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SOMOS PALABRA

DEPARTAMENTO DE PROMOCIÓN Y BIENESTAR INSTITUCIONAL

Fray Juan Ubaldo LÓPEZ SALAMANCA, O. P. Rector General Fray Mauricio Antonio CORTÉS GALLEGO, O. P. Vicerrector Académico General Fray Luis Francisco SASTOQUE POVEDA, O. P. Vicerrector Administrativo - Financiero General Fray Javier Antonio CASTELLANOS, O. P. Decano de División de Educación Abierta y a Distancia Esteban Giraldo González Director Ediciones USTA Fray Ismael Leonardo BALLESTEROS GUERRERO, O. P. Director Departamento de Promoción y Bienestar Institucional

COMITÉ EDITORIAL Fray Ismael Leonardo BALLESTEROS GUERRERO, O. P. Juan Carlos Grisales Castaño Luis Alejandro Campos Correa COORDINADOR EDITORIAL Juan Carlos Grisales Castaño DIAGRAMACIÓN María Alejandra Abadía Gerena ILUSTRACIÓN PORTADA Daniela Lizeth León Melo CORRECCIÓN DE ESTILO Luis Alejandro Campos Correa

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COLABORADORES GANADORES CONCURSO LITERARIO Ian David Rincón Barragán, Jorge Iván Parra, Viviana Vargas Camargo. OTROS TEXTOS Daniel Andrés Alvarado Lugo, Tulia Rosa Villa Macías, Daniela Michelle Torres Ramos, Ana Milena Castro Fernández, María Camila Blanquicet, Andrea Hurtado Méndez, Lic. Felipe Chávez G. , Ben Sirac Musokie Llebi, Isabel Rincón Díaz, Sarita Borda, Giselle Chaves, Ana Milena Castro Fernández, Héctor Mario Ballesteros Puyo, Yasmin Winter. PARTICIPANTES TALLER ARTES PLÁSTICAS María Consuelo Sánchez, Laura Rodríguez, Milena Rodríguez, Luz Anabella Marín, Claudia Crespo, Diana Rodríguez, Víctor Hugo García, Giselle Chaves, Laura Chávez, Saida Ortiz Vera, Cristian Orjuela, Giseth Cadena, Marina Sarmiento, Lina Esteves, Diana Marlen Caicedo. PARTICIPANTES TALLER FOTOGRAFÍA Juan Sebastián Gómez, Juan Sebastián Rojas.


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ÍNDICE EDITORIAL PÁG. 4 - 5 - 6 CUENTO PÁG. 8 - 16 - 21 - 24 - 25 - 33 - 35 - 37 - 39

CRÓNICA PÁG. 12 - 22 FOTOGRAFÍA PÁG. 14 ARTES PLÁSTICAS PÁG. 34 - 44

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POESÍA PÁG. 10 - 18 - 27 - 28 - 29 - 30 - 42


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Editorial

A FAVOR DE LA EXPRESIÓN JUVENIL

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El Departamento de Promoción y Bienestar Institucional de la Universidad Santo Tomás busca aportar a la formación integral de los estudiantes mediante estrategias concernientes a la organización en áreas de trabajo consideradas como misionales desde la ley general de educación. Dichas áreas son las de Salud y Desarrollo Humano, Deporte y Cultura. Su enunciado corresponde a los aspectos del ser en sus dimensiones física, espiritual y mental. En correlación con los lineamientos de acreditación asumidos en el Plan Integral Multicampus, dichas áreas temáticas han establecido planes, programas y proyectos que permiten una relación con los sustratos que conforman la comunidad universitaria, entiéndase estudiantes, docentes y colaboradores en general. En el proceso de autoevaluación necesaria, el equipo de profesionales de las ciencias sociales, artistas y deportistas se proponen formular un proyecto participativo que refleje el sentir de dicha población. Con esta idea el Departamento se dispone a enriquecer el proyecto en diálogos permanentes con los beneficiarios. Por eso se generan evaluaciones constantes de cada actividad, para saber cómo es que nuestra comunidad vive y percibe el bienestar. La oferta permanente de eventos desde las áreas ha permitido la consolidación de una agenda con cabida para los sustratos mencionados, algunos eventos evidencian históricamente el desarrollo de la propuesta. La semana de la salud logra acopiar una variada oferta externa e interna que impacta simultáneamente en el mes de septiembre los distintos espacios de la universidad; en el Campus San Alberto Magno se concentra el fomento al deporte y la actividad física con replica en los gimnasios de cada edificio; el Edificio Doctor Angélico ha liderado la organización del día de la colombianidad dirigido a personal administrativo; en El Aquinate se promueven actividades cine clubísticas y literarias; el área de cultura realiza talleres artísticos, festivales como el de la canción, del disfraz y la máscara y el concurso literario que motiva esta semblanza de nuestra idea del Bienestar. Somos Palabra es convergencia del trabajo del departamento con énfasis en la literatura que ha logrado mostrar la variedad de lenguajes artísticos, así como la de acciones en continua renovación. Les invito en la fraternidad que nos convoca, a leer los textos en el entendido de que más que un resultado del virtuosismo son una forma de la expresión juvenil que habita la Universidad.

Fray Ismael Leonardo BALLESTEROS GUERRERO, O. P. Director Departamento de Promoción y Bienestar Institucional


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LA DIVERSIDAD QUE MUESTRA SOMOS PALABRA

En los textos escritos por mujeres es evidente su visión incluyente. Palabras que vinculan a otras mujeres, metáforas que dan cabida al hogar, geografías hechas sensualidad con ternura y sensibilidad. Las ilustraciones y la diagramación también estuvieron a cargo de mujeres; algo que invita a disponer de un tiempo para transitar el intersticio de lo sublime que habita de forma diversa a nuestra universidad. Agradecemos a las personas que posibilitaron esta tercera versión del concurso, especialmente al aval de la alta dirección, a Fray Ismael Leonardo Ballesteros Guerrero director del Departamento de Promoción y Bienestar Institucional, a Luis Alejandro Campos Correa y Carlos Arturo Prada Jiménez, miembros del comité de selección de textos, a María Alejandra Abadía por el diseño y a la artista plástica Daniela León por los diseños propuestos a partir de la lectura de los textos. A todos ellos y ustedes, los lectores, quienes muestran como en la Universidad Santo Tomás se expresa el Bienestar. Juan Carlos Grisales Castaño Coordinador Área de Cultura Departamento de Promoción y Bienestar Institucional

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La cultura como expresión de la creatividad humana en sus distintas dimensiones aboca a encontrar formas simbólicas de mostrarla. El precepto que se enuncia es uno de los principios del proyecto que estructura el Área de Cultura del Departamento de Promoción y Bienestar Institucional de la Universidad Santo Tomás. En este sentido, la promoción de la cultura busca incluir diferentes manifestaciones literarias de las personas que conforman la comunidad. El tercer número de la revista Somos Palabra expone distintas formas de sentir el mundo que se pueden leer entre cuentos, poemas y crónicas. Los términos de cada texto pertenecen a sus autores, de tal forma que la revista es un espacio para su divulgación, en aporte al bienestar espiritual que puede significar ver reflejado en el papel el pensamiento propio. Seguimos la ruta de la impresión como símbolo de las constantes de la educación, que se mantienen vigentes aún en los tiempos del auge digital. Por eso imprimimos la revista con el propósito de que sea una construcción colectiva. Los textos fueron seleccionados por un grupo de tres lectores entre el departamento de Bienestar Institucional y el CRAI USTA. Resalta la participación femenina entre los más de 80 textos enviados al concurso por estudiantes, docentes, colaboradores y egresados de la Universidad.


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CUANDO SOMOS PALABRA Se corre el rumor de que, según las estadísticas, nuestro país no lee. Se habla de un libro o medio al año mientras que en otros países los promedios son más altos. Por supuesto si la gente no lee pues no tiene ningún sentido escribir. Hace un tiempo, el equipo de trabajo del Departamento de Promoción y Bienestar Institucional se propuso la publicación de una revista construida con el aporte de todos los que quisieran, estudiantes, docentes, administrativos, en fin, toda la comunidad universitaria.

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Así nació Somos Palabra, una publicación que llega este semestre a su tercer número, y nos sorprenden muchas cosas, no solo la calidad de los textos enviados, también la cantidad de los mismos. Nuestro trabajo se complica a la hora de decidir que publicar y esto es, aunque sea difícil de creer, bastante grato. Tuvimos 76 propuestas y más de 80 textos entre poesía, cuento y crónica. Textos de mucha calidad y un nivel muy parejo entre todos, con participantes incluso de fuera de Bogotá, algo que debemos agradecer al Departamento de Comunicaciones, pues sin su apoyo al momento de enviar la información a todos los miembros de nuestra comunidad, esta realidad que es hoy Somos Palabra, no habría sido posible. Esta revista demuestra, o por lo menos nos hace pensar que la estadística posiblemente no está en lo cierto o que los datos están cambiando, al menos entre los tomasinos. La gente lee y sobre todo, escribe, y no para desahogarse o como terapia, la gente escribe historias, produce poesía, investiga a la hora de realizar una crónica y manifiesta un punto crítico del momento histórico que vivimos. Tuvimos la sensación de que la participación masiva fue motivada por el deseo de publicar, de aportar y ser parte de este proyecto del Área de Cultura del Departamento de Promoción y Bienestar Institucional. Estamos creciendo con cada número y cada vez una mayor cantidad de tomasinos quiere ser parte de Somos Palabra, palabra escrita y hecha realidad al escribirse que se reafirma al publicarse. Esperamos que este proyecto dure muchos años, que su crecimiento no se detenga, lo lograremos si seguimos a este ritmo y no nos rendimos en el intento. Que podamos decir y escribir por mucho tiempo que en la Universidad Santo Tomás todos Somos Palabra.

