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Etnlogia de Extremadura (Investigación y docencia) \

Javier Marcos Arévalo

JUNTA DE EXTREMADURA Consejería de Educación, Ciencia yTecnología Secretaria General de Educación

Caja de Extremadura


PRESENTA( BASES TEÓl I. A n t r o p o

1.1. Sobre estudii * Balai * Los 1.2. Hacia *Elcs *Elca 1.3. Reten *Obn * Estu * Estu * Fuen n. L © Consejería de Educación, Ciencia y Tecnología. (Para esta edición) © E T N O L O G ÍA D E EXTREM ADURA. (Investigación y docencia) Javier Marcos Arévalo Edita:

• JUNTA DE EXTREMADURA Consejería de Educación, Ciencia y Tecnología Secretaría General de Educación • CAJA D E EXTREM ADURA Colección:

Programa de Cultura Extremeña Diseño de línea editorial:

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0.1. Ant Era *L c Ei * Le de n.2.Los con A. I


Indice Págs. PRESENTACIÓ N

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BASES TEÓRICAS Y M ETODOLÓ GICAS

17

I. Antropologías y antropólogos en la P enínsula I bérica 1.1. Sobre la discontinuidad/continuidad genealógica y la formalización de los estudios antropológicos en la Península Ibérica * Balance contextual * Los “Estudios de Comunidad” y las cuestiones metodológicas 1.2. Hacia la institucionalización de la Antropología * El caso español * El caso portugués 1.3. Referencias bibliográficas * Obras generales. Teoría y método * Estudios de comunidad * Estudios de Historiografía Antropológica * Fuentes bibliográficas para la historia de la etnografía portuguesa (S. XIX) II. L a etnología regional de E xtremadura II. 1. Antecedentes, orígenes y desarrollo de los estudios de Antropología en Extremadura * Los viajeros de los siglos XVIII y XIX: la creación de la imagen de Extremadura * Los estudios de folklore. Primer acercamiento científico a la realidad de Extremadura. (Finales del S. XlX-primera mitad del S. XX) II.2. Los modernos estudios sobre Extremadura. Estado actual de los conocimientos antropológicos A. Los objetos y ámbitos de los estudios antropológicos sobre Extremadura * Historia de la Antropología extremeña * Estudios antropológicos sobre las características culturales y la identidad extremeña - Las visiones de Extremadura - Los estudios sobre la identidad cultural extremeña

19 19 19 23 29 29 35 39 39 42 46 50 51 53 53 56 61 63 67 71 82 83


* Cultura de frontera y fronteras culturales * Minorías étnicas y territoriales: gitanos y hurdanos * Antropología ecológico-económica * Antropología de la alimentación * Estructura social, migraciones y asociacionismo * Sistemas simbólicos e ideología - Estudios sobre “cultura popular” - Religiosidad y rituales - Medicina popular - Expresiones orales y plásticas * El ciclo vital * El patrimonio etnológico * Estudios sobre tradición y modernidad B. Otros estudios en ciencias sociales II. 3. La Antropología en la Universidad de Extremadura. La etnología regional de Extremadura como asignatura

87 90 96 101

105 113 114 120

126 128 129 131 133 138 145

Unidad Did Extremadura

Bibliogra A. Te. B. Peí C. Ex D. So E. So Unidad Did Origen, desar

Bibliogra A .G í B. Ex Unidad Did Antropología

Bibliogn AEc B. D<

* Los precedentes * Los planes de estudio de la licenciatura de Antropología Social y Cultural * La etnología regional de Extremadura en la licenciatura de Antropología Social y Cultural: perspectivas de futuro * Universidad-región-sociedad

155 160

II.4. La etnología regional de Extremadura y su aplicación práctica: el estudio de la propia realidad sociocultural

164

Bibliogn A Es B. Se

II. 5. La Antropología én otras instituciones

174

C. Si

* Organismos e instituciones políticas, científicas y culturales * Los museos y la ley del patrimonio histórico y cultural de Extremadura II.6 . Referencias bibliográficas PROGRAMA

145

C. Te

148

175 179 187 207

I. O b je t iv o s y j u s t if ic a c ió n d e l a e s t r u c t u r a d e l pr o g r a m a d o c e n t e

209

II. C o n t e n id o

212

t e m á t ic o y o r ie n t a c ió n b ib l io g r á fic a

D.AJ Unidad Dic Organizador

D.iV Unidad Di( Ideologías y 5

Bibliogr A Ri cc B.Ci C .0


Unidad Didáctica I Extremadura en la Península Ibérica: identidad cultural y diversidad intranegiom l

Bibliografía A. Teoría y obras generales B. Península Ibérica: etnicidades, regionalismos y nacionalismos C. Extremadura. Regionalismo e identidad D. Sobre minorías étnicas: Península Ibérica y Extremadura E. Sobre grupos específicos (Extremadura)

212 215 215 219 230 237 242

Unidad Didáctica II Origen, desarrollo y situación actual de los estudios antropológicos en Extremadura

Bibliografía A. General y Península Ibérica B. Extremadura Unidad Didáctica III Antropología Ecológica y Económica de Extremadura

Bibliografía A. Ecología y organización económica B. Demografía C. Tecnología y técnicas D. Alimentación

250 255 255 265 2 71 278 278 303 305 309

Unidad Didáctica IV Organización social, estructuras políticas y asociacionismo en Extremadura

Bibliografía A. Estructura sociopolítica B. Sociabilidad y asociacionismo C. Sistemas de identificaciones no étnicos D. Migraciones Unidad Didáctica V Ideologías y Sistemas Simbólicos

Bibliografía' A. Religión y religiosidad. Prácticas rituales y festivas de representación colectiva B. Creencias y medicina popular C. Otras manifestaciones de valor simbólico

312 316 316 327 330 335 340 345 345 358 364


Unidad Didáctica VI Ciclo vital y transmisión sociocultural

372 375

Bibliografía Unidad Didáctica VII El Patrimonio Etnológico de Extremadura

386 389

Bibliografía III. T e m a r io

d e la a s ig n a t u r a y b ib l io g r a fía básica

407

BASES DIDACTICAS

409

I. I n t r o d u c c i ó n II.

Los c o n d ic io n a n t e s

d e la e n s e ñ a n z a e n l a

U n iv e r s id a d d e

E x t r e m a d u r a : L o s p e r f il e s d e l a l u m n a d o y d e l p r o f e s o r a d o III. O b je t iv o s d e l p r o y e c t o d o c e n t e

* Objetivos generales * Objetivos específicos y planteamientos de la docencia IV. M é t o d o s y a c t iv id a d e s d o c e n t e s

* Las clases teóricas * Las lecturas complementarias * Las clases y las actividades prácticas - Los Seminarios - Los Debates - Prácticas de observación directa e Iniciación al Trabajo de Campo - Las Visitas y las Excursiones * Las tutorías * Los medios técnicos - Las Transparencias - Diapositivas y Diaporamas -E l Vídeo - El Cine V. C r it e r io s

397

d e e v a l u a c ió n

* La evaluación del alumnado * La evaluación del docente V I. R e c u r s o s y m a t e r ia l e s d id á c t ic o s

413 416 416 417 420 420 423 423 424 425 425 426 428 429 430 430 430 431 432 432 433 435


372 A los alumnos de la primera promoción de la licenciatura de Antropología Social y Cultural de la Universidad de Extremadura.

386 389 397 407

P resentación

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— tí 416 417

El trabajo que expongo a continuación se basa en el Proyecto Docente que el autor presentó como memoria de oposiciones para optar a una plaza de profesor titular en el área de conocimiento de Antropología Social, que bajo el perfil de Etnología Regional, convocó a concurso público la U niversidad de Extremadura en Resolución de 6 de noviembre de 1998 (B.O.E. de 20 de noviembre).

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El tribunal que juzgó la plaza estuvo compuesto por los profesores Isidoro Moreno Navarro (Universidad de Sevilla), Amado M illán Fuertes (Universidad de Zaragoza), Ignasi Terradas Saborit (Universidad de Barcelona), Honorio Velasco M aíllo (UNED. Madrid) y Francisco Checa Olmos (Universidad de Almería).

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El texto se ha confeccionado con el objetivo de que sea un instrumento útil en el desarrollo de la actividad docente en relación con la asignatura específica, Etnología Regional (Extremadura), que, aprobada por orden m inisterial y B.O.E., se imparte como materia troncal, con seis créditos de carga lectiva, en quinto curso de la licenciatura de Antropología Social y Cultural implantada durante el curso 98-99 en la Universidad de Extremadura.

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Con esta finalidad hemos concebido un Proyecto que pretende ser algo más que un mero programa de una asignatura específica. La reciente inclusión de la asignatura de Etnología Regional en la docencia antropológica, o lo que es igual, la carencia de sólidos referentes para la misma, nos ha aconsejado elaborar un estudio que se adentre en los conceptos claves de la asignatura. En la primera parte, las Bases Teóricas, abordamos por razones evidentes (contexto sociocultural) el desarrollo de los estudios antropológicos en la Península Ibérica v en Extremadura. Críticamente, revisamos el contexto de la disconti• y la formalización de los estudios • de Antropología en la nuidad/continuidad genealógica Península Ibérica. Y especialmente nos detenemos en un recorrido que discurre desde los ll


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • Presentación

orígenes de los estudios de Antropología en la región hasta la institucionalización acadé­ mica de la Antropología en la Universidad de Extremadura y el establecimiento de la Etnología Regional como asignatura, pasando por los objetos y ámbitos de los estudios antropológicos sobre Extremadura, así como por las orientaciones teórico-metodológicas de los trabajos más relevantes realizados en los treinta últimos años. Trayecto histórico, y por el estado actual de los estudios de Antropología Social de Extremadura, que nos ha perm itido exponer nuestros propios planteam ientos conceptuales. Se trata, pues, de intentar historiar los precedentes y la historia reciente, de la Antropología Social y Cultural en Extremadura, en el marco referencial de la Península Ibérica, desde una óptica estrictamente personal. Ahora bien, Extremadura es una realidad sociocultural que debe ser, además de “ense­ ñada”, comprendida y vivida. Planteamiento que desde luego rebasa los límites de su condición de mero “objeto de estudio” científico, si por ello entendemos una “neutra­ lidad” aséptica, una construcción reducida a un esquema teórico e ideal del estudio de la formación socioeconómica de un grupo humano, los extremeños, y sus logros materiales, sociales e ideacionales. La contribución que hagamos, desde la disciplina, a un mejor conocimiento de su realidad social y cultural no sólo debe atenerse a la interpretación académica de los datos etnográficos existentes y a las elaboraciones y perspectivas teóricometodológicas que motivaron y motivan la investigación y las conclusiones obtenidas, sino que deben ser utilizados para la interpretación y comprensión de la realidad dinámica y cambiante de la región. El programa de la asignatura se presenta, precedido por una justificación de los conte­ nidos y orientaciones fundamentales de las distintas unidades didácticas, con su correspon­ diente bibliografía, en la segunda parte del trabajo. Las unidades didácticas están conce­ bidas, principalmente con el objetivo de una preparación sólida del temario y para ser enseñadas. Cada bloque contiene un resumen de la unidad didáctica, un esquema-guión de su contenido, especie de guía que el profesor ofrece al estudiante, y una bibliografía clasificada. Resulta una sección abultada debido a la descripción y explicación de las siete unidades didácticas que la componen pero, sobre todo, a causa de la presentación de una amplia bibliografía que no debe entenderse como un sencillo vaciado de los fondos conocidos sino como la irrenunciable labor de acercamiento a las fuentes de información que, para la asignatura que nos ocupa, adolecen de una tremenda dispersión motivada tanto por el carácter especializado de la materia como por su estrecha relación con otras disciplinas sociales y humanas. Buena parte de la bibliografía antropológica que se considera sobre Extremadura se ha obtenido mediante las gestiones personales que venimos realizando, en cuanto a su búsqueda y clasificación, en los últimos años.

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E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • Presentación

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Se observará que hay un gran predominio de artículos de revistas y capítulos de libros y monografías, si bien todavía escasas para el tema específico de la Etnología Regional de Extremadura. Ello refleja el primer proceso de selección al que hemos sometido tanto los fondos disponibles como los logrados recurriendo a nuestra relación de amistad con un importante número de etnólogos, españoles y extranjeros, que en las dos últimas décadas han realizado trabajo de campo, primero, y emitido informes o publicado los resultados de sus investigaciones sobre diversas parcelas de la realidad regional. Con varios de ellos mantenemos una estrecha relación epistolar. De entre los diversos textos hemos ido eligiendo los que a nuestro entender presentan un mayor interés para la planificación de la asignatura y de sus diversos aspectos, para finalmente proceder a seleccionar, aunque de manera generosa, los más adecuados para cada una de las unidades didácticas. Aparte los materiales directamente relacionados con Extremadura, hemos considerado útil referenciar una serie de obras relevantes desde un punto de vista teórico-metodológico y de textos de significativa importancia en el ámbito de la antropología de la Península Ibérica. La tercera parte la dedicamos a las Bases Didácticas, a los criterios pedagógicos sobre los que basamos la docencia de la asignatura, desglosando los modelos de docencia y evaluación que consideramos más aptos, basándonos en el realismo y la experiencia resul­ tante de una puesta en práctica a lo largo de varios años de docencia. Entendemos que ninguna materia puede desligarse de las coordenadas en que se inserta, en este caso el Plan de Estudios de la Licenciatura en Antropología Social y Cultural y la Universidad de Extremadura. Comenzamos este apartado analizando las condiciones de la enseñanza en la Universidad, el perfil real del alumnado de la licenciatura y el propio perfil docente que defendemos para impartir la asignatura. Todo ello se resume en unos objetivos específicos para la asignatura “Etnología Regional de Extremadura”, vinculados a su vez con los objetivos generales que pretende el conjunto de la Licenciatura. Para alcanzarlos hemos trazado un método y unas actividades docentes, realistas en su exposición y comprometidas en su ejecución, donde clases teóricas, lecturas complementarias, clases prácticas (seminarios, debates, prácticas de observación directa, visitas...), tutorías, medios técnicos y recursos didácticos se integran de manera coherente en el intento de obtener el máximo rendimiento de las posibilidades que ofrece el vigente Plan de Estudios. / El perfil de la materia Etnología Regional (Extremadura) se corresponde con el de las asignaturas Antropología de Extremadura y Antropología Social de Extremadura, que hemos impartido bajo diversos títulos en Trabajo Social y venimos explicando en la Diplomatura 13


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de Educación Social desde el curso de 1995-6 hasta la actualidad. Ahora bien, su estatus de asignatura específica no significa que con ello emergiera por primera vez el interés por Extremadura como área de estudio. Con el transcurso del tiempo su consolidación sí supondrá, previsiblemente, la paulatina sustitución de las interpretaciones más especulativas sobre el significado de la riqueza y diversidad de manifestaciones culturales extremeñas por un análisis empírico y objetivo más acorde con la realidad. Con lo que la Antropología no haría sino unirse a otras ciencias humanas y spciales como la Historia, Geografía, Sociología, Economía,... en la reafirmación de Extremadura como realidad sociocultural objetivamente diferenciable, a la vez que, y en esto la labor de la Antropología adquiere una relevancia de primer orden, se “procede” o contribuye al conocimiento y/o recupera­ ción de buena parte de las señas de identidad en ocasiones conscientemente difuminadas, cuando no distorsionadas o abiertamente mixtificadas. La importancia que recibe institucional y académicamente el tema específico de la Etnología Extremeña no puede desligarse de su relación con el contexto político comen­ zado hace una veintena de años y las implicaciones que para los antropólogos ha tenido la estructuración del Estado de las Autonomías. Sólo así puede explicarse el modelo seguido en la implantación de la Antropología como disciplina académica, la posición ante ella de las instituciones políticas autonómicas y su escasa institucionalización fuera de los centros universitarios. Sin olvidar que este “interés” por el conocimiento antropológico de Extre­ madura en el nivel superior de las instancias educativas y de consejerías autonómicas no se corresponde, lamentablemente, con un igual empeño en cubrir su presencia en los niveles de la enseñanza media y básica, ni en una política coherente de valoración y potenciación de la especificidad del sistema sociocultural extremeño. Así pues, la opción adoptada a la hora de desarrollar los planteamientos y la temática expuestos en la publicación, no responde a la mera finalidad de organizar, para así poderla transmitir mejor, la información existente sobre la realidad sociocultural extremeña desde una perspectiva antropológica, sino también —y esto lo considero igualmente funda­ mental— para incentivar a los alumnos en el interés participativo por el conocimiento de una cultura de la que form an parte, y de su comprensión en el contexto comparativo con otras realidades socioculturales tanto del área cultural circunvecina en la que está inserta, como, en definitiva, de la cultura como realidad holística. Pero poniendo de manifiesto en todo ello, en lo que hay de común y de diferencias, los componentes estructurales de la identidad cultural extremeña, no sólo como referencias diacríticas o históricas conformadoras del presente cultural, sino también en su significación de marcadores identitarios para los colectivos que los crearon y los utilizan. En todo caso, estimular el espíritu crítico 14


_____________________________ E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P resentación______________________________

n. su estatus de el interés por >nsolidación sí las especulatrcas íes extremeñas i Antropología ■ia. Geografía, i soriocultural 4ogía adquiere ' y o recuperae diíuminadas,

sobre problemas teóricos y generales a partir de concreciones etnográficas de su contexto soriocultural es uno de los fines perseguidos. En resumen, el objetivo básico de esta obra es enfatizar la importancia del conocimiento antropológico que poseemos sobre Extremadura y de su estudio para ahondar en el proceso histórico-cultural que ha contribuido a conformar el pasado y presente de la realidad cultural de Extremadura, en relación contrastiva con otras realidades socioculturales de la Península Ibérica, en aras de tratar de evitar prejuicios etnocéntricos. Es decir, contribuir a proponer ámbitos de estudio sobre realidades socioculturales del entorno socioterritorial que es Extre­ madura. Asimismo, se pretende poner en marcha líneas de investigación prioritarias y fomentar el estudio sobre el conocimiento antropológico regional. ***

sperífico de la alítico comenas ha tenido la lodelo seguido in ante ella de de los centros gico de Extrenómicas no se en los niveles . potenciación ; y la temática ira así poderla itmeña desde mente fundalocimiento de nparativo con e está inserta, manifiesto en icturales de la as conformá­ is identitarios ■spíritu crítico

Quiero concluir esta presentación con el obligado capítulo de agradecimientos. En primer lugar deseo expresar mi reconocimiento a mis compañeros y colegas Juan Agudo Torrico, Esther Fernández Paz, Encarnación Aguilar Criado, Salvador Rodríguez Becerra y Javier Escaleras, de la U niversidad de Sevilla, y a José Antonio M artín H errero y Fernando Serrano Mangas, de la Universidad de Extremadura, por permitirme utilizar la información original que me han proporcionado. Y por los consejos y críticas que de manera formal e informal me han manifestado. Mención especial debo hacer del profesor Isidoro Moreno, con quien estoy en deuda intelectual. Sus sugerencias y críticas severas, pero generosas, han servido para matizar, en unos casos, y modificar parcialmente en otros los textos que ahora aparecen en letra de molde. El tiempo que me ha dedicado, durante el cual he podido plantear puntos de vista e intercambiar reflexiones sobre mi trabajo, excede con creces las expectativas que un alumno espera de su profesor. El texto final, sin lugar a dudas, se ha visto enriquecido por sus atinadas consideraciones. Ahora bien, la responsabilidad última de lo que se dice, como es natural, es exclusivamente de mi autoría. No quiero dejar pasar la ocasión, por otra parte, para agradecer la afectuosa actitud con que me han favorecido mis compañeros y compañeras del departamento de Psicología y Sociología de la Educación de la Universidad de Extremadura. En particular agradezco los apoyos recibidos y las gestiones realizadas por su director y secretaria, el doctor Florencio Vicente Castro y Guadalupe Fajardo. Y doy las gracias también a María José Rabazo por su ayuda con los “duendes” informáticos. Y a Arturo Arteche por unos opor­ tunos apoyos logísticos.


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • Presentación

En deuda estoy asimismo con M . Catani, J. M . Valadés, C. Esteva, E. Kuroda, T. Calvo, I. Kuschick, J. A. Pérez Rubio, E. Luque, L. U riarte, J. M ora Aliseda, A. E Rosario, L. A. Limpo, P Montero, Y. Guío Cerezo, S. Amaya y otros colegas que durante los últimos años me han rem itido una valiosa documentación bibliográfica relativa a Extremadura. Igualmente deseo testimoniar mi agradecimiento a la Consejería de Educa­ ción, Ciencia y Tecnología, en particular al director general de promoción educativa, don Angel Benito Pardo, Secretario General de Educación en la actualidad, y a la Caja de Extremadura en las personas de don Elio Tanco y don Pedro Albalat por la confianza que en su día depositaron en la obra que ahora ve la luz. Por la amistad que me dispensa y por las aficiones que compartimos no quiero olvidar, para concluir, a Julio Yuste, secretario del Consejo Social de la Universidad de Extremadura.

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Bases Teóricas y Metodológicas


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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

I. ANTROPOLOGÍAS Y ANTROPÓLOGOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

1.1. SOBRE LA DISCONTINUIDAD/CONTINUIDAD GENEALÓGICA Y LA FORMALIZACIÓN DE LOS ESTUDIOS ANTROPOLÓGICOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA 1 Voy a centrarme, de manera esquemática, en los problemas fundamentales que carac­ terizan a la antropología peninsular en su desarrollo y en su estado actual. Se trata de exponer y revisar bajo qué circunstancias se ha originado el interés por los estudios de Antropología en el marco de la Península Ibérica, en qué contexto histórico, social e inte­ lectual, con qué paradigmas teóricos metodológicos, bajo el auspicio de qué instituciones y en qué escenarios. Puntos de partida, planteamientos, que nos parecen fundamentales para entender, no sólo la evolución, sino lo que es más importante, el estado actual de desa­ rrollo de la Antropología en la Península Ibérica. Balance contextual

No es nuestra pretensión hacer una historia de la Antropología, sino un balance contextual, exponiendo cuales han sido y son todavía los paradigmas que han incidido, primero en su falta de definición, y después en su escaso reconocimiento profesional. Situación, por otra parte, que está cambiando en los últimos tiempos. En la bibliografía final del capítulo hemos tratado de recoger una muestra representativa de los estudios teórico-metodológicos, de las producciones elaboradas a partir de la experiencia de campo y de la historia de la Antropología en ambos estados a lo largo del período acotado. Estamos de acuerdo con el profesor Comelles cuando distingue analíticamente entre disciplina y profesión: “La primera como corpas sistemático de conocimientos sobre un campo determinadlo, la segunda como praxis reconocida socialmente que es susceptible de monopolizar legalmente ese campo en un país determinado y que cuenta con un aparato institucional que le permite la producción intelectual y la reproducción de profesionales”. (Comelles, J. M., 1984: 3).

Es decir, la disciplina puede desarrollarse antes de ser reconocida como profesión, lo que, obviamente, está en estrecha relación con las circunstancias históricas, económicas y sociopolíticas de cada contexto concreto. La falta de definición, desarrollo e institucionalización de la Antropología en sus inicios en la Península Ibérica se debió, en primer lugar, a

1. Este apartado se nutre, en parte, de trabajos inéditos de Javier Escaleras y Encamación Aguilar. Se inspira, asimismo, en la bibliografía que se cita al final del capítulo. De especial interés es el trabajo de Joan Prat de 1992.


ETNOLOGÍA DE EXTREjMADURA • Bases Teóricas y Metodológicas

la precariedad de la construcción del estado liberal-burgués y a su falta de consolidación en el siglo XIX, junto a la pérdida de las posesiones coloniales ultramarinas. (No así en el caso portugués). Y en un segundo momento, a la debilidad, cuando no inexistencia, de la construcción del Estado capitalista del bienestar por parte de los regímenes autoritarios existentes en ambos estados peninsulares. Tales factores retardantes, entre otros, explican el escaso desarrollo y el bloqueo de la Antropología como profesión, es decir en su vertiente aplicada. Junto a lo señalado, el anquilosam iento y el conservadurismo dominante en los ámbitos académicos españoles y portugueses hasta hace unas pocas décadas, correspon­ diéndose con el predominio social de ideologías reaccionarias de los grupos dominantes en ambas sociedades, y con la importante influencia de la iglesia católica, sobre el conjunto de la sociedad, y especialmente sobre el sistema educativo, determinaron la imposibilidad de desarrollo de la antropología científica. En tales circunstancias contextúales, las antropologías peninsulares, y muy particular­ mente la española, carentes del apoyo institucional imprescindible para un fundado desa­ rrollo teórico-metodológico de la disciplina y de un campo para la praxis, se verán muy limitadas; si bien, en el caso portugués, cierta antropología servirá de apoyatura a la admi­ nistración en la acción colonial. En ambos estados la “tradición” antropológica será mantenida a duras penas por personalidades individuales, en el caso portugués, por Jorge Dias y Ernesto Veiga de Oliveira; y por Julio Caro Baroja, en el español. Situación que se revela especialmente penosa si se tiene en cuenta que el punto de partida de los estudios antropológicos no era menos favorable, sino más bien todo lo contrario que en los países en los que primeramente cristalizó la Antropología como ciencia y profesión, como han puesto de manifiesto autores como C. Lisón Tolosana, I. Moreno Navarro, J. Prat i Caros, J. Pais Brito, J. Pina Cabral, entre otros. Durante la segunda parte del XIX y principios del XX se desarrollaría, tanto en España como en Portugal, con estrecho parentesco en sus concepciones teórico-metodológicas y en determinados casos con íntimas relaciones personales, una corriente antropo­ lógica dedicada especialmente al estudio del Folklore y de la cultura popular y tradicional, donde sobresalen figuras tan representativas como Antonio Machado y Álvarez, por parte española, o insignes etnógrafos como Teófilo Braga, Consiglieri Pedroso, José Leite de Vasconcellos, Adolfo Coelho o Rocha Peixoto, por parte lusitana. “Precursores” lejanos de los estudios de antropología en la Península Ibérica. Ahora bien, por los factores arriba referidos no se produjo, como algunos sostienen, una verdadera línea de continuidad con el proceso de reinstauración de una antropología científica a partir de la década de los sesenta-setenta del presente siglo.


ETNOLOGÍA DE ExTREiMADURA • Bases Teóricas y Metodológicas

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

justam ente en los momentos de divulgación de los presupuestos ahistoricistas del funcionalismo, e incluso del estructuralismo funcionalista, la historia y la etnología, los enfoques diacrónicos con los sincrónicos o estructurales, en una línea que podemos denominar etnohistórica o histórico-cultural. La personalidad de don Julio Caro, su trayectoria científica, apartado por voluntad propia de la adm inistración y de las instituciones académ icas, o sus planteam ientos teóricos y metodológicos, en poco ayudaron a la institucionalización-profesionalización de la disciplina; y, por lo tanto, a su posible continuidad y desarrollo. Ahora bien, Julio Caro ejerció una labor de orientación a multitud de antropólogos extranjeros en cuanto a la selección de áreas y temas de estudio, y en el desarrollo de sus trabajos tanto de campo como en la consulta de fuentes y de repertorios bibliográficos durante su permanencia en suelo hispano (Julio Caro Baroja, en Luque Baena, E., 1974; Carreira, J., Cid, J. A., Gutié­ rrez Estévez, M . y Rubio, R., 1978; A. Aguirre, Ed., 1986...). Aunque en el caso portugués la situación fue menos traumática, las limitaciones para el desarrollo de la disciplina fueron también notables. No obstante, la continuidad de la administración colonial, si bien en período de decadencia, así como la necesidad de búsqueda de raíces para la autoafirmación nacional, junto a la histórica relación con Gran Bretaña, permitieron el mantenimiento y cierto grado de desarrollo de la Antropología social. De manera que en este período, el grueso de los trabajos versan sobre antropología física y etnografía colonial, por una parte, y sobre estudios de cultura tradicional y comunitarism o agropastoril, y aldeano, de otra. Tal actividad antropológica se verá en la mayoría de los casos, salvo excepciones como la de Jorge Dias y otras pocas individuali­ dades, carente de un desarrollo teórico, y fuertemente controlada ideológica y política­ mente, con lo que los planteamientos ciertamente avanzados acerca de la definición, el objeto y el método de la Etnología, sugeridos por Rocha Peixoto y Leite de Vasconcellos, no podrán fructificar. Si exceptuamos a Julio Caro Baroja, en España durante los años cincuenta y sesenta la única antropología que se hacía era la que realizaban los antropólogos extranjeros, ingleses y norteamericanos en su mayoría, discípulos de Evans-Pritchard y Robert Redfield respec­ tivamente, quienes en su reformulación del funcionalismo comenzaban a interesarse por aplicarlo en el mundo civilizado menos desarrollado, las sociedades rurales campesinas. Modelos teórico-metodológicos preconcebidos, pensados para aplicar en otras latitudes, que en buena medida respondían a planteamientos ya superados, fueron acomodados de manera mecánica y acrítica, a la Península Ibérica. Latinoamérica, en su medio rural, se convirtió en otro laboratorio etnológico, objeto de estudio cuasi exótico para validar, mediante los respectivos y estipulados trabajos de campo, formaciones académicas y doctorados de jóvenes antropólogos recién titulados.


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Los “Estudios de Comunidad”y las cuestiones metodológicas

En los años sesenta, entonces, se produce una fractura o cuestionamiento de la práctica teórica de una antropología clásica, que coincide/acompaña a la desolación territorial de su objeto tradicional, y que conduce en las siguientes décadas a una saturada producción de estudios sobre comunidades campesinas en Occidente. Innumerables registros etnográficos se verifican en el continente europeo, teniendo la mayoría de ellos como denominador común la búsqueda de arcaísmos, especificidades locales y otros tópicos. En consecuencia, tras el agotamiento del modelo colonial y de los estudios sobre los “otros”, representados por el mundo primitivo, se produce un cambio de orientación que, en lo que se refiere a España, se concreta en la llegada de un importante número de antro­ pólogos especialmente anglosajones. Tal situación de “colonización” ha sido descrita y analizada por el profesor M oreno Navarro en varios artículos (1984, 1986, 1993). Al trabajo pionero de Julián Pitt-Rivers, llevado a cabo entre finales de la década de los años cuarenta y principios de los cincuenta sobre Grazalema (1954), le seguirán durante más de dos décadas otros que posteriormente se plasmarán en diversas obras, Kenny (1960, 1966, 1971), J. Aceves (1967, 1973), Douglas (1970, 1973, 1976), S.Tax Freeman (1970, 1979), H. F. Schwarz (1972), W. A. Christian (1972, 1978), F. Aguilera (1972, 1978), S. Brandes (1975,1980), D. J. Greenwood (1976), D. Gilmore (1976,1980), Von Guissen (1977), etc. Respecto a este contexto, y desde un punto de vista crítico y preferentemente centrado en Andalucía, aunque sus palabras con cierta prudencia pueden extenderse en algunos de sus extremos a otras realidades socioculturales de la P. Ibérica, Isidoro Moreno escribe: “La Antropología Cultural (...) se encuentra incluso en una situación colonizada... realidad que tenía —y que sigue teniendo — dos vertientes: la primera, o colonización del terreno, es la utilización de Andalucía como campo poblado solamente de infor­ mantes para que una serie de recién graduados norteamericanos, franceses, alemanes, etc., recojan datos que les permitan obtener en sus propios países un título académico y un status profesional sin apenas tener en cuenta en muchos casos a los antropólogos, ya no siempre jóvenes, que venimos trabajando hace bastantes años en y sobre Andalucía, para otra cosa que no sea facilitar su asentamiento en tal o cual pueblo o extraemos información como si en lugar de colegas fuéramos otros informantes más. (...) La otra vertiente de la situación de colonización a la que todavía hoy está sujeta la Antropología Cultural en Andalucía es la colonización teórica, que se refleja principalmente en la aplicación acrítica y mecánica a nuestra realidad sociocultural de esquemas y teorías procedentes de escuelas antropológicas sajonas, especialm ente funcionalistas, elaboradas en contextos socioculturales muy distintos al nuestro y no aplicables a éste. 23


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

(...) Esta doble colonización ha dado como resultado que una buena parte de los estudios antropológicos realizados sobre Andalucía sean deficientes —al no reflejar más que una parte de la realidad, a veces la menos relevante — o, cuando menos, no contri­ buyan apenas al conocimiento de la cultura y la etnicidad andaluzas ”. (Moreno

Navarro, I.,1 9 8 4 :94-95; 1993:3-8). El antropólogo norteamericano Stanley Brandes ha reconocido manifiestamente parte de la afirmación de Moreno Navarro, y la manipulación que a veces se somete a los profe­ sionales nativos por parte de los colegas extranjeros, con las siguientes palabras: u...Las mismas normas sociales que uno se encuentra haciendo trabajo de campo son relevantes a nivel profesional. Aquellos etnógrafos extranjeros que consultan con sus colegas nativos, investigan en España, recopilan el material necesario para escribir una tesis, un libro, o un artículo, y vuelven a sus respectivos países sin más visitas o noticias han sido criticados (Moreno Navarro, 1975), y con razón. Tanto en el ámbito del trabajo de campo como en el profesional, las normas de reciprocidad se deberían respetar”. (Brandes, S., 1991: 231-249).

Otras posiciones que matizan o especulan, más o menos encubiertamente, sobre las reflexiones de Moreno Navarro pueden seguirse en varios de los artículos aparecidos en el libro Los españoles vistos por los antropólogos, editado por M . Cátedra en 1991. Y en 1992 el antropólogo norteamericano Davyd J. Greenwood, del Cornell University de New York, publica en el número 3 de Antropología. Revista de pensamiento antropológico y estudios etno­ gráficos, un trabajo con ánimos reconciliadores bajo el título “Las antropologías de España: Una propuesta de colaboración”, que en una primera versión apareció en inglés en 1989. (Greenwood, D. J., 1992: 5-33). Sobre el conflicto entre los antropólogos nativos y foras­ teros en España, al hilo de la crítica de Moreno Navarro sobre la manera de hacer antro­ pología de los antropólogos extranjeros en España —Andalucía—, observa: “Aunque las relaciones entre los antropólogos de dentro y defu era del país han sido corteses, hay buenas razones para creer que existe una tensión considerable. El trabajo que Isidoro Moreno presentó en la Conferencia de Braga provocó una reacción furiosa. (...). Uno de los elementos causantes de la tensión es la sensación que existe entre los antropólogos españoles de que los antropólogos forasteros vienen a España y realizan su investigación de campo sin ni siquiera entrar en contacto con ellos. (...) Muchos antropólogos en España consideran que los extranjeros no tienen una buena comprensión de las complejas condiciones políticas e históricas que afectan a las áreas que estudian. Esta clase de ignorancia del contexto es tan incomprensible como desesperante para ellos como antropólogos, especialmente porque podría remediarse mediante la interacción entre colegas. 24

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En todas estas críticas hay algo de verdad. La arrogancia , la ignorancia histórica, el romanticismo y los métodos inapropiados han caracterizado algunos de los estudios extranjeros que se han llevado a cabo en España. Los diferentes intereses teóricos y meto­ dológicos de la antropología norteamericana han acentuado esta desorientación. Los programas norteamericanos han tendido a privilegiar durante mucho tiempo la teoría, y a identificar explicación histórica con fracaso o ausencia de teoría. El elemento de colo­ nialismo al que alude Isidoro Moreno está presente realmente. Las cuestiones que planteó m erecen una discusión detallada no sólo respecto a Andalucía , sino a toda España”. (Greenwood, D: 1992:26).

En la mayoría de los casos, el modelo que aplican los antropólogos extranjeros sobre la realidad soriocultural hispana, es el vigente en esos momentos, es decir, el de la sociedad folk diseñado por Redfield. Patrón al que corresponde una unidad de análisis, la pequeña comu­ nidad, cuyas características aparecen, más o menos invariablemente, en casi todas las mono­ grafías reseñadas: aisladas, autosuficientes económicamente, predominio de las relaciones interpersonales, frente a las impersonales de la gran tradición, la urbe, dotadas de homoge­ neidad social, el parentesco como forma básica de organización social, en suma, la idea preconcebida que traían de sus países de orígenes sobre lo que era, o ellos pretendían que fuera, la vida tradicional en el sur de Europa. De lo que podemos inferir que el objeto de estudio de la antropología permanece, aunque ha cambiado la geografía y el área cultural, inalterable: lo exótico, lo periférico y rural, lo atrasado, que la modernización y el conse­ cuente cambio social están destruyendo con significativa celeridad. En síntesis, pusieron el énfasis en lo microsocial, en la aplicación conceptual de una idea de “comunidad” de redu­ cidas dimensiones demográficas que permitieran la abarcabilidad y la explicación de “todos” sus componentes sociales, económicos y de sus elaboraciones ideáticas o creenciales-7. Según I. Moreno (1978), se acotó un campo de trabajo que permitiera proyectar en sociedades complejas la concepción del estudio de “lo primitivo”. Surgen así los conceptos acientíficos de “lo tradicional”, “lo arcaico”, etc., para recrear una sociedad folk en la que la falsa contraposición campo/sociedad arcaica e inmovilista opuesta a la sociedad moderna y diná­ mica. Se crea un sistema dicotómico, la “cultura local”, con un sistema soriocultural dife­ renciado, frente y al margen de su inserción en una realidad urbana más amplia. Uno de los problemas que trajo consigo tal circunstancia, como hemos apuntado, es la de la validez de su metodología. Limitada por su objeto de trabajo, de la pequeña tribu a la pequeña comunidad (de nuevo la psicosis tribal), el trabajo de campo había pasado a cons­ tituirse en un fin en sí mismo, más que en un medio de aprehender la realidad, condicio­ nando los mismos objetos a estudiar. 2.J. Prat (1992).

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La consecuencia inmediata de tales principios metodológicos era la extrapolación de los datos, desde esas unidades de observación a todo el área pretendidamente objeto de estudio: “El investigador llevaba a cabo sus investigaciones y , posteriormente, armaba sus datos en form a de una reporte sobre la cultura —o de ciertos aspectos de la cultura (...)—. De hecho sus observaciones y el consiguiente relato estaban basados no en el estudio de todas las partes de una sociedad (...), sino sólo en los grupos en los que había basado su investigación. Se aceptaba generalmente que la parte estudiada representaba al todo”. (Kaplan, D. y Manners, R. A. 1985: 317).

El problema, pues, era el del grado de representatividad de los estudios de comunidad clásicos. Tema que se agravaba cuando se trataba de sociedades complejas, donde el pretendido aislamiento de la comunidad era más una ilusión en la mente del antropólogo que una realidad física. Los profesores Jesús Contreras e Ignacio Terradas, abordando la cuestión, argumentan en un trabajo ya clásico: “El problema que nos debemos plantear ahora es si la metodología tradicional del trabajo de campo —la elección y posterior estudio de una comunidad que se considera representativa — es correcta y suficiente para abordar este estudio. A nuestro juicio, una investigación antropológica como la que nos proponemos no puede limitarse a una sola comunidad, sino que, de alguna manera, tiene que referirse a un área más extensa. Esta extensividad del área la entendemos en una triple dimensión: espacial, temporal y cultural. (...) de alguna manera deben superarse las limitaciones que impone el reducirse a una sola comunidad. Estas limitaciones, como ya se ha dicho, lo son en un doble sentido: 1.- Porque algunos aspectos de la comunidad son explicados fu era de ella por unidades estructurales más amplias y más complejas; y 2.- Porque la comunidad no nos explica toda la cultura de la que puede ser representativa. (...) Por esta misma razón, creem os que en las sociedades complejas debemos distin gu ir en tre dos niveles: el m acrosocial y el m icrosocia r. (C ontreras, J. y

Terradas, 1,1975:165-167). En esta línea de argumentación teórico-metodológica, en fechas inmediatas anteriores el profesor Isidoro Moreno enjuicia críticamente sobre una adecuada presentación de las condiciones bajo las que se han realizado los trabajos de campo: “De otro modo, si no existe una hipótesis de trabajo o planteamiento teórico previo, y si no se elige un lugar adecuado donde ponerlos a prueba, sólo conseguiremos, en el

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

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Y Carmelo Lisón, en lo que respecta al tratamiento de los datos de la investigación, aporta otro punto de crítica: “Todo lo que podamos lo tenemos también que decir en números. Los antropó­ logos han sido remisos en su matematización (...) ganaría mucho nuestra disciplina expuesta y argum entada a través de correlaciones estadísticas”. (Lisón Tolosana,

C , 1973:14). En un artículo en torno a la investigación antropológica, Joan Frigolé (1980), plantea el problem a del objeto de investigación del antropólogo a p artir de un estudio comparativo de tres monografías sobre estudios de comunidad en el norte de España. Y en otro inm ediatam ente posterior, Enrique Luque Baena (1981) compara tem áticam ente las seis monografías que hasta entonces se habían escrito-publicado sobre Andalucía. Luque se detiene en el cotejo de cuatro ejes: a.- M étodos y técnicas, b.- E cología, dem ografía y propiedad de la tierra, c.- Fam ilia y parentesco. Y d.Clases, estratos e ideologías.

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Por su parte, D. Comas D’Argemir y J. J. Pujadas (1984) realizan un planteamiento exhaustivo y una revisión rigurosa, como observa J. Prat (1992: 82-83), de los aspectos metodológicos y teóricos de las monografías de comunidad en el marco espacial, Aragón y Castilla, seleccionado. Vuelven sobre la cuestión metodológica de las unidades de observa­ ción y de análisis, acerca de la pertinencia de la generalización de los datos a partir de las pequeñas configuraciones sociales y de otros niveles de integración más comprensivos (comarca, región, nación, estado...), etc.

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Más próximo en el tiempo, Joan Prat reflexiona, también críticamente, sobre los estu­ dios tradicionales de comunidad:

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“El ideal metodológico implícito del estudio de comunidad se enraizaba con las corrientes funcionalistas predominantes en los años cincuenta y sesenta, y procedía directamente de la concepción de Malinowski sobre el trabajo de campo (...) Este ideal metodológico fu e aplicado de form a más o menos mim ética y mecánica a grupos y sociedades cada vez más complejas (...) algunas monografías de comunidad (...) care­ cían de cualquier teoría explícita (...), se planteaba de form a profundamente ahistórica y también en muchos casos era difícil establecer la diferencia entre la unidad de análisis y la unidad de observación.


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(...) Quizá, también, por mimetismo con los estudios realizados en las llamadas sociedades “prim itivas”, las comunidades rurales y “tradicionales” que se estudian son presentadas como unidades aisladas, cerradas y autosuficientes”. (P ratJ., 1992: 78-79).

Como refiere J. Prat en un artículo de fecha anterior, “el ideal holístico de conocer todos los aspectos de la vida social de grupos y sociedades cada vez más complejas a través de un único punto de referencia —la comunidad estudiada—forzó las interpretaciones en la línea de genera­ lizar y bomogeneizar los resultados para intentar el ajuste con los objetivos de base propuestos: el conocimiento de la totalidad de la cultura ” (Prat, J., 1990: 170-171). Es decir, el ideal metodo­

lógico de Malinowski se había extrapolado peligrosamente, con lo que se iniciará a finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta un proceso de replanteamiento crítico que coincide en el tiempo con la crisis del funcionalismo. En la revisión crítica que hace Joan Prat (1992: 22-43) de las diez monografías o estudios de com unidad realizadas entre 1954 y 1972, y referidas especialm ente a España e Iberoamérica, se centra en los siguientes puntos tratando de extraer algunas generalizaciones: 1.- En el cambio de actitud de los antropólogos respecto de sus objetos de estudio tradicionales (De los “pueblos primitivos” a los “pueblos civilizados”). 2.- Las razones y los motivos, objetivos y subjetivos, por los que eligen tales pobla­ ciones como objeto de estudio y no otras. Y se detiene también en el grado de representatividad que cada autor atribuye a su investigación y en la costumbre de utilizar un pseudó­ nimo para enmascarar la auténtica identidad de la comunidad estudiada. 3.- La diversidad de estrategias m etodológicas y sobre los marcos teóricos que subyacen a los trabajos. 4.- Sobre la progresiva reorientación de los intereses antropológicos hacia los “pueblos civilizados”. En la realidad se trata de estudios hechos en países, de Europa sí, pero marginados, subdesarrollados y periféricos. Ahora bien, como observa acertada e irónicamente el profesor Prat: “Y, en efecto, una vez descubierto el Mediterráneo o un cierto Mediterráneo, los antropólogos anglosajones observaban que allí, a pesar del subdesarrollo, no había “grupos prim itivos” (por lo menos en el sentido restrin­ gido del término en Antropología) sino amplias masas de población campesina. Y esta fin a observa­ ción que tenía su correlato en las observaciones de algunos antropólogos norteamericanos —princi­ palmente Redfield y su escuela— que a su vez descubrían que en sus propias periferias de análisis recién estrenadas (Latinoamérica en gen eral y México en particular), también abundaban las masas de campesinos, serán algunos de los factores que determinarán la emergencia y posterior cris­ talización de un nuevo objeto de estudio: los campesinos o Peasants”. (Prat, J., 1992: 43). 28


ETNOLOGÍA d e E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

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1.2. HACIA LA INSTITUCIONALIZACION DE LA ANTROPOLOGIA El caso español

En la década de los sesenta, aprovechando ciertas aperturas políticas del régimen, que favorecieron el retorno de antropólogos como J. M . de Barandiarán o Claudio EstevaFabregat, se inicia el camino para la implantación académica de los estudios de antropo­ logía en España. El contexto, todavía desolador, nos lo describe Esteva: Sus primeros comienzos podemos considerarlos desfavorables, cuando lo compa­ ramos con los que tuvieron las demás ciencias antropológicas, en este caso, la Antropología Física y la Prehistoria. Vista en este contexto histórico, mientras éstas inician el despegue en condiciones de profesionalidad y reconocimiento docente, la Etnología lo hace desde otra pers­ pectiva: bien como asociada de aquéllas y sirviendo gradualmente a los objetivos que se imponen, o bien como parte de la afición, más o menos académicamente constituida, de personas (...) interesadas especialmente en discernir orígenes y raíces, “étnicos”y culturales, o en descubrir arcaísmos del comportamiento social... Por añadidura, como esta etnología ha estado inicialmente constituida en. torno a conceptos de arcaísmo y folklore, y como, en gran medida, su técnica de investigación ha sido historiográfica o erudita en relación con el conoci­ miento o fuentes históricas y en la localización de costumbres, su técnica misma ha limitado el concepto que de ella han tenido las disciplinas más próximas”. (Esteva, C., 1969:3).

Las iniciativas de Esteva propiciaron, tras su vuelta del exilio mexicano, la formación de una primera generación de antropólogos de formación nacional. Muchos de ellos pasaron por la Escuela de Estudios Antropológicos, que él mismo dirigió en M adrid durante los cursos de 1965 a 1968. Con su acceso en 1969 a la agregaduría de Antropo­ logía cultural, y en 1972 a la cátedra en la Universidad de Barcelona, se dará un paso firme en la consolidación académica de la disciplina. Otra importante iniciativa vendría de la mano de Carmelo Lisón, antropólogo de formación anglosajona, que tras revalidar su doctorado en Oxford, se incorporará a la vida académica española a finales de los sesenta aglutinando en su entorno en la facultad de Sociología y Ciencias Políticas de Madrid un primer grupo de investigadores. Los profe­ sores Esteva y Lisón, con sus respectivas orientaciones, culturalista el primero, y sociologista el segundo, introducirán en la antropología nacional los paradigmas que represen­ taban las tradiciones estadounidense e inglesa. El panorama, en este período histórico, se completa con la orientación americanista del Departamento que en Sevilla dirigía Alcina Franch5. Trató su director de conjugar una visión etnohistórica de la realidad iberoameri3. Alcina Franch,J.: Antropólogosj disidentes. Una tradición teme. Bitzoc. Palma de Mallorca, 1999.


E t n o l o g í a DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

cana, con la puesta en marcha de un proyecto de investigación sobre la realidad cultural andaluza (Alcina, J., 1989: 81). El estudio pluridisciplinar y confuso en que se encontraba la antropología en nuestro país, puede comprobarse revisando la nómina de autores y el repertorio temático que presentan en la Primera Reunión de Antropólogos Españoles, celebrada en Sevilla en 1973 Jim énez Núñez, A., 1975). La idea de interdisciplinaridad con la que pretendía cons­ truirse este modelo, compendiaba la situación existente, pero ayudaba poco a la fijación de un objeto de estudio, a una metodología con que marcar los límites de toda materia cientí­ fica y a la especialización profesional. En tal situación, la clarificación era inevitable. C. Lisón, por su form ación, se mostraba partidario de la autoafirmación de la disciplina en sentido restrictivo. La ruptura entre ambas posiciones se produce en la Segunda Reunión de Antropólogos en Segovia (1974), cuando Lisón reúne al mismo tiempo unas jomadas en Lugo, donde se proclaman los objetivos, el campo específico de la antropología, dotada de una metodología propia, basada en el trabajo de campo. Así, el I Congreso de Antropología de Barcelona (1978) sancionaba el camino de la antropología en su definición, el diseño de su línea de trabajo y el replanteamiento de tipo teórico y metodológico. El reto de los cada vez más numerosos profesionales de la Antropología en España en la década de los setenta era la construcción de un modelo propio. Los cambios del sistema educativo español hicieron posible la implantación de la asignatura de Antropología en los currículos universitarios. Las demandas educativas estaban potenciando la aparición de nuevos departamentos y la creación de áreas de antropología. Los cambios económicos de los sesenta, los sociales de los setenta, y las aperturas políticas de un régimen, que se tornaba periclitado, favorecieron la expansión de las ciencias sociales. La historia reciente de la Antropología española es conocida por los trabajos citados y por otros posteriores debidos a I. Moreno (1971, 1984...), J. Prat (1977, 1991, 1992...), A. Aguirre (1992), J. M . Comelles y Prat (1992:35-61), etc. Otra íuente para el conocimiento de los estudios hechos por antropólogos extranjeros en España puede encontrarse en los repertorios y trabajos tales como los de M . Kenny (1971), S. Brandes (1991), D. J. Green­ wood (1992), etc. Siguiendo al profesor Comelles (1984) los rasgos de la antropología como disciplina académica en su “segundo nacimiento”, pueden sintetizarse en los siguientes puntos: 1.- Surgimiento de la antropología mediante un proceso “contra natura” desde los estudios americanistas. 2.- La actuación personal de antropólogos de formación diversa adquirida en el 30


ETNOLOGÍA DE ExTREíWADURA • Bases Teóricas y Metodológicas

alidad cultural

extranjero, especialmente C. Esteva y C. Lisón, como figuras esenciales en los inicios de la institucionalización académica de la Antropología.

gía en nuestro temático que evilla en 1973 •etendía consa la fijación de materia cientí-

3.- El surgimiento de una generación de antropólogos formada en el contexto de las dificultades tanto académicas como sociopolíticas que condicionaron fuertemente sus posibilidades de formación e investigación.

tormación, se vo. La ruptura >egovia (1974), proclaman los ologia propia, rcelona (1978) ea de trabajo y en España en ios del sistema ipología en los a aparición de económicos de rimen, que se bajos citados y ) l, 1992...), Á. conocimiento mtrarse en los i, D. J. Green:>mo disciplina puntos: ira" desde los Iquirida en el

4.- La lucha por la definición de la propia identidad de la disciplina en competencia con otras con un mayor grado de institucionalización y profesionalización. 5.- La dispersión, coyunturalidad y aplicación mecánica del modelo de estudios de comunidad y la limitación a lo tradicional-campesino-rural como objeto de estudio en buena parte de las investigaciones realizadas. 6.- La práctica reducción de la actividad profesional de los antropólogos al ámbito académico y universitario, con importantes limitaciones de expansión y con una ausencia total de posibilidades de actuación profesional fuera del mismo. El proceso de institucionalización iniciado en Barcelona continuará hasta la actua­ lidad. Ahora bien, si se ha producido un importante avance en el desarrollo académico, no ha ocurrido de igual forma en cuanto al ejercicio profesional aplicado. En las últimas décadas, con la antropología formalmente en la universidad, hemos asistido a la confor­ mación de lo que son las líneas generales de la investigación antropológica en España. Tras la consolidación de los departamentos de Madrid, Barcelona y Sevilla, y su progre­ siva implantación en otros centros y universidades, la antropología cuenta hoy con estu­ dios de licenciatura en varias universidades, aparte de las que iniciaron estos estudios, la Universidad del País Vasco y otras en las que, sin apenas contar con tradición antropoló­ gica, como la Universidad de Extremadura, recientemente han aprobado los planes de estudio de una licenciatura de segundo ciclo en Antropología Social y Cultural, que comenzó a impartirse en la ciudad de Cáceres el curso académico 1998-99. Sobre otros proyectos en curso de realización, una licenciatura privada en la Universidad Católica de Murcia, otra en la Universidad de Elche, etc., desconocemos su alcance y posibilidades futuras de consolidación. De otro lado, la institucionalización de congresos periódicos y la convocatoria de simposiums y jornadas sobre temas monográficos favorecen el intercambio de experiencias entre la comunidad de estudiosos y la profesionalización. A lo que hay que agregar la constitución de asociaciones profesionales territoriales de antropología (AMA, ICA, ASANA, ACA, AACL, AACM,...) y una Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español (Pujadas, J. J., y Roca, J.: 1996.). A pesar de todo ello, falta todavía, insistimos, el sentido de profesión y la conciencia sobre la existencia de intereses comunes que defender. 31


E t n o l o g í a DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

Convenimos co n j. J. Pujadas cuando considera indispensable la profesionalización del antropólogo, la necesidad de un desarrollo del conocimiento aplicado que lo haga posible, y que, a su vez, potencie la praxis necesaria para la construcción de una teoría y un método adaptados a nuestras realidades (Pujadas, J. J., 1988). “Es necesario —prosigue el profesor Pujadas— romper con el marginalismo en que han estado instalados los estudios antropológicos en nuestras sociedades, cuya expresión más destacada ha sido la persistencia en estudiar lo tradicional, lo exótico, lo pequeño y lo marginal, en definitiva, el mantenimiento de la Antropología como “ciencia de lo microsoáaF.

En 1988 J. J. Pujadas compendiaba en un artículo los ámbitos temáticos que por entonces preocupaban a los antropólogos españoles. En síntesis: los procesos de urbaniza­ ción y de transformación social, los procesos migratorios, los procesos étnico-nacionales, la familia, los géneros, los sectores marginales, las instituciones y los grupos relacionados con la sanidad, la educación, la política, el ejército, las cárceles; las culturas del trabajo, el estudio de las formas y de los sistemas económicos informales; las identidades colectivas y la etnicidad; los mecanismos del ejercicio del poder, etc. Recientemente el profesor Joan Prat i Caros ha resumido los campos y los nuevos objetos de estudio que en las últimas décadas preocupan a los antropólogos españoles: “Desarrollaré este apañado distinguiendo, metodológicamente, cinco grandes temas que son: A - Las historias del folklore y de la antropología. B.- Los estudios de “Cultura Popular ”. C.- El estudio de las fiestas, los rituales y la “religiosidad popular". D - Los estudios sobre la identidad y E - Los estudios sobre marginación social (urbana). (...) Otro de los aspectos que form an parte de los esfuerzos teóricos que se estaban realizando durante la época que nos ocupa, es el relacionado con la progresiva delimita­ ción de los campos temáticos, tema éste cada vez más necesario y exigido por el ?nismo contexto académico y universitario. Así, desde los títulos y programas de las asignaturas, hasta los títulos de las plazas que salían a concurso, pasando por las ?naterias específicas que entraban o no en los planes de estudio, todo parecía indicar la necesaria “sectorializacióny' y “compartimentación” de la disciplina en materias, campos temáticos y asigna­ turas”. (Prat, J., 1992:89-109).

Los replanteamientos y revisiones conceptuales, iniciadas fundamentalmente desde el núcleo catalán, tratan de analizar los principios teóricos y metodológicos de los distintos discursos antropológicos en España. Tal necesidad de reflexión potenció la aparición de un nuevo campo, como recoge en su informe Prat i Caros, el de la Historia de la Antropología Española, que hoy cuenta con una importante bibliografía, parte sustancial de la cual proviene de los estudios y tesis realizadas sobre el tema en las circunscripciones políticoterritoriales y culturales de los grupos periféricos que suponen determinadas comunidades 32


ETNOLOGÍA DE ExTREíMADURA • Bases Teóricas y Metodológicas

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autonómicas: (sobre Asturias — 1983—, Pérez de Castro; País Vasco —1984— , J. Azcona; Canarias — 1985—, Fernando Estévez, y Galván Tudela, A. — 1987—; Cataluña — 1982, 1988—, Lloreng Prats i Canals, y Calvo, L — 1991,1993—; Andalucía — 1990—, Encama­ ción Aguilar; Extremadura —1994— Jav ie r Marcos Arévalo, etc.). Y con una visión general sobre la Antropología española y sus orígenes en el siglo XIX, Puig Samper i Galera (1983) y E. Ronzón (1991). A. Aguirre, como editor, coordinó en 1986 el volumen colectivo inti­ tulado La Antropología Cultural en España (Cien años de antropología), que con aportaciones de diversa significación y validez, comprende una visión de la historia de la antropología desde las Comunidades Autónomas. Otros trabajos, como el de Carmen Ortdz (1987), historiobiografían un personaje central, en este caso, al doctor Luis de Hoyos Sáinz. El diálogo entre Historia y Antropología se favorece tanto por la complejidad de los procesos temporales en las sociedades occidentales, como por la necesaria consulta de fuentes documentales en los trabajos de campo. La historia comienza a valorarse en cuanto contribuye al reconocimiento y a la restitución de un pasado cercano que se refleja e interactúa en los planos local y nacional. Porque la historia nos ayuda a explicar el presente. La historia se interesa por los cambios que tienen lugar en el sistema (contexto). Nuestra sociedad, a diferencia de otras ágrafas, es una sociedad con historia escrita. El conoci­ miento del pasado próximo de una sociedad facilita la compresión de su presente, pues la historia no es sólo una sucesión de cambios, sino también un proceso o desarrollo. En una sociedad histórica el pasado está contenido en el presente. La profesora M aría Jesús Buxó ha publicado un interesante estudio sobre las relaciones entre la Historia y la Antropología (Buxó, M . J., 1993); y más recientemente, en este mismo sentido, el profesor Manuel G utiérrez Estévez se ha ocupado de la misma cuestión en el trabajo “Antropología e Historia. Una relación inestable”, que vio la luz en la obra colectiva Ensayos de Antropología Cultural. (Homenaje a Claudio Esteva-Fabregat) (Barcelona, 1996: 70-77).

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Por otra parte, la focalización, nosotros mismos como objeto de estudio —las historias de la antropología y el folklore regional-nacional—, y la reificación de los antropólogos decimonónicos como nuestros precursores, lo explica Joan Prat en el texto que exponemos a continuación:

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“De form a más o menos consciente, los antropólogos y los folkloristas decimonónicos pasaron a ocupar el papel de ancestros y precursores y comenzaron a ser percibidos como el eslabón que faltaba para garantizar la legitimidad histórica de la propia práctica profe­ sional. (...) en ellos —los antropólogos— influían, por una parte, motivaciones de carácter profesional y corporativo y, por la otra, motivaciones políticas derivadas del propio contexto social que se vivía en los inicios de la década de los ochenta. (...) Estas tradiciones tenían, además, una doble ventaja suplementaria: 1.- la de haberse escorado hacia las mismas temáticas ruralizantes y “primitivistas” que eran ampliamente compartidas por muchos


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

jóvenes profesionales del momento, y 2 - por el transfondo regionalista y nacionalista que encajaba perfectamente con los deseos más o menos explícitos de crear una “Antropología catalana ”, una “Antropología andaluza ”, una “Antropología canaria”, una “Antropo­ logía vasca ”, er decir, unas form as de entender la práctica profesional e investigadora menos neutras y más enñizadas en las respectivas sociedades regionales/nacionales.

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Así, pues, la reivindicación de los folkloristas como ancestros y precursores (...) am plía una serie de objetivos: - Posibilitar y favorecer el cambio de orientación del modelo exotista al de la Antro­ pología de la propia sociedad. - Desarrollar la ilusión de que la Antropología podría salir del guetto académico y docente en el que se hallaba inmersa y penetrar con más fuerza en el tejido social. -Posibilitar el acercamiento del colectivo de antropólogos a las nuevas instancias del poder autonómico (...) que estaban interesadas, como ya se ha dicho, en los discursos particularistas sobre la propia identidad, característico del folklore. Resumiendo: pienso que fu eron este conjunto de factores los que propiciaron el interés por las historias de los folklores y la Antropología del siglo XIX hasta la guerra civil (...)." (Prat, J., 1992:89-90).

