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SUMA!RlO
¿Qué se e nti e n de po r arquite<:tura ame rican a? ¿Existe una arqui-tectura americz.na? Adaptac ión de la a rquit ectura al medio a me rica no. C ondiciones de cli ma, ma:teriales , razas , costumb r es.
La independ e ncia po!Hica. económica, intele c tua l, a r Ustica.
Obstáculos que oponen a la for m adón de una arquitectura ameriiCa.na. La eu ropeización. La obses ión del esti.lo. La. simulación
Medios ext raviado 5> p ara formar una arquitoot um .americana. E l desconoc im ien to d el p asado. La arq uit ec tura. p re-<:ol o mMa.na.. La he r e n cia de l c ol oni aje E l exotismo. La. a. r q u eo.logta, E l f u tur i smo.
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Cada día q u e transcurre adquÍ ere ma y or c laridad el papel eminente que el porvenir reserva en el desarrollo de la civilización al continente colombiano. La universal contienda que acaba de terminar ha puesto en evidencia que para la marcha de la historia ya no es posible dejar de contar c on el concurso de Am é rica. Las viejas na c iones europeas c omprenden que los estados ameri c anos representan un valor positivo e n el co n c ierto general del progreso humano
Por c onsiguiente. no está f u era de lugar en un Congreso Pan Americano de Arquitectos el e studiar la c uestión que sirve de tema a este ensayo. a fin de dilucidar c uál es el aporte que el continente de Colón puede y debe llevar a la evolución de la arquitectura.
Al referirme a una arq u it ec t u ra ameri c ana. no quie r o decir ,que en todo el continente pueda llegar nunca a existir una arquitectura uniforme. La diversida d de pueblos y c ostumbres. la diferencia en 1os materiales de construcci ó n, la variedad de climas. harán forzosamente que la arquitectura ofrezca caracteres distintos en c ada una de las regiones del dilatado continente que extiende sus extremidades hacia a mbos polos de la Tierra. Esas divisiones comprenderán e n c iertos c asos te r ri t orios que. perteneciendo a na c iones diferente s . e st én vinculados por algunas condi c iones comunes. Otras veces. por el contrario, un mismo país estará dividid o en varia s c omarcas en cada una de las cuales podrán formar se tipos locales de arquitectura.
Entendido en esa a c ep c i ó n. el t é rmino "arqutte c tu r a americana •• que se empleará en este ensa y o. signific a el c onjunto de las diferentes modalidades arquite c tóni c as que, de acuerdo con las características propias de cada una, podrán formarse en las diversas regione s del Nuevo Mundo.
Fijado concretamente el al c an c e del tít u lo d e l presente trabajo, surge de inme diato una cuesti ó n previa: ¿Hay actu'ilm ente una arquite c tura que pueda llamars e americana?
• La respuesta ha de ser necesariamente neg'ativá, Existen. sin duda. algunos casos originales de edificación genuinamente americana. Pero son ejemplos aislados que, c omo las c asas de campo en California y otros aná • logos, sirven para afirmar con la autoridad indiscutible de los he c hos, la posibilidad y las ventajas de la formación de una arquitectura adaptada a las condiciones peculiares de la América.
Al observar, empero, el c onjunto de la edificación c ontemporánea en el Nuevo Mundo se nota en todas partes la tenden C"Ía irresistible a seguir ciegamente las corrientes tran satlánticas. L a •• es la palabra de orden, a cuyo cumplimiento se sa•crifican sin ningún las cuali.da deo positivas que constituyen la hase de la arq u itectura.
En el trans c urso de las edades la arquitectura ha sido c ondicionada por las circunstancias exteriores. las cuales, al variar en las diferentes com arcas y en las distintas épocas han dado origen a la diversidad de los estilos que la s generaciones han dejado a sus sucesores como jalones inmortales de la marcha de la humanidad a través de los • hempos
Y puede observarse una circunstancia digna de sdr .desta c ada por las fecundas enseñanzas que de ella se derivan. Un estilo cualquiera resulta tanto más valioso. tanto más bello. cuanto mejor se pliega a las exigencias del programa local. Cuanto más fielmente se ada pta a las condiciones del medio ambiente. No de otra manera resulta más hermosa el ánfora cuando la arcilla se presta c on ma y or docilidad a adquirir la forma que le imprime el alfarero.
La historia provee en abundancia Ja contraprueba. porque siempre que la arquitectura ha concebido obras de capric ho, sin vinculación con el lugar ni con el tiem po. la decadencia no se ha hecho esperar. Aun en aquellos casos en que el talento o la habilidad de un hombre ha conseguido realizar una obra agradable y atrayente, es innegable que pierde ésta gran parte de su valor al conrtemplarla en el medio en que está colocada. Es evidente que se habría obtenido un resulrtado harto más brillante si la labor ma.lgasta da en ejecutarla se hubiera empleado en resolver los datos del programa local con la sinceridad c ara c terística de los grandes estilos de arquitectura.
La arquitect u ra de América, para ser realmente bella. para no limitarse a ser una rcopia simies c a, sin alma y sin c arácter, .de los estilos extranjeros. ha de ser una interpretación racional de las condiciones particulares en que se plantea para las diversas comarcas americanas el problema de la construcción.
Am é rica abarca en su di1!a.tado territorio todas las En su suelo existen los accidentes más variados. Esta diversirdad de configuración se traduce en una desig ualdad c orrelativa de climas, de paisajes, de ambientes,
a cada un o de los cuales conviene un tipo determinado de edificios.
El suelo americano posee rique:r.as inmensas en materiales de construcción, muchas de ellas desconocidas o mal aprovechadas aún por sus m ismos habitantes. Esos materiatles, al ser utili:r.ados en la edificación deben imprimir a ésta el sello propio de su carácter.
A pesar de lo mucho que se ha hablado sobre el prejuicio de las ra:r.as ", no puede negarse que, dentro de la gran familia humana, existen grupos que poseen características diferenciales de los demás. En nuestro continente, a despecho de las afinida des de origen que tienden a aproximar a muchas de la s naciones americanas, hay una evidente caracteri:r.ación de cada una de sus poblaciones, y aun dentro de un mi.mo país se presentan a veces distinciones bien notorias entre los habitantes de unas y otras provincias. De aquí se origina una diferenciación de mentalidades, de idiosincrasias, de costum· bres, de ideales, que han de traducirse en la arquitectura c reada por los pueblos de a c uerdo c on sus necesidades y sus tendencias.
Todas las naciones americanas, después de un período más o menos prolongado, han llegado a alcan:r.ar su independencia Esta independencia para ser completa no puede limitarse a la simple emancipación política. La fa:r. política es, sin duda, la más fun damental, la que primero reclaman los pueblos cuando nacen a ,¡a vida de las naciones. Pero la eman c ipación no es completa, sino se reali:r.a en todos sus aspectos,-si no se consigue también la independencia e conómica, intelectual y artística.
La independencia económica no ha podido ser obtenida en forma completa más que por los Estados Unidos. Las demás naciones americanas viven, en mayor o menor grado, entregadas a la tutela económica del eXJtranjero y esta situación, aunque se va modificando gradualmente, ha de persistir todavía por mucho tiempo.
No puede negarse que en el dominio de la ciencia, la América ha reali:r.ado grandes progresos. Sobre todo en algunos de sus Estados la ciencia,-en sus múltiples manifestaciones,-tiene vida propia, cultivada como está por cerebros estudiosos y voluntades tenaces que luchan sin descanso contra la indiferencia y la hostilidad del medio am biente.
En la parte literaria, aun cuando las corrientes de ultramar tienen influencia preponderante, la producción autóctona no puede ya ser pasada en silencio. Existe des• de hace tiempo una vigorosa literatura americana que se desarrolla lenta pero seguramente y que ha entregado a la fama mundial muchos nombres inmortales.
Las letras, por go:r.ar de mayor libertad, son siempre más precoces que las artes. Así se explica que el arte de América vaya retrasado en comparación con su literatura. Sin embargo, existe un arte americano que ha dado fru· tos promisores y que marcha con paso firme a la con• quista del porvenir.