Luis Alejandro Campos Correa Guía del Taller de Escritura Creativa Universidad Santo Tomás


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GANADOR PRIMER LUGAR CUENTO MI VAJILLA (SOBRE LO FRÁGIL) IAN DAVID RINCÓN BARRAGÁN ESTUDIANTE FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS La loza… fregaba lentamente. El agua caía a cántaros como una cascada, acompañado de un aullido metálico, que se ahogaba como soltando burbujas escandalosas de auxilio. La esponja delineaba lentamente los contornos sucios, acariciando con infantil cuidado… y luego apretando con violencia en las comisuras rugosas que se formaban con la mugre tiesa. Restos de una cena muerta. Cementerio de fiambres.

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No apreciamos correctamente lo maravilloso de una vajilla. En su metáfora de barro formado se esconde el misterio mismo de la vida. El barullo calmo y sordo que nos retumba en la cabeza día a día. Cómo algo tan cotidiano puede recordarnos tanto nuestra propia condición, la rutina y la fragilidad. Andamos despreocupados por allí y por allá, la movemos, la tomamos, guardamos, utilizamos. Puedes poner lo que quieras dentro. El afán de la mañana antes de salir al trabajo. La satisfacción orgásmica de un almuerzo que se ha cocido pacientemente en la estufa una tarde de domingo. La sensualidad de una cena a vino tinto y luz de velas, un cliché magnífico para evadir la repetitividad de los eneros acumulados. La vajilla por excelencia es un ente externo en el que nos hemos visto calcados de una u otra forma. Los colores y figuras expresivas. Las extensiones blancuzcas o negras. El orden con el que pre-configura con el mundo. Allí nos vemos. En ese algo extraño con lo que sentimos una peculiar familiaridad. Comer en la calle se hace molesto en esos platos de molde. Beber en vasos sin personalidad turba el gusto. Sólo pena se puede sentir por quién no ha tenido la oportunidad de encontrarse en una figurilla de cerámica circular. Tarde comprendí esa exagerada fascinación por utensilios tan comunes, tarde descifré el misterio oculto en el barro trasmutado. Lo grandioso de un plato, por común que parezca, es que se deja atosigar maravillosamente por horas y horas de uso. El bramido angustioso que sueltan al chocar contra el acero de la cuchara. El cálido roce que sentimos con las manos al llevar la comida tibia. La fría indiferencia de la suciedad tras el banquete. Y así me sentía yo conversándote a la hora de la merienda, saludando presuroso con el café de la madrugada, jugueteando como niño los fines de semana, cuando nos encontrábamos en las tardes y cocinábamos juntos para quitarnos el peso de los lunes. Pronto nos habíamos fabricado una maravillosa vajilla. Cerámica delicadamente esculpida por semanas enteras de encuentros y desencuentro. Recuerdo que sutilmente les diste un matiz rojizo, con delicadas figurillas onduladas, que danzaban plácidamente en círculos. Por primera vez en mi vida me había encontrado con repeticiones hermosas. Eternas temporadas en las cuales no daba ni el menor atisbo de aburrimiento. Yo servía y tú lavabas. Intercambio justo en nuestra sociedad sin comillas. Pronto terminó sucediendo lo que sucede con todo lo que vemos en nuestro diario. Terminamos opacando la magia


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magia misma que envuelve a las cosas. Las cubrimos con mantos grises. Las disfrazamos de aburrimiento, para poder olvidar que lo efímero está anclado al mundo. Un día escribiste para decirme que no llegarías al almuerzo. Que era jueves y que debías procurarte otra ruta en la semana. Que ya habíamos compartido suficientes desayunos. Y que preferías salir a la calle a merendar en un puesto de esos que hay por ahí. Hoy no querías jugar a la casita y preferías comer en platos de icopor. Para ese momento yo ya había puesto dos lugares en la mesa. Había sacado todos los utensilios de esos años nuestros. Las bandejas, los pocillos, los platicos. Todo en la maravillosa disposición con que te los había ofrecido ya tantas veces. Quizá ese fue el error. Así que regresé la comida a las ollas y me dispuse con mi poca fe a fregar los tiestos. La loza… Y el agua cayendo a cántaros. A veces fría, otras, un poco más caliente. Fregaba pausadamente. Recorriendo las inagotables curvas en el borde. Juagando las espaldas de detalle fino. Entonces, en mi soledad me volví detallista y divisé cómo los crespitos rojizos pintados a mano se habían ido rayando, desgastando poco a poco en cada uso. Las bandejas finas tenían ligeros vencimientos grises que brotaban como raíces pequeñitas e involuntarias, dibujadas azarosamente en la superficie. Había vasos con las bocas rotas, ligeramente resquebrajadas. Y los llanos blancos lucían amarillentos de tantas veces que habían sido masajeados con agua y con jabón. Manchas y relieves costrosos se dejaban entrever si uno se acercaba lo suficiente.

Como en una danza celestial, los testigos de nuestros días idos saltaron al vacío. Una sinfonía de crujidos plagó el lugar. La máscara de cotidianidad que usamos para esconder nuestra delicadeza se cayó en un segundo. Lo más común de lo común explotó en pedazos. Y cada uno, como recuerdos borrosos salieron saltando en todas direcciones. Un espectáculo funesto, lúgubre quizá. En un segundo la rutina escrita con sonrisas y lágrimas a lo largo de los años había quedado inútil. En un parpadeo ya no servíamos más. Permanecí absorto, en silencio, como sin dar crédito a lo que mis ojos veían. El agua ya no caía a cantaros. La llave goteaba tímidamente. Te sentí salir por la puerta. Ese fue el último día en que llamaste. Así fue como todo se rompió…

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Uno a uno fui colocando los componentes en el platero, y me dispuse a rematar su secado con una toalla. Tomé primero nuestro favorito. Un enorme plato macizo donde colocábamos los postres, pastelillos y tartaletas de todo color y denominación. Lo tomé con la mano y comencé a dar vueltas despacio. Pero en un mortal error de cálculos, el gigante se escapó de mi mano izquierda. Desesperado traté de interceptarlo, pero este dio un bote en el aire y chocó pesadamente con el platero halándolo con violencia hacia el suelo…


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GANADOR PRIMER LUGAR POESÍA SÍNDROME JORGE IVÁN PARRA DOCENTE FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

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“Quien no ha sufrido heridas no entiende las cicatrices de los demás” Shakespeare Cada vez que miro a este hombre lo desconozco. ¡Era tan distinto! Desde lejos huele a derrota. Antes era un soñador y se despertaba con el mismo rictus de placidez con que se dormía, ahora ya ni duerme ni sueña. Se acuesta con el deseo de dormir, pero al rato está dando vueltas por toda la casa, siempre acompañado de sus gatos. Se sienta a leer hasta que se le cierran los ojos de puro cansancio y no pocas veces amanece con los brazos cruzados sobre la mesa y la cabeza entre ellos como si fuera un avestruz o un animal grande recién hibernado. ¡Era tan distinto! Pero un día sintió que el piso se le movía y que todo a su alrededor le daba vueltas, y sentía náuseas, otras náuseas que no eran las que siempre ha sentido por saber cómo es el mundo. Detrás de las náuseas le llegó un zumbido que no se le quita nunca. Era tan distinto… Cada vez que miro a este hombre lo desconozco, se le puede ver husmeando lomos y lomos de tantos libros que tiene en su paraíso borgesiano. Hay cientos de un solo color; amarillo, negro, rojo, café, blanco, según la colección. Lee sin tregua a Murakami y a Rafik Schami mientras escucha con devoción a María Callas , cuyos trinos lo envuelven como un vaho y no sabe si adorarla más como Lucía, como Norma o como Tosca. Lucía Tosca Norma Norma Tosca Lucía Lucía Norma Tosca. Lo he visto tomar un libro de Quevedo y lo he escuchado leer como para sus adentros: “Retirado en la paz de estos desiertos con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos”. No sé a qué se dedica en el día. Dicen que es un embaucador. Convence a grupos de muchachos de que no se vive de la poesía pero que sin poesía no se vive; que las oraciones simples son tan cortas como el amor y las compuestas extensas como el olvido; que hay diptongos crecientes como el dolor y decrecientes como el recuerdo; que hay sílabas átonas como la vida y tónicas como la muerte; que “éxito” y “ fracaso” rompen hiato; que “soledad” no lleva tilde, pero siente; que “angustia” no es ningún sustantivo sino un estado que sólo comprende quien lo padece, y


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Este hombre ¡sí que era distinto!

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y que no es cierto que el cielo sea azul sino verde y naranja. Este hombre padece un daltonismo extraño, todo lo ve verde y naranja. ¡Era tan distinto! Por la noche lo veo cómo se acuesta y al momento vuelve y se levanta. Contempla un rato el aristocrático cuello de su mujer que juzga igual al de Anna Ajmátova. Todo está en silencio pero él nunca está en silencio, todo está quieto pero a él todo le da vueltas. El zumbido es como la risa de un dios perverso, de un dios vampírico que se esconde en el día y castiga en la noche. Sólo sus tres gatos lo asisten en su desespero y en el vértigo. Se le vienen nombres a la cabeza: Virginia la inglesa, Alejandra la argentina, Marina la rusa, José Asunción el colombiano, Stefan el alemán, Césare el italiano. A todos los envidia porque supieron ponerse a salvo de las pesadumbres. Cada vez que miro a este hombre lo desconozco. Era tan distinto. Dicen que tiene algo de anfibio, yo sólo lo veo como extraño en el exilio. Como al ciego que venera, le gusta el sabor del café y la prosa de Stevenson. Dicen que bracea, pedalea y corre como un poseso… …para deshacerse de su sombra, para librarse del zumbido, para mitigar el vértigo, para huir de sí mismo. Pero no lo consigue. Siempre se da contra un muro o una cerca electrificada o la puerta de un horno crematorio. Desde lejos huele a derrota. Era tan distinto… Antes se reía, exultaba, triunfaba, aplaudía, celebraba, cantaba, dormía. Dormía, cantaba, celebraba, aplaudía, triunfaba, exultaba, se reía. Ahora rumia su reconcomio y malvive de sus recuerdos.


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GANADORA PRIMER LUGAR CRÓNICA MARÍA SALOMÉ: LA VOZ DE LOS QUE NO TIENEN VOCES (CRÓNICA DE MARÍA SALOMÉ, QUE HACE PARTE DE LA LISTA DE DIFUNTOS DEL CEMENTERIO CENTRAL). VIVIANA VARGAS CAMARGO ESTUDIANTE FACULTAD DE SOCIOLOGÍA

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esta sociedad fuera un defecto y estuviéramos siempre bajo señalamientos.