Para concluir este punto y el interés surgido en la década de los ochenta-noventa por la historia de la antropología en suelo hispano, hay que hacer constar que el profesor Alberto Galván Tudela coordinó en San Sebastián en 1984 un simposio sobre el tema; y en 1996 Encamación Aguilar dirigió la ponencia acerca de la historia y la práctica de la Antropología española en el marco del VII Congreso Nacional de Antropología, celebrado en Zaragoza: “La eclosión de la A ntropología como disciplina académica coincide —según Encarnación Aguilar— con la efervescencia social de la transición política que, al afrontar la construcción del Estado español en términos de autonomía política, ofreció a los antropólogos nuevas posibilidades de reflexión en un tema tan específicamente suyo como es el de la uetnicidad”, en este caso, referido a los diferentes universos identitarios que conforman las diversas entidades político-culturales sobre el que se construye un nuevo modelo de Estado (...). En el caso español no se trata de inventar nada, pues ciertamente la riqueza teórica y metodológica en la que se desarrolló la mayor parte del discurso folklorista del XIX (...) permitía (...) situar los orígenes de la antropología española en el mismo contexto intelectual y cronológico en el que tradicionalmente se sitúa el nacimiento de nuestra disciplina a n ivel mundial. Así, los folkloristas españoles, convertidos en el eslabón

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

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perdido de la pretendida línea de continuidad entre la investigación del siglo XIX y el XX en España (...) Una trayectoria que, desde luego, se asumía con mayores disconti­ nuidades que la de otras tradiciones, y que obedecían al desigual impacto de las ciencias sociales en un modelo de Estado liberal no plenamente consolidado como fu e el nuestro desde mediados del XIX. La dictadura franquista se encargaría de arrojar más sombras sobre ese modelo incipiente de antropología en el prim er tercio del siglo XX. (...) La producción bibliográfica posterior ha ido matizando las primeras interpre­ taciones del pasado de nuestra disciplina (...) por eso pienso que estamos en situación de volver a m irar ese pasado con mayor precisión, y sobre todo con una “mirada más distante ” (...) que nos perm ita examinar nuestro pasado, no tanto para legitim ar nuestro presente, sino para analizar éste, en pane, como resultado de aquél. (...) La práctica de la Antropología en España, la reflexión sobre el modelo o los modelos resultantes de la específica trayectoria de la disciplina tanto en lo que se refiere a su concepción teórica, como a la delimitación preferente de unos temas de estudios (...), las prioridades teóricas e ideológicas que han prevalecido en el abordaje de lo que ha constituido y constituyen los objetos de las preocupaciones científicas de la antropología española, los viejos y nuevos temas, los ámbitos de prácticas profesionales, en suma, sinte­ tizan el esquema de esta segunda s e c c i ó n (Aguilar, E., 1996:11-16).

El caso portugués

En el caso luso el proceso fue más continuo, y la ruptura entre folkloristas, etnógrafos y antropólogos no fue tan brusca. La fructífera tradición del Folklore de finales del XIX y principios del XX, y el desarrollo de los estudios etnográficos en las colonias, sentarían las bases para formalizar el giro etnológico, con el que la disciplina entraría en Portugal el siglo XX de la mano del doctor Leite de Vasconcellos y de Rocha Peixoto, aunque todavía sin lograr el reconocimiento oficial. La situación periférica de Portugal no era mejor que la española, pero la permanencia de una cierta estructura colonial, que y aunque muy en decadencia llega hasta el presente, impulsará-fomentará este tipo de estudios. Mendes Correa fúnda durante la primera mitad del siglo diversas instituciones para promover los estudios etnológicos (Sociedad portu­ guesa de Antropología y Etnología, 1918; Instituto de Antropología da Universidade do Porto; Centro de Estudios Etnológicos, 1945;...). La necesidad de búsqueda de raíces para la autoafirmación nacional y del énfasis en 1(^ valores comunitarios como justificación ideológica del Estado Novo corporativista y totalitario, unido a la histórica relación de Portugal con Gran Bretaña, posibilitará un contacto fluido y continuado con el desarrollo de la Antropología social, cosa inexistente en el caso español. 35


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

En tal contexto, en el marco del Centro de Estudios Etnológicos, Jorge Dias se encar­ gará de la sección de Etnografía. Desde donde se organiza un ambicioso plan para abordar sistemáticamente el estudio de la etnografía lusa. Fruto pionero y notable de tal iniciativa fue su Rio de Onor (1953), un clásico de la antropología social de la Península Ibérica. Obra de campo entroncada en la tradición de estudios de las formas de vida comunitaria agrí­ cola. El modelo responde a la tradición funcionalista inaugurada por Evans-Pritchard, donde como estrategia de investigación prima, antes de nada, la coherencia interior de la comunidad, una supuesta ideología igualitaria, sin prestar m ayor im portancia a los procesos de cambio o de dinámica social (Pereira, R., 1983:3). Cerca de treinta años después, el antropólogo portugués de formación francesa Joaquim Pais de Brito, actual director del Museo Nacional de Etnología de Portugal, inicia una nueva investigación de campo en la aldea rayana de Rio de Onor, tema de su tesis de doctorado, y cuyos resultados aparecen en 1996 en forma de libro bajo el siguiente título: Retrato de Aldeia com espelho. Ensaio sobre Rio de Onor. Por el valor emblemático que tiene en la producción antropológica de la Península Ibérica, y por su temprana fecha de publicación, vamos a transcribir algunos párrafos significativos sobre la monografía de Dias y acerca del “reestudio” de Pais de Brito: uRio de Onor, aldeia trasmontana que fo i objecto de um estudo pionero de Jorge Dias consequente á pesquisa conduzida no terreno nos fináis dos anos 40 (Dias, 1953), exemplo de form a social que se produz sobre modelos de organizando comunitaria (...) De ceno modo, os dois livros —también se refiere el autor a Vilarinho de Fuma, 1948— de Jorge Dias podem considerarse extemporáneos (e tamben por isso pioneiros) e o momento em que surgem no contexto europeu e a lingua em que estáo escritos limitaram a sua divulgando. 0 conhecimento das form as de organizando semelhantes ds que apresentan Vilarinho de Fuma e Rio de Onor só se tomaría mais generalizado como tema de debate (...) com a designando conceptual de “clossed corporete community ” que Ihes dá Eric Wolf no sua proposta de classificando tipológica das comunidades camponesa (Wolfi E., 1955) e, mais específicamente para o contexto peninsular (onde os estudos de Jo rge Dias sao contemplados), com Susan T. Freman (1968) e o seu “iberian Structural

7ype”.(Pais de Brito, J , 1996:16-17). Continúa Pais de Brito: “A monografía de Jorge Dias fo i a revelando de “arcaísmos” e especificidades de urna form a de organizando que despertou o interesse de intelectuais e visitantes atraídos pelo seu exotismo (...) A imagen que assim se vai construindo de aldeia, é-lhe devolvida, ao mesmo tempo que nesta se vai tomando consciencia desse mesmo interess, aproveitando-o como capital simbólico, valorado a partir do exterior (...) E esta consciencia de se 36


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

Dias se encarpara abordar : tal iniciativa Ibérica. Obra unitaria agríns-Pritchard, interior de la irtancia a los :ión francesa de Portugal, ir, tema de su jo el siguiente flemático que •rana fecha de lonografi'a de lonero de Jorge ) (Dios, 1953), >munitaria (...) ího de Fuma, r isso pioneiros) io escritos limikibantes ás que rcralizado como ymmumty” que ades camponesa 'de os estudos de run Structiiral

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ser comentada e objecto de curiosidade e de possnir, afinal, ñas práticas e modelos de organizando comunitaria um capital exteriorm ente reconhecido e reproduzido por processos discursivos que difusamente envolvem e se projectam na aldeia, que faz com que a monografía d e jo g e Dias venba a ser “o livro”fundador de lima identidade e um retrato da aldeia que os habitantes procuram confirmar ao visitantes ”.

Para más adelante apostillar: “No presente estudo, apesar de, como antes dissemos, náo visar a comparando e o confronto dos seus próprios resultados de trabalho que mais constantemente utilizamos. Em tem os teóricos divergimos de postulado principal que a atravess segundo o qual, o modelo de organizando comunitaria encontrado en Rio de Onorr teria conseguido no passado urna real situando de igualdade económica dos vizinhos que, segundo o autor, nos anos 40 já náo se observava pelo abandono de práticas normativas que antes terian sido estritamente seguidas para garantir a indivisibilidade e permanencia das casas num limite controlado de um número total das que compoen a aldeia. Por outro lado, proairámos identificar um problema que Jorge Dias náo chegou a equacionar criando a nosso ver um obstáculo meto­ dológico á sua própria pesquisa. Referimos-nos á existencia da fronteira política, que para aquele aparece despida de pertinencia, já que no seu trabalho privilegiou, o nivel integrador da cultura e das práticas quotidianas (em que a fronteira tende a ser urna realidade inexistente), descurando a identificando de espanos diferenciados de dependencia e historias nacionais que obrigam a ponderar as diferennas que as duas aldeias presentam. (...) Mas, paralelamente, procurámos restituir e resituar. Rio de Onor num espano regional que manifiesta grandes homologías na organizando de paisagem, na economía, modos de vida e tranos culturáis que os acompaham, no comportamento demográfico, ñas form as de relacionamento com a cidade, enfim, na historia mais geral em que se insere e na própria periferia de um territorio ranino”. (Pais de Brito, J., 1996:18-23).

Retomando el hilo conductor, solamente abandonado para detenemos unos instantes en una obra pionera de la antropología moderna ibérica y en un autor con una importante producción teórica y metodológica, continuamos con la institucionalización de la Antropo­ logía en Portugal. La sección de Antropología Cultural del Centro creado por Mendes Correa conducirá a la inclusión de estos estudios en la universidad. Y así, en 1952 se impartirá un primer curso de Etnología en la Facultad de Letras de la Universidad de Coimbra y años más tarde en su correspondiente facultad en la Universidad lisboeta. En todo Portugal, de forma similar a lo ocurrido en España se reactivarán a partir de la década de los setenta los estudios de antropología y su implantación formal en distintos centros universitarios. En estas fechas destaca la figura de José Cutileiro, formado en la tradición anglosajona, que contribuirá decididamente a cimentar la antropología en el país vecino. La caída del salazarismo y el 37


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

retomo de otros antropólogos formados en el extranjero, preferentemente en Inglaterra y Francia, favoreció, de otro lado, la fundación de instituciones, con una concepción novedosa respecto a la universidad convencional, para el desarrollo de la antropología. Tal es el caso, por ejemplo, del Departamento de Antropología del Instituto Superior de Ciencias do Trabalho e da Empresa (ISCTE), el Instituto de Ciencias Sociales y Políticas, ambos en Lisboa; y la puesta en marcha de la licenciatura en Antropología Social de la Universidad Nova y en otras privabas de reciente creación; o el Centro de Investigación Etnográfica que en los últimos años se está convirtiendo el Museo Nacional de Etnología, dirigido justamente por otro antropólogo luso formado en el exterior (Francia) y retomado a su país durante el cambio polítácosocial que experimentó Portugal tras la revolución de los claveles. Un panorama preciso del estado de la Antropología en Portugal hoy, lo traza, sin intención tanto de definirla como de identificar los contextos en la que en los distintos períodos históricos se sitúa, Joáo Pina Cabral: “O primeiro problema con que somos confrontados é o das classificatfes subdisciplinares. Por exemplo, cada urna das tres licenciaturas existentes presentem ente em Portugal tem urna diferente designando: Antropología na Univei'sidade Nova de Lisboa (U.N.L.); Antropología Cultural no Instituto Superior de Ciencias Sociais e Políticas (I.S.C.P.) e Antropología Social no Instituto Superior de Ciencias do Trabalho e da Empresa (I.S.C.T.E.) (...) a antropología em Portugal é hoje, predominantemente, lima ciencia social. Contudo, sob diferentes classificaciones (e por vezes sob a mesma desig­ nando) podemos encontrar tendencias radicalm ente divergentes. E, portanto, sem surpresa que verificamos que, paralelamente, á pouca comunicando existente entre os varios grupos de professores e investigadores, nao tem existido aten hoje urna base teórica común que permita um dialogo científico criativo. (...) Para aumentar ainda mais a dificuldade da nossa tarefa, podemos verificar urna enorme diversidade ñas perspectivas teóricas e merodológicas entre aqueles que se designan como antropologos: a antropobiologia desenvolvida no Museo de Coimbra, ou no I.I.C.T.; a antropología cultural preconizada no I.S.C.S.P; a antropología dos que se consideran seguidores de Ju n g; a antropología aplicada da empresas como antropologos; a etnología do Museo de Etnología; a anti'opologia de inspirando lévi-straussiana e a antropología social de influencia británica. Assím, vemos que o problema com que nos defrontamos neste capitulo e simultaneamente sincrónico e diácrónico: como descrever um grupo de dentistas que, apesar de se colocarem sob urna mesma classificanáo disciplinar, mantém posinóes teóricas e metodológicas incompatíveis e que, apesar de reclamarem um pasado disciplinar común, náo encontram a i a inspiranáo principal para o seu trabalho?” (Pina Cabral, J., 1991:12-13).

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

II. LA ETNOLOGÍA REGIONAL DE EXTREMADURA

H ay antropólogos que se especializan en los estudios de las características biológicas de los distintos grupos humanos y otros en sus características culturales. En EE. UU. la disciplina trata de presentar una visión integrada del hombre tanto en su vertiente bioló­ gica como en su vertiente cultural y social, en el pasado y en el presente. La tradición norteamericana divide la Antropología General, como disciplina académica, en cuatro ramas principales: antropología física o biológica, antropología arqueológica, antropología lingüística y antropología cultural (Harris, M ., 1990; Kottak, C. P., 1994,1997; Bohannan, P, 1996; Ember, C. y Ember, M ., 1997). En Europa, en cambio, no se desarrolló una antropología unificada, y las llamadas subdisciplinas suelen existir de forma autónoma. Como ramas de un tronco común tienen en cuenta las variaciones en el tiempo y en el espacio, es decir combinan las perspectivas diacrónica y sincrónica y muestran interés por las diferentes áreas geográficas. Por razones sistemáticas y teóricas la Antropología General suele presentarse en dos grandes subdivisiones: la antropología biológica (hay quienes consideran la arqueología como una subdisciplina auxiliar tanto de la antropología física como de la social) y la antropología sociocultural (la antropología lingüística sin duda constituye un subcampo de la antropología social, junto a otras ramas y especializaciones). Cubrir este vasto campo, por la variedad de sus temas, está conduciendo cada vez más a una creciente especialización y división del quehacer antropológico. Los antropólogos sociales y culturales estudian la sociedad y la cultura a través del tiempo y del espacio describiendo y explicando las similitudes y las diferencias culturales. La antropología sociocultural se ocupa, por tanto, de la descripción y análisis de las culturas del pasado y del presente. Hay que distinguir entre dos aspectos: la etnografía (basada en el trabajo de campo) y la etnología (basada en la comparación transcultural). La etnografía proporciona la “etnodescripción” sistemática de un grupo, sociedad o cultura contemporá­ neas particulares. La etnología estudia, analiza y compara los resultados de la etnografía, las culturas o aspectos de ellas. Los etnólogos intentan identificar y explicar las diferencias y las similitudes culturales para distinguir entre universalidad, generalidad y particularidad (Kottak, C. P, 1997). La antropología sociocultural estudia los modos de pensamiento y de comportamiento, las dimensiones mental y conductual, de una población o sociedad parti­ cular. Según Paul Bohannan, la antropología cultural se interesa por el estudio de las herramientas y el significado. Junto al desarrollo de la disciplina se han acrecentado nota­ blemente los campos de estudio especializados y las distintas subáreas, tras acotar sus objetos de estudio, han cristalizado en: Antropología Ecológica, Antropología Económica, Antropo­ logía Social y del Parentesco, Antropología Política, Antropología de la Religión y Antro51


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pología Simbólica; y otras más novedosas: H istoria de la Antropología, Antropología U rbana, Antropología de la Educación, Antropología de la Salud, Antropología del Trabajo, Antropología de los Géneros, Antropología del Turismo, Etnologías Regionales, etc. Existe una importante tradición de estudios en la disciplina por ámbitos territoriales. Las Etnologías Regionales cuentan con una larga tradición que se ha venido desarrollando en un principio bajo la etiqueta de estudios de Areas Culturales. Area cultural es un concepto de uso problemático que fue empleado por C. W issler y utilizado ampliamente, aunque de forma crítica, por los particularistas históricos y por Kroeber para clasificar los grupos sociales según unos supuestos rasgos culturales comunes dentro de una categoría geográfica-natural y cultural única. En el Reino Unido Isaac Schapera, entre otros, preconiza la tendencia hacia los estudios regionales limitados. “En los años cincuenta Julián Steward puso de manifiesto la debilidad teórica del concepto de área cultural, indicando no sólo los cambios temporales sino también el hecho de que, a menudo, los componentes de un área cultural contienen rasgos culturales distintos de los predicados para el área cultural como un todo". (J. R.

Llobera, 1990: 92-93). En la actualidad se utiliza dicha idea para referirse al espacio geográfico y social en el que se combinan y se extienden sistemas de valor comunes y modos de vida similares entre diversas culturas (R. Valdés, 1997). El mismo contenido del concepto de Etnología Regional ha pasado de una noción explícitamente geográfica, deri­ vada de área cultural, a una denominación que implica el análisis de los conceptos de territorialidad y temporalidad en su contextualización ecológica, económica, histórica, cultural y estructural, así como la reflexión sobre las nociones de pueblo y las diferencias regionales o nacionales. Los ámbitos de la disciplina se articulan verticalmente por campos temáticos relacionados con lo sociocultural (lo ecológico, lo económico, lo político, lo simbólico, lo religioso, etc.); transversalmente: los estudios sobre los géneros, los grupos étnicos, subculturas, etc, y horizontalmente a partir de una base territorial o geográficocultural. Es aquí donde se insertan las Etnologías Regionales como una subdisciplina o área de estudio específica. Se puede hablar, y de hecho así sucede, de Antropología del Mediterráneo, lo que en absoluto implica que se considere un ámbito totalmente homo­ géneo, de Antropología de Europa, de Antropología de América, Iberoamericana, de los pueblos del Sudán o del Africa Oriental, Sudeste Asiático, Melanesia, etc. Pero también, como ocurre en España, de ámbitos territoriales subestatales: Etnología de las Islas Cana­ rias, Etnología de Cataluña, Etnología de Andalucía o Etnología Regional de Extrema­ dura. Su campo de interés es la descripción y el análisis de la especificidad local-regional en su interrelación con un contexto de contigüidad geográfica, histórica, política y sociocultural más comprensiva. Porque tras la crisis de la antropología se ha pasado del estudio de las culturas exóticas y lejanas al próximo como otro, dado que sólo entendiéndose a uno mismo es posible entender al Otro. Lo que importa no es tanto el objeto de estudio como la visión antropológica que puede aplicarse a cualquier aspecto y dimensión de una 52

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La percepción de Extremadura en los relatos de los viajeros está condicionada, entre otros, por los siguientes factores: 1.- En función de que vinieran exprofeso a la región o porque concibieran Extrema­ dura como un territorio de paso para llegar a otras zonas peninsulares. 2.- Por los contextos históricos y las coyunturas políticas. Es decir, por el tiempo histórico en que visitan la región. 3.- Por el tiempo de permanencia en ella. La visión episódica, y general excepcional­ mente, aproximada o distorsionada, que presentan de la realidad sociocultural extremeña deriva, en parte, del tiempo que dedican a recorrerla-conocerla. 4.- Debido a los orígenes nacionales de los viajeros. Según los países de procedencia y en función de las relaciones políticas que mantienen con España se nota en ellos una mayor filia o fobia. Habitualmente los prejuicios nacionales, ideológicos, religiosos, etc., les impiden acceder a una realidad en la que, por otra parte, tampoco les interesa profundizar. 5.- Los motivos del viaje (bélicos, políticos, económicos, científicos, “turísticos”, etc.). Todos ellos en su conjunto, junto a otras causas que iremos señalando, limitan sustan­ cialmente la posibilidad de que transmitieran una visión objetiva sobre España, en general, y Extremadura en particular. Entre los motivos principales por los que vienen los viajeros


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a Extremadura están la experiencia bélica (la inestabilidad de la raya-frontera y los conflictos históricos entre los dos países de la península y sus respectivos aliados europeos); la expe­ riencia piadosa (peregrinaciones a Guadalupe), y el hecho de considerar a Extremadura como térra incógnita , apenas visitada y apartada del grand tourist. Ahora bien, hay que establecer una clara distinción entre los viajeros del siglo XVIII, enmarcados en el reformista movimiento cultural que supuso la Ilustración, caracterizado por la razón y el afán de conocimiento, y los viajeros románticos del siglo XIX. Para los ilustrados el viaje representó una de las vías del conocimiento y la posibilidad de acercarse a la variedad del hombre dentro de la unidad de la especie. Es ahora cuando se toma conciencia de la diversidad de las culturas en el tiempo y en el espacio. La categoría curio­ sidad adquiere carta de naturaleza. Es decir, los viajeros en el contexto de la Ilustración conceden preeminencia a la experiencia, al conocimiento que de ella se deriva, y a la obje­ tividad. Les interesa la experiencia vivida, la experiencia sociológica que supone el viaje, nunca la libresca. La preocupación de conocer primero, para reformar después, suscita el interés por explicar el por qué de las situaciones y de las cosas. El ideario del viajero ilus­ trado puede compendiarse en observar la realidad, aprender y pensar sobre ella, así como desprenderse del lastre que significan los prejuicios. Los viajeros románticos priman, por su parte, los sentimientos, el idealismo y la subje­ tividad. Y más que mostrar la realidad tal como es, tratan de confirmar una imagen preconcebida, acuñada fuera del contexto referencial. De tal manera, la búsqueda cons­ ciente de la tipicidad, aunque para ello tengan que tergiversar la realidad, se traduce en una exagerada atención por el color local, lo rural, lo desusado y extraño. La curiosidad en este período quedó reducida al interés por el exotismo y la primitividad. Mediante tales ideolo­ gías tratan de marcar, intencionadamente, la diferencialidad cultural en función de los cambiantes contextos de amistad-rivalidad entre sus países y el que visitan. El pretendido primitivismo heredado de una interpretación esencialista y maniquea de la historia (mundo musulmán, la singularidad de ciertos tipos, el carácter fanático...) está presente en sus textos, en los que también aparecen como temas preferentes la naturaleza y el paisaje, que recibe un tratamiento idealizado, lo pintoresco, la fascinación por la mauroftlia y un especial interés por lo oriental. Tópicamente se ocupan igualmente de la pobreza y del estado general de abandono de la región, de su despoblación, por el fenó­ meno de la trashumancia y la cultura pastoril, el ecosistema de dehesas y la cría del cerdo, los monumentos y las antigüedades, la peculiar condición fronteriza, etc. Principalmente se detienen en algunos rasgos especialmente significados para la ocasión y en las caracte­ rísticas singulares de determinados personajes, arquetipos, tales como los conquistadores, bandidos, contrabandistas, venteros o los gitanos. Abundantes son los testimonios sobre el mito del moorist style o del español africanizado. A partir de un interés particular por lo 54

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medieval, la maurofilia o el elogio general de lo árabe-oriental es un tema recurrente en sus obras. Mediante él tratan de explicar la diferencia cultural frente a Europa. El carácter fronterizo de Extremadura ha condicionado tradicionalmente su vida econó­ mica. Al tratar la cuestión del contrabando los viajeros muestran aspectos parciales de la vida en la frontera y de la recíproca actividad comercial. En cuanto al bandolerismo atisban una cierta relación entre tal actividad y las condiciones de vida de los campesinos, de una parte, y las estructuras socioeconómicas, de otra. Ahora bien, aunque dedican breves párrafos a los campesinos, apenas tratan de ellos y mucho menos del problema de la estructura de la propiedad de la tierra y la resultante polaridad social. Los trabajadores agrícolas, los jornaleros, no aparecen en sus relatos, se omiten. Es más, los viajeros deci­ monónicos mecánicamente reproducen el tópico de la indolencia de los extremeños, y sin embargo omiten, conscientemente, la configuración socioeconómica regional, la desequi­ librada distribución de la tierra y la ostentación desigual de la propiedad, concentrada en pocas manos, la de los latifundistas y los grandes propietarios. Omiten igualmente la falta de medios con que ganarse la vida los campesinos, la escasez de tierras para cultivar, las extremas condiciones sociolaborales, etc. En general los viajeros muestran una imagen vaga, tópica, distorsionada y poco acorde con la realidad regional. Lo que no es óbice para que identifiquen Extremadura con una unidad territorial definida en contraste con Castilla, Andalucía y Portugal. Ahora bien, sin detenerse a hablar con sus gentes les atribuyen unas características generales a partir de expe­ riencias particulares y de ejemplos aislados y nada representativos. Uno de los rasgos más destacados de los textos de los viajeros románticos es que presentan una Extremadura sin extre­ meños. Limitaron el trato con los naturales, y en general dedican poco tiempo a entrevistarlos. Las limitaciones idiomáticas, por otra parte, les vedaron aspectos clave de la sociedad extre­ meña y les impidieron penetrar reflexivamente en la organización social y económica de la España que visitaron. Se interesan por las cosas en detrimento de las personas y de las costumbres. Escriben de la agreste naturaleza, del importante pasado histórico y del patri­ monio monumental, de las infraestructuras viarias, pero casi se olvidan del hombre, de los seres humanos que pueblan Extremadura. Como ha escrito M. Bernal (1985:175) para Anda­ lucía: Leyendo los libros de viajes del siglo XIX nos quedarnos sin saber dónde y cómo viven la inmensa mayoría de los andaluces, los atidaluces de a pie, los humildes; cómo y dónde trabajan es otra incógnita”. Y como observa Josep R. Llobera (1990: 88) en el discurso crítico que traza acerca

de los estudios antropológicos que han tomado el Mediterráneo como un área cultural con una unidad homogénea, cuando trata de las experiencias de los viajeros del XIX por esa zona: “(...) A veces, los registros sobre dichas sociedades nos dicen más sobre los viajeros que sobre los nativos. La obsesión por los contrastes culturales llevará a muchos autores a mantenerse al margen de la realidad humana de los países visitados (...) el resultado es más una visión más subjetiva que objetiva (...)”. 55


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En la caracterización de los extremeños seleccionan ciertos rasgos: el aislamiento, el estado de atraso, la falta de sociabilidad, etc., tratando de compararlos, en una forzada y disímil relación dicotómica, expresada en términos bárbaros-civilizados, rústicos-urbanos, con los ciudadanos de la city (Londres) y otras importantes ciudades europeas. No en balde en los textos de algunos viajeros los hurdanos, y por extensión los campesinos pobres extremeños, son pensados como “indios de la nación ”, es decir como primitivos. Aunque la literatura de viajes contiene descripciones hechas sobre el terreno en la línea de lo que luego se denominaron estudios extensivos, comprende un tipo de informa­ ción preetnográfica particularizada por la rápida recogida de datos, visión superficial y concepción etnocéntrica. De otro lado, sin embargo, algunos muestran cierta agudeza y capa­ cidad de percepción. Y aunque su intencionalidad nunca fue etnográfica, logran cierta perceptibilidad que hoy reconocemos como tal. Cuando la mirada del otro, que no está socializado en la tradición que describe, está contextualizada, ofrece cierto interés. La perspectiva distante, pero no necesariamente neutral, puede ofrecer enfoques soslayados por los propios nativos. Aunque hay excepciones, no suele ser éste el caso de los viajeros, que dedican atención preferente a las singularidades y “extravagancias”, y omiten las regu­ laridades. Lo que es una etiqueta característica del etnocentrismo. El propio Richard Ford es consciente de tal circunstancia y combate en las Cosas de España (1988) lo que hoy deno­ minamos etnocentrismo: “(...) Es una filosofía pobre y falta de lógica el ju zgar las costumbres extranjeras por los propios hábitos, prejuicios y opiniones convencionales”. Aparte del conocimiento superficial de la realidad, la imagen que captan los viajeros es parcial, puesto que deriva de la provisionalidad del contacto “turístico”. Todo lo cual contribuye a construir una im agen desfigurada de E xtrem adura, que los viajeros conforman a base de tópicos y lugares comunes. Sus obras destacan también por el heterodaje, una m anifiesta tendencia a acum ular detalles en detrim ento de las visiones de conjunto. En todo caso la valoración global debe ser ponderada conforme a múltiples y variados factores. Ni todos fueron etnocéntricos, dado que entre ellos se da una gradación, ni todos captaron con inteligencia y profundidad la realidad extremeña. Observadores fuereños que se mostraron apologistas, detractores, a veces objetivos, y que presentaron sesgos, parcialidades y mixtificaciones de la realidad. Pero también revelaron, mediante la vivencia de lo ajeno, cosas de nosotros mismos. Los estudios de folklore. Primer acercamiento científico a la realidad de Extremadura. (Finales del S. XlX-primera mitad del S. XX)

La tradición antropológica comienza en Extremadura con las sociedades de Folklore del XDÍ. Se trata del primer esfuerzo de cientificidad y sistematdcidad en el estudio de la realidad regional, mediante el conocimiento, de primera mano, de la propia tierra y de sus

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gentes. El Folklore se establece por la influencia krausista y de manos de la teoría del evolucionismo social bajo la dirección metodológica impuesta por el positivismo. La noción que posee Machado del pueblo surge de la interinfluencia del romanticismo y del krausismo; si bien Demófilo pronto se decanta por la perspectiva que ofrece la ciencia positiva. Dos fueron los pilares en los que se sustentaron los presupuestos teóricos del folklore español: uno, las teorías evolucionistas y su aplicación a los fenómenos sociocultu­ rales; el otro, la concepción spenceriana de la historia, que trasladaba el centro de gravedad de la misma de los reyes al pueblo. Al período de vigencia de las sociedades de folklore otorgamos la importancia, rela­ tiva, que para cualquier materia científica posee el conocimiento de su propia historia. Lo que es igualmente importante, para su desarrollo teórico, el conocer su pasado y las trans­ formaciones habidas en el tiempo. El conocimiento del pasado permite una visión autori­ zada sobre líneas futuras de una ciencia, y, en el caso que nos ocupa, ayuda a la conforma­ ción de las tradiciones antropológicas. La historia nos ayuda a explicar el presente. La historia importa a la hora de abordar los procesos culturales en el tiempo y el espacio. Y es que una particular historia tiende a conformar una cultura específica. El conocimiento del pasado de una sociedad facilita su comprensión presente, pues la historia no es sólo una sucesión de cambios, sino también un proceso o desarrollo. A partir del movimiento rom ántico, y su concepción literaria y esencialista del folklore, se pasará, con el desarrollo de las ciencias naturales, y su reflejo positivista y darwinista, a una concepción científica de la naturaleza y el hombre. Las especulaciones metafísicas e idealistas irán dando paso, paulatinamente, a una posición más empírica. El folklore como disciplina forma parte del campo de las ideas antropológicas. Pero la historia de una disciplina es la de los paradigmas teóricos en que se desenvuelve. El folklore, como ciencia, se constituye a finales del XIX en el marco del historicismo comparativista y del evolucionismo sociocultural. Durante largo tiempo ha habido escasez de historias de la antropología y el folklore en España. Desde los años ochenta, sin embargo, se produce una eclosión en relación con la reestructuración del Estado y el progreso de las autonomías. La tendencia dominante en la historiografía antropológica de los últimos años, y no sólo en este ámbito temático, viene abordando la perspectiva regional-nacional, que también comienza a ser cuestionada por lo que puede tener de ensimismamiento y pérdida de los planteamientos comparativos (Aguilar, E., 1993: 111). Creemos que ambos modelos, el del estudio de “los otros” y el del estudio de “los otros cercanos” son igual­ mente válidos, como más adelante vamos a razonar en otro lugar. En todo caso, las áreas regionales —autonómicas— se consideran como áreas de estudio de la antropología. Al tratar sobre el mito fundacional en las diferentes tradiciones nacionales antropoló­ gicas, George Stocking (1983, 1993), o Adam Kuper, historiadores de la antropología, 57


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reivindican la necesidad de hacer la historia de la disciplina a partir de las fuentes, según las formas de registro etnográfico y el análisis etnológico histórico. La tradición antropo­ lógica se constituye acudiendo de forma crítica a las fuentes. Ahora bien, aunque la tradi­ ción antropológica comienza en Extremadura con los folkloristas, no se establece una línea de continuidad entre ellos y la institucionalización de la antropología. El profesor Honorio Velasco (1995: 10-14), sostiene: “las historias de la Antropología focalizadas en áreas regionales determinadas, pese a todo, tienden a reconocer como precursores, aun salvando las distan­ cias, a los folkloristas del XIX (...). Al amparo de la coincidente preocupación por el área objeto de estudio, los precursores pueden ser sumados a una misma corriente definida por la común intención etnográfica, aunque variable en cuanto a usos metodológicos y principios epistemológicos. En todo caso, es innegable que la intención etnográfica alcanza el grado de institucionalización con las socie­ dades de folklore que promoviera Antonio Machado, primero en Sevilla y luego en Madrid. A su impulso se deben los intentos de institucionalización en Extremadura llevados a cabo por Romero y Espinosa y Matías R. Martínez, entre otros. Con más fundamento está justificado trazar la línea de continuidad a partir de ellos (aunque haya que reconocer interrupciones, desorientaciones, etc.). (...) La lógica de la continuidad depende de qué se entienda por “intención etnográfica”y hasta dónde puede ser atribuida (...) Más sugerente que determinar el origen de la Antropología puede ser transitar por los caminos que finalm ente convergen en ella (...). Porque no se trata tanto de saludar el advenimiento de una ciencia, de atribuirse prioridad en su formación, cuanto de explorar las complejas transformaciones de un discurso que llegó a caracterizar la propia (o la ajena) form a de vivir de una cultura

En consonancia con el párrafo anterior, Encarnación Aguilar escribe: “(...) el quehacer de los folkloristas (...), así como su relación, más o menos evidente, con los proyectos regionalistas de la España d efines del siglo, ha tendido a fija r excesivamente este campo como el directo antecesor de la antropología, cuando lo que las fren tes nos enseñan es que en realidad estos folkloristas fueron médicos, juristas o literatos que confluyeron en la recolección y el estudio de la “cultura popular” desde preocupaciones teóricas elaboradas dentro de sus respectivos campos disciplinares (...)”.

(Aguilar, E., 1996: 12). La historia resultante de la disciplina en la región, en todo caso, está marcada por la falta de profesionalización y el amateurismo consiguiente. La concepción descentralizada, federal, de las Sociedades de Folklore reconocía implícitamente la pluralidad de culturas en el Estado español, aunque debido a su sesgo krauso-regeneracionista, lo regional en tal concepción se articulaba en la unidad nacional. Ahora bien, la respuesta extremeña a la idea de los centros autónomos que pretendían conocer de primera mano la diversidad cultural de España, al margen de los tópicos y estereotipos acuñados por los viajeros y otros ensayistas, así como descubrir las especificidades regionales, tuvo una favorable acogida entre ciertos sectores intelectuales agavillados en torno a la idea machadiana. 58

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Nuestros folkloristas consideran el folklore desde una concepción no tanto sociológica como historicista según la cual habría quedado estancado, o sería el reflejo de una época pretérita. En su tentativa de reconstrucción de las fases por las que se suponía había pasado la humanidad, encuentran en el pueblo, concebido como entidad estática, las huellas de un pasado ya superado. Ahora bien, entre los folkloristas y la antropología se produce una discontinuidad disciplinaria, que se traduce en una falta de profesionalización, inseguridad teórica e instrumentalización ideológica. Su incapacidad de evolución científica, incapacidad de constituirse en una disciplina institucionalizada, lo condena a la discontinuidad y al autodidactismo. La falta de institucionalización, en efecto, deriva también del amateurismo de los propios folkloristas, y de su incapacidad teórico-metodológica para superar el modelo de las supervivencias. La vía folklórica se agota en sí mismo, la etnológica, en cambio, conduce a la antropología. El movimiento folklórico en Extremadura se caracteriza por la dependencia intelec­ tual de dos grandes focos: Sevilla y Madrid, por el mimetismo o la transplantación que se hace del modelo de Machado, por la innovación temática, por determinados avances metodológicos y por significar el primer acercamiento consciente, desde una perspectiva científica, a su realidad sociocultural. En la semilla que esparcieron las sociedades de folklore, en su estructura organizativa federal, subyacía el germen que, en los distintos territorios del Estado, focalizó el objeto de estudio en su propia sociedad. Ahora bien, debido a las contradicciones internas del movimiento, al desinterés de la burguesía y de amplios círculos intelectuales, al antagonismo o ningún apoyo pres­ tado por la oligarquía agraria, a la desvinculación del movimiento con los partidos polí­ ticos, e tc , el tibio descubrimiento de la identidad regional no desembocó en autoconciencia de grupo diferenciado. Desde finales del XDÍ, coincidiendo con la desintegración del folklore, se tiende hacia un discurso folklórico de matiz esencialista. Los continuadores de los folkloristas se distan­ cian de aquél primer esfuerzo positivista marcado por Demófilo y de su contextualización en un modelo teórico. Esta segunda etapa, que durará hasta la guerra civil (1900-1936), y que, grosso modo, coincide con el regionalismo político, reviste una forma más ensayista o literaria que científica. Bajo la orientación de una ideología conservadora española y de una minoría burguesa ilustrada, el folklore se escora hacia un costumbrismo de raíz romántica que exalta lo local-regional como parte integrante y dependiente del todo nacional. Esta nueva fase, instalado ya el tratamiento etnográfico en Extremadura, representa la continuidad y el florecer regionalista. Durante el regionalismo se produce una introspección, se mira hacia el pasado, en busca de épocas memorables, pero más como esencialismo ensa-


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yista que empírico. Lo popular inspira la literatura costumbrista, que idealiza la vida popular —campesinos—, concibe al pueblo —frente al progreso— como guardián de la tradición, subraya los tópicos y ofrece una visión idílica o apologética de la realidad. Durante este período, que abarca de finales del XIX a las primeras décadas del XX, se produce un conjunto de documentación temática heredada de la fase anterior. Y lo es en cuanto al tratam iento temático, la cristalización de una sensibilidad regionalista y el impulso de una burguesía ilustrada que los anima. Junto a trabajos de carácter costum­ bristas, se producen específicas recopilaciones sistemáticas, cuyas principales caracterís­ ticas las conforman los estilos de trabajo ya asentados anteriormente (compilaciones), una sensibilidad creciente por la cultura popular, la recogida personal de los materiales y el registro de los datos mediante la observación directa, las entrevistas y los cuestionarios. Uno de los modelos de compilación en este momento es Rafael García-Plata, que repre­ senta la línea continuista de las Sociedades de Folklore, por: su sensibilidad etnográfica, su particular atención temática, la orientación metodológica que imprime a sus trabajos, el modelo de las colecciones, el trabajo intensivo y la recogida de los textos tradicionales —los que son anónimos, colectivos y no se conoce su origen—. La Encuesta del Ateneo y las Revistas de Extremadura y Archivo Extremeño suponen los últimos esfuerzos colectivos en tomo a los que se aglutinaron los folkloristas extremeños. Tras un período de languidez, las décadas que van aproximadamente de 1910 a 1930, y en el que de manera aislada destacan autores como Vicente Paredes y Guillén o Agustín Sánchez Rodrigo, que continúan la debilitada llamarada folklórica, habrá que esperar hasta el año 1925 en que se crea el Centro de Estudios Extremeños, y en concreto hasta 1927 en el que se funda la Revista del Centro de Estudios Extremeños, nominada a partir de 1945 Revista de Estudios Extremeños, para que de manera “institucional” se acojan de nuevo los estudios etnográficos en Extrema­ dura. Los primeros proyectos que se abordan son el Cancionero Popular de Extremadura, encar­ gado al folklorista Bonifacio Gil. Y, en 1931, se editó la obra Dictados Tópicos de Extremadura, del ilustre polígrafo Antonio Rodríguez Moñino. La literatura popular y la tradición oral en general fueron una constante preocupación intelectual. Un resultado de sus investigaciones en tal terreno de cosas es el Diccionario geográfico popular de Extremadura (1965), que anterior­ mente había visto la luz, en forma de artículos, en la Revista de Estudios Extremeños (19601964). La idea que Rodríguez Moñino tema del Folklore, empero, gira en tomo a la restrin­ gida concepción anglosajona que limita los estudios de Cultura Popular exclusivamente a las manifestaciones que se producen y reproducen por vía oral, es decir a la literatura popular. Junto a Bonifacio Gil, Manuel García Matos y otros, Moñino colaboró decididamente en la creación de la sección de Cultura Popular, que de forma institucional contemplaba el Reglamento del Centro de Estudios Extremeños en 1943. Y en 1948 pone en marcha la Asamblea de Estudios Extremeños. 60

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Durante este período (1927-1960) en la revista tienen una importante representación los estudios sobre Dialectología, Lexicografía y Toponimia. Como publicaciones mono­ gráficas aparte cabe citar, desde el acercamiento al análisis sociolingüístico en línea con los trabajos del inacabado Atlas Lingüístico de la Península Ibérica, El habla de Mérida y sus cercanías (1943), de Alonso Zamora Vicente. La cultura tradicional en Extremadura no se extinguirá totalmente. La Revista de Estudios Extremeños ha dado acogida en sus páginas a un cúmulo de trabajos folklóricos y etnográficos que constituyen una importante fuente en España para el estudio de la etno­ grafía regional. Ahora bien, en Extremadura el concepto y la ciencia del folklore se ha quedado, salvo en aisladas excepciones, enquistado en la recolección de determinadas mani­ festaciones culturales de la tradición festiva y oral de los sectores rurales. Y los folkloristas, autodidactas aficionados a los estudios de las “cosas populares”, en su proyecto museístico de la cultura, se interesan casi exclusivamente por las colecciones. Por el empuje de la revista del Centro de Estudios Extremeños y otras ha permane­ cido en Extremadura hasta la actualidad una línea de trabajo que podemos denominar como de etnografía localista, caracterizada por el modelo de las recopilaciones, cuyos princi­ pales rasgos son el descriptivm io y el enfoque arqueologista. Ha desaparecido, en cambio, el espíritu científico y la orientación metodológica marcada por las Sociedades de Folklore y la Revista de Extremadura. La relativa amplitud temática del movimiento folklórico del XIX queda ahora mucho más circunscrita, limitándose a una selección temática que gira básicamente en torno a la tradición oral y la literatura popular. Recapitulando, al fin, el Regionalismo en Extremadura fagocito el movimiento acadé­ mico y científico del folklore. Desde finales del XIX decae significativamente la calidad y el rigor científico, y los trabajos de carácter folklórico se orientan hacia una línea, que llega hasta la actualidad, esencialmente idealista y ruralista. Tras el regionalismo, la dicta­ dura de Primo de Rivera, el paréntesis de la guerra, y el desierto cultural que significó el franquismo, agravado en Extremadura por la inexistencia de Universidad hasta 1973, la Antropología no adquirirá status académico, como disciplina explicada por antropologos profesionales, hasta los años ochenta. II.2. LOS MODERNOS ESTUDIOS SOBRE EXTREMADURA. ESTADO ACTUAL DE LOS CONOCIMIENTOS ANTROPOLÓGICOS Al margen de cualquier interés por realizar un mero listado de autores o inventario global de trabajos sobre Extremadura elaborados desde la perspectiva antropológica y con una metodología científica, nuestro propósito se centra ahora en exponer de forma críticodescriptiva una visión panorámica, pero representativa, del estado actual del conocimiento 61


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antropológico sobre la realidad sociocultural de Extremadura. Analíticamente vamos a abordar la producción antropológica de los últimos treinta años, deteniéndonos especial­ mente en la bibliografía y en los proyectos más relevantes, así como en los planteamientos y en las opciones paradigmáticas elegidas por los autores. En función de los criterios que vamos a enumerar, los ámbitos temáticos y las categorías de trabajo, se ha hecho una selección signi­ ficativa. Aunque nos vamos a centrar en las investigaciones antropológicas, lo que comienzan a abundar son estudios de interés sobre la realidad de la región realizados desde la orientación de las ciencias sociales y humanas tales como la geografía, la demografía, la sociología, la economía, la historia o la sociolingüístdca. En general se trata de trabajos no antropológicos. Ahora bien, enfocan desde diversos puntos de vista la realidad y pueden ser considerados de utilidad para los etnólogos que realizan investigación en la región. De la revisión que hemos hecho de más de un centenar de trabajos (informes, artículos, libros, tesinas, tesis doctorales...) sobre estudios de Antropología de Extremadura y de los proyectos de investigación más relevantes en curso de realización durante los años que transcurren entre 1971, fecha en la que, según nuestros datos se publica el primer trabajo que podemos considerar estrictam ente antropológico, y 1999, podemos inferir, con carácter provisional, algunas conclusiones. En primer lugar, cuantitativamente la mayor producción bibliográfica sobre Antropología Regional de Extremadura se concentra en cuatro franjas temporales: de 1976 a 1978, con el 12%; entre 1985 a 1989, con el 22%; 1992 a 1994, con el 25%, y entre 1996 y 1998, con el 26% del total de la obra del período acotado. El 15% restante de la producción global ve la luz, espaciadamente en el tiempo, entre 1970 y 1985. Es decir, aproximadamente las tres cuartas partes de la producción global, en tomo al 75%, se edita entre 1985 y 1998. Y el 50% en los seis años que van desde 1992 a 1998. Un dato más: los años con mayor número de publicaciones son los siguientes: 1978, 1992, 1993, 1997 y 1998. De todo ello podemos deducir algunas ideas. La concentración de estudios coincide, grosso modo, con varias circunstancias: por una parte, con la convocatoria de congresos regionales de antropología y con la realización de proyectos conjuntos (1987, 1989, 1993), y, por otra, con la presencia de jóvenes antropó­ logos extranjeros en Extremadura para llevar a cabo una investigación con fines acadé­ micos (1978, 1992, 1997). Adicionalmente hay que contar con el retorno a la región de universitarios extremeños que tuvieron que salir fuera para adquirir una formación en antropología social en distintas universidades españolas. A partir de su vuelta ponen en marcha investigaciones que, con el tiempo, les conducen a la obtención del doctorado y de otras titulaciones académicas. Al mismo tiempo, y especialmente coincidiendo con la fecha m ítica del noventa y dos, la histórica relación de Extremadura con América, estimula diversos proyectos que, elaborados por antropólogos de universidades españolas y extran­ jeras, emprenden trabajos de investigación comparativos entre Extremadura (España) e Iberoamérica (Antropología de la Alimentación, Estructura Social y Sistema de valores,

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Cultura Popular, Etnomedicina, Tradición Oral...) a fin de conocer, en aspectos concretos, las recíprocas influencias culturales. Lo que, por otra parte y de manera paulatina, venían haciendo ya algunos especialistas extranjeros desde principios de la década de los setenta. Y aunque menos relevante, finalmente, la concentración de trabajos en los últimos años coincide, o más bien se debe al hecho de que desde finales de la década de los ochenta se imparte en la Universidad de Extremadura, en varios de sus centros y facultades, docencia en Antropología en general, y en Etnología Regional de Extremadura en particular. Es decir, la docencia universitaria en antropología ha contribuido también, aunque de manera menos significativa, a impulsar la investigación antropológica en la región. A. Los objetos y ámbitos de los estudios antropológicos sobre Extremadura

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Por ámbitos espaciales y culturales contemplan Extremadura globalmente alrededor del 29% del total de los trabajos; en torno al 46% centra su objeto de estudio en la demar­ cación ecológico-económica e histórico-adm inistrativa y sociocultural que significan algunas comarcas y áreas específicamente definidas (El Valle del Jerte, la Vera, la Serena, la Siberia, las Hurdes, el área Rayana y/o el Regadío). Y el 25% restante se centra en distintas poblaciones. De entre éstas, el 95% de los autores seleccionan para llevar a cabo sus investigaciones y realizar los correspondientes trabajos de campo localidades del medio rural diseminadas por toda la geografía regional. Se da una importante representación de núcleos y zonas con variedad de niveles socioeconómicos localizados en distintos medios: ecosistema de dehesas, sierras (minifundios) y zonas olivareras, campiñas vitivinícolas, áreas de monocultivo intensivo, llanuras cerealistas (latifundios); así como de áreas con especificidades culturales significativas, tales como la zona rayana extremeño-lusitana (Alburquerque, La Codosera, Olivenza...) y de ámbitos territoriales peculiares (Hurdes, Gata...). Desde el punto de vista territorial y comarcal las áreas ecológico-económicas que más estudios originan son las Hurdes (25%), la raya extremeño-portuguesa (16%), los Regadíos (16%), la Sierra de Gata (15%), la dehesa y la campiña (10%) la Siberia (9%) y la Vera (9%). Es decir, las zonas que podríamos considerar periféricas o marginales (Hurdes, la raya, la Sierra de Gata, la Siberia...) reúnen alrededor del 70% de las investigaciones. En cuanto a los objetos de estudio, es decir los temas que preferentemente se tratan en términos absolutos, son los siguientes: Sistemas simbólicos e Ideologías (25%), las Hurdes (14%), la Cultura de Frontera (9%), Ecología, Economía y Organización Social (9%), el Cambio Cultural (8%), las Migraciones (7%), Historia de la Antropología (7%), la Iden­ tidad (6%), el Patrimonio Etnológico (5%), y otros temas (Etnografía en general, Antro­ pología de la Alimentación, Expresiones Estéticas —orales y plásticas—, Sistemas de Transmisión Sociocultural —el Ciclo de la Vida—, Minorías étnicas, etc.) están represen­ tados, en conjunto, con un 10% aproximadamente. Un dato puede ser revelador: si agru­


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pamos por ámbitos temáticos relacionados los estudios de Historia de la Antropología, los trabajos sobre la Frontera, y las investigaciones sobre identidad, rituales, migraciones, minorías territoriales, etc., el porcentaje de estudios que tratan sobre diversos aspectos de la “etnicidad’Vespecificidad cultural extremeña rebasan ampliamente el 50% del total. Y, grosso modo, están relacionados, o hay que inscribirlos, en el proceso político de la transi­ ción. Como escribe Joan Prat: “(...) observamos que en todos los casos son las mismas comuni­ dades autónomas, como entes políticos y territoriales , las que se convierten en objeto de estudio prio­ ritario y la mayor parte de las contribuciones (...) se centran en y sobre problemas derivados de las propias peculiaridades y especificidades culturales en su sentido restringido ” (1992: 85-86).

La mayor parte de los trabajos, del orden del 75%, se trata de artículos y obras publi­ cadas en diversos medios tanto españoles como extranjeros. El resto, un 25% se pueden clasificar en estudios derivados de proyectos puntuales (13%), tesinas de licenciatura (8%) y tesis doctorales (4%). Por ámbitos temáticos entre los proyectos que se han llevado a cabo, o están todavía en curso de realización, cabe citar: (Antropología de la Alimentación, Cultura de Frontera y Fronteras Culturales, Etnicidad y Migraciones, Cultura Popular, Rituales). Y entre las investigaciones y los campos temáticos encaminados a la obtención de grados académicos (Historia de la Antropología, las Hurdes, Antropología Económica y Ecológica —Agroecosistema de dehesa y desarrollo rural—, Los Medios de Producción Tradicional —Artesanías—, Economía y Estructura Social, Antropología de la salud y de la enfermedad, el Cambio Cultural y la formación de comunidades en el regadío...). Como queda reflejado, debido a la cada día más necesaria “sectorialización” de las disciplinas antropológicas, progresivamente se establece una demarcación más contorneada de los campos temáticos: se delimitan parcelas y se constituyen ramificaciones especializadas. La disparidad tem ática, la variedad de objetos de estudio, el contexto históricotemporal en el que se acometen la mayoría de los trabajos, traza en parte los presupuestos teóricos referenciales y las estrategias metodológicas en los procesos de investigación. Aunque un elevado número de estudios adoptan una estrategia ecléctica, los modelos teóricos que implícitamente subyacen en las obras y los intereses temáticos, como respuesta a la falta de comunicación entre sus autores y al hecho de no estar insertos por un soporte institucional, son múltiples. En general, como atinadamente escribe Joan Prat (1992), “se privilegian los enfoques culturalistas en una triple vertiente: formalista, que centra su objeto de estudio en la identificación y delimitación de rasgos culturales que supuestamente caracterizan una sociedad determinada; la teoría de la aculturación y de la modernidad, que toma como eje de análisis los cambios registrados en el sistema de valores (proceso de urbanización, emigración, cambio econó­ mico, etc.) y en otras esferas de la vida social. Y en el enfoque teórico del estructuralismo funcionalista, en el que el planteamiento ahistórico, la atemporalidad, y la acontextualidad son sus rasgos característicos. Aunque no se trata tanto de poner etiquetas, sino más bien de contextualizar

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las aportaciones teórico-metodológicas más relevantes, según los enfoques que privilegian y las escuelas que siguen los respectivos autores que durante el período acotado se han ocupado de la región, una ubicación provisional, confeccionada a partir de una valoración personal de sus textos sobre Extremadura, comprendería desde las opciones que se orientan desde una perspectiva claramente funcional-estructuralista (H. E Schwarz, 1972, 1976; R. Von Guissen, 1977; B. Wagner, 1978; L. Von Popta y M. Van der Laan, 1978; P. Geerman, 1978; I. Bollen, 1978; C. Gelauff-Hanzon, 1981; J. Taggart, 1982, 1990; W. Kavanagh, 1987; M . Gutiérrez Estévez, 1988; y Y. Guío Cerezo, 1989), hasta la estrategia históricocultural (E. Kuroda, 1983,1985,1990,1991; J. M . Valadés Sierra, 1992; J. Marcos Arévalo, 1995), pasando por la simbolista (M. Catani, 1988), o por aquellas que combinan los enfo­ ques de Antropología Ecológica, las teorías del cambio cultural y la teoría formalista de Antropología económica (I. Kuschick, 1996; R. Acosta Naranjo, 1997). Excepto unos pocos estudios que se confeccionan a partir de la bibliografía existente y las fuentes documentales locales-regionales (C. Spadina, 1977-8; N. Bosdarros, 1977-8; I. Kuschick, 1989; J. Marcos, 1995), los restantes son resultado de un trabajo empírico, sobre el terreno, que dura entre varios meses de estancia en la zona elegida como objeto de estudio (los alumnos y licenciados en antropología por la Universidad de Leiden — 197780—; James Taggart, 1980-1-3; Y. Guío — 1986—) y entre uno y dos años (H. Schwarz, 1967-69; Rita Von Guissen, 1975-6; Etsuko Kuroda, 1981-2; Ingrid Kuschick, 1989-90; Rufino Acosta, 1995-6...). Hay casos excepcionales, como el estudio global-longitudinal, a largo plazo, que sobre las Hurdes realiza el antropólogo italo-francés Maurizio Catani, con periódicas estancias, y con continuadas visitas a la zona, para valorar el cambio en términos de tradición-modernidad que experimenta la comarca a lo largo de una década (1979-1989)4. Ahora bien, mientras que las investigaciones de campo ascienden al (87%) del total, concentrándose en la década de los setenta en torno al (20%), del (35%) en los ochenta y del (45%) en los noventa, los estudios bibliográficos (8%) y sobre fuentes (5%) representan un porcentaje pequeño de la suma global, el 13%. *** Los primeros estudios socioantropológicos sobre Extremadura los realizan científicos sociales extranjeros. La investigación pionera, o el primer trabajo de que tenemos refe­ rencia, es un informe que bajo el título “R. I. P., la economía de la pobreza”, debió llevar a cabo Oscar Lewis a principios de la década de los setenta (Ethnica, 1971). Entre aquellas fechas y la actualidad (1999) casi una veintena de antropólogos extranjeros, especialmente

4. M. Catani, junto a un grupo de antropólogos colaboradores, estudia en la actualidad la comarca de Tentudía.

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anglosajones, franceses y holandeses, pero también alemanes y japoneses, han elegido como territorio-objeto de estudio Extremadura para desarrollar diversos programas de investiga­ ción. Los ámbitos espaciales y culturales preferentes para verificar el trabajo de campo se localizan en tres subáreas o comarcas (Hurdes, Sierra de Gata y la Vera), así como en pobla­ ciones tales como Trujillo, Zafra o Cañamero. Algunos autores seleccionan los objetos de estudio, pero sobre todo la población, comunidad o comarca para llevar a cabo análisis comparativos en función de una representatividad no siempre explicitada, o por supuestos lazos de parentesco socioculturales en relación con la cultura/s Iberoamericana/s, o con aspectos determinados de ellas —H. Schwarz (Trujillo), E. Kuroda (Zafra), Y. Guío (Alburquerque, Santa Cruz de la Sierra y Llerena), J. Taggart (La Vera)...—. En general, siguen el modelo propuesto por George Foster en Cultura y Conquista: la herencia española en América (México, 1962), y que podría resumirse en la idea de que para conocer lo iberoamericano hay que estudiar lo extremeño-andaluz. Años antes anduvo por la región Oscar Lewis con la misma intención, es decir con el propósito de realizar estudios para señalar las mutuas relaciones entre Extremadura y México (Revista Alcántara , año V, n° 20, 1949: 43). La búsqueda, a veces forzada, de similitudes culturales entre las comunidades de España y Latinoamérica hace escribir a Julio Caro Baroja en el prólogo a la monografía de Enrique Luque Baena “Estudio antropológico social de un pueblo del sur” (1974): “(...) Pronto aparecieron nuevos problemas cuando maestros como Evans-Pritchard mandaron a sus discípulos a países “con letras”y mando los norteamericanos vinieron aquí o a otras partes de Europa a plantear la investigación comparativa entre una comunidad mejicana , pongo por caso, y una “española” (...) Alguno, con cierta previsión “m ecánica”, argum entaba así: “Como los extremeños fu eron los primeros conquistadores, iré a Extremadura para comparar lo que pasa allí con lo que pasa en el pueblo tal, de México. Extremadura 1960. Méjico, 1590. La cosecha de comparaciones era sólo regular (...)”. Otros, en cambio, se ocupan de determinados territorios cargados de un fuerte

contenido mitológico, las Hurdes por ejemplo, en función, por una parte, de la imagen exótica, de diferencialidad cultural y primitivismo de la comarca y de los hurdanos como grupo marginal y minoría peculiar; y por otra, por la continuidad en la importante tradi­ ción que tiene el estudio de la realidad hurdana en la literatura sociológica de países como Francia. En cualquier caso, y especialmente por lo que respecta a los profesionales extran­ jeros en la década de los setenta-ochenta, frecuentemente se selecciona el objeto de estudio por su aislamiento, pequeño tamaño, conservadurismo-ruralismo o porque presenta una característica excepcional. Generalmente, y esto sirve para los colegas españoles, se hace una antropología de las zonas rurales. En cuanto a la demarcación geográfico-social destacan, aunque no abundan, los estudios de comunidad y las investigaciones sobre unidades socioterritoriales más amplias, como son las comarcas y determinadas circunscrip­ ciones con cierta identidad ecológico-social. uLas monografías de comunidad de finales de los sesenta y principios de los setenta realizadas bajo el modelo funcionalista se basan en la concepción que

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Malinowski tenía sobre el trabajo de campo: una pequeña comunidad, aislada de las influencias externas, cerrada y autosuficiente; es decir, caracterizada por la homogeneidad , económica y social, la aharcabilidad y la autoreproducción, o lo que es lo mismo los enclaves paradigmáticos del medio rural, lo “primitivo ” en las sociedades más complejas, se convertirán ahora en el objeto de estudio id ea r (J.

