianca.com/ NH Bogotá 93. http://www.nh-hoteles.es/nh/es/hoteles/colombia/bogota/ nh-bogota-93.html Créditos de las fotos: ProExport. http://www.proexport.com.co/ Galo Martín Aparicio

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Colombia  

Reportaje sobre la cuna del Realismo Mágico, publicado en la revista Biopiel

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