Soy una mujer como cualquier otra, ordinaria y a la vez tan extraordinaria. Me han relegado y trasfigurado; sin embargo, no me han olvidado. Mi nombre se escucha entre ustedes como un fuerte murmullo y en otros como una exaltación. Mi historia la han acomodado y tergiversado. Hasta este punto me queda difícil recordar quién soy o quién he sido. He tenido el placer de pasar por todo, desde ser una mujer abatida hasta estar exaltada por mis magnánimas bondades y milagros concedidos. Es así como me han creado, como “la Santa maligna”. Aún no recuerdo como empezó todo, creo que fue después de mi partida cuando de verdad comenzó mi historia. Las atribuciones a mi personalidad y poder son variadas. Creo que puedo expresar que lo más difícil es decir: soy mujer y por este hecho, muchos me han querido exiliar, como si ser mujer en

Todo lo que me han atribuido por querer ultrajar mi imagen ha sido el resultado para también ser amada y aceptada entre ustedes, siendo el sinónimo de una mujer igual que todas ustedes, ni más ni menos. Si preguntan por mí, muchos responderían de distintas formas, como Alfonso que vende flores a las afueras del cementerio central, él cuenta mi historia casi como suya, con tal propiedad y sentido del humor que resulta agradable escuchar, dice que yo era una vendedora de riegos y velas afuera del mismo cementerio que hoy alberga mi memoria; si le preguntan a Sonia, que es una mujer que todos los lunes va al cementerio a pedirle favores con devoción a las almas benditas, tal como ella lo expresa, dice que no sabe mucho mi historia, pero que yo era una mujer pobre que vivía en el barrio Egipto, que si me ponen velas, flores y me hacen peticiones de cualquier tipo con fe, yo les concederé todas las plegarias expuestas, por eso muchos me tachan de bruja y de todo lo malo que esta connotación deriva. Así es, como si ser mujer me hiciera una bruja sinónimo de la maldad y lujuria en el mundo, por eso muchos dicen que si me pidieran favores de amarre hacia un hombre yo los cumpliría, quieren desfigurar tanto mi cara que hoy me tilda la sociedad me mancilla y deshonra. Pero es peor, si le preguntan a María ella dice que yo era una prostituta, es más, asegura que era un travesti, que si le preguntan más allá no sabe bien mi historia, pero lo único que puede decir con certeza es que yo era una mujer que vendía mi cuerpo para sobrevivir.


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Entonces hay una gran multitud de mujeres que vienen de Santa fe y de los mártires todos los lunes muy a las tres de la tarde, a traerme siempre claveles rojos; entendí con el paso del tiempo lo que significaban estas flores y me estremecí al saber que las traían por admiración, porque yo, María Salomé era símbolo de resistencia y el rojo de las flores lo asimilan con pasión y seducción. Lo que representa una mujer. Me conmueve ver mi tumba llena de estos claveles rojos, y que me pidan con tanta devoción, que me hagan sentir tan suya y amada por todos aquellos que me acompañan en esta inhóspita soledad. Y en este frío y triste lugar que guarda verdaderas lágrimas y sentimientos de amor puro, he sido espectadora del último adiós y el desconsuelo que trae la soledad.

Yo me ufano de ser mujer y me siento una heroína igual a mis compañeros de los lados aunque ninguna calle lleve mi nombre ni este escrito en ningún libro, aunque solo el inhóspito cementerio lleve mi memoria; porque sí, soy mujer, y quiero deconstruir mi historia, empezar a liberarme de toda la carga que supone ser mujer en esta sociedad. Me alegra que la belleza de esta historia desafié la muerte. Solo cuando me dejen de recordar moriré.

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Sin embargo me siento afortunada, aunque me han querido avasallar por no estar a la altura de esta sociedad diciéndome bruja, pobre, prostituta. Solo por ser mujer me han querido ultrajar, es la evidencia de como la sociedad que te corrompe una vez usando tu cuerpo, un día te margina. Por este hecho me quieren convertir en sinónimo de deshonra y dicen que no puedo hacer parte de la historia, ni estar al lado de todos los próceres que construyeron los pilares de esta nación. Porque soy mujer no puedo ocupar el lugar que me pertenece. Me quieren desterrar y aunque consiguieron trasladar mi cuerpo, no lograron extinguir mi memoria, ni acallarme como símbolo de poder e influencia. No pudieron impedir que me posicionara como esa mujer que, desde el más allá, puede develar los matices de discriminación que tiene la sociedad y ni siquiera en un lugar donde se dice que: las almas son iguales quieren disipar la desigualdad.


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Las siguientes son fotografías tomadas por los estudiantes Juan Sebastián Gómez y Juan Sebastián Rojas del programa de Ingeniería Mecánica, quienes cursando noveno semestre participaron y se destacaron en el taller de fotografía dado en el período 2018-2


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AL ATLETA CASI LE DA UN PARO DANIEL ANDRÉS ALVARADO LUGO ESTUDIANTE FACULTAD DE DERECHO

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¡Al atleta casi le da un paro cardiaco! La anestesia está lista, es el olor dulzón y amargo que lo reanima en las mañanas. Entre más negro de madrugada, más despierto en cuanto avanza la mañana. Es una perfecta excusa para iniciar la conversación. Un cigarrillo después de buen sexo. Una sonrisa después de una canción. El oír la cafetera le genera excitación, el crujir del café en grano y el vapor de la leche mezclada con una pequeña, pero suficiente cucharada de miel de abejas, causa en sus sentidos una sensación de adicción. Los dientes tiemblan, las manos le sudan, la nariz se despierta y los sentidos se agudizan. Es una buena taza de café al que le hacen guardia unos tibios huevos mezclados con tomate y cebolla, cocidos en el punto de equilibrio. No mucha sal para que no ser un ogro en las mañanas, no mucho azúcar para no ser ingenuos ni nobles ante terceros, no mucho campo para no ser débil, no mucha ciudad para no ser de hierro. El café está listo. Toma el recipiente con una toalla mohosa que encuentra en un cajón carcomido por los años. Las hormigas hacen presencia, el peso de la vida les hace guardia migaja tras migaja, problema tras problema. ¡Cuidado que está hirviendo! hay que dejarlo reposar. Mientras tanto el atleta intenta respirar pero no puede. La habitación esta inmóvil, encerrada, solo el fogón ilumina la estancia. Es culpa de las persianas negras que caen del cielo blanco al piso de madera carcomido por la humedad. La puerta de hierro con dos chapas y candado colgante encierra el pesado aire con olor a entrepiernas y sabanas sudadas de cariños. Hay calcetines colgando en lámparas sin foco, el olor se impregna en los sentidos. Se ven dos piernas y la camisa del atleta en cuerpo ajeno. Tres botellas de vino se esconden detrás de la almohada y varias colillas de cigarrillos sin filtro detrás de cuatro libros de poesía. Cuatros libros de poesía que se confunden en una mesa a la que le rechina la pata izquierda, al igual que al atleta le rechina su rodilla izquierda por el afán de culminar la carrera, esa a la que llaman vida, a esa vida que llaman amor. El atleta exclama: Amor ya está listo el café, despierta. Abre las persianas y la ventana. El aire se convierte en sudor que cae del techo. Pequeñas gotas envuelven el piso y las grietas de agua llegan al sifón de la cocina. Que despiertes ya, vuelve a exclamar el atleta. Se acerca cuidadosamente para no pisar el sudor. Esta tendido en la cama. Se pierde en sus suaves labios que en esta ocasión no saben a pimienta y sal, ahora le saben a pasión. Le besa las mejillas y nariz. Con cada lamido el atleta se pierde en sus delicadas pecas marrones y rojizas. Su nariz es perfecta, una delicada punta que se inclina suavemente al cielo para saludar a los ángeles. Sus rizos marrones con destellos rubios y visos rojizos se inundan en las manos, en el olfato. Tiene los ojos cerrados, sigue durmiendo. Abundantes y largas pestañas le hacen guardia al reflejo del alma. Es la personificación de la perfección de dios en el hombre y la materialización de la tentación del diablo en la tierra. Un movimiento brusco para el despertar en los hombros y la cabeza. Debe estar en


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un sueño profundo. Anoche la fiesta fue pesada. Más movimientos y ninguna respuesta. Los huevos se enfrían, el café ya está en reposo y el calor le hace quitar al atleta el bóxer y el esqueleto. Más movimientos en las piernas. Debe estar en un buen sueño, de esos que son mejores cuando se sueñan de a dos. Una caricia en los labios, un beso en la frente, más movimientos en el pelo y, ninguna respuesta. La angustia se apodera del atleta, cruza la estancia y toma el café, un solo sorbo y lo estrella contra la esquina del espejo que yace encima de la mesa de noche. La leche se confunde con el agua del sifón, hay varios vidrios rotos y poca luz. Corre a la esquina a limpiar el desastre. Los dedos de los píes se mezclan con los vidrios del espejo. Está sangrando. Grita mientras se deja caer en el piso para limpiarse las cortaduras. Ahora las manos le sangran. Se desliza hasta la estufa, toma la toalla mohosa, se limpia, intenta sacar un vidrio de la planta del pie, un respiro profundo antes de un solo movimiento para evitar más dolor. Toma el vidrio, se acerca al cuerpo tendido, le corta el pie izquierdo. No hay respuesta, el sueño es profundo. Le limpia la sangre con la mano izquierda.