Prat, 1992: 78-84). Los estudios que tienen como unidad de análisis la comunidad tratan de ser, en general, microuniversos representativos de unidades más amplias. Ahora bien, aunque la comunidad se entiende fundamentalmente en su concepción territorial, los estudios de comunidad, o las investigaciones que en la década de los ochenta tienen a una comunidad por estudio, la abordan desde un punto de vista social y de la articulación-conflicto que se establece al interior del sistema de clases. Y en fechas más recientes tales investigaciones se insertan en niveles de integración sociocultural más extensos (comarca, región, conjunto del Estado...). De manera que los estudios microsociales de comunidad se van sustituyendo por temas y problemas específicos que apuntan a un conocimiento más preciso de la compleja y dinámica realidad o del sistema sociocultural. A continuación voy a agrupar temáticamente la producción antropológica que sobre Extremadura se ha realizado en las últimas décadas, y a valorar los trabajos más relevantes elaborados por antropólogos españoles y extranjeros. La mayor parte de lo que cono­ cemos, tanto de lo publicado como de lo que todavía está inédito, es resultado de informes, proyectos monográficos, estudios particulares sobre diversas cuestiones y tesis doctorales orientadas a la obtención de diferentes grados y titulaciones académicas. Ahora bien, mientras faltan estudios sobre diversos aspectos de la vida social, económica, política, ideológica, simbólica, o en el ámbito de la antropología aplicada; abundan otros, en cambio, sobre algunas de nuestras realidades. Debido a su aureola de exotismo-primitivismo las Hurdes, valga por caso, cuentan con múltiples estudios que, desde distintos ángulos de las ciencias sociales y humanas, abordan su supuesta especificidad cultural. Historia de la Antropología extremeña

En este ámbito temático, por lo que refiere a Extremadura, Salvador Rodríguez Becerra confecciona un texto pionero “Etnografía y Folklore en Extremadura. Aporta­ ciones a la Historia de la Antropología Cultural Extremeña” (1979). Trabajo que verá la luz en el número monográfico que la Revista de Estudios Extremeños dedica a la Antropo­ logía y el Folklore regional (1987). En 1988 Honorio Velasco M aíllo publica en la Revista El Folk-lore Andaluz el estudio histórico-teórico titulado “El evolucionismo y la evolución del Folklore. (Reflexiones a propósito de la Historia del Folklore Extremeño)”. Y en 1989 Pilar Romero de Tejada, entonces directora del Museo Nacional de Etnología, da a la imprenta el trabajo sobre fuentes históricas de la Historia de la Antropología, “La visión de Extremadura en los viajeros europeos”, que verá la luz en la obra colectiva Antropología


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Cultural en Extremadura. Avanza una tipología de los viajeros: 1.- Los que entran o salen

de España por Portugal, especialmente por Lisboa. (Lo que les lleva a pasar mayoritariamente por Extremadura). 2.- Soldados franceses e ingleses que participan en la Guerra de la Independencia. (Sus textos son historias militares y relatos de batallas, y Extremadura como trasfondo). Y 3.- Los que viajan ex-profeso a Extremadura y recorren la región por las rutas menos frecuentadas (Los viajeros del movimiento romántico). Según la clasificación establecida la visión que captan de Extremadura varía depen­ diendo del tiempo que dura la estancia: los que estuvieron de paso aportan pocos datos y generalmente de escaso valor; y los que se detuvieron un cierto tiempo, aunque ofrecen datos de interés, abundan más en los aspectos relacionados con la naturaleza que con los habitantes y sus modos de vida. Ofrecen una visión más naturalista y artística que etnográ­ fica; y frecuentemente reproducen estereotipos nacionales que, mecánicamente, se trans­ miten unos a otros. Por nuestra parte hemos dedicado varios artículos a la Historia de la Antropología circunstancializada en Extremadura. Entre otros cabe citar: “Los estudios de Etnografía y Folklore”, que apareció en la obra La Antropología Cultural en España (1986); “El Folklore y la Revista Frexnense y Bético-Extremeña” (1987), publicado como estudio preliminar a la reedición de las revistas decimonónicas de igual título por la Diputación Provincial de Badajoz y la Fundación Machado de Sevilla. En un trabajo, todavía inédito, financiado por la Fundación Machado de Sevilla en 1988 “La obra de Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, en Extremadura: Bibliografía y Fuentes D ocum entales”, recopilam os los sueltos, las fuentes documentales, las publicaciones de Demófilo y las noticias aparecidas en la prensa regional relativas al movimiento antropológico de finales del siglo XIX en Extremadura. Para lo cual se hicieron diversas catas y registros en los archivos pertinentes y se vaciaron los diversos medios de la prensa regional a partir de un criterio ideológico (La Crónica, El Diario de Badajoz, El Magisterio Extremeño, El Guadiana, El Eco de Fregenal, El Boletín Revista del Instituto Provincial de Badajoz, La Semana, El Oliventino, etc.). Años

más tarde dimos a la letra de molde “Una fuente precursora de los Cuestionarios Etnográ­ ficos. El Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura”, en Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura. (Extremadura afínales de los tiempos Modernos) (1993). Un análisis crítico de la anacrónica situación “institucional” de la Antropología en Extremadura, como disciplina académica y como profesión, lo exponemos en “Los modernos estudios de Antropología Social en Extremadura (1987-1993)”, que vio la luz en la Revista de Estudios Extremeños (1994). El artículo discurre, analíticamente, por la producción bibliográfica de naturaleza socioantropológica que se ha generado durante el período acotado, y por los proyectos más relevantes entonces en curso de realización. Sobre Historia de la Antropo­ logía ha versado nuestro trabajo de doctorado, que, financiado por la Junta y la Univer­

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sidad de Extremadura (1991), fue presentado en la UNED (Madrid) con el título “Los Estudios de Antropología Social en Extremadura, (Siglos XVT-XX)” (1994). Se trata de la primera tesis de antropología sobre Extremadura realizada por un antropólogo español, que nació, vive y proyecta desarrollar su vida y.trabajo en el ámbito extremeño. En prensa tenemos el artículo “El movimiento folklórico-antropológico de finales del XIX. Extrema­ dura”, que próximamente verá la luz en la Revista de Estudios Extremeños. Las investiga­ ciones sobre historias regionalizadas de la antropología responden a un mayor interés por lo propio y están en consonancia con lo que parece una concentración de los estudios antropológicos actuales sobre temas y problemas del área donde los investigadores están insertados. En los últimos años parece darse una eclosión de este tipo de estudios en rela­ ción con el estado y el progreso de las autonomías. La tendencia dominante en la historio­ grafía antropológica de los últimos años aborda la perspectiva regional. Se consideran las áreas regionales —Comunidades Autónomas— como áreas de estudio de la historia de la antropología. Estudios consistentes fundamentalmente en la reivindicación de las respec­ tivas tradiciones de trabajo sobre antropología y folklore. Según Joan Prat (1992) un conjunto de factores propiciaron el interés por las historias del folklore y la antropología del siglo XIX hasta la guerra civil: la reivindicación de los folkloristas como ancestros y precursores; el transfondo regionalista y nacionalista; la posibilidad en el cambio de orien­ tación del modelo exotista al de la Antropología de la propia sociedad; el hecho de posibi­ litar el acercamiento del colectivo de antropólogos a las nuevas instancias del poder auto­ nómico, que estaban interesadas en los discursos sobre la propia identidad, etc. En nuestra tesis abordamos la génesis, desarrollo y percepción diferencial de la cultura en Extremadura. Se trata de un esfuerzo por contribuir al conocimiento parcial, desde una región periférica, Extremadura, a la conformación de la historia de la antropología española. Desde una doble perspectiva, de la recuperación crítica de las fuentes documentales, a fin de reconstruir la historia de los estudios sobre cultura tradicional y popular; y de la contextualización de las figuras, obras e instituciones representativas en los distintos períodos. Los ejes de la investigación han sido marcados por tres variantes: los hombres (la cultura), el terri­ torio (Extremadura) y el tiempo (siglos XVI-XX). Desde una perspectiva historiográfica se trata de un esfuerzo de cientificidad y sistematicidad. Pero no sólo se reduce a historiografía, sino que, sobre unos materiales fundamentalmente históricos, se ha tratado de proyectar el enfoque antropológico. Nuestra tentativa de historiar la antropología extremeña procura atender, entre otras, a varias dimensiones epistemológicas: la biografía contextual, la semán­ tica institucional, la contribución metodológica y la crítica intelectual. Nuestra investigación quiere ser una contribución más al conocimiento de una tradi­ ción nacional, un esfuerzo por conocer los precedentes, inmediatos y remotos, de los estu­ dios antropológicos en nuestro país. El conocimiento del pasado permite una visión auto­


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rizada sobre líneas futuras de una ciencia, y, en el caso que nos ocupa, ayuda a la confor­ mación de las tradiciones antropológicas. La construcción de la Antropología Social Extt'emeña (Cronistas, Interrogatorios, Viajeros, Regionalistas y Etnógrafos), título con el que se publicó en 1995 la tesis, es una historia de los estudios de cultura tradicional en Extremadura desde un punto de vista crítico-descriptivo de las fuentes, pero también, en la línea que señala Prats i Canals (1988), la historia de la contribución de los preetnógrafos y los folkloristas a la formación de un mito, el de la tradición popular, a partir de una descripción selectiva de la cultura popular. El folklore como disciplina forma parte del campo de las ideas antropo­ lógicas. Pero la historia de una disciplina es la de los paradigmas teóricos en que se desen­ vuelve. El folklore, como ciencia, se constituye a finales del XIX en el marco del historicismo comparativista y del evolucionismo sociocultural. Ahora bien, tras el movimiento antropológico de fines del XIX, la historia de la disciplina en Extremadura quedó, al margen del desarrollo teórico y metodológico, marcada por la falta de profesionalización y el amateurismo resultante. El amplio marco temporal que abarca la investigación está integrado por dos grandes bloques: estaría compuesto el primero por lo que convenimos en denominar Discurso Histórico Preantropológico o las fuentes (Anales, Crónicas, Informes ilustrados, Viajeros, Historias locales, etc.); y las Sociedades de Folk-lore, las Revistas de Extremadura y de Archivo Extremeño, y la Encuesta del Ateneo (1901-2), constituirían el tratamiento, la sensibilidad y la intencionalidad etnográfica. En este marco de interés por los estudios de Historia de la Antropología regionalizada, venimos ocupándonos también de las reediciones y los estudios críticos de obras con valor de fu en tes para la historia de la antropología extremeña. Tras ocuparnos de las Revistas El Folk-lore Frexnense y la Bético-Extremeña, 1987 (1883), corrimos a cargo de la edición de la obra de Sergio H ernández Soto Ju ego s Infantiles de Extremadura, 1988 (1884), cuyo estudio preliminar “Los Juegos y la Cultura”, realizamos junto a Salvador Rodríguez. Igualmente hemos promovido y colaborado en la edición crítica de algunas de las monografías históricas más significativas de Extremadura: la de Azuaga, 1991 (1894), Jerez de los Caballeros, 1993 (1892) y en el estudio y posterior publicación del manuscrito sobre la historia y la cultura de Burguillos del Cerro (1995), del etnógrafo M atías Ramón Martínez. Aunque no propiamente antropológicos, los trabajos de varios filólogos enfocados unos desde la historia del folklore, y desde la sociolingüística otros, tales como el de Juan Rodríguez “Luis Romero y Espinosa: el Refranero de Agricultura” (1988); Antonio Viudas Camarasa “Filología y Saber Popular” (1990); Pilar Montero Curiel “Marciano Curiel Merchán y los investigadores del Centro de Estudios Históricos” (1993), pueden contem­ plarse entre los estudios de historia de la etnografía extremeña.

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En último lugar, quisiera mencionar un trabajo importante para la historia de la ciencia en general en Extremadura, que si bien ha sido confeccionado por un profesor de filosofía, Fernando Tomás Pérez, no debe pasar inadvertido para aquéllos que estén intere­ sados en la recepción del darwinismo, la introducción de las corrientes científicas en la región y su repercusión en los estratos ilustrados a finales de la pasada centuria. La mono­ grafía lleva por título: La Introducción del Darwinismo en la Extremadura decimonónica (1987). Estudios antropológicos sobre las características culturales y la identidad extremeña

El territorio y su diversidad intra-regional, la ecología y el hábitat, la historia, la demografía, la política, la condición fronteriza, la existencia en su interior de diversas comarcas y otras entidades, resultado de adaptaciones ecológicas y sociohistóricas, confi­ guran un escenario, no sólo geográfico, sino social y cultural singularizado en el tiempo y el espacio. Aunque, tras la reestructuración del Estado en Comunidades Autónomas, se ha dado una definición precisa, que marca los límites geográficos, los fenómenos relacionados con la territorialidad poseen un sentido procesual, de cambio en el tiempo y en el espacio, un proceso, en el contexto que nos situamos, aún no concluido y que se ha modificado, a lo largo de la historia, en múltiples ocasiones. Y tal circunstancia se expresa, en el transcu­ rrir de la historia, en una doble variante: la internacional, dada la situación fronteriza de la región, y la intraregional. Por citar sólo algunos ejemplos del fenómeno en Extremadura: a principios del siglo XIX varias poblaciones portuguesas (Juromenha, Campo Maior...) pertenecían a España, y otras, hoy españolas, (O livenza, San Jorge de Alor, Santo Domingo, San Benito de la Contienda, Táliga, Villarreal, etc.) a Portugal. En el primer tercio del siglo se crean nuevos asentamientos en relación con la repoblación de Sierra Morena y las “colonizaciones interiores” de Carlos III (Villarreal de San Carlos, Encinas del Príncipe...), o por motivos de conflicto social entre pastores y ganaderos (Santa Amalia). Y hacia mediados del siglo XX se configuran, entre 1940 y 1970, en torno a unos 65 nuevos asentamientos en las zonas de regadío, que concentran en la actualidad en torno al 7% de la población total de Extremadura. Desde tal punto de vista debemos convenir en que el proceso está abierto y, por tanto, aún no ha concluido. Pero simultáneamente hay que afirmar que delimitar un territorio contribuye a afianzar una identidad. La Comunidad Autónoma de Extremadura cuenta con una población aproximada de un millón cien mil habitantes. Asentados en unos 380 municipios y varias decenas de entidades locales menores (poblados y alquerías), se distribuyen en más de 41.000 kilómetros cuadrados. Tres franjas horizontales: la septentrional, verdadera frontera natural con la Comunidad Caste­ llano-leonesa; la media, es decir, la “Mesopotamia extremeña”, entre el Tajo y el Guadiana; y la meridional, entre aquél y las estribaciones de Sierra Morena. Los límites laterales, incluido el de la frontera portuguesa, son puramente convencionales. Lo artificioso de su periferia ha sido


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un factor decisivo en la evolución histórica de la región. El territorio, una dimensión referencial por encima de la noción de límites físicos, posee en su relación con el hombre un significado sociocultural cargado de ideología. La noción de territorio debe centrarse en las relaciones e interacciones entre las unidades sociales. La territorialidad es, antes de nada, una cuestión que alude a lo social, lo cultural y a un tipo especial de representaciones simbólicas. La historia ha sido el primer condicionante del “subdesarrollo” extremeño. Entre las características de Extremadura, su propia situación periférica y fronteriza han contribuido a configurar desde la época musulmana algunas de las condiciones económicas especiales y, previsiblemente, determinadas especificidades de sus gentes. Tal circunstancia, y su persistencia en el tiempo, condiciona el presente mediante el mantenimiento de unas particulares estructuras. Extremadura nació en el siglo XIII. Su topónimo, tierra de fronteras, sus dimensiones y su estructura socioeconómica, base condicionante de su evolución posterior, proceden de este período. Sus características durante largos siglos: región casi despoblada, de predominio rural, dedicación ganadera y desigual reparto de la tierra. La repoblación se llevó a cabo en su parte occidental con el aporte leonés, esencialmente, y con el castellano en la oriental. Variedad cultural que, junto a otras significativas contribuciones, ha dejado su huella en el tejido social. La alianza entre los reyes y las Ordenes Militares, la debilidad demográfica y la facilidad para el desarrollo ganadero, habida cuenta el ecosistema predominante en la región, convirtieron a Extremadura en una colonia de actividad trashumante, que a falta de una burguesía con espíritu empresarial, perduró durante toda la Edad Moderna. Los Austria apoyaron decididamente a la Mesta, y, consecuentemente, fomentaron el aislamiento y la despoblación regional. Otro factor a tener en cuenta es que Extremadura durante los siglos XVII y XVIII se convierte en teatro bélico para defender intereses espúreos. Las continuas guerras con Portugal y el consiguiente reforzamiento de la frontera incremen­ taron los niveles de subdesarrollo y pobreza. Los Borbones y sus ministros ilustrados pusieron en marcha algunos programas para intentar solucionar el problema que represen­ taban los grupos más necesitados, los agricultores, sometidos por los privilegios que la corona otorgaba a los pastores mesteños. Habrá que esperar hasta el primer tercio del XIX, con las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, que supusieron un nuevo retroceso para Extremadura, para ver desaparecer el privilegiado protagonismo que durante largos siglos desempeñó el “Honrado Concejo de la M esta”. Ahora bien, la falta de una revolución burguesa y la existencia en la región de una oligarquía a la antigua usanza facilitaron el surgi­ miento del fenómeno del caciquismo, clientelismo en su versión política, especie, en fin, de supervivencia señorial en los medios rurales. Anclado en el pasado, fiel reflejo del dominio de las minorías, el cacique se constituyó en la expresión sociopolítica de una estructura socioeconómica arcaica; fue el producto del atraso y el elemento que impedía acabar con él. 72

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El medio rural, entonces la mayor parte de Extremadura, se vio dominado por una oligar­ quía cuyo proceder originaba paro, hambre y m iseria por la injusta estructura de la propiedad y la desequilibrada distribución de la tierra. Una de las características de Extrema­ dura aún hoy es la acentuada desigualdad, su posición dependiente y de subordinación socio­ económica y política, que la hacen, también por ello, una “cultura” diferenciada en situación contrastiva con otras entidades socioterritoriales del Estado Español. Después del fracaso de la Reforma Agraria promovida por la “Ley Hazaña”, la dicta­ dura franquista acomete la creación de numerosos embalses con el objeto de transformar tierras de secano en regadío y tratar de paliar así la difícil situación del campesinado extre­ meño. Los años del desarrollismo son dramáticos para Extremadura. Medio millón de extremeños, la “tercera provincia’', se ven obligados a em igrar dentro y fuera del solar hispano. En la actualidad en torno a un millón se encuentran en la diáspora. La creación de la Universidad, la reinstauración de la democracia, el Estatuto de Autonomía y el autogobierno regional tratan de modificar, por primera vez, como instru­ mento de progreso, el sino de una larga historia de traumas. Desde las instituciones auto­ nómicas se planifican programas que dicen pretenden profundizar en los rasgos específicos de la “identidad extremeña”.

El texto que expongo a continuación, sobre las características socioculturales de Extremadura, se ha extraído de diversos estudios que hemos realizado sobre la región, y especialmente del trabajo que elaboré en colaboración con la antropóloga Yolanda Guío Cerezo para el C.S.I.C. bajo el título genérico “Extremadura”, y que apareció en el libro colectivo Etnología de las Comunidades Autónomas (Madrid, 1996). La relativa gran dimensión de Extremadura favorece la existencia de variados sistemas ecológicos y comarcas naturales. En la Sierra de Gata la escasez de recursos ha obviado en toda la comarca el asentamiento de núcleos significativos de población. El Valle del Jerte presenta unas características netamente diferenciadas, donde predominan los monocul­ tivos hortícolas y de frutales. Los Valles del Tiétar y de la Vera son áreas donde sobresale el monocultivo y la agricultura intensiva especializada. El alto porcentaje de regadío explica su mayor desarrollo económico. Socioculturalmente es de señalar el trasvase de población que se está produciendo de la Vera al Tiétar, debido a la puesta en funciona­ miento en los últimos años de nuevos regadíos. El fenómeno de los arrendamientos, medíaos, caracteriza la comarca. Plasencia funciona como centro comercial y de redistri­ bución de bienes y servicios producidos en la Vera, el Ambroz, el Jerte y también las Vegas de Coria. La altiplanicie trujillano-cacereña es un área intermedia, intensamente deforestada, que reúne las características tópicas extremeñas en cuanto al predominio del más


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Los baldíos de Alburquerque se singularizan, paisajística, ecológica y económica­ mente, por la explotación del corcho y la ganadería de montanera. De suelos de escasa fertilidad, se ha impuesto el aprovechamiento extensivo, que tiene su correspondencia en la distribución de la propiedad de la tierra y la modalidad de aprovechamiento: la monta­ nera. La comarca natural de la Serena, en cambio, se caracteriza por ser zona tradicional de recepción de los ganados ovinos trashumantes. *** En cuanto a los asentamientos a lo largo de la región, en líneas generales, tras la expul­ sión de los musulmanes los castellanos y leoneses se encuentran con grandes extensiones de terrenos apenas poblados. Basado en el estudio del profesor A. Bernal Poblamiento, transfor­ mación y organización social del espacio extremeño, siglos XIII-XV (Mérida, 1998) podemos afirmar que de norte a sur, escalonadamente, se repueblan en las postrimerías del XII y durante los siglos XIII y XIV las principales comarcas tanto del norte como del sur de la región. Mayoritariamente los leoneses se asentaron en la parte occidental y en la oriental los castellanos. Contribución de menor importancia fue la asturiana, aragonesa y gallega.

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Desde entonces, y en los siglos posteriores Extremadura quedará expuesta a la función de frontera. Y en el siglo XVII tomará cuerpo la idea de una Extremadura como “región desierta, de gentes y civilizaciones”, percepción convertida en lugar común de algunos escritores y de los viajeros del XVIII y XIX. La división provincial llevada a cabo por Javier de Burgos (1833) incorpora a la región localidades de Castilla, La Mancha y Andalucía. En cualquier caso, Juan Antero de Zugasti, en Causas del retraso de Extremadura y mejoras que deben introducirse (1862) abunda en que los factores del atraso de la región son el débil poblamiento y el corto número de asentamientos, que tuvieron por causa inmediata la Mesta y la desamortización. Fermín Caballero, por su parte, presenta el agro extremeño como el de mayores acumulaciones de la propiedad, al tiempo que el de menor número de poblaciones. N i la ley de colonización y Repoblación interior (1907), ni la Reforma Agraria de la II República consiguieron transformar el espacio agrario extremeño. Será en la década de los cincuenta a los sesenta cuando se creen los poblados de colonización. En la provincia de Cáceres podemos distinguir dos tipos de hábitat diferenciados: la red de asentamientos de la penillanura y el de la fachada meridional del Sistema Central, con dispersión del hábitat (Sierra de Béjar y Hurdes). El poblamiento concentrado y disperso convive, no obstante, en las penillanuras y en las sierras. Los regadíos, por su parte, han introducido una nueva dispersión poblacional. En el Tiétar el fenómeno de la dispersión se da no sólo refiriéndonos a los secaderos de tabaco, casa de labor, sino también porque el paisaje está salpicado de “fin ca s”, nombre con que se designa al conjunto de la casa y la tierra de labor. 75


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Uno de los principales fenómenos que marca el habla de Extremadura es la conciencia que tienen sus hablantes, aunque esto en los últimos años ha cambiado, de que hablan un mal castellano. Lo que conduce, según algunos expertos (Viudas, A., Ariza, M. y Salvador, A., 1987), a la “automarginación lingüística”, propiciando que tiendan a perderse particu76

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laridades fonéticas y lexicológicas de la región, en el empeño por “hablar bien”, es decir, “hablar castellano”. Los límites que definen el habla extremeña son: 1.- Frente al caste­ llano, la aspiración de la (f), (x) y (s). Y 2.- Frente al andaluz, la inexistencia de seseo y ceceo y la (s) apical (propia también de Castilla).

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Existen en Extremadura pueblos y zonas que tienen características lingüísticas, reflejo de factores histórico-culturales particulares, diferentes a las del resto de la región: en Malpartida de Plasencia se habla el chinata-, en la Sierra de Gata, en el valle de Jálama, hay un dialecto de transición resultado de combinar el gallego-portugués, el leonés occidental y el castellano meridional, con tres modalidades locales (el lagarteiru, el mañegu y el valverdeiru); otras hablas fronterizas extremeñas son las de Herrera de Alcántara, en su modalidad de portugués arcaico; la de la comarca de Olivenza, que integra el portugués moderno y ciertos rasgos antiguos de origen castellano; el de Cedillo y toda la franja fronteriza de la campiña de Valencia de Alcántara y la Codosera, donde históricamente se ha producido un continuum migratorio de portugueses provinientes de comarcas vecinas. Pero las expre­ siones de bilingüismo, lusismo o, más elaboradas, como la especie de “pidgins” que es el portuñol, son manifestaciones de culturas en estrecho contacto histórico, y que exceden los fenómenos propiamente lingüísticos, para entrar de lleno en los socioculturales. Campa­ nario, Granja de Torrehermosa y Fuente del Maestre presentan otros ejemplos de particu­ laridades lingüísticas. Y en los espacios intersticiales o de bordes geopolíticos y sociocultu­ rales, por ejemplo entre las “fronteras” entre Extremadura y Andalucía, Extremadura y La Mancha, etc., se dan, a uno y otro lado de las comunidades vecinas, donde se producen mutuas influencias e intercambios sociales y culturales, especificidades en las hablas. Ahora bien, las afinidades de tales o cuales pueblos con otros tantos no pone de manifiesto, y no sólo en el terreno de las hablas o en las modalidades dialectales, sino un hecho claramente perceptible en cualquier frontera política o cultural del mundo. Los pueblos situados en los bordes de cualquier unidad sociocultural y/o política participan de características comunes de ambas entidades y no por ello dejan de ser conscientes que no son una cosa y sí son otra. Entre el sur de Extremadura y la parte noroccidental de Andalucía se han producido, dado sus lazos geohistóricos, préstamos culturales en dispar grado y en una doble dirección durante largo tiempo. Lo mismo ha ocurrido entre Extremadura y el Alentejo, aunque aquí nos encontramos con los factores que significan, ya no límites provinciales o de Comuni­ dades Autónomas, sino la superestructura de dos Estados independientes. * * *

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En términos generales, Extremadura es cultural y económicamente una sociedad agrícola-ganadera, como lo demuestra el enorme peso que tienen sobre su economía, así como la población activa vinculada a ella, en torno al 30%. En lo que respecta al régimen 77


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de tenencia, ya hemos visto que coexiste el latifundio con el minifundio. Y en ambas provincias predomina la tenencia en propiedad, siguiendo en importancia el arrenda­ miento, y, tras éste, la aparcería, que es más importante en Badajoz que en Cáceres. El sistema comunal se mantiene en un número importante de poblaciones, donde existen dehesas comunales y ejidos. Pero si algo es característico, aunque no exclusivo de esta región, es lo que se llama propiedad “prodiviso ” o “dividida”, que en Extremadura se ha mantenido con especial vigencia hasta la actualidad. Los aprovechamientos divididos de las dehesas y la comunidad matrimonial de bienes del Fuero del Baylío son dos instituciones específicas que han propiciado, de otro lado, no pocos conflictos sociales. En Extremadura existen tres modelos productivos básicos: la dehesa, que gira en torno a la ganadería; los regadíos; y las campiñas de secano, principalmente cerealistas. Merecen también destacarse las zonas de olivar y vid, así como otros modelos menos definidos, como la explotación en monocultivo de la cereza, o la montaña, con su ganadería extensiva y aprovechamientos forestales. De otra parte, cabe indicar los cambios de configuración del paisaje agrario que han supuesto el cultivo del tabaco, que obliga a la presencia de secaderos (sobre todo en la Vera y en la Vega de Coria), y el de otros cultivos de regadío que necesitan invernaderos. Junto al ganado ovino y bovino, el cerdo ibérico constituye la base de la explotación ganadera del ecosistema cultural de dehesas en Extremadura. La dehesa supone una moda­ lidad de pastoreo mixto de ovejas, cerdos, cabras, pavos, etc. El sistema tradicional de explotación del cerdo se basa en el aprovechamiento extensivo de los recursos naturales que proporciona la dehesa: hierbas y rastrojeras en primavera y verano, y montanera en invierno. Tienen vigencia en Extremadura regímenes tradicionales de aprovechamiento de tierras y bellotas, cuyo usufructo está sujeto a subastas, sorteos o a su beneficio por turnos. Ser natural de la localidad o estar casado con alguien de ella son dos requisitos necesarios para tener “derecho a la bellota”. Las ovejas pastan las fincas por sectores. El sistema de cercamientos, en parte resul­ tado pero también causa de la desaparición de los pastores, está transformando su peculiar imagen itinerante en estática. En la Serena la mayoría de las explotaciones están bajo arrendamiento familiar. Quiere ello decir que el pastor como tal no existe, habida cuenta de que con este sistema pastor y ganadero son la misma persona. Los ganaderos trashu­ mantes que bajan de Castilla y León, generalmente por medios mecánicos, permanecen en la región de octubre a mayo-junio, durante la invernada. La propiedad del ganado caprino en Extremadura está repartida en minúsculas explo­ taciones de tipo familiar, con régimen extensivo trasterminante de aprovechamiento del monte y de áreas marginales. Los pastores son los propios dueños de los rebaños.

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Existe en Extremadura la práctica socioeconómica de la trasterminancia del bovino, que es trasladado en función de la necesidad de pastos, del norte de la región al sur. Y en las zonas de M oraleja, Olivenza, Barcarrota, etc., perdura el pastoreo clásico de reses bravas, si bien el sistema tradicional se ha intensificado debido al cercamiento de las fincas y al sometimiento a sistemas de alimentación más metódicos y controlados. *** A tenor de la bibliografía que conocemos, el modelo de estructura fam iliar por antono­ masia en Extremadura es nuclear; si bien en los últimos años, como ocurre en el resto del Estado, están apareciendo otras múltiples formas de familia: monoparentales, con dos padres, biológico y social, etc. En el medio m ral se encuentra con relativa frecuencia, aunque cada día en menor proporción, la familia extensa, varias generaciones, viviendo en una misma residencia. La asignación de roles está en relación con la edad y el sexo, pero también con la capacidad económica de los distintos miembros de la unidad familiar. Aunque con cierto protagonismo, en disminución en cuanto a estatus y posición social, los abuelos suelen residir junto a los hijos. Es posible que la poca participación de la mujer casada en el mundo laboral, algo que está cambiando aceleradamente, sea uno de los factores que más contri­ buyen a mantener el “modelo tradicional” de familia que, orientada por la ideología mascu­ lina, se basa en la asimetría en cuanto a las funciones en el reparto de las tareas domésticas. La ideología que sustenta la realidad de la mujer tiene/ha tenido su pilar en la identifi­ cación que se produce entre mujer y madre. La socialización que una niña recibía hasta hace muy poco se orientaba en la asimilación de los valores de pureza y maternidad. El modelo es la Virgen cristiana. Por el contrario, como toda sociedad orientada “masculina­ mente”, es decir, desde el hombre y hacia el hombre, la hombría es valorada en sí misma; y tiene su manifestación-simbolización en múltiples valores: potencia sexual, virilidad, capa­ cidad de trabajo físico, dignidad y honra, etc. Sobre los tipos de herencia no existen apenas referencias, salvo para casos concretos, como el de la cultura tradicional de las Hurdes, donde existía el par conceptualizado bajo la hijuela y el aceptuado. En la sierra de Gata se denomina situado y en la Siberia extremeña (Villarta de los Montes) lo hemos encontrado, en la memoria de los informantes de edad, bajo la designación de sinuao. El sistema de herencia anticipada en Extremadura ha sido tratado antropológica­ mente por E. Luque Baena (1982) y Maurizio Catani (1989). En Olivenza y otras poblaciones rayanas se observa, aunque se desconoce el estado actual de vigencia, la costumbre, contem­ plada por el Fuero del Baylío, por la cual cuando dos personas matrimonian todos los bienes, tanto los aportados en el momento de las nupcias como los gananciales, se comunican. Otras instituciones sociales que tradicionalmente han tenido gran importancia en Extremadura son la del padrinazgo y el compadrazgo. Sobre las clases sociales sólo disponemos 79


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de algunas estadísticas, y no muy recientes. Pensamos que son los valores y las actitudes que interiorizan las distintas capas sociales, a partir de los modos de producción, lo que más las convierte en diferentes. En cuanto a las clases ocupacionales, Extremadura cuenta con un importante sector de población relacionado con el trabajo agrícola, un bajo porcentaje de proletariado industrial, un elevado grupo de artesanos y pequeños comerciantes y una significativa tasa de personal del sector servicios y de la administración pública. Ahora bien, dado que el mundo agropecuario es importante, la estructura social extremeña está en rela­ ción con la conformación de lo que vamos a llamar clases campesinas (jornaleros, pequeños propietarios, empresarios agrícolas, etc.), que están más cercanos al sector obrero, si obser­ vamos el nivel de rentas y de estudios, que del de las clases medias. Lo que contribuye a la conservación de la imagen tradicional de una Extremadura polorizada. El caciquismo, expresión que podría resumir la problemática que ha marcado la historia contemporánea de las relaciones sociales, sobre todo en el medio rural, en la actualidad reviste otras formas sociales más sutiles que en su modelo tradicional. Y aunque todavía siguen operando categorizaciones sociales que no cuentan con una realidad empírica, ya no existen en general los señoritos, la gente sigue hablando de ellos como poder fáctdco. Los sectores sociales se han hecho patente incluso mediante las formas de asociacionismo y a través de los lugares de ocio; ha sido frecuente la existencia de un casino de “señoritos” (o de una sociedad con rasgos semejantes), y de liceos, centros obreros o bares (también llamados casinos por imitación de aquéllos) en los que se relacionan los otros sectores. Hoy los casinos no tienen el sentido diferenciador, no obstante suelen seguir marcados por el pasado. Si el casino que permanece es, simplificando, “el de los ricos”, es posible que los socios aún consi­ deren un prestigio pertenecer a él, y que otros no quieran hacerse socios por su desidentifi­ cación con éstos y por la asociación que hacen de ellos con los grupos hegemónicos locales. Hoy día, sin embargo, la percepción polar de la realidad, repartida entre los “de arriba” y los “de abajo”, tiende a reducirse al tiempo que se hace más compleja la trama social, y entre los sectores jóvenes y en los núcleos urbanos no existe conciencia de tal circunstancia. Un aspecto que ha influido de forma decisiva en la conformación de la realidad social ha sido la emigración. Casi un 45% de la población total son emigrantes, lo que durante las últimas décadas ha supuesto el envejecimiento de la población, la baja tasa de mano de obra cualificada, y el empobrecimiento general. Y aunque actualmente esta sangría se ha detenido, incluso algunos expertos hablan del retomo de un número pequeño pero significativo de emigrantes, el nivel de paro es de los más altos de España. Hay, de otra parte, diversos grupos que podríamos denominar “marginados étnicos y culturales”, dadas sus especificidades, tales como gitanos, quinquis y otros, que ocupan la escala baja de las posiciones sociales, y que, ordinariamente, viven en unidades vecinales de absorción altamente conflictivas.

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En cuanto al universo creencial, visto desde la óptica de la cultura popular, se observa el importante culto que en la región recibe la Virgen. La imagen de Guadalupe llega a repre­ sentar la identidad de Extremadura como un todo por encima de cualquier tipo de diferen­ cias, lo que se manifiesta particularmente en las comunidades de emigrantes. Ahora bien, las devociones, y especialmente las vírgenes patronales-locales, suelen adquirir los rasgos que histórica y tradicionalmente caracterizan a la comunidad. Así, por ejemplo, siguiendo las investigaciones de M anuel Gutiérrez Estévez (1989), en las que nos detendremos más adelante en el epígrafe “Religiosidad y Rituales”, la virgen de Arageme (Coria) se muestra como una virgen campesina; la de Altagracia (Garrovillas de Alconétar) como pastora; y la de Carrión (Alburquerque) es generala, o se reviste, para las ocasiones rituales, de militara. Ahora bien, la mayoría de las vírgenes extremeñas, como trasunto de la realidad regional, son vírgenes camperas. Y aunque la devoción mariana está extendida en toda la región, hay que hacer una importante distinción entre la Extremadura Alta (Cáceres) y la Extremadura Baja (Badajoz), dado que en la primera, y particularmente en varias de sus comarcas septentrio­ nales (Gata, Jerte...), el símbolo masculino que representa Cristo, en sus distintas advoca­ ciones, o las figuras de los santos, adquieren un relieve notable. Y aunque los santos van perdiendo protagonismo en Extremadura, el culto se mantiene con suficiente fuerza donde ejercen la función de patronazgo o cuando están relacionados con alguna Orden religiosa. San Antonio de Padua es uno de los santos más extendidos por la región, como ocurre en otros pueblos de tradición ganadera. Y en Extremadura las hermandades y cofradías se vinculan a imágenes religiosas patronales; de Semana Santa o navideñas; a símbolos cristianos como la Cruz, al Santísimo Sacramento o a las Animas benditas. Sin que por ello falten, sino que están igualmente extendidos, los sistemas de mayordomías en comunidades demográficamente débiles y cuya estructura social tiende hacia un cierto igualitarismo socioeconómico. Basados en los estudios sobre creencias y medicina popular llevados a cabo en Extrema­ dura por Yolanda Guío (1989), convenimos en que los conceptos de bien/mal, puro/impuro, natural/sobrenatural, gracia/desgracia-pecado, que se hayan presentes, de forma más o menos subyacente, en el discurso nosológico nos sitúan ante una ideología más amplia, una cosmovisión que aún enmarcándose en el patrón de la tradición judeo-cristiana-católica, lo supera, y a veces lo contradice. Es la “mentalidad mágica” que aún impregna la visión del mundo en ciertos grupos extremeños. Una figura clave en este discurso es la del “sabio” o “veedor”, curandero que adivina y es receptáculo de gracia desde su nacimiento, pero del que hay quienes piensan que puede hacer mal por encargo de algún cliente. Curanderismo y brujería se confunden en un mismo discurso y es difícil entender uno sin el otro. Otro tipo de curanderos, que no adivinan, son los “masajistas”, los entendidos en hierbas, o los “curieles”, que arreglan los huesos. Antes era popular la figura del “saludador”, que tenía el poder de curar la rabia a los que habían sido mordidos por perros rabiosos. Existen también especialistas en algunas de las enfermedades que se consideran no propias de médicos, como 81


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los que curan las verrugas, el culebro, los niños quebrados, o las tercianas. En todos ellos predomina la magia “simpática”, y a veces también la “contagiosa”. En la medicina popular, la relación con el entorno cósmico es tan clara que se consi­ dera que la luna afecta de forma decisiva a la salud humana, máxime a la mujer. Todos los procesos biológicos exclusivamente femeninos (menstruación, parto, amamantamiento...) son posibles gracias a su influencia. El discurso sobre este tipo de influencia lunar es espe­ cialmente ejemplar para profundizar en la naturaleza simbólica de la concepción popular de la enfermedad, y en lo que Lévi-Strauss denomina “la lógica de lo sensible”. Las visiones de Extremadura

En este epígrafe voy a tratar brevemente de dos trabajos que aportan una visión de conjunto de la etnografía de Extremadura. La obra Etnología de las Comunidades Autónomas (Madrid, 1996), es el resultado de un encargo formal y de un proyecto institucional que a nivel del Estado español organizó el equipo “Fuentes de la Etnografía Española”. Bajo la dirección de Julio Caro Baroja, el plan fue trazado desde el Consejo Superior de Investiga­ ciones Científicas por Matilde Fernández y Antonio Cea (1988). El texto de “Extrema­ dura”, que fue elaborado por Javier Marcos y Yolanda Guío, trata de ser una síntesis que ofrece una visión general de los principales aspectos de la Etnografía Regional de Extrema­ dura. Aunque el proyecto partió de un esquema común para todas las Comunidades Autó­ nomas, según las circunstancias históricas y las especificidades culturales de cada ámbito político-territorial se fueron introduciendo las modificaciones que en cada caso particular presentaba la realidad sociocultural. Un proyecto, en fin, que pretendió contemplar el estado entonces actual de la Etnografía y de la Cultura Tradicional en los distintos territo­ rios del Estado. Partiendo de los antecedentes geohistóricos y culturales de Extremadura, su territorio y las comarcas, nos adentramos en aspectos concretos de los subsistemas culturales: tecnoeconómico (Medio Ecológico, Asentamientos, Arquitectura, Modos de Producción y Aprovechamiento de los recursos naturales, Artesanías, Alimentación...), sociopolítico (Estructura social) e idesimbólico (Los rituales, el universo creencial...). La Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Leganés acaban de editar Alma Extremeña. Una visión etnográfica de Extremadura (Madrid, 1998), de J. M . Valadés. A raíz de una exposición de materiales etnográficos procedentes del Museo Provincial de Cáceres, Valadés estructura un texto general sobre la cultura extremeña todavía connotado, en detrimento de una visión más antropológica, por la percepción arqueológica e histórica que implica la responsabilidad administrativa en la dirección de un museo provincial. En un discurso trazado a partir de los bienes materiales que se muestran, se ensaya un recorrido que va desde el soporte físico a las ideas y las creencias, pasando por la producción de recursos, la economía y la organización social.


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Los estudios sobre la identidad cultural extremeña

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Aunque por cuestiones metodológicas hemos preferido agrupar en apartados especí­ ficos las historias de la Antropología, los estudios de Cultura Popular, los de las Fiestas, Rituales y Religiosidad popular y los de Migraciones, pueden ser subsumidos sin embargo, desde una perspectiva más general, en el ámbito de la identidad. La identidad es un complejo fenómeno sociocultural que se refleja en una serie de niveles o marcos de inte­ gración: locales, regionales, nacionales, pero que también refieren ámbitos de interacción o lo que Isidoro M oreno denomina la matriz identitaria: el género, la etnicidad y las culturas del trabajo.

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Los estudios sobre la identidad extremeña adoptan tres modalidades: una, que gira en torno a los estudios psicológicos de la identidad, y que se centra en la estereotipia regional, en unas supuestas cualidades positivas y negativas de los extremeños, en la línea de mostrar la personalidad cultural característica a partir de las imágenes acuñadas tanto en el interior como desde el exterior. Una segunda, en la que los estudios de la identidad regional extre­ meña se enfocan, desde los estudios de Antropología Urbana, a partir de la interrelación entre los fenómenos de la emigración y la etnicidad. Y un tercer grupo, los que abordan la identidad, desde una perspectiva analítica basada tanto en los aspectos diacríticos (histó­ ricos y estructurales), como en las circunstancias infraestructurales y en los procesos vigentes de etnogénesis y de construcción de la identidad de tipo cultural. Espacialmente los estudios regionales de identidad se ocupan del conjunto de Extremadura, de la Extre­ madura en la diáspora y, menor atención han recibido los estudios de la construcción de las identidades sociales locales. Ejemplo de los estudios sobre la identidad encuadrados en el primer grupo, “Cons­ trucción de la identidad regional” (Badajoz, 1996), de Florencio Vicente, Antonio Ventura y M. Isabel Fajardo y Construcción psicológica de la identidad regional. (Tópicos y estereotipos en el proceso de socialización). El refente a Extremadura (Badajoz, 1999), de los mismos autores y José Luis Vega, se definen por la visión psicologista del fenómeno de la identidad. Según sus autores tratan de desterrar los estereotipos, y para ello a veces se basan en posiciones de tintes claramente esencialistas y en obras de autores líricos —Gabriel y Galán, Luis Cham izo...— llenas de tópicos. M ediante un cuestionario sobre estereotipo regional tratan, fundamentados más en factores subjetivos que objetivos, la “construcción psicoló­ gica” de la identidad regional. Como ejemplos de “factores objetivos” eligen los símbolos políticos creados ex-novo y artificialmente en los últimos años. En el marco teórico referencial de los estudios sobre Migración y Etnicidad, J. M. Valadés interpreta el proceso migratorio extremeño, o de solución adaptativa, como medio para paliar los desajustes socioeconómicos. En el trabajo “El ritual como afirmación de la identidad. Un caso práctico en la sociedad industrial”, presentado en el I Congreso del Medite-


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rránico de Etnología (Lisboa, 1991), y en el artículo “El ritual y la construcción de la etnicidad

en una comunidad de emigrados extremeños”, una segunda versión del primero publicado en la revista Alcántara, 5 (Cáceres, 1995), aborda su autor las ideas de la construcción de la identidad en situaciones contrastivas y de emigración, la integración en la sociedad de recep­ ción y el papel y la función integradora-unificadora de la virgen de Guadalupe como iconosímbolo de la identidad supracomunitaria de los extremeños en la diáspora. A través del ritual, la celebración de la Virgen de Guadalupe en Leganés, se reproduce simbólicamente la etnicidad y la comunidad extremeña se autopercibe como diferente. De manera que la cele­ bración y el icono se convierten en instrumentos de resocialización. El profesor Tomás Calvo Buezas se ha ocupado de la identidad extremeña en varias ocasiones. En el artículo “Otras identidades en España: el caso de Extremadura y de las minorías étnicas” (Méjico, 1993) distingue entre identidades menores o débiles (regio­ nales) y fuertes (nacionales). Y estima que el nuevo fenómeno de las identidades debe analizarse en la competencia por los recursos, el poder político y el prestigio. Y es de la opinión, frente a la idea de la redefinición del Estado de las Comunidades Autonómicas en términos de asimetría, que el proceso de reformulación de las identidades no sólo debe hacerse a partir de los rasgos diferenciadores, sino también en función de las relaciones internas en un plano de igualdad simétrica entre diferentes regiones y naciones en lo que se refiere a la reestructuración y redistribución de cuotas de poder autonómico, econó­ mico, cultural y administrativo. Afirma que las regiones débiles (Extremadura) manipulan su historia creando una especie de cm m unitas de unidad y solidaridad ad intra contra la dominación y explotación de los otros grupos o regiones. En suma, focaliza el proceso de las identidades como una estrategia funcional de adaptación a la nueva realidad. Entre los rasgos o marcadores identitarios en la redefinición de Extremadura cita su vinculación con América hispana, la emigración como hilo conductor a lo largo de su historia moderna, su endémica situación económica (la pobreza secular), las inter-relaciones asimétricas y los procesos dialécticos y los conflictos que coadyuvan a la construcción ad extra y ad intra de la identidad, la despo­ blación, y, en suma, la asimetría social y territorial que se establece en una doble vertiente: hacia el interior (polaridad y contrastes internos en la distribución de la riqueza); y al exte­ rior (Extremadura y las Comunidades ricas). En “La identidad extremeña. Hacia la nueva im agen”, publicado en las Actas del congreso celebrado en Olivenza Identidad y Fronteras. Antropología y Museística (1996), discurre sobre los procesos de universalismo (destribalización a nivel estructural) versus los particularismos (retribalización a nivel simbólico de identidad étnica). Y observa la reformulación de la identidad extremeña, basada en una continuidad histórica, como una medida funcional de adaptación a la actual redefinición del Estado. Insiste, de


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Marcos Arévalo, es un ensayo desde una perspectiva histórico-cultoral y espacio-temporal sobre la identidad cultural extremeña. Se trata de un acercamiento a los procesos de cons­ trucción de la identidad extremeña a partir de los factores diacríticos (históricos y estruc­ turales) y los procesos políticos actuales. La identidad asumida como resultado de un proceso dinámico, que evoluciona históricamente, y que posee unos referentes empíricos y otros abstractos o ideológicos susceptibles de control. La identidad como hecho objetivo (el determinante geográfico-espacial, los datos históricos, la lengua, las instituciones, las específicas condiciones socioeconómicas, el proyecto político-social...) y una construcción de naturaleza subjetiva (la dimensión metafísica de los sentimientos y los afectos, la propia experiencia-vivencia, la voluntad de sentirse diferentes, el deseo de libre adscripción, la conciencia de pertenencia, la tradición, el capital cultural y la específica topografía mental que representan valores, símbolos, rituales, totems, ideologías, etc.). Los procesos de reificación de las identidades son procesos ideológicos (conjunto de representaciones, valores, creencias y símbolos), procesos políticos (con la finalidad de marcar los límites entre nosotros y ellos) y procesos culturales (la historia y la tradición), que en parte representan el vínculo genealógico y la herencia cultural. Nos detenemos en los procesos de configuración histórica de la identidad, en los actuales fenómenos de etnogénesis, en la política autonómica y en los marcadores identitarios, así como en la expresión sociocultural de la emigración como cristalizador de la identidad (a veces negativa o negativizada) y como vehículo embrionario de concienciación-autopercepción a partir de la experiencia contrastiva. 85


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Los estudios socioantropológicos sobre identidades locales en Extremadura, sobre los sentimientos y concepciones colectivas de pertenencia local y comunitaria, analizados a través de la construcción de la identidad social a partir de grupos con orígenes geográficos y territoriales dispares, los aborda intensivamente M argarita Sánchez Blázquez. Un primer trabajo de interés para el antropólogo fue “Proceso deform ación de una comunidad campesina del Plan Badajoz: Valdivia”, tesis de licenciatura que dirigida por el profesor Honorio Velasco, fue presentada en el Departamento de Psicología Social de la Facultad de Cien­ cias Políticas y Sociales de la Universidad Complutense de Madrid en 1985. En ella se analiza el cómo a partir de unos elementos dados y definidos (territorio, propiedad, estruc­ tura socioeconómica, urbanismo...) y el asentamiento de una población a la que unía en un principio el sólo hecho de ser partícipes de una planificación integral exógena, pasa de ser un grupo informe y sin contenido comunitario, a constituirse en un “pueblo” o “comu­ nidad”. Analiza el proceso de formación de una comunidad campesina a través del criterio de la identidad social, sobre un caso concreto: un poblado surgido de una reforma agraria y con treinta años de existencia. En proceso de conclusión, la tesis doctoral “Estudio comparado sobre tres pueblos de formación de comunidades campesinas: Valdivia, Ruecas y Navalvillar de Pela", se plantea el mismo tema teórico pero ahora realizando un estudio de casos y comparando sus distintos procesos de formación. Para ello se han tomado dos poblados del Plan que representan los modelos dicotómicos del abanico de poblados creados por esta estrategia (Ruecas y Valdivia), y un pueblo tradicional (Navalvillar de Pela), como sociedad de referencia y modelo de comunidad tradicional. Algunas publicaciones derivadas de aquella investigación, “La tradición cultural en los procesos de transformación de los poblados del Plan Badajoz en comunidades” en Antropo­ logía Cultural en Extremadura (Badajoz, 1989); “Limitaciones socioestructurales de una tentativa de Reforma Social: El Plan Badajoz”, en III Congreso de Sociología Estatal (1989); “Rasgos comunitarios y actitudes de las poblaciones agrarias de reciente y planificada crea­ ción”, en Congreso Internacional sobre Recursos Humanos en las áreas del sur de Europa (Cáceres, 1991); y en 1992 presenta al I Congreso Nacional de Economía y Sociología Agrarias el trabajo “Resistencia a la m arginalidad en zonas desfavorecidas. Estudio de caso: Aceuchal, producción y comercialización del ajo” (Zaragoza, 1992). Desarrolla la idea de cómo una actividad tradicionalmente marginada, pasó a ser una actividad que más allá de los propios valores socioeconómicos, se ha convertido en una fuente de identidad social de esta comu­ nidad y en un generador de símbolos específicos y diferenciadores en el plano local. Sobre un proyecto relacionado con los temas de la identidad se da cuenta en las Memorias de actividades realizadas en el Centro de Etnología Peninsular durante el año 1976, que publicadas en la revista Ethnica, informan de que Josefina Roma Riu realiza el

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estudio “Incidencias del regadío como factor de cambio y desorganizador del sistema de valores”. Se trató de una prospección preliminar para la delimitación de problemas en pueblos del Plan Badajoz en comparación con las antiguas comarcas de Badajoz y Zafra. Hasta el presente no conocemos ningún resultado derivado de aquel proyecto. Aunque no son trabajos estrictamente antropológicos, en los últimos años diversos departamenteos de la Universidad de Extremadura (Sociología, Geografía, Economía, Historia...) vienen publicando estudios que importa conocer al antropólogo que realiza sus investigaciones en la región. Aunque específicamente confeccionada desde la óptica de los historiadores y los geógrafos es de utilidad para los antropólogos la obra colectiva Extrema­ dura como problema (Cáceres, 1988). Se trata de un número monográfico de la revista Alcán­ tara que contiene sugerentes coloboraciones sobre el problema de la identidad y, desde distintos enfoques, interesantes estudios sobre la realidad socioeconómica extremeña. Cultura de frontera y fronteras culturales

A partir de una triple aproximación desde las perspectivas de la historia, la crítica bibliográfica y la antropológica social, Luis Alfonso Limpo realizó la memoria de licencia­ tura “El caso oliventino. Para una investigación culturar (1983), bajo la dirección del catedrá­ tico de antropología Ramón Valdés. Marcado el tiempo y el espacio, la dimensión diacrónica y las coordenadas sincrónicas, Lim po P íriz asum e la cultura de frontera (hispano-portuguesa) en su concreción oliventina como un proceso de aculturación (de castellanización) y de génesis de una conciencia nacional española en relación con las alte­ raciones sufridas en la estructura social del área, de cara a la caracterización de la cultura oliventina desde los presupuestos teóricos de la semiótica de la cultura. Desde un punto de vista teórico-metodológico combina el método histórico-crítico y el trabajo de campo, a partir del abordaje de los fenómenos particulares (estudio de caso) en el contexto de la totalidad (enfoque holístico). Desde una actitud teórica explícitam ente m aterialista, método dialéctico, contempla la cultura oliventina actual como síntesis o resultado de la tensión entre la diacronía portuguesa y española. Versa sobre la peculiar situación sociopolítica, las formas de ocupación del territorio y la constitución de una conciencia nacional. Ahora bien, ni el estudio de Limpo se trata de una monografía al uso ni entre los objetos de estudio de los antropólogos españoles en Extremadura, en el período analizado, se encuentran los estudios tradicionales de comunidad. Como observa J. Prat “(...) —y princi­ palmente los estudios o monografías de comunidad — comenzaron a ser puestos en entredicho y criti­ cados deform a más o menos constante y contundente en el cambio de la década de los setenta a los ochenta, (...) El ideal metodológico implícito del estudio de comunidad se enraizaba con las corrientes funcionalistas predominantes en los años cincuenta y sesenta (...)” (J. Prat, 1992: 78-79). Limpo,

como otros investigadores regionales en el período delimitado, inserta su trabajo en un


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continuum espacial y analiza Olivenza, una plaza fronteriza, no tanto como un sistema socioterritorial cerrado y una unidad autosuficiente, sino en un contexto dialéctico de integración sociocultural más amplio: la comarca, la región, y en su relación con la perte­ nencia en distintos períodos temporales a dos Estados, el español y el portugués. Cabe citar entre otros trabajos de Luis Alfonso Limpo la monografía Olivenza, ciudad abierta a dos culturas (1985) y Olivenza entre España y Portugal. Catálogo crítico de la bibliografía española y portuguesa sobre Olivenza (1989). Entre sus artículos son de especial interés para el conocimiento y la comprensión de la especificidad cultural que significan Olivenza y otras poblaciones rayanas en circunstancias históricas y socioculturales similares, “El caso oliventino: conciencia nacional y aculturación en un pueblo del suroeste español”, publicado en Antropología y Folklore en Extremadura (1987). Supone un planteamiento netamente antro­ pológico del problema, enmarcado dentro de los estudios “aculturacionales”. Las concien­ cias de adscripción a la comunidad (Olivenza) y a la supracomunidad (El Estado) se entre­ lazan en la dialéctica de la integración. El esclarecimiento de la génesis de la conciencia nacional española se identifica con la búsqueda y el registro de todas aquellas instancias que hayan funcionado de hecho como agentes nacionalizadores; y el artículo “G ibraltar y Olivenza. (Dos litigios fronterizos en la Península Ibérica)”, publicado en Encuentros. Revista hispano-portuguesa de investigadores en Ciencias Humanas y Sociales (Olivenza, 1993), es un trabajo esclarecedor, desde un enfoque histórico y de la diplomática, sobre el tabú y el mito que, respectivamente, significa el territorio-enclave de Olivenza para la historiografía española y la portuguesa. Aunque no se consideran situaciones paralelas se comparan, a la luz de la documentación y de la dimensión histórico-psicológica, lo que para el subcons­ ciente colectivo español y portugués significan Gibraltar y Olivenza. Luis M aría Uriarte, doctor en Antropología por la Universidad de Illinois, y profesor titular del área de antropología social de la Universidad de Extremadura, cuenta con una larga experiencia de campo entre distintas culturas y grupos étnicos nativos del continente americano. Trabaja en la actualidad en el proyecto Cultura de Frontera y Fronteras Cultu­ rales entre España y Portugal. Se interesa particularmente por el nacionalismo y la xeno­ fobia. Entre sus publicaciones de temática fronteriza conviene referir La Codosera: Cultura de Frontera y Fronteras Culturales en la raya luso-extremeña, monografía que, bajo los auspi­ cios del Consejo de Antropología y los Servicios de Publicaciones de la Asamblea de Extremadura, vio la luz en 1994. A partir de un trabajo de campo centrado en un microcosmos rayano de la frontera, en el término de la Codosera en la provincia de Badajoz, analiza su autor algunos de los procesos que dimanan de la Raya geopolítica (raya que divide y separa dos estadosnaciones) y el Area Rayana (área que articula y une dos pueblos). La raya, curiosamente,


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se convierte en la bisagra central que vertebra el Area Cultural Rayana, cuya dinámica y manipulación llevada a cabo por los rayanos en una interdependencia simétrica (flujo económico —contrabando—, flujo demográfico —migración, matrimonios mixtos...—, flujo lingüístico —bilingüism o, lusismos, portuñol...—, flujo sim bólico-cham ánico), requieren que sean dos (naciones-territorios) para ser un (pueblo-área cultural). La siste­ mática transgresión política, económica, demográfica, lingüística y cultural (cosmovisión) es condición necesaria para establecer la relación que requiere la cultura rayana fronteriza. La frontera que se suponía debía separar dos Estados Naciones, dos pueblos, se convirtió en la columna que vertebra la unidad de la población rayana, que necesita ser dos naciones (geopolíticamente) para ser un pueblo (socioculturalmente). La Raya para los rayanos era y es, sobre todo, un marcador fundamental de la identidad rayana. Bajo el mismo título que la monografía, en 1994 publica un artículo en la Revista de Estudios Extremeños. Allí resume las principales y preliminares conclusiones del trabajo anteriormente analizado. En “Ritualización de la transgresión en una cultura de frontera”, revista Campo Abierto (Badajoz, 1995), se describen y analizan dos ritos-celebraciones de rebelión-inversión que se escenifican anualmente en la Codosera: la Sardina y el Aleluya. Ambas dramatizaciones simbólicas expresan y reafirman, según su autor, un paradigma que es fundamental en la cultura rayana: la transgresión. En “Cultura de Frontera con y sin fronteras”, aparecido en 0 Pelourinho. Encuentro Relaciones Alentejo-Extremadura (Badajoz, 1996) Luis Uriarte reflexiona sobre las relaciones transfronterizas a nivel local, interregional e internacional. La primera parte la dedica a la dinámica social de la C ultura de Frontera con Fronteras (geopolíticas). La segunda discurre por algunos procesos que tienden a generarse como mecanismos de defensa etnogenésica mediante la construcción de “Fronteras Culturales sin Fronteras” (o al menos geopolíticamente difusas). En una tercera parte trata sobre el peligro de una “Cultura sin Frontera”, homogénea, unidireccional, global e imperialista. En todo el trabajo de Uriarte el concepto de frontera adquiere un valor polisémico: primero, como demarcación geopolítica (límites geográficos y jurídicos) que delimita níti­ damente un territorio; y, segundo, la frontera como idea que refiere una zona que se extiende difusa e irregularmente por ambos lados de la Raya (un área sociocultural pecu­ liar). Trata, en definitiva, de la territorialidad humana, de la identidad, el nacionalismo y los procesos que generan etnogénesis desde un enfoque, no esencialista o estático, sino dinámico y estructural. Aunque todavía no conocemos ninguna publicación del antropólogo norteamericano Thomas Weaver sobre la frontera extremeño-portuguesa, sabemos que en el año 1991 el profesor de la Universidad de Tucson realizó algunas prospecciones etnológicas en la raya 89


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entre España y Portugal 5 en su espacio surextremeño. Entonces pretendió determinar, para un futuro trabajo, un área extremeño-alentejana de investigación y su contextualización en un proyecto más ambicioso sobre fronteras en España después de nuestra integra­ ción en la CEE. Desde el campo de la geografía quiero mencionar, por lo que de interés tiene para los estudios socioantropológicos, el trabajo “La frontera como factor geográfico: situación actual de la investigación peninsular”, que el profesor Antonio Campesino publicó en las Actas de Encuentros de Ajuda (1987). Y desde una perspectiva lingüística es de interés interdisciplinar el trabajo de M aría Fátima de Rezende F. Matías “Bilingüismo e níveis sociolingüísticos numa regiáo luso-espanhola (Concelhos de Alaondral, Campo Maior, Elvas y O liv era)”, publicado en la Revista de Filología (Coimbra, 1984). Se trata de un estudio de las hablas fronterizas desde la perspectiva sociolingüística. Minorías étnicas y territoriales: gitanos y hurdanos

Aunque desde la antropología social todavía no se han desarrollado investigaciones sobre la minoría étnica y cultural que en la región representan los gitanos, desde la socio­ logía se han realizado varios estudios: uno, particular sobre sus condiciones de vida en la ciudad de Badajoz, Los Gitanos. Subsistencia y realidades. Estudios de los gitanos en Badajoz, que en 1989 publica la Universidad de Extremadura. Y otro, general sobre la situación socioe­ conómica y cultural de los gitanos en la región, Los Gitanos en Extremadura, Un estudios sobre las condiciones de vida y convivencia de la Comunidad Gitana (1993), financiado por la Consejería de Bienestar Social de la Junta de Extremadura. La primera monografía es el resultado de un encargo hecho por el Instituto Municipal de Bienestar Social del Ayunta­ miento de Badajoz. Sus autores, Florencio Vicente y Fernando González, abordan el objeto de estudio mediante el empleo de técnicas sociológicas. La información se obtuvo por el sistema de encuestas con entrevistas, que se llevaron a efecto en función de las variables que representan las zonas de residencia, la edad y el sexo de los encuestados. Si bien, aunque en el libro se expresa... “se aplicó la metodología específica del trabajo etno­ gráfico utilizado en el campo de la sociología y la antropología social”, una encuesta, mejor o peor formulada, más o menos extensa, o un número regular de entrevistas, de ninguna manera sustituyen, la práctica característica del método antropológico, el trabajo de campo, y su técnica más cualitativa de obtención de materiales, la observación-participante; es decir, sin una cierta experiencia directa, o permanencia-convivencia con el grupo a estudiar, hablar de estudio antropológico, es más una quimera que una realidad. En todo

5. Durante varios días el profesor norteamericano y el autor de este trabajo visitaron algunas poblaciones rayanas.


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caso, el trabajo tiene el valor de pionero al tratarse del primer estudio monográfico sobre el problema gitano en su circunscripción extremeña. El segundo estudio, un informe sobre las condiciones de vida de los gitanos en Extre­ madura, llevado a cabo por un grupo de sociólogos reunidos en torno a la empresa Aguilar y Aguilar, Asociados, se estructura a partir de las fuentes bibliográficas y documentales existentes, y de una encuesta pasada por un ciudadano gitano y una trabajadora social a una muestra de en tomo a mil individuos del grupo, en los siguientes capítulos: Población (Distribución de la población gitana en Extremadura, distribución por edad y sexo, grupos en estado de extrema necesidad. Grupos de riesgo, movilidad), Familia (Estructura fami­ liar, composición familiar, modos de convivencia, los roles familiares, relaciones padres e hijos), Educación (Nivel de instrucción, problemas de la población gitana en los centros educativos...), Trabajo (Estructura ocupacional, estructura profesional, condiciones y rela­ ciones laborales, nivel de ingresos...), Documentación, Participación y Protección (Nivel de documentación, participación, coberturas y prestaciones), Salud (Morbilidad, morta­ lidad, coberturas sanitarias, la droga en la comunidad gitana...), Vivienda (Características generales, equipamientos, residencia, régim en de tenencia), Cultura y Ocio (Valores, discriminación y marginación, relaciones gitanos-payos, identificación espacial, ocio). En un sondeo previo se establecieron las localidades en las que residen, estable o temporal­ mente, los gitanos en la Comunidad. Mediante comunicación personal, el profesor Luis Uriarte nos ha informado que la antropóloga francesa Catherine Pascualino, que ha estudiado los gitanos en Jerez de la Frontera, focaliza actualmente su atención en los gitanos extremeños y en sus momentos de intensa interacción social y comunicación ritual (Romería de la Virgen de los Reme­ dios. Fregenal de la Sierra, 1999). *** El exotismo de viajeros, periodistas y ciertos ensayistas del XIX y la primera mitad del XX, convertido en tópico, da paso en la década de los setenta al estudio empírico y al conocimiento sobre el terreno de una sociedad “inventada” y de un territorio tenido hasta entonces por fabuloso. El ámbito territo rial de las H urdes, y el grupo social hurdano, han atraído un significativo número de investigadores. Ahora bien, bajo el prisma de determinados estudios realizados desde un pretendido enfoque “científico” subyace también una ideología ruralista y primitivista. Planteamientos en ocasiones desen­ focados que privilegian algunas investigaciones desde el terreno sociocultural. Aunque en número similar especialistas españoles y extranjeros se han ocupado de los hurdanos, sus trabajos se diferencian por la intensidad, los puntos de vista que aplican y el tratamiento que adoptan sobre la cuestión hurdana. Lo que se da, al menos desde finales del XIX, es 91


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una larga tradición de trabajos socioantropológicos realizados por hispanistas franceses que tienen por objeto principalmente el estudio de las Hurdes, de los hurdanos y de su especificidad-diferencialidad cultural (J. B. Bidé, 1892, M . Legendre, 1927; J. Claever, 1976; N. Bosdarros, 1977-8; M. Catani, 1987...). Un primer conjunto de investigaciones se realizan entre 1976 y 1978. Desde una visión conjunta del territorio, el estudio de Jean Cleaver, “Las Hurdes. Breve ensayo sociológico” (1976) intenta, entre otros objetivos, establecer una clasificación de la población hurdana por estratos sociales. R. Sanmartín Macaya y J. Porteros escriben en el mismo año “Estu­ dios de antropología cultural de Aldehuela. (Aldea de las Hurdes Bajas)”, que realizado en el marco institucional de la Universidad de Salamanca, se centra en el estudio intensivo de una pequeña alquería hurdana. Por su parte, los estudios de Christine Spadina, “Las Hurdes: ayer y hoy” (Universidad de Nice, 1977-8), y de Nicole Bosdarros-Merignat, “Las Hurdes: situation actuelle et perspectives” (Universidad de Burdeos, 1977-8), son trabajos académicos para la obtención de la tesis de licenciatura. Estudios de contenido similar, el de Spadina parece seguir de cerca en algunos aspectos el de Bosdarros-Merignat, quien tras presentar el estado físico-geográfico de la comarca, se ocupa de la economía hurdana (los recursos tradicionales, los nuevos recursos, el trabajo y el problema del empleo y la emigra­ ción); la vida en las Hurdes (el hábitat, los medios de comunicación y transporte, la situa­ ción sanitaria, la educación, la religión y la moral, las fiestas y los divertimientos); las pers­ pectivas futuras (1.- D iversas soluciones al problem a hurdano: le reboisem ent, el desplazamiento total de la población, el proyecto de la S. A. Granadilla-Hurdes; 2 - El Plan Hurdes de Gobierno: Objetivos del Plan Hurdes; Reorganización, Explotación integral de los recursos naturales de la región, trasvase del excedente de la población a las zonas extraregionales); y concluye con varios anexos: (etimología de la palabra hurdes, las Hurdes vistas por Buñuel, el texto del decreto 10 de julio, los hurdanos y la magia). En 1978 Crescencia García Mateos vuelve desde una posición algo tremendista sobre la cuestión hurdana en “Las Hurdes, una minoría marginal que desaparece”. Investigación llevada a cabo ahora bajo los auspicios del Institut Universitaire de Génova. Fecha en la que el Seminario Permanente de Ordenación del Territorio promueve un “Infonne antropológico sobre las Hurdes”, incluido en el proyecto interdisciplinar que titulado “Estudio sociológico para el desarrollo integral de las H urdes”, fue financiado por la Subdirección de Planes Provinciales del Ministerio del Interior (Madrid). Memoria que se apoya principalmente en los resultados de una encuesta mediante la aplicación de 346 items formulados al 1 0 % de la población mayores de catorce años y de uno y de otro sexo. Fundado en esta fuente, en varias estancias en las Hurdes y en una rica bibliografía sobre la comarca, Enrique Luque Baena da a la luz en 1982 “Las Hurdes: apuntes para un análisis antropológico”. Se trata de una importante síntesis aproximativa del problema 92


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anistas franceses lurdanos y de su ^27; J. Claever, Desde una visión ayo sociológico” hlación hurdana ismo año “Estu:u e realizado en [dio intensivo de : Spadina, “Las -Merignat, “Las - 8 ). son trabajos ido similar, el de gnat, quien tras nía hurdana (los íleo y la emigraaporte, la situacntos); las perscboisem ent, el rdes; 2.- El Plan don integral de las zonas extrades. las Hurdes :mendista sobre Investigación 0 promueve un lar que titulado .andado por la ■lemoria que se icación de 346 y de otro sexo, biografía sobre juntes para un 1 del problema

hurdano. Parte del trabajo lo constituyen las respuestas dadas al cuestionario. Varios puntos llaman la atención de Luque Baena: 1.- La emigración peculiar de los hurdanos. 2.La organización familiar y algunas cuestiones relacionadas con la herencia. 3.- La supervaloración de los recursos, la tierra, y otros bienes y objetos simbólicos. Y 4.- El proceso de cambio en la realidad social hurdana. En 1989 vuelve sobre el tema y en Antropología Cultural en Extmnadura edita “En torno a las Hurdes”. Básicamente se trata de un resumen del trabajo de 1982, si bien intro­ duce nuevas reflexiones sobre la cuestión hurdana: 1.- La self-fulfilline prophecy (Factores infraestructurales: formas de aprovechamiento agrícola y medios técnicos, el minifundismo, la economía de subsistencia, sobre el aislamiento y la incomunicación). 2.- El carácter de la emigración y de la organización familiar hurdana. 3.- La proyección de la realidad hurdana como modelo de entendim iento de otras realidades (La C abrera leonesa...). Se detiene, asimismo, en la singularidad hurdana, para ponerla en cuestión, y en el hecho diferenciador hurdano. Sobre la pretendida singularidad hurdana estima que toda sociedad que haya estado sometida a las mismas condiciones de aislamiento resultaría una caracterización sociocultural similar. Lo característico no es tanto la ocupación de sus habitantes (agricultura) y pastoreo subsidiariamente, cuanto la carencia de recursos natu­ rales y la dificultad para obtenerlos. Ahora bien, Luque reconoce que existen especifici­ dades —variaciones sobre un tema—, o subculturas; si bien, a fuerza de contemplar a las Hurdes y a los hurdanos como diferentes, éstos han terminado en cierto modo por consi­ derarse a sí mismos como tales. Por otra parte, se ocupa de la heterogeneidad interior (intracomarcal) desde un punto de vista ecológico, económico y social y apunta el tipo de estudios que todavía no se han hecho sobre la realidad hurdana (estructura familiar, sistema de parentesco, sistemas de herencias, etc.). En cuanto a la emigración, de la que ya se habían ocupado anteriormente otros inves­ tigadores, considera el caso hurdano como peculiar. Es una emigración estacional de ida y vuelta. Lo que, siguiendo a Luque, supone una pasajera movilidad horizontal que sirve para mejorar posiciones en la estratificación social interna o para consolidar otras. La pregunta que hay que formularse, según Luque, no es por qué emigran los hurdanos, sino ¿por qué vuelven? Lo que tiene una respuesta cultural: debido al sistema de valores y los símbolos de la sociedad hurdana. Otro punto de atención es la tierra como factor determinante de la estratificación social, los problemas socioculturales que crea la división de la propiedad entre todos los hijos (herencia anticipada/ herencia ínter vivos ) y de las dificultades del grupo humano asentado en un medio inhóspito. Según Luque la identidad asumida por los hurdanos parece fruto de su negación interior... (Las Hurdes están más arriba, las Hurdes están más abajo...), así como de los tópicos y estereotipos forjados desde el exterior.