Por desgracia, no puede decirse lo mismo de la ar· quitectura, tronco y sustento de Jas bellas artes, que yace bajo el dominio del yugo extranjero. En ve:r. de adaptarse al ambiente, en lugar de satisfacer las necesidades y los gustos locales, se dedica a copiar servilmente los modelos de ultramar, muy hermosos, sin duda alguna,
pero concebidos para otros pueblos, para otras tierras, para otros cielos que no son los de América.
En los cuentos legendarios que viven en los recuer· dos de la infancia, el hijo del rey tiene que vencer formidables obstáculos para poder liber tar a la princesa en· cantada. No menos poderosas son las ligaduras que mantienen prisionera a la arquitectura de América, y le impiden levantarse a llenar sus grandes destinos.
La civili:r.ación de nuestro continente es descendiente directa de la europea. Los la:r.os que la unen a su madre, aunque menos estrechos en la actualidad, se mantienen aún naturalmente en pleno vigor. En arquitectura la influen,cia europea es preponderante y excluyente. Un edificio cualquiera, según el con c epto corriente, tiene que remedar con la mayor exactitud aparente a los modelos europeos, y el grado de su belle:r.a estará en ra:r.ón dire c ta '' , con su europe1:r.ac1on
Los arquitectos a mericanos no pueden de ninguna manera despreciar las f ecundas lecciones que sus colegas del Viejo Mundo entregan generosamente a su admiración y a su estudio. Pero este respeto agradecido por las enseñan:r.as recibidas de los maestros, presentes o pasados, no debe llevarlos al aniquilamiento de toda iniciativa propia, sacrificada implacablemente en aras de una imitación rastrera que es la negación misma del progreso en el arte.
Por otra parte, es necesario para el público, que el edificio pertene:r.ca a un estilo determinado. Según las épocas, la moda o el capricho imponen el renacimiento francés o italiano, el Luis XV o el Luis XVI. el "art nouveau ••. los "chalets·· sui:r.os o normandos, los •• cottages ingleses, etc.
Así como en el mundo del pensamiento no puede concebirse un hombre que piense por cuenta propia, sin estar rotulado y clasificado dentro de uno de los innumerables ismos" en que está dividido el terreno de las ideas como otros tantos predios separados, así tampo c o se concibe una casa que no esté clasificada den tro de un estilo más o menos supuesto.
Ese pie for:r.ado del estilo es otro escollo formidable que mantiene bloqueada a la arquitectura de América en los bajos fondos de la impotencia y del plagio.
La vanidad, - no la noble altive:r. del que posee e l fruto de su propio esfuer:r.o, - sino la ostentación del rastaquére ''. es también un grave impedimento para la emancipación d e la arquitectura americana. No pudiendo, o no queriendo emplear materiales nobles, preferimos simularlos con artificios indignos que bastardean la serena pure:r.a del arte
Para llegar a la formación de una arquitectura ame· ricana no se han de poner en práctica procedimientos extraviados que llevan a resultados completamente opuestos a los que se persiguen.
En primer lugar, la arquitectura no puede olvidar las lecciones del pasado. Todo lo que ha sido hecho por nuestros predecesores: sus ensayos, sus aciertos, sus errores, sus fracasos, forman un caudal común, fuente perenne de inspiraciones y de enseñan:r.as Prescindir en absoluto de la tradición, bajo pretexto de innovación, es
un error que conduce a la esterilidad y al extravío. Sería, como dice Ortega y Gasset refiriéndose a otro tópico semejante, ensayar vanamente una indigna postura de cinocéfalo
El arquit ecto ha de proceder como el hombre de ciencia que confirma, rectifica o perfecciona los estudios de sus antecesores, sin despreciarJos nunca, por el contrario haciéndolos servir al mejor éxito de sus investí• gac1ones.
Tampoco está la buena nueva en buscar la fórmula perdida de las arquitecturas precolombianas. ¿Qué puede haber de común entre nosotros y esas manifestaciones primitivas de un arte indígena, concebidas por otras ra!tas, para otros estados rudimentarios de civilización, para otras épocas ya remotas?
Sería también un error plagiar sin contralor alguno las construcciones del coloniaje. Estas proporcionarán datos interesantes, y en aquellos casos en que existe una verdadera adaptación al medio, podrán indicar un camino digno de ser seguido, más bien en su es píritu que en sus detalles. Pero sería una .ingenuidad pueril creer que se llegará a la formación de una arquitectura al repetir sin discernimiento los viejos modelos coloniales y calcar hasta sus imperfeciones o sus errores propios de una época atrasada, escasa de medios y de recur sos.
Ni menos ha de buscarse la fu ente de la nueva arquitectura en las extravagancias morbosa,s de la fantasía y del exotismo, flores malsanas que guardan como la adormidera en el seno de sus corolas fascinantes la • pon!toña y tla muerte.
Hay que prevenir-se tamlbién contra dos tendencias diametralmente opuestas que, por proceder a mbas de un mismo origen, son análogas en el fondo. No en vano se ha dicho que nada hay tan parecido al anverso de una medalla como su reverso. Me refiero a la moda de las antigüedades y del futurismo, -a ese es tado de espíritu en que sólo parecen buenos los modelos cubiertos con el polvo de los siglos, - o, por el contrar.io, que no concede paten te de belle!ta más que a las cosa s que son totalmente extrañas y opuestas a las existentes.
Con frase lapidaria ha dicho Rodó: '"Tan irracional co· mo la pasión de lo viejo que considera buenas las cosas tan solo porque tienen a su favor los prestigios de la tra· dición, es ,}a pasión de lo nuevo que las considera buenas sólo porque tienen a su favor los prestigios de la novedad".
Circunscrito de esa manera el campo de los recursos que servirán a la formación de la arquitectura america· na, separada de la ci!taña fala!t, el trigo generoso y fecundo, ca be plantear ahora el proble ma en su forma posi• • • hva y viviente.
La arquitectura americana no debe tener su fuente ni en la ne gación absoluta del pasado, ni en la resurrec· ción del primitivo arte a borigen, ni en las seducciones del exotismo, ni en el culto fetichista de la arqueología, ni en las fantasías enfermizas del futurismo.
La formación de los estilos no es un hecho imprevisto ni aislado. La arquitectura está en perpetua evolución, impulsada por los medios que <condicionan su existencia: tradiciones, costum bres, materiales, climas. Jamás ha surgido un nuevo estilo del cerebro de un hombre como Palas Atenea de la cabe!ta de Zeus omnipotente. El genio podrá dirigir o adelantar la evolución de la arquitectura,
pero sería incapa!t de improvisarla. Sus son lentas como las de la naturale!ta y amenudo reda· man la labor de muchas generaciones. Pretender crear de Improviso una arquite ctura amencana es un sueno qui· , mertco.
La arquitectura de Améri ca no se formará por la reali!tación de he chos extraordinarios. Su nacimiento no será señalado por ningún prodigio como los que saluda· ban a los héroes antiguos en su cuna, a guisa de presagio de sus futuros destinos.
Los medios para llegar a la formación de la ar quitec· tura americana serán bien simples, bien sencillos. No digo fáciles''. porque lo más simple suele ser precisamente lo máa difícil, pero serán de una a-bsoluta simplicidad: •• ad augusta per angusta".
El primer medio será la lámpara que encendió Ruskin a la entrada del santuario de ;la ar-quitectura: la verdad. La verdad en todo y ante todo. La verdad en el empleo de los materiales, en la interpretación leal del programa, en la adaptación aJ medio, en la sa tisfacción de las necesidades locales, la verdad en la distribución y .. en la construcción, en la decoración y en la comodidad, en el exterior y en el interior.
Basta ya de mistificaciones y de fraudes. Depuremos esa atmósfera de mentiras convencionales que deforman y alteran las líneas puras de la belle!ta, definida por el filósofo griego como el esplendor de lo verdadero.
Para cohonestar tantos atentados como se cometen contra el sentido común y el buen gusto, no nos excusemos con el pretexto de que los malos materiales exigen un disfra!t que los disimule. Un material rico y noble es por cierto una cualidad valiosa, una ventaja inapreciable para el arquitecto. Sin embargo todos los materiales son bastante buenos si se saben em plear con acierto. Es muy bello, sin duda, levantar un Partenón de mármol pero también es her-mosa una catedral de ladrillo como la de AJbi. Magníficas son las bóveda s de ojivales, pero son también se ductoras las bóvedas de yeso de los palacios árabes.