Ahora, cierra sus ojos lentamente. Lo ve desde lejos. Está durmiendo con este. El atleta tiene que habitarlo hasta que su alma perfore su subconsciente y se confunda con su ser. Tiene que seducirlo hasta que su cuerpo sea una necesidad para vivir. Ahora puede susurrarle al oído hasta que su voz se convierta en melodía para sus tímpanos. Puede quemarlo con los labios hasta que su piel se confunda con su lengua. Es hora de lamerle la pelvis hasta que los dos enloquezcan de placer, pincharlos con agujas a ambos hasta que la sangre que brota de sus venas se funda y se conviertan en una sola. En el sueño eterno puede ahogarlo por completo hasta que las gotas de agua que brotan de su cuerpo se confundan con el café de madrugada. Para que el café de madrugada no le falte en las mañanas, para que las mañanas se fundan de eternos amaneceres y, los amaneceres se confundan en un sin fin de anocheceres. El atleta quisiera ser piedra para que las ramas del río lo arrastren y el barro lo envuelva y cuando, solo cuando, la piedra llegue al mar, que las olas lo estrechen con otras piedras del acantilado y sus raíces se multipliquen en restos de arenilla para que, se confundan con el lodo, y el lodo se esconda con el fango. Rompen la puerta de hierro. Es la policía. Ahora son dos durmientes en el recinto. Yace el atleta con su amante. No es igual la persona que acaricia la piel a la persona que acaricia el alma. Ambos tomaron una anestesia más fuerte que el café. Una adicción mutua. Dos cuerpos fundidos y un solo sueño.

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A lo lejos se escuchan sirenas. Alguien golpea la puerta. Es la vecina que ha escuchado gritos desde la madrugada. He llamado a la policía, ¿Está todo bien?, ¿Hay alguien adentro?, ¿Necesitan ayuda? Efectivamente, el atleta necesita ayuda, necesita una anestesia más fuerte. Corre y le quita al durmiente de la palma de la mano la jeringa. Con el cinturón del mueble se aprieta la mano izquierda. Dos golpes en las venas que dan inicio al performance. Toma la cuchara llena de miel, la misma que usó para revolver el café, la lame, sensación dulzona. Su paladar se calienta y su carácter se agudiza. Encuentra el briquet debajo de las sábanas. Ahora el fuego y la cuchara son los protagonistas. Revuelve un poco de polvos mágicos con cunchos de vino. Un pinchazo fuerte pero contundente. Quiere soñar con su amante, desea sumergirse con el mismísimo Hades.


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PENUMBRA ISABEL RINCÓN DÍAZ DOCENTE DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES Y FORMACIÓN INTEGRAL La noche retoza con los recuerdos, como las olas en la arena del mar ligeramente trae tu recuerdo, lo borra y se va. La lánguida noche trae tu sombra, la acuesta, ilusiona la sabanas llena la almohada de besos… y se va. La noche enreda los deseos, los trae envueltos, en tu aroma esparce la esencia, pero no deja ni un quedar.

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La noche celestina del amor revive dulcemente en el deseo, y las noches de pasión. La noche cómplice de los amantes, mi amiga no será, permite que el día entre y borre un sueño que no logró ser realidad.

CUANDO TE ESCUCHO LIC. FELIPE CHÁVEZ G. DOCENTE VUAD. CAU VILLAVICENCIO Cuando te escucho me vibra la sangre desde el pecho hasta el cerebro me mariposea la pasión que guardo bajo la pituitaria se me encalambran las añoranzas que trasteo bajo el brazo me da náusea en el pedazo de alma que ya no uso le da beri beri a la motosierra que me dieron por corazón. Cuando te escucho tan distante y a la vez tan cerca del recuerdo de mis poros por ese aparato frío en mi oreja el aire de esta ciudad se paraliza y lo mastico de la emoción con smog y todo. Cuando desde trópico tu voz me taladra el oído como un zancudo borracho de amor mis sentidos se abren en flor para dejar salir


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el poco de futuro que aún sigue adherido a mis huesos. Cuando te recuerdo este cuerpecito enfermo se desbarata las piernas se gobiernan solas se contradicen y se pisan, pierden el ritmo caigo de rodillas y esta plasta de cara hace gestos para parecerse a mí.

Solo quería decirte que también te amo y me sorprendo por sentirme así porque tenía clausurada la tajada de sandía que me bombea el veneno hasta los músculos pero te apareciste como una virgen insaciable y te tatuaste cual espectro en el lugar más visible de mis utopías. Gracias por dejarme amarte así solo habités en mi imaginación y tu cuerpo sea apenas la fantasías que mi boca siempre soñó morder o la silueta que dibujan mis manos en el vacío cada noche para poder dormir. No espero que me creás cuanto te amo. Solo quería informarte que mis deseos están en huelga de hambre hasta que decidás compartirme un escupitajo de tu vida me regalés un instante para ser feliz por los próximos cien años o un pequeño pretexto para seguir habitándome: una esperanza llena de dudas un horizonte de posibilidades para perderme o simplemente un minuto para acariciarte…

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Cuando te imagino te siento tan cerca como hace unos días cuando me sembraste la esperanza junto al hígado con ese desgraciado golpe de amor que me diste con todo tu cuerpo justo ahí en el huesito de la risa y me río de mí del escepticismo y la pereza por vivir de creerme enamorado porque sigo esperando un beso tuyo antes de abordar el hipopótamo azul que me atropella cada mañana para llevarme volando hacia el trabajo donde te imagino en la sonrisa de las estudiantes que impúdicas me enseñan el filo de sus faldas y me prometen jugar a la escondida en los rincones de sus cuerpos blancos…


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EL ESPÍRITU DEL ROBLE TULIA ROSA VILLA MACÍAS El día parecía ser igual a cualquier otro. Sin embargo el aire denso de la ciudad tenía un cierto toque de magia que Alejandra no podía entender, porque no lo alcanzaba a percibir. Sus actividades eran tan diversas, muy bien programadas y tan absolutamente importantes que no había cabida en su mente para algo tan elemental y fuera de contexto como el inusual aire fresco de una mañana de domingo. Su ímpetu de joven adolescente ciberpunk se podía sentir en cada uno de sus movimientos a tal velocidad, que parecía que su cuerpo en lugar de hormonas estaba repleto de millares de baudios; todos prestos a recibir, procesar y generar información, sobre todo si es el día del cumpleaños dieciséis.

¿Estás bien tía?, preguntó Alejandra mientras observaba perpleja. Es una hoja de Roble, querida. Le respondió su tía mientras la acariciaba suavemente. ¿Roble? ¿No son acaso los árboles aquellos que se extinguieron finalmente en el 2.020? Preguntó Alejandra con desconcierto. Sí, así es, le respondió ella. De tal modo que esta hoja es una verdadera reliquia, un tesoro invaluable; agregó la anciana. La jovencita la miró desprevenidamente y dijo: ¡Pero tía! eso no es tan importante si tienes tu casco y puedes correr por entre todas las arboledas, con las más diversas especies que quieras. Esa es tu realidad - Respondió su tía- pero ésta hoja la recogí mientras caminaba en el Parque Nacional un día de septiembre hace cincuenta años, cuando empezaba a leer por quinta vez Cien Años de Soledad. La chica sonrió, besó a su tía en la mejilla y salió corriendo, sin darse cuenta que ella había puesto en su bolsillo la hoja de Roble. Aquella tarde llovió tanto, que Alejandra decidió dejar, en su camino hacia la escuela, en la tienda de reciclaje, la vieja y mojada chaqueta. Casi al salir de la tienda, mientras se ponía una nueva y seca. Al tiempo que la procesadora iniciaba su trabajo, Alejandra sintió que algo se quebró y un aire tibio la estremeció.

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Transcurrían casi las nueve de la mañana y Alejandra entró al apartamento luego de haber estado en el gimnasio haciendo sus ejercicios cibernautas de rutina, lo que no era gran cosa en realidad dentro de todo lo que ella acostumbraba hacer. Su madre se lo había enseñado desde pequeña, así que ya no lo podía dejar aunque tampoco quería hacerlo, pues disfrutaba explorar el ciberespacio. Este día especialmente Alejandra quería dedicar a la navegación más tiempo del acostumbrado, pues la semana anterior mientras conversaba con un interesante joven de Malasia, se dio cuenta que la teoría sobre el descongelamiento del polo norte como propuesta hidrológica, era más extraordinaria de lo que ella había imaginado, así que no podía esperar más para continuar su charla; además, había algo en la voz de su interlocutor que le hacía sentir en el estómago algo tan extraño como incomprensible, que en el fondo le agradaba. Al entrar al salón de estar, vio a su tía abuela sentada en su sillón favorito junto a la ventana que daba al gran complejo de investigaciones microbiológicas recientemente construido en un terreno que hasta hace poco fuera un parque, justo en frente de su edificio; Alejandra notó que tenía en la mano algo hasta ahora para ella desconocido, así que se acercó y luego de recibir el dulce beso de su tía, notó en su mirada un dejo de nostalgia.


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UN CAFÉ DE RECUERDOS YASMIN WINTER ESTUDIANTE FACULTAD DE COMUNICACIÓN SOCIAL PARA LA PAZ ¿Café? Nunca he dado mucha importancia a él. ¿En mi casa? Él casi nunca aparecía. ¿Los abuelos, tíos, amigos? Siempre tenían más de una opción y yo optaba por jugo o leche. Hasta que empecé a trabajar. Los días agotadores comenzaban a las 5:30am con el despertador tocando y fluían en medio de clases y maratones de ejercicios durante la mañana para el examen para ingresar a la universidad. Al principio de la tarde, caminaba hasta el departamento de Recursos Humanos del Ayuntamiento de Petrópolis, mi ciudad, cerca de Rio de Janeiro, Brasil. Sección de recepción de procesos administrativos, licencias y vacaciones. Imagínese cómo estaba en julio. Claro que necesitaba tazas de café cotidianamente para mantenerme despierta y, después de que el efecto no aparecía más, por haberse convertido en un hábito.