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De las mismas fechas son otros estudios. Dirigidos por el doctor Claudio EstevaFabregat, M aría del Rosario López de Prado y Jesús M aría Gómez Peral redactan, como trabajo final de curso, “Aproximación al conocimiento de las Hurdes", presentado en 1980 en la Universidad de Barcelona. Se ocupan principalmente de los aspectos demo­ gráficos (N atalidad, M ortalidad, M atrim onios, Fam ilia, M ovim ientos m igratorios, Crecim iento vegetativo, D istribución de la población por edades y sexos, población activa...), así como de los com portam ientos socioeconóm icos tradicionales de los hurdanos (los pilus, la usura, la emigración temporera, la práctica de la mendicidad, la resistencia al ingreso en el servicio m ilitar...). También en el marco institucional de la Universidad de Barcelona y de su departamento de Antropología Cultural, M aría Jesús Buxó dirigió en 1982 la tesis de licenciatura de Eva Campo Pérez, quien la presenta administrativamente bajo el siguiente título: “Aproximación etnohistórica de las Hurdes, 1850-1950”. Según su autora, los motivos que originaron la investigación fueron el aislamiento, la diferencialidad hurdana como grupo marginado y la estrategia ecológico-adaptativa de la comunidad. Metodológicamente el estudio está orientado por el enfoque etnohistórico como método de investigación perteneciente al quehacer antro­ pológico. Se pretendió realizar una etnografía histórica, descrita sincrónicamente, de un período pasado a partir de documentos contemporáneos pertenecientes a la franja temporal demarcada. Especialmente acomete las siguientes categorías: 1.- El contexto histórico (Fuentes). 2.- La comunidad ecológica (el espacio físico, el territorio, los patrones de asentamiento...). 3.- La Organización económica (recursos, trabajos...). Y 4.- La O rganización Sociocultural (O rganización Social, Política y Religiosa, y los aspectos adaptativos de determinadas prácticas culturales). Resultado de un trabajo cualitativo, intensivo, y de larga duración es la investiga­ ción antropológico-histórica, en parte todavía inédita, titulada “Las Hurdes o la fábula de las Batuecas. Inform e fin a l para la Excma. Diputación Provincial de Cáceres” (1987), que financiado por los Departamentos de Relaciones Internacionales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Madrid) y del Centre N ational de la Recherche Scientifique (París), la Casa de Velázquez y la Excma. Diputación de Cáceres, llevó a cabo M aurizio Catani con la colaboración del etnohistoriador Luciano Fernández Gómez y de otros investigadores durante una década. Parte de los resultados aparecieron publi­ cados en los dos volúmenes titulados La Invención de las Hurdes. Una sociedad centrada en sí misma (1989). La primera fase del estudio ha consistido en la investigación exhaustiva de archivos y bibliotecas, al objeto de lograr una completa relación de fuentes para establecer una cronología de los acontecim ientos históricos más relevantes para la comarca hurdana en el ámbito de su inserción dentro del señorío de la Casa Ducal de Alba, así como una visión de conjunto de los aspectos etnográficos y sociológicos de esta sociedad local. 94

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Las Hurdes. (Fotografía: J. Marcos).

En una segunda fase, realizada la investigación de campo, se verificó el análisis histórico-antropológico de la comarca y de sus habitantes. Las características de una sociedad que ha sido paupérrima aparecen como distintos niveles de un único sistema de valores hispanos. Hay una lógica jerárquica que actúa en la historia y en el presente de las Hurdes: el todo nacional engloba, ordena y subordina la totalidad local. Pero en sus límites espa­ ciales y dentro de su configuración local de un mismo sistema nacional de valores, la sociedad hurdana invierte esta relación de supremacía y se vuelve a su vez superior y englobante. El ser hurdano subordina, sociocéntricamente, lo que le llega del exterior a la conservación y enaltecimiento de su propio sistema de relaciones, es decir, el nosotros de la familia, el bando y la alquería de la que, cuando hay “valor, virtud y gracia”, no hace falta salir y, si se sale, es para volver. El informe para la Diputación cacereña lo estructura su autor a partir de los siguientes capítulos: I.- Introducción: una visión de conjunto desde la historia y la antropología social. II.- La Fábula de las Batuecas (La invención del conjunto Hurdes-Batuecas, reinte­ grar los hurdanos a España...). III.- Acercarse a las Hurdes y a sus vivencias (Hacia las sierras hurdanas, salir o no de la alquería y de la comarca, la actitud del hurdano ante la vivienda...). IV.- La apropiación de los cuentos: Inversión de supremacía (la opinión de los hurdanos, el status del habla local...). V.- La particular estructuración del espacio geográ-


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fico y social (una organización social compleja, las relaciones con las comarcas limítrofes, la valoración de la propia alquería...). V I.- Las categorías culturales que modelan la vivencia hurdana. VII.- Los tres niveles espaciales y sociales de la elección del cónyuge (casarse dentro o fuera de la alquería, el acceso al status de vecino cabeza de familia, la pérdida del status: el par hijuela-acetuao, representaciones mágico-religiosas, la mujer hurdana y el patrimonio familiar...). VIII.- Aproximación a las creencias mágico-religiosas hurdanas. IX.- La totalidad local y el todo nacional. Y X.- Anejos y Bibliografía. Del original anterior Catani extrae materiales para distintas publicaciones parciales, entre las que cabe citar: “Le cantón de las Hurdes”, C.E.S. Informations, 1981; “El status del habla local en relación con la lengua nacional: el caso de las H urdes (Cáceres, España)”, M igrations III, Status ofM igrants M other Tongues, ESF. Strasbourg, 1983; “La actitud del hurdano ante la vivienda”, Oeste. Revista de Arquitectura y Urbanismo del Colegio de Arquitectos de Extremadura. Cáceres, 1983; “Le vol dans le cantón de las H urdes”, Production pastorale et société. Bulletin de /’¿quipe écologie et anthropologie des societés pastorales,

13. París, 1983; “Variations á propos du territoire, de l’espace symbolique et des systemes de valeurs á travers un dicton espagnol et un proverbe italien qui ne paraissent pas avoir d’équivalent satisfaisant an fra?ais”, Revue de L’institut de Sociologie. ULB. Bruxelas, n° 3-4, 1984; “Histoire et anthropologie du cantón de las Hurdes: la terre sans pain de L. Buñuel cinquante ans plus tard”, EHESS, A muaire, 1987-1988; “Aproximación a las creencias mágico-religiosas hurdanas”, Antropología Cultural en Extremadura, Mérida, 1989; “Una tierra desconocida nunca puede ser una tierra amada”, Libro de Viaje. (Mérida, 1998). Antropología ecológico-económica

Aunque todavía no son abundantes los trabajos antropológicos sobre Extremadura en los que se aborden cuestiones relativas al estudio de los agroecosistemas y los sistemas productivos, las formas de organización del trabajo y las relaciones de producción, o sobre las interrelaciones entre los modos de producción (cultura) y el medio ecológico (naturaleza), los sistemas de propiedad colectiva y de economía y derecho consuetudi­ nario, etc., comenzamos a disponer de una reducida, pero cualificada, bibliografía sobre algunos temas particulares. Un antropólogo extremeño ha realizado recientemente su tesis doctoral sobre geoeconomía del ecosistema de dehesas y otro ha concluido su tesis de licenciatura sobre el funcionamiento de las propiedades colectivas en el suroeste de la región. Investigaciones que abordan la relación dialéctica que se establece entre el medio sociocultural y el medio ecológico-económico. En general, son trabajos enfo­ cados desde la Ecología Cultural, es decir teniendo como punto de análisis la interrelación que se establece entre el comportamiento cultural y los fenómenos medioambien­ tales H ay tam bién quienes en tal p erspectiva introducen un sesgo m aterialista 96


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marcas limítrofes, que modelan la ción del cónyuge eza de familia, la ligiosas, la mujer mágico-religiosas grafía. aciones parciales, 1981; “El status 'urdes (Cáceres, )ourg, 1983; “La mismo del Colegio

de las H urdes”, societés pastorales,

e et des systemes aissent pas avoir Bruselas, n° 3-4, ain de L. Buñuel i a las creencias ida, 1989; “Una ida. 1998).

re Extremadura as y los sistemas : producción, o nedio ecológico :ho consuetudibliografía sobre cien temen te su ncluido su tesis ;1 suroeste de la ablece entre el trabajos enfosis la interrelamedioambieno m aterialista

privilegiando el análisis de los aspectos de naturaleza económica. En ambas investiga­ ciones, el estudio gira en torno al medio físico (adaptación, energía-tecnología, subsis­ tencia, producción, capacidad de sustentación...) y al medio social (la cultura). Cada estrategia adaptante, en term inología acuñada por Yehudi Cohén, crea un sistema de producción económica cuyos rasgos culturales particulares tienen sus correlatos en la ecología, la economía y la vida social. Desde tal enfoque puede considerarse como trabajo pionero “Ecoestructura y subsis­ tencia. (El ejemplo de dos comarcas extremeñas)”, que el antropólogo Antonio Rístori Peláez publicó en las Actas del II Congreso Iberoamericano de Antropología (Gran Canaria, 1983). Estudio que varios años después amplió en el artículo “Estrategias eco-económicas en la dehesa extremeña” (Badajoz, 1989). Bajo la orientación de la Ecología Cultural y a partir del análisis de las condiciones m ateriales de la existencia entre los pastores, el profesor Rístori estudia la dehesa extremeña y la actividad pastoril como la principal estra­ tegia adaptativa a tal medio. Considera el pastoreo como la mejor forma eco-económica de adaptación al medio ecológico de la dehesa. La tradicional característica de la estrategia pastoril fue su equilibrio eco-económico a fin de no sobrepasar la capacidad de sustenta­ ción (límite de población que puede vivir en un ecosistema), favoreciendo así la práctica de la trashumancia. Con un trabajo de campo en Extremadura iniciado en 1981, y desarro­ llado especialmente en las comarcas de la Siberia y la Serena, Rístori afirma que desde los años sesenta se ha producido un cambio de estrategia en la actividad pecuaria, lo que se tradujo en la sustitución de las ganaderías extensivas tradicionales por la implantación de explotaciones intensivas, es decir un cambio cualitativo, a partir de una intensificación del ecosistema, en los modos de producción. En detrimento del factor ecológico (recursos naturales), se adoptó un sesgo de cariz tecnoeconómico (sociocultural) con la pretensión de maximizar los beneficios (sobrepastoreo). Mediante la aplicación del mismo modelo conceptual, en 1993 da a la imprenta en Trashumancia y Cultura pastoril en Extremadura el estudio “Desarrollo económico y equili­ brio ecológico en la dehesa extremeña”. Retoma la línea de sus anteriores trabajos y vuelve a ocuparse de la problemática ecológico-económica de la dehesa extremeña y de sus factores socioculturales. Considera la dehesa como un sistema de producción integrado en el que, tradicionalmente, se ha caracterizado por la síntoma entre el desarrollo económico y el equilibrio ecológico sostenido. En este caso profundiza en el estudio de los recursos, de la población y de la tecnología, o lo que es lo mismo en las condiciones infraestructurales de la existencia de los grupos sociales insertados en tal medio. Se detiene en el sistema de interrelaciones que se establecen entre las condiciones naturales (medio físico) y el contexto sociocultural (medio humano). Y examina las posibles alternativas para la dehesa extremeña tratando de armonizar la interdependencia, no siempre simétrica, entre 97


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La Serena. (Fotografía: J. Marcos).

factores ecológicos e intereses económicos. El resultado de tal simbiosis, constituido por la tecnoecología y la tecnoeconomía, se proyecta de manera dialéctica en las formas de orga­ nización social. De manera que los aspectos infraestructurales condicionan los subsistemas sociopolítico e ideológico-simbólico. Los estudios sobre Antropología del campesinado y el cambio social están represen­ tados, entre otros, por el trabajo “La Dehesa: argum ents for a case study”, que se publicó en Endogenous Regionals developpement and Practices (Bruselas, 1992). El antropó­ logo Rufino Acosta viene dedicándose al estudio monográfico de diversos agroecosistemas en el sur de Extremadura, especialmente se interesa por sistemas agrarios tradi­ cionales como el olivar y la dehesa. En “Importancia de la conservación de los sistemas agrarios tradicionales, con especial referencia al olivar, en el contexto del desarrollo rural”, presentado en las I Jom adas sobre producción ecológica del olivar en Extremadura y Portugal (Badajoz, 1997), valora el turismo rural y el aprovechamiento de los recursos endógenos, naturales y humanos, existentes en el propio entorno. En el contexto estu­ diado el interés del olivar, como cultivo tradicional, radica en la vinculación con la pequeña propiedad, en su papel de articulación del territorio, en su relación e idónea adaptación al medio, en lo que supone de retención de beneficios enconómicos en la zona —el entramado cooperativo—, por el uso de una tecnología simple y adaptada al 98


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medio, por la retención del valor añadido —transformación en las almazaras locales— y debido a la conservación del material genético autóctono. Los pequeños y medianos propietarios constituyen un estrato que fractura la fuerte polarización social propia de contextos latifundistas y son, también, un factor de vertebración social. Es decir, los ecosistemas agrarios tradicionales de producción, readaptados a las nuevas contingencias, poseen un interés económico, adquieren una importante reper­ cusión social, y se proyectan en diversos aspectos de la vida cultural. Mediante su explota­ ción racional se obtiene un desarrollo, no sólo expresado en términos económicos asimé­ tricos y dependientes, sino también en las esferas de lo social. Desde planteamientos marxistas y con un enfoque particularmente economicista en la línea de los trabajos que en este campo temático ha producido su director de tesis, el profesor Eduardo Sevilla, Rufino Acosta lee su tesis doctoral, “Agroecosistema de dehesa y Desarrollo Rural endógeno ” en 1997 en el Departamento de Antropología Social de la Universidad hispalense. Insertada en el marco teórico de los estudios sobre Agroecología, es decir de agricultura desde una perspectiva científica, el concepto básico que vertebra el trabajo es el de ecosistema o agroecosistema. En él estudia como partes interdependientes los ciclos de nutrientes, las transformaciones de la energía, los procesos biológicos y las 99


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relaciones sociales. Investiga, con manifiesta orientación economicista, la optimización del sistema y su mantenimiento en su conjunto. Más detalladamente el trabajo se centra en las transformaciones de la dehesa en el área de estudio, integrada por tres poblaciones del suroeste extremeño (Pallares, Puebla del Maestre y Santa M aría de Navas). Es una investigación intensiva sobre la simplificación del agroecosistema, la degradación de los recursos productivos, la crisis de las explota­ ciones y su dependencia del exterior, entre otros fenómenos, que a partir de la penetración capitalista en la agricultura han experimentado una significativa intensificación que ha producido cambios cualitativos en la composición orgánica del capital. Se ha pasado de un modo de producción extensivo al modo de producción capitalista o intensivo. De tal manera se investigan el agroecosistema de dehesa centrándose, por un lado, en el conoci­ miento de los aspectos abióticos, bióticos y sociales; y, del otro, localizando prospectiva­ mente las eventuales potencialidades para su desarrollo. En el terreno de la economía y el derecho consuetudinario comunal voy a referirme a dos trabajos que representan, dentro de la región, modalidades diferentes. En “La siembra de la M atilla. Un derecho histórico de la Puebla del M aestre” (Badajoz, 1992), Rufino Acosta trata el derecho histórico de siembra que sobre una propiedad privada, la finca de la M atilla, ejercen los vecinos de Puebla del Maestre. Cíclicamente se hacen lotes y se sortean las suertes, llamadas aquí “tomas". Ahora bien, por encima de la rentabilidad en términos económicos, el carácter de memoria colectiva que representa la finca para la población en su conjunto y para los distintos grupos domésticos en particular, que ejercen su derecho cada ocho años frente al grupo hegemónico que durante siglos encarnó el poder señorial, adquiere una significación expresada en términos sociales y simbólicos. Otro antropólogo extremeño, natural, vecino y socializado asimismo en la zona objeto de estudio, Santiago Amaya publica en las Actas del VII Congreso de Antropología, en la ponencia Reciprocidad, Cooperación y Organización Comunal: Desde Costa a nuestros días (Zara­ goza, 1996), el estudio titulado: “Zahinos. Gestión y uso de una propiedad colectiva en el sur de Extremadura”. Con leves modificaciones se trata del mismo trabajo que meses antes vio la luz, bajo el título “Sistema de gestión y uso de propiedades colectivas en Extremadura: el caso de Zahinos”, en las Actas del Congreso Identidad y Fronteras (Badajoz, 1996). Considera los antecedentes históricos de los sistemas de propiedad colectiva, discurre sobre la peculia­ ridad de las diversas formas de propiedades comunales en Extremadura y se centra, a partir de un estudio de caso, en las formas de uso y gestión de tales aprovechamientos. Profundiza en el estudio de la institución “El Progreso de los labradores y granjeros” (1902), y en el sistema que regula el acceso, la gestión y el uso de un bien limitado, la tierra, elemento fundam ental en la organización social local. En los estatutos subyace la idea de la construcción ideal de homogeneidad social, un pretendido igualitarismo socioeconómico


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primización del

que en la práctica, sin embargo, no tiene un reflejo real (diferencias por edades, sexos, ocupaciones, clases sociales, etc.). Lo que genera una serie de costumbres en el uso diferen­ cial de la propiedad colectiva. Otro punto de atención preferente gira en torno a la economía y al valor simbólico que en el plano local, de identificación y cohesión, hacia el interior, y de diferenciación, hacia el exterior, significa la existencia de tal propiedad colectiva.

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Desde un punto de vista no antropológico, pero que aporta información útil para el etnó­ logo, Fernando Flores del Manzano es autor de dos artículos sobre los estilos de vida de los pastores trashumantes en la región: “Trashumancia y pastoreo en Extremadura: su influencia en la sociedad y cultura tradicionales” (Mérida, 1993); y “Acercamiento antropológico al mundo trashumante” (Cáceres, 1995). En éste trata las formas de vida de los pastores y las implicaciones económicas y culturales que comprende la modalidad del sistema trashumante. Una interesante perspectiva la ofrece la publicación Extremadura y la trashumancia (Siglos XVl-XX). Ponencias y comunicaciones (1999), actas del congreso del mismo título

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que fueron coordinadas por varios profesores de la Universidad de Extremadura, los historiadores M . A. M elón Jim énez y A. Rodríguez G rajera, y el geógrafo A. Pérez Díaz. Aunque se trata de una contribución especializada, echamos en falta la dimensión culturalista y son igualm ente insuficientes, en una visión de conjunto, los estudios sobre unas formas de vida, prácticas económica, social y cultural, que si, indudable­ mente, tienen una dimensión temporal, en múltiples ámbitos su influencia se refleja, también, en expresiones, valores y conductas en los terrenos m aterial, social, simbólico e ideacional de la realidad sociocultural. Antropología de la alimentación

Un equipo de investigación hispano-francés dirigido por los profesores M anuel Gutiérrez Estévez, de la Universidad Complutense (Madrid), y por Igor de Garine, M áitre de Recherche au Centre National de la Recherche Scientifique, y un encargado de coordi­ nación de los trabajos de campo y de la supervisión del tratamiento de los datos, Enmanuel Calvo, chargé de Recherches en el C.N .R.S, ponen en marcha en 1987 un proyecto de investigación conjunta sobre “Los aspectos socioculturales de la alimentación: hábitos y valores alimenticios en Extremadura”, al que se incorporaron los antropólogos Julián López García, Rosa Alonso, Javier M arcos y Rosario Vera. Financiado por el CN RS (Francia) y el C.A.I.C.Y.T. (España), el trabajo de campo se realizó durante varios meses en 1988. Cronológicamente el programa de actividades previsto a realizar, aunque en la realidad algunas no se han efectuado, fue el siguiente6: primera etapa, preparación del proyecto de

f 6. Sigo el texto del proyecto y la documentación adicional que recibimos los antropólogos que formamos el equipo de trabajo.


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investigación (enero-julio, 1987); segunda etapa, estudio preliminar y trabajo de campo inicial (julio-septiembre de 1987); tercera, análisis y síntesis de la información preliminar. Preparación de la recolección propiamente dicha; cuarta, recogida de los datos (enerodiciembre de 1988); quinta, tratamiento de los datos (enero-mayo de 1989); sexta, rodaje y montaje del film etnográfico (abril-octubre de 1989); séptima, análisis y síntesis integral de los resultados (junio-septiembre de 1989); y octava, publicación y difusión del estudio (octubre-diciembre de 1989). El proyecto se estructuró en las siguientes partes: I.- La problemática de estudio: el sistema de alimentación practicado actualmente por la pobla­ ción extremeña y, más particularmente, sobre los hábitos socioculturales propios de la alimentación regional. II.- Los objetivos del estudio: A.- Conocer, dentro de una perspec­ tiva comparativa y situada en el tiempo, los elementos, la estructura y el funcionamiento del sistema alimenticio extremeño. B.- Analizar los caracteres específicos de este sistema, las prácticas de consumo, los aspectos socioculturales ligados a las prácticas alimenticias (hábitos, representaciones, valores, categorías...). C.- Realizar un film etnográfico sobre diversos aspectos de la alimentación extremeña. III.- Las zonas de estudio: el estudio se localizó en la Comunidad Autónoma de Extremadura, tanto en la provincia de Cáceres como en la de Badajoz. Se seleccionaron seis centros representativos (Trujillo, Garrovillas de Alconétar, Alburquerque, Fregenal de la Sierra, Jerez de los Caballeros y Llerena) de lo que es Extremadura y de la diversidad intraregional tanto desde el punto de vista del medio ambiente y los ecosistemas, como desde la perspectiva histórica y cultural para realizar un trabajo intensivo. Previamente, se verificó un estudio preliminar extensivo con trabajo de campo prospectivo en las comarcas de la Vera, el Jerte, las Villuercas, los Ibores, la penillanura cacereño-trujillana, el valle del Ambroz, la Siberia, la Serena, el suroeste de Badajoz, los baldíos de Alburquerque, la zona rayana extremeño-lusitana, etc., al objeto de seleccionar las poblaciones para el trabajo intensivo y también para realizar una propuesta de áreas culinarias extremeñas. IV.- El programa de trabajo: A.- Metodología (Orientación conceptual del estudio, delimitación del terreno y de la muestra, selección y representatividad de las unidades domésticas a estudiar, los campos a estudiar, los núcleos principales de la observación, las unidades de observación, los objetos alimenticios, las prácticas, el completo socio-cultural, las variaciones temporales, socioculturales y del espacio social). Se partía, a título de hipótesis, de que el sistema alimenticio extremeño puede inscribirse en el horizonte histórico de la evolución sociocultural de la alimentación humana en un medio ambiente m editerráneo. Se trataba igualm ente de desarrollar una perspectiva comparativa pertinente con lo que sucede en Extremadura con el empleo de ciertos ingre­ dientes originarios provinientes de América hispana. Las unidades domésticas a estudiar, en cada población, tuvieron en cuenta dos niveles de representatividad: su reparto entre los seis pueblos y su distribución en el seno de un pueblo, entre los diferentes grupos sociales presentes.


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La matanza ritual del cerdo. (Almendral). (Fotografía: J. Marcos).

Los campos temáticos a estudiar se concentraron en las prácticas propiamente dichas de preparación y consumo de “platos”. Y se puso énfasis en los aspectos cualitativos del sistema alimentario de Extremadura, partiendo de la realidad empírica y “material” que es aquella de los aspectos “etic” del sistema alimenticio, pasando, después, al estudio de las representaciones conceptuales presentes en el mismo sistema extremeño: su dimensión “emic” (valores y categorías). Los núcleos principales de observación: a.- El conocimiento preciso de las prácticas de preparación y consumo de alimentos (las maneras de hacer), b.- El lugar ocupado por esas prácticas en el contexto sociocultural de la alimentación extremeña. Y c - El conocimiento de las representaciones conceptuales que acompañan a las prácticas de preparación y consumo de alimentos (Las maneras de pensar). Se atendió igualmente a las características socioculturales y económicas de los informantes y correspondientes a sus unidades domés­ ticas. Se tuvieron en cuenta los efectos de los cambios estacionales propios del ecosistema y las variaciones ligadas a los ciclos ceremoniales (familiares y colectivos). B.- Sistematización del proceso de investigación. Fases y Etapas: Ia (Estudio analítico del sistema alimenticio practicado en Extremadura, realizado a partir de las preparaciones consumidas y de los productos e ingredientes empleados). 2a (Estudio etnográfico de deter-


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minados productos significativos socialmente). 3a (Estudio monográfico de las preparaciones culinarias (los platos) que tuvieran un valor simbólico marcado respecto a lo cotidiano, el ceremonial, la enfermedad, o por su carácter de pertenencia local, comarcal o regional. Hasta el presente (1999) sólo se han derivado del proyecto un par de publicaciones. Javier Marcos en 1992 publicó en El Folk-lore Andaluz. Revista de Cultura Tradicional, el trabajo “Realidad, símbolos y rituales de la comida en Extremadura” y Julián López García acaba de publicar la monografía que lleva por título Estudios de Antropología de la alimentación (Madrid, 1998), que ha sido financiado por la Fundación Xavier de Salas y ediciones La Coria. El primer trabajo comprende una visión general de los sistemas de producción y de consumo alimenticio en Extremadura. Trata sobre la economía de reco­ lección y de su relación con el medio ecológico y el ciclo estacional. Se abordan igual­ mente distintos aspectos de la dieta de los extremeños, el año gastronómico, la cocina ritual, la alimentación y el ciclo vital, y los sistemas tradicionales de conservación de deter­ minados productos y alimentos. El estudio concluye con una síntesis estadística sobre las preferencias alimentarias de los extremeños extraída de varias encuestas realizadas, por regiones, por el Instituto Nacional de Estadística sobre presupuestos familiares y acerca de los gastos que se invierten en la adquisición de productos alimenticios y de autoconsumo (1981,1985,1986-7). El libro de Julián López está integrado, sobre todo, por diversos textos sobre alimen­ tación a partir de los materiales de campo obtenidos en centroamérica. Un capítulo, el primero, lo dedica a la alimentación de Campanario (Extremadura), caracterizada, según el autor, por ciertos componentes de exotismo tanto en su sistema alimenticio como en sus hábitos culinarios. En la monografía se abordan los significados sociales y simbólicos de la comida y lo que Lévi-Strauss llamó “sus entornos y sus contornos”. El análisis se hace en cinco capítulos con materiales etnográficos procedentes de contextos españoles y latinamericanos: Campanario (Badajoz), el Valle de Alcudia (Ciudad Real), Jocotán (Chiquimula, Guatemala), Toke Ajllata Alta (Osmasuyos, La Paz, Bolivia) y Teresa Mama (Puyo, Ecuador). Por lo que se refiere al estudio de Campanario discrepamos de algunas refle­ xiones teóricas que allí se vierten. Aparte, el autor describe en presente lo que, si acaso, han sido prácticas alimentarias de otros tiempos. El estudio extremeño deriva del proyecto “Valores de la comida extremeña”. El material de campo se recogió en los meses de julio y agosto de 1988. En este estudio “Comida y formas de identidad en Campanario (Badajoz)” se analizan tres sistemas de oposición culi­ naria que en Campanario han servido y parcialmente sirven para marcar diferencias identitarias. Por un lado están las comidas en diferentes fiestas asociadas simbólicamente, según Julián López, a la fecundidad y la sexualidad exagerada (Día de correr el gallo, Día de la Comadrá, Día de la Alcachofa y Día del Membrillo), frente a las comidas simbólicamente 104


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asociadas a la muerte (Día de la Castaña). Oposiciones que permiten interiorizar diferencias de identidad entre el grupo de edad de la niñez y el grupo de edad de la mocedad. En segundo lugar se presta atención a la oposición entre el chorizo de cerdo y el “chorizo de huerta” (el rábano) que en el pasado marcaban diferencias en cuanto a identidades de “clase social” entre labradores y pleiteras (y también pastores) sobre la base de la presencia o ausencia de grasa. Y, en tercer lugar se destaca la oposición entre comidas de “monte” (alimentos del exterior/recolección) frente a “comidas de casa” (alimentos de la huerta y otros) que son utilizadas para marcar la identidad del pueblo y refúerzan la idea de Campa­ nario como comunidad “dominadora” del campo y las afueras frente a otros pueblos vecinos que circunscriben la idea de su identidad comunitaria a los límites físicos del pueblo. Estructura social, migraciones y asociacionismo

El género de comunidad dentro de la literatura antropológica en Extremadura está representado por la tesis doctoral de Henry F. Schwarz “Trujillo: the Ethnography o f a Preindustrial city in western Spain” (Michigan, 1972) y por la tesis de licenciatura (M. A.) “Cañamero: Land and Ufe in Spanish-Town" (1977), de Rita Von Guissen Lutkins. Según Isidoro Moreno (1971, 1975), Schwarz invirtió un año y medio aproximadamente (19671969) en la fase de su trabajo de campo en Trujillo. “La razón de elegir a Trujillo como el lugar para el estudio se basó en el hecho de que parece responder al patrón definido por G. Sjoberg para las “ciudades preindustrialesn, y en la consideración de que representa al tipo de ciudad que sirvió de modelo para los establecimientos urbanos de América hispana. El trabajo consiste: 1.- en el análisis de la función económica de Trujillo como centro comercial de una comarca agrícola, y 2.- en el estudio de los principios culturalmente definidos sobre los que se basa la estructura social —fam ilia, amistad, pandilla, tertulia, linaje, etc .— y los valores a ellos asociados — honor, simpatía, fidelidad, y otros—, examinándose finalm ente la inter-relación funcional entre ambos planos” (Etnhica, 1: 129. 1971). Se trata de un estudio de la organización y de la estratifica­

ción social de una ciudad extremeña caracterizada por su economía latifundista. Con el estudio que sirvió a Schwarz para alcanzar el grado de doctor, o con el de Etsuko Kuroda, que analizaremos más adelante, ocurre lo contrario a lo que escribe, prudentem ente, el profesor Joan Prat cuando se refiere a la representatividad o al problema de la generalización de los resultados de las investigaciones a partir del micro­ cosmos que significan los estudios de comunidad 0 . Prat, 1992: 39). Schwarz no sólo no circunscribe las conclusiones obtenidas al pequeño universo de su propia experiencia, sino que, por el contrario, trata de generalizar sus datos, más allá del contexto regional, para el conjunto del Estado español. Los dos, Schwarz y Kuroda, se plantean el estudio de “su” comunidad como representativo de la cultura española. En ambos casos, sin embargo, se explicitan más o menos las razones y los motivos, profesionales, docentes y teóricos que les 1 05


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impulsaron a estudiar las comunidades que eligieron. En otras investigaciones, en cambio, la opacidad es la característica a subrayar. El estudio “Modelos dualístdcos en la cultura de una comunidad tradicional española”, presentado por Schwarz en septiembre de 1975 al simposium que, dirigido por Carmelo Lisón, se celebró en el Valle de los Caídos y que, con otro conjunto de trabajos se editó en la obra Expresiones actuales de la cultura del pueblo (1976), es un artículo con ciertas generaliza­ ciones, aunque las pretende poner su autor como paradigmáticas. Resultado de un modelo elaborado fuera de la realidad que intenta aprehender, y aplicado de forma mecánica a una realidad sociocultural ajena a su contexto de referencia, Schwarz desde un enfoque estructuralista quiere aplicar el concepto de dualismo simbólico a la cultura española a través de su estudio realizado en Trujillo. Siguiendo a Claude Lévi-Strauss afirma que los procesos del pensamiento tienen carácter binario fundamentalmente, y que el cerebro humano está cons­ truido de forma que interpreta el mundo de una manera dualística. Según Schwarz la cultura trujillana tradicional constituye una cosmología estructurada dualísticamente. A partir de su experiencia etnográfica en Trujillo quiere extender sus conclusiones a la cultura española en general, que considera tiene una estructura funda­ mentalmente dualista. En Trujillo el factor que manifiesta tal estructura es la jerarquía social que se establece debido a la configuración latifundista de la economía. Y así, trata de ejemplificar el sistema binario de oposiciones paralelas con datos empíricos extraídos de su experiencia extremeña. Como ejemplos de este patrón cultural de conducta se detiene en: 1.- El espacio y la variabilidad de la conducta: público (dominio del hombre) y privado (dominio de la mujer). Es decir, establece una conceptualización dicotómica del espacio según los géneros. 2.- Distingue entre lo masculino y lo femenino y sus asociaciones simbólicas: separación de sexos, y asociación del femenino con lo profano (naturaleza) y el masculino con lo sagrado (cultura). Lo que, a su vez y en su opinión, está relacionado con la valoración social que se establece culturalmente con lo público y lo privado, y con el estatus, el poder social, el prestigio y el tipo de ocupación o actividad que se ejerce. 3.- El Trabajo y el Ocio. Afirma que el trabajo, y particularmente las actividades físicas o mecá­ nicas, se asocian a la idea de profanidad; y, por el contrario, los individuos que no trabajan —se refiere a los propietarios, etc.— se consideran socialmente con prestigio. 4.- Proceso de socialización. Distingue entre el papel de la madre, vinculado a lazos emocionales; y el del padre, fuente de autoridad. Y en cuanto a la educación de los niños observa que los caprichosos, impulsivos, etc., se consideran presociales (en el modelo natural) y los educados y que han interiorizado las normas y los valores (en el modelo cultural). La utilidad del modelo de Schwarz, como él mismo sugiere, reside más en su capacidad para explicar el pasado que el presente o el futuro, dado que los patrones culturales, debido a la dinámica social, están modificándose continuamente. 106

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La antropóloga Rita Von Guissen, del Departamento de Antropología de la Univer­ sidad de Wesleyan (Middletown, Connecticut), lleva a cabo una investigación de campo en un pueblo de Cáceres entre diciembre de 1975 y agosto de 1976. “ Cañamero: Land and Ufe in Spanish-Towrí’. Se trata de una monografía de comunidad que gira en tomo al problema de la posesión de la tierra, la estratificación y los valores sociales. El texto del original se articula en dos partes y varios capítulos. En la primera parte se ocupa del pueblo y del campo. Y en la segunda de la posesión/propiedad de la tierra (Land ownerchip/Land propertics), los dueños de la tierra/los terratenientes (Landowers), la explotación de la tierra (Land exploitation), la producción de la tierra (Land production) y los valores sociales (Land and social valúes). La estructura social local y la posición que se ocupa en ella refleja la estructura econó­ mica que se constituye a partir de la posesión de la tierra. Aunque el estudio está organi­ zado en torno a la idea de la propiedad de la tierra, ésta trasciende su valor como indicador económico, y se relaciona con la estratificación social y con los valores a ella asociados: el estatus, el prestigio, etc. Migraciones

Uno de los primeros estudios socioantropológicos que tratan sobre los factores socioculturales de los movimientos migratorios extremeños, en este caso circunscrito a la comarca de las Hurdes y compartido con otras áreas de España, se debe a E. Laraña: “La emigración en comunidades rurales atrasadas. Estudio de tres comarcas españolas” (Alca­ veras, 3:2-13. 1982). Se trata de un análisis comparativo entre tres zonas socioterritoriales bien definidas: Las Hurdes, la Serranía de Ronda y el Condado del Miño. En lo relativo a Extremadura, se ocupa su autor de la peculiar emigración hurdana (temporera) y de las dificultades del hurdano para adaptarse a una cultura extraña. Lo que obedece, de un lado, a factores culturales; y del otro, a la incapacidad de integrarse en una estructura sociocul­ tural basada en principios, valores y costumbres profundamente distintos a aquellos que informaron la socialización de los hurdanos. El antropólogo extremeño Juan M anuel Valadés Sierra, actualmente director del Museo Provincial de Cáceres, tiene en los problemas de la emigración una de sus preo­ cupaciones científicas. Una parte significativa de sus estudios sobre m igraciones se enmarcan en la investigación-orientación intercultural. Ha publicado una monografía, Extremadura, tres. (Integración y afirmación étnica en la comunidad extremeña de Leganés)

(1992), editada por el Consejo de Antropología de la Asamblea de Extremadura. Orga­ niza la obra en tres apartados: 1.- La investigación sobre m igraciones y m igrantes. (Junto a los temas de orden teórico e histórico incluye una bibliografía sobre el caso


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extremeño). 2.- Datos históricos y estadísticos. (La economía, la población, estadística de los extrem eños en L eganés y condiciones de vida de la fam ilia extrem eña de Leganés). Y 3.- Análisis antropológico. El individuo y la comunidad. (Historia personal, Emigración, establecimiento, los vínculos con el pueblo de origen, los proyectos para el futuro y el problema de los hijos, el movimiento organizativo de los emigrantes extre­ meños, Religiosidad y ritual, los efectos de la emigración).

integración, q de ia primera

Es una visión cualitativa del fenómeno de la emigración a través de los ojos de un antropólogo hijo de emigrante y residente en Leganés durante tres décadas. Se trata, pues, de una percepción desde dentro del fenómeno de la emigración y a partir de la doble posi­ ción de su autor como extremeño y como leganiense. Y aunque los emigrantes se consi­ deran, según se desprende del estudio, parte de la comunidad extremeña, sus vidas y senti­ mientos discurren entre dos universos, el de origen y el de recepción. Ahora bien el emigrado sigue identificándose en primer lugar con su pueblo, si bien en el contexto de la emigración amplía su referencia identitaria a Extremadura en general. El ensayo lo cierra con el estudio cualitativo de la información recopilada a través del trabajo de campo, con referencias a la emigración, la adaptación a la ciudad, los hijos de los emigrados y la manera en que éstos se organizan —la Casa de Extremadura— y se manifiestan colectiva­ mente, reproduciendo su identidad cultural, por medio del ritual religioso supracomunal en la celebración de la romería de Guadalupe.

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Otras contribuciones suyas en este terreno de cosas son: “O ritual como afirm ado da identidade: un caso pratico na sociedade industrial”, en Revista M editerráneo (Lisboa, 1993), del que hemos hablado en el apartado sobre la identidad; “De la dehesa al andamio: la emigración de los pastores”, en Trashumancia y Cultura pastoril en Extremadura (Villanueva de la Serena, 1993). Sobre la emigración en áreas ganaderas y el retroceso del oficio de pastor debido a la crisis en el modelo tradicional de explotación de la dehesa. En 1993 el Consejo de Comunidades Extremeñas, de la Junta de Extremadura, le encarga y financia el proyecto que lleva por título: “Encuesta sobre la situación socioeconómica y tendencia al retomo de los emigrados extremeños en otras Comunidades Autónomas”, que con el mismo título y en forma de libro se publicó al año siguiente. Entre junio de 1992 y septiembre de 1993 recoge, mediante entrevistas, encuestas a partir de una amplia muestra, y mediante la consulta de la documentación pertinente, una importante información sobre la situación de los emigrantes extremeños residentes en toda España: (formación educativa, condi­ ciones laborales, situación económica, relaciones con Extremadura, tendencia al retorno, los extremeños y las asociaciones). De las conclusiones cabe inferir que la mitad aproxima­ damente, transcurrida la primera generación, ya no se consideran emigrantes. Sociológica­ mente el emigrante es el de la primera generación. Y aunque mantienen vivos los lazos con la sociedad de origen aceptan la participación social en la sociedad de recepción. La 108

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En la obra colectiva Programar la esperanza. El método prospectivo en los estudios sobre Extremadura vio la luz “Los extrem eños de la diáspora tras el cambio de m ilenio” (Badajoz, 1996). Dos años antes, y también como trabajo derivado de su monografía, publica en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares “Antropología de las m igra­ ciones” (Madrid, 1994). En el marco de los estudios de Antropología Urbana aborda el referente teórico y bibliográfico general, el ámbito de la investigación antropológica sobre las migraciones, y el cambio experimentado por España, de la emigración (externa) a la inmigración (interna). Concluye el trabajo con una visión general de las principales apor­ taciones realizadas al estudio antropológico de las migraciones, con especial referencia a la bibliografía sobre el tema en España.

afirm ado da n-jneo (Lisboa, esa al andamio: m adura (Villaxeso del oficio ehesa. En 1993 i. le encarga y 10

mica y tendencia

con el mismo ' septiembre de i. y mediante la 're la situación .icativa, condiicia al retorno, itad aproximas. Sociológicavivos los lazos recepción. La

En todos los trabajos de Valadés se destaca la importancia histórica de la emigración y la marginación política como catalizador, por encima de los factores de distorsión y diver­ sidad de orígenes locales, de los sentimientos de pertenencia a un mismo pueblo con una identidad cultural compartida.

Desde una óptica histórica, pero recientemente también a partir de la fuente oral que supone la inform ación recabada de inform antes entrevistados personalm ente, Moisés Cayetano Rosado publica en 1986 en la UNED (Mérida) el libro M ovimientos m igratorios extrem eños en el desarrollism o español (1960-1975). Y más cercano en el tiempo, “La emigración económica de Extremadura a la luz de las fuentes orales”, en Encuentros de la Historia de Extremadura y su Didáctica (Badajoz, 1993). Aunque no estrictamente antropológicos, me parece pertinente aludir aquí, por otra parte, a los trabajos que sobre la em igración contem poránea extrem eña han realizado en los últimos años varios profesores del Departamento de Geografía de la Universidad de Extremadura, algunos de ellos encargados asimismo por el Consejo de Comunidades Extremeñas. El último estudio que conocemos M igraciones y Dependencia: Extremadura entre el éxodo y el retorno (M érida, 1993), ha sido redactado por los profesores Gonzalo Barrientos, Antonio Pérez y Juan Ignacio Renginfo. Tratan sus autores en una primera parte del “Balance m igratorio de un cuarto de siglo (1960-1985)”, donde se explican las razones del éxodo, el auge, la ralentización m igratoria, el incremento del retorno, y las secuelas de la emigración; y dedican la segunda al análisis de la reciente movilidad de los extremeños: “Los Movimientos M igratorios Extremeños ante los noventa”, capítulo en el que reflexionan sobre el am biente socioeconómico de los ochenta, los m ovi­ mientos m igratorios en la misma década, las diferencias espaciales en el comporta­ miento de las migraciones, la emigración y el retorno en 1991-2, y la distribución espacial, por áreas y comarcas. 109


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El fenómeno del tem porerim o representa otra modalidad de las m igraciones. En Extremadura se da todavía una no muy importante inmigración extranjera, sobre todo de magrebíes y gitanos portugueses, al tiempo que una parte significativa de extremeños, desde hace décadas, se ven obligados a emigrar, dentro de la región (a capitales funcio­ nales, cabeceras de comarca, centros de mayor dinamismo económico...) y fuera de ella a la recolección (Huelva, Navarra, Lérida, Francia) y en busca de empleo en los sectores de la construcción y la hostelería en las grandes urbes y en la costa. Emigración e inmigración se presentan así como dos corrientes migratorias: una, de carácter extra-regional, y otra intra-regional, estimuladas ambas por una serie de contrastes socioeconómicos endógenos que actúan como resortes de una redistribución espacial de la población, que tiende a concentrar las mayores densidades en los núcleos urbanos y en las áreas de regadío en tanto que, por lo que se refiere a la región, vacía las áreas de sierra, penillanura y campiña cerealista. De manera que, junto al tradicional temporerismo protagonizado por los extre­ meños que se desplazan a Suiza, Francia, o a las áreas turísticas, se da también la inm i­ gración de tem porada protagonizada especialm ente por lusitanos y m agrebíes que afluyen a la región atraídos por la oferta laboral que generan las zonas de mayor produc­ tividad agraria. Es decir, mientras un volumen significativo de extremeños se ve forzado a salir de sus municipios y lugares de residencia, un contingente de inm igrantes no menos representativo, legales e “ilegales”, indocumentados, llegan a Extremadura. Entre ellos un subgrupo, los temporeros, caracterizados por la temporalidad de su perm a­ nencia, los meses de verano, y por sus peculiaridades culturales; y entre los que destacan por su número los gitanos portugueses (Vegas del Guadiana) y los marroquíes y otros procedentes de la zona subsahariana (Comarcas del norte de Cáceres). La inmensa mayoría son inmigrantes temporeros cuyos flujos demográficos hacia la región coin­ ciden con las fechas de la recolección. Tal fenómeno sociocultural en Extremadura ha sido tratado desde la sociología por Artemio Baigorri quien, en unión de un equipo de colaboradores, plasmó en un informe sobre el paro agrícola, encargado por la Consejería de Economía y Hacienda de la Junta de Extremadura (1992) la situación de los “inmigrantes y temporeros” en el libro El paro agrícola (Paro, mercado de trabajo, form ación ocupacional, temporerismo e inmigración en el campo extremeño) (Zafra, 1994). Se aborda el “temporerismo en el marco de una Europa

Unida”, “Las campañas agrícolas en Extremadura”, “La figura del temporero (temporeros extremeños, temporeros portugueses, temporeros marroquíes, temporeros polacos)”, “Las relaciones con los agentes sociales (los empresarios, las organizaciones sindicales, organi­ zaciones no gubernamentales y grupos solidarios, comunidades vecinales, instituciones públicas)”, las “Repercusiones de la libre circulación de trabajadores”, etc. lio


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igraciones. En . sobre todo de de extremeños, ¿pítales funciofuera de ella a '.os sectores de n e inmigración ■¿íional, y otra jc o s endógenos i. que tiende a de regadío en nura y campiña por los extrembién la inmimagrebíes que mayor produc­ es se ve forzado nmigrantes no rmadura. Entre de su permays que destacan roquíes y otros La inmensa la región coini

sociología por en un informe nda de la Junta el libro El paro m igración en el

de una Europa :ro (temporeros polacos)”, “Las dicales, organis. instituciones

El profesor Antonio Pérez Díaz ha coordinado el equipo de investigación que elaboró un estudio monográfico sobre el fenómeno en la región: Cara y cruz del tem porerim o en Extremadura (Mérida, 1997). Contiene las siguientes partes: primera (Inmigrantes extran­ jeros en España, la inmigración extranjera en Extremadura, el Valle del Tiétar, un destino para el inmigrante magrebí, los gitanos portugueses en las Vegas del Guadiana, encuesta sobre xenofobia) Y una segunda: (Los extremeños y la em igración de temporada, los destinos más frecuentes del temporerismo extremeño, perfil del temporero extremeño, el temporerismo en los llanos de Olivenza). Asociacionismo

Es un ámbito temático casi inédito por lo que se refiere a Extremadura. Los pocos estudios que existen se deben a sociólogos, historiadores y eruditos locales que en las monografías sobre sus poblaciones suelen incluir algún apartado sobre el tema en su circunscripción local. El asociacionismo voluntario (Banton, M . y Sills, D. L., 1974: 611-629), tanto con un alto nivel de estructuración como el más informal, representado por peñas, grupos de amigos, pandillas, etc., en sus variantes de asociaciones de carácter civil o religioso, en su múltiple tipología de género, grupos de edad, de profesión u ocupación, o en su dimensión cultural, de ocio y tiempo libre (deportivo, caza, pesca...), de barrio (vecinal), ecológica y de defensa de la naturaleza, político o sindicales, de emigrantes, de consumo, etc., apenas ha sido abordado en su realidad extremeña. Contamos con algunos trabajos, no antropoló­ gicos, dispersos en publicaciones colectivas y unos pocos estudios sobre el tradicional asociacionismo religioso (hermandades y cofradías) circunscritos a poblaciones muy precisas. A pesar de lo que escribió M iguel de Unamuno en 1911 sobre los casinos en Extremadura en “Por tierras de Portugal y España”: “El Casino es lo que hay que ver en estas ciudades y villas extremeñas; el casino es un verdadero hogar colectivo, en el casino es donde se les conoce. El extremeño de los pueblos es, sobre todo, casinero. No se concibe lugar extremeño sin casino, adonde concunen los señoritos de estos pueblos, señoritos ociosos”, existe una muy limitada biblio­

grafía sobre Círculos de Recreo y Ocio (Casinos, Liceos Artesanos, Centros Obreros...) generalmente producida a partir de las fuentes documentales propias de tales instituciones por eruditos e historiadores locales. Los Círculos de recreo y Casinos son lugares clave de interacción y sociabilidad en Extremadura. Lo publicado sobre ellos no trata tanto sobre el asociacionismo y el sistema de relaciones, sino más bien sobre la historia secuencial de la institución y de los fines manifiestos, al margen de las funciones latentes, recogidos aque­ llos en sus propios reglamentos y estatutos. Los casinos, liceos, etc., como instituciones sociales con implicaciones sociopolíticas y socioculturales apenas han recibido atención científica en Extremadura. Es decir falta iniciar los estudios sobre estas instituciones, sobre lll


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“Círculo de Cascorro”. Santa Marta. (Fotografía: J. Marcos).

la significación y las funciones sociopolíticas de tales expresiones asociativas en conexión con las condiciones socioeconómicas, los sistemas y las redes de relaciones sociales y de poder, y los mecanismos de identificación operantes a nivel grupal, de clase, comunal, supracomunal, etc., en su marco contextual. La mayoría de las historias de casinos y círculos artesanos que han visto la luz en los últimos años han sido motivadas por cumplirse durante estas fechas el primer cente­ nario de la institución. Recientemente apareció la obra colectiva San Vicente de Alcán­ tara. I. Centenario Casino de Artesanos, 1897-1997 (Badajoz, 1997). Un grupo de autores abordan distintos aspectos de la institución. Y la profesora M aría Dolores Cabezas de H errera acaba de publicar el estudio intitulado Casino de Don Benito. 100 años de historia (Aprosuba. D. Benito, 1999), en el que trata de reconstruir, mediante la exploración de las actas, la historia del Círculo de Artesanos. En Historia de la Sociedad el Obrero Extre­ meño (Almendralejo, 1999), el historiador Francisco Zarandieta ha reconstruido la vida de la Sociedad cooperativa y de seguros m utuos a p artir de fuentes archivísticas (archivo de la institución y archivo municipal de Almendralejo) y hemerográficas (la prensa local). En la actualidad prepara un trabajo sobre El Círculo M ercantil de la misma población.

i r nda de una nmánente se « k n en la cose Gredos’ (Bada a comarca del nurv; ¡ de gan practica ecooó) valorada en un relación en tér porte de una m neña. que evi recursos, etc., < manera, nuena fertilidad v la n tualiza en la a bueno (categon En ‘ La me que vio la luz e 19931. Kavanas ñores (1981, 1? humantes en lo la metáfora del que distingue ei


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En Participación ciudadana y movimientos vecinales en Badajoz (Badajoz, 1991), el soció­ logo Fernando González Pozuelo incluye un apartado sobre los movimientos asociacionistas en la ciudad de Badajoz. Entre otras, llega a las siguientes conclusiones: los hombres prefieren afiliarse a asociaciones deportivas, y las mujeres y las niñas a otras de carácter religioso o caritativo. Los jóvenes de ambos sexos tienden a asociarse en las nuevas ONGs. En 1992 publica Hacia una cultura participativa. Badajoz ciudad. Y en 1995 saca a la luz Nuestros mayores, donde aborda el fenómeno, circunscrito ahora en un grupo de edad, en la ciudad de Badajoz. Sistemas simbólicos e ideología

vas en conexión íes sociales y de clase, comunal, i visto la luz en d primer centeicente de Alcán-

rupo de autores )res Cabezas de ) años de historia

i exploración de el Obrero Extrenstruido la vida ís archivísticas nerográficas (la M ercantil de la

Tras la realización de un trabajo de campo que se inició a principios de los años ochenta, W illiam Kavanagh recientemente ha publicado en la monografía Villagers o f the S iena de Gredos (1994) los resultados de su investigación doctoral (La Nava de San Miguel: A Social anthropological Study o f a Spanish Mountain village, Oxford, 1985) sobre los modos de vida de una comunidad de trashumantes que, asentada en la Sierra de Gredos, cíclica y ritualmente se desplaza a Extremadura en busca de pastos para sus rebaños. En “Extrema­ dura en la cosmovisión de los ganaderos trashumantes de la vertiente norte de la Sierra de Gredos” (Badajoz, 1987), analiza una comunidad de Castilla, asentada territorialmente en la comarca del Barco de Avila, para la que Extremadura significa el “paraíso”. La trashu­ mancia de ganado vacuno a las dehesas extremeñas, trasciende el valor intrínseco de una práctica económica, y la imagen de Extremadura aparece en su cosmovisión favorablemente valorada en una relación de complementariedad. Percepción que se expresa no en una relación en términos excluyentes nosotros-ellos, sino de manera integrada y formando parte de una misma realidad. Es decir, ambas vertientes de la sierra, la castellana y la extre­ meña, que evidencian una oposición física, clim atológica, en la riqueza-pobreza de recursos, etc., en el terreno social se interiorizan como mitades complementarias. De tal manera, mientras que lo que proviene de la mitad norte se asocia con el frío, la falta de fertilidad y la muerte; en contraposición, lo que proviene del sur (Extremadura) se conceptualiza en la cultura de los trashumantes estudiados como algo cálido (categoría física), bueno (categoría social) y fértil (categoría económica). En “La metáfora del paraíso: Extremadura en la simbología del trashumante serrano”, que vio la luz en Trashumancia y Cultura pastoril en Extremadura (Villanueva de la Serena, 1993), Kavanagh vuelve sobre el asunto y presenta una nueva versión de artículos ante­ riores (1981,1983,1984,1987...). Al tratar de comprender la realidad simbólica de los tras­ humantes en lo relativo a su consciencia de sí mismos, de su identidad como comunidad, la metáfora del paraíso terrenal se localiza en Extremadura. Sobre el extendido mecanismo que distingue entre el nosotros (la comunidad) versus los otros, o todos los demás (los de 113


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fuera), aquí el discurso exclusivista adopta un matiz específico que valora en términos posi­ tivos las relaciones entre comunidades vecinas: Castilla (Avila)/Extremadura (Cáceres). Extremadura representa el complemento de su mundo social y simbólico. Estudios sobre “cultura popular ”

Agrupo en este epígrafe los trabajos más relevantes que, parcial o globalmente, se ocupan de la Cultura Popular en Extremadura. La aplicación de métodos científicos a su estudio marcará la definitiva separación frente al amateurismo de los eruditos y los aficio­ nados al estudio de las “cosas populares”. Tales estudios, en líneas generales, reciben el estímulo que, sobre la cultura popular y la recuperación de costumbres, va a imprimir el nuevo régimen democrático en el contexto de revitalización de aquellos elementos referenciales, diferenciadores e identitarios (Rituales, Religiosidad Popular, etc.). Durante los veranos de 1980, 1981 y 1983 el antropólogo norteamericano James Taggart de Lara, actualmente profesor de antropología en el Franklin and M arshall College, desarrolla un trabajo de campo en la comarca extremeña de la Vera, y en concreto en las poblaciones de Guijo de Santa Bárbara, Garganta la Olla y Piornal. Con anterio­ ridad, durante varios períodos entre los años 1968 y 1978 realizó investigación de campo en las comunidades mexicanas de Huitzilán Deserdán y en Santiago de Yaonáhuac. En el estudio publicado en la revista Ethnica (1982: 169-189), “Metáforas del espacio y tiempo en la tradición oral de España y México”, bajo una perspectiva estructuralista, aborda los conceptos-categorías del espacio y el tiempo en los cuentos populares procedentes de dos culturas históricamente relacionadas. Aunque no confirma las hipótesis con datos contras­ tados, Tagartt sugiere que los primeros inmigrantes españoles en aquellas poblaciones mejicanas salieron de la provincia de Cáceres. Se interesa, a partir de expresiones de la cultura verbal, por las representaciones simbólicas y por las oposiciones binarias que subyacen a las narraciones orales: hombre-mujer, naturaleza-cultura, etc. M ediante un estudio comparativo pretende explicar las diferencias entre los cuentos de ambas tradi­ ciones asociándolas a los grados de rigidez jerárquica de las clases sociales en los dos lugares; asimismo trata de identificar las variaciones de la imagen de la mujer en los cuentos españoles (compilados en Extremadura) y en los mejicanos (aztecas), en función de la posición que ocupa en la estructura social. Versiones semejantes de cuentos paralelos que, debido a los distintos antecedentes culturales de ambas tradiciones y a las disímiles estructuras sociales de ambos pueblos, muestran metáforas del tiempo y del espacio diferentes. Y aunque en las dos versiones encuentra semejanzas, según su opinión debidas a las influencias en ambas tradiciones del cristianismo, descubre igualmente elementos de la cultura azteca en los cuentos nahuat (sociedad patriarcal y biétnica), es decir estratificada étnicamente en hispanos e indios. Por 114


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i términos posiidura (Cáceres).

otra parte, en la zona en la que fueron recopilados los textos de los cuentos en España existe más igualdad social y económica. Los valles del Jerte y de la Vera son zonas minifundistas alejadas del llano donde tradicionalmente prevalece el latifundio y la gran propiedad.

globalmente, se s científicos a su i;tos y los afició­ nales, reciben el va a imprimir el elementos refec.).

