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Arquitectura 155 - 1930

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lo hundió en el asien to co n estas terribles pala· bras: " 1Callesé ! 1callesé 1 . . . ¡ lo que pasa es que Vd. es un "pompier '' 1 El sei'lor Zabala se quedó un poco desconcer· fado y un poco cohibido - Ya no habló más Al bajarse del tranvía le dijo a Chilibito : Acuér• dese que el sábado la mayorcita hace la primera comunión - No deje de ir a tomar el té·· Chilibito le contestó de mala gana: "Sí sí pierda cuidado " Al llegar a la facultad Chilibito se fué derecho a la exposición de trabajos de decorati va recién juzgados y se enfrentó al peor " 1Pero miren que este López es " pompier •· 1 ¡Si este paneau parece un hígado 1·• De tarde Chilibito se encontró con su novia y

una prima de ésta en una avenida central "¿Qué le parece ese edificio? " le preguntó tímidamente la prima Chilibito se sonrió con amargura, balanceó la cabeza y dijo: "Es terriblemente "pompier ·• La novia lo miró con embeleso y la prima pensó - con cierta envidia : " 1Qué suerte tiene ésta, haberle tocado un novio tan inteligente 1' · Y de noche- en un intervalo de un conciertoalguien le oyó decir : "1 Qué quieren con Chopín t 1si es un " pompier "! Aquella noche Chilibito - estudiante de arqui· tectura de M on tevideo - durmió muy tranquilo

(continuará)

Lerena Esta página quiere decir algo ante la muerte del profesor Cándido Lerena joanicó. ¿ Elogiarlo ? ¿ Ensalzar sus grandes condicio· nes docentes y, sobre todo, sus espléndidas cua.... lidades de hombre? ¿ Ahora? No. Esta página quiere decir algo de la úlfi· ma sabia ensei'lanza que nos dejó el maestro. J_.a inquietud intelectual .que caracteriza al es• tudiante de arquitectura de hoy, unida a la in• consciente precipitación de juicios que es prover• bial en la juventud de todos los tiempos, hace que nosotros levantemos de pronto la figura de un profesor hasta colocarla en el peldai'lo de los dioses, para descenderla Juego - con la misma ingénua facilidad - al terreno banal de las im .... perfecciones. La facultad presenta muchos ejemplos de esas oscilaciones, ejemplos que se han sucedido más frecuentemente en estos últimos ai'los de inc~rfi• dumbre artística y desasosiego espiritual. Y a Lerena le tocó ser uno de ellos. Nuestra precipitación - quizás nuestra inconscientia situó a Lerena en el grupo de los reacios a

las nuevas tendencias arquitectónicas. Y con él - como con tantos otros - fuimos duros en las apreciacion~s. Pero en la juventud - que es irreflexiva, des• piadada tal vez - arde la llama pura de la es• pontaneidad y late al fin el sen timien to noble del reconocimiento. Una manana llegó Lerena al taller con los sig.r nos acentuados e inequívocos de un mal morfa! :. vimos cla~amente que él no quería entregarse, pero sen timos todos, en el fondo de nuestro ser,. la sensación dolorosa de que Lerena se iba. Y no nos dijimos nada - apenas se cruzaron en el taller algunas palabras rápidas y esquivas,. impregnadas de amargura. Pero anduvimos toda esa mañana mirando al suelo. Habíamos visto. Habíamos comprendido todo ese admirable altruismo d~l maestro que se pro• diga entero a sus discípulos. Y aquella fué, para noso tros, la postrera ense• nanza de Cándido Lerena joanicó, más transcen• dental quizás que todas las ensei'lanzas técnicas. y todas las inquietudes intelectuales.

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Arquitectura 155 - 1930 by Sociedad de Arquitectos del Uruguay SAU - Issuu