Tomemos los materiales que nuestro suelo o nuestros medios nos proporcionan. ::;i diBponemos de mármoles y de bronces exornemos con ellos los edificios, pero no cometamos la torpe!ta de falsificarlos con burdos ar• tificios. Si no tenemos piedra, hagamos las casas de ar· cilla, que n'O de otra cosa hi!to Dios al hombre. Sea cual • fuere el material que la suerte nos depare, utilicémoslo con lealtad, pongamos a contribución su valor, y el re· sultado nuestra sinceridad. ¿No es más hermosa, acaso, una humilde conchilla de nácar que todo un collar de perlas falsas 7
Seamos hombres de nuestro tiempo. Que nuestras moradas sean construídas, no para la ostentación vana y estéril, si.no para la comodidad y el reposo de sus habitante &. Que estén en armonía con nuestras tradiciones, nuestros gustos, nues tras aspiraciones. No sacrifiquemos jamás al prurito del estilo o del fac-símil las con· diciones esenciales del confort.. o de la higiene. Sea nuestra guía la ra!tÓn y la belle!ta, y no la ley inconsciente de Panurgo.
Hubo un tiem po feli!t,- hoy ya lejano,- en que la vivienda del hombre oetaha hecha de acuer-do con el clima. A cada reiión correspondía un tipo de edifica ción, como a cada !tona una cate1(or.ía de plantas. Las casa s no
• éntoncés un en medio de la natura• leza. sino que armonizaban con ella has ta el punto de parecer tan arraigadas al suelo como los árboles y las peñas. La obra del hombre y la de la naturaleza se com• pletahan como las estrofas de un mismo himno, como las notas de una sola sinfonía.
El snobismo", el espíritu de imitación, la atracción de lo exótico, destruyeron ese estado de cosas. Hoy la construcción nos ofrece en un mismo lugar las más va· riadas muestras de edificios y las más peregrinas incon· gruencias. Los agudos piñones que claman por las tem· pestades septentrionales alzan su silueta circunfleja hacia cielos tibios y serenos. Las sombrías mansardas coronan las casas en ciudades donde la nieve es desconocida. En una palabra, la edificación, en vez de re sponder a las exigencias locales. en lugar de ser un exacto reflejo del ambiente. es una resultante artificial de la frivolidad y del capricho.
Como un cuadro que se colgara indistintamente en cualquier lienzo de pared. así la casa es concebida para ser ubicada en un paraje cualquiera, lo mismo en la ciu· dad que en el campo, en la playa que en la montaña, en las zonas frías que en los trópicos.
Por ese camino se lograrán fáciles triunfos entre los ignorantes y los que no tienen otra ley que la de la moda. tanto más tiránica cuanto más irracional. No es esa, sin embargo. la senda que ha de seguir la arquite ctura ame· • ricana si quiere ser digna de ese si ha de re· presentar el alma de una raza, si aspira a hacer obra perdurable, en armonía con el suelo, con el ambiente, con el cielo de América.
Hay que abandonar todo partÍ·pris", -todo rebusca· miento. La espontaneida d, la sencillez, la naturalidad, han de constituir el numen inspirador de la nueva arqui· tectura. No pretendamos crear una fórmula original,-no imaginemos revolucionar el arte,-alejemos la obsesión deprimente del estilo.
Seamos pura y simplemente los fieles intérpretes del programa. Dentro de la mayor sinceridad realicemos ese programa con los datos que nos proporcion-a el medio ambiente y al consagrar nuestro esfuerzo a la solución de ese problema no acariciemos ningún •• arriére pensé e".
Cuando los maestros de obras del siglo XI se pusieron a reparar las iglesias destruídas por las invasiones nor• mandas, se aplicaron sencillamente a resolver en la me· jor forma posible el problema entregado a su inteligencia, sin pensar en ningún momento que creaban un nuevo estilo de arquitectura.
La nueva fórmula de arquitectura surgirá por sl. misma, con la naturalidad con que el árbol brota de la simiente con sólo emplear en su formación las cualidades esenciales de la arquitectura. Por ese procedimiento que, como la línea recta es el camino más corto y más seguro, se llegará a conquistar, como dice Gua det la ecuación perfecta entre la solución y el programa, _que es en la más amplia acepción del concepto artístico, el elemento cierto del carácter, la prenda de la originalidad".
se ha hecho uso y abuso en el viejo mundo. Calcados córl mayor o menor fidelida d. constituyen todo el repertorio decorativo de los edificios americanos.
El yugo de la moda, - contra el cual nunca se protes· tará bastante, - la facilidad que proporciona al proyec• tista un stock" bien provisto de toda clase de motivos, han impedido que se pensara nunca en abandonar caminos tan trillados. Tiempo es ya de reaccionar contra esa ru· tina, para poner a contribución la propia inventiva y reem· plazar los socorridos moldes que na da dicen al alma • amencana.
La fauna y la flora del continente, -a la que se po· dría agregar todavía el reino mineral,- abren a la inspi· ración decorativa un vasto campo inexplorado en la actua· lidad. Millares de formas, combinaciones infinitas de co· lores, plantas y flores magníficas, hermosos ejemplares de animales, todo un mundo nuevo se ofrece pródigamente a la originalidad de los artistas.
El día en que éstos consagraran sus talentos a interpretarlo y estilizarlo, la arquitectura americana realizaría una conquista invalorable. En lugar de repetir mecánicamente los gastados elementos transocéanicos, la deco· ración de las casas podría entonces basarse en motivos regionales, que unirían a su originalidad el mérito de armonizar con el ambiente, de vibrar al unísono con la na· turaleza circundante, de hablar al sentimiento con la elocuencia irresistible de las cosas que nos son familiares y queridas.
Cuando, en una alborada por siempre inolvidable, el navegante genovés vió desde el puente de las carabelas castellanas surgir del seno del Océano el continente ame· ricano y el Nuevo Mundo quedó incorporado al movimiento de la civilización, ¿lo fué acaso para que en su suelo se repitieran indefinidamente las mismas aspiraciones, las mismas tendencias, las mismas tradiciones acariciadas por el antiguo?
Los que tenemos fe en el porvenir de América, creemos, por el contrario, que. - sin renegar de todo lo que somos deudores a la madre Europa, - sobre la tierra virgen del continente de Colón deben alentar nuevas orien· taciones, nuevos ideales que completen con facetas no conocidas el diamante del progreso que la humanidad va tallando lentamente con el esfuerzo incesante de las ge·
• nerac1ones.
La decoración en América no ha hecho por lo general más que repetir indefinidamente los modelos ya conocÍ· dos. Los elementos ornamentales son 'los mis mos de que
En el suelo de América ha de formarse una tectura que sea el fiel reflejo de sus condiciones y caracteres, el exponente acabado de sus sentimientos y de su genio. Si los pueblos americanos poseen una personalidad propia, si en su vida alienta un espíritu que sea la razón de su existencia, es necesario que en su arquitectura quede graba da su huella inconfundible, como lo ejecutaron todas las razas que pusieron el sello de su alma en la erección de sus monumentos seculares.
• arqu1·
"Toda alma nacional es una agrupación de elementos ordenada seg'Ím un ritmo que, ni tiene precedentes en lo creado. ni se reproducirá jamás, una vez roto aquel ine· fable consorcio. Mantener esta personalidad es la epopeya ideal de los pueblos". ¿Y dónde podría afirmarse esa personalidad con mayor fuerza, con más perdurable vida, con mejor elocuencia, que en la arq:.,ite..:tura, esa epopeya de piedra, de arcilla o de hierro en que la humanidad va
ARQUITECTURA
señalando las etapas de su existencia a través de las revolu c iones de la historia?
Para llega r a la forma c ión en América de una arquitectura americana confío en las fuerzas inmanentes que guían la del arte. Espero también en la virtud contagiosa del ejemplo que arrast r ará la voluntad, ho y contraría o indiferente del público, una vez q u e alcan c e a • gustar el dulce sabor del agua tomada en un vaso peque· ño, como el del poeta, pero en un vaso propio, libre de toda extraña adulteración.
Confío sobre todo, en la labor entusiasta de las nue· vas generaciones de arquitectos, de los que sienten en su espíritu joven la atracción irresistible de los grandes ideales.