Con este mismo enfoque y en el mismo año publica Taggart en el volumen XXI, n° I de Ethnology el artículo “Class and sex in Spanish and mexican oral tradition”. Y en 1988 “Asimilación de cuentos españoles de los Nahuas de México”, en Mito y ritual en América, volumen complilado por el profesor Manuel Gutiérrez Estévez. Y un trabajo global sobre los cuentos extremeños de tradición oral, con materiales procedentes de la comarca del Jerte y de la Vera: (Garganta la Olla, Serradilla, Navaconcejo, Piornal, Cabezuela del Valle, Guijo de Santa Bárbara...) publica en el libro Enchanted Maidens: Gender Relations in Spanish folktales o f Courtship and M aniage. (New Jersey, 1990). Taggart eligió Extremadura para su trabajo empírico, asesorado por Honorio Velasco, Fermín del Pino y M anuel Gutiérrez Estévez, partiendo de la relación histórica entre Extremadura y Méjico. En su trabajo pretende encontrar regularidades y diferencias entre los cuentos populares de ambas partes del atlántico.

imericano James in and M arshall :ra. v en concreto íal. Con anterio¿ración de campo Vaonáhuac. En el espacio y tiempo ralista, aborda los -ocedentes de dos ■on datos contras­ ellas poblaciones espresiones de la ines binarias que etc. Mediante un s de ambas tradixriales en los dos e la mujer en los tecas), en función ntos antecedentes le ambos pueblos, i las dos versiones bas tradiciones del os cuentos nahuat ranos e indios. Por

Un estudio de mayor alcance, fruto de un prolongado trabajo de campo (1981 y 1982), con repetidas visitas a la zona de estudio, Zafra y su comarca, es la monografía La Cultura Popular Española1 (Tokio, 1991), de la antropóloga nipona Etsuko Kuroda, adscrita profesio­ nalmente al National Museum of Ethnology de Oxaka. El motivo de la elección de Extre­ madura se produce tras una experiencia de campo entre los mixe del estado de Oaxaca (México), donde, según la autora, la cultura española de conquista es dominante. La causa última de la elección de Extremadura obedece, por una parte, a la pervivencia todavía de una sociedad rural, que Kuroda homologa mecánicamente con la cultura tradicional, popular, etc., representativa de lo que es España en la visión de los extranjeros. Y de otra, al recurrente mito de Extremadura como la tierra donde nacieron los conquistadores. El fundamento teórico del trabajo se basa en entender Méjico por vía de España y vice­ versa. La unidad de análisis es la comunidad de Zafra, que cuenta con una población de doce mil habitantes. La monografía citada está compuesta, en su mayor parte, por artículos que, diseminadamente, ha ido publicando su autora en diversos medios profesionales entre 1983 y 1989. La investigación fue financiada por el Ministerio de Educación de Japón. Se interesa por diversos aspectos de la cultura popular, aunque su obra, más descriptiva que interpretativa, está llena de tópicos y generalizaciones; y en algunas cuestiones se ve la sesgada dependencia de uno o de muy pocos informantes. El modelo que sigue es el pitt7. La versión original está escrita en japonés. Agradezco a Etsuko Kuroda el envío de la monografía y de otras publicaciones antropológicas relativas a Extremadura.

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riversiano en la pionera pero controvertida obra Los Hombres de la Siena (1954). Zafra, frente a Grazalema, se asienta sobre una feraz llanura. Y aunque los bandidos, toreros y compadres de que nos habla Pitt-Rivers han sido sustituidos por vendedores de lotería y cupones, y por pedigüeños; persisten, en cambio, los forasteros, los corredores, no ya de negocios en general, sino de ganado, los gitanos, las gentes con título de don, los señoritos, y los valores supuestamente a ellos adscritos en términos de honor, vergüenza, etc., y que Kuroda, a partir de la sociedad local de Zafra, pretende extender a toda la cultura española. Aunque el texto original está escrito en japones, hemos podido obtener un extracto del sumario: I.- La lógica y la expresión de la gente corriente (expresiones populares en la calle: lo picaresco, la tradi­ ción oral, juegos infantiles, espacios para fiestas). II.- El Ritual y la Feria (Semana Santa, transformaciones de la feria de ganado, tiempo de fiestas, transformaciones del carnaval en la historia de España). III.- El estudio antropológico de España. Esta última parte la confecciona en función de la bibliografía que sobre el particular ha producido Julián PittRivers y deriva también de la consulta de los estudios e investigaciones que Julio Caro Baroja realizó sobre los estratos superficiales y profundos de la cultura popular española. En todo su trabajo se deja ver la fuerte influencia de la obra de ambos antropólogos. Con anterioridad, Etsuko Kuroda saca a la luz como publicación aparte, a partir de los materiales etnográficos reunidos tras su experiencia extremeña, “La lógica y la expresión del pueblo en una ciudad del sur de Extremadura, España”8, en Kokuritsuminzokugakuhakubutsukan-kenkyumkoku.(Bulletin ofth e National Museum ofEthnology).

Parte de la idea de que la tradicional tolerancia social está siendo puesta en entredicho a la luz de la centralidad (los lugares de residencia de los ricos) contra la marginalidad (los barrios pobres). A partir de tal noción trata con la lógica del pueblo de la exclusión e inclusión de las personas (Zafra), y sus ethos (comportamientos) y sabiduría expresadas en la comunicación verbal. En primer lugar, y mediante una simplista y apenas representativa clasificación categoriza a las personas en forasteros: mujeres moras de Ceuta, que ejercen como prostitutas en las afueras de la ciudad, y que son calificadas por la sociedad local como deshonradas en contraste con las “respetadas” amas de casa de la ciudad. Otra cate­ goría de forasteros son los gitanos: por una parte, los que visitaban la ciudad para parti­ cipar en su feria de ganado, y por otra, los gitanos residentes que comparten sus vidas con la clase baja. Los primeros fueron aceptados básicamente por ser tratantes de animales, corredores, es decir indispensables en tales actividades económicas agropastoriles. Dejaron de acudir a la ciudad cuando en la década de los setenta fueron reemplazados por profesio­ nales y vendedores de animales a gran escala.

8. El original está en inglés.

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:4). Zafra, frente

Los gitanos residentes los subdivide en gitanos ricos (señoritos) y gitanos pobres. Los primeros se dedican a los negocios de hostelería, y los pobres a los trabajos desempeñados por la clase baja. Ambos, ricos y pobres, viven en la ciudad pero ni están integrados en la vida de los payos ni se casan con los no gitanos residentes. La estratificación social se completa, basándonos en el trabajo de Etsuko Kuroda, con: 1.- Los que tienen don (Dignidad de respeto: gente/clase descendiente de título y los terratenientes). 2.- La clase profesional de abogados y médicos. 3.- La clase de los comerciantes locales. 4.- Los nuevos ricos (acumularon fortuna con el desarrollo económico español). 5.- La población que sale de una clase baja hacia un sector de la clase media (movilidad social). ¿Y las clases bajas agrícolas? Nada nos dice sobre ellas.

ros y compadres v cupones, y por de negocios en tos, y los valores Kuroda, a partir Aunque el texto rio: I.- La lógica cuesco, la tradiSemana Santa, >del carnaval en última parte la cido Julián Pittulio Caro Baroja ñola. En todo su

En otro punto trata de la venta de lotería, cupones y del juego de las quinielas, de los vendedores y los compradores y de sus relaciones, de cómo interactúan y ::obre la comunicación mágica y verbal, la picardía y el ingenio, que dice se establece entre unos y otros.

:e. a partir de los :a y la expresión

Fijándose en expresiones concretas de la cultura popular aborda el cambio experimen­ tado en el mundo de las personas a partir de la muerte de Franco y la reinstauración de la democracia. En síntesis, el artículo, abundante en tópicos, contiene:

tminzokugakuha-

■ta en entredicho narginalidad (los ie la exclusión e ría expresadas en las representativa euta, que ejercen la sociedad local iudad. Otra cate: udad para partiten sus vidas con i tes de animales, ^toriles. Dejaron dos por profesio-

I.- Categorías de las personas: centro y periferia (márgenes), ricos y pobres. 1.- Mujeres moras de Ceuta. 2.- Gitanos: a.- De fuera de la ciudad, b.- De la ciudad. 3.- Ciudadano y el pueblo (populacho). II.- Los marginados sociales y el comportamiento del pueblo común: 1.- Pedigüeños. 2.- Vendedores de lotería y cupones. III.- Ethos y sabiduría popular expresadas en la comunicación no verbal: 1.- Títulos de honor, pronombres, apodos y disminutivos. 2.- Exageraciones. 3.- Variados términos para la crítica. 4.- Metáforas de las plantas y de los animales. 5.- Blasfemia, expresión sexual. 6.- Expresiones pasadas de moda, expresión sexual. 7.- Máximas.


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El tema tratado lo continúa en “El espacio de la comunicación y el folklore de la calle —como indicadores del cambio social en una ciudad del sur de Extremadura—”9, publicado en Minzokugaku-kenkyu. (The Japonese Journal Ethnology) (Tokyo, 1985). Es un intento de analizar aspectos del fenómeno del cambio social centrándose en la descrip­ ción y discusión en el espacio de la comunicación y en el saber popular de la calle. Sigue ahora el modelo de análisis de la cultura popular propuesto por M ijail Bajtín (1974), en el que considera que a partir de la atenta observación de la vida en un día cualquiera de los ciudadanos se obtiene una rica inform ación. Bajtín aplicó su análisis a cuatro aspectos de la cultura popular: 1.- Vocabulario de la plaza. 2.- Fórmulas populares festivas e imágenes. 3.- Imagen del banquete festejo y 4.- Realismo grotesco. Kuroda utiliza los tres primeros tópicos para la observación y el tratamiento de la sociedad local seguedana: 1.- Distribución de los espacios públicos en la ciudad. 2.- Cambios morfoló­ gicos, funcionales y estéticos, experim entados en las casas y en los com ercios. 3.Cambios en los establecimientos para celebrar banquetes. 4.- Espacios festivos. Y 5.Juegos de niños en las calles. De tal manera describe el cambio producido en las últimas décadas en el urbanismo de la ciudad. Lo que, a su entender, genera un nuevo contraste en los estilos de vida de los grupos sociales. A ellos aparecen asociados también nuevos espacios para la comunicación: la casa-piso, el supermercado, establecim ientos para celebrar festejos, etc. Contrasta asimismo las implicaciones ideológicas y sociales del casino y de la taberna. Y piensa que el bar se ha convertido en lugar de interacción aglutinador de los distintos grupos sociales, difuminando, aparentemente, las diferencias sociales y económicas. La taberna y el casino, en cambio, reproducían la estratificación social. Ahora bien, estima que están emergiendo varias clases-tipos de bares para resolver las necesidades simbólicas y de distanciamiento social de los grupos económicos emergentes y su reflejo en las nuevas modalidades de la estratificación social. En suma, trata sobre el significado social y el cambio cultural que experimenta el espacio a raíz de los cambios socioeconómicos. Según Etsuko Kuroda, nuevos fenómenos se observan también en las plazas y calles. Las fiestas y su representación espacial reproducen la estructura social: las fiestas tradicio­ nales son dramatizadas y vividas en la parte antigua de la ciudad; y las fiestas nuevas, de barrio, y otras políticas, o la nueva feria (mercado de ganado) se desarrollan en espacios públicos abiertos, extramuros. Distingue entre fiestas de tipo antiguo, que “son disfrutadas por los actores y observadores muy de cerca” (S. Santa...). Y fiestas nuevas. Pero confunde las nociones de fiesta y espectáculo, que incluye en la misma categoría.

9. El texto original en inglés.

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i folklore de la trem adura—”9, o. 1985). Es un e en la descripe la calle. Sigue ajan (1974), en ía cualquiera de lilisis a cuatro íulas populares otesco. Kuroda a sociedad local mbios morfolócom ercios. 3.■festivos. Y 5.el urbanismo de is de vida de los a comunicación: , etc. Contrasta . Y piensa que el grupos sociales, em a y el casino, itán emergiendo distanciamiento odalidades de la bio cultural que s plazas y calles. ¡ tiestas tradicioiestas nuevas, de lian en espacios "son disfrutadas Pero confunde

Otro aspecto que trata son los pregones callejeros, que afirma casi han desaparecido a raíz de los cambios económicos que comenzaron a llegar a la ciudad en los años sesenta. En cambio, los juegos de los niños permanecen con los patrones tradicionales, a pesar de las nuevas canciones y representaciones creadas por los muchachos en respuesta a la moda actual. Ahora bien, en las nuevas zonas residenciales ocupadas por los “pisos”, que no las casas, están siendo reemplazados por modernos juegos en los patios. En cualquier caso, es de la opinión de que la cultura popular, como la caracterizó Bajtín, está destinada a desa­ parecer en la ciudad de Zafra. En realidad, añade, el estilo de vida del ciudadano en 1980 es parte de la cultura que prevalece en España. En este sentido homogeneizador la cultura del ciudadano no puede conducir a una expresión cultural distinta como la de la cultura popular de Bajtín. Lo que puede tener su razón de ser en una cultura de clase subordinada en contraste con la cultura de la clase superior dominante. Es decir en la visión de Kuroda, por una parte, se está homogeneizando la cultura; y, por otra, la cultura popular puede distinguirse de la hegemónica por ser ambas culturas de clase. En 1987 en Antropología Social de hoy, vol. 2 (Universidad de Tokyo), publica “La tradi­ ción picaresca y la festividad en España. Perspectiva histórica”, sobre la picaresca en el siglo XVI y las fiestas. Se interesa, más allá del contenido semántico, por conceptos como rufián, burla, honra, etc. Y en 1990 da a la imprenta “La transformación de las ferias, ferias de ganado, productos industriales agropastoriles, y acontecimientos festivos en una ciudad del sur de Extremadura”10, en el Bnlletin o f the National Museum o f Ethnology, de Osaka. Trata la existencia de ferias, como la de Zafra, cuando paradójicam ente sin embargo las personas dependientes de trabajos agropastoriles son cada vez menos. Y se pregunta, sin aportar respuestas convincentes, sobre los motivos de su vigencia. Ahora bien, sugiere la idea conocida como si se tratara de una aportación novedosa de que, como medio adaptativo, la feria se combina, para su supervivencia, con la fiesta, vinculando lo económico con lo lúdico. Modelo que reemplaza a la tradicional feria de ganado con una tradición de cinco siglos. Este cambio de feria a feria-fiesta se produce, en el contexto de la mejora económica de España, a mediados de la década de los sesenta. Dice que imitando la feria de Sevilla, aunque a diferencia de aquella, la de Zafra conserva su feria-mercado de ganado. La feria de Zafra en los años ochenta combina la feria de ganados, una feria de productos agropastoriles, y los acontecimientos festivos. Y vuelve sobre el papel jugado por los gitanos y los tratantes de ganado, corredores o intermediarios. Por otra parte, pretende construir un modelo espacio-temporal, calendario-territorio, de las ferias en el sur de Extremadura (Fregenal de la Sierra, Llerena, Zafra, Mérida...).

10. El original en inglés.

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Pero confunde, por ejemplo, la peregrinación gitana a Fregenal, un fenómeno específica­ mente de religiosidad, e identidad étnica, con una feria económica. Aunque más adelante matiza que Fregenal, y la característica celebración de la Virgen de los Remedios por los gitanos, ha sustituido a las poblaciones que contaban con mercado de ganado como lugar donde acudían cíclicamente. Religiosidad y rituales

La importancia de la fiesta deviene, según Isidoro Moreno, de su “condición de expre­ siones simbólicas de la vida social, de su posición dentro del sistema sociocultural en un nivel que no es el de la estructura social sino el de la simbolización y ritualización de ésta y del orden social y de los valores que le corresponden ” (I. Moreno, 1993: 70). Su comprensión, la de su significado,

sólo es posible desde el conocimiento preciso de las claves, del código semántico, dentro del contexto cultural global en el que se inscriben. Se da una progresiva identificaciónasimilación, por otra parte, de determinadas fiestas con los fenómenos de las identidades nacionales, regionales y locales. Y al mismo tiempo emerge un interés paralelo por los fenómenos de religiosidad. La religión, en su versión ideológica de “religiosidad popular” se asume como un diacrítico de las identidades locales y como símbolo de esta misma identificación local o de clase (J. Prat, 1992). Desde una perspectiva histórico-etnológica, el capítulo segundo del libro Ritos y Mitos equívocos (Madrid, 1974), de Julio Caro Baroja titulado “El toro de San Marcos” puede considerarse como uno de los trabajos pioneros, en este caso con un enfoque particular­ mente erudito y bibliográfico-documental, de la bibliografía sobre Fiestas y Religiosidad popular en Extremadura. Un cuarto de siglo después, Salvador Rodríguez Becerra estudia de nuevo la costumbre en un prolijo y documentado trabajo titulado “Creencias, ideología y poder en la religiosidad popular. El ritual del “toro de San Marcos” en Extremadura y Andalucía”, publicado por la Universidad de la Sorbona en la obra colectiva Ibérica. Fétes et Divertissements. Comprende tres aspectos: primero, la geografía del ritual y la difusión del culto; segundo, una exhaustiva revisión crítico-bibliográfica y de fuentes sobre la exótica práctica, y, en último lugar, el carácter mágico-religioso del ritual taurino. A partir de la información que recabamos tras nuestra asistencia durante dos años consecutivos (1983 y 1984) a la fiesta de la Virgen de Carrión confeccionamos el artículo “Las fiestas patronales: el caso de Alburquerque y la Virgen de Carrión. La Romería” (Badajoz, 1984). Intentamos el análisis de la figura y el rol que desempeña la imagen de la Virgen como símbolo de cohesión e identidad de los más dispares sectores sociales alburquerqueños. Y en el mismo año dimos a la imprenta un estudio en forma de libro, Las Fiestas Populares Extremeñas, donde de forma breve describíamos algunas fiestas relevantes en el ciclo festivo anual extremeño. Y años después publicamos “Apuntes al fenómeno de 120


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

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La protección simbólica y la virgen de Carrión. (Alburquerque). (Fotografía: J. Marcos).

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los auroros en Extremadura: los casos de Garbayuela y Zarza Capilla”, que apareció en la obra colectiva Grupos para el ritual festivo (Murcia, 1987). Tras varias semanas de campo, durante 1986, recopilamos la información necesaria para conocer el grado de vigencia y el funcionamiento de las cofradías que sostienen a los “auroros” como grupos formales e institucionalizados en un área, la Siberia y la Serena Extremeña, caracterizada por su aislamiento geográfico y por su despoblación. Tales hermandades son abiertas por la forma de pertenencia a ellas; verticales, en cuanto a la manera de integración, y comunales por su nivel de integración sociocultural. Lo que refleja la similitud y la ausencia de estratificación social rígidamente jerarquizada en las poblaciones estudiadas. En 1997 publicamos en la Revista de Esttidios Extremeños el artículo “La Religiosidad popular y el fenómeno votivo: milagros, promesas y exvotos en Extremadura”. Texto en el que abordamos la especialización de las devociones, las leyendas religiosas fundacionales y el estatus de las imágenes patronales en el sistema jerárquico devocional, y en el que se analiza el fenómeno y la geografía votiva en la región. Sobre la misma temática, focalizado ahora en la concreción de una cultura local, hemos publicado el estudio “La religiosidad y el fenómeno votivo en Extremadura. El caso de la Virgen de Soterraño (Barcarrota)”, en el II Congreso Nacional de Religiosidad Popular, (Sevilla, 1999). Y en 1998 hemos coordinado la obra colectiva Los Carnavales en Extremadura. (Entre la fiesta y el


E tn o lo g ía

DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

espectáculo). En el estudio introductorio “El Carnaval y los carnavales en Extremadura: la

transgresión ritualizada” reflexionamos teóricam ente sobre los rituales festivos y las teorías del carnaval (sobre las diferentes nociones de fiesta y espectáculo, acerca de la cíclica destrucción simbólica del orden-estructura social y la creación periódica de una artificial, sobre el igualitarism o social ritual, la inversión-negación de los roles, posi­ ciones, valores e ideologías que regulan el orden establecido, y, en suma, sobre el carnaval como otro objeto de consumo más en la sociedad capitalista). En la segunda parte y desde un punto de vista etnográfico nos ocupamos de las variaciones-modalidades y las caracte­ rísticas de los carnavales en Extremadura. Tras un trabajo de campo en Extremadura durante dos temporadas, 1983 y 1984, financiado por el C.I.S. (Centro de Investigaciones Sociológicas) y el Instituto Balmes de Sociología del C.S.I.C. (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), un equipo de antropólogos dirigido por el profesor M anuel Gutiérrez Estévez ponen en marcha un proyecto de investigación sobre Religiosidad Popular (Alcántara, Fregenal de la Sierra, Garrovillas de Alconétar, Plasencia, Trujillo, Alburquerque, Azuaga, Fuente de Cantos, Fuente del Maestre, Jerez de los Caballeros, Llerena, M edellín, M érida, Villanueva de la Serena, Zafra...). Aparte del trabajo de campo con la información procedente de la lite­ ratura etnográfica extremeña se ha descrito sucintamente el ciclo festivo extremeño, una aproximación al calendario de fiestas y celebraciones religiosas de Extremadura, que proporcionó un marco general para la correcta valoración de los datos primarios. Refe­ rido también a la totalidad de la región se ha efectuado una recopilación de la “literatura religiosa popular en Extremadura”, en la que se recogen textos procedentes de la inves­ tigación directa, sobre el terreno, y los provinientes de los estudios etnográficos de la región; asimismo se preparó una bibliografía histórica y etnográfica, dedicada a temas religiosos y sobre fiestas en Extremadura. Aunque aún no se han publicado los resul­ tados, algunos datos los adelantó M anuel Gutiérrez Estévez y Julián López García en “Los Santos olvidados”, en la revista Alcandora, (Madrid, 1985). Otra de las pocas publi­ caciones que se derivaron del proyecto se debe también a su director: “La Virgen en tres fiestas patronales de Extrem adura” editado en Antropología Cultural de Extremadura (M érida, 1989). Desde un enfoque estructuralista de sesgo marxista, M . G utiérrez se propone como objetivo el estudio de la función expresiva de la identidad comunitaria a través de tres devociones, las vírgenes de Arageme —Coria—, Altagracia —Garrovillas de Alconétar— y de Carrión —Alburquerque—, patronas de sus respectivas pobla­ ciones. En vez de fijarse en las semejanzas centra su atención en las diferencias. Parte de la hipótesis de que, pese a la semejanza de función social con respecto a la conformación de la identidad local, cada virgen tiene un perfil simbólico distintivo, y ello implica, para cada comunidad local, una conceptualización también distintiva de sí misma y de las relaciones que se establecen con su patrona. Se esbozan las características de dicha


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“Jarramplas”. (Piornal). (Fotografía: J. Marcos).

conceptualización: la virgen de Carrión como generala, la de Altagracia como pastora y la de Arageme como labradora. El trabajo explica que cada virgen-patrona y su culto son la expresión sensible de la concepción im plícita que cada pueblo tiene acerca de su estructura social. El perfil simbólico de cada icono ha sido diseñado colectivamente por cada pueblo de manera que les permite expresar los rasgos esenciales de los modelos que han producido sobre sí mismos. El antropólogo Rufino Acosta aborda el ritual y la fiesta en relación con su significado social y cultural desde la doble perspectiva de expresar simbólicamente la redundancia o reproducción de la estructura, y el de la negación metafórica de esa realidad (antiestruc­ tura) en “Hermandad y fiesta de San Isidro en Montemolín” (Alcántara, 1990). A partir de fuentes orales —entrevistas directas con los actores sociales— y archivísticas, siguiendo el modelo de estudio de las hermandades diseñado por Isidoro Moreno (1976, 1985...), se centra, desde una posición materialista de la fiesta, en las funciones manifiestas y latentes, así como en la hermandad-institución como medio para desarrollar la sociabilidad y en su 123


ETNOLOGÍA d e E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

función de integración simbólica de grupos, barrios y comunidades. La fiesta estudiada, según Acosta, reproduce la polaridad y la estructura de clases de Montemolín, y en el plano simbólico su celebración contribuye a marcar los límites territoriales entre la pobla­ ción y su aldea de Pallares. En el marco del D epartam ento de A ntropología Social y Lógica de la C iencia (UNED. Madrid), los antropólogos Francisco Cruces Villalobos y Ángel Díaz de Rada vienen publicando, conjuntamente, resultados parciales de diversas prácticas de campo. De su experiencia extremeña llevada a cabo en el valle del Jerte, como parte del proyecto Rituales vigentes en España, han participado en la obra Rituales y Proceso Social (Estudio comparativo en cinco zonas españolas) (Madrid, 1991). En el artículo dedicado al valle del Jerte “La ordenación ritual en un valle extremeño” describen en una primera parte los rasgos de la comarca en cuanto a organización territorial, población y evolución demográ­ fica, actividad económica y estructura social. En un segundo apartado tratan sus autores de examinar el conjunto de rituales de la zona, atendiendo a su importancia social en la orga­ nización de las actividades, la distribución de tiempos y los espacios comunitarios, la recreación de identidades, la vida cotidiana, el proceso de modernización y otros aspectos de la dinámica cultural. “Public celebrations in Spanish valley” forma parte de una colección editada por J. Bossevain bajo el rótulo Revitalizing European Rituals (Londres, 1992). El editor se inte­ rroga por las causas de la aparente reactivación y auge de los festivales y las celebraciones públicas en toda Europa en las últim as décadas. La contribución española, extraída también de la experiencia extremeña, traza un cuadro general de la evolución de las cele­ braciones en el valle, centrándose sobre todo en la fiesta del Jarramplas por San Sebastián, en Piornal. Francisco Cruces obtuvo en 1993 la beca de investigación antropológica convocada por el Consejo de Antropología y financiada por la Asamblea de Extremadura. De ella derivó el proyecto “Formas de relación con la tradición. Un reestudio de rituales en el valle del Jerte”, donde se aborda el reestudio del trabajo de campo realizado años atrás con el objetivo principal de explorar modos diferenciados de relación con la tradición por parte de distintos agentes sociales. Un proyecto de envergadura sobre el conjunto de los rituales y ciclos festivos en Extremadura se haya al presente en curso de realización (1998-1999) y en fase de reco­ gida de los datos de campo. Financiado por la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura y la Universidad de Extremadura, Javier Marcos dirige un equipo de cuatro antropólogos que en la actualidad verifican un estudio extensivo, más que intensivo, y que pretende estudiar la realidad festiva de la región y los distintos tipos de fiestas a fin no sólo de redactar una guía de ferias y fiestas, sino también de elaborar mapas de distribución de las leyendas que suelen acompañar a las celebraciones patro124


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nales. El proyecto trata igualmente de establecer la geografía de los rituales en Extrema­ dura a partir de criterios tales como la ecología, el hábitat (dispersa/concentrada), la economía, los grupos sociales según las ocupaciones y los estatus socioeconómicos, los géneros, etc., abordando el estudio de la fiesta como fenómeno sociocultural donde se proyecta la personalidad de nuestro pueblo. En una segunda fase del proyecto se pretende focalizar la atención en rituales concretos, así como en la construcción de modelos teóricos. El trabajo de campo extensivo orienta metodológicamente el proyecto. Tras la delimi­ tación del ámbito de estudio, los rituales festivos desaparecidos, antiguos y modernos, desde una triple perspectiva (temática, temporal y territorial), la estancia personal en el terreno, la “observación participante” en fiestas relevantes, las entrevistas a partir de un modelo de ficha, las encuestas, y los registros de otras fuentes documentales y bibliográ­ ficas han sido los medios fundamentales a través de los que se ha obtenido la información. Al objeto de explicar la metodología al equipo de investigadores de campo se ha consti­ tuido un Seminario permanente en el que, tras el pertinente debate entre los integrantes, se confeccionaron varias fichas-modelo, se describieron los contenidos de los items que las integran, se fijó el tipo de materiales que deberían recogerse y de quienes, se convino que la selección de los informantes fuera en función de las variables biosociales, acerca de la elección de los informantes clave, sobre la sistematización de la información, para homogeneizar los materiales aportados por los distintos miembros del equipo, y, en fin, se esta­ blecieron los principios metodológicos básicos, así como las técnicas pertinentes para la recogida y clasificación ordenada de los materiales. La importancia social y simbólica del ritual y la fiesta de la matanza del cerdo, que inexorablemente se produce cada año, trasciende la función de aprovisonamiento de unos recursos alimentarios con valor económico. En “La cerdofilia extremeña: Una visión desde la Antropología”, publicado en la revista El Folk-lore Andaluz, 4 (Sevilla, 1989), abordamos el ritual en relación con la estructura familiar y la división de funciones por sexos y edades. Tratamos el comportamiento económico y social de la reciprocidad y refle­ xionamos sobre las ideas de lo puro-impuro y de lo sagrado-profano que, aunque de foma latente, están presentes en todo el ritual matancero. La reciprocidad se rige no por crite­ rios de orden económico, sino por los de las relaciones sociales y familiares en el contexto de las obligaciones mutuas. Es decir, en el rito “profano” se privilegian los valores que fortalecen, mantienen y renuevan la unidad doméstica y los lazos vecinales y sociales frente a los económicos. El tiempo de matanza, el proscenio donde se verifica y el mismo rito implica un código comunicativo que opera como protocolo de integración y/o segre­ gación. El binomio dar-devolver juega a favor de las relaciones integradoras y afecta asimismo a las segregadoras. 1 25


E t n o l o g í a DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

Medicina popular

La mayor parte de los trabajos están relacionados con los estudios del par salud-enfer­ medad en la cosmovisión popular. Cuatro son principalmente los investigadores que en fechas recientes se han ocupado de los temas de M edicina Popular en Extremadura: Yolanda Guío Cerezo, Ingrid Kuschick y Francisco Cruces, desde la Antropología, y Pilar Curiel Merchán, desde la filología. Yolanda Guío, que leyó su tesis doctoral, “Salud, Enfer­ medad y Medicina Popular en Extremadura. Un acercamiento desde el americanismo ” en la Universidad Complutense (Madrid, 1991), ha ido publicando parcialmente resultados de la investigación que durante varias temporadas llevó a cabo en el curso de su trabajo de campo en tres poblaciones extremeñas, Alburquerque, Llerena y Santa Cruz de la Sierra. Desde una perspectiva estructuralista, en la línea de los trabajos de su director de docto­ rado, Manuel Gutiérrez Estévez, se trata de una investigación etnológica exhaustiva sobre las creencias y prácticas populares que se tienen sobre la salud y la enfermedad en su rela­ ción con América hispana. El objeto de estudio fue Extremadura y su pensamiento popular sobre la salud y la enferm edad. En la investigación se trató de descubrir, comprender y clasificar las teorías que operan en el pensamiento popular en lo que se refiere a las cuestiones señaladas. Tomando como clave el discurso de los extremeños respecto a las categorías de la salud y la enfermedad en sus múltiples facetas y manifesta­ ciones, publica “El influjo de la luna: acerca de la salud y la enfermedad en dos pueblos extremeños” (Madrid, 1988), donde trata de los niños alunados en Santa Cruz de la Sierra y Alburquerque, y que unos meses antes apareció en la revista Saber Popular, “Religión, salud y enfermedad: un estudio sobre la medicina popular en un pueblo extremeño”, en Antropología Cultural en Extremadura (Badajoz, 1989); “Gracia y naturaleza en el discurso extremeño. (Volviendo sobre Mauss y el concepto de mana)”, en Antropología, (Madrid, 1991). En este artículo la autora analiza la concepción mágica de la naturaleza, que se hace presente en las creencias recogidas en las poblaciones extremeñas donde hizo trabajo de campo y en la eficacia terapéutica que se piensan tienen plantas, horas, días, meses, etc. Eficacia que nos recuerda el “mana” de M arcel Mauss. En 1992 aparece en forma de libro, con m ateriales provinientes de la tesis, y tras obtener ex-aequo el premio M atías R. Martínez del Consejo de Antropología de la Asamblea de Extremadura, el texto de Natu­ raleza y Salud en Extremadura: Los Remedios, que contiene: (1.- Sobre la capacidad terapéu­ tica de la naturaleza. Natural versus artificial. 2.- Las hierbas medicinales. 3.- Otros reme­ dios naturales. 4.- “El mundo tiene mucho mérito”. Y 5.- Las propiedades de los remedios o la “lógica de lo sensible”). Y en ese mismo año da a conocer “Pensamiento mágico, enfermedad y mal” (Jano. Madrid, 1992). En la obra colectiva Creer y curar: la medicina popular (Granada, 1996), retoma el tema en “enfermedad y brujería en el discurso popular extremeño”. Tras una revisión bibliográfica (Evans-Pritchard, M aría Cátedra, M . Douglas,


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etc.) y aducir los motivos de brujería (rivalidades vecinales, la envidia, las herencias, etc.), trata ahora de la mujer como agente del daño y del desplazamiento en el tiempo y en el espacio del fenómeno de la brujería. Una práctica que, según los informantes caracterizaba especialmente el pasado y a otras regiones, comarcas y poblaciones. Pasado que se vuelve presente, sin embargo, para acusar a los otros. En Alburquerque, por ejemplo, se acusa a los otros, en este caso representados por los pueblos rayanos. Es decir, se da un desplaza­ miento en el espacio del fenómeno de la brujería. Lo que manifiesta una ideología que confiere poder a los límites geográficos y administrativos. La etnóloga alemana Ingrid Kuschick publica en Alemania en 1989 la obra “Volksmedizin in Spanien”, en Ethnologische Studien. M onografía que en su versión castellana apareció en 1995 bajo el título Medicina popular en España. Se trata de los resultados de una tesis de licenciatura leída en la Universidad de Münster, y realizada bajo la dirección del profesor Ulrich Kóhler. Aborda el análisis regional de la Medicina Popular (Galicia, Extremadura, País Vasco y Andalucía). El material empírico procede de la bibliografía que sobre el tema han gene­ rado los folkloristas y antropólogos españoles. La medicina popular, prácticas, terapias y creencias, en cada contexto regional sociocultural. Es decir, en el contexto de un análisis comparativo a nivel nacional, reflexiona sobre los conceptos de la medicina popular bajo principios etnológicos en un nivel regional y comparativo histórico, que comprende una franja temporal que va desde principios de siglo al presente. Trata de construir un modelo teórico del conflicto (mal de ojo, endemoniados, prácticas curativas, etc.), y de su vincula­ ción cultural con sociedades históricamente relacionadas, tales como Portugal e Iberoamé­ rica. En el capítulo segundo, que es el que concierne a Extremadura, se ocupa descriptiva­ mente del mal de ojo, los alunados, la tarantela, zona, culebra, etc. Se echa en falta un trabajo de campo, estudio sobre el terreno, para tratar de conocer, primero, y valorar después, el estado actual y el grado de vigencia de los fenómenos estu­ diados y su ubicación en los grupos sociales en que se da. Concluye el estudio preguntán­ dose si la medicina popular cubre lagunas del sistema sanitario, o forma un sistema alter­ nativo y paralelo al de la asistencia sanitaria. De un extracto del trabajo más amplio sobre el Valle del Jerte (1991), del que ya hemos dado cuenta, Francisco Cruces y Angel Díaz de Rada publican “La naturaleza de la Gracia en las curanderas del Valle del Jerte —España—” en Salud. Culturas de Colombia (1992). Se centran en las prácticas culturales de la curandería y la naturaleza de la cura­ ción, y del complejo entramado de creencias que les acompañan. La categoría que vertebra el estudio es la del don divino o de la “gracia”, que opera a través de las manos, del tacto y la intuición. Tal práctica, actividad que en el Jerte implica ante todo a las mujeres y a la


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gente humilde, se sitúa a medio camino entre la eficacia técnica y la eficacia sobrenatural. La gracia opera a través del curandero, que es un mero depositario de ella. La gracia es, en la ideología de la cultura popular del Valle jerteño, una potencia o energía que proviene de Dios, la Virgen o los santos. Ahora bien, en el valle conviven simultáneamente el sistema de curandería y la medicina científica. Aunque no se trata de un estudio antropológico, M edicina Popular Extremeña (Encuestas en Madroñera) (Cáceres, 1992), de la profesora del Departamento de Filología Hispánica de la Universidad de Extremadura Pilar M ontero, enfoca su estudio de la Cultura y la Medicina Tradicional particularmente desde la orientación metodológica que ofrece el método wórter und sachen, “palabras y cosas”. Es decir, se centra en el estudio de las palabras en relación con los objetos o, como en el caso que nos ocupa, con las creencias populares en torno a la medicina tradicional en la población cacereña de Madroñera. La obra de Montero analiza la tradición oral (la mentalidad popular) a la luz de la medicina popular. Otros trabajos de menor importancia “Medicina popular en Madroñera” (1987), donde estudia los nombres populares de las plantas medicinales y sus aplicaciones terapéu­ ticas; o “Brujas y alcahuetas en Madroñera a principios de siglo” (1988), recopilación de relatos orales relacionados con la brujería y con los conjuros y fórmulas populares relativos a la hechicería; y “Medicina popular y plantas curativas; bibliografía crítica (1883-1988)”, en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares (Madrid, 1990). Expresiones orales y plásticas

En varias ocasiones se ha ocupado Julio Caro Baroja del romance-leyenda-mito de la Serrana de la Vera, probablemente la versión más completa se contenga en el artículo “La Serrana de la Vera, o un pueblo analizado en conceptos y símbolos inactuales”, en el que, publicado en el libro Ritos y Mitos equívocos (Madrid, 1974), analiza pormenorizadamente, a partir de una exhaustiva bibliografía, varios relatos del mito de la serrana cazadora de Garganta de la Olla. Por su parte, el profesor Honorio Velasco con materiales orales procedentes de varias regiones, entre ellas Extremadura, redacta diversos textos teóricos sobre los diferentes géneros paremiológicos. En 1981 sacó en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, “Textos sociocéntricos. Los mensajes de identificación y diferencia­ ción entre comunidades rurales”. Y en 1989 “La Tradición oral. Textos, contextos, géneros y procesos”, que vio la luz en Antropología Cultural en Extremadura. Realiza un análisis globalizado de un heterogéneo conjunto de textos, tipifica los géneros y las categorías de la tradición oral y la aborda no tanto como un conjunto de textos sino más bien como un proceso de reproducción. El trabajo lo estructura en (Teoría del texto, Teoría del contexto, Una Teoría del género y una Teoría del proceso). A partir de unos materiales procedentes de Extremadura, en el primer apartado trata de las colecciones como una concepción 128

museística d< aunque pued colectivo sup irado en un publicado). S motivo, mitei oones de can aonal. En el caronas de ti] proceso adap dimensión co En 1981 Cultura, el ü firman Andre meña es de n Artesjnú de l Extremadura, marco concep y comercialii se centra en e de materias p con los artesa de comerciali procesos de c la industrializ creación de a

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

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enda-mito de la i el artículo “La ales”, en el que, «rizadamente, a ma cazadora de materiales orales >textos teóricos le Dialectología y ón y diferenciantextos, géneros aliza un análisis Ias categorías de ís bien como un ría del contexto, ales procedentes una concepción

museística de la cultura. Y de los atributos que deben poseer tales textos (ser únicos, aunque pueden tener variantes o versiones; ser auténticos, es decir atribuidos a un sujeto colectivo supuesto; ser específicos, es decir ser un texto de tradición oral y estar encua­ drado en un género; estar fielmente reproducido; ser singular, o sea no conocido o no publicado). Se ocupa, igualmente, de las siguientes unidades clasificatorias: tipo, función, motivo, mitema y motivema. En el epígrafe sobre el contexto trata acerca de las investiga­ ciones de campo y se posiciona a favor del análisis de la tradición oral en su contexto situacional. En el correspondiente a “Una Teoría del género” se ocupa de las categorías clasifi­ catorias de tipo emic. Y en “Una Teoría del proceso” contempla la tradición oral como un proceso adaptante de difusión, reproducción, transformación y perpetuación en su doble dimensión contemporáneo y transgeneracional. En 1981 aparece en la Revista de Etnografía Española, editada por el M inisterio de Cultura, el trabajo “Alfarería en Andalucía Occidental: sur de Badajoz y Huelva”, que firman Andrés Carretero, Matilde Fernández y Carmen Ortiz. Y la cultura objetual extre­ meña es de nuevo objeto de estudio por Honorio Velasco, que en 1986 publica Guía de la Artesanía de Extremadura. En la introducción, encabezada por el trabajo “La artesanía en Extremadura. Una aproximación a los hombres, los trabajos y los objetos” establece el marco conceptual del análisis de la artesanía y de los procesos tradicionales de producción y comercialización. Tras un amplio recorrido por los oficios, las artesanías y los materiales, se centra en el estudio de las unidades de producción —los talleres—, en la disponibilidad de materias primas, en las fuentes de energía, los movimientos de población en relación con los artesanos, en los procesos de transmisión y aprendizaje de los oficios, en los cauces de comercialización, ferias y mercados, así como en las estrategias de readaptación en los procesos de cambio (migración a las ciudades, nuevos hábitos en la sociedad de consumo, la industrialización del sector, taller familiar, dedicación parcial, nuevas especializaciones, creación de cooperativas, nuevos diseños y modelos estéticos...). Contamos con un trabajo sobre tecnología elaborado, desde un punto de vista de la documentación histórica y de la documentación etnográfica, por Pía Timón: Manufacturas textiles tradicionales de la provincia de Cáceres, que en 1990 publicó el Consejo de Antropo­ logía de la Asamblea de Extremadura. El ciclo vital

Los dinámicos mecanismos de integración en la cultura, mediante los procesos de enculturación-socialización, apenas han sido tratados desde la antropología en Extrema­ dura. En este terreno, dos campos temáticos han interesado a los antropólogos: los juegos infantiles y el ciclo vital. Javier Marcos y Salvador Rodríguez Becerra realizan el estudio preliminar de la reedición del libro Juegos Infantiles de Extremadura (1884), del etnógrafo


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Un grupo de edad: Los quintos y la “corrida” de los gallos.

seguedano Sergio Hernández de Soto, bajo el título “Los juegos y la Cultura” (Jerez de la Frontera, 1988). Se trata de una edición crítica de una significativa fuente de la etnografía extrem eña. Desde una perspectiva teórico-etnográfica el profesor Claudio EstevaFabregat y la antropóloga-pedagoga Berta Alcañiz publican en Antropología Cultural en Extremadura (Badajoz, 1989) el artículo “Contexto y argumento del juego infantil: Extre­ madura”. Tras una primera parte conceptual en la que se establece el marco teórico de referencia, le sigue otra expositiva y empírica a partir de los datos y materiales etnográficos obtenidos en el trabajo de campo que se lleva a cabo en la ciudad de Badajoz, Albur­ querque, Montánchez y Arroyomolinos de Montánchez durante varias fases a lo largo de 1985 y 1986-7. Elegidas las poblaciones en función de sus tamaños demográficos y de su representatividad cultural, entendiendo como tal las diferencias ocupacionales primor­ diales de sus habitantes, medio rural/urbano, la edad y el sexo, se aborda la perspectiva de la socialización en función del marco social de la cultura extremeña. Una de las ideas que orienta el estudio es la importancia que adquiere el contexto social en la expresión y estructura del juego como comportamiento lúdico. Y entre las conclusiones caben destacar las siguientes: primera, cuanto más pequeña es la población, mayor es la frecuencia de juegos mixtos (factor demográfico); segunda, cuando ambos sexos juegan juntos acostum130


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bran a cooperar reunidos cada sexo por separado, pero coordinados con otros en el mismo juego (factor de género); y tercera: la importancia simbólica que se desarrolla en el seno del juego, y que, de alguna manera, viene a significar la existencia de una socialización adscrita a los ideales sociales, que distinguen en función de los géneros. Javier Marcos Arévalo publicó en 1997 el libro Nacer, vivir y m orir en Extremadura. (Creenciasy prácticas en torno al ciclo de la vida a principios de siglo). Es la primera edición que

ira" (Jerez de la

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se hace de los materiales extremeños de la famosa encuesta del Ateneo de M adrid, de 1901-2, sobre costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte. El libro se abre con un estudio sobre antropología de las etapas de la vida (de las edades) y preliminarmente se realiza un análisis tanto de la información que ofrece el documento del Ateneo como muy particularmente de la metodología con que se llevó a cabo la encuesta. Otros aspectos tratados in extenso son los de la identificación, la formación socioideológica y los roles jugados por los informantes, a fin de cuentas intermediarios, de las respuestas e informa­ ciones cognoscitivas de los nativos. Porque, en el trabajo distinguimos entre informantes, corresponsales del Ateneo a través de los que se verifica el proyecto ateneísta, y entrevistados, colaboradores nativos. De manera que las respuestas comprenden una información relati­ vamente “objetiva” junto a opiniones personales y materiales reelaborados por los inter­ mediarios. Es decir, el papel social jugado por los corresponsales fue doble: de una parte desempeñaron el rol de informantes-, y de la otra el de intermediarios entre los organizadores de la Encuesta y los vecinos entrevistados. Desde tal punto de vista parte de los materiales de la encuesta deberían ser considerados como reelaboraciones de los textos orales que se obtuvieron de los entrevistados. La información etnográfica, de otro lado, la sintetizamos en cuadros estadísticos organizados, a partir de las tres grandes categorías de las etapas de la vida, en función del sexo, la edad, la estratificación social, el estado civil, etc. El estudio intitulado “La Encuesta del Ateneo de Madrid en Andalucía y Extrema­ dura. Metodología y perfil sociológico de los informantes”, de Javier Marcos y Salvador Rodríguez, apareció publicado en las Actas do III Congreso de Historia da Antropoloxía e Antropoloxía Aplicada (Santiago de Compostela, 1997). El patrimonio etnológico

Desde una perspectiva antropológica el patrimonio extremeño ha sido abordado, entre otros, por Luis Uriarte y Javier Marcos. En el libro titulado Los ríos internacionales Tajo y Guadiana en el desarrollo integral de Extremadura, Alentejo, Andalucía y Beira interior

(Cáceres, 1997), ambos profesores tratan en dos artículos “Patrimonio antropológico” y “La C ultura y el Patrim onio Antropológico”, respectivam ente, sobre el patrimonio cultural desde una perspectiva global e integradora; y desde un punto de vista teórico vinculado a los estudios de Ecología Cultural. Se interesan por las interrelaciones que se 131


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Etnográfico Go Estudios sobre El patrimonio etnológico y la artesanía. (Torrejoncillo). (Fotografía: J. Marcos).

establecen entre la ecología y el patrimonio tratando de determinar las conexiones exis­ tentes entre el sistema cultural de un pueblo, su composición y estructura demográfica y el medio que habita. Desde una perspectiva ecocultural se examina el patrimonio etnológico como conjunto referencial cultural (material, social y simbólico), que nos identifica (iden­ tidad cultural) como pueblo diferenciado hacia adentro (identidad local, comarcal, regional) y hacia afuera (autonomías del Estado español). Y se reflexiona sobre el Patri­ monio y la Cultura, el patrimonio inmaterial, acerca del conocimiento como factor patri­ monial y sobre la modalidad museográfica de los ecomuseos. Se presenta una propuesta general de investigación sobre el Patrimonio Etnológico de Extremadura y un programa de Investigaciones Etnográficas. Desde finales de la década de los ochenta, coincidiendo con una experiencia profesional como director de un museo de etnografía comarcal, Javier Marcos ha publicado en revistas y medios profesionales diversos trabajos sobre el patrimonio etnológico extremeño. En el tomo IV de la Revista Anales del Museo del Pueblo Español publicó “Bases para la creación del 1 32

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Museo Etnológico de la Comunidad Autónoma de Extremadura” (Madrid, 1992). Y en 1995 “Los Museos Etnográficos en Extremadura”, en Anales del Museo Nacional de Antropo­ logía. En síntesis, se trata de una visión crítico-analítica del patrimonio etnológico y de la situación de los museos etnográficos en Extremadura. El artículo comprende los siguientes apartados: (La Cultura y el Patrimonio, Reflexiones críticas sobre el estado de los museos etnográficos en Extremadura, Breve descripción e Historia de los Museos/Colecciones etnográficas en Extremadura, Museos abiertos al público, museos de próxima apertura, museos en proyecto, el Ecomuseo de la comarca de Alcántara). Y recientemente (1999) en el número tercero de la Revista Murciana de Antropología hemos publicado el artículo “El Patrimonio Antropológico y la realidad sociocultural extremeña”. Desde la perspectiva del profesional que ejerce su labor en una institución museística, Juan M anuel Valadés se ha ocupado de la “Indum entaria tradicional en los museos, ¿cultura popular o arqueología?”, que apareció en el volumen titulado Conferencia Interna­ cional de Colecciones y Museos de Indumentaria (Madrid, 1993). Desde un punto de vista descriptivo y desde una perspectiva restrictiva, exclusivamente material del patrimonio etnológico, Florencio Vicente Castro ha coordinado el grueso y bello Catálogo del Museo Etnográfico González Santana, de Olivenza, que la Junta de Extremadura editó en 1995. Estudios sobre tradición y modernidad

Incluyo en este apartado un conjunto de trabajos, resultado de una experiencia de campo en España —Extremadura—, realizados por estudiantes de antropología de la Universidad de Leiden (Países Bajos) para la obtención del grado de licenciado en antro­ pología cultural; y un estudio monográfico, realizado por una antropóloga profesional, sobre el cambio cultural a partir del estudio de tres poblaciones en la Sierra de Gata. En distintos períodos entre 1978 y 1980 profesores de antropología enmarcados insti­ tucionalmente en el Instituto de Estudios Culturales y Sociales de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Leiden, y un grupo de alumnos aventajados de los últimos cursos de la licenciatura realizan prácticas de campo teniendo como objeto fundamental de investigación el cambio cultural que resulta de los procesos de colonización. Previamente a su desplazamiento a la zona objeto de estudio recibieron cursos de lengua y cultura española, enfocados preferentemente a los problemas del campo español y particularmente sobre las causas del subdesarrollo de Extremadura. Antes de desplazarse al lugar de estudio tuvieron que presentar un proyecto de investigación. En España contaron con la colaboración del Servicio Nacional de Concentración Parcelaria y Ordenación Rural y con el Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario. Tras seleccionar la provincia de Cáceres y una de sus áreas de regadío, las zonas de los


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pantanos-embalses de Gabriel y Galán y Borbollón, trabajaron sobre problemas centrales que aquejan a los colonos de la región: su relación con el IRYDA, la comercialización de sus productos agrícolas, la incertidumbre acerca de su futuro administrativo y económico, sobre la relación entre el Estado y los pueblos de colonización, acerca de las relaciones entre los municipios viejos y los pueblos de colonización, las relaciones entre los vecinos autóctonos y los recién llegados, sobre la construcción de la identidad social, la vida polí­ tica y social, la producción y la reproducción entre productores agrarios precapitalistas, sobre la formación de clases y la estratificación social, etc. Tras una permanencia en el terreno de en torno a tres meses, pasaron a la fase de recopilación de datos para finalmente redactar un informe. Los textos originales de cada investigador y/o equipo de investigadores comprenden entre ochenta y trescientos cincuenta folios. En la primera parte de las respectivas exposiciones cuentan como desa­ rrollaron el trabajo y el marco de referencia teórico y razonan el por qué de la selección de los problemas a tratar. Todos los trabajos, que siguen un modelo común, van precedidos de un apartado metodológico en el que describen las distintas etapas del proceso de inves­ tigación (selección del objeto de investigación, unidades de análisis y de observación, representatividad, técnicas empleadas, etc). Los datos se obtuvieron, básicamente, de las entrevistas estructuradas, personales, directas e intensivas que realizaron con un número importante de informantes cualificados seleccionados por los oportunos criterios bisosociales. La observación participante, las encuestas cerradas y abiertas, y la exploración de los fondos bibliográficos y documentales completan las fuentes de las que obtuvieron la infor­ mación etnográfica. La presencia de los investigadores en cada una de las poblaciones seleccionadas y su “integración” en la comunidad la instrumentalizaron mediante su alojamiento en el seno de distintas familias. Hay que señalar en favor de los antropólogos de Leiden que en todo momento han puesto la información obtenida y los resultados derivados de ella a disposi­ ción de la comunidad profesional y de la propia sociedad estudiada. De hecho, en distintas ocasiones han expuesto públicamente sus datos y debatido con las fuerzas sociales locales sus conclusiones tratando de lograr una aplicación práctica a las investigaciones que en su día realizaron. Durante el otoño de 1978 Bárbara Wagner investiga “La relación entre el Estado y los campesinos del pueblo de colonización de Pradochano —España—. ¿Patronazgo o burocracia Parte de la filosofía que subyace a la colonización: se informa sobre las fases de adquisición en propiedad de la explotación familiar por parte de los colonos, que en una primera etapa comprende el “período de tutela”, y después el “título de acceso a la propiedad”; y para ello entrevista a cuarenta y cinco regantes. En el terreno económico se interesa por problemas como el de la comercialización, la falta de puestos de trabajos para los hijos de 134


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los colonos, el bajo nivel de ingresos y renta, que si no son exclusivos de los pueblos de colonización, tienen en ellos una importante incidencia. Uno de los resultados de la investigación sugiere que los pueblos estudiados no forman comunidades unidas. Los campesinos resultan particularmente individualistas, y ni las cooperativas han podido desvanecer la desconfianza que existe entre ellos. El indivi­ dualismo posiblemente, en este contexto, tiene su explicación en la política tutelar que ejercía el I. N. C., primero, y el IRYDA después. Como se infiere del estudio, durante mucho tiempo el Instituto influyó en casi todos los aspectos de la vida rural dentro del pueblo de colonización. Es probable que tal política obstaculizase la unidad a nivel hori­ zontal. La relación entre el IRYDA y los colonos es una relación de poder tutelar, asimé­ trica y basada en la reciprocidad (patrón-cliente). Situación que, con el paso del tiempo, fue modificándose, y en el período que se estudia el IRYDA se convirtió en una institución burocrática que se mantuvo a cierta distancia. El informe de Ludy Van Popta y Marión Van der Laan “La transferencia de pueblos de colonización a los municipios (viejosj receptores. Galisteo y Alagón”, de carácter exploratoriodescriptivo, se realiza tras varios meses sobre el terreno. En este caso el tema abordado es el del no funcionamiento de los pueblos de colonización. Se desarrolla una investigación, a nivel local, sobre las estructuras económicas y políticas de una pequeña comunidad rural (un pueblo tradicional —Galisteo—, y un pueblo nuevo de colonización —Alagón—). Se trata, pues, de un estudio de las estructuras económicas y políticas en dos comunidades de un mismo municipio. Particularmente se abordan dos cuestiones: una, la formación de clases y la estratificación social; y otra, los patrones del poder político en ambas comuni­ dades. A partir de la política general de colonización estatal, se comparan el desarrollo del pueblo viejo y del nuevo. Se aborda la cuestión del origen del poder y su influencia en una relación social específica. Y, en último término, se abordan cuestiones relativas al cambio social y económico. Entre las conclusiones del informe se considera que Alagón es una población “artificial”, planificada desde arriba como pueblo de colonización. Y se describen las diferencias entre los habitantes en las costumbres y en la unidad social, así como las desavenencias que existen, no siempre manifiestas, entre Galisteo y Alagón. Tras seguir el modelo establecido para el conjunto de los estudios, que se inician con una exposición metodológica y con la explicación del por qué del objeto de estudio, en el otoño de 1978 Pancho Geerman redacta el texto final del informe que lleva por título “Perspectivas de desarrollo agrario desde la situación de un pueblo de colonización”. En este caso se trata de mostrar la complejidad de la realidad social de otro pueblo de colonización, Valrío, resultado de una serie de procesos y estructuras: el desarrollo histórico de la problemática agraria, la posición del pequeño agricultor dentro de la economía nacional, la situación estructural de Extremadura dentro del contexto español, y las relaciones 135


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económicas, políticas, sociales y culturales dentro de este pueblo, así como sus implica­ ciones con el mundo circundante. Se detiene en la política agraria del régimen franquista —concentración parcelaria—, en las relaciones de los colonos con el IRYDA, en el defi­ ciente desarrollo del sentido de comunidad en el pueblo nuevo y en la falta de un significa­ tivo espíritu de cooperación. Por las mismas fechas Ineke Bollen realiza la investigación que lleva por título “Agri­ cultura y comercialización en un pueblo de colonización: El Batán, Cáceres”. Ensayo que gira en torno a dos criterios: la posesión de la tierra y el capital, de una parte; y la disposición de mano de obra, de otra. Esta última categoría le sirvió para clasificar a los colonos en diversos grupos: no existen diferencias en cuanto a la posesión de tierra, los lotes distri­ buidos fueron similares, pero el uso de máquinas modernas por parte de algunos introduce ciertos matices. También existen diferencias en la disposición de la mano de obra: algunos colonos cuentan con muchos fam iliares, m ientras que otros tienen que contratar a obreros. Ahora bien, entre las conclusiones del estudio se afirma que las diferencias en la riqueza, poder económico, son mínimas, y en general que los colonos del Batán consti­ tuyen un grupo social y económico homogéneo. Un trabajo posterior, llevado a cabo en el verano de 1980, es “Solidaridad en la M oheda ”, que Carolien Gelauf-Hanzon presenta como examen de licenciatura en la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Leiden. Como hipótesis de partida se plantea, ¿Hasta qué grado los colonos moradores consideran que constituyen una unidad? ¿Existe tal sentimiento? ¿Hay solidaridad entre ellos? ¿Están fuertemente vinculados a sus poblaciones de orígenes? Según las conclusiones a las que llega la autora se dan varios niveles de solidaridad: uno, el que establece una relación del pueblo como entidad frente a las autoridades e insti­ tuciones externas (Ayuntamiento de Gata, IRYDA, empresas agroindustriales...); otro, el de la solidaridad de las empresas agrícolas de los colonos, las cooperativas; y un tercer nivel, la solidaridad que funciona a nivel individual. Ahora bien, al interior de la comu­ nidad de colonos no existen diferencias conscientes en posición económica, ni subgrupos solidarios; es decir, según Gelauff-Hanzon no hay estratificación económica y social. Para establecer el grado de solidaridad entre los vecinos la autora construyó un modelo a partir de las siguientes variables, factores todos ellos que pueden influir positiva o negativamente en el desarrollo de la solidaridad: (el tiempo de existencia del pueblo, el apego a la localidad de origen, los problemas comunes sufridos en el período inicial de la colonización, los adversarios comunes, y la formación de subgrupos de tipo económico, religioso o fam iliar). Los problemas sufridos en común, sobre todo al principio del proceso colonizador, la construcción física del pueblo y social de la comunidad, el cambio 136


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del secano al regadío, y sus consecuencias en los terrenos económicos y de los valores, ha resultado, todo en conjunto, un cierto sentimiento de alianza y unidad. Pero, por otra parte, la situación real cuando se hizo la investigación (falta de infraestructuras, escasez de viviendas, exigüidad de trabajo, y en menor grado el apego por el pueblo de origen, etc.) promovió una fuerte competencia, especialmente entre la segunda generación de colonos, potenciando por tal motivo la desconfianza y los recelos. Y aunque no existen subgrupos marcados, conscientes y con consciencia de clase, se dan ciertas diferencias: obreros, colonos y artesanos, por un lado, y una cierta élite (clase media: maestros, funcionarios del gobierno: IRYDA, Guardia Civil...), por otro. El tema del Cambio Cultural ha sido tratado recientemente y de manera monográfica en una tesis doctoral, “Kulturwaudel in der S iena de Gata. Ein Vergleich von Trocken-und Beuiasserwigsfeldban ” (Cambio cultural en la Sierra de Gata. Una comparación entre secano y regadío), que fue leída en 1996 en el Departamento de Etnología de la Universidad Albrecht-Ludwigs de Freiburg por la etnóloga alemana Ingrid Kuschick. Aunque se trata de un trabajo que por su contenido puede ubicarse en el epígrafe sobre los “Estudios de Antropología Ecológica y Económica”, hemos preferido situarlo aquí por la importancia que su autora da al cambio sociocultural, y a las categorías de tradición-modernidad. Tras un trabajo de campo de un año en el que se trató de cubrir un ciclo anual agrícola y festivo, septiembre de 1989 a octubre de 1990, la investigación trata de analizar compara­ tivamente los cambios en la estructura social y en los valores y comportamientos culturales en el período que va desde la postguerra hasta principios de los años noventa (1940-1990). Se eligieron para el trabajo de campo tres núcleos de secano y regadío en una zona rural extremeña de la provincia de Cáceres (Gata, Torre de Don M iguel y Moheda de Gata). El contraste entre los dos tipos de comunidades observadas pone de manifiesto pautas carac­ terísticas del cambio. El estudio aísla los factores relevantes de los procesos de cambio y persistencia, y analiza su funcionamiento en el conjunto de los procesos de cambio en varios niveles (local, extralocal, personal e interpersonal). La base empírica la constituyen los datos etnográficos procedentes del trabajo sobre el terreno y los datos extraídos de los archivos. El debate de las teorías relevantes y el enfoque analítico de los procesos del cambio giran en tomo a las teorías de la moderniza­ ción, la ecología cultural y la teoría formalista de la antropología económica. Se analizan y contrastan los dos modelos de poblaciones en ámbitos culturales clave, y los cambios que experimentan: la estructura económica, la organización social y las tradiciones, así como la cultura popular relacionada con el ciclo anual y vital. Como factores externos más importantes del cambio se identifican los relacionados con el cambio económico y normativo, tales como la integración en la economía de mercado y la integración en las infraestructuras de comunicación, los procesos de migra137


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ción y la política laboral vigente. Las tácticas de adaptación o resistencia del individuo regulan los procesos de cambio. Las estrategias individuales de subsistencia y el papel del desarrollo inducido (medidas autonómicas, nacionales y europeas) manifiestan así las claves de comprensión de las pautas, a veces contradictorias, observadas. B. Otros estudios en ciencias sociales

Desde el Departamento de Geografía de la UEx (Universidad de Extremadura) se han abierto varias líneas de investigación sobre la realidad territorial extremeña. Entre otros frutos contamos con Extremadura: la necesidad de una reform a agraria (Cáceres, 1994), de los profesores E. Alvarado, J. L. Gurría y M . Rodríguez Cancho. La Conse­ jería de Agricultura y Comercio de la Junta de Extremadura publica en 1987 La Reforma Agraria de Extremadura.