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Me acostumbré al café simple, hecho en el filtro de una cafetera vieja por Doña María, auxiliar de servicios generales del ayuntamiento. Pero con el tiempo aprendí a siempre optar por el café, principalmente el de mi abuela, que siempre decía: “ ¡Toma una taza de café, mi flor!”. Entonces, descubrí el mundo de los cafés artesanales, hechos a la hora, con chocolate, chantilly, fuertes, listos para calentar hasta el alma y ser saboreados con un pedazo de torta o un croissant. Mi ciudad natal, que ofrece a los moradores y visitantes el típico frío de la sierra del Estado de Río de Janeiro, en sudeste de Brasil, posee varias confiterías y cafeterías que satisfacen esa, mi pasión. ¡Conocí y probé tantas! Pero pasé a la universidad y me mudé al calor del Estado de Minas Gerais, también en el sudeste de Brasil. ¿Café? Ni pensar, yo iba directo a los helados. Hasta que un día hizo frío. Rápidamente me encaminé a la única confitería que ya había visto en el centro de la ciudad. ¿Buena? Excelente, pero nada comparado a quien conoce el “frío” y ofrece un menú con más de 30 opciones de cafés y chocolates calientes. Entonces, llegó la semana en que pasaría el fin de semana en la casa de mis padres. No necesito decir cuál sería el primer tipo de establecimiento que yo iría a visitar. Pasé toda la semana eligiendo, diseñando qué café tomaría. La ansiedad fue tanta, que olvidé que mi novio evita tomar café, resquicios de una gastritis, y no le gusta tanto las bebidas calientes. Creo que él percibió mi expectativa y mi debilidad, pero no habló. Fue conmigo y tomó un café caliente. Momento histórico. No sé si por el tiempo de, puedo llamar abstinencia, o por el viento y la niebla que encubren el lugar ¡Estaba todo delicioso! Daba ganas de quedarse allí para siempre y saborear todas las opciones del menú. Dos días después, volvía yo, de shorts y camiseta, para el calor de Minas Gerais. Sin cafés o chocolates calientes. Algunos meses más tarde, casi oyendo mis súplicas, otra cafetería se abrió en la ciudad. Ofrecía más opciones que aquella primera confitería, un café con helado, un pan de queso típico de Brasil. Pero aún nada que se acercara


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a matar mi nostalgia. De vez en cuando, paso por allí, bebo un café, intento sentir un poco del frío, de las compañías de Petrópolis y de mi ciudad, pero no encuentro nada de eso. Tal vez un día, en alguna parte de mi corazón, me acostumbré a esa novedad de mi vida académica, así como me acostumbré al café de Doña María y al de mi abuela. Creo que esto puede suceder, pero sólo cuando encuentre una taza de café cargada de historia, emoción y pasión, de aquellas que calientan hasta el fondo del corazón.

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AGENDA CUENTO EN VERSO ANA MILENA CASTRO FERNÁNDEZ 6:00 am. Como si un borrador abusivamente decidiera emparejar el paisaje. Nada se ve afuera e imagino que tengo al frente el mismo tapiz blanco que tienes tú.

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8:00 am. El frío se apodera de mis manos, traspasa mi ropa se apodera de todo. Y aun corriendo lo siento, como si estuvieras aquí, intenso e inevitable. 10:30 am. No es un nuevo dibujo de todo esto; es un collage, una serie de recortes, con fondo azul frio. Frio de no verte, de saberte ajeno. Tan ajeno, tan distante como el sol 2:00 pm. Intentos de tibieza parecen perder la guerra ante Eolo. Nada me abriga y el ritmo calculado de esta fría ciudad nos absorbe nuevamente. 4:30 pm. Tu escritorio, secretario silencioso. Inmóvil esclavo. Mueble, mejor muelle, simple puesto de trabajo, cama furtiva y escondite.


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11:30 pm. Nada queda ahora. Calles húmedas, el mercado. Semáforos indiferentes para mí. Las llaves, el café o la alcoba. Nada queda ahora, salvo tus restos y esa canción descolorida.

AUTOBIOGRAFÍA DE UN ANÓNIMO DANIELA MICHELLE TORRES RAMOS ESTUDIANTE FACULTAD DE PSICOLOGÍA Así que después de soportar los gritos de la loca y pálida rubia, me encerré en el baño, tiré las cosas al piso con fuerza, apoyé mis manos en el lavamanos y me miré al espejo. Mis ojos me miraron de manera diferente, esta vez no fui capaz de sostenerme la mirada. Escuche un silencio insoportable. De repente, sonó mi celular y ofuscado contesté sin siquiera mirar la pantalla.

Me tiró el teléfono, su celular debió quedar destrozado. Pero no importaba, porque ya yo sabía, que ella sabía, que yo sabía, que ella sabía, aquello que solo los dos podríamos saber. Cuando me colgó saqué mi reloj. Lo miré y me desesperé. Odié el tiempo. Odié el mundo. Odie no tener control sobre los segundos que guardaban milenios en su interior.

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—Aló. —¿Cristhopher? Dijo con un tono dulce. Su voz estaba tan húmeda como un pañuelo. Como un pañuelo empapado de agua de rosas. De rosas, de pétalos de azúcar. Evangelinne. Pero no podía saber ella, lo que significaba para mí. —Disculpa pero no estoy interesado en tarjetas de crédito. Y en el momento —le dije con un tono despectivo—. —Pero… —Y en el momento —¿Pero…? —Suspiró como un pájaro que quiere, pero aún no se atreve a volar. —En el momento me encuentro sumamente ocupado. —exclamé con un tono contundente—. Entonces reaccionó, entonces me mató. —Creo que todo ha sido una terrible confusión. Hasta luego. —Me dijo furiosa— —¿Y qué pasó con el café de vainilla? —¿Qué? —Me gritó—. Estaba furiosa, pero yo, yo estaba maravillado. —Quiero decir… Si quieres ofrecerme una tarjeta de crédito de seguro querrás hacerlo con una cinta roja atada en tu cabello. —Lo lamento, pero si pretendes obtener una estúpida tarjeta de crédito ¡Tendrás que ir a una estúpida sucursal!


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Odié esa estúpida medida que se habían inventado para acabarnos y controlarnos la vida, entendí que de no ser por el tiempo seríamos inmortales. Me descubrí a mí mismo observando las manecillas del reloj como un autista, con la boca entre abierta. Perdido. Cerré los ojos y suspiré. Cuando abrí la puerta del baño, todos mis compañeros de trabajo me estaban mirando, se quedaron culposamente paralizados, lanzaron sus miradas al suelo. Los esquivé uno por uno. Los clientes que estaban sentados me sonrieron, contentos con su nueva comida, les respondí con un saludo, atravesé el pasillo, llegué a la cocina, me desabroché el delantal, no pronuncié una palabra, y de nuevo se cruzaron miradas absortamente confusas. Me despedí de los clientes y sin más, me marché.

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Me di cuenta que la vida es muy corta, que a veces todo puede ser nada, que la vida es un ligero parpadeo que muchas veces un no, nos puede acabar la vida, que aceptar no siempre era una opción, que vivir no se trataba de esperar, que la vida era un éxtasis infinito, que para vivir aquí teníamos que estar al menos un poco locos y, que a veces la única forma de saber si teníamos paracaídas era lanzarnos al abismo profundo. Una vez más, le sonreí al destino. Caminé como si fuera Frank Sinatra cantando perdido entre los callejones de Nueva York. Y no sé por qué, pero por primera vez en mi vida tuve el presentimiento de que esto, iba a ser algo bueno.


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SOY ÁFRICA BEN SIRAC MUSOKIE LLEBI ESTUDIANTE FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS Cuando penetro en lo más profundo de mi corazón, me encuentro solo con mi consciencia llorando la causa de su existencia; ¿Me pregunto por qué? Y no tengo ninguna respuesta y nadie es capaz de explicarme; lloro, lloro y no dejaré nunca de llorar. Cada gota de estas lágrimas que cae de mis ojos, agranda sin pausa los océanos que me rodean y aumenta mi tristeza, mi preocupación, y la impotencia frente a mi realidad. Lloro; lloro por mi pasado, lloro por mi causa ¡lloro por mi mundo! lloro por mi áfrica.

Tú, la rica cuna de la humanidad y la vida, tú, el lugar de las aguas, los bosques y el amor, tú, el inocente que pagó justo por pecador: Eres África; lloro por ti. Ahora voy a llorar, pero no de dolor, voy a llorar, más no de la esclavitud, voy a llorar, pero no porque otro me hace llorar; voy a llorar, aunque no sé de qué. Pero dejaré de llorar, para empezar a rezar; rezar, pero no solo a Dios sino también a la tierra. Pero también cantaré: cantaré lo que eras: ¡libertad, paz y solidaridad! cantaré lo que no eras: ¡sólo esclavo y colonización!

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África que no es lo que era, África que no es lo que quería ser ¡África que soy! África que es el testigo de la historia.


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cantaré lo que eres: ¡tranquilidad y belleza! cantaré lo que no eres: ¡guerra y hambre! cantaré lo que serás y no serás: no lo sé. Soy África gritaré lo que soy, sin cansarme, hasta que me escuchen; soy África.

ESTANTES SARITA BORDA ESTUDIANTE FACULTAD DE PSICOLOGÍA

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Cuando nos enamoramos de las ideas, de ese racionalizar malvado, nos damos el lujo de abandonar el cuerpo encarnado, cambiamos al tiempo por pergaminos manchados, las horas como las comas de cuentos que describen nuestro Yo deseado, de los rumbos hasta ahora navegados, por seres múltiples unificados. Volviéndonos esclavos de las letras encriptadas, encaprichados con lenguas ya olvidadas, para edificar la historia que solo una vez será contada del aquí y el ahora de nuestros sueños sagrados que únicamente esas almas tras las hojas, entienden lo buscado. Es este el cortejo de los corazones desgastados a causa de palabras sucias, ojos apagados y labios ya besados ganando la guerra como bohemios inquebrantables y apasionados de atardeceres dorados, que pintan el alma sin reparo, llenos del silbar de las hojas de esa historia que aún no ha germinado.


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EN MEMORIA DE UN DÍA QUE PASÓ… HÉCTOR MARIO BALLESTEROS PUYO ESTUDIANTE FACULTAD DE EDUCACIÓN En memoria de un día que pasó puedo afirmar que mis tentáculos sedados en la soledad se afirman en las tumbas de los transeúntes, sus sonrisas pequeñas caben a manotadas en mis bolsillos, en sus lágrimas relamidas por dinero mientras absurdamente los ángeles proscritos de felicidad apuntan con su afanada insensatez la esperanza divina de quien en su mano guarda el último resquicio de cielo eterno y, profusamente confundido, se alegra ante el chillido del viento y el susurro sereno de las hojas en una habitación llena de vacíos y faltas. No te extrañe por ello, que me tome cada uno de los amaneceres llenos de flores que logran de a poco apretujar mi estómago en un arrebato de felicidad que continuamente atardece en un macetero de abnegación y terquedad. Recuerda siempre las palabras sardónicas y estrechas de la desesperación: embriágate con furia ante los ojos de dios.