Por eso, creo que no es una engañosa quimera pensar que llegará un día en que, de un extremo a otro del mundo de Colón, florecerá, vigorosa y pujante, una arquitectura adaptada a las condiciones regionales de cada una de las comarcas del continente.
La Arquitectura
8 n la <:Ontiuu an :Fmt.z excitatl<l d e l ar q ulitecto qu e viaja. bi e n se con fun<1(:'11 ciia r iam en t e l a pe r cepción fijativa. tl<> un s g n o arquih! c t ó n ico existe n te co n l a i m n,:.:-en vir t u al d e l as di vaga;c.io n es espirituales .Y solemos suf r i r e l m ir aje d e trastrocar unas •y otras. Yo no sé )) U•e s s i cuan to d igo aq uí lo hE:' vi.sto : o lo lw pensado tan só lo cle:;: eánclolo YivamentE>
Como se llega a Santiago de noche nos libramos entonces de conocerle retazos. Y la primera impresión· la tenemos de su conjunto, desde las torres de la Catedral o el mirador del Santa Lucía, o trepando decididamente hasta la cumbre del San Cristóbal.
Todos son buenos puntos de mira para quien quiere orientarse y comenzar a buscar. Y hay que convenir que en Santiago se encuentra muy fácilmente.
Si elegimos pues el vértice que forman la Alameda y el Parque For estal en la P 1laza Italia y nos internamos alejándonos de ella en la es pesura de las viejas caHes. a buen seguro que hemos de detenernos con frecuencia atraídos y fijados por multitud de restos de la arquitec• tura anhgua.
Es la tradición española que se nos manifiesta en todos esos pequeños signos de lo que fué ciudad colonial y que salpican de interés y variedad con lo pintoresco de su arquitectura a las manzanas uniformes y monótonas que constituyen la característi c a en e sta como en casi todas las ciudades sudamericanas, del amanzanamiento español del coloniaje.
Pero aquí, en este rincón, todavía como detenido en su carácter, se tuercen sin or>den sus calles estrechas, que se curvan e interrumpen añadiendo variedad e interés a esas galerías voladas con columnas y alero de tejas de desusadas dimensiones, a los balcones corridos de barrotes espesos forjados con habilidad. a las puertas macizas con sus herrajes visibles y sus vicha deros enrejados. A toda esa elegante sencillez que fué característica de los constructores primitivos que tan bien <Supieron armonizar
Esa arquitectura, en perpetua renovación como todo lo que posee vida propia, ajustada con inefable armonía al ritmo sagrado de la naturaleza, será la represen tación genuina de la raza, la vibración auténtica del alma nacional que, animada por el soplo creador del arte, el genio de la Améri c a entregará lleno de confianza a fa sanción del • porventr.
CONCLUSION
EL I CONGRESO PAN- AMERICANO de ARQUITECTOS formula un voto para que, por la fiel interpreta c ión del programa local, por la lógica adaptación al me· dio ambiente, por la aplicación de una ornamentación regional, los arquitectos del continente propendan a la formación de una arquitectura americana que sea en cada lo c alidad la traducción de su carácter, el complemento ar· monioso de la na-turaleza, la expresión genuina del alma de la raza.
Román Berro , Profesor adjunto de Teoría del Arte en la F acuitad de Arquitectura.
NaCional ·en Chile
su vi gorosa y simple arquitectura con el marco pintoresco de las calles recortadas para crear ese ambient e que hoy nos deleita porque al pasar y observarle, creemos encontrar un espíritu, como un alma aprisionada que todos comprenden.
Pero este estilo que comenzamos a admirar en tan genuino rincón de Santiago, lo hallamos disperso y como diseminado para salpicar de un recu erdo repetido a la ciudad y lo hallamos en plena plaza de Armas, centro de la ciudad. y desde ella si nos dirigimos hacia sus extremos. sin que nos detenga el Mapocho, el río que c orre entre represas, para internarnos •hasta los barrios complicados de su margen opuesta.
Iremos viendo entonces multiplicarse las casas y re• petir.se esas fachadas ya tan más nos admirarán otra vez sus portales barrocos y sus balcones de sostén robusto. V eremos los edificios administrativos, la Casa de la Moneda con sus desconcertant es balaustres grandes como hombres, y los templos admirables de murallas austeras y artesonados escalonados, como la augusta gran• deza de las serenas torres de Santo Domingo.
Santiago es así como la corte de una tradicción y un espíritu que el pueblo chileno ha conservado y mantenido latente al través de los años con respeto de idolatría, y es tan vivo el arraigo de esta tradicción y de ese sentimiento que pudo ser en un principio interés histórico, que el sentir de la patria aviva y fortalece, que hoy ya es un espíritu, una modalidad y el carácter en que se expresa un arte que ha hallado lo nacional en el culto de su pasado. Porque contra la domina-nte y banal uniformidad de la arquitectura de ahora, que en todas partes se repite y se yergue expresándose por iguales elementos y procedimientos análogos, estas casas españolas con tradición, con belleza y con virilidad hispánicas, se destac an tanto, dominan tanto, interesan tanto, que entre los maci:os intermina· bles de los blocks arquitectónicos, ellas son la nota pinto-
ARQUITECTURA
r esca de arte y de intensa emotividad que halla el arquitecto artista e n su peregrinaje investigador.
Yo n o diré pues que por su sentimiento , su estructura, ni su orige n ll egue n a ser u na forma de expresión art ística ge n u in a m e n te na c ional. u n estilo p ro pio; p ero sí puede ya ace ptar se que así co mo hemos asimilado de los co n qui stadores u n a lengua, u na re li gió n y u na idiosincrac ia que h oy y a so n c o m o patrimonio am erica no , así los
c hil e nos han añadido a s u s c aracteres adoptados el de u na arqu ite ctura que y a es cas i hist óricamente regional. Y es qu e pa ra estos pueblos jóve n es, desprovistos de h isto -
te puede c onducir a nuestros artietas a la c oncepció n de , . . tipos arqutte c t o nt cos proptos para c rearse una arqUitect ura n acio n al , está más qu e en el esfuer:z.o impotente para desli garse de influen cias extrañas per o universalmente dominad oras , e n la obra lenta de adaptación de ese prim er tipo que nos sugirió España y que al extenderse en Am érica ya se tra"nsform ó ha cia el híbrido de propor c io n es r udas que h oy co nstit uye n el co lonial. Es así co mo algunos arquitectos jóve nes l o han c o mprendido en Chile, y co n m e n os espíritu arque o lógi co que na c ional. co mpr e nsi vo de las ne cesidades a c tuales que se '
M oderno e dificio d e la Cr uz R oja en Sa n ti ago - Arq: Rotert o Dá vil a C a r so n
na, de tradi c i ó n de pa sado e xperie n te, bie n pu ede ser que l a m a n era m ás n atural, y ade cu ada d e rea li:z. ar o bra propia, n acio n al. n o sea c rea n do tipos arquite c tóni cos or ig inales, est ilos n uevos, or n a m e n ta c iones des co no c idas que de n c ará cte r pe c uliar a sus o b ras , sus c iudade s y sus ambie ntes.
Los p ueb l os n uevos que c are ce n de experie n c ia, de sóli da cu lt ura ge n eral , de refina mi e nt o artístico, de esos do n es que son e l l egado de u n a tra di c ión ce ntenari a c readora de c i u dades de arte e n re m otos pa íses , virtud glor iosa del senti m ie nt o i nn ato que h a c e estetas por i n stinto , por na tura l eza a l p ueb lo de una c iudad, eso que des co n oce n lo s n uevos. po rque ca recen de ambiente y n o han po dido aprenderlo, e s lo que se o p o n drá siempr e a la o b ra pura , ttpt ca amen ca n a en n u estro
Es ra:z.ó n , que el c amino que ma$ directa men-
deri va n de n ues tra v ida m oder n a, agitada, dinámi c a , in estab le, han co m e n:z. ado esta obra de re n ova c i ó n de ese c olonial ta n dif u ndid o pero tan v iejo y a y que si n e m bargo puede ser el me jor i n spirador de la arquite c tura de ah ora e n u n a ciudad qu e n o ha perdid o t odavía el c ará c ter de l a é p oca patri c ia.