Una visión general de la geografía extremeña, tratada con cierta sensibilidad socioantropológica, la presenta el catedrático de geografía de la UEx Gonzalo Barrientes Alfageme en Geografía de Extremadura (Badajoz, 1990). Trascendiendo la geografía como ciencia que se ocupa del estudio del espacio, su autor discurre sobre el territorio regional en su relación con los sistemas socioculturales que en él se desarrollan, y se detiene en la definición y la ocupación del espacio, las actividades y el sistema extremeño de organiza­ ción regional y de ordenación del territorio. En esta misma línea, Francisco Torres Escobar publica Propuesta de comarcalización (Badajoz, 1996). A partir de criterios geográ­ ficos, históricos, jurídicos, económicos, culturales, etc., intenta un esquema regional de comarcalización. Asume la comarca, más allá de su concepción como simple instrumento de prestación de servicios, para definirla en función de parámetros demográficos y socioe­ conómicos. Se fija en el análisis sobre las causas de los desequilibrios y las tensiones socioespaciales de la región, y en la diversidad/desigualdad de las distintas circunscripciones socioespaciales. Aborda, en últim o lugar, las nuevas circunscripciones que, como las mancomunidades de servicios, se están creando en los últimos años. Entre otros trabajos cabe citar Crisis y cambio agrícola en la Baja Extremadura (Cáceres, 1989), resultado de la tesis doctoral de Antonio Pérez Díaz. En la monografía aborda: I.- El medio y los hombres (condicionantes naturales y condicionantes socioeco­ nómicos). II.- El cambio agrícola (el ayer del campo y la crisis del modelo productivo tradicional: la nueva agricultura). Un trabajo posterior sobre el ecosistema de la dehesa y los sistemas de explotación agropecuaria presenta Antonio D. Penco en el libro Aproxi­ mación a la dehesa extremeña (Badajoz, 1992). Relacionada con los temas anteriores está la obra Las poblaciones de la Baja Extremadura (Badajoz, 1993), que Alberto González Rodríguez saca a la luz pública como parte de su 138


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tesis doctoral sobre el sistema poblacional extremeño. Comprende los siguientes apartados: I.- Organización del sistema poblacional (Factores condicionantes). II.- El marco geográ­ fico. III.- Las vías de comunicación y el agua (Su influencia en la fijación de los asenta­ mientos). IV- Organización y características de la trama poblacional. V - Los centros de población durante la época musulmana. VI.- El período cristiano (La repoblación del terri­ torio). VIL- Constitución de los municipios. VIII.- El sistema poblacional y la estructura de los centros en la época renacentista. IX.- Las poblaciones a partir del siglo XVI. X.- La vivienda popular. XI.- El fenómeno constructivo. XII- Organización urbanística de las poblaciones. XIII.- El conjunto poblacional desde el siglo XVIII (Evolución urbanística).

Aunque apenas existe bibliografía en la región sobre las distintas modalidades de la marginación social, en los últimos años se vienen publicando algunos estudios confeccio­ nados particularmente desde una orientación sociológica por sociólogos, educadores y trabajadores sociales. En 1998 ha visto la luz el libro La exclusm social en Badajoz, que, publicado por el Instituto Municipal de Servicios Sociales del ayuntamiento de la ciudad de Badajoz, ha sido elaborado por un equipo interdisciplinar dirigido por Francisco J. Serrano, Pilar Lucio y Yolanda Herrera Claver. A partir de un trabajo de campo socioló­ gico, los autores tratan de establecer una tipología de los excluidos en la ciudad de Badajoz, detectar sus actitudes, relaciones sociales en su vertiente endógena y exógena, profundizar en su sistema de relaciones familiares y en sus estilos de vida, detectar las necesidades básicas, objetivas y subjetivas, y elaborar una valoración operativa para una futura intervención-acción aplicada. En el marco de las problemáticas sectoriales y en función de las categorías biosociales, uno de los segmentos de la población que mayor atención está recibiendo por parte de los científicos sociales en los últimos años en la región son las mujeres. Aquel principio que inspiró primero a los ilustrados, y que posteriormente retomaron los regeneracionistas, y que proclama que para actuar —transformar y mejorar— previamente hay que conocercomprender, tiene todavía, y acaso hoy más que nunca, plena vigencia. Varios estudios sobre la mujer extremeña, confeccionados desde la sociología, han sido estimulados por tal idea. La m ujer en los barrios de Badajoz (Badajoz, 1984), de la socióloga M aría Agustina

Sánchez del Aguila, es un estudio mediante encuesta de las condiciones de vida, tanto sociales como materiales, en las que se desenvuelve la mujer en las circunscripciones socioterritoriales que representan los distintos barrios de la ciudad de Badajoz. La autora empleó un doble cuestionario de cara a dos grupos diferentes de mujeres: las que ostentan la posición social de cabezas de familia, y otro para las de estado soltero. La elección de los barrios vino determinada por la existencia en ellos de Centros de Promoción de la Mujer. 139


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Las unidades territoriales elegidas fueron la UVA, las Cuestas de Orinaza, la Picuriña, el Cerro de Reyes, el Gurugú, la Paz, María Auxiliadora, el Progreso, San Fernando y Santa Isabel, es decir áreas de poblaciones comprendidas entre los estratos socioeconómicos medios-bajos y bajos. Fernando González y Florencio Vicente publican en 1988, financiado por el Instituto Municipal de Bienestar Social del Ayuntamiento de Badajoz, (Perfiles de mujer. Estudio socio­ lógico de la m ujer en Badajoz). Se trata de otro estudio empírico sobre la mujer badajocense que, al parecer, nada tiene en cuenta el anterior. El estudio sobre la fenomenología de la mujer de Badajoz se realiza a partir del instru­ mento de obtención de información que suponen las encuestas (Cuestionario precodificado — 1986—). Entre otros objetivos de estudio pretendieron descubrir, en el contexto general de cambio que se está produciendo en la sociedad española, el grado en que afecta y su expresión en la mujer. En 1987 ve la luz el informe La situación de la m ujer en Extremadura, que coordinó la socióloga Adela Abarratégui Pastor y realizaron Artemio Baigorri y otros sociólogos. Los datos primarios se obtuvieron mediante la encuesta realizada por la empresa METRASEIS (1986). Una vez codificados todos los datos se procedió a su grabación y tabulación en ordenador, cruzándose por las siguientes variables: situación laboral, edad, estado civil, número de hijos, nivel de estudio, clase social, autoposicionamiento político, autoposicionamiento religioso, provincia y hábitat. Los aspectos considerados fueron: (1.- Caracterís­ ticas de la población femenina extremeña. 2.- La mujer extremeña y el trabajo. 3.- La mujer extremeña y la educación. 4.- Cultura y ocio de la mujer extremeña. 5.- La mujer extremeña y la salud. 6.- La mujer extremeña, la política y el asociacionismo. 7.- La mujer extremeña y sus derechos. 8.- La mujer extremeña en el medio rural). Mujeres extremeñas (Mérida, 1993), es un informe sociológico sobre la mujer realizado

por TESYT, Taller de Estudios Sociales y Territoriales, que integra un equipo multidisci­ plinar de profesionales de los campos de la sociología, la economía, la geografía, etc. Promovida por la Dirección General de la M ujer y financiada por la Junta de Extrema­ dura, la encuesta se distribuyó en áreas urbanas, pequeñas ciudades, ciudades de regadío y zonas de secano. Aunque incorpora nuevos enunciados y formulaciones, la mayor parte de las preguntas coinciden con la encuesta de 1987. Especialmente se abordan las siguientes cuestiones: mujer y demografía, mujer y educación, mujer y trabajo, la mujer en la unidad doméstica (“de puertas adentro”), mujer, cultura y ocio; mujer y salud; mujer, asociacio­ nismo y participación política; la mujer y sus derechos; la mujer, el cambio y la percepción del cambio; y los caminos de la libertad. Tratándose de un estudio riguroso, echamos en falta el análisis cualitativo. No obstante, la información empírica, cuantitativa, permite un


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Otro tema abordado por las ciencias históricas y sociales en Extremadura es el de la institución familiar, si bien todavía cuenta con una exigua bibliografía. Desde una perspec­

tiva histórica, la familia como estructura social ha sido estudiada por M aría Angeles Hernández Bermejo en La fam ilia extremeña en los tiempos modernos (Badajoz, 1990). Acomete el estudio del matrimonio, el patrimonio, la familia en los distintos grupos sociales, los ámbitos vivenciales, las condiciones materiales, las relaciones familiares y el amor al margen de los vínculos matrimoniales (la transgresión de la vida matrimonial: la bigamia, el adulterio, el divorcio) y las relaciones extraconyugales (los fornicarios, el amancebamiento, etc.). U n enfoque de la fam ilia más cercano a la antropología presenta el sociólogo Fernando González Pozuelo en su tesis doctoral “Estudio Sociológico de la fam ilia en Badajoz (C apital)”, cuyo resum en publicó la U niversidad de Salam anca en 1986. M ediante técnicas de prospección en el campo de la investigación social, Fernando González se centra en la fenomenología sociológica de la familia, lo que implicó locali­ zarla en un ámbito más comprensivo que el estrictamente familiar, la sociedad general en que se inscribe, ya que la familia también se socializa a través de las pautas culturales de la sociedad en la que se vive. Tras los datos relativos al proceso investigativo y los datos generales de la población en que se centra la investigación, el autor discurre por los siguientes ámbitos: fecundidad (número real e ideal de hijos), profesión de la mujer, sistemas de roles y relaciones familiares, actitudes políticas, familia y medios de comuni­ cación social, actitudes religiosas, familia y educación de los hijos, actitudes ante la sexualidad, juicio valorativo personal de realidades relevantes, etc. Según su autor, la familia pacense en su conjunto responde al esquema parsoniano basado en la segrega-


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

ción de los roles m asculino y femenino, conservando numerosos comportamientos propios de la sociedad tradicional. Ahora bien, se percibe una tendencia, como respuesta al cambio de estructura socioeconómica, que comienza a cuestionar las mentalidades y las valoraciones propias de la sociedad tradicional. En un artículo posterior publicado en los números 29-30 de la Revista Cuadernos de Realidades Sociales, “Análisis sociológico de juicios valorativos de las familias de Badajoz” (M adrid, 1987), aborda cuestiones como la guerra, el aborto, la pena de m uerte, el divorcio, las limitaciones artificiales de la natalidad, las drogas, la legalización de la homo­ sexualidad, en la institución familiar en su concreción pacense. * * *

El campesinado extremeño en su dimensión histórica ha sido tratado por José Antonio Pérez Rubio, doctor en sociología y profesor de sociología en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de la UEx —Cáceres—. En 1991 realizó su tesis, “El campesinado en un marco de dependencia regional: el caso de Extremadura (1940-1980)”, que fue premiada por el Ministerio de Agricultura. Con los materiales de la tesis ha sacada a la luz el libro Yunteros, braceros y colonos. La política agraria en Extremadura (1940-1980), (M.° de Agricul­ tura, Pesca y Alimentación. Madrid, 1995). Sus trabajos tienen un evidente interés para los estudios antropológicos, y particularmente para los estudios del campesinado y del cambio social. Nos informa acerca de los usos, las costumbres y las formas de vida agrarias, pero también de las sociales, económicas, jurídico-laborales, que en la mayoría de los casos son ya testimonios históricos de un pasado todavía próximo. Reflexiona, pues, sobre las condi­ ciones de carácter sociológico a que se hallaba sometido el campesinado, las formas de retribución de la mano de obra agrícola, la estructura social agraria, acerca de las lealtades y dependencias de los trabajadores del campo, etc. Desde la historia, el catedrático Femando Sánchez Marrollo viene ocupándose intensi­ vamente de las clases dirigentes en Extremadura durante los siglos XDÍ y XX. En 1991 el servicio de publicaciones de la UEx le edita el libro Proceso deformación de una clase dirigente. La oligarquía agraria en Extremadura a mediados del siglo XIX. En 1992 la Diputación de Badajoz presenta Movimientos populares y reforma agraria (Tensiones sociales en el campo extre­ meño durante el sexenio revolucionario, 1868-1873). En 1993 vuelve ha ocuparse de los grandes propietarios en Dehesas y terratenientes en Extremadura. (La propiedad de la tierra en la provincia de Cáceres en los siglos XIX y XX), que ahora le publica la Asamblea de Extremadura. En general se trata de estudios, a partir de fuentes documentales, sobre Historia Agraria. La realidad socioeconómica extremeña está siendo investigada sistemáticamente, desde la perspectiva actual, por el equipo TESYT. El Taller de Estudios Sociales y Territoriales, 142

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creado en 1987, tiene desde entonces una activa presencia en el ámbito de la investigación en las Ciencias Sociales en Extremadura. Sus componentes vienen mostrando principal­ mente preocupación intelectual por los problemas de Urbanismo y Ordenación del Terri­ torial, que prefieren considerar bajo el rótulo de Planificación Ecosocial. Aunque, como grupo “independiente”, gozan de una relativa asepsia ideológico-explicativa, en la inter­ pretación sociocultural les atraen los principios harrisonianos del materialismo cultural en los que, como es sabido, se privilegian las constricciones (condiciones) materiales (infraes­ tructura) de la existencia frente a estrategias o posiciones de carácter idealistas, sicologistas o incluso simbólicas (superestructura). En el campo de la investigación aplicada han realizado el planeamiento urbanístico y territorial de numerosos municipios de la región (Olivenza, Miajadas, Talayuela, Losar de la Vera, Puebla de la Calzada...); Normas Subsidiarias Comarcales de Monfragüe, etc. En colaboración con el Departamento de Geografía de la UEx han concluido el Estudio de Ordenación del Territorio, orientado a la ordenación del suelo rústico en Extremadura. En cuanto a trabajos más específicos en los ámbitos de la sociología y psicología social, cabe citar los proyectos sobre Mercado de Trabajo, realizados para la Dirección General de Planificación de la Consejería de Economía y Hacienda, tales como “Paro, Mercado de


E t n o l o g í a DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

Trabajo y formación ocupacional en Extremadura” (1991), y “Paro, Mercado de Trabajo y form a­ ción ocupacional en la Agricultura de Extremadura” (1992). Los componentes de TESYT han participado en la redacción del Informe socioeconómico de Exti'emadura (1992/3) promovido

por el Consejo Económico y Social y elaborado conjuntamente con la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la UEx. Otro proyecto tuvo por objeto de estudio el análisis de los recursos naturales y culturales de la región, elaborando para ello un banco de datos municipal sobre recursos turísticos de Extremadura, uno de cuyos resultados se ha materializado en el libro Extremadura. La Guía (1992). En la actualidad el equipo interdisciplinar de TE SY T elabora el M apa Cultural de Extremadura (1998). Finalmente TESYT ha publicado varios números de Extremadura. Revista de Ciencias Sociales y del Territorio. Los primeros (1990-1993), que se ocupan de cuestiones sociales de actualidad, han contado con la colaboración de profesionales que ejercen su actividad en las ciencias económicas y sociales. •k k

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Otro ámbito temático de las ciencias sociales en Extremadura es el de la sociolingüística y la dialectología. Conviene mencionar los trabajos de Antonio Viudas Camarasa, Dialectología Hispánica y Geografía lingüística en los estudios locales (1920-1984). Biblio­ gra fía crítica y comentada, publicado por la Confederación Española de Centros de Estudios Locales y el C. S. I. C. (Cáceres, 1986). Los profesores A. Viudas, M . Ariza y A. Salvador editan en 1987 El habla en Extremadura. M onografía integrada por un conjunto de estudios particulares sobre las hablas extremeñas, y entre los que interesan a los estudios antropológicos por su estrecha relación con especificidades relevantes de la cultura extremeña pueden mencionarse “La conciencia lingüística y el problema del habla en Extrem adura”, “H istoria lingüística de Extremadura”, “Areas lingüísticas”, “Islotes lingüísticos: las hablas de la comarca de Trevejo y el chinato de Malpartida de Plasencia”. En el marco del Departamento de Filología Hispánica de la Universidad de Extremadura se han realizado varias investigaciones, tesis y tesinas, sobre el habla y la cultura popular en Extremadura. Una de las últimas fue la de Pilar Montero Curiel, “El habla y la cultura popular en M adroñera (Cáceres)” (1993). En ella analiza su autora la variedad local del habla de Madroñera. En la introducción se exponen algunos puntos referentes a la encuesta sobre historia lingüística de la localidad, la metodología y el alfabeto fonético empleado en la transcripción de textos y voces dialectales. Precisa­ mente en el capítulo dedicado al léxico se analizan diecisiete campos léxicos, entre ellos: la Naturaleza, el Hombre, la Vida Diaria, la Vida Rural, etc. Pilar Montero se ha ocupado de la lengua también en “La cultura de la vid y el léxico del vino en M adroñera”, en Actas del XIX Coloquios Históricos de Extremadura (Trujillo,


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

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1990); en “El Atlas lingüístico de la Península Ibérica: campo léxico animales”, en El Boletín de la Real Academia de Extremadura, II (1991). Por su parte, M iguel Becerra Pérez ha publicado El léxico de la agricultura en Almendralejo (Badajoz, 1992). En la línea de la investigación dialectológica sostenida en la región por Viudas Camarasa, y otros profesores, este trabajo se enmarca en la corriente metodo­ lógica que combina el enfoque filológico con el etnográfico (palabras y cosas). Una buena porción de las investigaciones del doctor Fernando Flores del Manzano, catedrático de lengua, la componen los estudios sociolingüísticos sobre la Alta Extrema­ dura. Su tesis, dirigida por el eminente dialectólogo A. Zamora Vicente, se publicó bajo el título Contribución a la dialectología extremeña (Universidad Complutense. Madrid, 1983). A ella le siguieron otros repertorios léxicos y estudios de geografía lingüística: “Incidencia del factor histórico en la configuración geolingüística de Extremadura” y “Modalidades del habla extremeña en la Sierra de Gredos”, ambas en Actas del I y l l Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española (1987 y 1991). Otro profesor, Juan Rodríguez Pastor, ha hecho incursiones esporádicas, tras realizar su tesis “El Habla y la cultura popular en Valdecaballeros” (1983), en los estudios sobre lengua, “Notas lingüísticas sobre el folklore infantil de Valdecaballeros”, en Actas del 1 Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española (Madrid, 1988). II. 3. LA ANTROPOLOGÍA EN LA UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA. LA ETNOLOGÍA REGIONAL DE EXTREMADURA COMO ASIGNATURA Los precedentes

En las páginas siguientes voy a delinear, esquemáticamente, la historia reciente y el proceso de institucionalización de la Antropología como disciplina académica en Extrema­ dura, y de la Etnología Regional como asignatura que se imparte, bajo la denominación de Antropología Social y Cultural de Extremadura, desde el curso 94-95. Trataré de trazar el cuadro de los hechos relevantes que conducen a la formalización, con la implantación durante el curso 98-99, de los nuevos planes de estudio y la licenciatura de segundo ciclo en Antropología Social y Cultural. La Antropología Social, como disciplina académica tiene en Extremadura una corta tradición, que no se remonta en el tiempo más allá de quince años. Lo que, obviamente, la sitúan en un plano de desconexión con el movimiento folklorista extremeño de finales del siglo XIX. Los “protoorígenes” de la antropología académica en la Universidad de Extre­ madura se remontan a mediados de la década de los años setenta, fecha en la que en la


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

Escuela de Formación del Profesorado de E. G. B. de Badajoz se impartía una asignatura de Introducción a la Antropología, ofertada como optativa, y explicada por Florencio Vicente y otros profesores del actual departamento de psicología y sociología. A falta todavía del soporte estructural y jurídico-académico de un departamento universitario de la especialidad, inicia su implantación real hacia los inicios de los años ochenta. En 1989 la Universidad de Extremadura contrata bajo la figura de profesor visitante al antropólogo Luis M aría Uriarte, que doctorado en la Universidad de Illinois, cuenta con una importante experiencia docente y de campo desarrollada en Latinoamérica y entre diversos grupos nativos, m inorías étnicas e hispanoparlantes de Estados Unidos. El profesor Uriarte obtiene en 1994 la primera plaza de funcionario, profesor titular de la Universidad de Extremadura, en el área de conocimiento de Antropología Social. Y entre 1989 y 1998 en los centros de Magisterio y en la Facultad de Educación (Psicopedagogía) imparte docencia en las siguientes materias: Antropología Social de Iberoamérica y Etno­ grafía, Métodos y Técnicas de investigación; y en el curso (98-99) se hace cargo de la asig­ natura de Antropología de la Educación Intercultural. En el ámbito de la investigación tiene en curso de realización un proyecto de antropología p olítica: “C ultura de fronteras/Fronteras culturales”. La condición fronteriza de Extremadura le sirve para reflexionar sobre las fronteras: interior (ecocomarcas), exterior (Comunidades Autónomas) e internacional, España (Extremadura) y Portugal (Alentejo). Desde varios años antes se impartía una asignatura de Antropología General en el Centro Regional de la Universidad Nacional de Educación a distancia en Extremadura (Mérida). Hacia finales de la década de los ochenta y principios de los noventa la disciplina en la región se enmarca, en relación jerárquica de dependencia, en el Departamento de Antropología, Lógica y Filosofía de la Ciencia, constituido en el Centro Nacional de la UNED en Madrid. Por entonces el profesor Honorio Velasco contribuirá decididamente en favor de su consolidación. En 1989 se convertirá en el primer catedrático de Antropo­ logía Social de la Universidad Nacional a distancia. Un importante avance en los inicios de la institucionalización de los estudios de antropo­ logía en Extremadura lo supuso la puesta en marcha en el curso 93-94 de la Diplomatura de Trabajo Social que, dependiente de la Universidad de Extremadura, se implanta en un centro privado, Santa Ana, de Almendralejo. Desde entonces se viene impartiendo la asignatura Antropología Social y Cultural de Extremadura, con carácter anual y con seis créditos de carga lectiva, distribuidos en teóricos (4) y prácticos (2). Los cursos que nos hicimos cargo de ella, 94-95 y 95-96, pusimos en marcha el proyecto “Iniciación al Trabajo de Campo”, en el que los alumnos, orientados teórica y metodológicamente por el profesor, se iniciaron, de manera empírica, en la investigación etnográfica delimitando como objeto de estudio diversos aspectos de la realidad extremeña acordes con sus intereses personales y preocupaciones intelectuales. 146


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

una asignatura por Florencio iología. A falta universitario de nta. esor visitante al ioís, cuenta con imérica y entre los Unidos. El *>r titular de la Social. Y entre Psicopedagogía) imérica y Etnorargo de la asigla investigación a: “C ultura de ra le sirve para des Autónomas) a General en el ;n Extremadura :nta la disciplina epartamento de Nacional de la á decididamente ico de Antropodios de antropoDiplomatura de nta en un centro do la asignatura réditos de carga ios cargo de ella, po”, en el que los aron, de manera div ersos aspectos s intelectuales.

Un nuevo hito en el trayecto de formalización de los estudios de Antropología en la Universidad de Extremadura se logra tras la puesta en marcha, el curso 95-96, de la Diplomatura de Educación Social (Cáceres). Los vigentes planes de estudio incluyen tres asigna­ turas antropológicas: Sociología y Antropología Social, troncal y con cinco créditos; Antropología Cultural, obligatoria y con el mismo número de créditos; y Antropología Social y Cultural de Extremadura, anual y con seis créditos. Tal carga docente exige la contratación de un profesor, primero a tiempo parcial, y a tiempo completo cuando los planes de estudio de humanidades, iniciados en el año 94-95, llegan a tercer curso y contemplan una Antropología Social como troncal. El contenido de la materia de la Antropología Social de Extremadura, nominativamente reconvertida el curso 98-99 en Etnología Regional de Extremadura, se circunscribe a la realidad social de la región, como territorio y pueblo, con unas especificidades culturales en el contexto de referencia de la Península Ibérica. Con él se pretende proporcionar a los estudiantes una visión crítica acerca del origen, desarrollo y estado actual de los estudios antropológicos sobre Extrema­ dura, así como un conocimiento de primera mano de la situación, circunstancias acadé­ micas y profesionales de la Antropología en España y Extremadura. Aparte el programa teórico y los principios metodológicos de la disciplina, desde su implantación se ha tratado de que parte de la carga lectiva se dedique a la puesta en marcha, de manera práctica, de proyectos de investigación que inicien a los estudiantes en el conoci­ miento y en la “profiindización”, que permite un curso académico, de su propio entorno y de su realidad social y cultural. De hecho, y con carácter experimental, se han abierto varias líneas de trabajo sobre Etnología Regional de Extremadura-, sistemas de Identidades —la construcción de la identidad en las poblaciones del regadío—, Asociacionismo y Sociabilidad —Herman­ dades, Casinos...—, Sistemas de representación simbólica —Rituales y Religiosidad—, Sistemas de transmisión sociocultural —procesos de enculturación-socialización: ciclo vital, juegos, tradición oral...—, Patrimonio Etnológico, Antropología Aplicada —procesos formales-informales de educación, educación y minorías étnicas...—, etc., que, a lo largo del curso realizan, en grupos integrados como máximo por cuatro alumnos, orientados teórica y metodológicamente por el profesor de la asignatura. Con anterioridad a la puesta en marcha de la investigación de campo, los alumnos reciben clases sobre cuestiones de método y de técnicas antropológicas. Se debate, tras el esquema previo que facilita el profesor, sobre cues­ tiones tales como la elección del objeto de estudio, su área geográfica, la selección temática, la circunscripción sociocultural, sobre los objetivos, acerca de la viabilidad del proyecto en el tiempo limitado de un curso académico, sobre su representatividad y las unidades de análisis y de observación; en suma, sobre las implicaciones teórico-metodológicas del trabajo de campo. Hasta el presente curso académico de 1998-1999 el grado de institucionalización universitaria de la Antropología Social en la Universidad de Extremadura se ha caracteri147


E t n o l o g í a d e ExTREíWADURA • Bases Teóricas y Metodológicas

zado, de una parte, por un tibio apoyo institucional, —si España ha representado la peri­ feria de la Antropología frente al modelo hegemónico mundial, Extremadura figura una de las periferias de la periferia del Estado—; y de otra, por su geografía de dispersión curricular. Las exiguas materias antropológicas que hasta fechas recientes se impartían, como hemos descrito, se encontraban por lo general diseminadas en diversos centros, y repar­ tidas en asignaturas ordinariamente subsidiarias de otros currículums. Orgánicamente se adscribían a departamentos mixtos y sin titulación propia. Aparte, el corto número de profesores y la ausencia de magisterio, junto a la falta de profesionales de reconocido pres­ tigio, ha frustrado la formación de cualquier tipo de escuela, con el consecuente desarraigo teórico y metodológico. Lo que ha desembocado, dadas las propias trayectorias indivi­ duales, en la inexistencia de equipos y la consecuente atomización del profesorado, en la realización de investigaciones aisladas y puntuales, al margen de programas estructurados y prioritarios de investigación. Hasta el presente la débil tradición de la antropología académica en la UEx se ha visto lesionada por cumplir más un papel de complemento de formación para otras carreras que el de una disciplina con entidad en sí misma. Todavía hoy la antropología, que continúa adscrita al departamento de Psicología y Sociología de la Educación, se imparte, como asignatura suelta fuera de la licenciatura, en cinco centros, ascendiendo la carga lectiva en éstos en tomo a cincuenta créditos. A pesar del estado de cosas, expuesto sucintamente, de la escasa institucionalización, la dispersión, la atomización del profesorado, la adscripción a un departamento mixto, etc., durante los últimos años se ha venido haciendo, como hemos tratado de reseñar en otro punto anterior, investigación antropológica, que sin embargo hay que valorar, en cuanto a su relevancia y significación, desigualmente en calidad y cantidad. En la orientación que vengo trazando de los antecedentes de la institucionalización de la Antropología en la Universidad de Extremadura, quiero traer a colación el hecho de que desde el curso 93-94 los profesores del área de antropología social colaboran en diversos programas abiertos de Tercer Ciclo convocados, con periodicidad bianual, por el Departa­ mento de Psicología y Sociología de la Educación. Entre ellos, durante los cursos 97-98 y 98-99, el autor de este texto impartió, por valor de seis créditos, los correspondientes sobre Etnología Regional de Extremadura. Los planes de estudio de la licenciatura de Antropología Social y Cultural

Los ahora vigentes “Nuevos Planes de Estudios” han supuesto un verdadero reto a la docencia universitaria en España. La licenciatura en Antropología Social y Cultural se imparte en la Universidad Complutense de M adrid, en la Universidad de Barcelona, Universidad Autónoma de Barcelona, Universidad Hispalense de Sevilla, Universidad de 148


I ETNOLOGÍA d e E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y Metodológicas

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Tarragona, Universidad del País Vasco y, desde el curso académico 1998-1999, en la Universidad de Extremadura. Lo que permitirá la especialización docente, un notable incremento de la plantilla de profesores11 y, en definitiva, un fuerte impulso para la conso­ lidación del reconocimiento profesional de la disciplina antropológica. La carrera puede cursarse, además, en la Universidad de Elche y en la católica de M urcia (U.C.M.).

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A propuesta de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de E. G. B. de Cáceres, el Claustro de la Universidad de Extremadura el 9 de abril de 1992 incluye la titulación de segundo ciclo en Antropología Social y Cultural en el proyecto “UNEX”, que en su día remitió al Consejo Social para su aprobación. En varias ocasiones poste­ riores, como el 9 de diciembre de 1996, el centro solicitó formalmente la implantación del título de licenciado en Antropología, como medio de “desarrollo natural” del mismo, al tiempo que se argumentaba sobre el papel destacado que podían jugar los futuros licen­ ciados en los planes de desarrollo socioeconómico y cultural regional, así como en la profundización y en el afianzamiento, por medio de la investigación, de una específica forma de identidad cultural. Se ponderaba en favor de la implantación de la titulación de Antropología Social y Cultural, desde el punto de vista que significa dotar a nuestra Comunidad Autónoma de un capital humano que contribuya a establecer unos niveles de coherencia y cualidad de desarrollo socioeconómico.

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A la nueva Licenciatura de Antropología Social y Cultural, como licenciatura de segundo ciclo, se puede acceder desde distintas carreras que abarcan no sólo el campo de las Humanidades, sino el de las Ciencias Sociales, el Derecho o las Ciencias de la Salud. Este hecho supone un avance importante ya que implica el reconocimiento de que la Antropología puede ocupar un papel señero en el conocimiento de la realidad social, con aplicaciones en varios campos de la misma, y de que posee, asimismo, entidad científica suficiente para convertirse en una especialidad independiente.

El paso decisivo y el impulso mayor en el reconocimiento oficial de la Antropología en la Universidad de Extremadura se da cuando en 1998 la Junta de Gobierno de la UEx aprueba los planes de estudio y la implantación, para el curso 98-99, de la licenciatura de segundo ciclo en Antropología Social y Cultural. Aunque por B.O.E. la titulación cuenta con las asignaturas fundamentales en una licenciatura de la del tipo que ahora se establece, intereses personales y espúreos a la misma han forzado y logrado, tras largos procesos más de discusión que de negociación, la vinculación de importantes asignaturas, con estatus de

11. En la actualidad el área de conocimiento de Antropología Social cuenta con siete profesores, cinco a tiempo completo y dos a tiempo parcial. Luis Uriarte y Javier Marcos son los dos primeros profesores que han accedido a la titularidad. Esperamos que en los próximos cursos nuestros compañeros y compañeras afiancen su situación profesional laboral.

149


43,5

70,5

18

CREDITOS L.C.

27

25

PRACTICOS

70,5

70

TOTALES

PLAN DE ESTUDIO DE LA LICENCIATURA DE ANTROPOLOGÍA SOCIAL Y CULTURAL

45

70

1° 2°

Distribución de carga lectiva por año académico

10

18

TEORICOS

42,5

20

32

M. OPTATIVAS

TOTAL

20

M. OBLIGATORIAS

M. TRONCALES

AÑO ACADÉMICO

11 v_/1\j LU

CICLO CURSO

Distribución de Créditos

Carga docente: 140,5 créditos

PLAN DE ESTUDIO DE LA LICENCIATURA DE ANTROPOLOGIA SOCIAL Y CULTURAL


70,5

43,5

Antropología Social y Política Estructuras y Cambios Sociales, Políticos y Económicos Antropología Física y Biológica Antropología de la Educación Etnolingüística Geografía Humana y Demográfica Historia de las ideas y de los movimientos sociales y políticos Introducción e Historia de la Antropología

Antropología Económica Teoría y Métodos Antropológicos Antropología Simbólica y de la Religión Antropología Social de Iberoamérica Estadística aplicada a las Ciencias Sociales Etnología Regional (Antropología de Extremadura) Patrimonio Antropológico y Museología Técnicas de Investigación en Antropología

2o

(T roncales y O bligatorias)

9 12 5 5 5 6 5 5 9 9 7 5 6 6 5 5

T T T 0 T T 0 T

CRÉDITOS

T T 0 0 0 T 0 T

ESTATUS

27

de E x tr e m a d u r a

Anual Anual Cuatrimestral Cuatrimestral Cuatrimestral Cuatrimestral Cuatrimestral Cuatrimestral

Anual Anual Cuatrimestral Cuatrimestral Cuatrimestral Cuatrimestral Cuatrimestral Cuatrimestral

TEMPORALIDAD

ASIGNATURA

CURSO

PLAN DE ESTUD IO DE LA LICEN CIATURA DE ANTROPOLOG ÍA SOCIAL Y CULTURAL

2o

E tn o lo g í a • Bases Teóri,


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obligatorias, a áreas de conocimiento no específicamente antropológicas. Y lo que es peor, los planes de estudio de la licenciatura incluyen también otras que, con la categoría de optativas o de libre elección, cuanto menos hay que calificar de insólitas (Etología animal y prim atología, dinám ica de grupos, quím ica para antropólogos, etnom atem áticas, folklore, etc.). Otra situación en cierto sentido anómala es, dado el bajo número de profesores del área, si bien en el último curso ha aumentado sensiblemente la plantilla, la insercióndependencia de la antropología de un departamento, el de Psicología y Sociología de la Educación, en cuyo título ni siquiera se contempla, como sería legítimo, el tercer área de conocimiento que lo integra. En cualquier caso, y como efectos positivos, la licenciatura ha permitido la creación de un nuevo centro, con la ventaja que para estudiantes y profe­ sores supone contar con una infraestructura creada exprofeso para cubrir las necesidades vigentes y de un futuro a medio plazo, así como la ampliación de la plantilla de profesores, etc. La profesionalización, de otra parte, permitirá mejorar la imagen social de la antropo­ logía, y, como expectativa a medio plazo, la expansión y profundización de la investigación característicamente antropológica sobre la realidad sociocultural de Extremadura. Entre las asignaturas optativas de la especialidad se han ofertado, y se han impartido en el curso 98-99 y 99-2000, Antropología de los Géneros, Antropología del Turismo, Etnicidad, Migraciones y Nacionalismos, etc. Está previsto que durante el próximo curso se impartan otras ofertadas por primera vez. El cuadro de asignaturas se puede distribuir de la siguiente forma12: A) Asignaturas que refieren a aspectos teóricos, metodológicos y técnicos desarro­ llados a lo largo de la historia de la disciplina o que confieren especificidad a la antropo­ logía entre otras ciencias sociales y humanas: “Introducción e Historia de la Antropo­ logía”, “Teoría y Métodos Antropológicos”, “Técnicas de investigación Antropológica” y “Estadística aplicada a las Ciencias Sociales”, ésta última adscrita al área de Sociología. B) Asignaturas de corte general que recogen la visión holística de la antropología y el concepto de cultura, y se detienen en los distintos subsistemas que la conforman: “Antro­ pología Económica”, “Antropología Social y Política”, “Antropología Simbólica y de la Religión”. Dentro de esta misma categoría se encuentran otras novedosas y plenamente vigentes para el análisis de las realidades sociológicas actuales, como la “Antropología de los Géneros”, “Antropología del Turismo”, “Antropología de la Educación”, o enfoques

12. En general, sigo a Esther Fernández de Paz en un trabajo inédito. E incluyo las materias específicas que se imparten en la licenciatura en la Universidad de Extremadura.

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temáticos singulares como “Estructuras y cambios sociales, políticos y económicos”, “Etnicidad, Migraciones y Nacionalismos”. C) Asignaturas propuestas, aunque todavía no se imparten, para profundizar en la diversidad de las realidades socioculturales. Su objetivo es conseguir el conocimiento y reconocimiento de las diversidades, singularidades y regularidades culturales, requisito imprescindible para madurar la validez de todos los modelos culturales. Así, “Antropo­ logía Urbana”. D) Asignaturas configuradas en base al análisis de los sistemas socioculturales de etnias, grupos y formaciones sociales en coordenadas específicas de espacio y tiempo, especialmente referidas a las áreas más cercanas o en las que nos hallamos más inmersos histórica y culturalmente, tales como “Antropología Social de Iberoamérica”, “Etnología Regional (Extremadura)”, etc. Sus programas hacen converger el conocimiento de las bases materiales, los sistemas sociopolíticos y otros aspectos ideáticos y simbólicos en la globalidad, evitando así los enfoques parciales. E) Asignaturas de índole pluridisciplinar provenientes de otras áreas de conocimiento, que ayudan a comprender los fenómenos socioculturales en ámbitos cercanos a donde desarrollan su vida los estudiantes: “Geografía Humana y Demografía”, “Historia de las ideas y de los movimientos sociales y políticos”. F) Finalmente, asignaturas nuevas y específicas, tales como “Patrimonio Antropoló­ gico y Museología”, que al propio tiempo interrelaciona y reanaliza muchos de los conoci­ mientos adquiridos. Fundamentalmente está orientada a la formación en el ejercicio profesional no estrictamente académico. Como puede comprobarse, el Plan de Estudios de la Licenciatura busca dar una adecuada y completa formación, que además de alcanzar las metas requeridas a nivel profesional, despierte en los alumnos la reflexión para la vida. No se olvidan ni el análisis de las sociedades pasadas, ni de las no occidentales, ni los nuevos fenómenos que se viven en las sociedades contemporáneas como resultado de los procesos de mundialización de la economía y de fragm entación social crecientes. La distinción entre los niveles del concepto de cultura, entre su dimensión más abstracta y las culturas específicas, permite establecer relaciones pertinentes entre los distintos aspectos de éstas, combinando los enfoques macro y microsocial. Se contempla la variedad de realidades culturales y se trata de dotar a los estudiantes de los conceptos y conocimientos teóricos, metodológicos y técnicos que los faculten para enfrentarse al acercamiento de los distintos sistemas cultu­ rales, situándolos ante el reto del trabajo de campo, que siempre tendrá que ver con una especialización posterior a la licenciatura, en la fase de incorporación a los programas de Tercer Ciclo ofertados por el Departamento de Psicología y Sociología de la Educación.


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A la licenciatura se puede acceder, como hemos expuesto más arriba, desde una amplia gama de diplomaturas y habiendo concluido el primer ciclo de heterogéneas licenciaturas, para las que la Antropología Social podrá suponer un nivel de especialización superior. La futura formación de licenciados en Antropología Social y Cultural permitirá, de una parte, avanzar en el conocimiento real de las realidades sociales y culturales extremeñas, lo que posibilitará ampliar nuestro conocimiento y desarrollar el campo de las investigaciones etnográficas en la región; y, de otro, contribuirá a la promoción profesional de los diplomados procedentes de Educación Social y Trabajo Social, etc., como una de sus salidas “natu­ rales”. Tras la institucionalización académica, y su posterior consolidación, se deberían hacer esfuerzos y poner mayor énfasis para abrir el ámbito del ejercicio profesional y la conquista de un espacio laboral. H ay que tratar de tender puentes de colaboración entre la teoría-reflexión (Universidad) y la praxis-acción (actividad profesional). De manera que podrá reclamarse para la antropología, como expectativa de futuro, un mayor protago­ nismo social del que las estructuras académicas pueden proporcinar. Ahora bien, como acertadamente escribe J. M . Comelles, con referencia al desarrollo de la Antropología en el Estado español, en la relación que debe existir entre “disciplina” y “profesión” subra­ yando que mientras la primera puede subsistir sin un reconocimiento oficial, restringida a círculos académicos o intelectuales, la segunda, “ (...) no puede disociarse del proceso histórico, económico, social y político en el que ésta se produce. Las profesiones, a diferencia de las disciplinas que las sustentan no pueden ser analizadas al margen de sus praxis particulares, de sus conexiones sociales, de sus redes de relaciones, de su intercurrencia con los procesos sociales (...) Unicamente aquellas que podían ser articuladas con una praxis profesional compatible con los intereses econó­ micos y sociales del momento han podido insertarse en un contexto y desarrollarse ” (f. M. Come­

lles, 1984). Y más próximo en el tiempo, Lloren^ Prats apunta críticamente algunos de los obstáculos para el ejercicio de la práctica profesional en España: “(...) Decía también que la antropología española es marginal respecto a las principales preocupaciones de la sociedad española, a la imagen que esta misma sociedad tiene de nuestro quehacer. (...) Si la sociedad piensa que sola­ mente estudiamos esqueletos, o, en el mejor de los casos, fiestas y supersticiones, sólo nos requerirá para ello, y si nosotros, con nuestra actitud y con nuestra incapacidad para participar (aun sin ser invitadosj en los debates de cuestiones realmente importantes, no lo desmentimos, esta imagen, y la situación subsiguiente se irán reproduciendo. ¿Es que acaso no m em os en la capacidad de la antro­ pología para aportar alguna luz a los problemas más candentes de nuestra sociedad? (...) La práctica profesional de la antropología en España ha sido incapaz hasta el momento, (...) de crear y consolidar un mercado para la práctica liberal de la profesión (...). El prim er obstáculo que presenta la creación de un mercado laboral para los antropólogos es la mala imagen (o la imagen errónea) y la indefinición social de la disciplina, la m al genera desconocimiento y desconfianza: no hay demanda. Es así como funciona la economía de mercado (...)” (LL. Prats, 1996: 171-172).


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171-172).

La etnología regional de Extremadura en la licenciatura de Antropología Social y Cultural: perspectivas de futuro

La docencia de “Etnología Regional (Extremadura)” se ofrece en el segundo cuatri­ mestre del segundo curso de la licenciatura. La localización en el último período de la formación de los alumnos, cuando ya ven cercana la obtención del grado de licenciado y su eventual incorporación al mundo laboral, suscitará, previsiblemente, un creciente interés por las posibilidades reales del ejercicio profesional en su entorno inmediato. La asignatura de Etnología Regional de Extremadura reviste un especial interés y significado. Como venimos manteniendo reafirmamos la validez y necesidad del estudio, desde dentro, de lo propio. Los conocimientos acerca de las teorías, métodos, y campos de estudio antropológicos deben ser validados en cuanto que sirven para profundizar en el conocimiento de la realidad sociocultural que nos rodea. Y en ello consiste una de las funciones de esta asignatura: revisar la aplicación que se ha hecho de estos presupuestos teórico-prácticos, su validez, carencias, y los resultados obtenidos. En la medida que sea así, desde la docencia en esta asignatura se ocupa una posición privilegiada para orientar el creciente interés de las nuevas generaciones de antropólogos por el conocimiento más preciso del medio social y cultural en el que están insertos, mostrándoles la potencial riqueza de temas de estudio e interés de su desarrollo. La elección de Extremadura, de su cultura, como objeto diferenciado de una asignatura específica no debe ser interpretada desde la reificación “culturalista” de un territorio en razón de la ubicación específica de la universidad en la que va a ser impartida dicha asigna­ tura, con la intención de acotar así, de forma más o menos arbitraria, un territorio-cultura propio que pasa a considerarse objeto prioritario, cuando no específico de sus estudios y actividades profesionales corporativistas. El esquema territorial-adm inistrativo sería la versión académica de la instrumentalización política que se hace de sus elementos culturales regionales diferenciales, ahora bajo el soporte de la “España de las autonomías”. En cada lugar o universidad en que se da la materia de Etnología Regional se concreta en asigna­ turas referidas al ámbito territorial donde se va a impartir. Desde tal punto de vista no se trata de un perfil forzado, sino que viene dado tanto por la tradición antropológica, como hemos tratado de mostrar en un epígrafe anterior, como impuesto por orden ministerial. A partir del curso 98-99, tras aprobarse por la Junta de Gobierno de la Universidad de Extremadura en mayo de 1998 los planes de estudio, que previamente habían sido sancio­ nados por la Junta de Centro de la Escuela de Formación del Profesorado de E.G.B. de Cáceres, se comenzó a impartir la licenciatura, de segundo ciclo, en Antropología Social y Cultural en el semidistrito de Cáceres. Como hemos expuesto, por orden ministerial, y B.O.E., la licenciatura cuenta entre las asignaturas troncales con una Etnología Regional 155


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(Extremadura), con una carga lectiva de seis créditos, para impartir en quinto curso de la licenciatura. Parece lógica su ubicación en el último curso, dado que, como es previsible, para entonces los alumnos poseerán los conocimientos teóricos y metodológicos generales suficientes como para poder ser aplicados a un contexto, no sólo geográfico o territorial, sino también al estudio de un grupo social, los extremeños, con una especificidad cultural resultado de una experiencia y de un proceso histórico y de unas condiciones socioeconó­ micas y estructurales singulares. La docencia de Etnología Regional va a tratar de ajustarse a los conceptos, modelos y planteamientos teórico y metodológicos de la antropología con respecto a un área cultural específica, Extremadura, integrada en el contexto territorial y en la unidad cultural que representa la Península Ibérica. Se trata, por lo tanto, de un Proyecto sobre Etnología Regional, aunque tal denominación no nos agrada al connotar básicamente una significa­ ción geográfica o espacial, que merma en cierto grado el significado de configuración sociohistórica específica que hoy se le reconoce, social y políticamente, a Extremadura. La región sociocultural se prolonga más allá de sus bases geográficas, por ejemplo, con los emigrantes fuera de su territorio de origen. Tampoco se trata exclusivamente del fruto de una reorganización político-administrativa, sino de áreas dentro de las cuales se da una mayor interacción social y densidad de intercambio sociocultural, pero también existe en su interior la variación interna. Los dos niveles, la relativa uniformidad y la variabilidad interior, se combinan dentro de un contexto histórico de interrelacionamiento cultural, económico, político, etc. La entidad política de Extremadura, de otro lado, se expresa en un contenido cultural mediante los emergentes procesos de etnogénesis y a partir de los actuales fenómenos sociales y políticos de construcción identitaria. La institución en la que se pretende poner en práctica el presente Proyecto se enclava en la Universidad de Extremadura. Documento con el que tratamos de diseñar las líneas generales para la docencia y el estudio de la realidad sociocultural extremeña, a la que pertenece el autor y docente y la mayoría de los alumnos de las asignaturas de Etnología Regional, del segundo año de la licenciatura, y de Etnología de Extremadura, de primer curso de la diplomatura de Educación Social. De manera que pretendemos profundizar en el conocimiento de la identidad cultural de Extremadura sin perder de vista el marco general, y el entorno geográfico y cultural, en que está inserta. Y, cuando proceda, y en los términos científicos que correspondan, la someteremos, en conjunto o en algunos de sus aspectos significativos, al contraste cultural y al análisis tanto de la variabilidad interior, en parte resultado de la adaptación sociohistórica a medios ecológicos diversos, como a su comparación con otras realidades socioculturales de su entorno. Formalmente establecida en la Universidad de Extremadura la asignatura de Etno­ logía Regional de Extremadura en los planes de estudio tanto de la licenciatura (1998-


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99) como de la diplomatura de Educación Social (1995-96), parece lógico que el obje­ tivo prim ordial sea el de transm itir, en función de un programa flexible, de carácter abierto, que se reproduce en su lugar correspondiente, el estado de nuestros conocimientos antropológicos sobre la región. Ahora bien, siendo consciente de que el corpus teóricoetnográfico sobre Extremadura es lim itado, consideramos especialm ente importante im partir docencia en la materia de Etnología Regional por el valor que en sí mismo tiene para fomentar aspectos no tratados en la bibliografía. La producción antropológica sobre Extremadura es, todavía, escasa y, debido a la inexistencia de una comunidad de antropólogos profesionales, de valor muy desigual. Circunstancia, en último extremo, que obedece a la escasa institucionalización académica de la que, hasta el presente, ha gozado la antropología en Extremadura. La carencia de formalización de los estudios antropológicos ha permitido, por otra parte, que eruditos, folkloristas, aficionados a las “cosas populares”, en suma, “aprendices de etnógrafos”, en totum revolutum, ocupen un espacio social ajeno, y elaboren discursos intuitivos y descriptivos, extracientíficos, que, frecuentemente enlazan con un interés, voluntarista, sí, pero desenfocado sobre la región. Lo que, de otro lado, ha contribuido a forjar una imagen distorsionada de su realidad sociocultural. A lo que también ha contri­ buido una sesgada, y nunca explicada, selección de rasgos culturales pretendidamente característicos de Extremadura. Los que, cuando no han sido idealizados o abordados desde una perspectiva esencialista, se han tratado fuera de su contexto de referencia. En una palabra, existen diferencias sustanciales y cualitativas entre hacer y no hacer antropo­ logía, entre ejercer una profesión y practicar el amateurismo. Con la asignatura Etnología Regional (Extremadura) se pretende lograr, mediante el procedimiento científico y el método antropológico, el análisis de la diversidad y de las semejanzas y diferencias intra-regionales, y en su relación con otras realidades de su entorno sociocultural; profundizar en el estudio de las comarcas y en otras especificidades como adaptaciones ecológicas y sociohistóricas; en la peculiaridad sociocultural que ha generado su condición fronteriza; en el análisis de los movimientos migratorios (extre­ meños sin Extremadura, Extremadura sin extremeños...); en la Antropología ecológica y económica; en su estructura social y en la organización sociopolítica; en los sistemas ideo­ lógicos y simbólicos; en los mecanismos de transmisión sociocultural; y en el estudio del patrimonio etnológico de Extremadura; en definitiva, en su identidad cultural. Lévi-Strauss, en su conocida definición de los niveles de la antropología escribe: “(..) Etnogi'afía, etnología, antropología no constituyen disciplinas diferentes o tres concepciones distintas de los mismos estudios. Si no, en realidad, tres etapas o momentos de una misma investigación, y la preferencia por uno o por otro de estos términos sólo


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expresa que la atención está dirigida, en form a predominante, hacia un tipo de investi­ gación que nunca puede excluir los otros dos (...) (...) Un prim er paso hacia la síntesis. Sin excluir la observación directa, busca conclusiones lo bastante amplias para que resulte difíciles fundarlas exclusivamente en un conocimiento de prim era mano. Esta síntesis se puede operar en tres direcciones: geográfica, si se desea integrar conocimientos relativos a los grupos vecinos; histórica, si se intenta reconstruir el pasado de una o varias poblaciones; sistémica, en fin , si se aisla, para dedicarle una atención especial, a tal o cual tipo de técnica, costumbre o institución. (...) En todos estos casos la etnología incluye la etnografía como su etapa preliminar y constituye su prolongación (...) (...) La antropología, como síntesis final, apunta al conocimiento global del hombre y abarca el objeto en toda su extensión geográfica e histórica, aspira a un conocimiento aplicable al conjunto del desenvolvimiento del hombre, desde los homínidos hasta las razas tnodemas y tiende a conclusiones, positivas o negativas, para todas las sociedades humanas desde la gran ciudad moderna hasta la más pequeña tribu de melanesia ” (C.