CALETA En ese rinconcito obscuro cuando las velas hacían naufragar nuestras sombras y los besos arrullaban nuestros cuerpos y las miradas sobre la piedra de los sacrificios nos traían todos los recuerdos

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NADA QUE ENCONTRAR I La perplejidad no es más que la suma de todas las frustraciones materiales del universo En un recorrido de 8 mil millones de km, mientras en el asiento presuntuoso del dueño de la fábrica de memoria y felicidad se anidan los cultivos respetuosos para los ojos de Dios, al margen lineal del que afronta la bella acumulación de frivolidad y pasión en atención central al Moisés que dividió las aguas y no encontró más que un pan duro y seco. II Nada que encontrar en el paseo misterioso de la cabalgata acumulativa de constelaciones de los rostros que abrazan con firmeza sus ataúdes, de quienes irremediablemente le apuntan como un alma desdichada al podio de la mejor expiración mientras con elegancia, se da el paso al último saludo en un mundo sembrado con piedras: Nada que encontrar.


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posibles, yo te digo deslizando mi corazón en mis labios que aunque no hayas encontrado una salida -aunque no necesites de ningunaen la tierra de todos, junto a los desposeídos propietarios de los sueños, marcharemos para que la visita de tu sombra no se te haga extraña, para que el pan logré brotar de nuestra generosidad imperiosa y pueda ser tan sincera como el golpe de un ataúd en la tierra y allí, en ese mismísimo lugar, nunca esperar para encontrarnos.

SELECCIÓN DE POESÍA ANA MILENA CASTRO FERNÁNDEZ DOCENTE DE DISEÑO GRÁFICO

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JAQUECA Cargo el último instante del domingo. Los pedazos de un espejo roto, las ollas y los sartenes viejos. A mi espalda, vestigios del tercer mundo. Las pesadas sequías, los vientos helados. Tierra de cementerios y tréboles marchitos Me duelen las esquinas de los cuadros. Las alfombras raídas. Y esos vestidos heredados, de tallas que no son la mía. Guardo con cuidado los pocillos rotos, los dientes de leche de mis hijos; y guardo calendarios de otro siglo. La nostalgia sola el hambre toda. La angustia, las deudas y la memoria. Cargo un alma vieja, el frío y esta sensación, de ver correr los años, como el agua.


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JULIO Sonaba como una campana, vibraba bajito. Le escuchaba a mi antojo, respiraba lento, como siempre a esa hora, dormía. Quise despertarle. Le llamé. Dibujé en su espalda extraños arabescos, toqué su pelo, y sus piernas con mis pies. En unas horas haría parte de una nube, de un resto de nube, de un segundo ya respirado. De la canción que suena tras la puerta

En unas horas. descendería tanto, me perdería tanto, sería tan poco; que agosto no tendría ya nada que hacer, pues julio, había visto ya, sus cometas volar.

LUNES POR LA TARDE Un lunes en la tarde sin nada en el cuerpo y con el alma llena, supe que estaba hecha de fragmentos tuyos, más ojos y senos ordenados a tu antojo.

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En unas horas, estaba claro; no habría memoria para mi nombre, ni beso, ni curiosidad gatuna.


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SIEMBRA Fecunda mis sueños que suicidas trepan tu cama. Fecunda mis sueños y hazme parir la lluvia que ha de mojarte. Acaricia mis plantas y las puntas de mis gritos. Acaricia el borde de mi copa, y el de mis dedos, y el de mi falda que insiste en huir. Ara, por favor estos terrenos míos Ara y humedece sin descanso; siembra en mí esta noche eso que eres por momentos, y que ya casi desaparece.

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QUÉDATE INMÓVIL Donde te hallé, entre sabores amargos, palabras borradas y pasos perdidos en las calles de una ciudad donde reina el frío. Ahí, porque ya no había más. Por tu lado frío de la cama. Por junio, por agosto, por enero; y por los meses que olvidé el café sobre la mesa. Quédate allí por favor. Atado a otras horas de otra vida. Como el perro que obedece, como el ave que muere libre. No mires atrás, que sal ya eres. Sal y condena, pecado y castigo. No mires, no recuerdes. Y permite que aquí, cante ausencia a diario. Y deje las tardes apagarse, preparando la cena para uno.

CONOCERTE Absurda conjugación de mi presente en el pretérito imperfecto de tu persona. Ahora, cuando haces muecas extrañas que confunden, y recurres a los mañosos versos repetidos de tu lista; creo que finalmente tiento con mis pies, las olas bajas, grises y frías Conocerte. Imposible geometría falseada que entinta de humo formas de humanos enlazados por el frágil hilo de la mentira. Ahora, cuando vendes tan barato esta edición ilegible de mis memorias, Intento recordar y no puedo a ese encantador de víboras que dejó en mi andén su equipaje, su veneno, la bruma ácida de su intento de beso y el recuerdo incipiente de su sexo.


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EL ENDEBLE ANDREA HURTADO MÉNDEZ ESTUDIANTE FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS Es de una firmeza y color cal el borde huesudo de su cráneo, se alcanza a ver en el respaldo de su cabeza. Su singular forma de hablar lograba ser un trabalenguas para los lingüistas que simplemente le preguntaban la hora. Para poder comer, trituraba los alimentos de tal forma que en un solo bocado alcanzará a tragar las medias nueves que le llenaban la panza todo el día. Para la buena conquista no utilizaba perfume sino unas hierbitas sembradas en el jardín de su vecina, las robaba a eso de la madrugada y tras algunos ataques y arañazos de los felinos, lograba mezclar ruda o betula poniéndose detrás de las orejas y las rodillas. Tenía cierta preferencia con los días, los números y ciertos lugares donde le encantaba habitar, a excepción de los martes que eran días malditos, siempre procuraba salir de su casa.

En cuestiones eróticas tenía relaciones sexuales de una manera satírica, pues cogía el cuello de su ninfa y a medida que ahorcaba iba contando cuantas escaleras tenía que subir todos los días para llegar a la cima de su tranquilidad. Cuando miraba al cielo contaba todas las estrellas que había y que él mismo podía imaginar, pero descuidaba su conteo cuando tenía la leve alucinación de que los aviones se estrellaban con la luna, por eso en menguante siempre empezaba a correr y gritar por toda la ciudad buscando alguna esquina que lo protegiera de las esquirlas que caerían del cielo. Soñaba cada seis meses y eso le concebía tener dos sueños largos y lívidos en todo el año, cosa que apreciaba mucho comprando una almohada nueva para que las babitas hicieran garabatos en la funda, de tal forma que le recordara todo lo que había soñado. Caminando por las calles parecía que nadie lograra verlo, sus pasos no hacían ruido y su sombra era endeble, no tenían recuerdo ni noticia de su existencia, nadie podía hablar o dar razón de él. Vivía en calles que tenían nombres de colores, la dirección de su casa no tenía número sino consonantes al revés, era difícil hasta visitarlo, porque lo cierto es que jamás existió o al menos eso se alcanzaba a escuchar en el eco de la garganta de algún perro callejero que aullaba cuando salía el alba.

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Alto y corcovado tenía el esqueleto, los ojos salidos de órbita le proporcionaban ver al frente y a los lados a la vez. Esto le servía para esquivar todo hueco, trampa o puñalada de algún viejo amor mentiroso que solo lo miraba con interés, o al menos eso decía cuando observaba el fuerte aleteo de las palomas viendo cómo se empollaban una encima de la otra. Todas sus visiones del día le traían recuerdos gratos que quiso tener para siempre poniendo su cabeza en el congelador de la nevera y con las orejas heladas, las pestañas llenas de grumos de cristal logró descubrir la cura para el olvido.


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BYRON DE JESÚS MARIA CAMILA BLANQUICET HUMANEZ ESTUDIANTE ESPECIALIZACIÓN EN GERENCIA MULTIMEDIA Cuando morí, no sabía siquiera que había muerto. Ese cambio que se da, ese pequeño paso de segundos, cuando el cuerpo escupe el alma, como saliendo de una pila bautismal, no lo sentí. Nunca he sabido cómo hacer las cosas, hasta ayer que me vi rígido cual tabla en el andén. Lo primero que pensé fue que seguramente no tardaría en orinarme un perro. No me equivocaba, aquí los perros importan más que los cadáveres de los negros sin nombre. Ahora que estoy aquí, recuerdo con claridad la primera vez que alguien quiso saber mi nombre y el de Eliecer, mi broder. Estábamos sentados en frente de la reja a rombos bicolor del colegio María Inmaculada, seguramente no superábamos los 7 años, nosotros, los gemelos. ¡He pensado mucho en ti brodercito!, en lo regordetas que tenías las manos cuando jugábamos en la playa a ser un “don” elegante.

El encandilamiento es tal que omites el color negro que te guía por las calles, que te sirve el pescado, que se muere de hambre ante tu selfie. En la tierra morirás y a tu padre te acercarás, en la tierra morirás y a tu padre te acercarás. No habrá tristeza, al caminar por el valle de la vida, incluso si las balas te llegan a alcanzar. Eran las 4 de la tarde cuando Byron de Jesús, hijo de doña Remedios, fue dado por muerto. Todos sabían la causa del descenso pero nadie hablaba del tema por miedo a ser el próximo. Su escaso cabello rapado se tostaba con el calor del suelo y la sangre que salía de su espalda parecía ser el aceite de la paila. ¿En qué país estamos viviendo? los seres humanos se cocinan como langostas en la calle y nosotros parecemos ser los viles pescadores. Mi nombre es Helena María. Aún recuerdo con nostalgia y gratitud las caras de Eliecer y Byron. Con más nostalgia a Byron, por aquello de su muerte. Quisiera tener el consuelo de saber el porqué de tan fatal desenlace, pero no, ellos allá en la playa, yo aquí en la urbe, como todo, como la vida y sus fronteras compradas por tiquetes de aviones.