R es pe to ese ahin co in vestig ador que tiene u n poco de la pasión estudio sa de u n arqueólogo e nt u siasta, e n c ua nt o es útil c om o ejercicio espiritua l y h abilita a la c omposic ión lib r e c o n reminis c en c ias o por tu nas de u n estil o y a p asado; pe ro , sólo este rol l e as igno a tales pro yec t os ll en os de detalles v e l e m e n tos realizados. Cre o en ca m bio , - 150•
H e c onoc ido e n Santia go arquite c tos que e n su ad m ira ció n por e l co lonial. han relev ado c o n intenso res p eto y férvido entusiasmo, res to s y tro:z.os de esa arquitectura que l uego h a n a pli cado e n pro y e c tos de estudio.
ARQUITECTURA
que hallan su ruta quienes po r no olvidar una tradición que se ha conservado intacta, tratan de prolongarla reno·
Arquitectur a colonial. Torres ele Santo Domingo, Santiago Dibu;o de Alberto Ríacl
vando sus valores, modernizando sus formas que respondían a otros e lementos disponibles y modos de const ru ir,
UN MUSEO
acercando su espíritu a nuestro espíritu, talvez porque sa• ben que este es ahora otro y que no obstante todo el cariño que podamos sentir por los legados de un arte que fué de antepasados, sólo podrá tener vida moderna, si asimila en algo el carácter actual de movimien t .l, de inquietud, de utilitarismo que constituye el vital de nuestras ciudades.
Y así, ese colonial que ya es americano, llegará por este amoldarse a nuestro siglo, por esta' evolución ne· c esarÍa de adapta c ión inteligente; a constituir un nuevo estilo que entonces sí será propio y característico, aunque para crearle ha y amos tenido que a-bandonar un poco el 'criterio arqueológico de conservar en su pureza -las formas antiguas, ni menos haber caído en el otro extremo de despreciarlas, concibie ndo todos esos -tipos impersonales de arquiteCtura internacional ·que e n todos los países se realizan pero que ninguno reivindica para sí porqu e no son de nadie.
Yo he c reído entrever pues al pasar por Santia go, que espíritus inteligentes, eclécticos, de cultura y predilecciones modernas, comenzaban a buscar sus rumbos arquitectónicos en los viejos campos del arte colonial, y que procedían con un criterio tan racional y tan lógico que es de esperar que pronto se eleven en esa ciudad los tipos de una arquitectura que será como ninguna la Arquitectura Chilena.
Desde otro punto de vista, Pedro Prado ha escrito un ensayo de un innegable valor didáctico· y es de creer que no habrá pasado desapercibido entre sus compatriotas. Su misma esclarecida alcurnia le habrá preservado de ello.
Yo, sólo femo no saber como dije en · un principio, si cua nto aquí ' digo lo he visto, o lo he pensado tan solo deseándolo vivámente
Montevideo, Diciembre 22 de 1921.
Rodolfo Amargó s.
PARA LA
CIUDAD DE MEJ!CO
La partida para su patria del arquitecto meji c ano Francis co Mujica y Die ¿-. de Bonilla, que fuera nuestr o huésped cu ando el I Con g reso Pan-americano de Arquitectos. al que llegara representando a los estudiantes de Chile, donde cursó sus estudios, permitirá a "Arquite ctura" contar con amigos hasta en las lejanas planicies de Anahuac desde donde nuestro estimado colega va a recordarnos.
Como la primera ges ti ó n que el arquitecto Mujica piensa realizar en su patria co nsiste en obtener de las autoridades gubernamentales el apoyo necesario pa r a la c onstrucción de un gran Museo Arqueológico en la ciudad de Méjico, cuyo proyecto original lleva consigo como compendio de sus estudios e investigaciones de las arquitecturas indígenas de su patria y colonial española, creemos de interés reproducir algunas fotografías de dic ho proyecto que conservamos desde la l Exposición PanCongreso en
Marzo de 1920, en la que obtuvo gran premio con medalla de oro e interesó vivamente por ser el único trabajo presentado a ese torneo que contemplase un tema de ar· • • qultectura amencana.
El he c ho de que uno de nu est ros redactores tenido una reciente oportunidad -de entrevistarse con él en Santiago, nos permite al mismo tiempo adjuntar algunas noticias al respe-cto, así como las ideas que sobre arquitectura mejicana tuvo la deferencia de exponerle pa· ra nuest r a revista y que reproducimos a continuación.
He de confesar que fué un sentimiento nacionalista quien encendió mis entusiasmos arquitectónicos; fué el patriotismo y no -el arte; el afán de dar al arte nacional un rumbo propio que respondie se a nuestros abolengos bien ganados en h hi.stor.ia de la arquitectura americana.
Al estudiar la evolución del arte a través de los grandes ciclos que di&ciplinan maravillosamente el progreso de la palpé la del
ARQUITECTURA
estilo y vine a comprender el papel preponderante que ejerce en la caracterización de un pueblo, su arquitectu• ra propta.
Creo que ella es el compendio de la patria. Arquitectura es su más vasta acepción, es todo el mundo substancial, toda la suma de sensaciones que denotan forma y color.
México tiene dos arquitecturas propias: la aborigen, en sus mil manifestacione s particulares, desde la milenaria tolteca hasta la sapiente y completa azteca y maya.
Y también ¿porqué no publicarlo con nuestro más Íntimo orgullo? la arquitectura colonial. México sin dud a es el país de la América que más ha asimilado a sus ne· cesidades y a su espíritu propio la ar quitectura española.
El mexicano, vedado de usar su exornación, marca no obstante su rastro: toma los motivos decorativos del renacimiento distribuyéndolos a su sentir, repitiéndolos y multiplicándolos ha sta el infinito, formando así las mayas clásicas de la arquitectura yucateca y 'las monstruosidades fantásticas de la arquitectura azteca.
Pero la falta de preparación técnica del español. que permite a nuestra personalidad artística dejar su huella desaparece poco a poco. Arquitectos famosos de la Penín· sula elaboran los ptanos de las construcciones a levantarse en México; otros no menos notables se arraigan en el corazón mismo de la gran T enochtitlan y a su cen· sura severa y tiránica debe el arte mexicano, el nuevo arte mexicano como me atrevería a llamarlo yo, su muer• te repenhna.
El renacimiento sienta plaza en México.
Posteriormente el colonial se caracteriza con tenden· cias propias en la época barroca y churriguera. Esta ar· quitectura encuentra campo fecundo porque tiene infinitos puntos de tangencia con nuestro sentir artístico: des• orden, profusión decorativa, imaginación fogosa y compleja, ansia de fastuosidad y de boato.
El churriguera y el barroco en sus últimos períodos
Detalle del Pórtico del gran Museo Arqueológico
sufre pues nuevamente la huella de los arquitectos criollos dejando tan bien registrada su influencia, que no es posible la arquitectura colonial de esta época, con la colonial de cualquiera de los otros países indo-latinos, ni con el arte peninsular.
Gran Museo Arqueológico para la ciudad de Méjico- Fachada principal. Proyecto del arquitecto mejicano Francisco Mujica y Díé'Z de Bonílla
ARQUITECTURA
He ahí la tercera etapa de la arquitectura nacional. Después vien e el período independiente y con él la bancarrota del arte.
El tema de mi proyecto no fué el de un sim ple museo. Lo bauticé con este nombre para englobarlo en uno de los casilleros técnicos que más se asemejaba con sus finalidades.
El Museo Arqueológico para la ciudad de México, más que un museo es. un .templo grandioso al arte nacional. Situado en un parque en que la flora típica de México adorne nuevamente jardines maravillosos como los que en su época embalsamaran los verdores de los palacios y de los teocalis mexica.
El Museo y el parque serían el compendio material de México.
bién en su arquitectura las formas queridas del arte pre• colombine.
Esta fué mi idea inicial en el terreno práctico después de mu4as divagaciones en el terreno teórico.
Pero ello no es suficiente.
Si pode mos levantar construcciones valiéndonos so· lamente de elementos aborígenes, porque ellos res pondan a necesidades idénticas relacionadas o derivadas de las que sintió el pueblo aztec<f., no es menos cier to que al· gunos temas que obedecen a necesidade s enteramente diversas a las que ellos cont-emplaran, necesitan de mentas arquitectónicos nuevos que no es posible im pro· visar en absoluto.