Lévi-Strauss,— 1968— 1987:319-367). Es decir, la etnografía opera en tres direcciones: geográfica, esto es, respecto al espacio (territorio) donde se encuentran enraizadas las culturas; histórica (temporal), respecto al tiempo a través del cual se construyen las identidades culturales; o sea, trata de reconstruir las formas de vida del pasado de una o varias culturas. Y sistémica (estructural), o lo que es lo mismo considera a los elementos particulares de un sistema cultural y trata de establecer sus interrelaciones y correlaciones, así como su significación adaptativa y su efecto en el cambio de sistema. Extremadura reuniría las características aplicables a esta primera síntesis de elabora­ ción cultural compleja, contrastable a la vez con otras realidades sociales y culturales en la búsqueda de una respuesta científica al comportamiento cultural del ser humano. Puede hablarse de Extremadura no sólo en términos geográficos, de “subáreas culturales” en relación a las variables territoriales, políticas y culturales, sino sobre todo desde la perspec­ tiva de su articulación como sistema sociocultural resultante de un proceso históricocultural. Extremadura, pues, como objeto de estudio m ediante el conocimiento y la profundización en sus variables estructurales y en sus “marcadores identitarios”, algunos de los cuales se han originado, ex novo, en las últimas décadas y especialmente mediante el emergente proceso de etnogénesis que se genera en la sociedad extremeña teniendo como punto de partida una constitución “etnogenética” y la consecuente estructuración del Estado en Comunidades Autónomas, como reconocim iento jurídico y legal de una realidad, aunque apenas precisada y definida, preexistente. Y también, concretamente, 158

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como respuesta a la voluntad política de los extremeños en cuanto a su “reificación” como grupo socioterritorial. Cultura es un término, que con un contenido político expresado en la Constitución, se refleja socioculturalmente en los procesos de etnogénesis. Desde la antropología académica y profesional podemos y debemos contribuir al estudio, conocimiento y compresión no tópica, mixtificada o mitificada, de la realidad sociocultural de la región y de sus peculiaridades específicas, a partir de la puesta en marcha de proyectos de investigación sobre aspectos/problemas relevantes de los extre­ meños como grupo social con una identidad cultural. Nuestra concepción de lo que debería entenderse por Etnología Regional, en nuestro caso referido a la circunscripción político-territorial y sociocultural Extremadura, es la de la delimitación de un escenario bajo las coordenadas espacio-temporales dentro del cual, y en relación con otras entidades socioculturales de su entorno, promover estudios compa­ rativos sobre las formas sociales. En páginas anteriores hemos ponderado el método comparativo como uno de los pilares principales del conocimiento antropológico, así como su valor estratégico clave, utilizado con prudencia y rigor, en el propósito de cual­ quier disciplina científica en cuanto a la formulación de explicaciones generales más allá de lo inmediato y particular. En tal sentido, somos de la opinión de que la comparación, en un primer nivel, debe verificarse entre sociedades con similares modos de producción y equiparables niveles de integración sociocultural. En concreto, me estoy refiriendo a sociedades integradas en ámbitos geográficos, ecológicos e histórico-culturales del hinterland que ocupa Extremadura, sin perder de vista tanto su situacionalidad como su tradi­ ción histórico-cultural en el marco de la Península Ibérica, y específicamente su condición fronteriza y su relación respecto a Portugal. Estrategia que, previsiblemente, permitiría lograr resultados fructíferos en esa comparación, particularmente a la hora de la compren­ sión de las causas y de los determinantes o condicionantes de las identidades culturales, de las diferencias y semejanzas entre dichas sociedades; y en la forma en que actúan, con especial atención en Extremadura, diferentes factores ecológicos, económicos, demográ­ ficos, históricos y políticos. Aunque, aparentemente, tras la exposición descriptivo-analítica que hemos verificado en el apartado “Los modernos estudios sobre Extremadura”, pudiera dar la impresión de que el conocimiento antropológico que se posee sobre Extremadura es amplio, nada más lejos de la realidad. En la mayoría de los casos se trata de trabajos aislados, realizados más por el esfuerzo y voluntarismo de sus autores que como resultado de la puesta en marcha, desde las instituciones, de líneas de investigación prioritarias para contribuir al conocimiento de la realidad extremeña. La bibliografía antropológica sobre la región es, todavía, exigua y de valor dispar; si bien, en los últim os años se ha incrementado considerablemente. Debiera efectuarse, en cualquier caso, una valoración crítico-analítica de la obra que se ha 159


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producido hasta el presente, para conocer su grado de relevancia, y especialmente los nada desdeñables, por su número, estudios realizados por colegas extranjeros, en la mayoría de los casos nada comprometidos con la realidad que han estudiado, y de los que en un epígrafe precedente hemos dado cuenta, abordando el objeto de la investigación, los modelos teórico-metodológicos, los resultados científicos y su relevancia social. Así y todo, la falta de investigaciones directas y realizadas sobre el terreno tiene su realidad contrastable en las clases de Etnología de Extremadura, donde con relativa frecuencia los alumnos formulan preguntas para las que, todavía, no tenemos respuestas. Las futuras promociones de especialistas paliarán, previsiblemente, la actual situación. La puesta en marcha de la nueva facultad, y principalmente de los estudios de la licen­ ciatura en Antropología, puede ser un revulsivo en el sentido de permitir abrir un primer núcleo de futuras investigaciones a partir de los propios estudiantes y de los futuros licen­ ciados. La realización de tesis doctorales sobre la realidad extremeña, de los que opten por desarrollar su vida profesional en la región; o las investigaciones de aquellos que se incor­ poren, a medio plazo, a proyectos de investigación del área de conocimiento de antropo­ logía social, paliarán el menguado estado de los estudios antropológicos en Extremadura. Tal situación, sucintamente descrita en los párrafos precedentes, debiera impulsar la mirada antropológica hacia Extremadura y, prioritariamente, establecer las bases de una auténtica institucionalización de la disciplina, así como de su ejercicio profesional. En cualquier caso, la asignatura de Etnología Regional debe servir, también, para aglutinar a un grupo de estudiantes y de licenciados que, orientados por los profesores del área, consti­ tuyan equipos de investigación y establezcan líneas prioritarias de exploración científica de nuestras realidades socioculturales para tratar de conocer empíricamente, de primera mano, la sociedad de la que somos miembros. Universidad-región-sociedad

La Universidad de Extremadura ha limitado el número de plazas de la licenciatura de Antropología Social y Cultural, como ha hecho con otras licenciaturas de segundo ciclo, a ochenta y cinco alumnos como máximo. Según las propias previsiones de la Universidad, la mayor parte de los estudiantes proceden de la región; si bien, se espera que un número indeterminado provengan de otras comunidades autónomas circunve­ cinas. Parece lógico pensar, dado el carácter agrícola de Extremadura, que una parte importante de los estudiantes vengan del medio rural, y de las ciudades de pequeño y mediano tamaño que existen en la región. En cuanto al origen curricular de los alumnos, según las estimaciones del centro donde se imparte la licenciatura, Facultad de Forma­ ción del Profesorado, podrían clasificarse en tres grupos: los que cuentan en su haber con alguna licenciatura en otras carreras; los que provienen, como permite la ley, de


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diplomaturas tales como M agisterio, Trabajo Social, Bellas Artes, A.T.S., y aquellos que han cursado tres años de derecho, sociología, economía, geografía e historia, etc. Y un tercer grupo, los diplomados en Educación Social. En la evolución de los estudios especializados de Antropología en Extremadura hay que mencionar el papel fundamental que en los últimos años ha jugado la Universidad (UEx) en simbiosis con otras instituciones políticas y culturales de la Comunidad Autó­ noma. Desde el traspaso de competencias en materia de enseñanza universitaria, la univer­ sidad regional depende financieramente del gobierno autónomo, la Junta de Extremadura. Y los organismos regionales, tales como la Consejería de Educación, Ciencia y Tecnología, Cultura y Patrimonio, etc., apoyan económicamente algunas iniciativas que parten del seno de la comunidad universitaria (proyectos, congresos y encuentros científicos, publica­ ciones, etc.). Y aunque todavía falta, para la consolidación gradual de los estudios antropo­ lógicos que acaban de ponerse en marcha, una importante trayectoria que recorrer (la creación de un departamento específico cuando se reúnan los requisitos establecidos por la ley; la puesta en marcha de programas propios de Tercer Ciclo; la inserción y adquisición de estatus no sólo universitario, sino también social de los conocimientos antropológicos; la apertura de un espacio laboral —mercado de trabajo— para el ejercicio práctico de la profesión al margen de la Universidad, etc.), con la puesta en marcha de la titulación en antropología social y cultural se ha dado un paso cualitativo en tal sentido. La m ateria de Etnología Regional se justifica por la universidad donde se va a implantar, la Universidad de Extremadura, y por la región donde se va a ofertar social­ mente. La Universidad de Extremadura (UEx) se divide administrativamente en dos semidistritos, el campus de Badajoz y el de Cáceres. En general, en el primero se ubican las titulaciones de ciencias, y en el segundo las de Letras y Sociales. El perfil de la asignatura Etnología Regional (Extremadura), tiene evidentes implicaciones tanto con la universidad regional como con la sociedad que va a ser objeto de atención especial por la disciplina, y con el marco histórico, social y cultural de una sociedad, la extremeña, que hasta 1973 no contó con estudios universitarios. El nuevo edificio ubicado en el campus de la Universidad de Extremadura en Cáceres supone mejorar sustancialmente las infraestructuras, posibilitando el progreso docente e investigador que, sin lugar a dudas, permitirán una mejor formación de los estudiantes de la licenciatura. La proximidad del mismo a las facultades de Filosofía y Letras y Humani­ dades, la cercanía a la Biblioteca del semidistrito y a los importantes fondos bibliográficos y documentales de la Biblioteca de la Excma. Diputación de Cáceres, permitirá el acceso a recursos humanos y materiales necesarios para la formación de especialistas y profesionales. Ahora bien la Universidad deberá hacer un esfuerzo adicional, de cara a la formación de los futuros licenciados, mediante la adquisición de fondos bibliográficos especializados. 161


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Existe cada vez una mayor sensibilización por parte de la opinión pública y de los poderes políticos sobre el papel fundamental que debe jugar la Universidad en el despegue económico-cultural de la región. Entre las prioridades estratégicas de crecimiento y de competitividad de la Universidad de Extremadura, en estrecha y simbiótica relación con su realidad social, está la de la identificación de la Institución con la región en que se inserta, en la optimización de los recursos disponibles, su adecuación a la demanda tanto laboral como de los distintos sectores de la propia sociedad, la implantación de títulos poco redundantes en el mapa universitario de su entorno, la atracción de demandas externas de alumnado, la de atender las opciones mayoritarias de los estudiantes, evitando em igra­ ciones, el fomento y potenciación de los lazos académicos con las universidades de comu­ nidades vecinas (Andalucía, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Alentejo —Evora—, etc.); y, por supuesto, una preferente orientación hacia la calidad de la docencia. El impacto de las nuevas enseñanzas y el aporte de la Antropología Social va a servir, en primer lugar, para cubrir la demanda de la sociedad extremeña —existe una relativa­ mente importante emigración intelectual-, estudiantes que, por un lado, cursan estudios de antropología principalmente en las universidades de M adrid y Sevilla; y por otro, dar respuesta a la demanda social que desde hace años viene solicitando la implantación en la Universidad de Extremadura de la carrera de Antropología Social—. Como se sabe, la licenciatura en Antropología Social y Cultural es un título novedoso en la universidad española. No son más de seis las universidades que cuentan entre sus planes de estudio con la licenciatura. Y las más cercanas a la región se sitúan, geográficamente, a más de tres­ cientos kilómetros. La titulación de Antropología Social puede contribuir a vertebrar el desarrollo a medio plazo, dado los planes de expansión de la Universidad de Extremadura, de los estu­ dios de otras licenciaturas y diplomaturas con las que tiene cierto grado de parentesco, tales como Sociología, Economía, Turismo, etc. En cualquier caso, en el marco de la administración regional, las áreas que comienzan a proyectar cierta sensibilidad por el trabajo de los antropólogos son, entre otras, las siguientes: Patrimonio y M useología Etnológica, Agricultura y M edio Ambiente; Bienestar Social, Emigración y M inorías Etnicas, Universidad e Investigación, etc. La Antropología Social en Extremadura puede contribuir a la puesta en marcha de planes de desarrollo cultural, económico, social; y de programas relativos a cuestiones relacionadas con la em igración y el retorno de los emigrantes; con los procesos de etnogénesis y del estudio de las semejanzas/diferencias (diversidad) intra-regional a partir de las distintas formas de adaptación ecológica, de los factores sociohistóricos y de los condicionantes socioeconómicos; en el estudio de las semejanzas/diferencias y en la comprensión del nosotros (extremeños-españoles) y de los otros (alentejanos-portugueses), con el propósito de proscribir los estereotipos y reificar

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E t n o l o g í a . DE E x t r e m a d u r a • Bases Teóricas y M etodológicas

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fondo cultural común. Una forma de aplicación práctica serían los programas de desa­ rrollo y cambio cultural “controlado”. La razón práctica de la Antropología (Antropología Aplicada) contempla la intervención en el desarrollo de programas comunitarios inte­ grados. La Antropología, en su versión aplicada, contribuye a resolver conflictos origi­ nados en contextos de diversidad cultural, cambio social acelerado, pérdida de identidad, en procesos de diferenciación sociocultural y de fragmentación socioeconómica, en la apli­ cación de programas de salud pública en la variabilidad sociocultural, en situaciones de adaptación-ajuste, derivadas de la descolonización, en las confrontaciones de minorías y mayorías en sociedades plurales, emigración-aculturación, multiculturalismo-asimilación, tolerancia-intolerancia étnica, racismo-xenofobia; y también contribuye a desterrar las falacias que encierran todo tipo de sexismos, clasismos, etnicismos, racialismos o cuales­ quiera otra forma de estratificación/discriminación, y que, sin embargo, explican los orígenes de la desigualdad. II.4. LA ETNOLOGIA REGIONAL DE EXTREMADURA Y SU APLICACION PRÁCTICA: EL ESTUDIO DE LA PROPIA REALIDAD SOCIOCULTURAL Cronológicamente, tras el género de las monografías de comunidad, especialmente de moda en los estudios antropológicos en España en la década de los sesenta, a principios de los setenta el profesor Carmelo Lisón propuso un cambio de las estrategias tradicionales, los estudios centrados en un pueblo, aldea u otra pequeña unidad de referencia, y optó como locus de investigación y análisis, por el universo, mucho más amplio y con otro tipo de implicaciones, cual es la región (Antropología Cultural de Galicia, 1971). En 1975, 1978 y 1980 vuelve a ocuparse de la región como unidad, en su diversidad cultural inte­ rior —áreas subculturales—, y en función del conjunto de la Península Ibérica. Es decir, se produce entonces un cambio de unidad de análisis y observación, de un “microcosmos” a un “macrocosmos” o unidad intermedia en los ámbitos de la convivencia, de las relaciones sociolaborales y de los niveles políticos, la región, abordada ahora por su nivel de integra­ ción más comprensivo. Reorientación en los estudios antropológicos en España que se acentúa a partir de la aprobación de la Constitución de 1978 y tras el consiguiente proceso electoral experimentado, encadenadamente, en las distintas comunidades autónomas. Una unidad, la región, definida ahora política y territorialmente, con propias peculiaridades culturales derivadas de factores históricos y estructurales. El interés actual por las regiones-nacionalidades como objeto de estudio antropoló­ gico proviene de dos circunstancias: una, general, el cambio experimentado en el objeto tradicional de los antropólogos, y la consecuente focalización puesta sobre las sociedades “civilizadas”; y otra, particular, debida al proceso político habido en España tras la aproba­ ción de la carta magna. En consecuencia, los objetos de estudio preferenciales están ahora


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directamente enraizados, como acertadamente ha descrito y analizado Joan Prat (1992: 8489), con el proceso político de la transición y la construcción político-social de las autono­ mías. Tales objetos de estudio comienzan a centrarse en los problemas derivados de las propias especificidades culturales de las Comunidades Autónomas; es decir, las realidades sociales regionales se convierten en objeto de estudio en dialéctica relación asimismo con los discursos políticos de reivindicación regional-nacional, tratando de perfilar los rasgos de la identidad/diferencialidad cultural. A veces, puede llegarse a una situación como la que describe Joan Prat: se trata de descubrír, perfilar, reforzar o ¿por qué no? inventar las bases de las diferencias, las peculiaridades propias, las raíces colectivas, los modos de ser y de vivir, los rasgos culturales diferenciados, la personalidad idiosincrática, etc., que real o supuesta­ mente caracterizan a cada Comunidad Autónoma. Se trata pues, por lo menos en la visión de los políticos, de construir unos sistemas simbólicos capaces de afianzar o generar las lealtades patriótico-políticas de las propias comunidades autónomas, algunas de ellas tan recientes que carecen de cualquier conciencia diferencial. La utilización y en ciertos casos manipulación de la cultura tradicional y popular para conseguir estos objetivos es tan similar a la utilización y manipulación del folklore por parte de los nacionalismos del siglo XIX españoles” (1992: 88).

Consideramos que los extremeños constituyen un grupo social con una cultura dife­ renciada y con una identidad cultural en proceso dinámico de formación, cuyas bases hay que buscarlas en un conjunto de características sociohistóricas y socioeconómicas, es decir en factores diacríticos, así como en los recientes fenómenos de etnogénesis. Las caracterís­ ticas culturales que se atribuyen a los extremeños reflejan una experiencia colectiva. Actualmente, y debido a los movimientos sociales, políticos, etc., se está produciendo cierta emergencia del etnorregionalismo, que las nuevas prácticas políticas autonómicas tratan de dotar de significado cultural. Ahora bien, la existencia de su identidad cultural no es sólo resultante de tal proceso, sino también consecuencia de una particular historia y de unos componentes estructurales. Y aunque al hablar de identidad extremeña lo hacemos en referencia a la identidad cultural del pueblo extremeño, Extremadura —como cualquier otro pueblo— no es resultado de una continuidad o perpetuación esencialista e inmutable a través del tiempo, sino una realidad objetiva, resultante de un proceso histórico especí­ fico que ha cristalizado en una formación socioeconómica diferenciada. Las regiones, como explica el profesor Carmelo Lisón en el libro Invitación a la Antropología Cultural de España (Madrid, 1980), han cristalizado en entidades histórico-geográficas y culturales que exhiben características peculiares, presentan estructuras sociales y económicas, institu­ ciones y tradiciones jurídico-legales distintas. Por lo que la cultura regional, que posee un primer punto de identificación en el nivel territorial, debe ser analizada desde una pers­ pectiva múltiple: ecológico-cultural, étnica, histórica, política, etc.


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La existencia de un pueblo extremeño diferenciado con una identidad cultural resul­ tante de un proceso histórico peculiar vivido en un territorio definido, es una realidad difí­ cilmente cuestionable. Y aunque las raíces históricas y culturales de la diferencia revisten diferentes categorías, la sociocultural y la político-administrativa , discrepamos del modo en el que el antropólogo norteamericano D. J. Greenwood plantea los procesos de etnogénesis. Greenwood limita la cuestión de las identidades culturales-regionales en España a los inte­ reses políticos que necesitan fundamentar con ayuda de los antropólogos y otros cientí­ ficos sociales, las nuevas autonomías políticas. Las identidades culturales subnacionales que componen el Estado español se deben, según Geenwood, a la proliferación de un regiona­ lismo activo que ha contado con el apoyo de los antropólogos que así “(...) afirman su inde­ pendencia dentro de una profesión en la cual todavía existen pocos departamentos y universidades prestigiosas. Esto también es una form a de hacer que la Antropología sea relevante para su vida colectiva y la de sus estudiantes (...)” (D. J. Greenwood, 1992: 5-33).

A veces se confunde identidad cultural con nación política. Es erróneo pensar que sólo la expresión política de la identidad ratifica la existencia objetiva de una etnicidad diferen­ ciada. Convenimos con Isidoro Moreno (1993) en que la etnicidad existe al margen del sentimiento y de la expresión política, e incluso al margen de que exista conciencia o no sobre su propia existencia. De manera que la identidad puede existir se exprese o no políti­ camente. Es decir, la inexistencia de un discurso político que aúne identidad cultural y política no debe asimilarse mecánicamente a la inexistencia de Extremadura como realidad cultural diferenciada. Ahora bien, poseer componentes diferenciadores no supone, por sí mismo, la consolidación de una determinada identidad étnica. El sentimiento más o menos difuso de pertenencia estaría sustentado, en el caso extremeño, en elementos cultu­ rales con un valor denotativo entre quienes constituyen un determinado colectivo con una experiencia histórico-cultural. Su identificación con lo que se conviene en llamar etnoregionalismo significa la mera delimitación de unos rasgos diferenciadores, a veces descontextualizados, elegidos entre los de más fácil percepción y manipulación. Y, sin embargo, son éstos los que expresan la cultura propia en la diversidad de manifestaciones socioculturales donde se refleja la interpretación de una experiencia colectiva, a veces ideológica­ mente instrumentalizada, inserta en un devenir histórico singularizado. Parece, entonces, que la confusión entre identidad, y sus variados tipos, etnia, nación y estado todavía funciona sin contar demasiado con las realidades socioculturales concretas. Parece existir también una confusión intencionada entre identidad cultural y expresión política, la afir­ mación de la existencia de la primera sólo si es confirmada como autoconciencia política. Pero, ¿hasta qué punto puede constituir Extremadura una unidad de análisis? Desde luego no lo puede ser la determ inación de Extrem adura en su concepción de área geográfica o como territorio-área cultural que integra de forma más o menos homo­ 166

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génea, la unidad en la diversidad, la riqueza cultural de su propia diversidad interna motivada por la existencia de ecosistemas diferentes, experiencias histórico-culturales más o menos particularizadas a nivel comarcal, de “subárea cultural”, conformación jurídico-administrativa en cuanto a la conquista castellano-leonesa (s. XIII-XTV) y la poste­ rior evolución de los reinos peninsulares. Pero sí pueden y deben ser objeto de estudio preferentes las características estructurales de la identidad cultural extremeña, y cómo estas se materializan en el nivel de las relaciones sociales; y cuáles son los catalizadores y marcadores de identidad y la instrum entalización que se hace de ellos según en qué contextos socioculturales. Lo que se debe investigar no son tanto circunscripciones geográficas o “áreas culturales” sino problemas, ámbitos temáticos, realidades múltiples, en diversos contextos. En suma, lo que importa no es tanto el objeto de estudio como la mirada antropológica que sobre él podamos proyectar. En “Los estudios sobre etnicidad y nacionalismo en España, 1981-1987”, J. J. Pujadas apuntaba ya la importancia que en el futuro iban a adquirir los estudios en este ámbito temático, a la vez que pone de manifiesto las limitaciones intrínsecas del modelo de los estudios de comunidad. En cualquier caso, apostilla Pujadas “(...) La aparición de la etni­ cidad como tema de estudio supone para los estudios antropológicos un cambio de escala en las unidades de análisis, así como una modificación sustancial en la form a de abordar el estudio de los procesos socioculturales” (J. J. Pujadas, 1990: 8).

Aparentemente, nuestro planteamiento de focalizar la atención sobre la región, o más bien sobre problemas que en ella se dan, puede entrar en colisión con algunos de los prin­ cipios metodológicos defendidos por ciertos antropólogos, por ejemplo, el del distanciamiento y la neutralidad del investigador, y en nuestro caso, del docente y de los discentes, antropólogos en formación, con respecto a la realidad estudiada, como pretendida garantía de la objetividad y cientificidad de la práctica y el conocimiento antropológicos. Por el contrario, estimamos que el estudio de la cultura propia, la denominada Anthropology at Home, por antropólogos nativos comprometidos con su realidad social, es no sólo tan adecuado como el estudio del objeto convencional de la antropología, el modelo exotista, las “otras culturas”, sino que, si se realiza bajo las necesarias garantías, ofrece importantes posibilidades de profundización en el conocimiento de los sistemas socioculturales. En este sentido se trataría de un esfuerzo por captar la cultura desde el interior. Es decir, estamos de acuerdo con quienes afirman que el conocimiento de la realidad social ha de hacerse desde una aspiración de objetividad que no signifique necesariamente descompro­ miso —por no decir la pretensión más criticable de “neutralidad” como asepsia legitima­ dora— con las gentes objeto-sujeto de estudio. Lo que hay que adoptar es un procedimiento


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metodológico y una actitud crítica con la realidad social estudiada. Debemos afinar nuestros

procedimientos metodológicos entre otras cosas para evitar en la medida de lo posible caer en el peligro cierto de elaborar un discurso doctrinario más que un análisis crítico de la realidad. El riesgo de una antropología sobre nosotros mismos no es tanto que sea casera como que no sea crítica (parroquialización), ni comparativa (pérdida de la perspectiva transcultural). La “mirada distante”, lo que Lévi-Strauss ha llamado el fundamento de la antropología social, no sólo se capta siendo un profesional extranjero. ¿Dónde hay más ficción/invención en la descripción antropológica de una cultura ajena o en la descripción por el antropólogo nativo de su propia cultura? Como afirma el profesor Isidoro Moreno, la aceptación “(...) del pretendido dogma del “distanciamiento”y la neutralidad del científico social, “dogm a” cuya aceptación convierten a este en un alienado porque lo separa del control de las condiciones y de los propios resultados de su trabajo, imposibilitándolo, en último término, para toda pretensión científica. (...) La cosificación de los hombres, su conversión en objetos distantes, es una de las consecuencias más evidentes de este planteamiento, el cual, lejos de ser científico, es simplemente ideológico (...)"

(Moreno Navarro, I., 1975:326). Unos años antes el doctor Moreno trató de las ventajas o desventajas de ser miembro de la sociedad estudiada, acerca de la controversia planteada sobre la plena participación o no del investigador en los acontecimientos sociales y el papel que éste debe establecer para garantizar la marcha del trabajo (I. Moreno, 1972: 165-182). Sin ambages se pronuncia a favor de las relaciones que deben existir entre la realidad conceptual y la realidad social, entre la teoría y la práctica social en contextos históricos concretos. También Jesús Azcona se pregunta, a propósito de los objetos y los sujetos de la investigación, y de la relación entre observador y observado, acerca de la supuesta objetividad que implica la condición de extraño, que él pone en cuestión (Azcona, J., 1996). No se trata tanto de marcar una distancia física/cultural del objeto de estudio, como de poner en práctica el pensamiento comparativo y crítico en el proceso analítico. Con su característica socarronería, en 1974 Julio Caro escribe en el prólogo de la tesis doctoral de Enrique Luque: “(...) Al leer este libro de Enrique Luque Baena, —Estudio antropológico social de un pueblo del sur —, que ha observado un pueblo de su tierra con ojos de su tierra, sobre los que ha puesto las lentes del investigador, se nota un palpito, una emoción contenida que son difíciles de encontrar en obras de antropólogos de fu era. Se ha dicho que el “nativo ” no puede v er su propia sociedad con la claridad que la ve un forastero científico. Este es otro principio gen eral del que dudo. Tanto valdría decir que un inglés escribiría mejores novelas de tema hispánico que un español, o que un


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norteamericano pintaría más exactamente ciertos sectores de la sociedad parisién de comienzos del siglo XX que como lo hizo Proust. En el nativo puede haber ciertos amaneramientos, clichés, estereotipos, tendencias a dar como buenas ciertas vulgari­ dades. En el foráneo también. La m itad de las tonterías que se han dicho sobre España y el alma española las han dicho españoles. La otra mitad extranjeros. Ya hay, de hecho, la amenaza de que se cree un producto nuevo: la Antropología de pandereta. Este libro (...) es un saludable reactivo contra esta tendencia; y, para mí, un alivio en m i vieja duda de si los Azande están más cerca de los andaluces que los moriscos (...)” (Luque, E., 1974: 14).

dido dogma del invierten a este ’esultados de su

La distancia social, espacial o cultural, ha sido el instrumento usual al que recurren las ciencias sociales para “mirar lo real”. La distancia se emplea como un modo de evitar la subjetividad y el compromiso. Pero la distancia, asumida de tal manera, no garantiza que quien investigue sea hábil y sutil en la observación. Nuestra posición al respecto es la de compromiso con la realidad social estudiada, a la que pertenecemos, y no sólo la de investigarla asépticamente.

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Oscar Guasch escribe sobre la distancia en las ciencias sociales y acerca de la objetividad-subjetividad: “(...) el intento de negación de la subjetividad en ciencias sociales pasa por construir una distancia respecto a la realidad social estudiada (...). El problema básico o de la mirada sociológica es que la situación social del observador condiciona aquello que mira y aquello que ve. Sin embargo, en la medida en que el observador reconoce y hace explícita cuál es su posición social, la subjetividad queda, si no controlada, si al menos matizada. Es una cuestión de honestidad profesional. Por otro lado, contra quienes defienden que el científico social nunca debe hacer observación participante de un grupo social en el que esté directamente implicado, aquí se defiende lo contrario. (...) El pertenecer a un grupo social evita los problemas de traducción cultural. Ya no es necesario que quien investiga pase por un proceso de resocialización en el grupo social que desconoce. Quien investiga conoce los códigos vigentes en su propio grupo y puede hacerlos explícitos. (...) Resulta evidente que la necesidad de la distancia respecto al objeto de estudio que tanto defiende el modelo etnográfico clásico, tiene que ver más con la profesionalización y la academización de la Antropología que con cuestiones epistemológicas relevantes. Sin embargo, son muchos los problemas que pueden obviarse “estando aq u í’, en especial que no existen problemas de traducción cultural. Informante, investigador y lector comparten un mínimo de intersubjetividad que hace innecesario la tarea de traducción culturar (O. Guasch, 1997:11-29).


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Como una de las múltiples modalidades de “hacer antropología”, Davyd J. Green­ wood, tratando la “legitim idad científica” de estudiarnos a nosotros mismos, y del compromiso para mejorar la sociedad, considera:

COR

“Desde m i punto de vista, la razón principal para evitar el estudio de nosotros mismos está en que tal trabajo nos imposibilita la objetividad. Pero, como este tipo de objetividad, tan estrecha, no es deseable científicamente, está claro que se trata de un camino falso. Además, las condiciones de la investigación cuando nos estudiamos a noso­ tros mismos son más favorables que las condiciones típicas que nos afectan cuando estu­ diamos a “los otros”: mejores conocimientos lingüísticos, históricos y geográficos, una apreciación más clara del contexto cultural, y un trabajo de campo que puede seguirse a lo largo de muchos años.

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(...) En su peor cara, la objetividad del forastero es meramente la ignorancia rigu­ rosamente producida. (...) la alteridad no es una cuestión ni de geografía ni de rigor; es una cuestión de método y de las intenciones sociales de los investigadores y se debe tratar así ” (Green­

wood, D .J., 1996:163-164). El esfuerzo por liberarse en lo posible el etnólogo autóctono de los prejuicios que su enculturación en una determinada sociedad han generado en él, del etnocentrismo, debe ser el mismo para el antropólogo extraño a la propia sociedad, como para aquel que elige como objeto de estudio la sociedad en la que vive y desarrolla su vida social y profesional. Y aunque, en un principio, el antropólogo nativo puede partir con ventajas en ciertas circunstancias, dado que se presupone conoce el código cultural de referencia, debería igualmente verificar su elección de estudio y observación no dando por obvios y “natu­ rales” aspectos, conductas, procesos económicos, sociales o ideológicos de los que él mismo participa. El profesor José Luis García reflexiona sobre la posición metodológica que significa el par nosotros-ellos después de sufrir el extrañamiento, el schock cultural, que experimentó en su propia tierra y sociedad: “(...) poco impona esa distancia nosotros-ellos en relación con el origen del antropó­ logo. Creo que esta exigencia de una determinada distancia geográfica para poder captar los fenómenos culturales en perspectiva (...) se exige porque se presupone que el objeto de nuestra tarea es describir fenómenos. (...) No es, en realidad, tan importante que el que investiga un campo cultural sea miembro de esa cultura o pertenezca a otra totalmente distinta. Ya he explicado en qué medida todos estamos rodeados de diferencias, incluso dentro de nuestra propia comu­ nidad. Lo que sin embargo me parece evidente es que nuestra tarea como antropólogos 170

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consiste básicamente en saber elaborar teorías que, con justeza, se apliquen a unos fen ó­ menos que pasan a un segundo plano, en su concreción cultural, en la medida en la que las teorías se afianzan” 0 . L. García, 1991: 124-125).

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El antropólogo ajeno a la cultura de referencia debe cuidar la elección del objeto de estudio previniendo que no sea seleccionado en función de su “extrañeza” o “exotismo”, en virtud del contraste o similitud aparente con sus patrones culturales de procedencia; corriendo el riesgo, en ambos casos, de pasar por alto o considerar secundarios aspectos que pueden ser significativos para la aprehensión, primero, y comprensión, después, de la realidad analizada. El empeño por vencer los prejuicios etnocéntricos debe ser el mismo, independientemente de la sociedad estudiada, por parte del antropólogo fuereño o del nativo. Desde tal perspectiva, a priori no tiene porque existir especial ventaja o desventaja para la realización de la investigación y el ejercicio práctico y competente de la docencia por la variable de pertenecer o no a la cultura objeto de las mismas. Ahora bien, lo que sí es necesario es poseer, obviamente, la formación teórico-metodológica y el adiestramiento adecuado en la práctica etnográfica.

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El conocimiento de la cultura estudiada, no sólo ni principalmente del lenguaje y de las normas que configuran la “cultura ideal”, ya de por sí labor difícil para alguien ajeno a esa realidad social, sino fundamentalmente de los códigos profundos e informales, se revela complicado no sólo de dominar, sino también a veces de percibir por quienes no están socializados en ella. En consecuencia, el pertenecer al grupo estudiado y a la cultura en que se enmarca, puede convertirse en una indudable ventaja para el antropólogo. Situa­ ción que le permite estudiar las condiciones materiales de la estructura sociocultural y en relación causal, al margen de las imágenes acuñadas fuera de su realidad (caracterizaciones estereotipadas e imágenes tópicas). Con demasiada frecuencia nos hemos venido guiando, en las imágenes de las naciones-regiones por estereotipos, sin realizar análisis rigurosos (procesos históricos, condiciones infraestructurales, diversidad ecológica, complejidad de la estructura social, etc.). Y en ocasiones se han adscrito caprichosa y primordialistamente rasgos de carácter, psicológicos, culturales, etc., que m ecánicam ente se atribuyen a distintas áreas y a los que en ellas han nacido. Como observara el profesor Lisón (1980: 21-27), “...el análisis de la especificidad regional viene haciéndose a dos niveles: 1 - A nivel de este­ reotipos (el carácter regional). Y 2.- A nivel antropológico. En este caso, todavía poco frecuente, aborda el contenido cultural de la regionalidad basado en las condiciones materiales que hacen posible la regionalidad (el medio físico o geográfico — ecología —, sus límites — territorio/política—, heterogeneidad interna, — intra-regional—, las condiciones socioeconómicas, la estructura social, las fa m a s de vida, los usos y las costumbres, la lengua, las instituciones, los símbolos y los mitos”.

Lo expuesto hasta ahora, no obstante, en absoluto debe entenderse que consideremos que el antropólogo no deba interesarse por otras sociedades distintas a la propia. Estaríamos 171


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negando el fundamento de la antropología. Todo lo contrario, creemos que ello no sólo es conveniente, sino necesario para la formación intelectual y la superación, o neutralización, de los prejuicios etnocéntricos y, en definitiva, para ampliar las perspectivas de análisis. Lo que no contradice el interés por focalizar el objeto de estudio en la cultura y en los sistemas socioculturales a los que se pertenece; y a partir de ella, y mediante un trabajo comparativo y de contraste cultural, intentar prudentemente formular explicaciones de carácter general. En efecto, la pertenencia y el compromiso del antropólogo con la sociedad que estudia se convierte en la práctica en una cuestión decisiva a la hora de plantearse la aplica­ ción del conocimiento adquirido por él mismo sobre la realidad estudiada. Su implicación en el objeto de estudio, y en la vida de sus sujetos, el ser él mismo parte activa de ella, se revela como un factor crucial a la hora de llevar a la práctica tal experiencia. Lo cual, de otro lado, es más factible de realizar que en sociedades extrañas o ajenas. Una etnología regional de Extremadura, aplicada y comprometida con la propia realidad donde se inserta, la sociedad extremeña, tiene su campo de acción inmediato en el propio entorno sociocultural en el que el antropólogo desarrolla su trabajo, bajo las rúbricas de docencia e investigación, facetas que tienen en su conexión con la realidad circundante una fuente constante de estudio y análisis. En antropología existe una relación dialéctica entre la teoría y la praxis, entre el conocimiento en abstracto y su aplicación práctica. Es decir, nuestra preocupación intelectual, investigadora y docente, se centra preferentemente en la cultura regional extremeña y en su relación histórica y actual con las entidades políticas y socioculturales circunvecinas. En un capítulo del libro Andalucía: identidad y cultura. (Estudios de Antropología Anda­ luza) (1993), I. Moreno Navarro se pregunta: “Antropología, hoy, en Andalucía, ¿para qué?”. Y responde, lo que podemos trasladar, grosso modo, al contexto extremeño que acabamos de esbozar: “Las respuestas a esta pregunta, obtenidas mediante la investigación científica (...), serían básicamente las siguientes: para conocer, más allá de los tópicos ideologizados, la realidad sociocultural de Andalucía, el proceso y características fundam en­ tales de su identidad cultural, así como sus variantes culturales internas ”. (Moreno

Navarro, I., 1993: 17). La institucionalización universitaria de la antropología perm ite, como punto de partida, cierto grado de distanciamiento respecto del poder político, aunque algunos de los actuales objetos de estudio —los nuevos objetos de estudio en la antropología social espa­ ñola, como los denomina Prat—, tales como las historias regionalizadas del Folklore y de la Antropología, probablemente no existirían, ni se comprenderían hoy, al margen del


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ello no sólo es ■íeutralización, de análisis. Lo ltura y en los nte un trabajo plicaciones de sociedad que íarse la aplica>u implicación tiva de ella, se a. Lo cual, de iropia realidad o en el propio as rúbricas de ■cúndante una ialéctica entre :tica. Es decir, itemente en la des políticas y apología Anda-

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contexto sociopolítico, de transfondo regionalista, que las produjo. Tampoco hubieran sido posible sin el esfuerzo investigador, generalmente de antropólogos nativos, volcados y comprometidos con el estudio de su propia sociedad. Tal opción de focalizar la atención sobre las autonomías o áreas regionales responde, según el profesor Honorio Velasco, “(...) a un evidente mayor interés por lo propio, en estricta consonancia con lo que parece una concentra­ ción de los estudios antropológicos actuales so b e temas y problemas del área donde los investigadores están insertados. (...) la delimitación de área obliga a tratar de analizar la percepción de diferencia y a incorporarla como modo etnográfico. (...) Cuando la delimitación de área se convierte en un supuesto incuestionable, en el fondo inevitablemente se está reforzando. Pero la apreciación crítica libera de tales supuestos. Se sitúa en distancia fren te a los estereotipos y los disuelve con un ejercicio de contextualización sociológica e histórica. (...)” (Velasco, H., 1995: 9-10).

En suma, tal contexto propició el cambio de orientación del modelo exotista al de la Antropología de la propia sociedad. Lo que, como hemos expuesto y tratado de explicar en el epígrafe introductorio, no sólo consideramos legítimo sino necesario. Lo que importa no es tanto el objeto de estudio, que siempre debe seleccionarse con las garantías científicas suficientes, como el tratamiento y la mirada antropológica. La selección de un escenario debe ser una opción teórica. Ahora bien, hacer antropología no debe suponer, necesariamente, tener que desplazarse a miles de kilómetros. Los textos que reproducimos a continuación, de un antropólogo español y de otro luso, los traigo a colación porque, desde mi punto de vista, pueden ilustrar igualmente el cambio de óptica experimentado en la antropología en los últim os años. Y pueden, entiendo, considerarse como otra postura resuelta en apoyo del estudio de nuestras propias realidades sociales: “El antropólogo, por su parte, seguirá estudiando al Otro, pero cada vez más al próximo como Otro. Europa es la frontera fin al de la antropología; no se trata, sin embargo, de reificar a Europa corno un área cultural, sitio más bien de analizar reali­ dades múltiples y en todo caso un proyecto entre utópico y voluntarista de futuro. Tras dos siglos y medios de deambular por culturas lejanas y exóticas, el antropólogo haya en Europa su último desafío y su razón de ser. Porque sólo entendiéndose a uno mismo es posible entender al Otro. (...) Lo que importa no es tanto el objeto de estudio como la visión antropológica, que puede aplicarse a cualquier aspecto y dimensión de una cultura ” (Llobera, J. R., 1990:156).

Y Pina Cabral, afirma: “Assim, quero concluir este capítulo corn un argumento a favor da comparando regional.


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Sem urna form a qualquer de comparando, implícita o explícita, o conhecimento etnográfico seria destituido de significado. (...). Devemos aapoiar-nos mais directamente em categorías indígenas e pensar mais en termos délas” (...) Isto significa que necesi­ tamos de processos de contextualiza(áo históricamente informados e regionalmente espe­ cíficos. Se Gilmore (1981) e Delaney (1987) náo tivessem com eado por comparar urna cidade da Andaluzia com urna aldeia remota de Anatólia Central (...); se em vez disso tivessem comeado, de urna form a menos ambiciosa, por establecer a comparando entre os andaluzes e os seus vizinhos portugueses, castelhanos e cataláes e do sul de Franca, os resultados náo teriam sido táo inaceitáveis. (...) significa que náo podemos pretender conhecer tudo e temos de autolimitar os nossos horizontes. (...) Necessitamos de categorías de comparando regional que possam delimitar campos de conhecimentos (...) (...) Pensó que, para já, a tarefa mais urgente é a de comparar sociedades que existam em espatos lingüísticos, religiosos, políticos, económicos e históricos vizinhos, e entáo, avanzar, lentamente para espatos de comparado mais vastos” (Pina Cabral, J.,

1991:83-91). II. 5. LA ANTROPOLOGÍA EN OTRAS INSTITUCIONES En el apartado anterior planteamos algunas reflexionando sobre la necesidad de extender el campo profesional de los antropólogos más allá del ámbito académico. Hay que ser conscientes, sin embargo, de la aparente contradicción que se da entre el escaso reconocim iento social y el hecho de ser la Antropología una “ciencia de m oda”. Y aunque, como voy a tratar de exponer, cada día se abren nuevas perspectivas para los antropólogos, en la realidad la difusión del trabajo antropológico fuera del medio acadé­ mico es muy limitado. La reimplantación de la democracia en el Estado español a partir de 1976, y la rees­ tructuración en Comunidades Autónomas va a suponer, legalmente, el reconocimiento de la diversidad de los pueblos y las culturas que lo componen, acorde con la Constitución de 1978. Una de las consecuencias más importantes sobre las Ciencias Sociales será la desapa­ rición de las prevenciones ideológico-políticas que las limitaban; pero, también, la posibi­ lidad de promoción de aquellos estudios que pudieran legitimar desde un punto de vista histórico y antropológico, al menos en teoría, la razón de ser como entidades sociocultu­ rales y políticas diferenciadas. Desde tal punto de vista, se abre un proceso de creación de determinados organismos que formalmente cumplen la función de potenciar un mejer conocimiento de la cultura, en nuestro caso extremeña. Lo que no se corresponde con la intencionalidad efectiva, como hemos podido contrastar, de ahondar en el conocimiento


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o conhecimento ais directamente ifica que necesi'onalmente esper comparar urna : se em vez disso parando entre os ti de Franca, os

científico de su realidad social y de sus elementos específicos. Y aunque la eclosión de la antropología académica coincide en el tiempo con la transición política, al afrontar la construcción del Estado en términos de autonomía política, tal situación ofreció a los antropólogos nuevas posibilidades de reflexión referida a los diferentes universos identitarios que conforman las diversas entidades político-culturales, para mostrar las peculiari­ dades de la variabilidad, en muchos casos sin embargo se ha quedado en una superficial manipulación de la información para legitimar hechos políticos; y también ha servido, a veces, para consolidar-oficializar el amateurismo, más que la práctica antropológica.

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Organismos e instituciones políticas, científicas y culturales

r sociedades que neos vizinhos, e

’ina Cabral, J.,

Voy a centrar el siguiente apartado en dos aspectos fundamentalmente: por una parte, en la antropología y la acción de los organismos de la administración autonómica, y, por otra, en el ejercicio práctico de la antropología, los museos etnológicos y la ley de patrimonio histó­ rico y cultural de Extremadura.

necesidad de adámico. Hay íntre el escaso de m oda”. Y :tivas para los medio acadé-

La descentralización política y administrativa ha originado la formación de gobiernos autónomos. Las Consejerías de Cultura, que vienen ocupándose del folklore, la cultura popular o del patrimonio, con fines eminentemente políticos, financian proyectos de asociaciones folklóricas, jornadas de estudio sobre etnología regional, etc. La región, en la percepción de los políticos, se ha convertido en “objeto de estudio” por sus supuestas especificidades culturales. Se dan, así, motivaciones de carácter profesional junto a otras predominantemente políticas derivadas del propio contexto social. Es un intento por enraizar las propias investigaciones en el contexto autonómico. Lo que, de otro lado, permite que el investigador se vuelque hacia el estudio de su propia sociedad. Como ha escrito J. Prat: “(...) es decir, unas form as de entender la práctica profesional e investigadora menos neutras y más enraizadas en las respectivas sociedades regionales/nacionales” (1991: 49).

976, y la reesnocimiento de onstitución de será la desapa>ién, la posibipunto de vista les sociocultuie creación de ciar un mejor sponde con la conocimiento

El interés por el folklore y la cultura popular regional hizo que se crearan en la década de los ochenta algunas instituciones y se pusieran en marcha determinadas iniciativas apoyadas por la administración autonómica. Entre ellas, el Consejo de Antropología Cultural, Folklore y Patrimonio Etnográfico (1986-1993) que, por circunstancias coyunturales se creó en el marco orgánico, no de la Consejería de Cultura, sino en la Cámara Legislativa extre­ meña, la Asamblea de Extremadura. Desde sus inicios estuvo integrado por profesionales, profesores de universidad y antropólogos relacionados con Extremadura, como Enrique Luque Baena, Salvador Rodríguez Becerra o Javier Marcos. El parlamento regional insti­ tuyó el Consejo de Antropología para que le prestara asesoramiento en los ámbitos de la cultura tradicional, el patrimonio cultural (etnológico) y m uy especialmente en el del derecho consuetudinario en función de la labor legislativa propia de la Cámara. Durante su existencia tuvo como otros objetivos el incentivar, mediante la investigación, el conoci­ 175


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miento sobre las formas de vida de los extremeños, para lo cual puso en marcha un conjunto de actividades encaminadas a tal fin, tales como la organización de las I Jom adas de Cultura Popular Extremeña, en 1987, el fomento de investigaciones monográficas y la promoción de ediciones de fuentes y textos etnográficos. En esta línea de promoción y difusión de las peculiaridades culturales de Extremadura, estableció la beca de investiga­ ción antropológica Luis Romero y Espinosa, y el premio M atías Ramón M artínez de cultura popular. Con el tiempo, y en detrimento de las investigaciones antropológicas, aquellos fueron sustituidos desde la Consejería de Cultura y Patrimonio por otros de carácter preferentemente folklórico, tales como el premio Manuel García Matos y otros. De forma insólita en el contexto nacional, el Consejo de Antropología de la Asamblea y el Servicio de Publicaciones de la Cámara han sido uno de los pilares de la moderna producción antropológica extremeña. En materia de ediciones el Consejo propició la publicación, entre otras, de las siguientes obras: Antropología Cultural en Extremadura (1989), que coordinaron Javier Marcos y Salvador Rodríguez; Manufacturas textiles tradicio­ nales de la provincia de Cáceres (1989), de P. Timón; Hornachos, enclave morisco (1990), de A. González; Naturaleza y salud en Extremadura: los remedios (1992), de Y. Guío; Extremadura, tres. (Integración y afirmación étnica en la comunidad extremeña de Leganés) (1992), de J. M. Valadés; Transhumancia y Cultura pastoril en Extremadura (1993), coordinado por S. Rodrí­ guez; La Codosera. Cultura de fronteras y fronteras culturales en la raya luso-extremeña (1994), de L. Uriarte. Ha editado, aparte, los resultados de diversos proyectos de mayor alcance: el Diccionario Geográfico de Tomás López, en su parte extremeña, que apareció bajo el título La provincia de Extremadura a fin al del s. XVIII (1991), y una importante fuente para el estudio de la etnografía histórica, el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, que en once tomos se publica entre 1993 y 1996. El Consejo dejó sin concluir, aunque se inició el proyecto, un Estudio sobre Antropología Jurídica y Derecho consuetudinario en Extremadura, y otro que llevaba por título Aparato crítico-bibliográfico de la antropología extremeña. Asimismo, financió varios proyectos de investigación, entre otros el titulado: La Sierra de Gata. Estudio desde la Antropología Cultural (1988) que, supervisado por el profesor Enrique Luque, realizaron Pedro Tomé y M. A. Valencia. Durante los años en los que tuvo vigencia el Consejo, sustituyó en parte a la Consejería, que se decantó clara­ mente por el apoyo institucional de la actividad de los folkloristas y de sus “representa­ ciones populares” de la “cultura extremeña”. La Junta de Extremadura, y la Editora Regional de Extremadura, aunque con publica­ ciones meritorias, ha contribuido en menor medida que la Asamblea al enriquecimiento bibliográfico en el terreno de la etnología regional. La Consejería de Cultura y Patrimonio cuenta en su organigrama desde 1983 con una sección de actividades etnológicas, integrada por los negociados de Folklore y de Antropología (D.O.E., n° 23, de 28-XII-1983), y, al

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parecer, según D.O.E., n° 52, de 24 de VI de 1986, con un Consejo de Patrimonio Arqueo­ lógico y Etnológico que, sin embargo, hasta el presente tan sólo existen en el papel. Lo que, de nuevo, se contempla en el anteproyecto de ley del patrimonio de Extremadura (1999), que en su artículo 4, en su apartado 2. c., incluye entre las instituciones consultivas y Organos asesores un Consejo asesor de Patrimonio Etnológico. Y aunque el Estatuto de Autonomía (1983) establece en su título preliminar que la Comunidad Autónoma tiene entre sus objetivos básicos: “Potenciar las peculiaridades del pueblo extremeño y el afianzamiento de la identidad extremeña a través de la investigación, difusión y conocimiento y desarrollo de los valores históricos y culturales del pueblo extremeño en toda su variedad y riqueza ” (art. 6-2 g.). Y más adelante, el artículo 12 del título I manifiesta más explícitamente si cabe: “Corresponde a la Comunidad la defensa y la protección de las peculiaridades, de su derecho consuetudinario y las culturales, así como el acervo de las costumbres y tradiciones populares de la región, respetando, en todo caso, las variantes locales y comarcales", el legislador y su voluntad política afirma, antes de

haber sido investigado en profundidad, la existencia de una cultura e identidad extremeñas, como respuesta mimética al contexto sociopolítico en el que aparecen las autonomías. Por nuestra parte entendemos la identidad como el resultado de la transformación y adaptación de un grupo social a su entorno natural y social en el devenir histórico en un proceso de interacción ininterrumpido. La identidad tiene un referente en los aspectos sociohistóricos y otro en los procesos de etnogénesis. El estado de institucionalización formal de la Antropología en los ámbitos de compe­ tencia de la administración regional es, cuanto menos, anómalo, a pesar de su aparente formalización. El apoyo que recibe la antropología, más esporádico que sistemático, se centra en la subvención de algunos proyectos y en la organización coyuntural de determi­ nadas jornadas de estudio. Entre los proyectos financiados hay que mencionar “Etnografía de las comarcas extremeñas” que, pensado para recoger m ateriales sobre el terreno de manera extensiva y detectar especificidades, mediante un equipo de antropólogos, sólo se concluyeron, entre los años 1995 y 1996, las comarcas de la Siberia Extremeña y de la Serena, respectivamente. N i la Junta de Extremadura, ni las Diputaciones, o lo que es más estridente, los Museos Etnográficos creados recientemente en la región, cuentan entre su personal técnico, salvo alguna honrosa excepción de última hora, con profesionales de la antropología, o con conservadores especialistas en museografía etnográfica. Lo que se potencia, de otra parte, porque parece que es lo que interesa políticamente, son los estu­ dios folklorísticos, que sin embargo, cuando son realizados por gentes sin formación y aptitudes, impregnan los estudios etnográficos de una apariencia de frivolidad que no deberían tener. Aparte que, con tal política, el gobierno regional introduce un sesgo más de confusión en la imagen social que se percibe del trabajo de los antropólogos. Lo que, además, limita las posibilidades materiales —económicas— de realización de proyectos que ayuden a conocer, para cam biarla, la realidad extremeña. En este sentido, parte


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sustancial de la investigación antropológica que se lleva a cabo en la región proviene más del voluntarismo y la profesionalidad de unos pocos que del apoyo institucional. Es decir, la C. A. de Extremadura carece, hasta el momento, de un proyecto global y de un plan general para la investigación sistemática y profesional sobre su realidad etnológica. Y aunque se acaba de aprobar en el parlamento regional la ley de patrimonio, donde por primera vez se contempla el etnológico de manera explícita, apenas aborda con un enfoque progresista los fenómenos socioculturales que emergen y que son resultado de la relación dialéctica entre la comunidad tradicional y los cambios socioeconómicos e ideológicos recientes. Es decir las culturas vivas y en proceso de cambio, el patrimonio antropológico sin presentarse subsidiario del patrimonio histórico, predominante, cuando no exclusivo. Aunque ya he realizado la valoración crítica de los trabajos más significativos de los antro­ pólogos extranjeros sobre la región, en este punto hay que traer a colación el hecho de que algunos de sus proyectos, financiados por organism os internacionales, han contado también con el apoyo económico del gobierno autónomo. Y, sin embargo, tras concluir la investigación sus autores no suelen volver a la región, e incluso ni siquiera remiten, para restituir el conocimiento a la sociedad que han estudiado, los preceptivos informes y sus resultados. Por experiencias personales sabemos la dificultad de acceso a un alto porcen­ taje de sus investigaciones. Tan sólo en unos pocos casos se nos ha permitido formalmente examinar críticamente la obra extremeña producida por algunos antropólogos extranjeros. A imitación de lo que realizan para el conjunto de la región los organismos autó­ nomos, los provinciales, Diputaciones, comarcales, mancomunidades, y locales, ayunta­ mientos, en sus ámbitos territoriales entran igualm ente en la dinámica de organizar congresos, jornadas, editar publicaciones, etc., para cubrir su función político-administrativa y las demandas sociales. En varias ocasiones hemos participado en proyectos que tenían como fin último la creación de un medio, una revista profesional, a fin de estimular la investigación y tratar de agrupar a los profesionales y a sus trabajos dispersos en gran número de publicaciones locales, regionales, nacionales e internacionales, en un vehículo o instrumento de expresión profesional. Pretendíamos fomentar el intercambio científico y la comunicación con la comunidad de antropólogos, extremeños y no extremeños, que trabajan en y/o sobre Extremadura. Debido a la inexistencia de revistas especializadas, la mayor parte de la bibliografía antropológica se encuentra diseminada en diversos órganos de divulgación de sus respectivas instituciones y en otras de fuera de la región. Los orga­ nismos regionales dan cierto grado de cobertura a las producciones de naturaleza etnográ­ fica en Extremadura. Las Diputaciones cuentan con órganos de divulgación periódicos, la de Cáceres, con la Revista Alcántara, y la de Badajoz, con la Revista de Estudios Extremeños. Creada ésta última en 1927, en los últimos años ha recibido un fuerte impulso. Los servi­ cios de publicación de la Diputación de Badajoz y el Centro de Estudios Extremeños editaron en 1987, coordinado por Javier Marcos Arévalo, un número monográfico de la 178

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revista de Estudios extremeños, Antropología y Folklore, con el que, por primera vez desde la región, se intenta integrar en una publicación a los etnógrafos que entonces trabajaban sobre Extremadura. En ambas revistas, Alcántara y Estudios Extremeños, se encuentra una im portante parte de la producción etnográfica sobre la región. Ahora bien, aunque muchos estudios se reclaman etnográficos, son trabajos de recolección de expresiones culturales, por lo general, relativos a la tradición oral y la literatura popular, o sobre rituales desde una perspectiva eminentemente descriptiva y, frecuentemente, confeccio­ nados por no antropólogos. Algunos trabajos no antropológicos, de interés para el etnó­ logo, pueden encontrarse en las revistas Norba y Armario de Estudios Filológicos (Facultad de Filosofía y Letras). Y un porcentaje elevado de estudios han visto la luz en publicaciones periódicas especializadas de fuera de Extremadura, entre otras, Antropología, Anales del Museo Nacional de Antropología, Asclepio, Cuaderno de Realidades Sociales (Madrid), Gazeta de Antropología (Granada), y especialmente Demófilo (Sevilla), que en 1997, coordinado por Salvador Rodríguez y Javier Marcos, editó un monográfico que, desde un enfoque m ulti­ disciplinar, se dedicó a las Relaciones Culturales entre Andalucía y Extremadura. De tal estado de cosas se deducen varias cuestiones. En primer lugar, la inexistencia en la región de un medio especializado (institución, revista o asociación profesional) que aglutine los esfuerzos intelectuales de los antropólogos y de otros profesionales de las Ciencias Sociales con los que compartimos cierto grado de parentesco. Y después, la enorme dispersión de los trabajos en función de los organismos editoriales y de las institu­ ciones patrocinadoras. Pero dispersión no sólo institucional, sino geográfica también si se tienen en cuenta los centros emisores. Un proyecto colectivo, que pretendió implicar a toda la sociedad extremeña fue la Gran Enciclopedia de Extremadura, que, debido en este caso a la iniciativa privada, sacó a la calle entre 1989 y 1992, los diez tomos que la componían. Entre las áreas temáticas, la de Antro­ pología cultural, dirigida por los profesores J. Marcos y S. Rodríguez Becerra, contó con una numerosa colaboración de antropólogos nacionales y extranjeros que se encargaron de redactar los textos de más de cuatrocientas voces etnográficas (C. Esteva, H. Velasco, J. Contreras, E. Luque, F. del Pino, J. Pitt-Rivers, M . Gutiérrez Estévez, M. Catani, A. Carre­ tero, A. Rístori, J. L. González Arpide, W. Kavanagh, Y. Guío, etc.). A quienes, en general, se les solicitó su colaboración en función de su relación con Extremadura, por haber traba­ jado sobre ella o tener en curso de investigación algún proyecto de antropología extremeña. Los museos y la ley del patrimonio histórico y cultural de Extremadura

Hasta fechas muy recientes, en términos generales, el concepto de patrimonio en Extremadura aludía, casi en exclusiva, al patrimonio histórico. Socialmente, y desde hace pocos años, su ámbito de competencia fue extendiéndose a la etnografía, para quedar limi-


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tado a la actividad conservacionista y testimonial de la cultura objetual y su protección en los museos del ramo. En Extremadura prevalece todavía la idea del patrimonio caracteri­ zada como algo económico (recursos), material y antiguo. Se olvida, de ordinario, que el patrimonio también es lo inm aterial, el conocimiento que existe o se puede obtener, mediante la investigación, sobre las formas de vida culturales. Aparte los componentes materiales, el patrimonio etnológico está igualmente integrado por lo que representan las culturas vivas y en proceso de transformación, las creencias, los valores, las costumbres, la tradición oral... El sujeto-objeto del patrimonio es la gente (la sociedad) y sus formas de vida significativas (el patrimonio). Como ocurre en otras Comunidades Autónomas, la iniciativa para la creación de Museos Etnográficos es pública y en menor medida privada. A partir de la década de los ochenta se inician los primeros esfuerzos encaminados a establecer museos de etnografía en Extremadura. Un cúmulo de circunstancia precisas, generales unas, específicas otras, crean un ambiente en favor de tales instituciones: de un lado, la reorganización del Estado en autonomías, y el consecuente proceso político y social de concienciación y autoestima regional (etnoregionalismos); y del otro, un inédito interés por buscar alternativas que resuelvan, o palien, los procesos de depauperación económica y demográfica del medio rural. Es a partir de entonces cuando se va conformando un estado social de valoración, a veces imbuido de un pletórico idealismo, tanto de la noción de turismo rural, ecológico y cultural, como del patrimonio. Habría que focalizar, en consecuencia, las razones que motivan la creación de los museos de etnografía y las aspiraciones en tal sentido de un heterogéneo número de municipios, en tres fenómenos convergentes e interrelacionados: 1.- Un factor político (La Autonomía), que en el contexto que analizamos lleva implícito la “búsqueda de raíces” y, consiguientemente, la puesta en valor de los procesos de iden­ tidad cultural. 2.- Un fa cto r económico (El Turismo rural). Se asume como un potencial recurso para estimular el desarrollo económico y sociocultural, como complemento o alterna­ tiva a los modos de vida tradicionales. H ay que traer a colación en este punto, por su estrecha vinculación con tales proyectos, los programas de desarrollo rural (Leaders), en los que se están integrando los antropólogos —Sierra de Gata, Jerte, Tentudía...—, y que tratan de promover, en un marco de actuación más amplio, el desarrollo de zonas tradicionalmente deprimidas desde el punto de vista socioeconómico, a partir del cono­ cim iento y puesta en valor de los recursos endógenos. Ecología, C ultura —trad i­ cional—, Turismo, Gastronomía y Museos Etnográficos se convierten de tal manera en la panacea, en los motores que movilizan la idea al objeto de potenciar el turismo y el patrim onio, ya no desde la reducida perspectiva tradicional, sino desde el punto de vista de la ecología cultural. 180


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protección en anio caracteridinario, que el uede obtener, componentes •epresentan las costumbres, la sus formas de la creación de década de los ; de etnografía pecíficas otras, ión del Estado n y autoestima ternativas que fica del medio e valoración, a al, ecológico y is razones que sentido de un relacionados: lleva implícito cesos de iden;ncial recurso nto o alternapunto, por su iral (Leaders), entudía...—, y rollo de zonas irtir del conoltura —tradital manera en :1 turismo y el e el punto de

3.- Un factor estrictamente cultural y de identidad (El Patrimonio). Sensibilización del valor que entraña el patrimonio en su dimensión integral (material —bienes muebles e inmuebles— e inmaterial —costumbres, tradiciones, formas culturales de vida...—). El supuesto peligro que engendra el cambio social (pérdida de identidad, deculturación, abandono de raíces, valores...) insta a la creación de tales entes a fin de preservar para las gene­ raciones venideras, en la visión de sus promotores, los imaginados modos de ser culturales de las generaciones precedentes. Aunque la falta de una política institucional en el sector es más que evidente, paradójicamente sin embargo, desde la administración se emiten mensajes contradictorios sobre la puesta en marcha de nuevos espacios museísticos. Dos discursos, uno, el de las Diputaciones provinciales y los ayuntamientos, que se pronuncian, sin paliativos, en favor de la creación de los museos de ámbito local; y otro, el que defiende el ejecutivo regional, y su órgano responsable, la Consejería de Cultura y Patrimonio, que prefieren su control, y eventualmente crear una red, como de hecho ya funciona, de museos monográficos (especializados). Aunque, paradójicamente, conocemos casos en los que la Consejería aporta presupuestos para la creación de otros entes museísticos de circunscripción local. En Extremadura en líneas generales, tanto los museos existentes como los en vías de apertura no han surgido tanto a partir de una lógica planificación, estimulada/regulada por el gobierno autonómico, sino más bien de una forma espontánea y anárquica. Si nos atenemos, de otro lado, a las definiciones, o a las funciones que deben cumplir tales insti­ tuciones, como las establecidas por el ICOM (1974), y las leyes españolas, o a la especialización de sus órganos directivos y cuerpo técnico y de conservadores, muchos de ellos debieran etiquetarse más como colecciones que como verdaderos museos, o, en cualquier caso, no como museos de etnología. Por otra parte, da la impresión de que algunos museos locales justifican su existencia forzando una supuesta identidad, de la que se toma conciencia a raíz del cambio social que se experimenta en el medio rural en las últimas décadas. Se reconstruyen fragmentos aislados de una supuesta cultura tradicional, a veces más un espejismo que realidad, que sin lugar a dudas no sólo juega en el sentido de valorar asépticamente el patrimonio, sino que también lleva implícito importantes dosis de etnocentrismo, que predisponen a supravalorar lo asumido como propio en detrim ento de lo ajeno. Se produce, con relativa frecuencia, una superestima de lo particular, que llega a idealizarse mediante un proceso desenfocado de ensimismamiento y una omisión más o menos consciente de otras reali­ dades culturales (Marcos, J., 1995:172-173). En general, los museos etnográficos en la región tienen otros puntos de crítica. Falta una visión de conjunto de la cultura y de la interrelación dialéctica de los distintos aspectos que conforman el sistema sociocultural (tecnoeconómico, sociopolítico, ideosimbólico...).


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Se olvidan asimismo de mostrar el nexo de unión entre tradición/progreso, es decir, no muestran ni la evolución de la cultura ni el cambio social que constantemente experimenta el sistema sociocultural. Lo que es una obviedad es la infradotación de personal técnico (antropólogos) de estos museos (Cáceres, Olivenza, Plasencia, Cilleros, Don Benito, Azuaga, San M artín de Trevejo...). Sus plantillas carecen de profesionales expertos en teoría sobre la cultura, conocedores de los métodos y las técnicas antropológicas y de museografi'a etnográfica. En consecuencia, el autodidactismo y el amateurismo son en este terreno monedas de uso común. Pretender, como afirma Isidoro Moreno (1991), que aficionados, profesionales no antropólogos, etc., realicen las tareas para las que disciplinarmente se han adiestrado los antropólogos es, o una ingenuidad, o una ignorancia cientí­ fica. El amateursismo, quizás bien intencionado pero inaceptable profesionalmente, debe ser valorado como le corresponde. Se echa en falta, por último, la componente investiga­ dora de los museos. Una de sus funciones principales es la de documentar la cultura, y no sólo la de realizar lineales y prolijos inventarios, o la de rellenar sesudos y gruesos catá­ logos descriptivos. *** La Mesa de la Asamblea de Extremadura, en reunión celebrada el día 30 de julio de 1998, admitió a trámite el Proyecto de Ley del Patrimonio Histórico y Cultural de Extre­ madura elaborado por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura. El 29 de marzo de 1999 el parlamento regional aprobó definitivamente la ley. Una interpretación científica, moderna y progresista de dicho patrimonio debe incor­ porar todos aquellos fenómenos socioculturales que emergen y son resultado de la dialéc­ tica relación que se establece entre la continuidad (la tradición) y los cambios socioeconó­ micos e ideológicos actuales. Debe incorporar los procesos, de continuidad y cambio social, que constituyen la dinámica de la identidad y la autoestima regional. Algo, por otra parte, que no recoge nuestra ley de patrimonio. En Extremadura sigue considerándose que el Patrimonio Cultural consiste en el acervo arqueológico, arquitectónico, artístico y monumental, etc. Subsidiaria y reciente­ mente también han pasado a considerarse como parte del patrimonio algunas manifesta­ ciones “tradicionales” de cultura material (objetos, artefactos, indumentaria, etc.) coleccionables en museos y algunas representaciones folkóricas de cultura simbólica y ritual (fiestas, música...) inventariables en guías turísticas... La Ley del Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura, en la exposición de motivos, dice textualmente: “La Comunidad Autónoma de Extremadura posee competencia exclusiva en materia de Patrimonio cultural histé­ rico-arqueológico, monumental, artístico y científico de interés, en el folklore, tradiciones y fiestas de interés histórico o cultural


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o, es decir, no te experimenta ■rsonal técnico . Don Benito, ís expertos en jológicas y de no son en este 10 (1991), que ue disciplinarorancia cientíalmente, debe ente investigaa cultura, y no ■gruesos catá-

Pilar (Valverde de la Vera).

30 de julio de rural de Extrelura. El 29 de io debe incoro de la dialéc)s socioeconódad y cambio Algo, por otra :onsiste en el ria y recientenas manifestaetc.) coleccio>ólica y ritual io Histórico y La Comunidad cultural histri­ ones y fiestas de

(Fotografía: J. Marcos).

La ley del Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura contempla en el título IV el Patrimonio Etnológico con “entidad propia”. A él dedican una cierta atención los artículos 57, 58, 59 y 60. Contempla, por primera vez, las actividades y los conocimientos, las formas de expresión y manifestación en sus aspectos materiales e inmateriales como objeto de protección y conocimiento del patrimonio etnográfico extremeño. Ahora bien, la ley continúa fijándose, sesgadamente, en las expresiones no de la “cultura extremeña” en general, sino en sus formas y manifestaciones populares y tradicionales o transmitidas de forma consuetudinaria. Y aunque considera los “bienes etnológicos intangibles cm o usos, costum­ bres, creaciones, comportamien tos, las form as de vida, la tradición oral, el habla y las peadiaridades lingüísticas de Extremadura serán protegidos por la Consejería de Cultura y Patrimonio en la form a prevista en esta ley, promoviendo para ello su investigación y la recogida exhaustiva de los mismos en soportes que garanticen su transmisión a las generaciones venideras” (art. 60), hasta el momento tal

declaración de intenciones no ha pasado de eso. Falta explicitar, con ejemplos concretos, el contenido de “costumbres”, “comportamientos”, “formas de vida”... De hecho la ley lo que contempla especialmente como contenido del patrimonio etnológico son los bienes tecnoló­ gicos y la arquitectura popular, como explícitamente recoge el artículo 58: “A los bienes de carácter etnológico que constituyen restos físicos del pasado industrial, tecnológico y productivo extre­ meño, así como a los elementos de la arquitectura popular y a las construcciones auxiliares agropecua­ rias les será de aplicación lo dispuesto en la Ley para el patrimonio inmueble y arqueológico”.