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Cuando visitas las playas del arrecife, quedas encandilado por los colores vivos de las flores, los animales por arriba y por abajo, el sol azulado que se derrite y te quema como parafina de vela, los brazaleticos de piedras que se venden a los niños, el calorcito entre los muslos, las axilas y las orejas.


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Teníamos la misma edad cuando nos encontramos en el arrecife. Yo pregunté sus nombres y ellos en respuesta, no solo calmaron mi infantil curiosidad, además, menguaron la quemazón de mis cachetes con una parte del hielo que yacía en un pequeño raspado con colorante rojo que decidimos compartir el uno con el otro. - ¿Por qué están chupando esa reja? - Porque tenemos calor y la reja está hela’ Yo tengo un raspado, también está helado, pero no me gusta chupar rejas. Pareces una miss, con esas pepotas de ojos verdes, yo soy Byron de Jesús y él es Eliecer.

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Éramos ellos y yo, negro, blanco, negro, como las fichas de dominó. Mi madre terminó por reprenderme, todos los días, sueño con volver.


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ANA LIC. FELIPE CHÁVEZ G. DOCENTE VUAD. CAU VILLAVICENCIO Para Angela, la verdadera Ana. Ana envolvió sus alas en papel periódico, en este lugar no las usaría, levantó el colchón, las extendió procurando no doblar las puntas de las plumas, bajó el colchón suavemente y procuró olvidar que algún día las tuvo puestas. Esa noche no durmió tranquila porque algo le faltaba. Acostumbrarse a dormir boca arriba le costó solo dos semanas, justo cuando encontró a quienes serían sus amigas. Entró a estudiar a un sitio parecido a su antigua jaula. Andrea, la más alta, saludó primero, le invitó un refresco. Después llegó Francia y le dio la bienvenida, todas habían sido nuevas alguna vez y no querían que Ana padeciera lo mismo. Le enseñaron los jardines, las canchas y explicaron muy debidamente los escondites y las salidas de emergencia. A la tercera semana de clase Ana había olvidado su pasado y empezó a sentirse parte de este grupo de amigas que cada día le enseñaban algo nuevo de la ciudad.

No se separaban ni para ir al baño, pasaban tanto tiempo juntas que empezaron a parecerse, usaban ropa parecida, ademanes semejantes y sus palabras eran tan parecidas que daban la impresión de ser la misma persona. Ana aprovechaba para aprender, imitarlas y pasar desapercibida en las clases y en las pilatunas que siempre les perdonaban por ser “las lindas del colegio”. Se escuchaba en los pasillos que “a las bonitas se les perdona todo”. Pero a Francia no la perdonaron, ni sus padres ni el colegio. Al año siguiente fue la primera en abandonar el grupo por un muchacho que le dejó la vida en su vientre. Andrea fue la segunda en irse lejos porque sus padres consideraron prudente apartarla de tan malas compañías. Esa niña Ana era muy extraña, llegó a la ciudad pero nadie sabía de su pasado, ni de su familia. Esa niña Ana era muy correcta en sus modales, como ya no se ven jóvenes por acá, esa niña Ana era demasiado rara para estar con una niña de bien, como Andrea.

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Las calles, los buses y hasta el señor de la tienda le empezaron a ser familiares. La señora del aseo la saludaba con una sonrisa, el vigilante le decía señorita y hasta tenía la impresión de que los árboles movidos por el viento le hacían venia al verla pasar. Andrea y Francia se creían el grupo de las niñas lindas, aunque sabían que la única bella era Ana quien les regalaba un poco de su belleza. Las tres inseparables empezaron a crecer, a ir al cine el martes por la tarde y a bailar el viernes por la noche, algunas veces hasta estudiaban juntas.


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El grupo se había terminado, Ana volvió a sentir extraña la calle, volvió a sentir como si ya no hiciera parte de esos árboles que le hacían venias y para sentirse parte de la ciudad decidió seguir imitando a sus amigas. Aceptó ir a cine, a bailar y fue ella quien decidió llevarlo a casa. En el cuarto aprendió a besar, apagó la luz para no dejarse ver espalda y con los ojos de él conoció por fin su propia desnudez, al sentarse en la cama recordó sus alas y su pasado, pero cerró sus ojos, mordió su labio, se arriesgó al futuro y sintió volar sin tener sus alas puestas. Nunca imaginó que en éste mundo se hallaran felicidades tan indescriptibles. Después de unas semanas sintió tener vida entre su vientre ¡Había ganado su lucha contra el pasado! Pero no era lo debido, no ahora, no aquí; no a ella que todo lo estaba haciendo bien, imitando los ejemplos había aprendido lo necesario para no ser extraña entre estas personas.

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Ana enrolló el colchón, no pudo evitar llorar al ver de nuevo sus alas envueltas en el papel periódico, no se apresuró al desenrollarlas, las acarició extendiéndolas y cuidando las puntas de las plumas, se las puso sin mirarse en el espejo y sin tomar impulso salió volando por la ventana. No alcanzó a ver si sus alas estaban extendidas contra el viento, pero no importó, comprendió que en este lugar no las usaría, tal vez en su mundo sí, aquí se vuela diferente.


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EL DÍA SIN SOL BEN SIRAC MUSOKIE LLEBI ESTUDIANTE FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS Ndendè era el sabio del pueblo; era conocido porque siempre decía la verdad. Era un hombre correcto que respetaba las normas y nunca se había escuchado de su boca ninguna mentira. Un día domingo, cuando todos los habitantes del pueblo estaban sentados en el patio de la casa del sabio descansando después del almuerzo, entró Ndendè que venía de un viaje con ropas y pies sucios. Los presentes estaban ansiosos de saber lo que había pasado durante su viaje; estaban muy contentos de verlo. Ndendè, sin decir nada, lo que parecía extraño, se sentó y empezó a dormir roncando. Después de unos minutos, se despertó asustado y llorando; le preguntaron qué pasaba, él les dijo: es triste, muy triste lo que me pasó en el viaje pero les contaré: Fui para un pueblo bonito, alegre, pero no tenía electricidad ni agua, aunque esto no era un gran problema ya que todos allá están acostumbrados al ritmo desde hace siglos, y como siempre todos los días se levantaban, iban a buscar agua y hacían el desayuno y después de este se iban a trabajar.

Esa noche ha cambiado mi vida. Después que se apagaran las leñas, dormí, pero mucho tiempo después, más que lo habitual, no amanecía. Mi amigo que estaba en la otra habitación empezó a gritar si yo estaba allí, respondí que sí y me preguntó si veía algo. Yo le dije que no veía nada y él también me hizo saber que no veía nada. Pensé que sin duda no había amanecido y regresamos a dormir, pero cuando ya tenía mucha hambre y no tenía sueño, grité preguntando a mi amigo si veía algo y me dijo que no. Entonces entendí que no había salido el sol; era el día sin sol. No lo podría imaginar. Empecé a buscar la puerta en una oscuridad inexplicable. Después de mucho tiempo, no sé cuántas horas, logré encontrar la puerta, pero todo era oscuro y no se veía nada. Salí de la casa y gritando para encontrar a mí amigo. Me respondía un silencio total. No quería imaginar lo que le había pasado por miedo de que me pasará lo mismo a mí. Sintiendo mucho más aire, mucho espacio; me di cuenta de que ya estaba fuera de casa. Empecé a gritar y me respondían muchas personas con voces de desesperación. Casi todos decían: “¿Quién está allí? que alguien me ayude, necesito ayuda”. Pregunté gritando: ¿alguien está viendo? todos como a unísono respondieron: “no vemos nada”. Esto ratificó mi certeza de que no había salido el sol. Había uno cerca de mí que dijo que había recibido dos bofetadas de parte de un espíritu demoniaco a quien estaba persiguiendo con un hacha en la mano.

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Unos iban a pescar, a cazar, a cultivar y se reencontraban en la noche para cocinar, comer, e iluminaban las casas con leña, dormían unos minutos después de que se apagara la leña y la oscuridad era increíble pero verdadero, ya que no se podía ver ni a la persona que estaba al lado. Un sábado, como de costumbre, después de haber hablado sobre todo, fuimos a dormir y yo no dormí en la casa donde me hospedaban porque se propusieron cambiarme de casa, no sé por qué.


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Cuando yo le rogaba que tuviera mucho cuidado porque no veía; el hombre gritó al instante: “siento su presencia a mi lado, está aquí cerca, el demonio, el demonio” y sentí un gran golpe sobre mi hombro. Me había cortado la mano con su hacha desde el hombro y cuando grité me dio otro golpe y me cortó el otro hombro. Corrí no sé hacia dónde, sin gritar, con miedo de que me diera otro golpe. Soporté el dolor y cuando sentí que estaba a algunos pasos lejos de él, me paré y empecé a llorar. No sabía qué hacer. No quería gritar por miedo de que me encontrará. Con mucha hambre no tenía otra opción que buscar un poco de alimento, pero no sabía cómo hacer para conseguirlo. Entonces me acordé de las clases de geografía que me daban mis profesores en la primaria. Intenté localizar por la imaginación los puntos cardinales e identifiqué que el río quedaba al este. Empecé a caminar lentamente sin hacer ruido para llegar al río.