Buscando dentro del arte propio encontré
Sus restos artísticos guardados en un que resuma en sí todas las ar quitecturas de aquellas épocas, no solamente nos llamarían a formar de nuevo nue stra síntesis propia: los misterios, las tragedias, los heroís· mos que evocan, serían el incienso magnífico de e se templo maravilloso donde el pueblo iría a orar el amor a México.
En su parque se ubicarían todas las ruinas que no fuesen dignas de figurar dentro del Museo o que por sus dimensiones exageradas necesitasen de perspectivas espaciadas.
Grandes avenidas llevarían el nombre de las más caracterizadas civilizaciones mexicanas, con estatuas de sus emperadores más famosos.
Quiero decir que este bosque sagrado sería la historia viviente de México.
En él tendría también cabida el panteón de nuestros héroes nacionales, porque en su supremo heroísmo, el héroe es el más artista entre todos los artistas y el mayor amor entre todas las pa-siones. El Panteón Nacional de • México debe levantarse en es te parque y ostentar tam-
15 3-
el complemento. La arquitectura ·colonial en sus primeros tiempos fué una combinación felicíslma del arte español importado y del mexican() clásico.
El coloniaje caracterizó nuestras necesidades arquite.ctónicas.
Tomando pues d -e esta arquitectura colonial mexicana ' el elemento, y del primer período combinado, la idea, sur· ge pues la ruta precisa que nos brinda una fuente inago· ta ble y preciosa para darle a nuestra arquitectura un sendero nuevo: el estilo neo-mexicano.
De estas dos corrientes que fatalmente tendrán que surgir: el renacimiento y el estilo neo-mexicano, con el ta miz del tiempo y el esfuerzo que nuestro pa· triotismo desarrolle, Se definirá posteriormente la ruta única y decisiva del arte mexicano contetnporáneo.
Estas son las i4eas que me he formado después de algunos años de consagración y de esfuerzo, y que ya ex· puse en Santiago de Chile en una conferencia que sobre M :éxico y su Arquitectura, dí el 16 de Octubre de 1919. bajo el patrocinio del Instituto de Arquitectos
Ahora creo llegado el momento propicio para ir a
Plantas del Museo
ARQUITECTURA
México y llevar con toda justicia la voz de los nuevos ruinbos hallados y realizados, pues quiero echar mi grano de arena a esta ju sta aspiración de nuestro patriotismo, que representa para mi el ayuno absoluto de la vida en 4 lar· go s años de consagra c ión y de estudio, habiendo en estos
Calle
dos últimos, posteriores al Congreso ampliado notablemente mi trabajo".
ARQUITECTURA se complace en augurar al distinmejicano, la realización feliz de sus noble.!'! ideales de juventud.
CASA HABITACI N
Buenos Aire$ entre ltuzaingó y Treñnla y Tres
A <Cos ta y Lara, Gue wra y
Como p uede verse por las foto gr afía ::; que a co mpañan estas línea s , el problem a a re solver c onsistía en la ub ic a c ión de todos los lo c ales que exigía el p :- ograma dentro de un terreno qt: e te ní o 6 111 05 de ancho.
No obstante esta difi cu ltad, el problema fu é resuelto a mpliamente. de acuerdo c o n los recursos de la co mposic wn arquttectontca.
La distribución g eneral se ha hecho re partiendo los lo c ale!! en 3 pisos, ocu pando l a planta ba ja, el vestíbulo de entrada, hall, con la es c ale r a de mármol desarrollada e n planta c ircular, esc rito r io, depósito de libros, pieza del p or tero, toillete, b o dega y patio de aire y lu::.
El pis o está formado po r el de la escalera, la sala, co n u n pequeño nicho poligonal. co· medor, c ocina, dispensa, toillete, etc.
En la planta alta es tán ubicadós los 3 dormitorios, cuar tos de baño y la escalera secundaria.
Además tiene u n entrepiso para el servicio sobre la pl a nta baja, y otra pi eza sobre el 3er. piso.
Como puede observarse, las c omunic a c iones generales y la circulación están estudiadas de acuerdo con las reglas de la composición, teniendo todos lo s lo c ales su independen c ia y co ntando co n luz y ventilación. La fachada se ha estudiado c on sobriedad y elegancia, formando un conjunto bien ordenado y tranquilo.
Fachada
r
Sala y hall del primer piso
ARQUITECTURA
ltJMrA SVt:l o
JJe <}.10.. o.o i p.m
Antes de empezar el c á l cu l o, daremos a la pieza una altura determinada, para poder o p erar.
Generalmente se ha ce H = 1 120 Ó 1 130 de la l uz a salvar entre los apoyos; si la c arga es muy gra nd e , se ha ce H = 1 120 l.
También podemos ha c er H ' = 0,0375 raíz c uadrada de M, siendo H' en c m ts ., y M e n Kg c ms.
Para la altura total H, agregaremos a H ', 3 c mts. qu e es el espesor del hormigó n ne cesario para re c ubrir las varillas en la parte infe r io r ,
Estas alturf\S se toman co nsid era nd o u n trab a jo del hormigón Rb entre 40 K41. y 55 Ks, según la
c a n tidad de porland: y del hierro R 'a, variable e n tre 1.000 y 1.200 Ks. por V amos a c al c u l ar la pieza.
Si tomamos los momentos de las fuerzas c on r ela c ión al c entro de las c o mp resio nes, tendremos que M = F X h ( 1 ) sie n do F el esf u erzo de tracc ión que se produ c e en la armad u ra, a co nse cue ncia de la c arga exterior P, qu e ob r a sobr e la pieza, siendo h el brazo d e palan c a, o se a la dista n c ia del ce ntro de extensión al de c ompres10 n.
Ade m ás, si ha c e m os que la distancia del eje de la armadura al borde inferior de la :;ea de 3 cmts.
Coruu..- 1
ARQUITECTURA
dremos que la altura útil de la loza será H' = H- 3 <2 >. Ahora, para hallar el valor de h, hacemos h = 8 !9 H' <3 >.
Este valor se halla del modo siguiente:
En la fig. adjunta, tenemos que h = H'- d ( 4 > pero d = y l3 puesto que las compresiones se producen en la 3.A parte de la altura del triángulo A B O.
En efecto, es evidente que la suma de los esfuerzos representados por las ordenadas del triángulo A B O, será igual a la superficie de este triángulo, y entonces esta resultante de las compresiones, pasará por el centro de gravedad de dicho triángulo, es decir por el 1 j3 de la altu• ra a partir de la base. Además, tenemos que y= 1 13 H', en efecto, en la figura tenemos que los triángulos ABO y OCD. dan AB !AO = CD jOD pero AB = Rb Ao Y; CD = R'a lm; DO= H' - y, luego sustituyendo valores Rb ly = R'a lm !H' - y despejando y, tendremos y(mRb jR'a mRb) x H'.
Si hacemos que Rb = 50 kilos por cm. l! ; R'a = 1.000 kilos p. cm.:!, y m= 10; sustituyendo estos valores, ten· dremos: Y = 10 x 5011.000 + (lO x 50) x H' = 1 !3 H'.
Entonces, sustituyendo Y por su valor en la ecua• ción tendremos: d = 1 !3 (l j3 H') = H'!9.
Sustituyendo el valor de d en la < 1 > quedará h = H'- H' !9 = 8 j9 H' que es lo que queríamos demostrar. Ahora bien, si en la < 1 ¡ despejamos F, tenemos A lB 1 -> ,.. d. I • ;.· lr ,1
, 1 J H X 1 1 H' X _r_ - , _.J 1 - f 1 1 lf J 1 J 1 e 1 lib 1 t t -
F = M ¡h (ti 1 • Con esta fórmula, conoceremos el valor de F; luego dividiendo F por la sección u de los hierros, tendremos el valor del trabajo de la armadura.
Es decir que F lu = R'a = 1.000 Ks. siendo 1.000 Ks. el coeficiente de trabajo del hierro a la tracción y , por cmt.·.
Si ahora, despejamos u, tendremos que u = F ll.OOO lo que nos da el valor de u en cmts.
Buscando en las tablas el valor de u, tendremos la cantidad y la sección de los hierros • necesanos.