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Desde nuestro punto de vista la ley presenta una terminología inapropiada —se refiere indistintamente al patrimonio etnológico (objetos, bienes, monumentos, lugares...) (Art°. 1. 2; Art°. 6. 1. a.; 6. 1. g.; 21. 3. e.; 43. 1.), como al etnográfico (Art°. 33. 2). Lo que introduce cierta confusión nominalista y de contenido. E incide, aunque también se contempla sucin­ tamente el patrimonio no material, en sus aspectos materiales. Desde luego la propuesta introduce algunas mejoras sustanciales, sobre todo si lo comparamos con respecto a otros borradores anteriores o a la ley del patrimonio histórico español (1985). Ahora bien, el texto está todavía connotado de una fuerte carga historicista. Si es cierto que se han incorpo­ rado algunas sugerencias de los antropólogos profesionales, con el propósito de incorporar visiones más actuales y progresistas del patrim onio, todavía sigue percibiéndose, en términos generales, como algo con un origen exclusivamente heredado, y especialmente caracterizado por su condición antigua, monumental, tradicional y material. Es decir, en detrimento de enfoques más dinámicos y novedosos del patrimonio, sigue pesando la noción de patrimonio como algo pretérito, pero sobre todo como algo físico, casi exclusiva­ mente material. Lo que, obviamente, conduce a una minusvaloración del patrimonio etno­ lógico, como puede comprobarse tan sólo comparando los textos dedicados a este (cuatro artículos) con los del patrimonio arqueológico (8 artículos y 18 puntos), o los del patri­ monio documental (9 artículos y 21 puntos). Pudiera parecer que los sectorializados patri­ monios arqueológico y documental, por ejemplo, son el doble de importante que el etnoló­ gico. En suma, la ley definitivamente aprobada en el mes de marzo de 1999, continúa con el sesgo y convierte el patrimonio etnológico en subsidiario de los otros ámbitos patrimo­ niales. No trata, por lo tanto, de equiparar, o compensar por arriba, el proverbial retraso, y también la obsoleta valoración, que hasta la actualidad ha venido recibiendo el Patrimonio Etnológico con respecto a otras esferas patrimoniales de mayor tradición y peso social. La ley, aun aceptando los restringidos avances que introduce, no considera el patrimonio etno­ lógico con el estatus que la sociedad comienza a reconocerle. En otro orden de cosas, la ley tampoco abarca la cultura en su concepción amplia, comprensiva y sistémica. La percibe sólo como resultado de procesos histórico-temporales. Y limita el concepto de cultura a la forma particular de cultura que es la cultura tradicional, popular, etc. En tal sentido el texto del título IV del artículo 57 contempla: “Forman parte del Patrimonio etnológico de Extremadura los lugares y los bienes muebles e inmue­ bles así como las actividades y conocimientos que constituyan form as relevantes de expresión o mani­ festación de la cultura de origen popular y tradicional extremeña en sus aspectos tanto materiales como intangibles”13. Es decir, en detrimento de las formas culturales que continuamente

13. Inspirado en otros documentos legislativos aprobados previamente en otras CC.AA., se sigue fijando en este punto en la ley del patrimonio histórico español de 1985.


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da —se refiere s...) (Art°. 1. 2; que introduce ntempla sucin0 la propuesta :specto a otros Ahora bien, el e han incorpo1de incorporar :ibiéndose, en especialmente il. Es decir, en ue pesando la casi exclusivatrimonio etnoi a este (cuatro >los del patriializados patrique el etnoló:ontinúa con el bitos patrimorbial retraso, y el Patrimonio peso social. La trimonio etnoípción amplia, tórico-tempoe es la cultura 57 contempla: rnebíes e inmue-presión o mani\mto materiales

:ontinuamente

i este punto en la ley

produce el pueblo extremeño en su constante proceso de cambio y de adaptación a los nuevos contextos socioculturales, se preferencian como objeto de protección las formas de vida “tradicionales” o “populares”, las pretéritas, extinguidas o en vías de extinción. De otra parte, y en contraste con otras áreas patrimoniales, el borrador no contempla de manera definida la eventualidad, en su caso, de emitir informes por los antropólogos y especialistas en cuestiones de su pertinencia. Y siempre se refiere al patrimonio etnológico o etnográfico, y nunca alude a la ciencia antropológica, en su doble condición, como profesión o disciplina. Tampoco se ocupa, cuando si lo hace para la arqueología, de las prospecciones etnológicas y del trabajo de campo etnográfico como método y recurso en el proceso de obtención de materiales documentales, archivísticos o museográficos de carácter etnológico patrimonial. Y se omite la figura jurídica, que existe en otras leyes anteriores sobre el patrimonio, como en la de la Comunidad Autónoma de Andalucía, de área etnológica, como espacios singulares y conjuntos ecológico-culturales de valor etno­ lógico, de los cuales la región cuenta con algunos de indudable valor. De manera más restringida, en cambio, el artículo 6. 1. g. de la ley del Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura incluye el concepto de “Lugares de interés etnológico: los espacios naturales, cons­ trucciones o instalaciones industriales vinculadas a firm a s de vida, cultura y actividades tradicio­ nales del pueblo extremeño...'".

Para concluir, poco o nada se legisla sobre la necesidad de investigar-documentardivulgar y restituir el patrimonio etnológico a sus legítim os portadores, la sociedad. Tampoco atiende a la protección del sistema sociocultural y de sus representaciones simbólicas, y poca atención muestra por lo que significan valores, las formas de expresión oral, los procesos de etnogénesis y de construcción de la etnicidad; o, en otro ámbito, sobre la gestión técnica y profesional que debe guiar el funcionamiento de los museos etnológicos; ni sobre la eventual creación de otros, en su modalidad de ecomuseos, in situ y siempre en su contexto cultural, proyectando las interrelaciones que continuamente se establecen entre el medio y la cultura (Ecología Cultural). Y aunque la ley contempla en el artículo 4. 2. c. como órgano asesor de la Consejería de Cultura y Patrimonio el Consejo asesor del Patrimonio Etnológico, se olvida de la eventual creación de comisiones que pudieran redactar planes generales de investigaciones sobre la realidad etnológica extre­ meña a corto, medio y largo plazo. Otros olvidos notables son los que vinculan los procesos de identidad y el patrimonio, el patrimonio etnológico y el turismo, o la relación que debe existir entre el patrimonio, el sistema educativo y los medios de comunicación. Y no se hace mención explícita a la correlación existente entre patrimonio, recursos econó­ micos y desarrollo social. Faltan, por otra parte, figuras jurídicas tales como parques y paisajes culturales, sitios etnográficos y cartas etnográficas, o las más novedosas figuras de bienes de relevancia local, protector, voluntario del patrimonio cultural, etc., que, sin embargo, aparecen en otras leyes del patrimonio de las CC.AA. aprobadas con anterio-


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ridad a la extremeña. Se echa en falta, asimismo, la protección expresa de las peculiari­ dades y de los bienes singulares, con valor etnológico, de Extremadura. Se hubiera agrade­ cido alguna mención a la arquitectura negra (Hurdes), a los “bohíos” de la llanura cacereño-alcantarina, al derecho consuetudinario (fuero del baylío), a la “fala” del valle de Jálama, etc.

n.6. r e fe r e :

ABARRATEG

1987 Lásn

De otra parte, para concluir este apartado sobre la antropología fuera de la Univer­ sidad, en Extremadura, como puede desprenderse de lo expuesto hasta aquí, el movimiento asociativo sencillamente no existe de manera formal. Dado el reducido número de antropó­ logos profesionales, y el consecuente poco peso social, no se ha creado un ente que aglu­ tine los intereses corporativos. En 1996 hubo una tentativa de crear en Badajoz la Asocia­ ción Profesional de A ntropólogos Extrem eños con el propósito de ingresar en la Federación de Asociaciones de Antropólogos del Estado Español. El objetivo era impulsar la disciplina más allá del marco universitario para insertarla en el ámbito del trabajo profe­ sional. Ahora bien, a pesar de los esfuerzos fallidos en tal dirección y del estado de subdesarrollo en que se encuentra la antropología en su versión de ejercicio práctico, como por otra parte ocurre en general en el resto del Estado, gradualmente la actividad de los antro­ pólogos y su campo de acción profesional va extendiéndose, especialmente en cuestiones que tienen que ver con el patrimonio etnológico, el desarrollo local, las migraciones, las minorías étnicas, la marginación-exclusión social, la producción de documentales, etc.

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L OBJETIVO* DOCENTE Dada la pos

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E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a

I. OBJETIVOS Y JUSTIFICACIÓN DE LA ESTRUCTURA DEL PROGRAMA DOCENTE

Dada la posición que mantenemos con respecto a las cuestiones fundamentales sobre el objeto, el método y la actitud antropológicos, a la hora de elaborar el contenido teóricotemático del programa, vamos a centrarnos en la aplicación de los conceptos y modelos teórico-metodológicos generales en un ámbito concreto, no sólo geográfico, sino sociocultural: Extremadura. He preferido organizar el proyecto docente, más que en un programa al uso, en una estructura más amplia basada en unidades didácticas y articulada en específicos bloques temáticos. La justificación del programa está ya hecha en cierta medida en cuanto a lo que hemos expuesto en las bases teóricas: aproximarnos con una mentalidad antropológica al estudio, análisis e investigación en profundidad a las estructuras económica, social e ideo­ lógica que componen el sistema sociocultural extremeño. Dado las características de la materia, una estructura flexible del program a permite introducir cambios y nuevas aportaciones conectadas con la realidad social. Una estructura abierta, no inmóvil, debe tolerar la incorporación de los nuevos conocimientos resultado de las investigaciones que se vayan realizando. Es decir, hay que plantear las limitaciones del tema, pero también la necesidad de im partir la asignatura y, sobre todo, abrir un primer núcleo de futuras investigaciones. El programa debe contemplar una introducción al objeto de la asignatura, así como aspectos de lo que se ha investigado, de lo que existe en la bibliografía. El propósito último del programa es la inserción de Extremadura en la realidad pluriétnica y pluricultural de la Penín­ sula Ibérica; pero al mismo tiempo evidenciar la identidad cultural de Extremadura y proceder a un estudio en profundidad de sus estructuras económicas, sociopolíticas e ideológicas. Preten­ demos transmitir a los alumnos la actual situación de los conocimientos antropológicos, información sobre la realidad de Extremadura y acerca de lo que falta por hacer, tratando de incentivarlos en el interés participativo por el conocimiento de la cultura de la que forman parte. Para evitar prejuicios etnocéntricos, el conocimiento y comprensión de la cultura regional (lo común/lo diferente) lo someteremos a contraste con otras realidades de su entorno cultural. Entre otros objetivos deseamos estimular el espíritu crítico sobre problemas teóricos y generales a partir de las concreciones y peculiaridades etnográficas que presenta el caso extremeño, es decir extraídas de su contexto social. Se trata de un proyecto amplio, pero no ilusorio, que puede llevarse a la práctica de manera real, aunque teniendo presente siempre las circunstancias académicodocentes. La asignatura se imparte en el segundo año de la licenciatura, cuando se presupone que los alumnos poseen suficiente grado de madurez intelectual sobre teorías, métodos, bagaje terminológico y conocimientos geohistóricos, que pueden ser aplicados a la realidad extremeña. 209


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He confeccionado un programa coherente y articulado en función del tipo de asignatura, con una ordenación interna lógica, tratando de adecuar sus distintas partes al tiempo dispo­ nible. Ahora bien, aunque la temporalidad de la asignatura, cuatrimestral, no permite la profundización en diversos temas, se ha confeccionado un programa estructurado, sistémico y procesual en cuanto a su contenido. Debido a la articulación dialéctica que existe entre sus partes y la interacción recíproca que se establece entre los distintos subsistemas del sistema sociocultural no se puede (o debe) explicar tal o cual tema sin antes haber expuesto lo anterior. La Unidad Didáctica I la dedicamos a examinar la condición pluricultural y pluriétnica de la Península Ibérica, con especial atención en la situación específica de la identidad cultural de Extremadura, de su diversidad intrarregional y de las minorías étnicas y los grupos espe­ cíficos que en el transcurrir del tiempo, debido a circunstancias de adaptación ecológica, económicas y sociohistóricas han conformado diversas singularidades. La Unidad Didáctica II corresponde al discurso preetnográfico (Las fuentes) y a la revisión del desarrollo discontinuo de la disciplina en Extremadura, El interés por el conocimiento de lo que fue la labor de nuestros precedentes debe ser valorada en sí misma; ahora bien, sin que ello suponga establecer una línea de continuidad con el presente y el estado actual de los estudios y el estatus académico alcanzado por la antropología en Extremadura. La implanta­ ción de la disciplina en el mundo académico debe ser contextualizada en el tiempo histórico y en el marco preciso de las condiciones sociales y sociopohticas en que ocurre. Las Unidades Didácticas III a la V se adecuarían a un análisis pormenorizado de los tres subsistemas, tecnoeconótnico, sociopolítico e ideológico que constituyen el sistema sociocultural extre­ meño. Tal segmentación no presupone que estén concebidos como compartimentos estancos. La validez de este esquema organizativo responde a su instrumentalización metodológica para articular, en términos didácticos, la recíproca relación dialéctica existente entre estos tres dife­ rentes subsistemas. De manera que su “autonomía” no significa desconexión o interpretación independiente los unos de los otros. Realizaremos un acercamiento a la realidad extremeña (ecología, población, tecnología, sistemas productivos de alimentos y otros bienes; es decir, el nivel de existencia m aterial). Entre otras cuestiones a tratar: los diversos procesos de producción, el problema de la relación entre recursos, territorio y densidad de la población, las pautas de asentamiento y residencia. Pero también los patrones de distribución y consumo, los niveles de identificación social, las formas específicas en que se expresan las relaciones sociales y las relaciones de poder. Asimismo, la representación y la reproducción simbólica de la vida social, los mitos, las creencias y los valores del sistema ideológico. En suma: las rela­ ciones del hombre y el medio, las del hombre y los otros hombres y la de los hombres y lo sobrenatural. La Unidad Didáctica VI, donde abordaremos las relaciones que se establecen entre el indi­ viduo y la sociedad, podría haber quedado subsumida en la anterior, pero la planteamos de forma diferenciada con la intencionalidad de enfatizar aspectos de la especificidad cultural de Extre­


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a

tipo de asignatura, s al tiempo disporal, no permite la turado, sistémico y íe existe entre sus stemas del sistema puesto lo anterior. •ral y pluriétnica de i identidad cultural y los grupos espe-

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madura. De manera formal e informal caracterizan y contribuyen a definir la idiosincrasia del pueblo extremeño. Incluiría el análisis del ciclo vital y el sistema escolar, los juegos, la interpre­ tación antropológica y sociolingüística de las peculiaridades de las “hablas” extremeñas, etc. Por último, en la Unidad Didáctica VII expondremos el interés por el conocimiento, estudio y valoración de las expresiones singularizabas y la vida cotidiana de lo que ha sido y es la historia común y las actividades socioeconómicas desarrolladas en Extremadura. Sin un afán conservacionista en su sentido arqueológico, nos fijaremos en las diversas formas culturales de vida, materiales e inmateriales, en distintos ámbitos como expresión del rico y variado patrimonio etnológico regional. Como introducción a cada unidad didáctica presentamos un breve comentario de su conte­ nido teárico-temático y de las líneas principales para su desarrollo. Y reproducimos un guión-inven­ tario de temas a tratar. Y, finalmente, exponemos un repertorio bibliográfico para su elaboración. La bibliografía la consideramos uno de los aspectos de mayor importancia. Hemos inten­ tado elaborar un instrumento de trabajo lo más amplio y rico que nos ha sido posible. Aparece agrupada en unidades didácticas. Y hemos tratado de restringirla a la bibliografía antropoló­ gica de Extremadura y a aquella que, producida por disciplinas emparentadas, sea de utilidad al análisis antropológico regional. Lo que en absoluto significa que deban obviarse los trabajos realizados en otros ámbitos temáticos o territoriales de estudio en la Península Ibérica o fuera de ella. Ahora bien, el contexto básico de referencia es la P. Ibérica y el “Area Mediterránea”. La utilización de fuentes bibliográficas procedentes de otros ámbitos especializados, aunque no sean estrictam ente antropológicas (geográficas, históricas, demográficas, económicas, sociológicas, etc.), manejadas con prudencia pueden servir al análisis etnoló­ gico. Ahora bien, no se trata entonces tanto de sustituir los resultados de la investigación antropológica que existe sobre la región, reducida todavía en número y de dispar y relativa significación, como de contemplar, y de aprovechar de manera crítica, en su caso, el valor relativo que contiene la información que aportan otros enfoques y disciplinas con intereses teórico-temáticos contiguos. En la bibliografía, desde una perspectiva amplia, aunque no exhaustiva, están represen­ tadas las diversas orientaciones teórico-metodológicas. Se ofrece una selección operativa en la que se incluyen lecturas obligatorias, complementarias, obras generales, readings, compila­ ciones, monografías de Extremadura y de la P. Ibérica. De tal manera se facilita la elección de los ejemplos cuyo estudio y comentario ilustrará cada uno de los aspectos generales tratados en las clases teóricas. Se facilita a los alumnos, igualmente, el soporte bibliográfico necesario para la realización de las prácticas y la elaboración de sus trabajos personales. Al final, y para su orientación, reproducimos el temario en el que se desglosan y enumeran los apartados importantes de cada tema; y concluimos facilitando una bibliografía básica seleccionada.


E t n o l o g í a DE EXTREiMADURA • P rogram a • Unidad Didáctica I

II. CONTENIDO TEMÁTICO Y ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA

UNIDAD DIDÁCTICA I Extremadura en la Península Ibérica: identidad cultural y diversidad intrarregional

Puede hablarse de “Extremadura” no sólo en términos geográficos, territoriales, polí­ ticos y culturales, sino sobre todo desde la perspectiva de su articulación como sistema sociocultural resultante de un proceso histórico-cultural definido. Ahora bien, una asigna­ tura de Etnología Regional concretada en Extremadura, donde se localiza el grupo humano de los extremeños, no debe focalizar su objeto de estudio tanto en un espacio geográfico determinado, como sobre todo en cuestiones, problemas, instituciones, expre­ siones culturales, etc., en un espacio social, Extremadura, para tratar de conocer más allá de los tópicos ideologizados, su realidad sociocultural. La existencia de Extremadura, con una identidad cultural diferenciada, genera la posi­ bilidad de convertirla en objeto de estudio en sí, mediante el conocimiento de sus variables estructurales, marcadores identitarios, etc., que nos permitan investigarla, primero, y defi­ nirla después, como ámbito sociocultural específico. Para tratar de profundizar en el cono­ cimiento de su realidad, a la hora de planteamos tales cuestiones somos conscientes del peligro de “excesiva ideoligización” al que se refiere J. J. Pujadas (1990: 10); y especial­ mente de la frecuente recurrencia a una reificación de lo que serían los componentes “naturales” que definen a cada etnia y la necesidad de su manifestación como nación cultural o política. En este sentido existe cierta confusión entre región sociocultural, nación cultural y nación política, así como una consideración errónea de que sólo la expre­ sión política ratifica la existencia objetiva de una identidad étnica, cultural, etc., diferen­ ciada. Es decir, se da una equívoca interpretación por la que sólo si la identidad tiene una expresión política (¿nacionalitaria?) podemos hablar de etnicidad consolidada. Conviene en este sentido dedicar una atención preferente a los conceptos de etnia (grupo de personas que comparten rasgos comunes de tipo cultural), región (expresión de contenido ecológico-territorial, sociocultural y geopolítico-administrativo), nación (organización política independiente de gobierno y Estado) y Estado (forma jurídica de la nación); así como a los factores articuladores entre los mismos, habitualmente formulados en términos de sentimiento y conciencia de identidad cultural y política. En esta Unidad Didáctica se reflexionará sobre la condición pluriétnica y plurinacional-regional de la Península Ibérica, si bien como factor referencial para hacer hincapié en la conformación sociocultural de la especificidad extremeña. La dialéctica Estadonación-etnicidades se tratará en consonancia con los factores que han intervenido e inter­ vienen en el desarrollo de este proceso. Para concluir con la situación actual y tratar de


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica I

CA

regional

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definir los componentes estructurales de la identidad cultural extremeña, así como de sus marcadores identitarios y los procesos de cristalización de su etnicidad. Abordaremos el análisis de la diversidad/semejanzas intrarregionales, el territorio y su articulación/atomización, los bordes geopolíticos y la construcción-reificación social de “fronteras culturales”, el peculiar proceso histórico, las estructuras socioeconómicas y las formas de estratificación social, y al mismo tiempo acometeremos el discurso acerca de qué tipo de identidad posee Extremadura en el marco actual del Estado de las Autono­ mías. Un aspecto fundamental a examinar son las raíces culturales e históricas de la dife­ rencia expresadas en la dual dimensión que suponen las categorías sociocultural y las demarcaciones territoriales y político-administrativas. Es decir, la identidad como resul­ tado de un proceso diacrítico y estructural. Finalmente, no se debe olvidar la propia condición pluriétnica y multicultural que tiene Extremadura tanto en relación a las minorías étnicas históricas, representadas por los pueblos gitano y quinqui, así como por la creciente presencia y el asiento en diversas zonas de su territorio de inmigrantes portugueses, y en menor número del norte de Africa y de la zona subsahariana. Extremadura cuenta, además, con peculiares y significativos grupos: hurdanos, rayanos, etc., que en su experiencia histórica y específica forma de adaptación, ecológica y social, han conformado identidades territoriales y socioculturales concretas, particularidades no étnicas, subculturas marginadas, localizadas en el tiempo y en el espacio.

ESQUEMA-GUION DE LA UNIDAD DIDACTICA I I. La Península Ibérica como mosaico de etnicidades

1.- Etnicidad, Región, Nación y Estado: discusión de los conceptos. 2.- El concepto etnicidad como instrumento de análisis en situaciones pluriétnicas. Su aplicación a la Península Ibérica. 3.- Identidades, nacionalismos y regionalismos en la Península Ibérica. II. Identidad Cultural Extremeña

m ica y plurinaa hacer hincapié iléctica Estado:rvenido e interrtual y tratar de

1.- Etnicidad y formación económico-social de Extremadura: orígenes, cristalización y bases fundamentales de su identidad cultural. 2 - Sentimiento y conciencia de identidad cultural: marcadores y símbolos.

3.- Elementos objetivos y subjetivos de la identidad cultural extremeña:


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica I

3.1.- Las “teorías de Extremadura”: planteamientos reduccionistas y esencialistas sobre la identidad cultural extremeña. 3.2.- Identidad y territorio: ecología, economía y dimensión simbólica del territorio. 3.3.- Historia e identidad. 3.4.- Derecho consuetudinario e identidad. 3.5.- Expresiones socioculturales e identidad: cultura material, formas de organiza­ ción familiar, asociacionismo, instituciones políticas y económicas. 3.6.- Valores, actitudes y comportamientos. M entalidad y sistemas de ideas y autorepresentaciones. 4.- Expresión y reproducción de la identidad cultural: rituales y fiestas. 5.- La dimensión política de la identidad extremeña: Autonomía y regionalismo. 6.- Relaciones interétnicas: 6.1.- Aportaciones de las minorías étnicas a “lo extremeño”. 6.2.- Segregación e integración de las minorías étnicas en la sociedad extremeña. III. Minorías étnicas en Extremadura

1.- El concepto de minoría étnica: discusión y aplicación al caso de las diferentes minorías en Extremadura. 1.1.- Los gitanos extremeños. 1.2.- Los quinquis extremeños. 1.3.- Los portugueses. 1.4.- Las nuevas minorías culturales marginadas: “moros”, “sudacas”, “orientales”. 2.- Grupos específicos y variantes subculturales: - Hurdanos. - “Rayanos”.


ETNOLOGÍA d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica I. Bibliografía

y esencialistas

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B.- Península Ibérica: etnicidades, regionalismos, nacionalismos. C.- Extremadura. Regionalismo e identidad.

ías de organizadeas. mas de ideas y

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E t n o l o g í a DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica II

UNIDAD DIDÁCTICA II Origen, desarrollo y situación actual de los estudios antropológicos en Extremadura

Como hemos expuesto de forma más extensa en las bases teóricas, la existencia de una identidad cultural extremeña fundamentada en su condición de colectividad diferenciada, en función de unos específicos procesos diacríticos y estructurales, no ha significado la autoconciencia de ello. Lo que no significa que la realidad cultural extremeña no haya sido objeto de estudio de científicos sociales a lo largo de su historia más o menos reciente. En los últimos años la realidad social extremeña ha recibido una especial atención explora­ toria, también desde la Antropología social, coincidiendo por una parte con la creación de la Universidad de Extremadura, y de otra, con el creciente desarrollo experimentado por las Ciencias Sociales en España. El “renacimiento” de la Antropología en España a partir de los años sesenta hay que situarlo en su verdadero contexto: no existe continuidad con respecto al efímero esplendor que tuvo el movimiento folklorista español en general, y en Extremadura en particular, en las décadas finales del siglo XIX. El interés por el conocimiento de lo que fue la labor de “nuestros ancestros” debe ser valorado en sí mismo, en lo que fue la “primera aproximación científica” a las formas culturales de vida de los extremeños en las postrimerías del XIX, pero sin que ello signifique intentar establecer un principio de continuidad con el presente. Vamos a tratar de ofrecer una revisión panorámica, pero crítica, del incipiente proceso de crecimiento de la Antropología en Extremadura. El desarrollo histórico-teórico de la Unidad Didáctica comprende tres partes claramente diferenciadas. La primera estaría integrada por lo que convenimos en denominar discurso preantropológico, que incluye dos secuencias temático-cronológicas: las fuentes y la visión de Extremadura que captan desde fuera los viajeros en el contexto de los movimientos ilustrados y del romanticismo; el segundo, se dedica al núcleo pionero de los folkloristas de finales del XIX, al “descriptivismo etnográfico” de la primera mitad del XX y al estancamiento sufrido por los estudios antro­ pológicos durante el franquismo; y en el tercero trataremos de reflejar la evolución reciente y la situación actual de la disciplina, así como su estado de institucionalización académica con la reciente implantación en la Universidad de Extremadura de la licencia­ tura de segundo ciclo en Antropología Social y Cultural. Plantearemos una reflexión, más que la mera descripción pormenorizada de autores, obras, etc., sobre las circunstancias y factores que han condicionado, cuando no determinado, el establecimiento y el germen de desarrollo de la Antropología en Extremadura. Desde una posición reflexiva pretendemos hacer ver al alumno en todo momento la estrecha relación que existe entre esta génesis, como en la de cualquier disciplina y profesión, y el contexto de las estructuras y los procesos ideológicos y sociopolíticos en los que tiene lugar.


ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica II

adura

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Desde un generoso recorrido por los orígenes, “preantropología”, y por los estudios folkloristas, concluiremos con una configuración lo más amplia posible de la situación presente de la materia, de sus ámbitos de estudio, las investigaciones y trabajos aplicados, de las diferentes líneas y orientaciones metodológicas existentes, y de las perspectivas de futuro de la Antropología como disciplina científica y profesión.

ESQUEMA-GUIÓN DE LA UNIDAD DIDACTICA II IV. El discurso preantropológico. De lo preetnográfico a lo etnográfico

1.- Siglos XVI-XVIII. Las fuentes y los informes: La “intención etnográfica”: 1.1.- Historias locales, comarcales y descripciones generales. 1.2.- Obras de tipo religioso: Historia eclesiástica. Constituciones Sinodales. Devocionarios. Libros de Milagros. Memoriales y Crónicas de Ordenes Religiosas. 1.3.- Crónicas. 1.4.- Relaciones Reales. 1.5.- Libros de caza. 1.6.- Obras particulares. 1.7.- Libros de tesoros. 2.- Una fuente precursora de los cuestionarios etnográficos: el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, 1791. 2.1.- El contexto sociopolítico. 2.2.- El Interrogatorio y la visita al territorio. 2.3.- Las fuentes de información: los informantes. 2.4.- Los tipos de respuestas. 2.5.- Los informes: a.- Informes particulares de localidades. b.- Informes de particulares: la cultura local desde dentro. c.- Informes generales de partidos judiciales. d.- Informes específicos.


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V La imagen de Extremadura desde fuera. Los viajeros: etnocentrismo y otredad

1.- El marco espacio-temporal: 1.1.- Los itinerarios. 1.2.- Los subgéneros y las modalidades de escritos. 1.3.- Los viajeros antes de la Ilustración. 2.- Características de los viajeros: 2.1.- Los viajeros en el marco de la Ilustración. 2.2.- Los viajeros en el contexto del Romanticismo. 2.3.- Los viajeros españoles. 3.- El discurso de los viajeros: entre la información preetnográfica y los estudios extensivos. 4.- Los motivos: el exotismo y la primitividad. 4.1.- La maurofilia. 4.2.- El contrabando como práctica económico-social. 4.3.- El bandolerismo. 4.4.- La caracterización de los extremeños: “Los indios de la nación”. 5.- Las fuentes de información de los viajeros. VI. El proceso de conformación de la Antropología en el siglo XIX y primera mitad del XX

1.- El contexto histórico y sociopolítico. 2.- El contexto literario. Romanticismo y costumbrismo: el interés esteticista por lo “tradicional” y lo “popular”. 3.- El contexto científico. La difusión de las nuevas corrientes de pensamiento: evolu­ cionismo, positivismo, krausismo: 3.1.- El descubrimiento/invento de la cultura popular. 3.2.- Los orígenes del movimiento folklórico y la “institucionalización” de los estudios de folklore en Extremadura. 4.- El discurso antropológico versus el discurso folklórico en la Península Ibérica: 4.1.- Caracterización del discurso extremeño: entre la Antropología y el Folklore. 4.2.- El discurso Folklórico en Extremadura: a.- El Folk-lore Español. La concepción del Folk-lore de A. Machado y Alvarez y su influencia en el grupo extremeño. 252


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b.- La sociedad el Folk-lore Extremeño. c.- Los órganos de divulgación del Folk-lore Extremeño: - El Eco de Fregenal. - La Revista el Folk-lore Frexnense. - La Revista el Folk-lore Bético-Extremeño. - La Prensa Regional y otros medios nacionales y extranjeros. d.- Géneros y temas cultivados por los folkloristas en el presente período. e.- Materiales manuscritos. 5.- Balance analítico del movimiento: 5.1.- Bases conceptuales y m etodológicas: conceptos de “cultura”, “cultura popular”, “pueblo”. 5.2.- Las técnicas y las fuentes: a.- La Recolección etnográfica y la “Ipsíssima Verba”. b.- Los Cuestionarios. c.- Los Informantes. d.- Otras técnicas. 5.3.- Logros y limitaciones del movimiento folklorista y antropológico. 6 .-

La significación social y político-ideológica de los folkloristas.

7.- Los comienzos de la Etnografía en Extremadura: 7.1.- La cristalización de la sensibilidad etnográfica. a.- El proyecto autóctono: las revistas de “Extremadura” y “Archivo Extre­ meño”. La continuidad y el florecer regionalista. b.- El proyecto alóctono: la Encuesta del Ateneo de Madrid (1901-1902). 8.-

El decaimiento folklorista y las figuras aisladas.

9.- El Centro de Estudios Extremeños y el interés por la cultura “tradicional”. 9.1.- El contexto sociopolítico. 9.2.- La Revista del Centro de Estudios Extremeños (1927) y el Folklore. 9.3.- A. Rodríguez Moñino y otras figuras señeras. 9.4.- Caracterización global y balance analítico del período: el modelo de las colecciones, la etnografía localista y el enfoque esencialista-arqueologista.


I

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VII. Desarrollo actual de la Antropología en Extremadura 1 .-

Los precedentes inmediatos.

BIBLIOGRAF A.-Genera

2.- La obra de los antropólogos extranjeros sobre Extremadura.

B.- Enron

3.- La Universidad de Extremadura y la institucionalización de la Antropología (1998). 3.1.- La licenciatura de Antropología Social y Cultural y el fin del amateurismo. 3.2.- Los Planes de estudio de la L icenciatura y la Etnología R egional de Extremadura. 3.3.- La investigación antropológica y los nuevos objetos de estudio en Extrema­ dura: Historia de la Antropología, Identidad, estudios ecológico-culturales, “Cultura popular”, Fiestas, Rituales y Religiosidad, Cultura de Fronteras, Patrimonio Etnológico... 3.4.- La demanda social de estudios antropológicos y la administración autonómica.

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254


ETNOLOGÍA d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica II. Bibliografía

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ciclo de la vida a

ara. Badajoz. icer, vivir y morir pios de siglo. Dip.

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UNIDAD DID.J Antropología Ec La tercera \ las estructuras ea Se tratará d poblamiento (rr y de los faetón explican la asim terísneas genen dura, hemos pn conteito de la s Metodológ restringida del provee y distri condicionante que determina vegetales y anñ pueden singul:

W A A .: 1884 El Folk-lore Frexnense y Bético-Extre?neño. Fregenal de la Sierra. Tórrelas y Cía. (Ia reedición, Badajoz-Sevilla, 1987). W A A .: 1978-81 Informes socioantropológicos sobre Extremadura. (Zonas de regadío: Borbollón y Gabriel y Galán). Instituto de Estudios Culturales y Sociales. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Leiden. Países Bajos. VELASCO, H.: 1988 “El evolucionismo y la evolución del Folklore. Reflexiones a propósito de la Historia del Folklore Extremeño”, 13-32. El Folk-lore Andaluz, 2: 13-32. Fundación Machado. Sevilla. (1985) VIUDAS CAMARASA, A.: 1990 Filología y Saber Popular. Real Academia de Extremadura. Cáceres. VON GUISSEN, R : 1977 Cañamero: land and life in Spanish-Town. University Wesleyan. Connecitut. s.p. 270

El ecosistem a de c


afi'a

E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica III

UNIDAD DIDÁCTICA III Antropología Ecológica y Económica de Extremadura

rio XIX al XX”, ón Provincial de

i la región extreáceres. Cáceres. lain. (Ann Arbor. española”, en C. .V.C. Madrid. idura. (Informe).

La tercera Unidad Didáctica está dedicada al estudio de los condicionantes ecológicos, de las estructuras económicas y de los sistemas alimentarios en Extremadura. Se tratará de la Ecología Cultural del territorio, de los diversos tipos de hábitat y de poblamiento (modalidades de asentamiento), de la polaridad (medio urbano-medio rural) y de los factores que la determinan. Igualmente nos detendremos en las razones que explican la asimetría interior entre las diferentes zonas y comarcas, así como en las carac­ terísticas generales de la demografía regional. Por su específica significación en Extrema­ dura, hemos preferido dedicar un tema monográfico al fenómeno de las migraciones en el contexto de la siguiente Unidad Didáctica, que dedicamos a la estructura social. Metodológicamente adoptamos la variable del uso económico, en su acepción más restringida del térm ino economía como el medio y modo por el que el hombre se provee y distribuye lo necesario para su sustentación —con el fa cto r ecológico como condicionante de los recursos disponibles—, y, finalmente, la variante histórico-cultural que determina la elección entre las posibilidades disponibles —selección de especies vegetales y animales, sistemas de aprovechamiento, etc.—; su evolución y los rasgos que pueden singularizar los modos más o menos peculiares como han sido adaptadas las

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El ecosistem a de dehesa.

(Fotografía: J. Marcos).


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad D idáctica in

“La industria” de E. Duran a principios de siglo. (Azuaga).

tecn olo gías al uso. Sin obviar el factor socioeconómico resultante de esta “cultura m aterial”, la acción antropogénica y las relaciones sociales de producción que origi­ naron su gestación y desarrollo: uso social del espacio, condiciones de trabajo, especializaciones de tareas y oficios, etc. Aunque los estudios de “Antropología ecológica y económ ica” en Extrem adura apenas existen, en los últimos años se han realizado varias investigaciones m onográ­ ficas. Contam os, aparte, con num erosos trabajos de interés para los estudios antropo­ lógicos realizados por sociólogos rurales, geógrafos y economistas. Existe también una extensa bibliografía sobre “cultura material” cuyo interés se ha centrado, preferentemente, en lo que han sido los medios materiales y los saberes técnicos desde una perspectiva etnográfica, con especial incidencia en los que se han considerado usos tecnoeconómicos tradicionales en vías de extinción. Un segundo apartado nos llevará al análisis de las distintas estrategias de adaptación al medio, que han generado sistemas extractivos, agropecuarios (tradicionales y modernos), etc., que determinan modos de vida distintos: campesinos, pastoriles y otros. Formas de vida en transformación, que conviven con los cambios que le determinan su dependencia de un modo de producción dominante, marcado por la industrialización. Nos deten­ dremos en las variantes socioeconómicas de los sistemas de producción, con especial énfasis, por su relevante significación en Extremadura, en la dicotómica distinción entre el latifundio, gran propiedad, y el minifundio, pequeña propiedad, en la modalidad de los bienes comunales, en los sistemas de arrendamientos y aparcerías, y en las implicaciones políticas y socioculturales de tales regímenes. Del mismo modo abordaremos las técnicas de satisfacción de las necesidades primarias y la distribución característica de cada sistema. Metodológicamente, los estudios realizados pueden adscribirse a dos grandes enfo­ ques teóricos: por un lado, los trabajos etnográficos basados en la descripción minuciosa de la cultura m aterial —lim itada especialmente a la descripción de objetos, técnicas, medios de trabajo, hábitat, etc.—; y por otro, contamos con estudios que comprenden 272

Un comercio tradid

tanto la descript ‘cultura técnica medios y las he iprendizaje y cc desarrollo de u organiza el proa bajo las que se (i Frecuenten aon socioeconí estructura soda desconteitualiz propia intenao rrañ'a descriptñ surgido de la p una fuerte iden iprovechamien determinado a


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica III

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U n comercio tradicional. (Badajoz). (Fotografía: Pedro Montero).

tanto la descripción precisa de los elementos materiales que posibilitan el trabajo, como la “cultura técnica” que conlleva la utilización más o menos compleja que se hace de los medios y las herramientas. Se reflexiona tanto acerca de los procesos de fabricación y/o aprendizaje y conocimiento preciso de las técnicas y conjunto de saberes necesarios para el desarrollo de una determinada actividad productiva, como sobre las formas en que se organiza el proceso de trabajo —división social y técnica— y las relaciones sociales de producción bajo las que se desarrolla. Frecuentemente los estudios de que disponemos en la actualidad obvian la significa­ ción socioeconómica y cultural de quienes practican tal o cual actividad en relación con la estructura social y las actividades económicas predominantes. Objeción, junto a la habitual descontextualización de los objetos de estudio, que incluso debe matizarse en cuanto a la propia intencionalidad inicial de las investigaciones: la consciente limitación a una etno­ grafía descriptiva de objetos y tecnología; o la pretensión de singularizar el “modo de vida” surgido de la peculiar adaptación histórica al medio ecológico como factor generador de una fuerte identidad, haciendo extensible lo que sería uno de entre los diferentes modos de aprovechamiento de los recursos naturales y actividades productivas practicadas por un determinado colectivo, definido territorialmente, como seña de identidad global.


E t n o l o g í a DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica III

Vamos a analizar el “subdesarrollo” regional y la articulación de cada una de las estrate­ gias de producción en la diversidad eco-económica de Extremadura. Especial atención dedicaremos a los procesos de transición socioeconómica que están modificando sustancialmente los modos de vida “tradicionales”. Y a los efectos, en términos de cambios, que el desarrollo del sistema capitalista está produciendo en las esferas tecnoeconómica y sociocultural. Y, en último término, nos ocuparemos de los sistemas alimentación y de consumo en Extremadura.

3.- Evoluci 3.1.- L 3.2.-T a. b. 4.- Habitat 4.1.- T s< 4 2 .- G 5.- Técnica IX. Los Sistem

1.- Condic sistema; 1.1.- a

a.b.

c<L e.12.- Sé Elem entos de arquitectura tradicional. Chimeneas de Olivenza.

(Fotografía: J. Marcos).

ESQUEMA-GUION DE LA UNIDAD DIDACTICA III VIII. Ecosistemas y Población

1.- La variedad de ecosistemas en Extremadura: ecosistemas de dehesas, campiñas, valles,

a.-


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una de las estrateción dedicaremos stancialmente los i el desarrollo del ciocultural. Y, en Extremadura.

3.- Evolución demográfica: fases y tendencias históricas. 3.1.- La distribución de la población en el territorio. 3.2.- Tipos de poblamiento y asentamiento: a.- Factores ecológicos, históricos y socioeconómicos de la localización, distribu­ ción, forma y estructura de los núcleos de población. b.- Hábitat disperso y concentrado: diseminados, caseríos, poblados, alquerías, pueblos, agrociudades, mesópolis... 4.- Habitación y vivienda. 4.1.- Tipos, formas y funciones de las casas extremeñas. Funciones económicas y socioculturales en la creación y distribución de los espacios. 4.2.- Condicionantes ecológicos, históricos, económicos y sociales. 5.- Técnicas de satisfacción de las necesidades primarias. IX. Los Sistemas Productivos

1.- Condicionantes medioambientales y determinantes sociohistóricos de los principales sistemas productivos. 1.1.- Sistemas extractivos: a.- Aprovechamiento cinegético (caza). b.- Recolección. c.- Aprovechamiento forestal. d.- Minería. e.- Pesca. 1.2.- Sistemas agrícolas: a.- Formas y estructura de la propiedad y tenencia de la tierra: propietarios, labradores, medieros y jornaleros. - Latifundismo y minifundismo: implicaciones socioeconómicas y simbólicas en el desarrollo de la historia y cultura extremeña. - Las explotaciones familiares de subsistencia. campiñas, valles, quilibrios sociales.

b.- La transformación de las estructuras de la propiedad de la tierra: la reforma agraria y sus efectos económicos, sociales, políticos y simbólicos. c.- Sistemas de cultivo y producciones: - Agricultura intensiva y horticultura: implicaciones socioeconómicas de la “nueva agricultura” extremeña. 275


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- Agricultura extensiva. - Monocultivos y policultivos. - Tecnologías agrícolas: aperos, técnicas y formas de cultivo. 1.3.- Sistemas ganaderos. 2-

Sistemas de transformación. 2.1.- Artesanías 2.2.- Industrias. La debilidad, el minifundismo industrial y la desvertebración del sector en Extremadura. - El carácter familiar de los establecimientos.

3.- Servicios. Desarrollo desequilibrado del sector. 3.1.- Estructura del comercio. 3.2.- El Turismo: implicaciones socioeconómicas y culturales. 4.- Tecnologías tradicionales y cambio tecnológico: transformaciones tecnoeconómicas. 5.- Desarrollo y subdesarrollo económico: división y especialización territorial de los recursos y el trabajo en el sistema capitalista español. - El papel periférico de Extremadura: colonialismo interno y externo, dependencia y subdesarrollo de la economía extremeña. X. Sistemas de Circulación Económica

1.- Reciprocidad y redistribución: formas tradicionales y forma moderna. 2.- Intercambios: formas tradicionales y modernas. 2.1.- Comercio tradicional-comercio mercantil: la actividad comercial como contexto de interacción social. a.- Mercados diarios, mercados cíclicos y ferias. b.- Tiendas, comercios y grandes almacenes. c.- El intercambio oculto: el contrabando. 2.2.- Ambitos comerciales según las áreas de influencia. (Las cabeceras de comarca). 3.- Los transportes: redes y técnicas tradicionales y modernas. 3.1.- Técnicas de transportes. 3.2.- Redes de comunicación. Articulación de los mercados interiores y relaciones interterritoriales con otros colectivos étnicos. 276


E t n o l o g í a d f. E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica n i

svertebración del

:noeconómicas. territorial de los 10,

dependencia y Martes de mercado. (Plasencia).

a! como contexto

(Fotografía: J. Marcos).

XI. Sistemas Alimentarios

1.- Sistemas de consumo: los objetos alimenticios, las prácticas y los hábitos. 1.1.- El consumo doméstico. - Sistema de alimentación. Elaboración y pautas de consumo. Los productos del “exterior”. is de comarca),

ores y relaciones

2.- Las variaciones en la alimentación: Temporales (La estacionalidad...). Socioculturales (diario/festivo). Del espacio social (el hogar/fuera de casa). 3.- La alimentación en el Ciclo de la Vida y el Ciclo festivo anual. 277


ETNOLOGÍA d e E x t r e m a d u r a •

Programa • Unidad Didáctica III. Bibliografía

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E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica i v

UNIDAD DIDACTICA IV Organización social, estructuras políticas y asociacionismo en Extremadura

La cuarta Unidad D idáctica analiza la Organización social y la Estructura política. Partiendo del estudio de las estructuras familiares y de parentesco, las pautas matrimo­ niales y de herencia, nos introduciremos en el nivel de la estructura de clases. Ahora bien, siendo éste último nivel de análisis imprescindible en el contexto sociocultural de Extre­ madura, ni es el único ni debemos sobredimensionarlo desde un esquema reduccionista de articulación única y exclusiva de la sociedad extremeña en clases enfrentadas. Uno de los rasgos distintivos de la sociedad extremeña lo constituye el complejo entramado, todavía poco conocido, de su sistema asociativo. Aunque apenas contamos con bibliografía regional sobre tales cuestiones, y buena parte de la que existe se caracteriza por su fuerte androcentrism (estudios sobre el asociacionismo masculino), pretendemos abordar el amplio campo de la sociabilidad en su concreción regional: las redes sociales y el asociacionismo. Una característica estructural del comportamiento cultural de los extre­ meños es su antropocentrismo y la consiguiente segmentación de la sociedad extremeña. Trataremos de analizar los niveles no étnicos de identificación sociocultural (familia y paren­ tesco, género y edad, con base en la territorialidad y en la residencia, así como en la ocupación, en la ideología y en los rituales) para concluir, en función de lo anterior, con los sistemas de poder político, económico y social; y las instituciones que los sostienen. Es

decir, se reflex

remos atenciór En el mar presente Unid relevante que 1 meña. Examin; ocuparemos, i¡ socioeconómic

ESQUEMA-G XII. Niveles di

1.- Con ba: gración 2.- Con ba: 2.1.- H 2.2.- N


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica IV

decir, se reflexionará sobre las actitudes y los movimientos sociales y políticos. Y dedica­ remos atención especial a los fenómenos del caciquismo social y el clientelismo político. ructura política.

jautas matrimoises. Ahora bien, iltural de Extrereduccionista de is. íye el complejo is contamos con te se caracteriza )), pretendemos redes sociales y iral de los extre­ mad extremeña, familia y parenasí como en la lo anterior, con os sostienen. Es

En el marco de la estructura general del programa hemos preferido localizar, en la presente Unidad Didáctica, los fenóm enos migratorios, dado que representan un aspecto relevante que ha influido de forma decisiva en la conformación de la realidad social extre­ meña. Examinaremos la Extremadura sin extremeños y los extremeños sin Extremadura. Y nos ocuparemos, igualmente, de los procesos inmigratorios actuales y de sus consecuencias socioeconómicas y socioculturales, así como de sus específicas modalidades.

ESQUEMA-GUIÓN DE LA UNIDAD DIDÁCTICA IV XII. Niveles de identificación social

1.- Con base en la organización familiar y el parentesco: la “familia” como ámbito de inte­ gración e identificación sociocultural. 2.- Con base en el género y en la edad. 2.1.- Hombres, mujeres, homosexuales. 2.2.- Niños, jóvenes, adultos, ancianos.

Almendralejo.

(Fotografía: J. Marcos).

313


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3.- Con base en la territorialidad y la residencia. 3.1.- La “comunidad” local como universo de las relaciones sociales. El sociocentrismo. 3.2.- La comarca. 3.3.- Otras identificaciones. 4.- Con base en la clase social. 5.- Con base en la ideología: grupos profesionales, religiosos, políticos, asociativos, aficiones, etc. 6.- Reproducción y ritualización de los distintos niveles. 7.- Complementariedad y conflicto entre distintos niveles de identidad sociocultural. XIII. Losfenómenos migratorios en la población extremeña: Las migraciones externas e internas

1.- Extremadura sin extremeños; extremeños sin Extremadura. 1.1.- Tipos, causas e implicaciones históricas, socioeconómicas y culturales. (La emigración extremeña fuera y dentro de la región). 1.2.- Las migraciones tradicionales campo-ciudad. 1.3.- Los grandes procesos de emigración hacia las zonas turísticas e industriales. 1.4.- Las emigraciones tradicionales a Europa. 1.5.- Los procesos de retorno. 2.- La inmigración. 2.1.- La dimensión multiétnica y las causas políticas y socioeconómicas. 2.2.- El fenómeno de los “temporeros”. 3.- Migraciones e identidad étnico-cultural: integración, asimilación o reproducción de la identidad. XIV. Sociabilidad, redes de interacción social y asociacionismo

1.- La sociabilidad informal como campo de la acción social. 1.1.- Redes sociales, cuasi-grupos, grupos corporativos y centros de interacción. 1.2.- Ambitos de sociabilidad basados en el sexo y la edad. 1.3.- Ocio y relaciones sociales: las actividades recreativas y el deporte como contexto para la interacción social.


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2.- La sociabilidad formal como expresión de las redes y sistemas de interacción social. El asociacionismo voluntario: 2.1.- Padrinazgo y compadrazgo como instituciones sociales. 2.2.- Asociaciones: concepto, tipos y funciones. Formas de adscripción, composición social y funciones (manifiestas/latentes). 2.3.- Asociacionismo y relaciones de poder. os, asociativos, XV. Sistema de relaciones de poder

iocultural.

1.- El poder desde una perspectiva antropológica: poder económico, poder social y poder político. 2.- Prestigio y liderazgo: las bases socioeconómicas del poder.

nes externas e

3.- Redes clientelistas de intermediación y patronazgo. 4.- Grupos dominantes y sectores subalternos: élites políticas y mayorías dominadas.

culturales. (La

iustriales.

5.- Las instituciones políticas extremeñas: carácter, composición y funcionamiento. 5.1.- Municipios, mancomunidades, provincias, gobierno autónomo. Su articulación y función político-administrativa. Importancia histórica en la articulación/desarticulación (atomización) territorial de Extremadura. 5.2.- El sistema caciquil. 6.- Los sistem as e instituciones jurídicos: “costum bre”, norma foral y derecho consuetudinario. 7.- Comportamientos y mecanismos políticos y electorales: 7.1.- “Localismo” e importancia de la personalización en las relaciones de poder en Extremadura.

reducción de la

7.2.- Organizaciones políticas y sindicales en Extremadura. 7.3.- Movimientos sociales: ONGs, ecologistas, vecinales, feministas y otras formas.

■racción.

com o contexto

8.- Sentimiento de identidad cultural y movimientos regionalistas. 8.1.- Incidencia de los movimientos sociopolíticos extremeños: instrumentalización de símbolos y marcadores identitarios. 8.2.- Factores de emergencia, desarrollo y bloqueo de la conciencia de identidad cultural en Extremadura. 8.3.- La autonomía extremeña: características y problemas. 315


E t n o l o g ía

de

Extrem adura «

►Unidad Didáctica IV. Bibliografía

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UNIDAD DIDÁCTICA V Ideologías y Sistemas Simbólicos

En la Unidad Didáctica V analizamos la tercera de las estructuras que componen el sistema sociocultural extremeño: el subsistema ideológico y su función en la simbolización y reproducción de las relaciones sociales. Nos referimos a un universo especialmente rico en Extremadura en cuanto a la diver­ sidad e intensidad de las manifestaciones ritualizadas en las que se expresa. Aparte el compo­ nente sociopolítico es igualmente importante la dimensión simbólica que aúna el principio de pertenencia a determinadas realidades sociales (sociedades locales, p. e.) con su conforma­ ción como “comunidades simbólicas”: generadoras de sentimientos de pertenencia especial­ mente activas en determinados contextos ritualizados o de conflicto con otras colectividades. Partiremos del estudio de la Religión, las fiestas, los rituales colectivos y otras acciones alegóricas, como sistemas de representación, justificación y reproducción simbólica de la vida social. Aunque las fiestas como mecanismos de reproducción podrían lógicamente ubicarse en la siguiente Unidad Didáctica, dedicada a los sistemas de reproducción social y cultural, hemos preferido incluirlas aquí porque, múltiples tipos de fiestas, poseen una dimensión religiosa.

Los “hermanos del Santísimo” ataviados del “justillo”. El Corpus Christi. (Peñalsordo).

En los ú trabajos y p relación con ritualizados, a tratar la d valores, los p r medad, las ex

tuyen eleme soportan, jus rales desarro ESQUEMAXVI. Religió 1.- Cree done

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica V

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En los últimos años se ha incrementado sensiblemente en Extremadura el numero de trabajos y publicaciones, orientadas antropológicamente, sobre religiosidad y fiestas en relación con la estructura social. Religión y fiesta, acciones simbólicas en tiempos y espacios ritualizados, donde se ponen de manifiesto determinadas identidades. En definitiva, vamos a tratar la diversidad de mecanismos por los que se expresan los sistemas de creencias y valores, los procesos cognitivos y las pautas tradicionales acerca de la naturaleza, la salud y la enfer­ medad, las expresiones estéticas, orales y plásticas, y demás aspectos ideológicos que consti­ tuyen elementos importantes en la definición de identidades, y que dan forma, explican, soportan, justifican y están influenciados por los subsistemas infraestructurales y estructu­ rales desarrollados en los bloques temáticos precedentes. ESQUEMA-GUIÓN DE LA UNIDAD DIDÁCTICA V XVI. Religión y Religiosidad

1.- Creencias, prácticas y rituales. Formas de relación con lo sobrenatural: Devo­ ciones, oraciones, promesas y “supersticiones”. 1.1.- Humanización y personalización de los seres sobrenaturales: Dios, “Cristos”, “Vírgenes” y Santos.

“Trenzado del cordón”. (Aldeanueva de la Vera).

(Fotografía: J. Marcos).

341


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1.2.- Polisemia de las imágenes religiosas: significación irónica y significación simbólica. 1.3.- Santuarios y lugares sagrados: a.- Ermitas y santuarios urbanos y rurales. b.- Santuarios supracomunales: simbolización del territorio y de las rela­ ciones de poder intercomunales. 2.- Estructuras sociales y religión. 2.1.- Religión oficial y Religiosidad popular: “las formas religiosas de la ideología”. - Sanción religiosa de los valores dominantes. 2.2.- La estructura eclesiástica como sistema de poder y control social. 2.3.- Fe y anticlericalismo. 3.- Manifestaciones festivo-ceremoniales de carácter religioso: función formal reli­ giosa y multiplicidad de funciones socioculturales. 3.1.- Romerías, fiestas patronales, fiestas y procesiones. Funciones socioculturales: a.- Relación con el calendario litúrgico. b.- Ordenación del tiempo sociolaboral. c.- Su condición de rituales colectivos y acciones simbólicas en relación a: - Reproducción de identidades. - Simbolización del territorio. - Relaciones sociales y de poder. 4.- Religión y ámbito asociativo: su importancia en Extremadura. 4.1.- Cofradías, Hermandades y sistema de Mayordomías. Funciones manifiestas y latentes. 4.2.- Otro tipo de asociaciones formales: asociaciones confesionales, sectas. XVII. Sistemas de representación y reproducción simbólica de la vida social

1.- Fiestas, orden social y sistema de valores. 1.1.- Formas y elementos de las fiestas: “Fiestas Populares” y “Fiestas oficiales”. a.- Fiestas religiosas: romerías, fiestas patronales, fiestas litúrgicas. b.- Fiestas civiles y políticas. Conmemoraciones. 2.- Dimensiones de las Fiestas: funciones explícitas y latentes de los fenómenos festivos. 2.1.- Dimensión simbólica: significados de las fiestas extremeñas. 342

2 .2 .-

2.3.-1 3.- Ritual 3.1.i

4.- Fiesta 4.1.-1 4.2.-1 4.3.-1 4.4.-1 4.5.-1 4.6.-1 4.7.5.- Espac 5.1.-: 5.2.-: 5.3.-: 5 .4 .-: 5 .5 .-:

6.- Mixti 7.- Otro cione XVIII. Cree? natin

1.- Ideas práct 2.- La sa


E t n o l o g í a DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica V

ción simbólica,

y de las reía­

2.2.- Dimensión sociopolítica: funciones de las fiestas. Estructuras sociales y sistemas ideológicos. 2.3.- Dimensión estética: significantes festivos. 3.- Rituales de legitimación y rituales de inversión. 3.1.- Fiestas como negación simbólica de la realidad socioeconómica: rebelión, igualitarismo, comunitarismo y despilfarro en las fiestas extremeñas.

la ideología”, al.

4.- Fiestas y reproducción de identidades: 4.1.- Fiestas familiares. 4.2.- Fiestas grupales. 4.3.- Fiestas semicomunales.

m formal reli-

4.4.- Fiestas comunales. 4.5.- Fiestas supracomunales.

ocioculturales:

4.6.- Fiestas étnico-regionales. 4.7.- Emigración, fiestas y reproducción de la identidad (cultural, local...): fiestas de extremeños fuera de Extremadura.

relación a:

5.- Espacio, Tiempo individual, Tiempo social y fiestas: 5.1.- Fiestas y circulación económica. 5.2.- Fiestas y poder. 5.3.- Fiestas y expresiones estéticas.

es manifiestas y

5.4.- Fiestas e inversión del sentido del tiempo y espacio. 5.5.- Fiestas e individuo: enculturación.

, sectas.

6.- Mixtificación e instrumentalización de las fiestas.

il

7.- Otros rituales y acciones simbólicas: los nuevos fenómenos festivos: manifesta­ ciones deportivas, conciertos, mítines políticos...

:as oficiales”, icas. menos festivos.

XVIII. Creencias y Prácticas sobre la naturaleza, la salud y la enfermedad. (Ideologías naturalistas y sistemas de cognición del mundo)

1.- Ideas y comportamientos sobre la naturaleza y el ciclo vital humano: costumbres y prácticas en torno al embarazo, el nacimiento, la madurez y la muerte. 2.- La salud y la enfermedad. 343


E t n o l o g í a d e E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica V

2.1.- Medicina y prácticas populares: curanderos, sabias, veedores, curíeles...

E

BIBLIOGRAF] A.- Religió:

2 .2 .-Medicina oficial. 3.- Cognición del tiempo, del espacio y de la naturaleza: Etnociencia. 4.- Visión del mundo. XIX. Expresiones estéticas y otras manifestaciones de valor simbólico

1.- Arte “popular” y arte “culto”: expresiones estéticas y estructura de clases. Implica­ ciones ideológicas. 1.1.- Sistema de valores estéticos: los motivos naturales. 2.- Artesanías. 3.- Etnoliteratura escrita. 4.- Etnoliteratura oral: cuentos, leyendas, romances, mitos e historias. 5.-Escenificaciones y dramatizaciones. 6.- Música, cantes, bailes y danzas.

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(Fotografía: J. Marcos).

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad D idáctica VI

UMDAD DIDÁCTICA VI Ciclo vital y transmisión sociocultural

En la Unidad Didáctica VI se abordarán las form as y los sistemas de reproducción social y cultural, teniendo como punto de partida los procesos de enculturación y socialización de los individuos; el ciclo vital, los rituales civiles-seculares, los valores y la dualidad de los roles sexuales, etc. Así mismo, se estudiarán los procesos de cambio sociocultural y la acción de los medios de comunicación en la elaboración de la cultura de masas, las tendencias uniformadoras de los comportamientos culturales, y las respuestas de resistencia a la pérdida de la identidad por parte de los grupos y sociedades.

“El rito nupcial”. (Talarrubias).

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Tratado i temático det< siones estétic diversidad de nantes del sis rales aparent surgieron. Su significativas: de comporta: “pragmática”


E t n o l o g í a DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica VI

ducción social y lización de los f roles sexuales,

los medios de ormadoras de e la identidad

Tratado en parte en la Unidad Didáctica anterior, hemos incluido en este bloque temático determinados mecanismos de transmisión cultural relacionados con las expre­ siones estéticas, en el sentido lato del término, de la cultura extremeña en cuanto a la diversidad de modelos culturales que manifiestan y reproducen tanto los valores domi­ nantes del sistema sociocultural actual, como aquellas realizaciones y elaboraciones cultu­ rales aparentemente descontextualizadas respecto al tiempo y a las razones por las que surgieron. Suponen, en definitiva, mecanismos de transmisión y reafirmaciones culturales significativas: junto a los esquemas más formalizados son también transmisores de códigos de comportamiento, actitudes y valores enraizados en una mentalidad no necesariamente “pragmática”, “funcional” o “moderna”.

Cem enterio de Badajoz. “Culto a los difuntos”. (Fotografía: J. Marcos).


ETNOLOGÍA DE ExTREíWADURA • P rogram a • Unidad Didáctica VI

ESQUEMA-GUION DE LA UNIDAD DIDACTICA VI XX. Los Procesos de Enculturación-Socialización

1.- Mecanismos informales de enculturación. 1.1.- El ámbito de la vida familiar. 1.2.- El “barrio”, la “calle”, grupos y asociaciones formales e informales. 1.3.- Los juegos y deportes tradicionales (género/edad). 1.4.- Lenguaje y cognición: las hablas populares/locales extremeñas. 1.5.- Las expresiones de tradición oral: (canciones, cuentos, leyendas, mitos...) 1.6.- Rituales de iniciación y transición: cambios de status y crisis vitales del individuo. 1.7.- Rituales civiles y acciones simbólicas colectivas. 2.- La Educación formal: 2.1.- Sistema educativo y dominación ideológica. 2.2.- Niveles de enseñanza y objetivos de la educación. 2.3.- Iglesia, Religión y Enseñanza. 3.- Los medios de comunicación de masas y la uniformización cultural. 4.- Cambios en las pautas de vida. 4.1.- Cambios en la familia y en las relaciones basadas en el parentesco. 4.2.- Cambios en los valores y comportamientos con relación al sexo. 4.3.- Cambios en las relaciones interpersonales y en el empleo del tiempo libre. 4.4.- Campo y ciudad. Transformación del mundo rural. 5.- Diversidad cultural versus homogeneidad cultural: 5.1.- La internacionalización de los patrones culturales. 5.2.- Los nuevos valores de la sociedad de consumo. 5.3.- Uniformización cultural y reafirmación de la identidad.

E

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ETNOLOGÍA DE E x t r e m a d u r a • P rogram a • Unidad Didáctica VI. Bibliografía

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