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Después de mucho tiempo de caminata escuché por ahí de lejos la voz del agua que bajaba. Me arrodillé y agradecí a Dios por permitirme llegar hasta este punto y después de mis oraciones, seguí avanzando lentamente. Llegué al río y arrodillándome, con la boca tomé algunos tragos de agua. Me sentí reconfortado y me puse a pensar: ¿Cuándo saldrá el sol? Pero no tenía respuesta, entonces decidí quedarme a la orilla del río para esperar. Esperé y esperé mucho tiempo, pero nada, cada rato regresaba a tomar agua y de verdad no sé cuánto tiempo pasé allí, pudieron haber sido 4 días, una semana, dos, un mes o un año. Sin el agua a mi lado, ya estaría muerto. Sin nada que hacer decidí entrar al agua a tomarme un baño. Después de unos minutos dentro del agua sentí que tenía compañía, asustado pregunté si había alguien allí, pero me respondía un silencio total. Entonces recordé que estaba en el lugar equivocado porque el rio tenía ballenas y mis heridas que sangraban habían provocado su presencia. Cuando me puse a correr para salir, sentí que mis pies pesaban. Mis pies ya estaban en su boca y moviéndome en busca de ayuda sentí que me había cortado las dos piernas desde la pelvis. Quedé sangrando sobre el agua como un tronco de árbol y al instante pasó un gran pulso de viento que movió el agua y me botó a la orilla. Me quedé allí respirando y sangrando. Escuché la voz de unos animales que se acercaban a mí. Cuando llegaron identifiqué que era unos elefantes que venían para tomar agua y yo indefenso en el suelo me quedé allí silencioso. Se acercaron, pero por desgracia venían sobre la misma dirección a dónde yo estaba. Pasó el primero sobre mí y se fue, el segundo también pasó, pero el tercero vino y puso sus patas delanteras sobre mi vientre y ahí se quedó tomando agua. No, no podía soportar el dolor cuando esté dijo a sus hermanos, acérquense por aquí que tengo mis patas puestas sobre buenos colchones. Entonces se acercaron los otros elefantes, pusieron sus patas sobre mi vientre que ya no podía resistir y explotó. No sé cómo pero todavía seguía vivo. Podía sentir mis intestinos sobre la arena. Mi corazón seguía latiendo fuertemente


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en mí pecho. Después de tomar mucha agua, se fueron los elefantes sonriendo todos. Yo solo sabía que mi cabeza y mi corazón resistían. Me quedé perplejo sin esperanza de vida y entonces al instante escuché el sonido de un tractor que venía sobre la orilla del río. Venía a gran velocidad. Después de unos segundos lo sentí mucho más cerca de mí y sus ruedas delanteras estaban sobre mis intestinos y costillas. Y con una fuerza incomparable que no sé de dónde me vino, antes de que sus ruedas me aplastaran la cabeza y el corazón, desperté. - ¿Qué? Le preguntaron sus oyentes. - Desperté- les dijo- ya no podría soportar todo ese dolor. - ¿Cómo que despertaste? - ¿Ustedes qué harían si estuvieran en un sueño así? Nadie respondió y todos, levantándose se fueron cada uno para su casa.

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NAVES PETROLIFICAMENTE ROJAS GISELLE CHAVES ESTUDIANTE FACULTAD DE NEGOCIOS INTERNACIONALES Y empieza la travesía por un destino que puede exceder el tiempo pronosticado, desconocido y algo apasionante revela lo controversial de la cultura ciudadana. Es hermoso ver cuando el camino es corto y se llega a su destino a tiempo, todo se pinta de rosa, la paz interior abunda e incluso las aves cantan majestuosamente. Pero el drama, aunque se vista de seda, drama se queda. Infinitas horas de estrés, rabia, adrenalina, soberbia, egoísmo se van preñando en las paredes de las naves rojas.

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¡CREAN! Todo puede pasar en este recorrido de miles de puertos y destinos. Esta historia cuenta la aventura que puede ser para sus tripulantes. Iniciemos esta “odisea”. No se sabe si este viaje termine llegando el séptimo círculo. Infinitos mares de cabezas te hacen creer que al mundo no permite más un nacimiento, con rugidos y blasfemias, asoma un instinto depredador, una dulce libre puede convertirse en un agresivo león, sus garras, sus blasfemias, son las vencedoras y algunos obtienen el puesto de victoria. Este es un viaje que pinta desde su inicio toda una travesía, ¡POR FIN! exclaman las mentes, LAS NAVES ROJAS HAN LLEGADO, es tanto el acercamiento con el vecino que hasta se tiene el privilegio de ver las profundidades de un rostro desconocido, tanto es así, como si se sintiera conocerlo desde el principio de su existencia.


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Unos pocos logran subirse al tope de sus puertas sin una partícula a más no caber, emprende su viaje, la desventura para unos cuantos que en son de su suerte, esperan otros infinitos y hasta quizá desesperantes minutos, en espera de otra petrolífica nave. El timón dirige el curso a aguas chapineras, a mas no caber, con el cupo a tope Unos entran, otros salen, estos puertos no tienen descanso una vez abiertas sus puertas. Como si fuera una escena romántica, los cuerpos se junta, los olores se comparten, tu aire es exhalado a poca distancia por otra persona, te roza, te mira, hasta se es recibido con codazos de afecto, ¡QUE ESCENA TAN ROMANTICA! o más bien incómoda. También se revela en algunos ojos y vocabulario burdo la mala costumbre: Ignorancia e indiferencia, ni un niño/a, ni un anciano/a o algún enfermo/a, no necesitan auxilio, Si llegó después de malas y aguántese parado, se mete o lo meto, piensan los irracionales.

Mercaderes, artistas, cuenteros, oradores, sufridos, madres, padres, buscan el auxilio de la vida, Comida piden, platica, por supuesto, productos ofrecen, historias cuentan, la mendicidad llega a cada vagón y el comercio ambulante se construye mientras el camino se emprende. ¿POR QUÉ ES TAN DIFICIL ACCEDER A TUS PUERTAS? Piensan algunas personas cuando la pobreza los acecha. Ni mil pesitos en el bolsillo, pero como quedar en la calle y no llegar a ese lugar amado. Piensan y piensan hasta que por fin la solución se allá, ¡ME ENCARAMO COMO SEA!, las habilidades de un primate se han desarrollado, la muleta es amenaza, pero el regaño es lo que se recibe. Con frecuencia esta hazaña se ve para el sistema como una aberración para las cuentas. ¡Mi gente linda, mi gente bella!, ave maría para este monopolio navegante, ¿acaso esto se ha convertido en un juego de supervivencia? Resistencia o muerte a los luchadores que extenuados llegan casa.

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Es tan curioso observar tan diversos rostros, no se sabe cómo se encuentran con vida, con tan solo miradas y gestos aportan historias e incluso revelan las problemáticas nacionales.


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LA EXPERIENCIA DE SER PROMOTOR WILLIAM STEVEN SÁNCHEZ PÉREZ ESTUDIANTE FACULTAD DE NEGOCIOS INTERNACIONALES

La acogida invita a los estudiantes a conocer su nueva casa, presta ayuda capacitándolos en las plataformas utilizadas en la universidad como el sistema académico y moodle. Además, las presentaciones de instancias y por facultades que conforman la universidad brindan más conocimientos sobre la calidad de la misma. Para terminar esta etapa Bienestar Institucional organiza en el Campus San Alberto Magno, el “día de Bienestar”, un día de actividades de integración apoyado por todos los promotores de acogida. Es un proceso enriquecedor para las personas que participan en él, un buen inicio en nuestra vida universitaria como parte de una excelente comunidad. En lo personal, ser promotor de la universidad es un gran privilegio, la satisfacción de ser un apoyo para quienes están comenzando una nueva etapa de sus vidas es lo fundamental y lo realmente inspirador. A los nuevos promotores solo puedo desearles lo mejor y motivarlos para que, con su labor logren orientar, apoyar y generar confianza en los neo tomasinos.

ÁREA DE SALUD Y DESARROLLO HUMANO Maritza Quiroga Rocha Coordinadora PBX: 5878797 ext. 1126 coord.bienestarsaludydh@usantotomas.edu.co

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Ser promotor de acogida a neo tomasinos ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi vida. He tenido la oportunidad de acompañar a la universidad en cuatro acogidas, reviviendo en cada una de ellas la experiencia de ingresar a una universidad de alta calidad. Apoyar a los neo tomasinos en estos procesos de acogida me ha permitido avanzar en mi construcción personal. Es alentador ver a estos nuevos estudiantes con tantas expectativas, sueños y proyectos. Siento que poder aportarles algo bueno a sus vidas es gratificante. Cada día son nuevas experiencias. La acogida se realiza gracias al Departamento de Promoción y Bienestar Institucional, departamentos académicos y la UDIES de la Universidad Santo Tomás quienes brindan la oportunidad de vivir este proceso de una manera diferente. Esta actividad se desarrolla durante 2 semanas antes de iniciar clases. Se realizan dos cursos: matemáticas y lecto-escritura de acuerdo a la facultad que pertenece cada estudiante, también se llevan a cabo la carnetización, apertura de historia clínica y el examen de nivelación de inglés.


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ÁREA DE DEPORTES Queremos contribuir a la formación integral de la persona, por medio de espacios de integración, conocimiento y esparcimiento entre toda la comunidad universitaria a través de diferentes programas y proyectos que incentivan la práctica deportiva, lúdica, recreativa y de acondicionamiento físico para el aprovechamiento del tiempo libre.

Únete a nuestras

selecciones deportivas

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Julián Vásquez Vargas Coordinador PBX: 5878797 ext. 1122 coord.bienestardeportes@usantotomas.edu.co

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Coordinadora Campus San Alberto Magno PBX: 5878797 ext. 3120 prof.espbienestarcampus@usantotomas.edu.co

Coordinadora Edificio Doctor Angélico PBX: 5878797 ext. 3121 coord.bienestarangelico@usantotomas.edu.co

Coordinador Edificio El Aquinate PBX: 5878797 ext. 3740 coord.bienestaraquinate@usantotomas.edu.co


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Ganadores concurso literario

Somos Palabra 2018

PRIMER LUGAR CUENTO IAN DAVID RINCÓN BARRAGÁN ESTUDIANTE DE FILOSOFÍA Y LETRAS

PRIMER LUGAR CRÓNICA VIVIANA VARGAS CAMARGO ESTUDIANTE DE SOCIOLOGÍA

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PRIMER LUGAR POESÍA JORGE IVAN PARRA DOCENTE FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS


DĂ­a de la Colombianidad

Powerlifting

Semana de la Salud

Festival del disfraz y la mĂĄscara


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REVISTA SOMOS PALABRA  

Disfruta de los escritos ganadores entre crónicas y poemas del Concurso Literario 2018-2 llevado a cabo en la Universidad Santo Tomás.

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