Esta manera de calcular, es empleada para los casos en que se considere la altura normal. Se entiende por altura normal. la necesaria para que la parte de la loza comprendida entre el borde superior y la fibra neutra, sea suficiente para resistir los esfuerzos de compresión.
En general, estos cálculos se aplican a pequeñas lozas de poca importancia.
Cuando las lozas o vigas a calcu'lar (pues también en las vigas se cumple el mismo procedimiento de cálculo, según veremos más adelante) son de mucha imp·.>rtancia , es necesario entonces; o bien calcular la pieza por medio de la fórmula de la altura normal (que daremos
cuando lleguemos a vigas) o sinó hacer las verificaciones para ver como trabaja el hierro y el hormigón.
V a mos a ver enseguida el procedimiento de veri· ficación.
La suma de todos los momentos estáticos de los elementos de la sección de la pieza homogeneizada, con re'lación a un eje que pasa por el centro de gravedad, es nula.
Los momentos con relación a ese eje, de las fuerzas que actúan sobre la pieza, son:
1.0 Del hormigón comprimido M' = l j2 b y 2 siendo b el ancho de la en este caso b = lmt.
2. 0 De la armadura extendida M :!= - m u' (H'- y).
Su será 1 j2 b y 2-m u' (H'- y)= O.
Sustituyendo valores. tendremos el valor de y.
Si y = 1 J3 H', el cálculo estará bien, puesto que se cumplirá la condición de la altura normal.
Si y es mayor que H' !3. tendremos que aumentar la altura de la pie%a, para que haya mayor sección de hor· migón, y por lo tanto disminuya el coeficiente de trabajo a la compresión.
Si no podemos, o no queremos aumentar la altura de la pieza. tendremos que poner hierros negativos para que ayuden al hormigón a resistir los esfuerzos de com· , pres1on.
Si y es menor H' l3, se puede, o bien disminuir la armadura, o bien reducir la altura de la pieza, pues el hormigón trabajará a menor coeficiente que el ordinario, y el hierro también
Una vez obtenido el valor de y, podemos hallar R'a y Rb. En efecto, con la fórmula h = H'- y j3, hallaremos h, que sustituido en la ( 6 > nos da el valor de F
Como hemos visto que Rb = (R'a !m) x Y (H'- y) y sabemos que R'a = F Ju, tendremos las fórmulas que nos dan el trabajo del hormigón y del hierro.
•
Vamos a poner un ejemplo.
Sea una loza rectangular, de 2.00m x 5.00m, y que soporta una carga de 300 kilos por mt 2 , estando libremente apoyada por sus 4 lados.
Siendo 5 más de 2 veces 2. la calcularemos en un solo sentido, es decir en el del lado menor.
Luego la luz será
L = 2 00 mt. y el peso P = pxL = 600x2 = 1200 kilos, siendo 600 kilos el valor del peso propio más la sobrecarga.
El momento será
M= l iS x P x L = l iS :K 1.200 x 2 = 300 Kgmts.
Si hacemos H' =O 0375 raíz cuadrada de M. ten· dremos, puesto que M en Kgcmts es 30000, H' = 6 cmts. 495.
Buscando en las tablas el valor correspondiente de u, tenemos que a 4.8 cmts. corresponden 7 varillas de 10 milímetros en 1 mt. de longitud de loza.
•
Luego, armaremos la plan cha con fierros de 10 mms. cada 0.14, y co n otros tra ns ver sales de 10 mms. c ada 0.40 pa ra atar las varillas de resiste n ci a, y a l miS1no tiempo ayudar a repart ir 1as c argas.
Ahora podemos ha ce r la verificac i ó n para ver co m o tra bajan los co mponentes de la pi eza.
La fórmula es 12 b y2- m u' (H'- y) = O
Sustituy endo va l ores, te nd re m os.
(l l2x100x y 2)- (10x4.8 [7 - y]) -= O
50 y 2 - 48 (7 - y) = o.
y 2 + 0.96 y - 6.7 = o.
R eso lvi e ndo esta ecuació n, te nd remos pa ra y y = 2.06 c mts.
Como ve mos, y = 2 c m. 06, y como H' j3 = 7 j3 = 2.33. te n e mos que 2 .06 es men or que 2.33, l ue go podemos disminuir algo la altura de la pieza o de la a J'lmadura.
Es to lo veremos e n seguida, bus c ando el trabajo del hi erro y d el hormigón, l os que se r á n meno res que los coe fi c ientes usua le s.
h = H' - y j3 = 7 - 2.06 13
F = M ly = 300 j6.314 = 47.5
R 'a = F ju = 47.5 j0.048 = 989 kilos.
Como vemos, el hierro trabaja a menos de 1000 kilos, luego podemos disminuir un poco la armadura, hasta que dicho coefic ient e suba a 1.000.
V e amos el ho r migón
Rb = R'a !m x y (H ' - y) = 989 j10 x 2.06 j (72 206) = 41 kilos.
Vemos que el hormigón trabaja algo menos de 45 kilos
Como y era aproximadamente igual a H' j3, la pieza está bie n c al cu lada ; pues el hierro y el hormigón traba· j an e n bue nas co ndiciones.
En el núme ro próximo , seguiremos con las lozas semi-empotradas y empotradas, y armadas en 2 sentidos.
Rodolfo L. Vigouroux , Arquitecto.
DIBU]O DE OR NATO Y FIGURA
Profeso r: C. Herrera Mac -Lean Alumno: Albe rt o A gue rre
I y II Semestre- Pro feso
r : C. Herrera
M ac - Leal, Alumno : C arlos García Arocena
II Semestre
Profesor : C. Herrera
Mac - Lean, Alumno: Améríco M. Rícaldoni
DIBUJO DEL NATURAL Y MODELO VIVO- I SEMESTRE PROYECTO DE ARQUITECTURA V Y V!
• At'JO 1921
4.11
Proye c to de dos m eses
T e ma : " La Habit ació n de un M .é dico"
En u n terreno de fre n te a dos a ve nidas y de las dim e nslOne s del c roqu i s adjunto, se pr o y e c tará la casa de u n m éd i co que co nstar á de l os lo ca l es que c onsti tuye n l as agrupaciones siguientes:
1. " Sa la de es pe ra , c o n su lt o r io, p eque ñ a sa la de c u · ra c iones, tocador del m édi c o
2. Sala d e re c epción, h a ll, c omedor, a nte co med or y
• • serv t c tos a n exos
3.11 3 o 4 dor mi tor i os , baños, sala de c ostura y l o c ales de servtc t o
Profesor: J Be ll oni
A lumno: E. Ca samayon
Profeso r Arq: Jones Brown
Alumno: Héct or Caselli Profesor Arq : J. Váz qu e z Varela
Planta ba ja
ARQlHtectURA
Proyecto de Arquitectura VIl y4 VIII - 5e_%uf'ldO proyecto - Año 1921 - Tema :" U11 edificio para lo5 COf'ICUr505 de Gra11 Premio "
Este edificio c onstrui do sobre un terreno donado por u n ri c o artista pa ra permitir a los a-lu mnos de u na gran Escuela de Bellas Artes hacer el co n curso del Gran Premio en un ambi e nt e favorab le, se co mpondrá de:
1.0 30 talleres, 1 0 para c ada sección, Pintura, Escultura y Arquitectura, re partidos en uno o varios pisos. Los talleres de Pintura y de Esc ultura estarán acompañados de dos piezas: una para el artista y la otra para el modelo. Además se dispondrán lo s vestíbulos, vestuarios y W. C. ne cesa• nos.
Los talleres de Arquite c tura estarán acompañados también de las mismas dependencias, c on la diferencia que la Sala modelo se reemplazará por un a destinada a una peq ue ña biblioteca especial.
2." Una gra n bibliote c a co nteniend o las obras prin c ipales de pintura, escultura y arquite c tura. Esta bi-
Planta alta
Fachada lateral
Planta ba;a
Prof. Arq : José P. Carre
Fachada
Alumno: Roure
Prof. Arq: Jo s é P. Carré -
Pla n ta Alumno: Evaldo Roure
3 0 Una sala de exposición para c ada sec c ión pudiendo sin embargo reu•
blioteca comprender 3 sec· ciones separadas. nirse las 3 en una sola gran sala. Se dispondrán jardines, pórtic os, fuentes, exadros y lugares fresc os de modo de constituir un co njunto agradable y pintores c o.
4. 0 Una gran sala de actos que ser· virá para c o nferen c ias, y para la distribución de los premios.
Sccñedlad de
desde Setiembre de 1911 0 a Noviembre de 1911
J J<{' uda social a 30 de A g-osto de 1921 (fec ha de entr ega d e la Tesore ría) l >t •uda s <>'Oial a 3 0 d e NoY i e m bre de 1921: Ca ja Obre ra 2 m e nsua lidad es $ 6 9 .J 8 Ca ja Na c ion al .-\. " D. 17 men sual idad es $ .JO.OO • • ('aja N acional A D 2ii mensmtlicla$ 8 0.00 • • Bane iro Cía. c uentas
tiembre
Oc.tubre
Se sión d el 19 d e S etiembre
Jleaumen de lu A s isten los señores Campos, Canabal, Amargós y aealonea de la n N h b' d , , l Comlal6n DI reo· .ocrro. o a 1en o numero, so o se da cuenta de :tlva de la So· los asuntos entrados. •cledad. La Li ga de Defensa la Cámara de Indu strias, la Asociación Patriótica, la Federación, la Liga de la Construcción a.cusan recibo de la nota que participaba esta Sociedad la renovación de sus autoridades.
La sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires y el Jockey Club de Montevideo, comunican la constitución de nuevo s directorios.
S es ió n d el 26 d e S e ptiem br e
Asisten los señores Rocco, Acosta y Lara, Terra Arocena, Amargós, Conforte y Berro
Se cambian ideas so bre reglamentación de concursos y se resuelve tomar como base de estudio un proyecto preparado por una comis ión informante ant erior
Ses ió n de( 2 de Octubre
Asisten los Señores Rocco, Acosta y Lar a, Campos, T erra Arocena, Canabal , Amarg ós , Conf orte y Berro.
NI CA
A propuesta del Director de ARQUITECTURA se confirm a como Sec retario- Administrador de la misma al Sr. Perfecto L ópez Campaña.
Ses ió n de( 24 de Oct ubre
Se designa miembro del ;urado del concurso del Hospit a l de Convalescíentes al Arq. Juan A. Scasso. Tómanse en consideración los balance s de ARQUITECTURA referentes a los números 45 y 46.
Sesión de( 31 d e Octu bre
Asis ten los señores Rocco, T erra y Berro. De acuerdo con resoluciones anteriores se designa al Presidente y al Sr. Acosta y Lara para que se entrevisten con el Sr. Ponce, Presidente del Concejo de A. Departamental, a fin gestionar la mejor forma de dictar un nuevo reglamento de la construcción.
Se sión de( 14 de No<Viembre
Asisten los señores R oc co, Acosta y Lar a, T erra, Amarg ós y Berro. Se acuerda pasar a la Asamblea Representativa una nota en la cual detallen las razones que tiene la S. de A. para pedir que no sea aprobado el proyecto del Concejo sobre formación de pórticos en la Avenida 18 de Juli o.
de aeaettdo eon los diba!os DE LOS
25 de ffiayo 271
BANCO HIPOTfCARIO DEL URUGUAY
ADQUISICIÓN CONSTRUCCIÓN de \/1\/IENDAS
para Empleados y Obreros con derecho a jubilación
bey de 13 de dulio de 1921
De ac uerdo co n es ta ley , los empleados y obreros con derecho a jubilación, así c o mo los militares, y los jubil a dos, pueden realizar c on el Banco, en condicio nes especiales, las o peraciones siguientes :
t .o Adquisición de finca s del Banco, pegándolas p( r mens ualidade s, si n desembol so alguno ni co ntado.
2.o Adquisición de fincas de propi edad de particulares, parn cuyo fin el Banco otorga présta mos hasta el 85 ofo del "alor del inmueble a :-1 dquirirse.
5 o Obtenci ón de préstamos para edificar acordándose hasta e l 85 ofo del "alor del terreno, y de la co nstrucci ón a efectuarse.
Tambié n en estos dos últimos gé neros de operaciones, el présta mr; se at ie nd e por cuotas mensuales, que comprenden el y la amortización.- y cuyo pago se garontiza co n la afectación del sueldo del e mpl ea do, ob rero o jubilado. hasta un máximum de 40 o / o de la re s pectiVa asignació n me nsual.
CJ>ara fo lletos y explicaciones: Virigirse a la <5ecci6n " Vespacho e 1nformaciones " del 'Banco
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üti s .Elevator Company, S an J osé 867.
"Cas a S uiz a " , 2.) de lV1ayo 635.
Sting ler , F iocchi y Cía , d es 9 I S.
llm uc: :r, es ae v tan os y cri stal es
E. Ferro y Cía. , Colonia 837.
Ju lio F e rrari, Av enida General Flo r es 2 54 1.
;:,ancassano nno s ., 920 - 92 4
Barracas de madera Y articulos d e constntc áó n
Francisco S u sena e Hijos, Av ¡g de j uli o 1766- 1776.
Barraca del Pon t ón, A venida General Rondea u l 832
Barraca A mericana, Ejido HigO
Ju an y Cía., Av 18 de Ju lio 2266
Carpint er ías
And r és Latapie, Chaná 2 175
Carlo s Mos ca, A venida Gonza lo Ramíre z 167-2
Carlo s Miguelete 197K
"Gr an Cas a Barrio s", Ur ugu ay 163g.
Alfon so .Hazet \ hij o) y Cía , S al va dor 1461.
Lm s Saüt, Lima 1763 .
Fer mín Rígol i e Hij o , Piedra s 514 .
J uan Barlocco, Paysandú 1687
Jose S tr adella, Panamá 1227. Cá nep a, Batoví 2076.
Gudo Guinella, 8 de Octubre 2311.
Juan Facal, República entre Carmen y Uruguay.
Constru ccio n es
Ca o: los Vigo uroux , Calle P ública ( Buceo )
Co sj:anti n i, Zorz it y Cía , Nicaragua 3.
Ca leras de la Aguada, A venida Genera l Ro ndeau 2260.
Góm ez y Barlocco, San Carlos (Be lla V is ta )
"Calera de lo s 33", Cabi ld o 1939 esq. F. C C
lJ ecora :wnes
A lejan dro Steiner , Defensa 1072
Jua n Brignoni e Hijo, Maldonado 160 1.
P. Guido Selva, Incas 1990.
Antonio Starico , Convención 1060.
Serra y Albe r ti , G uayabo 1604 e sq. Piedad. Selasco y Clingo, Ur ug uay 774
B ianch i y A lessa ndrini , Vázq uez 15 66
A ntonio Troccoli, La Paz 1656 .
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Pinturas
So brino y Varela, Cerro Herrera y Obes.
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Ceriani y Mussi, Mercedes 1311.
Andrés Mang, Miguelete 1916
Gab riel T o u s, Colonia 1642.
A braham Uboldi, Miguelete 1531.
Manue l Pellicer, Piedras 678 y 680.
La No r te A m e r ica na , Av. 18 d e Juli o 22 51. i 'all eres en granito
Pablo Vedani, R ep ública 170<) e s q. Paysandú
Po ser y De Mori, Batovi esq Quito 1601. 'J'rabai os en
Pedr o Marti, Santa Fé 1066- 1068. li sc1tltores en tnármol
Vicente Morelli , Colonia 1450
Ferr et erías
La Llave, Rincón y Barto lomé Mit r e . H idr ófugos
Edua rd o Delacr oix, Ci ud ade la 139 1. 1Hst ala ci ones elé ctricas
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E íbio L. Fe rn á nd e z, Plaza Indepcncltn c i:y 703 e squina Juncal.
' ·Fia t Lux" , Fernández García y C hi o do n i, 25 de May o 6 14
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"La Ur u guaya" , Bartolomé Mitre 1314.
F irpo Metkow ski y Cía ., Camino a La C ru z, ( Carrasco)
Lui s Sol é , 8 de Octubre 240. Carmelo S ettimo, Cn o Ma ld onad o , ( Maroñas)
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Brignoni Hn os ., Ejido 1586 y Arena l G rande 1828 . Casanovas y Cía , A v Gene r a l R o nd eau 158 5. 1\1 . y J !)eb ernardi s, Galicia ll g6.
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